Gatos y Respeto

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Los gatos esenciales de Kiyoshi Saito

1985

Kiyoshi Saito nació el 27 de abril de 1907 en el pueblecito de Aizubange, prefectura de Fukushima, en el seno de una familia pobre. A los cuatro años se trasladaron a Yubari, en Hokkaido, donde su padre trabajó en las minas de carbón. Su madre falleció cuando Kiyoshi contaba con trece años y fue enviado como cuidador a un templo budista a 1.500 kilómetros de su casa. Intentó huir comprando un billete de tren, pero no tenía bastante dinero. Un monje se apiadó de él y pagó el billete para que regresara a su hogar.

Kiyoshi Saito

1953

No tardó en empezar a trabajar de aprendiz de un pintor de letreros en Otaru y se estableció por su cuenta a los veinte años. Decidido a no vivir en la pobreza como sus padres, pensó que el diseño de letreros era su salvación, pero la atracción por la pintura fue más fuerte y se mudó a Tokio en 1931. Siguió trabajando mientras estudiaba la pintura occidental con Okada Saburosuke y se unía al grupo de Munakata Shiko, uno de los pintores más importantes del movimiento “sosaku hanga” (grabados creativos).

Niña y gato

Expuso oleos en varias sociedades artísticas sin conseguir el esperado éxito, por lo que experimentó con los grabados en madera. Al principio producía una sola impresión con cada bloque, pero pronto descubrió que no solo podía lograr varios grabados con un bloque, sino usar varios bloques en el mismo grabado. En 1956 dijo: “Disfruto sobre todo creando el diseño, no tanto trabajando con los materiales, aunque cuando busco un complicado efecto nuevo, no me queda más remedio que hacerlo yo mismo”.

Empezó a crear sus grabados en 1936. Dos años después regresó a su pueblo natal y creó la serie “Invierno en Aizu”, que establecería su estilo único y fácilmente reconocible. En el transcurso de su vida realizó más de cien grabados sobre este tema, algunos numerados y otros en edición abierta. Cuando las consecuencias negativas de la II Guerra Mundial llegaron a Japón en otoño de 1942, Kiyoshi Saito lavó las telas para que su esposa pudiera hacer ropa para ellos, pero no se deshizo de los bloques de la serie Aizu. “Daba igual lo mal que lo pasáramos”, dijo, “ni cuántas veces tuvimos que mudarnos para tener un techo, no me deshice de los bloques”.

Mirada fija

En 1944 encontró trabajo en el periódico Asahi, probablemente como ilustrador, y permaneció en el puesto hasta 1954. Allí conoció a Onchi Koshiro, otro grande del movimiento “sosaku hanga”, que le abrió las puertas del mercado occidental de posguerra. Los estadounidenses llegados a Japón fueron los primeros en comprar sus grabados en una exposición en el hotel Imperial en 1945.

Conversación

Concurso de belleza

En 1951 fue galardonado en la Bienal de Sao Paulo por el grabado “Mirada tranquila”, en el que se ve a un gato hierático. En el mismo certamen también fue premiado su compatriota Tetsuro Komai por un aguafuerte, algo que dejó atónito al mundo artístico japonés, que siempre había despreciado todo lo referente al “sosaku hanga”. De golpe le empezaron a llegar pedidos de Occidente. En 1956 expuso en varias ciudades estadounidenses. El año siguiente viajó a París, Nueva York, Australia, India y Canadá para mostrar sus trabajos.

Mirada tranquila

Gato y gatos

Su fama creció y numerosas revistas le pidieron ilustraciones. Uno de sus grabados más populares quizá sea el del primer ministro japonés Eisaku Sato aparecido en Time en 1967. Sin embargo, el editor de la revista quiso explicar que a pesar de ser la primera vez que Time usaba un grabado en madera, ya habían publicado varias ilustraciones de Kiyoshi Saito. “La primera fue en 1951 cuando publicamos su famoso Gato”. En realidad, el editor se refería a “Mirada tranquila”. El artista no esperaba el efecto que tendrían esas palabras: “En cosa de días nos vimos inundados con pedidos del grabado, del que no quedó ni uno en Japón”.

Portada de la revista Time, 10 de febrero de 1967

Dos siameses

En 1970 pudo permitirse comprar una casa en Kamakura, a las afueras de Tokio, y diecisiete años después, otra cerca de Aizu, el pueblo donde solo vivió cuatro años, pero al que siempre volvió.

El pintor en Aizu, 1984

Por fin fue reconocido en su propio país cuando, a los 74 años, el gobierno le concedió la Orden Tesoro Nacional de Cuarta Clase, y a los 88 años fue nombrado “Bunka Korosha” (Persona de Mérito Cultural), un honor otorgado por el Emperador a hombres y mujeres cuya contribución al desarrollo de las ciencias y las artes haya sido notable.

La obra de Kiyoshi Saito puede dividirse en tres periodos: El primero dominado por los grabados de escenas nevadas en Aizu; un segundo más realista desde 1945 dedicado sobre todo a los retratos, y hacia 1950, con una clara tendencia a la simplificación. En este último mezcló elementos del cubismo, la abstracción y el impresionismo con la tradición japonesa dejándose influir por pintores como Mondrian, Picasso, Matisse, Kandinsky, Gauguin y Munch.

Sombras

Siamés

Sus temas eran muy variados, desde edificios, paisajes campestres, figuras en calles, escenas de sus viajes al extranjero, plantas y animales con una fuerte inclinación por los gatos. Gatos estilizados, con amplias manchas de un solo color, con textura, en todas las posturas posibles, solitarios, en grupo. Gatos que representan su constante búsqueda de lo esencial.

