Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Los gatos de la pintora mexicana Nahui Olin

Dos gatos (Nahui Olin)

Nahui Olin, de verdadero nombre María del Carmen Mondragón Valseca y nacida en 1893, pasó de ser famosa, admirada y agasajada en los años veinte al más completo olvido en los años sesenta y a morir en 1978 sin siquiera una pequeña necrológica. ¿Qué le ocurrió a la que fue considerada la mujer más bella de Ciudad de México para que acabara vendiendo fotos de sí misma desnuda en su juventud para poder alimentar a sus gatos?

Nahui Olin
Gatitos y peces (Nahui Olin)

Fue modelo, musa, pintora y poetisa. Hemos rescatado una frase suya: “Bajo la garra mortal de las leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en eterno silencio, en inercia mortal… pero debajo existe una fuerza dinámica que se acumula de instante en instante, un tremendo poder de rebelión que activará su alma atrapada en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía”.

Nahui Olin
Gato en el jardín florido (Nahui Olin)

Hace algo más de 20 años, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska (dos grandes amantes de los gatos con entradas en el blog), Tomás Zurián y Adriana Malvido rescataron el legado de Carmen Mondragón, formado por prosa, poesía, dibujos, cartas a sus amantes y testimonios, dando a conocer a esta curiosa y adelantada mujer.

Carlos Monsiváis

Hija del general Manuel Mondragón, sobre quien recae la ejecución de la decena trágica, Nahui Olin creció en el seno de una familia adinerada, en pleno gobierno de Porfirio Diaz. La familia se trasladó a París cuando ella tenía cuatro años. Ingresó en un internado donde descubrió la pintura y la poesía. De hecho, escribió sus primeros textos en francés.

Elena Poniatowska

Regresó a Ciudad de México siendo adolescente y a los pocos años conoció al cadete Manuel Rodríguez Lozano, con quien contrajo matrimonio en 1913, a los veinte años. Se trasladaron a París y no tardaron en codearse con artistas como Diego Rivera, Georges Braque, Henri Matisse y Pablo Picasso. Al estallar la I Guerra Mundial, se mudaron a San Sebastián y empezaron a pintar. Tuvieron un hijo que murió al poco de nacer.

Nahui Olin

De vuelta a México en 1921, la pareja ya se llevaba mal. Los nueve años que estuvo con Manuel Rodríguez Lozano fueron los menos productivos de Nahui Olin y su periodo más conformista. Parece ser que habría preferido vivir con Manuel sin casarse, pero su madre insistió y acabó con traje de novia. Su familia se opuso rotundamente al divorcio, lo que no le impidió vivir como ella quería y conseguir divorciarse en 1922.

Boda con Manuel Rodríguez Lozano

En México fue modeló de Rosario Cabrera y de Siqueiros en varias ocasiones, entre ellas para el famoso mural “La creación”, en el que aparece como Erato, la musa de la poesía erótica. Hoy se reconoce a Nahui Olin como una figura central en el “Renacimiento mexicano” junto a Frida Kahlo, Tina Modotti, Diego Rivera, Xavier Guerrero, Rodríguez Lozano y el estadounidense Edward Weston.

Edward Weston

El 22 de julio de 1921 conoció al pintor Dr. Atl, de verdadero nombre Gerardo Murillo, que esa misma noche escribió que se había abierto ante él “un abismo verde como el mar: los ojos de una mujer” y que “había caído instantáneamente en el abismo, como un hombre que se desliza de una roca y se hunde en el océano”. Concluye diciendo “¡Pobre de mí!”

Nahui Olin (Dr. Atl – Gerardo Murillo, 1922)

El pintor le puso el nombre de Nahui Olin, cuyo significado difiere según las diferentes fuentes que hemos consultado: “Cuarto sol”, “Cuarta dimensión” en náhuatl. A partir de ese momento, Carmen pasó a llamarse Nahui Olin hasta su muerte. Según ella misma escribió, su nombre significaba “el poder que produce la luz”.

Nahui Olin

Nahui y Atl vivieron en la azotea del Convento de la Merced. Según Elena Poniatowska, eran muy “fiesteros” y Nahui recibía a los amigos desnuda. A la azotea acudían Diego Rivera y su mujer Lupe Marín, Adolfo Best Maugard, Ricardo Gómez Robelo, Dalila y Carlos Mérida. Bailaban, cantaban, pintaban, fotografiaban y sacralizaban a México. El fotógrafo Edward Weston le hizo retratos prodigiosos, y Antonio Garduño no se quedó atrás.

Nahui Olin (Antonio Garduño, 1927)

El Dr. Atl, además de pintor, era un apasionado vulcanólogo que pasó largas temporadas viendo el nacimiento y posterior desarrollo del volcán Paricutín, en Michoacán, a partir de febrero 1943. En los cinco años de relación con Nahui Olin le escribió más de doscientas cartas de amor. Parece ser que ella era tremendamente celosa y que su amor se convirtió en odio. Nahui no tuvo reparo en declarar que Atl era “un pinche medicucho cabrón”. Y probablemente no se equivocaba, ya que el pintor no dudó en declarar su apoyo a Hitler y su antisemitismo a partir de mediados de los años treinta.

Nahui Olin (Edward Weston, 1923)

Nahui Olin formó parte de un grupo de talentosas mujeres durante uno de los períodos más activos del arte mexicano, las décadas de 1920 y 1930. Esas mujeres son la pintora Frida Kahlo, la poeta Pita Amor, la novelista Rosario Castellanos, la pintora María Izquierdo, a la que Antonin Artaud admiraba profundamente, la legendaria novelista Elena Garro (que también tiene una entrada en este blog) y la bailarina y autora Nellie Campobello.  Elena Poniatowska les dedicó el libro “Las siete cabritas”.

Elena Garro

A principios de los años treinta conoció al capitán de barco Eugenio Agacino y volvió a enamorarse perdidamente, pero en 1934 el capitán falleció. Hemos encontrado dos causas de su muerte, una por intoxicación de marisco y otra porque se cayó al mar, ignoramos cuál es la verdadera. Pero el caso es que Nahui Olin le esperó durante semanas en los muelles de Veracruz hasta que el poeta Germán List Arzubide la encontró en un triste estado.

Autorretrato (Frida Kahlo)

En los años siguientes dio clases de artes plásticas y escribió mucho. El tiempo, la soledad y el olvido pudieron con su belleza, dejó de preocuparle su aspecto y acabó convirtiéndose en una mujer casi obesa vestida con harapos. Su única compañía eran los numerosos gatos a los que alimentaba con una miserable pensión que le concedía Bellas Artes.

Gato negro (Nahui Olin)

Nahui Olin escogió ser libre. En el último poema de “Óptica cerebral”, pidió que se esculpiera el siguiente epitafio, en mayúsculas, en su tumba y en la de todas las mujeres de Asia, África, América y Europa que decidieran vivir libremente y al máximo: INDEPENDIENTE FUI, PARA NO PERMITIR PUDRIRME SIN RENOVARME; HOY, INDEPENDIENTE, PUDRIÉNDOME, ME RENUEVO PARA VIVIR.

Autorretrato (Nahui Olin)

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Gusa, otra incondicional de los gatos.

Gato naranja (Nahui Olin)


Deja un comentario

Los gatos del fotógrafo Jean Gaumy

Zoe

“Se trata de encontrar la distancia correcta. Hay un lado animal en la fotografía, una especie de vigilancia. Somos como los gatos, atrapados entre la instantaneidad y la contemplación”.

