Gatos y Respeto

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Gatos vanguardistas y la pareja Goncharova-Larionov

Gato en una silla (Larionov, 1911)

Nacieron exactamente con un mes de diferencia en 1881; Mijaíl Larionov, el 3 de junio y Natalia Goncharova, el 3 de julio.  Sus respectivas familias se trasladaron a Moscú en 1891 y los dos ingresaron en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú en 1898. Se conocieron, se enamoraron y nunca volvieron a separarse. No se puede hablar de Natalia Goncharova sin hablar de Mijaíl Larionov y viceversa.

Natalia y Mijaíl en su estudio moscovita

Natalia estudiaba escultura, pero Mijaíl la convenció de que era pintora: “Tienes ojos para el color, pero te preocupas demasiado por la forma. ¡Abre los ojos para encontrar tus ojos!” Parece ser que al oír esto, la escultora se enfadó muchísimo y estuvo tres días sin hablarle, pero acabó dándole la razón y ya no dejó de pintar a partir de entonces.

Gata con gatitos (Goncharova, 1910-11)

Detalle

A pesar de las protestas de los padres de Natalia Goncharova, alquilaron un pequeño piso en 1903 y vivieron juntos sin estar casados. De hecho, no se casarían hasta 50 años después, solo para asegurarse de que su legado sería protegido y devuelto a Rusia. Cuando la Galería Tretiakov compró un cuadro de Larionov, los padres de Goncharova pensaron que quizá no era tan mal partido aunque no tuviera dinero.

Gata (Larionov, 1910)

Solo se separaban en verano. Él regresaba a Tiráspol, la ciudad donde nació, y ella se iba a las costas de Crimea. Se reunían en otoño y volvían a estar juntos, trabajando en el mismo estudio. Empezaron los escándalos: la obra de Natalia fue tachada de pornográfica y ella, arrestada; Mijaíl fue expulsado de la Escuela.

Gato (Larionov, 1910)

Larionov fundó el grupo de pintura vanguardista “Sota de Diamantes” junto a Robert Falk (un amante de los gatos), Alexander Kuprin, David Burliuk y muchos otros. En diciembre de 1910, la primera exposición con obras de los miembros de “Sota de Diamantes” en Moscú creó un revuelo mayúsculo que catapultó al grupo a la fama.

Robert Falk y gato

Ese mismo año, unos meses antes, ambos pintores habían participado en el Segundo Salón de Odesa con veinticuatro cuatros de Goncharova y veinticinco de Larionov. Por cierto, Kandinski contribuyó con nada menos que cincuenta y tres obras al Salón. En esa época inventaron el rayonismo, el estilo que sentaría la base de la pintura abstracta en Rusia. Una de las obras más famosas de Natalia son los gatos rayonistas.

Loa gatos (Goncharova, 1913)

Cuatro años antes, en 1910, el famoso Sergéi Diáguilev, fundador de los Ballets Rusos, había invitado a Larionov a la inauguración de una exposición de pintura rusa organizada por él en París. Durante su estancia descubrió los cuadros de Gauguin y el fauvismo, y en una visita a Londres, la obra de Turner.

Diseño escénico para “El gato, el gallo y la zorra” (Larionov)

Larionov hizo el servicio militar en tres etapas (invierno de 1910 a verano de 1911 y primaveras de 1912 y 1913). Fue entonces cuando pintó toda una serie de Venus con y sin gatos, entre ellas la Venus de Katsap, que podría traducirse como “Venus rusa”. Se han avanzado muchas teorías sobre las Venus de Larionov, pero quizá lo único que tiene sentido es que los gatos que las acompañan son una referencia al Gato de Kazán  (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/).

Venus de Katsap, dibujo (Larionov)

Venus de Katsap (Larionov, 1912)

Por las fechas de los cuadros de los dos artistas, parece ser que incluyeron gatos en sus obras antes del año 1915, cuando vivían en Moscú, en la época previa a su trasladó a Lausana y luego a París. La única excepción quizá sea “Desnudo con gato”, pintado después de 1917, en el que retrató a Alexandra Tomilina, su modelo durante muchos años antes de convertirse en su segunda esposa. ¿Dejaron de tener gatos en París?

Desnudo (Alexandra Tomilina) con gato (Larionov)

Poco antes de la Primera Guerra Mundial, Diáguilev, acompañado del coreógrafo Michel Fokine, viajó a Moscú para pedirle a Natalia Goncharova  que diseñara los decorados del ballet “El gallo de oro”. La exposición de las obras de los dos artistas organizada por el empresario en la Galería Paul Guillaume de París recibió una acogida impresionante. La teoría del rayonismo estaba en boca de todos y los jóvenes pintores se hicieron famosos.

Mujer con gato (Goncharova, 1913)

El estallido de la guerra les obligó a regresar precipitadamente a Moscú y Mijaíl fue llamado a filas. Gravemente herido en agosto de 1914, pasó por un largo periodo de convalecencia. En abril del año siguiente, Diáguilev les invitó a venir a Lausana para preparar los decorados de la nueva gira de los Ballets Rusos.

Dos gatos (Larionov)

No había muchos escenarios disponibles para los Ballets Rusos antes del fin de la guerra, por lo que Diáguilev aceptó encantado la invitación de Alfonso XIII para trabajar en Madrid, donde presentó con enorme éxito algunos de sus ballets más famosos en el Teatro Real. “Kikimora” se estrenó en el Teatro María Eugenia de San Sebastián cuando la familia real se trasladó allí para las vacaciones de verano. La estancia española marcó profundamente a Natalia y quedó reflejada en numerosos cuadros.

