Gatos y Respeto

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Los nueve gatos de la escritora Amparo Dávila

Juan José Arreola

La autora mexicana Amparo Dávila es conocida por su amor a los gatos. Hablando de su amiga, el escritor y editor Juan José Arreola llegó a decir: “No, Amparo no escribe, son los gatos los que escriben los cuentos”.

Amparo Dávila con su gata Memphis (Ricardo Salazar, 1958)

Cuentos que ponen los pelos de punta, relatos surrealistas y también muy realistas, sobre el amor, la locura, la muerte, los fantasmas, pero ni uno solo sobre gatos. En el volumen “Cuentos reunidos”, que recopila todo lo que publicó en vida e incluso cinco cuentos inéditos, solo los menciona en “Matilde Espejo”.

En este cuento relata que el gato Filidor (maravilloso nombre gatuno) y la gata Titina  tuvieron gatitos y que los ojos de uno de ellos eran “del mismo color que los de doña Matilde”. Se lo regalaron, doña Matilde quedó encantada y le llamó “Minou”… No diremos más para no revelar lo que pasa, es mejor leerlo. Treinta y seis cuentos, 296 páginas y solo aparecen Filidor, Titina y Minou.

Cerámica de Tonalá

Pero Amparo Dávila siempre vivió rodeada de gatos y perros. Nació el 21 de febrero de 1928 en Pinos, una ciudad minera del estado de Zacatecas, en una casa grande donde todo se movía porque allí siempre soplaba el viento, un viento helado en invierno que se colaba por todas partes. Tuvo tres hermanos, pero el mayor murió al nacer; el siguiente, de meningitis a los cuatro años, y el pequeño, a muy temprana edad.

Constelaciones (Remedios Varo)

Reconoce que sus primeros años estuvieron marcados por la soledad y el miedo, un tema recurrente en numerosos relatos suyos. Un lunes de noviembre de 2016 concedió una entrevista en su casa a Eduardo Cerdán y apareció “precedida por su andadera y una gata tricolor que andaba a su lado”.

Oaxaca (madera)
Amparo Dávila

De esta larga entrevista hemos extraído algunos párrafos en los que habla de los gatos: “Las casas de Pinos son de habitaciones muy grandes, sumamente grandes, y Pinos es un pueblo muy frío, con mucho viento. Cuando yo nací, lloraba mucho y no sabían de qué. Un día que dejé de llorar, fueron a verme y estaba yo plácidamente dormida rodeada de gatitos que había llevado una gata de mi mamá. Los llevó y los acomodó junto a mí, cerca de mí. Eso hizo que dejara de llorar”.

El gato sin botas (Leonora Carrington)

“Mi abuela dijo que era muy peligroso, que los gatos tenían pelo y que eso les hacía mucho mal a los niños, que me podía perjudicar, que me los quitaran. Me los quitaban y yo lloraba. Cada vez que la gata podía, iba y los acomodaba conmigo. Desde entonces conozco a los gatos y convivo con ellos. Tengo nueve gatos y seis perros. Me gustan mucho los animales. Fíjese que de niña, como había muerto mi hermano Luis Ángel de cuatro años, me quedé muy sola, y en la noche eran mis perros los que me acompañaban. Yo tenía cinco años y mucho miedo”.

A los siete años fue a estudiar a un internado de San Luis Potosí. Empezó publicando poemas antes que relatos, entre ellos “Salmos bajo la luna”, en 1950, seguido por “Meditaciones a la orilla del sueño” y “Perfil de soledades”, ambos en 1954. Posteriormente se mudó a Ciudad de México y de 1956 a 1958 trabajó como secretaria de Alfonso Reyes.

Cerámica (México)

Su primer volumen de cuentos, “Tiempo destrozado”, se publicó en 1959; el siguiente, “Música concreta”, que contiene el antes mencionado “Mathilde Espejo”, en 1964. En 1977 ganó el Premio Xavier Villaurrutia por “Árboles petrificados”.

Gatos mexicanos sin pelo o aztecas
Leonora Carrington

A partir de 1966 formó parte del Centro Mexicano de Autores, que le otorgó varias becas para que pudiera seguir escribiendo. Contrajo matrimonio con el pintor Pedro Coronel Arroyo (del que incluimos aquí un cuadro que no parece tener nada que ver con un gato), nacido en Zacatecas el 25 de marzo de 1921 y fallecido en Ciudad de México el 23 de mayo de 1985. Tuvieron dos hijas.

