Gatos y Respeto

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El gato caracal

Sudáfrica

El caracal es un gato salvaje de tamaño mediano que habita en África, Oriente Próximo, Oriente Medio, Asia Central y parte de India. Tiene las patas largas y fuertes, cara corta, orejas desmesuradas acabadas en mechones y caninos muy pronunciados. El pelo es rojizo a excepción de la tripa, mucho más clara con marcas también rojizas. Un adulto macho suele medir entre 40 y 50 centímetros de altura desde el hombro al suelo, entre 105 y 120 centímetros de largo (sin contar el rabo), y puede llegar a pesar hasta 20 kilos.

Parque Nacional de Etosha, Namibia

El naturalista alemán Johann Christian Daniel von Schreber lo describió por primera vez con detalles científicos en 1776 después de capturar uno en Montaña de la Mesa, cerca de Ciudad del Cabo. El británico John Edward Gray introdujo el nombre “caracal” en 1843. La palabra viene del turco “kara kulak”, que significa “oreja negra”.

Johann Christian Daniel von Schreber (1776)

1834

El caracal, también conocido como “lince del desierto” (aunque no tiene nada que ver con el lince), fue declarado especie bajo preocupación menor por la IUCN en 2002 al ser relativamente común, aunque se le considera amenazado en Sudáfrica y escasea en Asia Central e India. Se le clasificó como lynx y felis en el pasado, pero las pruebas moleculares demuestran que pertenece a un género monofilético muy cercano al serval y al gato dorado africano.

Parque Nacional Jebel Hafeet, Abu Dabi

Dependiendo de la zona, el apareamiento ocurre todo el año, aunque en el Sahara tiene lugar especialmente en invierno. El celo dura unos cinco o seis días y las hembras pueden copular con varios machos empezando siempre por el más fuerte. También se ha podido observar que algunos machos permanecen con la hembra durante el celo para impedir que otros se acerquen.

Caracal comiendo

La gestación dura de 69 a 81 días, y nacen entre una y seis crías que pesan de 200 a 250 gramos. Las hembras dan a luz en grutas, agujeros en los árboles e incluso madrigueras. Las crías abren los ojos al cabo de unos seis días y empiezan a salir alrededor del mes, pero no dejan de mamar hasta cumplir diez semanas. Los caninos salen alrededor de los cuatro o cinco meses y los demás dientes, en los siguientes seis meses. Las crías se quedan con la madre hasta el año, cuando alcanzan la madurez sexual.

Crías de caracal jugando

El hábitat del caracal es muy diverso, desde zonas semidesérticas, pasando por la sabana y áreas de matorrales, hasta bosques húmedos y de montaña, como ocurre en Sudáfrica. También viven en las zonas montañosas del Sahara y de la península arábiga, sin adentrarse mucho en los desiertos de arena.

Hembra de caracal enfrentándose a un león

Al norte, el mar Caspio, la meseta de Ustyurt y el mar de Aral limitan el territorio del caracal, y al este apenas sobrepasa el río Amu Daria, la frontera natural entre Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Más al sureste se encuentran en Irán, Baluchistán (Pakistán), el Punyab y el centro de India hasta Uttar Pradesh. Resumiendo, hay caracales desde Sudáfrica a la India.

Parque transfronterizo Kgalagadi, desierto del Kalahari

La mayor amenaza a la que se enfrentan es la destrucción de su hábitat debido a la agricultura y a la desertificación, sobre todo en el centro, oeste, norte y noreste de África, donde cada vez hay menos. Lo mismo pasa en Asia. Además, los caracales a menudo se alimentan de pequeños animales de granja, por lo que se les mata.

Samburu, Kenia

Son animales nocturnos, tímidos, difíciles de observar, territoriales, que viven en pareja o solos. Se alimentan de pequeños mamíferos, pájaros y roedores. Son capaces de dar saltos de cuatro metros y cazar a un pájaro en el aire. Se acercan silenciosamente a las presas hasta una distancia de cinco metros antes de lanzarse a gran velocidad. Su esperanza de vida es de unos doce años en libertad y de dieciséis en cautividad.

Caracal saltando (Foto de Nedko P. Nedkov)

Al observar fotos de los caracales, nos sorprendió su parecido con el felino del Papiro de Hunefer, una versión del Libro de los Muertos egipcio realizada hacia 1300 a.n.e., ahora en el Museo Británico, que simboliza al Dios Sol en forma de gato cortando la cabeza a la serpiente, y con otra representación egipcia de un gato guiando a seis gansos fechada en 1120 a.n.e. Por el color del pelo, los dos se asemejan más al serval, pero las orejas corresponden al caracal. Se han descubierto caracales embalsamados y se cree que guardaban las tumbas de algunos faraones.

Papiro de Hunefer (detalle) 1300 a.n.e.

1120 a.n.e

En los siglos XIII y XIV, los emperadores chinos de la dinastía Yuán compraban habitualmente caracales y otros felinos a los mercaderes musulmanes y todo indica que la dinastía Ming siguió con la práctica. Hasta principios del siglo pasado, los gobernantes indios los usaban para la caza menor. También se colocaba a varios caracales entre palomas en un lugar cerrado y se apostaba por el gato que más pájaros mataría.

Desde siempre el hombre ha sentido la necesidad de domesticar a los animales salvajes privándoles de su libertad. En 1998, por ejemplo, al zoológico de Moscú se le ocurrió cruzar un caracal con un gato salvaje, en nuestra opinión una auténtica aberración. Pero así se crean nuevas especies “domésticas” criadas para su venta, como ocurre con el Savannah, fruto del cruce entre un serval y un gato doméstico.

Ser el dueño de un animal salvaje parece simbolizar poder, pero en realidad solo demuestra una falta de respeto absoluta hacia el animal, al que se obliga a vivir en un hábitat totalmente ajeno sin la compañía de los suyos. Es egoísmo puro y simple.

