Gatos y Respeto

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Gatos libreros

Fred, de Columbia Books, Columbia, Misuri

Fred, de Columbia Books, Columbia, Misuri

Sí, hay gatos libreros y muchos más de los que creemos. No solo hay muchas librerías con gatos, también hay un sinfín de bibliotecas con residentes felinos y, en algunos casos, más de uno.

Nos limitaremos a hacer un breve repaso de algunas de esas librerías y bibliotecas, pero si están interesados en saber dónde hay más, alguien se molestó en hacer un mapa mundial de los gatos libreros, y este es el enlace: http://www.ironfrog.com/catsmap.html. Basta con pinchar en el mapa para saber si cerca de usted hay una librería o biblioteca con gato. Ignoramos si el mapa es completo, pero lo sea o no, Gary Roma, el autor de la página y del cortometraje “Puss in Boots, Adventures of the Library Cat” (1997), debió invertir mucho tiempo en recopilar estos datos. Si echan un vistazo, se darán cuenta de que solo un gran amante de los gatos puede hacer algo así. Gracias, Gary.

Hay una pequeña librería en North Point, Hong Kong, que se ha convertido en refugio para gatos sin hogar.

Librería Sam Kee (Hong Kong)

Librería Sam Kee (Hong Kong)

Los dueños de la Sam Kee Bookstore han recogido varios gatos que se pasean libremente por la tienda, duermen en cómodas camas repartidas por doquier y hacen compañía a los clientes, como puede verse en una de las fotos. Parece ser que muchos clientes llegan atraídos por los gatos.

Librería Sam Kee (Hong Kong)

Librería Sam Kee (Hong Kong)

Librería Sam Kee (Hong Kong)

Librería Sam Kee (Hong Kong)

También hay una librería de segunda mano en Londres llamada “Word on the Water” (La palabra en el agua) instalada en una barcaza y que recorre los canales, parando regularmente en diversos puntos. Además de libros, también hay gatos. Hemos conseguido encontrar fotos de dos de los residentes habituales. Por cierto, esta curiosa y bonita librería estuvo a punto de desaparecer cuando los precios de los puntos de atraque se dispararon hace unos tres años. Por suerte, el Canal & River Trust les invitó a ocupar un amarradero permanente cerca de King’s Cross.

La librería Word on the Water

La librería Word on the Water

Una gata en Word on the Water (Londres)

Una gata en Word on the Water (Londres)

Uno de los gatos de la librería Word on the Water (Londres)

Uno de los gatos de la librería Word on the Water (Londres)

Y ya que hablamos de librerías “marítimas”, no podemos pasar por alto la famosa tienda “Acqua Alta” de Venecia, lugar de residencia de miles de libros y de varios gatos. Esta librería, como gran parte de Venecia, sufre las crecidas de los canales durante las mareas altas en primavera y otoño. Es un problema para todo el mundo, pero puede ser una catástrofe para una librería. Su dueño tuvo la brillante idea de proteger los libros en lugares a prueba de agua, como bañeras, góndolas. Ahora bien, para encontrar algo, no queda más remedio que recurrir a la infalible memoria del propietario, que recuerda perfectamente en qué bañera depositó tal o cual libro.

Gatos de la librería Acqua Alta

Gatos de la librería Acqua Alta

Librería Acqua Alta

Librería Acqua Alta

No podíamos acabar esta entrada sin hablar de Libby, la gata que vivió durante 22 años en la Biblioteca Municipal de Haysville, Kansas. Llegó de pequeña, cuando alguien la tiró de un coche. El personal la recogió y cuidó, y Libby se lo agradeció librando a la biblioteca de ratones. Tuvo una vida bastante accidentada. Antes de morir en 2004 sufrió varios percances que se resolvieron favorablemente, en 1990 la atropelló un coche y en 1992 fue secuestrada.

Libby, de Haysville, Kansas

Libby, de Haysville, Kansas

Libby, la gata bibliotecaria de Haysville, Kansas

Libby, la gata bibliotecaria de Haysville, Kansas

Hemos añadido en la portada de esta entrada una foto de Fred, de la librería Columbia Books, en Columbia, Misuri, a pesar de no haber encontrado más información. Pero la foto nos parece irresistible.

