Gatos y Respeto

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El gato sin adulterar, de Terry Pratchett

Además de la saga de novelas “Mundodisco”  y otros libros de ciencia-ficción, Terry Pratchett escribió un librito genial de 46 páginas titulado “The Unadulterated Cat” (El gato sin adulterar, o también, El gato en estado puro), donde describe con total precisión el comportamiento de un gato auténtico, es decir, un callejero de pura raza.

¿Es tu gato? Pensé que era el mío.

Terry Pratchett con su inseparable sombrero negro y un gato a juego

Empieza así: “El gato sin adulterar va camino de convertirse en una especie en peligro de extinción, ya que cada vez tendemos a aceptar más a esos gatos producidos industrialmente que nos venden las agencias de publicidad – mininos que ronronean plácidamente delante de bandejas plateadas llenas de comida como los que salen en la tele. Pero la campaña a favor de los gatos auténticos cambiará todo esto ayudándonos a reconocer a un verdadero gato sin adulterar cuando se cruce en nuestro camino. Basta con unos pocos ejemplos: las orejas del gato auténtico parecen haber sido esquiladas; el gato auténtico no sale en tarjetas navideñas… el gato auténtico no lleva collar antipulgas… y tampoco corre detrás de algo que lleve una campanita. Pero el gato auténtico come tarta de queso. Y menudillos. Y mantequilla. Y cualquier cosa que se deje en la mesa, siempre y cuando crea que no les pillarán. El gato auténtico oye abrirse la puerta del frigorífico aunque esté dos habitaciones más allá”.

-¿Qué tal son tus nuevos dos patas? -A mí me parecen todos iguales.

Basta con leer este primer párrafo para saber que el Sr. Pratchett no solo era un experto en “Mundodisco”, sino también en el mundo gatuno. El libro está dividido en diecinueve capítulos que van desde cómo hacerse con un gato, pasando por las enfermedades, la comida, sexo, higiene, hasta el futuro del gato auténtico. Dicho así, el lector ingenuo podría creer que se encuentra ante el habitual libro de gatos, pero estaría equivocado.

Si no fuera porque me das de comer, juraría que solo eres un producto de mi imaginación.

Escojamos un capítulo al azar, “Poner nombre a los gatos”. Con razón dice que menos del 17% de los gatos acaban con un nombre diferente al que se les puso en un primer momento, a pesar del esfuerzo que supuso encontrarlo: “Tiene pinta de Ofelia, pero al final la gata se llamará Mipo o Ratosa. Eso nos lleva a lo que debe tenerse en cuenta a la hora de nombrar a un gato: debe ser algo de lo que nadie se avergüence cuando llame al gato a medianoche o a primera hora de la mañana mientras golpea una lata de paté con una cuchara.” Y añade que cuanto más corto, mejor. Dicho esto, en ocasiones los gatos tienen nombres larguísimos tipo ‘saldeahiquetemato’ o el también conocido “sueltaesoahoramismogatoasqueroso’. En su opinión, ningún gato auténtico puede llamarse Frufru José Vicente Junior.

Me preocupa no ir al cielo si no soy bueno con los mininos.

Terry Pratchet también habla de la alimentación gatuna. Como todos los que tenemos gatos, descubrió que esa fantástica lata que anuncian en la tele suele ser rechazada de lleno por el gato auténtico. Vamos, que ni se acerca a olerla. Después de varios intentos, se acaba comprando la marca más barata. Milagro, el gato se lo come y pide más. Con alivio, se vuelve al supermercado para comprar doce latas. Al gato ya no le gusta.

Le han enseñado muy bien, pero ¿quién?

Después de observar lo que comen los gatos, se atreve a asegurar que cualquier fabricante que lance una comida húmeda para gatos hecha de filete, pavo medio congelado, hierba, migas recogidas del suelo, ranas y saltamontes será un éxito. Al menos durante un día. Continuando con el tema de la comida, está convencido de que “el gato auténtico no caza para comer, sino por amor a sus dos patas. No tarda en darse cuenta de que, por alguna oscura razón, los seres de dos patas omiten algunos detalles en sus hogares y se apresuran a corregir este error. La musaraña descabezada es muy popular. Y para ese necesario toque de color, el conjunto de vísceras en miniatura. Ahora bien, con el fin de mejorar el efecto, el artículo debe dejarse en un lugar donde tardará unos días en ser descubierto, dándole la oportunidad de adquirir una personalidad propia”.

¿Intentas darme cuerda?

Cualquiera que tenga un huerto y un gato (o gatos) sabe la pasión que siente este último por ayudar a cavar. No hay nada como plantar varias tomateras perfectamente alineadas, regarlas, volver al día siguiente y ver que todas, sin excepción, han sido cuidadosamente arrancadas. De ahí la viñeta del gato después de ser el objetivo de un terrón de tierra (que nunca le alcanza).

El gato auténtico después del bombardeo con un terrón de tierra

Terence David John Pratchett, nacido el 28 de abril de 1948 en Beaconsfield, Inglaterra, es el autor de las 41 novelas “Mundodisco”. Publicó su primera novela, “The Carpet People”, en 1971, y “El color de la magia”, la primera de la serie “Mundodisco”, en 1983. Se vendieron 55.000 ejemplares de “Snuff” (2011) en los primeros tres días de su publicación, colocándose a la cabeza de las novelas vendidas con mayor rapidez en el Reino Unido. La última, “La corona del pastor”, salió a la venta cinco meses después de que falleciera.

