Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Los gatos cretenses de John Craxton

Dos gatos (1960)

El pintor inglés John Craxton compartía su casa en Creta con numerosos gatos y decía: “Los gatos son un buen ejemplo de la Ley de Parkinson. Prosperan”. Convivía con ellos, los usaba como modelos y solía mandar felicitaciones de Navidad con dibujos de gatos.

A John Craxton no le gustaba, con razón, que le colgaran la etiqueta de “artista neorromántico”, pues no describe ni de lejos toda su trayectoria. Nació en 1922, el cuarto de cuatro hermanos y una hermana, hijo de Harold Craxton, profesor y musicólogo de la Real Academia de Música, y de su esposa, la violinista Essie Faulkner. Su hermana fue la conocida oboísta Janet Craxton. La música, la comida y las motos fueron tres de sus grandes pasiones.

Dos gatos jugando (1955)

 

El gato Marco (1948)

El hogar de los Craxton estaba abierto a todos: músicos famosos y pobres estudiantes se sentaban juntos a comer y a charlar. La autora Elizabeth Jane Howard, que conocía a los Craxton, dijo, recordando el caótico hogar donde creció el pintor: “Eran felices, y como el polen, algo de eso se depositaba en todos los que estaban en contacto con ellos”. Pero no tardó en ser enviado a varios internados en los que no se sentía particularmente feliz. Por suerte, en el colegio Betteshanger conoció a la profesora de arte Elise Barling, a la que describiría posteriormente como “inspirada”. Gracias a esta mujer, y con solo diez años, el joven Craxton y algunos de sus compañeros expusieron dibujos en la Bloomsbury Gallery, una idea muy aclamada por la prensa de entonces.

Gato en silla

 

Gato y caracol (1965)

Los padres de un amigo de colegio le invitaron a viajar a París para visitar la Exposición Internacional de 1937 y allí descubrió el “Guernica”, de Picasso, así como “El segador”, de Joan Miró. Volvió a Paris dos años después, esta vez para ingresar en la Academia de la Grande Chaumière durante un año, antes de regresar a Londres en 1940 para estudiar en dos escuelas de arte, la Central y la Westminster.

 

Gato y gallo (1957)

En 1941 fue rechazado por el ejército debido a una pleuresía. Más o menos en esta época, en plena guerra, conoció a Peter Watson, cofundador de la revista Horizon. Este sería su mecenas durante varios años y le presentó a otros dos pintores amantes de los gatos, Robert Colquhoun y Robert MacBryde. También en esta época conoció a Lucian Freud; los dos tenían 19 años y se les consideró como el futuro de la pintura inglesa. Estudiaron juntos en varias academias e incluso compartieron un diminuto piso.

En 1944 expuso por primera vez en solitario en la Leicester Galleries, un lugar clave para artistas londinenses conocidos y no tan conocidos. En 1945 realizó un viaje con Lucian Freud a las islas Sorlingas, donde ambos pintaron, y un año después visitó Grecia por primera vez. No se instaló de forma definitiva en Chania, Creta, hasta principios de los años sesenta. Hablando de Grecia, decía: “Aquí me siento como una persona de verdad, con gente de verdad, elementos de verdad, ventanas de verdad, sol de verdad encima de todo. En una vida hecha de realidad, mi imaginación funciona. Pero en Londres me siento como un emigrante, totalmente aplastado”.

Gato y mariposas

 

Gato y pecera

Aun así, nunca dejó de viajar regularmente a Inglaterra, aunque cada vez menos. Solo abandonó Grecia voluntariamente desde 1970 a 1976 durante la dictadura de los coroneles.

Antes de mudarse a Grecia, en los años cincuenta, el coreógrafo Frederick Ashton le pidió que diseñara los decorados y el vestuario del ballet “Dafnis y Cloe”, protagonizado por Margot Fonteyn, la gran bailarina de la que se dice que fue su amante durante algún tiempo.

John Craxton y Margot Fonteyn

Sus diseños fueron usados en numerosas reposiciones del ballet, pero acabaron por perderse. En 1966 diseñó los decorados del ballet “Apolo”, de Stravinski, para el Covent Garden. Muchos años después, en 2004, el Royal Ballet celebró el centenario del famoso coreógrafo, y a pesar de su avanzada edad, Craxton recreó sus diseños originales de memoria.

Gatos durmiendo (1956)

 

Gatos en el jardín de Veg

Pero poco a poco, el “chico de oro”, como le llamaban los críticos de arte en los cincuenta, empezó a caer en el olvido. Muchos de esos mismos críticos le trataban de “poco serio” y le acusaban de no dedicarse bastante a la pintura. Es verdad que Craxton siempre prefirió el arte de vivir al de pintar, y pasaba mucho tiempo en bares y tabernas u organizando excursiones con amigos. Uno de ellos era Patrick Leigh Fermor, para el que ilustró varios libros, marido de la fotógrafa Joan Leigh Fermor, otra gran amante de los gatos.

