Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Los gatos de “L’Atalante”

“L’Atalante” es el único largometraje de Jean Vigo, un realizador francés nacido en París el 26 de abril de 1905 y fallecido el 5 de octubre de 1935, cuyo nombre completo era Jean Bonaventure de Vigo Almereyda, hijo del periodista, anarquista y pacifista Miguel de Almereyda.

Cartel de la película

 

El actor Michel Simon en su casa con sus gatos

Antes de dirigir “L’Atalante”, que sería su última película, había realizado dos cortometrajes documentales, “A propósito de Niza” y “Taris”, así como el famoso corto de ficción “Cero en conducta”, cuya exhibición fue prohibida en Francia por considerarse inmoral. Sin embargo, solo describe la vida en un internado y las duras condiciones a las que están sometidos los alumnos. El productor Jacques-Louis Nounez estaba interesado en rodar un largometraje con Vigo, y después de barajar varias posibilidades, en julio de 1933 le entregó un guion acerca de una gabarra y de las personas que vivían en ella.

En la cama de Juliette

 

Foto de Roger Parry

 

Jean Vigo

El guion no entusiasmó al realizador, pero aceptó hacer la película siempre y cuando pudiera cambiar algunas cosas. Uno de esos cambios fue sustituir el perro del viejo Jules, el segundo de a bordo, por diez gatos callejeros que fue a buscar personalmente a la Sociedad para la Prevención de la Crueldad a Animales. Su padre era un gran amante de los gatos y Jean siempre había vivido en casas llenas de gatos callejeros. Entre las numerosas anécdotas del rodaje, se cuenta que en las escenas en que Jules ponía en marcha el gramófono, los gatos acudían corriendo y rodeaban el aparato. El cineasta aprovechaba para filmarlos escuchando música o incluso durmiendo en la bocina. Se sabe que Michel Simon, que interpretaba a Jules, adoptó al gatito que se ve dentro de la bocina del gramófono.

Jean Vigo

 

Jules y el gatito

 

Juliette, Jules y Jean

La película cuenta la historia de Jean, interpretado por Jean Dasté, el capitán de la barcaza “L’Atalante”, y de su joven esposa Juliette (Dita Parlo), así como de Jules, el segundo de a bordo, y del grumete (Louis Lefebvre). Después de casarse en el pueblo de Juliette, todos van hacia París en la gabarra para entregar un cargamento, pero Jean es un hombre celoso. Un día ve a Juliette charlando con Jules en su cabina y se enfurece. Le promete a Juliette enseñarle la vida nocturna de París, pero en un baile, un vendedor coquetea con ella y Jean vuelve a perder los estribos. Al día siguiente, Juliette decide visitar la ciudad sola. Cuando Jean se entera, ordena largar amarras y abandona a su mujer. Esta regresa, descubre que la barcaza ya no está y se dirige a la estación a comprar un billete de tren para regresar a su pueblo, pero le roban la cartera. Se ve obligada a encontrar trabajo para sobrevivir. Jean se arrepiente de lo que ha hecho y empieza a deprimirse. Jules decide ir a París a buscar a Juliette, la encuentra y regresan a la gabarra, donde la joven pareja se funde en un abrazo apasionado.

Cualquiera que trabaja en un plató siempre dice que lo peor es rodar con animales y niños. Los animales no interpretan, sencillamente son. Es más fácil trabajar con perros, caballos, loros, pero los gatos siempre son complicados. Tienen tendencia a ignorar a la cámara. En esta película, diez gatos se paseaban libremente por la barcaza, apareciendo y desapareciendo en las escenas con total naturalidad; hay pocos planos en la gabarra donde no aparece uno o varios de los gatos de Jules, al que suelen seguir a todas partes. Al principio de la película, Jules y su ayudante intentan arreglar la barcaza para recibir a la nueva esposa de Jean. Jules recoge a un gatito y se lo coloca en los hombros como si fuera lo más normal del mundo; el pobre gatito se agarra como puede y resiste a la fuerza de la gravedad durante toda la escena. En otro momento, cuando Jean está a punto de besar a su esposa en el camarote, tres gatos aparecen de golpe y saltan encima de ellos; obviamente, ningún gato que se respete haría algo semejante, por lo que una o varias personas debieron lanzarlos en el momento oportuno.

Los gatos y el gramófono

Muchos críticos de cine consideran “L’Atalante” como una de las grandes películas de la historia, pero casi ninguno se fija en los gatos, que sin embargo son parte íntegra de las escenas. Sin ellos, “L’Atalante” no sería la misma.

El rodaje duró cuatro meses, más de lo que la Gaumont había calculado, y al pasarse de presupuesto, Jean Vigo tuvo que recurrir a la imaginación para poder acabarla. Se empezó a filmar en noviembre, hacía frío y había mucha humedad. El realizador, cuya salud nunca había sido buena después de que su padre muriera en la cárcel, enfermó y no pudo supervisar el montaje personalmente. La película se estrenó el 25 de abril de 1934 y pocos la defendieron. La Gaumont se apropió de ella, la redujo a 65 minutos y le cambió el título a “La barcaza que pasa”. Jean Vigo murió unos meses después, en octubre, sin saber que no solo esta película, sino también “Cero en conducta” se convertirían en clásicos ineludibles admirados por la crítica y el público.

