Gatos y Respeto

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Gatos en la obra de Marc Chagall

Detalle del cuadro “París visto desde la ventana”

No puede decirse que Marc Chagall representara muchos gatos en sus numerosas obras. Después de una intensa búsqueda, solo hemos sido capaces de encontrar una decena de cuadros en los que incluyó a un gato, pero aun así creemos que vale la pena dedicarle una entrada. En algunos cuadros, los gatos del pintor son animales caseros y queridos que forman parte de la familia, por ejemplo en “Mi padre”, donde el gato parece estar tranquilamente sentado detrás del padre del artista, lo que demuestra que había por lo menos un gato en su casa cuando era niño.

Mi padre (1911)

En “El carnicero, mi abuelo” se ve al abuelo de Chagall cortando carne y a un gato a sus pies esperando que le llegue algún trozo. Ambos cuadros fueron pintados en 1911, al año de trasladarse a vivir a París con la intención de desarrollar su estilo. En esa época, el cubismo se había adueñado de la capital francesa, pero las obras de Chagall estaban llenas de colores, de sentimientos y de humor, algo que no encajaba con la tendencia de entonces. Quizá por eso fuera más admirado por poetas que por pintores al principio de su estancia. Tenía 23 años, estaba solo, no hablaba francés y echaba mucho de menos a su novia Bella, que se había quedado en Vítebsk, Bielorrusia.

El carnicero, mi abuelo (1911)

Poco a poco fue conociendo a más gente y a artistas rusos afincados en París. Pintaba hasta el amanecer, dormía poco, estudiaba de día en la academia de La Palette, una escuela vanguardista, y pasaba largas horas en el Louvre. Exponía regularmente en el Salón de los Independientes. En 1913 pintó “París visto desde la ventana” con un gato con cara humana casi en primer plano mirando el primer salto en paracaidista desde la Torre Eiffel. Magnífico y curioso cuadro lleno de símbolos, como el hombre de doble cara, el tren invertido y los dos personajes flotando.

París visto desde la ventana (1913)

Foto de 1911 del primer salto en paracaídas desde la Torre Eiffel

En 1914, antes del comienzo de la I Guerra Mundial, aceptó la invitación de un importante galerista alemán y expuso cuarenta cuadros y 160 aguadas en Berlín. Desde allí se trasladó a Vítebsk y se casó con Bella. En 1917, después de apoyar la Revolución, fue nombrado Comisario de Bellas Artes y, posteriormente, director de la recién creada Academia Libre de las Artes. En 1922 regresó a París, donde se instaló con su mujer y su hija, después de que el famoso marchante y editor Ambroise Vollard (otro gran amante de los gatos, https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le invitara a ilustrar unos libros. Chagall produjo 107 aguafuertes en menos de dos años para ilustrar, entre otros, “Las almas muertas”, de Gogol. De esta época es “El gato y los dos gorriones”, incluida en una edición realizada por Vollard de “Las fábulas”, de Jean de La Fontaine.

El gato y los dos gorriones (Aguafuerte)

El gato y los dos gorriones (1952)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Adoptó la nacionalidad francesa en 1937, pero la II Guerra Mundial y las amenazas contra las comunidades judías obligaron a la familia Chagall a huir in extremis a Nueva York en 1941 gracias a la ayuda de Alfred Barr, director del Museo de Arte Moderno de esa ciudad, que incluyó su nombre en una lista de artistas en peligro. Durante su estancia en Estados Unidos descubrió la litografía, y creó decorados y vestuarios para ballets como “Aleko”, con música de Chaikovski y coreografía de Léonide Massine, en el que incluyó a una gata. El estreno tuvo lugar el 8 de septiembre de 1942 y fue un enorme éxito.

Mujer con niño, hombre con gato (1914)

Vestuario de gato para el ballet “Aleko” (1942)

Su esposa Bella falleció de una infección el 2 de septiembre de 1944. Esforzándose en seguir con su trabajo, Chagall produjo sus primeras litografías en color para “Cuatro cuentos de las mil y una noches”, escogidos por él. En 1946 ya era un pintor reconocido mundialmente y el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una retrospectiva en la que podían contemplarse los cambios en su obra durante 40 años, y en otoño de 1947 regresó definitivamente a Francia para participar en la exposición que le dedicó el Museo de Arte Moderno de París.

La gata transformada en mujer (1928-31)

El poeta o Las tres y media (1912)

Después de viajar por Europa, se afincó en Saint-Paul-de-Vence, un bonito pueblo a unos 10 kilómetros de Niza. Era vecino de Matisse y de Picasso, y este último dijo una vez: “Cuando Matisse muera, Chagall será el único pintor en vida que entiende lo que es el color. Algunas de sus obras hechas en Vence me han convencido de que nadie desde Renoir comprende la luz como él”. Fue allí donde, en 1954, pintó “El poeta”, con un enorme gato azul elevándose en el cielo nocturno con luna llena.

El poeta (1954)

Su hija Ida le presentó a Valentina (Vava) Brodsky, con quien se casó en 1952. En los años siguientes no solo siguió pintando, también se dedicó a la escultura y a la cerámica, técnica mediante la que produjo azulejos, floreros, platos y jarrones. Empezó a trabajar con murales a gran escala, vidrieras e incluso tapices. Creemos que la fotografía del pintor sentado en una silla delante de un mural sin acabar data de esta época.

