Gatos y Respeto

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Gatos vanguardistas y la pareja Goncharova-Larionov

Gato en una silla (Larionov, 1911)

Nacieron exactamente con un mes de diferencia en 1881; Mijaíl Larionov, el 3 de junio y Natalia Goncharova, el 3 de julio.  Sus respectivas familias se trasladaron a Moscú en 1891 y los dos ingresaron en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú en 1898. Se conocieron, se enamoraron y nunca volvieron a separarse. No se puede hablar de Natalia Goncharova sin hablar de Mijaíl Larionov y viceversa.

Natalia y Mijaíl en su estudio moscovita

Natalia estudiaba escultura, pero Mijaíl la convenció de que era pintora: “Tienes ojos para el color, pero te preocupas demasiado por la forma. ¡Abre los ojos para encontrar tus ojos!” Parece ser que al oír esto, la escultora se enfadó muchísimo y estuvo tres días sin hablarle, pero acabó dándole la razón y ya no dejó de pintar a partir de entonces.

Gata con gatitos (Goncharova, 1910-11)

Detalle

A pesar de las protestas de los padres de Natalia Goncharova, alquilaron un pequeño piso en 1903 y vivieron juntos sin estar casados. De hecho, no se casarían hasta 50 años después, solo para asegurarse de que su legado sería protegido y devuelto a Rusia. Cuando la Galería Tretiakov compró un cuadro de Larionov, los padres de Goncharova pensaron que quizá no era tan mal partido aunque no tuviera dinero.

Gata (Larionov, 1910)

Solo se separaban en verano. Él regresaba a Tiráspol, la ciudad donde nació, y ella se iba a las costas de Crimea. Se reunían en otoño y volvían a estar juntos, trabajando en el mismo estudio. Empezaron los escándalos: la obra de Natalia fue tachada de pornográfica y ella, arrestada; Mijaíl fue expulsado de la Escuela.

Gato (Larionov, 1910)

Larionov fundó el grupo de pintura vanguardista “Sota de Diamantes” junto a Robert Falk (un amante de los gatos), Alexander Kuprin, David Burliuk y muchos otros. En diciembre de 1910, la primera exposición con obras de los miembros de “Sota de Diamantes” en Moscú creó un revuelo mayúsculo que catapultó al grupo a la fama.

Robert Falk y gato

Ese mismo año, unos meses antes, ambos pintores habían participado en el Segundo Salón de Odesa con veinticuatro cuatros de Goncharova y veinticinco de Larionov. Por cierto, Kandinski contribuyó con nada menos que cincuenta y tres obras al Salón. En esa época inventaron el rayonismo, el estilo que sentaría la base de la pintura abstracta en Rusia. Una de las obras más famosas de Natalia son los gatos rayonistas.

Loa gatos (Goncharova, 1913)

Cuatro años antes, en 1910, el famoso Sergéi Diáguilev, fundador de los Ballets Rusos, había invitado a Larionov a la inauguración de una exposición de pintura rusa organizada por él en París. Durante su estancia descubrió los cuadros de Gauguin y el fauvismo, y en una visita a Londres, la obra de Turner.

Diseño escénico para “El gato, el gallo y la zorra” (Larionov)

Larionov hizo el servicio militar en tres etapas (invierno de 1910 a verano de 1911 y primaveras de 1912 y 1913). Fue entonces cuando pintó toda una serie de Venus con y sin gatos, entre ellas la Venus de Katsap, que podría traducirse como “Venus rusa”. Se han avanzado muchas teorías sobre las Venus de Larionov, pero quizá lo único que tiene sentido es que los gatos que las acompañan son una referencia al Gato de Kazán  (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/).

Venus de Katsap, dibujo (Larionov)

Venus de Katsap (Larionov, 1912)

Por las fechas de los cuadros de los dos artistas, parece ser que incluyeron gatos en sus obras antes del año 1915, cuando vivían en Moscú, en la época previa a su trasladó a Lausana y luego a París. La única excepción quizá sea “Desnudo con gato”, pintado después de 1917, en el que retrató a Alexandra Tomilina, su modelo durante muchos años antes de convertirse en su segunda esposa. ¿Dejaron de tener gatos en París?

Desnudo (Alexandra Tomilina) con gato (Larionov)

Poco antes de la Primera Guerra Mundial, Diáguilev, acompañado del coreógrafo Michel Fokine, viajó a Moscú para pedirle a Natalia Goncharova  que diseñara los decorados del ballet “El gallo de oro”. La exposición de las obras de los dos artistas organizada por el empresario en la Galería Paul Guillaume de París recibió una acogida impresionante. La teoría del rayonismo estaba en boca de todos y los jóvenes pintores se hicieron famosos.

Mujer con gato (Goncharova, 1913)

El estallido de la guerra les obligó a regresar precipitadamente a Moscú y Mijaíl fue llamado a filas. Gravemente herido en agosto de 1914, pasó por un largo periodo de convalecencia. En abril del año siguiente, Diáguilev les invitó a venir a Lausana para preparar los decorados de la nueva gira de los Ballets Rusos.

Dos gatos (Larionov)

No había muchos escenarios disponibles para los Ballets Rusos antes del fin de la guerra, por lo que Diáguilev aceptó encantado la invitación de Alfonso XIII para trabajar en Madrid, donde presentó con enorme éxito algunos de sus ballets más famosos en el Teatro Real. “Kikimora” se estrenó en el Teatro María Eugenia de San Sebastián cuando la familia real se trasladó allí para las vacaciones de verano. La estancia española marcó profundamente a Natalia y quedó reflejada en numerosos cuadros.

Vestuario para el ballet “Kikimora” (Larionov)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1917 estaban a punto de regresar a Rusia, pero les detuvo la Revolución de Octubre. Un año después alquilaron un piso en la calle Jacques Callot del barrio Latino de París. Siguieron compartiendo piso a pesar de haber dejado de ser pareja sentimental, debido tal vez a las muchas infidelidades de Mijaíl Larionov o porque el vínculo artístico era mucho más fuerte.

