Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Los alegres gatos del pintor sudafricano David Kuijers

David Kuijers nació el 30 de marzo de 1962 en Vanderbijlpark, una ciudad de unos 95.000 habitantes situada un poco más al sur de Johanesburgo. Su padre se dedicaba a pintar en sus horas libres y firmaba los cuadros con el seudónimo B. Arteld. En 1978, al igual que su hermano, ingresó en la Escuela de Arte, Música y Ballet de Pretoria, donde se graduó en 1980 con una mención en Grafismo y recibió el Premio al Mejor Pintor de ese año.

Gato ángel

Cola con plumas

En 1981, con 19 años, fue por primera vez a Ciudad del Cabo a bordo de un tren de soldados con destino a la base militar de Youngsfield. Incapaz de soportar la mentalidad de sus superiores y el intento de socavar el sentido común, decidió fugarse a los tres meses con su primer salario. Sin embargo, regresó a los tres años para terminar el servicio militar en un puesto administrativo. No deja de ser irónico que acabara siendo premiado por un servicio destacado.

Cinco círculos

Los búhos son los gatos del cielo

El año 1986 fue de lo más frustrante al no poder abrirse camino como autor de canciones. Decidió matricularse en la Cape Technickon, actual Universidad Tecnológica de Ciudad del Cabo, para estudiar Bellas Artes, pero tuvo que conformarse con Diseño Gráfico al haber sido cancelada la especialidad. Se licenció en 1989 con un Premio al Mérito en Diseño e Ilustración, y en 1990 se casó con Dina, una compañera de universidad.

Los pájaros saben cuando un gato no tiene hambre

El gato, el perro y el búho

A continuación empezó a trabajar por libre como diseñador e ilustrador hasta conseguir unos encargos de cierta importancia de varios hoteles y de empresas de comida para animales que le permitieron dedicarse a tiempo completo a la pintura. En 2002 publicó un libro en torno a Ciudad del Cabo titulado “David Kuijers Paints the Town” (David Kuijers pinta la ciudad). Ese mismo año, en abril, expuso en solitario en la Hout Bay Gallery y vendió todos los cuadros.

En la presentación de una exposición en The Cape Gallery en 2017, David Kuijers dijo que tenía un gato y que había sido su compañero constante en el estudio desde hacía ocho años. Añadió que le observaba y que en algunos de sus cuadros reflejaba los pensamientos de su gato acerca de los perros, peces y otras cosas. Pero es un artista muy receloso de su vida privada y apenas hay fotos suyas en Internet; no hemos encontrado ninguna con su gato. También nos hemos dado cuenta de que pinta muchos más perros que gatos, además de numerosos búhos, algunos elefantes y otros animales.

 

Suele usar pinturas acrílicas, y una vez acabado el cuadro, lo invierte sobre una plancha de cristal. Sus obras son alegres, muy coloristas, divertidas, con un toque de ironía, aparentemente sencillas, como el de la niña sentada encima de un enorme gato pelirrojo con la frase: “Sé de una niña que adora a los gatos”. A menudo juega con el idioma, como por ejemplo en el cuadro llamado “Catfish”, cuya traducción literal es “Pez gato”, pero el significado real es “Bagre”. En un lienzo con dos caras femeninas, una muy al estilo cubista picassiano y la otra mucho más sencilla y sonriente, demuestra tener sentido del humor añadiendo la frase: “No soy Picasso”; y más abajo: “Sé dónde van los ojos”.

En la presentación antes mencionada reconocía que pintar le aporta placer y que se había convertido en una especie de trastorno obsesivo-compulsivo del que no pensaba curarse jamás. Seguía diciendo: “Me permite ser cada vez más atrevido y alegre, escabullirme por las grietas del lienzo (o del cristal) para escapar a una realidad que no está plagada de responsabilidades. Cada vez me preocupa menos si muchos piensan que mi arte, debido al estilo y contenido, no cabe en las categorías serias”.

Gato manchado

Siesta gatuna

Y añadía: “Un tema aparentemente tan arbitrario como lo que un gato pueda pensar de un perro se convierte en la fibra de la vida, como puede serlo el entusiasmo de un niño ante un pez de colores. El arte me permite, siendo adulto, volver a compartir emociones puras durante unos momentos y entrar en una caída libre creativa, al menos hasta que se rompe la lavadora. Pero siempre vuelvo y siempre volveré porque tengo la suerte de estar en una posición que me permite decir: ‘Disculpad, pero ahora debo ir a trabajar’. Lo que significa lo mismo que: ‘Ya puedo ir a jugar?’ Tengo licencia para escapar”.

Una gran siesta

Los gatos no suelen deprimirse

Anuncios


Deja un comentario

Un gato sin nombre y el marchante Ambroise Vollard

Vollard y su gato

Hablando de Ambroise Vollard, Picasso dijo: “Ni de la mujer más bella se pintó, dibujó o grabó el retrato tan a menudo como el de Vollard”. Y nosotros añadiremos que, en muchas ocasiones, le acompañaba un gato. Incluso en el famoso cuadro “Homenaje a Cézanne”, realizado por Maurice Denis en 1900, se ve de izquierda a derecha en la galería del marchante a Odilon Redon, Édouard Vuillard, André Mellerio, Ambroise Vollard, el mismo Maurice Denis, Paul Sérusier, Paul-Elie Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, Marthe Denis, la esposa del pintor, y a un gato atigrado, en el suelo debajo del caballete, que se parece mucho al que acaricia el galerista en numerosas fotografías.

