Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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El gato Erik the Red, del CSS Acadia

El CSS Acadia, un barco de vapor científico canadiense, fue retirado en 1969 después de 56 años de servicio y nombrado “lugar histórico” en 1976. Su botadura tuvo lugar en 1913, en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra, como la primera embarcación diseñada especialmente para vigilar las aguas del norte de Canadá. Después de su jubilación, se quedó amarrado en el Instituto Bedford de Oceanografía en Dartmouth, Nueva Escocia. Muchos exmiembros de la tripulación se ofrecieron para ocuparse de su mantenimiento y enseñarlo a curiosos hasta 1981, año en que recorrió la corta distancia que lo separaba del muelle que hay detrás del Museo Marítimo del Atlántico, en Halifax, para entrar a formar parte de la colección permanente del Museo.

Desde entonces, el Acadia ha albergado a cuatro oficiales controladores de roedores. El último de estos fue el muy querido Erik The Red.

Erik y Stephen Read

Como puede verse en las fotos, Erik era un gato pelirrojo, y Stephen Read, el encargado del barco, decidió llamarle Erik “El rojo” en honor al famoso vikingo. Según Read, una noche de 1999 volvía andando al barco y se dio cuenta de que le seguía un gato adulto, aunque joven. Hacía poco que Clare, la oficial encargada de roedores, se había jubilado y Erik ocupó su puesto inmediatamente. Al contrario de su antecesora, que no sentía una gran pasión por el trabajo, Erik se lanzó a la tarea y no tardó en tener el barco perfectamente controlado.

Era un gato amable que no solo patrullaba el Acadia, sino las tiendas y restaurantes del muelle. Se ganó la simpatía de todos, hasta el punto de que algunas personas le ofrecían jerséis para los duros inviernos de Nueva Escocia y el personal del Museo estaba convencido de que todo el mundo le daba de comer. No solo se hizo muy popular en el barrio, sino en toda la ciudad, en la provincia, y gracias a los medios sociales, en todo el mundo.

Stephen Read, que se encargó del Acadia desde su traslado a Halifax en 1981, dijo en una entrevista hace algunos años: “Es mi amigo y mi respetado compañero. He trabajado con tres oficiales controladores antes, pero Erik es el más eficiente de todos”. Parece ser que le llevaba “regalos” regularmente y los depositaba en sus botas mientras dormía.

Erik se jubiló oficialmente el 20 de septiembre de 2015, después de casi 16 años de servicio, aunque ya vivía desde hacía más de un año en casa de Stephen Read, que también se había retirado unos meses antes y solo pasaba unas horas a bordo del Acadia. El Museo decidió ofrecerle una fiesta, y pidió a los vecinos y visitantes habituales que escribiesen algo acerca de Erik. Una vecina dijo que Erik la había acompañado durante años camino del trabajo y que a menudo parecía esperarla cuando regresaba a su casa.

Durante su estancia en el Acadia, Erik sufrió tres intentos de secuestro que no llegaron a más gracias al personal del Museo y a los vecinos. También hubo que quitarle el ojo izquierdo por culpa de un melanoma.

Ya en casa de Stephen Read, el domingo 3 de agosto de 2015, Erik desapareció, y se colgaron carteles en todo el barrio. Siempre llevaba una medalla en forma de estrella colgada del collar con el número de teléfono del Museo en una cara y la frase siguiente en la otra: “Sé ir a casa, por favor, déjeme en el suelo”.

Tenía un problema de tiroides, solo podía comer cierto tipo de comida y debía tomar medicación dos veces al día. Por fin, el martes, Stephen Read recibió un sms de una vecina, Erik estaba en su casa. Según la niña, Erik no llevaba collar cuando lo encontró. Por suerte, la madre vio las noticias locales y se dio cuenta de que podía ser el gato al que todos buscaban.

Al parecer, Erik estaba como siempre hasta hace muy poco, cuando empezó a andar con dificultades. Stephen Read dice que todo ocurrió muy deprisa y Erik falleció a principios de agosto. Además de un libro de condolencias a la entrada del Museo y de una pequeña ceremonia, las cenizas de Erik se tirarán al mar, más allá de la isla McNabs, como se hizo con sus tres predecesores.

El Museo se despidió de él con estas palabras: “Erik fue el último de cuatro controladores de roedores que sirvieron con orgullo a bordo de este barco. Bien hecho, buen y fiel marinero, ve con Dios”.

Y para acabar, un breve poema de Carl Sandburg:

La niebla llega                                    The fog comes

con pasos de gato.                             on little cat feet.

