Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Los gatos y sus monumentos (Parte 2)

El gato Vasilisa (San Petersburgo)

El sitio de Leningrado durante la II Guerra Mundial aisló a los habitantes durante dos años y medio. Los gatos empezaron a faltar y la población de ratas creció, poniendo en peligro la poca comida que quedaba. A alguien se le ocurrió traer más gatos de pueblos cercanos para combatir la plaga de ratas. En San Petersburgo, el gato Vasilisa está sentado en el alero del nº 3 de la calle Malaya Sadova, y el gato Yelisey le mira desde el nº 8 en recuerdo a los gatos que ayudaron a salvar la ciudad cuando se llamaba Leningrado.

El gato Yelisey (San Petersburgo)

En Samara, distrito del Volga, una ciudad bastante fría, hay un curioso monumento para conmemorar los 150 años de la invención del radiador. La composición de bronce en la que se ve una ventana, un radiador y un gato está instalada en una estación generadora de calor. El Ayuntamiento pidió a los habitantes que mandaran fotos de sus gatos durmiendo en radiadores. Y el 19 de octubre de 2005 se inauguró el monumento en el que aparece un modelo típico de radiador de principios del siglo pasado.

150 años del radiador (Samara)

A orillas de los ríos Volga y Kazanka se erige la ciudad de Kazán, capital de Tartaristán. En ella habita el famoso gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/), que salvó la vida al kan de Kazán cuando Iván el Terrible asedió la ciudad en el siglo XVI. En 2009 se inauguró una escultura de bronce de unos tres metros de alto y 2,8 de ancho, diseñada por el artista local Igor Bashmakof, con un gato tripudo tumbado debajo de un baldaquín acariciándose los bigotes con una pata y rascándose la tripa con la otra. En el zócalo, una inscripción reza: “Gato de Kazán, mente de Astrakán, inteligencia de Siberia”.

El gato de Kazán

No lejos de Kazán, unos 45 km. más al norte, está la ciudad de Yoshkar-Ola, que desde 2011 cuenta con un curioso monumento dedicado al gato macho en todo su auge, situado cerca de la Universidad Estatal Mari-El. La escultura de bronce, de unos 150 kilos, representa a un gato macho cruzado de piernas en actitud muy relajada. Es obra de los escultores locales Sergey Jandubaev y Anatoly Shirnin. Al parecer, la idea surgió por el eufemismo “yoshkin kot” (gato macho sin castrar), muy parecido al nombre de la ciudad. Por cierto, se supone que frotar las orejas del gato da buena suerte.

El gato de Yoshkar-Ola

La ciudad de Tiumén, en Siberia Occidental, a 1.725 km. de Moscú, es conocida por sus monumentos y esculturas, pero uno de los lugares más interesantes es la Plaza de los Gatos Siberianos, en la céntrica calle Pervomaiskaya. En noviembre de 2008 se instalaron doce composiciones escultóricas de gatos formando un paseo. Los gatos corren, saltan, duermen, se rascan… En la placa conmemorativa, la escultora Marina Alchibaeva dice que si la paloma es el símbolo de la paz, el gato lo es de la amabilidad y de la ternura. Añade que un gato siberiano (https://gatosyrespeto.org/2017/03/02/gatos-siberianos/) es un amigo fiel para toda la vida.

Tiumén (Siberia)

Tiumén (Siberia)

Odesa, situada en el Mar Negro, es una ciudad llena de esculturas de gatos. El 12 de septiembre de 2018 se colocó la última (de momento) de una larga serie de estatuas dedicadas a los gatos de las que hablaremos en otra entrada próximamente. Un gato duerme felizmente en la barandilla de las escaleras que llevan a la puerta de una oficina municipal. La escultora Tatyana Shtykalo explica que se inspiró en el inteligente gato Ryshik, que “trabaja” en esta oficina y es considerado por todos los empleados como un auténtico talismán.

Odesa

En Kiev, capital de Ucrania, hay una estatua dedicada al gato Panteleimon, un magnífico persa,que vivía en el restaurante Pantyusha. “Kotik” (Gatito) era el favorito de los empleados y de los comensales y paseaba por la sala, saludando a todos. Pero el restaurante se incendió y Panteleimon murió por inhalación de humo. La ciudad le dedicó un monumento delante del restaurante. Al principio, le acompañaba un pájaro, pero el empeño de los turistas en llevarse un recuerdo de la ciudad hizo que Panteleimon se quedara solo.

Panteleimon (Kiev)

En la capital de Azerbaiyán, Bakú, una ciudad con un magnifico barrio antiguo, hay otro curioso monumento. En la parte superior se ve a tres gatos asomados por una ventana redonda y en el piso de abajo a una pareja con un gato. La mujer parece que intenta mirar a los tres gatos de más arriba. No hemos conseguido saber si el monumento se llama “Monumento a los amantes de los gatos” o “Monumento a los gatos y a los amantes”.

Bakú

Bakú

De Bakú damos un gran salto y nos vamos a Kuching, capital del estado malayo de Sarawak, en la isla de Borneo (https://gatosyrespeto.org/2015/02/07/el-museo-del-gato-de-kuching-malasia/), una ciudad dedicada a los gatos donde siguen apareciendo más estatuas homenajeándolos. En septiembre de 2019 se inauguró la de un gigantesco gato blanco y negro en la glorieta Padungan, donde ya se encuentra la muy popular gata blanca. Se desconoce el origen del nombre de la ciudad, pero la pronunciación de Kuching es bastante similar a “kucing”, que significa “gato”.

Kuching

Kuching

De Malasia intentamos ir a Japón, pero no hemos encontrado monumentos específicos dedicados a los gatos. También nos ha sorprendido la escasez de esculturas en Canadá y Estados Unidos. En Toronto, concretamente en el barrio Kensington Market, hay dos curiosos monumentos con gatos. El primero es “Home Again, Home Again” y representa a un gato en una silla, simbolizando el calor del hogar. El segundo, “Jiggity Jig”, un gato en un globo terráqueo, es un homenaje a los emigrantes que se instalaron en el barrio.

