Gatos y Respeto

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Los gatos del escritor Yukio Mishima

Yukio Mishima, con más de cien obras en su haber entre novelas, ensayos, relatos, obras de teatro y guiones, es posiblemente el autor japonés más leído en Occidente. Sus escritos tratan de la muerte, la desolación espiritual, el sinsentido de la vida moderna, la sexualidad, los cambios en la cultura y las costumbres, así como de la distancia que separa el cuerpo de la mente.

Una vida en venta (1968) Portada primera edición japonesa

Nació el 14 de enero de 1925 y en realidad se llamaba Kimitake Hiraoka, pero firmó todas sus obras con el nombre de Yukio Mishima. Su padre era un alto funcionario. Mitsuko, su hermana pequeña, a la que adoraba, falleció a los 17 de fiebre tifoidea. En la foto la vemos sentada al lado de Mishima con un gato blanco bastante gordo en brazos.

Yukio Mishima con su hermana Mitsuko y un gato

A Yukio Mishima siempre le gustaron los gatos, y por la foto puede deducirse que había alguno en la casa familiar aunque, al parecer, su padre los odiaba e intentó envenenar a uno añadiendo hierro a su comida.  Existen muchísimas fotos del autor, pero muy pocas en las que está con un gato. En todas las que hemos podido encontrar, se nota que el gato retratado vive con él, es parte del hogar. Nuestra favorita es la de un gato atigrado que parece llevar collar y mira al escritor. Este, sentado en una mesa baja cubierta de libros, está fumando, y detrás hay una pared cubierta con cientos de libros. Para suplir la falta de fotos, hemos ilustrado esta entrada con algunas imágenes de gatos realizadas por artistas japoneses.

De niño, Yukio Mishima vivió con su abuela paterna, que se había casado con un funcionario, pero procedía de una familia de aristócratas y se esforzaba en mantener ciertas pretensiones típicas de la clase alta japonesa. Según varios biógrafos, los años pasados con su abuela pudieron tener que ver con su fascinación por la muerte. No le permitía jugar con otros chicos de su edad ni tampoco tomar el sol.

Fumika Koda

A los 12 años regresó a la casa familiar. Su padre era un firme creyente en educar a sus hijos con una disciplina férrea y los castigaba con severidad por cualquier cosa. Entraba regularmente en el cuarto de su primogénito y desgarraba cualquier manuscrito que encontraba. Yukio Mishima estudió en la escuela Gakushuin (de la nobleza) en Tokio. Aprendió alemán, inglés y francés, y se graduó con honores, recibiendo un reloj de parte del Emperador.

Itaya Koji (Periodo Showa)

No solo era un lector voraz de literatura japonesa, sino también de autores occidentales. Algunos de sus profesores pensaron que era mejor que adoptara el nombre de Yukio Mishima para firmar su primer relato, publicado en 1938, y evitar así las bromas de los compañeros. Cuando Japón entró en la II Guerra Mundial, en 1940, ya habían aparecido varios relatos suyos en diversas revistas.

Kamo Tatsuzo (1957)

Fue llamado a filas un año después de finalizar los estudios en el instituto. Por suerte, el día del examen médico tenía fiebre y tosía. El médico le diagnosticó, por error, una tuberculosis. Se licenció en Derecho en la Universidad de Tokio en 1947 y, obligado por su padre, aceptó un puesto en el Ministerio de Finanzas. Trabajaba durante el día y escribía de noche, pero al cabo de nueve meses, exhausto, se cayó desde un andén a los raíles. Su padre acepto por fin que abandonara el Ministerio, pero le impuso una condición, que se convirtiera en el mejor novelista del país.

Yukio Mishima (1948)

Kawanabe Kyosai (Siglo XIX)

Publicó su primera novela, “Tōzoku” (Ladrones), en 1948, a la que siguió “Confesiones de una máscara”, un relato semiautobiográfico de un joven homosexual obligado a esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La novela fue un éxito inmediato y Yukio Mishima se convirtió en una celebridad a los 24 años.

