Gatos y Respeto

©


2 comentarios

Gatos diferentes en Odesa

Odesa es una ciudad ucraniana mítica, quizá por la célebre película “El acorazado Potemkin”, rodada por el director Sergei Eisenstein, o por su situación privilegiada en el mar Negro. Fue un asentamiento griego en el siglo V a. J.C. y la cuarta ciudad en importancia del Imperio Ruso en el siglo XIX, después de Moscú, San Petersburgo y Varsovia.

Gato odesita

Sus habitantes siempre han tenido fama de ser unos excéntricos con mucho sentido del humor, como lo demuestran las sorprendentes estatuas de la ciudad, algunas serias y clásicas, pero otras tan inesperadas como desconcertantes y divertidas. Y muchas de ellas están dedicadas a gatos.

Tía Sonya

En 2006 se inauguró una estatua dedicada a “Tía Sonya” en el mercado de pescado Privoz, una figura a tamaño natural de una vendedora de pescado. Lleva un sombrero grande, collar, un mandil con bolsillos delanteros y, delatando su profesión, una cuerda con peces colgada del brazo. Pero la razón por la que Sonya está incluida aquí es porque hay un gato a sus pies. Sabemos que se llama Timothy por la inscripción en la base. Timothy está muy interesado en los peces que lleva tía Sonya.

Timothy

Parece ser que en Odesa se ama a los animales y se cuida a los gatos callejeros. En todas las pequeñas tiendas de ultramarinos hay al menos un gato, y no es raro ver a un cliente salir, pararse en la entrada y dar “un bocado especial” al gato que está tomando el sol. Los gatos viven en los patios comunes de las casas, los vecinos los alimentan e incluso les construyen refugios para el invierno.

Bazarina

Uno de las gatas más famosas de la ciudad fue Bazarina, que hace unos diez años vivía en la sección de carnicerías del Mercado Nuevo. Bazarina llegó a pesar casi diez kilos porque según se cuenta se alimentó de leche materna hasta los siete meses, cuando ya era adulta. En invierno vivía en el semisótano del mercado y cuando volvía a hacer calor, se instalaba en una pequeña tienda. Llegó a ser muy conocida y había competencia para llevarse a sus gatitos. Pero pasó el tiempo, Bazarina dejó de tener gatitos y cada vez se movía menos.

La auténtica Bazarina

La escultura, obra de Tatiana Shtykalo, está hecha de resina de poliéster imitando el bronce a partir de una foto tomada en 2006 por el editor de un periódico de la ciudad. En otoño de 2017, un gato de carne y hueso empezó a rondar la estatua de Bazarina. Los habituales y tenderos dicen que el color de su pelo es típico de los gatos de Odesa. Algunos le llaman Murchok, otros Basil y otros Bazaar, pero nadie excepto él mismo sabe a ciencia cierta su verdadero nombre.

Bazarina y amigo

Bazarina forma parte del proyecto “Ciudad de esculturas”, ganador de varias ideas presentadas on line y votadas por los ciudadanos de Odesa con el fin de embellecer la ciudad y hacerla más atractiva. Dentro de este proyecto se aprobó realizar una serie de esculturas de gatos que se distribuirían por toda la ciudad.

Bazarina y amigo

En Odesa siempre han tenido una actitud especial hacia los gatos. Incluso se dice que no queda muy claro quién vive con quién, si los gatos con los odesitas, o los odesitas con los gatos. Otra maravillosa estatua es “El gato de la oficina”, también obra de Tatiana Shtykalo. Está en la barandilla de la escalera exterior que lleva a una oficina, la misma donde el gato Ryzhik llega puntualmente cada mañana a las nueve, hora de apertura, y se queda hasta que cierran. Ryzhik vive en una casa vecina, pero hace unos años decidió pasar el día trabajando en la oficina, convirtiéndose en un talismán.

Ryzhik

Se trata de un gato pelirrojo, bastante grande y muy inteligente. La autora dice: “Un día vi a una criatura maravillosa, un gato trajeado para ir a la oficina, y decidí hacerle una estatua. Le retraté en esta posición soñolienta, típica de los gatos de los patios de Odesa en verano, cuando la vida se detiene por el calor y todos duermen, gatos y humanos”.

Ryzhik

En el alféizar de la ventana del Club Mundial en la calle Marazlievskaya vemos a Maurice. Era el gato del humorista Mikhail Zhvanetsky, reputado por su mordaz e irónico sentido del humor. El gato Maurice duerme encima de la cartera del artista, supuestamente llena de sketches. La escultura fue robada por unos desconocidos y nunca apareció. Fue necesario volver a hacer una nueva, pero el caso no está cerrado.

Maurice

Maurice

Seguimos con los gatos obra de la escultora Tatiana Shtykalo. El gato Pushinka está sentado en un banco y parece absorto en la contemplación de unos peces en una tablet. Pushinka se pasó la vida en una tienda de aparatos electrónicos, de ahí su familiaridad con la tablet, cuya pantalla se ilumina si se acaricia a Pushinka.

Pushinka

Pushinka

Uno de los últimos grupos escultóricos de la ciudad es “Do-Re-Miau”, tres gatos callejeros en la fachada de una casa en la calle Leontovich, delante del Teatro de la Comedia Musical. Según la autora, cuando el gato macho canta, todos le odian.

Teatro de la Comedia Musical

Teatro de la Comedia Musical

También está el gato Siphon en el bulevar Francés de la ciudad, donado por un mecenas anónimo a la fundación benéfica “Corporación de Monstruos”. El gato Siphon comparte su vida con la directora de dicha fundación.

Siphon

Siphon

La composición “El gato Vaska con una lata de sus sardinas favoritas” fue inaugurada recientemente delante del café “Pescado Babel” y es la decimotercera de la serie. Al igual que todas las demás, está hecha de resina de polímero, un material que carece de valor, con la intención de disuadir a los posibles ladrones.

Vaska

Vaska

Otras estatuas que no podemos olvidar y que también forman parte de la serie son una gata en una farola en la zona verde de la playa Langeron. La farola se enciende y puede admirarse la escultura de noche.

Una de las primeras composiciones fue la de dos gatos sonrientes con rostro de esfinge a cada lado de la escalera del edificio del Ejército. Desgraciadamente, fotografías recientes muestran el deterioro causado por grafiteros. Una de las últimas es “El gato estudioso” que vive en el patio de un colegio y se interesa por las cinco asignaturas más complicadas.

Gatos esfinge

Gato estudioso

Para terminar mencionaremos el grupo escultórico “Gatos y peces” en el patio del Museo Bleschunov, un gato trepador y bigotudo colgado de la fachada del Museo del Deporte y tres estatuas en el jardín de entrada de un edificio para impedir el paso de vehículos.

Gatos y peces

Si van a Odesa, estamos seguros de que buscar a sus gatos, tanto vivos como escultóricos, merece la pena.

Museo del Deporte


Deja un comentario

El Gato del Río y Hernando Tejada

El Gato del Río (Hernando Tejada)

Hernando Tejada, al que todos llamaban cariñosamente “Tejadita”, nació el 1 de febrero de 1924. Fue un reconocido pintor y escultor colombiano que se empeñó en donar un gato a la ciudad de Cali. Pero no se trata de un gato cualquiera, sino de una estatua de bronce de 4,50 metros de alto y de 3,5 toneladas de peso. El 3 de julio de 1996 tuvo lugar la inauguración del monumento y durante dos años, hasta su muerte el 1 de junio de 1998, el artista pudo visitar a su gato a las orillas del río Cali.

Gata Bandida (Nadin Ospina)

Gata Cálida (Emilio Hernández Villegas y Alejandro Valencia Tejada)

El Gato del Río le costó 30 millones de pesos colombianos a Hernando Tejada y lo pudo financiar mediante 250 pequeñas réplicas del Gato fundidas en el taller de su sobrino, Alejandro Valencia Tejada, para poder donar la estatua a la ciudad de Cali. Se tardó siete meses en realizar una escultura en cera perdida de semejantes dimensiones, algo nunca hecho antes en Colombia.

