Gatos y Respeto

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Gatos en tejados

En realidad deberíamos titular esta entrada “Gatos de cerámica en tejados” ya que nos referimos a las piezas decorativas en forma de gato que se colocan en los tejados. Las hay de dos tipos, el fastigio propiamente dicho, que marca la parte superior o el final de algún elemento arquitectónico, y la teja decorativa. También llamados remates de pináculo o espantabruxas, en España son poco frecuentes y casi inexistentes los que representan a un gato. Solo hemos encontrado un ejemplo encima de una chimenea en el pueblecito de Fiscal, en Huesca.

Espantabruxas (Fiscal, Huesca)

También creíamos que serían elementos decorativos habituales en el Reino Unido o en Alemania, pero no es así. Aunque hay tejas decorativas modernas en forma de gato, parece una tradición bastante reciente. Sin embargo, los “épis de faîtage”, como se llaman en Francia, aún abundan en ese país, donde varias empresas se dedican a su fabricación. Y lo mejor es que hay maravillas felinas en los tejados, sobre todo en la zona del centro y del noroeste.

Erigidas en la cima de los tejados, las tejas decorativas son un elemento y un símbolo. En su origen servían para reforzar la impermeabilidad de la estructura, y poco a poco se convirtieron en un elemento de decoración. Su presencia en los tejados de Occidente remonta al siglo XI; entonces no era más que un sencillo recipiente redondo de barro cocido, como se ve en alguna miniatura o en la famosa tapicería de Bayeux. Luego, en el siglo XIV se empiezan a utilizar piezas esmaltadas y con policromía, pero siguen siendo redondas para ofrecer menos resistencia al viento.

Teja decorativa (Francia, siglo XIX)

Progresivamente aparecen motivos florales, formas de animales e incluso máscaras, por lo que incrementa la demanda de artesanos ceramistas, decoradores y techadores. En el Renacimiento, estas decoraciones se extienden incluso a las casas más humildes. Las formas más clásicas consisten en dos o tres bolas de cerámica colocadas una encima de otra, pero cambian mucho según la región y se colocan generalmente en los hastiales. Alcanzan su mayor auge en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX, con animales, sobre todo el gallo, símbolo nacional, y también caballos, pájaros y… gatos. Pierden importancia después de la Primera Guerra Mundial.

Antigua teja decorativa (Inglaterra)

Teja decorativa (Francia)

Actualmente vuelven a estar de moda las tejas decorativas, no solo en Francia, sino en Gran Bretaña. La mayoría de los ejemplos que incluimos aquí son franceses. La “Casa del Gato”, en La Rochelle, fue construida en 1926 por Maurice Morguet, arquitecto oficial del departamento, en estilo neonormando. Un gato de cerámica en el tejado más adelantado le dio su nombre. Desde la casa se divisa el famoso puerto de La Rochelle y sus torres.

La Casa del Gato (La Rochelle)

La Casa del Gato (La Rochelle)

En el tejado de una de las casas más antiguas de la capital de la Borgona, Dijon, construida en 1483 por el mercader pañero Guillaume Millière y su esposa Guillemette, vemos a un gato y, enfrente, un soberbio búho. El edificio, declarado monumento nacional, es ahora un restaurante, y el Ayuntamiento se encargó de restaurar a los dos animales para que recuperaran todo el esplendor de antaño. El animal fetiche de la ciudad es la lechuza. De hecho, si pasan por Dijon, no olviden visitar una pequeña representación del ave en una de las paredes exteriores de la iglesia de Notre-Dame.

Gato y búho (Dijon)

También hay un gato en el tejado del hotel “Normandy”, en Deauville, Normandía, antaño la ciudad donde la aristocracia francesa iba de vacaciones. Luego llegaron los hoteles y el casino, los turistas adinerados y, posteriormente, el famoso hipódromo de la Touques.

Hotel Normandy

Muy al norte de Europa, en Riga, capital de Letonia, encontramos otra famosa “Casa del Gato”, construida en 1909 según los planos del arquitecto Friedrich Scheffel. Es famosa por las esculturas de dos gatos idénticos en hierro fundido, con la espalda arqueada y el rabo tieso, cada uno coronando un torreón.

La Casa del Gato (Riga)

Dos leyendas explican el porqué de los gatos en sendos torreones. Una, la más conocida y la que suele contarse a los turistas, dice que el Gremio de Comerciantes, también conocido como Gran Gremio, rechazó al mercader que encargó la construcción del edificio. Este, para vengarse, encargó los dos gatos e hizo que los colocaran con las colas en dirección a la sede del Gran Gremio. Otra leyenda, la más antigua, cuenta que el mercader estaba enfadado con el Ayuntamiento de Riga y quiso insultar al consistorio colocando a los gatos en esta posición. Sea como fuere, los gatos deben tener una magnífica vista de toda la ciudad.

La Casa del Gato (Riga)

Los gatos policromados que reproducimos aquí son de loza decorada y su fabricación requiere nueve etapas empezando por el molde. Algunos moldes pueden estar compuestos por treinta piezas, dependiendo de la complejidad del modelo. Una vez separado el molde del objeto de barro crudo, este debe secarse, proceso que varía desde algunas horas a varios días. A continuación se pule el objeto para dejarlo liso y sin imperfecciones antes de proceder a su engobe y poder aplicar el esmalte.

