Gatos y Respeto

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El gato en anuncios (sobre todo de quesos) y más

El gato aparece en anuncios desde que estos existen. Hace algo más de cuatro años ya dedicamos una entrada a este tema (https://gatosyrespeto.org/2017/02/16/gatos-y-anuncios/). Está claro que usar cualquier animal en un anuncio suele ser un gancho infalible y, según varios estudios recientes, el gato es el más poderoso de todos, pero ¿por qué?

Perfume

Los expertos dicen que el gato representa el arquetipo del bienestar: sabe disfrutar de las buenas cosas de la vida en un entorno seguro y del calor del hogar, unas buenas bases para lanzar ciertos mensajes. De acuerdo, pero no todos los gatos tienen una vida placentera, ¿o es que los publicistas nunca han visto a un gato hambriento y muerto de frío debajo de un coche una noche de invierno?

Además de comunicar una sensación de satisfacción, el gato tiene siete vidas (nueve en muchos países); en otras palabras, quedaremos satisfechos con la robustez y durabilidad del producto. Ha sido utilizado para anunciar cualquier cosa, desde cigarrillos, alcohol (incluso el vinho verde portugués), radiadores (tiene lógica, les gusta el calor), perfumes, jabones…

…y coches (en general suelen ser felinos grandes), pero Pontiac utilizó un gato para promocionar el modelo Catalina, jugando con las tres primeras letras “c-a-t”. El anuncio dice más o menos lo siguiente: “¿Conocen la nueva raza “cats” de Pontiac? Rápida, con equilibrio innato, resistente para nueve vidas, esa es la nueva raza “cats” de Pontiac, ¡el Catalina!”

Los gatos también han promocionado medias, manoplas, leche (tiene sentido, aunque no es recomendable que un gato beba leche), gimnasios y mucho más. El poder del gato parece imparable, a pesar de los ailurófobos, que obviamente están perdiendo la batalla.

Ahora bien, ¿por qué hubo una época – los años cincuenta – en Francia en que el gato personificó el queso? Es verdad que a muchos les gusta el queso, pero suelen inclinarse por los curados. Entre los 20 anuncios que hemos encontrado, todos son quesos blandos y franceses, excepto uno de gruyere suizo escrito en inglés, por lo tanto dirigido a la exportación.

Hay de todo, “El gato ladrón”, “El gato con botas”, “El gato desnudo” (Chat nu) por un juego de palabras con el apellido del fabricante, “Chanu”, “El gato goloso”…

Para acabar una entrada algo absurda cambiaremos totalmente de registro e incluiremos algo que no tiene nada que ver con la publicidad. Se trata de una historia corta escrita por Colette, una de las más tristes que firmó.

“Viví la vida terrestre, donde era negro. Negro del todo, sin una mancha blanca en el pecho, sin estrella blanca en la frente. Ni siquiera tenía esos tres o cuatro pelos blancos que aparecen en la garganta de los gatos negros, debajo de la barbilla. De pelo corto, mate, tupido, rabo delgado y caprichoso, con el ojo oblicuo de color agraz, un auténtico gato negro.

Mi más lejano recuerdo remonta a una casa donde encontré, viniendo hacia mí desde el fondo de una sala larga y sombría, un gatito blanco. Algo inexplicable me empujó hacia él y nos detuvimos nariz contra nariz. Dio un salto hacia atrás e hice lo mismo a la vez. Si no hubiera saltado aquel día, quizá viviría todavía en el mundo de los colores, de los sonidos y de las formas tangibles…

Pero salté y el gato blanco creyó que yo era su sombra negra. En vano intenté convencerle de que yo tenía una sombra mía. Él se empeñó en que solo fuera su sombra y que imitase sin recompensa alguna cada uno de sus gestos. Si bailaba, yo debía bailar, beber si bebía, comer si comía, cazar sus presas. Pero yo bebía la sombra del agua, y comía la sombra de la carne, me hastiaba acechando bajo la sombra del pájaro…

Al gato blanco no le gustaban mis ojos verdes porque se negaban a ser la sombra de sus ojos azules. Los maldecía y les lanzaba su garra. Entonces los cerraba y me acostumbré a no mirar más que las sombras que reinaban detrás de mis párpados.

Pero aquella era una vida pobre para un gatito negro. Las noches de luna me escapaba y bailaba débilmente ante el muro encalado para disfrutar viendo mi sombra, delgada y picuda, más delgada con cada luna, aún más delgada, que parecía derretirse…

Así escapé del gatito blanco. Pero mi evasión no deja de ser una imagen confusa. ¿Trepé por el rayo de luna? ¿Me encerré para siempre detrás de mis párpados bajados? ¿Me llamó uno de los gatos mágicos que emergen del fondo de los espejos? No lo sé. Pero ahora el gato blanco cree haber perdido su sombra, la busca y la llama sin cesar. A pesar de estar muerto, no conozco el descanso y dudo. Poco a poco veo alejarse la certeza de que fui un gato de verdad y no la sombra, la mitad nocturna, el negro anverso del gato blanco”.

Añadiremos dos párrafos del prólogo, también de la autora. El primero dice así: “No hay gatos corrientes. Hay gatos desafortunados, gatos obligados a disimular, gatos menospreciados, gatos que un incurable error humano entrega a manos indignas, gatos que esperan toda la vida una recompensa que nunca llega: la comprensión y la compasión. Pero ni la miseria ni la mala suerte bastan para que un gato sea corriente”.

Y más abajo sigue diciendo: “Merecía algo más el animal al que el creador dio el ojo más grande, el pelaje más suave, la nariz más delicada, la oreja móvil, la pata incomparable y la garra curva que pidió prestada al rosal; el animal más perseguido, el menos feliz y, como dijo Pierre Loti, el mejor organizado para sufrir”. [Sidonie-Gabrielle Colette (1873-1954), traducido del libro “Chats de Colette”, editorial Albin Michel, 1950].

Ya incluimos estos dos párrafos en la entrada que dedicamos a Colette hace más de tres años, pero desde que la autora escribió estas líneas, las razas de gato se han multiplicado, algunas de ellas creadas para acoplarse al ser humano, otras por meros criterios estéticos… La gran mayoría de anuncios actuales solo usan gatos de raza, gatos de photoshop que responden a gustos muy concretos, poco naturales y espontáneos. El gato está de moda, los gatos tienen páginas en Facebook con miles de seguidores, algunos anuncios con gatos se vuelven virales. Pero no olvidemos al gato común, al callejero, a ese que nunca será corriente.


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Gatos, CoBrA y Karel Appel

Christian Karel Appel nació en la casa familiar de Ámsterdam el 25 de abril de 1921. Su padre, Jan Appel, tenía una barbería en la planta baja, y su madre era Johanna Chevalier, descendiente de hugonotes franceses (calvinistas perseguidos hasta el siglo XVIII en Francia). Realizó su primer óleo a los 14 años, y su tío Karel Chevalier, un apasionado pintor aficionado, le regaló una caja de óleos y un caballete el día que cumplió 15 años.

1948

A los 19 años ingresó en la Rijks-Academie, donde estudió hasta 1943 y conoció a Corneille, a quien le unió una profunda amistad que duraría hasta el final de su vida. Expuso en solitario por primera vez en la ciudad de Groningen, Países Bajos, en 1946, y participó en la exposición colectiva Jonge Schilders en el Museo Stedelijk de Ámsterdam.

1950
1950

En 1948 fue uno de los fundadores del Nederlandse Experimentale Group (Grupo neerlandés experimental) y ese mismo año redactó el manifiesto CoBrA con Corneille, Constant y otros. CoBrA era el acrónimo de “Copenhague Bruselas Ámsterdam”, las tres ciudades de donde eran originarios sus fundadores.

1951
1951
1953

El movimiento se desintegró en 1951, solo resistió tres años, pero en sus 18 primeros meses de vida, CoBrA reunió al mayor grupo de pintores expresionistas de la historia y tuvo importantes repercusiones en Europa y al otro lado del Atlántico.

Figura con gato, 1959
1969
1969

Se propusieron ser una red internacional y crear arte para el pueblo. Constant –  aprovechamos para incluir un cuadro suyo con un gato, claro está – dijo: “Estábamos convencidos de que el arte era un arma invencible en la lucha por la libertad. Éramos pobres, pero llenos de entusiasmo y nos daba igual que se rieran de nosotros. Compartíamos una actitud, y eso solo ocurre en muy pocos momentos”.

