Gatos y Respeto

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Gatos y Beryl Cook

La artista Beryl Cook alcanzó una enorme popularidad en el Reino Unido, pero nunca fue muy aceptada en la comunidad artística. Era una persona bastante reservada que no llevaba muy bien el reconocimiento y tenía poco que ver con los extravagantes y extrovertidos personajes que pueblan sus obras.

“Alimentando tortugas con gato siamés”

Tenemos la impresión de que algunos de los cuadros reproducidos aquí son retratos de su marido e incluso de ella misma en casa, en el jardín, y de los gatos con los que convivieron. Si comparamos a la mujer de “Alimentando tortugas con gato siamés” con la foto de Beryl Cook, el parecido salta a la vista, aunque el gato no sea igual.

Beryl Cook con gato

“Autorretrato”

Lo mismo pasa con “Amantes del sofá”. Volvemos a ver al gato siamés y a otro pelirrojo que aparece tumbado debajo de un arbusto en otro cuadro titulado “Cedric, 1978”. También realizó una pequeña placa con su imagen. Está claro que Cedric era uno de los gatos de la familia.

“Amantes del sofá”

“Cedric, 1978”

Otro gato de la familia debió ser Félix, que se aleja andando con el rabo muy tieso, y en otro cuadro ataca a la pobre Lottie, mordiéndole la oreja.

Realizó un retrato del personaje Rab C Nesbitt, de la serie cómica del mismo nombre, entrando en el 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico. El cuadro se vendió por 8.000 libras en 2013. Lo mencionamos aquí porque existen dos fotos del cuadro delante de una puerta casi idéntica a la famosa casa con un gato haciéndose las uñas en el felpudo.

Dicho gato tiene un fuerte parecido al también famosísimo Larry, gato que vive en la famosa residencia oficial, pero no es más que eso, un parecido. Por cierto, acabamos de enterarnos de que Larry ya dispone de una gatera que le permite entrar y salir cuando le apetece, sin esperar a que el policía de guardia le abra la puerta. Progresamos.

Larry

Beryl Cook nació en el condado de Surrey el 10 septiembre de 1926 en una familia de cuatro hermanas. Sus padres se divorciaron y las niñas vivieron con la madre. Abandonó los estudios a los catorce años y trabajó en sectores muy diversos, pero ninguno relacionado con la pintura. Participó en una gira de la opereta “La princesa gitana” y fue modelo. En 1946 se casó con John Cook, un amigo de la infancia y marino mercante. Su hijo John nació en 1950, y al año siguiente la familia se trasladó a la entonces llamada Rodesia del Sur, actual Zimbabue, país en el que residieron hasta 1963.

“Dando de comer a los gatos”

“Gatos motorizados”

En esa época empezó realmente a dedicarse a la pintura. Al instalarse en Plymouth un par de años después, regentaron una pensión para artistas. Estaba muy ocupada durante los meses de verano, pero en invierno tenía tiempo de sobra para pintar. Beryl Cook colgó sus cuadros en las paredes de la pensión y así fue como la “descubrieron”. Un anticuario amigo de la familia la convenció para que le dejara llevar unos cuantos a su tienda y la pintora quedó muy sorprendida cuando se vendieron casi inmediatamente.

“Dos gatos persas”

“Gato y jardinero”

Cuando Beryl estaba a punto de cumplir cincuenta años, en 1975, Bernard Samuels, del Centro de Arte de Plymouth, la convenció para organizarle una exposición, que tuvo un tremendo éxito. Apareció en la portada del Sunday Times Magazine (el suplemento semanal del periódico), a lo que siguió una llamada de la Galería Portal de Londres, donde expuso los siguientes treinta y dos años.

“En el veterinario”

Desde el primer momento, sus obras fueron acogidas con entusiasmo por los británicos y no tardó en hacerse famosa. Sus cuadros fueron reproducidos en calendarios, tarjetas de felicitaciones de todo tipo e incluso objetos. Son obras luminosas, con un gran sentido del humor, sin pretensiones, que plasman momentos de la vida diaria. Hombres y mujeres pasándolo bien en un pub, chicas de compras, una familia en una comida campestre…

“Entrega matutina”

“Gato feliz”

Pero Beryl Cook no solo retrató a sus compatriotas. Le gustaba viajar y aprovechó sus visitas a Nueva York, Buenos Aires, Cuba, París o Barcelona para tomar discretos apuntes para posteriores trabajos. Puede tachársela de “observadora social”, y su memoria fotográfica siempre la ayudó a reproducir lo que captaban sus ojos. A pesar de empezar a pintar tarde, realizó más de 500 cuadros.

“Percy ante la nevera”

Detalle

En una entrevista para un documental rodado en 1979 dijo admirar las obras de dos artistas británicos, Stanley Spencer y Edward Burra. Sin embargo, pensamos que no le influyeron demasiado. El estilo de ambos no se corresponde con el luminoso humor de Beryl Cook. Basta con ver a las dos amigas de “En el pub”. Una se pinta los labios mientras la otra bebe un trago de cerveza frente a un plato de “fish and chips” y las dos llevan unos maravillosos sombreros. Sus cuadros hacen sonreír.

“En el pub”

No pintó muchos gatos, se dedicó sobre todo a los seres humanos, quizá porque no es tan fácil reírse de los animales como de nosotros mismos. Uno de nuestros favoritos es “Cuatro gatos hambrientos”. La mirada de los gatos está fija en la langosta que dos humanos (solo vemos sus manos y antebrazos) están a punto de repartirse. Esperemos que los cuatro felinos también pudieran participar en el festín.

“Cuatro gatos hambrientos”, 1977

En 1995 fue nombrada miembro de la Orden del Imperio Británico; en 2005, Channel 4 presentó un cortometraje en torno a sus obras y en 2006 se habló de ella en “Art School” así como en “The Culture Show”, dos programas producidos por la BBC. Se publicaron numerosos libros de sus obras y fue galardonada en muchas ocasiones. Falleció el 28 de mayo de 2008 en su casa de Plymouth.

“Por la mañana”


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Una gata autora, Suzanne Szasz y Paul Gallico

Todo empezó cuando el vecino editor de Paul Gallico le dio un manuscrito que parecía estar cifrado. Al cabo de un tiempo, y después de fijarse en el teclado de una máquina de escribir, el escritor y periodista deportivo entendió que los repetidos errores en el texto se debían a que no era ningún dedo lo que había tocado las teclas, sino patas, y concretamente patas de gato. Una vez descubierto el misterio, logró descifrar el código por los grupos de letras del teclado, y leyó el título: “El miau silencioso, un manual para gatitos pequeños, callejeros y gatos sin hogar, de x.x.x.x.x.”

A partir de ese momento y durante 155 páginas, una gata muy sensata explica paso a paso cómo ser acogida por una familia, cómo hacerse con los dueños de la casa, apropiarse de su sillón favorito, conseguir deliciosos bocados en la mesa y, sobre todo, cómo modular el maullido – todo un arte – para obtener los resultados idóneos.

Paul Gallico reconoce en el prólogo que dudó en devolver el manuscrito traducido a su amigo el editor, un confeso ailurófobo, para no desvelar el hecho de que los humanos pertenecemos a los gatos y no al revés. El editor, al conocer el contenido, no quiso perder un segundo en publicarlo, convencido de que por fin el mundo entendería que “son bichos manipuladores”, a pesar de que Gallico le explicó que el libro produciría el efecto opuesto.

Cica celebrando la Navidad

Suzanne Szasz y su marido Ray Shorr son los autores de las fotografías del libro. Cica, la gatita de unos tres meses que apareció en su casa de verano en Westhampton, Long Island, estaba absolutamente decidida a adoptarles costase lo que costase. No solo Cica demostró ser encantadora, sino que se enamoró del coche y tendía a subirse al menor descuido de sus dueños. Además, como no podía ser menos, debía salir en todas las fotos.

“El miau silencioso” en alemán

Cica empieza el libro con las siguientes palabras: “Cuando era muy joven, tuve la desgracia de perder a mi madre y de quedarme sola en el mundo a las seis semanas. No me afectó mucho ya que era inteligente, bien parecida, no me faltaban recursos y tenía mucha confianza en mí misma”. Cica era pequeña, pero con una buena opinión de sí misma.

