Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Un gato sin nombre y el marchante Ambroise Vollard

Vollard y su gato

Hablando de Ambroise Vollard, Picasso dijo: “Ni de la mujer más bella se pintó, dibujó o grabó el retrato tan a menudo como el de Vollard”. Y nosotros añadiremos que, en muchas ocasiones, le acompañaba un gato. Incluso en el famoso cuadro “Homenaje a Cézanne”, realizado por Maurice Denis en 1900, se ve de izquierda a derecha en la galería del marchante a Odilon Redon, Édouard Vuillard, André Mellerio, Ambroise Vollard, el mismo Maurice Denis, Paul Sérusier, Paul-Elie Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, Marthe Denis, la esposa del pintor, y a un gato atigrado, en el suelo debajo del caballete, que se parece mucho al que acaricia el galerista en numerosas fotografías.

Homenaje a Cézanne, de Maurice Denis

Detalle

A finales de julio de 1939, en vísperas de la II Guerra Mundial, un Talbot descapotable conducido por un chófer se dirigía hacia París. El famoso galerista Ambroise Vollard, de 73 años de edad, iba sentado en el asiento trasero. Parece ser que el coche dio varias vueltas de campana después de deslizarse por la carretera mojada y ambos pasajeros murieron. Sus cuerpos no fueron hallados hasta el día siguiente. Había desaparecido el descubridor de un sinfín de pintores, empezando por Cézanne. Natural de la isla de la Reunión, en el océano Índico, llegó a París en 1895, a los 21 años, para estudiar Derecho.

Ambroise Vollard en 1938

En su autobiografía reconoce que descubrir esos cuadros de colores irisados y brillantes del primer momento del impresionismo fue “como si me golpearan en el estómago”. Al año dejó los estudios de Derecho y organizó una primera exposición para Cézanne, entonces casi desconocido y considerado como un loco, en un local muy modesto de la calle Laffitte de París. Volvemos a citar al marchante: “Era menospreciado hasta por la vanguardia. Le compré 150 cuadros de golpe, casi todo lo que había pintado”.

Cézanne y Vollard

Y sigue diciendo en sus memorias: “Me gasté todo el dinero que tenía. Me pregunté si mi osadía no iba a llevarme a la ruina. Ni siquiera me quedaba bastante dinero para enmarcar correctamente los cuadros”. Pero la exposición fue un éxito, les catapultó a los dos a la fama y cimentó una profunda amistad entre ambos. Fue el galerista de Gauguin, Picasso (para quien organizó su primera exposición en París) y Matisse, además de vender obras de Rouault, Derain y de todos los fauvistas, así como de Degas, Renoir, Monet y Manet, entre otros muchos.

Una esquina del despacho de Vollard

No solo compraba obras de arte, también apoyaba los trueques. Según sus meticulosos libros de contabilidad, Picasso intercambió cuadros suyos por otros de Degas y Matisse; Degas y Renoir por algunos de Cézanne. Kandinsky quería un cuadro del Aduanero Rousseau, pero no podía permitírselo y dio varios cuadros suyos a cambio. En 1913, Matisse compró “Las tres bañistas”, de Cézanne, con el anillo de esmeraldas de su esposa.

Vollard, por Pablo Picasso

Aunque algunos artistas se quejaron de que los explotó, la gran mayoría le apreciaban y querían, como demuestra el sinfín de retratos que le hicieron. La galería se convirtió en uno de los focos de la vida bohemia parisina de la época. Organizaba cenas donde servía platos de su isla natal, como el curry criollo, a sus invitados. El fotógrafo Brassaï (https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/) dijo en una ocasión: “Eran fiestas muy alegres, hablábamos, discutíamos y planeábamos el futuro del arte”.

Cena en el sótano de la galería

Cuando murió, más de diez mil obras de arte llenaban su mansión de la calle Martignac, en París. Parece ser que todas las habitaciones excepto dos, el dormitorio y el comedor, estaban llenas de cuadros y esculturas. Entre sus clientes había grandes coleccionistas, entre ellos Gertrude Stein y su hermano Leo, Ivan Morozov, Sergei Shchukin y el estadounidense Barnes. Al no haber hecho testamento, su magnífica colección fue repartida entre varios herederos. Algunos cuadros acabaron, con los años, en los grandes museos internacionales, otros en colecciones privadas y muchos desaparecieron para siempre.

