Gatos y Respeto

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Gatos tatuados de Kazuaki “Horitomo” Kitamura

El estudio de tatuajes State of Grace (Estado de Gracia), de San José, California, publicó en 2013 el libro “Monmon Cats”, con texto y dibujos de Kazuaki “Horitomo” Kitamura. Sus 118 páginas contienen un sinfín de maravillosos dibujos de tatuajes de gatos. Ahora bien, no se trata de los típicos tatuajes de gatitos bonitos, sino de espléndidas obras por sus colores, complicado diseño y simbolismo. “Monmon” significa “tatuado” en japonés.

Pero ¿qué empujó a Kitamura, más conocido como “Horitomo” en el mundo del tatuaje, a centrar su trabajo en los gatos? En la introducción del libro, el artista explica que el gato no ha sido bien tratado en algunas partes del mundo: “Me parece que hay ciertas similitudes entre los sentimientos encontrados que mucha gente tiene acerca de los gatos y los tatuajes en la sociedad japonesa. Por eso me parece que los gatos y los tatuajes están hechos el uno para el otro”.

Sigue diciendo que siempre le han inspirado los grabados del gran artista Kuniyoshi Utagawa (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/), que vivió a finales del periodo Edo y principios de la era Meiji. Los tatuajes se usaron como castigo en Japón, pero al final de la época Edo (siglo XIX) empezaron a ponerse de moda y muchos dibujos eran obra de los grabadores. Esa moda quizá se deba a la publicación de la novela china “Suidoken”, ilustrada con grabados de escenas heroicas, dragones, tigres y flores que acabaron “grabados” en la piel de ricos mercaderes.

A principios del siglo XX, los tatuajes fueron prohibidos en Japón y no volvieron a legalizarse hasta el año 1948, durante la ocupación estadounidense. Por entonces, los tatuajes se asociaban sobre todo a los Yakuza, la famosa “mafia” japonesa. Los dibujos no solo servían para embellecer el cuerpo, sino como protección.

Yakuzas tatuados

Tatuaje Yakuza antiguo

El tatuaje tradicional japonés, “irezumi”, no tiene nada que ver con el occidental. Se realiza manualmente, con tinta “nara”, la misma que usaban los grabadores de la época Edo, y requiere largas horas de trabajo. Un tatuaje de cuerpo completo como el de los Yakuza puede llegar a costar 30.000 euros.

Los tatuajes siguen sin ser muy bien vistos en Japón. En 2012, el alcalde de Osaka lanzó una campaña para que las empresas despidieran a los empleados tatuados. Muchos baños públicos, playas o gimnasios no permiten la entrada a personas tatuadas, quizá por la connotación Yakuza. Pero son cada vez más populares, basta con no enseñarlos en público.

Horitomo descubrió los tatuajes hace más de treinta años, cuando abandonó las cocinas del restaurante donde aprendía a ser un chef por la tabla de surf. Algunos de sus amigos estaban tatuados y la idea le gustó. Después de un incidente muy desagradable con una ola, decidió que el surf no era lo suyo y pensó en aprender a tatuar. Algo que, según él, su madre sigue sin perdonarle.

Empezó su aprendizaje en 1993 en un estudio en Nagoya, uno de los primeros en ofrecer tatuajes con la técnica y modelos occidentales. Cuatro años después se mudó a Tokio, donde trabajó en dos estudios, y en 1998 se fue a Osaka para ser el primer artista de un estudio recién abierto. Para entonces había ido a convenciones por todo el mundo, tanto en Europa como Estados Unidos. En esa época era conocido como “Washo”.

A medida que profundizaba en el arte de los tatuajes, se interesó por la técnica tradicional japonesa y estudió con el gran maestro Yoshihito Nakano, conocido como Horiyoshi III, autor de numerosos tatuajes Yakuza. Al acabar su formación, el maestro le dio el nombre de Horitomo, formado a partir del prefijo “hori”, cuyo significado es “grabar”.

Horyoshi III (Yoshihito Nakano)

Transcurrieron otros cuatro años hasta que Masoyischi Kikuchi, el productor del videojuego “Yakuza”, vio los dibujos de varios de los mejores tatuadores tradicionales del momento, entre los que estaba Horitomo. Se puso en contacto con él y le pidió que se uniera al equipo de la primera entrega del videojuego.

En todos estos años de aprendizaje, Horitomo había tenido una compañera: una gata llamada Ginnan que su esposa llevó a casa después de encontrarla hambrienta y en mal estado en Osaka. Horitomo se enamoró de Ginnan, otro nombre para las nueces de Gingko, y en gran parte fue su inspiración para el libro “Monmon Cats”. Falleció en 2015, siendo ya muy mayor.

La gata Ginnan

En palabras de Horitomo: “Los dragones son muy importantes en los tatuajes japoneses, gustan a todo el mundo, pero no se prestan a muchos cambios. Sin embargo, el gato permite añadir símbolos, motivos budistas o procedentes de leyendas tradicionales”. Y añade: “Además, tengo la sensación de que al dibujarlos y pintarlos, los gatos me prestan parte de sus poderes”.

En 2007, Horitomo, su esposa y Ginnan se trasladaron a San José, California, donde empezó a trabajar en el famoso estudio “State of Grace”, propiedad de Ryudaibori, otro  célebre tatuador, antes conocido como “Horitaka”.

Horitomo y Ginnan

Horitomo y Ginnan

A su llegada a San José, Horitomo se dio cuenta rápidamente de que los tatuadores supuestamente tradicionalistas no respetaban las imágenes escrupulosamente. Por ejemplo, el símbolo estaba en el hombro equivocado, el sable en la mano incorrecta. Fue cuando decidió escribir su primer libro, “Immovable—Fudo myo-o Tattoo Design by Horitomo” (Inamovible – Tatuajes Fudo myo-o, por Horitomo), de 185 páginas, publicado también por el estudio “State of Grace”.

Además de seguir diseñando tatuajes y tatuando, participa regularmente en sesiones colectivas para mostrar cómo se realiza el “tebori”, el tradicional tatuaje manual japonés. Consiste en el uso de agujas esterilizadas, afiladas a mano y de un grosor algo mayor que las máquinas eléctricas. El tatuaje se elabora introduciendo las agujas en la piel mediante pinchazos sumamente precisos. Es un método bastante más doloroso que el occidental.


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Gatos en la guerra

Trinchera (1914)

Se estima que en la Primera Guerra Mundial participaron 500.000 gatos, sobre todo en las trincheras, cazando ratas – al parecer había muchas -, además de ser usados para detectar el letal gas mostaza. Aunque los gatos morían, los soldados tenían tiempo de ponerse la máscara antigás.

Soldados neozelandeses (1914)

Trinchera (Gallipoli, 1915)

Pero también eran compañeros que compartían las incomodidades y la comida, se les quería y aliviaban el estrés. Cuentan que el gato Pitouchi nació en las trincheras y que fue el único en sobrevivir de la camada al morir su madre. Le recogió un teniente belga llamado Lekeux y le salvo dándole leche. Pitouchi seguía a Lekeux paso a paso y si el suelo de la trinchera estaba encharcado, se acomodaba en su hombro.

Región de Argonne, Francia (1916)

Una noche, Lekeux se arrastró hasta las posiciones alemanas para dibujar el lugar en que se encontraban las piezas de la artillería enemiga. Se escondió en el cráter de un obús y, absorto en la tarea, no se dio cuenta de que se acercaba una patrulla de vigilancia. Cuando ya estaba perdido, Pitouchi saltó del cráter, sorprendiendo a los alemanes, que le dispararon. Por suerte, no le dieron, y los soldados se alejaron, riendo. Lekeux y Pitouchi pudieron regresar a sus puestos sanos y salvos con los preciados dibujos.

1918

Otros gatos cambiaban de “bando”. Un centinela inglés vio a una gata salir de las trincheras alemanas, cruzar la tierra de nadie y meterse en la parte trasera de la trinchera inglesa. Después de una breve inspección, regresó a las líneas alemanas. Al poco volvió a aparecer con un gatito en las fauces, cruzó y lo depositó en la trinchera inglesa. Y así con tres gatitos. Nunca se dignó a explicar a qué se debía su deserción.

A bordo del Buque de Su Majestad Sentinel (1914)

Otra anécdota es la de una gata que durante el día jamás salía de la trinchera, al igual que los soldados, porque les habrían disparado los alemanes. Sin embargo, en cuanto oscurecía, se paseaba alegremente por encima del parapeto.

