Gatos y Respeto

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Gatos en los cuentos populares ucranianos

El cuento más famoso en torno a un gato en el folclore ucraniano es el de “Pan Kotsky” o “El señor Gato”, aunque también podría ser “Don Gato”. Ya publicamos un resumen de este cuento con anterioridad hablando del folclore ruso, pero volveremos a repetirlo brevemente con algunos cambios. Por cierto, nada tiene que ver con la fábula de Esopo. En el caso que nos interesa, se trata de un gato viejo al que su amo abandona en el bosque porque ya no sirve para cazar ratones.

Curiosamente, una zorrita se interesa por él y le ofrece que se casen formando la típica pareja descrita tan a menudo en el folclore ucraniano: una mujer activa e inteligente con un hombre bueno, pero más bien pasivo. La zorrita avisa al resto de la comunidad: “Tened mucho cuidado con mi marido, es muy fiero y os hará pedazos”.

Pan Kotsky y la Sra. Zorra, por J. Hnizdovsky
Gato y zorro

Todos la creen, la liebre, el oso y el jabalí. Nadie le ha visto ni sabe que es un gato mayor. Deciden invitarle a cenar. La zorrita representa su papel a las mil maravillas: “Le traeré, pero debéis esconderos u os hará pedazos”. El oso se esconde en un árbol, el jabalí en un matorral debajo del árbol y la liebre en un agujero en la pila de leña cercana.

Pan Kotski, por Boris Hrinchenko (Kiev, 1907)
Pan Kotski (Sello)

La pareja llega a mesa puesta. Pan Kotsky es un poco bruto y tiene hambre. Salta encima de la mesa y empieza a atiborrarse. De pronto, un mosquito pica al jabalí, que se mueve en el matorral. Don Gato, a pesar de su edad, no ha olvidado su instinto y se abalanza sobre lo que él cree ser un ratón, pero es el rabo del jabalí.

Pan Kotsky, por el ilustrador Kost Lavro

El jabalí sale huyendo gritando de dolor y asusta a Pan Kotsky, que salta al árbol. El oso también se asusta y se tira al suelo, cayendo encima de la liebre. Los tres están convencidos de que Pan Kotsky va a matarlos. La imagen de la temible criatura ya está grabada en la mente de sus vecinos. La moraleja del cuento quizá sea que dar una buena imagen es más eficaz que mostrarse como se es realmente. “Être et paraître”, dicen los franceses, “ser y aparentar”.

Pan Kotsky
Gato y zorro

Pan Kotsky inspiró una ópera al compositor ucraniano Mykola Lysenko en 1891. Borys Hrinchenko (9 de diciembre de 1863 – 6 de mayo de 1910), un escritor, activista político, historiador y etnógrafo fundamental en el resurgimiento cultural ucraniano a finales del XIX y principios del XX, publicó una versión de la historia. En 1969, un estudio de animación de Kiev estrenó la película “La temible criatura”, y muchos niños ucranianos han visto a Pan Kotsky en un escenario.

Pan Kotsky
Pan Kotsky

Otro cuento ucraniano habla de un gato, una gallina y unos gansos. Llegó el verano, subió la temperatura, y los gansos empezaron a buscar un punto de agua para refrescarse. De camino se cruzaron con la gallina y les preguntó dónde iban. “A buscar un estanque, hace mucho calor”. La gallina decidió acompañarlos.

Gato y gansos

A continuación se cruzaron con el gato, que también les preguntó lo mismo y acabó uniéndose a ellos. Todos tenían mucho calor. Después de andar un buen trecho, llegaron a un lago. Los gansos batieron las alas y se lanzaron al agua. Felices, empezaron a jugar y a graznar.

La gallina y el gato, sentados en la orilla bajo un sol de justicia, tenían miedo de meterse. Miraron el agua y vieron a otra gallina y a otro gato dentro: “Anda, esos dos no tienen miedo, ¡pues nosotros tampoco!” Saltaron al agua y casi se ahogan antes de conseguir salir con grandes dificultades.

Entonces el gato dijo: “Nunca volveré a cometer semejante tontería. Me basta y sobra con lavarme sentado encima de la estufa”. La gallina afirmó: “Tampoco volveré a hacer esta locura, me quedo muy limpia después de un baño de polvo”.

Los dos echaron a andar de vuelta. La gallina vio un montón de tierra polvorienta y corrió hacia el polvo, cacareando de alegría. El gato llegó a la casa, saltó encima de la estufa apagada y, ronroneando como nunca, empezó a lamerse.

A partir de entonces, los gansos se bañan en agua, los gatos se lavan encima de las estufas y las gallinas se revuelcan en el polvo. El cuento acaba así: “El que no lo crea, que lo vea con sus propios ojos”.

Y el tercer cuento también lo publicamos hace un par de años en la misma entrada que el primero, pero en esta versión, el final es mucho más interesante y bastante menos edulcorado, como debe ser en los auténticos cuentos.

Érase una vez un gato y un gallo que quisieron vivir juntos. El gallo cuidaba de la casa mientras el gato salía a buscar comida. Un día, una zorra llamó a la puerta, pero el gallo le contestó que el gato le había avisado de que no debía dejarla pasar. La zorra insistió, el gallo claudicó y la zorra se lo llevó. El gallo pidió auxilio, el gato lo oyó y le salvó.

Pato y gato

Otro día, cuando el gato fue en busca de grano para el gallo, la escena se repitió. El gato  salvó de nuevo al gallo y dio una paliza a la zorra.  Pero el ave de poca cabeza se dejó convencer por tercera vez y el gato no consiguió alcanzarlos a tiempo. Regresó a su casa solo y triste, pero al poco se secó las lágrimas, cogió un pequeño violín, el arco y un saco de grandes dimensiones.

Mosaico en una calle de Kiev

Se apostó cerca de la casa de la zorra y empezó a tocar. La hija mayor de esta salió a ver quién tocaba tan bien y acabó muerta en el saco. Lo mismo ocurrió con las otras tres, hasta que la zorra empezó a preocuparse. Ya había puesto al gallo a asar en el horno, la sopa de leche estaba cociéndose y salió a ver qué pasaba. El gato se lanzó encima y la mató, al igual que había hecho con sus hijas.

Óstraco del Antiguo Egipto

Después entró en la casa, se bebió la sopa, vio a su amigo el gallo asado en una bandeja y le dijo: “Vamos, ¡sacúdete y levántate, gallo!” Este se sacudió y levantó, los dos se fueron a casa llevándose a las zorras muertas. Allí las despellejaron, usaron las pieles para tumbarse cómodamente encima y vivieron juntos felices y en paz. Cuando se acordaban, los dos se reían a carcajadas de la aventura.

Un gato viejo y un poco tonto se casa con una zorra joven y muy lista, es un cuento en apariencia sencillo, pero los cuentos nunca lo son. En el último, un gato y un gallo son grandes amigos y deciden vivir juntos, la zorra mata al gallo, el gato se convierte en mago y gracias a sus poderes el gallo ya asado recobra la vida; un cuento de animales cercano a la tradición del cuento de hadas. El segundo se limita a explicar tres comportamientos animales en otro tipo de cuento muy popular.


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Gatos búlgaros y el pintor Georgi Yordanov

Hace algún tiempo descubrimos por casualidad a un pintor surrealista búlgaro actual llamado Georgi Yordanov, pero como ocurre muchas veces apenas hay información sobre él.

