Gatos y Respeto

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El gato bobtail japonés, su historia

El bobtail japonés es un gato doméstico conocido desde hace al menos mil años en Japón y Corea, y probablemente más en China. Se le menciona por primera vez en un manuscrito del tutor de la emperatriz de Japón en el año mil, y aparece habitualmente en grabados, pinturas, objetos. ¿Quién no ha visto un maneki-neko, o gato de la buena suerte, con su pata derecha levantada? Es un bobtail japonés.

Maneki-neko del año 1900

La característica más llamativa de esta raza natural es su curioso rabo, que no tiene nada que ver con una mutación o una hibridación. El rabo corto y rígido se debe a un gen recesivo que sigue apareciendo sin que los bobtails se apareen entre sí. Al contrario del gen dominante en los gatos Manx, este gen no se asocia con problemas de los huesos. El bobtail tiene menos vértebras en el rabo, e incluso algunas se fusionan, pero lo más curioso es que ninguno posee una cola igual. Para que se le considere un auténtico bobtail, el rabo estirado no debe sobrepasar los diez centímetros.

El bobtail clásico, el favorito en Japón y el más representado, es un gato mayormente blanco con manchas negras y pelirrojas, o sea tricolor, pero los hay de muchos colores, con manchas más o menos grandes dispuestas de diversas maneras. También pueden tener los ojos de diferente color.

Al parecer, los bobtails fueron gatos de palacio o de personas pudientes y no solían verse por las calles. Algunos documentos indican que el emperador Ichijo (986-1011) fue el primero en llevar ejemplares a Japón desde China. Pero habría podido llegar incluso antes, durante el periodo Asuka, en el siglo VI, con otros apreciados artículos de la cultura china.

Sin embargo, en 1602, las autoridades publicaron un decreto ordenando que todos los gatos debían servir para deshacerse de los ratones y ratas que infestaban los criaderos de gusanos de seda, almacenes, etcétera. Esto significó que los gatos ya no pudieron pasar la vida en casas y salir con correa; es más, se prohibió la venta y compra de gatos. A partir de ese día, los bobtails se reunieron en las calles y campos con sus congéneres de largas colas para descubrir un mundo nuevo en el que probablemente pasaron hambre, aunque salvaran la industria de la seda.

Unos años después, concretamente en 1697, se edificó el famoso tempo Gotokuji en Tokio, cuyas paredes están decoradas con frescos de bobtails. Los gatos del templo fueron los precursores de los maneki-neko, que hoy van camino de invadir el mundo y rodean el templo por centenares. Incluimos algunos grabados del famoso Utagawa Kuniyoshi (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/).

Las 53 estaciones (Utagawa Kuniyoshi)

En 1701, el naturalista y explorador alemán Engelbert Kaempfer describió la flora, la fauna y los paisajes de Japón en su libro “Engelbert Kaempfer: Heutiges Japan” (El Japón de hoy): “Solo he visto una raza de gato doméstico. Tiene amplias manchas amarillas y negras sobre pelo blanco; su rabo es muy corto y parece que se lo han torcido y roto. No le interesa cazar ratas ni ratones, solo quiere que las mujeres le lleven en brazos y le acaricien”.

Utagawa Kuniyoshi

Utagawa Kuniyoshi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cola vestigial suele medir cinco centímetros, pero si se endereza, alcanza el doble. A primera vista, no se nota que está “enrollada” al quedar disimulada por el pelo y adquirir la forma de un pompón. Suele ser un gato de tamaño medio, alargado, delgado, aunque musculoso, y de hombros anchos, tanto como los cuartos traseros. Es alto y las patas traseras son algo más largas que las delanteras, lo que tampoco se nota cuando está en actitud de reposo porque las dobla ligeramente. Tiene un rostro triangular con orejas de buen tamaño, ojos grandes y ovalados. Al ser una raza natural cuya genética no ha sido manipulada por el hombre, es un gato resistente sin problemas de salud.

Los gatos son animales muy queridos en Japón, como lo demuestran los neko-cafés o el popular maneki-neko, y ocupan un lugar importante en el folclore, aunque no siempre se han visto con buenos ojos. Como en otros lugares del mundo, despertaban la desconfianza, pero el bobtail era considerado un gato de la suerte, de buen augurio, mientras que su hermano rabilargo era el nekomata (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), una especie de espíritu maligno.

Una leyenda cuenta que en la era Edo, en el siglo XVII, la gran época de los señores feudales, había en Tokio un templo en muy mal estado donde vivía un pobre monje que, a pesar de tener poco para llevarse a la boca, lo compartía todo con su gata Tama. Un buen día, Naotaka Ti, un señor feudal de gran importancia, se vio sorprendido por una terrible tormenta en los alrededores del templo. Vio que una gata blanca rabicorta, con manchas negras y marrones, levantaba la pata como indicándole que se acercara. Asombrado, se atrevió a dejar el árbol bajo el que se había cobijado para ver de cerca a tan singular felino. En ese mismo momento, un rayo cayó sobre el árbol partiendo la enorme rama bajo la que se resguardaba. El señor reparó el templo, y el monje y Tama jamás volvieron a pasar hambre. Así nació el maneki-neko.

Bobtail de cerámica

Gato y linterna (Kobayashi Kiyochika, 1886)

También existe una leyenda acerca del origen del rabo corto de los bobtails. Cuenta que un gato dormía tan cerca de un brasero que se le incendió la cola. Aterrado, cruzó la ciudad corriendo, prendiendo fuego a todo lo que encontraba en su camino. Al ser las casas de madera, las llamas se propagaron con rapidez y la ciudad se quemó. El emperador decretó que debía cortarse el rabo a todos los gatos del país como medida preventiva.