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Varios gatos y Freddie Mercury

Jim Hutton, Freddie Mercury y Dorothy

Jim Hutton, Freddie Mercury y Dorothy

El decimocuarto álbum del grupo Queen, “Innuendo”, grabado en 1991, contiene un tema titulado “Delilah”. Si algún seguidor de

Freddie con Delilah

Freddie con Delilah

Queen ha pensado que la canción estaba dedicada a una mujer, se equivoca. Delilah era la gata tricolor favorita de Freddie Mercury. Hace falta llegar a la octava estrofa para darse cuenta: “You make me so happy when you cuddle and go to sleep beside me, and then you make me slightly mad when you pee all over my Chippendale suit” o, si prefieren: “Qué feliz me haces cuando te acurrucas y te duermes a mi lado, pero me enfado un poco cuando te meas en los sillones de estilo Chippendale”.

Su primer álbum en solitario, “Mr. Bad Guy”, de 1985, no está dedicado a un solo gato, sino “a mi gato Jerry – también a Tom, Oscar y Tiffany, y a todos los amantes de los gatos en el universo. Que les den a los demás”.

En la última foto de Freddy Mercury, para el CD “Classic Queen”, y en el videoclip de “These Are The Days of Our Lives”, llevaba un sorprendente chaleco pintado a mano con todos los gatos que había tenido. Peter Freestone, su asistente y cocinero, dice en el libro “Freddie Mercury”, hablando del chaleco: “Le encantaba ese chaleco. Era un regalo de Donald McKenzie, que había reunido todas las fotos de los gatos de Freddie para que un amigo suyo los pintara en el chaleco de seda”.

Nadie puede dudar que el legendario líder de Queen era un apasionado de los gatos. La imagen que ha quedado de Freddie Mercury, además de su tremendo dinamismo y carisma en los escenarios, es la de un hombre amante de las fiestas y de un estilo de vida excesivo. Sin embargo, era tímido y reservado en privado. Capaz de cautivar a auditorios de miles de seguidores, no sabía conducir ni freír un huevo, pero por encima de todo quería a sus gatos.

Freddie con chaleco gatuno

Freddie con chaleco gatuno

Jacky Smith, que se ocupa del club de fans de Queen desde el año 1982, dijo en una entrevista hace años: “La mayoría de los gatos procedían de protectoras. Por ejemplo, hay un centro llamado Blue Cross, y sé que dos de ellos venían de allí”.

Freddie y Tiffany

Freddie y Tiffany

Romeo

Romeo

Freddie and Mary Austin (1987)

Freddie y Mary Austin (1987)

Sus primeros gatos fueron Tom y Jerry, que Mary Austin y él recogieron al principio de su relación. Cuando se separaron a finales de los setenta, Mary se quedó con ellos, pero él seguía considerándolos suyos, como lo demuestra la dedicatoria del álbum “Mr. Bad Guy”. Mary Austin, que siempre fue su gran amiga, le regaló una preciosa siamesa mezcla de persa llamada Tiffany.

Oscar, un macho anaranjado y blanco que le llegó a través de un novio, era un solitario que visitaba las casas del vecindario cuando Garden Lodge, la mansión de dos pisos rodeada por un parque y altos muros, empezó a llenarse con más gatos.

Oscar

Oscar

Su gata más famosa fue Delilah, una tricolor de buen tamaño que adoptó en 1987. Tal como dice la canción, se adueñó de la casa y hacía lo que le apetecía. Era la primera en pedir comida y echaba a los demás para que Freddie la acariciara. Solía dormir a los pies de su cama o en los cestos de ropa.

Freddie Mercury, Oscar y Tiffany

Freddie Mercury, Oscar y Tiffany

Goliath, un gato negro, llegó el mismo día que ella. Era pequeño y tendía a desaparecer en el momento que había visita. Al parecer, según Peter Freestone, “era tremendamente afectuoso y babeaba cuando se le acariciaba”.

Goliath

Goliath

Miko

Miko

Miko apareció después de un viaje a Japón. Jim Hutton, la pareja de Freddie, trajo un gatito de cara blanca llamado Romeo que demostró ser muy peleón. Y por fin llegó Lilly. Freddie siempre había querido tener un gato blanco.

Freddie Mercury poseía varias casas, pero todos los gatos vivían en Garden Lodge, en el barrio de Kensington, Londres, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Para él, “su hogar estaba donde vivían los gatos”, según Peter Freestone. También dice que cada uno recibía juguetes para Navidad y que hacían exactamente lo que les apetecía.