Los félidos como el caracal y el serval, por su elegancia, su pequeño tamaño y su menor agresividad, son los objetivos predilectos de estas personas. Al buscar en Internet “gato caracal en venta”, en inglés o en español, aparecen ocho enlaces solo en la primera página ofreciendo crías por 1.200 a 2.500 dólares USA. Todos los criadores especifican que son animales “legales” y que tienden a comportarse como gatos domésticos.

Pero basta con ver a un caracal con la boca abierta para saber que no es un animal doméstico y que no se merece que le conviertan en una posesión o un juguete más. No entendemos cómo los gobiernos no prohíben estas prácticas vergonzosas.


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Los gatos de la fotógrafa Martine Franck

Gato blanco, barrio del Père Lachaise

La única foto de Martine Franck con un gato es la de la sombra de la fotógrafa y el gato Ulises tumbado cómodamente en un sillón. Pero existe otra foto de Henri Cartier-Bresson tumbado en una cama con el mismo gato, por lo que deducimos que Ulises era el gato de ambos.

Ulises y la sombra de Martine (Foto de Henri Cartier-Bresson,1988)

Ulises y Henri Cartier-Bresson

Martine Franck nació el 2 de abril de 1938 en Ámberes, Bélgica, hija de Louis Franck, un banquero belga y de la inglesa Evelyn. Cuando empezaron las hostilidades de la II Guerra Mundial en 1939, su padre se unió al ejército británico y mandó a su familia a Estados Unidos. Al terminar el conflicto armado, ingresó en un internado del Reino Unido y su madre le mandaba una postal cada día, en general de un cuadro.

Martine Franck (Foto de Henri Cartier-Bresson, 1972)

Estudió Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid durante dos años y en 1958 se matriculó en la Escuela del Louvre. Unos años después, mientras defendía su tesis sobre el escultor Henri Gaudier-Brzeska, conoció a Ariane Mnouchkine (fundadora del Théâtre du Soleil), con la que se llevaba un año y que sería su amiga de por vida. Martine comprendió que no estaba hecha para la enseñanza del arte y empezó a interesarse por la fotografía.

Gata y gatitos

Hombre, gato y perro (Celle, Italia)

En 1963, las dos mujeres emprendieron un viaje que las llevó a China, Japón, India, Camboya,  Nepal, Pakistán e Irán. Martine, armada con la Leica de su primo, realizó una serie de fotos sorprendentes que presentó a Time-Life a su regresó a París al cabo de un año. La revista la contrató; y fue la ayudante de Eliot Elisofon y Gjon Mili (https://gatosyrespeto.org/2016/03/31/el-gato-blackie-y-el-fotografo-gjon-mili/) antes de independizarse.

Sus retratos de artistas, intelectuales y escritores aparecieron en numerosas revistas de la talla de Life y Vogue, así como en el diario New York Times. A menudo los retrataba en compañía de sus gatos, pero no sabemos si insistían en ello los que posaban o si era idea de Martine. Muchos de los fotografiados se convirtieron en sus amigos.

André Chastel , profesor del Collège de France

Balthus y Mitsuko

En 1966 conoció a Henri Cartier-Bresson (https://gatosyrespeto.org/2014/10/31/el-fotografo-y-el-gato-ulises/), quince años mayor que ella, y se casó con él en 1970. Ese mismo año debía realizar su primera exposición en solitario en el ICA londinense, pero cuando vio que la invitación indicaba que su marido estaría presente en la inauguración, prefirió cancelarla.

Martine y Henri (Foto de Claire Yaffa)

También en 1970 se unió a la agencia Vu, fundada por Pierre de Fenoÿl, y dos años después cofundó la agencia Viva con Hervé Gloaguen, Guy Le Querrec, François Hers, Jean Lattes y Richard Kalvar, un grupo de fotógrafos decididos a sacudirse las reglas algo obsoletas del fotoperiodismo de la época.

Diego Giacometti en su casa

No se unió a la agencia Magnum hasta 1983, cuando se lanzó en un importante trabajo a favor de los derechos de la mujer encargado por el ahora inexistente Ministerio de los Derechos de la Mujer. No dudó en titular una serie de fotos sobre las mujeres creadoras como “Las mujeres y la creación”. Años después, en uno de sus últimos proyectos, recorrió pueblecitos del estado de Guyarat, en el oeste de la India, para fotografiar a niñas bordando sus dotes desde edades muy tempranas.

El filósofo Michel Foucault

La pintora Françoise Boudet

Realizó numerosos reportajes de apoyo a causas sociales, como la Asociación de los Hermanos de los Pobres, además de interesarse por la soledad, la pobreza, la exclusión y la enfermedad, quizá influida por Dorothea Lange, una fotógrafa a la que admiraba profundamente.

Otro conocido reportaje suyo es el que realizó entre 1993 y 1997 durante varias visitas a la isla de Tory, en el condado de Donegal, Irlanda, que contaba con 130 habitantes de habla gaélica, para documentar su dura vida. Y también tenían gatos.

Jimmy Rodgers, pescador en paro (Isla de Tory)

Isla de Tory

No compartía la opinión de Eve Arnold, compañera en la agencia Magnum, en cuanto a que para ser fotógrafo es necesario ser entrometido. En una ocasión dijo: “Creo que era tímida de joven, pero me di cuenta de que la fotografía me aportaba un medio ideal para expresarme, para mostrar a los demás qué pasaba sin necesidad de hablar”.

El escultor Jean Leyris (1998)

Patricia HIghsmith en su casa de Fontainebleau

A partir de 2002 se volcó con su hija Mélanie en la organización de la Fundación Henri Cartier-Bresson, de la que fue presidenta a partir de 2004, año en que falleció Cartier-Bresson. En 2005, el Estado francés le otorgó la Legión de Honor, el mayor reconocimiento del país.

