Gatos y Respeto

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El gato Mississippi y el poeta Joseph Brodsky

 

“…y mirando al sol con los ojos entrecerrados, una sensación me invadió de pronto: Soy un gato. Un gato que acaba de comerse un pez. Si alguien me hubiera hablado en aquel momento, habría maullado. Me sentí absoluta y ‘animalmente’ feliz”.

Así hablaba Joseph Brodsky describiendo un momento de su vida. En el ensayo “A Room and a Half” (Una habitación y media), el escritor cuenta que, de niño, disfrutaba pronunciando algunas palabras como lo haría un gato. Su padre enseguida se apuntó al juego y acabaron llamándose mutuamente “Gran gato” y “Pequeño gato”. El título del ensayo se debe a que vivía con sus padres en un auténtico palacio repartido entre varias familias donde cada persona tenía derecho a 9,5 metros cuadrados. Su “media habitación” estaba separada de la de sus padres con cortinas y estanterías llenas de libros.

Con Mississippi

Estuviera donde estuviera, tenía tendencia a buscar la compañía de gatos. Fueron sus amigos más fieles empezando por Olga, la gata blanca y negra de su infancia; Glick, el gato ruidoso y algo loco de la gran poetisa rusa Anna Ajmátova; Pas, el gato gris que su madre ganó en una partida de cartas; Patas Blancas y Sansón, cuando vivía en Leningrado; el bien llamado Big Red y, finalmente, Mississippi, su inseparable compañero en Estados Unidos.

Andrei Kjrzhanovski, el director de la película “Room and a Half” (Habitación y media), mezcla de falso documental y animación en torno a la vida de su amigo Joseph Brodsky, y también amante de los gatos, dijo: “A veces le preguntaban por qué había llamado Mississippi a su gato y solía contestar: ‘Para mí era importante que el nombre contuviera muchas eses porque en ruso el sonido de la ese se asocia a los gatos’. A menudo Brodsky firmaba con el dibujo de un gato. El realizador se refiere en varias ocasiones a Joseph Brodsky como Joseph Catman, es decir, Joseph “hombre-gato”.

Antes de esta película ya había realizado un cortometraje sobre el autor titulado “A Cat and a Half” (Un gato y medio), una combinación de animación, documental, fotografía y ficción. Tardó diez años en completar ambas.

En el largometraje, Andrei Kjrzhanovski incluso llega a decir que los primeros poemas del autor son obra de un descarado gato de animación que no para de fumar y que solo vive en la imaginación del niño Joseph. Más tarde, cuando Brodsky ya vivía exiliado en Estados Unidos, su madre Masva hablaba con un gato como si su hijo habitara en la cabeza del felino.

Joseph Brodsky (Iosif Alekzandrovich Brodsky) nació el 24 de mayo de 1940 en Leningrado, un año antes de la invasión nazi. Su madre era contable y su padre, fotógrafo para el Museo de la Marina de Leningrado. Hijo único, era el ojo derecho de ambos. Leningrado fue asediada dos años por las tropas alemanas durante la guerra, y a pesar de no tener comida, sus habitantes nunca se rindieron.

Con Osya

De la película “Habitación y media”

Dejó el instituto a los 15 años, cuando su padre perdió el puesto en el Museo, y se puso a trabajar en una fábrica, pero lo dejó a los seis meses. En los siete años siguientes trabajó en un faro, en un laboratorio de cristalografía y en una funeraria, entre otros lugares. Empezó a escribir poemas a los 17 años y no tardó en llamar la atención de Anna Ajmátova, que se convirtió en su protectora y mentora.

Estudio en la URSS

En 1964 fue condenado a cinco años de trabajos forzados en el norte de Rusia por “parásito social”. Durante los meses que duró el juicio se le internó en un hospital psiquiátrico, un periodo muy duro para él. Sin embargo, los 18 meses de condena que pasó en el pueblo de Norenskaya, a unos 550 kilómetros al norte de Leningrado, fueron maravillosos. Alquiló una casita sin calefacción ni agua, pero estaba solo. Sus amigos y su madre iban a verle, tenía una máquina de escribir y leía a su poeta favorito, W.H. Auden. A pesar de una condena de cinco años, pudo regresar mucho antes gracias a la campaña mediática que organizaron Anna Ajmátova y Jean-Paul Sartre. Su exilio tuvo el efecto opuesto al deseado por las autoridades soviéticas: era desconocido fuera de su país y regresó a Leningrado como un celebridad internacional.

Con dos amigos

Aun así, le era imposible publicar en la Unión Soviética y sobrevivía haciendo traducciones o pequeños trabajos. A principios de los setenta, los vientos políticos volvieron a cambiar de rumbo y Brézhnev aprovechó la presión de occidente para “liberar” a judíos soviéticos. Brodsky dispuso en 1972 de tres semanas para hacer las maletas e irse para siempre. Primero llegó a Viena, donde conoció por casualidad a su ídolo W.H. Auden, y acabó en Estados Unidos, primero en Nueva York y luego en Massachusetts como profesor.

