Gatos y Respeto

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Los gatos y la física

La editorial Penguin publicó en 1993 un pequeño libro de 30 páginas titulado “The Laws of Cat Physics” (Las leyes de la física gatuna), de G.A. Mendenhal, con la descripción de leyes de física gatuna en 60 viñetas. A pesar de buscar por todas partes no hemos encontrado nada sobre su autor. Lo poco que sabemos está en el prólogo del libro, y lo traducimos aquí:

“G.A. Mendenhall vive solo con su esposa y tres gatos en Green Valley, Arizona. Es en parte daltónico y se empeña en que el verde, el naranja y el rosa son meros tonos de un mismo color. De momento, ha conseguido evitar ir a clase de pintura y casi sabe comportarse en casa”.

“Mendenhall empezó a escribir y a dibujar viñetas en 1985 mientras se recuperaba de la chapuza que le hizo un temible y algo tembloroso urólogo al realizarle una vasectomía. El resultado fue el libro que esperamos están a punto de comprar. El autor creció en la frontera entre México y Estados Unidos, y no habló inglés hasta los seis años, cuando descubrió que era el mejor idioma para el humor y para decir tacos. Reconoce haber estudiado Filología Inglesa y Ciencias Políticas y haberse licenciado. Como la mayoría de escritores, le motiva el miedo, la codicia, la envidia y la inseguridad”.

“Suele escribir de noche, lo que le convierte en un gruñón insoportable durante las horas de luz. Gran parte de las ideas le vienen cuando está pasando la aspiradora o fregando los platos, dos actividades hacia las que su esposa le alienta dado que ella prefiere ir a la compra. Entre sus hobbies destacaremos el tenis, la natación, andar muy deprisa e imitar la llamada del pato. A veces sueña en números”.

En la página anterior a la primera viñeta, el autor dice lo siguiente: “A pesar de que este libro se titula ‘Física gatuna’, las leyes, principios, axiomas, postulados y teoremas que contiene se basan en numerosas disciplinas relacionadas, como la química gatuna, la biología gatuna, la psicología gatuna, la medicina gatuna, la lógica gatuna, la historia gatuna, la matemática gatuna y la ingeniería gatuna. No es intención del autor menospreciar las valiosas contribuciones que estas disciplinas relacionadas han aportado al estudio de la física gatuna”.

En el siguiente párrafo, al final de los agradecimientos, menciona muy especialmente a “Tiger (Tigre), Sugar (Azúcar) y Blackie (Negrito), que me lo han enseñado todo de la física gatuna, además de servirme de pacientes y mal pagados modelos, así como ofrecerme un amor sin límites”.

Finalmente traduciremos el texto de la contraportada. EL GATO EXPLICADO: “Hace tiempo que los científicos y los que tienen gatos saben que las leyes de la física por las que se rige el universo no son aplicables a los gatos, pero nadie ha sido capaz hasta ahora de saber qué principios, si los hay, gobiernan el mundo felino. Si alguien se ha preguntado alguna vez ‘¿Por qué hace esto un gato?’, encontrará las respuestas – acompañadas de numerosas carcajadas – en este libro”.

Gatos famosos en la historia de la física gatuna: Gato Arquímedes, Gato Einstein, Gato Newton.

Ley del magnetismo gatuno: Cualquier chaqueta azul y suéter negro atrae el pelo de gato en medida proporcional a la oscuridad de la tela.

Ley de la termodinámica gatuna: El calor fluye de un cuerpo caliente a un cuerpo frío, excepto tratándose de un gato. Todo el calor fluye hacia el gato.

Ley del sueño gatuno: Todos los gatos deben dormir con personas siempre que sea posible.

Ley de la elongación gatuna: El cuerpo del gato siempre se alargará lo suficiente para alcanzar lo que esté en la encimera.

Ley de la presencia gatuna en la mesa: El gato siempre estará presente cuando se sirva cualquier cosa apetecible.

Ley de la configuración de la alfombra: Ninguna alfombra permanecerá en su estado natural plano… durante mucho tiempo.

Ley de la observación de la nevera: Si un gato observa una nevera lo suficiente, acabará por pasar algo bueno.

Ley del juego gatuno: Los juegos más revoltosos siempre tendrán lugar entre las 3:15 y las 4:20 de la mañana.

Ley de la búsqueda de la comodidad aleatoria: Un gato siempre buscará, y en general se apoderará, del lugar más cómodo en cualquier habitación.

Primera ley del lavado gatuno: Un gato se lavará en cualquier momento y lugar que le parezca oportuno.

Ley de la ocupación espacial: Todas las bolsas en cualquier habitación deben contener un gato en el nanosegundo más inmediato.

Ley del cambio de muebles: El deseo que siente un gato por arañar los muebles es proporcional al precio de dicho mueble.

Ley de la atracción gatuna por las alfombras persas: Un gato con el estómago revuelto siempre gravitará hacia la alfombra más cara de la casa.

Ley de la falta de interés gatuno: El nivel de interés de un gato suele variar en proporción inversa al esfuerzo que realiza el humano por interesarle.

Dedicamos esta entrada a Nadia El Fani, que nos hizo conocer este maravilloso libro.


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Gatos tatuados de Kazuaki “Horitomo” Kitamura

El estudio de tatuajes State of Grace (Estado de Gracia), de San José, California, publicó en 2013 el libro “Monmon Cats”, con texto y dibujos de Kazuaki “Horitomo” Kitamura. Sus 118 páginas contienen un sinfín de maravillosos dibujos de tatuajes de gatos. Ahora bien, no se trata de los típicos tatuajes de gatitos bonitos, sino de espléndidas obras por sus colores, complicado diseño y simbolismo. “Monmon” significa “tatuado” en japonés.

