Gatos y Respeto

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Los gatos “marginales” del pintor Morris Hirshfield

Gata y gatitos en el prado

El término “arte marginal” (Outsider Art) apareció en 1972, acuñado por el crítico británico Roger Cardinal en un intento de trasladar al inglés el concepto de “Art brut”, inventado por el pintor Jean Dubuffet para describir el arte que no tenía cabida en la oficialidad, pero referido sobre todo a obras hechas por pacientes en psiquiátricos o por puro automatismo, sin haber sido pensado con antelación. Sin embargo, el “outsider art” es más general e incluye a artistas autodidactas, naifs e incluso a falsos naifs.

Gatos en la nieve

Numerosos artistas considerados “marginales” u “outsiders” se sintieron atraídos por los animales, los gatos entre ellos, como ocurrió con el estadounidense Morris Hirshfield. Nacido el 10 de abril de 1872, en la entonces Polonia rusa cerca de la frontera alemana, exactamente cien años antes de que naciera el término “outsider art”, está considerado uno de los mejores, quizá el mejor, de todos los naifs norteamericanos.

Desnudo con tres gatitos

Emigró a Estados Unidos en 1890, a la edad de 18 años. Empezó a trabajar en la industria textil y acabó siendo un exitoso fabricante de zapatos femeninos en Brooklyn. Por problemas de salud, no le quedó más remedio que dejar el negocio en 1935, a los 63 años, y como le sobraba tiempo empezó a pintar. Tardó dos años en acabar su primer cuadro, un gato blanco en una butaca, porque según él, sus manos se negaban a obedecer las órdenes del cerebro: “Mi mente tenía muy claro lo que yo quería representar, pero mis manos no eran capaces de reproducir lo que veía mi mente”.

Gato en butaca (1937)

Totalmente autodidacta, pintó felinos y otros animales, mujeres, niños y edificios. A pesar del cuadro “El artista y la modelo”, no usaba modelos, y si no trabajaba de memoria, se dejaba guiar por la imaginación, aunque a veces se basaba en una postal o una imagen impresa.

Familia de leopardos (boceto)

Se esforzaba en representar con precisión lo que pintaba, sin obviar ningún detalle, por lo que su trabajo era lento y meticuloso. Solo creó setenta y siete obras en los nueve años que se dedicó a la pintura. A pesar de la vitalidad que desprenden sus obras, no fueron bien recibidas por el público. En 1939, el coleccionista y galerista Sidney Janis incluyó dos cuadros de Hirshfield en la exposición “Americanos desconocidos” en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, pero la reacción de los visitantes fue bastante negativa y algunos le ridiculizaron llamándole “El maestro de los dos pies izquierdos”.

Familia de leopardos

Esto no le impidió seguir pintando durante los siguientes tres años. Al igual que les pasó a André Breton, Marcel Ducamp y Piet Mondrian, sus obras fascinaron a la millonaria coleccionista Peggy Gugenheim. En 1941, el MoMA compró los dos cuadros que había expuesto dos años antes. Este museo le consagró una retrospectiva en 1943 que volvió a generar un encendido debate entre los críticos debido a un concepto totalmente alejado de la pintura “habitual”. Pero los coleccionistas ya compraban sus obras, y dos galerías, la Julien Levy de Nueva York y la Vigeveno de Los Ángeles, le dedicaron sendas exposiciones en 1945, un año antes de su fallecimiento el 28 de julio.

Gata y dos gatitos

No solemos incluir otros felinos que no sean gatos en este blog, pero nos ha parecido bien hacer una excepción, en primer lugar porque varios de los gatos pintados por Morris Hirshfield parecen leones en miniatura, como en “Mujer con gato angora” o incluso en “Gata con tres gatitos”.

Mujer con gato angora

Gata con tres gatitos

Y también porque los cuadros “León” y “Tigre” son absolutamente irresistibles. El león de pies diminutos parece llevar un maravilloso y rico chal para protegerse de un gélido invierno, y solo sus bigotes se atreven a asomarse, con el consiguiente riesgo de congelación. El tigre, de aspecto más fiero que el león, es descaradamente panzudo, y está muy alejado de la idea de agilidad y velocidad con que solemos asociarlo.