1955

Gato búho

Kiyoshi Saito creó más de mil grabados a lo largo de su vida. A medida que crecía el número de obras, no le quedó más remedio que tener ayudantes, sobre todo para la impresión de grandes ediciones. Kazuyuki Ohtsu, nacido en 1935 y ahora un grabador independiente, trabajó con él durante más de cuarenta años hasta la muerte del artista, el 14 de noviembre de 1997, a los noventa años.

Gata y gatito

Poco antes de fallecer se había clausurado una gran retrospectiva de sus obras en los grandes almacenes Wako de Tokio e inaugurado el Museo de Arte Kiyoshi Saito en Yainazu, que alberga 850 creaciones suyas. Kiyoshi Saito dijo una vez: “Siempre he hecho el trabajo que me apetecía hacer”. No hay mejor epitafio para tan larga y prolífica carrera.

 

Siamés

Una de las firmas del pintor

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Gatos realistas de Jean-Bernard Duvivier

(1811)

Jean-Bernard Duvivier, pintor de origen flamenco, nació el 22 de junio de 1762 en Brujas, entonces parte del Imperio Austríaco. Estudió primero con Hubert de Kock y luego con Paul de Kock, hermano del primero y director de la Academia de Brujas, donde fue galardonado con tres medallas y el primer premio de dibujo del natural.

Jean-Bernard Duvivier retratado por Gerrit Jan Michaelis (1828)

Cinco estudios de gatos (1812)

Siendo aún muy joven se trasladó a París y estudió a las órdenes de su compatriota Joseph-Benoît Suvée, director de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad. Sacó la mejor nota y volvió a ganar otro primer premio de dibujo del natural, concretamente en la especialidad de “figura pintada” y “expresión”.

Efectivamente, basta con fijarse en sus cabezas de gatos para ver que era un hábil dibujante del natural y que sabía plasmar a la perfección la expresión del modelo.

En 1788 ganó el segundo premio de pintura, se marchó a Roma un año después y permaneció allí varios años. En 1795, acompañado por el pintor Dandrillon, un experto en perspectiva y que acabaría siendo su suegro, y del dibujante Dutertre, visitó Florencia, Bolonia, Venecia y Milán. Aprovechó el viaje para crear un importante portafolio de dibujos que le serviría en un futuro inmediato.

Una vez calmados los sobresaltos de la Revolución francesa, regresó a París en 1796, en pleno periodo del Directorio. Su famoso cuadro “Héctor” fue tan aplaudido por el público que el gobierno decidió alojarle en el “museo de los artistas”. A partir de esta época realizó un gran número de dibujos para medallas y otros objetos de arte. También probó suerte con los aguafuertes y obtuvo mucho éxito con los grabados a buril, técnica que emplearía sobre todo en su vejez.

Se dedicó mayormente a los retratos y a las escenas históricas y religiosas. Sus composiciones equilibradas, coloristas y realistas gustaban mucho y recibió un sinfín de encargos. Durante su vida, algunas de sus obras decoraron las paredes de los ministerios y de los grandes del Primer Imperio. Además de ser profesor en la École Normale de París, en 1811 se le encargó dibujar la historia numismática de Napoleón, un trabajo que ocupó varios volúmenes, y que prosiguió para Luis XVIII y Carlos X.

(1802)

Solía representar a las personas retratadas con libros o en bibliotecas. En la segunda mitad de su vida también ilustró libros de lujo, entre los que mencionaremos el “protocatálogo” de la Galerie du Palais Royal (1808); la novela “Robinson Crusoe”, de Daniel Defoe (1816); una historia de Francia (1817), que incluye el dibujo del asesinato de Marat por Charlotte Corday, y “Las metamorfosis”, de Ovidio (1820).

(1811)

Aun así, le quedó tiempo para dibujar numerosos gatos, ratones, vacas, caballos, perros… Por lo que hemos podido ver, dibujó la mayoría de sus gatos entre 1802 y 1819, como ocurrió con los otros animales. Se sabe muy poco de este pintor y dibujante que hoy en día está casi olvidado.

Al ver los dibujos de perros, vacas y caballos, nos atrevemos a decir que debían venderse con facilidad. Hay caballos de tiro y elegantes caballos de montar; vacas paciendo en prados y vacas en establos. Todos los perros son de raza, claramente admirados y cuidados por sus dueños. Sin embargo, los gatos y gatas que dibuja son callejeros, no hacen nada especial, duermen o dormitan, como perfectos gatos. Sus numerosas cabezas de gatos son muy expresivas. En cuanto a los ratones (y ratas), muchos están atrapados en complicadas trampas o parecen estar muertos. Casi da la impresión de que dibujó gatos para sí mismo, quizá porque tenía gatos y los conocía bien.

Jean-Bernard Duvivier vivió a caballo entre dos siglos, en una época en que los gatos todavía no estaban muy de moda. Théophile Alexandre Steinlein, el dibujante de gatos por excelencia, nació en 1859. En los años de Duvivier, pocos pintores se molestaban en dibujarlos y menos aún en incluirlos en un cuadro; esto no empezó hasta finales del siglo XIX.

Falleció el 24 de noviembre de 1835 a los 75 años después de haber vivido una revolución en su Bélgica natal, el principio de la Revolución francesa, el Directorio, la llegada de Napoleón y el Primer Imperio, así como los reinados de Luis XVIII y de Carlos X.

