Gatos y Respeto

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Mis gatos, un poema de Charles Bukowski

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“En mi siguiente vida, quiero ser un gato”, dijo el escritor Charles Bukowski. “Para dormir 20 horas diarias y esperar a que me den de comer. Para no hacer nada y lamerme el culo”.

Es posible que no sea vox populi que el poeta transgresor por antonomasia era un gran amante de los gatos, incluso nos atreveríamos a decir un apasionado de los gatos. Él y su mujer Linda Lee llegaron a tener nueve gatos a la vez. En una ocasión dijo: “Tener muchos gatos es bueno. Si te sientes mal, miras a los gatos y te sientes mejor porque ellos saben que todo es tal como es. No hay que ponerse nerviosos por nada. Y lo saben. Son salvadores. Cuantos más gatos tengas, más vivirás. Si tienes cien gatos, vivirás diez veces más que si tienes diez. Algún día, esto se sabrá y la gente tendrá miles de gatos. Es ridículo”.

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Otra frase suya dice así: “Creo que el mundo debería estar lleno de gatos y de lluvia, ya está, solo gatos y lluvia, lluvia y gatos, muy bonito, buenas noches”.

Bukowski_3Entre sus numerosas obras publicadas póstumamente (era un autor muy prolífico que dejó seis novelas y más de 50 colecciones de cartas, poesías e historias cortas a su muerte en 1993) está “On Cats”, que saldrá a la venta en Estados Unidos el próximo diciembre. En el libro, el autor habla de gatos en general, de sus sentimientos hacia ellos. Los gatos de Bukowski no siempre son tiernas y dulces bolas de pelo, arañan, muerden y se defienden, como hizo el escritor hasta conseguir vivir de sus obras.

Nació en Andernach, Alemania, en 1920, hijo de un soldado estadounidense y de una alemana. A los tres años se trasladó con su familia a Los Ángeles, ciudad en la que creció. Dejó la universidad en 1941 para mudarse a Nueva York y ser escritor. Debido a su falta de éxito, dejó de escribir en 1946 y se dedicó a beber durante casi diez años hasta producirse una úlcera sangrante, lo que le llevó a volver a escribir. Para poder sobrevivir trabajó de lavaplatos, camionero, gasolinero, en una fábrica de comida para perros, otra de galletas e incluso colgó carteles en el metro de Nueva York, entre otros muchos oficios.

Con Linda Lee, su mujer desde 1985

Con Linda Lee, su mujer desde 1985

Publicó su primera novela en 1959 a la que siguieron más de cuarenta y cinco libros de prosa y de poesía. Solía escribir acerca de ambientes depravados, poblados por personajes maltratados por la vida, usando un lenguaje directo y violento. Varias obras suyas giran en torno a Henry Chinaski, un personaje autobiográfico. Entre sus poemas acerca de los gatos está “La historia de un duro hijo de puta”, en el que cuenta cómo un gato llegó en mal estado y sin rabo a su puerta. Le alimentó y el gato mejoró, pero le atropelló un coche. Aunque el veterinario pensó que no se salvaría, sobrevivió. Luego, si un periodista le preguntaba por su alma torturada, sus borracheras, qué le influía, cogía al gato y se lo enseñaba, diciendo: “Mira, mira esto, por las cosas que ocurren, por cosas así, por esto, ¡por esto!”

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También es suyo el poema “Mis gatos”, de la colección “Los placeres del condenado”.

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lo sé, lo sé./son limitados, tienen diferentes/necesidades y/preocupaciones.// pero los observo y aprendo./me gusta lo poco que saben,/y es tanto.// se quejan pero nunca/se preocupan,/andan con sorprendente dignidad./duermen con una sencillez directa que/los humanos no pueden/entender.// sus ojos son más/bonitos que los nuestros/y pueden dormir 20horas/al día/sin/dudas ni/remordimientos.// cuando me siento/mal/me basta con/mirar a mis gatos/y mi/valor/regresa.// estudio a estas/criaturas.// son mis/maestros.

(Traducción M.G. Se ha respetado la puntuación, falta de mayúsculas y división de los versos)

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Gatos protegidos, el santuario de Torre Argentina (Roma)

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En el año 44 a.C, Julio César fue apuñalado en la Curia del Teatro de Pompeyo, que se encuentra en el área sacra de Torre Argentina. No sabemos si en aquella época había gatos rondando por los parajes (el gato no es un animal muy representado en los frescos y mosaicos romanos, pero eso será el tema de otra entrada), aunque desde el descubrimiento de las ruinas de Torre Argentina en 1929, los gatos eligieron el lugar como refugio. Gatos abandonados, perdidos, callejeros, todos llegaban atraídos por la protección que ofrecían las ruinas, situadas por debajo del nivel de la calle.

