Gatos y Respeto

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Gatos y compositores contemporáneos (Parte 1)

Los gatos se llevan bien con los músicos y, según hemos podido leer (y comprobar personalmente), tienden a preferir la música clásica, pero hay excepciones. Una gata nuestra llamada Kekeka sentía predilección por el heavy metal; en cuanto empezaba a sonar la música, se acercaba a un altavoz y ahí se quedaba.

Chris Beug, de Megaton Leviathan, y su gato Cascadian Winter

Hemos encontrado veintitrés compositores contemporáneos fotografiados con gatos – eso sin contar a los que ya hemos dedicado una entrada individual. Son muchos los músicos a los que les gustan los gatos, pero no es fácil encontrar fotos, quizá porque prefieren mantener su vida privada al margen.

De los veintitrés, únicamente tres son mujeres. Solo en los últimos cuarenta o cincuenta años empiezan las compositoras a darse a conocer con más facilidad; siempre ha habido compositoras, pero la música nunca ha sido una profesión abierta a las mujeres. Prueba de ello en el terreno interpretativo es la Filarmónica de Viena, que no admitió a una mujer entre sus filas hasta 2003. Es decir, anteayer.

Los enumeraremos por orden alfabético, sin tener en cuenta su fecha de nacimiento.

La primera es Beth Anderson, una compositora estadounidense a la que suele encuadrarse en el neorromanticismo, que estudió con John Cage y Terry Riley, entre otros. Es conocida sobre todo por los “swales”, una forma musical que ella inventó basada en unir piezas de reciente composición. En 1995 lo describió así: “Un ‘swale” es un campo o un pantano donde crecen muchas cosas diferentes”.

Nació el 3 de enero de 1950 en Lexington, Kentucky. Cursó estudios superiores de piano en la Universidad Mills de Oakland, California. En una entrevista dijo: “Ser compositora implica una lucha heroica, y el éxito es un éxito para todas nosotras, no solo de una”. Por cierto, solo encontramos una foto de Beth Anderson con gato que remonta a 1954; no tenemos ni idea de si ahora tiene gatos.

Beth Anderson (1954)

Richard Rodney Bennett es un conocido e innovador compositor y pianista nacido el 29 de marzo de 1936 en Boradstairs, condado de Kent, Reino Unido. Además de componer unas doscientas obras concertistas, también tiene en su haber cincuenta partituras para cine y numerosas colaboraciones con músicos de jazz. Richard Bennett amaba profundamente a los gatos.

Richard Rodney Bennett

De hecho, dedicó una suite a sus dos gatos, Skip y Sadie. La suite se toca a cuatro manos y está dividida en cuatro partes: Buenos días, El vals de Sadie, El baile de Skip y Buenas noches. (https://www.youtube.com/watch?v=qNNo8N7q2Kw).

En los años cincuenta estudió con Pierre Boulez y se sumergió en las técnicas de la vanguardia europea, pero posteriormente desarrolló un estilo muy particular que algunos críticos describieron como dramático-artístico. Fue nombrado caballero del imperio británico en 1998. Residió en Nueva York a partir del año 1979, ciudad donde falleció el 24 de diciembre de 2012.

Richard Rodney Bennett

Lili y Nadia Boulanger, nacidas el 21 de agosto de 1893 y el 16 de septiembre de 1887 respectivamente en el seno de una familia de larga tradición musical. Al morir el padre, un aclamado compositor, Nadia tuvo que dejar sus estudios en el Conservatorio y dedicarse a la enseñanza musical. Lili, sin embargo, diez años menor, pudo seguir estudiando y no tardó en ser admirada por sus composiciones. Por desgracia, falleció a los 24 años, el 15 de marzo de 1918.

Nadia y Lily Boulanger

Nadia nunca fue tan admirada como su hermana por sus composiciones, pero sí se la considera una de las mejores educadoras musicales del siglo pasado. Entre sus alumnos hubo grandes músicos, como Quincy Jones, Philip Glass, Astor Piazzolla y Leonard Bernstein. Fue la primera mujer en dirigir la Royal Philarmonic de Londres, la Sinfónica de Boston y la Filarmónica de Nueva York, esta última en 1939.

Nadia Boulanger

Henry Cowell nació el 11 de marzo de 1897 en Menlo Park, California. Su familia apenas tenía recursos, pero a los catorce años consiguió comprarse un piano y tres años después fue descubierto por el musicólogo Charles Seeger. Se le considera uno de los compositores estadounidenses más innovadores del siglo pasado.

Henry Cowell

Aunque probablemente tuvo varios gatos, solo conocemos el nombre de dos de ellos, Strawberry y Pepper (Fresa y Pimienta). Compuso un lied titulado “Because of the Cat” (Por el gato) (https://www.youtube.com/watch?v=Bewef3Q-fko). Acusado de conducta homosexual, en 1936 fue encarcelado en la prisión de San Quentin, donde siguió componiendo hasta conseguir la libertad condicional en 1940 gracias al también compositor Percy Grainger. No fue indultado hasta 1942.

Henry Cowell

Ninguno de los gatos con los que está fotografiado le pertenecía. El de la siguiente fotografía era de otro compositor amigo suyo, Colin McPhee, nacido el 15 de marzo de 1900 en Montreal, especialista en música y cultura balinesa.

Jean Cras tenía dos pasiones, el mar y la música. Nacido en Brest, Francia, el 22 de mayo de 1879, sus composiciones se inspiraron sobre todo en la música de su  Bretaña natal y en sus viajes por los mares del mundo. Recorrió las costas americanas, el Caribe y la costa occidental de África.

Jean Crass

En la foto le vemos a bordo de un barco con un gato en brazos, quizá el gato del barco. Posteriormente, la foto se utilizó para la portada de dos discos. En ambas aparece un transportador de ángulos, porque además de compositor y oficial de la Marina francesa, era un habilísimo matemático que inventó un aparato para calcular el rumbo. Falleció el 14 de septiembre de 1932 en su ciudad natal.

El compositor argentino Alberto Ginastera, nacido en Buenos Aires el 11 de abril de 1916, se inspiró en la música de la tradición de los gauchos para muchas de sus obras. En 1943 compuso cinco canciones para piano y voz; la última se titula “Gato”, pero poco tiene que ver con un gato.

Alberto Ginastera

Esta es la letra: El gato de mi casa/Es muy gauchito/Pero cuando lo bailan/Zapateadito./ Guitarrita de pino/Cuerdas de alambre./Tanto quiero a las chicas,/Digo, como a las grandes./Esa moza que baila/Mucho la quiero/Pero no para hermana/Que hermana tengo./ Si, ponte al frente/Aunque no sea tu dueño,/Digo, me gusta verte. (https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&q=alberto+ginasterra+canci%C3%B3n+gato#fpstate=ive&vld=cid:4c338fff,vid:RLWScwVBR8A) Falleció el 25 de junio de 1983 en Ginebra.

Philip Glass (31 de enero de 1937, Baltimore) es, sin duda alguna, uno de los compositores y pianistas de mayor influencia de finales del siglo pasado. Se le asocia con el género musical minimalista, construido a partir de frases repetitivas con un efecto bastante hipnótico. Es el fundador y teclista del Philip Glass Ensemble.

Philip Glass

Ha compuesto quince óperas, catorce sinfonías, doce conciertos, nueve cuartetos de cuerda, entre otras muchas obras, además de varias partituras para cine, tres de las cuales han sido nominadas al Oscar a la Mejor Música Original. En una entrevista dijo que algunas de sus composiciones nacieron cuando su gato pisó las teclas del piano. En su página web hemos encontrado una pieza titulada “Honda mira las estrellas”. (http://philipglass.com/glassnotes/a-cat-called-honda/).

Philip Glass

Continuará.


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El gato Félix

No cabe duda de que el gato Félix (Felix the Cat) llegó a ser el felino más conocido del planeta, aunque hoy pase mucho más desapercibido. Hizo su primera aparición en 1919 protagonizando un cortometraje de animación titulado “Feline Follies” (Insensateces felinas).

Feline Follies

Sus orígenes siguen siendo motivo de disputa. El dibujante de viñetas y productor cinematográfico australiano Pat Sullivan, propietario del personaje, siempre se proclamó su creador. Sin embargo, la paternidad de Félix se atribuye a Otto Messner, el animador jefe de la productora de Sullivan.

