Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Los gatos de Pierre-Auguste Renoir

Joven dormida con gato (detalle)

Auguste Renoir, como se le conoce, es uno de los pintores de mayor influencia en la historia del arte moderno.

Renoir a los 34 años

Se estima que en su larga y fructífera carrera, desde principios de 1860 hasta poco tiempo antes de su muerte en 1919, pintó unos 4.000 cuadros. Entre esa enorme cantidad, en solo ocho introdujo a un gato, y de estos ocho, solo dos representan a gatos sin seres humanos. Es verdad que no solía pintar animales, aunque en muchas de sus obras hay perros y es fácil encontrar varias con caballos.

Chico desnudo con gato (1868)

 

Gato durmiendo (1862)

Pero no nos quejemos, porque los ocho cuadros con gatos que dejó Renoir son absolutamente magníficos. Fueron pintados en un periodo que abarca algo más de veinte años, desde “Gato durmiendo” en 1862, hasta “Julie Manet con gatito” en 1887. En todos ellos, si observamos la expresión de los gatos, solo podemos concluir que había gatos en casa del pintor. Alguien que no haya vivido con uno o varios de ellos no puede reproducir la expresión de placer del gato en brazos de Julie Manet, o su posición en “Joven desnudo con gato”, con las uñas de la pata izquierda ligeramente sacadas, no para arañar, sino para mullir el brazo del joven y demostrar su satisfacción. O la gata de pie, apoyada en el tiesto, olfateando las flores…

El pintor en Cagnes-sur-Mer (1917)

 

Geranios y gatos (1881)

Renoir nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges, el gran centro de la porcelana francesa. Su padre era un modesto sastre, y la familia emigró a París en 1844 para mejorar su condición. De pequeño ya dibujaba bien, pero cantaba mejor, por lo que tuvo como profesor al compositor Charles Gounod. Pero la precariedad económica de su familia le obligó a abandonar las clases de canto y el colegio a los trece años para trabajar como aprendiz en una fábrica de porcelana.

El dueño se dio cuenta del talento del joven y le animó a seguir clases de dibujo para que pudiera ingresar en la Escuela de Bellas Artes. En 1858, las fábricas de porcelana pasaron del proceso manual al mecánico y Renoir tuvo que buscarse otro empleo.

Geranios y gatos (detalle)

 

Joven con gato

Cosechó su primer éxito en el Salón de París de 1868 con el lienzo “Lise con una sombrilla”. Unos años después, harto de sentirse despreciado por el jurado del Salón anual, se unió a Claude Monet, Alfred Sisley, Camille Pissarro y otros para organizar la primera exposición impresionista en abril de 1874, a la que contribuyó con seis obras.

En la segunda exposición impresionista solo incluyó retratos con la esperanza de conseguir encargos, y volvió a exponer varios cuadros al año siguiente. Sin embargo, a partir de ese año regresó al Salón y consiguió convertirse en un pintor de éxito desde 1879, a los 38 años. En 1881 viajó a Argelia; poco después, a Madrid para admirar las obras de Diego Velázquez, y luego a Italia para contemplar los cuadros de Ticiano y de Rafael. El 15 de enero de 1882 conoció al compositor Richard Wagner en Palermo, Sicilia, y le hizo un retrato en exactamente 35 minutos.

Joven dormida con gato (1880)

 

Julie Manet con gatito (1887)

 

Julie Manet con gatito (detalle)

Se casó en 1890 con Aline Victorine Charigot, una modista veinte años más joven que él, con la que ya tenía un hijo, Pierre, nacido en 1885, que se convertiría en actor de cine y de teatro. Luego nació Jean en 1894, el famoso cineasta, y Claude en 1901, un conocido ceramista.

Pero lo que quizá no se sepa tanto es que el pintor padeció de artritis reumatoide durante los últimos veinte años de su vida, lo que nunca le impidió seguir pintando a pesar del sufrimiento físico que le causaba. Una vez dijo que el arte debía ser bonito, e insistió: “Sí, bonito. La vida ya es bastante desagradable, ¿por qué no ver el lado más luminoso de vez en cuando?” Hizo prueba de una tremenda fuerza de voluntad para vencer una enfermedad que empeora progresivamente y nunca se consideró como una persona discapacitada.

Maternidad (La Sra. Renoir y Pierre)

 

Mujer con gato (1875)

Por las cartas enviadas a familiares y amigos, fue posible determinar que la artritis empezó a afectarle en 1892, cuando tenía cincuenta años, y que alcanzó su nivel más destructivo en 1903. Götz Adriani, un respetado historiador, cree que a medida que sus dedos se deformaban, “su mirada se centraba más en la espléndida intensidad del color” y que “los dedos deformes pasaban con una creciente ligereza por el lienzo, creando un fino tejido de estructuras de colores en tonos transparentes y delicados”. Lo que sí está claro es que su naturaleza optimista llena todas sus obras, incluso en momentos de enorme dolor físico. El gran pintor Pierre Bonnard (https://gatosyrespeto.org/2015/06/27/gatos-al-oleo-de-pierre-bonnard/) dijo de él: “Trabajaba desde el interior de su naturaleza y tenía la capacidad de ver un modelo o una luz en apariencia sin atractivo y comunicarles el recuerdo de momentos apasionantes”.