Homenaje a Cézanne, de Maurice Denis

Detalle

A finales de julio de 1939, en vísperas de la II Guerra Mundial, un Talbot descapotable conducido por un chófer se dirigía hacia París. El famoso galerista Ambroise Vollard, de 73 años de edad, iba sentado en el asiento trasero. Parece ser que el coche dio varias vueltas de campana después de deslizarse por la carretera mojada y ambos pasajeros murieron. Sus cuerpos no fueron hallados hasta el día siguiente. Había desaparecido el descubridor de un sinfín de pintores, empezando por Cézanne. Natural de la isla de la Reunión, en el océano Índico, llegó a París en 1895, a los 21 años, para estudiar Derecho.

Ambroise Vollard en 1938

En su autobiografía reconoce que descubrir esos cuadros de colores irisados y brillantes del primer momento del impresionismo fue “como si me golpearan en el estómago”. Al año dejó los estudios de Derecho y organizó una primera exposición para Cézanne, entonces casi desconocido y considerado como un loco, en un local muy modesto de la calle Laffitte de París. Volvemos a citar al marchante: “Era menospreciado hasta por la vanguardia. Le compré 150 cuadros de golpe, casi todo lo que había pintado”.

Cézanne y Vollard

Y sigue diciendo en sus memorias: “Me gasté todo el dinero que tenía. Me pregunté si mi osadía no iba a llevarme a la ruina. Ni siquiera me quedaba bastante dinero para enmarcar correctamente los cuadros”. Pero la exposición fue un éxito, les catapultó a los dos a la fama y cimentó una profunda amistad entre ambos. Fue el galerista de Gauguin, Picasso (para quien organizó su primera exposición en París) y Matisse, además de vender obras de Rouault, Derain y de todos los fauvistas, así como de Degas, Renoir, Monet y Manet, entre otros muchos.

Una esquina del despacho de Vollard

No solo compraba obras de arte, también apoyaba los trueques. Según sus meticulosos libros de contabilidad, Picasso intercambió cuadros suyos por otros de Degas y Matisse; Degas y Renoir por algunos de Cézanne. Kandinsky quería un cuadro del Aduanero Rousseau, pero no podía permitírselo y dio varios cuadros suyos a cambio. En 1913, Matisse compró “Las tres bañistas”, de Cézanne, con el anillo de esmeraldas de su esposa.

Vollard, por Pablo Picasso

Aunque algunos artistas se quejaron de que los explotó, la gran mayoría le apreciaban y querían, como demuestra el sinfín de retratos que le hicieron. La galería se convirtió en uno de los focos de la vida bohemia parisina de la época. Organizaba cenas donde servía platos de su isla natal, como el curry criollo, a sus invitados. El fotógrafo Brassaï (https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/) dijo en una ocasión: “Eran fiestas muy alegres, hablábamos, discutíamos y planeábamos el futuro del arte”.

Cena en el sótano de la galería

Cuando murió, más de diez mil obras de arte llenaban su mansión de la calle Martignac, en París. Parece ser que todas las habitaciones excepto dos, el dormitorio y el comedor, estaban llenas de cuadros y esculturas. Entre sus clientes había grandes coleccionistas, entre ellos Gertrude Stein y su hermano Leo, Ivan Morozov, Sergei Shchukin y el estadounidense Barnes. Al no haber hecho testamento, su magnífica colección fue repartida entre varios herederos. Algunos cuadros acabaron, con los años, en los grandes museos internacionales, otros en colecciones privadas y muchos desaparecieron para siempre.

Vollard, por Pierre Bonnard

Detalle

Desde 1938, el secretario del marchante era Erich Šlomović, un universitario yugoslavo. En septiembre de 1939, cuando Francia declaró la guerra a Alemania, este último almacenó unas ciento cincuenta obras en el banco Société Génerale de París y se llevó otras trescientas cincuenta a Zagreb para montar una exposición, tal como Vollard le había pedido. Šlomović fue asesinado por los nazis en 1942 a los 27 años. El banco obtuvo una orden judicial para abrir la caja fuerte y puso en venta el contenido, pero los herederos de Vollard y de Šlomović entablaron un proceso judicial contra la entidad. Ciento cuarenta y una obras fueron vendidas en junio de 2010 por Sotheby’s en París y Londres. Las otras trescientas cincuentas piezas que llevó a Belgrado se encuentran ahora en el Museo Nacional de esta ciudad, aunque también son objeto de litigio.

Vollard, por Pablo Picasso

El resto de los cuadros se dividió entre Madeleine de Galea, la supuesta amante del marchante, y su hermano Lucien Vollard, que nombró albacea a Martin Fabiani, acusado años después de vender las obras de arte robadas por los nazis a aventureros, mafiosos y altos funcionarios de la Francia ocupada. Una pequeña parte de la colección está en el Museo Léon Dierx de Saint-Denis, en la Reunión, gracias a las donaciones que el propio Vollard hizo en 1912 y su hermano en 1947. Además, después de la I Guerra Mundial, Vollard donó numerosos cuadros a museos franceses cuando decidió cerrar su galería y seguir vendiendo desde su casa.