Pat Sullivan
Otto Messner

Sea quien fuere el creador de Félix, Sullivan vendió el personaje a todo el que quisiera comprarlo, y Messner produjo un volumen prodigioso de dibujos. Realizaba la animación directamente en hojas blancas antes de pasárselas a los entintadores. Los animadores dibujaban los fondos en trozos de celuloide posteriormente colocados encima de los dibujos y fotografiados. Todas las perspectivas se animaban a mano.

Feline Follies

Además de numerosos cortos mudos de animación, Félix protagonizó una tira cómica obra de Messner a partir de 1923. Un año después, el animador Bill Nolan le dio unos toques para que fuera más redondo y más atractivo. El nuevo diseño y la animación de Messner catapultó a Félix a la fama.

Desfile, años 20 del siglo XX

Su imagen no tardó en aparecer en objetos de cerámica, juguetes y postales, muñecos de peluche. La banda de jazz de Paul Whiteman le compuso una canción, “Felix Kept on Walking” (Félix siguió andando), versionada por varias bandas de la época (https://www.youtube.com/watch?v=ulvPiWhkKQY) después del éxito del cortometraje de 1925 del mismo título en el que Félix anda hasta Inglaterra.

Ese corto también dio pie a varios anuncios publicitarios, entre los que está el de Bicicletas Raleigh en 1925, que junto a un dibujo de Félix aún sin retocar dice: “¿Por qué seguir andando? Monte una Raleigh, la bicicleta de acero”.

Félix era popular y su nombre significa “afortunado”. Muchos empresarios y organizaciones lo adoptaron como mascota. El primero fue un concesionario de Chevrolet de Los Ángeles amigo de Sullivan. Félix sigue presidiendo el cruce entre la calle Figueroa y el Harbor Freeway. Otros fueron el equipo de béisbol New York Yankees y el aviador Charles Lindbergh, que se llevó un muñeco de Félix cuando cruzó el Atlántico.

Chevrolet

Félix el gato también fue muy apreciado por la crítica como ejemplo imaginativo de surrealismo en el cine. Aldous Huxley, al que le gustaban mucho los gatos, escribió que los cortometrajes de Félix demostraban que “el cine puede superar a la literatura y al drama hablado tratándose de fantasía”.

Aldous Huxley con gato

En España existió una serie de historietas protagonizadas por el gato Periquito, que incluyó traducciones y copias de Félix el gato ya a principios de los años veinte del siglo pasado. También se publicaron varias colecciones de cromos del personaje en forma de viñetas mudas que formaban historietas con publicidad de diversas chocolaterías en el reverso.

1927

Pero lo curioso es que el nombre “Periquito” llegó a convertirse en el apelativo habitual de los seguidores del RCD Espanyol de Barcelona gracias a los chistes de Castanys para el semanario satírico-futbolístico El Xut (1922) y otros como El látigo deportivo (1930), donde se parodiaba a los aficionados de ese equipo calificándolos de «cuatro gatos».

La personalidad de Félix ha variado con los años. Al principio era travieso, con buen corazón y dispuesto a ayudar a los demás. A finales de los años veinte, muchos de los cortos le muestran buscando comida con cierta desesperación, incluso hasta el punto de robarla. Las colas del hambre fueron muy largas durante la Gran Depresión. También se hacía referencia al alcohol y a la Prohibición.

Clara Bow y Félix (1928)

La celebridad de Félix sufrió altibajos en su larga carrera. Empezó a declinar a finales de los veinte con la llegada del cine sonoro; el ratón Mickey hablaba y Félix se quedó desfasado. Sullivan decidió realizar cortos sonoros a partir de 1929, pero fueron un fracaso, y el productor falleció en 1933. Félix resucitó brevemente en 1936 gracias a los Estudios Van Beuren, aunque Otto Messner no quiso participar en esa segunda fase.

Siguió haciendo viñetas de su gato favorito publicadas en numerosos periódicos hasta 1943. A partir de entonces solo publicó un álbum mensual para Dell Comics hasta el año 1954, cuando abandonó del todo a Félix. Otto Messner falleció el 28 de octubre de 1983.

En 1953, Joe Oriolo, discípulo de Otto Messner y creador de “Casper, el fantasma”, llegó a un acuerdo con el nuevo dueño de Félix, el sobrino de Sullivan, con el fin de llevarlo a la televisión. Para conseguirlo, rediseñó a Félix dándole unas piernas más largas y le proporcionó una herramienta nueva, “la bolsa mágica de trucos”, que podía transformarse en cualquier momento en el instrumento requerido por Félix. También aparecieron nuevos personaje, como el Profesor, empeñado en hacerse con la bolsa mágica, y Poindexter, el brillante y en ocasiones insoportable sobrino del Profesor.

Félix y Poindexter

A partir de ese año, la televisión estadounidense empezó a emitir dibujos animados de Félix. Además, Official Films compró los cortos de Sullivan y Messner, los sonorizó y distribuyó para visionados caseros o emisión televisiva. Pero Félix ya había salido en televisión. En 1928 fue una de las primerísimas imágenes emitidas por RCA durante una prueba.

Joe Oriolo obtuvo en 1970 el control total del personaje y continuó promocionándolo hasta su muerte en 1985, cuando su hijo Don tomó el relevo. Se unió a varios animadores europeos para el primer largometraje protagonizado por nuestro héroe, “El gato Félix, la película”, estrenado en Europa en 1988. Sin embargo, en Estados Unidos pasó directamente a vídeo en 1991. Cuatro años después, el gato regresó a la pequeña pantalla.

Don Oriolo
Acción de Gracias, Nueva York

Oriolo lanzó una nueva ola de merchandising e incluso un videojuego para Nintendo Entertainment System. Parece ser que en 2008 se pensó en desarrollar una nueva serie, pero en junio de 2014 Oriolo vendió todos los derechos de Félix a Dreamworks Animation, que a su vez fue comprado por NBC Comcast en 2016.

Guitarra Martin

¿Volverá Félix a las pantallas? ¿O quedará olvidado entre tantos otros personajes cuyos derechos son comprados por multinacionales y encerrados en el cajón del olvido? Ojalá a alguien se le ocurra desempolvar a un personaje entrañable, lleno de humor y muy, muy travieso.


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El gato Oscar y su don especial

Oscar

El autor del libro “Making Rounds with Oscar”, publicado en 2009 y cuya traducción podría ser “Pasar visita con Oscar”, es David Dosa, médico especialista en geriatría. En la portada aparece un subtítulo: “The Extraordinary Gift of an Ordinary Cat”, literalmente “El extraordinario don de un gato ordinario” o quizá sonaría mejor “El descomunal don de un gato común”.

Como puede verse en las decenas de fotos colgadas en Internet, Oscar era un gato común de pelo bastante largo, con pecho y patas blancas, y “abrigo” gris y negro rayado. Además de ser guapo, poseía un don extraordinario.

Oscar

Oscar vivía en una residencia de ancianos llamada Steere House Nursing, en Providence, Rhode Island, el estado más pequeño de Estados Unidos, país donde es habitual que haya gatos y perros en residencias de ancianos, centros de convalecientes y hospitales psiquiátricos. Oscar no era el único gato en la tercera planta de Casa Steere, reservada a pacientes con demencia; le acompañaban Maya, Bilie y Munchie.

Oscar

Sin embargo, ninguno de los gatos pasados y actuales de Casa Steere se ha comportado como lo hizo Oscar. Son amables, se dejan acariciar por los pacientes, duermen en sus regazos… Oscar no era especialmente amable, solo con quien le apetecía, pero siempre sabía cuándo iba a morir una persona.

Oscar

Tenía unas semanas cuando llegó a la residencia en 2005 y no tardó en demostrar su don. Las enfermeras empezaron a darse cuenta de que solo subía a la cama de una persona si esta iba a fallecer en las horas siguientes. Se hacía un ovillo muy cerca del paciente y ronroneaba con fuerza; en muchas ocasiones no se iba hasta que llegaban las pompas fúnebres.

Oscar

Mary Miranda, la enfermera jefe del turno de día, fue quien se lo comentó al Dr. Dosa, un escéptico que no sentía ninguna inclinación hacia los gatos, más bien le daban miedo. De hecho, durante uno de los primeros encuentros entre el Dr. Dosa y Oscar, este le mordió. Ni siquiera perforó la piel, y Mary, muy acertada, le dijo que todos los gatos reaccionan si se les tiene miedo.

Mary Miranda y Oscar

Al principio, el doctor se rió de los comentarios de Mary, ¿cómo iba un gato a predecir la muerte? Casualidades, nada más. Pero pasaron meses y años. Él mismo fue testigo de casos sorprendentes, como el de una paciente a la que todos daban casi por muerta y Oscar no aparecía. Al cabo de varias horas, por fin entró Oscar, y la mujer falleció una hora después.

