Gatos y Respeto

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Gatos y cementerios

Hay unos cuantos cementerios famosos en el mundo y muchos de ellos tienen una importante población de gatos, por ejemplo La Recoleta de Buenos Aires, los cementerios del Père Lachaise y Montmartre de París, y el Highgate de Londres. También se aventuran en los pequeños cementerios ingleses, japoneses y españoles, aunque no sean tan conocidos como los anteriores. Los cementerios gustan a los gatos sencillamente porque son sitios tranquilos, silenciosos y suelen tener bastantes recovecos donde esconderse.

La Recoleta (Buenos Aires)

La Recoleta

El magnífico cementerio de La Recoleta fue creado en 1822 y abarca más de cinco hectáreas y media en el barrio del mismo nombre. Tiene unas 4.800 tumbas entre las que se reparten sus numerosos gatos. Dos veces al día, siempre a la misma hora, varias voluntarias aparecen con la comida, que consiste en latas y unos veinte kilos de pienso diario, para alimentar a varias colonias, aunque es casi imposible saber realmente cuántos gatos viven en La Recoleta. Algunas mujeres hablan de ochenta, otras de cien. Son colonias controladas y la mayoría de sus miembros están esterilizados, a excepción de los recién abandonados. Al parecer, algunos bonaerenses dejan sus mascotas allí cuando se cansan de ellas. Las cuidadoras aceptan donaciones, pero costean la mayoría de gastos veterinarios y de comida porque “somos amantes de los gatos”.

El Père Lachaise (París)

El Père Lachaise

Cruzamos el océano de un salto para llegar al más famoso de los cementerios parisinos y quizá del mundo, el Père Lachaise, al que acuden unos tres millones y medio de visitantes anualmente. El cementerio ocupa unas diecisiete hectáreas y fue construido en 1803 siguiendo el plano de un jardín al estilo inglés, con avenidas bordeadas de árboles y plantas. Es uno de los pocos que tienen una zona reservada para entierros musulmanes y otra para judíos. Se calcula que habrá unos trescientos gatos y, como siempre, los alimentan almas generosas que aparecen empujando carritos de la compra repletos de comida.

El Père Lachaise

El cementerio está dividido en barrios y cada grupo de voluntarios tiene “su barrio”; a uno le toca entre Chopin y Molière hasta Piaf, por ejemplo, porque no se han molestado en aprenderse el nombre de las calles. Se ubican por los famosos enterrados allí y también por los nombres de algún gato que hizo historia o de uno realmente excepcional por ser enorme, de un color increíble… Algunos voluntarios van a diario, otros, de vez en cuando y también están las asociaciones para la protección de los animales que se dedican a esterilizarlos.

Montmartre

Montmartre (París)

Montmartre

También en París, nos trasladamos al cementerio de Montmartre, inaugurado en enero de 1825. Ocupa unas diez hectáreas, y a pesar de ser menos conocido, su nombre está ligado a los gatos. No sabemos cuánto hace que se instalaron, pero en los años setenta había muchos, muchísimos sin esterilizar y eran la pesadilla de los guardas del camposanto así como de los servicios sanitarios del Ayuntamiento. En 1977, este último decidió organizar una operación de captura y eutanasia, pero unas cien personas del barrio se interpusieron y formaron una asociación que se convertiría en la famosa “Ecole du Chat” (La escuela del gato). Al año de su creación capturó, esterilizó y volvió a soltar al primer gato. La historia sigue hoy en día con 150 voluntarios dedicados a alimentar y a construir refugios para los gatos.

Highgate (Londres)

Highgate

Damos otro salto, este mucho más pequeño, por encima del Canal de la Mancha y llegamos a un cementerio increíble, el Highgate de Londres. Es el cementerio romántico por excelencia, con criptas medio en ruinas, yedra y ajos silvestres creciendo por todas partes. Creado en 1839, contiene unas 53.000 tumbas y criptas, entre ellas las de Karl Marx y George Michael. Ninguna colonia de gatos reside allí, aunque unos pocos pasean por el cementerio. Lo mencionamos aquí por la tumba de Ana Clare Bootle, que falleció mientras dormía a la edad de 31 años en 1985. La lápida que marca su tumba es la estatua de un gato dormido en un cojín en la que puede leerse “The beautiful cat endures” (El hermoso gato perdura), quizá una referencia a la inscripción en una piedra conmemorativa de 3.000 años de antigüedad encontrada en Tebas que reza: “El hermoso gato perdura y perdura”.

El gato Barney

Ya que estamos en Inglaterra, hablaremos de Barney, un gato pelirrojo que vivió 20 años en el cementerio de la iglesia de Saint Sampson, en Guernsey. Sus dueños residían al lado de la iglesia, pero cuando se mudaron unos kilómetros más allá, decidió regresar y se instaló en el camposanto. El sacristán cuidó de él, le hizo un refugio y Barney empezó a recibir a la gente que iba al cementerio. Barney murió el año pasado y el pueblo se puso de acuerdo para que fuera enterrado en el lugar que él había elegido para vivir.