Constant, 1949
Encuentro feliz, 1974

Al año siguiente de la creación del movimiento, Karel Appel terminó el fresco “Niños haciendo preguntas” para la cafetería del Ayuntamiento de Ámsterdam, pero la controversia fue tal que estuvo tapado durante diez años. El pintor decidió mudarse a París.

1975
1976

En 1956, el Museo Stedelijk le encargó otro mural para el restaurante que por suerte no sufrió la ignominia del primero. Pero para entonces, Karel Appel era famoso y había sido galardonado con el Premio de la UNESCO en la Bienal de Venecia.

El gato verde, 1978
Gato payaso, 1978
Retrato de un gato, 1978

El primer cuadro suyo con un gato que hemos encontrado es de 1948. En una monografía publicada por el Museo de Bellas Artes de Bilbao con ocasión de una exposición se comenta que los animales ocuparon un lugar preeminente en las obras del pintor a partir de 1947, sobre todo en dibujos. En general se trataba de peces, aves o gatos.

Gato y rana, 1980, Naoshima
Gato sobre rojo, 1980
1980

Poco a poco, el motivo animal cobró otra dimensión, convirtiéndose en un factor clave de su obra y de su manera de concebir el arte. En una entrevista dijo: “El animal me parece algo asombroso. Me gustaría tener la mirada de un animal que, por primera vez, empezara a pintar el mundo de los humanos”.

1981
1981

En 1978 creó un “portafolio” que contenía 17 litografías de gatos a los que puso nombre. Las incluimos todas, así como la lista de la carpeta. Puede que a primera vista se parezcan mucho; sin embargo, son realmente expresivas y totalmente acordes con sus definiciones. Actualmente, el portafolio completo puede alcanzar los veinte mil dólares.

No hemos localizado más cuadros de gatos a partir de 1981. ¿Dejaron de interesarle entonces? Corresponde a la época en que diseñó la increíble estructura “Rana con gato”, que tuvo el honor de ser la primera obra de arte instalada en la isla de Naoshima, Japón, para el Proyecto de Arte Benesse.

Gato descansando
Gato andando

Tampoco sabemos si convivió con gatos. Hay muchas fotografías en internet del artista en su estudio, en galerías, ante sus cuadros, pero muy pocas que reflejen su vida personal. En 1947 conoció a su primera esposa, Tonie Sluyter, en Ámsterdam, y en 1955 a su segunda esposa, Machteld van der Groen, que luego fue modelo para Balenciaga.

Gato de noche
Gato triste

Se casó por tercera vez con Harriet de Vizer a finales de los setenta y fue su relación más duradera. Harriet se encargó de realizar un archivo en condiciones de las obras de su marido y de gestionarlas de forma profesional.

Gato sonriente
Gato verde

Además de pintar, de hacer cerámicas, esculturas y muchas otras cosas, Karel Appel era un apasionado de la música. En 1957, durante su primer viaje a Nueva York – aunque ya había expuesto tres años antes en la célebre galería de Martha Jackson – conoció a grandes músicos de jazz, como Dizzy Gillespie, Miles Davis, Count Basie y la cantante Sarah Vaughan, a la que hizo un retrato.

Gato rosa
Gato luminoso

Años después, en 1961, el cineasta Jan Vritman realizó un cortometraje documental en torno al artista trabajando en su estudio. La banda sonora, titulada “Musique Barbare”, fue compuesta por el propio Appel y Dizzy Gillespie. Al igual que sus cuadros, es espontánea, colorida y expresiva, a base de percusión y sonidos electrónicos. El álbum, que salió al mercado en 1963, incluía una litografía firmada y la voz del artista comentando sus teorías artísticas en inglés, al parecer un idioma que nunca llegó a dominar del todo.

Gato acechando
Gato diablo

A finales de los sesenta compró el castillo de Molesmes, cerca de Auxerre, Borgoña, Francia, que vendió al conocer a Harriet para trasladarse a Mónaco. También vivió en Nueva York durante un tiempo y tuvo un estudio a las afueras de Florencia. Viajó por todo el mundo para asistir a bienales y presentar exposiciones de sus obras.

Gato de casa
Gato asustado

Recibió un sinfín de premios; diseñó varios decorados para óperas, entre los que destacaremos los de “La flauta mágica” en 1995 para la Ópera de Holanda; sus murales decoran las paredes de edificios públicos e instituciones, entre ellos la UNESCO en París, y sus diseños escultóricos pueden verse en todo el mundo.

Gato peleón
Gato azul

En 2003, año en que el gobierno francés le otorgó la Legión de honor, se vio obligado a mudarse a Zúrich por razones de salud. En esa ciudad fue operado del corazón en 2005 y falleció el 3 de mayo de 2006 a los 85 años. Está enterrado en el cementerio del Père-Lachaise de París. Su esposa Harriet, nacida en 1943, murió el 20 de abril de este año.

Acerca de un gato
Gato inocente

Karel Appel dijo: “La creación es como un volcán en erupción. Creo que el punto de partida de cualquier arte es el caos”.

Gato soleado


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Los gatos del pintor Guillaume Cornelis van Beverloo “Corneille”

No hemos encontrado una sola foto de Corneille con un gato, y sin embargo sorprende la enorme cantidad de cuadros con el gato como motivo principal o como parte de una composición.

Cabeza de mujer
El gato y el pez (Estructura metálica)

Tampoco es fácil enterarse de las fechas en que pintó esos cuadros, pero creemos que la “producción gatuna” empezó en los años ochenta hasta quizá unos dos o tres años antes de que falleciera. El pájaro, el gato y la mujer son temas recurrentes de esta época y a menudo los tres ocupan el mismo lienzo.

Gato enamorado

Conocido como el pintor del color, él mismo dijo: “En mi larga vida como pintor, he vivido con pasión. Si debiera volver a vivirla, haría lo mismo. Hice de mi vida un bello día lleno de colores”.

Gato azul con pájaro negro
Gato azul con pájaro rojo

Guillaume Cornelis van Beverloo, de seudónimo Corneille, nació el 3 de julio de 1922 en Lieja, Bélgica. Sus padres eran holandeses y la familia regresó a Ámsterdam cuando él tenía 12 años. Estudió en la Academia de las Artes de Ámsterdam durante un corto periodo, pero le pareció una enseñanza demasiado academicista y prefirió ser autodidacta. Consiguió seguir pintando a pesar de las terribles condiciones que padeció Holanda durante la Ocupación alemana en la II Guerra Mundial.

Ensoñación de verano

En 1947 fue invitado a pasar cuatro meses y a exponer en Budapest, donde descubrió la pintura de Paul Klee (https://gatosyrespeto.org/2016/08/04/los-gatos-de-paul-klee/) y de Joan Miró (https://gatosyrespeto.org/2019/03/28/los-gatos-de-joan-miro/) hojeando un libro de arte en una librería. Allí también conoció al diseñador y coleccionista Jacques Doucet.

Gato amarillo (Alfombra)

Junto a Karel Appel y Constant fundó en 1948 el grupo Reflex en Ámsterdam y unos meses después, el 8 de noviembre, en el café Notre Dame de París, también con Appel y Constant, además de Christian Dotremont, Asger John y Joseph Noiret, firmó el manifiesto del grupo CoBrA, en directa oposición al surrealismo de André Breton, al que consideraban demasiado teórico.

Gato y arcoíris (Alfombra)

Este movimiento experimental se convirtió en uno de los más explosivos de la posguerra. Los miembros del grupo se dedicaron a crear imágenes basadas en el arte primitivo, dibujos infantiles y obras de pacientes internados en hospitales psiquiátricos. Su meta era expresarse libremente mediante el color y la palabra, sin imposiciones ni reglas. De hecho, en esta época, además de pintar, Corneille era el poeta del grupo. Pero hablaremos más largamente de CoBrA en otra entrada dedicada a Karel Appel, que también pintó numerosos gatos (aunque no tantos como Corneille).

Después de la disolución de CoBrA, se fue a vivir a París y empezó a exponer en las grandes galerías de la ciudad, como la Maeght (1950), la Colette Allendy (1954) y la Ariel (1961), así como en la Lefebre Gallery de Nueva York (1962), y en el Museo de Curasao (1954), el Palacio de Bellas Artes de Bruselas (1956) y el Stedelijk Museum de Ámsterdam (1956 y 1960).

Gato de la suerte de Jaffa
Marguerita

En 1948 viajó a Túnez y quedó marcado, al igual que artistas como Delacroix, Renoir y Matisse. En 1950, viviendo ya en París, aprovechó para estudiar grabado en el taller de Stanley William Hayter. Sus primeras cerámicas están fechadas en 1954 y sus primeras esculturas en madera policromada en 1992.