Pero ¿qué empujó a Kitamura, más conocido como “Horitomo” en el mundo del tatuaje, a centrar su trabajo en los gatos? En la introducción del libro, el artista explica que el gato no ha sido bien tratado en algunas partes del mundo: “Me parece que hay ciertas similitudes entre los sentimientos encontrados que mucha gente tiene acerca de los gatos y los tatuajes en la sociedad japonesa. Por eso me parece que los gatos y los tatuajes están hechos el uno para el otro”.

Sigue diciendo que siempre le han inspirado los grabados del gran artista Kuniyoshi Utagawa (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/), que vivió a finales del periodo Edo y principios de la era Meiji. Los tatuajes se usaron como castigo en Japón, pero al final de la época Edo (siglo XIX) empezaron a ponerse de moda y muchos dibujos eran obra de los grabadores. Esa moda quizá se deba a la publicación de la novela china “Suidoken”, ilustrada con grabados de escenas heroicas, dragones, tigres y flores que acabaron “grabados” en la piel de ricos mercaderes.

A principios del siglo XX, los tatuajes fueron prohibidos en Japón y no volvieron a legalizarse hasta el año 1948, durante la ocupación estadounidense. Por entonces, los tatuajes se asociaban sobre todo a los Yakuza, la famosa “mafia” japonesa. Los dibujos no solo servían para embellecer el cuerpo, sino como protección.

Yakuzas tatuados

Tatuaje Yakuza antiguo

El tatuaje tradicional japonés, “irezumi”, no tiene nada que ver con el occidental. Se realiza manualmente, con tinta “nara”, la misma que usaban los grabadores de la época Edo, y requiere largas horas de trabajo. Un tatuaje de cuerpo completo como el de los Yakuza puede llegar a costar 30.000 euros.

Los tatuajes siguen sin ser muy bien vistos en Japón. En 2012, el alcalde de Osaka lanzó una campaña para que las empresas despidieran a los empleados tatuados. Muchos baños públicos, playas o gimnasios no permiten la entrada a personas tatuadas, quizá por la connotación Yakuza. Pero son cada vez más populares, basta con no enseñarlos en público.

Horitomo descubrió los tatuajes hace más de treinta años, cuando abandonó las cocinas del restaurante donde aprendía a ser un chef por la tabla de surf. Algunos de sus amigos estaban tatuados y la idea le gustó. Después de un incidente muy desagradable con una ola, decidió que el surf no era lo suyo y pensó en aprender a tatuar. Algo que, según él, su madre sigue sin perdonarle.

Empezó su aprendizaje en 1993 en un estudio en Nagoya, uno de los primeros en ofrecer tatuajes con la técnica y modelos occidentales. Cuatro años después se mudó a Tokio, donde trabajó en dos estudios, y en 1998 se fue a Osaka para ser el primer artista de un estudio recién abierto. Para entonces había ido a convenciones por todo el mundo, tanto en Europa como Estados Unidos. En esa época era conocido como “Washo”.

A medida que profundizaba en el arte de los tatuajes, se interesó por la técnica tradicional japonesa y estudió con el gran maestro Yoshihito Nakano, conocido como Horiyoshi III, autor de numerosos tatuajes Yakuza. Al acabar su formación, el maestro le dio el nombre de Horitomo, formado a partir del prefijo “hori”, cuyo significado es “grabar”.

Horyoshi III (Yoshihito Nakano)

Transcurrieron otros cuatro años hasta que Masoyischi Kikuchi, el productor del videojuego “Yakuza”, vio los dibujos de varios de los mejores tatuadores tradicionales del momento, entre los que estaba Horitomo. Se puso en contacto con él y le pidió que se uniera al equipo de la primera entrega del videojuego.

En todos estos años de aprendizaje, Horitomo había tenido una compañera: una gata llamada Ginnan que su esposa llevó a casa después de encontrarla hambrienta y en mal estado en Osaka. Horitomo se enamoró de Ginnan, otro nombre para las nueces de Gingko, y en gran parte fue su inspiración para el libro “Monmon Cats”. Falleció en 2015, siendo ya muy mayor.

La gata Ginnan

En palabras de Horitomo: “Los dragones son muy importantes en los tatuajes japoneses, gustan a todo el mundo, pero no se prestan a muchos cambios. Sin embargo, el gato permite añadir símbolos, motivos budistas o procedentes de leyendas tradicionales”. Y añade: “Además, tengo la sensación de que al dibujarlos y pintarlos, los gatos me prestan parte de sus poderes”.

En 2007, Horitomo, su esposa y Ginnan se trasladaron a San José, California, donde empezó a trabajar en el famoso estudio “State of Grace”, propiedad de Ryudaibori, otro  célebre tatuador, antes conocido como “Horitaka”.

Horitomo y Ginnan

Horitomo y Ginnan

A su llegada a San José, Horitomo se dio cuenta rápidamente de que los tatuadores supuestamente tradicionalistas no respetaban las imágenes escrupulosamente. Por ejemplo, el símbolo estaba en el hombro equivocado, el sable en la mano incorrecta. Fue cuando decidió escribir su primer libro, “Immovable—Fudo myo-o Tattoo Design by Horitomo” (Inamovible – Tatuajes Fudo myo-o, por Horitomo), de 185 páginas, publicado también por el estudio “State of Grace”.

