Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Los gatos del pintor Xu Beihong

Xu Beihong nació el 19 de julio de 1895 en Yixing, provincia de Jiangsu, no muy lejos de Shanghái. Empezó a estudiar a los clásicos chinos y caligrafía con su padre al cumplir los seis años, y pintura china a los nueve. A los veinte años, en 1915, se trasladó a Shanghái y trabó amistad con su profesor Jiang Meisheng, también originario de Yixing. Conoció a la hija de este, Jiang Tangzhen, y se enamoró locamente, pero ella estaba prometida al hijo de la rica y poderosa familia Zha. Los dos jóvenes decidieron fugarse a Tokio, donde Xu Beihong tenía pensado ir para estudiar Bellas Artes. El escándalo fue mayúsculo. Para pasar desapercibida, la joven Tangzhen se hizo llamar Jiang Biwei, nombre con el que sería conocida el resto de su vida.

Autorretrato (1922)

Al cabo de seis meses se quedaron sin dinero y no tuvieron más remedio que regresar a Shanghái. Xu Beihong consiguió una beca de la Universidad de Pekín para estudiar en París. Una vez allí, a principios de 1919, asistió a clases de pintura y dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes, mientras Biwei se sumergía en el estudio del idioma francés. Desde París, Xu Beihong escribía artículos regularmente para el Diario de la Universidad de Pekín. El primer cuadro que demuestra el cariño que ambos sentían por los gatos data de este periodo. Es un oleo en un estilo totalmente diferente a los numerosas representaciones de gatos que el pintor realizaría más tarde.

El artista, su compañera Jiang Biwei y su gato francés (1924)

Regresaron a China en 1927, estando Jiang Biwei embarazada de su primer hijo, Xu Boyang. Dos años después dio a luz a una niña, Xu Lili. Al cabo de poco tiempo, Xu Beihong fue nombrado profesor en la prestigiosa Universidad de Nankín, y en 1930 anunció que se había enamorado de una de sus alumnas, Sun Duoci, a la que consideraba un genio de la pintura. Biwei prefirió no tenerlo en cuenta y en 1933, cuando el pintor realizó una importante exposición itinerante en Europa, concretamente en Francia, Alemania, Bélgica, Italia y la Unión Soviética, le acompañó.

1941

La relación del pintor con su alumna siguió hasta que esta acabó casándose con otro. Sin embargo, la biografía de Xu Beihong escrita por Liao Jingwen, la asistente y segunda mujer del pintor, indica que solo se trataba de rumores que hizo correr Zhang Daofan, un hombre enamorado de Jiang Biwei, en un intento de hacer que se separaran, lo que hicieron en 1935. Daofan y Biwei se habían conocido en París, cuando él ya tenía una esposa francesa. Zhang Daofan era un importante miembro del Kuomintang y llegó a ocupar el puesto de primer ministro de la República China de Taiwán, país donde Jiang Biwei se trasladó inmediatamente después de la guerra civil. Vivieron juntos diez años, pero ella nunca apareció en público con él, y en 1958, cuando su esposa francesa se instaló en la isla, Biwei desapareció de su vida.

1948

Durante 1939 y 1942, Xu Beihong exhibió sus obras en solitario en Singapur, Malasia e India. En este último país tuvo la ocasión de conocer a Rabindranath Tagore y a Mahatma Gandhi, que le inspiraron para la creación de obras tan conocidas como “El viejo alocado que retiró las montañas”. Donó la mayoría de los beneficios de estas exposiciones al pueblo chino para aliviar las consecuencias de la guerra.

Después del nacimiento de la República Popular China en 1949, Xu Beihong fue nombrado presidente de la Academia Central de Bellas Artes y de la Asociación de Artistas de China. En 1945 conoció a Liao Jingwen, con la que se casó poco tiempo después. Vivieron juntos hasta el año 1953, cuando Xu murió de un infarto a los 58 años. Tuvieron dos hijos, pero Jingwen también crió a los dos hijos de su primer matrimonio. A partir de la muerte de su marido, se dedicó totalmente a la conservación de sus obras. Donó más de 1.200 dibujos, cuadros y cerámicas al Estado, además de unas mil antigüedades y miles de libros.

En 1957 se convirtió en la conservadora y primera investigadora del Museo dedicado a Xu Beihong. Pero durante la Revolución, los cuadros de Xu se identificaron con el capitalismo y hubo varios intentos de destruir la colección. Recurrió a Zhou Enlai, entonces primer ministro, y las obras fueron enviadas a la Ciudad Prohibida para su protección. El museo se cerró en 1967 debido a la construcción del metro, y en 1972 escribió a Mao Zedong para obtener otra sede. Tardó diez años en conseguir que se reabriera en Xinjiekou, un barrio de Pekín. Entonces terminó la biografía de Xu Beihong, que ha sido traducida al inglés, francés y japonés.

El pintor quiso crear una nueva forma de arte nacional y siempre combinó la técnica de pinceles y tinta china con métodos y perspectivas occidentales. Cuando era profesor, siempre defendió que el concepto artístico estaba por encima de la técnica y subrayó la importancia de las experiencias personales del artista. Puede decirse que, de todos los pintores de la era moderna china, es el verdadero responsable de la dirección que tomó el movimiento artístico chino moderno. Ocupó importantes cargos desde los que desarrolló políticas artísticas al principio de la era comunista que todavía se siguen y respetan en numerosas escuelas y facultades de Bellas Artes en China.