Gata Ceremonial (Pedro Alcántara Herrán)

Gata Decorativa (Lorena Espitia)

Al cabo de unos diez años, Julián Domínguez, entonces presidente de la Cámara de Comercio de Cali, Lucy Tejada, hermana del escultor, y Alejandro Valencia, el hijo de esta, pensaron que el Gato no podía seguir solo en la Avenida del Río. Además, desde la muerte de Hernando Tejada, la ciudad lo había descuidado al Gato y presentaba un aspecto deplorable, con las placas conmemorativas arrancadas, varios bigotes rotos, cubierto de pintadas y otros horrores.

Gata Dulce (Fabio Melecio Palacio)

Gata en Cintas (Cecilia Coronel)

El proyecto se inauguró en octubre de 2006 y no solo sirvió para recuperar el monumento, sino también sus alrededores, mediante la realización de quince esculturas que se instalaron alrededor del Gato del Río en un parque debidamente adecuado. Todas las esculturas tienen el mismo diseño estructural, obra de Alejandro Valencia, y fueron decoradas por quince artistas diferentes.

Gata Entrañable (Ever Astudillo)

Gata Kuriyaku (Carlos Jacanomijoy)

Se unieron al proyecto, llamado “Las novias del Gato” o también “Las gatas del Gato”, reconocidos artistas como Maripaz Jaramillo, encargada de la Gata Coqueta, y Omar Rayo, de la Gata Presa. Las gatas son de mucho menor tamaño que el Gato del Río, están hechas de fibra de vidrío y cada una cuenta con un panel explicativo donde se indica su nombre, el porqué de dicho nombre y una biografía del autor. Poco a poco se fueron sumando gatas y hoy son muchas más que las quince originales.

Gata Coqueta (Maripaz Jaramillo)

Gata Presa (Omar Rayo)

En un principio, solo habría una gata haciendo compañía al Gato del Río, mientras las catorce restantes se distribuirían por diversos puntos de la ciudad. Se pidió a los habitantes de Cali que eligieran a la novia del Gato y parece ser que el número de votantes fue muy superior al registrado en las elecciones municipales anteriores. La escogida fue la Gata Fogata, obra de Roberto Molano González. Sin embargo, mucha gente se opuso al traslado del resto de las gatas y se acabó adecuando el parque para que se quedaran.

Gata Fogata (Roberto Molano González)

Hay gatas distinguidas, como la Ilustrada, obra de Lucy Tejada, que homenajea a Hernando Tejada, o la Gata Annabella, una superestrella, como lo demuestra su traje. Gracias a la iniciativa de la Cámara de Comercio, el Gato del Río está ahora mucho más cuidado y la Avenida del Río se ha convertido en la mayor atracción turística de Cali. Incluso se dice que es el monumento más visitado de Colombia.

Gata Ilustrada (Lucy Tejada Saénz)

Gata Annabella, la superestrella (Diego Pombo)

Wilson Díaz llamó a su gata No Hay Gato porque no encontró una sola referencia a los gatos en el Antiguo Testamento. A Rosemberg Sandoval se le ocurrió comprar tres mil diminutos muñecos de plástico para el pelo de la gata. Perforó la escultura para ver el efecto, pero no quedó nada convencido. Entonces la rayó con grafito y la bautizó Sucia, lo que nos hace pensar que quizá este señor no sea muy amante de los gatos.

Gata No Hay Gato (Wilson Díaz)

Gata Sucia (Rosemberg Sandoval)

Una de las favoritas es la Gata Siete Vidas, y el autor, Melqui David Barrero Mejías, firmó en la pata delantera enyesada de la pobre y su nombre no necesita explicación. Quizá una de las más increíbles sea la Gata Gachuza, de Ángela Villegas, llena de pinchos para protegerse de los gatos machos que la persiguen, según reza el cartel. El día de la inauguración en 2006, Alejandro Valencia vio a una señora sentada en el zócalo de la Gata ocupada en intentar sacarle una de las púas…

Gata Siete Vidas (Melqui David Barrero Mejías)

Gata Gachuza (Ángela Villegas)

También está Engállame la Gata, de nombre curioso, cubierta de calcomanías para motos, un medio de transporte muy apreciado en Cali. Esta última, al igual que la Gata Dormida Aquí y Allá, de Adriana Arenas Ilián y la Gata Frágil, de Juan José Gracia Cano, llegó a la orilla del río en abril de 2014. Ninguna sigue el modelo diseñado en 2006, dos están sentadas y otra, dormida. Las nuevas gatas que hacen compañía al Gato del Río están financiadas por donaciones de particulares.

Gata Engállame (Ana María Millán Strohbach)

Gata Dormida Aquí y Allá (Adriana Arenas Ilián)

Gata Frágil (Juan José Gracia Cano)

El Gato del Río es probablemente el felino más querido de la ciudad. Dicen que hasta los niños de muy corta edad dejan de llorar y empiezan a reír cuando están en su presencia. No fue el único gato obra del escultor Hernando Tejada, que sentía una gran predilección por ellos. En el taller de su sobrino Alejandro están los moldes de una pareja gatuna que el escultor no tuvo tiempo de acabar antes de fallecer.

Gata Mac (Mario Gordillo)

Gata Melosa (Pablo Guzmán)

El Gato del Río se fundió en el taller de Rafael Franco, en Bogotá, y la realización está plagada de anécdotas. Por ejemplo, se fundió por secciones que fueron soldadas posteriormente, y Alejandro, director del proyecto, se percató de que el felino estaba abollado. Rafael le confesó que había usado silicona blanda para acabar el molde. La solución: convencer a alguien para que se metiera dentro de la estatua con protectores auditivos y corrigiera los defectos. Los vecinos amenazaron con denunciarlos por el estruendo…

Gata Vellocino de Oro (José Horacio Martínez)

Gata Yara, la diosa de las aguas (María Teresa Negreiros)

También se le cortó la cabeza al Gato. Una vez acabado, Alejandro vio que la cabeza no estaba correctamente proporcionada y llamó a su tío para que le autorizara a descabezarlo. Cuenta que, al igual que la Reina de Corazones en Alicia en el País de Las Maravillas, pronunció la frase: “¡Que le corten la cabeza!” Y por último, hubo que desmontar el tejado del taller para sacar al Gato y llevarlo a Cali.

 


4 comentarios

Los gatos y sus monumentos (Parte 2)

El gato Vasilisa (San Petersburgo)

El sitio de Leningrado durante la II Guerra Mundial aisló a los habitantes durante dos años y medio. Los gatos empezaron a faltar y la población de ratas creció, poniendo en peligro la poca comida que quedaba. A alguien se le ocurrió traer más gatos de pueblos cercanos para combatir la plaga de ratas. En San Petersburgo, el gato Vasilisa está sentado en el alero del nº 3 de la calle Malaya Sadova, y el gato Yelisey le mira desde el nº 8 en recuerdo a los gatos que ayudaron a salvar la ciudad cuando se llamaba Leningrado.

El gato Yelisey (San Petersburgo)

En Samara, distrito del Volga, una ciudad bastante fría, hay un curioso monumento para conmemorar los 150 años de la invención del radiador. La composición de bronce en la que se ve una ventana, un radiador y un gato está instalada en una estación generadora de calor. El Ayuntamiento pidió a los habitantes que mandaran fotos de sus gatos durmiendo en radiadores. Y el 19 de octubre de 2005 se inauguró el monumento en el que aparece un modelo típico de radiador de principios del siglo pasado.

150 años del radiador (Samara)

A orillas de los ríos Volga y Kazanka se erige la ciudad de Kazán, capital de Tartaristán. En ella habita el famoso gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/), que salvó la vida al kan de Kazán cuando Iván el Terrible asedió la ciudad en el siglo XVI. En 2009 se inauguró una escultura de bronce de unos tres metros de alto y 2,8 de ancho, diseñada por el artista local Igor Bashmakof, con un gato tripudo tumbado debajo de un baldaquín acariciándose los bigotes con una pata y rascándose la tripa con la otra. En el zócalo, una inscripción reza: “Gato de Kazán, mente de Astrakán, inteligencia de Siberia”.

