Gatos y Respeto

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Gatos con vitíligo o hipopigmentación

Gato rubio con vitíligo

El color de algunos gatos se aclara con el paso del tiempo. Aunque el cambio es mucho más aparente en los de pelaje oscuro, puede ocurrir en los de cualquier color. Pero ¿a qué se debe? El color de la piel y del pelo depende de unas células llamadas melanocitos, que se encuentran en la epidermis y en los folículos del pelo. Dichas células producen la melanina que aporta color a la piel y al pelo. Cuando nos exponemos al sol, estas células generan una mayor cantidad de melanina y la piel oscurece. Hasta aquí, todo tiene sentido, pero ¿por qué tiene lugar el efecto opuesto?

Proceso del vitíligo

La despigmentación no es una condición reservada a los gatos, se da en muchos otros animales (incluso en aves) y en seres humanos (la modelo Winnie Harlow, por ejemplo, que se convirtió en portavoz de la enfermedad).

Pingüino con vitíligo

Pantera con vitíligo

Pero volvamos a los gatos. Los hay de muchos colores con dibujos siempre diferentes (sobre todo los callejeros) ya que la cantidad de pigmento varía mucho de uno a otro. Algunos incluso son albinos y carecen totalmente de pigmento. De hecho, a pesar de las características marcas oscuras de los siameses, estos padecen a menudo de albinismo. Otra curiosidad de los siameses “point” es que el tono de las marcas varía según la temperatura del cuerpo.

Neptune en 2001

Neptune varios años después

La producción del pigmento depende de la acción de una enzima que actúa de acuerdo con la temperatura. Por eso, las partes corporales más cálidas de los siameses son más claras, mientras que las zonas más frías (la cara, pies, cola y punta de las orejas) son más oscuras. Hay gatos negros cuyo pelaje adquiere un tono rojizo al estar más expuesto al sol (https://gatosyrespeto.org/2019/03/21/los-gatos-negros-y-el-melanismo/). Sin embargo, existen estudios que demuestran que una dieta deficiente en los aminoácidos tirosina y fenilalanina también hará que el gato negro desarrolle un pelaje color óxido. Esto último se corregirá con una dieta equilibrada.

Oliver, un gato rubio

En general, la despigmentación se debe a condiciones benignas y no afecta en absoluto a la salud del gato, aunque puede haber excepciones, como el lupus erythematosus, una enfermedad inmunomediada en la que los anticuerpos atacan diferentes zonas de la piel, creando heridas y despigmentación. Por suerte, es una condición excepcional en los gatos. De todas formas, se recomienda llevar al gato al veterinario si se empieza a notar una despigmentación gradual.

Despigmentaciones poco comunes

La mayoría de estudios concuerdan en que el vitíligo empieza a una edad temprana en los gatos, destruyendo los melanocitos progresivamente. A medida que estos mueren, la piel y el pelo de la zona afectada se vuelven blancos. Suele afectar primero a la cara, sobre todo la nariz, los labios y la zona alrededor de los ojos. A continuación se extenderá por las almohadillas y, poco a poco, por todo el cuerpo. Efectivamente, si nos fijamos en las fotos de la gatita alemana Elli, además de la mancha blanca señalada con un círculo rojo, el vitíligo le afectó primero la cara, antes de extenderse con mucha rapidez por el resto del cuerpo.

Ellie en 2016

Ellie en abril de 2017

El vitíligo es una forma de leucoderma, algo que antes se creía muy poco común en gatos, pero gracias a las redes sociales e Internet, cada vez salen más casos a la luz. La leucoderma (piel blanca) y leucotriquia (pelo blanco) producen un efecto “tela de araña” o “copo de nieve” más obvio en gatos negros. Algunos pueden acabar casi totalmente blancos con el paso del tiempo con solo pequeñas manchas negras dispersas. Como hemos dicho antes, no es una condición restringida a los gatos, también se ve en perros y panteras negras, entre otros animales. Es algo meramente cosmético y no afecta a la salud aunque incrementa la posibilidad de quemaduras solares en las zonas despigmentadas.

Elli en agosto de 2017

Ellie en octubre de 2017

En medicina, el vitíligo entra dentro de las enfermedades inmunodeficientes y se divide entre segmentario y no segmentario.  El vitíligo segmentario tiende a formar un dibujo estable y asimétrico en la espalda, y su progreso en humanos puede predecirse. El vitíligo no segmentario es más simétrico en cuanto a su desarrollo y ocupa importantes zonas del cuerpo. Sus categorías son las siguientes:

  • Vitíligo generalizado – el más habitual. Manchas blancas distribuidas al azar.
  • Vitíligo universal – una despigmentación casi total. La progresiva “tela de araña” o efecto “copo de nieve”.
  • Vitíligo focal – unas pocas manchas blancas en un área concreta del cuerpo. En general, en gatos muy jóvenes (muy pocos casos).
  • Vitíligo acrofacial – en las patas y alrededor de los orificios corporales. Muy habitual en gatos colorpoint.
  • Vitíligo de la mucosa – despigmentación de las membranas de la mucosa. Poco común en gatos.

Ellie en marzo de 2018

Ellie en febrero de 2019

En 2014 hicieron su aparición unos extraños gatos blancos y negros en la región de los Cárpatos, en Hungría, Polonia, Ucrania, Eslovaquia y Rumanía. Tienen el rabo, la parte inferior de las patas, las orejas y la nariz de color blanco plateado con el cuerpo generalmente negro y alguna que otra mancha blanca. Al nacer son de un color claro que se oscurece a medida que crecen. En 2017, un gato de Romford, Gran Bretaña, nació con ese mismo marcaje. A pesar de haber sido diagnosticado con vitíligo, encaja más con la mutación karpati (un gen dominante). La mutación puede ocurrir en un gato de otro color, pero es más pronunciada en los negros.

Tigra (mutación karpati)

El efecto tela de araña, quizá el más común entre los animales afectados por vitíligo, no debe confundirse con la mutación “sal y pimienta” o “tweed”, común en gatos de Europa oriental, que se desarrolla a una edad temprana y, una vez estabilizada, produce un efecto “colorpoint” a la inversa, propia de los karpati. Ni tampoco con los pelos blancos que aparecen con la edad en gatos oscuros.

Gatito sal y pimienta o tweed

Resumiendo, el vitíligo no afecta a la salud del gato, solo a su aspecto físico. Algunos estudios sugieren que suplementar la dieta del animal con ácidos grasos omega-3 y vitamina C puede detener la despigmentación. Pero hasta la fecha no se ha realizado una investigación seria que apoye esta teoría.

Scrappy era negro en 1997. Foto de 2016


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Los gatos del Museo del Prado

Cabeza de gato durmiendo (Francisco Domingo Marqués, 1885)

El Prado está entre las grandes pinacotecas del mundo. Expone obras que van desde el siglo XII hasta principios del XX y posee la mejor colección de pintura española del mundo. Fue inaugurado en noviembre de 1819, durante el reinado de Fernando VII, como Museo Real, nombre reemplazado por el de Museo Nacional de Pintura y Escultura, y finalmente por el de Museo Nacional del Prado. Faltan pocos meses para que cumpla 200 años.

Perro y gatos (Ginés Andrés de Aguirre, 1775)

El Museo del Prado abrió sus puertas mostrando 311 pinturas, todas ellas de la escuela española, cuyo número aumentó a 521 en 1821. La división por escuelas era la siguiente: 283 cuadros de la española antigua, 34 de la contemporánea y 195 de la italiana. Estos dos últimos grupos se instalaron, respectivamente, en el vestíbulo y en la primera parte de la galería central, el espacio más importante del museo, el mismo lugar que en 1828 albergaría las escuelas italianas de la Colección Real.