Vollard, por Pierre Bonnard

Detalle

Desde 1938, el secretario del marchante era Erich Šlomović, un universitario yugoslavo. En septiembre de 1939, cuando Francia declaró la guerra a Alemania, este último almacenó unas ciento cincuenta obras en el banco Société Génerale de París y se llevó otras trescientas cincuenta a Zagreb para montar una exposición, tal como Vollard le había pedido. Šlomović fue asesinado por los nazis en 1942 a los 27 años. El banco obtuvo una orden judicial para abrir la caja fuerte y puso en venta el contenido, pero los herederos de Vollard y de Šlomović entablaron un proceso judicial contra la entidad. Ciento cuarenta y una obras fueron vendidas en junio de 2010 por Sotheby’s en París y Londres. Las otras trescientas cincuentas piezas que llevó a Belgrado se encuentran ahora en el Museo Nacional de esta ciudad, aunque también son objeto de litigio.

Vollard, por Pablo Picasso

El resto de los cuadros se dividió entre Madeleine de Galea, la supuesta amante del marchante, y su hermano Lucien Vollard, que nombró albacea a Martin Fabiani, acusado años después de vender las obras de arte robadas por los nazis a aventureros, mafiosos y altos funcionarios de la Francia ocupada. Una pequeña parte de la colección está en el Museo Léon Dierx de Saint-Denis, en la Reunión, gracias a las donaciones que el propio Vollard hizo en 1912 y su hermano en 1947. Además, después de la I Guerra Mundial, Vollard donó numerosos cuadros a museos franceses cuando decidió cerrar su galería y seguir vendiendo desde su casa.

Vollard con gato dibujado por Pierre Bonnard

También dedicó tiempo a publicar libros ilustrados por sus pintores favoritos. Uno de los primeros fue el famoso “Dafnis y Cloe”, ilustrado por su gran amigo Bonnard. Fue el autor de dos manuscritos sobre Renoir y Cézanne, además de sus memorias, “Souvenirs d’un marchand de tableaux” (Recuerdos de un marchante de cuadros).

Vollard, por Pierre Bonnard

Le gustaban los gatos. Si no fuera así, Bonnard y Picasso no le habrían retratado con uno en brazos, y Brassaï tampoco le habría fotografiado sujetando a otro empeñado en escaparse.

Vollard fotografiado por Brassaï en 1934

Anuncios


2 comentarios

Gatos en los retratos de Alice Neel

Alice Neel fue una pintora estadounidense nacida el 28 de enero de 1900. Entre los cientos de retratos que realizó solo hemos encontrado cinco en los que incluyó un gato. En uno de ellos, pintado en 1969, vemos a su hijo Hartley con un gato en brazos. Aparte de otros tres dibujos de siameses y el cuadro de un gato negro, no hay nada más.

Hartley y un gato (1969)

Creció en el seno de una familia muy estricta junto a tres hermanos y una hermana. Parece ser que en una ocasión su madre le dijo: “No sé qué esperas hacer en este mundo, no eres más que una chica”. Después de acabar el instituto en 1918, pasó un examen para funcionarios y consiguió un empleo muy bien remunerado, lo que le permitió ayudar a sus padres. Al cabo de tres años empezó a asistir a clases nocturnas de pintura y acabó matriculándose en el programa de Bellas Artes de la Escuela de Diseño para Mujeres de Filadelfia. Se costeó el primer año de estudios con sus ahorros y consiguió becas para los tres siguientes.

