Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Un gato llamado Oso Polar y Cleveland Amory

Polar Bear (Oso Polar) fue el protagonista de los libros “The Cat Who Came for Christmas” (El gato que llegó en Navidad), “The Cat and the Curmudgeon” (El gato y el cascarrabias) y “The Best Cat Ever” (El mejor de todos los gatos), los tres de Cleveland Amory, escritor, humorista, periodista, comentarista y gran defensor de los animales. Sin embargo, Cleveland Amory no sentía una especial predilección por los gatos, pero una fría y nevada Nochebuena neoyorquina de 1985 conoció a un gato blanco hambriento, en los huesos y cojo al que su ayudante Margaret Probst había atrapado en un callejón.

No había nadie disponible para acoger al animal mientras se le buscaba un hogar definitivo, y Amory se lo llevó a casa. Pasadas las fiestas, cuando por fin una familia estaba dispuesta a adoptarle, era demasiado tarde. Polar Bear ya tenía nombre, había conquistado al escritor y estaba a punto de convertirse en su compañero inseparable. Recorrieron Estados Unidos juntos, y en el primer libro, el autor incluso transcribe las largas conversaciones que mantenían.

Como hemos dicho antes, Cleveland Amory fue uno de los grandes defensores de los animales. Él mismo contaba que empezó a interesarse seriamente por el bienestar de los animales cuando, siendo un joven reportero, alrededor del año 1945, le mandaron a Nogales, México, para un artículo sobre una corrida. Asqueado por lo que vio y el hecho de que cortaran las dos orejas al toro y se las entregaran al matador, no dudo en tirarle un cojín que le dio de lleno, haciéndole caer al suelo.

A partir de ese momento, se hizo miembro de numerosas organizaciones defensoras de los animales hasta que en 1967 fundó, con Margaret Probst, el Fund for the Animals, una organización dedicada a crear santuarios y a proteger a los animales de la caza.

Una de las acciones más sonadas del Fund for the Animals tuvo lugar en 1978 contra las matanzas por aporreamiento de los cachorros de focas en las Islas de la Magdalena, Canadá. El Fund compró un arrastrero que se convirtió en rompehielos para llegar hasta las focas. Una vez allí, los voluntarios las pintaron con un tinte orgánico de color rojo totalmente inofensivo para ellas, pero que hacía la piel inservible para la industria peletera. Las horribles matanzas fueron prohibidas en 1983, en parte gracias a los repetidos esfuerzos del Fund.

En 1979, la organización puso en marcha una operación a gran escala para rescatar a 580 burros que iban a ser sacrificados por el Servicio de Parques del Gran Cañón supuestamente porque destruían la flora del entorno. El rescate duró dos años y se realizó con helicópteros. Cleveland Amory no cesó en su empeño hasta conseguir los fondos necesarios.

Volvió a librar otra batalla para impedir que se sacrificara a las cabras de la isla de San Clemente cuando la Marina estadounidense las acusó de acabar con la flora local. En este caso, las cabras se quedaron en la isla porque la batalla se ganó en los tribunales.

El mismo año que se rescató a los burros, el Fund compró un rancho de 607 hectáreas no lejos de Dallas para poder albergar una parte de estos animales. El rancho Black Beauty acoge a todo tipo de animales maltratados y, en palabras de Cleveland Amory, su idea “fue crear un santuario donde los habitantes podrían vivir libres y sin sufrir el abuso de los humanos”. Actualmente sigue siendo el mayor santuario dirigido por el Fund.

Amory reclutó a muchos famosos para sus campañas contra el uso de la piel animal en la confección de ropa, entre los que estaban Doris Day, Angie Dickinson, Henry Fonda, Andy Williams, Grace Kelly o Mary Tyler Moore.

Cleveland Amory nació el 2 de septiembre de 1917 en el seno de una acomodada familia de Boston. Su tía Lucy “Lu” Creshore solía recoger a perros y gatos sin hogar, y ayudó al pequeño Cleveland a tener su primer perro, un acontecimiento que siempre recordó como “el momento más memorable de mi infancia”. Estudió en Harvard y fue presidente del periódico “The Harvard Crimson”.

Se hizo famoso a finales de los años cuarenta con la publicación de tres libros satíricos sobre las pretensiones de la clase alta, concretamente la de Boston, donde había crecido. El último de estos se publicó en 1960. Fue el autor de una columna para la revista “Saturday Review” durante veinte años, desde 1952 hasta 1972. También en 1952, la cadena NBC le contrató como comentarista del programa televisivo “Today”, el primero de este tipo en el mundo. Siguió haciendo comentarios ligeros y satíricos sobre la sociedad durante once años, hasta 1963, cuando la cadena le despidió por una controvertida afirmación acerca de los derechos de los animales.

En 2017, Cleveland Amory habría cumplido cien años. Su lucha empezó hace seis décadas y libró muchas batallas de las que salió victorioso en numerosas ocasiones. Sin embargo, hoy en Estados Unidos, las leyes de protección animal parecen retroceder: se arrea de forma despiadada a los caballos y burros salvajes; los osos pardos se cazan sin control; se conceden permisos para matar a lobos en varios estados… No se había visto una política tan agresiva hacia las especies en peligro desde los días del secretario de Interior James G. Watt en los ochenta. Detrás de todo están organizaciones como el Safari Club International (SCI), decididas a eliminar cualquier prohibición que les impida cazar especies poco comunes por diversión y para conseguir trofeos.