Veterinario: No le pasa nada.

Vendió más de 85 millones de libros, traducidos a 37 idiomas, en todo el mundo y fue galardonado en 2010 con el Premio Mundial de Literatura Fantástica a los Logros de una Vida.

Hola, soy gato. ¿Eres el de la comida?

En diciembre de 2007 anunció públicamente que le habían diagnosticado Alzheimer precoz. A partir de ese momento dedicó parte de su tiempo a luchar contra la enfermedad mediante importantes donaciones al Alzheimer Research Trust, rodando un programa de televisión donde describía lo que es padecer de Alzheimer y patrocinando la investigación. Una de sus quejas era el limitado presupuesto que el gobierno británico asigna a la investigación de dicha enfermedad. Falleció el 12 de marzo de 2015 a los 66 años.

Ese día desapareció una persona con un enorme sentido del humor. “El gato en estado puro” no está traducido al español, pero si leen en inglés, lo recomendamos. Es uno de esos libros, si se lee en el autobús o en el metro, que hace pensar a los demás viajeros que el lector está loco porque se ríe solo. Las ilustraciones son de Gray Jollife, conocido viñetista que ha participado en tres libros gatunos y al que dedicaremos una entrada especial.

Gray Jollife

-Me han esterilizado. – Y a mí, pero ¿qué tal si lo intentamos?

Para acabar, citaremos una frase atribuida a Terry Pratchett: “En la antigüedad, los gatos eran adorados como dioses. No lo han olvidado”.

Esta entrada es para nuestra amiga Gusa.

San Pedro: ¿Entras o sales?

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El gato Pete, James y Kimberley Dean

El personaje de Pete the Cat, o del gato Pete, nació en 1999, probablemente unos doce meses después de que naciera el verdadero Pete, un gatito negro y flacucho que el autor y artista James Dean adoptó en un refugio de Athens, Georgia.

El auténtico Pete the Cat

De pequeño, Pete se dedicaba sobre todo a correr de un lado a otro y a pasar largas horas en el regazo de James, que había dejado su puesto de ingeniero en la Georgia Power Company (Compañía Eléctrica de Georgia) en 1997 para hacer lo que siempre había querido: dibujar y pintar.

James pintando a Pete

Mirando por la ventana

Nunca había pasado tanto tiempo a solas con un gato y la relación entre ambos se hizo más intensa. Un buen día, el alocado gatito negro dejó de correr constantemente y se sentó en la mesa el suficiente tiempo para que James le retratara. Y Pete se convirtió en su musa. Le dibujaba haciendo todo lo que hace un gato respetable, es decir, meterse en la cesta de la ropa, colgarse de las mosquiteras de las ventanas, dormir en los sitios más extraños…  Pero un buen día vio que Pete metía la pata en una taza de café, y Pete se convirtió en un gato amante del café. A Pete también le gustaba mucho otear el horizonte desde el techo del viejo escarabajo Volkswagen de James, y este decidió que sabía conducir. Se había dado cuenta de que las ideas y las posibilidades no tenían fin.

 

 

 

 

 

 

 

 

La vida siguió su curso hasta el día en que Pete no regresó a casa. James pasó días, semanas esperando a Pete, convencido de que iba a aparecer por la ventana. Pero Pete jamás volvió. James no se quedó solo, vivía con Kimberly, su esposa, y pronto hubo más gatos. Y Pete les hizo famosos. En 2004, los dos se sentaron a la mesa de la cocina y empezaron a escribir juntos un libro infantil, el primero de una larga serie en torno a Pete the Cat, titulado “Pete the Cat and His Magic Sunglasses” (El gato Pete y las gafas de sol mágicas).

James, Kimberly y gatos

Las gafas mágicas

Kimberly, como James, había dejado un lucrativo puesto en la oficina del gobernador de Georgia para dedicarse a una carrera artística. Consiguieron publicar el libro por sus propios medios en 2006, haciendo realidad su sueño. Ambos dicen que su vida está construida sobre coincidencias maravillosas y que el mágico espíritu de Pete sigue estando con ellos. Actualmente viven en Savannah con cinco gatos y una carlina llamada Emma.

Ese mismo año también publicaron “Pete the Cat’s Misadventures” (Las desventuras del gato Pete), una colección de cuadros de Pete haciendo todo lo imaginable e inimaginable.

Las desventuras

Hasta la fecha han aparecido más de sesenta historias con Pete the Cat como protagonista en diversas colecciones para niños de diferentes edades, incluso para los más pequeños que aún no saben leer. Varias de las publicaciones han llegado a la famosa lista de libros más vendidos de The New York Times, y todos ellos han sido coescritos por Kimberly y James, e ilustrados por este último, a excepción de cuatro, “Pete the Cat: I Love My White Shoes” (Me encantan mis zapatillas blancas), “Pete the Cat: Rockin’ in My School Shoes” (Supercalzado para el colegio), “Pete the Cat and His Four Groovy Buttons” (Pete el Gato y los cuatro maravillosos botones) y “Pete the Cat Saves Christmas” (El gato Pete salva la Navidad), cuyo autor es Eric Litwin.