Se sienta mirando                              It sits looking

el puerto y la ciudad                          over harbor and city

sobre patas silenciosas                       on silent haunches

antes de seguir adelante.                    and then moves on.

 

Nota final: También nos hemos enterado de que Stubbs, el gato que logró ser alcalde de Talkeena, Alaska (https://gatosyrespeto.org/2014/07/07/stubbs-un-gato-alcalde-en-alaska/), falleció el 21 de julio pasado. Que la tierra te sea leve.

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“Yo + gato” y “Gato sin mí”, de Wanda Wulz

Wanda con gato desconocido

En 1932, la fotógrafa Wanda Wulz superpuso dos imágenes, la suya y la de su gata blanca y negra Mucincina. El resultado fue una increíble fotografía que tituló “Yo + gato” en la que ambas se funden hasta formar una auténtica “cat woman” como no se había visto nunca ni ha vuelto a verse. Creemos que para tener esta idea, Wanda Wulz debía amar profundamente a los gatos.

Yo + gato

También incluimos dos retratos, de la fotógrafa y de la gata, titulados “Autorretrato” y “Gato sin mí”, con los que consiguió un resultado final que requería un gran conocimiento técnico.

Gato sin mí

 

Autorretrato

Nació en Trieste en 1903 – la ciudad pertenecía entonces al Imperio austrohúngaro -, hija de Carlo y nieta de Giuseppe, dos famosos retratistas de la época cuyo estudio había sido fundado en 1883.

Con Plunci

 

Anna Maria Baldussi con el gato Pippo

Nada más nacer, Wanda se convirtió en el objetivo de la cámara de su padre, y un par de años después, con la llegada de su hermana Marion, las dos fueron las modelos favoritas de la familia. Su relación con la fotografía fue algo innato, primero delante de la cámara y luego, en cuanto tuvieron edad suficiente, detrás de la cámara y revelando.

Las hermanas Wulz

 

Pippo en palangana

A la muerte de su padre Carlo en 1928, las dos hermanas se hicieron cargo del estudio y siguieron con la tradición familiar: retratos, paisajes y encargos de fábricas y empresas instaladas en la entonces boyante ciudad. A pesar de que Marion se inclinaba más por la pintura, como lo demuestran las acuarelas y óleos suyos que se han conservado, no tuvo inconveniente en echar una mano a su hermana, sobre todo en lo que mejor se le daba: retocar fotografías en el cuarto oscuro.

Pippo jugando (1930)

Wanda fue el único miembro de la familia que intentó buscar un estilo propio. Fascinada por el dinamismo fotográfico de los hermanos Bragaglia, empezó a experimentar con fotomontajes y acabó creando imágenes de gran dinamismo y calidad.

Wanda adolescente con gato, fotografiada por Carlo

En 1932 participó en una exposición de arte futurista en Trieste donde conoció al famoso ideólogo del futurismo y editor Filippo Tommaso Marinetti, que la alentó a seguir experimentando y la ayudó a exponer en otras ciudades. A partir de entonces y hasta finales de los años treinta se dedicó a la fotografía vanguardista mezclando diversas técnicas y obteniendo resultados sorprendentes, convirtiéndose en la única fotógrafa italiana de la época de renombre internacional.

Wanda bebé, fotografiada por su padre

Un poco antes de la II Guerra Mundial abandonó la experimentación para dedicarse únicamente a la fotografía clásica, pero no ha quedado constancia del motivo de esta decisión, sobre todo porque su obra era muy conocida. ¿Pensó que el auge del fascismo en Italia podría acarrearle problemas si seguía en el camino vanguardista? Continuó trabajando con Marion hasta el año 1981, cuando cerraron el estudio y entregaron su enorme archivo fotográfico al Museo Nacional de Fotografía de los hermanos Alinari.

Wanda con Plunci

Wanda y Marion pertenecían a una auténtica dinastía de fotógrafos que desapareció con ellas. Y tenían gatos, como lo demuestran algunas fotografías. Además de Mucincina, cuya foto ha recorrido el mundo, estaban Pippo y Plunci. Pero hay muy poca información documentada acerca de las dos hermanas y de su vida, aparte de generalidades. Se sabe que Wanda nunca se casó y que falleció cuatro años después de que cerraran el estudio. Pero ¿y Marion? Si se casó, no tuvo hijos, ya que todo el legado fotográfico fue donado a los hermanos Alinari.

Sin embargo, la documentación gráfica suple ampliamente la carencia de documentos escritos. Como hemos dicho antes, las dos hermanas fueron fotografiadas por su padre desde su más tierna edad. Carlo documentó regularmente la vida de sus dos guapísimas hijas, empezando con la foto de Wanda en un cesto con el cartel “Paquete de cinco kilos”. Siguió fotografiándolas a medida que crecían, y aquí es donde encontramos la primera foto de Wanda adolescente con un gato blanco y negro. Hemos intentado descubrir si es la gata Mucincina que usó para el famoso retrato “Yo + gato”. Es posible que fotografiara a Mucincina años antes de crear la superposición.