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Entonces aparecieron “le gattare”, como llaman los romanos, con cierta condescendencia, a las mujeres que se dedican a Torre_Argentina_5alimentar a los gatos callejeros. Viendo que se les llevaba de comer, la gente se acostumbró a abandonar a sus gatos en el lugar. Total, ¿qué más da uno más o menos? Nadie pensaba que esos gatos se multiplicaban, que la demanda de alimentos y las enfermedades aumentaban exponencialmente. Una de las más famosas “gattare” fue Anna Magnani, como ya contamos en una entrada publicada el 24-03-2015.

El actor Antonio Crast consiguió la llave de una especie de cueva para, al menos, poder almacenar la comida que compraba para alimentar a los gatos. En los años ochenta, Franca Stoppi, otra actriz, recogió el testigo de su compañero y decidió que no solo se debía alimentar, sino castrar a los gatos de la zona, cosa que empezó a llevar a cabo con la valiosísima ayuda del veterinario Stefano Baldi. Años de ímprobo esfuerzo llevaron a Franca Stoppi al borde del colapso físico y económico. En 1993, Silvia Viviano y Lia Dequel empezaron a ayudarla y se dieron cuenta de que era necesario buscar una solución. Trabajaban en pésimas condiciones y cada primavera la población de gatos volvía a aumentar debido a los abandonos. Consiguieron hacer un censo: se responsabilizaban de 550 gatos.

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En 1995, una inglesa les habló de una protectora británica que conseguía increíbles resultados. Se pusieron en contacto con la organización, que les dio apoyo moral, material y valiosos consejos. No tardaron en entender que el lugar donde estaba ubicado el santuario les ofrecía una posibilidad para conseguir fondos y se atrevieron a abordar directamente a los turistas que se interesaban por los gatos mientras visitaban las ruinas. Y funcionó. Se corrió la voz y empezaron a llegar las donaciones. En septiembre de 1998, una pareja estadounidense organizó una cena benéfica para 120 personas en su casa de Roma. La esposa del embajador británico organizó otra algún tiempo después para 500 personas…

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No solo se pudo mejorar la calidad del pienso y seguir esterilizando, hubo suficiente dinero para vacunar y desparasitar a la enorme colonia. También consiguieron que el Ayuntamiento de Roma les pusiera agua corriente y luz eléctrica en las instalaciones. Actualmente, todos los gatos del santuario de Torre Argentina están esterilizados, vacunados y desparasitados. El refugio cuenta con una pequeña clínica veterinaria para atender casos urgentes y una tienda de recuerdos para recaudar fondos. Además, se ha organizado un sistema de adopción que funciona muy bien. Siguen sin recibir ayuda financiera por parte de la ciudad de Roma, a pesar de ser una auténtica atracción turística; más aún, el Departamento Nacional de Arqueología está empeñado en echar a los gatos porque “dañan la dignidad de un área sagrada”. De momento no lo ha conseguido y el santuario lucha para legalizar su situación.

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El principal propósito del santuario de Torre Argentina es reducir la población de gatos callejeros mediante campañas de esterilización en las que se incluyen otras colonias de gatos de la ciudad. No les es posible seguir acogiendo gatos e intentan dar prioridad a los mutilados, ciegos o discapacitados.

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Una “gattare romana”

Enlace de la página web oficial del santuario.


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El gato Karoun y Jean Cocteau

Cocteau y el gato Karoun (1950) Foto de Jane Bown

Cocteau y el gato Karoun (1950) Foto de Jane Bown

Si prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policía.

Me gustan los gatos porque me gusta mi casa. Y porque, poco a poco, se convierten en su alma visible.

Un miau es un masaje para el corazón.

