Gatos y Respeto

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Gatos, por Yo Laur y Alfred Arthur Brunel de Neuville

“Gato tumbado”, Yo Laur

En la segunda mitad del siglo XIX se pusieron de moda  los cuadros de gatos quizá porque ya estaba bien visto tener uno o dos gatos en casa. Además, la pequeña burguesía necesitaba decorar sus paredes y no disponía de fondos para hacerse con cuadros de pintores muy cotizados, por lo que algunos artistas se hicieron famosos dentro del género. La pintora de gatos por excelencia y tal vez la más conocida es Henriette Ronner-Knip, aunque al principio se inclinó por los perros.

Henriette Ronner-Knip

La artista, de origen holandés, vendió su primer cuadro a los 15 años y tuvo una exposición a los 16. Parece ser que no fue hasta 1870, con 49 años cumplidos, cuando empezó a pintar gatos “en parte debido a la falta de gracia del perro belga”. Pobre perro belga. Suponemos que se refería al pastor malinois.

Henriette Ronner-Knip

Cornelis Raaphorst fue otro artista holandés que se dedicó en cuerpo y alma a los gatos. Nació en 1875 y siempre pintó gatos, pero nunca alcanzó la fama de su compatriota. Hoy en día tampoco puede competir con ella en cuanto a precios. Los cuadros de Henriette Ronner-Knip cuestan entre 15.000 y 60.000 €, mientras que un Raaphorst no llega a 8.000 €.

Cornelis Raaphorst

En Estados Unidos estaba John Henry Dolph, nacido en 1836 en el estado de Nueva York. Empezó trabajando como aprendiz de pintor de carruajes a los 14 años. En 1850 ya pintaba retratos y en 1864 se dio a conocer por sus escenas de granja. Hasta 1891, a su regreso de Europa, no pintó su primer gato.

John Henry Dolph

“El estudioso”, John Henry Dolph

Julius Adam fue otro conocido pintor de gatos. Nació en 1852 en el seno de una familia de artistas y empezó retocando fotografías en el estudio fotográfico de su padre. No se dedicó a la pintura felina hasta 1903, pero no tardó en hacerse famoso.

“Sinfonía gatuna”, Julius Adams

Louis Eugène Lambert, nacido en París en 1825, fue un famosísimo pintor animalista alumno de Eugène Delacroix (que también pintó algún gato que otro https://gatosyrespeto.org/2019/07/18/gatos-romanticismo-y-eugene-delacroix/). Podemos ver perros en sus obras, pero era conocido como “Lambert de los gatos” y logró un gran éxito comercial.

Eugène Lambert

Hablemos ahora de Alfred Arthur Brunel de Neuville, nacido en París en 1852. Después de recibir una formación muy básica por parte de su padre y de estudiar con Léon Brunel, alcanzó la celebridad entre los 20 y 30 años como artista animalista dedicado casi exclusivamente a los gatos. Mucho más tarde pintó naturalezas muertas.

“El caracol”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Expuso regularmente a partir de 1879 en la Sociedad de Artistas Franceses, de la que fue nombrado miembro en 1907. Siempre se esforzó en mejorar un estilo que tiende al realismo, por más que en algunos cuadros deje entrever cierta influencia impresionista.

“Gatitos y pintura”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Fue muy popular durante su vida y nunca tuvo problemas para vender sus cuadros. Actualmente está mucho más cotizado entre los coleccionistas de América del Norte y del Sur que en Europa. Por ejemplo, sus obras no suelen valer más de 5.000 € en Europa, mientras que cuestan el doble en Estados Unidos, y uno de sus lienzos de mayor tamaño se vendió por 20.000 € en Buenos Aires.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Murió en París en 1941 y está enterrado en el cementerio de Montmartre. A pesar de sus esfuerzos para que las escenas felinas parecieran realistas, creemos que no convivió con gatos. Les falta naturalidad. Pero puede ser porque se doblegaba a los gustos de su clientela. Expuso en vida en numerosas ocasiones y sus obras pueden verse actualmente en los museos de Béziers, Brest, Château-Thierry y Louviers.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville tuvo una hija de su primer matrimonio con Valentine Demongin, llamada Yvonne Laure Alice, nacida el 22 de julio de 1879, cuando él tenía 27 años, que siguió los pasos de su padre y se convirtió en una hábil pintora del género animalista, especializándose en delicadas pinturas de gatos.

“El reflejo”, Yo Laur

“Familia”, Yo Laur

No tardó en firmar sus cuadros con un seudónimo, quizá para subrayar su independencia y dejar de ser la hija de un pintor conocido, convirtiéndose en Yo Laur. En 1912 conoció a André Bellot, aviador y periodista. Después de casarse un año después, se trasladaron a Argelia, donde Yo Laur abandonó los gatos por los paisajes y los retratos de mujeres.

“Mujer argelina”, Yo Laur

Regresaron a París después de la I Guerra Mundial y se instalaron en el bulevar Clichy. André trabajaba en el diario Le Matin y Yo seguía pintando. Expuso en varios Salones y ganó la Medalla de Oro del Salón de Bruselas.

“En la cocina”, Yo Laur

En 1934 fue aceptada como miembro de una logia masónica de Derecho Humano, una “obediencia” mixta e internacional en el paisaje masón de la época. Permaneció en la logia hasta la prohibición de la masonería por parte del régimen de Vichy en agosto de 1940.

“Familia de gatos”, Yo Laur

La invasión de París por los alemanes la sorprendió en la capital mientras su marido estaba en Casablanca realizando labores de contraespionaje. No volvió a Francia y murió en 1945 sin haber vuelto a ver a Yo Laur. El 24 de junio de 1944, la Gestapo la detuvo por ser parte de la Resistencia. Durante el registro, descubrieron dos antiguas carabinas, un regalo del famoso aviador Charles Nungesser, lo que agravó su caso.

“Gatitos”, Yo Laur

Después de pasar por la prisión de Fresnes y el campo de Romainville, fue deportada al campo de Ravensbrück, reservado a mujeres, el 15 de agosto de 1944. Llevaba el triángulo rojo de las presas políticas con el número 57772. Ya tenía 65 años y graves problemas pulmonares. Desde el momento de su detención hasta su muerte el 11 de noviembre de 1944 en el “Revier”, el supuesto hospital del campo, no dejó de dibujar.

“Gatos y muñeca”, Yo Laur

Otras presas escondieron y enterraron los dibujos, que Béatrix de Toulouse-Lautrec, compañera y amiga de Yo Laur, llevó a Francia. Son el testimonio de lo que soportaron las mujeres encerradas en Ravensbrück.

“Ravensbruck – La enfermería”, Yo Laur

“Ravensbruck – Una noche entera de pie”, Yo Laur

Un seguidor de nuestra página, Zyx, nos pidió una entrada sobre Alfred Arthur Brunel de Neuville, lo que nos permitió descubrir que Yo Laur era su hija y saber un poco más de ambos.

“Bebiendo leche”, Yo Laur


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Gatos y Beryl Cook

La artista Beryl Cook alcanzó una enorme popularidad en el Reino Unido, pero nunca fue muy aceptada en la comunidad artística. Era una persona bastante reservada que no llevaba muy bien el reconocimiento y tenía poco que ver con los extravagantes y extrovertidos personajes que pueblan sus obras.

“Alimentando tortugas con gato siamés”

Tenemos la impresión de que algunos de los cuadros reproducidos aquí son retratos de su marido e incluso de ella misma en casa, en el jardín, y de los gatos con los que convivieron. Si comparamos a la mujer de “Alimentando tortugas con gato siamés” con la foto de Beryl Cook, el parecido salta a la vista, aunque el gato no sea igual.

Beryl Cook con gato

“Autorretrato”

Lo mismo pasa con “Amantes del sofá”. Volvemos a ver al gato siamés y a otro pelirrojo que aparece tumbado debajo de un arbusto en otro cuadro titulado “Cedric, 1978”. También realizó una pequeña placa con su imagen. Está claro que Cedric era uno de los gatos de la familia.

“Amantes del sofá”

“Cedric, 1978”

Otro gato de la familia debió ser Félix, que se aleja andando con el rabo muy tieso, y en otro cuadro ataca a la pobre Lottie, mordiéndole la oreja.

Realizó un retrato del personaje Rab C Nesbitt, de la serie cómica del mismo nombre, entrando en el 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico. El cuadro se vendió por 8.000 libras en 2013. Lo mencionamos aquí porque existen dos fotos del cuadro delante de una puerta casi idéntica a la famosa casa con un gato haciéndose las uñas en el felpudo.