Vestuario para el ballet “Kikimora” (Larionov)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1917 estaban a punto de regresar a Rusia, pero les detuvo la Revolución de Octubre. Un año después alquilaron un piso en la calle Jacques Callot del barrio Latino de París. Siguieron compartiendo piso a pesar de haber dejado de ser pareja sentimental, debido tal vez a las muchas infidelidades de Mijaíl Larionov o porque el vínculo artístico era mucho más fuerte.

Venus (Larionov, 1912)

Natalia Goncharova conoció y se enamoró de Orest Ivanovich Rosenfeld, el agregado militar menchevique del gobierno provisional de Kerensky en París. Detenido en 1941, no salió del campo de concentración de Lübeck hasta 1945. A su regreso fue nombrado editor jefe del periódico socialista “Populaire”. Siempre ayudó a Natalia y le encargó dibujos para el periódico cuando ella y Mijaíl pasaron por dificultades financieras.

Ventana con gata (Goncharova)

Alexandra Tomilina se hizo con el corazón de Larionov. Licenciada en la Sorbona, se convirtió en su secretaria, modelo y compañera hasta su muerte. Acabó alquilando un piso en el mismo edificio que Mijaíl y Natalia, y aunque pasaba mucho tiempo en el piso de los artistas, siempre volvía al suyo para dormir.

Larionov nunca se repuso completamente de la herida sufrida en 1914 y pintaba cada vez menos. Goncharova, al contrario, incluso con artritis y después de romperse el brazo, siguió pintando. Entre 1957 y 1958 completó unos 50 cuadros. Firmó el último en 1960.

En su casa de París, principios de los cincuenta

Natalia Goncharova falleció mientras dormía el 17 de octubre de 1962. Mijaíl Larionov se casó por fin el 28 de mayo siguiente con la paciente Alexandra Tomilina, legándole todas las obras de Natalia y suyas, con el encargo de devolverlas a Rusia. El pintor murió el 10 de mayo de 1964.

Rabino y gato (Goncharova, 1912)

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Gatos, romanticismo y Eugène Delacroix

Eugène Delacroix está considerado uno de los mayores exponentes de la pintura romántica. Se interesó mucho por los animales e iba regularmente al “Jardin des Plantes” (Jardín botánico), donde también estaba instalada “La casa de las fieras”. De hecho, sigue existiendo hoy en día aunque ya no se llama así. El pintor decía: “La mayor felicidad de un hombre que siente la naturaleza es poder restituirla”. Pintó a numerosas fieras, caballos, perros y algunos gatos, pero sobre todo los describió en maravillosos y, a veces, extraños bosquejos.

1843

 

No sabemos si Delacroix tenía gatos, pero es muy probable. En la Francia del siglo XIX, los animales estaban muy bien vistos, no solo entre los artistas, sino también entre la burguesía y la nobleza. Se creó el cementerio de perros a las afueras de París (https://gatosyrespeto.org/2018/05/10/los-gatos-del-cementerio-de-perros/) y el gato era muy apreciado por los románticos por su aura de misterio. Aún no se había excavado el gran templo dedicado a Bastet en Bubastis, pero se sabía que los egipcios veneraban a los gatos, y los egipcios estaban de moda en el XIX. No sería raro que el pintor tuviera uno o más gatos en su casa. Tres defensores de su obra y amigos suyos, el poeta Charles Baudelaire así como los escritores Théophile Gautier y Alexandre Dumas eran grandes amantes de los gatos.

Autorretrato (1837)

El artista como gato (1831)

Eugène Delacroix nació el 26 de abril de 1798 en Charenton-Saint-Maurice, muy cerca de París, cuando sus dos hermanos y su hermana ya eran mayores. Su padre, Charles Delacroix, había sido ministro de Asuntos Exteriores y embajador en Holanda antes de ser nombrado prefecto de Marsella y luego de Burdeos, ciudad en la que murió cuando el joven Eugène solo tenía seis años. Su madre, Victoire Delacroix, era la hija de uno de los más grandes ebanistas de entonces, Jean-François Oeben. Su madre falleció en 1814.

Cabezas de gatos y desnudo

Gatos y leones

Su tío Henri-François Riesner le hizo ingresar, en 1815,  en el conocido taller del pintor Pierre-Narcisse Guérin, pero este no se dio cuenta del talento del joven Delacroix. Por suerte, conoció a Théodore Géricault, que le protegió y animó a seguir pintando. Incluso posó para el célebre cuadro “La balsa de la Medusa”.

Maullando

En el Salón de París de 1822, con solo 24 años, presentó un primer lienzo de grandes dimensiones, “Dante y Virgilio en los infiernos”. La crítica lo apreció y otorgó el calificativo de “romántico”. Pasaba largas horas en el Louvre, inaugurado en 1793, admirando las obras de los clásicos. Con “Escenas de la masacre de Quíos”, pintado en 1824, conquistó definitivamente a la crítica más avanzada, así como a Victor Hugo y Alexandre Dumas, pero los academicistas le acusaron de conmocionar las costumbres y las reglas establecidas.

Gatos y joven romano

En julio de 1830, el alzamiento del pueblo de París contra la Restauración de los Borbones inspiró a Eugène Delacroix su cuadro más famoso, “La libertad guiando al pueblo”, adquirido por el Estado en el Salón de 1831. Un año después acompañó al emisario del rey Luis-Felipe a Marruecos para tranquilizar al sultán alauí, preocupado por la reciente conquista de Argelia por parte de Francia. El recuerdo del periplo desde Tánger a Mequinez permaneció con él el resto de su vida. Gracias a sus notas, a las acuarelas que realizó durante el viaje y a los objetos que trajo consigo, realizó sesenta y dos pinturas relacionadas con Marruecos.

