Gatos y Respeto

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Los gatos del Museo Metropolitano de Nueva York

Amuleto egipcio (Siglo V a. C.)

Amuleto egipcio (Siglo V a. C.)

No, no hemos descubierto que en el Museo Metropolitano de Nueva York hay gatos como ocurre en el Hermitage de San Petersburgo (https://gatosyrespeto.org/2014/06/28/los-gatos-del-ermitage-san-petersburgo/), sería fantástico, pero no es así. Hace años, posiblemente en todos los museos habría gatos residentes para hacer frente a los ratones, pero eso ya pasó a la historia. Hoy en día, los museos se toman mucho más en serio que hace 70 u 80 años, y es probable que ahora estuviera muy mal visto tener a algún que otro gato residente.

Dinastía Ming (1368-1644)

Dinastía Ming (1368-1644)

 

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Sistema de votación con Lego

Lo que sí hay en el Met, como se llama coloquialmente al museo, es una enorme colección de obras de arte en torno al gato, que abarca desde la época faraónica hasta nuestros días. Hemos escogido algunas de las numerosísimas obras conservadas en el museo, pero no hay por qué limitarse a nuestra escasa selección; ahora cualquiera puede ver en Internet todas las obras felinas del Met. Basta con entrar en Meow Met, una nueva extensión Chrome repleta de felinos creada por Emily McAllister, una becaria del Media Lab del Museo Metropolitano. Al entrar en Meow Met aparece una selección de obras albergadas en el Met, incluso las no expuestas. Cada fotografía está etiquetada con la descripción de la obra y el nombre del artista, y al cliquear en la imagen se va a la web oficial del museo, que ofrece más detalles de la obra (la procedencia, por ejemplo). Ahora es posible explorar toda la colección gatuna del Met sin moverse de casa.

Emily McAllister

Emily McAllister

 

Estatuilla - Periodo Tolémico (664-30 a. C.)

Estatuilla – Dinastía ptolemaica (323-30 a. C.)

Reproducimos las palabras (traducidas) de Emily McAllister, la inventora de esta genial herramienta: “…empecé a fijarme en la presencia recurrente de perros en cuadros. Hay muchos perros en el Met, lo que inmediatamente hizo que me preguntara: ¿Habrá gatos? Me puse a contar empezando con Retrato de un joven; (anverso) Chica haciendo una guirnalda, de Hans Süss von Kulmbach, y encontré unas diez obras antes de darme cuenta de que era la tarea perfecta para “scrapi”, una aplicación que recopila información a partir de la Colección Online del Met”.

Hans Süss von Kulmbach (1508)

Hans Süss von Kulmbach (1508)

“Reconozco que mi curiosidad era tendenciosa, ya que soy una amante de los gatos, y no tardé en perder interés por los perros del Met cuando pensé que los gatos ejercen una curiosa fascinación sobre el ser humano desde tiempos inmemoriales. No sabía muy bien cómo acabaría esto, pero sí sabía que me parecía maravilloso ver a un gato jugar con el vestido de una mujer del siglo XVII o cazando una mariposa en un grabado japonés”.

Fernand Léger (1881-1955)

Fernand Léger (1881-1955)

 

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Emily McAllister sigue explicando cómo desarrolló la extensión a partir de fotos realizadas con un microscopio electrónico de barrido (MEB o SEM) que produce imágenes de alta resolución de la superficie de un objeto utilizando las interacciones electrón-materia. “Las imágenes escaneadas eran asombrosas, auténticas obras de arte, y un compañero becario sugirió que las usara para la extensión de Chrome. Hasta entonces no se habían publicado y ofrecían una perspectiva totalmente nueva. Empecé a colaborar con Marco Leona, David H. Koch y Federico Carò, y el proyecto se multiplicó por tres. Decidí desarrollar una versión de imágenes SEM, una versión abstracta detallada y una tercera con todas las imágenes de los gatos del Met que había estado recopilando de forma obsesiva”.

