Gatos y Respeto

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El gato Room 8

Retrato oficial de Room 8 (Foto de Roger W. Vargo)

Un buen día de 1952 apareció un gato en el aula 8 de la escuela primaria “Elysian Heights” (Altos Elíseos) de Echo Park, un barrio en pleno centro de Los Ángeles conocido por ser el hogar de músicos, actores y directores de cine como Frank Zappa (https://gatosyrespeto.org/2018/02/22/gatos-el-maestro-y-frank-zappa/), Steve McQueen, Shia LaBeouf o John Huston, entre otros. En los años cincuenta, Echo Park aún no tenía su célebre zona de moda, ni tampoco estaba tan densamente poblado; actualmente cuenta con más de 43.000 habitantes.

Ahora bien, que un gato llegue a un colegio, se pasee y esté de visita unos días, no dudamos que pueda pasar, pero ¿que decida vivir 15 años en la misma escuela? Cuando por primera vez vieron al gato atigrado, estaba famélico, y lo que hizo fue pedir trozos de sándwiches a los niños, que se encontraban en la hora del almuerzo. A continuación, les siguió al comedor y pidió más comida. En los días siguientes exigió que se le dejara entrar y dormir en las aulas, sobre todo en la 8; de ahí su nombre, “Room 8”. Varios profesores y padres a los que les gustaban los gatos calcularon que debía tener unos cinco años.

Cantando el himno nacional con Room 8

La entrada del colegio

Durante 15 años repitió exactamente la misma rutina: desaparecer por la noche y estar puntualmente por la mañana cuando abrían las puertas de la escuela. ¿Y qué ocurría en vacaciones y en verano? También desaparecía, pero el día que volvían los niños al colegio, ahí estaba. Al cabo de poco tiempo se desveló el misterio: siempre había alguna familia que vivía cerca dispuesta a acogerle si el colegio estaba cerrado.

Foto de fin de curso con Room 8

Retrato de Room 8 en la escuela

John Hernandez, que estudió en Elysian Heights, recuerda: “Conocí a Room 8 personalmente. Pasó todo el verano en casa con nuestros dos gatos, creo que fue en 1962. Pero antes ya había aparecido en numerosas ocasiones requiriendo comida, y siempre le complacíamos. Cabe la posibilidad de que fuera el padre de la última camada de nuestra gata. Tres de los seis gatitos tenían las mismas marcas que Room 8. Mi madre repartió los seis entre los vecinos, y es muy posible que el linaje de Room 8 siga vivo en el barrio”.

Room 8 deja su huella en cemento

Su huella

Room 8 se hizo muy famoso, tanto que en ocasiones llegó a recibir cien cartas en un solo día, aunque la media era de unas treinta mensuales. Cada otoño le esperaban cámaras de televisión y periodistas locales para asegurarse de que había vuelto. En 1968, el realizador Bud Wiser le incluyó en un documental de una hora de duración llamado “The World of Animals: Big Cats, Little Cats” (El mundo de los animales: Gatos grandes, gatos pequeños).

Room 8 realizando su pasatiempo favorito

“Sin nombre llegó al Aula 8 para traer fama a nuestra escuela”.

Es el protagonista del libro infantil “A Cat Called Room 8” (Un gato llamado Aula 8), escrito en 1966 por Virginia Finley y Beverly Mason, antigua directora de la escuela Elysian Heights. Las ilustraciones son de Valerie Martin, que daba clases cuando Room 8 se instaló en el colegio. La revista Look publicó un reportaje fotográfico de tres páginas de Room 8 realizado por el fotógrafo Richard Hewett en noviembre de 1962. El músico Leo Kottke compuso un tema instrumental titulado “Room 8” incluido en el álbum “Mudlark”, de 1971.

Placa firmada por la ilustradora del libro

Su popularidad empezó con un artículo en “My Weekly Reader” (Mi lectura semanal), una revista de gran éxito dirigida a niños que apareció en Estados Unidos desde 1928 a 2012. A partir de ese artículo empezaron a llover las cartas de fans, más de diez mil en total. Los niños de la escuela hacían las funciones de secretarios/as para contestar toda la correspondencia. Los sobres no solo contenían cartas, sino también billetes de un dólar o más, que sirvieron para comprar libros. Y algunos de estos sobres iban sencillamente dirigidos a “Room 8, Los Ángeles, California” o “El gato, Los Ángeles, California”.