Kei, gato y calabazas (Biombo, periodo Meiji tardío)

En 1955 empezó a entrenarse con pesas tres veces a la semana, lo que siguió haciendo durante los 15 años restantes de su vida. Deploró públicamente la poca importancia que daban los intelectuales al físico en comparación al intelecto. El 1 de junio de 1958 se casó con Yoko Sugiyama, una universitaria de 19 años con la que tuvo dos hijos.

Kikuzawa Buko (1933)

La orientación sexual de Mishima siempre molestó a su esposa, que nunca habló de ese tema abiertamente, ni siquiera después de la muerte del escritor. Según John Nathan, su biógrafo y traductor, la homosexualidad en Japón no estaba tan mal vista como en muchos países occidentales y la bisexualidad se aceptaba. Era mucho más inaceptable ser un soltero empedernido.

Muramusa Kudo

En 1968 fundó la “Tatenokai” o “Sociedad de los escudos”, una milicia compuesta sobre todo por jóvenes universitarios dedicados al estudio de las artes marciales y al ejercicio físico que debían proteger al Emperador. Pero quizá no se tratara del Emperador reinante, sino de una idea abstracta de lo que significó antaño. Hirohito renunció a ser considerado divino después de la II Guerra Mundial, y Mishima le reprochó que millones de japoneses habían muerto en la guerra por el “dios viviente” que representaba. Al renunciar el Emperador a su aspecto divino, habían muerto en vano.

Yukio Mishima con un gato

Takeuchi Seiho (1924)

Yukio Mishima se entregó en cuerpo y alma al “bushido”, el código de honor del samurái, y declaró que Hirohito debía haber abdicado y aceptar su responsabilidad por perder la guerra. Sus peculiares ideas hicieron que le odiara tanto la izquierda como la derecha, hasta el punto de que contrató a un guardaespaldas para su familia. Pero nada de esto afectó a la venta de sus libros, sobre todo los primeros.

Gatos samurái (Utagawa Kuniyoshi)

El 25 de noviembre de 1970, Yukio Mishima y cuatro miembros de la Tatenokai entraron en el cuartel general de las Fuerzas Armadas de Japón y tomaron de rehén a un general del ejército. A continuación salió al balcón y arengó a los soldados pidiéndoles que se les uniera para un golpe de Estado con el fin de devolver al Emperador la gloria de preguerra.

El actor Ichumura ante un gato fantasma (Utagawa Kuniyoshi)

Llevaba un año preparándolo todo meticulosamente y había convocado a la prensa con antelación. Es probable que anticipara que los soldados se burlarían de él, dejándole una única salida según su código de honor: cometer seppuku o suicidio ritual. En su testamento, Yukio Mishima dejó una importante suma de dinero para la defensa de los cuatro amigos que le acompañaron.

Utagawa Kuniyoshi

Es curioso como un hombre tan obsesionado con la muerte pudiera tener una sonrisa  luminosa y llena de vida como en la fotografía que encabeza esta entrada donde se le ve reclinado en un brazo y sujetando con el otro a un gato blanco con manchas.

 

Yukio Mishima


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Gatos diferentes en Odesa

Odesa es una ciudad ucraniana mítica, quizá por la célebre película “El acorazado Potemkin”, rodada por el director Sergei Eisenstein, o por su situación privilegiada en el mar Negro. Fue un asentamiento griego en el siglo V a. J.C. y la cuarta ciudad en importancia del Imperio Ruso en el siglo XIX, después de Moscú, San Petersburgo y Varsovia.

Gato odesita

Sus habitantes siempre han tenido fama de ser unos excéntricos con mucho sentido del humor, como lo demuestran las sorprendentes estatuas de la ciudad, algunas serias y clásicas, pero otras tan inesperadas como desconcertantes y divertidas. Y muchas de ellas están dedicadas a gatos.