Vollard con gato dibujado por Pierre Bonnard

También dedicó tiempo a publicar libros ilustrados por sus pintores favoritos. Uno de los primeros fue el famoso “Dafnis y Cloe”, ilustrado por su gran amigo Bonnard. Fue el autor de dos manuscritos sobre Renoir y Cézanne, además de sus memorias, “Souvenirs d’un marchand de tableaux” (Recuerdos de un marchante de cuadros).

Vollard, por Pierre Bonnard

Le gustaban los gatos. Si no fuera así, Bonnard y Picasso no le habrían retratado con uno en brazos, y Brassaï tampoco le habría fotografiado sujetando a otro empeñado en escaparse.

Vollard fotografiado por Brassaï en 1934


2 comentarios

Gatos en los retratos de Alice Neel

Alice Neel fue una pintora estadounidense nacida el 28 de enero de 1900. Entre los cientos de retratos que realizó solo hemos encontrado cinco en los que incluyó un gato. En uno de ellos, pintado en 1969, vemos a su hijo Hartley con un gato en brazos. Aparte de otros tres dibujos de siameses y el cuadro de un gato negro, no hay nada más.

Hartley y un gato (1969)

Creció en el seno de una familia muy estricta junto a tres hermanos y una hermana. Parece ser que en una ocasión su madre le dijo: “No sé qué esperas hacer en este mundo, no eres más que una chica”. Después de acabar el instituto en 1918, pasó un examen para funcionarios y consiguió un empleo muy bien remunerado, lo que le permitió ayudar a sus padres. Al cabo de tres años empezó a asistir a clases nocturnas de pintura y acabó matriculándose en el programa de Bellas Artes de la Escuela de Diseño para Mujeres de Filadelfia. Se costeó el primer año de estudios con sus ahorros y consiguió becas para los tres siguientes.

Mujer con gato (1932)

En 1925 se casó con el pintor cubano Carlos Enríquez y llegó a la isla en 1926. Allí fue inmediatamente adoptada por un grupo de artistas de vanguardia. Expuso por primera vez en el XII Salón de Bellas Artes de Cuba en 1927, el mismo año que la pareja decidió instalarse en Nueva York. Al poco de llegar, su hija Santillana murió de difteria cuando aún no había cumplido un año. A pesar del terrible golpe, Alice Neel encontró un trabajo en el National City Bank y se quedó embarazada de nuevo de su segunda hija, Isabetta. En 1930, cuando la niña tenía dos años, Carlos regresó a Cuba para dejarla con su familia y preparar el traslado de ambos a París, pero al final se fue solo. Alice cayó en una profunda depresión, intentó suicidarse en dos ocasiones y estuvo un año en un hospital psiquiátrico. Aun así, nunca dejó de pintar.

Siameses (1951)

Siameses (1950)

En los años treinta, en plena Gran Depresión, Alice Neel se acercó mucho al Partido Comunista, aunque nunca estuvo afiliada al mismo, y retrató a numerosos líderes políticos de izquierdas. En mayo de 1931 participó en el primer Washington Square Outdoor Art Exhibit, organizado por Jackson Pollock. Ese mismo año conoció a Kenneth Doolittle, un marinero opiómano que en diciembre de 1934, en un ataque de celos, cortó y quemó unos 60 cuadros y 200 dibujos y acuarelas de la artista. En palabras de Alice Neel: “Fue un tremendo acto de chauvinismo machista, quería controlarme totalmente. Tuve que salir corriendo del piso o me habría cortado la garganta. Fue muy traumático para mí, ya que destruyó algunas de mis mejores obras, cosas que había hecho mucho antes de saber que él existía. Tardé años en superarlo”.

Gato negro (1965)

Poco después tuvo una relación con John Rothschild, que la ayudó económicamente, pero a finales de 1935 se enamoró de José Santiago Negrón, un guitarrista puertorriqueño que tocaba en un local llamado “La casita”. El flechazo fue mutuo y él dejó a su esposa e hija para vivir con Alice. En septiembre de 1936 terminó el famoso cuadro “Los nazis asesinan a los judíos”. Alice Neel se encuentra entre los pocos artistas estadounidenses que plasmaron la suerte de los judíos a manos de los nazis en Alemania. Negrón amenazó con dejarla cuando se quedó embarazada, y aunque ella se empeñó en tener el bebé, lo perdió unos meses después. Durante el embarazo se mudaron del Greenwich Village al Spanish Harlem, donde la pintora vivió veinticuatro años. Era un lugar maravilloso para su creatividad. Se dedicó a pintar a todos los vecinos y también en esa época empezó la serie de mujeres desnudas. En septiembre de 1939 dio a luz a su primer hijo, Richard Neel. El padre les abandonó tres meses después.