El bobtail es, sin lugar a dudas, el gato que más tiempo lleva en Japón y el más apreciado.

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El gato de Dick Whittington, alcalde de Londres

Richard Whittington tal vez sea el más famoso de todos los alcaldes de Londres, en parte por lo que consiguió en vida y también por convertirse, desde el siglo XVII, en el protagonista de una historia en la que un pobre aprendiz se hace rico y famoso gracias a su gato.

La historia de sir Richard Whittington (1770)

Se sabe que el auténtico Richard Whittington nació hacia 1354 y murió en 1423, a los 69 años. Era el cuarto hijo de sir William Whittington, un noble caballero de Pauntley, en Gloucestershire. Tenía muy pocas probabilidades de recibir algo en herencia, por lo que se fue a Londres para buscar fortuna y aprender un oficio, concretamente el de “mercero”, es decir, comerciante de lujosas telas importadas de Italia. Mucha gente del campo iba a trabajar a Londres, pero no era tan normal que lo hiciera un hijo de familia noble.

No cabe duda de que sus orígenes y probablemente el dinero que le dio su padre le ayudaron a establecerse con mayor facilidad. En 1392 vendió telas por más de 3.000 libras esterlinas al rey Ricardo II. Además, no solo importaba telas, también exportaba la famosa lana escocesa. Gracias a su creciente fortuna prestó dinero a la Corona, y aunque la Iglesia no permitía cobrar intereses en estos préstamos, solían agradecerse mediante privilegios, prebendas y cargos.

Grabado de Gustave Doré

Richard Whittington se llevaba muy bien con Ricardo II, y en junio de 1397, harto del pobre gobierno que regía Londres, el Rey le nombró Alcalde, aunque este cargo solía depender de la elección de los ciudadanos. El siguiente octubre, los londinenses eligieron a Whittington, lo que demuestra que no debió hacerlo mal. Ocupó el cargo hasta 1399. Le reeligieron en 1406 hasta 1407 y en 1419 hasta 1420, convirtiéndose en uno de los pocos alcaldes de Londres elegido en tres ocasiones.

Estatua en Guildhall

Se casó con Alice, la hija de sir Ivo Fitzwarren, un noble de Dorset, y ella murió en 1410. No volvió a casarse. Al no tener herederos, dispuso antes de morir que parte de su fortuna sirviera para fundar instituciones caritativas. Cinco mil libras esterlinas se repartieron entre un colegio de sacerdotes y un asilo para trece pobres, hombres y mujeres, ambos en su parroquia. Al contrario de lo que solía hacerse, no encargó a la Iglesia que administrara los dos centros, sino al Colegio de Merceros, sentando un precedente que adoptaron muchos posteriormente.

La historia de Dick Whittington y su gato se consignó en papel por primera vez en 1605 y dice así: “Hace mucho vivía un muchacho muy pobre llamado Dick Whittington. No tenía padre ni madre y muy poco que llevarse a la boca. Un buen día oyó hablar de la gran ciudad de Londres, donde las calles estaban pavimentadas de oro y decidió marcharse en busca de fortuna.

Al llegar a la ciudad, buscó las calles pavimentadas de oro, pero no encontró ninguna. Cansado y hambriento después de varios días de viaje, se quedó dormido delante de la puerta de una imponente casa que pertenecía al Sr. Fitzwarren, un rico mercader de gran corazón. Le acogió y le dijo que podía trabajar ayudando a la cocinera.

Placa en el lugar donde vivió Richard Whittington

Dick dormía en una diminuta habitación debajo de los tejados donde habría sido feliz si no hubiera sido por las ratas que infestaban esa parte de la casa. Eran tantas que no le dejaban pegar ojo de noche. Un día, después de ganar un penique por haber limpiado los zapatos de un caballero, decidió comprarse un gato. Nunca le pesó su inversión: el gato ahuyentó a las ratas, y por fin, Dick pudo dormir.

El gato de Dick

Pasó el tiempo y el Sr. Fitzwarren llamó a todos los de la casa. Uno de sus barcos estaba a punto de zarpar con mercancías para lejanas tierras. El mercader quiso que todos tuvieran la oportunidad de hacer negocio y pidió que le dieran algo que pudiera cambiarse por oro u otra cosa. Dick solo tenía a su gato y lo entregó con todo el dolor de su corazón.

La vida siguió como antes. Todos se portaban muy bien con Dick, excepto la cocinera, que le hacía la vida imposible, tan imposible que decidió huir. Estaba a punto de salir de la ciudad cuando oyó las Campanas de Bow cantarle: “Vuelve atrás, Whittington, tres veces alcalde de Londres”. Asombrado, dio media vuelta y regresó a la casa de Fitzwarren.

Al entrar le dijeron que el barco había regresado del largo viaje. Durante el recorrido atracó en el fabuloso país del rey de Berbería, que invitó a los tripulantes a un banquete. Estos se quedaron atónitos ante la cantidad de ratas y le hablaron al Rey de un fabuloso animal llamado “Gato” capaz de deshacerse de los roedores. Además, el gato era gata y estaba embarazada. El Rey pagó una fortuna por el felino y Dick era un hombre rico. Dejó la cocina y aprendió el negocio con el Sr. Fitzwarren, se casó con su hija Alice y fue alcalde de Londres en tres ocasiones, tal como habían predicho las campanas de Bow”.