Kensington Market, Toronto

Kensington Market, Toronto

Yendo hacia el suroeste, en Portland, Oregón, encontramos una escultura de piedra, obra de Kathleen McCullough, en el Portland Transit Mall. Fue instalada en 1977, mide 0,91 metros por 1,35 metros y los niños pueden subirse encima.

Portland, Oregón

En el campus de la Universidad Estatal de Carolina del Norte hay otro inesperado monumento dedicado al gato Cyrano L. Cate II, aunque el gato rubio de pelo largo era conocido como Ratty (Ratero). Fue el primer gato en recibir una prótesis de rodilla y también el primero sometido a un tratamiento de radioterapia estereostática que le permitió vivir varios años más.

Cyrano L. Catte 2 (Ratty) Universidad de Carolina del Norte

Acabaremos en Cali, Colombia, con El Gato del Río, obra del escultor Hernando Tejada, inaugurado en 1996. Diez años después, la Cámara de Comercio invitó a diversos artistas a diseñar gatas, quince en total. Desde entonces, el número de gatas ha seguido creciendo. Pero no diremos más de momento; algo así se merece una entrada en toda regla.

El Gato del Río y la Gata Siete Vidas


Deja un comentario

Los gatos y sus monumentos (Parte 1)

Tiumén (Rusia)

El país con más monumentos de gatos, de los muchos que hay en todo el mundo, es Rusia. Un estudio realizado en 2017 reveló que en el 57% de los hogares rusos había un gato, seguidos muy de cerca por los ucranianos, con el 49%. Estados Unidos es el tercero, pero apenas hay monumentos dedicados al gato. Otro país muy amante de los gatos es Malasia, donde el 17% de los habitantes tiene más de tres. El menos interesado en nuestros amigos felinos es Corea del Sur, donde solo el 9% de los habitantes posee un gato.

Gato de Fernando Botero en Venecia

Pero ya que hay tantos monumentos, más nos vale empezar. En alguna ocasión ya hemos hablado de Towser (https://gatosyrespeto.org/2016/05/19/towser-y-otros-gatos-en-destilerias-y-cervecerias/), la gata que trabajó veinticuatro años en la destilería del famoso whisky escocés Glenturret. Durante su larga vida atrapó a 28.899 ratones, siendo nombrada “Mejor ratonera del mundo” por el Libro Guinness. Ahora bien, nos preguntamos cómo se sabe con semejante exactitud el número de ratones que cazó Towser.

Towser y el nuevo equipo de la destilería

Hodge fue un gato famoso al que el escritor Percival Stockdale dedicó una oda cuando murió. Pertenecía a Samuel Johnson, el autor del primer diccionario de la lengua inglesa, publicado en 1755. Al parecer, el Dr. Johnson se encargaba personalmente de ir a comprar ostras para Hodge (https://gatosyrespeto.org/2014/10/21/hodge-el-gato-de-samuel-johnson/). En 1997, la ciudad de Londres encargó una estatua de Hodge al escultor Jon Bickley para colocarla en Gough Square, delante de la casa donde vivió.

Hodge, el gato de Samuel Johnson (Londres)

En La Haya podemos ver una estatua del Gato con Botas en un parque, obra del escultor Johan Keller y donada a la ciudad por su viuda. En el Jardín de las Tullerías de París encontramos otro Gato con Botas en honor al gran recopilador de cuentos de hadas Charles Perrault. Encargado por el Estado francés a Gabriel Pech en 1903 y terminado en 1908, en principio estaba diseñado para piedra, bronce y mármol, pero acabó siendo íntegramente de bronce.

El Gato con Botas (La Haya)

El Gato con Botas (París)

Un monumento que no está dedicado a ningún gato en particular, sino a los gatos callejeros es el de Brunswick, Alemania. En el “Kattreppeln” (Tropel de gatos), obra del escultor Siegfried Neuenhausen, que fue profesor en la Universidad de la ciudad y un destacado artista de la Baja Sajonia, se ve a varios gatos jugando, peleando… Desde 1981 está instalado en una zona peatonal de la ciudad.

Tropel de gatos (Brunswick)

Desde el año 2003, en la Rambla del Raval de Barcelona hay un enorme gato (https://gatosyrespeto.org/2015/06/07/el-gato-gordo-de-fernando-botero/) de dos toneladas de peso, obra del colombiano Fernando Botero. Durante 15 años, el Ayuntamiento trasladó al gato en no menos de cuatro ocasiones antes de ubicarlo definitivamente. El artista tiene varias estatuas de gatos repartidas por el mundo, entre ellas la de Venecia.

Gato de Botero en Barcelona

En Valencia, la artista Elena Negueroles donó el grupo escultórico “Callejeros” compuesto por el perro Tristán y la gata Soledad para mostrar el desamparo de los perros y gatos de la calle y homenajear a las personas que los protegen. El monumento, fundido en bronce con pátina para aparentar la piedra natural, fue colocado el 3 de marzo de 2018 en la concurrida plaza de Los Pinazo.

Valencia

El gato Tombili vivía en Estambul, la ciudad de los gatos. Estaba bastante gordo y le gustaba mucho descansar en un escalón de la acera en actitud pensativa. Se hizo famoso cuando alguien publicó su foto en Internet. Dos meses después de su muerte, el escultor Seval Sahin donó esta escultura para que se colocara en el sitio favorito de Tombili.

El auténtico Tombili

La estatua de Tombili

El gato de Van procede de las zonas montañosas que rodean el lago del mismo nombre, cerca de la frontera con Irán. La ciudad de Van no quiso quedarse sin dedicar un monumento al famoso gato blanco con un ojo de cada color. El gato de Van (https://gatosyrespeto.org/2014/04/03/el-gato-de-van/) tiene otra peculiaridad: le gusta el agua. No sabemos si debido al contacto con el mayor lago de Turquía.

