Gatos y Respeto

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El gato Ricardo y Niki de Saint Phalle

La escultora Niki de Saint Phalle nació el 29 de octubre de 1930 en Neuilly-sur-Seine, una población pegada a París incluso entonces. Su madre era Jeanne-Jacqueline Harper, una elegante y bella estadounidense enamorada de Francia, y su padre, el conde André Marie Fal de Saint Phalle, un rico banquero admirador de Estados Unidos. Creció entre Francia y Nueva York antes de casarse a los 17 años con el poeta Harry Mathews en esta última ciudad.

Nada en su infancia parecía inclinarla hacia la creatividad artística. Sus primeros trabajos fueron como modelo para las revistas Vogue, Life y Elle. Apareció en la portada de Life a los 18 años, y de Vogue (edición francesa) tres años después. Tuvo a Laura, su primera hija, en 1951. Sin embargo, en 1953, con solo 22 años, sufrió una grave depresión, quizá consecuencia de haber sido violada por su padre a los 11 años. La ingresaron en un hospital psiquiátrico y fue sometida a un tratamiento de electrochoques que alteró su memoria.

Camiseta

Ella misma dijo: “Empecé a pintar donde los locos. Allí descubrí el universo oscuro de la locura y su curación; aprendí a traducir mis sentimientos, los miedos, la violencia, la esperanza y la alegría en los cuadros”.

Laumeier Sculpture Park (Saint Louis, Misuri) 1999

Su hijo Philip Abdi nació en Deià, Mallorca, en 1955. Viajó a Madrid y tuvo una auténtica revelación cuando descubrió a Gaudí en Barcelona, concretamente en el Parque Güell. Nunca había pensado en usar materiales poco habituales y objetos como elementos estructurales en una composición.

Laumeier Sculpture Park (Saint Louis, Misuri) 1999

Regresó a París con su familia a mediados de los cincuenta y en 1956 expuso una serie de cuadros ingenuos por primera vez en Suiza. Dejó a su marido en la década de los sesenta, después de conocer al escultor suizo Jean Tinguely, con el que se casó en 1971.

Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely (1966)

Se dio a conocer entre los artistas de vanguardia con la serie “Tirs” (Disparos), unos sacos de polietileno recubiertos de yeso llenos de bolsas de pintura representando figuras humanas contra los que se disparaba para crear la imagen final. Después llegaron las famosas “nanas” (“mujeres” en argot francés), hechas de papel maché, alambre, tela y lana que se vieron en la galería Alexander Iolas de París en 1965.

Gato lámpara

Un año después, Pontus Hultén, el director del Moderna Museet de Estocolmo le dio total libertad para crear una obra que realizó en colaboración con Jean Tinguely y el finlandés Per Olof Ultvedt. Se trataba de una gigantesca “nana” tumbada de espaldas, con las rodillas alzadas, las piernas abiertas y con una minúscula cabeza, enormes pechos y una tripa redonda como si estuviera embarazada. El público entraba por la vagina y en el interior descubría varias salas temáticas. La escultura medía 23 metros de largo y pesaba seis toneladas. Fue un éxito fulgurante y “Hon/Ella” estuvo expuesta tres meses antes de ser destruida. Hoy solo queda el cartel de “Hon en-Katedral”.

Niki de Saint Phalle, Jean Tinguely y Per Olof Ultvedt

En 1979 se compró unos terrenos en Garavicchio, Toscana, para crear el “Giardino dei Tarocchi” (Jardín del Tarot) con esculturas inspiradas en el simbolismo del Tarot. No se inauguró hasta 1998, después de veinte años de trabajo y una considerable inversión en la que participó la familia Agnelli, principales accionistas de Fiat.

Gato tiesto inacabado

Su compañero del alma, Jean Tinguely, falleció el 30 de agosto de 1991. A partir de ese momento, la artista regaló 55 esculturas y un centenar de obras gráficas del artista para conseguir que en 1996 se abriera el Museo Tinguely en Basilea, inaugurado por Ponthus Hultèn. También le dedicó la serie “Tableaux éclatés” (Cuadros estallidos), donde se lee la palabra “Jean” en hojalata, realizada en colaboración con Larry Rivers empleando elementos eléctricos y electromecánicos que evocan la obra de Tinguely.

Buzón de Jean Tinguely (1962)

Es posible que la primera escultura gatuna de Niki de Saint Phalle sea la del cementerio de Montmartre hecha en recuerdo de Ricardo Menón, el hombre que fue su asistente durante diez años. Este le había presentado a la ceramista Venera Finocchiaro en 1983, lo que inició una colaboración para realizar los revestimientos de porcelana y mayólica de las estatuas que pueblan el Jardín del Tarot.

El Gato de Ricardo en el cementerio de Montmartre

Ricardo era mucho más que un asistente, les unía un vínculo especial. Era su amigo, confidente, hermano. Niki sufrió una grave crisis de artritis que le impedía andar y Ricardo se ocupó de ella, llevándola en brazos a todas partes. Después de traer a un amigo argentino, Marcelo Zitelli, para que asistiera a la escultora, Ricardo regresó a Francia sin decirle que había contraído el sida. Niki de Saint Phalle no se enteró hasta dos años después, cuando le hospitalizaron.