Oise, Francia

Gato cazando

Se cuecen en un horno de alfarería, proceso que tarda unas 34 horas. Durante las primeras 24 horas, la temperatura sube 20º centígrados cada hora, y en las diez siguientes, 70º cada hora. El horno alcanza un máximo de 1.180 º, se apaga y empieza a enfriarse. Nunca debe abrirse estando caliente para que no se rompan las piezas. En este caso, nos referimos a un horno de leña, pero los tiempos no son mucho más cortos para los hornos eléctricos actuales.

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Entonces se esmaltan las piezas, pero como los esmaltes son polvos que prácticamente carecen de color, debemos tener en cuenta que los colores reales no aparecerán hasta que los objetos vuelvan a cocerse en el horno, que esta vez no sobrepasará los 980º.

Veleta gato

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El gato en el Modernismo y el Art Déco

Lámpara, Max Le Verrier

El Modernismo en España, Arte Nova en Portugal, Art Nouveau en Francia, Italia y países angloparlantes, hizo furor a finales del siglo XIX y desapareció antes de la I Guerra Mundial. Uno de los más famosos representantes de este estilo es el arquitecto Gaudí. Nació como una reacción al arte academicista típico del XIX y se inspiró sobre todo en modelos orgánicos y vegetales, prefiriendo siempre las curvas y la asimetría a la línea recta. Todo se hizo más sensual. Las flores, hojas, tallos, insectos, animales, formas femeninas y masculinas rellenaban todo el espacio. Había un definido “horror vacui”.

Peineta modernista

Heinz Warneke (1927)

El Modernismo se expandió rápidamente por toda Europa: Austria, donde se llamó Secessionsstil (Estilo Secesión); Alemania, con el nombre de Jugenstil (Estilo Joven), Dinamarca, Suecia, Finlandia, Hungría, Lituania, Ucrania y Rusia. En cada país con sus características propias.

Eliseyev Emporium, San Petersbrugo

El Art Nouveau abarcó la arquitectura, la joyería, la ebanistería, la cerámica, el textil, el vidrio y, en general, todas las artes decorativas. Puede llamarse un arte total, aunque de corta vida. En 1910 ya empezaba a sustituirlo el Art Déco. No es fácil diferenciar a primera vista ciertos objetos de un estilo u otro, y más sin conocer la fecha de fabricación.

Charles Schneider (1922-24) Colección Barbra Streisand

El nombre de Art Nouveau proviene de “Maison de l’art nouveau” (Casa del arte nuevo), una galería abierta en 1895 por el marchante francoalemán Siegfried Bing, que fue fundamental en la introducción del arte japonés en Europa. Se trataba de crear un arte nuevo, joven, libre y moderno, de romper categóricamente con las rígidas reglas anteriores, de democratizar la belleza aportando valor estético a utensilios cotidianos e intentando hacerlos accesibles a toda la población, como ocurrió con el mobiliario urbano (bancos, farolas, las primeras estaciones de metro), al que hasta entonces no se había prestado mucha atención.

Sujetalibros, años 30

Desaparece así la jerarquía de artes mayores y menores. Tiene el mismo valor un edificio que una joya, un cartel que un cuadro. De hecho, los propios artistas realizan los marcos para sus cuadros, los arquitectos diseñan también los muebles.

Keralouve – La Louvière (Bélgica)

Max Le Verrier

Max Le Verrier

Es curioso que un estilo que ha dejado tantos ejemplos arquitectónicos, tantas piezas y dibujos, no sobreviviera más de 20 años. Solo queda pensar que debió tener un tremendo éxito entre algunas clases sociales en ese breve espacio de tiempo. Justo antes de la I Guerra Mundial apareció en Francia el Art Déco, apócope de “Arts Décoratifs” (Artes decorativas). En 1915 estaba previsto que tuviera lugar en París la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, pera la guerra lo impidió; en 1922, la falta de financiación abortó un segundo intento, y finalmente pudo celebrarse en 1925.

Gatos modernistas

Lalique

El Art Déco dejó su huella en el diseño de edificios (el arquitecto Frank Lloyd Wright en Estados Unidos), muebles, joyas, moda, coches, cines, trenes, transatlánticos y herramientas cotidianas como radios o aspiradoras. Durante sus momentos de gloria simbolizó el lujo, el glamur, la exuberancia y la fe en el progreso social y tecnológico que prevaleció en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales.

1930 (Art Déco)

Reunía una ecléctica mezcla de estilos, a veces contradictorios, en un afán de ser más novedoso que su precursor, el Modernismo. Desde el principio se vio influido por la geometría del cubismo, los colores brillantes del fauvismo, estilos exóticos procedentes del Lejano Oriente, de Persia y del Antiguo Egipto, incluso de los mayas. Los objetos solían fabricarse con materiales caros, como el marfil, y uno de los requisitos era que la ejecución debía ser impecable.