Estatua al Gato de Van

Mrs. Chippy fue el gato del Endurance, el barco que llevó a Ernest Shackleton en su búsqueda del Polo Sur en la expedición de 1914-1917. Al quedar el barco atrapado en el hielo, Shackleton decidió sacrificar a Mrs. Chippy y a cinco perros. Harry McNeish, que sentía un profundo afecto por el gato y cuyo mote era “Chippy”, se lo reprochó abiertamente. Toda la tripulación fue galardonada con la Medalla Pollar, excepto McNeish, acusado de insubordinación por Shackleton. Casi cien años después, la Sociedad Antártica de Nueva Zelanda encargó una estatua de bronce de Mrs. Chippy y la colocó en la tumba de Harry McNeish en Wellington.

Mrs. Chippy en la tumba de Harry McNeish

Otro gato explorador fue Trim, que acompañó a Matthew Flinders en la primera expedición que dio la vuelta a Australia. De pequeño se cayó al agua y salvó la vida trepando por una cuerda. Cuando apresaron a Flinders en la isla Mauricio, Trim le acompañó, pero desapareció en la cárcel. Parece ser que el desconsolado Flinders prometió hacerle una estatua. No pudo cumplir su promesa porque falleció poco después de su liberación tras siete años de encarcelamiento. Pero Trim tiene dos estatuas, una en Port Lincoln, Australia Meridional, con el hombre que tanto le quiso, y otra en la Biblioteca Mitchell de Sídney realizada por el escultor John Cornwell en 1996.

Trim y Matthew Flinders en Port Lincoln

Trim en Sídney

En la ciudad de Brest, Bielorrusia, se inauguró en mayo de 2016 una curiosa composición escultórica llamada “Ciudad antigua”, pero que los habitantes de la ciudad han bautizado como “Gatos enamorados”. El autor es el escultor Ruslan Usmanov y, en realidad, su uso es de lo más funcional al tratarse de un respiradero.

Brest, Bielorrusia

La poetisa finlandesa Edith Södergran, una enamorada de los gatos, vivía en Raivola, ahora Roshchino, una localidad del distrito de Vyborgsky, en el óblast de Leningrado. Cuentan que cuando la escritora murió de tuberculosis, su gato Totti se sentó en su tumba y rehusó moverse, comer o beber. Otros dicen que un vecino mató a Totti de un disparo (https://gatosyrespeto.org/2014/05/26/edith-sodergran-poetisa-y-fotografa-enamorada-de-los-gatos/). La estatua se encuentra en un parque del municipio y su autora es la escultora finlandesa Nina Terno.

El gato Totti

Acabamos de llegar a Rusia, pero mejor dejamos los otros monumentos de este país para la semana siguiente, lo que nos permitirá dar a conocer algunos muy curiosos.

Los callejeros Tristán y Soledad (Valencia)


2 comentarios

Gatos en el folclore ruso

El gato es importante en Rusia, no solo porque al parecer el  60% de la población tiene un gato doméstico, sino por el importante lugar que ocupa en el folclore. En el cuento de hadas épico “Ruslán y Ludmila”, escrito por Pushkin y publicado en 1820, los seis primeros versos, inmediatamente después de la dedicatoria propiamente dicha, se refieren a un gato: “Hay un roble verde en la orilla/ de la bahía azul; atado a una cadenita de oro/ el gato, conocedor de muchas fábulas,/ pasea alrededor del tronco sin cesar./ Si se mueve a la derecha, cantará una canción./ Si se mueve a la izquierda, contará un cuento”.

Ruslán y Ludmila

Este curioso gato cantante y hablador, conocido por todos los niños rusos, está relacionado con el gato Bajun, que significa “hablador”, del verbo “bayat” (hablar), también llamado Kot Baikun. Se trata de un gato negro de enormes proporciones capaz de contar maravillosas historias y cuentos durante horas hasta adormecer a quien le escucha y entonces comérselo. Pero… si el oyente consigue permanecer despierto y atrapar al Kot Bajun, este se convertirá en el más fiel de los compañeros y le ayudará a superar cualquier dificultad.

Bajun

Bajun

Algunos dicen que Kot Bayun vive con Baba Yaga en una isba sostenida con patas de pollo en el Reino Tres Veces Diez, en Ucrania, mientras otros afirman que mora encima de un poste de hierro en la Tierra Tres Veces Nueve, en Rusia, donde no hay ni animales ni plantas. El gran tamaño y el color de Baiyun nos lleva a Beguemot, el travieso y parlanchín gato que juega al ajedrez en la novela de Mijaíl Bulgákov, cuyo nombre viene del monstruo Behemot, del que se habla en el Libro de Job.

La isla de Baba Yaga

Beguemot

Beguemot tiene el don de convertirse en un hombre rollizo en ciertas ocasiones, y el autor lo describe así: “Gordo como un cerdo, negro como el tizón o como el mirlo, y con los bigotes de un oficial de caballería”. Además, es un auténtico glotón.

Beguemot

El Beguemot del Museo Bulgákov

En Rusia existe la tradición de que al mudarse a una nueva casa, el gato debe ser el primero en entrar e inspeccionar las estancias. La cama se colocará donde se haya sentado por primera vez porque será el lugar más seguro. Hace unos catorce años, uno de los mayores bancos de Rusia ofrecía prestar un gato a cualquiera que contratara una hipoteca con ellos. Incluso tenían un portafolio con fotos de gatos para que el cliente pudiera escogerlo.

La casa del gato

Los gatos son los guías hacia el Más Allá, y antes se decía que si un gato saltaba por encima de un muerto, este regresaría como un vampiro porque el Guardián del Otro Mundo le había rechazado. Se sigue diciendo que cualquiera que mate a un gato no se limitará a siete años de mala suerte, sino que sufrirá lo peor de lo peor durante estos años.

