Gatos y Respeto

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Los gatos negros y el melanismo

Gato negro, cruza mi camino; protege mi techo y mi hogar, y cuando esté lejos de casa, tráeme suerte allá donde esté. (Poema inglés)

Las leyendas acerca de los gatos negros cambian de un país a otro. Dan suerte en el amor a las muchachas de Gran Bretaña. En Yorkshire se creía que tener un gato negro en la casa ayudaría al pescador a volver sano y salvo, y que si un gato negro se instalaba en un barco, solo podía traer buena fortuna. En Escocia, que entre un gato blanco en casa trae mala suerte, pero uno negro, todo lo contrario. No son nada bien vistos en Italia y, al contrario, muy respetados en Japón.

Bosque de Noruega

Pero ¿de dónde les viene la mala fama? La caza al gato, y particularmente al gato negro, empezó en 1233, cuando el Papa Gregorio IX anunció que el diablo se presentaba ante sus adoradores convertido en gato negro. Durante siglos, hasta entrado el XIX, se quemó y torturó a los gatos, y no solo a los negros. Quizá la naturaleza independiente, nada servil del gato, moleste al ser humano.

Pero hablemos de gatos negros. Algunos expertos en comportamiento animal creen que existe una relación entre el color del pelo y el comportamiento: “Los gatos negros son más sociables en general, tanto con otros gatos como con los seres humanos. Son animales tranquilos y muy buenas mascotas”.

Debemos decir que no estamos totalmente de acuerdo con este último comentario. De los seis gatos negros que hemos tenido, algunos eran muy tranquilos y cariñosos, una era una auténtica fiera, y ahora uno no soporta a los gatos atigrados, se las arregla para hacerles la vida imposible, pero protege y juega con otro gato negro de ocho meses.

La Cat Fanciers’ Association (CFA) (Asociación de entusiastas de los gatos) reconoce veintidós razas con pelo monocolor negro, de los que solo el Bombay es siempre negro. La pigmentación negra monocolor es algo más prevalente en machos que en hembras, y el elevado contenido de melanina hace que la mayoría tengan los ojos amarillos.

El ser humano siempre se ha sentido fascinado por los animales de color negro, quizá porque su color se asocia a la noche, siempre misteriosa y mágica, llena de hadas, brujas y otros seres que solo se dejan ver a la luz de la luna.

El llamativo pelo negro se debe a una producción anormal de melanina, un pigmento de la piel. Si ambos padres son portadores del gen melanístico, la camada puede estar compuesta por gatitos de otros colores y algunos melanísticos. La carencia de este pigmento produce albinismo (https://gatosyrespeto.org/2017/12/14/los-gatos-blancos-y-la-sordera/).

Hay gatos negro carbón, negro grisáceo o negro amarronado. La mayoría de los gatos negros tienen además un gen recesivo que reprime en parte las marcas atigradas, pero otros dibujos muy diluidos pueden aparecer según el tipo de luz, incluso en un gato totalmente monocolor.

Gato humo negro

Los gatos negros con la raíz del pelo blanca suelen llamarse “humo negro”. Algunos también se “oxidan” a la luz del sol, y el pelo se “amarrona”. La eumelanina, el pigmento requerido para producir pelo negro, es bastante frágil, y la oxidación puede ser más pronunciada en gatos que pasan tiempo al sol.

Gato negro con el pelo oxidado

Gato humo negro

Otros famosos felinos melanísticos son los leopardos y jaguares, a los que suele denominarse “panteras negras”. Tener el pelo negro ofrece ciertas ventajas. Los felinos cazan sobre todo de noche y cuanto más oscuros, más difícil será que sus presas les descubran. Y hay más beneficios, aunque sean menos obvios. Se ha determinado que los felinos con melanismo son más resistentes a las infecciones virales, y esto explicaría la presencia de felinos melanísticos en áreas donde el camuflaje negro no ofrece una ventaja especial. El mal afamado gato negro quizá sea más afortunado que sus compañeros más claros.

Panteras

Jaguar

La coloración melanística es un polimorfismo habitual en once de las treinta y siete especies de félidos, alcanzando un elevado número de población en algunos casos, pero nunca llega a fijarse completamente. La pantera negra (o leopardo melánico) es un animal habitual en las selvas tropicales de Malasia y de las vertientes de algunas montañas africanas, como el monte Kenia, y pueden verse servales negros en algunas zonas del este de África. La coloración del yaguarundí, que se encuentra desde México a Argentina, puede pasar del marrón al gris oscuro.

Serval negro

Jaguar

La undécima especie félida de las treinta y siete antes mencionadas es el gato doméstico. En su caso, la monocolaración se debe a un alelo recesivo (ASIP-A2) conocido como no-agutí y solo ocurre cuando existen homocigotos recesivos. El color negro se debe a un alelo B dominante dentro del gen felino primario para el color del pelo (B/b/b1).

Serval con melanismo

Dicho eso, mencionaremos que en Estados Unidos, el Día del Gato Negro es el 17 de agosto, y en el Reino Unido e Irlanda del Norte, el 27 de octubre. Francia adoptó el mismo día que Estados Unidos. En Argentina y varios países latinoamericanos parece que se han inclinado por la fecha otoñal.