El libro, que desafortunadamente no está traducido al español, consta de diecinueve capítulos y, como apuntamos en el primer párrafo, se titula “El miau silencioso”. El capítulo XII está dedicado al “idioma gatuno” y empieza explicando ese miau silencioso. En palabras de la autora, es la técnica más eficaz para obtener algo. Recomienda “mirar a la persona, abrir la boca como si se fuera a emitir un maullido, pero sin permitir que se escape el más mínimo sonido”.

Paul Gallico (foto de Carl Van Vechten, 1937)

Según sigue diciendo, el efecto es devastador. “El hombre o la mujer parecen conmoverse en lo más profundo de su ser y estar dispuestos a darnos lo que sea”. Aconseja no usarlo demasiado a menudo para que no pierda efectividad y añade que no entiende a qué se debe esta reacción.

Cualquiera que tenga gatos se habrá fijado en que, de vez en cuando, se sientan en el suelo, nos miran y usan la técnica del “miau silencioso”. Conocemos a uno que la domina a la perfección y, efectivamente, es muy difícil resistirse.

El libro, además de un texto lleno de humor irónico (obra de Paul Gallico, gran amante de los gatos), contiene nada menos que doscientas fotos de Cica ilustrando sus consejos. Está claro que Suzanne Szasz y a su marido cayeron rendidos a los pies de la gatita.

Paul Gallico, nacido en Nueva York en 1897, era el hijo de un pianista y compositor italiano y de una madre austriaca. Se convirtió en un famoso periodista deportivo después de pedirle a Jack Dempsey que boxeara con él, experiencia que utilizó para describir en primera persona qué se sentía al ser noqueado por un campeón.

Paul Gallico con dos gatos

A pesar de ser uno de los periodistas mejor pagados de Estados Unidos, abandonó el mundo del deporte para dedicarse a la ficción. Muchas de sus novelas empezaron como extravagantes historias cortas publicadas en revistas que a menudo recibían malas críticas. Su mayor éxito, “La gansa blanca” (The Snow Goose), es uno de los pocos libros de Paul Gallico traducidos al castellano. “Thomasina, The Cat Who Thought She Was God” (Thomasina, la gata que se creía Dios) fue otro gran éxito llevado al cine por Disney.

Escribió numerosos libros acerca de gatos, como por ejemplo “Jennie”, la indómita gata que ayuda a un niño convertido en gato callejero, y “Honorable Cat”, también con poemas y fotografías de Osamu Nishikawa. Doce novelas suyas fueron llevadas a la gran pantalla y otras cinco, a la televisión. Se casó cuatro veces, escribió más de 40 libros y alcanzó la fama. Hoy en día es un autor casi olvidado.

De los gatos dijo: “Unos gatitos pueden pasarle a cualquiera”. “Todo lo que es y haga un gato me parece maravilloso, precioso, estimulante, tranquilizador, atractivo y encantador”. Hablando del ronroneo, explicó: “Nadie ha sido capaz de descubrir cómo hacen ese sonido sutil, y más aún, nadie lo descubrirá nunca. Es un secreto que perdura desde el principio de los tiempos de los gatos y nunca se desvelará”.

A Paul Gallico le gustaban mucho los gatos, y tuvo uno que se llamaba Sambo. El novelista falleció el 15 de julio de 1976.

Suzanne Szasz nació en Budapest en 1915 y se trasladó a Estados Unidos en 1946. Se divorció de su primer marido, el diplomático Sandor Szasz un año después. Hizo sus primeras fotos con una cámara prestada trabajando en un campamento para niños y no tardo en vender fotos a revistas de la talla de Life, Look, Parents y muchas otras.

Suzanne Szasz

Su capacidad a la hora de trabajar con niños y de “desaparecer”, permitiéndole hacer fotos intimistas y espontáneas, fue alabada por numerosos especialistas infantiles. Ilustró libros de las antropólogas Margaret Mead y Elizabeth Taleporos, así como del científico social Karl W. Deutsch, entre otros.

El 22 de diciembre de 1956 se casó con Ray Shorr, otro fotógrafo, y la persona a la que van dirigidos muchos de los comentarios de Cica. Suzanne Szasz, en una nota al final del libro, dice que cuando Cica apareció al otro lado de la ventana, nunca sospecharon que iban a ser adoptados: “¡Dos fotógrafos ambulantes no pueden tener un gato!” Creemos que queda claro que nunca habían tenido uno, pero que debió tratarse de un amor a primera vista.

Ray Shorr con Cica

Ray Shorr falleció en 1994 y Suzanne Szasz el 3 de julio de 1997, mientras visitaba a su familia en Budapest. No sabemos cómo conocieron a Paul Gallico.


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Gatos, canciones y poemas de María Elena Walsh

María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Buenos Aires y falleció el 10 de enero de 2011 en esa misma ciudad, dos fechas llenas de sol y luz en el hemisferio austral. Y nos parece que fue una mujer llena de luz, alegría y vida. En Argentina, la mayoría de niños nacidos a partir de los años sesenta crecieron escuchando sus canciones, con letras como estas:

El reino del revés

Escribió numerosas canciones, poemas y cuentos de gatos, y también sabemos que desde su regreso a Buenos Aires a mediados de los años cincuenta siempre hubo uno en su casa. Sin embargo, solo hemos encontrado una foto suya con un gato, realizada en 1971 por el gran fotógrafo Pepe Fernández, a quien dedicó la canción “Zamba para Pepe”.

María Elena Walsh fotografiada por Pepe Fernández en 1971

Incluso sin fotos, creemos que debemos dedicar una entrada a la poetisa, cantautora, escritora y compositora que escribió maravillosas canciones infantiles y poemas. Incluimos portadas de discos, fotos de gatos bonaerenses y más. En cierto modo su obra puede considerarse revolucionaria al ofrecer a los niños un concepto totalmente diferente al habitual en canciones infantiles. María Elena Walsh, como Edward Lear (https://gatosyrespeto.org/2015/08/16/el-gato-old-foss-y-edward-lear/) (https://gatosyrespeto.org/2020/06/11/la-gata-y-el-buho/), creía en el absurdo.

Por ejemplo, escribió el siguiente Limerick “Una vaca que come con cuchara/y que tiene un reloj en vez de cara,/que vuela y habla inglés,/sin duda alguna es/una vaca rarísima, muy rara”. Como habría dicho Lear, se trata de una vaca “runcible”. Es probable que esta “comprensión” del absurdo se debiera a que su padre, desde muy pequeña, le cantó “limericks” ingleses.

María Elena de adolescente

Creció en una amplia casa con jardín en el Gran Buenos Aires donde también había gatos. Fue a una escuela típica de la clase media, pero en su casa reinaba un ambiente mucho menos estricto de lo habitual en la época. Su primer libro de poemas, “Otoño imperdonable”, que publicó a los 17 años después del fallecimiento de su padre, fue elogiado por escritores de la talla de Juan Ramón Jiménez, Silvina Ocampo, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, entre otros.

Gato de Buenos Aires

Publicó un segundo poemario en 1951, “Baladas de un ángel”, pero la situación política e intelectual, así como la falta de libertad sexual, la empujaron a irse a París con su amiga y compañera la poetisa tucumana Leda Valladares. Durante el trayecto que las llevó a Europa, formaron el dúo “Léda et Marie” para interpretar casi exclusivamente temas tradicionales del noroeste argentino.

Chacarera de los gatos

En la capital francesa subieron a escenarios tan diversos como el del Crazy Horse o el de la Universidad de la Sorbona, y estuvieron entre las precursoras de la defensa del folclore. No tardaron en codearse con cantautores como Georges Brassens (https://gatosyrespeto.org/2015/05/03/el-gato-y-george-brassens/), Jacques Brel o Barbara. Adquirieron cierta fama y grabaron varios discos. En París, hacia 1954, empezó a escribir canciones dedicadas a los niños.

Chacarera de los gatos

De hecho, existe en París un calle llamada “Rue du chat qui pêche” (Calle del gato que pesca) – dicen que la más estrecha de la ciudad  – cuyo nombre se debe a la siguiente leyenda: Parece ser que un gato negro siempre acompañaba a un canónigo o un alquimista (esto último no queda claro) cuando iba a pescar al río Sena; el gato golpeaba el suelo con sus patas y los peces picaban. Tres universitarios creyeron estar ante el diablo en persona y tiraron al pobre gato al río. El canónigo/alquimista desapareció. Pero cuál no fue la sorpresa de los estudiantes cuando reapareció unos meses después con el mismo gato.