Cementerio General (Valencia)

Cementerio General (Valencia)

De Inglaterra a España, y concretamente al Cementerio General de Valencia, fundado extramuros de la ciudad en 1807, donde habitan unos 300 gatos, alimentados y cuidados por voluntarios, una decena de jubilados y parados. En 2016 solicitaron reunirse con el Ayuntamiento para conseguir una ayuda, aunque fuese mínima. Isabel Esteve, profesora jubilada de Historia, cuenta que hace 20 años, cuando comenzaron este trabajo, apenas había unos 80 felinos, pero por la falta de control y porque algunas personas abandonan a camadas enteras en el cementerio, se ha convertido en la mayor colonia de la ciudad.

Cementerio de los Poetas (Roma)

Estamos seguros de que existen muchos más cementerios, grandes y pequeños, famosos o no, que albergan colonias de gatos. Parece ser que también hay un santuario felino en el famoso Cementerio “Acatólico” o de los Poetas en Roma, pero no hemos podido encontrar nada definitivo.

Cementerio de los Poetas

Tampoco es sorprendente que el cementerio de Yanaka, en Tokio (https://gatosyrespeto.org/2014/10/07/yanaka-un-barrio-de-gatos-en-tokio/), esté lleno de gatos, ya que el barrio es conocido, entre otras cosas, por sus felinos.

Cementerio de Yanaka

Yanaka

No podemos dejar de mencionar el cementerio de Charleston, Carolina del Sur, en el que supuestamente se ven fantasmas además de gatos.

Charleston (EE UU)

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Los gatos blancos y la sordera

Se sabe que muchos gatos blancos son sordos, incluso hemos oído comentar que todos los gatos blancos son sordos.

Podemos empezar diciendo que solo el 5% de toda la población gatuna es realmente blanca, y que la sordera congénita en gatos no blancos es escasísima. Entre el 1 y el 2% de todos los gatos tienen los ojos azules o de dos colores, y de ellos, si tienen los dos ojos azules, entre el 60 y el 80% son sordos; con los ojos de dos colores, entre el 30 y el 40%. Los gatos blancos con ambos ojos verdes representan entre el 3 y el 4% de la población total, y de estos, entre el 10 y el 20% nacen sordos.

Un gato blanco con ambos ojos azules tiene entre tres y cinco veces más probabilidades de ser sordo, y un gato con un solo ojo azul, el doble de probabilidades. Además, los gatos blancos de pelo largo son tres veces más propensos a sufrir una sordera congénita. Añadiremos que en gatos con ojos de dos colores y con sordera unilateral (de un solo oído), esta suele estar asociada con el ojo azul.

Un gato doméstico sordo no tiene grandes problemas, pero no es así para los que viven en la calle al enfrentarse a mayores dificultades para sobrevivir. Aparte de ser sordo, un gato con ambos ojos azules suele padecer fotofobia, por lo que no soporta la luz brillante y su visión en la oscuridad es reducida.

La sordera en gatos blancos puede ser unilateral o bilateral y es consecuencia de una degeneración del aparato auditivo del oído interno. Esta condición se debe al alelo W de un gen pleiotrópico, es decir, responsable de más de un efecto, concretamente del pelo blanco y de los ojos azules. Los gatitos no nacen sordos, pero al cabo de una semana, el oído interno deja de desarrollarse y sufre alteraciones progresivas. La anomalía no aparece en todos los gatos blancos de ojos azules; en muchos casos, el oído sigue desarrollándose normalmente, o solo se ve afectado uno de los dos oídos.

Los gatos sordos están muy pendientes de las vibraciones transmitidas por el suelo o el aire y se fijan en las reacciones de sus congéneres, que le avisarán de un ruido inhabitual. La comunicación entre gatos se basa más en el olfato (olores y feromonas), así como en señales visuales, por ejemplo las marcas de las uñas que han dejado otros y las actitudes corporales, que por lo que oyen. Un gato completamente sordo no tiene problemas a la hora de relacionarse con otros gatos, sean compañeros, adversarios o retoños, pero no ocurre lo mismo con los seres humanos al tratarse de una comunicación mucho más verbal.

Volviendo a las estadísticas, se sabe que el 40% de gatitos blancos nacidos del apareamiento de dos gatos blancos serán sordos, mientras que la cifra se reducirá al 10% si uno de los progenitores es de otro color. Asimismo, un gatito con ambos padres de ojos azules tiene cinco veces más probabilidades de ser sordo. Aun así, si ambos padres son blancos y con los ojos verdes, el 10% de su progenie será sorda.

