Gatos y Respeto

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Gatos en el arte minwha coreano

La palabra “minwha” significa literalmente “pintura del pueblo”. En un principio eran obras producidas por artistas itinerantes, en su mayoría anónimos y carentes de estudios formales. El arte minwha también poseía una dimensión mágica al creerse que los cuadros protegían a sus dueños y a sus familias de las fuerzas del mal.

Gato perseguido por perro (Siglo XIX, Instituto de Arte de Minneapolis)

El gran auge del arte minwha fue en el periodo tardío de la dinastía Joseon, que reinó durante cinco siglos, nada menos, logrando 200 años de paz después de la última invasión manchú en el siglo XVI. En este periodo, las pinturas minwha gozaron de su mayor popularidad y reconocidos artistas trabajaban por encargo de la aristocracia.

 

Es posible que a primera vista estas pinturas parezcan sencillas y fáciles de hacer, pero una de las artistas que se dedica al arte minwha hoy en día, Jung Seung Hui, explica que no tiene nada de sencillo: “Empecé al poco de terminar los estudios en la universidad, hace 40 años. En esa época no se estudiaba el arte minwha y no me quedó más remedio que ser autodidacta. El papel que se usaba antaño como base era el papel tradicional hanji con colores de tintes naturales. Sin embargo, estos colores se desvanecen rápidamente y ahora los mezclamos con otros para que duren más. Tardo unas dos semanas en hacer un cuadro pequeño, pero un panel de grandes dimensiones puede llevarme hasta dos años”.

Gato en otoño (Jeong Seon, siglo XVIII)

Los temas más populares eran árboles, el sol, la luna, insectos, aves y animales, entre ellos, gatos y tigres.  La pintora sigue diciendo: “Es un arte impregnado del humor coreano, muy satírico. Los tigres no parecen feroces, son más bien graciosos. La creatividad en estas pinturas es infinita, aunque los temas se repitan”.

Gatos acechando

Abundan las pinturas de tigres con aves. Una de las explicaciones es que el tigre simbolizaba el poder, la autoridad, la aristocracia, y la urraca, al pueblo llano. Siempre parece que la urraca u otro pájaro estén a punto de hostigar al pobre felino al que llamaban “tigre idiota”, en una clara alusión sátira de las diferencias sociales.

Byeon Sang-byeok es uno de los artistas más famosos del periodo Joseon tardío que también pintó obras minwha. Vivió en el siglo XVIII, era miembro del Dohwaseo o Real Academia de Pintura, y acabó siendo magistrado. No sabemos si siguió pintando después de obtener este cargo. Dibujaba sobre todo gatos y gallos, hasta el punto de que llegaron a apodarle “Byeon goyangi” (el gato Byeon) y “Byeon dak” (el gallo Byeon).

Gato con margaritas (Byeong Sang-byeok)

En uno de sus cuadros más conocidos, “Myojakdo” o “Gatos y gorriones”, se ve a dos gatos y a varios pájaros. Está pintado sobre seda, mide 93,7 por 42,9 centímetros y se encuentra en el Museo Nacional de Corea, en Seúl. Los gatos y las aves eran temas habituales en la pintura minwha ya que ambos animales simbolizaban la longevidad.

Gatos y gorriones (Byeon Sang-byeok)

El gato que trepa por el tronco del árbol mira al que se ha quedado en el suelo como si  se comunicaran. El artista usó un pincel muy fino para pintar a los dos gatos y a los gorriones, mientras que el tronco del árbol está hecho con trazos más gruesos, más fuertes.

Gato con pájaro (Byeon Sang-byeok)

Otro cuadro suyo es “Gukjeong chumyo”, que traducido literalmente significa “Gato otoñal en un jardín con crisantemos”, pintado sobre papel tradicional. Mide 29,5 por 23,4 centímetros y se encuentra en el Museo de Arte Gansong de Seúl. Además de animales, Byeon Sang-byeok también hizo numerosos retratos de la aristocracia Joseon.

Gato otoñal con crisantemos (Byeon Sang-byeok)

Unos doscientos años antes, en el siglo XVI, un pintor llamado Yi Am exhibió un estilo propio, alejado del estilo chino de la dinastía Song imperante entonces en Corea. Al igual que Byeon, se especializó en retratos, entre los que está uno del Rey Jungjong de Joseon, pero también pintó animales. Posiblemente sea uno de los primeros pintores oficiales que hizo suyo el arte minwha, quizá porque le aportaba una mayor libertad.

Gato perseguido por perro (Yi Am)

En uno de los dos cuadros que hemos encontrado, el gato trepa por el tronco de un árbol mirando hacia abajo, aunque los dos perros que están en el suelo no parecen tener malas intenciones. En el otro, el gato se enfrenta al perro. En ambos, el gato es blanco y negro con ojos saltones. Ninguno de los gatos de otros cuadros de estilo minwha tienen ojos parecidos. Al contrario, son animales muy realistas.

Gato y perro (Yi Am)

En el siglo XIX, ya al final de la dinastía Joseon, otro célebre pintor fue Jang Seung-eop, más conocido por el seudónimo de Owon. Vivió entre 1843 y 1897, y fue uno de los escasos pintores que tuvo una importante posición en la corte.

Jang Seung-eop

Era huérfano y aprendió a pintar en el seno de otra familia. El aristócrata Yi Ung-heon le acogió en su hogar cuando cumplió veinte años ofreciéndole la posibilidad de pasar largas horas pintando. Su reputación como pintor de talento creció rápidamente, dedicándose sobre todo a paisajes, flores y escenas de la vida cotidiana.

Jang Seung-eop

Hemos encontrado tres cuadros suyos con gatos. En uno de ellos hay una madre gata con su camada, una escena que no se repite en ningún otro de los cuadros minwha.

Jang Seung-eop

El arte minwha decayó al desaparecer la longeva dinastía Joseon y desapareció del todo bajo el mandato colonial japonés. Revivió en los años ochenta y su popularidad sigue actualmente. Se usa para decorar la puerta de entrada de las casas, biombos, muebles para atraer la felicidad, la suerte, la prosperidad y también para alejar a los malos espíritus.

Gato e insecto

Gato y mariposa

Incluimos en la entrada algunos de los cuadros minwha de tigres, y al final dos de tigres fumando en pipa.


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Gatos y jazz

Jack Owens, su gato negro y Bud Spires.

A los músicos de jazz se les suele llamar “gatos”, sobre todo en inglés. Parece ser que la denominación remonta a los años veinte del siglo pasado cuando el jazz empezó a hacerse popular. Los músicos de jazz, al igual que los gatos, preferían la noche al día, dependían de sí mismos, se buscaban la vida, solían caer de pie y no encajaban con la sociedad “normal”.

Stan Getz

La primera fotografía de esta entrada no es de dos músicos de jazz, sino de blues. Son Jack Owens, su gato negro, y Bud Spires, los tres en el porche del primero donde solían tocar para los numerosos visitantes. Por cierto, los músicos de blues creían que los gatos negros traían buena suerte.

Louis Armstrong

A pesar de llamarse “gatos” o “cats”, no hemos encontrado muchas fotos de músicos de jazz con sus gatos. Uno de ellos es el pianista Cecil Percival Taylor, al que podemos ver en una instantánea realizada en los años sesenta por el fotógrafo Charles Rotmil. En principio, si un gato está sentado en el piano de un músico, parece indicar que vive con él.

Cecil Taylor y su gato (años 60) Foto de Charles Rotmil

Cecil Taylor fue uno de los pioneros del free jazz. Su carrera abarca más de 50 años con decenas de discos grabados. Nació el 25 de marzo de 1929 en Nueva York, la misma ciudad en la que falleció el 5 de abril de 2018. Fue un maestro de la improvisación a partir de estructuras armónicas fijas, algo nada habitual en los años cincuenta, pero no logró notoriedad hasta los años setenta.