Gata y pelota de lana

Dedicó gran parte de su vida a concebir grandes murales para edificios civiles y religiosos en París. En 1834 decoró el Salón del Rey en el Palacio Borbón, sede de la Asamblea Nacional. En 1837 se ocupó del plafón de la biblioteca de dicho edificio. A mediados de los años cuarenta realizó el mural de la biblioteca del Palacio del Luxemburgo, sede actual del Senado. A principios de los cincuenta pintó el plafón central de la Galería de Apolo, concebida en el siglo XVII por el pintor Charles Le Brun, pero que había quedado inacabada. La Villa de París le encargó las pinturas del Salón de la Paz del Ayuntamiento, pero desgraciadamente fueron destruidas en el incendio de 1871.

Además de los edificios civiles antes mencionados, pintó una “pietà” en la iglesia Saint-Denis y desde 1840 a 1861 decoró una capilla de la iglesia Saint-Sulpice.

La segunda Exposición Universal organizada en París en 1855 sirvió para dar a conocer a pintores como Jean-Auguste Ingres, Horace Vernet y el propio Eugène Delacroix. Se expusieron treinta cuadros suyos, escogidos por él, reafirmando su posición oficial como uno de los más grandes pintores franceses.

Jugando

Gatos, otros felinos y desnudo

A partir de la década de 1850 se interesó por la fotografía y fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Heliográfica. En 1954 le encargó al fotógrafo Eugène Durieu una serie de fotografías de modelos masculinos y femeninos con criterios muy particulares: debían ser ligeramente borrosas y absolutamente sobrias, despojadas, para que pudiera volver a utilizarlas en sus cuadros.

Gato y dos leones

En 1857 decidió instalarse en la calle Fürstenberg con el fin de estar más cerca de la iglesia Saint-Sulpice. En esta nueva casa disfrutó de un jardín para él solo que hizo cambiar a su antojo. Jenny Le Guillou, el ama de llaves que empezó a trabajar con él en 1835, le siguió a la nueva residencia. Por fin, en 1861, consiguió acabar las pinturas de Saint-Sulpice, pero ya padecía de tuberculosis. Se refugió en la soledad en los últimos años de su vida.  Murió “agarrado a la mano de Jenny” en su casa el 13 de agosto de 1863 de una crisis de hemoptisis. Sus restos reposan en el cementerio del Père-Lachaise en un sarcófago imitando el modelo de la tumba de Escipión.

Sentado

Legó 50.000 francos, dos relojes y algunos cuadros a Jenny especificando que debía escoger los muebles que más le gustaban. Ella falleció el 13 de noviembre de 1869 y está enterrada al lado del pintor, según la última voluntad del mismo.

Durmiendo

Sus cuadros se vendieron en solo tres días en febrero de 1864 con un éxito inusitado. Los coleccionistas se habían interesado muy poco por su obra mientras vivía, obligándole a aceptar encargos del Estado y de la Iglesia para subsistir, pero cambiaron de idea a su muerte.

Aunque frecuentaba los salones y conoció a grandes escritores, a menudo se refugiaba en el campo, lejos del mundanal ruido. Admiró y fue amigo de Chopin y de Paganini. Baudelaire dijo de Delacroix que “es el pintor más original de los tiempos antiguos y de los tiempos modernos” y en 1963 publicó un libro dedicado a la vida y obra de su amigo.

Con los ojos cerrados


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Gatos, mujeres, tierra y Sandra Bierman

Abundancia

Sandra Bierman pinta mujeres ampulosas con gatos, muchos gatos. Se abrazan a un gato, a dos, incluso a tres, a gatos de todos los colores, grises, amarillos, azules, verdes.  Hay mujeres jóvenes, mayores, niñas, indias, rubias, da igual, todas las mujeres del mundo llenas de curvas, algo distorsionadas. Son composiciones sensuales, llenas de colorido y vida.

Con gatos

La artista dice que pinta por intuición, nunca usa un modelo o una fotografía, se limita a dar rienda suelta a su imaginación. A menudo empieza con un esbozo que acaba por transformarse en algo totalmente distinto a la primera idea.

Sandra Bierman

Una conversación

Nació en Brooklyn, Nueva York, hija de un inmigrante sueco y de una tejana del campo. El año de su nacimiento es un misterio: hemos encontrado dos fechas distintas, 1938 y 1945. Sus padres se separaron cuando tenía cuatros años, y su madre llevó a sus dos hijas a Oklahoma, donde vivía su abuela.

Contemplación

Pasó gran parte de su infancia en casas de acogida porque su madre sufría de esquizofrenia y no podía cuidar de ella ni de su hermana, pero también vivió temporadas con su abuela, que era en parte india Cherokee, una mujer grande como las de sus cuadros, generosa, cálida y acogedora. La pintora dijo en una entrevista en 1998 que sin su abuela dudaba que hubiera sobrevivido y que muchas de las sensaciones e imágenes de sus cuadros son recuerdos e impresiones del tiempo pasado con ella.

Leyendo

En dicha entrevista cuenta que recuerda su niñez como un continuo cambio de casas y de escuelas, hasta el punto de que dejó de memorizar los nombres de sus compañeros. Eso, añadido a la dislexia que padecía, hizo pensar a varios profesores que sufría un retraso mental. Por suerte, su tía Cleo le hizo pasar unos exámenes y descubrió que su cociente intelectual estaba por encima de lo habitual, lo que le vino muy bien para su baja autoestima.

Promesa dorada

Recuerda que dibujó desde siempre. En los momentos más duros, se iba a un rincón, se escondía y dibujaba. A los doce años obtuvo su primera beca para asistir a clases de acuarela. Al acabar el instituto, logró una beca de cuatro años para el Maryland Institute of Art.