Venus (Larionov, 1912)

Natalia Goncharova conoció y se enamoró de Orest Ivanovich Rosenfeld, el agregado militar menchevique del gobierno provisional de Kerensky en París. Detenido en 1941, no salió del campo de concentración de Lübeck hasta 1945. A su regreso fue nombrado editor jefe del periódico socialista “Populaire”. Siempre ayudó a Natalia y le encargó dibujos para el periódico cuando ella y Mijaíl pasaron por dificultades financieras.

Ventana con gata (Goncharova)

Alexandra Tomilina se hizo con el corazón de Larionov. Licenciada en la Sorbona, se convirtió en su secretaria, modelo y compañera hasta su muerte. Acabó alquilando un piso en el mismo edificio que Mijaíl y Natalia, y aunque pasaba mucho tiempo en el piso de los artistas, siempre volvía al suyo para dormir.

Larionov nunca se repuso completamente de la herida sufrida en 1914 y pintaba cada vez menos. Goncharova, al contrario, incluso con artritis y después de romperse el brazo, siguió pintando. Entre 1957 y 1958 completó unos 50 cuadros. Firmó el último en 1960.

En su casa de París, principios de los cincuenta

Natalia Goncharova falleció mientras dormía el 17 de octubre de 1962. Mijaíl Larionov se casó por fin el 28 de mayo siguiente con la paciente Alexandra Tomilina, legándole todas las obras de Natalia y suyas, con el encargo de devolverlas a Rusia. El pintor murió el 10 de mayo de 1964.

Rabino y gato (Goncharova, 1912)

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Gatos con vitíligo o hipopigmentación

Gato rubio con vitíligo

El color de algunos gatos se aclara con el paso del tiempo. Aunque el cambio es mucho más aparente en los de pelaje oscuro, puede ocurrir en los de cualquier color. Pero ¿a qué se debe? El color de la piel y del pelo depende de unas células llamadas melanocitos, que se encuentran en la epidermis y en los folículos del pelo. Dichas células producen la melanina que aporta color a la piel y al pelo. Cuando nos exponemos al sol, estas células generan una mayor cantidad de melanina y la piel oscurece. Hasta aquí, todo tiene sentido, pero ¿por qué tiene lugar el efecto opuesto?

Proceso del vitíligo

La despigmentación no es una condición reservada a los gatos, se da en muchos otros animales (incluso en aves) y en seres humanos (la modelo Winnie Harlow, por ejemplo, que se convirtió en portavoz de la enfermedad).

Pingüino con vitíligo

Pantera con vitíligo

Pero volvamos a los gatos. Los hay de muchos colores con dibujos siempre diferentes (sobre todo los callejeros) ya que la cantidad de pigmento varía mucho de uno a otro. Algunos incluso son albinos y carecen totalmente de pigmento. De hecho, a pesar de las características marcas oscuras de los siameses, estos padecen a menudo de albinismo. Otra curiosidad de los siameses “point” es que el tono de las marcas varía según la temperatura del cuerpo.

Neptune en 2001

Neptune varios años después

La producción del pigmento depende de la acción de una enzima que actúa de acuerdo con la temperatura. Por eso, las partes corporales más cálidas de los siameses son más claras, mientras que las zonas más frías (la cara, pies, cola y punta de las orejas) son más oscuras. Hay gatos negros cuyo pelaje adquiere un tono rojizo al estar más expuesto al sol (https://gatosyrespeto.org/2019/03/21/los-gatos-negros-y-el-melanismo/). Sin embargo, existen estudios que demuestran que una dieta deficiente en los aminoácidos tirosina y fenilalanina también hará que el gato negro desarrolle un pelaje color óxido. Esto último se corregirá con una dieta equilibrada.

Oliver, un gato rubio

En general, la despigmentación se debe a condiciones benignas y no afecta en absoluto a la salud del gato, aunque puede haber excepciones, como el lupus erythematosus, una enfermedad inmunomediada en la que los anticuerpos atacan diferentes zonas de la piel, creando heridas y despigmentación. Por suerte, es una condición excepcional en los gatos. De todas formas, se recomienda llevar al gato al veterinario si se empieza a notar una despigmentación gradual.

Despigmentaciones poco comunes

La mayoría de estudios concuerdan en que el vitíligo empieza a una edad temprana en los gatos, destruyendo los melanocitos progresivamente. A medida que estos mueren, la piel y el pelo de la zona afectada se vuelven blancos. Suele afectar primero a la cara, sobre todo la nariz, los labios y la zona alrededor de los ojos. A continuación se extenderá por las almohadillas y, poco a poco, por todo el cuerpo. Efectivamente, si nos fijamos en las fotos de la gatita alemana Elli, además de la mancha blanca señalada con un círculo rojo, el vitíligo le afectó primero la cara, antes de extenderse con mucha rapidez por el resto del cuerpo.

Ellie en 2016

Ellie en abril de 2017

El vitíligo es una forma de leucoderma, algo que antes se creía muy poco común en gatos, pero gracias a las redes sociales e Internet, cada vez salen más casos a la luz. La leucoderma (piel blanca) y leucotriquia (pelo blanco) producen un efecto “tela de araña” o “copo de nieve” más obvio en gatos negros. Algunos pueden acabar casi totalmente blancos con el paso del tiempo con solo pequeñas manchas negras dispersas. Como hemos dicho antes, no es una condición restringida a los gatos, también se ve en perros y panteras negras, entre otros animales. Es algo meramente cosmético y no afecta a la salud aunque incrementa la posibilidad de quemaduras solares en las zonas despigmentadas.