Nicole Lubtchansky, montadora del realizador Jacques Rivette

Le diagnosticaron cáncer de médula ósea en 2010, pero aun así siguió trabajando y exponiendo. Ese año, el Chanel Nexus Hall de Tokio presentó la exposición “Mujeres”, y en 2011, la Casa Europea de la Fotografía de París organizó la exposición “Vénus d’ailleurs” (Venus de otros lugares), una serie de 62 retratos de artistas realizados entre 1965 y 2010 en sus talleres, entre ellos Miquel Barceló, Marc Chagall, Fernando Botero, Léonor Fini, Ousmane Sow, Zao Wou Ki.

Leonor Fini (1961)

Otros cien retratos se expusieron en la Galería Claude Bernard en marzo y abril de 2012. Y en junio siguiente, la Galería Howard Greenberg de Nueva York presentó “Peregrinaciones”, dos meses antes de su muerte el 16 de agosto de 2012 a los 74 años.

Martine Franck

Siempre reconoció que sus grandes influencias fueron la fotógrafa Julia Margaret Cameron, por sus retratos, así como las estadounidenses Margaret Bourke-White (https://gatosyrespeto.org/2019/03/07/gatos-fotos-y-margaret-bourke-white/), por su vertiente documentalista, y la antes mencionada Dorothea Lange.

Metro de las Tullerías, París, 1977

Publicó nueve libros de fotografías. En una entrevista al New York Times en 2010 dijo que la fotografía “encajaba bien con la curiosidad que sentía por las personas y las situaciones humanas”.

Gato en ventana (Barrio de Belleville, París)

Acabaremos esta entrada con una preciosa foto de Mélanie, la hija de Martine Franck y de Cartier-Bresson, sentada en una silla con un gato o gata persa, tomada en Burcy, un pueblecito de la Bretaña francesa, en 1978.

Mélanie Cartier-Bresson con gato (Foto de Henri Cartier-Bresson, 1978)


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El gato Donald, Benoît y John Patrick Byrne

“Érase una vez un chico llamado Donald que vivía en Fishertown (Ciudad de pescadores) con su mejor amigo, un gato convencido de que era un niño. Todo empezó cuando Jean-Kiki, el padre de Benoît, le dio unas monedas al capitán de un pesquero a cambio de un pequeño gato flaco con unos enormes ojos saltones. Cuando Jean-Kiki lo llevó a casa, Benoît lo llamó Donald”.

“Y antes de que se pudiera decir A-B-C, Donald se acomodó en su cama preparada en una caja de pescado mientras Benoît le enseñaba a leer, a contar hasta nueve y a disfrutar de un buen desayuno de tostadas con morcilla. La vida sonreía a los dos nuevos mejores amigos”.

“Una vez que Donald se vistió con unos pantalones cortos y unas botitas de cuando Benoît era pequeño, se lanzaron inmediatamente a explorar los lugares favoritos del chico, la Biblioteca Municipal John Dory en la callejuela Calamar, el Cine Anguila Eléctrica al final del muelle, y La Noche Oscura del Café Lenguado al Limón, pegado a su casa”.

Así empieza el cuento titulado “Donald & Benoît”, de John Patrick Byrne. El autor sigue contando que Jean-Kiki le compra un barco a Bucky MacKay, el dueño de La Noche Oscura, pero no tarda en descubrir que no hay un solo pez en las aguas cercanas al pueblo y no le queda más remedio que dejar a Donald y a Benoît para zarpar hacia mares más generosos. Bucky MacKay, que se siente culpable por no haberle dicho a Jean-Kiki que no había peces antes de venderle el barco, ofrece un trabajo como camarero a Benoît, pero el chico es muy patoso y sabe que pronto le echarán. Pasan los días y su padre no regresa.

Benoît y Donald deciden ir al cine a ver “Cantando bajo la lluvia”. Los dos se lo pasan de maravilla, y camino de casa, Donald interpreta cada uno de los números de baile para entretener a Benoît. Pero Benoît ve una noticia en el Diario Estrella de Mar: El barco de su padre ha desaparecido. Al día siguiente está demasiado triste para ir a trabajar y Donald decide sustituirle.

Pero es aún más patoso que Benoît, y Bucky MacKay acaba echándole. Es entonces cuando descubre su verdadera vocación al ver un anuncio pidiendo candidatos para unirse a los “Dancing Devil Dogs” (Endiablados Perros Bailones). Las pruebas tienen lugar en la sala encima del café Lenguado al Limón y el viejo Angus recibe a los candidatos. Al ver a Donald, el viejo Angus no acaba de decidirse a qué raza de perro pertenece el extraño recién llegado hasta que uno de los Endiablados le susurra al oído que se trata de un gato. Donald, en un desesperado intento por demostrar que sabe bailar, hace el ridículo, pero acaba ofreciéndose para tocar la batería. El único problema es que no tiene batería. A Benoît se le ocurre una idea brillante y corre a la Biblioteca para consultar el libro “Cómo construir una batería con lo que hay en casa”.

Dan las diez en el reloj de la Biblioteca, y los Endiablados Perros Bailones descubren que el ritmo hipnótico que les ha llevado hasta la casa de Benoît es obra del extraño gato vestido con calzones y botitas de bebé que ha hecho el ridículo esa misma mañana. A los pocos segundos de llegar, los Perros Bailones ya están rebotando contra las paredes, entregados a su endiablado baile.

Al alba, en medio del tremendo barullo, Benoît oye cómo llaman a la puerta con insistencia. Corre a abrir: ¡Es Jean-Kiki, su padre! El chico le abraza, loco de alegría y avisa a Donald. Este, exhausto después de tocar toda la noche, se hace un ovillo a los pies de la cama de su hermano y escucha a Jean-Kiki contar cómo el barco perdió el timón y dio la vuelta a África hasta llegar a Madagascar…

John Patrick Byrne inventó la historia de Donald y Benoît para contársela a sus dos hijos, los gemelos Xavier y Honor. Pero el autor no solo imaginó al gato Donald, también incluyó a gatos en algunos de sus cuadros.