Rouxy (2013)
Pataud (1989)

Jean Gaumy nació el 28 de agosto de 1958 en Pontaillac, un barrio de la ciudad de Royan, en Charente-Maritime, Francia. Estudió en Toulouse y en Aurillac, localidad de la región de Auvernia, en el centro del país. Cursó estudios universitarios de Letras en Rouen, Normandía, donde colaboró como redactor y fotógrafo en el periódico regional “Paris Normandie” para costearse los estudios entre 1969 y 1972.

Miou (1983)
Miou (1985)

Después de un breve periodo en la agencia Viva, se unió a la agencia francesa Gamma en 1973, año en que se casó con Isabelle. En 1975 nació su hija Marie y comenzó dos reportajes fotográficos sobre temas que jamás se habían tratado hasta la fecha en Francia.

Marie, Zoe y el oso Barnabé
Alexis

 El primero, titulado “L’Hôpital” (El hospital), se publicó al año siguiente. El segundo, “Les Incarcérés” (Los encarcelados), que reúne una interesante colección de fotografías realizadas dentro de cárceles francesas, no vio la luz hasta 1983 con extractos de sus notas personales escritas en primera persona.

Pataud (1999)
La gata del vecino

Marc Riboud, presidente de la agencia Magnum, y Bruno Barbey, miembro de la misma, se fijaron en él durante el festival de fotografía “Les rencontres d’Arles” (Los encuentros de Arles) en 1977 y le invitaron a formar parte de la famosa agencia.

Pataud de pequeño
Pataud (1999)

Dirigió su primer documental en 1984, “La Boucane”, que optó al Premio César al Mejor Cortometraje Documental en 1986. Al año siguiente empezó a rodar “Jean-Jacques”, una crónica de dos años del pueblo de Octeville-sur-Mer, Normandía, a través de los ojos de Jean-Jacques, considerado el “tonto” del pueblo.

Miou (1981)
Pataud (2000)

En esa misma época comenzó a embarcarse regularmente a bordo de barcos pesqueros clásicos en Normandía hasta 1998, trabajo que publicó en 2001 con el título de “Pleine Mer” (Alta mar).

(2015)
Pataud (2001)

Viajó por primera vez a Irán en 1986, cuando esté país estaba en plena guerra con Irak. En 1994 se estrenó su tercera película, “Marcel, prêtre” (Marcel, sacerdote), rodada durante varios años en el pueblecito de Raulhac, Auvernia. Marcel Puech había sido el profesor de Jean Gaumy cuando este vivía en Aurillac, antes de que Marcel se hiciera sacerdote y se convirtiera en cura de pueblo. La película describe la vida diaria del sacerdote, de Annie, la monja enfermera, y de una sociedad rural en pleno cambio.

Pataud

Fue galardonado con el Premio Nadar (premio al mejor libro fotográfico editado en Francia) en 2001 por “Pleine mer” y de nuevo en 2010 por “D’Après nature” (Según la naturaleza).

Pataud (2015)
Pataud

Su enfoque fotográfico se hizo más contemplativo en la primera década del nuevo milenio. A partir de 2008, después de estrenar un documental rodado a bordo de un submarino nuclear, se dedicó a recorrer los mares árticos (2008-2012) y los territorios contaminados de Chernóbil, Ucrania (2008- 2009) antes de desplazarse a Fukushima, Japón (2012). A la vez, fotografió una serie de paisajes montañosos publicada en el premiado libro “D’après nature”.

Pataud

Jean Gaumy ha recorrido el mundo entero con su cámara, tanto por tierra firme como por mar, y en submarinos nucleares, como hemos dicho antes, en 2004, 2005 y 2010. Ha realizado reportajes fotográficos en Europa y Estados Unidos, África (Magreb, Kenia, Gabón, Mozambique, Sierra Leona, Togo, Burundi), Oriente Próximo (Siria, Líbano, Israel, Irak, Irán), América (Honduras, Salvador, Nicaragua, México, Guyana francesa, Perú), Asia (Bangladesh, Paquistán, Indonesia, Malasia, Japón, Laos y Kirguizistán), así como en el Ártico, concretamente en Groenlandia.

Jean Gaumy
Pataud en la cocina

Y cuando vuelve a casa, entre un viaje y otro, hace fotos a los gatos que viven con Isabelle, su esposa. Es fácil deducir, por las fotos, que siempre hay gatos en la casa de Fécamp, en Normandía, donde residen desde 1995.

Pataud
Zoe

Algunos de los gatos debieron convivir en algún momento, otros quizá nunca fueron fotografiados, e incluso pueden ser del vecino. Sabemos que se llaman Miou, una maravillosa gata negra; Zoe, una atigrada con la tripa blanca; Pataud, otro atigrado; Alexis, negro con mancha blanca de la suerte, y Rouxy, que como indica su nombre en francés, es pelirrojo.

Pataud

El más fotografiado fue Pataud (que significa “Patoso” en francés, aunque nada en las fotos indica que lo sea). Por las fechas, calculamos que Pataud tuvo una larga vida. La última foto suya está publicada en el Facebook del fotógrafo el 18 de julio de 2014 con estas palabras: “En casa, el gato Pataud siempre se cerciora de lo que hago cuando voy a marcharme. Es el ayudante perfecto, casi me da consejos”.

Pataud (18 de julio de 2014)
Pataud

En la foto más reciente que encontramos (2 de marzo de 2021) ya no está Pataud. Otro gato/a descansa en el hombro del fotógrafo, ignoramos su nombre. Podemos concluir con total seguridad que en casa de Jean Gaumy los gatos son bienvenidos.

Jean Gaumy y gato (2 de marzo de 2021)


Deja un comentario

Gatos y Respeto (recordando a Albert Schweitzer)

En agosto de 2014 dedicamos una entrada a Albert Schweitzer, a quien junto a Henry Beston consideramos uno de los pilares de este blog.

Teólogo, organista, filósofo y médico, nació el 14 de enero de 1875 en Alsacia-Lorena, que formaba parte del Imperio alemán. Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1952 por su filosofía de “Respeto por la vida” y, sobre todo, por haber fundado y ocuparse del hospital Albert Schweitzer, en Lambaréné, entonces África Ecuatorial francesa, actual Gabón.

Sello de Gabón

Obtuvo el doctorado en Filosofía en 1899 y en Teología en 1902, ambos en la Universidad de Estrasburgo. Paralelamente desarrolló una brillante carrera como musicólogo y músico.

Sello del Emirato de Ajmán con Albert Schweitzer al órgano

Decidió irse a África a ejercer de médico y no de pastor, por lo que empezó a estudiar Medicina en 1905 y obtuvo su diploma en 1913. Se trasladó inmediatamente a Lambaréné y fundó un hospital. En 1917 fue recluido en un campo de prisioneros, junto a su esposa, por el gobierno francés, que les consideraba “enemigos alemanes”. Liberados un año después, permaneció en Europa hasta 1924 predicando, dando conciertos de órgano y especializándose en ramas de la medicina.

Regresó a Lambaréné, y allí pasó el resto de su vida exceptuando cortos periodos en los que viajaba a Europa. En los años sesenta, el hospital constaba de sesenta pabellones con más de quinientas camas. Con los 33.000 dólares del Premio Nobel fundó una leprosería. Falleció el 4 de septiembre de 1965 a los noventa años en Lambaréné, donde está enterrado. Su antimilitarismo le llevó a criticar las acciones bélicas hasta su muerte. Un amigo suyo, Albert Einstein, dijo: “En este triste mundo nuestro, es un gran hombre”.