El gato de Kazán

No lejos de Kazán, unos 45 km. más al norte, está la ciudad de Yoshkar-Ola, que desde 2011 cuenta con un curioso monumento dedicado al gato macho en todo su auge, situado cerca de la Universidad Estatal Mari-El. La escultura de bronce, de unos 150 kilos, representa a un gato macho cruzado de piernas en actitud muy relajada. Es obra de los escultores locales Sergey Jandubaev y Anatoly Shirnin. Al parecer, la idea surgió por el eufemismo “yoshkin kot” (gato macho sin castrar), muy parecido al nombre de la ciudad. Por cierto, se supone que frotar las orejas del gato da buena suerte.

El gato de Yoshkar-Ola

La ciudad de Tiumén, en Siberia Occidental, a 1.725 km. de Moscú, es conocida por sus monumentos y esculturas, pero uno de los lugares más interesantes es la Plaza de los Gatos Siberianos, en la céntrica calle Pervomaiskaya. En noviembre de 2008 se instalaron doce composiciones escultóricas de gatos formando un paseo. Los gatos corren, saltan, duermen, se rascan… En la placa conmemorativa, la escultora Marina Alchibaeva dice que si la paloma es el símbolo de la paz, el gato lo es de la amabilidad y de la ternura. Añade que un gato siberiano (https://gatosyrespeto.org/2017/03/02/gatos-siberianos/) es un amigo fiel para toda la vida.

Tiumén (Siberia)

Tiumén (Siberia)

Odesa, situada en el Mar Negro, es una ciudad llena de esculturas de gatos. El 12 de septiembre de 2018 se colocó la última (de momento) de una larga serie de estatuas dedicadas a los gatos de las que hablaremos en otra entrada próximamente. Un gato duerme felizmente en la barandilla de las escaleras que llevan a la puerta de una oficina municipal. La escultora Tatyana Shtykalo explica que se inspiró en el inteligente gato Ryshik, que “trabaja” en esta oficina y es considerado por todos los empleados como un auténtico talismán.

Odesa

En Kiev, capital de Ucrania, hay una estatua dedicada al gato Panteleimon, un magnífico persa,que vivía en el restaurante Pantyusha. “Kotik” (Gatito) era el favorito de los empleados y de los comensales y paseaba por la sala, saludando a todos. Pero el restaurante se incendió y Panteleimon murió por inhalación de humo. La ciudad le dedicó un monumento delante del restaurante. Al principio, le acompañaba un pájaro, pero el empeño de los turistas en llevarse un recuerdo de la ciudad hizo que Panteleimon se quedara solo.

Panteleimon (Kiev)

En la capital de Azerbaiyán, Bakú, una ciudad con un magnifico barrio antiguo, hay otro curioso monumento. En la parte superior se ve a tres gatos asomados por una ventana redonda y en el piso de abajo a una pareja con un gato. La mujer parece que intenta mirar a los tres gatos de más arriba. No hemos conseguido saber si el monumento se llama “Monumento a los amantes de los gatos” o “Monumento a los gatos y a los amantes”.

Bakú

Bakú

De Bakú damos un gran salto y nos vamos a Kuching, capital del estado malayo de Sarawak, en la isla de Borneo (https://gatosyrespeto.org/2015/02/07/el-museo-del-gato-de-kuching-malasia/), una ciudad dedicada a los gatos donde siguen apareciendo más estatuas homenajeándolos. En septiembre de 2019 se inauguró la de un gigantesco gato blanco y negro en la glorieta Padungan, donde ya se encuentra la muy popular gata blanca. Se desconoce el origen del nombre de la ciudad, pero la pronunciación de Kuching es bastante similar a “kucing”, que significa “gato”.

Kuching

Kuching

De Malasia intentamos ir a Japón, pero no hemos encontrado monumentos específicos dedicados a los gatos. También nos ha sorprendido la escasez de esculturas en Canadá y Estados Unidos. En Toronto, concretamente en el barrio Kensington Market, hay dos curiosos monumentos con gatos. El primero es “Home Again, Home Again” y representa a un gato en una silla, simbolizando el calor del hogar. El segundo, “Jiggity Jig”, un gato en un globo terráqueo, es un homenaje a los emigrantes que se instalaron en el barrio.

Kensington Market, Toronto

Kensington Market, Toronto

Yendo hacia el suroeste, en Portland, Oregón, encontramos una escultura de piedra, obra de Kathleen McCullough, en el Portland Transit Mall. Fue instalada en 1977, mide 0,91 metros por 1,35 metros y los niños pueden subirse encima.

Portland, Oregón

En el campus de la Universidad Estatal de Carolina del Norte hay otro inesperado monumento dedicado al gato Cyrano L. Cate II, aunque el gato rubio de pelo largo era conocido como Ratty (Ratero). Fue el primer gato en recibir una prótesis de rodilla y también el primero sometido a un tratamiento de radioterapia estereostática que le permitió vivir varios años más.

Cyrano L. Catte 2 (Ratty) Universidad de Carolina del Norte

Acabaremos en Cali, Colombia, con El Gato del Río, obra del escultor Hernando Tejada, inaugurado en 1996. Diez años después, la Cámara de Comercio invitó a diversos artistas a diseñar gatas, quince en total. Desde entonces, el número de gatas ha seguido creciendo. Pero no diremos más de momento; algo así se merece una entrada en toda regla.

El Gato del Río y la Gata Siete Vidas


Deja un comentario

Los gatos y sus monumentos (Parte 1)

Tiumén (Rusia)

El país con más monumentos de gatos, de los muchos que hay en todo el mundo, es Rusia. Un estudio realizado en 2017 reveló que en el 57% de los hogares rusos había un gato, seguidos muy de cerca por los ucranianos, con el 49%. Estados Unidos es el tercero, pero apenas hay monumentos dedicados al gato. Otro país muy amante de los gatos es Malasia, donde el 17% de los habitantes tiene más de tres. El menos interesado en nuestros amigos felinos es Corea del Sur, donde solo el 9% de los habitantes posee un gato.

Gato de Fernando Botero en Venecia

Pero ya que hay tantos monumentos, más nos vale empezar. En alguna ocasión ya hemos hablado de Towser (https://gatosyrespeto.org/2016/05/19/towser-y-otros-gatos-en-destilerias-y-cervecerias/), la gata que trabajó veinticuatro años en la destilería del famoso whisky escocés Glenturret. Durante su larga vida atrapó a 28.899 ratones, siendo nombrada “Mejor ratonera del mundo” por el Libro Guinness. Ahora bien, nos preguntamos cómo se sabe con semejante exactitud el número de ratones que cazó Towser.

Towser y el nuevo equipo de la destilería

Hodge fue un gato famoso al que el escritor Percival Stockdale dedicó una oda cuando murió. Pertenecía a Samuel Johnson, el autor del primer diccionario de la lengua inglesa, publicado en 1755. Al parecer, el Dr. Johnson se encargaba personalmente de ir a comprar ostras para Hodge (https://gatosyrespeto.org/2014/10/21/hodge-el-gato-de-samuel-johnson/). En 1997, la ciudad de Londres encargó una estatua de Hodge al escultor Jon Bickley para colocarla en Gough Square, delante de la casa donde vivió.

Hodge, el gato de Samuel Johnson (Londres)

En La Haya podemos ver una estatua del Gato con Botas en un parque, obra del escultor Johan Keller y donada a la ciudad por su viuda. En el Jardín de las Tullerías de París encontramos otro Gato con Botas en honor al gran recopilador de cuentos de hadas Charles Perrault. Encargado por el Estado francés a Gabriel Pech en 1903 y terminado en 1908, en principio estaba diseñado para piedra, bronce y mármol, pero acabó siendo íntegramente de bronce.

El Gato con Botas (La Haya)

El Gato con Botas (París)

Un monumento que no está dedicado a ningún gato en particular, sino a los gatos callejeros es el de Brunswick, Alemania. En el “Kattreppeln” (Tropel de gatos), obra del escultor Siegfried Neuenhausen, que fue profesor en la Universidad de la ciudad y un destacado artista de la Baja Sajonia, se ve a varios gatos jugando, peleando… Desde 1981 está instalado en una zona peatonal de la ciudad.

