Gatos y Respeto

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El gato cartujo, raza francesa por excelencia

Como ocurre con muchas razas de gatos, el origen, la historia y el nombre de los gatos cartujos ha dado pie a muchas especulaciones. Por ejemplo, se dijo que los monjes cartujos (los creadores del famoso licor verde, el Chartreuse) fueron los primeros en introducirlos en Francia, pero parece ser que llegaron a Europa , sobre todo a las Galias, en barcos procedentes de Oriente Próximo, concretamente de Turquía y el norte de Irán, en la época posterior a las cruzadas. El primer documento que menciona a un gato de pelo gris azulado es un poema escrito en 1558 por Joachim du Bellay en el que se lamenta por la muerte de su adorado Belaud. No solo canta las proezas del felino, sino que aporta detalles precisos acerca del carácter y los rasgos físicos de una raza que vivía en Francia en aquella época y corresponde a la descripción de los cartujos.

 

 

 

 

 

 

 

Estos son algunos de los versos del poema traducidos al español: “Cubierto de pelo plateado,/corto y pulido como el satén,/tendido en ondas sobre el lomo,/y blanco como el armiño por debajo./Morro pequeño, dientes pequeños,/mirada no muy ardiente,/pero cuyo tono variado/imita el color dejado por el arco lluvioso/que se inclina a través de los cielos./Y por debajo, una naricita de ébano,/un hociquito leonino/rodeado de una barbita plateada…”

Sigue describiendo un cuerpo robusto sobre patas delgadas y acaba alabando las proezas cazadoras de Belaud. Leyendo el larguísimo poema es imposible negar que el poeta amaba a su gato y que su muerte le dolió profundamente.

Más tarde, otros autores hablan de un gato azul. El nombre “gato de los cartujos” no aparece hasta el siglo XVIII en el “Diccionario Universal del Comercio, Historia Natural y Artes y Oficios”, de Savarry de Bruslon, donde describe el apelativo “cartujo” del modo siguiente: “El vulgo nombra así a un gato de pelaje azulado muy apreciado por los peleteros”. En otra entrada del diccionario, el autor habla de una lana gris muy suave, importada de España y llamada “pile des Chartreux” (lana cartuja), de elevadísima calidad procedente de ovejas merinas. De hecho, entre los siglos XV y XVIII, la lana española era considerada la mejor de Europa. El gato cartujo tiene un pelaje muy denso y mullido, por lo que habría podido compararse a la preciada lana.

Pelo de oveja merina

En 1735, el famoso científico sueco Lineo, creador de la taxonomía (clasificación botánica y animal), en su obra “Systema Naturae” describió el pelaje del gato cartujo como “Coeruleus pilis”, es decir, azul oscuro de pelo corto. Una publicación de esta obra realizada en Bruselas por Vanderstegen de Putte en 1793 dice que el pelaje es gris azulado.

Gato de Siria, por Ulisse Aldrovandi

Buffon, el gran naturalista del siglo XVIII conocido por sus dibujos de animales y plantas, le incluye entre las cuatro razas de gato que reconoce:  doméstico, español, angora y cartujo. Lo describió con suma precisión y realizó dibujos comparativos.

Comparativa, por Buffon

Comparativa, por Buffon

La famosa escritora Colette, que tanto amaba a los gatos, tuvo varios cartujos y convirtió a su gata Saha en la protagonista de la novela “La gata” describiéndola con rigor y ternura en varias ocasiones. Por ejemplo: “El sol jugaba en su pelaje de gata cartuja de tonos malvas y azulados como el pecho de una paloma torcaz”.

Colette

Charles de Gaulle tenía un cartujo en su casa de campo al norte de París. Parece ser que cuando llegó aún era pequeño y se le llamó Ringo de Balmalon, pero ese nombre algo rimbombante se simplificó rápidamente a Gris-gris. La leyenda cuenta que acompañaba al general en sus paseos por el parque.

Durante siglos, el gato cartujo vivió en los hogares de Francia cruzándose a su antojo, hasta que en los años treinta las hermanas Léger encontraron una espléndida camada de cartujos en la isla donde residían en la costa de Bretaña y decidieron hacerse cargo de ella. En 1933, durante una exposición del Cat Club de París, su gata Mignonne de Guerveur se convirtió en campeona internacional y fue nombrada “Gata más estética de la exposición”. Se la considera como la antepasada de los cartujos actuales. Los primeros estándares de la raza fueron establecidos en 1939.

Mignonne de Guerveur

La Segunda Guerra Mundial hizo estragos entre los cartujos, y a finales de 1960 se autorizó su cruce con el british shorthair, una raza totalmente diferente. Por suerte, en 1977,  Jean Simonnet y el Club del Gato Cartujo, que había fundado, promulgaron nuevos estándares que recuperaban las características del auténtico cartujo. Es una de las razas naturales más antiguas del mundo y el único gato “francés”.