Hombre a la mesa con gato (1911)

En 1963, el Ministerio de Cultura, con André Malraux a la cabeza, encargó a Chagall que pintara el techo de la Ópera de París. La petición no fue del gusto de todos; algunos se opusieron a que un judío ruso pintara un monumento nacional, y eso a pesar de que Chagall tenía la nacionalidad francesa desde hacía casi 30 años. A otros les sentó mal que un artista moderno decorara un edificio histórico. A pesar de las críticas, pero con el apoyo de Malraux, el pintor, que entonces tenía 77 años, siguió adelante trabajando más de un año en el proyecto. Se trata de un plafón removible de 220 metros cuadrados compuesto de cinco secciones pegadas a paneles de poliéster alzados a 27 metros de altura. Inaugurado el 23 de septiembre de 1964 delante de 2.100 invitados, fue aplaudido por todos.

Techo Ópera de París (1964)

Marc Chagall falleció el 28 de marzo de 1985 a la edad de 95 años. Había nacido en el pueblo de Liozna, actual Bielorrusia, el 6 de julio de 1887, en el seno de una familia levítica. Su padre, Khayskl Shagal, vendía arenques, y su madre, Feige-Ite, vendía ultramarinos desde su casa. Fue llamado Moshe al nacer y era el mayor de nueve hermanos.

Marc Chagall en 1941 (Foto de Carl van Vechten)

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Los tres gatos de la poetisa Elizabeth Bishop

Minnow

Elizabeth Bishop escribió el poema “Lullaby for the Cat” (Nana para el gato) dedicado a Minnow, un precioso gato gris que tuvo siendo adolescente. Dice así:

Minnow, duérmete y sueña,
cierra tus grandes ojos;
alrededor tuyo se preparan acontecimientos,
la mejor de las sorpresas.

Minnow, cariño, no pongas esa cara,
coopera,
ni un solo gatito acabará ahogado
en el Estado marxista.

La Alegría y el Amor tuyos serán,
Minnow, no te sientas abatido.
Días felices están al llegar–
Duerme, y deja que vengan…

Después de Minnow tuvo otro gato blanco y negro muy querido, Tobias, que vivió con ella en Brasil. No solo se sabe por las fotos, sino por una carta que le escribió a su tía el 19 de julio en la que da noticias suyas. Mientras vivía en Río, el gato “desarrolló dos calvicies delante de sendas orejas”. Al parecer, la cocinera estaba muy preocupada por esto, pero solo fue un susto. Al poco, el pelo de Tobias volvió a crecer y la escritora supuso que “se había comido una lagartija venenosa o algo parecido”.

Elizabeth Bishop con Tobias

Viendo las fotos de Tobias en Brasil, no puede negarse que era un gato mimado, cuidado y viajado. Sabemos por Ashley Brown, que visitó a la poetisa en su casa de Samambaia, cerca de Petrópolis, que cuando Tobias ya era mayor, llegó un siamés llamado Susuki, pero no hay fotos suyas.

Con Tobias (1954)

Elizabeth Bishop solo publicó cien poemas durante su vida. Octavio Paz dijo que su poesía es una lección en “la enorme fuerza de la reticencia”. Ganó un Premio Pulitzer, dos becas Guggenheim y un Premio National Book (Premio Nacional del Libro) por sus poemas modernos, pero distantes, carentes de datos biográficos, y cortos. Era una persona reservada y celosa de su vida privada; creía, según sus propias palabras, en “armarios, armarios y más armarios”. Siempre rehuyó la poesía confesional que se puso de moda en los años sesenta e incluso le reprochó a su gran amigo Robert Lowell que usara párrafos de cartas escritas por su exmujer en la colección de poemas “The Dolphin” (El delfín).

Con Minnow en 1938

En 2009 falleció, a los 66 años, Alice Methfessel, la última compañera de Elizabeth Bishop. Al año se encontró “un montón de papeles en un trastero de alquiler”. Sus herederos se encargaron de venderlo todo a la Universidad de Vassar, dando pie a otro libro acerca de la vida privada de la escritora. En 2004 se editó una colección de poemas inéditos con fragmentos y esbozos de otros, algo que probablemente habría horrorizado a la poetisa.

Con Alice Methfessel

Nació en Worcester, Massachusetts, el 8 de febrero de 1911. Su padre murió cuando solo tenía ocho meses y su madre regresó a casa de sus padres en Nueva Escocia, pero cuatro años después ingresó en un hospital psiquiátrico. Sus abuelos paternos, bastante más ricos que los maternos, obtuvieron la custodia de la niña y se la llevaron a Boston. Acabó viviendo con su tía Maud, casada con George Shepherdson, un hombre que abusó de ella siendo niña y que una vez incluso la agarró por el pelo y la colgó en el hueco de la escalera. Tenía otra tía, Grace, con la que siempre se llevó muy bien.

Con Tobias en Brasil

En 1928 ingresó en un internado exclusivo donde estudió Música y publicó algunos poemas en la revista de la escuela. En 1930 fue a estudiar a la Universidad de Vassar, en Nueva York, y conoció a la escritora Marianne Moore, que siempre la animó a escribir. En 1933, un año antes de graduarse, cofundó “Con Spirito”, una revista literaria, con la escritora Mary McCarthy.

La escritora y Tobias

Durante sus años universitarios se relacionó con numerosos intelectuales, hombres y mujeres, entre los que estaba Louise Crane, hija de una familia rica. En 1936, dos años después de la muerte de su madre, aparecieron varios poemas suyos en la antología “Trial Balances”, con una introducción de Marianne Moore. Todo parecía ir bien, pero el 21 de noviembre, Robert Seaver, un joven con el que había salido en la universidad, se pegó un tiro. Dejó una nota de suicidio que le llegó a Elizabeth unos días después por correo en la que decía: “Vete al infierno, Elizabeth”.