Oscar

O cuando la familia de otra paciente moribunda no permitió a Oscar entrar y este armó tal jaleo en el pasillo que fue necesario encerrarle lejos de la habitación. David Dosa seguía sin rendirse ante la evidencia, pero quiso indagar y en sus pocos ratos libres habló con los hijos e hijas de personas con demencia o Alzheimer que habían fallecido en Casa Steere. Todos sin excepción confirmaron que Oscar había aparecido un poco antes del momento crucial.

Oscar

Incluso había permitido que la persona no muriera sola. Las enfermeras, al verle acurrucarse en una cama, avisaban al cuidador o cuidadora si se había ido a casa a descansar unas horas. Los testimonios y sus propias experiencias acabaron por convencer al Dr. Dosa.

David Dosa y Oscar

Pero Oscar no se limitaba a estar en la hora de la muerte; los parientes más cercanos de los pacientes reconocían que aparecía en momentos difíciles, cuando ellos se sentían mal. Se limitaba a quedarse cerca, sentado en el suelo. O pasaba un par de horas en el alféizar de la ventana, aparentemente observando el exterior.

Oscar

David Dosa, reconciliado con los gatos, escribió un libro sobre Oscar en el que también habla con gran sensibilidad y cariño de los pacientes a los que atiende, de lo terribles que son la demencia o el Alzheimer, y de los estragos que causan, no solo en quien los sufre, sino en las personas más cercanas que cuidan al paciente. No es fácil ver el paulatino deterioro de un ser muy querido.

Es posible que a muchas personas les sorprenda – o incluso les choque – que en una residencia haya animales domésticos, pero ya se ha demostrado de sobra que la presencia de animales tranquiliza a los pacientes con demencia o problemas mentales, hace más llevaderas las estancias en residencias de ancianos y ayuda a los pacientes de centros de convalecencia.

Oscar jovencito

En 2012, Dottie Rizzo, enfermera jefe del hospital para veteranos de guerra de Salem, Virginia, y Laura Hart, médica asociada, leyeron el libro del Dr. David Dosa y resolvieron que necesitaban un gato en su sección. Se les ocurrió pedirle a un veterinario que buscara al candidato adecuado y así apareció Tom, otro gato “común” rubio.

Tom

El personal y Tom saben que los gatos no gustan a todo el mundo y crearon una “zona sin gato” debidamente señalizada. Según Dotttie Rizzo hay gente, pacientes y empleados, que dicen no soportar a los gatos y todos acaban queriendo a Tom, aunque no se den cuenta.

La médica asistente Laura Hart y Tom

Sigue diciendo: “También están los alérgicos, que a la semana ya le traen chucherías”. En cuanto a la ayuda ofrecida por Tom, recuerda a un paciente terminal que tenía dificultades para expresarse. “Con Tom en su regazo, le costaba mucho menos hablar. Acariciarle le calmaba, relajaba sus cuerdas vocales”.

Tom

Un ejemplo más sería Buckwheat, otro espléndido rubio afincado en la residencia Providence Mount St. Vincent, de Seattle, estado de Washington. Nunca se supo con exactitud la edad de Buckwheat porque se quedó después de que su humano, un paciente, muriera. De hecho, en la época ya había más gatos residentes: Baxter, un enorme gato con solo tres patas, Sunshine y Frank. Pero Buckwheat, como Oscar, predecía la muerte de las personas. Hablamos en pasado porque en 2010 se suponía que debía tener unos 10 años y probablemente ya no esté vivo.

Buckwheat (Foto de Arlene Carter)
Baxter
Frank
Sunshine

Oscar, que se hizo famoso por el libro de David Dosa, murió hace nueve meses a los 17 años. Casa Steere anunció su fallecimiento en el Facebook de la residencia: “Nos entristece comunicar que nuestro Oscar nos ha dejado después de 17 maravillosos años. Oscar ayudó a los residentes, empleados y familiares ofreciendo consuelo y compañía. Muy querido por nuestra comunidad, falleció rodeado de sus amigos el 22 de febrero de 2022”.

¿Por qué Oscar y Buckwheat presentían la muerte? Algunos estudios han demostrado que los seres humanos, antes de morir, emiten un olor especial, apenas perceptible, y es posible que esos dos gatos lo detectaran. La explicación sería válida si Oscar y Buckwheat siempre hubiesen estado cerca de la habitación del paciente, pero no era así. La mayoría de veces acudían desde la otra punta de las residencias y ninguna de estas, por lo que hemos podido ver, eran pequeñas.

Oscar


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Gatos de cerámica y Lisa Larson

1984

La ceramista Lisa Larson, de soltera Alhage, nació en el año 1931 en Härlunda, un pequeño municipio no lejos de Gotemburgo, en Suecia. Su padre dirigía una aserrería y era un apasionado del arte. A menudo regresaba de sus viajes de negocios con cuadros para el hogar familiar. En palabras de la artista: “El arte abundaba en casa y crecí convencida de que sería una artista”.

1961
Stina con gato (1950-60)

Desde muy joven le atraía crear; diseñaba ropa, pintaba las paredes de su casa y esculpía figuras en trozos de madera recuperados de la aserrería de su padre. Ya era una adolescente cuando, durante el luminoso verano sueco, un invitado de su padre cambió su futuro. “Un profesor de la Escuela de Artes y Diseño de Gotemburgo vio un dibujo mío y me convenció para que solicitara una plaza. Se me ocurrió presentar tres figuras claramente inspiradas en el escultor Axel Döderhultarn y aceptaron mi candidatura”.

Lisa Larson (1955-60)
1957

Antes de ingresar en la Escuela de Artes, Lisa Alhage soñaba con ser diseñadora de moda, profesión que acabó ejerciendo su hermana Titti Wrange. Pero cuando empezó las clases de cerámica, encontró su auténtica vocación. Recuerda: “Descubrir que la arcilla era el material que siempre había buscado fue una sensación maravillosa”. Solía quedarse en el taller después de las clases para seguir practicando en el torno y crear piezas.

Lisa Larson fabricando gatos
1955

Al cabo de un año en Gotemburgo conoció al amor de su vida en un baile navideño. Se llamaba Gunnar Larson, un estudiante de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad propenso a vestirse de negro. Lisa recuerda que bailó con todas las chicas antes de sacarla a ella. La acompañó a casa y el flechazo fue mutuo. A los seis meses se mudó a la habitación que alquilaba Gunnar: “Éramos pobres, pero fueron años maravillosos”.

Lisa Larson y un siamés

Para su licenciatura, Lisa Larson participó en un concurso de arte con una vasija de color canela con decoraciones esculpidas. Uno de los miembros del jurado era Stig Lindberg, el director artístico de la famosa fábrica de porcelana Gustavsberg, que le ofreció un contrato de un año, pero Lisa llevaba tiempo soñando con tener un estudio propio.

Gato de Stig Lindberg
1965
1965

Llegaron a un acuerdo con Lindberg: tanto Gunnar como ella podrían trabajar libremente en proyectos personales. Y funcionó, estuvieron 26 años en la fábrica Gustavsberg. Corrían los años cincuenta del siglo pasado cuando el diseño sueco alcanzó toda su gloria. Era habitual que los fabricantes de muebles, de telas y de objetos para el hogar contratasen a artistas para sus diseños. Suecia exportaba creaciones al mundo entero.

La fábrica Gustavsberg estaba ubicada a las afueras de Estocolmo y era uno de los principales fabricantes de cerámica de Escandinavia. Lisa y Gunnar fueron alojados en una habitación con cocina americana y ducha en un edificio donde ya residían otros jóvenes artistas. Durante un año se les daba libertad absoluta para trabajar en un estudio llamado The Playhouse al que Stig Lindberg iba regularmente a supervisar los trabajos.

2017
Serie África (1959)

Aquí es donde Lisa Larson empezó a crear gatos de cerámica. “Siempre he tenido gatos, eran parte de mi vida mientras crecía en el campo. Tengo muy claro que los gatos nos tranquilizan, sobre todo cuando deciden instalarse en tu regazo”.

2017

El primer gato de cerámica que realizó tenía el rabo muy tieso y estaba hecho de gres marrón claro con rayas negras y una cara blanca. Era un gato modernista al que siguieron otros dos del mismo estilo, muy de la época. Más tarde formarían parte de la serie “Pequeño zoo”, su primer éxito en Gustavsberg.