Sabemos que el compositor, arreglista, poeta y músico Bob Downes tenía un gato siamés llamado Rolly gracias a la foto interior del álbum “Electric City” y por la contraportada del mismo LP, donde le vemos tocando la flauta, su instrumento favorito con el saxo entre los veinticinco que dominaba.

Open Music – Electric City (contraportada)

Nacido en Plymouth, Reino Unido, el 22 de julio de 1937, es conocido como líder del Open Music Trio, un grupo de jazz de vanguardia que formó en 1968, y por sus composiciones de rock y blues. Grabó su primer disco con Philips Records antes de fundar su propia discográfica, Openian.

Bob Downes, Bob Cockburn y el gato Rolly

Otros músicos de jazz no se limitan a que en las portadas de sus discos aparezcan gatos; por ejemplo, el músico argentino Leandro Barbieri se apodaba “Gato”. Este maestro del saxo tenor nació en Rosario, Argentina, el 28 de noviembre de 1932, y está considerado como uno de los pioneros del jazz latino. Sin embargo, en una entrevista realizada un año antes de su fallecimiento en Nueva York en 2016, dijo: “No tengo nada que ver con eso, los músicos de jazz no me consideran un músico de jazz y los músicos latinos no me consideran un músico latino”.

Además de una extensa discografía, fue el autor de varias bandas sonoras, entre ellas las de “El último tango en París”, dirigida por Bernardo Bertolucci en 1972.

Existen dos fotos muy famosas de Thelonious Monk con un gato siamés. Después de observarlas con detenimiento, nos atrevemos a decir que no fueron hechas el mismo día, aunque eso no significa que Monk tuviera gatos. Ese probablemente fuera uno de los 306 gatos de Nica Rothschild. Cuesta creer que Nica tuviera tantos a la vez, incluso repartidos en todos los años de su estancia en Nueva York, pero era una mujer muy especial.

Thelonious Monk

Fue la hija menor de Charles Rothschild, entomólogo por gusto y financiero por obligación, que se suicidó cuando su hija tenía 12 años. Su nombre completo era Kathleen Annie Pannonica, este último en honor a la Eublemma pannonica, una polilla muy poco común. Nica nació en 1913, estudió en Múnich, y con poco más de veinte años aprendió a pilotar un avión. Se casó en 1935 con el barón francés Jules de Koenigswarter y vivieron en un castillo en el noroeste de Francia. Tuvieron dos hijos.

Al estallar la II Guerra Mundial, Jules se unió al ejército de la Francia Libre de De Gaulle en África. Después de dejar a sus hijos en Nueva York, Nica trabajó como codificadora en Ghana, Congo y África del Norte. Al finalizar la guerra, el barón se convirtió en diplomático, tuvieron tres hijos más y vivieron en diversos países.

La relación con su marido se hizo difícil, y en 1953 dejó al barón y a sus cinco hijos en Ciudad de México para mudarse a Nueva York. Hacía mucho que a Nica le gustaba el jazz, y un día, en casa de un amigo, escuchó el famoso tema “Round Midnight”, de Thelonious Monk. La pianista y compositora de jazz Mary Lou Williams le presentó al músico durante el “Salón del Jazz 1954”.

Nica se instaló en una suite del hotel Stanhope, delante del Museo Metropolitan de Nueva York, y se convirtió en la protectora de numerosos músicos de jazz, como Miles Davis, Teddy Wilson y Charles Mingus, entre otros. Les compraba comida si hacía falta, les llevaba de un lado a otro en su Bentley y les apoyaba.

Charlie Parker no estaba entre sus más allegados, pero apareció en su suite en marzo de 1955 en mal estado y murió al día siguiente, creando un escándalo. El director del hotel la echó y Nica acabó comprándose una casa modernista en Nueva Jersey con vistas a Nueva York, del otro lado del río Hudson, a la que sus amigos rebautizaron “Catville” (Villagatos) por los 300 felinos a los que Nica abrió sus puertas.

Nica Rothschild

El músico con el que tuvo una relación amistosa inquebrantable fue Thelonious Monk. Puede decirse que cuidó de él desde 1954 hasta 1982, año en que el pianista falleció. Monk y su esposa Nellie se mudaron a mediados de los setenta a casa de Nica. Algunos dicen que a Monk no le gustaban los gatos, pero nos parece extraño que aceptara vivir en un lugar donde eran los reyes.

Thelonious Monk

Nica comparó a Thelonious Monk con Beethoven. El músico era inestable, padecía regularmente terribles depresiones, y Nica ayudó a Nellie a enfrentarse a estos episodios. El jazz cambió, la música evolucionó, pero Nica siguió fiel al bebop; incluso llegó a decir que Miles Davis “se había vendido”. Los Beatles, los Rolling Stones, Little Richard, Elvis Presley no la emocionaban. No menos de veinticuatro temas de jazz le fueron dedicados.

Thelonious y Nica

Hemos empezado con una foto de dos “bluesmen” con un gato negro y acabamos con la portada de una pareja con un gato blanco.


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La gata Lydia y el dibujante Horst Janssen

1979

Horst Janssen fue un prolijo dibujante y grabador alemán nacido el 14 de noviembre de 1929 en Oldemburgo, Baja Sajonia, hijo de Martha Janssen, de profesión modista. Nunca conoció a su padre, un viajante de comercio, y fue adoptado por su abuelo. En 1942, al empezar a estudiar en el Instituto Nacional de Educación Política de Hasselüne, a unos 90 kilómetros de Oldemburgo, su profesor de dibujo se dio cuenta de su talento y le animó a seguir.

Gato y pájaro (Grabado)

Horst Janssen

Su madre murió un año después – Horst Janssen tenía 14 años – y fue adoptado por la hermana menor de esta, que también le empujaría a estudiar Bellas Artes pagando por sus estudios. En 1946 se trasladó a Hamburgo, donde vivía su madre adoptiva, y estudió en la Escuela Estatal de Bellas Artes con el profesor Walter Malhau, que le consiguió sus primeros encargos.

Gato azul (1961)

En 1947, el semanario Die Zeit, de Hamburgo, publicó un dibujo suyo titulado “La princesa y el guisante”, y al año siguiente ilustró el libro infantil “¿Estáis todos?”, con versos de Rolf Italiaander. Su primer hijo nació en 1950, fruto de la relación con Gabriele Gutsche, una mujer casada. Empezaba a experimentar con grabados sobre madera y estaba fuertemente influenciado por la obra del noruego Edvard Munch.

El gato Pharyah

Noche de luna

El profesor Gustav Hassenpflug logró que le expulsaran de la Escuela Estatal de Bellas Artes sin llegar a graduarse. Janssen caía francamente mal a este profesor quizá porque tenía una relación con su esposa, con la que se casaría en 1955 y tendría una hija, Katrin. Se divorciaron en 1959. Después de una exitosa exposición en la galería Hans Brockstedt de Hanover, se sumió en la técnica del aguafuerte y estudió con Paul Wunderlich.

Cartel de la exposición “Perro, gato, ratón”

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato y rata

En ese periodo, su mayor influencia fue el francés Jean Dubuffet y el arte marginal. Volvió a casarse con Brigit Sandner pocas semanas después de obtener el divorcio de su primera mujer, pero el matrimonio solo duró unas semanas. Un año después se casó con Verena von Bethmann Hollweg, que dio a luz a Philip, su tercer hijo. Este matrimonio duro ochos años; se divorciaron en 1968.