El gato azul

En 1986, siendo segunda vicepresidenta de telecomunicaciones del Chase Manhattan Bank en Nueva York, ella y su marido Arthur Bierman, profesor de física, decidieron dejarlo todo y mudarse al campo en el estado de Nueva York. Llevaba veinte años sin pintar, dedicada a sus hijos y a su trabajo. Dos años después se mudaron a Boulder, Colorado, y siguió pintando.

El gato verde

Hablando de sus obras dice: “Soy consciente de que el estilo, los temas y la composición permanecen constantes, pero cambio de técnica muy a menudo. Me gusta trabajar con lienzos de diferentes texturas y aplicar la pintura de diferente modo. Me aburriría hacer lo mismo todo el tiempo. Para mí, el arte es el camino de la exploración. Lo importante es el camino, no el producto acabado”.

Ensoñación

Prefiere trabajar con pinturas al óleo por su versatilidad, suavidad y el tiempo que necesitan para secarse completamente. Su paleta de colores pasa de los sutiles tonos tierra al impasto más vibrante. Utiliza perspectivas poco habituales, trazos ondulantes, yuxtaponiendo la oscuridad y la luminosidad.

Sigue diciendo: “Siempre me ha gustado la naturaleza. La considero una fuerza femenina y es lo que me gusta pintar. Mis mujeres forman parte de la naturaleza, aportan vida y sanan. La mayor parte de las mujeres que pinto van descalzas porque están cerca de la tierra, ancladas, seguras. Las mujeres grandes comunican esas sensaciones. Me parece que las mujeres están más en armonía con sus sentimientos, son más sensibles y más expresivas que los hombres. (…) Admiro a las mujeres con sustancia. Nadie debe avergonzarse de ser grande. Al contrario, hay que alardear de cada centímetro. Avergonzarse reduce el poder, la fuerza y el carisma; en otras palabras, la grandeza. Si fuera grande, me vestiría con vestidos sueltos llenos de colores. Sería una mujer grande con mucha presencia”.

Tiempos de oro

Gatos en la ventana

Explica que para ella pintar es una necesidad, equivale a un proceso terapéutico. Si pasa unos días sin pintar, se entristece, se enfada con el mundo; en ese caso, su marido Arthur le pide amablemente que vuelva a su taller y pinte. Todos sus sentimientos pasan a sus cuadros, algunos son oscuros, otros muy luminosos. “A veces, al empezar un cuadro, me limito a dibujar círculos. El lienzo me guía, es un proceso espontáneo. Pintar significa la mezcla de lo consciente y lo inconsciente. Trabajo con los espacios o formas entre las líneas: los brazos, las figuras, la fluidez, la simetría. Todo es intuitivo, nada está pensado de antemano”.

Tranquilidad

“Estar en mi taller y pintar se asemeja a una experiencia religiosa. Soy feliz pintando, tan feliz como cuando me sentaba en la rama del enorme roble delante de la casa de mi abuela, contemplaba el prado y me sentía una con la naturaleza, con algo mucho más grande que yo”.

El columpio

Añade que cada vez le atrae más la sencillez, acercarse a lo esencial. Cree estar muy influenciada por los maestros italianos del siglo XVI, el arte mexicano y maya, así como el arte japonés clásico.

Gato gris

Todos los gatos, sean del color que sean, rojos, azules o verdes, son en realidad uno solo. Un gato blanco al que amó profundamente y cuyo recuerdo mantiene vivo en sus obras, como ocurre con la memoria de su abuela.

Gato blanco


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El gato blanco en el jardín, de Charles Blackman

El pintor Charles Raymond Blackman nació en Sídney el 12 de agosto de 1928. Solo tenía cuatro años cuando su padre se unió al ejército y desapareció. Su madre Marguerite, a la que todos llamaban Daisy, denunció la desaparición de su marido, pero hasta muchos años después no se supo que vivía en Queensland, había formado una nueva familia y no tenía el menor interés en ver a las tres hijas y al hijo de su primer matrimonio.

Daisy hizo lo que pudo para mantener a la familia. Al descubrir que su hijo tenía talento para el dibujo desde muy pequeño, siempre le animó a seguir. Charles dejó el colegio a los 13 años, en 1941, y empezó a trabajar como aprendiz de ilustrador en el periódico Sunday Sun.

1955

Ingresó en el Colegio Técnico de Sídney Este, donde asistió a clases nocturnas durante tres años, de 1943 a 1946, pero el aprendizaje institucional acabó por hartarle y prefirió seguir estudiando por su cuenta. Pasaron siete años hasta que expuso en solitario por primera vez.

 

Gato en tejado

En 1949 conoció a la joven Barbara Patterson en un círculo artístico llamado “Estudio Barjai-Miya y los jóvenes artistas de Brisbane de los años 1940: Hacia una práctica radical”, al que iban regularmente numerosos pintores progresistas. Barbara vivía en Brisbane y Charles en Sídney, les separaban 900 kilómetros, lo que dio lugar a un apasionado romance epistolar hasta que ella se trasladó a Sídney y se casaron en 1950.

Autorretrato con Barbara y gato

Ninguno de los dos tenía dinero. Se mudaron a Melbourne en 1951 y sobrevivieron como pudieron. Parece ser que incluso “okuparon” una casita al final de un jardín durante unas semanas antes de enterarse de que un vecino ofrecía algo pequeño por muy poco dinero. Fueron a verle y, después de unas cuantas tazas de té, les llevó al fondo de un jardín de densa vegetación hasta la casita que habían ocupado. Aquí es donde Blackman pintó sus series “Colegialas” y “Alicia en el País de las Maravillas”.