Sus gatos casi no se apartaban de él durante sus últimos días. Jacky Smith dice: “Los gatos tienen un sexto sentido. Debieron notar que no se encontraba bien y empezaron a estar cada vez más con él. Es típico de un gato”.

Antes de fallecer el 24 de noviembre de 1991, se había asegurado de que sus queridos gatos estarían bien cuidados. Legó Garden Lodge a Mary Austin, que se ocupó de ellos fielmente.

Mary Austin con un gato

Mary Austin con un gato

Uno de los conciertos inolvidables de Queen en España se celebró el 3 de agosto de 1986, en el estadio del Rayo Vallecano, delante de 25.000 personas en su gira de promoción del álbum “A Kind of Magic”.


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Los 121 gatos de Miami, Arizona

Cats Miami

Sí, lo han leído bien, Miami, Arizona. Se trata de una población situada al Este de Phoenix y al Norte de Tucson de unos 1.800 habitantes, de los que casi 600 trabajan para la empresa Freeport-McMorRan, dedicada a la minería de cobre.

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Los 121 gatos de Miami no se mueven nunca, están pintados en paredes, tiestos, suelos… La pintora Marianne Collins, que se trasladó a Miami desde el estado de Washington en los años noventa, está acostumbrada a pintar en superficies diversas, como el lateral de un camión de gran tonelaje, un bloque de 80 kilos de piedra arenisca y en más de 2.000 trozos de cobre.

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Recuerda que al poco de llegar, se le ocurrió una idea para que el pueblo fuera diferente y sirviera para atraer visitantes. Habló con los propietarios de varias tiendas y negocios que se entusiasmaron con la idea. El concepto era muy sencillo: pintaría un gato en el edificio por la módica suma de 25 dólares.

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Empezó en la primavera de 1993. A medida que el proyecto avanzaba, también subía la temperatura y se levantaba a las 5:30 de la mañana para trabajar durante los meses más calurosos. Algunos dueños de tiendas quisieron gatos “a medida”, como el felino con chaleco de colores en Julie’s Sewing Corner (Tienda de costura de Julie).

Marianne-065Pero Marianne Collins no se limitó a las tiendas; empezó a pintar los cubos de basura, los muros, los tiestos municipales… hasta conseguir 121 gatos en el centro histórico del pueblo. Bueno, 121 animales, ya que puede verse algún perro y algún ratón.

Tardaba unas dos o tres horas de media en pintar un gato, pero algunos le llevaron más tiempo. Se inspiró en fotos y en su imaginación. Otros artistas han pintado gatos en su honor, como un “gato violeta vanguardista” en el centro Miami Art Works y otro en el callejón Sykes.

En otoño de 2003, los gatos fueron la inspiración de un festival en torno al tema gatuno “Purrs in the Park” (Ronroneos en el parque), que atrajo a mucha gente de fuera del pueblo deseosa de realizar los tours guiados para descubrir los gatos pintados.

Además, desde hace seis años, el pueblo celebra el Miami Loco Arts Festival (Festival de Arte Loco de Miami) a principios de primavera. Según sus organizadores, se trata de un recorrido artístico por diversas culturas, edades y gustos, desde lo tradicional a lo contemporáneo, con obras de arte popular, paisajistas, de género y multimedia. Hay galerías de arte, anticuarios, tiendas y estudios que participan con instalaciones, además de conciertos, lectura de poesía y obras de teatro.

4-cats-of-miamiTodo esto en un pueblo de menos de 2.000 habitantes, no está nada mal.

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El gato Mourka, el coreógrafo y la bailarina

Foto de Martha Swope, publicada en la revista Life

Foto de Martha Swope, publicada en la revista Life

Mourka era el gato del coreógrafo George Balanchine y de su esposa, la bailarina Tanaquil Le Clerc.