Los gatos de L’Atalante, presentada en el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) 2013

François Truffaut dijo: “Tuve la suerte de descubrir las películas de Jean Vigo una tarde de sábado de 1946 en el cine Sèvres-Pathé, gracias al cineclub que dirigía André Bazin y otros colaboradores de La Revue du Cinéma. No había oído hablar de Jean Vigo, pero me inundó una admiración sin límites por una obra que no llega a los 200 minutos de proyección”.

Viennale 2013

En el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) de 2013 se presentó “Les chats de L’Atalante” (Los gatos de L’Atalante), de Karl Heil, un documental compuesto por 140 dibujos basados en las escenas en que aparecen gatos en la película, todos ellos realizados por Harald V. Uccello. La voz en off es del actor Anton von Lucke y el músico Tobias Giezendanner se ocupó de los arreglos de la música original de Maurice Jaubert y de tocar el bandoneón para la banda sonora.

 

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Los gatos de “El amante doble”

Danton, Chloé y Louis

Acaba de estrenarse en España la última película del conocido realizador francés François Ozon, “El amante doble”, un thriller con un final de lo más inesperado, protagonizado por Marine Vacth y Jérémie Renier, este último en un doble papel, tal como deja entrever el título. El peso de la historia, además de recaer en actores de dos patas, también depende de dos espléndidos gatos llamados Milo y Danton en la ficción, y un tercero, disecado, llamado Luigi.

Chloé, Luigi y la vecina Rose

 

Chloé, Rose y Milo

Chloé, la protagonista, tiene un gato llamado Milo, un inteligente cartujo al que adora. Se enamora de Paul, que no siente una gran simpatía por Milo. Deciden vivir juntos y Chloé descubre que su nueva vecina, Rose, una mujer mayor algo extraña a la que da vida la magnífica actriz Myriam Boyer, adora a los gatos. Decide dejarle a Milo momentáneamente, convencida de que le cuidará bien. Rose tuvo un gato llamado Luigi que murió hace dos años, lo hizo disecar y ocupa un lugar de honor en la habitación vacía de su hija. El tercer gato, Danton, pertenece a Louis, y es un magnífico gato calicó. No nos hemos equivocado, es carey y macho, producto de una anomalía genética. Y esa anomalía genética es la clave de la película, pero no diremos nada más para no revelar el desenlace del thriller.

La vecina Rose y Luigi

 

Milo y Chloé

 

Milo y Chloé

Añadiremos que el director nos confió que para hacer el papel de Milo usaron a dos gatos idénticos; uno era perfecto para las escenas en que debía moverse y saltar, mientras que el otro no tenía problemas para quedarse en brazos de la protagonista. La gata – sí, en realidad es una gata carey – que interpreta a Danton está acostumbrada a participar en concursos felinos y, al parecer, tiene la capacidad de permanecer quieta en el mismo sitio sin inmutarse, pase lo que pase. Pero, por lo que nos contó François Ozon, hizo una excepción en este rodaje. En una escena clave, de gran tensión, el realizador no entendió por qué sus dos protagonistas empezaron a reírse a carcajadas hasta que Marine Vacth le señaló a la gata. Esta, probablemente harta de esperar en la misma posición encima de la perfecta chimenea de diseño, estaba defecando con total impasibilidad.

Milo y Paul

Pero volvamos a la anomalía genética que hemos mencionado antes. Todos los amantes de los gatos sabemos que los carey o calicó son hembras o, al menos, eso creemos. Pero aproximadamente uno de cada 3.000 es macho, y de estos, solo uno de cada diez mil es fértil. Los calicó casi siempre son hembras porque el cromosoma X contiene el locus del gen para el color naranja. En ausencia de otras influencias, como la inhibición de color que produce el pelo blanco, los alelos presentes en los locus naranjas determinan si el pelo es naranja o no. Las gatas hembras, como cualquier mamífero hembra, tienen dos cromosomas XX. Al contrario, los mamíferos machos tienen un cromosoma X y uno Y. Ya que el cromosoma Y no contiene el locus del gen naranja, no es posible que un macho tenga los dos genes (naranja y no-naranja) para ser carey.

Gato carey

Sin embargo, puede ocurrir que la célula sufra una división defectuosa y deje un cromosoma X extra en los gametos que producen al gato macho. Esto se reproducirá en cada célula y el animal tendrá tres cromosomas  XXY, el llamado síndrome de Kliefelter (una condición que también puede aparecer en el ser humano). Si es así, el gato será macho con un pelaje carey o calicó.

Main Coon tricolor

Hay casos aún más excepcionales llamados “quimeras”. Son individuos producto de la fusión de dos óvulos distintos fertilizados a la vez. Si estos dos óvulos, tanto si ambos son masculinos (XY-XY) o uno femenino y otro masculino (XX-XY), se unen, el gato puede acabar teniendo el fenotipo de un macho tricolor.