Esto nos llevó a indagar más sobre los gatos en Bulgaria y encontramos la página “Vagabond”, que se presenta como sigue: “La primera y única revista mensual en inglés de Bulgaria. Les contaremos todo lo que quieren saber acerca de Bulgaria y no tienen a quién preguntárselo”. Y, desde luego, el artículo sobre los gatos en Bulgaria está muy bien. No solo nos hemos permitido reproducir algunas de las fotos con que ilustran el artículo, sino también la información que más nos interesaba. Gracias, Vagabond (https://www.vagabond.bg/).

El pintor Georgi Yordanov nació el 13 de mayo de 1960 en la ciudad de Shumen, hijo del también artista Yordan Yordanov, natural de la ciudad costera de Varna. Georgi Yordanov ha pintado numerosos decorados para el Teatro Dramático y para la Ópera de Varna y ha enseñado en varias escuelas de arte.

Tiene en su haber más de treinta exposiciones individuales entre Bulgaria e Inglaterra, además de haber participado en numerosas exposiciones colectivas en Francia y Rusia. Ha sido galardonado con diversos premios a lo largo de su carrera, entre los que destacaremos el I Premio en la Bienal del Humor de Gabrovo en 1995; la Beca Delfina Studios para una estancia de un año en Londres en 1995, varios premios otorgados por galerías y de nuevo el I Premio de la Bienal del Humor de Gabrovo en 2015.

Y esta es toda la información que hemos podido encontrar de un pintor con mucho sentido del humor y merecedor de estos premios. Los gatos no son los únicos animales que utiliza en sus cuadros, también hay aves, perros, peces, un poco de todo…

Hablemos ahora de los gatos en Bulgaria. La población búlgara ha cambiado mucho a lo largo de los años, pero el gato doméstico ha permanecido más o menos igual. Curiosamente, los primeros restos óseos de gatos descubiertos en el país no son anteriores al siglo III d.C. y la mayoría proviene de yacimientos fechados en los siglos IX al XII.

Al contrario de lo que ocurrió en Europa Occidental, los gatos búlgaros nunca se asociaron al diablo ni a las brujas y no fueron perseguidos. Su astucia hizo que se convirtieran en los protagonistas de numerosos cuentos donde demostraban ser más listos que otros animales que les superaban en tamaño e incluso que los seres humanos.

Abundan en los proverbios. Por ejemplo, si una pareja no para de discutir, se llevan como el perro y el gato (aunque esto parece ser un comentario casi universal). En Bulgaria, nada bueno puede salir del hecho de que un perro y un gato compartan la misma cama. Hay que compadecer a las personas que no tienen ni gato ni perro porque significa que son muy pobres.

Otro dicho bastante misógino por no decir machista es el siguiente: “Las mujeres esconden su maldad como el gato las uñas”. También se dice que “Un gato no cae de espaldas”, haciendo referencia de nuevo a su inteligencia. Un proverbio muy popular dice: “Si el gato no alcanza la carne, es porque la carne está pasada”. Y este último describe la supuesta indiferencia del gato: “Se lo contaron al gato, y el gato se lo contó a su rabo”.

Gatos búlgaros

También hay un mito en torno a la creación del gato: “Dios recorría la tierra y se detuvo en un lugar a pasar la noche. Llevaba una alforja con pan, pero los ratones se lo comieron todo. Dios se enojó, tiró su guante al suelo y este se convirtió en gato”.

Pero la reputación del gato tampoco era irreprochable. Los búlgaros de antaño decían que en el infierno, el perro traería agua para apagar el fuego debajo de la caldera en la que estaba su amo, mientras que el gato iría a por más leña. Los gatos podían crear vampiros con solo saltar por encima de un cadáver. Y los duendes se disfrazaban de gato pidiendo más que un cuenco de leche y un lugar cercano al hogar.

Gato búlgaro

Los gatos no proliferan en la literatura búlgara, pero los niños todavía cantan una cantinela acerca de la educación de un joven gato y cómo aprendió a cazar ratones. Uno de los poetas más famosos del país, Georgi Konstantinov, nacido el 20 de diciembre de 1943 en Pleven, escribió un cuento infantil de un gato.

Tufo
Gato búlgaro

Titulado “Tufo, el pirata de color jengibre”, tuvo un enorme éxito. Tufo, un gato rubio, empieza recorriendo Bulgaria, pero no contento con eso, cruza fronteras y llega hasta lejanísimas tierras. Las aventuras de Tufo han sido traducidas al francés, alemán, polaco, ruso y otros idiomas, y siguen publicándose hoy en día.

Tufo (Edición francesa)
Gato búlgaro

Sin embargo, la aparición más popular de un gato en la literatura del país se debe a Ivan Vazov, también llamado “el patriarca de la literatura búlgara”. En la novela corta cómica titulada “Chichovtsi” (Nuestros tíos), la disputa entre dos vecinos escala a proporciones vertiginosas cuando uno de ellos decide pintar de negro al gato del otro.

Al parecer, Varlaam – uno de los dos vecinos –, al oír la malévola risa de Selyamsuza – el otro vecino – y de toda su familia, se enojó, se levantó y cogió la raspa de pescado del plato para colgarla en la puerta de su enemigo. Mientras tanto, Selyamsuza estaba pintando al gato de su némesis de negro.

A la mañana siguiente, cuando Selyamsuza salió a la calle con su numerosa prole, se quedó lívido al ver la raspa de pescado colgada de su puerta (ignoramos el sentido negativo de la raspa de pescado). A su vez, Varlaam y su esposa descubren que el gato había dormido con ellos y manchado las sábanas, las almohadas y el vestido de seda colocado encima del baúl.

Gato búlgaro

A partir de ese momento, la riña entre los dos vecinos ya no tuvo solución. Nosotros pensamos en el pobre gato que no tuvo la culpa de nada y acabó teñido de negro. Así acabamos este breve repaso de gatos búlgaros.

Sello búlgaro


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El gato en expresiones idiomáticas

Paul Klee (Gato y pájaro)

Nuestro idioma está lleno de refranes que hacen referencia al gato, como por ejemplo, Aquí hay gato encerrado, cuando queremos decir que las cosas no están nada claras. El gato es uno de los animales más recurrentes en las expresiones idiomáticas, sobre todo en inglés. Algunas remontan al medievo, otras son modernas, y las encontramos con ligeras variantes en diversos idiomas.

Andy Warhol (25 gatas llamadas Sam)
Anónimo

Hemos recopilado una serie de dichos, proverbios y refranes procedentes en su mayoría del idioma inglés (Gran Bretaña y Estados Unidos), francés y castellano, ilustradas con cuadros de artistas diversos y que, en su mayoría, ya tienen una entrada en nuestro blog.

Miné Okubo
Gottfried Mind

Usamos la expresión Ponerle el cascabel al gato o ¿Quién le pone el cascabel al gato? cuando se trata de una empresa que representa cierta dificultad. La frase procede de la Fábula de los Ratones de Esopo, en la que se propone ponerle un cascabel al gato para oír cuándo se acerca. Lope de Vega la usó en la comedia “La esclava de su galán”, publicada en 1647.

Cornelis de Visscher, siglo XVII
Franz Marc

Un refrán que nos llegó del Siglo de Oro es Dar gato por liebre. Francisco de Quevedo y otros autores de la época mencionan con frecuencia cómo en las tabernas y posadas de entonces era habitual sustituir la carne de liebre por la de gato.

Ernst Ludwig Kirchner
Leonor Fini

Y está la famosa locución Buscarle tres pies al gato, aludiendo a complicar las cosas. Siempre nos hemos preguntado por qué sería difícil encontrarle tres pies al gato. Pues bien, originalmente se trataba de encontrar el quinto pie, lo que nos parece más lógico. De hecho, en numerosos países de Latinoamérica se dice Buscarle la quinta pata al gato o No le busques la quinta pata al gato y también Le andas buscando la quinta pata al gato.