Lo curioso es que el alelo W no está relacionado con que el pelo sea largo o corto, pero los gatos blancos de pelo largo tienen más tendencia a ser sordos. La presencia de este gen implica de modo sistemático que el pelo sea blanco, aunque la sordera solo se manifiesta en el 20 o 25% de los gatos. No se sabe a ciencia cierta qué factores modifican la expresión del alelo. Cabe la posibilidad de que un factor medioambiental desencadene el proceso en mayor o menor grado ya que la proporción de gatos blancos difiere según la zona geográfica. También parece que existen factores genéticos capaces de atenuar los efectos del gen W y proteger contra la sordera.

Otra cosa sorprendente es que los gatos de Van, en su mayoría blancos y buenos nadadores, no suelen ser sordos al estar su fenotipo asociado a un gen semidominante llamado “patrón de van”.

 

También están los gatos albinos, que a menudo se confunden con blancos y que tampoco son sordos.

El albinismo, causado por una mutación del gen de la tirosinasa, ocurre en muy pocas ocasiones entre la población felina. Para que un gatito sea realmente albino, ambos padres deben tener el marcador genético albino. El pelo parece blanco, pero los ojos y la piel son diferentes de un gato realmente blanco. Sin embargo, el albinismo parcial es más común de lo que creemos. Así, las típicas marcas de los gatos siameses, burmeses y tonkineses se deben a una herencia genética en parte albina.

La diferencia más importante y más fácil de notar está en los ojos, cuya gama de colores es muy limitada en los albinos por la falta de pigmentación. Los ojos de un gato albino son azules claros, rosados o de un azul rosado, aunque el rosa no puede considerarse un auténtico color. Se debe a los vasos sanguíneos del ojo reflejados por la luz. Lo mismo pasa con la piel; tanto la nariz como el interior de las orejas son de un color mucho más claro de lo habitual.

En muchas ocasiones puede observarse una mancha en la parte superior de la cabeza de los gatitos blancos recién nacidos que desaparecerá a los pocos días. En realidad, este es el verdadero color del gato, que ha sido enmascarado por el gen W al producirse una despigmentación total en el pelaje. En otras palabras, a menos de que un gato blanco sea albino, su color originario no es el blanco.


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El gato de cabeza plana

Se sabe muy poco acerca del gato de cabeza plana (Prionailurus planiceps) y de su comportamiento en libertad. Es uno de los gatos silvestres que se encuentra en mayor peligro. A pesar de estar incluido desde 2008 en la Lista Roja de especies en grave peligro de extinción de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), se ha estudiado muy poco a este felino en su hábitat natural, limitado a Sumatra, Borneo y la Península de Malasia. Esta falta de conocimiento impide que pueda  saberse exactamente en qué nivel de conservación se encuentra, así como determinar los requerimientos ecológicos para su protección.

Actualmente se cree que puede haber menos de 2.500 individuos adultos debido a los escasos avistamientos de los últimos años. La zona en que habita ocupa unos 80.000 kilómetros cuadrados, y se calcula que puede haber unos cuatro adultos por cada cien kilómetros cuadrados. Tiende a vivir en zonas húmedas actualmente muy amenazadas en todo el sureste asiático. Hay poquísimos en cautividad, menos de diez, todos ellos repartidos en zoológicos malasios y tailandeses, según ISIS (Sistema Internacional de Información de Especies).

El gato de cabeza plana, también llamado cabeciancho, es un felino pequeño que se caracteriza por una marcada depresión craneal que va desde la punta de la nariz hasta el nacimiento del hocico. Generalmente es de cuerpo delgado, con patas cortas y delicadas, y garras retráctiles, aunque unas tres cuartas partes de la garra quedan a la vista. La cabeza es más larga y cilíndrica que la del gato doméstico, y la distancia entre los ojos y las orejas es mayor. Sin embargo, sus dientes son comparativamente muy largos, con los caninos casi tan grandes como los de individuos del doble de su tamaño. La dentadura está adaptada para agarrar presas resbaladizas y posee mandíbulas poderosas, lo que le permite cazar peces incluso con mayor facilidad que el gato pescador (https://gatosyrespeto.org/2015/11/12/el-gato-pescador-una-especie-en-peligro/).

Su pelo es espeso, marrón rojizo en la parte superior de la cabeza y marrón ruano en el resto del cuerpo, con manchas blancas en la tripa. La cara es más clara que el resto del cuerpo, y tiene el hocico y la barbilla blancos. Desde la frente le bajan dos líneas blancas enmarcando el hocico. Los ojos están muy juntos, lo que mejora mucho su visión estereoscópica.

Desde la punta del hocico al nacimiento de la cola, mide entre 41 y 50 centímetros; la cola suele ser corta, de unos 14 centímetros. Pesa de 1,5 a 2,5 kilos.

