Gatos y Respeto

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Los gatos coloridos del pintor Adélio Sarro

En 2002, el conocido crítico de arte francés André Parinaud le llamó “brasileño global”. No es ninguna exageración, pues Adélio Sarro ha expuesto – casi siempre en solitario – en un sinfín de países, en ciudades como Pekín, Tokio, Melbourne, Moscú, Bratislava, Ginebra, París, Essen y Bruselas, sin mencionar las del continente americano.

Adélio Sarro en 2018

Viendo la obra del pintor, nos llamó la atención que la mayoría de los animales vivos que incluía en sus composiciones fueran gatos. Hay aves – pero son mucho más simbólicas –, algún que otro perro y poco más. Los peces aparecen en bandejas, para ser vendidos. Se centra en mujeres y hombres solos, en pareja o pequeños grupos, y de vez en cuando – su obra es muy amplía – con un gato.

Siempre es el mismo gato o, mejor dicho, siempre lo retrata exactamente en la misma postura, da igual que le sostengan en brazos o que esté en el suelo. El gato aparece tumbado, con el rabo enrollado sobre una pata trasera, el cuello es largo y, en general, tiene pinta de estar extremadamente sorprendido por encontrarse en semejante situación.

Adélio Sarro nació el 7 de septiembre de 1950 en Andradina, estado de Sao Paulo, donde su abuelo materno tenía una pequeña plantación de café. Hemos leído que su cuna fue un cajón que había servido para transportar cebollas y al que adaptaron unos pies. Su madre era de origen italiano y su padre, portugués, ambos sin ningún conocimiento artístico.

Se crió en un cafetal y, desde pequeño, sus juguetes favoritos fueron el papel de envolver el pan y un lápiz. Cuentan que a los cuatro años trepó encima de un cajón y se quedó embelesado delante del Sagrado Corazón de Jesús del calendario. El sacerdote del pueblo predijo que sería un artista… pero también habría podido acabar siendo cura.

Sus padres se vieron obligados a mudarse en repetidas ocasiones en busca de una vida mejor. El abuelo paterno de Adélio vivía en Dracena y allí se trasladaron. Pero las dificultades continuaron: un hermano suyo murió al poco de nacer, su padre se cayó del tejado de una casa que reparaba y su madre tuvo que lavar ropa para llegar a fin de mes. En esa época utilizó su talento para dibujar anuncios para las tiendas de la ciudad y aportar algo al presupuesto familiar.

Ingresó en el seminario a los 14 años. Sobre todo dibujaba y pintaba figuras religiosas, dejando bastante claro desde un principio que eso le interesaba mucho más que estudiar el Antiguo o el Nuevo Testamento. Ante su falta de vocación, le mandaron de nuevo para casa. Al poco, la familia se mudó a Sao Caetano, una localidad muy cercana a Sao Paulo.

Un amigo suyo, Gilberto Macário, que dibujaba muy bien, encontró trabajo en una empresa de fabricación de letreros publicitarios y le hizo entrar con él. Aprendió serigrafía, una técnica nueva en Brasil, y lo consiguió a base de prueba y error. El azar quiso que conociera a un joven de Brodowski que le invitó a su boda.

En esa ciudad, visitó el museo dedicado al pintor Candido Portinari, del que nunca había oído hablar. (Incluimos los únicos dos cuadros de gatos realizados por Portinari que hemos encontrado). La visita se convirtió en una revelación; entendió que no podía seguir en publicidad y que debía entregarse a su verdadera vocación. Era el año 1971.

Denise con gato, Candido Portinari, 1960
Gato blanco, Candido Portinari, 1959

Compró libros sobre la obra del pintor y empezó a intentar copiar algunos cuadros, pero no era nada fácil. A pesar de carecer de conocimientos técnicos e incluso artísticos, mejoró poco a poco hasta descubrir la técnica de la transparencia, sobre todo con los azules y los rojos.

El siguiente paso fue exponer en la Plaza de la República de Sao Paulo después de conseguir un permiso de la prefectura. En la época casi solo pintaba los paisajes. Conoció a otros pintores, algunos con experiencia, otros tan noveles como él. Además de compradores locales, también venían turistas extranjeros que querían llevarse algo para su país.

Pero no fueron tiempos fáciles. Al no tener dinero, fabricaba sus propios bastidores con restos de cajas de madera. Durante el día trabajaba montando escaparates y haciendo carteles publicitarios para poder pintar por la noche e ir a la plaza los fines de semana. Y así hasta 1984, cuando su galerista le dijo que no podía seguir como “un pintor de fin de semana”.

En 1981, nada menos que seis instituciones japonesas mostraron sus obras. Al año siguiente expuso en los museos de arte de Sao Paulo y de Florianópolis, y a continuación fue descubierto en Italia: Milán, Roma, Bolonia, y después París, Buenos Aires, Miami y Lisboa. En 1988, la Fundación Rali adquirió cuadros suyos para el Museo Latinoamericano de Punta del Este, Uruguay. En los veinte años siguientes, el pintor recorrió el mundo con sus obras.

A partir de los noventa, sin dejar nunca de pintar, Adélio Sarrio empezó a crear murales de grandes dimensiones. Muchos se encuentran en Brasil, algunos en Alemania, otros en Francia.

(Vidriera)

Acabaremos como hemos empezado, citando al crítico francés André Parinaud: “Brasileño de hecho, por sus raíces, pero ciudadano del mundo por la calidad de sus obras y su poder de comunicación gracias a su amor por los seres humanos. Un conjunto que se presenta como la síntesis de las aspiraciones de un artista ejemplar a principios de este milenio y que da testimonio de la sabiduría de un pueblo”.


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El gato en los haikus

Fumika Koda

El haiku es un tipo de poesía japonesa. Dicho sucintamente, consiste en un poema breve de diecisiete sílabas en tres versos. Aunque es mucho más complicado que esto, por estar relacionado con el zen, el budismo japonés, y el sintoísmo, aquí nos limitaremos a hablar del gato en los haikus. Hubo un famoso poeta de haikus (dejó escritos más de 20.000) llamado Kobayashi Issa (1763 -1827) que dedicó numerosísimos a los gatos.

Kobayashi Issa

Se le considera uno de los cuatro grandes maestros del haiku en Japón, con Bashō, Buson y Shiki. Que sepamos, todos hablaron de gatos en sus poemas excepto Buson, pero nunca tantas veces como Kobayashi Noboyuki, más conocido por el apodo de “Issa”, que significa “Taza de té”.

Perdió a su madre cuando tenía tres años, su padre volvió a casarse a los cinco años, y dos años después nació su medio hermano. Fue enviado a estudiar a Edo (actual Tokio) a una edad muy temprana. Al fallecer su padre en 1801, su madrastra se quedó con la herencia y tardó varios años en recuperar su parte. No regresó al pueblo donde había nacido hasta cumplir 49 años.

Se casó, pero perdió a tres hijos, siendo todos muy pequeños, y a su mujer al poco tiempo. Su casa ardió y acabó viviendo en su almacén, hoy considerado como “Tesoro nacional” por el Estado japonés. A pesar de la enorme popularidad de sus haikus, siempre vivió con problemas económicos.

Foto de Masayuki Oki

Issa no tuvo reparos en utilizar un lenguaje popular, mordaz e irónico en sus poemas, como por ejemplo en este: El gato amante/se acicaló como Gengi/en el seto (恋猫の源氏めかする垣根哉). Comparar al héroe de “El cuento de Genji”, escrito en el siglo XI, en cuyos brazos las damas caían sin demora, con un gato no es tan descabellado. Genji es un donjuán empedernido, como lo son los gatos en época de celo.

Kawanabe Kyosai

El libro titulado “Le chat & moi” (El gato y yo), publicado por Moundarren, es una colección de haikus dedicados a los gatos, seleccionados y traducidos por Wing Fun Chen y Hervé Collet.  Como no podía ser de otro modo, la mayoría de ellos son de Issa. Uno de ellos dice así: Lluvia de primavera/al gato la niña/enseña a bailar.

