Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Grabados de gatos de Tomoo Inagaki

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Tomoo Inagaki nació en Tokio en 1902 y estudió en el Instituto Comercial de Okura. Al graduarse, trabajó inagaki-tomoodurante un tiempo en una acería, pero su atracción por el arte – ya había probado a pintar al óleo mientras estudiaba – fue demasiado fuerte. Su primer contacto con los grabados surgió a raíz de su encuentro con la revista “Shi to hanga” (Poesía y grabados), editada por Koshirô Onchi (1891-1955) y Un’ichi Hiratsuka (1895-1997), dos famosos grabadores. Ingresó en una escuela de diseño artístico y durante dos años estudió con Hamada Masuji (1892-1938).

Al graduarse en 1924, presentó un grabado a la revista “Shi to hanga” que fue publicado en el número 13 de ese año. A partir de entonces pudo asistir a “las reuniones familiares” en las que los editores y los colaboradores hablaban de sus problemas artísticos y técnicos, además de criticar abiertamente sus trabajos.

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Él mismo dijo: “Debo mucho a ‘Shi to hanga’. Me convertí en un colaborador habitual y no me perdía una sola reunión. Aprendí mucho allí, todo lo que sé de planchas xilográficas, y también fue mi mayor educación artística. Forjé una amistad de por vida con hombres como Susumu Yamaguchi”. Posteriormente se apuntó a las clases dominicales de Shizuo Fujimori, que también pertenecía al grupo “familiar”. En una conversación con Oliver Statler, dijo: “Me gustan cosas de Matisse y Picasso, pero otras no me convencen. Mis mayores influencias son Onchi e Hiratsuka”.

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En 1924 expuso con la Asociación de Grabadores Creativos de Japón, pero no fue miembro de la Asociación de Grabadores Japoneses hasta 1932. Abrió un estudio de diseño, que no tardó en tener éxito, además de dar clases en el Instituto Comercial de Kyôhoku entre 1935 y 1951, año en que ingresó como docente en la Escuela Artística de Publicidad de Japón.

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Al igual que muchos artistas de su generación participó en los numerosos concursos internacionales que se celebraron después de la II Guerra Mundial en ciudades como París, Tokio o Lugano.

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Nos interesa, y se le conoce y admira sobre todo por sus estilizadas imágenes de gatos. Sorprende que no empezara a realizar grabados de gatos hasta el año 1951, coincidiendo con su puesto en la Escuela de Publicidad. ¿Tuvo eso algo que ver? Desgraciadamente, las biografías de Tomoo Inagaki son muy escuetas. Nadie parece preguntarse por qué se dedicó de pronto a hacer magníficos y estilizados grabados de gatos con toques cubistas que poco o nada tenían que ver con su estilo anterior, como puede comprobarse con el paisaje nevado que incluimos aquí.

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Sus obras hasta ese momento incluían paisajes campestres y urbanos, flores, retratos de actores del teatro No y naturalezas muertas.

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No es fácil encontrar en Internet grabados suyos realizados antes de 1951. Se dio a conocer en Occidente gracias al libro de Oliver Statler “Modern Japanese Prints: An Art Reborn” (Grabados japoneses modernos: El renacimiento de un arte), publicado en 1956. Hemos visto que existe una nueva edición de octubre de 2012 en la que uno de los dos dibujos que aparecen en la portada pertenece a Tomoo Inagaki. Después de bucear mucho en la red hemos encontrado el capítulo que el autor le dedica, y tampoco menciona el cambio de paisajes y flores a gatos.

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Tomoo Inagaki falleció en Tokio en 1980, a la edad de 78 años.

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Los gatos de Wildcat Hill (Edward Weston)

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El libro “The Cats of Wildcat Hill” comprende fotografías realizadas por Edward Weston, así como textos suyos y de Charis Wilson, su compañera y colaboradora. Son fotos de los numerosos gatos que vivían en su casa situada a unos ocho kilómetros al sur de Carmel, California, y a la que llamaron “Wildcat Hill” (Monte gatos asilvestrados) por todos los gatos que decidieron asentarse allí. Hicieron construir la casa en una parcela perteneciente al padre de Charis en 1937. Es obvio que Edward Weston amaba a los gatos, y que su compañera compartía ese amor.