Pantera

A modo de anécdota añadiremos que al principio de la televisión, muchos canales con el número 13 escogieron a un gato negro como logo. El color negro se asocia con el anarquismo desde 1880 y este movimiento también adoptó a un gato negro como símbolo, sobre todo el anarcosindicalismo.

Gato anarquista

Y para acabar, parece ser que con el enorme éxito de la película de superhéroes “Black Panther”, estrenada en 2018, mucha gente decidió adoptar a un gato negro y ponerle el nombre de alguno de los personajes. Muchas protectoras, por miedo a que los animales fueran abandonados una vez pasada la moda, pidieron que se rellenaran cuestionarios para asegurarse de las buenas intenciones de los “clientes”.

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Los gatos del castillo de Pierrefonds

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

A una hora y poco en coche al norte de París, en una bonita región llena de ríos y valles, se encuentra un célebre castillo llamado Pierrefonds. Erigido en el siglo XII, Carlos VI se lo regaló, dos siglos después, a su hermano Luis, duque de Orleans, que le encargó la reconstrucción a Juan el Negro, arquitecto de la corte.

Antes de la restauración

En marzo de 1617, durante el reinado de Luis XIII y su lucha contra el feudalismo instigada por el cardenal Richelieu (otro gran amante de los gatos, ver https://gatosyrespeto.org/2015/01/13/los-gatos-del-cardenal-richelieu/), fue tomado por el príncipe de Condé y su eminencia ordenó su destrucción al ser uno de los bastiones del “Partido de los descontentos”. Esta no se llevó a cabo completamente debido a la enormidad de la tarea, pero arrasaron las murallas, destruyeron los tejados y perforaron los muros del enorme edificio.

Jean Baptiste Corot

Durante los dos siglos siguientes, las inclemencias del tiempo se encargaron de seguir la lenta destrucción. Napoleón I lo compró en 1810 por menos de 3.000 francos de entonces. Considerado una ruina romántica muy de moda en el XIX, fue clasificado monumento histórico en 1848. El famoso pintor Corot pintó las ruinas en varias ocasiones entre 1834 y 1866.

En la actualidad

Luis-Napoleón Bonaparte visitó el castillo en 1850, antes de convertirse en Napoleón III, y se quedó subyugado por la ruina. Ya emperador, le pidió al famoso arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc que restaurara el monumento. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver este monumental castillo con el tema que nos interesa. Muy sencillo, Viollet-le-Duc adoraba a los gatos. Su pasión era tal que distribuyó nada menos que 36 estatuas de gatos (algunos dicen que 80, pero nos parece algo exagerado)  por las alturas del castillo entre un bestiario alucinante.

Viollet-le-Duc

Puede que una de las representaciones más sorprendentes ideadas por el arquitecto sea la de una gata llevando un gatito en la boca. La mayoría de los gatos parecen estar decorando los laterales de las ventanas de las buhardillas, y no deben ser fáciles de ver dada la altura del castillo.

Viollet-le-Duc decía: “Restaurar un edificio no es consolidarlo, repararlo o rehacerlo, sino restablecerlo en su totalidad a un estado que quizá no haya existido jamás”. Esta frase resume, en cierto modo, el gusto romántico del XIX, sobre todo a partir de los años treinta. El arquitecto no intentaba restablecer los edificios tal como habían podido ser, sino plasmar lo que imaginaba que habían podido ser. De ahí los gatos de Pierrefonds.

Dibujos de Viollet-le-Duc para el castillo de Pierrefonds

El gato no fue un animal muy representado en el románico ni en el gótico, pues se inclinaban por un bestiario fantástico, mucho más simbólico. Dudamos que Juan el Negro en siglo XIV se hubiera dedicado a decorar las aristas del castillo con gatos, perros o pelícanos. Con eso no estamos diciendo que no se “decoraba”. Al contrario, los interiores de castillos, iglesias y edificios civiles estaban completamente cubiertos de frescos y la piedra no se veía.

Pero Viollet-le-Duc amaba a los gatos y aprovechó para plasmarlos en Pierrefonds. Habría podido hacer lo mismo en su restauración de las murallas de la famosa ciudad de Carcasona, al sur de Francia, cuya reconstrucción tampoco tuvo mucho que ver con el original, pero allí se limitó a una arquitectura mucho más supuestamente “medieval”, más austera, sin apenas decoraciones. Debemos reconocer que las fortificaciones no dan para tanto.

Nació en París el 27 de enero de 1814, en el seno de una familia acomodada; su padre era un alto funcionario. Se le considera en gran parte autodidacta, y su formación se debe a varios viajes que realizó por Francia e Italia entre 1835 y 1839, y también porque trabajó como adjunto en Edificios Civiles con el arquitecto Achille Leclère. En 1840, Próspero Mérimée – sí, el autor de la novela corta “Carmen” que escribió después de un viaje a España -, inspector general de monumentos históricos, le confió la restauración de la basílica de Santa Magdalena de Vézelay, lo que marcó el comienzo de una brillante carrera.

Dos años después se ocupó, con Jean-Baptiste Lassus, de la restauración de la catedral de París, que estaba en un estado lamentable. Al contrario de lo que pasó en Pierrefonds, fue de lo más respetuoso y no se permitió la más mínima libertad con las estatuas que habían sido destruidas. Basándose en obras similares de catedrales de la época, consiguió restituir la mayoría de la decoración.