Xu Beihong

Xu Beihong llegó a cuidar de treinta gatos sin hogar en su casa de Nankín antes de la guerra con Japón y siempre se consideró mejor pintor de gatos que de caballos, a pesar de ser más conocido por estos últimos. Era capaz de capturar la anatomía de sus modelos con gran exactitud. Por ejemplo, en “Dos gatos” (1938), el rabo del que bosteza y se estira está ligeramente curvado al final y no es completamente negro, hay pequeñas manchas blancas. En la mayoría de cuadros, las uñas están cuidadosamente retratadas. Todos sus gatos tienen ojos algo más grandes de lo normal, lo que les aporta mucha expresividad. Estos detalles realistas son una clara demostración de su maestría con las técnicas occidentales. Además de gatos, pintó otros animales, leones, caballos, perros, grullas, urracas, águilas, gallos…

Dos gatos (1938)

Anuncios


Deja un comentario

El gato de Speedy, la esposa del pintor Rudolf Schlichter

Dibujo de Rudolf Schlichter, hacia 1920

Rudolf Schlichter fue un pintor alemán nacido en la pequeña ciudad de Calw, en Baden-Wurtemberg, el 6 de diciembre de 1890. Abandonó sus estudios a temprana edad y empezó a trabajar como aprendiz de pintor de porcelana en una fábrica de Pforzheim. Entre 1906 y 1909 estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Stuttgart y, posteriormente, con Hans Thoma y Wilhelm Trübner en la Academia de las Artes de Karlsruhe. A partir de 1910 vivió en Karlsruhe, autodenominándose “decadente” y vistiendo como su ídolo, Oscar Wilde. Compartía piso con una prostituta y se ganaba la vida realizando dibujos pornográficos.

Rudolf Schlichter

Fue llamado a filas a principios de la I Guerra Mundial, pero consiguió que le declararan no apto para el servicio después de una larga huelga de hambre, por la que debieron ingresarle en un hospital y regresó a Karlsruhe. Después de trasladarse a Berlín en 1919, en pleno fervor revolucionario, se unió al Partido Comunista (KPD) y al Novembergruppe (Grupo de Noviembre), formado por pintores, escultores y arquitectos expresionistas. Más que por su estilo artístico, les unían ciertos valores y luchaban para que los artistas tuvieran voz en la organización de las escuelas de arte.

Autorretrato, hacia 1920

Autorretrato (1936)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1920 participó en la primera feria dadaísta, donde expuso, con John Heartfield, el llamado “Conjunto del Arcángel prusiano”, que representaba a un oficial del ejército prusiano con cabeza de cerdo. Trabajó como ilustrador en diversos periódicos y usó el arte como arma política contra la clase alta y el militarismo. Sus temas preferidos eran escenas callejeras, la bohemia intelectual, el bajo mundo y el erotismo.

Gato jugando, dibujo de Rudolf Schlichter

Unos cuantos artistas, entre los que estaban él y Otto Dix, se burlaron de la despolitización del Novembergruppe y fundaron la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) organizando una exposición en la Manhein Kunsthalle. En 1924 creó el Rote Gruppe (Grupo rojo) con John Heartfield y George Grosz. Sus magníficos retratos de Bertold Brecht y de la actriz Karola Neher, amante del dramaturgo, son de esta época. No tardó en convertirse en uno de los mayores representantes de la corriente Neue Sachlichkeit .

Retrato de Bertold Brecht (1928)

En 1927 se casó con Elfriede Elisabeth Koehler, una mujer galante suiza a la que llamaba Speedy y a la que retrató en varias ocasiones con un gato. De hecho, aparte de tres dibujos de gatos y el curioso “El campamento del domador de gatos”, los cuatro retratos de Speedy con gato son la única relación del pintor con el felino. Por esos retratos deducimos que Speedy quería a los gatos, que tenía uno negro cuando conoció a Rudolf a finales de los años veinte y que mucho más tarde, en 1952, la época surrealista del pintor, tuvo uno de pelo largo. No podemos decir nada más acerca de Speedy y sus gatos. No se menciona nada en ningún sitio.

El campamento del domador de gatos

Fue entonces cuando Rudolf  Schlichter se convirtió al catolicismo, se inclinó por las ideas nacionalistas y conoció al filósofo Ernst Jünger, cinco años más joven que él. Tachado de neonazi por los comunistas, y de anarcomarxista por los nazis, estaba muy influido por Nietzsche, y rechazaba el liberalismo y el igualitarismo. Su pensamiento fue muy popular entre la juventud alemana, la burguesía y la aristocracia durante la República de Weimar. También añadiremos que tenía gatos siameses.

Ernst Jünger (1947)

Ernst Jünger con su siamés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pintor escribió los dos primeros volúmenes de una autobiografía en 1932 y 1933, Das Widerspentisge Fleisch (La carne obstinada) y Tönerne Füsse (Pies de barro). Pero su inesperado amor por la nación alemana no fue bien visto por el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán cuando subió al poder en 1933 y procedió a prohibir la autobiográfica describiéndola como una “expresión erótica perversa” y a echarle de la Asociación de Escritores Alemanes.