Además de seguir diseñando tatuajes y tatuando, participa regularmente en sesiones colectivas para mostrar cómo se realiza el “tebori”, el tradicional tatuaje manual japonés. Consiste en el uso de agujas esterilizadas, afiladas a mano y de un grosor algo mayor que las máquinas eléctricas. El tatuaje se elabora introduciendo las agujas en la piel mediante pinchazos sumamente precisos. Es un método bastante más doloroso que el occidental.


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Gatos en la guerra

Trinchera (1914)

Se estima que en la Primera Guerra Mundial participaron 500.000 gatos, sobre todo en las trincheras, cazando ratas – al parecer había muchas -, además de ser usados para detectar el letal gas mostaza. Aunque los gatos morían, los soldados tenían tiempo de ponerse la máscara antigás.

Soldados neozelandeses (1914)

Trinchera (Gallipoli, 1915)

Pero también eran compañeros que compartían las incomodidades y la comida, se les quería y aliviaban el estrés. Cuentan que el gato Pitouchi nació en las trincheras y que fue el único en sobrevivir de la camada al morir su madre. Le recogió un teniente belga llamado Lekeux y le salvo dándole leche. Pitouchi seguía a Lekeux paso a paso y si el suelo de la trinchera estaba encharcado, se acomodaba en su hombro.

Región de Argonne, Francia (1916)

Una noche, Lekeux se arrastró hasta las posiciones alemanas para dibujar el lugar en que se encontraban las piezas de la artillería enemiga. Se escondió en el cráter de un obús y, absorto en la tarea, no se dio cuenta de que se acercaba una patrulla de vigilancia. Cuando ya estaba perdido, Pitouchi saltó del cráter, sorprendiendo a los alemanes, que le dispararon. Por suerte, no le dieron, y los soldados se alejaron, riendo. Lekeux y Pitouchi pudieron regresar a sus puestos sanos y salvos con los preciados dibujos.

1918

Otros gatos cambiaban de “bando”. Un centinela inglés vio a una gata salir de las trincheras alemanas, cruzar la tierra de nadie y meterse en la parte trasera de la trinchera inglesa. Después de una breve inspección, regresó a las líneas alemanas. Al poco volvió a aparecer con un gatito en las fauces, cruzó y lo depositó en la trinchera inglesa. Y así con tres gatitos. Nunca se dignó a explicar a qué se debía su deserción.

A bordo del Buque de Su Majestad Sentinel (1914)

Otra anécdota es la de una gata que durante el día jamás salía de la trinchera, al igual que los soldados, porque les habrían disparado los alemanes. Sin embargo, en cuanto oscurecía, se paseaba alegremente por encima del parapeto.

En el Buque de Su Majestad Melbourne (1917)

No sabemos si es cierto, pero parece ser que los gatos que se mandaban a las trincheras eran recogidos en las calles de Londres y también se conseguían mediante anuncios en los periódicos pidiendo que “cualquier tipo de gato callejero” se cazara y “entregara en la pajarería del Sr. Harris para la campaña bélica”.

Soldado alemán con un gato

En el Buque de Su Majestad Australia

Existe una larga tradición de gatos en barcos que defendían las provisiones contra ratas y ratones, y cómo no, también en barcos de guerra. Otra creencia era que los gatos protegían a los barcos de naufragios, y si un gato se caía al mar y no se le podía rescatar, llegarían nueve años de mala suerte. Marinos y marineros decían que los gatos podían predecir tormentas, y quizá no estuvieran equivocados.

Gato en el casco de un soldado

A bordo del Thédoro Tissien (1940)

Los gatos tienen la habilidad de detectar cambios de tiempo imperceptibles para los seres humanos gracias a la extrema sensibilidad de su oído interno, el mismo que les permite caer siempre de pie (o casi). Un gato mostrará señales de nerviosismo ante la baja presión atmosférica que precede a la tempestad. Un buen observador, y los marinos lo son, detecta estos cambios en el felino.

Soldados estadounidenses con un gato

Soldado neozelandés con un gato (Guerra de Vietnam)

Los gatos de barco saltaron a la fama durante la Segunda Guerra Mundial con el nacimiento de las comunicaciones de masas, y algunos se convirtieron en auténticas celebridades, como Simon, el gato del Amethyst (https://gatosyrespeto.org/2015/10/01/simon-el-gato-del-barco-amethyst/).

Simon en el Amethyst

Convoy era el gato del Hermione y aparece anotado en el libro del barco. Se le asignó una diminuta hamaca y un equipo completo. Murió con otros ochenta y siete compañeros cuando fueron torpedeados por un submarino U-205 alemán el 16 de junio de 1942.

Convoy en el Hermione (Gibraltar, 26 de noviembre de 1941)

Peebles juega con el comandante Palmer, a bordo del Western Isles. Peebles era conocido por su inteligencia y daba la pata a los desconocidos que entraban en la cámara de oficiales.

Peebles en el Western Isles

Tiddles nació a bordo del Argus antes de unirse a la tripulación del Victorious. Su sitio preferido era el cabestrante de popa, donde jugaba con la cuerda de la campana. Recorrió más de 48.000 kilómetros.

Tiddles en el Victorious

Blackie era el gato del Prince of Wales, el barco que llevó a Winston Churchill a su entrevista secreta con Franklin D. Roosevelt en agosto de 1941. Cuando el primer ministro británico estaba a punto de dejar el barco, Blackie se acercó, decidido a seguirle. La foto inmortaliza el momento en que Churchill se despide de él. Cuando la Marina japonesa bombardeó y hundió el Prince of Wales, Blackie y los supervivientes lograron llegar a Singapur. Pero fue imposible encontrarle al año siguiente cuando hubo que evacuar la ciudad.