En el Buque de Su Majestad Melbourne (1917)

No sabemos si es cierto, pero parece ser que los gatos que se mandaban a las trincheras eran recogidos en las calles de Londres y también se conseguían mediante anuncios en los periódicos pidiendo que “cualquier tipo de gato callejero” se cazara y “entregara en la pajarería del Sr. Harris para la campaña bélica”.

Soldado alemán con un gato

En el Buque de Su Majestad Australia

Existe una larga tradición de gatos en barcos que defendían las provisiones contra ratas y ratones, y cómo no, también en barcos de guerra. Otra creencia era que los gatos protegían a los barcos de naufragios, y si un gato se caía al mar y no se le podía rescatar, llegarían nueve años de mala suerte. Marinos y marineros decían que los gatos podían predecir tormentas, y quizá no estuvieran equivocados.

Gato en el casco de un soldado

A bordo del Thédoro Tissien (1940)

Los gatos tienen la habilidad de detectar cambios de tiempo imperceptibles para los seres humanos gracias a la extrema sensibilidad de su oído interno, el mismo que les permite caer siempre de pie (o casi). Un gato mostrará señales de nerviosismo ante la baja presión atmosférica que precede a la tempestad. Un buen observador, y los marinos lo son, detecta estos cambios en el felino.

Soldados estadounidenses con un gato

Soldado neozelandés con un gato (Guerra de Vietnam)

Los gatos de barco saltaron a la fama durante la Segunda Guerra Mundial con el nacimiento de las comunicaciones de masas, y algunos se convirtieron en auténticas celebridades, como Simon, el gato del Amethyst (https://gatosyrespeto.org/2015/10/01/simon-el-gato-del-barco-amethyst/).

Simon en el Amethyst

Convoy era el gato del Hermione y aparece anotado en el libro del barco. Se le asignó una diminuta hamaca y un equipo completo. Murió con otros ochenta y siete compañeros cuando fueron torpedeados por un submarino U-205 alemán el 16 de junio de 1942.

Convoy en el Hermione (Gibraltar, 26 de noviembre de 1941)

Peebles juega con el comandante Palmer, a bordo del Western Isles. Peebles era conocido por su inteligencia y daba la pata a los desconocidos que entraban en la cámara de oficiales.

Peebles en el Western Isles

Tiddles nació a bordo del Argus antes de unirse a la tripulación del Victorious. Su sitio preferido era el cabestrante de popa, donde jugaba con la cuerda de la campana. Recorrió más de 48.000 kilómetros.

Tiddles en el Victorious

Blackie era el gato del Prince of Wales, el barco que llevó a Winston Churchill a su entrevista secreta con Franklin D. Roosevelt en agosto de 1941. Cuando el primer ministro británico estaba a punto de dejar el barco, Blackie se acercó, decidido a seguirle. La foto inmortaliza el momento en que Churchill se despide de él. Cuando la Marina japonesa bombardeó y hundió el Prince of Wales, Blackie y los supervivientes lograron llegar a Singapur. Pero fue imposible encontrarle al año siguiente cuando hubo que evacuar la ciudad.

Winston Churchill con Blackie en el Prince of Wales (Agosto de 1941)

Ginger y Fishcake, dos grandes compañeros, eran los gatos del Hood. El barco participó en la Guerra Civil española al ser asignado a la Flota Mediterránea. El Hood tuvo varias mascotas, entre ellas un canguro, además de varios perros. El viejo barco desapareció el 24 de mayo de 1941 cuando entabló combate con un moderno barco alemán. Se sabe que Ginger y Fishcake ya no estaban a bordo.

Ginger y Fishcake en el Hood

Ginger

Fishcake

No tenemos una foto ni se sabe el nombre de la gata del barco de carga noruego Rinda, torpedeado y hundido durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando los supervivientes se dieron cuenta de que su querida gata no estaba en el bote salvavidas empezaron a buscarla en plena noche hasta oír un maullido desesperado. “Remamos con todas nuestras fuerzas. Lloramos y reímos cuando encontramos a la pobre bola de pelo empapada”. La gata acabó a bordo del Pict, el barco británico que los recogió, y fue rebautizada como Rinda.

Un soldado da de comer a Miss Hap, de dos semanas (Guerra de Corea)

El año 1975, la Marina británica prohibió los gatos y cualquier otro animal a bordo de sus barcos por razones de higiene. Fred Wunpound, del Hecate, fue el último. Tenía dos menciones por buena conducta y una advertencia por un desgraciado incidente en el mercado de pescado de Brixham, pero ignoramos de qué se trata. Es probable que los demás países también prohibieran mascotas más o menos en la misma época o incluso antes.

Fred Wunpound, del Hecate

No solo hubo gatos en barcos, también en aviones. Tal vez el más famoso sea Kiddo (https://gatosyrespeto.org/2014/09/05/kiddo-el-primer-gato-transatlantico/). De Sparkplug solo tenemos una foto, igual que de otro gatito desconocido.

Sparkplug


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Gatos, etiquetas y Louis de Bernières

Reino Unido

El escritor Louis de Bernières nació en las cercanías de Londres el 8 de diciembre de 1954. Él mismo se define como un euroescéptico y apoyó la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Se le conoce por ser el autor de la novela “La mandolina del capitán Corelli”, ganadora del Premio de la Commonwealth al Mejor Libro del Año y llevada al cine por John Madden en 2001.

Pavo con conejo (Alemania)

Pollo (Reino Unido)

Antes había escrito tres novelas, “La guerra de las partes pudendas de Don Emanuel” (1990), “El Sr. Vivo y el rey de la Coca” (1991) y “El molesto retoño del Cardenal Guzmán” (1991), muy influenciadas por la literatura sudamericana, sobre todo por el realismo mágico. En 2001 publicó “Perro Rojo”, una colección de historias cortas basadas en la estatua de un perro que vio en Australia con ocasión de un congreso de escritores.

Atún claro y pollo (Estados Unidos)

Pechuga de pollo (Italia)

A pesar de las dos fotografías que incluimos del autor con un gato, ignoramos si le gustan. Una de ellas, la del gato blanco, fue hecha en Turquía durante una presentación, por lo que deducimos que no era suyo. Y de la segunda no sabemos nada. Pero Louis de Bernières tiene en su haber una historia corta titulada “Labels” (Etiquetas) que merece una entrada. Pasamos a resumirla.

Louis de Bernières en Turquía

Etiquetas exclusivas (Estados Unidos)

El narrador cuenta en primera persona que nació en una época en que había luz eléctrica, pero no televisión. Mucha gente pasaba las veladas construyendo pueblos con cajas de cerillas y barcos con las cerillas. Fue la gran época de los pasatiempos. Su abuelo, por ejemplo, se hacía sus propios calcetines. Los niños coleccionaban de todo, desde cromos y sellos, pasando por bolsas de patatas fritas, hasta envoltorios de caramelos.

Portada del libro

Variedad de sabores (Corea del Sur)

Al igual que al resto del mundo, le invadió un creciente torpor con la llegada de la televisión. Peor aún, se sentía irritable y deprimido hasta que, un buen día, en la tienda de la esquina, se fijó en una lata de comida húmeda para gatos, atraído por la mirada del gato en la etiqueta. En ese momento pensó que una colección de etiquetas de latas de comida felina podría ser de sumo interés en un futuro para los historiadores especializados. Además, al ser algo poco común, podría convertirse fácilmente en una autoridad en la materia en poco tiempo. Desechó la idea como risible.

Conejo con plátano (España)

Tentempié entre comidas (Alemania)

Una hora después estaba de vuelta en la tienda para comprar la lata. A su regreso a casa, metió la lata en agua hirviendo para despegar la etiqueta, pero la desgarró por falta de paciencia y tuvo que volver a comprar una segunda lata. Tensó una cuerda entre la ventana y una tubería para colgarla mientras iba a la papelería a comprar un álbum de fotos. Se pasó el resto de la velada esperando ansiosamente a que se secara la etiqueta. Apenas pegó ojo esa noche levantándose cada media hora para ver si ya podía colocarla en el álbum.

Caballa con cordero (Nueva Zelanda)

Francia

Al día siguiente lo consiguió, apuntando la fecha correspondiente. Poco después salió de nuevo para comprar un secador de pelo y otras dos latas. No tardó en descubrir que los fabricantes de comida húmeda no solo usaban diferentes tipos de pegamento, sino también en cantidades diferentes, lo que apuntó con precisión.