Leyendo las cartas de sus fans

Recuerdos de Room 8

Los años pasaron, y un día Room 8 se peleó con otro gato y salió mal parado. Ya no era el gato en la plenitud de la vida que había elegido el colegio como su hogar. Cuando contrajo neumonía, una familia vecina de la escuela se ofreció para cuidarle. Y cada día, el conserje le buscaba al final de las clases y lo llevaba al otro lado de la calle.

Room 8 con una de sus secretarias

En la acera: “Hogar de Room 8”

Falleció el 13 de agosto de 1968. La esquela en el periódico Los Angeles Times, en tres columnas y con una fotografía, no tenía nada que envidiar a las de importantes figuras políticas. Era tal su fama que la esquela incluso se publicó en Hartford, Connecticut. Los alumnos organizaron una colecta para sufragar su tumba en el cementerio para animales de Los Ángeles, en Calabasas, California.

En el libro dedicado a Room 8, Beverly Mason recoge varios testimonios de antiguos alumnos, como el de Angie Medrano: “Mi primer recuerdo de Room 8 es verle en los brazos de la Srta. Mason y pensar que era un gato muy grande. Le puso en el suelo y saltó a un pupitre al lado de la ventana para echarse la siesta al sol”.

Beverly Mason con Room 8

Otro retrato en la escuela

Como cualquier otra escuela primaria en los años cincuenta, Elysian Heights tenía muchas reglas: No se habla en clase, se respeta la cola, no se corre en los pasillos, no se habla durante los diez primeros minutos de la comida. Pero encima de todas estas normas, una era suprema: “No se molesta al gato”. Un maestro de entonces, Bob Bedwell, recuerda que un alumno se cambió de pupitre porque Room 8 quería su sitio.

Room 8 quiere estudiar

Publicado en la revista Look

Room 8 se tumbaba encima de los cuadernos y de los libros, robaba la comida de los niños, dormía en la mesa del profesor mientras este daba clase. Room 8 hacía lo que quería, conquistó a todo un colegio y a un vecindario. Estamos seguros de que entre los niños que le conocieron, hay muy pocos que no sean amantes de los gatos actualmente.

Duerme feliz al sol en los Campos Elíseos, Room 8.


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Gatos vanguardistas y la pareja Goncharova-Larionov

Gato en una silla (Larionov, 1911)

Nacieron exactamente con un mes de diferencia en 1881; Mijaíl Larionov, el 3 de junio y Natalia Goncharova, el 3 de julio.  Sus respectivas familias se trasladaron a Moscú en 1891 y los dos ingresaron en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú en 1898. Se conocieron, se enamoraron y nunca volvieron a separarse. No se puede hablar de Natalia Goncharova sin hablar de Mijaíl Larionov y viceversa.

Natalia y Mijaíl en su estudio moscovita

Natalia estudiaba escultura, pero Mijaíl la convenció de que era pintora: “Tienes ojos para el color, pero te preocupas demasiado por la forma. ¡Abre los ojos para encontrar tus ojos!” Parece ser que al oír esto, la escultora se enfadó muchísimo y estuvo tres días sin hablarle, pero acabó dándole la razón y ya no dejó de pintar a partir de entonces.

Gata con gatitos (Goncharova, 1910-11)

Detalle

A pesar de las protestas de los padres de Natalia Goncharova, alquilaron un pequeño piso en 1903 y vivieron juntos sin estar casados. De hecho, no se casarían hasta 50 años después, solo para asegurarse de que su legado sería protegido y devuelto a Rusia. Cuando la Galería Tretiakov compró un cuadro de Larionov, los padres de Goncharova pensaron que quizá no era tan mal partido aunque no tuviera dinero.

Gata (Larionov, 1910)

Solo se separaban en verano. Él regresaba a Tiráspol, la ciudad donde nació, y ella se iba a las costas de Crimea. Se reunían en otoño y volvían a estar juntos, trabajando en el mismo estudio. Empezaron los escándalos: la obra de Natalia fue tachada de pornográfica y ella, arrestada; Mijaíl fue expulsado de la Escuela.