Colegiala y gato blanco

El gato birmano

También fue el lugar donde crecieron sus dos primeros hijos, Auguste y Christabel. Poco tiempo después, Barbara fue declarada ciega y sobrevivieron gracias a la pensión que cobraba del Estado y de su trabajo como modelo para artistas como John Brack. Por fin, en 1953 Charles tuvo su primera exposición en el salón de Mirka y Georges Mora, que serían sus amigos de por vida. Es más, al poco acabó trabajando con George en la cocina del café de Mirka. Expuso el cuadro “El nadador” en la Galería Peter Bray, que levantó una oleada de protestas al considerarse escandaloso.

En 1959 se adhirió al “Antipodean Manifesto”, firmado por toda una serie de conocidos artistas australianos contra el creciente predominio de la expresión abstracta y a favor de la pintura figurativa y simbólica.

Un año después ganó la beca Helena Rubinstein y toda la familia se trasladó a Londres. En esta ciudad nació Barnaby, su tercer hijo, y Charles forjó grandes amistades con otros australianos afincados en la capital británica durante los seis años que permaneció allí.

Gato nocturno

Al regresar a Sídney encontró un amplio y luminoso estudio que daba a un jardín donde pintó la serie “El jardín del gato blanco”. Lo que no sabemos es si el gato era suyo o pertenecía al vecino, pero sea como fuere, le inspiró para realizar otras muchas obras. Tres de los cuadros del jardín, de día, de tarde y de noche, fueron los de mayor tamaño que expuso en 1960 en la Galería Bonython.

La familia volvió a hacer las maletas para irse a París gracias a una beca de la Cité des Arts. La ciudad fascinó al pintor y se convirtió en una fuente de inspiración a la que volvería a menudo. Barbara escribía una columna dos veces a la semana en el Herald de Australia describiendo los exóticos lugares que visitaban.

En esa época, Charles Blackman también diseñó decorados para tres compañías de danza, la Western Australian Ballet Company, la Sydney Dance Company y Daisy Bates.

Al regresar a Sídney, el matrimonio decidió fundar una escuela para ofrecer una educación más enriquecedora, artísticamente hablando, a los jóvenes de la ciudad y alrededores. El Chiron College fue todo un éxito y la cuna de numerosos pintores, escritores y músicos de éxito.

En 1978, después de 28 años de matrimonio, Barbara y Charles se divorciaron, y a los pocos meses, el pintor volvió a casarse con una joven artista que estudiaba en el Chiron College, Geneviève de Couvreur, una amiga de su hija Christabel. Tuvieron dos hijos, Beatrice, conocida como la música y cantante Bertie Blackman, y Félicien, un arquitecto.

Charles Blackman ya no tenía problemas económicos, era famoso, y todo habría sido perfecto de no ser por su creciente dependencia del alcohol. Al ver que era incapaz de controlarla, su segunda esposa le dejó al cabo de pocos años.

Volvió a casarse en 1989 con la excéntrica Victoria Bower y tuvo su sexto hijo, al que llamaron Axiom. La relación se cortó abruptamente cuando Victoria se convirtió al movimiento raeliano y se trasladó a su sede en Lismore, Nueva Gales del Sur.

Joven y gato (1969)

Charles Blackman nunca consiguió superar el alcoholismo. Su contable y buen amigo Tom Lowenstein se ocupó de vender obras periódicamente para cubrir los gastos del pintor, que falleció el 20 de agosto de 2018, exactamente ocho días antes de cumplir 90 años y un mes antes de que Harvey Galleries le dedicara una extensa retrospectiva.

 

El gato y la luna

Pintó un sinfín de gatos, en tejados de noche, en retratos, y la maravillosa “Habitación de Edgar Allan Poe” en honor al relato “El gato negro” (https://gatosyrespeto.org/2019/01/24/el-gato-negro-de-edgar-allan-poe/).

La habitación de Edgar Allan Poe (El gato negro)

Una foto nos demuestra que tuvo un gato, un común atigrado, no blanco.

El artista y su gato

La música de los gatos


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Los gatos etéreos de Shunsō Hishida

Los gatos de Shunsō Hishida son delicados, casi etéreos. En el detalle de “Gato bajo ciruelo”, la delicada pincelada deja entrever los pelos del animal.  En realidad se llamaba Miyoji Hishida, pero adoptó el seudónimo de Shunsō. Lo curioso es que ninguno de los numerosos gatos que pintó son bobtails japoneses (https://gatosyrespeto.org/2018/10/25/el-gato-bobtail-japones-su-historia/); como puede verse en los cuadros que reproducimos, todos tienen el rabo largo.

Gato bajo ciruelo (detalle)

Nació el 21 de septiembre de 1874 en Iida, prefectura de Nagano. Se trasladó a Tokio en 1889 para estudiar con el famoso artista Yuki Masaaki. Al año ingresó en la que luego sería la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio. Allí conoció a Yokoyama Taikan y Shimomura Kanzan, un año mayores que él, y los tres estudiaron con Okakura Tenshin, filósofo, escritor, historiador, crítico de arte y director de la Escuela de Bellas Artes de Tokio.

Shunsō Hishida

Tenshin era considerado un reformador radical de la pintura japonesa y tenía oponentes en la escuela que le obligaron a dimitir en 1898. Para entonces, los jóvenes Shunsō, Taikan y Kanzan ya daban clases y dejaron sus puestos para apoyar a Tenshin y luchar por la creación del Instituto de Arte de Japón (Nihon Bujutsu-In).

Además de dar clases, Hishisa recibió varios encargos del Museo de la Casa Imperial (actual Museo Nacional de  Tokio) para que realizara copias de los cuadros más importantes en los templos budistas de Kiota y Nara.

