Lorenzo Goñi y Suárez del Árbol pintó bastantes cuadros de gatos sobre tejados de diversas ciudades. Tal vez el más famoso sea “Gatos de la Puerta del Sol” o “Gatos vigilantes”, con tres gatos callejeros subidos a un tejado madrileño y el famoso reloj de telón de fondo marcando las cuatro menos cinco, pero ¿de la mañana o de la tarde?

Gatos de la Puerta del Sol o Gatos vigilantes (1975)

Según decía el mismo Lorenzo Goñi, el hecho de pintar tantos gatos durante su vida se debía a que quería expiar un crimen: “Hago muchos gatos, es la expiación de un asesinato a una gata cuando era pequeño”. Contaba que en su infancia mató a una gata de una pedrada, y ello le provocó un doloroso cargo de conciencia: “Empecé a pintar gatos para ganar su perdón”.

Gatos nocturnos (1985)

Nació en Jaén el 25 de enero de 1911. De muy pequeño se fue con sus padres a Barcelona, donde estos residían habitualmente. Era hijo único y sus padres le adoraban. A los cinco años tuvo sarampión, enfermedad que le dejó secuelas irreversibles, entre ellas una sordera casi total al cumplir los 15 años.

Lorenzo Goñi

Se convirtió en un chico tímido y retraído, lector apasionado gracias a la muy nutrida biblioteca de su padre, con una predilección por Pío Baroja, «cuya obra literaria me he leído hasta la última línea», confesaba. Empezó a dibujar y estudió en varias academias privadas, incluso en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona, pero los trabajos rutinarios le aburrían y acabó abandonando este centro.

Luna del celo (1972)

Su madre falleció en 1932 y su padre volvió a casarse un tiempo después. Tras ese segundo matrimonio, se mudó a Vacarisas, un pueblo a unos 45 kilómetros de Barcelona. Estuvo exento de prestar el servicio militar debido a la sordera.

Medallón del gato (1982)

En 1937, después de la muerte de su padre, que le ayudaba económicamente, y en plena Guerra Civil española, se enteró de que el Sindicat de Dibuixants Professionals (Sindicato de Dibujantes Profesionales) de la UGT buscaba artistas plásticos para colaborar en las publicaciones.

Cobrando el sueldo de un miliciano, pasó la guerra dibujando carteles, caricaturas, rótulos con consignas políticas y chistes gráficos destinados en su mayoría a la propaganda en las ciudades y el frente. Al acabar la guerra, se mudó a Madrid con la esperanza de pasar inadvertido y no sufrir las represalias del régimen franquista. En una ocasión dijo: “Mi sordera me convirtió en invisible”.

Por si acaso, firmó los dibujos con su apellido materno, Suárez del Río. La revista Haz y los semanarios El Español y La Estafeta Literaria le compraron dibujos, lo que le permitió sobrevivir. En 1943 conoció a Conchita Illán, su esposa y compañera, que se convertiría en sus oídos. Tuvieron una hija, Inés.

Mujer con gatos (1982)

Durante la década de los cincuenta publicó en La Codorniz y luego en el semanario Don José, dirigido por su gran amigo Antonio Mingote; colaboró con el diario ABC e ilustró una gran cantidad de libros. Obtuvo premios en varios concursos que le permitieron exponer en diversas galerías.

Androide femenino (1984)

Es probable que descubriera Cuenca a finales de los sesenta de la mano del periodista, crítico y guionista Federico Muelas, pero al parecer se enamoró de la ciudad y no paró hasta hacerse con una casa que diera al río Júcar. En esa época, los pintores Fernando Zóbel y Gustavo Torner habían hecho de la pequeña ciudad un referente intelectual como consecuencia de la apertura del Museo de Arte Abstracto en 1966.

Árbol de gatos (1981)

En 1981 abandonó la ilustración para dedicarse únicamente a la pintura y al huecograbado, técnica que había estudiado en 1953 con el maestro Manuel Castro Gil. Llegaría a ser uno de los mejores grabadores de España.

Cariño

Ocho años después, en 1990, falleció su esposa Conchita y, desolado, se trasladó a Lausana, Suiza, a casa de su hija Inés. Allí pasó sus últimos años dibujando y reflexionando. A la muerte de su mujer dijo: «El puente y lazarillo frente al tumulto bienoyente ha sido mi esposa. Con ella todo fue fácil y hacedero durante los cuarenta y cinco años de nuestro matrimonio. Ahora esta mujer ha muerto y yo me he quedado otra vez solo». Falleció el 28 de febrero de 1992 a los 82 años. Su lema, durante toda su vida, estaba escrito en una caracola: “Tan sólo oigo mis rumores”.

El ídolo

Lorenzo Goñi pintó gatos en Cuenca, pero un dibujo llama sobre todo la atención, el de su gato contemplando “La vaquilla de San Mateo” en Cuenca. Al menos, eso pone en el pie, pero mirando bien el dibujo, nos preguntamos si no dibujó más bien a un gato en un tejado observando el triste espectáculo.

La vaquilla de San Mateo
Gato triste con cara de mujer

Uno de los dibujos que más nos gusta es el de la portada del libro “Artistas españoles”, de su amigo Federico Muelas: un gato sentado en la barandilla de una terraza, delante una inconfundible vista de Toledo y, en segundo término, una mujer desnuda arreglándose delante de la ventana abierta. El gato no mira ni a la mujer ni Toledo.

Lorenzo Goñi realizó más de quince mil dibujos, grabados y óleos, con decenas de gatos. Publicamos aquí todos los que hemos encontrados; algunos son muy clásicos, otros, sorprendentes, con toques surrealistas. Fue un artista libre que pintó lo que le apetecía cuando le apetecía. Y como demuestran algunas de las viñetas publicadas en los años 50, poseía un sentido del humor muy especial.

Casas que suprimen las corrientes de aire (2-7-1953)
Clases por teléfono (10 de abril de 1953)
Gatos para cambiar de ideas (Sin fecha)

Quizá su último retrato de gato fuera este, “A Alicia con cariño”, pintado poco antes de su muerte para una niña a quien le gustaban mucho los gatos.

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