Speedy con gato (1928)

 

Speedy y su gato

Obviamente, tampoco les gustó la obra del artista, a pesar de haber pintado toda una serie de paisajes muy comedidos después de abandonar el comunismo. Excluido de la Cámara de Bellas Artes, su obra se incluyó en la famosa exposición “Arte degenerado” en 1937. El matrimonio Schlichter había dejado Berlín en 1932 para mudarse a Rottenburg, una pequeña ciudad no lejos de Stuttgart, pero de nada sirvió. En 1938 fue encarcelado durante unos cuatro meses por el régimen nazi y en 1939 se le prohibió exhibir sus trabajos. Respondió pintando un cuadro de grandes dimensiones, Blinde Macht (La ceguera), que el historiador del arte Eberhard Roters describió como “una alegoría de la locura acorazada”. También dijo: “Schlichter se dio a conocer en los años veinte con la fuerte oposición contenida en sus obras. En este cuadro incorporó lo único que le quedaba en el corazón, una rabia impotente y una desesperación infinita”.

Speedy con gato (1929)

Su estudio fue destruido en 1942 durante un bombardeo de los Aliados. Ya en 1946 volvió a participar en la 1. Deutsche Kunstausstellung (Primera Exposición de Arte Alemán) en Dresden con algunas obras surrealistas. Había cambiado completamente de estilo durante la guerra. Falleció el 3 de mayo de 1955 después de una corta enfermedad.

El gato de Speedy en los años 50

En 1997, Götz Adriani fue el comisario de una exposición de pinturas, acuarelas y dibujos de Rudolf Schlichter en el Tübingen Kunsthalle. Pasaron 19 años hasta que, en 2016, se organizó otra retrospectiva de su obra titulada “Eros y apocalipsis” en el Mittelrhein-museum de Coblenza. Se escogió este título para incluir los dos polos que marcaron la vida del artista. “Eros”, por la lucha que libró con sus fantasías sexuales y lo que llamaba su “instinto”, mientras que “Apocalipsis” hace referencia a su percepción del tiempo en que vivió, moldeado por una primera guerra, una dictadura y una segunda guerra.

Speedy y su gato (1952)


Deja un comentario

Gatos, un museo, una exposición

El gato de Françoise Baronian

Albert y Françoise Baronian son unos conocidos galeristas de Bruselas y, además, Françoise es una enamorada de los gatos que hace cuarenta años empezó a coleccionar objetos, cuadros, utensilios, cualquier cosa relacionada con ellos. Françoise dice que esta pasión le viene de su padre: “Vivíamos en el campo, y entonces los gatos no estaban demasiado bien vistos. A muy poca gente le gustaban, siempre se decía: ‘Prefiero a los perros, nunca se sabe lo que piensa un gato'”. Reconoce que su colección es de lo más ecléctica porque se hace con cualquier cosa “que tenga un gato encima, incluso unas banderitas”.

Musée du chat – Michel Auder

Musée du Chat – Maneki Neko, Japón

A Albert Baronian se le ocurrió bautizar la colección como “Musée du Chat” (Museo del Gato). Seis especialistas en arte contemporáneo, atraídos por la idea de compartir obras en su posesión con los amantes de los gatos y del arte contemporáneo, decidieron organizar exposiciones itinerantes desde el Museo del Gato.

Musée du chat – Steinlein

 

Colección de Françoise Baronian

Ahora, el museo itinerante cuenta con obras de artistas del calibre de Luciano Bartolini, Vincent Beaurin, Brian Belott, Ben, Thomas Bogaert, Andy Boot, Marcel Broodthaers, Lucy McKenzie, Michael Queenland, Henriëtte Ronner-Knip, Anne-Marie Schneider, Alain Séchas, David Shrigley, Jakob Smits, Théophile Alexandre Steinlen, Walter Swennen, Hugues de Wurstemberger, Otto Zitko y muchos otros.

Musée du chat – Walter Swennen (2012)

Musée du chat – Ben

La primera exposición abrió sus puertas el 9 de febrero del año pasado en el Centro Cultural De Markten, en Bruselas. Podía verse un sinfín de cuadros, dibujos, objetos, joyas, todo dedicado al gato. Por ejemplo, la estupenda escultura de Niki de Saint-Phalle o la enorme pieza de Wang Du y cerámicas de Eric Croes, además de postales y fotografías de los gatos de los organizadores.

Musée du chat – Niki de Sainte Phalle (El gato, 1969)

Musée du chat – David Srigley

Este año tiene lugar otra exposición organizada por el Museo de la Fotografía de Charleroi, una ciudad al sur de Bruselas, titulada “Entrechats” (juego de palabras que significa “Entre gatos” y se refiere también a un tipo de salto en la danza clásica), dedicada “A todos nuestros gatos pasados, presentes y futuros”. Organizada en colaboración con el Musée du Chat, cuenta con sesenta obras de famosos fotógrafos, de las que incluimos unas pocas en este artículo. Para los amantes de los gatos que vayan a Bélgica este verano, la exposición permanecerá abierta hasta el 16 de septiembre.

Foto de Jean-François Spricigo

Las fotografías que se exhiben proceden de préstamos de los mismos fotógrafos, así como de los fondos y colecciones del Museo de la Fotografía de Charleroi, Museo del Gato de Bruselas, Museo d’Orsay, Casa Europea de la Fotografía, FoMu, Mediateca de la Arquitectura y del Patrimonio, Herencia Jeanloup Sieff, Galería Baudoin Lebon y Galería Kamel Mennour.