Cocinera televisiva (Estados Unidos)

Atún, cordero, patata (Italia)

Su pasión le llevó a acumular una gran cantidad de latas de todo tamaño sin etiquetar. Su lado práctico le impedía tirarlas y se las regalaba a amigos con gatos. Las latas de tamaño industrial fueron a parar a protectoras. Desafortunadamente, su conversación se volvió monotemática, cada vez le invitaban menos a cenar y los amigos empezaban a mirarle mal. Su esposa le dejó ante la acumulación de álbumes en el dormitorio.

Sardina, atún, gambas (Reino Unido)

Ternera, pollo, gambas (Alemania)

Pollo (Canadá)

Trabajaba como agente de cobro, ocupación que siempre se le había dado bien debido a su gran tamaño y a la facilidad por poner caras con expresiones intimidantes. Consiguió equilibrar los gastos de la colección con su sueldo hasta que realizó un viaje a Francia donde descubrió filas y filas de latitas con maravillosas y elegantes etiquetas. Compró todo lo que encontró con el resultado de que el eje de su coche se rompió debido al peso durante la vuelta a Inglaterra.

Solo pollo (Estados Unidos)

Atún con chirlas (Italia)

A continuación dijo que estaba enfermo y viajó a España. No fue a visitar la Alhambra, sino todos los supermercados para comprar latas de “Señorito Gatito”, “Minino”, “Micho Miau” y “Ronroneo”. A su regreso se enteró de que le habían despedido.  Incapaz de abandonar su manía coleccionista acabó comiendo pan duro y caldo de huesos.

Con algas (Reino Unido)

Pollo (Estados Unidos)

Un buen día, sumido en la más absoluta desesperación, abrió una lata para de gatos de pollo, la olió… No era desagradable. Se atrevió a meter una cucharita en la mousse y a probarla, pero la escupió. Soñando ya con una muerte próxima, se propagó por su boca un agradable sabor. Volvió a olerla y pensó: “Bastaría con un toque de ajo y un poco de albahaca para hacer una terrina de lo más respetable”.

Solo pollo (Italia)

Pechuga de pollo con trocitos de costilla (Estados Unidos)

A partir de ese momento inició un proceso de mejora del contenido de las latas de comida húmeda. Las más caras se convirtieron en excelentes patés y pasteles de carne. Añadió champiñones e higaditos de pollo a las marcas más baratas. En cuanto a las de pescado, su conversión era más complicada si no se trataba de atún o salmón.

Pavo (Alemania)

Ternera, venado, cordero (Estados Unidos)

Empezó a vender sus productos en la tienda local. El éxito le empujó a hablar con otras tiendas. Mejoró las primeras recetas con la adición de un brandy griego que hacía milagros. Ahora tiene varias tiendas en París, y su producción está debidamente aprobada por el Ministerio de Agricultura. Su esposa volvió al hogar y ambos recorren el mundo en busca de nuevas etiquetas.

Cazuelita de cordero (Reino Unido)

Italia

Pollo para lamerse la pata (Estados Unidos)

Si tienen ocasión de leer el cuento, háganlo, nuestro resumen no le hace justicia. Nos enteramos de su existencia por Zyx, un seguidor del blog al que le dedicamos esta entrada con nuestro agradecimiento. Zyx lo leyó en una serie de relatos gastronómicos escrita y recopilada por Medlar Lucan y Durian Gray titulada “Una cena con Calígula. El libro de la cocina depravada”. Título original: “The Decadent Cookbook”.

 

Pavo (Francia)

Pollo, salmón, pato (Estados Unidos)

Nos hemos limitado a incluir la comida gatuna menos conocida y con cierta tendencia al lujo. La marca “Newman’s Own”, creada por el actor Paul Newman, dona todos los beneficios de la venta de sus productos a organizaciones benéficas.

Paul Newman (Estados Unidos)

Paul Newman (Estados Unidos)


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Gatos y habitantes de Trieste

Gato en el teatro romano de Trieste

Algunas ciudades tienen un atractivo especial. Puede deberse a su fama turística, sus monumentos y museos, restaurantes o vida nocturna, pero hay otras rodeadas de un aura singular sin ser tan renombradas, y una de ellas es Trieste. Quizá sea por su situación geográfica: es la última ciudad de Italia, al final de una estrecha franja de costa que puede parecer robada a Eslovenia y que reduce la costa de este país.

Callejero de Trieste

Gato y león en Trieste

En el siglo XII era municipio independiente, pero debido a las continuas agresiones de la República de Venecia, pidió la protección del Imperio austrohúngaro, convirtiéndose en su quinta ciudad a principios del XX. Pasó a ser italiana solo después de la I Guerra Mundial. Entre 1947 y 1954 formó parte del Territorio Libre de Trieste.

Gato en balcón de Trieste

Callejero en Trieste

Si quieren saber más acerca de esta curiosa ciudad, les recomendamos que lean “Trieste o el sentido de ninguna parte”, de Jan Morris, un libro maravilloso publicado en 2011 que permite al lector conocer cómo era y es Trieste, su historia, sus habitantes…  Jan Morris es historiadora, novelista y autora de magníficos títulos, como “Venecia” y “España”, entre otros, en los que hace vivir los paisajes que describe. Pero no le gusta que los llamen “libros de viajes”.

Jan Morris con Ibsen

Gato con collar paseando en Trieste

Jan Morris nació en 1926, por lo tanto cumplirá 94 años el 2 de octubre, y publicó un nuevo libro, “Thinking Again” (Volviendo a pensar), el 5 de marzo de este año. En un mundo poblado por sus amigos, aunque no todos están vivos, se encuentra su gato Ibsen, al que siempre describe como amigo y compañero. En 2004, la National Portrait Gallery encargó el retrato de la autora a Arturo Di Stefano, y ella solo accedió con la condición de que incluyera a Ibsen.

Jan Morris, por Arturo di Stefano (National Portrait Gallery)

Callejero de Trieste

Jan Morris se llamaba James cuando nació, hizo una carrera militar en Sandhurst, fue periodista e informó a Gran Bretaña del primer ascenso al Everest en 1953. Cambió de sexo en 1972 con el consentimiento de Elisabeth, su esposa, con la que tuvo cuatro hijos. Tuvieron que divorciarse, pero volvieron a unirse en una ceremonia civil y siguen viviendo juntas en Gales.

Jan Morris con Ibsen

En agosto de 2017 publicamos una entrada sobre Wanda y Marion Wultz (https://gatosyrespeto.org/2017/08/24/yo-gato-y-gato-sin-mi-de-wanda-wulz/), dos fotógrafas nacidas en Trieste a principios del siglo pasado y que quizá se cruzaron con Jan Morris en una de sus estancias en la ciudad portuaria.

Wanda Wultz con Plunci

Wanda Wultz y gato

Pero la mujer más famosa de Trieste y la que más hizo por los gatos fue la astrofísica Margherita Hack, que llegó a la ciudad en 1964 para ser la primera mujer directora del Observatorio Astronómico de Trieste. Le dedicamos una entrada en 2015 (https://gatosyrespeto.org/2015/04/18/ocho-gatos-un-perro-y-margherita-hack/) y hoy volveremos a hablar de ella porque fue una de las fundadoras de Il Gattile, la Asociación que se ocupa de los gatos de la melancólica Trieste.

Margherita Hack

Callejeros de Trieste

En 1992, Giorgio Cociani y un puñado de amigos se reunieron para crear un refugio donde proteger y curar a los gatos sin hogar de Trieste. Entre ellos estaba Margherita Hack. Todos estuvieron de acuerdo en que la eutanasia no solucionaba los problemas sanitarios felinos. Empezaron en una sala y contaron con la ayuda de algunos veterinarios, pero Giorgio Cociani se dio cuenta al cabo de cuatro años de que era necesario encontrar algo más grande.

Giorgio Cociani, fundador de Il Gattile

Trieste

Se presentó la oportunidad de adquirir una pequeña casa con patio en Via Fontana que costaba 120.000.000 de las antiguas liras (unos 50.000 euros). La periodista y defensora de los derechos de los animales Miranda Rotteri y el propio Giorgio Cociani se hicieron cargo de la compra. Por supuesto, la madrina del refugio fue la astrofísica Margherita Hack.

Margherita Hack

En 2002, la Asociación organizó una variada muestra artística llamada “MiciAmici” en honor a Miranda Rotteri, que había fallecido, y también para recaudar fondos. El acontecimiento tuvo lugar en el teatro Miela, cedido a la Asociación, y participaron varios artistas de la ciudad, así como Margherita Hack. “MiciAmici” se ha convertido en una cita anual obligada en febrero y hasta su muerte en 2013, Margherita Hack participó activamente en cada presentación.