Calle del gato que pesca, París

Es probable que María Elena conociera la leyenda, pero la letra de su canción no está basada en ella. Eso sí, no nos cabe duda de que el nombre de la calle la empujó a componerla.

El gato que pesca

Leda y María Elena regresaron a Buenos Aires en 1956. Dos años después, la directora de televisión María Hermina Avellaneda convenció a María Elena para que escribiera libretos de programas infantiles. El éxito fue rotundo y siguió componiendo canciones para espectáculos que el dúo ponía en escena.

El gato que pesca

En 1964 la pareja se separó, cada una deseosa de seguir su propio camino. Doña Disparate y Bambuco fue su última presentación conjunta. María Elena dio un recital en el Teatro Regina en 1968 titulado “Juguemos en el mundo. Recital para ejecutivos”, que no tenía nada que ver con canciones infantiles. La repercusión fue tremenda; eran canciones de protesta, pacifistas y feministas.

Ya en 1965 coincidió nuevamente con la fotógrafa Sara Facio, con la que había estudiado en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Y en 1968 fue Sara la encargada de realizar las fotos del famoso recital. Pero no decidieron compartir su vida hasta el año 1975, cuando habían pasado casi diez años desde su reencuentro.

María Elena fotografiada por Sara

En plena dictadura militar, harta de la censura y de todo lo demás, decidió dejar las representaciones teatrales y se refugió en el periodismo. En los llamados “años de plomo”, la época más negra del terror, tuvo el valor de escribir artículos como “Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes” denunciando abiertamente a la censura de entonces.

Gato tango

Después de librar una dura lucha contra el cáncer entre 1981 y 1983, año en que Argentina recuperó la democracia, María Elena Walsh se involucró en varios proyectos políticos y regresó a la televisión con Maria Hermina Avellaneda y Susana Rinaldi en el programa “La Cigarra”.

Jardín Botánico de Buenos Aires

Pero será mejor dejar que Sara Facio, la compañera con la que compartió su vida durante 38 años, nos hable de ella: “En la vida privada lo que más hacía era escuchar música y leer. Después le gustaban también las cosas de la casa, las mascotas, siempre tuvo gatos, y recibir a la tardecita, siempre a uno o dos amigos, no reuniones grandes. Lo que ella llamaba ‘le petit comité’”.

Sara Fancio con un gato

Los textos de María Elena Walsh parecen muy sencillos a primera vista, pero solo trabajándolos mucho podían adquirir esa enorme simplicidad. Nuestro texto favorito tal vez sea un relato titulado “Murrungato del zapato”, la historia de un gato y una planta. Les dejamos aquí el enlace por si les apetece leerlo: https://docs.google.com/document/d/1ifS_wD54Pk9PITVgZk6WdAOuZKuHfUXd7HmGQC4uD1E/edit

Jardín Botánico de Buenos Aires

Queremos dedicar esta entrada a Yolanda. De no ser por ella, ignoraríamos la existencia de la fantástica mujer que fue Maria Elena Walsh. Gracias, Yolanda.


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Los gatos de la sorprendente pintora Dahlov Ipcar

Hace algún tiempo encontramos una noticia del 21 de diciembre de 2014 de la ARLGP (Liga del Refugio Animal de Portland, Maine, Estados Unidos) en la que se decía que la gata Chelsea Girl había sido adoptada por la famosa artista Dahlov Ipcar. El artículo iba acompañado de la foto de una mujer mayor desayunando bajo la atenta mirada de una preciosa tricolor.

Dahlov Ipcar con Chelsea Girl

Inmediatamente nos enteramos de que no había pintado numerosos gatos, pero había escrito e ilustrado una treintena de libros infantiles, de los que dos estaban protagonizados por gatos, “El gato regresó” (The Cat Came Back) y “El gato de noche” (The Cat at Night).

El gato regresó

El gato de noche

Cuál no fue nuestra sorpresa cuando al leer más acerca de Dahlov Ipcar, descubrimos que ya la habíamos mencionado hacía cuatro años, el 17 de marzo de 2016, en una entrada de este blog sobre su padre, el famoso escultor William Zorach, y su maravillosa madre, Marguerite Zorach (https://gatosyrespeto.org/2016/03/17/el-gato-tookey-william-y-marguerite-zorach/).

Con su hermano Tessim y su padre William Zorach

Guardianes del jardín

Dahlov Ipcar nació en Windsor, Vermont, el 12 de noviembre de 1917, y creció en un piso en Nueva York, concretamente en Greenwich Village, enfrente de la vieja cárcel Jefferson Market. La curiosa arquitectura de ladrillos rojos del edificio nunca le molestó, al contrario, era una ayuda para dejar volar la imaginación y soñar.

Siempre hubo animales en casa de los Zorach, gatos, perros, conejos, cobayas… Dahlov y su hermano Tessim, tres años mayor que ella, estudiaron en una de las primeras escuelas experimentales, la City and Country School, donde se enseñaba historia y arte de antiguas civilizaciones. Su padre les llevaba regularmente, incluso siendo muy pequeños, a museos y galerías de arte.

Perro a cuadros y gata calicó

Recuerda que su hermano hacía dibujos maravillosos, pero que no quiso seguir pintando porque “la vida de un artista es demasiado dura”. Aunque sus padres nunca tuvieron mucho dinero, un buen día tuvieron la ocasión de comprar una granja a un precio asequible en el estado de Maine y la familia acabó viviendo en ella parte del año. Marguerite, su madre, se empeñó en tener una vaca para la leche, y luego dos. Un caballo, y luego otro… Gallinas, un huerto…

Allí, Dahlov conoció a Adolph Ipcar, once años mayor que ella, que acabaría siendo su marido. Se casaron cuando ella tenía dieciocho años y vivieron en Nueva York durante un par de años, cuando el país aún no se había recuperado de la Gran Depresión. Los dos daban clases para sobrevivir y Dahlov no dejó de pintar, pero decidieron mudarse a la granja contigua a la de sus padres.

Con su marido Adolph (1950)

En palabras de Dahlov, fue como regresar al siglo XIX. No había luz eléctrica, el retrete estaba fuera de la casa, había que cortar leña… Pero a pesar de todos estos inconvenientes, los Ipcar sabían que pasase lo que pasase, tenían una casa, un huerto, gallinas, vacas, sin olvidar la pesca y la caza. El trabajo no abundaba en aquella época y la granja ofrecía cierta seguridad.

Gato y florero

Dahlov se levantaba a las cinco de la mañana para pintar. Nacieron sus dos hijos en 1939 y 1942, y seguía pintando. La luz eléctrica no llegó a la granja hasta 1948. A pesar de vivir alejada de Nueva York, nunca perdió el contacto con el movimiento artístico de la ciudad, quizá porque sus padres regresaban después del verano.

En 1939, el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una exposición titulada “Creative Growth” (Desarrollo creativo) con la intención de probar el desarrollo de un niño con el estímulo apropiado por parte de sus padres y profesores. No pudo ir porque acababa de dar a luz, pero esta primera exposición le abrió las puertas de varias galerías en los años cuarenta. No había galerías de arte en Maine en esa época y la pintora mandaba sus cuadros a Nueva York, además de participar en muchos concursos en otros estados.

Grendel

Así fue como la Sección de Bellas Artes del Departamento de Tesorería le encargó en 1939 un mural para la Oficina de Correos de LaFollette, Tennessee, y otro en 1941 para la Oficina de Yukon,  Oklahoma. Los realizó en su estudio de Maine y cobró unos 600 dólares por cada uno, que ayudaron a complementar los ingresos obtenidos de las vacas lecheras. Pero la primera y verdadera seguridad económica llegó a través de las ilustraciones de cuentos infantiles.

Dahlov Ipcar con un gato

Recién casada, y viviendo en Nueva York, había llamado a la puerta de varias editoriales sin resultado. Pero en 1944, el editor William R. Scott se puso en contacto con Dahlov para que ilustrara un cuento de Margaret Wise Brown, “The Little Fisherman” (El pequeño pescador). Fue un éxito, ilustró otros libros y escribió un cuento en 1947, “Animal Hide and Seek” (Escondite de animales), y otro en 1950, “One Horse Farm” (Granja de un caballo), con el que ganó la inesperada suma de 2.000 dólares.