En 1903 recorrió Japón durante varios meses con Yokoyama Taikan, uno de los grandes representantes de la pintura japonesa anterior a la II Guerra Mundial. Al año siguiente, ambos pintores acompañaron a su mentor Okakura Tenshin en una gira de dos años por Estados Unidos y Europa. A su regreso, se trasladaron a Izura y volvieron a abrir el Nihon Bujutsu-In.

 

Puede decirse que Hishida empezó a pintar en un momento en que el arte japonés se encontraba en una encrucijada debido a la irrupción de la cultura occidental, que provocó una violenta confrontación entre dos tendencias artísticas totalmente opuestas. El estilo Yōga era progresista, muy influenciado por la técnica y el arte europeo y estadounidense, mientras que el estilo Nihonga se apoyaba completamente en la tradición japonesa, su técnica, materiales y composiciones. Atrapado en medio de estos dos movimientos, Shunsō Hishida pintaba gatos.

Eso no representaba ningún problema, muchos artistas anteriores a él habían pintado gatos, pero usaba una técnica llamada karabake, en la que se deja gotear la pintura en una superficie húmeda para luego emplear un pincel seco con el fin de obtener efectos de gradación y trabajar la luminosidad. Dos estilos ajenos a Japón le inspiraron especialmente, las pinturas mogoles y la tinta china. A los pocos meses de su regreso a Tokio, mostró sus últimas obras en la exposición Bunten, en la Academia Japonesa de Arte. Eran composiciones delicadas, muy estudiadas, con espacios vacíos, y que respetaban las reglas de la pintura karabake. Pero no gustaron a sus contemporáneos.

Los críticos le atacaron sin piedad, el público y sus compañeros se burlaron de él, y todos se pusieron de acuerdo en tratar de mōrōtai (vaguedad) la nueva técnica. El pintor se dio cuenta de que su técnica era perfecta para describir el rocío de la mañana o el aura dorada del atardecer, pero que no servía para muchas otras cosas. Con el fin de paliar estas limitaciones, empezó a integrar trazos más concretos creando una técnica que llegaría a tipificar el estilo Nihonga, alejándose de los cánones más restrictivos del estilo tradicional japonés.

Gato y bambú

El pintor empezó a tener graves problemas de riñón siendo aún muy joven, alrededor de los treinta años. Asimismo, empezó a perder la vista, y en los últimos años de su vida solo pintaba cuando su enfermedad parecía remitir, y entonces lo hacía sin parar, hasta el agotamiento. Dos años antes de fallecer, en 1909, el cuadro “Ochiba” (Hojas muertas) ganó el primer premio de la Exposición Bunten. Por fin sus contemporáneos reconocían la enorme contribución de Shunsō Hishida al arte japonés.

Hojas muertas

Dos de sus cuadros, el antes mencionado “Ochiba” y “Gato negro”, han sido nombrados “Importante propiedad cultural” por la Agencia Gubernamental de Asuntos Culturales y el primero pertenece a la colección del Museo Eisei Bunko de Tokio. En 2014, el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio le dedicó una importante retrospectiva.

Gato negro

Gato negro (detalle)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1979, “Gato negro” también fue escogido por el gobierno japonés para formar parte de una serie de sellos dedicados al arte moderno, y años antes, en 1951, Correos de Japón dedicó un sello al pintor en la serie Líderes Culturales.

Camelias y gato

Falleció el 16 de septiembre de 1911 a los 36 años. Su gran amigo Yokohama Taikan, que también fue muy criticado por seguir el estilo Nihonga, no dudó en reconocer que Hishida era mucho mejor pintor que él con la técnica mōrōtai (vaguedad), calificativo peyorativo que le dieron los críticos, pero que acabaría convirtiéndose en un estilo propio.

Shunsō Hishida


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Gatos, Mendocino, California y Fran Moyer

Dos gatos negros (1980)

La artista Fran Moyer tenía una amiga llamada Margaret Reynolds que contaba lo siguiente: “Fran y yo nos hicimos amigas en 1938, cuando estudiábamos en el Instituto de Artes Manuales de Los Ángeles. Once años después, en 1949, yo vivía en un minúsculo apartamento de San Francisco. Fran estudiaba en la Universidad de las Artes de California, en Oakland. Me escribió diciendo que me faltaba un gato y que me había encontrado uno. Le contesté que no podía cuidar de un gato y que, además, tenía pirañas en el lavabo. A los pocos días apareció con el Tomcat (Gato macho), al que veo desde donde estoy”. (Boston 2008)

El Tomcat

Cuando Margaret escribió esto, Fran Moyer hacía un año que había fallecido. El Tomcat es la primera obra conocida de una artista que se dedicó sobre todo a la escultura pero que, curiosamente, nunca volvió a esculpir un gato. Ahora bien, compensó esa ausencia con decenas de pasteles dedicados a todos los felinos que conocía, callejeros, de sus amigos, los suyos propios.

A la luz de la luna (1989)

Fran Moyer nació en 1922 y siempre se sintió atraída por la escultura. Durante la II Guerra Mundial se alistó en el Cuerpo Femenino del Ejército de EE UU (WAC) y fue mecánica en una base aérea, lo que le permitió volver a la universidad gracias a un préstamo del Gobierno a muy bajo interés. En 1952 terminó los estudios de posgrado en Escultura en el California College of the Arts, donde después dio clases.

Autorretrato (1980)

La artista se centró en la escultura litúrgica a principios de los cincuenta trabajando la piedra, el cemento, la madera y el acero. Las 14 estaciones que componen su Vía Crucis, realizadas en acero, fueron galardonadas con diversos premios. En los años siguientes participó en numerosas exposiciones colectivas en el Museo M.H. de Young de San Francisco y el Museo Metropolitano de Nueva York, entre otros, y en solitario en el Museo de Arte de Oakland.