Gato atacando soldaditos de plomo, dibujo de Viollet-le-Duc

No empezó a reconstruir Pierrefonds hasta 1858, y a pesar de la enormidad de la tarea encontró tiempo para diseñar varias casas particulares e iglesias, así como vidrieras, monumentos funerarios y muebles.

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

En 1874 se le encargó la renovación de la catedral de Lausana, Suiza. Fue su última obra, ya que falleció el 17 de septiembre de 1879 en esta ciudad.

Carta de Viollet-le-Duc dirigida a su padre desde Roma (3-12-1836)

Viollet-le-Duc interpretaba los monumentos según una racionalidad científica poco acorde a la invención creadora de los constructores medievales, lo que le valió ser muy criticado en el siglo XX, pero gracias a él y a la atracción que sintieron los intelectuales del XIX por la arquitectura románica y gótica, se consiguió salvar numerosos monumentos que probablemente habrían desaparecido. Además, ¿a quién no le apetece visitar un castillo “medieval” con unas cuarenta bellas representaciones de gatos? ¿Qué importa si la arquitectura no es exactamente lo que fue en realidad?

Casa de Viollet-le-Duc (1863), 68 Calle de Condorcet, París

Detalle


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Gatos en radiadores de automóviles

¿Quién no conoce la pantera de la marca Jaguar o la estrella de tres puntas de Mercedes? Estos son los dos que nos vienen a la mente, pero numerosas marcas de automóviles tienen un símbolo que suele colocarse en la parte delantera del capó. En Inglaterra lo llaman “car mascot”, mascota de coche; en otros países, adorno de vehículo. Montado en la tapa del radiador, se convirtieron en reclamo o decoración para personalizar el automóvil desde la aparición de este.

Gato con botas (Hansi Siercke, 1920)

Henri Molins

Los primeros automóviles tenían la tapa del radiador en el capó, encima de la rejilla, y la figura servía de indicador de la temperatura del agua. La empresa Boyce MotorMeter obtuvo la primera patente en 1912 de una tapa de radiador que contenía un termómetro. Medía la temperatura del vapor de agua, no del agua en sí, y el conductor podía verlo desde su asiento. Muy pronto alguien tuvo la idea de instalar un ornamento encima de la tapa “medidora” de temperatura.

Gato enfadado (Douglas Moulden)

Gato furioso (Charles Paillet, 1871-1937)

 

 

 

 

 

 

 

Los primeros interesados fueron los fabricantes de coches y las empresas dueñas de flotas de vehículos. Empezaron a surgir negocios dedicados a la fabricación de adornos de radiador en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países. Los dueños de coches de lujo convencieron a famosos escultores como François Bazin, Charles Paillet,  Charles Robinson Sykes y A. Renevey para realizar delicadas miniaturas que encajaran en el capó de sus preciados automóviles. Sykes se hizo famoso al diseñar el “Spirit of Ecstasy” (Espíritu del éxtasis) que adorna los capós de los Rolls-Royce.

Gato caballero (Henri Payen)

Gato con botas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las figuras escogidas por los diseñadores y los clientes eran muy diversas, bailarinas, mujeres aladas, arqueros, lanzadores de jabalina, napoleones, gaiteros, esfinges, así como animales de todo tipo, mitológicos o reales, como caballos (con o sin alas), pájaros varios (con una marcada preferencia por el halcón y el águila), perros de cualquier tamaño y raza, ardillas, felinos (leones, panteras) y… gatos.

El gato Félix

Max Le Verrier

En los años veinte y treinta, numerosos propietarios de vehículos adornaban el capó de su coche con un gato. Hemos encontrado gatos con botas, gatos enfadados, gatos lectores y gatos lavándose diseñados por escultores como Max Le Verrier, que se dio a conocer por sus objetos prácticos y sus adornos para automóviles de estilo Art Déco.

Gato en la luna (1925)

Gato en la luna (Citroën)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El famoso diseñador y creador de objetos de cristal René Lalique diseñó su primera mascota en 1925, cinco caballos de perfil, y la colocó en su Citroën 5CV. Entre 1925 y 1931, las mascotas de Lalique decoraron los capós de Bentley, Bugatti, Hispano-Suiza, Isotta-Fraschini y Mercedes-Benz. Curiosamente, jamás diseñó ornamentos para coches con forma de gato, sin embargo, hay numerosas figuras de gatos sentados o tumbados firmadas por este creador. Para acabar con Lalique, añadiremos que el adorno más buscado por los coleccionistas es la figura de un zorro de cristal esmerilado que se vendió por 300.000 dólares.

René Lalique

Las mascotas de coches fueron muy populares desde principios de los años veinte hasta finales de los cincuenta. Hoy en día, solo hemos podido encontrar una empresa dedicada a su fabricación, Louis Lejeune Ltd., en Inglaterra.

Gato lavándose (G. Gardet,1863-1939)

Gato lavándose (E. Samson)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez hay más restricciones para los ornamentos colocados en la parte delantera de los vehículos debido al riesgo que representan para los peatones en caso de atropello. En Estados Unidos, a partir de los setenta, las “mascotas” de coche debían ir montadas sobre una base flexible para que pudieran doblarse sin romperse en un accidente. En la Unión Europea, y a partir de 1974, el “espíritu del éxtasis” de Rolls Royce va sobre un mecanismo retráctil que le permite entrar en el radiador si recibe un golpe cuya fuerza supere los 98 neutonios. Otros ornamentos están diseñados para soltarse del pie si sufren un impacto.