Tropel de gatos (Brunswick)

Desde el año 2003, en la Rambla del Raval de Barcelona hay un enorme gato (https://gatosyrespeto.org/2015/06/07/el-gato-gordo-de-fernando-botero/) de dos toneladas de peso, obra del colombiano Fernando Botero. Durante 15 años, el Ayuntamiento trasladó al gato en no menos de cuatro ocasiones antes de ubicarlo definitivamente. El artista tiene varias estatuas de gatos repartidas por el mundo, entre ellas la de Venecia.

Gato de Botero en Barcelona

En Valencia, la artista Elena Negueroles donó el grupo escultórico “Callejeros” compuesto por el perro Tristán y la gata Soledad para mostrar el desamparo de los perros y gatos de la calle y homenajear a las personas que los protegen. El monumento, fundido en bronce con pátina para aparentar la piedra natural, fue colocado el 3 de marzo de 2018 en la concurrida plaza de Los Pinazo.

Valencia

El gato Tombili vivía en Estambul, la ciudad de los gatos. Estaba bastante gordo y le gustaba mucho descansar en un escalón de la acera en actitud pensativa. Se hizo famoso cuando alguien publicó su foto en Internet. Dos meses después de su muerte, el escultor Seval Sahin donó esta escultura para que se colocara en el sitio favorito de Tombili.

El auténtico Tombili

La estatua de Tombili

El gato de Van procede de las zonas montañosas que rodean el lago del mismo nombre, cerca de la frontera con Irán. La ciudad de Van no quiso quedarse sin dedicar un monumento al famoso gato blanco con un ojo de cada color. El gato de Van (https://gatosyrespeto.org/2014/04/03/el-gato-de-van/) tiene otra peculiaridad: le gusta el agua. No sabemos si debido al contacto con el mayor lago de Turquía.

Estatua al Gato de Van

Mrs. Chippy fue el gato del Endurance, el barco que llevó a Ernest Shackleton en su búsqueda del Polo Sur en la expedición de 1914-1917. Al quedar el barco atrapado en el hielo, Shackleton decidió sacrificar a Mrs. Chippy y a cinco perros. Harry McNeish, que sentía un profundo afecto por el gato y cuyo mote era “Chippy”, se lo reprochó abiertamente. Toda la tripulación fue galardonada con la Medalla Pollar, excepto McNeish, acusado de insubordinación por Shackleton. Casi cien años después, la Sociedad Antártica de Nueva Zelanda encargó una estatua de bronce de Mrs. Chippy y la colocó en la tumba de Harry McNeish en Wellington.

Mrs. Chippy en la tumba de Harry McNeish

Otro gato explorador fue Trim, que acompañó a Matthew Flinders en la primera expedición que dio la vuelta a Australia. De pequeño se cayó al agua y salvó la vida trepando por una cuerda. Cuando apresaron a Flinders en la isla Mauricio, Trim le acompañó, pero desapareció en la cárcel. Parece ser que el desconsolado Flinders prometió hacerle una estatua. No pudo cumplir su promesa porque falleció poco después de su liberación tras siete años de encarcelamiento. Pero Trim tiene dos estatuas, una en Port Lincoln, Australia Meridional, con el hombre que tanto le quiso, y otra en la Biblioteca Mitchell de Sídney realizada por el escultor John Cornwell en 1996.

Trim y Matthew Flinders en Port Lincoln

Trim en Sídney

En la ciudad de Brest, Bielorrusia, se inauguró en mayo de 2016 una curiosa composición escultórica llamada “Ciudad antigua”, pero que los habitantes de la ciudad han bautizado como “Gatos enamorados”. El autor es el escultor Ruslan Usmanov y, en realidad, su uso es de lo más funcional al tratarse de un respiradero.

Brest, Bielorrusia

La poetisa finlandesa Edith Södergran, una enamorada de los gatos, vivía en Raivola, ahora Roshchino, una localidad del distrito de Vyborgsky, en el óblast de Leningrado. Cuentan que cuando la escritora murió de tuberculosis, su gato Totti se sentó en su tumba y rehusó moverse, comer o beber. Otros dicen que un vecino mató a Totti de un disparo (https://gatosyrespeto.org/2014/05/26/edith-sodergran-poetisa-y-fotografa-enamorada-de-los-gatos/). La estatua se encuentra en un parque del municipio y su autora es la escultora finlandesa Nina Terno.

El gato Totti

Acabamos de llegar a Rusia, pero mejor dejamos los otros monumentos de este país para la semana siguiente, lo que nos permitirá dar a conocer algunos muy curiosos.

Los callejeros Tristán y Soledad (Valencia)


1 comentario

Gatos queridos, de Peter Harskamp

El pintor, ceramista y escultor Peter Harskamp nació el 28 de marzo de 1951 en La Haya. Empezó a estudiar Grafismo en la Academia de Bellas Artes de Róterdam en 1968, pero no tardó en descubrir la escultura, la pintura y la cerámica, sumiéndose en las tres disciplinas. Expuso por primera vez en solitario en 1975.

Sus esculturas iniciales eran de barro, hasta que en 1985 empezó a trabajar con bronce. Un paso natural, dado que los escultores suelen realizar la figura en barro y una vez acabada, hacer un molde, o bien en yeso o en un gel flexible. La ventaja del molde de yeso es que puede conservarse para hacer varias piezas de la misma escultura si se desea.

A pesar de los numerosos gatos incluidos en sus cuadros y esculturas, solo hemos encontrado fotos suyas con perros. Sin embargo, estos no aparecen en ninguna obra. Hay caballos, vacas, búhos y palomas, aunque nada comparable al número de gatos, solos o acompañados de una mujer o un hombre.

El artista con su perro

Los gatos de Peter Harskamp son elegantes, altos de patas y delgados. Cuando los representa en compañía de mujeres, estas los abrazan, dejando entender que existe un gran afecto entre ambos. La proporción de hombres con gatos es menor, pero la unión entre ambos también es patente, como se ve en los cuadros de hombres con un gato en la cabeza.

Los gatos que están solos, sin la compañía de un ser humano, son igual de elegantes, pero tienden a una ligera humanización. Y todos, a pesar de ser sumamente estilizados, adoptan posiciones muy habituales en ellos. Nos da la impresión de que el pintor ha pasado tiempo observándolos y casi nos atreveríamos a decir que, en algún momento, debió convivir con alguno o algunos.

Peter Harskamp ha expuesto en Francia, Alemania, Suiza, Nueva York y, desde 2012, participa cada año en la ART Revolution Taipei, la mayor feria de arte de Asia, que tiene lugar en el Taiwan World Trade Center. En 2005 publicó el libro “Peter Harskamp and the Curbing of Time” (Peter Harskamp y la curvatura del tiempo). En 2016 salió a la venta otro libro, “Peter Harskamp, painter and sculptor” (Peter Harskamp, pintor y escultor). Reside en Bronkhorst, Holanda, con su esposa Mirjam.

El historiador del arte Frans Duister, hablando del pintor, dijo: “Enfoca su trabajo de modo consecuente y barre las supuestas particiones entre lo figurativo y lo abstracto sencillamente porque, para él, estas diferencias no existen en la vida. Sus obras demuestran que dichas fronteras son meramente artificiales”.

Y sigue diciendo: “La sencillez de sus composiciones se basa en la realidad, en el sentimiento universal del ser humano por la belleza, el equilibrio, la libertad y la dulzura. Están motivadas por un mundo al alcance de la mano en el que se introducen las pequeñas fábulas de la vida que tanto significado tienen”.

En la página web de una galería encontramos una descripción de la obra del artista: “A pesar de las diferencias existentes entre el óleo y la escultura de bronce, existen numerosos puntos de contacto entre las dos disciplinas en la obra del artista. La tensión es clara y perceptible, y se traduce mediante la estilización. Más aún, sus obras tienen un carácter de gran intensidad expresiva. En los óleos, los temas se basan en dibujos que escapan de la realidad y se trabajan posteriormente con ricos colores”.