Cleveland Amory tenía un gran sentido del humor y se denominaba a sí mismo “un cascarrabias”. Libró una lucha sin cuartel contra la experimentación con animales en laboratorios, la caza, el circo, la peletería, entre otros abusos. Falleció a los 81 años en su casa de Manhattan. Su querido Polar Bear le había precedido unos años antes. Las cenizas de ambos están enterradas a un metro de distancia en el rancho Black Beauty. El epitafio en la lápida de Polar Bear reza: “Hasta que volvamos a encontrarnos”.

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Los gatos del escultor Edouard-Marcel Sandoz

Edouard-Marcel Sandoz, nacido en Basilea (Suiza) el 21 de marzo de 1881, era hijo de Marcel

El artista con un gato y un perro

Sandoz, fundador de la empresa química y, posteriormente, farmacéutica Sandoz. Después de estudiar Química durante tres años en la Escuela de Artes Industriales de Ginebra, se trasladó a París en 1904 e ingresó en la Escuela de Bellas Artes. Sus maestros fueron el escultor Antonin Mercié y el pintor Fernand Cormon, entre otros. Se casó con Adèle Passavant en 1909 y la pareja no tardó en instalarse en el barrio de Montparnasse. Expuso en numerosos salones, lo que contribuyó a darle notoriedad.

Sus aficiones eran muy diversas: pintura, decoración, ingeniería, física, química (se interesó sobre todo por los tintes) y los inventos (se le debe un sistema de proyecciones luminosas para teatro), pero su gran pasión era la escultura y en especial, la de animales. En una ocasión dijo: “El arte debe interesarse por el amor, la naturaleza y la ciencia”.

Durante la Primera Guerra Mundial, al ser cada vez más difícil obtener materiales como la piedra y el bronce, se decantó por la cerámica y se puso en contacto con los hermanos Théodore y William Haviland, entonces directores de una de las más importantes manufacturas de porcelana de Limoges. La colaboración entre los tres duró más de treinta años, hasta 1952, durante los que realizó numerosas representaciones animales. Además de gatos, la fábrica de porcelana Haviland produjo monos, aves, conejos, perros, peces y sus famosos zorros del desierto a partir de moldes diseñados por Sandoz. Entre los artículos más vendidos había cajas, frascos, botellas y otros objetos útiles de porcelana.

Bote

Cenicero

Circa 1926

Sus esculturas de animales se caracterizaron en un principio por líneas estilizadas con tendencias geométricas influenciadas por el cubismo, pero poco a poco fueron sustituidas por un estilo más naturalista, sobre todo para los pájaros y peces, basado en un estudio riguroso del animal mediante acuarelas y dibujos. Su catálogo incluye más de 1.800 esculturas, además de unos 200 modelos para porcelanas. Realizó algunas esculturas de la forma humana, pero sentía una clara predilección por reproducir a los animales. Era un experto en la fundición de bronce y le interesaban las aleaciones y las pátinas muy trabajadas.

Frascos

Gato de porcelana

Una de sus características era la concepción de objetos prácticos como lámparas, relojes, bandejas, sujetalibros, pisapapeles e incluso tapones de radiadores de automóviles. Sus fuentes son a menudo edículos bastante complejos en los que integra a los animales en una estructura más amplia.

Entre sus esculturas de mayor tamaño destacaremos “La encrucijada de la vida” (1967), actualmente en el jardín del Museo Oceanográfico de Mónaco. También están “La fuente de los monos” (1934), en el Parque Denantou de Lausana, o “La primera cabalgata de Baco” (1960), en Vevey.

Gato sentado

Fue miembro del Consejo de administración de Sandoz, S.A. desde 1932, así como presidente y director general de Sandoz France desde 1941. En 1935 se convirtió en uno de los accionistas y fundadores de la empresa de papel fotográfico Tellko, S.A. en Friburgo. Colaboró en dos ocasiones con el arquitecto Jean Tschumi en el Pabellón Nestlé de la Exposición Universal de París de 1937 y en la construcción de los laboratorios Sandoz en Orléans.

Está en la cúspide de los artistas animalistas del siglo XX con François Pompon y Rembrand Bugatti. Su amor por los animales es palpable en sus obras y se dice que llegó a tener varios gatos, perros, peces y aves viviendo en su taller, además de un mono e incluso un guepardo.

Reloj

Ocupó la presidencia de la Asociación Baron Taylor durante más de treinta años, dirigió la Sociedad Benéfica de Hijos de Artistas y apoyó activamente la fundación de la Cité des Arts de París. Fue elegido miembro de la Academia de Bellas de Artes de París en 1947, además de ser condecorado con la Legión de Honor francesa y de ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Lausana en 1959. Fundó la Sociedad Francesa de los Animalistas en 1933.

Era hermano del escritor, compositor y coleccionista Maurice Yves Sandoz, nacido en Basilea en 1892 y fallecido en Lausana en 1958, que también estudió Química antes de decantarse por las artes.

Después de documentarnos sobre la vida de Edouard-Marcel Sandoz, no deja de sorprendernos la dualidad de este hombre que se entregó a las artes mientras dirigía una importante filial de una de las mayores empresas farmacéuticas del mundo, hoy en día conocida como Novartis. Falleció en Lausana el 20 de marzo de 1971.


