Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Gatos, soledad, surrealismo y Gertrude Abercrombie

Niña con gatos (1940)

La pintora Gertrude Abercrombie, gran amante de los gatos y del jazz, apuntaba en una libreta los gatos que había tenido y lo que había sido de ellos. El apartado se titulaba: “Gatos que he tenido (de los grandes)”. Con “de los grandes”, en inglés “big main ones”,  se refería a la raza Maine Coon, efectivamente, gatos de buen tamaño. La lista incluía a Jimmy, Monk, Fitzgerald y Folly, entre otros.

Interior con gato

Don Baum, artista y defensor de artistas de Chicago, era un buen amigo de la pintora y la describió como “una mujer muy graciosa e introspectiva”. Recuerda que su casa desbordaba energía y estaba llena de gatos: “Tocaba el piano y no había nada que le gustara más que sentarse ante el teclado con alguien como Dizzy Gillespie o Miles Davis con sus instrumentos. De locos”. Era un inmueble de tres pisos a orillas del lago Michigan en el barrio de Hyde Park, cerca de la Universidad de Chicago, lo que le permitía alquilar habitaciones, no solo a estudiantes, sino a conocidos músicos y compositores de jazz, y donde parece ser que los gatos comían mejor que las personas.

Cabeza con gato

Esa mujer excéntrica recorría la ciudad en un viejo Rolls-Royce – de hecho, tuvo tres durante su vida – y necesitaba desesperadamente ser el centro de atención. Ella misma solía contar una anécdota en la que se describía su exacerbado narcisismo. Su amigo, el artista Dudley Huppler, en una postal dirigida al pintor Karl Priebe, escribió: “Querido Karl: Anoche llevé a Gertrude al ballet. No le gustó. Ella no bailaba”. También reconoce que siempre se pintaba a sí misma, incluso cuando no se trataba de autorretratos propiamente dichos.

Tres gatos

 

Tres gatos (plano medio)

Sus cuadros parecen reflejar una terrible soledad. La gran mayoría representa a una mujer sola en parajes desolados. Mujeres buscando, andando, a veces acompañadas de un animal. Los dos gatos de “Gato blanco” y “Gato y retrato” también están solos, casi desamparados. Reconocía que carecía de técnica; para ella había buenos pintores y mejores artistas, y consideraba pertenecer a esta última categoría.

Gato blanco

 

Gato blanco

Le importaba transmitir emociones, sentimientos e ideas. Decía que “debe ocurrir algo, y si no ocurre nada, la mejor técnica del mundo no lo cambiará”.

Gato con retrato

Nació el 17 de febrero de 1909 en Austin, Tejas, por la sencilla razón de que sus padres, dos cantantes de ópera que estaban de gira, se encontraban allí ese día. La familia vivió en Berlín hasta 1914, pero el estallido de la I Guerra Mundial les obligó a regresar, primero a Aledo, Illinois, y posteriormente al barrio de Hyde Park en Chicago. En 1929 se licenció en Filología Románica y estudió brevemente Dibujo Comercial en la Academia Americana de Arte.

 

Bote (1954)

Empezó a dedicarse a la pintura a tiempo completo a partir de 1932 y vendió su primer cuadro ese verano en una feria de arte. Dejó la casa familiar a mediados de los años treinta, y la Sociedad de Artistas de Chicago organizó su primera exposición en solitario en 1934. Se casó con el apuesto Robert Livingstone en 1940, dio a luz a su única hija, Dinah, en 1942 y se divorció en 1948. Ese año se casó con el crítico musical Frank Sandiford y su gran amigo Dizzie Gillespie tocó en la boda. Se divorció de su segundo marido en 1964.

Fotografiada por Carl Van Vechten

En 1945 pintó “Girl Searching” (Mujer joven buscando). A partir de ese momento y durante los siguientes quince años pintó cientos de cuadros, organizó jam sessions en su casa con músicos como Sonny Rollins, Max Roach y Jackie Cain, se hizo famosa y se hablaba de ella en la prensa. Dizzy Gillespie la describió como “la primera artista bop, porque ha tomado la esencia de nuestra música y la ha trasladado a otra forma de arte”.

Entre las pocas influencias que Gertrude Abercrombie reconocía, estaba el pintor belga René Magritte. A parte de aceptar que Georgio de Chirico, Max Ernst y Salvador Dalí “tenían algo que ver” con su trabajo, de Magritte dijo: “Cuando vi sus obras, pensé: ‘Este es tu papá’, y he seguido en esta vena surrealista desde entonces”.