Pedro Coronel

“Muerte en el bosque” (1985) es una reedición del primer volumen y de parte del segundo, y “Cuentos reunidos”, como indica el nombre, reúne todo lo publicado hasta entonces más un volumen inédito, “Con los ojos abiertos”, fechado en 2008. En 2011 se publicó “Poesía reunida” con la colección inédita “El cuerpo y la noche” (1967-2007), y en 2019, “Poesía de ayer y de hoy”.

Rufino Tamayo
Charles Henry Lane

En 2008 fue reconocida por el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, y en septiembre de 2013 fue la primera mujer galardonada con el Premio “Literatura en el Bravo” durante el Noveno Encuentro de Escritores celebrado en Ciudad Juárez. La Universidad de Guanajuato le otorgó el Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura en 2020. ​

Darío Escalante, que adora los cuentos de Amparo Dávila, publicó en octubre de 2021 un gran artículo en torno a la escritora en la interesante revista mexicana Enpoli.   Cuenta cómo la descubrió caminando sin rumbo por los pasillos de la biblioteca. Se detuvo de pronto delante de una estantería y escogió “Árboles petrificados”. Reproducimos a continuación lo que escribió:

Nahui Olin

“Al hojear el libro me encontré en la cuarta de forros con la fotografía de una mujer joven vestida completamente de negro… y un gato. La sonrisa de ella era misteriosa, pero el gato me hizo mucha gracia. El misterio creció cuando revisando el índice descubrí un contenido no menos enigmático. Sólo dios o el diablo saben qué mecanismos operan en nuestro inconsciente para decidir qué cosas nos llaman la atención y cuáles no; pero aquella tarde, sin poderme resistir a los gatos y a la misteriosa sonrisa que parecía decirme: a que no me lees, salí de la biblioteca con los “Cuentos reunidos”de Amparo Dávila bajo el brazo… y un rotundo: a que sí”.

Y sigue diciendo un poco más lejos: “Me fui pensando durante el camino ¿por qué un gato? No sé cuántos escritores salen en la cuarta de forros, o en la solapa, retratados con algún animal. La gran mayoría aparece solo, fumando un cigarrillo o frente a una máquina de escribir. Los gatos son criaturas fascinantes”.

Alice Rahon

Generalmente, sus relatos están protagonizados por mujeres, pero no siempre. En algunos habla del tedio de vivir en pareja, o de la necesidad de tener una pareja y de no encontrarla, mientras que otros están poblados por presencias inexplicables que se apoderan de la vida de los personajes. En algunos, los personajes son capaces de sobreponerse a estas presencias, pero son los menos. El terror siempre está ahí, justo detrás de la puerta. Pero todos tienen un rasgo en común: nacen de la vida cotidiana.

Amparo Dávila falleció en Ciudad de México el 18 de abril de 2020.

Amparo Dávila


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El gato observador y Sempé

El pasado 11 de agosto, hace una semana, murió Jean-Jacques Sempé, padre del humor intemporal, alejado de la actualidad mediática, pero totalmente contemporáneo. Un humor basado en la observación, la paciencia, la elegancia, la sencillez y la sofisticación. Quizá por eso muchos compararon a Sempé (nadie le llamaba Jean-Jacques) con un gato, incluso algunos llegaron a decir que era un gato. Tiene sentido porque, ¿qué otro animal reúne todas estas cualidades?

Jean-Jacques Sempé

El gato ocupa un lugar de cierta importancia en las viñetas de Sempé, siempre reaparece, y suele hacerlo casi siempre de dos formas: el gato solo en casa, cuando no están los humanos, y el gato de piso que observa por la ventana. Puede que una de las más conocidas sea la del gato asomado a la única ventana entre cientos de libros colocados en estanterías.

Aquí la mostramos en tres versiones: El gato negro rodeado de libros coloreados, una en blanco y negro con más libros y la misma como portada del libro “Insondables mystères” (Misterios insondables), para la que fue dibujada.

En diciembre de 2020, la periodista Stéphane Dreyfus, del periódico La Croix, entrevistó a Sempé en su piso del barrio de Montparnasse. Lo primero que vio fue una gata cómodamente instalada en una butaca entre un piano y una estantería que protestó con fuerza cuando se la apartó para que la periodista se sentara.