Ese mismo año empezó una apasionada historia de amor con Gesche Tietjens. Viajaron a Svanhall, Suecia, y allí aprovechó para pintar maravillosos y luminosos paisajes. Se separaron en 1972, cuando ella estaba embarazada de su hijo Adam. Siguieron una larga lista de relaciones más o menos duraderas, todas reflejadas en un sinfín de retratos y representaciones eróticas. También hizo numerosos dibujos y grabados de sus hijos.

Para entonces era un dibujante y grabador de renombre internacional. Ya en 1965, la galería Kestner de Hannover le había dedicado una retrospectiva en la que el director de la galería le había alabado como “el mejor dibujante con Picasso, aunque Picasso es de una generación anterior”. Su obra era reputada por seguir la tradición de artistas como Goya, Ensor, Glinger, Redon y Kubin.

Fue galardonado con el Premio Edwin Scharff en 1966. Al año siguiente fallecieron dos personas que habían sido importantes en su juventud, su tía y madre adoptiva Anna y su profesor Alfred Malhau. Su trabajo empezó a mostrar el dolor por perder a dos seres tan queridos. Ganó el Primer Premio de Arte Gráfico en la Biennale de Venecia de 1968. Expuso con mucho éxito en 1970 en Londres, en 1971 en Oslo y Gotemburgo, en 1974 en Nueva York, en 1975 en Torino, en 1976 en Barcelona, en 1980 en Chicago, en 1982 en Tokio…

Gato de lunes

Dos hombres se mantuvieron siempre leales a Horst Janssen a pesar de los altibajos en sus relaciones debido a su carácter imprevisible. Uno de ellos era el galerista Hans Brockstedt, a quien conoció a finales de la década de los cincuenta y que expuso treinta grabados en color el 17 de mayo de 1958. Esa misma noche se vendieron veinticuatro grabados entre 40 y 60 marcos cada uno. Tres décadas después, estos mismos grabados valían entre 4.000 y 6.000 marcos.

Gato salvaje

El galerista, que trabajó mucho con Horst Janssen organizando exposiciones por todo el mundo y obteniendo encargos de ilustraciones para libros, fue una de las personas más importantes de su vida. A pesar de las discusiones, separaciones y reencuentros, el artista le dijo una vez: “Cuando muera, pronunciaré cinco nombres, y uno de ellos será el tuyo”.

Gato con pájaro (1959)

Queda por saber cuáles fueron los otros cuatro. Probablemente otro sería el del impresor Hartmut Frielinghaus, del que dijo que “si no hubiera existido el arte de Frielinghaus, no habría habido grabador Janssen”. Pero al parecer, como con todas las personas que se cruzaban en su camino, la relación no fue fácil y el impresor incluso llegó a decir que había momentos en que le habría estrangulado con sus propias manos.

Si no dibujara, mataría

Desde siempre Horst Janssen había dibujado animales, entre ellos gatos, pero en la década de los ochenta la gata Lydia entró en su vida y debió ocupar un lugar muy importante. Por los numerosos retratos, sabemos que era una gata negra, y nada más. En ninguna biografía del artista se menciona a Lydia, tampoco si le gustaban los gatos, aunque nos atrevemos a decir que basta con ver sus dibujos y grabados para afirmar que sí, claro que le gustaban mucho los gatos.

Buenos días, Lydia

Lydia (Litografía)

Hemos encontrado un dibujo de un gato rubio acompañado del siguiente texto: “¡Socorro, señores! ¡Gente! Félix, el gato de Kerstin Schlüter, se ha perdido. Atiende al nombre de Feli. 500 para la persona que lo encuentre. Y agradecimiento eterno. Vuestro Janssen”. Más abajo está el teléfono de la Sra. Schlüter y el del propio Janssen.

Janssen con Lydia (1984)

Lydia ronroneando

Es muy posible que Lydia acompañara a Horst Janssen hasta casi el final de su vida, pero seguro que le hizo compañía en 1990 cuando se cayó de su balcón desde una altura de 3,50 metros. Lo peor es que en la caída se llevó por delante los ácidos que usaba para los grabados y sufrió una quemadura en la córnea en ambos ojos, además de fracturarse la tibia y la pelvis. Tardó meses en recuperar la vista.

Janssen con Lydia (Carta con dibujo)

Lydia deprimida (1981)

Falleció de un derrame cerebral el 31 de agosto de 1995. No creemos que Lydia estuviera aún con él ya que habría tenido más de quince años, aunque conocemos a varios gatos que han alcanzado los veinte.  Horst Janssen está enterrado en el cementerio Gertruden de Oldemburgo.

Tres representaciones de Lydia


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Gatos y cuentos de hadas de Adrienne Ségur

En 1952, un periodista publicó lo siguiente en “Le Figaro littéraire”: “Fui a casa de Adrienne Ségur, un hada. Me recibió un gato imperial y pájaros de diverso plumaje. De hecho, todos los animales de ‘Érase una vez’ se habían instalado en los recovecos de la casa. ¿Y qué me dijo el hada? ‘Voy hacia la fantasía para evadirme. Los niños hablan con los animales, y los animales les hablan, es natural. Mis animales hablan con los ojos, el hocico, las patas’”.

Adrienne Ségur con un gato

Cómo los gatos aprendieron a ronronear (Joan Bennett)

El hada Adrienne Ségur era una ilustradora de cuentos que prestó una atención muy especial a los gatos. Aparecen en sus dibujos casi en la misma proporción que príncipes y princesas. Incluso recopiló cuentos de gatos en un libro especialmente dedicado a ellos.

El gato con botas (Charles Perrault)

El gato arrepentido

Fue una mujer muy bella, de aspecto misterioso y elegante, que llevó una vida discreta, quizá porque se sentía más cómoda en su mundo que en compañía de los mortales. Nació el 23 de noviembre de 1901 en Atenas, hija del escritor francés Nicolas Ségur y de la griega Kakia Anastose Diomedes Kyriakos. A pesar de llevar el mismo apellido que la famosa escritora, la Condesa de Ségur (de soltera Sofia Fiodorovna Rostoptchina, casada con Eugène de Ségur), no parece que les uniera parentesco alguno.

Foto de Erwin Blumenfeld

El gato de Baba Yaga

Empezó a dibujar siendo niña y en 1928 ilustró en blanco y negro la novela de juventud de André Maurois “Le Pays des trente-six mille volontés” (El país de los treinta y seis mil deseos), aunque usó el seudónimo de Adrienne Novel. Dos años después ilustró una serie de cuentos de los que era autora, “Cotonnet”, “Cotonnet aviador” y “Cotonnet en América”, con un conejito como protagonista. Estos primeros dibujos son encantadores y sencillos, tienen poco que ver con los que la hicieron famosa en la década de los cuarenta.

El gato y el gallo enfermo

El gato que habla (Natalie Savage Carslon)

En 1932 se casó con el poeta y pensador egipcio Mounir Hafez, diez años menor que ella y uno de los grandes referentes del sufismo en Francia. A partir de ese momento, la pareja pasó los inviernos en El Cairo y los veranos en París. En 1936,  Adrienne Ségur empezó a ocuparse de la página infantil de Le Figaro, de la que acabó siendo directora en 1939. Una vez finalizada la II Guerra Mundial, empezó a ilustrar cuentos infantiles para la editorial Flammarion.

Mounir Hafez

El gato Patripat (India)

Al cabo de unos años, la editorial alquiló para ella una casa a unos diez kilómetros de Blois, a dos horas en coche de París. Los que la conocieron entonces dicen que vivía rodeada de gatos y de pájaros, y que su pasatiempo favorito era caminar por el bosque y observar a los animales en libertad.