Gato (Larionov, 1910)

Larionov fundó el grupo de pintura vanguardista “Sota de Diamantes” junto a Robert Falk (un amante de los gatos), Alexander Kuprin, David Burliuk y muchos otros. En diciembre de 1910, la primera exposición con obras de los miembros de “Sota de Diamantes” en Moscú creó un revuelo mayúsculo que catapultó al grupo a la fama.

Robert Falk y gato

Ese mismo año, unos meses antes, ambos pintores habían participado en el Segundo Salón de Odesa con veinticuatro cuatros de Goncharova y veinticinco de Larionov. Por cierto, Kandinski contribuyó con nada menos que cincuenta y tres obras al Salón. En esa época inventaron el rayonismo, el estilo que sentaría la base de la pintura abstracta en Rusia. Una de las obras más famosas de Natalia son los gatos rayonistas.

Loa gatos (Goncharova, 1913)

Cuatro años antes, en 1910, el famoso Sergéi Diáguilev, fundador de los Ballets Rusos, había invitado a Larionov a la inauguración de una exposición de pintura rusa organizada por él en París. Durante su estancia descubrió los cuadros de Gauguin y el fauvismo, y en una visita a Londres, la obra de Turner.

Diseño escénico para “El gato, el gallo y la zorra” (Larionov)

Larionov hizo el servicio militar en tres etapas (invierno de 1910 a verano de 1911 y primaveras de 1912 y 1913). Fue entonces cuando pintó toda una serie de Venus con y sin gatos, entre ellas la Venus de Katsap, que podría traducirse como “Venus rusa”. Se han avanzado muchas teorías sobre las Venus de Larionov, pero quizá lo único que tiene sentido es que los gatos que las acompañan son una referencia al Gato de Kazán  (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/).

Venus de Katsap, dibujo (Larionov)

Venus de Katsap (Larionov, 1912)

Por las fechas de los cuadros de los dos artistas, parece ser que incluyeron gatos en sus obras antes del año 1915, cuando vivían en Moscú, en la época previa a su trasladó a Lausana y luego a París. La única excepción quizá sea “Desnudo con gato”, pintado después de 1917, en el que retrató a Alexandra Tomilina, su modelo durante muchos años antes de convertirse en su segunda esposa. ¿Dejaron de tener gatos en París?

Desnudo (Alexandra Tomilina) con gato (Larionov)

Poco antes de la Primera Guerra Mundial, Diáguilev, acompañado del coreógrafo Michel Fokine, viajó a Moscú para pedirle a Natalia Goncharova  que diseñara los decorados del ballet “El gallo de oro”. La exposición de las obras de los dos artistas organizada por el empresario en la Galería Paul Guillaume de París recibió una acogida impresionante. La teoría del rayonismo estaba en boca de todos y los jóvenes pintores se hicieron famosos.

Mujer con gato (Goncharova, 1913)

El estallido de la guerra les obligó a regresar precipitadamente a Moscú y Mijaíl fue llamado a filas. Gravemente herido en agosto de 1914, pasó por un largo periodo de convalecencia. En abril del año siguiente, Diáguilev les invitó a venir a Lausana para preparar los decorados de la nueva gira de los Ballets Rusos.

Dos gatos (Larionov)

No había muchos escenarios disponibles para los Ballets Rusos antes del fin de la guerra, por lo que Diáguilev aceptó encantado la invitación de Alfonso XIII para trabajar en Madrid, donde presentó con enorme éxito algunos de sus ballets más famosos en el Teatro Real. “Kikimora” se estrenó en el Teatro María Eugenia de San Sebastián cuando la familia real se trasladó allí para las vacaciones de verano. La estancia española marcó profundamente a Natalia y quedó reflejada en numerosos cuadros.