Foto de Jane Evelyn Atwood (1985)

Hemos traducido la presentación de Xavier Canonne, director del Museo de la Fotografía: “Cuatro milenios en su compañía no han bastado para que el gato se harte del hombre a pesar de los tormentos que este no ha dejado nunca de infligirle a lo largo de una paciente relación que le ha transformado hoy en día en ‘animal de compañía’; cuatro mil años durante los que el felino ha observado al hombre con suma paciencia, acercándose a él realizando círculos concéntricos pese a las matanzas, las hogueras, la brujería, los golpes y el abandono, presintiendo a través de su tenacidad que merecía probar una aventura con ese otro mamífero, y que para algunos de estos se convertiría en indispensable”.

Foto de Serena Korda

“Semejante testarudez le ha valido el reconocimiento de pintores, escultores, poetas y músicos. Desde los escultores anónimos del Antiguo Egipto y el Oriente, de donde parece haber venido, hasta André Malraux, pasando por Homero, Jules Michelet, Edgar Allan Poe, Chateaubriand, Alexandre Dumas, Guillaume Apollinaire, Pierre Bonnard o Alexandre Steinlein, todos han alabado su belleza, elegancia y virtud; todos han amado a ese vigilante silencioso, a ese genio doméstico que tanta alegría y complicidad aporta”.

Jacques Prévert, por Izis Bidermanas

“Pero probablemente sea su independencia lo que le haga tan entrañable para nosotros. Aunque hoy nos parezca domesticado, si a veces se relaja, jamás se rinde y se sabe libre; siempre puede dejarnos, sumiéndonos en un mar de angustia, desamparados y solos”.

“Con él nunca se trata de matrimonio, sino de pacto, de alianza tácita, renovada cada mañana y puesta en duda al anochecer, cuando recuerda que es una fiera y que la noche es su reino. La ausencia de un gato es una llaga que nunca se cierra, una larga pena de amor”.

Foto de Rob Hornstra (2007)

“Amamos a los gatos porque no existe un gato feo, porque desprecian el dinero y los honores, porque no hay gatos de caza ni gatos policía, porque es capaz de ser heroico, seductor, arrogante, desdeñoso o cariñoso; amamos a los gatos porque no hay nada más agradable que pasar la mano por su pelaje como se hace con el cabello de la amada; amamos a los gatos porque conocen la virtud del silencio y porque basta un parpadeo para que nos entiendan; amamos a los gatos porque no tienen dueños ni fronteras y porque saben guardar un secreto; amamos a los gatos porque no pueden ser de otra manera”.

Gato fugitivo, de Michel Loriaux

Después de leer estas líneas no nos quedó ninguna duda de que Xavier Canonne ama profundamente a los gatos y no pudimos resistirnos a publicarlas. La otra comisaria de la exposición es Catherine Mayeur. Xavier Canonne es doctor en Historia del Arte por la Sorbona de París. En los años setenta conoció y frecuentó a los surrealistas belgas, y varios de ellos fueron grandes amigos suyos. Ha escrito numerosos libros y artículos dedicados a Armand Simon, Marcel Marién, Louis Scutenaire, Max Servais, Tom Gutt, Irène Hamoir y Robert Willems.

Foto de Nobyushi Araki


Deja un comentario

Gatos en los autorretratos de Tsuguharu Foujita

Pocos artistas, incluso nos atreveríamos a afirmar que ninguno, han realizado tantos autorretratos con gato como Foujita, y en la inmensa mayoría se trata de su gato Miké. En una entrevista, el pintor contó que “una noche, o mejor dicho, un amanecer, ya era mucho más de las doce, volviendo a casa andando desde Montmartre a Montsouris, me di cuenta de que me seguía un gatito tan tímido como terco. Intenté alejarle, pero estaba empeñado, y acabamos delante de mi puerta al mismo tiempo”. El pintor le dejó entrar en su taller y le llamó Miké, que en japonés significa “tres pelos” porque era un atigrado de tres colores.

También dijo: “Antes de Miké no conocía bien a los gatos, pero él me ha enseñado que los animales mandan. Ahora sé que debo alimentarle, ocuparme de él, caerle bien, llevarle de paseo al parque Montsouris y ponerle música”. A la pregunta de si a los gatos les gustaba la música, contestó: “A este no me cabe duda. Si quiero retratarle en una pose que me gusta, basta con abrir la caja mágica y el modelo permanece inmóvil, sus ojos dorados brillan, le recorren pequeños escalofríos por la espalda…”

Al principio de iniciar este blog publicamos una pequeña entrada acerca de Tsuguharu Foujita (https://gatosyrespeto.org/2014/12/05/mike-y-el-pintor-foujita/), pero esta vez queremos centrarnos en sus autorretratos. El joven y elegante japonés de 27 años llegó a París el 6 de agosto de 1913 y casi inmediatamente conoció en un café al pintor Manuel Ortiz de Zárate, que le llevó al taller de Pablo Picasso.

Hijo de Tsugakira Fujita, médico y general del ejército imperial, tuvo una vocación muy precoz a la que su padre no se opuso, todo lo contrario. A los 14 años, uno de sus dibujos fue seleccionado para formar parte del Pabellón de Japón en la Exposición Universal de París. Tres años después empezó a asistir a clases de francés con la idea de ir a estudiar a París, pero su padre prefirió que ingresara en la Escuela de Bellas Artes de Tokio, donde se graduó a los 24 años. El general aceptó darle el dinero suficiente para pasar una temporada en París unos años después.