Interior con gato

Su salud empezó a resentirse a finales de los años cincuenta por culpa del alcohol, sufría de artritis y tenía problemas financieros. A partir de 1959 pintó menos y cuadros de menor tamaño. Dejó de poder moverse sola y acabó confinada en la cama. La “reina de los artistas bohemios”, como la llamaban, falleció el 3 de julio de 1977. Unos meses antes de su muerte tuvo lugar una gran retrospectiva de su obra en el Centro Hyde Park.

La pintora

Entre 1944 y 1964 expuso nada menos que veinte veces en solitario y fue una de las artistas más famosas de Chicago durante casi treinta y cinco años. Luchó contra la depresión y la inseguridad, pero durante toda su vida como pintora supo mantener el equilibrio entre el misterio y la realidad, la tragedia y el humor. En una de sus últimas entrevistas dijo: “Pinto como pinto porque estoy muerta de miedo. Me parece un milagro que estemos vivos, ¿a ti no?”


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El gato blanco de Maurits Cornelis Escher

Gato blanco I (1919)

El artista neerlandés Maurits Cornelis Escher no es especialmente conocido por dibujar gatos, sino por sus grabados xilográficos o a media tinta de construcciones imposibles, objetos y mundos imaginarios y teselados basados en cálculos matemáticos. Pero hubo un periodo muy corto de su vida en que dibujó a un gato blanco. Parece ser que se lo regaló la dueña de la casa donde vivía mientras estudiaba en Haarlem, pero repetimos, “solo parece ser”, no es nada seguro.

Gato blanco II (1919)

En la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas de esta ciudad empezó estudiando Arquitectura, pero no tardó en decantarse por las Artes Decorativas bajo la tutela del artista de artes gráficas Samuel Jessurun de Mesquita, con el que mantuvo una gran amistad hasta la muerte de este en el campo de concentración de Auschwitz en 1944.

Escolástica – Noche de luna llena (1931)

En Roma, 1930

La aparición del gato blanco data de esta época, concretamente de 1919. Los cuatro dibujos para grabados con un gato blanco, más el del gato negro, están todos fechados en este año. Aunque no sepamos nada del gato blanco (ni del negro), está claro que ese año, un gato se cruzó en la vida del artista. En un grabado realizado en 1926, “Sexto día de la Creación”, volvió a incluir a un gato blanco frotándose contra las piernas de Eva, y cinco años después, en 1931, a varios gatos negros escuchando a otro, a un grupo de perros, un búho, unos ratones, una rana o sapo, todos ellos en buena armonía, si no fuera por la presencia algo amenazadora de unas serpientes en el grabado “Escolástica – Noche de luna llena”.

 

El sexto día de la Creación (1926)

Después de 1926, que sepamos, jamás volvió a dibujar un gato, pero sí los incorporó en sus famosos teselados regulares inspirados en los mosaicos de la Alhambra y basados en la simetría geométrica.

Teselado I

 

Teselado II

Maurits Cornelis Escher nació en Leeuwarden, Países Bajos, el 17 de junio de 1898. No destacó sobremanera como estudiante; es más, no acabó el instituto. En 1922 viajó a Italia y visitó ciudades como Florencia, Ravello, Volterra y Siena, y a España, concretamente a Madrid, Toledo y Granada, donde descubrió la Alhambra. Atraído por Italia, decidió regresar a Roma, ciudad en la que vivió entre 1923 y 1935. Se casó en 1924 con Jeta Umiker, una suiza afincada en Italia.

Teselado de la Alhambra

 

Serpientes (1969)

La familia dejó Italia en 1935 debido al clima político reinante. A pesar de no tener interés en la política, el artista no soportaba el fascismo de Mussolini y se mudó a Suiza con su esposa y tres hijos. Fue entonces cuando se le encargó el dibujo de un sello para Holanda; dibujaría otro en 1949. En 1937 volvieron a trasladarse, esta vez a Bélgica, pero en 1941 la II Guerra Mundial les obligó a regresar a los Países Bajos, concretamente a Baarn, donde permaneció hasta 1970.

Autorretrato

Es el autor de 448 litografías y grabados, así como de unos dos mil dibujos. También ilustró libros, diseñó tapices, murales y, como hemos dicho antes, sellos. Durante el periodo suizo realizó 62 de los 137 dibujos de división regular del plano. Aunque estaba convencido de no ser un buen matemático, se relacionaba regularmente con matemáticos de la talla de George Pólya, Roger Penrose, Harold Coxete y el cristalógrafo Friedrich Haag, además de llevar a cabo sus propias investigaciones en torno a los teselados.