Vestuario para el ballet “Kikimora” (Larionov)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1917 estaban a punto de regresar a Rusia, pero les detuvo la Revolución de Octubre. Un año después alquilaron un piso en la calle Jacques Callot del barrio Latino de París. Siguieron compartiendo piso a pesar de haber dejado de ser pareja sentimental, debido tal vez a las muchas infidelidades de Mijaíl Larionov o porque el vínculo artístico era mucho más fuerte.

Venus (Larionov, 1912)

Natalia Goncharova conoció y se enamoró de Orest Ivanovich Rosenfeld, el agregado militar menchevique del gobierno provisional de Kerensky en París. Detenido en 1941, no salió del campo de concentración de Lübeck hasta 1945. A su regreso fue nombrado editor jefe del periódico socialista “Populaire”. Siempre ayudó a Natalia y le encargó dibujos para el periódico cuando ella y Mijaíl pasaron por dificultades financieras.

Ventana con gata (Goncharova)

Alexandra Tomilina se hizo con el corazón de Larionov. Licenciada en la Sorbona, se convirtió en su secretaria, modelo y compañera hasta su muerte. Acabó alquilando un piso en el mismo edificio que Mijaíl y Natalia, y aunque pasaba mucho tiempo en el piso de los artistas, siempre volvía al suyo para dormir.

Larionov nunca se repuso completamente de la herida sufrida en 1914 y pintaba cada vez menos. Goncharova, al contrario, incluso con artritis y después de romperse el brazo, siguió pintando. Entre 1957 y 1958 completó unos 50 cuadros. Firmó el último en 1960.

En su casa de París, principios de los cincuenta

Natalia Goncharova falleció mientras dormía el 17 de octubre de 1962. Mijaíl Larionov se casó por fin el 28 de mayo siguiente con la paciente Alexandra Tomilina, legándole todas las obras de Natalia y suyas, con el encargo de devolverlas a Rusia. El pintor murió el 10 de mayo de 1964.

Rabino y gato (Goncharova, 1912)


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Gatos con vitíligo o hipopigmentación

Gato rubio con vitíligo

El color de algunos gatos se aclara con el paso del tiempo. Aunque el cambio es mucho más aparente en los de pelaje oscuro, puede ocurrir en los de cualquier color. Pero ¿a qué se debe? El color de la piel y del pelo depende de unas células llamadas melanocitos, que se encuentran en la epidermis y en los folículos del pelo. Dichas células producen la melanina que aporta color a la piel y al pelo. Cuando nos exponemos al sol, estas células generan una mayor cantidad de melanina y la piel oscurece. Hasta aquí, todo tiene sentido, pero ¿por qué tiene lugar el efecto opuesto?

Proceso del vitíligo

La despigmentación no es una condición reservada a los gatos, se da en muchos otros animales (incluso en aves) y en seres humanos (la modelo Winnie Harlow, por ejemplo, que se convirtió en portavoz de la enfermedad).

Pingüino con vitíligo

Pantera con vitíligo

Pero volvamos a los gatos. Los hay de muchos colores con dibujos siempre diferentes (sobre todo los callejeros) ya que la cantidad de pigmento varía mucho de uno a otro. Algunos incluso son albinos y carecen totalmente de pigmento. De hecho, a pesar de las características marcas oscuras de los siameses, estos padecen a menudo de albinismo. Otra curiosidad de los siameses “point” es que el tono de las marcas varía según la temperatura del cuerpo.

Neptune en 2001

Neptune varios años después

La producción del pigmento depende de la acción de una enzima que actúa de acuerdo con la temperatura. Por eso, las partes corporales más cálidas de los siameses son más claras, mientras que las zonas más frías (la cara, pies, cola y punta de las orejas) son más oscuras. Hay gatos negros cuyo pelaje adquiere un tono rojizo al estar más expuesto al sol (https://gatosyrespeto.org/2019/03/21/los-gatos-negros-y-el-melanismo/). Sin embargo, existen estudios que demuestran que una dieta deficiente en los aminoácidos tirosina y fenilalanina también hará que el gato negro desarrolle un pelaje color óxido. Esto último se corregirá con una dieta equilibrada.

