Gatos y Respeto

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Los gatos del Capitán Gato

Hace algo más de tres años, el 6 de septiembre de 2018 para ser exactos, publicamos una entrada titulada “Sid, el gato que comía seis veces”, acerca de un cuento infantil de Inga Moore publicado en 1990 (https://gatosyrespeto.org/2018/09/06/sid-el-gato-que-comia-seis-veces/). En 2013, la autora volvió a publicar un cuento ilustrado por ella titulado “Captain Cat”.

En la contraportada del libro leemos: “El Capitán Gato tiene dos pasiones en su vida: los gatos (claro) y soñar con los maravillosos lugares que ansía conocer. Cuando por fin decide hacer realidad su sueño y zarpar (con sus gatos, claro) hacia tierras desconocidas, ¡cuántas aventuras les esperan a todos!” El diario “Observer”, en su crítica del libro, escribió: “Ideal para los amantes de los gatos de cualquier edad”.

La historia empieza así: “El Capitán Gato adoraba a los gatos. Había más gatos a bordo de su barco, el Carlotta, que miembros de la tripulación. Por eso, los marineros le llamaban Capitán Gato”.

En la segunda ilustración se ve al Capitán tumbado en la cama rodeado de gatos. Hay más en la alfombra y por todo el camarote, mientras él estudia mapas y sueña con conocer tierras lejanas. Había ido a muchos sitios, pero en su mayoría eran puertos comerciales, porque el Capitán era un mercader.

En la tercera se nos explica que no era un muy buen mercader porque lo único que le interesaba eran los gatos y podía entregar una magnífica vasija a cambio de un pobre gato hambriento. Los otros mercaderes se reían de él. Pero una noche, el Capitán supo que había llegado el momento de descubrir los maravillosos lugares que tanto deseaba conocer, y al día siguiente zarpó hacia el sol poniente.

Al cabo de unos días se desató una terrible tormenta, jamás había visto algo así. Cerró las escotillas y cruzó los dedos para que todo acabase bien mientras el Carlotta se hundía y volvía a aparecer entre monstruosas olas.

Por fin se calmó la tempestad, pero el barco se había desviado de su rumbo y se encontraba en aguas desconocidas. Cuando el buen Capitán ya se preguntaba si no iban a llegar al borde de la tierra, avistó una lejana y solitaria isla.

En cuanto vio el barco, la reina del lugar saltó a un bote y remó hasta el barco para saludar al Capitán Gato. Ahora bien, no había gatos en la isla y la joven monarca nunca había visto uno. Fue amor a primera vista y se empeñó en que todos pusieran pie y pata a tierra para compartir una comida en el palacio real.

Los habitantes se sorprendieron enormemente al descubrir a esos curiosos y amables animales. Sin embargo, nada más sentarse los invitados a la mesa y empezar a servirse, una plaga de ratas apareció de golpe, invadiéndolo todo.

La joven reina enrojeció de vergüenza, pero el Capitán le dijo que no se preocupase. Fue a por sus gatos (que estaban comiendo pescado fresco en el patio) para que se ocuparan de las ratas. Después de limpiar de ratas el comedor real, pasaron al resto del palacio, y al ponerse el sol ya no quedaba ni una.

Al estar toda la isla infestada de roedores, la reina ofreció un inmenso tesoro al Capitán Gato si dejaba que los gatos se quedasen. El Capitán no quería separarse de sus amigos, pero ellos tomaron la decisión por él. Estaban cansados de vivir en un pequeño barco y preferían la isla, donde podían moverse a su antojo.

La reina le propuso que se quedara él también, pero todavía le faltaban muchos sitios maravillosos por visitar. Después de llevarse bastantes diamantes y zafiros para no tener que preocuparse el resto de su vida, el Capitán se despidió de sus gatos con gran tristeza y partió a conocer nuevas tierras.

Pero sin gatos, los nuevos mundos perdieron su atractivo. Regresó al puerto habitual y descargó sus tesoros. Los otros mercaderes, al verle, se murieron de envidia y decidieron visitar la isla con toda clase de regalos, alfombras, una nueva corona, ropa, lienzos y pinturas, e incluso una bicicleta, convencidos de que serían colmados con un fabuloso tesoro.

La joven no sabía cómo agradecerles tantos regalos y quiso darles lo mejor que tenía. Al cabo de unas semanas de espera (durante las que los mercaderes se frotaban las manos imaginando diamantes, rubíes y otras maravillas), la reina apareció con lo mejor que podía ofrecerles la isla, algo mucho más valioso que todas las piedras preciosas, ¡seis gatitos! Uno para cada mercader.

Los pobres mercaderes tuvieron un enorme disgusto y al llegar a puerto, dieron los seis gatos al Capitán Gato. Este, con los gatos de sus gatos, volvió a tener ganas de surcar los mares y recorrió los lugares soñados. Pero ninguno le gustaba tanto como la lejana isla, donde había quedado su corazón.

Puso rumbo a la isla. En cuanto avistaron el barco, la reina, el primer ministro y los gatos, locos de alegría, se precipitaron a su encuentro. El cuento acaba así: “Rodeado de sus gatos, de los gatos de sus gatos, y posteriormente de los gatos de los gatos de sus gatos, el Capitán Gato fue feliz para siempre”.

Se sabe muy poco sobre Inga Moore, una mujer reservada que ha concedido pocas entrevistas y que ni siquiera usa las redes sociales, algo poco habitual en esta época. Sin embargo, en la última página del libro hay una dedicatoria: “Este libro está dedicado a todos los gatos del mundo, y muy especialmente a mis dos vecinos e incansables modelos, Digit y Angus”. Ya sabemos algo más.

Hace unos treinta y cinco años que Inga Moore empezó a ilustrar libros infantiles. Ha sido galardonada con numerosos premios, sobre todo por el famoso “Six Dinner Sid” (“Sixto seis cenas” en la versión española), que sigue siendo un favorito treinta y un años después de su publicación. Nació en Sussex, pero sus padres se trasladaron a Australia cuando tenía ocho años, y regresó a Inglaterra treinta años después. Actualmente vive en las Marcas Galesas, una zona entre el País de Gales e Inglaterra.

“Captain Cat” no ha sido traducido al español, pero sí al francés con el divertido título de “Chapitaine”, un juego de palabras entre “Chat” (gato) y “Capitaine” (capitán). También hemos encontrado una portada rusa y otra alemana.

Dedicamos esta entrada a Anjana, sobrina de Yolanda e hija de Ana, grandes amigas de los gatos.


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El gato Jones y otros, por el dibujante Ralph Steadman

Ralph Idris Steadman, nacido el 15 de mayo de 1936 en Wallasey, Cheshire, Reino Unido, es un ilustrador conocido sobre todo por sus colaboraciones y amistad con el escritor estadounidense Hunter S. Thompson. Se ha hecho famoso por sus caricaturas políticas y sociales, y libros de dibujos.

¡Catástrofe!

Efectivamente, Steadman fue muy amigo de Hunter Thompson (18 de julio de 1937 – 20 de febrero de 2005), inventor del periodismo “gonzo”, que saltó a la fama con el libro “Hell’s Angels” (1967), escrito después de convivir un año con los moteros para relatar de primera mano su forma de vida.

Ralph Steadman
Seguidores del dios gato

A principios de los ochenta, Steadman viajó a Owl Farm, el hogar de Thompson, una granja en las montañas más arriba de Aspen, Colorado, para trabajar en el libro “La maldición de Lono”. Además de Thompson, en la granja vivía su compañera Laila Nabulsi, cinco pavos reales y Jones, un gato que un buen día había decidido instalarse en la granja.

Hunter S. Thompson
Jones

Hablando de Jones, Steadman dijo: “Nunca he conocido a un gato más insolente y a la vez más atractivo que Jones. No le hacía falta evaluar una situación, él era la situación”. La maldición de Lono debió afectar al dibujante y al escritor porque no conseguían que el libro, encargado por una editorial, progresara, entre otras cosas porque no tenían el mismo horario. Thompson vivía de noche (como Jones), Steadman de día, y asombrado ante el desparpajo del gato, se dedicó a dibujarle.

Jones

Tiempo después, cuando Jones había muerto, le dedicó “The Book of Jones”, que empieza así: “Si hubiera querido hacer un libro sobre gatos, hace años que lo habría hecho. Pero Jones está muerto, y si hubo un gato que merece ser recordado, es Jones. Solo coincidí con él una vez, durante dos semanas, pero bastó para que me hiciera una profunda impresión”.