Winston Churchill con Blackie en el Prince of Wales (Agosto de 1941)

Ginger y Fishcake, dos grandes compañeros, eran los gatos del Hood. El barco participó en la Guerra Civil española al ser asignado a la Flota Mediterránea. El Hood tuvo varias mascotas, entre ellas un canguro, además de varios perros. El viejo barco desapareció el 24 de mayo de 1941 cuando entabló combate con un moderno barco alemán. Se sabe que Ginger y Fishcake ya no estaban a bordo.

Ginger y Fishcake en el Hood

Ginger

Fishcake

No tenemos una foto ni se sabe el nombre de la gata del barco de carga noruego Rinda, torpedeado y hundido durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando los supervivientes se dieron cuenta de que su querida gata no estaba en el bote salvavidas empezaron a buscarla en plena noche hasta oír un maullido desesperado. “Remamos con todas nuestras fuerzas. Lloramos y reímos cuando encontramos a la pobre bola de pelo empapada”. La gata acabó a bordo del Pict, el barco británico que los recogió, y fue rebautizada como Rinda.

Un soldado da de comer a Miss Hap, de dos semanas (Guerra de Corea)

El año 1975, la Marina británica prohibió los gatos y cualquier otro animal a bordo de sus barcos por razones de higiene. Fred Wunpound, del Hecate, fue el último. Tenía dos menciones por buena conducta y una advertencia por un desgraciado incidente en el mercado de pescado de Brixham, pero ignoramos de qué se trata. Es probable que los demás países también prohibieran mascotas más o menos en la misma época o incluso antes.

Fred Wunpound, del Hecate

No solo hubo gatos en barcos, también en aviones. Tal vez el más famoso sea Kiddo (https://gatosyrespeto.org/2014/09/05/kiddo-el-primer-gato-transatlantico/). De Sparkplug solo tenemos una foto, igual que de otro gatito desconocido.

Sparkplug


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The Black Cat (El gato negro), la revista

The Black Cat fue una revista literaria publicada en Boston, Massachusetts, entre 1895 y 1922, “dedicada exclusivamente a relatos originales, inusuales y fascinantes”, según rezaba el número 41 de febrero de 1896. Seguía diciendo que no pagaba por el nombre o la fama del autor, ni tampoco por la extensión, sino por la fuerza de la historia.

La idea fue de Herman Daniel Umbstaetter, nacido en Cleveland, Ohio, en 1851, hijo de Charles Umbstetter y Helen Ehege Umbstetter, y casado con Nelly Littlehale en 1893. Sabemos que falleció el 25 de noviembre de 1913 de un tiro accidental mientras cazaba en las orillas del lago Kezar, en el estado de Maine. Según el artículo de un periódico: “Su rifle se disparó mientras ascendía por una ladera; la bala penetró justo debajo del corazón”. Herman probablemente añadió una “a” al apellido de su padre con el fin de recuperar la pronunciación alemana.

Herman Umbstaetter, además de editor, también escribía relatos cortos. Su revista puede considerarse una precursora de las revistas “pulp”, es decir, encuadernadas en rústica, baratas y populares. Durante años, The Black Cat valió cinco centavos, y el abono anual, solo cincuenta. Siguió a este mismo precio hasta 1908, cuando pasó a 10 centavos y un dólar el abono anual, hasta que a finales de la década de 1910 costaba 20 centavos. A pesar de su formato, era una revista de una elevada calidad literaria que ponía al alcance del gran público relatos sorprendentes.

Se publicaron unos trescientos números en total, casi siempre mensualmente, excepto los primeros seis meses del año 1922 en que fue bimensual. La revista, de 64 páginas, medía 15 x 23 centímetros. Hasta 1919, la editorial era The Short Story Publishing Company, en 1920 Black Cat y en 1922 William Kane. El último número salió a finales de 1922 o principio de 1923.

El primer número vio la luz en octubre de 1895 con una portada ilustrada por Nelly Littlehale Umbstaetter. Mientras se encargó del dibujo de la portada, siempre apareció el mismo gato negro, a veces de cuerpo entero y otras solo su inconfundible cara. La pintora también contribuía con ilustraciones para los relatos que contenía y para la publicidad.

El número de mayo de 1899 publicó un relato de Jack London, “A Thousand Deaths” (Mil muertes), en el que se relata la múltiple resurrección de un hombre por un grupo de científicos. Esto nos lleva a la carta que el escritor mandó a Umbstaetter el 23 de noviembre de 1909. En ella le dice que “me alegro de darle ‘The Inevitable White Man’ (El inevitable blanco) por cincuenta dólares en recuerdo de los viejos tiempos, pero me alegraría aún más si tuviera una acuarela de la Sra. Umbstaetter”.

Sigue diciendo que, sin embargo, ahora le pagan 10 centavos por palabra y que el relato tiene 3.800 palabras, por lo que habría podido conseguir 380 dólares de otro editor. Y añade: “Pero me conformo con una acuarela de White Mountain, y si vuelvo a escribir algo que encaja con The Black Cat, será suyo”. La revista permitió a muchos escritores desconocidos publicar por primera vez o ganar un poco de dinero, y así había sido con el mismo Jack London. Hubo una época en que el escritor aceptaba diez dólares por mil palabras, pero Umbstaetter le ofreció el doble por el primer relato que le publicó.

Jack London llegó a decir que el editor le había salvado. Y también queda claro que Jack era un gran admirador de los cuadros de Nelly Littlehale Umbstaetter.