Nikki y Ricardo

La artista siempre le comparaba a un gato; le parecía un hombre orgulloso, misterioso y sensual. Fue a verle en cuanto supo que estaba en el hospital y le prometió que realizaría una escultura de gato en su honor y que la colocaría en su tumba. A Ricardo le gustó la idea y Niki se encargó de encontrar un lugar adecuado, concretamente el cementerio de Montmartre. Delante de la escultura, grabado en una piedra, se lee: “A nuestro gran amigo Ricardo, que falleció demasiado joven, amado y apuesto”. Niki reprodujo la estatua para colocarla en el Jardín del Tarot y tenerle siempre presente.

El Gato de Ricardo en el Jardín del Tarot

Parece que la muerte de Ricardo afectó mucho a Niki de Saint Phalle y a Jean Tinguely. La escultora cayó en una depresión mientras trabajaba en la escultura del gato Ricardo, y Tinguely empezó a preparar su propia muerte. Dejó de tomar la medicación y murió dos años después.

Gato banco (San Diego, California)

Niki de Saint Phalle tenía tendencia a realizar esculturas de gran tamaño y hay gatos suyos diseminados por el mundo, como el “gato tiesto” en la isla de Naoshima, Japón. También hay gatos banco, gatos para jugar al escondite. Son animales sonrientes, felices, incluso el gato Ricardo está lleno de alegría.

Parque Benesse, Naoshima, Japón (con árbol en el interior)

Niki de Saint Phalle murió de enfisema el 21 de mayo de 2002 en San Diego, a los 69 años. Acabaremos con una cita suya: “El comunismo y el capitalismo son un fracaso. Creo que el tiempo es propicio para configurar una nueva sociedad matriarcal: ¿usted cree que la gente continuaría muriéndose de hambre si las mujeres se involucrasen en la política?”

Trabajando en el Gato de Ricardo

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Gatos, móviles y stábiles de Alexander Calder

1966

El escultor Alexander Calder probablemente sea conocido sobre todo por sus móviles y gigantes estatuas que adornan numerosas plazas y jardines en ciudades de todo el mundo. Nacido el 22 de julio de 1898 a las afueras de Filadelfia, era hijo y nieto de dos conocidos escultores y su madre era pintora. Su abuelo es el autor de la escultura de diez metros de altura que corona el Ayuntamiento de Filadelfia.

1925

Pasó parte de la adolescencia en California debido a que su padre fue nombrado en 1913 director del Departamento de Escultura para la Exposición Universal de San Francisco, celebrada en 1915. Se decantó por la ingeniería y estudió en el Instituto Stevens de Tecnología en Hoboken, Nueva Jersey, donde obtuvo la mejor nota en Geometría de la historia de la universidad. Se licenció como Ingeniero Mecánico en junio de 1919. En el anuario, sus compañeros dijeron de él: “Sandy siempre es feliz, siempre está a punto de gastar una broma, y su rostro siempre está iluminado con una sonrisa traviesa”.

1930

Alexander Calder, foto de Agnès Varda (1953)

Al cabo de tres años de ocupar los puestos más diversos, como el de mecánico en un barco que zarpó de Nueva York para llegar a Seattle, decidió estudiar Pintura en la Arts Students League de Nueva York. Para sobrevivir, trabajó como ilustrador deportivo en la National Police Gazette, lo que le procuraba una entrada libre al zoológico y a los circos. En 1926 expuso por primera vez una serie de cuadros al óleo en la Artists’ Gallery y zarpó para Europa como jornalero en un carguero británico.

1925

En París, alquiló una minúscula habitación en la calle Daguerre y empezó a construir sus primeros animales articulados. Al poco de llegar, un vendedor serbio de juguetes le sugirió hacer juguetes mecánicos. También fue en esa época cuando empezó a fabricar “Le cirque Wilder”, un circo en miniatura hecho de alambre, trapo, cuerda, corcho y otros materiales reciclados (aunque en la época, esta palabra no se usaba). Diseñado para ser transportable (aunque acabó llenando cinco maletas de gran tamaño), el circo viajó a ambas orillas del Atlántico y no tardó en ser uno de los favoritos de la vanguardia parisina.

Dos gatos y un elefante

Gato lámpara

Después de visitar el estudio del pintor vanguardista neerlandés Piet Mondrian, se lanzó de lleno a la fabricación de esculturas cinéticas que se movían mediante engranajes y motores. En 1931, Marcel Duchamp acuñó el término “mobiles” (móviles) para describir las esculturas de Calder, compuesta de delicadas piezas movidas por motores. Un año después, cansado de los movimientos siempre idénticos de sus móviles, ideó las esculturas aéreas movidas únicamente por el viento que tanta fama le darían.

Gato serpiente

Sin título (1966)

En oposición a los móviles, experimentó con esculturas abstractas y estáticas a las que Jean Arp describió como “stábiles”. Entre 1935 y 1936 produjo una serie de esculturas de madera entre las que hay dos gatos.

Sandy Calder (como le llamaban todos) iba y venía entre Francia, Berlín y Estados Unidos ejerciendo como director de circo en miniatura, escultor y joyero. Estaba muy ocupado, pero sus ingresos dejaban que desear. En uno de los viajes trasatlánticos conoció a Louisa Cushing James, bisnieta del escritor Henry James y del filósofo William James. Se enamoraron inmediatamente y se casaron en 1931. Dos años después regresaron a Estados Unidos, donde compraron una vieja granja en Connecticut. Tuvieron a Sandra, su primera hija, en 1935, y a Mary en 1939.  Calder expuso sus obras en la galería Pierre Matisse de Nueva York en 1934.