Marc Chagall (Gato transformado en mujer)
Gwen John

No olvidemos la frase Aquí hay cuatro gatos cuando se halla muy poca gente en un sitio. La explicación más habitual se refiere a que los madrileños son llamados “gatos”, pero solo se es madrileño de verdad si se pertenece a la cuarta generación nacida en la ciudad. Y de esos, hay muy pocos. Pero no podemos menos que dudarlo porque en francés, la expresión Il n’y a pas un chat  (No hay ni un gato) significa que un lugar está desierto.

Gato montés de la Nueva España
Gertrude Abercrombie (Gato en nube)

Hablando de dichos que existen en varios idiomas con pequeñas diferencias, el primero que nos viene a la cabeza es De noche todos los gatos son pardos, que en inglés pasa a ser All cats are grey in the dark y en francés La nuit, tous les chats sont gris.

Quint Buchholz
Hans Hoffmann, siglo XVI

En castellano, el gato que no se ve es pardo, en francés y en inglés, gris. El significado es obvio, con poca luz no se distingue muy bien quién o qué tenemos delante. John Heywood (Londres, 1497 – Malinas, Bélgica, 1580) en su colección de proverbios ofrece otra versión: When all candles bee out all cattes be gray (Cuando se apagan las velas, todo el ganado es gris).

Gino Severini (Gato negro, 1910)
Jacques Nam

La versión actual en inglés fue popularizada supuestamente por Benjamin Franklin en 1745 para explicar por qué un hombre se acostaría con una mujer mayor. El equivalente en España se debe a Miguel de Cervantes en la “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”, capítulo XXXIII, cuando dice: “De noche, a la vela, la burra parece doncella”.

Hanni Bay (años 30 del siglo XX)

Nadie acaba de ponerse de acuerdo sobre el significado de la expresión británica, ya casi en desuso, As conceited as a barber’s cat (Tan engreído como el gato de un barbero).

T. Osawa
Joachim Rágóczy

En el sur de Estados Unidos se dice As nervous as a long-tailed cat in a room full of rocking chairs (Tan nervioso como un gato de rabo largo en un cuarto lleno de mecedoras). La imagen basta para explicarlo todo, más aún si pensamos que las mecedoras solían ser el asiento predilecto de los sureños en los porches.

Théophile Alexandre Steinlein
Théophile Alexandre Steinlein

Los angloparlantes usan la frase To let the cat out of the bag (Dejar salir al gato del saco) cuando se revela un secreto. Existen expresiones muy similares en holandés, Een kat in de zak kopen, y en alemán, Die Katze im Sack kaufen, que traducidas literalmente significan “Comprar un lechón en una bolsa”, dejando entender que el lechón se sustituía por un gato. Al sacarlo, se revela el secreto. Pero el origen es dudoso.

Hasegawa Sadanobu

En francés se dice Donner sa langue au chat (Dar la lengua al gato) cuando no se sabe contestar a una adivinanza. Al parecer, originalmente era Jeter sa langue au chie (Tirar la lengua al perro), para expresar algo negativo, ya que se tiraban los restos a los perros. El dicho cambió en el siglo XIX por una versión más ligera.

Nahui Olin

La expresión inglesa Did the cat get your tongue? y la española ¿Se te ha comido la lengua el gato? hacen referencia al silencio de una persona que se calla ante una pregunta. En inglés francés y castellano, el gato se asimila al silencio, al que guarda los secretos.

Pierre Bonnard (Los gatos)

Hay un sinfín de expresiones acerca del gato y del tiempo. Ya se sabe, si un gato se pasa la pata por detrás de la oreja, lloverá. En la Provenza francesa dicen Quand le chat se frotte l’oreille, le mistral se réveille (Cuando el gato se frota la oreja, el mistral se despierta).

Natsuo Ikegami
Louis Wain

Los dichos de gatos y lluvia abundan en las lenguas romances. En Sicilia dicen Quannu la gatta si lava la facci, signu ch’havi a chioviri, lo que debe significar algo como Cuando la gata se lava la cara, es señal de que llega lluvia. Creemos que el proverbio gallego Se o gato lava a cara, é que venta enchente de auga posee el mismo significado. En Castilla es Gato que estornuda, anuncia lluvia.

Suzanne Valadon

Presuntamente, los gatos son muy sensibles a los cambios atmosféricos y notan la llegada de una tormenta mucho antes que nosotros. Eso explicaría las numerosas expresiones de gatos relacionados con el viento, la lluvia o el frío.

Max Beckmann

Un proverbio popular de la India anuncia El gato es el tigre de la rata, pero en Albania se usa otro, El gato es un león para el ratón.

Léonard Tsuguharu Foujita (Gato sentado,1930)

En yiddish se dice que Al gato le gusta el pescado, pero le disgusta el agua. Y los georgianos tienen un dicho maravilloso: Es complicado atrapar a un gato negro en un cuarto a oscuras, sobre todo si no está.

Escuela alemana (El gato azulverde, 1914)


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Gatos, el ajedrecista Alexander Alekhine y otros

Alekhine y Chess

Alexander Alexándrovich Alekhine, nacido el 19 de octubre de 1892 en Moscú, fue campeón mundial de ajedrez desde 1927 a 1935 y desde 1937 hasta su muerte en 1946. Fue el cuarto ajedrecista campeón del mundo, el primero en reconquistar el título y el único que falleció poseyéndolo.

Dominó ampliamente el mundo del ajedrez en los años 30 del siglo pasado, ganando todas las competiciones (campeonatos del mundo, juegos olímpicos y torneos) en las que participó entre 1929 y 1934, con excepción del torneo de Hastings (1933-34), donde acabó segundo.

Pero también era famoso por su gato siamés llamado Chess (Ajedrez). Cuenta la leyenda que al cruzar la frontera de Polonia en tren camino de un torneo, se negó a presentar su pasaporte, diciendo: “Soy Alexander Alekhine, campeón mundial de ajedrez, y este es mi gato Chess, no necesito más identificación”. Ignoramos si le dejaron pasar o si la anécdota es real.

Sea como fuere, el matrimonio Alekhine viajaba a todas partes con su gato o gatos. En una foto realizada en 1935 en Holanda durante el torneo que enfrentó a Alexander Alekhine y a Max Euwe (que le venció, arrebatándole el título de campeón del mundo), se ve a dos siameses de nombre Shamat y Lobeidah con un tablero de ajedrez, los gatos de la familia Alekhine.

Alexander Alekhine se casó en cuartas nupcias con Grace Norton Wishaar (cuyo apellido suele escribirse Wishart por error), nacida en Nueva Jersey el 26 de octubre de 1876 – tenía 16 años más que Alekhine –, naturalizada británica, artista, campeona de ajedrez y que ya había tenido cuatro maridos.

Grace Wishaar con las esposas de Kmoch y Flohr en Holanda

Después de ganar un pequeño torneo en Tokio, se enfrentó a Alekhine en una exhibición simultánea en esa ciudad y ganó un libro escrito por el gran maestro. La relación entre ambos empezó cuando le pidió que se lo dedicara. Se casaron el 26 de marzo de 1934 en Villefranche-sur-Mer, no lejos de Niza. Grace era la propietaria de un magnífico castillo, La Chatellerie, no lejos de Dieppe, en Normandía.