Wanda y Marion

Hemos incluido algunas imágenes de Marion y Wanda, aunque no estén fotografiadas con gatos, sencillamente porque nos parecen muy bellas.

Pero pasando ya a los documentos gráficos gatunos, hay dos fotos de Wanda con un gato gris llamado Plunci, quizá hechas por Marion. Una foto realizada en los años cincuenta muestra a Ana Maria Baldussi con Pippo en brazos. Pippo también está fotografiado jugando y en una palangana. Está claro que Pippo vivió en casa con las dos hermanas. En otra foto se ve a Wanda con un gato desconocido, pero algo nos dice que quizá no sea ella. No hemos encontrado un fuente fidedigna con referencia a esta foto.


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Warbird Bob, el gato al que le gustaban los aviones

Es posible que Warbird Bob, como le llamaban, no fuera muy conocido, aunque llegó a tener una página web que dejó de “estar viva” en 2013, pero creemos que merece dedicarle una entrada. Conocimos su existencia casualmente gracias al Facebook de “Purr ‘n’ Fur” (http://www.purr-n-fur.org.uk/index.html), una magnífica web británica sobre gatos. La recomendamos. El 17 de junio anunció que Warbird Bob había fallecido. Al ignorar quién era el gato Bob, entramos en el artículo de su web y nos enteramos de que se trataba de un gato que vivió en los hangares y oficinas de American Aero Services, una empresa dedicada sobre todo a la restauración y mantenimiento de aviones procedentes de la II Guerra Mundial a los que se conoce con el popular nombre de “Warbirds” (Pájaros de guerra).

Buscamos en Internet, pero fuimos incapaces de encontrar más información que la aportada por “Purr ‘n’ Fur”. Efectivamente, la página creada por un miembro del personal de American Aero Services en honor a Bob ya no existe, pero la mayoría de las fotos reproducidas aquí están en Internet Archive.

Ante esta falta de información, pedimos permiso a la web británica para traducir su artículo, lo que nos concedieron con inmediata generosidad. Así que, ¡muchas gracias, Purr ‘n’ Fur! Thanks a million, Purr ‘n’ Fur!  Eso sí, la revista gratuita “Gulf Coast Computing” le dedicó la portada del número de julio de 2004.

 

Y ahora, la historia de Warbird Bob:

Un buen día de noviembre de 1997 un bonito y joven gato atigrado apareció en el hangar de American Aero poco después de que un bombardero Boeing B-17 entrara para el mantenimiento anual. Después de comer y beber, se dedicó a inspeccionar uno a uno a todos los humanos y a los aviones, pero no tardó en quedar claro que el B-17 era su favorito. Es posible que llegara como polizón en el avión, ya que parecía conocerlo a fondo, hasta el rincón más escondido. Viniese de donde viniese, le gustó el hangar y decidió quedarse. Acabó llamándose “The Hangar Cat”, es decir “El gato del hangar”, un nombre no muy imaginativo. Ese último comentario lo hemos añadido nosotros.

Comprobaba a fondo cada uno de los aviones que llegaba, metiéndose en los lugares más inverosímiles. En más de una ocasión, un mecánico alumbraba con una linterna el interior de una escotilla de inspección y se encontraba con dos ojos brillantes observándole, o metía la mano en un rincón de lo más inaccesible y una suave pata le daba un golpecito o le agarraba. Los técnicos reconocen que, al principio, se llevaron unos cuantos sustos.

Pasó el tiempo y, un día, el Gato del Hangar llegó maullando de dolor, con la cola destrozada. Puede que se acercara demasiado a una correa de ventilador y se quedara atrapado. Fue llevado a toda prisa al veterinario, de donde regresó unos días después con mucho menos rabo. Inmediatamente, el personal decidió llamarle “Bob”, supuestamente por “bobtail” (cola corta). Los mecánicos se dieron cuenta de que sentía una clara preferencia por los aviones de guerra, los “warbirds”, en comparación a los civiles, y empezaron a llamarle “Warbird Bob”.

Bob tuvo otro percance por culpa de una familia de ardillas que vivía al otro lado de la calle. Sabía perfectamente que debía quedarse en el hangar o en las oficinas, y que debía evitar la calle. Pero las ardillas se burlaban de él, corriendo por la acera antes de cruzar a toda velocidad y subirse a un árbol. Un día no pudo resistirse, las siguió y le pilló un coche. Volvieron a llevarle corriendo al veterinario. Esta vez tenía las dos patas traseras rotas y estuvo varias semanas enyesado, pero se recuperó y volvió a su rutina habitual.