Mr. B y Mourka

Mr. B y Mourka

George Balanchine, nacido Giorgi Melitonovitch Balanchivadze, es considerado uno de los más grandes y prolíficos coreógrafos del siglo pasado, con más de 400 obras en su haber. Nació en San Petersburgo el 22 de enero de 1904, hijo de Meliton Balanchivadze, un compositor y cantante de ópera, y de Maria Nikolayevna Vasilyeva, una enamorada del ballet. Estudió ballet en la Escuela Imperial de Danza y posteriormente en el Conservatorio de Petrogrado, donde se licenció en 1923. Perteneció al cuerpo de ballet del Conservatorio hasta 1924 cuando, durante un viaje a Alemania con los Bailarines Soviéticos Estatales, huyó a París con tres bailarinas, una de ellas su esposa de entonces, para unirse al ballet de Serguéi Diáguilev. Al sufrir una lesión de rodilla que le impedía seguir bailando, Diáguilev le propuso trabajar como coreógrafo, lo que haría hasta la muerte de este en 1929, año en que los Ballets Russes quebraron. Colaboró con todos los grandes músicos de la época, Prokófiev, Stravinski, Debussy, Satie, Ravel, y artistas como Picasso, Rouault y Matisse.

George Balanchin y Mourka

George Balanchine y Mourka

Fundó la compañía Les Ballets, para la que coreografió la última obra conjunta de Bertold Brecht y Kurt Weill, “Los siete pecados de la pequeña burguesía”.

En 1933, el joven mecenas de las artes Lincoln Kirstein le invitó a trasladarse a Estados Unidos para crear una compañía de ballet que acabaría por rivalizar con las escuelas tradicionales europeas. La School of American Ballet se fundó en 1934, pero hasta el 11 de octubre de 1948 no nació el famoso New York City Ballet, donde Balanchine permaneció hasta su muerte en 1983.

George Balanchin entrenando a Mourka

George Balanchine entrenando a Mourka

También diseñó coreografías para películas, óperas, revistas y musicales. Entre sus obras más conocidas para el escenario destacaremos “Slaughter on the Tenth Avenue” (Matanza en la décima avenida) y “On Your Toes” (Al tanto).

Revolucionó la estética del ballet clásico y tuvo una enorme influencia en la danza en Estados Unidos. Pero Balanchine no solo se limitó a entrenar a personas, también enseñó a bailar a su gato Mourka. Este último era un gato callejero blanco y rubio que George Balanchine y su esposa Tanaquil Le Clerq habían recogido en la calle. El coreógrafo, cuando jugaba con el gato, empezó a fijarse en sus piruetas, saltos y giros para, poco a poco, incluirlos en los movimientos de los bailarines.

Un día, la fotógrafa Martha Swope, especializada en danza, fotografió a Mourka en uno de sus espectaculares saltos. La foto apareció en la revista Life y Mourka se hizo famoso en Estados Unidos, lo que permitió a Tanaquil Le Clerc escribir la biografía de Mourka que se publicó en 1964 con fotos de Martha Swope.

Tannaquil Le Clerc - New York CIty Ballet

Tanaquil Le Clerc – New York City Ballet

Pero hablemos ahora de la bailarina Tanaquil Le Clerc. Nació el 2 de octubre de 1929, hija del intelectual francés Jacques Le Clerc y de la estadounidense Edith Whitemore. En 1941, la School of American Ballet le concedió una beca y acabó por convertirse en la primera bailarina del New York City Ballet. Era una mujer fascinante, delgada, atlética, de piernas largas, con un físico muy diferente al de las bailarinas de la época. Su estilo único, su humor y autenticidad marcaron un antes y un después. No solo fue la musa de George Balanchine, y su cuarta esposa, sino también de Jerome Robbins, que creó para Tanny, como la llamaban sus amigos, el famoso ballet “Tarde de un fauno”, basado en “Preludio a la siesta de un fauno”, de Debussy. En 1956, durante la gira europea de la compañía, sufrió un ataque de poliomielitis que acabó con su brillante carrera. Tenía 27 años. No volvió a andar ni a bailar.

En 2013 se estrenó el espléndido documental “Afternoon of a Faun: Tanaquil Le Clerc”, de la directora Nancy Buirski, que recorre la vida de la bailarina mediante imágenes y entrevistas a personas que la conocieron.

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Tanaquil LeClerc con George Balanchine

El siguiente texto está impreso en la sobrecubierta del libro “Mourka: La autobiografía de un gato”.