Cuando se le diagnosticó la enfermedad, recorrió Europa en busca de tratamientos para aliviar los síntomas y detener su avance. Además de los habituales dolores en las manos, también sufría de un anquilosamiento progresivo en hombros y codos, así como de nódulos en la espalda y brazos. Cuando ya no pudo ponerse en pie, no perdió la movilidad gracias a varias sillas de ruedas diseñadas para cosas específicas. Acabó instalándose en Cagnes-sur-Mer, en la Costa Azul, donde el clima más benigno aliviaba algo su sufrimiento.

Renoir a los 71 años

En 1912 siguió el tratamiento de un famoso médico durante varias semanas y pudo dar varios pasos solo después de más de dos años, pero el esfuerzo necesario era demasiado enorme y dijo: “Requiere toda mi energía, ya no me quedaría para pintar”. Cuando su mano deformada le impidió sujetar el pincel, pidió que se lo colocaran en la mano cerrada previamente vendada con telas muy suaves para que no se formaran llagas. Llegó el momento en que ya no tuvo fuerza para sujetar la paleta con la mano izquierda y se la ponían en la rodilla. Posteriormente, alguien de la casa inventó un mecanismo para fijarla en el brazo de la silla de ruedas.

Se sabe con certeza que Renoir, ya mayor, solía pintar con un gato en las rodillas, probablemente para darle calor, como lo demuestra el pelo de gato mezclado con la pintura en sus últimos cuadros, lo que también sirve para autentificar los lienzos al no estar firmados.

En 1919 fue al Louvre para ver sus cuadros colgados bajo el mismo techo que las obras de los grandes maestros. Falleció en su casa de la Costa Azul el 3 de diciembre de 1919.

 

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Los gatos del grafitero C215

El grafitero C215, de verdadero nombre Christian Guémy, centra su arte en retratar a personas mayores, refugiados, mendigos, seres que viven en la calle y suelen ser ignorados. Entre ellos se encuentran los gatos. Probablemente sea

C215, junio de 2015

el artista callejero que más gatos haya pintado hasta la fecha. Los ha reproducido en el mundo entero sin limitarse a fachadas, también decoran buzones, puertas, esquinas recónditas, armarios eléctricos, así como numerosos objetos reciclables.

Nació en 1973 en Bondy, un pueblo al noreste de París. Al fallecer su madre cuando solo tenía seis años, le criaron sus abuelos y estudió en un colegio católico. Posteriormente se licenció en Historia, además de obtener un máster en Historia de la Arquitectura y otro en Historia del Arte en la Sorbona. Empezó trabajando como encargado de diseño en una empresa de muebles, antes de ser responsable del departamento de exportación en una compañía textil y acabar en una empresa financiera.

No realizó sus primeras obras hasta 2006, cuando ya había cumplido los 30 años. En el verano de 1989, a los 15 años, hizo algún que otro grafiti, pero enseguida lo dejó al no sentirse parte del movimiento hip-hop.

Alemania

En 2006 se instaló en Vitry-sur-Seine, donde empezó trabajando con la técnica del estarcido y se unió a la asociación M.U.R., acrónimo de Modulable, Urbano y Reactivo, y que significa “pared” en francés. El uso de plantillas le permitía trabajar rápidamente en lugares prohibidos, aunque actualmente, al ser conocido en todo el mundo y hacer algunos trabajos de encargo, también usa esprays.

En octubre de 2014 viajó a La Valeta, Malta, para visitar la concatedral de San Juan y ver el cuadro “La decapitación de San Juan Bautista”, de Caravaggio. Aprovechó para dejar varios ejemplos de arte callejero diseminados por la capital, pero Maltapost, o Correos de Malta, borró los dibujos al cabo de pocos días, lo que fue muy criticado por varias personalidades maltesas, el alcalde Alexei Dingli entre ellas.

Sus obras pueden verse en Nueva Delhi, Londres, Bristol, Estambul, Roma, Barcelona, Ámsterdam, Bristol, Oslo, Sao Paolo, Puerto Príncipe, Fez, Casablanca y otros lugares de Marruecos. Ha expuesto en solitario en museos y galerías de Europa desde 2009, concretamente en la galería Montana de Barcelona en 2012 y más recientemente, en 2015, en el Museo de Artes y Oficios de Montpellier, y del 7 de julio al 16 de septiembre de este año, en el Ayuntamiento del distrito XIII de París.

En abril de 2013 pintó un asombroso mural de 25 metros de altura representando un gato en la fachada lateral de un edificio del bulevar Vincent Auriol de París. El Ayuntamiento del distrito, que ya había encargado obras a famosos artistas callejeros como Shepard Fairey e Inti, entre otros, consideró que había llegado el momento de hablar con C215. En una entrevista dijo: “Decidí hacer un gato sencillo, me gustan las cosas sencillas. Es mi estilo de vida. Quería que el gato se convirtiera en el gato del barrio, que la gente se sintiera feliz al descubrirle saliendo del metro, que le quisieran. Ojalá pronto empiecen a decir: ‘Quedemos donde el gato'”.