Gatos Netsuke (Siglo XIX)

Gatos Netsuke (Siglo XIX)

 

John Kay (1742-1826)

John Kay (1742-1826)

Llegó el día del lanzamiento de las tres versiones. Emily McAllister dice que mientras desarrollaba y refinaba cada extensión, pedía constantemente la opinión de sus compañeros, pero nunca consiguió llegar a un consenso definitivo. El gran día fue el 15 de mayo de 2015 en la MediaLab Expo, y se le ocurrió una solución para saber cuál tendría más éxito cuando se pusiera a disposición del público. “Creé un sistema de votación. Después de probar las tres versiones, Meow Met, Micro Met y The Met Magnified, los usuarios podían coger una pieza de Lego y añadirla a la torre empezada delante de la extensión que más les gustaba. Pensé que jugar con Lego aumentaría el interés del público”.

Sello minoico (1900-1600 a. C.)

Sello minoico (1900-1600 a. C.)

 

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Tambor de indios dakota (Finales del siglo XIX)

Y acaba diciendo: “Al final hubo muy poca diferencia. Ocurría lo mismo que durante el semestre que tardé en poner a punto las extensiones, nadie se decidía, pero lentamente Meow Met salió ganando”.

Vasija cosmética egipcia (1990-1900 a. C.)

Vasija cosmética egipcia (1990-1900 a. C.)

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Grabados de gatos de Tomoo Inagaki

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Tomoo Inagaki nació en Tokio en 1902 y estudió en el Instituto Comercial de Okura. Al graduarse, trabajó inagaki-tomoodurante un tiempo en una acería, pero su atracción por el arte – ya había probado a pintar al óleo mientras estudiaba – fue demasiado fuerte. Su primer contacto con los grabados surgió a raíz de su encuentro con la revista “Shi to hanga” (Poesía y grabados), editada por Koshirô Onchi (1891-1955) y Un’ichi Hiratsuka (1895-1997), dos famosos grabadores. Ingresó en una escuela de diseño artístico y durante dos años estudió con Hamada Masuji (1892-1938).

Al graduarse en 1924, presentó un grabado a la revista “Shi to hanga” que fue publicado en el número 13 de ese año. A partir de entonces pudo asistir a “las reuniones familiares” en las que los editores y los colaboradores hablaban de sus problemas artísticos y técnicos, además de criticar abiertamente sus trabajos.

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Él mismo dijo: “Debo mucho a ‘Shi to hanga’. Me convertí en un colaborador habitual y no me perdía una sola reunión. Aprendí mucho allí, todo lo que sé de planchas xilográficas, y también fue mi mayor educación artística. Forjé una amistad de por vida con hombres como Susumu Yamaguchi”. Posteriormente se apuntó a las clases dominicales de Shizuo Fujimori, que también pertenecía al grupo “familiar”. En una conversación con Oliver Statler, dijo: “Me gustan cosas de Matisse y Picasso, pero otras no me convencen. Mis mayores influencias son Onchi e Hiratsuka”.

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En 1924 expuso con la Asociación de Grabadores Creativos de Japón, pero no fue miembro de la Asociación de Grabadores Japoneses hasta 1932. Abrió un estudio de diseño, que no tardó en tener éxito, además de dar clases en el Instituto Comercial de Kyôhoku entre 1935 y 1951, año en que ingresó como docente en la Escuela Artística de Publicidad de Japón.

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Al igual que muchos artistas de su generación participó en los numerosos concursos internacionales que se celebraron después de la II Guerra Mundial en ciudades como París, Tokio o Lugano.

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Nos interesa, y se le conoce y admira sobre todo por sus estilizadas imágenes de gatos. Sorprende que no empezara a realizar grabados de gatos hasta el año 1951, coincidiendo con su puesto en la Escuela de Publicidad. ¿Tuvo eso algo que ver? Desgraciadamente, las biografías de Tomoo Inagaki son muy escuetas. Nadie parece preguntarse por qué se dedicó de pronto a hacer magníficos y estilizados grabados de gatos con toques cubistas que poco o nada tenían que ver con su estilo anterior, como puede comprobarse con el paisaje nevado que incluimos aquí.

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Sus obras hasta ese momento incluían paisajes campestres y urbanos, flores, retratos de actores del teatro No y naturalezas muertas.

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No es fácil encontrar en Internet grabados suyos realizados antes de 1951. Se dio a conocer en Occidente gracias al libro de Oliver Statler “Modern Japanese Prints: An Art Reborn” (Grabados japoneses modernos: El renacimiento de un arte), publicado en 1956. Hemos visto que existe una nueva edición de octubre de 2012 en la que uno de los dos dibujos que aparecen en la portada pertenece a Tomoo Inagaki. Después de bucear mucho en la red hemos encontrado el capítulo que el autor le dedica, y tampoco menciona el cambio de paisajes y flores a gatos.