Dicho gato tiene un fuerte parecido al también famosísimo Larry, gato que vive en la famosa residencia oficial, pero no es más que eso, un parecido. Por cierto, acabamos de enterarnos de que Larry ya dispone de una gatera que le permite entrar y salir cuando le apetece, sin esperar a que el policía de guardia le abra la puerta. Progresamos.

Larry

Beryl Cook nació en el condado de Surrey el 10 septiembre de 1926 en una familia de cuatro hermanas. Sus padres se divorciaron y las niñas vivieron con la madre. Abandonó los estudios a los catorce años y trabajó en sectores muy diversos, pero ninguno relacionado con la pintura. Participó en una gira de la opereta “La princesa gitana” y fue modelo. En 1946 se casó con John Cook, un amigo de la infancia y marino mercante. Su hijo John nació en 1950, y al año siguiente la familia se trasladó a la entonces llamada Rodesia del Sur, actual Zimbabue, país en el que residieron hasta 1963.

“Dando de comer a los gatos”

“Gatos motorizados”

En esa época empezó realmente a dedicarse a la pintura. Al instalarse en Plymouth un par de años después, regentaron una pensión para artistas. Estaba muy ocupada durante los meses de verano, pero en invierno tenía tiempo de sobra para pintar. Beryl Cook colgó sus cuadros en las paredes de la pensión y así fue como la “descubrieron”. Un anticuario amigo de la familia la convenció para que le dejara llevar unos cuantos a su tienda y la pintora quedó muy sorprendida cuando se vendieron casi inmediatamente.

“Dos gatos persas”

“Gato y jardinero”

Cuando Beryl estaba a punto de cumplir cincuenta años, en 1975, Bernard Samuels, del Centro de Arte de Plymouth, la convenció para organizarle una exposición, que tuvo un tremendo éxito. Apareció en la portada del Sunday Times Magazine (el suplemento semanal del periódico), a lo que siguió una llamada de la Galería Portal de Londres, donde expuso los siguientes treinta y dos años.

“En el veterinario”

Desde el primer momento, sus obras fueron acogidas con entusiasmo por los británicos y no tardó en hacerse famosa. Sus cuadros fueron reproducidos en calendarios, tarjetas de felicitaciones de todo tipo e incluso objetos. Son obras luminosas, con un gran sentido del humor, sin pretensiones, que plasman momentos de la vida diaria. Hombres y mujeres pasándolo bien en un pub, chicas de compras, una familia en una comida campestre…

“Entrega matutina”

“Gato feliz”

Pero Beryl Cook no solo retrató a sus compatriotas. Le gustaba viajar y aprovechó sus visitas a Nueva York, Buenos Aires, Cuba, París o Barcelona para tomar discretos apuntes para posteriores trabajos. Puede tachársela de “observadora social”, y su memoria fotográfica siempre la ayudó a reproducir lo que captaban sus ojos. A pesar de empezar a pintar tarde, realizó más de 500 cuadros.

“Percy ante la nevera”

Detalle

En una entrevista para un documental rodado en 1979 dijo admirar las obras de dos artistas británicos, Stanley Spencer y Edward Burra. Sin embargo, pensamos que no le influyeron demasiado. El estilo de ambos no se corresponde con el luminoso humor de Beryl Cook. Basta con ver a las dos amigas de “En el pub”. Una se pinta los labios mientras la otra bebe un trago de cerveza frente a un plato de “fish and chips” y las dos llevan unos maravillosos sombreros. Sus cuadros hacen sonreír.

“En el pub”

No pintó muchos gatos, se dedicó sobre todo a los seres humanos, quizá porque no es tan fácil reírse de los animales como de nosotros mismos. Uno de nuestros favoritos es “Cuatro gatos hambrientos”. La mirada de los gatos está fija en la langosta que dos humanos (solo vemos sus manos y antebrazos) están a punto de repartirse. Esperemos que los cuatro felinos también pudieran participar en el festín.

“Cuatro gatos hambrientos”, 1977

En 1995 fue nombrada miembro de la Orden del Imperio Británico; en 2005, Channel 4 presentó un cortometraje en torno a sus obras y en 2006 se habló de ella en “Art School” así como en “The Culture Show”, dos programas producidos por la BBC. Se publicaron numerosos libros de sus obras y fue galardonada en muchas ocasiones. Falleció el 28 de mayo de 2008 en su casa de Plymouth.

“Por la mañana”


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Los gatos de la sorprendente pintora Dahlov Ipcar

Hace algún tiempo encontramos una noticia del 21 de diciembre de 2014 de la ARLGP (Liga del Refugio Animal de Portland, Maine, Estados Unidos) en la que se decía que la gata Chelsea Girl había sido adoptada por la famosa artista Dahlov Ipcar. El artículo iba acompañado de la foto de una mujer mayor desayunando bajo la atenta mirada de una preciosa tricolor.

Dahlov Ipcar con Chelsea Girl

Inmediatamente nos enteramos de que no había pintado numerosos gatos, pero había escrito e ilustrado una treintena de libros infantiles, de los que dos estaban protagonizados por gatos, “El gato regresó” (The Cat Came Back) y “El gato de noche” (The Cat at Night).

El gato regresó

El gato de noche

Cuál no fue nuestra sorpresa cuando al leer más acerca de Dahlov Ipcar, descubrimos que ya la habíamos mencionado hacía cuatro años, el 17 de marzo de 2016, en una entrada de este blog sobre su padre, el famoso escultor William Zorach, y su maravillosa madre, Marguerite Zorach (https://gatosyrespeto.org/2016/03/17/el-gato-tookey-william-y-marguerite-zorach/).

Con su hermano Tessim y su padre William Zorach

Guardianes del jardín

Dahlov Ipcar nació en Windsor, Vermont, el 12 de noviembre de 1917, y creció en un piso en Nueva York, concretamente en Greenwich Village, enfrente de la vieja cárcel Jefferson Market. La curiosa arquitectura de ladrillos rojos del edificio nunca le molestó, al contrario, era una ayuda para dejar volar la imaginación y soñar.

Siempre hubo animales en casa de los Zorach, gatos, perros, conejos, cobayas… Dahlov y su hermano Tessim, tres años mayor que ella, estudiaron en una de las primeras escuelas experimentales, la City and Country School, donde se enseñaba historia y arte de antiguas civilizaciones. Su padre les llevaba regularmente, incluso siendo muy pequeños, a museos y galerías de arte.

Perro a cuadros y gata calicó

Recuerda que su hermano hacía dibujos maravillosos, pero que no quiso seguir pintando porque “la vida de un artista es demasiado dura”. Aunque sus padres nunca tuvieron mucho dinero, un buen día tuvieron la ocasión de comprar una granja a un precio asequible en el estado de Maine y la familia acabó viviendo en ella parte del año. Marguerite, su madre, se empeñó en tener una vaca para la leche, y luego dos. Un caballo, y luego otro… Gallinas, un huerto…

Allí, Dahlov conoció a Adolph Ipcar, once años mayor que ella, que acabaría siendo su marido. Se casaron cuando ella tenía dieciocho años y vivieron en Nueva York durante un par de años, cuando el país aún no se había recuperado de la Gran Depresión. Los dos daban clases para sobrevivir y Dahlov no dejó de pintar, pero decidieron mudarse a la granja contigua a la de sus padres.

Con su marido Adolph (1950)

En palabras de Dahlov, fue como regresar al siglo XIX. No había luz eléctrica, el retrete estaba fuera de la casa, había que cortar leña… Pero a pesar de todos estos inconvenientes, los Ipcar sabían que pasase lo que pasase, tenían una casa, un huerto, gallinas, vacas, sin olvidar la pesca y la caza. El trabajo no abundaba en aquella época y la granja ofrecía cierta seguridad.

Gato y florero

Dahlov se levantaba a las cinco de la mañana para pintar. Nacieron sus dos hijos en 1939 y 1942, y seguía pintando. La luz eléctrica no llegó a la granja hasta 1948. A pesar de vivir alejada de Nueva York, nunca perdió el contacto con el movimiento artístico de la ciudad, quizá porque sus padres regresaban después del verano.

En 1939, el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una exposición titulada “Creative Growth” (Desarrollo creativo) con la intención de probar el desarrollo de un niño con el estímulo apropiado por parte de sus padres y profesores. No pudo ir porque acababa de dar a luz, pero esta primera exposición le abrió las puertas de varias galerías en los años cuarenta. No había galerías de arte en Maine en esa época y la pintora mandaba sus cuadros a Nueva York, además de participar en muchos concursos en otros estados.