León (1939)

Tigre (1944)

Todos los felinos que hemos reunido, incluso el del cuadro en la pared de “El artista y la modelo”, muestran importantes bigotes, excepto uno: el primer gato que pintó. Más que bigotes de gato parecen bigotes humanos al no sobrepasar la boca.

El artista y la modelo (1945)

El artista siempre dijo que su intención era hacer cuadros realistas, pero todos sin excepción escapan hacia el mundo de la imaginación y de los sueños, lo que le valió el mote de “Henri Rousseau americano”.

Morris Hirshfield

En 1951, la entonces famosa galería Maeght de París le dedicó una importante retrospectiva muy aplaudida por toda la crítica francesa. La invitación decía así: “Del 10 de enero al 12 de febrero de 1951, la Galería Maeght, de París, presenta en colaboración con la galería Sidney Janis, de Nueva York, treinta cuadros de Hirshfield (1872-1946), el más notable “naif” de Estados Unidos, a quien la crítica casi iguala al Aduanero Rousseau”.

Detalle de la invitación Galería Maeght (1951)

Texto de la invitación

Afortunadamente, las dos obras que compró el MoMA en 1941 (“León” y “Joven con espejo”) no han sido relegadas a los fondos del museo, y están colgadas en una de las galerías al lado de una foto del artista, con una pequeña explicación de quién fue este hombre cuya inspiración llegó tarde, solo cuando dejó de fabricar elegantes zapatos de mujer para dedicarse a pintar cuadros únicos.

Cartel de la Galería Maeght


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El gato negro, de Edgar Allan Poe

Dibujo de Aubrey Beardsley

Edgar Allan Poe nació en Boston el 19 de enero de 1809, hizo doscientos diez años la semana pasada. Ninguno de sus numerosos biógrafos menciona que tuviera un gato, aunque no sería de extrañar que en los doce años que vivió con su amada esposa Virginia compartieran su hogar con uno. Solo sabemos que el 19 de agosto de 1843, el periódico Saturday Evening Post publicó un aterrador relato titulado “El gato negro”, que posteriormente sería traducido y analizado en un sinfín de idiomas.

Cartel de la película (1934)

Por si alguien no lo ha leído, este es un resumen del cuento: El narrador, un hombre condenado a muerte, empieza diciendo que no pide que nadie le crea, pero que no está loco y que no soñó la historia. Añade que siempre le gustaron los animales, desde su más tierna infancia, y que de adulto, uno de sus mayores placeres era alimentarlos y acariciarlos. Se casó joven y descubrió que su esposa compartía su inclinación: tenían pájaros, peces de colores, un buen perro, conejos, un pequeño mono y un gato. Este era grande, completamente negro y muy inteligente, por lo que su esposa a veces decía, sonriendo, que todos los gatos negros son brujas disfrazadas.

Pluto, pues así se llamaba el gato, era su favorito, siempre estaban juntos y la amistad entre ambos duró varios años, hasta que el narrador cayó en las garras de la bebida. Empezó a maltratar a los animales de casa si se cruzaban en su camino y con el tiempo, incluso Pluto – que ya empezaba a tener años -, se llevó alguna patada que otra. Una noche, al regresar embriagado, pensó que Pluto le evitaba. Agarró al gato de mala manera, por lo que este, asustado, le mordió, y el narrador le sacó un ojo con su navaja.

Grabado de Fritz Eichenberg

Al día siguiente sintió remordimientos, pero fueron de corta duración; el alcohol se encargó de disiparlos. Pluto se recuperó, no parecía sufrir, pero salía huyendo cada vez que veía a su maltratador. El narrador sigue diciendo que esa actitud acabó por sacarle de quicio y que, una mañana, totalmente despejado de las nubes del alcohol, pasó un nudo corredizo alrededor del cuello de Pluto y le colgó de un árbol.

Ilustración de Anna Pedzik

Esa misma noche se declaró un devastador un incendio en la casa obligando al matrimonio y a los criados a salir corriendo. Todos los muros, excepto uno, se cayeron, y en el único que quedaba en pie, grabado cual bajorrelieve sobre el fondo blanco, aparecía la figura de un gigantesco gato negro con una soga alrededor del cuello. El narrador explica que encontró una explicación lógica a la aparición y que no le preocupó sobremanera.

