Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Muchos gatos y Agnès Varda

Agnes Varda y Zgougou de mayor

Los gatos de Agnès Varda son muchos y de todo tipo. Sabemos que Zgougou ocupó un lugar importante en su vida, pero se cruzó con muchos más. Por ejemplo, en su primera película, rodada en 1954, “La Pointe courte”, los gatos entran y salen de los planos, van y vienen a su antojo durante la filmación en el pequeño pueblo no lejos de Sète, en el mediterráneo francés, donde había vivido de adolescente.

Quizá con uno de los gatos de “La Pointe courte”

Nada parecía inclinar a Agnès Varda hacia el cine, pero algo la empujó a rodar “La Pointe courte” con poquísimo dinero, seis millones y medio de la época, o sea 65.000 francos nuevos a partir de 1958 y en euros algo menos de diez mil, cuando una película media en Francia costaba diez veces más.

Pero como dijo la propia Agnès Varda: “Teníamos diez veces menos dinero, pero diez veces más descaro”. Era su primera película, tenía 25 años y no estaba muy segura de sí misma: “Lo había previsto todo, imaginado cada plano, preparado todo con dibujos y fotografías. Los habitantes del pueblo estaban encantados y nos prestaron sus barcas, sus herramientas, a sus hijos y a sus gatos”. Efectivamente, los gatos hicieron de figurantes para la película, como lo demuestran los cuatro fotogramas que incluimos aquí. Casi nos atreveríamos a decir que la fotografía en la que se ve a la realizadora en primer plano y a un gato negro sentado al lado de una escalera corresponde a ese rodaje. Y antes de pasar a otros gatos, mencionaremos que el montador de la película fue Alain Resnais, que pasó meses ante la moviola sin cobrar.

Agnès Varda y Guillaume en Egipto

En 2007, cuando estaba a punto de cumplir 80 años, rodó “Les plages d’Agnès”, un documental autobiográfico en el que escogió como entrevistador a Guillaume-en-Egypte (Guillermo en Egipto), el avatar de su gran amigo Chris Marker (https://gatosyrespeto.org/2014/09/01/guillaume-y-m-chat-los-gatos-de-chris-marker/).

“Las playas de Agnès”

En una entrevista realizada en el Festival de Cine Internacional de Toronto, la realizadora dijo: “Le pedí permiso para que su gato me apoyara y me entrevistara. Aún no ha visto la película, pero casi cada día me manda dibujos de Guillaume por correo electrónico. Es una forma de que Chris esté en la película a través de Guillermo en Egipto”.

Agnès Varda fundó la productora Tamaris Films en 1954 para producir su primera película; la compañía se convirtió en Ciné-Tamaris en 1975 y sigue llamándose así hoy en día. Si teclean el nombre en Internet, descubrirán que el fondo de la página está compuesto por estrellas y el dibujo de un gato atigrado.

Logo de la productora Ciné-Tamaris

Además, como puede verse aquí, el logo de la empresa es un gato. Los títulos de crédito de un documental de Agnès Varda, “Los espigadores y la espigadora”, de 2000, empiezan con la foto de este mismo gato atigrado apoyando las dos patas delanteras en un cartel que reza “Ciné-Tamaris presenta”.

En la exposición “La gran orquesta de los animales”, organizada por la Fundación Cartier en 2006, Agnès Varda realizó “la instalación más modesta de todas” – dicho por ella – titulada “La tumba de Zgougou”.

Agnès Varda y Zgougou

Consistía en la proyección de un corto (ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Di-ydd09qH4&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq-&index=2) en una cabaña al fondo del jardín de la Fundación donde se ve cómo se edificó con conchas de colores la sepultura de la gata de la familia Demy-Varda en la isla de Noirmoutier, donde la realizadora tiene una pequeña casa. La gata atigrada, de nombre Zgougou (que significa “piñón” en árabe tunecino), murió en 2005.

Jacques Demy sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

 

Jean Marais sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

La montadora Sabine Mamou se la había regalado a Jacques Demy, el realizador de “Los paraguas de Cherburgo” y marido de Varda. Se conocieron en 1958 en el Festival de Cine de Tours; tuvieron un hijo, Mathieu, y él adoptó a Rosalie, la hija de Agnès. Jacques falleció en 1990 a los 59 años. Entre 1991 y 1995, Agnès le dedicó una película, “Jacquot de Nantes” y dos documentales, “Les demoiselles ont eu 25 ans” (Las señoritas han cumplido 25 años) y “L’Univers de Jacques Demy” (El universo de Jacques Demy). También realizó un corto muy corto de dos minutos titulado “Hommage à Zgougou (et salut à Sabine Mamou), que pueden ver en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=2cggCfxMEMQ&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq- El vídeo está subtitulado, aunque con errores de traducción, pero mejor eso que nada. En este pequeño cortometraje, la realizadora menciona al gato gigante que Jacques Remy hizo construir para “Piel de asno”, rodada en 1970.