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Tomoo Inagaki falleció en Tokio en 1980, a la edad de 78 años.


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El “cat’s meat man” o vendedor de carne para gatos

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Desde mediados del siglo XVIII a principios del XX era habitual ver de buena mañana por las calles de Londres y de otras grandes ciudades inglesas al “cat’s meat man” con su carretilla o su cesta llena de carne de caballo cortada en trocitos y ensartada en pinchos de madera, seguido por numerosos gatos atraídos por el olor de una carne en dudoso estado.

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Cada vendedor atendía a unos 200 gatos y 70 perros diariamente y algunos incluso se hicieron ricos, como el Sr. Cratchitt. La esposa de dicho vendedor se había separado de él y había contraído numerosas deudas. El Sr. Cratchitt apareció milagrosamente durante el juicio y la salvó de la cárcel con estas palabras: “No pasa nada, su señoría, ya he pagado sus deudas. Llevo 30 años vendiendo carne para gatos en la City y soy un hombre autosuficiente”. El magistrado apenas se creía que un mero vendedor de carne pudiera haberse hecho rico.

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Los vendedores no solo eran hombres, también había mujeres y niños que recorrían barrios pobres y ricos. Cada uno tenía una ruta y clientes habituales. Si hacemos caso del artículo publicado en el semanario “Chatterbox” por un tal W. Baird en 1868, en esa época había alrededor de 300.000 gatos en Londres. Explica que “el cálculo se hizo algunos años antes y no tuvo en cuenta a los gatos ‘itinerantes’, gatos sin hogar”. Esta cifra equivaldría a un gato por casa habitada. A continuación describe al vendedor: “Se trata en general de un hombre tocado con un sombrero brillante, chaleco negro, mangas de la camisa arremangadas hasta los codos, un mandil azul y varios pañuelos blancos y azules atados alrededor del cuello. Empuja una carretilla similar a la de un jardinero llena de carne, parte de la cual está ensartada en pinchos, mientras que el resto puede cortarse al gusto del consumidor en una pequeña tabla instalada en la parte frontal de la carretilla”.

De espaldas

De espaldas

De frente

De frente

La carne procedía de los “knackers”, los hombres que se dedicaban a recoger a los pobres caballos que morían en las calles de las ciudades. Los vendedores más ricos almacenaban grandes cantidades de esta carne en sus establecimientos durante varios días con el consiguiente hedor para los vecinos. Según unos, era una profesión lucrativa que requería una mínima inversión. Según otros, los vendedores debían realizar largos recorridos durante la mañana, a veces hasta 25 kilómetros, y dedicar la tarde a recoger la carne y cortarla, además de tener que fiar a sus clientes. Muchos les pagaban una vez a la semana, pero algunos se mudaban dejándoles a deber. Un vendedor decía que los mejores clientes eran los cocheros y los peores, las solteronas.

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Frances Simpson, la autora de “The Book of the Cat”, escribió en 1903 que “el editor de la revista ‘Our Cats’, ayudado por el Sr. Louis Wain (https://gatosyrespeto.org/?s=louis+wain), organizó el año pasado una cena en honor a los ‘cat’s meat men’. Se rechazaron más de 400 solicitudes, y una vez sentados los 250 invitados, no cabía ni un alfiler. Al haber asistido a dicha cena, soy testigo de la calidad de comida servida y del entretenimiento ofrecido a los vendedores”.

Dibujo del siglo XIX de un cat's meat man

Dibujo del siglo XIX de un cat’s meat man

Los “cat’s meat men” ingleses siguieron recorriendo las ciudades hasta la década de 1930, antes de la II Guerra Mundial. Pero poco a poco, el motor desplazó al caballo, los “knackers” se reconvirtieron por falta de trabajo; la carne maloliente ya no era tan aceptable para alimentar a gatos y perros, y el vendedor de carne para gatos desapareció.