Hartley y Richard

En 1940 conoció a Sam Brody, un fotógrafo intelectual muy próximo al Partico Comunista. No tardaron en vivir juntos, pero Brody no le dijo en ningún momento que estaba casado y que tenía dos hijos. Él visitaba a su mujer cada tarde, y durante varios años ni Alice ni la esposa supieron de su respectiva existencia. Entretanto, Negrón iba a ver regularmente a su hijo Richard y entregaba dinero a Alice. En 1941 dio a luz a Hartley. Su relación con Sam Brody duró hasta 1958.

Niña con gato

Peter B. Kaplan con gato (1950)

En los años cincuenta, el FBI empezó a vigilar a Alice Neel por sus simpatías hacia el Partido Comunista y lo siguió haciendo hasta mediados de los sesenta, época en que dejó el Spanish Harlem para mudarse al Upper West Side. Como muchas mujeres artistas de su tiempo, tuvo que luchar para ser reconocida, y ese reconocimiento no se hizo patente hasta que unos pocos críticos en los sesenta se fijaron en ella, sobre todo Hubert Crehan, un escritor y pintor conocido por su defensa de las artistas.

Dos gatos (1942)

En agosto de 1970, la revista Times encargó a Neel que pintara un retrato de Kate Millet, la gran feminista, para la portada de la revista. Millet rehusó posar porque consideraba que una sola mujer no representaba a todo el movimiento. Los directivos de la revista no se rindieron y le pidieron a Neel que hiciera el retrato a partir de una foto. Por entonces también retrató a Andy Warhol y a muchos otros. En los setenta ya era famosa y el presidente Jimmy Carter le entregó el Premio National Women’s Caucus for Art. De hecho, había alcanzado la cima cuando murió en su piso el 13 de octubre de 1984 rodeada de su familia.

Fotografía de Lynn Gilbert (1976)

Eddie Zuckermandel con gato (1948)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alice Neel luchó toda su vida contra la depresión, pero siempre consiguió superar los golpes y adversidades. Pintó pocos gatos, es verdad, pero nunca dejó de hacerlo. El primer retrato con un gato es de 1932 y el último, fechado en 1981, se titula “Victoria con gato”, quizá una de sus nietas.

Victoria con gato (1981)

 


Deja un comentario

Los gatos en la obra surrealista de Leonora Carrington

Leonora Carrington nació el 6 de abril de 1917. Era una gran amante de los gatos, como Remedios Varo; por cierto, debemos confesar que cometimos un error en la entrada de esta última (https://gatosyrespeto.org/2017/04/13/los-gatos-surrealistas-de-remedios-varo/) al colgar una foto de Leonora diciendo que era Remedios. No creemos que les hubiera importado. Las dos pintoras, que habían coincidido en París, fueron amigas inseparables hasta que Remedios falleció en 1963. En 1960, Leonora escribió una novela hilarante, “La trompeta acústica” – que no se publicó hasta 26 años después -, donde habla de alquimia, el Grial, la perversidad de las monjas, las dificultades que representa la convivencia entre cabras y lobos, y de ser una anciana. En el libro, Remedios es la mágica y energética Carmella Velasquez, y Leonora es Marian Leatherby, de 92 años, a la que no le quedan dientes y se ha vuelto vegetariana. Cuando su familia la aparca en una residencia, Carmella será la que se encargue de cuidar de sus gatos.

Uno de los gatos de Leonora Carrington

Los últimos gatos de Leonora Carrington fueron dos siameses llamados Monsieur y Ramona. Convivieron con Yeti, un perro maltés que la acompañó durante los últimos tres años de su vida cuando Monsieur, Ramona y su marido ya no estaban. Se casó en 1943 con el fotógrafo húngaro Emerico Weisz, al que todos llamaban Chiki, fallecido el 17 de enero de 2007 a los 97 años. Leonora y Chiki tuvieron dos hijos, Gabriel y Pablo, a los que ella se refería como Anticristo 1 y Anticristo 2 cuando eran pequeños. Durante 64 años, la pareja vivió en la misma casa de la Colonia Roma en Ciudad de México, casa que abrirá sus puertas como museo el próximo mes de abril.

Dos gatos

Creció en una sombría mansión de estilo neogótico en Lancashire. Desde muy pronto sintió pasión por los animales, algo evidente cuando se contemplan sus cuadros y esculturas, donde abundan gatos, perros, pájaros, así como grifos, salamandras y muchas criaturas mezcla de ser humano y animal. Estudió en colegios de monjas de los que era expulsada regularmente. A pesar de la oposición de su familia, consiguió estudiar dibujo y pintura en la academia de Amédée Ozenfant, en Londres. A través de esta conoció a Max Ernst, casado y 26 años mayor que ella, y se fugaron poco después de haber sido presentada en la corte británica en 1935. Jamás volvió a Inglaterra.