Para el Dr. Schweitzer, la vida sin animales casi no merecía ser vivida. No solo apreciaba su inteligencia, sino ciertas cualidades que suelen atribuirse a los seres humanos. Phylas y Sultán fueron dos de los perros con los que vivió en Alsacia cuando era pequeño. En Lambaréné tuvo a Caramba, Amos, Porto, Hanibal, César, Kimmy y su gran favorita, Tchu Tchu.

Estatua en Deventer, Holanda

Vivió rodeado de gatos. Sizi, por ejemplo, siempre estaba a su lado mientras escribía y tenía por costumbre dormirse en su brazo izquierdo. Al parecer era zurdo, y para no tener que despertarla, prefirió aprender a escribir con la derecha. Sizi fue encontrada cuando apenas tenía cinco semanas y vivió veintitrés años. Otro gato suyo, Piccolo, siempre dormía en una pila de papeles en su mesa. Si entre esos documentos había alguno que debía ser firmado con cierta urgencia, todo el mundo esperaba a que Piccolo decidiera despertarse de la siesta.

También recogió chimpancés, pelícanos y antílopes.

Citaremos tres frases suyas, una de las cuales encabeza este blog:

Existen dos medios de refugio de las miserias de la vida: la música y los gatos.

El niño que sabe preocuparse por un animal que sufre, sabrá dar la mano a su hermano.

Al socorrer a un insecto amenazado, no hago más que intentar devolver a los animales en su conjunto un poco de la siempre creciente deuda de culpabilidad que los hombres han contraído con ellos.

Sello de Alto Volta (actual Burkina Faso)


2 comentarios

Los gatos del Capitán Gato

Hace algo más de tres años, el 6 de septiembre de 2018 para ser exactos, publicamos una entrada titulada “Sid, el gato que comía seis veces”, acerca de un cuento infantil de Inga Moore publicado en 1990 (https://gatosyrespeto.org/2018/09/06/sid-el-gato-que-comia-seis-veces/). En 2013, la autora volvió a publicar un cuento ilustrado por ella titulado “Captain Cat”.

En la contraportada del libro leemos: “El Capitán Gato tiene dos pasiones en su vida: los gatos (claro) y soñar con los maravillosos lugares que ansía conocer. Cuando por fin decide hacer realidad su sueño y zarpar (con sus gatos, claro) hacia tierras desconocidas, ¡cuántas aventuras les esperan a todos!” El diario “Observer”, en su crítica del libro, escribió: “Ideal para los amantes de los gatos de cualquier edad”.

La historia empieza así: “El Capitán Gato adoraba a los gatos. Había más gatos a bordo de su barco, el Carlotta, que miembros de la tripulación. Por eso, los marineros le llamaban Capitán Gato”.

En la segunda ilustración se ve al Capitán tumbado en la cama rodeado de gatos. Hay más en la alfombra y por todo el camarote, mientras él estudia mapas y sueña con conocer tierras lejanas. Había ido a muchos sitios, pero en su mayoría eran puertos comerciales, porque el Capitán era un mercader.

En la tercera se nos explica que no era un muy buen mercader porque lo único que le interesaba eran los gatos y podía entregar una magnífica vasija a cambio de un pobre gato hambriento. Los otros mercaderes se reían de él. Pero una noche, el Capitán supo que había llegado el momento de descubrir los maravillosos lugares que tanto deseaba conocer, y al día siguiente zarpó hacia el sol poniente.

Al cabo de unos días se desató una terrible tormenta, jamás había visto algo así. Cerró las escotillas y cruzó los dedos para que todo acabase bien mientras el Carlotta se hundía y volvía a aparecer entre monstruosas olas.

Por fin se calmó la tempestad, pero el barco se había desviado de su rumbo y se encontraba en aguas desconocidas. Cuando el buen Capitán ya se preguntaba si no iban a llegar al borde de la tierra, avistó una lejana y solitaria isla.

En cuanto vio el barco, la reina del lugar saltó a un bote y remó hasta el barco para saludar al Capitán Gato. Ahora bien, no había gatos en la isla y la joven monarca nunca había visto uno. Fue amor a primera vista y se empeñó en que todos pusieran pie y pata a tierra para compartir una comida en el palacio real.

Los habitantes se sorprendieron enormemente al descubrir a esos curiosos y amables animales. Sin embargo, nada más sentarse los invitados a la mesa y empezar a servirse, una plaga de ratas apareció de golpe, invadiéndolo todo.

La joven reina enrojeció de vergüenza, pero el Capitán le dijo que no se preocupase. Fue a por sus gatos (que estaban comiendo pescado fresco en el patio) para que se ocuparan de las ratas. Después de limpiar de ratas el comedor real, pasaron al resto del palacio, y al ponerse el sol ya no quedaba ni una.

Al estar toda la isla infestada de roedores, la reina ofreció un inmenso tesoro al Capitán Gato si dejaba que los gatos se quedasen. El Capitán no quería separarse de sus amigos, pero ellos tomaron la decisión por él. Estaban cansados de vivir en un pequeño barco y preferían la isla, donde podían moverse a su antojo.

La reina le propuso que se quedara él también, pero todavía le faltaban muchos sitios maravillosos por visitar. Después de llevarse bastantes diamantes y zafiros para no tener que preocuparse el resto de su vida, el Capitán se despidió de sus gatos con gran tristeza y partió a conocer nuevas tierras.

Pero sin gatos, los nuevos mundos perdieron su atractivo. Regresó al puerto habitual y descargó sus tesoros. Los otros mercaderes, al verle, se murieron de envidia y decidieron visitar la isla con toda clase de regalos, alfombras, una nueva corona, ropa, lienzos y pinturas, e incluso una bicicleta, convencidos de que serían colmados con un fabuloso tesoro.

La joven no sabía cómo agradecerles tantos regalos y quiso darles lo mejor que tenía. Al cabo de unas semanas de espera (durante las que los mercaderes se frotaban las manos imaginando diamantes, rubíes y otras maravillas), la reina apareció con lo mejor que podía ofrecerles la isla, algo mucho más valioso que todas las piedras preciosas, ¡seis gatitos! Uno para cada mercader.

Los pobres mercaderes tuvieron un enorme disgusto y al llegar a puerto, dieron los seis gatos al Capitán Gato. Este, con los gatos de sus gatos, volvió a tener ganas de surcar los mares y recorrió los lugares soñados. Pero ninguno le gustaba tanto como la lejana isla, donde había quedado su corazón.

Puso rumbo a la isla. En cuanto avistaron el barco, la reina, el primer ministro y los gatos, locos de alegría, se precipitaron a su encuentro. El cuento acaba así: “Rodeado de sus gatos, de los gatos de sus gatos, y posteriormente de los gatos de los gatos de sus gatos, el Capitán Gato fue feliz para siempre”.

Se sabe muy poco sobre Inga Moore, una mujer reservada que ha concedido pocas entrevistas y que ni siquiera usa las redes sociales, algo poco habitual en esta época. Sin embargo, en la última página del libro hay una dedicatoria: “Este libro está dedicado a todos los gatos del mundo, y muy especialmente a mis dos vecinos e incansables modelos, Digit y Angus”. Ya sabemos algo más.