Hombre sentado con gato (1919)

La mayoría de la obra de Escher se basa en las matemáticas, lo que quizá no ayudó a que fuera más admirado en vida. Criticado por su falta de lirismo, se le tachó de “demasiado intelectual”. Curiosamente, sus trabajos se hicieron más populares a partir de 1966, después de que Martin Gardner hablara extensamente de él en su columna “Juegos matemáticos” de la revista Scientific American. En 1979, Douglas Hofstadter publicó “Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid”, en el que expone conceptos fundamentales de las matemáticas, la simetría y la inteligencia explorando temas comunes a los tres.

Gato (1919)

En julio de 1969 terminó su última obra, un grabado en madera de grandes dimensiones a partir de una simetría rotacional triple titulado “Serpientes” para el que fueron necesarios tres bloques diferentes, cada uno con una triple rotación a partir del centro de la imagen con una alineación absolutamente precisa para evitar huecos o superposiciones. Cada grabado requería un total de nueve impresiones.

En 1970 se mudó al Rosa Spier Huis de Laren, un centro al que podían retirarse los artistas y donde disponía de su propio estudio. Falleció el 27 de marzo de 1972 a los 73 años.

Sus creaciones siguen despertando la curiosidad de personas de todo el mundo. Las principales colecciones de sus obras se encuentran en el Museo Escher de la Haya, la Galería Nacional de Arte de Washington DC, la Galería Nacional de Arte de Canadá en Ottawa, el Museo Israel de Jerusalén y el Huis ten Bosch de Nagasaki. La primera retrospectiva en su país natal se celebró cuando ya tenía setenta años.

El Museo Escher en La Haya

En el siglo actual, varias ciudades han organizado retrospectivas suyas. Destacaremos la de Río de Janeiro, que atrajo a 573.000 visitantes en 2011, convirtiéndose en la exposición más visitada en todo el mundo ese año.

Esta entrada está dedicada a Rafa, amante de los animales y matemático.

 


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Los gatos de Casapueblo (Carlos Páez Vilaró)

El pintor, ceramista y escultor Carlos Páez Vilaró decía, hablando de los gatos: “Son mis amigos más antiguos, mis amigos silenciosos, que estéticamente me entretienen, me dan placer. A veces les pregunto: ‘¿Te gusta este color?’ Si me dice ‘miau’, entonces sigo adelante”. Y en otra entrevista, hablando de su rutina diaria en Casapueblo, también dijo: “Me levanto por la mañana, me hago un cafecito, saludo a los gatos y empiezo a trabajar”.

Carlos Páez Vilaró se fue para siempre el 24 de noviembre de 2014 a los 91 años, pero sus gatos siguen paseándose por las dependencias de Casapueblo, en la tienda, en el taller, en la biblioteca, en el museo…

Casapueblo surgió alrededor de una casita de veraneo que tenía el artista en Punta Ballena, a 13 km de Punta del Este, Uruguay. Dicho por él, fue construida sin planos previos, poco a poco, con trece desniveles para que todas las ventanas y terrazas estuvieran abiertas al océano Atlántico. Era la residencia de Páez Vilaró, que la describía como “una escultura habitable”, y ahora se ha convertido en un hotel de cuatro estrellas con 20 habitaciones y 50 bungalows, y en una de las atracciones artísticas de Uruguay.

Carlos Páez Vilaró nació el 1 de noviembre de 1923 en Montevideo. En 1941 se trasladó a Buenos Aires y encontró trabajo en una fábrica de cerillas antes de pasar al sector de las artes gráficas. Al cabo de dos años regresó a Montevideo y descubrió las comparsas de la comunidad afrouruguaya. Se apasionó por su música y pintó cientos de obras en torno a este tema, compuso candombes y actuó como portavoz y defensor de un folclore que luchaba contra la incomprensión de todos.

En 1958 fundó, con otros artistas uruguayos decididos a fomentar el arte experimental, el Grupo de los 8, que participó en la Gran Exposición de Arte Internacional organizada por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Poco después dejó Uruguay para trasladarse a Brasil y siguió profundizando en sus estudios sobre la cultura afrodescendiente. En la década de los sesenta viajó a París, donde conoció a Picasso, Dalí y a De Chirico, entre otros muchos. El director del Museo de Arte Moderno de París le animó para que expusiera en la Casa de América Latina. El éxito de esta muestra propició invitaciones para exponer en Inglaterra y Estados Unidos.

Sus investigaciones le llevaron a recorrer Colombia, Panamá, la República Dominicana y Haití en el continente americano. No contento con esto, viajó a África, visitando Senegal, Liberia, Congo, Camerún, Nigeria y Gabón, donde conoció y colaboró con Albert Schweitzer (https://gatosyrespeto.org/2014/08/16/albert-schweitzer-y-el-respeto/) en la leprosería de Lambaréné.