Con Louise Crane en 1937

Al alcanzar la mayoría de edad había tenido acceso a la herencia de su padre; no era una fortuna, pero le permitía ser independiente. Louise y Elizabeth decidieron irse a París; recorrieron Francia, España, el norte de África, Italia… A su regreso en 1938 se compraron una casa en Cayo Hueso, Florida, en la que vivieron hasta 1944.

La casa en Cayo Hueso

Su primer libro, “North & South” (Norte y sur), se publicó en agosto de 1946. Después de conseguir una beca Guggenheim 1951 decidió ir a Buenos Aires en barco, pero se detuvo antes en Río de Janeiro y allí conoció a la arquitecta Lota de Macedo Osares. La estancia de 15 días se convirtió en 15 años. Primero vivió en el piso de Lota en Río y luego se mudaron a la casa diseñada por la arquitecta en plena naturaleza. Durante muchos años, la convivencia con Lota fue de lo más estable: terminó su segundo libro de poemas, “A Cold Spring” (Una fría primavera), ganador del Premio Pulitzer en 1956. Pero Lota era temperamental, le obsesionaba su profesión y en 1967, Elizabeth quiso pasar una temporada en Nueva York. Lota no tardó en unirse a ella, pero el día de su llegada se levantó a  medianoche y se tomó doce Valium. Murió una semana después. Elizabeth Bishop escribió: “No hay café que te despierte / No te despertará un café / No hay revolución que te llame la atención / Te hemos aburrido / Es verdad que éramos aburridos”.

Con Lota de Macedo Soares

La casa en Samambaia, Brasil

La vista desde el piso de Río (1955)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1970 se trasladó a Boston para hacerse cargo de la clase de poesía de Robert Lowell en Harvard y conoció a Alice Methfessel, que aún no había cumplido treinta años. Alice fue la compañera y el apoyo de Elizabeth hasta el fallecimiento de esta el 6 de octubre de 1979 de un aneurisma cerebral a los 68 años. Está enterrada en el cementerio Hope de Worcester, Massachusetts.

Paisaje brasileño, de Elizabeth Bishop

Elisabeth Bishop amaba a los gatos, disfrutaba con los viajes, la comida y la buena conversación; no escribió mucho si la comparamos a otros autores, pero lo hacía con una maravillosa sencillez. Sin embargo, es menos conocido que también le gustaba pintar. Y no fue una afición pasajera, empezó a pintar en los años treinta. No disponemos de las fechas de los cuadros que incluimos aquí, pero son una buena muestra de lo que hacía.

Interior con móvil de Alexander Calder (Elizabeth Bishop)

Interior con alargador (Elizabeth Bishop)


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El gato de Dick Whittington, alcalde de Londres

Richard Whittington tal vez sea el más famoso de todos los alcaldes de Londres, en parte por lo que consiguió en vida y también por convertirse, desde el siglo XVII, en el protagonista de una historia en la que un pobre aprendiz se hace rico y famoso gracias a su gato.

La historia de sir Richard Whittington (1770)

Se sabe que el auténtico Richard Whittington nació hacia 1354 y murió en 1423, a los 69 años. Era el cuarto hijo de sir William Whittington, un noble caballero de Pauntley, en Gloucestershire. Tenía muy pocas probabilidades de recibir algo en herencia, por lo que se fue a Londres para buscar fortuna y aprender un oficio, concretamente el de “mercero”, es decir, comerciante de lujosas telas importadas de Italia. Mucha gente del campo iba a trabajar a Londres, pero no era tan normal que lo hiciera un hijo de familia noble.

No cabe duda de que sus orígenes y probablemente el dinero que le dio su padre le ayudaron a establecerse con mayor facilidad. En 1392 vendió telas por más de 3.000 libras esterlinas al rey Ricardo II. Además, no solo importaba telas, también exportaba la famosa lana escocesa. Gracias a su creciente fortuna prestó dinero a la Corona, y aunque la Iglesia no permitía cobrar intereses en estos préstamos, solían agradecerse mediante privilegios, prebendas y cargos.

Grabado de Gustave Doré

Richard Whittington se llevaba muy bien con Ricardo II, y en junio de 1397, harto del pobre gobierno que regía Londres, el Rey le nombró Alcalde, aunque este cargo solía depender de la elección de los ciudadanos. El siguiente octubre, los londinenses eligieron a Whittington, lo que demuestra que no debió hacerlo mal. Ocupó el cargo hasta 1399. Le reeligieron en 1406 hasta 1407 y en 1419 hasta 1420, convirtiéndose en uno de los pocos alcaldes de Londres elegido en tres ocasiones.

Estatua en Guildhall

Se casó con Alice, la hija de sir Ivo Fitzwarren, un noble de Dorset, y ella murió en 1410. No volvió a casarse. Al no tener herederos, dispuso antes de morir que parte de su fortuna sirviera para fundar instituciones caritativas. Cinco mil libras esterlinas se repartieron entre un colegio de sacerdotes y un asilo para trece pobres, hombres y mujeres, ambos en su parroquia. Al contrario de lo que solía hacerse, no encargó a la Iglesia que administrara los dos centros, sino al Colegio de Merceros, sentando un precedente que adoptaron muchos posteriormente.

La historia de Dick Whittington y su gato se consignó en papel por primera vez en 1605 y dice así: “Hace mucho vivía un muchacho muy pobre llamado Dick Whittington. No tenía padre ni madre y muy poco que llevarse a la boca. Un buen día oyó hablar de la gran ciudad de Londres, donde las calles estaban pavimentadas de oro y decidió marcharse en busca de fortuna.