Pelea de gatos en una despensa (Paul de Vos, 1630-40)

Su colección actual está formada por 8.045 lienzos, 9.561 dibujos, 5.973 estampas, 971 esculturas, además de objetos, documentos históricos y mapas. Desde 2018, el museo exhibe unas 1.700 obras. Aunque el primer catálogo constaba de 311 pinturas, el museo ya guardaba 1.510 obras procedentes de los Reales Sitios. Las valiosísimas Colecciones Reales, germen de la actual, comenzaron a tomar forma en el siglo XVI bajo los auspicios del emperador Carlos V y fueron sucesivamente enriquecidas por todos los monarcas que le sucedieron, tanto Austrias como Borbones.

Un gato echado sobre un almohadón (Genaro Rodríguez Olavide, 1876)

El artista con mayor volumen de obras albergadas en el museo es Francisco de Goya, pero tampoco se quedan atrás El Bosco, El Greco, Rubens, Tiziano y Diego Velázquez, entre otros. Se trata de una colección formada esencialmente por unos cuantos reyes aficionados al arte que encargaron obras y protegieron a pintores muy concretos. El fondo procedente de la Colección Real primigenia se ha complementado con aportaciones posteriores que han servido para reforzar el núcleo inicial del museo.

Riña de gatos (Francisco de Goya y Lucientes, 1786)

La gata y el zorro (Frans Snyders, s. XVI-XVII)

Durante largos años, El Prado sufrió una gran falta de espacio, por lo que llegó a ser definido como “La mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado del mundo”. Gracias a la ampliación firmada por el arquitecto Rafael Moneo, inaugurada en 2007 y que conectó el museo con el claustro de los Jerónimos, pasó de exhibir 900 obras a 1.350. En 2018 se reabrieron las salas del ático norte, permitiendo exponer otras 350.

Sin labor (Francisco Maura y Montaner, 1890)

Detalle

Una nueva ampliación, la del Salón de los Reinos, a cargo de Norman Foster y Carlos Rubio, permitirá colgar unos 300 cuadros adicionales en 2.500 metros cuadrados. Las obras deberían empezar a final de este año o principio del siguiente.

El Paraíso y los Cuatro Elementos (Denis van Alsloot – Hendrik de Clerck, 1606-1609)

Detalle

El Museo del Prado no siempre gozó de recursos y apoyos suficientes por parte del Estado, sobre todo en el siglo XIX y parte del XX. Las medidas de seguridad en el siglo XIX eran deficientes, la mayoría del personal vivía en el museo y se amontonaba leña para las estufas, lo que provocó la alarma. El periodista Mariano de Cavia, que escribía para “El liberal”, publicó un artículo donde decía que un incendio había arrasado la pinacoteca, lo que provocó un gran revuelo. El artículo era ficticio, pero sirvió de detonante para que se adoptaran medidas adecuadas.

Las flores de mayo (Cayetano Vallcorba y Mexía, 1892)

Detalle

Aunque el Museo del Prado no ha sufrido robos rocambolescos como el Louvre, ha debido enfrentarse a algunos incidentes. El más grave, en 1918, fue el asunto del expolio del Tesoro del Delfín. Un empleado del museo llevaba tiempo robando piezas del Tesoro. Por suerte, la mayoría se recuperó, pero se perdieron once, y otras treinta y cinco estaban muy deterioradas al haberse extraído las piedras preciosas.

La cocinera (Luis Carlos Legrand, 1832-37)

Detalle

En 1861 se sustrajo un pequeño cuadro; en 1897, un boceto de Murillo; en 1906, dos estatuillas romanas y un vaso de alabastro, y en 1909, un cuadrito de “poca importancia”. Gran parte de las mejores obras fueron trasladadas vía Valencia y Cataluña hasta Ginebra durante la Guerra Civil por miedo a que los bombardeos de las tropas franquistas destruyesen el edificio y su contenido.

Filopómenes descubierto (Pedro Pablo Rubens, hacia 1609)

Detalle

Hace tres años publicamos una entrada acerca de los gatos expuestos en el Museo Metropolitano de Nueva York (https://gatosyrespeto.org/2016/12/29/los-gatos-del-museo-metropolitano-de-nueva-york/). En el museo neoyorquino hay numerosas obras representando a gatos (cuadros, dibujos, objetos, estatuas, etcétera) y además posee una herramienta que permite acceder a todas ellas, el  Meow Met. El Prado no dispone de algo tan sofisticado, pero sí se han catalogado casi todas las pinturas con un gato. Para verlas basta con entrar en https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=gato%20(felis%20silvestris%20catus)&ordenarPor=pm:relevance.

Anciana sentada (atribuido a Antonio Puga, primera mitad s. XVII)

Detalle

Hay pocos cuadros en los que el gato ocupa el lugar protagonista. De hecho, solo hemos encontrado cuatro en las 72 obras catalogadas. Hay muchos gatos en bodegones de los siglos XVI y XVII; siempre están al acecho, dispuestos a robar, rodeados de peces, trozos de carne y otras viandas tentadoras para un gato hambriento.

Pescados y un gato tras la mesa (Alexander van Adrianssen, primera mitad s. XVII)

Jan Brueghel el Viejo incorporaba a menudo en sus composiciones un gato que suele estar debajo o cerca de la mesa. En la pintura que hemos escogido, aparece acompañado de un mono y de un perro con cara de pocos amigos.

El gusto, el tacto y el oído (Jan Brueghel el Viejo, 1620)

Detalle

Cien años antes, El Bosco incluye a gatos en dos paneles del famoso tríptico “El jardín de las delicias”. En el panel izquierdo se trata de un gato con una lagartija en la boca, algo muy normal; pero en el central se ve a dos gatos machos de grandes dimensiones y uno de ellos incluso podría describirse como gato unicornio.

El jardín de las delicias (El Bosco, 1490-1500)

El jardín de las delicias (detalle del panel central)

De Goya hemos incluido dos ejemplos de los muchos que se encuentran en el museo, el famoso “Riña de gatos” y un grabado titulado “Ensayos” de la serie “Los Caprichos”.

Ensayos (Francisco de Goya, 1799)

Ahora solo queda ir al Prado y buscar a todos los gatos que se esconden en este magnífico museo. ¡Feliz aniversario, Museo del Prado!

El jardín de las delicias (detalle del panel izquierdo)


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Los gatos de Grey Gardens

Grey Gardens es una mansión en East Hampton, Long Island, que se hizo famosa en 1977 cuando los hermanos Albert y David Maysles estrenaron el documental que habían rodado en torno a la casa y sus dos habitantes, Big Edie y Little Edie. La revista Entertainment Weekly le otorgó el puesto 33 entre las mejores películas de culto; en 2010 fue seleccionado por la Biblioteca del Congreso para su salvaguarda por ser “cultural, histórica y estéticamente significante”, y en 2014, la revista Sight and Sound realizó una encuesta entre críticos de cine de todo el mundo que lo votaron el noveno mejor documental de la historia.

Montado por Ellen Hovde, Muffie Meyer y Susan Froemke, el documental describe la rutina diaria de Big Edie y Little Edie, madre e hija, que resistieron durante 25 años en lo que había sido una espléndida casa en primera línea de playa con 54 gatos, unos cuantos mapaches, miles de latas vacías de comida para gatos, suelos levantados, sin calefacción, en condiciones realmente inimaginables.

Big Edie en noviembre de 1971 (Foto de Harry Benson)

Pero ¿quiénes eran Big Edie y Litte Edie? La primera se llamaba Edith Edwing Bouvier Beale, y la segunda, Edith Bouvier Beale, era su hija y prima hermana de Jackie Kennedy, posteriormente Jackie Onassis, y de Lee Radziwill. Big Edie se casó con Phelan Beale, un adinerado abogado, con el que tuvo dos hijos y una hija.