Pero ¿por qué asociar una fábula con el verdadero Richard Whittington, fallecido unos 150 años antes? La historia incorpora elementos reales, el muchacho llegado del campo, el nombre y apellido de su esposa, el hecho de que fuera tres veces alcalde de Londres. No sabemos si Richard Whittington tuvo un gato favorito y si el pobre fue embarcado hacia Berbería. No es sorprendente que hubiera gatos en barcos para combatir a las ratas que atacaban la comida de los marineros.

Existe un precedente de esta historia en la Alemania medieval, otro en Italia (1484, Piovanno Arlotto) y en Persia (siglo XIV).

Parque Whittington (Londres)

Delante del hospital Whittington se alza una estatua en honor al legendario gato sin nombre que hizo rico a Dick, en el lugar donde, según versiones más tardías de la historia, las campanas Bow llamaron al muchacho. La estatua fue colocada en 1964.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Según las versiones del siglo XIX, la piedra Whittington, en Holloway, marca el sitio donde Dick se detuvo para escuchar las campanas. No se sabe a ciencia cierta cuándo se puso la piedra, pero está documentado que una piedra anterior fue retirada en 1795. Sin embargo, en versiones anteriores, el muchacho solo llegó hasta Bunhill, mucho más cerca del centro de Londres de entonces. Sea como sea, la leyenda del gato de Dick Whittington sigue viva y ha sido adoptada al teatro, la ópera, marionetas y pantomima.

La piedra donde se detuvo


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Los gatos grandes y pequeños del autor y naturalista Peter Matthiessen

1978

Peter Matthiessen es el autor de libros como “The Snow Leopard” o “At Play in the Fields of the Lord”, publicados en España con los títulos de “El leopardo de las nieves” y “Jugando en los campos del Señor”, ambos en Ediciones Siruela. Quizá sea más conocido por sus escritos de no ficción que por sus novelas; sin embargo, es el único autor estadounidense que ha ganado el Premio Nacional del Libro por una obra de no ficción (El leopardo de las nieves, 1979) y de ficción (Shadow Country, 2008), esta última publicada en España como “País de sombras” por la Biblioteca Formentor en 2010.

Nació en Nueva York el 22 de mayo de 1927, hijo de Erard y Elizabeth Matthiessen, en el seno de una familia adinerada y de clase alta con antepasados escandinavos. Su padre era arquitecto, pero abandonó la profesión después de la II Guerra Mundial para dedicarse plenamente a la Sociedad Audubon, dedicada a la conservación de la naturaleza. La familia vivía entre Nueva York y Connecticut. Desde pequeño demostró un profundo afecto por los animales, que posteriormente influyó en sus obras como naturalista. Se formó en las mejores escuelas preparatorias antes de ingresar en la Universidad de Yale, donde estudió Literatura y Zoología. Sin embargo, siempre intentó deshacerse del yugo que le imponía su cuna, y a los 15 años pidió oficialmente que se borrara su nombre del famoso “Social Register”, en el que aparecen los 25.000 nombres de más abolengo de Estados Unidos. Por cierto, en 1988 eran 35.000. En general, para entrar en esta lista, hay que ser blanco, y pertenecer a una familia rica, respetada y discreta desde hace generaciones.

Después de licenciarse en la universidad, se casó con Patsy Southgate y la pareja se instaló en París porque él quería ser escritor. Decidido a no pedir dinero a su familia, aceptó una oferta de la CIA y se convirtió en espía en una ciudad “repleta de espías”, según él. Corría el año 1950. Ya se sabe que el Departamento de Literatura Inglesa de Yale era un semillero de futuros espías entre los años treinta y cincuenta. De allí salió James Jesus Angleton, el más famoso maestro de espías de la historia de Estados Unidos.

Una vez en París, fundó la revista literaria “The Paris Review” con su amigo de infancia George Plimpton. Muchos años después, en 2008, reveló en una entrevista que había concebido la revista como una tapadera para sus actividades como agente secreto. Esto no le sentó nada bien a George Plimpton, pero Matthiessen insistió en que la CIA nunca se metió con el contenido de la revista. También dijo en repetidas ocasiones que trabajó para la CIA porque le ofrecieron una estancia gratuita en París. La revista publicó a Kerouac, Samuel Beckett, Philip Roth, Adrienne Rich, Norman Mailer, a todos los grandes escritores de posguerra, y acaba de celebrar sus 65 años de vida.

Regresó a Estados Unidos en 1954, año en que cortó con la CIA, y se divorció de su mujer en 1956. Tres años después publicó su primer libro de no ficción, “Wildlife in America”, atrayendo la atención de la revista New Yorker, que le encargó varios reportajes en defensa de la naturaleza. Escribió artículos sobre animales, naturaleza y tribus de América del Sur, Nueva Guinea, Siberia y África Oriental.

Peter Matthiessen, Jim Campbell y Tom Campion en Alaska (2006)

Su primer libro superventas fue “El leopardo de las nieves”, mezcla de autobiografía espiritual con la búsqueda del huidizo felino en el Himalaya en compañía del biólogo George Schaller. La crítica alabó una prosa pulida, directa y observante. Escribió dos libros en defensa de los indios nativos norteamericanos, el más famoso fue “In the Spirit of Crazy Horse”(1983), publicado en España por Mandala en 2006 con el título de “En el espíritu de Caballo Loco”, en el que atacaba abiertamente la forma en que el gobierno federal trataba a los indios americanos y afirmaba la inocencia de Leonard Peltier, condenado a cadena perpetua por el asesinado en 1975 de dos agentes del FBI en Dakota del Sur. El gobernador de Dakota del Sur, William Kanklow, se querelló contra Peter Matthiessen. La demanda fue desestimada por los tribunales, pero Peltier sigue encarcelado.