Tía Sonya

En 2006 se inauguró una estatua dedicada a “Tía Sonya” en el mercado de pescado Privoz, una figura a tamaño natural de una vendedora de pescado. Lleva un sombrero grande, collar, un mandil con bolsillos delanteros y, delatando su profesión, una cuerda con peces colgada del brazo. Pero la razón por la que Sonya está incluida aquí es porque hay un gato a sus pies. Sabemos que se llama Timothy por la inscripción en la base. Timothy está muy interesado en los peces que lleva tía Sonya.

Timothy

Parece ser que en Odesa se ama a los animales y se cuida a los gatos callejeros. En todas las pequeñas tiendas de ultramarinos hay al menos un gato, y no es raro ver a un cliente salir, pararse en la entrada y dar “un bocado especial” al gato que está tomando el sol. Los gatos viven en los patios comunes de las casas, los vecinos los alimentan e incluso les construyen refugios para el invierno.

Bazarina

Uno de las gatas más famosas de la ciudad fue Bazarina, que hace unos diez años vivía en la sección de carnicerías del Mercado Nuevo. Bazarina llegó a pesar casi diez kilos porque según se cuenta se alimentó de leche materna hasta los siete meses, cuando ya era adulta. En invierno vivía en el semisótano del mercado y cuando volvía a hacer calor, se instalaba en una pequeña tienda. Llegó a ser muy conocida y había competencia para llevarse a sus gatitos. Pero pasó el tiempo, Bazarina dejó de tener gatitos y cada vez se movía menos.

La auténtica Bazarina

La escultura, obra de Tatiana Shtykalo, está hecha de resina de poliéster imitando el bronce a partir de una foto tomada en 2006 por el editor de un periódico de la ciudad. En otoño de 2017, un gato de carne y hueso empezó a rondar la estatua de Bazarina. Los habituales y tenderos dicen que el color de su pelo es típico de los gatos de Odesa. Algunos le llaman Murchok, otros Basil y otros Bazaar, pero nadie excepto él mismo sabe a ciencia cierta su verdadero nombre.

Bazarina y amigo

Bazarina forma parte del proyecto “Ciudad de esculturas”, ganador de varias ideas presentadas on line y votadas por los ciudadanos de Odesa con el fin de embellecer la ciudad y hacerla más atractiva. Dentro de este proyecto se aprobó realizar una serie de esculturas de gatos que se distribuirían por toda la ciudad.

Bazarina y amigo

En Odesa siempre han tenido una actitud especial hacia los gatos. Incluso se dice que no queda muy claro quién vive con quién, si los gatos con los odesitas, o los odesitas con los gatos. Otra maravillosa estatua es “El gato de la oficina”, también obra de Tatiana Shtykalo. Está en la barandilla de la escalera exterior que lleva a una oficina, la misma donde el gato Ryzhik llega puntualmente cada mañana a las nueve, hora de apertura, y se queda hasta que cierran. Ryzhik vive en una casa vecina, pero hace unos años decidió pasar el día trabajando en la oficina, convirtiéndose en un talismán.

Ryzhik

Se trata de un gato pelirrojo, bastante grande y muy inteligente. La autora dice: “Un día vi a una criatura maravillosa, un gato trajeado para ir a la oficina, y decidí hacerle una estatua. Le retraté en esta posición soñolienta, típica de los gatos de los patios de Odesa en verano, cuando la vida se detiene por el calor y todos duermen, gatos y humanos”.

Ryzhik

En el alféizar de la ventana del Club Mundial en la calle Marazlievskaya vemos a Maurice. Era el gato del humorista Mikhail Zhvanetsky, reputado por su mordaz e irónico sentido del humor. El gato Maurice duerme encima de la cartera del artista, supuestamente llena de sketches. La escultura fue robada por unos desconocidos y nunca apareció. Fue necesario volver a hacer una nueva, pero el caso no está cerrado.

Maurice

Maurice

Seguimos con los gatos obra de la escultora Tatiana Shtykalo. El gato Pushinka está sentado en un banco y parece absorto en la contemplación de unos peces en una tablet. Pushinka se pasó la vida en una tienda de aparatos electrónicos, de ahí su familiaridad con la tablet, cuya pantalla se ilumina si se acaricia a Pushinka.