Condiciones

Nelly Littlehale nació en 1867 en Stockton, California. A los doce años recorría las colinas de Butte, Montana, recogiendo flores para pintar acuarelas. A los 17 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes del Museo de Boston, donde la cortejó el hombre que sería su segundo marido, el pintor Hermann Dudley Murphy.

Cuando tenía veintiséis años conoció a Umbstaetter, dieciséis años mayor que ella. Poco se sabe de su vida con su primer marido, pero dado el contenido de la revista y las ilustraciones de Nelly, nos atrevemos a decir que ambos debían tener bastante sentido del humor (negro).

Volvió a casarse con Dudley Murphy en 1916, después de que este se divorciara de su primera esposa, de la que ya estaba separado. También sabemos que pasó algún tiempo en París, entre 1911 y 1914, y que el verano de este último año estudió en la Universidad de Harvard. Poco a poco, después de su segundo matrimonio, dejó atrás la fantasía, y su producción se limitó a acuarelas de flores y paisajes mucho más tradicionales, siguiendo los pasos de su conservador esposo.

Viajaron a Europa, sobre todo a Italia, pero también a Inglaterra, México y el Caribe. Murió  a los 74 años, en 1971, cuatro años antes que Dudley Murphy. Expuso sus obras en solitario en tres ocasiones, en 1926, 1929 y 1937.

Aparte de sus dibujos para The Black Cat, también ilustró en 1914 “Every Child’s Storybook” (Cuentos para todos los niños), dedicado a los cuentos de hadas, el volumen V de “Our Wonder World: A Library of Knowledge in Ten Volumes” (Maravilloso mundo: Una biblioteca del saber publicada en diez volúmenes). Sus ilustraciones casi hacen sombra a las de Arthur Rackham (https://gatosyrespeto.org/2019/12/12/gatos-de-cuento-de-arthur-rackham/) y son totalmente inconfundibles

Dibujo publicitario de Nelly Littlehale Umbstaetter

Con los años, la revista The Black Cat se hizo famosa por sus extraños relatos, que iban desde el terror hasta la ciencia-ficción. El periódico San Francisco Examiner llegó a decir que “era el éxito del siglo en cuanto a relatos”. En ella se publicaron textos de Rupert Hugues, Rex Stout, O. Henry, Frank Pollock y Clark Aston Smith, un buen amigo de H.P. Lovecraft, entre otros muchos. Henry Miller tenía 27 años cuando recibió su primer talón, en 1919, por una serie de críticas publicadas en The Black Cat.


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Los gatos inesperados de Bill Traylor

Bill Traylor es uno de los tres grandes artistas de arte marginal de Estados Unidos. Los otros son Martín Ramírez (1895-1963), procedente de México e internado en un hospital psiquiátrico de California, y Herny Darger (1892-1973), bedel en un hospital de Chicago, pero al contrario del artista del que hablaremos hoy, ninguno de los dos dibujó gatos.

Bill Traylor era un pintor afroamericano nacido el 1 de abril de 1853 en Benton, Alabama, y que fue esclavo hasta 1865, año en que entró la Caballería de la Unión en la plantación propiedad de George Hartwell Traylor. Bill, como sus padres, fue registrado con el apellido del dueño al que pertenecía.

Bill Traylor

No se sabe mucho de su juventud, excepto que se quedó trabajando en la plantación como jornalero después de la Guerra de Secesión estadounidense. En 1887 se casó con Larisa Dunklin y tuvieron ocho hijos, y en 1890 tomó una segunda esposa que concibió otros cinco, pero tuvo alguno más con dos mujeres con las que no se casó. Según él, había criado a más de veinte hijos.

Gato y perro

En 1928, a los 75 años, después de que sus hijos se trasladaran al norte de Estados Unidos y del fallecimiento de Larisa, su primera esposa, se mudó a Montgomery y trabajó abriendo carreteras, en la construcción y, finalmente, en una fábrica de zapatos. No debió ser fácil dejar la plantación donde había pasado toda su vida, pero después de encontrar trabajo, alquiló una habitación y luego una pequeña casa.

Varios años después, el reuma le impidió seguir trabajando, no pudo pagar el alquiler y fue a engrosar la lista de los sintecho. Consiguió cobrar una minúscula pensión y dormía entre los ataúdes en la parte trasera de la funeraria Ross-Clayton. Durante el día se instalaba en la calle Monroe, en el centro de la comunidad afroamericana de Montgomery.

Cesta y gato

Para entonces ya tenía 83 años, y la gran pregunta es qué empujó a este hombre, nacido en la esclavitud, que no sabía leer ni escribir, que no había tenido – que se sepa – el más mínimo contacto con el arte, a armarse de un lápiz y una regla para empezar a dibujar. Más asombroso aún es el hecho de que, durante los tres años siguientes, nunca dejó de pintar y se cree que llegó a producir entre 1.200 y 1.600 cuadros.

Gato moteado y perro

Su rutina era invariable: una vez recogido su camastro en la funeraria, se acercaba a la calle Monroe apoyándose en dos bastones por el reuma y se sentaba en una caja de madera entre una máquina expendedora de Coca-Cola y una sala de billares. Se colocaba una tabla sobre las rodillas y empezaba a dibujar en trozos de cartón que había encontrado.

Bill Traylor fotografiado por Horace Perry

Su aspecto, medía casi dos metros y llevaba una tupida barba, atraía a niños y adultos. Pasaba una cuerda por los cartones y los colgaba en la verja que tenía detrás. Sus primeros dibujos eran sencillas siluetas de trazos rectos que rellanaba a lápiz, pero su estilo no tardó en enriquecerse y complicarse. Las siluetas humanas se convirtieron en animales de todo tipo, gatos, perros, vacas, toros, aves, serpientes, incluso insectos. Aparecieron elaboradas composiciones.