Holanda, 1935

Hacemos hincapié en la fecha de su matrimonio porque tenemos la impresión de que todas las fotos de Alekhine con el famoso gato Chess fueron tomadas más o menos en la misma época, es decir entre 1934 y 1940, o sea después de casarse con Grace. Es muy probable que ella tuviera siameses con pedigrí cuando se conocieron. Había vivido en Inglaterra, país en el que siempre gozaron de predilección desde que fueron introducidos en el siglo XIX.

Si nos fijamos en las fotos de Holanda (1935), uno de los gatos siameses tiene una marca negra en la cara más extendida que el otro. En una foto de Alekhine tomada con ambos gatos, casi podríamos afirmar que sostiene a un macho con el brazo derecho y a una hembra con el izquierdo.

Alekhine y Marcel Duchamp

En fotos algo posteriores, el jugador de ajedrez parece haber ganado peso y el gato que le acompaña puede ser el macho. Alekhine tal vez se cansara de llamarle Shamat y decidió que Chess era más sencillo y apropiado. Lo que está muy claro por las fotos es que quería a sus gatos y eran sus compañeros.

Alexander Alekhine pidió la nacionalidad francesa en 1924, pero no se le concedió hasta el 10 de agosto de 1927. El matrimonio residía en Francia, entre París y el castillo de Normandía, pero viajaban muchísimo y al menos uno de los gatos les acompañó al torneo de Sofía, Bulgaria, en 1936, como lo prueban estas fotos. Casi nos inclinaríamos por creer que no es Shamat/Chess en los brazos de Grace asomada a la ventana del tren, sino Lobeidah.

Llegada a Sofía, 1936

La muerte de Alexander Alekhine está rodeada de misterio. Se encontraba en Buenos Aires en 1939 cuando empezó la II Guerra Mundial. Consiguió regresar a Francia en febrero de 1940 y se ofreció como traductor en el ejército francés, pero al entrar los alemanes en Francia, el ejército dejó de existir. Obtuvo un permiso para irse a España en marzo de 1941 con la esperanza de salir hacia Brasil o Nueva York para jugar contra el cubano Capablanca, al que había arrebatado el título de campeón unos años antes.

Recibimiento en Sofía, 1936

Su esposa se quedó en Francia en un intento de salvar los bienes de ambos. Al parecer, para conseguir el permiso de viaje y proteger a su esposa, Alekhine escribió varios artículos en torno al ajedrez publicados en el Pariser Zeitung, el diario alemán de la ocupación, además de participar en torneos en la Europa ocupada.

Al final de la guerra fue acusado de colaboracionismo con los nazis. No negó haber escrito dichos artículos, pero se defendió diciendo que habían sido manipulados y que nunca dijo que “el ajedrez ario era agresivo y no defensivo, un concepto ajedrecista semita”. De pronto, varios grandes ajedrecistas rehusaron participar en torneos con Alekhine.

Sin haber podido regresar a Francia, el 28 de noviembre de 1945 se enteró de que no podría participar en el torneo de Londres por la protesta de Reuben Fine y Max Euwe. Alekhine contestó por escrito, lamentando no poder defenderse en persona. A finales de diciembre participó en un torneo en Cáceres, España, y desde allí fue a Estoril para disputar otro torneo contra Francisco Lupi.

Se hospedó en un pequeño hotel de Estoril y apareció en público por última vez el 9 de marzo de 1946 en una partida simultánea en Lisboa. A principios de ese mes había recibido la oferta de Mijaíl Botvínnik para organizar un campeonato mundial. El 23 de marzo, la víspera de su muerte, la federación inglesa había aceptado patrocinar dicho campeonato.

Fue hallado muerto en su habitación delante de una cena sin tocar. El fallecimiento se achacó primero a un infarto y luego, después de la autopsia, a un atragantamiento con un trozo de carne. También se dice que fue encontrado muerto delante del hotel y otras cosas… En 1956, sus cenizas fueron trasladadas al cementerio de Montparnasse, en París, donde Grace Wishaar se reunió con él a su muerte el 21 de febrero de 1956.

Grace en 1935

No fue el único gran ajedrecista al que acompañaba un gato. Mencionaremos brevemente a Vasili Vasílievich Smyslov, nacido en 24 de marzo de 1921 y fallecido el 27 de marzo de 2010, campeón del mundo de 1957 a 1958, que luchó por el título en ocho ocasiones y poseía diecisiete medallas olímpicas. Tenía una magnífica gata llamada Belka. Además de jugar al ajedrez, era un muy buen barítono.

Smyslov y Belka
Smyslov y Belka

También está Kirsán Iliumzhínov, nacido en Elistá el 5 de abril de 1962, ajedrecista, militar, político, multimillonario, expresidente de la República de Kalmukia, Rusia, y presidente de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) desde 1995 a 2018, que decidió felicitar a todos los ajedrecistas un 8 de agosto (no sabemos de qué año), día internacional del gato.

Kirsán Iliumzhínov

Para terminar, añadiremos que existen muchos juegos de ajedrez con las piezas en forma de gatos y perros.


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Baby, el gato guía de Carolyn Swanson

Una seguidora mexicana de Gatos y Respeto publicó hace unos días en su Facebook la foto de un gato “lazarillo” con su dueña, Carolyn Swanson. Nos quedamos sorprendidos y decidimos indagar más; los gatos guía no abundan y parece ser un caso único. Al menos que esté documentado.

En 1946, la Sra. Carolyn Swanson, residente en Hermosa Beach, California, salió en los titulares de varios periódicos locales gracias a Baby, su gato lazarillo, al que había entrenado para guiarla por la pequeña ciudad.

¿Por qué se inclinó la Sra. Swanson por un gato en vez del tradicional perro guía cuando perdió la vista en 1945? Una pequeña reseña publicada en un periódico de Los Ángeles dice: “La anciana Sra. Carolyn Swanson, que vive en una casita en el cercano pueblo de Hermosa, se quedó ciega hace un año. Al no tener perro, optó por entrenar a su gato como mejor alternativa. Baby, un persa de gran tamaño, la guía durante sus salidas diarias y la avisa del peligro en los cruces dándole con el rabo en las piernas”.

Pero parece ser que Baby hacía más que eso. Según un artículo publicado en The Redondo Reflex el 13 de diciembre de 1946, además de guiar a la Sra. Swanson tirando de la correa, anunciaba los cruces con un maullido y se detenía si venía un coche. Mientras hubiera coches, seguía golpeado la pierna de Carolyn con su espléndido rabo. Añadiremos que posiblemente la Sra. Swanson no estuviera ciega del todo, que pudiera ver sombras.

Si Baby fue capaz de hacerlo, ¿por qué no hay más gatos lazarillos? Una respuesta puede ser que los animales guía deben ser grandes, por eso la mayoría de perros utilizados para este fin son labradores, Golden Retrievers o pastores alemanes. En tres razas de gatos, los Maine Coon, los bosques de Noruega y los siberianos, hay especímenes que pueden alcanzar los diez kilos, pero no son los treinta de un labrador.

También está la idea de que no se puede entrenar a un gato. Ya se sabe, los gatos son independientes, hacen lo que quieren, no aprenden, etcétera. Bueno, quizá haga falta más paciencia, pero hay muchos ejemplos de gatos entrenados para hacer ciertas cosas. Numerosas personas enseñan a sus gatos a andar con correa, a viajar en coche sin pasarlo mal e incluso a hacer algún truco que otro.