El cat's meat man en Londres

El cat’s meat man en Londres

Pero esta curiosa profesión no solo existió en Inglaterra, también en Francia y en Estados Unidos. Un artículo publicado en la revista “Harper’s Young People” el 16 de marzo de 1880 explica que en un rincón del mercado Fulton de Nueva York (ahora solo de pescado) estaba el puesto del “cat’s meat man”. Durante la mañana alimentaba a los gatos con la comida que había preparado por la tarde. La mayoría de la comida era cruda, estaba cortada en trocitos y empaquetada en bolsas de papel de una libra. A veces hervía carne para los gatos que no se encontraban bien, y el jueves preparaba pescado para que lo comieran el viernes. En un cesto cabían unos cuarenta o cincuenta paquetes de carne, llegando a pesar entre 20 y 25 kilos.

Escenas de la vida londinense

Escenas de la vida londinense

Cada mañana al amanecer, el vendedor hacía su recorrido y los gatos salían a su encuentro. Cobraba la carne a los dueños al final de la semana. El artículo dice que algunos gatos solo tenían derecho a un paquete cada dos días, lo sabían y no le hacían caso cuando pasaba. Al parecer tenía unos 400 clientes, por lo que era un buen negocio. También daba de comer a varios perros. Al llegar a ciertos puntos, le esperaba un ayudante con un cesto lleno para que pudiera seguir su ronda, además de numerosos gatos porque sabían que les caería algún resto. El periodista añade que el vendedor no solo alimentaba a los gatos, también les cuidada cuando estaban enfermos administrándoles pequeñas dosis de medicamentos.

El contenido del artículo no parece del todo creíble. Algo nos dice que en 1880, en el “Lower East Side” de Manhattan, los gatos no eran tratados con tanto mimo, aunque fueran muy necesarios para librar las tiendas, talleres y casas de las enormes ratas.

Nueva York - El cat's meat man en su ronda

Nueva York – El cat’s meat man en su ronda

Acabaremos hablando de los vendedores de carne para gatos en París. Encontramos alguna información en la página de “Historum”, pero no citan la fuente, simplemente que procede de un libro de anécdotas parisienses de 1860. Habla de un tal Bernier, que se dedicaba a hacer papilla para gatos después de que un accidente le obligara a dejar la profesión de carbonero. Vivía en un “buen barrio de trabajadores” y, viendo que sus vecinos tenían perros y gatos, decidió hacer papilla y vender bofe. Adquirió tanta fama que en el barrio del Templo, si un gato o un perro no se alimentaba donde Bernier se le consideraba un animal desdichado. Asimismo, entregaba comida en barrios alejados y más de una condesa o marquesa mandaba a un criado a comprar a su modesta tienda, que se anunciaba con la frase siguiente: “Antigua y auténtica tienda conocida por el alimento para animales”.

Restaurante Hall, cena en honor a los cat's meat men

Restaurante Hall, cena en honor a los cat’s meat men

Según el jefe de los mataderos de la capital francesa de la época “este comercio, para que se tenga una idea de su importancia en París, alcanza los 325.000 francos en bofes y corazones de bueyes y vacas; para colmar el apetito de los gatos, no solo son necesarios todos los bofes y corazones de los bueyes y vacas que aprovisionan París, o sea 89.000 corazones y bofes, sino otros 12.000 bofes y corazones que los casqueros adquieren en las afueras”.

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Los gatos franceses no comían carne de caballo, porque en Francia se consumía carne de caballo habitualmente. De hecho, aún quedan algunas carnicerías equinas. Y los gatos comieron bofe y corazón hasta bien entrados los años sesenta del pasado siglo.

 


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La gata Edgar Quinet y la pintora Gwen John

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La obra de la artista Gwen John, nacida Gwendolen Mary John, comunica una sensación de melancolía, incluso

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de soledad. Su obra se compone sobre todo de retratos de mujeres, de gatos (casi siempre su gata Edgar Quinet) y de los interiores donde vivía. No fue famosa en vida y tuvo que trabajar como modelo de otros pintores y del famoso escultor Auguste Rodin. Nació el 22 de junio de 1876 en el País de Gales en el seno de una familia acomodada y muy estricta. Su madre, una acuarelista aficionada, murió cuando Gwen solo tenía ocho años. Desde 1895 a 1898 estudió en la Slade School of Art, la única escuela de Bellas Artes que admitía a mujeres en la época, aunque las clases no eran mixtas.

Fue a París por primera vez en 1898 con dos amigas de la Escuela Slade y estudió en la Academia Carmen, donde tuvo como profesor a James McNeill Whistler. Regresó a Londres en 1899 y expuso por primera vez un año después en el New English Art Club. Disponía de muy pocos medios económicos y entre 1900 y 1901 ocupó un pequeño piso en un edificio abandonado.