Louisa Calder, foto de Man Ray (1931)

Gato y ratones

Ya en 1939, cuando el Museo de Arte Moderno se trasladó a la calle 53, le encargó a Calder un  móvil de gran tamaño para la caja de las escaleras. Cuatro años después, este mismo museo organizó una gran exposición de las obras del artista, y el famoso marchante Curt Valentin se convirtió en su representante. En 1945, Calder realizó una serie de móviles que cabían en un sobre y Marcel Duchamp le sugirió que regresara a París con estas obras. Su primera exposición después de la guerra tuvo lugar en octubre de 1946 en la galería Louis Carré de París. Jean-Paul Sartre escribió el prefacio del catálogo y Henri Matisse estuvo entre los primeros en visitarla.

Para Mary Reynolds, que adora a los gatos (1955)

Mary Reynolds con sus gatos

En los años siguientes viajó a Brasil, Finlandia, Inglaterra, Suecia y Alemania. Realizó un innovador techo acústico para la Ciudad Universitaria de Caracas y ganó el primer premio de la Biennale de Venecia en 1952.

Gato y pájaro

Un año después, Louisa y Sandie viajaron a Saché, cerca de Tours, en el centro de Francia y compraron una vieja casa en la orilla del río Indre. Era casi una ruina, pero se convirtió en su hogar permanente con la granja de Connecticut. A pesar de la enorme fama de Calder, los encargos no empezaron a llegar hasta 1958 con la Exposición Universal de Bruselas. Ese mismo año ganó el premio Internacional Carnegie en Pittsburgh y en 1960 por fin pudo decir: “Tengo la agradable sensación de haber alcanzado una estabilidad económica que me permite diseñar lo que quiero”.

Museo de Arte Contemporáneo de Chicago

El 2 de enero de 1966, Louisa y él contrataron una página completa en el diario New York Times para publicar una felicitación de año nuevo contra la guerra de Vietnam con el texto siguiente: “Un nuevo año – un nuevo mundo –. La esperanza por el fin de la hipocresía, la arrogancia, el egoísmo, la tergiversación y el miedo, sea donde sea. Con mucho respeto por aquellos que ponen en entredicho la brutalidad y defienden un mundo más civilizado. La única esperanza reside en los seres humanos que piensan – La razón no es traición”.

Felicitación antibelicista 2 de enero de 1966

A pesar de no haber encontrado fotos del artista ni de su mujer con gatos, estamos convencidos de que le gustaban. Alexander Calder falleció de un infarto a los 78 años el 11 de noviembre de 1976 en casa de su hija Mary Calder Rower. Un mes antes había inaugurado una exposición en el Museo Whitney de Nueva York.

El flamenco, Torre Willis, Chicago (1973)


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Los gatos del castillo de Pierrefonds

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

A una hora y poco en coche al norte de París, en una bonita región llena de ríos y valles, se encuentra un célebre castillo llamado Pierrefonds. Erigido en el siglo XII, Carlos VI se lo regaló, dos siglos después, a su hermano Luis, duque de Orleans, que le encargó la reconstrucción a Juan el Negro, arquitecto de la corte.

Antes de la restauración

En marzo de 1617, durante el reinado de Luis XIII y su lucha contra el feudalismo instigada por el cardenal Richelieu (otro gran amante de los gatos, ver https://gatosyrespeto.org/2015/01/13/los-gatos-del-cardenal-richelieu/), fue tomado por el príncipe de Condé y su eminencia ordenó su destrucción al ser uno de los bastiones del “Partido de los descontentos”. Esta no se llevó a cabo completamente debido a la enormidad de la tarea, pero arrasaron las murallas, destruyeron los tejados y perforaron los muros del enorme edificio.

Jean Baptiste Corot

Durante los dos siglos siguientes, las inclemencias del tiempo se encargaron de seguir la lenta destrucción. Napoleón I lo compró en 1810 por menos de 3.000 francos de entonces. Considerado una ruina romántica muy de moda en el XIX, fue clasificado monumento histórico en 1848. El famoso pintor Corot pintó las ruinas en varias ocasiones entre 1834 y 1866.

En la actualidad

Luis-Napoleón Bonaparte visitó el castillo en 1850, antes de convertirse en Napoleón III, y se quedó subyugado por la ruina. Ya emperador, le pidió al famoso arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc que restaurara el monumento. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver este monumental castillo con el tema que nos interesa. Muy sencillo, Viollet-le-Duc adoraba a los gatos. Su pasión era tal que distribuyó nada menos que 36 estatuas de gatos (algunos dicen que 80, pero nos parece algo exagerado)  por las alturas del castillo entre un bestiario alucinante.

Viollet-le-Duc

Puede que una de las representaciones más sorprendentes ideadas por el arquitecto sea la de una gata llevando un gatito en la boca. La mayoría de los gatos parecen estar decorando los laterales de las ventanas de las buhardillas, y no deben ser fáciles de ver dada la altura del castillo.

Viollet-le-Duc decía: “Restaurar un edificio no es consolidarlo, repararlo o rehacerlo, sino restablecerlo en su totalidad a un estado que quizá no haya existido jamás”. Esta frase resume, en cierto modo, el gusto romántico del XIX, sobre todo a partir de los años treinta. El arquitecto no intentaba restablecer los edificios tal como habían podido ser, sino plasmar lo que imaginaba que habían podido ser. De ahí los gatos de Pierrefonds.