Portada del libro

Portada del libro

El libro fue publicado en 1947 por la editorial Duell, Sloan and Pearce. En circunstancias normales, antes de redactar una reseña sobre un libro, intentamos hacernos con él y leerlo. A veces solo conseguimos libros de segunda mano porque ya no se publican, pero algo encontramos. En este caso, solo existen ejemplares usados, pero nos detuvo el precio. Indagando en Internet descubrimos que el ejemplar más barato cuesta 125 dólares y el más caro, 2.500, sin gastos de envío. Pero después de mucho buscar, encontramos un enlace con unas pocas fotografías del libro que incluimos aquí, las enmarcadas con un título en inglés. Por cierto, el precio original del libro era de 3,75 dólares.

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“Wildcat Hill” consta de unas 90 páginas divididas en once capítulos, entre los que encontramos títulos como “Génesis”, el capítulo 1, claro. O también “Interludio aromático” (el cuarto), que casi no nos deja duda en cuanto a su contenido. Por las fotos deducimos que Edward Weston y Charis Wilson no esterilizaban a sus gatos. El sexto se llama “El fin de un tirano”, ¿uno de los gatos intentó dominar a los demás? Y el décimo, “Decadencia y caída”, que nos sume en un mar de dudas.

Nicky

Nicky

Reproducimos lo que quizá sea una de las primeras páginas del libro, con la foto de Nicky y una leyenda que reza: “Un personaje complejo y débil que padecía, entre otras cosas, de ofidiofobia”. A la izquierda de la foto, los axiomas de Nicky: 1. Cualquier gato nacido aquí está bien; 2. Hay que pelearse con cualquier gato que no haya nacido aquí, excepto si es muy grande, y 3. Hay que pelearse con cualquier gato que haya nacido aquí, pero que haya decidido irse aunque sea mi hermano, excepto si es muy grande.

Edward y Charis con gatos

Edward y Charis con gatos

También está la foto del “refugio” Frank Lloyd Wright, llamado así, suponemos, en honor al famoso arquitecto, a pesar de estar hecho de cajas de cartón. Hay que tener en cuenta que en Carmel no llueve mucho y tampoco hace frío.

Edward Weston está considerado uno de los maestros de la fotografía del siglo XX. Nació en Highland Park, Illinois, el 24 de marzo de 1886 y creció en Chicago. Tenía 20 años cuando fue a visitar a su hermana May a California y decidió quedarse. En 1909 se casó con Flora Chandler, que había heredado una suma de su padre y Weston pudo dedicarse completamente a la fotografía. Tuvieron cuatro hijos. Su estudio funcionaba bien y ganó varios premios profesionales. En 1913 conoció a Margarethe Mather, con la que mantuvo una intensa relación profesional y amorosa.

El refugio Frank Lloyd Wright

El refugio Frank Lloyd Wright

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En 1923 se trasladó a Ciudad de México y abrió un estudio con su asistente y amante Tina Modotti, que le sirvió durante varios años de modelo para sus desnudos. Allí conoció y fotografió a grandes artistas, como José Orozco, David Siqueiros y Diego Rivera. Regresó definitivamente a California en 1926 y expuso varias veces con su hijo Brett antes de dedicarse a lo que realmente le dio fama, la fotografía de objetos naturales, desnudos y paisajes.

Padre e hijo abrieron un estudio en San Francisco y al año siguiente se mudaron a Carmel, donde empezaron a fotografiar la zona de Punta Lobos. En 1932 fundó el grupo f/64 con Ansel Adams, Willard Van Dyke, Imogen Cunningham y Sonya Noskowiak.

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Johnny

Johnny

A principios de 1934 conoció en un concierto a Charis Wilson, cuya belleza y personalidad le cautivaron de inmediato, tanto que escribió: “Un nuevo amor ha entrado en mi vida, un maravilloso amor que, me parece, aguantará el paso del tiempo”.

Empezó a tener serias dificultades económicas a partir de 1935, año en que Charis Wilson consintió en vivir con él. Por suerte, en 1937 fue el primer fotógrafo que consiguió una beca Guggenheim, que ascendía a 2.000 dólares, lo que les permitió comprar un coche y pasar doce meses recorriendo Estados Unidos. Le otorgaron otra beca Guggenheim al año siguiente y usó parte del dinero para construir la casa de Wildcat Hill.

La casa

La casa

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La gatera

No se instalaron allí definitivamente hasta el ataque a Pearl Harbor en 1941, año en que se prohibió el acceso a Punta Lobos, donde había realizado la serie de magníficos desnudos de Charis. Entones se dedicó a fotografiar los alrededores de Wildcat Hill y a sus numerosos gatos.