 

Pero ¿qué le empujó a escoger un gato para este enorme mural? “Porque el gato simboliza la libertad y todo artista busca la libertad”. Añade que pintar en público, con varios fotógrafos plasmando la “performance”, no le pareció una experiencia de lo más interesante: “El grafiti no es una performance. Personalmente, prefiero ver a gente bailando o tocando música en vez de a alguien pintando una pared”, explica. “Pinto para mí mismo, aunque también para otros. Cuando pinto, no estoy en ninguna parte, no me fijo en lo que pasa a mi alrededor. Por eso prefiero hacer cosas más pequeñas, a escala humana, porque solo necesito centrarme durante unos minutos, y en ese espacio temporal estoy totalmente solo”.

Un mes después, en mayo de 2013, el artista volvió a pintar un gato de grandes dimensiones en la pared lateral de un edificio en Bristol, pero no hemos podido encontrar más información. Viendo el edificio, parece ser un gato más pequeño que el parisino.

En junio de 2014, la galería parisina Itinerrance, que representa a C215, lanzó una invitación a artistas callejeros del mundo entero para que se trasladaran al pueblo tunecino de Erriadh, en la isla de Djerba, para realizar 250 obras originales. El acontecimiento, llamado “Djerbahood”, equivale a un museo de arte callejero concebido de acuerdo con las normas clásicas de un museo en cuanto a luz, escenografía y recorrido. C215 participó con varias obras de las que incluimos dos gatos.

Además de gatos y algún que otro animal, C215 realiza retratos, y uno de sus modelos favoritos es su hija Nina, que empieza a darse a conocer en el mundo del arte callejero.

El 4 de enero de 2016, y mediante la técnica del estarcido, el artista realizó un doble retrato del policía Ahmed Merabet, abatido al enfrentarse a los asaltantes de la revista Charlie Hebdo. Fue un encargo del comandante Stéphane Motel, de la comisaría a la que pertenecía Ahmed Merabet. C215 hizo los dos retratos delante de la familia del policía y de unas cien personas; el primero representa a Ahmed de frente, con gesto solemne, mirando hacia el lugar donde cayó, y en el segundo se le ve de perfil, sonriente, vuelto hacia la calle.

Casablanca

Hablando de su trabajo, C215 dice: “Al fin y al cabo, detrás de los retratos siempre están la libertad y la dignidad frente a un sistema capitalista que nos aplasta día a día”. Dibuja todas sus plantillas, y cuando trabaja en su estudio de París es raro el día que no añade otras a la colección. Con un estilo único, está entre los grandes artistas grafiteros actuales.


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Los gatos viajeros del pintor Romare Bearden

Romare Bearden no solo fue un artista, escritor, defensor de las artes, trabajador social, humanista y compositor, sino también un amante de los gatos. Se le conoce sobre todo por sus collages en los que a menudo describía escenas de la comunidad afroamericana.

Fue un artista prolífico, pero no hay muchos cuadros suyos con gatos, y estos suelen estar bastante escondidos a pesar de que fueron muy importantes en su vida y en la de su esposa, Nanette Rohan. Tuvieron cuatro gatos, tres de ellos con nombres ilustres algo transformados: Mikie, en honor a Miguel Ángel; Rusty, por el legendario héroe persa Ibn Rustom, y Tuttle, por Tutankamón. El cuarto, Gippo, quizá fue el más querido de todos y, desde luego, el que más viajó.

En 1967, Gippo acompañó al pintor y a su esposa de viaje al Caribe, tal como Romare Bearden le contó a Henry Ghent en una entrevista realizada en 1968: “Bueno, tenemos un gato, y no sabíamos dónde dejarle, así que decidimos llevarlo con nosotros. Cuando acabó el crucero, Gippo se había convertido en la mascota del barco, y no quería poner pie a tierra porque durante el viaje le daban casi medio kilo de hígado de ternera cada día. Claro que en algunas de las islas, como en Barbados por ejemplo, no podía entrar por la cuarentena que imponen a todos los animales. Era feliz a bordo del barco”.

Y sigue diciendo: “Es un gato muy guapo. Pronto cumplirá seis años. Sus rayas son perfectamente simétricas. Le encontramos en el bosque cuando era muy pequeño y debe de haber algo de gato salvaje en él. Tardó unos seis u ocho meses en acostumbrarse a la casa, pero ahora es feliz, se ha apoderado de mi estudio, es suyo”.

En otro momento de la entrevista, hablando de las numerosas fotos suyas con Gippo, comenta: “Siempre le digo a mi mujer que hubiera debido enseñarle a Gippo a posar; se habría convertido en la estrella de los anuncios de comida felina. Es tan bello que habría sido un modelo perfecto. Además, le encanta que le hagan fotos”.

Gippo fue el primer gato de los Bearden en hacer un crucero y ser tratado a cuerpo de rey, pero no el último. En los años siguientes, el matrimonio viajó a menudo al Caribe con todos sus gatos. Se cuenta que, en una ocasión, dos de ellos incluso tuvieron un camarote propio. Los Bearden compraron una segunda residencia en la pequeña isla de Saint Martin, mitad francesa y mitad holandesa, donde pasaron varios meses al año hasta 1980. Sus gatos, claro está, les acompañaban.

Romare Howard Bearden nació el 2 de septiembre de 1911 en Charlotte, Carolina del Norte. Su familia se trasladó a Harlem, Nueva York, cuando apenas sabía andar. Empezó a estudiar en la Universidad Lincoln, antes de trasladarse a la de Boston y, finalmente, a la de Nueva York, donde  se matriculó en dibujo. De 1935 a 1937 fue el principal dibujante humorístico del semanario “Baltimore Afro-American”.