Dibujos de Viollet-le-Duc para el castillo de Pierrefonds

El gato no fue un animal muy representado en el románico ni en el gótico, pues se inclinaban por un bestiario fantástico, mucho más simbólico. Dudamos que Juan el Negro en siglo XIV se hubiera dedicado a decorar las aristas del castillo con gatos, perros o pelícanos. Con eso no estamos diciendo que no se “decoraba”. Al contrario, los interiores de castillos, iglesias y edificios civiles estaban completamente cubiertos de frescos y la piedra no se veía.

Pero Viollet-le-Duc amaba a los gatos y aprovechó para plasmarlos en Pierrefonds. Habría podido hacer lo mismo en su restauración de las murallas de la famosa ciudad de Carcasona, al sur de Francia, cuya reconstrucción tampoco tuvo mucho que ver con el original, pero allí se limitó a una arquitectura mucho más supuestamente “medieval”, más austera, sin apenas decoraciones. Debemos reconocer que las fortificaciones no dan para tanto.

Nació en París el 27 de enero de 1814, en el seno de una familia acomodada; su padre era un alto funcionario. Se le considera en gran parte autodidacta, y su formación se debe a varios viajes que realizó por Francia e Italia entre 1835 y 1839, y también porque trabajó como adjunto en Edificios Civiles con el arquitecto Achille Leclère. En 1840, Próspero Mérimée – sí, el autor de la novela corta “Carmen” que escribió después de un viaje a España -, inspector general de monumentos históricos, le confió la restauración de la basílica de Santa Magdalena de Vézelay, lo que marcó el comienzo de una brillante carrera.

Dos años después se ocupó, con Jean-Baptiste Lassus, de la restauración de la catedral de París, que estaba en un estado lamentable. Al contrario de lo que pasó en Pierrefonds, fue de lo más respetuoso y no se permitió la más mínima libertad con las estatuas que habían sido destruidas. Basándose en obras similares de catedrales de la época, consiguió restituir la mayoría de la decoración.

Gato atacando soldaditos de plomo, dibujo de Viollet-le-Duc

No empezó a reconstruir Pierrefonds hasta 1858, y a pesar de la enormidad de la tarea encontró tiempo para diseñar varias casas particulares e iglesias, así como vidrieras, monumentos funerarios y muebles.

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

En 1874 se le encargó la renovación de la catedral de Lausana, Suiza. Fue su última obra, ya que falleció el 17 de septiembre de 1879 en esta ciudad.

Carta de Viollet-le-Duc dirigida a su padre desde Roma (3-12-1836)

Viollet-le-Duc interpretaba los monumentos según una racionalidad científica poco acorde a la invención creadora de los constructores medievales, lo que le valió ser muy criticado en el siglo XX, pero gracias a él y a la atracción que sintieron los intelectuales del XIX por la arquitectura románica y gótica, se consiguió salvar numerosos monumentos que probablemente habrían desaparecido. Además, ¿a quién no le apetece visitar un castillo “medieval” con unas cuarenta bellas representaciones de gatos? ¿Qué importa si la arquitectura no es exactamente lo que fue en realidad?

Casa de Viollet-le-Duc (1863), 68 Calle de Condorcet, París

Detalle


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Gatos en radiadores de automóviles

¿Quién no conoce la pantera de la marca Jaguar o la estrella de tres puntas de Mercedes? Estos son los dos que nos vienen a la mente, pero numerosas marcas de automóviles tienen un símbolo que suele colocarse en la parte delantera del capó. En Inglaterra lo llaman “car mascot”, mascota de coche; en otros países, adorno de vehículo. Montado en la tapa del radiador, se convirtieron en reclamo o decoración para personalizar el automóvil desde la aparición de este.

Gato con botas (Hansi Siercke, 1920)

Henri Molins

Los primeros automóviles tenían la tapa del radiador en el capó, encima de la rejilla, y la figura servía de indicador de la temperatura del agua. La empresa Boyce MotorMeter obtuvo la primera patente en 1912 de una tapa de radiador que contenía un termómetro. Medía la temperatura del vapor de agua, no del agua en sí, y el conductor podía verlo desde su asiento. Muy pronto alguien tuvo la idea de instalar un ornamento encima de la tapa “medidora” de temperatura.

Gato enfadado (Douglas Moulden)

Gato furioso (Charles Paillet, 1871-1937)

 

 

 

 

 

 

 

Los primeros interesados fueron los fabricantes de coches y las empresas dueñas de flotas de vehículos. Empezaron a surgir negocios dedicados a la fabricación de adornos de radiador en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países. Los dueños de coches de lujo convencieron a famosos escultores como François Bazin, Charles Paillet,  Charles Robinson Sykes y A. Renevey para realizar delicadas miniaturas que encajaran en el capó de sus preciados automóviles. Sykes se hizo famoso al diseñar el “Spirit of Ecstasy” (Espíritu del éxtasis) que adorna los capós de los Rolls-Royce.

Gato caballero (Henri Payen)

Gato con botas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las figuras escogidas por los diseñadores y los clientes eran muy diversas, bailarinas, mujeres aladas, arqueros, lanzadores de jabalina, napoleones, gaiteros, esfinges, así como animales de todo tipo, mitológicos o reales, como caballos (con o sin alas), pájaros varios (con una marcada preferencia por el halcón y el águila), perros de cualquier tamaño y raza, ardillas, felinos (leones, panteras) y… gatos.