El cartujo no es un gato hablador, le gusta la tranquilidad, es robusto, y gracias a su pelaje denso y espeso, no teme al frío ni a la intemperie. Se le considera un excelente cazador.

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El gato Laptop, la catedral de Canterbury y mucho más

Laptop

El 17 de septiembre de 2013, la catedral de Canterbury publicaba la siguiente noticia:

“Nos entristece anunciar que Laptop, el gato de la catedral, falleció el 11 de septiembre. El cariñoso felino llevaba años viviendo en la catedral y se cree que tenía más de 18 años. Laptop era un espíritu libre y sigue siendo un misterio por qué escogió la catedral como residencia. Quizá empezó a visitar a los chicos en la Casa del Coro y creemos que ellos le pusieron el nombre de Laptop porque en cuanto alguien le acariciaba se instalaba en su regazo de un salto (Nota: La palabra laptop, ordenador portátil, viene de ‘lap’, regazo)”.

La nota sigue diciendo: “La Casa del Coro fue reformada hace varios años, y Laptop decidió trasladarse al Claustro, donde vivió felizmente. El personal de limpieza de la catedral cuidaba de él y se aseguraba de que no le faltara comida de primera calidad. Cada mañana daba la bienvenida a los sacristanes cuando abrían el claustro y tenía por costumbre maullar ante la Puerta del Martirio antes de que empezaran los maitines para que le abrieran y pudiera oír misa. Incluso tenía un asiento reservado. Por la tarde, si hacía sol, solía estirarse en el jardín de la Torre del Agua, por lo que nos ha parecido adecuado que reposara en uno de sus sitios preferidos”.

La nota acaba con estas palabras: “Era un gato cariñoso y contento al que todos adoraban, tanto los voluntarios como el personal que trabaja en la catedral. Dio la bienvenida a millones de personas que visitaron el Claustro durante estos años y probablemente esté en miles de fotografías. Nos ha sorprendido la cantidad de personas que se han puesto en contacto con nosotros para expresar su pésame y compartir algún recuerdo del viejo residente. RIP Laptop”.

Pero Laptop no fue el único gato residente de la catedral de Canterbury. El 22 de abril de 2015, la catedral publicó en Twitter que “Lionel, el gato de la catedral” había desaparecido, lo que dio pie a una búsqueda desaforada por los alrededores. La desesperación de todos incrementaba a medida que pasaba el tiempo hasta que, el décimo día de su desaparición, Lionel, un callejero atigrado de unos 18 meses, reapareció tranquilamente como si nada. Hemos podido saber que hay unos diez gatos viviendo en la espléndida catedral.

Lionel recuperado

Sinceramente, nos parece maravilloso que los británicos acojan a gatos en catedrales e iglesias, porque el caso de Laptop y de Lionel no es único. El fotógrafo Richard Surman publicó un libro titulado “Cathedral Cats” acerca de los gatos más privilegiados de Gran Bretaña, amos y señores de claustros y coros, jardines y sacristías. Cada foto viene acompañada de una descripción del gato y de sus manías. Biggles, por ejemplo, el residente de la Abadía de Westminster, tuvo que ser llamado al orden después de destrozar los bajos del pantalón de un agente de policía. Richard Surman también ha publicado “Church Cats”, “Cloister Cats” y “College Cats”.

En la catedral de Wells, en Somerset, vive un precioso gato llamado Louis. En 2015 fue acusado, injustamente según el personal de la catedral, de haber atacado a tres perros en diferentes ocasiones. Louis tenía entonces 17 años, lo que nos lleva a pensar que no fue el culpable. Sea como sea, Louis es muy famoso e incluso tiene una línea de merchandising. Y hablando de eso, también incluimos una foto de Tilly, la gata del segundo organista de Canterbury, en la tienda de la catedral ayudando a vender toallas gatunas.

Louis

Damos un salto al otro lado del Atlántico para visitar a Carmina, la gata carey de la Catedral Nacional de Washington DC. Debía tener unos 18 meses cuando fue encontrada con una camada de gatitos de no más de una semana en un solar cercano. Victoria Chamberlin, de la Sociedad Coral Catedralicia, la cuidó, encontró hogares para los gatitos y se opuso a que la gata fuera entregada a un refugio. Convenció a sus compañeros de que la Sociedad adoptara a Carmina durante un ensayo del “Carmina Burana”, de Carl Orff, de ahí el nombre de la gata.

Carmina

Carmina sustituyó a Catalina de Tarragona (sic), una gata blanca y negra adoptada por la catedral hace 16 años y que después de su jubilación vivió en una casa del barrio de Georgetown y pasaba los veranos en Carolina del Norte. Al parecer, Carmina nunca se interesó por oír misa, al contrario de Laptop, que nunca se perdía los maitines.