El chico americano (1971)

Gato a la luz de la luna

Nació el 6 de enero de 1940 en Paisley, Escocia, en el seno de una familia obrera católica de origen irlandés. Es dramaturgo, escenógrafo, pintor, ilustrador y también ha dirigido capítulos de series televisivas. Para su obra de teatro más famosa, la trilogía “The Slab Boys”, se basó en su experiencia como mezclador de colores cuando trabajaba en la fábrica de alfombras AF Stoddard.

Arlequín y gato

El chico de la luna

Dejó el trabajo al cabo de un par de años para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Glasgow, donde estudió entre 1958 y 1963. Ganó una beca Bellahousten, que le permitió recorrer Italia durante seis meses. En 1967, ante el rechazo de las galerías londinenses, pintó un pequeño retrato de un hombre con un panamá en falso estilo naíf firmado por “Patrick” y lo mandó a la galería Portal, en Mayfair. Ante su sorpresa, le contestaron inmediatamente pidiéndole más cuadros, por lo que pintó otros seis u ocho y pudo exponer en solitario por primera vez. El retrato del gato Lionel probablemente corresponda a esa época.

Lionel (falso naíf)

Chico con gato

Entre 1964 y 1966 diseñó varias portadas de libros para la editorial Penguin. También ilustró portadas de álbumes de artistas como Beatles, Donovan, Billy Connolly y The Humblebums, y sobre todo de su amigo el cantante Gerry Rafferty, también natural de Paisley y que le dedicó la canción “Patrick”. Los dos coescribieron las letras de varios temas.

Luz de luna y música

Se casó en 1964 con Alice Simpson y tuvieron dos hijos en los años ochenta. En 1989 conoció a la actriz Tilda Swinton, con la que tuvo dos hijos en 1997, Honor y Xavier. Actualmente está casado con la técnica de luces teatrales Jeanne Davies y reside en Edimburgo.

Autorretrato (1971-73)

Jack y el gato atigrado

Expone regularmente en la Fine Art Society (Londres y Edimburgo), en la Galería Rendez-Vous (Aberdeen) y en la Galería Brown’s Art (Tain, Tierras Altas).

Deconstrucción


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Los gatos y sus monumentos (Parte 2)

El gato Vasilisa (San Petersburgo)

El sitio de Leningrado durante la II Guerra Mundial aisló a los habitantes durante dos años y medio. Los gatos empezaron a faltar y la población de ratas creció, poniendo en peligro la poca comida que quedaba. A alguien se le ocurrió traer más gatos de pueblos cercanos para combatir la plaga de ratas. En San Petersburgo, el gato Vasilisa está sentado en el alero del nº 3 de la calle Malaya Sadova, y el gato Yelisey le mira desde el nº 8 en recuerdo a los gatos que ayudaron a salvar la ciudad cuando se llamaba Leningrado.

El gato Yelisey (San Petersburgo)

En Samara, distrito del Volga, una ciudad bastante fría, hay un curioso monumento para conmemorar los 150 años de la invención del radiador. La composición de bronce en la que se ve una ventana, un radiador y un gato está instalada en una estación generadora de calor. El Ayuntamiento pidió a los habitantes que mandaran fotos de sus gatos durmiendo en radiadores. Y el 19 de octubre de 2005 se inauguró el monumento en el que aparece un modelo típico de radiador de principios del siglo pasado.

150 años del radiador (Samara)

A orillas de los ríos Volga y Kazanka se erige la ciudad de Kazán, capital de Tartaristán. En ella habita el famoso gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/), que salvó la vida al kan de Kazán cuando Iván el Terrible asedió la ciudad en el siglo XVI. En 2009 se inauguró una escultura de bronce de unos tres metros de alto y 2,8 de ancho, diseñada por el artista local Igor Bashmakof, con un gato tripudo tumbado debajo de un baldaquín acariciándose los bigotes con una pata y rascándose la tripa con la otra. En el zócalo, una inscripción reza: “Gato de Kazán, mente de Astrakán, inteligencia de Siberia”.

El gato de Kazán

No lejos de Kazán, unos 45 km. más al norte, está la ciudad de Yoshkar-Ola, que desde 2011 cuenta con un curioso monumento dedicado al gato macho en todo su auge, situado cerca de la Universidad Estatal Mari-El. La escultura de bronce, de unos 150 kilos, representa a un gato macho cruzado de piernas en actitud muy relajada. Es obra de los escultores locales Sergey Jandubaev y Anatoly Shirnin. Al parecer, la idea surgió por el eufemismo “yoshkin kot” (gato macho sin castrar), muy parecido al nombre de la ciudad. Por cierto, se supone que frotar las orejas del gato da buena suerte.

El gato de Yoshkar-Ola

La ciudad de Tiumén, en Siberia Occidental, a 1.725 km. de Moscú, es conocida por sus monumentos y esculturas, pero uno de los lugares más interesantes es la Plaza de los Gatos Siberianos, en la céntrica calle Pervomaiskaya. En noviembre de 2008 se instalaron doce composiciones escultóricas de gatos formando un paseo. Los gatos corren, saltan, duermen, se rascan… En la placa conmemorativa, la escultora Marina Alchibaeva dice que si la paloma es el símbolo de la paz, el gato lo es de la amabilidad y de la ternura. Añade que un gato siberiano (https://gatosyrespeto.org/2017/03/02/gatos-siberianos/) es un amigo fiel para toda la vida.

Tiumén (Siberia)

Tiumén (Siberia)

Odesa, situada en el Mar Negro, es una ciudad llena de esculturas de gatos. El 12 de septiembre de 2018 se colocó la última (de momento) de una larga serie de estatuas dedicadas a los gatos de las que hablaremos en otra entrada próximamente. Un gato duerme felizmente en la barandilla de las escaleras que llevan a la puerta de una oficina municipal. La escultora Tatyana Shtykalo explica que se inspiró en el inteligente gato Ryshik, que “trabaja” en esta oficina y es considerado por todos los empleados como un auténtico talismán.

