Gatos y Respeto

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El gato en expresiones idiomáticas

Paul Klee (Gato y pájaro)

Nuestro idioma está lleno de refranes que hacen referencia al gato, como por ejemplo, Aquí hay gato encerrado, cuando queremos decir que las cosas no están nada claras. El gato es uno de los animales más recurrentes en las expresiones idiomáticas, sobre todo en inglés. Algunas remontan al medievo, otras son modernas, y las encontramos con ligeras variantes en diversos idiomas.

Andy Warhol (25 gatas llamadas Sam)
Anónimo

Hemos recopilado una serie de dichos, proverbios y refranes procedentes en su mayoría del idioma inglés (Gran Bretaña y Estados Unidos), francés y castellano, ilustradas con cuadros de artistas diversos y que, en su mayoría, ya tienen una entrada en nuestro blog.

Miné Okubo
Gottfried Mind

Usamos la expresión Ponerle el cascabel al gato o ¿Quién le pone el cascabel al gato? cuando se trata de una empresa que representa cierta dificultad. La frase procede de la Fábula de los Ratones de Esopo, en la que se propone ponerle un cascabel al gato para oír cuándo se acerca. Lope de Vega la usó en la comedia “La esclava de su galán”, publicada en 1647.

Cornelis de Visscher, siglo XVII
Franz Marc

Un refrán que nos llegó del Siglo de Oro es Dar gato por liebre. Francisco de Quevedo y otros autores de la época mencionan con frecuencia cómo en las tabernas y posadas de entonces era habitual sustituir la carne de liebre por la de gato.

Ernst Ludwig Kirchner
Leonor Fini

Y está la famosa locución Buscarle tres pies al gato, aludiendo a complicar las cosas. Siempre nos hemos preguntado por qué sería difícil encontrarle tres pies al gato. Pues bien, originalmente se trataba de encontrar el quinto pie, lo que nos parece más lógico. De hecho, en numerosos países de Latinoamérica se dice Buscarle la quinta pata al gato o No le busques la quinta pata al gato y también Le andas buscando la quinta pata al gato.

Marc Chagall (Gato transformado en mujer)
Gwen John

No olvidemos la frase Aquí hay cuatro gatos cuando se halla muy poca gente en un sitio. La explicación más habitual se refiere a que los madrileños son llamados “gatos”, pero solo se es madrileño de verdad si se pertenece a la cuarta generación nacida en la ciudad. Y de esos, hay muy pocos. Pero no podemos menos que dudarlo porque en francés, la expresión Il n’y a pas un chat  (No hay ni un gato) significa que un lugar está desierto.

Gato montés de la Nueva España
Gertrude Abercrombie (Gato en nube)

Hablando de dichos que existen en varios idiomas con pequeñas diferencias, el primero que nos viene a la cabeza es De noche todos los gatos son pardos, que en inglés pasa a ser All cats are grey in the dark y en francés La nuit, tous les chats sont gris.

Quint Buchholz
Hans Hoffmann, siglo XVI

En castellano, el gato que no se ve es pardo, en francés y en inglés, gris. El significado es obvio, con poca luz no se distingue muy bien quién o qué tenemos delante. John Heywood (Londres, 1497 – Malinas, Bélgica, 1580) en su colección de proverbios ofrece otra versión: When all candles bee out all cattes be gray (Cuando se apagan las velas, todo el ganado es gris).

Gino Severini (Gato negro, 1910)
Jacques Nam

La versión actual en inglés fue popularizada supuestamente por Benjamin Franklin en 1745 para explicar por qué un hombre se acostaría con una mujer mayor. El equivalente en España se debe a Miguel de Cervantes en la “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”, capítulo XXXIII, cuando dice: “De noche, a la vela, la burra parece doncella”.

Hanni Bay (años 30 del siglo XX)

Nadie acaba de ponerse de acuerdo sobre el significado de la expresión británica, ya casi en desuso, As conceited as a barber’s cat (Tan engreído como el gato de un barbero).

T. Osawa
Joachim Rágóczy

En el sur de Estados Unidos se dice As nervous as a long-tailed cat in a room full of rocking chairs (Tan nervioso como un gato de rabo largo en un cuarto lleno de mecedoras). La imagen basta para explicarlo todo, más aún si pensamos que las mecedoras solían ser el asiento predilecto de los sureños en los porches.