“Es la pequeña Nefertiti”, le dijo Sempé. “Tiene muy mal carácter, pero la adoro. Los gatos son misteriosos, elegantes, indolentes. Nunca se sabe lo que piensan, y eso me divierte. ¿Lo ha visto? Se ha frotado contra su bolso para saber a qué ha venido. La independencia y la libertad de los gatos me gusta mucho; como dibujante, aspiro a algo parecido”.

Durante la entrevista también dijo: “Para ser intemporal, el dibujo debe nacer en el corazón y tener paciencia e inteligencia para animarlo con una reflexión, algo que no siempre me ocurre”. A lo que añadió: “Cuanto más sencillo, más complicado. Sitúo mis dibujos en una semblanza de realidad, distorsionada e inventada. Me fijo mucho en los detalles porque crean un ambiente donde puedo imaginar. No creo ser un buen observador, pero recuerdo las atmósferas, las vivo de forma impresionista”.

En general, las viñetas de Sempé no hacen reír; como mucho sacan una media sonrisa por su melancolía, pero algunas son irresistibles, como la de la madre gata y su prole contemplando el frenesí humano. Ella les explica: “Vuestro abuelo Champollion (nunca me enteré de por qué le habían puesto ese nombre) consiguió descifrar su idioma porque se dio cuenta de que una palabra se repetía contantemente, y era ‘tiempo’. ‘No tengo tiempo’, ‘tiempo de trabajo’, ‘falta de tiempo’, ‘denos tiempo’. Murió sumido en la desesperación, ya que nunca consiguió captar su significado”.

Más tristes son las de los gatos mirando por la ventana, como la que reza (aquí, en portugués): “No te preocupes, solo hacen ver que se divierten”. Gatos bien cuidados, bien comidos, que no pasan frío, que observan desde lejos el exterior, no sabemos si con despreocupación o deseosos de conocerlo.

Sempé creó un personaje muy famoso, el pequeño Nicolás, para ilustrar las historias de su gran amigo René Goscinny (creador de Astérix el Galo y Lucky Luke, entre otros), al que conoció en 1954 mientras ambos trabajaban en una agencia de prensa belga, la World Press. Aquí vemos a Nicolás descubriendo a un gato: “Pero si es un gato”. “Miau”. “Un gatito de nada, más bonito imposible”.

El pequeño Nicolás

Nacido el 17 de agosto de 1932 en Pessac, una pequeña ciudad cercana a Burdeos, no tuvo una infancia fácil. De padre desconocido, le adoptó el Sr. Sempé, con el que su madre se casó y tuvo otros dos hijos. El Sr. Sempé era un representante de conservas que vendía desde su bicicleta, y el poco dinero que ganaba solía desaparecer en el bar de la esquina, lo que daba pie a terribles enfrentamientos con su madre.

Dejó el colegio a los 14 años, después de estar dos años sin ir durante la II Guerra Mundial. Empezó vendiendo pasta de dientes en polvo puerta a puerta y luego vinos. En 1950 consiguió que el periódico Sud-Ouest aceptase dibujos suyos firmados con el seudónimo DRO (de “draw” en inglés, dibujar). Ese mismo año falsificó su documentación para poder ingresar en el ejército y le destinaron a París.

En 1953 ya publicaba en revistas humorísticas. Un par de años después colaboraba regularmente en Paris Match y desde 1957 en revistas estadounidenses como Punch y Esquire. De 1965 a 1975, sus viñetas aparecieron en el semanario L’Express, en el diario Le Figaro y en el semanario Le Nouvel Observateur.

En 1978 dibujó su primera portada para The New Yorker, la famosa revista cultural estadounidense, para la que acabaría haciendo un centenar, al menos cinco de ellas protagonizadas por un gato. La revista le homenajeó en 2014 publicando on line una serie de portadas suyas con el título “Cover Story: Jean-Jacques Sempé’s Dancer”.

Falleció el 11 de agosto de 2022, seis días antes de cumplir noventa años, en Draguignan, Costa Azul, donde tenía su segunda residencia. En su último dibujo, publicado en el número del 4 al 10 de agosto de Paris Match, revista con la que seguía colaborando, se ve a un pintor trabajando en un paisaje bucólico con la leyenda: “Piensa en no olvidarme”.