En 1969 publicó “El gato de noche”, dedicado a “Goliath, gato extraordinario”, un blanco y negro que vive en una granja y duerme de día delante de la estufa. De noche, cuando el granjero le saca fuera de la casa, Goliath ve lo que no vemos porque los gatos ven de noche. “El cielo está oscuro y lleno de estrellas, pero para él es como si fuera de día. Ve al perro dormir en su caseta y a las palomas en el palomar. El gato no tiene sueño. La noche es el mejor momento para hacer lo que más le gusta, explorar”.

Avanza suavemente en la oscuridad, sin que veamos nada. Pero el gato lo ve todo muy claro. ¿Qué ve el gato?

Ve las flores y las mariposas nocturnas…

Sigue describiendo el recorrido de Goliath, gato extraordinario, hasta que se reúne con sus amigos en el pueblo vecino. Regresa al día siguiente justo después de que el granjero haya ordeñado las vacas. La granjera le saluda y le ofrece un cuenco de leche. Luego entra en casa, se acurruca en el sillón delante de la estufa y se queda dormido, mientras el granjero dice: “Qué gato tan perezoso, se pasa la noche durmiendo, y también el día”. Pero el gato no le escucha, ya duerme y sueña con todas las aventuras de la noche pasada.

¿Por dónde va el gato ahora?

Está debajo del gran caballo blanco, que duerme de pie. Porque así es como suelen dormir los caballos.

Dahlov Ipcar falleció el 10 de febrero de 2017, a los 99 años. Siguió trabajando casi hasta el último momento de su vida.

Y cuando llega al pueblo, ¿qué se encuentra?

Encuentra a sus amigos los gatos.


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Los gatos del escritor Yukio Mishima

Yukio Mishima, con más de cien obras en su haber entre novelas, ensayos, relatos, obras de teatro y guiones, es posiblemente el autor japonés más leído en Occidente. Sus escritos tratan de la muerte, la desolación espiritual, el sinsentido de la vida moderna, la sexualidad, los cambios en la cultura y las costumbres, así como de la distancia que separa el cuerpo de la mente.

Una vida en venta (1968) Portada primera edición japonesa

Nació el 14 de enero de 1925 y en realidad se llamaba Kimitake Hiraoka, pero firmó todas sus obras con el nombre de Yukio Mishima. Su padre era un alto funcionario. Mitsuko, su hermana pequeña, a la que adoraba, falleció a los 17 de fiebre tifoidea. En la foto la vemos sentada al lado de Mishima con un gato blanco bastante gordo en brazos.

Yukio Mishima con su hermana Mitsuko y un gato

A Yukio Mishima siempre le gustaron los gatos, y por la foto puede deducirse que había alguno en la casa familiar aunque, al parecer, su padre los odiaba e intentó envenenar a uno añadiendo hierro a su comida.  Existen muchísimas fotos del autor, pero muy pocas en las que está con un gato. En todas las que hemos podido encontrar, se nota que el gato retratado vive con él, es parte del hogar. Nuestra favorita es la de un gato atigrado que parece llevar collar y mira al escritor. Este, sentado en una mesa baja cubierta de libros, está fumando, y detrás hay una pared cubierta con cientos de libros. Para suplir la falta de fotos, hemos ilustrado esta entrada con algunas imágenes de gatos realizadas por artistas japoneses.

De niño, Yukio Mishima vivió con su abuela paterna, que se había casado con un funcionario, pero procedía de una familia de aristócratas y se esforzaba en mantener ciertas pretensiones típicas de la clase alta japonesa. Según varios biógrafos, los años pasados con su abuela pudieron tener que ver con su fascinación por la muerte. No le permitía jugar con otros chicos de su edad ni tampoco tomar el sol.

Fumika Koda

A los 12 años regresó a la casa familiar. Su padre era un firme creyente en educar a sus hijos con una disciplina férrea y los castigaba con severidad por cualquier cosa. Entraba regularmente en el cuarto de su primogénito y desgarraba cualquier manuscrito que encontraba. Yukio Mishima estudió en la escuela Gakushuin (de la nobleza) en Tokio. Aprendió alemán, inglés y francés, y se graduó con honores, recibiendo un reloj de parte del Emperador.

Itaya Koji (Periodo Showa)

No solo era un lector voraz de literatura japonesa, sino también de autores occidentales. Algunos de sus profesores pensaron que era mejor que adoptara el nombre de Yukio Mishima para firmar su primer relato, publicado en 1938, y evitar así las bromas de los compañeros. Cuando Japón entró en la II Guerra Mundial, en 1940, ya habían aparecido varios relatos suyos en diversas revistas.

Kamo Tatsuzo (1957)

Fue llamado a filas un año después de finalizar los estudios en el instituto. Por suerte, el día del examen médico tenía fiebre y tosía. El médico le diagnosticó, por error, una tuberculosis. Se licenció en Derecho en la Universidad de Tokio en 1947 y, obligado por su padre, aceptó un puesto en el Ministerio de Finanzas. Trabajaba durante el día y escribía de noche, pero al cabo de nueve meses, exhausto, se cayó desde un andén a los raíles. Su padre acepto por fin que abandonara el Ministerio, pero le impuso una condición, que se convirtiera en el mejor novelista del país.

Yukio Mishima (1948)

Kawanabe Kyosai (Siglo XIX)

Publicó su primera novela, “Tōzoku” (Ladrones), en 1948, a la que siguió “Confesiones de una máscara”, un relato semiautobiográfico de un joven homosexual obligado a esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La novela fue un éxito inmediato y Yukio Mishima se convirtió en una celebridad a los 24 años.

Kei, gato y calabazas (Biombo, periodo Meiji tardío)

En 1955 empezó a entrenarse con pesas tres veces a la semana, lo que siguió haciendo durante los 15 años restantes de su vida. Deploró públicamente la poca importancia que daban los intelectuales al físico en comparación al intelecto. El 1 de junio de 1958 se casó con Yoko Sugiyama, una universitaria de 19 años con la que tuvo dos hijos.

Kikuzawa Buko (1933)

La orientación sexual de Mishima siempre molestó a su esposa, que nunca habló de ese tema abiertamente, ni siquiera después de la muerte del escritor. Según John Nathan, su biógrafo y traductor, la homosexualidad en Japón no estaba tan mal vista como en muchos países occidentales y la bisexualidad se aceptaba. Era mucho más inaceptable ser un soltero empedernido.

Muramusa Kudo

En 1968 fundó la “Tatenokai” o “Sociedad de los escudos”, una milicia compuesta sobre todo por jóvenes universitarios dedicados al estudio de las artes marciales y al ejercicio físico que debían proteger al Emperador. Pero quizá no se tratara del Emperador reinante, sino de una idea abstracta de lo que significó antaño. Hirohito renunció a ser considerado divino después de la II Guerra Mundial, y Mishima le reprochó que millones de japoneses habían muerto en la guerra por el “dios viviente” que representaba. Al renunciar el Emperador a su aspecto divino, habían muerto en vano.

Yukio Mishima con un gato

Takeuchi Seiho (1924)

Yukio Mishima se entregó en cuerpo y alma al “bushido”, el código de honor del samurái, y declaró que Hirohito debía haber abdicado y aceptar su responsabilidad por perder la guerra. Sus peculiares ideas hicieron que le odiara tanto la izquierda como la derecha, hasta el punto de que contrató a un guardaespaldas para su familia. Pero nada de esto afectó a la venta de sus libros, sobre todo los primeros.

Gatos samurái (Utagawa Kuniyoshi)

El 25 de noviembre de 1970, Yukio Mishima y cuatro miembros de la Tatenokai entraron en el cuartel general de las Fuerzas Armadas de Japón y tomaron de rehén a un general del ejército. A continuación salió al balcón y arengó a los soldados pidiéndoles que se les uniera para un golpe de Estado con el fin de devolver al Emperador la gloria de preguerra.

El actor Ichumura ante un gato fantasma (Utagawa Kuniyoshi)

Llevaba un año preparándolo todo meticulosamente y había convocado a la prensa con antelación. Es probable que anticipara que los soldados se burlarían de él, dejándole una única salida según su código de honor: cometer seppuku o suicidio ritual. En su testamento, Yukio Mishima dejó una importante suma de dinero para la defensa de los cuatro amigos que le acompañaron.