Mujer con gato (1932)

En 1925 se casó con el pintor cubano Carlos Enríquez y llegó a la isla en 1926. Allí fue inmediatamente adoptada por un grupo de artistas de vanguardia. Expuso por primera vez en el XII Salón de Bellas Artes de Cuba en 1927, el mismo año que la pareja decidió instalarse en Nueva York. Al poco de llegar, su hija Santillana murió de difteria cuando aún no había cumplido un año. A pesar del terrible golpe, Alice Neel encontró un trabajo en el National City Bank y se quedó embarazada de nuevo de su segunda hija, Isabetta. En 1930, cuando la niña tenía dos años, Carlos regresó a Cuba para dejarla con su familia y preparar el traslado de ambos a París, pero al final se fue solo. Alice cayó en una profunda depresión, intentó suicidarse en dos ocasiones y estuvo un año en un hospital psiquiátrico. Aun así, nunca dejó de pintar.

Siameses (1951)

Siameses (1950)

En los años treinta, en plena Gran Depresión, Alice Neel se acercó mucho al Partido Comunista, aunque nunca estuvo afiliada al mismo, y retrató a numerosos líderes políticos de izquierdas. En mayo de 1931 participó en el primer Washington Square Outdoor Art Exhibit, organizado por Jackson Pollock. Ese mismo año conoció a Kenneth Doolittle, un marinero opiómano que en diciembre de 1934, en un ataque de celos, cortó y quemó unos 60 cuadros y 200 dibujos y acuarelas de la artista. En palabras de Alice Neel: “Fue un tremendo acto de chauvinismo machista, quería controlarme totalmente. Tuve que salir corriendo del piso o me habría cortado la garganta. Fue muy traumático para mí, ya que destruyó algunas de mis mejores obras, cosas que había hecho mucho antes de saber que él existía. Tardé años en superarlo”.

Gato negro (1965)

Poco después tuvo una relación con John Rothschild, que la ayudó económicamente, pero a finales de 1935 se enamoró de José Santiago Negrón, un guitarrista puertorriqueño que tocaba en un local llamado “La casita”. El flechazo fue mutuo y él dejó a su esposa e hija para vivir con Alice. En septiembre de 1936 terminó el famoso cuadro “Los nazis asesinan a los judíos”. Alice Neel se encuentra entre los pocos artistas estadounidenses que plasmaron la suerte de los judíos a manos de los nazis en Alemania. Negrón amenazó con dejarla cuando se quedó embarazada, y aunque ella se empeñó en tener el bebé, lo perdió unos meses después. Durante el embarazo se mudaron del Greenwich Village al Spanish Harlem, donde la pintora vivió veinticuatro años. Era un lugar maravilloso para su creatividad. Se dedicó a pintar a todos los vecinos y también en esa época empezó la serie de mujeres desnudas. En septiembre de 1939 dio a luz a su primer hijo, Richard Neel. El padre les abandonó tres meses después.

Hartley y Richard

En 1940 conoció a Sam Brody, un fotógrafo intelectual muy próximo al Partico Comunista. No tardaron en vivir juntos, pero Brody no le dijo en ningún momento que estaba casado y que tenía dos hijos. Él visitaba a su mujer cada tarde, y durante varios años ni Alice ni la esposa supieron de su respectiva existencia. Entretanto, Negrón iba a ver regularmente a su hijo Richard y entregaba dinero a Alice. En 1941 dio a luz a Hartley. Su relación con Sam Brody duró hasta 1958.

Niña con gato

Peter B. Kaplan con gato (1950)

En los años cincuenta, el FBI empezó a vigilar a Alice Neel por sus simpatías hacia el Partido Comunista y lo siguió haciendo hasta mediados de los sesenta, época en que dejó el Spanish Harlem para mudarse al Upper West Side. Como muchas mujeres artistas de su tiempo, tuvo que luchar para ser reconocida, y ese reconocimiento no se hizo patente hasta que unos pocos críticos en los sesenta se fijaron en ella, sobre todo Hubert Crehan, un escritor y pintor conocido por su defensa de las artistas.

Dos gatos (1942)

En agosto de 1970, la revista Times encargó a Neel que pintara un retrato de Kate Millet, la gran feminista, para la portada de la revista. Millet rehusó posar porque consideraba que una sola mujer no representaba a todo el movimiento. Los directivos de la revista no se rindieron y le pidieron a Neel que hiciera el retrato a partir de una foto. Por entonces también retrató a Andy Warhol y a muchos otros. En los setenta ya era famosa y el presidente Jimmy Carter le entregó el Premio National Women’s Caucus for Art. De hecho, había alcanzado la cima cuando murió en su piso el 13 de octubre de 1984 rodeada de su familia.