La gata (1987)

Este mismo año pasó varias semanas en Malí y Costa de Marfil para el rodaje de la película “Sueño de África”, dirigida por Joss Wassink, estrenada durante la exposición “Corneille, el rostro africano”, organizada por Ronald A.R. Kerkhoven.

El gran gato azul y el pájaro

Creó esculturas en bronce, resina y vidrio, diseño joyas, vajillas en porcelana de Limoges, tapices. No dudó en diseñar obras para promocionar un banco (ABN AMOR) y una ONG (Greenpeace), entre otros organismos e instituciones.

Gato pez
Gato volador (2003)

Apasionado de la fotografía, en 1977 aparecieron varios álbumes sobre sus viajes por África y su colección de arte africano.

El gato y la luna enamorados (Pieza metálica)

En 1996 publicó una antología de poemas dedicados a los gatos e ilustrada por él, “El pintor y sus gatos”. Incluimos una dedicatoria de Corneille en la que puede leerse: “A la gloria de Luna”. Suponemos que Luna era la gata de la persona a quien iba dirigida la dedicatoria.

En 1999 descubrió el aquagrabado, técnica reciente que conjuga la escultura y la litografía o, mejor dicho, un grabado con relieve, el método ideal para los trazos concretos y los colores vivos del pintor.

En 2001, la editorial L’Estampe le consagró una importante retrospectiva, “Corneille, 50 años de estampas”, recopilando obras desde los años de CoBrA hasta el 2000, además de publicar un libro del mismo título. El 24 de septiembre de 2003, el Museo Ramat Gan de Arte Israelí expuso numerosos grabados suyos demostrando su importancia en el medio.

Siempre dispuesto a experimentar, decoró plumas estilográficas, coches, un  globo aerostático, corbatas e incluso un tranvía en Ámsterdam, por lo que fue acusado de interesarse solo por el dinero y de venderse al mejor postor. Su segunda esposa, la bailarina Natacha, dijo en su defensa: “Corneille es el eterno viajante, el hombre con suelas de viento con un pie en un arenero, un joven gran pintor”.

Efectivamente, recorrió el mundo, México, Brasil, Indonesia, Japón, Israel, Estados Unidos, Italia, Hungría, Dinamarca… No solo visitaba estos países, en muchas ocasiones se instalaba durante varios meses e incluso años para conocerlos mejor. Fue un gran coleccionista de arte africano desde que empezó a recorrer el continente en los años cincuenta.

Gato, mujer y pájaro en el desierto
Los gatos (2004)

Muchos críticos de arte describen su enfoque como imaginativo y poético, caracterizado por un exagerado uso del color y de motivos recurrentes muy simbólicos. En 2007, para la inauguración del Museo CoBrA, se definió como “un pintor de la alegría”. Nunca dejó de pintar. En los últimos años de su vida viajaba regularmente a Israel para trabajar con el taller Jaffa.

Gatos en el campo

Falleció el 5 de septiembre de 2010 en Villiers-Adam, a unos 40 km al norte de París, donde se había instalado definitivamente en 1995. Está enterrado no lejos de su compatriota Vincent Van Gogh, del que era un gran admirador.

China Suite II (2004)


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Los gatos del libro que nunca fue y Brad Holland

Brad Holland es un conocido ilustrador estadounidense nacido en Ohio en 1943. Un artículo del periódico The Washington Post de 1986 le describía como “la indiscutible estrella de la ilustración americana”; y el escritor Steven Heller dijo en Print Magazine: “Del mismo modo que Pollock redefinió las artes plásticas, Holland ha cambiado radicalmente la percepción de la ilustración”.

La metáfora visual es algo que hoy en día se da por hecho en la ilustración, pero no siempre fue así, y desde luego no lo era cuando Brad Holland empezó profesionalmente en 1968. Entonces, cualquier director artístico dejaba muy claro lo que quería, dando poca libertad al artista. Pero Holland tenía ideas muy distintas a las de sus predecesores y quería ofrecer una visión más personal.

El entonces director artístico del New York Times, Jean-Claude Suares, apoyó y abrió las puertas a artistas como Holland para que los ilustradores dejaran de realizar meros encargos. Por cierto, J.C. Suares, como se le conocía, era todo un personaje que además publicó numerosos libros de fotografías y dibujos con gatos como protagonistas.

Brad Holland ha dibujado gatos, pero tampoco muchos si se tiene en cuenta su amplísima obra. Hace tiempo ilustró un libro infantil que nunca se publicó. Ya que la historia no era suya, sino de una novia, quizá jamás lleguemos a saber qué ocurría realmente en “El libro infantil que nunca fue”.

Según dice el artista, hace tiempo tuvo una novia que escribía cuentos infantiles y tenía dos gatos. Ella aún no había publicado nada, pero él sí, y le ofreció ilustrar el manuscrito para presentar el proyecto a un editor. La historia transcurría en la costa de Maine y la protagonizaban dos gatos, una serpiente, un ratón y una gaviota llamada Sarah, así como una majestuosa langosta acompañada por un banco de peces.

Al parecer, la novia y su familia se trasladaban cada verano desde el norte de Virginia a la costa de Maine, donde alquilaban una casa muy grande para acoger a todos los primos, cuñados, cuñadas y amigos. La pareja había escogido el dormitorio más cercano a la puerta trasera para que los dos gatos, uno negro y otro atigrado, entraran a su antojo, ya que estaban mucho más interesados en pasear a la luz de la luna que en estar mirando a dos personas durmiendo.

Y así nació la historia. El primero en llegar fue el ratón. Una noche, unos gruñidos despertaron a Holland y a su novia; al encender la luz, vieron a los dos gatos con la mirada fija en el interior de la maleta abierta y vacía que les habían dejado para que se entretuvieran. No tardaron en descubrir que dentro había un aterrado ratoncito dando vueltas como loco en un intento por escaparse.

Los gatos solo parecían estar orgullosos de su captura, por lo que Holland les felicitó y, disculpándose, rescató al ratón, lo soltó en el jardín y trajo dos cuencos de nata como recompensa. Al día siguiente, el ratón se había convertido en un personaje del cuento. La serpiente llegó unos días después. Los gatos la encontraron y la trajeron al dormitorio varias noches seguidas hasta que desapareció. “Su destino sigue siendo un misterio”, en palabras de Brad Holland. También fue incluida en la historia.

Por suerte, la gaviota y la gran langosta no fueron depositadas en la maleta vacía, nacieron de la imaginación de su novia. Al final del verano, el cuento estaba terminado. Mientras su novia revisaba la primera versión, Brad Holland empezó con las ilustraciones. Reconoce que dibujar gatos era más complicado de lo que había imaginado.

“Cuando uno convive con gatos, se tiene la impresión de que siempre están dispuestos a posar, al menos durante un par de segundos”, dice el artista. “En este caso, le caí bien al gato atigrado y decidió adoptar la mesa de dibujo como punto de partida para cualquier otra actividad. Casi nunca me molestaba, parecía contentarse con estar sentado y observarme dibujar, del mismo modo que hacía yo con cuatro o cinco años en el garaje de casa con mi padre”.

La historia acababa con la poderosa langosta saliendo de las olas acompañada por numerosos peces. Solucionaba los problemas y preparaba un magnífico y extravagante banquete de peces para los gatos y sus amigos. Los gatos regresaban a su casa por la gatera, el ratón y la serpiente se iban cada uno por su lado y la gaviota alzaba el vuelo.

Las ilustraciones consiguieron que una gran editorial se interesara por el cuento, pero a partir de ese momento, nada salió bien. Los editores empezaron a pedir cambio tras cambio en el texto y le ofrecieron a Holland ilustrar otros libros infantiles, pero dadas las circunstancias decidió no aceptar hasta que el libro saliera a la venta.

Al final no lo publicaron, y al cabo de un año Brad Holland y su novia se separaron. Los dibujos acabaron en un cajón y cayeron en el olvido hasta que, un buen día, mientras el artista buscaba otra cosa los encontró y aprovechó para escanearlos. Habían pasado unos veinte años. Acaba diciendo: “Me alegra ver los dibujos. Me llevan a una época en que mi futuro era muy incierto, pero los días parecían más largos y tuve la suerte de pasar un mes o dos durante unos cuantos veranos con personas maravillosas – algunas ya no están – entre el murmullo de los pinos de la costa de Maine”.