Elli en agosto de 2017

Ellie en octubre de 2017

En medicina, el vitíligo entra dentro de las enfermedades inmunodeficientes y se divide entre segmentario y no segmentario.  El vitíligo segmentario tiende a formar un dibujo estable y asimétrico en la espalda, y su progreso en humanos puede predecirse. El vitíligo no segmentario es más simétrico en cuanto a su desarrollo y ocupa importantes zonas del cuerpo. Sus categorías son las siguientes:

  • Vitíligo generalizado – el más habitual. Manchas blancas distribuidas al azar.
  • Vitíligo universal – una despigmentación casi total. La progresiva “tela de araña” o efecto “copo de nieve”.
  • Vitíligo focal – unas pocas manchas blancas en un área concreta del cuerpo. En general, en gatos muy jóvenes (muy pocos casos).
  • Vitíligo acrofacial – en las patas y alrededor de los orificios corporales. Muy habitual en gatos colorpoint.
  • Vitíligo de la mucosa – despigmentación de las membranas de la mucosa. Poco común en gatos.

Ellie en marzo de 2018

Ellie en febrero de 2019

En 2014 hicieron su aparición unos extraños gatos blancos y negros en la región de los Cárpatos, en Hungría, Polonia, Ucrania, Eslovaquia y Rumanía. Tienen el rabo, la parte inferior de las patas, las orejas y la nariz de color blanco plateado con el cuerpo generalmente negro y alguna que otra mancha blanca. Al nacer son de un color claro que se oscurece a medida que crecen. En 2017, un gato de Romford, Gran Bretaña, nació con ese mismo marcaje. A pesar de haber sido diagnosticado con vitíligo, encaja más con la mutación karpati (un gen dominante). La mutación puede ocurrir en un gato de otro color, pero es más pronunciada en los negros.

Tigra (mutación karpati)

El efecto tela de araña, quizá el más común entre los animales afectados por vitíligo, no debe confundirse con la mutación “sal y pimienta” o “tweed”, común en gatos de Europa oriental, que se desarrolla a una edad temprana y, una vez estabilizada, produce un efecto “colorpoint” a la inversa, propia de los karpati. Ni tampoco con los pelos blancos que aparecen con la edad en gatos oscuros.

Gatito sal y pimienta o tweed

Resumiendo, el vitíligo no afecta a la salud del gato, solo a su aspecto físico. Algunos estudios sugieren que suplementar la dieta del animal con ácidos grasos omega-3 y vitamina C puede detener la despigmentación. Pero hasta la fecha no se ha realizado una investigación seria que apoye esta teoría.

Scrappy era negro en 1997. Foto de 2016


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El gato negro de Rutger Hauer

No recordamos que hubiera gatos en la famosa película “Blade Runner” (1982), en la que Harrison Ford, el Blade Runner, tiene la misión de “retirar” a cuatro replicantes que han regresado a la Tierra en busca de su creador. Uno de esos replicantes es Roy Batty, interpretado por Rutger Hauer, un magnífico actor con un físico imponente. Las cinco frases – no son más – que le dice a Rick Deckard en la azotea del edificio son inolvidables.

“Blade Runner” (1982)

Rutger Hauer falleció el pasado 19 de julio a los 75 años después de una breve enfermedad. Trabajó en más de 140 películas y es el actor holandés de mayor fama internacional. Debutó con el director Paul Verhoeven en la serie “Floris”, a la que siguieron títulos como “Delicias turcas” (1973), que le dio a conocer en todo el mundo al ser nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla Extranjera.

“Delicias turcas” (1973)

En 1981 trabajó con Sylvester Stallone en “Halcones de la noche” y con Timothy Dalton en “Coco Chanel”, antes de que Ridley Scott le escogiera para encarnar al carismático Roy Batty. Ganó un Globo de Oro por su papel en “La escapada de Sobibor” (1987).

El actor creó una fundación llamada “The Rutger Hauer Starfish Association” dedicada a apoyar, ayudar y cuidar a niños y mujeres embarazadas con VIH/sida, así como a educar para la prevención de esta enfermedad. El nombre “Starfish” (Estrella de mar) está inspirado en un antiguo proverbio indio: “Dale un pez a un hombre y comerá un día, pero enséñale a pescar y comerá cada día”.

Gato en un café de Ámsterdam

En la web de Rutger Hauer encontramos dos pequeños artículos acerca de un gato negro que decidió vivir con él. En todo Internet solo hay dos fotos del actor con un gato, pero no es negro, sino atigrado. Ambos parecen conocerse. Por una vez, nos hemos permitido añadir en la entrada fotos de gatos desconocidos; eso sí, todos holandeses, concretamente de Ámsterdam y de Utrecht, la ciudad natal del actor.

Café Belgie, Utrecht

Y esta es la traducción del primer texto en la web de Rutger Hauer:

“Nada más graduarme en la escuela de arte dramático, empecé a trabajar en los escenarios. Vivía en una pequeña granja con unas veinte vacas ruidosas y un pajar en la parte trasera. Delante, una pequeña cocina, un pequeño salón, todo era pequeño. No había agua corriente, la bombeaba del pozo y salía realmente helada en invierno. Para llegar al retrete, había que cruzar el pajar. Pagaba unos 30 dólares al mes de alquiler y ganaba unos 200. Fue hace mucho tiempo, en 1967”.

Gato negro en Utrecht

“No voy a extenderme, pero os hablaré de dos momentos con el loco gato negro que se hizo amigo mío después de largos preliminares. Cuando decidió adorarme, trepaba a toda prisa por la única cortina con un subidón de adrenalina. Había dos camas empotradas en el pequeño salón; así dormían los granjeros antes. Los trabajadores dormían en la cocina, que solo estaba separada del establo por una delgada pared para que les llegara el calor de las vacas. Yo estaba solo con el corazón destrozado porque mi matrimonio de tres meses se había roto. Tuve que irme, mi mujer y el niño desaparecieron”.