Fotografía de Lynn Gilbert (1976)

Eddie Zuckermandel con gato (1948)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alice Neel luchó toda su vida contra la depresión, pero siempre consiguió superar los golpes y adversidades. Pintó pocos gatos, es verdad, pero nunca dejó de hacerlo. El primer retrato con un gato es de 1932 y el último, fechado en 1981, se titula “Victoria con gato”, quizá una de sus nietas.

Victoria con gato (1981)

 


Deja un comentario

El gato Pard y la escritora Ursula K. Le Guin

En 1969, Ursula K. Le Guin publicó la novela “La mano izquierda de la oscuridad” sobre un extraño planeta, Gueden, habitado por seres andróginos cuyo sexo cambia según la influencia feromonal del compañero sexual, algo totalmente inaudito en la época. Nadie había osado plantear un mundo sin un sexo dominante donde realmente ambos fuesen iguales. Además, como dijo Margaret Atwood en la necrológica que escribió para el Guardian en enero pasado después del fallecimiento de Ursula K. Le Guin: “Parece que por fin el tiempo ha alcanzado a la novela. El planeta Gueden está dividido en dos. Por una parte, una sociedad con un rey loco. Abundan las camarillas y las rencillas. Un día se está en el círculo íntimo y al siguiente, la persona se ve condenada al exilio. Y en la otra parte, la sociedad se basa en una poderosa burocracia gobernada por un comité secreto. Si a alguien se le considera un peligro para el bien general, se le encarcela en un sito alejado sin juicio ni defensa posible”. Hace casi 50 años, Ursula K. Le Guin predijo, a grandes rasgos, el mundo actual.

Pard y las peonias

En la barandilla

La escritora falleció el 22 de enero de 2018 en su casa de Portland, Oregón, donde vivía con su marido Charles, al que conoció a bordo del Queen Mary camino de Francia y con quien se casó unos meses después en 1953, y con Pard, su gato blanco y negro. En 2016, el New York Times la describió como “la mejor escritora viva de ciencia ficción”. Ella contestó que preferiría ser conocida sencillamente como “una novelista estadounidense”.

En casa

Sus novelas de ciencia ficción hablan de brujería y dragones, naves estelares y conflictos planetarios, pero incluso cuando los protagonistas son hombres, evitan la habitual postura machista de los héroes de fantasía. Viven conflictos enraizados en enfrentamientos culturales que suelen resolverse mediante la conciliación y el sacrificio, y no las batallas y las armas.

Vista trasera

Traducidos a más de 40 idiomas, se han vendido millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo. Además de veintidós novelas, escribió doce colecciones de poemas, más de cien historias cortas recogidas en un sinfín de volúmenes, siete libros de ensayos y trece libros infantiles. Tradujo cinco libros, entre los que mencionaremos el Tao Te Ching, de Lao Tzu, y una serie de poemas de la Premio Nobel Gabriela Mistral.

En la biblioteca

Nació el 21 de octubre de 1929 en Berkeley, California. Era la hija de Alfred L. Kroeber, un antropólogo dedicado al estudio de los indios californianos, y de Theodora Kracaw Kroeber, autora del libro “Ishi in Two Worlds” (Ishi en dos mundos), acerca de la vida y muerte del último indio californiano libre. Se sintió atraída desde muy joven por la ciencia ficción, pero dejó de interesarle siendo adolescente porque “las historias siempre trataban de armas y soldados: hombres blancos que salían a conquistar el universo”.

Se licenció en el Radcliffe College en 1951, y un año después obtuvo un máster en Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Columbia. Poco después le concedieron una beca Fullbright para estudiar en París.