Brad Holland empezó a mandar dibujos a Walt Disney cuando tenía quince años. Recibió una caja dos años después con todo lo que había enviado, acompañada de una carta de rechazo con Mickey Mouse en el membrete. Decidió irse a Chicago en autobús y tuvo empleos que no tenían nada que ver con el dibujo, entre otros barrer una tienda de tatuajes. En 1967, a los 23 años, se trasladó a Nueva York para dedicarse a la ilustración.

En 1969 fundó junto a Steven Heller una editorial de corta vida, Asylm Press, con el fin de promocionar y presentar el trabajo de artistas y diseñadores a la prensa alternativa de la época.


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El niño que dibujaba gatos

Hace mucho tiempo, en un pueblecito de Japón, vivía un granjero y su mujer. Eran pobres, tenían muchos hijos y les costaba alimentarlos a todos. El mayor ya trabajaba con su padre a los 14 años y las niñas ayudaban a su madre en cuanto tenían edad suficiente.

Pero el último en nacer, un niño, no parecía hecho para el trabajo duro. Era muy listo, más que sus hermanas y hermanos, pero era pequeño y débil, y todos decían que nunca llegaría a ser muy fuerte. Así que sus padres pensaron que sería mejor que se hiciera monje en lugar de granjero. Le llevaron al templo del pueblo y le pidieron al viejo monje que le aceptase como ayudante.

El anciano hizo algunas preguntas al niño y al ver con qué inteligencia contestaba, decidió educarle. El chico aprendía rápido y era muy obediente, pero tenía un defecto: le gustaba dibujar gatos mientras estudiaba, y los dibujaba incluso donde no debía.

Dibujaba gatos en cuanto estaba solo. Gatos en los márgenes de los libros, en los biombos del templo, en las paredes, en las columnas… Por mucho que el monje le reprendiera, el niño no podía remediarlo. Le poseía “el genio artístico” y no era el acólito ideal. Un buen acólito estudia, no dibuja.

Edición de Frédéric Clément

Después de pintar unos gatos en un biombo, el monje le dijo que no podía seguir en el templo. Y antes de que se fuera, le dio un consejo: “No lo olvides, evita los lugares grandes de noche, escoge siempre un lugar pequeño”. El niño no entendió el consejo, pero no se atrevió a preguntar y se limitó a despedirse del anciano.

Edición de Lafcadio Hearn
Edición de Frédéric Clément

Estaba muy triste y no sabía qué hacer. No se atrevía a ir a casa, convencido de que sus padres le regañarían por haber desobedecido al monje. Entonces se acordó de que en otro pueblo, a unos 20 kilómetros, había un templo muy grande con muchos monjes. Decidió andar hasta allí y pedirles que le acogieran como acólito.

Edición de Frédéric Clément

El chico ignoraba que el templo estaba cerrado desde hacía tiempo porque un duende se había apoderado del edificio y había asustado a los religiosos. Unos valientes guerreros habían intentado echar al duende, pero nadie volvió a verles nunca. El niño no lo sabía, echó a andar y llegó al pueblo de noche.

Edición de Frédéric Clément

Todo el mundo se había acostado, las casas estaban sumidas en la oscuridad, solo brillaba una luz en el templo. Al llegar a la puerta, llamó. El silencio era total, volvió a llamar y, al no recibir respuesta, empujó suavemente la puerta. No estaba cerrada con llave, de lo cual se alegró.

Edición de Frédéric Clément

Le extrañó que la lámpara estuviera encendida y que no hubiera nadie. También se dio cuenta de que había mucho polvo y telas de araña por doquier, pero pensó que era una buena señal: los monjes necesitaban un ayudante. Lo que más le gustó fue descubrir varios biombos grandes y blancos, perfectos para pintar gatos. Encontró un estuche de pinturas, trituró tinta y se puso manos a la obra.

Edición de Lafcadio Hearn

Después de pintar muchos gatos, empezó a tener sueño. Y recordó el consejo del monje: “Evita los lugares grandes de noche”. El templo era enorme. Por primera vez sintió un poco de miedo y decidió dormir en un pequeño mueble con puerta corredera. El sueño se apoderó de él nada más acurrucarse. Ya de madrugada, le despertó un ruido terrible, como de una tremenda pelea. Era tan horrible que ni siquiera se atrevió a mirar por el resquicio de la puerta.

Edición de Frédéric Clément

La lámpara se apagó, el espantoso escándalo siguió durante mucho tiempo. Por fin se restableció el silencio, pero el niño no asomó la nariz hasta que los primeros rayos de sol penetraron en el interior del mueble por una ranura. Todo el suelo estaba cubierto de sangre y en el centro del templo yacía muerto un enorme, un monstruoso duende rata, ¡más grande que una vaca!

Edición de Lafcadio Hearn

Pero ¿quién lo había matado? De pronto le llamó la atención que las bocas de los gatos que había dibujado la noche anterior estaban rojas y húmedas de sangre. Comprendió que sus gatos habían matado al abominable duende y entendió el consejo del anciano monje.

Con el tiempo, el niño se convirtió en un célebre artista. Todavía hoy se enseña a los viajeros algunos de los gatos que dibujó aquella noche.

Edición de Lafcadio Hearn

El texto original de este cuento fue traducido del japonés al inglés por Lafcadio Hearn en 1898. Es el número 23 de la “Serie de cuentos de hadas japoneses”, de Hasegawa Takejirō, que Hearn incluyó en su recopilación con ilustraciones de Suzuki Kason. La historia era conocida desde la región de Tōhoku hasta la de Chugoku y en la isla de Shikoku como “Eneko to nezumi”, y algunos expertos la hacen remontar al siglo XV.

Patrick Lafcadio Hearn, escritor, periodista, traductor, nació el 27 de junio de 1850 en la isla de Lefkada, Grecia, de madre griega y padre irlandés. Debido a una serie de complicados acontecimientos, la familia se trasladó a Dublín, ciudad en la que primero le abandonó su madre, a continuación su padre y finalmente su tía abuela paterna, a la que habían nombrado su tutora.

Obligado a embarcarse para Estados Unidos a los 19 años, consiguió trabajo de reportero en Cincinnati y, posteriormente, en Nueva Orleans, antes de que le mandaran como corresponsal al Caribe francés, donde permaneció dos años. Desde allí, el periódico le envió a Japón, país en el que vivió el resto de su vida.

Se casó con una japonesa y tuvieron cuatro hijos. Se integró en la cultura de su país de adopción y se cambió el nombre por el de Koizumi Yakumo. Gracias a sus traducciones y publicaciones, Occidente pudo empezar a conocer una cultura tan desconocida como fascinante.

Lafcadio Hearn
Edición de Lafcadio Hearn

Es recordado sobre todo por sus recopilaciones de leyendas e historias de fantasmas, como “Kwaidan: Historias y estudios de cosas extrañas”. También se le conoce por haber escrito sobre Nueva Orleans, basándose en los diez años que residió en esta ciudad.


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Gatos, surrealismo y Dora Maar

Gato en ventana (Estudio Kefer-Dora Maar, 1934-35)

“Mi relación con el mundo para el resto de mi vida no depende de que antaño conociera a Picasso”, le dijo Dora Maar al escritor James Lord en una llamada telefónica a finales de 1953, ocho años después de romper el vínculo con el artista. James Lord la había conocido en 1944 y la describió del siguiente modo: “Hermosa, con una nariz recta, labios rojos perfectos, el mentón firme, la mandíbula algo fuerte, un espléndido cabello castaño recogido y unas cejas como las peludas antenas de las polillas”.

Dora Maar con gato (Lee Miller, 1956)

Sin embargo, el tiempo que pasó con el pintor y el egocentrismo de este la marcó para el resto de su vida dejándole una herida que quizá nunca llegó a curarse del todo. Picasso la retrató unas sesenta veces, entre ellas en el famoso cuadro “Dora Maar con gato”, de 1941, en el que está sentada en un sillón con un gato negro en el hombro derecho. No volvió a retratarla con un gato.

Dora Maar con gato (Pablo Picasso, 1941)

Se conocieron en el Café Les Deux Magots a finales de 1935. El fotógrafo Brassaï (al que también le gustaban los gatos, https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/) les presentó. Dora Maar era una conocida fotógrafa con varias exposiciones en su haber que se movía en los círculos intelectuales parisinos, además de apoyar a organizaciones de izquierdas como el “Groupe Octobre” (Grupo Octubre), una compañía de teatro, ser parte de “Contre-Attaque”, el grupo antifascista fundado por Georges Bataille, y haber firmado el manifiesto “Appel à la lutte” (Llamada a la lucha) junto a numerosos intelectuales y artistas.