Cocteau y un gato

Cocteau y un gato

Así hablaba Jean Cocteau, artista multifacético, de los gatos. Describía a su gato Karoun como “el rey de los gatos” y le dedicó la obra de teatro “Drôle de ménage”, pero no fue el único que acompañó a Cocteau durante su vida, hubo otros, probablemente muchos, aunque ignoremos sus nombres. Sabemos que fundó “Le club des amis des chats” (El club de los amigos de los gatos), pero hemos sido incapaces de saber en qué consistía dicho club, solo que diseñó una insignia reproducida en esta entrada. Sin embargo, no es difícil imaginar que este club reunía a amantes de los gatos como el pintor Foujita (ver nuestra entrada del 05-12-2014), el actor Jean Marais, la escritora Colette, Picasso y tantos otros.

Insignia del Club de los amigos de los gatos

Insignia del Club de los Amigos de los Gatos

Jean Cocteau nació en Maisons-Lafitte, muy cerca de París, en 1889, en el seno de una familia burguesa. Publicó sus primeros poemas en 1909 y se codeó con Marcel Proust en los salones de la época. En 1913, la creación del ballet “La consagración de la primavera”, de Stravinski, por el coreógrafo Diaghilev, fue una auténtica revelación que influyó en toda su obra.

Cocteau y el pintor Foujita

Cocteau y el pintor Foujita

Durante la I Guerra Mundial condujo ambulancias y entabló una gran amistad con Guillaume Apollinaire. Desplegó una actividad intensa en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales y colaboró con músicos como Erik Satie y Darius Milhaud; escribió poesía futurista, dadaísta y cubista, y tuvo una enorme importancia en el teatro con obras como “La voz humana” (1930), “La máquina infernal” (1934), “Los padres terribles” (1938) o “La máquina de escribir” (1941).

Dibujo de Cocteau

Dibujo de Cocteau

Gato y figura

Gato y figura

Se sintió igualmente atraído por el cine y escribió guiones inolvidables, entre ellos “La sangre de un poeta” (1930), “La bella y la bestia” (1945), “Los niños terribles” (1950) y “Orfeo” (1960).

Este genial artista y creador vanguardista decidido a probarlo todo no permitió que se le encasillara en un único movimiento literario o artístico, siempre buscó asombrar y asombrarse.

Falleció el 11 de octubre de 1963 y está enterrado en la diminuta capilla de Saint-Blaise-des-Simples, en el pueblo de Milly-la-Forêt, donde compró una casa en 1947 y residió hasta su muerte. El Ayuntamiento del pueblo le pidió que decorara la capilla en 1959 y así lo hizo. Incluimos una foto del fresco que realizó y un detalle del famoso gato con la misteriosa estrella entre las patas.

Capilla Saint-Blaise-des-Simples

Capilla de Saint-Blaise-des-Simples

Detalle gato de la capilla de Sanit Blaise

Detalle del gato en la capilla de Saint-Blaise

Desde el 24 de junio de 2010 es posible visitar la casa donde vivió Cocteau con su compañero Edouard Dermit, que siguió residiendo allí hasta su muerte en 1995.

Jean Cocteau (1962)

Jean Cocteau (1962)

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Muchísimos gatos y la actriz Sandy Dennis

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Sandra Dale “Sandy” Dennis nació el 27 de abril de 1937 en un pueblecito de Nebraska. Fue a la Universidad de ese estado antes S_Dennis_2trasladarse a Nueva York a los 20 años. En la cima de su carrera como actriz, en los años sesenta, fue galardonada con dos premios Tony de teatro y un Oscar® por su interpretación en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, de Mike Nichols.

Aparte de ser una talentosa y bellísima actriz de cine y de teatro, Sandy Dennis tenía varias pasiones en su vida: una era leer, la segunda cocinar, la tercera pintar acuarelas y la cuarta… los animales, sobre todo los gatos. Murió el 2 de marzo de 1992 con solo 54 años, dejando a 33 gatos y a tres perros para los que se creó el “Sandy Dennis Memorial Animal Care Fund”.

Hemos recopilado algunas reflexiones de la actriz acerca de sus gatos. En 1968 reconoció, en una entrevista a Life Magazine, que tenía 25 gatos y 6 perros. Unos años después dijo: “Tengo muchos, pero prefiero no decir cuántos. Algunas personas me traen animales porque creen que uno más no cuenta y otras me escriben cartas horribles metiéndose conmigo, preguntándome por qué no me dedico a la gente en vez de a los gatos”.

