Gatos y Respeto

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Gatos de San Petersburgo, por Vladimir Rumyantsev

Hace poco descubrimos los gatos del pintor ruso Vladimir Rumyantsev y hemos pensado que nada mejor que unos gatos muy festivos para esta época del año.

Amor en San Petersburgo

Vladimir Rumyantsev nació en 1957 en Cherepovéts, la ciudad más poblada del distrito de Vologda, a orillas del enorme embalse Ríbinsk. Empezó a dibujar a los cuatro años. Se trasladó a San Petersburgo en 1972 para estudiar en la Escuela de Arte V.A. Serov y se graduó en 1976. Siguió estudiando en el Instituto Estatal de Pintura, Escultura y Arquitectura I.E. Repin, licenciándose en la especialidad de Diseño Gráfico. Es miembro del Sindicato Ruso de Artistas.

Gatito protegido

Siente una inclinación muy especial por los gatos, a los que pinta con un enorme sentido del humor en escenas poco habituales (para gatos). No puede decirse que sean antropomorfos, pero sí se encuentran en situaciones sorprendentes. Del mismo modo que el folclore ruso está lleno de historia de gatos, a los de Vladimir Rumyantsev les rodea una marcada aura de cuento de hadas.

Gato interesado

Por ejemplo, se dice que basta con que un solo gato se pasee por los tejados de cualquier ciudad, pueblo o casa para que también haya ángeles que protegerán a los habitantes del lugar. Como puede verse por los dibujos que incluimos, los ángeles acompañan a los gatos del pintor.

Gato sobre San Petersburgo

Gato viendo un ángel

Pero sus gatos no se limitan a conversar con ángeles y a pasear por los tejados, también cantan, juegan al golf, comen, beben, y su hobby favorito es pescar con caña, aunque no siempre se trate de peces. Son optimistas, sonrientes, decididos y capaces de conquistar a cualquiera.

Gato pescador

Cazador de ángeles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato vigía

Uno de ellos saluda a Aleksandr Pushkin cuando se cruzan en la calle y otro está sentado en el regazo del gran escritor cuando este trabaja. Dicen que Pushkin era un gran amante de los gatos. Desde luego, los menciona en sus escritos. Habla de gatos gordos sentados en alfombras dándonos la espalda, con el rabo enrollado alrededor del cuerpo.

Pushkin saluda al gato

Pushkin trabaja con un gato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato erudito

Pero el más famoso de todos los gatos de Pushkin aparece en este poema: “Cerca del mar crece un verde roble / con una cadena dorada a su alrededor; / Atado a la cadena un gato erudito / lo rodea día y noche. / Si va a la derecha, canta una canción; / si va a la izquierda, cuenta un cuento”. Después de este breve prólogo, el narrador dice haber estado en un lugar mágico donde conoció al gato erudito y que este le confió los famosos cuentos de hadas que reprodujo en verso con el título de “Una cabaña sobre patas de gallina” o “Baba Yaga”. Los gatos de Vladimir Rumyantsev saludan al gran autor ruso y trabajan con él.

Pushkin y el gato

Muchos de los lubok rusos representan a gatos, como los que cuentan la famosa historia del gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/) que salvó al kan de Kazán, a su esposa e hija de un futuro de lo más oscuro a manos del zar Iván el Terrible. El gato, que iba y venía como quería a pesar del asedio al que el zar sometía a la ciudad, se enteró de que iban a cavar un túnel para entrar. Se lo comunicó al kan, que tuvo tiempo de huir por el río Kazanka con su familia y su gato.

Gato pensando

Gato de San Petersburgo

Otros dos famosos cuentos rusos acerca de gatos son “El perro, el oso y el gato”, donde el gato prefiere morir de hambre a mentir, y “Liza la zorra y Catafay el gato”, donde ambos se unen con la intención de conseguir bastante comida para hacer frente al duro invierno.

El primer invierno

Gato y pájaros

Los gatos se han convertido en la inspiración de Vladimir Rumyantsev, que usa sobre todo pasteles para reproducirlos y darles un toque mágico. Entre los numerosos gatos que ha pintado, uno de los más divertidos tiene una vaca en las rodillas y está rodeado de apetitosas fresas. ¿Qué relación puede haber entre un gato y las fresas? Bueno, la autora francesa Colette, a la que dedicamos una entrada la semana pasada, dice en “Les chats de Colette” que el Long-chat (el Gato Largo) de su madre escogía las fresas más maduras del jardín y se las comía. Este quizá también haga lo mismo.

Gato, vaca y fresas

¡Felices fiestas a todos!

Gato y ángel

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Los gatos sensatos del viejo Possum

T.S. Eliot en su estudio con Zuaxo (1927)

“Old Possum’s Book of Practical Cats” también podría llamarse “El libro de los gatos sensatos de la vieja comadreja”, ya que “possum” significa “comadreja. Escrito por T.S. Eliot, ha sido traducido varias veces al español y reeditado en un sinfín de ocasiones, sobre todo en inglés, pero también en muchos otros idiomas.