Grendel

Así fue como la Sección de Bellas Artes del Departamento de Tesorería le encargó en 1939 un mural para la Oficina de Correos de LaFollette, Tennessee, y otro en 1941 para la Oficina de Yukon,  Oklahoma. Los realizó en su estudio de Maine y cobró unos 600 dólares por cada uno, que ayudaron a complementar los ingresos obtenidos de las vacas lecheras. Pero la primera y verdadera seguridad económica llegó a través de las ilustraciones de cuentos infantiles.

Dahlov Ipcar con un gato

Recién casada, y viviendo en Nueva York, había llamado a la puerta de varias editoriales sin resultado. Pero en 1944, el editor William R. Scott se puso en contacto con Dahlov para que ilustrara un cuento de Margaret Wise Brown, “The Little Fisherman” (El pequeño pescador). Fue un éxito, ilustró otros libros y escribió un cuento en 1947, “Animal Hide and Seek” (Escondite de animales), y otro en 1950, “One Horse Farm” (Granja de un caballo), con el que ganó la inesperada suma de 2.000 dólares.

En 1969 publicó “El gato de noche”, dedicado a “Goliath, gato extraordinario”, un blanco y negro que vive en una granja y duerme de día delante de la estufa. De noche, cuando el granjero le saca fuera de la casa, Goliath ve lo que no vemos porque los gatos ven de noche. “El cielo está oscuro y lleno de estrellas, pero para él es como si fuera de día. Ve al perro dormir en su caseta y a las palomas en el palomar. El gato no tiene sueño. La noche es el mejor momento para hacer lo que más le gusta, explorar”.

Avanza suavemente en la oscuridad, sin que veamos nada. Pero el gato lo ve todo muy claro. ¿Qué ve el gato?

Ve las flores y las mariposas nocturnas…

Sigue describiendo el recorrido de Goliath, gato extraordinario, hasta que se reúne con sus amigos en el pueblo vecino. Regresa al día siguiente justo después de que el granjero haya ordeñado las vacas. La granjera le saluda y le ofrece un cuenco de leche. Luego entra en casa, se acurruca en el sillón delante de la estufa y se queda dormido, mientras el granjero dice: “Qué gato tan perezoso, se pasa la noche durmiendo, y también el día”. Pero el gato no le escucha, ya duerme y sueña con todas las aventuras de la noche pasada.

¿Por dónde va el gato ahora?

Está debajo del gran caballo blanco, que duerme de pie. Porque así es como suelen dormir los caballos.

Dahlov Ipcar falleció el 10 de febrero de 2017, a los 99 años. Siguió trabajando casi hasta el último momento de su vida.

Y cuando llega al pueblo, ¿qué se encuentra?

Encuentra a sus amigos los gatos.


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Los gatos de McSorley y el pintor John French Sloan

Los gatos de McSorley (John Sloan, 1928-29)

“Los gatos de McSorley” es el título de un cuadro pintado por John French Sloan en 1928 o 1929. La obra muestra la sala de un bar con clientes apoyados en la barra, otros sentados en mesas y, a la derecha, McSorley, el dueño, rodeado por cuatro gatos a los que mira mientras abre una heladera. Hay un quinto gato con el rabo muy tieso en la parte superior del mueble.

El bar de McSorley, por el viñetista Don Freeman (durante la Prohibición)

En 1919, Bill McSorley le dijo a un reportero del New York Evening Telegram que desde 1854, cuando su padre abrió McSorley’s Old Ale House (La vieja cervecería de McSorley) en el East Village de Nueva York, siempre habían vivido gatos en el bar. “Mi padre quería que hubiera gatos; siempre decía que ‘cuesta menos alimentar a gatos que llamar a un fontanero’. Los gatos ahuyentan a las ratas que roen las cañerías”.

El restaurane chino (John Sloan, 1909)

Bill McSorley no era un hombre amable con los clientes, pero se portaba de maravilla con sus gatos. Llegó a tener dieciocho paseándose por el bar, aunque preferían dormir en el salón trasero. En 1940, Joseph Mitchell escribió en The New Yorker: “Cuando llegaba la hora de darles de comer, por muy lleno que estuviera el bar, abandonaba la barra y golpeaba una cacerola vacía. Los gatos acudían de todos los rincones del bar, moviéndose como leopardos”. McSorley los alimentaba con hígado de buey crudo picado.

El bar de McSorley (John Sloan, 1912)

McSorley’s cambió de manos, pero la tradición se mantuvo y siempre hubo un gato en el bar hasta bien entrado el año 2011 cuando un inspector del Departamento de Salud de Nueva York prohibió la entrada a Minnie durante el horario de apertura. A partir de ese momento, Minnie fue relegada a la parte trasera siempre que había clientes.

Minnie en McSorley

Asimismo, obligaron a Matty Maher, el dueño, a limpiar las fúrculas de pollo colgadas encima de la barra por los soldados que zarpaban el día siguiente hacia Europa para luchar en la II Guerra Mundial. Otro sacrilegio, ya que los huesos representaban a los chicos que nunca habían vuelto.

Woody Guthrie en McSorley’s (1943)

Hasta el año 1970, el lema del bar había sido: “Buena cerveza, cebolla cruda y nada de mujeres”. A partir de ese año, el último McSorley tuvo que rendirse y permitir la entrada a las mujeres. Matty Maher falleció en enero de 2020. Ignoramos si McFarley’s sigue abierto. Por cierto, solo se servía “ale”, una cerveza de fermentación alta.

El bar de McSorley (1970)

Otro conocido lugar con gato era Sammy’s Follies, en el Bowery neoyorquino. Más que un bar era un cabaret, con actuaciones y pista de baile, tanto para ricos como para pobres. Durante un tiempo hubo un gato, como demuestran estas tres fotos tomadas en los años cuarenta.

El gato de Sammy’s Follies

El gato de Sammy no le hacía ascos a la espuma de la cerveza. En otra foto le vemos en brazos de una mujer en actitud protectora. Finalmente está comiendo en la barra debajo de un cartel que reza: “Si los hombres y las mujeres que luchan por nosotros no pueden beber después de medianoche, cerramos a medianoche. Por favor, cooperen”.

Pero volvamos al pintor John Sloan, a quien le debían gustar los gatos. En uno de sus primeros cuadros, “El gato de Green”, de 1900, vemos a dos gatos, uno blanco y otro negro. No sabemos cuál de los dos era el gato de Green.

El gato de Green (John Sloan, 1900)

Nació en Lock Haven, Pensilvania, el 2 de agosto de 1871, pero creció en Filadelfia. Vivió en esta ciudad hasta que se trasladó a Nueva York en 1904. Su padre sufrió una depresión nerviosa en 1888 que le impidió seguir trabajando, y el joven de 17 años tuvo que dejar los estudios para mantener a la familia.

Patio trasero de Greenwich Village (John Sloan, 1914)

Encontró un trabajo como cajero en una librería que le dejaba mucho tiempo para leer y estudiar los libros de arte. Dos años después fue contratado en una papelería y empezó a diseñar felicitaciones mientras seguía dibujando, pintando, haciendo grabados y estudiando arte en clases nocturnas.

(Detalle)

En 1892 empezó a trabajar como ilustrador para el periódico Philadephia Enquirer y conoció a Robert Henri, un talentoso pintor y defensor de la independencia artística que se convirtió en su amigo de por vida. En 1893, ambos fundaron el Charcoal Club, del que fueron miembros George Luks y Everett Shinn.

Everett Shinn, Robert Henri y John Sloan

En 1898, a los 27 años, conoció a Anna Maria Wall, a la que todos llamaban Dolly, nacida el 28 de julio de 1876, y los dos se enamoraron perdidamente. Sloan aceptó las dificultades que implicaba la relación. Dolly era alcohólica, trabajaba en unos grandes almacenes, pero redondeaba sus ingresos en un burdel, lugar donde se vieron por primera vez.

Dolly con un gato (John Sloan)

La pareja se mudó a Nueva York en 1904 y se instalaron en un piso en el Greenwich Village. John Sloan trabajaba para el Philadelphia Press como ilustrador independiente y vendía dibujos de forma regular a editoriales y otras publicaciones neoyorquinas. El estado mental de Dolly empeoraba, obsesionada con la idea de que su marido iba a dejarla. Un médico le aconsejó que escribiera en un diario lo mucho que la amaba y que lo dejara donde ella pudiera encontrarlo.