Lo de gatos guía parece complicado, pero sí podrían ayudar a detectar bombas, por ejemplo. Aunque los perros tienen el olfato más desarrollado que los gatos, estos diferencian mucho mejor los olores. Se meten en sitios inverosímiles; ya se sabe, si cabe la cabeza, entra el resto del cuerpo. Podrían ser magníficos rescatadores en catástrofes naturales.

Prevalece la noción de que el gato sigue siendo medio salvaje. Quizá porque el perro fue domesticado hace treinta mil años, mientras que las pruebas arqueológicas sugieren que el gato se “autodomesticó” hace diez mil.

La universidad estatal de Oregon lleva unos pocos años demostrando que los gatos hacen cosas totalmente inesperadas. Krystin Vitale, una investigadora de esta universidad, dedicada al estudio de la mente felina, rescató a un gatito blanco y negro en una carretera. Carl – así se llama el gato – hace algo que dos años atrás se creía imposible en un gato.

La investigadora está sentada en el suelo en un laboratorio delante de dos cuencos, uno a la izquierda, otro a la derecha. Su ayudante se ocupa de distraer a Carl hasta que la Dra. Vitale le llama: “¡Carl!”, y señala uno de los boles con el dedo índice. Niños de muy corta edad pasan este test con facilidad. Entienden que si señalamos algo, deben mirarlo, pero los chimpancés, como la inmensa mayoría de animales, ignoran el gesto. Carl no lo duda, va directamente hacia el cuenco señalado. Hace 20 años se demostró que los perros también lo entienden, lo que revolucionó la investigación en comportamiento animal.

¿Por qué lo entienden los animales domesticados? ¿Por qué la convivencia con el ser humano les hace comprender otras cosas? Si es así, entonces también nosotros hemos debido aprender algo de ellos.

En otro experimento en la misma universidad, una gata tricolor llamada Lyla entra en el laboratorio con Clara, su dueña. En cuanto la deja en el suelo, Lyla se aplasta, aterrada, desconoce los olores y el espacio. Se oye una puerta cerrarse de golpe, se asusta aún más. Entonces Clara se va. Lyla empieza a dar vueltas sobre sí misma, presa del pánico y acaba arañando la puerta por donde Clara ha salido mallando sin cesar.

Al cabo de dos minutos, Clara regresa y se sienta en el suelo. Lyla corre hacia ella y se frota contra sus piernas y se cara mientras la acaricia. Ya más tranquila, se aleja para explorar. “Mucha gente dirá que esto demuestra que a la gata no le importa la dueña”, dice Krystin Vitale, “pero es todo lo contrario”. Explica que Lyla se siente cómoda y calmada porque Clara está cerca. Clara le aporta la suficiente seguridad para que pueda indagar en su nuevo entorno.

Cualquier persona que tenga o haya tenido gatos y se haya fijado un poco en ellos sabe que nos echan de menos cuando nos vamos de viaje, o incluso si nos ausentamos unas horas. Algunos nos castigan ignorándonos; otros, al contrario, no nos dejan deshacer la maleta de lo contentos que están. Solo alguien que no haya convivido con un gato puede tacharles de egoístas e indiferentes.


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Gatos y decoraciones navideñas

Old World Christmas

No vamos a hablar de las consecuencias de tener gato (o gatos) y poner un árbol de Navidad. Bueno, en cierto modo sí. Ahora, con las nuevas bolas hechas de un material casi irrompible, los daños se reducen drásticamente. Pero cuando las bolas u otras decoraciones eran de vidrio soplado, el desastre podía llegar a ser monumental.

Sikora
Radko (122 dólares)

Sin embargo, antes de pasar a las decoraciones, deberíamos hablar del árbol. Se sabe a ciencia cierta que en 1441, 1442, 1510 y 1514, la “Bruderschaft der Schwarzhäupter” (Fraternidad de los cabezas negras) colocaba un árbol en la casa gremial de Reval (ahora Tallin, Estonia) y en la de Riga, Letonia, antes de trasladarlo la última noche del periodo navideño a la Plaza Mayor donde bailaban a su alrededor.

(Actual, 3 por 42 dólares)
(Actual)

En 1570, un gremio de Bremen, Alemania, dejó escrito que “un pequeño árbol decorado con manzanas, nueces, higos, galletas y flores de papel” se colocó en la casa gremial para el disfrute de los niños que se repartieron las golosinas el día de Navidad. Por lo tanto, parece que la tradición del árbol de Navidad ya estaba consolidada en el siglo XVI.

(Actual, 18 dólares)
Lauscha

Por otra parte, Cristoff Mueller y Hans Greiner, hijos de sopladores de vidrio de Langenbach, se establecieron en Lauscha, en la región alemana de Turingia, en 1597. La tradición del vidrio soplado en la región remonta al siglo XII. Atraídos por la excelente calidad de la arena en las orillas del río Lauscha, instalaron allí sus hornos y pronto se les unieron otros artesanos. Por cierto, la técnica fue inventada en Siria a finales del primer siglo a. de C.

Lauscha (Años veinte)
Old World Christmas (36 dólares)

Los sopladores de vidrio de Lauscha, como todos los demás, calentaban el vidrio en hornos hasta la mitad del siglo XVIII, cuando se introdujo la técnica de soplado de llama – soplar y realizar formas mediante tubos calentados en una lámpara de aceite (actualmente de propano) –, lo que permitió la producción de cuentas de vidrio con plomo en el interior. Una vez unidas con un hilo, servían de motivos decorativos en las casas.

Lauscha (Actual)
Holyart (17 dólares)

En 1835, Ludwig Müller-Uri inventó el primer ojo de cristal. No devolvía la visión, pero al menos la persona ya no tenía que llevar un parche. Todavía se siguen fabricando en Lauscha.

Lascha (Antiguos)

La leyenda quiere que un vidriero muy pobre, que no tenía dinero suficiente para comprar manzanas y golosinas de azúcar, inventara las primeras decoraciones navideñas para el árbol, sencillas formas redondas, huecas y coloreadas. Ya en 1847, los artesanos de Lauscha utilizaban vidrio soplado enfriado en moldes para crear diminutos  objetos pintados a mano destinados a colgar en los árboles navideños.

Lauscha (Años veinte)

Estos no tardaron en salir del círculo familiar y a venderse con mucho éxito. En los archivos del Museo de los Juguetes de Sonneberg, capital de Turingia, se encuentra un catálogo en color de la empresa Ernst & Carl Dressel de 1860 con una amplia gama de objetos de vidrio de Lauscha; entre ellos, decoraciones redondas y plateadas rematadas con una finísima capa de cera de color.

Decorando ornamentos navideños en Lauscha
Lauscha (Antiguo)

Se cuenta que el día de Nochebuena de 1868, la joven reina Victoria escribió desde Alemania diciendo que le gustaba mucho el árbol de Navidad adornado con cuentas de colores y regalos alrededor. En la década de los cuarenta, un periódico londinense publicó un dibujo del árbol navideño de la familia real decorado con diminutos objetos de cristal procedentes del país del príncipe Alberto, Alemania. El éxito fue inmediato.

(Actual, 15 dólares)

Por suerte, la producción incrementó en 1868, después de la construcción de una fábrica de gas que permitió sustituir el aceite por gas. A continuación nació una técnica para bañar los objetos con plata inventada por Justus von Liebig.

BestPysanky (20 dólares)

Pocos años después, en 1880, el hombre de negocios estadounidense F.W. Woolworth, fundador de los grandes almacenes del mismo nombre, puso en venta algunas decoraciones fabricadas en Lauscha. Al cabo de diez años, Woolworth encargaba 200.000 “bolas de Navidad” anualmente.