(1804)


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Gatos vanguardistas y la pareja Goncharova-Larionov

Gato en una silla (Larionov, 1911)

Nacieron exactamente con un mes de diferencia en 1881; Mijaíl Larionov, el 3 de junio y Natalia Goncharova, el 3 de julio.  Sus respectivas familias se trasladaron a Moscú en 1891 y los dos ingresaron en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú en 1898. Se conocieron, se enamoraron y nunca volvieron a separarse. No se puede hablar de Natalia Goncharova sin hablar de Mijaíl Larionov y viceversa.

Natalia y Mijaíl en su estudio moscovita

Natalia estudiaba escultura, pero Mijaíl la convenció de que era pintora: “Tienes ojos para el color, pero te preocupas demasiado por la forma. ¡Abre los ojos para encontrar tus ojos!” Parece ser que al oír esto, la escultora se enfadó muchísimo y estuvo tres días sin hablarle, pero acabó dándole la razón y ya no dejó de pintar a partir de entonces.

Gata con gatitos (Goncharova, 1910-11)

Detalle

A pesar de las protestas de los padres de Natalia Goncharova, alquilaron un pequeño piso en 1903 y vivieron juntos sin estar casados. De hecho, no se casarían hasta 50 años después, solo para asegurarse de que su legado sería protegido y devuelto a Rusia. Cuando la Galería Tretiakov compró un cuadro de Larionov, los padres de Goncharova pensaron que quizá no era tan mal partido aunque no tuviera dinero.

Gata (Larionov, 1910)

Solo se separaban en verano. Él regresaba a Tiráspol, la ciudad donde nació, y ella se iba a las costas de Crimea. Se reunían en otoño y volvían a estar juntos, trabajando en el mismo estudio. Empezaron los escándalos: la obra de Natalia fue tachada de pornográfica y ella, arrestada; Mijaíl fue expulsado de la Escuela.

Gato (Larionov, 1910)

Larionov fundó el grupo de pintura vanguardista “Sota de Diamantes” junto a Robert Falk (un amante de los gatos), Alexander Kuprin, David Burliuk y muchos otros. En diciembre de 1910, la primera exposición con obras de los miembros de “Sota de Diamantes” en Moscú creó un revuelo mayúsculo que catapultó al grupo a la fama.

Robert Falk y gato

Ese mismo año, unos meses antes, ambos pintores habían participado en el Segundo Salón de Odesa con veinticuatro cuatros de Goncharova y veinticinco de Larionov. Por cierto, Kandinski contribuyó con nada menos que cincuenta y tres obras al Salón. En esa época inventaron el rayonismo, el estilo que sentaría la base de la pintura abstracta en Rusia. Una de las obras más famosas de Natalia son los gatos rayonistas.

Loa gatos (Goncharova, 1913)

Cuatro años antes, en 1910, el famoso Sergéi Diáguilev, fundador de los Ballets Rusos, había invitado a Larionov a la inauguración de una exposición de pintura rusa organizada por él en París. Durante su estancia descubrió los cuadros de Gauguin y el fauvismo, y en una visita a Londres, la obra de Turner.

Diseño escénico para “El gato, el gallo y la zorra” (Larionov)

Larionov hizo el servicio militar en tres etapas (invierno de 1910 a verano de 1911 y primaveras de 1912 y 1913). Fue entonces cuando pintó toda una serie de Venus con y sin gatos, entre ellas la Venus de Katsap, que podría traducirse como “Venus rusa”. Se han avanzado muchas teorías sobre las Venus de Larionov, pero quizá lo único que tiene sentido es que los gatos que las acompañan son una referencia al Gato de Kazán  (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/).

Venus de Katsap, dibujo (Larionov)

Venus de Katsap (Larionov, 1912)

Por las fechas de los cuadros de los dos artistas, parece ser que incluyeron gatos en sus obras antes del año 1915, cuando vivían en Moscú, en la época previa a su trasladó a Lausana y luego a París. La única excepción quizá sea “Desnudo con gato”, pintado después de 1917, en el que retrató a Alexandra Tomilina, su modelo durante muchos años antes de convertirse en su segunda esposa. ¿Dejaron de tener gatos en París?

Desnudo (Alexandra Tomilina) con gato (Larionov)

Poco antes de la Primera Guerra Mundial, Diáguilev, acompañado del coreógrafo Michel Fokine, viajó a Moscú para pedirle a Natalia Goncharova  que diseñara los decorados del ballet “El gallo de oro”. La exposición de las obras de los dos artistas organizada por el empresario en la Galería Paul Guillaume de París recibió una acogida impresionante. La teoría del rayonismo estaba en boca de todos y los jóvenes pintores se hicieron famosos.

Mujer con gato (Goncharova, 1913)

El estallido de la guerra les obligó a regresar precipitadamente a Moscú y Mijaíl fue llamado a filas. Gravemente herido en agosto de 1914, pasó por un largo periodo de convalecencia. En abril del año siguiente, Diáguilev les invitó a venir a Lausana para preparar los decorados de la nueva gira de los Ballets Rusos.

Dos gatos (Larionov)

No había muchos escenarios disponibles para los Ballets Rusos antes del fin de la guerra, por lo que Diáguilev aceptó encantado la invitación de Alfonso XIII para trabajar en Madrid, donde presentó con enorme éxito algunos de sus ballets más famosos en el Teatro Real. “Kikimora” se estrenó en el Teatro María Eugenia de San Sebastián cuando la familia real se trasladó allí para las vacaciones de verano. La estancia española marcó profundamente a Natalia y quedó reflejada en numerosos cuadros.

Vestuario para el ballet “Kikimora” (Larionov)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1917 estaban a punto de regresar a Rusia, pero les detuvo la Revolución de Octubre. Un año después alquilaron un piso en la calle Jacques Callot del barrio Latino de París. Siguieron compartiendo piso a pesar de haber dejado de ser pareja sentimental, debido tal vez a las muchas infidelidades de Mijaíl Larionov o porque el vínculo artístico era mucho más fuerte.