El gato de Kazán

En muchos cuentos, los papeles protagonistas corresponden a gatos, y aquí resumiremos dos de los más conocidos. El primero es el gato y la zorrita. Érase una vez un gato macho al que le faltaba una oreja y que no dejaba de pelearse. Su amo decidió deshacerse de él, lo metió en un saco y se lo llevó al bosque, donde le abandonó, pero el gato consiguió agujerear el saco y salir. Primero se aseó, luego encontró una cabaña abandonada y se echó la siesta para reponerse de las emociones. Al despertar, sintió hambre y cazó unos ratones. Siguió así durante un tiempo, aunque no le gustase especialmente cazar; estaba acostumbrado a que le trajeran la comida.

Un buen día conoció a una zorrita, y aunque ella nunca había visto a un gato, le pareció de lo más apuesto. Le preguntó quién era y él contestó: “Soy el nuevo Gobernador procedente de los bosque siberianos, me llamo Catafay Ivanovich”. La zorrita Lisa le invitó a su casa, y como los dos se llevaban muy bien y eran solteros, decidieron casarse.

Al día siguiente, la zorrita salió a buscar comida y se encontró con el lobo, que empezó a coquetear con ella, pero le detuvo diciendo que estaba casada. El zorro quiso conocer a su marido, claro. Ella contestó: “Cielos, mi Catafay Ivanovich es de lo más fiero. Trae un cordero como prueba de respeto y te presentaré”. Al oso que al poco se cruzó en su camino le pidió que trajera un buey.

Los dos volvieron al rato con los presentes y le ordenaron a la liebre que avisara a la zorrita. El oso trepó a un árbol y el lobo se escondió debajo de un montón de hojas secas. El oso vio llegar a la pareja desde su escondite y el fiero marido de Lisa le pareció muy pequeño, pero Catafay se tiró encima del buey y empezó a arrancarle trozos pidiendo más y más.

El lobo se movió debajo de las hojas para ver qué ocurría. Catafay le oyó y creyendo que se trataba de un ratón, se le tiró encima, arañándole el hocico. El lobo huyó, aterrado, y el oso se cayó del árbol. A partir de ese día Lisa y Catafay vivieron felices sin tener que preocuparse de la comida para el duro invierno.

Otro cuento es el del Gato, el Gallo y la Zorra. Un gato y un gallo vivían felices en la misma cabaña. Siempre que el gato salía a cazar, le recomendaba al gallo que no saliera ni abriera la puerta a nadie. Una zorra muy lista decidió hacerse con el gallo y le ofreció grano si salía, pero el gallo le contestó que estaba muy bien en su casa.

La vez siguiente, dejó el grano delante de la ventana y se escondió. El gato salió a cazar, el gallo vio el grano, se aseguró de que no había nadie y saltó fuera a comerlo. La zorra no dejó pasar la oportunidad y se lo llevó. Por mucho que gritó el pobre gallo llamando a su compañero el gato, este estaba demasiado lejos para oírlo.

El gato, a su regreso, entendió lo que había pasado y al día siguiente siguió las huellas de la zorra hasta su casa. La zorra tenía cuatro hijas y un hijo, y antes de salir les encomendó que pusieran agua a hervir porque a su regreso, matarían al gallo y lo hervirían.

La zorra se fue y el gato empezó a cantar. La hija mayor, llena de curiosidad, salió a ver quién cantaba tan bien. El gato le dio en el hocico, ella se desmayó y la metió en un saco. Lo mismo pasó con las otras tres y, finalmente, con el hijo pequeño. El gato colgó el saco de una rama, entró y liberó a su amigo el gallo. Desde ese día, el gallo jamás desobedeció al gato.

Dedicamos esta entrada a nuestro amigo Carlos, que creció en Moscú.


1 comentario

El gato Morris, una estrella

El primer gato Morris fue visto por primera vez en 1969 anunciando la comida felina 9Lives y no tardó en hacerse famoso. Había sido rescatado de la calle por la Hinsdale Humane Society, situada en Hinsdale, una localidad a las afueras de Chicago. Ya era un gato adulto y es muy probable que estuviera abandonado.

1972

La agencia publicitaria Leo Burnett se había puesto en contacto con el adiestrador Bob Martwick porque buscaban un gato para promocionar una marca de latas, pero lo querían con aspecto de “macho”. Morris ya llevaba meses en la protectora y Marwick le encontró un día antes de que fueran a sacrificarlo.

Bob Martwick se quedó prendado del tranquilo gato naranja. Tan tranquilo que algunos incluso le tacharon de distante. Al cabo de pocos días se llevó a Morris y a otros gatos para que conocieran al equipo creativo de la agencia en Chicago. Primero presentó a los otros nueve gatos y reservó a Morris para el final. Con el fin de que el impacto fuera mayor, le dejó entrar solo en la sala.

1978

Según el adiestrador: “Saltó encima de la mesa y fue directamente hacia el director artístico, el pez gordo de la reunión, le dio un empujón con la cabeza y se sentó delante de él”. Parece ser que el director artístico, cuyo nombre no ha pasado a la historia, dijo: “Hemos encontrado al Clark Gable de los gatos”. Así fue como el primer gato Morris se convirtió en el representante de la marca 9Lives (en los países de habla inglesa, los gatos tienen 9 vidas, dos más que los nuestros). Protagonizó nada menos que 58 anuncios televisivos, y su imagen apareció en una infinidad de tazas, camisetas y otros objetos de merchandising.

1980

El trofeo dorado, al lado del que vemos a Morris, ofrecido por 9Lives al gato del año durante un concurso celebrado en el Beverly Hills Hotel, estaba hecho por la empresa que también fabricaba los premios Emmy, algo que demuestra la importancia de Morris.

Premio Morris a la Mejor Mascota

Jennifer Peterson, que empezó trabajando en los ochenta, tuvo el privilegio de conocer y viajar con el segundo Morris. Recuerda que ella y su equipo volaban en clase turista, mientras que Bob Martwick y Morris iban en primera. Eso sí, Morris siempre dentro de su transportín.