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Los gatos en la vida de Edward Albee

Con el gato Boy

Con el gato Boy

Edward Albee, dramaturgo conocido sobre todo por ser el autor de “¿Quién teme a Virginia Wolf?”, y gran

1961, foto de Carl Van Vechten

1961, foto de Carl Van Vechten

coleccionista de pintura contemporánea y arte africano, amaba a los animales, pero sobre todo a los gatos. Casi nos atreveríamos a afirmar que no estuvo sin la compañía de un gato desde que se mudó al Village de Nueva York a principios de los años cincuenta.

Varios periodistas que le visitaron en su hogar mencionan a los gatos. Empezaremos citando a Lillian Ross, del New Yorker, que le entrevistó el 25 de marzo de 1961: “Encontramos al Sr. Albee en un piso de seis habitaciones en la calle Doce lleno de arte moderno, un tocadiscos estéreo, libros, un compañero de piso llamado William Flanagan, autor de la música de las obras “The Death of Bessie Smith” (La muerte de Bessie Smith) y “The Sandbox” (El cajón de arena), y tres gatos huérfanos rescatados por el escritor: Cunegonde, tres años y medio; Vanessa, dos años y medio, y un gatito siamés de trece semanas que aún no tiene nombre. Al irme a sentar en un sofá de aspecto muy moderno, pero que aparentemente tiene tendencia a cerrarse sin avisar, me indica un sillón menos peligroso del que aparta a los tres gatos con palabras firmes y tono cariñoso. “Me los da la gente de la Greenwich Village Humane League (Liga Humana del Greenwich Village)”, explica.

Con el gato Sombra

Con un gato en movimiento

Los miembros de la Liga recorren las calles de Nueva York para rescatar y salvar de los horrores que les acechan a los gatos sin hogar; por ejemplo, que unos chicos crueles les tiren a una hoguera. Son cosas que pasan en el Village, por mucho que me duela decirlo”.

1961, foto de Philippe Halsman

1961, foto de Philippe Halsman

Años después, Charles McNulty, crítico de teatro del Los Angeles Times, también habla de los gatos del autor: “Cuando entrevisté a Albee en su loft de Tribeca en 2009, lo hice con cierta inquietud. Era famoso por su

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mordacidad y yo había realizado una crítica algo dura unos años antes de “The Goat or, Who Is Sylvia?” (La cabra o ¿quién es Sylvia?). Convencido de que se acordaría y me regañaría, me dediqué a alabar a un adorable gato mezcla de abisinio. Y antes de darme cuenta, me encontraba a cuatro patas flirteando con el amable felino. Albee estaba encantado. No podía haber hallado una forma mejor de romper el hielo. Albee amaba profundamente a los animales y su mirada se llenó de tristeza cuando me contó, al irme, que un gato suyo se había matado al caer por el hueco del ascensor”.

Sus obras están llenas de animales domésticos y animales de granja, sin olvidar, claro está, a los dos lagartos de “Seascape” (Paisaje marítimo).

En septiembre de 2016, en la necrológica que dedicó el New Yorker a Edward Albee, el dramaturgo Will Eno escribió: “Hubo una época en que hacía de canguro para su gata. Se llamaba “Snow” (Nieve). Siempre me pareció encantador, e incluso conmovedor, que un maestro de la lengua inglesa llamara a su gata blanca con el mismo nombre que hubiera podido escoger un niño de ocho años. Snow se sentaba en su regazo y Edward le rascaba detrás de la oreja, como hacen millones de dueños de otras Snow”.

Con la gata Snow

Con la gata Snow

La crítica de teatro Linda Winer, de Newsday, acabó siendo amiga del autor después de ver “La cabra” por segunda vez, cambiar de opinión y reconocer en un artículo que se había equivocado en su primera crítica porque era una obra genial. Edward Albee estaba acostumbrado a ser vapuleado por la crítica y apreció su honradez. La invitó a su casa de Montauk, al final de Long Island, el día que debía enterrar a uno de sus amados gatos. La periodista escribió: “El gato estaba en el congelador, el enterrador estaba en el jardín y la crítica estaba en la cocina. Era una obra de Edward Albee”.

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Edward Franklin Albee III nació el 12 de marzo de 1928 y fue dado en adopción dos semanas después. Su padre adoptivo era Reed A. Albee, hijo del magnate del vodevil Edward Franklin Albee II, y su madre, Frances Cotter Reed, pertenecía a la alta sociedad neoyorquina.

Abandonó el hogar paterno en 1949 para vivir en el Village de Nueva York, donde se ganaba la vida como podía e iba a las salas off Broadway (que acababan de nacer y costaban un dólar) a ver obras de Pirandello, Samuel Beckett, Ionesco y Brecht. Escribía relatos y poemas, incluso publicó algunos. Cuando estaba a punto de cumplir 30 años y trabajaba de mensajero en Western Union, pidió prestada una máquina de escribir y en tres semanas acabó su primera obra de teatro, “The Zoo Story” (Historia de zoológico). Estrenada en Berlín con mucho éxito, tuvo más dificultades en Nueva York hasta que el Actors’ Studio aceptó montarla en una pequeña sala. Norman Mailer estaba entre el público el día del estreno y dijo: “Es la mejor obra en un solo acto que he visto jamás”. Las tres siguientes obras, también en un solo acto, fueron éxitos en Broadway. Y entonces llegó “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, que tuvo una recepción mixta.