El niño que pintaba gatos (Japón)

Kip, el gato hechizado (Suecia)

También dicen que en cuanto hacía bastante calor, dejaba las ventanas abiertas para que sus pájaros pudieran volar libremente y regresar cuando quisieran. Esto nos hace pensar que ella y su marido no llevaban la vida convencional de un matrimonio de la época.

El gato con la cola torcida (Frances Carpenter – Tailandia)

El gato y el ciervo (Rusia)

Era una apasionada de “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Caroll, y en 1949 realizó unas brillantes ilustraciones en blanco y negro para el libro. Sus dibujos dieron vida a los cuentos de los hermanos Grimm, de William Hauff, Hans Christian Andersen, Madame d’Olnoy, Pável Bazhov y otros escritores del mundo entero.

Alicia en el País de las Maravillas

Flammarion publicó en 1951 una colección de cuentos de hadas de autores franceses titulada “Il était une fois” (Érase una vez) con dieciséis ilustraciones de Adrienne. Fue considerado por la crítica literaria como el libro infantil más bello de Francia. La editorial demostró una enorme confianza en el talento de la artista al encargar veinte mil ejemplares para la primera edición, en vez de los habituales cinco mil para un libro de ese tamaño.

La gata princesa (Madame d’Olnoy)

La gata princesa

No solo tuvo un enorme éxito en Francia, sino también entre los lectores de habla inglesa, sobre todo en Estados Unidos, donde Random House lanzó posteriormente el maravilloso “The Golden Book of Fairy Tales” (El libro de oro de los cuentos de hadas), una recopilación de veintiocho cuentos procedentes de Francia, Alemania, Rusia, Dinamarca y Japón.

La gata princesa (Músicos)

En 1965 publicó otra colección de diecisiete cuentos dedicados únicamente a los gatos. “Le chat Jérémie et autres histoires de chats” (El gato Jeremías y otras historias de gatos), traducido al inglés en 1967 con el título de “My Big Book of Cat Stories”. Algunos títulos de estos cuentos son inolvidables, “Jeremías o el gato que se hizo jefe guardabosques”, “El gato con el rabo torcido”, “El gato arrepentido” o “El gato oreja de mantequilla”.

Gato ojo de aceite

El gato Jeremías jefe guardabosques no es otro que el gato Catafay Ivanovich del cuento ruso “El gato y la zorrita”, al que también llaman “Yeremey” (https://gatosyrespeto.org/2020/01/02/gatos-en-el-folclore-ruso/).

El gato Yeremey (Rusia)

El gato Yeremey, dueño del bosque (Rusia)

Las ilustraciones de la artista son sumamente detalladas e imaginativas, propias de los cuentos de hadas. También trabajó con autores de la talla de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) y diseñó decorados de espectáculos, así como tarjetas de felicitación para marcas como Van Cleef y Arpels. Siempre dio gran importancia a la expresión de los personajes.

Las tres hilanderas

Las tres hilanderas

Adrienne Ségur falleció el 11 de agosto de 1981. Había dejado de dibujar hacía ya varios años debido a la artrosis. Sus últimas ilustraciones fueron para la novela “La légende de Venise” (La leyenda de Venecia), de Simone Kervyn. En los dos retratos fotográficos incluidos aquí tendría unos 35 años. Son obra del fotógrafo alemán Erwin Blumenfeld, que se instaló en París en 1936. Fue una mujer que se rodeó de un aura de misterio y se sabe muy poco de su vida privada.

Hans y el gato atigrado (Hermanos Grimm)


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La gata y el búho

Hace casi cinco años publicamos una entrada acerca del poeta y dibujante Edward Lear y su gato Old Foss (https://gatosyrespeto.org/2015/08/16/el-gato-old-foss-y-edward-lear/). Los poemas de Edward Lear pertenecen al género “nonsense poems”, es decir “rimas sin sentido”.

El búho y la gatita (Barbara Cooney)

Desde entonces queríamos traducir “The Owl and the Pussy Cat” (El búho y la gatita), quizá su poema más famoso, publicado en 1871 como parte del libro “Nonsense Songs, Stories, Botany and Alphabets” (Canciones sin sentido, historias, botánica y alfabetos).

Adrienne Ségur

Jan Brett

Los “sin sentido” de Edward Lear ya eran famosos por esa época. En 1846 había publicado una colección de “limericks”, palabra que no tiene una traducción exacta en español. Abarca desde rimas infantiles como “Humpty Dumpty”, hasta versos satíricos, pero siempre son cortas y bastante surrealistas. El escritor siguió añadiendo “limericks” a su colección a medida que pasaban los años.

“El búho y la gatita” es uno de los poemas más apreciados de Edward Lear; lo compuso para una niña de tres años, Janet Symonds, cuyos padres eran grandes amigos suyos.

El cerdito con anillo (Edward Lear)

Comiendo picadillo y membrillo (Barbara Cooney)

El cerdito (Jan Brett)

Edward Lear inventaba palabras como “el árbol Pong” que crece en las tierras donde llegan el Búho y la Gatita, pero no cabe duda de que la más famosa es la cuchara “runcible” con la que comen picadillo y membrillo en el banquete de bodas. La utilizó en varias ocasiones, incluso para describirse a sí mismo diciendo que llevaba “un sombrero runcible”.

Debajo de un árbol bong (Barbara Cooney)

Miel y dinero (Edward Lear)

La palabra tuvo tanto éxito que, 40 años después de la muerte del escritor, pasó de ser una palabra sin sentido a ocupar un lugar en el diccionario inglés Myriam & Webster con la definición de: “Un tenedor de tres dientes” sin citar ninguna fuente. Sin embargo, Edward Lear jamás especificó el significado de la palabra; eso sí, siempre la usó como adjetivo, nunca como sustantivo.

El pavo casamentero (Edward Lear)

La boda (Jan Brett)

Navegaron un año y un día (Edward Lear)

Hablaba de un “gato runcible” (su adorado Old Foss, claro), de un “ganso runcible” (refiriéndose a alguien no demasiado listo) e incluso de una “pared runcible” (algo más misterioso). Y en una de sus rimas, acompañada de una ilustración del propio Lear, dice:

La cuchara runcible (Edward Lear)

Tocando la guitarra (Chris Dunn)

Esta entrada está dedicada a Irati y a Jude, que han descubierto a los gatos hace poco, y a los que consideramos nuestros amigos runcibles. Por cierto, Jude está a punto de cumplir siete años, ¡feliz cumpleaños, Jude!

Tu canto es un encanto (Jan Brett)

Jan Brett


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Gatos, mujeres y la fotógrafa Brooke Hummer

Brooke Hummer es una fotógrafa estadounidense afincada en Chicago. Estudió Historia del Arte en la Universidad Wesleyan y Fotografía en el Instituto Brooks. Empezó trabajando en Outside Magazine y, posteriormente, en Crain’s Chicago Business. Es la fundadora del colectivo femenino Cabinet Shop Studio. Nos ha sido imposible saber más; creemos que se ocupa de campañas de moda, pero no estamos seguros. Realizó una serie de fotografías de mujeres con gatos. Las presenta con las palabras siguientes: “Los retratos femeninos en la historia del arte visual acostumbran a honrar la pureza, la inocencia o el vínculo con un hombre poderoso; por eso me he apropiado de los estilos clásicos de la pintura para crear un proyecto que homenajea la independencia y el poder de unas hermanas fuertes y solteras (y sus gatos)”.

Brooke Hummer

Hemos traducido partes de la entrevista que la asociación APA (American Photographic Artists) le hizo a Brooke Hummer acerca de estos retratos y hemos buscado el original que lo inspiró.