Gato humorista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tapa de radiador se convirtió en arte durante unas décadas y no solo plasmó la visión del fabricante del coche en el caso de las marcas, también habló de la personalidad del dueño que encargaba, por ejemplo, un “gato en la luna” para encajar en la tapa del radiador. Todos los gatos que aparecen aquí tienen algo que decir acerca de la persona que los encargó o escogió y colocó en la parte más vistosa del coche que acababa de comprarse.

Antoine Elie Ottavy (1897-1951)

Louis Rigot

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, si van a Turquía de vacaciones y son fans de los automóviles, no se pierdan el “Key Automotive Museum”, fundado por Efe Uygar y Murat Özgörkey, donde podrán ver una colección de 300 adornos para coches. Según Uygar “la primera mascota para vehículo fue un halcón con un sol por cresta montado en el carro del faraón Tutankamón”.


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Gatos en tejados

En realidad deberíamos titular esta entrada “Gatos de cerámica en tejados” ya que nos referimos a las piezas decorativas en forma de gato que se colocan en los tejados. Las hay de dos tipos, el fastigio propiamente dicho, que marca la parte superior o el final de algún elemento arquitectónico, y la teja decorativa. También llamados remates de pináculo o espantabruxas, en España son poco frecuentes y casi inexistentes los que representan a un gato. Solo hemos encontrado un ejemplo encima de una chimenea en el pueblecito de Fiscal, en Huesca.

Espantabruxas (Fiscal, Huesca)

También creíamos que serían elementos decorativos habituales en el Reino Unido o en Alemania, pero no es así. Aunque hay tejas decorativas modernas en forma de gato, parece una tradición bastante reciente. Sin embargo, los “épis de faîtage”, como se llaman en Francia, aún abundan en ese país, donde varias empresas se dedican a su fabricación. Y lo mejor es que hay maravillas felinas en los tejados, sobre todo en la zona del centro y del noroeste.

Erigidas en la cima de los tejados, las tejas decorativas son un elemento y un símbolo. En su origen servían para reforzar la impermeabilidad de la estructura, y poco a poco se convirtieron en un elemento de decoración. Su presencia en los tejados de Occidente remonta al siglo XI; entonces no era más que un sencillo recipiente redondo de barro cocido, como se ve en alguna miniatura o en la famosa tapicería de Bayeux. Luego, en el siglo XIV se empiezan a utilizar piezas esmaltadas y con policromía, pero siguen siendo redondas para ofrecer menos resistencia al viento.

Teja decorativa (Francia, siglo XIX)

Progresivamente aparecen motivos florales, formas de animales e incluso máscaras, por lo que incrementa la demanda de artesanos ceramistas, decoradores y techadores. En el Renacimiento, estas decoraciones se extienden incluso a las casas más humildes. Las formas más clásicas consisten en dos o tres bolas de cerámica colocadas una encima de otra, pero cambian mucho según la región y se colocan generalmente en los hastiales. Alcanzan su mayor auge en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX, con animales, sobre todo el gallo, símbolo nacional, y también caballos, pájaros y… gatos. Pierden importancia después de la Primera Guerra Mundial.

Antigua teja decorativa (Inglaterra)

Teja decorativa (Francia)

Actualmente vuelven a estar de moda las tejas decorativas, no solo en Francia, sino en Gran Bretaña. La mayoría de los ejemplos que incluimos aquí son franceses. La “Casa del Gato”, en La Rochelle, fue construida en 1926 por Maurice Morguet, arquitecto oficial del departamento, en estilo neonormando. Un gato de cerámica en el tejado más adelantado le dio su nombre. Desde la casa se divisa el famoso puerto de La Rochelle y sus torres.

La Casa del Gato (La Rochelle)

La Casa del Gato (La Rochelle)

En el tejado de una de las casas más antiguas de la capital de la Borgona, Dijon, construida en 1483 por el mercader pañero Guillaume Millière y su esposa Guillemette, vemos a un gato y, enfrente, un soberbio búho. El edificio, declarado monumento nacional, es ahora un restaurante, y el Ayuntamiento se encargó de restaurar a los dos animales para que recuperaran todo el esplendor de antaño. El animal fetiche de la ciudad es la lechuza. De hecho, si pasan por Dijon, no olviden visitar una pequeña representación del ave en una de las paredes exteriores de la iglesia de Notre-Dame.

Gato y búho (Dijon)

También hay un gato en el tejado del hotel “Normandy”, en Deauville, Normandía, antaño la ciudad donde la aristocracia francesa iba de vacaciones. Luego llegaron los hoteles y el casino, los turistas adinerados y, posteriormente, el famoso hipódromo de la Touques.

Hotel Normandy

Muy al norte de Europa, en Riga, capital de Letonia, encontramos otra famosa “Casa del Gato”, construida en 1909 según los planos del arquitecto Friedrich Scheffel. Es famosa por las esculturas de dos gatos idénticos en hierro fundido, con la espalda arqueada y el rabo tieso, cada uno coronando un torreón.