Grey Gardens fue diseñada en 1897 y el matrimonio Beale la compró en 1923. El nombre de “Jardines grises” se debe al color de las dunas, los altos muros de cemento que rodean el jardín y la neblina del océano. Todo fue bien hasta que Phelan Beale se divorció de Big Edie en 1934, dejándole la mansión y una pequeña suma mensual para la manutención de los tres hijos. El padre de Big Edie, otro hombre muy rico, la ayudó a mantener la casa durante varios años hasta que se cansó de sus excentricidades y la desheredó en 1942.

Little Edie nació en 1917. Estudió en caros colegios privados, fue presentada en sociedad con una gran fiesta en el hotel Ritz-Carlton de Nueva York y decidió ser modelo, lo que sacó de quicio a su padre. Nunca se casó, aunque se rumoreó que Joe Kennedy Jr., el hermano mayor de John Kennedy, y J. Paul Getty intentaron convencerla. También se decía que su madre conseguía alejar a cualquier pretendiente por miedo a quedarse sola en su vejez.

Big Edie

A partir de 1947 vivió en el hotel Barbizon para Mujeres en Nueva York, intentando abrirse camino en el teatro musical. Al igual que su madre, cantaba muy bien. De hecho, Max Gordon, el exitoso productor de Broadway, le hizo una prueba en 1952, pero Little Edie tuvo que volver a Grey Gardens porque su madre ya no podía mantenerla. Después de ver el documental, cabe preguntarse si su madre no la obligó a regresar cuando se dio cuenta de que su hija tenía, finalmente, la oportunidad de hacer algo por sí misma.

Litlle Edie en la pasarela

Y así, el 29 de julio de 1952, Little Edie volvió a East Hampton para vivir con su madre y los gatos de su madre porque, como ella deja claro en la película, quien realmente amaba a los gatos era Big Edie: “Mi madre no es partidaria de la arena para gatos, prefiere que usen cajas de cartón y papel”. En los 25 años siguiente, hasta la muerte de Big Edie en 1977, apenas salió de Grey Gardens. En 1968, ambas mujeres acudieron a una fiesta en casa de unos vecinos y durante su ausencia robaron varios objetos de valor de la mansión. Fue  una de las últimas veces que Little Edie dejó la casa.

En el documental, Little Edie dice: “Hemos tenido 300 gatos en total, ahora solo hay doce. Es verdad lo que dicen de las solteronas, no necesitan a un hombre si tienen gatos”. Algunos de los nombres de los gatos eran Bigelow, Pinky One, Pinky Two, Tedsy Kennedy, Hipperino, Zeppo, Little Jimmy y Champion.

En octubre de 1971, la policía entró en la ruinosa casa y descubrió que “estaba llena de basura, olía a gato y quebrantaba varias normas municipales”. El departamento de salud del Condado de Suffolk estuvo a punto de desahuciar a madre e hija, pero las hermanas Jacqueline Onassis y Lee Radziwill, para evitar el escándalo, invirtieron 30.000 dólares en sanear la mansión parcialmente y, además, aportaron una cantidad mensual para su tía y prima. El hermano menor de Little Edie, Bouvier Beale, se ocupó de pagar los impuestos atrasados.

 

En un principio, los hermanos Maysles no tenían intención de centrar el documental en Big Edie y Little Edie. Lee Radziwill les había contratado en 1972 para hacer una película sobre la familia Bouvier. Desde el primer momento, se sintieron fascinados por las dos mujeres, sus vidas de reclusas y su extraña relación, pero Lee Radziwill se opuso a la idea. Albert y David Maysles consiguieron fondos para rodar por su cuenta y filmaron más de 70 horas.

Albert y David Maysles

Después de la muerte de Big Edie en 1977 a los 81 años, Little Edie intentó hacer realidad su eterno sueño y actuó ocho veces en el cabaret Reno Sweeney de Manhattan, pero el espectáculo fue una catástrofe. Vivió otros dos años en Grey Gardens con solo cinco gatos, sus favoritos, después de haber conseguido que los otros fueran adoptados después de que falleciera su madre.

Se dio cuenta de que no podía mantener la casa y la vendió por 220.000 dólares a Sally Quinn, la esposa de Ben Bradles, uno de los dueños del Washington Post, con la condición de que la arreglarían y no la derribarían. Cumplieron su promesa, la casa fue reformada y sigue existiendo hoy en día; es más, se vendió de nuevo hace un par de años por quince millones de dólares.

Una vez vendida la casa, Little Edie se mudó a Nueva York con dos gatos y más tarde a Florida, donde murió en el 14 de enero de 2002 a los 84 años, después de llevar cinco años sin la compañía de un solo gato.

Big Edie, Litlle Edie y los cineastas


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Gatos en museos del mundo

Šiauliai

Si algún lector de este blog decide viajar a Lituania, más concretamente a Šiauliai, al norte del país, debe saber que hay un museo dedicado a los gatos. Parece ser que el lugar contiene más de diez mil objetos en forma de gato.

Šiauliai

Además, por lo que hemos podido descubrir, el museo contiene varios gatos de carne y hueso, aunque solo hemos encontrado la foto de tres. Uno de ellos tiene la oreja cortada y debió de ser adoptado en una de las protectoras de la ciudad, que cuenta con 98.000 habitantes, la cuarta del país en cuanto a población y considerada la capital de Lituania del Norte.

Šiauliai

Šiauliai

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El museo abrió sus puertas el 17 de marzo de 1990 con objetos procedentes del mundo entero: Inglaterra, Canadá, Estados Unidos, Japón, Corea, Cuba, Bélgica, algunos países africanos y, claro está, Lituania. Hay gatos por doquier, en vitrales, en el pasamano de la escalera, en lámparas y sillas, así como en recuerdos, tarjetas postales, sellos, platos, libros, poemas, fotografías, cuadros de artistas profesionales y no profesionales. Los materiales usados también son muy variados: porcelana, cerámica, vidrio, ámbar, metal, madera…

Šiauliai

Pero ¿quién fundó el museo? Todo se debe a Vanda Kavaliauskiené (1923-2011), una gran amante de los gatos. Además de tener gatos, pasó su vida coleccionando cualquier cosa que tuviera que ver con ellos. Decidió abrir su casa y dejar que otros disfrutasen con su colección por un módico precio.

Šiauliai

Al entrar, se suele decir al visitante que el director le acompañará durante la visita. El director en cuestión no es otro que el gato Perlas (el gato gris tumbado). Leyendo los comentarios de las personas que han visitado el museo, muchas corroboran que Perlas es muy amable y no duda en seguir al visitante en cuanto le saluda.

Perlas

Los museos dedicados a gatos no abundan, pero hay unos cuantos. Quizá el mejor de todos sea el Katten Kabinet (Gabinete de los gatos) situado en el número 497 de la calle Herengracht de Ámsterdam (https://gatosyrespeto.org/2014/05/16/el-gabinete-de-los-gatos-en-amsterdam/).

Katten Kabinet – Escultura y la gata Shirley

El Katten Kabinet contiene obras de pintores tan famosos como Rembrandt. Toulouse-Lautrec, Picasso, muebles de época, objetos valiosos… Es un museo de más altos vuelos que el de Šiauliai y si algún amante de los gatos pasa por Ámsterdam, debe dedicarle una mañana (o una tarde).

Katten Kabinet – Escultura de Jacques Adnet (1930)

El edificio del museo y el siguiente fueron construidos en 1667 a petición de los acaudalados hermanos Willem y Adriaen van Loon. Una vez edificados, se organizó un sorteo para saber con qué edificio se quedaba cada uno, y la suerte quiso que el número 497 fuera para Willem. Más tarde pasó a manos de Jan Calkoen, que fue alcalde de la ciudad. Se restauró en 1985 y Bob Meijer fundó el museo en 1990 en honor a John Pierpont Morgan, un gato pelirrojo llamado así por el banquero estadounidense. A modo de curiosidad añadiremos que algunas escenas de la película “Ocean’s Twelve: Uno más entra en juego” (2004) se rodaron en el edificio.