Año 1939

Se trata de una colección de quince poemas dedicados a unos gatos muy especiales con nombres aún más especiales, como Skimbleshanks, el viejo Deuterenomio (casi el único que puede traducirse) o el famosísimo y misterioso MaCavity, publicada por primera en 1939. Según cuenta su segunda esposa, Valerie Eliot, el poeta escogió el nombre de “Old Possum” (Vieja comadreja) a principios de los años treinta para hablar de gatos con sus ahijados Tom Faber y Alison Tandy.

Valerie Eliot y Andrew Lloyd Webber

En una carta a Tom fechada en 1931 le hablaba de un gato llamado Jellylorum empeñado en ser útil, pero tan diminuto que podía sentarse en la oreja de T.S Eliot. Tom solo tenía cuatro años cuando el escritor sugirió que “todos los perros Pollicle y los gatos Jellicle deberían ser invitados con flauta y pífano y violín y tamborín a la fiesta de cumpleaños de Thomas Erle Faber”, de la famosa editorial Faber & Faber, su editor.

Año 1999

El poeta mencionó a los gatos en otros escritos. Por ejemplo, en el famoso “Canto de amor de J. Alfred Prufrock”, compara la niebla de Saint Louis a un gato al decir que  “la niebla amarilla se frota la espalda en la ventana, / el humo amarillo se frota la nariz contra la ventana, da un lametazo a las esquinas de la noche, / se detiene en los charcos de los desagües, / deja que caiga en su espalda el hollín de las chimeneas, / pasa por la terraza, da un salto, / y viendo que es una suave noche de octubre, / se hace un ovillo en casa y se duerme”.

Axel Scheffler

Tom y Alison recibieron “Dar un nombre a un gato” en 1936. “The Rum Tum Tugger” llegó a manos de Alison en octubre de 1936. Un año después, T.S. Eliot escribió a su ahijada Alison: “Hace algún tiempo mencioné en una carta que tenía intención de escribir un poema acerca de dos gatos llamados Mungojerrie y Rumpelteazer, y aquí está. Puede que no te guste porque esos dos gatos son aún peores de lo que esperaba”. El miércoles de cenizas de 1938 le dijo: “Intento escribir un poema acerca de un gato ferroviario; si lo consigo, te lo mandaré”. Así nació Skimbleshanks.

Axel Scheffler

Faber & Faber anunció la colección de poemas en el catálogo de primavera de 1936, pero el poeta no estaba convencido. Pasaron otros tres años para que, según el editor, “creciera la percepción de que sería de mala educación meter a gatos en el mismo paquete con perros”. T.S. Eliot limitó los poemas a gatos. El libro se publicó el 5 de octubre de 1939 en 3.005 ejemplares con dibujos del propio autor en la portada y la contraportada. Tenía miedo de que no se vendieran bien, pero el director de ventas no tardó en apaciguar sus temores.

Axel Scheffler

Hoy en día, el libro se ha convertido en un clásico y los poemas han servido de base al famosísimo musical “Cats”, con música de Andrew Lloyd Weber. Estrenado en Londres en 1981, permaneció en cartel veintiún años con casi 9.000 representaciones. En Broadway se representó diecinueve años consecutivos. En diciembre de 2019 se estrenará la adaptación cinematográfica dirigida por Tom Hooper.

Año 2009

Parece ser que siempre que no se sentía bien o padecía de insomnio, T.S. Eliot murmuraba algún verso de gatos.

Axel Scheffler

En 2009, la editorial Faber & Faber encargó los dibujos de la edición conmemorativa del septuagésimo aniversario del libro y del octogésimo de la editorial a Axel Scheffler. Nacido en 1957 en Hamburgo, se trasladó a Inglaterra a los 25 años y estudió en la Academia de Arte de Bath, donde se licenció en 1985. Ha ilustrado libros infantiles de autores ingleses, alemanes y holandeses.

Año 2012

En 1982, Edward Gorey, gran amante de los gatos (https://gatosyrespeto.org/2014/09/13/las-ilustraciones-de-edward-gorey/), ilustró “Old Possum’s Book of Practical Cats” con magníficos dibujos. Faber & Faber reeditó el libro en 2015.

Año 1982, ilustración de Edward Gorey

Edward Gorey

Thomas Stearns Eliot nació en Saint Louis, Misuri, en 1888. Estudió en Harvard, en la Sorbona de París y en el Merton College de Oxford. Se instaló en Inglaterra en 1915, y ese mismo año se casó con Vivienne Haigh-Wood y conoció a Ezra Pound, que se convirtió en su gran amigo.

Edward Gorey

Edward Gorey

Empezó a trabajar en el Banco Lloyds en 1917. El libro “Poemas” fue impreso manualmente por Leonard y Virginia Woolf en 1920, y su obra más famosa, “La tierra baldía”, se publicó en 1922, el mismo año que el “Ulises”, de James Joyce. Dejó el banco para ocupar un puesto de director en la editorial Faber & Gwyer, posteriormente Faber & Faber. En 1927 se convirtió al anglicanismo y obtuvo la nacionalidad británica.