1937, Antibes, foto de Man Ray

No cabe duda de que el espíritu independiente y la inteligencia, además de la belleza, de Dora Maar atrajeron a Picasso. Pero este, en los ocho años que duró su relación, no se divorció de Olga, su primera mujer, ni tampoco dejó del todo a su anterior amante, la joven Marie-Thérèse Walter, con la que había tenido una hija, Maya, nacida en 1935. En 1937 Dora pintó a Marie-Thérèse de frente y a sí misma de espaldas. A pesar del título del cuadro, “La conversación”, no parece que las dos mujeres estén charlando.

La conversación (Dora Maar, 1937)

Picasso tiene fama de haber amado a los gatos y se sabe que tuvo alguno, pero tampoco representó a tantos gatos en sus cuadros. Dos o tres muy al principio, dos versiones de “Gato devorando a pájaro” en 1939 y ya en los años 60, “Gato con langosta”. En esa década también hizo varios retratos de Jacqueline, su última esposa, con un gato.

Dora Maar hizo toda una serie de fotos de gatos en 1935 de las que solo se conservan algunos negativos (probablemente retocados por ella en los años 80) en el Centro Pompidou. Incluimos tres describiendo a un gato aparentemente joven compartiendo su casa. Está en la alcoba, la cocina… Deducimos que tenía el pelo largo.

(Dora Maar, 1935)

El nombre completo de la fotógrafa y pintora era Henriette Theodora Markovitch. Nació el 22 de noviembre de 1907, hija de un arquitecto croata casado con una francesa. La familia se trasladó a Buenos Aires en 1910 y allí permanecieron hasta 1926. En París estudió pintura antes de matricularse en la Escuela Técnica de Fotografía y Cinematografía, donde conoció a Henri Cartier-Bresson, que sería su amigo de por vida.

(Dora Maar, 1935)

Más o menos en 1931 abrió un estudio con el decorador de cine Pierre Kéfer, especializándose en retratos, fotos de moda y publicidad. El primer cliente de importancia del estudio fue la revista “Heim”, del modisto Jacques Heim. Las fotos que realizó entre 1930 y 35 reflejan los cambios del medio gracias, sobre todo, a las innovaciones en las cámaras. Sin embargo, prefería la Rolleiflex a la nueva, más pequeña y más manejable Leica.

Niña con gato (Dora Maar, 1920)

El estudio tuvo éxito, pero Dora Maar no dejó de fotografiar lo que veía en la calle, como en “Joven con gato”, tomada en Londres en 1934, aunque siempre le atrajo más la vertiente artística de la imagen que el documento social. En 1935 se hizo famosa con sus montajes fotográficos surrealistas. En mayo y junio de 1937 realizó una serie de fotografías únicas documentando el progreso del “Guernica”.

Joven con gato (Dora Maar, 1934)

En esa época, Picasso la animó a dejar la fotografía por la pintura. Quizá lo habría hecho sin que el pintor interfiriera, pero él consideraba la fotografía “un arte menor”. Tardó décadas en volver a usar una cámara. En 1943, Picasso rompió con ella, y Dora Maar sufrió un colapso nervioso y una fuerte depresión.

(Dora Maar, 1935)
Dora Maar fotografiada por Brassaï

Fue tratada por el famoso psiquiatra Jacques Lacan, que la sometió primero a electrochoques (aunque estaba prohibido) y, posteriormente, la enfocó hacia el catolicismo usando, según él, “la religión como puente hacia la cordura”. Vivió el resto de su vida entre su piso de París, en la calle de Savoie, y la casa que le había regalado Picasso en el Lubéron, una región montañosa cercana a Aviñón.

Yesos, atelier des Grands Augustins (Dora Maar, 1941)
Leonor Fini con gato (Dora Maar, 1936)

Sus obras siguieron exponiéndose periódicamente y veía a algunos buenos amigos, como la artista surrealista Leonor Fini, a la que fotografió en numerosas ocasiones, y a Balthus. Regresó a la fotografía en los ochenta experimentando con viejos negativos y formas geométricas. De vez en cuando vendía uno de los cuadros que le había regalado Picasso para seguir viviendo tranquilamente. Falleció el 16 de julio de 1997 a los 89 años. No se descubrieron sus experimentos con fotogramas y fotografía en el cuarto oscuro hasta después de su muerte.

Leonor Fini con gato (Dora Maar, 1936)

Acabaremos con una nota más ligera: Iliazd, de verdadero nombre Ilia Zdanevich, artista, escritor y editor, amigo de Dora Maar, adoraba a los gatos. El gran problema era qué hacer cuando sus gatas tenían gatitos. En 1956 se le ocurrió imprimir un pequeño texto con un dibujo de Dora Maar anunciando a todos el nacimiento de gatitos. El texto es el siguiente: “Chalva e Iliazd tienen el honor de comunicarles el nacimiento, el 14 de septiembre en Trigance (Var), de cinco gatitos de raza doméstica en buena salud, que ya han llegado a París con la esperanza de que ustedes podrán cumplir sus deseos y adoptar a uno de ellos. París, 24 de octubre de 1956”.

Dibujo de Dora Maar


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El gato serval

Patas largas, cuerpo delgado, pelaje moteado, orejas grandes y cabeza pequeña para su tamaño, así es el serval (Leptailurus serval), la única especie del género Leptailurus. Según su ADN comparte antepasado común con el león, y otros estudios  indican que se encuentra próximo al caracal (https://gatosyrespeto.org/2020/02/27/el-gato-caracal/). Fue descrito en 1776 por el naturalista alemán Johann Christian Daniel von Schreber.

Grabado de 1892
Grabado de William Goodall

Mide entre 85 y 112 cm de largo, incluido un rabo de entre 30 y 50 cm. Las hembras suelen pesar de 9 a 16 kilos y los machos de 12 a 26 kilos. Las orejas, muy desarrolladas, y el cuello largo le permiten oír y ver por encima de la alta hierba de la sabana. La gran mayoría ostenta puntos o manchas por todo el cuerpo, aunque algunos solo tienen unas pocas marcas encima de los ojos y anillas en la cola. Son animales longevos que alcanzan los 20 años.

Hay servales totalmente negros debido al melanismo (https://gatosyrespeto.org/2019/03/21/los-gatos-negros-y-el-melanismo/), pero no abundan. Y menos aún los servales blanquecinos, que padecen de leucitismo causado por el gen mutante chinchilla, un inhibidor del depósito de pigmentos. Esto es más común en leones, pero en servales solo se conocen cuatro casos en cautividad en Norteamérica.

Serval negro
Serval blanco
Servales negros en las llanuras de Namiri

Es un carnívoro que se alimenta de roedores, pájaros, insectos, ranas y lagartijas. No suele atacar a presas de un tamaño superior a los 200 gramos. Es el felino con las patas más largas con relación al cuerpo y llega a correr a 80 kilómetros por hora. Puede permanecer hasta 15 minutos perfectamente inmóvil, con los ojos cerrados, escuchando a los roedores moverse debajo de tierra.

Es un cazador eficaz con un éxito del 50% en sus intentos, comparado al uno de diez de la mayoría de felinos. Realiza saltos hasta de cuatro metros de largo y de más tres metros de alto. Si la presa es grande se come la carne y los huesecillos, dejando la pluma o la piel, los intestinos, las patas o el pico.

Foto de Ole Jorgen Liodden

El periodo de gestación oscila entre 8 y 10 semanas, y la hembra tiene camadas de dos a cuatro crías una o dos veces al año. El gato serval, bastante común en África, vive principalmente en sabanas húmedas. Necesita agua y no se le encuentra en zonas desérticas o estepas áridas. Sabe escalar y nadar, aunque prefiere evitarlo.

Foto de Willem Kruger

Su gran depredador es el hombre. Fueron cazados sin piedad por su piel y siguen siendo abatidos en zonas con granjas, aunque ataquen a las aves domésticas en contadísimas ocasiones. Han desaparecido completamente de la provincia del Cabo, en Sudáfrica, pero parece que algunos ejemplares aún subsisten en Marruecos, donde se le daba por extinguido.

Un caso curioso es el de la planta petroquímica Secunda Synfuels Operations, a 140 km al este de Johannesburgo, con una superficie vallada de 85 km cuadrados. La densidad de población de servales es la mayor de todas las zonas estudiadas. Puede haber tres razones que lo expliquen. Primera, que la planta está rodeada de marismas, hogar de numerosos roedores, la presa favorita del gato. Segunda, la valla que cierra toda la zona impide que entren otros carnívoros, anulando la competencia. Y tercera, no les caza el hombre.