Gato en jardín de Utrecht

“La estufa se apagaba durante la noche. Me levantaba por la mañana, corría a por mis pantalones, me ponía tres jerséis y hacía café. Intentaba ir cada día más rápido. El gato vivía en casa y tenía formas curiosas de demostrar su afecto. Le gustaba tumbarse alrededor de mi cuello, por ejemplo. Le daba igual que me moviera. Por la mañana competía conmigo a ver quién era más rápido. En cuanto salía de la cama y me había puesto los pantalones, me agarraba por la pierna para que me parara y trepaba lentamente… ay… ay… ay… hasta llegar a su sitio favorito, mi cuello. Cómo me divertía. Eso es amor”.

En la introducción a la segunda parte, Rutger Hauer dice que espera que el gato Lucky vuelva, antes de pasar a describir qué le ocurrió con el gato negro que vivía en la granja cuando empezó su carrera de actor.

Gato de Utrecht

“Recuerdo que un día me fui al mercado con él agarrado al cuello. A continuación me desperté en el hospital del pueblo más próximo con una conmoción cerebral, y todavía hoy sigo sin saber lo que ocurrió entre medias. Las enfermeras me contaron que el viejo Peugeot 203 se había salido de la carretera y lo habían declarado siniestro total. Tenía prohibido levantarme y dormía mucho”.

Jacobus Van Looy (1855-1930)

“Al amanecer del día siguiente me despertó una enfermera y me preguntó por mi gato. También le había olvidado, incluso cómo era. Tardé un momento antes de decirle que era totalmente negro. Pensé que iba a anunciarme que había muerto, pero en vez de eso, señaló la puerta y preguntó: ‘¿Es él?’ No podía ser. El hospital estaba a más de 20 kilómetros del lugar del accidente. El gato en el umbral tenía el rabo levantado como una señal de interrogación. Era él. Increíble. Jamás me había creído esas historias. Entonces las creí. Sigo creyéndolas”.

Descansa en paz, Rutger Hauer.


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Gatos, Olivia de Havilland y Hollywood

Los gatos siameses estuvieron muy de moda en los años cuarenta y cincuenta, y muchos conocidos actores de la era dorada de Hollywood se apasionaron por ellos. Hace poco, el 3 de julio, Olivia de Havilland cumplió 103 años. No sabemos si la actriz que dio vida a Melanie en la película “Lo que el viento se llevó” sigue teniendo gatos, pero no nos extrañaría que así fuera.

Por las fotos que hemos podido encontrar, se ve claramente que a Olivia de Havilland le gustaban los gatos. Se sabe que viajaba con algunos de sus siameses, pero hasta hemos llegado a plantearnos si no los llevaba con ella a los rodajes. Hay una foto de la Agencia Getty en la que acaricia a un gato que no tiene nada de siamés en el plató de “La heredera”, y volvemos a verla con este mismo gato en una foto en color que no está tomada durante un rodaje.

En el rodaje de “La heredera” (1949)

A los 18 años, Olivia de Havilland tuvo que sustituir a la actriz que debía interpretar a Hermia en la obra “El sueño de una noche de verano”, dirigida por Max Reinhardt en el Hollywood Bowl. Su actuación asombró a todos y cuando el director supo que dirigiría la versión cinematográfica, le ofreció el papel. La joven rehusó en principio, decidida a seguir estudiando para ser profesora de literatura inglesa, pero acabó por dejarse convencer y firmó un contrato con Warner Brothers por 200 dólares semanales.

Con la gata Catherine, llamada así por el personaje de “La heredera”

Un año después, el estudio produjo “El capitán Blood”, una película de capa y espada que iba a protagonizar un actor desconocido llamado Errol Flynn y la tampoco muy conocida Olivia de Havilland. Hoy en día diríamos que la química entre los dos fue inmediata y traspasó la gran pantalla. Al parecer, “ambos tenían un atractivo clásico, voces cultivadas y daban la sensación de ser aristócratas”. Esta primera película marcó el tono de las siguientes: diálogos rápidos y ligeros llenos de pullas sin consecuencias, así como un respetuoso coqueteo mutuo.

Olivia, Errol y un gato desconocido

El New York Times y Variety alabaron la interpretación de Olivia de Havilland. La película, nominada a cuatro Oscar, fue un éxito popular y dio pie a siete colaboraciones adicionales entre los dos actores. A pesar de sus numerosas apariciones como pareja en la pantalla, nunca lo fueron en la vida real. Errol Flynn reconoció que se enamoró de la joven de 19 años y, de hecho, acabó por declararse el 12 de marzo de 1937, durante el baile de coronación del rey Jorge VI en el hotel Ambassador de Los Ángeles, pero la actriz contestó que debía divorciarse de su esposa, de la que ya estaba separado.

Errol Flynn y Bes Mudi

Parte de la atracción mutua entre los dos también podían ser los gatos. Errol Flynn tenía un maravilloso siamés llamado Bes Mudi, un gato con pie marinero, como puede verse en las fotos. Se lo había regalado Ward Hamilton, un famoso maquillador de cine, y no se trataba de un gato cualquiera, procedía de una famosa estirpe. Su madre era la premiadísima Mei Ling, su abuela era la no menos famosa Ah Fui y su padre era Prince Chan, doble campeón internacional. A todas luces, un siamés a la altura del estrellato de su humano.

Errol Flyn y Bes Mudi

Unos meses después, en septiembre, Jack L. Warner quiso que Olivia de Havilland interpretara a Lady Marianne en “Robin de los bosques” con Errol Flynn en el papel protagonista. El éxito de la película convirtió a la actriz en una auténtica estrella, pero su fama no se vio reflejada en los siguientes papeles que le dio el estudio. Empezaba a hartarse de hacer de ingenua y añoraba roles más dramáticos.