T.S. Eliot delante de la editorial Faber & Gwyer (1936)

El 10 de enero de 1957, con 68 años, se casó con Esmé Valerie Fletcher, de 30 años, su secretaria desde agosto de 1949. La boda se celebró a las 6:15 de la mañana, en total secreto, y solo asistieron los padres de la novia. A principios de los sesenta, mientras trabajaba como editor en la Wesleyan University Press buscando a nuevos poetas europeos, su salud empeoró. Falleció el 4 de enero de 1965 a los 76 años. Fue galardonado con la Orden del Mérito en enero de 1948 y con el Premio Nobel de Literatura en otoño de ese mismo año.

Edward Gorey

Hablando de gatos, dijo: “Cuando uno es adoptado por un gato, y no soy nada supersticioso, no me refiero solo a los gatos negros, no hay absolutamente nada que hacer. Solo aguantarse y esperar que cambie el viento”.

Axel Scheffler


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Sid, el gato que comía seis veces

La historia empieza así: “Sid vivía en el número uno de la calle Aristóteles. También vivía en el número dos, en el número tres, en el número cuatro, en el número cinco y en el número seis…” Sid había descubierto el truco perfecto para comer seis veces al día porque nadie vecino hablaba con los demás en la calle y todos estaban convencidos de que Sid era únicamente suyo. Pero la vida tampoco era tan fácil, debía acordarse de sus seis nombres, que nada tenían que ver con Sid, y comportarse de acuerdo con el carácter de cada nombre. Eso sí, a cambio comía seis platos diferentes: pollo en una casa, pescado en la segunda, cordero en la tercera, carne picada en la cuarta, pescado de nuevo en la quinta y guiso de carne y riñones en la sexta. Encima, tenía seis camas donde echarse la siesta.

La calle Aristóteles

Todo iba de maravilla hasta que el gato glotón pilló un catarro; sus seis “dueños” le llevaron al veterinario y se descubrió el pastel. Sid ya solo tuvo un cuenco diario. Pero era un gato muy listo, dobló la esquina y se trasladó a la plazoleta Pitágoras, donde todos los vecinos se conocían. Y como hablaban entre sí, entendieron que Sid era un gato de seis cenas diarias.

Sid pilló un resfriado

Sid fue al veterinario seis veces

“Six Dinner Sid” es un cuento muy corto escrito e ilustrado por Inga Moore en 1990. Ganó el Premio Smarties de ese mismo año y ha sido traducido a varios idiomas. La editorial Vicens-Vives lo publicó en castellano en 2003 con el título “Sixto seis cenas”, y el gato ya no vive en la calle Aristóteles, sino en la calle Mambrú. Suponemos que las historias deben adaptarse, aunque Sid es un gato británico de cabo a rabo. Se nota a la legua. Tanto la calle Aristóteles como la plazoleta Pitágoras son de lo más británicas.

Sis vivía en el 1 de la calle Aristóteles

Inga Moore ha escrito otros libros infantiles acerca de gatos, uno de ellos es la secuela de esta primera historia. Sid se va a las Tierras Altas de Escocia con sus seis dueños, que han alquilado seis cabañas vecinas. Allí traba amistad con un gato salvaje escocés llamado Jock y vive una extraña aventura. Esta historia no está traducida al castellano y se titula “Six Dinner Sid – A Highland Adventure” (Sid seis cenas – Una aventura en las Tierras Altas).

Sid en Escocia

El tercero, “Captain Cat”, está protagonizado por un capitán loco por los gatos que surca los mares con un barco lleno de ellos. Un día decide jubilarse y recorrer con sus queridos felinos  los lugares con que siempre ha soñado. La reina de una lejana isla descubre a los gatos y se alegra muchísimo porque nunca había visto uno. Manda preparar un ágape en su honor, pero aparece una horda de ratas hambrientas. Por suerte, los amigos del capitán las echan. La reina le pide que le regale los gatos a cambio de un tesoro por descubrir. “Captain Cat” tampoco está traducido al castellano.

La autora e ilustradora Inga Moore nació en Sussex, pero se trasladó con sus padres a Australia en 1952 cuando solo tenía ocho años y no regresó hasta transcurridos casi 30 años, en 1981. De niña siempre dibujaba; no solo ilustraba sus propios cuentos, sino también los márgenes de los libros escolares, los deberes, incluso los exámenes. En una ocasión, el profesor de latín le dijo: “Si dejas de hacer estos estúpidos dibujos, quizá consigas algo en la vida”. Dejó de dibujar durante mucho tiempo y todavía le pesa no haber estudiado Arte. Durante años se ganó la vida en diferentes trabajos, todos muy aburridos, en sus propias palabras, hasta redescubrir su pasión por el dibujo mientras realizaba mapas para una empresa dedicada a las aguas freáticas.