Jones en su pedestal

El libro de Jones consiste en pequeños textos que describen la vida y comportamiento de Jones, con numerosos dibujos a plumilla del protagonista. Por ejemplo, en una página izquierda el texto reza: “Las emociones dependen del estado de ánimo de cada uno en un momento dado. Incluso una catedral no es más que un montón de piedras si no se está de humor. Pero puede que Jones llenara majestuosamente un espacio vacío en el momento oportuno. Inspiraba la misma veneración que el líder de un culto innovador”. A la derecha se ve a Jones de espaldas y el título: “Jones unidireccional”.

Conocía a un gato, allí donde se sentara, allí se quedaba.

Durante esas dos semanas de otoño, varios amigos vinieron y se fueron, rieron y comieron, durmieron en el sofá, pero Jones les trataba a todos con la misma indiferencia. Steadman añade que quizá “en su misterioso pasado, aún existía el recuerdo de haber entregado su afecto y confianza a uno de esos seres que se movían a su alrededor. Pudo ser una trágica desilusión y aprendió que no podía esperar nada más”.

Jones

Jones murió. El libro dedicado a su memoria se publicó en 1997, no sabemos cuánto tiempo después de que Laila Nabulsi se lo comunicara a Steadman: “Jones ha muerto”. En la portada, debajo del título, una frase: “Un tributo a un gato voluble, frenético y del todo seductor”.

Jones en el otro lado
Ataque gatuno

En 2012 publicó “Book of Cats”, un libro nada sentimental dedicado a los gatos del mundo en general. Hay gatos en muebles, gatos mancha, gatos dictadores, políticos, de moda, esparcidos y pocos gatos modosos, gatos de toda clase acompañados de un comentario a veces sarcástico, otras divertido y otras sencillo.

Filosofía y el pensamiento de un gato

Aquí ya no se trata de un homenaje a un gato, más bien de una larga serie de caricaturas. No hay dibujos de “gatos bonitos”, todo lo contrario, pero las viñetas de Ralph Steadman no siempre se caracterizan por ser “bonitas”, sino por ir al grano, algo que no gusta a todo el mundo.

«Book of Cats», contraportada

Uno de los primeros recuerdos de Steadman – tendría cuatro o cinco años – es estar escondido en un refugio durante un ataque aéreo en la II Guerra Mundial mientras su madre hacía punto. De pequeño sentía pasión por el aeromodelismo, pero siempre acababa los deberes antes de dedicarse a su hobby.

Gato «churchillano»

Parece ser que esa tendencia a la disciplina sacaba de quicio a su gran amigo Hunter Thompson, y que Steadman solía acabar todas las ilustraciones del libro antes de que el periodista hubiera escrito una página.

Gato gordo

Publicó su primera viñeta en el Manchester Evening Chronicle en 1956, pero en 1959, frustrado por sus limitaciones, se matriculó en la Universidad Técnica de East Ham, donde conoció a su mentor, Leslie Richardson, que enseñaba dibujo en vivo. La revista Punch le compró un primer dibujo en 1960, y acabó firmando algunas portadas.

Gato y ratón

En la década de los setenta ilustró varios libros infantiles y en 1967 se dedicó a “Alicia en el País de las Maravillas”, ganador del Premio Williams en 1972, una versión en la que el Conejo Blanco siempre llega tarde a trabajar, el Sombrerero es un líder sindical y la Oruga tiene un curioso parecido con John Lennon.

«Alicia en el País de las Maravillas»

En 1970, la revista Scanlan’s Monthly le mandó a Estados Unidos, concretamente al Derby de Kentucky, donde debía reunirse con Hunter S. Thompson. La leyenda cuenta que tardaron tres días en encontrarse y que, al hacerlo por fin, el periodista le confesó: “Me dijeron que tenía un aspecto raro, ¡pero no esperaba que fuera tan raro!” Así empezó una gran amistad.

Los gatos son muy diferentes, pero muy parecidos

Además de numerosos proyectos con Thompson, siguió trabajando en libros suyos. También produjo cientos de dibujos, diseñó decorados para el ballet “The Crucible” y para la obra teatral “Los viajes de Gulliver”, además de un oratorio de imágenes para una eco-ópera, “The Plague  and the Moonflower”, con música de Richard Harvey.

Hunter S. Thompson

Más recientemente ha ilustrado tres volúmenes sobre pájaros extinguidos o en riesgo de extinción en una colaboración con el documentalista Ceri Levy, “Extinct Boids” (2012), “Nextinction” (2015) y “Critical Critters” (2017). En 2018 participó en la creación del cartel para el estreno en Broadway de “Gary. A Sequel to Titus Andronicus”, protagonizada por Nathan Lane.

Miau reclinada

Sigue trabajando regularmente para varias revistas. Pero ignoramos si le acompaña un gato.


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La gata cómica de Dama Trot

“Dama Trot y su gata cómica” es la traducción literal del nombre de una “Nursery Rhyme” o canción infantil británica, pero en español quizá quedaría mejor “Doña Trot y su divertida gata”. En Inglaterra, los libros dedicados a los niños empezaron a publicarse en el siglo XVIII. Eran del tamaño de un naipe y los grabados no estaban nada cuidados.

Pero en 1805, un imaginativo impresor llamado John Harris publicó “The Comic Adventures of Old Mother Hubbard and her Dog” (Las cómicas aventuras de la vieja Hubbard y su perro), un libro de 10 x 13 cm con dieciocho grabados realizados por Sarah Catherine Martin y posteriormente coloreados a mano. Ilustraban los catorce versos “sin sentido” en torno a la vida y aventuras del perro. 

El libro fue todo un éxito y John Harris publicó muchos más. Sin embargo, en 1803, dos años antes, parece ser que se había publicado la historia de Dama Trot y de su gato con grabados mucho menos elaborados que los de Harris. La historia es casi idéntica, con la diferencia de que la protagonista es una gata. A continuación traducimos el primer verso de cada uno de los libros:

La vieja Hubbard                                                      La buena dama Trot
fue a la alacena                                                        fue a la alacena
para dar al pobre perro un hueso,                           en busca de pescado para la gata,
pero cuando ahí llegó,                                             pero cuando ahí llegó,
el armario estaba vacío                                            el armario estaba vacío,
y el pobre perro nada tuvo.                                     la gata por ahí ya había pasado.

En 1820, John Harris publicó su versión de Dama Trot, que también tuvo mucho éxito. Dama Trot era una señora mayor, redondita y de aspecto amable. Pero la competencia, Dean and Munday, había publicado en 1813 “Dame Wiggins of Lee and her Wonderful Cats” (Dama Wiggins de Lee y sus maravillosos gatos) con el subtítulo: “Un relato humorístico escrito por una señora de noventa años”. Está claro que los editores querían participar en la bonanza de “los relatos cómicos”.

En este último, los gatos son muy buenos alumnos, aprenden muy rápido y hacen cosas muy divertidas, como coser una alfombra, patinar sobre hielo, subir a lomos de una oveja, etc. Pero nunca llegó a ser tan popular como Dama Trot. En 1850, con John Harris ya fallecido, Dean and Munday decidieron apoderarse del nombre. En esa época no había derechos de autor.

El problema es que no tenían los grabados de Harris, por lo que cambiaron el nombre de Dama Wiggins a Dama Trot, que acabó con siete gatos en vez de una gata blanca, y adaptaron el texto. Por ejemplo, los gatos de Dama Trot no cosen una alfombra, bordan un chal de seda, y en vez de ser una ancianita redondita, es delgada con una nariz aguileña.

Resumiendo, las dos damas se confunden. Pero lo curioso es cómo cambia la historia en pocos años. En la primera versión, los versos son incoherentes. Por ejemplo, va a la carnicería y cuando vuelve, la gata está muerta. Sale de nuevo a por un ataúd, y cuando regresa, la gata se sienta y maúlla. Y sigue así hasta el final.

Otra versión, muy sencilla, solo consta de dos versos: “Dama Trot y su gata / vivían muy tranquilas / cuando no les molestaban / los conflictos de los vecinos. / Cuando dama Trot cenaba / la gatita esperaba cerca / porque estaba segura / de que algún bocado caería”.

Una versión posterior cuenta que Dama Trot fue a la feria y se compró una gatita, la más bonita, limpia, lista y dulce jamás vista, con las patitas negras y el cuerpo blanco como la nieve, los ojos de color verde brillante, la carita bonita y llena de inocente gracia. Subió a guardar su abrigo y cuando bajó, la gatita estaba preparando el té. Temió que rompiese su mejor taza, pero no pasó nada.