Lámpara (Art Déco)

Ya empezados los años treinta apareció un Art Déco mucho más dramático, sobre todo en Estados Unidos, a causa de la Gran Depresión. Se pintaron grandes murales en edificios públicos; los materiales usados eran cada vez menos costosos y, poco a poco, el Art Déco se transformó a su vez en otra cosa.

Detalle de una puerta (Art Déco)

El beso, Fantasio Reb (1925)

Numerosos artistas del Art Déco se sirvieron de la figura del gato para decorar todo tipo de piezas y joyas. Respondía perfectamente a lo que buscaban: líneas sensuales, misterio, belleza. Abundan las lámparas y figuras de Max Le Verrier, premiado con una Medalla de Oro en la famosa exposición de 1925. También están los famosos broches de la fábrica Swaroski, fundada por Daniel Swartz (que se cambió el apellido por Swaroski) con otros dos socios en 1895, después de patentar en 1892 una máquina de corte eléctrica que facilitaba la producción de objetos de vidrio.

Broche, Swarovski

Swarovski

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, de todos los artistas que usaron el gato en esos cincuenta años, creemos que el más atrevido y sorprendente fue el francés François-Rupert Carabin. Estudió escultura, fue orfebre, ebanista y fotógrafo, y está considerado como uno de los grandes ejemplos del Modernismo. A partir de 1890 se dedicó sobre todo al diseño de muebles únicos, decorados con desnudos femeninos y animales simbólicos, sobre todo gatos. También incluimos una muestra de su trabajo de orfebrería.

Piano, François-Rupert Carabin

Silla, François-Rupert Carabin

Silla (parte trasera), François-Rupert Carabin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hebilla de cinturón, François-Rupert Carabin

Y para acabar, siempre en el Art Nouveau, dos ejemplos de una decoración en un edificio del arquitecto Jean Falp, que diseñó varios edificios ente 1899 y 1907 únicamente en los distritos XI y XII de París. Al igual que Carabin, tendía a decorar los portales con figuras femeninas de las largas cabelleras, gatos y algún que otro pájaro y ratón.

Jean Falp (arquitecto) (1905)

Jean Falp (arquitecto) (1905)


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Gatos, un museo, una exposición

El gato de Françoise Baronian

Albert y Françoise Baronian son unos conocidos galeristas de Bruselas y, además, Françoise es una enamorada de los gatos que hace cuarenta años empezó a coleccionar objetos, cuadros, utensilios, cualquier cosa relacionada con ellos. Françoise dice que esta pasión le viene de su padre: “Vivíamos en el campo, y entonces los gatos no estaban demasiado bien vistos. A muy poca gente le gustaban, siempre se decía: ‘Prefiero a los perros, nunca se sabe lo que piensa un gato'”. Reconoce que su colección es de lo más ecléctica porque se hace con cualquier cosa “que tenga un gato encima, incluso unas banderitas”.

Musée du chat – Michel Auder

Musée du Chat – Maneki Neko, Japón

A Albert Baronian se le ocurrió bautizar la colección como “Musée du Chat” (Museo del Gato). Seis especialistas en arte contemporáneo, atraídos por la idea de compartir obras en su posesión con los amantes de los gatos y del arte contemporáneo, decidieron organizar exposiciones itinerantes desde el Museo del Gato.

Musée du chat – Steinlein

 

Colección de Françoise Baronian

Ahora, el museo itinerante cuenta con obras de artistas del calibre de Luciano Bartolini, Vincent Beaurin, Brian Belott, Ben, Thomas Bogaert, Andy Boot, Marcel Broodthaers, Lucy McKenzie, Michael Queenland, Henriëtte Ronner-Knip, Anne-Marie Schneider, Alain Séchas, David Shrigley, Jakob Smits, Théophile Alexandre Steinlen, Walter Swennen, Hugues de Wurstemberger, Otto Zitko y muchos otros.

Musée du chat – Walter Swennen (2012)

Musée du chat – Ben

La primera exposición abrió sus puertas el 9 de febrero del año pasado en el Centro Cultural De Markten, en Bruselas. Podía verse un sinfín de cuadros, dibujos, objetos, joyas, todo dedicado al gato. Por ejemplo, la estupenda escultura de Niki de Saint-Phalle o la enorme pieza de Wang Du y cerámicas de Eric Croes, además de postales y fotografías de los gatos de los organizadores.

Musée du chat – Niki de Sainte Phalle (El gato, 1969)

Musée du chat – David Srigley

Este año tiene lugar otra exposición organizada por el Museo de la Fotografía de Charleroi, una ciudad al sur de Bruselas, titulada “Entrechats” (juego de palabras que significa “Entre gatos” y se refiere también a un tipo de salto en la danza clásica), dedicada “A todos nuestros gatos pasados, presentes y futuros”. Organizada en colaboración con el Musée du Chat, cuenta con sesenta obras de famosos fotógrafos, de las que incluimos unas pocas en este artículo. Para los amantes de los gatos que vayan a Bélgica este verano, la exposición permanecerá abierta hasta el 16 de septiembre.