Hace unos treinta y cinco años que Inga Moore empezó a ilustrar libros infantiles. Ha sido galardonada con numerosos premios, sobre todo por el famoso “Six Dinner Sid” (“Sixto seis cenas” en la versión española), que sigue siendo un favorito treinta y un años después de su publicación. Nació en Sussex, pero sus padres se trasladaron a Australia cuando tenía ocho años, y regresó a Inglaterra treinta años después. Actualmente vive en las Marcas Galesas, una zona entre el País de Gales e Inglaterra.

“Captain Cat” no ha sido traducido al español, pero sí al francés con el divertido título de “Chapitaine”, un juego de palabras entre “Chat” (gato) y “Capitaine” (capitán). También hemos encontrado una portada rusa y otra alemana.

Dedicamos esta entrada a Anjana, sobrina de Yolanda e hija de Ana, grandes amigas de los gatos.


Deja un comentario

Los gatos brillantes del pintor Marek Brzozowski

Marek Brzozowski, nacido en Bydgoszcz, Polonia, en 1952, vive y trabaja actualmente en Ankara, Turquía. Se estableció en esta ciudad después de que unos amigos le convencieran para que visitara el país con ellos. Y de hecho, sus cuadros no solo reflejan la arquitectura de Estambul y Ankara, sino de otras muchas localidades turcas más pequeñas, e incluso detalles como las típicas puertas de Safranbolu y las ventanas de Alaçati.

Marek Brzozowski
Ecos de despedida

El pintor, que suele simplificar su nombre y firmar “Brzozo”, ha dedicado numerosos cuadros a ciudades. En “Gato sin nombre” vemos una (también sin nombre) en la enroscada cola del felino. En total hemos encontrado veintisiete cuadros suyos con los gatos como protagonistas o al menos con uno formando parte de la escena.

Gato sin nombre
Crítico de sillón

En la gran mayoría de lienzos aparece la luna, siempre un trozo de luna, creciente o menguante. Según el pintor, la luna representa la libertad de expresión, el poder pintar con total libertad, algo que no le era permitido durante su juventud en Polonia cuando estudiaba en la Academia de Bellas Artes de Gdansk, donde en 1976 se licenció en Diseño Gráfico y desde 1978 a 1989 fue profesor de Diseño Gráfico y Tipografía.

Obtuvo el doctorado en 2000 en dicha Academia a pesar de llevar unos cuantos años viviendo en Turquía.

Asocia los gatos a la luna y en ocasiones a los payasos. Usa colores brillantes, alegres, llenos de vida. En una entrevista comentó que nunca empezaba un cuadro hasta estar seguro de haber logrado los colores idóneos para expresar su idea. Aunque su estilo suele describirse como surrealista, él prefiere llamarlo realismo mágico.

También hizo una serie de gatos con los rabos colocados geométricamente, como en las dos versiones de “Zona segura” o en “Gato acuario”. El humor está presente en muchos de sus cuadros.

Zona segura
Zona segura
Gato acuario

Después de trasladarse a Turquía, empezó a dar clases en la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Bilkent a partir del año 1993. También es conocido por sus diseños gráficos y como director artístico para teatro, cine y televisión. Ha obtenido varios premios internacionales por sus carteles e ilustraciones.

Cazador de sueños

Ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales, tanto en Polonia como en Turquía, sobre todo en la Galería de Arte Doku de Estambul, y en los últimos veinticinco años sus obras se han visto en más de cien exposiciones.

Lluvia de gatos

Creemos que Marek Brzozowski tiene gatos, o si no son suyos, debe usar como modelos a los que viven en su barrio. Si se fijan en el gato cuyo rabo envuelve al “Ladrón de luna”, es idéntico al gato sentado en un kilim rojo, tienen la misma mirada, aunque no sean del mismo color.

Ladrón de luna

Algunos gatos son meros esquemas, otros parecen sacados de un cómic, pero la gran mayoría son gatos de carne y hueso, como en “Día y noche” o “La pausa”. Tuvo que convivir con ellos o verlos muy a menudo.

Día y noche
La pausa

Por desgracia, hay muy poca información disponible sobre este pintor. En un artículo dijo: “Deseo reflejar territorios y paisajes imaginarios, personajes desconocidos y acontecimientos inexistentes”.

Para terminar, queremos incluir un cuadro que nos gustó especialmente en el que se ve un caballo tirando de un carro con una luna creciente sujetando una ciudad coronada por un caballo casa y una luna en el cielo a la que le falta un trozo.


Deja un comentario

El gato Jones y otros, por el dibujante Ralph Steadman

Ralph Idris Steadman, nacido el 15 de mayo de 1936 en Wallasey, Cheshire, Reino Unido, es un ilustrador conocido sobre todo por sus colaboraciones y amistad con el escritor estadounidense Hunter S. Thompson. Se ha hecho famoso por sus caricaturas políticas y sociales, y libros de dibujos.

¡Catástrofe!

Efectivamente, Steadman fue muy amigo de Hunter Thompson (18 de julio de 1937 – 20 de febrero de 2005), inventor del periodismo “gonzo”, que saltó a la fama con el libro “Hell’s Angels” (1967), escrito después de convivir un año con los moteros para relatar de primera mano su forma de vida.

Ralph Steadman
Seguidores del dios gato

A principios de los ochenta, Steadman viajó a Owl Farm, el hogar de Thompson, una granja en las montañas más arriba de Aspen, Colorado, para trabajar en el libro “La maldición de Lono”. Además de Thompson, en la granja vivía su compañera Laila Nabulsi, cinco pavos reales y Jones, un gato que un buen día había decidido instalarse en la granja.

Hunter S. Thompson
Jones

Hablando de Jones, Steadman dijo: “Nunca he conocido a un gato más insolente y a la vez más atractivo que Jones. No le hacía falta evaluar una situación, él era la situación”. La maldición de Lono debió afectar al dibujante y al escritor porque no conseguían que el libro, encargado por una editorial, progresara, entre otras cosas porque no tenían el mismo horario. Thompson vivía de noche (como Jones), Steadman de día, y asombrado ante el desparpajo del gato, se dedicó a dibujarle.

Jones

Tiempo después, cuando Jones había muerto, le dedicó “The Book of Jones”, que empieza así: “Si hubiera querido hacer un libro sobre gatos, hace años que lo habría hecho. Pero Jones está muerto, y si hubo un gato que merece ser recordado, es Jones. Solo coincidí con él una vez, durante dos semanas, pero bastó para que me hiciera una profunda impresión”.

Jones en su pedestal

El libro de Jones consiste en pequeños textos que describen la vida y comportamiento de Jones, con numerosos dibujos a plumilla del protagonista. Por ejemplo, en una página izquierda el texto reza: “Las emociones dependen del estado de ánimo de cada uno en un momento dado. Incluso una catedral no es más que un montón de piedras si no se está de humor. Pero puede que Jones llenara majestuosamente un espacio vacío en el momento oportuno. Inspiraba la misma veneración que el líder de un culto innovador”. A la derecha se ve a Jones de espaldas y el título: “Jones unidireccional”.

Conocía a un gato, allí donde se sentara, allí se quedaba.

Durante esas dos semanas de otoño, varios amigos vinieron y se fueron, rieron y comieron, durmieron en el sofá, pero Jones les trataba a todos con la misma indiferencia. Steadman añade que quizá “en su misterioso pasado, aún existía el recuerdo de haber entregado su afecto y confianza a uno de esos seres que se movían a su alrededor. Pudo ser una trágica desilusión y aprendió que no podía esperar nada más”.