En ese mismo libro hay un poema de Matsuo Bashō (1644-1694), segundo de seis hermanos. A los 18 años empezó a trabajar como cocinero para el clan Todo, conocido por proteger la literatura y la poesía. Publicó sus dos primeros poemas a los 20 años y no tardó en darse a conocer en la provincia antes de trasladarse a Edo y adoptar el nombre de Tousei.

Matsuo Basho, por Katsushika Hokusai

El mundo de la poesía era muy competitivo, los maestros se peleaban por aumentar el número de discípulos y ganar más dinero. Decidió dejar la ciudad e irse a Fukagawa (ahora parte de Tokio) y se instaló en una cabaña en el margen izquierdo del río Sumida. Aunque muchos consideraron su alejamiento como una derrota, sus discípulos le apoyaron y siguieron.

Matsuo Basho, por Yosa Buson

Allí plantó un bananero – bashō en japonés – que, al parecer, creció de una forma maravillosa; sus discípulos empezaron a llamar el lugar “Bashō-an” y él adoptó el nombre. Este haiku suyo está dedicado a una gata: A pesar de comer arroz y cebada/adelgazada por sus amoríos/está la esposa del gato.

Midori Yamada

Masaoka Shiki (1867-1902), el tercero de los poetas mencionados aquí, se esforzó en innovar los haikus del periodo Edo. Su padre, un samurái de bajo nivel, murió en 1872, a los 40 años, pero su madre consiguió que ingresara en la escuela del clan Iyo y posteriormente en una escuela preparatoria donde conoció a Natsume Sōseki, el famoso autor de “Yo soy un gato” (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/).

Masaoka Shiki
Midori Yamada

Ingresó en la universidad en 1890 con una beca, pero la abandonó al cabo de dos años, según él para dedicarse a escribir haikus, pero otros creen que por culpa de la tuberculosis. Escogió el apodo de “Shiki” – que significa “Pequeño cuco” – porque en Japón se dice que de tanto cantar el cuco vomita sangre.

Hishida Shunso

Ejerció brevemente de corresponsal de guerra en la guerra sino-japonesa, pero las condiciones insalubres empeoraron gravemente su estado. Después de ser hospitalizado en Kobe, regresó a Matsuyama y fue acogido por Natsume Sōseki. Poco después se trasladó de nuevo a Tokio, donde sus discípulos habían fundado un periódico dedicado a los haikus. Los autores que publicaban en él empezaban a ser conocidos como “La escuela nipona”.

Toshiyuki Enoki

Ya no pudo levantarse de la cama a partir de 1897. Su salud empeoró en 1901 al contraer la enfermedad de Pott, que le obligó a tomar morfina para aliviar el dolor constante. Aun así, siguió escribiendo haikus y tres obras autobiográficas. Falleció a los 34 años.

Takahashi Shotei

Un haiku suyo dedicado a los gatos: ¡Tremendo!/Las piedras se caen del muro/gatos en celo.

Muramasa Kudo

No cabe duda de que Issa convivió con muchos gatos ya que les consagró una gran cantidad de brevísimos, pero muy acertados poemas. Acabamos esta entrada con más haikus del maestro:

Kobayashi Issa

El maestro bigotudo/se me ha adelantado/bajo la sombra de los cerezos.

Envidio,/pues he renunciado,/al gato enamorado.

¡Silencio, cigarras!/El maestro bigotudo/se acerca.

Dormidos uno al lado del otro/una mariposilla, un gato/y un monje.

El gatito/baila girando/con las hojas que caen.

El gato y yo/no cruzamos/la puerta.


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El gato Behemot, el Maestro y Margarita

El 9 de agosto de 2018, varios medios muy serios (el New York Times y la BBC, entre otros) se hicieron eco de una noticia que, a primera vista, podía parecer intranscendente para cualquiera que no estuviera familiarizado con Mijaíl Bulgákov y su novela “El Maestro y Margarita”.

Mijaíl Bulgákov
Edición española

El Museo “Casa de Mijaíl Bulgákov” anunció el 1 de agosto de ese año que uno de sus empleados había sido secuestrado. Efectivamente, el gato Behemot, residente en el museo y con un enorme número de seguidores, había desaparecido.

Koroviev y Behemot delante del museo, Moscú
C.C. Askew

Pero quizá deberíamos empezar diciendo que Mijaíl Bulgákov fue uno de los autores más influyentes y subversivos de la Unión Soviética, sobre todo por su novela “El Maestro y Margarita”, que transcurre en su mayoría en Moscú, en los alrededores del piso donde vivía el escritor con su esposa.

Alexandra Mary Everson

Stalin era un admirador del autor, sobre todo de sus obras de teatro, pero prohibió la publicación de la novela al considerarla una sátira de la sociedad soviética y de la clase intelectual de entonces. Bulgákov empezó a escribirla en 1928, pero no se publicó hasta 1966, veintiséis años después de su muerte.

Arina Orlova
El autor y Behemot en Vladikavkaz, Rusia

El personaje principal es el Dr. Voland, un experto en ciencias ocultas – en realidad, el diablo – que llega a Moscú junto a tres acólitos, Koroviev y Azazello, con apariencia de seres humanos, pero que son demonios, y el gato Behemot, el personaje que nos interesa. También están el Maestro y Margarita, claro, así como Poncio Pilato y Joshua Ga-Nozri (Jesús de Nazaret), dos personajes de la novela que el Maestro no consigue publicar.

Behemot en Kiev
Maria Baur

Pero volvamos a Behemot, un gato negro – supuestamente tan grande como un cerdo – que habla, anda sobre dos patas, puede adoptar forma humana, sabe jugar al ajedrez, le gusta beber vodka y comer bien, disfruta jugando con pistolas y tiene una fuerte tendencia a hacer comentarios de lo más desagradable.

Behemot en Moscú
Nadezhda Sokolova

De hecho, Behemot – llamado así por el monstruo bíblico y porque también significa “hipopótamo” en ruso – deja marcado a todo el que lee la novela, y eso quizá explique por qué en el 90% de las portadas de las distintas ediciones, en cualquier idioma, aparece el gato. Lo mismo pasa con los carteles de las obras de teatro basadas en la novela. Tal vez sea el personaje más claramente recordado.

Edición francesa
El autor y Behemot en Járkov, Ucrania

Y aquí es donde entra en escena el actual Behemot. En un museo dedicado a Mijaíl Bulgákov no podía faltar un gato negro de cierta importancia. Yevgeny Markov, el guarda nocturno del museo, le conoce desde que llegó siendo un gatito y le ha visto crecer hasta convertirse en un espléndido gato negro de pelo largo. En 2018 tenía 13 años, por lo tanto ahora tiene 16 o 17. No hemos encontrado ninguna referencia indicando que Behemot no siga ocupando su puesto en el museo.

Behemot en el museo, Moscú
Edición inglesa

Como compensación por su trabajo, que consiste en recibir a unos 200 visitantes diarios (aunque las malas lenguas dicen que es capaz de ignorar a cualquiera), Behemot tiene techo y comida, cuidados veterinarios y peluquería. Se toma varios descansos diarios, dando un paseo por los parques cercanos y los patios de otros inmuebles cuando el tiempo lo permite.

Edición inglesa

Es un ser de costumbres fijas; por lo tanto, cuando el 1 de agosto de 2018 a las 11 de la mañana pasó por delante de la taquilla en el segundo piso y bajó las escaleras, nadie se inmutó. Era la hora de su primer paseo diario.

Behemot frente al museo, Moscú
Edición inglesa

Todo cambió cuando no regresó al cabo de dos horas; además, habían recibido extraños mensajes últimamente acerca de Behemot. Esa misma mañana había llegado una escueta pregunta vía las redes sociales: “¿Por qué han dejado salir al gato?”