Durante su estancia en Francia escribió, con Aimé Césaire y Léopold Sedar Senghor, el guion de la película Batouk, dirigida por Jean-Jacques Manigot, un largometraje de 65 minutos de duración que clausuró el Festival de Cannes de 1967.

El 13 de octubre de 1972, el avión Fairchild Hiller FH-227 de las Fuerzas Aéreas Uruguayas se estrelló en la Cordillera de los Andes. Su hijo Carlos, uno de los jugadores del equipo de rugby Old Christian, se encontraba entre las 45 personas a bordo. Carlos Páez Vilaró siempre estuvo convencido de que su hijo seguía vivo y durante los 72 días que transcurrieron hasta encontrar a los supervivientes fue una de las personas que encabezó la búsqueda.

A partir de principios de la década de los setenta vivió entre Nueva York, Sao Paulo, Brasil y Uruguay. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, donde permaneció 14 años. En esa época, a pesar de no ser arquitecto, diseñó una capilla de cultos múltiples, además de dedicarse a la cerámica, la escultura, la música y la literatura.

En 1997, este trotamundos acabó por dividirse entre sus dos talleres, el argentino y el de Casapueblo. Fue un pionero a la hora de integrar el arte a objetos cotidianos, aviones, barcos, cualquier cosa. También plasmó su pintura en aeropuertos, hoteles, edificios públicos. En todos los países que visitó dejó obras suyas, murales, cuadros, cerámicas. Pintó hasta el último día de su vida, seguramente rodeado de sus gatos, a los que tanto les gustaba el color.


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Los gatos en la pintura de Max Beckmann

Naturaleza muerta con dos gatos (1917)

El pintor alemán Max Beckmann ha sido tachado a menudo de “expresionista”, aunque era un adjetivo que él rechazaba categóricamente. En los años veinte del pasado siglo se le asoció con el movimiento “Neue Sachlichkeit” (Nueva objetividad), término acuñado por Gustav Friedrich Hartlaub, director del Kunsthalle de Mannheim, y al que pertenecieron Otto Dix (un amante de los gatos) y George Grosz, entre otros. Dicho movimiento desapareció en el año 1933, con el ascenso del Nacionalsocialismo al poder.

Antes del baile (1949)

 

Autorretrato con bombín (1921)

En esta entrada solo hablaremos del artista, ya que no hemos encontrado nada acerca de su relación con los gatos. Quizá el cuadro más sorprendente sea el titulado “La sinagoga de Fráncfort del Meno”, donde se ve a un gato sentado encima de lo que parece una alfombrilla en medio de la calle y una luna creciente en el cielo.

La sinagoga de Fráncfort del Meno (1919)

Todos los cuadros nos parecen asombrosos, pero los gatos siempre son desproporcionados, más pequeños de lo que deberían ser, incluso en “Naturaleza muerta con gatos”. Nos atrevemos a afirmar que tuvo un gato, como demuestran algunos de los autorretratos que hemos incluido aquí. De hecho, es conocido por los numerosos autorretratos que pintó durante toda su vida, como también hicieron Rembrandt y Picasso. También sabemos por dos cuadros que podemos ver en esta entrada que el matrimonio Battenberg, muy amigo suyo, tenía un gato.

Naturaleza muerta con gato

 

Mujer con gato

Max Beckmann nació el 12 de febrero de 1884 en Leipzig, Sajonia. Durante la I Guerra Mundial se alistó como enfermero voluntario y vivió experiencias muy traumáticas. A partir de entonces, su estilo cambió radicalmente, pasando del más correcto academicismo a una reflexión mucho más distorsionada de lo que veía.

Autorretrato con lámpara y gato (1920)

 

Autorretrato con los Battenberg

Disfrutó de mucho éxito durante la República de Weimar. En 1925 fue escogido para dar una clase magistral en la Academia Städelschule de Bellas Artes de Fráncfort. En 1927 ganó el Premio Imperial Honorario del Arte Alemán y la Medalla de Oro de la Ciudad de Dusseldorf. La Galería Nacional de Berlín compró dos cuadros suyos en 1928, y a principios de los treinta se le dedicaron varias retrospectivas y publicaciones.

Joven con gato amarillo

 

La vieja actriz (1926)

Pero todo cambió con la llegada al poder de Hitler, que sentía un profundo desprecio por el arte moderno. En 1933 fue clasificado de “bolchevique cultural” por el gobierno alemán y perdió su puesto de profesor en la Escuela de Bellas Artes de Fráncfort. Cuatro años después se confiscaron más de 500 obras suyas expuestas en museos alemanes y algunas formaron parte de la tristemente famosa “Exposición de Arte Degenerado” de Múnich. Al día siguiente del discurso de Hitler sobre el arte degenerado, Max Beckmann abandonó Alemania para siempre con Quappi, su segunda esposa, a la que retrató profusamente, pero nunca con un gato.