Hombre y gato en forma orgánica

Un día, un joven pintor llamado Charles Shannon pasó por delante del puesto de Bill Traylor y se quedó sorprendido al descubrir sus dibujos. Habló con él y empezó a llevarle lápices de colores, ceras, témpera y papel. La mayoría de la información que tenemos acerca de la vida del artista se debe a las largas charlas que ambos mantuvieron. Al principio se limitó a volver cada día y a hablar de lo que pintaba Bill Traylor, pero aunque le contaba historias de su pasado, no solía explicarle qué significan para él sus dibujos.

El viejo pintor rechazaba gran parte de los materiales que Charles Shannon y otros le ofrecían, limitándose a colores primarios y a soportes espesos como el cartón. Sus colores favoritos eran el azul cobalto, el rojo y el negro, como demuestran sus composiciones más complicadas. No respetaba la perspectiva ni la lógica del tamaño, pero eso no quita nada de fuerza a sus imágenes.

Aunque Bill Traylor jamás aprendió a escribir, alguien debió enseñarle a firmar porque en algunos cuadros está su nombre en letras grandes. Muchos de sus personajes llevan un sombrero de copa que recuerda al del famoso Baron Samedi, el loa de la muerte de los ritos vudú. También parecen señalar con el dedo índice, ¿o se trata de un cuchillo? Hay gatos enmascarados, gatos moteados, gatos que no parecen gatos…

Charles Shannon compró algunas obras de Bill Traylor y en 1940 consiguió organizar una exposición en Montgomery con cien dibujos. Un año después organizó otra en la Escuela Fieldston de Cultura Ética de Nueva York, donde Alfred Barr, entonces director del MoMA, los vio. Quiso comprar varios para los archivos del museo y para su colección privada, pero al ofrecer solo un dólar por cada uno, Shannon no aceptó.

Bill Traylor y uno de sus cuadros

En 1942, el pintor decidió ir a visitar a sus hijos y otros parientes a Detroit, Chicago, Nueva York, Filadelfia y Washington DC. Después de perder una pierna por la gangrena, regresó a Montgomery en 1945 para vivir con su hija Sally. Falleció el 23 de octubre de 1949. Se cree que jamás volvió a dibujar después de dejar Alabama.

No fue reconocido hasta 1982 durante la exposición “Black Folk Art in America” (Arte folk negro en América), en la que los organizadores incluyeron treinta y seis dibujos suyos. En 1996, el MoMa expuso algunos de sus trabajos, y ese mismo año, seis semanas después de la muerte de Charles Shannon, el museo incluyó varios dibujos en una exposición.

Hombre con yugo más perro

Bill Traylor le dijo una curiosa frase a Charles Shannon, refiriéndose a la gente que le compraba algún dibujo: “Los compran incluso si no los necesitan”. Lo que podría dejar entender que los consideraba como una protección, como objetos de poder.


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Los gatos de Luis Sepúlveda

 

Hoy hace una semana falleció Luis Sepúlveda en el Hospital Universitario Central de Asturias, donde estaba ingresado desde el pasado 29 de febrero. A Luis Sepúlveda, los gatos le parecían misteriosos e independientes.

Decía que le gustaban todos los animales, pero que tenía una relación especial con los gatos. Cuentan que en una ocasión, un astrólogo chino le contó que en otra vida había sido el gato feliz y bien alimentado de un mandarín. Quizá por eso los incluía en sus historias y escribía relatos con ellos como protagonistas.

Luis Sepúlveda nació el 1 de octubre de 1949 en el Hotel Chile de Ovalle, a unos 400 kilómetros al Norte de Santiago, porque su madre, que era menor de edad, se había fugado con su padre. Siempre decía que había nacido “rojo”, y a los quince años se afilió a las Juventudes Comunistas de Chile.

Luis Sepúlveda con un gato

En 1971 se casó con la poetisa chilena Carmen Yáñez Hidalgo y en 1973 nació su hijo Carlos Lenin. Se separaron poco tiempo después, pero al cabo de veinte años se reencontraron en Alemania. Después del golpe militar de Pinochet, pasó casi tres años en las cárceles de la dictadura antes de ser exiliado a la fuerza.

Dejó Chile en 1977 y recorrió diversos países latinoamericanos hasta llegar a Ecuador. Allí se unió a la Brigada Internacional Simón Bolívar en 1979 para participar en la Revolución Sandinista. Después del triunfo de la revolución, se instaló en Hamburgo y trabajó como corresponsal mientras escribía relatos, obras de teatro y novelas. Cruzó los mares en varias ocasiones entre 1983 y 1988 siendo corresponsal de Greenpeace.

 

La editorial Tusquets publicó en 1993 la novela que le catapultó a la fama, “Un viejo que leía novelas de amor”. La edición en Francia del año siguiente, a cargo de Anne Marie Métailié, tuvo un enorme éxito y el libro fue traducido a otros veinte idiomas.

En 1996, un año antes de instalarse definitivamente en Gijón, Asturias, y después de reemprender su relación con Carmen Yáñez, publicó una novela corta con un largo título, “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”. Protagonizan la historia un gato negro, grande y gordo llamado Zorbas, sus tres amigos Secretario, Colonello y Sabelotodo, y la gaviota, claro.

Un día, una gaviota de nombre Kengah se desorienta en el duro Mar del Norte, pero consigue llegar, exhausta, al balcón donde está Zorbas, que acaba de quedarse solo para un mes porque los dueños de la casa se han ido de vacaciones, lo que tampoco le supone un disgusto. Un vecino viene a darle de comer, tiene la casa para él solo y puede pasear por el puerto de Hamburgo saliendo por el balcón.