Al día siguiente, la gatita había limpiado la casa y preparado el desayuno. Dama Trot tenía un viejo perro llamado Spot, al que la gatita enseñó a bailar porque había tomado lecciones en Francia. Y si la alacena estaba vacía, porque Dama Trot no tenía mucho dinero, la gatita volvía a casa con una trucha pescada en el río.

Pero la gatita deseaba vestirse a la moda y lo consiguió. Un día que dama Trot había salido, convenció a Spot para que la dejara montar en su lomo. Al regresar dama Trot, Spot se irguió para saludarla, la gatita se cayó y el vestido se manchó, y dama Trot le dijo: “Habrías hecho mejor en quedarte con tu vestimenta natural. La ropa elegante suele esconder las gracias que nos dona la naturaleza”.

Gatos aprendiendo

Y cuando dama Trot ya tiene siete gatos, la historia cambia totalmente. Ahora se trata de viñetas describiendo situaciones y conclusiones absurdas. Hemos escogido tres ejemplos: “Cuando dama Trot terminó de vestir a sus gatos, llamó a los vecinos para que vinieran a cenar: Sociabilidad”.

“Fue a la cocina en busca de un cuchillo, al volver tocaban el tambor y la flauta: Armonía”.

“Fue a la tienda a por unos encurtidos y cuando regresó, jugaban a los bolos: Diversión”.


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Gatos de todo tipo, por Tomi Ungerer

En la localidad de Wolfarstweier, cerca de Karlsruhe, en Alemania, los niños menores de seis años van a una escuela llamada “Die Katze” (El gato). El edificio imita la forma de un gigantesco gato blanco agazapado, a punto de saltar. La boca sirve de puerta, los ojos son las ventanas y la tripa contiene las aulas. El rabo, en la otra punta, hace las veces de tobogán.

Además de aulas, cuenta con comedor, cocina, guardarropa y entrada. El edificio, que puede dar cabida a cien alumnos, encaja a la perfección con el sentido del humor de los niños, ofreciendo una alternativa a la idea del colegio clásico. El diseño del artista Tomi Ungerer y la arquitecta Ayla-Suzan Yndel fue inaugurado en 2011.

Jean-Thomas Ungerer, más conocido como “Tomi”, nació el 28 de noviembre de 1931 en Estrasburgo, a unos 90 km de la escuela felina. Publicó más de 140 libros, desde cuentos infantiles hasta relatos para adultos, pasando de la fantasía a la autobiografía. También se hizo famoso por sus viñetas satíricas y por sus carteles políticos y cinematográficos.

Tomi Ungerer

Tomi Ungerer realizó un sinfín de viñetas en torno a los gatos, además de dedicarles tres libros. En 1963 se le ocurrió, con William Rossa Cole, la idea del “A Cat Hater’s Handbook”, o “Manual del odia-gatos”, donde recopilaron diversos comentarios realizados por personas que supuestamente odiaban a los gatos, es decir ailurofobos. Actualmente, la ailurofobia se ve como una fuerte aversión hacia los pobres gatos.

Esta es la definición de S. Weir Mitchell, Médico, según una viñeta: “La verdadera ailurofobia: Algunas personas, al ver a un gato, sienten miedo, terror y asco. Esto puede ir acompañado de una sensación de frío, horror, debilidad, incapacidad de hablar o, en algún caso, imposibilidad de cerrar la boca, rigidez en los brazos, palidez, náuseas, en pocas ocasiones vómitos, pronunciadas convulsiones histéricas e incluso ceguera temporal”.

Otro comentario es de Mark Twain (https://gatosyrespeto.org/2017/12/07/los-19-gatos-de-mark-twain/), reconocido defensor de toda la raza felina, y dice así: “Los ignorantes creen que el ruido de dos gatos peleándose es muy molesto, pero no es así, lo molesto es la horrible gramática que utilizan”. A pesar de ser concebido en 1963, el libro no se publicó hasta 1981.

En 1973 escribió e ilustró “No Kiss for Mother”, publicado por Anaya en 2007 como “Ningún beso para mamá”. El protagonista es un gatito realmente malcriado llamado Toby (Toni Zarpas en español).

Finge lavarse los dientes, ensucia la ropa que su madre acaba de planchar, rechaza la comida que le prepara y, sobre todo, no permite que le dé besos. Toby no soporta que le besen. Su madre aguanta estoicamente hasta que ya no puede más y le enseña quién manda. El gatito decide portarse bien, pero… seguirá sin dar besos a su madre.

El tercer libro es “Cats as Cats Can”, título tan difícil de pronunciar como de traducir, por lo que ni lo intentaremos. Se trata de una pequeña colección de viñetas dedicadas únicamente a los gatos, de las que reproducimos alguna. Al final hay un texto de cinco páginas en el que Ungerer habla de sus gatos.

“Me encanta mirar y dibujar animales, pero los gatos son mis favoritos. Descansando o en movimiento, estas criaturas lánguidas, seductoras, sinuosas y sensuales, caprichosas y egoístas han sido una constante fuente de inspiración en mi vida, y la observación de su comportamiento ha resultado en cientos de ilustraciones. Para mí fueron especialmente importantes nuestros dos adorados birmanos, Piper y Heidsieck, que vivieron con nosotros en Canadá en los años setenta. Siguen apareciendo en mis grabados, carteles publicitarios y libros (Piper sirvió de modelo para Toby en “Ningún beso para mamá”)”.

A continuación añade unos pasajes del libro “Far Out Isn’t Far Enough” (1983) acerca de sus años en Canadá en homenaje a la memoria de Piper y Heidsieck.

Gatos de Wall Street

“Los gatos son inteligentes y lo saben. Pero también se les puede engañar, como a cualquiera. Entre la cocina y la entrada había una puerta acristalada en la que, durante mucho tiempo, faltaba un panel de vidrio. Los gatos tenían por costumbre usarlo como entrada y salida. El día en que se sustituyó fue muy doloroso para ellos. Estaban decididos a entrar por ahí, pero se daban contra el cristal”.

El gato Theo

Heidsieck murió, y escribe sobre él: “Le compré con Piper, su medio hermano algo más joven, en Nueva York, como regalo para Yvonne, al poco de conocernos. Era un gato muy orgulloso, clasista, que jamás se rebajó a tareas insignificantes como la caza. Le encantaban las caricias y bastaba con una pequeña muestra de cariño para que se derritiera como la mantequilla”.

“Piper, al contrario, es un insensato, un temerario que no se entrega a las caricias. Es un cazador nato, y pasa el día y la noche fuera. El mal tiempo no le detiene. Y es el único gato que conozco que no teme al agua. Era capaz de cazar tres ratas a la vez: dos con las patas y la tercera con la boca. Fuimos testigos. Pero al morir Heidsieck, la personalidad de Piper cambió de un día para otro. Se convirtió en amoroso y cariñoso, se queda en casa y ya no sale a cazar”.

Nueva Escocia, Canadá, 1973. Sin miedo al agua, Piper abre el camino
Música gatuna

La obra del dibujante Saul Steinberg (https://gatosyrespeto.org/2019/11/14/dos-gatos-hedda-sterne-sigrid-spaeth-y-el-dibujante-saul-steinberg/), sobre todo las ilustraciones de la revista The New Yorker, fue una inspiración para Tomi Ungerer, que se mudó a Nueva York en 1953. Profundamente antibelicista después de haber sufrido la ocupación nazi durante cuatro años, realizó una famosa serie de carteles contra la guerra de Vietnam a finales de los sesenta.

Muchas de sus ilustraciones apoyan la unidad de Europa, como la reconciliación francoalemana en su Alsacia natal y, sobre todo, valores europeos como la tolerancia y la diversidad. En 2003 fue nombrado Embajador de la Infancia y la Educación por el Consejo Europeo.

Vivía entre Irlanda, donde se compró una casa con su esposa en 1976, y Estrasburgo. Coleccionaba juguetes y se describía a sí mismo como “archivista del absurdo humano”. Hablaba perfectamente inglés con un impecable acento francés, como puede oírse en el documental “La historia de Tomi Ungerer” (2012). Falleció a los 85 años, el 9 de febrero de 2019, en Cork, Irlanda.


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Los gatos del libro que nunca fue y Brad Holland

Brad Holland es un conocido ilustrador estadounidense nacido en Ohio en 1943. Un artículo del periódico The Washington Post de 1986 le describía como “la indiscutible estrella de la ilustración americana”; y el escritor Steven Heller dijo en Print Magazine: “Del mismo modo que Pollock redefinió las artes plásticas, Holland ha cambiado radicalmente la percepción de la ilustración”.