Gatos

En París conoció a Louis Aragon, Paul y Nusch Eluard, Marcel Duchamp, André Breton y muchos otros. Los surrealistas defendían el concepto de la “femme-enfant” (mujer niña) que “por su ingenuidad está en contacto directo con el inconsciente y puede, por lo tanto, servir de guía al hombre”. Pero Leonora era una mujer de carácter y dijo, recordando esa época: “No tenía tiempo para ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada en rebelarme contra mi familia y en aprender a pintar”. En 1938, ella y Max Ernst se mudaron a la Provenza, entre otras razones para escapar de la ira de la abandonada esposa del pintor. A pesar de las recomendaciones de sus amigos, se quedaron en Francia y él fue internado en un campo con otros “extranjeros indeseables” en 1939. Leonora huyó a España con la esperanza de poder ayudarle desde allí.

Tres gatos

En Madrid sufrió una crisis nerviosa y acabó en un manicomio en Santander, donde le administraron Cardiazol, una droga antipsicótica que produce convulsiones, y pasó días enteros atada a una cama. Parece ser que sus padres mandaron a su amada nodriza al rescate en un submarino con la idea de trasladarla a Ciudad del Cabo e internarla en una residencia. Los padres de Leonora eran muy ricos, había estallado la II Guerra Mundial y quizá la forma más segura era usar un submarino… Desde Santander llegó a Lisboa, donde volvió a ver a Max Ernst, que ahora estaba con Peggy Guggenheim. Leonora engañó a su nodriza y se refugió en la Embajada de México porque sabía que allí estaba Renato Leduc, un diplomático, poeta y amigo de Picasso al que había conocido en París. Renato, todo un caballero, ofreció casarse con ella para liberarla de su familia. Después de pasar un tiempo en Lisboa, se trasladaron primero a Nueva York y luego a Ciudad de México. De su estancia en Nueva York mencionaremos que un día André Breton fue a comer a su casa y le sirvió liebre rellena de ostras.

Perro y gato

El gato de la noche

Cuando llegaron a México, Renato y Leonora se separaron amistosamente antes de que ella conociera a Chiki Weisz. A pesar de una juventud muy aventurera, una vez casada con Chiki, se instaló en una rutina que le permitía trabajar largas horas. No soportaba las convenciones sociales y siempre decía lo que pensaba. Adoraba a sus hijos, sus gatos y el árbol que plantó al poco de mudarse a la casa. El árbol creció y años después sus ramas empezaron a invadir el patio de los vecinos. Cuando estos llamaron a un jardinero para que lo podara, Leonora les rogó apasionadamente que lo dejaran esparcirse y ser libre. Ojalá lograra convencerles.

Gato sin botas

Otro gato sin botas

Su primera exposición de importancia tuvo lugar en 1947 en la galería Pierre Matisse de Nueva York. Fue invitada a mostrar sus obras en una exposición internacional en torno al surrealismo y se convirtió en una celebridad casi de la noche a la mañana. En 2005, la casa de subastas Christie’s vendió el cuadro “El juglar” por 713.000 dólares, el mayor precio alcanzado nunca por un artista surrealista vivo.

Gorro caliente para esquiar

Diseñó “Mujeres conciencia” (1973), un cartel para el Movimiento de Liberación de la Mujer en México, en el que describió a la Nueva Eva. Fue galardonada con el Premio a los Logros de una Vida en la convención del Women’s Caucus for Art (Asociación de Mujeres por el Arte) celebrada en Nueva York en 1986.

Mujeres conciencia

Luis Buñuel escribió acerca de la obra de Leonora Carrington: “Nos libera de la miserable realidad cotidiana”.


Deja un comentario

Gatos, indios norteamericanos y Fritz Scholder

Autorretrato con gato gris

 “Probablemente sea la primera persona en la historia del arte que haya realizado el retrato de un indio con un gato. Se han pintado muchos retratos de indios con perros. Pero nadie se ha dado cuenta de que los indios aman a los gatos”. Así hablaba Fritz Scholder en 2003 acerca del cuadro “Autorretrato con gato gris”, pero ya hacía tiempo que pintaba a indios norteamericanos con gatos.

Nació el 6 de octubre de 1937 en Breckenridge, Minnesota, en una familia de ascendencia alemana en parte. Muy pronto supo que quería pintar y sintió pasión por coleccionar objetos. Es conocido sobre todo por sus pinturas, aunque tiene en su haber numerosos grabados, aguatintas, litografías, monotipias, fotografías, collages y esculturas.

Estudió en el instituto de Pierre, Dakota del Sur, con el célebre artista sioux Oscar Howe. En 1957 se trasladó con su familia a Sacramento, California, y fue alumno del conocido pintor Wayne Thiebaud. Este le invitó a formar parte de una galería cooperativa cuya primera exposición recibió críticas excepcionales. Pronto realizó su primera exposición en solitario en el Museo de Arte Crocker de Sacramento. Al graduarse en la Universidad Estatal de Sacramento en 1961, fue invitado a participar en el Proyecto Rockefeller de Arte Indio en la Universidad de Arizona. Después de sus estudios de posgrado, empezó a trabajar en 1964 como profesor de Pintura e Historia del Arte Contemporáneo en el recientemente inaugurado (1962) Instituto de Indios Americanos de Santa Fe, Nuevo México.