Como hemos dicho antes, vive en humedales y selvas de tierras bajas, dos hábitats altamente modificados por la ocupación humana. Los pescadores del río Merang, en el sur de Sumatra, zona en la que aún existen selvas tropicales y turberas relativamente intactas, dicen verlos a menudo, pero tienden a confundir el gato de cabeza plana con el gato leopardo. La mayoría de los avistamientos más recientes (2014) han tenido lugar al noreste de Borneo, en las orillas del río Kinabagantan, donde se le ha grabado con cámaras nocturnas, y en la reserva de la selva de Tangkulap, así como en reservas creadas en las inmensas plantaciones de aceite de palma del este de Kalimantan y en la reserva de la selva Pasoh, en la península de Malasia.

Fotografiado en su entorno natural

Es un animal solitario que marca su territorio. Se ha observado que tanto los machos como las hembras en cautividad rocían orina avanzando en una posición agazapada, dejando un rastro en el suelo. Parece que desarrolla su mayor actividad entre las ocho y las once de la mañana, y las seis y las diez de la noche. Se alimenta mayormente de peces, aunque no hace ascos a las ranas ni a los crustáceos, y si no hay nada más a mano, a las ratas y a los polluelos. Se sumerge completamente en el agua y una vez atrapada la presa, suele llevarla a unos dos metros de la orilla, quizá para impedir que vuelva al río si se le escapa.

El periodo de gestación es de unos 55 días. De las tres camadas que han nacido en cautividad, una era de dos gatitos y las otras dos, de uno solo.

Sello de Indonesia

 

Sello de Camboya

El gato de cabeza plana tiene un maullido muy parecido al del gato doméstico y ronronea con facilidad. Dos ejemplares vivieron hasta los 14 años en un zoológico.

Sello de Laos

 

Sello de Malasia

La principal amenaza a la que se enfrentan es la destrucción y degradación que representan los asentamientos, la transformación de la selva en plantaciones, el secado de zonas húmedas, la contaminación, la tala, la caza y la pesca indiscriminadas. La rápida desaparición de los manglares en Asia tropical, la sobrepesca y la expansión de plantaciones de aceite de palma ponen en peligro al gato de cabeza plana, desde luego, pero también las trampas y el envenenamiento para proteger a las aves de corral.

Siempre nos esforzamos en buscar fotografías de gatos en su hábitat natural, pero en este caso, y muy a pesar nuestro, hemos debido conformarnos en la mayoría de los casos con imágenes del gato de cabeza plana en cautividad.


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Los gatos de “El amante doble”

Danton, Chloé y Louis

Acaba de estrenarse en España la última película del conocido realizador francés François Ozon, “El amante doble”, un thriller con un final de lo más inesperado, protagonizado por Marine Vacth y Jérémie Renier, este último en un doble papel, tal como deja entrever el título. El peso de la historia, además de recaer en actores de dos patas, también depende de dos espléndidos gatos llamados Milo y Danton en la ficción, y un tercero, disecado, llamado Luigi.

Chloé, Luigi y la vecina Rose

 

Chloé, Rose y Milo

Chloé, la protagonista, tiene un gato llamado Milo, un inteligente cartujo al que adora. Se enamora de Paul, que no siente una gran simpatía por Milo. Deciden vivir juntos y Chloé descubre que su nueva vecina, Rose, una mujer mayor algo extraña a la que da vida la magnífica actriz Myriam Boyer, adora a los gatos. Decide dejarle a Milo momentáneamente, convencida de que le cuidará bien. Rose tuvo un gato llamado Luigi que murió hace dos años, lo hizo disecar y ocupa un lugar de honor en la habitación vacía de su hija. El tercer gato, Danton, pertenece a Louis, y es un magnífico gato calicó. No nos hemos equivocado, es carey y macho, producto de una anomalía genética. Y esa anomalía genética es la clave de la película, pero no diremos nada más para no revelar el desenlace del thriller.

La vecina Rose y Luigi

 

Milo y Chloé

 

Milo y Chloé

Añadiremos que el director nos confió que para hacer el papel de Milo usaron a dos gatos idénticos; uno era perfecto para las escenas en que debía moverse y saltar, mientras que el otro no tenía problemas para quedarse en brazos de la protagonista. La gata – sí, en realidad es una gata carey – que interpreta a Danton está acostumbrada a participar en concursos felinos y, al parecer, tiene la capacidad de permanecer quieta en el mismo sitio sin inmutarse, pase lo que pase. Pero, por lo que nos contó François Ozon, hizo una excepción en este rodaje. En una escena clave, de gran tensión, el realizador no entendió por qué sus dos protagonistas empezaron a reírse a carcajadas hasta que Marine Vacth le señaló a la gata. Esta, probablemente harta de esperar en la misma posición encima de la perfecta chimenea de diseño, estaba defecando con total impasibilidad.

