Gatos y Respeto

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Gatos y cuentos de hadas de Adrienne Ségur

En 1952, un periodista publicó lo siguiente en “Le Figaro littéraire”: “Fui a casa de Adrienne Ségur, un hada. Me recibió un gato imperial y pájaros de diverso plumaje. De hecho, todos los animales de ‘Érase una vez’ se habían instalado en los recovecos de la casa. ¿Y qué me dijo el hada? ‘Voy hacia la fantasía para evadirme. Los niños hablan con los animales, y los animales les hablan, es natural. Mis animales hablan con los ojos, el hocico, las patas’”.

Adrienne Ségur con un gato

Cómo los gatos aprendieron a ronronear (Joan Bennett)

El hada Adrienne Ségur era una ilustradora de cuentos que prestó una atención muy especial a los gatos. Aparecen en sus dibujos casi en la misma proporción que príncipes y princesas. Incluso recopiló cuentos de gatos en un libro especialmente dedicado a ellos.

El gato con botas (Charles Perrault)

El gato arrepentido

Fue una mujer muy bella, de aspecto misterioso y elegante, que llevó una vida discreta, quizá porque se sentía más cómoda en su mundo que en compañía de los mortales. Nació el 23 de noviembre de 1901 en Atenas, hija del escritor francés Nicolas Ségur y de la griega Kakia Anastose Diomedes Kyriakos. A pesar de llevar el mismo apellido que la famosa escritora, la Condesa de Ségur (de soltera Sofia Fiodorovna Rostoptchina, casada con Eugène de Ségur), no parece que les uniera parentesco alguno.

Foto de Erwin Blumenfeld

El gato de Baba Yaga

Empezó a dibujar siendo niña y en 1928 ilustró en blanco y negro la novela de juventud de André Maurois “Le Pays des trente-six mille volontés” (El país de los treinta y seis mil deseos), aunque usó el seudónimo de Adrienne Novel. Dos años después ilustró una serie de cuentos de los que era autora, “Cotonnet”, “Cotonnet aviador” y “Cotonnet en América”, con un conejito como protagonista. Estos primeros dibujos son encantadores y sencillos, tienen poco que ver con los que la hicieron famosa en la década de los cuarenta.

El gato y el gallo enfermo

El gato que habla (Natalie Savage Carslon)

En 1932 se casó con el poeta y pensador egipcio Mounir Hafez, diez años menor que ella y uno de los grandes referentes del sufismo en Francia. A partir de ese momento, la pareja pasó los inviernos en El Cairo y los veranos en París. En 1936,  Adrienne Ségur empezó a ocuparse de la página infantil de Le Figaro, de la que acabó siendo directora en 1939. Una vez finalizada la II Guerra Mundial, empezó a ilustrar cuentos infantiles para la editorial Flammarion.

Mounir Hafez

El gato Patripat (India)

Al cabo de unos años, la editorial alquiló para ella una casa a unos diez kilómetros de Blois, a dos horas en coche de París. Los que la conocieron entonces dicen que vivía rodeada de gatos y de pájaros, y que su pasatiempo favorito era caminar por el bosque y observar a los animales en libertad.

El niño que pintaba gatos (Japón)

Kip, el gato hechizado (Suecia)

También dicen que en cuanto hacía bastante calor, dejaba las ventanas abiertas para que sus pájaros pudieran volar libremente y regresar cuando quisieran. Esto nos hace pensar que ella y su marido no llevaban la vida convencional de un matrimonio de la época.

El gato con la cola torcida (Frances Carpenter – Tailandia)

El gato y el ciervo (Rusia)

Era una apasionada de “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Caroll, y en 1949 realizó unas brillantes ilustraciones en blanco y negro para el libro. Sus dibujos dieron vida a los cuentos de los hermanos Grimm, de William Hauff, Hans Christian Andersen, Madame d’Olnoy, Pável Bazhov y otros escritores del mundo entero.

Alicia en el País de las Maravillas

Flammarion publicó en 1951 una colección de cuentos de hadas de autores franceses titulada “Il était une fois” (Érase una vez) con dieciséis ilustraciones de Adrienne. Fue considerado por la crítica literaria como el libro infantil más bello de Francia. La editorial demostró una enorme confianza en el talento de la artista al encargar veinte mil ejemplares para la primera edición, en vez de los habituales cinco mil para un libro de ese tamaño.

La gata princesa (Madame d’Olnoy)

La gata princesa

No solo tuvo un enorme éxito en Francia, sino también entre los lectores de habla inglesa, sobre todo en Estados Unidos, donde Random House lanzó posteriormente el maravilloso “The Golden Book of Fairy Tales” (El libro de oro de los cuentos de hadas), una recopilación de veintiocho cuentos procedentes de Francia, Alemania, Rusia, Dinamarca y Japón.

La gata princesa (Músicos)

En 1965 publicó otra colección de diecisiete cuentos dedicados únicamente a los gatos. “Le chat Jérémie et autres histoires de chats” (El gato Jeremías y otras historias de gatos), traducido al inglés en 1967 con el título de “My Big Book of Cat Stories”. Algunos títulos de estos cuentos son inolvidables, “Jeremías o el gato que se hizo jefe guardabosques”, “El gato con el rabo torcido”, “El gato arrepentido” o “El gato oreja de mantequilla”.

Gato ojo de aceite

El gato Jeremías jefe guardabosques no es otro que el gato Catafay Ivanovich del cuento ruso “El gato y la zorrita”, al que también llaman “Yeremey” (https://gatosyrespeto.org/2020/01/02/gatos-en-el-folclore-ruso/).

El gato Yeremey (Rusia)

El gato Yeremey, dueño del bosque (Rusia)

Las ilustraciones de la artista son sumamente detalladas e imaginativas, propias de los cuentos de hadas. También trabajó con autores de la talla de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) y diseñó decorados de espectáculos, así como tarjetas de felicitación para marcas como Van Cleef y Arpels. Siempre dio gran importancia a la expresión de los personajes.

Las tres hilanderas

Las tres hilanderas

Adrienne Ségur falleció el 11 de agosto de 1981. Había dejado de dibujar hacía ya varios años debido a la artrosis. Sus últimas ilustraciones fueron para la novela “La légende de Venise” (La leyenda de Venecia), de Simone Kervyn. En los dos retratos fotográficos incluidos aquí tendría unos 35 años. Son obra del fotógrafo alemán Erwin Blumenfeld, que se instaló en París en 1936. Fue una mujer que se rodeó de un aura de misterio y se sabe muy poco de su vida privada.

Hans y el gato atigrado (Hermanos Grimm)


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La gata y el búho

Hace casi cinco años publicamos una entrada acerca del poeta y dibujante Edward Lear y su gato Old Foss (https://gatosyrespeto.org/2015/08/16/el-gato-old-foss-y-edward-lear/). Los poemas de Edward Lear pertenecen al género “nonsense poems”, es decir “rimas sin sentido”.

El búho y la gatita (Barbara Cooney)

Desde entonces queríamos traducir “The Owl and the Pussy Cat” (El búho y la gatita), quizá su poema más famoso, publicado en 1871 como parte del libro “Nonsense Songs, Stories, Botany and Alphabets” (Canciones sin sentido, historias, botánica y alfabetos).

Adrienne Ségur

Jan Brett

Los “sin sentido” de Edward Lear ya eran famosos por esa época. En 1846 había publicado una colección de “limericks”, palabra que no tiene una traducción exacta en español. Abarca desde rimas infantiles como “Humpty Dumpty”, hasta versos satíricos, pero siempre son cortas y bastante surrealistas. El escritor siguió añadiendo “limericks” a su colección a medida que pasaban los años.

“El búho y la gatita” es uno de los poemas más apreciados de Edward Lear; lo compuso para una niña de tres años, Janet Symonds, cuyos padres eran grandes amigos suyos.