Mathilde von Kaulbach

Su autoexilio en Holanda duró diez años, durante los que intentó repetidamente obtener un visado para trasladarse a Estados Unidos. Por fin lo consiguió una vez terminada la guerra. Ocupó un puesto de profesor en la Universidad Washington de Saint Louis y posteriormente trabajó en el Museo de Brooklyn. Su primera retrospectiva en Estados Unidos tuvo lugar en el Museo de la Ciudad de Saint Louis en 1948. Fue allí donde le descubrió Morton D. Day, un filántropo y coleccionista que le compró numerosos cuadros. A los dos les unió una gran amistad.

Mujer con gato (1942)

 

Friedel Battenberg con gato (1920)

En 1949, después de cortas estancias en Denver y en Chicago, Max Beckmann y Quappi alquilaron un piso en Manhattan y empezó a dar clases en la Escuela de Arte del Museo de Brooklyn. Falleció de un infarto el 27 de diciembre de 1950 en la esquina de la calle 69 y Central Park West, a los 66 años. Según Quappi, su viuda, iba a ver uno de sus cuadros que acababa de colgarse en el Museo Metropolitano de Arte.

 


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Gatos de Connemara y el pintor Gerard Dillon

Francis Gerard Dillon nació en la calle Lower Clonard del barrio de Falls, Belfast, en abril de 1916, aunque no se sabe qué día. Era el último de los ocho hijos de un veterano del ejército

Retrato del artista de joven

británico que trabajaba para el servicio de correos y de una madre ultracatólica. Abandonó los estudios a los catorce años y empezó a trabajar como aprendiz de pintor de brocha gorda y decorador. A pesar del enorme entusiasmo que demostraba por el dibujo y la pintura, solo estuvo una corta temporada en el Colegio de las Artes de Belfast, donde tal vez no asistió más que a unas pocas clases nocturnas.

Se trasladó a Londres en 1934 y realizó diversos trabajos manuales para sobrevivir y poder seguir pintando, además de visitar galerías y museos.

Cabaña amarilla

Estuvo en Connemara por primera vez en 1939 con George Campbell, otro pintor y escritor irlandés, y fue cuando nació su fascinación por los paisajes y la cultura del Oeste de Irlanda, que le empujaría a volver una y otra vez a esta región. Al estallar la II Guerra Mundial no pudo regresar a Londres y pasó los años bélicos en Dublín, una ciudad neutral, donde conoció a los artistas plásticos y escritores del grupo White Stag. Expuso por primera vez en la Country Shop de Dublín, y en 1943 en las Galerías de Arte Contemporáneo de Dublín, en la Royal Hibernian Academy y en la Exposición Irlandesa de Arte Vivo, antes de volver a Londres en 1945 y participar en exposiciones en el extranjero.

El gato de Connemara

 

Estudio de Suzy

 

Gato durmiendo

Retiró sus cuadros de una Exposición Irlandesa de Arte Vivo en Belfast para protestar por la forma en que el entonces gobierno unionista de Irlanda del Norte había tratado a unos manifestantes a favor de los derechos civiles en 1969.

Gato en silla de enea

 

Gato y pájaro

De regreso a Belfast, dos años después tuvo un infarto y murió en el hospital Adelaide el 14 de junio de 1971 a los 55 años. Está enterrado en una tumba sin distintivos, según su voluntad, en el cementerio Milltown. Se sabe que dijo: “Prefiero estar en una tumba descuidada en Belfast que en una tumba cuidada por un ejército de jardineros en Londres”. Tres hermanos suyos también habían muerto de problemas de corazón en los años sesenta.

Sus obras pueden verse en numerosas colecciones en Irlanda, entre ellas las del Museo del Ulster, la Universidad de la Reina en Belfast, Newtownabbey Borough Council y la Universidad del Ulster. En 2016, año del centenario del nacimiento del pintor, el Museo del Ulster organizó una exposición retrospectiva en la que se incluyeron veinte de sus obras más importantes.

A pesar de vender cuadros en vida, nunca llegó a ser rico, ni mucho menos. Sus intensamente coloridas obras, falsamente ingenuas, recuerdan a Chagall y a Matisse. Describe escenas aparentemente sencillas, acontecimientos diarios de la región de Connemara. Después de sufrir un primer infarto en 1967 y de estar tres semanas ingresado, su pintura cambió de rumbo y se hizo más simbolista, adentrándose en el reino de los sueños, como si presagiara una muerte temprana.