Gatos victorianos (1989)

A finales de esa década, el matrimonio Crotty, que tenía una casa en Mendocino, le hizo conocer la costa de la zona, y este pueblo no tardó en convertirse en el hogar de Fran Moyer. Empezó a dar clases en el Centro de Arte de Mendocino, creado por Bill Zacha. A partir de ese momento, el estilo de sus esculturas cambió y se hizo más travieso, más irónico, dos cualidades que caracterizaron todas las acuarelas de pequeño formato con las que se hizo famosa por segunda vez.

El tricolor de Mendocino (1987)

A partir de 1980 – transcurridos más de 30 años desde el Tomcat – Fran Moyer empezó a pintar gatos. ¿Por qué dedicó de pronto tantas acuarelas a gatos? Los suyos, Charlie (el de fuera) y el negro Buster (el de dentro) no aparecen hasta finales de la década de los noventa, como ocurre con Madge y Kate. Casi nos atrevemos a pensar que otra residente en Mendocino, Dorr Bothwell (https://gatosyrespeto.org/2018/08/23/gatos-y-la-pintora-californiana-dorr-bothwell/), influyó en ella, nunca se sabe…

Buster y Charlie (1996)

Kate y Charlie (1996)

Buster en el jardín (1997)

Madge en el jardín (1997)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero el primer cuadro con un gato es de 1979, un retrato de una mujer llamada Sandra Hawthorne con gatos callejeros. Sandra tiene un gato alrededor de los hombros, otro en los brazos y un tercero en el bolsillo de la blusa. Además, hay varios retratos de gatos en la pared.

Sandra Hawthorne y los callejeros (1979)

Los gatos de Fran Moyer demuestran que los conocía bien y los observaba. Son alegres, cómicos en ocasiones, pero siempre se comportan como auténticos felinos. También se nota que la pintora los quería y estamos seguros de que siempre tuvo, pero no había llegado el momento de retratarlos antes del año 80, cuando creó toda una serie de dibujos con todo tipo de gatos, incluso una mujer desnuda bailando con ellos.

Si nos fijamos en la composición realizada en 1995 donde tres gatos intentan caber en una alfombra verde, veremos que el del centro ha ocupado el mejor sitio; el de más abajo no cabe, tiene la mitad del cuerpo fuera, y el de más arriba está sentado, intentando hacerse un hueco. Todos los que tenemos varios gatos (tres o más) sabemos que esto ocurre habitualmente si hay un sitio favorito.

Gatos en alfombra (1995)

Ese mismo año, 1980, el 2 de octubre para ser exactos, el periódico The Mendocino Beacon publicó un artículo firmado por Hilda Pertha acerca de los gatos de Fran Moyer. Incluimos algunos párrafos traducidos con cierta libertad:

Exposición en la Galería Cielo (1980)

“Cuando una artista habitualmente seria adopta un estilo más ligero, aparece algo inesperado, y esto es lo que ha pasado cuando Fran Moyer ha empezado a fijarse en los gatos”.

En la cuerda floja (1980)

“Su amor por los felinos abarca la alegría y el humor, así como todos los cambios que ha observado en estas misteriosas criaturas. Los medios usados son claros y concisos: tinta y pintura en papel de tamaño medio, incluso pequeño, pero que puede dar la sensación de ser colosal”.

Los gatos de Fran Moyer (1995)

“Las formas siempre son convincentes, esté el gato estirado, descansando o muy activo. Cada uno es totalmente diferente de los otros y es mucho más que un mero cuadro de gatos. Sus dibujos van más allá del concepto felino habitual explotado por tantos artistas”.

Preguntas (1995)

En los años setenta, Fran Moyer también escribió un libro de cuentos infantiles protagonizados por la irascible Honey Glumm (Miel Taciturna) en los setentas. Tenemos la impresión de que, a pesar de ser una artista muy seria, debía tener un gran sentido del humor y unas enormes ganas de vivir.

Reflejo acuático (1985)

Durante la retrospectiva que le dedicaron en 2002, en su octogésimo cumpleaños, dijo: “Antes tenía mucho que decir acerca del arte, tenía ideas, teorías, todas esas cosas, pero ahora mis reflexiones parecen haberse hundido bajo la superficie de un oscuro estanque interior. Lo que no ha desaparecido es el deleite en los elementos del arte: el Color, con todas sus tensiones y entusiasmos, y la Forma, las formas naturales en el mundo real, y las formas no naturales, esas que los artistas mueven en el lienzo, sacan de la madera o de la piedra, construyen con materiales diversos o moldean en el barro”.

Fran Moyer en 2002

Un aluvión de gatos (1980)

“No hay nada como la naturaleza en cuanto a la Forma y el Color, pero si tienes un buen día, no hay nada más agradable que estirar, cortar, formar o moldear la materia para que acabe casi en el sitio deseado”.

El regalo (1987)


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Gatos, móviles y stábiles de Alexander Calder

1966

El escultor Alexander Calder probablemente sea conocido sobre todo por sus móviles y gigantes estatuas que adornan numerosas plazas y jardines en ciudades de todo el mundo. Nacido el 22 de julio de 1898 a las afueras de Filadelfia, era hijo y nieto de dos conocidos escultores y su madre era pintora. Su abuelo es el autor de la escultura de diez metros de altura que corona el Ayuntamiento de Filadelfia.