Théophile Alexandre Steinlein
Théophile Alexandre Steinlein

Los angloparlantes usan la frase To let the cat out of the bag (Dejar salir al gato del saco) cuando se revela un secreto. Existen expresiones muy similares en holandés, Een kat in de zak kopen, y en alemán, Die Katze im Sack kaufen, que traducidas literalmente significan “Comprar un lechón en una bolsa”, dejando entender que el lechón se sustituía por un gato. Al sacarlo, se revela el secreto. Pero el origen es dudoso.

Hasegawa Sadanobu

En francés se dice Donner sa langue au chat (Dar la lengua al gato) cuando no se sabe contestar a una adivinanza. Al parecer, originalmente era Jeter sa langue au chie (Tirar la lengua al perro), para expresar algo negativo, ya que se tiraban los restos a los perros. El dicho cambió en el siglo XIX por una versión más ligera.

Nahui Olin

La expresión inglesa Did the cat get your tongue? y la española ¿Se te ha comido la lengua el gato? hacen referencia al silencio de una persona que se calla ante una pregunta. En inglés francés y castellano, el gato se asimila al silencio, al que guarda los secretos.

Pierre Bonnard (Los gatos)

Hay un sinfín de expresiones acerca del gato y del tiempo. Ya se sabe, si un gato se pasa la pata por detrás de la oreja, lloverá. En la Provenza francesa dicen Quand le chat se frotte l’oreille, le mistral se réveille (Cuando el gato se frota la oreja, el mistral se despierta).

Natsuo Ikegami
Louis Wain

Los dichos de gatos y lluvia abundan en las lenguas romances. En Sicilia dicen Quannu la gatta si lava la facci, signu ch’havi a chioviri, lo que debe significar algo como Cuando la gata se lava la cara, es señal de que llega lluvia. Creemos que el proverbio gallego Se o gato lava a cara, é que venta enchente de auga posee el mismo significado. En Castilla es Gato que estornuda, anuncia lluvia.

Suzanne Valadon

Presuntamente, los gatos son muy sensibles a los cambios atmosféricos y notan la llegada de una tormenta mucho antes que nosotros. Eso explicaría las numerosas expresiones de gatos relacionados con el viento, la lluvia o el frío.

Max Beckmann

Un proverbio popular de la India anuncia El gato es el tigre de la rata, pero en Albania se usa otro, El gato es un león para el ratón.

Léonard Tsuguharu Foujita (Gato sentado,1930)

En yiddish se dice que Al gato le gusta el pescado, pero le disgusta el agua. Y los georgianos tienen un dicho maravilloso: Es complicado atrapar a un gato negro en un cuarto a oscuras, sobre todo si no está.

Escuela alemana (El gato azulverde, 1914)


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Gatos en los grabados japoneses Ukiyo-e

Utagawa Hiroshige (1857)

En marzo de 2015 se inauguró en Nueva York una espléndida exposición, organizada por la Sociedad Japonesa de esa ciudad, dedicada íntegramente a los gatos bajo el nombre de “Life of Cats: Selections from the Hiraki Ukiyo-e Collection” (La vida de los gatos: Una selección de la colección Hiraki de grabados Ukiyo-e).

Artista desconocido (Gatos buenos y malos)
Isoda Koryusai (1772-81)

La colección Hiraki nació hace más de 40 años gracias al fundador de la empresa de máquinas de coser Riccar, Shinji Hiraki, con el fin de salvaguardar un arte que permeó a todas las clases sociales japonesas durante el periodo Edo y al final de la Restauración Meiji (1868-1912), marcando el final de siglos de aislamiento.

Tsunajima Kamekichi
Utagawa Kunimaro (1849)

Los grabados Ukiyo-e (Mundo flotante) fueron muy populares e incluso podría decirse que producidos masivamente. En principio, el artista hacía el dibujo, otra persona lo grababa en madera, el impresor añadía los colores consiguiendo efectos sorprendentes y un cuarto se encargaba de comercializarlos. Los primeros grabados datan de la segunda mitad del siglo XVII, y alcanzaron su auge a finales del XVIII y principios del XIX.

