Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Los gatos coloridos del pintor Adélio Sarro

En 2002, el conocido crítico de arte francés André Parinaud le llamó “brasileño global”. No es ninguna exageración, pues Adélio Sarro ha expuesto – casi siempre en solitario – en un sinfín de países, en ciudades como Pekín, Tokio, Melbourne, Moscú, Bratislava, Ginebra, París, Essen y Bruselas, sin mencionar las del continente americano.

Adélio Sarro en 2018

Viendo la obra del pintor, nos llamó la atención que la mayoría de los animales vivos que incluía en sus composiciones fueran gatos. Hay aves – pero son mucho más simbólicas –, algún que otro perro y poco más. Los peces aparecen en bandejas, para ser vendidos. Se centra en mujeres y hombres solos, en pareja o pequeños grupos, y de vez en cuando – su obra es muy amplía – con un gato.

Siempre es el mismo gato o, mejor dicho, siempre lo retrata exactamente en la misma postura, da igual que le sostengan en brazos o que esté en el suelo. El gato aparece tumbado, con el rabo enrollado sobre una pata trasera, el cuello es largo y, en general, tiene pinta de estar extremadamente sorprendido por encontrarse en semejante situación.

Adélio Sarro nació el 7 de septiembre de 1950 en Andradina, estado de Sao Paulo, donde su abuelo materno tenía una pequeña plantación de café. Hemos leído que su cuna fue un cajón que había servido para transportar cebollas y al que adaptaron unos pies. Su madre era de origen italiano y su padre, portugués, ambos sin ningún conocimiento artístico.

Se crió en un cafetal y, desde pequeño, sus juguetes favoritos fueron el papel de envolver el pan y un lápiz. Cuentan que a los cuatro años trepó encima de un cajón y se quedó embelesado delante del Sagrado Corazón de Jesús del calendario. El sacerdote del pueblo predijo que sería un artista… pero también habría podido acabar siendo cura.

Sus padres se vieron obligados a mudarse en repetidas ocasiones en busca de una vida mejor. El abuelo paterno de Adélio vivía en Dracena y allí se trasladaron. Pero las dificultades continuaron: un hermano suyo murió al poco de nacer, su padre se cayó del tejado de una casa que reparaba y su madre tuvo que lavar ropa para llegar a fin de mes. En esa época utilizó su talento para dibujar anuncios para las tiendas de la ciudad y aportar algo al presupuesto familiar.

Ingresó en el seminario a los 14 años. Sobre todo dibujaba y pintaba figuras religiosas, dejando bastante claro desde un principio que eso le interesaba mucho más que estudiar el Antiguo o el Nuevo Testamento. Ante su falta de vocación, le mandaron de nuevo para casa. Al poco, la familia se mudó a Sao Caetano, una localidad muy cercana a Sao Paulo.

Un amigo suyo, Gilberto Macário, que dibujaba muy bien, encontró trabajo en una empresa de fabricación de letreros publicitarios y le hizo entrar con él. Aprendió serigrafía, una técnica nueva en Brasil, y lo consiguió a base de prueba y error. El azar quiso que conociera a un joven de Brodowski que le invitó a su boda.

En esa ciudad, visitó el museo dedicado al pintor Candido Portinari, del que nunca había oído hablar. (Incluimos los únicos dos cuadros de gatos realizados por Portinari que hemos encontrado). La visita se convirtió en una revelación; entendió que no podía seguir en publicidad y que debía entregarse a su verdadera vocación. Era el año 1971.

Denise con gato, Candido Portinari, 1960
Gato blanco, Candido Portinari, 1959

Compró libros sobre la obra del pintor y empezó a intentar copiar algunos cuadros, pero no era nada fácil. A pesar de carecer de conocimientos técnicos e incluso artísticos, mejoró poco a poco hasta descubrir la técnica de la transparencia, sobre todo con los azules y los rojos.

El siguiente paso fue exponer en la Plaza de la República de Sao Paulo después de conseguir un permiso de la prefectura. En la época casi solo pintaba los paisajes. Conoció a otros pintores, algunos con experiencia, otros tan noveles como él. Además de compradores locales, también venían turistas extranjeros que querían llevarse algo para su país.

Pero no fueron tiempos fáciles. Al no tener dinero, fabricaba sus propios bastidores con restos de cajas de madera. Durante el día trabajaba montando escaparates y haciendo carteles publicitarios para poder pintar por la noche e ir a la plaza los fines de semana. Y así hasta 1984, cuando su galerista le dijo que no podía seguir como “un pintor de fin de semana”.

En 1981, nada menos que seis instituciones japonesas mostraron sus obras. Al año siguiente expuso en los museos de arte de Sao Paulo y de Florianópolis, y a continuación fue descubierto en Italia: Milán, Roma, Bolonia, y después París, Buenos Aires, Miami y Lisboa. En 1988, la Fundación Rali adquirió cuadros suyos para el Museo Latinoamericano de Punta del Este, Uruguay. En los veinte años siguientes, el pintor recorrió el mundo con sus obras.

A partir de los noventa, sin dejar nunca de pintar, Adélio Sarrio empezó a crear murales de grandes dimensiones. Muchos se encuentran en Brasil, algunos en Alemania, otros en Francia.

(Vidriera)

Acabaremos como hemos empezado, citando al crítico francés André Parinaud: “Brasileño de hecho, por sus raíces, pero ciudadano del mundo por la calidad de sus obras y su poder de comunicación gracias a su amor por los seres humanos. Un conjunto que se presenta como la síntesis de las aspiraciones de un artista ejemplar a principios de este milenio y que da testimonio de la sabiduría de un pueblo”.


Deja un comentario

Los gatos de cuento de Feridum Oral

Gato casero

Feridun Oral es un ilustrador y autor de libros infantiles turco con más de 30 títulos en su haber. Algunos de estos libros han sido traducidos a otros idiomas, sobre todo al alemán y al japonés.

Gato en invierno
Gato sirena
Persa blanco

Nació en 1961 en Kirikkale, a unos 80 km al este de Ankara, y se licenció en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Mármara en 1985. Ha participado en bienales y exposiciones nacionales e internacionales. Fue semifinalista en el Concurso Noma UNESCO en Japón y ganó el premio de la Bienal de Ilustradores Europeos, también en Japón, entre otros muchos galardones.

Feridum Oral
Gato y antigüedades
Gato naranja

Ha contribuido con sus obras en la Exposición de Ilustradores de la Feria de Libros Infantiles de Bolonia, concretamente en los años 1985, 92, 93 y 95. En 1991 fue invitado a la Exposición “Pinocchio”, en Padua, Italia, donde se homenajeó al director de cine Federico Fellini. En 2012 volvió a Padua para participar en la exposición Ria Aria organizada por el Museo Diocesano de la ciudad.

No solo se dedica a la ilustración, también trabaja con otros elementos: tejidos, madera, cerámica e incluso materiales de reciclaje, como puede verse en el genial “Gato Microsoft”. Vive y tiene el taller en Estambul.

Gato Microsoft (Escultura)
Mural de cerámica
Mural de cerámica

La gran mayoría de sus cuentos giran en torno a animales, y muchos tienen a un gato como protagonista. Por desgracia, solo hemos encontrado uno traducido al castellano, “La manzana roja”, y el personaje principal no es un gato, sino un conejo.