Volvió a exponer en solitario en la Galería Whitechapel en enero de 1967, época en la que Londres estaba dividido entre el Pop Art y el expresionismo abstracto, dos corrientes que no tenían nada que ver con los cuadros modernistas rebosantes de luz de Craxton, tachados de irrelevantes por la crítica.

Gatos, langosta y niña

 

John Craxton pintando dos gatos para Joan Leigh Fermor (1956)

Durante el tiempo que abandonó Grecia, viajó por África y pintó, entre otros cuadros, uno en el que se ve a viejo león bebiendo en una poza de Kenia que fue adquirido por el famoso tenor Peter Pears, compañero de Benjamin Britten. El cuadro se encuentra ahora en el estudio de la planta baja de The Red House, donde el compositor trabajaba cuando ya no podía subir las escaleras. De hecho, Peter Pears había empezado a comprar cuadros y dibujos de Craxton en los años cincuenta, y reunió una importante colección de bailarines y pastores griegos.

John Craxton pintó a muchos gatos durante su vida. “Gatos cretenses”, realizado en 2003, es una pequeña obra maestra en la que dos gatos negros juegan en una silla cuyo asiento de enea se parece extrañamente a la espina dorsal de un pez.

Gatos cretenses (2003)

Fue elegido miembro de la Real Academia de Inglaterra en 1993. Nunca se casó y falleció el 17 de noviembre de 2009 a los 87 años, acompañado por Richard Riley, su compañero de muchos años.

Tarjeta navideña

 

Ian Collins publicó la biografía “John Craxton” en 2011, y el Museo Fitzwilliams de Cambridge le dedicó una exposición desde diciembre de 2013 a abril de 2014. Actualmente, sus obras se conservan en la Tate Gallery, el Victoria and Albert Museum, la Galería de Arte Moderno de Edimburgo y el Museo Nacional de Gales en Cardiff, entre otras instituciones.

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Gatos en retratos naíf

A finales del siglo XVIII y hasta mediados del XIX surgió un pequeño fenómeno en Estados Unidos limitado sobre todo a la Costa Este y a algún estado del Sur como Luisiana y Tennessee. Nos referimos a los retratistas itinerantes. Algunos de estos artistas trabajaban a cambio de cama y comida, otros alquilaban una habitación y permanecían en la zona hasta pintar a todos los interesados.

Martha Bartlett y gato (Museo Metropolitano de Nueva York)

 

William Thompson Bartoll

Incluso comunicaban su llegada mediante pequeños anuncios en la prensa local y ofrecían servicios de otra índole, como pintar letreros, carros o cualquier otra cosa con tal de incrementar sus ingresos. También se adaptaban a las posibilidades económicas del cliente, algo que afectaba al producto acabado. Se sabe de artistas que llegaban a realizar entre dos o tres retratos diarios, dejando poco margen para corregir errores. La mayoría de ellos no firmaban las obras; como mucho escribían algún dato que otro acerca del modelo en la parte trasera de la tela o de la madera indicando nombre, fecha y lugar. Los cuadros firmados son muy escasos y suelen atribuirse a un autor basándose en el estilo, documentos o historias familiares.

Artista desconocido

 

Artista desconocido

Estos retratos “primitivos” son maravillosos por su imaginación, sencillez e increíble vitalidad. Su encanto y belleza se deben sobre todo al uso de la perspectiva y de los colores. En general, el modelo está retratado de frente o de tres cuartos; las sombras son casi inexistentes; las manos, las orejas y el cabello no están muy trabajados; la cara tiende a ser desproporcionada en relación al resto del cuerpo y las extremidades pueden adoptar posiciones poco cómodas. Muy a menudo los artistas se esforzaban más en reproducir detalles de la ropa que el rostro del modelo y en muchos casos no hay telón de fondo. Algunos de los pintores habían estudiado en una academia, pero la mayoría eran autodidactas.

Hay retratos de todo tipo: de familias, de hermanos, de parejas, de mujeres, de hombres, pero hemos descubierto que abundan los de niños con gatos. Como puede verse por las reproducciones que incluimos, en muchos casos el tamaño del gato retratado no tiene nada que ver con la realidad.

Niña con gato negro (Amni Phillips)

Niña con gato

El pintor Amni Phillips (1788-1865) solía retratar a las modelos vestidas de rojo. Una de ellas tiene un claro estrabismo que no intentó corregir. Este pintor, como muchos otros de sus contemporáneos cayó en el olvido durante décadas hasta que el matrimonio formado por Barbara y Larry Holdridge, grandes apasionados del arte naíf estadounidense, con la ayuda de la historiadora Mary Black, se dedicaron a recuperar sus obras en los tres estados que había recorrido en vida, Connecticut, Massachusetts y Nueva York. En 1958 compraron uno de los pocos retratos firmados por el artista, y a partir de este momento intentaron reunir sus obras y saber más de él.