Persona gato

 

Persona gato

Fritz Scholder era indio norteamericano por su abuela, que pertenecía a los luiseños (Payómkawichum en luiseño), una tribu originaria de la costa oeste establecida entre Los Ángeles y San Diego. Los españoles les llamaron luiseños debido a la proximidad de la Misión San Luis Rey de Francia. En 1967, el pintor expuso una nueva serie de cuadros – siempre pintaba series – muy controvertida porque retrataba “al indio auténtico”. Como hemos dicho antes, fue el primero en describir al indio norteamericano en compañía de gatos, pero también los pintó envueltos en la bandera estadounidense, con latas de cerveza y de refrescos. Tenía un objetivo muy claro: los eternos lugares comunes de la cultura dominante blanca. No había sido educado como un indio y su punto de vista era único.

Indio con gato

En 1969 viajó a Europa y al norte de África. A su regreso a Santa Fe, un año después, adquirió una pequeña casa de adobe que convirtió en estudio y hogar. Ya era una importante influencia para toda una generación de artistas indios norteamericanos. Además de exposiciones en solitario en conocidas galerías, daba numerosas conferencias en universidades, entre ellas Princeton y Dartmouth College.

 

Máscara gato

Fue invitado a exponer en solitario en la V Feria de Arte de Basilea, Suiza, en 1974. Desde allí, decidió viajar a Egipto para pintar la esfinge y las pirámides. En 1975 realizó sus primeros grabados y su primera exposición de fotografías tuvo lugar en 1978. Cuatro años después, el famoso arqueólogo Kent Weeks le invitó a que regresara a Egipto. En 1984 fue nombrado miembro vitalicio del Salón de Otoño de París y su obra se mostró en el Grand Palais. En los noventa publicó numerosos libros con poemas y grabados, y su primer libro digital salió en 2000. Expuso regularmente en galerías y tuvo varias retrospectivas en museos estadounidenses. En 2002 fue galardonado con el Premio del Gobernador de Arizona.

Rolling Cat 1

 

Rolling Cat 2

En 2001, Joshua Brockman, periodista del New York Times, visitó al pintor en su casa de Santa Fe y la describió como un oasis de palmeras y adelfas. Dice que el porche había sido convertido en una especie de sala de calaveras decorado con toda la parafernalia del Día de los Muertos mexicano. Parece ser que en el jardín había varias esculturas con calaveras en lugar de cabeza, obra del artista, y que en la biblioteca vio un cráneo del siglo XVIII grabado con símbolos de brujería. A pesar de esta decoración, el pintor le confesó que “me considero un optimista nato, lo que quizá pueda sorprender porque me gusta el lado oscuro de las cosas, pero cada día es una verdadera celebración y me siento feliz cada mañana cuando me despierto”.

Él mismo se consideraba un expresionista americano, aunque muchos críticos le etiquetaban de simbolista o colorista, y se defendía diciendo: “Un expresionista es alguien que disfruta pintando y con los materiales. La pintura gotea, mancha. No intento engañar a nadie y convencer de que esto es un objeto tridimensional en una superficie bidimensional”.

Los que le conocieron le recuerdan como un hombre jovial, lleno de vida, siempre sonriente, que vivía con sencillez y mucho estilo, como lo demuestra el vehículo que usaba para salir de su casa: un Rolls-Royce de 1979 con cristales ahumados. Era un tremendo coleccionista de libros, objetos de arte y curiosidades, y tenía una predilección especial por las piezas egipcias; poseía un sarcófago, así como momias de un niño, de un halcón, de un perrito y de un gato. “Considero la cultura egipcia la más fascinante y más importante de todas”, dijo una vez. “Me gusta que hicieran dioses de los animales, mientras que en nuestra cultura tendemos a ser crueles con los animales”. También creía que todos los seres humanos debían tener un espíritu animal gemelo y que el suyo era el búfalo.

Falleció el 10 de febrero de 2005 a los 68 años. Tres años después, el Museo Nacional de Indios Norteamericanos realizó una doble retrospectiva de su obra, titulada “Indian/Not Indian” (Indio/No indio), en Washington DC y en Nueva York. En 2009, el entonces gobernador de California, Arnold Schwarzenegger y Maria Shriver le incluyeron en la lista de los trece elegidos para el Salón de la Fama de California.

El 4 de octubre de 2015, el Museo de Arte de Denver inauguró una exposición itinerante de sus series “indias” titulada “Super Indian: Fritz Scholder, 1967-1980”, que a continuación viajó al Museo de Arte de Phoenix, Arizona, y al Museo Nerman de Arte Contemporáneo de Overland Park, Kansas.


Deja un comentario

Los gatos del ladrón de flores, Walasse Ting

Walasse Ting nació en Wuxi, cerca de Shanghái, en 1928, con el nombre de Ding Xiongquan. Pintor, escultor, artista gráfico y poeta autodidacta, empezó pintando siendo muy joven. Él mismo decía que había dibujado su primera libélula a los cinco años y vendido su primera acuarela a los 19. En 1946 fue a Hong Kong, donde empezó a darse a conocer como pintor. Decidió cambiarse el nombre por el de Walasse Ting en 1950 porque, según él, sonaba un poco como Matisse, un pintor al que admiraba mucho, y siguiendo la tradición china adoptó un seudónimo poético con el que firmó todas sus obras a partir de ese día, “El ladrón de flores”.