Margherita Hack

Pero quizá deberíamos decir algo acerca de Giorgio Cociani, que ha dedicado su vida a ocuparse de los gatos de Trieste. Dice que su destino como “gattaro” fue sellado desde muy pronto por un canto de sirena, el maullido de los gatos a la hora que llega la comida.

Giorgio Cociani en el Oasis

Empezó a alimentar a los callejeros desde muy joven y no tardó comprender que era como tirar una piedra en un estanque, que los círculos concéntricos se hacían cada vez más anchos hasta perderse de vista. Un día vio un coche atropellar a un gatito que murió en sus brazos. Entonces decidió que no bastaba con alimentarlos, había que ofrecerles un refugio.

Oasis

No fue tarea fácil; tuvo que luchar contra sus detractores, y no eran pocos, pero participó en debates, dio conferencias, conoció a otras personas que también entendían la necesidad de crear un oasis para los gatos callejeros que no estuvieran en lugares seguros como parques o patios vecinales.

Oasis

Otro de los grandes logros de Il Gattile es la creación del Oasis Felino dedicado a Miranda Rotteri. El Ayuntamiento prestó el terreno gratuitamente de forma indefinida y la Asociación consiguió donaciones en efectivo para llevar a cabo la construcción de una cerca “a prueba de gatos”, una oficina y un almacén, así como casetas, comederos, etcétera. Las obras empezaron en enero y al poco debieron suspenderse por las protestas de los vecinos.

Oasis

El alcalde ordenó mover el Oasis, pero la Asociación perdió el dinero ya invertido en las obras y no lo recuperó. Aun así, se siguió adelante. En junio de 2007 llegaron los primeros residentes y al día siguiente descubrieron un boquete abierto en la valla. Pero no se rindieron y la RAI 3 les dedicó un completísimo reportaje en 2009.

Oasis

Actualmente, Il Gattile da en adopción a unos 200 cachorros y esteriliza a unos 700 gatos adultos anualmente. Disponen de unas cincuenta jaulas para hospitalizaciones. El Oasis ocupa 1.650 metros cuadrados y es el hogar de una colonia permanente compuesta por unos cien gatos de los que se ocupan unos treinta voluntarios y el veterinario Dr. Jesús Catalán.

Jardín privado en Trieste

Para terminar añadiremos que Il Gattile otorga el premio anual “Margherita d’Argento” (Margarita de Plata), creado en honor a Margherita Hack, cuyo corazón estaba dividido entre las estrellas y los gatos. En 2019, la ganadora fue la escritora italiana Marina Mander.

Margherita Hack

Marina Mander (Premio Margherita d’Argento 2019)

Por cierto, Lia Dequel, fundadora de la famosísima colonia felina del Largo di Torre Argentina, en Roma, nació en Trieste.

Gatos y gattara de Trieste


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Los gatos y sus monumentos (Parte 2)

El gato Vasilisa (San Petersburgo)

El sitio de Leningrado durante la II Guerra Mundial aisló a los habitantes durante dos años y medio. Los gatos empezaron a faltar y la población de ratas creció, poniendo en peligro la poca comida que quedaba. A alguien se le ocurrió traer más gatos de pueblos cercanos para combatir la plaga de ratas. En San Petersburgo, el gato Vasilisa está sentado en el alero del nº 3 de la calle Malaya Sadova, y el gato Yelisey le mira desde el nº 8 en recuerdo a los gatos que ayudaron a salvar la ciudad cuando se llamaba Leningrado.

El gato Yelisey (San Petersburgo)

En Samara, distrito del Volga, una ciudad bastante fría, hay un curioso monumento para conmemorar los 150 años de la invención del radiador. La composición de bronce en la que se ve una ventana, un radiador y un gato está instalada en una estación generadora de calor. El Ayuntamiento pidió a los habitantes que mandaran fotos de sus gatos durmiendo en radiadores. Y el 19 de octubre de 2005 se inauguró el monumento en el que aparece un modelo típico de radiador de principios del siglo pasado.

150 años del radiador (Samara)

A orillas de los ríos Volga y Kazanka se erige la ciudad de Kazán, capital de Tartaristán. En ella habita el famoso gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/), que salvó la vida al kan de Kazán cuando Iván el Terrible asedió la ciudad en el siglo XVI. En 2009 se inauguró una escultura de bronce de unos tres metros de alto y 2,8 de ancho, diseñada por el artista local Igor Bashmakof, con un gato tripudo tumbado debajo de un baldaquín acariciándose los bigotes con una pata y rascándose la tripa con la otra. En el zócalo, una inscripción reza: “Gato de Kazán, mente de Astrakán, inteligencia de Siberia”.

El gato de Kazán

No lejos de Kazán, unos 45 km. más al norte, está la ciudad de Yoshkar-Ola, que desde 2011 cuenta con un curioso monumento dedicado al gato macho en todo su auge, situado cerca de la Universidad Estatal Mari-El. La escultura de bronce, de unos 150 kilos, representa a un gato macho cruzado de piernas en actitud muy relajada. Es obra de los escultores locales Sergey Jandubaev y Anatoly Shirnin. Al parecer, la idea surgió por el eufemismo “yoshkin kot” (gato macho sin castrar), muy parecido al nombre de la ciudad. Por cierto, se supone que frotar las orejas del gato da buena suerte.

El gato de Yoshkar-Ola

La ciudad de Tiumén, en Siberia Occidental, a 1.725 km. de Moscú, es conocida por sus monumentos y esculturas, pero uno de los lugares más interesantes es la Plaza de los Gatos Siberianos, en la céntrica calle Pervomaiskaya. En noviembre de 2008 se instalaron doce composiciones escultóricas de gatos formando un paseo. Los gatos corren, saltan, duermen, se rascan… En la placa conmemorativa, la escultora Marina Alchibaeva dice que si la paloma es el símbolo de la paz, el gato lo es de la amabilidad y de la ternura. Añade que un gato siberiano (https://gatosyrespeto.org/2017/03/02/gatos-siberianos/) es un amigo fiel para toda la vida.

Tiumén (Siberia)

Tiumén (Siberia)

Odesa, situada en el Mar Negro, es una ciudad llena de esculturas de gatos. El 12 de septiembre de 2018 se colocó la última (de momento) de una larga serie de estatuas dedicadas a los gatos de las que hablaremos en otra entrada próximamente. Un gato duerme felizmente en la barandilla de las escaleras que llevan a la puerta de una oficina municipal. La escultora Tatyana Shtykalo explica que se inspiró en el inteligente gato Ryshik, que “trabaja” en esta oficina y es considerado por todos los empleados como un auténtico talismán.

Odesa

En Kiev, capital de Ucrania, hay una estatua dedicada al gato Panteleimon, un magnífico persa,que vivía en el restaurante Pantyusha. “Kotik” (Gatito) era el favorito de los empleados y de los comensales y paseaba por la sala, saludando a todos. Pero el restaurante se incendió y Panteleimon murió por inhalación de humo. La ciudad le dedicó un monumento delante del restaurante. Al principio, le acompañaba un pájaro, pero el empeño de los turistas en llevarse un recuerdo de la ciudad hizo que Panteleimon se quedara solo.

Panteleimon (Kiev)

En la capital de Azerbaiyán, Bakú, una ciudad con un magnifico barrio antiguo, hay otro curioso monumento. En la parte superior se ve a tres gatos asomados por una ventana redonda y en el piso de abajo a una pareja con un gato. La mujer parece que intenta mirar a los tres gatos de más arriba. No hemos conseguido saber si el monumento se llama “Monumento a los amantes de los gatos” o “Monumento a los gatos y a los amantes”.

Bakú

Bakú

De Bakú damos un gran salto y nos vamos a Kuching, capital del estado malayo de Sarawak, en la isla de Borneo (https://gatosyrespeto.org/2015/02/07/el-museo-del-gato-de-kuching-malasia/), una ciudad dedicada a los gatos donde siguen apareciendo más estatuas homenajeándolos. En septiembre de 2019 se inauguró la de un gigantesco gato blanco y negro en la glorieta Padungan, donde ya se encuentra la muy popular gata blanca. Se desconoce el origen del nombre de la ciudad, pero la pronunciación de Kuching es bastante similar a “kucing”, que significa “gato”.

Kuching

Kuching

De Malasia intentamos ir a Japón, pero no hemos encontrado monumentos específicos dedicados a los gatos. También nos ha sorprendido la escasez de esculturas en Canadá y Estados Unidos. En Toronto, concretamente en el barrio Kensington Market, hay dos curiosos monumentos con gatos. El primero es “Home Again, Home Again” y representa a un gato en una silla, simbolizando el calor del hogar. El segundo, “Jiggity Jig”, un gato en un globo terráqueo, es un homenaje a los emigrantes que se instalaron en el barrio.