El cerdito con anillo (Edward Lear)

Comiendo picadillo y membrillo (Barbara Cooney)

El cerdito (Jan Brett)

Edward Lear inventaba palabras como “el árbol Pong” que crece en las tierras donde llegan el Búho y la Gatita, pero no cabe duda de que la más famosa es la cuchara “runcible” con la que comen picadillo y membrillo en el banquete de bodas. La utilizó en varias ocasiones, incluso para describirse a sí mismo diciendo que llevaba “un sombrero runcible”.

Debajo de un árbol bong (Barbara Cooney)

Miel y dinero (Edward Lear)

La palabra tuvo tanto éxito que, 40 años después de la muerte del escritor, pasó de ser una palabra sin sentido a ocupar un lugar en el diccionario inglés Myriam & Webster con la definición de: “Un tenedor de tres dientes” sin citar ninguna fuente. Sin embargo, Edward Lear jamás especificó el significado de la palabra; eso sí, siempre la usó como adjetivo, nunca como sustantivo.

El pavo casamentero (Edward Lear)

La boda (Jan Brett)

Navegaron un año y un día (Edward Lear)

Hablaba de un “gato runcible” (su adorado Old Foss, claro), de un “ganso runcible” (refiriéndose a alguien no demasiado listo) e incluso de una “pared runcible” (algo más misterioso). Y en una de sus rimas, acompañada de una ilustración del propio Lear, dice:

La cuchara runcible (Edward Lear)

Tocando la guitarra (Chris Dunn)

Esta entrada está dedicada a Irati y a Jude, que han descubierto a los gatos hace poco, y a los que consideramos nuestros amigos runcibles. Por cierto, Jude está a punto de cumplir siete años, ¡feliz cumpleaños, Jude!

Tu canto es un encanto (Jan Brett)

Jan Brett


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Los gatos y la física

La editorial Penguin publicó en 1993 un pequeño libro de 30 páginas titulado “The Laws of Cat Physics” (Las leyes de la física gatuna), de G.A. Mendenhal, con la descripción de leyes de física gatuna en 60 viñetas. A pesar de buscar por todas partes no hemos encontrado nada sobre su autor. Lo poco que sabemos está en el prólogo del libro, y lo traducimos aquí:

“G.A. Mendenhall vive solo con su esposa y tres gatos en Green Valley, Arizona. Es en parte daltónico y se empeña en que el verde, el naranja y el rosa son meros tonos de un mismo color. De momento, ha conseguido evitar ir a clase de pintura y casi sabe comportarse en casa”.

“Mendenhall empezó a escribir y a dibujar viñetas en 1985 mientras se recuperaba de la chapuza que le hizo un temible y algo tembloroso urólogo al realizarle una vasectomía. El resultado fue el libro que esperamos están a punto de comprar. El autor creció en la frontera entre México y Estados Unidos, y no habló inglés hasta los seis años, cuando descubrió que era el mejor idioma para el humor y para decir tacos. Reconoce haber estudiado Filología Inglesa y Ciencias Políticas y haberse licenciado. Como la mayoría de escritores, le motiva el miedo, la codicia, la envidia y la inseguridad”.

“Suele escribir de noche, lo que le convierte en un gruñón insoportable durante las horas de luz. Gran parte de las ideas le vienen cuando está pasando la aspiradora o fregando los platos, dos actividades hacia las que su esposa le alienta dado que ella prefiere ir a la compra. Entre sus hobbies destacaremos el tenis, la natación, andar muy deprisa e imitar la llamada del pato. A veces sueña en números”.

En la página anterior a la primera viñeta, el autor dice lo siguiente: “A pesar de que este libro se titula ‘Física gatuna’, las leyes, principios, axiomas, postulados y teoremas que contiene se basan en numerosas disciplinas relacionadas, como la química gatuna, la biología gatuna, la psicología gatuna, la medicina gatuna, la lógica gatuna, la historia gatuna, la matemática gatuna y la ingeniería gatuna. No es intención del autor menospreciar las valiosas contribuciones que estas disciplinas relacionadas han aportado al estudio de la física gatuna”.

En el siguiente párrafo, al final de los agradecimientos, menciona muy especialmente a “Tiger (Tigre), Sugar (Azúcar) y Blackie (Negrito), que me lo han enseñado todo de la física gatuna, además de servirme de pacientes y mal pagados modelos, así como ofrecerme un amor sin límites”.

Finalmente traduciremos el texto de la contraportada. EL GATO EXPLICADO: “Hace tiempo que los científicos y los que tienen gatos saben que las leyes de la física por las que se rige el universo no son aplicables a los gatos, pero nadie ha sido capaz hasta ahora de saber qué principios, si los hay, gobiernan el mundo felino. Si alguien se ha preguntado alguna vez ‘¿Por qué hace esto un gato?’, encontrará las respuestas – acompañadas de numerosas carcajadas – en este libro”.

Gatos famosos en la historia de la física gatuna: Gato Arquímedes, Gato Einstein, Gato Newton.

Ley del magnetismo gatuno: Cualquier chaqueta azul y suéter negro atrae el pelo de gato en medida proporcional a la oscuridad de la tela.

Ley de la termodinámica gatuna: El calor fluye de un cuerpo caliente a un cuerpo frío, excepto tratándose de un gato. Todo el calor fluye hacia el gato.

Ley del sueño gatuno: Todos los gatos deben dormir con personas siempre que sea posible.

Ley de la elongación gatuna: El cuerpo del gato siempre se alargará lo suficiente para alcanzar lo que esté en la encimera.

Ley de la presencia gatuna en la mesa: El gato siempre estará presente cuando se sirva cualquier cosa apetecible.

Ley de la configuración de la alfombra: Ninguna alfombra permanecerá en su estado natural plano… durante mucho tiempo.

Ley de la observación de la nevera: Si un gato observa una nevera lo suficiente, acabará por pasar algo bueno.

Ley del juego gatuno: Los juegos más revoltosos siempre tendrán lugar entre las 3:15 y las 4:20 de la mañana.

Ley de la búsqueda de la comodidad aleatoria: Un gato siempre buscará, y en general se apoderará, del lugar más cómodo en cualquier habitación.

Primera ley del lavado gatuno: Un gato se lavará en cualquier momento y lugar que le parezca oportuno.

Ley de la ocupación espacial: Todas las bolsas en cualquier habitación deben contener un gato en el nanosegundo más inmediato.

Ley del cambio de muebles: El deseo que siente un gato por arañar los muebles es proporcional al precio de dicho mueble.

Ley de la atracción gatuna por las alfombras persas: Un gato con el estómago revuelto siempre gravitará hacia la alfombra más cara de la casa.

Ley de la falta de interés gatuno: El nivel de interés de un gato suele variar en proporción inversa al esfuerzo que realiza el humano por interesarle.

Dedicamos esta entrada a Nadia El Fani, que nos hizo conocer este maravilloso libro.


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El gato Donald, Benoît y John Patrick Byrne

“Érase una vez un chico llamado Donald que vivía en Fishertown (Ciudad de pescadores) con su mejor amigo, un gato convencido de que era un niño. Todo empezó cuando Jean-Kiki, el padre de Benoît, le dio unas monedas al capitán de un pesquero a cambio de un pequeño gato flaco con unos enormes ojos saltones. Cuando Jean-Kiki lo llevó a casa, Benoît lo llamó Donald”.

“Y antes de que se pudiera decir A-B-C, Donald se acomodó en su cama preparada en una caja de pescado mientras Benoît le enseñaba a leer, a contar hasta nueve y a disfrutar de un buen desayuno de tostadas con morcilla. La vida sonreía a los dos nuevos mejores amigos”.