De vuelta al Reino Unido, aquí vemos una foto de Ginge (de Ginger), la gata de la catedral de Salisbury, fallecida en 1988 a los doce años de edad. Mantenía a raya a la población de ratones del lugar y había elegido como residencia el taller de cinceladores que restauran la catedral.

Ginge

Por último, a modo de curiosidad, incluimos un grafiti de tiempos remotos, probablemente de la Edad Media, representando a un gato. Es una pena que solo haya gatos en catedrales e iglesias británicas. Nunca los hemos visto en Francia, España, Italia, Portugal… Los gatos son amantes de la tranquilidad, del silencio y no hay nada malo en que elijan un lugar de culto para vivir, como ocurre en templos de Tailandia, Laos, Myanmar, Tíbet, Japón…


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El gato siamés y el rey

Los gatos tailandeses empezaron a importarse a Europa en el siglo XIX. Fue la primera raza exótica en llegar a Gran Bretaña, donde no tardó en tener un gran éxito y ser llamada “Gato real de Siam”. El Club del Gato Siamés, fundado en enero de 1901, decidió preguntar al Consulado de Siam en Londres acerca de sus felinos favoritos, pero la respuesta que recibieron el 17 de septiembre de 1901 fue una total desilusión: “No se preserva ninguna raza de gato en el palacio del Rey de Siam. Tampoco hay gatos reales ni se les atribuye ningún significado religioso. Estas ideas posiblemente se deban a que el pueblo siamés es, en general, bondadoso con los animales, incluidos los gatos”.

Kao Taem (Nueve puntos)

Pero lo anterior no es del todo cierto. En la época, los gatos no eran considerados sagrados en Siam, o Tailandia, como pasó a llamarse el país a partir de 1939, pero sí existen numerosas leyendas de las razas nativas de la región, como los siameses, korat, birmanos, suphalak y tonquineses. Es más, las creencias en torno a los gatos están consignadas en los manuscritos “Tamra Maew”, originarios del periodo Ayutthaya (1351-1767), quizá los estándares de razas felinas más antiguos del mundo. Describen entre 17 y 22 razas de gatos, dependiendo del manuscrito, en su mayoría portadores de buena suerte, aunque hay excepciones. Incluimos aquí tres dibujos con las correspondientes descripciones. Sin indagar más, nos inclinamos a pensar que los gatos de los “Tamra Maew” no existían como tales y no se referían a “estándares” felinos. Intentaremos buscar documentación para una próxima entrada

Pat-sawet (Línea blanca)

Ninlarat (Zafiro oscuro)

 

 

 

 

 

 

El gato siamés original, según la página de The International Cat Association’s (TICA), era bizco y tenía el final de la cola torcido, algo que hoy en día los criadores consideran un defecto. Existe una leyenda que explica el porqué de estas dos peculiaridades. Hace mucho tiempo, el Rey pidió a dos gatos siameses que encontraran una copa de oro que le pertenecía. Después de mucho buscar, los gatos dieron con la copa. Uno de ellos se quedó para guardarla, mientras que el otro fue a avisar al Rey. El que montaba la guardia estaba muy preocupado por perder la copa; la miraba fijamente mientras sujetaba la parte inferior con su rabo. Por eso acabó bizco y con la cola torcida.

También se decía que cuando fallecía una persona importante, uno de los gatos de la casa era escogido para recibir el alma del difunto. El gato en cuestión pasaba el resto de su vida cuidado y mimado por los sacerdotes del templo, mientras que la familia realizaba donativos para su manutención. No hemos podido cerciorarnos de la veracidad de esta creencia.

La historia cuenta que el cónsul general británico, Gould, recibió un gato siamés del Rey de Siam como regalo de despedida en 1884 y lo consideró un gran honor, ya que el gato había sido criado en el palacio real. Se sabe que llevó los dos primeros siameses, Pho y Mia, al Reino Unido para regalárselos a su hermana Jane, cofundadora del Club del Gato Siamés bajo su nombre de casada, Lilian Jane Veley.

Se considera que todos los siameses europeos de pura raza son descendientes de unos once gatos importados de Siam en la década de los ochenta del siglo XIX. Quedan muy pocos documentos gráficos de estos primeros gatos, quizá porque no fueron fotografiados o las fotos han desaparecido. Aquí podemos ver a Tiam O’Shian IV, traído de Oriente por la Sra. Vyvyan en 1886. Y al campeón Wankee, el primer gato siamés en ganar un concurso. Ah Choo fue otro de los precursores. Hemos encontrado la foto de Cora, una hembra, pero no sabemos si fue una de las primeras en llegar. Por lo que hemos leído en páginas de criadores, el aspecto físico de los primeros siameses difería mucho de lo que se considera hoy como “perfecto”. Eran más redondos, tenían “mofletes” y quizá fueran un poco más cortos de patas.