Milo y Paul

Pero volvamos a la anomalía genética que hemos mencionado antes. Todos los amantes de los gatos sabemos que los carey o calicó son hembras o, al menos, eso creemos. Pero aproximadamente uno de cada 3.000 es macho, y de estos, solo uno de cada diez mil es fértil. Los calicó casi siempre son hembras porque el cromosoma X contiene el locus del gen para el color naranja. En ausencia de otras influencias, como la inhibición de color que produce el pelo blanco, los alelos presentes en los locus naranjas determinan si el pelo es naranja o no. Las gatas hembras, como cualquier mamífero hembra, tienen dos cromosomas XX. Al contrario, los mamíferos machos tienen un cromosoma X y uno Y. Ya que el cromosoma Y no contiene el locus del gen naranja, no es posible que un macho tenga los dos genes (naranja y no-naranja) para ser carey.

Gato carey

Sin embargo, puede ocurrir que la célula sufra una división defectuosa y deje un cromosoma X extra en los gametos que producen al gato macho. Esto se reproducirá en cada célula y el animal tendrá tres cromosomas  XXY, el llamado síndrome de Kliefelter (una condición que también puede aparecer en el ser humano). Si es así, el gato será macho con un pelaje carey o calicó.

Main Coon tricolor

Hay casos aún más excepcionales llamados “quimeras”. Son individuos producto de la fusión de dos óvulos distintos fertilizados a la vez. Si estos dos óvulos, tanto si ambos son masculinos (XY-XY) o uno femenino y otro masculino (XX-XY), se unen, el gato puede acabar teniendo el fenotipo de un macho tricolor.

Gata calicó de “doble cara”

Añadiremos que el pelaje calicó y carey se debe a una mutación del cromosoma X. Es totalmente imposible cruzar gatos con la esperanza de conseguir gatos calicó; incluso si se clonasen, nada garantiza que los gatitos fueran tricolor. Por eso, cuando el 8 de octubre de 2016, la protectora californiana The Cat House on the Kings (https://gatosyrespeto.org/2015/01/08/santuario-felino-en-fresno-california/) se hizo cargo de una camada compuesta por cinco gatitos tricolor ya les pareció algo poco común. Pero que, además, dos de estos gatitos fueran machos, es algo que va en contra de todas las probabilidades.

Uno de los gatitos machos

En mayo de 2013, Richard Smith y su novia llevaron a su gato Jake al veterinario para vacunarle. Al enterarse del nombre del gato, el veterinario les dijo que era una hembra, no un macho. Richard y su novia insistieron en que era un gato. Después de un breve examen, el veterinario no tuvo más remedio que rendirse ante la evidencia. Estaba delante del primer gato calicó macho que había visto en todos sus años de práctica. Richard Smith no tenía la menor idea de que Jake fuera un gato tan especial.

Jake

Sean hembras o machos, muchas culturas creen que los gatos tricolor traen buena suerte. En Estados Unidos, a veces se les llama “gatos del dinero” y el animal emblemático del estado de Maryland es una gata tricolor. Originalmente, el famoso maneki-neko japonés era calicó.


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El gato Erik the Red, del CSS Acadia

El CSS Acadia, un barco de vapor científico canadiense, fue retirado en 1969 después de 56 años de servicio y nombrado “lugar histórico” en 1976. Su botadura tuvo lugar en 1913, en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra, como la primera embarcación diseñada especialmente para vigilar las aguas del norte de Canadá. Después de su jubilación, se quedó amarrado en el Instituto Bedford de Oceanografía en Dartmouth, Nueva Escocia. Muchos exmiembros de la tripulación se ofrecieron para ocuparse de su mantenimiento y enseñarlo a curiosos hasta 1981, año en que recorrió la corta distancia que lo separaba del muelle que hay detrás del Museo Marítimo del Atlántico, en Halifax, para entrar a formar parte de la colección permanente del Museo.

Desde entonces, el Acadia ha albergado a cuatro oficiales controladores de roedores. El último de estos fue el muy querido Erik The Red.

Erik y Stephen Read

Como puede verse en las fotos, Erik era un gato pelirrojo, y Stephen Read, el encargado del barco, decidió llamarle Erik “El rojo” en honor al famoso vikingo. Según Read, una noche de 1999 volvía andando al barco y se dio cuenta de que le seguía un gato adulto, aunque joven. Hacía poco que Clare, la oficial encargada de roedores, se había jubilado y Erik ocupó su puesto inmediatamente. Al contrario de su antecesora, que no sentía una gran pasión por el trabajo, Erik se lanzó a la tarea y no tardó en tener el barco perfectamente controlado.

Era un gato amable que no solo patrullaba el Acadia, sino las tiendas y restaurantes del muelle. Se ganó la simpatía de todos, hasta el punto de que algunas personas le ofrecían jerséis para los duros inviernos de Nueva Escocia y el personal del Museo estaba convencido de que todo el mundo le daba de comer. No solo se hizo muy popular en el barrio, sino en toda la ciudad, en la provincia, y gracias a los medios sociales, en todo el mundo.