Por la tarde, una mujer empleada en una oficina cercana confirmó que había visto a una desconocida de pelo rubio coger a Behemot en brazos y entrar en la estación de metro. El museo inmediatamente colgó una notificación en las redes avisando de su posible rapto, especificando que Behemot llevaba una placa de identificación con forma de hueso (una referencia a la novela) e indicando que tenía mal carácter.

Koroviev y Behemot en Moscú
Zoslenka

La noticia se extendió como la pólvora por internet y el post fue compartido 2.900 veces en poquísimos minutos. El diario Moskovsky Komsolomlets anunció: “Behemot, el gato más famoso de Moscú, raptado por una desconocida”.

Edición inglesa
Vasile Gheorghe

Cinco horas después, el museo recibió una llamada de la comisaría más cercana. Un agente había encontrado a Behemot sentado en las escaleras de la Escuela de Teatro Estatal Mossovet, donde la desconocida le había dejado. Una foto del agente Bulavin – el héroe que le encontró – fue publicada en internet y Moscú dio un suspiro de alivio.

Behenot en el museo, Moscú
Cartel teatro

Pero volviendo a la novela, en la primera versión, escrita entre 1928 y 1929, y cuando aún se titulaba “El mago negro”, el director del teatro visita a Voland y parece ser que aparecía la frase siguiente: “El segundo gato estaba sentado en una extraña postura en la barra de la cortina”. ¿Pensaba el autor añadir un segundo gato?

Cartel teatro
Vyacheslav Zhelvakov

Sin embargo, se sabe que Mijaíl Bulgákov reescribió la novela de memoria al quemar el primer manuscrito en 1930, convencido de que no tenía futuro como escritor en la URSS, en un momento de fuerte represión política. De hecho, el personaje del Maestro también quema su novela. Nunca sabremos si Behemot estuvo a punto de tener competencia.

Cartel teatro

Añadiremos que Mijaíl Bulgálkov nació en Kiev el 3 de mayo de 1891 y falleció en Moscú el 10 de marzo de 1940. La ciudad de Kiev también le dedicó un museo, pero Behemot solo tiene una pequeña estatua. La novela ha sido adaptada a los escenarios y a la pantalla – grande y pequeña – en numerosas ocasiones. La más exitosa quizá sea la serie realizada por la televisión rusa en 2005.

Cartel teatro


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Los gatos de cuento de Feridum Oral

Gato casero

Feridun Oral es un ilustrador y autor de libros infantiles turco con más de 30 títulos en su haber. Algunos de estos libros han sido traducidos a otros idiomas, sobre todo al alemán y al japonés.

Gato en invierno
Gato sirena
Persa blanco

Nació en 1961 en Kirikkale, a unos 80 km al este de Ankara, y se licenció en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Mármara en 1985. Ha participado en bienales y exposiciones nacionales e internacionales. Fue semifinalista en el Concurso Noma UNESCO en Japón y ganó el premio de la Bienal de Ilustradores Europeos, también en Japón, entre otros muchos galardones.

Feridum Oral
Gato y antigüedades
Gato naranja

Ha contribuido con sus obras en la Exposición de Ilustradores de la Feria de Libros Infantiles de Bolonia, concretamente en los años 1985, 92, 93 y 95. En 1991 fue invitado a la Exposición “Pinocchio”, en Padua, Italia, donde se homenajeó al director de cine Federico Fellini. En 2012 volvió a Padua para participar en la exposición Ria Aria organizada por el Museo Diocesano de la ciudad.

No solo se dedica a la ilustración, también trabaja con otros elementos: tejidos, madera, cerámica e incluso materiales de reciclaje, como puede verse en el genial “Gato Microsoft”. Vive y tiene el taller en Estambul.

Gato Microsoft (Escultura)
Mural de cerámica
Mural de cerámica

La gran mayoría de sus cuentos giran en torno a animales, y muchos tienen a un gato como protagonista. Por desgracia, solo hemos encontrado uno traducido al castellano, “La manzana roja”, y el personaje principal no es un gato, sino un conejo.

Juego de pelota en movimiento (Escultura)
Gatos musicales

Otro libro suyo – este con un gato y una ardilla – se titula “Un amigo en invierno”. Cuenta la historia de Leo (según la traducción inglesa) o de Caramel (según la francesa), que se aburre y sueña con tener un amigo.

Un amigo en invierno
Me pregunto por qué
Gato jardinero

Un buen día se fija en una ardilla que ha venido a recoger nueces y avellanas en el jardín. No tardan en hacerse amigos y en pasar tardes enteras jugando entre las hojas caídas. Pero cuando llega el invierno, la ardilla desaparece. Leo/Caramel decide ir en su busca por el bosque nevado…

El pájaro del reloj de cuco
Gato pintor
Le mentí a la lluvia

Descubrimos tres portadas de cuentos en turco con títulos maravillosos, sobre todo “¿Han visto a mi ratón moteado?”, pregunta hecha por un gato blanco moteado.

¿Han visto a mi ratón moteado?

El estilo de Feridun Oral cambia mucho, quizá con el paso de los años, o tal vez porque realiza series. Hay dibujos muy clásicos, otros con un ligero toque surrealista y otros de un estilo orientalizante.

Gato otomano

No hemos podido encontrar más información acerca de este interesante ilustrador y autor. Por las fotos sabemos que tiene un gato, y en alguna parte hemos leído que su abuela le contaba cuentos cuando era pequeño.


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Gatos en la fotografía de André Kertész

París, distrito XIV, 1929

André Kertész es uno muchísimos fotógrafos que han retratado gatos. Fotografió a los que convivieron con él y a los que vio en la calle. Nació el 2 de julio de 1894 en Budapest, entonces parte del Imperio austrohúngaro, en el seno de una familia judía de clase media. Su padre era un librero que falleció de tuberculosis en 1908, dejando a su viuda sin medios económicos para mantener a los tres hijos. El hermano del padre, Lipót Hoffmann, se hizo cargo de la familia y no tardaron en mudarse a su casa de campo en Szigetbecse.

1939

Hoffman costeó los estudios de comercio de su sobrino, y cuando este se graduó en 1912, le encontró un puesto en la Bolsa de Budapest, pero Andor (así se llamaba entonces) no sentía el menos interés por las transacciones financieras. Descubrió la fotografía a través de las revistas ilustradas de la época.

1927

Consiguió comprarse su primera cámara en 1912 con unos ahorros y empezó a fotografiar a los campesinos, gitanos y paisajes que rodeaban la casa de su tío. Dos años después, con el estallido de la I Guerra Mundial, fue reclutado y acabó en las trincheras, donde siguió haciendo fotos. Herido de bala en 1915, sufrió una parálisis temporal del brazo izquierdo. No se recuperó a tiempo para volver a combatir.

Años 1930

Las primeras fotos con un gato, fechadas en 1918 y tomadas en la ciudad de Braila, Rumanía, se titulan “Pierrette con un gato”. No sabemos quién era Pierrette.

Pierrete con un gato (Braila, Rumanía, 1918)

André Kerstész siguió trabajando en la Bolsa y allí conoció a la que sería su esposa, Erzsébet Saly. A principios de los años veinte dejó el trabajo para dedicarse a la apicultura, pero su rebelión fue breve debido a la Revolución Húngara y a la llegada del comunismo. Deseaba emigrar a Francia, pero su madre le disuadió.

1928

En 1925, la revista húngara Érdekes Újság publicó una de sus fotografías en la portada, lo que le aportó cierta fama. Para entonces, ya estaba decidido a irse a París y eso hizo en septiembre de 1925, dejando atrás a su madre y a su novia. Numerosos artistas húngaros emigraron en esa misma época, mencionaremos a Robert Capa, Brassaï, Julia Bathory.