Pushinka

Pushinka

Uno de los últimos grupos escultóricos de la ciudad es “Do-Re-Miau”, tres gatos callejeros en la fachada de una casa en la calle Leontovich, delante del Teatro de la Comedia Musical. Según la autora, cuando el gato macho canta, todos le odian.

Teatro de la Comedia Musical

Teatro de la Comedia Musical

También está el gato Siphon en el bulevar Francés de la ciudad, donado por un mecenas anónimo a la fundación benéfica “Corporación de Monstruos”. El gato Siphon comparte su vida con la directora de dicha fundación.

Siphon

Siphon

La composición “El gato Vaska con una lata de sus sardinas favoritas” fue inaugurada recientemente delante del café “Pescado Babel” y es la decimotercera de la serie. Al igual que todas las demás, está hecha de resina de polímero, un material que carece de valor, con la intención de disuadir a los posibles ladrones.

Vaska

Vaska

Otras estatuas que no podemos olvidar y que también forman parte de la serie son una gata en una farola en la zona verde de la playa Langeron. La farola se enciende y puede admirarse la escultura de noche.

Una de las primeras composiciones fue la de dos gatos sonrientes con rostro de esfinge a cada lado de la escalera del edificio del Ejército. Desgraciadamente, fotografías recientes muestran el deterioro causado por grafiteros. Una de las últimas es “El gato estudioso” que vive en el patio de un colegio y se interesa por las cinco asignaturas más complicadas.

Gatos esfinge

Gato estudioso

Para terminar mencionaremos el grupo escultórico “Gatos y peces” en el patio del Museo Bleschunov, un gato trepador y bigotudo colgado de la fachada del Museo del Deporte y tres estatuas en el jardín de entrada de un edificio para impedir el paso de vehículos.

Gatos y peces

Si van a Odesa, estamos seguros de que buscar a sus gatos, tanto vivos como escultóricos, merece la pena.

Museo del Deporte


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Los gatos de McSorley y el pintor John French Sloan

Los gatos de McSorley (John Sloan, 1928-29)

“Los gatos de McSorley” es el título de un cuadro pintado por John French Sloan en 1928 o 1929. La obra muestra la sala de un bar con clientes apoyados en la barra, otros sentados en mesas y, a la derecha, McSorley, el dueño, rodeado por cuatro gatos a los que mira mientras abre una heladera. Hay un quinto gato con el rabo muy tieso en la parte superior del mueble.

El bar de McSorley, por el viñetista Don Freeman (durante la Prohibición)

En 1919, Bill McSorley le dijo a un reportero del New York Evening Telegram que desde 1854, cuando su padre abrió McSorley’s Old Ale House (La vieja cervecería de McSorley) en el East Village de Nueva York, siempre habían vivido gatos en el bar. “Mi padre quería que hubiera gatos; siempre decía que ‘cuesta menos alimentar a gatos que llamar a un fontanero’. Los gatos ahuyentan a las ratas que roen las cañerías”.

El restaurane chino (John Sloan, 1909)

Bill McSorley no era un hombre amable con los clientes, pero se portaba de maravilla con sus gatos. Llegó a tener dieciocho paseándose por el bar, aunque preferían dormir en el salón trasero. En 1940, Joseph Mitchell escribió en The New Yorker: “Cuando llegaba la hora de darles de comer, por muy lleno que estuviera el bar, abandonaba la barra y golpeaba una cacerola vacía. Los gatos acudían de todos los rincones del bar, moviéndose como leopardos”. McSorley los alimentaba con hígado de buey crudo picado.

El bar de McSorley (John Sloan, 1912)

McSorley’s cambió de manos, pero la tradición se mantuvo y siempre hubo un gato en el bar hasta bien entrado el año 2011 cuando un inspector del Departamento de Salud de Nueva York prohibió la entrada a Minnie durante el horario de apertura. A partir de ese momento, Minnie fue relegada a la parte trasera siempre que había clientes.