Hace muchos años, a finales de los setenta, se compró una vieja casa con cerca de dos hectáreas de terreno en Sagaponack, Long Island, y muy pronto le imitaron otros autores, James Salter, E.L. Doctorow y Kurnt Vonnegut, entre otros. Esta casa fue su hogar para el resto de su vida.

Fue un autor prolijo, con más de treinta títulos publicados entre novelas, colecciones de relatos y no ficción. Una vez dijo: “Fijaos en lo que estamos perdiendo. Pisoteamos nuestro hábitat, a los pueblos nativos. Intento describir todo esto antes de que se pierdan para siempre”. Se casó en tres ocasiones, la última vez con Maria Eckhart en 1980. Su segunda mujer, Deborah Love, falleció de cáncer a los 44 años, después de introducirle en el zen. Cuando Peter Matthiessen falleció a los 86 años, el 5 de abril de 2014, era un roshi y el receptor de una ley (dharma) que lleva transmitiéndose 2.500 años, 82 generaciones, desde el mismo Buda.

Su última novela fue “In Paradise” (En el paraíso) (Biblioteca Formentor, 2015), un título de lo más irónico ya que trata del horror en los campos de concentración nazis y de la imposibilidad de negar la existencia de estos.

No hemos encontrado un solo comentario acerca de Peter Matthiessen y de sus gatos, únicamente tres fotos con tres gatos diferentes en tres épocas diferentes. Aun así, nos atrevemos a afirmar que el autor tuvo gatos. No cabe duda de que el rayado sentado en su regazo, impidiéndole leer, vivía con él, como también el blanco que mira a cámara en una foto de unos años antes y el negro al que acaricia.


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“La patrona” de los gatos, Santa Gertrudis de Nivelles

Miniatura de un manuscrito medieval

En la década de los ochenta del siglo pasado empezaron a aparecer imágenes de Santa Gertrudis de Nivelles rodeada de gatos, o con uno en brazos o a sus pies. A partir de ese momento  fue llamada “la patrona de los gatos”. Parecer ser que el responsable es el libro “Metropolitan Cats”, de John P. O’Neill, publicado en 1981 por el MoMA, Museo Metropolitano de Nueva York, donde están referenciadas todas las obras del museo con gatos, desde Egipto hasta nuestros días.

Imagen actual

Imagen actual

En ese catálogo aparece un cuadro del pintor y grabador Hans von Kulmbach, nacido en 1476 en Alemania. En el anverso hay un retrato de un joven, y en el reverso, una doncella haciendo una guirnalda de flores con un gato blanco a su lado. No hemos podido ver el contenido del libro, pero sí hemos descubierto que en Internet se identifica en muchas ocasiones a la joven como Santa Gertrudis. ¿Hubo un error en algún momento? Lo que sí está claro es que, desde entonces, han proliferado las imágenes de Santa Gertrudis con gatos.

Hans von Kulmbach

No hay nada en la bien documentada historia de la santa que indique que antes de la década de los ochenta tuviera nada que ver con los gatos. Se la veneró como protectora contra los ratones y las ratas a partir del siglo XV en Alemania, Países Bajos, Alsacia y Cataluña. A menudo era representada con ratones trepando por su bastón pastoral o por su manto que en realidad simbolizaban las almas del purgatorio, lo que puede haber llevado a considerarla una protectora contra la peste y, en nuestros días, asociarla a los gatos. De hecho, los fieles dejaban como ofrenda pequeños ratones de plata y oro en una capilla que le estaba dedicada en Colonia hasta el año 1822.

Italia, 1440

Su día se celebra el 17 de marzo, y aquí nos encontramos con otra curiosidad. El 17 de marzo también es el día de San Patricio, patrón de Irlanda, que vivió en el siglo IV y cuyo día festivo no se decidió hasta el siglo XVII. Un santo rodeado de leyendas como pocos. Gertrudis nunca fue canonizada oficialmente, pero el papa Clemente XII (1652-1740) declaró que su día se celebraría el 17 de marzo, el mismo que el de San Patricio.

Santa Getrudis, Oudegracht, Utrecht

La “Vita” de Gertrudis, escrita aproximadamente en 670, también cuenta que tuvo mucha relación con los monjes irlandeses que desde principios del siglo VI cruzaban las tierras de los francos camino de Roma y que eran considerados grandes eruditos.

Biblioteca Nacional de Holanda

Gertrudis nació en 625 o 626, hija de Pipino de Landen o el Viejo, mayordomo del palacio de Austrasia durante el reinado de Dagoberto I, y de Itta de Metz, y hermana de Begga, Grimoaldo y Bavo. Por lo tanto, era la tía abuela de Carlomagno. Según la “Vita”, que se ha demostrado que fue escrita por un contemporáneo de Gertrudis, esta rechazó con cierta vehemencia – y solo diez años – la oferta del rey Dagoberto I para casarla con el hijo de un duque. Pipino murió en 640 y su viuda Itta, de acuerdo con la ley franca, se ocupó del legado de su marido hasta que sus hijos alcanzaron la mayoría de edad.

Imagen actual

Ilustración de un manuscrito medieval

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gertrudis, rica y poderosa heredera, tuvo muchas ofertas de matrimonio. Siempre según la “Vita”, su madre, siguiendo el consejo del obispo Amando, decidió fundar un monasterio para su hija antes de que los pretendientes perdieran la paciencia y la raptaran.