Jennifer Petterson, Morris (tercera generación) y Bob Martwick

“Se veía a un gato naranja por los agujeros del transportín, pero no se nos ocurría llamarle por su nombre porque la gente se habría vuelto loca”, dice la relaciones públicas. Fue una de las poquísimas personas que tuvo el privilegio de coger en brazos al segundo Morris porque Bob Martwick no quería que le tocaran. “Era muy agradable, pero muy estricto”, dice Jennifer Petterson, que también trabajó con otras estrellas, como Beethoven, Lassie y el perrito de la serie “Frasier”.

Calendario 1986

El primer Morris murió en julio de 1978 a los 17 años. El periódico The New York Times le dedicó una necrológica donde se especificaba que “Morris descansa cerca del hogar del Sr. Martwick”. El adiestrador empezó a visitar protectoras para encontrar a un gato que se pareciera lo suficiente a Morris como para sustituirle en los anuncios.

Morris, el autor

Bob Martwick falleció el 29 de agosto de 2001. Había pasado 27 años recorriendo Estados Unidos con dos estrellas felinas, conocidas por sus exigentes gustos en cuanto a comida. Dijo en muchas ocasiones que se consideraba el asistente de Morris y que disfrutaba siéndolo. Tenía otros animales, pero Morris fue el que alcanzó la fama.

Bob Martwick y el primer Morris

Los gatos que han sustituido a los dos primeros Morris proceden de protectoras y desde que empezaron a verse los anuncios, han recibido miles de cartas de fans a las que contestan con una huella de la pata delantera (no sabemos si la derecha o la izquierda). En 1988, el tercer Morris participó en la carrera para ocupar la Casa Blanca con el lema “Morris para presidente”; otro volvió a intentarlo en 2012 y cabe la posibilidad de que el actual gane si lo intenta en 2020.

2019

Todos los Morris han promocionado y promocionan la salud felina a través de acuerdos con diversas protectoras, además de visitar hospitales y colegios. En 2006 se lanzó la campaña “Morris Million Cat Rescue” (Rescate Morris de un millón de gatos), que logró su objetivo al cabo del tercer año: la adopción de un millón de gatos rescatados de protectoras. Gracias a la colaboración con la Asociación Veterinaria de América, de Schaumburg, Illinois, el mes de febrero fue declarado “Mes de la salud del gato”.

1984

El primer Morris trabajó en dos películas en 1973. La primera fue “Shamus, pasión por el peligro”, dirigida por Buzz Kulik, y protagonizada por Burt Reynolds y Dyan Cannon.  Según Mary Daniels, su biógrafa oficial, Morris tuvo que trasladarse a Brooklyn para rodar. En la primera escena en la que aparecía, debía lamer la cara de Shamus después de que a este le pegaran una paliza. Pero Morris prefirió colocarse de un salto en el borde de la bañera donde acaba el detective, lo que no estaba en el guion, pero gustó mucho al director.

Shamus

La segunda película fue “Un largo adiós”, de Robert Altman, con guion de otro gran amante de los gatos, el escritor Raymond Chandler, y protagonizada por Elliot Gould en el papel de Marlowe. Ahora bien, aquí existen discrepancias en cuanto a si realmente Morris participó en esta película. Volvemos nuevamente a su biografía oficial en la que se indica que Morris rechazó el papel por miedo a que le encasillaran al haber rodado otra película de detectives ese mismo año. El gato que salta encima del hombro de Robert Gould podría ser el no menos famoso Orangey (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/).

Un largo adiós

Raymond Chandler y su gato

A pesar de las dudas, hemos querido incluir unos cuantos fotogramas de “Un largo adiós” y sobre todo de la célebre gatera “El porto del gato”. Está claro que el gato de Marlowe sabía leer; más aún, hablaba español, pero su compañero humano flaqueaba bastante en cuanto a sus conocimientos idiomáticos.

 

 

 

 

 

El actual Morris reside en Los Ángeles con su adiestradora y compañera Rose Ordile. Juntos van a los rodajes donde trabajan otros de sus animales. También sabemos que visitó CatCon 2019, la feria felina más importante del mundo, celebrada en Pasadena, California, el pasado mes de junio. Por cierto, CatCon es una acérrima defensora del lema “Adopta, no compres”.

Morris en su casa actual


6 comentarios

Los gatos de la isla de Lamu

Lamu es un pequeño archipiélago situado a pocos kilómetros de la costa de Kenia, cerca de su frontera norte, con una población de unos 20.000 habitantes, de los que el 90% son de origen suajili. Se cree que la ciudad del mismo nombre, en la isla también llamada Lamu, fue fundada en el siglo XII. Portugal invadió el archipiélago en 1505 debido a su excelente ubicación para controlar el comercio en el océano Índico. Un siglo y medio después, el sultanato de Omán ayudó a Lamu a oponerse al control portugués, dando pie a la época dorada de la ciudad.

Lamu, la ciudad

Además de convertirse en un importante núcleo comercial, también fue conocido como centro artístico, literario y académico. En el siglo XIX, la poetisa Mwana Kupona, autora de una de las primeras obras de la literatura suajili, alcanzó un estatus social mucho más elevado de lo que le habrían permitido en Kenia en su época. Lamu pasó a ser dominado por el sultán de Zanzíbar y, posteriormente, por los alemanes. Desde la independencia de Kenia en 1963, ha recuperado gran parte de su autonomía.

Lamu

La isla de Lamu es Patrimonio de la Humanidad, pero además cuenta con dos valores añadidos a nuestro modo de ver: sus gatos y sus burros. Hablando de los primeros, cada día, con la marea alta y exactamente media hora antes del regreso de los pescadores, decenas de gatos se apostan en el puerto mirando hacia el mar. Al poco de llegar, los pescadores les tiran la morralla, que se disputan a menudo con los marabúes.