Pasó el tiempo y ocurrió algo curioso: Bob empezó a comportarse como si los Warbirds fueran suyos, sobre todo con un mecánico al que no dejaba acercarse a los aviones. En una ocasión, el pobre fue perseguido por el hangar y acabó subido a una escalera con Bob gruñendo y escupiendo abajo. Todos lo consideraron una divertida anécdota, pero les preocupó que pudiera arañar a un cliente si consideraba que se acercaba demasiado a “su” avión. No quedó más remedio que jubilar a Warbird Bob y trasladarle a la casa de uno de los mecánicos, ¿Kent Jeffrey, quizá?

En 2013, con 17 años, seguía muy feliz en su casa con otros cuatro gatos más jóvenes a los que protegía. Se había convertido en un gato amable que dormía en la cama de sus humanos. Estos estaban convencidos de que su comportamiento agresivo se debió probablemente al estrés causado por el ruido y el movimiento de los aviones en el enorme hangar.

Cojeaba ligeramente por el atropello y tenía diabetes, pero estaba bajo control. Aparte de eso, disfrutaba de buena salud y pasaba mucho tiempo al lado de la piscina, donde tenía una tumbona reservada para él.

En septiembre de 2016 llegaron más noticias. Seguía con diabetes; sin embargo, en vez de inyecciones, un veterinario había recomendado añadir insulina a la comida y le iba muy bien. Aún le gustaba ocupar su tumbona para ver pasar los aviones.

Warbird Bob ya no mira ni escucha los aviones. Tuvo dos accidentes graves y era diabético, pero vivió 20 años, una edad más que respetable.


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El gato en la mitología escandinava

Broche de bronce, Museo Nacional de Copenhague

El descubrimiento, en verano de 2010, de parte del esqueleto de un gato en una tumba pagana con fragmentos de un cráneo humano en Ingiríðarstaðir despertó la curiosidad de arqueólogos e historiadores. Hasta entonces no se había dado mucha importancia al gato en la vida religiosa y cotidiana de la zona escandinava.

Barco de Oseberg

Esqueleto parcial de gato encontrado en Ingiriarstair

Sin embargo, más de un siglo antes, en 1904, el arqueólogo noruego Haakon Shetelig y el arqueólogo sueco Gabriel Gustafson habían descubierto el famoso barco de Oseberg en la provincia de Vestfold, Noruega. La tumba, dedicada a dos mujeres, también contenía un carro ceremonial con el panel trasero decorado con numerosos gatos.

Enanos y gato, Islandia

Para redactar esta entrada nos hemos basado sobre todo en la interesantísima tesis de Brenda Prehal titulada “Freyja’s Cats: Perspectives on Recent Viking Age Finds in Þegjandadalur North Iceland” (Los gatos de Freya: Perspectivas de los recientes descubrimientos de la era vikinga realizados en þegjandadalur, en el norte de Islandia). La autora empieza diciendo que la importancia del gato en algunas culturas, como la egipcia, queda demostrada con creces, y piensa que su presencia en la mitología escandinava es más abundante de lo que pueda parecer a primera vista.

Efectivamente, sin buscar demasiado, hemos encontrado varios ejemplos de representaciones de gatos en broches y otros objetos de la época pagana escandinava.

La diosa Freya y su carro tirado por dos gatos machos

Aunque existen pruebas de que el gato ya convivía con el hombre desde el 4.000 a. C. (y se cree que incluso mucho antes), es muy posible que los escandinavos no entraran en contacto con este animal hasta las primeras incursiones de los barcos vikingos en las islas británicas, donde llevaba tiempo domesticado. En Suecia había sobrevivido una subespecie del gato salvaje a la era de la glaciación, lo que también podría indicar que ya estaba domesticado antes de la gran época vikinga. Personalmente, nos inclinamos más por esta explicación, sobre todo si tenemos en cuenta que se descubrieron restos de un gato doméstico en una tumba de Vestregotia, Suecia, del siglo II.

Objeto de bronce

Odín y gato

De ser así, la importancia del gato en Islandia y en Suecia no se habría basado en la necesidad de controlar a los roedores, ya que no aparecieron en estos países hasta una época mucho más reciente, probablemente en el siglo XVII. También se sabe que los escandinavos veneraban a los felinos desde hacía mucho, como lo demuestra el hallazgo en una tumba neolítica de huesos pintados de ocre pertenecientes a gatos salvajes.