Nacida el 30 de mayo de 1928 en Bruselas y considerada la madre de la Nouvelle Vague, Agnès Varda dijo en una ocasión: “Ya me llamaban la madre de la Nouvelle Vague cuando tenía 30 años”. Fue la fotógrafa oficial del TNP (Teatro Nacional Popular) de Jean Vilar durante una década. Siempre ha reconocido no haber tenido ninguna formación cinematográfica y haber visto muy pocas películas antes de rodar “La Pointe courte”. No se ha dedicado únicamente al largometraje de ficción, su filmografía incluye numerosos cortometrajes y documentales. Entendió muy pronto que la independencia artística dependía de la autonomía financiera.

Fue una de las 343 mujeres que firmaron “El manifiesto de 343” el 5 de abril de 1971 en el que admitían públicamente haber abortado, exponiéndose a ser perseguidas y encarceladas porque entonces esta práctica era ilegal en Francia.

Obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia en 1985 por “Sin techo ni ley” y el César a la Mejor Película Documental por “Les plages d’Agnès” (Las playas de Agnès), además del César Honorífico (2001) y la Palma de Oro Honorífica (2015). Acaba de terminar el rodaje del largometraje documental “Villages, Villages”.

 

 


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Los gatos de Hong Kong

Marcel Heijnen es un fotógrafo amante de los gatos afincado en Hong Kong, ciudad a la que regresó después de una ausencia de 18 años: “Era la primera vez en 40 años que vivía sin la compañía de un gato, así que cuando descubrí a un gato sentado con gran dignidad en el mostrador de una tienda cerca de mi casa, decidí entrar a saludarle y, de paso, le hice unas cuantas fotos”.

Aquí añadiremos que Hong Kong es un lugar muy especial en lo que a gatos se refiere. En la mayoría de ciudades modernas hay leyes estrictas sobre la presencia de animales en tiendas, pero ni en la península ni en las islas de esa región se regula la presencia de los gatos, y campan alegremente en tiendas e incluso en restaurantes. Por eso se le ocurrió a Marcel Heijnen hacer una serie de fotos e incluirlas en el libro “Hong Kong Shop Cats” (Los gatos de las tiendas de Hong Kong), publicado en 2016 por Asia One Publishing. Además, las fotos se expusieron en la Blue Lotus Gallery en abril de ese mismo año.

Parece ser que los habitantes de Hong Kong creen que los gatos traen buena suerte, además de ser muy útiles a la hora de librar a las tiendas y trastiendas de roedores, por lo que forman parte íntegra de las familias dueñas de tiendas y pequeños negocios. Algunos son adoptados desde pequeños, pero otros llegan, se instalan y empiezan a “trabajar”.

Hay zonas con más gatos que otras; por ejemplo, los barrios de Sheung Wan y Sai Ying Pun cuentan con una elevada población felina. Marcel Heijnen explica que, en la mayoría de casos, encontró a sus modelos por casualidad, mientras recorría esas zonas. En una entrevista para el lanzamiento del libro, dijo: “Reconozco las tiendas donde hay gatos. Si viviese en un sitio más cercano a Central, probablemente nunca hubiera descubierto este fenómeno”. Sus amigos, al enterarse del proyecto, también le hablaron de tiendas en sus barrios.

Ahora bien, según el fotógrafo, la dificultad no residía en encontrar a los gatos, sino en fotografiarlos. La inmensa mayoría de felinos residentes en tiendas son amables, simpáticos y no dudan en acercarse al cliente para pedir caricias, pero no es tan fácil como parece sorprenderles “trabajando” o durmiendo la siesta. En palabras de Marcel Heijnen: “No tienen miedo de la gente, y en cuanto sienten que me fijo en ellos, se acercan en busca de atención. Adiós a la foto. Una solución es quedarme en la tienda el tiempo suficiente para que el gato y el dueño ya no se den cuenta de mi presencia; a veces llega un momento mágico, una especie de sincronía entre ellos dos”. Ya se sabe que es imposible conseguir que un gato pose.

El gato Dau Ding y su dueño

El primer gato al que Marcel Heijnen fotografió es Dau Ding, en la calle principal de Sai Ying Pun, con el que tiene una relación especial. Hablando del libro, comenta: “Espero que las personas que lo lean sonrían y descubran algo que no habían visto antes, la relación simbiótica y respetuosa entre humanos y felinos nacida de la necesidad práctica, pero construida sobre el afecto”.

Los gatos de Hong Kong no solo viven en tiendas, trastiendas y pequeños almacenes. Basta con recorrer a pie las zonas rurales de los llamados Nuevos Territorios para ver a gatos en cualquier esquina. También los hay en los mercados y alrededor de los puestos de comida, pero la mayoría de estos no tienen dueño y no se parecen mucho a los afables y bien alimentados gatos retratados por Marcel Heijnen.

Todas las fotos incluidas en este artículo fueron realizadas por Marcel Heijnen y aparecen en el libro “Hong Kong Shop Cats”, disponible en Amazon.