Foto de Jean-François Spricigo

Las fotografías que se exhiben proceden de préstamos de los mismos fotógrafos, así como de los fondos y colecciones del Museo de la Fotografía de Charleroi, Museo del Gato de Bruselas, Museo d’Orsay, Casa Europea de la Fotografía, FoMu, Mediateca de la Arquitectura y del Patrimonio, Herencia Jeanloup Sieff, Galería Baudoin Lebon y Galería Kamel Mennour.

Foto de Jane Evelyn Atwood (1985)

Hemos traducido la presentación de Xavier Canonne, director del Museo de la Fotografía: “Cuatro milenios en su compañía no han bastado para que el gato se harte del hombre a pesar de los tormentos que este no ha dejado nunca de infligirle a lo largo de una paciente relación que le ha transformado hoy en día en ‘animal de compañía’; cuatro mil años durante los que el felino ha observado al hombre con suma paciencia, acercándose a él realizando círculos concéntricos pese a las matanzas, las hogueras, la brujería, los golpes y el abandono, presintiendo a través de su tenacidad que merecía probar una aventura con ese otro mamífero, y que para algunos de estos se convertiría en indispensable”.

Foto de Serena Korda

“Semejante testarudez le ha valido el reconocimiento de pintores, escultores, poetas y músicos. Desde los escultores anónimos del Antiguo Egipto y el Oriente, de donde parece haber venido, hasta André Malraux, pasando por Homero, Jules Michelet, Edgar Allan Poe, Chateaubriand, Alexandre Dumas, Guillaume Apollinaire, Pierre Bonnard o Alexandre Steinlein, todos han alabado su belleza, elegancia y virtud; todos han amado a ese vigilante silencioso, a ese genio doméstico que tanta alegría y complicidad aporta”.

Jacques Prévert, por Izis Bidermanas

“Pero probablemente sea su independencia lo que le haga tan entrañable para nosotros. Aunque hoy nos parezca domesticado, si a veces se relaja, jamás se rinde y se sabe libre; siempre puede dejarnos, sumiéndonos en un mar de angustia, desamparados y solos”.

“Con él nunca se trata de matrimonio, sino de pacto, de alianza tácita, renovada cada mañana y puesta en duda al anochecer, cuando recuerda que es una fiera y que la noche es su reino. La ausencia de un gato es una llaga que nunca se cierra, una larga pena de amor”.

Foto de Rob Hornstra (2007)

“Amamos a los gatos porque no existe un gato feo, porque desprecian el dinero y los honores, porque no hay gatos de caza ni gatos policía, porque es capaz de ser heroico, seductor, arrogante, desdeñoso o cariñoso; amamos a los gatos porque no hay nada más agradable que pasar la mano por su pelaje como se hace con el cabello de la amada; amamos a los gatos porque conocen la virtud del silencio y porque basta un parpadeo para que nos entiendan; amamos a los gatos porque no tienen dueños ni fronteras y porque saben guardar un secreto; amamos a los gatos porque no pueden ser de otra manera”.

Gato fugitivo, de Michel Loriaux

Después de leer estas líneas no nos quedó ninguna duda de que Xavier Canonne ama profundamente a los gatos y no pudimos resistirnos a publicarlas. La otra comisaria de la exposición es Catherine Mayeur. Xavier Canonne es doctor en Historia del Arte por la Sorbona de París. En los años setenta conoció y frecuentó a los surrealistas belgas, y varios de ellos fueron grandes amigos suyos. Ha escrito numerosos libros y artículos dedicados a Armand Simon, Marcel Marién, Louis Scutenaire, Max Servais, Tom Gutt, Irène Hamoir y Robert Willems.

Foto de Nobyushi Araki


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Los gatos en la obra surrealista de Leonora Carrington

Leonora Carrington nació el 6 de abril de 1917. Era una gran amante de los gatos, como Remedios Varo; por cierto, debemos confesar que cometimos un error en la entrada de esta última (https://gatosyrespeto.org/2017/04/13/los-gatos-surrealistas-de-remedios-varo/) al colgar una foto de Leonora diciendo que era Remedios. No creemos que les hubiera importado. Las dos pintoras, que habían coincidido en París, fueron amigas inseparables hasta que Remedios falleció en 1963. En 1960, Leonora escribió una novela hilarante, “La trompeta acústica” – que no se publicó hasta 26 años después -, donde habla de alquimia, el Grial, la perversidad de las monjas, las dificultades que representa la convivencia entre cabras y lobos, y de ser una anciana. En el libro, Remedios es la mágica y energética Carmella Velasquez, y Leonora es Marian Leatherby, de 92 años, a la que no le quedan dientes y se ha vuelto vegetariana. Cuando su familia la aparca en una residencia, Carmella será la que se encargue de cuidar de sus gatos.

