Gatos y Respeto

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Gatos en cuadros renacentistas

Leonardo da VInci (Museo Británico, Londres)

Leonardo da Vinci, hablando del gato, escribió que “incluso el espécimen más pequeño es una obra maestra”. A partir del siglo XV, sobre todo en Italia, la visión del gato en la pintura cambia radicalmente y en numerosas ocasiones se le asocia con la Virgen. Da Vinci realizó seis bocetos de la Virgen con el Niño y un gato en brazos entre 1478 y 1481. Lo curioso de estos dibujos es la proximidad del gato a los personajes, no está en el suelo, el Niño Jesús le abraza.

Leonardo da Vinci (Colección particular, Londres)

También hizo un maravilloso estudio comparativo del movimiento de gatos, leonas y dragones. ¿Qué ocurrió en el Renacimiento para que el gato se asociara a temas religiosos o apareciera en retratos como un animal de compañía de las clases altas? Según la teoría de los cuatro humores, el gato “se asociaba al tipo flemático, impredecible y saturnino con el que se identificaban los artistas”, dice Stefano Zuffi, gran conocedor del Renacimiento italiano y autor del libro “Gatos en el arte” (451 Editores, en España).

Leonardo da Vinci ,1513-15 (Biblioteca Real, Windsor)

Empezaremos por Francesco d’Ubertino Verdi, llamado Bacchiacca (Florencia, 1494-1557), conocido por sus espléndidos retratos. Es curioso que hasta 2008, cuando Robert La France publicó un catálogo razonado y puesto al día de la obra del pintor, no se supiera que los cuadros de Bacchiacca también podían ser obra de sus hermanos, Bartolomeo y Antonio, y de los hijos de estos.

Bacchiacca, circa 1525 (Colección particular)

Bacchiacca, 1540-45 (Gemäldegalerie, Berlín)

Siguiendo con los retratos, pasamos a Hans Süss von Kulmbach, nacido alrededor de 1485 y fallecido en Núremberg en 1522. Fue aprendiz del pintor italiano Jacopo de’Barbari, que trabajó en varias cortes alemanas, antes de unirse al taller de Durero. En 1508, Kulmbach pintó un doble retrato sobre madera: en el anverso, un joven, y en el reverso, una joven tejiendo una guirnalda de nomeolvides con un pensativo gato blanco observándola. En este caso, se cree que el gato simboliza el amor respetable y constante.

Hans Süss von Kulmbach, 1508 (Museo Metropolitano de Nueva York)

Ambrosius Benson, nacido entre 1490 y 1500 y fallecido en Brujas en 1550, fue un pintor flamenco posiblemente originario de la región de Milán, Italia, que germanizó su nombre (Ambrosio) y apellido (Bensoni o Benzoni). Se le atribuye este retrato de una mujer desconocida con un gato en el regazo, pintado alrededor de 1540. El gato, de pequeño tamaño, pasa delicadamente la pata entre los dedos de la mano izquierda de la retratada, que lleva una curiosa cadena por debajo del pecho.

Ambrosius Benson, circa 1540 (Colección particular)

Cleophea Krieg von Bellikon, pintada dos años antes (1538) por Hans Asper (1499-1571), que vivió en Zúrich, va ataviada con un complicadísimo traje además de estar cubierta de joyas. El pintor estudió con el gran maestro del Renacimiento del Norte, Hans Holbein, del que había comprado el “Retrato de familia” a su viuda. Al parecer, se inspiró en este cuadro, sustituyendo a los dos niños por un perro y un gato, jugando con la proverbial animosidad entre los dos animales y el apellido “Krieg” (guerra).

Hans Asper, 1538 (Kunsthaus, Zúrich)

Giovanni di Niccolò Luteri (1490-1542), llamado Dosso Dossi por haber nacido en San Giovanni del Dosso, provincia de Mantua, perteneció a la escuela de Ferrara, influenciada sobre todo por la veneciana. El cuadro “Retrato de un joven” fue originalmente atribuido a Domenico Mancini y posteriormente a Dosso Dossi. Pintado entre 1508 y 1510, plasma a un joven – algunos creen que se trata de una exótica joven –  sosteniendo a un perro faldero y a un gato, representando la dualidad del misterioso personaje.

Dosso Dossi, 1508-10 (Museo Ashmolean, Universidad de Oxford)

Volviendo a tierras más septentrionales, debemos incluir a Hans Baldung, apodado Grien o Grün, nacido en Estrasburgo (entonces Alemania) en 1484 o 85 y fallecido en 1545. También fue ilustrador, grabador y diseñador de vidrieras. Discípulo de Durero, se inclinaba por realizar grabados con temas ocultistas, como su “Aquelarre”, una de las primeras imágenes renacentistas en tocar este tema. El cuadro alegórico “La música”, de 1529, contrasta fuertemente con sus grabados. A los pies de la musa Euterpe se encuentra un gato blanco, bien alimentado, de orejas pequeñas.