Otro famoso pintor itinerante, William Matthew Prior (1806-1873), de Boston, fue un fiel seguidor del predicador William Miller, que se empeñaba en la inminencia del fin del mundo, y escribió dos libros acerca de las enseñanzas de su maestro.

William Matthew Prior

Se le atribuyen unos 1.500 retratos, pero su estilo era tan parecido al de Sturtevant J. Hamblen (1817-1884), del que se sabe muy poco, excepto que era el cuñado de Prior y probablemente su alumno, que muchas de las obras se describen como pertenecientes a la escuela “Prior-Hamblen”, ahora muy buscadas por los coleccionistas.

Sarah Gray (Sturtevant J. Hamblen)

 

Obra de Sturtevant J. Hamblen

Efectivamente, después una larga temporada en el olvido, estos cuadros alcanzan precios inimaginables para sus autores. Por ejemplo, el retrato “Niña con gato”, de Amni Phillips, que reproducimos aquí, fue subastado hace diez años en Christie’s por 1.248.000 dólares.

Niña con gato (Amni Phillips)

Lo compraron los coleccionistas Allen y Kendra Daniel, que lo describieron como sigue: “Este cuadro reúne lo mejor del arte primitivo americano. Tiene un maravilloso sentido del dibujo y del color, además de una enorme presencia”.

Algunos pintores usaban los mismos objetos, ropa y joyas en sus cuadros, “vistiendo” a la modelo. Zedekiah Belknap (1781-1858), que pintó retratos en los estados de Vermont, New Hampshire, Massachusetts y Nueva York, se fijaba mucho en los detalles de la vestimenta de sus modelos, pero es curioso que todas las niñas vayan vestidas igual.

Zedekiah Belknap

Zedekiah Belknap

Joseph Goodhue Chandler (1813-1884) era ebanista de profesión, pero empezó a retratar a su familia. Estaba casado con Lucretia Ann Waite (1820-1868), una conocida retratista que no tenía nada que ver con los “primitivos”, y se cree que ella “acababa” los retratos de su marido.

Dentro de estos pintores estaban los especializados en retratos póstumos de seres queridos que acababan de fallecer. Incluimos uno, el único que encontramos con un gato. Este es fácil de identificar como retrato póstumo por el obelisco, el barco que se aleja hacia el horizonte, simbolizando el paso hacia la muerte, y el sauce llorón.

En memoria de Nicholas S. Catlin (1852)

 

John Maddox con gato

Sin embargo, muchos de estos retratos no contenían simbolismo alguno, y es imposible saber si pertenecen a esta categoría si no hay algo escrito en la parte trasera.

Colección Gregory Rubin Reynolds

Emma Homan ( John Bradley – Museo Metropolitano de Nueva York)

En total, buscando un poco, hemos encontrado 40 retratos con un gato, de los que publicamos solo una pequeña selección. Estamos seguros de que hay muchísimos más, lo que nos lleva a pensar que el gato formaba parte de los hogares de la Costa Este de Estados Unidos, por lo menos desde el estado de Nueva York al de Maine, y que poco importaba su color, incluso en Massachusetts, donde se encontraba la tristemente famosa ciudad de Salem y sus cazas de brujas. Es verdad que ya habían transcurrido más de 150 años desde ese horrendo episodio.


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Los muchos gatos de Utagawa Kuniyoshi

Tres gatos de fiesta

Utagawa Kuniyoshi, nacido el 1 de enero de 1797, fue uno de los últimos grandes maestros de impresión mediante planchas xilográficas y pintura en el estilo ukiyo-e, además de miembro de la Escuela Utagawa, encabezada por Utagawa Toyokuni, donde ingresó en 1811. Al cabo de tres años de aprendizaje, su maestro le dio el nombre de Kuniyoshi y empezó a trabajar como artista independiente. A pesar de sus brillantes comienzos, no realizó muchos grabados entre los años 1814 y 1825, quizá por no ser conocido y por la gran competencia. En 1828 recibió su primer encargo de importancia, una serie sobre las vidas de los héroes del Suikoden que le hizo muy popular en Edo (Tokio en la época), abriéndole la puerta de los círculos literarios y de ukiyo-e más importantes.

Diversión, la primera nevada

La época correspondía al final del famoso periodo edo (1603-1868), durante el que el shogunato Tokugawa consiguió unificar Japón, dando pie a un largo y próspero periodo de paz con un gran desarrollo social y cultural. La nueva burguesía, formada sobre todo por mercaderes, estaba deseosa de gastar dinero en las artes. Una de las formas más populares fue los ukiyo-e, impresiones a partir de planchas de madera o xilográficas en las que se representaba a héroes legendarios, paisajes, escenas de la vida cotidiana y estrellas del teatro kabuki.