Kensington Market, Toronto

Kensington Market, Toronto

Yendo hacia el suroeste, en Portland, Oregón, encontramos una escultura de piedra, obra de Kathleen McCullough, en el Portland Transit Mall. Fue instalada en 1977, mide 0,91 metros por 1,35 metros y los niños pueden subirse encima.

Portland, Oregón

En el campus de la Universidad Estatal de Carolina del Norte hay otro inesperado monumento dedicado al gato Cyrano L. Cate II, aunque el gato rubio de pelo largo era conocido como Ratty (Ratero). Fue el primer gato en recibir una prótesis de rodilla y también el primero sometido a un tratamiento de radioterapia estereostática que le permitió vivir varios años más.

Cyrano L. Catte 2 (Ratty) Universidad de Carolina del Norte

Acabaremos en Cali, Colombia, con El Gato del Río, obra del escultor Hernando Tejada, inaugurado en 1996. Diez años después, la Cámara de Comercio invitó a diversos artistas a diseñar gatas, quince en total. Desde entonces, el número de gatas ha seguido creciendo. Pero no diremos más de momento; algo así se merece una entrada en toda regla.

El Gato del Río y la Gata Siete Vidas


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Los gatos y sus monumentos (Parte 1)

Tiumén (Rusia)

El país con más monumentos de gatos, de los muchos que hay en todo el mundo, es Rusia. Un estudio realizado en 2017 reveló que en el 57% de los hogares rusos había un gato, seguidos muy de cerca por los ucranianos, con el 49%. Estados Unidos es el tercero, pero apenas hay monumentos dedicados al gato. Otro país muy amante de los gatos es Malasia, donde el 17% de los habitantes tiene más de tres. El menos interesado en nuestros amigos felinos es Corea del Sur, donde solo el 9% de los habitantes posee un gato.

Gato de Fernando Botero en Venecia

Pero ya que hay tantos monumentos, más nos vale empezar. En alguna ocasión ya hemos hablado de Towser (https://gatosyrespeto.org/2016/05/19/towser-y-otros-gatos-en-destilerias-y-cervecerias/), la gata que trabajó veinticuatro años en la destilería del famoso whisky escocés Glenturret. Durante su larga vida atrapó a 28.899 ratones, siendo nombrada “Mejor ratonera del mundo” por el Libro Guinness. Ahora bien, nos preguntamos cómo se sabe con semejante exactitud el número de ratones que cazó Towser.

Towser y el nuevo equipo de la destilería

Hodge fue un gato famoso al que el escritor Percival Stockdale dedicó una oda cuando murió. Pertenecía a Samuel Johnson, el autor del primer diccionario de la lengua inglesa, publicado en 1755. Al parecer, el Dr. Johnson se encargaba personalmente de ir a comprar ostras para Hodge (https://gatosyrespeto.org/2014/10/21/hodge-el-gato-de-samuel-johnson/). En 1997, la ciudad de Londres encargó una estatua de Hodge al escultor Jon Bickley para colocarla en Gough Square, delante de la casa donde vivió.

Hodge, el gato de Samuel Johnson (Londres)

En La Haya podemos ver una estatua del Gato con Botas en un parque, obra del escultor Johan Keller y donada a la ciudad por su viuda. En el Jardín de las Tullerías de París encontramos otro Gato con Botas en honor al gran recopilador de cuentos de hadas Charles Perrault. Encargado por el Estado francés a Gabriel Pech en 1903 y terminado en 1908, en principio estaba diseñado para piedra, bronce y mármol, pero acabó siendo íntegramente de bronce.

El Gato con Botas (La Haya)

El Gato con Botas (París)

Un monumento que no está dedicado a ningún gato en particular, sino a los gatos callejeros es el de Brunswick, Alemania. En el “Kattreppeln” (Tropel de gatos), obra del escultor Siegfried Neuenhausen, que fue profesor en la Universidad de la ciudad y un destacado artista de la Baja Sajonia, se ve a varios gatos jugando, peleando… Desde 1981 está instalado en una zona peatonal de la ciudad.

Tropel de gatos (Brunswick)

Desde el año 2003, en la Rambla del Raval de Barcelona hay un enorme gato (https://gatosyrespeto.org/2015/06/07/el-gato-gordo-de-fernando-botero/) de dos toneladas de peso, obra del colombiano Fernando Botero. Durante 15 años, el Ayuntamiento trasladó al gato en no menos de cuatro ocasiones antes de ubicarlo definitivamente. El artista tiene varias estatuas de gatos repartidas por el mundo, entre ellas la de Venecia.

Gato de Botero en Barcelona

En Valencia, la artista Elena Negueroles donó el grupo escultórico “Callejeros” compuesto por el perro Tristán y la gata Soledad para mostrar el desamparo de los perros y gatos de la calle y homenajear a las personas que los protegen. El monumento, fundido en bronce con pátina para aparentar la piedra natural, fue colocado el 3 de marzo de 2018 en la concurrida plaza de Los Pinazo.

Valencia

El gato Tombili vivía en Estambul, la ciudad de los gatos. Estaba bastante gordo y le gustaba mucho descansar en un escalón de la acera en actitud pensativa. Se hizo famoso cuando alguien publicó su foto en Internet. Dos meses después de su muerte, el escultor Seval Sahin donó esta escultura para que se colocara en el sitio favorito de Tombili.

El auténtico Tombili

La estatua de Tombili

El gato de Van procede de las zonas montañosas que rodean el lago del mismo nombre, cerca de la frontera con Irán. La ciudad de Van no quiso quedarse sin dedicar un monumento al famoso gato blanco con un ojo de cada color. El gato de Van (https://gatosyrespeto.org/2014/04/03/el-gato-de-van/) tiene otra peculiaridad: le gusta el agua. No sabemos si debido al contacto con el mayor lago de Turquía.

Estatua al Gato de Van

Mrs. Chippy fue el gato del Endurance, el barco que llevó a Ernest Shackleton en su búsqueda del Polo Sur en la expedición de 1914-1917. Al quedar el barco atrapado en el hielo, Shackleton decidió sacrificar a Mrs. Chippy y a cinco perros. Harry McNeish, que sentía un profundo afecto por el gato y cuyo mote era “Chippy”, se lo reprochó abiertamente. Toda la tripulación fue galardonada con la Medalla Pollar, excepto McNeish, acusado de insubordinación por Shackleton. Casi cien años después, la Sociedad Antártica de Nueva Zelanda encargó una estatua de bronce de Mrs. Chippy y la colocó en la tumba de Harry McNeish en Wellington.

Mrs. Chippy en la tumba de Harry McNeish

Otro gato explorador fue Trim, que acompañó a Matthew Flinders en la primera expedición que dio la vuelta a Australia. De pequeño se cayó al agua y salvó la vida trepando por una cuerda. Cuando apresaron a Flinders en la isla Mauricio, Trim le acompañó, pero desapareció en la cárcel. Parece ser que el desconsolado Flinders prometió hacerle una estatua. No pudo cumplir su promesa porque falleció poco después de su liberación tras siete años de encarcelamiento. Pero Trim tiene dos estatuas, una en Port Lincoln, Australia Meridional, con el hombre que tanto le quiso, y otra en la Biblioteca Mitchell de Sídney realizada por el escultor John Cornwell en 1996.

Trim y Matthew Flinders en Port Lincoln

Trim en Sídney

En la ciudad de Brest, Bielorrusia, se inauguró en mayo de 2016 una curiosa composición escultórica llamada “Ciudad antigua”, pero que los habitantes de la ciudad han bautizado como “Gatos enamorados”. El autor es el escultor Ruslan Usmanov y, en realidad, su uso es de lo más funcional al tratarse de un respiradero.

Brest, Bielorrusia

La poetisa finlandesa Edith Södergran, una enamorada de los gatos, vivía en Raivola, ahora Roshchino, una localidad del distrito de Vyborgsky, en el óblast de Leningrado. Cuentan que cuando la escritora murió de tuberculosis, su gato Totti se sentó en su tumba y rehusó moverse, comer o beber. Otros dicen que un vecino mató a Totti de un disparo (https://gatosyrespeto.org/2014/05/26/edith-sodergran-poetisa-y-fotografa-enamorada-de-los-gatos/). La estatua se encuentra en un parque del municipio y su autora es la escultora finlandesa Nina Terno.

El gato Totti

Acabamos de llegar a Rusia, pero mejor dejamos los otros monumentos de este país para la semana siguiente, lo que nos permitirá dar a conocer algunos muy curiosos.