El primer gato de Lisa Larson
La primera serie

La ceramista no se ha limitado a crear figuras de gatos. Una de sus series más famosas es “Las chicas ABC”, creadas en 1958 como sujetalibros, y producidas por Gustavsberg hasta 1973. También tiene en su haber un sinfín de animales de todo tipo, pero por lo que hemos podido ver los gatos son los más numerosos.

Los años setenta marcaron el declive de la fábrica Gustavsberg, y Lisa Larson dejó la empresa en 1980, dedicándose a trabajar para otras empresas suecas y alemanas de cerámica y porcelana. En 1992 fundó el Ceramic Studio dentro de la compañía Gustavsberg con Franco Nicolosi y Siv Solin.

Gato tiesto

Los objetos diseñados por Lisa Larson siguen reproduciéndose a mano. Se realizan moldes a partir del modelo original donde se coloca la arcilla con un elevado contenido de cuarzo y chamota. Una vez secada la figura se decora a mano y se esmalta antes de cocerla a 1.240 grados. En algunos casos se redecora la figura ya cocida y se vuelve a cocer a 800 grados.

La ceramista descubrió el arte japonés en los años cincuenta en una exposición. Visitó Japón en varias ocasiones durante los sesenta y setenta además de exponer una vez en Tokyo. En el año 2000, alguien le regaló a la dueña de una tienda de diseño de Osaka uno de los leones de Lisa Larson. La propietaria se puso inmediatamente en contacto con el Ceramic Studio y le hizo un pedido. No se había equivocado, las figuras se vendieron enseguida.

Serie Japón

Actualmente, más de la mitad de la producción del estudio se exporta a Japón. Entre 2014 y 2015, una retrospectiva de la obra de Lisa Larson recorrió ocho ciudades japoneses y fue vista por más de 200.000 personas. Lisa reconoce que “me divierte ser famosa en mi vejez”.

Gunnar falleció el 2 de junio de 2020 a los 94 años, llevaban 68 años juntos. Lisa vive en Nacka, en un piso lleno de fotos, cuadros, esculturas, bocetos, caballetes, pinceles, proyectos sin terminar y… suponemos que algún gato, pero no podemos asegurarlo. Sigue trabajando.

Lisa Larson (2022)
Las chicas

Ha creado cientos de diseños, algunos de ellos auténticos clásicos buscados por anticuarios y coleccionistas. Sus figuras son amables, cálidas, entrañables y aparentemente sencillas. En 2019 dijo: “Me quedan tantas cosas por hacer que no tengo tiempo de envejecer”. Los gatos también ayudan a mantenerse joven.


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El gato y la filosofía, de John Gray

Hace dos años se publicó en el Reino Unido un libro titulado “Feline Philosophy” (Filosofía felina) con el subtítulo “Cats and the Meaning of Life” (Los gatos y el sentido de la vida) cuyo autor es el filósofo británico John Gray. Haciendo prueba de un gran sentido del humor, se opone a la idea de que una ideología – la que sea – pueda ofrecer una respuesta a los grandes interrogantes de la vida, exceptuando la ideología felina.

Para llegar a esta conclusión, el autor ha observado a muchos gatos desde que era un niño en South Shields, una localidad cercana a Newcastle en la que nació el 17 de abril de 1948. Ahora reside en Bath con su esposa Mieko, una anticuaria especializada en arte japonés. Durante muchos años han compartido casa con cuatro gatos birmanos; dos hermanas, Sophie y Sarah, y dos hermanos, Jamie y Julian. Este último murió en 2020 a los 23 años.

Julian

No es el único filósofo que se siente atraído por los gatos. Él mismo menciona a varios en el libro, por ejemplo a Michel Montaigne (1533-92), que en el francés de la época dijo: “Quand je me joue à ma chatte, qui sait si elle passe son temps de moi plus que je ne fais d’elle ? Nous nous entretenons de singeries réciproques. Si j’ay mon heure de commencer ou de refuser, aussi a elle la sienne”. (Cuando juego con mi gata, ¿quién sabe si juega conmigo más que yo con ella? Nos entretenemos con recíprocas monerías. Si a mí me apetece empezar o acabar, a ella también). La gata de Montaigne se llamaba Madame Vanity.

John Gray

John Gray empieza el libro hablándonos de un filósofo que había “convencido” a su gato para que se convirtiera en vegano. Pensando que bromeaba, le preguntó cómo lo había hecho, ¿había encontrado pienso vegano con sabor a ratón? ¿O quizá le había presentado a otros gatos veganos que pudieran servirle de modelo? ¿Le había persuadido de que ingerir carne era un error?

Al parecer, su interlocutor hablaba en serio, estaba seguro de que su gato era vegano por decisión propia. Pero ¿podía el gato salir a la calle? Podía. Misterio resuelto. Era obvio que el gato comía en casa de los vecinos (algo muy habitual) y/o cazaba. Mientras no apareciese ningún pequeño cadáver en la alfombra del salón (otra inclinación muy gatuna), el virtuoso compañero filósofo seguiría convencido de que tenía un gato vegano.

Otro compañero suyo, cuando le contó que escribía un libro acerca de lo que los seres humanos podían aprender de los gatos, le comentó: “Pero los gatos carecen de historia”. John Gray se preguntó: “¿Es eso una desventaja?” Y nosotros añadimos: ¿Los gatos carecen de historia?

Louis Wain

Un poco más lejos comenta que Schopenhauer (1788- 1860) utilizaba a sus animales domésticos para demostrar la teoría de que la yoidad es una mera ilusión. Murió de un infarto y fue encontrado en su casa tumbado en el sofá al lado de un compañero felino cuyo nombre no ha pasado a la Historia.

Louis Wain (Historia doméstica del gato)

Preguntado en una entrevista si podemos entender a los gatos, John Gray contesta: “En cierto modo, el libro trata de esto. No es un estudio científico ni mucho menos. Pero si se vive con ellos el tiempo suficiente – y hace falta mucho tiempo porque tardan en fiarse y en comunicar – es posible imaginar cómo podrían filosofar”.

Cree que el ser humano recurrió a la filosofía empujado por la ansiedad, en busca de una tranquilidad en un mundo caótico y aterrador, y empezó a contarse historias que le propiciaran una sensación de calma. Según él, el gato no siente esta necesidad porque recupera un equilibrio mental natural siempre que no esté hambriento o amenazado.

John Gray, profesor de Política en la Universidad de Oxford, profesor invitado en Harvard y Yale, y profesor de Pensamiento Europeo en la London School of Economics hasta 2008, autor de ocho libros anteriores, afirma que “gran parte de la historia de la filosofía consiste en adorar ficciones lingüísticas. Los gatos, al depender de lo que tocan, huelen y ven, no están gobernados por las palabras”.

Magoniya (Vika Smirnova)

El libro, de 113 páginas, se divide en seis capítulos. En el primero, “Los gatos y la filosofía”, además de hablar de filosofía y filósofos, John Gray resume la increíble historia de Mèo, el gato que el periodista John Laurence encontró en 1968 en la ciudad de Hué durante la Guerra de Vietnam y que acabó llevando a Estados Unidos.

El capítulo dos, “Por qué los gatos no luchan por ser felices”, empieza así: “Cuando alguien dice que su objetivo en la vida es ser feliz, en realidad está diciendo que es infeliz. Al pensar en la felicidad como un proyecto futuro, y al ver que el presente se le escapa, la ansiedad aumenta. Teme que el progreso hacia la felicidad futura se vea interrumpido por algo y se entrega a la filosofía o, en la actualidad, a la terapia, para aliviar su malestar”.

Jacques Derrida y Logos

Y sigue diciendo: “La felicidad en el ser humano es un estado artificial, mientras que para un gato es una condición natural. A menos que se vea confinado en un entorno que no es el suyo, el gato nunca se aburre. El aburrimiento es el miedo a quedarse solo consigo mismo”.