Utagawa Kunisada (1833)
Utagawa Kunitoshi (Juegos de gatos)

Sin embargo, con la muerte de los dos grandes maestros Katsushika Hokusai (1760-1849) y Utagawa Hiroshige (1797-1858), la llegada de la Restauración Meiji y la consiguiente modernización tecnológica del país, el interés por los grabados Ukiyo-e empezó a declinar. Por suerte, el siglo XX fue testigo de una renovada demanda debida al creciente interés en Occidente por las escenas japonesas tradicionales y los grabados dibujados, esculpidos e impresos por el mismo artista.

Katsushika Hokusai
Utagawa Hiroshige (1844)

Una divertida estructura en forma de gato servía de entrada a un mundo mágico lleno de grabados cuidadosamente escogidos por los responsables de la Galería de la Sociedad Japonesa con el fin de reflejar la naturaleza multifacética y enigmática de los gatos. Desde el cachorro juguetón al terrible bakeneko de los mitos japoneses (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/) pasando por las caricaturas o los gatos antropomorfos, se expusieron más de noventa grabados, además de juguetes y otros objetos.

Entrada exposición
Utagawa Kunisada (1857)

La exposición se dividió en dos ciclos, dado que los grabados Ukiyo-e no pueden exponerse durante mucho tiempo a la luz natural, sobre todo los realizados antes de que Japón empezara a importar tintes químicos en la segunda mitad del siglo XIX. Los tintes vegetales son muy sensibles a la luz y pierden el color rápidamente.

Utagawa Yoshifuji (1880)
Utagawa Toyokuni

Como era de esperar, la estrella de la exposición fue Utagawa Kuniyoshi (1797-1861) (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/), posiblemente el artista más prolijo de Japón dibujando gatos. Firmaba sus obras con diferentes nombres que incluían los caracteres de la palabra “gato”; dibujaba personajes famosos como gatos; utilizaba la figura del gato para eludir la censura reinante durante el shogunato Tokugawa, y los gatos se paseaban libremente por su estudio.

Utagawa Kuniyoshi (1844-48)
Utagawa Kuniyoshi (Gatos actores, escena Michiyuki)

A finales del siglo XIX y principios del XX, los artistas occidentales de cualquier escuela, impresionista, fauvista, simbolista, nabi, incluso el famoso Wiener Werkstätte (Taller de Viena), el arquitecto Frank Lloyd Wright o el diseñador Louis Confort Tiffany, entre otros muchos, se dejaron influir por los Ukiyo-e. Pintores como Vincent van Gogh, Edouard Manet, Edgar Degas, Abbott McNeill Whistler se enamoraron de los grabados y Picasso se inclinó por el subgénero erótico.

Utagawa Yoshiiku (Canciones de los tres gatos)
Utagawa Kuniyoshi

En Francia, los marchantes de arte Siegfried Bing y Hayashi Tadamasa importaron grabados, y el historiador del arte Ernest Fenollosa se ocupó de la colección del Museo de Bellas Artes de Boston, al que siguieron el Museo Británico, el Victoria y Alberto, el Metropolitano de Nueva York y el Smithonian de Washington. Los coleccionistas no se quedaron atrás. Los Ukiyo-e estaban de moda.

Utagawa Kuniyoshi (1847)

La exposición se dividió en cinco temas: Gatos y personas, Gatos como personas, Gatos frente a personas, Gatos transformados y Gatos y juegos. Algunos de los grabados incluidos en esta entrada ya fueron publicados en entradas anteriores, pero merece la pena volver a verlos.

Utagawa Yoshifuji

En esta escena vemos a la Tercera Princesa dando una carta a su gato para que se la entregue a Genji, en una adaptación del siglo XV del original “Genji Monogatari”, del siglo XI, donde se encuentra la primera mención a un gato en la literatura japonesa.

Utagawa Kunisada (1848-54)

El siguiente, también de Utagawa Kunisada, pertenece a una serie de grabados sobre restaurantes famosos que servía de guía ante la proliferación de locales caros en el periodo Bunka-Bunsei (1804-1829).

Utagawa Kunisada (restaurante)

Este grabado de Utagawa Kuniyoshi pertenece a una serie titulada “Dieciséis encantadoras criaturas” y muestra la figura principal de una mujer despertándose de la siesta con su gato y un cuadro colgado en la pared del sacerdote Bukan también despertándose con su famoso tigre.