Estos gatos no se parecen mucho a los que acostumbramos a ver en occidente. De silueta sumamente grácil, ojos rasgados y cabeza triangular, orejas grandes y puntiagudas, cuello largo, patas altas y delgadas, a primera vista recuerdan al “mau” egipcio. Muchos defienden que los gatos de Lamu son los últimos representantes de la raza domesticada hace 2.500 años a orillas del Nilo.

Teóricamente, los gatos de Lamu habrían llegado a la isla (y a todo el archipiélago) incluso antes de que un comerciante griego, contemporáneo de la dinastía ptolemaica, describiera la costa en el “Periplo del mar Erítreo”, escrito unos 200 años a. de J.C. Los barcos de entonces siempre llevaban gatos a bordo para combatir a las ratas y anclaban a menudo en el archipiélago, protegido de las olas por una barrera de coral.

No sabemos a ciencia cierta si hace tanto tiempo que llegaron los felinos a Lamu, pero sí puede asegurarse que ya estaban durante la fundación de la ciudad en el siglo XII. Curiosamente, los gatos han conservado la elegancia de sus antepasados, aunque el pelaje ha adoptado todos los colores habidos y por haber. Son gatos gregarios y suelen formar auténticos clanes, aunque esto no excluye las habituales peleas territoriales.

Se calcula que hay aproximadamente diez mil gatos en las cuatro islas que forman el archipiélago, y que unos cuatro mil viven en la ciudad de Lamu. Teniendo en cuenta que una gata puede dar a luz a unos dieciséis gatitos cada año, si no se controlase la población felina, esta no tardaría en superar al número de habitantes humanos.

Y aquí es donde aparece la “Lamu Animal Welfare Clinic” (http://www.lamu-vet.org/), una clínica veterinaria creada para cuidar de los animales de la isla, y dedicada especialmente al programa CES en lo que a gatos se refiere. Operan entre 20 y 30 diarios, incluso más cuando tienen ayuda de veterinarios voluntarios procedentes del continente o del extranjero. Dos personas salen a la calle diariamente a capturar gatos para esterilizarlos. Los machos se sueltan a las 24 horas y las hembras, unos días después de la operación.

La clínica, que funciona como una organización benéfica, abrió sus puertas en 2004, para controlar la proliferación de gatos y, asimismo, evitar que enfermasen y pasasen hambre. La ONG sobrevive gracias a la ayuda financiera de los habitantes de la isla, comercios y negocios, del ayuntamiento y del departamento veterinario del archipiélago. También la apoyan varias fundaciones extranjeras, como la Fondation Brigitte Bardot, Help Animals International, Humane Society International y Alice Noakes Memorial Charitable Trust, entre otras.

Las habitantes de Lamu, musulmanes en su inmensa mayoría, no tienen nada contra los gatos, todo lo contrario. No olvidemos que Mahoma amaba a los gatos y que su primer discípulo, Abu Huraira, era llamado “Padre de los gatos”. Pero no todos – ni mucho menos – aprueban la esterilización, lo que plantea ciertas dificultades a la clínica veterinaria, aunque cada vez menos.

Hace 20 años, en 2009, falleció Fatuma Paka, que compartía su casa con unos cien gatos. Sus vecinos cuentan que en su lecho de muerte, solo le preocupaba el destino de sus queridos amigos. Fatuma Paka, cuyo segundo nombre significa “gatito” en suajili, se gastó lo poco que tenía alimentando y cuidando a sus gatos. Por suerte, la clínica veterinaria logró encontrar hogares para la mayoría de ellos.

En 1998, el documentalista Jack Couffer pasó una temporada en Lamu estudiando, siguiendo y fotografiando a los gatos de la isla. El libro “The Cats of Lamu” es una joya, pero los vecinos del autor, durante su estancia, no solo le tacharon de excéntrico, sino incluso de loco por seguir a gatos noche y día.

Diecisiete años después, Julie Delfour, apasionada por el mundo animal, doctorada en Geografía y licenciada en Ciencias Sociales y Etiología, publicó otro libro magnífico, “Les chats de Lamu – Sur les traces des premiers chats” (Los gatos de Lamu – Siguiendo la huella de los primeros gatos).

La isla de Lamu carece de carreteras y las calles de la ciudad son muy estrechas, tanto que no caben los coches. Más de seis mil burros sirven como medio de transporte. Son tan fundamentales para la economía de la isla que la ONG más importante del lugar se dedica solo a ellos y uno de los dos únicos coches es una ambulancia para asnos.


2 comentarios

El gato Room 8

Retrato oficial de Room 8 (Foto de Roger W. Vargo)

Un buen día de 1952 apareció un gato en el aula 8 de la escuela primaria “Elysian Heights” (Altos Elíseos) de Echo Park, un barrio en pleno centro de Los Ángeles conocido por ser el hogar de músicos, actores y directores de cine como Frank Zappa (https://gatosyrespeto.org/2018/02/22/gatos-el-maestro-y-frank-zappa/), Steve McQueen, Shia LaBeouf o John Huston, entre otros. En los años cincuenta, Echo Park aún no tenía su célebre zona de moda, ni tampoco estaba tan densamente poblado; actualmente cuenta con más de 43.000 habitantes.

Ahora bien, que un gato llegue a un colegio, se pasee y esté de visita unos días, no dudamos que pueda pasar, pero ¿que decida vivir 15 años en la misma escuela? Cuando por primera vez vieron al gato atigrado, estaba famélico, y lo que hizo fue pedir trozos de sándwiches a los niños, que se encontraban en la hora del almuerzo. A continuación, les siguió al comedor y pidió más comida. En los días siguientes exigió que se le dejara entrar y dormir en las aulas, sobre todo en la 8; de ahí su nombre, “Room 8”. Varios profesores y padres a los que les gustaban los gatos calcularon que debía tener unos cinco años.