Katten Kabinet

Otro museo sobre el que también hicimos una entrada hace tiempo es el Kuching (Malasia) (https://gatosyrespeto.org/2015/02/07/el-museo-del-gato-de-kuching-malasia/).  El pequeño museo de Lituania podría describirse como una humilde colección personal no carente de interés realizada por una sola persona sin grandes medios; el de Ámsterdam es otra colección personal de mucho gusto hecha por alguien con muchos medios expuesta en una casa señorial del siglo XVII, y este último es la absoluta consagración al objeto gatuno kitsch. Basta con ver la entrada para darse cuenta.

Kuching (Malasia) Entrada

Este museo no es una colección privada, es propiedad de la municipalidad de Kuching, capital de la región de Sarawak, y fue fundado por Abdul Taib Mahmud y su esposa, Laila Taib en 1993, cuando era ministro jefe de Sarawak (1981-2014).

Kuching

El museo cuenta con cuatro galerías que contienen más de 4.000 piezas que van desde estatuas a cuadros con el gato como tema principal  Algunas de las piezas expuestas, como un gato momificado del antiguo Egipto, una serie de publicidades basadas en gatos y las cinco especies de gatos salvajes (disecados) existentes en Borneo, fueron adquiridas por el Museo Nacional de Kuala Lumpur. Se entregaron al museo en 1992, poco antes de su inauguración.

Kuching

Kuching

En la ciudad de Sylva, Carolina del Norte, Estados Unidos, el ahora jubilado profesor de biología Harold Sims y su esposa Kay abrieron el American Museum of the House Cat (Museo Americano del Gato Doméstico) el 17 de abril de 2017. Se trata de dos salas llenas a rebosar con más de diez mil piezas. Al parecer, los Sims no han expuesto todos los objetos que poseen en torno al gato y muchísimos siguen en su casa.

Sylva (Carolina del Norte)

Entre otras piezas expuestas pueden contemplarse gatos autómatas del siglo XIX, un amuleto egipcio del siglo X a.d.C. y un gato petrificado del XVI descubierto en una chimenea británica. El precio de la entrada se destina al mantenimiento de Catman2, un refugio con sede en Cullowhee, Carolina del Norte, abierto por los Sims en 2002 donde los gatos no están enjaulados y pasean libremente. Además de rescatar entre 60 y 80 gatos al año, el refugio sirve… para exponer más arte gatuno.

Sylva (Carolina del Norte)

En la zona, Harold Sims es conocido como el Cat Man. Creemos que tanto el refugio Catman2 como el museo merecen una entrada aparte, por lo que preferimos no decir nada más de momento.

Gatos músicos – Sylva (Carolina del Norte)

Y finalmente queda otro museo en Estados Unidos, el Maneki Neko Museum de Cincinnati, estado de Ohio. Pueden contemplarse más de mil gatos de la suerte en una pequeña galería. La propietaria, Micha Robertson, empezó a coleccionar maneki neko de todo tipo, forma y diseño hace más de una década. Acabó con tantos que decidió abrir un pequeño museo para compartir su interés por estas figuras.

Museo Maneki Neko – Cincinnati

Según Micha Robertson, ningún maneki neko es igual. Para muchos solo será un gato con la pata levantada, pero ella insiste: “Todos son diferentes. Incluso los más básicos difieren. Me gusta ver este sinfín de interpretaciones. Y cuanto más raros, más me gustan”.

Museo Maneki Neko – Cincinnati

Filas y filas de gatos de la suerte cubren las paredes y llenan las vitrinas de la pequeña exposición. Están hechos de cerámica, plástico, madera, metal, peluche, cualquier material. Por cierto, existen dos museos más dedicados a los maneki neko, ambos en Japón, uno en Okayama y otro en Seto.

Museo Maneki Neko – Cincinnati


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Muchos gatos en Jerusalén

Cada mañana, haga sol o llueva, Gil Goller empuja un cochecito de bebé cargado de comida seca y botellas de agua por una estrecha calle de un barrio arbolado de Jerusalén. Poco a poco aparecen gatos de debajo de los coches aparcados. Al llegar a un muro de piedra, él y Charlotte Slopak Goller, su esposa, llenan cacharros con croquetas y agua rodeados por una docena de gatos.

Charlotte, una psicóloga de 71 años y Gil, un abogado de 75, ambos jubilados, llevan casi 20 años saliendo cada mañana para dar de comer a algunos gatos callejeros de Jerusalén. Los gatos les conocen y ellos conocen a los gatos, incluso les han puesto nombres. Algunos, como “Mantequilla”, prefieren las caricias a la comida.

Muro de Zacarías, Ein Karem, Jerusalén

Ciudad Santa para tres religiones, judía, cristiana y musulmana, Jerusalén vuelve a verse dividida por un tema que nada tiene que ver con creencias religiosas, sino con gatos. Se calcula que en Israel hay casi un millón de gatos callejeros, una de las densidades más elevadas del mundo. Nunca se ha realizado un estudio serio sobre el número de gatos callejeros en Jerusalén, pero las estimaciones oscilan entre cien y doscientos mil por 865.700​ habitantes humanos en un área de 125,1 kilómetros cuadrados.​

Hasta ahora, gran parte de la población felina de la ciudad se alimentaba en los cubos de basura abiertos en las esquinas, pero están siendo sustituidos por contenedores soterrados dejando a los gatos sin una de sus principales fuentes de comida. Moshe Lion, el primer alcalde de Jerusalén de ascendencia sefardí, ocupó el cargo el 4 de diciembre de 2018 y a finales del pasado enero anunció que la municipalidad gastaría cien mil shekels (el equivalente a algo más de 27.000 euros) anuales en la compra de comida de gatos para repartirla en comederos autorizados.

La noticia no ha sido bien recibida por una parte de los habitantes, convencidos de que esto solo ayudará a la proliferación de la población felina. El Ayuntamiento se ha defendido diciendo que no incrementará, sino que hará posible reducirla al concentrar a los animales en zonas concretas. Consecuentemente, será más fácil atraparlos para aplicar el programa CES (Captura-Esterilización-Suelta). Durante los últimos años, el Consistorio ha esterilizado a una media de 2.500 gatos anuales. Sin embargo, estas campañas no se realizan de forma sistemática, sino centrándose en zonas donde los vecinos se quejan o con animales que han sido atrapados por personas que los alimentan.

Al ser una ciudad con tantos gatos, el problema alcanza proporciones sorprendentes y afecta emocionalmente a mucha gente. Según Idit Gunther, veterinaria y conferenciante en la Universidad Hebrea de Jerusalén, hay “personas que se gastan todo lo que ganan en alimentarlos, pero hay otras que no soportan a los gatos y a quienes les dan de comer”. Y añade: “Hay que hacer algo para solucionar el problema”.

El Dr. Assaf Brill, jefe de los Servicios Veterinarios municipales, está totalmente a favor del programa. Explica que se repartirán carnés de cuidadores y alimentadores, como ya se hace en muchas ciudades de Europa, y está convencido de que el bienestar de los gatos mejorará y que la ciudad ganará en limpieza.

El clima relativamente suave de Israel, así como las grandes cantidades de basura en zonas altamente pobladas en la ciudad hacen posible que los gatos sobrevivan sin grandes dificultades, aunque miles mueren cada año de hambre, enfermedades o atropellos. Sacrificar a los gatos, como se hacía antes, fue totalmente prohibido en 2004. Israel es el único país de Oriente Próximo que posee una legislación contra la crueldad hacia los animales que también regula su bienestar, a excepción de Egipto, que incluyó en la Constitución de 2014 el principio de “trato humanitario a los animales”, y donde el maltrato animal está considerado ilegal desde 1937.

Muchos guías turísticos y residentes de la ciudad acusan a los británicos, que gobernaron Jerusalén entre 1917 y 1948, de ser los responsables de introducir a los gatos en la ciudad, pero se ha demostrado que llevan miles de años allí y que descienden directamente del gato africano domesticado por los antiguos egipcios. En el ADN de los gatos de Jerusalén no hay rastros de genes de especies salvajes europeas.