 

En 1987 ganó el Premio Nobel de Literatura, lo que le permitió pasar largas temporadas en Italia, y en 1991 fue nombrado poeta laureado de Estados Unidos. Se casó con una joven universitaria de ascendencia rusa e italiana, y se mudó a Brooklyn. En 1993, su esposa dio a luz a una hija a la que llamaron Anna. El poeta falleció el 28 de enero de 1996 de un infarto a los 56 años.

De la película “Habitación y media”

Nunca regresó a Rusia, a pesar de sus muchos intentos. Aunque adoptó la nacionalidad estadounidense, jamás dejó de ser ruso y de echar de menos el país donde había nacido. Y para volver a los gatos, escribió: “Soy como un gato. Cuando algo me gusta, quiero olerlo y relamerme… Como un gato, ¿verdad? A los gatos les da exactamente igual que exista una sociedad que se llame ‘Memoria’, o un departamento de propaganda del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. También les deja en la más absoluta indiferencia quién es el presidente de Estados Unidos, incluso si hay uno. ¿Por qué sería yo peor que un gato?”

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La vida privada de una gata y Maya Deren

“The Private Life of a Cat” (La vida privada de una gata) es una película muda que incluso carece de música, una pequeña obra de arte con momentos tiernos y otros cómicos. Los protagonistas son “Él”, un gato totalmente blanco, y “Ella”, una gata atigrada que debió tener un antepasado persa. El documental dura exactamente 22 minutos en los que vemos la relación entre Él y Ella, el nacimiento de cinco gatitos (4 blancos y un atigrado) en primerísimos planos, cómo los cuida Ella y la curiosidad de Él. En un momento dado, Ella decide transportar a los gatitos desde la caja donde nacieron a una chimenea que solo sirve de decoración. Durante la mayoría del traslado, Él lo observa todo desde el sofá, intrigadísimo. Un poco después en la película, aunque debieron pasar unos días, Él enseña a los gatitos a trepar. Como siempre en cualquier camada hay uno o dos más listos que los demás. Ella contempla las lecciones de Él a una cierta distancia, casi podría decirse con satisfacción.

La película está firmada por Alexander “Sasha” Hamid, que efectivamente la rodó y se ocupó del montaje final, pero se debe sobre todo a la meticulosa planificación de Maya Deren. Se rodó en 1944 en Nueva York, en el piso donde vivían Maya y Alexander. En los 22 minutos hay poquísimos carteles, aparte del título y de “Él” y “Ella”, podemos leer “Al cabo de dos meses”, “Ella empieza a buscar un lugar para la familia”, “¡Cinco! Ahora la familia necesita comida y descanso”, al que sigue “Al cabo de dos semanas” y finalmente “Un sitio mejor para aprender a andar”. Este es el enlace a la película:  https://www.youtube.com/watch?v=jWQ6Eq_QUfM

Maya Deren, de verdadero nombre Eleanora Derenkowsky, nació en Kiev, Ucrania, el 29 de abril de 1917, hija única de Marie Fiedler y Solomon David Derenkowsky. La familia emigró a Estados Unidos en 1922, y al poco de llegar, el padre acortó el apellido a Deren.

Maya Deren en Siracusa, Nueva York (1926)

Después de estudiar en la Universidad de Siracusa para convalidar su título de psiquiatra, empezó a trabajar en el State Institute for the Feeble-Minded (Instituto Estatal para Débiles Mentales) de Siracusa, estado de Nueva York. Incluimos una foto de Maya a los 9 años con un gato en brazos.

La familia obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1928. Sus padres la mandaron a Ginebra a estudiar en la Escuela Internacional de la Liga de Naciones entre 1930 y 1933. Al regresar a Siracusa, se matriculó en Periodismo y Ciencias Políticas en la universidad, donde conoció a Gregory Bardacke, su primer marido. Se mudaron a Nueva York en 1935 y ambos se involucraron muy activamente en el movimiento socialista. Se divorciaron en 1937 mientras ella realizaba estudios de posgrado.

En 1940 empezó a trabajar como secretaria de la coreógrafa Katherine Dunham, con la que realizó una gira por todo el país. Posteriormente, en 1942, publicó un artículo titulado “La posesión religiosa en la danza” para la revista Educational Dance. Ese mismo año se trasladó a Los Ángeles con su madre. Allí conoció al fotógrafo y director de fotografía Alexander Hackenschmied (conocido en Estados Unidos como Sasha Hammid), que había huido de Checoslovaquia después de la invasión nazi y con quien se casó unos meses después.

Sasha Hammid

Maya Deren siempre quiso escribir y publicaba poemas, ensayos y artículos regularmente. Gracias a su marido descubrió el mundo del cine y no tardó en convertirse en una cineasta vanguardista. Juntos rodaron la experimental “Meshes of the Afternoon”, una película plagada de simbolismos que juega con el presente y el pasado, el espacio, la realidad y la fantasía mientras interpreta un sueño aterrador.

Maya y Sasha

La pareja regresó a Nueva York y Maya siguió experimentando con la imagen. Se la considera una de las personas que más contribuyó al movimiento de cine underground de posguerra. Ante la falta de canales de distribución para sus películas experimentales, decidió alquilar la Provincetown Playhouse, en Greenwich Village, donde proyectó tres de sus películas con un éxito absoluto y llenos totales. Esto la llevó a fundar una empresa de distribución, así como la Creative Film Foundation con el fin de recaudar fondos para cineastas experimentales. En la misma época que rodó la película sobre sus dos gatos, su círculo de amigos incluía a artistas tan influyentes como Marcel Duchamp, André Breton, John Cage y Anaïs Nin.