Uno de los gatos de Leonora Carrington

Los últimos gatos de Leonora Carrington fueron dos siameses llamados Monsieur y Ramona. Convivieron con Yeti, un perro maltés que la acompañó durante los últimos tres años de su vida cuando Monsieur, Ramona y su marido ya no estaban. Se casó en 1943 con el fotógrafo húngaro Emerico Weisz, al que todos llamaban Chiki, fallecido el 17 de enero de 2007 a los 97 años. Leonora y Chiki tuvieron dos hijos, Gabriel y Pablo, a los que ella se refería como Anticristo 1 y Anticristo 2 cuando eran pequeños. Durante 64 años, la pareja vivió en la misma casa de la Colonia Roma en Ciudad de México, casa que abrirá sus puertas como museo el próximo mes de abril.

Dos gatos

Creció en una sombría mansión de estilo neogótico en Lancashire. Desde muy pronto sintió pasión por los animales, algo evidente cuando se contemplan sus cuadros y esculturas, donde abundan gatos, perros, pájaros, así como grifos, salamandras y muchas criaturas mezcla de ser humano y animal. Estudió en colegios de monjas de los que era expulsada regularmente. A pesar de la oposición de su familia, consiguió estudiar dibujo y pintura en la academia de Amédée Ozenfant, en Londres. A través de esta conoció a Max Ernst, casado y 26 años mayor que ella, y se fugaron poco después de haber sido presentada en la corte británica en 1935. Jamás volvió a Inglaterra.

Gatos

En París conoció a Louis Aragon, Paul y Nusch Eluard, Marcel Duchamp, André Breton y muchos otros. Los surrealistas defendían el concepto de la “femme-enfant” (mujer niña) que “por su ingenuidad está en contacto directo con el inconsciente y puede, por lo tanto, servir de guía al hombre”. Pero Leonora era una mujer de carácter y dijo, recordando esa época: “No tenía tiempo para ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada en rebelarme contra mi familia y en aprender a pintar”. En 1938, ella y Max Ernst se mudaron a la Provenza, entre otras razones para escapar de la ira de la abandonada esposa del pintor. A pesar de las recomendaciones de sus amigos, se quedaron en Francia y él fue internado en un campo con otros “extranjeros indeseables” en 1939. Leonora huyó a España con la esperanza de poder ayudarle desde allí.

Tres gatos

En Madrid sufrió una crisis nerviosa y acabó en un manicomio en Santander, donde le administraron Cardiazol, una droga antipsicótica que produce convulsiones, y pasó días enteros atada a una cama. Parece ser que sus padres mandaron a su amada nodriza al rescate en un submarino con la idea de trasladarla a Ciudad del Cabo e internarla en una residencia. Los padres de Leonora eran muy ricos, había estallado la II Guerra Mundial y quizá la forma más segura era usar un submarino… Desde Santander llegó a Lisboa, donde volvió a ver a Max Ernst, que ahora estaba con Peggy Guggenheim. Leonora engañó a su nodriza y se refugió en la Embajada de México porque sabía que allí estaba Renato Leduc, un diplomático, poeta y amigo de Picasso al que había conocido en París. Renato, todo un caballero, ofreció casarse con ella para liberarla de su familia. Después de pasar un tiempo en Lisboa, se trasladaron primero a Nueva York y luego a Ciudad de México. De su estancia en Nueva York mencionaremos que un día André Breton fue a comer a su casa y le sirvió liebre rellena de ostras.

Perro y gato

El gato de la noche

Cuando llegaron a México, Renato y Leonora se separaron amistosamente antes de que ella conociera a Chiki Weisz. A pesar de una juventud muy aventurera, una vez casada con Chiki, se instaló en una rutina que le permitía trabajar largas horas. No soportaba las convenciones sociales y siempre decía lo que pensaba. Adoraba a sus hijos, sus gatos y el árbol que plantó al poco de mudarse a la casa. El árbol creció y años después sus ramas empezaron a invadir el patio de los vecinos. Cuando estos llamaron a un jardinero para que lo podara, Leonora les rogó apasionadamente que lo dejaran esparcirse y ser libre. Ojalá lograra convencerles.

Gato sin botas

Otro gato sin botas

Su primera exposición de importancia tuvo lugar en 1947 en la galería Pierre Matisse de Nueva York. Fue invitada a mostrar sus obras en una exposición internacional en torno al surrealismo y se convirtió en una celebridad casi de la noche a la mañana. En 2005, la casa de subastas Christie’s vendió el cuadro “El juglar” por 713.000 dólares, el mayor precio alcanzado nunca por un artista surrealista vivo.

Gorro caliente para esquiar

Diseñó “Mujeres conciencia” (1973), un cartel para el Movimiento de Liberación de la Mujer en México, en el que describió a la Nueva Eva. Fue galardonada con el Premio a los Logros de una Vida en la convención del Women’s Caucus for Art (Asociación de Mujeres por el Arte) celebrada en Nueva York en 1986.

Mujeres conciencia

Luis Buñuel escribió acerca de la obra de Leonora Carrington: “Nos libera de la miserable realidad cotidiana”.


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Gatos de cerámica y Rafael Bordalo Pinheiro

La persona de la que hablaremos hoy adoraba a los gatos e incluso llegó a confesar, en una tira del periódico satírico portugués António Maria, que debió ser gato en una vida anterior.