Los servales, al igual que los guepardos, no rehúyen al ser humano y son fáciles de domesticar. No todos los felinos ronronean, pero el serval sí. Maúlla, gruñe y escupe como cualquier gato que se precie. Comparte más aspectos de su comportamiento con el gato doméstico y, además, no es muy grande. En otras palabras, el animal perfecto para los amantes del exotismo.

Desgraciadamente, estas personas no se dan cuenta de que el serval es un animal salvaje que puede adaptarse momentáneamente al ser humano – porque no le queda más remedio –, pero que necesita mucho espacio, también necesita cazar y no está hecho para complacer a un dueño egoísta al que solo le interesa tener a un “gato” diferente.

La escritora francesa Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) cuenta cómo le regalaron a Bâ-Tou y se la llevó a casa. Le dijeron que era una onza y que venía de Chad, pero por la descripción que hace Colette: “Era del tamaño de un spaniel, patas largas y musculosas…” y la foto, lo más probable es que fuera una serval hembra. Tenía veinte meses entonces. Aceptó dormir en una cesta, supo usar la bandeja con serrín, incluso se asomaba a la bañera cuando la escritora estaba en su interior.

Pero una mañana, Bâ-Tou apretó demasiado el brazo de Colette y esta la empujó. La gata serval dejó escapar un maullido terrible y se lanzó de nuevo contra la escritora, que pudo agarrarla por el collar. Pero “Bâ-Tou optó, en el momento crucial, por la paz, la amistad, la lealtad, y se acostó, lamiéndose la nariz”.

Colette, Edmond Jaloux y Amar Aîné (dueño del circo Amar) con un guepardo

Con el tiempo, Colette se dio cuenta de cómo miraba a los otros gatos que entraban en el jardín, o al perrito que un día tuvo en su regazo. Acaba el capítulo dedicado a Bâ-Tou del libro “Les chats de Colette” (Ediciones Albin Michel) diciendo: “El cielo romano te protege ahora y un foso, demasiado ancho para tu impulso, te separa de aquellos que van al jardín zoológico a burlarse de los felinos; espero que me hayas olvidado a mí que, a sabiendas de que eras inocente, acepté que se hiciera de ti un animal en cautividad”.

Como Bâ-Tou, la inmensa mayoría de felinos salvajes “adoptados” para el placer y diversión de algunos ignorantes acaban en refugios. Con un poco de suerte, contarán con algo de espacio, pero muchos vivirán el resto de su vida en una jaula porque tuvieron la mala suerte de ser escogidos para satisfacer a seres caprichosos.

Y no hablemos de los cruces entre felinos salvajes de pequeño tamaño y gatos domésticos, algo que debería estar totalmente prohibido. El gato Savannah es el ejemplo perfecto, resultado de un cruce entre una siamesa hembra y un serval macho. Desde nuestro punto de vista, una auténtica aberración.

Tres gatos Savannah


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Gatos, Paul Gauguin y la Polinesia

(1884)

Paul Gauguin no hizo muchos cuadros que incluían gatos. El primero, titulado “Gatito”, fue pintado en 1884, durante su estancia en Rouen, ciudad en la que pasó diez meses con su familia. ¿Vivía ese gatito en casa con ellos? Es muy posible que tuvieran una gata y que diera a luz.

Gatito (1888)
Gatito comiendo (1888)

No volvemos a encontrar más cuadros con gatos hasta cuatro años después, en 1888, cuando está instalado en Bretaña, concretamente en Pont-Aven, sin su familia. En estas dos obras, el gatito es negro y parece ser el mismo. Siguiendo con nuestras conjeturas, podría tratarse de un gato que vivía en la posada de Marie-Angélique Satre, a la que inmortalizó en el cuadro “La bella Ángela”.

Autorretrato (1889)

Pero dejémonos de imaginaciones y volvamos a lo que sí sabemos. Paul Gauguin nació en París el 7 de junio de 1848, hijo de Clovis Gauguin, periodista republicano, y de Aline Chazal, hija de Flora Tristán, escritora, pensadora, militante socialista y feminista. Huyendo de las persecuciones de Napoleón III, se trasladaron a Perú, país en el que tenían parientes cercanos por parte de Aline. Su padre falleció en 1951 durante la travesía y Paul vivió en Lima hasta los siete años, cuidado por niñeras y criados.

Estudio de gatos y cabeza

Después de graduarse en el instituto, se alistó en la Marina. Fue nombrado teniente y luchó en la guerra franco-prusiana de 1870 participando en la captura de seis barcos alemanes. Al cabo de un año dejó la Marina y trabajó como corredor de Bolsa de gran éxito durante once años. Llevaba una vida burguesa con su esposa danesa, Mette-Sophie Gad y sus cinco hijos. En 1874 conoció al pintor Camille Pissarro, descubrió a los impresionistas y empezó a pintar. Expuso por primera vez con estos en 1879.

Mimi y su gato (1890)

Tres años después, con la caída de la Bolsa francesa, abandonó su profesión y se trasladó a Rouen, la capital de Normandía, donde ya estaba su mentor Camille Pissarro. Dedicado en cuerpo y alma a la pintura, realizó unos cuarenta cuadros en solo diez meses, pero no ganaba lo suficiente para alimentar a sus hijos. Decidieron mudarse a Copenhague con la familia de Mette, y allí vendía lona alquitranada sin mucha convicción.

Estudio de gatos

Regresó a París en 1885, dejando a su mujer e hijos en Dinamarca. En 1887 se fue a Panamá con el pintor Charles Laval para trabajar en las obras del Canal. Debido a las durísimas condiciones laborales, se marcharon en cuanto reunieron bastante dinero y se detuvieron en Martinica. En esa isla, que le dejó un recuerdo imborrable, permanecieron siete meses.

Natividad (1896)

De vuelta en París, y ya con cuarenta años de edad se unió a un grupo de pintores más jóvenes conocidos como la Escuela de Pont-Aven. Entonces realizó “La lucha de Jacob con el ángel”, obra admirada por Pablo Picasso, Henri Matisse y Edvard Munch. En el verano de 1888 cruzó Francia para reunirse con Vincent Van Gogh, que le había invitado a Arlés. Entre otras obras pintó “Café de noche en Arlés”, con un gato blanco y negro sentado al lado de la mesa de billar.

Café de noche en Arlés (1888)

La relación entre los dos pintores acabó mal después de que Gauguin hiciera el retrato “Van Gogh pintando girasoles”, que le hará decir a este último: “Soy yo, pero estoy loco”. Todo terminó con el famoso episodio de la oreja cortada el 23 de diciembre de 1988.

Van Gogh pintando girasoles

En 1891, sin dinero, vivió algún tiempo en París. Después de vender varios cuadros gracias a un artículo entusiasta del crítico de arte Octave Mirbeau, zarpó para la Polinesia y optó por quedarse en Tahití con la esperanza de huir de la civilización occidental, sus artificios y convencionalismos.

Estudio con gato

Allí conoció a Teha’amana, también llamada Tehura, de 13 años. Al principio fue su modelo, pero el pintor, que tenía entonces 43 años, la convirtió en su “vahiné”. Pintó unos setenta lienzos en pocos meses, pero la dicha no duró. Pidió que se le repatriara en 1893.

Mujer con gato

De nuevo en París, Paul Gauguin conoció al famoso marchante Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) e intentó venderle algunos de sus cuadros tahitianos, pero Vollard no estaba entusiasmado. Durante una breve estancia en Bretaña, le rompieron una tibia durante una pelea, quedando cojo para el resto de su vida.

Pareja sentada con gato (1897)

Desesperado por regresar a Tahiti, se vio obligado a ceder a muy buen precio cerámicas y obras de la época de Pont-Aven, así como unos lienzos de Van Gogh a Ambroise Vollard, algo que nunca le perdonó. El 3 de julio de 1895 volvió a embarcarse para la Polinesia. Vivió unos años felices con Pau’ura, su nueva “vahiné”, de 14 años.

Estudio de gatos

Puede que la muerte de Aline, su hija favorita, en 1897, le empujara a pintar el cuadro “¿De dónde venimos, qué somos, adónde vamos?”, de cuatro metros de largo y que debe mirarse de derecha a izquierda. Casi en el centro de este cuadro muy simbólico se encuentran dos gatos blancos al lado de una niña comiendo una fruta.