1925

Pasó parte de la adolescencia en California debido a que su padre fue nombrado en 1913 director del Departamento de Escultura para la Exposición Universal de San Francisco, celebrada en 1915. Se decantó por la ingeniería y estudió en el Instituto Stevens de Tecnología en Hoboken, Nueva Jersey, donde obtuvo la mejor nota en Geometría de la historia de la universidad. Se licenció como Ingeniero Mecánico en junio de 1919. En el anuario, sus compañeros dijeron de él: “Sandy siempre es feliz, siempre está a punto de gastar una broma, y su rostro siempre está iluminado con una sonrisa traviesa”.

1930

Alexander Calder, foto de Agnès Varda (1953)

Al cabo de tres años de ocupar los puestos más diversos, como el de mecánico en un barco que zarpó de Nueva York para llegar a Seattle, decidió estudiar Pintura en la Arts Students League de Nueva York. Para sobrevivir, trabajó como ilustrador deportivo en la National Police Gazette, lo que le procuraba una entrada libre al zoológico y a los circos. En 1926 expuso por primera vez una serie de cuadros al óleo en la Artists’ Gallery y zarpó para Europa como jornalero en un carguero británico.

1925

En París, alquiló una minúscula habitación en la calle Daguerre y empezó a construir sus primeros animales articulados. Al poco de llegar, un vendedor serbio de juguetes le sugirió hacer juguetes mecánicos. También fue en esa época cuando empezó a fabricar “Le cirque Wilder”, un circo en miniatura hecho de alambre, trapo, cuerda, corcho y otros materiales reciclados (aunque en la época, esta palabra no se usaba). Diseñado para ser transportable (aunque acabó llenando cinco maletas de gran tamaño), el circo viajó a ambas orillas del Atlántico y no tardó en ser uno de los favoritos de la vanguardia parisina.

Dos gatos y un elefante

Gato lámpara

Después de visitar el estudio del pintor vanguardista neerlandés Piet Mondrian, se lanzó de lleno a la fabricación de esculturas cinéticas que se movían mediante engranajes y motores. En 1931, Marcel Duchamp acuñó el término “mobiles” (móviles) para describir las esculturas de Calder, compuesta de delicadas piezas movidas por motores. Un año después, cansado de los movimientos siempre idénticos de sus móviles, ideó las esculturas aéreas movidas únicamente por el viento que tanta fama le darían.

Gato serpiente

Sin título (1966)

En oposición a los móviles, experimentó con esculturas abstractas y estáticas a las que Jean Arp describió como “stábiles”. Entre 1935 y 1936 produjo una serie de esculturas de madera entre las que hay dos gatos.

Sandy Calder (como le llamaban todos) iba y venía entre Francia, Berlín y Estados Unidos ejerciendo como director de circo en miniatura, escultor y joyero. Estaba muy ocupado, pero sus ingresos dejaban que desear. En uno de los viajes trasatlánticos conoció a Louisa Cushing James, bisnieta del escritor Henry James y del filósofo William James. Se enamoraron inmediatamente y se casaron en 1931. Dos años después regresaron a Estados Unidos, donde compraron una vieja granja en Connecticut. Tuvieron a Sandra, su primera hija, en 1935, y a Mary en 1939.  Calder expuso sus obras en la galería Pierre Matisse de Nueva York en 1934.

Louisa Calder, foto de Man Ray (1931)

Gato y ratones

Ya en 1939, cuando el Museo de Arte Moderno se trasladó a la calle 53, le encargó a Calder un  móvil de gran tamaño para la caja de las escaleras. Cuatro años después, este mismo museo organizó una gran exposición de las obras del artista, y el famoso marchante Curt Valentin se convirtió en su representante. En 1945, Calder realizó una serie de móviles que cabían en un sobre y Marcel Duchamp le sugirió que regresara a París con estas obras. Su primera exposición después de la guerra tuvo lugar en octubre de 1946 en la galería Louis Carré de París. Jean-Paul Sartre escribió el prefacio del catálogo y Henri Matisse estuvo entre los primeros en visitarla.

Para Mary Reynolds, que adora a los gatos (1955)

Mary Reynolds con sus gatos

En los años siguientes viajó a Brasil, Finlandia, Inglaterra, Suecia y Alemania. Realizó un innovador techo acústico para la Ciudad Universitaria de Caracas y ganó el primer premio de la Biennale de Venecia en 1952.

Gato y pájaro

Un año después, Louisa y Sandie viajaron a Saché, cerca de Tours, en el centro de Francia y compraron una vieja casa en la orilla del río Indre. Era casi una ruina, pero se convirtió en su hogar permanente con la granja de Connecticut. A pesar de la enorme fama de Calder, los encargos no empezaron a llegar hasta 1958 con la Exposición Universal de Bruselas. Ese mismo año ganó el premio Internacional Carnegie en Pittsburgh y en 1960 por fin pudo decir: “Tengo la agradable sensación de haber alcanzado una estabilidad económica que me permite diseñar lo que quiero”.

Museo de Arte Contemporáneo de Chicago

El 2 de enero de 1966, Louisa y él contrataron una página completa en el diario New York Times para publicar una felicitación de año nuevo contra la guerra de Vietnam con el texto siguiente: “Un nuevo año – un nuevo mundo –. La esperanza por el fin de la hipocresía, la arrogancia, el egoísmo, la tergiversación y el miedo, sea donde sea. Con mucho respeto por aquellos que ponen en entredicho la brutalidad y defienden un mundo más civilizado. La única esperanza reside en los seres humanos que piensan – La razón no es traición”.

Felicitación antibelicista 2 de enero de 1966

A pesar de no haber encontrado fotos del artista ni de su mujer con gatos, estamos convencidos de que le gustaban. Alexander Calder falleció de un infarto a los 78 años el 11 de noviembre de 1976 en casa de su hija Mary Calder Rower. Un mes antes había inaugurado una exposición en el Museo Whitney de Nueva York.

El flamenco, Torre Willis, Chicago (1973)