Tiam O’Shian IV

Wankee

Ah Choo

Cora

Aunque el consulado de Siam en Londres en el siglo XIX se empeñaba en decir que la familia real no tenía gatos siameses, hubo un rey tailandés que desmintió esa afirmación. Se trata de Bhumibol Adulyadej, que subió al trono en 1946 y reinó hasta su muerte en 2016, convirtiéndose en el monarca con el reinado de mayor duración. Sucedió a su hermano Ananda Mahidol, muerto de un disparo fortuito. En una foto les vemos a los dos con su hermana Galyani Vadhana y varios gatitos siameses.

El rey Ananda Mahidol, la princesa Galyani Vadhana y el rey Bhumibol Adulyadej

El difunto rey Bhumidol era un ferviente defensor de los animales y escribió un libro sobre su perra callejera, Tongdaeng, que se convirtió en un superventas con más de un millón de ejemplares vendidos. Pero no se conoce tanto que tuviera un gato siamés llamado Tito en honor a Josin Broz Tito, el expresidente de la Repúbica Socialista de Yugoslavia.

Tito

La pareja real con Tito

En las dos fotos del Rey componiendo una pieza al piano realizadas por el fotógrafo Dmitri Kessel, vemos a un espléndido siamés con cascabel. Según un periódico tailandés, las fotos fueron hechas en la residencia de la familia real tailandesa en Lausana, Suiza, en 1944.

Parece ser que otra gata de la misma camada llamada Tita pertenecía a la madre del Rey. Las malas lenguas dicen que Tito, un espléndido gato macho, mostraba cierta tendencia a escaparse de la residencia real, lo que traía de cabeza al personal del servicio que debía encontrarlo. “Khun Tito”, como lo llamaban los tailandeses, era bizco, tenía el rabo torcido, los ojos azules y “sabía ronronear como si hablara”.

Hemos encontrado otra foto en color del Rey acompañado de su esposa, la reina Sirikit, con un gato blanco y negro en brazos, pero no sabemos nada de este gato.


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Gatos y cementerios

Hay unos cuantos cementerios famosos en el mundo y muchos de ellos tienen una importante población de gatos, por ejemplo La Recoleta de Buenos Aires, los cementerios del Père Lachaise y Montmartre de París, y el Highgate de Londres. También se aventuran en los pequeños cementerios ingleses, japoneses y españoles, aunque no sean tan conocidos como los anteriores. Los cementerios gustan a los gatos sencillamente porque son sitios tranquilos, silenciosos y suelen tener bastantes recovecos donde esconderse.

La Recoleta (Buenos Aires)

La Recoleta

El magnífico cementerio de La Recoleta fue creado en 1822 y abarca más de cinco hectáreas y media en el barrio del mismo nombre. Tiene unas 4.800 tumbas entre las que se reparten sus numerosos gatos. Dos veces al día, siempre a la misma hora, varias voluntarias aparecen con la comida, que consiste en latas y unos veinte kilos de pienso diario, para alimentar a varias colonias, aunque es casi imposible saber realmente cuántos gatos viven en La Recoleta. Algunas mujeres hablan de ochenta, otras de cien. Son colonias controladas y la mayoría de sus miembros están esterilizados, a excepción de los recién abandonados. Al parecer, algunos bonaerenses dejan sus mascotas allí cuando se cansan de ellas. Las cuidadoras aceptan donaciones, pero costean la mayoría de gastos veterinarios y de comida porque “somos amantes de los gatos”.

El Père Lachaise (París)

El Père Lachaise

Cruzamos el océano de un salto para llegar al más famoso de los cementerios parisinos y quizá del mundo, el Père Lachaise, al que acuden unos tres millones y medio de visitantes anualmente. El cementerio ocupa unas diecisiete hectáreas y fue construido en 1803 siguiendo el plano de un jardín al estilo inglés, con avenidas bordeadas de árboles y plantas. Es uno de los pocos que tienen una zona reservada para entierros musulmanes y otra para judíos. Se calcula que habrá unos trescientos gatos y, como siempre, los alimentan almas generosas que aparecen empujando carritos de la compra repletos de comida.

El Père Lachaise

El cementerio está dividido en barrios y cada grupo de voluntarios tiene “su barrio”; a uno le toca entre Chopin y Molière hasta Piaf, por ejemplo, porque no se han molestado en aprenderse el nombre de las calles. Se ubican por los famosos enterrados allí y también por los nombres de algún gato que hizo historia o de uno realmente excepcional por ser enorme, de un color increíble… Algunos voluntarios van a diario, otros, de vez en cuando y también están las asociaciones para la protección de los animales que se dedican a esterilizarlos.