Utagawa Kuniyoshi

Es curioso como un hombre tan obsesionado con la muerte pudiera tener una sonrisa  luminosa y llena de vida como en la fotografía que encabeza esta entrada donde se le ve reclinado en un brazo y sujetando con el otro a un gato blanco con manchas.

 

Yukio Mishima


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Gatos diferentes en Odesa

Odesa es una ciudad ucraniana mítica, quizá por la célebre película “El acorazado Potemkin”, rodada por el director Sergei Eisenstein, o por su situación privilegiada en el mar Negro. Fue un asentamiento griego en el siglo V a. J.C. y la cuarta ciudad en importancia del Imperio Ruso en el siglo XIX, después de Moscú, San Petersburgo y Varsovia.

Gato odesita

Sus habitantes siempre han tenido fama de ser unos excéntricos con mucho sentido del humor, como lo demuestran las sorprendentes estatuas de la ciudad, algunas serias y clásicas, pero otras tan inesperadas como desconcertantes y divertidas. Y muchas de ellas están dedicadas a gatos.

Tía Sonya

En 2006 se inauguró una estatua dedicada a “Tía Sonya” en el mercado de pescado Privoz, una figura a tamaño natural de una vendedora de pescado. Lleva un sombrero grande, collar, un mandil con bolsillos delanteros y, delatando su profesión, una cuerda con peces colgada del brazo. Pero la razón por la que Sonya está incluida aquí es porque hay un gato a sus pies. Sabemos que se llama Timothy por la inscripción en la base. Timothy está muy interesado en los peces que lleva tía Sonya.

Timothy

Parece ser que en Odesa se ama a los animales y se cuida a los gatos callejeros. En todas las pequeñas tiendas de ultramarinos hay al menos un gato, y no es raro ver a un cliente salir, pararse en la entrada y dar “un bocado especial” al gato que está tomando el sol. Los gatos viven en los patios comunes de las casas, los vecinos los alimentan e incluso les construyen refugios para el invierno.

Bazarina

Uno de las gatas más famosas de la ciudad fue Bazarina, que hace unos diez años vivía en la sección de carnicerías del Mercado Nuevo. Bazarina llegó a pesar casi diez kilos porque según se cuenta se alimentó de leche materna hasta los siete meses, cuando ya era adulta. En invierno vivía en el semisótano del mercado y cuando volvía a hacer calor, se instalaba en una pequeña tienda. Llegó a ser muy conocida y había competencia para llevarse a sus gatitos. Pero pasó el tiempo, Bazarina dejó de tener gatitos y cada vez se movía menos.

La auténtica Bazarina

La escultura, obra de Tatiana Shtykalo, está hecha de resina de poliéster imitando el bronce a partir de una foto tomada en 2006 por el editor de un periódico de la ciudad. En otoño de 2017, un gato de carne y hueso empezó a rondar la estatua de Bazarina. Los habituales y tenderos dicen que el color de su pelo es típico de los gatos de Odesa. Algunos le llaman Murchok, otros Basil y otros Bazaar, pero nadie excepto él mismo sabe a ciencia cierta su verdadero nombre.

Bazarina y amigo

Bazarina forma parte del proyecto “Ciudad de esculturas”, ganador de varias ideas presentadas on line y votadas por los ciudadanos de Odesa con el fin de embellecer la ciudad y hacerla más atractiva. Dentro de este proyecto se aprobó realizar una serie de esculturas de gatos que se distribuirían por toda la ciudad.

Bazarina y amigo

En Odesa siempre han tenido una actitud especial hacia los gatos. Incluso se dice que no queda muy claro quién vive con quién, si los gatos con los odesitas, o los odesitas con los gatos. Otra maravillosa estatua es “El gato de la oficina”, también obra de Tatiana Shtykalo. Está en la barandilla de la escalera exterior que lleva a una oficina, la misma donde el gato Ryzhik llega puntualmente cada mañana a las nueve, hora de apertura, y se queda hasta que cierran. Ryzhik vive en una casa vecina, pero hace unos años decidió pasar el día trabajando en la oficina, convirtiéndose en un talismán.

Ryzhik

Se trata de un gato pelirrojo, bastante grande y muy inteligente. La autora dice: “Un día vi a una criatura maravillosa, un gato trajeado para ir a la oficina, y decidí hacerle una estatua. Le retraté en esta posición soñolienta, típica de los gatos de los patios de Odesa en verano, cuando la vida se detiene por el calor y todos duermen, gatos y humanos”.

Ryzhik

En el alféizar de la ventana del Club Mundial en la calle Marazlievskaya vemos a Maurice. Era el gato del humorista Mikhail Zhvanetsky, reputado por su mordaz e irónico sentido del humor. El gato Maurice duerme encima de la cartera del artista, supuestamente llena de sketches. La escultura fue robada por unos desconocidos y nunca apareció. Fue necesario volver a hacer una nueva, pero el caso no está cerrado.

Maurice

Maurice

Seguimos con los gatos obra de la escultora Tatiana Shtykalo. El gato Pushinka está sentado en un banco y parece absorto en la contemplación de unos peces en una tablet. Pushinka se pasó la vida en una tienda de aparatos electrónicos, de ahí su familiaridad con la tablet, cuya pantalla se ilumina si se acaricia a Pushinka.

Pushinka

Pushinka

Uno de los últimos grupos escultóricos de la ciudad es “Do-Re-Miau”, tres gatos callejeros en la fachada de una casa en la calle Leontovich, delante del Teatro de la Comedia Musical. Según la autora, cuando el gato macho canta, todos le odian.

Teatro de la Comedia Musical

Teatro de la Comedia Musical

También está el gato Siphon en el bulevar Francés de la ciudad, donado por un mecenas anónimo a la fundación benéfica “Corporación de Monstruos”. El gato Siphon comparte su vida con la directora de dicha fundación.

Siphon

Siphon

La composición “El gato Vaska con una lata de sus sardinas favoritas” fue inaugurada recientemente delante del café “Pescado Babel” y es la decimotercera de la serie. Al igual que todas las demás, está hecha de resina de polímero, un material que carece de valor, con la intención de disuadir a los posibles ladrones.

Vaska

Vaska

Otras estatuas que no podemos olvidar y que también forman parte de la serie son una gata en una farola en la zona verde de la playa Langeron. La farola se enciende y puede admirarse la escultura de noche.

Una de las primeras composiciones fue la de dos gatos sonrientes con rostro de esfinge a cada lado de la escalera del edificio del Ejército. Desgraciadamente, fotografías recientes muestran el deterioro causado por grafiteros. Una de las últimas es “El gato estudioso” que vive en el patio de un colegio y se interesa por las cinco asignaturas más complicadas.

Gatos esfinge

Gato estudioso

Para terminar mencionaremos el grupo escultórico “Gatos y peces” en el patio del Museo Bleschunov, un gato trepador y bigotudo colgado de la fachada del Museo del Deporte y tres estatuas en el jardín de entrada de un edificio para impedir el paso de vehículos.

Gatos y peces

Si van a Odesa, estamos seguros de que buscar a sus gatos, tanto vivos como escultóricos, merece la pena.

Museo del Deporte


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Los gatos de McSorley y el pintor John French Sloan

Los gatos de McSorley (John Sloan, 1928-29)

“Los gatos de McSorley” es el título de un cuadro pintado por John French Sloan en 1928 o 1929. La obra muestra la sala de un bar con clientes apoyados en la barra, otros sentados en mesas y, a la derecha, McSorley, el dueño, rodeado por cuatro gatos a los que mira mientras abre una heladera. Hay un quinto gato con el rabo muy tieso en la parte superior del mueble.

El bar de McSorley, por el viñetista Don Freeman (durante la Prohibición)

En 1919, Bill McSorley le dijo a un reportero del New York Evening Telegram que desde 1854, cuando su padre abrió McSorley’s Old Ale House (La vieja cervecería de McSorley) en el East Village de Nueva York, siempre habían vivido gatos en el bar. “Mi padre quería que hubiera gatos; siempre decía que ‘cuesta menos alimentar a gatos que llamar a un fontanero’. Los gatos ahuyentan a las ratas que roen las cañerías”.

El restaurane chino (John Sloan, 1909)

Bill McSorley no era un hombre amable con los clientes, pero se portaba de maravilla con sus gatos. Llegó a tener dieciocho paseándose por el bar, aunque preferían dormir en el salón trasero. En 1940, Joseph Mitchell escribió en The New Yorker: “Cuando llegaba la hora de darles de comer, por muy lleno que estuviera el bar, abandonaba la barra y golpeaba una cacerola vacía. Los gatos acudían de todos los rincones del bar, moviéndose como leopardos”. McSorley los alimentaba con hígado de buey crudo picado.