Llegó a París en 1953 y conoció a los miembros fundadores del movimiento vanguardista CoBrA (por Copenhague, Bruselas, Ámsterdam), Karel Appel, Asper Jorn y Pierre Alechinsky. A finales de los años cincuenta, el epicentro del arte occidental se había trasladado a Nueva York, ciudad a la que se mudó en 1958, relacionándose con artistas expresionistas y pop como Sam Francis, Tom Wesselmann, Andy Warhol y Claes Oldenburg. A principios de los sesenta, Ting y Sam Francis tuvieron la idea de publicar una colección de 68 litografías de los pintores más en boga del momento. El libro, titulado “One Cent Life” (La vida a un céntimo), que incluía poemas de Walasse Ting, salió a la venta en 1964 en una tirada de solo dos mil ejemplares, tuvo un tremendo éxito y actualmente está muy cotizado entre los coleccionistas.

En París había sobrevivido a duras penas, pero en Nueva York le fue mucho más fácil vender sus obras. Allí produjo una serie de cuadros abstractos de colores muy brillantes antes de inclinarse por un estilo más figurativo representando sobre todo a mujeres, flores y animales, y dentro de estos últimos especialmente gatos. Gatos con mujeres, gatos solos, gatos de dos en dos y de tres en tres, gatos rodeados de flores, gatos brillantes de todos los colores, gatos expresivos algo rechonchos que a pesar de ser azules, verdes, amarillos o rojos son auténticos gatos. Incluso sin ver la foto del pintor con su gato blanco y negro en brazos, sabríamos que Walasse Ting los amaba profundamente.

Después de vivir veinte años en Nueva York, se instaló en un espacioso estudio de Ámsterdam. A pesar de haberse ido de China mucho tiempo atrás, solía decir que los árboles y canales de la ciudad le recordaban al Lago Oeste de Hangzhou. Acabó viviendo entre Ámsterdam y Nueva York, y viajando bastante a menudo a Tahití, como Gauguin, en busca de los colores que tanto le gustaban.

Expuso en más de sesenta ocasiones en las grandes galerías y museos del mundo entero. Actualmente podemos admirar sus obras en las colecciones permanentes del Guggenheim y del Museo de Arte Moderno de Nueva York, en el Instituto de Arte de Chicago, en la Tate Modern de Londres, el Centro Pompidou de París y el Museo de Arte de Hong Kong.

El Museo Cernuschi de París inauguró una exposición dedicada al “Ladrón de flores” el 7 de octubre de 2016 que cerró sus puertas el 26 de febrero de este año. En 1970, el artista donó ochenta obras al museo; la colección fue restaurada en años recientes y, después de la retrospectiva realizada por el Museo de Taipéi en 2011 compuesta sobre todo por obras de los años 80 y 90, el Museo Cernuschi quiso mostrar el conjunto de la obra del artista. La mitad de los lienzos expuestos procedía de la colección privada del museo y la otra, de colecciones europeas y estadounidenses.

Quizá lo más notable de la obra de Ting Walasse sea la fuerza y la vitalidad que desprenden sus representaciones, que a veces dan la impresión de querer salir del marco. Quienes le conocieron dicen que era un hombre lleno de energía, de alegría y con un gran sentido del humor.

Falleció el 17 de mayo de 2010, en Nueva York, a los ochenta años.

 


Deja un comentario

Los gatos de Pierre-Auguste Renoir

Joven dormida con gato (detalle)

Auguste Renoir, como se le conoce, es uno de los pintores de mayor influencia en la historia del arte moderno.

Renoir a los 34 años

Se estima que en su larga y fructífera carrera, desde principios de 1860 hasta poco tiempo antes de su muerte en 1919, pintó unos 4.000 cuadros. Entre esa enorme cantidad, en solo ocho introdujo a un gato, y de estos ocho, solo dos representan a gatos sin seres humanos. Es verdad que no solía pintar animales, aunque en muchas de sus obras hay perros y es fácil encontrar varias con caballos.

Chico desnudo con gato (1868)

 

Gato durmiendo (1862)

Pero no nos quejemos, porque los ocho cuadros con gatos que dejó Renoir son absolutamente magníficos. Fueron pintados en un periodo que abarca algo más de veinte años, desde “Gato durmiendo” en 1862, hasta “Julie Manet con gatito” en 1887. En todos ellos, si observamos la expresión de los gatos, solo podemos concluir que había gatos en casa del pintor. Alguien que no haya vivido con uno o varios de ellos no puede reproducir la expresión de placer del gato en brazos de Julie Manet, o su posición en “Joven desnudo con gato”, con las uñas de la pata izquierda ligeramente sacadas, no para arañar, sino para mullir el brazo del joven y demostrar su satisfacción. O la gata de pie, apoyada en el tiesto, olfateando las flores…

El pintor en Cagnes-sur-Mer (1917)

 

Geranios y gatos (1881)

Renoir nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges, el gran centro de la porcelana francesa. Su padre era un modesto sastre, y la familia emigró a París en 1844 para mejorar su condición. De pequeño ya dibujaba bien, pero cantaba mejor, por lo que tuvo como profesor al compositor Charles Gounod. Pero la precariedad económica de su familia le obligó a abandonar las clases de canto y el colegio a los trece años para trabajar como aprendiz en una fábrica de porcelana.