Los gatos Bodieson, Sidney, Roger, Prince Kitt, John y Marco Polo (1944)

Los gatos Bodieson, Sidney, Roger, Prince, Kitt, John y Marco Polo (1944)

Los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, que acabaría impidiéndole trabajar, aparecieron en 1945. Empezó a alejarse emocionalmente de Charis y se separaron. Edward Weston volvió a Glendale para trabajar en el estudio que compartía con su hijo Brett. Sin embargo, a los pocos meses, Charis Wilson le vendió el terreno, y el fotógrafo regresó a Wildcat Hill junto a sus gatos.

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Sus últimas fotografías fueron tomadas en 1948 en Punta Lobos con la ayuda de sus hijos Brett y Cole, y de su asistente Dody Thompson, que se casó con Brett en 1952. Falleció en Wildcat Hill seis años después. Sus cenizas fueron esparcidas en la playa Pebbles de Punta Lobos, que posteriormente fue rebautizada como playa Weston.


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Gatos, cardenales y Georges Croegaert

Una visita importante

Una visita importante

El pintor

El pintor

Georges Croegaert nació el 7 de octubre de 1848 en Amberes, Bélgica, y estudió en la Academia de Bellas Artes de esta ciudad. Se dio a conocer por sus elegantes retratos de mujeres de la alta sociedad, que le proporcionaron una exitosa carrera. Sus cuadros fueron muy aclamados por la crítica, y los coleccionistas británicos y estadounidenses se los quitaban de las manos. Expuso regularmente entre 1882 y 1914 en el famoso Salón de París, ciudad a la que se trasladó en 1876 y donde falleció en 1923.

Empezó pintando bodegones muy detallados, aves, flores y algún que otro paisaje. Posteriormente optó por los retratos de jóvenes mundanas y burguesas en suntuosos ambientes, algo muy de moda entonces, especialmente a partir de los años setenta del siglo XIX y el surgir de la Belle Époque.

Andrea Landini

Cuadro de Andrea Landini

Descansando

Descansando

Dos cardenales

Dos cardenales

Sin embargo, en un momento dado se dedicó a retratar a clérigos y formó parte de lo que se dio en llamar “arte anticlerical”. No fue el único, hubo otros tres pintores conocidos por sus cuadros anticlericales, los italianos Francesco Brunery (1849 – 1926) y Andrea Landini (1847 – 1935), y el francés Jean-Georges Vibert (1840 – 1902).

El cardenal y sus gatos persas blancos

El cardenal y sus gatos persas blancos

Juegos de gatos

Juegos de gatos

La pelota de cuerda

La pelota de cuerda

Además de su meticulosa atención por el detalle, sus vibrantes colores y su mirada irónica, Croegaert se distinguía de sus contemporáneos por otra razón, y es que en numerosos retratos de cardenales incluía a gatos, persas y callejeros sin distinción. Gatos mimados, desde luego, a menudo los mismos, como si estos gatos hubieran vivido con él y servido de modelo. ¿O pertenecían los gatos a los cardenales retratados? Si nos fijamos en los cuadros que hemos incluido, el cardenal que juega con la pelota de cuerda y sus gatos vuelve a aparecer con los mismos gatos en otro cuadro al lado de un servicio de café. El arzobispo que “descansa” con un gato en el regazo sigue descansando en otro retrato con el mismo gato. Lo que nos lleva a pensar que los clérigos posaban para el pintor a pesar de que sus cuadros eran considerados arte anticlerical…

La siesta

La siesta

Las noticias

Las noticias

Las noticias (2)

Las noticias (2)

Solo hemos encontrado otro retrato de un cardenal que incluya a un gato, obra de Andrea Landini. Ni en los retratos de Brunery ni de Vibert hay gatos, pero Landini añade algún perro faldero. Lo que no podemos dejar de mencionar es que el obispo de Miami en la época, Coleman Carroll, era un ávido coleccionista de las obras de Vibert, concretamente de sus retratos de cardenales.

Un momento juguetón

Un momento juguetón

Pensativo

Pensativo

En realidad, después de fijarnos mucho en los once retratos de cardenales escogidos para ilustrar este pequeño artículo, los clérigos de Georges Croegaert no dan la impresión de ser caricaturas, sino más bien personas que viven muy cómodamente y que se lo toman todo con suma tranquilidad, disfrutando en su avanzada edad. Puede que haya una cierta socarronería por parte del pintor, pero no se le puede acusar de burlarse abiertamente de los príncipes de la iglesia. Y para terminar queremos recalcar el enorme interés que esos importantes personajes dedican a sus gatos (excepto cuando se han quedado traspuestos, claro). Por cierto, parece ser que todos leían el diario “L’Echo de Paris”, ya que incluso Landini lo coloca en manos de su cardenal.