Los callejeros Tristán y Soledad (Valencia)


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Gatos en el folclore ruso

El gato es importante en Rusia, no solo porque al parecer el  60% de la población tiene un gato doméstico, sino por el importante lugar que ocupa en el folclore. En el cuento de hadas épico “Ruslán y Ludmila”, escrito por Pushkin y publicado en 1820, los seis primeros versos, inmediatamente después de la dedicatoria propiamente dicha, se refieren a un gato: “Hay un roble verde en la orilla/ de la bahía azul; atado a una cadenita de oro/ el gato, conocedor de muchas fábulas,/ pasea alrededor del tronco sin cesar./ Si se mueve a la derecha, cantará una canción./ Si se mueve a la izquierda, contará un cuento”.

Ruslán y Ludmila

Este curioso gato cantante y hablador, conocido por todos los niños rusos, está relacionado con el gato Bajun, que significa “hablador”, del verbo “bayat” (hablar), también llamado Kot Baikun. Se trata de un gato negro de enormes proporciones capaz de contar maravillosas historias y cuentos durante horas hasta adormecer a quien le escucha y entonces comérselo. Pero… si el oyente consigue permanecer despierto y atrapar al Kot Bajun, este se convertirá en el más fiel de los compañeros y le ayudará a superar cualquier dificultad.

Bajun

Bajun

Algunos dicen que Kot Bayun vive con Baba Yaga en una isba sostenida con patas de pollo en el Reino Tres Veces Diez, en Ucrania, mientras otros afirman que mora encima de un poste de hierro en la Tierra Tres Veces Nueve, en Rusia, donde no hay ni animales ni plantas. El gran tamaño y el color de Baiyun nos lleva a Beguemot, el travieso y parlanchín gato que juega al ajedrez en la novela de Mijaíl Bulgákov, cuyo nombre viene del monstruo Behemot, del que se habla en el Libro de Job.

La isla de Baba Yaga

Beguemot

Beguemot tiene el don de convertirse en un hombre rollizo en ciertas ocasiones, y el autor lo describe así: “Gordo como un cerdo, negro como el tizón o como el mirlo, y con los bigotes de un oficial de caballería”. Además, es un auténtico glotón.

Beguemot

El Beguemot del Museo Bulgákov

En Rusia existe la tradición de que al mudarse a una nueva casa, el gato debe ser el primero en entrar e inspeccionar las estancias. La cama se colocará donde se haya sentado por primera vez porque será el lugar más seguro. Hace unos catorce años, uno de los mayores bancos de Rusia ofrecía prestar un gato a cualquiera que contratara una hipoteca con ellos. Incluso tenían un portafolio con fotos de gatos para que el cliente pudiera escogerlo.

La casa del gato

Los gatos son los guías hacia el Más Allá, y antes se decía que si un gato saltaba por encima de un muerto, este regresaría como un vampiro porque el Guardián del Otro Mundo le había rechazado. Se sigue diciendo que cualquiera que mate a un gato no se limitará a siete años de mala suerte, sino que sufrirá lo peor de lo peor durante estos años.

El gato de Kazán

En muchos cuentos, los papeles protagonistas corresponden a gatos, y aquí resumiremos dos de los más conocidos. El primero es el gato y la zorrita. Érase una vez un gato macho al que le faltaba una oreja y que no dejaba de pelearse. Su amo decidió deshacerse de él, lo metió en un saco y se lo llevó al bosque, donde le abandonó, pero el gato consiguió agujerear el saco y salir. Primero se aseó, luego encontró una cabaña abandonada y se echó la siesta para reponerse de las emociones. Al despertar, sintió hambre y cazó unos ratones. Siguió así durante un tiempo, aunque no le gustase especialmente cazar; estaba acostumbrado a que le trajeran la comida.

Un buen día conoció a una zorrita, y aunque ella nunca había visto a un gato, le pareció de lo más apuesto. Le preguntó quién era y él contestó: “Soy el nuevo Gobernador procedente de los bosque siberianos, me llamo Catafay Ivanovich”. La zorrita Lisa le invitó a su casa, y como los dos se llevaban muy bien y eran solteros, decidieron casarse.

Al día siguiente, la zorrita salió a buscar comida y se encontró con el lobo, que empezó a coquetear con ella, pero le detuvo diciendo que estaba casada. El zorro quiso conocer a su marido, claro. Ella contestó: “Cielos, mi Catafay Ivanovich es de lo más fiero. Trae un cordero como prueba de respeto y te presentaré”. Al oso que al poco se cruzó en su camino le pidió que trajera un buey.

Los dos volvieron al rato con los presentes y le ordenaron a la liebre que avisara a la zorrita. El oso trepó a un árbol y el lobo se escondió debajo de un montón de hojas secas. El oso vio llegar a la pareja desde su escondite y el fiero marido de Lisa le pareció muy pequeño, pero Catafay se tiró encima del buey y empezó a arrancarle trozos pidiendo más y más.

El lobo se movió debajo de las hojas para ver qué ocurría. Catafay le oyó y creyendo que se trataba de un ratón, se le tiró encima, arañándole el hocico. El lobo huyó, aterrado, y el oso se cayó del árbol. A partir de ese día Lisa y Catafay vivieron felices sin tener que preocuparse de la comida para el duro invierno.

Otro cuento es el del Gato, el Gallo y la Zorra. Un gato y un gallo vivían felices en la misma cabaña. Siempre que el gato salía a cazar, le recomendaba al gallo que no saliera ni abriera la puerta a nadie. Una zorra muy lista decidió hacerse con el gallo y le ofreció grano si salía, pero el gallo le contestó que estaba muy bien en su casa.

La vez siguiente, dejó el grano delante de la ventana y se escondió. El gato salió a cazar, el gallo vio el grano, se aseguró de que no había nadie y saltó fuera a comerlo. La zorra no dejó pasar la oportunidad y se lo llevó. Por mucho que gritó el pobre gallo llamando a su compañero el gato, este estaba demasiado lejos para oírlo.

El gato, a su regreso, entendió lo que había pasado y al día siguiente siguió las huellas de la zorra hasta su casa. La zorra tenía cuatro hijas y un hijo, y antes de salir les encomendó que pusieran agua a hervir porque a su regreso, matarían al gallo y lo hervirían.

La zorra se fue y el gato empezó a cantar. La hija mayor, llena de curiosidad, salió a ver quién cantaba tan bien. El gato le dio en el hocico, ella se desmayó y la metió en un saco. Lo mismo pasó con las otras tres y, finalmente, con el hijo pequeño. El gato colgó el saco de una rama, entró y liberó a su amigo el gallo. Desde ese día, el gallo jamás desobedeció al gato.

Dedicamos esta entrada a nuestro amigo Carlos, que creció en Moscú.


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El gato Morris, una estrella

El primer gato Morris fue visto por primera vez en 1969 anunciando la comida felina 9Lives y no tardó en hacerse famoso. Había sido rescatado de la calle por la Hinsdale Humane Society, situada en Hinsdale, una localidad a las afueras de Chicago. Ya era un gato adulto y es muy probable que estuviera abandonado.

1972

La agencia publicitaria Leo Burnett se había puesto en contacto con el adiestrador Bob Martwick porque buscaban un gato para promocionar una marca de latas, pero lo querían con aspecto de “macho”. Morris ya llevaba meses en la protectora y Marwick le encontró un día antes de que fueran a sacrificarlo.

Bob Martwick se quedó prendado del tranquilo gato naranja. Tan tranquilo que algunos incluso le tacharon de distante. Al cabo de pocos días se llevó a Morris y a otros gatos para que conocieran al equipo creativo de la agencia en Chicago. Primero presentó a los otros nueve gatos y reservó a Morris para el final. Con el fin de que el impacto fuera mayor, le dejó entrar solo en la sala.

1978

Según el adiestrador: “Saltó encima de la mesa y fue directamente hacia el director artístico, el pez gordo de la reunión, le dio un empujón con la cabeza y se sentó delante de él”. Parece ser que el director artístico, cuyo nombre no ha pasado a la historia, dijo: “Hemos encontrado al Clark Gable de los gatos”. Así fue como el primer gato Morris se convirtió en el representante de la marca 9Lives (en los países de habla inglesa, los gatos tienen 9 vidas, dos más que los nuestros). Protagonizó nada menos que 58 anuncios televisivos, y su imagen apareció en una infinidad de tazas, camisetas y otros objetos de merchandising.