La primera foto de suya de un gato en París fue hecha en 1926, en la puerta Saint Denis: un gato negro cruzando una calle casi desierta. Al poco de llegar, le presentaron al periodista y editor Gyula Halász, que hablaba perfectamente francés, cosa que Kerstész no hacía. Ilustró varios artículos de Halász para la revista francesa “VU” y le enseñó la técnica de la fotografía nocturna, entre otras muchas cosas. Halász quedó cautivado y pronto se convirtió en un fotógrafo de renombre bajo el seudónimo de Brassaï (https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/).

Porte St. Denis, París, 1926

Kerstész aceptó encargos de revistas europeas, se cambió el nombre por el de André y no tardó en saltar a la fama. En 1927, Jan Slivinsky presentó treinta fotos suyas en la galería “Sacre du Printemps”, en lo que era la primera exposición individual de un fotógrafo.

Mujer alimentando gatos

Aunque nunca habló públicamente de esta relación – quizá porque seguía prometido con Erzsébet Saly –, se casó en secreto con Rogi André en 1928 y se divorciaron en 1931.  El año en que se casó realizó una serie de fotos titulada “Perro y gato”. Los dos comparten una caja con diferentes variaciones de humor.

En los años treinta se había convertido en un fotógrafo célebre y logró que Erzsébet llegara a París. La pareja contrajo matrimonio en 1933, más de diez años después de haberse conocido y de una separación de casi ocho años. No volvieron a separarse, y ella pasó a hacerse llamar Elizabeth.

Elizabeth

A mediados de los años treinta, los cambios en la política europea y la creciente antipatía hacia los judíos empujaron a la pareja a aceptar una invitación de la Keystone Agency. Un año antes de irse, en 1935, Kertész se autorretrató con un gato negro.

Autorretratos (1935)

Pero la vida en Estados Unidos fue más difícil de lo que esperaba; echaba de menos a sus amigos franceses y a los estadounidenses no les gustaba mucho que les fotografiaran en la calle, de improviso. La Agencia Keystone quería que trabajara en un estudio, y para colmo, le costaba mucho hablar inglés. Había tardado años en aprender francés y no conseguía hacerse con otro idioma.

Mujer con gatos (París)

Abandonó la agencia y empezó a trabajar para diferentes revistas de prestigio, como Harper’s Bazaar, Town and Country y Life. Esta última le encargó el reportaje “El remolcador”. En una de las fotos (1939) aparece un gato.

El remolcador (1939)

En 1941, Vogue dedicó un número a sus fotógrafos, pero omitió incluir a André Kertész, que había contribuido con más de treinta encargos para la propia revista y para House and Garden. De hecho, la portada de esta última del número de abril de 1940 es una foto suya con un gato blanco y negro en un sofá.

Ese mismo año, el gobierno declaró al matrimonio “enemigo” al tener la nacionalidad húngara (Hungría estaba del lado de los países del Eje). Se prohibió a Kertesz que tomara fotos en exteriores o que participara en encargos relacionados con la seguridad nacional. Prefirió pasar desapercibido para no entorpecer la buena marcha de la empresa de cosméticos de Elizabeth, Cosmia Laboratories.

Edwin Rosskam con sus gatos

Desapareció del mundo de la fotografía durante tres años. De esta época hemos encontrado tres fotografías, el gato blanco y negro del autorretrato y otras dos con un gato muy parecido al que está tumbado en el sofá de la portada de House and Garden. Parece que no hay fotos de gatos posteriores a estas tres.

Autorretrato (Nueva York, 1943)

Ambos obtuvieron la nacionalidad estadounidense en 1944 y pudo volver a aceptar encargos. En 1945, el libro “Day of Paris” (Día de París), con fotografías hechas antes de emigrar, fue un éxito rotundo. Al cabo de unos meses firmó un contrato en exclusiva con House and Garden por 10.000 dólares anuales (el equivalente a 133.000 dólares actuales).

Colette (París, 1930)

En 1961 rompió su contrato con Condé Nat Publishing. Al recuperar la libertad, volvió a la fotografía que le gustaba. En 1964 expuso en solitario en el MoMA de Nueva York. Elisabeth falleció en 1977. Para entonces, André Kertész había aprendido inglés, aunque sus amigos decían que hablaba “kertesziano”, una curiosa mezcla de húngaro, francés e inglés.

Colette (París, 1930)

La Corporación Polaroid le regaló en 1979 una cámara SX-70 con la que experimentó en los años ochenta, y en 1982 fue galardonado con el Gran Premio Nacional de Fotografía en París. Falleció en Nueva York el 28 de septiembre de 1985 a los 91 años.

Tsuguharu Foujita (1928)


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La gata y Mily Possoz

Hija de padres belgas que se habían casado en Londres, Emilia Possoz, conocida como “Mily”, nació en Lisboa el 4 de diciembre de 1888. Su padre, Henri-Émile, exoficial de artillería del ejército belga e ingeniero químico, aceptó un puesto como docente en una escuela técnica portuguesa.

El Estado portugués se esforzaba en abrir escuelas técnicas y una de ellas fue la Escola Industrial D. Leonor, en Caldas da Rainha, la misma ciudad donde el ceramista Rafael Bordalo Pinheiro (https://gatosyrespeto.org/2018/01/18/gatos-de-ceramica-y-rafael-bordalo-pinheiro/), el diseñador del “gato erizado”, tenía su fábrica. De hecho, Bordalo Pinheiro enseñaba en esa escuela y una fuerte amistad unió a las dos familias.

Los Possoz llegaron a Lisboa el 2 de diciembre, dos días antes del nacimiento de Mily, que no fue bautizada hasta el 8 de junio de 1889 cuando la familia ya llevaba unos cuantos meses afincada en Caldas da Rainha. Al cabo de unos años, Henrique Burnay le ofreció a Henri-Émile un puesto en su empresa y la familia se trasladó a la capital de Portugal. Mily y su hermana Jeanne estudiaron en el Colegio Alemán.

Integrados sin dificultad en la sociedad lisboeta, se relacionaron con pintores y músicos. Henri-Émile incluso fue nombrado Canciller del Consulado belga en Lisboa.

Desde los primeros años de la adolescencia, Mily estudió con el acuarelista Enrique Casanova, con Emilia dos Santos Braga y con un pintor especializado en desnudos, algo que no fue muy bien visto en la Lisboa que frecuentaban. Cuando cumplió 16 años, su padre se puso en contacto con Ernest Bordes, que había trabajado para la familia real, y le preguntó su opinión sobre los cuadros de Mily.

Ante la respuesta positiva del pintor, su padre decidió mandarla a París a estudiar en la Academia de la Grande Chaumière, fundada en 1902 por la rusa Alice Dannenberg y por la suiza Martha Stettler, una profesora que se negaba a enseñar ciñéndose a las estrictas reglas pictóricas impuestas por las Escuela de Bellas Artes. Esta academia sigue existiendo en la calle del mismo nombre en el barrio de Montparnasse.

Allí conoció a numerosos artistas, entre otros a Manuel Jardim, a Eduardo Vaina, con quien se comprometería años después, en 1919,  y a Amedeo Modigliani. Empezó a explorar nuevas técnicas y a interesarse por movimientos vanguardistas. También estudió el arte de la litografía con Willy Spatz en Dusseldorf, Alemania, antes de viajar por Bélgica, Italia y Holanda.

A su vuelta a Portugal en 1908 vivió entre el bonito barrio de Lapa, en Lisboa, siempre en compañía de su hermana Jeanne y de su gran amiga Alice Rey Colaçao, pintora y cantante, y el hogar familiar en Estoril. Su padre falleció en 1912, dos años después de que el Partido Republicano derrocará a la monarquía. Mily Possoz se rebeló claramente contra el conservadurismo de la sociedad portuguesa y su visión monolítica  del arte, uniéndose al naciente movimiento modernista del país.