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Según el Daily Mirror era “Una obra enfermiza para enfermos”. El jurado del Pulitzer le otorgó el premio, el consejo del Pulitzer aconsejó no dárselo, el premio quedó desierto y el jurado dimitió en bloque en señal de protesta. Luego se convirtió en una de las obras con más reposiciones en Broadway y fue llevada al cine.

También participó en uno de los mayores fracasos de la historia de Broadway, la adaptación musical de la novela de Truman Capote “Desayuno en Tiffany’s” o “Desayuno con diamantes”, protagonizada por Mary Tyler Moore y Richard Chamberlain, que fue retirada de la cartelera antes de su estreno.

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Las obras “The Lady from Dubuque” (La señora de Dubuque), estrenada en 1980, solo tuvo doce representaciones, y “The Man Who Had Three Arms” (El hombre de los tres brazos), de 1983, tampoco duró mucho. Ambas recibieron ataques salvajes por parte de la crítica.

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Volvió a tener éxito a principios de los noventa con “Three Tall Women” (Tres mujeres altas). Durante los siguientes veinte años escribió nuevas obras e incluso dirigió alguna reposición de sus primeros estrenos.

Residió durante varias décadas en un loft del barrio de Tribeca con sus gatos, el escultor Jonathan Thomas, fallecido en 2005 y con el que convivió durante 35 años, obras de Vuillard, Kandinsky y Milton Avery, entre otros, y una maravillosa colección de esculturas africanas. Murió en su casa de Montauk el 16 de septiembre de 2016 a los 88 años.

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Entre sus numerosos galardones destacaremos el Premio Pulitzer por “A Delicate Balance” (Un delicado equilibrio), escrita en 1966, “Seascape” (Paisaje marítimo), de 1975, y “Three Tall Women” (Tres mujeres altas), de 1991.


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Cuatro gatos y la escritora Elena Poniatowska

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Elena Poniatowska, nacida Helène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, tiene dos gatos 2c4d495f0c334d3c76c62a4d3c74d7llamados Monsi (un gato) y Vais (una gata) en honor a su gran amigo, el autor mexicano Carlos Monsiváis (https://gatosyrespeto.org/2014/06/19/carlos-monsivais-amor-a-los-gatos/), que murió hace seis años y medio. La escritora y Rafael Barajas, conocido en México como “El Fisgón”, publicaron hace tres años un libro infantil (supuestamente) titulado “Sansimonsi”, cuyo protagonista presenta un extraño parecido con Monsiváis, más aún si tenemos en cuenta que este último vivía en la calle San Simón. En ese libro, el gato se burla y piensa en las impertinencias que le gustaría decir a los diputados y al presidente de su país.

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Es fácil deducir, por las fotos que hemos encontrado, que Sansi es el gato blanco y negro y Vais, la gata gris con manchas. Pero hubo otro gato en la vida de Elena Poniatowska, uno rayado que vemos en dos fotos; la primera cuando aún era un gatito y la segunda, ya de mayor y con cara de no gustarle posar. Quizá fuese el gato Gazpacho que convivió con la gata Silvana y la perra Loba, salvada en el Periférico, el cinturón que rodea Ciudad de México.

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Y ya que no podemos decir nada más acerca de los gatos de la escritora, hablaremos un poco de ella. En 2013 fue galardonada con el Premio Cervantes, la cuarta mujer que lo ganaba en 37 años, después de las españolas María Zambrano (1988) (otra gran amante de los gatos) y Ana María Matute (2010), así como la cubana Dulce María Loynaz (1992).

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Su madre se casó con el heredero de la corona polaca, Jean Evremont Poniatowski Sperry, en París, ciudad en la que nació la escritora en 1932. En 1941, su madre Paulette huyó de la II Guerra Mundial con sus dos hijas y regresó a México, de donde era originaria. Su padre se había alistado en las filas francesas y no se reunió con ellas hasta acabada la guerra.

Elena Poniatowska y Monsi

Elena Poniatowska y Monsi

En 1949 ingresó en un internado católico en Estados Unidos hasta 1952. Un año después ya escribía crónicas y entrevistas para el periódico Excélsior con personalidades como la cantante Amália Rodrigues, la pintora María Izquierdo, el escritor Juan Rulfo y la actriz Dolores del Río. Durante una época publicó una entrevista diaria. Entonces empezó a interesarse por cuestiones sociales y por el papel de la mujer mexicana. Su primera novela, “Lilus Kikus”, apareció en 1955, el mismo año que tuvo a su primer hijo. En 1963 publicó su segundo libro, “Todo empezó en domingo”, y en 1965, mientras recorría Polonia con su madre, mandó una serie de crónicas a Novedades, periódico en el que seguiría colaborando casi toda su vida, donde “cuestionaba la moral establecida, la justicia y en general, lo absurdo de la vida”.

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En 1964 conoció a Josefina Bórquez, una lavandera con la que se entrevistó cada miércoles durante muchos meses y que le descubriría la otra cara de la Ciudad de México. El fruto de estas entrevistas se publicó en 1969 en “Hasta no verte Jesús mío”, libro con el que ganó el Premio Mazatlán de Literatura y que le daría fama internacional. Había contraído matrimonio con el astrofísico Guillermo Haro un año antes.