“La idea inicial fue de mi agente Andrea Donadio cuando me pidió que le hiciera una felicitación de Navidad. Quería algo humorístico del tipo “madre e hija”, pero con su gato Bunny. Dado que trabajo habitualmente en entornos naturales, pensamos hacer lo mismo, pero no funcionó y empezamos a buscar retratos clásicos de madres e hijas. A las dos nos atraía el estilo hiperserio de los retratos naífs del siglo XIX en Estados Unidos y decidimos copiarlos. Trabajamos en el estudio y tardamos una hora. Casi no fue necesario retocarlos”.

Andrea y Bunny

Naíf americano (1845)

“Varias mujeres recibieron la felicitación y me pidieron un retrato con su gato. Seguía sin pensar en una serie basada en retratos clásicos con gato añadido, pero supe inmediatamente que el siguiente vendría del renacimiento italiano porque pasé un año en Florencia cuando estudiaba Historia del Arte. Había disfrutado plasmando a Andrea con toda su fuerza, lo opuesto de un retrato maternal. Y me di cuenta de que podía trastocar el insultante término de “Cat Lady”, la mujer de los gatos, que suele ir acompañado del epíteto “vieja” o “loca” y, a la vez, reinterpretar la forma en que se ha retratado a la mujer en la historia. El segundo retrato fue el de Lindsey Tyler, una productora de la agencia de publicidad FCB. En este retrato, en vez de un paisaje toscano, integré el skyline de Chicago, como si Lindsey fuese la dueña de la ciudad. Solo entonces, al ver a estas dos mujeres fuertes, se me ocurrió la idea de una serie”. Hemos encontrado dos retratos de Lindsey y la gata Clementine, uno de perfil y otro de frente. El que seleccionó la fotógrafa para la serie es el de perfil, pero aquí mostramos los dos.

Lindsay y Clementine

Antonio Lupari Gozzadini (1485)

Lindsay y Clementine

“El siguiente es el de Kristen y Javi, basado en un autorretrato de Gertrude Abercrombie (https://gatosyrespeto.org/2017/07/20/gatos-soledad-surrealismo-y-gertrude-abercrombie/), una pintora surrealista de Chicago. Reconozco que este tercer retrato rompe la idea de la serie, o sea satirizar la visión masculina de la mujer, pero adoro la obra de Gertrude Abercrombie y siento cierta obsesión por ella. Kristen no tiene gato y pedimos prestado uno negro. En el cuadro original, el gato saca la lengua; estaba dispuesta a retocar la foto para que fuese igual. Normalmente fotografiamos primero a la mujer y luego al gato. En esta ocasión ocurrió una cosa alucinante, el gato sacó la lengua en la segunda sesión. Nos quedamos atónitas, no podíamos creerlo”.

Kristen y Javi

Yo y gato, de Gertrude Abercrombie

“El cuarto es una copia del cuadro de Ammi Phillips “Niña con vestido rojo” (https://gatosyrespeto.org/2017/08/17/gatos-en-retratos-naif/). También tiene un gato en brazos, y me hizo gracia algo tan reconocible. Técnicamente hablando, Cora no es una mujer, tiene 12 años, pero me parece un retrato genial. La niña de cara inocente, con ese ridículo vestido y las botas militares que lleva habitualmente”.

Cora y Creo

Niña con vestido rojo, de Ammi Phillips

“El siguiente es el de Julie con Rola. Julie adora a los gatos y a Gustav Klimt, y estaba empeñada en que debía ser un retrato suyo. Pero es conocido de todos que Klimt era un notable misógino y me incliné por Judith con la cabeza de Holofernes en la mano izquierda”.

Julie y Rola

Judith I, de Gustav Klimt

“Después está el cuadro de “Madam X”, basado en el retrato que John Singer Sargent hizo a Mme. Gautreau, considerado escandaloso en la época. No me parece que sea una mujer sumisa, por eso me gustó. Este necesitó mucha posproducción y fue el primero en que me encargué de hacerlo todo yo”.

Chrystyne, Duncan e Idaho

Madam X, de John Singer Sargent

“A continuación viene la fotografía estilo El Fayum, como los retratos naturalistas pintados en tablas de madera que cubren el rostro de las momias de esa zona de Egipto. Amber es egipcia, y al principio pensé en Cleopatra, pero está el vínculo con Elizabeth Taylor. Aunque ya lo había hecho, lo descarté. Preferí buscar un tema menos visto”. Aquí incluimos ambos retratos.

Amber y Whisky

Retrato de EL Fayum (Principios de nuestra era)

Amber y Whisky

“El octavo es Elaine con su gato Loki Lucifer. Es una talentosa fotógrafa y técnica digital de aquí, de Chicago. En cuanto empezamos a hablar, supimos que debíamos enfocarlo hacia la Virgen y el Niño, y nos inclinamos por los cuadros de estilo gótico de los siglos XII y XIII”. En este caso, Gatos y Respeto se permite añadir que, en la iconografía cristiana de la época, la bendición con la mano derecha estaba reservada únicamente a Cristo.

Elaine y Loki

Berlinghiero Berlinghieri (Siglo XIII)

“Para Reba y Neva quería que llevara ropa voluptuoso. Reba creció en Trinidad y Tobago y es una conocida chef de un restaurante de Chicago que está muy de moda. Viste de una manera muy informal, por eso me hacía mucha gracia cambiarle completamente el estilo y basarme en los retratos coloniales miniaturistas. Hice varias pruebas, pero creo que este es el definitivo”. La fotógrafa se refiere a Reba con el vestido azul y no hemos encontrado ningún retrato que pueda servir de modelo.

Reba y Neva

Reba y Neva

El retrato de Reba y Neva es el último de la serie “oficial”, sin embargo aparece un décimo, el de Amanda y Piggy, que se basó, a todas luces, en los retratos flamencos de los siglos XVI y XVII, pero no sabemos por qué no se incluyó en la serie.

Amanda y Piggy

Gillina van Vlierden, de Gortzius Geldorp

Al final de la entrevista, la fotógrafa Brooke Hummer dice que, en un principio, se impuso muchas reglas para comunicar el mensaje feminista de la serie, pero que las “rompe” a medida que avanza. Habla en presente. Quizá la serie no esté acabada aún y por eso no están incluidos Amanda y Piggy.


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Los gatos y la física

La editorial Penguin publicó en 1993 un pequeño libro de 30 páginas titulado “The Laws of Cat Physics” (Las leyes de la física gatuna), de G.A. Mendenhal, con la descripción de leyes de física gatuna en 60 viñetas. A pesar de buscar por todas partes no hemos encontrado nada sobre su autor. Lo poco que sabemos está en el prólogo del libro, y lo traducimos aquí:

“G.A. Mendenhall vive solo con su esposa y tres gatos en Green Valley, Arizona. Es en parte daltónico y se empeña en que el verde, el naranja y el rosa son meros tonos de un mismo color. De momento, ha conseguido evitar ir a clase de pintura y casi sabe comportarse en casa”.

“Mendenhall empezó a escribir y a dibujar viñetas en 1985 mientras se recuperaba de la chapuza que le hizo un temible y algo tembloroso urólogo al realizarle una vasectomía. El resultado fue el libro que esperamos están a punto de comprar. El autor creció en la frontera entre México y Estados Unidos, y no habló inglés hasta los seis años, cuando descubrió que era el mejor idioma para el humor y para decir tacos. Reconoce haber estudiado Filología Inglesa y Ciencias Políticas y haberse licenciado. Como la mayoría de escritores, le motiva el miedo, la codicia, la envidia y la inseguridad”.