El bar de McSorley (John Sloan, 1912)

McSorley’s cambió de manos, pero la tradición se mantuvo y siempre hubo un gato en el bar hasta bien entrado el año 2011 cuando un inspector del Departamento de Salud de Nueva York prohibió la entrada a Minnie durante el horario de apertura. A partir de ese momento, Minnie fue relegada a la parte trasera siempre que había clientes.

Minnie en McSorley

Asimismo, obligaron a Matty Maher, el dueño, a limpiar las fúrculas de pollo colgadas encima de la barra por los soldados que zarpaban el día siguiente hacia Europa para luchar en la II Guerra Mundial. Otro sacrilegio, ya que los huesos representaban a los chicos que nunca habían vuelto.

Woody Guthrie en McSorley’s (1943)

Hasta el año 1970, el lema del bar había sido: “Buena cerveza, cebolla cruda y nada de mujeres”. A partir de ese año, el último McSorley tuvo que rendirse y permitir la entrada a las mujeres. Matty Maher falleció en enero de 2020. Ignoramos si McFarley’s sigue abierto. Por cierto, solo se servía “ale”, una cerveza de fermentación alta.

El bar de McSorley (1970)

Otro conocido lugar con gato era Sammy’s Follies, en el Bowery neoyorquino. Más que un bar era un cabaret, con actuaciones y pista de baile, tanto para ricos como para pobres. Durante un tiempo hubo un gato, como demuestran estas tres fotos tomadas en los años cuarenta.

El gato de Sammy’s Follies

El gato de Sammy no le hacía ascos a la espuma de la cerveza. En otra foto le vemos en brazos de una mujer en actitud protectora. Finalmente está comiendo en la barra debajo de un cartel que reza: “Si los hombres y las mujeres que luchan por nosotros no pueden beber después de medianoche, cerramos a medianoche. Por favor, cooperen”.

Pero volvamos al pintor John Sloan, a quien le debían gustar los gatos. En uno de sus primeros cuadros, “El gato de Green”, de 1900, vemos a dos gatos, uno blanco y otro negro. No sabemos cuál de los dos era el gato de Green.

El gato de Green (John Sloan, 1900)

Nació en Lock Haven, Pensilvania, el 2 de agosto de 1871, pero creció en Filadelfia. Vivió en esta ciudad hasta que se trasladó a Nueva York en 1904. Su padre sufrió una depresión nerviosa en 1888 que le impidió seguir trabajando, y el joven de 17 años tuvo que dejar los estudios para mantener a la familia.

Patio trasero de Greenwich Village (John Sloan, 1914)

Encontró un trabajo como cajero en una librería que le dejaba mucho tiempo para leer y estudiar los libros de arte. Dos años después fue contratado en una papelería y empezó a diseñar felicitaciones mientras seguía dibujando, pintando, haciendo grabados y estudiando arte en clases nocturnas.

(Detalle)

En 1892 empezó a trabajar como ilustrador para el periódico Philadephia Enquirer y conoció a Robert Henri, un talentoso pintor y defensor de la independencia artística que se convirtió en su amigo de por vida. En 1893, ambos fundaron el Charcoal Club, del que fueron miembros George Luks y Everett Shinn.

Everett Shinn, Robert Henri y John Sloan

En 1898, a los 27 años, conoció a Anna Maria Wall, a la que todos llamaban Dolly, nacida el 28 de julio de 1876, y los dos se enamoraron perdidamente. Sloan aceptó las dificultades que implicaba la relación. Dolly era alcohólica, trabajaba en unos grandes almacenes, pero redondeaba sus ingresos en un burdel, lugar donde se vieron por primera vez.

Dolly con un gato (John Sloan)

La pareja se mudó a Nueva York en 1904 y se instalaron en un piso en el Greenwich Village. John Sloan trabajaba para el Philadelphia Press como ilustrador independiente y vendía dibujos de forma regular a editoriales y otras publicaciones neoyorquinas. El estado mental de Dolly empeoraba, obsesionada con la idea de que su marido iba a dejarla. Un médico le aconsejó que escribiera en un diario lo mucho que la amaba y que lo dejara donde ella pudiera encontrarlo.

Gato callejero (Everett Shinn, 1938)

Durante siete años, hasta 1913, el pintor declaró su amor a su mujer por escrito para tranquilizarla. Seguía pintando cuadros al óleo, pero vendía muy poco. Ese mismo año fue miembro del comité organizador del legendario Armory Show, donde expuso cinco grabados y dos cuadros. Uno de ellos era “El bar de McSorley”, pero no se vendió. Es más, el cuadro no fue adquirido hasta 1932 por el museo Detroit Institute of Arts.

Cori y el gatito (Robert Henri)

El primer cuadro del bar de McSorley fue pintado en 1912. Pasarían 16 años hasta que John Sloan volviera pintar cinco escenas dentro del bar, una de las cuales es el cuadro con el que empezamos esta entrada, “Los gatos de McSorley”.

Dibujo de John Sloan, 1915

Al año siguiente empezó a impartir clases en la Art Sudents League (Liga de Alumnos de Arte). Permaneció dieciocho años en esta escuela y acabó siendo su director. Pertenecía al Partido Socialista y, como pacifista, se opuso a la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial.

El gato negro (Everett Shinn)

A partir de 1918, Dolly y él pasaban cuatro meses al año en Santa Fe, Nuevo México, y se interesaron por el arte y las ceremonias de los nativos americanos. En 1922, John organizó una exposición en la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York – que había cofundado en 1916 – de obras realizadas por pintores indios. También fue un acérrimo defensor del trabajo de Diego Rivera, a quien describía como “el único artista de este continente que está a la altura de los viejos maestros”.

Gato en callejón (John Sloan, 1907)

A pesar de ser admirado y muy reconocido, nunca vendió muchas obras en vida. Es uno de los artistas que más se identifica con la famosa escuela realista Ashcan, además de Robert Henri. Al contrario de este último, no era un pintor rápido y tardaba mucho en acabar un cuadro, lo que llevó a Henri a decir que era “el participio pasado de lento”.

Gatos callejeros (Everett Shinn)

Dolly falleció de una enfermedad coronaria en 1943. El pintor se casó al año siguiente con Helen Farr, una antigua alumna suya cuarenta años más joven que él con la que había tenido una aventura en los años treinta. John Sloan murió el 7 de septiembre de 1951. A partir de ese momento, Helen se encargó de distribuir la mayoría de las obras que no se habían vendido a los principales museos del mundo. También recopiló y publicó los mensajes de amor que el artista dejaba por la casa para que Dolly los encontrara.

Tomando el sol (John Sloan, 1941)


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Dos gatos sudamericanos, el Geoffroy y el kodkod

Gato de Geoffroy

El gato de Geoffroy fue llamado así por Geoffroy (Godofredo) Saint Hilaire, un naturalista francés del siglo XIX, defensor de la teoría evolucionista, que viajó a Sudamérica. Además del gato de Geoffroy, otros tres animales llevan su nombre, un mono tamarino, un mono araña y un murciélago.

Gato de Geoffroy según Daniel Giraud Elliot (1883)

Una peculiaridad del gato de Geoffroy es que se yergue sobre las patas traseras para otear a su alrededor mientras se apoya en la cola. También son buenos nadadores y se atreven con ríos de hasta treinta metros de ancho. Se encuentra sobre todo en Argentina, el sur de Chile, los Andes del sur de Bolivia, Paraguay y Uruguay en un hábitat bastante variado, desde los humedales de la Pampa hasta las zonas más áridas de matorrales del Chaco, pasando por bosques y áreas montañosas donde se le ha avistado a 3.500 metros de altura.

Su pelo es de color ocre brillante en el norte de su territorio y pasa a un gris plateado en el sur con diversas variaciones entre los dos. Numerosos puntos negros muy parecidos en tamaño y equidistantes rompen el color uniforme e incluso forman un “collar” negro en su pecho. Dos rayas negras les marcan las mejillas y más la frente.

Miden entre 43 y 88 centímetros de largo y de 15 a 25 centímetros de alto. Los machos suelen pesar algo menos de seis kilos y las hembras, unos tres. También existe una variedad melanística, sobre todo en los bosques y humedales. Los gatos Geoffroy de Paraguay son más pequeños y más oscuros.