“Una vez que Donald se vistió con unos pantalones cortos y unas botitas de cuando Benoît era pequeño, se lanzaron inmediatamente a explorar los lugares favoritos del chico, la Biblioteca Municipal John Dory en la callejuela Calamar, el Cine Anguila Eléctrica al final del muelle, y La Noche Oscura del Café Lenguado al Limón, pegado a su casa”.

Así empieza el cuento titulado “Donald & Benoît”, de John Patrick Byrne. El autor sigue contando que Jean-Kiki le compra un barco a Bucky MacKay, el dueño de La Noche Oscura, pero no tarda en descubrir que no hay un solo pez en las aguas cercanas al pueblo y no le queda más remedio que dejar a Donald y a Benoît para zarpar hacia mares más generosos. Bucky MacKay, que se siente culpable por no haberle dicho a Jean-Kiki que no había peces antes de venderle el barco, ofrece un trabajo como camarero a Benoît, pero el chico es muy patoso y sabe que pronto le echarán. Pasan los días y su padre no regresa.

Benoît y Donald deciden ir al cine a ver “Cantando bajo la lluvia”. Los dos se lo pasan de maravilla, y camino de casa, Donald interpreta cada uno de los números de baile para entretener a Benoît. Pero Benoît ve una noticia en el Diario Estrella de Mar: El barco de su padre ha desaparecido. Al día siguiente está demasiado triste para ir a trabajar y Donald decide sustituirle.

Pero es aún más patoso que Benoît, y Bucky MacKay acaba echándole. Es entonces cuando descubre su verdadera vocación al ver un anuncio pidiendo candidatos para unirse a los “Dancing Devil Dogs” (Endiablados Perros Bailones). Las pruebas tienen lugar en la sala encima del café Lenguado al Limón y el viejo Angus recibe a los candidatos. Al ver a Donald, el viejo Angus no acaba de decidirse a qué raza de perro pertenece el extraño recién llegado hasta que uno de los Endiablados le susurra al oído que se trata de un gato. Donald, en un desesperado intento por demostrar que sabe bailar, hace el ridículo, pero acaba ofreciéndose para tocar la batería. El único problema es que no tiene batería. A Benoît se le ocurre una idea brillante y corre a la Biblioteca para consultar el libro “Cómo construir una batería con lo que hay en casa”.

Dan las diez en el reloj de la Biblioteca, y los Endiablados Perros Bailones descubren que el ritmo hipnótico que les ha llevado hasta la casa de Benoît es obra del extraño gato vestido con calzones y botitas de bebé que ha hecho el ridículo esa misma mañana. A los pocos segundos de llegar, los Perros Bailones ya están rebotando contra las paredes, entregados a su endiablado baile.

Al alba, en medio del tremendo barullo, Benoît oye cómo llaman a la puerta con insistencia. Corre a abrir: ¡Es Jean-Kiki, su padre! El chico le abraza, loco de alegría y avisa a Donald. Este, exhausto después de tocar toda la noche, se hace un ovillo a los pies de la cama de su hermano y escucha a Jean-Kiki contar cómo el barco perdió el timón y dio la vuelta a África hasta llegar a Madagascar…

John Patrick Byrne inventó la historia de Donald y Benoît para contársela a sus dos hijos, los gemelos Xavier y Honor. Pero el autor no solo imaginó al gato Donald, también incluyó a gatos en algunos de sus cuadros.

El chico americano (1971)

Gato a la luz de la luna

Nació el 6 de enero de 1940 en Paisley, Escocia, en el seno de una familia obrera católica de origen irlandés. Es dramaturgo, escenógrafo, pintor, ilustrador y también ha dirigido capítulos de series televisivas. Para su obra de teatro más famosa, la trilogía “The Slab Boys”, se basó en su experiencia como mezclador de colores cuando trabajaba en la fábrica de alfombras AF Stoddard.

Arlequín y gato

El chico de la luna

Dejó el trabajo al cabo de un par de años para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Glasgow, donde estudió entre 1958 y 1963. Ganó una beca Bellahousten, que le permitió recorrer Italia durante seis meses. En 1967, ante el rechazo de las galerías londinenses, pintó un pequeño retrato de un hombre con un panamá en falso estilo naíf firmado por “Patrick” y lo mandó a la galería Portal, en Mayfair. Ante su sorpresa, le contestaron inmediatamente pidiéndole más cuadros, por lo que pintó otros seis u ocho y pudo exponer en solitario por primera vez. El retrato del gato Lionel probablemente corresponda a esa época.

Lionel (falso naíf)

Chico con gato

Entre 1964 y 1966 diseñó varias portadas de libros para la editorial Penguin. También ilustró portadas de álbumes de artistas como Beatles, Donovan, Billy Connolly y The Humblebums, y sobre todo de su amigo el cantante Gerry Rafferty, también natural de Paisley y que le dedicó la canción “Patrick”. Los dos coescribieron las letras de varios temas.

Luz de luna y música

Se casó en 1964 con Alice Simpson y tuvieron dos hijos en los años ochenta. En 1989 conoció a la actriz Tilda Swinton, con la que tuvo dos hijos en 1997, Honor y Xavier. Actualmente está casado con la técnica de luces teatrales Jeanne Davies y reside en Edimburgo.

Autorretrato (1971-73)

Jack y el gato atigrado

Expone regularmente en la Fine Art Society (Londres y Edimburgo), en la Galería Rendez-Vous (Aberdeen) y en la Galería Brown’s Art (Tain, Tierras Altas).

Deconstrucción


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Gatos de cuento de Arthur Rackham

1911

El británico Arthur Rackham dedicó toda su vida a ilustrar cuentos y libros de los llamados “infantiles”. Su pasión por el dibujo empezó cuando era muy joven; solía irse a la cama con papel y lápices para dar rienda suelta a su creatividad debajo de las mantas, y acababa dibujando en la funda de la almohada cuando le quitaban el papel.

Solo había gatos (1897)

Nació el 19 de septiembre de 1867 en Lambeth, al sur de Londres, en el seno de una familia de doce hermanos. Su padre, un ayudante de notario, se llamaba Alfred Thomas Rackham, y su madre, Anne Stevenson. Su talento llamó la atención en el colegio, pero a los 16 años, supuestamente para mejorar su salud, fue enviado durante varios meses a Australia, donde no dejó de pintar acuarelas de los inmensos paisajes característicos de ese país.

Arthur Rackham con dos gatos

Su padre no aprobaba la tendencia artística de Arthur y, a su regreso de las antípodas, le convenció para que aceptara un puesto de administrativo en el parque de bomberos, lo que no le impidió asistir a clases nocturnas en la Lambeth School of Art. Siguió trabajando en el parque de bomberos hasta 1892, mientras dibujaba y pintaba por las noches.

1905

Pobre Cecco

En 1888 vendió su primera acuarela a la Royal Academy of Art por dos guineas, y cuatro años después empezó a trabajar como ilustrador en el desaparecido periódico Westminster Budget.  Los dibujos del principio eran bastante convencionales, pero algunos de los que vendió a otros periódicos mostraban su enorme imaginación. En esa época se interesó por la ilustración de libros, una especialidad en la que acabó centrando todos sus esfuerzos.

El gato Tomasso (1907)

Curiosamente, el primer libro que ilustró no fue un cuento, sino una guía de viajes de Canadá y Estados Unidos titulada “To the Other Side” (Al otro lado), en 1893, a la que siguió “The Ingoldsby Legends” (Las leyendas de Ingoldsby), una colección de leyendas, mitos e historias de fantasmas recopiladas supuestamente por Thomas Ingoldsby, pero en realidad obra de un pastor protestante experto en mitología, Richard Harris Barham. Aquí aparecen los primeros gatos negros acompañando a brujas malvadas o bondadosas, según la leyenda.