Fue una de las pocas mujeres de su generación que expuso individualmente y la única en ser invitada a participar en la Segunda Exposición de Humoristas en 1913. Realizó frecuentes viajes a París, pero no se trasladó definitivamente allí hasta 1927. Para entonces ya era la única mujer miembro del grupo “Jeune gravure contemporaine” (Joven grabado contemporáneo). Expuso en diversas ocasiones en París y entabló una duradera amistad con el artista Tsuguharu Foujita, otro gran amante de los gatos, con el que colaboró a menudo.

En 1922, la Sociedad Nacional de Bellas Artes de Lisboa rechazó exponer sus obras, lo que el Diário de Noticias consideró “una injusticia y un escándalo”. Eduardo Viana, al que nunca se le había denegado una exposición, se lo tomó como algo personal y decidió organizar una dedicada a artistas modernistas llamada “Salón de Otoño” (como la anual de París) con varias obras de Mily Possoz y otros pintores.

Eduardo Viana
Retrato de Mily Possoz por Eduardo Viana

En 1926, Viana rompió su compromiso con la pintora y se fue a Bruselas. Sin embargo, reemprendieron la relación dos años después y no se separaron definitivamente hasta 1930 cuando la pintora ya vivía en París, donde permaneció diez años. Participó en la Exposición Francesa de Grabados en Cleveland, Estados Unidos, y el museo de la ciudad aprovechó para comprarle varias obras.

Regresó a Portugal en 1937 y se estableció en Sintra. En 1940 estuvo entre los artistas modernistas invitados por el arquitecto Cottinelli Telmo para decorar los pabellones de la Exposición Universal de Lisboa. A pesar de haber nacido en el seno de una familia burguesa, Mily Possoz siempre tuvo que ganarse la vida a partir de la muerte de su padre.

Quizá sea más recordada en su país natal por las ilustraciones realizadas en 1958 para un libro escolar que marcó a toda una generación titulado “O libro da segunda clase”. Pero no fue el único, también dibujó la portada de “Buenos días, tristeza”, de la autora francesa Françoise Sagan (https://gatosyrespeto.org/2019/09/12/gatos-tristeza-y-francoise-sagan/), entre libros.

Una gata le sirvió de modelo para algunos grabados. En la foto, al lado de Mily, hay una gata persa que lleva un collar con colgantes… ¿de cascabeles? Y en varios grabados, también. Se ve claramente en el grabado en que está acostada al lado de un tiesto. Y sí, son cascabeles (algo que no recomendaríamos para un gato).

Mily Possoz y su gata

Mily Possoz falleció el 17 de junio de 1968 en la casa de su hermana en Lisboa. Al año, la Sociedade Cooperativa de Gravadores Portugueses organizó la primera retrospectiva dedicada a ella. Fue una mujer independiente, cosmopolita, atrevida, que se sumió en la vanguardia artística de su época.

Está representada en la National Gallery de Londres con un grabado titulado “Los tulipanes”, donado por el Club de Grabadores de Cleveland. Curiosamente, la etiqueta reza: “Milly Possoz, francesa, 1888-1967”. Ni fue francesa, ni murió en 1967.


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El gato en expresiones idiomáticas

Paul Klee (Gato y pájaro)

Nuestro idioma está lleno de refranes que hacen referencia al gato, como por ejemplo, Aquí hay gato encerrado, cuando queremos decir que las cosas no están nada claras. El gato es uno de los animales más recurrentes en las expresiones idiomáticas, sobre todo en inglés. Algunas remontan al medievo, otras son modernas, y las encontramos con ligeras variantes en diversos idiomas.

Andy Warhol (25 gatas llamadas Sam)
Anónimo

Hemos recopilado una serie de dichos, proverbios y refranes procedentes en su mayoría del idioma inglés (Gran Bretaña y Estados Unidos), francés y castellano, ilustradas con cuadros de artistas diversos y que, en su mayoría, ya tienen una entrada en nuestro blog.

Miné Okubo
Gottfried Mind

Usamos la expresión Ponerle el cascabel al gato o ¿Quién le pone el cascabel al gato? cuando se trata de una empresa que representa cierta dificultad. La frase procede de la Fábula de los Ratones de Esopo, en la que se propone ponerle un cascabel al gato para oír cuándo se acerca. Lope de Vega la usó en la comedia “La esclava de su galán”, publicada en 1647.

Cornelis de Visscher, siglo XVII
Franz Marc

Un refrán que nos llegó del Siglo de Oro es Dar gato por liebre. Francisco de Quevedo y otros autores de la época mencionan con frecuencia cómo en las tabernas y posadas de entonces era habitual sustituir la carne de liebre por la de gato.

Ernst Ludwig Kirchner
Leonor Fini

Y está la famosa locución Buscarle tres pies al gato, aludiendo a complicar las cosas. Siempre nos hemos preguntado por qué sería difícil encontrarle tres pies al gato. Pues bien, originalmente se trataba de encontrar el quinto pie, lo que nos parece más lógico. De hecho, en numerosos países de Latinoamérica se dice Buscarle la quinta pata al gato o No le busques la quinta pata al gato y también Le andas buscando la quinta pata al gato.

Marc Chagall (Gato transformado en mujer)
Gwen John

No olvidemos la frase Aquí hay cuatro gatos cuando se halla muy poca gente en un sitio. La explicación más habitual se refiere a que los madrileños son llamados “gatos”, pero solo se es madrileño de verdad si se pertenece a la cuarta generación nacida en la ciudad. Y de esos, hay muy pocos. Pero no podemos menos que dudarlo porque en francés, la expresión Il n’y a pas un chat  (No hay ni un gato) significa que un lugar está desierto.

Gato montés de la Nueva España
Gertrude Abercrombie (Gato en nube)

Hablando de dichos que existen en varios idiomas con pequeñas diferencias, el primero que nos viene a la cabeza es De noche todos los gatos son pardos, que en inglés pasa a ser All cats are grey in the dark y en francés La nuit, tous les chats sont gris.

Quint Buchholz
Hans Hoffmann, siglo XVI

En castellano, el gato que no se ve es pardo, en francés y en inglés, gris. El significado es obvio, con poca luz no se distingue muy bien quién o qué tenemos delante. John Heywood (Londres, 1497 – Malinas, Bélgica, 1580) en su colección de proverbios ofrece otra versión: When all candles bee out all cattes be gray (Cuando se apagan las velas, todo el ganado es gris).

Gino Severini (Gato negro, 1910)
Jacques Nam

La versión actual en inglés fue popularizada supuestamente por Benjamin Franklin en 1745 para explicar por qué un hombre se acostaría con una mujer mayor. El equivalente en España se debe a Miguel de Cervantes en la “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”, capítulo XXXIII, cuando dice: “De noche, a la vela, la burra parece doncella”.

Hanni Bay (años 30 del siglo XX)

Nadie acaba de ponerse de acuerdo sobre el significado de la expresión británica, ya casi en desuso, As conceited as a barber’s cat (Tan engreído como el gato de un barbero).

T. Osawa
Joachim Rágóczy

En el sur de Estados Unidos se dice As nervous as a long-tailed cat in a room full of rocking chairs (Tan nervioso como un gato de rabo largo en un cuarto lleno de mecedoras). La imagen basta para explicarlo todo, más aún si pensamos que las mecedoras solían ser el asiento predilecto de los sureños en los porches.

Théophile Alexandre Steinlein
Théophile Alexandre Steinlein

Los angloparlantes usan la frase To let the cat out of the bag (Dejar salir al gato del saco) cuando se revela un secreto. Existen expresiones muy similares en holandés, Een kat in de zak kopen, y en alemán, Die Katze im Sack kaufen, que traducidas literalmente significan “Comprar un lechón en una bolsa”, dejando entender que el lechón se sustituía por un gato. Al sacarlo, se revela el secreto. Pero el origen es dudoso.