A pesar de haber realizado dos exposiciones en solitario, por primera vez en Harlem en 1940 y en Washington DC en 1994, ambas con gran éxito, no pudo vivir de la pintura hasta entrados los sesenta. Desde mediados de los años treinta hasta entonces trabajó  en los Servicios Sociales de Nueva York, dedicándose casi exclusivamente a los gitanos, un pueblo al que llegó a conocer muy bien y a admirar profundamente.

El gato gris (1970)

 

Jóvenes universitarios (1964)

En 1954 se casó con Nanette Rohan, cuya familia procedía de Saint Martin. Entre sus amigos contó con artistas y músicos como James Baldwin, Stuart Davis, Duke Ellington, Langston Hughes, Ralph Ellison, Joan Miró (al que llevó a un partido de béisbol en Nueva York), George Grosz, Alvin Ailey y Jacob Lawrence.

Fue el primer director artístico del Consejo Cultural de Harlem, una organización de defensa de los derechos de los afroamericanos creada en 1964. Participó en la creación de varios centros artísticos, como The Studio Museum, en Harlem, y la Cinque Gallery, dedicada a apoyar a jóvenes artistas procedentes de minorías. También fue uno de los miembros fundadores de la Academia Negra de las Artes y las Letras en 1970 y miembro del Instituto Nacional de las Artes y las Letras desde 1972.

La paloma (1964)

Se le considera uno de los artistas visuales más creativos y originales del siglo XX. Experimentó con medios y estilos diferentes, pero quizá se le conozca sobre todo por sus magníficos collages, que aparecieron en las portadas de las revistas Time y Fortune en 1968. Asimismo, diseñó vestuarios y decorados para el Alvin Ailey American Dance Theater y para el Nanette Bearden’s Contemporary Dance Theater.

Falleció el 12 de marzo de 1988 a la edad de 76 años en Nueva York. Un amigo suyo dijo de él que había vivido nueve vidas (ya se sabe que en los países anglosajones los gatos tienen nueve vidas) todas en una.

Portada de la revista Fortune (1968)

 

Una mañana en Carolina (1978)

Dos años después de su muerte se creó The Romare Bearden Fundation, una organización sin ánimo de lucro dedicada al legado artístico del pintor. Hace poco ha empezado a desarrollar programas de becas para jóvenes artistas emergentes.


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Los gatos cretenses de John Craxton

Dos gatos (1960)

El pintor inglés John Craxton compartía su casa en Creta con numerosos gatos y decía: “Los gatos son un buen ejemplo de la Ley de Parkinson. Prosperan”. Convivía con ellos, los usaba como modelos y solía mandar felicitaciones de Navidad con dibujos de gatos.

A John Craxton no le gustaba, con razón, que le colgaran la etiqueta de “artista neorromántico”, pues no describe ni de lejos toda su trayectoria. Nació en 1922, el cuarto de cuatro hermanos y una hermana, hijo de Harold Craxton, profesor y musicólogo de la Real Academia de Música, y de su esposa, la violinista Essie Faulkner. Su hermana fue la conocida oboísta Janet Craxton. La música, la comida y las motos fueron tres de sus grandes pasiones.

Dos gatos jugando (1955)

 

El gato Marco (1948)

El hogar de los Craxton estaba abierto a todos: músicos famosos y pobres estudiantes se sentaban juntos a comer y a charlar. La autora Elizabeth Jane Howard, que conocía a los Craxton, dijo, recordando el caótico hogar donde creció el pintor: “Eran felices, y como el polen, algo de eso se depositaba en todos los que estaban en contacto con ellos”. Pero no tardó en ser enviado a varios internados en los que no se sentía particularmente feliz. Por suerte, en el colegio Betteshanger conoció a la profesora de arte Elise Barling, a la que describiría posteriormente como “inspirada”. Gracias a esta mujer, y con solo diez años, el joven Craxton y algunos de sus compañeros expusieron dibujos en la Bloomsbury Gallery, una idea muy aclamada por la prensa de entonces.

Gato en silla

 

Gato y caracol (1965)

Los padres de un amigo de colegio le invitaron a viajar a París para visitar la Exposición Internacional de 1937 y allí descubrió el “Guernica”, de Picasso, así como “El segador”, de Joan Miró. Volvió a Paris dos años después, esta vez para ingresar en la Academia de la Grande Chaumière durante un año, antes de regresar a Londres en 1940 para estudiar en dos escuelas de arte, la Central y la Westminster.

 

Gato y gallo (1957)

En 1941 fue rechazado por el ejército debido a una pleuresía. Más o menos en esta época, en plena guerra, conoció a Peter Watson, cofundador de la revista Horizon. Este sería su mecenas durante varios años y le presentó a otros dos pintores amantes de los gatos, Robert Colquhoun y Robert MacBryde. También en esta época conoció a Lucian Freud; los dos tenían 19 años y se les consideró como el futuro de la pintura inglesa. Estudiaron juntos en varias academias e incluso compartieron un diminuto piso.

En 1944 expuso por primera vez en solitario en la Leicester Galleries, un lugar clave para artistas londinenses conocidos y no tan conocidos. En 1945 realizó un viaje con Lucian Freud a las islas Sorlingas, donde ambos pintaron, y un año después visitó Grecia por primera vez. No se instaló de forma definitiva en Chania, Creta, hasta principios de los años sesenta. Hablando de Grecia, decía: “Aquí me siento como una persona de verdad, con gente de verdad, elementos de verdad, ventanas de verdad, sol de verdad encima de todo. En una vida hecha de realidad, mi imaginación funciona. Pero en Londres me siento como un emigrante, totalmente aplastado”.