El dueño se dio cuenta del talento del joven y le animó a seguir clases de dibujo para que pudiera ingresar en la Escuela de Bellas Artes. En 1858, las fábricas de porcelana pasaron del proceso manual al mecánico y Renoir tuvo que buscarse otro empleo.

Geranios y gatos (detalle)

 

Joven con gato

Cosechó su primer éxito en el Salón de París de 1868 con el lienzo “Lise con una sombrilla”. Unos años después, harto de sentirse despreciado por el jurado del Salón anual, se unió a Claude Monet, Alfred Sisley, Camille Pissarro y otros para organizar la primera exposición impresionista en abril de 1874, a la que contribuyó con seis obras.

En la segunda exposición impresionista solo incluyó retratos con la esperanza de conseguir encargos, y volvió a exponer varios cuadros al año siguiente. Sin embargo, a partir de ese año regresó al Salón y consiguió convertirse en un pintor de éxito desde 1879, a los 38 años. En 1881 viajó a Argelia; poco después, a Madrid para admirar las obras de Diego Velázquez, y luego a Italia para contemplar los cuadros de Ticiano y de Rafael. El 15 de enero de 1882 conoció al compositor Richard Wagner en Palermo, Sicilia, y le hizo un retrato en exactamente 35 minutos.

Joven dormida con gato (1880)

 

Julie Manet con gatito (1887)

 

Julie Manet con gatito (detalle)

Se casó en 1890 con Aline Victorine Charigot, una modista veinte años más joven que él, con la que ya tenía un hijo, Pierre, nacido en 1885, que se convertiría en actor de cine y de teatro. Luego nació Jean en 1894, el famoso cineasta, y Claude en 1901, un conocido ceramista.

Pero lo que quizá no se sepa tanto es que el pintor padeció de artritis reumatoide durante los últimos veinte años de su vida, lo que nunca le impidió seguir pintando a pesar del sufrimiento físico que le causaba. Una vez dijo que el arte debía ser bonito, e insistió: “Sí, bonito. La vida ya es bastante desagradable, ¿por qué no ver el lado más luminoso de vez en cuando?” Hizo prueba de una tremenda fuerza de voluntad para vencer una enfermedad que empeora progresivamente y nunca se consideró como una persona discapacitada.

Maternidad (La Sra. Renoir y Pierre)

 

Mujer con gato (1875)

Por las cartas enviadas a familiares y amigos, fue posible determinar que la artritis empezó a afectarle en 1892, cuando tenía cincuenta años, y que alcanzó su nivel más destructivo en 1903. Götz Adriani, un respetado historiador, cree que a medida que sus dedos se deformaban, “su mirada se centraba más en la espléndida intensidad del color” y que “los dedos deformes pasaban con una creciente ligereza por el lienzo, creando un fino tejido de estructuras de colores en tonos transparentes y delicados”. Lo que sí está claro es que su naturaleza optimista llena todas sus obras, incluso en momentos de enorme dolor físico. El gran pintor Pierre Bonnard (https://gatosyrespeto.org/2015/06/27/gatos-al-oleo-de-pierre-bonnard/) dijo de él: “Trabajaba desde el interior de su naturaleza y tenía la capacidad de ver un modelo o una luz en apariencia sin atractivo y comunicarles el recuerdo de momentos apasionantes”.

Cuando se le diagnosticó la enfermedad, recorrió Europa en busca de tratamientos para aliviar los síntomas y detener su avance. Además de los habituales dolores en las manos, también sufría de un anquilosamiento progresivo en hombros y codos, así como de nódulos en la espalda y brazos. Cuando ya no pudo ponerse en pie, no perdió la movilidad gracias a varias sillas de ruedas diseñadas para cosas específicas. Acabó instalándose en Cagnes-sur-Mer, en la Costa Azul, donde el clima más benigno aliviaba algo su sufrimiento.

Renoir a los 71 años

En 1912 siguió el tratamiento de un famoso médico durante varias semanas y pudo dar varios pasos solo después de más de dos años, pero el esfuerzo necesario era demasiado enorme y dijo: “Requiere toda mi energía, ya no me quedaría para pintar”. Cuando su mano deformada le impidió sujetar el pincel, pidió que se lo colocaran en la mano cerrada previamente vendada con telas muy suaves para que no se formaran llagas. Llegó el momento en que ya no tuvo fuerza para sujetar la paleta con la mano izquierda y se la ponían en la rodilla. Posteriormente, alguien de la casa inventó un mecanismo para fijarla en el brazo de la silla de ruedas.

Se sabe con certeza que Renoir, ya mayor, solía pintar con un gato en las rodillas, probablemente para darle calor, como lo demuestra el pelo de gato mezclado con la pintura en sus últimos cuadros, lo que también sirve para autentificar los lienzos al no estar firmados.

En 1919 fue al Louvre para ver sus cuadros colgados bajo el mismo techo que las obras de los grandes maestros. Falleció en su casa de la Costa Azul el 3 de diciembre de 1919.