“Suele escribir de noche, lo que le convierte en un gruñón insoportable durante las horas de luz. Gran parte de las ideas le vienen cuando está pasando la aspiradora o fregando los platos, dos actividades hacia las que su esposa le alienta dado que ella prefiere ir a la compra. Entre sus hobbies destacaremos el tenis, la natación, andar muy deprisa e imitar la llamada del pato. A veces sueña en números”.

En la página anterior a la primera viñeta, el autor dice lo siguiente: “A pesar de que este libro se titula ‘Física gatuna’, las leyes, principios, axiomas, postulados y teoremas que contiene se basan en numerosas disciplinas relacionadas, como la química gatuna, la biología gatuna, la psicología gatuna, la medicina gatuna, la lógica gatuna, la historia gatuna, la matemática gatuna y la ingeniería gatuna. No es intención del autor menospreciar las valiosas contribuciones que estas disciplinas relacionadas han aportado al estudio de la física gatuna”.

En el siguiente párrafo, al final de los agradecimientos, menciona muy especialmente a “Tiger (Tigre), Sugar (Azúcar) y Blackie (Negrito), que me lo han enseñado todo de la física gatuna, además de servirme de pacientes y mal pagados modelos, así como ofrecerme un amor sin límites”.

Finalmente traduciremos el texto de la contraportada. EL GATO EXPLICADO: “Hace tiempo que los científicos y los que tienen gatos saben que las leyes de la física por las que se rige el universo no son aplicables a los gatos, pero nadie ha sido capaz hasta ahora de saber qué principios, si los hay, gobiernan el mundo felino. Si alguien se ha preguntado alguna vez ‘¿Por qué hace esto un gato?’, encontrará las respuestas – acompañadas de numerosas carcajadas – en este libro”.

Gatos famosos en la historia de la física gatuna: Gato Arquímedes, Gato Einstein, Gato Newton.

Ley del magnetismo gatuno: Cualquier chaqueta azul y suéter negro atrae el pelo de gato en medida proporcional a la oscuridad de la tela.

Ley de la termodinámica gatuna: El calor fluye de un cuerpo caliente a un cuerpo frío, excepto tratándose de un gato. Todo el calor fluye hacia el gato.

Ley del sueño gatuno: Todos los gatos deben dormir con personas siempre que sea posible.

Ley de la elongación gatuna: El cuerpo del gato siempre se alargará lo suficiente para alcanzar lo que esté en la encimera.

Ley de la presencia gatuna en la mesa: El gato siempre estará presente cuando se sirva cualquier cosa apetecible.

Ley de la configuración de la alfombra: Ninguna alfombra permanecerá en su estado natural plano… durante mucho tiempo.

Ley de la observación de la nevera: Si un gato observa una nevera lo suficiente, acabará por pasar algo bueno.

Ley del juego gatuno: Los juegos más revoltosos siempre tendrán lugar entre las 3:15 y las 4:20 de la mañana.

Ley de la búsqueda de la comodidad aleatoria: Un gato siempre buscará, y en general se apoderará, del lugar más cómodo en cualquier habitación.

Primera ley del lavado gatuno: Un gato se lavará en cualquier momento y lugar que le parezca oportuno.

Ley de la ocupación espacial: Todas las bolsas en cualquier habitación deben contener un gato en el nanosegundo más inmediato.

Ley del cambio de muebles: El deseo que siente un gato por arañar los muebles es proporcional al precio de dicho mueble.

Ley de la atracción gatuna por las alfombras persas: Un gato con el estómago revuelto siempre gravitará hacia la alfombra más cara de la casa.

Ley de la falta de interés gatuno: El nivel de interés de un gato suele variar en proporción inversa al esfuerzo que realiza el humano por interesarle.

Dedicamos esta entrada a Nadia El Fani, que nos hizo conocer este maravilloso libro.


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Gatos tatuados de Kazuaki “Horitomo” Kitamura

El estudio de tatuajes State of Grace (Estado de Gracia), de San José, California, publicó en 2013 el libro “Monmon Cats”, con texto y dibujos de Kazuaki “Horitomo” Kitamura. Sus 118 páginas contienen un sinfín de maravillosos dibujos de tatuajes de gatos. Ahora bien, no se trata de los típicos tatuajes de gatitos bonitos, sino de espléndidas obras por sus colores, complicado diseño y simbolismo. “Monmon” significa “tatuado” en japonés.

Pero ¿qué empujó a Kitamura, más conocido como “Horitomo” en el mundo del tatuaje, a centrar su trabajo en los gatos? En la introducción del libro, el artista explica que el gato no ha sido bien tratado en algunas partes del mundo: “Me parece que hay ciertas similitudes entre los sentimientos encontrados que mucha gente tiene acerca de los gatos y los tatuajes en la sociedad japonesa. Por eso me parece que los gatos y los tatuajes están hechos el uno para el otro”.

Sigue diciendo que siempre le han inspirado los grabados del gran artista Kuniyoshi Utagawa (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/), que vivió a finales del periodo Edo y principios de la era Meiji. Los tatuajes se usaron como castigo en Japón, pero al final de la época Edo (siglo XIX) empezaron a ponerse de moda y muchos dibujos eran obra de los grabadores. Esa moda quizá se deba a la publicación de la novela china “Suidoken”, ilustrada con grabados de escenas heroicas, dragones, tigres y flores que acabaron “grabados” en la piel de ricos mercaderes.

A principios del siglo XX, los tatuajes fueron prohibidos en Japón y no volvieron a legalizarse hasta el año 1948, durante la ocupación estadounidense. Por entonces, los tatuajes se asociaban sobre todo a los Yakuza, la famosa “mafia” japonesa. Los dibujos no solo servían para embellecer el cuerpo, sino como protección.

Yakuzas tatuados

Tatuaje Yakuza antiguo

El tatuaje tradicional japonés, “irezumi”, no tiene nada que ver con el occidental. Se realiza manualmente, con tinta “nara”, la misma que usaban los grabadores de la época Edo, y requiere largas horas de trabajo. Un tatuaje de cuerpo completo como el de los Yakuza puede llegar a costar 30.000 euros.

Los tatuajes siguen sin ser muy bien vistos en Japón. En 2012, el alcalde de Osaka lanzó una campaña para que las empresas despidieran a los empleados tatuados. Muchos baños públicos, playas o gimnasios no permiten la entrada a personas tatuadas, quizá por la connotación Yakuza. Pero son cada vez más populares, basta con no enseñarlos en público.

Horitomo descubrió los tatuajes hace más de treinta años, cuando abandonó las cocinas del restaurante donde aprendía a ser un chef por la tabla de surf. Algunos de sus amigos estaban tatuados y la idea le gustó. Después de un incidente muy desagradable con una ola, decidió que el surf no era lo suyo y pensó en aprender a tatuar. Algo que, según él, su madre sigue sin perdonarle.

Empezó su aprendizaje en 1993 en un estudio en Nagoya, uno de los primeros en ofrecer tatuajes con la técnica y modelos occidentales. Cuatro años después se mudó a Tokio, donde trabajó en dos estudios, y en 1998 se fue a Osaka para ser el primer artista de un estudio recién abierto. Para entonces había ido a convenciones por todo el mundo, tanto en Europa como Estados Unidos. En esa época era conocido como “Washo”.

A medida que profundizaba en el arte de los tatuajes, se interesó por la técnica tradicional japonesa y estudió con el gran maestro Yoshihito Nakano, conocido como Horiyoshi III, autor de numerosos tatuajes Yakuza. Al acabar su formación, el maestro le dio el nombre de Horitomo, formado a partir del prefijo “hori”, cuyo significado es “grabar”.

Horyoshi III (Yoshihito Nakano)

Transcurrieron otros cuatro años hasta que Masoyischi Kikuchi, el productor del videojuego “Yakuza”, vio los dibujos de varios de los mejores tatuadores tradicionales del momento, entre los que estaba Horitomo. Se puso en contacto con él y le pidió que se uniera al equipo de la primera entrega del videojuego.