Oliver, un gato rubio

En general, la despigmentación se debe a condiciones benignas y no afecta en absoluto a la salud del gato, aunque puede haber excepciones, como el lupus erythematosus, una enfermedad inmunomediada en la que los anticuerpos atacan diferentes zonas de la piel, creando heridas y despigmentación. Por suerte, es una condición excepcional en los gatos. De todas formas, se recomienda llevar al gato al veterinario si se empieza a notar una despigmentación gradual.

Despigmentaciones poco comunes

La mayoría de estudios concuerdan en que el vitíligo empieza a una edad temprana en los gatos, destruyendo los melanocitos progresivamente. A medida que estos mueren, la piel y el pelo de la zona afectada se vuelven blancos. Suele afectar primero a la cara, sobre todo la nariz, los labios y la zona alrededor de los ojos. A continuación se extenderá por las almohadillas y, poco a poco, por todo el cuerpo. Efectivamente, si nos fijamos en las fotos de la gatita alemana Elli, además de la mancha blanca señalada con un círculo rojo, el vitíligo le afectó primero la cara, antes de extenderse con mucha rapidez por el resto del cuerpo.

Ellie en 2016

Ellie en abril de 2017

El vitíligo es una forma de leucoderma, algo que antes se creía muy poco común en gatos, pero gracias a las redes sociales e Internet, cada vez salen más casos a la luz. La leucoderma (piel blanca) y leucotriquia (pelo blanco) producen un efecto “tela de araña” o “copo de nieve” más obvio en gatos negros. Algunos pueden acabar casi totalmente blancos con el paso del tiempo con solo pequeñas manchas negras dispersas. Como hemos dicho antes, no es una condición restringida a los gatos, también se ve en perros y panteras negras, entre otros animales. Es algo meramente cosmético y no afecta a la salud aunque incrementa la posibilidad de quemaduras solares en las zonas despigmentadas.

Elli en agosto de 2017

Ellie en octubre de 2017

En medicina, el vitíligo entra dentro de las enfermedades inmunodeficientes y se divide entre segmentario y no segmentario.  El vitíligo segmentario tiende a formar un dibujo estable y asimétrico en la espalda, y su progreso en humanos puede predecirse. El vitíligo no segmentario es más simétrico en cuanto a su desarrollo y ocupa importantes zonas del cuerpo. Sus categorías son las siguientes:

  • Vitíligo generalizado – el más habitual. Manchas blancas distribuidas al azar.
  • Vitíligo universal – una despigmentación casi total. La progresiva “tela de araña” o efecto “copo de nieve”.
  • Vitíligo focal – unas pocas manchas blancas en un área concreta del cuerpo. En general, en gatos muy jóvenes (muy pocos casos).
  • Vitíligo acrofacial – en las patas y alrededor de los orificios corporales. Muy habitual en gatos colorpoint.
  • Vitíligo de la mucosa – despigmentación de las membranas de la mucosa. Poco común en gatos.

Ellie en marzo de 2018

Ellie en febrero de 2019

En 2014 hicieron su aparición unos extraños gatos blancos y negros en la región de los Cárpatos, en Hungría, Polonia, Ucrania, Eslovaquia y Rumanía. Tienen el rabo, la parte inferior de las patas, las orejas y la nariz de color blanco plateado con el cuerpo generalmente negro y alguna que otra mancha blanca. Al nacer son de un color claro que se oscurece a medida que crecen. En 2017, un gato de Romford, Gran Bretaña, nació con ese mismo marcaje. A pesar de haber sido diagnosticado con vitíligo, encaja más con la mutación karpati (un gen dominante). La mutación puede ocurrir en un gato de otro color, pero es más pronunciada en los negros.

Tigra (mutación karpati)

El efecto tela de araña, quizá el más común entre los animales afectados por vitíligo, no debe confundirse con la mutación “sal y pimienta” o “tweed”, común en gatos de Europa oriental, que se desarrolla a una edad temprana y, una vez estabilizada, produce un efecto “colorpoint” a la inversa, propia de los karpati. Ni tampoco con los pelos blancos que aparecen con la edad en gatos oscuros.

Gatito sal y pimienta o tweed

Resumiendo, el vitíligo no afecta a la salud del gato, solo a su aspecto físico. Algunos estudios sugieren que suplementar la dieta del animal con ácidos grasos omega-3 y vitamina C puede detener la despigmentación. Pero hasta la fecha no se ha realizado una investigación seria que apoye esta teoría.