Venus (Larionov, 1912)

Natalia Goncharova conoció y se enamoró de Orest Ivanovich Rosenfeld, el agregado militar menchevique del gobierno provisional de Kerensky en París. Detenido en 1941, no salió del campo de concentración de Lübeck hasta 1945. A su regreso fue nombrado editor jefe del periódico socialista “Populaire”. Siempre ayudó a Natalia y le encargó dibujos para el periódico cuando ella y Mijaíl pasaron por dificultades financieras.

Ventana con gata (Goncharova)

Alexandra Tomilina se hizo con el corazón de Larionov. Licenciada en la Sorbona, se convirtió en su secretaria, modelo y compañera hasta su muerte. Acabó alquilando un piso en el mismo edificio que Mijaíl y Natalia, y aunque pasaba mucho tiempo en el piso de los artistas, siempre volvía al suyo para dormir.

Larionov nunca se repuso completamente de la herida sufrida en 1914 y pintaba cada vez menos. Goncharova, al contrario, incluso con artritis y después de romperse el brazo, siguió pintando. Entre 1957 y 1958 completó unos 50 cuadros. Firmó el último en 1960.

En su casa de París, principios de los cincuenta

Natalia Goncharova falleció mientras dormía el 17 de octubre de 1962. Mijaíl Larionov se casó por fin el 28 de mayo siguiente con la paciente Alexandra Tomilina, legándole todas las obras de Natalia y suyas, con el encargo de devolverlas a Rusia. El pintor murió el 10 de mayo de 1964.

Rabino y gato (Goncharova, 1912)


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Los gatos del Museo del Prado

Cabeza de gato durmiendo (Francisco Domingo Marqués, 1885)

El Prado está entre las grandes pinacotecas del mundo. Expone obras que van desde el siglo XII hasta principios del XX y posee la mejor colección de pintura española del mundo. Fue inaugurado en noviembre de 1819, durante el reinado de Fernando VII, como Museo Real, nombre reemplazado por el de Museo Nacional de Pintura y Escultura, y finalmente por el de Museo Nacional del Prado. Faltan pocos meses para que cumpla 200 años.

Perro y gatos (Ginés Andrés de Aguirre, 1775)

El Museo del Prado abrió sus puertas mostrando 311 pinturas, todas ellas de la escuela española, cuyo número aumentó a 521 en 1821. La división por escuelas era la siguiente: 283 cuadros de la española antigua, 34 de la contemporánea y 195 de la italiana. Estos dos últimos grupos se instalaron, respectivamente, en el vestíbulo y en la primera parte de la galería central, el espacio más importante del museo, el mismo lugar que en 1828 albergaría las escuelas italianas de la Colección Real.

Pelea de gatos en una despensa (Paul de Vos, 1630-40)

Su colección actual está formada por 8.045 lienzos, 9.561 dibujos, 5.973 estampas, 971 esculturas, además de objetos, documentos históricos y mapas. Desde 2018, el museo exhibe unas 1.700 obras. Aunque el primer catálogo constaba de 311 pinturas, el museo ya guardaba 1.510 obras procedentes de los Reales Sitios. Las valiosísimas Colecciones Reales, germen de la actual, comenzaron a tomar forma en el siglo XVI bajo los auspicios del emperador Carlos V y fueron sucesivamente enriquecidas por todos los monarcas que le sucedieron, tanto Austrias como Borbones.

Un gato echado sobre un almohadón (Genaro Rodríguez Olavide, 1876)

El artista con mayor volumen de obras albergadas en el museo es Francisco de Goya, pero tampoco se quedan atrás El Bosco, El Greco, Rubens, Tiziano y Diego Velázquez, entre otros. Se trata de una colección formada esencialmente por unos cuantos reyes aficionados al arte que encargaron obras y protegieron a pintores muy concretos. El fondo procedente de la Colección Real primigenia se ha complementado con aportaciones posteriores que han servido para reforzar el núcleo inicial del museo.

Riña de gatos (Francisco de Goya y Lucientes, 1786)

La gata y el zorro (Frans Snyders, s. XVI-XVII)

Durante largos años, El Prado sufrió una gran falta de espacio, por lo que llegó a ser definido como “La mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado del mundo”. Gracias a la ampliación firmada por el arquitecto Rafael Moneo, inaugurada en 2007 y que conectó el museo con el claustro de los Jerónimos, pasó de exhibir 900 obras a 1.350. En 2018 se reabrieron las salas del ático norte, permitiendo exponer otras 350.

Sin labor (Francisco Maura y Montaner, 1890)

Detalle

Una nueva ampliación, la del Salón de los Reinos, a cargo de Norman Foster y Carlos Rubio, permitirá colgar unos 300 cuadros adicionales en 2.500 metros cuadrados. Las obras deberían empezar a final de este año o principio del siguiente.

El Paraíso y los Cuatro Elementos (Denis van Alsloot – Hendrik de Clerck, 1606-1609)

Detalle

El Museo del Prado no siempre gozó de recursos y apoyos suficientes por parte del Estado, sobre todo en el siglo XIX y parte del XX. Las medidas de seguridad en el siglo XIX eran deficientes, la mayoría del personal vivía en el museo y se amontonaba leña para las estufas, lo que provocó la alarma. El periodista Mariano de Cavia, que escribía para “El liberal”, publicó un artículo donde decía que un incendio había arrasado la pinacoteca, lo que provocó un gran revuelo. El artículo era ficticio, pero sirvió de detonante para que se adoptaran medidas adecuadas.