El 2 de octubre de 1968, diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos, tuvo lugar la matanza de la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, con decenas de estudiantes y obreros muertos a manos del ejército mexicano; nunca se ha sabido la cifra exacta de víctimas. En ese momento escribió un artículo sobre lo ocurrido que el periódico Novedades no quiso publicar, así como tampoco la entrevista que le hizo a Oriana Fallaci, herida durante el trágico acontecimiento.

La escritora y periodista mexicana Elena Poniatowska durante una entrevista en su casa en la Ciudad de México, el jueves 24 de septiembre del 2015. Poniatowska habló de su nueva novela, "Dos veces única", sobre la vida de Lupe Marín, la primera esposa de Diego Rivera. (AP Foto/Christian Palma)

En 1971 publicó “La noche de Tlatelolco”, y el recién elegido presidente Luis Echeverría, que en 1968 era secretario de Gobernación, le concedió el Premio de Literatura Xavier Villaurrutia, que Elena Poniatowska rechazó.

En 1985, después del terrible terremoto que asoló México D.F., redactó artículos casi a diario que reunió en 1988 en la crónica colectiva “Nada, nadie, las voces del temblor”, el mismo año en que murió su marido. En 1992 llegó la novela “Tinísima”, que tardó diez años en terminar, seguida de “Luz y luna” y “T. Tauri”. En 2011 ganó el Premio Biblioteca Breve por “Leonora”.

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Carlos Monsiváis

En 2007, la Ciudad de México, a través de la Secretaría de Cultura, instauró el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, dotado con 500.000 pesos. Cuatro años después, en 2011, se creó la Fundación Elena Poniatowska para preservar y difundir el archivo histórico de la escritora, apoyar a los grupos sociales retratados en sus obras y promover el debate público en torno a la cultura mexicana.

 


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El tigre en la casa, de Carl van Vechten

Carl Van Vechten y Feathers

Carl Van Vechten y Feathers

El título completo del libro en inglés es “The Tiger in The House, a Cultural History of The Cat” (El tigre en la casa, una historia

Portada de El tigre

Portada de El tigre

cultural del gato). Lamentablemente, no está traducido al castellano, como ninguno de los otros libros escritos por Carl Van Vechten. Si leen en inglés, no se pierdan este; nadie ha escrito tan bien, con tanta elegancia y humor sobre los gatos. Fue publicado en 1920 y se trata de una auténtica hazaña, un compendio de erudición felina y una casi maniática lista de referencias literarias, que van desde Mark Twain a Baudelaire, y de Darwin al “British Medical Journal”.

La bibliografía al final del libro incluye nada menos que 650 obras, la mayoría de las  cuales se encontraban en la biblioteca personal del autor. Como dice Stephen Budiansky… Ah, pero antes de seguir, aclaremos que Stephen Budiansky es un experto en animales que ha escrito, entre otros, un libro sobre gatos titulado “La naturaleza de los gatos: orígenes, inteligencia, comportamiento y astucia del felis silvestris catus” (Paidos Ibérica, 2003). Y también se encargó de redactar la introducción de la edición de 2007 en la que dice: “Todo autor que haya escrito sobre gatos desde entonces, a sabiendas o no, sigue la pista de las riquezas que Van Vechten desenterró, sobre todo en lo que se refiere a supersticiones, folclore, metáforas y creencias mágicas en torno al gato”. Y así es, porque Carl Van Vechten consiguió enterarse de que según la ley persa, la camada de gatitos pertenecía al dueño de la tierra o casa donde nacían, lo que deja entender que los gatos eran valorados en la antigua Persia. O, en la página 19, nos da un dato: los gatos tienen 160 pulsaciones por minuto.

Carl Van Vechten, 1934

Carl Van Vechten, 1934

Carl Van Vechten - Fotografía de Tonio Selwart

Carl Van Vechten – Fotografía de Tonio Selwart

El libro consta de 14 capítulos, empezando por “A modo de corregir un prejuicio popular” y acabando con “Apoteosis”, y entre estos encontramos “Ailurófobos y otras personas que odian a los gatos”, “El gato y la ley” o “El gato y el poeta”. La cantidad de información es sorprendente y cabe preguntarse de dónde sacó el tiempo para redactar semejante libro. De hecho, al firmar la introducción de la tercera edición el 11 de junio de 1936, dice, en el último párrafo: “Dieciséis años más viejo que en 1920, y al releer ‘El tigre’, me he quedado boquiabierto ante la erudición contenida en el libro y me admira la documentación requerida. Si hoy en día me pidiesen que escribiera un libro acerca de la URSS o del swing, creo que me dedicaría con mucho menos asiduidad a reunir el material necesario. Por otra parte, me siento bastante intimidado por esta versión más joven y, aparentemente, más aplicada de mí mismo”.

Una ilustración de El tigre

Una ilustración de El tigre

 

El carácter de los gatos

El carácter de los gatos

Como pueden ver por lo anterior, Carl Van Vechten tenía un sentido del humor acerbo y siempre estaba más que dispuesto a reírse de sus vastos conocimientos. En otro momento dice: “Es permisible mostrar una actitud de plácida indiferencia en cuanto a elefantes, cacatúas, H.G. Wells, Suecia, el roast beef, Puccini e incluso los mormones, pero en cuanto a los gatos, parece necesario tener una opinión muy clara”. Claro está, en su caso, esa opinión era absolutamente positiva.