Me encantan mis zapatillas blancas

En hebreo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Loa cuatro maravillosos botones

El primero de los cuatro fue publicado por los Dean y Litwin en 2008 y se vendieron 7.000 ejemplares en diez meses antes de que la editorial HarperCollins se interesara por el libro y lo distribuyera en Estados Unidos y Canadá. Llegó a ocupar el octavo puesto de la lista de The New York Times de libros ilustrados.

Halloween

Eric Litwin, un cuentacuentos y músico, había escrito una historia y una canción acerca de un gato, por lo que James Dean y él se asociaron para este segundo libro. Se separaron en 2011, y Kimberley y James son los autores de todos los libros publicados posteriormente.

Más de noventa galerías en todo Estados Unidos venden cuadros de James Dean, que solo pinta a Pete the Cat. La primera en colgar un cuadro de Dean en la pared fue su abuela y se trataba de un retrato del oso Yogui. Su padre era un pintor autodidacta que se ganaba la vida realizando copias de obras de los grandes maestros, algo que desde pequeño fascinó a Dean.

El ejercicio está muy sobrevalorado

Cuando empezó a estudiar en el instituto, el dibujo fue prontamente sustituido por la música y por el sueño de convertirse en un roquero famoso, pero estudió una carrera universitaria con la esperanza de no tener que pasar por las mismas dificultades económicas que su padre. Ingresó en la Universidad de Auburn en 1976, se licenció en Ingeniería Eléctrica  y no tardó en encontrar trabajo en la Compañía Eléctrica de Georgia.

Casi veinte años después, cuando dejó su cómodo puesto de ingeniero, empezó pintando paisajes urbanos de Athens y vendiéndolos a tiendas y particulares. Estamos de acuerdo con Kimberly y James cuando dicen que su vida es una serie de maravillosas coincidencias. ¿Seguiría pintando James si no hubiera recogido a un gatito negro en un refugio y transformarlo en un gato azul?

Otra foto del auténtico Pete the Cat

El 26 de diciembre de 2017, Amazon Prime estrenó el especial navideño “Pete the Cat: A Groovy New Year”, con Jacob Tremblay como la voz protagonista. A este especial le siguió una serie basada en los libros, estrenada el 21 de septiembre de 2017, y en noviembre de 2018, un telefilm con Elvis Costello, Jessica Biel y Diana Krall prestando sus voces a los personajes.

James Dean y Yoko

Esta entrada está dedicada a los niños Irati y Jude.


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Gatos de San Petersburgo, por Vladimir Rumyantsev

Hace poco descubrimos los gatos del pintor ruso Vladimir Rumyantsev y hemos pensado que nada mejor que unos gatos muy festivos para esta época del año.

Amor en San Petersburgo

Vladimir Rumyantsev nació en 1957 en Cherepovéts, la ciudad más poblada del distrito de Vologda, a orillas del enorme embalse Ríbinsk. Empezó a dibujar a los cuatro años. Se trasladó a San Petersburgo en 1972 para estudiar en la Escuela de Arte V.A. Serov y se graduó en 1976. Siguió estudiando en el Instituto Estatal de Pintura, Escultura y Arquitectura I.E. Repin, licenciándose en la especialidad de Diseño Gráfico. Es miembro del Sindicato Ruso de Artistas.

Gatito protegido

Siente una inclinación muy especial por los gatos, a los que pinta con un enorme sentido del humor en escenas poco habituales (para gatos). No puede decirse que sean antropomorfos, pero sí se encuentran en situaciones sorprendentes. Del mismo modo que el folclore ruso está lleno de historia de gatos, a los de Vladimir Rumyantsev les rodea una marcada aura de cuento de hadas.

Gato interesado

Por ejemplo, se dice que basta con que un solo gato se pasee por los tejados de cualquier ciudad, pueblo o casa para que también haya ángeles que protegerán a los habitantes del lugar. Como puede verse por los dibujos que incluimos, los ángeles acompañan a los gatos del pintor.

Gato sobre San Petersburgo

Gato viendo un ángel

Pero sus gatos no se limitan a conversar con ángeles y a pasear por los tejados, también cantan, juegan al golf, comen, beben, y su hobby favorito es pescar con caña, aunque no siempre se trate de peces. Son optimistas, sonrientes, decididos y capaces de conquistar a cualquiera.

Gato pescador

Cazador de ángeles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato vigía

Uno de ellos saluda a Aleksandr Pushkin cuando se cruzan en la calle y otro está sentado en el regazo del gran escritor cuando este trabaja. Dicen que Pushkin era un gran amante de los gatos. Desde luego, los menciona en sus escritos. Habla de gatos gordos sentados en alfombras dándonos la espalda, con el rabo enrollado alrededor del cuerpo.