Juego de pelota en movimiento (Escultura)
Gatos musicales

Otro libro suyo – este con un gato y una ardilla – se titula “Un amigo en invierno”. Cuenta la historia de Leo (según la traducción inglesa) o de Caramel (según la francesa), que se aburre y sueña con tener un amigo.

Un amigo en invierno
Me pregunto por qué
Gato jardinero

Un buen día se fija en una ardilla que ha venido a recoger nueces y avellanas en el jardín. No tardan en hacerse amigos y en pasar tardes enteras jugando entre las hojas caídas. Pero cuando llega el invierno, la ardilla desaparece. Leo/Caramel decide ir en su busca por el bosque nevado…

El pájaro del reloj de cuco
Gato pintor
Le mentí a la lluvia

Descubrimos tres portadas de cuentos en turco con títulos maravillosos, sobre todo “¿Han visto a mi ratón moteado?”, pregunta hecha por un gato blanco moteado.

¿Han visto a mi ratón moteado?

El estilo de Feridun Oral cambia mucho, quizá con el paso de los años, o tal vez porque realiza series. Hay dibujos muy clásicos, otros con un ligero toque surrealista y otros de un estilo orientalizante.

Gato otomano

No hemos podido encontrar más información acerca de este interesante ilustrador y autor. Por las fotos sabemos que tiene un gato, y en alguna parte hemos leído que su abuela le contaba cuentos cuando era pequeño.


2 comentarios

La gata y Mily Possoz

Hija de padres belgas que se habían casado en Londres, Emilia Possoz, conocida como “Mily”, nació en Lisboa el 4 de diciembre de 1888. Su padre, Henri-Émile, exoficial de artillería del ejército belga e ingeniero químico, aceptó un puesto como docente en una escuela técnica portuguesa.

El Estado portugués se esforzaba en abrir escuelas técnicas y una de ellas fue la Escola Industrial D. Leonor, en Caldas da Rainha, la misma ciudad donde el ceramista Rafael Bordalo Pinheiro (https://gatosyrespeto.org/2018/01/18/gatos-de-ceramica-y-rafael-bordalo-pinheiro/), el diseñador del “gato erizado”, tenía su fábrica. De hecho, Bordalo Pinheiro enseñaba en esa escuela y una fuerte amistad unió a las dos familias.

Los Possoz llegaron a Lisboa el 2 de diciembre, dos días antes del nacimiento de Mily, que no fue bautizada hasta el 8 de junio de 1889 cuando la familia ya llevaba unos cuantos meses afincada en Caldas da Rainha. Al cabo de unos años, Henrique Burnay le ofreció a Henri-Émile un puesto en su empresa y la familia se trasladó a la capital de Portugal. Mily y su hermana Jeanne estudiaron en el Colegio Alemán.

Integrados sin dificultad en la sociedad lisboeta, se relacionaron con pintores y músicos. Henri-Émile incluso fue nombrado Canciller del Consulado belga en Lisboa.

Desde los primeros años de la adolescencia, Mily estudió con el acuarelista Enrique Casanova, con Emilia dos Santos Braga y con un pintor especializado en desnudos, algo que no fue muy bien visto en la Lisboa que frecuentaban. Cuando cumplió 16 años, su padre se puso en contacto con Ernest Bordes, que había trabajado para la familia real, y le preguntó su opinión sobre los cuadros de Mily.

Ante la respuesta positiva del pintor, su padre decidió mandarla a París a estudiar en la Academia de la Grande Chaumière, fundada en 1902 por la rusa Alice Dannenberg y por la suiza Martha Stettler, una profesora que se negaba a enseñar ciñéndose a las estrictas reglas pictóricas impuestas por las Escuela de Bellas Artes. Esta academia sigue existiendo en la calle del mismo nombre en el barrio de Montparnasse.

Allí conoció a numerosos artistas, entre otros a Manuel Jardim, a Eduardo Vaina, con quien se comprometería años después, en 1919,  y a Amedeo Modigliani. Empezó a explorar nuevas técnicas y a interesarse por movimientos vanguardistas. También estudió el arte de la litografía con Willy Spatz en Dusseldorf, Alemania, antes de viajar por Bélgica, Italia y Holanda.

A su vuelta a Portugal en 1908 vivió entre el bonito barrio de Lapa, en Lisboa, siempre en compañía de su hermana Jeanne y de su gran amiga Alice Rey Colaçao, pintora y cantante, y el hogar familiar en Estoril. Su padre falleció en 1912, dos años después de que el Partido Republicano derrocará a la monarquía. Mily Possoz se rebeló claramente contra el conservadurismo de la sociedad portuguesa y su visión monolítica  del arte, uniéndose al naciente movimiento modernista del país.

Fue una de las pocas mujeres de su generación que expuso individualmente y la única en ser invitada a participar en la Segunda Exposición de Humoristas en 1913. Realizó frecuentes viajes a París, pero no se trasladó definitivamente allí hasta 1927. Para entonces ya era la única mujer miembro del grupo “Jeune gravure contemporaine” (Joven grabado contemporáneo). Expuso en diversas ocasiones en París y entabló una duradera amistad con el artista Tsuguharu Foujita, otro gran amante de los gatos, con el que colaboró a menudo.

En 1922, la Sociedad Nacional de Bellas Artes de Lisboa rechazó exponer sus obras, lo que el Diário de Noticias consideró “una injusticia y un escándalo”. Eduardo Viana, al que nunca se le había denegado una exposición, se lo tomó como algo personal y decidió organizar una dedicada a artistas modernistas llamada “Salón de Otoño” (como la anual de París) con varias obras de Mily Possoz y otros pintores.

Eduardo Viana
Retrato de Mily Possoz por Eduardo Viana

En 1926, Viana rompió su compromiso con la pintora y se fue a Bruselas. Sin embargo, reemprendieron la relación dos años después y no se separaron definitivamente hasta 1930 cuando la pintora ya vivía en París, donde permaneció diez años. Participó en la Exposición Francesa de Grabados en Cleveland, Estados Unidos, y el museo de la ciudad aprovechó para comprarle varias obras.

Regresó a Portugal en 1937 y se estableció en Sintra. En 1940 estuvo entre los artistas modernistas invitados por el arquitecto Cottinelli Telmo para decorar los pabellones de la Exposición Universal de Lisboa. A pesar de haber nacido en el seno de una familia burguesa, Mily Possoz siempre tuvo que ganarse la vida a partir de la muerte de su padre.

Quizá sea más recordada en su país natal por las ilustraciones realizadas en 1958 para un libro escolar que marcó a toda una generación titulado “O libro da segunda clase”. Pero no fue el único, también dibujó la portada de “Buenos días, tristeza”, de la autora francesa Françoise Sagan (https://gatosyrespeto.org/2019/09/12/gatos-tristeza-y-francoise-sagan/), entre libros.

Una gata le sirvió de modelo para algunos grabados. En la foto, al lado de Mily, hay una gata persa que lleva un collar con colgantes… ¿de cascabeles? Y en varios grabados, también. Se ve claramente en el grabado en que está acostada al lado de un tiesto. Y sí, son cascabeles (algo que no recomendaríamos para un gato).