Rafael Bordalo Pinheiro nació en Lisboa el 21 de marzo de 1846, concretamente en el Chiado, en el seno de una familia de abogados y artistas. Fue el tercero de doce hermanos, y desde pequeño hizo prueba de una sorprendente perspicacia irónica, además de sentirse atraído por el teatro y el dibujo. Cuando empezó a estudiar en la Academia de Bellas Artes de Lisboa, no tardó en darse a conocer entre sus compañeros por sus caricaturas de los profesores.

Gato agazapado

Poco después de licenciarse, fundó varias revistas satíricas, precursoras del famoso periódico António Maria, en el que aparecen caricaturas de todos los políticos de la época, poniendo a prueba el humor de la sociedad portuguesa. En muchas de sus tiras satíricas – se le considera el primer dibujante de cómic de Portugal -, aparece un gato, su querido gato Pires, en dibujos naturalistas y humorísticos, a veces grotescos, casi siempre mordaces, muchas veces absurdos. Según el editor y escritor João Paulo Cotrim, se trataba del alter ego gato del dibujante.

Gata blanca

El 12 de junio de 1875 publicó por primera vez una tira cómica protagonizada por Zé-Povinho, un hombre de campo, con patillas, mal vestido, borrachín y que siempre llevaba unas albardas de burro, cuya figura no tardaría en convertirse en un icono nacional.

Viajó, incluso se asentó un tiempo en Brasil, pero el caciquismo pudo con él y su humor no hacía gracia a nadie. Regresó a Lisboa, donde nadie estaba a salvo de sus pullas, ni el rey don Carlos ni los jesuitas o los políticos. A pesar de su creciente fama, fue encarcelado por dibujar una última cena con Zé-Povinho en el centro, en el lugar de Cristo.

Autorretrato doble

Harto de la política o, como él decía, cansado de ronronear en el regazo de los políticos, se lanzó a una aventura inesperada. En 1883 fundó la fábrica de fayenza de Caldas da Rainha a pesar de no tener ningún conocimiento previo de cerámica. Con la ayuda de su hermano Feliciano buscó la mejor arcilla, así como los mejores alfareros, compró la maquinaria más moderna y se dedicó a diseñar piezas únicas.

Plato con langosta

Entre bandejas decoradas con langostas de cerámica, platos peces, vajillas de hojas de repollo, servicios de té con motivos de serpientes, objetos a cual más delirante, aparecen más de 200 figuritas caricaturescas de Zé-Povinho, numerosos animales y, claro está, gatos. Tres modelos felinos para ser más concretos. Una gata blanca, dulce y elegante, la adorada Pili, que le acompañó durante sus años en Caldas da Rainha, un gato agazapado y el famoso gato erizado que reprodujo en todos los tamaños imaginables, de pequeño a enorme, como el de la plaza que lleva su nombre en esta localidad.

La gata Pili

Gato erizado pequeño

Gato erizado grande

Una de sus piezas más curiosas es la famosa “Jarra Beethoven” (dedicada a uno de sus compositores favoritos), un objeto de enormes dimensiones con más de 2,80 metros de altura, que consiguió diseñar, montar, secar y cocer en contra de toda probabilidad técnica. Tan grande era que no cabía en el salón para el que estaba destinada. Acabó por llevarla a Brasil en 1899 con la esperanza de venderla allí, pero no lo consiguió y terminó regalándola al entonces presidente Campos Sales.

Junto a la Jarra Beethoven

Rafael Bordalo Pinheiro se adelantó a su tiempo, y aunque la fábrica de cerámica resultó un fracaso, su genialidad fue ampliamente reconocida con varias medallas de oro; dos en Madrid (1894 y 1895), una en Amberes (1894), París (1900) y Saint Louis, EE UU (1904). La fábrica sigue funcionando hoy en día, reproduciendo los originales modelos que diseñó, con mucho más éxito que entonces.

Gato agazapado sin barnizar

Gatos erizados secándose

Numerosos admiradores suyos le han comparado a un gato porque nunca se dejó atrapar por nada, excepto la cerámica. Siempre supo usar su tremenda ironía para dar donde más dolía a los políticos. Osvaldo Macedo, historiador del arte, dice de él: “Cazador de fallos, de deslices, de momentos… Y, sobre todo, libre. Le daba igual comer una sardina a la orilla del río Tajo que estar en un salón aristocrático probando un delicioso manjar”. Parece ser que tuvo un sueño loco: transformar la plaza del Rossio, en pleno centro de Lisboa, en una atracción turística llena de gatos, algo parecido a la plaza de San Marcos de Venecia y las palomas. Se distribuiría caballa a horas puntuales para reunir a toda la gatería.

Los gatos de sus caricaturas nunca están asociados a personas criticables, todo lo contrario. El cariño que sentía por ellos no le permitía convertirlos en políticos o algo similar. Fue un auténtico visionario tratándose de la cerámica. No solo dio un gran impulso a una tradición que tendía a desaparecer en Portugal, también revolucionó la profesión. Falleció el 23 de enero de 1905 a los 58 años en su querido barrio del Chiado.