La metáfora visual es algo que hoy en día se da por hecho en la ilustración, pero no siempre fue así, y desde luego no lo era cuando Brad Holland empezó profesionalmente en 1968. Entonces, cualquier director artístico dejaba muy claro lo que quería, dando poca libertad al artista. Pero Holland tenía ideas muy distintas a las de sus predecesores y quería ofrecer una visión más personal.

El entonces director artístico del New York Times, Jean-Claude Suares, apoyó y abrió las puertas a artistas como Holland para que los ilustradores dejaran de realizar meros encargos. Por cierto, J.C. Suares, como se le conocía, era todo un personaje que además publicó numerosos libros de fotografías y dibujos con gatos como protagonistas.

Brad Holland ha dibujado gatos, pero tampoco muchos si se tiene en cuenta su amplísima obra. Hace tiempo ilustró un libro infantil que nunca se publicó. Ya que la historia no era suya, sino de una novia, quizá jamás lleguemos a saber qué ocurría realmente en “El libro infantil que nunca fue”.

Según dice el artista, hace tiempo tuvo una novia que escribía cuentos infantiles y tenía dos gatos. Ella aún no había publicado nada, pero él sí, y le ofreció ilustrar el manuscrito para presentar el proyecto a un editor. La historia transcurría en la costa de Maine y la protagonizaban dos gatos, una serpiente, un ratón y una gaviota llamada Sarah, así como una majestuosa langosta acompañada por un banco de peces.

Al parecer, la novia y su familia se trasladaban cada verano desde el norte de Virginia a la costa de Maine, donde alquilaban una casa muy grande para acoger a todos los primos, cuñados, cuñadas y amigos. La pareja había escogido el dormitorio más cercano a la puerta trasera para que los dos gatos, uno negro y otro atigrado, entraran a su antojo, ya que estaban mucho más interesados en pasear a la luz de la luna que en estar mirando a dos personas durmiendo.

Y así nació la historia. El primero en llegar fue el ratón. Una noche, unos gruñidos despertaron a Holland y a su novia; al encender la luz, vieron a los dos gatos con la mirada fija en el interior de la maleta abierta y vacía que les habían dejado para que se entretuvieran. No tardaron en descubrir que dentro había un aterrado ratoncito dando vueltas como loco en un intento por escaparse.

Los gatos solo parecían estar orgullosos de su captura, por lo que Holland les felicitó y, disculpándose, rescató al ratón, lo soltó en el jardín y trajo dos cuencos de nata como recompensa. Al día siguiente, el ratón se había convertido en un personaje del cuento. La serpiente llegó unos días después. Los gatos la encontraron y la trajeron al dormitorio varias noches seguidas hasta que desapareció. “Su destino sigue siendo un misterio”, en palabras de Brad Holland. También fue incluida en la historia.

Por suerte, la gaviota y la gran langosta no fueron depositadas en la maleta vacía, nacieron de la imaginación de su novia. Al final del verano, el cuento estaba terminado. Mientras su novia revisaba la primera versión, Brad Holland empezó con las ilustraciones. Reconoce que dibujar gatos era más complicado de lo que había imaginado.

“Cuando uno convive con gatos, se tiene la impresión de que siempre están dispuestos a posar, al menos durante un par de segundos”, dice el artista. “En este caso, le caí bien al gato atigrado y decidió adoptar la mesa de dibujo como punto de partida para cualquier otra actividad. Casi nunca me molestaba, parecía contentarse con estar sentado y observarme dibujar, del mismo modo que hacía yo con cuatro o cinco años en el garaje de casa con mi padre”.

La historia acababa con la poderosa langosta saliendo de las olas acompañada por numerosos peces. Solucionaba los problemas y preparaba un magnífico y extravagante banquete de peces para los gatos y sus amigos. Los gatos regresaban a su casa por la gatera, el ratón y la serpiente se iban cada uno por su lado y la gaviota alzaba el vuelo.

Las ilustraciones consiguieron que una gran editorial se interesara por el cuento, pero a partir de ese momento, nada salió bien. Los editores empezaron a pedir cambio tras cambio en el texto y le ofrecieron a Holland ilustrar otros libros infantiles, pero dadas las circunstancias decidió no aceptar hasta que el libro saliera a la venta.

Al final no lo publicaron, y al cabo de un año Brad Holland y su novia se separaron. Los dibujos acabaron en un cajón y cayeron en el olvido hasta que, un buen día, mientras el artista buscaba otra cosa los encontró y aprovechó para escanearlos. Habían pasado unos veinte años. Acaba diciendo: “Me alegra ver los dibujos. Me llevan a una época en que mi futuro era muy incierto, pero los días parecían más largos y tuve la suerte de pasar un mes o dos durante unos cuantos veranos con personas maravillosas – algunas ya no están – entre el murmullo de los pinos de la costa de Maine”.

Brad Holland empezó a mandar dibujos a Walt Disney cuando tenía quince años. Recibió una caja dos años después con todo lo que había enviado, acompañada de una carta de rechazo con Mickey Mouse en el membrete. Decidió irse a Chicago en autobús y tuvo empleos que no tenían nada que ver con el dibujo, entre otros barrer una tienda de tatuajes. En 1967, a los 23 años, se trasladó a Nueva York para dedicarse a la ilustración.

En 1969 fundó junto a Steven Heller una editorial de corta vida, Asylm Press, con el fin de promocionar y presentar el trabajo de artistas y diseñadores a la prensa alternativa de la época.


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La gata Psipsila, Tove Jansson y Tuulikki Pietilä

Psipsila (Tove Jansson)

Tove Jansson, probablemente la escritora finlandesa más leída de todos los tiempos, es la creadora de la familia Mumin, cuyas aventuras están recogidas en nueve libros, cinco novelas gráficas y una serie de cómics traducidos a más de cincuenta idiomas, entre ellos el español. Los Mumin (Mumintroll en sueco) son trolls bondadosos con una cabeza curiosamente parecida a la de un hipopótamo.

Mumin

Tove y Psipsila

Escribió muchas otras novelas para jóvenes y adultos, como “El libro del verano” (Ediciones Siruela), en la que aparece brevemente un gato, un gato negro. Recalcamos el color porque durante muchos años, Tove Jansson tuvo dos compañeras, la gata Psipsila y la artista Tuulikki Pietilä.

Tove, Tuulikki y Psipsila

El gato de «El libro del verano»

Tove Jansson se hizo muchas fotos con Psipsila, y Tuulikki Pietilä realizó una serie de preciosos dibujos de la gata negra con una pequeña corbata. Ambas mujeres se complementaban y colaboraron en numerosos proyectos. El personaje Tuticky, una chica decidida, independiente y amante de la naturaleza que aparece en 1957 en “La familia Mumin en invierno”, está basado en Tuulikki, cuyo diminutivo cariñoso era “Tooti” (pronunciado “Tuti”), lo que explica el nombre del personaje.

Mumin y Tuticky

Sus caminos se cruzaron en 1955 en una fiesta navideña en Helsinki y no se separaron durante los cuarenta y cinco años siguientes. Tove Jannson nació el 9 de agosto de 1914 en Helsinki, entonces en el Gran Ducado de Finlandia y parte del Imperio Ruso. Tuulikki Pietilä nació tres años después, el 18 de febrero de 1917, en Seattle, Estados Unidos. Al cabo de cuatro años su familia se trasladó a Finlandia.

Cada una tenía un estudio en el mismo edificio separados por un pasillo y pasaban los luminosos meses de verano en la pequeña isla de Klovahru, en el Golfo de Finlandia, acompañadas por Psipsila, claro. Nos preguntamos cómo le sentaba a la gata el viaje hasta la isla, distante cien kilómetros de la capital, y sobre todo las tres horas de barco, pero debía estar acostumbrada.

Tove con Psipsila en la isla Klovharu

Tove y Tuulikki

Poco se sabe de Psipsila. Encontramos fotos suyas con Ham, la madre de Tove Jansson. En la primera es una gatita de unos dos meses; en la otra, una gata adulta. No son más que suposiciones, pero fijándonos en Ham, podían haber transcurrido diez años. Pero sí descubrimos, por casualidad, que Psipsila vivió hasta los dieciséis años.

Ham, la madre de Tove, con Psipsila

Ham y Psipsila

¿Cuándo llegó? Hay una foto preciosa – la única – de Tuulikki Pietilä con Psipsila en su taller fechada en 1964.  La gata saca la lengua de forma exagerada; parece joven, quizá tuviera tres años… Si es así, podría fecharse su entrada en la vida de las dos mujeres entre el año 1960 o 1962.