Gata calicó de “doble cara”

Añadiremos que el pelaje calicó y carey se debe a una mutación del cromosoma X. Es totalmente imposible cruzar gatos con la esperanza de conseguir gatos calicó; incluso si se clonasen, nada garantiza que los gatitos fueran tricolor. Por eso, cuando el 8 de octubre de 2016, la protectora californiana The Cat House on the Kings (https://gatosyrespeto.org/2015/01/08/santuario-felino-en-fresno-california/) se hizo cargo de una camada compuesta por cinco gatitos tricolor ya les pareció algo poco común. Pero que, además, dos de estos gatitos fueran machos, es algo que va en contra de todas las probabilidades.

Uno de los gatitos machos

En mayo de 2013, Richard Smith y su novia llevaron a su gato Jake al veterinario para vacunarle. Al enterarse del nombre del gato, el veterinario les dijo que era una hembra, no un macho. Richard y su novia insistieron en que era un gato. Después de un breve examen, el veterinario no tuvo más remedio que rendirse ante la evidencia. Estaba delante del primer gato calicó macho que había visto en todos sus años de práctica. Richard Smith no tenía la menor idea de que Jake fuera un gato tan especial.

Jake

Sean hembras o machos, muchas culturas creen que los gatos tricolor traen buena suerte. En Estados Unidos, a veces se les llama “gatos del dinero” y el animal emblemático del estado de Maryland es una gata tricolor. Originalmente, el famoso maneki-neko japonés era calicó.


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Kedi, los gatos de Estambul

En 2016 se realizó un documental de 80 minutos de duración en torno a los gatos de Estambul titulado “Kedi”, que significa “gato” en turco. Como era de esperar, fue invitado a participar en el Festival de Cine de Estambul en febrero de 2016, y desde entonces hasta el 21 de julio pasado ha participado en 18 festivales internacionales en Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda, el Lejano Oriente y Europa. Ha sido estrenado con éxito en Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega, Suecia, Polonia, Alemania, España y Taiwán, lo que no está nada mal para un documental.

Para empezar, traduciremos la sinopsis: “Miles de gatos recorren libremente las calles de Estambul, y llevan cientos de años entrando y saliendo de la vida de sus habitantes, siendo parte íntegra de las diferentes comunidades que enriquecen la ciudad. La gran mayoría no tiene dueño y vive entre dos mundos, el doméstico y el salvaje, pero aporta alegría y una razón de ser a las personas a las que deciden adoptar. En Estambul, los gatos son el espejo de los habitantes, y les permiten reflexionar acerca de sus vidas mejor que cualquier otra cosa”. Incluimos un enlace al tráiler (en inglés) https://www.youtube.com/watch?v=lKq7UqplcL8

La directora, Ceyda Torun, explica su atracción por los gatos: “Viví en Estambul hasta los once años y estoy convencida de que mi infancia habría sido mucho más solitaria de no ser por los gatos. Yo no sería la misma ahora. Siempre que he vuelto a la ciudad, ha cambiado y me cuesta reconocerla, pero no ocurre lo mismo con los gatos, son el único elemento constante, un sinónimo de Estambul, y han acabado por encarnar su alma. Esta película, en muchos aspectos, es una carta de amor a los gatos y a la ciudad, que ahora deben enfrentarse a cambios impredecibles”.

Ceyda Torun

Los habitantes de Estambul cohabitan sin problemas con la multitud de gatos que recorren sus calles y cuidan de ellos sin entrometerse en su vida. La directora y el director de fotografía, Charlie Wuppermann, se desplazaron a Estambul para preparar el rodaje y descubrieron que en muchas ocasiones, los vecinos sabían perfectamente quién era el “rey” del barrio, qué gata era la madre de tal o tal gatito, qué gato roba aunque tenga comida, qué diferencia a uno del otro… Existe una auténtica convivencia.

Para acercarse lo más posible a los gatos, los dos cineastas diseñaron diversas “cámaras gato” (por ejemplo, una montada en un coche de juguete) para conseguir el punto de vista del felino; siguieron a los gatos por callejones y sótanos; usaron drones para rodarlos en los tejados, e hicieron prueba de mucha paciencia hasta obtener tomas naturales del día a día de estos habitantes de Estambul. Después de un rodaje de dos meses, la realizadora empezó a montar el documental con Mo Stoebe.

Una de las personas que sale en la película es Bulent Ustun, el creador del cómic “Kotu Kedi Serafettin” (Bad Cat), que se hizo famoso a finales de los noventa.

Bulent Ustun y Bad Cat

En 2009, “Bad Cat” fue el héroe de una película de dibujos animados y se rumorea que quizá sea el protagonista de un musical.

Estos son algunos comentarios que hacen en la película los habitantes de Estambul hablando de los gatos:

“Un gato maullando a tus pies, mirándote, la vida te sonríe. Son momentos que nos recuerdan que estamos vivos”.

“El amor de un animal es otro tipo de amor. Las personas que no aman a los animales no saben amar a la gente. Al menos, eso lo sé”.

“Preocuparse por los animales en la calle y preocuparse por la gente tiene mucho que ver. En mi opinión, los problemas a los que se enfrentan los gatos callejeros no son muy diferentes de nuestros problemas”.