Errol Flynn con su padre y Bes Mudi a bordo del Zaca

En noviembre de 1938, el productor David O’Selznick se empeñó en que la actriz interpretara el papel de Melanie en “Lo que el viento se llevó”, pero Jack Warner no quería prestarla. Sin embargo, Olivia consiguió convencerle y encarnó el personaje que le valdría su primera nominación al Oscar a la Mejor Actriz de Reparto. En los diez años siguientes fue nominada a un total de cinco estatuillas, de las que se llevó dos a la Mejor Actriz por “Vida íntima de Julia Norris” (1946) y “La heredera” (1949), por la que también fue galardonada con el Globo de Oro.

En 1943 finalizó el contrato que la ataba a Warner Brothers; sin embargo, el estudio añadió otros seis meses por una operación de apendicitis a la que se había sometido y otro momento en que no había podido trabajar. El 23 de agosto, Olivia de Havilland presentó una querella ante la Corte Suprema de California. Aunque en noviembre ganó el juicio, la apelación presentada por el estudio hizo que la sentencia definitiva no se dictara hasta casi un año después. La querella le costó 13.000 dólares de la época (el equivalente a 190.000 dólares actuales), pero a cambio obtuvo el respeto y la admiración de sus compañeros, su hermana Joan Fontaine entre ellos, que comentó: “Hollywood debe mucho a Olivia”. Había conseguido reducir el férreo poder que los estudios ejercían sobre los actores. Eso sí, entró en la lista negra y tardó dos años en volver a rodar.

Joan Fontaine

Y hablando de Joan Fontaine,  parece que también tenía gatos siameses. Además, en una de sus películas, “Las brujas”, un gato gris interpretaba un papel de cierta importancia.

Joan Fontaine en “Las brujas” (1966)

Joan Fontaine

En marzo de 1946, Olivia de Havilland se casó con Marcus Goodrich. Cuando tuvo a Benjamin, su primer hijo, en 1949, se apartó un tiempo del cine para estar con el bebé. Rechazó el papel de Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo”. Un año después, la familia se trasladó a Nueva York, donde interpretó a Julieta en “Romeo y Julieta” y posteriormente, en 1952, el papel protagonista en “Candida”, de George Bernard Shaw, que llegó a las 345 representaciones. Ese año se divorció de su marido.

Foto para la promoción de “Camino de Santa Fe” (1940)

En 1953, invitada por el Festival de Cannes, conoció a Pierre Galante, uno de los editores de Paris Match. Después de un romance transatlántico, se casaron en 1955 y el año siguiente nació su hija Gisèle Galante. También se divorció de su segundo marido en 1962, pero siguieron compartiendo la misma casa en París durante seis años hasta que él se mudó a un piso al otro lado de la calle.

Rodó numerosas películas en Europa. La última vez que trabajó ante una cámara fue en 1988 para un telefilm a la edad de 72 años. Es la única actriz en vida de la llamada “era dorada” de Hollywood. Desde el año 1960 tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, y en 1998 fue nombrada doctora Honoris Causa por la Universidad de Hertfordshire, Reino Unido.


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Los gatos del Museo del Prado

Cabeza de gato durmiendo (Francisco Domingo Marqués, 1885)

El Prado está entre las grandes pinacotecas del mundo. Expone obras que van desde el siglo XII hasta principios del XX y posee la mejor colección de pintura española del mundo. Fue inaugurado en noviembre de 1819, durante el reinado de Fernando VII, como Museo Real, nombre reemplazado por el de Museo Nacional de Pintura y Escultura, y finalmente por el de Museo Nacional del Prado. Faltan pocos meses para que cumpla 200 años.

Perro y gatos (Ginés Andrés de Aguirre, 1775)

El Museo del Prado abrió sus puertas mostrando 311 pinturas, todas ellas de la escuela española, cuyo número aumentó a 521 en 1821. La división por escuelas era la siguiente: 283 cuadros de la española antigua, 34 de la contemporánea y 195 de la italiana. Estos dos últimos grupos se instalaron, respectivamente, en el vestíbulo y en la primera parte de la galería central, el espacio más importante del museo, el mismo lugar que en 1828 albergaría las escuelas italianas de la Colección Real.

Pelea de gatos en una despensa (Paul de Vos, 1630-40)

Su colección actual está formada por 8.045 lienzos, 9.561 dibujos, 5.973 estampas, 971 esculturas, además de objetos, documentos históricos y mapas. Desde 2018, el museo exhibe unas 1.700 obras. Aunque el primer catálogo constaba de 311 pinturas, el museo ya guardaba 1.510 obras procedentes de los Reales Sitios. Las valiosísimas Colecciones Reales, germen de la actual, comenzaron a tomar forma en el siglo XVI bajo los auspicios del emperador Carlos V y fueron sucesivamente enriquecidas por todos los monarcas que le sucedieron, tanto Austrias como Borbones.

Un gato echado sobre un almohadón (Genaro Rodríguez Olavide, 1876)

El artista con mayor volumen de obras albergadas en el museo es Francisco de Goya, pero tampoco se quedan atrás El Bosco, El Greco, Rubens, Tiziano y Diego Velázquez, entre otros. Se trata de una colección formada esencialmente por unos cuantos reyes aficionados al arte que encargaron obras y protegieron a pintores muy concretos. El fondo procedente de la Colección Real primigenia se ha complementado con aportaciones posteriores que han servido para reforzar el núcleo inicial del museo.

Riña de gatos (Francisco de Goya y Lucientes, 1786)

La gata y el zorro (Frans Snyders, s. XVI-XVII)

Durante largos años, El Prado sufrió una gran falta de espacio, por lo que llegó a ser definido como “La mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado del mundo”. Gracias a la ampliación firmada por el arquitecto Rafael Moneo, inaugurada en 2007 y que conectó el museo con el claustro de los Jerónimos, pasó de exhibir 900 obras a 1.350. En 2018 se reabrieron las salas del ático norte, permitiendo exponer otras 350.