Hasegawa Sadanobu

En francés se dice Donner sa langue au chat (Dar la lengua al gato) cuando no se sabe contestar a una adivinanza. Al parecer, originalmente era Jeter sa langue au chie (Tirar la lengua al perro), para expresar algo negativo, ya que se tiraban los restos a los perros. El dicho cambió en el siglo XIX por una versión más ligera.

Nahui Olin

La expresión inglesa Did the cat get your tongue? y la española ¿Se te ha comido la lengua el gato? hacen referencia al silencio de una persona que se calla ante una pregunta. En inglés francés y castellano, el gato se asimila al silencio, al que guarda los secretos.

Pierre Bonnard (Los gatos)

Hay un sinfín de expresiones acerca del gato y del tiempo. Ya se sabe, si un gato se pasa la pata por detrás de la oreja, lloverá. En la Provenza francesa dicen Quand le chat se frotte l’oreille, le mistral se réveille (Cuando el gato se frota la oreja, el mistral se despierta).

Natsuo Ikegami
Louis Wain

Los dichos de gatos y lluvia abundan en las lenguas romances. En Sicilia dicen Quannu la gatta si lava la facci, signu ch’havi a chioviri, lo que debe significar algo como Cuando la gata se lava la cara, es señal de que llega lluvia. Creemos que el proverbio gallego Se o gato lava a cara, é que venta enchente de auga posee el mismo significado. En Castilla es Gato que estornuda, anuncia lluvia.

Suzanne Valadon

Presuntamente, los gatos son muy sensibles a los cambios atmosféricos y notan la llegada de una tormenta mucho antes que nosotros. Eso explicaría las numerosas expresiones de gatos relacionados con el viento, la lluvia o el frío.

Max Beckmann

Un proverbio popular de la India anuncia El gato es el tigre de la rata, pero en Albania se usa otro, El gato es un león para el ratón.

Léonard Tsuguharu Foujita (Gato sentado,1930)

En yiddish se dice que Al gato le gusta el pescado, pero le disgusta el agua. Y los georgianos tienen un dicho maravilloso: Es complicado atrapar a un gato negro en un cuarto a oscuras, sobre todo si no está.

Escuela alemana (El gato azulverde, 1914)


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Gatos en los grabados japoneses Ukiyo-e

Utagawa Hiroshige (1857)

En marzo de 2015 se inauguró en Nueva York una espléndida exposición, organizada por la Sociedad Japonesa de esa ciudad, dedicada íntegramente a los gatos bajo el nombre de “Life of Cats: Selections from the Hiraki Ukiyo-e Collection” (La vida de los gatos: Una selección de la colección Hiraki de grabados Ukiyo-e).

Artista desconocido (Gatos buenos y malos)
Isoda Koryusai (1772-81)

La colección Hiraki nació hace más de 40 años gracias al fundador de la empresa de máquinas de coser Riccar, Shinji Hiraki, con el fin de salvaguardar un arte que permeó a todas las clases sociales japonesas durante el periodo Edo y al final de la Restauración Meiji (1868-1912), marcando el final de siglos de aislamiento.

Tsunajima Kamekichi
Utagawa Kunimaro (1849)

Los grabados Ukiyo-e (Mundo flotante) fueron muy populares e incluso podría decirse que producidos masivamente. En principio, el artista hacía el dibujo, otra persona lo grababa en madera, el impresor añadía los colores consiguiendo efectos sorprendentes y un cuarto se encargaba de comercializarlos. Los primeros grabados datan de la segunda mitad del siglo XVII, y alcanzaron su auge a finales del XVIII y principios del XIX.

Utagawa Kunisada (1833)
Utagawa Kunitoshi (Juegos de gatos)

Sin embargo, con la muerte de los dos grandes maestros Katsushika Hokusai (1760-1849) y Utagawa Hiroshige (1797-1858), la llegada de la Restauración Meiji y la consiguiente modernización tecnológica del país, el interés por los grabados Ukiyo-e empezó a declinar. Por suerte, el siglo XX fue testigo de una renovada demanda debida al creciente interés en Occidente por las escenas japonesas tradicionales y los grabados dibujados, esculpidos e impresos por el mismo artista.

Katsushika Hokusai
Utagawa Hiroshige (1844)

Una divertida estructura en forma de gato servía de entrada a un mundo mágico lleno de grabados cuidadosamente escogidos por los responsables de la Galería de la Sociedad Japonesa con el fin de reflejar la naturaleza multifacética y enigmática de los gatos. Desde el cachorro juguetón al terrible bakeneko de los mitos japoneses (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/) pasando por las caricaturas o los gatos antropomorfos, se expusieron más de noventa grabados, además de juguetes y otros objetos.

Entrada exposición
Utagawa Kunisada (1857)

La exposición se dividió en dos ciclos, dado que los grabados Ukiyo-e no pueden exponerse durante mucho tiempo a la luz natural, sobre todo los realizados antes de que Japón empezara a importar tintes químicos en la segunda mitad del siglo XIX. Los tintes vegetales son muy sensibles a la luz y pierden el color rápidamente.

Utagawa Yoshifuji (1880)
Utagawa Toyokuni

Como era de esperar, la estrella de la exposición fue Utagawa Kuniyoshi (1797-1861) (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/), posiblemente el artista más prolijo de Japón dibujando gatos. Firmaba sus obras con diferentes nombres que incluían los caracteres de la palabra “gato”; dibujaba personajes famosos como gatos; utilizaba la figura del gato para eludir la censura reinante durante el shogunato Tokugawa, y los gatos se paseaban libremente por su estudio.

Utagawa Kuniyoshi (1844-48)
Utagawa Kuniyoshi (Gatos actores, escena Michiyuki)

A finales del siglo XIX y principios del XX, los artistas occidentales de cualquier escuela, impresionista, fauvista, simbolista, nabi, incluso el famoso Wiener Werkstätte (Taller de Viena), el arquitecto Frank Lloyd Wright o el diseñador Louis Confort Tiffany, entre otros muchos, se dejaron influir por los Ukiyo-e. Pintores como Vincent van Gogh, Edouard Manet, Edgar Degas, Abbott McNeill Whistler se enamoraron de los grabados y Picasso se inclinó por el subgénero erótico.

Utagawa Yoshiiku (Canciones de los tres gatos)
Utagawa Kuniyoshi

En Francia, los marchantes de arte Siegfried Bing y Hayashi Tadamasa importaron grabados, y el historiador del arte Ernest Fenollosa se ocupó de la colección del Museo de Bellas Artes de Boston, al que siguieron el Museo Británico, el Victoria y Alberto, el Metropolitano de Nueva York y el Smithonian de Washington. Los coleccionistas no se quedaron atrás. Los Ukiyo-e estaban de moda.

Utagawa Kuniyoshi (1847)

La exposición se dividió en cinco temas: Gatos y personas, Gatos como personas, Gatos frente a personas, Gatos transformados y Gatos y juegos. Algunos de los grabados incluidos en esta entrada ya fueron publicados en entradas anteriores, pero merece la pena volver a verlos.

Utagawa Yoshifuji

En esta escena vemos a la Tercera Princesa dando una carta a su gato para que se la entregue a Genji, en una adaptación del siglo XV del original “Genji Monogatari”, del siglo XI, donde se encuentra la primera mención a un gato en la literatura japonesa.

Utagawa Kunisada (1848-54)

El siguiente, también de Utagawa Kunisada, pertenece a una serie de grabados sobre restaurantes famosos que servía de guía ante la proliferación de locales caros en el periodo Bunka-Bunsei (1804-1829).

Utagawa Kunisada (restaurante)

Este grabado de Utagawa Kuniyoshi pertenece a una serie titulada “Dieciséis encantadoras criaturas” y muestra la figura principal de una mujer despertándose de la siesta con su gato y un cuadro colgado en la pared del sacerdote Bukan también despertándose con su famoso tigre.