Entre las múltiples condolencias aparecidas en las redes sociales, la de Joann Sfar, autor de “El gato del rabino” (https://gatosyrespeto.org/2014/07/04/el-gato-del-rabino-y-joann-sfar/), nos parece la mejor: “Sempé ha muerto. Por primera vez tengo la certeza de que hay un dios en el cielo”.

Joann Sfar

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Cringuta Pinzaru, gran directora de fotografía, y a su hijo Ilias.


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Gato en un piso vacío, de la poetisa Wisława Szymborska

Wisława Szymborska fue una poetisa, ensayista y traductora polaca nacida el 2 de julio de 1923 en Bnin, ahora parte de la ciudad de Kórnik. Su padre era el capataz del conde Władysłav Zamoyski. Al morir este en 1924, la familia se trasladó primero a Toruń y, posteriormente, en 1931, a Cracovia, ciudad donde la autora vivió hasta su muerte en 2012.

Wisława Szymborska

A partir de 1943 trabajó en las oficinas del ferrocarril, evitando que no la deportaran a un campo de trabajo en Alemania. Fue más o menos en esta época cuando empezó a escribir relatos cortos y algún que otro poema. En 1945 se matriculó en la Universidad Jagejellónica de Cracovia para estudiar Literatura Polaca antes de decantarse por la Sociología.

Publicó un poema por primera vez en el diario Dziennik Polski en 1945 y, a partir de este momento, sus trabajos aparecieron regularmente en diversas publicaciones. Tres años después se casó con Adam Włodek, también poeta y editor del periódico antes mencionado, del que se divorció en 1954. El matrimonio no tuvo hijos y su amistad duró hasta la muerte de él en 1986.

El primer libro de Wisława Szymborska debía publicarse en 1949, pero no superó la censura “por no cumplir con los requisitos socialistas”. Sin embargo, la estuvo afiliada en el Partido Unificado Obrero Polaco hasta 1966, lo que no le impidió trabar amistad con disidentes e incluso unirse en 1964 a un manifiesto de artistas exigiendo libertad intelectual. Siempre mantuvo que la política no tenía cabida en la poesía.

En 1953 se unió a la revista literaria Życie Literackie (Vida literaria), en la que siguió trabajando hasta 1981 con una columna de crítica literaria a su cargo desde 1968.  Después de dejar Vida literaria, fue la editora de la revista mensual NaGlos (En voz alta) coincidiendo con su creciente oposición al régimen político.

También tradujo poesía barroca francesa al polaco, así como las obras de Théodore-Agrippa d’Aubigné, un soldado poeta hugonote que vivió durante las Guerras de Religión francesas.

Fue galardonada con el Premio Nobel en 1996; el Herder en 1995; el Goethe en 1991 y el Kościelski en 1990. Su reputación se basa en una obra relativamente escasa, menos de 350 poemas. En una ocasión, un periodista le preguntó por qué había publicado tan poco, a lo que contestó: “Tengo una papelera en casa”.

Wisława Szymborska

Falleció el 1 de febrero de 2012, cuando estaba preparando un nuevo libro de poemas, publicado poco después a pesar de que no pudo darle el visto bueno. Un año después se estableció el Premio de Poesía Wisława Szymborska en su honor.

A menudo se servía de la ironía, la paradoja, la contradicción y la sutileza para comunicar sus preocupaciones y obsesiones. Dos temas recurrentes aparecen en muchos de sus poemas, el terrorismo y la guerra. En “El fin y el principio”, la autora dice: “Después de toda guerra / alguien tiene que recoger”. Es posible que uno de los poemas más tristes que jamás haya escrito sea “Gato en un piso vacío”, en polaco “Kot w pustym mieszkaniu”.

Wisława Szymborska amaba a los gatos, como demuestran las tres fotografías suyas realizadas en diferentes épocas de su vida con tres gatos, un blanco y negro, un atigrado y un negro. No hablamos polaco, por lo que no nos queda más remedio que “retraducir” el poema desde el inglés.

Wisława Szymborska

Morir – eso no se le hace a un gato./ Pues ¿qué puede hacer un gato/ en un piso vacío?/ ¿Trepar por las paredes?/ ¿Restregarse contra los muebles?/ Aquí nada parece haber cambiado,/ pero nada es lo mismo./ Nada se ha movido,/ pero hay más espacio./ Y de noche no se enciende ninguna lámpara.