Mily Possoz y su gata

Mily Possoz falleció el 17 de junio de 1968 en la casa de su hermana en Lisboa. Al año, la Sociedade Cooperativa de Gravadores Portugueses organizó la primera retrospectiva dedicada a ella. Fue una mujer independiente, cosmopolita, atrevida, que se sumió en la vanguardia artística de su época.

Está representada en la National Gallery de Londres con un grabado titulado “Los tulipanes”, donado por el Club de Grabadores de Cleveland. Curiosamente, la etiqueta reza: “Milly Possoz, francesa, 1888-1967”. Ni fue francesa, ni murió en 1967.


Deja un comentario

Gatos en los grabados japoneses Ukiyo-e

Utagawa Hiroshige (1857)

En marzo de 2015 se inauguró en Nueva York una espléndida exposición, organizada por la Sociedad Japonesa de esa ciudad, dedicada íntegramente a los gatos bajo el nombre de “Life of Cats: Selections from the Hiraki Ukiyo-e Collection” (La vida de los gatos: Una selección de la colección Hiraki de grabados Ukiyo-e).

Artista desconocido (Gatos buenos y malos)
Isoda Koryusai (1772-81)

La colección Hiraki nació hace más de 40 años gracias al fundador de la empresa de máquinas de coser Riccar, Shinji Hiraki, con el fin de salvaguardar un arte que permeó a todas las clases sociales japonesas durante el periodo Edo y al final de la Restauración Meiji (1868-1912), marcando el final de siglos de aislamiento.

Tsunajima Kamekichi
Utagawa Kunimaro (1849)

Los grabados Ukiyo-e (Mundo flotante) fueron muy populares e incluso podría decirse que producidos masivamente. En principio, el artista hacía el dibujo, otra persona lo grababa en madera, el impresor añadía los colores consiguiendo efectos sorprendentes y un cuarto se encargaba de comercializarlos. Los primeros grabados datan de la segunda mitad del siglo XVII, y alcanzaron su auge a finales del XVIII y principios del XIX.

Utagawa Kunisada (1833)
Utagawa Kunitoshi (Juegos de gatos)

Sin embargo, con la muerte de los dos grandes maestros Katsushika Hokusai (1760-1849) y Utagawa Hiroshige (1797-1858), la llegada de la Restauración Meiji y la consiguiente modernización tecnológica del país, el interés por los grabados Ukiyo-e empezó a declinar. Por suerte, el siglo XX fue testigo de una renovada demanda debida al creciente interés en Occidente por las escenas japonesas tradicionales y los grabados dibujados, esculpidos e impresos por el mismo artista.

Katsushika Hokusai
Utagawa Hiroshige (1844)

Una divertida estructura en forma de gato servía de entrada a un mundo mágico lleno de grabados cuidadosamente escogidos por los responsables de la Galería de la Sociedad Japonesa con el fin de reflejar la naturaleza multifacética y enigmática de los gatos. Desde el cachorro juguetón al terrible bakeneko de los mitos japoneses (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/) pasando por las caricaturas o los gatos antropomorfos, se expusieron más de noventa grabados, además de juguetes y otros objetos.

Entrada exposición
Utagawa Kunisada (1857)

La exposición se dividió en dos ciclos, dado que los grabados Ukiyo-e no pueden exponerse durante mucho tiempo a la luz natural, sobre todo los realizados antes de que Japón empezara a importar tintes químicos en la segunda mitad del siglo XIX. Los tintes vegetales son muy sensibles a la luz y pierden el color rápidamente.

Utagawa Yoshifuji (1880)
Utagawa Toyokuni

Como era de esperar, la estrella de la exposición fue Utagawa Kuniyoshi (1797-1861) (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/), posiblemente el artista más prolijo de Japón dibujando gatos. Firmaba sus obras con diferentes nombres que incluían los caracteres de la palabra “gato”; dibujaba personajes famosos como gatos; utilizaba la figura del gato para eludir la censura reinante durante el shogunato Tokugawa, y los gatos se paseaban libremente por su estudio.

Utagawa Kuniyoshi (1844-48)
Utagawa Kuniyoshi (Gatos actores, escena Michiyuki)

A finales del siglo XIX y principios del XX, los artistas occidentales de cualquier escuela, impresionista, fauvista, simbolista, nabi, incluso el famoso Wiener Werkstätte (Taller de Viena), el arquitecto Frank Lloyd Wright o el diseñador Louis Confort Tiffany, entre otros muchos, se dejaron influir por los Ukiyo-e. Pintores como Vincent van Gogh, Edouard Manet, Edgar Degas, Abbott McNeill Whistler se enamoraron de los grabados y Picasso se inclinó por el subgénero erótico.

Utagawa Yoshiiku (Canciones de los tres gatos)
Utagawa Kuniyoshi

En Francia, los marchantes de arte Siegfried Bing y Hayashi Tadamasa importaron grabados, y el historiador del arte Ernest Fenollosa se ocupó de la colección del Museo de Bellas Artes de Boston, al que siguieron el Museo Británico, el Victoria y Alberto, el Metropolitano de Nueva York y el Smithonian de Washington. Los coleccionistas no se quedaron atrás. Los Ukiyo-e estaban de moda.

Utagawa Kuniyoshi (1847)

La exposición se dividió en cinco temas: Gatos y personas, Gatos como personas, Gatos frente a personas, Gatos transformados y Gatos y juegos. Algunos de los grabados incluidos en esta entrada ya fueron publicados en entradas anteriores, pero merece la pena volver a verlos.

Utagawa Yoshifuji

En esta escena vemos a la Tercera Princesa dando una carta a su gato para que se la entregue a Genji, en una adaptación del siglo XV del original “Genji Monogatari”, del siglo XI, donde se encuentra la primera mención a un gato en la literatura japonesa.

Utagawa Kunisada (1848-54)

El siguiente, también de Utagawa Kunisada, pertenece a una serie de grabados sobre restaurantes famosos que servía de guía ante la proliferación de locales caros en el periodo Bunka-Bunsei (1804-1829).

Utagawa Kunisada (restaurante)

Este grabado de Utagawa Kuniyoshi pertenece a una serie titulada “Dieciséis encantadoras criaturas” y muestra la figura principal de una mujer despertándose de la siesta con su gato y un cuadro colgado en la pared del sacerdote Bukan también despertándose con su famoso tigre.

Utagawa Kuniyoshi

Un grabado de Tsukioka Yoshitoshi titulado “Tedio: La apariencia de una virgen de la época Kansei”, de la serie “Treinta y dos aspectos de las costumbres y maneras”. Casi todos los Ukiyo-e formaban parte de series que se guardaban en álbumes. Aquí, cada grabado refleja una emoción diferente encarnada en una mujer. Aunque tal vez refleje la emoción del gato, harto de que le manoseen.

Tsukioka Yoshitoshi (1888)

La representación de gatos como personas fue muy popular durante las reformas Tenpo (1842-1845), años en que se censuraban ciertas imágenes. Utagawa Kuniyoshi muestra a dos actores en una escena de la obra “La manga apestosa”, en torno a los clanes Gengi y Heike, que protagonizaron tremendos enfrentamientos en el periodo Heian. Un jefe de los Genji le pregunta a su amante dónde se encuentra uno de los Heike. Ella, despreocupada, toca un instrumento.