Jacques Derrida. Foto de Louis Monier (1997)

El tercer capítulo habla de la ética felina; el cuarto, del amor humano comparado al felino; el quinto se titula “El tiempo, la muerte y el alma felina”, y el sexto trata de los gatos y del significado de la vida. En este último, John Gray incluye diez consejos felinos para vivir mejor que enumeramos a continuación:

  1. Nunca intente convencer a un ser humano de que sea razonable.
  2. Es una tontería quejarse de la falta de tiempo.
  3. No busque un significado al sufrimiento.
  4. Es mejor mostrarse indiferente que sentirse obligado a amar a los demás.
  5. Olvídese de buscar la felicidad y quizá la encuentre.
  6. La vida no es una historia.
  7. No tema a la oscuridad, pues numerosas cosas valiosas se encuentran de noche.
  8. Duerma por el placer de dormir.
  9. No se fíe de quien ofrezca hacerle feliz.
  10. Si no puede aprender a vivir un poco más como lo hace el gato, regrese sin pesar al mundo humano de la diversión.
Gilles Deleuze

En cierto modo, John Gray podría describirse como un filósofo antifilosofía con un enorme y ácido sentido del humor. Creemos que “Filosofía felina” no está traducido al español, y es una pena porque estamos seguros de que muchos de los que vivimos con gatos compartimos sus opiniones. Además, es un libro divertido, interesante e inteligente que va mucho más lejos de lo que puede parecer a simple vista.

Michel Foucault. Foto de Martine Frank (1977)

Hemos incluido fotografías de tres filósofos modernos con sus gatos, aunque John Gray no habla de ellos en el libro.


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Gatos negros y Anita Yan Wong

La artista sinoamericana Anita Yan Wong ha dedicado dos libros de dibujos a los gatos utilizando un proceso muy parecido al de la caligrafía china que, a pesar de su aparente sencillez, requiere una larguísima práctica hasta conseguir trazos perfectos.

La pintora es conocida por su dominio de un estilo único de pintura, el Lingnan, llamado también Escuela Cantonesa. Surgida en la provincia de Guangdong en el siglo XIX, fue considerada revolucionaria e innovadora comparada a la pintura tradicional china.

Anita Yan Wong nació en Pekín y su familia se fue a vivir muy pronto a Hong Kong. Al contrario de los niños de su edad, preferiría quedarse en casa dibujando a jugar en los parques, por lo que su madre la llevó a la maestra Hsin Pengjiu, una respetada pintora de la escuela Lingnan que le enseñó el estilo guóhuà.

Anita Yan Wong

Más tarde, su madre buscó un maestro de estilo más occidental con el que aprendió técnicas básicas, como el dibujo y la acuarela, antes de ingresar en la Escuela Politécnica de Hong Kong, más enfocada en las aplicaciones modernas del arte. Lógicamente, y a pesar de su amor por las bellas artes, pensó que su carrera estaba destinada a las artes gráficas.

Se trasladó a Londres a los 16 años para estudiar en la facultad Central Saint Martins, de la Universidad de las Artes de Londres, donde se diplomó en Artes Gráficas. A continuación obtuvo dos másters en Fotografía Digital y Artes Digitales en el Colegio de las Artes de Maryland (MICA). Acabó dando clases en este centro, así como también en la Universidad Temple de Filadelfia.

Enseñar en dos escuelas distantes casi doscientos kilómetros no le dejaba mucho tiempo para pintar. En 2015, después de enseñar durante más de diez años, se centró en su trabajo como pintora.

Reconoce que no sabía realmente qué dirección tomar, pero no quería que su obra fuese descrita como tradicional, moderna o contemporánea porque, según ella, las etiquetas tienden a encasillar al artista. Y añade: “Me había pasado la vida viviendo en lugares diferentes, Pekín, Hong Kong, luego Londres y Estados Unidos, y me di cuenta de que mi identidad era un enigma; de hecho, lo sigue siendo”.

“Me sentía algo perdida y empecé a meditar”, sigue diciendo. “Fue entonces cuando visualicé ‘Los nenúfares’, de Monet, y vi las similitudes entre los impresionistas y el estilo guóhuà, la importancia de los nenúfares en el guóhuà budista y de la pincelada en el impresionismo. En ese momento, todo encajó”.

Al preguntarle por los artistas qué más le han influido, contesta que siempre se ha esforzado en desarrollar un estilo propio. “Es verdad que Chao Shao An me influyó mucho cuando era más joven. Es el creador de la pintura Lingnan, y su alumna fue mi maestra. Louise Bourgeois es otra artista a la que admiro mucho. La primera vez que vi una exposición suya en Londres, me hizo pensar en las pinturas con tinta china. Además, sus esculturas ‘Araña’ no se parecen realmente a arañas, tira más hacia lo abstracto, y eso me gustó mucho”.

En 2018 dedicó una serie a los perros para celebrar el año del Perro en el calendario chino. “Hace mucho que no voy a Hong Kong y es mi forma de volver a conectar con mi cultura”, explica. Sin embargo, inició la serie con unos tigres después de ver un documental acerca de la rápida desaparición de esos animales en su hábitat natural.

En la misma época empezó a pintar unos tigres muchos más pequeños, gatos, y todo por culpa de Tux. Para entonces, la artista se había mudado a California y el gato Tux había entrado en su vida. Apareció un día mientras Anita Yan Wong daba un paseo por el barrio y la acompañó: “Venía cada día conmigo cuando salía a dar un paseo. Me inspiraron su pelo negro brillante, sus movimientos, y me lancé a realizar una serie”.

Esa serie se llamó “Jumping Kittens” (Gatitos saltando) y no tardó en transformarse en el libro “Ink Kittens” (Gatitos de tinta), publicado el 21 de agosto de 2020 con 38 dibujos de gatos en diversas posiciones realizados con unas cuantas pinceladas. “Solo utilicé tinta negra para sumi-e (una técnica de dibujo monocromático) y dos pinceles de caligrafía para reproducir a mi amigo Tux. Tengo la impresión de que un gato aporta energía a mis proyectos, movimiento a mi pincel, y tranquilidad a mi vida”.

En mayo de este año publicó un segundo libro dedicado a los gatos, “Cat Philosophy: When Cats Meet the Greatest Minds” (Filosofía gatuna: Cuando los gatos y las grandes mentes se conocen), en el que citas de artistas, escritores, científicos, filósofos y líderes mundiales amantes de los gatos están acompañadas por sus dibujos.

“No soy capaz de empezar un proyecto a menos que me sienta realmente inspirada, y últimamente lo único que me interesa son los gatos”, reconoce. “A menudo empiezo documentándome, haciendo fotos a los gatos que encuentro, buscando en Internet e incluso yendo a eventos felinos durante los fines de semana”.

Estamos convencidos de que Anita Yan Wong tiene uno o varios gatos. Posiblemente Tux sea el primero que entró en su vida, pero alguno más ha debido seguir sus pasos e instalarse en su casa. También esperamos que sigan siendo una inspiración para ella porque sus dibujos son auténticas joyas. Les dejamos tres enlaces por si quieren ver algo más de la obra de la artista.

https://www.anitayanwong.com/   https://www.instagram.com/anitayanwong/?hl=es https://www.amazon.com/author/anitayanwong


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El gato topiario (The Topiary Cat)

Desde hace unos años aparecen en Internet curiosas imágenes de gigantescos gatos “topiarios” o, mejor dicho, gatos realizados en poda artística. Siempre nos habían intrigado, pero no les habíamos dado mayor importancia hasta que una amiga nos mandó una foto especialmente atractiva y decidimos indagar un poco más.

Descubrimos inmediatamente que son montajes fotográficos realizados por un artista británico llamado Richard Saunders en honor su gato Tolly, un ruso azul que falleció en febrero de 2016 a los doce años.

Richard Saunders

Las fotos se hicieron virales en muy poco tiempo. Por ejemplo, la foto del gato topiario bebiendo en un lago de Surrey fue vista en Facebook en cuestión de días por 2,5 millones de personas, de las que muchas no entendieron que se trataba de un montaje. A partir de ese momento. Richard Saunders decidió dejar muy claro que no son auténticos topiarios, y en una entrevista a la BBC llegó a decir: “Prefiero que se me conozca por el arte y no por el engaño”.

Todo empezó cuando Tolly aún vivía. Mientras visitaba los jardines Hall Barn, Beaconsfield, el artista vio una poda artística imitando una nube que le recordó a un animal durmiendo y se le ocurrió que no sería difícil cambiarla por un gato. Utilizó Photoshop para añadir una foto editada de Tolly. Había nacido “The Topiary Cat”.

“Tolly tenía mucho carácter, era intrépido y afectuoso”, recuerda. “Me parece que esas cualidades se ven reflejadas en el Topiary Cat, pero también es inmortal y capaz de  metamorfosearse, algo a lo que Tolly nunca aspiró”.

Richard Saunders nació en 1946 y descubrió el surrealismo siendo adolescente. Intentó dedicarse a la pintura, pero según sus propias palabras: “Pintaba con demasiada lentitud para vivir del surrealismo y entré en el mundo de la publicidad para sobrevivir”. Llegó a ocupar el puesto de director creativo y no volvió a dedicarse plenamente a la pintura hasta que se jubiló.