Maya y Sasha se divorciaron en septiembre de 1947, año en que ella obtuvo una beca Guggenheim para rodar danzas haitianas in situ, algo bastante criticado en su entorno por abandonar el cine de vanguardia y pasarse al documental. Durante los nueve meses de su primera estancia en Haití, se sumergió en los ritmos y rituales del vudú. Regresó en otras tres ocasiones y en total rodó unos seis mil metros de película, pero nunca llegó a montarlos. Escribió un libro sobre sus experiencias en la isla, “Divine Horsemen: The Living Gods of Haiti” (Jinetes divinos: Los dioses vivos de Haití), publicado por Vanguard Press en 1953, considerado uno de los mejores documentos antropológicos sobre este tema.

Rodó once películas experimentales, todas en 16 mm, y solía decir que “ruedo una película con lo que Hollywood se gasta en carmín”. Nunca perdía la ocasión de atacar el monopolio artístico, político y económico que las grandes productoras ejercían sobre el cine.

Teiji Ito y Maya Deren

En 1985, el compositor Teiji Ito, que fue su tercer marido, montó un documental póstumo de 52 minutos con el mismo título que el libro, escogiendo imágenes entre los miles de metros rodados por Maya en Haití.

Maya falleció en 1961, a los 44 años, de un derrame cerebral debido a una malnutrición extrema causada en parte por una larga dependencia a anfetaminas y somníferos recetados por el Dr. Max Jacobson, un médico conocido entre los artistas neoyorquinos que posteriormente fue uno de los doctores del presidente Kennedy.


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Los gatos de “L’Atalante”

“L’Atalante” es el único largometraje de Jean Vigo, un realizador francés nacido en París el 26 de abril de 1905 y fallecido el 5 de octubre de 1935, cuyo nombre completo era Jean Bonaventure de Vigo Almereyda, hijo del periodista, anarquista y pacifista Miguel de Almereyda.

Cartel de la película

 

El actor Michel Simon en su casa con sus gatos

Antes de dirigir “L’Atalante”, que sería su última película, había realizado dos cortometrajes documentales, “A propósito de Niza” y “Taris”, así como el famoso corto de ficción “Cero en conducta”, cuya exhibición fue prohibida en Francia por considerarse inmoral. Sin embargo, solo describe la vida en un internado y las duras condiciones a las que están sometidos los alumnos. El productor Jacques-Louis Nounez estaba interesado en rodar un largometraje con Vigo, y después de barajar varias posibilidades, en julio de 1933 le entregó un guion acerca de una gabarra y de las personas que vivían en ella.

En la cama de Juliette

 

Foto de Roger Parry

 

Jean Vigo

El guion no entusiasmó al realizador, pero aceptó hacer la película siempre y cuando pudiera cambiar algunas cosas. Uno de esos cambios fue sustituir el perro del viejo Jules, el segundo de a bordo, por diez gatos callejeros que fue a buscar personalmente a la Sociedad para la Prevención de la Crueldad a Animales. Su padre era un gran amante de los gatos y Jean siempre había vivido en casas llenas de gatos callejeros. Entre las numerosas anécdotas del rodaje, se cuenta que en las escenas en que Jules ponía en marcha el gramófono, los gatos acudían corriendo y rodeaban el aparato. El cineasta aprovechaba para filmarlos escuchando música o incluso durmiendo en la bocina. Se sabe que Michel Simon, que interpretaba a Jules, adoptó al gatito que se ve dentro de la bocina del gramófono.

Jean Vigo

 

Jules y el gatito

 

Juliette, Jules y Jean

La película cuenta la historia de Jean, interpretado por Jean Dasté, el capitán de la barcaza “L’Atalante”, y de su joven esposa Juliette (Dita Parlo), así como de Jules, el segundo de a bordo, y del grumete (Louis Lefebvre). Después de casarse en el pueblo de Juliette, todos van hacia París en la gabarra para entregar un cargamento, pero Jean es un hombre celoso. Un día ve a Juliette charlando con Jules en su cabina y se enfurece. Le promete a Juliette enseñarle la vida nocturna de París, pero en un baile, un vendedor coquetea con ella y Jean vuelve a perder los estribos. Al día siguiente, Juliette decide visitar la ciudad sola. Cuando Jean se entera, ordena largar amarras y abandona a su mujer. Esta regresa, descubre que la barcaza ya no está y se dirige a la estación a comprar un billete de tren para regresar a su pueblo, pero le roban la cartera. Se ve obligada a encontrar trabajo para sobrevivir. Jean se arrepiente de lo que ha hecho y empieza a deprimirse. Jules decide ir a París a buscar a Juliette, la encuentra y regresan a la gabarra, donde la joven pareja se funde en un abrazo apasionado.