Tuvo la oportunidad de ilustrar el libro “Father Christmas”, de Raymond Briggs, en 1973, y descubrió que “ilustrar un cuento era una de las cosas más bonitas a las que podía aspirarse”. Unos años después, atraída por sus recuerdos de infancia, decidió regresar a Inglaterra. Londres le pareció “sucio y pesado”, pero Hampstead, un barrio a unos seis kilómetros del centro y hogar de un inmenso parque, era “factible”. Allí siguió ilustrando libros de otros autores y los suyos. Llegó la crisis financiera de los noventa y se vio obligada a terminar el premiado “Six Dinner Sid” en solo seis meses.

Pero cuando el banco le embargó el piso, decidió dejar Londres y encontró otro de grandes dimensiones en Gloucestershire, en el suroeste del país. Allí es donde ilustró la famosa novela de Kenneth Grahame “El viento en los sauces”, publicada por primera vez en 1908. Se han vendido más de un millón y medio de ejemplares de la versión con sus ilustraciones desde 2003.

En japonés

Inga Moore es la autora de dieciocho libros infantiles y ha ilustrado varios de otros autores.

Inga Moore

Para volver a Sid, el gato glotón que no sabe vivir sin comer seis veces al día, nos preguntamos por qué los vecinos de la calle Aristóteles querían racionarle las cenas y los habitantes de la plazoleta Pitágoras estaban más que dispuestos a que comiera cuantas veces quisiera. ¿Tendrá algo que ver con las Letras y las Ciencias? Aristóteles, filósofo; Pitágoras, matemático. Sea lo que sea, creemos que “Six Dinner Sid” es un cuento perfecto para niños y adultos.

Dedicamos esta entrada a dos niñas amigas nuestras, Maddi (pronunciado Mayi) y Maialen.


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El gato Pard y la escritora Ursula K. Le Guin

En 1969, Ursula K. Le Guin publicó la novela “La mano izquierda de la oscuridad” sobre un extraño planeta, Gueden, habitado por seres andróginos cuyo sexo cambia según la influencia feromonal del compañero sexual, algo totalmente inaudito en la época. Nadie había osado plantear un mundo sin un sexo dominante donde realmente ambos fuesen iguales. Además, como dijo Margaret Atwood en la necrológica que escribió para el Guardian en enero pasado después del fallecimiento de Ursula K. Le Guin: “Parece que por fin el tiempo ha alcanzado a la novela. El planeta Gueden está dividido en dos. Por una parte, una sociedad con un rey loco. Abundan las camarillas y las rencillas. Un día se está en el círculo íntimo y al siguiente, la persona se ve condenada al exilio. Y en la otra parte, la sociedad se basa en una poderosa burocracia gobernada por un comité secreto. Si a alguien se le considera un peligro para el bien general, se le encarcela en un sito alejado sin juicio ni defensa posible”. Hace casi 50 años, Ursula K. Le Guin predijo, a grandes rasgos, el mundo actual.

Pard y las peonias

En la barandilla

La escritora falleció el 22 de enero de 2018 en su casa de Portland, Oregón, donde vivía con su marido Charles, al que conoció a bordo del Queen Mary camino de Francia y con quien se casó unos meses después en 1953, y con Pard, su gato blanco y negro. En 2016, el New York Times la describió como “la mejor escritora viva de ciencia ficción”. Ella contestó que preferiría ser conocida sencillamente como “una novelista estadounidense”.

En casa

Sus novelas de ciencia ficción hablan de brujería y dragones, naves estelares y conflictos planetarios, pero incluso cuando los protagonistas son hombres, evitan la habitual postura machista de los héroes de fantasía. Viven conflictos enraizados en enfrentamientos culturales que suelen resolverse mediante la conciliación y el sacrificio, y no las batallas y las armas.

Vista trasera

Traducidos a más de 40 idiomas, se han vendido millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo. Además de veintidós novelas, escribió doce colecciones de poemas, más de cien historias cortas recogidas en un sinfín de volúmenes, siete libros de ensayos y trece libros infantiles. Tradujo cinco libros, entre los que mencionaremos el Tao Te Ching, de Lao Tzu, y una serie de poemas de la Premio Nobel Gabriela Mistral.

En la biblioteca

Nació el 21 de octubre de 1929 en Berkeley, California. Era la hija de Alfred L. Kroeber, un antropólogo dedicado al estudio de los indios californianos, y de Theodora Kracaw Kroeber, autora del libro “Ishi in Two Worlds” (Ishi en dos mundos), acerca de la vida y muerte del último indio californiano libre. Se sintió atraída desde muy joven por la ciencia ficción, pero dejó de interesarle siendo adolescente porque “las historias siempre trataban de armas y soldados: hombres blancos que salían a conquistar el universo”.

Se licenció en el Radcliffe College en 1951, y un año después obtuvo un máster en Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Columbia. Poco después le concedieron una beca Fullbright para estudiar en París.