Scrappy era negro en 1997. Foto de 2016


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El gato negro de Rutger Hauer

No recordamos que hubiera gatos en la famosa película “Blade Runner” (1982), en la que Harrison Ford, el Blade Runner, tiene la misión de “retirar” a cuatro replicantes que han regresado a la Tierra en busca de su creador. Uno de esos replicantes es Roy Batty, interpretado por Rutger Hauer, un magnífico actor con un físico imponente. Las cinco frases – no son más – que le dice a Rick Deckard en la azotea del edificio son inolvidables.

“Blade Runner” (1982)

Rutger Hauer falleció el pasado 19 de julio a los 75 años después de una breve enfermedad. Trabajó en más de 140 películas y es el actor holandés de mayor fama internacional. Debutó con el director Paul Verhoeven en la serie “Floris”, a la que siguieron títulos como “Delicias turcas” (1973), que le dio a conocer en todo el mundo al ser nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla Extranjera.

“Delicias turcas” (1973)

En 1981 trabajó con Sylvester Stallone en “Halcones de la noche” y con Timothy Dalton en “Coco Chanel”, antes de que Ridley Scott le escogiera para encarnar al carismático Roy Batty. Ganó un Globo de Oro por su papel en “La escapada de Sobibor” (1987).

El actor creó una fundación llamada “The Rutger Hauer Starfish Association” dedicada a apoyar, ayudar y cuidar a niños y mujeres embarazadas con VIH/sida, así como a educar para la prevención de esta enfermedad. El nombre “Starfish” (Estrella de mar) está inspirado en un antiguo proverbio indio: “Dale un pez a un hombre y comerá un día, pero enséñale a pescar y comerá cada día”.

Gato en un café de Ámsterdam

En la web de Rutger Hauer encontramos dos pequeños artículos acerca de un gato negro que decidió vivir con él. En todo Internet solo hay dos fotos del actor con un gato, pero no es negro, sino atigrado. Ambos parecen conocerse. Por una vez, nos hemos permitido añadir en la entrada fotos de gatos desconocidos; eso sí, todos holandeses, concretamente de Ámsterdam y de Utrecht, la ciudad natal del actor.

Café Belgie, Utrecht

Y esta es la traducción del primer texto en la web de Rutger Hauer:

“Nada más graduarme en la escuela de arte dramático, empecé a trabajar en los escenarios. Vivía en una pequeña granja con unas veinte vacas ruidosas y un pajar en la parte trasera. Delante, una pequeña cocina, un pequeño salón, todo era pequeño. No había agua corriente, la bombeaba del pozo y salía realmente helada en invierno. Para llegar al retrete, había que cruzar el pajar. Pagaba unos 30 dólares al mes de alquiler y ganaba unos 200. Fue hace mucho tiempo, en 1967”.

Gato negro en Utrecht

“No voy a extenderme, pero os hablaré de dos momentos con el loco gato negro que se hizo amigo mío después de largos preliminares. Cuando decidió adorarme, trepaba a toda prisa por la única cortina con un subidón de adrenalina. Había dos camas empotradas en el pequeño salón; así dormían los granjeros antes. Los trabajadores dormían en la cocina, que solo estaba separada del establo por una delgada pared para que les llegara el calor de las vacas. Yo estaba solo con el corazón destrozado porque mi matrimonio de tres meses se había roto. Tuve que irme, mi mujer y el niño desaparecieron”.

Gato en jardín de Utrecht

“La estufa se apagaba durante la noche. Me levantaba por la mañana, corría a por mis pantalones, me ponía tres jerséis y hacía café. Intentaba ir cada día más rápido. El gato vivía en casa y tenía formas curiosas de demostrar su afecto. Le gustaba tumbarse alrededor de mi cuello, por ejemplo. Le daba igual que me moviera. Por la mañana competía conmigo a ver quién era más rápido. En cuanto salía de la cama y me había puesto los pantalones, me agarraba por la pierna para que me parara y trepaba lentamente… ay… ay… ay… hasta llegar a su sitio favorito, mi cuello. Cómo me divertía. Eso es amor”.