En todos estos años de aprendizaje, Horitomo había tenido una compañera: una gata llamada Ginnan que su esposa llevó a casa después de encontrarla hambrienta y en mal estado en Osaka. Horitomo se enamoró de Ginnan, otro nombre para las nueces de Gingko, y en gran parte fue su inspiración para el libro “Monmon Cats”. Falleció en 2015, siendo ya muy mayor.

La gata Ginnan

En palabras de Horitomo: “Los dragones son muy importantes en los tatuajes japoneses, gustan a todo el mundo, pero no se prestan a muchos cambios. Sin embargo, el gato permite añadir símbolos, motivos budistas o procedentes de leyendas tradicionales”. Y añade: “Además, tengo la sensación de que al dibujarlos y pintarlos, los gatos me prestan parte de sus poderes”.

En 2007, Horitomo, su esposa y Ginnan se trasladaron a San José, California, donde empezó a trabajar en el famoso estudio “State of Grace”, propiedad de Ryudaibori, otro  célebre tatuador, antes conocido como “Horitaka”.

Horitomo y Ginnan

Horitomo y Ginnan

A su llegada a San José, Horitomo se dio cuenta rápidamente de que los tatuadores supuestamente tradicionalistas no respetaban las imágenes escrupulosamente. Por ejemplo, el símbolo estaba en el hombro equivocado, el sable en la mano incorrecta. Fue cuando decidió escribir su primer libro, “Immovable—Fudo myo-o Tattoo Design by Horitomo” (Inamovible – Tatuajes Fudo myo-o, por Horitomo), de 185 páginas, publicado también por el estudio “State of Grace”.

Además de seguir diseñando tatuajes y tatuando, participa regularmente en sesiones colectivas para mostrar cómo se realiza el “tebori”, el tradicional tatuaje manual japonés. Consiste en el uso de agujas esterilizadas, afiladas a mano y de un grosor algo mayor que las máquinas eléctricas. El tatuaje se elabora introduciendo las agujas en la piel mediante pinchazos sumamente precisos. Es un método bastante más doloroso que el occidental.


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Gatos en la guerra

Trinchera (1914)

Se estima que en la Primera Guerra Mundial participaron 500.000 gatos, sobre todo en las trincheras, cazando ratas – al parecer había muchas -, además de ser usados para detectar el letal gas mostaza. Aunque los gatos morían, los soldados tenían tiempo de ponerse la máscara antigás.

Soldados neozelandeses (1914)

Trinchera (Gallipoli, 1915)

Pero también eran compañeros que compartían las incomodidades y la comida, se les quería y aliviaban el estrés. Cuentan que el gato Pitouchi nació en las trincheras y que fue el único en sobrevivir de la camada al morir su madre. Le recogió un teniente belga llamado Lekeux y le salvo dándole leche. Pitouchi seguía a Lekeux paso a paso y si el suelo de la trinchera estaba encharcado, se acomodaba en su hombro.

Región de Argonne, Francia (1916)

Una noche, Lekeux se arrastró hasta las posiciones alemanas para dibujar el lugar en que se encontraban las piezas de la artillería enemiga. Se escondió en el cráter de un obús y, absorto en la tarea, no se dio cuenta de que se acercaba una patrulla de vigilancia. Cuando ya estaba perdido, Pitouchi saltó del cráter, sorprendiendo a los alemanes, que le dispararon. Por suerte, no le dieron, y los soldados se alejaron, riendo. Lekeux y Pitouchi pudieron regresar a sus puestos sanos y salvos con los preciados dibujos.

1918

Otros gatos cambiaban de “bando”. Un centinela inglés vio a una gata salir de las trincheras alemanas, cruzar la tierra de nadie y meterse en la parte trasera de la trinchera inglesa. Después de una breve inspección, regresó a las líneas alemanas. Al poco volvió a aparecer con un gatito en las fauces, cruzó y lo depositó en la trinchera inglesa. Y así con tres gatitos. Nunca se dignó a explicar a qué se debía su deserción.

A bordo del Buque de Su Majestad Sentinel (1914)

Otra anécdota es la de una gata que durante el día jamás salía de la trinchera, al igual que los soldados, porque les habrían disparado los alemanes. Sin embargo, en cuanto oscurecía, se paseaba alegremente por encima del parapeto.

En el Buque de Su Majestad Melbourne (1917)

No sabemos si es cierto, pero parece ser que los gatos que se mandaban a las trincheras eran recogidos en las calles de Londres y también se conseguían mediante anuncios en los periódicos pidiendo que “cualquier tipo de gato callejero” se cazara y “entregara en la pajarería del Sr. Harris para la campaña bélica”.

Soldado alemán con un gato

En el Buque de Su Majestad Australia

Existe una larga tradición de gatos en barcos que defendían las provisiones contra ratas y ratones, y cómo no, también en barcos de guerra. Otra creencia era que los gatos protegían a los barcos de naufragios, y si un gato se caía al mar y no se le podía rescatar, llegarían nueve años de mala suerte. Marinos y marineros decían que los gatos podían predecir tormentas, y quizá no estuvieran equivocados.

Gato en el casco de un soldado

A bordo del Thédoro Tissien (1940)

Los gatos tienen la habilidad de detectar cambios de tiempo imperceptibles para los seres humanos gracias a la extrema sensibilidad de su oído interno, el mismo que les permite caer siempre de pie (o casi). Un gato mostrará señales de nerviosismo ante la baja presión atmosférica que precede a la tempestad. Un buen observador, y los marinos lo son, detecta estos cambios en el felino.

Soldados estadounidenses con un gato

Soldado neozelandés con un gato (Guerra de Vietnam)

Los gatos de barco saltaron a la fama durante la Segunda Guerra Mundial con el nacimiento de las comunicaciones de masas, y algunos se convirtieron en auténticas celebridades, como Simon, el gato del Amethyst (https://gatosyrespeto.org/2015/10/01/simon-el-gato-del-barco-amethyst/).

Simon en el Amethyst

Convoy era el gato del Hermione y aparece anotado en el libro del barco. Se le asignó una diminuta hamaca y un equipo completo. Murió con otros ochenta y siete compañeros cuando fueron torpedeados por un submarino U-205 alemán el 16 de junio de 1942.

Convoy en el Hermione (Gibraltar, 26 de noviembre de 1941)

Peebles juega con el comandante Palmer, a bordo del Western Isles. Peebles era conocido por su inteligencia y daba la pata a los desconocidos que entraban en la cámara de oficiales.

Peebles en el Western Isles

Tiddles nació a bordo del Argus antes de unirse a la tripulación del Victorious. Su sitio preferido era el cabestrante de popa, donde jugaba con la cuerda de la campana. Recorrió más de 48.000 kilómetros.

Tiddles en el Victorious

Blackie era el gato del Prince of Wales, el barco que llevó a Winston Churchill a su entrevista secreta con Franklin D. Roosevelt en agosto de 1941. Cuando el primer ministro británico estaba a punto de dejar el barco, Blackie se acercó, decidido a seguirle. La foto inmortaliza el momento en que Churchill se despide de él. Cuando la Marina japonesa bombardeó y hundió el Prince of Wales, Blackie y los supervivientes lograron llegar a Singapur. Pero fue imposible encontrarle al año siguiente cuando hubo que evacuar la ciudad.