Pushkin saluda al gato

Pushkin trabaja con un gato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato erudito

Pero el más famoso de todos los gatos de Pushkin aparece en este poema: “Cerca del mar crece un verde roble / con una cadena dorada a su alrededor; / Atado a la cadena un gato erudito / lo rodea día y noche. / Si va a la derecha, canta una canción; / si va a la izquierda, cuenta un cuento”. Después de este breve prólogo, el narrador dice haber estado en un lugar mágico donde conoció al gato erudito y que este le confió los famosos cuentos de hadas que reprodujo en verso con el título de “Una cabaña sobre patas de gallina” o “Baba Yaga”. Los gatos de Vladimir Rumyantsev saludan al gran autor ruso y trabajan con él.

Pushkin y el gato

Muchos de los lubok rusos representan a gatos, como los que cuentan la famosa historia del gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/) que salvó al kan de Kazán, a su esposa e hija de un futuro de lo más oscuro a manos del zar Iván el Terrible. El gato, que iba y venía como quería a pesar del asedio al que el zar sometía a la ciudad, se enteró de que iban a cavar un túnel para entrar. Se lo comunicó al kan, que tuvo tiempo de huir por el río Kazanka con su familia y su gato.

Gato pensando

Gato de San Petersburgo

Otros dos famosos cuentos rusos acerca de gatos son “El perro, el oso y el gato”, donde el gato prefiere morir de hambre a mentir, y “Liza la zorra y Catafay el gato”, donde ambos se unen con la intención de conseguir bastante comida para hacer frente al duro invierno.

El primer invierno

Gato y pájaros

Los gatos se han convertido en la inspiración de Vladimir Rumyantsev, que usa sobre todo pasteles para reproducirlos y darles un toque mágico. Entre los numerosos gatos que ha pintado, uno de los más divertidos tiene una vaca en las rodillas y está rodeado de apetitosas fresas. ¿Qué relación puede haber entre un gato y las fresas? Bueno, la autora francesa Colette, a la que dedicamos una entrada la semana pasada, dice en “Les chats de Colette” que el Long-chat (el Gato Largo) de su madre escogía las fresas más maduras del jardín y se las comía. Este quizá también haga lo mismo.

Gato, vaca y fresas

¡Felices fiestas a todos!

Gato y ángel


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Los gatos sensatos del viejo Possum

T.S. Eliot en su estudio con Zuaxo (1927)

“Old Possum’s Book of Practical Cats” también podría llamarse “El libro de los gatos sensatos de la vieja comadreja”, ya que “possum” significa “comadreja. Escrito por T.S. Eliot, ha sido traducido varias veces al español y reeditado en un sinfín de ocasiones, sobre todo en inglés, pero también en muchos otros idiomas.

Año 1939

Se trata de una colección de quince poemas dedicados a unos gatos muy especiales con nombres aún más especiales, como Skimbleshanks, el viejo Deuterenomio (casi el único que puede traducirse) o el famosísimo y misterioso MaCavity, publicada por primera en 1939. Según cuenta su segunda esposa, Valerie Eliot, el poeta escogió el nombre de “Old Possum” (Vieja comadreja) a principios de los años treinta para hablar de gatos con sus ahijados Tom Faber y Alison Tandy.

Valerie Eliot y Andrew Lloyd Webber

En una carta a Tom fechada en 1931 le hablaba de un gato llamado Jellylorum empeñado en ser útil, pero tan diminuto que podía sentarse en la oreja de T.S Eliot. Tom solo tenía cuatro años cuando el escritor sugirió que “todos los perros Pollicle y los gatos Jellicle deberían ser invitados con flauta y pífano y violín y tamborín a la fiesta de cumpleaños de Thomas Erle Faber”, de la famosa editorial Faber & Faber, su editor.

Año 1999

El poeta mencionó a los gatos en otros escritos. Por ejemplo, en el famoso “Canto de amor de J. Alfred Prufrock”, compara la niebla de Saint Louis a un gato al decir que  “la niebla amarilla se frota la espalda en la ventana, / el humo amarillo se frota la nariz contra la ventana, da un lametazo a las esquinas de la noche, / se detiene en los charcos de los desagües, / deja que caiga en su espalda el hollín de las chimeneas, / pasa por la terraza, da un salto, / y viendo que es una suave noche de octubre, / se hace un ovillo en casa y se duerme”.

Axel Scheffler

Tom y Alison recibieron “Dar un nombre a un gato” en 1936. “The Rum Tum Tugger” llegó a manos de Alison en octubre de 1936. Un año después, T.S. Eliot escribió a su ahijada Alison: “Hace algún tiempo mencioné en una carta que tenía intención de escribir un poema acerca de dos gatos llamados Mungojerrie y Rumpelteazer, y aquí está. Puede que no te guste porque esos dos gatos son aún peores de lo que esperaba”. El miércoles de cenizas de 1938 le dijo: “Intento escribir un poema acerca de un gato ferroviario; si lo consigo, te lo mandaré”. Así nació Skimbleshanks.

Axel Scheffler

Faber & Faber anunció la colección de poemas en el catálogo de primavera de 1936, pero el poeta no estaba convencido. Pasaron otros tres años para que, según el editor, “creciera la percepción de que sería de mala educación meter a gatos en el mismo paquete con perros”. T.S. Eliot limitó los poemas a gatos. El libro se publicó el 5 de octubre de 1939 en 3.005 ejemplares con dibujos del propio autor en la portada y la contraportada. Tenía miedo de que no se vendieran bien, pero el director de ventas no tardó en apaciguar sus temores.