Jones

Jones murió. El libro dedicado a su memoria se publicó en 1997, no sabemos cuánto tiempo después de que Laila Nabulsi se lo comunicara a Steadman: “Jones ha muerto”. En la portada, debajo del título, una frase: “Un tributo a un gato voluble, frenético y del todo seductor”.

Jones en el otro lado
Ataque gatuno

En 2012 publicó “Book of Cats”, un libro nada sentimental dedicado a los gatos del mundo en general. Hay gatos en muebles, gatos mancha, gatos dictadores, políticos, de moda, esparcidos y pocos gatos modosos, gatos de toda clase acompañados de un comentario a veces sarcástico, otras divertido y otras sencillo.

Filosofía y el pensamiento de un gato

Aquí ya no se trata de un homenaje a un gato, más bien de una larga serie de caricaturas. No hay dibujos de “gatos bonitos”, todo lo contrario, pero las viñetas de Ralph Steadman no siempre se caracterizan por ser “bonitas”, sino por ir al grano, algo que no gusta a todo el mundo.

«Book of Cats», contraportada

Uno de los primeros recuerdos de Steadman – tendría cuatro o cinco años – es estar escondido en un refugio durante un ataque aéreo en la II Guerra Mundial mientras su madre hacía punto. De pequeño sentía pasión por el aeromodelismo, pero siempre acababa los deberes antes de dedicarse a su hobby.

Gato «churchillano»

Parece ser que esa tendencia a la disciplina sacaba de quicio a su gran amigo Hunter Thompson, y que Steadman solía acabar todas las ilustraciones del libro antes de que el periodista hubiera escrito una página.

Gato gordo

Publicó su primera viñeta en el Manchester Evening Chronicle en 1956, pero en 1959, frustrado por sus limitaciones, se matriculó en la Universidad Técnica de East Ham, donde conoció a su mentor, Leslie Richardson, que enseñaba dibujo en vivo. La revista Punch le compró un primer dibujo en 1960, y acabó firmando algunas portadas.

Gato y ratón

En la década de los setenta ilustró varios libros infantiles y en 1967 se dedicó a “Alicia en el País de las Maravillas”, ganador del Premio Williams en 1972, una versión en la que el Conejo Blanco siempre llega tarde a trabajar, el Sombrerero es un líder sindical y la Oruga tiene un curioso parecido con John Lennon.

«Alicia en el País de las Maravillas»

En 1970, la revista Scanlan’s Monthly le mandó a Estados Unidos, concretamente al Derby de Kentucky, donde debía reunirse con Hunter S. Thompson. La leyenda cuenta que tardaron tres días en encontrarse y que, al hacerlo por fin, el periodista le confesó: “Me dijeron que tenía un aspecto raro, ¡pero no esperaba que fuera tan raro!” Así empezó una gran amistad.

Los gatos son muy diferentes, pero muy parecidos

Además de numerosos proyectos con Thompson, siguió trabajando en libros suyos. También produjo cientos de dibujos, diseñó decorados para el ballet “The Crucible” y para la obra teatral “Los viajes de Gulliver”, además de un oratorio de imágenes para una eco-ópera, “The Plague  and the Moonflower”, con música de Richard Harvey.

Hunter S. Thompson

Más recientemente ha ilustrado tres volúmenes sobre pájaros extinguidos o en riesgo de extinción en una colaboración con el documentalista Ceri Levy, “Extinct Boids” (2012), “Nextinction” (2015) y “Critical Critters” (2017). En 2018 participó en la creación del cartel para el estreno en Broadway de “Gary. A Sequel to Titus Andronicus”, protagonizada por Nathan Lane.

Miau reclinada

Sigue trabajando regularmente para varias revistas. Pero ignoramos si le acompaña un gato.


Deja un comentario

Un gato, una escritora y un pintor

En 2015 apareció un libro titulado “La vie plus un chat” (La vida más un gato), de Chantal Detcherry, con un cuadro de Vladimir Juncić ilustrando la portada.

El pintor realizó una larga serie de retratos de mujeres con gatos, hemos contado 24 (no los reproducimos todos aquí), entre los que también hay un hombre y un niño.

Vladimir Juncić, nacido en Čačak, Serbia, en 1957, es un pintor abstracto y figurativo. Se licenció en la Facultad de Bellas Artes en 1981, después de estudiar con el profesor Mladen Srbinović. Es miembro de ULUS (Asociación serbia de Bellas Artes) desde 1982. Vive y trabaja en Belgrado. Y no hay más información sobre él.

Vladimir Juncić

La escritora nació en 1952 en la ciudad de Bourg-sur-Gironde, no lejos de Burdeos, hija de un obrero agrícola natural de Las Landas y de madre austríaca. Estudió en el Instituto de Blaye, una ciudad cercana, antes de ingresar en la Universidad de Burdeos para llevar a cabo estudios de Letras e Historia del Arte. Después de obtener un doctorado en Letras, fue profesora e investigadora en la Universidad Bordeaux-Montaigne.

Chantal Detcherry con Petit-Gris

Tiene en su haber varios libros sobre India, el Sahara, Nepal, Tíbet y Grecia en los que describe la vida diaria en el campo, costumbres ancestrales, arte sagrado y popular, así como colecciones de poemas, relatos y varias novelas intimistas que transcurren en el mundo de su infancia, el estuario de la Gironda. Fue galardonada con el Premio al Relato 2020 de la Academia Francesa por la selección “Histoires à lire au crépuscule” (Historias para leer en el crepúsculo).

En el libro “La vida más un gato” (que no está publicado en español, de hecho ninguna de sus obras lo está), Chantal Detcherry describe cómo se enamoró perdidamente de un espléndido gato que apareció un día en el muro del jardín. En muchas ciudades de Francia, sobre todo del sur, las fachadas dan a la calle, y la parte trasera a un jardín rodeado de tres muros de unos tres metros de altura que lo separa de los dos vecinos colindantes y del vecino de atrás, cuya fachada, a su vez, da a otra calle.

El libro está dividido en capítulos muy cortos, casi todos ellos precedidos de una cita de algún escritor o filósofo dedicada a los gatos. Empieza así: “Albergo en mi corazón un rostro triangular color de nube, ojos uvas verdes, un pequeño cuerpo ágil y suave. El amor se adueñó de mí y nada ha cambiado desde el primer día. No hay alteración en el deleite que se apodera de mí cada vez que le veo”.

Y sigue diciendo: “Hace doce años que vivimos juntos él y yo. Doce años y no hemos discutido una sola vez. Quizá tenga cosas que reprocharme – alguna visita desagradable que me parece necesaria para su salud, por ejemplo –, pero en lo que a mí respecta, nunca he sentido el menor desacuerdo hacia él, tengo la suerte de compartir la vida de un ser perfecto. Llevamos doce años viajando en una pequeña nube, mi gato y yo”.

Al final de la primera página expresa una idea con la que estamos absolutamente de acuerdo: “Sin embargo, no pretendo, tal como dicen muchos, que un gato sepa comprendernos, que se acerque para consolarnos cuando estamos tristes. Nada de eso tiene que ver con el secreto de nuestra complicidad”.

La autora describe su encuentro y su vida con “Petit-Gris” (Grisito), aunque acabará teniendo muchos nombres, como suele ocurrir con los gatos. En uno de los capítulos, Petit-Gris vuelve herido de un largo paseo y ella le lleva corriendo al veterinario. Al ser una herida muy fea en el ojo, no le queda más remedio que llevar un cono de recuperación. Catástrofe. Petit-Gris no quiere salir de debajo de la cama, no quiere comer. Desesperación de la autora y de su marido Philippe.