“Tanto los cuadros como las esculturas muestran una desenfadada transformación de la realidad con toques sorprendentes no carentes de humor. Logra una síntesis entre sus obras bidimensionales y tridimensionales. Recrea a hombres y mujeres, y los convierte en seres que se dejan llevar por actividades relajantes, como son la ensoñación y la contemplación, tomando un baño o sencillamente en compañía de un animal. Actividades  que el ser humano moderno solo se permite de forma limitada, pero que ocupan el lugar principal del universo del artista. Y así, sus figuras humanas se convierten en invulnerables porque carecen de objetivo. Su desarmadora ingenuidad hace que no necesiten defenderse de nadie ni de nada. Si estas personas existiesen, conferirían al mundo una apariencia nueva y totalmente diferente”.

“Pinta con realismo estilizado, despojando a los personajes y a su entorno de todo lo superfluo. Su obra irradia belleza, equilibrio, paz y ternura”.


Deja un comentario

Kitty City, un libro felino de horas, de Judy Chicago

Las personas que conozcan la obra de Judy Chicago quizá no sepan que en 2005 publicó  “Kitty City”, según ella “su proyecto más modesto”. En el libro habla de todos los gatos con los que convivió, aunque los protagonistas solo son seis, Inka, Milagro, Poppy, Romeo, Trio y Veronica. Al ser un libro de horas, contiene 24 acuarelas correspondientes a cada hora del día describiendo una ocupación felina, además de otras planchas hasta un total de 36.

Los personajes

Judy Chicago, cuyo verdadero nombre es Judith Sylvia Cohen, se dio a conocer mundialmente por la instalación “The Dinner Party” (La cena), un homenaje a los logros de las mujeres, considerada como la primera obra de arte feminista de grandes proporciones. En otoño de 1970, cuando enseñaba en el State College (Universidad estatal) de Fresno, California, fundó el primer programa de arte feminista de Estados Unidos, con quince alumnas, apoyada por la institución. Decidió que la clase tendría lugar fuera del campus para alejarse de “la presencia y, por tanto, de las expectativas de los hombres”. Joyce Aiken tomó las riendas del curso en 1973 hasta que se jubiló en 1992.

3 de la mañana, despertémonos

4 de la mañana, crecer no es tarea fácil

Judy nació en Chicago el 20 de julio de 1939, hija de Arthur y May Cohen. Su padre procedía de un largo linaje de veintitrés rabinos, pero no siguió la tradición familiar al convertirse en un sindicalista que trabajaba de noche en Correos. Su madre, una exbailarina, era secretaria de un médico e inculcó su pasión por las artes a su hija y a su hijo Ben. Arthur Cohen fue investigado durante el Macartismo a principios de los cincuenta por pertenecer al Partico Comunista; su muerte en 1953 traumatizó profundamente a Judy.

5 de la mañana, el hogar es donde están los gatos

6 de la mañana, alarma gatuna

La artista obtuvo una beca para estudiar en UCLA (Universidad de California Los Ángeles), donde empezó su actividad política. En 1959 se enamoró de Jerry Gerowitz y se casaron dos años después. Él murió en un accidente de tráfico en 1963. A pesar de estar destrozada por la pérdida de su marido, consiguió graduarse con un máster en Bellas Artes en 1964.

7 de la mañana, hora del desayuno

8 de la mañana, limpieza

Al año siguiente expuso en solitario por primera vez en la galería Rolf Nelson de Los Ángeles y en 1968 declinó la invitación para participar en la exposición “California Women in the Arts” (Mujeres californianas en las artes) diciendo: “No exhibiré obras mías en ningún grupo que se defina como Mujeres, Judío o Californiano. Algún día, cuando todos hayamos crecido, no habrá etiquetas”.

10 de la mañana, mantequilla para desayunar

El galerista Rolf Nelson solía llamarla “Judy Chicago” por su marcado acento de esta ciudad. Judy no quería estar conectada al apellido de un hombre por descendencia o matrimonio y quiso adoptar este nombre legalmente. Cuál no fue su sorpresa al descubrir que para obtener el cambio de nombre, debía tener la autorización de su nuevo marido, el escultor Lloyd Hamrol, del que se divorció en 1979.

5 de la tarde, ejercicio

Entre sus obras más importantes destacaremos “The Dinner Party” (La cena), muy mal vista por la crítica, pero aplaudida por la mayoría de las personas que la vieron en seis países diferentes de tres continentes. Consiste en una gran mesa triangular de 14,63 metros por lado con 39 cubiertos, cada uno dedicado a una figura femenina mítica o histórica. A continuación trabajó durante cinco años en “Birth Project” (Proyecto nacimiento), al que siguieron “Power Play” (Situación ventajosa) y “The Holocaust Project” (Proyecto Holocausto), este último en colaboración con su tercer marido, el fotógrafo Donald Woodman, gran amante de los gatos.

7 de la tarde, hora de cenar

10 de la noche, queremos atención

En 1993, la pareja se mudó a una pequeña casa de Alburquerque en la que vivieron tres años mientras Donald remodelaba el viejo “Belen Hotel”, un edificio histórico que habían comprado. Ese mismo año, también empezó a dibujar a los gatos que compartían su hogar.

En “Kitty City”, Judy Chicago cuenta que, de pequeña, no tuvo animales domésticos. Más aún, era alérgica a los gatos con los que se cruzaba en casa de amigos o conocidos. Cuando vivía en Santa Mónica y estudiaba en UCLA, “una diminuta gata negra llegó a mi puerta y me enamoró. Habría hecho cualquier cosa para quedarme con Little Puss, y conseguí superar la alergia. Desde entonces, casi siempre he vivido con gatos”.

Diferencias irreconciliables

Después llegaron Lamont, otro gato negro de pelo corto, y Goldfinger, de largo pelo dorado. A partir de ese momento, los gatos se sucedieron en la vida de Judy; los encontraba, aparecían, se los daban. Recuerda cómo, un día, corriendo por Mulholland Drive (la calle que sale en todas las películas), su compañero rescató a una gatita a la que puso por nombre Mulholland, aunque pronto se abreviaría a Mully. Siete años después, en Santa Fe, conoció y se casó con Donald. En el libro dice: “Mi nuevo marido no solo me robó el corazón, sino también el de Mully. Mientras vivió, durmió en nuestra cama, en la almohada al lado de su cabeza”.

Puede que su gran favorito fuera Sebastian, un gatito negro y blanco que pertenecía a la vecina, pero decidió vivir con Judy. (Nada raro, los gatos tienden a escoger a las personas con las que quieren compartir una casa). Pero Sebastian, llamado así por el personaje de “Retorno a Brideshead”, de Evelyn Waugh, tenía un solo defecto, era un glotón. Cuando por fin se mudaron a Belen, los vecinos fueron a despedirse de Sebastian y descubrieron que todos le daban de comer.

Gatos de cerámica de Judy Chicago

Judy habla de cada uno de sus gatos con amor y humor; los describe físicamente, así como sus costumbres e incluso sus muertes. Cuenta que Donald y ella coincidieron en que seis gatos era el número perfecto porque la casa era grande y podían cuidar de seis gatos sin dificultades. En el epílogo, acaba diciendo que ya no añadirían nuevos miembros a la familia a medida que alguno fuera desapareciendo.

Judy y Pete

Han pasado catorce años desde la publicación de “Kitty City” y Judy Chicago tiene 80 años. Los dos gatos más jóvenes que adoptó en 2001, Pete y Re-Pete, tendrían ahora 19 años, una edad muy respetable. Algo nos dice que Judy y Ronald han seguido adoptando gatos; quizá ya no tengan seis, pero seguramente uno o dos.