Odesa

En Kiev, capital de Ucrania, hay una estatua dedicada al gato Panteleimon, un magnífico persa,que vivía en el restaurante Pantyusha. “Kotik” (Gatito) era el favorito de los empleados y de los comensales y paseaba por la sala, saludando a todos. Pero el restaurante se incendió y Panteleimon murió por inhalación de humo. La ciudad le dedicó un monumento delante del restaurante. Al principio, le acompañaba un pájaro, pero el empeño de los turistas en llevarse un recuerdo de la ciudad hizo que Panteleimon se quedara solo.

Panteleimon (Kiev)

En la capital de Azerbaiyán, Bakú, una ciudad con un magnifico barrio antiguo, hay otro curioso monumento. En la parte superior se ve a tres gatos asomados por una ventana redonda y en el piso de abajo a una pareja con un gato. La mujer parece que intenta mirar a los tres gatos de más arriba. No hemos conseguido saber si el monumento se llama “Monumento a los amantes de los gatos” o “Monumento a los gatos y a los amantes”.

Bakú

Bakú

De Bakú damos un gran salto y nos vamos a Kuching, capital del estado malayo de Sarawak, en la isla de Borneo (https://gatosyrespeto.org/2015/02/07/el-museo-del-gato-de-kuching-malasia/), una ciudad dedicada a los gatos donde siguen apareciendo más estatuas homenajeándolos. En septiembre de 2019 se inauguró la de un gigantesco gato blanco y negro en la glorieta Padungan, donde ya se encuentra la muy popular gata blanca. Se desconoce el origen del nombre de la ciudad, pero la pronunciación de Kuching es bastante similar a “kucing”, que significa “gato”.

Kuching

Kuching

De Malasia intentamos ir a Japón, pero no hemos encontrado monumentos específicos dedicados a los gatos. También nos ha sorprendido la escasez de esculturas en Canadá y Estados Unidos. En Toronto, concretamente en el barrio Kensington Market, hay dos curiosos monumentos con gatos. El primero es “Home Again, Home Again” y representa a un gato en una silla, simbolizando el calor del hogar. El segundo, “Jiggity Jig”, un gato en un globo terráqueo, es un homenaje a los emigrantes que se instalaron en el barrio.

Kensington Market, Toronto

Kensington Market, Toronto

Yendo hacia el suroeste, en Portland, Oregón, encontramos una escultura de piedra, obra de Kathleen McCullough, en el Portland Transit Mall. Fue instalada en 1977, mide 0,91 metros por 1,35 metros y los niños pueden subirse encima.

Portland, Oregón

En el campus de la Universidad Estatal de Carolina del Norte hay otro inesperado monumento dedicado al gato Cyrano L. Cate II, aunque el gato rubio de pelo largo era conocido como Ratty (Ratero). Fue el primer gato en recibir una prótesis de rodilla y también el primero sometido a un tratamiento de radioterapia estereostática que le permitió vivir varios años más.

Cyrano L. Catte 2 (Ratty) Universidad de Carolina del Norte

Acabaremos en Cali, Colombia, con El Gato del Río, obra del escultor Hernando Tejada, inaugurado en 1996. Diez años después, la Cámara de Comercio invitó a diversos artistas a diseñar gatas, quince en total. Desde entonces, el número de gatas ha seguido creciendo. Pero no diremos más de momento; algo así se merece una entrada en toda regla.

El Gato del Río y la Gata Siete Vidas


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Los gatos y sus monumentos (Parte 1)

Tiumén (Rusia)

El país con más monumentos de gatos, de los muchos que hay en todo el mundo, es Rusia. Un estudio realizado en 2017 reveló que en el 57% de los hogares rusos había un gato, seguidos muy de cerca por los ucranianos, con el 49%. Estados Unidos es el tercero, pero apenas hay monumentos dedicados al gato. Otro país muy amante de los gatos es Malasia, donde el 17% de los habitantes tiene más de tres. El menos interesado en nuestros amigos felinos es Corea del Sur, donde solo el 9% de los habitantes posee un gato.

Gato de Fernando Botero en Venecia

Pero ya que hay tantos monumentos, más nos vale empezar. En alguna ocasión ya hemos hablado de Towser (https://gatosyrespeto.org/2016/05/19/towser-y-otros-gatos-en-destilerias-y-cervecerias/), la gata que trabajó veinticuatro años en la destilería del famoso whisky escocés Glenturret. Durante su larga vida atrapó a 28.899 ratones, siendo nombrada “Mejor ratonera del mundo” por el Libro Guinness. Ahora bien, nos preguntamos cómo se sabe con semejante exactitud el número de ratones que cazó Towser.

Towser y el nuevo equipo de la destilería

Hodge fue un gato famoso al que el escritor Percival Stockdale dedicó una oda cuando murió. Pertenecía a Samuel Johnson, el autor del primer diccionario de la lengua inglesa, publicado en 1755. Al parecer, el Dr. Johnson se encargaba personalmente de ir a comprar ostras para Hodge (https://gatosyrespeto.org/2014/10/21/hodge-el-gato-de-samuel-johnson/). En 1997, la ciudad de Londres encargó una estatua de Hodge al escultor Jon Bickley para colocarla en Gough Square, delante de la casa donde vivió.

Hodge, el gato de Samuel Johnson (Londres)

En La Haya podemos ver una estatua del Gato con Botas en un parque, obra del escultor Johan Keller y donada a la ciudad por su viuda. En el Jardín de las Tullerías de París encontramos otro Gato con Botas en honor al gran recopilador de cuentos de hadas Charles Perrault. Encargado por el Estado francés a Gabriel Pech en 1903 y terminado en 1908, en principio estaba diseñado para piedra, bronce y mármol, pero acabó siendo íntegramente de bronce.