En un chalet al final de la avenida Campo Grande de Lisboa, hay un museo dedicado a su obra y cruzando la calle, exactamente enfrente, se encuentra un jardín que lleva su nombre. Este último recibe la merecida calificación de “mágico” al estar decorado con un montón de animales e insectos de cerámica diseñados por él. Y en la tapia del jardín, el famoso gato negro encrespado.

Jardín Rafael Bordalo Pinheiro

Museo Rafael Bordalo Pinheiro

Esta entrada está dedicada a Suzanne Grange y a Raymond Edanz, otros dos grandes ceramistas y grandes amantes de los gatos.


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Gatos y otros animales de la escultora Anne Arnold

Retrato de dos gatos (1969)

Anne Arnold y su marido, el pintor abstracto Ernest Briggs, compraron una casa con un pajar en Montville, a los pies del monte Hogback, en el estado de Maine, donde criaban cerdos, vacas y gallinas, y tenían numerosos perros y gatos. Anne solía fotografiarlos para crear las esculturas llenas de humor e imaginación que empezó a realizar en los años cincuenta usando materiales tan diversos como madera, cerámica, resina, tela, barro y una fibra sintética llamada Dynel.

1982

 

Anne Arnold y Christy (1987)

 

Catálogo de “Escultura de cuatro décadas”

La escultora nació el 2 de mayo de 1925 en Melrose, Massachusetts, ciudad en la que creció con sus dos hermanos. Era una descendiente directa del “infame” Benedict Arnold, un general del Ejército Americano Continental durante la Revolución que acabó pasándose a las filas británicas, por lo que su nombre se convirtió en sinónimo de traidor. También podía hacer remontar su linaje hasta el Mayflower, el famoso barco en el que llegaron los primeros 102 “peregrinos” procedentes de Gran Bretaña a las costas de Nueva Inglaterra.

Charlie (1969)

 

Christy

 

Con Bob Brooks y un gato (2001)

Se licenció en 1946 en la Universidad de New Hampshire y en 1947 obtuvo un máster de la Universidad Estatal de Ohio. Estudió Arte desde 1949 a 1953 en la Art Students League de Nueva York. En 1960 se casó con Ernest Briggs, con el que vivió primero en la calle 23 Oeste y a partir de 1977 en la calle 29 Oeste, los dos pisos en el barrio de Chelsea. Dio clases en el Brooklyn College desde 1971 a 1991. Su marido falleció de cáncer de esófago en 1984. Unos años después empezó a convivir con el fotógrafo Bob Brooks, un buen amigo de la pareja que sería su compañero hasta la muerte de este en septiembre de 2012.

El gato Stubbs y un conejo

 

Exposición 2012

 A mediados de los años cincuenta comenzó a hacer esculturas figurativas de cabezas de amigos y sobre todo de animales en madera e incluso piedra, y posteriormente en los años setenta, esculturas de gran tamaño estirando telas sobre armazones metálicos. En 1960 tuvo su primera exposición en solitario en la Galería Tanager de Nueva York. Entre 1964 y 1988 expuso algunas piezas en la Galería Fischbach, y en 1983, la Universidad de New Hampshire organizó una retrospectiva de su obra. Después del fallecimiento de su marido, Anne Arnold dejó de esculpir y se dedicó a las acuarelas y bocetos a lápiz.

Gato acostado

 

Gato naranja

En 2006, la galería Alexandre ofreció representarla y organizó dos exposiciones en 2012 y 2014. Un crítico, hablando de la exposición de 2012, dijo: “En los cincuenta, cuando el expresionismo abstracto arrojaba su triunfante sombra sobre el arte americano, Anne Arnold creaba inteligentes y humorísticas esculturas de gatos, perros y personas, y siguió haciéndolo durante treinta años. En esta maravillosa exposición donde podemos admirar piezas que van desde finales de los cincuenta a principios de los ochenta, el equilibrio reside en la aparente vivacidad de los animales y el material del que están hechos, madera, barro y bronce. Puede que tarden ustedes un par de segundos en ver que un ensamblaje de bloques de madera pintados de naranja es un gato tumbado de espaldas con las patas al aire. Y este gato totalmente artificial da la impresión de estar vivo, lo que divierte, pero también asombra”.

Gato sentado (1988)

 

Gato tumbado

Otra crítica publicada el 17 de mayo de 2012 en la revista City Arts fue incluso más entusiasta: “Las esculturas de Anne Arnold expuestas en la Alexandre Gallery son magistrales, inteligentes, matizadas y llenas de humor. Cabe preguntarse por qué han transcurrido 24 años desde la última exposición en solitario de la artista”. Y sigue diciendo: “Las personas que no se quedan prendadas instantáneamente de las obras de Anne Arnold deberían preguntarse si están vivas y si no han perdido el sentido del humor”.

León

 

Quijote

Anne Arnold esculpió y pinto muchos animales, cerdos, conejos, camellos, caballos, puercoespines y gatos. Quizá estos últimos no fueran los que más reprodujo, pero sí podemos estar seguros de que los amaba. Basta con ver las fotos incluidas en esta entrada para darse cuenta. Reprodujo a Christy, a la que vemos con ella en 1987, en varias ocasiones. También está la maravillosa foto del gato Stubbs con un conejo, pero probablemente la que más demuestre su afecto por los gatos es una de 2001, realizada en su piso de Nueva York, donde se la ve sentada con un gato en el regazo al lado de su compañero Bob Brooks, ambos rodeados de esculturas de Anne.