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Le Chat Noir, un cabaret parisino

El tercer Le Chat Noir

¿Existió realmente el gato negro que dio nombre al famoso cabaret? Cuenta la leyenda que

Rodolphe Salis

Rodolphe Salis, al visitar el lugar donde abrió el primer Le Chat Noir, escuchó los maullidos de un gato negro hambriento encaramado en una farola y lo acogió. Otros dicen que el gato ya vivía en el local cuando Salis lo adquirió y que se convirtió en su mascota. Sea como sea, el minino sin nombre fue el emblema del establecimiento donde no tardaría en reunirse la crema de la intelectualidad parisina de finales del siglo XIX.

El primer Le Chat Noir

Salis abrió el primer cabaret en el 84 del bulevar Rochechouart el 18 de noviembre de 1881. El primer gato negro se alojó en una antigua y exigua oficina de correos de 14 metros cuadrados con un trastero de 4 metros cuadrados al que se accedía mediante tres escalones y que servía de escenario. Una de las peculiaridades del cabaret era haber apostado a un guarda suizo delante de la puerta para alejar a los burgueses y al clero, e invitar a entrar a artistas y poetas.

Las paredes del minúsculo local estaban sobrecargadas de dibujos y cuadros, algunos del propio Salis, que antes de ser propietario de cabaret se había dedicado a pintar viacrucis y otros motivos religiosos. El objeto más preciado era el “cráneo” de Luis XIII niño que todos podían acariciar respetuosamente. La llegada del cantante y humorista Aristide Bruant aseguró el éxito del cabaret. La ropa que escogió para aparecer en escena le siguió hasta la muerte: chaqueta de pana, botas altas negras, bufanda roja, sombrero de ala ancha y capa negra… Fue el autor de la famosa balada: “Busco fortuna / donde el Gato Negro / bajo la luna / en Montmartre de noche (en francés rima).

El segundo Le Chat Noir, calle Victor Massé

Una pelea con unos chulos que deseaban convertir Le Chat Noir en lugar de encuentros amorosos acabó con la muerte de uno de ellos, lo que decidió a Salis a encontrar otro local algo más grande para acoger a una clientela cada vez más numerosa. En mayo de 1885, Le Chat Noir se trasladó al nº 12 de la calle Laval, hoy calle Victor-Massé, a un edificio de tres pisos. La mudanza sirvió de excusa para una gran fiesta. Aristide Bruant adquirió el primer cabaret al que rebautizó como “Le Mirliton”.

El cartel de Steinlein

El pintor Willette se encargó de la decoración, y cuadros de Steinlein, Chéret y Rivière llenaron nuevamente las paredes. En esa época, Steinlein pintó el famoso gato reproducido en camisetas, bolsos, tazas, llaveros, platos, calzoncillos y demás que tanto gusta a los turistas.

Estudio para La virgen del gato

 

Adolphe Willette por Marcellin Desboutin

La decoración hacía honor al célebre felino. Además de “La virgen del gato”, de Willette, había una espectacular chimenea de Grasset con columnas bizantinas rematadas con sendos gatos, vigilados por otros dos sentados en unos misales. Un entrepaño lucía un terrible gato negro asustando a un ganso blanco, simbolizando a la burguesía aterrada ante la intelectualidad.

Número del 14 de enero de 1882 de la revista

Para promover el cabaret, Rodolphe Salis creó una revista semanal literaria y satírica cuyo nombre no podía ser otro que “Le chat noir”. Apareció cada sábado desde el año 1882 a 1895 como una auténtica encarnación del espíritu de fin de siglo. Entre sus numerosos colaboradores mencionaremos a Alphonse Allais, Guy de Maupassant, Barbey d’Aurevilly, Victor Hugo, Huysmans y Edmond de Goncourt. Las críticas musicales estaban firmadas por Gounod y Massenet, y habituales como Steinlein, Willette y Léandre se ocupaban de las ilustraciones.

El establecimiento estaba dividido en varios ambientes. En el primero, el bajo, se bebía y se entablaba conversación con las mujeres galantes que acudían cada noche. El primer piso se reservaba a los espectáculos de cancioneros, poesía y sombras chinescas. Numerosos artistas participaron en la creación de los personajes recortados en zinc; los libretos eran obra de escritores de moda entonces, y la música se debía sobre todo a Charles de Sivry.

Comiendo en el segundo cabaret

El teatro de sombras chinas tuvo un enorme éxito, sobre todo con la obra “La epopeya”, de 1888,  dedicada a Napoleón, con personajes del caricaturista Caran D’Ache. Pero con el tiempo se abrieron otros cabarets que copiaron a Le Chat Noir, e incluso fueron más innovadores. Poco a poco, el cabaret de Salis dejó de estar de moda. El último espectáculo de sombras chinas tuvo lugar en 1896. Cuentan que el empresario, presa de la desesperación, destruyó gran parte del mobiliario a hachazos. Pero no tardó en recuperar su espíritu emprendedor y decidió abrir un tercer Le Chat Noir. Abandonó Montmartre por los Grandes Bulevares, pero ya era demasiado tarde. Endeudado y enfermo, se vio obligado a ceder su obra a un burgués y murió algunos meses después, en 1897. Le Chat Noir desapareció con él.