El Gato con Botas (La Haya)

El Gato con Botas (París)

Un monumento que no está dedicado a ningún gato en particular, sino a los gatos callejeros es el de Brunswick, Alemania. En el “Kattreppeln” (Tropel de gatos), obra del escultor Siegfried Neuenhausen, que fue profesor en la Universidad de la ciudad y un destacado artista de la Baja Sajonia, se ve a varios gatos jugando, peleando… Desde 1981 está instalado en una zona peatonal de la ciudad.

Tropel de gatos (Brunswick)

Desde el año 2003, en la Rambla del Raval de Barcelona hay un enorme gato (https://gatosyrespeto.org/2015/06/07/el-gato-gordo-de-fernando-botero/) de dos toneladas de peso, obra del colombiano Fernando Botero. Durante 15 años, el Ayuntamiento trasladó al gato en no menos de cuatro ocasiones antes de ubicarlo definitivamente. El artista tiene varias estatuas de gatos repartidas por el mundo, entre ellas la de Venecia.

Gato de Botero en Barcelona

En Valencia, la artista Elena Negueroles donó el grupo escultórico “Callejeros” compuesto por el perro Tristán y la gata Soledad para mostrar el desamparo de los perros y gatos de la calle y homenajear a las personas que los protegen. El monumento, fundido en bronce con pátina para aparentar la piedra natural, fue colocado el 3 de marzo de 2018 en la concurrida plaza de Los Pinazo.

Valencia

El gato Tombili vivía en Estambul, la ciudad de los gatos. Estaba bastante gordo y le gustaba mucho descansar en un escalón de la acera en actitud pensativa. Se hizo famoso cuando alguien publicó su foto en Internet. Dos meses después de su muerte, el escultor Seval Sahin donó esta escultura para que se colocara en el sitio favorito de Tombili.

El auténtico Tombili

La estatua de Tombili

El gato de Van procede de las zonas montañosas que rodean el lago del mismo nombre, cerca de la frontera con Irán. La ciudad de Van no quiso quedarse sin dedicar un monumento al famoso gato blanco con un ojo de cada color. El gato de Van (https://gatosyrespeto.org/2014/04/03/el-gato-de-van/) tiene otra peculiaridad: le gusta el agua. No sabemos si debido al contacto con el mayor lago de Turquía.

Estatua al Gato de Van

Mrs. Chippy fue el gato del Endurance, el barco que llevó a Ernest Shackleton en su búsqueda del Polo Sur en la expedición de 1914-1917. Al quedar el barco atrapado en el hielo, Shackleton decidió sacrificar a Mrs. Chippy y a cinco perros. Harry McNeish, que sentía un profundo afecto por el gato y cuyo mote era “Chippy”, se lo reprochó abiertamente. Toda la tripulación fue galardonada con la Medalla Pollar, excepto McNeish, acusado de insubordinación por Shackleton. Casi cien años después, la Sociedad Antártica de Nueva Zelanda encargó una estatua de bronce de Mrs. Chippy y la colocó en la tumba de Harry McNeish en Wellington.

Mrs. Chippy en la tumba de Harry McNeish

Otro gato explorador fue Trim, que acompañó a Matthew Flinders en la primera expedición que dio la vuelta a Australia. De pequeño se cayó al agua y salvó la vida trepando por una cuerda. Cuando apresaron a Flinders en la isla Mauricio, Trim le acompañó, pero desapareció en la cárcel. Parece ser que el desconsolado Flinders prometió hacerle una estatua. No pudo cumplir su promesa porque falleció poco después de su liberación tras siete años de encarcelamiento. Pero Trim tiene dos estatuas, una en Port Lincoln, Australia Meridional, con el hombre que tanto le quiso, y otra en la Biblioteca Mitchell de Sídney realizada por el escultor John Cornwell en 1996.

Trim y Matthew Flinders en Port Lincoln

Trim en Sídney

En la ciudad de Brest, Bielorrusia, se inauguró en mayo de 2016 una curiosa composición escultórica llamada “Ciudad antigua”, pero que los habitantes de la ciudad han bautizado como “Gatos enamorados”. El autor es el escultor Ruslan Usmanov y, en realidad, su uso es de lo más funcional al tratarse de un respiradero.

Brest, Bielorrusia

La poetisa finlandesa Edith Södergran, una enamorada de los gatos, vivía en Raivola, ahora Roshchino, una localidad del distrito de Vyborgsky, en el óblast de Leningrado. Cuentan que cuando la escritora murió de tuberculosis, su gato Totti se sentó en su tumba y rehusó moverse, comer o beber. Otros dicen que un vecino mató a Totti de un disparo (https://gatosyrespeto.org/2014/05/26/edith-sodergran-poetisa-y-fotografa-enamorada-de-los-gatos/). La estatua se encuentra en un parque del municipio y su autora es la escultora finlandesa Nina Terno.

El gato Totti

Acabamos de llegar a Rusia, pero mejor dejamos los otros monumentos de este país para la semana siguiente, lo que nos permitirá dar a conocer algunos muy curiosos.

Los callejeros Tristán y Soledad (Valencia)


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Gatos en la obra de Charles Maurin

Joven con gato (Charles Maurin, 1899)

Charles Maurin nació el 1 de abril de 1856 en Le Puy-en-Velay, departamento del Alto Loira, región de Auvernia. En 1875 obtuvo el Premio Crozatier, dotado con suficiente dinero como para permitirle trasladarse a París y estudiar en la Escuela de Bellas Artes. Participó en el Salón de los Artistas Franceses de 1882 con dos retratos, y cinco años después, en el Salón de los Independientes.

Autorretrato (Charles Maurin, 1883)

Era un excelente dibujante y un incomparable grabador en madera, por lo que contribuyó activamente en el “renacimiento” del grabado a finales del siglo XIX. Le interesaba todo y no se ceñía a un solo estilo; incluso inventaba nuevas técnicas, como pintar con vaporizador, logrando paisajes de gran contenido poético. Es conocido sobre todo por sus pinturas simbolistas y también por los espléndidos retratos a artistas de la época.