Sin labor (Francisco Maura y Montaner, 1890)

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Una nueva ampliación, la del Salón de los Reinos, a cargo de Norman Foster y Carlos Rubio, permitirá colgar unos 300 cuadros adicionales en 2.500 metros cuadrados. Las obras deberían empezar a final de este año o principio del siguiente.

El Paraíso y los Cuatro Elementos (Denis van Alsloot – Hendrik de Clerck, 1606-1609)

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El Museo del Prado no siempre gozó de recursos y apoyos suficientes por parte del Estado, sobre todo en el siglo XIX y parte del XX. Las medidas de seguridad en el siglo XIX eran deficientes, la mayoría del personal vivía en el museo y se amontonaba leña para las estufas, lo que provocó la alarma. El periodista Mariano de Cavia, que escribía para “El liberal”, publicó un artículo donde decía que un incendio había arrasado la pinacoteca, lo que provocó un gran revuelo. El artículo era ficticio, pero sirvió de detonante para que se adoptaran medidas adecuadas.

Las flores de mayo (Cayetano Vallcorba y Mexía, 1892)

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Aunque el Museo del Prado no ha sufrido robos rocambolescos como el Louvre, ha debido enfrentarse a algunos incidentes. El más grave, en 1918, fue el asunto del expolio del Tesoro del Delfín. Un empleado del museo llevaba tiempo robando piezas del Tesoro. Por suerte, la mayoría se recuperó, pero se perdieron once, y otras treinta y cinco estaban muy deterioradas al haberse extraído las piedras preciosas.

La cocinera (Luis Carlos Legrand, 1832-37)

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En 1861 se sustrajo un pequeño cuadro; en 1897, un boceto de Murillo; en 1906, dos estatuillas romanas y un vaso de alabastro, y en 1909, un cuadrito de “poca importancia”. Gran parte de las mejores obras fueron trasladadas vía Valencia y Cataluña hasta Ginebra durante la Guerra Civil por miedo a que los bombardeos de las tropas franquistas destruyesen el edificio y su contenido.

Filopómenes descubierto (Pedro Pablo Rubens, hacia 1609)

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Hace tres años publicamos una entrada acerca de los gatos expuestos en el Museo Metropolitano de Nueva York (https://gatosyrespeto.org/2016/12/29/los-gatos-del-museo-metropolitano-de-nueva-york/). En el museo neoyorquino hay numerosas obras representando a gatos (cuadros, dibujos, objetos, estatuas, etcétera) y además posee una herramienta que permite acceder a todas ellas, el  Meow Met. El Prado no dispone de algo tan sofisticado, pero sí se han catalogado casi todas las pinturas con un gato. Para verlas basta con entrar en https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=gato%20(felis%20silvestris%20catus)&ordenarPor=pm:relevance.

Anciana sentada (atribuido a Antonio Puga, primera mitad s. XVII)

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Hay pocos cuadros en los que el gato ocupa el lugar protagonista. De hecho, solo hemos encontrado cuatro en las 72 obras catalogadas. Hay muchos gatos en bodegones de los siglos XVI y XVII; siempre están al acecho, dispuestos a robar, rodeados de peces, trozos de carne y otras viandas tentadoras para un gato hambriento.

Pescados y un gato tras la mesa (Alexander van Adrianssen, primera mitad s. XVII)

Jan Brueghel el Viejo incorporaba a menudo en sus composiciones un gato que suele estar debajo o cerca de la mesa. En la pintura que hemos escogido, aparece acompañado de un mono y de un perro con cara de pocos amigos.

El gusto, el tacto y el oído (Jan Brueghel el Viejo, 1620)

Detalle

Cien años antes, El Bosco incluye a gatos en dos paneles del famoso tríptico “El jardín de las delicias”. En el panel izquierdo se trata de un gato con una lagartija en la boca, algo muy normal; pero en el central se ve a dos gatos machos de grandes dimensiones y uno de ellos incluso podría describirse como gato unicornio.

El jardín de las delicias (El Bosco, 1490-1500)

El jardín de las delicias (detalle del panel central)

De Goya hemos incluido dos ejemplos de los muchos que se encuentran en el museo, el famoso “Riña de gatos” y un grabado titulado “Ensayos” de la serie “Los Caprichos”.

Ensayos (Francisco de Goya, 1799)

Ahora solo queda ir al Prado y buscar a todos los gatos que se esconden en este magnífico museo. ¡Feliz aniversario, Museo del Prado!

El jardín de las delicias (detalle del panel izquierdo)


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Gatos, romanticismo y Eugène Delacroix

Eugène Delacroix está considerado uno de los mayores exponentes de la pintura romántica. Se interesó mucho por los animales e iba regularmente al “Jardin des Plantes” (Jardín botánico), donde también estaba instalada “La casa de las fieras”. De hecho, sigue existiendo hoy en día aunque ya no se llama así. El pintor decía: “La mayor felicidad de un hombre que siente la naturaleza es poder restituirla”. Pintó a numerosas fieras, caballos, perros y algunos gatos, pero sobre todo los describió en maravillosos y, a veces, extraños bosquejos.

1843

 

No sabemos si Delacroix tenía gatos, pero es muy probable. En la Francia del siglo XIX, los animales estaban muy bien vistos, no solo entre los artistas, sino también entre la burguesía y la nobleza. Se creó el cementerio de perros a las afueras de París (https://gatosyrespeto.org/2018/05/10/los-gatos-del-cementerio-de-perros/) y el gato era muy apreciado por los románticos por su aura de misterio. Aún no se había excavado el gran templo dedicado a Bastet en Bubastis, pero se sabía que los egipcios veneraban a los gatos, y los egipcios estaban de moda en el XIX. No sería raro que el pintor tuviera uno o más gatos en su casa. Tres defensores de su obra y amigos suyos, el poeta Charles Baudelaire así como los escritores Théophile Gautier y Alexandre Dumas eran grandes amantes de los gatos.