Antes de Pard, con Lorenzo

En 2010 empezó un blog (http://www.ursulakleguin.com/Blog-Index.html) cuya última entrada es un poema escrito en 1991 “cuando la Unión Soviética se estaba desintegrando”. Y dentro de este blog están los anales de Pard, un gato vestido con un impecable esmoquin. En la penúltima entrada, titulada “Pard y la máquina del tiempo”, explica que su gato ha descubierto por fin la verdadera utilidad del escáner: el lugar perfecto para echarse la siesta. Porque, como dice la escritora, los gatos no necesitan una máquina para viajar en el tiempo, un momento están aquí con nosotros, y al siguiente ya no, aunque la transición suele ser imperceptible.

Pard y la máquina del tiempo

Además de los anales de Pard, el blog también incluye varias entradas tituladas “Mi vida hasta ahora, por Pard”, en las que el gato blanco y negro cuenta su vida empezando por la infancia con su madre y su hermana. Dado que el primer capítulo apareció en 2012, es muy probable que Pard llegara a la casa de los Le Guin entonces y que ahora ronde los seis años.

Pard y la jungla de la ventana

Pard cuenta que era feliz con su madre y su hermana, que había croquetas en el bol y que sabían bien, que los humanos comían cosas raras y que su madre intentaba cazar las cosas raras, lo que daba lugar a situaciones desagradables. Otra cosa que considera desagradable son los abrazos, aunque se den con la mejor intención. Luego, Pard es metido en una caja que huele a miedo y llevado a otro lugar, un lugar horrible lleno de gatos donde “pierde las pelotas”. Recuerda que tenía dos y que un día ya no tuvo ninguna. Más tarde le llevaron a otra casa, y tardó algún tiempo en acostumbrarse al viejo Gato y a la vieja Reina (Charles y Ursula Le Guin).

En la fuente

Incluimos un párrafo escrito por Pard: “Esconderse debajo de la cama no es lo mejor cuando uno padece de ansiedad, pero no es un mal lugar para ser temporalmente invisible cuando se está atento a pies desconocidos, máquinas sumamente ruidosas, etcétera. O también cuando me gritan porque me he estirado y ejercitado mis uñas en la colcha, a pesar de que es obvio que para eso mismo están las colchas”.

Pard debajo de la cama

Y sus impresiones cuando llegó a la casa de los Le Guin: “Al principio no me fiaba del viejo, pero mis miedos carecían de fundamento. Cuando se sienta, tiene una cualidad excelente llamada regazo. Los otros humanos también lo tienen, pero el suyo es mío. Está lleno de tranquilidad y afecto”. Y hablando de Ursula, dice: “Lo que me gusta de ella es poder colocarme detrás de sus rodillas en la cama, o también encima de su cabeza coronada por una especie de pelaje que me recuerda a mi madre. Así que, a veces, me tumbo en la almohada y se lo amaso, sobre todo cuando está dormida”.

A través del espejo

Sueños de gato

Entre los libros infantiles que escribió Ursula K. Le Guin está la serie “Catwings”, donde aparece una camada de cuatro gatos que nacieron con alas, y el maravilloso “Cat Dreams”, que solo puede conseguirse de segunda mano, ambos con espléndidas ilustraciones de S.D. Schindler.

Ilustración de S.D. Schindler

Esta entrada es para ti, Yolanda Rodríguez Villegas, gran amante de los gatos y gran defensora de los derechos de la mujer. Gracias.

Con Lorenzo (1996)


1 comentario

El gato cartujo, raza francesa por excelencia

Como ocurre con muchas razas de gatos, el origen, la historia y el nombre de los gatos cartujos ha dado pie a muchas especulaciones. Por ejemplo, se dijo que los monjes cartujos (los creadores del famoso licor verde, el Chartreuse) fueron los primeros en introducirlos en Francia, pero parece ser que llegaron a Europa , sobre todo a las Galias, en barcos procedentes de Oriente Próximo, concretamente de Turquía y el norte de Irán, en la época posterior a las cruzadas. El primer documento que menciona a un gato de pelo gris azulado es un poema escrito en 1558 por Joachim du Bellay en el que se lamenta por la muerte de su adorado Belaud. No solo canta las proezas del felino, sino que aporta detalles precisos acerca del carácter y los rasgos físicos de una raza que vivía en Francia en aquella época y corresponde a la descripción de los cartujos.