Del libro Feathers, ilustración de Eileen Mayo

Del libro Feathers, ilustración de Eileen Mayo

Carl Van Vechten tenía una gata persa llamada Feathers a la que adoraba. Habla de ella en el libro, pero también le dedicó un volumen apropiadamente titulado “Feathers” (Plumas). No sabemos de ningún otro gato que compartiera su vida.

Feathers con un reposa cabeza chino

Feathers con un reposacabezas chino

Nació en Cedar Rapids, Iowa, en 1880, y se licenció de la Universidad de Chicago en 1903. En 1906 se trasladó a Nueva York, donde no tardó en ser reconocido como crítico de danza. Además de escritor de ensayos y novelas, a partir de los años treinta  fotografió a celebridades de la época entre las que se encontraban Frida Kahlo, Salvador Dalí, Marlon Brando, Norman Mailer, cantantes y músicos afroamericanos como Leontyne Price, Bessie Smith, Archie Savage y el boxeador Joe Louis. Fue una conocida figura de los círculos artísticos de París y Nueva York, confidente de Gertrude Stein, amigo de Alice B. Toklas, el primer defensor estadounidense de la música de Igor Stravinsky y de Eric Satie antes de la I Guerra Mundial. Fue uno de los responsables del llamado “Harlem Renaissance” (Renacimiento de Harlem) en los años veinte, que hizo descubrir a la sociedad bohemia y artística de Nueva York los cabarets y los músicos del famoso barrio. Ayudó a Langston Hugues y a otros escritores afroamericanos a encontrar editoriales para sus obras.

El campeón King Winters, de El tigre

El campeón King Winters, de El tigre

Él mismo escribió en 1926 el libro “Nigger Heaven” (El paraíso de los negros), haciendo referencia a que los negros solo podían acceder al gallinero de los teatros, donde describía la vida nocturna del barrio en términos bastante crudos y directos. Parte de sus amigos, afroamericanos y blancos, se sintieron ofendidos, pero la nueva generación de escritores afroamericanos defendió el libro por ser el primero en reírse de “la cultura elevada” y por tratar a los afroamericanos como personas y no como estereotipos. En 1941 fundó el “James Weldon Johnson Memorial Collection of African American Arts and Letters” en honor a James Weldon (1871- 1938), abogado, autor y activista por los derechos civiles.

Otra ilustración de El tigre

Otra ilustración de El tigre

Falleció a los ochenta y cuatro años en Nueva York. Dijo de los gatos: “Un gato nunca es vulgar”, “El gato pocas veces interfiere con los derechos de otros. Su inteligencia le impide hacer muchas de las tonterías que nos complican la vida”, o también “Los gatos poseen un nivel de gnosis que pocos obispos alcanzan”.


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Odín y Beppo, dos gatos de Jorge Luis Borges

Borges, María Kodama y gato desconocido

Borges, María Kodama y gato desconocido

Borges de joven

Borges de joven

Jorge Luis Borges tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. Odín, en honor al dios de la mitología nórdica y Beppo, por Lord Byron. En palabras de Borges “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato de Byron. El gato no se dio cuenta y siguió su vida”. Epifanía Uveda, el ama de llaves del escritor argentino durante cerca de cuatro décadas, coautora con Alejandro Vaccaro del libro “El Señor Borges”, explica: “El gato se llamaba Pepo por José Omar Reinaldi, apodado “La Pepona”, un delantero del River Plate. Borges recordó el poema veneciano de Lord Byron que se titulaba ‘Beppo’ y lo rebautizó”. Curiosamente, Fanny, pues así llamaba Borges a la leal Epifanía, murió un sábado 10 de junio de 2006, cuatro días antes del vigésimo aniversario de la muerte del escritor, fallecido el 14 de junio de 1986.

Borges y Beppo

Borges y Beppo

Beppo era un hermoso gato blanco que siempre estaba con Borges. Le gustaba jugar con los cordones de sus zapatos y dormirse en su regazo. Tenía más de 15 años cuando murió y fue una auténtica pérdida para Borges, que ya estaba ciego. Parece ser que entonces dijo: “Quisiera morirme hoy mismo, pero no tengo la suerte que tuvo Beppo. Aunque a lo mejor sí, ahora que estoy con gripe, tal vez muera”.

Con Beppo de nuevo

Con Beppo de nuevo

Algunos dicen que Beppo tenía mal carácter, pero que se llevaba muy bien con Borges. Un día, Fanny vio que Beppo se miraba en un espejo y creía ver otro gato, posiblemente a un rival. Se lo contó a Borges y este le dedicó un poema en la obra “La cifra”, publicada en 1981.

Con Beppo

Con Beppo

El gato blanco y célibe se mira

en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura

y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.

¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?

Me digo que esos gatos armoniosos,
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Enéadas.

¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Portada de Chatrán y su mundo astral, de Vicente O. Cutolo

Portada de Chatrán y su mundo astral, de Vicente O. Cutolo

En el libro “Chatrán y su mundo astral, vida de mi gato siamés”, el historiador argentino Vicente O. Cutolo dedica un capítulo a “Beppo, el gato de Borges” donde cuenta que al autor le impresionaban y seducían los felinos desde pequeño, e incluye algunos dibujos de tigres hechos cuando el famoso escritor era aún un niño. Cutolo también dice que el dueño de una cantina de la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) a quien Borges conocía  y que hacía la cuenta en el mantel de papel de la mesa, también se llamaba Beppo.