Pero puede que la mayor prueba sea la diosa Freya, hermana de Frey, esposa de Odr, que siempre va acompañada de gatos. Se la describe montada en su carro tirado por dos gatos machos.

Carro de Oseberg

Carro de Oseberg

Los gatos del carro de Oseberg

La diosa pertenecía a los Vanir, la tribu de la fertilidad, y se la relaciona con la diosa germana Nerthus. Los ritos asociados a ambas tenían que ver con carros. En este caso, la fertilidad se refiere tanto a la procreación como a la tierra y a las cosechas, por eso se decía que “es especialmente amable y generosa con aquellos mortales que se acuerdan de colocar un cazo de leche en el campo de trigo para que sus gatos beban”.

Representación de un gato llorón del carro de Oseberg

Se piensa que el gato y el perro eran atributos de la nobleza, de las personas adineradas, como ocurrió al principio de la introducción del gato en Japón. Freya significa “señora”, lo que podía entenderse como “la que es rica”. Pero Freya tenía muchos atributos, no solo en el ámbito de lo domestico, la sexualidad femenina o la abundancia, también era señora de la magia. Ella es quien daba el seiðr a los dioses, la gran magia, convirtiendo a la mujer en poseedora de ese poder, y colocándose al mismo nivel que Odín. Podía cambiar de forma, era una hechicera y una adivina directamente relacionada con la muerte, compartía a los guerreros caídos en batalla con Odín, que se llevaba la mitad al Valhala, y Freya la otra mitad al Folkfangr.

En la Saga de Erik el Rojo se habla de la bruja llamada Thorbjorg, que lleva guantes de piel de gato y una capucha forrada con piel de gato que le confieren poderes mágicos.

Cabeza de gato en un trineo de Oseberg

Volviendo a la importantísima tumba de Oseberg, es muy probable que fuera la de una sacerdotisa o sacerdotisas dedicadas a Freya, lo que explicaría la gran cantidad de representaciones de gatos. Además del magnífico carro, también se encontraron tres trineos cuyos palos frontales están rematados con figuras de animales que presentan rasgos felinos.

No lejos de Oseberg, en Borre, también en la provincia de Vestfold, se descubrió otra nave enterrada en el suelo que corresponde a la época de la gran expansión vikinga, datada entre el 830 y el 975.

Anillo de bronce, estilo Borre

La tumba contiene numerosos objetos de bronce, muchos de ellos con representaciones de animales en el llamado estilo Borre, y entre ellos bastantes gatos con un aspecto característico: cara triangular, cejas marcadas, orejas redondeadas.

Tapiz del siglo XII – Museo de Historia, Estocolmo

Un ejemplo más de que el gato acompaña al ser humano en su día a día y en otros recorridos desde hace mucho tiempo.

 


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Muchos gatos y Agnès Varda

Agnes Varda y Zgougou de mayor

Los gatos de Agnès Varda son muchos y de todo tipo. Sabemos que Zgougou ocupó un lugar importante en su vida, pero se cruzó con muchos más. Por ejemplo, en su primera película, rodada en 1954, “La Pointe courte”, los gatos entran y salen de los planos, van y vienen a su antojo durante la filmación en el pequeño pueblo no lejos de Sète, en el mediterráneo francés, donde había vivido de adolescente.

Quizá con uno de los gatos de “La Pointe courte”

Nada parecía inclinar a Agnès Varda hacia el cine, pero algo la empujó a rodar “La Pointe courte” con poquísimo dinero, seis millones y medio de la época, o sea 65.000 francos nuevos a partir de 1958 y en euros algo menos de diez mil, cuando una película media en Francia costaba diez veces más.

Pero como dijo la propia Agnès Varda: “Teníamos diez veces menos dinero, pero diez veces más descaro”. Era su primera película, tenía 25 años y no estaba muy segura de sí misma: “Lo había previsto todo, imaginado cada plano, preparado todo con dibujos y fotografías. Los habitantes del pueblo estaban encantados y nos prestaron sus barcas, sus herramientas, a sus hijos y a sus gatos”. Efectivamente, los gatos hicieron de figurantes para la película, como lo demuestran los cuatro fotogramas que incluimos aquí. Casi nos atreveríamos a decir que la fotografía en la que se ve a la realizadora en primer plano y a un gato negro sentado al lado de una escalera corresponde a ese rodaje. Y antes de pasar a otros gatos, mencionaremos que el montador de la película fue Alain Resnais, que pasó meses ante la moviola sin cobrar.