El año 1900 fue muy importante para Arthur Rackham: se casó con Edyth Starkie, una retratista con la que pasaría el resto de su vida, y las noventa y cinco ilustraciones realizadas para “The Fairy Tales of the Brothers Grimm” (Cuentos de hadas de los hermanos Grimm) le catapultaron a la fama. En los diez años siguientes se publicaron dos nuevas ediciones con más ilustraciones del artista. En la más notable, la de 1909, añadió otros cuarenta dibujos.

Gato y duende

Siguió ilustrando cuentos de hadas y fantasías con gran éxito, quizá por su profundo conocimiento de los textos a los que iban dirigidos los dibujos. A pesar de reconocer cierta influencia de Aubrey Beardsley, George Cruikshank y Richard Doyle en su obra, su estilo es único, diferenciándose claramente de sus contemporáneos.

1913

En 1905, las ilustraciones de “Rip Van Winkle”, de Washington Irving, le estableció de forma definitiva como el mejor ilustrado eduardiano, y las famosas Galerías Leicester empezaron a exhibir sus dibujos, que por cierto se vendieron como panecillos. Ilustró un sinfín de libros. Después de ver los dibujos en la galería, J.M. Barrie, el autor de “Peter Pan”, le pidió que ilustrara la primera edición de “Peter Pan en los jardines de Kensington” (1906), y al año siguiente se dedicó a la nueva edición de “Alicia en el País de las Maravillas”, para la que realizó fantásticas acuarelas, como la sonrisa del famoso gato de Cheshire (https://gatosyrespeto.org/2016/09/22/el-gato-de-cheshire/). A pesar de una gran acogida, estos dibujos fueron controvertidos debido al éxito de la anterior edición, ilustrada por John Tenniel.

El gato de Cheshire, de Arthur Rackham

El gato de Cheshire, de John Tenniel

Después de la I Guerra Mundial, el gusto de los británicos cambió y no se sentían tan atraídos por las ilustraciones de Arthur Rackham. Sin embargo, ocurrió lo opuesto en Estados Unidos, y la Biblioteca Pública de la Ciudad de Nueva York le encargó que creara una segunda serie de acuarelas para la segunda edición de “El sueño de una noche de verano”. A principios de los años treinta se publicaron en Estados Unidos numerosos libros con sus ilustraciones. El más exitoso, “Fairy Tales by Hans Andersen” (Cuentos de hadas de Hans Andersen), fue descrito por Hugh Wadpole como “el mejor libro de dibujos del año”.

Gato y gallo

En 1936, sus acuarelas y dibujos se exponían por toda Europa y el continente americano, pero el artista sufría de una enfermedad crónica que le impedía dibujar con tanta velocidad como antes. Ese año, el editor estadounidense le propuso ilustrar “El viento en los sauces”, de Kenneth Grahame. Casi treinta años antes, en 1908, había tenido la posibilidad de ilustrar el famoso libro, pero la había rechazado por haberse comprometido a realizar los dibujos de una primera edición de “El sueño de una noche de verano”. Existe una carta escrita por Rackham en 1909 contestando a unos niños en la que deplora profundamente no haber podido ilustrar “El viento en los sauces”.

Brujas, fantasmas, hechiceros, duendes…

Gato y ratón

Fue el último libro en el que trabajó antes de fallecer el 6 de septiembre de 1939, trece días antes de cumplir 72 años. La necrológica del diario The Times, de Londres, le describía como “uno de los ilustradores de libros más insignes de su época” con “un lugar especial en el corazón de los niños”. Pero Barbara Edwards, su única hija, prefirió decir que “su única ambición era hacer bien su trabajo para que disfrutara cuanta más gente mejor”.

La bella durmiente (1920)

Walt Disney, un gran admirador de Arthur Rackham, pidió a los dibujantes de su empresa que se adaptaran al estilo del ilustrador para el largometraje “Blancanieves y los siete enanitos”, de 1937. Pero por mucho que comparamos los dibujos de la factoría Disney (aunque todavía no lo era del todo) con los de Rackham, no vemos el más mínimo punto en común.

Arthur Rackham dibujó muchos gatos durante su vida porque abundan en los cuentos de hadas. Hay gatos simpáticos y no tan simpáticos, sonrientes, pensativos, gatos ejerciendo de gatos, gatos de todo tipo, de cualquier estilo.

El libro de las hadas de Arthur Rackham


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Gatos curiosos y la autora Angela Carter

La escritora británica Angela Carter decía que escribió su primera novela a los seis años, “Bill and Tom Go to Pussy Market” (Bill y Tom van al mercado gatuno), que según ella “estaba llena de realismo social: gatos yendo a sus ocupaciones diarias”. De niña, su favorito se llamaba Charlie, un gato bastante maleducado que se hacía pis en los zapatos de su madre.

Angela Carter con un gato

Pasaron los años y adoptó a un gato “de orejas color lavanda y ojos verdes helecho” con su primer marido. Vivió dos años en Tokio y la acompañó una tricolor. De vuelta a Londres, Cocker y Ponce se quedaban en el jardín cuando soltaba a Adelaide y Chubbeleigh (dos pájaros) por el salón. En una entrevista explicó: “Me llevo bien con los gatos porque algunas de mis antepasadas fueron brujas”.

Angela Carter escribió dos libros infantiles dedicados a gatos. El primero, “Comic and Curious Cats”, es una especie de abecedario. Por ejemplo, en la letra I dice: “Me gusta mi gato con I porque es Ingenioso, Ingenuo y se Insinúa. Se llama Iñigo, vive en Inverurie y come calamares Incesantemente. Claro que en inglés calamar es “Inkfish” y también empieza por I, pero no hemos encontrado ningún habitante de los mares que empezara por I en español. El libro está ilustrado por Martin Leman, a quien dedicaremos una entrada muy pronto.

El segundo libro infantil, “Sea-Cat and Dragon King” (Gato Marino y Rey Dragón), cuenta cómo Gato Marino lleva fabulosos trajes incrustados de piedras preciosas que le hace su madre. Sin embargo, el Rey Dragón vive en la más absoluta soledad debido a su tremenda fealdad. En cuanto ve a Gato Marino, quiere su traje, pero Gato es listo y sabe que su madre puede transformar las lágrimas de rubíes de Dragón en el traje más maravilloso para el pobre Rey.

El libro más famoso de Angela Carter es “The Bloody Chamber and Other Stories” (La cámara sangrienta y otros cuentos), publicado en Inglaterra en 1979 y en España en 1991, una antología de diez cuentos de hadas reimaginados por la escritora. Entre estos se encuentra “El gato con botas”, pero no tiene nada que ver con el cuento de Perrault del que hablábamos la semana pasada (https://gatosyrespeto.org/2019/11/21/el-gato-con-botas/) Tres años antes había aceptado un encargo para traducir los cuentos de Perrault al inglés, de ahí nació la idea de dar la vuelta a los cuentos de hadas.

En esta versión, Gato ya tiene botas cuando conoce a un joven tan descarado como él. Ambos viven en Bérgamo y hablan italiano, aunque Gato también habla francés porque “solo se puede ronronear en francés”. Los dos son tramposos, mujeriegos o “gatariegos”, y sobreviven a base de trampas y engaños hasta que el amo se enamora perdidamente de una joven a la que ven pasar en compañía de su vieja criada. Gato no puede creerse que su amo ya no esté interesado en otras mujeres y piensa que la única solución es conseguir que la joven se entregue a él. Eso le curará seguro.

Descubre que la joven está casada con un hombre de avanzada edad y que tiene una gata, Atigrada. Se hace amigo de Atigrada. Esta acepta ayudarle y entrega una carta a su ama. El joven le canta una serenata a su amada, pero hay mucho bullicio en la plaza y no le oye. Gato escala la fachada para avisarla y baja mediante un peligroso triple salto mortal.