Cantando el himno nacional con Room 8

La entrada del colegio

Durante 15 años repitió exactamente la misma rutina: desaparecer por la noche y estar puntualmente por la mañana cuando abrían las puertas de la escuela. ¿Y qué ocurría en vacaciones y en verano? También desaparecía, pero el día que volvían los niños al colegio, ahí estaba. Al cabo de poco tiempo se desveló el misterio: siempre había alguna familia que vivía cerca dispuesta a acogerle si el colegio estaba cerrado.

Foto de fin de curso con Room 8

Retrato de Room 8 en la escuela

John Hernandez, que estudió en Elysian Heights, recuerda: “Conocí a Room 8 personalmente. Pasó todo el verano en casa con nuestros dos gatos, creo que fue en 1962. Pero antes ya había aparecido en numerosas ocasiones requiriendo comida, y siempre le complacíamos. Cabe la posibilidad de que fuera el padre de la última camada de nuestra gata. Tres de los seis gatitos tenían las mismas marcas que Room 8. Mi madre repartió los seis entre los vecinos, y es muy posible que el linaje de Room 8 siga vivo en el barrio”.

Room 8 deja su huella en cemento

Su huella

Room 8 se hizo muy famoso, tanto que en ocasiones llegó a recibir cien cartas en un solo día, aunque la media era de unas treinta mensuales. Cada otoño le esperaban cámaras de televisión y periodistas locales para asegurarse de que había vuelto. En 1968, el realizador Bud Wiser le incluyó en un documental de una hora de duración llamado “The World of Animals: Big Cats, Little Cats” (El mundo de los animales: Gatos grandes, gatos pequeños).

Room 8 realizando su pasatiempo favorito

“Sin nombre llegó al Aula 8 para traer fama a nuestra escuela”.

Es el protagonista del libro infantil “A Cat Called Room 8” (Un gato llamado Aula 8), escrito en 1966 por Virginia Finley y Beverly Mason, antigua directora de la escuela Elysian Heights. Las ilustraciones son de Valerie Martin, que daba clases cuando Room 8 se instaló en el colegio. La revista Look publicó un reportaje fotográfico de tres páginas de Room 8 realizado por el fotógrafo Richard Hewett en noviembre de 1962. El músico Leo Kottke compuso un tema instrumental titulado “Room 8” incluido en el álbum “Mudlark”, de 1971.

Placa firmada por la ilustradora del libro

Su popularidad empezó con un artículo en “My Weekly Reader” (Mi lectura semanal), una revista de gran éxito dirigida a niños que apareció en Estados Unidos desde 1928 a 2012. A partir de ese artículo empezaron a llover las cartas de fans, más de diez mil en total. Los niños de la escuela hacían las funciones de secretarios/as para contestar toda la correspondencia. Los sobres no solo contenían cartas, sino también billetes de un dólar o más, que sirvieron para comprar libros. Y algunos de estos sobres iban sencillamente dirigidos a “Room 8, Los Ángeles, California” o “El gato, Los Ángeles, California”.

Leyendo las cartas de sus fans

Recuerdos de Room 8

Los años pasaron, y un día Room 8 se peleó con otro gato y salió mal parado. Ya no era el gato en la plenitud de la vida que había elegido el colegio como su hogar. Cuando contrajo neumonía, una familia vecina de la escuela se ofreció para cuidarle. Y cada día, el conserje le buscaba al final de las clases y lo llevaba al otro lado de la calle.

Room 8 con una de sus secretarias

En la acera: “Hogar de Room 8”

Falleció el 13 de agosto de 1968. La esquela en el periódico Los Angeles Times, en tres columnas y con una fotografía, no tenía nada que envidiar a las de importantes figuras políticas. Era tal su fama que la esquela incluso se publicó en Hartford, Connecticut. Los alumnos organizaron una colecta para sufragar su tumba en el cementerio para animales de Los Ángeles, en Calabasas, California.

En el libro dedicado a Room 8, Beverly Mason recoge varios testimonios de antiguos alumnos, como el de Angie Medrano: “Mi primer recuerdo de Room 8 es verle en los brazos de la Srta. Mason y pensar que era un gato muy grande. Le puso en el suelo y saltó a un pupitre al lado de la ventana para echarse la siesta al sol”.

Beverly Mason con Room 8

Otro retrato en la escuela

Como cualquier otra escuela primaria en los años cincuenta, Elysian Heights tenía muchas reglas: No se habla en clase, se respeta la cola, no se corre en los pasillos, no se habla durante los diez primeros minutos de la comida. Pero encima de todas estas normas, una era suprema: “No se molesta al gato”. Un maestro de entonces, Bob Bedwell, recuerda que un alumno se cambió de pupitre porque Room 8 quería su sitio.

Room 8 quiere estudiar

Publicado en la revista Look

Room 8 se tumbaba encima de los cuadernos y de los libros, robaba la comida de los niños, dormía en la mesa del profesor mientras este daba clase. Room 8 hacía lo que quería, conquistó a todo un colegio y a un vecindario. Estamos seguros de que entre los niños que le conocieron, hay muy pocos que no sean amantes de los gatos actualmente.

Duerme feliz al sol en los Campos Elíseos, Room 8.


Deja un comentario

Gatos con vitíligo o hipopigmentación

Gato rubio con vitíligo

El color de algunos gatos se aclara con el paso del tiempo. Aunque el cambio es mucho más aparente en los de pelaje oscuro, puede ocurrir en los de cualquier color. Pero ¿a qué se debe? El color de la piel y del pelo depende de unas células llamadas melanocitos, que se encuentran en la epidermis y en los folículos del pelo. Dichas células producen la melanina que aporta color a la piel y al pelo. Cuando nos exponemos al sol, estas células generan una mayor cantidad de melanina y la piel oscurece. Hasta aquí, todo tiene sentido, pero ¿por qué tiene lugar el efecto opuesto?