Kelly y La Grise, las gatas de O’Brien

Nos extraña que haya tan poca información en Internet acerca de uno de los pintores contemporáneos más famosos de Irlanda y, desde luego, no hay la menor mención a su relación con los gatos. Sin embargo, Gerard Dillon los pintaba. Añadía gatos a escenas cotidianas, como en el famosísimo cuadro “The Yellow Bungalow” (La cabaña amarilla), en el que se ve a un gato blanco con manchas grises durmiendo plácidamente en primer plano en el cojín azul de la butaca, o en “El gato de Connemara”, donde un gato vuelve a estar en primer término, tumbado en la hierba, mientras alguien se asoma por una puerta. Vuelve a verse a un gato sentado en “Gato en silla de enea” y a otro (¿el mismo que en “La cabaña amarilla”?) en el regazo de una mujer en el cuadro “Niña maravillada”.

Niña maravillada

También incluimos retratos y estudios de gatos, así como los curiosos dibujos “Gato y pájaro” y “Siesta de gato”. Gerard Dillon pintó más de cien obras, de las que diecisiete contienen gatos, una proporción pequeña, es verdad. Pero algo nos dice que los gatos gustaban a este pintor.


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Los gatos de Nicolas Tarkhoff, un pintor olvidado

Nicolas Alexandrovich Tarkhoff  nació en Moscú el 2 de enero de 1871 en el seno de una familia de comerciantes acomodados. Mostró tendencias artísticas a una temprana edad; sin embargo, se alistó en la milicia provincial a los 18 años para cumplir el servicio militar.

Oponiéndose a su padre, se presentó al examen de ingreso en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, pero fue rechazado por tener “un temperamento revolucionario”. En 1897 entró en el estudio del pintor impresionista Konstantin Korovin Alexeivich, donde conoció a Pavel Kuznetsov, Vasily Polenov y Valentin Serov, con los que expondría por primera vez poco después con gran éxito. A pesar de esto, decidió abandonar Moscú y trasladarse a Múnich en 1898. Antes de acabar el año se fue a París, ciudad que ya conocía por haber visitado con anterioridad a su amigo el pintor Nicolas Millioti. Hablaba francés perfectamente gracias a las enseñanzas de la niñera que le había criado.

Gato negro y dalias (1907)

 

Trabajó en el estudio de Jean-Paul Laurens, al que dejó por considerarle demasiado academicista, y de Luc-Olivier Merson. Admiraba profundamente a Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, Paul Cézanne y, sobre todo, al simbolista Eugène Carrière.

Sus cuadros no tardaron en seducir a críticos como Apollinaire, Forthuny y Ary-Leblond. Participó regularmente en el Salón de los Independientes; a partir de 1901, en el Salón de la Sociedad de Bellas Artes y en el Salón de Otoño, del que fue miembro desde 1907, en varios salones en Bruselas, Berlín, Venecia y Roma, así como en la Exposición Armory celebrada en Nueva York en 1913. Como miembro del Sindicato de Artistas Rusos expuso regularmente en Moscú y San Petersburgo.

Gatos negros en ventana (1909)

 

En 1904, cuando tenía 33 años, conoció a Yvonne Deltreil y se casaron unos meses después. La joven, que ya tenía un hijo de cinco años, nunca dejó de apoyarle con entusiasmo. Sus dos hijos nacieron casi inmediatamente; Jean en marzo de 1905 y Boris en agosto del año siguiente. A partir de ese momento, sus obras empezaron a ser más figurativas. Dejó de pintar las calles de París y a sus transeúntes, y reprodujo escenas intimistas de su familia y de los gatos con los que convivían. Llegó a decir que prefería con mucho estos cuadros a los de la época anterior.

Mi familia

En mayo de 1906, el famoso galerista Ambroise Vollard (otro amante de los gatos), que exponía las obras de Cézanne, Renoir, Picasso, Matisse, Bonnard y Van Dongen, entre otros, le dedicó una exposición en solitario que tuvo un éxito rotundo. Poco después, Vollard ofreció comprarle toda su producción, pero a un precio muy por debajo del mercado y Nicolas Tarkhoff rehusó, perdiendo así un importante apoyo. Sin embargo, galeristas como Berthe Weill, Eugène Druet o Edouard Devambez le abrieron sus puertas.

En 1909 dejó el piso estudio de la calle Belloni por algo más espacioso y cómodo en Montparnasse. Desde su ventana pintó escenas nocturnas en las que los carruajes cobran vida a la luz de las farolas. Ese mismo año, Marius y Ary Leblond, que eran amigos suyos, le dedicaron varias páginas en el libro “Peintres de races”.