Interior del segundo cabaret

El tercer Le Chat Noir abrió sus puertas en 1907, años después de la muerte de Salis, en el 68 del bulevar Clichy. Algunos dicen que la viuda del empresario autorizó a Jehan Chagot a usar el famoso nombre. Pero la magia se había ido con Salis, aunque el local aguantó hasta 1933, sustituido actualmente por un café que nada tiene que ver con el verdadero gato negro.

El tercer cabaret

Ya se sabe, los gatos tienen siete vidas. Sin embargo, el gato de Adolphe Salis vivió con tanta intensidad que solo tuvo dos.

 


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Gatos de París y Robert Doisneau

París, la noche, los gatos (1954)

París, la noche, los gatos (1954)

Robert Doisneau fue uno de principales representantes de la fotografía humanista francesa con Willy Ronis, Edouard Boubat, Izis Bidermanas y Emili Savitry. De estos cuatro, solo Savitry parece que no se interesó por los gatos, pero sus tres compañeros retrataron a muchísimos.

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Doisneau nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly, en la periferia de París. Perdió a sus padres siendo muy joven y se crió con una tía poco afectuosa. Estudió Artes Gráficas y se licenció como grabador y litógrafo en 1929. En 1931 trabajó para el fotógrafo modernista André Vigneau, que le hizo descubrir la Nueva Objetividad fotográfica. Un año después vendió su primer reportaje al Excelsior, un diario que dejó de publicarse en 1940. La empresa Renault le contrató como fotógrafo industrial en 1934, pero acabaron despidiéndole cinco años después debido a sus habituales retrasos.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial conoció a Charles Rado, fundador de la agencia Rapho, donde trabajó hasta la declaración de la guerra. Estuvo en el ejército francés como soldado y fotógrafo hasta 1940; a partir de entonces y hasta 1945 usó sus conocimientos de grabador para falsificar carnés y pasaportes para la Resistencia.

Una vez acabada la guerra, reanudó el contacto con la agencia Rapho, de la que pasó a formar parte en 1946 y donde permaneció hasta el fin de su vida, incluso después de que Henri-Cartier Bresson le invitara a unirse a Magnum.

El gato blanco de la portera (1945)

El gato blanco de la portera (1945)

Sus reportajes abarcaron los temas más diversos: la actualidad parisina, los barrios populares de la capital, las provincias; y realizó fotos en el extranjero, la URSS, Estados Unidos, Yugoslavia y otros países. Su foto más famosa quizá fue “El beso en el Ayuntamiento”, publicada por Life, que incluimos aquí aunque no tenga nada que ver con gatos.

El beso ante el Ayuntamiento

El beso en el Ayuntamiento

Conoció al escritor Robert Giraud en 1947 y trabaron una gran amistad. Juntos publicaron tres libros entre 1950 y 1955. En total, el fotógrafo publicó unas treinta colecciones de fotos, entre las que destacaremos “La banlieue de Paris” (La periferia de París) en 1949, con textos del famoso escritor Blaise Cendrars.

Blaise Cendrars

Blaise Cendrars

 

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

Nos permitimos un inciso para añadir que este autor tenía un gato blanco llamado Legión porque había luchado en la legión francesa durante la Primera Guerra Mundial. En la contienda perdió el brazo derecho, tal como puede verse en las dos fotos que incluimos.

El más bello de la exposición (1946)

El más bello de la exposición (1946)

La revista Vogue le contrató en 1948, convencidos de que aportaría un toque de frescura a las fotos, pero Robert Doisneau no disfrutaba fotografiando a bellas mujeres en ambientes elegantes y se escapaba a las calles de París siempre que podía.

El niño, el gato y la paloma (1964)

El niño, el gato y la paloma (1964)

En los años sesenta fotografió a celebridades de la talla de Alberto Giacometti, Jean Cocteau, Fernand Léger, Georges Braque y Pablo Picasso, amantes de los gatos todos ellos. Fue amigo del poeta Jacques Prévert, otro enamorado de las calles como él y que dedicó poemas a los gatos.

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La identidad de la pareja del famoso beso fue un misterio hasta 1992, año en que los Lavergne, convencidos de que eran ellos, demandaron a Doisneau por haberles fotografiado sin su permiso, y no tuvo más remedio que decir los nombres de la pareja. Se trataba de Françoise Delbart y Jacques Carteaud, pero no los fotografió en aquel momento. Les vio besándose y se acercó a preguntar si les importaba volver a hacerlo para fotografiarles. Ambos querían ser actores y aceptaron encantados. La relación de la pareja solo duró nueve meses. En junio de 1950, cuando la revista Life publicó la foto, Doisneau le regaló a Françoise un original firmado y sellado como pago por su trabajo. En abril de 2005, ella vendió la foto por 155.000 euros a un coleccionista suizo en una subasta organizada por Artcurial Briest-Poulain-Le Fur.

El niño del gato

El niño del gato

Se dice de él que era un fotógrafo paciente que siempre mantuvo cierta distancia con los temas que escogía. Sus fotos destilan nostalgia, ironía y ternura. Supo atrapar instantes de la vida de los habitantes de París y de la periferia, artesanos, gente en cafés, sintecho, enamorados, barqueros y los gatos que se cruzaban en la vida de toda esta gente. Empezó utilizando cámaras Rolleiflex de formato 6×6, antes de pasar a la Nikon y la Leica 24×36.