Montmartre

Montmartre (París)

Montmartre

También en París, nos trasladamos al cementerio de Montmartre, inaugurado en enero de 1825. Ocupa unas diez hectáreas, y a pesar de ser menos conocido, su nombre está ligado a los gatos. No sabemos cuánto hace que se instalaron, pero en los años setenta había muchos, muchísimos sin esterilizar y eran la pesadilla de los guardas del camposanto así como de los servicios sanitarios del Ayuntamiento. En 1977, este último decidió organizar una operación de captura y eutanasia, pero unas cien personas del barrio se interpusieron y formaron una asociación que se convertiría en la famosa “Ecole du Chat” (La escuela del gato). Al año de su creación capturó, esterilizó y volvió a soltar al primer gato. La historia sigue hoy en día con 150 voluntarios dedicados a alimentar y a construir refugios para los gatos.

Highgate (Londres)

Highgate

Damos otro salto, este mucho más pequeño, por encima del Canal de la Mancha y llegamos a un cementerio increíble, el Highgate de Londres. Es el cementerio romántico por excelencia, con criptas medio en ruinas, yedra y ajos silvestres creciendo por todas partes. Creado en 1839, contiene unas 53.000 tumbas y criptas, entre ellas las de Karl Marx y George Michael. Ninguna colonia de gatos reside allí, aunque unos pocos pasean por el cementerio. Lo mencionamos aquí por la tumba de Ana Clare Bootle, que falleció mientras dormía a la edad de 31 años en 1985. La lápida que marca su tumba es la estatua de un gato dormido en un cojín en la que puede leerse “The beautiful cat endures” (El hermoso gato perdura), quizá una referencia a la inscripción en una piedra conmemorativa de 3.000 años de antigüedad encontrada en Tebas que reza: “El hermoso gato perdura y perdura”.

El gato Barney

Ya que estamos en Inglaterra, hablaremos de Barney, un gato pelirrojo que vivió 20 años en el cementerio de la iglesia de Saint Sampson, en Guernsey. Sus dueños residían al lado de la iglesia, pero cuando se mudaron unos kilómetros más allá, decidió regresar y se instaló en el camposanto. El sacristán cuidó de él, le hizo un refugio y Barney empezó a recibir a la gente que iba al cementerio. Barney murió el año pasado y el pueblo se puso de acuerdo para que fuera enterrado en el lugar que él había elegido para vivir.

Cementerio General (Valencia)

Cementerio General (Valencia)

De Inglaterra a España, y concretamente al Cementerio General de Valencia, fundado extramuros de la ciudad en 1807, donde habitan unos 300 gatos, alimentados y cuidados por voluntarios, una decena de jubilados y parados. En 2016 solicitaron reunirse con el Ayuntamiento para conseguir una ayuda, aunque fuese mínima. Isabel Esteve, profesora jubilada de Historia, cuenta que hace 20 años, cuando comenzaron este trabajo, apenas había unos 80 felinos, pero por la falta de control y porque algunas personas abandonan a camadas enteras en el cementerio, se ha convertido en la mayor colonia de la ciudad.

Cementerio de los Poetas (Roma)

Estamos seguros de que existen muchos más cementerios, grandes y pequeños, famosos o no, que albergan colonias de gatos. Parece ser que también hay un santuario felino en el famoso Cementerio “Acatólico” o de los Poetas en Roma, pero no hemos podido encontrar nada definitivo.

Cementerio de los Poetas

Tampoco es sorprendente que el cementerio de Yanaka, en Tokio (https://gatosyrespeto.org/2014/10/07/yanaka-un-barrio-de-gatos-en-tokio/), esté lleno de gatos, ya que el barrio es conocido, entre otras cosas, por sus felinos.

Cementerio de Yanaka

Yanaka

No podemos dejar de mencionar el cementerio de Charleston, Carolina del Sur, en el que supuestamente se ven fantasmas además de gatos.

Charleston (EE UU)


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Los gatos blancos y la sordera

Se sabe que muchos gatos blancos son sordos, incluso hemos oído comentar que todos los gatos blancos son sordos.

Podemos empezar diciendo que solo el 5% de toda la población gatuna es realmente blanca, y que la sordera congénita en gatos no blancos es escasísima. Entre el 1 y el 2% de todos los gatos tienen los ojos azules o de dos colores, y de ellos, si tienen los dos ojos azules, entre el 60 y el 80% son sordos; con los ojos de dos colores, entre el 30 y el 40%. Los gatos blancos con ambos ojos verdes representan entre el 3 y el 4% de la población total, y de estos, entre el 10 y el 20% nacen sordos.

Un gato blanco con ambos ojos azules tiene entre tres y cinco veces más probabilidades de ser sordo, y un gato con un solo ojo azul, el doble de probabilidades. Además, los gatos blancos de pelo largo son tres veces más propensos a sufrir una sordera congénita. Añadiremos que en gatos con ojos de dos colores y con sordera unilateral (de un solo oído), esta suele estar asociada con el ojo azul.