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Los gatos persas blancos de Arthur Heyer

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El pintor Arthur Heyer nació el 28 de febrero de 1872 en el pueblo de Haarhausen, estado de Turingia, en el centro de Alemania.

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Autorretrato – 1926

Fue el segundo hijo de Georg Hermann Heyer, el maestro del pueblo, y de su esposa Friederice. En 1875, la familia se trasladó a Gotha, una ciudad mucho mayor, donde cursó los estudios primarios.

A los 18 años ingresó en el Centro de Artes Decorativas de Berlín y estudió con el profesor Max Friedrich Koch. Permaneció en esta ciudad durante cinco años, hasta 1895, ganándose la vida mediante la publicación de dibujos en diversos semanarios, sobre todo el satírico “La Avispa”, dirigido entonces por Eugen Richter. También en esta época viajó en varias ocasiones a la zona de Transilvania que todavía pertenecía a Hungría.

En 1896 se mudó definitivamente a Budapest, entonces parte del Imperio austrohúngaro, para trabajar en la Editorial Tarulat, y obtuvo la nacionalidad húngara en 1900. Diez años después tuvo su primera exposición en esta ciudad, a la que siguieron otras en Hungría y Alemania.

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En 1911 recibió el Premio Conde Andrássy, y poco después expuso en el Palacio de Cristal de Múnich y en el Künstlerhaus de Viena. El duque Carl Eduard le nombró profesor en 1913. Entre 1914 y 1918 fue uno de los numerosos artistas que trabajaron en Berlín para retratar la I Guerra Mundial.

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En 1919 publicó dos libros infantiles que él mismo ilustró con dibujos de animales, En Wunderwald, ein Märchen (En el bosque maravilloso, un cuento de hadas) y Niki, eine drollige Hundegeschichte (Niki, la historia de un perro gracioso).

Falleció a los 59 años, el 31 de julio de 1931, en Budapest, su ciudad adoptiva, donde se le honró con un funeral de Estado. Está enterrado en el cementerio de Kerepesi.

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Además de sus dibujos satíricos, Arthur Heyer se dedicó sobre todo a pintar animales, muy especialmente gatos, y entre estos únicamente a persas blancos. Se rumorea que tuvo un perro llamado Mucki, aunque no podemos confirmarlo. Sabemos que hizo decenas de cuadros de magníficos persas blancos como la nieve, de los que publicamos unas cuantas reproducciones, y que al parecer muchos de sus cuadros fueron encargos. Pintaba en un estilo naturalista propio de la época, aunque muy estático. La mirada sus animales parecía pérdida, sin mucha expresión. Aun así, era un pintor hábil y elegante. Hoy en día existe una cantidad ingente de reproducciones de cuadros suyos, sobre todo de gatos, hasta el punto de que se le ha dado el apodo de “Cat Heyer”.

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Si les gusta la obra de este pintor, les recomendamos que entren en este enlace http://www.thegreatcat.org/the-cat-in-art-and-photos-2/cats-in-art-20th-century/arthur-heyer-1872-1931-german-hungarian/ Se trata de la página “The Great Cat”, de la que es autora Laura Vocelle, que publica semanalmente una entrada sobre pintores y gatos. Los textos son cortos, pero la documentación, enorme. Una página muy recomendable para los amantes de los gatos.


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Buzzer, el gato modelo de Arnold Genthe

Desnudo con el gato Buzzer

Desnudo con el gato Buzzer

Fue descrito como “el gato más fotografiado del mundo” por el periódico The Boston Herald, que llegó a dedicarle toda una página. Se llamaba Buzzer y su dueño, el fotógrafo Arnold Genthe, le hizo famoso. La clientela de Genthe estaba compuesta por pensadores, políticos, escritores, actores de teatro y de cine, y Buzzer no solo se codeó con todos ellos, sino que aparece fotografiado en compañía de una larga lista de actrices y mujeres de la alta sociedad.

El fotógrafo Arnold Genthe

El fotógrafo Arnold Genthe

El gato Buzzer y Ann Murdock

El gato Buzzer y Ann Murdock

El gato Buzzer y Audrey Munson

El gato Buzzer y Audrey Munson

Al parecer hubo cuatro Buzzer en la vida de Arnold Genthe, y en su autobiografía “As I Remember”, el fotógrafo dice: “Buzzer IV, que estuvo conmigo dieciocho años, era un gato grande atigrado de color amarillo, una mezcla de gato chino y persa, y más bien parecía un pequeño tigre. Era altivo, pero nada fiero; pocas veces condescendía a ser amable con extraños”.