Utagawa Kuniyoshi

El grabado llamado “Acto 7”, de Utagawa Yoshiiku, muestra a siete famosos actores del teatro kabuki en una obra muy popular en la época conocida en Occidente como “47 rōnin”. Es el perfecto ejemplo de cómo los artistas conseguían saltarse la censura. Los actores van maquillados como gatos, pero se les ha dejado bastantes rasgos suyos para que los seguidores del kabuki puedan reconocerlos.

Utagawa Yoshiiku (1860)

Acabamos con dos grabados de Takahashi Shōtei (nacido Hiroaki), uno de los últimos representantes del grabado clásico a través del estilo sin-hanga (nuevos grabados), a mediados de la primera mitad del siglo XX, que revitalizó el tradicional arte Ukiyo-e.

Takahashi Hiroaki (1927-30)
Takahashi Hiroaki (1931)

A modo de curiosidad, si muchos de los artistas comparten el nombre de “Utagawa” es porque pertenecen a la escuela Utagawa, que surgió durante el Shogunato Tokugawa, cuando Japón se cerró al exterior. A pesar del sistema feudal, proliferó el comercio y apareció una clase burguesa que hizo posible la expansión de las artes, sobre todo de grabados Ukiyo-e, cerámica, lacas y textiles.

(La batalla de los gatos y los ratones)


1 comentario

Los gatos sorprendentes del pintor alemán Michael Sowa

Gato gordo

Existe un mundo donde los gatos vuelven a casa con la pata en cabestrillo, fuman con perros y polluelos, los cerdos nadan en platos de sopa o vuelan, los conejos llevan impermeable y hacen de las suyas, las gallinas de guinea se adornan con collares de perlas y las jirafas pasean en barco por tranquilos lagos.

Cuestión de suerte
Los callejeros

Es el mundo del pintor e ilustrador Michael Sowa. Sus obras surrealistas pueden divertirnos y hacernos sonreír, pero a veces son inquietantes, extrañas, incluso incómodas. Sin embargo, también realiza encantadoras ilustraciones para algunos de los libros infantiles de Axel Hacke. En español se ha publicado uno, “El pequeño rey Diciembre”.

Febrero

Entre los múltiples animales que pinta hay gatos, enormes conejos, osos que siguen a niñas como perros, perros amigos de gatos, aves de todo tipo, reales o no. Es posible que sus cuadros de gatos sean los más intranquilizantes, como “La tarea del gato”.

La tarea del gato

Michael Sowa tiene un gato o, al menos, se hizo una fotografía con uno precioso  – quizá sea gata – blanco y negro en lo que parece su taller.

Michael Sowa con gato
Remolinos en el salón

Además de ilustrar libros infantiles, participó en la maravillosa película de animación “Wallace y Gromit, la maldición de las verduras”, dirigida por Steve Box y Nick Park. El artista reconoce que se alegró mucho cuando Nick Park le pidió que formara parte del equipo de efectos visuales porque siempre ha sido fan del trabajo del estudio Aardman.

Gato y Gallina de guinea con collar

También participó en la muy exitosa “Amélie”, del francés Jean-Pierre Jeunet, para la que realizó dos cuadros que aparecen colgados en la cabecera de la cama de Amélie (“Gallina de guinea con collar” y “Perro con collar isabelino”), así como el cerdito lámpara en la mesita de noche. En un momento de la película, los dos cuadros y la lámpara dialogan sobre el enamoramiento reciente de la protagonista. Además, como puede verse en la foto, el gato de Amélie dormía con ella.

Numerosos periódicos y revistas, como Die Zeit o New Yorker, le han encargado dibujos. Contribuye regularmente a las publicaciones de la revista satírica alemana Titanic. Tiene en su haber varias portadas de discos, entre otras la del álbum de 1994 “Miaow”, del grupo The Beautiful South. A pesar de titularse “Miaow” (Miau), la portada no incluye a ningún gato, sino a perros.

La primera portada se inspiró en la famosa foto de HMV, la empresa “La voz de su amo”, pero obligaron al grupo a cambiar la portada por “burlarse del perro terrier de la marca registrada”. Fue necesario sustituirla con una segunda portada, la de cuatro perros en un bote, también del pintor.

Michael Sowa nació en 1945 en Berlín y estudió durante siete años en la Universidad de las Bellas Artes de esa ciudad, la mayor de Europa y una de las más prestigiosas. Trabajó brevemente como profesor de arte antes de dedicarse totalmente a la pintura y a la ilustración. En 1996 publicó “Sowa’s Ark: An Enchanted Bestiary” (El arca de Sowa: Un bestiario mágico), con 50 cuadros, cuya segunda edición, en 2006, corrió a cargo de Image Connection en Estados Unidos.

Gatos de noche

En 1995 fue galardonado con el Premio Olaf-Gulbransson y en 2004 con el Premio Libro de Berlín en la categoría de Libro Infantil por las ilustraciones de “El príncipe Tamino”. En 2020 recibió el Premio E.O. Plauen. Expone de forma habitual en Japón.

La manicura

Michael Sowa dice que empezó dibujando paisajes un poco a modo de telones de fondo, pero que no tardó en comprender que necesitaba inyectarles vida. Los animales aparecieron naturalmente, como si fueran los habitantes idóneos para los escenarios. Luego, bastante más tarde, llegaron los seres humanos.

Leyendo con gato

Según el escritor Axel Hacke, es el artista perfecto para ilustrar sus libros. Michael Sowa explica que debido al humor de Hacke, no le cuesta encontrar escenas pictóricas para las historias y que, además, el escritor no le obliga a ceñirse totalmente al texto, puede “añadir cositas en las esquinas”.

Los días que pasé con Dios

Sin embargo, Michael Sowa tiene fama de retrasarse siempre a la hora de entregar las ilustraciones, como si le costara desprenderse de su obra. El artista se defiende; no se trata de querer quedarse con los dibujos, sino de un afán perfeccionista y de que tal vez el resultado no encaje exactamente con lo imaginado. Recuerda que en una ocasión, ilustrando el “El pequeño rey Diciembre”, la editorial Kuntsman mandó a alguien a su estudio a estar con él toda la noche para asegurarse de que las ilustraciones estarían listas al día siguiente.

Gatos heridos

Otra característica del artista es volver a pintar encima de un cuadro terminado. Es el caso del cuadro de una jirafa jugando a la pelota en un lago, que tristemente ya no existe porque pintó otra cosa encima. Según él, no lo piensa de antemano, sencillamente empieza a cambiar una “esquinita”, y antes de que se dé cuenta, el cuadro anterior ha desaparecido. También añade que en la gran mayoría de casos no se pierde nada.

Melancolía de una noche de verano
Los medios

Para acabar, incluimos dos cuadros que no tienen nada que ver con gatos, pero nos parecen muy graciosos. Se trata de unas patatas andando con gran decisión por la calle y de cuatro ovejas blancas con ordenadores y una negra ante un televisor.


Deja un comentario

Los gatos soñadores de Jimmy Tsutomu Mirikitani

Hace menos de un año, en abril, publicamos una entrada sobre la pintora Miné Okubo (https://gatosyrespeto.org/2021/04/08/los-gatos-de-mine-okubo/), que fue encarcelada en 1942, a los 30 años, en un campo de internamiento para estadounidenses de ascendencia japonesa. Lo mismo le ocurrió a Jimmy Tsutomu Mirikitani cuando tenía 22 años.