Un gato doméstico sordo no tiene grandes problemas, pero no es así para los que viven en la calle al enfrentarse a mayores dificultades para sobrevivir. Aparte de ser sordo, un gato con ambos ojos azules suele padecer fotofobia, por lo que no soporta la luz brillante y su visión en la oscuridad es reducida.

La sordera en gatos blancos puede ser unilateral o bilateral y es consecuencia de una degeneración del aparato auditivo del oído interno. Esta condición se debe al alelo W de un gen pleiotrópico, es decir, responsable de más de un efecto, concretamente del pelo blanco y de los ojos azules. Los gatitos no nacen sordos, pero al cabo de una semana, el oído interno deja de desarrollarse y sufre alteraciones progresivas. La anomalía no aparece en todos los gatos blancos de ojos azules; en muchos casos, el oído sigue desarrollándose normalmente, o solo se ve afectado uno de los dos oídos.

Los gatos sordos están muy pendientes de las vibraciones transmitidas por el suelo o el aire y se fijan en las reacciones de sus congéneres, que le avisarán de un ruido inhabitual. La comunicación entre gatos se basa más en el olfato (olores y feromonas), así como en señales visuales, por ejemplo las marcas de las uñas que han dejado otros y las actitudes corporales, que por lo que oyen. Un gato completamente sordo no tiene problemas a la hora de relacionarse con otros gatos, sean compañeros, adversarios o retoños, pero no ocurre lo mismo con los seres humanos al tratarse de una comunicación mucho más verbal.

Volviendo a las estadísticas, se sabe que el 40% de gatitos blancos nacidos del apareamiento de dos gatos blancos serán sordos, mientras que la cifra se reducirá al 10% si uno de los progenitores es de otro color. Asimismo, un gatito con ambos padres de ojos azules tiene cinco veces más probabilidades de ser sordo. Aun así, si ambos padres son blancos y con los ojos verdes, el 10% de su progenie será sorda.

Lo curioso es que el alelo W no está relacionado con que el pelo sea largo o corto, pero los gatos blancos de pelo largo tienen más tendencia a ser sordos. La presencia de este gen implica de modo sistemático que el pelo sea blanco, aunque la sordera solo se manifiesta en el 20 o 25% de los gatos. No se sabe a ciencia cierta qué factores modifican la expresión del alelo. Cabe la posibilidad de que un factor medioambiental desencadene el proceso en mayor o menor grado ya que la proporción de gatos blancos difiere según la zona geográfica. También parece que existen factores genéticos capaces de atenuar los efectos del gen W y proteger contra la sordera.

Otra cosa sorprendente es que los gatos de Van, en su mayoría blancos y buenos nadadores, no suelen ser sordos al estar su fenotipo asociado a un gen semidominante llamado “patrón de van”.

 

También están los gatos albinos, que a menudo se confunden con blancos y que tampoco son sordos.

El albinismo, causado por una mutación del gen de la tirosinasa, ocurre en muy pocas ocasiones entre la población felina. Para que un gatito sea realmente albino, ambos padres deben tener el marcador genético albino. El pelo parece blanco, pero los ojos y la piel son diferentes de un gato realmente blanco. Sin embargo, el albinismo parcial es más común de lo que creemos. Así, las típicas marcas de los gatos siameses, burmeses y tonkineses se deben a una herencia genética en parte albina.

La diferencia más importante y más fácil de notar está en los ojos, cuya gama de colores es muy limitada en los albinos por la falta de pigmentación. Los ojos de un gato albino son azules claros, rosados o de un azul rosado, aunque el rosa no puede considerarse un auténtico color. Se debe a los vasos sanguíneos del ojo reflejados por la luz. Lo mismo pasa con la piel; tanto la nariz como el interior de las orejas son de un color mucho más claro de lo habitual.

En muchas ocasiones puede observarse una mancha en la parte superior de la cabeza de los gatitos blancos recién nacidos que desaparecerá a los pocos días. En realidad, este es el verdadero color del gato, que ha sido enmascarado por el gen W al producirse una despigmentación total en el pelaje. En otras palabras, a menos de que un gato blanco sea albino, su color originario no es el blanco.


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El gato de cabeza plana

Se sabe muy poco acerca del gato de cabeza plana (Prionailurus planiceps) y de su comportamiento en libertad. Es uno de los gatos silvestres que se encuentra en mayor peligro. A pesar de estar incluido desde 2008 en la Lista Roja de especies en grave peligro de extinción de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), se ha estudiado muy poco a este felino en su hábitat natural, limitado a Sumatra, Borneo y la Península de Malasia. Esta falta de conocimiento impide que pueda  saberse exactamente en qué nivel de conservación se encuentra, así como determinar los requerimientos ecológicos para su protección.