Dos gatos como luchadores de sumo

A principios de la década de 1840, convencido el shogunato de que estaba perdiendo el control del ejército, la economía, las finanzas y la religión, impuso las reformas Tenpo, destinadas a calmar el desasosiego social. Además de encarcelar a importantes políticos y escritores, se empezó a ejercer una férrea censura sobre la literatura y representaciones artísticas en general. Entre otras cosas, se prohibió realizar dibujos de los actores de teatro kabuki, cortesanas y geishas porque incitaban al pueblo a lujos demasiado costosos.

Gato casero

Para superar la censura, a Utagawa Kuniyoshi se le ocurrió representar a los actores más famosos con rasgos de gatos, añadiendo pequeños detalles que permitieran identificarles. Sus impresiones se hicieron muy populares y los amantes del teatro kabuki disfrutaban buscando las pistas que les permitieran reconocer a los actores que aparecían en cada dibujo.

Siete de Las Cien Fisionomías

Se cree que los dos años en que la censura fue más estricta empujaron no solo a Utagawa Kuniyoshi, sino a muchos artistas japoneses, a hacer uso de la imaginación, llegando a crear una nueva tendencia dentro del ukiyo-e.

Gatos músicos

Sin embargo, el artista había empezado a dibujar gatos mucho antes de las reformas Tenpo y se sabe que, cuando alcanzó la talla de maestro y abrió un estudio, además de alumnos también había muchos gatos. Se cree que los primeros gatos domésticos llegaron a Japón a mediados del siglo VI al mismo tiempo que los textos budistas, para protegerlos contra los ratones. La primera mención del gato doméstico aparece en el diario del emperador Uda (867-921), donde habla de un gato negro que llegó de China en 884. El primer nombre conocido de una gata en Japón es Myobu no Otodo, que significa Primera Dama del Palacio Interior. La aristocrática felina pertenecía al emperador Ichijo (980-1011), tenía un rango en la corte y llevaba un collar rojo. El dibujo más antiguo de un gato en Japón se debe a Toba no Sojo (1053-1140) y forma parte de un pergamino narrativo. A partir de esa época parece que el gato empezó a ser habitual en los hogares japoneses.

Chojugiga, de Toba no Sojo (s. XII)

 

Gatos y cerezo en flor

Utagawa Kuniyoshi hizo cientos de dibujos de gatos y los presentó de todas las formas posibles. Creó la serie “Neko no ateji” con gatos adoptando formas para reproducir nombres de peces mediante el carácter kana, así como una serie en que los gatos ilustran proverbios. En otras ocasiones pintó gatos antropomorfos vestidos con suntuosos trajes y comportándose como seres humanos.

Gato ladrón

Uno de nuestros grabados favoritos es el del gato ladrón. Cuentan que a menudo se pasaba el día trabajando con un gato metido en su kimono y que alentaba a sus alumnos a pintar gatos.

Gatos formando el carácter “pez gato”

Uno de sus dibujos más famosos es un tríptico titulado “Gatos sugeridos como las 53 estaciones de la Tokaido”, donde cada gato representa una etapa de la carretera que une Tokio con Kioto. Diez años antes, entre 1833 y 1834, el famoso artista Hirogishe realizó una serie de 53 impresiones titulada “Las cincuenta y tres estaciones de la Tokaido”, que tuvo un enorme éxito. Utagawa Kuniyoshi decidió sustituir los paisajes por gatos a modo de broma.

Las 53 estaciones de la Tokaido

Por ejemplo, la estación 41 se llama Miya, cuya pronunciación recuerda a la palabra “padres” en japonés. El artista describió la estación con una gata y dos gatitos (arriba a la izquierda en la reproducción). Por cierto, todos los gatos del tríptico son rabicortos, una peculiaridad de los gatos japoneses. Incluso incluyó a un bakeneko o gato cambiante (a la derecha, a media altura, con la cabeza tapada con un pañuelo), https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/

Niño con gato

Tuvo muchos alumnos notables durante sus años de maestro. Todos empezaban como aprendices y seguían el estilo del profesor. Luego, cuando ya eran independientes, desarrollaban estilos propios, como ocurrió con Yoshitoshi, considerado el último maestro del arte de la plancha xilográfica en Japón.

Proverbios

Utagawa Kuniyoshi, un gran artista con mucho sentido del humor, falleció en abril de 1861 a los 65 años.

 

 


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Gatos, soledad, surrealismo y Gertrude Abercrombie

Niña con gatos (1940)

La pintora Gertrude Abercrombie, gran amante de los gatos y del jazz, apuntaba en una libreta los gatos que había tenido y lo que había sido de ellos. El apartado se titulaba: “Gatos que he tenido (de los grandes)”. Con “de los grandes”, en inglés “big main ones”,  se refería a la raza Maine Coon, efectivamente, gatos de buen tamaño. La lista incluía a Jimmy, Monk, Fitzgerald y Folly, entre otros.