Antes de Pard, con Lorenzo

En 2010 empezó un blog (http://www.ursulakleguin.com/Blog-Index.html) cuya última entrada es un poema escrito en 1991 “cuando la Unión Soviética se estaba desintegrando”. Y dentro de este blog están los anales de Pard, un gato vestido con un impecable esmoquin. En la penúltima entrada, titulada “Pard y la máquina del tiempo”, explica que su gato ha descubierto por fin la verdadera utilidad del escáner: el lugar perfecto para echarse la siesta. Porque, como dice la escritora, los gatos no necesitan una máquina para viajar en el tiempo, un momento están aquí con nosotros, y al siguiente ya no, aunque la transición suele ser imperceptible.

Pard y la máquina del tiempo

Además de los anales de Pard, el blog también incluye varias entradas tituladas “Mi vida hasta ahora, por Pard”, en las que el gato blanco y negro cuenta su vida empezando por la infancia con su madre y su hermana. Dado que el primer capítulo apareció en 2012, es muy probable que Pard llegara a la casa de los Le Guin entonces y que ahora ronde los seis años.

Pard y la jungla de la ventana

Pard cuenta que era feliz con su madre y su hermana, que había croquetas en el bol y que sabían bien, que los humanos comían cosas raras y que su madre intentaba cazar las cosas raras, lo que daba lugar a situaciones desagradables. Otra cosa que considera desagradable son los abrazos, aunque se den con la mejor intención. Luego, Pard es metido en una caja que huele a miedo y llevado a otro lugar, un lugar horrible lleno de gatos donde “pierde las pelotas”. Recuerda que tenía dos y que un día ya no tuvo ninguna. Más tarde le llevaron a otra casa, y tardó algún tiempo en acostumbrarse al viejo Gato y a la vieja Reina (Charles y Ursula Le Guin).

En la fuente

Incluimos un párrafo escrito por Pard: “Esconderse debajo de la cama no es lo mejor cuando uno padece de ansiedad, pero no es un mal lugar para ser temporalmente invisible cuando se está atento a pies desconocidos, máquinas sumamente ruidosas, etcétera. O también cuando me gritan porque me he estirado y ejercitado mis uñas en la colcha, a pesar de que es obvio que para eso mismo están las colchas”.

Pard debajo de la cama

Y sus impresiones cuando llegó a la casa de los Le Guin: “Al principio no me fiaba del viejo, pero mis miedos carecían de fundamento. Cuando se sienta, tiene una cualidad excelente llamada regazo. Los otros humanos también lo tienen, pero el suyo es mío. Está lleno de tranquilidad y afecto”. Y hablando de Ursula, dice: “Lo que me gusta de ella es poder colocarme detrás de sus rodillas en la cama, o también encima de su cabeza coronada por una especie de pelaje que me recuerda a mi madre. Así que, a veces, me tumbo en la almohada y se lo amaso, sobre todo cuando está dormida”.

A través del espejo

Sueños de gato

Entre los libros infantiles que escribió Ursula K. Le Guin está la serie “Catwings”, donde aparece una camada de cuatro gatos que nacieron con alas, y el maravilloso “Cat Dreams”, que solo puede conseguirse de segunda mano, ambos con espléndidas ilustraciones de S.D. Schindler.

Ilustración de S.D. Schindler

Esta entrada es para ti, Yolanda Rodríguez Villegas, gran amante de los gatos y gran defensora de los derechos de la mujer. Gracias.

Con Lorenzo (1996)


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Gato (Cat), el personaje de Bernard “Hap” Kliban

Según el humorista gráfico Bernard Kliban “un gato es un animal muy agradable al que se confunde a menudo con un pastel de carne”. El pastel de carne puede describirse casi como el plato rey en los hogares estadounidenses, pero de ahí a compararlo a un gato… Sin embargo, si nos fijamos en las viñetas del artista no es sorprendente que dijera eso. Su humor era sarcástico, irónico, surrealista e inesperado. Y como los gatos, era un hombre muy agradable, al que no le gustaba hablar con los periodistas ni que le fotografiaran; y como a muchos gatos, había que convencerle de que saliera de detrás de la nevera cuando un extraño llegaba a su casa.

Siempre dibujó gatos atigrados y saltó a la fama en 1975 con su primer libro de viñetas, “Cat”, poblado por gatos rayados con zapatos demasiado grandes, una gata madre que guarda a su progenitura en una bolsa como un marsupial, o un gato tocando la guitarra y cantando: “Me encanta comer ratoncitos, / a los ratoncitos me encanta comerlos. /Primero muerdo la cabecita, / luego mordisqueo los piececitos”.

Lo más curioso es que Kliban no fue un gran amante de los gatos hasta principios de los años setenta. Él mismo contaba que, de pequeño y adolescente, era totalmente alérgico al pelo de gato y que casi se ahoga en un coche con un amigo que llevaba a su gato al veterinario. Un buen día, su primera esposa llevó a Noko Marie a casa y no pasó nada, no estornudó, no se ahogó. Noko Marie se quedó, y poco después apareció Burton Rustle, un macho sin esterilizar. Como era de esperar, tuvieron gatitos.