Axel Scheffler

Hoy en día, el libro se ha convertido en un clásico y los poemas han servido de base al famosísimo musical “Cats”, con música de Andrew Lloyd Weber. Estrenado en Londres en 1981, permaneció en cartel veintiún años con casi 9.000 representaciones. En Broadway se representó diecinueve años consecutivos. En diciembre de 2019 se estrenará la adaptación cinematográfica dirigida por Tom Hooper.

Año 2009

Parece ser que siempre que no se sentía bien o padecía de insomnio, T.S. Eliot murmuraba algún verso de gatos.

Axel Scheffler

En 2009, la editorial Faber & Faber encargó los dibujos de la edición conmemorativa del septuagésimo aniversario del libro y del octogésimo de la editorial a Axel Scheffler. Nacido en 1957 en Hamburgo, se trasladó a Inglaterra a los 25 años y estudió en la Academia de Arte de Bath, donde se licenció en 1985. Ha ilustrado libros infantiles de autores ingleses, alemanes y holandeses.

Año 2012

En 1982, Edward Gorey, gran amante de los gatos (https://gatosyrespeto.org/2014/09/13/las-ilustraciones-de-edward-gorey/), ilustró “Old Possum’s Book of Practical Cats” con magníficos dibujos. Faber & Faber reeditó el libro en 2015.

Año 1982, ilustración de Edward Gorey

Edward Gorey

Thomas Stearns Eliot nació en Saint Louis, Misuri, en 1888. Estudió en Harvard, en la Sorbona de París y en el Merton College de Oxford. Se instaló en Inglaterra en 1915, y ese mismo año se casó con Vivienne Haigh-Wood y conoció a Ezra Pound, que se convirtió en su gran amigo.

Edward Gorey

Edward Gorey

Empezó a trabajar en el Banco Lloyds en 1917. El libro “Poemas” fue impreso manualmente por Leonard y Virginia Woolf en 1920, y su obra más famosa, “La tierra baldía”, se publicó en 1922, el mismo año que el “Ulises”, de James Joyce. Dejó el banco para ocupar un puesto de director en la editorial Faber & Gwyer, posteriormente Faber & Faber. En 1927 se convirtió al anglicanismo y obtuvo la nacionalidad británica.

T.S. Eliot delante de la editorial Faber & Gwyer (1936)

El 10 de enero de 1957, con 68 años, se casó con Esmé Valerie Fletcher, de 30 años, su secretaria desde agosto de 1949. La boda se celebró a las 6:15 de la mañana, en total secreto, y solo asistieron los padres de la novia. A principios de los sesenta, mientras trabajaba como editor en la Wesleyan University Press buscando a nuevos poetas europeos, su salud empeoró. Falleció el 4 de enero de 1965 a los 76 años. Fue galardonado con la Orden del Mérito en enero de 1948 y con el Premio Nobel de Literatura en otoño de ese mismo año.

Edward Gorey

Hablando de gatos, dijo: “Cuando uno es adoptado por un gato, y no soy nada supersticioso, no me refiero solo a los gatos negros, no hay absolutamente nada que hacer. Solo aguantarse y esperar que cambie el viento”.

Axel Scheffler


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Sid, el gato que comía seis veces

La historia empieza así: “Sid vivía en el número uno de la calle Aristóteles. También vivía en el número dos, en el número tres, en el número cuatro, en el número cinco y en el número seis…” Sid había descubierto el truco perfecto para comer seis veces al día porque nadie vecino hablaba con los demás en la calle y todos estaban convencidos de que Sid era únicamente suyo. Pero la vida tampoco era tan fácil, debía acordarse de sus seis nombres, que nada tenían que ver con Sid, y comportarse de acuerdo con el carácter de cada nombre. Eso sí, a cambio comía seis platos diferentes: pollo en una casa, pescado en la segunda, cordero en la tercera, carne picada en la cuarta, pescado de nuevo en la quinta y guiso de carne y riñones en la sexta. Encima, tenía seis camas donde echarse la siesta.

La calle Aristóteles

Todo iba de maravilla hasta que el gato glotón pilló un catarro; sus seis “dueños” le llevaron al veterinario y se descubrió el pastel. Sid ya solo tuvo un cuenco diario. Pero era un gato muy listo, dobló la esquina y se trasladó a la plazoleta Pitágoras, donde todos los vecinos se conocían. Y como hablaban entre sí, entendieron que Sid era un gato de seis cenas diarias.

Sid pilló un resfriado

Sid fue al veterinario seis veces

“Six Dinner Sid” es un cuento muy corto escrito e ilustrado por Inga Moore en 1990. Ganó el Premio Smarties de ese mismo año y ha sido traducido a varios idiomas. La editorial Vicens-Vives lo publicó en castellano en 2003 con el título “Sixto seis cenas”, y el gato ya no vive en la calle Aristóteles, sino en la calle Mambrú. Suponemos que las historias deben adaptarse, aunque Sid es un gato británico de cabo a rabo. Se nota a la legua. Tanto la calle Aristóteles como la plazoleta Pitágoras son de lo más británicas.