Tuulikki Pietilä y Psipsila en 1964

Tove incluyó un dibujo suyo en dos cartas dirigidas a la escritora Ruth Thomas. En la primera le dice que debe seguir escribiendo acerca de un fantástico gato de cabeza azul (habrá que indagar de qué gato se trata y quizá dedicarle una entrada) y añade: “La mía es del todo negra y se llama ‘Psipsila’, que significa ‘gato’ en griego”. Lo hemos comprobado, efectivamente “psipsila” es gato en griego. En la segunda le manda un dibujo de la gata. Era el año 1977, ya debía ser muy mayor.

Primera carta a Ruth Thomas

Segunda carta a Ruth Thomas

Tuulikki Pietilä, además de pintora, era una experta en grabados conocedora de todas las técnicas, que a menudo mezclaba para obtener efectos diferentes. En los años ochenta abandonó las artes gráficas por requerir demasiado esfuerzo físico y se dedicó a crear miniaturas y dioramas basados libremente en los personajes de los Mumin.

Felicitación de Navidad (Tuulikki, 1956)

Gatos siameses (Tuulikki)

Tuulikki y Tove hubieran podido conocerse años antes, pero su momento aún no había llegado. Las dos estudiaban en la Academia Finesa de Bellas Artes en 1938, y en 1950 estuvieron en París al mismo tiempo. Tuulikki llevaba unos años estudiando técnicas de grabado en la ciudad y Tove se detuvo un tiempo después de viajar por Italia y el norte de África.

Bodegón, sombrero y gato (Tove)

Tuulikki Pietilä siempre se quedó en un segundo plano. Todos los que la conocieron dicen que nunca le interesó la fama. Enseñó Técnicas de Grabado en la Academia de Bellas Artes de Helsinki, obtuvo una cátedra en 1982, escribió un libro sobre el grabado en metal y realizó numerosas exposiciones, la primera en solitario en 1951. Falleció en su casa el 23 de febrero de 2009.

Cartel

Ambas eran intrépidas viajeras. En 1982, Tove Jansson, en una carta enviada desde Viena, dice: “Tooti siempre es fantástica, desde luego, pero una Tooti viajera es algo excepcional”.

Tove y Psipsila

Tove Jannson nació en el seno de una familia perteneciente a la minoría de habla sueca en Finlandia (como Edith Södergran https://gatosyrespeto.org/2014/05/26/edith-sodergran-poetisa-y-fotografa-enamorada-de-los-gatos/). Hija y hermana de artistas (su padre era escultor, su madre – de nacionalidad sueca – ilustraba libros, un hermano se dedicó a la fotografía y el otro fue novelista y autor de viñetas), publicó el primer libro Mumin (Los Mumin y la gran inundación) en 1945 y los dos siguientes en 1946 y 1948 con un éxito inmediato. En 1966 fue galardonada con la medalla Hans Christian Andersen.

La familia solía pasar unos meses al año en las islas del Golfo de Finlandia, pero no en la de Klovharu, donde Tove haría construir una pequeña casa en los años sesenta para escaparse con Tuulikki cuando una relación como la suya aún no estaba bien vista en el país.

Tove y Tuulikki en Klovharu

Las filmaciones que hacía Tuulikki  de esos meses veraniegos en la pequeña isla y de sus numerosos viajes juntas han servido para varios documentales. Entre los más recientes destacaremos “Haru, yksinäinen saari” (Haru, la isla solitaria – 1998) y “Tove ja Tooti Euroopassa” (Tove y Tooti en Europa – 2004). Tove Jansson falleció el 27 de junio de 2001, a los 86 años, de un cáncer; Tuulikki Pietilä la siguió ocho años después.

Tove y Psipsila

El éxito de los Mumin ha continuado con más dibujos animados, largometrajes e incluso un parque temático. La desaforada comercialización de los últimos años ha sido duramente criticada por amigos de Tove Jansson y por entusiastas de los libros. Se quejan de la banalización de la filosofía original del mundo Mumin hasta haberlo convertirlo en un entretenimiento vacío. El control artístico depende de Sophia Jansson-Zambra, hija de Lars Jansson, el hermano menor de Tove.

La antítesis del parque temático estilo Disneylandia es el museo Mumin de Tampere, donde se exhiben las ilustraciones y miniaturas originales realizadas por la artista y su compañera. Se estima que la marca Mumin supera actualmente los 700 millones de euros anuales en ventas.

Tove y Psipsila


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Los gatos de la revista The New Yorker

Jean Jacques Sempé (Noche de gatos)

Hemos reunidos cuarenta y cuatro portadas con imágenes de gatos de la famosa revista The New Yorker, desde la del 10 de octubre de 1951 con una ilustración de William Garrett Price hasta la del 7 de enero de 2020 con una de Adrian Tomine. El primer número costaba 20 centavos, el último, 8,99 dólares.

Ronald Searle

Saul Steinberg (Gato regando plantas)

El semanario fue fundado en 1925 y actualmente se publican cuarenta y siete números anuales, cinco de ellos en periodos de dos semanas. Contiene artículos periodísticos, críticas, ensayos, ficción, poesía y numerosas viñetas. Es famoso por su contenido y por sus portadas, a menudo satíricas y con referencias a temas de actualidad.

Jean-Jacques Sempé (Lujo, tranquilidad y comodidad)

Saul Steinberg (La letra E)

A continuación publicamos una breve reseña de todos los autores de las portadas. En algunos casos hemos encontramos los títulos, en otros ha sido imposible. Tres de ellos ya tienen entradas en este blog y nos limitamos a indicarlo.

Ronald Searle

Saul Steinberg

Adrian Tomine (7 de diciembre de 2020, Vida amorosa), nacido el 31 de mayo de 1974, se dio a conocer por la serie de cómics “Optic Nerve”. En esta portada muestra la creciente búsqueda digitalizada del amor.

Ana Juan (2 de febrero 2004, Buscando calor; 1 de septiembre de 2008, El objeto del deseo), nacida en 1961 en Valencia, colabora con The New Yorker desde 1995 y ha realizado más de veinte portadas. Actualmente reside en Madrid.

Anatol Kovarsky (28 de octubre de 1961, Rostros de gatos), nacido en 1919 en Moscú y fallecido en 2016 en Manhattan, fue un maestro del gag visual sin palabras y realizó unas trescientas viñetas para la revista.

André François (24 de junio de 1974; 29 de junio de 1990, Digital), nacido el 9 de noviembre de 1915 en Hungría y fallecido en París el 11 de abril de 2005, fue un gran amigo y colaborador del artista Ronald Searle. En la primera portada, un gato y un perro juegan al ajedrez, el gato va ganando. La segunda celebra la digitalización de la revista.

Barry Blitt (21 de junio de 2013, Rebaño de gatos), nacido el 30 de abril de 1958 en Côte Saint Luc, Quebec, publicó sus primeros dibujos a los dieciséis años. Trabaja regularmente para The New Yorker y The New York Times. Declara ser alérgicos a los gatos y no poder verlos ni en pintura.

Charles Samuel Addams (3 de noviembre de 1986, Halloween), nacido el 7 de enero de 1912 y fallecido el 29 de septiembre de 1988, es más conocido como Chas Addams y por ser el creador de la inolvidable familia Addams, así como de otros personajes macabros con un sentido del humor muy peculiar.

Charles E. Martin (18 de julio de 1977), nacido en Chelsea, Massachusetts, en 1910, y fallecido el 20 de junio de 1995, fue un artista autodidacta con más de cien portadas en la revista y cientos de viñetas publicadas desde 1938.

Edward Gorey (10 de diciembre de 2018, El lujo del gato) https://gatosyrespeto.org/2014/09/13/las-ilustraciones-de-edward-gorey/  En 1992, el artista envió dos imágenes a la revista a petición de la nueva editora, Tina Brown. Una se publicó el 21 de diciembre de ese mismo año, pero pasaron veintiséis años antes de que apareciera la segunda en una portada, dieciocho años después de su fallecimiento.

Eugène Mihaescu (11 de septiembre de 1989), nacido en Rumanía el 24 de agosto de 1937, dejó su país natal en 1967 y después de pasar unos años en Suiza, se trasladó a Nueva York. Colabora regularmente con el periódico The New York Times y la revista Times. Entre 1972 y 1992 realizó setenta portadas para The New Yorker.