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En otoño de 1903 regresó a Francia con su gran amiga Dorelia McNeill. El barco las dejó en Burdeos y ambas tenían pensado llegar andando a Roma ganándose la vida haciendo retratos, pero solo llegaron hasta Toulouse, lo que ya nos parece toda una proeza. Se trasladaron a París en 1904 y Gwen John encontró trabajo como modelo de Auguste Rodin. A pesar de que el escultor fuera 40 años mayor que ella, la joven pintora se enamoró apasionadamente. Su relación duró casi seis años y ella le escribió casi a diario durante diez años. Fue la modelo de la famosa estatua “La musa de Whistler”.

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Al mudarse a París, Gwen John vivió en la calle Edgar Quinet, concretamente en el nº 19, y aquí es donde conoció a su primera gata, una tricolor a la que dio el nombre de la calle. Como puede verse en los dibujos y cuadros de gatos que incluimos, la mayoría son de la gata Edgar Quinet. En 1908, Edgar Quinet desapareció y no volvió jamás, algo que la entristeció profundamente. La pintora hizo numerosos retratos de su gata y solía llevarla con ella cuando iba a dibujar al bosque de Saint Cloud. Edgar Quinet ya se había escapado en julio, y volvió a repetir la hazaña en agosto cuando desapareció entre los matorrales. La pintora se había hecho una especie de cueva, escondida entre los grandes árboles. Al desaparecer Edgar Quinet, empezó a ir cada tarde con la esperanza de que la gata volvería.

Joven con gato (1920)

Joven con gato (1920)

Joven con gato (1925)

Joven con gato (1925)

No tardó en decidir instalarse temporalmente en Saint Cloud, aunque no llegó a dormir en la “cueva”, ya que el bosque no era un lugar seguro de noche. Eligió un hotel barato en el pueblo de Saint Cloud donde tenía que aguantar las insinuaciones de los hombres durante la cena. Todos sabían que la pintora buscaba a su gata, “chatte” en francés, palabra con una fuerte connotación sexual. Regresaba cada mañana a París para posar para Constance Lloyd. Poco a poco se convenció de que Egdar Quinet no regresaría, y se sabe por sus cartas que imaginó lo peor. Finalmente escribió un pequeño poema que mandó a Auguste Renoir y que reproducimos aquí:

Oh mon petit chat / Sauvage dans le bois / As tu donc oublié / Ta vie d’autrefois / Peut-être que tu es / Fâché avec moi / Mais j’ai tâché de comprendre / Tout ton petit cœur / Je me sentais jamais / Ton supérieure / Petit âme mystérieuse / Dans le corps du chat / J’ai eu tant de chagrin / De ne pas te voir / Que j’ai pensée de m’en aller / Dans le pays des morts / Mais je serai ici / Si tu reviens un jour / Car j’ai été confortée / par le dieu d’Amour.

Oh gatito mío / salvaje en el bosque / has olvidado / tu vida de antaño / Quizá estés / enfadado conmigo / pero intenté entender / tu pequeño corazón / Nunca me sentí / superior a ti / pequeña alma misteriosa / en un cuerpo de gato / Me entristeció tanto / no verte más / que incluso pensé en irme / al mundo de los muertos / pero aquí estaré / si vuelves algún día / pues me reconfortó / el dios del Amor. (N.T.: Se ha respetado la puntuación original).

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La primavera siguiente seguía echando de menos a su gata, y su amiga Ursula quiso ofrecerle un gatito, pero contestó que aún no estaba preparada para dar tanto amor a una “little beast” (animalito) y pasarlo tan mal después.

Una vez acabada la intensa relación con Rodin en 1910, Gwen John se mudó a Meudon, a las afueras de París, donde se quedó hasta el final de su vida acompañada de más gatos, aunque no hemos sido capaces de encontrar datos acerca de ellos. Poco después conoció al abogado y coleccionista estadounidense John Quinn, que la apoyó emocional y económicamente, lo que influyó en su proceso creativo. Vivió en una soledad relativa en Meudon, convirtiéndose al catolicismo en 1913.