Cualquiera que trabaja en un plató siempre dice que lo peor es rodar con animales y niños. Los animales no interpretan, sencillamente son. Es más fácil trabajar con perros, caballos, loros, pero los gatos siempre son complicados. Tienen tendencia a ignorar a la cámara. En esta película, diez gatos se paseaban libremente por la barcaza, apareciendo y desapareciendo en las escenas con total naturalidad; hay pocos planos en la gabarra donde no aparece uno o varios de los gatos de Jules, al que suelen seguir a todas partes. Al principio de la película, Jules y su ayudante intentan arreglar la barcaza para recibir a la nueva esposa de Jean. Jules recoge a un gatito y se lo coloca en los hombros como si fuera lo más normal del mundo; el pobre gatito se agarra como puede y resiste a la fuerza de la gravedad durante toda la escena. En otro momento, cuando Jean está a punto de besar a su esposa en el camarote, tres gatos aparecen de golpe y saltan encima de ellos; obviamente, ningún gato que se respete haría algo semejante, por lo que una o varias personas debieron lanzarlos en el momento oportuno.

Los gatos y el gramófono

Muchos críticos de cine consideran “L’Atalante” como una de las grandes películas de la historia, pero casi ninguno se fija en los gatos, que sin embargo son parte íntegra de las escenas. Sin ellos, “L’Atalante” no sería la misma.

El rodaje duró cuatro meses, más de lo que la Gaumont había calculado, y al pasarse de presupuesto, Jean Vigo tuvo que recurrir a la imaginación para poder acabarla. Se empezó a filmar en noviembre, hacía frío y había mucha humedad. El realizador, cuya salud nunca había sido buena después de que su padre muriera en la cárcel, enfermó y no pudo supervisar el montaje personalmente. La película se estrenó el 25 de abril de 1934 y pocos la defendieron. La Gaumont se apropió de ella, la redujo a 65 minutos y le cambió el título a “La barcaza que pasa”. Jean Vigo murió unos meses después, en octubre, sin saber que no solo esta película, sino también “Cero en conducta” se convertirían en clásicos ineludibles admirados por la crítica y el público.

Los gatos de L’Atalante, presentada en el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) 2013

François Truffaut dijo: “Tuve la suerte de descubrir las películas de Jean Vigo una tarde de sábado de 1946 en el cine Sèvres-Pathé, gracias al cineclub que dirigía André Bazin y otros colaboradores de La Revue du Cinéma. No había oído hablar de Jean Vigo, pero me inundó una admiración sin límites por una obra que no llega a los 200 minutos de proyección”.

Viennale 2013

En el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) de 2013 se presentó “Les chats de L’Atalante” (Los gatos de L’Atalante), de Karl Heil, un documental compuesto por 140 dibujos basados en las escenas en que aparecen gatos en la película, todos ellos realizados por Harald V. Uccello. La voz en off es del actor Anton von Lucke y el músico Tobias Giezendanner se ocupó de los arreglos de la música original de Maurice Jaubert y de tocar el bandoneón para la banda sonora.

 


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Los gatos de “El amante doble”

Danton, Chloé y Louis

Acaba de estrenarse en España la última película del conocido realizador francés François Ozon, “El amante doble”, un thriller con un final de lo más inesperado, protagonizado por Marine Vacth y Jérémie Renier, este último en un doble papel, tal como deja entrever el título. El peso de la historia, además de recaer en actores de dos patas, también depende de dos espléndidos gatos llamados Milo y Danton en la ficción, y un tercero, disecado, llamado Luigi.

Chloé, Luigi y la vecina Rose

 

Chloé, Rose y Milo

Chloé, la protagonista, tiene un gato llamado Milo, un inteligente cartujo al que adora. Se enamora de Paul, que no siente una gran simpatía por Milo. Deciden vivir juntos y Chloé descubre que su nueva vecina, Rose, una mujer mayor algo extraña a la que da vida la magnífica actriz Myriam Boyer, adora a los gatos. Decide dejarle a Milo momentáneamente, convencida de que le cuidará bien. Rose tuvo un gato llamado Luigi que murió hace dos años, lo hizo disecar y ocupa un lugar de honor en la habitación vacía de su hija. El tercer gato, Danton, pertenece a Louis, y es un magnífico gato calicó. No nos hemos equivocado, es carey y macho, producto de una anomalía genética. Y esa anomalía genética es la clave de la película, pero no diremos nada más para no revelar el desenlace del thriller.

La vecina Rose y Luigi

 

Milo y Chloé

 

Milo y Chloé

Añadiremos que el director nos confió que para hacer el papel de Milo usaron a dos gatos idénticos; uno era perfecto para las escenas en que debía moverse y saltar, mientras que el otro no tenía problemas para quedarse en brazos de la protagonista. La gata – sí, en realidad es una gata carey – que interpreta a Danton está acostumbrada a participar en concursos felinos y, al parecer, tiene la capacidad de permanecer quieta en el mismo sitio sin inmutarse, pase lo que pase. Pero, por lo que nos contó François Ozon, hizo una excepción en este rodaje. En una escena clave, de gran tensión, el realizador no entendió por qué sus dos protagonistas empezaron a reírse a carcajadas hasta que Marine Vacth le señaló a la gata. Esta, probablemente harta de esperar en la misma posición encima de la perfecta chimenea de diseño, estaba defecando con total impasibilidad.