Ilustración de un bestiario medieval

No era extraño en la época que las mujeres de familias acaudaladas fundaran monasterios. Itta murió a los 60 año, en 652, y Gertrudis fue nombrada abadesa. Los monasterios “dobles” de los francos, donde un ala estaba reservada a las mujeres y otra a los hombres, solían ser regidos por una abadesa. La “Vita” la describe como una joven inteligente, erudita y caritativa, entregada a los enfermos, pobres y ancianos, conocedora de memoria de las Sagradas Escrituras y que “revelaba los misterios escondidos de las alegorías a sus oyentes”. El monasterio de Nivelles abrió sus puertas a peregrinos, viudas y huérfanos. Por orden de la abadesa, todo el que llegaba era bienvenido, fueran extranjeros, monjes o eruditos.

Monasterio de Nivelles

De medicina ex animalibus (Sextus Placitus) Siglo XII

La “Vita” describe varios milagros ocurridos en vida de Gertrudis. El autor cuenta que mientras surcaba los mares con sus hermanos (lo que nos hace pensar que era un monje irlandés), se levantó una tormenta terrible y apareció un monstruo marino. Los marineros imploraron la ayuda de sus “ídolos”, una indicación de que el cristianismo no era algo tan extendido como podría creerse. Desesperado, el autor pidió a gritos la ayuda de Gertrudis e, inmediatamente, la tormenta se calmó y el monstruo desapareció.

Biblioteca Sainte Geneviève, París, finales siglo XIV

Es muy posible que Gertrudis no volviera a salir del monasterio después de tomar los hábitos en 640. Se la describe como “agotada por una vida de caridad, ayuno y rezo”. Después de dejar la dirección del monasterio, la “Vita” insiste en que se entregó totalmente a la vida espiritual mediante el rezo y prolongados ayunos, lo que la debilitó mucho. También cuenta que Gertrudis le preguntó a un peregrino qué día moriría y este le contestó que el 17 de marzo, al día siguiente, el mismo de la muerte de San Patricio. Se cree que el peregrino era Ultán, el famoso monje irlandés, y que dijo “puede morir con alegría porque el bendito abad san Patricio y los ángeles del Señor están preparados para recibirla”.

Ilustración de un manuscrito persa

Poco antes de su muerte en 659, Gertrudis pidió a las monjas de Nivelles que la enterraran con un viejo velo que había dejado una peregrina y su cilicio. Tenía 33 años. Es la patrona de los viajeros y de los jardineros. Como hemos dicho antes, se la invoca contra las plagas de ratas y ratones y, curiosamente, también contra las enfermedades mentales.

Esperamos no haber decepcionado a nadie demostrando que Santa Gertrudis no es la patrona de los gatos y que se trata de una invención bastante reciente. Y nos sigue sorprendiendo la conexión que existe entre San Patricio y ella. También estamos seguros de que había gatos en el monasterio de Nivelles.

Ilustración de un bestiario medieval


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El gato en el Modernismo y el Art Déco

Lámpara, Max Le Verrier

El Modernismo en España, Arte Nova en Portugal, Art Nouveau en Francia, Italia y países angloparlantes, hizo furor a finales del siglo XIX y desapareció antes de la I Guerra Mundial. Uno de los más famosos representantes de este estilo es el arquitecto Gaudí. Nació como una reacción al arte academicista típico del XIX y se inspiró sobre todo en modelos orgánicos y vegetales, prefiriendo siempre las curvas y la asimetría a la línea recta. Todo se hizo más sensual. Las flores, hojas, tallos, insectos, animales, formas femeninas y masculinas rellenaban todo el espacio. Había un definido “horror vacui”.

Peineta modernista

Heinz Warneke (1927)

El Modernismo se expandió rápidamente por toda Europa: Austria, donde se llamó Secessionsstil (Estilo Secesión); Alemania, con el nombre de Jugenstil (Estilo Joven), Dinamarca, Suecia, Finlandia, Hungría, Lituania, Ucrania y Rusia. En cada país con sus características propias.

Eliseyev Emporium, San Petersbrugo

El Art Nouveau abarcó la arquitectura, la joyería, la ebanistería, la cerámica, el textil, el vidrio y, en general, todas las artes decorativas. Puede llamarse un arte total, aunque de corta vida. En 1910 ya empezaba a sustituirlo el Art Déco. No es fácil diferenciar a primera vista ciertos objetos de un estilo u otro, y más sin conocer la fecha de fabricación.

Charles Schneider (1922-24) Colección Barbra Streisand

El nombre de Art Nouveau proviene de “Maison de l’art nouveau” (Casa del arte nuevo), una galería abierta en 1895 por el marchante francoalemán Siegfried Bing, que fue fundamental en la introducción del arte japonés en Europa. Se trataba de crear un arte nuevo, joven, libre y moderno, de romper categóricamente con las rígidas reglas anteriores, de democratizar la belleza aportando valor estético a utensilios cotidianos e intentando hacerlos accesibles a toda la población, como ocurrió con el mobiliario urbano (bancos, farolas, las primeras estaciones de metro), al que hasta entonces no se había prestado mucha atención.

Sujetalibros, años 30

Desaparece así la jerarquía de artes mayores y menores. Tiene el mismo valor un edificio que una joya, un cartel que un cuadro. De hecho, los propios artistas realizan los marcos para sus cuadros, los arquitectos diseñan también los muebles.