Autorretrato (1837)

El artista como gato (1831)

Eugène Delacroix nació el 26 de abril de 1798 en Charenton-Saint-Maurice, muy cerca de París, cuando sus dos hermanos y su hermana ya eran mayores. Su padre, Charles Delacroix, había sido ministro de Asuntos Exteriores y embajador en Holanda antes de ser nombrado prefecto de Marsella y luego de Burdeos, ciudad en la que murió cuando el joven Eugène solo tenía seis años. Su madre, Victoire Delacroix, era la hija de uno de los más grandes ebanistas de entonces, Jean-François Oeben. Su madre falleció en 1814.

Cabezas de gatos y desnudo

Gatos y leones

Su tío Henri-François Riesner le hizo ingresar, en 1815,  en el conocido taller del pintor Pierre-Narcisse Guérin, pero este no se dio cuenta del talento del joven Delacroix. Por suerte, conoció a Théodore Géricault, que le protegió y animó a seguir pintando. Incluso posó para el célebre cuadro “La balsa de la Medusa”.

Maullando

En el Salón de París de 1822, con solo 24 años, presentó un primer lienzo de grandes dimensiones, “Dante y Virgilio en los infiernos”. La crítica lo apreció y otorgó el calificativo de “romántico”. Pasaba largas horas en el Louvre, inaugurado en 1793, admirando las obras de los clásicos. Con “Escenas de la masacre de Quíos”, pintado en 1824, conquistó definitivamente a la crítica más avanzada, así como a Victor Hugo y Alexandre Dumas, pero los academicistas le acusaron de conmocionar las costumbres y las reglas establecidas.

Gatos y joven romano

En julio de 1830, el alzamiento del pueblo de París contra la Restauración de los Borbones inspiró a Eugène Delacroix su cuadro más famoso, “La libertad guiando al pueblo”, adquirido por el Estado en el Salón de 1831. Un año después acompañó al emisario del rey Luis-Felipe a Marruecos para tranquilizar al sultán alauí, preocupado por la reciente conquista de Argelia por parte de Francia. El recuerdo del periplo desde Tánger a Mequinez permaneció con él el resto de su vida. Gracias a sus notas, a las acuarelas que realizó durante el viaje y a los objetos que trajo consigo, realizó sesenta y dos pinturas relacionadas con Marruecos.

Gata y pelota de lana

Dedicó gran parte de su vida a concebir grandes murales para edificios civiles y religiosos en París. En 1834 decoró el Salón del Rey en el Palacio Borbón, sede de la Asamblea Nacional. En 1837 se ocupó del plafón de la biblioteca de dicho edificio. A mediados de los años cuarenta realizó el mural de la biblioteca del Palacio del Luxemburgo, sede actual del Senado. A principios de los cincuenta pintó el plafón central de la Galería de Apolo, concebida en el siglo XVII por el pintor Charles Le Brun, pero que había quedado inacabada. La Villa de París le encargó las pinturas del Salón de la Paz del Ayuntamiento, pero desgraciadamente fueron destruidas en el incendio de 1871.

Además de los edificios civiles antes mencionados, pintó una “pietà” en la iglesia Saint-Denis y desde 1840 a 1861 decoró una capilla de la iglesia Saint-Sulpice.

La segunda Exposición Universal organizada en París en 1855 sirvió para dar a conocer a pintores como Jean-Auguste Ingres, Horace Vernet y el propio Eugène Delacroix. Se expusieron treinta cuadros suyos, escogidos por él, reafirmando su posición oficial como uno de los más grandes pintores franceses.

Jugando

Gatos, otros felinos y desnudo

A partir de la década de 1850 se interesó por la fotografía y fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Heliográfica. En 1954 le encargó al fotógrafo Eugène Durieu una serie de fotografías de modelos masculinos y femeninos con criterios muy particulares: debían ser ligeramente borrosas y absolutamente sobrias, despojadas, para que pudiera volver a utilizarlas en sus cuadros.

Gato y dos leones

En 1857 decidió instalarse en la calle Fürstenberg con el fin de estar más cerca de la iglesia Saint-Sulpice. En esta nueva casa disfrutó de un jardín para él solo que hizo cambiar a su antojo. Jenny Le Guillou, el ama de llaves que empezó a trabajar con él en 1835, le siguió a la nueva residencia. Por fin, en 1861, consiguió acabar las pinturas de Saint-Sulpice, pero ya padecía de tuberculosis. Se refugió en la soledad en los últimos años de su vida.  Murió “agarrado a la mano de Jenny” en su casa el 13 de agosto de 1863 de una crisis de hemoptisis. Sus restos reposan en el cementerio del Père-Lachaise en un sarcófago imitando el modelo de la tumba de Escipión.

Sentado

Legó 50.000 francos, dos relojes y algunos cuadros a Jenny especificando que debía escoger los muebles que más le gustaban. Ella falleció el 13 de noviembre de 1869 y está enterrada al lado del pintor, según la última voluntad del mismo.

Durmiendo

Sus cuadros se vendieron en solo tres días en febrero de 1864 con un éxito inusitado. Los coleccionistas se habían interesado muy poco por su obra mientras vivía, obligándole a aceptar encargos del Estado y de la Iglesia para subsistir, pero cambiaron de idea a su muerte.

Aunque frecuentaba los salones y conoció a grandes escritores, a menudo se refugiaba en el campo, lejos del mundanal ruido. Admiró y fue amigo de Chopin y de Paganini. Baudelaire dijo de Delacroix que “es el pintor más original de los tiempos antiguos y de los tiempos modernos” y en 1963 publicó un libro dedicado a la vida y obra de su amigo.

Con los ojos cerrados


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Los gatos de Grey Gardens

Grey Gardens es una mansión en East Hampton, Long Island, que se hizo famosa en 1977 cuando los hermanos Albert y David Maysles estrenaron el documental que habían rodado en torno a la casa y sus dos habitantes, Big Edie y Little Edie. La revista Entertainment Weekly le otorgó el puesto 33 entre las mejores películas de culto; en 2010 fue seleccionado por la Biblioteca del Congreso para su salvaguarda por ser “cultural, histórica y estéticamente significante”, y en 2014, la revista Sight and Sound realizó una encuesta entre críticos de cine de todo el mundo que lo votaron el noveno mejor documental de la historia.