La artista falleció de causas naturales pocos meses después de su tercera exposición en solitario, el 20 de junio de 2014 a los 89 años.


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Los gatos del escultor Edouard-Marcel Sandoz

Edouard-Marcel Sandoz, nacido en Basilea (Suiza) el 21 de marzo de 1881, era hijo de Marcel

El artista con un gato y un perro

Sandoz, fundador de la empresa química y, posteriormente, farmacéutica Sandoz. Después de estudiar Química durante tres años en la Escuela de Artes Industriales de Ginebra, se trasladó a París en 1904 e ingresó en la Escuela de Bellas Artes. Sus maestros fueron el escultor Antonin Mercié y el pintor Fernand Cormon, entre otros. Se casó con Adèle Passavant en 1909 y la pareja no tardó en instalarse en el barrio de Montparnasse. Expuso en numerosos salones, lo que contribuyó a darle notoriedad.

Sus aficiones eran muy diversas: pintura, decoración, ingeniería, física, química (se interesó sobre todo por los tintes) y los inventos (se le debe un sistema de proyecciones luminosas para teatro), pero su gran pasión era la escultura y en especial, la de animales. En una ocasión dijo: “El arte debe interesarse por el amor, la naturaleza y la ciencia”.

Durante la Primera Guerra Mundial, al ser cada vez más difícil obtener materiales como la piedra y el bronce, se decantó por la cerámica y se puso en contacto con los hermanos Théodore y William Haviland, entonces directores de una de las más importantes manufacturas de porcelana de Limoges. La colaboración entre los tres duró más de treinta años, hasta 1952, durante los que realizó numerosas representaciones animales. Además de gatos, la fábrica de porcelana Haviland produjo monos, aves, conejos, perros, peces y sus famosos zorros del desierto a partir de moldes diseñados por Sandoz. Entre los artículos más vendidos había cajas, frascos, botellas y otros objetos útiles de porcelana.

Bote

Cenicero

Circa 1926

Sus esculturas de animales se caracterizaron en un principio por líneas estilizadas con tendencias geométricas influenciadas por el cubismo, pero poco a poco fueron sustituidas por un estilo más naturalista, sobre todo para los pájaros y peces, basado en un estudio riguroso del animal mediante acuarelas y dibujos. Su catálogo incluye más de 1.800 esculturas, además de unos 200 modelos para porcelanas. Realizó algunas esculturas de la forma humana, pero sentía una clara predilección por reproducir a los animales. Era un experto en la fundición de bronce y le interesaban las aleaciones y las pátinas muy trabajadas.

Frascos

Gato de porcelana

Una de sus características era la concepción de objetos prácticos como lámparas, relojes, bandejas, sujetalibros, pisapapeles e incluso tapones de radiadores de automóviles. Sus fuentes son a menudo edículos bastante complejos en los que integra a los animales en una estructura más amplia.

Entre sus esculturas de mayor tamaño destacaremos “La encrucijada de la vida” (1967), actualmente en el jardín del Museo Oceanográfico de Mónaco. También están “La fuente de los monos” (1934), en el Parque Denantou de Lausana, o “La primera cabalgata de Baco” (1960), en Vevey.

Gato sentado

Fue miembro del Consejo de administración de Sandoz, S.A. desde 1932, así como presidente y director general de Sandoz France desde 1941. En 1935 se convirtió en uno de los accionistas y fundadores de la empresa de papel fotográfico Tellko, S.A. en Friburgo. Colaboró en dos ocasiones con el arquitecto Jean Tschumi en el Pabellón Nestlé de la Exposición Universal de París de 1937 y en la construcción de los laboratorios Sandoz en Orléans.

Está en la cúspide de los artistas animalistas del siglo XX con François Pompon y Rembrand Bugatti. Su amor por los animales es palpable en sus obras y se dice que llegó a tener varios gatos, perros, peces y aves viviendo en su taller, además de un mono e incluso un guepardo.

Reloj

Ocupó la presidencia de la Asociación Baron Taylor durante más de treinta años, dirigió la Sociedad Benéfica de Hijos de Artistas y apoyó activamente la fundación de la Cité des Arts de París. Fue elegido miembro de la Academia de Bellas de Artes de París en 1947, además de ser condecorado con la Legión de Honor francesa y de ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Lausana en 1959. Fundó la Sociedad Francesa de los Animalistas en 1933.

Era hermano del escritor, compositor y coleccionista Maurice Yves Sandoz, nacido en Basilea en 1892 y fallecido en Lausana en 1958, que también estudió Química antes de decantarse por las artes.

Después de documentarnos sobre la vida de Edouard-Marcel Sandoz, no deja de sorprendernos la dualidad de este hombre que se entregó a las artes mientras dirigía una importante filial de una de las mayores empresas farmacéuticas del mundo, hoy en día conocida como Novartis. Falleció en Lausana el 20 de marzo de 1971.