Pasos en la escalera,/ pero son nuevos./ La mano que deja el pescado en el plato/ también ha cambiado./ Algo no empieza/ a la hora habitual./ Algo no ocurre/ cuando debería./ Siempre, siempre había alguien aquí,/ pero de pronto desapareció/ y se empeña en seguir desaparecido.

Se ha examinado cada armario./ Se ha explorado cada estantería./ Las excavaciones bajo la alfombra no han dado resultado./ Incluso se quebró una orden,/ papeles esparcidos por doquier.

Queda dormir y esperar./ Pero ya verá cuando aparezca,/ ya verá cuando se presente./ Se va a enterar/ de lo que no se hace a un gato./ Bastará con deslizarse hacia él/ como de mala gana,/ con gran lentitud,/ con patas obviamente ofendidas,/ y nada de saltos ni grititos, al menos al principio.

Sencillo, directo, escueto y perfecto. De lo más triste. ¿Una metáfora? Quizá. Un gato sabría que su humano no volvería, ¿o no?

La ciudad de Kórnik, donde nació, erigió un monumento dedicado al poema; se ve a un gato sentado en un banco encima de las páginas del poema y a un hombre de pie con la mano de derecha a la espalda sujetando una placa con el título.


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Gatos en los cuentos populares ucranianos

El cuento más famoso en torno a un gato en el folclore ucraniano es el de “Pan Kotsky” o “El señor Gato”, aunque también podría ser “Don Gato”. Ya publicamos un resumen de este cuento con anterioridad hablando del folclore ruso, pero volveremos a repetirlo brevemente con algunos cambios. Por cierto, nada tiene que ver con la fábula de Esopo. En el caso que nos interesa, se trata de un gato viejo al que su amo abandona en el bosque porque ya no sirve para cazar ratones.

Curiosamente, una zorrita se interesa por él y le ofrece que se casen formando la típica pareja descrita tan a menudo en el folclore ucraniano: una mujer activa e inteligente con un hombre bueno, pero más bien pasivo. La zorrita avisa al resto de la comunidad: “Tened mucho cuidado con mi marido, es muy fiero y os hará pedazos”.

Pan Kotsky y la Sra. Zorra, por J. Hnizdovsky
Gato y zorro

Todos la creen, la liebre, el oso y el jabalí. Nadie le ha visto ni sabe que es un gato mayor. Deciden invitarle a cenar. La zorrita representa su papel a las mil maravillas: “Le traeré, pero debéis esconderos u os hará pedazos”. El oso se esconde en un árbol, el jabalí en un matorral debajo del árbol y la liebre en un agujero en la pila de leña cercana.

Pan Kotski, por Boris Hrinchenko (Kiev, 1907)
Pan Kotski (Sello)

La pareja llega a mesa puesta. Pan Kotsky es un poco bruto y tiene hambre. Salta encima de la mesa y empieza a atiborrarse. De pronto, un mosquito pica al jabalí, que se mueve en el matorral. Don Gato, a pesar de su edad, no ha olvidado su instinto y se abalanza sobre lo que él cree ser un ratón, pero es el rabo del jabalí.

Pan Kotsky, por el ilustrador Kost Lavro

El jabalí sale huyendo gritando de dolor y asusta a Pan Kotsky, que salta al árbol. El oso también se asusta y se tira al suelo, cayendo encima de la liebre. Los tres están convencidos de que Pan Kotsky va a matarlos. La imagen de la temible criatura ya está grabada en la mente de sus vecinos. La moraleja del cuento quizá sea que dar una buena imagen es más eficaz que mostrarse como se es realmente. “Être et paraître”, dicen los franceses, “ser y aparentar”.

Pan Kotsky
Gato y zorro

Pan Kotsky inspiró una ópera al compositor ucraniano Mykola Lysenko en 1891. Borys Hrinchenko (9 de diciembre de 1863 – 6 de mayo de 1910), un escritor, activista político, historiador y etnógrafo fundamental en el resurgimiento cultural ucraniano a finales del XIX y principios del XX, publicó una versión de la historia. En 1969, un estudio de animación de Kiev estrenó la película “La temible criatura”, y muchos niños ucranianos han visto a Pan Kotsky en un escenario.