Montado por Ellen Hovde, Muffie Meyer y Susan Froemke, el documental describe la rutina diaria de Big Edie y Little Edie, madre e hija, que resistieron durante 25 años en lo que había sido una espléndida casa en primera línea de playa con 54 gatos, unos cuantos mapaches, miles de latas vacías de comida para gatos, suelos levantados, sin calefacción, en condiciones realmente inimaginables.

Big Edie en noviembre de 1971 (Foto de Harry Benson)

Pero ¿quiénes eran Big Edie y Litte Edie? La primera se llamaba Edith Edwing Bouvier Beale, y la segunda, Edith Bouvier Beale, era su hija y prima hermana de Jackie Kennedy, posteriormente Jackie Onassis, y de Lee Radziwill. Big Edie se casó con Phelan Beale, un adinerado abogado, con el que tuvo dos hijos y una hija.

Grey Gardens fue diseñada en 1897 y el matrimonio Beale la compró en 1923. El nombre de “Jardines grises” se debe al color de las dunas, los altos muros de cemento que rodean el jardín y la neblina del océano. Todo fue bien hasta que Phelan Beale se divorció de Big Edie en 1934, dejándole la mansión y una pequeña suma mensual para la manutención de los tres hijos. El padre de Big Edie, otro hombre muy rico, la ayudó a mantener la casa durante varios años hasta que se cansó de sus excentricidades y la desheredó en 1942.

Little Edie nació en 1917. Estudió en caros colegios privados, fue presentada en sociedad con una gran fiesta en el hotel Ritz-Carlton de Nueva York y decidió ser modelo, lo que sacó de quicio a su padre. Nunca se casó, aunque se rumoreó que Joe Kennedy Jr., el hermano mayor de John Kennedy, y J. Paul Getty intentaron convencerla. También se decía que su madre conseguía alejar a cualquier pretendiente por miedo a quedarse sola en su vejez.

Big Edie

A partir de 1947 vivió en el hotel Barbizon para Mujeres en Nueva York, intentando abrirse camino en el teatro musical. Al igual que su madre, cantaba muy bien. De hecho, Max Gordon, el exitoso productor de Broadway, le hizo una prueba en 1952, pero Little Edie tuvo que volver a Grey Gardens porque su madre ya no podía mantenerla. Después de ver el documental, cabe preguntarse si su madre no la obligó a regresar cuando se dio cuenta de que su hija tenía, finalmente, la oportunidad de hacer algo por sí misma.

Litlle Edie en la pasarela

Y así, el 29 de julio de 1952, Little Edie volvió a East Hampton para vivir con su madre y los gatos de su madre porque, como ella deja claro en la película, quien realmente amaba a los gatos era Big Edie: “Mi madre no es partidaria de la arena para gatos, prefiere que usen cajas de cartón y papel”. En los 25 años siguiente, hasta la muerte de Big Edie en 1977, apenas salió de Grey Gardens. En 1968, ambas mujeres acudieron a una fiesta en casa de unos vecinos y durante su ausencia robaron varios objetos de valor de la mansión. Fue  una de las últimas veces que Little Edie dejó la casa.

En el documental, Little Edie dice: “Hemos tenido 300 gatos en total, ahora solo hay doce. Es verdad lo que dicen de las solteronas, no necesitan a un hombre si tienen gatos”. Algunos de los nombres de los gatos eran Bigelow, Pinky One, Pinky Two, Tedsy Kennedy, Hipperino, Zeppo, Little Jimmy y Champion.

En octubre de 1971, la policía entró en la ruinosa casa y descubrió que “estaba llena de basura, olía a gato y quebrantaba varias normas municipales”. El departamento de salud del Condado de Suffolk estuvo a punto de desahuciar a madre e hija, pero las hermanas Jacqueline Onassis y Lee Radziwill, para evitar el escándalo, invirtieron 30.000 dólares en sanear la mansión parcialmente y, además, aportaron una cantidad mensual para su tía y prima. El hermano menor de Little Edie, Bouvier Beale, se ocupó de pagar los impuestos atrasados.

 

En un principio, los hermanos Maysles no tenían intención de centrar el documental en Big Edie y Little Edie. Lee Radziwill les había contratado en 1972 para hacer una película sobre la familia Bouvier. Desde el primer momento, se sintieron fascinados por las dos mujeres, sus vidas de reclusas y su extraña relación, pero Lee Radziwill se opuso a la idea. Albert y David Maysles consiguieron fondos para rodar por su cuenta y filmaron más de 70 horas.

Albert y David Maysles

Después de la muerte de Big Edie en 1977 a los 81 años, Little Edie intentó hacer realidad su eterno sueño y actuó ocho veces en el cabaret Reno Sweeney de Manhattan, pero el espectáculo fue una catástrofe. Vivió otros dos años en Grey Gardens con solo cinco gatos, sus favoritos, después de haber conseguido que los otros fueran adoptados después de que falleciera su madre.

Se dio cuenta de que no podía mantener la casa y la vendió por 220.000 dólares a Sally Quinn, la esposa de Ben Bradles, uno de los dueños del Washington Post, con la condición de que la arreglarían y no la derribarían. Cumplieron su promesa, la casa fue reformada y sigue existiendo hoy en día; es más, se vendió de nuevo hace un par de años por quince millones de dólares.

Una vez vendida la casa, Little Edie se mudó a Nueva York con dos gatos y más tarde a Florida, donde murió en el 14 de enero de 2002 a los 84 años, después de llevar cinco años sin la compañía de un solo gato.

Big Edie, Litlle Edie y los cineastas