Fotograma de la película de 1934

Siguió bebiendo; y una noche, mientras se emborrachaba en “un antro infame”, vio una forma negra en las enormes barricas de ginebra o de ron. Se acercó y descubrió que era un gato negro de grandes proporciones cuya única diferencia con Pluto era una pechera blanca. El gato le siguió a casa y se instaló como si siempre hubiera vivido allí. Al poco, el narrador empezó a sentir una creciente antipatía hacia el animal, al que su esposa alimentaba y defendía. Huía de “su odiosa presencia, como del aliento de la peste”. Pero cuanto más le rehuía, más le perseguía el gato, sentándose bajo su silla, saltando en su regazo, buscando caricias.

Dibujo de Jessica Morichi

Además, la marca blanca en el pecho del gato, al principio de contornos indefinidos, empezó poco a poco a adoptar la forma del patíbulo. El gato se convirtió en una pesadilla para el narrador, que desahogó sus ataques de furia maltratando a su pobre esposa. Esta, un día, le acompañó al sótano a buscar algo y, como siempre, el gato negro bajó con ellos. Allí, olvidando el terror que le causaba el animal, cogió un hacha y la levantó a punto de asestarle un golpe mortal, pero su mujer le agarró por el brazo, impidiéndoselo. Incapaz de contener su rabia, le abrió el cráneo a su esposa de un hachazo.

Autor desconocido

Las paredes del sótano eran gruesas y decidió emparedarla para ocultar su horrible crimen. Una vez acabada la obra y recogida cualquier cosa que pudiera incriminarle, empezó a buscar al gato negro, pero este había desaparecido. Y entonces dice, textualmente: “Es imposible describir, o siquiera imaginar, la profunda y dichosa sensación de alivio que me produjo la ausencia de la odiada criatura. (…) Dormí profunda y tranquilamente, sí, ¡incluso con el peso de un asesinato en el alma!”

Ilustración de Vania Zouravliov

Pero la policía apareció al cabo de tres días y pidió inspeccionar la casa. El narrador, convencido de que no podían descubrirle, se la enseñó y, efectivamente, no vieron nada. Cuando los guardias ya subían por la escalera del sótano, no pudo resistir a la tentación de demostrar la solidez de los muros y golpeó con su bastón el punto en que había emparedado a “mi esposa del corazón”.

Ilustración de Aubrey Beardsley

Horrorizado, nada más apagarse la reverberación del golpe, oyó “una voz de ultratumba, un gemido, al principio sordo y discontinuo, como el llanto de un niño, que rápidamente se transformó en un largo, fuerte, ininterrumpido grito, del todo anómalo e inhumano, un aullido, un lamento entre el horror y el triunfo”.

Portada moderna

Los policías demolieron la pared, y el cadáver de su esposa, ya en avanzado estado de descomposición, apareció de pie ante todos. Y acaba diciendo: “Sentada en su cabeza estaba la horrible bestia cuyas artimañas me habían inducido al asesinato, y cuya voz informante me mandaría ante el verdugo. ¡Había encerrado al monstruo en la tumba!”

Ilustración de Alphonse Legros

Ilustración de Frederick Simpson Coburn

Un escalofriante relato en el que un hombre, un borracho, un maltratador, un asesino, culpa a un gato de todas sus acciones. Edgar Allan Poe fue un maestro del misterio y del horror, del romanticismo más absoluto, como lo demuestran sus maravillosos poemas. Se le considera el inventor del género detectivesco y fue uno de los primeros en escribir relatos de ciencia-ficción.

El escritor no tuvo una vida fácil y murió el 7 de octubre de 1849, a los 40 años, dos después de que falleciera Virginia, la mujer que fue su inspiración, el 30 de enero de 1847 a los 24 años. Ambos murieron de tuberculosis.


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Gatos, palomas, peces de colores y Henri Matisse

El pintor Henri Matisse amaba a los gatos y a las palomas. Existen numerosas fotos suyas con Minouche, Coussi o La Puce, los tres gatos que tuvo cuando vivió en la villa “Le rêve”, en la Costa Azul. Minouche era un atigrado con una “M” dibujada en la frente y el pintor solía decir: “Eme de Matisse”. La Puce, que significa “La pulga”, pero también “La pequeña”, era negra y a menudo le acompañaba cuando no podía levantarse de la cama. Coussi era el más joven de los tres, quizá un hijo de La Puce, ¿quién sabe?