Nació en Sacramento, California, el 15 de junio de 1920, pero cuatro años después, su familia regresó a Hiroshima, donde no tardó en mostrar un talento innato por el dibujo. A los 18 años volvió a Estados Unidos para evitar ser llamado a filas por el ejército japonés. El lema de Jimmy Mirikitani siempre fue “Soy pintor, no soldado”. Se trasladó a vivir a Seattle con su hermana mayor.

Jimmy Tsutomu Mirikitani y una gata

El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbor y a los dos meses, el 19 de febrero de 1942, el presidente Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066, permitiendo el encarcelamiento de todos los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en campos totalmente aislados. Las autoridades separaron a Jimmy Mirikitani y a su hermana; tardarían más de 60 años en volver a verse.

Durante su encierro, la mayoría de la familia y amigos de infancia de Jimmy murió en el despiadado bombardeo atómico de Hiroshima. Durante esa horrible época, se le obligó a renunciar a la ciudadanía estadounidense y se convirtió en apátrida. Peor aún, cuando acabó la guerra, no se le liberó, fue enviado a Nueva Jersey con otras personas que habían renunciado a su ciudadanía y acabaron haciendo turnos nocturnos de doce horas en plantas de enlatado de verduras.

En 1945, el abogado Wayne Mortimer Collins, defensor de los derechos civiles, empezó a luchar para que estas personas no fueran deportadas y se les devolviera su nacionalidad. Tardó 23 años en conseguir que cientos de hombres y mujeres recuperaran la ciudadanía estadounidense. Jimmy Mirikitani estaba entre ellos. Pero se había ido a Nueva York en los años 50 y nunca recibió la carta del gobierno.

Al llegar a Nueva York, empezó a hacer dibujos de colores vibrantes con bolígrafos o lápices de colores y a venderlos en parques. Un profesor de arte le pilló durmiendo en la biblioteca de la Universidad de Columbia y le puso en contacto con la Iglesia Budista de Nueva York, que le ofreció cobijo.

Para sobrevivir, Jimmy trabajó en restaurantes de comida rápida. Incluso llegó a conocer al famoso pintor  Jackson Pollock. Fue el cocinero personal de un neoyorquino rico hasta que este falleció en los años ochenta y volvió a encontrarse en la calle. Cuando los años le impidieron seguir trabajando, no pidió ayuda porque estaba convencido de que era apátrida.

Se sentaba en la esquina de una calle del Soho de Nueva York y vendía sus cuadros a turistas y transeúntes. Nunca aceptó una limosna y siguió expresando su dolor, temores y tristeza a través de sus obras: las llamas de la bomba de Hiroshima, el campo de Tule donde le encerraron y gatos, gatos, gatos.

Gatos que, en muchos casos y a primera vista, parecen ser el mismo dibujo, pero los peces cambian, los gatos cambian, las plantas cambian… Jimmy decía que desde pequeño siempre le habían gustado los gatos.

Un buen día, la documentalista Linda Hattendorf pasó por su esquina y empezó a charlar con él. No tardó en descubrir que si llevaba una cámara, Jimmy era más propenso a hablar. Poco a poco nació la idea de hacer un documental sobre su vida, pero se derrumbaron las Torres Gemelas el 9-S de 2001. Unos días después, Linda volvió a la esquina y ahí estaba Jimmy, sentado como siempre entre sus cuadros, respirando polvo tóxico. Fue entonces cuando Linda tomó una decisión y le invitó a quedarse en su diminuto apartamento.

El documental “Los gatos de Mirikitani” (2006) se convirtió en el rodaje de un compañero de piso que nunca dejó de pintar y le contó su historia a retazos. El resultado fue galardonado con el Premio del Público en el Festival de Cine de Tribeca.

Pero la cineasta no se limitó a hacer un documental. Después de unir los trozos de vida que le contaba el pintor, indagó para ver qué pasaba con su nacionalidad. Consiguió varios documentos oficiales entre los que se encontraba la carta – nunca entregada – indicando que no había perdido la ciudadanía estadounidense. A partir de este momento fue fácil obtener ayudas sociales.

También descubrió que era primo de la conocida poeta californiana Janice Mirikitani. Localizó a su hermana, a la que no había visto desde que ambos habían sido encarcelados en 1942, y organizó un viaje a California en 2002 para que se reuniese con ella y con una pequeña comunidad de antiguos prisioneros. Incluso pudo volver a visitar el campo de internamiento de Tule.

Linda dio a conocer la obra de Jimmy Tsutomu Mirikitani. Después del estreno del documental, tuvo su primera exposición individual en el Museo Asiático Wing Luke de Seattle, a la que siguieron otras en la Universidad de Nueva York, en la Universidad del Norte de Texas, en el Nikkei Portland Legacy Center de Portland y más. En 2010 sus obras pudieron verse en la Galería Renwick del Smithsonian, y en 2011, en el Museo Nacional Japonés Canadiense.

Jimmy Tsutomu Mirikitani

Sus dibujos ilustran un libro infantil titulado “The Cat who Chose to Dream” (El gato que escogió soñar), de Loriene Honda, con prólogo del actor George Takei, el Sr. Sulu de la serie “Star Trek”, al que también le gustan los gatos.

El libro empieza así: “Jimmy el Gato se despertó una mañana convencido de que unos copos de nieve le caían suavemente en la cara, como si las esperanzas y los sueños bailasen en su nariz”. Pero Jimmy se despierta y recuerda dónde está: en un campo de internamiento para japoneses. Su familia le había colado a pesar de las prohibiciones.

Jimmy, para sobrevivir a las duras condiciones, para superar la tristeza, crea en su cabeza un lugar mágico solo para él, donde puede sentirse seguro de nuevo. Sueña con un templo budista; se siente valiente como un tigre de las nieves; se imagina como un dragón capaz de defender a su familia; siente el sol calentar su lomo… Jimmy escogió soñar para sobrevivir.

Jimmy Tsutomu Mirikitani autorizó a la editorial a usar sus dibujos, pero jamás llegó a ver el libro terminado porque falleció a los 92 años, el 21 de octubre de 2012, dos años antes de la publicación del gato que escogió soñar.


Deja un comentario

El gato korat y el Tamra Maew

El korat, también llamado Mallet o Si sawat, es un gato doméstico de pelo corto gris azulado, de tamaño mediano, más bien musculoso y con muy poca grasa. Sus rasgos más característicos son la cabeza en forma de corazón, grandes ojos verdes y patas delanteras algo más cortas que las traseras.

Es una raza totalmente natural, considerada una de las más estables y más antiguas, cuya apariencia no ha cambiado con el paso de los siglos. Originaria de Phimei, en Tailandia, su nombre occidental proviene de la provincia donde surgió, Nakhon Ratchasima, a la que los tailandeses suelen llamar “korat” familiarmente. En Tailandia se les conoce como Si sawat en referencia a su magnífico pelaje y el color de sus ojos.

El korat es el gato de la buena suerte y, tradicionalmente, se entregaba una pareja a los recién casados. Hasta hace muy pocos años no se vendían, solo se regalaban.

Yani y Chalama (años 60)

En 1995, Tailandia emitió un sello dedicado al korat. Dos años después, Cuba y Tuvalu siguieron su ejemplo; en 1999, la República del Congo, y en 2017, Yibuti, en África Oriental. Varios países más han hecho lo propio posteriormente.