Un año después, la revista rusa Apolo le organizó una gran exposición en solitario en el Séptimo Salón de San Petersburgo. Las obras prestadas por famosos coleccionistas de todo el mundo eran una prueba del enorme éxito internacional que había alcanzado su trabajo.

En 1911 se mudó de París y se instaló en Orsay, un pueblecito a unos treinta kilómetros más al sur, donde compró una casa rodeada de árboles en medio del campo. Al año, nació su hija Hortensia. Pero al alejarse de la capital, empezó poco a poco a perder contacto con los círculos artísticos y tan solo los amigos más íntimos, como Marc Chagall, André Lhote y Maximilien Luce, seguían visitándole. Fue el comienzo de las dificultades económicas.

Llegó la I Guerra Mundial y las ventas cayeron dramáticamente. Tanto él como su esposa apoyaron fervientemente la Revolución bolchevique de 1917, lo que le alejó definitivamente de sus amigos rusos. Su situación financiera se hizo más precaria, como él mismo dijo: “… por culpa de las ideas reaccionarias de la gente, debo luchar día a día para sobrevivir. Cada vez me cuesta más vender mis cuadros”. Empezó a participar menos en los salones, pero por suerte, el pintor André Derain, uno de los primeros fauvistas, siguió comprándole algún que otro cuadro. Los años veinte fueron duros, y su hija Hortensia decidió dejar la familia en 1929, lo que para él fue una auténtica tragedia.

Niño con gato (Dibujo)

Falleció el 30 de junio de 1930 a los 59 años en la pobreza más absoluta. Al año siguiente, el Salón de Otoño organizó una retrospectiva de su obra. Fue el último destello de luz antes de que cayera en el olvido durante más de treinta años. La galerista Madeleine Oury, esposa del pintor Marcel-Lenoir (seudónimo de Jules Oury), compró muchas de las obras de Nicolas Tarkhoff y solo así pudo sobrevivir su viuda.

Un gato y dos niños en la ventana (1907)

Por fin, en los sesenta la obra del pintor fue redescubierta por apasionados coleccionistas. Uno de estos, Oscar Ghez, le dedicó una sección completa del Museo del Petit Palais de Ginebra y en 1981 organizó varias exposiciones en Rusia, Francia, España y Estados Unidos. En 2014, la pequeña ciudad de Orsay le rindió un homenaje.

Dos gatos

En realidad, los cuadros en los que Nicolas Tarkhoff incluyó gatos representan una ínfima parte de su producción, y corresponden a un periodo bastante breve de su vida, quizá el más feliz, empezando poco tiempo después del nacimiento de su primer hijo hasta 1911, cuando se trasladó a Orsay. Algunos cuadros de gatos son de su época en el campo, como el de los dos gatos enfrentados con un árbol entre medias, y sin lugar a dudas, el cuadro titulado “La Sra. Tarkoff, su hija, dos calabazas y dos gatos”, donde se nota un cambio de estilo.

La Sra. Tarkhoff, su hija, dos calabazas y dos gatos

Por estas obras deducimos que la familia tuvo por lo menos dos gatos negros, otro negro con pechera blanca, un rubio con manchas blancas y un blanco. Quizá fuera su mujer, Yvonne Deltreil, la que amaba a los gatos.


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Los gatos surrealistas de Remedios Varo

Visita inesperada

Remedios Varo nació en Anglès, Girona, en 1908, hija de Rodrigo Varo y Zejalvo, de origen

Remedios Varo

andaluz, y de Ignacia Uranga y Begareche, procedente de Euskadi. Su padre era ingeniero hidráulico y siempre la apoyó cuando, desde muy pequeña, demostró su inclinación por el dibujo. La alentó a pensar por sí misma y a leer lo que le apetecía, a pesar de que su madre, una católica devota, se empeñó en que tuviera la educación habitual de una niña de buena familia en un colegio de monjas. Esto último solo sirvió para que Remedios rechazara la religión tradicional y se entregara más a las ideas universalistas de su padre. A los 15 años, en 1924, ingresó en la Real Academia de San Fernando, en Madrid, donde se licenció al cabo de seis años. No tardó en casarse con un compañero de estudios, Gerardo Lizárraga, y ambos se trasladaron a París.

El gato helecho

Energia cósmica

El matrimonio duró poco y se separaron amistosamente al regresar a Barcelona. Parece ser que, unos años después, Remedios descubrió gracias a un noticiario cinematográfico que él estaba en un campo de refugiados republicanos en el sur de Francia y consiguió sacarle poco antes de que los alemanes entraran en el país. En 1935 conoció a los pintores surrealistas Jean Michel, Oscar Domínguez y Esteban Francés, con los que formó un círculo artístico que inventó el famoso juego “Cadavres exquis”. Remedios también se unió al colectivo los Logicofobistas, muy interesados en el surrealismo, y cuyo objetivo era unir el arte con la metafísica. Expuso con ellos en la Galería Catalonia en 1936.