Gahan Allen Wilson (9 de junio de 2003, El tiempo mejora; 23-30 de enero de 2006, La cama del gato), nacido el 18 de febrero de 1930 y fallecido el 21 de noviembre de 2019, era conocido por sus viñetas de terror fantástico. Sus dibujos e historias de ficción fueron publicados regularmente por Playboy y The New Yorker durante cincuenta años.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu https://gatosyrespeto.org/2020/11/26/los-gatos-del-pintor-surrealista-gurbuz-dogan-eksioglu/. No creemos que haya dibujado más de siete portadas para The New Yorker, pero en cuatro de ellas el gato es el protagonista absoluto.

Ian Woodward Falconer (30 de octubre de 2006, Halloween), nacido el 25 de agosto de 1959, escribe e ilustra libros infantiles, además de diseñar decorados y vestuarios para teatro. Ha creado unas treinta portadas para la revista y otras publicaciones.

Ivan Brunetti (16 de septiembre de 2019, La primera cita), nacido el 3 de octubre de 1967, reside en Chicago y ha realizado varias portadas para The New Yorker. Es conocido por sus detalladísimas viñetas llenas de buen humor. Reconoce sentirse fascinado por Charles Schulz, el creador de Peanuts.

Jean-Jacques Sempé (8 de diciembre de 1980; 12 de septiembre de 1983; 24 de noviembre de 1997, Lujo, tranquilidad y comodidad; 8 y 15 de agosto de 2005, Noche de gatos), nacido en Burdeos el 17 de agosto de 1932, es el artista que ha dibujado más portadas para la revista, más de cien.

Mark Ulriksen (12 de enero de 2009, Vivir por todo lo alto), nacido en 1957, ha realizado más de cincuenta portadas para The New Yorker desde 1993, cuando Tina Brown decidió modernizar la imagen de la revista.

Peter de Sève (5 de octubre de 2015, Siesta), nacido en 1958 en Queens, Nueva York, es autor de numerosas portadas de la revista y ha creado un sinfín de personajes para películas como “Bichos: Una aventura en miniatura”, “Buscando a Nemo”, “Robots”, las cuatro entregas de “Ice Age” (Scrat) y el personaje principal de “Hop”, entre otras.

Ronald Searle (https://gatosyrespeto.org/2019/09/05/los-gatos-del-vinetista-satirico-ronald-searle/) Hemos encontrado nueve portadas con gatos del dibujante, la primera de 1969 y la última de 1991, pero eso no significa que dejara de publicar en la revista. Es el artista que hizo más portadas de gatos.

Saul Steinberg (https://gatosyrespeto.org/2019/11/14/dos-gatos-hedda-sterne-sigrid-spaeth-y-el-dibujante-saul-steinberg/) Sus portadas, viñetas e ilustraciones ocuparon las páginas de la revista durante nada menos que seis décadas. Hemos encontrado cinco portadas del artista.

Tomer Hanuka (20 de marzo de 2017, Despertar primaveral), nacido en 1974 en Israel, se trasladó a Nueva York a los veintidós años y estudió en la Escuela de Artes Visuales. Fue galardonado con el Premio Hugo a la Mejor Historia Gráfica.

William Garrett Price (10 de noviembre de 1951, ¿Qué hacer con una cama de gatitos?), nacido el 21 de noviembre de 1896 y fallecido el 8 de abril de 1979, colaboró durante más de cincuenta años con The New Yorker. Realizó más de cien portadas, dos de ellas en 1925, año de la fundación de la revista, así como cientos de viñetas.

William Steig, nacido el 14 de noviembre de 1907 y fallecido el 3 de octubre de 2003, tiene tres portadas con gatos entre las muchas que dibujó para The New Yorker desde 1930. Además de sarcásticas viñetas para adultos, escribió y dibujo maravillosos libros infantiles. Fue el creador de Shrek, escrito e ilustrado en 1990.

Probablemente haya más portadas de gatos, pero no las hemos encontrado. Entre los veinte artistas que dibujaron gatos para la revista, solo hay una mujer, la española Ana Juan.

William Steig

Ronald Searle


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Millones de gatos y Wanda Gág

“Millones de gatos” (título original “Millions of cats”) fue escrito e ilustrado en 1928 por Wanda Gág. Es uno de los escasos libros ilustrados que ha ganado el premio Newbery Honor (1929) y también el libro de ilustraciones más antiguo en seguir editándose.

Wanda Gág pintando con un gato

Cuenta la historia de una pareja muy muy vieja. La mujer muy muy vieja suspira por tener un gato y el hombre muy muy viejo va en busca de uno. Llega a una colina donde hay decenas, centenares, millones, miles de millones de gatos y no sabe cuál escoger. Cada vez que piensa haber encontrado el gato perfecto, aparece uno todavía más bonito.

Sin saber cuál escoger

Decide llevarlos a su casa. La mujer muy muy vieja, al verle llegar, le pregunta cómo van a alimentar a tantos gatos, un pequeño detalle en el que el hombre no había caído. Se les ocurre que lo mejor será dejar a los gatos decidir entre ellos cuál es el más bonito. Discuten con grandes maullidos, se pelean, el jaleo es tremendo. Asustados, los dos viejos muy muy viejos se meten en casa.

De regreso a casa con millones de gatos

Cuando todo se calma, vuelven a salir y allí no queda ningún gato. Entonces, de detrás de un matorral, aparece un gato delgado, hambriento, con el pelo sin brillo, en el que nadie había reparado porque no es “bonito”. Le llevan a su casa, le dan de comer, y el gato se vuelve hermoso y lustroso, exactamente como imaginaba a su gato la vieja muy muy vieja.

A cual más bonito

Y empezaron a pelear

Wanda Gág nació el 11 de marzo de 1893 en la pequeña ciudad de New Ulm, al sur de Minnesota, en el seno de una familia procedente de Bohemia (actual Chequia), y no habló inglés hasta ir a la escuela. Empezó a dibujar muy pronto y se quedó sorprendida cuando descubrió que sus compañeros no sabían manejar un lápiz.

Su padre falleció de tuberculosis a los 48 años, en mayo de 1908, y antes de morir le dijo: “Was der Papa nicht thun konnt’ muss die Wanda halt fertig machen”; o si prefieren: “Lo que papá no pudo hacer, deberá hacerlo Wanda”. Era la mayor de seis hermanos, cincho chicas y un chico, de los que la menor tenía solo un año. Su madre estaba enferma y no podía ocuparse de la casa.

Gato dormido

A los 15 años, Wanda se convirtió en la cabeza de la familia Gág. No solo consiguió alimentar a todos sus hermanos vendiendo ilustraciones al Minneapolis Journal y dando clases de dibujo, también se empeñó en que fueran al instituto. El seguro de vida de su padre ascendía a 1.200 dólares y lo hizo durar seis años.

La casa de Wanda Gàg en New Ulm, Minnesota

Por suerte, un amigo de su padre ofreció costear los gastos que supondrían sus estudios en la Escuela de Arte de Minneapolis, aunque la venta de ilustraciones le permitía seguir manteniendo a la familia. Su madre falleció dos años después, y en 2017 obtuvo la ansiada beca de la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York y vendió un cuadro al Instituto de Arte de Boston.

Gatos en la ventana

(Detalle)

Pero antes de poder irse a Nueva York, debía ocuparse de su familia. Decidieron vender la casa e instalarse todos en Minneapolis. Las dos hermanas mayores se pusieron a trabajar, la tercera se ocupó de la casa y los otros tres fueron al colegio. Pasaron dos años muy duros antes de que Wanda Gág se fuera.

La casa de la abuela

(Detalle)

En Nueva York se instaló en el Village con su amiga Lucille Lundquist, con la que había estudiado en Minneapolis y de la que incluimos tres cuadros de gatos. Ambas creían en el amor libre y mantenían relaciones con dos compañeros de la Escuela de Arte de Minneapolis que también estaban en Nueva York, Adolph Dern y Arnold Blanch. Lucille acabó casándose con Arnold Blanch y se divorciaron en 1935. Wanda vendía las suficientes ilustraciones para seguir ayudando a sus hermanos.

El gato Orlando (Lucille Lundquist Blanch, 1940)

La gata Miranda (Lucille Lundquist Blanch, 1935-40)

Expuso por primera vez en solitario en la Biblioteca Municipal de Nueva York, donde conoció a Carl Zigrosser, el fundador de la Galería Weyhe, que la apoyó incondicionalmente durante la década de los veinte. La exposición que organizó tres años después en su galería fue un éxito rotundo y Wanda fue declarada “una de las artistas gráficas más prometedoras del momento”.

Con Lucille Lundquist Blanch en una azotea neoyorquina

Por la mañana (Lucille Lundquist Blanch)

En 1927 publicó un artículo en el semanario The Nation titulado “These Modern Women: A Hotbed of Feminists” (Esas mujeres modernas: Caldo de cultivo para las feministas) en el que dejaba muy claras sus ideas. Wanda Gág tenía dos vidas, la de una respetada autora de libros infantiles y la de una mujer ferozmente independiente.