La Casa del Gato (Riga)

Dos leyendas explican el porqué de los gatos en sendos torreones. Una, la más conocida y la que suele contarse a los turistas, dice que el Gremio de Comerciantes, también conocido como Gran Gremio, rechazó al mercader que encargó la construcción del edificio. Este, para vengarse, encargó los dos gatos e hizo que los colocaran con las colas en dirección a la sede del Gran Gremio. Otra leyenda, la más antigua, cuenta que el mercader estaba enfadado con el Ayuntamiento de Riga y quiso insultar al consistorio colocando a los gatos en esta posición. Sea como fuere, los gatos deben tener una magnífica vista de toda la ciudad.

La Casa del Gato (Riga)

Los gatos policromados que reproducimos aquí son de loza decorada y su fabricación requiere nueve etapas empezando por el molde. Algunos moldes pueden estar compuestos por treinta piezas, dependiendo de la complejidad del modelo. Una vez separado el molde del objeto de barro crudo, este debe secarse, proceso que varía desde algunas horas a varios días. A continuación se pule el objeto para dejarlo liso y sin imperfecciones antes de proceder a su engobe y poder aplicar el esmalte.

Oise, Francia

Gato cazando

Se cuecen en un horno de alfarería, proceso que tarda unas 34 horas. Durante las primeras 24 horas, la temperatura sube 20º centígrados cada hora, y en las diez siguientes, 70º cada hora. El horno alcanza un máximo de 1.180 º, se apaga y empieza a enfriarse. Nunca debe abrirse estando caliente para que no se rompan las piezas. En este caso, nos referimos a un horno de leña, pero los tiempos no son mucho más cortos para los hornos eléctricos actuales.

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Entonces se esmaltan las piezas, pero como los esmaltes son polvos que prácticamente carecen de color, debemos tener en cuenta que los colores reales no aparecerán hasta que los objetos vuelvan a cocerse en el horno, que esta vez no sobrepasará los 980º.

Veleta gato


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Gatos del siglo XVI por Ulisse Aldrovandi

Ulisse Aldrovandi, nacido el 11 de septiembre de 1522 en Bolonia, está considerado como el padre de la Historia Natural moderna. Entre todos los animales y plantas que describió minuciosamente no olvidó al gato, dedicándole numerosos grabados, algunos realmente curiosos.

Gato de seis patas

Era hijo de Teseo Aldrovandi, un noble sin fortuna que trabajaba como secretario del Senado de la ciudad y que falleció cuando Ulisse tenía siete años. Su madre era Veronica Marescalchi, pariente del Papa Gregorio XIII. Se cuenta que Ulisse siempre tuvo mucho carácter y que a los 12 años se fue de su casa sin dinero y llegó a Roma, aunque regresó a su ciudad natal por su madre.

Ulisse Aldrovandi

A los 14 años fue aprendiz amanuense con unos mercaderes, pero no tardó en decantarse por las Matemáticas, el Latín, el Derecho y la Filosofía, primero en la Universidad de Bolonia y posteriormente en la de Padua, donde también estudió Medicina. Se licenció en Medicina y Filosofía en 1553 y al año siguiente empezó a enseñar Lógica en la Universidad de Bolonia. En 1561 se convirtió en el primer profesor de Ciencia Natural de dicha universidad con el siguiente título: Lectura philosophiae naturalis ordinaria de fossilibus, plantis et animalibus.

Del libro Opera Omnia

En 1549 conoció al botánico Imolese Luca Ghini, que le hizo interesarse por las plantas. Ese mismo año fue acusado de herejía al adherirse a las doctrinas antitrinitarias del franciscano Camillo Renato, y a pesar de publicar una abjuración fue llevado a Roma hasta su absolución en 1550. Durante su arresto domiciliario se interesó cada vez más por la botánica, la zoología y la geología. A su regreso a Bolonia organizó numerosas expediciones a las montañas, al campo, a la costa y a las islas cercanas para recoger plantas y catalogarlas.

Gato salvaje de Natura Picta

En 1568, y a propuesta suya, el Senado de Bolonia fundó el Jardín Público, del que fue director durante treinta y ocho años. El primer Jardín se estableció en el interior del Palazzo Pubblico, en pleno centro de la ciudad, cerca del aula donde enseñaba. Era un gran amigo de Francesco de Medici, el gran duque de Toscana, y le ayudó a llenar los jardines de Pratolino de valiosas plantas.

A causa de una disputa con los apotecarios y médicos de Bolonia acerca de la composición de la triaca o teriaca, un preparado polifármaco compuesto a veces por más de 70 ingredientes de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora, fue apartado de todo cargo público en 1575. Dos años después, y gracias a que el Papa Gregorio XIII escribió a las autoridades en su favor, pudo retomar las actividades públicas. El Papa también le prestó ayuda financiera para publicar algunas obras.

Realizó una intensa actividad empírica y participó activamente en el debate sobre el estudio de la naturaleza, centrado en la interpretación averroísta de los escritos aristotélicos sin condicionamiento metafísico o religioso. Además de recopilar materiales para un herbario y un gabinete, intercambió ideas con otros científicos de la época.