El gato Félix

Max Le Verrier

En los años veinte y treinta, numerosos propietarios de vehículos adornaban el capó de su coche con un gato. Hemos encontrado gatos con botas, gatos enfadados, gatos lectores y gatos lavándose diseñados por escultores como Max Le Verrier, que se dio a conocer por sus objetos prácticos y sus adornos para automóviles de estilo Art Déco.

Gato en la luna (1925)

Gato en la luna (Citroën)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El famoso diseñador y creador de objetos de cristal René Lalique diseñó su primera mascota en 1925, cinco caballos de perfil, y la colocó en su Citroën 5CV. Entre 1925 y 1931, las mascotas de Lalique decoraron los capós de Bentley, Bugatti, Hispano-Suiza, Isotta-Fraschini y Mercedes-Benz. Curiosamente, jamás diseñó ornamentos para coches con forma de gato, sin embargo, hay numerosas figuras de gatos sentados o tumbados firmadas por este creador. Para acabar con Lalique, añadiremos que el adorno más buscado por los coleccionistas es la figura de un zorro de cristal esmerilado que se vendió por 300.000 dólares.

René Lalique

Las mascotas de coches fueron muy populares desde principios de los años veinte hasta finales de los cincuenta. Hoy en día, solo hemos podido encontrar una empresa dedicada a su fabricación, Louis Lejeune Ltd., en Inglaterra.

Gato lavándose (G. Gardet,1863-1939)

Gato lavándose (E. Samson)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez hay más restricciones para los ornamentos colocados en la parte delantera de los vehículos debido al riesgo que representan para los peatones en caso de atropello. En Estados Unidos, a partir de los setenta, las “mascotas” de coche debían ir montadas sobre una base flexible para que pudieran doblarse sin romperse en un accidente. En la Unión Europea, y a partir de 1974, el “espíritu del éxtasis” de Rolls Royce va sobre un mecanismo retráctil que le permite entrar en el radiador si recibe un golpe cuya fuerza supere los 98 neutonios. Otros ornamentos están diseñados para soltarse del pie si sufren un impacto.

Gato humorista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tapa de radiador se convirtió en arte durante unas décadas y no solo plasmó la visión del fabricante del coche en el caso de las marcas, también habló de la personalidad del dueño que encargaba, por ejemplo, un “gato en la luna” para encajar en la tapa del radiador. Todos los gatos que aparecen aquí tienen algo que decir acerca de la persona que los encargó o escogió y colocó en la parte más vistosa del coche que acababa de comprarse.

Antoine Elie Ottavy (1897-1951)

Louis Rigot

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, si van a Turquía de vacaciones y son fans de los automóviles, no se pierdan el “Key Automotive Museum”, fundado por Efe Uygar y Murat Özgörkey, donde podrán ver una colección de 300 adornos para coches. Según Uygar “la primera mascota para vehículo fue un halcón con un sol por cresta montado en el carro del faraón Tutankamón”.


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Gatos en tejados

En realidad deberíamos titular esta entrada “Gatos de cerámica en tejados” ya que nos referimos a las piezas decorativas en forma de gato que se colocan en los tejados. Las hay de dos tipos, el fastigio propiamente dicho, que marca la parte superior o el final de algún elemento arquitectónico, y la teja decorativa. También llamados remates de pináculo o espantabruxas, en España son poco frecuentes y casi inexistentes los que representan a un gato. Solo hemos encontrado un ejemplo encima de una chimenea en el pueblecito de Fiscal, en Huesca.

Espantabruxas (Fiscal, Huesca)

También creíamos que serían elementos decorativos habituales en el Reino Unido o en Alemania, pero no es así. Aunque hay tejas decorativas modernas en forma de gato, parece una tradición bastante reciente. Sin embargo, los “épis de faîtage”, como se llaman en Francia, aún abundan en ese país, donde varias empresas se dedican a su fabricación. Y lo mejor es que hay maravillas felinas en los tejados, sobre todo en la zona del centro y del noroeste.

Erigidas en la cima de los tejados, las tejas decorativas son un elemento y un símbolo. En su origen servían para reforzar la impermeabilidad de la estructura, y poco a poco se convirtieron en un elemento de decoración. Su presencia en los tejados de Occidente remonta al siglo XI; entonces no era más que un sencillo recipiente redondo de barro cocido, como se ve en alguna miniatura o en la famosa tapicería de Bayeux. Luego, en el siglo XIV se empiezan a utilizar piezas esmaltadas y con policromía, pero siguen siendo redondas para ofrecer menos resistencia al viento.

Teja decorativa (Francia, siglo XIX)

Progresivamente aparecen motivos florales, formas de animales e incluso máscaras, por lo que incrementa la demanda de artesanos ceramistas, decoradores y techadores. En el Renacimiento, estas decoraciones se extienden incluso a las casas más humildes. Las formas más clásicas consisten en dos o tres bolas de cerámica colocadas una encima de otra, pero cambian mucho según la región y se colocan generalmente en los hastiales. Alcanzan su mayor auge en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX, con animales, sobre todo el gallo, símbolo nacional, y también caballos, pájaros y… gatos. Pierden importancia después de la Primera Guerra Mundial.

Antigua teja decorativa (Inglaterra)

Teja decorativa (Francia)

Actualmente vuelven a estar de moda las tejas decorativas, no solo en Francia, sino en Gran Bretaña. La mayoría de los ejemplos que incluimos aquí son franceses. La “Casa del Gato”, en La Rochelle, fue construida en 1926 por Maurice Morguet, arquitecto oficial del departamento, en estilo neonormando. Un gato de cerámica en el tejado más adelantado le dio su nombre. Desde la casa se divisa el famoso puerto de La Rochelle y sus torres.