Utagawa Kuniyoshi

Un grabado de Tsukioka Yoshitoshi titulado “Tedio: La apariencia de una virgen de la época Kansei”, de la serie “Treinta y dos aspectos de las costumbres y maneras”. Casi todos los Ukiyo-e formaban parte de series que se guardaban en álbumes. Aquí, cada grabado refleja una emoción diferente encarnada en una mujer. Aunque tal vez refleje la emoción del gato, harto de que le manoseen.

Tsukioka Yoshitoshi (1888)

La representación de gatos como personas fue muy popular durante las reformas Tenpo (1842-1845), años en que se censuraban ciertas imágenes. Utagawa Kuniyoshi muestra a dos actores en una escena de la obra “La manga apestosa”, en torno a los clanes Gengi y Heike, que protagonizaron tremendos enfrentamientos en el periodo Heian. Un jefe de los Genji le pregunta a su amante dónde se encuentra uno de los Heike. Ella, despreocupada, toca un instrumento.

Utagawa Kuniyoshi

El grabado llamado “Acto 7”, de Utagawa Yoshiiku, muestra a siete famosos actores del teatro kabuki en una obra muy popular en la época conocida en Occidente como “47 rōnin”. Es el perfecto ejemplo de cómo los artistas conseguían saltarse la censura. Los actores van maquillados como gatos, pero se les ha dejado bastantes rasgos suyos para que los seguidores del kabuki puedan reconocerlos.

Utagawa Yoshiiku (1860)

Acabamos con dos grabados de Takahashi Shōtei (nacido Hiroaki), uno de los últimos representantes del grabado clásico a través del estilo sin-hanga (nuevos grabados), a mediados de la primera mitad del siglo XX, que revitalizó el tradicional arte Ukiyo-e.

Takahashi Hiroaki (1927-30)
Takahashi Hiroaki (1931)

A modo de curiosidad, si muchos de los artistas comparten el nombre de “Utagawa” es porque pertenecen a la escuela Utagawa, que surgió durante el Shogunato Tokugawa, cuando Japón se cerró al exterior. A pesar del sistema feudal, proliferó el comercio y apareció una clase burguesa que hizo posible la expansión de las artes, sobre todo de grabados Ukiyo-e, cerámica, lacas y textiles.

(La batalla de los gatos y los ratones)


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Los gatos del pacifista David McReynolds

Callejeros en azotea (principio de los ochenta)

El 17 de agosto de 2018, no hace ni cuatro años, murió uno de los grandes pacifistas estadounidenses. Su primera protesta fue contra la guerra de Corea; la última, a favor del desarme nuclear total. Durante 65 años, David McReynolds no dejó de creer en la paz y de luchar para que los gobiernos entendieran que era la única solución.

Delante del hotel (Bagdad, octubre 1981)

David Ernest McReynolds nació en Los Ángeles el 25 de octubre de 1929, exactamente un día después de la caída de la Bolsa que dio pie a la Depresión. Hijo de una enfermera y de un teniente coronel de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, ambos pertenecientes a la iglesia baptista, de adolescente formó parte del Movimiento de Abstinencia de Alcohol (Temperance League).

David McReynolds (Foto de Alvin Ailey, 1952)
Gato callejero (1957)

Ingresó en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) en 1949 y se licenció en Ciencias Políticas en 1953. Entretanto se unió al Partido Socialista de América (SPA) en 1951 y asistió a una conferencia de Bayard Rustin (1912-1987), el carismático objetor de conciencia durante la II Guerra Mundial encarcelado en numerosas ocasiones por sus creencias políticas, por negro y por gay. Rustin se convirtió en su “héroe existencial”, según dijo después.

(Febrero 1980)

Es muy posible que McReynolds llamara la atención del FBI incluso antes de sus días de universitario, cuando estaba en el Instituto y se unió al World Fellowship Club (Club de la Fraternidad Mundial) en contra de la Guerra Fría. Por cierto, el FBI llegó a compilar un dosier de 400 páginas sobre él.

Gato en tienda (1979)

Pero antes de seguir, quizá deberíamos decir que además de activista, David McReynolds fue un prolífico fotógrafo con más de 50.000 fotografías en su haber. Fotografió de todo, personas (famosas o no) que se cruzaban en su camino, amigos, protestas y gatos, los suyos, los de sus amigos, gatos en las calles de Nueva York, gatos en los países a los que viajaba en misiones de paz.