1980

El trofeo dorado, al lado del que vemos a Morris, ofrecido por 9Lives al gato del año durante un concurso celebrado en el Beverly Hills Hotel, estaba hecho por la empresa que también fabricaba los premios Emmy, algo que demuestra la importancia de Morris.

Premio Morris a la Mejor Mascota

Jennifer Peterson, que empezó trabajando en los ochenta, tuvo el privilegio de conocer y viajar con el segundo Morris. Recuerda que ella y su equipo volaban en clase turista, mientras que Bob Martwick y Morris iban en primera. Eso sí, Morris siempre dentro de su transportín.

Jennifer Petterson, Morris (tercera generación) y Bob Martwick

“Se veía a un gato naranja por los agujeros del transportín, pero no se nos ocurría llamarle por su nombre porque la gente se habría vuelto loca”, dice la relaciones públicas. Fue una de las poquísimas personas que tuvo el privilegio de coger en brazos al segundo Morris porque Bob Martwick no quería que le tocaran. “Era muy agradable, pero muy estricto”, dice Jennifer Petterson, que también trabajó con otras estrellas, como Beethoven, Lassie y el perrito de la serie “Frasier”.

Calendario 1986

El primer Morris murió en julio de 1978 a los 17 años. El periódico The New York Times le dedicó una necrológica donde se especificaba que “Morris descansa cerca del hogar del Sr. Martwick”. El adiestrador empezó a visitar protectoras para encontrar a un gato que se pareciera lo suficiente a Morris como para sustituirle en los anuncios.

Morris, el autor

Bob Martwick falleció el 29 de agosto de 2001. Había pasado 27 años recorriendo Estados Unidos con dos estrellas felinas, conocidas por sus exigentes gustos en cuanto a comida. Dijo en muchas ocasiones que se consideraba el asistente de Morris y que disfrutaba siéndolo. Tenía otros animales, pero Morris fue el que alcanzó la fama.

Bob Martwick y el primer Morris

Los gatos que han sustituido a los dos primeros Morris proceden de protectoras y desde que empezaron a verse los anuncios, han recibido miles de cartas de fans a las que contestan con una huella de la pata delantera (no sabemos si la derecha o la izquierda). En 1988, el tercer Morris participó en la carrera para ocupar la Casa Blanca con el lema “Morris para presidente”; otro volvió a intentarlo en 2012 y cabe la posibilidad de que el actual gane si lo intenta en 2020.

2019

Todos los Morris han promocionado y promocionan la salud felina a través de acuerdos con diversas protectoras, además de visitar hospitales y colegios. En 2006 se lanzó la campaña “Morris Million Cat Rescue” (Rescate Morris de un millón de gatos), que logró su objetivo al cabo del tercer año: la adopción de un millón de gatos rescatados de protectoras. Gracias a la colaboración con la Asociación Veterinaria de América, de Schaumburg, Illinois, el mes de febrero fue declarado “Mes de la salud del gato”.

1984

El primer Morris trabajó en dos películas en 1973. La primera fue “Shamus, pasión por el peligro”, dirigida por Buzz Kulik, y protagonizada por Burt Reynolds y Dyan Cannon.  Según Mary Daniels, su biógrafa oficial, Morris tuvo que trasladarse a Brooklyn para rodar. En la primera escena en la que aparecía, debía lamer la cara de Shamus después de que a este le pegaran una paliza. Pero Morris prefirió colocarse de un salto en el borde de la bañera donde acaba el detective, lo que no estaba en el guion, pero gustó mucho al director.

Shamus

La segunda película fue “Un largo adiós”, de Robert Altman, con guion de otro gran amante de los gatos, el escritor Raymond Chandler, y protagonizada por Elliot Gould en el papel de Marlowe. Ahora bien, aquí existen discrepancias en cuanto a si realmente Morris participó en esta película. Volvemos nuevamente a su biografía oficial en la que se indica que Morris rechazó el papel por miedo a que le encasillaran al haber rodado otra película de detectives ese mismo año. El gato que salta encima del hombro de Robert Gould podría ser el no menos famoso Orangey (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/).

Un largo adiós

Raymond Chandler y su gato

A pesar de las dudas, hemos querido incluir unos cuantos fotogramas de “Un largo adiós” y sobre todo de la célebre gatera “El porto del gato”. Está claro que el gato de Marlowe sabía leer; más aún, hablaba español, pero su compañero humano flaqueaba bastante en cuanto a sus conocimientos idiomáticos.

 

 

 

 

 

El actual Morris reside en Los Ángeles con su adiestradora y compañera Rose Ordile. Juntos van a los rodajes donde trabajan otros de sus animales. También sabemos que visitó CatCon 2019, la feria felina más importante del mundo, celebrada en Pasadena, California, el pasado mes de junio. Por cierto, CatCon es una acérrima defensora del lema “Adopta, no compres”.

Morris en su casa actual


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Los gatos de la isla de Lamu

Lamu es un pequeño archipiélago situado a pocos kilómetros de la costa de Kenia, cerca de su frontera norte, con una población de unos 20.000 habitantes, de los que el 90% son de origen suajili. Se cree que la ciudad del mismo nombre, en la isla también llamada Lamu, fue fundada en el siglo XII. Portugal invadió el archipiélago en 1505 debido a su excelente ubicación para controlar el comercio en el océano Índico. Un siglo y medio después, el sultanato de Omán ayudó a Lamu a oponerse al control portugués, dando pie a la época dorada de la ciudad.

Lamu, la ciudad

Además de convertirse en un importante núcleo comercial, también fue conocido como centro artístico, literario y académico. En el siglo XIX, la poetisa Mwana Kupona, autora de una de las primeras obras de la literatura suajili, alcanzó un estatus social mucho más elevado de lo que le habrían permitido en Kenia en su época. Lamu pasó a ser dominado por el sultán de Zanzíbar y, posteriormente, por los alemanes. Desde la independencia de Kenia en 1963, ha recuperado gran parte de su autonomía.

Lamu

La isla de Lamu es Patrimonio de la Humanidad, pero además cuenta con dos valores añadidos a nuestro modo de ver: sus gatos y sus burros. Hablando de los primeros, cada día, con la marea alta y exactamente media hora antes del regreso de los pescadores, decenas de gatos se apostan en el puerto mirando hacia el mar. Al poco de llegar, los pescadores les tiran la morralla, que se disputan a menudo con los marabúes.

Estos gatos no se parecen mucho a los que acostumbramos a ver en occidente. De silueta sumamente grácil, ojos rasgados y cabeza triangular, orejas grandes y puntiagudas, cuello largo, patas altas y delgadas, a primera vista recuerdan al “mau” egipcio. Muchos defienden que los gatos de Lamu son los últimos representantes de la raza domesticada hace 2.500 años a orillas del Nilo.

Teóricamente, los gatos de Lamu habrían llegado a la isla (y a todo el archipiélago) incluso antes de que un comerciante griego, contemporáneo de la dinastía ptolemaica, describiera la costa en el “Periplo del mar Erítreo”, escrito unos 200 años a. de J.C. Los barcos de entonces siempre llevaban gatos a bordo para combatir a las ratas y anclaban a menudo en el archipiélago, protegido de las olas por una barrera de coral.

No sabemos a ciencia cierta si hace tanto tiempo que llegaron los felinos a Lamu, pero sí puede asegurarse que ya estaban durante la fundación de la ciudad en el siglo XII. Curiosamente, los gatos han conservado la elegancia de sus antepasados, aunque el pelaje ha adoptado todos los colores habidos y por haber. Son gatos gregarios y suelen formar auténticos clanes, aunque esto no excluye las habituales peleas territoriales.

Se calcula que hay aproximadamente diez mil gatos en las cuatro islas que forman el archipiélago, y que unos cuatro mil viven en la ciudad de Lamu. Teniendo en cuenta que una gata puede dar a luz a unos dieciséis gatitos cada año, si no se controlase la población felina, esta no tardaría en superar al número de habitantes humanos.

Y aquí es donde aparece la “Lamu Animal Welfare Clinic” (http://www.lamu-vet.org/), una clínica veterinaria creada para cuidar de los animales de la isla, y dedicada especialmente al programa CES en lo que a gatos se refiere. Operan entre 20 y 30 diarios, incluso más cuando tienen ayuda de veterinarios voluntarios procedentes del continente o del extranjero. Dos personas salen a la calle diariamente a capturar gatos para esterilizarlos. Los machos se sueltan a las 24 horas y las hembras, unos días después de la operación.