La Casa del Gato (La Rochelle)

La Casa del Gato (La Rochelle)

En el tejado de una de las casas más antiguas de la capital de la Borgona, Dijon, construida en 1483 por el mercader pañero Guillaume Millière y su esposa Guillemette, vemos a un gato y, enfrente, un soberbio búho. El edificio, declarado monumento nacional, es ahora un restaurante, y el Ayuntamiento se encargó de restaurar a los dos animales para que recuperaran todo el esplendor de antaño. El animal fetiche de la ciudad es la lechuza. De hecho, si pasan por Dijon, no olviden visitar una pequeña representación del ave en una de las paredes exteriores de la iglesia de Notre-Dame.

Gato y búho (Dijon)

También hay un gato en el tejado del hotel “Normandy”, en Deauville, Normandía, antaño la ciudad donde la aristocracia francesa iba de vacaciones. Luego llegaron los hoteles y el casino, los turistas adinerados y, posteriormente, el famoso hipódromo de la Touques.

Hotel Normandy

Muy al norte de Europa, en Riga, capital de Letonia, encontramos otra famosa “Casa del Gato”, construida en 1909 según los planos del arquitecto Friedrich Scheffel. Es famosa por las esculturas de dos gatos idénticos en hierro fundido, con la espalda arqueada y el rabo tieso, cada uno coronando un torreón.

La Casa del Gato (Riga)

Dos leyendas explican el porqué de los gatos en sendos torreones. Una, la más conocida y la que suele contarse a los turistas, dice que el Gremio de Comerciantes, también conocido como Gran Gremio, rechazó al mercader que encargó la construcción del edificio. Este, para vengarse, encargó los dos gatos e hizo que los colocaran con las colas en dirección a la sede del Gran Gremio. Otra leyenda, la más antigua, cuenta que el mercader estaba enfadado con el Ayuntamiento de Riga y quiso insultar al consistorio colocando a los gatos en esta posición. Sea como fuere, los gatos deben tener una magnífica vista de toda la ciudad.

La Casa del Gato (Riga)

Los gatos policromados que reproducimos aquí son de loza decorada y su fabricación requiere nueve etapas empezando por el molde. Algunos moldes pueden estar compuestos por treinta piezas, dependiendo de la complejidad del modelo. Una vez separado el molde del objeto de barro crudo, este debe secarse, proceso que varía desde algunas horas a varios días. A continuación se pule el objeto para dejarlo liso y sin imperfecciones antes de proceder a su engobe y poder aplicar el esmalte.

Oise, Francia

Gato cazando

Se cuecen en un horno de alfarería, proceso que tarda unas 34 horas. Durante las primeras 24 horas, la temperatura sube 20º centígrados cada hora, y en las diez siguientes, 70º cada hora. El horno alcanza un máximo de 1.180 º, se apaga y empieza a enfriarse. Nunca debe abrirse estando caliente para que no se rompan las piezas. En este caso, nos referimos a un horno de leña, pero los tiempos no son mucho más cortos para los hornos eléctricos actuales.

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Entonces se esmaltan las piezas, pero como los esmaltes son polvos que prácticamente carecen de color, debemos tener en cuenta que los colores reales no aparecerán hasta que los objetos vuelvan a cocerse en el horno, que esta vez no sobrepasará los 980º.

Veleta gato


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El gato en el Modernismo y el Art Déco

Lámpara, Max Le Verrier

El Modernismo en España, Arte Nova en Portugal, Art Nouveau en Francia, Italia y países angloparlantes, hizo furor a finales del siglo XIX y desapareció antes de la I Guerra Mundial. Uno de los más famosos representantes de este estilo es el arquitecto Gaudí. Nació como una reacción al arte academicista típico del XIX y se inspiró sobre todo en modelos orgánicos y vegetales, prefiriendo siempre las curvas y la asimetría a la línea recta. Todo se hizo más sensual. Las flores, hojas, tallos, insectos, animales, formas femeninas y masculinas rellenaban todo el espacio. Había un definido “horror vacui”.

Peineta modernista

Heinz Warneke (1927)

El Modernismo se expandió rápidamente por toda Europa: Austria, donde se llamó Secessionsstil (Estilo Secesión); Alemania, con el nombre de Jugenstil (Estilo Joven), Dinamarca, Suecia, Finlandia, Hungría, Lituania, Ucrania y Rusia. En cada país con sus características propias.

Eliseyev Emporium, San Petersbrugo

El Art Nouveau abarcó la arquitectura, la joyería, la ebanistería, la cerámica, el textil, el vidrio y, en general, todas las artes decorativas. Puede llamarse un arte total, aunque de corta vida. En 1910 ya empezaba a sustituirlo el Art Déco. No es fácil diferenciar a primera vista ciertos objetos de un estilo u otro, y más sin conocer la fecha de fabricación.

Charles Schneider (1922-24) Colección Barbra Streisand

El nombre de Art Nouveau proviene de “Maison de l’art nouveau” (Casa del arte nuevo), una galería abierta en 1895 por el marchante francoalemán Siegfried Bing, que fue fundamental en la introducción del arte japonés en Europa. Se trataba de crear un arte nuevo, joven, libre y moderno, de romper categóricamente con las rígidas reglas anteriores, de democratizar la belleza aportando valor estético a utensilios cotidianos e intentando hacerlos accesibles a toda la población, como ocurrió con el mobiliario urbano (bancos, farolas, las primeras estaciones de metro), al que hasta entonces no se había prestado mucha atención.