En inglés

Kengah, antes de morir, tiene fuerza para poner un huevo y le hace prometer tres cosas a Kengah: Que no se lo comerá, que cuidará del huevo hasta que nazca el pollito y que le enseñará a volar. Zorbas lo promete. La gaviota no se equivoca, es un gato bueno y de nobles sentimientos.

Francia

Sin saber qué hacer para salvar a la gaviota, Zorbas parte en busca de Sabelotodo. Este tiene la costumbre de consultar la enciclopedia para absolutamente todo y vive en un enorme bazar cuya entrada está vigilada por el mono Matías. Le acompañan Secretario, un gato romano muy flaco, y Colonello, otro gato de edad indefinida. Ambos viven en un restaurante.

Italia

A partir de ese momento, los cuatro gatos se desviven para cumplir la promesa que Zorbas le hizo a Kengah, la gaviota que murió por haberse manchado las alas con el petróleo que un buque había soltado de sus tanques en alta mar. A pesar de su nulo conocimiento en la crianza de aves, lo consiguen.

Portugal

Otra edición portuguesa

Entre otras dudas está saber si es pollita o pollito. Los cuatro amigos no tienen más remedio que recurrir al gato Barlovento, viejo lobo de mar que vive en un barco. Dictamina que “es una linda pollita” y deciden llamarla Afortunada.

Suecia

Enseñando a volar

La novela está escrita con un estilo muy directo: el puerto de Hamburgo cobra vida con una breve descripción, los gatos surgen de entre las páginas, igual que el bazar y el mono Matías. En los años cincuenta, en la portada de la edición belga y francesa del cómic “Tintín” se leía: “La revista para los jóvenes de 7 a 77 años”. Nos atrevemos a recomendar este relato a los jóvenes de 6 a 96 años.

Turquía

Fue adaptada al cine de animación por el realizador italiano Enzo D’Alò en 1998 con el título “La Gabbianella e il gatto”.

Imágenes de la película

En 2012, la editorial Espasa publicó la novela corta de Luis Sepúlveda “Historia de Mix, de Max y de Mex”, también llamada en otros países “Historia de un gato y del ratón que se hizo su amigo”, traducida a varios idiomas.

Aquí, el escritor cuenta la historia del gato Mix que vive con el niño Max. Cuando este crece y va a estudiar a la ciudad, le lleva con él. Se instalan en un pequeño piso, y Mix disfruta sentado en el tejado mirando los coches y a la gente en la calle. Pasan los años, Mix envejece y se queda ciego.

Italia

Polonia

Max se asegura de que el piso siempre esté ordenado para que Mix no tropiece con nada y el gato oye cada vez mejor. Un día, un ratón mexicano llamado Mex se cuela en la casa de ambos en busca de comida. Es un ratón parlanchín, un poco cobarde, muy simpático, y se hace amigo del gato. A partir de entonces, suben juntos al tejado para que Mex le describa a Mix todo lo que ve.

Es otra historia de amistades imposibles, de supuestos enemigos natos que no parecen tener problemas en entenderse. Cuando la pequeña Afortunada de “Historia de una gaviota” descubre que no es gata, está convencida de que ya no la querrán porque no es como ellos. Zorbas la consuela explicándole que, al contrario, la quieren porque es gaviota, es diferente de ellos.

Rusia

Francia

Luis Sepúlveda también escribió libros de viaje, guiones y ensayos. Fue cocinero, guerrillero, ecologista y muchas más cosas. Recorrió América Latina de Sur a Norte. Vivió fiel a sus principios. En una entrevista en junio de 2017 dijo: “Contar bien una buena historia es la única obligación del escritor; no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos”.


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Gatos, etiquetas y Louis de Bernières

Reino Unido

El escritor Louis de Bernières nació en las cercanías de Londres el 8 de diciembre de 1954. Él mismo se define como un euroescéptico y apoyó la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Se le conoce por ser el autor de la novela “La mandolina del capitán Corelli”, ganadora del Premio de la Commonwealth al Mejor Libro del Año y llevada al cine por John Madden en 2001.

Pavo con conejo (Alemania)

Pollo (Reino Unido)

Antes había escrito tres novelas, “La guerra de las partes pudendas de Don Emanuel” (1990), “El Sr. Vivo y el rey de la Coca” (1991) y “El molesto retoño del Cardenal Guzmán” (1991), muy influenciadas por la literatura sudamericana, sobre todo por el realismo mágico. En 2001 publicó “Perro Rojo”, una colección de historias cortas basadas en la estatua de un perro que vio en Australia con ocasión de un congreso de escritores.

Atún claro y pollo (Estados Unidos)

Pechuga de pollo (Italia)

A pesar de las dos fotografías que incluimos del autor con un gato, ignoramos si le gustan. Una de ellas, la del gato blanco, fue hecha en Turquía durante una presentación, por lo que deducimos que no era suyo. Y de la segunda no sabemos nada. Pero Louis de Bernières tiene en su haber una historia corta titulada “Labels” (Etiquetas) que merece una entrada. Pasamos a resumirla.

Louis de Bernières en Turquía

Etiquetas exclusivas (Estados Unidos)

El narrador cuenta en primera persona que nació en una época en que había luz eléctrica, pero no televisión. Mucha gente pasaba las veladas construyendo pueblos con cajas de cerillas y barcos con las cerillas. Fue la gran época de los pasatiempos. Su abuelo, por ejemplo, se hacía sus propios calcetines. Los niños coleccionaban de todo, desde cromos y sellos, pasando por bolsas de patatas fritas, hasta envoltorios de caramelos.