Interior con gato

Don Baum, artista y defensor de artistas de Chicago, era un buen amigo de la pintora y la describió como “una mujer muy graciosa e introspectiva”. Recuerda que su casa desbordaba energía y estaba llena de gatos: “Tocaba el piano y no había nada que le gustara más que sentarse ante el teclado con alguien como Dizzy Gillespie o Miles Davis con sus instrumentos. De locos”. Era un inmueble de tres pisos a orillas del lago Michigan en el barrio de Hyde Park, cerca de la Universidad de Chicago, lo que le permitía alquilar habitaciones, no solo a estudiantes, sino a conocidos músicos y compositores de jazz, y donde parece ser que los gatos comían mejor que las personas.

Cabeza con gato

Esa mujer excéntrica recorría la ciudad en un viejo Rolls-Royce – de hecho, tuvo tres durante su vida – y necesitaba desesperadamente ser el centro de atención. Ella misma solía contar una anécdota en la que se describía su exacerbado narcisismo. Su amigo, el artista Dudley Huppler, en una postal dirigida al pintor Karl Priebe, escribió: “Querido Karl: Anoche llevé a Gertrude al ballet. No le gustó. Ella no bailaba”. También reconoce que siempre se pintaba a sí misma, incluso cuando no se trataba de autorretratos propiamente dichos.

Tres gatos

 

Tres gatos (plano medio)

Sus cuadros parecen reflejar una terrible soledad. La gran mayoría representa a una mujer sola en parajes desolados. Mujeres buscando, andando, a veces acompañadas de un animal. Los dos gatos de “Gato blanco” y “Gato y retrato” también están solos, casi desamparados. Reconocía que carecía de técnica; para ella había buenos pintores y mejores artistas, y consideraba pertenecer a esta última categoría.

Gato blanco

 

Gato blanco

Le importaba transmitir emociones, sentimientos e ideas. Decía que “debe ocurrir algo, y si no ocurre nada, la mejor técnica del mundo no lo cambiará”.

Gato con retrato

Nació el 17 de febrero de 1909 en Austin, Tejas, por la sencilla razón de que sus padres, dos cantantes de ópera que estaban de gira, se encontraban allí ese día. La familia vivió en Berlín hasta 1914, pero el estallido de la I Guerra Mundial les obligó a regresar, primero a Aledo, Illinois, y posteriormente al barrio de Hyde Park en Chicago. En 1929 se licenció en Filología Románica y estudió brevemente Dibujo Comercial en la Academia Americana de Arte.

 

Bote (1954)

Empezó a dedicarse a la pintura a tiempo completo a partir de 1932 y vendió su primer cuadro ese verano en una feria de arte. Dejó la casa familiar a mediados de los años treinta, y la Sociedad de Artistas de Chicago organizó su primera exposición en solitario en 1934. Se casó con el apuesto Robert Livingstone en 1940, dio a luz a su única hija, Dinah, en 1942 y se divorció en 1948. Ese año se casó con el crítico musical Frank Sandiford y su gran amigo Dizzie Gillespie tocó en la boda. Se divorció de su segundo marido en 1964.

Fotografiada por Carl Van Vechten

En 1945 pintó “Girl Searching” (Mujer joven buscando). A partir de ese momento y durante los siguientes quince años pintó cientos de cuadros, organizó jam sessions en su casa con músicos como Sonny Rollins, Max Roach y Jackie Cain, se hizo famosa y se hablaba de ella en la prensa. Dizzy Gillespie la describió como “la primera artista bop, porque ha tomado la esencia de nuestra música y la ha trasladado a otra forma de arte”.

Entre las pocas influencias que Gertrude Abercrombie reconocía, estaba el pintor belga René Magritte. A parte de aceptar que Georgio de Chirico, Max Ernst y Salvador Dalí “tenían algo que ver” con su trabajo, de Magritte dijo: “Cuando vi sus obras, pensé: ‘Este es tu papá’, y he seguido en esta vena surrealista desde entonces”.

Interior con gato

Su salud empezó a resentirse a finales de los años cincuenta por culpa del alcohol, sufría de artritis y tenía problemas financieros. A partir de 1959 pintó menos y cuadros de menor tamaño. Dejó de poder moverse sola y acabó confinada en la cama. La “reina de los artistas bohemios”, como la llamaban, falleció el 3 de julio de 1977. Unos meses antes de su muerte tuvo lugar una gran retrospectiva de su obra en el Centro Hyde Park.

La pintora

Entre 1944 y 1964 expuso nada menos que veinte veces en solitario y fue una de las artistas más famosas de Chicago durante casi treinta y cinco años. Luchó contra la depresión y la inseguridad, pero durante toda su vida como pintora supo mantener el equilibrio entre el misterio y la realidad, la tragedia y el humor. En una de sus últimas entrevistas dijo: “Pinto como pinto porque estoy muerta de miedo. Me parece un milagro que estemos vivos, ¿a ti no?”