Milo y Paul

Pero volvamos a la anomalía genética que hemos mencionado antes. Todos los amantes de los gatos sabemos que los carey o calicó son hembras o, al menos, eso creemos. Pero aproximadamente uno de cada 3.000 es macho, y de estos, solo uno de cada diez mil es fértil. Los calicó casi siempre son hembras porque el cromosoma X contiene el locus del gen para el color naranja. En ausencia de otras influencias, como la inhibición de color que produce el pelo blanco, los alelos presentes en los locus naranjas determinan si el pelo es naranja o no. Las gatas hembras, como cualquier mamífero hembra, tienen dos cromosomas XX. Al contrario, los mamíferos machos tienen un cromosoma X y uno Y. Ya que el cromosoma Y no contiene el locus del gen naranja, no es posible que un macho tenga los dos genes (naranja y no-naranja) para ser carey.

Gato carey

Sin embargo, puede ocurrir que la célula sufra una división defectuosa y deje un cromosoma X extra en los gametos que producen al gato macho. Esto se reproducirá en cada célula y el animal tendrá tres cromosomas  XXY, el llamado síndrome de Kliefelter (una condición que también puede aparecer en el ser humano). Si es así, el gato será macho con un pelaje carey o calicó.

Main Coon tricolor

Hay casos aún más excepcionales llamados “quimeras”. Son individuos producto de la fusión de dos óvulos distintos fertilizados a la vez. Si estos dos óvulos, tanto si ambos son masculinos (XY-XY) o uno femenino y otro masculino (XX-XY), se unen, el gato puede acabar teniendo el fenotipo de un macho tricolor.

Gata calicó de “doble cara”

Añadiremos que el pelaje calicó y carey se debe a una mutación del cromosoma X. Es totalmente imposible cruzar gatos con la esperanza de conseguir gatos calicó; incluso si se clonasen, nada garantiza que los gatitos fueran tricolor. Por eso, cuando el 8 de octubre de 2016, la protectora californiana The Cat House on the Kings (https://gatosyrespeto.org/2015/01/08/santuario-felino-en-fresno-california/) se hizo cargo de una camada compuesta por cinco gatitos tricolor ya les pareció algo poco común. Pero que, además, dos de estos gatitos fueran machos, es algo que va en contra de todas las probabilidades.

Uno de los gatitos machos

En mayo de 2013, Richard Smith y su novia llevaron a su gato Jake al veterinario para vacunarle. Al enterarse del nombre del gato, el veterinario les dijo que era una hembra, no un macho. Richard y su novia insistieron en que era un gato. Después de un breve examen, el veterinario no tuvo más remedio que rendirse ante la evidencia. Estaba delante del primer gato calicó macho que había visto en todos sus años de práctica. Richard Smith no tenía la menor idea de que Jake fuera un gato tan especial.

Jake

Sean hembras o machos, muchas culturas creen que los gatos tricolor traen buena suerte. En Estados Unidos, a veces se les llama “gatos del dinero” y el animal emblemático del estado de Maryland es una gata tricolor. Originalmente, el famoso maneki-neko japonés era calicó.


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Kedi, los gatos de Estambul

En 2016 se realizó un documental de 80 minutos de duración en torno a los gatos de Estambul titulado “Kedi”, que significa “gato” en turco. Como era de esperar, fue invitado a participar en el Festival de Cine de Estambul en febrero de 2016, y desde entonces hasta el 21 de julio pasado ha participado en 18 festivales internacionales en Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda, el Lejano Oriente y Europa. Ha sido estrenado con éxito en Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega, Suecia, Polonia, Alemania, España y Taiwán, lo que no está nada mal para un documental.

Para empezar, traduciremos la sinopsis: “Miles de gatos recorren libremente las calles de Estambul, y llevan cientos de años entrando y saliendo de la vida de sus habitantes, siendo parte íntegra de las diferentes comunidades que enriquecen la ciudad. La gran mayoría no tiene dueño y vive entre dos mundos, el doméstico y el salvaje, pero aporta alegría y una razón de ser a las personas a las que deciden adoptar. En Estambul, los gatos son el espejo de los habitantes, y les permiten reflexionar acerca de sus vidas mejor que cualquier otra cosa”. Incluimos un enlace al tráiler (en inglés) https://www.youtube.com/watch?v=lKq7UqplcL8

La directora, Ceyda Torun, explica su atracción por los gatos: “Viví en Estambul hasta los once años y estoy convencida de que mi infancia habría sido mucho más solitaria de no ser por los gatos. Yo no sería la misma ahora. Siempre que he vuelto a la ciudad, ha cambiado y me cuesta reconocerla, pero no ocurre lo mismo con los gatos, son el único elemento constante, un sinónimo de Estambul, y han acabado por encarnar su alma. Esta película, en muchos aspectos, es una carta de amor a los gatos y a la ciudad, que ahora deben enfrentarse a cambios impredecibles”.

Ceyda Torun

Los habitantes de Estambul cohabitan sin problemas con la multitud de gatos que recorren sus calles y cuidan de ellos sin entrometerse en su vida. La directora y el director de fotografía, Charlie Wuppermann, se desplazaron a Estambul para preparar el rodaje y descubrieron que en muchas ocasiones, los vecinos sabían perfectamente quién era el “rey” del barrio, qué gata era la madre de tal o tal gatito, qué gato roba aunque tenga comida, qué diferencia a uno del otro… Existe una auténtica convivencia.