Mujer con gato (Charles Maurin)

Jamás dejó de pintar desnudos femeninos y, al igual que Degas y Mary Cassatt, le gustaba plasmar a la mujer en momentos íntimos. En algunas ocasiones la retrataba con un gato, como en el cuadro “El aseo”.

El aseo (Charles Maurin)

Alrededor de 1885 fue nombrado profesor en la Academia Julian, donde conoció a Félix Vallotton, el pintor suizo que fue su alumno y gran amigo, y que también dibujó desnudos femeninos con gatos. Su puesto de profesor le permitió vivir sin demasiadas penurias.

Dos gatos (Félix Vallotton)

La pereza (Félix Vallotton, 1895)

También gozó de la amistad de Toulouse-Lautrec, con quien compartió una exposición en la Galería Boussod de Paris en 1893. Unos años antes, en el Salón de los Independientes, Edgar Degas ya se había interesado por la otra de Charles Maurin, pero no logró convencer al coleccionista Henry Laurent hasta principios de los noventa para que empezara a comprar las obras de su joven amigo.

Toulouse-Lautrec, por Charles Maurin

Charles Maurin, por Toulouse-Lautrec (1898)

Otro gran amigo y admirador fue el escultor y ebanista François-Rupert Carabin (https://gatosyrespeto.org/2018/08/30/el-gato-en-el-modernismo-y-el-art-deco/), que decoró varios muebles con gatos. El retrato que hizo del escultor en 1892 está entre sus más célebres.

Silla (François-Rupert Carabin)

Los noventa fueron buenos años para el artista, que empezaba a disfrutar de un moderado éxito. El gran galerista Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le organizó una exposición en 1895 y le pidió grabados. Por entonces, el Estado francés ya le había encargado “Maternidad”, considerado uno de los mejores cuadros del artista.

Maternidad (Charles Maurin, 1893)

Siempre durante la década de los noventa pintó tres paneles de gran tamaño, “Tragedia”, “Danza” y “Música” para el teatro municipal de su ciudad natal, además de diseñar los decorados y el vestuario de “La princesa lejana”, de Edmond Rostand, protagonizada por Sarah Bernhardt.

Las medias negras (Charles Maurin)

Recorrió Holanda, Bélgica e Inglaterra. Participó con varias obras en el Salón de “La libre esthétique” (La estética libre) de Bruselas en 1896 y 1897, y en la Exposición de Arte Internacional de Londres en 1898. Anarquista convencido, realizó ilustraciones para el diario “Les Temps nouveaux” (Los tiempos nuevos), y publicó retratos impresos de los famosos anarquistas franceses Louise Michel, la principal impulsadora de la Comuna de París, y François Koenigstein, conocido como Ravachol, guillotinado en 1892. Asimismo, la revista literaria “La Revue blanche” le encargó varios dibujos.

Mimi (Charles Maurin)

Sin embargo, después comenzar el nuevo siglo, la producción de Charles Maurin disminuyó mucho debido a sus problemas de salud. Pasó los últimos años en Bretaña y luego en Provenza, concretamente en Grasse, con grandes dificultades económicas. Falleció el 22 de julio de 1914 en esa última ciudad y sus obras cayeron en el olvido unos años después. En 1921 se celebró una retrospectiva en la Galería Berheim-Jeune y en 1922 se publico un trabajo monográfico sobre sus obras realizado por Ulysse Rouchon.

Un amigo indiferente (Charles Maurin)

Actualmente, el Museo Crozatier en Le Puy-en-Velay cuenta con una importante colección de obras del artista, pero sigue poco representado en otros museos franceses y aún menos en el extranjero. En 1993, el Museo Quai D’Orsay organizó una exposición de cuadros y grabados firmados por Charles Maurin remarcando las similitudes con los trabajos de su gran amigo François-Rupert Carabin. En 2006, el Museo Crozatier le dedicó una gran exposición monográfica titulada “Charles Maurin, un simbolista del realismo”.

Hebilla (François-Rupert Carabin)

Mujer escribiendo (Charles Maurin)

Era un experto en el manejo del pastel, de la tiza y del carboncillo. Degas llegó a comparar su técnica a la de su admirado Ingres. Es posible que hoy en día se le conozca más por su faceta de grabador, al haber desarrollado innovadoras técnicas y procesos, sobre todo para las impresiones en color. Por desgracia, algunos de sus grabados solo se reprodujeron en diez o menos ejemplares y son muy difíciles de encontrar.

Mujeres con gato (Charles Maurin)

Creó algunas de las visiones más extravagantes y “socialistas” de fin de siglo; fue uno de los artistas más representativos de una época en que el arte, literalmente, explosionó y nació un verdadero afán por explorarlo y descubrirlo todo. Se dice a menudo que la mayoría del arte moderno surgió antes del comienzo de la II Guerra Mundial.

La gatita Minette (Toulouse-Lautrec, 1894)

Poco más se sabe de la vida de Charles Maurin. Ignoramos si vivió en Montmartre, pero es muy probable ya que era un lugar barato, radical y antiburgués por definición, donde la comunidad artística adoptó formas innovadoras para criticar la sociedad y la condición humana en general. Realizó varios cuadros y dibujos de Montmartre en la década de 1890.

May Belfort (Toulouse-Lautrec, 1895)

Debió conocer a intérpretes como Aristide Bruant e Yvette Guilbert; escritores como Émile Goudeau, Alphonse Allais y Alfred Jarry, y músicos y compositores como Erik Satie, Vincent Hyspa y Gustave Charpentier, además de numerosos pintores. Quizá frecuentara el famoso cabaret “Le chat noir” (https://gatosyrespeto.org/2017/03/30/le-chat-noir-un-cabaret-parisino/) y quién sabe si tuvo un gato, pero es algo que no hemos sido capaces de descubrir.