Ahora nos gustaría presentarles a los siete grandes protagonistas del documental:

SARI (La ladrona) vive en los alrededores de la Torre Gálata. Lo tiene muy claro, hay que beber y comer. Pide, roba, rebusca. Los dueños de los cafés la echan, pero tiene una aliada: la propietaria de una tienda le da comida para que se la lleve a sus gatitos

Sari

BENGU (La amante) es amada por muchos. Vive en una zona industrial, rodeada de cadenas y piezas metálicas. Es muy amable y se ha ganado el afecto de todos los trabajadores.

Bengu

ASLAN PARÇASI (El cazador) se ha establecido en un famoso restaurante de pescado a las orillas del Bósforo. El Pequeño León, como le llaman, es el guardián del establecimiento, y desde su llegada no se ha vuelto a ver un solo ratón.

Aslan Parçasi

PSIKOPAT (La loca) vive en Samatyam, uno de los barrios más antiguos de la ciudad, y suele aparecer en un salón de té detrás de una vieja iglesia. Se ha ganado el respeto de todos, incluso de los perros sin dueño. No le tiene miedo a nada ni a nadie.

Psikopat

DENIZ (El juguetón) tardó mucho en confiar en los seres humanos, pero ahora recupera el tiempo perdido exigiendo caricias de los vendedores del mercado de productos orgánicos. Se mete con los otros gatos, se cuela en los puestos, duerme en las cajas de té…

Deniz

GAMSIZ (El sociable) vive en Cihangir, el barrio de los artistas. Conoce a todo el mundo y sabe perfectamente dónde dirigirse para comer. Es un excelente trepador y todavía no ha nacido el humano al que no pueda conquistar.

Gamsiz

DUMAN (El caballero) vive en uno de los mejores barrios de Estambul y se ha hecho amigo de los dueños de una tienda y restaurante donde se sirven exquisiteces. Sabe que no puede entrar, pero espera a que alguien le traiga un plato con quesos de importación y carnes ahumadas. Si tardan demasiado, llama al escaparate.

Duman


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El gato Orangey, un premiado actor

Rhubarb – Orangey, el director Arthur Lubin, y sus compañeros de reparto Jan Sterling y Ray Milland

Orangey saltó a la fama en 1951 cuando fue el primer gato en protagonizar una película, concretamente “Rhubard”, dirigida por Arthur Lubin, con Ray Milland, Jan Sterling y Gene Lockhart. El largometraje cuenta la historia de Rhubarb, un gato callejero atigrado de color naranja con mucho carácter al que adopta un millonario dueño de un club de béisbol profesional. Al fallecer, deja todo su dinero y el club al felino.

Gracias al éxito que obtuvo en su primera aparición en la gran pantalla, trabajó en numerosas películas, como la famosa “Desayuno con diamantes” (1961), de Blake Edwards, con Audrey Hepburn y George Peppard, donde interpretó al gato que recoge Holly Golightly. Comparten techo durante un tiempo, pero Holly nunca le da un nombre: “A pesar de ser algo incómodo, no tengo derecho a nombrarle hasta que pertenezca a alguien”.

La actriz dijo una vez que lo peor que jamás había tenido que hacer en una película era echar a Gato del taxi bajo la lluvia: “Fue lo más desagradable que jamás hice como actriz en una película”. No podemos afirmarlo, pero creemos que le gustaban los gatos.

Orangey tuvo el papel de Neutrón en “Regreso a la Tierra” (1955), de Joseph M.  Newman, una película de ciencia-ficción, como puede deducirse por el título. A continuación le vimos en “El increíble hombre menguante” (1957), de Jack Arnold, en la que interpretaba a Butch, el gato de la familia que amenaza al muy menguado protagonista.

Regreso a la Tierra

 

El increíble hombre menguante

Entre 1952 y 1956 interpretó a la gata Minerva en la serie “Our Miss Brooks”, protagonizada por Eve Arden en el papel de una maestra soltera con una gata. A principios de los sesenta apareció en uno de los episodios de “El Show de Dick Van Dyke”, concretamente en “¿Dónde has estado, Fassbinder”, como Mr. Henderson. También fue uno de los animales de Elly en la famosa serie “Los nuevos ricos” (1962) y participó en algunos episodios de “Mi marciano favorito” (1963).

El show de Dick Van Dyke

 

Gigot

Trabajó en otras tres películas, “Gigot” (1962), con el genial Jackie Gleason; “La comedia de los terrores” (1964), de Jacques Tourneur, con Vincent Price y Peter Lorre, en el papel de Cleopatra, y finalmente “El pueblo de los gigantes” (1965), una película malísima donde interpretó a un gato gigante.

Los nuevos ricos

 

Mi marciano favorito

En total, catorce años de estrellato. No está nada mal. Orangey pertenecía al conocido domador de animales Frank Inn y fue su primera gran estrella. La segunda fue Higgins, un perro callejero rescatado de la perrera que tuvo un papel protagonista en la serie “Expreso a Petticoat” (1963), y en los largometrajes “Mooch Goes to Hollywood” (1971) y “Benji” (1974). Adoraba a los animales y no soportaba que las perreras sacrificaran animales sanos, por lo que los adoptaba. Si tenían aptitudes interpretativas, se los quedaba; si no, se los regalaba a amigos. Parece ser que en una época llegó a tener hasta mil animales y a gastar unos 400 dólares diarios en alimentarlos.