Ya era demasiado mayor para matricularse en la Escuela de Bellas Artes y decidió pedir una licencia de copista en el Louvre que le permitía recorrer todas las salas a su antojo. Se impregnaba de la atmósfera de la ciudad y dibujaba en los cafés. Anne Le Diberder, directora de la Casa Museo Foujita, dice: “Ningún artista japonés se había atrevido a transgredir las convenciones de su país”. El pintor entendió muy pronto que el talento no bastaba, había que darse a conocer, sobresalir, y para eso se dejó ver en cafés, fiestas, exposiciones. Tardó unos años en adoptar el aspecto que luciría toda la vida y equivaldría a su firma: el famoso flequillo, joyas, tatuajes y ropa muy sofisticada.

Conoció a la modelo Fernande Barrey en marzo de 1917 y se casó con ella trece días después. Se divorciaron en 1928, aunque hacía tiempo que se habían separado. Ese mismo año expuso un centenar de acuarelas en la galería Georges Chéron, marchante de Modigliani y Soutine, con un éxito total. Picasso fue el primer día y se quedó varias horas, extasiado ante los cuadros. Al acabar la I Guerra Mundial y reabrirse el Grand Palais en la primavera de 1919, y luego el Salón de Otoño, sus obras se expusieron con los grandes de la pintura francesa.

Autorretrato en tatami

Detalle

Todo el mundo quería olvidar “la Gran Guerra” y Montmartre conoció una euforia sin precedentes. En 1922, Tsuguharu Foujita vio a Lucie Baloud, que aún no tenía veinte años, en el café La Rotonde. El día de su cumpleaños le ofreció un descapotable cuyo tapón de radiador era un bronce de Rodin. La apodó Youki, “Rosa de las nieves”, por la blancura de su piel y se convirtió en su modelo predilecta, inspirándole sus mejores desnudos. En 1927, la gran retratista austríaca Dora Kallmus le fotografió con su gato, y sabemos que ese mismo año se mudó de la calle Delambre a la plazoleta Montsouris, donde encontró a Miké. Sin embargo, en la fotografía no está Miké, sino un gato blanco con una oreja negra, lo que nos lleva a pensar que el pintor tuvo más de un gato.

En la casa de Montsouris diseñó y cosió sus trajes, creó su vajilla, filmó y fotografió, además de pintar sin cesar. A través de sus incontables autorretratos, con o sin Miké, nos dejó una mirada extrañamente impasible y distante. Pero en 1930, Youki se enamoró perdidamente de Robert Desnos, y Foujita decidió dejar París un año después para trasladarse al continente americano con una joven bailarina, Madeleine Lequeux. Juntos recorrieron Brasil, Argentina, Colombia, Perú, México y California. Al llegar a Río de Janeiro en 1931, el pintor Candido Portinari le organizó varias exposiciones. En Tokio fue recibido con los honores de una estrella en 1933, expuso en la galería Nichido y realizó grandes obras murales. Madeleine murió inesperadamente de una sobredosis en junio de 1936.

Regresó brevemente a París en 1930, pero al estallar la II Guerra Mundial no le quedó más remedio que volver a Japón y convertirse en “pintor de guerra”. Su colaboración con el militarismo japonés y posteriormente con Estados Unidos no pasó inadvertida y fue bastante criticado. Por fin consiguió un visado para Estados Unidos en 1949 gracias al general MacArthur. Los cuadros que expuso en Nueva York durante su estancia se cuentan entre sus obras maestras.

Volvió definitivamente a París en enero de 1950 con Kimiyo, su esposa japonesa, y empezó de cero, contactando con marchantes que organizaron exposiciones en Argelia, Marruecos y España. Obtuvo la nacionalidad francesa en 1955, y después de una iluminación mística en 1959 mientras visitaba la basílica de Saint-Rémi en Reims, se convirtió al catolicismo y adoptó el nombre de pila de Léonard en honor a Da Vinci. Murió el 29 de enero de 1968 a los 82 años de un cáncer y está enterrado en la Capilla Foujita, que diseñó e hizo construir, al lado de Kimiyo, fallecida en 2009.

Parece ser que se había hecho tatuar un gato en un antebrazo. En 1930, Covidi Friede publicó “Book of Cats” con poemas de Michael Joseph y veinte grabados de Foujita. Está entre los quinientos libros raros más caros jamás vendidos y los expertos lo consideran “el libro más popular y más deseado sobre gatos que se ha publicado”.


1 comentario

Gatos, August Macke y Franz Marc

August Macke, 1912

August Macke tenía 22 años cuando conoció a Franz Marc, siete años mayor. El 6 de enero de 1910, Macke vio unas litografías firmadas por Marc en una galería de Múnich y se quedó tan impresionado que fue a visitarle ese mismo día a su estudio de Schellingstrasse. Era el principio de una intensa y fructífera amistad que enriqueció el panorama artístico de la Alemania de entonces. Por desgracia, la I Guerra Mundial se encargó de ponerle fin después de cuatro años, al caer August Macke en el frente en 1914, al poco de declararse la guerra.

Desnudo con gato, Franz Marc, 1910

Franz Marc escribió al patrón de las artes Bernhard Koehler, refiriéndose a la muerte de su amigo: “La guerra no podía darme un golpe más cruel; al morir él, he perdido una parte de mí”. Le dedicó una muy sentida necrológica: “Alemania no tiene ni idea de lo que debe a este joven pintor fallecido, lo mucho que hizo y consiguió. Todo lo que tocaba con sus habilidosas manos, cualquiera que se le acercaba, cobraba vida, daba igual el material, pero sobre todo las personas a las que captaba con sus ideas. ¡Cuánto le debemos todos los pintores alemanes! Lo que sembró dará frutos, y nosotros, sus amigos, nos aseguraremos de que no permanezcan en secreto”.