Utagawa Kuniyoshi

Un grabado de Tsukioka Yoshitoshi titulado “Tedio: La apariencia de una virgen de la época Kansei”, de la serie “Treinta y dos aspectos de las costumbres y maneras”. Casi todos los Ukiyo-e formaban parte de series que se guardaban en álbumes. Aquí, cada grabado refleja una emoción diferente encarnada en una mujer. Aunque tal vez refleje la emoción del gato, harto de que le manoseen.

Tsukioka Yoshitoshi (1888)

La representación de gatos como personas fue muy popular durante las reformas Tenpo (1842-1845), años en que se censuraban ciertas imágenes. Utagawa Kuniyoshi muestra a dos actores en una escena de la obra “La manga apestosa”, en torno a los clanes Gengi y Heike, que protagonizaron tremendos enfrentamientos en el periodo Heian. Un jefe de los Genji le pregunta a su amante dónde se encuentra uno de los Heike. Ella, despreocupada, toca un instrumento.

Utagawa Kuniyoshi

El grabado llamado “Acto 7”, de Utagawa Yoshiiku, muestra a siete famosos actores del teatro kabuki en una obra muy popular en la época conocida en Occidente como “47 rōnin”. Es el perfecto ejemplo de cómo los artistas conseguían saltarse la censura. Los actores van maquillados como gatos, pero se les ha dejado bastantes rasgos suyos para que los seguidores del kabuki puedan reconocerlos.

Utagawa Yoshiiku (1860)

Acabamos con dos grabados de Takahashi Shōtei (nacido Hiroaki), uno de los últimos representantes del grabado clásico a través del estilo sin-hanga (nuevos grabados), a mediados de la primera mitad del siglo XX, que revitalizó el tradicional arte Ukiyo-e.

Takahashi Hiroaki (1927-30)
Takahashi Hiroaki (1931)

A modo de curiosidad, si muchos de los artistas comparten el nombre de “Utagawa” es porque pertenecen a la escuela Utagawa, que surgió durante el Shogunato Tokugawa, cuando Japón se cerró al exterior. A pesar del sistema feudal, proliferó el comercio y apareció una clase burguesa que hizo posible la expansión de las artes, sobre todo de grabados Ukiyo-e, cerámica, lacas y textiles.

(La batalla de los gatos y los ratones)


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Los gatos del pacifista David McReynolds

Callejeros en azotea (principio de los ochenta)

El 17 de agosto de 2018, no hace ni cuatro años, murió uno de los grandes pacifistas estadounidenses. Su primera protesta fue contra la guerra de Corea; la última, a favor del desarme nuclear total. Durante 65 años, David McReynolds no dejó de creer en la paz y de luchar para que los gobiernos entendieran que era la única solución.

Delante del hotel (Bagdad, octubre 1981)

David Ernest McReynolds nació en Los Ángeles el 25 de octubre de 1929, exactamente un día después de la caída de la Bolsa que dio pie a la Depresión. Hijo de una enfermera y de un teniente coronel de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, ambos pertenecientes a la iglesia baptista, de adolescente formó parte del Movimiento de Abstinencia de Alcohol (Temperance League).

David McReynolds (Foto de Alvin Ailey, 1952)
Gato callejero (1957)

Ingresó en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) en 1949 y se licenció en Ciencias Políticas en 1953. Entretanto se unió al Partido Socialista de América (SPA) en 1951 y asistió a una conferencia de Bayard Rustin (1912-1987), el carismático objetor de conciencia durante la II Guerra Mundial encarcelado en numerosas ocasiones por sus creencias políticas, por negro y por gay. Rustin se convirtió en su “héroe existencial”, según dijo después.

(Febrero 1980)

Es muy posible que McReynolds llamara la atención del FBI incluso antes de sus días de universitario, cuando estaba en el Instituto y se unió al World Fellowship Club (Club de la Fraternidad Mundial) en contra de la Guerra Fría. Por cierto, el FBI llegó a compilar un dosier de 400 páginas sobre él.

Gato en tienda (1979)

Pero antes de seguir, quizá deberíamos decir que además de activista, David McReynolds fue un prolífico fotógrafo con más de 50.000 fotografías en su haber. Fotografió de todo, personas (famosas o no) que se cruzaban en su camino, amigos, protestas y gatos, los suyos, los de sus amigos, gatos en las calles de Nueva York, gatos en los países a los que viajaba en misiones de paz.

Gato europeo (1984)

Convivió con gatos hasta el último momento de su vida. Mephistopheles, un hermoso gato blanco y negro, fue el primero, como demuestra esta foto realizada en el barrio de Ocean View, San Francisco, en 1954.

Mephistopheles (Ocean View, San Francisco, 1954)

Poco tiempo después se trasladó a Nueva York al ofrecerle Bayard Rustin un puesto como periodista en el recién fundado periódico Liberation. Y aparece Mephistopheles 2, un gato negro asomado a la escalera de incendios del típico edificio de la Gran Manzana.

Mephistopheles 2 (Nueva York, 1957)

Adoraba a todos los animales, especialmente a los gatos, y sentía predilección por los siameses, que le acompañaron durante décadas. Siempre se paraba para ayudar a un animal herido, estuviese donde estuviese.

Sus primeros siameses (1967)

En 1960 dejó el periódico Liberation para unirse a la War Resisters League (WRL) (Liga de Resistencia a la Guerra) como coordinador de campo. Con el tiempo se convirtió en el rostro público de esta organización pacifista, en la que militó cuarenta años. No sabemos si en la sede de la WRL ya había un gato residente antes de su llegada.

El gato AJ (Sede de la WRL, noviembre de 1990)
AJ

Una de las acciones más controvertidas ideada por la Liga en los años sesenta fue la quema pública de cartillas militares, acto punible con cinco años de cárcel. David McReynolds y otros cinco jóvenes se reunieron el 6 de noviembre de 1965 y, subidos a una plataforma de madera, quemaron sus cartillas militares mientras un grupo de contraprotesta cantaba “Drop dead, red” (Moríos, rojos). La quema fue interrumpida por un hombre que les rocío con un extintor, pero consiguieron secar las cartillas con mecheros y quemarlas.

El gato Rusty (Sede de la WRL, 2006)

También fue miembro de la Bromeliad Society, un grupo botánico internacional dedicado al intercambio de semillas y esquejes. Llenó su piso del East Village con plantas exóticas y con estanterías cubiertas de diminutas botellas de perfume, ya que otra de sus pasiones era la creación de perfumes. Aquí vemos a Gandalf, uno de sus siameses, en una estantería abarrotada de frascos. Parece ser que Gandalf era capaz de subir y bajar sin tirar ninguno.

Gandalf entre frascos de perfumes (años noventa)

David McReynolds creía profundamente en la redistribución de la riqueza. En 1958 se presentó a congresista por el SPA y diez años después como candidato del Partido por la Paz y la Libertad en el distrito 19 de Nueva York, obteniendo 3.969 votos, o sea un 4,7%. En 1980 y en 2000 fue el candidato socialista a la presidencia de EE UU.

Gato literario (1978)

Siempre viajaba con su cámara, desde Los Ángeles a Nueva York y en sus peripecias por todo el mundo: se coló ilegalmente en Vietnam del Norte durante la guerra; estaba en Belgrado cuando la URSS entró en Checoslovaquia; se manifestó en la Plaza Roja de Moscú a favor del desarme nuclear; estuvo en Bagdad y en muchos otros lugares como parte de delegaciones pacíficas.

Gato tendero (noviembre 1990)

En su calidad de activista organizó y participó en un sinfín de manifestaciones contra la guerra de Vietnam, en protestas a favor del desarme nuclear, en acciones en defensa de los derechos civiles y de los derechos gay. Entre sus numerosos amigos estaban A.J. Muste, Bayard Rustin, Martin Luther King Jr., Grace Paley, Jeannette Rankin, Joan Baez, Allen Ginsberg y Ella Baker, entre muchos otros.