Sis vivía en el 1 de la calle Aristóteles

Inga Moore ha escrito otros libros infantiles acerca de gatos, uno de ellos es la secuela de esta primera historia. Sid se va a las Tierras Altas de Escocia con sus seis dueños, que han alquilado seis cabañas vecinas. Allí traba amistad con un gato salvaje escocés llamado Jock y vive una extraña aventura. Esta historia no está traducida al castellano y se titula “Six Dinner Sid – A Highland Adventure” (Sid seis cenas – Una aventura en las Tierras Altas).

Sid en Escocia

El tercero, “Captain Cat”, está protagonizado por un capitán loco por los gatos que surca los mares con un barco lleno de ellos. Un día decide jubilarse y recorrer con sus queridos felinos  los lugares con que siempre ha soñado. La reina de una lejana isla descubre a los gatos y se alegra muchísimo porque nunca había visto uno. Manda preparar un ágape en su honor, pero aparece una horda de ratas hambrientas. Por suerte, los amigos del capitán las echan. La reina le pide que le regale los gatos a cambio de un tesoro por descubrir. “Captain Cat” tampoco está traducido al castellano.

La autora e ilustradora Inga Moore nació en Sussex, pero se trasladó con sus padres a Australia en 1952 cuando solo tenía ocho años y no regresó hasta transcurridos casi 30 años, en 1981. De niña siempre dibujaba; no solo ilustraba sus propios cuentos, sino también los márgenes de los libros escolares, los deberes, incluso los exámenes. En una ocasión, el profesor de latín le dijo: “Si dejas de hacer estos estúpidos dibujos, quizá consigas algo en la vida”. Dejó de dibujar durante mucho tiempo y todavía le pesa no haber estudiado Arte. Durante años se ganó la vida en diferentes trabajos, todos muy aburridos, en sus propias palabras, hasta redescubrir su pasión por el dibujo mientras realizaba mapas para una empresa dedicada a las aguas freáticas.

Tuvo la oportunidad de ilustrar el libro “Father Christmas”, de Raymond Briggs, en 1973, y descubrió que “ilustrar un cuento era una de las cosas más bonitas a las que podía aspirarse”. Unos años después, atraída por sus recuerdos de infancia, decidió regresar a Inglaterra. Londres le pareció “sucio y pesado”, pero Hampstead, un barrio a unos seis kilómetros del centro y hogar de un inmenso parque, era “factible”. Allí siguió ilustrando libros de otros autores y los suyos. Llegó la crisis financiera de los noventa y se vio obligada a terminar el premiado “Six Dinner Sid” en solo seis meses.

Pero cuando el banco le embargó el piso, decidió dejar Londres y encontró otro de grandes dimensiones en Gloucestershire, en el suroeste del país. Allí es donde ilustró la famosa novela de Kenneth Grahame “El viento en los sauces”, publicada por primera vez en 1908. Se han vendido más de un millón y medio de ejemplares de la versión con sus ilustraciones desde 2003.

En japonés

Inga Moore es la autora de dieciocho libros infantiles y ha ilustrado varios de otros autores.

Inga Moore

Para volver a Sid, el gato glotón que no sabe vivir sin comer seis veces al día, nos preguntamos por qué los vecinos de la calle Aristóteles querían racionarle las cenas y los habitantes de la plazoleta Pitágoras estaban más que dispuestos a que comiera cuantas veces quisiera. ¿Tendrá algo que ver con las Letras y las Ciencias? Aristóteles, filósofo; Pitágoras, matemático. Sea lo que sea, creemos que “Six Dinner Sid” es un cuento perfecto para niños y adultos.

Dedicamos esta entrada a dos niñas amigas nuestras, Maddi (pronunciado Mayi) y Maialen.


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El gato Pard y la escritora Ursula K. Le Guin

En 1969, Ursula K. Le Guin publicó la novela “La mano izquierda de la oscuridad” sobre un extraño planeta, Gueden, habitado por seres andróginos cuyo sexo cambia según la influencia feromonal del compañero sexual, algo totalmente inaudito en la época. Nadie había osado plantear un mundo sin un sexo dominante donde realmente ambos fuesen iguales. Además, como dijo Margaret Atwood en la necrológica que escribió para el Guardian en enero pasado después del fallecimiento de Ursula K. Le Guin: “Parece que por fin el tiempo ha alcanzado a la novela. El planeta Gueden está dividido en dos. Por una parte, una sociedad con un rey loco. Abundan las camarillas y las rencillas. Un día se está en el círculo íntimo y al siguiente, la persona se ve condenada al exilio. Y en la otra parte, la sociedad se basa en una poderosa burocracia gobernada por un comité secreto. Si a alguien se le considera un peligro para el bien general, se le encarcela en un sito alejado sin juicio ni defensa posible”. Hace casi 50 años, Ursula K. Le Guin predijo, a grandes rasgos, el mundo actual.

Pard y las peonias

En la barandilla

La escritora falleció el 22 de enero de 2018 en su casa de Portland, Oregón, donde vivía con su marido Charles, al que conoció a bordo del Queen Mary camino de Francia y con quien se casó unos meses después en 1953, y con Pard, su gato blanco y negro. En 2016, el New York Times la describió como “la mejor escritora viva de ciencia ficción”. Ella contestó que preferiría ser conocida sencillamente como “una novelista estadounidense”.