De dónde venimos, qué somos, adónde vamos (1897-98)
Detallle

A pesar de sus reticencias, el pintor acabó firmando un contrato con Vollard, que le mandaba 300 francos al mes, además de lienzos y pinturas, a cambio de veinticinco cuadros anuales, la mayoría de ellos naturalezas muertas. Este acuerdo permitió a Gauguin vivir sin demasiadas preocupaciones a partir de 1898.

Naturaleza muerta con gato (1899)

Sus problemas de salud se agravaron – la herida en la pierna nunca se curó del todo, contrajo sífilis – y empezó a usar morfina, láudano y arsénico para aliviar los dolores. Después de un intento de suicidio, se mudó a las Marquesas. Llegó a las islas el 16 de septiembre de 1901, se instaló en Atuona y, al principio, creyó haber encontrado el paraíso terrenal.

Mujeres, niños y gato (1897)

Pero no tardó en cambiar de opinión al descubrir los abusos de la administración colonial. Intentó luchar para aliviar la situación de los indígenas y los incitó a dejar de pagar impuestos. Su condición física no le impidió tener una nueva “vahiné”, Marie-Rose Vaeoho, de 13 años, a la que dejó embarazada.

Flores y gatos (1899)

Muy debilitado por su herida, ahora convertida en un dolorosísimo eccema purulento, carcomido por la sífilis, murió el 8 de mayo de 1903 en una cabaña miserable. Reposa en el cementerio de Atuona, el mismo en el que setenta y cinco años después sería enterrado Jacques Brel unos metros más allá.

Tumba de Jacques Brel
Tumba de Gauguin
Jacques Brel en 1959

Los cuadros de Paul Gauguin demuestran que los gatos (y los perros) formaban parte de la vida de los polinesios, al menos en Tahití y la isla de Hiva-Oa. El gato está cerca de los seres humanos, forma parte del hogar. Es curioso, pero todos los gatos incluidos en los lienzos son blancos, excepto en “Madre con niños y gato”, pintado en 1901 ya en Atuona.

Madre con niños y gato (1901)

El arqueólogo y explorador Thor Heyerdahl, en el libro “Fatu-Hiva – De vuelta a la naturaleza”, describe su estancia de quince meses en Fatu Hiva, isla de las Marquesas, entre 1937 y 38, y hablando de los gatos, dice: “En Fatu-Hiva, a los gatos se les llama ‘poto’. El hecho de que estos animales parezcan tener un alto grado de inteligencia probablemente hizo que los nativos llamaran a los recién llegados ‘poto’, cuyo significado real en polinesio es ‘listo’”

Paul Gauguin tocando el armonio (París, 1895)


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Gatos de todos los colores, por la pintora Joan Brown

A mediados de los años setenta del siglo pasado, la pintora Joan Brown fue una de las mujeres que demandaron al Club de Remos de South End y al Club Dolphin, ambos en San Francisco, que prohibían la entrada a toda persona del sexo femenino. Y ganaron. Más tarde, ya en los ochenta, también apeló y ganó al temible IRS (Hacienda Pública estadounidense) el litigio para desgravar los gastos de su gato Donald.

Joan Brown con Donald en los años ochenta
Armonía (1982)

Nacida el 13 de febrero de 1938 en San Francisco, Joan Brown vivió y trabajó en esta ciudad casi toda su vida. Decidió estudiar en la Escuela de Bellas Artes de California casi por casualidad y allí conoció a artistas como William T. Wiley y Manuel Neri, con el que se casó y tuvo a su hijo Noel.

Joan, Noel, perro y gato (Navidad 1970)
El gato adolescente Donald (1983)

Entre los profesores, su mayor influencia fue Elmer Bischoff, que la inspiró para pintar lo que veía; algunos de sus mejores cuadros son retratos de amigos, de sí misma, de su familia – en este último apartado incluimos a sus tres gatos y numerosos perros – y de otros animales. En 1959 realizó una serie de dibujos con ratas debido a un sueño en el que veía una espléndida rata cerca del fregadero. Cuando fue a acariciar la larga y peluda cola (más parecida a la de un gato que a la de una rata), descubrió que debajo había garras afiladas.

Donald y rata sin nombre (1982)
Gato gris con madroño y abedules (1968)

El cuadro “La novia” está fechado en 1969. La novia gata lleva a una rata enorme con correa y muchos peces de diferentes colores flotan en el cielo. Joan Brown confiaba implícitamente en su subconsciente y se identificaba con los gatos, quizá porque su signo en el zodíaco chino era el tigre. “Creo que los gatos son mi alter ego”, dijo en 1985. “Uso el gato a menudo en mi trabajo. El gato es un ser andrógino, no es ni masculino, ni femenino, sino ambos a la vez”.

La novia (1969)
Año del tigre (1983

Entre todos los animales que pintó, los gatos y perros ocuparon un lugar especial. Por sus retratos sabemos que tuvo al menos tres gatos, empezando con la gata Leelah, a la que vemos en el autorretrato de Joan con un enorme pez en brazos fechado en 1970. Leelah vuelve a estar en otro autorretrato, esta vez con su hijo Noel y un perro con pinta de San Bernardo, también del mismo año.

Autorretrato con pez y la gata Leelah (1970)
La enfermera cósmica (1978)

Luego llegaron Donald y Toby. Según las fechas de los cuadros debieron vivir juntos durante varios años, y también con un sinfín de perros.

Autorretrato con Donald (1982)
En su estudio con el retrato del gato Toby (1980)
El gato Toby (1981)

Joan Brown se casó cuatro veces, primero con Bill Brown, un compañero de estudios, en 1956. El matrimonio fue anulado a los seis años y volvió a casarse con el escultor Manuel Neri, con el que recorrió Europa. Se divorciaron en 1966. Dos años después conoció a Gordon Cook. Aunque ambos eran muy diferentes, se inspiraban mutuamente. En 1980 se caso por cuarta vez con Mike Hebel.

Mujer con máscara (1972)

A partir de esta época, en la década de los ochenta, incluyó regularmente a sus gatos en los cuadros. La obra demuestra una mayor introspección, centrándose más en la metáfora, quizá debido a la reciente muerte de sus progenitores, como puede verse en el lienzo que dedica a su padre, un sargento del ejército estadounidense.

A la memoria de mi padre, J.W. Beatty (1970)
Modelo con gatos (1972)

Además de pintar, le encantaba bailar y nadar. Como buena nativa de San Francisco, no dudaba en zambullirse en las heladas aguas de la Bahía. En 1972 empezó a entrenar con el famoso nadador Charlie Sava, que acabó siendo su amigo hasta el día de su muerte.

Autorretrato con Charlie Sava (1974)
Donald (1983)

En 1975 compitió por primera vez en la carrera desde la isla de Alcatraz hasta la costa de San Francisco. Un buque de carga pasó cerca de los nadadores, creando una ola que desorientó a varios de ellos. Joan fue rescatada una hora después, con alucinaciones e hipotermia. Pero eso no le impidió volver a probar suerte al año siguiente y conseguirlo.

La vidente (1980)
Donald (1986)

Expuso por primera vez en solitario en la galería Spasta de San Francisco en 1958, a los 20 años, y en 1960 en la galería Staempli de Nueva York. La crítica no tardó en incluirla entre los pintores figurativos de la Bahía de segunda generación y su obra formó parte de la serie de exposiciones “Young America” en el Museo Whitney de Arte Americano en 1960 y en el Carnegie en 1964, además de la famosa “Funk” del Museo de Arte de Berkeley en 1974.

Obelisco con gato negro (1981)
Donald

Dio clases de dibujo y pintura entre 1961 y 1966 en la Escuela de Bellas Artes de California, así como en la Academy of Art College de San Francisco entre 1971 y 1973, y ese último año también en el Mills College de Oakland. Fue nombrada profesora asistente numeraria de la Universidad de California en Berkeley.

Retrato de familia (1981)

En 1977 obtuvo una beca Guggenheim que le permitió visitar Egipto por primera vez. Durante los años siguientes viajó a China, India y Latinoamérica, entrando en contacto con otras culturas y creencias. Siempre le interesaron las filosofías basadas en un concepto masculino-femenino, como el yin y yang chino. El 6 de agosto de 1985, en una conferencia en San Diego, dijo que “todas las culturas antiguas usaron la dualidad, el principio masculino-femenino, para llegar a un total, y este principio es innato al ser humano”.