Borges y Odín

Borges y Odín

Odín era un gato atigrado que convivió con Borges, pero nunca llegó a ser tan famoso como Beppo. Dicen que sobrevivió casi diez años al escritor, pero no sabemos con quién estuvo. Quizá en su piso de Buenos Aires, pero Borges dejó ese piso a principios de 1986 para trasladarse a Ginebra, donde falleció unos meses después. El 14 de abril de ese mismo año se había casado por poderes con María Kodama, a la que dejó todos sus bienes. Fanny se fue del piso donde había trabajado 40 años a finales de abril. ¿Iría Odín con ella o cuidaría de él María Kodama? No hemos sido capaces de descubrir nada al respecto.

Con el gato negro desconocido

Con el gato negro desconocido

Con Odín

Con Odín

De nuevo con Odín

De nuevo con Odín

De los gatos, Borges dijo una vez: “Nadie cree que los gatos son buenos compañeros, pero lo son. Estoy solo, acostado, y de pronto siento un poderoso brinco: es Beppo, que se sienta a dormir a mi lado, y yo percibo su presencia como la de un dios que me protegiera”. Y también: “Siempre preferí el enigma que suponen los gatos”. Las fotos que publicamos demuestran que Borges también tuvo o conoció a un gato negro, pero no sabemos nada de él.

Con dos oficiales de la Embajada china y Beppo

Con dos oficiales de la Embajada china y Beppo

Acabaremos esta entrada con el poema “A un gato”, de la obra “El oro de los tigres”, publicada en 1972.

No son más silenciosos los espejos

ni más furtiva el alba aventurera;

eres, bajo la luna, esa pantera

que nos es dado divisar de lejos.

Por obra indescifrable de un decreto

divino, te buscamos vanamente;

más remoto que el Ganges y el poniente,

tuya es la soledad, tuyo el secreto.

Tu lomo condesciende a la morosa

caricia de mi mano. Has admitido,

desde esa eternidad que ya es olvido,

el amor de la mano recelosa.

En otro tiempo estás. Eres el dueño

de un ámbito cerrado como un sueño.

 


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La gata Ti-Puss, India y Ella Maillart

Con Ti-Puss y Ming

Ella Maillart con Ti-Puss y Ming

“Estado civil: Sra. Minou Wildhusband, nacida Ti-Puss. Las elegantes la rechazan por ser delgada y fea. Los seres sensibles comentan, pensativos, la fascinación que ejercen sus ojos ardientes. Los amigos de los animales exclaman espontáneamente: ‘¡Qué animal tan maravilloso!’ (…) Cuando, por cortesía, me veo obligada a hablar de ella, musito con modestia que solo importa el carácter. Jamás intento convencer a nadie de que Ti-Puss, quintaesencia del alma felina, reúne en sus humores más diversos la intensidad de la belleza y de la agilidad”.

Así empieza la novela “Ti-Puss (o India con mi gata)”, de la escritora y gran viajera suiza Ella Maillart, donde describe sus periplos por el subcontinente en compañía de una increíble gata cuyo nombre procederemos ahora a explicar. Ti-Puss es la contracción de Petit Pussy (Pequeño gato), y en cuanto a Minou Wildhusband, Minou significa minino/a en francés y Wildhusband se debe a que el primer novio de Ti-Puss fue un gato callejero bastante salvaje, un “wild husband” (marido salvaje, en inglés).

Ella Maillart nació en Ginebra el 20 de febrero de 1903, de padre suizo y madre danesa. Su madre la llevaba cada domingo de Ella Maillart con gatoinvierno a esquiar a las montañas, algo considerado una excentricidad en la época. En 1913, sus padres se trasladaron a un pueblecito a orillas del lago Lemán a unos siete kilómetros de Ginebra, donde conoció a Hermine (“Miette”) Saussure. Las dos compartían las mismas aficiones, el esquí, la vela, la lectura, y se convirtieron en amigas inseparables. En 1921, “Miette” compró una balandra de 7 metros de eslora y las dos, sin ayuda de un motor auxiliar, cruzaron hasta Córcega, volvieron a Cannes y fueron recibidas como dos heroínas. Poco después, con otras dos chicas, recorrieron todo el Mediterráneo en un velero de catorce toneladas hasta que “Miette” enfermó y abandonó la travesía. En 1924 representó a Suiza en la prueba de vela en solitario en los Juegos Olímpicos, clasificándose novena entre 17 participantes de los que era la única mujer.

Durante varios años trabajó en cosas muy diversas para ganarse la vida. En 1930 se trasladó a Moscú para escribir artículos acerca de la juventud soviética. Allí viajó con un grupo de universitarios al Cáucaso y descubrió el valle escondido de Esvanetia. En París, el editor Charles Fasquelle le encargó un libro acerca de su experiencia, “Parmi la jeunesse russe” (Entre la juventud rusa), publicado en 1932. Ese mismo año recorrió el Turquestán ruso y descubrió a los kirguises, los kazajos y los uzbecos. Regresó sola, con un enorme macuto, por las repúblicas soviéticas del sur, sin permiso y evitando los controles. A su regreso a París escribió “Des Monts célestes aux sables rouges” (Desde los montes celestes a las arenas rojas).