Para acercarse lo más posible a los gatos, los dos cineastas diseñaron diversas “cámaras gato” (por ejemplo, una montada en un coche de juguete) para conseguir el punto de vista del felino; siguieron a los gatos por callejones y sótanos; usaron drones para rodarlos en los tejados, e hicieron prueba de mucha paciencia hasta obtener tomas naturales del día a día de estos habitantes de Estambul. Después de un rodaje de dos meses, la realizadora empezó a montar el documental con Mo Stoebe.

Una de las personas que sale en la película es Bulent Ustun, el creador del cómic “Kotu Kedi Serafettin” (Bad Cat), que se hizo famoso a finales de los noventa.

Bulent Ustun y Bad Cat

En 2009, “Bad Cat” fue el héroe de una película de dibujos animados y se rumorea que quizá sea el protagonista de un musical.

Estos son algunos comentarios que hacen en la película los habitantes de Estambul hablando de los gatos:

“Un gato maullando a tus pies, mirándote, la vida te sonríe. Son momentos que nos recuerdan que estamos vivos”.

“El amor de un animal es otro tipo de amor. Las personas que no aman a los animales no saben amar a la gente. Al menos, eso lo sé”.

“Preocuparse por los animales en la calle y preocuparse por la gente tiene mucho que ver. En mi opinión, los problemas a los que se enfrentan los gatos callejeros no son muy diferentes de nuestros problemas”.

Ahora nos gustaría presentarles a los siete grandes protagonistas del documental:

SARI (La ladrona) vive en los alrededores de la Torre Gálata. Lo tiene muy claro, hay que beber y comer. Pide, roba, rebusca. Los dueños de los cafés la echan, pero tiene una aliada: la propietaria de una tienda le da comida para que se la lleve a sus gatitos

Sari

BENGU (La amante) es amada por muchos. Vive en una zona industrial, rodeada de cadenas y piezas metálicas. Es muy amable y se ha ganado el afecto de todos los trabajadores.

Bengu

ASLAN PARÇASI (El cazador) se ha establecido en un famoso restaurante de pescado a las orillas del Bósforo. El Pequeño León, como le llaman, es el guardián del establecimiento, y desde su llegada no se ha vuelto a ver un solo ratón.

Aslan Parçasi

PSIKOPAT (La loca) vive en Samatyam, uno de los barrios más antiguos de la ciudad, y suele aparecer en un salón de té detrás de una vieja iglesia. Se ha ganado el respeto de todos, incluso de los perros sin dueño. No le tiene miedo a nada ni a nadie.

Psikopat

DENIZ (El juguetón) tardó mucho en confiar en los seres humanos, pero ahora recupera el tiempo perdido exigiendo caricias de los vendedores del mercado de productos orgánicos. Se mete con los otros gatos, se cuela en los puestos, duerme en las cajas de té…

Deniz

GAMSIZ (El sociable) vive en Cihangir, el barrio de los artistas. Conoce a todo el mundo y sabe perfectamente dónde dirigirse para comer. Es un excelente trepador y todavía no ha nacido el humano al que no pueda conquistar.

Gamsiz

DUMAN (El caballero) vive en uno de los mejores barrios de Estambul y se ha hecho amigo de los dueños de una tienda y restaurante donde se sirven exquisiteces. Sabe que no puede entrar, pero espera a que alguien le traiga un plato con quesos de importación y carnes ahumadas. Si tardan demasiado, llama al escaparate.

Duman


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Muchos gatos y Agnès Varda

Agnes Varda y Zgougou de mayor

Los gatos de Agnès Varda son muchos y de todo tipo. Sabemos que Zgougou ocupó un lugar importante en su vida, pero se cruzó con muchos más. Por ejemplo, en su primera película, rodada en 1954, “La Pointe courte”, los gatos entran y salen de los planos, van y vienen a su antojo durante la filmación en el pequeño pueblo no lejos de Sète, en el mediterráneo francés, donde había vivido de adolescente.

Quizá con uno de los gatos de “La Pointe courte”

Nada parecía inclinar a Agnès Varda hacia el cine, pero algo la empujó a rodar “La Pointe courte” con poquísimo dinero, seis millones y medio de la época, o sea 65.000 francos nuevos a partir de 1958 y en euros algo menos de diez mil, cuando una película media en Francia costaba diez veces más.

Pero como dijo la propia Agnès Varda: “Teníamos diez veces menos dinero, pero diez veces más descaro”. Era su primera película, tenía 25 años y no estaba muy segura de sí misma: “Lo había previsto todo, imaginado cada plano, preparado todo con dibujos y fotografías. Los habitantes del pueblo estaban encantados y nos prestaron sus barcas, sus herramientas, a sus hijos y a sus gatos”. Efectivamente, los gatos hicieron de figurantes para la película, como lo demuestran los cuatro fotogramas que incluimos aquí. Casi nos atreveríamos a decir que la fotografía en la que se ve a la realizadora en primer plano y a un gato negro sentado al lado de una escalera corresponde a ese rodaje. Y antes de pasar a otros gatos, mencionaremos que el montador de la película fue Alain Resnais, que pasó meses ante la moviola sin cobrar.