Gato europeo (1984)

Convivió con gatos hasta el último momento de su vida. Mephistopheles, un hermoso gato blanco y negro, fue el primero, como demuestra esta foto realizada en el barrio de Ocean View, San Francisco, en 1954.

Mephistopheles (Ocean View, San Francisco, 1954)

Poco tiempo después se trasladó a Nueva York al ofrecerle Bayard Rustin un puesto como periodista en el recién fundado periódico Liberation. Y aparece Mephistopheles 2, un gato negro asomado a la escalera de incendios del típico edificio de la Gran Manzana.

Mephistopheles 2 (Nueva York, 1957)

Adoraba a todos los animales, especialmente a los gatos, y sentía predilección por los siameses, que le acompañaron durante décadas. Siempre se paraba para ayudar a un animal herido, estuviese donde estuviese.

Sus primeros siameses (1967)

En 1960 dejó el periódico Liberation para unirse a la War Resisters League (WRL) (Liga de Resistencia a la Guerra) como coordinador de campo. Con el tiempo se convirtió en el rostro público de esta organización pacifista, en la que militó cuarenta años. No sabemos si en la sede de la WRL ya había un gato residente antes de su llegada.

El gato AJ (Sede de la WRL, noviembre de 1990)
AJ

Una de las acciones más controvertidas ideada por la Liga en los años sesenta fue la quema pública de cartillas militares, acto punible con cinco años de cárcel. David McReynolds y otros cinco jóvenes se reunieron el 6 de noviembre de 1965 y, subidos a una plataforma de madera, quemaron sus cartillas militares mientras un grupo de contraprotesta cantaba “Drop dead, red” (Moríos, rojos). La quema fue interrumpida por un hombre que les rocío con un extintor, pero consiguieron secar las cartillas con mecheros y quemarlas.

El gato Rusty (Sede de la WRL, 2006)

También fue miembro de la Bromeliad Society, un grupo botánico internacional dedicado al intercambio de semillas y esquejes. Llenó su piso del East Village con plantas exóticas y con estanterías cubiertas de diminutas botellas de perfume, ya que otra de sus pasiones era la creación de perfumes. Aquí vemos a Gandalf, uno de sus siameses, en una estantería abarrotada de frascos. Parece ser que Gandalf era capaz de subir y bajar sin tirar ninguno.

Gandalf entre frascos de perfumes (años noventa)

David McReynolds creía profundamente en la redistribución de la riqueza. En 1958 se presentó a congresista por el SPA y diez años después como candidato del Partido por la Paz y la Libertad en el distrito 19 de Nueva York, obteniendo 3.969 votos, o sea un 4,7%. En 1980 y en 2000 fue el candidato socialista a la presidencia de EE UU.

Gato literario (1978)

Siempre viajaba con su cámara, desde Los Ángeles a Nueva York y en sus peripecias por todo el mundo: se coló ilegalmente en Vietnam del Norte durante la guerra; estaba en Belgrado cuando la URSS entró en Checoslovaquia; se manifestó en la Plaza Roja de Moscú a favor del desarme nuclear; estuvo en Bagdad y en muchos otros lugares como parte de delegaciones pacíficas.

Gato tendero (noviembre 1990)

En su calidad de activista organizó y participó en un sinfín de manifestaciones contra la guerra de Vietnam, en protestas a favor del desarme nuclear, en acciones en defensa de los derechos civiles y de los derechos gay. Entre sus numerosos amigos estaban A.J. Muste, Bayard Rustin, Martin Luther King Jr., Grace Paley, Jeannette Rankin, Joan Baez, Allen Ginsberg y Ella Baker, entre muchos otros.

Gato en la Sexta Avenida (Nueva York, 1957)

Nunca se rindió, aunque la edad redujo su actividad en los últimos años. Su penúltima detención fue en 2002, en una protesta delante del edificio de Naciones Unidas en Nueva York, y la última en 2015, durante una protesta organizada por la WRL, cuando cortaron el paso a la misión estadounidense a Naciones Unidas.

Detenido el 28 de abril de 2015
Gatos iraquíes (1990)

En los últimos años se dedicó sobre todo a organizar y digitalizar su inmenso archivo fotográfico en compañía de su gato Shaman. El 15 de agosto de 2018, al no tener noticias suyas, unos amigos entraron en su piso y le encontraron en el suelo, inconsciente, con Shaman enfermo, sentado a su lado. Shaman murió al día siguiente y David al otro.