Con al menos cuatro gatos en la casa, no le quedó más remedio que dibujarlos. En una entrevista que dio al New York Times en 1978 dijo: “Todos mis gatos son atigrados, así que empecé a dibujar gatos rayados. En cinco años habré dibujado más de 300 kilómetros de rayas”.

Todos los que tenemos gatos sabemos que son elegantes, pero también tienen cierta tendencia a adoptar posturas ridículas, a meter medio cuerpo en una bolsa y creer que nadie les ve, a dormirse en el respaldo del sofá con la cabeza colgando, pero solo alguien con algo de gato dentro podría dibujarlos como hizo Bernard Kliban. Sus gatos nunca fueron monos ni sentimentales; al contrario, eran desternillantes, en muchas ocasiones tremendamente ingenuos y a veces, solo a veces, tenían un toque malévolo.

Antes de dibujar gatos, hacía retratos y trabajaba en cualquier cosa para llegar a fin de mes. Un día vendió seis viñetas a la revista Playboy por 25 dólares cada una que no tenían nada que ver con gatos. Meses después, Michelle Urry, la editora de viñetas de Playboy y gran amante de los gatos, fue a su casa para ver sus dibujos y descubrió al personaje llamado “Cat”. Ella le presentó a un agente que a su vez habló con Workman Publishing, una pequeña editorial que no dudó en publicar el libro “Cat”. En solo un año se vendieron 450.000 ejemplares. En 1977 se vendieron 90.000 ejemplares del calendario de Cat y en 1978, 250.000. Poco después aparecieron tazas, camisetas, tarjetas…

Bernard Kliban dibujaba gatos cuando no le venía la inspiración, pero nunca pensó que se haría rico con ellos. A mediados de los ochenta del siglo pasado, la marca había generado unos 50 millones de dólares, algo que le costaba creer. Era un hombre de gustos sencillos que solía llevar vaqueros, camisetas y sandalias, y no daba importancia a las posesiones.

Trabajó durante años para Playboy, en una época en que se aclamaba a los viñetistas del New Yorker y la revista de Hugh Hefner era más conocida por sus fotografías. Había publicado en el New Yorker e incluso en Punch al principio de su carrera, pero parece ser que disfrutaba de mayor libertad en Playboy, donde podía meterse con lo que le apetecía y hacer gala de su humor mordaz, conmovedor y, en ocasiones, realmente particular.

Nació el 1 de enero de 1935 en Norwalk, Connecticut. Aunque su nombre era Bernard, no le gustaba nada y desde pequeño sus padres le llamaron “Hap”, de “happy”, por haber llegado al mundo el día de Año Nuevo. Nunca se adaptó al instituto y dejó los estudios para trabajar antes de mudarse a California en 1959. Colaboró con Playboy desde 1962 hasta su muerte y publicó nueve libros de viñetas después de “Cat”, pero en ninguno había dibujos de gatos. Su gran ídolo era el dibujante Saul Steinberg, un caricaturista rumano emigrado a Estados Unidos que también dibujaba gatos y sobre el que pronto publicaremos una entrada.

Se casó en dos ocasiones, y su primera mujer, al divorciarse de él, se quedó con los mencionados Burton Rustle y Noko Marie, apodada “La serpiente”. Según él, era una gata lista como pocas y demasiado independiente para servirle de modelo. Hap Kliban falleció de una embolia pulmonar el 12 de agosto de 1990 a los 55 años.

Dedicamos esta entrada a Elena “Muti” Gabriel, que sabrá entender el humor de Hap Kliban y que no sabría vivir sin gatos en su casa.

 


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Un gato de cómic y la escritora Margaret Atwood

La escritora Margaret Atwood ya era famosa mucho antes de que Hulu decidiera transformar la distópica novela “El cuento de la criada” (Premio Arthur C. Clarke 1987) en una serie. Pero es posible que su gran afición por los cómics no sea tan conocida, ni tampoco su amor por los gatos y su empedernida defensa de los pájaros. Y solo ella habría sido capaz de unir tres aficiones aparentemente tan dispares en un personaje llamado Angel Catbird (Ángel Gatopájaro o Gatoave, no sabemos cuál suena mejor), mezcla de ser humano, gato y búho.

El cómic cuenta las aventuras de un superhéroe de la vieja escuela con textos de Margaret Atwood y dibujos de Johnnie Christmas coloreados por Tamra Bonvillain. Un genetista se convierte accidentalmente en un híbrido y se une a un grupo de seres mitad humanos mitad gatos para derrotar a un supervillano rata.