Richard Saunders y Tolly

“Al principio lo hice como diversión”, explica en otra entrevista. Colgó la primera imagen en Flickr y empezó a aparecer en Internet sin su nombre hasta que la BBC le entrevistó. No sabemos cómo se enteró la BBC de que la imagen era suya, pero todos los artículos que hemos encontrado dicen más o menos lo mismo.

Con el tiempo, las imágenes se han hecho más complicadas y Richard Saunders tarda varios días en crear una. Empieza con una foto realizada por él, a la que añade digitalmente una de Tolly – del que tiene decenas, basta entrar en su página de Facebook – para crear una escena llena de fantasía.

Según su creador, el personaje del Topiary Cat es sabio y valiente, como Tolly, pero no entiende a los seres humanos. “Al ser inmortal, no tiene un concepto del tiempo ni las preocupaciones habituales, como el trabajo, la comida, la escuela, los fines de semana o el móvil”.

Se instala en los mejores jardines de Inglaterra sin pedir permiso a nadie, ocupando todo el césped delante de un palacio o castillo. Duerme la siesta donde le apetece sin preocuparle si molesta a los jardineros o a cualquiera (ganado o humano). También deambula por paisajes más agrestes, pero siempre lo hace a su antojo, como si todo le perteneciese.

Últimamente le acompaña otro ruso azul llamado Georgi que llegó al hogar de los Saunders en abril de 2018. “Su alter ego en las imágenes es bastante travieso”, dice el artista. “Su mentor le suele llama ‘G’, pero tampoco intenta inculcarle modales”.

Georgi (24 de abril de 2018)

Durante la pandemia, el autor escribió la historia de un niño tímido de diez años y de su fiel compañero, un ruso azul llamado Tolly. El abuelo del niño es el jardinero jefe de una importante finca cercana y experto en poda artística. Colgó la historia en Facebook y luego la transfirió a SoundCloud antes de que se publicara una versión impresa.

“No esperaba que estas imágenes tuvieran tanto éxito”, reconoce Richard Saunders. “Al principio me divertía, nunca pensé que podrían comercializarse. Su recorrido me parece fascinante”.

Su imagen favorita es la de Tolly contemplando el jardín de su casa desde una considerable altura. “A Tolly le gustaba mucho nuestro jardín. Le encantaba tomar el sol en el cenador o esconderse debajo de las hojas de los ruibarbos cuando hacía demasiado calor”, recuerda.

En cuanto a la creación de un auténtico gato de poda artística, Richard Saunders no tiene planes para realizar uno, pero está dispuesto a hacerse cargo de la dirección artística si alguien quisiera hacerlo. Quizá un experto jardinero, viendo estas fotografías, quiera replicarlas en algún suntuoso jardín.

La poda artística se remonta a la época romana en Europa. Tanto Plinio. en su “Historia natural”, como el escritor Marcial atribuyen a Gaius Matius Calvinus el primer diseño topiario, que no tardó en tomar complicadas formas arquitectónicas, de animales e inscripciones en numerosos patios romanos.

Al parecer, la poda artística no volvió a invadir los jardines europeos hasta el siglo XVI y no se limitó a los parterres y terrazas ajardinadas de la élite, sino que también tomó por asalto jardines mucho más plebeyos. El poeta Barnabe Goose escribió en 1578 que “las mujeres recortaban el romero para adoptar la forma de un carro o un pavo real, cualquier cosa que les pasaba por la cabeza”.

Richard Saunders y Tolly

El arte topiario de Versalles, sin embargo, nunca fue muy complicado: setos de poca altura puntuados por bolas y obeliscos en cada esquina. En Holanda sí hubo jardines con podas muy estudiadas. La moda volvió a desaparecer por completo a principios del siglo XVIII.

A partir de 1962, los parques de atracciones estadounidenses, de los que Disneylandia fue el primero, empezaron a recrear a sus personajes más famosos con plantas guiadas sobre un armazón metálico. Al crecer, cubren el armazón y basta con podarlas regularmente. Pueden plantarse directamente en tierra o en tiestos, lo que permite su traslado.


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Los gatos de la revista LIFE

Foto de Nina Leen (1952)

El 15 de febrero de 2019, la revista LIFE publicó un número especial dedicado únicamente a los gatos, el animal doméstico más popular del planeta, según dicen, y que a pesar de eso sigue siendo casi tan salvaje como sus lejanos antepasados. Quizá es la explicación de por qué casi nunca hacen lo que queremos o lo que esperamos.

Blackie, el gato de Gjon Mili (1943)

El número contiene artículos de la historia del gato doméstico, su comportamiento, la supuesta enemistad entre gatos y perros, muchas fotos (aprovechamos para incluir unas cuantas aquí), y varios relatos cortos con el gato como protagonista. Entre todos estos últimos hemos escogido uno del periodista y autor Kostya Kennedy.

Sharon Adams, 10 años (A.Y. Owen, 1952)
Foto de Chris Swanda

Nacido en Great Neck, estado de Nueva York, es director de contenidos de la editorial digital Dotdash Meredith. Anteriormente fue redactor jefe y director editorial adjunto de Sports Illustrated. Tiene varias novelas en su haber, la última publicada en abril pasado, “Four Seasons of Jackie Robinson”. Ha contribuido con artículos en el diario The New York Times y con relatos en la revista The New Yorker. A continuación, el homenaje que Kostya Kennedy escribió a su gato Kaya.

Kim Novak
Kim Novak en la película Bell, Book and Candle (Me enamoré de una bruja) (Eliot Elisofon, 1958)

Una mañana, hace ya unos cuantos años, cuando vivía en Nueva York, envolví a Kaya en un viejo chal azul y recorrí ocho manzanas con él en brazos hasta el veterinario para que le durmiera. Llevábamos juntos desde que yo tenía 14 años. Le había llamado así por el álbum de Bob Marley. “Diecinueve años son muchos años para un gato”, dijo el veterinario, mientras le acariciaba.

Renske Quax, niño prodigio holandés del billar (Nat Farbman, 1953)
El poeta Rod McKuen con uno de sus gatos (Ralph Crane, 1967)

Kaya aún tenía un suspiro de vida. Camino de la clínica, me dio con la pata en la barbilla mientras yo le contaba con toda naturalidad que en una reciente encuesta de la CNN y del New York Times había sido votado uno de los mejores siete gatos del noreste de Estados Unidos. En nuestros años juntos, le había contado muchas cosas así: mi forma de decirle cosas cariñosas.

Prueba para la película Tales of Terror (Ralph Crane, 1961)
El compositor Alan Hovhaness con su gato Rajah Mahatma Hoyden (Gordon Parks, 1955)

Kaya siempre toleró mis historias de encuestas, aunque estoy convencido de que no se dejaba engañar, sabía quién era. Al menos comparado con su hermano Korduroy, desde luego. Korduroy hacía cosas que merecían contarse. Por ejemplo, esperaba sentado al lado de la señal de “stop” en la calle, y cuando se detenía un coche, saltaba al capó y miraba dentro a los ocupantes. Kaya le observaba con total impasibilidad, como también hacía cuando Korduroy y el pastor alemán de los vecinos fingían pelearse. Comparado a Korduroy, un habilísimo cazador que llamaba a la puerta pasando la pata por la ranura del buzón, Kaya parecía algo simplón.

Otto Preminger, Festival de Venecia (Gjon Mili, 1959)
Carslbad, Nuevo México (Bettmann, 1962)

Era un gato dócil y prudente que ronroneaba mucho. No solía matar nada, pero atacaba con tremenda energía a los bolígrafos y los alargadores. Llevaba guantes blancos en las patas delanteras, calcetines largos en las traseras y pechera blanca con cuello blanco. En el resto del cuerpo tenía manchas negras y marrones, a excepción de una pequeña máscara blanca en la nariz y en la boca. Se pasaba mucho rato tumbado.

Oscar en una residencia de ancianos en Providence, Rhode Island (Stew Milne)
Fred Astaire (John Swope. 1962)

Entre mi familia más cercana y yo habíamos tenido unos doce gatos al cabo de los años; eso sin contar los ocho gatitos que se apoderaron de la casa después de que Paleleela diera a luz. De todos, no cabe duda de que Kaya siempre fue el mejor en cuanto a educación y amabilidad. Dejaba que Korduroy comiera primero. Aguantaba estoicamente que gatos de dos años jugaran con su rabo. Hacía compañía a los seres humanos. Muchos gatos entienden cuando un ser humano sufre, pero ninguno lo entendía tan bien como Kaya. Siempre que alguien estaba triste, se acercaba y maullaba una vez mirando a la persona.