David McReynolds y Shaman (Foto de E. Hedeman)

Estas son todas las fotos de gatos realizadas por David McReynolds que hemos podido encontrar en Internet, la mayoría en su web (http://www.mcreynoldsphotos.org/socialist-party/mhr3op6iubmrynwzcux71ds5qtl67o). Estamos seguros de que hay muchas más.

Gatos en Babilonia

Acabamos esta entrada con la foto de un pequeño cartel hecha en 1991. Pegado a la vitrina de una tienda, reza: “Gato con instintos asesinos de guardia, prohibidos los perros”. Dedicamos esta entrada a todas las personas que creen en la paz.


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La gata Fifi Bigotesgrises y el lama

Una gata llamada Feefee Greywhiskers, en español Fifi Bigotesgrises, inspiró un libro titulado “Living With the Lama” (Vida con el lama). La contraportada de una de las ediciones inglesas dice así:

“Este libro prueba que los animales no son criaturas tontas como cree mucha gente. No se trata de un libro de ficción, su contenido fue transmitido telepáticamente a su autor”. Efectivamente, Fifi lo dice en el libro, todos los gatos se comunican telepáticamente entre sí y con otros animales; pueden hacerlo a una gran distancia, y si los seres humanos tienen esa capacidad especial, también se comunicarán con ellos.

Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad

Obviamente, el lama Lobsang Rampa tenía ese don y se limitó a escribir lo que le dictó Fifi cuando le contó su larga y ajetreada vida. Los primeros tres capítulos del libro están dedicados a describir en un tono bastante melodramático las desgracias vividas por Fifi hasta ser salvada por el lama y su mujer cuando ya era ciega, mayor y estaba a punto de morir.

Lobsang Rampa

A partir del capítulo cuarto, el tono empieza a cambiar gracias a los jocosos y atrevidos comentarios de Miss Ku (Lady Ku’ei), otra gata mucho más joven, llena de desparpajo y atrevimiento, capaz de usar un vocabulario de lo más descriptivo que le hace mucha gracia a Fifi. Hemos omitido decir que ambas gatas son siamesas de pura raza.

Edición española

Fifi pasó los primeros años de su vida – nunca se sabe realmente cuántos, aunque Miss Ku siempre habla de ella como “la abuela” – pariendo gatitos que le eran arrancados a las seis semanas para venderlos. Residía en un castillo en Francia, pero solo comía restos, sobre todo de ancas de rana (en los años 50 y 60 los británicos tenían el firme convencimiento de que los franceses se alimentaban básicamente de ancas de rana), y malvivía en un cobertizo.

Su única amiga era Madame Albertine, el ama de llaves. Fifi pertenecía a Madame Diplomate, mujer de un diplomático o algo parecido, que odiaba a todos los animales, y solo le interesaba por sus gatitos y para presumir de siamés delante de los invitados.

Edición francesa

Fifi viajó a Estados Unidos en pésimas condiciones, pero la Madame Diplomate nunca pudo presentarla a concursos porque la gata estaba casi raquítica. De vez en cuando alguien se apiadaba de ella y le daba bien de comer. Se quedó ciega por los maltratos recibidos; pero ella misma dice que los gatos poseen sentidos desconocidos por los humanos.

Edición rusa

Madame Albertine murió y su horrible dueña decidió colar a Fifi en Irlanda. Fue descubierta y los aduaneros la dieron por muerta. Por suerte, un trabajador se dio cuenta de que aún vivía y se la llevó a su casa. Allí se recuperó un poco hasta que el hombre se la entregó a su madre, que volvió a meterla en un cobertizo.

Edición española

Fifi dio a luz a dos gatitos y casi se murió de nuevo. Entonces apareció el lama Lobsang Rampa en su vida. Este la compró, junto a los dos gatitos. Los cachorros fueron regalados a una buena familia que prometió no separarlos Y Fifi, por fin, pudo ser feliz, muy feliz. Se habla de “mis 25 años con el lama”, pero nos parece algo exagerado.

Lobsang Rampa amaba a los gatos, de eso no cabe duda; habla de ellos y de su sabiduría en sus textos. Tuvo al menos tres, Fifi Bigotesgrises y la incansable Miss Ku, que le acompañaron cuando se trasladó a Canadá, y allí apareció Cleopatra, Cleo para los amigos. Ignoramos si también era siamesa.