Stephen Read, que se encargó del Acadia desde su traslado a Halifax en 1981, dijo en una entrevista hace algunos años: “Es mi amigo y mi respetado compañero. He trabajado con tres oficiales controladores antes, pero Erik es el más eficiente de todos”. Parece ser que le llevaba “regalos” regularmente y los depositaba en sus botas mientras dormía.

Erik se jubiló oficialmente el 20 de septiembre de 2015, después de casi 16 años de servicio, aunque ya vivía desde hacía más de un año en casa de Stephen Read, que también se había retirado unos meses antes y solo pasaba unas horas a bordo del Acadia. El Museo decidió ofrecerle una fiesta, y pidió a los vecinos y visitantes habituales que escribiesen algo acerca de Erik. Una vecina dijo que Erik la había acompañado durante años camino del trabajo y que a menudo parecía esperarla cuando regresaba a su casa.

Durante su estancia en el Acadia, Erik sufrió tres intentos de secuestro que no llegaron a más gracias al personal del Museo y a los vecinos. También hubo que quitarle el ojo izquierdo por culpa de un melanoma.

Ya en casa de Stephen Read, el domingo 3 de agosto de 2015, Erik desapareció, y se colgaron carteles en todo el barrio. Siempre llevaba una medalla en forma de estrella colgada del collar con el número de teléfono del Museo en una cara y la frase siguiente en la otra: “Sé ir a casa, por favor, déjeme en el suelo”.

Tenía un problema de tiroides, solo podía comer cierto tipo de comida y debía tomar medicación dos veces al día. Por fin, el martes, Stephen Read recibió un sms de una vecina, Erik estaba en su casa. Según la niña, Erik no llevaba collar cuando lo encontró. Por suerte, la madre vio las noticias locales y se dio cuenta de que podía ser el gato al que todos buscaban.

Al parecer, Erik estaba como siempre hasta hace muy poco, cuando empezó a andar con dificultades. Stephen Read dice que todo ocurrió muy deprisa y Erik falleció a principios de agosto. Además de un libro de condolencias a la entrada del Museo y de una pequeña ceremonia, las cenizas de Erik se tirarán al mar, más allá de la isla McNabs, como se hizo con sus tres predecesores.

El Museo se despidió de él con estas palabras: “Erik fue el último de cuatro controladores de roedores que sirvieron con orgullo a bordo de este barco. Bien hecho, buen y fiel marinero, ve con Dios”.

Y para acabar, un breve poema de Carl Sandburg:

La niebla llega                                    The fog comes

con pasos de gato.                             on little cat feet.

Se sienta mirando                              It sits looking

el puerto y la ciudad                          over harbor and city

sobre patas silenciosas                       on silent haunches

antes de seguir adelante.                    and then moves on.

 

Nota final: También nos hemos enterado de que Stubbs, el gato que logró ser alcalde de Talkeena, Alaska (https://gatosyrespeto.org/2014/07/07/stubbs-un-gato-alcalde-en-alaska/), falleció el 21 de julio pasado. Que la tierra te sea leve.


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Warbird Bob, el gato al que le gustaban los aviones

Es posible que Warbird Bob, como le llamaban, no fuera muy conocido, aunque llegó a tener una página web que dejó de “estar viva” en 2013, pero creemos que merece dedicarle una entrada. Conocimos su existencia casualmente gracias al Facebook de “Purr ‘n’ Fur” (http://www.purr-n-fur.org.uk/index.html), una magnífica web británica sobre gatos. La recomendamos. El 17 de junio anunció que Warbird Bob había fallecido. Al ignorar quién era el gato Bob, entramos en el artículo de su web y nos enteramos de que se trataba de un gato que vivió en los hangares y oficinas de American Aero Services, una empresa dedicada sobre todo a la restauración y mantenimiento de aviones procedentes de la II Guerra Mundial a los que se conoce con el popular nombre de “Warbirds” (Pájaros de guerra).

Buscamos en Internet, pero fuimos incapaces de encontrar más información que la aportada por “Purr ‘n’ Fur”. Efectivamente, la página creada por un miembro del personal de American Aero Services en honor a Bob ya no existe, pero la mayoría de las fotos reproducidas aquí están en Internet Archive.

Ante esta falta de información, pedimos permiso a la web británica para traducir su artículo, lo que nos concedieron con inmediata generosidad. Así que, ¡muchas gracias, Purr ‘n’ Fur! Thanks a million, Purr ‘n’ Fur!  Eso sí, la revista gratuita “Gulf Coast Computing” le dedicó la portada del número de julio de 2004.