Con La Puce y Coussi (Foto de Robert Capa)

Año 1951

Matisse también tenía un gran interés por las palomas y los peces de colores, y tuvo varios perros. No es difícil llegar a la conclusión de que amaba a los animales en general. Sin embargo, solo pintó dos cuadros con gatos; el famoso “Gatos y peces de colores”, en el que vemos a un gato meter la pata en un bol en un intento de pescar algún pez, y el retrato de su hija Marguerite con un gato negro en el regado. El primero lo pintó en 1910, y el segundo en 1914. No se conocen otros cuadros suyos con gatos, y aunque aparecen dos o tres más en Internet, solo se trata de imágenes trucadas.

Gatos y peces de colores (1914)

Nació el 31 de diciembre de 1869 en Le Cateau-Cambrésis, una ciudad del norte de Francia donde su padre vendía grano. De joven estudió Derecho en París, desde 1887 a 1889, cuando regresó a su región natal para trabajar en un bufete, pero no tardó en asistir a clases de dibujo antes de ir al trabajo. Empezó a pintar a los 21 años mientras se recuperaba de una enfermedad y su madre le llevó lápices y un bloc de dibujo. Mucho más tarde dijo: “En cuanto tuve los lápices en las manos, supe que era mi vida”. Su madre fue la primera en aconsejarle que no siguiera las “reglas habituales”, sino que se dejara guiar por sus emociones.

Marguerite con el gato negro (1910)

Matisse se entregó a la pintura en cuerpo y alma, hasta el punto de que en una ocasión le dijo a Amélie Parayre, la joven con la que se casaría a los tres meses de conocerla: “La amo de verdad, señorita, pero sepa que siempre más a la pintura”. Se trasladó a París en 1891 para ingresar en la Escuela de Bellas Artes y en la Academia Julian, dos centros muy academicistas, pero también se familiarizó con las obras posimpresionistas de Paul Cézanne y de Vincent van Gogh.

Con su esposa Amélie

Empezó a exponer sus cuadros a mediados de los noventa y, generalmente hablando, las reacciones fueron favorables. En 1898 se casó con Amélie y tuvieron tres hijos, Marguerite, Pierre y Jean. Fueron años difíciles y si no hubiera sido porque la Sra. Matisse diseñaba maravillosos sombreros, la joven pareja y su hija lo habrían pasado muy mal.

Autorretrato

El galerista Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le organizó su primera exposición en solitario en 1904. Ese mismo año viajó a Saint-Tropez y a Collioure, en la Cataluña francesa, donde pintó varios cuadros que se expusieron en el Salón de Otoño de París en 1905. Estos cuadros y algunos de otros artistas no gustaron y un crítico comparó a los pintores con bestias salvajes, “fauves” en francés, dando pie al estilo fauvista. El cuadro más vilipendiado fue “Mujer con sombrero”, un retrato de su esposa. Sin embargo, lo compraron los coleccionistas Gertrude y Leo Stein, lo que dio a Matisse una inyección de moral en medio de tantas críticas negativas.

Matisse empezó a ser famoso, y entre 1906 y 1917 vivió en París, en una espléndida mansión llamada “Hôtel Biron”, con Auguste Rodin, Jean Cocteau e Isadora Duncan de vecinos. Era un hombre de costumbres regulares: se levantaba muy temprano para trabajar hasta la hora del almuerzo, volvía a su estudio después de comer y a última hora de la tarde tocaba el violín antes de tomar una cena ligera (un plato de sopa, dos huevos duros, una ensalada y una copa de vino). Solía acostarse temprano.

Con La Puce

Viajó extensamente a España, Italia y Marruecos entre 1909 y 1914 huyendo de los fríos inviernos de París. En esta época, el coleccionista ruso Sergei Shchukin fue uno de sus compradores más fieles adquiriendo un total de 32 cuadros. “Siempre se llevaba los mejores”, dijo Matisse. En 1917, queriendo alejarse de la Gran Guerra que destruía el norte de Francia, se mudó a Niza con su familia y solo regresó a París unas semanas al año en verano. Gran parte de su obra fue comprada por coleccionistas americanos, además de rusos.