Pero quizá deberíamos explicar quién fue el lama Tuesday (Martes) Lobsang Rampa, un hombre que se hizo famoso a finales de los años cincuenta por haber escrito “El tercer ojo”, una autobiografía. Al principio, ninguna editorial quiso publicar el libro, pero Secker and Warburg se arriesgó contra el criterio de varios expertos que habían expresado dudas sobre la autenticidad del manuscrito.

El tercer ojo

El libro se convirtió en un superventas a pesar de que muchos lo calificaron de fraude, lo que quizá sea una exageración. Es verdad que el lama Lobsang Rampa no era tibetano, ni siquiera hablaba tibetano. Probablemente no hablara más que inglés.

Edición francesa

En realidad se llamaba Cyril Henry Hoskin, había nacido en Plympton, condado de Devon, el 8 de abril de 1910, y ejercía de fontanero. Ahora bien, debió de ser todo un personaje. ¿Cómo se le ocurrió hacerse pasar por lama? El Tíbet ya era conocido en Europa gracias a los libros “Siete años en el Tíbet” (1952) y “Lhasa perdida” (1953), en los que el montañista Heinrich Harrer habla de sus aventuras vividas entre 1944 y 1951. También había otros escritos, pero no estaban al alcance de todo el mundo.

Edición portuguesa

De hecho, Harrer fue uno de los mayores detractores de Lobsang Rampa, que acabó reconociendo que no había nacido en el Tíbet, pero que su cuerpo estaba habitado por el lama de este nombre debido a la transmigración de las almas. Siempre mantuvo que aceptó de buen grado esta “ocupación” al no estar satisfecho con su vida anterior.

Edición rusa

Aunque nadie quiso apoyarle directamente, el mismo Dalai Lama reconoció que había hecho mucho en defensa del Tíbet y en dar a conocer el país. Tuvo cientos de miles de seguidores y llegó a escribir dieciocho libros, entre ellos las memorias de Fifi Bigotesgrises, publicadas en 1964.

Para entonces, el lama, su mujer San Ra’ab, su secretaria Sheelag Rouse (conocida por todos como “Buttercup” y a la que consideraba su hija), Fifi y Miss Ku se habían mudado a Canadá para huir de las crecientes acusaciones de charlatanismo aparecidas en la prensa británica. Falleció en Calgary el 25 de enero de 1981, a los 70 años.

Lobsang Rampa

En las numerosas mudanzas de la familia en Canadá, el lama publicó un anuncio en un periódico cuando buscaba casa. Decía así: “Se busca, por autor y familia, piso o casa amueblada o sin amueblar. Preferentemente cerca del mar. Contrato de un año para empezar. Familia compuesta por tres adultos y dos gatas siamesas (muy civilizadas)”.

La ciudad de Kémerovo, en Siberia occidental, dedicó un monumento a Lobsang Rampa y a la maravillosa Fifi Bigotesgrises.

Kémerovo (Rusia)


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Los gatos sorprendentes del pintor alemán Michael Sowa

Gato gordo

Existe un mundo donde los gatos vuelven a casa con la pata en cabestrillo, fuman con perros y polluelos, los cerdos nadan en platos de sopa o vuelan, los conejos llevan impermeable y hacen de las suyas, las gallinas de guinea se adornan con collares de perlas y las jirafas pasean en barco por tranquilos lagos.

Cuestión de suerte
Los callejeros

Es el mundo del pintor e ilustrador Michael Sowa. Sus obras surrealistas pueden divertirnos y hacernos sonreír, pero a veces son inquietantes, extrañas, incluso incómodas. Sin embargo, también realiza encantadoras ilustraciones para algunos de los libros infantiles de Axel Hacke. En español se ha publicado uno, “El pequeño rey Diciembre”.

Febrero

Entre los múltiples animales que pinta hay gatos, enormes conejos, osos que siguen a niñas como perros, perros amigos de gatos, aves de todo tipo, reales o no. Es posible que sus cuadros de gatos sean los más intranquilizantes, como “La tarea del gato”.

La tarea del gato

Michael Sowa tiene un gato o, al menos, se hizo una fotografía con uno precioso  – quizá sea gata – blanco y negro en lo que parece su taller.