Autorretrato, August Macke

Gata con gatitos, Franz Marc, 1910

Durante el breve tiempo que se conocieron, los dos artistas mantuvieron una nutrida correspondencia. Iban a verse regularmente a sus respectivas ciudades, viajaban juntos para visitar museos y conocer a otros artistas. Por ejemplo, en 1912 se reunieron en París con Robert Delaunay, y su serie “Fenêtres” (Ventanas) les impactó e inspiró. Participaban en debates donde expresaban su opinión acerca de los colores y del arte no figurativo; organizaban exposiciones de vanguardia. En 1911 fundaron la revista Der Blaue Reiter (El jinete azul) con Vasili Kandinski y otros artistas que habían decidido separarse del movimiento Neue Künstlervereinigung München, y en 1912 pintaron juntos el mural “Paradies” (Paraíso) en el estudio de Macke en Bonn.

Retrato de Franz Marc, por August Macke

Paraíso, 1912

Hemos encontrado seis obras de August Macke representando a gatos. Puede que estemos equivocados, pero mirando los cuatro cuadros con atención (no los dos dibujos), nos parece que todos son de la misma gata. ¿Sería su gata? Y gracias a Macke, sabemos que Franz Marc tuvo dos gatos, como demuestra uno de sus dibujos. Nos ha sido imposible encontrar más información sobre los gatos de los dos artistas.

Boceto de gatos, August Macke

Los dos gatos de Franz Marc, por August Macke

Acabaremos con una breve biografía de ambos, empezando por Franz Moritz Wilhem Marc, de quien ya realizamos una breve entrada en julio de 2014 (https://gatosyrespeto.org/2014/07/13/marc-franz-pintor-de-animales/). Nacido el 8 de febrero de 1880 en Múnich, estudió en la Academia de Bellas Artes de esa ciudad. Visitó París y vio las obras de Vincent Van Gogh. En 1906 viajó a Tesalónica con Paul, su hermano mayor, un experto en arte bizantino. Participó con varias obras en la primera exposición colectiva de Der Blaue Reiter que pudo verse en Múnich, Berlín, Colonia, Hagen y Fráncfort. Fascinado por el futurismo y el cubismo, sus cuadros se hicieron cada vez más austeros y abstractos.

Dos gatos, Franz Marc

Dibujo de dos gatos, Franz Marc

Al estallar la I Guerra Mundial, fue llamado a filas para servir en la Caballería. Gracias a una carta dirigida a su esposa en febrero de 1916, le trasladaron a Camuflaje. Creó nueve lonas de gran tamaño con estilos que variaban, según él, de Manet a Kandinsky, convencido de que este último era el mejor para disimular las piezas de artillería en aviones volando a 2.000 metros de altura.

Blanco y rojo, Franz Marc, 1910

El ejército alemán realizó una lista de notables artistas que debían ser apartados del combate para salvaguardarles, y Franz Marc estaba entre ellos. Sin embargo, antes del traslado un fragmento de obús le hirió en la cabeza y murió en el acto el 4 de marzo de 1916 en la Batalla de Verdún. Tenía 36 años.

Tres gatos, Franz Marc, 1913

Dibujo de Franz Marc

August Robert Ludwig Macke nació el 3 de enero de 1887 en Meschede, Renania del Norte-Westfalia. Poco después, la familia se trasladó a Colonia y en 1900, a Bonn. En contra del deseo de su padre, ingresó en la Kunstakademie (Escuela de Bellas Artes) de Düsseldorf, pero no tardó en criticar el conservadurismo del centro. Su padre falleció en octubre de 1904. Se apuntó a clases en la Escuela de Artes Aplicadas de la ciudad. Allí conoció a otros pintores y escritores; concretamente a Louise Dumont y Gustav Lindemann, directores de la recién creada Schauspielhaus (teatro) de Düsseldorf. Bajo su influencia, comprendió la necesidad de una renovación teatral, y diseñó decorados y vestuarios.

Bodegón con gato, August Macke, 1910

La mayoría de su vida creativa transcurrió en Bonn con unos cuantos periodos en el lago de Thun, Suiza. Viajó a París en 1907 y descubrió el impresionismo y poco después trabajó varios meses en el estudio berlinés del pintor Lovis Corinth. En 1909 se casó con Elisabeth Gerhardt, de la que pintó numerosos retratos. Tres años después, en un viaje a París con Franz Marc, el cubismo cromático de Robert Delaunay le influyó profundamente. También el futurismo italiano fue una de sus referencias. En abril de 1914 viajó a Túnez con Paul Klee y Louis Moilliet. La luz y los colores de ese país están detrás del acercamiento al luminismo de su último periodo creativo, cuando realizó lienzos considerados hoy en día como auténticas obras de arte.

Tres gatos durmiendo, August Macke

Gato en cojín, August Macke, 1910

Una brillante carrera se vio truncada por su muerte en el frente el 26 de septiembre de 1914 en Champaña, Francia, a los 27 años. Su última obra, “Despedida”, refleja la tristeza que invadió a Alemania al declararse la guerra.

Despedida, August Macke, 1914


Deja un comentario

Los alegres gatos del pintor sudafricano David Kuijers

David Kuijers nació el 30 de marzo de 1962 en Vanderbijlpark, una ciudad de unos 95.000 habitantes situada un poco más al sur de Johanesburgo. Su padre se dedicaba a pintar en sus horas libres y firmaba los cuadros con el seudónimo B. Arteld. En 1978, al igual que su hermano, ingresó en la Escuela de Arte, Música y Ballet de Pretoria, donde se graduó en 1980 con una mención en Grafismo y recibió el Premio al Mejor Pintor de ese año.