La comedia de los terrores

 

Our Miss Brooks

Pero volvamos a Orangey, ganador de dos premios Patsy, el equivalente del Oscar para animales, por “Rhubarb” y “Desayuno con diamantes”, las dos grandes películas de su carrera. Sin embargo, se rumorea que Orangey siempre tuvo dobles, aunque Frank Inn jamás quiso reconocerlo. Los gatos no se dejan amaestrar con tanta facilidad como los perros; tampoco imaginamos a un gato dispuesto a repetir la misma toma doce veces… Las malas lenguas dicen que para “Rhubard”, Frank Inn llegó a usar hasta 36 gatos anaranjados diferentes y doce para “Desayuno con diamantes”. Orangey existió, de eso no cabe duda, pero es muy posible que no fuera uno solo. Catorce años bajo los focos son muchos años para un gato; catorce años aguantando el ajetreo que supone un rodaje, las carreras, el ruido y los gritos hasta el famoso “¡Silencio, se rueda!”

Rhubarb

Orangey tenía, además, la reputación de ser un gato difícil. Según dicen, se comportaba modélicamente durante el rodaje, pero en cuanto oía “¡Corten”, podía arañar o morder a su coprotagonista, algo de lo que dudamos. Ningún estudio permitiría que un gato arañase o mordiese a una estrella del calibre de Audrey Hepburn, por ejemplo. Tristemente, cabe la posibilidad de que todos los Orangey estuvieran desungulados, una operación que por fin se ha prohibido en España.

Un ejecutivo de Paramount Studios describió a Orangey como “el gato más malvado del mundo”. Cuentan que aguantaba pacientemente mientras se rodaba, pero que entre toma y toma aprovechaba cualquier despiste para escaparse con la consecuente pérdida de tiempo mientras se le buscaba. Incluso dicen que Frank Inn apostaba perros en las salidas para impedirle que desapareciera. También dudamos que esto ocurriera a menudo; una o dos veces quizá… Pero Orangey era una estrella, y ya se sabe, todas las estrellas se rodean de una leyenda.

El pueblo de los gigantes

Dedicamos esta entrada a todos los gatos que han trabajando y siguen trabajando en el cine para entretenernos. Las leyes de protección animal han mejorado; ahora, al final de todas las películas con animales aparece un cartel garantizando que ninguno ha sido maltratado ni ha sufrido durante el rodaje. Pero basta con pensar en las horas que pasan metidos en un transportín – nos referimos a gatos -, al calor de los focos y a todo lo que supone un rodaje para echarse a temblar.

 


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La sombra del gato

El único testigo de un asesinato

El único testigo de un asesinato

Esta película británica de 1961, titulada originalmente “The Shadow of the Cat”, es una producción Hammer, aunque el nombre de la productora no consta en los créditos por razones contractuales. Normalmente, una película de terror al estilo gótico se habría rodado en color en esa época, pero no fue así. El realizador es John Gilling, un habitual de la productora, como lo es el director de fotografía Arthur Grant, y los protagonistas André Morell y Barbara Shelley. La película no llegó a estrenarse en España, pero sí en México, Brasil, Francia, Alemania Occidental, Suecia y Grecia, entre otros países.

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Ahora bien, hemos hablado de dos protagonistas, pero en esta película toda la historia gira en torno a una gata que ve cómo el marido de su rica dueña la mata con la ayuda de dos criados. La gata, de nombre Tabitha, decide vengar a su ama a pesar de que los asesinos solo desean deshacerse del único testigo de cuatro patas.

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Una noche de principios de 1900 en Inglaterra, Ella Venable es asesinada en el desván por Andrew el mayordomo, al que se unen el marido de Ella, Walter Venable, y la criada Clara. Entre los tres entierran el cuerpo sin vida de Ella en el parque de la mansión.

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Unos días después entran en escena el inspector Rowles y el periodista Michael Latimer para investigar la supuesta “desaparición” de Ella. Ninguno de los dos está convencido de lo que cuenta el marido; saben que Walter se casó con Ella por su dinero.

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Antes de asesinarla, Walter obligó a Ella a firmar un nuevo testamento dejándole como  único heredero de su fortuna. Sin embargo, el testamento original, en el que no le dejaba nada, está escondido en el desván. El asesino sube a buscarlo esa misma noche. El suelo del desván está en mal estado y una tabla cede bajo su peso, pero no le pasa nada. Baja y descubre a Tabitha. El mayordomo y el viudo se lanzan detrás de la gata, y esta se esconde en el sótano no sin antes arañar a Andrew y asustar a Walter, que sufre un amago de infarto.

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Ella tenía una sobrina favorita, Elisabeth Venable, a la que Walter invita a pasar unos días en la mansión preocupado por si pone en duda el testamento, pero a la joven no parece importarle que su tía no le haya dejado nada. Vuelve a encontrarse con Michael, el periodista, a quien ya conocía.

Walter debe mantener reposo por el amago de infarto y no puede seguir buscando el testamento, por lo que le pide a su sobrino Jacob Venable, un joven recién salido de la cárcel, y a sus padres, que se instalen en la mansión. Promete darles una parte de la herencia si encuentran el primer testamento y matan a la gata. Tabitha vuelve a ser testigo de la conspiración.