Minnie en McSorley

Asimismo, obligaron a Matty Maher, el dueño, a limpiar las fúrculas de pollo colgadas encima de la barra por los soldados que zarpaban el día siguiente hacia Europa para luchar en la II Guerra Mundial. Otro sacrilegio, ya que los huesos representaban a los chicos que nunca habían vuelto.

Woody Guthrie en McSorley’s (1943)

Hasta el año 1970, el lema del bar había sido: “Buena cerveza, cebolla cruda y nada de mujeres”. A partir de ese año, el último McSorley tuvo que rendirse y permitir la entrada a las mujeres. Matty Maher falleció en enero de 2020. Ignoramos si McFarley’s sigue abierto. Por cierto, solo se servía “ale”, una cerveza de fermentación alta.

El bar de McSorley (1970)

Otro conocido lugar con gato era Sammy’s Follies, en el Bowery neoyorquino. Más que un bar era un cabaret, con actuaciones y pista de baile, tanto para ricos como para pobres. Durante un tiempo hubo un gato, como demuestran estas tres fotos tomadas en los años cuarenta.

El gato de Sammy’s Follies

El gato de Sammy no le hacía ascos a la espuma de la cerveza. En otra foto le vemos en brazos de una mujer en actitud protectora. Finalmente está comiendo en la barra debajo de un cartel que reza: “Si los hombres y las mujeres que luchan por nosotros no pueden beber después de medianoche, cerramos a medianoche. Por favor, cooperen”.

Pero volvamos al pintor John Sloan, a quien le debían gustar los gatos. En uno de sus primeros cuadros, “El gato de Green”, de 1900, vemos a dos gatos, uno blanco y otro negro. No sabemos cuál de los dos era el gato de Green.

El gato de Green (John Sloan, 1900)

Nació en Lock Haven, Pensilvania, el 2 de agosto de 1871, pero creció en Filadelfia. Vivió en esta ciudad hasta que se trasladó a Nueva York en 1904. Su padre sufrió una depresión nerviosa en 1888 que le impidió seguir trabajando, y el joven de 17 años tuvo que dejar los estudios para mantener a la familia.

Patio trasero de Greenwich Village (John Sloan, 1914)

Encontró un trabajo como cajero en una librería que le dejaba mucho tiempo para leer y estudiar los libros de arte. Dos años después fue contratado en una papelería y empezó a diseñar felicitaciones mientras seguía dibujando, pintando, haciendo grabados y estudiando arte en clases nocturnas.

(Detalle)

En 1892 empezó a trabajar como ilustrador para el periódico Philadephia Enquirer y conoció a Robert Henri, un talentoso pintor y defensor de la independencia artística que se convirtió en su amigo de por vida. En 1893, ambos fundaron el Charcoal Club, del que fueron miembros George Luks y Everett Shinn.

Everett Shinn, Robert Henri y John Sloan

En 1898, a los 27 años, conoció a Anna Maria Wall, a la que todos llamaban Dolly, nacida el 28 de julio de 1876, y los dos se enamoraron perdidamente. Sloan aceptó las dificultades que implicaba la relación. Dolly era alcohólica, trabajaba en unos grandes almacenes, pero redondeaba sus ingresos en un burdel, lugar donde se vieron por primera vez.

Dolly con un gato (John Sloan)

La pareja se mudó a Nueva York en 1904 y se instalaron en un piso en el Greenwich Village. John Sloan trabajaba para el Philadelphia Press como ilustrador independiente y vendía dibujos de forma regular a editoriales y otras publicaciones neoyorquinas. El estado mental de Dolly empeoraba, obsesionada con la idea de que su marido iba a dejarla. Un médico le aconsejó que escribiera en un diario lo mucho que la amaba y que lo dejara donde ella pudiera encontrarlo.

Gato callejero (Everett Shinn, 1938)

Durante siete años, hasta 1913, el pintor declaró su amor a su mujer por escrito para tranquilizarla. Seguía pintando cuadros al óleo, pero vendía muy poco. Ese mismo año fue miembro del comité organizador del legendario Armory Show, donde expuso cinco grabados y dos cuadros. Uno de ellos era “El bar de McSorley”, pero no se vendió. Es más, el cuadro no fue adquirido hasta 1932 por el museo Detroit Institute of Arts.