Los animales domésticos de la familia Lyng, Dinamarca (Jytte Bjerregaard Muller, 1955)

A Kaya le gustaban las cosas sencillas: que le peinaran, rascaran detrás de las orejas, comer trocitos de pollo caliente, los viajes a Cape Cod, un sitio para dormir en la cama. ¿Cuántas veces homenajeamos la vida de un gato?

Baby, el gato guía (Loran F. Smith, 1947)
Brownie bebiendo mientras Blackie espera su turno, Ferno Caliif (Nat Farbman, 1953)

 Puede que al no ser tan hábil como otros, Kaya decidiera empezar a hablar durante los últimos años de su vida. No dejaba de maullar. La mayoría de veces emitía una especie de queja que sonaba más a la de un bebé humano que a la de cualquier otro animal. “Oye, ¿hay un niño en tu casa?”, me preguntaban amigos durante alguna llamada telefónica. Pasaba lo mismo con mis llamadas profesionales cuando entrevistaba a alguien. Si la voz de Kaya llenaba el pequeño piso, notaba que la persona al otro lado de la línea telefónica intentaba ignorarla con cierta incomodidad. Luego, al colgar, le decía a Kaya: “Lo sé, ser gato es difícil a veces”.

Ernest Hemingway (Tore Johnson, 1959)

Pero Kaya emitía más sonidos además de ese lamento. También lanzaba un maullido agudo de dos notas cuando jugaba o esperaba comida. Me saludaba con un ruido breve, como si piase. Si se cruzaba con otro gato, emitía un sonido largo y gutural. Al despertarse, dejaba escapar algo entre maullido y bostezo. Una serie de ladriditos anunciaba la llegada de una tormenta. Fuese el sonido que fuese, la única forma de hacerle callar era ponerle en mi regazo.

La mezzo Jennie Tourel y el gato Blackie (1952)

Los maullidos se convirtieron en un telón de fondo que no desapareció hasta el final. Cuando pedí una cita en la clínica veterinaria, Kaya llevaba varias semanas enfermo. Era el tiroides. Se pasaba casi todo el día durmiendo y vomitaba los medicamentos que le daba. Había dejado de venir a la cama a dormir. Se quedaba en un rincón del piso del que salía cada pocas horas para mirar su bol de agua y dar un par de desganados lametazos. Cuando dejó de maullar, un extraño silencio se apoderó de la casa. Entonces también dejó de comer.

La bailarina Edwina Seaver con Ting Ling (Alfred Eisenstaedt, 1940)

Me afectó mucho. Intenté tentarle con sus comidas preferidas. Los amigos empezaron a venir para despedirse de Kaya. La víspera de la visita a la clínica, me senté en el sofá en silencio, muy abatido, la mirada perdida. Kaya se dio cuenta de que estaba muy triste. Bajé la mirada cuando noté que se frotaba contra mis piernas. Me miró y dijo “Miau”, antes de volver a su esquina y dejarse caer a descansar.

Esperando al pescador (Carl Mydans, 1962)

Al día siguiente le llevé a la clínica en brazos. No dejé de hablarle como si no pasara nada. Allí le deposité en una mesa en una salita de paredes verdes y le acaricié hasta que le oí ronronear débilmente. El veterinario también estaba, y Kaya, con lo que me pareció ser un tremendo esfuerzo, maulló por última vez.

Foto de Nina Leen

Siempre digo que tuvo una vida amable y que todos hubiéramos podido aprender de él.

(1946)


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El gato Freddie y el escritor Amos Oz

Amos Oz y Freddie

Al parecer, el famoso escritor israelí Amos Oz dijo o escribió lo siguiente: “Un gato jamás sería el amigo de alguien que no le mire con buenas intenciones. Los gatos nunca se equivocan acerca de las personas”. No estamos seguros de que sean realmente frases suyas o si alguien se las atribuyó. Esas cosas pasan en Internet.

Gatos en Jaffa, Tel Aviv

Lo que sí sabemos es que Amos Oz tuvo al menos un gato – llamado  Freddie – y que le acompañó muchos años y a menudo posaba con él durante las entrevistas. En las fotos del año 2007 es un gato delgado que debía tener dos o tres años.

Freddie y Amos Oz en 2007
2007

Ocho años después, en 2015, había cogido bastante peso. En 2016, la periodista Jessica Steinberg entrevistó al escritor en su casa de Tel Aviv y lo describió como “un enorme gato atigrado que ocupaba un lugar privilegiado en el hogar de los Oz”.

2015

El 30 de diciembre de 2018, dos días después del fallecimiento del escritor más famoso de Israel, cuenta cómo en esa entrevista, el gato Freddie se acercó a ella y, a pesar de su envergadura, se colocó en su regazo de un salto. Problema: la periodista era alérgica a los gatos y solo esperaba no empezar a estornudar.

Amos Oz, muy amablemente, le preguntó si le molestaban los gatos, a lo que respondió – cómo no – que le encantaban. La entrevista acabó y, al despedirse, el escritor volvió a preguntar: “¿De verdad le gustan los gatos?” Esta vez la periodista reconoció que no tanto. “Ya me parecía”, concluyó Amos Oz, antes de cerrar la puerta.

¿Contradice esta anécdota la supuesta cita con que empezamos esta entrada? Creemos que no. Quien tiene gatos sabe que a muchos les gusta acercarse, oler y sentarse encima o al lado de las personas con alergia, y sobre todo de aquellas que les tienen miedo o ninguna simpatía. El magnífico gato de Amos Oz se comportó como debía.

Amos Oz, nacido como Amos Klausner en Jerusalén el 4 de mayo de 1939, fue escritor, periodista y profesor de Literatura Hebrea en la Universidad Ben-Gurion en el Néguev, donde vivió varios años. A partir de 1976 fue un acérrimo defensor de la Solución de  Dos Estados para el conflicto palestino-israelí.

Dos gatos en un día de invierno (Yael Maimon)

Escribió más de cuarenta títulos entre novelas, colecciones de relatos cortos, libros infantiles y ensayos, y ha sido traducido a 45 idiomas, más que ningún otro autor israelí. Fue premiado con un sinfín de galardones, entre los que destacaremos el Friedenspreis des Deutschen Buchhandels, la Legión de Honor francesa, el Premio Israel, el Premio Goethe, el Príncipe de Asturias de Literatura, el Premio Heine y el Premio Franz Kafka.

Heather Mattoon (2012) (Museo de Israel, Jerusalén)

Provenía de una familia de eruditos y profesores, algunos de ellos sionistas de derechas, que habían emigrado a Palestina a principios de los años treinta desde Rusia y Polonia. Aunque sus padres no eran religiosos, le enviaron a una escuela comunitaria religiosa, la Tackkemoni. La otra alternativa era un colegio socialista afiliado al Partido Laborista, y su familia aún se opuso más.

Arte callejero, Tel Aviv

Su madre sufría de depresión y se suicidó en enero de 1952, cuando Amos Oz solo tenía doce años, lo que le marcó profundamente. En 1954, a los 14 años, se rebeló contra el mundo de su padre y dejó Jerusalén para ir a vivir y trabajar en el kibutz Hulda acogido por la familia Huldai. Allí se cambió el apellido Klausner por “Oz”, que significa “coraje” en hebreo, y acabó el instituto.

El patriarca (Elisha Nevis)

Después de terminar el servicio militar en 1961, regresó al kibutz y publicó sus primeros relatos en la revista trimestral Keshet, antes de que el consejo del kibutz decidiera mandarle a Jerusalén para que estudiara Filosofía y Literatura en la Universidad Hebrea. Regresó al licenciarse y permaneció otros 25 años en Hulda trabajando la tierra, escribiendo y dando clases en el instituto.

Gata en Tel Aviv

Al ser reservista, luchó en el Sinaí durante la Guerra de los Seis Días en 1967. A partir de este momento participó en diversos grupos y organizaciones que abogaban por una solución biestatal del conflicto palestino-israelí. Formó parte del Comité para la Paz y la Seguridad (1967) y se involucró en los movimientos Moked y Sheli. Fue el portavoz principal del movimiento Paz Ahora desde su fundación en 1977 y, a partir de 2003, uno de los líderes de “La Iniciativa de Ginebra”. En 2008 participó en la fundación de “El nuevo movimiento – Meretz”.