Érase una vez…

Llegó a decir: “A menudo me pregunto qué dirían todas esas personas que poseen tan elevado concepto de mí si supieran que puedo amar a más de un hombre a la vez, que hace años que tengo a tres de ellos en mi horizonte amoroso y que me entrego a extraños ritos esotéricos de amor con mis amantes. Si lo supieran, ¿me considerarían menos buena? Pero soy buena, y en cuanto al sexo, siento que soy pura, limpia, ética, buena del todo”. (Diario, 19 de marzo de 1941).

Wanda y Noopy

En 1923, Nueva York empezó a pesarle y decidió volver a la naturaleza. Añoraba vivir en un pueblo y alquiló una granja en Nueva Jersey para residir gran parte del año. Allí podía dedicarse a pintar sin ser interrumpida, a cuidar un jardín y un huerto. Para entonces, su hermana Thusnelda se había mudado a Nueva York y los demás no tardaron en hacer lo mismo, excepto Stella, que se había casado en Minneapolis. Flavia y Howard – músico en el circuito de clubes de la ciudad – vivieron varios años con Wanda.

Wanda y Noopy

Otro compañero habitual era Earle Humphreys, escritor y librero, con quien se casaría en agosto de 1943 después de una relación de más de veinte años. En 1931 compraron una granja de 78 hectáreas en los montes Musconetcong de Nueva Jersey y construyeron un estudio para Wanda al que nombraron “All Creation” (Todo creación).

Interesados (1935)

En 1945, Wanda Gág escribió en una carta que no era capaz de recorrer una manzana sin jadear y que a menudo tenía fiebre. Al cabo de poco tiempo se le diagnosticó un cáncer de pulmón terminal. Su marido y su hermano decidieron no decírselo y únicamente se lo comunicaron a sus dos grandes amigos, Robert Janssen y Carl Zigrosser. Falleció el 27 de junio de 1946 y sus cenizas fueron esparcidas en la granja. Earle Humphreys murió de un infarto el 16 de mayo de 1950.

Mutzi dormida (1937)

Además de escribir cuentos infantiles, pintar y realizar ilustraciones, tradujo varios cuentos de los hermanos Grimm. También tradujo e ilustró “Blancanieves y los siete enanitos” en un intento de contrarrestar, según sus propias palabras, la versión “trivializada, esterilizada y sentimental” de la película de Walt Disney.

Siesta (1937)

Los que la conocieron dicen que podía ser encantadora, polémica, beligerante e inflexible en sus opiniones feministas. Fue una firme defensora del regreso a la naturaleza y creemos que una gran amante de los gatos.

Estatua de Wanda en New Ulm, Minnesota

Dedicamos esta entrada a Samantha, cuyas raíces están en Minnesota. Feliz 2021.


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Un gato, un ratón y un perro, el extraño trío de Krazy Kat

Érase una vez un gato que amaba a un ratón, un ratón que despreciaba al gato y odiaba al perro, y un perro que veneraba al gato y odiaba al ratón. El ratón se pasaba la vida tirando ladrillos a la cabeza del gato, pero éste estaba convencido de que era una demostración de afecto. El perro era policía e intentaba proteger al gato encarcelando al ratón. Los tres vivían en Arizona, en el condado de Coconino.

-Y a algunos se les impone la grandeza. -¿Quién lo dice?

La tira cómica lleva el nombre del gato, Krazy Kat (Gato Loco). Los otros dos protagonistas son Ignatz el ratón y el perro agente Pupp. Y también están Joe Cigüeña “proveedor de progenie principesca y proletaria”; Kolin Kelly, un perro que fabrica ladrillos y los suministra a Ignatz, y la Sra. Kwakk Wakk, una pata trepa y metomentodo que quiere quitarle el puesto al agente Pupp.

-¿Son dos notas, verdad? -¿Crees que podrás con ese cuarteto, ratón?

Publicada por primera vez en 1913 en el New York Evening Journal, siguió apareciendo regularmente hasta 1944. Empezó como una “basement strip”, una tira de tres o cuatro viñetas debajo de otra que ocupaba media página, pero no tardó en cobrar importancia, y el 23 de abril de 1916 llenaba una página completa en el suplemento dominical de tebeos.

-A pesar de disfrutar de una inteligencia poco habitual, Krazy, mi modestia me impide describirme como un intelectual -¿No me digas?

Aunque era menos popular que otras tiras de su autor, George Herriman, el dueño del periódico (y de muchos otros), William Randolph Hearst, era un profundo admirador del dibujante y le ofreció un contrato de por vida, garantizándole la más absoluta libertad creativa a pesar de las objeciones de los editores.

George Herriman en 1902

Lárgate, poli, déjame pensar.

Es posible que Krazy Kat no entusiasmara a los lectores de la prensa amarilla en la que se había especializado Hearst, pero tenía numerosos lectores entre los intelectuales de la época, como el poeta E.E. Cummings y el crítico de arte Gilbert Seldes. Ya en 1911, cuando Krazy e Ignatz formaban parte de la Familia Dingbat y todavía no tenían una tira propia, el compositor y pianista Ben Ritchie publicó “Krazy Kat Rag” con una ilustración de Herriman.

Pieza musical de Ben Ritchie (1911)

-¿Conque tienes dos personalidades? -Eso mismo, cariño, una chica bonita, una gemela.

Posteriormente, el saxofonista Frankie Tumbauer, el clarinetista Artie Shaw y otros grabaron homenajes a Krazy Kat. Pero quizá el más ambicioso de todos fuera el compositor John Alden Carpenter con el ballet “Krazy Kat – Una pantomima de jazz”. La pieza fue interpretada por primera vez en 1921 por la Orquesta Sinfónica de Chicago y el ballet, coreografiado por Aldolph Bohm, se estrenó en 1922.

El padre del gato loco, George Kerriman, participó en el diseño de los decorados y de la portada del libreto. En la portada del disco vemos un cuadro de Louis Wain (https://gatosyrespeto.org/2015/09/10/los-gatos-psicodelicos-de-louis-wain/) titulado “Sobremesa”.

«Sobremesa», Louis Wain

Otros grandes admiradores de Krazy Kat fueron el pintor William de Kooning, así como los escritores H.L. Mencken y Jack Kerouac (https://gatosyrespeto.org/2016/08/18/gatos-big-sur-jack-kerouac/). Parece ser que el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson leía la tira cómica en voz alta durante las reuniones del Gabinete. Algunos críticos incluso llegaron a decir años después que la tira era dadaísta y precursora del posmodernismo.

Portada de la partitura para piano de «Krazy Kat: A Jazz Pantomime» (1922)

No se publicó en color hasta principios de 1935. George Herriman siguió dibujando a Krazy Kat hasta su muerte el 25 de abril de 1944, realizando aproximadamente 3.000 viñetas de su personaje favorito. La última tira apareció exactamente dos meses después, el 25 de junio, al ser cancelada por Hearst después de la muerte de su amigo, impidiendo que otro dibujante se hiciera cargo de ella, como era habitual en la época.

Así se caza.

Los amigos y conocidos del progenitor de Krazy Kat le describían como un hombre modesto al que no le gustaba que le fotografiaran, generoso y siempre dispuesto a ayudar a sus amigos. Le gustaba mucho jugar al póquer con sus compañeros dibujantes. Amaba a los animales y se sabe que en 1934 convivía con cinco perros y trece gatos. Rehusaba montar a caballo e intentaba comer poca carne. Se casó el 7 de julio de 1902 con Mabel, su primer amor, y tuvieron dos hijas, Mabel (como su madre), a la que todos llamaban “Toots”, y Barbara (Bobbie), fallecida a los 30 años, en 1939.

Partitura del ballet

Escena del ballet «Krazy Kat»

Podríamos acabar aquí, pero merece la pena saber algo más de la vida de George Herriman, nacido el 22 de agosto de 1880 en Luisiana. Tenía diez años cuando su padre compró unos billetes de tren para trasladar a la familia a California, la tierra prometida. En Los Ángeles, su padre siguió con su profesión de sastre y el joven George fue a un colegio católico. Al graduarse, empezó a trabajar para el periódico Los Angeles Herald dibujando anuncios y alguna que otra viñeta.

George Herriman con un gato

Noviembre de 1937

En 1900 cruzó el país en un tren de mercancías hasta Nueva York, donde fue pintor de carteles publicitarios y dibujante de tiras cómicas. Decidió regresar a Los Ángeles en 1905, pero los editores le hicieron volver a Nueva York en 1910. Hasta doce años después no pudo instalarse definitivamente en Los Ángeles.