Gato en la Sexta Avenida (Nueva York, 1957)

Nunca se rindió, aunque la edad redujo su actividad en los últimos años. Su penúltima detención fue en 2002, en una protesta delante del edificio de Naciones Unidas en Nueva York, y la última en 2015, durante una protesta organizada por la WRL, cuando cortaron el paso a la misión estadounidense a Naciones Unidas.

Detenido el 28 de abril de 2015
Gatos iraquíes (1990)

En los últimos años se dedicó sobre todo a organizar y digitalizar su inmenso archivo fotográfico en compañía de su gato Shaman. El 15 de agosto de 2018, al no tener noticias suyas, unos amigos entraron en su piso y le encontraron en el suelo, inconsciente, con Shaman enfermo, sentado a su lado. Shaman murió al día siguiente y David al otro.

David McReynolds y Shaman (Foto de E. Hedeman)

Estas son todas las fotos de gatos realizadas por David McReynolds que hemos podido encontrar en Internet, la mayoría en su web (http://www.mcreynoldsphotos.org/socialist-party/mhr3op6iubmrynwzcux71ds5qtl67o). Estamos seguros de que hay muchas más.

Gatos en Babilonia

Acabamos esta entrada con la foto de un pequeño cartel hecha en 1991. Pegado a la vitrina de una tienda, reza: “Gato con instintos asesinos de guardia, prohibidos los perros”. Dedicamos esta entrada a todas las personas que creen en la paz.


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La gata Fifi Bigotesgrises y el lama

Una gata llamada Feefee Greywhiskers, en español Fifi Bigotesgrises, inspiró un libro titulado “Living With the Lama” (Vida con el lama). La contraportada de una de las ediciones inglesas dice así:

“Este libro prueba que los animales no son criaturas tontas como cree mucha gente. No se trata de un libro de ficción, su contenido fue transmitido telepáticamente a su autor”. Efectivamente, Fifi lo dice en el libro, todos los gatos se comunican telepáticamente entre sí y con otros animales; pueden hacerlo a una gran distancia, y si los seres humanos tienen esa capacidad especial, también se comunicarán con ellos.

Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad

Obviamente, el lama Lobsang Rampa tenía ese don y se limitó a escribir lo que le dictó Fifi cuando le contó su larga y ajetreada vida. Los primeros tres capítulos del libro están dedicados a describir en un tono bastante melodramático las desgracias vividas por Fifi hasta ser salvada por el lama y su mujer cuando ya era ciega, mayor y estaba a punto de morir.

Lobsang Rampa

A partir del capítulo cuarto, el tono empieza a cambiar gracias a los jocosos y atrevidos comentarios de Miss Ku (Lady Ku’ei), otra gata mucho más joven, llena de desparpajo y atrevimiento, capaz de usar un vocabulario de lo más descriptivo que le hace mucha gracia a Fifi. Hemos omitido decir que ambas gatas son siamesas de pura raza.

Edición española

Fifi pasó los primeros años de su vida – nunca se sabe realmente cuántos, aunque Miss Ku siempre habla de ella como “la abuela” – pariendo gatitos que le eran arrancados a las seis semanas para venderlos. Residía en un castillo en Francia, pero solo comía restos, sobre todo de ancas de rana (en los años 50 y 60 los británicos tenían el firme convencimiento de que los franceses se alimentaban básicamente de ancas de rana), y malvivía en un cobertizo.

Su única amiga era Madame Albertine, el ama de llaves. Fifi pertenecía a Madame Diplomate, mujer de un diplomático o algo parecido, que odiaba a todos los animales, y solo le interesaba por sus gatitos y para presumir de siamés delante de los invitados.

Edición francesa

Fifi viajó a Estados Unidos en pésimas condiciones, pero la Madame Diplomate nunca pudo presentarla a concursos porque la gata estaba casi raquítica. De vez en cuando alguien se apiadaba de ella y le daba bien de comer. Se quedó ciega por los maltratos recibidos; pero ella misma dice que los gatos poseen sentidos desconocidos por los humanos.

Edición rusa

Madame Albertine murió y su horrible dueña decidió colar a Fifi en Irlanda. Fue descubierta y los aduaneros la dieron por muerta. Por suerte, un trabajador se dio cuenta de que aún vivía y se la llevó a su casa. Allí se recuperó un poco hasta que el hombre se la entregó a su madre, que volvió a meterla en un cobertizo.

Edición española

Fifi dio a luz a dos gatitos y casi se murió de nuevo. Entonces apareció el lama Lobsang Rampa en su vida. Este la compró, junto a los dos gatitos. Los cachorros fueron regalados a una buena familia que prometió no separarlos Y Fifi, por fin, pudo ser feliz, muy feliz. Se habla de “mis 25 años con el lama”, pero nos parece algo exagerado.

Lobsang Rampa amaba a los gatos, de eso no cabe duda; habla de ellos y de su sabiduría en sus textos. Tuvo al menos tres, Fifi Bigotesgrises y la incansable Miss Ku, que le acompañaron cuando se trasladó a Canadá, y allí apareció Cleopatra, Cleo para los amigos. Ignoramos si también era siamesa.

Pero quizá deberíamos explicar quién fue el lama Tuesday (Martes) Lobsang Rampa, un hombre que se hizo famoso a finales de los años cincuenta por haber escrito “El tercer ojo”, una autobiografía. Al principio, ninguna editorial quiso publicar el libro, pero Secker and Warburg se arriesgó contra el criterio de varios expertos que habían expresado dudas sobre la autenticidad del manuscrito.

El tercer ojo

El libro se convirtió en un superventas a pesar de que muchos lo calificaron de fraude, lo que quizá sea una exageración. Es verdad que el lama Lobsang Rampa no era tibetano, ni siquiera hablaba tibetano. Probablemente no hablara más que inglés.

Edición francesa

En realidad se llamaba Cyril Henry Hoskin, había nacido en Plympton, condado de Devon, el 8 de abril de 1910, y ejercía de fontanero. Ahora bien, debió de ser todo un personaje. ¿Cómo se le ocurrió hacerse pasar por lama? El Tíbet ya era conocido en Europa gracias a los libros “Siete años en el Tíbet” (1952) y “Lhasa perdida” (1953), en los que el montañista Heinrich Harrer habla de sus aventuras vividas entre 1944 y 1951. También había otros escritos, pero no estaban al alcance de todo el mundo.

Edición portuguesa

De hecho, Harrer fue uno de los mayores detractores de Lobsang Rampa, que acabó reconociendo que no había nacido en el Tíbet, pero que su cuerpo estaba habitado por el lama de este nombre debido a la transmigración de las almas. Siempre mantuvo que aceptó de buen grado esta “ocupación” al no estar satisfecho con su vida anterior.

Edición rusa

Aunque nadie quiso apoyarle directamente, el mismo Dalai Lama reconoció que había hecho mucho en defensa del Tíbet y en dar a conocer el país. Tuvo cientos de miles de seguidores y llegó a escribir dieciocho libros, entre ellos las memorias de Fifi Bigotesgrises, publicadas en 1964.

Para entonces, el lama, su mujer San Ra’ab, su secretaria Sheelag Rouse (conocida por todos como “Buttercup” y a la que consideraba su hija), Fifi y Miss Ku se habían mudado a Canadá para huir de las crecientes acusaciones de charlatanismo aparecidas en la prensa británica. Falleció en Calgary el 25 de enero de 1981, a los 70 años.

Lobsang Rampa

En las numerosas mudanzas de la familia en Canadá, el lama publicó un anuncio en un periódico cuando buscaba casa. Decía así: “Se busca, por autor y familia, piso o casa amueblada o sin amueblar. Preferentemente cerca del mar. Contrato de un año para empezar. Familia compuesta por tres adultos y dos gatas siamesas (muy civilizadas)”.

La ciudad de Kémerovo, en Siberia occidental, dedicó un monumento a Lobsang Rampa y a la maravillosa Fifi Bigotesgrises.

Kémerovo (Rusia)