Gato callejero (Everett Shinn, 1938)

Durante siete años, hasta 1913, el pintor declaró su amor a su mujer por escrito para tranquilizarla. Seguía pintando cuadros al óleo, pero vendía muy poco. Ese mismo año fue miembro del comité organizador del legendario Armory Show, donde expuso cinco grabados y dos cuadros. Uno de ellos era “El bar de McSorley”, pero no se vendió. Es más, el cuadro no fue adquirido hasta 1932 por el museo Detroit Institute of Arts.

Cori y el gatito (Robert Henri)

El primer cuadro del bar de McSorley fue pintado en 1912. Pasarían 16 años hasta que John Sloan volviera pintar cinco escenas dentro del bar, una de las cuales es el cuadro con el que empezamos esta entrada, “Los gatos de McSorley”.

Dibujo de John Sloan, 1915

Al año siguiente empezó a impartir clases en la Art Sudents League (Liga de Alumnos de Arte). Permaneció dieciocho años en esta escuela y acabó siendo su director. Pertenecía al Partido Socialista y, como pacifista, se opuso a la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial.

El gato negro (Everett Shinn)

A partir de 1918, Dolly y él pasaban cuatro meses al año en Santa Fe, Nuevo México, y se interesaron por el arte y las ceremonias de los nativos americanos. En 1922, John organizó una exposición en la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York – que había cofundado en 1916 – de obras realizadas por pintores indios. También fue un acérrimo defensor del trabajo de Diego Rivera, a quien describía como “el único artista de este continente que está a la altura de los viejos maestros”.

Gato en callejón (John Sloan, 1907)

A pesar de ser admirado y muy reconocido, nunca vendió muchas obras en vida. Es uno de los artistas que más se identifica con la famosa escuela realista Ashcan, además de Robert Henri. Al contrario de este último, no era un pintor rápido y tardaba mucho en acabar un cuadro, lo que llevó a Henri a decir que era “el participio pasado de lento”.

Gatos callejeros (Everett Shinn)

Dolly falleció de una enfermedad coronaria en 1943. El pintor se casó al año siguiente con Helen Farr, una antigua alumna suya cuarenta años más joven que él con la que había tenido una aventura en los años treinta. John Sloan murió el 7 de septiembre de 1951. A partir de ese momento, Helen se encargó de distribuir la mayoría de las obras que no se habían vendido a los principales museos del mundo. También recopiló y publicó los mensajes de amor que el artista dejaba por la casa para que Dolly los encontrara.

Tomando el sol (John Sloan, 1941)


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Gatos blancos, gatos negros y Maud Lewis

Maud Lewis nació el 7 de marzo de 1903 en South Ohio, provincia de Nueva Escocia, Canadá, hija de John y Agnes Dowley. Muy pronto se le declaró una artritis reumatoide que reducía mucho su movilidad, especialmente el uso de las manos, pero que no le impidió pintar desde muy joven, cuando su madre le enseñó a hacer felicitaciones de Navidad con acuarelas para venderlas.

Se enamoró de Emery Allen, un vecino de Digby, una pequeña ciudad más al norte, y en 1928 dio a luz a su hija Catherine Dowley sin estar casada. El padre las abandonó, y Maud siguió viviendo en la casa familiar. Al no disponer de medios suficientes para cuidar de Catherine, la niña fue dada en adopción. Años después, ya casada, Catherine intentó localizar a su madre sin éxito.

Maud de niña

Maud perdió a su padre en 1935 y a su madre en 1937. Se trasladó a casa de su hermano durante un tiempo, pero acabó viviendo con su tía en Digby. A los 34 años, el 16 de enero de 1938, se casó con Everett Lewis, que entonces trabajaba de guarda nocturno del asilo local. Según contó Everett posteriormente, Maud contestó al anuncio que él había dejado en varias tiendas buscando “a una mujer dispuesta a cuidar de un soltero de 45 años”.

Everett, además de trabajar de noche en el asilo, también era vendedor ambulante de pescado. Vivían en una casa diminuta con un dormitorio en el desván en el pueblo de Marshalltown, a unos kilómetros de Digby. Tenían poquísimo dinero y Everett se ocupaba de las tareas domésticas mientras Maud pintaba.

Maud y su marido Everett

Maud acompañaba a su marido a vender pescado y aprovechaba para ofrecer sus felicitaciones de Navidad, que no tardaron en tener éxito entre las clientas de Everett. Las vendía por muy poco dinero, pero era una ayuda para la economía familiar. Everett animó a su mujer a pintar y le compró sus primeros óleos.

Usaba cualquier base a su alcance para pintar, aunque la gran mayoría de los cuadros son de pequeño tamaño, de no más de 20 por 25 centímetros, ya que la artritis le impedía mover el brazo a más distancia. Su técnica era muy sencilla: extendía una capa uniforme de color en la base, fuese cual fuese, y una vez seca aplicaba los colores directamente con los tubos de pintura. Nunca mezclaba colores.

Sus temas favoritos eran flores y animales, gatos, algún perro que otro, ciervos, pájaros, caballos y yuntas de bueyes. También hay paisajes y muchas escenas en la nieve. En un documental del año 1965 dice que pinta sobre todo de memoria cosas que vio en su juventud y que copia muy poco.

Por una foto de 1908 (fecha aproximada) se sabe que Maud vivió con un gato llamado Fluffy cuando era niña. Quizá los gatos blancos que pintaba correspondían al recuerdo que tenía de Fluffy.

Maud y el gato Fluffy (1908)

A primera vista, muchos de sus cuadros parecen idénticos, pero basta con fijarse un poco para ver que cada uno tiene algo diferente. La expresión de los gatos nunca es la misma, están debajo de árboles diferentes, las mariposas no son iguales… Siempre hay un pequeño cambio. Las variaciones sobre gatos son muy numerosas.

Como puede verse en esta foto, Maud también pintó el interior de su casa, decorándola sobre todo con flores. No se limitó solo a las paredes, también pintó las escaleras que llevaban al diminuto cuarto del desván y la puerta de entrada.

Interior de la casa de Maud y Everet

A principios de los años cuarenta decoró veintidós contraventanas exteriores de gran tamaño en una casa del sur de la península de Nueva Escocia perteneciente a una familia estadounidense. Le pagaron setenta centavos por cada una.

Entre los años 1945 y 1950, los turistas empezaron a pararse delante de la casa de Maud y Everett, situada cerca de la nacional 1, la carretera principal de Nueva Escocia occidental. Le compraban cuadros por dos o tres dólares, y tan solo en los últimos cuatro años de su vida los vendía entre siete y diez dólares.

Se dio a conocer nacionalmente gracias a un artículo en el periódico Star Weekly de Toronto publicado en 1964. Un año después, la cadena CBC rodó un pequeño documental acerca de la artista para el programa “Telescope”. Y en los años setenta, durante la presidencia de Richard Nixon, la Casa Blanca le encargó dos pequeños cuadros.

La artritis empeoró mucho hacia el final de su vida y le impidió completar los crecientes encargos que le llegaban. Durante un año apenas se movió de un rincón, excepto cuando debía ir al hospital de Digby. Falleció el 30 de julio de 1970 de una neumonía. Su marido Everett siguió viviendo en la pequeña casa hasta que le mató un ladrón en 1979.

Maud Lewis vivió treinta y dos años con Everett. La vida de ambos no fue fácil, pero ella nunca perdió la sonrisa. En 1976, la directora Diane Beaudry rodó un cortometraje documental de diez minutos de duración titulado “Maud Lewis: A World Without Shadows” (Maud Lewis: Un mundo sin sombras). En el mundo de Maud hubo sombras, no cabe duda, pero sus cuadros son luminosos, y están llenos de vida y alegría. Creemos que reflejan cómo era ella a pesar de todas las dificultades a las que debió enfrentarse.

Maud en la puerta de su casa

Hoy, Maud Lewis no solo es famosa en Canadá. Sus cuadros alcanzan sumas que le habrían parecido exorbitantes. En 2009, alguien pagó 22.200 dólares en una subasta en Toronto por “A Family Outing” (Excursión familiar), y en 2016, una pintura suya descubierta en un mercadillo fue vendida por 45.000 dólares en una subasta on-line.

La provincia de Nueva Escocia compró la casita de Maud y de Everett en 1984 y la trasladó a la Art Gallery of Nova Scotia (Galería de Arte de Nueva Escocia), en Halifax, donde fue restaurada y forma parte de la exposición permanente dedicada a la pintora.