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Elisabeth no entiende por qué todos se empeñan en perseguir a Tabitha, una gata fiel y dulce que siempre hizo compañía a su tía. Michael está convencido de que Tabitha sabe la verdad de la desaparición de Ella.

Por fin consiguen atrapar a la pobre Tabitha, y Andrew el mayordomo decide ahogarla en la marisma cercana a la mansión, pero la gata se escapa y el criado muere en las aguas pestilentes. Los conspiradores se preocupan al ver que Andrew no regresa y descubren huellas de barro que ha dejado Tabitha. En el rellano, la criada Clara se encuentra con la gata; esta se le tira encima, la criada cae por las escaleras y muere.

Jacob desconfía de su tío, y mientras este duerme, abre la puerta para que Tabitha entre. Cuando Walter se despierta y se encuentra con la gata sentada en su pecho, tiene un auténtico infarto y muere. Curiosamente, se lo deja todo a su sobrino.

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Sin el testamento original, el inspector Rowles, Elisabeth y Michael poco pueden hacer contra Jacob y sus padres. Están a punto de irse cuando Jacob ve a Tabitha en el tejado y se lanza detrás de ella a pesar de que todos le miran. Edgar, su padre, aprovecha para seguir buscando en el desván. Jacob pierde pie y cae, matándose. Edgar descubre el testamento, escondido detrás de un retrato de Tabitha, en el momento en que aparece la gata. Al querer matarla como sea, destroza el desván y una viga se le cae encima, acabando con él.

Tabitah guía a la policía hasta donde se encuentra el cadáver de Ella. Elisabeth no quiere quedarse en la mansión a pesar de ser la heredera de todos los bienes de su tía. Unas semanas después, una nueva familia compra la casa y Tabitha observa a los nuevos propietarios mudándose.

Cartel de la película

Cartel de la película

Curioso final. Al ver la película, cabe preguntarse ¿por qué no se lleva Elisabeth a Tabitha? La gata no solo ha salvado la situación, ha tomado la justicia en sus “patas” y ha vengado a su dueña asesinada. Merecería no ser abandonada a su suerte.

Como cualquiera puede ver por las fotos, Tabitha no tiene nada de horrenda, ni da miedo. Elisabeth, en la película, dice: “¿De verdad me están diciendo que una gata normal ha conseguido aterrar a tres adultos?” La criada Clara, un poco antes de caer por las escaleras, grita: “¡Es un demonio!” Y el marido Walter, desde su cama, concuerda: “¡Es mala, es mala!” Por mucho que se empeñen los “malos” de la película, Tabitha es una gata simpática. Pero además de simpática, es una excelente intérprete, como lo demuestra en algunas escenas bastante complicadas. El director John Gilling no consigue que Tabitha parezca amenazante, aunque escupa y arañe. No hemos sido capaces de saber si Tabitha fue interpretada por varios gatos parecidos, como suele ocurrir actualmente.

Por cierto, olvidamos mencionar al principio que el compositor de la banda sonora fue Mikis Theodorakis.


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James Dean, el gato Marcus y el gato Louis XIV

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¿Quién no ha oído hablar de James Dean? Su muerte prematura, a los 24 años, le convirtió en una leyenda y en el símbolo del sentimiento de desilusión que se apoderó de una parte de la juventud estadounidense en la década de los cincuenta. Solo rodó tres películas, “Rebelde sin causa” (1955), “Al Este del Edén” (1955) y “Gigante” (1955) antes del fatal accidente de coche el 30 de septiembre de 1955 mientras se dirigía a Salinas, California, en su Porsche 550 Spyder para participar en una carrera.

Foto de Sandford Roth

Foto de Sandford Roth

Se ha escrito mucho sobre el joven actor, pero en cuanto al tema que nos interesa, su amor por los gatos, hemos descubierto que existen numerosas contradicciones. Se encuentran fotos de Dean con un gatito y otras con un gato adulto, ambos siameses. Sabemos que el gatito era suyo y que el otro era Louis XIV, el siamés del fotógrafo Sanford Roth, un gran amigo del actor, y de su esposa Beulah Roth (https://gatosyrespeto.org/?s=el+gato+cosmopolita). Se dice que el gatito se llamaba Marcus en honor a su tío o a su primo hermano. Ambos se llamaban Marcus, pero dado que el primo tenía 11 años cuando falleció Dean, es lógico suponer que fue en honor a su tío, el hombre que le crió. Muchos blogs cuentan que Marcus fue un regalo de Elisabeth Taylor durante el rodaje de “Gigante”, pero Beulah Roth tiene una historia diferente… Y nos fiamos de Beulah. Le conoció personalmente y escribió un libro sobre él con fotos realizadas por su marido. Más aún, en otro libro suyo, “El gato cosmopolita”, le dedica cuatro páginas y habla del gatito Marcus, aunque nunca le llama por ese nombre. A continuación hemos traducido algunos pasajes del capítulo catorce titulado “James Dean”.

James Dean en casa de los Roth

James Dean en casa de los Roth

Un día, mi marido me llamó desde Warner Brothers:

– ¿Te importa si traigo a un chico a cenar? Trabaja en “Gigante”. ¿Qué has preparado?”