Pete


Deja un comentario

El gato Ricardo y Niki de Saint Phalle

La escultora Niki de Saint Phalle nació el 29 de octubre de 1930 en Neuilly-sur-Seine, una población pegada a París incluso entonces. Su madre era Jeanne-Jacqueline Harper, una elegante y bella estadounidense enamorada de Francia, y su padre, el conde André Marie Fal de Saint Phalle, un rico banquero admirador de Estados Unidos. Creció entre Francia y Nueva York antes de casarse a los 17 años con el poeta Harry Mathews en esta última ciudad.

Nada en su infancia parecía inclinarla hacia la creatividad artística. Sus primeros trabajos fueron como modelo para las revistas Vogue, Life y Elle. Apareció en la portada de Life a los 18 años, y de Vogue (edición francesa) tres años después. Tuvo a Laura, su primera hija, en 1951. Sin embargo, en 1953, con solo 22 años, sufrió una grave depresión, quizá consecuencia de haber sido violada por su padre a los 11 años. La ingresaron en un hospital psiquiátrico y fue sometida a un tratamiento de electrochoques que alteró su memoria.

Camiseta

Ella misma dijo: “Empecé a pintar donde los locos. Allí descubrí el universo oscuro de la locura y su curación; aprendí a traducir mis sentimientos, los miedos, la violencia, la esperanza y la alegría en los cuadros”.

Laumeier Sculpture Park (Saint Louis, Misuri) 1999

Su hijo Philip Abdi nació en Deià, Mallorca, en 1955. Viajó a Madrid y tuvo una auténtica revelación cuando descubrió a Gaudí en Barcelona, concretamente en el Parque Güell. Nunca había pensado en usar materiales poco habituales y objetos como elementos estructurales en una composición.

Laumeier Sculpture Park (Saint Louis, Misuri) 1999

Regresó a París con su familia a mediados de los cincuenta y en 1956 expuso una serie de cuadros ingenuos por primera vez en Suiza. Dejó a su marido en la década de los sesenta, después de conocer al escultor suizo Jean Tinguely, con el que se casó en 1971.

Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely (1966)

Se dio a conocer entre los artistas de vanguardia con la serie “Tirs” (Disparos), unos sacos de polietileno recubiertos de yeso llenos de bolsas de pintura representando figuras humanas contra los que se disparaba para crear la imagen final. Después llegaron las famosas “nanas” (“mujeres” en argot francés), hechas de papel maché, alambre, tela y lana que se vieron en la galería Alexander Iolas de París en 1965.

Gato lámpara

Un año después, Pontus Hultén, el director del Moderna Museet de Estocolmo le dio total libertad para crear una obra que realizó en colaboración con Jean Tinguely y el finlandés Per Olof Ultvedt. Se trataba de una gigantesca “nana” tumbada de espaldas, con las rodillas alzadas, las piernas abiertas y con una minúscula cabeza, enormes pechos y una tripa redonda como si estuviera embarazada. El público entraba por la vagina y en el interior descubría varias salas temáticas. La escultura medía 23 metros de largo y pesaba seis toneladas. Fue un éxito fulgurante y “Hon/Ella” estuvo expuesta tres meses antes de ser destruida. Hoy solo queda el cartel de “Hon en-Katedral”.

Niki de Saint Phalle, Jean Tinguely y Per Olof Ultvedt

En 1979 se compró unos terrenos en Garavicchio, Toscana, para crear el “Giardino dei Tarocchi” (Jardín del Tarot) con esculturas inspiradas en el simbolismo del Tarot. No se inauguró hasta 1998, después de veinte años de trabajo y una considerable inversión en la que participó la familia Agnelli, principales accionistas de Fiat.

Gato tiesto inacabado

Su compañero del alma, Jean Tinguely, falleció el 30 de agosto de 1991. A partir de ese momento, la artista regaló 55 esculturas y un centenar de obras gráficas del artista para conseguir que en 1996 se abriera el Museo Tinguely en Basilea, inaugurado por Ponthus Hultèn. También le dedicó la serie “Tableaux éclatés” (Cuadros estallidos), donde se lee la palabra “Jean” en hojalata, realizada en colaboración con Larry Rivers empleando elementos eléctricos y electromecánicos que evocan la obra de Tinguely.

Buzón de Jean Tinguely (1962)

Es posible que la primera escultura gatuna de Niki de Saint Phalle sea la del cementerio de Montmartre hecha en recuerdo de Ricardo Menón, el hombre que fue su asistente durante diez años. Este le había presentado a la ceramista Venera Finocchiaro en 1983, lo que inició una colaboración para realizar los revestimientos de porcelana y mayólica de las estatuas que pueblan el Jardín del Tarot.

El Gato de Ricardo en el cementerio de Montmartre

Ricardo era mucho más que un asistente, les unía un vínculo especial. Era su amigo, confidente, hermano. Niki sufrió una grave crisis de artritis que le impedía andar y Ricardo se ocupó de ella, llevándola en brazos a todas partes. Después de traer a un amigo argentino, Marcelo Zitelli, para que asistiera a la escultora, Ricardo regresó a Francia sin decirle que había contraído el sida. Niki de Saint Phalle no se enteró hasta dos años después, cuando le hospitalizaron.

Nikki y Ricardo

La artista siempre le comparaba a un gato; le parecía un hombre orgulloso, misterioso y sensual. Fue a verle en cuanto supo que estaba en el hospital y le prometió que realizaría una escultura de gato en su honor y que la colocaría en su tumba. A Ricardo le gustó la idea y Niki se encargó de encontrar un lugar adecuado, concretamente el cementerio de Montmartre. Delante de la escultura, grabado en una piedra, se lee: “A nuestro gran amigo Ricardo, que falleció demasiado joven, amado y apuesto”. Niki reprodujo la estatua para colocarla en el Jardín del Tarot y tenerle siempre presente.

El Gato de Ricardo en el Jardín del Tarot

Parece que la muerte de Ricardo afectó mucho a Niki de Saint Phalle y a Jean Tinguely. La escultora cayó en una depresión mientras trabajaba en la escultura del gato Ricardo, y Tinguely empezó a preparar su propia muerte. Dejó de tomar la medicación y murió dos años después.

Gato banco (San Diego, California)

Niki de Saint Phalle tenía tendencia a realizar esculturas de gran tamaño y hay gatos suyos diseminados por el mundo, como el “gato tiesto” en la isla de Naoshima, Japón. También hay gatos banco, gatos para jugar al escondite. Son animales sonrientes, felices, incluso el gato Ricardo está lleno de alegría.

Parque Benesse, Naoshima, Japón (con árbol en el interior)

Niki de Saint Phalle murió de enfisema el 21 de mayo de 2002 en San Diego, a los 69 años. Acabaremos con una cita suya: “El comunismo y el capitalismo son un fracaso. Creo que el tiempo es propicio para configurar una nueva sociedad matriarcal: ¿usted cree que la gente continuaría muriéndose de hambre si las mujeres se involucrasen en la política?”

Trabajando en el Gato de Ricardo


4 comentarios

Gatos, móviles y stábiles de Alexander Calder

1966

El escultor Alexander Calder probablemente sea conocido sobre todo por sus móviles y gigantes estatuas que adornan numerosas plazas y jardines en ciudades de todo el mundo. Nacido el 22 de julio de 1898 a las afueras de Filadelfia, era hijo y nieto de dos conocidos escultores y su madre era pintora. Su abuelo es el autor de la escultura de diez metros de altura que corona el Ayuntamiento de Filadelfia.

1925

Pasó parte de la adolescencia en California debido a que su padre fue nombrado en 1913 director del Departamento de Escultura para la Exposición Universal de San Francisco, celebrada en 1915. Se decantó por la ingeniería y estudió en el Instituto Stevens de Tecnología en Hoboken, Nueva Jersey, donde obtuvo la mejor nota en Geometría de la historia de la universidad. Se licenció como Ingeniero Mecánico en junio de 1919. En el anuario, sus compañeros dijeron de él: “Sandy siempre es feliz, siempre está a punto de gastar una broma, y su rostro siempre está iluminado con una sonrisa traviesa”.