Tova Saul, un residente en la parte antigua de Jerusalén que ha atrapado y esterilizado a más de 700 gatos desde 2009, cree que la idea del Ayuntamiento es buena, pero que debe verse reforzada por una campaña CES bien planificada y seria. Charlotte y Gil Goller apoyan la iniciativa, aunque saben por experiencia propia lo controvertido que puede llegar a ser alimentar a colonias. Charlotte recuerda que su marido incluso llegó a ser agredido por una mujer que se puso furiosa porque alimentaban a gatos cerca de su vivienda.

El alcalde Moshe Lion anunció el proyecto diciendo: “Cuando entendí la magnitud del problema y el sufrimiento que conllevaba, decidí encontrar una solución cuanto antes”. Por eso, la municipalidad se encargará de “ofrecer apoyo a aquellos que realizan la sagrada tarea de alimentar a los animales de la ciudad”, añadió.

Los 27.700 euros anuales servirán para comprar 210 bolsas de comida semanales, unas 2.500 anuales, lo que quizá no sea mucho para la enorme población felina de la ciudad. Pero también se está estudiando la forma de reembolsar lo que se gastan las personas que ahora alimentan a los gatos.

Desde esta página queremos felicitar al Ayuntamiento de Jerusalén por su decisión. Ojalá más municipios – grandes y pequeños – instalaran comederos “oficiales” y se hicieran cargo de la comida, aunque solo fuera en parte. Pero también es verdad que esta idea debe apoyarse con un programa CES muy serio. Solo así, alimentando regularmente y esterilizando, pueden controlarse las colonias felinas para disfrutar de gatos sanos y felices en nuestras calles. Y por mucho que los alimentemos, seguirán ahuyentando a las ratas en las ciudades.

Existen dos organizaciones que se ocupan del bienestar de los gatos en Jerusalén, Jerusalem Society for the Welfare of Street Cats y Jerusalem Society for the Prevention of Cruelty to Animals.

Y para acabar, dedicamos esta entrada a Elena Gabriel, una persona que siempre ha amado a los gatos.


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Los gatos negros y el melanismo

Gato negro, cruza mi camino; protege mi techo y mi hogar, y cuando esté lejos de casa, tráeme suerte allá donde esté. (Poema inglés)

Las leyendas acerca de los gatos negros cambian de un país a otro. Dan suerte en el amor a las muchachas de Gran Bretaña. En Yorkshire se creía que tener un gato negro en la casa ayudaría al pescador a volver sano y salvo, y que si un gato negro se instalaba en un barco, solo podía traer buena fortuna. En Escocia, que entre un gato blanco en casa trae mala suerte, pero uno negro, todo lo contrario. No están nada bien vistos en Italia y, en cambio, son muy respetados en Japón.

Bosque de Noruega

Pero ¿de dónde les viene la mala fama? La caza al gato, y particularmente al gato negro, empezó en 1233, cuando el Papa Gregorio IX anunció que el diablo se presentaba ante sus adoradores convertido en gato negro. Durante siglos, hasta entrado el XIX, se quemó y torturó a los gatos, y no solo a los negros. Quizá la naturaleza independiente, nada servil del gato, moleste al ser humano.

Pero hablemos de gatos negros. Algunos expertos en comportamiento animal creen que existe una relación entre el color del pelo y el comportamiento: “Los gatos negros son más sociables en general, tanto con otros gatos como con los seres humanos. Son animales tranquilos y muy buenas mascotas”.

Debemos decir que no estamos totalmente de acuerdo con este último comentario. De los seis gatos negros que hemos tenido, algunos eran muy tranquilos y cariñosos, una era una auténtica fiera, y ahora uno no soporta a los gatos atigrados, se las arregla para hacerles la vida imposible, pero protege y juega con otro gato negro de ocho meses.

La Cat Fanciers’ Association (CFA) (Asociación de entusiastas de los gatos) reconoce veintidós razas con pelo monocolor negro, de los que solo el Bombay es siempre negro. La pigmentación negra monocolor es algo más prevalente en machos que en hembras, y el elevado contenido de melanina hace que la mayoría tengan los ojos amarillos.

El ser humano siempre se ha sentido fascinado por los animales de color negro, quizá porque su color se asocia a la noche, siempre misteriosa y mágica, llena de hadas, brujas y otros seres que solo se dejan ver a la luz de la luna.

El llamativo pelo negro se debe a una producción anormal de melanina, un pigmento de la piel. Si ambos padres son portadores del gen melanístico, la camada puede estar compuesta por gatitos de otros colores y algunos melanísticos. La carencia de este pigmento produce albinismo (https://gatosyrespeto.org/2017/12/14/los-gatos-blancos-y-la-sordera/).

Hay gatos negro carbón, negro grisáceo o negro amarronado. La mayoría de los gatos negros tienen además un gen recesivo que reprime en parte las marcas atigradas, pero otros dibujos muy diluidos pueden aparecer según el tipo de luz, incluso en un gato totalmente monocolor.

Gato humo negro

Los gatos negros con la raíz del pelo blanca suelen llamarse “humo negro”. Algunos también se “oxidan” a la luz del sol, y el pelo se “amarrona”. La eumelanina, el pigmento requerido para producir pelo negro, es bastante frágil, y la oxidación puede ser más pronunciada en gatos que pasan tiempo al sol.

Gato negro con el pelo oxidado

Gato humo negro

Otros famosos felinos melanísticos son los leopardos y jaguares, a los que suele denominarse “panteras negras”. Tener el pelo negro ofrece ciertas ventajas. Los felinos cazan sobre todo de noche y cuanto más oscuros, más difícil será que sus presas les descubran. Y hay más beneficios, aunque sean menos obvios. Se ha determinado que los felinos con melanismo son más resistentes a las infecciones virales, y esto explicaría la presencia de felinos melanísticos en áreas donde el camuflaje negro no ofrece una ventaja especial. El mal afamado gato negro quizá sea más afortunado que sus compañeros más claros.

Panteras

Jaguar

La coloración melanística es un polimorfismo habitual en once de las treinta y siete especies de félidos, alcanzando un elevado número de población en algunos casos, pero nunca llega a fijarse completamente. La pantera negra (o leopardo melánico) es un animal habitual en las selvas tropicales de Malasia y de las vertientes de algunas montañas africanas, como el monte Kenia, y pueden verse servales negros en algunas zonas del este de África. La coloración del yaguarundí, que se encuentra desde México a Argentina, puede pasar del marrón al gris oscuro.

Serval negro

Jaguar

La undécima especie félida de las treinta y siete antes mencionadas es el gato doméstico. En su caso, la monocolaración se debe a un alelo recesivo (ASIP-A2) conocido como no-agutí y solo ocurre cuando existen homocigotos recesivos. El color negro se debe a un alelo B dominante dentro del gen felino primario para el color del pelo (B/b/b1).

Serval con melanismo

Dicho eso, mencionaremos que en Estados Unidos, el Día del Gato Negro es el 17 de agosto, y en el Reino Unido e Irlanda del Norte, el 27 de octubre. Francia adoptó el mismo día que Estados Unidos. En Argentina y varios países latinoamericanos parece que se han inclinado por la fecha otoñal.

Pantera

A modo de anécdota añadiremos que al principio de la televisión, muchos canales con el número 13 escogieron a un gato negro como logo. El color negro se asocia con el anarquismo desde 1880 y este movimiento también adoptó a un gato negro como símbolo, sobre todo el anarcosindicalismo.

Gato anarquista

Y para acabar, parece ser que con el enorme éxito de la película de superhéroes “Black Panther”, estrenada en 2018, mucha gente decidió adoptar a un gato negro y ponerle el nombre de alguno de los personajes. Muchas protectoras, por miedo a que los animales fueran abandonados una vez pasada la moda, pidieron que se rellenaran cuestionarios para asegurarse de las buenas intenciones de los “clientes”.