Se separó de su esposa en 1939, después de 41 años de matrimonio. A partir de ese momento, la rusa Lydia Delectorskaya se ocupó de todos los asuntos del pintor con absoluta meticulosidad. Después de sufrir una operación en 1941, pasó largas temporadas sin poder moverse de la cama, lo que no le impidió seguir trabajando en compañía de sus gatos. Cuando se trataba de obras murales, y al no poder subirse a un andamio, ataba un pincel a un palo largo como hizo para la decoración del hotel Regina. Pero esa técnica no era una novedad, ya la había usado en 1910 para pintar el mural “El baile”.

Trabajando en “El baile” (1910)

Trabajando con Lydia en el hotel Regina, Niza (1952)

Matisse siempre intentó permanecer alejado de las corrientes filosóficas y de la política. Le causó una enorme sorpresa enterarse de que su exmujer había trabajado para el Partido Comunista, que su hija estuvo encarcelada seis meses por los nazis y que su hijo Jean saboteaba trenes para la Resistencia.

Con Coussi

Hacia el final de su vida sintió un nuevo impulso creador que le llevó a introducirse en las artes gráficas y a ilustrar libros. En 1951 acabó un proyecto que le llevó cuatro años, la decoración de la Capilla del Rosario (Chapelle du Rosaire) en Vence, que escandalizó a la jerarquía católica y tampoco fue bien vista por el mundo del arte contemporáneo de la época, muy influenciado por el comunismo.

Henri Matisse murió de un infarto a los 84 años el 3 de noviembre de 1954, con su hija Marguerite y Lydia Delectorskaya a su lado. Esta última abandonó la casa inmediatamente con la maleta que tenía preparada desde hacía 15 años. Está enterrado en el cementerio del monasterio de Nuestra Señora de Cimiez.


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Gatos en radiadores de automóviles

¿Quién no conoce la pantera de la marca Jaguar o la estrella de tres puntas de Mercedes? Estos son los dos que nos vienen a la mente, pero numerosas marcas de automóviles tienen un símbolo que suele colocarse en la parte delantera del capó. En Inglaterra lo llaman “car mascot”, mascota de coche; en otros países, adorno de vehículo. Montado en la tapa del radiador, se convirtieron en reclamo o decoración para personalizar el automóvil desde la aparición de este.

Gato con botas (Hansi Siercke, 1920)

Henri Molins

Los primeros automóviles tenían la tapa del radiador en el capó, encima de la rejilla, y la figura servía de indicador de la temperatura del agua. La empresa Boyce MotorMeter obtuvo la primera patente en 1912 de una tapa de radiador que contenía un termómetro. Medía la temperatura del vapor de agua, no del agua en sí, y el conductor podía verlo desde su asiento. Muy pronto alguien tuvo la idea de instalar un ornamento encima de la tapa “medidora” de temperatura.

Gato enfadado (Douglas Moulden)

Gato furioso (Charles Paillet, 1871-1937)

 

 

 

 

 

 

 

Los primeros interesados fueron los fabricantes de coches y las empresas dueñas de flotas de vehículos. Empezaron a surgir negocios dedicados a la fabricación de adornos de radiador en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países. Los dueños de coches de lujo convencieron a famosos escultores como François Bazin, Charles Paillet,  Charles Robinson Sykes y A. Renevey para realizar delicadas miniaturas que encajaran en el capó de sus preciados automóviles. Sykes se hizo famoso al diseñar el “Spirit of Ecstasy” (Espíritu del éxtasis) que adorna los capós de los Rolls-Royce.

Gato caballero (Henri Payen)

Gato con botas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las figuras escogidas por los diseñadores y los clientes eran muy diversas, bailarinas, mujeres aladas, arqueros, lanzadores de jabalina, napoleones, gaiteros, esfinges, así como animales de todo tipo, mitológicos o reales, como caballos (con o sin alas), pájaros varios (con una marcada preferencia por el halcón y el águila), perros de cualquier tamaño y raza, ardillas, felinos (leones, panteras) y… gatos.

El gato Félix

Max Le Verrier

En los años veinte y treinta, numerosos propietarios de vehículos adornaban el capó de su coche con un gato. Hemos encontrado gatos con botas, gatos enfadados, gatos lectores y gatos lavándose diseñados por escultores como Max Le Verrier, que se dio a conocer por sus objetos prácticos y sus adornos para automóviles de estilo Art Déco.