Portada de la biografía de Mourka

Portada de la biografía de Mourka

“Mourka, un extraordinario gato callejero, es uno de los alumnos favoritos del famoso coreógrafo George Balanchine. Ha aprendido a realizar entre-chats, pas de chats e incluso grand jeté. Las fotos de la Sra. Swope y los textos de la Sra. Le Clerq demuestran sus numerosas hazañas y sugieren que Mourka quizá sea el felino más inteligente del mundo”

“Mourka, que nació en Nueva York, comparte un amplio piso en el Upper West Side con los Sres. Balanchine. Pasa los veranos en Weston, Connecticut, donde practica su hobby favorito, la observación de insectos, y se deleita con sus manjares predilectos, espárragos, patatas, guisantes y crema agria, entre otros”.

Página interior de la biografía de Mourka

Página interior de la biografía de Mourka

Parece ser que George Balanchine dedicaba tiempo a “entrenar” a Mourka, y según cuenta Bernard Taper en el libro “Balanchine: A Biography”: “Cuando Balanchine debía ausentarse, una amiga de la madre de Tanaquil se quedaba a veces con ella, pero a menudo prefería estar sola en el piso, con Mourka, un gato rubio y blanco al que la pareja mimaba y quería. Balanchine le había enseñado a realizar jetés y tours en el aire, y decía que por fin había encontrado un cuerpo que se merecía una coreografía. Un día, durante una fiesta en su piso en la temporada navideña, Igor Stravinski quiso ver bailar a Mourka. Varios invitados comentaron en días siguientes que fue la única vez que habían visto al coreógrafo nervioso antes de una representación”.

Mourka

Mourka

Y para acabar, ¿no es curioso que algunos de los términos de la danza, como entre-chats o pas de chats, hagan referencia al gato, “chat” en francés? Tendremos que profundizar en este tema…


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Simon, el gato del barco Amethyst

Simon y unos marineros

Simon y unos marineros

En mayo de 1948, Bernard Skinner, capitán del Amethyst, encontró un gato blanco y negro de ojos verdes en la isla Stonecutters, Hong Kong, donde estaba atracado su barco. Hacía tiempo que los gatos eran las mascotas favoritas de la Marina Real británica, no solo por su habilidad para deshacerse de los roedores, sino también por su increíble adaptabilidad a cualquier medio. Además, los marinos y marineros, siempre supersticiosos, valoran mucho a los gatos por su intuición y habilidad para sobrevivir. Se sabe que el gato U-Boat tenía por costumbre bajar a tierra siempre que atracaba su barco y regresar justo antes de que volviera a zarpar. Un día, U-Boat no apareció y la tripulación lo entendió como un mal augurio. El barco ya levantaba el ancla cuando U-Boat fue avistado corriendo por el muelle. Aterrizó de un salto en el puente y procedió a lavarse con toda tranquilidad, como si nada hubiera pasado. También se cuenta que el gato del buque de guerra alemán Bismarck sobrevivió a su hundimiento, fue adoptado por la tripulación inglesa que lo rescató y sobrevivió de nuevo cuando hundieron el barco inglés al cabo de un tiempo. A partir de entonces, el gato fue trasladado a un destacamento terrestre de la Royal Navy.

El Amethyst

El Amethyst

En 1949, cerca ya del final de la guerra civil que devastaba China desde los años veinte, el Amethyst recibió la orden de trasladarse a Nankín por el río Yangtzé para sustituir al HMS Consort por si fuera necesario evacuar al personal de la Embajada británica. Entonces, las fuerzas comunistas ocupaban la orilla norte del río, y las nacionalistas, la orilla sur. La tregua entre los dos ejércitos expiraba el 20 de abril y no cabía duda de que los comunistas atacarían al día siguiente. El Amethyst zarpó el 19 de abril hacia Nankín y penetró en la zona del conflicto a las 7:30 de la mañana del día 20. Un par de horas después, cerca del pueblo de San-Chian-yin, una batería comunista atacó el barco, causando terribles destrozos y muchos muertos, entre ellos el capitán Bernard Skinner, quedando al mando el teniente Geoffrey Weston, herido en el pecho.