Las flores de mayo (Cayetano Vallcorba y Mexía, 1892)

Detalle

Aunque el Museo del Prado no ha sufrido robos rocambolescos como el Louvre, ha debido enfrentarse a algunos incidentes. El más grave, en 1918, fue el asunto del expolio del Tesoro del Delfín. Un empleado del museo llevaba tiempo robando piezas del Tesoro. Por suerte, la mayoría se recuperó, pero se perdieron once, y otras treinta y cinco estaban muy deterioradas al haberse extraído las piedras preciosas.

La cocinera (Luis Carlos Legrand, 1832-37)

Detalle

En 1861 se sustrajo un pequeño cuadro; en 1897, un boceto de Murillo; en 1906, dos estatuillas romanas y un vaso de alabastro, y en 1909, un cuadrito de “poca importancia”. Gran parte de las mejores obras fueron trasladadas vía Valencia y Cataluña hasta Ginebra durante la Guerra Civil por miedo a que los bombardeos de las tropas franquistas destruyesen el edificio y su contenido.

Filopómenes descubierto (Pedro Pablo Rubens, hacia 1609)

Detalle

Hace tres años publicamos una entrada acerca de los gatos expuestos en el Museo Metropolitano de Nueva York (https://gatosyrespeto.org/2016/12/29/los-gatos-del-museo-metropolitano-de-nueva-york/). En el museo neoyorquino hay numerosas obras representando a gatos (cuadros, dibujos, objetos, estatuas, etcétera) y además posee una herramienta que permite acceder a todas ellas, el  Meow Met. El Prado no dispone de algo tan sofisticado, pero sí se han catalogado casi todas las pinturas con un gato. Para verlas basta con entrar en https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=gato%20(felis%20silvestris%20catus)&ordenarPor=pm:relevance.

Anciana sentada (atribuido a Antonio Puga, primera mitad s. XVII)

Detalle

Hay pocos cuadros en los que el gato ocupa el lugar protagonista. De hecho, solo hemos encontrado cuatro en las 72 obras catalogadas. Hay muchos gatos en bodegones de los siglos XVI y XVII; siempre están al acecho, dispuestos a robar, rodeados de peces, trozos de carne y otras viandas tentadoras para un gato hambriento.

Pescados y un gato tras la mesa (Alexander van Adrianssen, primera mitad s. XVII)

Jan Brueghel el Viejo incorporaba a menudo en sus composiciones un gato que suele estar debajo o cerca de la mesa. En la pintura que hemos escogido, aparece acompañado de un mono y de un perro con cara de pocos amigos.

El gusto, el tacto y el oído (Jan Brueghel el Viejo, 1620)

Detalle

Cien años antes, El Bosco incluye a gatos en dos paneles del famoso tríptico “El jardín de las delicias”. En el panel izquierdo se trata de un gato con una lagartija en la boca, algo muy normal; pero en el central se ve a dos gatos machos de grandes dimensiones y uno de ellos incluso podría describirse como gato unicornio.

El jardín de las delicias (El Bosco, 1490-1500)

El jardín de las delicias (detalle del panel central)

De Goya hemos incluido dos ejemplos de los muchos que se encuentran en el museo, el famoso “Riña de gatos” y un grabado titulado “Ensayos” de la serie “Los Caprichos”.

Ensayos (Francisco de Goya, 1799)

Ahora solo queda ir al Prado y buscar a todos los gatos que se esconden en este magnífico museo. ¡Feliz aniversario, Museo del Prado!

El jardín de las delicias (detalle del panel izquierdo)


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Gatos, romanticismo y Eugène Delacroix

Eugène Delacroix está considerado uno de los mayores exponentes de la pintura romántica. Se interesó mucho por los animales e iba regularmente al “Jardin des Plantes” (Jardín botánico), donde también estaba instalada “La casa de las fieras”. De hecho, sigue existiendo hoy en día aunque ya no se llama así. El pintor decía: “La mayor felicidad de un hombre que siente la naturaleza es poder restituirla”. Pintó a numerosas fieras, caballos, perros y algunos gatos, pero sobre todo los describió en maravillosos y, a veces, extraños bosquejos.

1843

 

No sabemos si Delacroix tenía gatos, pero es muy probable. En la Francia del siglo XIX, los animales estaban muy bien vistos, no solo entre los artistas, sino también entre la burguesía y la nobleza. Se creó el cementerio de perros a las afueras de París (https://gatosyrespeto.org/2018/05/10/los-gatos-del-cementerio-de-perros/) y el gato era muy apreciado por los románticos por su aura de misterio. Aún no se había excavado el gran templo dedicado a Bastet en Bubastis, pero se sabía que los egipcios veneraban a los gatos, y los egipcios estaban de moda en el XIX. No sería raro que el pintor tuviera uno o más gatos en su casa. Tres defensores de su obra y amigos suyos, el poeta Charles Baudelaire así como los escritores Théophile Gautier y Alexandre Dumas eran grandes amantes de los gatos.

Autorretrato (1837)

El artista como gato (1831)

Eugène Delacroix nació el 26 de abril de 1798 en Charenton-Saint-Maurice, muy cerca de París, cuando sus dos hermanos y su hermana ya eran mayores. Su padre, Charles Delacroix, había sido ministro de Asuntos Exteriores y embajador en Holanda antes de ser nombrado prefecto de Marsella y luego de Burdeos, ciudad en la que murió cuando el joven Eugène solo tenía seis años. Su madre, Victoire Delacroix, era la hija de uno de los más grandes ebanistas de entonces, Jean-François Oeben. Su madre falleció en 1814.