En casa

Sus novelas de ciencia ficción hablan de brujería y dragones, naves estelares y conflictos planetarios, pero incluso cuando los protagonistas son hombres, evitan la habitual postura machista de los héroes de fantasía. Viven conflictos enraizados en enfrentamientos culturales que suelen resolverse mediante la conciliación y el sacrificio, y no las batallas y las armas.

Vista trasera

Traducidos a más de 40 idiomas, se han vendido millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo. Además de veintidós novelas, escribió doce colecciones de poemas, más de cien historias cortas recogidas en un sinfín de volúmenes, siete libros de ensayos y trece libros infantiles. Tradujo cinco libros, entre los que mencionaremos el Tao Te Ching, de Lao Tzu, y una serie de poemas de la Premio Nobel Gabriela Mistral.

En la biblioteca

Nació el 21 de octubre de 1929 en Berkeley, California. Era la hija de Alfred L. Kroeber, un antropólogo dedicado al estudio de los indios californianos, y de Theodora Kracaw Kroeber, autora del libro “Ishi in Two Worlds” (Ishi en dos mundos), acerca de la vida y muerte del último indio californiano libre. Se sintió atraída desde muy joven por la ciencia ficción, pero dejó de interesarle siendo adolescente porque “las historias siempre trataban de armas y soldados: hombres blancos que salían a conquistar el universo”.

Se licenció en el Radcliffe College en 1951, y un año después obtuvo un máster en Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Columbia. Poco después le concedieron una beca Fullbright para estudiar en París.

Antes de Pard, con Lorenzo

En 2010 empezó un blog (http://www.ursulakleguin.com/Blog-Index.html) cuya última entrada es un poema escrito en 1991 “cuando la Unión Soviética se estaba desintegrando”. Y dentro de este blog están los anales de Pard, un gato vestido con un impecable esmoquin. En la penúltima entrada, titulada “Pard y la máquina del tiempo”, explica que su gato ha descubierto por fin la verdadera utilidad del escáner: el lugar perfecto para echarse la siesta. Porque, como dice la escritora, los gatos no necesitan una máquina para viajar en el tiempo, un momento están aquí con nosotros, y al siguiente ya no, aunque la transición suele ser imperceptible.

Pard y la máquina del tiempo

Además de los anales de Pard, el blog también incluye varias entradas tituladas “Mi vida hasta ahora, por Pard”, en las que el gato blanco y negro cuenta su vida empezando por la infancia con su madre y su hermana. Dado que el primer capítulo apareció en 2012, es muy probable que Pard llegara a la casa de los Le Guin entonces y que ahora ronde los seis años.

Pard y la jungla de la ventana

Pard cuenta que era feliz con su madre y su hermana, que había croquetas en el bol y que sabían bien, que los humanos comían cosas raras y que su madre intentaba cazar las cosas raras, lo que daba lugar a situaciones desagradables. Otra cosa que considera desagradable son los abrazos, aunque se den con la mejor intención. Luego, Pard es metido en una caja que huele a miedo y llevado a otro lugar, un lugar horrible lleno de gatos donde “pierde las pelotas”. Recuerda que tenía dos y que un día ya no tuvo ninguna. Más tarde le llevaron a otra casa, y tardó algún tiempo en acostumbrarse al viejo Gato y a la vieja Reina (Charles y Ursula Le Guin).

En la fuente

Incluimos un párrafo escrito por Pard: “Esconderse debajo de la cama no es lo mejor cuando uno padece de ansiedad, pero no es un mal lugar para ser temporalmente invisible cuando se está atento a pies desconocidos, máquinas sumamente ruidosas, etcétera. O también cuando me gritan porque me he estirado y ejercitado mis uñas en la colcha, a pesar de que es obvio que para eso mismo están las colchas”.

Pard debajo de la cama

Y sus impresiones cuando llegó a la casa de los Le Guin: “Al principio no me fiaba del viejo, pero mis miedos carecían de fundamento. Cuando se sienta, tiene una cualidad excelente llamada regazo. Los otros humanos también lo tienen, pero el suyo es mío. Está lleno de tranquilidad y afecto”. Y hablando de Ursula, dice: “Lo que me gusta de ella es poder colocarme detrás de sus rodillas en la cama, o también encima de su cabeza coronada por una especie de pelaje que me recuerda a mi madre. Así que, a veces, me tumbo en la almohada y se lo amaso, sobre todo cuando está dormida”.

A través del espejo

Sueños de gato

Entre los libros infantiles que escribió Ursula K. Le Guin está la serie “Catwings”, donde aparece una camada de cuatro gatos que nacieron con alas, y el maravilloso “Cat Dreams”, que solo puede conseguirse de segunda mano, ambos con espléndidas ilustraciones de S.D. Schindler.

Ilustración de S.D. Schindler

Esta entrada es para ti, Yolanda Rodríguez Villegas, gran amante de los gatos y gran defensora de los derechos de la mujer. Gracias.