Le llamaron “el Aristóteles de Bolonia” y también “el segundo Plinio”, y como este último, dedicó gran parte de su vida a recopilar datos para una monumental enciclopedia de miles de páginas llamada “Storia Naturale”. De los catorce volúmenes in folio, diez fueron publicados póstumamente entre 1606 y 1668, y todos contienen ilustraciones y descripciones basadas, en la mayoría de los casos, en observaciones directas. Publicó muy pocas obras en vida, y su gran reputación se basaba sobre todo en las colecciones conservadas en su famoso gabinete, considerado como la “octava maravilla del mundo”, al que definía como “teatro” o “microcosmos de la naturaleza”, y que contaba con 18.000 “cosas diversas” y 7.000 plantas naturales secadas.

Ulisse Aldrovandi contó con la ayuda de artistas como Agostino Carraci, Teodoro Ghisi y Jacopo Ligozzi para crear un enorme archivo de dibujos de más de 8.000 hojas, de las que aún se conservan 3.000 planchas en la Biblioteca Universitaria de Bolonia. Murió a los 82 años, el 4 de mayo de 1605, y al carecer de herederos legó su herencia científica y su increíble colección al Senado de Bolonia, que encargó la custodia a Bartolomeo Ambrosini. Lo poco que queda hoy puede visitarse en el Palazzo Poggi de Bolonia.

El gabinete del científico

No sabemos qué opinaba el gran naturalista de los gatos, pero por los dibujos que incluyó en sus libros, todos tienen una expresión afable. Algunos son de lo más extraño, como el dibujo del gato doble de frente y de espaldas incluido en “De Monstrorum Historia”, publicada en 1542, pero en este caso, el título habla por sí solo.

De Monstrotum Historia

Puede sorprender el dibujo del gato de pie sin patas delanteras, pero encontramos otro similar de un perro. Algunos animales nacen sin patas delanteras o traseras, y Ulisse Aldrovandi se dedicó a observar la naturaleza personalmente. Incluso reprochó a los “antiguos” que no describieran con detalle a los animales que Alejandro Magno trajo de sus conquistas.

Vivió en un periodo de transición, y los científicos como él se veían obligados a menudo a fiarse de descripciones realizadas por viajeros, mercaderes y aventureros que regresaban de tierras lejanas embelleciendo o inventándose animales y otros seres a los que supuestamente habían visto. Por esa razón, Aldrovandi también se dedicó a hacer minuciosas caracterizaciones de sirenas y otros animales fabulosos.

Segundo gato de seis patas

Pero desde el punto de vista práctico, y a pesar de algunas limitaciones, realizó estudios de embriología que posteriormente influyeron a Voucher Coiter, uno de los fundadores de esta rama científica. Observó día tras día el desarrollo del polluelo en el huevo y demostró, al igual que Aristóteles, que la formación del corazón es anterior a la del hígado.

De Monstrorum Historia

Se esforzó en colocar la botánica y la farmacología en un plano científico. La lucidez de las sugerencias encontradas en una obra sin publicar en torno a la salud pública y el saneamiento de la ciudad de Bolonia sugieren que fue un pionero de la higiene y de la farmacología, lo que explicaría su disputa con los apotecarios. No realizó ningún descubrimiento revolucionario, pero está entre los primeros científicos que se empeñaron en que la ciencia natural debía basarse en una observación directa de los animales, vegetales y minerales.

Ulisse Aldrovandi


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El gato bobtail japonés, su historia

El bobtail japonés es un gato doméstico conocido desde hace al menos mil años en Japón y Corea, y probablemente más en China. Se le menciona por primera vez en un manuscrito del tutor de la emperatriz de Japón en el año mil, y aparece habitualmente en grabados, pinturas, objetos. ¿Quién no ha visto un maneki-neko, o gato de la buena suerte, con su pata derecha levantada? Es un bobtail japonés.

Maneki-neko del año 1900

La característica más llamativa de esta raza natural es su curioso rabo, que no tiene nada que ver con una mutación o una hibridación. El rabo corto y rígido se debe a un gen recesivo que sigue apareciendo sin que los bobtails se apareen entre sí. Al contrario del gen dominante en los gatos Manx, este gen no se asocia con problemas de los huesos. El bobtail tiene menos vértebras en el rabo, e incluso algunas se fusionan, pero lo más curioso es que ninguno posee una cola igual. Para que se le considere un auténtico bobtail, el rabo estirado no debe sobrepasar los diez centímetros.

El bobtail clásico, el favorito en Japón y el más representado, es un gato mayormente blanco con manchas negras y pelirrojas, o sea tricolor, pero los hay de muchos colores, con manchas más o menos grandes dispuestas de diversas maneras. También pueden tener los ojos de diferente color.

Al parecer, los bobtails fueron gatos de palacio o de personas pudientes y no solían verse por las calles. Algunos documentos indican que el emperador Ichijo (986-1011) fue el primero en llevar ejemplares a Japón desde China. Pero habría podido llegar incluso antes, durante el periodo Asuka, en el siglo VI, con otros apreciados artículos de la cultura china.

Sin embargo, en 1602, las autoridades publicaron un decreto ordenando que todos los gatos debían servir para deshacerse de los ratones y ratas que infestaban los criaderos de gusanos de seda, almacenes, etcétera. Esto significó que los gatos ya no pudieron pasar la vida en casas y salir con correa; es más, se prohibió la venta y compra de gatos. A partir de ese día, los bobtails se reunieron en las calles y campos con sus congéneres de largas colas para descubrir un mundo nuevo en el que probablemente pasaron hambre, aunque salvaran la industria de la seda.