La casa de Maud


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Gatos y brujas, de Paul-Elie Ranson

La cabellera dorada

El grupo de los nabis se formó en 1888 cuando Paul Gauguin conoció a Paul Sérusier, que entonces solo contaba con 18 años, y le habló del simbolismo. Sérusier, entusiasmado, comunicó la buena nueva a sus compañeros de la Academia Julian, entre los que estaban Edouard Vuillard, René Piot, Ker-Xavier Roussel, Maurice Denis, Pierre Bonnard, Félix Vallotton y Paul-Elie Ranson. La nueva teoría les motivó a todos para fundar una sociedad secreta a la que llamaron nabis, por la palabra hebrea “nabiim”, cuyo significado es “profetas”.

Retrato del pintor, de Paul Sérusier (1890)

Varios de estos artistas, Vuillard, Denis, Vallotton y sobre todo Pierre Bonnard (https://gatosyrespeto.org/2015/06/27/gatos-al-oleo-de-pierre-bonnard/), a quien dedicaremos una nueva entrada que incluirá más cuadros suyos, pintaron gatos. Pero hemos escogido a Paul-Elie Ranson porque algunos de sus cuadros son realmente curiosos.

La lectora

Los nabis se interesaron por el simbolismo, el misticismo, el esoterismo y el arte japonés. Rechazaban el materialismo de la nueva era industrial y admiraban a escritores como Baudelaire, Mallarmé y Edgar Allan Poe. Estaban totalmente en contra de la corriente naturalista liderada por los pintores Courbet y Manet, o el novelista Emile Zola. Además, Paul Ranson estudió teosofía, religiones orientales y ocultismo.

Brujas cerca del fuego

Paul-Elie Ranson nació en Limoges el 29 de marzo de 1861, hijo de Louis Casimir Ranson, alcalde de la ciudad y diputado republicano radical. Su madre murió al darle a luz. Su abuelo materno le inició en el dibujo y se matriculó en la Escuela de Bellas Artes Aplicadas de Limoges en 1877. Se casó con su prima hermana, France Rousseau, en 1884. Dos años después, ya en París, empezó a estudiar en la Academia Julian, donde conoció a los otros fundadores del movimiento nabi.

Dos mujeres

El grupo se reunía en un café llamado “L’Os à Moëlle” (El hueso de tuétano), situado en el pasaje Brady, en el barrio de Montparnasse, pero no tardaron en alquilar el piso de arriba de la casa familiar de los Ranson, en el nº 25 del Bulevar de Montparnasse. El lugar fue rebautizado “Le Temple” (El templo) y la Sra. Ranson “La luz del Templo”. Aquí la vemos, pintada por Maurice Denis, ejerciendo de anfitriona, con un gato frotándose contra su vestido, prueba inequívoca de que los Ranson tenían un gato.

Retrato del pintor, de Georges Lacombe (1904-05)

En El Templo también se exhibía el cuadro original que Paul Sérusier había pintado siguiendo los consejos de Gauguin, al que llamaban “El talismán”, y el retrato de Paul Ranson vestido con una túnica, sujetando un báculo con la mano izquierda y leyendo un texto. Es decir, con todos los simbolismos nabis.

Eva

Cada miembro de los nabis tenía un estilo muy personal, a pesar de ser un grupo, pero puede que el más particular fuera el de Paul Ranson. Varios críticos describen su estilo  como simbolismo decorativo muy cercano al Art Nouveau, aunque él se sentía todavía más alejado de la sociedad moderna que sus compañeros y se refugiaba en el mundo de los cuentos y leyendas, hadas y brujas. Pintó sobre todo a la mujer. Mujeres etéreas en entornos naturales mágicos, en palacios orientales, mujeres sensuales intimistas y brujas con gatos, sapos y otros símbolos.

La lectora tendida

El cuadro “La bruja y el gato negro” representa a una anciana con nariz ganchuda, apoyada en una mesa con los ojos cerrados. Parece dormitar. En primer término se ve a un gato negro con la pata izquierda levantada, y a la derecha se asoma un personaje inquietante. ¿El diablo? Forma parte de una serie desarrollada entre 1891 y 1898.

Bruja y gato negro

Hay otros cinco cuadros con brujas. En dos de ellos se ve a la bruja en su círculo protector. Es posible que para el pintor, las brujas asociadas a los gatos negros representaran el contacto con el más allá, el puente entre un mundo realista, concreto, materialista y otro espiritual, con muchas más posibilidades y al que aspiraba.

Bruja en círculo

Pero el gato no solo acompaña a las brujas en sus cuadros. “El despertar” es una escena doméstica, íntima, en la que una mujer se despierta y a los pies de la cama hay una gata y un gatito, ambos blancos. La pared del cabecero está decorada con un cuadro japonés. Sus compañeros nabis le llamaban “le plus japonard que japonard”.

El despertar

Como dijimos antes, los nabis eran grandes admiradores del arte japonés, especialmente Pierre Bonnard, cuyo mote era “Japonard” (“Japonardo”) porque rimaba con su apellido. Pero parece ser que Paul Ranson era aún más “japonard” que Bonnard.

Bruja y gatos

Los nabis tenían mucho sentido del humor. Paul Ranson era un apasionado de las marionetas y escribió una obra llamada “L’Abbé Prout, guignol pour les vieux enfants” (El abad Prout, guignol para niños viejos). Maurice Denis y Georges Lacombe se encargaron de crear los muñecos. La obra es una sátira irreverente de costumbres sexuales licenciosas. Está compuesta por siete sainetes sin solución de continuidad, con el Abad Prout (Abad Pedo) como personaje principal, donde se burla abiertamente de la burguesía, la aristocracia, el ejército y el clero de la época.

Bruja en círculo

Paul Ranson no se limitó a la pintura, también le atrajeron las artes decorativas; diseñó tapices, decorados de teatro, programas y objetos varios. En 1898, France se quedó embarazada y al artista le costó aceptar la maternidad al verse privado de su modelo y de su mejor colaboradora.

Madame Ranson y gato, de Maurice Denis (1892)

Al poco de nacer su hijo Michel, empezó a tener problemas de salud y se trasladó a casa de su amigo Georges Lacombe para decorarla. No regresó definitivamente a su hogar hasta 1905, y tres años después se le concedió la Orden de las Palmas Académicas. Su salud empeoró y las dificultades financieras aumentaron. Para ayudarle, el grupo de los nabis fundó una academia en la calle Henry-Monnier que él dirigiría.

Madame Ranson y gato, de Maurice Denis (detalle)

Después de su fallecimiento en 1909 a los 48 años, su esposa continuó encargándose de la academia. Fue el primero de los nabis en desaparecer, lo que quizá explica el olvido en el que cayó hasta bien entrados los años noventa. Existen unas 800 obras catalogadas de Paul Ranson.

Bruja con gato (1899)


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Gatos en el arte minwha coreano

La palabra “minwha” significa literalmente “pintura del pueblo”. En un principio eran obras producidas por artistas itinerantes, en su mayoría anónimos y carentes de estudios formales. El arte minwha también poseía una dimensión mágica al creerse que los cuadros protegían a sus dueños y a sus familias de las fuerzas del mal.

Gato perseguido por perro (Siglo XIX, Instituto de Arte de Minneapolis)

El gran auge del arte minwha fue en el periodo tardío de la dinastía Joseon, que reinó durante cinco siglos, nada menos, logrando 200 años de paz después de la última invasión manchú en el siglo XVI. En este periodo, las pinturas minwha gozaron de su mayor popularidad y reconocidos artistas trabajaban por encargo de la aristocracia.

 

Es posible que a primera vista estas pinturas parezcan sencillas y fáciles de hacer, pero una de las artistas que se dedica al arte minwha hoy en día, Jung Seung Hui, explica que no tiene nada de sencillo: “Empecé al poco de terminar los estudios en la universidad, hace 40 años. En esa época no se estudiaba el arte minwha y no me quedó más remedio que ser autodidacta. El papel que se usaba antaño como base era el papel tradicional hanji con colores de tintes naturales. Sin embargo, estos colores se desvanecen rápidamente y ahora los mezclamos con otros para que duren más. Tardo unas dos semanas en hacer un cuadro pequeño, pero un panel de grandes dimensiones puede llevarme hasta dos años”.