Gato ángel

Cola con plumas

En 1981, con 19 años, fue por primera vez a Ciudad del Cabo a bordo de un tren de soldados con destino a la base militar de Youngsfield. Incapaz de soportar la mentalidad de sus superiores y el intento de socavar el sentido común, decidió fugarse a los tres meses con su primer salario. Sin embargo, regresó a los tres años para terminar el servicio militar en un puesto administrativo. No deja de ser irónico que acabara siendo premiado por un servicio destacado.

Cinco círculos

Los búhos son los gatos del cielo

El año 1986 fue de lo más frustrante al no poder abrirse camino como autor de canciones. Decidió matricularse en la Cape Technickon, actual Universidad Tecnológica de Ciudad del Cabo, para estudiar Bellas Artes, pero tuvo que conformarse con Diseño Gráfico al haber sido cancelada la especialidad. Se licenció en 1989 con un Premio al Mérito en Diseño e Ilustración, y en 1990 se casó con Dina, una compañera de universidad.

Los pájaros saben cuando un gato no tiene hambre

El gato, el perro y el búho

A continuación empezó a trabajar por libre como diseñador e ilustrador hasta conseguir unos encargos de cierta importancia de varios hoteles y de empresas de comida para animales que le permitieron dedicarse a tiempo completo a la pintura. En 2002 publicó un libro en torno a Ciudad del Cabo titulado “David Kuijers Paints the Town” (David Kuijers pinta la ciudad). Ese mismo año, en abril, expuso en solitario en la Hout Bay Gallery y vendió todos los cuadros.

En la presentación de una exposición en The Cape Gallery en 2017, David Kuijers dijo que tenía un gato y que había sido su compañero constante en el estudio desde hacía ocho años. Añadió que le observaba y que en algunos de sus cuadros reflejaba los pensamientos de su gato acerca de los perros, peces y otras cosas. Pero es un artista muy receloso de su vida privada y apenas hay fotos suyas en Internet; no hemos encontrado ninguna con su gato. También nos hemos dado cuenta de que pinta muchos más perros que gatos, además de numerosos búhos, algunos elefantes y otros animales.

 

Suele usar pinturas acrílicas, y una vez acabado el cuadro, lo invierte sobre una plancha de cristal. Sus obras son alegres, muy coloristas, divertidas, con un toque de ironía, aparentemente sencillas, como el de la niña sentada encima de un enorme gato pelirrojo con la frase: “Sé de una niña que adora a los gatos”. A menudo juega con el idioma, como por ejemplo en el cuadro llamado “Catfish”, cuya traducción literal es “Pez gato”, pero el significado real es “Bagre”. En un lienzo con dos caras femeninas, una muy al estilo cubista picassiano y la otra mucho más sencilla y sonriente, demuestra tener sentido del humor añadiendo la frase: “No soy Picasso”; y más abajo: “Sé dónde van los ojos”.

En la presentación antes mencionada reconocía que pintar le aporta placer y que se había convertido en una especie de trastorno obsesivo-compulsivo del que no pensaba curarse jamás. Seguía diciendo: “Me permite ser cada vez más atrevido y alegre, escabullirme por las grietas del lienzo (o del cristal) para escapar a una realidad que no está plagada de responsabilidades. Cada vez me preocupa menos si muchos piensan que mi arte, debido al estilo y contenido, no cabe en las categorías serias”.

Gato manchado

Siesta gatuna

Y añadía: “Un tema aparentemente tan arbitrario como lo que un gato pueda pensar de un perro se convierte en la fibra de la vida, como puede serlo el entusiasmo de un niño ante un pez de colores. El arte me permite, siendo adulto, volver a compartir emociones puras durante unos momentos y entrar en una caída libre creativa, al menos hasta que se rompe la lavadora. Pero siempre vuelvo y siempre volveré porque tengo la suerte de estar en una posición que me permite decir: ‘Disculpad, pero ahora debo ir a trabajar’. Lo que significa lo mismo que: ‘Ya puedo ir a jugar?’ Tengo licencia para escapar”.

Una gran siesta

Los gatos no suelen deprimirse


Deja un comentario

Un gato sin nombre y el marchante Ambroise Vollard

Vollard y su gato

Hablando de Ambroise Vollard, Picasso dijo: “Ni de la mujer más bella se pintó, dibujó o grabó el retrato tan a menudo como el de Vollard”. Y nosotros añadiremos que, en muchas ocasiones, le acompañaba un gato. Incluso en el famoso cuadro “Homenaje a Cézanne”, realizado por Maurice Denis en 1900, se ve de izquierda a derecha en la galería del marchante a Odilon Redon, Édouard Vuillard, André Mellerio, Ambroise Vollard, el mismo Maurice Denis, Paul Sérusier, Paul-Elie Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, Marthe Denis, la esposa del pintor, y a un gato atigrado, en el suelo debajo del caballete, que se parece mucho al que acaricia el galerista en numerosas fotografías.

Homenaje a Cézanne, de Maurice Denis

Detalle

A finales de julio de 1939, en vísperas de la II Guerra Mundial, un Talbot descapotable conducido por un chófer se dirigía hacia París. El famoso galerista Ambroise Vollard, de 73 años de edad, iba sentado en el asiento trasero. Parece ser que el coche dio varias vueltas de campana después de deslizarse por la carretera mojada y ambos pasajeros murieron. Sus cuerpos no fueron hallados hasta el día siguiente. Había desaparecido el descubridor de un sinfín de pintores, empezando por Cézanne. Natural de la isla de la Reunión, en el océano Índico, llegó a París en 1895, a los 21 años, para estudiar Derecho.