Basta con fijarse en Buzzer posando en brazos de mujeres para darse cuenta de que no siempre estaba cómodo, pero era un gato bien educado y aguantaba estoicamente. En otras parece satisfecho. Hay fotos de Buzzer cuando no tiene más de un año, de Buzzer con diferentes expresiones, pero siempre es el mismo Buzzer, de eso no cabe duda.

Arnold Genthe sigue diciendo: “Buzzer ocupó un lugar importante en el estudio, e incluso hoy, años después de su muerte, jóvenes y ancianos le recuerdan con gran afecto. A veces me han acusado de prestar más atención al gato que a la gente. Es posible que disfrutara más con su ronroneo satisfecho que con la charla superficial de una visita inoportuna. No he encontrado otro gato que pudiera ocupar su lugar”.

“Con el paso de los años le hice un sinfín de fotografías, y algunas de estas fotos, sobre todo unas con las actrices Billie Burke, Jane Cowl, Martha Hedman y Marguerite Churchill, fueron publicadas en periódicos dominicales”, añade.

El gato Buzzer y Jocelyn Stebbins

El gato Buzzer y Jocelyn Stebbins

El gato Buzzer y la Srta. Whittaker

El gato Buzzer y la Srta. Whittaker

El gato Buzzer y Natalie Campbell

El gato Buzzer y Natalie Campbell

Marina Kaneti, la comisaria de una exposición de fotografías de Arnold Genthe celebrada en 2014 llamada “Visions of Beauty” (Visiones de belleza) en Washington DC, dice: “Arnold Genthe adoraba a los gatos. También tenía muchas amigas que estaban fascinadas por Buzzer. Retratar a mujeres con su gato significaba algo muy especial para él. Pero Buzzer era mucho más que una pieza de atrezo, era su verdadera musa. Siempre le interesó capturar el movimiento, y supongo que los movimientos y las poses que adoptaba el gato le intrigaban”.

La reflexión de la comisaria está respaldada por estas frases del mismo Arnold Genthe: “Parece ser que a los cuatro años, cuando la niñera me llevó a ver a mi hermano Hugo recién nacido, comenté con gran seriedad: ‘Me gustaría más tener un gatito’. Me gustan los perros, pero los gatos siempre me dicen mucho más, y han sido los sabios y amables compañeros de muchas horas solitarias”.

El fotógrafo fue uno de los primeros en usar una cámara lo suficientemente rápida como para capturar momentos y personas en poses más naturales. Cuando hablaba de otros fotógrafos contemporáneos suyos, consideraba su trabajo como “tosco y falso, con todos los indeseables métodos del pasado”. Describió cómo trabajaban los fotógrafos tradicionales de la época: “El modelo-víctima era colocado ante un fondo y ‘posaba’, es decir, se le retorcía en una de las doce poses aceptadas – más o menos teatrales y grotescas – y se le fijaba la cabeza con una abrazadera (reposacabezas) que imposibilitaba cualquier movimiento. A continuación debía mirar a un punto. La foto resultante quizá tuviera algún parecido con el modelo, pero carecía de expresión y de todo mérito artístico”.

Decidió usar una técnica totalmente diferente en la que “descartó cada una de las sagradas reglas de la tradición fotográfica”, inventando un nuevo producto que revolucionó el arte fotográfico. Su innovadora técnica, conocida como “el estilo Genthe”, se convirtió en el distintivo de una prolija carrera que duró tres décadas. La mejor prueba del éxito de este nuevo estilo es la cantidad de personas a las que fotografió, incluso al principio de su carrera. Los registros de su estudio anteriores a 1906 incluyen unos ocho mil clientes, y en 1911 había realizado más de diez mil retratos. Al final de su vida se calcula que había hecho más de cien mil fotos y retratos.

El gato Buzzer

El gato Buzzer

“Estaba empeñado en demostrar que había otro tipo de fotografía, sin poses formales, es más, sin necesidad de posar. Intentaría fotografiar a los modelos sin que se diesen cuenta, sin que supieran que la cámara estaba preparada. Les mostraría fotos que carecerían de uniformidad, en las que se pondría el énfasis en el carácter de la persona en vez de entregar la imagen aburrida de una máscara fotográfica con ropa”, explica en “As I Remember”.