Sello Tailandia

Los primeros korat llegaron a Gran Bretaña entre 1889 y 1896 bajo la denominación de “siameses azules”, pero tienen poco que ver con estos y fueron descalificados en los primeros concursos de gatos. En 1901 ya habían desaparecido. Reaparecieron en Estados Unidos a principios de los años cincuenta del siglo pasado y fueron aceptados como tal gracias a los esfuerzos de un criador de Maryland en 1966.

Es probable que se hiciera alusión por primera vez a esta antigua raza en el Tamra Maew (Tratado de los gatos o Libro de poemas de los gatos), que puede remontar al año 1350 y del que se encuentra un ejemplar más reciente en la Biblioteca Nacional de Tailandia.

Tamra Maew (Libro de poemas de los gatos)

Este tratado es un manuscrito del tipo “samut khoi” del periodo Ayutthaya (1350-1767), aunque la mayoría de ejemplares datan del siglo XIX. Contiene ilustraciones de diversos tipos de gatos y es probable que sirviera para marcar los estándares de las razas.

El manuscrito consiste en una larga tira de papel plegada en acordeón que se lee verticalmente. Suele incluir diecisiete razas propicias, además de otras seis consideradas portadoras de mala suerte. Las ilustraciones que describen a los gatos van acompañadas por descripciones versificadas en alfabeto tailandés, ya que el alfabeto khom se reservaba para manuscritos religiosos.

Los versos introductorios dicen así: “Me inclino ante vos con cabeza y manos, mas en vez de utilizar flores, incienso y velas doradas, / para vos describiré las formas de los gatos tal como se hizo en mitos y leyendas. / Todos los gatos fueron creados por dos eremitas: Ka-La-I-Ko-Te creó los que traen buena suerte…”

En los versos, breves y concisos, se describen los principales rasgos físicos de los gatos y los efectos (beneficiosos o negativos) que pueden aportar a su dueño. Algunos traían prosperidad y salud, mientras que otros, mala fortuna. Estos últimos seguían existiendo, pero suponemos que se evitaba tenerlos en casa.

Los tratados felinos eran comunes en toda Asia sudoriental, y muy especialmente en Siam, país donde algunos animales tenían un papel importante en la corte imperial y en los monasterios budistas. Los primeros eran los elefantes albinos, seguidos por los caballos y los gatos.

Algunos Tamra Maew incluyen hasta veintidós razas de gatos propicias. La lista siempre va encabezada por el ninlarat, el gato negro por excelencia, cuyos versos dicen así: “Un gato de raza negra tiene el cuerpo negro, los dientes, ojos, garras y lengua; todo es negro. / Su rabo es tan largo que le toca la cabeza”.

Después llegaba el wilat (belleza), de cuerpo negro y ojos verdes, seguido por el suphalak, de color cobre, renombrado por espantar el mal y que todavía existe hoy en día. El kao taern (nueve puntos) de manto blanco tenía nueve manchas circulares negras, y el ratanakamphol (ropa engalanada), también era blanco con un cinturón negro. Y así sucesivamente.

Pero la magia de los gatos de Siam inició su declive a mediados del siglo XIX cuando los británicos empezaron a llevarse a los sagrados animales a Inglaterra para criarlos y venderlos como “objetos” de lujo.

Durante cientos de años se creyó que el impresionante color azul plateado representaba la abundancia. Los brillantes ojos verdes son del color del grano de arroz aún sin madurar y simbolizaban una cosecha abundante. Como hemos dicho al principio, se regalaba una pareja a los recién casados para propiciar un buen y feliz matrimonio.

También existen korat de color lila en Tailandia, pero los criadores europeos los menosprecian en comparación a sus hermanos de manto azul. Sin embargo, en el antiguo reino de Siam ambos eran muy apreciados.

Curiosamente, el peculiar y único tono verde de sus ojos puede tardar hasta cuatro años en desarrollarse del todo. Los ojos de los gatitos son de color ámbar. También son conocidos por poseer un sentido del olfato, de la vista y del oído aún más desarrollados de lo habitual en un gato.

Gato korat y gato siamés

Son observadores, curiosos, siempre dispuestos a participar en lo que está ocurriendo y a investigarlo todo. Y como muchos otros gatos, no se echan atrás cuando se trata de ser el centro de la atención.


2 comentarios

Los gatos pop de Sebastiano Ranchetti

“Cuando miro a los ojos de un animal, no me siento superior, me siento vivo, como parte de la naturaleza”. Son palabras de Sebastiano Ranchetti, pintor, dibujante e ilustrador. Recientemente ha cumplido 60 años, y como agradecimiento a todas las personas que le han felicitado, ha publicado en las redes el dibujo de una gata naranja con el siguiente mensaje: “Gracias a todos por las felicitaciones. He cumplido sesenta años y tengo la sensación de haber empezado a vivir hace muy poco. Lo que me queda será difícil, pero maravilloso”.

Los gatos del artista nos miran de reojo, los hay de todos los colores (nunca mejor dicho), de todos los tamaños y edades, algunos bostezan, duermen o se estiran, no temen observarnos, otros parecen tímidos o altaneros, pero todos son bonitos, divertidos y muy positivos.

Uno que nos gusta especialmente lleva el título de “Gato gordo” con el subtítulo “y feliz de serlo”. Reconocemos sentir cierta debilidad por los gatos gordos. Sebastiano Ranchetti explica que ya desde muy pequeño le gustaba dibujar, y que cuando tenía unos diez años hacía paisajes muy detallados, centrándose en los árboles y sus hojas.

En otra entrevista dice: “Siempre me han inspirado los animales y la naturaleza, prefiero expresarme a través de dibujos sencillos y de colores felices. Mi deseo es comunicar esta sensación a los otros seres humanos”. También pinta cuadros de perros y otros animales, pájaros, perros, iguanas, cangrejos… Pero sobre todo abundan los gatos.

Cada año crea un catálogo dedicado a los gatos para que estos nos acompañen cada día. Hijo de padre italiano y madre inglesa que adoraba a los animales, creció rodeado de gatos y perros. Sin embargo, no tuvo un gato realmente suyo hasta hace 12 años (desconocemos la fecha de la entrevista), cuando Tina entró en su vida. “En principio debía ser la gata de mis hijas, pero me escogió a mí y llevamos juntos desde entonces”.

Intuimos que Tina es esta preciosa gata carey fotografiada en 2018. Hay otra foto del artista con un gato atigrado en los hombros, pero creemos que es anterior.

Sebastiano Ranchetti

Sebastiano Ranchetti nació en Milán en 1961 y estudió Bellas Artes en esta ciudad. Se trasladó a Londres para seguir estudiando, y posteriormente a Wuppertal, Alemania, a principios de los años ochenta. Allí trabajó como ilustrador y director artístico antes de regresar a Italia e instalarse en Florencia.

En 2004 creó su primera obra como autor e ilustrador, una serie compuesta por cuatro libros titulados “Piensa en color”, cada uno dedicado a un color, azul, verde, amarillo y rojo. Estos libros sin texto juegan con formas naturales, aparecen animales, se vuelven abstractos y acaban transformándose en criaturas nuevas e inesperadas.