Mujer cosiendo con gato

Mujer cosiendo con gato

Su protector, John Quinn, que compró todas las obras que Gwen John accedió a venderle, falleció en 1924, y la pintora volvió a pasar penurias. Mostró su obra en numerosas exposiciones colectivas en París a partir de 1919 hasta bien entrada la década de los veinte, cuando empezó a pintar menos. En diciembre de 1926, al enterarse de la muerte de su gran amigo Rainer Maria Rilke, recurrió a la ayuda espiritual de su vecino, el filósofo católico Jean Maritain, que le presentó a su cuñada, Verá Oumançoff, con la que mantuvo una relación romántica hasta 1930.

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Una vez dijo: “Reglas para tener el mundo a distancia: No escuchar a la gente (más de lo necesario); no mirar a la gente (ídem); al entrar en contacto con la gente, hablar lo menos posible”.

Su última obra está fechada el 20 de marzo de 1933 y parece que no volvió a pintar a partir de entonces. El 10 de septiembre de 1939 redactó su testamento y viajó a Dieppe, en Normandía, donde se desmayó y fue hospitalizada. Falleció el 18 de septiembre de 1939 a los 63 años. Está enterrada en el cementerio Janval de la localidad normanda.


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Los gatos en la historia vistos por Laura Vocelle

Ilustración de 1875 describiendo a Rosalie Goodman (capitulo 8)

Ilustración de 1875 describiendo a Rosalie Goodman (Capítulo 8)

Cuando empezamos este blog hace ya dos años, descubrimos que muchas otras personas escribían acerca de los gatos, y entre los blogs más interesantes, por no decir el más interesante, está “The Great Cat” (http://www.thegreatcat.org/). Nos sorprendió que encabezara su blog con la misma frase de Albert Schweitzer que escogimos para el nuestro. Dedicamos tiempo a leerlo y su dedicación nos pareció admirable. Entramos en la página de Facebook, una cosa llevó a la otra y acabamos escribiéndonos.

Bestiario de Oxford (Capítulo 5)

Bestiario de Oxford (Capítulo 5)

Evangelio de Lindisfarne, página de inicio de San Lucas (Capítulo 4)

Evangelio de Lindisfarne, página de inicio de San Lucas (Capítulo 4)

No redactaríamos una entrada sobre una página web, aunque se lo merezca, si Laura Vocelle – su fundadora y autora – no hubiese hecho algo mucho más increíble: publicar hace dos meses un libro de 402 páginas sobre la historia del gato doméstico, “Revered and Reviled, A Complete History of the Domestic Cat” (Venerado y denigrado, la historia completa del gato doméstico).

Felis Sylvestris Libyca, de Edward Howe Forbush (Capítulo 1)

Felis Sylvestris Libyca, de Edward Howe Forbush (Capítulo 1)

Lo empezó en 2009 porque tenía un mes adicional de vacaciones y le apetecía mucho escribir un ensayo sobre gatos. Se había dado cuenta de que no existía nada así desde el libro de Carl Van Vechten (https://gatosyrespeto.org/2016/08/25/el-tigre-en-la-casa-de-carl-van-vechten/) publicado en 1920. Laura reconoce que se lo pasó realmente bien documentándose y que descubrió muchísimas cosas que ignoraba. Sin embargo, no empezó la página web hasta 2012.

Montando un gato al revés - Siglo XV (Capítulo 6)

Montando un gato al revés – Siglo XV (Cap. 6)

Portada

Portada

El libro consta de diez capítulos, además de una introducción, empezando por “La aparición del gato”, donde nos dice que la relación – no la domesticación – entre el hombre y el gato quizá remonte a 10.000 años antes de Cristo en el Creciente Fértil. A continuación viene “El gato como diosa”, capítulo en el que estudia detalladamente el papel del gato en la civilización egipcia. El capítulo tercero está dedicado a “El gato en las primeras civilizaciones egeas y mediterráneas”, al que siguen “La Alta Edad Media”, donde no solo habla del gato en la cristiandad, sino en el islam y en el folclore hebreo, entre otros, y “La Edad Media”, época en que el gato adquiere muy mala fama. El capítulo sexto se titula “La primera era moderna”, que abarca desde principios del siglo XVI a finales del XVII, cuando el gato empieza a no ser tan mal visto como en siglos anteriores en Europa, y el siguiente, “La Ilustración”, cuando cobra importancia en todo el mundo. El capítulo octavo, dedicado a “El gato victoriano en el siglo XIX” está lleno de anécdotas de lo más interesante, e incluye la triste historia de la condesa de la Torre y de sus gatos, al reproducir el artículo que publicó el Pall Mall Gazette en su época. En el último, “El gato en el siglo XX”, nos habla del gato tal como lo vemos hoy en día.