Sujetalibros, años 30

Desaparece así la jerarquía de artes mayores y menores. Tiene el mismo valor un edificio que una joya, un cartel que un cuadro. De hecho, los propios artistas realizan los marcos para sus cuadros, los arquitectos diseñan también los muebles.

Keralouve – La Louvière (Bélgica)

Max Le Verrier

Max Le Verrier

Es curioso que un estilo que ha dejado tantos ejemplos arquitectónicos, tantas piezas y dibujos, no sobreviviera más de 20 años. Solo queda pensar que debió tener un tremendo éxito entre algunas clases sociales en ese breve espacio de tiempo. Justo antes de la I Guerra Mundial apareció en Francia el Art Déco, apócope de “Arts Décoratifs” (Artes decorativas). En 1915 estaba previsto que tuviera lugar en París la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, pera la guerra lo impidió; en 1922, la falta de financiación abortó un segundo intento, y finalmente pudo celebrarse en 1925.

Gatos modernistas

Lalique

El Art Déco dejó su huella en el diseño de edificios (el arquitecto Frank Lloyd Wright en Estados Unidos), muebles, joyas, moda, coches, cines, trenes, transatlánticos y herramientas cotidianas como radios o aspiradoras. Durante sus momentos de gloria simbolizó el lujo, el glamur, la exuberancia y la fe en el progreso social y tecnológico que prevaleció en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales.

1930 (Art Déco)

Reunía una ecléctica mezcla de estilos, a veces contradictorios, en un afán de ser más novedoso que su precursor, el Modernismo. Desde el principio se vio influido por la geometría del cubismo, los colores brillantes del fauvismo, estilos exóticos procedentes del Lejano Oriente, de Persia y del Antiguo Egipto, incluso de los mayas. Los objetos solían fabricarse con materiales caros, como el marfil, y uno de los requisitos era que la ejecución debía ser impecable.

Lámpara (Art Déco)

Ya empezados los años treinta apareció un Art Déco mucho más dramático, sobre todo en Estados Unidos, a causa de la Gran Depresión. Se pintaron grandes murales en edificios públicos; los materiales usados eran cada vez menos costosos y, poco a poco, el Art Déco se transformó a su vez en otra cosa.

Detalle de una puerta (Art Déco)

El beso, Fantasio Reb (1925)

Numerosos artistas del Art Déco se sirvieron de la figura del gato para decorar todo tipo de piezas y joyas. Respondía perfectamente a lo que buscaban: líneas sensuales, misterio, belleza. Abundan las lámparas y figuras de Max Le Verrier, premiado con una Medalla de Oro en la famosa exposición de 1925. También están los famosos broches de la fábrica Swaroski, fundada por Daniel Swartz (que se cambió el apellido por Swaroski) con otros dos socios en 1895, después de patentar en 1892 una máquina de corte eléctrica que facilitaba la producción de objetos de vidrio.

Broche, Swarovski

Swarovski

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, de todos los artistas que usaron el gato en esos cincuenta años, creemos que el más atrevido y sorprendente fue el francés François-Rupert Carabin. Estudió escultura, fue orfebre, ebanista y fotógrafo, y está considerado como uno de los grandes ejemplos del Modernismo. A partir de 1890 se dedicó sobre todo al diseño de muebles únicos, decorados con desnudos femeninos y animales simbólicos, sobre todo gatos. También incluimos una muestra de su trabajo de orfebrería.

Piano, François-Rupert Carabin

Silla, François-Rupert Carabin

Silla (parte trasera), François-Rupert Carabin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hebilla de cinturón, François-Rupert Carabin

Y para acabar, siempre en el Art Nouveau, dos ejemplos de una decoración en un edificio del arquitecto Jean Falp, que diseñó varios edificios ente 1899 y 1907 únicamente en los distritos XI y XII de París. Al igual que Carabin, tendía a decorar los portales con figuras femeninas de las largas cabelleras, gatos y algún que otro pájaro y ratón.

Jean Falp (arquitecto) (1905)

Jean Falp (arquitecto) (1905)


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Gatos, un museo, una exposición

El gato de Françoise Baronian

Albert y Françoise Baronian son unos conocidos galeristas de Bruselas y, además, Françoise es una enamorada de los gatos que hace cuarenta años empezó a coleccionar objetos, cuadros, utensilios, cualquier cosa relacionada con ellos. Françoise dice que esta pasión le viene de su padre: “Vivíamos en el campo, y entonces los gatos no estaban demasiado bien vistos. A muy poca gente le gustaban, siempre se decía: ‘Prefiero a los perros, nunca se sabe lo que piensa un gato'”. Reconoce que su colección es de lo más ecléctica porque se hace con cualquier cosa “que tenga un gato encima, incluso unas banderitas”.

Musée du chat – Michel Auder

Musée du Chat – Maneki Neko, Japón

A Albert Baronian se le ocurrió bautizar la colección como “Musée du Chat” (Museo del Gato). Seis especialistas en arte contemporáneo, atraídos por la idea de compartir obras en su posesión con los amantes de los gatos y del arte contemporáneo, decidieron organizar exposiciones itinerantes desde el Museo del Gato.