Keralouve – La Louvière (Bélgica)

Max Le Verrier

Max Le Verrier

Es curioso que un estilo que ha dejado tantos ejemplos arquitectónicos, tantas piezas y dibujos, no sobreviviera más de 20 años. Solo queda pensar que debió tener un tremendo éxito entre algunas clases sociales en ese breve espacio de tiempo. Justo antes de la I Guerra Mundial apareció en Francia el Art Déco, apócope de “Arts Décoratifs” (Artes decorativas). En 1915 estaba previsto que tuviera lugar en París la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, pera la guerra lo impidió; en 1922, la falta de financiación abortó un segundo intento, y finalmente pudo celebrarse en 1925.

Gatos modernistas

Lalique

El Art Déco dejó su huella en el diseño de edificios (el arquitecto Frank Lloyd Wright en Estados Unidos), muebles, joyas, moda, coches, cines, trenes, transatlánticos y herramientas cotidianas como radios o aspiradoras. Durante sus momentos de gloria simbolizó el lujo, el glamur, la exuberancia y la fe en el progreso social y tecnológico que prevaleció en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales.

1930 (Art Déco)

Reunía una ecléctica mezcla de estilos, a veces contradictorios, en un afán de ser más novedoso que su precursor, el Modernismo. Desde el principio se vio influido por la geometría del cubismo, los colores brillantes del fauvismo, estilos exóticos procedentes del Lejano Oriente, de Persia y del Antiguo Egipto, incluso de los mayas. Los objetos solían fabricarse con materiales caros, como el marfil, y uno de los requisitos era que la ejecución debía ser impecable.

Lámpara (Art Déco)

Ya empezados los años treinta apareció un Art Déco mucho más dramático, sobre todo en Estados Unidos, a causa de la Gran Depresión. Se pintaron grandes murales en edificios públicos; los materiales usados eran cada vez menos costosos y, poco a poco, el Art Déco se transformó a su vez en otra cosa.

Detalle de una puerta (Art Déco)

El beso, Fantasio Reb (1925)

Numerosos artistas del Art Déco se sirvieron de la figura del gato para decorar todo tipo de piezas y joyas. Respondía perfectamente a lo que buscaban: líneas sensuales, misterio, belleza. Abundan las lámparas y figuras de Max Le Verrier, premiado con una Medalla de Oro en la famosa exposición de 1925. También están los famosos broches de la fábrica Swaroski, fundada por Daniel Swartz (que se cambió el apellido por Swaroski) con otros dos socios en 1895, después de patentar en 1892 una máquina de corte eléctrica que facilitaba la producción de objetos de vidrio.

Broche, Swarovski

Swarovski

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, de todos los artistas que usaron el gato en esos cincuenta años, creemos que el más atrevido y sorprendente fue el francés François-Rupert Carabin. Estudió escultura, fue orfebre, ebanista y fotógrafo, y está considerado como uno de los grandes ejemplos del Modernismo. A partir de 1890 se dedicó sobre todo al diseño de muebles únicos, decorados con desnudos femeninos y animales simbólicos, sobre todo gatos. También incluimos una muestra de su trabajo de orfebrería.

Piano, François-Rupert Carabin

Silla, François-Rupert Carabin

Silla (parte trasera), François-Rupert Carabin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hebilla de cinturón, François-Rupert Carabin

Y para acabar, siempre en el Art Nouveau, dos ejemplos de una decoración en un edificio del arquitecto Jean Falp, que diseñó varios edificios ente 1899 y 1907 únicamente en los distritos XI y XII de París. Al igual que Carabin, tendía a decorar los portales con figuras femeninas de las largas cabelleras, gatos y algún que otro pájaro y ratón.

Jean Falp (arquitecto) (1905)

Jean Falp (arquitecto) (1905)


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El gato Pallas o felis manul

De las 41 especies de gatos conocidas, 34 son consideradas “gatos pequeños”, y de ellas hay muchas amenazadas, se sabe poco y apenas se realizan acciones para conservarlas. El gato Pallas no es una excepción. Llamado así en honor al naturalista alemán Peter Simon Pallas, que lo descubrió en 1776, también se le denomina manul, gato estepario y gato salvaje de las rocas. El felis manul procede del linaje del leopardo y es endémico de Asia central. Vive sobre todo en Mongolia y en el altiplano tibetano, pero ocupa de forma salpicada una enorme área que parte desde el mar Caspio, pasando por Turkmenistán,  Kazajistán, Kirguistán, Irán, Afganistán, Beluchistán, Ladakh, China central y occidental y el sur de Rusia, hasta Siberia.

Habitan ecosistemas de pastizales, estepas montañosas y zonas semiáridas características de Asia Central. Se han avistado hasta los 1.700 metros por encima del nivel del mar en Mongolia. Soportan temperaturas que oscilan entre los 36 grados en verano y menos 30 en invierno, aunque no están adaptados para moverse en nieve profunda. Su hábitat se limita a parajes donde la nieve no supera los diez centímetros de espesor.

En las montañas del Tibet (Vincent Munier)

No son mucho mayores que un gato doméstico y están cubiertos por un pelaje muy espeso y largo, cuyo color varía entre el gris claro y el marrón rojizo con las puntas blancas, lo que les da un aspecto “escarchado”. El pelo del vientre es más largo que el de la espalda. Son gatos fornidos, de cabeza redonda y ancha, grandes ojos redondos y amarillos, cuyas pupilas se contraen en pequeños círculos en vez de la habitual raya del gato doméstico. Tienen piernas cortas y fuertes, un rabo largo y ancho con cinco o seis círculos de color.

Río Amarillo, frontera entre las provincias de Sichuán y Gansú (China)

En el Azerbaiyán iraní.

Su ámbito de hogar es muy amplio para un félido tan pequeño; el de los machos suele solaparse con el de varias hembras y ocupa una media de 98 km cuadrados; el de las hembras, unos 23 km cuadrados. Los pocos estudios de densidad realizados hasta la fecha indican entre 4 y 8 especímenes por 100 km cuadrados.