A continuación hizo dos series de varios libros dirigidas a lectores jóvenes. La primera, titulada “Conoce a los animales”, los presenta en su entorno, la selva, el mar, el Ártico… Después llegó “Aprende con los animales”, para mostrar sus colores, sus formas… Los libros se han publicado en Italia, Francia, México, Corea y Estados Unidos.

Actualmente vive en una granja cerca de Florencia. Y cuando decimos granja, nos referimos a una granja de verdad, con gente trabajando y muchos animales, además de los que conviven con la familia. Está casado con la diseñadora gráfica Laura Ottina, y tienen tres hijas, Michelle, Alice y Julia, la gata Tina y la perra Emma.

 Sus obras han sido publicadas en numerosas revistas y expone regularmente en galerías de Florencia y Milán. Con su esposa Laura fundó el estudio Popdesign y aceptan encargos de retratos de animales. La gata Tina y la perra Emma le sirven a menudo de modelos.

“Me encanta crear en solitario, pero disfruto mucho trabajando con mi mujer. Ella me ayuda con nuestra empresa y a organizarlo todo. A menudo trabajamos juntos en algunos proyectos; por ejemplo, libros infantiles y también algunos encargos de diseño gráfico”.

La información acerca de Sebastiano Ranchetti no abunda en Internet. Una biografía corta, alguna entrevista breve y poco más. Encontramos una larga entrevista (14 minutos) en YouTube, pero está en italiano y nuestros conocimientos del idioma son muy limitados. Incluimos aquí el enlace por si puede interesar a alguien. https://www.youtube.com/watch?v=fiB968ZlWbk.

Eso sí, a partir del minuto 6:28 hasta el final, al artista le acompaña un magnífico gato atigrado, el mismo de la foto anterior. Un gato muy cariñoso, un poco pesado, pero un gato genial.


Deja un comentario

El gran desfile de los gatos y Leonor Fini

“Me gustan los gatos porque me parecen tranquilizadores y armoniosos. Sé exactamente a qué clase de persona le gustan los gatos y a qué clase no. En general, a los solitarios y a los rebeldes les gustan los gatos. También creo que, como los autos de fe y todo lo que tiene que ver con las brujas, los gatos siempre se han relacionado con las mujeres, con la feminidad. Está vinculado con la religión. Los gatos se veían como un concepto más del pecado”.

Eso decía Leonor Fini, a la que dedicamos una entrada en abril de 2016. (https://gatosyrespeto.org/2016/04/21/gatos-suenos-disfraces-y-leonor-fini/).  Por eso no volveremos a repetir la biografía de la pintora, solo nos limitaremos a mencionar alguna que otra anécdota contada por las personas que la conocieron. Leonor Fini era una apasionada de los gatos y casi siempre tuvo entre dos y doce a su lado.

En esta entrada hemos querido mostrar algunas de las sesenta litografías incluidas en el libro “La grande parade des chats” (El gran desfile de los gatos), impreso el 15 de diciembre de 1973, una colección de imágenes de gatos acróbatas, gatos niños, gatos patinadores, gatas grandes damas, gatas modelos…

Leonor Fini, además de pintar, diseñó vestuarios y decorados para el Ballet de París, entre otros los de “Les demoiselles de la nuit”, con coreografía del famoso Roland Petit, protagonizado por “Agatha, la gatita blanca; John Kriza, un joven músico; el gato barón de Crotius, y la gata negra”. Desde luego, con estos personajes, nadie mejor que Leonor Fini para vestirlos.

La artista creó magníficas máscaras gatunas para los bailarines, pero Margot Fonteyn, la primera bailarina, se quejó de que su máscara la hacía parecer grotesca y rehusó ponérsela. Leonor Fini no se quedó atrás y amenazó con prender fuego al teatro si Fonteyn no la llevaba. Por fin, gracias a los ruegos del paciente Roland Petit, llegaron a un compromiso: la pintora accedió a proponer una versión menos ostentosa.

Neil Zukerman, dueño de la galería CFM de Nueva York, siempre dice que todo el mundo acababa discutiendo con ella, pero que solo quedaba olvidarlo y pensar: “Bueno, es Leonor”. Cuando le invitó por primera vez a su piso de París, se le ocurrió ofrecerle un precioso American Shorthair, y a partir de este momento se hicieron muy amigos. Maisie (era una gata) sobrevivió a Leonor, que falleció en 1996, como también lo hizo Misha. Ambos quedaron al cuidado de Richard Overstreet y Joyce Neyman, otros amantes de los gatos.

Los numerosos gatos de la pintora le permitieron estudiarlos. Siempre que pintaba “los gatos se acercaban, rodeaban el caballete, se subían encima”, recuerda Joyce Neyman. El galerista Neil Zukerman añade: “Es fácil reconocer un cuadro o dibujo original de Leonor, basta con buscar algún pelo de gato pegado a la pintura, una marca de pata o un arañazo”.

El fotógrafo Richard Overstreet, del que era amiga desde 1968 cuando Leonor Fini diseñó el vestuario de una película de John Houston en la que él trabajó de ayudante de dirección, cuenta que la más mínima corriente levantaba nubes de pelos de gato en el taller. La pintora pasaba los veranos en una casa en el valle del Loira y sus gatos la acompañaban, cada uno en una cesta de mimbre. Recuerda que podía haber hasta quince cestas en la parte trasera del coche y que era imposible hablar durante el trayecto de tres horas.

Richard Overstreet

Leonor Fini donaba dibujos regularmente a la Sociedad Protectora de Animales francesa para ayudarles a recaudar fondos con el fin de esterilizar y alimentar a gatos callejeros. Parece ser que era del todo incapaz de rechazar a un gato, aunque ya tenía muchos. En los años que se conocieron, su amigo Overstreet contabilizó unos cincuenta. Solía decir que “los gatos son las criaturas más perfectas de la tierra, pero su vida es demasiado corta”.

Se la considera una de las artistas más importantes de mediados del siglo XX, con Leonora Carrington, Frida Kahlo, Meret Oppenheim, Remedios Varo y Dorothea Tanning, y conocía a la mayoría de ellas. Durante sesenta años, nunca dejó de crear: cuadros, dibujos, diseño gráfico y comercial (el famoso frasco con forma de torso para el perfume Shocking, de Schiaparelli, es suyo), ilustraciones de libros, diseño teatral, como hemos dicho antes, pero también para ópera y cine.

Su vida no fue nada convencional. Aprendió anatomía observando los cadáveres del depósito de Trieste, donde creció, y dibujo y composición estudiando a los maestros en libros y museos. Llegó a París desde Milán en 1931.

Su gran inteligencia, burbujeante personalidad y extravagante vestimenta no tardaron en abrirle camino en el mundo artístico de entonces. Se relacionó con pintores y poetas surrealistas como Paul Eluard, Salvador Dalí, Man Ray y Max Ernst, que fue su amante durante un tiempo. No escondía su profunda antipatía por el misógino André Breton. Expuso con ellos en repetidas ocasiones, pero nunca se consideró una pintora surrealista.

El galerista Julien Levy, después de quedarse embelesado por las obras y el encanto de Leonor Fini, la invitó a Nueva York en 1936 para exponer con Max Ernst. Allí conoció a numerosos surrealistas estadounidenses, entre los que estaban Joseph Cornell y Pavel Tchelitchew. Sus obras formaron parte de la exposición Arte Fantástico, Dada y Surrealismo organizada por el MoMA, con pintores como De Chirico, Ernst e Yves Tanguy.