Winston Churchill con Blackie en el Prince of Wales (Agosto de 1941)

Ginger y Fishcake, dos grandes compañeros, eran los gatos del Hood. El barco participó en la Guerra Civil española al ser asignado a la Flota Mediterránea. El Hood tuvo varias mascotas, entre ellas un canguro, además de varios perros. El viejo barco desapareció el 24 de mayo de 1941 cuando entabló combate con un moderno barco alemán. Se sabe que Ginger y Fishcake ya no estaban a bordo.

Ginger y Fishcake en el Hood

Ginger

Fishcake

No tenemos una foto ni se sabe el nombre de la gata del barco de carga noruego Rinda, torpedeado y hundido durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando los supervivientes se dieron cuenta de que su querida gata no estaba en el bote salvavidas empezaron a buscarla en plena noche hasta oír un maullido desesperado. “Remamos con todas nuestras fuerzas. Lloramos y reímos cuando encontramos a la pobre bola de pelo empapada”. La gata acabó a bordo del Pict, el barco británico que los recogió, y fue rebautizada como Rinda.

Un soldado da de comer a Miss Hap, de dos semanas (Guerra de Corea)

El año 1975, la Marina británica prohibió los gatos y cualquier otro animal a bordo de sus barcos por razones de higiene. Fred Wunpound, del Hecate, fue el último. Tenía dos menciones por buena conducta y una advertencia por un desgraciado incidente en el mercado de pescado de Brixham, pero ignoramos de qué se trata. Es probable que los demás países también prohibieran mascotas más o menos en la misma época o incluso antes.

Fred Wunpound, del Hecate

No solo hubo gatos en barcos, también en aviones. Tal vez el más famoso sea Kiddo (https://gatosyrespeto.org/2014/09/05/kiddo-el-primer-gato-transatlantico/). De Sparkplug solo tenemos una foto, igual que de otro gatito desconocido.

Sparkplug


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The Black Cat (El gato negro), la revista

The Black Cat fue una revista literaria publicada en Boston, Massachusetts, entre 1895 y 1922, “dedicada exclusivamente a relatos originales, inusuales y fascinantes”, según rezaba el número 41 de febrero de 1896. Seguía diciendo que no pagaba por el nombre o la fama del autor, ni tampoco por la extensión, sino por la fuerza de la historia.

La idea fue de Herman Daniel Umbstaetter, nacido en Cleveland, Ohio, en 1851, hijo de Charles Umbstetter y Helen Ehege Umbstetter, y casado con Nelly Littlehale en 1893. Sabemos que falleció el 25 de noviembre de 1913 de un tiro accidental mientras cazaba en las orillas del lago Kezar, en el estado de Maine. Según el artículo de un periódico: “Su rifle se disparó mientras ascendía por una ladera; la bala penetró justo debajo del corazón”. Herman probablemente añadió una “a” al apellido de su padre con el fin de recuperar la pronunciación alemana.

Herman Umbstaetter, además de editor, también escribía relatos cortos. Su revista puede considerarse una precursora de las revistas “pulp”, es decir, encuadernadas en rústica, baratas y populares. Durante años, The Black Cat valió cinco centavos, y el abono anual, solo cincuenta. Siguió a este mismo precio hasta 1908, cuando pasó a 10 centavos y un dólar el abono anual, hasta que a finales de la década de 1910 costaba 20 centavos. A pesar de su formato, era una revista de una elevada calidad literaria que ponía al alcance del gran público relatos sorprendentes.

Se publicaron unos trescientos números en total, casi siempre mensualmente, excepto los primeros seis meses del año 1922 en que fue bimensual. La revista, de 64 páginas, medía 15 x 23 centímetros. Hasta 1919, la editorial era The Short Story Publishing Company, en 1920 Black Cat y en 1922 William Kane. El último número salió a finales de 1922 o principio de 1923.

El primer número vio la luz en octubre de 1895 con una portada ilustrada por Nelly Littlehale Umbstaetter. Mientras se encargó del dibujo de la portada, siempre apareció el mismo gato negro, a veces de cuerpo entero y otras solo su inconfundible cara. La pintora también contribuía con ilustraciones para los relatos que contenía y para la publicidad.

El número de mayo de 1899 publicó un relato de Jack London, “A Thousand Deaths” (Mil muertes), en el que se relata la múltiple resurrección de un hombre por un grupo de científicos. Esto nos lleva a la carta que el escritor mandó a Umbstaetter el 23 de noviembre de 1909. En ella le dice que “me alegro de darle ‘The Inevitable White Man’ (El inevitable blanco) por cincuenta dólares en recuerdo de los viejos tiempos, pero me alegraría aún más si tuviera una acuarela de la Sra. Umbstaetter”.

Sigue diciendo que, sin embargo, ahora le pagan 10 centavos por palabra y que el relato tiene 3.800 palabras, por lo que habría podido conseguir 380 dólares de otro editor. Y añade: “Pero me conformo con una acuarela de White Mountain, y si vuelvo a escribir algo que encaja con The Black Cat, será suyo”. La revista permitió a muchos escritores desconocidos publicar por primera vez o ganar un poco de dinero, y así había sido con el mismo Jack London. Hubo una época en que el escritor aceptaba diez dólares por mil palabras, pero Umbstaetter le ofreció el doble por el primer relato que le publicó.

Jack London llegó a decir que el editor le había salvado. Y también queda claro que Jack era un gran admirador de los cuadros de Nelly Littlehale Umbstaetter.

Condiciones

Nelly Littlehale nació en 1867 en Stockton, California. A los doce años recorría las colinas de Butte, Montana, recogiendo flores para pintar acuarelas. A los 17 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes del Museo de Boston, donde la cortejó el hombre que sería su segundo marido, el pintor Hermann Dudley Murphy.

Cuando tenía veintiséis años conoció a Umbstaetter, dieciséis años mayor que ella. Poco se sabe de su vida con su primer marido, pero dado el contenido de la revista y las ilustraciones de Nelly, nos atrevemos a decir que ambos debían tener bastante sentido del humor (negro).

Volvió a casarse con Dudley Murphy en 1916, después de que este se divorciara de su primera esposa, de la que ya estaba separado. También sabemos que pasó algún tiempo en París, entre 1911 y 1914, y que el verano de este último año estudió en la Universidad de Harvard. Poco a poco, después de su segundo matrimonio, dejó atrás la fantasía, y su producción se limitó a acuarelas de flores y paisajes mucho más tradicionales, siguiendo los pasos de su conservador esposo.

Viajaron a Europa, sobre todo a Italia, pero también a Inglaterra, México y el Caribe. Murió  a los 74 años, en 1971, cuatro años antes que Dudley Murphy. Expuso sus obras en solitario en tres ocasiones, en 1926, 1929 y 1937.

Aparte de sus dibujos para The Black Cat, también ilustró en 1914 “Every Child’s Storybook” (Cuentos para todos los niños), dedicado a los cuentos de hadas, el volumen V de “Our Wonder World: A Library of Knowledge in Ten Volumes” (Maravilloso mundo: Una biblioteca del saber publicada en diez volúmenes). Sus ilustraciones casi hacen sombra a las de Arthur Rackham (https://gatosyrespeto.org/2019/12/12/gatos-de-cuento-de-arthur-rackham/) y son totalmente inconfundibles

Dibujo publicitario de Nelly Littlehale Umbstaetter

Con los años, la revista The Black Cat se hizo famosa por sus extraños relatos, que iban desde el terror hasta la ciencia-ficción. El periódico San Francisco Examiner llegó a decir que “era el éxito del siglo en cuanto a relatos”. En ella se publicaron textos de Rupert Hugues, Rex Stout, O. Henry, Frank Pollock y Clark Aston Smith, un buen amigo de H.P. Lovecraft, entre otros muchos. Henry Miller tenía 27 años cuando recibió su primer talón, en 1919, por una serie de críticas publicadas en The Black Cat.