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Los gatos del castillo de Pierrefonds

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

A una hora y poco en coche al norte de París, en una bonita región llena de ríos y valles, se encuentra un célebre castillo llamado Pierrefonds. Erigido en el siglo XII, Carlos VI se lo regaló, dos siglos después, a su hermano Luis, duque de Orleans, que le encargó la reconstrucción a Juan el Negro, arquitecto de la corte.

Antes de la restauración

En marzo de 1617, durante el reinado de Luis XIII y su lucha contra el feudalismo instigada por el cardenal Richelieu (otro gran amante de los gatos, ver https://gatosyrespeto.org/2015/01/13/los-gatos-del-cardenal-richelieu/), fue tomado por el príncipe de Condé y su eminencia ordenó su destrucción al ser uno de los bastiones del “Partido de los descontentos”. Esta no se llevó a cabo completamente debido a la enormidad de la tarea, pero arrasaron las murallas, destruyeron los tejados y perforaron los muros del enorme edificio.

Jean Baptiste Corot

Durante los dos siglos siguientes, las inclemencias del tiempo se encargaron de seguir la lenta destrucción. Napoleón I lo compró en 1810 por menos de 3.000 francos de entonces. Considerado una ruina romántica muy de moda en el XIX, fue clasificado monumento histórico en 1848. El famoso pintor Corot pintó las ruinas en varias ocasiones entre 1834 y 1866.

En la actualidad

Luis-Napoleón Bonaparte visitó el castillo en 1850, antes de convertirse en Napoleón III, y se quedó subyugado por la ruina. Ya emperador, le pidió al famoso arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc que restaurara el monumento. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver este monumental castillo con el tema que nos interesa. Muy sencillo, Viollet-le-Duc adoraba a los gatos. Su pasión era tal que distribuyó nada menos que 36 estatuas de gatos (algunos dicen que 80, pero nos parece algo exagerado)  por las alturas del castillo entre un bestiario alucinante.

Viollet-le-Duc

Puede que una de las representaciones más sorprendentes ideadas por el arquitecto sea la de una gata llevando un gatito en la boca. La mayoría de los gatos parecen estar decorando los laterales de las ventanas de las buhardillas, y no deben ser fáciles de ver dada la altura del castillo.

Viollet-le-Duc decía: “Restaurar un edificio no es consolidarlo, repararlo o rehacerlo, sino restablecerlo en su totalidad a un estado que quizá no haya existido jamás”. Esta frase resume, en cierto modo, el gusto romántico del XIX, sobre todo a partir de los años treinta. El arquitecto no intentaba restablecer los edificios tal como habían podido ser, sino plasmar lo que imaginaba que habían podido ser. De ahí los gatos de Pierrefonds.

Dibujos de Viollet-le-Duc para el castillo de Pierrefonds

El gato no fue un animal muy representado en el románico ni en el gótico, pues se inclinaban por un bestiario fantástico, mucho más simbólico. Dudamos que Juan el Negro en siglo XIV se hubiera dedicado a decorar las aristas del castillo con gatos, perros o pelícanos. Con eso no estamos diciendo que no se “decoraba”. Al contrario, los interiores de castillos, iglesias y edificios civiles estaban completamente cubiertos de frescos y la piedra no se veía.

Pero Viollet-le-Duc amaba a los gatos y aprovechó para plasmarlos en Pierrefonds. Habría podido hacer lo mismo en su restauración de las murallas de la famosa ciudad de Carcasona, al sur de Francia, cuya reconstrucción tampoco tuvo mucho que ver con el original, pero allí se limitó a una arquitectura mucho más supuestamente “medieval”, más austera, sin apenas decoraciones. Debemos reconocer que las fortificaciones no dan para tanto.

Nació en París el 27 de enero de 1814, en el seno de una familia acomodada; su padre era un alto funcionario. Se le considera en gran parte autodidacta, y su formación se debe a varios viajes que realizó por Francia e Italia entre 1835 y 1839, y también porque trabajó como adjunto en Edificios Civiles con el arquitecto Achille Leclère. En 1840, Próspero Mérimée – sí, el autor de la novela corta “Carmen” que escribió después de un viaje a España -, inspector general de monumentos históricos, le confió la restauración de la basílica de Santa Magdalena de Vézelay, lo que marcó el comienzo de una brillante carrera.

Dos años después se ocupó, con Jean-Baptiste Lassus, de la restauración de la catedral de París, que estaba en un estado lamentable. Al contrario de lo que pasó en Pierrefonds, fue de lo más respetuoso y no se permitió la más mínima libertad con las estatuas que habían sido destruidas. Basándose en obras similares de catedrales de la época, consiguió restituir la mayoría de la decoración.

Gato atacando soldaditos de plomo, dibujo de Viollet-le-Duc

No empezó a reconstruir Pierrefonds hasta 1858, y a pesar de la enormidad de la tarea encontró tiempo para diseñar varias casas particulares e iglesias, así como vidrieras, monumentos funerarios y muebles.

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

En 1874 se le encargó la renovación de la catedral de Lausana, Suiza. Fue su última obra, ya que falleció el 17 de septiembre de 1879 en esta ciudad.

Carta de Viollet-le-Duc dirigida a su padre desde Roma (3-12-1836)

Viollet-le-Duc interpretaba los monumentos según una racionalidad científica poco acorde a la invención creadora de los constructores medievales, lo que le valió ser muy criticado en el siglo XX, pero gracias a él y a la atracción que sintieron los intelectuales del XIX por la arquitectura románica y gótica, se consiguió salvar numerosos monumentos que probablemente habrían desaparecido. Además, ¿a quién no le apetece visitar un castillo “medieval” con unas cuarenta bellas representaciones de gatos? ¿Qué importa si la arquitectura no es exactamente lo que fue en realidad?

Casa de Viollet-le-Duc (1863), 68 Calle de Condorcet, París

Detalle


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Gatos en radiadores de automóviles

¿Quién no conoce la pantera de la marca Jaguar o la estrella de tres puntas de Mercedes? Estos son los dos que nos vienen a la mente, pero numerosas marcas de automóviles tienen un símbolo que suele colocarse en la parte delantera del capó. En Inglaterra lo llaman “car mascot”, mascota de coche; en otros países, adorno de vehículo. Montado en la tapa del radiador, se convirtieron en reclamo o decoración para personalizar el automóvil desde la aparición de este.

Gato con botas (Hansi Siercke, 1920)

Henri Molins

Los primeros automóviles tenían la tapa del radiador en el capó, encima de la rejilla, y la figura servía de indicador de la temperatura del agua. La empresa Boyce MotorMeter obtuvo la primera patente en 1912 de una tapa de radiador que contenía un termómetro. Medía la temperatura del vapor de agua, no del agua en sí, y el conductor podía verlo desde su asiento. Muy pronto alguien tuvo la idea de instalar un ornamento encima de la tapa “medidora” de temperatura.

Gato enfadado (Douglas Moulden)

Gato furioso (Charles Paillet, 1871-1937)

 

 

 

 

 

 

 

Los primeros interesados fueron los fabricantes de coches y las empresas dueñas de flotas de vehículos. Empezaron a surgir negocios dedicados a la fabricación de adornos de radiador en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países. Los dueños de coches de lujo convencieron a famosos escultores como François Bazin, Charles Paillet,  Charles Robinson Sykes y A. Renevey para realizar delicadas miniaturas que encajaran en el capó de sus preciados automóviles. Sykes se hizo famoso al diseñar el “Spirit of Ecstasy” (Espíritu del éxtasis) que adorna los capós de los Rolls-Royce.