Gato hombre

Gato

Ese mismo año conoció al poeta surrealista francés Benjamin Péret, que había ido a Barcelona como delegado del Partido Obrero Internacional. Se enamoraron locamente, como demuestra toda una serie de cartas y los poemas que le dedicó, y ella le acompañó de regreso a París en 1937, lo que le impidió volver a España porque Péret era trotskista. Entró en relación con el círculo de André Breton, gran amigo de Péret, y se codeó con Dora Maar, Max Ernst, Leonora Carrington y Roberto Matta, entre otros. Para sobrevivir, dibujaba viñetas y copiaba cuadros. Comparada a su posterior época mexicana, pintó pocas obras originales, e incluso mucho después dijo: “Iba a las reuniones, hablaban mucho y aprendí muchas cosas. Participé en dos exposiciones, pero no tenía los años ni la seguridad suficientes para enfrentarme a un Paul Eluard, un Benjamin Péret o un André Breton. Estaba boquiabierta ante estas personas tan aventajadas”.

Locura del gato

Con la invasión alemana, Péret fue encarcelado y Amparo con él por ser su mujer, aunque no estaban casados. Ella no estuvo mucho tiempo presa, y en cuanto Péret salió de la cárcel consiguieron los documentos necesarios para huir a México a través del Comité de Rescate de Emergencia dirigido por el estadounidense Varian Fry. El 20 de noviembre de 1941 embarcaron hacia México.

Mimetismo

Mimetismo (detalle)

Para sobrevivir se dedicó a la pintura comercial durante tres años, y tardó otros nueve en exponer. Conoció a Frida Kahlo y a Diego Rivera, pero sobre todo seguía viendo a expatriados europeos, como la pintora inglesa Leonora Carrington y el piloto y aventurero Jean Nicolle. Al regresar Péret a París en 1947 se trasladó a Venezuela, donde vivió dos años. De vuelta a México conoció a Walter Gruen, un austríaco que creyó profundamente en lo que hacía la pintora y le aportó una estabilidad económica y emocional que le dieron alas. Expuso en solitario por primera vez en 1955 en la Galería Diana de Ciudad de México con un éxito inmediato. Participó en el Salón del Arte de la Mujer en 1958, y su representante Juan Martín abrió una galería en 1960 y una segunda en 1962 donde expuso regularmente sus obras. Hablando de México, dijo: “…no me era posible pintar en medio de tanta ansiedad. En este país encontré la tranquilidad que siempre había buscado”.

Paraíso de los gatos

Murió en los brazos de Walter Gruen de un ataque al corazón el 8 de octubre de 1963, a los 54 años. A partir de ese momento, Gruen se dedicó a recomprar tantos cuadros como pudo de Remedios Varo con la ayuda de su tercera esposa, Ana Alexandra. Consiguió reunir 39 cuadros que prestó y posteriormente donó al Museo de Arte Moderno (MAM) de Ciudad de México. La sobrina de la pintora, Beatriz Varo Jiménez, intentó demostrar que legalmente los cuadros eran suyos, ya que Gruen y Varo jamás se casaron – es más, a su muerte se descubrió que jamás se había divorciado de su primer marido -, pero por suerte Walter y Ana Alexandra pudieron probar que eran suyos a través de los certificados de compra.

Revelación o El relojero

Pituso y un zorro

En 1971, el MAM organizó un retrospectiva visitada por más público que cualquier otra, incluso más que las de Diego Rivera y José Clemente Orozco. En 2000, más de cincuenta cuadros suyos se mostraron en el Museo Nacional de las Mujeres en las Artes en Washington DC.

Es verdad que ocho cuadros y dos bocetos de gatos en toda la obra de la pintora no son muchos, lo reconocemos. Pero sí podemos asegurar que a Remedios le gustaban los gatos y que le gustaron siempre porque las fotografías que hemos podido encontrar son de épocas muy diferentes.

En una la vemos vestida con una blusa blanca presentando a un gato atigrado. Por el peinado y el entorno, la foto debió ser tomada en la década de los 30 y nos atrevemos a pensar que en España. Hay otra posterior donde está sentada ante un cuadro sujetando a un gatito negro.

Luego otras dos, en color, con un gato negro adulto, ¿es el mismo gato que el anterior? Y la última, que debió ser publicada en un periódico, con un gato gris de pelo largo. También sabemos que el gato representado con un zorro se llamaba Pituso.