– Pollo al curry. Si es joven, no le gustará. ¿Cómo se llama?

– Jimmy Dean.

Tragué saliva y me apresuré a ponerme una mascarilla facial de fresa.

Jimmy entró en casa por primera vez esa tarde de verano. Mi marido nos presentó; me dio la impresión de ser taciturno, arisco y muy joven. No sé comunicarme con los jóvenes, pero Louis sí supo qué hacer y me salvó saltando a su regazo. Me preocupó que Jimmy le abrazara con fuerza, pero Louis no protestó, se limitó a ronronear. Se hicieron amigos en ese momento.

Y menos mal, porque Louis estuvo en las rodillas de Jimmy durante toda la cena, que no tuvo nada de éxito. Jimmy no entendió cómo podía ponerse coco en la carne. Estaba acostumbrado a comer hamburguesas y chili con carne.

James Dean y Louis XIV

James Dean y Louis XIV

James Dean jugando con Marcus

James Dean jugando con Marcus

Beulah y Jimmy descubrieron que a los dos les gustaban las ciruelas, y el joven actor le mandó toda la abundante cosecha del ciruelo de su jardín. Beulah pasó varios días haciendo mermelada, tartas, etcétera. Pero volvamos al capítulo:

 A partir de ese día vino a menudo a casa, a veces porque le invitábamos y otras simplemente se presentaba, siempre era bienvenido. No sé si venía a ver a mi marido o a mí. Le caíamos bien, pero adoraba a Louis y acabamos por entender que era el invitado de Louis. Como buen anfitrión, Louis le dejaba sentarse en el trono, un sillón veneciano del siglo XVIII. Diseñado para aristócratas, tapizado con brocados, el sillón parecía ofenderse con la intrusión de las largas piernas revestidas de tela vaquera de James Dean. Y aquí, en una posición algo incómoda, se dormía con Louis en el regazo. Los dos soñaban.

A continuación dice que Jimmy Dean nunca se reía a carcajadas, como si la exuberancia le avergonzase, y que se entusiasmaba por cosas tan diferentes como las motos, la música clásica, el jazz, las corridas de toros, la tarta de manzana y los gatos. Le gustaban compositores como Bartok y Schoenberg, además de la música africana, y acababa de descubrir a Sartre, Genet y Malaparte, por lo que le entraron muchas ganas de visitar París, Roma y Venecia, pero no tuvo tiempo para hacerlo, y Beulah sigue diciendo:

James Dean y Marcus

James Dean y Marcus

James Dean, Beulah Roth y Louis XIV (foto de Sanford Roth)

James Dean, Beulah Roth y Louis XIV (foto de Sanford Roth)

Sé muy poco acerca de su vida personal (era el ser humano que menos hablaba de sí mismo que he conocido), como si hubiera un vacío, una extraña cortina de gasa entre el mundo y él.

Pero no había cortina entre los gatos y él. Y decidió que debía tener uno que se pareciese lo más posible a Louis. Me pidió que le ayudara a encontrar un siamés. Estudiamos los anuncios en los periódicos y por fin encontramos uno en Venecia, California, claro.

Venecia, California, es un lugar de lo más deprimente, diseñado por un constructor muy imaginativo y con muy poco gusto a principios de este siglo como una pobre imitación de Venecia, Italia. Ahora, los canales están vacíos y llenos de basura; las calles están pobladas de beatniks barbudos y chicas con medias negras.

Lavando su Porsche (Foto de Sanford Roth)

Lavando su Porsche (Foto de Sanford Roth)

Sigue diciendo que nadie reconoció a Jimmy Dean mientras paseaban por las calles de la falsa Venecia. Recogieron al gatito más precioso y perfecto, y antes de irse visitaron el hotel St. Mark, donde supuestamente había dormido Sarah Bernard.

Me llamaba tres o cuatro veces al día para saber qué debía hacer con el gatito; el mismísimo Dr. Spock no habría cuidado mejor de un niño.

Pesaba su comida, le tomaba la temperatura, le medía para saber si crecía adecuadamente, examinaba la caja de arena para asegurarse de que no tenía gusanos, le llevaba regularmente a visitar al veterinario, le sujetaba mientras le vacunaban, le hizo una camita, pero acabó dejándole dormir con él, le amaba, cuidaba, mimaba, toda su vida giraba en torno al gatito.

Podía haber tenido a cualquier chica, cenar en grandes casas, salir, pero prefería estar con un gatito siamés. Solo tenía una queja, le hacía madrugar.

– No me gusta madrugar, Beulah.

– Pues no madrugues, puedes permitírtelo.

– Pero es imposible con un gato. A veces me pregunto si vale la pena tener un gato, te obliga a madrugar muchísimo. Ojalá no me hubieras convencido.

– Puedes regalarlo.

– ¿Regalarlo?

– Conozco a alguien que se muere por tener un pequeño siamés. Son muy responsables, cuidarán de él.

– Pero ¿tienes piedras en la cabeza?

– No, Jimmy, intento ayudarte.

– No me lo parece.

– Verás, si de verdad quieres deshacerte del gato…

– ¿Deshacerme de él?

Estaba horrorizado, y siguió diciendo:

– Antes me muero. Él es lo que más quiero en el mundo.