Gato caballero (Henri Payen)

Gato con botas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las figuras escogidas por los diseñadores y los clientes eran muy diversas, bailarinas, mujeres aladas, arqueros, lanzadores de jabalina, napoleones, gaiteros, esfinges, así como animales de todo tipo, mitológicos o reales, como caballos (con o sin alas), pájaros varios (con una marcada preferencia por el halcón y el águila), perros de cualquier tamaño y raza, ardillas, felinos (leones, panteras) y… gatos.

El gato Félix

Max Le Verrier

En los años veinte y treinta, numerosos propietarios de vehículos adornaban el capó de su coche con un gato. Hemos encontrado gatos con botas, gatos enfadados, gatos lectores y gatos lavándose diseñados por escultores como Max Le Verrier, que se dio a conocer por sus objetos prácticos y sus adornos para automóviles de estilo Art Déco.

Gato en la luna (1925)

Gato en la luna (Citroën)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El famoso diseñador y creador de objetos de cristal René Lalique diseñó su primera mascota en 1925, cinco caballos de perfil, y la colocó en su Citroën 5CV. Entre 1925 y 1931, las mascotas de Lalique decoraron los capós de Bentley, Bugatti, Hispano-Suiza, Isotta-Fraschini y Mercedes-Benz. Curiosamente, jamás diseñó ornamentos para coches con forma de gato, sin embargo, hay numerosas figuras de gatos sentados o tumbados firmadas por este creador. Para acabar con Lalique, añadiremos que el adorno más buscado por los coleccionistas es la figura de un zorro de cristal esmerilado que se vendió por 300.000 dólares.

René Lalique

Las mascotas de coches fueron muy populares desde principios de los años veinte hasta finales de los cincuenta. Hoy en día, solo hemos podido encontrar una empresa dedicada a su fabricación, Louis Lejeune Ltd., en Inglaterra.

Gato lavándose (G. Gardet,1863-1939)

Gato lavándose (E. Samson)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez hay más restricciones para los ornamentos colocados en la parte delantera de los vehículos debido al riesgo que representan para los peatones en caso de atropello. En Estados Unidos, a partir de los setenta, las “mascotas” de coche debían ir montadas sobre una base flexible para que pudieran doblarse sin romperse en un accidente. En la Unión Europea, y a partir de 1974, el “espíritu del éxtasis” de Rolls Royce va sobre un mecanismo retráctil que le permite entrar en el radiador si recibe un golpe cuya fuerza supere los 98 neutonios. Otros ornamentos están diseñados para soltarse del pie si sufren un impacto.

Gato humorista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tapa de radiador se convirtió en arte durante unas décadas y no solo plasmó la visión del fabricante del coche en el caso de las marcas, también habló de la personalidad del dueño que encargaba, por ejemplo, un “gato en la luna” para encajar en la tapa del radiador. Todos los gatos que aparecen aquí tienen algo que decir acerca de la persona que los encargó o escogió y colocó en la parte más vistosa del coche que acababa de comprarse.

Antoine Elie Ottavy (1897-1951)

Louis Rigot

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, si van a Turquía de vacaciones y son fans de los automóviles, no se pierdan el “Key Automotive Museum”, fundado por Efe Uygar y Murat Özgörkey, donde podrán ver una colección de 300 adornos para coches. Según Uygar “la primera mascota para vehículo fue un halcón con un sol por cresta montado en el carro del faraón Tutankamón”.


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Gatos en tejados

En realidad deberíamos titular esta entrada “Gatos de cerámica en tejados” ya que nos referimos a las piezas decorativas en forma de gato que se colocan en los tejados. Las hay de dos tipos, el fastigio propiamente dicho, que marca la parte superior o el final de algún elemento arquitectónico, y la teja decorativa. También llamados remates de pináculo o espantabruxas, en España son poco frecuentes y casi inexistentes los que representan a un gato. Solo hemos encontrado un ejemplo encima de una chimenea en el pueblecito de Fiscal, en Huesca.

Espantabruxas (Fiscal, Huesca)

También creíamos que serían elementos decorativos habituales en el Reino Unido o en Alemania, pero no es así. Aunque hay tejas decorativas modernas en forma de gato, parece una tradición bastante reciente. Sin embargo, los “épis de faîtage”, como se llaman en Francia, aún abundan en ese país, donde varias empresas se dedican a su fabricación. Y lo mejor es que hay maravillas felinas en los tejados, sobre todo en la zona del centro y del noroeste.

Erigidas en la cima de los tejados, las tejas decorativas son un elemento y un símbolo. En su origen servían para reforzar la impermeabilidad de la estructura, y poco a poco se convirtieron en un elemento de decoración. Su presencia en los tejados de Occidente remonta al siglo XI; entonces no era más que un sencillo recipiente redondo de barro cocido, como se ve en alguna miniatura o en la famosa tapicería de Bayeux. Luego, en el siglo XIV se empiezan a utilizar piezas esmaltadas y con policromía, pero siguen siendo redondas para ofrecer menos resistencia al viento.

Teja decorativa (Francia, siglo XIX)

Progresivamente aparecen motivos florales, formas de animales e incluso máscaras, por lo que incrementa la demanda de artesanos ceramistas, decoradores y techadores. En el Renacimiento, estas decoraciones se extienden incluso a las casas más humildes. Las formas más clásicas consisten en dos o tres bolas de cerámica colocadas una encima de otra, pero cambian mucho según la región y se colocan generalmente en los hastiales. Alcanzan su mayor auge en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX, con animales, sobre todo el gallo, símbolo nacional, y también caballos, pájaros y… gatos. Pierden importancia después de la Primera Guerra Mundial.

Antigua teja decorativa (Inglaterra)

Teja decorativa (Francia)

Actualmente vuelven a estar de moda las tejas decorativas, no solo en Francia, sino en Gran Bretaña. La mayoría de los ejemplos que incluimos aquí son franceses. La “Casa del Gato”, en La Rochelle, fue construida en 1926 por Maurice Morguet, arquitecto oficial del departamento, en estilo neonormando. Un gato de cerámica en el tejado más adelantado le dio su nombre. Desde la casa se divisa el famoso puerto de La Rochelle y sus torres.

La Casa del Gato (La Rochelle)

La Casa del Gato (La Rochelle)

En el tejado de una de las casas más antiguas de la capital de la Borgona, Dijon, construida en 1483 por el mercader pañero Guillaume Millière y su esposa Guillemette, vemos a un gato y, enfrente, un soberbio búho. El edificio, declarado monumento nacional, es ahora un restaurante, y el Ayuntamiento se encargó de restaurar a los dos animales para que recuperaran todo el esplendor de antaño. El animal fetiche de la ciudad es la lechuza. De hecho, si pasan por Dijon, no olviden visitar una pequeña representación del ave en una de las paredes exteriores de la iglesia de Notre-Dame.

Gato y búho (Dijon)

También hay un gato en el tejado del hotel “Normandy”, en Deauville, Normandía, antaño la ciudad donde la aristocracia francesa iba de vacaciones. Luego llegaron los hoteles y el casino, los turistas adinerados y, posteriormente, el famoso hipódromo de la Touques.

Hotel Normandy

Muy al norte de Europa, en Riga, capital de Letonia, encontramos otra famosa “Casa del Gato”, construida en 1909 según los planos del arquitecto Friedrich Scheffel. Es famosa por las esculturas de dos gatos idénticos en hierro fundido, con la espalda arqueada y el rabo tieso, cada uno coronando un torreón.

La Casa del Gato (Riga)

Dos leyendas explican el porqué de los gatos en sendos torreones. Una, la más conocida y la que suele contarse a los turistas, dice que el Gremio de Comerciantes, también conocido como Gran Gremio, rechazó al mercader que encargó la construcción del edificio. Este, para vengarse, encargó los dos gatos e hizo que los colocaran con las colas en dirección a la sede del Gran Gremio. Otra leyenda, la más antigua, cuenta que el mercader estaba enfadado con el Ayuntamiento de Riga y quiso insultar al consistorio colocando a los gatos en esta posición. Sea como fuere, los gatos deben tener una magnífica vista de toda la ciudad.