La clínica, que funciona como una organización benéfica, abrió sus puertas en 2004, para controlar la proliferación de gatos y, asimismo, evitar que enfermasen y pasasen hambre. La ONG sobrevive gracias a la ayuda financiera de los habitantes de la isla, comercios y negocios, del ayuntamiento y del departamento veterinario del archipiélago. También la apoyan varias fundaciones extranjeras, como la Fondation Brigitte Bardot, Help Animals International, Humane Society International y Alice Noakes Memorial Charitable Trust, entre otras.

Las habitantes de Lamu, musulmanes en su inmensa mayoría, no tienen nada contra los gatos, todo lo contrario. No olvidemos que Mahoma amaba a los gatos y que su primer discípulo, Abu Huraira, era llamado “Padre de los gatos”. Pero no todos – ni mucho menos – aprueban la esterilización, lo que plantea ciertas dificultades a la clínica veterinaria, aunque cada vez menos.

Hace 20 años, en 2009, falleció Fatuma Paka, que compartía su casa con unos cien gatos. Sus vecinos cuentan que en su lecho de muerte, solo le preocupaba el destino de sus queridos amigos. Fatuma Paka, cuyo segundo nombre significa “gatito” en suajili, se gastó lo poco que tenía alimentando y cuidando a sus gatos. Por suerte, la clínica veterinaria logró encontrar hogares para la mayoría de ellos.

En 1998, el documentalista Jack Couffer pasó una temporada en Lamu estudiando, siguiendo y fotografiando a los gatos de la isla. El libro “The Cats of Lamu” es una joya, pero los vecinos del autor, durante su estancia, no solo le tacharon de excéntrico, sino incluso de loco por seguir a gatos noche y día.

Diecisiete años después, Julie Delfour, apasionada por el mundo animal, doctorada en Geografía y licenciada en Ciencias Sociales y Etiología, publicó otro libro magnífico, “Les chats de Lamu – Sur les traces des premiers chats” (Los gatos de Lamu – Siguiendo la huella de los primeros gatos).

La isla de Lamu carece de carreteras y las calles de la ciudad son muy estrechas, tanto que no caben los coches. Más de seis mil burros sirven como medio de transporte. Son tan fundamentales para la economía de la isla que la ONG más importante del lugar se dedica solo a ellos y uno de los dos únicos coches es una ambulancia para asnos.


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El gato Room 8

Retrato oficial de Room 8 (Foto de Roger W. Vargo)

Un buen día de 1952 apareció un gato en el aula 8 de la escuela primaria “Elysian Heights” (Altos Elíseos) de Echo Park, un barrio en pleno centro de Los Ángeles conocido por ser el hogar de músicos, actores y directores de cine como Frank Zappa (https://gatosyrespeto.org/2018/02/22/gatos-el-maestro-y-frank-zappa/), Steve McQueen, Shia LaBeouf o John Huston, entre otros. En los años cincuenta, Echo Park aún no tenía su célebre zona de moda, ni tampoco estaba tan densamente poblado; actualmente cuenta con más de 43.000 habitantes.

Ahora bien, que un gato llegue a un colegio, se pasee y esté de visita unos días, no dudamos que pueda pasar, pero ¿que decida vivir 15 años en la misma escuela? Cuando por primera vez vieron al gato atigrado, estaba famélico, y lo que hizo fue pedir trozos de sándwiches a los niños, que se encontraban en la hora del almuerzo. A continuación, les siguió al comedor y pidió más comida. En los días siguientes exigió que se le dejara entrar y dormir en las aulas, sobre todo en la 8; de ahí su nombre, “Room 8”. Varios profesores y padres a los que les gustaban los gatos calcularon que debía tener unos cinco años.

Cantando el himno nacional con Room 8

La entrada del colegio

Durante 15 años repitió exactamente la misma rutina: desaparecer por la noche y estar puntualmente por la mañana cuando abrían las puertas de la escuela. ¿Y qué ocurría en vacaciones y en verano? También desaparecía, pero el día que volvían los niños al colegio, ahí estaba. Al cabo de poco tiempo se desveló el misterio: siempre había alguna familia que vivía cerca dispuesta a acogerle si el colegio estaba cerrado.

Foto de fin de curso con Room 8

Retrato de Room 8 en la escuela

John Hernandez, que estudió en Elysian Heights, recuerda: “Conocí a Room 8 personalmente. Pasó todo el verano en casa con nuestros dos gatos, creo que fue en 1962. Pero antes ya había aparecido en numerosas ocasiones requiriendo comida, y siempre le complacíamos. Cabe la posibilidad de que fuera el padre de la última camada de nuestra gata. Tres de los seis gatitos tenían las mismas marcas que Room 8. Mi madre repartió los seis entre los vecinos, y es muy posible que el linaje de Room 8 siga vivo en el barrio”.

Room 8 deja su huella en cemento

Su huella

Room 8 se hizo muy famoso, tanto que en ocasiones llegó a recibir cien cartas en un solo día, aunque la media era de unas treinta mensuales. Cada otoño le esperaban cámaras de televisión y periodistas locales para asegurarse de que había vuelto. En 1968, el realizador Bud Wiser le incluyó en un documental de una hora de duración llamado “The World of Animals: Big Cats, Little Cats” (El mundo de los animales: Gatos grandes, gatos pequeños).

Room 8 realizando su pasatiempo favorito

“Sin nombre llegó al Aula 8 para traer fama a nuestra escuela”.

Es el protagonista del libro infantil “A Cat Called Room 8” (Un gato llamado Aula 8), escrito en 1966 por Virginia Finley y Beverly Mason, antigua directora de la escuela Elysian Heights. Las ilustraciones son de Valerie Martin, que daba clases cuando Room 8 se instaló en el colegio. La revista Look publicó un reportaje fotográfico de tres páginas de Room 8 realizado por el fotógrafo Richard Hewett en noviembre de 1962. El músico Leo Kottke compuso un tema instrumental titulado “Room 8” incluido en el álbum “Mudlark”, de 1971.

Placa firmada por la ilustradora del libro

Su popularidad empezó con un artículo en “My Weekly Reader” (Mi lectura semanal), una revista de gran éxito dirigida a niños que apareció en Estados Unidos desde 1928 a 2012. A partir de ese artículo empezaron a llover las cartas de fans, más de diez mil en total. Los niños de la escuela hacían las funciones de secretarios/as para contestar toda la correspondencia. Los sobres no solo contenían cartas, sino también billetes de un dólar o más, que sirvieron para comprar libros. Y algunos de estos sobres iban sencillamente dirigidos a “Room 8, Los Ángeles, California” o “El gato, Los Ángeles, California”.

Leyendo las cartas de sus fans

Recuerdos de Room 8

Los años pasaron, y un día Room 8 se peleó con otro gato y salió mal parado. Ya no era el gato en la plenitud de la vida que había elegido el colegio como su hogar. Cuando contrajo neumonía, una familia vecina de la escuela se ofreció para cuidarle. Y cada día, el conserje le buscaba al final de las clases y lo llevaba al otro lado de la calle.

Room 8 con una de sus secretarias

En la acera: “Hogar de Room 8”

Falleció el 13 de agosto de 1968. La esquela en el periódico Los Angeles Times, en tres columnas y con una fotografía, no tenía nada que envidiar a las de importantes figuras políticas. Era tal su fama que la esquela incluso se publicó en Hartford, Connecticut. Los alumnos organizaron una colecta para sufragar su tumba en el cementerio para animales de Los Ángeles, en Calabasas, California.

En el libro dedicado a Room 8, Beverly Mason recoge varios testimonios de antiguos alumnos, como el de Angie Medrano: “Mi primer recuerdo de Room 8 es verle en los brazos de la Srta. Mason y pensar que era un gato muy grande. Le puso en el suelo y saltó a un pupitre al lado de la ventana para echarse la siesta al sol”.

Beverly Mason con Room 8

Otro retrato en la escuela

Como cualquier otra escuela primaria en los años cincuenta, Elysian Heights tenía muchas reglas: No se habla en clase, se respeta la cola, no se corre en los pasillos, no se habla durante los diez primeros minutos de la comida. Pero encima de todas estas normas, una era suprema: “No se molesta al gato”. Un maestro de entonces, Bob Bedwell, recuerda que un alumno se cambió de pupitre porque Room 8 quería su sitio.

Room 8 quiere estudiar

Publicado en la revista Look

Room 8 se tumbaba encima de los cuadernos y de los libros, robaba la comida de los niños, dormía en la mesa del profesor mientras este daba clase. Room 8 hacía lo que quería, conquistó a todo un colegio y a un vecindario. Estamos seguros de que entre los niños que le conocieron, hay muy pocos que no sean amantes de los gatos actualmente.

Duerme feliz al sol en los Campos Elíseos, Room 8.