Johnnie Christmas, Margaret Atwood y Tamra Bonvillain

De pequeña, Margaret Atwood era una apasionada de los tebeos – aún no existían las novelas gráficas, solo los tebeos semanales -, y dibujaba viñetas. Las primeras tenían como protagonistas a dos conejos voladores un poco demasiado alegres y entusiastas de los saltos para ser considerados superhéroes. También dibujaba gatos voladores, muchos de ellos atados a globos. Cuenta que había visto dibujos de globos, pero que sus hermanos y ella no tenían debido a las restricciones de caucho durante los años de posguerra. Tampoco había gatos en su hogar porque pasaban largas temporadas en los bosques y sus padres tenían miedo de que se escaparan o acabaran en las garras de un visón salvaje.

A los 12 o 13 años dibujando un comic para su hermana pequeña

Pasaron los años y llegaron globos y gatos a su vida. Los primeros fueron una desilusión, tenían tendencia a estallar. Se entregó a los segundos durante cincuenta años, y la confortaron y ayudaron a escribir. Añade que si ahora no tiene uno es porque teme tropezar contra él o dejarle huérfano.

Con el tiempo, Margaret Atwood se interesó cada vez más por la conservación de las aves y empezó a sentirse culpable por los múltiples regalos que sus gatos le habían traído. Con su típico humor, menciona que uno de ellos solo le dejaba las entrañas. Así es como nació el personaje de Angel Catbird, una mezcla de ser humano, gato y búho con un lógico conflicto de identidad, ¿me como el gorrión o lo salvo? Entiende ambas posibilidades. En palabras de la autora: “Es un dilema carnívoro de dos patas con alas”.

Pero claro, también se dio cuenta de que un superhéroe no podía parecerse a los gatos voladores de su infancia, ni siquiera a los dibujos que hacía de adulta. Quería que Angel Catbird fuera un superhéroe sexy, con mucho músculo. Decidió unir sus fuerzas al dibujante Johnny Christmas y a la colorista Tamra Bonvillain. Empezó a preocuparse por el tipo de pantalones que llevaría un híbrido como Angel Catbird, cómo se vestiría su novia Cate Leone para cantar en una discoteca o qué tipo de muebles tendría el conde Catula, mezcla de murciélago, gato y vampiro… El primer volumen de Angel Catbird se publicó en 2016, el segundo el día de San Valentín de 2017 y el tercero en julio del mismo año. Debido al tremendo éxito, parece que habrá secuelas.

Cate Leone y Angel Catbird

Además del cómic, Margaret Atwood escribió poemas maravillosos acerca de los gatos, entre los que mencionaremos “Blackie en Antártica”, donde describe cómo su hermana la llama, estando ella de viaje, para decirle que Blackie ha muerto y pensando que querría enterrarle, lo ha envuelto en un pañuelo rojo de seda y lo ha guardado en el congelador. También está “Mourning for Cats” (Luto por los gatos), donde los compara a nuestra segunda piel, a la que nos gustaría llevar para pasarlo bien, cuando nos apetece matar sin pensar, cuando queremos deshacernos del peso gris que representa ser humano. Creemos que “January” (Enero), muy corto, está dedicado a Blackie, el gato de medianoche que nunca volverá. Los últimos versos dicen: “Si al menos encontrases el camino / desde el río de flores frías, / el bosque de nada que comer, / de vuelta a través de la ventana de hielo, / de vuelta a través de la puerta de aire cerrada”. “February” (Febrero) es más largo, más alegre, pero también habla de un gato negro “…salchicha de pelo negro con los ojos amarillos de Houdini…” y de otros gatos del vecindario marcando el territorio. Acaba diciendo: “Gato, basta ya de pedir con ansia / y de tu pequeño trasero. / ¡Aléjate de mi cara! Eres el principio de la vida, / más o menos, así que empieza / a traer un atisbo de optimismo aquí. / Aleja a la muerte. Festeja la multiplicación. Haz que sea primavera”.

Conde Catula

Margaret Atwood nació el 18 de noviembre de 1939 en Ottawa, Canadá, y creció en el norte de Ontario y en Quebec. Se licenció en la Universidad de Toronto y realizó estudios de posgrado en Radcliffe College. Tiene en su haber novelas de ficción, ensayos, colecciones de poemas e historias cortas, libros infantiles, guiones para cine y radio y cómics. Publica regularmente en revistas y ha sido traducida a más de treinta idiomas. Reside en Toronto con el escritor Graeme Wilson. Es la vicepresidenta de PEN International, una asociación mundial de escritores cofundada en 1921 por Catherine Amy Dawson Scott y John Galsworthy con el objetivo de promocionar la amistad y la cooperación internacional entre escritores de todo el mundo.

Algunas de sus novelas se han adaptado para cine y teatro. Netflix emitió el año pasado la miniserie de seis capítulos “Alias Grace” y anteriormente se había rodado un largometraje basado en esta novela. El telefilm “La novia ladrona” se emitió en 2007 y “La mujer comestible” fue adaptada para el escenario. Sin embargo, la novela “El cuento de la criada” es la que más adaptaciones ha tenido: la primera en 1990,con guion de Harold Pinter y dirigida por Volker Schloendorf. A continuación fue transformada en ópera por Poul Ruders y estrenada por la Opera Nacional Inglesa en el Coliseum de Londres en 2003. Y finalmente, la serie de Hulu que empezó a emitirse el año pasado.