Gata de Geoffroy con cachorros melanísticos

La densidad de población varía mucho. Durante un periodo de sequía en algunas zonas de Argentina era de 2 a 36 gatos por cien kilómetros cuadrados, pero dos años después había subido a 139 individuos por cien kilómetros cuadrados. Sin embargo, en el Chaco boliviano, la densidad es de 2 a 42 gatos por 100 kilómetros cuadrados.

Aunque pasan la mayoría del tiempo en el suelo, son buenos trepadores y se les ha observado llevándose presas a los árboles. El gato de Geoffroy es carnívoro y se alimenta de lo que más abunda en su territorio, sobre todo roedores, así como pájaros en primavera y verano, pero son capaces de pescar si hace falta para alimentarse de peces y ranas.

Son animales nocturnos cuya actividad máxima se desarrolla en plena noche. Prefieren cazar en zonas de vegetación densa, aunque los gatos que viven cerca de tierras cultivadas las cruzan en busca de ratones. La gestación dura entre 72 y 78 días y suelen dar a luz a camadas de cuatro cachorros en sitios muy protegidos. Los gatitos dejan de mamar a las ocho o diez semanas, y su desarrollo es más lento que el del gato doméstico. Las hembras no maduran sexualmente hasta los 18 meses y los machos hasta los 24. Estos también son más longevos, alcanzando los 18 años.

No es una especie en peligro aunque muchos mueren en carreteras o atacados por perros. Son cazados por su carne y también para cruzarlos con gatos domésticos y producir híbridos. Entre los años sesenta y ochenta, su pelo fue el segundo más vendido en el comercio de piel de gato. Por suerte, actualmente es muy raro encontrar pieles en venta. Está prohibido cazar el gato Geoffroy en todos los países en los que vive.

El gato güiña, huiña o kodkod (en araucano) sí está en grave peligro de extinción. Es el gato más pequeño de América. Vive principalmente en el sur de Chile y zonas vecinas de Argentina, una distribución reducida comparada a la de otros felinos sudamericanos.

Kodkod

Desde 2002 es considerado como vulnerable en la lista roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) al creerse que la población adulta no supera los diez mil individuos. Está amenazado por la caza, la pérdida de hábitat y por ser presa de otros animales.

Güiña (Ilustración de Robert Gallet)

El color del pelo del gato kodkod oscila entre el marrón amarillento y el marrón grisáceo con marcas oscuras por todo el cuerpo. La tripa es más clara y la cola, anillada. Las orejas son negras con una mancha blanquecina en el interior. Los ejemplares melanísticos totalmente negros son muy habituales.

Es un gato de cabeza pequeña, patas anchas y cola proporcionalmente muy ancha. Muchos ejemplares tienen una marca triangular negra en cada lado del hocico. Los adultos miden de 27 a 51 centímetros de largo y unos 25 centímetros de alto. Pesa alrededor de dos kilos y medio.

Vive principalmente en los bosques pluviales del sur de los Andes y de las costas chilenas, sobre todo en los bosques valdivianos y araucanos, que se caracterizan por la presencia de bambú en el sotobosque. No suele avistarse más arriba de los 1.900 metros.

El gato güiña es activo tanto de día como de noche, pero solo se atreve a adentrarse en zonas abiertas en la oscuridad. Es un excelentes trepador y no tiene ningún problema en subirse a troncos de más de un diámetro de ancho. Se alimenta de pájaros, lagartijas, roedores y aves domésticas.

El periodo de gestación dura entre 72 y 78 días con camadas de uno a tres cachorros. No suelen vivir más de once años. El macho y la hembra alcanzan la madurez sexual a los 24 meses.

Hasta hace poco se desconocía la voz del pequeño kodkod, pero el año pasado el fotógrafo Joel Sartore pudo grabar el sonido del gato, que él compara al canto de un pájaro. Después de escuchar dicha grabación (https://twitter.com/i/status/1261273768166600705) nos parece que suena a un ave, sí, pero más bien a un pavo.

La mayor amenaza a la que se enfrenta este diminuto felino es la tala de su hábitat, la creciente difusión de bosques de pinos y la agricultura, sobre todo en el centro de Chile. Otros muchos son matados por atacar gallineros y también por su piel, aunque esto último es cada vez menos habitual.


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Los cinco gatos del fotógrafo Masahisa Fukase

“En los 40 años que llevo en esta tierra, siempre me ha rondado un gato como una sombra. Tengo una foto mía de cuando tenía tres años y estoy con una gata tricolor llamada Tana”, dijo el fotógrafo japonés en una entrevista realizada en 1978. Años antes, en 1964, Fukase se casó con su segunda mujer, Yoko, y pronto se les unió un espléndido gato siamés llamado Kabo.

Yoko y Kabo

Hebo y Kabo

Pasaron dos años, y cuando regresaba a casa después de ir a pescar, Fukase se encontró con un gato negro y lo recogió. Le llamaron Hebo. Los dos gatos se llevaron bien – como suelen hacer todos los gatos después de los primeros días –, y Fukase se dedicó a fotografiarlos, aunque quizá no con la misma intensidad con que perseguía a Yoko con el objetivo.

Masahisa Fukase

Hebo y Kabo

Yoko le dejó en 1976, como ya había hecho su primera mujer, y Fukase se enfrentó solo al alcohol y a la depresión. Durante este periodo realizó las fotografías de cuervos que le hicieron internacionalmente famoso con la publicación del libro “La soledad de los cuervos” (1986). En la misma época adoptó a un gatito minúsculo al que llamó Sasuke por un ninja de cómic.

Hebo

Sasuke se escapó del piso del fotógrafo a los diez días. “Colgué cien carteles con su foto y la frase ‘Gato perdido’ en el barrio, pero no volvió”. Transcurrieron unas semanas y le llamó una mujer diciendo que había encontrado a un gatito en la calle que “era idéntico al gato del cartel”. Quedaron en la oficina de la mujer. Fukase se presentó con una botella de buen whisky para darle las gracias, pero se dio cuenta de que el gatito no era Sasuke. No dijo nada y se lo llevó a casa.

Yoko y Kabo

Le llamó Sasuke nº 2. Fue el principio de una loca historia de amor, y Fukase hizo lo que siempre hacía con sus amores, le fotografió hasta la saciedad. Pero a Sasuke no le molestaba que su compañero intentara aprisionarle con el objetivo, incluso parecía disfrutar. Al contrario que las imágenes de los cuervos, estas revelan una mirada llena de humor. Cada fotografía descubre un nuevo matiz de la genial personalidad del gato.

Sasuke 2

Sasuke 2 en autobús

Fukase dijo: “Me gustaría saber si existe alguien en el mundo que haya fotografiado tantos bostezos gatunos como yo”. En dos años publicó tres colecciones de fotografías en torno a Sasuke 2: “¡Viva! Sasuke” (Tokio, Pet-Life-sha, 1979), “Sasuke, mi querido gato” (Tokio, Seinen-shokan, 1979) y “El gato del sombrero de paja” (Tokio, Bunka Shuppankyoku, 1980).

Sasuke 2

Sasuke 2 de viaje

No cabe duda de que los gatos fascinaban al fotógrafo. En la primera de las tres colecciones solo se ve a Sasuke con la boca abierta, bostezando la mayoría del tiempo. Una vez, el fotógrafo comentó: “Dicen que los gatos no ven bien, pero que su oído es excelente porque están cerca del suelo. He pasado gran parte de este año tumbado en el suelo más o menos al nivel de los ojos de un gato mientras le hacía fotos. He llegado a tener la sensación de que yo mismo era un gato. Todo este tiempo he jugado con lo primero que se me ocurría, como hace mi gato”.

Sasuke 2

Sasuke 2

Y añadió en otro momento: “Nunca sentí la necesidad de fotografiar gatos bellos ni monos. No, siempre he querido captar la imagen de los gatos y mi imagen reflejada en sus ojos. Esta serie casi podría verse como una serie de autorretratos clandestinos en la que adopté la forma de Sasuke y de Momoe”. Este último gato debió llegar cuando Sasuke ya era adulto, probablemente en 1979.