 

 

 

 

 

 

 

Estos son algunos de los versos del poema traducidos al español: “Cubierto de pelo plateado,/corto y pulido como el satén,/tendido en ondas sobre el lomo,/y blanco como el armiño por debajo./Morro pequeño, dientes pequeños,/mirada no muy ardiente,/pero cuyo tono variado/imita el color dejado por el arco lluvioso/que se inclina a través de los cielos./Y por debajo, una naricita de ébano,/un hociquito leonino/rodeado de una barbita plateada…”

Sigue describiendo un cuerpo robusto sobre patas delgadas y acaba alabando las proezas cazadoras de Belaud. Leyendo el larguísimo poema es imposible negar que el poeta amaba a su gato y que su muerte le dolió profundamente.

Más tarde, otros autores hablan de un gato azul. El nombre “gato de los cartujos” no aparece hasta el siglo XVIII en el “Diccionario Universal del Comercio, Historia Natural y Artes y Oficios”, de Savarry de Bruslon, donde describe el apelativo “cartujo” del modo siguiente: “El vulgo nombra así a un gato de pelaje azulado muy apreciado por los peleteros”. En otra entrada del diccionario, el autor habla de una lana gris muy suave, importada de España y llamada “pile des Chartreux” (lana cartuja), de elevadísima calidad procedente de ovejas merinas. De hecho, entre los siglos XV y XVIII, la lana española era considerada la mejor de Europa. El gato cartujo tiene un pelaje muy denso y mullido, por lo que habría podido compararse a la preciada lana.

Pelo de oveja merina

En 1735, el famoso científico sueco Lineo, creador de la taxonomía (clasificación botánica y animal), en su obra “Systema Naturae” describió el pelaje del gato cartujo como “Coeruleus pilis”, es decir, azul oscuro de pelo corto. Una publicación de esta obra realizada en Bruselas por Vanderstegen de Putte en 1793 dice que el pelaje es gris azulado.

Gato de Siria, por Ulisse Aldrovandi

Buffon, el gran naturalista del siglo XVIII conocido por sus dibujos de animales y plantas, le incluye entre las cuatro razas de gato que reconoce:  doméstico, español, angora y cartujo. Lo describió con suma precisión y realizó dibujos comparativos.

Comparativa, por Buffon

Comparativa, por Buffon

La famosa escritora Colette, que tanto amaba a los gatos, tuvo varios cartujos y convirtió a su gata Saha en la protagonista de la novela “La gata” describiéndola con rigor y ternura en varias ocasiones. Por ejemplo: “El sol jugaba en su pelaje de gata cartuja de tonos malvas y azulados como el pecho de una paloma torcaz”.

Colette

Charles de Gaulle tenía un cartujo en su casa de campo al norte de París. Parece ser que cuando llegó aún era pequeño y se le llamó Ringo de Balmalon, pero ese nombre algo rimbombante se simplificó rápidamente a Gris-gris. La leyenda cuenta que acompañaba al general en sus paseos por el parque.

Durante siglos, el gato cartujo vivió en los hogares de Francia cruzándose a su antojo, hasta que en los años treinta las hermanas Léger encontraron una espléndida camada de cartujos en la isla donde residían en la costa de Bretaña y decidieron hacerse cargo de ella. En 1933, durante una exposición del Cat Club de París, su gata Mignonne de Guerveur se convirtió en campeona internacional y fue nombrada “Gata más estética de la exposición”. Se la considera como la antepasada de los cartujos actuales. Los primeros estándares de la raza fueron establecidos en 1939.

Mignonne de Guerveur

La Segunda Guerra Mundial hizo estragos entre los cartujos, y a finales de 1960 se autorizó su cruce con el british shorthair, una raza totalmente diferente. Por suerte, en 1977,  Jean Simonnet y el Club del Gato Cartujo, que había fundado, promulgaron nuevos estándares que recuperaban las características del auténtico cartujo. Es una de las razas naturales más antiguas del mundo y el único gato “francés”.

El cartujo no es un gato hablador, le gusta la tranquilidad, es robusto, y gracias a su pelaje denso y espeso, no teme al frío ni a la intemperie. Se le considera un excelente cazador.