Autorretrato en Egipto
Mujer con gatos

En 1980, Joan Brown conoció al líder espiritual indio Sai Sathya Baba y comenzó a seguir sus enseñanzas, coincidiendo con una serie de críticas a su obra, debido a bruscos cambios de estilo, que no le sentaron nada bien. Se centró en monumentos instalados en lugares públicos, sobre todo obeliscos, porque según sus propias palabras: “No me gusta el elitismo que veo en el mundo del arte últimamente. Estoy a favor de devolver el arte al pueblo”.

Obelisco en la plaza Horton, San Diego (1985)

Su hijo Noel Neri, escultor conceptual radicado en Filadelfia, dice, hablando de su madre: “Joan no fue una artista genial, pero sí una muy buena pintora. Se ofreció a sí misma a través de sus obras. Hay mucho de ella en sus cuadros, era una persona generosa y abierta”.

Modelo con gatos (1974)

Noel acompañó a su madre a Puttaparti, India, en 1990, para ayudarla a instalar el obelisco que había diseñado para la entrada del ashram de su guía espiritual. La obra se retrasó y Noel regresó a Estados Unidos. El 26 de octubre, una pequeña torre del piso superior del obelisco se cayó mientras trabajaba en el mosaico en compañía de Bonnie Lynn Mainric (43 años), de San Francisco, y de Michael Oliver (25 años), de Santa Cruz. Los tres fallecieron.

Preguntas y respuestas

Tenía 52 años, seguía casada con Mike Hebel y creía en la reencarnación.

Solsticio de verano (1982)


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Un gato llamado Murr y E.T.A. Hoffmann

El gato Murr

El libro se titula en realidad “Opiniones del gato Murr”, y es la segunda y última novela de su autor, E.T.A. Hoffmann, nacido el 24 de enero de 1776 en Königsberg, Prusia. Ha sido traducido a un sinfín de idiomas y, sinceramente, si no lo han hecho, merece la pena leerlo. Es divertido, irónico, entrañable, inquietante y mucho más.

Edición alemana reciente
Edición alemana 1855

El gato Murr es autodidacta, lee y escribe sin la menor dificultad. No vayan a creer que se inclina por historietas o novelitas, no, para nada, Murr dedica su tiempo a la Filosofía. En la introducción a la autobiografía del gato Murr, el supuesto editor dice que este libro, más que cualquier otro, necesita un prólogo, dada la extraña forma en que está compuesto. Quizá sea mejor resumir brevemente esta introducción.

Edición inglesa
Edición francesa

Dicho editor tenía un amigo muy querido que le rogó encarecidamente que se hiciera cargo del manuscrito de un joven autor. Prometió encontrar un impresor y quedó bastante sorprendido al descubrir que el manuscrito contenía la vida y las opiniones de un gato escritas por él mismo. Pero había dado su palabra, y ya que el estilo de las primeras páginas le pareció brillante, se lo entregó a un impresor.

Edición española
Edición italiana

Cuando le llegaron las pruebas de imprenta, vio con horror que algunos fragmentos de otra biografía se entremezclaban con los trepidantes hechos de la vida de Murr, concretamente la del maestro de capilla Johannes Kreisler. Le costó algún tiempo elucidar el misterio, pero lo consiguió.

Edición lituana
Edición turca

Cuando Murr empezó a escribir sus opiniones, encontró otro libro en el estudio de su amo y procedió a arrancar las páginas y a colocarlas como papel secante entre las suyas. Estas páginas no se entresacaron del manuscrito y fueron impresas como si formaran parte de la biografía.

Edición Zúrich, 1914
Edición finlandesa

El editor reconoce humildemente que él tuvo la culpa, pero se consuela enseguida. El lector evitará fácilmente cualquier confusión, ya que cuando se pasa a los hechos de Kreisler se indica con las letras P.d.D. (papel de deshecho) y cuando se vuelve al gato Murr, con M. cont (Murr continúa). Y añade que los amigos del maestro de capilla se alegrarán de conocer las extrañas circunstancias de su vida.

Pero hablemos un poco del hombre que decidió escribir una autobiografía felina. E.T.A. Hoffmann fue jurista, pintor, músico y escritor. La “A” de su tercera inicial corresponde a Amadeus, nombre que adoptó a los veintiocho años debido a su admiración por Mozart. No tuvo una infancia muy feliz. Sus padres se divorciaron cuando era aún muy joven y su madre, propensa a la depresión, regresó con su familia.

E.T.A. Hoffmann, autorretrato

Creció en una casa con su abuela materna, tres tías y un tío tan malhumorado como estricto. Pero la vida musical en la ciudad de Königsberg era muy activa y la familia celebraba veladas musicales con regularidad. A los 16 años ingresó en la Universidad para estudiar derecho, muy a pesar suyo, pero acabó gustándole y se convirtió en un buen abogado.

El gato Murr, por Diana Ringo
El gato Murr, por Josef Hegenbarth

Durante el tiempo de prueba en el tribunal de Königsberg, Hoffmannn daba clases de piano y se enamoró perdidamente de una de sus alumnas, que no había cumplido los treinta años, pero estaba casada con un hombre de sesenta. A pesar de la oposición del marido, la relación duró hasta 1798, aunque de modo epistolar en los últimos años.

El gato Murr, por Carl Spitzweg

Un año después dio al traste con su nuevo puesto de “asesor del gobernador” de Posen al realizar caricaturas de varios notables de la ciudad y distribuirlas durante los carnavales de 1802. Exiliado a Plock hasta 1804, se casó con Michaelina Rorer, hija de un secretario de juzgado polaco.

El gato Murr, por Harald Metzkes

Destinado a Varsovia, rehusó jurar lealtad a Napoleón en diciembre de 1806 y perdió el trabajo. Su esposa regresó a Posen con Cecilia, la hija de ambos, nacida en 1805 y fallecida en 1807, y Hoffmann se fue a Berlín y poco después consiguió el puesto de director en el teatro de Bamberg. Fueron años muy difíciles, y cuando Joseph Seconda le ofreció ser director musical de su compañía operística, los Hoffmann se trasladaron a Dresden en 1813.

Maximilian Liebenwein (Edición de 1923)
Maximilian Liebenwein

No tardó en discutir con Seconda y el matrimonio partió hacia Berlín en 1814. Allí consiguió trabajo en el tribunal de la Corte. Su ópera “Undine” se estrenó con mucho éxito, pero el teatro ardió después de veinticinco representaciones. A partir de 1819, Hoffmann se vio envuelto en varios litigios debido a sus opiniones liberales y a sus caricaturas. Falleció de sífilis el 25 de junio de 1822, en Berlín, a los 46 años.

Volvamos al gato Murr. En la edición original alemana hay un dibujo del gato Murr, obra de Hoffmann, en la portada (reproducido en la edición inglesa de 1999). En mayo de 1820, Hoffmann escribió a su amigo el Dr. Friedrich Speyer: “Un gato auténtico al que había criado, un gato macho de gran belleza (su semblanza está bastante bien reproducida en la portada) y de aún mayor inteligencia, me dio pie para la divertida broma que se abre camino entre una obra muy seria”.

El gato Murr visto por E.T.A. Hoffmann (Primera edición)

El verdadero Murr murió, tal como cuenta Hoffmann a sus lectores al final del segundo volumen, a finales de noviembre de 1821. El escritor mandó una necrológica a sus amigos, como si se tratara de un ser humano: “En la noche del 29 al 30 de noviembre, después de una breve aunque grave enfermedad, mi amado protegido, el gato Murr, dejó esta vida por un mundo mejor, falleciendo el cuarto año de una prometedora carrera. Los que han conocido al joven desaparecido, que le vieron seguir el camino de la virtud y de la justicia, entenderán mi dolor y lo honrarán con su silencio”.

La muerte del gato Murr
Michael Gavrichkovym

Se sabe que la novela fue escrita entre 1819 y 1821. Murr debió de ser un gato muy querido que acompañaba al escritor en su estudio y al que observaba mientras dormía entre papeles y libros. Las convenciones sociales y literarias son víctimas de la pluma de Hoffmann. Murr, un gato bastante pedante, nunca deja de ironizar acerca de los ideales de la época.

E.T.A. Hoffmann y Murr en Bamberg

E.T.A. Hoffmann no tuvo una vida fácil; tendía a expresar sus opiniones en unos años muy antiliberales, a burlarse de políticos y nobles, y de vez en cuando, a enamorarse de quien no debía.

Michael Gavrichkovym (Edición rusa de 2018)
Michael Gavrichkovym