Simon cómodo

Simon cómodo

En el momento del ataque y como de costumbre, Simon estaba plácidamente dormido en la cabina del capitán, que recibió un impacto directo. La llegada de dos aviones nacionalistas a las 14:30 alivió algo la situación a bordo del barco. El Consort también llegó, fue atacado por la misma batería y no tuvo más remedio que retroceder. La tripulación del Amethyst sabía que la situación era muy delicada, había 17 bajas y muchos heridos. Aun así, recogieron a Simon y lo llevaron a lo que quedaba de la enfermería. Tenía los bigotes y el pelo quemado, y trozos de metralla en la espalda y en las patas traseras. El médico le retiró la metralla e intentó aliviar el dolor, convencido de que no superaría la noche.

El teniente Weston, con metralla en los pulmones y en el hígado, después de tomar morfina para el dolor y bencedrina para mantenerse despierto, consiguió sacar al Amethyst de un banco de arena y alejarlo unos tres kilómetros río arriba. Fue el comienzo de una larga espera.

Simon en cuarentena

Simon en cuarentena

Simon en hamaca

Simon en una hamaca

Al cabo de muy pocos días, Simon se recuperó, sus heridas empezaron a cicatrizar y su sentido del oído no parecía afectado por la deflagración. El barco estaba muy próximo a la orilla y las ratas lo invadieron en busca de comida. Simon, a pesar de haber sido el gato mimado del capitán, no había olvidado sus días en la isla de Stonecutters y se puso manos a la obra, decidido a salvar los víveres de los marinos.

Siguieron largas semanas de cautiverio, y la tripulación se empleó a fondo para reparar los daños del barco, pero la situación, el tedio y la tremenda humedad habrían hecho mella en la moral de todos de no ser por Simon. No solo dedicaba gran parte del día a cazar ratas, también entretenía a los hombres con la ayuda de Peggy, una terrier de cuatro años con la que se llevaba muy bien.

Simon en la cocina

Simon en la cocina

A principios de julio fue necesario racionar la comida. Por fin, el 30 de julio, el Amethyst pudo escapar con la ayuda de un barco mercante, el Kiang Ling Liberation. En ese momento, el barco estaba capitaneado por el teniente John Kerans, que al poco de llegar a Hong Kong se puso en contacto con la PDSA (People’s Dispensary for Sick Animal) y les pidió que concedieran una medalla a Simon. En la carta decía lo siguiente: “Había una gran cantidad de ratas a bordo del barco que empezaron a reproducirse en las zonas más dañadas. Representaban una auténtica amenaza para la salud de la tripulación. Simon estuvo a la altura de las circunstancias y al cabo de dos meses, la población de roedores había disminuido notablemente. Nadie esperaba que sobreviviera a un impacto que hizo un agujero de más de 30 centímetros de diámetro en la plancha de acero del casco. Sin embargo, al cabo de unos días, Simon volvió a ser el de siempre. Su presencia a bordo, con la perra Peggy, fue un factor decisivo para mantener alta la moral de la tripulación. Ambos aportaron una semblanza de normalidad a una situación muy difícil”.

Simon con un oficial

Simon con un oficial

El 8 de agosto se confirmó que Simon recibiría la medalla y pasó a ser el gato más famoso del mundo, pero la celebridad no era lo suyo y se escondía en cuanto veía a un fotógrafo. Las cartas no dejaban de llegar felicitándolo y se nombró a un “Oficial Gatero” para contestar a tantos admiradores.

Simon con la medalla Dickin

Simon con la medalla Dickin

El 21 de noviembre, el Amethyst entró en el puerto de Plymouth. La tripulación se reunió con sus familias, pero Simon se fue a Surrey para pasar la obligatoria cuarentena. Murió siete días después, el 28 de noviembre. Se sugirió que las heridas y las batallas con las ratas le habían agotado, pero los miembros de la tripulación que fueron a verle estaban convencidos de que murió de pena al verse separado de sus amigos. No llegaba a los cuatro años. Fue enterrado con todos los honores en el cementerio de la PDSA en Ilford, Essex.

En 1950, el autor estadounidense Paul Gallico dedicó su décima novela, “The Abandoned”, también titulada “Jennie” por el nombre de la gata protagonista, “Al lamentado Simon, del Amethyst”.

La tumba de Simon

La tumba de Simon

Desde que la institución PDSA Dickin entregó la primera medalla en 1943, sesenta y cinco animales han sido condecorados: treinta y dos palomas mensajeras durante la II Guerra Mundial, tres caballos y veintinueve perros. La última fue concedida a título póstumo a la perra Sasha en mayo de 2014. Simon es el único gato que ha recibido la medalla.