Musée du chat – Steinlein

 

Colección de Françoise Baronian

Ahora, el museo itinerante cuenta con obras de artistas del calibre de Luciano Bartolini, Vincent Beaurin, Brian Belott, Ben, Thomas Bogaert, Andy Boot, Marcel Broodthaers, Lucy McKenzie, Michael Queenland, Henriëtte Ronner-Knip, Anne-Marie Schneider, Alain Séchas, David Shrigley, Jakob Smits, Théophile Alexandre Steinlen, Walter Swennen, Hugues de Wurstemberger, Otto Zitko y muchos otros.

Musée du chat – Walter Swennen (2012)

Musée du chat – Ben

La primera exposición abrió sus puertas el 9 de febrero del año pasado en el Centro Cultural De Markten, en Bruselas. Podía verse un sinfín de cuadros, dibujos, objetos, joyas, todo dedicado al gato. Por ejemplo, la estupenda escultura de Niki de Saint-Phalle o la enorme pieza de Wang Du y cerámicas de Eric Croes, además de postales y fotografías de los gatos de los organizadores.

Musée du chat – Niki de Sainte Phalle (El gato, 1969)

Musée du chat – David Srigley

Este año tiene lugar otra exposición organizada por el Museo de la Fotografía de Charleroi, una ciudad al sur de Bruselas, titulada “Entrechats” (juego de palabras que significa “Entre gatos” y se refiere también a un tipo de salto en la danza clásica), dedicada “A todos nuestros gatos pasados, presentes y futuros”. Organizada en colaboración con el Musée du Chat, cuenta con sesenta obras de famosos fotógrafos, de las que incluimos unas pocas en este artículo. Para los amantes de los gatos que vayan a Bélgica este verano, la exposición permanecerá abierta hasta el 16 de septiembre.

Foto de Jean-François Spricigo

Las fotografías que se exhiben proceden de préstamos de los mismos fotógrafos, así como de los fondos y colecciones del Museo de la Fotografía de Charleroi, Museo del Gato de Bruselas, Museo d’Orsay, Casa Europea de la Fotografía, FoMu, Mediateca de la Arquitectura y del Patrimonio, Herencia Jeanloup Sieff, Galería Baudoin Lebon y Galería Kamel Mennour.

Foto de Jane Evelyn Atwood (1985)

Hemos traducido la presentación de Xavier Canonne, director del Museo de la Fotografía: “Cuatro milenios en su compañía no han bastado para que el gato se harte del hombre a pesar de los tormentos que este no ha dejado nunca de infligirle a lo largo de una paciente relación que le ha transformado hoy en día en ‘animal de compañía’; cuatro mil años durante los que el felino ha observado al hombre con suma paciencia, acercándose a él realizando círculos concéntricos pese a las matanzas, las hogueras, la brujería, los golpes y el abandono, presintiendo a través de su tenacidad que merecía probar una aventura con ese otro mamífero, y que para algunos de estos se convertiría en indispensable”.

Foto de Serena Korda

“Semejante testarudez le ha valido el reconocimiento de pintores, escultores, poetas y músicos. Desde los escultores anónimos del Antiguo Egipto y el Oriente, de donde parece haber venido, hasta André Malraux, pasando por Homero, Jules Michelet, Edgar Allan Poe, Chateaubriand, Alexandre Dumas, Guillaume Apollinaire, Pierre Bonnard o Alexandre Steinlein, todos han alabado su belleza, elegancia y virtud; todos han amado a ese vigilante silencioso, a ese genio doméstico que tanta alegría y complicidad aporta”.

Jacques Prévert, por Izis Bidermanas

“Pero probablemente sea su independencia lo que le haga tan entrañable para nosotros. Aunque hoy nos parezca domesticado, si a veces se relaja, jamás se rinde y se sabe libre; siempre puede dejarnos, sumiéndonos en un mar de angustia, desamparados y solos”.

“Con él nunca se trata de matrimonio, sino de pacto, de alianza tácita, renovada cada mañana y puesta en duda al anochecer, cuando recuerda que es una fiera y que la noche es su reino. La ausencia de un gato es una llaga que nunca se cierra, una larga pena de amor”.

Foto de Rob Hornstra (2007)

“Amamos a los gatos porque no existe un gato feo, porque desprecian el dinero y los honores, porque no hay gatos de caza ni gatos policía, porque es capaz de ser heroico, seductor, arrogante, desdeñoso o cariñoso; amamos a los gatos porque no hay nada más agradable que pasar la mano por su pelaje como se hace con el cabello de la amada; amamos a los gatos porque conocen la virtud del silencio y porque basta un parpadeo para que nos entiendan; amamos a los gatos porque no tienen dueños ni fronteras y porque saben guardar un secreto; amamos a los gatos porque no pueden ser de otra manera”.

Gato fugitivo, de Michel Loriaux

Después de leer estas líneas no nos quedó ninguna duda de que Xavier Canonne ama profundamente a los gatos y no pudimos resistirnos a publicarlas. La otra comisaria de la exposición es Catherine Mayeur. Xavier Canonne es doctor en Historia del Arte por la Sorbona de París. En los años setenta conoció y frecuentó a los surrealistas belgas, y varios de ellos fueron grandes amigos suyos. Ha escrito numerosos libros y artículos dedicados a Armand Simon, Marcel Marién, Louis Scutenaire, Max Servais, Tom Gutt, Irène Hamoir y Robert Willems.

Foto de Nobyushi Araki