Dijo: “No fotografío la vida tal como es, sino la vida tal como me gustaría que fuese”.

Se casó con Pierrette Chaumaison en 1936 y tuvieron dos hijas, Annette, nacida en 1942, y Francine, nacida en 1947. Annette fue su asistente a partir de 1974. Su esposa falleció en 1993 de Alzheimer y Parkinson.

Los gatos de los sintecho (1950)

Los gatos de los sintecho (1950)

El fotógrafo murió seis meses después, el 1 de abril de 1994, a los 82 años, de pancreatitis aguda y problemas de corazón. En palabras de su hija Annette: “Ganamos el pleito (por la foto de ‘El beso’), pero mi padre no lo superó. Descubrió un mundo de mentiras y le dolió profundamente. Si a eso añadimos la reciente muerte de mi madre, creo que no es injustificado decir que murió de pena”.

El fotógrafo

El fotógrafo

Era un hombre tímido y humilde, que seguía revelando y entregando personalmente sus obras a pesar de la fama. En una ocasión riñó a su hija Francine por haber pedido unos honorarios “indecentes” por una campaña publicitaria. Él quería cobrar lo mismo que un fotógrafo normal. “Es posible que si tuviera veinte años, el éxito conseguiría cambiarme. Pero soy un viejo dinosaurio de la fotografía”.

Los gatos de Bercy

Los gatos de Bercy

Fue galardonado con un sinfín de premios. En 1960 expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y en 1992 presentó una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Oxford.


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Gatos siberianos

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El gato siberiano es una raza de gato doméstico que existe desde hace siglos en Rusia. Fue añadido a finales de los ochenta a la larga lista de gatos de raza reconocidos oficialmente. Tal vez sea el antepasado de todos los gatos modernos de pelo largo y está emparentado genéticamente con el Bosque de Noruega. También se dice que es hipoalergénico porque produce menos Fel d1, una proteína secretada por las glándulas sebáceas, que otros gatos, aunque de momento no está demostrado. Generalmente hablando, las hembras producen menos Fel d1, tanto si son de raza como callejeras.

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Son gatos grandes y fuertes, con poderosos cuartos traseros, patas bien redondeadas y un hermoso rabo. Al tener las patas traseras algo más largas que las delanteras, su espalda está un poco arqueada. Las orejas son grandes y los ojos ligeramente oblicuos. Los machos pesan entre 6,5 y 8 kilos, y las hembras entre 4,5 y 6 kilos.

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Para resguardarse del frío tienen tres capas de pelo, la primera es una especie de pelusa contra la piel, a continuación un pelo intermedio y, finalmente, el pelo que vemos y tocamos. En realidad, esas capas de pelo forman el pelaje de la mayoría de gatos, pero están mucho más desarrolladas en el gato siberiano. Mudan dos veces al año; a finales del invierno, no debido tanto al cambio de temperatura como a la creciente luz solar, y a finales del verano en mucha menor medida.

Incluimos unas fotos del gato Syoma, un residente de Siberia, concretamente de la reserva natural de Kronotsky en la península de Kamchatka.

Syoma persigue a un zorro

Syoma persigue a un zorro

Syoma y el zorro

Syoma y el zorro

Cuando un zorro se acercó a la zona, Syoma le echó sin dudarlo. Pero Sergei Krasnoschekov, que hizo estas fotos, dice que más que alejar al zorro, los dos parecían estar jugando: “Me dio la impresión de que el zorro provocaba a Syoma y que los dos se lo pasaban muy bien”.

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Añade que Syoma no es muy simpático con los desconocidos y que su primer contacto acabó con escupitajos, gruñidos y un arañazo. Al cabo de un tiempo, le aceptó y se dejó acariciar.

Alla Lebedeva vive con su marido Serguei en una granja del distrito de Prigorodny, en Osetia del Norte, muy lejos de Siberia.

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Empezaron a tener gatos siberianos hace unos trece años cuando llegó la gata Babushka. Tuvo una camada de cinco en 2004 y entonces empezó todo. Alla dice, riendo, que vive en Koshlandia (el país de los gatos). Han acomodado un gallinero dividiéndolo en tres “habitaciones” aisladas y con el suelo elevado para que puedan dormir dónde y cómo les apetezca. La granjera añade que los gatos protegen a los pollos y a los conejos de los roedores.

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Sigue explicando que en verano, los gatos se dividen en dos grupos. Algunos, como Ryzhik, Rych y Ludwig, desaparecen durante semanas y sobreviven cazando, mientras que otros, como Pukh, Papych y Tema, nunca se alejan mucho. Las hembras son muy tranquilas y se quedan en casa. Por lo que se ve, los gatos se llevan muy bien con el perro Nikki e incluso con los gallos.

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Muchas de las fotos que Alla Lebedeva toma regularmente de sus gatos aparecen en Internet e incluso algunas se han convertido en virales. Casi nunca mencionan a la fotógrafa y aún peor, describen a los gatos como Bosques de Noruega.