Al llegar a la ciudad, buscó las calles pavimentadas de oro, pero no encontró ninguna. Cansado y hambriento después de varios días de viaje, se quedó dormido delante de la puerta de una imponente casa que pertenecía al Sr. Fitzwarren, un rico mercader de gran corazón. Le acogió y le dijo que podía trabajar ayudando a la cocinera.

Placa en el lugar donde vivió Richard Whittington

Dick dormía en una diminuta habitación debajo de los tejados donde habría sido feliz si no hubiera sido por las ratas que infestaban esa parte de la casa. Eran tantas que no le dejaban pegar ojo de noche. Un día, después de ganar un penique por haber limpiado los zapatos de un caballero, decidió comprarse un gato. Nunca le pesó su inversión: el gato ahuyentó a las ratas, y por fin, Dick pudo dormir.

El gato de Dick

Pasó el tiempo y el Sr. Fitzwarren llamó a todos los de la casa. Uno de sus barcos estaba a punto de zarpar con mercancías para lejanas tierras. El mercader quiso que todos tuvieran la oportunidad de hacer negocio y pidió que le dieran algo que pudiera cambiarse por oro u otra cosa. Dick solo tenía a su gato y lo entregó con todo el dolor de su corazón.

La vida siguió como antes. Todos se portaban muy bien con Dick, excepto la cocinera, que le hacía la vida imposible, tan imposible que decidió huir. Estaba a punto de salir de la ciudad cuando oyó las Campanas de Bow cantarle: “Vuelve atrás, Whittington, tres veces alcalde de Londres”. Asombrado, dio media vuelta y regresó a la casa de Fitzwarren.

Al entrar le dijeron que el barco había regresado del largo viaje. Durante el recorrido atracó en el fabuloso país del rey de Berbería, que invitó a los tripulantes a un banquete. Estos se quedaron atónitos ante la cantidad de ratas y le hablaron al Rey de un fabuloso animal llamado “Gato” capaz de deshacerse de los roedores. Además, el gato era gata y estaba embarazada. El Rey pagó una fortuna por el felino y Dick era un hombre rico. Dejó la cocina y aprendió el negocio con el Sr. Fitzwarren, se casó con su hija Alice y fue alcalde de Londres en tres ocasiones, tal como habían predicho las campanas de Bow”.

Pero ¿por qué asociar una fábula con el verdadero Richard Whittington, fallecido unos 150 años antes? La historia incorpora elementos reales, el muchacho llegado del campo, el nombre y apellido de su esposa, el hecho de que fuera tres veces alcalde de Londres. No sabemos si Richard Whittington tuvo un gato favorito y si el pobre fue embarcado hacia Berbería. No es sorprendente que hubiera gatos en barcos para combatir a las ratas que atacaban la comida de los marineros.

Existe un precedente de esta historia en la Alemania medieval, otro en Italia (1484, Piovanno Arlotto) y en Persia (siglo XIV).

Parque Whittington (Londres)

Delante del hospital Whittington se alza una estatua en honor al legendario gato sin nombre que hizo rico a Dick, en el lugar donde, según versiones más tardías de la historia, las campanas Bow llamaron al muchacho. La estatua fue colocada en 1964.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Según las versiones del siglo XIX, la piedra Whittington, en Holloway, marca el sitio donde Dick se detuvo para escuchar las campanas. No se sabe a ciencia cierta cuándo se puso la piedra, pero está documentado que una piedra anterior fue retirada en 1795. Sin embargo, en versiones anteriores, el muchacho solo llegó hasta Bunhill, mucho más cerca del centro de Londres de entonces. Sea como sea, la leyenda del gato de Dick Whittington sigue viva y ha sido adoptada al teatro, la ópera, marionetas y pantomima.

La piedra donde se detuvo


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Los gatos grandes y pequeños del autor y naturalista Peter Matthiessen

1978

Peter Matthiessen es el autor de libros como “The Snow Leopard” o “At Play in the Fields of the Lord”, publicados en España con los títulos de “El leopardo de las nieves” y “Jugando en los campos del Señor”, ambos en Ediciones Siruela. Quizá sea más conocido por sus escritos de no ficción que por sus novelas; sin embargo, es el único autor estadounidense que ha ganado el Premio Nacional del Libro por una obra de no ficción (El leopardo de las nieves, 1979) y de ficción (Shadow Country, 2008), esta última publicada en España como “País de sombras” por la Biblioteca Formentor en 2010.

Nació en Nueva York el 22 de mayo de 1927, hijo de Erard y Elizabeth Matthiessen, en el seno de una familia adinerada y de clase alta con antepasados escandinavos. Su padre era arquitecto, pero abandonó la profesión después de la II Guerra Mundial para dedicarse plenamente a la Sociedad Audubon, dedicada a la conservación de la naturaleza. La familia vivía entre Nueva York y Connecticut. Desde pequeño demostró un profundo afecto por los animales, que posteriormente influyó en sus obras como naturalista. Se formó en las mejores escuelas preparatorias antes de ingresar en la Universidad de Yale, donde estudió Literatura y Zoología. Sin embargo, siempre intentó deshacerse del yugo que le imponía su cuna, y a los 15 años pidió oficialmente que se borrara su nombre del famoso “Social Register”, en el que aparecen los 25.000 nombres de más abolengo de Estados Unidos. Por cierto, en 1988 eran 35.000. En general, para entrar en esta lista, hay que ser blanco, y pertenecer a una familia rica, respetada y discreta desde hace generaciones.