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En su casa de Connecticut, con hectárea y media de terreno, los gatos iban y venían a su antojo. A una periodista le explicó que “tienen sus costumbres. Se despiertan entre las 6:30 y 7:00 de la mañana y quieren comer. Si tardamos un poco, se levanta un auténtico coro griego de maullidos. Tardamos unas dos horas en darles de comer, lavar los platos y fregar el suelo. Si hace buen tiempo, salen a dar un paseo. A las 5:00 vuelven a por chucherías, y a las tres horas, a por la cena. A partir de esa hora, les echo de la cocina”.

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Siempre dijo que su sueño era poder fundar un refugio para animales. Le habría gustado comprar unas cinco hectáreas de terreno y abrir un refugio “para animales mayores, animales a los que se va a sacrificar”.

En el jardín con Minou

En el jardín con Minou

Tenía gatos favoritos, como Alexander, al que le encantaban los espárragos, y otro rayado que había encontrado en Londres, pero confesaba con una gran sonrisa que muchos de sus gatos eran unos antipáticos.

Su amor por los animales nació a una temprana edad. Contaba que su madre volvía un día de trabajar en la tienda Woolworth y, en un callejón, vio a un gatito encerrado en un gallinero. Pasaron los días y el gato adelgazaba. Por fin, su madre llamó a la puerta y preguntó qué pasaba con el gato. La mujer le contestó: “Ya no queremos al gato, así que lo estamos matando de hambre”. Su madre le dio un puñetazo y la dejó sentada. La mujer llamó a la policía, pero por suerte el jefe de policía era el tío de Sandy Dennis. El gatito, claro está, acabó en casa de Sandy y vivió muchos años.

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También contaba que con tantos gatos no era fácil pintar acuarelas: “Es un poco caótico, siempre hay un gato dispuesto a pisar lo que acabo de pintar. Se beben el agua en la que limpio los pinceles…”


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Los gatos del Parque Kennedy

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En el parque Kennedy del barrio de Miraflores, en Lima, Perú, viven gatos, bastantes gatos. Todas las noticias que hemos encontrado son del año pasado, pero al parecer, hace ya unos 20 años empezó a convertirse en un refugio para un gran número de gatos callejeros, creando cierto enfrentamiento entre los vecinos amantes de los felinos y aquellos que no lo son. No se sabe cómo llegó el primer gato o gata. Se habla de que alguien abandonó a una gata embarazada y que la mayoría de la población del parque desciende de ella. Otros creen que todo empezó cuando unos gatos “caza ratones” se escaparon de una iglesia cercana… Pero con el paso del tiempo, la población se multiplicó y unas cuantas personas también pensaron que era un buen sitio para abandonar a la mascota de la que ya se habían aburrido.

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La alimentación de la colonia corre a cargo íntegramente del Grupo Voluntario de Defensa Felina (GVDF), que no recibe ninguna ayuda oficial. Sin embargo, y a partir de 2011, la municipalidad de Miraflores en colaboración con GVDF impulsan el programa “Adopta Miau” y han logrado que se adoptaran unos 330 felinos. Dicho así, parece fácil, pero no lo es. Los gatos del parque y del entorno están catalogados en dos categorías, “salvajes” y “domésticos”. Los “salvajes” no se acercan a los seres humanos y no son domesticables, solo queda atraparlos, esterilizarlos y soltarlos. Pero la otra parte de la población felina es considerada “doméstica”, ya que son animales abandonados no hace mucho o lo suficientemente jóvenes para que quepa la posibilidad de adoptarlos.

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Los gatos no se entregan a cualquiera. Las adopciones se publicitan y tienen lugar en días concretos. La persona interesada debe presentar su DNI, rellenar una ficha con sus datos, pasar por una pequeña entrevista y firmar un compromiso garantizando el cuidado y bienestar del animal antes de llevárselo con su propio trasportín. No sabemos si luego se realiza un seguimiento para asegurarse de que el gato está bien.

En tres años (2011 a 2014) se ha reducido la población a 90 gatos. Todos están de acuerdo en que será difícil que baje de esta cifra ya que sigue habiendo gente que abandona regularmente en el parque y aledaños a pesar de que la municipalidad sanciona con una multa de 3.600 soles (mil euros).

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Como decíamos antes, no todo el mundo está de acuerdo con que haya un refugio gatuno en el barrio y su presencia sigue creando tensiones que han desembocado en casos de envenenamientos de animales y amenazas hacia los voluntarios que los alimentan.

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Solo nos queda felicitar desde aquí al colectivo GVDF y a la municipalidad de Miraflores por su esfuerzo y buen hacer.