En 1929, en Estocolmo, Sigurd Agrell recopiló una serie de leyendas eslavas y las hizo imprimir bajo el título de “Mitos e historias eslavas”. Una de estas historias tiene como protagonista al gato siberiano y hemos querido resumirla aquí, se titula “El gato y el zorro”.

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Érase una vez un granjero que tenía un gato muy travieso. El granjero se hartó, lo puso en un saco y lo abandonó en el bosque. El gato consiguió salir y encontró una casita vacía. Se instaló en el desván y sobrevivió cazando ratones y ratas. Un día se cruzó con una señorita zorra, que se quedó sorprendida al ver a un gato en el bosque y le preguntó quién era. A lo que el gato contestó muy ufano que se llamaba Kotofey Ivanovich y que le habían enviado desde los bosque siberianos para ser el edil del bosque. La zorrita le invitó a su madriguera y no tardaron a casarse.

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Al día siguiente, la zorrita salió a cazar y el gato se quedó en casa. La zorrita se encontró con un lobo y le anunció que se había casado. “¿Con quién te has casado, Lizaveta Ivanovna?”, le preguntó, y ella respondió: “¿No lo sabes? Ha llegado el edil Kotofey Ivanovich de los bosques siberianos, y ahora soy su esposa”. El lobo quiso conocer a su marido, pero ella le avisó: “Tiene muy mal genio, y si alguien le molesta, se lo come en dos bocados. Pero si te empeñas, lo mejor será que le lleves un presente, una oveja, por ejemplo, y la dejes sin hacer ruido delante de nuestra madriguera. Escóndete bien o irá a por ti”. El lobo se fue corriendo a por una oveja, y la zorrita se encontró con un oso al que le contó lo mismo, pero esta vez le pidió un buey.

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Poco después, el lobo Levon y el oso Mishka coincidieron delante de la madriguera. Ambos hablaron en voz baja, temerosos de molestar al gato edil, intentando decidir cuál de los dos llamaría a la puerta. En ese momento llegó una liebre y le dijeron: “Hermana liebre, ve a la madriguera y di al honorable edil que sus hermanos Mishka Ivanovich y Levon Ivanovich esperan para presentarle sus respetos y que le han traído una oveja y un buey”. La liebre se alejó a dar el recado. El oso trepó a un árbol y el lobo se metió detrás de un matorral debajo de unas hojas secas.

El gato y su joven esposa salieron con la liebre. El oso, al ver al edil, pensó que era muy pequeño, pero el gato arqueó la espalda, hinchó el rabo y se lanzó sobre el buey, desgarrando pedazos de carne con sus afiladas uñas mientras gritaba: “¡Más, más!” El oso se quedó impresionado, pero el lobo no veía nada debajo de las hojas y decidió moverse. El gato oyó un ruido y convencido de que era un ratón, se lanzó y clavó las uñas en el morro del pobre Levon. Este, desesperado, echó a correr. El oso se tiró del árbol, despavorido. La zorrita aprovechó para gritar: “¡Sí, corred, corred si no queréis que os pille!”

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A partir de ese momento, todos los animales del bosque temieron al terrible gato. Durante el largo invierno, ni Kotofey Ivanovich ni Lizaveta Ivanovna salieron a cazar, pues todos les traían carne. Tuvieron una vida maravillosa. ¿Quién sabe si no siguen comiendo?

En ruso, al igual que en polaco, “gato” es “kot”,  y “kotofey” es una forma cariñosa de llamar a los gatos.


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Gatos, Elsa Morante, María y Araceli Zambrano

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Elsa Morante conoció a María y a Araceli Zambrano durante la estancia de las hermanas en Roma, ciudad en la que vivieron desde el año 1953 hasta 1964. Las tres sentían un profundo amor por los gatos, y compartían las mismas inquietudes filosóficas y políticas. Araceli prestó su nombre al título de la última novela de la escritora italiana, inspirada en su gran amiga y ambientada en España.

Elsa Morante en Via dell'Oca 27, Roma

Elsa Morante en Via dell’Oca, 27 – Roma

María nació en 1904, Araceli en 1911 y Elsa en 1912. María y Araceli Zambrano vivieron en el exilio a partir de 1939 y recorrieron un sinfín de países, como dice la propia filósofa: “He escrito y vivido en España, Chile, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia y Suiza. De hecho era una locura. En 1939 comenzó mi exilio. Crucé la frontera francesa con mi madre y mi hermana, y tras vivir en París durante un breve periodo, residí en Nueva York, La Habana, México, y finalmente en Puerto Rico. Volví a París en 1946 para reencontrarme con mi hermana, al borde de la locura tras ser torturada por los nazis. Mi madre murió dos días antes de mi llegada. Mi hermana y yo decidimos volver a Puerto Rico y a Cuba juntas y en 1953 nos fuimos a vivir a Roma. (…) En 1964 me persiguió un vecino fascista al que le molestaban ¡mis gatos! Me fui con ellos a Suiza… En 1984 volví a Madrid, donde me quedé hasta el final de mis días”.