Después de licenciarse en la universidad, se casó con Patsy Southgate y la pareja se instaló en París porque él quería ser escritor. Decidido a no pedir dinero a su familia, aceptó una oferta de la CIA y se convirtió en espía en una ciudad “repleta de espías”, según él. Corría el año 1950. Ya se sabe que el Departamento de Literatura Inglesa de Yale era un semillero de futuros espías entre los años treinta y cincuenta. De allí salió James Jesus Angleton, el más famoso maestro de espías de la historia de Estados Unidos.

Una vez en París, fundó la revista literaria “The Paris Review” con su amigo de infancia George Plimpton. Muchos años después, en 2008, reveló en una entrevista que había concebido la revista como una tapadera para sus actividades como agente secreto. Esto no le sentó nada bien a George Plimpton, pero Matthiessen insistió en que la CIA nunca se metió con el contenido de la revista. También dijo en repetidas ocasiones que trabajó para la CIA porque le ofrecieron una estancia gratuita en París. La revista publicó a Kerouac, Samuel Beckett, Philip Roth, Adrienne Rich, Norman Mailer, a todos los grandes escritores de posguerra, y acaba de celebrar sus 65 años de vida.

Regresó a Estados Unidos en 1954, año en que cortó con la CIA, y se divorció de su mujer en 1956. Tres años después publicó su primer libro de no ficción, “Wildlife in America”, atrayendo la atención de la revista New Yorker, que le encargó varios reportajes en defensa de la naturaleza. Escribió artículos sobre animales, naturaleza y tribus de América del Sur, Nueva Guinea, Siberia y África Oriental.

Peter Matthiessen, Jim Campbell y Tom Campion en Alaska (2006)

Su primer libro superventas fue “El leopardo de las nieves”, mezcla de autobiografía espiritual con la búsqueda del huidizo felino en el Himalaya en compañía del biólogo George Schaller. La crítica alabó una prosa pulida, directa y observante. Escribió dos libros en defensa de los indios nativos norteamericanos, el más famoso fue “In the Spirit of Crazy Horse”(1983), publicado en España por Mandala en 2006 con el título de “En el espíritu de Caballo Loco”, en el que atacaba abiertamente la forma en que el gobierno federal trataba a los indios americanos y afirmaba la inocencia de Leonard Peltier, condenado a cadena perpetua por el asesinado en 1975 de dos agentes del FBI en Dakota del Sur. El gobernador de Dakota del Sur, William Kanklow, se querelló contra Peter Matthiessen. La demanda fue desestimada por los tribunales, pero Peltier sigue encarcelado.

Hace muchos años, a finales de los setenta, se compró una vieja casa con cerca de dos hectáreas de terreno en Sagaponack, Long Island, y muy pronto le imitaron otros autores, James Salter, E.L. Doctorow y Kurnt Vonnegut, entre otros. Esta casa fue su hogar para el resto de su vida.

Fue un autor prolijo, con más de treinta títulos publicados entre novelas, colecciones de relatos y no ficción. Una vez dijo: “Fijaos en lo que estamos perdiendo. Pisoteamos nuestro hábitat, a los pueblos nativos. Intento describir todo esto antes de que se pierdan para siempre”. Se casó en tres ocasiones, la última vez con Maria Eckhart en 1980. Su segunda mujer, Deborah Love, falleció de cáncer a los 44 años, después de introducirle en el zen. Cuando Peter Matthiessen falleció a los 86 años, el 5 de abril de 2014, era un roshi y el receptor de una ley (dharma) que lleva transmitiéndose 2.500 años, 82 generaciones, desde el mismo Buda.

Su última novela fue “In Paradise” (En el paraíso) (Biblioteca Formentor, 2015), un título de lo más irónico ya que trata del horror en los campos de concentración nazis y de la imposibilidad de negar la existencia de estos.

No hemos encontrado un solo comentario acerca de Peter Matthiessen y de sus gatos, únicamente tres fotos con tres gatos diferentes en tres épocas diferentes. Aun así, nos atrevemos a afirmar que el autor tuvo gatos. No cabe duda de que el rayado sentado en su regazo, impidiéndole leer, vivía con él, como también el blanco que mira a cámara en una foto de unos años antes y el negro al que acaricia.


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“La patrona” de los gatos, Santa Gertrudis de Nivelles

Miniatura de un manuscrito medieval

En la década de los ochenta del siglo pasado empezaron a aparecer imágenes de Santa Gertrudis de Nivelles rodeada de gatos, o con uno en brazos o a sus pies. A partir de ese momento  fue llamada “la patrona de los gatos”. Parecer ser que el responsable es el libro “Metropolitan Cats”, de John P. O’Neill, publicado en 1981 por el MoMA, Museo Metropolitano de Nueva York, donde están referenciadas todas las obras del museo con gatos, desde Egipto hasta nuestros días.

Imagen actual

Imagen actual

En ese catálogo aparece un cuadro del pintor y grabador Hans von Kulmbach, nacido en 1476 en Alemania. En el anverso hay un retrato de un joven, y en el reverso, una doncella haciendo una guirnalda de flores con un gato blanco a su lado. No hemos podido ver el contenido del libro, pero sí hemos descubierto que en Internet se identifica en muchas ocasiones a la joven como Santa Gertrudis. ¿Hubo un error en algún momento? Lo que sí está claro es que, desde entonces, han proliferado las imágenes de Santa Gertrudis con gatos.