Arnold Genthe nació en Berlín, entonces Prusia, el 8 de enero de 1869, y siguió los pasos de su padre, doctorándose en Filología Clásica en la Universidad de Jena. Viajó en 1895 a San Francisco para trabajar como tutor y decidió quedarse. Fotógrafo autodidacta, empezó a fotografiar el barrio chino y a sus habitantes. Se cree que muchas de esas fotos fueron realizadas con una “cámara oculta” debido a que muy pocos vecinos deseaban ser retratados. Las 200 fotos que quedan hoy en día son las únicas muestras fotográficas del barrio chino de San Francisco antes del terremoto de 1906.

Isadora Duncan, fotografiada por Arnold Genthe

Isadora Duncan, fotografiada por Arnold Genthe

“Volvía al Barrio Chino una y otra vez hasta convertirme en una figura familiar. Muchos días me quedaba horas de pie en una esquina o sentado en un patio miserable donde, inmóvil y sin mostrar interés en nada, esperaba impaciente y alerta a que apareciera un grupo de personajes interesantes”, dice el fotógrafo en su autobiografía.

Unos periódicos locales publicaron algunas de estas fotos a finales de la década de 1890 y decidió abrir un estudio fotográfico que no tardó en ser frecuentado por mujeres de la importancia de Nance O’Neil, Sarah Bernhardt y Nora May French, así como por su amigo el escritor Jack London.

Retrato del gato Buzzer

Retrato del gato Buzzer

En 1911 se trasladó a Nueva York, ciudad en la que permaneció hasta su muerte de un infarto en 1942. Fotografió a políticos como Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson y John Rockefeller, y a numerosas bailarinas, Anna Pavlova, Isadora Duncan y Ruth Saint Denis, entre otras. Se dice que sus retratos de Greta Garbo dieron un empujón a la carrera de la actriz.

La gran mayoría de su obra está compuesta por retratos, pero fue un pionero de la fotografía de la danza, y por eso acabaremos con unas palabras de Isadora Duncan, su amiga y amante, y una de sus modelos favoritas (además del gato Buzzer): “Arnold Genthe no solo fue un genio, también un brujo. Dejó la pintura por la fotografía, sus fotos son extrañas, mágicas. Efectivamente, apuntaba la cámara hacia la gente y la fotografiaba, pero nunca eran fotos de los modelos, sino de su imaginación hipnótica. Me hizo muchas fotografías, aunque no son representaciones de mi ser físico, sino representaciones de mi alma, y una de ellas encarna a mi alma”.


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El gato filósofo de Hippolyte Taine

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Hippolyte Taine, pensador francés nacido el 21 de abril de 1828 en Vouviers, región de las Ardenas, Francia, dijo una vez: “He estudiado con detención a los filósofos y a los gatos. La sabiduría de los gatos es infinitamente superior”.  Pero no le bastó con realizar semejante afirmación; decidió redactar “Vida y opiniones filosóficas de un gato”, un texto corto, lleno de ironía y humor, donde describe la vida de un gato nacido en un corral y sus opiniones sobre lo que descubre a su alrededor. Apareció por primera vez como paréntesis, quizá para dar un descanso al lector, en la segunda edición de “Viaje a los Pirineos”, publicado en 1858.

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Este crítico literario, historiador controvertido y filósofo no escondía su pasión por los gatos, como lo demuestra una fotografía tomada en su biblioteca donde está sentado acariciando a uno. Escribió numerosos artículos filosóficos, literarios e históricos para dos grandes publicaciones de la época, “Revue des Deux Mondes” y “Journal des débats”. En 1863 publicó “Historia de la literatura inglesa” en cinco volúmenes, que obtuvo un éxito enorme y no solo le permitió vivir de la escritura, sino ser nombrado profesor del Colegio de Bellas Artes y de la prestigiosa escuela Saint-Cyr. Incluso dio clases en Oxford en 1871 y fue elegido miembro de la Academia Francesa en 1878.

A partir de 1870 hasta su fallecimiento en París el 5 de marzo de 1893, se entregó a su gran obra, “Historia de los orígenes de la Francia contemporánea”, en la que denuncia la artificialidad de las construcciones políticas francesas, como por ejemplo el espíritu racional y abstracto de Robespierre, que contradicen de pleno el lento crecimiento natural de las instituciones estatales.