Gato en la luna (1925)

Gato en la luna (Citroën)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El famoso diseñador y creador de objetos de cristal René Lalique diseñó su primera mascota en 1925, cinco caballos de perfil, y la colocó en su Citroën 5CV. Entre 1925 y 1931, las mascotas de Lalique decoraron los capós de Bentley, Bugatti, Hispano-Suiza, Isotta-Fraschini y Mercedes-Benz. Curiosamente, jamás diseñó ornamentos para coches con forma de gato, sin embargo, hay numerosas figuras de gatos sentados o tumbados firmadas por este creador. Para acabar con Lalique, añadiremos que el adorno más buscado por los coleccionistas es la figura de un zorro de cristal esmerilado que se vendió por 300.000 dólares.

René Lalique

Las mascotas de coches fueron muy populares desde principios de los años veinte hasta finales de los cincuenta. Hoy en día, solo hemos podido encontrar una empresa dedicada a su fabricación, Louis Lejeune Ltd., en Inglaterra.

Gato lavándose (G. Gardet,1863-1939)

Gato lavándose (E. Samson)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez hay más restricciones para los ornamentos colocados en la parte delantera de los vehículos debido al riesgo que representan para los peatones en caso de atropello. En Estados Unidos, a partir de los setenta, las “mascotas” de coche debían ir montadas sobre una base flexible para que pudieran doblarse sin romperse en un accidente. En la Unión Europea, y a partir de 1974, el “espíritu del éxtasis” de Rolls Royce va sobre un mecanismo retráctil que le permite entrar en el radiador si recibe un golpe cuya fuerza supere los 98 neutonios. Otros ornamentos están diseñados para soltarse del pie si sufren un impacto.

Gato humorista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tapa de radiador se convirtió en arte durante unas décadas y no solo plasmó la visión del fabricante del coche en el caso de las marcas, también habló de la personalidad del dueño que encargaba, por ejemplo, un “gato en la luna” para encajar en la tapa del radiador. Todos los gatos que aparecen aquí tienen algo que decir acerca de la persona que los encargó o escogió y colocó en la parte más vistosa del coche que acababa de comprarse.

Antoine Elie Ottavy (1897-1951)

Louis Rigot

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, si van a Turquía de vacaciones y son fans de los automóviles, no se pierdan el “Key Automotive Museum”, fundado por Efe Uygar y Murat Özgörkey, donde podrán ver una colección de 300 adornos para coches. Según Uygar “la primera mascota para vehículo fue un halcón con un sol por cresta montado en el carro del faraón Tutankamón”.


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La gata invitada, un libro de Takashi Hiraide

Hishida Shunso (1874-1911)

Es sabido que los japoneses aman a los gatos. Quizá se deba a su inclinación por la elegancia y lo misterioso, dos cualidades muy felinas. El gato aparece en pinturas de la Era Edo (1603-1867), cuando también surgieron las leyendas en torno a los bakeneko o gatos cambiantes (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), pero no es realmente hasta el siglo XX cuando el gato se convierte en el protagonista de varias novelas importantes. Por ejemplo, “Wagahai wa neko de aru”, en español  “Soy un gato” o “Yo, el gato”, de Natsume Soseki (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/), escrita entre 1905 y 1906, traducida al inglés en 1972, llevada al cine diez años después y publicada por primera vez en español por la editorial Trotta en 1999.

Soseki tenía un discípulo llamado Uchida Hyakken que en 1957 escribió un libro titulado “Nora ya”, cuya traducción podría ser “Oh, Nora”, donde cuenta sus desesperados intentos por encontrar a su amado y desaparecido gato. A pesar de la palabra “nora” en el título, que proviene de “nora neko” (gato perdido), se trata de un macho. Por desgracia, este libro no está traducido al español.

Gatos en Kioto

Tampoco ha aparecido en español “Neko to Shozo to futari no onna”, una novela cómica con una gata llamada Lily como protagonista, escrita en 1935 por Tanizaki Junichiro, que podría traducirse como “Una gata, un hombre y dos mujeres”, llevada al cine en 1956 bajo la dirección de Shirô Toyoda.

Shozo y la gata Lily

Gato con grillo (Era Meiji tardía)

En 1987 la escritora vanguardista Kanai Mieko publicó una novela acerca de un joven, sus amigos bohemios y una gata muy preñada a la que debe cuidar. En honor a Uchida Hyakken, tituló el libro “Tama ya” (Oh, Tama).