El triple salto mortal

Otro triple salto mortal

Deciden que se presentarán como “cazarratas” una vez que Atigrada haya esparcido ratas medio muertas por la casa. La vieja criada, aterrada, les hace pasar y la doncella la convence para que la deje a solas con los “cazarratas” en su dormitorio. Los dos jóvenes hacen el amor apasionadamente mientras Gato simula cazar. Cuando entra la vieja y pregunta por qué está deshecha la cama, el joven le dice que Gato ha librado una terrible batalla con una rata enorme.

Pero el encuentro no cura a su amo. Atigrada le cuenta a Gato que el viejo marido tiene dinero de sobra para mantenerlos a todos y que el pobre podría caerse por las escaleras una buena mañana. Y así es. La criada avisa a un médico y el amo de Gato se hace pasar por doctor. Atigrada no se ha andado con chiquitas, el Sr. Pantaleone se ha roto el cuello. Los dos jóvenes aprovechan para hacer el amor en el suelo (el anciano esposo está en la cama). Ella hereda la fortuna de su difunto marido y se casan. Gato se resigna a dejar atrás sus días de soltero, convive con Atigrada y tienen tres preciosos gatitos.

A primera vista, las versiones de Angela Carter no se parecen a los cuentos originales. Pero basta con fijarse un poco para darse cuenta de que las versiones actuales de los cuentos infantiles tradicionales han sido totalmente edulcoradas si las comparamos a las que se contaban hace sesenta años. Los cuentos de hadas eran mucho más oscuros, sorprendentes y mágicos que los de ahora.

Comic and Curious Cats (contraportada)

Angela Carter nació el 7 de mayo de 1940 y fue la niña mimada de sus padres. En el instituto, sus profesores la animaron para estudiar en Oxford, pero cuando su madre se iba a mudar allí para estar con ella, cambió de idea y prefirió casarse para huir del amor agobiante de su progenitora. Paul Carter, su marido, la introdujo en el mundo de los cuentos. A los 22 años, Angela se matriculó en la Universidad de Bristol, se especializó en Estudios Medievales, y descubrió a Freud y el surrealismo.

Empezó a publicar y en 1969 ganó el Premio Somerset Maugham, que consistía en quinientas libras, y se fue a vivir a Japón sola durante un tiempo para alejarse de las depresiones de su marido. Siempre dijo que sus dos años en Japón la convirtieron en una feminista porque “las jóvenes de Tokio se comportaban como si fueran sus propias muñecas”. Regresó a Londres cuatro años después y siguió escribiendo sin preocuparse mucho por la trama ni el desarrollo de los personajes. Quizá por eso sus mejores obras son historias cortas o cuentos en general bastante truculentos.

Un día, dos años después de volver de Japón, uno de los grifos de la cocina se rompió. Había visto a un albañil trabajando en la casa de enfrente y corrió a pedirle ayuda. Se llamaba Mark Pearce, tenía 19 años entonces, y ella, 34. Mark entró en casa de Angela y nunca se fue. Era muy apuesto, no hablaba mucho; siguió siendo albañil, ella siguió escribiendo. En 1983, a los 43 años, dio a luz a su hijo Alexander.

En una entrevista dijo: “Me asombra ver que en la lista de ‘escritores británicos contemporáneos importantes’ no aparezca una sola mujer, ni siquiera Doris Lessing, la única de todos con auténtica reputación internacional”.

A principios de 1991, poco antes de publicar “Niños sabios”, empezó a sentir dolores en el pecho. Le diagnosticaron un tumor inoperable en el pulmón derecho. Se casó con Mark – no se habían molestado en hacerlo hasta entonces -, y semana tras semana, sentada en su salón, organizó pequeños encuentros para despedirse de sus amigos. Falleció en su casa el 16 de febrero de 1992 a los 51 años.


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Dos gatos, Hedda Sterne, Sigrid Spaeth y el dibujante Saul Steinberg

Saul Steinberg dibujó 85 portadas y 642 viñetas para la revista New York Times durante casi sesenta años; la más famosa de dichas portadas es, sin lugar a dudas, la del 29 de marzo de 1976 titulada “View of the World from Ninth Avenue” (Vista del mundo desde la Novena Avenida), una ironía sobre la visión que tienen los neoyorquinos del resto del mundo más allá del río Hudson.

Vista desde la Novena Avenida

Gato en suelo

Pero Saul Steinberg no solo se dedicó a las viñetas, ya era muy famoso antes de la célebre portada. A finales de los años cuarenta empezó a realizar murales de gran tamaño en Europa y Estados Unidos, decoró muebles y objetos, pintó cuadros, realizó collages y esculturas, además de exponer regularmente. Él mismo decía, hablando de su enfoque ecléctico: “No acabo de pertenecer al ámbito del arte, de la viñeta o del dibujo para revista, y el mundo artístico no sabe muy bien dónde colocarme”.

Saul Steinberg con el gato Papoose

1967 (Actualmente en el MoMA)

Nunca dejó de eliminar fronteras para ir un poco más lejos, siempre se negó a hacer una distinción entre el arte “alto” y el arte “bajo”. Para él solo importaba la imaginación y se describía como “un escritor que dibuja”.

Gato elegante con pez

Naturaleza muerta con gato

Nació el 15 de junio de 1914 en Râmnicu-Sarat, un pueblo de Rumanía, hijo de padres descendientes de judíos rusos. En 1932 ingresó en el Instituto Regio Politécnico de Milán y no tardó en darse a conocer por sus dibujos satíricos y a publicar regularmente en dos revistas de humor de la ciudad hasta 1938, cuando una ley prohibió a los judíos trabajar en Italia. En 1936, a los 22 años, conoció a Ada Ongari, una mujer casada y rodeada de un halo de misterio a quien nunca dejó de ver y ayudar económicamente hasta la muerte de esta en 1997.

Saul Steinberg y Ada Ongari (1937-38)

En 1940, calificado como apátrida por Italia, fue internado en un campo de concentración en Tortoreto. Gracias a sus tíos, afincados en Nueva York y Denver, consiguió un visado y zarpó desde Lisboa llegando a la isla Ellis el 1 de julio de 1941. Pero ya se había excedido el cupo anual de emigrantes rumanos y acabó pasando un año en la República Dominicana. Allí no cesó de dibujar para hacer frente a la creciente demanda de sus viñetas por las revistas estadounidenses.

Gato en columna

Por fin, en julio de 1942, llegó a Nueva York, donde siguió vendiendo sus dibujos a través de un agente (que se llevaba el 40% de las ganancias). Coincidió con Costatino Nivola, también rumano y conoció a otros artistas como Alexander Calder (https://gatosyrespeto.org/2019/04/11/gatos-moviles-y-stabiles-de-alexander-calder/) entre ellos. En febrero del año siguiente le presentaron a su compatriota Hedda Sterne y se casaron en 1944, que siguió siendo su confidente y amiga a pesar de su separación paulatina a partir de finales de los cincuenta.

Saul Steinberg y Hedda Sterne (1951)

Gato maestro indicando diagrama de nevera con comida

Con Hedda Sterne creemos que entró el primer gato en la vida de Saul Steinberg. Un callejero de tripa blanca y capa grisácea a rayas llamado Poussin (Polluelo en francés),  lo que nos lleva a pensar que era gato y no gata. Hedda Sterne fue la única mujer dentro del movimiento Expresionista Abstracto al que pertenecían Jackson Pollock o Mark Rothko, hoy en día afamados pintores, pero ella pasó al olvido, y no por falta de talento. De su relación con Saul Steinberg dijo ser “la sufrida y regularmente engañada esposa con unas pocas lunas de miel entre medias”. Sin embargo, tal como le había prometido años antes, le sujetó la mano mientras él expiraba. Hedda falleció en 2011 a los cien años.

Hedda Sterne con Poussin (1954)

Con Poussin en el patio de su casa (1954)

En 1947, Henri Cartier-Bresson fotografió a Saul Steinberg en Vermont con un gatito, y ese mismo año, el artista pintó un mural en el estudio del fotógrafo Gjon Mili (https://gatosyrespeto.org/2016/03/31/el-gato-blackie-y-el-fotografo-gjon-mili/) donde se ve a Blackie – el gato fetiche de Gjon Mili -, en la esquina izquierda inferior.