(Antiguo)
(Actual, 20 dólares)

A partir de 1900 surgieron fabricantes de decoraciones navideñas en otros puntos de Alemania y en Estados Unidos. ¿Cuándo aparecieron las figuras? Probablemente en la misma época, con el auge del modernismo y la enorme importancia que cobró el vidrio soplado.

(Antiguo)
(Actual)

Después de la II Guerra Mundial, Lauscha quedó enclavada en la República Democrática Alemana y las exportaciones resultaban difíciles al deber realizarse desde empresas estatales. Gran parte de la producción fue mecanizada, pero incluso así las decoraciones navideñas de la pequeña ciudad mantuvieron su éxito y se siguieron impartiendo clases en la escuela del vidrio fundada en 1923.

Old World Christmas (17 dólares)
(Actual)

Hoy, las aulas están llenas de futuros sopladores, y aproximadamente una de cada dos familias de Lauscha vive de la industria del vidrio. La población actual es de unos 3.300 habitantes. A principios de noviembre, la ciudad celebra un mercadillo de decoraciones navideñas.

Lauscha en invierno (Febrero de 2012)
Lauscha (Actual)
Lauscha (Actual)

Entre tantas figuritas, no faltaban ni faltan los gatos. Actualmente, las fabricadas en Lauscha valen unos 7 euros cada una. Aún son de cristal soplado, moldeado y decorado a mano, y no aptas para hogares con gatos. Hemos encontrado una fechada en los años veinte vendida por 120 dólares en eBay. Las más antiguas (años veinte del pasado siglo) se colocaban en el árbol mediante un clip y la figurita estaba montada en un muelle.

Lauscha (Actual, 7 euros)
Lauscha (Años veinte, 120 dólares)

Existen varias empresas más que incluyen figuritas gatunas en sus decoraciones navideñas. Los precios de la empresa Old Christmas World oscilan entre los 18 y los 36 dólares por una figurita de cristal pintada a mano. La empresa estadounidense fue fundada en 1891 y se precia de tener “el mayor catálogo del mundo de adornos navideños”. Hay bastantes gatos.

Old World Christmas (El gato con botas)
Old World Christmas (13 dólares)

El precio más bajo de las figuras de la empresa alemana Sikora es de 15 euros. También tienen muchos gatos. El estadounidense Macx Eckhard empezó a importar objetos de cristal de Alemania en 1907. Se unió a Corning Glass en 1937 y fundó Shiny Brite (ahora Christopher Radko), los mayores productores de decoraciones navideñas en las décadas de los cuarenta y cincuenta. Incluimos dos ejemplos de época. Fue la empresa que ideó colgar las decoraciones en el árbol mediante un trozo de lana.

Sikora
Radko (Años noventa, 38 dólares)


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Kisa, la gata encantada

Leonor Fini

Hay muchos cuentos de hadas con gatos como protagonistas, pero no conocemos ninguno que se refiera concretamente a la Navidad. Para estas fechas hemos escogido el cuento islandés de Kisa, la gata encantada. Sagan af kisu kongsdóttur fue recogido por Jon Arnason a mediados del siglo XIX para una recopilación. Este último y Magnus Grimsson plasmaron por escrito la tradición oral de su país, impidiendo que se perdiera.

Anónimo

Hemos traducido (resumiendo un poco) la versión del escritor, crítico, historiador y antropólogo escocés Andrew Lang (31 de marzo de 1844 – 20 de junio de 1912) publicada en el “The Brown Book of Fairy Tales” (El libro marrón de cuentos de hadas) en 1904. Andrew Lang dedicó su vida a la recopilación de cuentos de hadas y a demostrar su importancia simbólica. Entre 1889 y 1910 publicó doce volúmenes de cuentos, cada uno de un color, empezando por el azul y acabando por el lila.

Andrew Lang
El libro marrón de cuentos de hadas

Adrienne Ségur (https://gatosyrespeto.org/2020/06/18/gatos-y-cuentos-de-hadas-de-adrienne-segur/) publicó otra versión en su “Golden Book of Fairy Tales” (Libro dorado de cuentos de hadas) en el que la gata Kisa cambia de nombre y aparece como Kip.

Adrienne Ségur (1958)

Érase una vez una reina que tenía una preciosa gata color de humo, con ojos azules claros, a la que quería mucho y de la que nunca se separaba. Incluso acompañaba a la Reina cuando esta salía en su carroza. Un día le dijo a la gata: “Gatita, eres más feliz que yo, tienes a un gatita, pero yo solo te tengo a ti”.

La gata fue a hablar con un hada que habitaba en un bosque cercano, y muy pronto la Reina tuvo a una niña hecha de nieve y rayos de sol. La Reina se sintió feliz y la pequeña se hizo amiga de la gatita, negándose a dormir a menos que esta estuviera a su lado hecha un ovillo.

Franz Marc (1912)

Al cabo de unos meses, la niña seguía siendo un bebé, pero la gatita había crecido. Una tarde, la nodriza la buscó para llevarla a la cuna de la princesa como de costumbre, pero había desaparecido. Todo el palacio la buscó; los criados, convencidos de que la Reina recompensaría a quien la encontrara, se metieron en los lugares más inverosímiles, pero de nada sirvió. La gatita se había escapado, y nadie sabía si regresaría.

Arthur Rackham (1920)

Pasaron los años. Un buen día, la princesa jugaba a la pelota en el jardín, la lanzó más lejos de lo habitual y cayó entre un grupo de rosales. La niña corrió a recuperarla y cuando estaba a punto de cogerla, oyó una voz que la llamaba: “Ingibjorg, Ingibjorg, ¿me has olvidado? Soy tu hermana Kisa”. La princesa, sorprendida, contestó: “Nunca he tenido una hermana”, pues no recordaba a la gatita.

“¿No recuerdas cómo dormía a tu lado en la cuna, cómo llorabas si no estaba a tu lado? Por lo visto, las niñas no tienen memoria. Yo podría encontrar esa cuna ahora mismo si estuviera en el palacio”. “Si es así, ¿por qué te fuiste?”, replicó Ingibjorg. Pero antes de que pudiera contestar, aparecieron varias damas que se horrorizaron al ver a una gata desconocida y Kisa huyó de nuevo al bosque.

Louis Wain

Al día siguiente hacía mucho calor e Ingibjorg quiso ir a jugar bajo la sombra refrescante de los árboles. Sus damas de compañía no tardaron en dormirse y la princesa se adentró en el bosque, alejándose más y más, convencida de que en cualquier momento encontraría un círculo de hadas, pero en vez de eso, apareció un horrible gigante que le ordenó con voz ronca que le siguiera. Ingibjorg no se atrevió a desobedecerle y echaron a andar.

Pierre Bonnard (1884)

Anduvieron mucho tiempo. Cansada, la princesa empezó a llorar. “No me gustan las niñas que hacen ruidos feos”, dijo el gigante, dándose la vuelta. “Pero si te empeñas en llorar, te daré una buena razón para hacerlo”. Dicho eso, sacó un hacha de su cinturón y le cortó ambos pies, se los guardó en el bolsillo y se fue.

Marc Chagall (1949-50)

El dolor era insoportable e Ingibjorg estaba convencida de que iba a morirse. Al cabo del tiempo oyó unas ruedas de carro acercándose y, haciendo un esfuerzo, consiguió articular un grito. “¡Voy!”, contestó una voz. Y al poco apareció Kisa en un carro tirado por un caballo. Bajó de un salto, cogió con cuidado a la niña entre sus patas, la depositó en el heno y regresó a su pequeña cabaña.