Cuadro de George Herriman

En 1971 se descubrió que George Herriman era hijo de padres criollos y bisnieto de Stephen Herriman, un hombre blanco casado, capitán de barco y esclavista, y de Justine Olivier, una mujer libre “de color”. Su abuelo y su padre fueron conocidos sastres en Nueva Orleans y destacadas personalidades en la comunidad criolla.

Krazy Kat en el cine

Durante el viaje a California, su familia se convirtió en blanca. Nadie reparó nunca en que George Herriman tenía sangre negra. Si hubiera ocurrido, no habría podido ido al colegio católico donde estudió, no habría vivido en el barrio donde vivió, no se habría casado con Mabel porque era blanca, ni tampoco habría dibujado las 3.000 maravillosas viñetas de Krazy Kat y muchas otras. Las leyes Jim Crow que propugnaban la segregación racial no fueron abolidas en Estados Unidos hasta 1965.

George Herriman en el San Francisco Examiner

Muñecos de Krazy Kat

George Herriman no tuvo más remedio, como muchas otras personas en esa época, que esconder una parte importante de su personalidad si no quería ser considerado un ciudadano de segunda. Su esposa Mabel lo sabía, no cabe duda, como también sus hijas. Solía llevar un sombrero para esconder su pelo rizado y muchos compañeros suyos incluso pensaban que era de origen griego.

Bronce de los tres protagonistas

Desde que se supo que Herriman era hijo de padres criollos, se empezó a ver la tira bajo un prisma diferente. No eran más que especulaciones, desde luego, pero Krazy Kat cobró otra identidad y de pronto todo el mundo se dio cuenta de que Krazy es un gato negro cuyos diálogos están escritos fonéticamente, reproduciendo un acento muy particular. Lo más curioso es que cambia de sexo; a veces es un personaje masculino y en la siguiente publicación, femenino.

Libro sobre George Herriman (2017)


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Gatos y cuentos de hadas de Adrienne Ségur

En 1952, un periodista publicó lo siguiente en “Le Figaro littéraire”: “Fui a casa de Adrienne Ségur, un hada. Me recibió un gato imperial y pájaros de diverso plumaje. De hecho, todos los animales de ‘Érase una vez’ se habían instalado en los recovecos de la casa. ¿Y qué me dijo el hada? ‘Voy hacia la fantasía para evadirme. Los niños hablan con los animales, y los animales les hablan, es natural. Mis animales hablan con los ojos, el hocico, las patas’”.

Adrienne Ségur con un gato

Cómo los gatos aprendieron a ronronear (Joan Bennett)

El hada Adrienne Ségur era una ilustradora de cuentos que prestó una atención muy especial a los gatos. Aparecen en sus dibujos casi en la misma proporción que príncipes y princesas. Incluso recopiló cuentos de gatos en un libro especialmente dedicado a ellos.

El gato con botas (Charles Perrault)

El gato arrepentido

Fue una mujer muy bella, de aspecto misterioso y elegante, que llevó una vida discreta, quizá porque se sentía más cómoda en su mundo que en compañía de los mortales. Nació el 23 de noviembre de 1901 en Atenas, hija del escritor francés Nicolas Ségur y de la griega Kakia Anastose Diomedes Kyriakos. A pesar de llevar el mismo apellido que la famosa escritora, la Condesa de Ségur (de soltera Sofia Fiodorovna Rostoptchina, casada con Eugène de Ségur), no parece que les uniera parentesco alguno.

Foto de Erwin Blumenfeld

El gato de Baba Yaga

Empezó a dibujar siendo niña y en 1928 ilustró en blanco y negro la novela de juventud de André Maurois “Le Pays des trente-six mille volontés” (El país de los treinta y seis mil deseos), aunque usó el seudónimo de Adrienne Novel. Dos años después ilustró una serie de cuentos de los que era autora, “Cotonnet”, “Cotonnet aviador” y “Cotonnet en América”, con un conejito como protagonista. Estos primeros dibujos son encantadores y sencillos, tienen poco que ver con los que la hicieron famosa en la década de los cuarenta.

El gato y el gallo enfermo

El gato que habla (Natalie Savage Carslon)

En 1932 se casó con el poeta y pensador egipcio Mounir Hafez, diez años menor que ella y uno de los grandes referentes del sufismo en Francia. A partir de ese momento, la pareja pasó los inviernos en El Cairo y los veranos en París. En 1936,  Adrienne Ségur empezó a ocuparse de la página infantil de Le Figaro, de la que acabó siendo directora en 1939. Una vez finalizada la II Guerra Mundial, empezó a ilustrar cuentos infantiles para la editorial Flammarion.

Mounir Hafez

El gato Patripat (India)

Al cabo de unos años, la editorial alquiló para ella una casa a unos diez kilómetros de Blois, a dos horas en coche de París. Los que la conocieron entonces dicen que vivía rodeada de gatos y de pájaros, y que su pasatiempo favorito era caminar por el bosque y observar a los animales en libertad.

El niño que pintaba gatos (Japón)

Kip, el gato hechizado (Suecia)

También dicen que en cuanto hacía bastante calor, dejaba las ventanas abiertas para que sus pájaros pudieran volar libremente y regresar cuando quisieran. Esto nos hace pensar que ella y su marido no llevaban la vida convencional de un matrimonio de la época.

El gato con la cola torcida (Frances Carpenter – Tailandia)

El gato y el ciervo (Rusia)

Era una apasionada de “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Caroll, y en 1949 realizó unas brillantes ilustraciones en blanco y negro para el libro. Sus dibujos dieron vida a los cuentos de los hermanos Grimm, de William Hauff, Hans Christian Andersen, Madame d’Olnoy, Pável Bazhov y otros escritores del mundo entero.

Alicia en el País de las Maravillas

Flammarion publicó en 1951 una colección de cuentos de hadas de autores franceses titulada “Il était une fois” (Érase una vez) con dieciséis ilustraciones de Adrienne. Fue considerado por la crítica literaria como el libro infantil más bello de Francia. La editorial demostró una enorme confianza en el talento de la artista al encargar veinte mil ejemplares para la primera edición, en vez de los habituales cinco mil para un libro de ese tamaño.

La gata princesa (Madame d’Olnoy)

La gata princesa

No solo tuvo un enorme éxito en Francia, sino también entre los lectores de habla inglesa, sobre todo en Estados Unidos, donde Random House lanzó posteriormente el maravilloso “The Golden Book of Fairy Tales” (El libro de oro de los cuentos de hadas), una recopilación de veintiocho cuentos procedentes de Francia, Alemania, Rusia, Dinamarca y Japón.

La gata princesa (Músicos)

En 1965 publicó otra colección de diecisiete cuentos dedicados únicamente a los gatos. “Le chat Jérémie et autres histoires de chats” (El gato Jeremías y otras historias de gatos), traducido al inglés en 1967 con el título de “My Big Book of Cat Stories”. Algunos títulos de estos cuentos son inolvidables, “Jeremías o el gato que se hizo jefe guardabosques”, “El gato con el rabo torcido”, “El gato arrepentido” o “El gato oreja de mantequilla”.

Gato ojo de aceite

El gato Jeremías jefe guardabosques no es otro que el gato Catafay Ivanovich del cuento ruso “El gato y la zorrita”, al que también llaman “Yeremey” (https://gatosyrespeto.org/2020/01/02/gatos-en-el-folclore-ruso/).

El gato Yeremey (Rusia)

El gato Yeremey, dueño del bosque (Rusia)

Las ilustraciones de la artista son sumamente detalladas e imaginativas, propias de los cuentos de hadas. También trabajó con autores de la talla de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) y diseñó decorados de espectáculos, así como tarjetas de felicitación para marcas como Van Cleef y Arpels. Siempre dio gran importancia a la expresión de los personajes.

Las tres hilanderas

Las tres hilanderas

Adrienne Ségur falleció el 11 de agosto de 1981. Había dejado de dibujar hacía ya varios años debido a la artrosis. Sus últimas ilustraciones fueron para la novela “La légende de Venise” (La leyenda de Venecia), de Simone Kervyn. En los dos retratos fotográficos incluidos aquí tendría unos 35 años. Son obra del fotógrafo alemán Erwin Blumenfeld, que se instaló en París en 1936. Fue una mujer que se rodeó de un aura de misterio y se sabe muy poco de su vida privada.

Hans y el gato atigrado (Hermanos Grimm)