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Marcus equilibrista

Marcus equilibrista

Parece ser que la víspera antes de irse a Pasadena dejó a Marcus al cuidado de su amiga Jeanette Doty con una nota indicando cómo debía cuidarle. Esta es la traducción de la nota:

1 cucharadita de jarabe Karo

1 lata grande de leche evaporada

la misma cantidad de agua destilada o hervida

1 yema de huevo

Mezclar y enfriar

No le des carne o leche fría

1 gota de vitaminas diaria

Lleva a Marcus al Dr. Cooper en la calle Melrose la semana que viene, toca vacunarle.

Nota con instrucciones

Nota con instrucciones

Dirán que no nos fiamos de nadie, pero… ¿por qué iba a dejar James Dean a su gato con una amiga si Pasadena está al lado de Los Ángeles? Y si quería dejar el gatito a alguien, ¿no habría sido más lógico dejarle con Beulah Roth? Sobre todo porque Sanford Roth le acompañó en ese último viaje. Seguía al Porsche en otro coche y fue testigo del accidente. Y por último, la receta para la leche no parece adecuada para un gatito…


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Un gato en la gran pantalla: “Harry y Tonto”

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En 1974 se estrenó “Harry y Tonto”, dirigida por Paul Mazursky, que se había dado a conocer con “Bob, Carol, Ted y Alice” y “Blume enamorado”. En esta ocasión contaba la historia de un profesor retirado de 72 años que sigue viviendo en el mismo piso que había compartido con su esposa y sus hijos en el Upper West Side de Nueva York. Pero el edificio va a ser derribado y sustituido por un aparcamiento cubierto, y Harry no tiene más remedio que irse con su amado gato Tonto. Una serie de pequeños acontecimientos convierte un viaje a Chicago en un recorrido con su gato de costa a costa en el que descubre un mundo que nunca se había molestado en mirar, conoce a gente, hace nuevos amigos y se despide de otros.

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El actor Art Carney, que encarna a Harry en la película, dijo: “No me gustaban los gatos hasta hacer esta película, pero Tonto es un gato impresionante. Tenía dos dobles, otros dos gatos que se le parecían como dos gotas de agua, por si se cansaba o se ponía enfermo, pero es un profesional de pies a cabeza. Nunca requirió los servicios de los dobles”. (Revista Times)

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Tonto, un gato pelirrojo, es realmente el coprotagonista de la película, ya que aparece en más de la mitad de las secuencias. Art Carney ganó el Oscar al Mejor Actor en 1975, a pesar de la competencia: Jack Nicholson por “Chinatown”, Dustin Hoffman por “Lenny”, Al Pacino por “El padrino II” y Albert Finney por “Asesinato en el Orient Express”. El actor dijo en algún momento que media estatuilla pertenecía a su compañero de reparto. Tonto se llevó el Premio Patsy, el equivalente al Oscar para los actores de cuatro patas. Sin embargo, la decisión no fue bien vista por todo el mundo… Se puso en duda la legalidad de la votación, se habló de interferencia por parte de la productora, Fox Studios, y otros pensaban que el perro Higgins debía ser el ganador por interpretar a Benji en la película del mismo nombre. Pero cualquiera que haya visto “Harry y Tonto” estará de acuerdo en que Tonto se merecía el galardón. Además, nos parece mucho más complicado convencer a un gato que a un perro para que se comporte de cierta forma delante de una cámara.

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Según el director Paul Mazursky, se le ocurrió que Harry paseara a Tonto con correa por las calles de Nueva York porque su madre tenía un gato manx pelirrojo al que paseaba por el Village. En la película, Tonto es la razón por la que Harry acaba cruzando Estados Unidos. El hijo del profesor le lleva al aeropuerto para que vuele a Chicago, pero Harry se resiste a que Tonto pase por la máquina de rayos X y decide coger el autobús. Harry no consigue convencer a Tonto para que use el lavabo del autobús y pide al conductor que detenga el vehículo. Tonto se escapa, el autobús se va, Harry encuentra a Tonto y compra un coche de segunda mano para llegar a Chicago. Posteriormente, sigue camino hacia Los Ángeles.

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El realizador Paul Mazursky también dijo que su plano favorito es el de Tonto en el piso de Harry, al principio de la película, cuando la cámara está a la altura del gato andando. Para conseguirlo, la adiestradora de Tonto se tumbó en una manta con la cámara mientras dos personas tiraban de la manta delante del gato.

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Según el director, colocaban trocitos de hígado crudo alrededor de Art Carney para que Tonto se le acercara siempre que fuera necesario para la escena. Betty Schumacher, la adiestradora, dijo en una ocasión que el actor trataba al gato como a un igual y que por eso Tonto se llevaba bien con él.

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Tonto es el protagonista, pero hay más gatos en la película. Cuando Harry y Tonto aún están en Nueva York y salen a hacer la compra, Tonto se fija en una gata de una tienda de ultramarinos. Hacia el final de la película, Harry está sentado solo en un banco en la playa de Venice, California, cuando llega una mujer mayor para alimentar a varios gatos callejeros que aparecen de pronto. En esa misma escena, Harry ve a un gato anaranjado en la playa y corre hacia él.