Hizo una cama con unos cojines antes de ofrecer leche a Ingibjorg, que estaba a punto de perder el conocimiento. Kisa escogió diferentes hierbas de una alacena y las puso a remojar antes de atarlas con cuidado en los muñones sangrientos. El dolor se calmó de inmediato. Entonces Kisa dijo: “Ahora dormirás y no te asustarás por estar sola, cerraré la puerta y nadie te hará daño”, pero la princesa ya estaba dormida antes de que acabara la frase.

Bart van der Leck (1914)

Kisa subió a su carro y se fue a la cueva del gigante. Dejó el carro escondido a cierta distancia y se acercó sigilosamente a la entrada. El gigante le estaba diciendo a su mujer: “En cuanto tenga un momento, volveré y la mataré. ¿Qué pensarán los habitantes del bosque si no castigara a una niña que me desafió?” Los dos empezaron a insultar a Ingibjorg por su mal comportamiento y no vieron a Kisa volcar todo el tarro de sal en el puchero.

Eileen Mayo

Los gigantes volvieron a servirse y al poco se morían de sed. “Si no bebo agua fresca ahora mismo, ¡me moriré!”, gritó él. Se precipitó hacia el sendero que llevaba el riachuelo seguido por su esposa. Kisa aprovechó para rebuscar por todas partes hasta encontrar los pies de Ingibjorg envueltos en hierba y volver a toda prisa a su cabaña.

La gata Kisa se lleva los pies de Ingibjorg de la cueva del gigante

Ingibjorg se despertó al oír entrar a Kisa, que llevaba los dos pequeños pies calzados en zapatillas plateadas. “No te preocupes, en dos minutos volverán a ser tuyos”, le dijo. Cogiendo unas hebras de la hierba mágica en la que el gigante los había envuelto, los ató a las piernas de la princesa. Y añadió: “No andarás inmediatamente, eso no. Pero en una semana podré llevarte de nuevo a tu palacio”.

Y así fue. Al llegar la gata a las puertas del palacio, el Rey y la Reina vieron a su hija sentada a su lado en el carro y declararon que no había recompensa suficiente en todo el reino para la gata que había salvado a la princesa. “Ya hablaremos de eso”, dijo la gata antes de inclinarse con elegancia, subir al carro y alejarse.

Una profunda tristeza invadió a la princesa al irse Kisa. Dejó de comer y de beber, no le interesaban los maravillosos vestidos que encargaron para ella. “Si no ríe se morirá”, dijo la Reina. “Nada la curará excepto el matrimonio”, contestó el Rey. Invitó a todos los jóvenes apuestos del reino y pidió a su hija que escogiera a uno. Finalizada la ceremonia, Kisa apareció de pronto en la sala. Ingibjorg corrió hacia ella y la abrazó.

Suzanne Valadon (1930)

“He venido a por mi recompensa. Debes dejarme dormir al pie de tu cama esta noche”, dijo Kisa. “¿Solo eso?”, replicó la princesa, algo decepcionada. Al día siguiente, con los primeros rayos del sol, Ingibjorg descubrió a una bellísima princesa dormida a sus pies. Esta le explicó que un hada malvada las había encantado a su madre y a ella. Su madre, la gata de la Reina, había muerto sin poder hacer una buena obra jamás hecha antes, la condición para que se rompiera el encantamiento.

Min Zhen (Siglo XVIII)

Curioso y bonito cuento, del que hemos encontrado pocas ilustraciones; escasez compensada con cuadros y fotos. Dedicamos esta entrada a tres jóvenes amigas nuestras, Cayetana, Carlota y Patricia.

Émile Munier (1882)


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El gato navideño (Jólakötturinn) de Islandia

No todas las tradiciones navideñas son iguales en Europa; Santa Claus no llega a todos los países, ni tampoco los Reyes Magos. Islandia se convirtió al cristianismo en el siglo XI por decisión del Alþingi, el parlamento más antiguo del mundo, fundado en 930, influido probablemente por el rey de Noruega, Olaf Tryggvason. Sin embargo, la religión norgermánica persistió durante siglos después de la cristianización oficial del país.

Y con ella, numerosos mitos, tradiciones y creencias que poco a poco se transformaron y de los que algunos aún sobreviven, aunque es casi imposible conocer su origen. Una de las leyendas es la del Jólakötturinn, un enorme, feroz y terrible gato negro – no podía ser de otro modo – que aterroriza a los niños en Nochebuena.

Jólakötturinn (Urðarkötturinn en finlandés) es el gato de la troll Grýla, esposa del troll Leppalúði, padres de los Trece Muchachos de Navidad. El cometido de Jólakötturinn es comerse a cualquier persona que no estrene una prenda de ropa nueva en Nochebuena. En todas las explicaciones que hemos encontrado, la conclusión es la misma: la leyenda animaba a los islandeses a trabajar duro para comprarse algo nuevo. Algunos incluso dicen que los granjeros usaban la tradición como amenaza para que sus empleados trabajaran más.

Grýla y el gato de Navidad (Phinneas Jones)

Nada de eso parece tener mucho sentido. En primer lugar, la ropa no empezó realmente a comprarse en tiendas en la sociedad rural hasta después de la Primera Guerra Mundial. Antes se hilaban y tejían las telas y lanas para confeccionar las prendas en casa, trabajo que recaía en las mujeres.

Ahora bien, no se encuentran antecedentes escritos de la leyenda hasta el siglo XIX. En 1932, aproximadamente un siglo después, el autor islandés Jóhannes úr Kötlum, que también fue miembro del Parlamento, le dedicó un largo poema. Kötlum era muy admirado por la belleza de sus versos en islandés. Reproducimos aquí los primeros a pesar de estar seguros de masacrarlos:

Islandia

Ya conocen al gato de Navidad, – es un gato muy grande. – No sabemos de dónde viene – ni adónde va. – Abre los ojos de par en par, – los dos brillan. – No es cosa de cobardes – mirar en esos ojos – El pelo como escarpias, – el gran lomo arqueado, – las garras en la pata peluda, – nada de esto es agradable de ver. – Por eso las mujeres se apresuran – a hilar, tejer y coser – bonitos trajes de colores – o aunque sea, un miserable calcetín. – El gato no vendrá, – no se llevará a los niños, – siempre que los adultos – les hayan regalado una prenda nueva.

La cantante Bjork también le dedicó un tema en 1987 basado en este mismo poema. (https://www.youtube.com/watch?v=a4xG6hQWsno).

La costumbre sigue vigente hoy en día, y muchos islandeses regalan o estrenan alguna prenda de ropa el 24 de diciembre porque Jólakötturinn recorre la fría Islandia en Nochebuena. En esa época del año hay pocas horas de luz en el país septentrional, unas cinco como mucho.

Gato islandés

Grýla, una troll alta con muy mal carácter, y su segundo marido Leppalúði, un ser mucho más tranquilo, tuvieron trece hijos. Empezando catorce días antes de Navidad, aparece uno cada día en las casas. Antaño eran seres malévolos, que no aportaban nada bueno, todo lo contrario. Actualmente son conocidos por sus travesuras y por dejar un pequeño regalo cada noche en los zapatos de los niños a partir del 12 de diciembre.

Jolasveinar (Los Trece Muchachos y Jólakötturinn)

Unos beben la leche de las ovejas, otros roban comida, otro asusta a todos dando portazos y uno es adicto al yogur. Antes robaban las velas a los niños. Con el tiempo, las leyendas se diluyen y pierden su sentido, como ocurre con los cuentos infantiles cuando el ogro ya no se come al niño. Sea como fuere, entre los Trece Muchachos y Jólakötturinn, la época navideña en Islandia no era nada tranquila.