Actualmente se cree que puede haber menos de 2.500 individuos adultos debido a los escasos avistamientos de los últimos años. La zona en que habita ocupa unos 80.000 kilómetros cuadrados, y se calcula que puede haber unos cuatro adultos por cada cien kilómetros cuadrados. Tiende a vivir en zonas húmedas actualmente muy amenazadas en todo el sureste asiático. Hay poquísimos en cautividad, menos de diez, todos ellos repartidos en zoológicos malasios y tailandeses, según ISIS (Sistema Internacional de Información de Especies).

El gato de cabeza plana, también llamado cabeciancho, es un felino pequeño que se caracteriza por una marcada depresión craneal que va desde la punta de la nariz hasta el nacimiento del hocico. Generalmente es de cuerpo delgado, con patas cortas y delicadas, y garras retráctiles, aunque unas tres cuartas partes de la garra quedan a la vista. La cabeza es más larga y cilíndrica que la del gato doméstico, y la distancia entre los ojos y las orejas es mayor. Sin embargo, sus dientes son comparativamente muy largos, con los caninos casi tan grandes como los de individuos del doble de su tamaño. La dentadura está adaptada para agarrar presas resbaladizas y posee mandíbulas poderosas, lo que le permite cazar peces incluso con mayor facilidad que el gato pescador (https://gatosyrespeto.org/2015/11/12/el-gato-pescador-una-especie-en-peligro/).

Su pelo es espeso, marrón rojizo en la parte superior de la cabeza y marrón ruano en el resto del cuerpo, con manchas blancas en la tripa. La cara es más clara que el resto del cuerpo, y tiene el hocico y la barbilla blancos. Desde la frente le bajan dos líneas blancas enmarcando el hocico. Los ojos están muy juntos, lo que mejora mucho su visión estereoscópica.

Desde la punta del hocico al nacimiento de la cola, mide entre 41 y 50 centímetros; la cola suele ser corta, de unos 14 centímetros. Pesa de 1,5 a 2,5 kilos.

Como hemos dicho antes, vive en humedales y selvas de tierras bajas, dos hábitats altamente modificados por la ocupación humana. Los pescadores del río Merang, en el sur de Sumatra, zona en la que aún existen selvas tropicales y turberas relativamente intactas, dicen verlos a menudo, pero tienden a confundir el gato de cabeza plana con el gato leopardo. La mayoría de los avistamientos más recientes (2014) han tenido lugar al noreste de Borneo, en las orillas del río Kinabagantan, donde se le ha grabado con cámaras nocturnas, y en la reserva de la selva de Tangkulap, así como en reservas creadas en las inmensas plantaciones de aceite de palma del este de Kalimantan y en la reserva de la selva Pasoh, en la península de Malasia.

Fotografiado en su entorno natural

Es un animal solitario que marca su territorio. Se ha observado que tanto los machos como las hembras en cautividad rocían orina avanzando en una posición agazapada, dejando un rastro en el suelo. Parece que desarrolla su mayor actividad entre las ocho y las once de la mañana, y las seis y las diez de la noche. Se alimenta mayormente de peces, aunque no hace ascos a las ranas ni a los crustáceos, y si no hay nada más a mano, a las ratas y a los polluelos. Se sumerge completamente en el agua y una vez atrapada la presa, suele llevarla a unos dos metros de la orilla, quizá para impedir que vuelva al río si se le escapa.

El periodo de gestación es de unos 55 días. De las tres camadas que han nacido en cautividad, una era de dos gatitos y las otras dos, de uno solo.

Sello de Indonesia

 

Sello de Camboya

El gato de cabeza plana tiene un maullido muy parecido al del gato doméstico y ronronea con facilidad. Dos ejemplares vivieron hasta los 14 años en un zoológico.

Sello de Laos

 

Sello de Malasia

La principal amenaza a la que se enfrentan es la destrucción y degradación que representan los asentamientos, la transformación de la selva en plantaciones, el secado de zonas húmedas, la contaminación, la tala, la caza y la pesca indiscriminadas. La rápida desaparición de los manglares en Asia tropical, la sobrepesca y la expansión de plantaciones de aceite de palma ponen en peligro al gato de cabeza plana, desde luego, pero también las trampas y el envenenamiento para proteger a las aves de corral.

Siempre nos esforzamos en buscar fotografías de gatos en su hábitat natural, pero en este caso, y muy a pesar nuestro, hemos debido conformarnos en la mayoría de los casos con imágenes del gato de cabeza plana en cautividad.


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Los gatos de “El amante doble”

Danton, Chloé y Louis

Acaba de estrenarse en España la última película del conocido realizador francés François Ozon, “El amante doble”, un thriller con un final de lo más inesperado, protagonizado por Marine Vacth y Jérémie Renier, este último en un doble papel, tal como deja entrever el título. El peso de la historia, además de recaer en actores de dos patas, también depende de dos espléndidos gatos llamados Milo y Danton en la ficción, y un tercero, disecado, llamado Luigi.