Ti-Puss durante un paseo

Ti-Puss durante un paseo

En 1934, el periódico “Le Petit Parisien” la mandó a Manchuria, entonces ocupada por Japón. Desde allí, se trasladó al Turkestán chino pasando por India y el norte de Tibet en compañía de otro aventurero, Peter Fleming. Tardaron siete meses en llegar a Srinagar, en Cachemira. En 1936 se publicó con un enorme éxito “Oasis prohibidos” (Península, 1999), en el que relata su largo y casi impensable periplo. Siguió viajando y dando conferencias hasta 1939, cuando recorrió Irán y Afganistán con una amiga periodista y escritora a la que intentó liberar de su adicción a la morfina sin éxito, lo que dio pie a otro libro, también publicado en español por la editorial Timum Mas en 1999 bajo el título “La ruta cruel: un viaje por Turquía, Persia y Afganistán” y nuevamente en 2015 por La línea del horizonte ediciones bajo el título “El camino cruel: un viaje por Turquía, Persia y Afganistán con Annemarie Zwarzenbach”.

Portada del libro

Portada del libro

Y después de esta larga introducción, llegamos a los años que estuvo Ella Maillart en India, donde conoció a Ti-Puss. Vivió en India entre los años 1939 y 1946. Primero se instaló en Tiruvannamalai, al sur de Madrás, cerca del asram de su maestro Ramana Maharishi.

Sri Ramana - Tiruvannamalai, 1941

Sri Ramana – Tiruvannamalai, 1941

También siguió las enseñanzas de Atmananda (Krishna Menon) en la provincia de Kerala.

Sri Atmananda (Krishna Menon) en Kerala

Sri Atmananda (Krishna Menon) en Kerala

En su libro en torno a Ti-Puss, que desgraciadamente no ha sido publicado en español, describe cómo recorrió toda una parte del subcontinente (ver mapa y recorrido con puntos) con la gata en compartimentos de tercera y autobuses.

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Ella Maillart no tenía mucho dinero y reducía sus gastos al mínimo. En su primer viaje con Ti-Puss, desde Tiruvannamalai a Kodaikanal, huyendo del terrible calor de Madrás, cuenta cómo, al cabo de unas cuantas horas en un vagón repleto de gente, fue necesario bajar a Ti-Puss del tren en una parada para encontrar un lugar con arena o tierra, y su miedo al pensar que el tren podía irse sin ella.

Lo realmente increíble es que Ti-Puss se acostumbró a viajar en tren y en autobús, y a cambiar de casa regularmente. Seguía a Ella en todos sus paseos e incluso la acompañó a escuchar a los maestros. Pero también dio grandes sustos a su amiga y dueña, como el día que, camino de Jagdalpur y Amarati, estuvieron unos días en Raipur y la gata desapareció. Al día siguiente debía irse y tardaría dos semanas en volver. Tristísima, se fue. A su regreso buscó a la gata y estaba a punto de rendirse cuando encontró a Ti-Puss con la pata rota en un jardín cercano a la casa. Con la pata inmovilizada, Ti-Puss viajó hasta Benarés antes de regresar a su tranquila vida en Tiruvannamalai, donde conoció a su primer amante. Poco después volvieron a irse a Thiruvananthapuram para seguir las enseñanzas del maestro Atmananda, y Ti-Puss (para entonces llamada Sra. Minou Wildhusband) dio a luz a cuatro gatitos, de los que Ella guardó dos, Ti-Zoli y Foxy, y sacrificó a los otros, algo totalmente habitual en la época. Regaló a Foxy y se quedó con Ti-Zoli.

Ella Maillart y gato

Unos meses después volvieron a emprender camino hacia la montaña huyendo de la tremenda humedad de la provincia de Travancore, y Ti-Puss desapareció por segunda vez. En la estación de Kodai Road, donde debían pasar ocho horas hasta la llegada del autobús, Ella decidió dejar salir a Ti-Puss. A las dos horas, preocupada, fue a buscarla, la llamó, pero Ti-Puss no volvió. Tardaría mucho tiempo en verla de nuevo. Después de describir a la gata a todo el personal de la estación y de dejarles la cesta en la que viajaba, subió al autobús que la llevaba a Kodaikanal con Ti-Zoli, mucho más dócil y con menos carácter que su madre. Pasaron seis semanas hasta que una mujer la avisó de que Ti-Puss estaba en la estación desde hacía tres semanas y que cada noche iba a esperar el tren procedente de Travancore. Reencontró a Ti-Puss, pero debió regalar a Ti-Zoli, a la que su madre no soportaba.

La última y definitiva fuga de Ti-Puss tuvo lugar en Kalimpong. Ella Maillart la había dejado durante tres semanas en casa de su amiga Beryl, que la acompañaba en un viaje por el Tibet. A su regreso, Winnie, la gata de Beryl, vino corriendo para recibirlas, pero Ti-Puss no estaba. Nadie la había visto en dos semanas. Cada noche, Ella salía a buscarla y le hablaba así: “Minou, amada mía, ven una última vez, permite que vuelva a sujetarte la barbilla y a despedirme de ti si de verdad prefieres la libertad (…). Hemos vivido las dos juntas durante tres años muy llenos, no puedes estar lejos de aquí. Vuelve, vuelve conmigo, necesito que me hagas una señal”.

Ella Maillart en Chandelin

Ella Maillart en Chandolin

Pero Ti-Puss nunca apareció y Ella Maillart regresó sola a Suiza. Pasaba los meses de más calor en la casa que compró en el pueblo de Chandolin y dedicaba el tiempo restante a viajar. Falleció el 27 de marzo de 1997.