Araceli y su madre, años cuarenta, París

Araceli y su madre, años cuarenta, París

Aracelí cruzó los Pirineos con su madre, su hermana y su marido Manuel Muñoz. Con la caída de París en 1940, Muñoz no se sentía seguro y se refugió en el Finisterre francés, pero la Gestapo le arrestó antes de poder huir a México. Fue entregado por la Gestapo a las fuerzas franquistas y fusilado en España el 1 de diciembre de 1942, después de pasar largos meses en la cárcel parisina de La Santé. Aracelí permaneció en la capital francesa para estar cerca de su marido, aunque sin poder verle.

Elsa nació en Roma, en el popular barrio del Testaccio. Hija ilegítima, fue reconocida por Augusto Morante después de casarse con su madre. Empezó a publicar cuentos, relatos y poemas a partir de 1933 en importantes diarios romanos. En 1936 conoció al famoso escritor Alberto Moravia, con el que se casó en 1941. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial se trasladaron cerca de Cassino, en el sur de Italia, para huir de las represalias nazis. Se separó de Moravia en 1961. A partir de ese momento siguió escribiendo de forma esporádica. Su última novela, la antes mencionada “Aracoeli”, se publicó en 1982.

Alberto Moravia y Giuseppe

Alberto Moravia y Giuseppe

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Las tres adoraban a los gatos. Incluso en París, durante la ocupación nazi, Araceli y su madre tenían un gato, como lo demuestra la pequeña fotografía que incluimos. En una entrevista, María Zambrano dijo que “llegué a tener 24”. Y efectivamente, tuvieron que dejar Roma después de que un senador de pasado fascista firmara una orden de expulsión por culpa de sus numerosos gatos. El 14 de septiembre de 1964, las dos hermanas y trece gatos emprendieron el camino a Francia. Eso sí, las autoridades italianas avisaron a la policía francesa de que eran “personas peligrosas”. ¿Los gatos también?

Canto por el Gato Alvaro - El amor tiene forma de gato

Canto por el Gato Alvaro – El amor tiene forma de gato

Elsa Morante tenía sobre todo gatos siameses y llegó a decir que si los gatos eran ángeles, los siameses eran arcángeles. Su primer gato, Giuseppe (Useppe, Mandolino o Alvaro), que murió el 1 de agosto de 1952, fue muy importante para ella. En su diario afirmó que “era la mitad de mi alma”. El mismo gato, bajo sus numerosos nombres, aparece en la novela “Menzogna e sortilegio” (1978) y en la colección de poemas “Alibi” (1978). Siempre hablando de este gato, en su diario escribió: “Sus ojos eran los más maravillosos que jamás había visto. Es imposible creer que se han apagado para siempre”.

Elsa Morante y Giuseppe

Elsa Morante y Giuseppe

Según la escritora, todos los animales viven en estado de gracia. No solo desconocen el bien y el mal, también nos ofrecen “la más tierna de las amistades libre de juicios”. Citamos el artículo de Luca Fontana “Elsa Morante: A Personal Remembrance”, publicado en la revista PN Review: “Sentía una verdadera devoción por los gatos. (…) Los millones de gatos que habitan las ruinas de Roma la conocían personalmente, y ella a ellos. Siempre daba un nombre a cualquier callejero que se cruzaba en su camino, y le reconocía años después. Además de cuidar de sus gatos siameses, salía de noche para recorrer ruinas y foros con dos enormes bolsas llenas de callos, mollejas y otras exquisiteces para alimentar a los gatos. Pero no estaba sola, se encontraba con docenas de mujeres que practicaban el mismo ritual, en su mayoría viudas solitarias con exiguas pensiones, conocidas como ‘gattare’. Entonces sufría una metamorfosis, se transformaba en una más, hablaba el mismo dialecto romano que ellas y pasaban horas charlando. Conocía su vida y llevaba unos cuantos sobres en su bolso para las más necesitadas”.

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María y Araceli Zambrano vivían muy cerca de Piazza del Popolo. Cuenta el escritor Jorge Guillén que a veces quedaban para cenar en un café en la plaza y que María, antes de acabar, se levantaba y decía: “Volveré”. Y se iba a llevar comida a los gatos que la esperaban en alguna esquina.

Después de Roma, las hermanas Zambrano se trasladaron al Jura, a una casa llamada La Pièce, no lejos de Ginebra. Araceli falleció en 1971 en la clínica Belair, y poco antes de morir se preguntaba: “¿Sirvió de algo perder?”

Maria Zambrano

Maria Zambrano

En los últimos años que pasó la filósofa viajando entre Grecia, Roma y Francia, ya sin su hermana, su nombre comenzó a escucharse en España cada vez más y regresó el 20 de noviembre de 1984, después de 45 años de exilio.

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Siguió escribiendo rodeada de gatos. Murió en Madrid el 6 de febrero de 1991 y fue enterrada entre un naranjo y un limonero en el cementerio de Vélez-Málaga, donde luego se trasladaron también los restos mortales de sus “dos Aracelis”, su madre y su hermana. Dicen que siempre hay gatos en su tumba.

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Elsa Morante, gran escritora y gran gattera romana, enfermó después de fracturarse el fémur e intentó suicidarse en 1983. La salvó in extremis su ama de llaves. Se sometió a una complicada operación que, sin embargo, no mejoró mucho su condición.