Mujer con gato (Charles Maurin)

(Detalle)


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Muchos gatos y Ernest Hemingway

Ernest Hemingway dijo una vez que “la honradez emocional de un gato es total; los seres humanos esconden sus sentimientos por diferentes razones, pero un gato nunca”. No podemos estar más de acuerdo con las palabras del escritor – aunque lo mismo podría decirse de cualquier animal -, que siempre vivió con gatos, desde su infancia en Illinois y Michigan, pasando por París, Cayo Hueso, Cuba y su última residencia en Idaho.

En 1943 escribió a su primera esposa (Hadley Richardson) desde Finca Vigía en Cuba: “Un gato lleva a otro… Y este lugar es tan grande que no te das cuenta de que hay tantos gatos hasta que los ves llegar en masa a la hora de comer”. No cabe duda de que amaba profundamente a los gatos y a otros animales. También tuvo nueve perros, una vaca y un búho americano al que rescató pocas semanas antes de su muerte.

Los gatos de Finca Vigía

Decía que los gatos eran “fábricas de ronroneo” y “esponjas de amor” que se empapaban de afecto a cambio de consuelo y compañía. Todos tenían un nombre según su carácter, algunos más imaginativos que otros. Estaba F. Puss (F. Gatito), Fatso (Gordo), Friendless (Sin amigos) y Friendless’ Brother (El hermano de Sin amigos), Feather Kitty (Gatita pluma), Princessa, Furhouse (Casa de pelo), entre muchos otros.

Friendless’ Brother y Willy observando a un mono en Finca Vigía

Con Friendless

Escribió un cuento muy corto titulado “Cat in The Rain” (Gato en la lluvia), publicado en 1925 en la colección “Our Time”, que a posteriori hizo correr ríos de tinta. En ese cuento, una pareja de turistas estadounidenses en Italia se ven obligados a quedarse en el hotel por culpa de la lluvia. La esposa ve a un gato debajo de una mesa en la terraza y se empeña en tenerlo.

Con Boise

También menciona a los gatos en otras obras, todas escritas hacia el final de su vida, como en “París era una fiesta”, “Islas en el golfo”, “El jardín del Edén” y “Al romper el alba”, todas ellas bastante autobiográficas.

Con Cristóbal

Además, ¿quién no ha oído hablar de los famosos gatos de seis dedos de su residencia en Cayo Hueso? Llegó a la isla en abril de 1928 con Pauline Pfeiffer, su segunda mujer, y decidieron pasar los veranos en Wyoming y los inviernos en Florida. Escribió las novelas “Adiós a las armas” y “Tener y no tener” en la casa de estilo colonial que compraron y reformaron.

Cristóbal e Izzie

Hoy, la casa es un museo dedicado al escritor y el hogar de unos cuarenta gatos de seis dedos o polidáctilos. Durante su estancia en Cayo Hueso, el capitán de barco Harold Stanley le regaló una gata blanca polidáctila a Hemingway a la que sus hijos llamaron “Snow White” (Blancanieves). La gata no tardó en tener gatitos a los que se nombró por los amigos famosos del escritor. Los gatos que ahora viven en el museo (e incluso duermen en la cama de Hemingway) son los descendientes de esta primera gata.

La casa de Hemingway en Cayo Hueso

Conoció a Martha Gellhorn durante la Guerra Civil española. De hecho, escribió su única obra de teatro, “La quinta columna”, en un hotel de Madrid mientras las tropas franquistas bombardeaban la ciudad. A su regreso a Estados Unidos se separó de Pauline. En 1939, Hemingway alquiló Finca Vigía, en Cuba, una propiedad de más de seis hectáreas a unos 25 km de La Habana, y Martha se reunió con él un poco después. Al parecer, volvía periódicamente a Cayo Hueso para ver a sus hijos y gatos. En Cuba hubo muchos más gatos, un sinfín de gatos incluso, y su idilio con la isla duró muchos años, concretamente hasta el 25 de julio de 1960.

Good Will en Finca Vigía

Para entonces ya estaba casado con Mary Welsh, a la que había conocido en 1945. Su última residencia fue en Ketchum, Idaho, donde también le acompañó un gato llamado Big Boy Peterson (Chicarrón Peterson). Se suicidó con su escopeta favorita el 2 de julio de 1961, a los 62 años. Curiosamente, su padre, su hermana y su hermano también se suicidaron. A partir de 1954, la salud del escritor se deterioró después de dos graves accidentes.

Mary Hemingway con Boise

Big Boy Peterson en Ketchum, Idaho

Ganador del Premio Nobel, conductor de ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial, corresponsal de guerra en la Guerra Civil Española y en la II Guerra Mundial, aventurero y, desde luego, amante de los gatos. E incluso de otros animales, pero… cazador y pescador empedernido, además de aficionado a las corridas de toros.

Willy, Spendy, Shopsky y Ecstasy en Finca Vigía

Hemingway no se limitaba a cazar en Idaho o a pescar en las cálidas aguas del Golfo. Iba regularmente de safari a África, y los dos accidentes que acabaron con su salud (además del alcohol) tuvieron lugar con muy pocos días de diferencia en Uganda. La revista Life le encargó en 1959 un reportaje de diez mil palabras sobre las corridas, y aunque no estaba bien físicamente, se desplazó en dos ocasiones a España para escribirlo. Habían pasado más de treinta años desde que descubrió los encierros de Pamplona en los años veinte, pero le seguían gustando.

A pesar de la proliferación de gatos en Cayo Hueso y en Finca Vigía, Hemingway jamás consideró la posibilidad de esterilizarlos porque iba contra sus principios. Y nos preguntamos ¿qué fue de los numerosísimos gatos de Finca Vigía cuando Hemingway y su cuarta esposa abandonaron la isla para siempre?

Gatos y Respeto cree que no basta con amar a los gatos si no se respeta a todos los otros seres vivos del planeta. Nadie que realmente quiera a un gato puede empuñar un arma y disparar a un conejo o a un elefante, solo representa una terrible contradicción.

Gatito y pies de Hemingway