Cachorros en las montañas de Mongolia

En realidad parecen más fuertes y grandes de lo que son por el espeso pelaje que les protege del frío. La membrana nictitante (tercer párpado) está muy bien desarrollada y puede que les sirva para protegerse de los vientos helados y las tormentas de arena. Trepan por las rocas y los riscos con gran facilidad. Para guarecerse en invierno utilizan las madrigueras de marmotas porque ofrecen una buena regulación térmica, y en verano, huecos entre las rocas. Suelen tener varias guaridas y usarlas regularmente.

Son animales solitarios que duermen durante el día y cazan pequeños mamíferos a la hora del crepúsculo, pero no son animales nocturnos. La mayor parte de su dieta está compuesta por pequeños roedores y ochotonas (también conocidas como liebres silbadoras). Estas últimas son mucho menos rápidas que los ratones, lo que requiere un menor esfuerzo por parte del manul. También se alimentan de jerbos, pájaros, carroña e insectos.

Montañas de Kirguistán

El gato Pallas tiene varios depredadores, como el zorro rojo, el lobo, el perro doméstico y las grandes aves de presa. El hombre también caza al manul, sobre todo en Mongolia, a pesar de estar prohibido, por su pelo y porque se cree que ciertas partes de su cuerpo poseen propiedades medicinales. Para evitar el peligro, pasan la mayoría del tiempo entre las rocas, donde pueden huir fácilmente y esconderse en un agujero o madriguera si alguien se acerca. Sin embargo, no son corredores rápidos y recurren al camuflaje que les proporciona su pelaje, sobre todo para defenderse de las aves de presa.

El apareamiento tiene lugar entre diciembre y marzo, para que las camadas nazcan a partir de marzo. El periodo de celo en las hembras dura de 24 a 48 horas y la gestación oscila entre 66 y 75 días en animales en cautividad. La madre puede dar a luz desde uno a seis gatitos, pero lo normal es de tres a cuatro. Mudan el pelo a los dos meses, cuando pesan unos 500 gramos, y son totalmente independientes a los cinco meses. Alcanzan la madurez sexual a los 10 meses.

El gato Pallas puede llegar a alcanzar los doce años en cautividad, pero la media en libertad es de 27 meses con el mayor nivel de mortandad durante los meses de invierno.  La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera al felis manul como especie “casi amenazada” en su Lista Roja, y la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) lo ha incluido en el Apéndice II. La población está menguando y es muy probable que ya no se encuentre ningún ejemplar en las proximidades del mar Caspio. Las regiones de Tuvá y Chitá son las más pobladas en Rusia, y Mongolia parece ser el baluarte del félido. Últimamente se han avistado varios en Irán.

Camada en Irán

A principios del siglo pasado se mataban hasta 50.000 especímenes cada año. La caza del gato Pallas fue prohibida en 1988, pero como hemos dicho antes se sigue cazando sobre todo por su pelaje, reputado como muy caliente en invierno. El mayor peligro para el manul es la degradación del hábitat debido a la creciente presencia humana y a los cazadores de marmotas. Asimismo, las autoridades locales en Mongolia aún conceden permisos para cazarlos. Otra terrible amenaza son las campañas legales de envenenamiento de las ochotonas con el fin de controlarlas, algo que ocurre con cierta frecuencia en Rusia y China.

Pareja joven en la meseta tibetana

La única defensa del gato Pallas es la inaccesibilidad y desolación de su hábitat. En 2016 nació PICA, Alianza para la Conservación Internacional del Gato Pallas, un proyecto dedicado a recopilar datos sobre el feliz manul y a defenderlo. Esperemos que consigan ayudar a este precioso y tímido felino que ocupa pequeñas zonas en un territorio inmenso.

Mongolia


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Los 60 gatos de Florence Nightingale

Florence Nightingale es famosa por haber creado la profesión de enfermera tal como la conocemos hoy. Además, revolucionó los cuidados hospitalarios, fue una prolija autora desde su juventud, hablaba varios idiomas, sabía mucho de matemáticas y siempre se apoyó en las estadísticas, algo no muy habitual en su época. Todo lo anterior se incluye en sus biografías, pero no suele mencionarse que era una apasionada de los gatos, hasta el punto de llegar a tener diecisiete a la vez y unos sesenta en su larga vida.

Florence Nightingale

Florence Nightingale debió de ser una mujer interesante. Sin duda tuvo carácter, era valiente, obstinada, inteligente y su visión de los cuidados en hospitales no solo cambió la medicina, sino que salvó a mucha gente. Nació en Florencia, de ahí su nombre de pila, el 12 de mayo de 1820 en el seno de una rica familia británica, pero creció en una propiedad de Inglaterra rodeada de animales. Según su madre “Siempre sitió pasión por cualquier ser vivo”. Entre 1850 y 1852, cuando tenía 30 años cumplidos, escribió el ensayo “Cassandra” en el que rechaza la exagerada feminización de la mujer británica de la clase media y alta, condenada al matrimonio y a depender de un hombre, sea su marido, padre o hermano. Por suerte, el padre de Florence Nightingale le asignó una pensión de 500 libras esterlinas anuales, lo que correspondería hoy a unas 40.000 libras, permitiéndole vivir cómodamente, aunque sin grandes lujos, toda su vida.