Cori y el gatito (Robert Henri)

El primer cuadro del bar de McSorley fue pintado en 1912. Pasarían 16 años hasta que John Sloan volviera pintar cinco escenas dentro del bar, una de las cuales es el cuadro con el que empezamos esta entrada, “Los gatos de McSorley”.

Dibujo de John Sloan, 1915

Al año siguiente empezó a impartir clases en la Art Sudents League (Liga de Alumnos de Arte). Permaneció dieciocho años en esta escuela y acabó siendo su director. Pertenecía al Partido Socialista y, como pacifista, se opuso a la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial.

El gato negro (Everett Shinn)

A partir de 1918, Dolly y él pasaban cuatro meses al año en Santa Fe, Nuevo México, y se interesaron por el arte y las ceremonias de los nativos americanos. En 1922, John organizó una exposición en la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York – que había cofundado en 1916 – de obras realizadas por pintores indios. También fue un acérrimo defensor del trabajo de Diego Rivera, a quien describía como “el único artista de este continente que está a la altura de los viejos maestros”.

Gato en callejón (John Sloan, 1907)

A pesar de ser admirado y muy reconocido, nunca vendió muchas obras en vida. Es uno de los artistas que más se identifica con la famosa escuela realista Ashcan, además de Robert Henri. Al contrario de este último, no era un pintor rápido y tardaba mucho en acabar un cuadro, lo que llevó a Henri a decir que era “el participio pasado de lento”.

Gatos callejeros (Everett Shinn)

Dolly falleció de una enfermedad coronaria en 1943. El pintor se casó al año siguiente con Helen Farr, una antigua alumna suya cuarenta años más joven que él con la que había tenido una aventura en los años treinta. John Sloan murió el 7 de septiembre de 1951. A partir de ese momento, Helen se encargó de distribuir la mayoría de las obras que no se habían vendido a los principales museos del mundo. También recopiló y publicó los mensajes de amor que el artista dejaba por la casa para que Dolly los encontrara.

Tomando el sol (John Sloan, 1941)


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Dos gatos sudamericanos, el Geoffroy y el kodkod

Gato de Geoffroy

El gato de Geoffroy fue llamado así por Geoffroy (Godofredo) Saint Hilaire, un naturalista francés del siglo XIX, defensor de la teoría evolucionista, que viajó a Sudamérica. Además del gato de Geoffroy, otros tres animales llevan su nombre, un mono tamarino, un mono araña y un murciélago.

Gato de Geoffroy según Daniel Giraud Elliot (1883)

Una peculiaridad del gato de Geoffroy es que se yergue sobre las patas traseras para otear a su alrededor mientras se apoya en la cola. También son buenos nadadores y se atreven con ríos de hasta treinta metros de ancho. Se encuentra sobre todo en Argentina, el sur de Chile, los Andes del sur de Bolivia, Paraguay y Uruguay en un hábitat bastante variado, desde los humedales de la Pampa hasta las zonas más áridas de matorrales del Chaco, pasando por bosques y áreas montañosas donde se le ha avistado a 3.500 metros de altura.

Su pelo es de color ocre brillante en el norte de su territorio y pasa a un gris plateado en el sur con diversas variaciones entre los dos. Numerosos puntos negros muy parecidos en tamaño y equidistantes rompen el color uniforme e incluso forman un “collar” negro en su pecho. Dos rayas negras les marcan las mejillas y más la frente.

Miden entre 43 y 88 centímetros de largo y de 15 a 25 centímetros de alto. Los machos suelen pesar algo menos de seis kilos y las hembras, unos tres. También existe una variedad melanística, sobre todo en los bosques y humedales. Los gatos Geoffroy de Paraguay son más pequeños y más oscuros.

Gata de Geoffroy con cachorros melanísticos

La densidad de población varía mucho. Durante un periodo de sequía en algunas zonas de Argentina era de 2 a 36 gatos por cien kilómetros cuadrados, pero dos años después había subido a 139 individuos por cien kilómetros cuadrados. Sin embargo, en el Chaco boliviano, la densidad es de 2 a 42 gatos por 100 kilómetros cuadrados.