Entonces se le ocurre comprar un arnés para llevar a Petit-Gris de paseo al jardín, su paraíso. Pero como no podía ser de otro modo, en un momento de despiste, el gato se escapa, salta por encima del muro y desaparece. Chantal hace lo propio, decidida a recuperar a su gato antes de que la correa quede atrapada en alguna parte.

Tres jardines más allá, descubre a una pareja de ancianos observándola con curiosidad y les pregunta si han visto a “un precioso gato gris claro de pelo largo con un cono y un arnés”. Le han visto, se ha refugiado en el tejado de un almacén abandonado que da a su jardín. Les pide permiso para entrar. Ni corta ni perezosa trepa de nuevo y llega al tejado en ruinas, donde efectivamente está Petit-Gris.

Su marido le ruega que baje, es peligroso. Llama a los bomberos, que le contestan que no se dedican a recuperar gatos (eso solo lo hacen los bomberos de habla inglesa), pero Philippe les corrige: “No se trata del gato, sino de mi esposa”. Gato y esposa acaban siendo rescatados por los bomberos.

A pesar del tono melancólico del libro, hay muchas anécdotas realmente divertidas, como la que acabamos de contar. Pero es un libro triste porque Petit-Gris muere de una enfermedad incurable y horrible que ataca a más gatos de lo que se cree, la estomatitis o inflamación de las cavidades bucales.

Aún no se sabe exactamente qué la causa, pero si un gato empieza a dejar de comer, si le huele el aliento, si deja de lavarse, debe verle un veterinario inmediatamente, sin esperar. La estomatitis es extremadamente dolorosa, produce llagas abiertas en la boca y mata. Puede tratarse con antibióticos y corticoides que aliviarán los síntomas – pero no curarán la enfermedad – durante meses, incluso años. En muchos casos no queda más remedio que optar por una solución drástica, sacar los dientes al gato enfermo. Incluso así, un pequeño número no mejora.

El último párrafo del libro dice así: “He querido escribir sobre mi gato vivo. Hablar de él tal como le veía cada día, rendirle homenaje porque existe, con sus ojos de hada y su pelo de plata. Regalarle un texto donde podría verse si supiera leer, e incluso corregirlo, deslizando entre líneas algún que otro comentario con su letra gatuna”.


Deja un comentario

Un gato con diamantes, Holy Golightly y Truman Capote

La película “Desayuno con diamantes” se estrenó en Estados Unidos el 5 de octubre de 1961, hace 60 años. En México, Argentina y la mayoría de Latinoamérica tardaría un año más en llegar a las pantallas, entre abril y mayo de 1962, y en España no se vio hasta octubre de 1963. Seguro que no dejó a nadie indiferente entonces.

Aunque la versión cinematográfica es muy edulcorada comparada a la novela corta de Truman Capote, era atrevida para una producción de Hollywood de la época. El autor siempre criticó amargamente lo que Paramount y el guionista George Axelrod habían hecho con la historia. Tachó a Blake Edwards de “pésimo director”. Una de las cosas que más le sacaba de quicio – y con razón – era que Mickey Rooney interpretara al Sr. Yunioshi, el vecino japonés de Holly Golightly.

Truman Capote siempre quiso que Marilyn Monroe diera vida a Holly, pero la actriz había firmado un contrato con otro estudio, aunque este problema podía resolverse. El mayor obstáculo era que el productor Martin Jurow no la veía en el papel: “Holly debía ser ingeniosa y fuerte, y cualquiera puede ver que Marilyn posee la resistencia de un tulipán”. (Jurow debía de ser un perfecto misógino). Pero contaron otros factores, como el hecho de que siempre llegaba tarde y lo mucho que le costaba recordar los diálogos. Billy Wilder dijo una vez: “No lo hace por maldad, sencillamente carece de sentido del tiempo y no se da cuenta de que 300 personas llevan horas esperándola”. Eso no le impidió rodar dos películas con la actriz, “La tentación vive arriba” y “Con faldas y a lo loco”.

Marilyn Monroe con un gato

Pero quizá lo que peor sentó a Truman Capote fue que Holly Golightly y el joven escritor (el narrador sin nombre en la novela) se enamorasen y se besasen bajo una lluvia torrencial al final de la película mientras ella sujeta a Cat (Gato) también totalmente empapado. Según Capote, era una escena ridícula. Con el paso de los años, estamos de acuerdo.

Algunos críticos achacan a que el público se enamorara de Holly a la presencia de Gato, que no era otro que el famoso Orangey (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/). Diremos de paso que existen dudas de que hubiera un solo Orangey. Sea como fuere, tenía la reputación de ser un gruñón, arañar y morder en ocasiones, o salir pitando al cabo de varias horas de trabajo, obligando a detener el rodaje hasta que le encontraban en los enormes platós.

Audrey Hepburn, Mel Ferrer y gato

Lo que sí está claro es que Audrey Hepburn no tenía problemas con los gatos, sino todo lo contrario. Además de las típicas fotos posando en estudio, hay una muy bonita con su marido, el actor Mel Ferrer, y otras dos tomadas años después sentada en un banco de París. ¿Quién sabe si Orangey solo se portaba mal con actores y actrices que no le entendían?

Audrey Hepburn con un gato en París

Hay un párrafo en la novela de Truman Capote que no podemos dejar de traducir y citar aquí: “Seguía abrazando al gato. ‘Pobrecito’, dijo, rascándole la cabeza, ‘pobrecito sin nombre. Es algo incómodo que no tenga nombre. Pero no soy nadie para ponerle uno, deberá esperar a ser de alguien. Nos conocimos un día en la orilla del río, no nos pertenecemos: él es independiente, yo también. No quiero tener nada hasta encontrar un lugar donde sepa que mis cosas y yo debemos estar. Y todavía no sé cuál es ese sitio’. Sonrió y depositó al gato en el suelo. ‘Es como Tiffany’s’, siguió diciendo. ‘Lo que mejor me sienta es subir a un taxi e ir a Tiffany’s. Me tranquiliza’” […] Y acaba el párrafo diciendo: “Si encontrase un sitio de verdad que me hiciera sentir como Tiffany’s, compraría unos muebles y el gato tendría nombre”.

En París

En la novela, Holly decide mudarse al extranjero y llevarse a Gato. Sin embargo, cambia de parecer, detiene al taxi, baja y le deja en la acera. Gato se frota contra sus piernas antes de que se vaya. Unas manzanas después se da cuenta de su error, de que existe un profundo vínculo entre Gato y ella, aunque nunca le pusiera un nombre. Vuele en su busca, pero ya no está. El narrador sin nombre la oye llamarle y promete que le buscará. Holly se va para siempre.

Truman Capote

Pasan los meses y un día recibe una postal de Holly, que ahora vive en Buenos Aires. El narrador se lamenta de que no le dé su dirección; habría querido decirle que ha vendido varias historias a revistas y, lo más importante, que encontró a Gato. Después de semanas recorriendo el barrio, le descubrió sentado con expresión satisfecha en un balcón entre tiestos de flores. ¿Llegará Holly a encontrar un sitio realmente suyo como hizo Gato?

La corta novela de Truman Capote es triste, desgarradora y mucho más profunda que la película, además de estar magistralmente escrita. El largometraje no ofrece más que una imagen superficial de la historia, pero es innegable que Audrey Hepburn encarna a Holly a la perfección y que probablemente fuera uno de los grandes papeles de su vida.