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El gato blanco de Maurits Cornelis Escher

Gato blanco I (1919)

El artista neerlandés Maurits Cornelis Escher no es especialmente conocido por dibujar gatos, sino por sus grabados xilográficos o a media tinta de construcciones imposibles, objetos y mundos imaginarios y teselados basados en cálculos matemáticos. Pero hubo un periodo muy corto de su vida en que dibujó a un gato blanco. Parece ser que se lo regaló la dueña de la casa donde vivía mientras estudiaba en Haarlem, pero repetimos, “solo parece ser”, no es nada seguro.

Gato blanco II (1919)

En la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas de esta ciudad empezó estudiando Arquitectura, pero no tardó en decantarse por las Artes Decorativas bajo la tutela del artista de artes gráficas Samuel Jessurun de Mesquita, con el que mantuvo una gran amistad hasta la muerte de este en el campo de concentración de Auschwitz en 1944.

Escolástica – Noche de luna llena (1931)

En Roma, 1930

La aparición del gato blanco data de esta época, concretamente de 1919. Los cuatro dibujos para grabados con un gato blanco, más el del gato negro, están todos fechados en este año. Aunque no sepamos nada del gato blanco (ni del negro), está claro que ese año, un gato se cruzó en la vida del artista. En un grabado realizado en 1926, “Sexto día de la Creación”, volvió a incluir a un gato blanco frotándose contra las piernas de Eva, y cinco años después, en 1931, a varios gatos negros escuchando a otro, a un grupo de perros, un búho, unos ratones, una rana o sapo, todos ellos en buena armonía, si no fuera por la presencia algo amenazadora de unas serpientes en el grabado “Escolástica – Noche de luna llena”.

 

El sexto día de la Creación (1926)

Después de 1926, que sepamos, jamás volvió a dibujar un gato, pero sí los incorporó en sus famosos teselados regulares inspirados en los mosaicos de la Alhambra y basados en la simetría geométrica.

Teselado I

 

Teselado II

Maurits Cornelis Escher nació en Leeuwarden, Países Bajos, el 17 de junio de 1898. No destacó sobremanera como estudiante; es más, no acabó el instituto. En 1922 viajó a Italia y visitó ciudades como Florencia, Ravello, Volterra y Siena, y a España, concretamente a Madrid, Toledo y Granada, donde descubrió la Alhambra. Atraído por Italia, decidió regresar a Roma, ciudad en la que vivió entre 1923 y 1935. Se casó en 1924 con Jeta Umiker, una suiza afincada en Italia.

Teselado de la Alhambra

 

Serpientes (1969)

La familia dejó Italia en 1935 debido al clima político reinante. A pesar de no tener interés en la política, el artista no soportaba el fascismo de Mussolini y se mudó a Suiza con su esposa y tres hijos. Fue entonces cuando se le encargó el dibujo de un sello para Holanda; dibujaría otro en 1949. En 1937 volvieron a trasladarse, esta vez a Bélgica, pero en 1941 la II Guerra Mundial les obligó a regresar a los Países Bajos, concretamente a Baarn, donde permaneció hasta 1970.

Autorretrato

Es el autor de 448 litografías y grabados, así como de unos dos mil dibujos. También ilustró libros, diseñó tapices, murales y, como hemos dicho antes, sellos. Durante el periodo suizo realizó 62 de los 137 dibujos de división regular del plano. Aunque estaba convencido de no ser un buen matemático, se relacionaba regularmente con matemáticos de la talla de George Pólya, Roger Penrose, Harold Coxete y el cristalógrafo Friedrich Haag, además de llevar a cabo sus propias investigaciones en torno a los teselados.

Hombre sentado con gato (1919)

La mayoría de la obra de Escher se basa en las matemáticas, lo que quizá no ayudó a que fuera más admirado en vida. Criticado por su falta de lirismo, se le tachó de “demasiado intelectual”. Curiosamente, sus trabajos se hicieron más populares a partir de 1966, después de que Martin Gardner hablara extensamente de él en su columna “Juegos matemáticos” de la revista Scientific American. En 1979, Douglas Hofstadter publicó “Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid”, en el que expone conceptos fundamentales de las matemáticas, la simetría y la inteligencia explorando temas comunes a los tres.

Gato (1919)

En julio de 1969 terminó su última obra, un grabado en madera de grandes dimensiones a partir de una simetría rotacional triple titulado “Serpientes” para el que fueron necesarios tres bloques diferentes, cada uno con una triple rotación a partir del centro de la imagen con una alineación absolutamente precisa para evitar huecos o superposiciones. Cada grabado requería un total de nueve impresiones.

En 1970 se mudó al Rosa Spier Huis de Laren, un centro al que podían retirarse los artistas y donde disponía de su propio estudio. Falleció el 27 de marzo de 1972 a los 73 años.