Sasuke 2 y Momoe

Sasuke 2

Fukase siguió fotografiando cuervos hasta 1982, cuando ya se había vuelto a casar por tercera vez. De los cuervos también dijo: “Fotografié cuervos durante diez años, hasta que por fin me di cuenta de que el cuervo era yo”. Esto podría llevarnos a pensar que tanto con Sasuke como con los cuervos, el fotógrafo se fotografiaba a sí mismo. O quizá uno simbolice la oscuridad del dolor que le causó ser abandonado por su mujer y el otro, Sasuke el gato, represente la alegría de su vida pasada con ella.

Momoe

Sasuke 2

Nació el 25 de febrero de 1934 en Bifuka, Hokkaido, la más septentrional de las islas japonesas. Su padre era el dueño de un exitoso estudio fotográfico de la ciudad y Fukase fundó un club de fotografía estando en el instituto. Se trasladó a Tokio en los años cincuenta para seguir estudiando, y poco después empezó a trabajar en una agencia.

Sasuke 2 en la playa

Siempre que podía regresaba a su ciudad natal y solía llevarse a Sasuke, como demuestran las fotos incluidas en el pequeño libro “Sasuke, mi querido gato”. Fukase viajaba a todas partes con Sasuke y hablaba de sí mismo como “papá” mientras le fotografiaba en trenes, autobuses, coches, la playa, incluso en el zoo Ueno de Tokio.

Sasuke 2 en el zoo

Masahisa Fukase falleció el 9 de junio de 2012, después de haber permanecido veinte años en coma a consecuencia de una caída en las escaleras de su bar favorito en 1992. Yoko fue a verle dos veces al mes durante todo ese tiempo, pero ¿se daba cuenta Fukase de su presencia? Después de su muerte, ella dijo: “Siempre fue parte de mi identidad”. Y añadió: “Con una cámara delante de los ojos, veía; sin ella, era ciego”. Sasuke tendría unos trece años y Momoe doce cuando ocurrió el accidente. ¿Vivían aún, que fue de ellos?

Sasuke 2 con una mujer

Masahisa, Yoko y Hebo

Atsushi Saito, el dueño de la editorial Roshin y un gran amante de los gatos, colaboró con el Archivo Fukase para publicar póstumamente dos libros con las fotos de gatos de Fukase. El primero, “Días maravillosos”, salió en 2015 y el segundo, “Epílogo”, en 2016.  Este último título hace referencia al epílogo que el fotógrafo escribió para “Sasuke, mi querido gato” en el que describe la relación íntima que le unió a su gato.


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Gatos blancos, gatos negros y Maud Lewis

Maud Lewis nació el 7 de marzo de 1903 en South Ohio, provincia de Nueva Escocia, Canadá, hija de John y Agnes Dowley. Muy pronto se le declaró una artritis reumatoide que reducía mucho su movilidad, especialmente el uso de las manos, pero que no le impidió pintar desde muy joven, cuando su madre le enseñó a hacer felicitaciones de Navidad con acuarelas para venderlas.

Se enamoró de Emery Allen, un vecino de Digby, una pequeña ciudad más al norte, y en 1928 dio a luz a su hija Catherine Dowley sin estar casada. El padre las abandonó, y Maud siguió viviendo en la casa familiar. Al no disponer de medios suficientes para cuidar de Catherine, la niña fue dada en adopción. Años después, ya casada, Catherine intentó localizar a su madre sin éxito.

Maud de niña

Maud perdió a su padre en 1935 y a su madre en 1937. Se trasladó a casa de su hermano durante un tiempo, pero acabó viviendo con su tía en Digby. A los 34 años, el 16 de enero de 1938, se casó con Everett Lewis, que entonces trabajaba de guarda nocturno del asilo local. Según contó Everett posteriormente, Maud contestó al anuncio que él había dejado en varias tiendas buscando “a una mujer dispuesta a cuidar de un soltero de 45 años”.

Everett, además de trabajar de noche en el asilo, también era vendedor ambulante de pescado. Vivían en una casa diminuta con un dormitorio en el desván en el pueblo de Marshalltown, a unos kilómetros de Digby. Tenían poquísimo dinero y Everett se ocupaba de las tareas domésticas mientras Maud pintaba.

Maud y su marido Everett

Maud acompañaba a su marido a vender pescado y aprovechaba para ofrecer sus felicitaciones de Navidad, que no tardaron en tener éxito entre las clientas de Everett. Las vendía por muy poco dinero, pero era una ayuda para la economía familiar. Everett animó a su mujer a pintar y le compró sus primeros óleos.

Usaba cualquier base a su alcance para pintar, aunque la gran mayoría de los cuadros son de pequeño tamaño, de no más de 20 por 25 centímetros, ya que la artritis le impedía mover el brazo a más distancia. Su técnica era muy sencilla: extendía una capa uniforme de color en la base, fuese cual fuese, y una vez seca aplicaba los colores directamente con los tubos de pintura. Nunca mezclaba colores.

Sus temas favoritos eran flores y animales, gatos, algún perro que otro, ciervos, pájaros, caballos y yuntas de bueyes. También hay paisajes y muchas escenas en la nieve. En un documental del año 1965 dice que pinta sobre todo de memoria cosas que vio en su juventud y que copia muy poco.

Por una foto de 1908 (fecha aproximada) se sabe que Maud vivió con un gato llamado Fluffy cuando era niña. Quizá los gatos blancos que pintaba correspondían al recuerdo que tenía de Fluffy.

Maud y el gato Fluffy (1908)

A primera vista, muchos de sus cuadros parecen idénticos, pero basta con fijarse un poco para ver que cada uno tiene algo diferente. La expresión de los gatos nunca es la misma, están debajo de árboles diferentes, las mariposas no son iguales… Siempre hay un pequeño cambio. Las variaciones sobre gatos son muy numerosas.

Como puede verse en esta foto, Maud también pintó el interior de su casa, decorándola sobre todo con flores. No se limitó solo a las paredes, también pintó las escaleras que llevaban al diminuto cuarto del desván y la puerta de entrada.

Interior de la casa de Maud y Everet

A principios de los años cuarenta decoró veintidós contraventanas exteriores de gran tamaño en una casa del sur de la península de Nueva Escocia perteneciente a una familia estadounidense. Le pagaron setenta centavos por cada una.

Entre los años 1945 y 1950, los turistas empezaron a pararse delante de la casa de Maud y Everett, situada cerca de la nacional 1, la carretera principal de Nueva Escocia occidental. Le compraban cuadros por dos o tres dólares, y tan solo en los últimos cuatro años de su vida los vendía entre siete y diez dólares.

Se dio a conocer nacionalmente gracias a un artículo en el periódico Star Weekly de Toronto publicado en 1964. Un año después, la cadena CBC rodó un pequeño documental acerca de la artista para el programa “Telescope”. Y en los años setenta, durante la presidencia de Richard Nixon, la Casa Blanca le encargó dos pequeños cuadros.

La artritis empeoró mucho hacia el final de su vida y le impidió completar los crecientes encargos que le llegaban. Durante un año apenas se movió de un rincón, excepto cuando debía ir al hospital de Digby. Falleció el 30 de julio de 1970 de una neumonía. Su marido Everett siguió viviendo en la pequeña casa hasta que le mató un ladrón en 1979.

Maud Lewis vivió treinta y dos años con Everett. La vida de ambos no fue fácil, pero ella nunca perdió la sonrisa. En 1976, la directora Diane Beaudry rodó un cortometraje documental de diez minutos de duración titulado “Maud Lewis: A World Without Shadows” (Maud Lewis: Un mundo sin sombras). En el mundo de Maud hubo sombras, no cabe duda, pero sus cuadros son luminosos, y están llenos de vida y alegría. Creemos que reflejan cómo era ella a pesar de todas las dificultades a las que debió enfrentarse.

Maud en la puerta de su casa

Hoy, Maud Lewis no solo es famosa en Canadá. Sus cuadros alcanzan sumas que le habrían parecido exorbitantes. En 2009, alguien pagó 22.200 dólares en una subasta en Toronto por “A Family Outing” (Excursión familiar), y en 2016, una pintura suya descubierta en un mercadillo fue vendida por 45.000 dólares en una subasta on-line.

La provincia de Nueva Escocia compró la casita de Maud y de Everett en 1984 y la trasladó a la Art Gallery of Nova Scotia (Galería de Arte de Nueva Escocia), en Halifax, donde fue restaurada y forma parte de la exposición permanente dedicada a la pintora.

La casa de Maud