Gato en otoño (Jeong Seon, siglo XVIII)

Los temas más populares eran árboles, el sol, la luna, insectos, aves y animales, entre ellos, gatos y tigres.  La pintora sigue diciendo: “Es un arte impregnado del humor coreano, muy satírico. Los tigres no parecen feroces, son más bien graciosos. La creatividad en estas pinturas es infinita, aunque los temas se repitan”.

Gatos acechando

Abundan las pinturas de tigres con aves. Una de las explicaciones es que el tigre simbolizaba el poder, la autoridad, la aristocracia, y la urraca, al pueblo llano. Siempre parece que la urraca u otro pájaro estén a punto de hostigar al pobre felino al que llamaban “tigre idiota”, en una clara alusión sátira de las diferencias sociales.

Byeon Sang-byeok es uno de los artistas más famosos del periodo Joseon tardío que también pintó obras minwha. Vivió en el siglo XVIII, era miembro del Dohwaseo o Real Academia de Pintura, y acabó siendo magistrado. No sabemos si siguió pintando después de obtener este cargo. Dibujaba sobre todo gatos y gallos, hasta el punto de que llegaron a apodarle “Byeon goyangi” (el gato Byeon) y “Byeon dak” (el gallo Byeon).

Gato con margaritas (Byeong Sang-byeok)

En uno de sus cuadros más conocidos, “Myojakdo” o “Gatos y gorriones”, se ve a dos gatos y a varios pájaros. Está pintado sobre seda, mide 93,7 por 42,9 centímetros y se encuentra en el Museo Nacional de Corea, en Seúl. Los gatos y las aves eran temas habituales en la pintura minwha ya que ambos animales simbolizaban la longevidad.

Gatos y gorriones (Byeon Sang-byeok)

El gato que trepa por el tronco del árbol mira al que se ha quedado en el suelo como si  se comunicaran. El artista usó un pincel muy fino para pintar a los dos gatos y a los gorriones, mientras que el tronco del árbol está hecho con trazos más gruesos, más fuertes.

Gato con pájaro (Byeon Sang-byeok)

Otro cuadro suyo es “Gukjeong chumyo”, que traducido literalmente significa “Gato otoñal en un jardín con crisantemos”, pintado sobre papel tradicional. Mide 29,5 por 23,4 centímetros y se encuentra en el Museo de Arte Gansong de Seúl. Además de animales, Byeon Sang-byeok también hizo numerosos retratos de la aristocracia Joseon.

Gato otoñal con crisantemos (Byeon Sang-byeok)

Unos doscientos años antes, en el siglo XVI, un pintor llamado Yi Am exhibió un estilo propio, alejado del estilo chino de la dinastía Song imperante entonces en Corea. Al igual que Byeon, se especializó en retratos, entre los que está uno del Rey Jungjong de Joseon, pero también pintó animales. Posiblemente sea uno de los primeros pintores oficiales que hizo suyo el arte minwha, quizá porque le aportaba una mayor libertad.

Gato perseguido por perro (Yi Am)

En uno de los dos cuadros que hemos encontrado, el gato trepa por el tronco de un árbol mirando hacia abajo, aunque los dos perros que están en el suelo no parecen tener malas intenciones. En el otro, el gato se enfrenta al perro. En ambos, el gato es blanco y negro con ojos saltones. Ninguno de los gatos de otros cuadros de estilo minwha tienen ojos parecidos. Al contrario, son animales muy realistas.

Gato y perro (Yi Am)

En el siglo XIX, ya al final de la dinastía Joseon, otro célebre pintor fue Jang Seung-eop, más conocido por el seudónimo de Owon. Vivió entre 1843 y 1897, y fue uno de los escasos pintores que tuvo una importante posición en la corte.

Jang Seung-eop

Era huérfano y aprendió a pintar en el seno de otra familia. El aristócrata Yi Ung-heon le acogió en su hogar cuando cumplió veinte años ofreciéndole la posibilidad de pasar largas horas pintando. Su reputación como pintor de talento creció rápidamente, dedicándose sobre todo a paisajes, flores y escenas de la vida cotidiana.

Jang Seung-eop

Hemos encontrado tres cuadros suyos con gatos. En uno de ellos hay una madre gata con su camada, una escena que no se repite en ningún otro de los cuadros minwha.

Jang Seung-eop

El arte minwha decayó al desaparecer la longeva dinastía Joseon y desapareció del todo bajo el mandato colonial japonés. Revivió en los años ochenta y su popularidad sigue actualmente. Se usa para decorar la puerta de entrada de las casas, biombos, muebles para atraer la felicidad, la suerte, la prosperidad y también para alejar a los malos espíritus.

Gato e insecto

Gato y mariposa

Incluimos en la entrada algunos de los cuadros minwha de tigres, y al final dos de tigres fumando en pipa.


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La gata Lydia y el dibujante Horst Janssen

1979

Horst Janssen fue un prolijo dibujante y grabador alemán nacido el 14 de noviembre de 1929 en Oldemburgo, Baja Sajonia, hijo de Martha Janssen, de profesión modista. Nunca conoció a su padre, un viajante de comercio, y fue adoptado por su abuelo. En 1942, al empezar a estudiar en el Instituto Nacional de Educación Política de Hasselüne, a unos 90 kilómetros de Oldemburgo, su profesor de dibujo se dio cuenta de su talento y le animó a seguir.

Gato y pájaro (Grabado)

Horst Janssen

Su madre murió un año después – Horst Janssen tenía 14 años – y fue adoptado por la hermana menor de esta, que también le empujaría a estudiar Bellas Artes pagando por sus estudios. En 1946 se trasladó a Hamburgo, donde vivía su madre adoptiva, y estudió en la Escuela Estatal de Bellas Artes con el profesor Walter Malhau, que le consiguió sus primeros encargos.

Gato azul (1961)

En 1947, el semanario Die Zeit, de Hamburgo, publicó un dibujo suyo titulado “La princesa y el guisante”, y al año siguiente ilustró el libro infantil “¿Estáis todos?”, con versos de Rolf Italiaander. Su primer hijo nació en 1950, fruto de la relación con Gabriele Gutsche, una mujer casada. Empezaba a experimentar con grabados sobre madera y estaba fuertemente influenciado por la obra del noruego Edvard Munch.

El gato Pharyah

Noche de luna

El profesor Gustav Hassenpflug logró que le expulsaran de la Escuela Estatal de Bellas Artes sin llegar a graduarse. Janssen caía francamente mal a este profesor quizá porque tenía una relación con su esposa, con la que se casaría en 1955 y tendría una hija, Katrin. Se divorciaron en 1959. Después de una exitosa exposición en la galería Hans Brockstedt de Hanover, se sumió en la técnica del aguafuerte y estudió con Paul Wunderlich.

Cartel de la exposición “Perro, gato, ratón”

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato y rata

En ese periodo, su mayor influencia fue el francés Jean Dubuffet y el arte marginal. Volvió a casarse con Brigit Sandner pocas semanas después de obtener el divorcio de su primera mujer, pero el matrimonio solo duró unas semanas. Un año después se casó con Verena von Bethmann Hollweg, que dio a luz a Philip, su tercer hijo. Este matrimonio duro ochos años; se divorciaron en 1968.

Ese mismo año empezó una apasionada historia de amor con Gesche Tietjens. Viajaron a Svanhall, Suecia, y allí aprovechó para pintar maravillosos y luminosos paisajes. Se separaron en 1972, cuando ella estaba embarazada de su hijo Adam. Siguieron una larga lista de relaciones más o menos duraderas, todas reflejadas en un sinfín de retratos y representaciones eróticas. También hizo numerosos dibujos y grabados de sus hijos.

Para entonces era un dibujante y grabador de renombre internacional. Ya en 1965, la galería Kestner de Hannover le había dedicado una retrospectiva en la que el director de la galería le había alabado como “el mejor dibujante con Picasso, aunque Picasso es de una generación anterior”. Su obra era reputada por seguir la tradición de artistas como Goya, Ensor, Glinger, Redon y Kubin.

Fue galardonado con el Premio Edwin Scharff en 1966. Al año siguiente fallecieron dos personas que habían sido importantes en su juventud, su tía y madre adoptiva Anna y su profesor Alfred Malhau. Su trabajo empezó a mostrar el dolor por perder a dos seres tan queridos. Ganó el Primer Premio de Arte Gráfico en la Biennale de Venecia de 1968. Expuso con mucho éxito en 1970 en Londres, en 1971 en Oslo y Gotemburgo, en 1974 en Nueva York, en 1975 en Torino, en 1976 en Barcelona, en 1980 en Chicago, en 1982 en Tokio…

Gato de lunes

Dos hombres se mantuvieron siempre leales a Horst Janssen a pesar de los altibajos en sus relaciones debido a su carácter imprevisible. Uno de ellos era el galerista Hans Brockstedt, a quien conoció a finales de la década de los cincuenta y que expuso treinta grabados en color el 17 de mayo de 1958. Esa misma noche se vendieron veinticuatro grabados entre 40 y 60 marcos cada uno. Tres décadas después, estos mismos grabados valían entre 4.000 y 6.000 marcos.