La Casa del Gato (Riga)

Los gatos policromados que reproducimos aquí son de loza decorada y su fabricación requiere nueve etapas empezando por el molde. Algunos moldes pueden estar compuestos por treinta piezas, dependiendo de la complejidad del modelo. Una vez separado el molde del objeto de barro crudo, este debe secarse, proceso que varía desde algunas horas a varios días. A continuación se pule el objeto para dejarlo liso y sin imperfecciones antes de proceder a su engobe y poder aplicar el esmalte.

Oise, Francia

Gato cazando

Se cuecen en un horno de alfarería, proceso que tarda unas 34 horas. Durante las primeras 24 horas, la temperatura sube 20º centígrados cada hora, y en las diez siguientes, 70º cada hora. El horno alcanza un máximo de 1.180 º, se apaga y empieza a enfriarse. Nunca debe abrirse estando caliente para que no se rompan las piezas. En este caso, nos referimos a un horno de leña, pero los tiempos no son mucho más cortos para los hornos eléctricos actuales.

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Entonces se esmaltan las piezas, pero como los esmaltes son polvos que prácticamente carecen de color, debemos tener en cuenta que los colores reales no aparecerán hasta que los objetos vuelvan a cocerse en el horno, que esta vez no sobrepasará los 980º.

Veleta gato


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Gatos del siglo XVI por Ulisse Aldrovandi

Ulisse Aldrovandi, nacido el 11 de septiembre de 1522 en Bolonia, está considerado como el padre de la Historia Natural moderna. Entre todos los animales y plantas que describió minuciosamente no olvidó al gato, dedicándole numerosos grabados, algunos realmente curiosos.

Gato de seis patas

Era hijo de Teseo Aldrovandi, un noble sin fortuna que trabajaba como secretario del Senado de la ciudad y que falleció cuando Ulisse tenía siete años. Su madre era Veronica Marescalchi, pariente del Papa Gregorio XIII. Se cuenta que Ulisse siempre tuvo mucho carácter y que a los 12 años se fue de su casa sin dinero y llegó a Roma, aunque regresó a su ciudad natal por su madre.

Ulisse Aldrovandi

A los 14 años fue aprendiz amanuense con unos mercaderes, pero no tardó en decantarse por las Matemáticas, el Latín, el Derecho y la Filosofía, primero en la Universidad de Bolonia y posteriormente en la de Padua, donde también estudió Medicina. Se licenció en Medicina y Filosofía en 1553 y al año siguiente empezó a enseñar Lógica en la Universidad de Bolonia. En 1561 se convirtió en el primer profesor de Ciencia Natural de dicha universidad con el siguiente título: Lectura philosophiae naturalis ordinaria de fossilibus, plantis et animalibus.

Del libro Opera Omnia

En 1549 conoció al botánico Imolese Luca Ghini, que le hizo interesarse por las plantas. Ese mismo año fue acusado de herejía al adherirse a las doctrinas antitrinitarias del franciscano Camillo Renato, y a pesar de publicar una abjuración fue llevado a Roma hasta su absolución en 1550. Durante su arresto domiciliario se interesó cada vez más por la botánica, la zoología y la geología. A su regreso a Bolonia organizó numerosas expediciones a las montañas, al campo, a la costa y a las islas cercanas para recoger plantas y catalogarlas.

Gato salvaje de Natura Picta

En 1568, y a propuesta suya, el Senado de Bolonia fundó el Jardín Público, del que fue director durante treinta y ocho años. El primer Jardín se estableció en el interior del Palazzo Pubblico, en pleno centro de la ciudad, cerca del aula donde enseñaba. Era un gran amigo de Francesco de Medici, el gran duque de Toscana, y le ayudó a llenar los jardines de Pratolino de valiosas plantas.

A causa de una disputa con los apotecarios y médicos de Bolonia acerca de la composición de la triaca o teriaca, un preparado polifármaco compuesto a veces por más de 70 ingredientes de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora, fue apartado de todo cargo público en 1575. Dos años después, y gracias a que el Papa Gregorio XIII escribió a las autoridades en su favor, pudo retomar las actividades públicas. El Papa también le prestó ayuda financiera para publicar algunas obras.

Realizó una intensa actividad empírica y participó activamente en el debate sobre el estudio de la naturaleza, centrado en la interpretación averroísta de los escritos aristotélicos sin condicionamiento metafísico o religioso. Además de recopilar materiales para un herbario y un gabinete, intercambió ideas con otros científicos de la época.

Le llamaron “el Aristóteles de Bolonia” y también “el segundo Plinio”, y como este último, dedicó gran parte de su vida a recopilar datos para una monumental enciclopedia de miles de páginas llamada “Storia Naturale”. De los catorce volúmenes in folio, diez fueron publicados póstumamente entre 1606 y 1668, y todos contienen ilustraciones y descripciones basadas, en la mayoría de los casos, en observaciones directas. Publicó muy pocas obras en vida, y su gran reputación se basaba sobre todo en las colecciones conservadas en su famoso gabinete, considerado como la “octava maravilla del mundo”, al que definía como “teatro” o “microcosmos de la naturaleza”, y que contaba con 18.000 “cosas diversas” y 7.000 plantas naturales secadas.

Ulisse Aldrovandi contó con la ayuda de artistas como Agostino Carraci, Teodoro Ghisi y Jacopo Ligozzi para crear un enorme archivo de dibujos de más de 8.000 hojas, de las que aún se conservan 3.000 planchas en la Biblioteca Universitaria de Bolonia. Murió a los 82 años, el 4 de mayo de 1605, y al carecer de herederos legó su herencia científica y su increíble colección al Senado de Bolonia, que encargó la custodia a Bartolomeo Ambrosini. Lo poco que queda hoy puede visitarse en el Palazzo Poggi de Bolonia.

El gabinete del científico

No sabemos qué opinaba el gran naturalista de los gatos, pero por los dibujos que incluyó en sus libros, todos tienen una expresión afable. Algunos son de lo más extraño, como el dibujo del gato doble de frente y de espaldas incluido en “De Monstrorum Historia”, publicada en 1542, pero en este caso, el título habla por sí solo.

De Monstrotum Historia

Puede sorprender el dibujo del gato de pie sin patas delanteras, pero encontramos otro similar de un perro. Algunos animales nacen sin patas delanteras o traseras, y Ulisse Aldrovandi se dedicó a observar la naturaleza personalmente. Incluso reprochó a los “antiguos” que no describieran con detalle a los animales que Alejandro Magno trajo de sus conquistas.

Vivió en un periodo de transición, y los científicos como él se veían obligados a menudo a fiarse de descripciones realizadas por viajeros, mercaderes y aventureros que regresaban de tierras lejanas embelleciendo o inventándose animales y otros seres a los que supuestamente habían visto. Por esa razón, Aldrovandi también se dedicó a hacer minuciosas caracterizaciones de sirenas y otros animales fabulosos.

Segundo gato de seis patas

Pero desde el punto de vista práctico, y a pesar de algunas limitaciones, realizó estudios de embriología que posteriormente influyeron a Voucher Coiter, uno de los fundadores de esta rama científica. Observó día tras día el desarrollo del polluelo en el huevo y demostró, al igual que Aristóteles, que la formación del corazón es anterior a la del hígado.

De Monstrorum Historia

Se esforzó en colocar la botánica y la farmacología en un plano científico. La lucidez de las sugerencias encontradas en una obra sin publicar en torno a la salud pública y el saneamiento de la ciudad de Bolonia sugieren que fue un pionero de la higiene y de la farmacología, lo que explicaría su disputa con los apotecarios. No realizó ningún descubrimiento revolucionario, pero está entre los primeros científicos que se empeñaron en que la ciencia natural debía basarse en una observación directa de los animales, vegetales y minerales.

Ulisse Aldrovandi