Portada del libro

Variedad de sabores (Corea del Sur)

Al igual que al resto del mundo, le invadió un creciente torpor con la llegada de la televisión. Peor aún, se sentía irritable y deprimido hasta que, un buen día, en la tienda de la esquina, se fijó en una lata de comida húmeda para gatos, atraído por la mirada del gato en la etiqueta. En ese momento pensó que una colección de etiquetas de latas de comida felina podría ser de sumo interés en un futuro para los historiadores especializados. Además, al ser algo poco común, podría convertirse fácilmente en una autoridad en la materia en poco tiempo. Desechó la idea como risible.

Conejo con plátano (España)

Tentempié entre comidas (Alemania)

Una hora después estaba de vuelta en la tienda para comprar la lata. A su regreso a casa, metió la lata en agua hirviendo para despegar la etiqueta, pero la desgarró por falta de paciencia y tuvo que volver a comprar una segunda lata. Tensó una cuerda entre la ventana y una tubería para colgarla mientras iba a la papelería a comprar un álbum de fotos. Se pasó el resto de la velada esperando ansiosamente a que se secara la etiqueta. Apenas pegó ojo esa noche levantándose cada media hora para ver si ya podía colocarla en el álbum.

Caballa con cordero (Nueva Zelanda)

Francia

Al día siguiente lo consiguió, apuntando la fecha correspondiente. Poco después salió de nuevo para comprar un secador de pelo y otras dos latas. No tardó en descubrir que los fabricantes de comida húmeda no solo usaban diferentes tipos de pegamento, sino también en cantidades diferentes, lo que apuntó con precisión.

Cocinera televisiva (Estados Unidos)

Atún, cordero, patata (Italia)

Su pasión le llevó a acumular una gran cantidad de latas de todo tamaño sin etiquetar. Su lado práctico le impedía tirarlas y se las regalaba a amigos con gatos. Las latas de tamaño industrial fueron a parar a protectoras. Desafortunadamente, su conversación se volvió monotemática, cada vez le invitaban menos a cenar y los amigos empezaban a mirarle mal. Su esposa le dejó ante la acumulación de álbumes en el dormitorio.

Sardina, atún, gambas (Reino Unido)

Ternera, pollo, gambas (Alemania)

Pollo (Canadá)

Trabajaba como agente de cobro, ocupación que siempre se le había dado bien debido a su gran tamaño y a la facilidad por poner caras con expresiones intimidantes. Consiguió equilibrar los gastos de la colección con su sueldo hasta que realizó un viaje a Francia donde descubrió filas y filas de latitas con maravillosas y elegantes etiquetas. Compró todo lo que encontró con el resultado de que el eje de su coche se rompió debido al peso durante la vuelta a Inglaterra.

Solo pollo (Estados Unidos)

Atún con chirlas (Italia)

A continuación dijo que estaba enfermo y viajó a España. No fue a visitar la Alhambra, sino todos los supermercados para comprar latas de “Señorito Gatito”, “Minino”, “Micho Miau” y “Ronroneo”. A su regreso se enteró de que le habían despedido.  Incapaz de abandonar su manía coleccionista acabó comiendo pan duro y caldo de huesos.

Con algas (Reino Unido)

Pollo (Estados Unidos)

Un buen día, sumido en la más absoluta desesperación, abrió una lata para de gatos de pollo, la olió… No era desagradable. Se atrevió a meter una cucharita en la mousse y a probarla, pero la escupió. Soñando ya con una muerte próxima, se propagó por su boca un agradable sabor. Volvió a olerla y pensó: “Bastaría con un toque de ajo y un poco de albahaca para hacer una terrina de lo más respetable”.

Solo pollo (Italia)

Pechuga de pollo con trocitos de costilla (Estados Unidos)

A partir de ese momento inició un proceso de mejora del contenido de las latas de comida húmeda. Las más caras se convirtieron en excelentes patés y pasteles de carne. Añadió champiñones e higaditos de pollo a las marcas más baratas. En cuanto a las de pescado, su conversión era más complicada si no se trataba de atún o salmón.

Pavo (Alemania)

Ternera, venado, cordero (Estados Unidos)

Empezó a vender sus productos en la tienda local. El éxito le empujó a hablar con otras tiendas. Mejoró las primeras recetas con la adición de un brandy griego que hacía milagros. Ahora tiene varias tiendas en París, y su producción está debidamente aprobada por el Ministerio de Agricultura. Su esposa volvió al hogar y ambos recorren el mundo en busca de nuevas etiquetas.

Cazuelita de cordero (Reino Unido)

Italia

Pollo para lamerse la pata (Estados Unidos)

Si tienen ocasión de leer el cuento, háganlo, nuestro resumen no le hace justicia. Nos enteramos de su existencia por Zyx, un seguidor del blog al que le dedicamos esta entrada con nuestro agradecimiento. Zyx lo leyó en una serie de relatos gastronómicos escrita y recopilada por Medlar Lucan y Durian Gray titulada “Una cena con Calígula. El libro de la cocina depravada”. Título original: “The Decadent Cookbook”.

 

Pavo (Francia)

Pollo, salmón, pato (Estados Unidos)

Nos hemos limitado a incluir la comida gatuna menos conocida y con cierta tendencia al lujo. La marca “Newman’s Own”, creada por el actor Paul Newman, dona todos los beneficios de la venta de sus productos a organizaciones benéficas.

Paul Newman (Estados Unidos)

Paul Newman (Estados Unidos)