Cabezas de gatos y desnudo

Gatos y leones

Su tío Henri-François Riesner le hizo ingresar, en 1815,  en el conocido taller del pintor Pierre-Narcisse Guérin, pero este no se dio cuenta del talento del joven Delacroix. Por suerte, conoció a Théodore Géricault, que le protegió y animó a seguir pintando. Incluso posó para el célebre cuadro “La balsa de la Medusa”.

Maullando

En el Salón de París de 1822, con solo 24 años, presentó un primer lienzo de grandes dimensiones, “Dante y Virgilio en los infiernos”. La crítica lo apreció y otorgó el calificativo de “romántico”. Pasaba largas horas en el Louvre, inaugurado en 1793, admirando las obras de los clásicos. Con “Escenas de la masacre de Quíos”, pintado en 1824, conquistó definitivamente a la crítica más avanzada, así como a Victor Hugo y Alexandre Dumas, pero los academicistas le acusaron de conmocionar las costumbres y las reglas establecidas.

Gatos y joven romano

En julio de 1830, el alzamiento del pueblo de París contra la Restauración de los Borbones inspiró a Eugène Delacroix su cuadro más famoso, “La libertad guiando al pueblo”, adquirido por el Estado en el Salón de 1831. Un año después acompañó al emisario del rey Luis-Felipe a Marruecos para tranquilizar al sultán alauí, preocupado por la reciente conquista de Argelia por parte de Francia. El recuerdo del periplo desde Tánger a Mequinez permaneció con él el resto de su vida. Gracias a sus notas, a las acuarelas que realizó durante el viaje y a los objetos que trajo consigo, realizó sesenta y dos pinturas relacionadas con Marruecos.

Gata y pelota de lana

Dedicó gran parte de su vida a concebir grandes murales para edificios civiles y religiosos en París. En 1834 decoró el Salón del Rey en el Palacio Borbón, sede de la Asamblea Nacional. En 1837 se ocupó del plafón de la biblioteca de dicho edificio. A mediados de los años cuarenta realizó el mural de la biblioteca del Palacio del Luxemburgo, sede actual del Senado. A principios de los cincuenta pintó el plafón central de la Galería de Apolo, concebida en el siglo XVII por el pintor Charles Le Brun, pero que había quedado inacabada. La Villa de París le encargó las pinturas del Salón de la Paz del Ayuntamiento, pero desgraciadamente fueron destruidas en el incendio de 1871.

Además de los edificios civiles antes mencionados, pintó una “pietà” en la iglesia Saint-Denis y desde 1840 a 1861 decoró una capilla de la iglesia Saint-Sulpice.

La segunda Exposición Universal organizada en París en 1855 sirvió para dar a conocer a pintores como Jean-Auguste Ingres, Horace Vernet y el propio Eugène Delacroix. Se expusieron treinta cuadros suyos, escogidos por él, reafirmando su posición oficial como uno de los más grandes pintores franceses.

Jugando

Gatos, otros felinos y desnudo

A partir de la década de 1850 se interesó por la fotografía y fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Heliográfica. En 1954 le encargó al fotógrafo Eugène Durieu una serie de fotografías de modelos masculinos y femeninos con criterios muy particulares: debían ser ligeramente borrosas y absolutamente sobrias, despojadas, para que pudiera volver a utilizarlas en sus cuadros.

Gato y dos leones

En 1857 decidió instalarse en la calle Fürstenberg con el fin de estar más cerca de la iglesia Saint-Sulpice. En esta nueva casa disfrutó de un jardín para él solo que hizo cambiar a su antojo. Jenny Le Guillou, el ama de llaves que empezó a trabajar con él en 1835, le siguió a la nueva residencia. Por fin, en 1861, consiguió acabar las pinturas de Saint-Sulpice, pero ya padecía de tuberculosis. Se refugió en la soledad en los últimos años de su vida.  Murió “agarrado a la mano de Jenny” en su casa el 13 de agosto de 1863 de una crisis de hemoptisis. Sus restos reposan en el cementerio del Père-Lachaise en un sarcófago imitando el modelo de la tumba de Escipión.

Sentado

Legó 50.000 francos, dos relojes y algunos cuadros a Jenny especificando que debía escoger los muebles que más le gustaban. Ella falleció el 13 de noviembre de 1869 y está enterrada al lado del pintor, según la última voluntad del mismo.

Durmiendo

Sus cuadros se vendieron en solo tres días en febrero de 1864 con un éxito inusitado. Los coleccionistas se habían interesado muy poco por su obra mientras vivía, obligándole a aceptar encargos del Estado y de la Iglesia para subsistir, pero cambiaron de idea a su muerte.

Aunque frecuentaba los salones y conoció a grandes escritores, a menudo se refugiaba en el campo, lejos del mundanal ruido. Admiró y fue amigo de Chopin y de Paganini. Baudelaire dijo de Delacroix que “es el pintor más original de los tiempos antiguos y de los tiempos modernos” y en 1963 publicó un libro dedicado a la vida y obra de su amigo.

Con los ojos cerrados


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Gatos, mujeres, tierra y Sandra Bierman

Abundancia

Sandra Bierman pinta mujeres ampulosas con gatos, muchos gatos. Se abrazan a un gato, a dos, incluso a tres, a gatos de todos los colores, grises, amarillos, azules, verdes.  Hay mujeres jóvenes, mayores, niñas, indias, rubias, da igual, todas las mujeres del mundo llenas de curvas, algo distorsionadas. Son composiciones sensuales, llenas de colorido y vida.

Con gatos

La artista dice que pinta por intuición, nunca usa un modelo o una fotografía, se limita a dar rienda suelta a su imaginación. A menudo empieza con un esbozo que acaba por transformarse en algo totalmente distinto a la primera idea.