2017

Nunca dejó de luchar y hacer campaña por el Movimiento de Paz Israelí hasta su muerte. De hecho, el año de su fallecimiento se publicó el libro “Contra el fanatismo”, una colección de ensayos en torno al auge del fanatismo. no solo en Israel, sino en todo el mundo.

Primavera (Elisha Nevis)

En una entrevista publicada el 11 de mayo de 2018 en Babelia, realizada para El País por Juan Carlos Sanz e ilustrada con una genial fotografía en blanco y negro de Freddie tumbado al lado del escritor, este dice: “Mi problema no es la religión, sino el fanatismo religioso. No es el cristianismo, sino la Inquisición. No es el islam, sino el yihadismo. No es el judaísmo, sino los judíos fundamentalistas. No es Jesucristo, sino los cruzados”.

Gato en Israel

Siempre se opuso a los asentamientos israelíes en territorio palestino y estuvo entre los primeros en aplaudir los Acuerdos de Oslo con la OLP. En sus discursos y ensayos atacó a menudo a la izquierda no-sionista y siempre fue un elocuente portavoz de la izquierda sionista. En los años noventa se alejó del Partido Laborista Israelí para unirse al Partido Meretz, mucho más a la izquierda, y participó activamente en la campaña de 2003 pidiendo el voto para Meretz.

Yael Maimon

Fue elegido miembro de la Academia de la Letras Hebreas en 1991. Amos Oz falleció de cáncer en su piso de Tel Aviv el 28 de diciembre de 2018 a los 79 años.

Gato en Tel Aviv

Cuando le pidieron que calificara su obra contestó: “Si tuviera que resumir mis libros en una palabra, diría que son acerca de ‘familias’. Si tuviera dos palabras, diría “familias infelices’”.

Amos Oz


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Los gatos conquistadores de Alberto Montt

Albert Montt es un conocido viñetista chileno apasionado de los gatos, “sufre de gatofilia aguda: lleva décadas enfermamente fascinado por este animal. De hecho, fue lo primero que dibujó cuando era niño. Por eso ha decidido (ahora que dibuja un poco mejor) dedicarles este libro, especialmente pensado para aquellos que sufren su misma dolencia. Aunque también puede servirle si quien la sufre es alguien cercano”.

El párrafo entrecomillado corresponde a la contraportada de su libro “Solo necesito un gato (pero no es recíproco)”, publicado por Editorial Planeta Chilena, S.A. en 2019, por Editorial Planeta, S.A. (España) en 2021, y en octubre de 2020 en Francia con el genial título de “J’adore mon chat (mais il s’en fout complètement)”, es decir “Adoro a mi gato (pero le da del todo igual)”.

Alberto Montt nació en Quito (Ecuador) en 1972, hijo de padre ecuatoriano y madre chilena. Estudió Diseño Gráfico y Artes Plásticas antes de trasladarse a Santiago de Chile en 1998. En 2007 creó el blog “En dosis Diarias”, donde cada día publica un dibujo con éxito indudable, ya que puede llegar a las cien mil visitas. Hasta la fecha se han publicado ocho colecciones de dibujos extraídos de su blog en Chile, Argentina, México y España.

Alberto Montt en la presentación del libro en París

Publica regularmente en periódicos y revistas de Latinoamérica y Europa. En 2014 autoeditó su primera novela gráfica, “Achiote”, compuesta por trece anécdotas autobiográficas. En 2014, la emisora de radio Deutsche Welle le otorgó el Premio “The BOBs” (acrónimo de “The Best of The Blogs”) al Mejor Blog en Español. Colabora habitualmente con artistas como Liniers y Kevin Johansen.

En varias entrevistas para el lanzamiento de “Solo necesito un gato”, Alberto Montt cuenta cómo llegó a escribir un libro sobre los gatos. Parece ser que estaba en el Festival del Cómic en Angulema (Francia) con su editor chileno, y este le dijo que preparaban un libro titulado “Solo necesito un perro”. Le preguntó si quería alguno, a lo que Montt contestó que si fuera sobre gatos, desde luego, pero que los perros no le iban.

El editor le ofreció escribir uno y Montt aceptó, a pesar de disponer solo de un mes. Impuso una condición, debía titularse “Solo necesito un gato” para poder competir con el libro del perro. Cuando ya había acabado el libro, se le ocurrió que quizá él necesitaba un gato, pero que el gato no le necesitaba a él, de ahí la coletilla “Pero no es recíproco”.

Su amor por los gatos fue una cosa familiar, pero por parte de sus tías (“Mi viejo era de perros”, según sus propias palabras), porque todas las hermanas de su madre tenían gatos. Alberto Montt dice que “cualquiera que creció con gatos comienza a entenderlos, se familiariza con cómo funciona su cabeza, y es imposible no admirarlos”. Y añade: “Son unos bichos perfectos, son hermosos, huelen bien”.

Uno de los capítulos del libro se titula “Cómo saber que padezco de gatofilia”, del que incluimos unas cuantas frases sin la viñeta que acompaña a cada una de ellas. “No puedes usar ropa negra”, “Es más probable que recuerdes su cumpleaños antes que el de tus familiares” y “Tu gato decide si esa nueva pareja se queda o se va”.

Luego, en el capítulo “Datos curiosos”, hay cosas geniales. Por ejemplo: “Los gatos y los motores diesel ‘ronronean’ en la misma frecuencia, 26 veces por segundo”. “En contra de la creencia popular, los gatos son intolerantes a la lactosa” (rigurosamente cierto). O también: “En la primera versión de ‘La Cenicienta’, el hada madrina era un gato” (nos ha sido imposible corroborarlo).

Está claro que Alberto Montt se lo pasó bien con el primer libro y decidió hacer un segundo titulado “La conquista de los gatos”, publicado en Chile en 2021 y en España en 2022. También incluimos unas frases de la contraportada: “La hipótesis del autor es descabellada, sin embargo, sorprende por su plausibilidad. La intricada idea de que los gatos vienen del espacio exterior y llegaron a la Tierra con el único fin de conquistarla parece tan fantástica como real”.

Debemos reconocer que no sabemos cuál es nuestro preferido. Los dos son muy buenos, pero es posible que el segundo supere al primero en observaciones gatunas.  Una de ellas, que nos gusta mucho, es el estudio realizado con “el objetivo de descubrir cómo funciona exactamente la percepción visual de los gatos y cómo reaccionan ante las ilusiones ópticas”.

La conquista de los gatos

Montt se refiere a la atracción que ejercen las cajas de todos los tamaños sobre los gatos, y no solo las cajas, sino también un trozo de papel, de cartón, cualquier cosa mientras sea rectangular o cuadrada. Según los resultados del estudio “se descubrió que tienen un sistema cognitivo complejo que les permite percibir ilusiones ópticas, por lo que si ven un objeto o algo que pueda representar un cuadrado, cabe la posibilidad de que lo consideren una caja”. Tampoco hemos podido verificar esta afirmación.

En una entrevista publicada en Aristegui Noticias (México) el 27 de marzo de 2022, cuando le preguntaron si tenía gato, contestó con cierta vehemencia: “Por supuesto que no. Viajo mucho y me da pena dejarlo encerrado en un departamento. Prefiero ahorrarle el sufrimiento”. Bueno, es una opinión…

Define la relación entre seres humanos y gatos como sigue:Es el caldo de cultivo de la relación entre el ser humano y el universo. El gato es un bicho que al principio parecía enigmático y fue catalogado como dios, como sucede con lo que no entendemos. Después nos dimos cuenta de que era un bicho domesticable, pero cuando descubrimos que era más complicado de lo normal volvimos a idolatrarlo. Vamos de la idolatría a la admiración por las mismas razones, pero en esas andamos”.

“La conducta felina que más me atrae es la independencia. Que no te esté esperando siempre en la puerta me gusta mucho. Que nos enseñen un poco a relacionarnos con los humanos. Esa cosa de no ser todo el tiempo demandante, o estar todo el tiempo entregando. Eso me gusta mucho de los gatos”, dice el dibujante.

“La conquista de los gatos” es un relato lleno de humor que comienza con el Génesis: “Y Dios creó al gato a su imagen y semejanza y le regaló el universo”. Y termina con una conquista perfecta: “Yo creo que sin lugar a dudas hay un Síndrome de Estocolmo presente en cada relación con un gato. O sea, te acercas a un gato, te rasguña, te muerde, después te lame y tú dices: ‘Ay, qué belleza’. Es absolutamente emocional. No tiene nada de lógico el asunto”.

La conquista de los gatos