Agnès Varda y Guillaume en Egipto

En 2007, cuando estaba a punto de cumplir 80 años, rodó “Les plages d’Agnès”, un documental autobiográfico en el que escogió como entrevistador a Guillaume-en-Egypte (Guillermo en Egipto), el avatar de su gran amigo Chris Marker (https://gatosyrespeto.org/2014/09/01/guillaume-y-m-chat-los-gatos-de-chris-marker/).

“Las playas de Agnès”

En una entrevista realizada en el Festival de Cine Internacional de Toronto, la realizadora dijo: “Le pedí permiso para que su gato me apoyara y me entrevistara. Aún no ha visto la película, pero casi cada día me manda dibujos de Guillaume por correo electrónico. Es una forma de que Chris esté en la película a través de Guillermo en Egipto”.

Agnès Varda fundó la productora Tamaris Films en 1954 para producir su primera película; la compañía se convirtió en Ciné-Tamaris en 1975 y sigue llamándose así hoy en día. Si teclean el nombre en Internet, descubrirán que el fondo de la página está compuesto por estrellas y el dibujo de un gato atigrado.

Logo de la productora Ciné-Tamaris

Además, como puede verse aquí, el logo de la empresa es un gato. Los títulos de crédito de un documental de Agnès Varda, “Los espigadores y la espigadora”, de 2000, empiezan con la foto de este mismo gato atigrado apoyando las dos patas delanteras en un cartel que reza “Ciné-Tamaris presenta”.

En la exposición “La gran orquesta de los animales”, organizada por la Fundación Cartier en 2006, Agnès Varda realizó “la instalación más modesta de todas” – dicho por ella – titulada “La tumba de Zgougou”.

Agnès Varda y Zgougou

Consistía en la proyección de un corto (ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Di-ydd09qH4&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq-&index=2) en una cabaña al fondo del jardín de la Fundación donde se ve cómo se edificó con conchas de colores la sepultura de la gata de la familia Demy-Varda en la isla de Noirmoutier, donde la realizadora tiene una pequeña casa. La gata atigrada, de nombre Zgougou (que significa “piñón” en árabe tunecino), murió en 2005.

Jacques Demy sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

 

Jean Marais sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

La montadora Sabine Mamou se la había regalado a Jacques Demy, el realizador de “Los paraguas de Cherburgo” y marido de Varda. Se conocieron en 1958 en el Festival de Cine de Tours; tuvieron un hijo, Mathieu, y él adoptó a Rosalie, la hija de Agnès. Jacques falleció en 1990 a los 59 años. Entre 1991 y 1995, Agnès le dedicó una película, “Jacquot de Nantes” y dos documentales, “Les demoiselles ont eu 25 ans” (Las señoritas han cumplido 25 años) y “L’Univers de Jacques Demy” (El universo de Jacques Demy). También realizó un corto muy corto de dos minutos titulado “Hommage à Zgougou (et salut à Sabine Mamou), que pueden ver en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=2cggCfxMEMQ&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq- El vídeo está subtitulado, aunque con errores de traducción, pero mejor eso que nada. En este pequeño cortometraje, la realizadora menciona al gato gigante que Jacques Remy hizo construir para “Piel de asno”, rodada en 1970.

Nacida el 30 de mayo de 1928 en Bruselas y considerada la madre de la Nouvelle Vague, Agnès Varda dijo en una ocasión: “Ya me llamaban la madre de la Nouvelle Vague cuando tenía 30 años”. Fue la fotógrafa oficial del TNP (Teatro Nacional Popular) de Jean Vilar durante una década. Siempre ha reconocido no haber tenido ninguna formación cinematográfica y haber visto muy pocas películas antes de rodar “La Pointe courte”. No se ha dedicado únicamente al largometraje de ficción, su filmografía incluye numerosos cortometrajes y documentales. Entendió muy pronto que la independencia artística dependía de la autonomía financiera.

Fue una de las 343 mujeres que firmaron “El manifiesto de 343” el 5 de abril de 1971 en el que admitían públicamente haber abortado, exponiéndose a ser perseguidas y encarceladas porque entonces esta práctica era ilegal en Francia.

Obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia en 1985 por “Sin techo ni ley” y el César a la Mejor Película Documental por “Les plages d’Agnès” (Las playas de Agnès), además del César Honorífico (2001) y la Palma de Oro Honorífica (2015). Acaba de terminar el rodaje del largometraje documental “Villages, Villages”.

 

 


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El gato Orangey, un premiado actor

Rhubarb – Orangey, el director Arthur Lubin, y sus compañeros de reparto Jan Sterling y Ray Milland

Orangey saltó a la fama en 1951 cuando fue el primer gato en protagonizar una película, concretamente “Rhubard”, dirigida por Arthur Lubin, con Ray Milland, Jan Sterling y Gene Lockhart. El largometraje cuenta la historia de Rhubarb, un gato callejero atigrado de color naranja con mucho carácter al que adopta un millonario dueño de un club de béisbol profesional. Al fallecer, deja todo su dinero y el club al felino.