Saul Steinberg en Vermont, fotografía de Henri-Cartier Bresson, 1947

Blackie, el gato de Gjon Mili, contemplando su retrato (1947)

Tres años después encontramos tres representaciones felinas totalmente diferentes: la famosa silla “gato” de fibra de vidrio diseñada por el matrimonio Eames y pintada por él; “Retratos”, una fotografía publicada en la revista “Flair” de unas banquetas simulando el cuerpo de gatos con las cabezas y las patas pintadas en paredes y suelo, y finalmente, la viñeta publicada en The New Yorker del gato detrás de la pecera.

Silla, fibra de vidrio. Diseño del matrimonio Eames (1950-51)

Retratos (Fotografía publicada en Flair, 1950)

The New Yorker, mayo 1950

Con el tiempo, los gatos redondeados del principio se harían más angulosos, más irónicos e incluso mucho más antropomorfos, como “La esfinge”. El cuerpo seguía siendo el de un gato, pero en muchas viñetas, la cabeza se convertía en geométrica, con facciones humanoides.

Gato Esfinge (1984)

1954

En 1960, Saul Steinberg conoció a Sigrid Spaeth, una joven alemana 22 años menor que él. “Gigi”, como la llamaban todos, prefería llevar faldas largas y el pelo suelto, pero desde el principio, el dibujante quiso vestirla con ropa cara y joyas. Su tormentosa relación duró 35 años durante los que nunca dejaron de discutir en público y en privado. En algún momento, Gigi adoptó a Papoose, un gato negro con una mancha blanca en el pecho. Por las fotos deducimos que probablemente fue en 1976.

Sigrid y Papoose (1978)

Saul Steinberg y Sigrid Spaeth

Sigrid Spaeth emuló la foto de Henri-Cartier Bresson hecha en 1947 con Steinberg tumbado en el suelo. Gigi se suicidó en 1996, tirándose desde el tejado del edificio donde el artista le había alquilado un piso. Sus cenizas están enterradas al pie de un cerezo en el jardín de la casa de campo que Steinberg tenía en Amangasett, al final de Southampton, no lejos de donde reposa el gato Papoose, que incluso perseguía a los zorros.

Saul Steinberg y Papoose (Foto de Sigrid Spaeth, 1977)

Con Papoose

Saul Steinberg fue un viajante infatigable, compulsivo. Recorrió Estados Unidos en coche, voló a diversas capitales latinoamericanas y africanas, e iba a Europa, sobre todo a Francia, regularmente. Vestía como un auténtico dandi, tenía coches caros y el dinero nunca representó un problema porque empezó a ganar millones al poco de su llegada a Nueva York. Jamás perdió un acento peculiar cuando hablaba en inglés que confería un tono oracular a la frase más nimia.

Gato tumbado

En 1999 pasó un mes en el Caribe, concretamente en San Bartolomé, antes de regresar a Nueva York, donde falleció el 12 de mayo de un cáncer pancreático, rodeado de sus amigos, la editora Prudence Crowther, el arquitecto Aldo Buzzi, un viejo amigo de cuando ambos estudiaban en Milán, y Hedda Sterne.

En una carta a Aldo Buzzi (1994)


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Kitty City, un libro felino de horas, de Judy Chicago

Las personas que conozcan la obra de Judy Chicago quizá no sepan que en 2005 publicó  “Kitty City”, según ella “su proyecto más modesto”. En el libro habla de todos los gatos con los que convivió, aunque los protagonistas solo son seis, Inka, Milagro, Poppy, Romeo, Trio y Veronica. Al ser un libro de horas, contiene 24 acuarelas correspondientes a cada hora del día describiendo una ocupación felina, además de otras planchas hasta un total de 36.

Los personajes

Judy Chicago, cuyo verdadero nombre es Judith Sylvia Cohen, se dio a conocer mundialmente por la instalación “The Dinner Party” (La cena), un homenaje a los logros de las mujeres, considerada como la primera obra de arte feminista de grandes proporciones. En otoño de 1970, cuando enseñaba en el State College (Universidad estatal) de Fresno, California, fundó el primer programa de arte feminista de Estados Unidos, con quince alumnas, apoyada por la institución. Decidió que la clase tendría lugar fuera del campus para alejarse de “la presencia y, por tanto, de las expectativas de los hombres”. Joyce Aiken tomó las riendas del curso en 1973 hasta que se jubiló en 1992.

3 de la mañana, despertémonos

4 de la mañana, crecer no es tarea fácil

Judy nació en Chicago el 20 de julio de 1939, hija de Arthur y May Cohen. Su padre procedía de un largo linaje de veintitrés rabinos, pero no siguió la tradición familiar al convertirse en un sindicalista que trabajaba de noche en Correos. Su madre, una exbailarina, era secretaria de un médico e inculcó su pasión por las artes a su hija y a su hijo Ben. Arthur Cohen fue investigado durante el Macartismo a principios de los cincuenta por pertenecer al Partico Comunista; su muerte en 1953 traumatizó profundamente a Judy.

5 de la mañana, el hogar es donde están los gatos

6 de la mañana, alarma gatuna

La artista obtuvo una beca para estudiar en UCLA (Universidad de California Los Ángeles), donde empezó su actividad política. En 1959 se enamoró de Jerry Gerowitz y se casaron dos años después. Él murió en un accidente de tráfico en 1963. A pesar de estar destrozada por la pérdida de su marido, consiguió graduarse con un máster en Bellas Artes en 1964.

7 de la mañana, hora del desayuno

8 de la mañana, limpieza

Al año siguiente expuso en solitario por primera vez en la galería Rolf Nelson de Los Ángeles y en 1968 declinó la invitación para participar en la exposición “California Women in the Arts” (Mujeres californianas en las artes) diciendo: “No exhibiré obras mías en ningún grupo que se defina como Mujeres, Judío o Californiano. Algún día, cuando todos hayamos crecido, no habrá etiquetas”.

10 de la mañana, mantequilla para desayunar

El galerista Rolf Nelson solía llamarla “Judy Chicago” por su marcado acento de esta ciudad. Judy no quería estar conectada al apellido de un hombre por descendencia o matrimonio y quiso adoptar este nombre legalmente. Cuál no fue su sorpresa al descubrir que para obtener el cambio de nombre, debía tener la autorización de su nuevo marido, el escultor Lloyd Hamrol, del que se divorció en 1979.

5 de la tarde, ejercicio

Entre sus obras más importantes destacaremos “The Dinner Party” (La cena), muy mal vista por la crítica, pero aplaudida por la mayoría de las personas que la vieron en seis países diferentes de tres continentes. Consiste en una gran mesa triangular de 14,63 metros por lado con 39 cubiertos, cada uno dedicado a una figura femenina mítica o histórica. A continuación trabajó durante cinco años en “Birth Project” (Proyecto nacimiento), al que siguieron “Power Play” (Situación ventajosa) y “The Holocaust Project” (Proyecto Holocausto), este último en colaboración con su tercer marido, el fotógrafo Donald Woodman, gran amante de los gatos.

7 de la tarde, hora de cenar

10 de la noche, queremos atención

En 1993, la pareja se mudó a una pequeña casa de Alburquerque en la que vivieron tres años mientras Donald remodelaba el viejo “Belen Hotel”, un edificio histórico que habían comprado. Ese mismo año, también empezó a dibujar a los gatos que compartían su hogar.