Gato y mariposas

 

Gato y pecera

Aun así, nunca dejó de viajar regularmente a Inglaterra, aunque cada vez menos. Solo abandonó Grecia voluntariamente desde 1970 a 1976 durante la dictadura de los coroneles.

Antes de mudarse a Grecia, en los años cincuenta, el coreógrafo Frederick Ashton le pidió que diseñara los decorados y el vestuario del ballet “Dafnis y Cloe”, protagonizado por Margot Fonteyn, la gran bailarina de la que se dice que fue su amante durante algún tiempo.

John Craxton y Margot Fonteyn

Sus diseños fueron usados en numerosas reposiciones del ballet, pero acabaron por perderse. En 1966 diseñó los decorados del ballet “Apolo”, de Stravinski, para el Covent Garden. Muchos años después, en 2004, el Royal Ballet celebró el centenario del famoso coreógrafo, y a pesar de su avanzada edad, Craxton recreó sus diseños originales de memoria.

Gatos durmiendo (1956)

 

Gatos en el jardín de Veg

Pero poco a poco, el “chico de oro”, como le llamaban los críticos de arte en los cincuenta, empezó a caer en el olvido. Muchos de esos mismos críticos le trataban de “poco serio” y le acusaban de no dedicarse bastante a la pintura. Es verdad que Craxton siempre prefirió el arte de vivir al de pintar, y pasaba mucho tiempo en bares y tabernas u organizando excursiones con amigos. Uno de ellos era Patrick Leigh Fermor, para el que ilustró varios libros, marido de la fotógrafa Joan Leigh Fermor, otra gran amante de los gatos.

Volvió a exponer en solitario en la Galería Whitechapel en enero de 1967, época en la que Londres estaba dividido entre el Pop Art y el expresionismo abstracto, dos corrientes que no tenían nada que ver con los cuadros modernistas rebosantes de luz de Craxton, tachados de irrelevantes por la crítica.

Gatos, langosta y niña

 

John Craxton pintando dos gatos para Joan Leigh Fermor (1956)

Durante el tiempo que abandonó Grecia, viajó por África y pintó, entre otros cuadros, uno en el que se ve a viejo león bebiendo en una poza de Kenia que fue adquirido por el famoso tenor Peter Pears, compañero de Benjamin Britten. El cuadro se encuentra ahora en el estudio de la planta baja de The Red House, donde el compositor trabajaba cuando ya no podía subir las escaleras. De hecho, Peter Pears había empezado a comprar cuadros y dibujos de Craxton en los años cincuenta, y reunió una importante colección de bailarines y pastores griegos.

John Craxton pintó a muchos gatos durante su vida. “Gatos cretenses”, realizado en 2003, es una pequeña obra maestra en la que dos gatos negros juegan en una silla cuyo asiento de enea se parece extrañamente a la espina dorsal de un pez.

Gatos cretenses (2003)

Fue elegido miembro de la Real Academia de Inglaterra en 1993. Nunca se casó y falleció el 17 de noviembre de 2009 a los 87 años, acompañado por Richard Riley, su compañero de muchos años.

Tarjeta navideña

 

Ian Collins publicó la biografía “John Craxton” en 2011, y el Museo Fitzwilliams de Cambridge le dedicó una exposición desde diciembre de 2013 a abril de 2014. Actualmente, sus obras se conservan en la Tate Gallery, el Victoria and Albert Museum, la Galería de Arte Moderno de Edimburgo y el Museo Nacional de Gales en Cardiff, entre otras instituciones.


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Gatos en retratos naíf

A finales del siglo XVIII y hasta mediados del XIX surgió un pequeño fenómeno en Estados Unidos limitado sobre todo a la Costa Este y a algún estado del Sur como Luisiana y Tennessee. Nos referimos a los retratistas itinerantes. Algunos de estos artistas trabajaban a cambio de cama y comida, otros alquilaban una habitación y permanecían en la zona hasta pintar a todos los interesados.

Martha Bartlett y gato (Museo Metropolitano de Nueva York)

 

William Thompson Bartoll

Incluso comunicaban su llegada mediante pequeños anuncios en la prensa local y ofrecían servicios de otra índole, como pintar letreros, carros o cualquier otra cosa con tal de incrementar sus ingresos. También se adaptaban a las posibilidades económicas del cliente, algo que afectaba al producto acabado. Se sabe de artistas que llegaban a realizar entre dos o tres retratos diarios, dejando poco margen para corregir errores. La mayoría de ellos no firmaban las obras; como mucho escribían algún dato que otro acerca del modelo en la parte trasera de la tela o de la madera indicando nombre, fecha y lugar. Los cuadros firmados son muy escasos y suelen atribuirse a un autor basándose en el estilo, documentos o historias familiares.