Aunque pasan la mayoría del tiempo en el suelo, son buenos trepadores y se les ha observado llevándose presas a los árboles. El gato de Geoffroy es carnívoro y se alimenta de lo que más abunda en su territorio, sobre todo roedores, así como pájaros en primavera y verano, pero son capaces de pescar si hace falta para alimentarse de peces y ranas.

Son animales nocturnos cuya actividad máxima se desarrolla en plena noche. Prefieren cazar en zonas de vegetación densa, aunque los gatos que viven cerca de tierras cultivadas las cruzan en busca de ratones. La gestación dura entre 72 y 78 días y suelen dar a luz a camadas de cuatro cachorros en sitios muy protegidos. Los gatitos dejan de mamar a las ocho o diez semanas, y su desarrollo es más lento que el del gato doméstico. Las hembras no maduran sexualmente hasta los 18 meses y los machos hasta los 24. Estos también son más longevos, alcanzando los 18 años.

No es una especie en peligro aunque muchos mueren en carreteras o atacados por perros. Son cazados por su carne y también para cruzarlos con gatos domésticos y producir híbridos. Entre los años sesenta y ochenta, su pelo fue el segundo más vendido en el comercio de piel de gato. Por suerte, actualmente es muy raro encontrar pieles en venta. Está prohibido cazar el gato Geoffroy en todos los países en los que vive.

El gato güiña, huiña o kodkod (en araucano) sí está en grave peligro de extinción. Es el gato más pequeño de América. Vive principalmente en el sur de Chile y zonas vecinas de Argentina, una distribución reducida comparada a la de otros felinos sudamericanos.

Kodkod

Desde 2002 es considerado como vulnerable en la lista roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) al creerse que la población adulta no supera los diez mil individuos. Está amenazado por la caza, la pérdida de hábitat y por ser presa de otros animales.

Güiña (Ilustración de Robert Gallet)

El color del pelo del gato kodkod oscila entre el marrón amarillento y el marrón grisáceo con marcas oscuras por todo el cuerpo. La tripa es más clara y la cola, anillada. Las orejas son negras con una mancha blanquecina en el interior. Los ejemplares melanísticos totalmente negros son muy habituales.

Es un gato de cabeza pequeña, patas anchas y cola proporcionalmente muy ancha. Muchos ejemplares tienen una marca triangular negra en cada lado del hocico. Los adultos miden de 27 a 51 centímetros de largo y unos 25 centímetros de alto. Pesa alrededor de dos kilos y medio.

Vive principalmente en los bosques pluviales del sur de los Andes y de las costas chilenas, sobre todo en los bosques valdivianos y araucanos, que se caracterizan por la presencia de bambú en el sotobosque. No suele avistarse más arriba de los 1.900 metros.

El gato güiña es activo tanto de día como de noche, pero solo se atreve a adentrarse en zonas abiertas en la oscuridad. Es un excelentes trepador y no tiene ningún problema en subirse a troncos de más de un diámetro de ancho. Se alimenta de pájaros, lagartijas, roedores y aves domésticas.

El periodo de gestación dura entre 72 y 78 días con camadas de uno a tres cachorros. No suelen vivir más de once años. El macho y la hembra alcanzan la madurez sexual a los 24 meses.

Hasta hace poco se desconocía la voz del pequeño kodkod, pero el año pasado el fotógrafo Joel Sartore pudo grabar el sonido del gato, que él compara al canto de un pájaro. Después de escuchar dicha grabación (https://twitter.com/i/status/1261273768166600705) nos parece que suena a un ave, sí, pero más bien a un pavo.

La mayor amenaza a la que se enfrenta este diminuto felino es la tala de su hábitat, la creciente difusión de bosques de pinos y la agricultura, sobre todo en el centro de Chile. Otros muchos son matados por atacar gallineros y también por su piel, aunque esto último es cada vez menos habitual.