En “Kitty City”, Judy Chicago cuenta que, de pequeña, no tuvo animales domésticos. Más aún, era alérgica a los gatos con los que se cruzaba en casa de amigos o conocidos. Cuando vivía en Santa Mónica y estudiaba en UCLA, “una diminuta gata negra llegó a mi puerta y me enamoró. Habría hecho cualquier cosa para quedarme con Little Puss, y conseguí superar la alergia. Desde entonces, casi siempre he vivido con gatos”.

Diferencias irreconciliables

Después llegaron Lamont, otro gato negro de pelo corto, y Goldfinger, de largo pelo dorado. A partir de ese momento, los gatos se sucedieron en la vida de Judy; los encontraba, aparecían, se los daban. Recuerda cómo, un día, corriendo por Mulholland Drive (la calle que sale en todas las películas), su compañero rescató a una gatita a la que puso por nombre Mulholland, aunque pronto se abreviaría a Mully. Siete años después, en Santa Fe, conoció y se casó con Donald. En el libro dice: “Mi nuevo marido no solo me robó el corazón, sino también el de Mully. Mientras vivió, durmió en nuestra cama, en la almohada al lado de su cabeza”.

Puede que su gran favorito fuera Sebastian, un gatito negro y blanco que pertenecía a la vecina, pero decidió vivir con Judy. (Nada raro, los gatos tienden a escoger a las personas con las que quieren compartir una casa). Pero Sebastian, llamado así por el personaje de “Retorno a Brideshead”, de Evelyn Waugh, tenía un solo defecto, era un glotón. Cuando por fin se mudaron a Belen, los vecinos fueron a despedirse de Sebastian y descubrieron que todos le daban de comer.

Gatos de cerámica de Judy Chicago

Judy habla de cada uno de sus gatos con amor y humor; los describe físicamente, así como sus costumbres e incluso sus muertes. Cuenta que Donald y ella coincidieron en que seis gatos era el número perfecto porque la casa era grande y podían cuidar de seis gatos sin dificultades. En el epílogo, acaba diciendo que ya no añadirían nuevos miembros a la familia a medida que alguno fuera desapareciendo.

Judy y Pete

Han pasado catorce años desde la publicación de “Kitty City” y Judy Chicago tiene 80 años. Los dos gatos más jóvenes que adoptó en 2001, Pete y Re-Pete, tendrían ahora 19 años, una edad muy respetable. Algo nos dice que Judy y Ronald han seguido adoptando gatos; quizá ya no tengan seis, pero seguramente uno o dos.

Pete


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Los gatos del viñetista satírico Ronald Searle

 

Ronald Searle nació en Cambridge, Reino Unido, el 3 de marzo de 1920, hijo de un empleado de Correos, y es uno de los mejores y más famosos viñetistas satíricos del siglo pasado. Se dio a conocer por sus pequeños paneles en torno al colegio St. Trinians, hogar de las colegialas más diabólicas que jamás habían pisado el Reino Unido, que empezaron a publicarse en 1941 y aparecieron semanalmente a partir de 1946.

Ronald Searle

El dibujante dejó el colegio a los 15 años para trabajar en Correos. Cuando se enteró de que el viñetista del periódico Cambridge Daily News estaba a punto de jubilarse, se presentó y le contrataron. Hacia finales de los años treinta se matriculó en la Facultad de las Artes de Cambridge, pero abandonó los estudios al empezar la II Guerra Mundial. Se alistó en el ejército y en 1942 le destacaron en Singapur. Las fuerzas japonesas tomaron la ciudad, y empezaron tres largos años de cautiverio.

Boda gatuna

Gato calvo con la peluca equivocada

Estuvo entre los prisioneros obligados a abrir el camino para la construcción del ferrocarril que uniría Siam (actual Tailandia) y Burma (actual Myanmar). El tratamiento era inhumano; muchos de sus compañeros murieron de hambre, deshidratación, agotamiento, enfermedades y también debido a las torturas. Consiguió hacerse con un lápiz y un poco de papel para seguir dibujando. Afortunadamente, no todos los guardas eran unos sádicos, y un capitán se enteró de que dibujaba. Le hizo llamar y le proporcionó papel y lápices. Liberado en la primavera de 1945, regresó a Inglaterra en octubre. Durante años intentó localizar al capitán japonés que le había ayudado, pero nunca lo logró.

Gata con gatitos

Gato caracol

Antes de hacerse famoso con las malvadas chicas de St. Trinians, plasmó en papel la vida de los campos de concentración japoneses. Hoy en día, estos dibujos se consideran auténticos documentos históricos. Fueron objeto de una exposición en Londres y, posteriormente, de un libro publicado en 1986, “Ronald Searle: To the Kwai and Back, War Drawings 1939-1945”. Su experiencia fue traumática y es posible que nunca la superara.

Cuatro gatos

Gato enamorado

Como hemos dicho antes, las chicas de St. Trinians le catapultaron a la fama. En 1948 se publicó el primer libro recopilatorio de las viñetas y, desde entonces, nunca ha dejado de publicarse, además de rodarse siete películas basadas en el estrambótico colegio. En 1952, Ronald Searle se hartó de las colegialas y acabó con ellas lanzando una bomba atómica sobre la escuela, pero no sirvió de nada; los periódicos siguieron publicando viñetas antiguas y muchos lectores pensaban que eran nuevas.

Gato acróbata

Gato exhibicionista

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato glotón de derechas intentando digerir el ala izquierda de un pollo

El brutal entierro de las insufribles chicas y sus profesoras fue el principio de una ruptura total con el pasado. En 1961, mientras su primera esposa, su hija y su hijo (gemelos, por cierto) se habían ido unos días de vacaciones, Searle hizo la maleta y se fue a Francia, decidido a empezar desde cero. Su esposa nunca le perdonó y él apenas volvió a ver a los gemelos; eso sí, tuvo el detalle de traspasarles los derechos de muchas de sus viñetas para que vivieran cómodamente.

Gato de nieve helado

Gato gruñón

Se instaló en París en una residencia de estudiantes y empezó a dibujar gatos (entre otras cosas). Seis años después, con 47 años, casado de nuevo con Monica Koenig, una pintora y diseñadora de joyas y decorados teatrales, y con numerosas viñetas publicadas en la revista “The New Yorker” y artículos en “Holiday”, dedicó toda una exposición en Saint-Germain-des-Près a sus extraños gatos. No son adorables, no dan ganas de abrazarlos; más bien son gatos con sentimientos humanos, individuos inseguros, llenos de dudas, caricaturas humanas en la piel de un gato.

Gato muy peludo con problemas de caspa

Gato parisino

Pero eso sí, se reconocen a la legua. Nadie, ni antes ni después, ha visto a los gatos con la misma mirada que Ronald Searle: inestables, divertidos, con sentido del humor, reflejando todas las contradicciones de la sociedad, invitándonos a reírnos de nosotros mismos.

Parece ser que incluso llegó a decir que no le gustaban particularmente los gatos, pero que era “lo que más vendía”. Desde luego, hemos sido incapaces de encontrar una sola foto suya con un gato o con cualquier otro animal. Pero también es verdad que era un hombre muy privado y que hay muy pocas fotos suyas disponibles en Internet. Defendía su vida privada a rajatabla, poquísima gente tenía su número de teléfono y si alguien deseaba entrevistarle, era necesario mandarle un fax.

Gato vegetariano ante plato de huevos fritos

Retrato de familia

Aquí vemos a Kate, hija de su primer matrimonio, rodeada de los dibujos de gatos de su padre y con uno negro en brazos.

Ronald Searle y Monica Koenig dejaron París y se mudaron a las montañas de Provenza. Aunque seguía publicando regularmente en revistas y periódicos como Life, Look, Time Magazine, The Saturday Evening Post, TV Guide, The New Yorker, Le Monde, Playboy y The Sunday Express, entre otros, al alejarse del mundanal ruido, mucha gente creyó que había muerto. En realidad falleció el 30 de diciembre de 2011, a los 91 años, cinco meses después de su esposa Monica.