Artista desconocido

 

Artista desconocido

Estos retratos “primitivos” son maravillosos por su imaginación, sencillez e increíble vitalidad. Su encanto y belleza se deben sobre todo al uso de la perspectiva y de los colores. En general, el modelo está retratado de frente o de tres cuartos; las sombras son casi inexistentes; las manos, las orejas y el cabello no están muy trabajados; la cara tiende a ser desproporcionada en relación al resto del cuerpo y las extremidades pueden adoptar posiciones poco cómodas. Muy a menudo los artistas se esforzaban más en reproducir detalles de la ropa que el rostro del modelo y en muchos casos no hay telón de fondo. Algunos de los pintores habían estudiado en una academia, pero la mayoría eran autodidactas.

Hay retratos de todo tipo: de familias, de hermanos, de parejas, de mujeres, de hombres, pero hemos descubierto que abundan los de niños con gatos. Como puede verse por las reproducciones que incluimos, en muchos casos el tamaño del gato retratado no tiene nada que ver con la realidad.

Niña con gato negro (Amni Phillips)

Niña con gato

El pintor Amni Phillips (1788-1865) solía retratar a las modelos vestidas de rojo. Una de ellas tiene un claro estrabismo que no intentó corregir. Este pintor, como muchos otros de sus contemporáneos cayó en el olvido durante décadas hasta que el matrimonio formado por Barbara y Larry Holdridge, grandes apasionados del arte naíf estadounidense, con la ayuda de la historiadora Mary Black, se dedicaron a recuperar sus obras en los tres estados que había recorrido en vida, Connecticut, Massachusetts y Nueva York. En 1958 compraron uno de los pocos retratos firmados por el artista, y a partir de este momento intentaron reunir sus obras y saber más de él.

Otro famoso pintor itinerante, William Matthew Prior (1806-1873), de Boston, fue un fiel seguidor del predicador William Miller, que se empeñaba en la inminencia del fin del mundo, y escribió dos libros acerca de las enseñanzas de su maestro.

William Matthew Prior

Se le atribuyen unos 1.500 retratos, pero su estilo era tan parecido al de Sturtevant J. Hamblen (1817-1884), del que se sabe muy poco, excepto que era el cuñado de Prior y probablemente su alumno, que muchas de las obras se describen como pertenecientes a la escuela “Prior-Hamblen”, ahora muy buscadas por los coleccionistas.

Sarah Gray (Sturtevant J. Hamblen)

 

Obra de Sturtevant J. Hamblen

Efectivamente, después una larga temporada en el olvido, estos cuadros alcanzan precios inimaginables para sus autores. Por ejemplo, el retrato “Niña con gato”, de Amni Phillips, que reproducimos aquí, fue subastado hace diez años en Christie’s por 1.248.000 dólares.

Niña con gato (Amni Phillips)

Lo compraron los coleccionistas Allen y Kendra Daniel, que lo describieron como sigue: “Este cuadro reúne lo mejor del arte primitivo americano. Tiene un maravilloso sentido del dibujo y del color, además de una enorme presencia”.

Algunos pintores usaban los mismos objetos, ropa y joyas en sus cuadros, “vistiendo” a la modelo. Zedekiah Belknap (1781-1858), que pintó retratos en los estados de Vermont, New Hampshire, Massachusetts y Nueva York, se fijaba mucho en los detalles de la vestimenta de sus modelos, pero es curioso que todas las niñas vayan vestidas igual.

Zedekiah Belknap

Zedekiah Belknap

Joseph Goodhue Chandler (1813-1884) era ebanista de profesión, pero empezó a retratar a su familia. Estaba casado con Lucretia Ann Waite (1820-1868), una conocida retratista que no tenía nada que ver con los “primitivos”, y se cree que ella “acababa” los retratos de su marido.

Dentro de estos pintores estaban los especializados en retratos póstumos de seres queridos que acababan de fallecer. Incluimos uno, el único que encontramos con un gato. Este es fácil de identificar como retrato póstumo por el obelisco, el barco que se aleja hacia el horizonte, simbolizando el paso hacia la muerte, y el sauce llorón.

En memoria de Nicholas S. Catlin (1852)

 

John Maddox con gato

Sin embargo, muchos de estos retratos no contenían simbolismo alguno, y es imposible saber si pertenecen a esta categoría si no hay algo escrito en la parte trasera.

Colección Gregory Rubin Reynolds

Emma Homan ( John Bradley – Museo Metropolitano de Nueva York)

En total, buscando un poco, hemos encontrado 40 retratos con un gato, de los que publicamos solo una pequeña selección. Estamos seguros de que hay muchísimos más, lo que nos lleva a pensar que el gato formaba parte de los hogares de la Costa Este de Estados Unidos, por lo menos desde el estado de Nueva York al de Maine, y que poco importaba su color, incluso en Massachusetts, donde se encontraba la tristemente famosa ciudad de Salem y sus cazas de brujas. Es verdad que ya habían transcurrido más de 150 años desde ese horrendo episodio.


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Los muchos gatos de Utagawa Kuniyoshi

Tres gatos de fiesta

Utagawa Kuniyoshi, nacido el 1 de enero de 1797, fue uno de los últimos grandes maestros de impresión mediante planchas xilográficas y pintura en el estilo ukiyo-e, además de miembro de la Escuela Utagawa, encabezada por Utagawa Toyokuni, donde ingresó en 1811. Al cabo de tres años de aprendizaje, su maestro le dio el nombre de Kuniyoshi y empezó a trabajar como artista independiente. A pesar de sus brillantes comienzos, no realizó muchos grabados entre los años 1814 y 1825, quizá por no ser conocido y por la gran competencia. En 1828 recibió su primer encargo de importancia, una serie sobre las vidas de los héroes del Suikoden que le hizo muy popular en Edo (Tokio en la época), abriéndole la puerta de los círculos literarios y de ukiyo-e más importantes.