Sandra Bierman

Una conversación

Nació en Brooklyn, Nueva York, hija de un inmigrante sueco y de una tejana del campo. El año de su nacimiento es un misterio: hemos encontrado dos fechas distintas, 1938 y 1945. Sus padres se separaron cuando tenía cuatros años, y su madre llevó a sus dos hijas a Oklahoma, donde vivía su abuela.

Contemplación

Pasó gran parte de su infancia en casas de acogida porque su madre sufría de esquizofrenia y no podía cuidar de ella ni de su hermana, pero también vivió temporadas con su abuela, que era en parte india Cherokee, una mujer grande como las de sus cuadros, generosa, cálida y acogedora. La pintora dijo en una entrevista en 1998 que sin su abuela dudaba que hubiera sobrevivido y que muchas de las sensaciones e imágenes de sus cuadros son recuerdos e impresiones del tiempo pasado con ella.

Leyendo

En dicha entrevista cuenta que recuerda su niñez como un continuo cambio de casas y de escuelas, hasta el punto de que dejó de memorizar los nombres de sus compañeros. Eso, añadido a la dislexia que padecía, hizo pensar a varios profesores que sufría un retraso mental. Por suerte, su tía Cleo le hizo pasar unos exámenes y descubrió que su cociente intelectual estaba por encima de lo habitual, lo que le vino muy bien para su baja autoestima.

Promesa dorada

Recuerda que dibujó desde siempre. En los momentos más duros, se iba a un rincón, se escondía y dibujaba. A los doce años obtuvo su primera beca para asistir a clases de acuarela. Al acabar el instituto, logró una beca de cuatro años para el Maryland Institute of Art.

El gato azul

En 1986, siendo segunda vicepresidenta de telecomunicaciones del Chase Manhattan Bank en Nueva York, ella y su marido Arthur Bierman, profesor de física, decidieron dejarlo todo y mudarse al campo en el estado de Nueva York. Llevaba veinte años sin pintar, dedicada a sus hijos y a su trabajo. Dos años después se mudaron a Boulder, Colorado, y siguió pintando.

El gato verde

Hablando de sus obras dice: “Soy consciente de que el estilo, los temas y la composición permanecen constantes, pero cambio de técnica muy a menudo. Me gusta trabajar con lienzos de diferentes texturas y aplicar la pintura de diferente modo. Me aburriría hacer lo mismo todo el tiempo. Para mí, el arte es el camino de la exploración. Lo importante es el camino, no el producto acabado”.

Ensoñación

Prefiere trabajar con pinturas al óleo por su versatilidad, suavidad y el tiempo que necesitan para secarse completamente. Su paleta de colores pasa de los sutiles tonos tierra al impasto más vibrante. Utiliza perspectivas poco habituales, trazos ondulantes, yuxtaponiendo la oscuridad y la luminosidad.

Sigue diciendo: “Siempre me ha gustado la naturaleza. La considero una fuerza femenina y es lo que me gusta pintar. Mis mujeres forman parte de la naturaleza, aportan vida y sanan. La mayor parte de las mujeres que pinto van descalzas porque están cerca de la tierra, ancladas, seguras. Las mujeres grandes comunican esas sensaciones. Me parece que las mujeres están más en armonía con sus sentimientos, son más sensibles y más expresivas que los hombres. (…) Admiro a las mujeres con sustancia. Nadie debe avergonzarse de ser grande. Al contrario, hay que alardear de cada centímetro. Avergonzarse reduce el poder, la fuerza y el carisma; en otras palabras, la grandeza. Si fuera grande, me vestiría con vestidos sueltos llenos de colores. Sería una mujer grande con mucha presencia”.

Tiempos de oro

Gatos en la ventana

Explica que para ella pintar es una necesidad, equivale a un proceso terapéutico. Si pasa unos días sin pintar, se entristece, se enfada con el mundo; en ese caso, su marido Arthur le pide amablemente que vuelva a su taller y pinte. Todos sus sentimientos pasan a sus cuadros, algunos son oscuros, otros muy luminosos. “A veces, al empezar un cuadro, me limito a dibujar círculos. El lienzo me guía, es un proceso espontáneo. Pintar significa la mezcla de lo consciente y lo inconsciente. Trabajo con los espacios o formas entre las líneas: los brazos, las figuras, la fluidez, la simetría. Todo es intuitivo, nada está pensado de antemano”.

Tranquilidad

“Estar en mi taller y pintar se asemeja a una experiencia religiosa. Soy feliz pintando, tan feliz como cuando me sentaba en la rama del enorme roble delante de la casa de mi abuela, contemplaba el prado y me sentía una con la naturaleza, con algo mucho más grande que yo”.

El columpio

Añade que cada vez le atrae más la sencillez, acercarse a lo esencial. Cree estar muy influenciada por los maestros italianos del siglo XVI, el arte mexicano y maya, así como el arte japonés clásico.

Gato gris

Todos los gatos, sean del color que sean, rojos, azules o verdes, son en realidad uno solo. Un gato blanco al que amó profundamente y cuyo recuerdo mantiene vivo en sus obras, como ocurre con la memoria de su abuela.

Gato blanco


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El gato blanco en el jardín, de Charles Blackman

El pintor Charles Raymond Blackman nació en Sídney el 12 de agosto de 1928. Solo tenía cuatro años cuando su padre se unió al ejército y desapareció. Su madre Marguerite, a la que todos llamaban Daisy, denunció la desaparición de su marido, pero hasta muchos años después no se supo que vivía en Queensland, había formado una nueva familia y no tenía el menor interés en ver a las tres hijas y al hijo de su primer matrimonio.