Unos años después, concretamente en 1697, se edificó el famoso tempo Gotokuji en Tokio, cuyas paredes están decoradas con frescos de bobtails. Los gatos del templo fueron los precursores de los maneki-neko, que hoy van camino de invadir el mundo y rodean el templo por centenares. Incluimos algunos grabados del famoso Utagawa Kuniyoshi (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/).

Las 53 estaciones (Utagawa Kuniyoshi)

En 1701, el naturalista y explorador alemán Engelbert Kaempfer describió la flora, la fauna y los paisajes de Japón en su libro “Engelbert Kaempfer: Heutiges Japan” (El Japón de hoy): “Solo he visto una raza de gato doméstico. Tiene amplias manchas amarillas y negras sobre pelo blanco; su rabo es muy corto y parece que se lo han torcido y roto. No le interesa cazar ratas ni ratones, solo quiere que las mujeres le lleven en brazos y le acaricien”.

Utagawa Kuniyoshi

Utagawa Kuniyoshi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cola vestigial suele medir cinco centímetros, pero si se endereza, alcanza el doble. A primera vista, no se nota que está “enrollada” al quedar disimulada por el pelo y adquirir la forma de un pompón. Suele ser un gato de tamaño medio, alargado, delgado, aunque musculoso, y de hombros anchos, tanto como los cuartos traseros. Es alto y las patas traseras son algo más largas que las delanteras, lo que tampoco se nota cuando está en actitud de reposo porque las dobla ligeramente. Tiene un rostro triangular con orejas de buen tamaño, ojos grandes y ovalados. Al ser una raza natural cuya genética no ha sido manipulada por el hombre, es un gato resistente sin problemas de salud.

Los gatos son animales muy queridos en Japón, como lo demuestran los neko-cafés o el popular maneki-neko, y ocupan un lugar importante en el folclore, aunque no siempre se han visto con buenos ojos. Como en otros lugares del mundo, despertaban la desconfianza, pero el bobtail era considerado un gato de la suerte, de buen augurio, mientras que su hermano rabilargo era el nekomata (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), una especie de espíritu maligno.

Una leyenda cuenta que en la era Edo, en el siglo XVII, la gran época de los señores feudales, había en Tokio un templo en muy mal estado donde vivía un pobre monje que, a pesar de tener poco para llevarse a la boca, lo compartía todo con su gata Tama. Un buen día, Naotaka Ti, un señor feudal de gran importancia, se vio sorprendido por una terrible tormenta en los alrededores del templo. Vio que una gata blanca rabicorta, con manchas negras y marrones, levantaba la pata como indicándole que se acercara. Asombrado, se atrevió a dejar el árbol bajo el que se había cobijado para ver de cerca a tan singular felino. En ese mismo momento, un rayo cayó sobre el árbol partiendo la enorme rama bajo la que se resguardaba. El señor reparó el templo, y el monje y Tama jamás volvieron a pasar hambre. Así nació el maneki-neko.

Bobtail de cerámica

Gato y linterna (Kobayashi Kiyochika, 1886)

También existe una leyenda acerca del origen del rabo corto de los bobtails. Cuenta que un gato dormía tan cerca de un brasero que se le incendió la cola. Aterrado, cruzó la ciudad corriendo, prendiendo fuego a todo lo que encontraba en su camino. Al ser las casas de madera, las llamas se propagaron con rapidez y la ciudad se quemó. El emperador decretó que debía cortarse el rabo a todos los gatos del país como medida preventiva.

El bobtail es, sin lugar a dudas, el gato que más tiempo lleva en Japón y el más apreciado.


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El gato de Dick Whittington, alcalde de Londres

Richard Whittington tal vez sea el más famoso de todos los alcaldes de Londres, en parte por lo que consiguió en vida y también por convertirse, desde el siglo XVII, en el protagonista de una historia en la que un pobre aprendiz se hace rico y famoso gracias a su gato.

La historia de sir Richard Whittington (1770)

Se sabe que el auténtico Richard Whittington nació hacia 1354 y murió en 1423, a los 69 años. Era el cuarto hijo de sir William Whittington, un noble caballero de Pauntley, en Gloucestershire. Tenía muy pocas probabilidades de recibir algo en herencia, por lo que se fue a Londres para buscar fortuna y aprender un oficio, concretamente el de “mercero”, es decir, comerciante de lujosas telas importadas de Italia. Mucha gente del campo iba a trabajar a Londres, pero no era tan normal que lo hiciera un hijo de familia noble.

No cabe duda de que sus orígenes y probablemente el dinero que le dio su padre le ayudaron a establecerse con mayor facilidad. En 1392 vendió telas por más de 3.000 libras esterlinas al rey Ricardo II. Además, no solo importaba telas, también exportaba la famosa lana escocesa. Gracias a su creciente fortuna prestó dinero a la Corona, y aunque la Iglesia no permitía cobrar intereses en estos préstamos, solían agradecerse mediante privilegios, prebendas y cargos.