Gato salvaje

El galerista, que trabajó mucho con Horst Janssen organizando exposiciones por todo el mundo y obteniendo encargos de ilustraciones para libros, fue una de las personas más importantes de su vida. A pesar de las discusiones, separaciones y reencuentros, el artista le dijo una vez: “Cuando muera, pronunciaré cinco nombres, y uno de ellos será el tuyo”.

Gato con pájaro (1959)

Queda por saber cuáles fueron los otros cuatro. Probablemente otro sería el del impresor Hartmut Frielinghaus, del que dijo que “si no hubiera existido el arte de Frielinghaus, no habría habido grabador Janssen”. Pero al parecer, como con todas las personas que se cruzaban en su camino, la relación no fue fácil y el impresor incluso llegó a decir que había momentos en que le habría estrangulado con sus propias manos.

Si no dibujara, mataría

Desde siempre Horst Janssen había dibujado animales, entre ellos gatos, pero en la década de los ochenta la gata Lydia entró en su vida y debió ocupar un lugar muy importante. Por los numerosos retratos, sabemos que era una gata negra, y nada más. En ninguna biografía del artista se menciona a Lydia, tampoco si le gustaban los gatos, aunque nos atrevemos a decir que basta con ver sus dibujos y grabados para afirmar que sí, claro que le gustaban mucho los gatos.

Buenos días, Lydia

Lydia (Litografía)

Hemos encontrado un dibujo de un gato rubio acompañado del siguiente texto: “¡Socorro, señores! ¡Gente! Félix, el gato de Kerstin Schlüter, se ha perdido. Atiende al nombre de Feli. 500 para la persona que lo encuentre. Y agradecimiento eterno. Vuestro Janssen”. Más abajo está el teléfono de la Sra. Schlüter y el del propio Janssen.

Janssen con Lydia (1984)

Lydia ronroneando

Es muy posible que Lydia acompañara a Horst Janssen hasta casi el final de su vida, pero seguro que le hizo compañía en 1990 cuando se cayó de su balcón desde una altura de 3,50 metros. Lo peor es que en la caída se llevó por delante los ácidos que usaba para los grabados y sufrió una quemadura en la córnea en ambos ojos, además de fracturarse la tibia y la pelvis. Tardó meses en recuperar la vista.

Janssen con Lydia (Carta con dibujo)

Lydia deprimida (1981)

Falleció de un derrame cerebral el 31 de agosto de 1995. No creemos que Lydia estuviera aún con él ya que habría tenido más de quince años, aunque conocemos a varios gatos que han alcanzado los veinte.  Horst Janssen está enterrado en el cementerio Gertruden de Oldemburgo.

Tres representaciones de Lydia


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Gatos y cuentos de hadas de Adrienne Ségur

En 1952, un periodista publicó lo siguiente en “Le Figaro littéraire”: “Fui a casa de Adrienne Ségur, un hada. Me recibió un gato imperial y pájaros de diverso plumaje. De hecho, todos los animales de ‘Érase una vez’ se habían instalado en los recovecos de la casa. ¿Y qué me dijo el hada? ‘Voy hacia la fantasía para evadirme. Los niños hablan con los animales, y los animales les hablan, es natural. Mis animales hablan con los ojos, el hocico, las patas’”.

Adrienne Ségur con un gato

Cómo los gatos aprendieron a ronronear (Joan Bennett)

El hada Adrienne Ségur era una ilustradora de cuentos que prestó una atención muy especial a los gatos. Aparecen en sus dibujos casi en la misma proporción que príncipes y princesas. Incluso recopiló cuentos de gatos en un libro especialmente dedicado a ellos.

El gato con botas (Charles Perrault)

El gato arrepentido

Fue una mujer muy bella, de aspecto misterioso y elegante, que llevó una vida discreta, quizá porque se sentía más cómoda en su mundo que en compañía de los mortales. Nació el 23 de noviembre de 1901 en Atenas, hija del escritor francés Nicolas Ségur y de la griega Kakia Anastose Diomedes Kyriakos. A pesar de llevar el mismo apellido que la famosa escritora, la Condesa de Ségur (de soltera Sofia Fiodorovna Rostoptchina, casada con Eugène de Ségur), no parece que les uniera parentesco alguno.

Foto de Erwin Blumenfeld

El gato de Baba Yaga

Empezó a dibujar siendo niña y en 1928 ilustró en blanco y negro la novela de juventud de André Maurois “Le Pays des trente-six mille volontés” (El país de los treinta y seis mil deseos), aunque usó el seudónimo de Adrienne Novel. Dos años después ilustró una serie de cuentos de los que era autora, “Cotonnet”, “Cotonnet aviador” y “Cotonnet en América”, con un conejito como protagonista. Estos primeros dibujos son encantadores y sencillos, tienen poco que ver con los que la hicieron famosa en la década de los cuarenta.

El gato y el gallo enfermo

El gato que habla (Natalie Savage Carslon)

En 1932 se casó con el poeta y pensador egipcio Mounir Hafez, diez años menor que ella y uno de los grandes referentes del sufismo en Francia. A partir de ese momento, la pareja pasó los inviernos en El Cairo y los veranos en París. En 1936,  Adrienne Ségur empezó a ocuparse de la página infantil de Le Figaro, de la que acabó siendo directora en 1939. Una vez finalizada la II Guerra Mundial, empezó a ilustrar cuentos infantiles para la editorial Flammarion.

Mounir Hafez

El gato Patripat (India)

Al cabo de unos años, la editorial alquiló para ella una casa a unos diez kilómetros de Blois, a dos horas en coche de París. Los que la conocieron entonces dicen que vivía rodeada de gatos y de pájaros, y que su pasatiempo favorito era caminar por el bosque y observar a los animales en libertad.

El niño que pintaba gatos (Japón)

Kip, el gato hechizado (Suecia)

También dicen que en cuanto hacía bastante calor, dejaba las ventanas abiertas para que sus pájaros pudieran volar libremente y regresar cuando quisieran. Esto nos hace pensar que ella y su marido no llevaban la vida convencional de un matrimonio de la época.

El gato con la cola torcida (Frances Carpenter – Tailandia)

El gato y el ciervo (Rusia)

Era una apasionada de “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Caroll, y en 1949 realizó unas brillantes ilustraciones en blanco y negro para el libro. Sus dibujos dieron vida a los cuentos de los hermanos Grimm, de William Hauff, Hans Christian Andersen, Madame d’Olnoy, Pável Bazhov y otros escritores del mundo entero.

Alicia en el País de las Maravillas

Flammarion publicó en 1951 una colección de cuentos de hadas de autores franceses titulada “Il était une fois” (Érase una vez) con dieciséis ilustraciones de Adrienne. Fue considerado por la crítica literaria como el libro infantil más bello de Francia. La editorial demostró una enorme confianza en el talento de la artista al encargar veinte mil ejemplares para la primera edición, en vez de los habituales cinco mil para un libro de ese tamaño.

La gata princesa (Madame d’Olnoy)

La gata princesa

No solo tuvo un enorme éxito en Francia, sino también entre los lectores de habla inglesa, sobre todo en Estados Unidos, donde Random House lanzó posteriormente el maravilloso “The Golden Book of Fairy Tales” (El libro de oro de los cuentos de hadas), una recopilación de veintiocho cuentos procedentes de Francia, Alemania, Rusia, Dinamarca y Japón.

La gata princesa (Músicos)

En 1965 publicó otra colección de diecisiete cuentos dedicados únicamente a los gatos. “Le chat Jérémie et autres histoires de chats” (El gato Jeremías y otras historias de gatos), traducido al inglés en 1967 con el título de “My Big Book of Cat Stories”. Algunos títulos de estos cuentos son inolvidables, “Jeremías o el gato que se hizo jefe guardabosques”, “El gato con el rabo torcido”, “El gato arrepentido” o “El gato oreja de mantequilla”.

Gato ojo de aceite

El gato Jeremías jefe guardabosques no es otro que el gato Catafay Ivanovich del cuento ruso “El gato y la zorrita”, al que también llaman “Yeremey” (https://gatosyrespeto.org/2020/01/02/gatos-en-el-folclore-ruso/).