Agnès Varda y Guillaume en Egipto

En 2007, cuando estaba a punto de cumplir 80 años, rodó “Les plages d’Agnès”, un documental autobiográfico en el que escogió como entrevistador a Guillaume-en-Egypte (Guillermo en Egipto), el avatar de su gran amigo Chris Marker (https://gatosyrespeto.org/2014/09/01/guillaume-y-m-chat-los-gatos-de-chris-marker/).

“Las playas de Agnès”

En una entrevista realizada en el Festival de Cine Internacional de Toronto, la realizadora dijo: “Le pedí permiso para que su gato me apoyara y me entrevistara. Aún no ha visto la película, pero casi cada día me manda dibujos de Guillaume por correo electrónico. Es una forma de que Chris esté en la película a través de Guillermo en Egipto”.

Agnès Varda fundó la productora Tamaris Films en 1954 para producir su primera película; la compañía se convirtió en Ciné-Tamaris en 1975 y sigue llamándose así hoy en día. Si teclean el nombre en Internet, descubrirán que el fondo de la página está compuesto por estrellas y el dibujo de un gato atigrado.

Logo de la productora Ciné-Tamaris

Además, como puede verse aquí, el logo de la empresa es un gato. Los títulos de crédito de un documental de Agnès Varda, “Los espigadores y la espigadora”, de 2000, empiezan con la foto de este mismo gato atigrado apoyando las dos patas delanteras en un cartel que reza “Ciné-Tamaris presenta”.

En la exposición “La gran orquesta de los animales”, organizada por la Fundación Cartier en 2006, Agnès Varda realizó “la instalación más modesta de todas” – dicho por ella – titulada “La tumba de Zgougou”.

Agnès Varda y Zgougou

Consistía en la proyección de un corto (ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Di-ydd09qH4&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq-&index=2) en una cabaña al fondo del jardín de la Fundación donde se ve cómo se edificó con conchas de colores la sepultura de la gata de la familia Demy-Varda en la isla de Noirmoutier, donde la realizadora tiene una pequeña casa. La gata atigrada, de nombre Zgougou (que significa “piñón” en árabe tunecino), murió en 2005.

Jacques Demy sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

 

Jean Marais sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

La montadora Sabine Mamou se la había regalado a Jacques Demy, el realizador de “Los paraguas de Cherburgo” y marido de Varda. Se conocieron en 1958 en el Festival de Cine de Tours; tuvieron un hijo, Mathieu, y él adoptó a Rosalie, la hija de Agnès. Jacques falleció en 1990 a los 59 años. Entre 1991 y 1995, Agnès le dedicó una película, “Jacquot de Nantes” y dos documentales, “Les demoiselles ont eu 25 ans” (Las señoritas han cumplido 25 años) y “L’Univers de Jacques Demy” (El universo de Jacques Demy). También realizó un corto muy corto de dos minutos titulado “Hommage à Zgougou (et salut à Sabine Mamou), que pueden ver en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=2cggCfxMEMQ&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq- El vídeo está subtitulado, aunque con errores de traducción, pero mejor eso que nada. En este pequeño cortometraje, la realizadora menciona al gato gigante que Jacques Remy hizo construir para “Piel de asno”, rodada en 1970.

Nacida el 30 de mayo de 1928 en Bruselas y considerada la madre de la Nouvelle Vague, Agnès Varda dijo en una ocasión: “Ya me llamaban la madre de la Nouvelle Vague cuando tenía 30 años”. Fue la fotógrafa oficial del TNP (Teatro Nacional Popular) de Jean Vilar durante una década. Siempre ha reconocido no haber tenido ninguna formación cinematográfica y haber visto muy pocas películas antes de rodar “La Pointe courte”. No se ha dedicado únicamente al largometraje de ficción, su filmografía incluye numerosos cortometrajes y documentales. Entendió muy pronto que la independencia artística dependía de la autonomía financiera.

Fue una de las 343 mujeres que firmaron “El manifiesto de 343” el 5 de abril de 1971 en el que admitían públicamente haber abortado, exponiéndose a ser perseguidas y encarceladas porque entonces esta práctica era ilegal en Francia.

Obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia en 1985 por “Sin techo ni ley” y el César a la Mejor Película Documental por “Les plages d’Agnès” (Las playas de Agnès), además del César Honorífico (2001) y la Palma de Oro Honorífica (2015). Acaba de terminar el rodaje del largometraje documental “Villages, Villages”.

 

 


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Los gatos de Hong Kong

Marcel Heijnen es un fotógrafo amante de los gatos afincado en Hong Kong, ciudad a la que regresó después de una ausencia de 18 años: “Era la primera vez en 40 años que vivía sin la compañía de un gato, así que cuando descubrí a un gato sentado con gran dignidad en el mostrador de una tienda cerca de mi casa, decidí entrar a saludarle y, de paso, le hice unas cuantas fotos”.