Grabado de Gustave Doré

Richard Whittington se llevaba muy bien con Ricardo II, y en junio de 1397, harto del pobre gobierno que regía Londres, el Rey le nombró Alcalde, aunque este cargo solía depender de la elección de los ciudadanos. El siguiente octubre, los londinenses eligieron a Whittington, lo que demuestra que no debió hacerlo mal. Ocupó el cargo hasta 1399. Le reeligieron en 1406 hasta 1407 y en 1419 hasta 1420, convirtiéndose en uno de los pocos alcaldes de Londres elegido en tres ocasiones.

Estatua en Guildhall

Se casó con Alice, la hija de sir Ivo Fitzwarren, un noble de Dorset, y ella murió en 1410. No volvió a casarse. Al no tener herederos, dispuso antes de morir que parte de su fortuna sirviera para fundar instituciones caritativas. Cinco mil libras esterlinas se repartieron entre un colegio de sacerdotes y un asilo para trece pobres, hombres y mujeres, ambos en su parroquia. Al contrario de lo que solía hacerse, no encargó a la Iglesia que administrara los dos centros, sino al Colegio de Merceros, sentando un precedente que adoptaron muchos posteriormente.

La historia de Dick Whittington y su gato se consignó en papel por primera vez en 1605 y dice así: “Hace mucho vivía un muchacho muy pobre llamado Dick Whittington. No tenía padre ni madre y muy poco que llevarse a la boca. Un buen día oyó hablar de la gran ciudad de Londres, donde las calles estaban pavimentadas de oro y decidió marcharse en busca de fortuna.

Al llegar a la ciudad, buscó las calles pavimentadas de oro, pero no encontró ninguna. Cansado y hambriento después de varios días de viaje, se quedó dormido delante de la puerta de una imponente casa que pertenecía al Sr. Fitzwarren, un rico mercader de gran corazón. Le acogió y le dijo que podía trabajar ayudando a la cocinera.

Placa en el lugar donde vivió Richard Whittington

Dick dormía en una diminuta habitación debajo de los tejados donde habría sido feliz si no hubiera sido por las ratas que infestaban esa parte de la casa. Eran tantas que no le dejaban pegar ojo de noche. Un día, después de ganar un penique por haber limpiado los zapatos de un caballero, decidió comprarse un gato. Nunca le pesó su inversión: el gato ahuyentó a las ratas, y por fin, Dick pudo dormir.

El gato de Dick

Pasó el tiempo y el Sr. Fitzwarren llamó a todos los de la casa. Uno de sus barcos estaba a punto de zarpar con mercancías para lejanas tierras. El mercader quiso que todos tuvieran la oportunidad de hacer negocio y pidió que le dieran algo que pudiera cambiarse por oro u otra cosa. Dick solo tenía a su gato y lo entregó con todo el dolor de su corazón.

La vida siguió como antes. Todos se portaban muy bien con Dick, excepto la cocinera, que le hacía la vida imposible, tan imposible que decidió huir. Estaba a punto de salir de la ciudad cuando oyó las Campanas de Bow cantarle: “Vuelve atrás, Whittington, tres veces alcalde de Londres”. Asombrado, dio media vuelta y regresó a la casa de Fitzwarren.

Al entrar le dijeron que el barco había regresado del largo viaje. Durante el recorrido atracó en el fabuloso país del rey de Berbería, que invitó a los tripulantes a un banquete. Estos se quedaron atónitos ante la cantidad de ratas y le hablaron al Rey de un fabuloso animal llamado “Gato” capaz de deshacerse de los roedores. Además, el gato era gata y estaba embarazada. El Rey pagó una fortuna por el felino y Dick era un hombre rico. Dejó la cocina y aprendió el negocio con el Sr. Fitzwarren, se casó con su hija Alice y fue alcalde de Londres en tres ocasiones, tal como habían predicho las campanas de Bow”.

Pero ¿por qué asociar una fábula con el verdadero Richard Whittington, fallecido unos 150 años antes? La historia incorpora elementos reales, el muchacho llegado del campo, el nombre y apellido de su esposa, el hecho de que fuera tres veces alcalde de Londres. No sabemos si Richard Whittington tuvo un gato favorito y si el pobre fue embarcado hacia Berbería. No es sorprendente que hubiera gatos en barcos para combatir a las ratas que atacaban la comida de los marineros.

Existe un precedente de esta historia en la Alemania medieval, otro en Italia (1484, Piovanno Arlotto) y en Persia (siglo XIV).

Parque Whittington (Londres)

Delante del hospital Whittington se alza una estatua en honor al legendario gato sin nombre que hizo rico a Dick, en el lugar donde, según versiones más tardías de la historia, las campanas Bow llamaron al muchacho. La estatua fue colocada en 1964.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Según las versiones del siglo XIX, la piedra Whittington, en Holloway, marca el sitio donde Dick se detuvo para escuchar las campanas. No se sabe a ciencia cierta cuándo se puso la piedra, pero está documentado que una piedra anterior fue retirada en 1795. Sin embargo, en versiones anteriores, el muchacho solo llegó hasta Bunhill, mucho más cerca del centro de Londres de entonces. Sea como sea, la leyenda del gato de Dick Whittington sigue viva y ha sido adoptada al teatro, la ópera, marionetas y pantomima.

La piedra donde se detuvo