 

Y ahora, la historia de Warbird Bob:

Un buen día de noviembre de 1997 un bonito y joven gato atigrado apareció en el hangar de American Aero poco después de que un bombardero Boeing B-17 entrara para el mantenimiento anual. Después de comer y beber, se dedicó a inspeccionar uno a uno a todos los humanos y a los aviones, pero no tardó en quedar claro que el B-17 era su favorito. Es posible que llegara como polizón en el avión, ya que parecía conocerlo a fondo, hasta el rincón más escondido. Viniese de donde viniese, le gustó el hangar y decidió quedarse. Acabó llamándose “The Hangar Cat”, es decir “El gato del hangar”, un nombre no muy imaginativo. Ese último comentario lo hemos añadido nosotros.

Comprobaba a fondo cada uno de los aviones que llegaba, metiéndose en los lugares más inverosímiles. En más de una ocasión, un mecánico alumbraba con una linterna el interior de una escotilla de inspección y se encontraba con dos ojos brillantes observándole, o metía la mano en un rincón de lo más inaccesible y una suave pata le daba un golpecito o le agarraba. Los técnicos reconocen que, al principio, se llevaron unos cuantos sustos.

Pasó el tiempo y, un día, el Gato del Hangar llegó maullando de dolor, con la cola destrozada. Puede que se acercara demasiado a una correa de ventilador y se quedara atrapado. Fue llevado a toda prisa al veterinario, de donde regresó unos días después con mucho menos rabo. Inmediatamente, el personal decidió llamarle “Bob”, supuestamente por “bobtail” (cola corta). Los mecánicos se dieron cuenta de que sentía una clara preferencia por los aviones de guerra, los “warbirds”, en comparación a los civiles, y empezaron a llamarle “Warbird Bob”.

Bob tuvo otro percance por culpa de una familia de ardillas que vivía al otro lado de la calle. Sabía perfectamente que debía quedarse en el hangar o en las oficinas, y que debía evitar la calle. Pero las ardillas se burlaban de él, corriendo por la acera antes de cruzar a toda velocidad y subirse a un árbol. Un día no pudo resistirse, las siguió y le pilló un coche. Volvieron a llevarle corriendo al veterinario. Esta vez tenía las dos patas traseras rotas y estuvo varias semanas enyesado, pero se recuperó y volvió a su rutina habitual.

Pasó el tiempo y ocurrió algo curioso: Bob empezó a comportarse como si los Warbirds fueran suyos, sobre todo con un mecánico al que no dejaba acercarse a los aviones. En una ocasión, el pobre fue perseguido por el hangar y acabó subido a una escalera con Bob gruñendo y escupiendo abajo. Todos lo consideraron una divertida anécdota, pero les preocupó que pudiera arañar a un cliente si consideraba que se acercaba demasiado a “su” avión. No quedó más remedio que jubilar a Warbird Bob y trasladarle a la casa de uno de los mecánicos, ¿Kent Jeffrey, quizá?

En 2013, con 17 años, seguía muy feliz en su casa con otros cuatro gatos más jóvenes a los que protegía. Se había convertido en un gato amable que dormía en la cama de sus humanos. Estos estaban convencidos de que su comportamiento agresivo se debió probablemente al estrés causado por el ruido y el movimiento de los aviones en el enorme hangar.

Cojeaba ligeramente por el atropello y tenía diabetes, pero estaba bajo control. Aparte de eso, disfrutaba de buena salud y pasaba mucho tiempo al lado de la piscina, donde tenía una tumbona reservada para él.

En septiembre de 2016 llegaron más noticias. Seguía con diabetes; sin embargo, en vez de inyecciones, un veterinario había recomendado añadir insulina a la comida y le iba muy bien. Aún le gustaba ocupar su tumbona para ver pasar los aviones.

Warbird Bob ya no mira ni escucha los aviones. Tuvo dos accidentes graves y era diabético, pero vivió 20 años, una edad más que respetable.


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Kedi, los gatos de Estambul

En 2016 se realizó un documental de 80 minutos de duración en torno a los gatos de Estambul titulado “Kedi”, que significa “gato” en turco. Como era de esperar, fue invitado a participar en el Festival de Cine de Estambul en febrero de 2016, y desde entonces hasta el 21 de julio pasado ha participado en 18 festivales internacionales en Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda, el Lejano Oriente y Europa. Ha sido estrenado con éxito en Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega, Suecia, Polonia, Alemania, España y Taiwán, lo que no está nada mal para un documental.