Aquí añadiremos que Hong Kong es un lugar muy especial en lo que a gatos se refiere. En la mayoría de ciudades modernas hay leyes estrictas sobre la presencia de animales en tiendas, pero ni en la península ni en las islas de esa región se regula la presencia de los gatos, y campan alegremente en tiendas e incluso en restaurantes. Por eso se le ocurrió a Marcel Heijnen hacer una serie de fotos e incluirlas en el libro “Hong Kong Shop Cats” (Los gatos de las tiendas de Hong Kong), publicado en 2016 por Asia One Publishing. Además, las fotos se expusieron en la Blue Lotus Gallery en abril de ese mismo año.

Parece ser que los habitantes de Hong Kong creen que los gatos traen buena suerte, además de ser muy útiles a la hora de librar a las tiendas y trastiendas de roedores, por lo que forman parte íntegra de las familias dueñas de tiendas y pequeños negocios. Algunos son adoptados desde pequeños, pero otros llegan, se instalan y empiezan a “trabajar”.

Hay zonas con más gatos que otras; por ejemplo, los barrios de Sheung Wan y Sai Ying Pun cuentan con una elevada población felina. Marcel Heijnen explica que, en la mayoría de casos, encontró a sus modelos por casualidad, mientras recorría esas zonas. En una entrevista para el lanzamiento del libro, dijo: “Reconozco las tiendas donde hay gatos. Si viviese en un sitio más cercano a Central, probablemente nunca hubiera descubierto este fenómeno”. Sus amigos, al enterarse del proyecto, también le hablaron de tiendas en sus barrios.

Ahora bien, según el fotógrafo, la dificultad no residía en encontrar a los gatos, sino en fotografiarlos. La inmensa mayoría de felinos residentes en tiendas son amables, simpáticos y no dudan en acercarse al cliente para pedir caricias, pero no es tan fácil como parece sorprenderles “trabajando” o durmiendo la siesta. En palabras de Marcel Heijnen: “No tienen miedo de la gente, y en cuanto sienten que me fijo en ellos, se acercan en busca de atención. Adiós a la foto. Una solución es quedarme en la tienda el tiempo suficiente para que el gato y el dueño ya no se den cuenta de mi presencia; a veces llega un momento mágico, una especie de sincronía entre ellos dos”. Ya se sabe que es imposible conseguir que un gato pose.

El gato Dau Ding y su dueño

El primer gato al que Marcel Heijnen fotografió es Dau Ding, en la calle principal de Sai Ying Pun, con el que tiene una relación especial. Hablando del libro, comenta: “Espero que las personas que lo lean sonrían y descubran algo que no habían visto antes, la relación simbiótica y respetuosa entre humanos y felinos nacida de la necesidad práctica, pero construida sobre el afecto”.

Los gatos de Hong Kong no solo viven en tiendas, trastiendas y pequeños almacenes. Basta con recorrer a pie las zonas rurales de los llamados Nuevos Territorios para ver a gatos en cualquier esquina. También los hay en los mercados y alrededor de los puestos de comida, pero la mayoría de estos no tienen dueño y no se parecen mucho a los afables y bien alimentados gatos retratados por Marcel Heijnen.

Todas las fotos incluidas en este artículo fueron realizadas por Marcel Heijnen y aparecen en el libro “Hong Kong Shop Cats”, disponible en Amazon.


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Le Chat Noir, un cabaret parisino

El tercer Le Chat Noir

¿Existió realmente el gato negro que dio nombre al famoso cabaret? Cuenta la leyenda que

Rodolphe Salis

Rodolphe Salis, al visitar el lugar donde abrió el primer Le Chat Noir, escuchó los maullidos de un gato negro hambriento encaramado en una farola y lo acogió. Otros dicen que el gato ya vivía en el local cuando Salis lo adquirió y que se convirtió en su mascota. Sea como sea, el minino sin nombre fue el emblema del establecimiento donde no tardaría en reunirse la crema de la intelectualidad parisina de finales del siglo XIX.

El primer Le Chat Noir

Salis abrió el primer cabaret en el 84 del bulevar Rochechouart el 18 de noviembre de 1881. El primer gato negro se alojó en una antigua y exigua oficina de correos de 14 metros cuadrados con un trastero de 4 metros cuadrados al que se accedía mediante tres escalones y que servía de escenario. Una de las peculiaridades del cabaret era haber apostado a un guarda suizo delante de la puerta para alejar a los burgueses y al clero, e invitar a entrar a artistas y poetas.