Hans von Kulmbach

No hay nada en la bien documentada historia de la santa que indique que antes de la década de los ochenta tuviera nada que ver con los gatos. Se la veneró como protectora contra los ratones y las ratas a partir del siglo XV en Alemania, Países Bajos, Alsacia y Cataluña. A menudo era representada con ratones trepando por su bastón pastoral o por su manto que en realidad simbolizaban las almas del purgatorio, lo que puede haber llevado a considerarla una protectora contra la peste y, en nuestros días, asociarla a los gatos. De hecho, los fieles dejaban como ofrenda pequeños ratones de plata y oro en una capilla que le estaba dedicada en Colonia hasta el año 1822.

Italia, 1440

Su día se celebra el 17 de marzo, y aquí nos encontramos con otra curiosidad. El 17 de marzo también es el día de San Patricio, patrón de Irlanda, que vivió en el siglo IV y cuyo día festivo no se decidió hasta el siglo XVII. Un santo rodeado de leyendas como pocos. Gertrudis nunca fue canonizada oficialmente, pero el papa Clemente XII (1652-1740) declaró que su día se celebraría el 17 de marzo, el mismo que el de San Patricio.

Santa Getrudis, Oudegracht, Utrecht

La “Vita” de Gertrudis, escrita aproximadamente en 670, también cuenta que tuvo mucha relación con los monjes irlandeses que desde principios del siglo VI cruzaban las tierras de los francos camino de Roma y que eran considerados grandes eruditos.

Biblioteca Nacional de Holanda

Gertrudis nació en 625 o 626, hija de Pipino de Landen o el Viejo, mayordomo del palacio de Austrasia durante el reinado de Dagoberto I, y de Itta de Metz, y hermana de Begga, Grimoaldo y Bavo. Por lo tanto, era la tía abuela de Carlomagno. Según la “Vita”, que se ha demostrado que fue escrita por un contemporáneo de Gertrudis, esta rechazó con cierta vehemencia – y solo diez años – la oferta del rey Dagoberto I para casarla con el hijo de un duque. Pipino murió en 640 y su viuda Itta, de acuerdo con la ley franca, se ocupó del legado de su marido hasta que sus hijos alcanzaron la mayoría de edad.

Imagen actual

Ilustración de un manuscrito medieval

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gertrudis, rica y poderosa heredera, tuvo muchas ofertas de matrimonio. Siempre según la “Vita”, su madre, siguiendo el consejo del obispo Amando, decidió fundar un monasterio para su hija antes de que los pretendientes perdieran la paciencia y la raptaran.

Ilustración de un bestiario medieval

No era extraño en la época que las mujeres de familias acaudaladas fundaran monasterios. Itta murió a los 60 año, en 652, y Gertrudis fue nombrada abadesa. Los monasterios “dobles” de los francos, donde un ala estaba reservada a las mujeres y otra a los hombres, solían ser regidos por una abadesa. La “Vita” la describe como una joven inteligente, erudita y caritativa, entregada a los enfermos, pobres y ancianos, conocedora de memoria de las Sagradas Escrituras y que “revelaba los misterios escondidos de las alegorías a sus oyentes”. El monasterio de Nivelles abrió sus puertas a peregrinos, viudas y huérfanos. Por orden de la abadesa, todo el que llegaba era bienvenido, fueran extranjeros, monjes o eruditos.

Monasterio de Nivelles

De medicina ex animalibus (Sextus Placitus) Siglo XII

La “Vita” describe varios milagros ocurridos en vida de Gertrudis. El autor cuenta que mientras surcaba los mares con sus hermanos (lo que nos hace pensar que era un monje irlandés), se levantó una tormenta terrible y apareció un monstruo marino. Los marineros imploraron la ayuda de sus “ídolos”, una indicación de que el cristianismo no era algo tan extendido como podría creerse. Desesperado, el autor pidió a gritos la ayuda de Gertrudis e, inmediatamente, la tormenta se calmó y el monstruo desapareció.

Biblioteca Sainte Geneviève, París, finales siglo XIV

Es muy posible que Gertrudis no volviera a salir del monasterio después de tomar los hábitos en 640. Se la describe como “agotada por una vida de caridad, ayuno y rezo”. Después de dejar la dirección del monasterio, la “Vita” insiste en que se entregó totalmente a la vida espiritual mediante el rezo y prolongados ayunos, lo que la debilitó mucho. También cuenta que Gertrudis le preguntó a un peregrino qué día moriría y este le contestó que el 17 de marzo, al día siguiente, el mismo de la muerte de San Patricio. Se cree que el peregrino era Ultán, el famoso monje irlandés, y que dijo “puede morir con alegría porque el bendito abad san Patricio y los ángeles del Señor están preparados para recibirla”.

Ilustración de un manuscrito persa

Poco antes de su muerte en 659, Gertrudis pidió a las monjas de Nivelles que la enterraran con un viejo velo que había dejado una peregrina y su cilicio. Tenía 33 años. Es la patrona de los viajeros y de los jardineros. Como hemos dicho antes, se la invoca contra las plagas de ratas y ratones y, curiosamente, también contra las enfermedades mentales.

Esperamos no haber decepcionado a nadie demostrando que Santa Gertrudis no es la patrona de los gatos y que se trata de una invención bastante reciente. Y nos sigue sorprendiendo la conexión que existe entre San Patricio y ella. También estamos seguros de que había gatos en el monasterio de Nivelles.

Ilustración de un bestiario medieval


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Gatos y un pintor ignorado: Jankel Adler

Jankiel Adler nació el 26 de julio de 1895 en Tuszyn, una pequeña ciudad cercana a Łódź, Polonia, en el seno de una devota familia judía jasídica. Era el séptimo de diez hermanos. Sus padres, Eliasz Adler y Hana Laja Fiter, siempre le llamaron Jankel, sin la “i”, y él mismo adoptó ese nombre. En 1912, su familia le permitió comenzar un aprendizaje de grabador en el taller de su tío en Belgrado y poco después decidió recorrer los Balcanes.