Caricatura por Félix Valloton

Caricatura por Félix Valloton

Pero pasemos a lo que nos interesa y a los comentarios del gato filósofo. No hemos encontrado ninguna traducción en castellano, y a pesar de ser un texto corto como dijimos antes, no lo es tanto como para traducirlo íntegramente aquí. Nos limitaremos a escoger algunos párrafos. Empieza así:

“Nací en un tonel al fondo de un pajar lleno de heno; la luz caía en mis párpados cerrados, y los primeros ocho días, todo me pareció de color rosa”. En el capítulo II, el gato sigue diciendo: “Mis patas se habían hecho fuertes, salí y no tardé en trabar amistad con una oca, animal estimable pues tenía la tripa caliente; me acurraba bajo ella y sus discursos filosóficos formaban mi mente. Contaba que el corral era una república de aliados: el más industrioso, el hombre, había sido escogido para mandar, y los perros, a pesar de ser turbulentos, eran nuestros guardianes”. Al poco, el gato presencia la muerte de la oca a manos de la cocinera.

En el capítulo V hace un comentario sobre la música: “La música es un arte celeste; sale de lo más profundo de las entrañas. Bien lo saben los hombres cuando intentan imitarnos con el sonido de sus violines”. En el VI habla de la felicidad: “He reflexionado mucho acerca de la felicidad ideal”. Y añade un poco más lejos: “El que come es feliz; el que digiere lo es aún más; el que se queda traspuesto mientras digiere lo es mucho más. El resto solo es vanidad e impaciencia de espíritu (…) Si el mundo es un gran Dios bienaventurado, según dicen los sabios, la tierra debe de ser una tripa inmensa ocupada eternamente en digerir a las criaturas y en calentar su piel tersa al sol”.

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En el VII menciona a los perros: “…si la obra maestra de la creación es el gato, no se entiende que otro animal le odie, se abalance sobre él sin que este le haya hecho el menor arañazo y le rompa la espalda sin tener ganas de alimentarse de su carne”.

Y por fin, en el capítulo VIII, este gato filósofo sin nombre nos habla de su idea del mundo: “Es necesario abrir el espíritu a conceptos más amplios y razonar por vías más ciertas. La naturaleza se parece siempre a sí misma, y ofrece en lo más pequeño la imagen de lo más grande. ¿De dónde proceden los animales? De un huevo; por lo tanto la tierra es un enorme huevo roto. Basta para convencerse con examinar la forma y los límites del valle que representan al mundo visible. Es cóncava como un huevo, y los bordes más afilados que se unen al cielo son aserrados, cortantes y blancos como los de una cáscara rota (…) El mundo es un gran huevo revuelto”.

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Y acaba diciendo: “Alcanzado semejante grado de sabiduría, nada me queda por pedir a la naturaleza ni a los hombres ni a nadie, excepto algún que otro festín del asador. Solo me queda dormirme en mi sabiduría, pues mi perfección es sublime, y ningún gato ha penetrado en el secreto de las cosas tan profundamente como yo”.

Ilustración de Gustave Doré

Ilustración de Gustave Doré

Incluimos dos de las ilustraciones de Gustave Doré que acompañaron el texto en su primera edición.


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Los gatos psicodélicos de Louis Wain

Despedida de soltero

Despedida de soltero

El Dr. Walter Maclay, psiquiatra del Bethlem Royal Hospital, Londres, estaba muy interesado en la esquizofrenia y sus consecuencias en el arte. En los años treinta reunió ocho dibujos de gatos realizados por el artista Louis Wain y los ordenó, desde Louis-Wain-5el más figurativo al más abstracto, para demostrar la progresión de la enfermedad. Su “serie” ha sido reproducida en un sinfín de ocasiones en libros de psicología. Sin embargo, esta teoría ha sido rebatida en varias ocasiones. Rodney Dale, biógrafo del pintor, dice: “Si tenemos en cuenta la poca información de que disponemos acerca de los cuadros escogidos por el Dr. Maclay, no existe razón alguna para considerarlos algo más que ejemplos del arte de Louis Wain en diferentes épocas. Wain experimentaba con diseños y gatos, y siguió dibujando gatos bastante convencionales incluso diez años después de sus dibujos “supuestamente” posteriores y más abstractos. Solo puede llegarse a la conclusión de que los ocho dibujos fueron realizados en momentos diferentes, como la obra de cualquier otro artista”.

Asimismo, el Dr. Michael Fitzgerald ve más probable que Wain sufriera del Síndrome de Asperger, y añade que, incluso si su obra se hizo más abstracta con el tiempo, no perdió un ápice de técnica ni de habilidad, algo que contradice la teoría de la esquizofrenia.