Acaba con un epílogo en el que dice: “Cuesta creer que hace solo unos siglos el gato era sinónimo de brujería, se le quemaba en hogueras y se le asemejaba a una bestia demoníaca con temibles poderes. Aunque se siga asociando el gato con el antiguo rito pagano de Halloween, y se siga discriminando a los gatos negros, actualmente el gato es más respetado que nunca en la historia moderna. Los ojos misteriosos y brillantes de los que hablaba Platón hace siglos siguen haciéndonos pensar que quizá puede haber algo de otro mundo en el indomable felino. Tal vez la ley de los antiguos egipcios que prohibía matar y exportar gatos demostraba una sabiduría que el mundo perdió hace siglos”.

La escritora Colette y uno de sus gatos (Capítulo 9)

La escritora Colette y uno de sus gatos (Capítulo 9)

Además de los capítulos antes mencionados, “Revered and Reviled” incluye una cronología del gato en la Historia, una lista de tumbas tebanas de gatos y de cementerios de gatos en el Antiguo Egipto, una lista de referencias por capítulos y, finalmente, un índice de lo más completo que demuestra el enorme trabajo de documentación realizado por Laura Vocelle. Contiene más de 150 ilustraciones.

 

Mosaico romano, Museo Arqueológico de Nápoles (Capítulo 3)

Mosaico romano, Museo Arqueológico de Nápoles (Cap. 3)

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Sarcófago del gato Tat-Mit, del príncipe Tutmosis (Capítulo 2)

Ahora ha llegado el momento de hablar de la autora y de sus gatos. Nos contó que de niña se le prohibió tener

La autora

La autora

gatos, pero que cuando vivía en El Cairo en 1981, cuidó del siamés de una compañera de trabajo. Cuando llegó el momento de devolvérselo a su dueña, le costó muchísimo. Otro amigo se enteró de lo triste que se había quedado y le regaló un gatito siamés para su cumpleaños, y ahí empezó todo. Lo llamó “Beast”, vivió con ella 18 años y la acompañó en sus idas y venidas de Egipto a Estados Unidos con PC MA, un gatito negro que encontró en una cuneta en el barrio de Zamalek. PC MA murió en 2000, unos meses después de Beast. En esa época, Laura había vuelto a Estados Unidos y estaba a punto de trasladarse de nuevo para enseñar inglés en la Universidad Sultán Qaboos, en Mascate, Omán. En 2001 llegaron Sphinx y Nero, que siguen con ella. Dos años después, en 2003, encontró a su amado Beseechy en una gasolinera no lejos de su casa, pero falleció el año pasado, en 2015. Ruby, otra gatita abandonada, murió en 2015.

La gata Neechia

La gata Neechia

Neechia apareció en 2009, una gata eternamente malhumorada a pesar de su aspecto dulce. El último en llegar es Tibby, al que tiraron por la ventanilla de un coche hace un año en noviembre. Según nos dice Laura, es algo bastante habitual en Omán. Como se ve, desde que Laura descubrió a los gatos, han sido parte de su vida.

Los gatos Tibby y Sphinx

Los gatos Tibby y Sphinx

Los gatos Tibby, Sphinx y Nero

Los gatos Tibby, Sphinx y Nero

También se ocupa y alimenta a los gatos abandonados que viven en el garaje del edificio donde vive. Laura, que tiene mucho sentido del humor, nos dice que es una lucha constante con algunos de los vecinos y con el portero, pero que de momento ha ganado todas las batallas.

La gata favorita del Sr. Horace Walpole, de Stephen Elmer (Capítulo 6)

La gata favorita del Sr. Horace Walpole, de Stephen Elmer (Capítulo 6)

Laura Vocelle tardó siete años en escribir “Revered and Reviled”, y no nos extraña si pensamos en la enorme cantidad de información que contiene el libro: datos, poemas, canciones, anécdotas. Íbamos a decir que es el libro perfecto para los amantes de los gatos, pero quizá sea el libro idóneo para curar a las personas que padezcan de ailurofobia. El libro de Laura Vocelle es una mina de oro para una página como la nuestra, por lo que iremos publicando historias acerca de los personajes que cita.