Chloé, Luigi y la vecina Rose

 

Chloé, Rose y Milo

Chloé, la protagonista, tiene un gato llamado Milo, un inteligente cartujo al que adora. Se enamora de Paul, que no siente una gran simpatía por Milo. Deciden vivir juntos y Chloé descubre que su nueva vecina, Rose, una mujer mayor algo extraña a la que da vida la magnífica actriz Myriam Boyer, adora a los gatos. Decide dejarle a Milo momentáneamente, convencida de que le cuidará bien. Rose tuvo un gato llamado Luigi que murió hace dos años, lo hizo disecar y ocupa un lugar de honor en la habitación vacía de su hija. El tercer gato, Danton, pertenece a Louis, y es un magnífico gato calicó. No nos hemos equivocado, es carey y macho, producto de una anomalía genética. Y esa anomalía genética es la clave de la película, pero no diremos nada más para no revelar el desenlace del thriller.

La vecina Rose y Luigi

 

Milo y Chloé

 

Milo y Chloé

Añadiremos que el director nos confió que para hacer el papel de Milo usaron a dos gatos idénticos; uno era perfecto para las escenas en que debía moverse y saltar, mientras que el otro no tenía problemas para quedarse en brazos de la protagonista. La gata – sí, en realidad es una gata carey – que interpreta a Danton está acostumbrada a participar en concursos felinos y, al parecer, tiene la capacidad de permanecer quieta en el mismo sitio sin inmutarse, pase lo que pase. Pero, por lo que nos contó François Ozon, hizo una excepción en este rodaje. En una escena clave, de gran tensión, el realizador no entendió por qué sus dos protagonistas empezaron a reírse a carcajadas hasta que Marine Vacth le señaló a la gata. Esta, probablemente harta de esperar en la misma posición encima de la perfecta chimenea de diseño, estaba defecando con total impasibilidad.

Milo y Paul

Pero volvamos a la anomalía genética que hemos mencionado antes. Todos los amantes de los gatos sabemos que los carey o calicó son hembras o, al menos, eso creemos. Pero aproximadamente uno de cada 3.000 es macho, y de estos, solo uno de cada diez mil es fértil. Los calicó casi siempre son hembras porque el cromosoma X contiene el locus del gen para el color naranja. En ausencia de otras influencias, como la inhibición de color que produce el pelo blanco, los alelos presentes en los locus naranjas determinan si el pelo es naranja o no. Las gatas hembras, como cualquier mamífero hembra, tienen dos cromosomas XX. Al contrario, los mamíferos machos tienen un cromosoma X y uno Y. Ya que el cromosoma Y no contiene el locus del gen naranja, no es posible que un macho tenga los dos genes (naranja y no-naranja) para ser carey.

Gato carey

Sin embargo, puede ocurrir que la célula sufra una división defectuosa y deje un cromosoma X extra en los gametos que producen al gato macho. Esto se reproducirá en cada célula y el animal tendrá tres cromosomas  XXY, el llamado síndrome de Kliefelter (una condición que también puede aparecer en el ser humano). Si es así, el gato será macho con un pelaje carey o calicó.

Main Coon tricolor

Hay casos aún más excepcionales llamados “quimeras”. Son individuos producto de la fusión de dos óvulos distintos fertilizados a la vez. Si estos dos óvulos, tanto si ambos son masculinos (XY-XY) o uno femenino y otro masculino (XX-XY), se unen, el gato puede acabar teniendo el fenotipo de un macho tricolor.

Gata calicó de “doble cara”

Añadiremos que el pelaje calicó y carey se debe a una mutación del cromosoma X. Es totalmente imposible cruzar gatos con la esperanza de conseguir gatos calicó; incluso si se clonasen, nada garantiza que los gatitos fueran tricolor. Por eso, cuando el 8 de octubre de 2016, la protectora californiana The Cat House on the Kings (https://gatosyrespeto.org/2015/01/08/santuario-felino-en-fresno-california/) se hizo cargo de una camada compuesta por cinco gatitos tricolor ya les pareció algo poco común. Pero que, además, dos de estos gatitos fueran machos, es algo que va en contra de todas las probabilidades.

Uno de los gatitos machos

En mayo de 2013, Richard Smith y su novia llevaron a su gato Jake al veterinario para vacunarle. Al enterarse del nombre del gato, el veterinario les dijo que era una hembra, no un macho. Richard y su novia insistieron en que era un gato. Después de un breve examen, el veterinario no tuvo más remedio que rendirse ante la evidencia. Estaba delante del primer gato calicó macho que había visto en todos sus años de práctica. Richard Smith no tenía la menor idea de que Jake fuera un gato tan especial.

Jake

Sean hembras o machos, muchas culturas creen que los gatos tricolor traen buena suerte. En Estados Unidos, a veces se les llama “gatos del dinero” y el animal emblemático del estado de Maryland es una gata tricolor. Originalmente, el famoso maneki-neko japonés era calicó.