1930

Alexander Calder, foto de Agnès Varda (1953)

Al cabo de tres años de ocupar los puestos más diversos, como el de mecánico en un barco que zarpó de Nueva York para llegar a Seattle, decidió estudiar Pintura en la Arts Students League de Nueva York. Para sobrevivir, trabajó como ilustrador deportivo en la National Police Gazette, lo que le procuraba una entrada libre al zoológico y a los circos. En 1926 expuso por primera vez una serie de cuadros al óleo en la Artists’ Gallery y zarpó para Europa como jornalero en un carguero británico.

1925

En París, alquiló una minúscula habitación en la calle Daguerre y empezó a construir sus primeros animales articulados. Al poco de llegar, un vendedor serbio de juguetes le sugirió hacer juguetes mecánicos. También fue en esa época cuando empezó a fabricar “Le cirque Wilder”, un circo en miniatura hecho de alambre, trapo, cuerda, corcho y otros materiales reciclados (aunque en la época, esta palabra no se usaba). Diseñado para ser transportable (aunque acabó llenando cinco maletas de gran tamaño), el circo viajó a ambas orillas del Atlántico y no tardó en ser uno de los favoritos de la vanguardia parisina.

Dos gatos y un elefante

Gato lámpara

Después de visitar el estudio del pintor vanguardista neerlandés Piet Mondrian, se lanzó de lleno a la fabricación de esculturas cinéticas que se movían mediante engranajes y motores. En 1931, Marcel Duchamp acuñó el término “mobiles” (móviles) para describir las esculturas de Calder, compuesta de delicadas piezas movidas por motores. Un año después, cansado de los movimientos siempre idénticos de sus móviles, ideó las esculturas aéreas movidas únicamente por el viento que tanta fama le darían.

Gato serpiente

Sin título (1966)

En oposición a los móviles, experimentó con esculturas abstractas y estáticas a las que Jean Arp describió como “stábiles”. Entre 1935 y 1936 produjo una serie de esculturas de madera entre las que hay dos gatos.

Sandy Calder (como le llamaban todos) iba y venía entre Francia, Berlín y Estados Unidos ejerciendo como director de circo en miniatura, escultor y joyero. Estaba muy ocupado, pero sus ingresos dejaban que desear. En uno de los viajes trasatlánticos conoció a Louisa Cushing James, bisnieta del escritor Henry James y del filósofo William James. Se enamoraron inmediatamente y se casaron en 1931. Dos años después regresaron a Estados Unidos, donde compraron una vieja granja en Connecticut. Tuvieron a Sandra, su primera hija, en 1935, y a Mary en 1939.  Calder expuso sus obras en la galería Pierre Matisse de Nueva York en 1934.

Louisa Calder, foto de Man Ray (1931)

Gato y ratones

Ya en 1939, cuando el Museo de Arte Moderno se trasladó a la calle 53, le encargó a Calder un  móvil de gran tamaño para la caja de las escaleras. Cuatro años después, este mismo museo organizó una gran exposición de las obras del artista, y el famoso marchante Curt Valentin se convirtió en su representante. En 1945, Calder realizó una serie de móviles que cabían en un sobre y Marcel Duchamp le sugirió que regresara a París con estas obras. Su primera exposición después de la guerra tuvo lugar en octubre de 1946 en la galería Louis Carré de París. Jean-Paul Sartre escribió el prefacio del catálogo y Henri Matisse estuvo entre los primeros en visitarla.

Para Mary Reynolds, que adora a los gatos (1955)

Mary Reynolds con sus gatos

En los años siguientes viajó a Brasil, Finlandia, Inglaterra, Suecia y Alemania. Realizó un innovador techo acústico para la Ciudad Universitaria de Caracas y ganó el primer premio de la Biennale de Venecia en 1952.

Gato y pájaro

Un año después, Louisa y Sandie viajaron a Saché, cerca de Tours, en el centro de Francia y compraron una vieja casa en la orilla del río Indre. Era casi una ruina, pero se convirtió en su hogar permanente con la granja de Connecticut. A pesar de la enorme fama de Calder, los encargos no empezaron a llegar hasta 1958 con la Exposición Universal de Bruselas. Ese mismo año ganó el premio Internacional Carnegie en Pittsburgh y en 1960 por fin pudo decir: “Tengo la agradable sensación de haber alcanzado una estabilidad económica que me permite diseñar lo que quiero”.

Museo de Arte Contemporáneo de Chicago

El 2 de enero de 1966, Louisa y él contrataron una página completa en el diario New York Times para publicar una felicitación de año nuevo contra la guerra de Vietnam con el texto siguiente: “Un nuevo año – un nuevo mundo –. La esperanza por el fin de la hipocresía, la arrogancia, el egoísmo, la tergiversación y el miedo, sea donde sea. Con mucho respeto por aquellos que ponen en entredicho la brutalidad y defienden un mundo más civilizado. La única esperanza reside en los seres humanos que piensan – La razón no es traición”.

Felicitación antibelicista 2 de enero de 1966

A pesar de no haber encontrado fotos del artista ni de su mujer con gatos, estamos convencidos de que le gustaban. Alexander Calder falleció de un infarto a los 78 años el 11 de noviembre de 1976 en casa de su hija Mary Calder Rower. Un mes antes había inaugurado una exposición en el Museo Whitney de Nueva York.

El flamenco, Torre Willis, Chicago (1973)


Deja un comentario

Los gatos del castillo de Pierrefonds

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

A una hora y poco en coche al norte de París, en una bonita región llena de ríos y valles, se encuentra un célebre castillo llamado Pierrefonds. Erigido en el siglo XII, Carlos VI se lo regaló, dos siglos después, a su hermano Luis, duque de Orleans, que le encargó la reconstrucción a Juan el Negro, arquitecto de la corte.

Antes de la restauración

En marzo de 1617, durante el reinado de Luis XIII y su lucha contra el feudalismo instigada por el cardenal Richelieu (otro gran amante de los gatos, ver https://gatosyrespeto.org/2015/01/13/los-gatos-del-cardenal-richelieu/), fue tomado por el príncipe de Condé y su eminencia ordenó su destrucción al ser uno de los bastiones del “Partido de los descontentos”. Esta no se llevó a cabo completamente debido a la enormidad de la tarea, pero arrasaron las murallas, destruyeron los tejados y perforaron los muros del enorme edificio.

Jean Baptiste Corot

Durante los dos siglos siguientes, las inclemencias del tiempo se encargaron de seguir la lenta destrucción. Napoleón I lo compró en 1810 por menos de 3.000 francos de entonces. Considerado una ruina romántica muy de moda en el XIX, fue clasificado monumento histórico en 1848. El famoso pintor Corot pintó las ruinas en varias ocasiones entre 1834 y 1866.

En la actualidad

Luis-Napoleón Bonaparte visitó el castillo en 1850, antes de convertirse en Napoleón III, y se quedó subyugado por la ruina. Ya emperador, le pidió al famoso arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc que restaurara el monumento. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver este monumental castillo con el tema que nos interesa. Muy sencillo, Viollet-le-Duc adoraba a los gatos. Su pasión era tal que distribuyó nada menos que 36 estatuas de gatos (algunos dicen que 80, pero nos parece algo exagerado)  por las alturas del castillo entre un bestiario alucinante.

Viollet-le-Duc

Puede que una de las representaciones más sorprendentes ideadas por el arquitecto sea la de una gata llevando un gatito en la boca. La mayoría de los gatos parecen estar decorando los laterales de las ventanas de las buhardillas, y no deben ser fáciles de ver dada la altura del castillo.

Viollet-le-Duc decía: “Restaurar un edificio no es consolidarlo, repararlo o rehacerlo, sino restablecerlo en su totalidad a un estado que quizá no haya existido jamás”. Esta frase resume, en cierto modo, el gusto romántico del XIX, sobre todo a partir de los años treinta. El arquitecto no intentaba restablecer los edificios tal como habían podido ser, sino plasmar lo que imaginaba que habían podido ser. De ahí los gatos de Pierrefonds.