En la introducción a la segunda parte, Rutger Hauer dice que espera que el gato Lucky vuelva, antes de pasar a describir qué le ocurrió con el gato negro que vivía en la granja cuando empezó su carrera de actor.

Gato de Utrecht

“Recuerdo que un día me fui al mercado con él agarrado al cuello. A continuación me desperté en el hospital del pueblo más próximo con una conmoción cerebral, y todavía hoy sigo sin saber lo que ocurrió entre medias. Las enfermeras me contaron que el viejo Peugeot 203 se había salido de la carretera y lo habían declarado siniestro total. Tenía prohibido levantarme y dormía mucho”.

Jacobus Van Looy (1855-1930)

“Al amanecer del día siguiente me despertó una enfermera y me preguntó por mi gato. También le había olvidado, incluso cómo era. Tardé un momento antes de decirle que era totalmente negro. Pensé que iba a anunciarme que había muerto, pero en vez de eso, señaló la puerta y preguntó: ‘¿Es él?’ No podía ser. El hospital estaba a más de 20 kilómetros del lugar del accidente. El gato en el umbral tenía el rabo levantado como una señal de interrogación. Era él. Increíble. Jamás me había creído esas historias. Entonces las creí. Sigo creyéndolas”.

Descansa en paz, Rutger Hauer.


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Gatos, Olivia de Havilland y Hollywood

Los gatos siameses estuvieron muy de moda en los años cuarenta y cincuenta, y muchos conocidos actores de la era dorada de Hollywood se apasionaron por ellos. Hace poco, el 3 de julio, Olivia de Havilland cumplió 103 años. No sabemos si la actriz que dio vida a Melanie en la película “Lo que el viento se llevó” sigue teniendo gatos, pero no nos extrañaría que así fuera.

Por las fotos que hemos podido encontrar, se ve claramente que a Olivia de Havilland le gustaban los gatos. Se sabe que viajaba con algunos de sus siameses, pero hasta hemos llegado a plantearnos si no los llevaba con ella a los rodajes. Hay una foto de la Agencia Getty en la que acaricia a un gato que no tiene nada de siamés en el plató de “La heredera”, y volvemos a verla con este mismo gato en una foto en color que no está tomada durante un rodaje.

En el rodaje de “La heredera” (1949)

A los 18 años, Olivia de Havilland tuvo que sustituir a la actriz que debía interpretar a Hermia en la obra “El sueño de una noche de verano”, dirigida por Max Reinhardt en el Hollywood Bowl. Su actuación asombró a todos y cuando el director supo que dirigiría la versión cinematográfica, le ofreció el papel. La joven rehusó en principio, decidida a seguir estudiando para ser profesora de literatura inglesa, pero acabó por dejarse convencer y firmó un contrato con Warner Brothers por 200 dólares semanales.

Con la gata Catherine, llamada así por el personaje de “La heredera”

Un año después, el estudio produjo “El capitán Blood”, una película de capa y espada que iba a protagonizar un actor desconocido llamado Errol Flynn y la tampoco muy conocida Olivia de Havilland. Hoy en día diríamos que la química entre los dos fue inmediata y traspasó la gran pantalla. Al parecer, “ambos tenían un atractivo clásico, voces cultivadas y daban la sensación de ser aristócratas”. Esta primera película marcó el tono de las siguientes: diálogos rápidos y ligeros llenos de pullas sin consecuencias, así como un respetuoso coqueteo mutuo.

Olivia, Errol y un gato desconocido

El New York Times y Variety alabaron la interpretación de Olivia de Havilland. La película, nominada a cuatro Oscar, fue un éxito popular y dio pie a siete colaboraciones adicionales entre los dos actores. A pesar de sus numerosas apariciones como pareja en la pantalla, nunca lo fueron en la vida real. Errol Flynn reconoció que se enamoró de la joven de 19 años y, de hecho, acabó por declararse el 12 de marzo de 1937, durante el baile de coronación del rey Jorge VI en el hotel Ambassador de Los Ángeles, pero la actriz contestó que debía divorciarse de su esposa, de la que ya estaba separado.