Gato satisfecho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lobo tímido vestido de gato

Fue premiado en dos ocasiones con el Premio Advertising and Illustrations, en 1959 y 1965, y volvió a ganarlo dos décadas después, cuando ya había sido dividido en dos, el Premio Ilustración en 1980 y el Premio Publicidad dos años seguidos, en 1986 y 1987. En 1960 se convirtió en la primera persona no estadounidense en ganar el prestigioso Premio Reuben que entrega la Sociedad Nacional de Viñetistas. En 2004 fue nombrado Comandante del Imperio Británico; el gobierno francés le concedió la Legión de Honor en 2007, y en 2009 recibió la Cruz del Mérito de la Baja Sajonia. Finalmente, en 2011 obtuvo el Premio Windsor McCay por su contribución a la animación.

Llegada del gran dios Gato

Feliz septiembre con los irreverentes gatos de Ronald Searle.


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El gato sin adulterar, de Terry Pratchett

Además de la saga de novelas “Mundodisco”  y otros libros de ciencia-ficción, Terry Pratchett escribió un librito genial de 46 páginas titulado “The Unadulterated Cat” (El gato sin adulterar, o también, El gato en estado puro), donde describe con total precisión el comportamiento de un gato auténtico, es decir, un callejero de pura raza.

¿Es tu gato? Pensé que era el mío.

Terry Pratchett con su inseparable sombrero negro y un gato a juego

Empieza así: “El gato sin adulterar va camino de convertirse en una especie en peligro de extinción, ya que cada vez tendemos a aceptar más a esos gatos producidos industrialmente que nos venden las agencias de publicidad – mininos que ronronean plácidamente delante de bandejas plateadas llenas de comida como los que salen en la tele. Pero la campaña a favor de los gatos auténticos cambiará todo esto ayudándonos a reconocer a un verdadero gato sin adulterar cuando se cruce en nuestro camino. Basta con unos pocos ejemplos: las orejas del gato auténtico parecen haber sido esquiladas; el gato auténtico no sale en tarjetas navideñas… el gato auténtico no lleva collar antipulgas… y tampoco corre detrás de algo que lleve una campanita. Pero el gato auténtico come tarta de queso. Y menudillos. Y mantequilla. Y cualquier cosa que se deje en la mesa, siempre y cuando crea que no les pillarán. El gato auténtico oye abrirse la puerta del frigorífico aunque esté dos habitaciones más allá”.

-¿Qué tal son tus nuevos dos patas? -A mí me parecen todos iguales.

Basta con leer este primer párrafo para saber que el Sr. Pratchett no solo era un experto en “Mundodisco”, sino también en el mundo gatuno. El libro está dividido en diecinueve capítulos que van desde cómo hacerse con un gato, pasando por las enfermedades, la comida, sexo, higiene, hasta el futuro del gato auténtico. Dicho así, el lector ingenuo podría creer que se encuentra ante el habitual libro de gatos, pero estaría equivocado.

Si no fuera porque me das de comer, juraría que solo eres un producto de mi imaginación.

Escojamos un capítulo al azar, “Poner nombre a los gatos”. Con razón dice que menos del 17% de los gatos acaban con un nombre diferente al que se les puso en un primer momento, a pesar del esfuerzo que supuso encontrarlo: “Tiene pinta de Ofelia, pero al final la gata se llamará Mipo o Ratosa. Eso nos lleva a lo que debe tenerse en cuenta a la hora de nombrar a un gato: debe ser algo de lo que nadie se avergüence cuando llame al gato a medianoche o a primera hora de la mañana mientras golpea una lata de paté con una cuchara.” Y añade que cuanto más corto, mejor. Dicho esto, en ocasiones los gatos tienen nombres larguísimos tipo ‘saldeahiquetemato’ o el también conocido “sueltaesoahoramismogatoasqueroso’. En su opinión, ningún gato auténtico puede llamarse Frufru José Vicente Junior.

Me preocupa no ir al cielo si no soy bueno con los mininos.

Terry Pratchet también habla de la alimentación gatuna. Como todos los que tenemos gatos, descubrió que esa fantástica lata que anuncian en la tele suele ser rechazada de lleno por el gato auténtico. Vamos, que ni se acerca a olerla. Después de varios intentos, se acaba comprando la marca más barata. Milagro, el gato se lo come y pide más. Con alivio, se vuelve al supermercado para comprar doce latas. Al gato ya no le gusta.

Le han enseñado muy bien, pero ¿quién?

Después de observar lo que comen los gatos, se atreve a asegurar que cualquier fabricante que lance una comida húmeda para gatos hecha de filete, pavo medio congelado, hierba, migas recogidas del suelo, ranas y saltamontes será un éxito. Al menos durante un día. Continuando con el tema de la comida, está convencido de que “el gato auténtico no caza para comer, sino por amor a sus dos patas. No tarda en darse cuenta de que, por alguna oscura razón, los seres de dos patas omiten algunos detalles en sus hogares y se apresuran a corregir este error. La musaraña descabezada es muy popular. Y para ese necesario toque de color, el conjunto de vísceras en miniatura. Ahora bien, con el fin de mejorar el efecto, el artículo debe dejarse en un lugar donde tardará unos días en ser descubierto, dándole la oportunidad de adquirir una personalidad propia”.

¿Intentas darme cuerda?

Cualquiera que tenga un huerto y un gato (o gatos) sabe la pasión que siente este último por ayudar a cavar. No hay nada como plantar varias tomateras perfectamente alineadas, regarlas, volver al día siguiente y ver que todas, sin excepción, han sido cuidadosamente arrancadas. De ahí la viñeta del gato después de ser el objetivo de un terrón de tierra (que nunca le alcanza).

El gato auténtico después del bombardeo con un terrón de tierra

Terence David John Pratchett, nacido el 28 de abril de 1948 en Beaconsfield, Inglaterra, es el autor de las 41 novelas “Mundodisco”. Publicó su primera novela, “The Carpet People”, en 1971, y “El color de la magia”, la primera de la serie “Mundodisco”, en 1983. Se vendieron 55.000 ejemplares de “Snuff” (2011) en los primeros tres días de su publicación, colocándose a la cabeza de las novelas vendidas con mayor rapidez en el Reino Unido. La última, “La corona del pastor”, salió a la venta cinco meses después de que falleciera.

Veterinario: No le pasa nada.

Vendió más de 85 millones de libros, traducidos a 37 idiomas, en todo el mundo y fue galardonado en 2010 con el Premio Mundial de Literatura Fantástica a los Logros de una Vida.

Hola, soy gato. ¿Eres el de la comida?

En diciembre de 2007 anunció públicamente que le habían diagnosticado Alzheimer precoz. A partir de ese momento dedicó parte de su tiempo a luchar contra la enfermedad mediante importantes donaciones al Alzheimer Research Trust, rodando un programa de televisión donde describía lo que es padecer de Alzheimer y patrocinando la investigación. Una de sus quejas era el limitado presupuesto que el gobierno británico asigna a la investigación de dicha enfermedad. Falleció el 12 de marzo de 2015 a los 66 años.

Ese día desapareció una persona con un enorme sentido del humor. “El gato en estado puro” no está traducido al español, pero si leen en inglés, lo recomendamos. Es uno de esos libros, si se lee en el autobús o en el metro, que hace pensar a los demás viajeros que el lector está loco porque se ríe solo. Las ilustraciones son de Gray Jollife, conocido viñetista que ha participado en tres libros gatunos y al que dedicaremos una entrada especial.

Gray Jollife

-Me han esterilizado. – Y a mí, pero ¿qué tal si lo intentamos?

Para acabar, citaremos una frase atribuida a Terry Pratchett: “En la antigüedad, los gatos eran adorados como dioses. No lo han olvidado”.

Esta entrada es para nuestra amiga Gusa.

San Pedro: ¿Entras o sales?