Pan Kotsky
Pan Kotsky

Otro cuento ucraniano habla de un gato, una gallina y unos gansos. Llegó el verano, subió la temperatura, y los gansos empezaron a buscar un punto de agua para refrescarse. De camino se cruzaron con la gallina y les preguntó dónde iban. “A buscar un estanque, hace mucho calor”. La gallina decidió acompañarlos.

Gato y gansos

A continuación se cruzaron con el gato, que también les preguntó lo mismo y acabó uniéndose a ellos. Todos tenían mucho calor. Después de andar un buen trecho, llegaron a un lago. Los gansos batieron las alas y se lanzaron al agua. Felices, empezaron a jugar y a graznar.

La gallina y el gato, sentados en la orilla bajo un sol de justicia, tenían miedo de meterse. Miraron el agua y vieron a otra gallina y a otro gato dentro: “Anda, esos dos no tienen miedo, ¡pues nosotros tampoco!” Saltaron al agua y casi se ahogan antes de conseguir salir con grandes dificultades.

Entonces el gato dijo: “Nunca volveré a cometer semejante tontería. Me basta y sobra con lavarme sentado encima de la estufa”. La gallina afirmó: “Tampoco volveré a hacer esta locura, me quedo muy limpia después de un baño de polvo”.

Los dos echaron a andar de vuelta. La gallina vio un montón de tierra polvorienta y corrió hacia el polvo, cacareando de alegría. El gato llegó a la casa, saltó encima de la estufa apagada y, ronroneando como nunca, empezó a lamerse.

A partir de entonces, los gansos se bañan en agua, los gatos se lavan encima de las estufas y las gallinas se revuelcan en el polvo. El cuento acaba así: “El que no lo crea, que lo vea con sus propios ojos”.

Y el tercer cuento también lo publicamos hace un par de años en la misma entrada que el primero, pero en esta versión, el final es mucho más interesante y bastante menos edulcorado, como debe ser en los auténticos cuentos.

Érase una vez un gato y un gallo que quisieron vivir juntos. El gallo cuidaba de la casa mientras el gato salía a buscar comida. Un día, una zorra llamó a la puerta, pero el gallo le contestó que el gato le había avisado de que no debía dejarla pasar. La zorra insistió, el gallo claudicó y la zorra se lo llevó. El gallo pidió auxilio, el gato lo oyó y le salvó.

Pato y gato

Otro día, cuando el gato fue en busca de grano para el gallo, la escena se repitió. El gato  salvó de nuevo al gallo y dio una paliza a la zorra.  Pero el ave de poca cabeza se dejó convencer por tercera vez y el gato no consiguió alcanzarlos a tiempo. Regresó a su casa solo y triste, pero al poco se secó las lágrimas, cogió un pequeño violín, el arco y un saco de grandes dimensiones.

Mosaico en una calle de Kiev

Se apostó cerca de la casa de la zorra y empezó a tocar. La hija mayor de esta salió a ver quién tocaba tan bien y acabó muerta en el saco. Lo mismo ocurrió con las otras tres, hasta que la zorra empezó a preocuparse. Ya había puesto al gallo a asar en el horno, la sopa de leche estaba cociéndose y salió a ver qué pasaba. El gato se lanzó encima y la mató, al igual que había hecho con sus hijas.

Óstraco del Antiguo Egipto

Después entró en la casa, se bebió la sopa, vio a su amigo el gallo asado en una bandeja y le dijo: “Vamos, ¡sacúdete y levántate, gallo!” Este se sacudió y levantó, los dos se fueron a casa llevándose a las zorras muertas. Allí las despellejaron, usaron las pieles para tumbarse cómodamente encima y vivieron juntos felices y en paz. Cuando se acordaban, los dos se reían a carcajadas de la aventura.

Un gato viejo y un poco tonto se casa con una zorra joven y muy lista, es un cuento en apariencia sencillo, pero los cuentos nunca lo son. En el último, un gato y un gallo son grandes amigos y deciden vivir juntos, la zorra mata al gallo, el gato se convierte en mago y gracias a sus poderes el gallo ya asado recobra la vida; un cuento de animales cercano a la tradición del cuento de hadas. El segundo se limita a explicar tres comportamientos animales en otro tipo de cuento muy popular.