Errol Flynn y Bes Mudi

Parte de la atracción mutua entre los dos también podían ser los gatos. Errol Flynn tenía un maravilloso siamés llamado Bes Mudi, un gato con pie marinero, como puede verse en las fotos. Se lo había regalado Ward Hamilton, un famoso maquillador de cine, y no se trataba de un gato cualquiera, procedía de una famosa estirpe. Su madre era la premiadísima Mei Ling, su abuela era la no menos famosa Ah Fui y su padre era Prince Chan, doble campeón internacional. A todas luces, un siamés a la altura del estrellato de su humano.

Errol Flyn y Bes Mudi

Unos meses después, en septiembre, Jack L. Warner quiso que Olivia de Havilland interpretara a Lady Marianne en “Robin de los bosques” con Errol Flynn en el papel protagonista. El éxito de la película convirtió a la actriz en una auténtica estrella, pero su fama no se vio reflejada en los siguientes papeles que le dio el estudio. Empezaba a hartarse de hacer de ingenua y añoraba roles más dramáticos.

Errol Flynn con su padre y Bes Mudi a bordo del Zaca

En noviembre de 1938, el productor David O’Selznick se empeñó en que la actriz interpretara el papel de Melanie en “Lo que el viento se llevó”, pero Jack Warner no quería prestarla. Sin embargo, Olivia consiguió convencerle y encarnó el personaje que le valdría su primera nominación al Oscar a la Mejor Actriz de Reparto. En los diez años siguientes fue nominada a un total de cinco estatuillas, de las que se llevó dos a la Mejor Actriz por “Vida íntima de Julia Norris” (1946) y “La heredera” (1949), por la que también fue galardonada con el Globo de Oro.

En 1943 finalizó el contrato que la ataba a Warner Brothers; sin embargo, el estudio añadió otros seis meses por una operación de apendicitis a la que se había sometido y otro momento en que no había podido trabajar. El 23 de agosto, Olivia de Havilland presentó una querella ante la Corte Suprema de California. Aunque en noviembre ganó el juicio, la apelación presentada por el estudio hizo que la sentencia definitiva no se dictara hasta casi un año después. La querella le costó 13.000 dólares de la época (el equivalente a 190.000 dólares actuales), pero a cambio obtuvo el respeto y la admiración de sus compañeros, su hermana Joan Fontaine entre ellos, que comentó: “Hollywood debe mucho a Olivia”. Había conseguido reducir el férreo poder que los estudios ejercían sobre los actores. Eso sí, entró en la lista negra y tardó dos años en volver a rodar.

Joan Fontaine

Y hablando de Joan Fontaine,  parece que también tenía gatos siameses. Además, en una de sus películas, “Las brujas”, un gato gris interpretaba un papel de cierta importancia.

Joan Fontaine en “Las brujas” (1966)

Joan Fontaine

En marzo de 1946, Olivia de Havilland se casó con Marcus Goodrich. Cuando tuvo a Benjamin, su primer hijo, en 1949, se apartó un tiempo del cine para estar con el bebé. Rechazó el papel de Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo”. Un año después, la familia se trasladó a Nueva York, donde interpretó a Julieta en “Romeo y Julieta” y posteriormente, en 1952, el papel protagonista en “Candida”, de George Bernard Shaw, que llegó a las 345 representaciones. Ese año se divorció de su marido.

Foto para la promoción de “Camino de Santa Fe” (1940)

En 1953, invitada por el Festival de Cannes, conoció a Pierre Galante, uno de los editores de Paris Match. Después de un romance transatlántico, se casaron en 1955 y el año siguiente nació su hija Gisèle Galante. También se divorció de su segundo marido en 1962, pero siguieron compartiendo la misma casa en París durante seis años hasta que él se mudó a un piso al otro lado de la calle.

Rodó numerosas películas en Europa. La última vez que trabajó ante una cámara fue en 1988 para un telefilm a la edad de 72 años. Es la única actriz en vida de la llamada “era dorada” de Hollywood. Desde el año 1960 tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, y en 1998 fue nombrada doctora Honoris Causa por la Universidad de Hertfordshire, Reino Unido.