Diversión, la primera nevada

La época correspondía al final del famoso periodo edo (1603-1868), durante el que el shogunato Tokugawa consiguió unificar Japón, dando pie a un largo y próspero periodo de paz con un gran desarrollo social y cultural. La nueva burguesía, formada sobre todo por mercaderes, estaba deseosa de gastar dinero en las artes. Una de las formas más populares fue los ukiyo-e, impresiones a partir de planchas de madera o xilográficas en las que se representaba a héroes legendarios, paisajes, escenas de la vida cotidiana y estrellas del teatro kabuki.

Dos gatos como luchadores de sumo

A principios de la década de 1840, convencido el shogunato de que estaba perdiendo el control del ejército, la economía, las finanzas y la religión, impuso las reformas Tenpo, destinadas a calmar el desasosiego social. Además de encarcelar a importantes políticos y escritores, se empezó a ejercer una férrea censura sobre la literatura y representaciones artísticas en general. Entre otras cosas, se prohibió realizar dibujos de los actores de teatro kabuki, cortesanas y geishas porque incitaban al pueblo a lujos demasiado costosos.

Gato casero

Para superar la censura, a Utagawa Kuniyoshi se le ocurrió representar a los actores más famosos con rasgos de gatos, añadiendo pequeños detalles que permitieran identificarles. Sus impresiones se hicieron muy populares y los amantes del teatro kabuki disfrutaban buscando las pistas que les permitieran reconocer a los actores que aparecían en cada dibujo.

Siete de Las Cien Fisionomías

Se cree que los dos años en que la censura fue más estricta empujaron no solo a Utagawa Kuniyoshi, sino a muchos artistas japoneses, a hacer uso de la imaginación, llegando a crear una nueva tendencia dentro del ukiyo-e.

Gatos músicos

Sin embargo, el artista había empezado a dibujar gatos mucho antes de las reformas Tenpo y se sabe que, cuando alcanzó la talla de maestro y abrió un estudio, además de alumnos también había muchos gatos. Se cree que los primeros gatos domésticos llegaron a Japón a mediados del siglo VI al mismo tiempo que los textos budistas, para protegerlos contra los ratones. La primera mención del gato doméstico aparece en el diario del emperador Uda (867-921), donde habla de un gato negro que llegó de China en 884. El primer nombre conocido de una gata en Japón es Myobu no Otodo, que significa Primera Dama del Palacio Interior. La aristocrática felina pertenecía al emperador Ichijo (980-1011), tenía un rango en la corte y llevaba un collar rojo. El dibujo más antiguo de un gato en Japón se debe a Toba no Sojo (1053-1140) y forma parte de un pergamino narrativo. A partir de esa época parece que el gato empezó a ser habitual en los hogares japoneses.

Chojugiga, de Toba no Sojo (s. XII)

 

Gatos y cerezo en flor

Utagawa Kuniyoshi hizo cientos de dibujos de gatos y los presentó de todas las formas posibles. Creó la serie “Neko no ateji” con gatos adoptando formas para reproducir nombres de peces mediante el carácter kana, así como una serie en que los gatos ilustran proverbios. En otras ocasiones pintó gatos antropomorfos vestidos con suntuosos trajes y comportándose como seres humanos.

Gato ladrón

Uno de nuestros grabados favoritos es el del gato ladrón. Cuentan que a menudo se pasaba el día trabajando con un gato metido en su kimono y que alentaba a sus alumnos a pintar gatos.

Gatos formando el carácter “pez gato”

Uno de sus dibujos más famosos es un tríptico titulado “Gatos sugeridos como las 53 estaciones de la Tokaido”, donde cada gato representa una etapa de la carretera que une Tokio con Kioto. Diez años antes, entre 1833 y 1834, el famoso artista Hirogishe realizó una serie de 53 impresiones titulada “Las cincuenta y tres estaciones de la Tokaido”, que tuvo un enorme éxito. Utagawa Kuniyoshi decidió sustituir los paisajes por gatos a modo de broma.

Las 53 estaciones de la Tokaido

Por ejemplo, la estación 41 se llama Miya, cuya pronunciación recuerda a la palabra “padres” en japonés. El artista describió la estación con una gata y dos gatitos (arriba a la izquierda en la reproducción). Por cierto, todos los gatos del tríptico son rabicortos, una peculiaridad de los gatos japoneses. Incluso incluyó a un bakeneko o gato cambiante (a la derecha, a media altura, con la cabeza tapada con un pañuelo), https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/

Niño con gato

Tuvo muchos alumnos notables durante sus años de maestro. Todos empezaban como aprendices y seguían el estilo del profesor. Luego, cuando ya eran independientes, desarrollaban estilos propios, como ocurrió con Yoshitoshi, considerado el último maestro del arte de la plancha xilográfica en Japón.

Proverbios

Utagawa Kuniyoshi, un gran artista con mucho sentido del humor, falleció en abril de 1861 a los 65 años.