En noviembre de 2018, la ciudad de Reikiavik gastó 4.400 millones de coronas islandesas (unos 30.000 euros) en la instalación de un gran Jólakötturinn hecho de LED en la plaza Lækjartorg. El gato, que puede verse cada año desde finales de noviembre, mide seis metros de largo y cinco de alto. Lo diseñó la empresa austríaca MK Illumination, es propiedad de la compañía Garðlistar y el Ayuntamiento lo alquila anualmente.

Reikiavik
Gato islandés

La concejala socialista Sanna Magdelena Mörtudóttir criticó al Consistorio aprovechando el mito de Jólakötturinn. Según ella, ya que la pobreza impide que los niños tengan ropa nueva, y al ser el Ayuntamiento de Reikiavik la empresa del país con más empleados cobrando el salario mínimo, quizá habría podido aprovecharse el momento para aumentar el salario de los padres y permitirles adquirir ropa nueva para sus hijos.

Reikiavik

Ignoramos cómo acabó el debate, pero hemos descubierto otro gato de Navidad en la ciudad de Akureyri, totalmente al norte del país, en el fiordo Eyjafjörður. Parece estar hecho de metal, no de LED y, contrario a la tradición, tiene los ojos verdes. Los del verdadero Jólakötturinn son abrasadores y rojizos.

Akureyri
Reikiavik

Los islandeses tienen un dicho “að fara í jólaköttinn”, que significa literalmente “ir dentro del gato de Navidad”, o sea, si uno no se porta bien, acabará dentro del gato. Es un poco más drástico que encontrarse carbón en los zapatos en vez de un regalo.

Akureyri
Reikiavik

Eso no significa que los islandeses no quieran a los gatos, al contrario. Se calcula que hay más de 20.000 gatos en Islandia para 366.425 habitantes, y aunque el número de perros es más o menos el mismo, los gatos han adquirido más visibilidad en Reikiavik. Menja von Schmalensee, biólogo y ecologista del Centro de Historia Natural del Oeste de Islandia, cree que los gatos llegaron con los primeros pobladores noruegos, entre los años 870 y 930.

Akureyri

Seis meses después de empezar este blog, en mayo de 2014, dedicamos una pequeña entrada a los gatos de Reikiavik (https://gatosyrespeto.org/2014/05/23/los-gatos-de-reikiavik/).


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Gatos y Respeto (recordando a Albert Schweitzer)

En agosto de 2014 dedicamos una entrada a Albert Schweitzer, a quien junto a Henry Beston consideramos uno de los pilares de este blog.

Teólogo, organista, filósofo y médico, nació el 14 de enero de 1875 en Alsacia-Lorena, que formaba parte del Imperio alemán. Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1952 por su filosofía de “Respeto por la vida” y, sobre todo, por haber fundado y ocuparse del hospital Albert Schweitzer, en Lambaréné, entonces África Ecuatorial francesa, actual Gabón.

Sello de Gabón

Obtuvo el doctorado en Filosofía en 1899 y en Teología en 1902, ambos en la Universidad de Estrasburgo. Paralelamente desarrolló una brillante carrera como musicólogo y músico.

Sello del Emirato de Ajmán con Albert Schweitzer al órgano

Decidió irse a África a ejercer de médico y no de pastor, por lo que empezó a estudiar Medicina en 1905 y obtuvo su diploma en 1913. Se trasladó inmediatamente a Lambaréné y fundó un hospital. En 1917 fue recluido en un campo de prisioneros, junto a su esposa, por el gobierno francés, que les consideraba “enemigos alemanes”. Liberados un año después, permaneció en Europa hasta 1924 predicando, dando conciertos de órgano y especializándose en ramas de la medicina.

Regresó a Lambaréné, y allí pasó el resto de su vida exceptuando cortos periodos en los que viajaba a Europa. En los años sesenta, el hospital constaba de sesenta pabellones con más de quinientas camas. Con los 33.000 dólares del Premio Nobel fundó una leprosería. Falleció el 4 de septiembre de 1965 a los noventa años en Lambaréné, donde está enterrado. Su antimilitarismo le llevó a criticar las acciones bélicas hasta su muerte. Un amigo suyo, Albert Einstein, dijo: “En este triste mundo nuestro, es un gran hombre”.

Para el Dr. Schweitzer, la vida sin animales casi no merecía ser vivida. No solo apreciaba su inteligencia, sino ciertas cualidades que suelen atribuirse a los seres humanos. Phylas y Sultán fueron dos de los perros con los que vivió en Alsacia cuando era pequeño. En Lambaréné tuvo a Caramba, Amos, Porto, Hanibal, César, Kimmy y su gran favorita, Tchu Tchu.

Estatua en Deventer, Holanda

Vivió rodeado de gatos. Sizi, por ejemplo, siempre estaba a su lado mientras escribía y tenía por costumbre dormirse en su brazo izquierdo. Al parecer era zurdo, y para no tener que despertarla, prefirió aprender a escribir con la derecha. Sizi fue encontrada cuando apenas tenía cinco semanas y vivió veintitrés años. Otro gato suyo, Piccolo, siempre dormía en una pila de papeles en su mesa. Si entre esos documentos había alguno que debía ser firmado con cierta urgencia, todo el mundo esperaba a que Piccolo decidiera despertarse de la siesta.

También recogió chimpancés, pelícanos y antílopes.

Citaremos tres frases suyas, una de las cuales encabeza este blog:

Existen dos medios de refugio de las miserias de la vida: la música y los gatos.

El niño que sabe preocuparse por un animal que sufre, sabrá dar la mano a su hermano.

Al socorrer a un insecto amenazado, no hago más que intentar devolver a los animales en su conjunto un poco de la siempre creciente deuda de culpabilidad que los hombres han contraído con ellos.

Sello de Alto Volta (actual Burkina Faso)


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Gatos y Respeto (recordando a Henry Beston)

Hoy queremos recordar una de las primeras, y cortas, entradas de este blog. Estaba dedicada a Henry Beston y era el mes de mayo de 2014.

Las siguientes líneas fueron escritas por Henry Beston (1 de junio de 1888 – 15 de abril de 1968), un escritor y naturalista estadounidense conocido por su libro “The Outermost House”, en el que describe un año en la gran playa de Cape Cod, estado de Massachusetts. Se le considera uno de los padres del movimiento en defensa del medioambiente.

Henry Beston
En la casa de Cape Cod

El párrafo que citamos a continuación coincide con los sentimientos de Gatos y Respeto hacia todos los animales.

“Necesitamos tener otro concepto más sabio y quizá más místico de los animales. El hombre, desde su lugar alejado de la naturaleza universal y desde una vida de complicados artificios, observa a la criatura a través del cristal de sus conocimientos, ve la pluma magnificada y toda la imagen distorsionada. Somos condescendientes hacia ellos al creerlos incompletos, por el trágico destino que les hizo adoptar una forma tan inferior a la nuestra. Y al hacerlo nos equivocamos, estamos muy equivocados. El animal no debe ser medido por el hombre. En un mundo más antiguo y más completo que el nuestro, ellos se mueven terminados y completos, dotados con extensiones de los sentidos que nosotros hemos perdido o nunca tuvimos, siguiendo voces que jamás oiremos. No son nuestros hermanos, no son nuestros subordinados, son otros seres atrapados con nosotros en la red de la vida y del tiempo, compañeros presos del esplendor y la labor de la tierra”.