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Murió de un infarto en 1985, a los 73 años. Fue la primera mujer galardonada con el importante Premio Strega.

 


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Gatos y anuncios

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En realidad deberíamos titular esta entrada “Gatos y anuncios anteriores a los años sesenta” porque vamos a centrarnos sobre todo en la década de los cincuenta. En el anuncio del perfume “My Sin”, de Lanvin, para su lanzamiento en Estados Unidos, se ve el dibujo de un gato negro con el eslogan: “My Sin… un perfume de lo más provocador”. En principio no sorprende ver a un gato asociado a un perfume y se nos ocurrió buscar más anuncios de perfumes con gatos. Pero los gatos en la publicidad de perfumes de alta gama escasean.

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En perfumería, aparte de Lanvin, que también tiene otro anuncio posterior del mismo perfume con la foto de un gato persa negro, encontramos dos de colonias clásicas, uno para el talco francés Vivaudou, otro de una crema depilatoria que incluimos y tres de jabones, de los que uno es francés y los otros dos, estadounidenses.

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Después de una búsqueda más general nos quedamos realmente boquiabiertos. Nunca se nos habría ocurrido asociar al gato con el tabaco, pero sin esforzarnos mucho encontramos tres marcas que utilizaban al felino en sus cajetillas o en sus anuncios. La primera, desde luego, es la famosa Black Cat, del Reino Unido, una empresa fundada por José Joaquín Carreras, cuyo padre tenía una conocida tienda en la calle Wardour. Los clientes la llamaban “tienda del gato negro” por el gato común, negro como un tizón, que siempre dormía en el escaparate. Hoy no diremos nada más al respecto y reservaremos el resto de la historia para otra entrada. La marca SG en Portugal también usaba a un gato, pero este tiene un cigarrillo encendido en la boca, y el tabaco para pipa Meerschaum muestra a una gata madre con gatitos en un anuncio bastante incomprensible.

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Que un cacao se anuncie con un gato tiene cierta lógica; un chocolate caliente, el calor del hogar, etcétera… Incluimos un anuncio holandés y otro inglés de Cardbury donde se juega con la pureza del cacao y la blancura del gato. En Francia, la marca Poulain anunciaba sus tabletas con un gato, y en Alemania, la marca Trumf utilizaba a un gato con botas y el eslogan “A la conquista del mundo”.

Ahora bien, ¿qué tienen que ver los gatos con la fruta? Encontramos dos anuncios de cítricos, uno español y otro estadounidense. No incluimos aquí el anuncio de las sardinas Miau que, al fin y al cabo, es el que tiene la relación más directa entre producto y felino.

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Y siguiendo con los alimentos, descubrimos cinco anuncios de quesos franceses con gatos. ¡Cinco nada menos! Aquí vemos dos de Camembert pero ¿los gatos y el Camembert?  Con la leche, de acuerdo, pero a muy pocos gatos les gusta el queso, y menos el Camembert si está muy hecho. ¿La asociación leche-gato? Puede que sea eso, ya que hacen falta muchos litros de leche entera para hacer un buen Camembert.

Para acabar con la sección alimentos y recopilando, las sardinas Miau, cinco chocolates, dos leches, cinco quesos y dos frutas, un almidón alemán y una levadura estadounidense usaban a un gato en su publicidad.

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Pero reconocemos que nuestra mayor sorpresa llegó con las bebidas alcohólicas. ¡Seis marcas con un gato! En el anuncio de la absenta Pontarlier se ve a un gato bebiendo en una copa, y en el licor de ginebra Old Tom de Boord & Son, el gato está sentado en un sillón como una persona. Este último tiene sentido ya que “tom cat” en inglés se refiere al gato macho entero, por lo tanto “Old Tom” es una forma cariñosa de llamar a un gato. ¿La absenta y el gato? Los poetas de finales del XIX bebían absenta y admiraban al misterioso animal nocturno. No se nos ocurre nada más. Otro anuncio uruguayo corresponde a un “cognac español”; otro a una cerveza; un quinto a un bíter, y el último al vino verde portugués Gatão.

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El gato también aparece en cuatro anuncios de calzado, de los que tres son franceses, y de esos, dos son pantuflas. El cuarto es una publicidad de betún. Aparece en numerosos anuncios de ropa, sobre todo de medias, donde suele verse a un gato frotándose contra las piernas de una mujer, pero el mejor de todos es el anuncio de las fajas Viso Gurtel que se ve aquí.

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Para terminar hay unos cuantos “varios”, como las pilas estadounidenses  Eveready y sus nueve vidas, los televisores Philips y Ferguson, así como el esmalte para retocar estufas “Black Cat”.

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Los anuncios de entonces, en muchos casos, tenían sentido del humor y se limitaban a carteles, anuncios en periódicos y revistas, y placas metálicas colgadas en tiendas y talleres. Quizá estemos equivocados, pero no recordamos haber visto campañas publicitarias con gatos, a excepción de las realizadas para su comida. Nos preguntamos si el significado del gato no ha cambiado desde los años cincuenta a hoy.