Dibujos de Viollet-le-Duc para el castillo de Pierrefonds

El gato no fue un animal muy representado en el románico ni en el gótico, pues se inclinaban por un bestiario fantástico, mucho más simbólico. Dudamos que Juan el Negro en siglo XIV se hubiera dedicado a decorar las aristas del castillo con gatos, perros o pelícanos. Con eso no estamos diciendo que no se “decoraba”. Al contrario, los interiores de castillos, iglesias y edificios civiles estaban completamente cubiertos de frescos y la piedra no se veía.

Pero Viollet-le-Duc amaba a los gatos y aprovechó para plasmarlos en Pierrefonds. Habría podido hacer lo mismo en su restauración de las murallas de la famosa ciudad de Carcasona, al sur de Francia, cuya reconstrucción tampoco tuvo mucho que ver con el original, pero allí se limitó a una arquitectura mucho más supuestamente “medieval”, más austera, sin apenas decoraciones. Debemos reconocer que las fortificaciones no dan para tanto.

Nació en París el 27 de enero de 1814, en el seno de una familia acomodada; su padre era un alto funcionario. Se le considera en gran parte autodidacta, y su formación se debe a varios viajes que realizó por Francia e Italia entre 1835 y 1839, y también porque trabajó como adjunto en Edificios Civiles con el arquitecto Achille Leclère. En 1840, Próspero Mérimée – sí, el autor de la novela corta “Carmen” que escribió después de un viaje a España -, inspector general de monumentos históricos, le confió la restauración de la basílica de Santa Magdalena de Vézelay, lo que marcó el comienzo de una brillante carrera.

Dos años después se ocupó, con Jean-Baptiste Lassus, de la restauración de la catedral de París, que estaba en un estado lamentable. Al contrario de lo que pasó en Pierrefonds, fue de lo más respetuoso y no se permitió la más mínima libertad con las estatuas que habían sido destruidas. Basándose en obras similares de catedrales de la época, consiguió restituir la mayoría de la decoración.

Gato atacando soldaditos de plomo, dibujo de Viollet-le-Duc

No empezó a reconstruir Pierrefonds hasta 1858, y a pesar de la enormidad de la tarea encontró tiempo para diseñar varias casas particulares e iglesias, así como vidrieras, monumentos funerarios y muebles.

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

En 1874 se le encargó la renovación de la catedral de Lausana, Suiza. Fue su última obra, ya que falleció el 17 de septiembre de 1879 en esta ciudad.

Carta de Viollet-le-Duc dirigida a su padre desde Roma (3-12-1836)

Viollet-le-Duc interpretaba los monumentos según una racionalidad científica poco acorde a la invención creadora de los constructores medievales, lo que le valió ser muy criticado en el siglo XX, pero gracias a él y a la atracción que sintieron los intelectuales del XIX por la arquitectura románica y gótica, se consiguió salvar numerosos monumentos que probablemente habrían desaparecido. Además, ¿a quién no le apetece visitar un castillo “medieval” con unas cuarenta bellas representaciones de gatos? ¿Qué importa si la arquitectura no es exactamente lo que fue en realidad?

Casa de Viollet-le-Duc (1863), 68 Calle de Condorcet, París

Detalle


3 comentarios

Gatos en radiadores de automóviles

¿Quién no conoce la pantera de la marca Jaguar o la estrella de tres puntas de Mercedes? Estos son los dos que nos vienen a la mente, pero numerosas marcas de automóviles tienen un símbolo que suele colocarse en la parte delantera del capó. En Inglaterra lo llaman “car mascot”, mascota de coche; en otros países, adorno de vehículo. Montado en la tapa del radiador, se convirtieron en reclamo o decoración para personalizar el automóvil desde la aparición de este.

Gato con botas (Hansi Siercke, 1920)

Henri Molins

Los primeros automóviles tenían la tapa del radiador en el capó, encima de la rejilla, y la figura servía de indicador de la temperatura del agua. La empresa Boyce MotorMeter obtuvo la primera patente en 1912 de una tapa de radiador que contenía un termómetro. Medía la temperatura del vapor de agua, no del agua en sí, y el conductor podía verlo desde su asiento. Muy pronto alguien tuvo la idea de instalar un ornamento encima de la tapa “medidora” de temperatura.

Gato enfadado (Douglas Moulden)

Gato furioso (Charles Paillet, 1871-1937)

 

 

 

 

 

 

 

Los primeros interesados fueron los fabricantes de coches y las empresas dueñas de flotas de vehículos. Empezaron a surgir negocios dedicados a la fabricación de adornos de radiador en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países. Los dueños de coches de lujo convencieron a famosos escultores como François Bazin, Charles Paillet,  Charles Robinson Sykes y A. Renevey para realizar delicadas miniaturas que encajaran en el capó de sus preciados automóviles. Sykes se hizo famoso al diseñar el “Spirit of Ecstasy” (Espíritu del éxtasis) que adorna los capós de los Rolls-Royce.

Gato caballero (Henri Payen)

Gato con botas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las figuras escogidas por los diseñadores y los clientes eran muy diversas, bailarinas, mujeres aladas, arqueros, lanzadores de jabalina, napoleones, gaiteros, esfinges, así como animales de todo tipo, mitológicos o reales, como caballos (con o sin alas), pájaros varios (con una marcada preferencia por el halcón y el águila), perros de cualquier tamaño y raza, ardillas, felinos (leones, panteras) y… gatos.

El gato Félix

Max Le Verrier

En los años veinte y treinta, numerosos propietarios de vehículos adornaban el capó de su coche con un gato. Hemos encontrado gatos con botas, gatos enfadados, gatos lectores y gatos lavándose diseñados por escultores como Max Le Verrier, que se dio a conocer por sus objetos prácticos y sus adornos para automóviles de estilo Art Déco.

Gato en la luna (1925)

Gato en la luna (Citroën)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El famoso diseñador y creador de objetos de cristal René Lalique diseñó su primera mascota en 1925, cinco caballos de perfil, y la colocó en su Citroën 5CV. Entre 1925 y 1931, las mascotas de Lalique decoraron los capós de Bentley, Bugatti, Hispano-Suiza, Isotta-Fraschini y Mercedes-Benz. Curiosamente, jamás diseñó ornamentos para coches con forma de gato, sin embargo, hay numerosas figuras de gatos sentados o tumbados firmadas por este creador. Para acabar con Lalique, añadiremos que el adorno más buscado por los coleccionistas es la figura de un zorro de cristal esmerilado que se vendió por 300.000 dólares.

René Lalique

Las mascotas de coches fueron muy populares desde principios de los años veinte hasta finales de los cincuenta. Hoy en día, solo hemos podido encontrar una empresa dedicada a su fabricación, Louis Lejeune Ltd., en Inglaterra.

Gato lavándose (G. Gardet,1863-1939)

Gato lavándose (E. Samson)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez hay más restricciones para los ornamentos colocados en la parte delantera de los vehículos debido al riesgo que representan para los peatones en caso de atropello. En Estados Unidos, a partir de los setenta, las “mascotas” de coche debían ir montadas sobre una base flexible para que pudieran doblarse sin romperse en un accidente. En la Unión Europea, y a partir de 1974, el “espíritu del éxtasis” de Rolls Royce va sobre un mecanismo retráctil que le permite entrar en el radiador si recibe un golpe cuya fuerza supere los 98 neutonios. Otros ornamentos están diseñados para soltarse del pie si sufren un impacto.

Gato humorista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tapa de radiador se convirtió en arte durante unas décadas y no solo plasmó la visión del fabricante del coche en el caso de las marcas, también habló de la personalidad del dueño que encargaba, por ejemplo, un “gato en la luna” para encajar en la tapa del radiador. Todos los gatos que aparecen aquí tienen algo que decir acerca de la persona que los encargó o escogió y colocó en la parte más vistosa del coche que acababa de comprarse.

Antoine Elie Ottavy (1897-1951)

Louis Rigot

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, si van a Turquía de vacaciones y son fans de los automóviles, no se pierdan el “Key Automotive Museum”, fundado por Efe Uygar y Murat Özgörkey, donde podrán ver una colección de 300 adornos para coches. Según Uygar “la primera mascota para vehículo fue un halcón con un sol por cresta montado en el carro del faraón Tutankamón”.