Era Meiji (1868-1912)

“Tabineko ripoto”, de la novelista Hiro Arikawa, está narrada por un gato llamado “Nana”, que significa “siete” en japonés. En 2012 fue publicada en Japón y en 2017 en España por la editorial Lumen con el título de “A cuerpo de gato”. La versión cinematográfica, dirigida por Koichiro Miki, se estrenó en Japón el 26 de octubre de 2018.

Una vez demostrado que existe una tradición centenaria de escribir novelas protagonizadas por gatos, pasaremos a hablar de una pequeña joya del poeta Takashi Hiraide titulada “Neko no kyaku”, cuya traducción literal es “La gata invitada”. Alfaguara la publicó en 2014 como “El gato que venía del cielo”, el mismo título que en Francia y en Italia. Y en esos tres países se habla de un gato cuando es una gata. En alemán fue “El gato en el jardín” y en inglés, “El gato invitado”.

La historia gira en torno a una pareja de unos treinta años afincada en un barrio tranquilo de Tokio. Alquilan una casita, la “casa de invitados”, un poco apartada de la casa principal en un maravilloso jardín. Se respetan mutuamente, se llevan bien,  pero tienen poco que decirse. Los dos trabajan en casa. La novela empieza con la descripción de lo que se ve a través de la ventana de la cocina, una valla de madera que separa el jardín de un callejón al que da otra casa.

Seiho Takeuchi (1864-1942)

En esa casa, la de los vecinos, vive Chibi, que significa “gatita”. Chibi es blanca con manchas negras y toques de marrón, tiene el rabo corto, como numerosos gatos japoneses, pero Chibi es especial porque es pequeña, elegante y muy bonita. Poco a poco, la gata empieza a visitar a la pareja y acaba teniendo dos casas, como hacen muchos gatos, algo que no suele sentar muy bien a sus dueños. Sin embargo, deberíamos acordarnos de que los gatos no tienen “dueños”.

Seiho Takeuchi

Con el paso del tiempo, Chibi se convierte en el centro de la vida de la pareja. Adaptan la casa para acomodar a la gata; por ejemplo, siempre dejan una ventana entreabierta para que pueda entrar y salir, le compran pescado, le ponen leche, tiene una caja especial e incluso abren el futón mucho antes de irse a dormir y así Chibi puede acostarse cuando quiere.

Takahashi Hiroaki (1871-1945)

La esposa dice: “Para mí, Chibi es una amiga con la que conecto y que ha tomado la forma de un gato”. Pero Chibi nunca permite que la pareja la acaricie o la coja en brazos, y el narrador se pregunta si en la otra casa no tendrá otra personalidad. El autor describe a la gatita de tal forma que cobra vida y parece salir de las páginas, como también lo hacen el jardín, los árboles, la casa principal, la casa de invitados…

Kawanabe Kyôsai (1831-1889)

“El gato que venía del cielo”, la primera novela de Takashi Hiraide, se convirtió en un superventas del New York Times y del Sunday Times en 2014 y ha sido traducida a 24 idiomas. Es un libro delicado, triste, poético, que ningún amante de los gatos puede perderse.

Takashi Hiraide nació en 1950 en Kyushu y se trasladó a Tokio para estudiar en la Universidad Hititsubashi, una famosa escuela de Empresariales y Economía. A la vez, siguió cursos en la Bigakko, una conocida escuela de Arte en la que se han graduado numerosos artistas. En 1972 publicó una serie de poemas en la revista “Eureka” y su primer libro fue muy bien recibido en 1976. Con excepción de diez años, desde 1978 cuando trabajó como editor en Kawde Shobo, siempre se ha centrado en su obra literaria. Tiene una pequeña editorial donde se ocupa incluso de diseñar los libros que publica.

Portada (original de Foujita)

En 1985 participó en el Programa Internacional para Escritores de la Universidad de Iowa como poeta residente. Ganó el Premio Yomiuri de Literatura en 1994 por “Hidarite nikki reigen” (Notas del diario de la mano izquierda); el Premio Kiyama Shohei en 2002 por “Neko no kyaku” (El gato que venía del cielo), y el Premio MEXT de las Artes en 2004 por la biografía del poeta Irako Seihaku.

Portada japonesa

Actualmente reside a las afueras de Tokio con su esposa, la poetisa Michiyo Kawano, y un gato.

Gato en Kioto