También fue una espléndida retratista; pintó repetidamente a Stanislao Lepri y a Constantin Jelenski, al que llamaba “Kot”, que significa “gato” en polaco, país del que era originario. Stanislao y Kot fueron amantes suyos durante mucho tiempo, y los tres vivieron juntos con más de doce gatos. También retrató a sus amigos: el escritor Jean Genet, las actrices María Casares, Anna Magnani, Alida Valli y Suzanne Flon, la bailarina Margot Fonteyn, el director Luchino Visconti, las pintoras Meret Oppenheim y Leonora Carrington, así como a las mujeres de la alta sociedad Francesca Ruspoli y Hélène Rochas.

A su vez, fue retratada por un sinfín de fotógrafos famosos: Erwin Blumenfeld, Dora Maar, Man Ray, Georges Platt Lynes, Lee Miller, Horst, Brassaï, Cecil Beaton y Henri Cartier-Bresson. Le dedicaron poemas Charles Henri Ford, Paul Eluard y Georges Hugnet, entre otros.

Falleció el 19 de enero de 1996 en París, siete meses antes de cumplir 90 años.


2 comentarios

Gatos y el pintor suizo François Knof

Gato en el agua (1997)

François Knof, pintor suizo, expuso por primera vez en 1987 y la noche antes de la inauguración vendió todos los cuadros – un total de 41 – a un coleccionista. Nos atrevemos a decir que es el sueño de cualquier pintor. En varias críticas se le compara con el belga René Magritte, pero no acabamos de ver el parecido.

Cocina vegetariana (2007)
Wampou (2003)

Pinta todo tipo de animales, entre los que abundan los gatos. Pero no se limita a reflejarlos en su entorno, sino en situaciones imposibles, desproporcionadas, inverosímiles, a menudo llenas de humor, sorprendentes y, en ocasiones, muy cerca de los sueños.

El gato Gazou de acampada (2008)
Vía muerta (2000)

Hay muy poca información sobre el pintor, en realidad poquísima. Incluso en los artículos que le ha dedicado la prensa, todos repiten más o menos lo mismo. Entrando en la página web del artista hemos encontrado un texto escrito por él en el que resume su vida y que hemos traducido:

François Knopf (2000)
Huevo pasado por agua (2003)
Gato y castillos

“Con 65 años he realizado 29 exposiciones individuales y he participado en diversas exposiciones colectivas, sobre todo en Suiza, aunque también en Holanda. A partir de ahora solo expondré en mi página francoisknof.com o en galerías virtuales”.

Verduras al por mayor (1999)
Gato en cojín rojo (2007)
El gato de la granja (1997)

“Nací en Lausana, Suiza, y trabajé de contable durante muchos años. Siempre he vivido con mi familia, mi esposa holandesa y mis dos hijos, en lugares próximos a la naturaleza. Primero en una vieja granja situada por encima de un pueblecito rodeado de campos, Villars-le-Comte”.

Pájaro encerrado
El gato pescador (2000)

“Hace 20 años que nos mudamos a Ollon y vivimos en una casa aislada en medio del bosque, al pie de los Alpes. Hemos estado rodeados de animales domésticos y otros nada domésticos: burros, ovejas, cabras, pintadas, gansos, patos, gallinas, perros, gatos y, dado nuestro aislamiento, zorros, tejones, jabalíes, linces, etcétera. Sin olvidar las lagartijas, ranas, sapos, culebras, ciervos volantes, rosalias alpinas, herrerillos, pájaros carpinteros, lechuzas, y mejor no sigo”.

Ruso azul (2001)
Gato y flor de hibisco

“Por eso mis cuadros representan en su mayoría a animales, aunque en situaciones insólitas, porque los primeros pasos que di en la pintura fueron en el surrealismo. Me distancié poco a poco, pero algo me quedó”.

La comida del gato (1996)
La calabaza

“Los animales que pinto suelen estar desproporcionados y se pasean en un universo poco habitual para ellos, pero me esfuerzo en pintar el conjunto del modo más realista posible. Esa yuxtaposición de ambientes debería despertar alguna emoción en el espectador”.

La batalla (2007)
Neyruz (1999)

Siempre por su página web, sabemos que nació en 1939 en Berna, la capital del país, por lo que escribió el texto anterior en 2004 y, por lo tanto, ahora tendrá 82 años. El último cuadro incluido en la página es de 2017 y pertenece a una serie titulada “Casas abandonadas”.

La última manzana (2003)
El gato y el avión (2003)

Cuenta su vida a través de sus obras, y con un poco de paciencia es fácil recuperar una pequeña biografía. Empezó a pintar en 1960 en un estilo totalmente diferente al actual. Los primeros animales que encontramos son caballos y pájaros, sobre todo estos últimos. Vendió su primer cuadro en 1967 y se casó con Anneke en 1969.

Pelota flotante (2000)
La siega (1999)

Tenía un taller en la calle Crêt de Lausana, como demuestra la foto del gato Pitschi subido al caballete. Para entonces ya vivían en la vieja granja del pueblo de Villars-le-Comte, a unos 30 kilómetros de Lausana, donde en 1970 expuso por primera vez en la galería Artésia. Seguía muy próximo al surrealismo y apenas hay animales en esta época.

El gato Pitschi en el caballete (1973)
El jardín (1996)

A principios de los 80 su estilo empieza a cambiar e incluye a más animales – aunque los gatos siguen sin aparecer. Hay ovejas, insectos y una magnífica serie sobre dinosaurios realizada en 1983 para ilustrar una exposición de fósiles. En 1989, los almacenes Migros imprimen 350.000 bolsas de compra con un cuadro de François Knopf: una carpa nadando en una galería de arte.

El pececito (2008)
La pajarería (1995)

Em 1990 encontramos el primer gato: “Gato de arena”. También empieza a notarse un cierto alejamiento del surrealismo anterior. En los primeros años de la década de los 90, el cambio se hace mucho más patente y además de gatos aparecen otros animales, sobre todo bisontes.

Gato de arena (1990)
El reflejo (2000)

En el cartel de una exposición de 1995 vemos a un gato blanco y negro totalmente desproporcionado en comparación a la diminuta mujer que está a su lado. Esto nos hace pensar que los gatos empezaban a ser uno de los temas favoritos del pintor. A partir de entonces, los usa cada vez más a menudo como modelos.

Gato amarillo en mesa de cocina (2007)

En 2008 participó en una exposición en torno al gato en la galería Sablons de Saint-Malo, en Bretaña, Francia. A partir de esta fecha, la página del pintor no incluye cuadros más recientes de animales, gatos u otros.

Noruego (2000)

Siempre a través de imágenes, esta vez son fotos, hemos trazado sus traslados: de 1939 a 1959 vivió en Berna; de 1959 a 1979 en Lausana, con tres años entre medias, de 1962 a 1965 en Australia; de 1979 a 1984 en la granja de Villars-le-Comte, y posteriormente en Ollon.

El gato Youkoun
Gato blanco (1997)

François Knopf seguramente sea un hombre discreto y no dudamos en afirmar que un amante de los gatos. Después de haber recorrido su página web año por año, creemos que muchos de los gatos que retrató eran suyos.

La dama de picas (1995)