Truman, perro y gato

No es la única novela de Truman Capote en la que aparecen gatos. También hay varios gatos en “A sangre fría”, dos de ellos domesticos y dos callejeros con los que Perry, uno de los asesinos, se identifica. El quinto es Courthouse Pete, que vive su vida libremente, roba ensalada de cangrejo de la mesa de los Dewey y ronronea feliz.

Truman fotografiado por Steve Schapiro (Holcomb, Texas, 1967)

Capote sigue siendo uno de los escritores más controvertidos de Estados Unidos. Nació el 30 de septiembre en Nueva Orleans, y fue criado por sus tías en Monroeville, Alabama, después de que su madre se divorciara y trasladara a Nueva York en busca de un marido rico, un poco como Holly Golightly. Se reunió con ella y su nuevo marido siendo adolescente, y a los 17 años ya estaba trabajando para la revista The New Yorker.

Truman Capote en una entrevista con Barbara Walters emitida el 14 de diciembre de 1967

No tardó en saltar a la fama con la novela semiautobiográfica “Other Voices Other Rooms” (Otras voces otras habitaciones) y se convirtió en el chico dorado de la élite neoyorquina. Escribió “Desayuno con diamantes” en 1958, aunque la historia transcurre en 1943. Fue el inventor de un nuevo género, la novela de no ficción, del que “A sangre fría” (1966) es el ejemplo más conocido, además de hacerle más famoso que nunca.

«Baile blanco y negro». El modisto Oscar de la Renta y Françoise Langlade, editora de Vogue (1966)

Para celebrar el éxito del libro, organizó el “Baile blanco y negro”, un baile de máscaras que tuvo lugar en el elegante hotel Plaza de Nueva York con 400 invitados. Ideó un nuevo proyecto, “Answered Prayers”, en el que se dedicaría a explorar detalles íntimos de la vida de sus amigos de la alta sociedad. La publicación en 1975 de unos extractos de los primeros capítulos en la revista Esquire causó un escándalo. Muchos de sus amigos le dieron la espalda. Curiosamente, Truman Capote no esperaba semejante reacción y buscó consuelo en las drogas y el alcohol. Falleció en Bel Air, Los Ángeles, a los 59 años, el 25 de agosto de 1984 sin haber publicado más capítulos del proyectado libro.

Truman Capote fotografiado por Carl van Vechten (1948)

Capote también tuvo gatos, aunque hemos sido incapaces de saber cuántos y sus nombres. Hay fotos suyas con gatos, y tal como los sujeta, parece acostumbrado a su presencia. De la misma época que el retrato realizado por Carl van Vechten, gran amante de los gatos (https://gatosyrespeto.org/2016/08/25/el-tigre-en-la-casa-de-carl-van-vechten/), es una foto coloreada del escritor sentado en un sofá de su casa con, al menos, tres gatos de porcelana a su alrededor; puede que haya algunos más, pero no los encontramos.


Deja un comentario

Gatos y el pintor Conrad Felixmüller

Flores otoñales y gato pasando

Conrad Felixmüller no realizó muchos cuadros con gatos, pero estamos seguros de que le gustaron y vivió con ellos. Por ejemplo, en 1930 retrató a su esposa Londa de perfil con un gato gris rayado que no tiene pinta de querer posar. Por eso creemos que merece la pena incluirle aquí a pesar de encontrar solo once ejemplos entre su enorme producción de cuadros y dibujos.

Londa con gato (1930)

Otra prueba de peso, en nuestra opinión, es una fotografía realizada en Wehlen, Sajonia, en 1921 o 1922, donde se ve a la izquierda a la pintora vanguardista Elfriede Lohse-Wächtler (asesinada el 31 de julio de 1940 dentro del programa nacionalsocialista Aktion 14 de eutanasia) y a Conrad Felixmüller a la derecha con un gato blanco con mancha negra en brazos.

Elfriede Lohse-Wächtler con su hermano Hubert, Conrad Felixmüller con un gato y amigos en Wehlen, 1940
Dibujo de Elfriede Lohse-Wächtler

El pintor Conrad Felixmüller (en realidad Felix Müller) nació en Dresde el 21 de mayo de 1897. Era hijo de Ernst Emil Müller, herrero de la fábrica de la ciudad, y de Maria Carolina. En 1924, aconsejado por un marchante, se cambió el apellido por Felixmüller. Estudió música hasta 1911, pero al año siguiente se matriculó en la Academia de las Artes de Dresde. Expuso por primera vez en la Galería Sturm de Berlín en 1916 y en la Hans Goltz de Múnich en 1917.

Autorretrato

Ese año se negó a hacer el servicio militar y fue reclutado como enfermero. El coleccionista de arte Heinrich Kirchhoff, de Wiesbaden, le ayudó económicamente durante dos años. En 1919 fundó el grupo Dresdner Sezession (Secesión de Dresde), del que también fue presidente, con Otto Dix (https://gatosyrespeto.org/2019/12/05/gatos-objetivos-de-otto-dix/), Lasar Segall y Otto Griebel. Desde 1919 a 1924 estuvo afiliado al Partido Comunista Alemán.

Niña, perro y gato

Realizó numerosas portadas y escribió artículos para las revistas “Die Aktion” y “Menschen”. La primera de ellas la había fundado Franz Pfemfert, un declarado opositor a la Primera Guerra Mundial y defensor del expresionismo alemán que consiguió evitar la censura entre 1914 y 1918  transformando lo que era una revista política en una artística hablando de acontecimientos contemporáneos mediante alusiones.

21 de abril de 1917
19 de marzo de 1921

En esa época, Conrad Felixmüller publicó una autobiografía, “Mein Werden”, así como sus pensamientos sobre el diseño artístico en “Künstlerische Gestaltung”. A mediados de la década de los años veinte, el estilo del pintor cambió, dejando atrás el expresionismo para realizar obras más naturalistas y colorida, centrándose en temas íntimos y optimistas.

Revista Menschen

El III Reich incluyó alguna de sus obras en la exposición de 1933 “Reflejos de decadencia” y otras cuarenta en “Arte degenerado”, en 1937, año en que sus cuadros fueron confiscados de colecciones privadas. Se destruyeron ciento cincuenta y una obras suyas entre 1938 y 1939. Un bombardeo destruyó su casa de Berlín en 1944 y las tropas soviéticas le hicieron prisionero en 1945.

Mujer y gato

En 1949 ejerció como profesor en la Universal de Halle, en Wittenberg, República Democrática de Alemania, donde enseñó hasta 1961 cuando se jubiló. Seis años después pudo trasladarse a Berlín Oeste con su esposa Londa y reunirse con los hijos de ambos, Luca y Titus. Después de varios años de relativo anonimato, su obra empezó a ser muy considerada fuera de Alemania.

Titus con gato

Falleció el 24 de marzo  de 1977, unas pocas semanas antes de cumplir 80 años. Sus cuadros pueden verse en numerosos museos, como el Instituto de Arte de Chicago, la Galería Nacional de Bellas Artes de Washington DC, el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, el Instituto de Arte Courtaud de Londres, el Museo Von der Heydt de Wuppertal o el Museo del Condado de Los Ángeles.

Flores otoñales y gato durmiendo

En 1925 diseñó un abecedario con textos de su esposa Londa titulado textualmente “Abecedario sacudido y arrugado con dibujos y versos” (Ein Geschütteltes, Geknütteltes Alphabet in Bildern mit Versen). Al principio, la pareja autopublicó cien ejemplares numerados y firmados, pero no tuvo una buena acogida, a pesar de considerarse hoy en día como una pequeña obra maestra, y acabaron imprimiendo hojas sueltas y solo por encargo.