Con Lorenzo (1996)


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Gato (Cat), el personaje de Bernard “Hap” Kliban

Según el humorista gráfico Bernard Kliban “un gato es un animal muy agradable al que se confunde a menudo con un pastel de carne”. El pastel de carne puede describirse casi como el plato rey en los hogares estadounidenses, pero de ahí a compararlo a un gato… Sin embargo, si nos fijamos en las viñetas del artista no es sorprendente que dijera eso. Su humor era sarcástico, irónico, surrealista e inesperado. Y como los gatos, era un hombre muy agradable, al que no le gustaba hablar con los periodistas ni que le fotografiaran; y como a muchos gatos, había que convencerle de que saliera de detrás de la nevera cuando un extraño llegaba a su casa.

Siempre dibujó gatos atigrados y saltó a la fama en 1975 con su primer libro de viñetas, “Cat”, poblado por gatos rayados con zapatos demasiado grandes, una gata madre que guarda a su progenitura en una bolsa como un marsupial, o un gato tocando la guitarra y cantando: “Me encanta comer ratoncitos, / a los ratoncitos me encanta comerlos. /Primero muerdo la cabecita, / luego mordisqueo los piececitos”.

Lo más curioso es que Kliban no fue un gran amante de los gatos hasta principios de los años setenta. Él mismo contaba que, de pequeño y adolescente, era totalmente alérgico al pelo de gato y que casi se ahoga en un coche con un amigo que llevaba a su gato al veterinario. Un buen día, su primera esposa llevó a Noko Marie a casa y no pasó nada, no estornudó, no se ahogó. Noko Marie se quedó, y poco después apareció Burton Rustle, un macho sin esterilizar. Como era de esperar, tuvieron gatitos.

Con al menos cuatro gatos en la casa, no le quedó más remedio que dibujarlos. En una entrevista que dio al New York Times en 1978 dijo: “Todos mis gatos son atigrados, así que empecé a dibujar gatos rayados. En cinco años habré dibujado más de 300 kilómetros de rayas”.

Todos los que tenemos gatos sabemos que son elegantes, pero también tienen cierta tendencia a adoptar posturas ridículas, a meter medio cuerpo en una bolsa y creer que nadie les ve, a dormirse en el respaldo del sofá con la cabeza colgando, pero solo alguien con algo de gato dentro podría dibujarlos como hizo Bernard Kliban. Sus gatos nunca fueron monos ni sentimentales; al contrario, eran desternillantes, en muchas ocasiones tremendamente ingenuos y a veces, solo a veces, tenían un toque malévolo.

Antes de dibujar gatos, hacía retratos y trabajaba en cualquier cosa para llegar a fin de mes. Un día vendió seis viñetas a la revista Playboy por 25 dólares cada una que no tenían nada que ver con gatos. Meses después, Michelle Urry, la editora de viñetas de Playboy y gran amante de los gatos, fue a su casa para ver sus dibujos y descubrió al personaje llamado “Cat”. Ella le presentó a un agente que a su vez habló con Workman Publishing, una pequeña editorial que no dudó en publicar el libro “Cat”. En solo un año se vendieron 450.000 ejemplares. En 1977 se vendieron 90.000 ejemplares del calendario de Cat y en 1978, 250.000. Poco después aparecieron tazas, camisetas, tarjetas…

Bernard Kliban dibujaba gatos cuando no le venía la inspiración, pero nunca pensó que se haría rico con ellos. A mediados de los ochenta del siglo pasado, la marca había generado unos 50 millones de dólares, algo que le costaba creer. Era un hombre de gustos sencillos que solía llevar vaqueros, camisetas y sandalias, y no daba importancia a las posesiones.

Trabajó durante años para Playboy, en una época en que se aclamaba a los viñetistas del New Yorker y la revista de Hugh Hefner era más conocida por sus fotografías. Había publicado en el New Yorker e incluso en Punch al principio de su carrera, pero parece ser que disfrutaba de mayor libertad en Playboy, donde podía meterse con lo que le apetecía y hacer gala de su humor mordaz, conmovedor y, en ocasiones, realmente particular.

Nació el 1 de enero de 1935 en Norwalk, Connecticut. Aunque su nombre era Bernard, no le gustaba nada y desde pequeño sus padres le llamaron “Hap”, de “happy”, por haber llegado al mundo el día de Año Nuevo. Nunca se adaptó al instituto y dejó los estudios para trabajar antes de mudarse a California en 1959. Colaboró con Playboy desde 1962 hasta su muerte y publicó nueve libros de viñetas después de “Cat”, pero en ninguno había dibujos de gatos. Su gran ídolo era el dibujante Saul Steinberg, un caricaturista rumano emigrado a Estados Unidos que también dibujaba gatos y sobre el que pronto publicaremos una entrada.

Se casó en dos ocasiones, y su primera mujer, al divorciarse de él, se quedó con los mencionados Burton Rustle y Noko Marie, apodada “La serpiente”. Según él, era una gata lista como pocas y demasiado independiente para servirle de modelo. Hap Kliban falleció de una embolia pulmonar el 12 de agosto de 1990 a los 55 años.

Dedicamos esta entrada a Elena “Muti” Gabriel, que sabrá entender el humor de Hap Kliban y que no sabría vivir sin gatos en su casa.