Florence Nightingale en 1908

En 1850 visitó la comunidad religiosa Kaiserswerth en Alemania y vio cómo el pastor y varias mujeres cuidaban de los enfermos. Parece ser que fue una experiencia reveladora y decidió quedarse cuatro meses para aprender las bases en las que fundaría toda su teoría. Durante un año, de 1853 a 1854, ocupó el cargo de superintendente del Instituto para el Cuidado de Mujeres Enfermas, en Upper Harley Street, Londres, y empezó a enseñar sus novedosos métodos.

Jean-Jacques Bachelier (1724-1806)

La Guerra de Crimea estalló en 1953 y no tardaron en llegar a la isla noticias de las horrendas condiciones en que se encontraban los soldados británicos enfermos o heridos. El 21 de octubre de 1854, Florence Nightingale, acompañada por treinta y ocho enfermeras voluntarias, su tía Mai Smith entre ellas, y quince monjas católicas, zarparon hacia Turquía. Lo que se encontraron superaba con creces las noticias. Los hospitales de campaña estaban infestados de ratas, no había medicinas, la higiene era inexistente y las continuas infecciones tenían consecuencias fatales.

Agnes Augusta Talboys (1863-1941)

Durante su primer invierno en Scutari murieron 4.077 soldados de tifus, fiebre tifoidea, cólera y disentería, diez veces más que en el campo de batalla, por culpa de un alcantarillado defectuoso y falta de ventilación. Florence movió cielo y tierra, y consiguió solucionar estos problemas, salvando muchas vidas. Los soldados la bautizaron “la dama de la lámpara” por sus constantes visitas a las tiendas en plena noche con una linterna en una mano y una escoba en la otra para ahuyentar a las ratas.

Dibujo de “la dama de la lámpara”.

Siempre creyó que la elevada mortandad se debía a una alimentación defectuosa, a la falta de medicamentos, al aire viciado y a un trabajo excesivo. Cuando regresó a Inglaterra, presentó un informe con estadísticas a la Real Comisión Sanitaria del Ejército, demostrando que unas malas condiciones de vida eran nocivas para la salud. Gracias a ella se redujo la mortandad en el ejército en tiempos de paz y se introdujo el saneamiento en las casas de la clase trabajadora.

Persa azul (1895)

Gracias a un fondo establecido en 1855, cinco años después fundó la Escuela de Enfermeras en el hospital St. Thomas. La primera promoción se graduó en 1965 y empezó a trabajar en un hospital de Liverpool. Según Mark Bostridge, el biógrafo oficial de Florence Nightingale, logró el enorme avance de que hubiera enfermeras en los asilos para pobres, lugares en los que anteriormente los sanos cuidaban de los enfermos.

Dibujo de “la dama de la lámpara”.

Cuando aún estaba en Crimea, un soldado llevó un gatito amarillo a la dama de la lámpara; esta le adoptó y el gato la ayudó a controlar a las ratas, al menos en su tienda, además de hacerle compañía. Allí contrajo una brucelosis crónica, probablemente por beber leche de cabra infectada, y nunca recuperó la salud. A su regreso a Gran Bretaña, la enfermedad no le impidió seguir trabajando o escribiendo. Unos grandes amigos suyos, los Mohl, le regalaron una gata persa, raza muy apreciada entonces, y a su camada de seis gatitos. Algunos eran atigrados, según Florence Nightingale “casi parecían tigres y muy salvajes”. A partir de ese momento, nunca vivió sin varios gatos a su alrededor.

Agnes Augusta Talboys

Los nombres de algunos eran muy altisonantes, como un enorme gato blanco que llegó a su casa de Mayfair en 1867 llamado Mr. Bismarck, según ella “el más sensible y cariñoso de todos los gatos, muy tierno, una dama, en realidad”. Pero antes había tenido a Tom y a Topsy (nombres mucho más corrientes). Estos se habían apoderado de su cama “a pesar de las protestas del gran Pussie, que no hace más que gruñirles”. Los gatos ocupaban un importante espacio en su vida, así como en su correspondencia, dejando a menudo marcas de tinta en el papel de sus cartas.

Carl Kahler (siglo XIX)

Otra anécdota gatuna, contada por la misma Florence Nightingale, ocurrió en otoño de 1885, cuando regresaba en tren a Londres después de visitar a su hermana en Buckingamshire, en compañía de Quiz, uno de sus persas. Debemos añadir que nunca se desplazaba sin que la acompañasen uno o dos gatos. Pues bien, al llegar a Watford, Quiz se escapó de la cesta y saltó por la ventana abierta del tren. Con su dramatismo habitual escribió: “Reuní a todos los jefes de las estaciones cercanas y el de Watford recorrió el trayecto en sentido inverso para encontrar a Quiz. Esa misma noche recibí un telegrama indicándome que me mandaba a Quiz en el tren de las 7:25”. Sin embargo, el “pobre gatito” no llegó y pidió ayuda al inspector de la estación de Euston, que descubrió a Quiz en la sala de paquetes. Se había herido al saltar y “apenas hablaba o se movía”, pero estaba vivo “y enseguida volvió a saltar y a cantar”.

No existen fotografías de Florence Nightingale con sus gatos sencillamente porque no le gustaba que la fotografiasen con o sin gatos. Para este artículo hemos escogido algunas fotos de gatos persas realizadas en la misma época en que vivió la dama de la lámpara. Murió a los 90 años, el 13 de agosto de 1910, completamente ciega y senil, pero no sería de extrañar que en su testamento hubiera protegido a los seres que la acompañaron durante más de 50 años y a los que tanto amaba.

La información “gatuna” incluida en este artículo procede de un artículo de Mark Bostrige, el biógrafo de Florence Nightingale, y otro de la doctora Joy Shiller.