Pasado un tiempo se fue a Barmen (ahora Wuppertal), Alemania, donde se habían asentado varios hermanos suyos, y a los 21 años estudió con el profesor Gustav Wiethüchter en la Kunstgewerberschule (Escuela de Artes y Oficios). Allí entró en contacto con artistas que tenían ideas afines a las suyas. Fue considerado un “extranjero sospechoso” y debía presentarse periódicamente ante la policía, pero pudo acabar los estudios. Cuando las fronteras se abrieron de nuevo en 1918, viajó regularmente entre su ciudad natal y Wuppertal.

Mujer con dos gatos

En esta última ciudad fundó en 1920 el grupo “The Wupper” y en Düsseldorf formó parte de “La joven Renania” y “Progresistas de Colonia”, además de ser miembro de la asociación polaca-judía “Yiddish Jung”. Alemania vivía momentos de gran agitación política y social que se plasmaron en innovaciones artísticas en todo el país. En esa época, Jankel Adler se especializó en el retrato. Vivió en Düsseldorf desde 1921 hasta 1933. Enseñó en la Academia de las Artes, se casó y tuvo una hija en 1927. Conoció a Paul Klee en este centro cuando este empezó a dar clases en 1930.

 

Mujer con gato sentado

Mujer con gato (1944)

Viajó mucho en esos años, visitando Berlín y París con frecuencia. Conoció a Marc Chagall y a la poetisa Else Lasker-Schüler, a la que le unió una profunda amistad y de la que pintó un magnífico retrato. Ella le llamó “el Rembrandt hebreo”. El retrato de la poetisa fue confiscado en 1937 por los nacionalsocialistas al ser considerado “arte degenerado”, y aunque durante casi 50 años se creyó que estaba perdido o había sido destruido, reapareció en la retrospectiva del pintor en el Städtische Kuntshalle de Düsseldorf en 1985.

Else Lasker-Schüler (1924)

A finales de la década de 1920 cambió poco a poco de estilo, dejando atrás los temas judíos y dedicándose sobre todo a las naturalezas muertas, la abstracción y los gatos. ¿Por qué, de golpe, Jankel Adler, pintó varios cuadros de gatos? Se había casado, tenía una hija, y posiblemente viviera un gato en su hogar. En 1925 pintó el retrato “El Sr. Cleron, criador de gatos”, en el que se ve al Sr. Cleron en primer plano con una vara en la mano y detrás a un magnífico persa blanco de rabo negro y ojos azules. No hemos podido saber quién era el Sr. Cleron, ¿un vecino de la época de Dusseldorf?

El Sr. Cleron, criador de gatos (1925)

El Sr. Cleron (Detalle)

En 1930 estuvo cuatro meses en Mallorca con otro pintor famoso en la época, Arthur Kaufmann, que le hizo un retrato.

Jankel Adler (retrato de Arthur Kaufmann, 1930)

Al cabo de once años en Düsseldorf, se fue de Alemania, siguiendo los consejos de varios amigos, después de publicar con otros artistas e intelectuales de izquierdas un “Manifiesto urgente” contra la política nazi y a favor del comunismo durante las elecciones parlamentarias de febrero de 1933. Dejó a su esposa, hija, amigos y todos sus cuadros. Durante los diez años siguientes, el exilio le llevó a Francia, Polonia, Escocia e Inglaterra. Sus obras fueron retiradas de los museos y galerías de Alemania, y muchas fueron destruidas. Si no fuera así, quizá habría más cuadros de gatos.

Chica con gato

Al principio eligió quedarse en París y siguió luchando contra el régimen nazi desde la capital francesa. En 1939, después de la invasión de Polonia por Alemania, se unió como voluntario al ejército polaco, pero fue licenciado antes de dos años debido a su mala salud. Consiguió llegar a Escocia, donde residió hasta 1943, cuando se trasladó a Londres. En los años cuarenta expuso en varias ocasiones en Londres, París y Nueva York.

Años 40

A partir de su traslado a Londres volvió pintar a pesar de haber tenido serios problemas para subsistir y de haberle llegado terribles noticias del continente: era el único superviviente de toda su familia, desaparecida en el Holocausto. Después de la guerra entró en contacto con otros pintores y pudo realizar varias exposiciones. Sin embargo, Inglaterra rechazó su solicitud de nacionalidad por su acercamiento a grupos anarquistas en Londres.

Los gatos reaparecieron en su pintura cuando vivía en Londres. ¿Había conocido a alguien que tenía un gato, tenía él uno? Hay muy poca información acerca de este pintor ignorado durante muchos años, fallecido en Londres de un infarto el 25 de abril de 1949 a los 53 años. Está enterrado en el cementerio judío de Bushey, en Hertfordshire.

Marc Chagall, Paul Klee, Pablo Picasso, Otto Dix, Amedeo Modigliani y Francis Bacon conocieron a Jankel Adler, y algunos de ellos fueron sus amigos. En 1951, la galería New Burlington de Londres le dedicó una retrospectiva. En 1985, la ciudad de Düsseldorf organizó otra, pero hacía más de 30 años que ningún museo se acordaba del pintor. El museo Von der Heydt, de Wuppertal, acaba de presentar una retrospectiva titulada “Jankel Adler y la vanguardia, Chagall, Dix, Klee, Picasso” con unas 200 obras procedentes de Estados Unidos, Israel, Brasil, Francia y Gran Bretaña.