El lector (1930)

Realizó un grabado sobre madera del abecedario que demuestra su maestría con esta técnica. Numerosos grabados suyos describen las pésimas condiciones de la clase obrera en la República de Weinmar después de la Primera Guerra Mundial.

Retrato de Mo von Haus (1932)

El abecedario está dedicado a sus dos hijos, Luca y Titus. En la primera página les vemos observando atentamente a su padre preparando una plancha de madera para un grabado, mientras el gato de la casa también mira la escena desde una silla. No hay mejor prueba de que el gato era una parte importante del hogar de Conrad Felixmüller. El texto dice así: “Para mis hijos Luca y Titus y para los hijos de mis amigos, dibujados y cortados en madera en 1925, 100 ejemplares de esta edición autopublicada numerada y firmada”.

Dos grabados (uno de ellos en color) rezan: “El gato mira por la ventana y Luca recorta imágenes”.

También incluimos otros dos ejemplos, aunque nada tengan que ver con gatos. El texto de la liebre dice: “La campanilla suena en silencio, la liebre nunca deja de saltar”. Y el del elefante: “El elefante es un gigante, tal como demuestra la fotografía”.

En un autorretrato del pintor realizado probablemente después de mudarse a Berlín en 1967 se le ve sentado, con el pelo gris, pintando, y a sus pies el gato Bussy. Volvía a convivir con un gato.

Autorretrato con camisa a cuadros y el gato Bussy


Deja un comentario

El gato más pequeño del mundo (el gato herrumbroso)

Con apenas 1,5 kilos de peso (casi 300 veces menor que un tigre), el gato herrumbroso (Prionailurus rubiginosus) es el más pequeño del mundo, aún más pequeño que el gato patinegro de Sudáfrica (https://gatosyrespeto.org/2020/10/01/el-gato-patinegro-felis-nigripes/) y el kodkod de Sudamérica (https://gatosyrespeto.org/2020/08/06/dos-gatos-sudamericanos-el-geoffroy-y-el-kodkod/).

Aunque es endémico de los bosques secos de hoja caduca de India, Sri Lanka y Nepal, la población en India está muy fragmentada debido a la intensa irrigación para la agricultura, con el consiguiente impacto negativo en su principal hábitat.

Aún nos queda mucho por aprender de estos gatos huidizos. Se sabe que son nocturnos, buenos trepadores y que se alimentan principalmente de roedores, pájaros, lagartijas e insectos. Por su tamaño, agilidad y velocidad, se les describe a menudo como los “colibrís” de los gatos.

Se les conoce por ser grandes cazadores capaces de enfrentarse a presas del mismo tamaño que ellos, como las gallinas, lo que no suele granjearles amigos entre los campesinos. Parece ser que el naturalista del siglo XIX T.C. Jerdon consiguió domesticar a un gato herrumbroso y que un día, al presentarle a una joven gacela, se lanzó a su cuello sin dudarlo un momento. Afortunadamente, la gacela no resultó herida gracias a la rápida intervención del científico.

Como hemos dicho antes son muy buenos trepadores, y no cabe duda de que no solo cazan en el suelo, sino también en los árboles. En Sri Lanka se les ha visto apostados cerca de termiteros, sobre todo después de que haya llovido, para alimentarse de los insectos.

Hasta no hace mucho se pensaba que solo vivían en bosques húmedos, pero se ha descubierto que se adaptan a otros hábitats, como selvas secas, bosques de bambúes, praderas boscosas, zonas de matorrales áridos e incluso colinas rocosas. Han sido vistos desde el nivel del mar hasta los 2.100 metros en Sri Lanka.

En el este de Guyarat, en India, viven en cuevas y se refugian entre las rocas. Se apostan en las ramas y se lanzan directamente contra la presa que está en el suelo. Como los roedores prefieren las zonas cultivadas, el gato herrumbroso tiende a vivir principalmente en la linde de los bosques. Durante la estación de lluvias, el gato de la jungla (Felis chaus) (https://gatosyrespeto.org/2016/06/09/el-gato-de-la-jungla-que-no-vive-en-la-jungla/) invade el territorio del gato herrumbroso para cazar ranas, y entonces el pequeño felino prefiere mantenerse a una prudente distancia de su primo de mayor tamaño.

Incluso llegan a vivir en casas abandonadas de zonas muy pobladas y bastante alejadas de los bosques, que siempre se han considerado su hábitat natural, posiblemente por la proliferación de ratas, ratones y gallinas.

Su cuerpo es más delgado y pequeño que el del gato doméstico, y el pelo es corto y suave, de color grisáceo y marrón rojizo, salpicado por manchas color de herrumbre (de ahí su nombre). Presenta barras horizontales en las patas y pecho; la tripa y la parte interior de las patas son blancas. La cabeza es redonda con rayas en la frente y en las mejillas. Tiene los ojos grandes, bastante redondos, de color marrón o ámbar; las orejas pequeñas y redondeadas. Es algo paticorto, con las almohadillas negras. El rabo, no extremadamente largo, es de un color más herrumbroso que el resto del cuerpo y sin ninguna marca.

Son animales solitarios cuyo comportamiento reproductivo, al parecer muy similar al del gato doméstico, solo ha podido observarse en cautividad. El apareamiento dura unos cinco minutos y puede repetirse varias veces en un día. La mayoría de las hembras permanecen en celo unos tres días. El periodo de gestación es de unos 65 días y la gata   pare entre uno y tres gatitos en una madriguera muy protegida. Los cachorros no pesan más que un huevo, carecen de las manchas color de herrumbre de los adultos y tienen ojos azules. En cautividad, el gato herrumbroso puede vivir hasta doce años; ignoramos su longevidad en la naturaleza.

A pesar de carecer de muchos datos sobre la población actual, se calcula que el número de gatos herrumbrosos no alcanza los diez mil individuos adultos, por lo que ha pasado de especie casi amenazada (T) a vulnerable (VU) en la lista roja de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación  de la Naturaleza).

Las amenazas más habituales son la deforestación, los cultivos extensivos, la hibridación con gatos domésticos, la caza furtiva y la venta ilegal para convertirlos en supuestos animales “domésticos”.

El estado de Maharastra, cuya capital es Bombay, tiene grandes zonas de bosques semiáridos que ofrecen el perfecto hábitat para el tímido gato herrumbroso; sin embargo la siempre creciente población y la expansión de los cultivos hacen que los pueblos estén cada vez más cerca de estos bosques. En consecuencia, los animales “salvajes” y los seres humanos deben convivir con los consecuentes conflictos. Peor aún, al ser tan pequeños, a menudo se les toma por cachorros de leopardo y se les mata sin piedad. También deben resguardarse de las manadas de perros salvajes.

La buena noticia es que, a pesar de haber considerado al diminuto gato herrumbroso como un animal poco habitual, los estudios más recientes sugieren que quizá sean más numerosos de lo que se creía hasta la fecha. Gracias a su habilidad para cazar roedores, pueden vivir cerca del ser humano siempre y cuando este no decida perseguirlos.

Sello de Sri Lanka

Otro peligro podría ser que se pusiera de moda y que haya gente que desee “domesticarlos”. No nos cabe en la cabeza que alguien piense que un animal nacido para vivir en total libertad pueda adaptarse a una vida domesticada. Ni tampoco cómo se puede considerar a un animal como un trofeo y creer que basta con comprarlo para poseerlo.