Ambroise Vollard en 1938

En su autobiografía reconoce que descubrir esos cuadros de colores irisados y brillantes del primer momento del impresionismo fue “como si me golpearan en el estómago”. Al año dejó los estudios de Derecho y organizó una primera exposición para Cézanne, entonces casi desconocido y considerado como un loco, en un local muy modesto de la calle Laffitte de París. Volvemos a citar al marchante: “Era menospreciado hasta por la vanguardia. Le compré 150 cuadros de golpe, casi todo lo que había pintado”.

Cézanne y Vollard

Y sigue diciendo en sus memorias: “Me gasté todo el dinero que tenía. Me pregunté si mi osadía no iba a llevarme a la ruina. Ni siquiera me quedaba bastante dinero para enmarcar correctamente los cuadros”. Pero la exposición fue un éxito, les catapultó a los dos a la fama y cimentó una profunda amistad entre ambos. Fue el galerista de Gauguin, Picasso (para quien organizó su primera exposición en París) y Matisse, además de vender obras de Rouault, Derain y de todos los fauvistas, así como de Degas, Renoir, Monet y Manet, entre otros muchos.

Una esquina del despacho de Vollard

No solo compraba obras de arte, también apoyaba los trueques. Según sus meticulosos libros de contabilidad, Picasso intercambió cuadros suyos por otros de Degas y Matisse; Degas y Renoir por algunos de Cézanne. Kandinsky quería un cuadro del Aduanero Rousseau, pero no podía permitírselo y dio varios cuadros suyos a cambio. En 1913, Matisse compró “Las tres bañistas”, de Cézanne, con el anillo de esmeraldas de su esposa.

Vollard, por Pablo Picasso

Aunque algunos artistas se quejaron de que los explotó, la gran mayoría le apreciaban y querían, como demuestra el sinfín de retratos que le hicieron. La galería se convirtió en uno de los focos de la vida bohemia parisina de la época. Organizaba cenas donde servía platos de su isla natal, como el curry criollo, a sus invitados. El fotógrafo Brassaï (https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/) dijo en una ocasión: “Eran fiestas muy alegres, hablábamos, discutíamos y planeábamos el futuro del arte”.

Cena en el sótano de la galería

Cuando murió, más de diez mil obras de arte llenaban su mansión de la calle Martignac, en París. Parece ser que todas las habitaciones excepto dos, el dormitorio y el comedor, estaban llenas de cuadros y esculturas. Entre sus clientes había grandes coleccionistas, entre ellos Gertrude Stein y su hermano Leo, Ivan Morozov, Sergei Shchukin y el estadounidense Barnes. Al no haber hecho testamento, su magnífica colección fue repartida entre varios herederos. Algunos cuadros acabaron, con los años, en los grandes museos internacionales, otros en colecciones privadas y muchos desaparecieron para siempre.

Vollard, por Pierre Bonnard

Detalle

Desde 1938, el secretario del marchante era Erich Šlomović, un universitario yugoslavo. En septiembre de 1939, cuando Francia declaró la guerra a Alemania, este último almacenó unas ciento cincuenta obras en el banco Société Génerale de París y se llevó otras trescientas cincuenta a Zagreb para montar una exposición, tal como Vollard le había pedido. Šlomović fue asesinado por los nazis en 1942 a los 27 años. El banco obtuvo una orden judicial para abrir la caja fuerte y puso en venta el contenido, pero los herederos de Vollard y de Šlomović entablaron un proceso judicial contra la entidad. Ciento cuarenta y una obras fueron vendidas en junio de 2010 por Sotheby’s en París y Londres. Las otras trescientas cincuentas piezas que llevó a Belgrado se encuentran ahora en el Museo Nacional de esta ciudad, aunque también son objeto de litigio.

Vollard, por Pablo Picasso

El resto de los cuadros se dividió entre Madeleine de Galea, la supuesta amante del marchante, y su hermano Lucien Vollard, que nombró albacea a Martin Fabiani, acusado años después de vender las obras de arte robadas por los nazis a aventureros, mafiosos y altos funcionarios de la Francia ocupada. Una pequeña parte de la colección está en el Museo Léon Dierx de Saint-Denis, en la Reunión, gracias a las donaciones que el propio Vollard hizo en 1912 y su hermano en 1947. Además, después de la I Guerra Mundial, Vollard donó numerosos cuadros a museos franceses cuando decidió cerrar su galería y seguir vendiendo desde su casa.

Vollard con gato dibujado por Pierre Bonnard

También dedicó tiempo a publicar libros ilustrados por sus pintores favoritos. Uno de los primeros fue el famoso “Dafnis y Cloe”, ilustrado por su gran amigo Bonnard. Fue el autor de dos manuscritos sobre Renoir y Cézanne, además de sus memorias, “Souvenirs d’un marchand de tableaux” (Recuerdos de un marchante de cuadros).

Vollard, por Pierre Bonnard

Le gustaban los gatos. Si no fuera así, Bonnard y Picasso no le habrían retratado con uno en brazos, y Brassaï tampoco le habría fotografiado sujetando a otro empeñado en escaparse.

Vollard fotografiado por Brassaï en 1934