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Sid, el gato que comía seis veces

La historia empieza así: “Sid vivía en el número uno de la calle Aristóteles. También vivía en el número dos, en el número tres, en el número cuatro, en el número cinco y en el número seis…” Sid había descubierto el truco perfecto para comer seis veces al día porque nadie vecino hablaba con los demás en la calle y todos estaban convencidos de que Sid era únicamente suyo. Pero la vida tampoco era tan fácil, debía acordarse de sus seis nombres, que nada tenían que ver con Sid, y comportarse de acuerdo con el carácter de cada nombre. Eso sí, a cambio comía seis platos diferentes: pollo en una casa, pescado en la segunda, cordero en la tercera, carne picada en la cuarta, pescado de nuevo en la quinta y guiso de carne y riñones en la sexta. Encima, tenía seis camas donde echarse la siesta.

La calle Aristóteles

Todo iba de maravilla hasta que el gato glotón pilló un catarro; sus seis “dueños” le llevaron al veterinario y se descubrió el pastel. Sid ya solo tuvo un cuenco diario. Pero era un gato muy listo, dobló la esquina y se trasladó a la plazoleta Pitágoras, donde todos los vecinos se conocían. Y como hablaban entre sí, entendieron que Sid era un gato de seis cenas diarias.

Sid pilló un resfriado

Sid fue al veterinario seis veces

“Six Dinner Sid” es un cuento muy corto escrito e ilustrado por Inga Moore en 1990. Ganó el Premio Smarties de ese mismo año y ha sido traducido a varios idiomas. La editorial Vicens-Vives lo publicó en castellano en 2003 con el título “Sixto seis cenas”, y el gato ya no vive en la calle Aristóteles, sino en la calle Mambrú. Suponemos que las historias deben adaptarse, aunque Sid es un gato británico de cabo a rabo. Se nota a la legua. Tanto la calle Aristóteles como la plazoleta Pitágoras son de lo más británicas.

Sis vivía en el 1 de la calle Aristóteles

Inga Moore ha escrito otros libros infantiles acerca de gatos, uno de ellos es la secuela de esta primera historia. Sid se va a las Tierras Altas de Escocia con sus seis dueños, que han alquilado seis cabañas vecinas. Allí traba amistad con un gato salvaje escocés llamado Jock y vive una extraña aventura. Esta historia no está traducida al castellano y se titula “Six Dinner Sid – A Highland Adventure” (Sid seis cenas – Una aventura en las Tierras Altas).

Sid en Escocia

El tercero, “Captain Cat”, está protagonizado por un capitán loco por los gatos que surca los mares con un barco lleno de ellos. Un día decide jubilarse y recorrer con sus queridos felinos  los lugares con que siempre ha soñado. La reina de una lejana isla descubre a los gatos y se alegra muchísimo porque nunca había visto uno. Manda preparar un ágape en su honor, pero aparece una horda de ratas hambrientas. Por suerte, los amigos del capitán las echan. La reina le pide que le regale los gatos a cambio de un tesoro por descubrir. “Captain Cat” tampoco está traducido al castellano.

La autora e ilustradora Inga Moore nació en Sussex, pero se trasladó con sus padres a Australia en 1952 cuando solo tenía ocho años y no regresó hasta transcurridos casi 30 años, en 1981. De niña siempre dibujaba; no solo ilustraba sus propios cuentos, sino también los márgenes de los libros escolares, los deberes, incluso los exámenes. En una ocasión, el profesor de latín le dijo: “Si dejas de hacer estos estúpidos dibujos, quizá consigas algo en la vida”. Dejó de dibujar durante mucho tiempo y todavía le pesa no haber estudiado Arte. Durante años se ganó la vida en diferentes trabajos, todos muy aburridos, en sus propias palabras, hasta redescubrir su pasión por el dibujo mientras realizaba mapas para una empresa dedicada a las aguas freáticas.

Tuvo la oportunidad de ilustrar el libro “Father Christmas”, de Raymond Briggs, en 1973, y descubrió que “ilustrar un cuento era una de las cosas más bonitas a las que podía aspirarse”. Unos años después, atraída por sus recuerdos de infancia, decidió regresar a Inglaterra. Londres le pareció “sucio y pesado”, pero Hampstead, un barrio a unos seis kilómetros del centro y hogar de un inmenso parque, era “factible”. Allí siguió ilustrando libros de otros autores y los suyos. Llegó la crisis financiera de los noventa y se vio obligada a terminar el premiado “Six Dinner Sid” en solo seis meses.

Pero cuando el banco le embargó el piso, decidió dejar Londres y encontró otro de grandes dimensiones en Gloucestershire, en el suroeste del país. Allí es donde ilustró la famosa novela de Kenneth Grahame “El viento en los sauces”, publicada por primera vez en 1908. Se han vendido más de un millón y medio de ejemplares de la versión con sus ilustraciones desde 2003.

En japonés

Inga Moore es la autora de dieciocho libros infantiles y ha ilustrado varios de otros autores.

Inga Moore

Para volver a Sid, el gato glotón que no sabe vivir sin comer seis veces al día, nos preguntamos por qué los vecinos de la calle Aristóteles querían racionarle las cenas y los habitantes de la plazoleta Pitágoras estaban más que dispuestos a que comiera cuantas veces quisiera. ¿Tendrá algo que ver con las Letras y las Ciencias? Aristóteles, filósofo; Pitágoras, matemático. Sea lo que sea, creemos que “Six Dinner Sid” es un cuento perfecto para niños y adultos.

Dedicamos esta entrada a dos niñas amigas nuestras, Maddi (pronunciado Mayi) y Maialen.