Sus novelas más recientes son “The Heart Goes Last” (Por último, el corazón), Ediciones Salamandra, 2015, y “Hag-Seed” (Semilla de bruja), Ediciones Lumen, 2016.


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El gato Jones, Bob Dylan y Franco Matticchio

Gato en Mac

El gato Jones nació en 1985 y Franco Matticchio, su creador, se inspiró en una canción de Bob Dylan, “Ballad of a Thin Man” (Balada de un hombre delgado), del álbum de 1965 “Highway 61 Revisited”. En este tema se habla de un tal Mr. Jones, que hizo correr mucha tinta, pero nadie supo nunca a ciencia cierta quién era. Desde 1985 a 1992, Mr. Jones apareció regularmente en las viñetas de “Linus”, el famoso cómic italiano ahora desaparecido. A principios del verano de 2016, el autor publicó en Italia una recopilación de las numerosas aventuras de Mr. Jones y unas cuantas nuevas bajo el título de “Jones e altri sogni” (Jones y otros sueños).

Franco Matticchio está empeñado en dejar muy claro que Mr. Jones no es un gato. A pesar de llevar un parche en el ojo izquierdo, tampoco es un pirata. Viste camisa, tirantes y pantalón. Le gusta leer el periódico sentado en una confortable butaca delante de la chimenea encendida. Cuando no lee el periódico, suele tener las manos en los bolsillos y adoptar una actitud que va del más resignado asombro a la total decepción. Sale de paseo, dormita en prados, sueña mucho, juega al ajedrez; en otras palabras, lleva una vida de lo más normal, pero el mundo que le rodea parece poblado por criaturas inverosímiles, otros animales antropomorfos como él o mucho más realistas, y objetos con voluntad propia.

El gato Jones, que no es un gato, vive en un universo surrealista donde las almohadas huyen de las camas, el sol sale con estruendo, brotan los estampados de flores de las camisas y ocurren otras muchas cosas alucinantes. Él lo observa todo con gesto de incredulidad: su ojo se abre cada vez más, su boca forma una eterna “o” de asombro, recordándonos el estribillo de la canción de Bob Dylan:

Because something is happening here                       Porque algo pasa aquí,
But you don’t know what it is                                       pero no sabe usted el qué,
Do you, Mister Jones ?                                                  ¿verdad, Mr. Jones?

El padre de Mr. Jones es Franco Matticchio, un dibujante de cómic e ilustrador italiano nacido en Varese, que empezó trabajando en el periódico Corriere della Sera en 1979. Su primera colaboración con la revista Linus fue en 1986 y sus viñetas no tardaron en tener numerosos seguidores. A partir de este momento empezaron a aparecer dibujos suyos con regularidad en revistas como King, Linea d’Ombra y El Grifo. En 1987 publicó el libro “Sensa senso” (Sin sentido) con algunas historietas de Mr. Jones.

Al año siguiente ganó el primer premio de la iniciativa lanzada por la ONU “Cartoonists Against Drug Abuse” (Dibujantes cómicos contra las drogas). Fue el autor del storyboard y de los dibujos de una película publicitaria de animación para la asociación medioambiental Legambiente, ganadora del Premio al Mejor Film Publicitario en el Festival Internacional de Animación de Annecy en 1993. A continuación diseñó la secuencia de animación con el solitario bull terrier al principio del largometraje “El monstruo”, de Roberto Benigni.

Día de tren

The New Yorker le encargó una portada en 1999. Colabora habitualmente con la editorial Giulio Einaudi y en 2011 su obra se expuso en la Biennale de Venecia.

El peso pesa

 

El sueño de Mr. Jones

Mr. Jones quizá sea el más famoso, pero no es el único gato que aparece en las viñetas de Franco Matticchio, como se ve en las que incluimos en esta entrada. Además de gatos, el mundo de Matticchio está poblado por otros animales y personajes, entre ellos un extraño elefante que hace toda suerte de cosas con su trompa o un hombre cuya cabeza es un globo ocular. Todos viven en un mundo con fuertes reminiscencias de Magritte e incluso de Max Ernst donde abundan las pesadillas. Los dibujos del artista son ingeniosos, elegantes, llenos de fantasía, pero también muy sombríos y enigmáticos. El autor inventa personajes tan impredecibles como su entorno y suele colocarlos en situaciones más que inesperadas.

Mr. Jones

 

Gato y cortina lectora

La habilidad de Franco Matticchio radica en saber equilibrar la inquietud y lo escalofriante con el humor. Aunque las aventuras de Mr. Jones y otros no tienen un fin muy definido, el autor estructura la pequeña historia para comunicar emociones en medio de coyunturas imposibles de creer.

Sensa senso y Mr. Jones

Mr. Jones no entiende lo que pasa, se sorprende, pero no se inmuta y sigue viviendo en una realidad aparentemente normal si no fuera porque su almohada tiene tendencia a volar.