Para empezar, traduciremos la sinopsis: “Miles de gatos recorren libremente las calles de Estambul, y llevan cientos de años entrando y saliendo de la vida de sus habitantes, siendo parte íntegra de las diferentes comunidades que enriquecen la ciudad. La gran mayoría no tiene dueño y vive entre dos mundos, el doméstico y el salvaje, pero aporta alegría y una razón de ser a las personas a las que deciden adoptar. En Estambul, los gatos son el espejo de los habitantes, y les permiten reflexionar acerca de sus vidas mejor que cualquier otra cosa”. Incluimos un enlace al tráiler (en inglés) https://www.youtube.com/watch?v=lKq7UqplcL8

La directora, Ceyda Torun, explica su atracción por los gatos: “Viví en Estambul hasta los once años y estoy convencida de que mi infancia habría sido mucho más solitaria de no ser por los gatos. Yo no sería la misma ahora. Siempre que he vuelto a la ciudad, ha cambiado y me cuesta reconocerla, pero no ocurre lo mismo con los gatos, son el único elemento constante, un sinónimo de Estambul, y han acabado por encarnar su alma. Esta película, en muchos aspectos, es una carta de amor a los gatos y a la ciudad, que ahora deben enfrentarse a cambios impredecibles”.

Ceyda Torun

Los habitantes de Estambul cohabitan sin problemas con la multitud de gatos que recorren sus calles y cuidan de ellos sin entrometerse en su vida. La directora y el director de fotografía, Charlie Wuppermann, se desplazaron a Estambul para preparar el rodaje y descubrieron que en muchas ocasiones, los vecinos sabían perfectamente quién era el “rey” del barrio, qué gata era la madre de tal o tal gatito, qué gato roba aunque tenga comida, qué diferencia a uno del otro… Existe una auténtica convivencia.

Para acercarse lo más posible a los gatos, los dos cineastas diseñaron diversas “cámaras gato” (por ejemplo, una montada en un coche de juguete) para conseguir el punto de vista del felino; siguieron a los gatos por callejones y sótanos; usaron drones para rodarlos en los tejados, e hicieron prueba de mucha paciencia hasta obtener tomas naturales del día a día de estos habitantes de Estambul. Después de un rodaje de dos meses, la realizadora empezó a montar el documental con Mo Stoebe.

Una de las personas que sale en la película es Bulent Ustun, el creador del cómic “Kotu Kedi Serafettin” (Bad Cat), que se hizo famoso a finales de los noventa.

Bulent Ustun y Bad Cat

En 2009, “Bad Cat” fue el héroe de una película de dibujos animados y se rumorea que quizá sea el protagonista de un musical.

Estos son algunos comentarios que hacen en la película los habitantes de Estambul hablando de los gatos:

“Un gato maullando a tus pies, mirándote, la vida te sonríe. Son momentos que nos recuerdan que estamos vivos”.

“El amor de un animal es otro tipo de amor. Las personas que no aman a los animales no saben amar a la gente. Al menos, eso lo sé”.

“Preocuparse por los animales en la calle y preocuparse por la gente tiene mucho que ver. En mi opinión, los problemas a los que se enfrentan los gatos callejeros no son muy diferentes de nuestros problemas”.

Ahora nos gustaría presentarles a los siete grandes protagonistas del documental:

SARI (La ladrona) vive en los alrededores de la Torre Gálata. Lo tiene muy claro, hay que beber y comer. Pide, roba, rebusca. Los dueños de los cafés la echan, pero tiene una aliada: la propietaria de una tienda le da comida para que se la lleve a sus gatitos

Sari

BENGU (La amante) es amada por muchos. Vive en una zona industrial, rodeada de cadenas y piezas metálicas. Es muy amable y se ha ganado el afecto de todos los trabajadores.

Bengu

ASLAN PARÇASI (El cazador) se ha establecido en un famoso restaurante de pescado a las orillas del Bósforo. El Pequeño León, como le llaman, es el guardián del establecimiento, y desde su llegada no se ha vuelto a ver un solo ratón.

Aslan Parçasi

PSIKOPAT (La loca) vive en Samatyam, uno de los barrios más antiguos de la ciudad, y suele aparecer en un salón de té detrás de una vieja iglesia. Se ha ganado el respeto de todos, incluso de los perros sin dueño. No le tiene miedo a nada ni a nadie.

Psikopat

DENIZ (El juguetón) tardó mucho en confiar en los seres humanos, pero ahora recupera el tiempo perdido exigiendo caricias de los vendedores del mercado de productos orgánicos. Se mete con los otros gatos, se cuela en los puestos, duerme en las cajas de té…

Deniz

GAMSIZ (El sociable) vive en Cihangir, el barrio de los artistas. Conoce a todo el mundo y sabe perfectamente dónde dirigirse para comer. Es un excelente trepador y todavía no ha nacido el humano al que no pueda conquistar.

Gamsiz

DUMAN (El caballero) vive en uno de los mejores barrios de Estambul y se ha hecho amigo de los dueños de una tienda y restaurante donde se sirven exquisiteces. Sabe que no puede entrar, pero espera a que alguien le traiga un plato con quesos de importación y carnes ahumadas. Si tardan demasiado, llama al escaparate.

Duman