 

 


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Gatos, soledad, surrealismo y Gertrude Abercrombie

Niña con gatos (1940)

La pintora Gertrude Abercrombie, gran amante de los gatos y del jazz, apuntaba en una libreta los gatos que había tenido y lo que había sido de ellos. El apartado se titulaba: “Gatos que he tenido (de los grandes)”. Con “de los grandes”, en inglés “big main ones”,  se refería a la raza Maine Coon, efectivamente, gatos de buen tamaño. La lista incluía a Jimmy, Monk, Fitzgerald y Folly, entre otros.

Interior con gato

Don Baum, artista y defensor de artistas de Chicago, era un buen amigo de la pintora y la describió como “una mujer muy graciosa e introspectiva”. Recuerda que su casa desbordaba energía y estaba llena de gatos: “Tocaba el piano y no había nada que le gustara más que sentarse ante el teclado con alguien como Dizzy Gillespie o Miles Davis con sus instrumentos. De locos”. Era un inmueble de tres pisos a orillas del lago Michigan en el barrio de Hyde Park, cerca de la Universidad de Chicago, lo que le permitía alquilar habitaciones, no solo a estudiantes, sino a conocidos músicos y compositores de jazz, y donde parece ser que los gatos comían mejor que las personas.

Cabeza con gato

Esa mujer excéntrica recorría la ciudad en un viejo Rolls-Royce – de hecho, tuvo tres durante su vida – y necesitaba desesperadamente ser el centro de atención. Ella misma solía contar una anécdota en la que se describía su exacerbado narcisismo. Su amigo, el artista Dudley Huppler, en una postal dirigida al pintor Karl Priebe, escribió: “Querido Karl: Anoche llevé a Gertrude al ballet. No le gustó. Ella no bailaba”. También reconoce que siempre se pintaba a sí misma, incluso cuando no se trataba de autorretratos propiamente dichos.

Tres gatos

 

Tres gatos (plano medio)

Sus cuadros parecen reflejar una terrible soledad. La gran mayoría representa a una mujer sola en parajes desolados. Mujeres buscando, andando, a veces acompañadas de un animal. Los dos gatos de “Gato blanco” y “Gato y retrato” también están solos, casi desamparados. Reconocía que carecía de técnica; para ella había buenos pintores y mejores artistas, y consideraba pertenecer a esta última categoría.

Gato blanco

 

Gato blanco

Le importaba transmitir emociones, sentimientos e ideas. Decía que “debe ocurrir algo, y si no ocurre nada, la mejor técnica del mundo no lo cambiará”.

Gato con retrato

Nació el 17 de febrero de 1909 en Austin, Tejas, por la sencilla razón de que sus padres, dos cantantes de ópera que estaban de gira, se encontraban allí ese día. La familia vivió en Berlín hasta 1914, pero el estallido de la I Guerra Mundial les obligó a regresar, primero a Aledo, Illinois, y posteriormente al barrio de Hyde Park en Chicago. En 1929 se licenció en Filología Románica y estudió brevemente Dibujo Comercial en la Academia Americana de Arte.

 

Bote (1954)

Empezó a dedicarse a la pintura a tiempo completo a partir de 1932 y vendió su primer cuadro ese verano en una feria de arte. Dejó la casa familiar a mediados de los años treinta, y la Sociedad de Artistas de Chicago organizó su primera exposición en solitario en 1934. Se casó con el apuesto Robert Livingstone en 1940, dio a luz a su única hija, Dinah, en 1942 y se divorció en 1948. Ese año se casó con el crítico musical Frank Sandiford y su gran amigo Dizzie Gillespie tocó en la boda. Se divorció de su segundo marido en 1964.

Fotografiada por Carl Van Vechten

En 1945 pintó “Girl Searching” (Mujer joven buscando). A partir de ese momento y durante los siguientes quince años pintó cientos de cuadros, organizó jam sessions en su casa con músicos como Sonny Rollins, Max Roach y Jackie Cain, se hizo famosa y se hablaba de ella en la prensa. Dizzy Gillespie la describió como “la primera artista bop, porque ha tomado la esencia de nuestra música y la ha trasladado a otra forma de arte”.

Entre las pocas influencias que Gertrude Abercrombie reconocía, estaba el pintor belga René Magritte. A parte de aceptar que Georgio de Chirico, Max Ernst y Salvador Dalí “tenían algo que ver” con su trabajo, de Magritte dijo: “Cuando vi sus obras, pensé: ‘Este es tu papá’, y he seguido en esta vena surrealista desde entonces”.

Interior con gato

Su salud empezó a resentirse a finales de los años cincuenta por culpa del alcohol, sufría de artritis y tenía problemas financieros. A partir de 1959 pintó menos y cuadros de menor tamaño. Dejó de poder moverse sola y acabó confinada en la cama. La “reina de los artistas bohemios”, como la llamaban, falleció el 3 de julio de 1977. Unos meses antes de su muerte tuvo lugar una gran retrospectiva de su obra en el Centro Hyde Park.

La pintora

Entre 1944 y 1964 expuso nada menos que veinte veces en solitario y fue una de las artistas más famosas de Chicago durante casi treinta y cinco años. Luchó contra la depresión y la inseguridad, pero durante toda su vida como pintora supo mantener el equilibrio entre el misterio y la realidad, la tragedia y el humor. En una de sus últimas entrevistas dijo: “Pinto como pinto porque estoy muerta de miedo. Me parece un milagro que estemos vivos, ¿a ti no?”