Gracias al éxito que obtuvo en su primera aparición en la gran pantalla, trabajó en numerosas películas, como la famosa “Desayuno con diamantes” (1961), de Blake Edwards, con Audrey Hepburn y George Peppard, donde interpretó al gato que recoge Holly Golightly. Comparten techo durante un tiempo, pero Holly nunca le da un nombre: “A pesar de ser algo incómodo, no tengo derecho a nombrarle hasta que pertenezca a alguien”.

La actriz dijo una vez que lo peor que jamás había tenido que hacer en una película era echar a Gato del taxi bajo la lluvia: “Fue lo más desagradable que jamás hice como actriz en una película”. No podemos afirmarlo, pero creemos que le gustaban los gatos.

Orangey tuvo el papel de Neutrón en “Regreso a la Tierra” (1955), de Joseph M.  Newman, una película de ciencia-ficción, como puede deducirse por el título. A continuación le vimos en “El increíble hombre menguante” (1957), de Jack Arnold, en la que interpretaba a Butch, el gato de la familia que amenaza al muy menguado protagonista.

Regreso a la Tierra

 

El increíble hombre menguante

Entre 1952 y 1956 interpretó a la gata Minerva en la serie “Our Miss Brooks”, protagonizada por Eve Arden en el papel de una maestra soltera con una gata. A principios de los sesenta apareció en uno de los episodios de “El Show de Dick Van Dyke”, concretamente en “¿Dónde has estado, Fassbinder”, como Mr. Henderson. También fue uno de los animales de Elly en la famosa serie “Los nuevos ricos” (1962) y participó en algunos episodios de “Mi marciano favorito” (1963).

El show de Dick Van Dyke

 

Gigot

Trabajó en otras tres películas, “Gigot” (1962), con el genial Jackie Gleason; “La comedia de los terrores” (1964), de Jacques Tourneur, con Vincent Price y Peter Lorre, en el papel de Cleopatra, y finalmente “El pueblo de los gigantes” (1965), una película malísima donde interpretó a un gato gigante.

Los nuevos ricos

 

Mi marciano favorito

En total, catorce años de estrellato. No está nada mal. Orangey pertenecía al conocido domador de animales Frank Inn y fue su primera gran estrella. La segunda fue Higgins, un perro callejero rescatado de la perrera que tuvo un papel protagonista en la serie “Expreso a Petticoat” (1963), y en los largometrajes “Mooch Goes to Hollywood” (1971) y “Benji” (1974). Adoraba a los animales y no soportaba que las perreras sacrificaran animales sanos, por lo que los adoptaba. Si tenían aptitudes interpretativas, se los quedaba; si no, se los regalaba a amigos. Parece ser que en una época llegó a tener hasta mil animales y a gastar unos 400 dólares diarios en alimentarlos.

La comedia de los terrores

 

Our Miss Brooks

Pero volvamos a Orangey, ganador de dos premios Patsy, el equivalente del Oscar para animales, por “Rhubarb” y “Desayuno con diamantes”, las dos grandes películas de su carrera. Sin embargo, se rumorea que Orangey siempre tuvo dobles, aunque Frank Inn jamás quiso reconocerlo. Los gatos no se dejan amaestrar con tanta facilidad como los perros; tampoco imaginamos a un gato dispuesto a repetir la misma toma doce veces… Las malas lenguas dicen que para “Rhubard”, Frank Inn llegó a usar hasta 36 gatos anaranjados diferentes y doce para “Desayuno con diamantes”. Orangey existió, de eso no cabe duda, pero es muy posible que no fuera uno solo. Catorce años bajo los focos son muchos años para un gato; catorce años aguantando el ajetreo que supone un rodaje, las carreras, el ruido y los gritos hasta el famoso “¡Silencio, se rueda!”

Rhubarb

Orangey tenía, además, la reputación de ser un gato difícil. Según dicen, se comportaba modélicamente durante el rodaje, pero en cuanto oía “¡Corten”, podía arañar o morder a su coprotagonista, algo de lo que dudamos. Ningún estudio permitiría que un gato arañase o mordiese a una estrella del calibre de Audrey Hepburn, por ejemplo. Tristemente, cabe la posibilidad de que todos los Orangey estuvieran desungulados, una operación que por fin se ha prohibido en España.

Un ejecutivo de Paramount Studios describió a Orangey como “el gato más malvado del mundo”. Cuentan que aguantaba pacientemente mientras se rodaba, pero que entre toma y toma aprovechaba cualquier despiste para escaparse con la consecuente pérdida de tiempo mientras se le buscaba. Incluso dicen que Frank Inn apostaba perros en las salidas para impedirle que desapareciera. También dudamos que esto ocurriera a menudo; una o dos veces quizá… Pero Orangey era una estrella, y ya se sabe, todas las estrellas se rodean de una leyenda.

El pueblo de los gigantes

Dedicamos esta entrada a todos los gatos que han trabajando y siguen trabajando en el cine para entretenernos. Las leyes de protección animal han mejorado; ahora, al final de todas las películas con animales aparece un cartel garantizando que ninguno ha sido maltratado ni ha sufrido durante el rodaje. Pero basta con pensar en las horas que pasan metidos en un transportín – nos referimos a gatos -, al calor de los focos y a todo lo que supone un rodaje para echarse a temblar.