Daisy hizo lo que pudo para mantener a la familia. Al descubrir que su hijo tenía talento para el dibujo desde muy pequeño, siempre le animó a seguir. Charles dejó el colegio a los 13 años, en 1941, y empezó a trabajar como aprendiz de ilustrador en el periódico Sunday Sun.

1955

Ingresó en el Colegio Técnico de Sídney Este, donde asistió a clases nocturnas durante tres años, de 1943 a 1946, pero el aprendizaje institucional acabó por hartarle y prefirió seguir estudiando por su cuenta. Pasaron siete años hasta que expuso en solitario por primera vez.

 

Gato en tejado

En 1949 conoció a la joven Barbara Patterson en un círculo artístico llamado “Estudio Barjai-Miya y los jóvenes artistas de Brisbane de los años 1940: Hacia una práctica radical”, al que iban regularmente numerosos pintores progresistas. Barbara vivía en Brisbane y Charles en Sídney, les separaban 900 kilómetros, lo que dio lugar a un apasionado romance epistolar hasta que ella se trasladó a Sídney y se casaron en 1950.

Autorretrato con Barbara y gato

Ninguno de los dos tenía dinero. Se mudaron a Melbourne en 1951 y sobrevivieron como pudieron. Parece ser que incluso “okuparon” una casita al final de un jardín durante unas semanas antes de enterarse de que un vecino ofrecía algo pequeño por muy poco dinero. Fueron a verle y, después de unas cuantas tazas de té, les llevó al fondo de un jardín de densa vegetación hasta la casita que habían ocupado. Aquí es donde Blackman pintó sus series “Colegialas” y “Alicia en el País de las Maravillas”.

Colegiala y gato blanco

El gato birmano

También fue el lugar donde crecieron sus dos primeros hijos, Auguste y Christabel. Poco tiempo después, Barbara fue declarada ciega y sobrevivieron gracias a la pensión que cobraba del Estado y de su trabajo como modelo para artistas como John Brack. Por fin, en 1953 Charles tuvo su primera exposición en el salón de Mirka y Georges Mora, que serían sus amigos de por vida. Es más, al poco acabó trabajando con George en la cocina del café de Mirka. Expuso el cuadro “El nadador” en la Galería Peter Bray, que levantó una oleada de protestas al considerarse escandaloso.

En 1959 se adhirió al “Antipodean Manifesto”, firmado por toda una serie de conocidos artistas australianos contra el creciente predominio de la expresión abstracta y a favor de la pintura figurativa y simbólica.

Un año después ganó la beca Helena Rubinstein y toda la familia se trasladó a Londres. En esta ciudad nació Barnaby, su tercer hijo, y Charles forjó grandes amistades con otros australianos afincados en la capital británica durante los seis años que permaneció allí.

Gato nocturno

Al regresar a Sídney encontró un amplio y luminoso estudio que daba a un jardín donde pintó la serie “El jardín del gato blanco”. Lo que no sabemos es si el gato era suyo o pertenecía al vecino, pero sea como fuere, le inspiró para realizar otras muchas obras. Tres de los cuadros del jardín, de día, de tarde y de noche, fueron los de mayor tamaño que expuso en 1960 en la Galería Bonython.

La familia volvió a hacer las maletas para irse a París gracias a una beca de la Cité des Arts. La ciudad fascinó al pintor y se convirtió en una fuente de inspiración a la que volvería a menudo. Barbara escribía una columna dos veces a la semana en el Herald de Australia describiendo los exóticos lugares que visitaban.

En esa época, Charles Blackman también diseñó decorados para tres compañías de danza, la Western Australian Ballet Company, la Sydney Dance Company y Daisy Bates.

Al regresar a Sídney, el matrimonio decidió fundar una escuela para ofrecer una educación más enriquecedora, artísticamente hablando, a los jóvenes de la ciudad y alrededores. El Chiron College fue todo un éxito y la cuna de numerosos pintores, escritores y músicos de éxito.

En 1978, después de 28 años de matrimonio, Barbara y Charles se divorciaron, y a los pocos meses, el pintor volvió a casarse con una joven artista que estudiaba en el Chiron College, Geneviève de Couvreur, una amiga de su hija Christabel. Tuvieron dos hijos, Beatrice, conocida como la música y cantante Bertie Blackman, y Félicien, un arquitecto.

Charles Blackman ya no tenía problemas económicos, era famoso, y todo habría sido perfecto de no ser por su creciente dependencia del alcohol. Al ver que era incapaz de controlarla, su segunda esposa le dejó al cabo de pocos años.

Volvió a casarse en 1989 con la excéntrica Victoria Bower y tuvo su sexto hijo, al que llamaron Axiom. La relación se cortó abruptamente cuando Victoria se convirtió al movimiento raeliano y se trasladó a su sede en Lismore, Nueva Gales del Sur.

Joven y gato (1969)

Charles Blackman nunca consiguió superar el alcoholismo. Su contable y buen amigo Tom Lowenstein se ocupó de vender obras periódicamente para cubrir los gastos del pintor, que falleció el 20 de agosto de 2018, exactamente ocho días antes de cumplir 90 años y un mes antes de que Harvey Galleries le dedicara una extensa retrospectiva.

 

El gato y la luna

Pintó un sinfín de gatos, en tejados de noche, en retratos, y la maravillosa “Habitación de Edgar Allan Poe” en honor al relato “El gato negro” (https://gatosyrespeto.org/2019/01/24/el-gato-negro-de-edgar-allan-poe/).

La habitación de Edgar Allan Poe (El gato negro)

Una foto nos demuestra que tuvo un gato, un común atigrado, no blanco.

El artista y su gato

La música de los gatos