Louis Wain y un gato en 1890

Louis Wain y un gato en 1890

En diciembre de 2012, el psiquiatra David O’Flynn, con ocasión de la exposición de “Gatos caleidoscópicos” en el Museo y Archivos del Bethlem Royal Hospital, propuso ver la serie como creada por dos personas, el pintor y el médico. Walter Maclay sostenía que los dibujos demostraban su teoría, basada en parte en sus experimentos con el arte y la psicosis inducida por la ingestión de mescalina, de que la esquizofrenia daña la creatividad. Sin embargo, viendo el desarrollo de las obras de Louis Wain, esto parece más que dudoso.

Serie de 8 dibujos, según el Dr. Maclay

Serie de 8 dibujos, según el Dr. Maclay

El pintor Louis William Wain nació el 5 de agosto de 1860 en Londres, de padre inglés y madre francesa. Sus progenitores tuvieron cinco hijas más, de las que no se casó ninguna. Empezó a enseñar en la West London School of Art al poco tiempo de haber ingresado como alumno. Perdió a su padre a los 20 años y, a partir de ese momento, se ocupó de su madre y hermanas.

Tomando el té

Tomando el té

Al principio de su carrera no se limitó a dibujar gatos, sino todo tipo de animales. Incluso pensó en ganarse la vida haciendo retratos de perros. Al dejar la enseñanza, trabajó como dibujante para varias revistas ilustradas. Se casó a los 23 años con Emily Richardson, diez años mayor que él, algo no muy bien visto en esa época. Tristemente, Emily tuvo un cáncer de pecho y murió al cabo de tres años; gracias a ella, Wain encontró el tema que definiría su carrera. Tenían un gato blanco y negro llamado Peter al que habían recogido una noche de tormenta. Peter alegró la vida de Emily durante su enfermedad y Louis Wain empezó a dibujarle: “Le debo los cimientos de mi carrera, el desarrollo de mis primeros esfuerzos y la fundación de mi obra”, dijo una vez, hablando de Peter.

Wain 4

Publicó su primera serie de dibujos de gatos antropomorfos (Fiesta navideña de gatos) en el número de Navidad de la Louis Wain 2“Illustrated London News”. Se trataba de once viñetas en las que dibujó 150 gatos – muchos de ellos con un gran parecido a Peter – mandando invitaciones, jugando a la pelota, dando discursos… Pero, de momento, seguían andando a cuatro patas y no iban vestidos.

Unos años después, sus gatos empezaron a andar a dos patas, a tener expresiones faciales exageradas y a vestirse con suma elegancia. Trabajó mucho durante los siguientes 30 años, llegando a hacer varios cientos de dibujos en un año. Ilustró cerca de cien libros infantiles, dibujó viñetas para revistas y periódicos, tarjetas de felicitaciones y postales, hoy día muy apreciadas por los coleccionistas.

En una ocasión escribió: “Me llevo un bloc de dibujo a un restaurante, o a cualquier otro sitio público, y convierto a la gente que veo en gatos con características humanas. Eso me aporta una naturaleza doble, y pienso que estas obras son mis mejores trabajos humorísticos”.

Participó en numerosas organizaciones benéficas en defensa de los animales, como el Governing Council of Our Dumb Friends League, la Society for the Protection of Cats y la Anti-Vivisection Society. Llegó a ser presidente del National Cat Club, y pensaba que había ayudado “a erradicar el desdén en que se tenía al gato” en Inglaterra.

Louis Wain 9

A pesar de su enorme éxito, siempre tuvo dificultades financieras. Debía mantener a su madre y hermanas, pero carecía de sentido comercial. Era incapaz de enfrentarse a las editoriales y a menudo invertía en nuevos inventos milagrosos; por ejemplo, cuando viajó a Nueva York y dio una importante suma para la fabricación de una nueva lámpara de aceite.

Paseo en el parque

Paseo en el parque

En 1924, sus hermanas le internaron en el ala de indigentes del Hospital Mental de Springfield, alegando que no podían controlar su comportamiento errático y cada vez más violento. Un año después, el caso se hizo público y el propio H.G. Wells lanzó una campaña en la que incluso intervino el primer ministro. Fue trasladado primero al Bethlem Royal Hospital, y en 1930 al Napsbury Hospital, en Hertfordshire, un sanatorio más agradable, con jardín y varios gatos, donde pasó los últimos 15 años de su vida. A pesar de sufrir alucinaciones, siguió dibujando gatos hasta su muerte el 4 de julio de 1939.

Louis Wain 8

H.G. Wells dijo, respecto a los dibujos de Louis Wain: “Ha hecho suyo al gato. Inventó un estilo gatuno, una sociedad gatuna, todo un mundo gatuno. Los gatos ingleses que no se parecen a los gatos de Louis Wain, ni viven como ellos, se sienten abochornados”.

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