Las paredes del minúsculo local estaban sobrecargadas de dibujos y cuadros, algunos del propio Salis, que antes de ser propietario de cabaret se había dedicado a pintar viacrucis y otros motivos religiosos. El objeto más preciado era el “cráneo” de Luis XIII niño que todos podían acariciar respetuosamente. La llegada del cantante y humorista Aristide Bruant aseguró el éxito del cabaret. La ropa que escogió para aparecer en escena le siguió hasta la muerte: chaqueta de pana, botas altas negras, bufanda roja, sombrero de ala ancha y capa negra… Fue el autor de la famosa balada: “Busco fortuna / donde el Gato Negro / bajo la luna / en Montmartre de noche (en francés rima).

El segundo Le Chat Noir, calle Victor Massé

Una pelea con unos chulos que deseaban convertir Le Chat Noir en lugar de encuentros amorosos acabó con la muerte de uno de ellos, lo que decidió a Salis a encontrar otro local algo más grande para acoger a una clientela cada vez más numerosa. En mayo de 1885, Le Chat Noir se trasladó al nº 12 de la calle Laval, hoy calle Victor-Massé, a un edificio de tres pisos. La mudanza sirvió de excusa para una gran fiesta. Aristide Bruant adquirió el primer cabaret al que rebautizó como “Le Mirliton”.

El cartel de Steinlein

El pintor Willette se encargó de la decoración, y cuadros de Steinlein, Chéret y Rivière llenaron nuevamente las paredes. En esa época, Steinlein pintó el famoso gato reproducido en camisetas, bolsos, tazas, llaveros, platos, calzoncillos y demás que tanto gusta a los turistas.

Estudio para La virgen del gato

 

Adolphe Willette por Marcellin Desboutin

La decoración hacía honor al célebre felino. Además de “La virgen del gato”, de Willette, había una espectacular chimenea de Grasset con columnas bizantinas rematadas con sendos gatos, vigilados por otros dos sentados en unos misales. Un entrepaño lucía un terrible gato negro asustando a un ganso blanco, simbolizando a la burguesía aterrada ante la intelectualidad.

Número del 14 de enero de 1882 de la revista

Para promover el cabaret, Rodolphe Salis creó una revista semanal literaria y satírica cuyo nombre no podía ser otro que “Le chat noir”. Apareció cada sábado desde el año 1882 a 1895 como una auténtica encarnación del espíritu de fin de siglo. Entre sus numerosos colaboradores mencionaremos a Alphonse Allais, Guy de Maupassant, Barbey d’Aurevilly, Victor Hugo, Huysmans y Edmond de Goncourt. Las críticas musicales estaban firmadas por Gounod y Massenet, y habituales como Steinlein, Willette y Léandre se ocupaban de las ilustraciones.

El establecimiento estaba dividido en varios ambientes. En el primero, el bajo, se bebía y se entablaba conversación con las mujeres galantes que acudían cada noche. El primer piso se reservaba a los espectáculos de cancioneros, poesía y sombras chinescas. Numerosos artistas participaron en la creación de los personajes recortados en zinc; los libretos eran obra de escritores de moda entonces, y la música se debía sobre todo a Charles de Sivry.

Comiendo en el segundo cabaret

El teatro de sombras chinas tuvo un enorme éxito, sobre todo con la obra “La epopeya”, de 1888,  dedicada a Napoleón, con personajes del caricaturista Caran D’Ache. Pero con el tiempo se abrieron otros cabarets que copiaron a Le Chat Noir, e incluso fueron más innovadores. Poco a poco, el cabaret de Salis dejó de estar de moda. El último espectáculo de sombras chinas tuvo lugar en 1896. Cuentan que el empresario, presa de la desesperación, destruyó gran parte del mobiliario a hachazos. Pero no tardó en recuperar su espíritu emprendedor y decidió abrir un tercer Le Chat Noir. Abandonó Montmartre por los Grandes Bulevares, pero ya era demasiado tarde. Endeudado y enfermo, se vio obligado a ceder su obra a un burgués y murió algunos meses después, en 1897. Le Chat Noir desapareció con él.

Interior del segundo cabaret

El tercer Le Chat Noir abrió sus puertas en 1907, años después de la muerte de Salis, en el 68 del bulevar Clichy. Algunos dicen que la viuda del empresario autorizó a Jehan Chagot a usar el famoso nombre. Pero la magia se había ido con Salis, aunque el local aguantó hasta 1933, sustituido actualmente por un café que nada tiene que ver con el verdadero gato negro.

El tercer cabaret

Ya se sabe, los gatos tienen siete vidas. Sin embargo, el gato de Adolphe Salis vivió con tanta intensidad que solo tuvo dos.