Proceso del vitíligo

La despigmentación no es una condición reservada a los gatos, se da en muchos otros animales (incluso en aves) y en seres humanos (la modelo Winnie Harlow, por ejemplo, que se convirtió en portavoz de la enfermedad).

Pingüino con vitíligo

Pantera con vitíligo

Pero volvamos a los gatos. Los hay de muchos colores con dibujos siempre diferentes (sobre todo los callejeros) ya que la cantidad de pigmento varía mucho de uno a otro. Algunos incluso son albinos y carecen totalmente de pigmento. De hecho, a pesar de las características marcas oscuras de los siameses, estos padecen a menudo de albinismo. Otra curiosidad de los siameses “point” es que el tono de las marcas varía según la temperatura del cuerpo.

Neptune en 2001

Neptune varios años después

La producción del pigmento depende de la acción de una enzima que actúa de acuerdo con la temperatura. Por eso, las partes corporales más cálidas de los siameses son más claras, mientras que las zonas más frías (la cara, pies, cola y punta de las orejas) son más oscuras. Hay gatos negros cuyo pelaje adquiere un tono rojizo al estar más expuesto al sol (https://gatosyrespeto.org/2019/03/21/los-gatos-negros-y-el-melanismo/). Sin embargo, existen estudios que demuestran que una dieta deficiente en los aminoácidos tirosina y fenilalanina también hará que el gato negro desarrolle un pelaje color óxido. Esto último se corregirá con una dieta equilibrada.

Oliver, un gato rubio

En general, la despigmentación se debe a condiciones benignas y no afecta en absoluto a la salud del gato, aunque puede haber excepciones, como el lupus erythematosus, una enfermedad inmunomediada en la que los anticuerpos atacan diferentes zonas de la piel, creando heridas y despigmentación. Por suerte, es una condición excepcional en los gatos. De todas formas, se recomienda llevar al gato al veterinario si se empieza a notar una despigmentación gradual.

Despigmentaciones poco comunes

La mayoría de estudios concuerdan en que el vitíligo empieza a una edad temprana en los gatos, destruyendo los melanocitos progresivamente. A medida que estos mueren, la piel y el pelo de la zona afectada se vuelven blancos. Suele afectar primero a la cara, sobre todo la nariz, los labios y la zona alrededor de los ojos. A continuación se extenderá por las almohadillas y, poco a poco, por todo el cuerpo. Efectivamente, si nos fijamos en las fotos de la gatita alemana Elli, además de la mancha blanca señalada con un círculo rojo, el vitíligo le afectó primero la cara, antes de extenderse con mucha rapidez por el resto del cuerpo.

Ellie en 2016

Ellie en abril de 2017

El vitíligo es una forma de leucoderma, algo que antes se creía muy poco común en gatos, pero gracias a las redes sociales e Internet, cada vez salen más casos a la luz. La leucoderma (piel blanca) y leucotriquia (pelo blanco) producen un efecto “tela de araña” o “copo de nieve” más obvio en gatos negros. Algunos pueden acabar casi totalmente blancos con el paso del tiempo con solo pequeñas manchas negras dispersas. Como hemos dicho antes, no es una condición restringida a los gatos, también se ve en perros y panteras negras, entre otros animales. Es algo meramente cosmético y no afecta a la salud aunque incrementa la posibilidad de quemaduras solares en las zonas despigmentadas.

Elli en agosto de 2017

Ellie en octubre de 2017

En medicina, el vitíligo entra dentro de las enfermedades inmunodeficientes y se divide entre segmentario y no segmentario.  El vitíligo segmentario tiende a formar un dibujo estable y asimétrico en la espalda, y su progreso en humanos puede predecirse. El vitíligo no segmentario es más simétrico en cuanto a su desarrollo y ocupa importantes zonas del cuerpo. Sus categorías son las siguientes:

  • Vitíligo generalizado – el más habitual. Manchas blancas distribuidas al azar.
  • Vitíligo universal – una despigmentación casi total. La progresiva “tela de araña” o efecto “copo de nieve”.
  • Vitíligo focal – unas pocas manchas blancas en un área concreta del cuerpo. En general, en gatos muy jóvenes (muy pocos casos).
  • Vitíligo acrofacial – en las patas y alrededor de los orificios corporales. Muy habitual en gatos colorpoint.
  • Vitíligo de la mucosa – despigmentación de las membranas de la mucosa. Poco común en gatos.

Ellie en marzo de 2018

Ellie en febrero de 2019

En 2014 hicieron su aparición unos extraños gatos blancos y negros en la región de los Cárpatos, en Hungría, Polonia, Ucrania, Eslovaquia y Rumanía. Tienen el rabo, la parte inferior de las patas, las orejas y la nariz de color blanco plateado con el cuerpo generalmente negro y alguna que otra mancha blanca. Al nacer son de un color claro que se oscurece a medida que crecen. En 2017, un gato de Romford, Gran Bretaña, nació con ese mismo marcaje. A pesar de haber sido diagnosticado con vitíligo, encaja más con la mutación karpati (un gen dominante). La mutación puede ocurrir en un gato de otro color, pero es más pronunciada en los negros.

Tigra (mutación karpati)

El efecto tela de araña, quizá el más común entre los animales afectados por vitíligo, no debe confundirse con la mutación “sal y pimienta” o “tweed”, común en gatos de Europa oriental, que se desarrolla a una edad temprana y, una vez estabilizada, produce un efecto “colorpoint” a la inversa, propia de los karpati. Ni tampoco con los pelos blancos que aparecen con la edad en gatos oscuros.

Gatito sal y pimienta o tweed

Resumiendo, el vitíligo no afecta a la salud del gato, solo a su aspecto físico. Algunos estudios sugieren que suplementar la dieta del animal con ácidos grasos omega-3 y vitamina C puede detener la despigmentación. Pero hasta la fecha no se ha realizado una investigación seria que apoye esta teoría.

Scrappy era negro en 1997. Foto de 2016