El gato Yeremey (Rusia)

El gato Yeremey, dueño del bosque (Rusia)

Las ilustraciones de la artista son sumamente detalladas e imaginativas, propias de los cuentos de hadas. También trabajó con autores de la talla de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) y diseñó decorados de espectáculos, así como tarjetas de felicitación para marcas como Van Cleef y Arpels. Siempre dio gran importancia a la expresión de los personajes.

Las tres hilanderas

Las tres hilanderas

Adrienne Ségur falleció el 11 de agosto de 1981. Había dejado de dibujar hacía ya varios años debido a la artrosis. Sus últimas ilustraciones fueron para la novela “La légende de Venise” (La leyenda de Venecia), de Simone Kervyn. En los dos retratos fotográficos incluidos aquí tendría unos 35 años. Son obra del fotógrafo alemán Erwin Blumenfeld, que se instaló en París en 1936. Fue una mujer que se rodeó de un aura de misterio y se sabe muy poco de su vida privada.

Hans y el gato atigrado (Hermanos Grimm)


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Gatos, mujeres y la fotógrafa Brooke Hummer

Brooke Hummer es una fotógrafa estadounidense afincada en Chicago. Estudió Historia del Arte en la Universidad Wesleyan y Fotografía en el Instituto Brooks. Empezó trabajando en Outside Magazine y, posteriormente, en Crain’s Chicago Business. Es la fundadora del colectivo femenino Cabinet Shop Studio. Nos ha sido imposible saber más; creemos que se ocupa de campañas de moda, pero no estamos seguros. Realizó una serie de fotografías de mujeres con gatos. Las presenta con las palabras siguientes: “Los retratos femeninos en la historia del arte visual acostumbran a honrar la pureza, la inocencia o el vínculo con un hombre poderoso; por eso me he apropiado de los estilos clásicos de la pintura para crear un proyecto que homenajea la independencia y el poder de unas hermanas fuertes y solteras (y sus gatos)”.

Brooke Hummer

Hemos traducido partes de la entrevista que la asociación APA (American Photographic Artists) le hizo a Brooke Hummer acerca de estos retratos y hemos buscado el original que lo inspiró.

“La idea inicial fue de mi agente Andrea Donadio cuando me pidió que le hiciera una felicitación de Navidad. Quería algo humorístico del tipo “madre e hija”, pero con su gato Bunny. Dado que trabajo habitualmente en entornos naturales, pensamos hacer lo mismo, pero no funcionó y empezamos a buscar retratos clásicos de madres e hijas. A las dos nos atraía el estilo hiperserio de los retratos naífs del siglo XIX en Estados Unidos y decidimos copiarlos. Trabajamos en el estudio y tardamos una hora. Casi no fue necesario retocarlos”.

Andrea y Bunny

Naíf americano (1845)

“Varias mujeres recibieron la felicitación y me pidieron un retrato con su gato. Seguía sin pensar en una serie basada en retratos clásicos con gato añadido, pero supe inmediatamente que el siguiente vendría del renacimiento italiano porque pasé un año en Florencia cuando estudiaba Historia del Arte. Había disfrutado plasmando a Andrea con toda su fuerza, lo opuesto de un retrato maternal. Y me di cuenta de que podía trastocar el insultante término de “Cat Lady”, la mujer de los gatos, que suele ir acompañado del epíteto “vieja” o “loca” y, a la vez, reinterpretar la forma en que se ha retratado a la mujer en la historia. El segundo retrato fue el de Lindsey Tyler, una productora de la agencia de publicidad FCB. En este retrato, en vez de un paisaje toscano, integré el skyline de Chicago, como si Lindsey fuese la dueña de la ciudad. Solo entonces, al ver a estas dos mujeres fuertes, se me ocurrió la idea de una serie”. Hemos encontrado dos retratos de Lindsey y la gata Clementine, uno de perfil y otro de frente. El que seleccionó la fotógrafa para la serie es el de perfil, pero aquí mostramos los dos.

Lindsay y Clementine

Antonio Lupari Gozzadini (1485)

Lindsay y Clementine

“El siguiente es el de Kristen y Javi, basado en un autorretrato de Gertrude Abercrombie (https://gatosyrespeto.org/2017/07/20/gatos-soledad-surrealismo-y-gertrude-abercrombie/), una pintora surrealista de Chicago. Reconozco que este tercer retrato rompe la idea de la serie, o sea satirizar la visión masculina de la mujer, pero adoro la obra de Gertrude Abercrombie y siento cierta obsesión por ella. Kristen no tiene gato y pedimos prestado uno negro. En el cuadro original, el gato saca la lengua; estaba dispuesta a retocar la foto para que fuese igual. Normalmente fotografiamos primero a la mujer y luego al gato. En esta ocasión ocurrió una cosa alucinante, el gato sacó la lengua en la segunda sesión. Nos quedamos atónitas, no podíamos creerlo”.

Kristen y Javi

Yo y gato, de Gertrude Abercrombie

“El cuarto es una copia del cuadro de Ammi Phillips “Niña con vestido rojo” (https://gatosyrespeto.org/2017/08/17/gatos-en-retratos-naif/). También tiene un gato en brazos, y me hizo gracia algo tan reconocible. Técnicamente hablando, Cora no es una mujer, tiene 12 años, pero me parece un retrato genial. La niña de cara inocente, con ese ridículo vestido y las botas militares que lleva habitualmente”.

Cora y Creo

Niña con vestido rojo, de Ammi Phillips

“El siguiente es el de Julie con Rola. Julie adora a los gatos y a Gustav Klimt, y estaba empeñada en que debía ser un retrato suyo. Pero es conocido de todos que Klimt era un notable misógino y me incliné por Judith con la cabeza de Holofernes en la mano izquierda”.

Julie y Rola

Judith I, de Gustav Klimt

“Después está el cuadro de “Madam X”, basado en el retrato que John Singer Sargent hizo a Mme. Gautreau, considerado escandaloso en la época. No me parece que sea una mujer sumisa, por eso me gustó. Este necesitó mucha posproducción y fue el primero en que me encargué de hacerlo todo yo”.

Chrystyne, Duncan e Idaho

Madam X, de John Singer Sargent

“A continuación viene la fotografía estilo El Fayum, como los retratos naturalistas pintados en tablas de madera que cubren el rostro de las momias de esa zona de Egipto. Amber es egipcia, y al principio pensé en Cleopatra, pero está el vínculo con Elizabeth Taylor. Aunque ya lo había hecho, lo descarté. Preferí buscar un tema menos visto”. Aquí incluimos ambos retratos.

Amber y Whisky

Retrato de EL Fayum (Principios de nuestra era)

Amber y Whisky

“El octavo es Elaine con su gato Loki Lucifer. Es una talentosa fotógrafa y técnica digital de aquí, de Chicago. En cuanto empezamos a hablar, supimos que debíamos enfocarlo hacia la Virgen y el Niño, y nos inclinamos por los cuadros de estilo gótico de los siglos XII y XIII”. En este caso, Gatos y Respeto se permite añadir que, en la iconografía cristiana de la época, la bendición con la mano derecha estaba reservada únicamente a Cristo.

Elaine y Loki

Berlinghiero Berlinghieri (Siglo XIII)

“Para Reba y Neva quería que llevara ropa voluptuoso. Reba creció en Trinidad y Tobago y es una conocida chef de un restaurante de Chicago que está muy de moda. Viste de una manera muy informal, por eso me hacía mucha gracia cambiarle completamente el estilo y basarme en los retratos coloniales miniaturistas. Hice varias pruebas, pero creo que este es el definitivo”. La fotógrafa se refiere a Reba con el vestido azul y no hemos encontrado ningún retrato que pueda servir de modelo.

Reba y Neva

Reba y Neva

El retrato de Reba y Neva es el último de la serie “oficial”, sin embargo aparece un décimo, el de Amanda y Piggy, que se basó, a todas luces, en los retratos flamencos de los siglos XVI y XVII, pero no sabemos por qué no se incluyó en la serie.

Amanda y Piggy

Gillina van Vlierden, de Gortzius Geldorp

Al final de la entrevista, la fotógrafa Brooke Hummer dice que, en un principio, se impuso muchas reglas para comunicar el mensaje feminista de la serie, pero que las “rompe” a medida que avanza. Habla en presente. Quizá la serie no esté acabada aún y por eso no están incluidos Amanda y Piggy.