Michael Sowa con gato
Remolinos en el salón

Además de ilustrar libros infantiles, participó en la maravillosa película de animación “Wallace y Gromit, la maldición de las verduras”, dirigida por Steve Box y Nick Park. El artista reconoce que se alegró mucho cuando Nick Park le pidió que formara parte del equipo de efectos visuales porque siempre ha sido fan del trabajo del estudio Aardman.

Gato y Gallina de guinea con collar

También participó en la muy exitosa “Amélie”, del francés Jean-Pierre Jeunet, para la que realizó dos cuadros que aparecen colgados en la cabecera de la cama de Amélie (“Gallina de guinea con collar” y “Perro con collar isabelino”), así como el cerdito lámpara en la mesita de noche. En un momento de la película, los dos cuadros y la lámpara dialogan sobre el enamoramiento reciente de la protagonista. Además, como puede verse en la foto, el gato de Amélie dormía con ella.

Numerosos periódicos y revistas, como Die Zeit o New Yorker, le han encargado dibujos. Contribuye regularmente a las publicaciones de la revista satírica alemana Titanic. Tiene en su haber varias portadas de discos, entre otras la del álbum de 1994 “Miaow”, del grupo The Beautiful South. A pesar de titularse “Miaow” (Miau), la portada no incluye a ningún gato, sino a perros.

La primera portada se inspiró en la famosa foto de HMV, la empresa “La voz de su amo”, pero obligaron al grupo a cambiar la portada por “burlarse del perro terrier de la marca registrada”. Fue necesario sustituirla con una segunda portada, la de cuatro perros en un bote, también del pintor.

Michael Sowa nació en 1945 en Berlín y estudió durante siete años en la Universidad de las Bellas Artes de esa ciudad, la mayor de Europa y una de las más prestigiosas. Trabajó brevemente como profesor de arte antes de dedicarse totalmente a la pintura y a la ilustración. En 1996 publicó “Sowa’s Ark: An Enchanted Bestiary” (El arca de Sowa: Un bestiario mágico), con 50 cuadros, cuya segunda edición, en 2006, corrió a cargo de Image Connection en Estados Unidos.

Gatos de noche

En 1995 fue galardonado con el Premio Olaf-Gulbransson y en 2004 con el Premio Libro de Berlín en la categoría de Libro Infantil por las ilustraciones de “El príncipe Tamino”. En 2020 recibió el Premio E.O. Plauen. Expone de forma habitual en Japón.

La manicura

Michael Sowa dice que empezó dibujando paisajes un poco a modo de telones de fondo, pero que no tardó en comprender que necesitaba inyectarles vida. Los animales aparecieron naturalmente, como si fueran los habitantes idóneos para los escenarios. Luego, bastante más tarde, llegaron los seres humanos.

Leyendo con gato

Según el escritor Axel Hacke, es el artista perfecto para ilustrar sus libros. Michael Sowa explica que debido al humor de Hacke, no le cuesta encontrar escenas pictóricas para las historias y que, además, el escritor no le obliga a ceñirse totalmente al texto, puede “añadir cositas en las esquinas”.

Los días que pasé con Dios

Sin embargo, Michael Sowa tiene fama de retrasarse siempre a la hora de entregar las ilustraciones, como si le costara desprenderse de su obra. El artista se defiende; no se trata de querer quedarse con los dibujos, sino de un afán perfeccionista y de que tal vez el resultado no encaje exactamente con lo imaginado. Recuerda que en una ocasión, ilustrando el “El pequeño rey Diciembre”, la editorial Kuntsman mandó a alguien a su estudio a estar con él toda la noche para asegurarse de que las ilustraciones estarían listas al día siguiente.

Gatos heridos

Otra característica del artista es volver a pintar encima de un cuadro terminado. Es el caso del cuadro de una jirafa jugando a la pelota en un lago, que tristemente ya no existe porque pintó otra cosa encima. Según él, no lo piensa de antemano, sencillamente empieza a cambiar una “esquinita”, y antes de que se dé cuenta, el cuadro anterior ha desaparecido. También añade que en la gran mayoría de casos no se pierde nada.

Melancolía de una noche de verano
Los medios

Para acabar, incluimos dos cuadros que no tienen nada que ver con gatos, pero nos parecen muy graciosos. Se trata de unas patatas andando con gran decisión por la calle y de cuatro ovejas blancas con ordenadores y una negra ante un televisor.