Sus creaciones siguen despertando la curiosidad de personas de todo el mundo. Las principales colecciones de sus obras se encuentran en el Museo Escher de la Haya, la Galería Nacional de Arte de Washington DC, la Galería Nacional de Arte de Canadá en Ottawa, el Museo Israel de Jerusalén y el Huis ten Bosch de Nagasaki. La primera retrospectiva en su país natal se celebró cuando ya tenía setenta años.

El Museo Escher en La Haya

En el siglo actual, varias ciudades han organizado retrospectivas suyas. Destacaremos la de Río de Janeiro, que atrajo a 573.000 visitantes en 2011, convirtiéndose en la exposición más visitada en todo el mundo ese año.

Esta entrada está dedicada a Rafa, amante de los animales y matemático.

 


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Los gatos de Casapueblo (Carlos Páez Vilaró)

El pintor, ceramista y escultor Carlos Páez Vilaró decía, hablando de los gatos: “Son mis amigos más antiguos, mis amigos silenciosos, que estéticamente me entretienen, me dan placer. A veces les pregunto: ‘¿Te gusta este color?’ Si me dice ‘miau’, entonces sigo adelante”. Y en otra entrevista, hablando de su rutina diaria en Casapueblo, también dijo: “Me levanto por la mañana, me hago un cafecito, saludo a los gatos y empiezo a trabajar”.

Carlos Páez Vilaró se fue para siempre el 24 de noviembre de 2014 a los 91 años, pero sus gatos siguen paseándose por las dependencias de Casapueblo, en la tienda, en el taller, en la biblioteca, en el museo…

Casapueblo surgió alrededor de una casita de veraneo que tenía el artista en Punta Ballena, a 13 km de Punta del Este, Uruguay. Dicho por él, fue construida sin planos previos, poco a poco, con trece desniveles para que todas las ventanas y terrazas estuvieran abiertas al océano Atlántico. Era la residencia de Páez Vilaró, que la describía como “una escultura habitable”, y ahora se ha convertido en un hotel de cuatro estrellas con 20 habitaciones y 50 bungalows, y en una de las atracciones artísticas de Uruguay.

Carlos Páez Vilaró nació el 1 de noviembre de 1923 en Montevideo. En 1941 se trasladó a Buenos Aires y encontró trabajo en una fábrica de cerillas antes de pasar al sector de las artes gráficas. Al cabo de dos años regresó a Montevideo y descubrió las comparsas de la comunidad afrouruguaya. Se apasionó por su música y pintó cientos de obras en torno a este tema, compuso candombes y actuó como portavoz y defensor de un folclore que luchaba contra la incomprensión de todos.

En 1958 fundó, con otros artistas uruguayos decididos a fomentar el arte experimental, el Grupo de los 8, que participó en la Gran Exposición de Arte Internacional organizada por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Poco después dejó Uruguay para trasladarse a Brasil y siguió profundizando en sus estudios sobre la cultura afrodescendiente. En la década de los sesenta viajó a París, donde conoció a Picasso, Dalí y a De Chirico, entre otros muchos. El director del Museo de Arte Moderno de París le animó para que expusiera en la Casa de América Latina. El éxito de esta muestra propició invitaciones para exponer en Inglaterra y Estados Unidos.

Sus investigaciones le llevaron a recorrer Colombia, Panamá, la República Dominicana y Haití en el continente americano. No contento con esto, viajó a África, visitando Senegal, Liberia, Congo, Camerún, Nigeria y Gabón, donde conoció y colaboró con Albert Schweitzer (https://gatosyrespeto.org/2014/08/16/albert-schweitzer-y-el-respeto/) en la leprosería de Lambaréné.

Durante su estancia en Francia escribió, con Aimé Césaire y Léopold Sedar Senghor, el guion de la película Batouk, dirigida por Jean-Jacques Manigot, un largometraje de 65 minutos de duración que clausuró el Festival de Cannes de 1967.

El 13 de octubre de 1972, el avión Fairchild Hiller FH-227 de las Fuerzas Aéreas Uruguayas se estrelló en la Cordillera de los Andes. Su hijo Carlos, uno de los jugadores del equipo de rugby Old Christian, se encontraba entre las 45 personas a bordo. Carlos Páez Vilaró siempre estuvo convencido de que su hijo seguía vivo y durante los 72 días que transcurrieron hasta encontrar a los supervivientes fue una de las personas que encabezó la búsqueda.

A partir de principios de la década de los setenta vivió entre Nueva York, Sao Paulo, Brasil y Uruguay. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, donde permaneció 14 años. En esa época, a pesar de no ser arquitecto, diseñó una capilla de cultos múltiples, además de dedicarse a la cerámica, la escultura, la música y la literatura.

En 1997, este trotamundos acabó por dividirse entre sus dos talleres, el argentino y el de Casapueblo. Fue un pionero a la hora de integrar el arte a objetos cotidianos, aviones, barcos, cualquier cosa. También plasmó su pintura en aeropuertos, hoteles, edificios públicos. En todos los países que visitó dejó obras suyas, murales, cuadros, cerámicas. Pintó hasta el último día de su vida, seguramente rodeado de sus gatos, a los que tanto les gustaba el color.


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Los gatos en la pintura de Max Beckmann

Naturaleza muerta con dos gatos (1917)

El pintor alemán Max Beckmann ha sido tachado a menudo de “expresionista”, aunque era un adjetivo que él rechazaba categóricamente. En los años veinte del pasado siglo se le asoció con el movimiento “Neue Sachlichkeit” (Nueva objetividad), término acuñado por Gustav Friedrich Hartlaub, director del Kunsthalle de Mannheim, y al que pertenecieron Otto Dix (un amante de los gatos) y George Grosz, entre otros. Dicho movimiento desapareció en el año 1933, con el ascenso del Nacionalsocialismo al poder.

Antes del baile (1949)

 

Autorretrato con bombín (1921)

En esta entrada solo hablaremos del artista, ya que no hemos encontrado nada acerca de su relación con los gatos. Quizá el cuadro más sorprendente sea el titulado “La sinagoga de Fráncfort del Meno”, donde se ve a un gato sentado encima de lo que parece una alfombrilla en medio de la calle y una luna creciente en el cielo.

La sinagoga de Fráncfort del Meno (1919)

Todos los cuadros nos parecen asombrosos, pero los gatos siempre son desproporcionados, más pequeños de lo que deberían ser, incluso en “Naturaleza muerta con gatos”. Nos atrevemos a afirmar que tuvo un gato, como demuestran algunos de los autorretratos que hemos incluido aquí. De hecho, es conocido por los numerosos autorretratos que pintó durante toda su vida, como también hicieron Rembrandt y Picasso. También sabemos por dos cuadros que podemos ver en esta entrada que el matrimonio Battenberg, muy amigo suyo, tenía un gato.

Naturaleza muerta con gato

 

Mujer con gato

Max Beckmann nació el 12 de febrero de 1884 en Leipzig, Sajonia. Durante la I Guerra Mundial se alistó como enfermero voluntario y vivió experiencias muy traumáticas. A partir de entonces, su estilo cambió radicalmente, pasando del más correcto academicismo a una reflexión mucho más distorsionada de lo que veía.

Autorretrato con lámpara y gato (1920)

 

Autorretrato con los Battenberg

Disfrutó de mucho éxito durante la República de Weimar. En 1925 fue escogido para dar una clase magistral en la Academia Städelschule de Bellas Artes de Fráncfort. En 1927 ganó el Premio Imperial Honorario del Arte Alemán y la Medalla de Oro de la Ciudad de Dusseldorf. La Galería Nacional de Berlín compró dos cuadros suyos en 1928, y a principios de los treinta se le dedicaron varias retrospectivas y publicaciones.

Joven con gato amarillo

 

La vieja actriz (1926)

Pero todo cambió con la llegada al poder de Hitler, que sentía un profundo desprecio por el arte moderno. En 1933 fue clasificado de “bolchevique cultural” por el gobierno alemán y perdió su puesto de profesor en la Escuela de Bellas Artes de Fráncfort. Cuatro años después se confiscaron más de 500 obras suyas expuestas en museos alemanes y algunas formaron parte de la tristemente famosa “Exposición de Arte Degenerado” de Múnich. Al día siguiente del discurso de Hitler sobre el arte degenerado, Max Beckmann abandonó Alemania para siempre con Quappi, su segunda esposa, a la que retrató profusamente, pero nunca con un gato.

Mathilde von Kaulbach

Su autoexilio en Holanda duró diez años, durante los que intentó repetidamente obtener un visado para trasladarse a Estados Unidos. Por fin lo consiguió una vez terminada la guerra. Ocupó un puesto de profesor en la Universidad Washington de Saint Louis y posteriormente trabajó en el Museo de Brooklyn. Su primera retrospectiva en Estados Unidos tuvo lugar en el Museo de la Ciudad de Saint Louis en 1948. Fue allí donde le descubrió Morton D. Day, un filántropo y coleccionista que le compró numerosos cuadros. A los dos les unió una gran amistad.

Mujer con gato (1942)

 

Friedel Battenberg con gato (1920)

En 1949, después de cortas estancias en Denver y en Chicago, Max Beckmann y Quappi alquilaron un piso en Manhattan y empezó a dar clases en la Escuela de Arte del Museo de Brooklyn. Falleció de un infarto el 27 de diciembre de 1950 en la esquina de la calle 69 y Central Park West, a los 66 años. Según Quappi, su viuda, iba a ver uno de sus cuadros que acababa de colgarse en el Museo Metropolitano de Arte.