Hans Baldung (Museo Británico, Londres)

Hans Baldung, 1529 (Alte Pinakotekh, Múnich)

Jan de Beer, nacido alrededor de 1475 y fallecido en 1528, está entre los más importante artistas de los manieristas de Amberes. Fue nombrado maestro del Gremio de San Lucas en 1504 y decano del mismo en 1515. Pintó varias versiones de la “Anunciación”, pero en dos de ellas, muy parecidas, vemos cintas blancas con inscripción flotando cerca del arcángel Gabriel y un gato blanco de orejas pequeñas, similar al descrito antes que acompaña a la musa Euterpe. En el cuadro más conocido  se encuentra a la izquierda del ángel, en el otro, a la derecha. Se estima que los dos fueron pintados en la década de 1520.

Jan de Beer (Colección particular)

Jan de Beer, circa 1520 (Museo Thyssen Bornemisza, Madrid)

Detalle

Siguiendo con este tema, no podemos omitir la famosa “Anunciación de Recanati”, de Lorenzo Lotto (Venecia, hacia 1480 – Loreto, 1556), un pintor enmarcado en la escuela veneciana. A la izquierda está María, sorprendida; a la derecha, el arcángel con la mano alzada hacia Dios padre, que parece señalar a María, y en medio de todo, un gato atigrado de lo más común que prefiere irse no sin antes mirar a Gabriel con suma extrañeza.

Lorenzo Lotto, 1529 (Museo cívico Villa Colloredo Mels, Recanati)

Detalle

El pintor y miniaturista Bartolomeo (di Segonolo) Caporali nació y murió en Perugia (hacia 1420 – hacia 1503). Pertenece al periodo temprano del renacimiento y también tiene varias anunciaciones en su haber, entre ellas está el díptico expuesto en la Galería Nacional de Umbría en el que a la derecha de Gabriel se enfrentan un gato y un perro de idéntico tamaño.

Bartolomeo Caporali (Galería Nacional de Umbría, Perugia)

Detalle

No podemos olvidar a Federico Barocci o Baroccio, de Urbino (1535-1612), al que podría dedicarse una entrada completa por los numerosos dibujos que dedicó a los gatos. Entre sus cuadros más famosos está una “Anunciación” (1582-1584) con una profunda perspectiva en la que se ve lo que el pintor contemplaba desde su ventana. En primer término, en una discreta esquina, un gato gris y blanco duerme encima de la caja de costura de María.

Federico Barocci, 1582-84 (Museo Vaticano, Roma)

Federico Barocci

Unos años antes, en 1575, pintó “La Virgen del gato”, en el que María da el pecho a Jesús, observada por José, mientras San Juan Bautista niño sostiene un jilguero con el que tienta a un gato rubio y blanco, de nuevo en la esquina izquierda.

Federico Barocci, 1575 (National Gallery, Londres)

Federico Barocci

En al espléndida “Anunciación” de Taddeo Zuccaro (1529-1566), natural de Marcas, cerca de Urbino, fechada hacia 1560, vemos a María de pie a la derecha y a su izquierda, al arcángel Gabriel. Exactamente entre los dos hay una silla de madera en la que duerme otro gato gris y blanco.

Taddeo Zuccaro, circa 1560 (Hospital de Santa Maria Nuova, Florencia)

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Giulo Pippi, conocido como Giulio Romano (Roma, hacia 1499 – Mantua, 1546), fue alumno de Rafael. Sus innovaciones ayudaron a definir el estilo manierista. Realizó dos cuadros con tres años de diferencia en los que se encuentra lo que parece ser la misma gata. El primero es conocido como “La Virgen de la gata” y el segundo, que no tiene nada de religioso, se titula “Los amantes”. La gata está debajo de la cama a la derecha.

Giulio Romano, 1522-23 (Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles)

Detalle

Giulio Romano,1525 (Museo del Hermitage, Moscú)

Pinturicchio era el seudónimo de Bernardino di Betto di Biagio (Perugia, 1454 – Siena, 1513), también llamado “il Sordicchio” por ser sordo. Pintó una serie de ocho frescos para decorar las paredes del palacio de Pandolfo Petrucci, entonces dueño y señor de Siena. Aparte de “Penélope y sus pretendientes”, hay otros dos en la National Gallery de Londres. Una vez más, el gato está en primer término en el centro, dando la espalda al pretendiente principal.

Bernardo Pinturicchio, 1509 (National Gallery, Londres)

Detalle

Domenico Bigordi o Domenico Curradi, más conocido por el apodo de Ghirlandaio, (Florencia, 1448 – 1494) tuvo un destacado taller en esta ciudad en el que entró, entre otros, Miguel Ángel a los trece años. El fresco “La última cena” (1486) se encuentra en el Museo Nacional de San Marco, Florencia. Realizó otros dos frescos sobre el mismo tema en 1476 y 1480, pero en ninguno hay un gato. Aquí vemos a Judas, solo al otro lado de la mesa frente a Cristo y, a su derecha, un gato que nos mira descaradamente.

Domenico Ghirlandaio, 1507 (Museo Nacional de San Marco, Florencia)

Detalle

Acabamos con “La cena de Emaús”, de Jacopo Comin, Tintoretto (Venecia, 1518 – 1594), el más tardío de todos los pintores de esta entrada y un gran representante del manierismo. El cuadro se basa en un relato, incluido en el Evangelio de Lucas (24:13-35), donde se narra la aparición de Jesús resucitado a dos discípulos camino de Emaús. Ninguno le reconoce hasta que divide el pan. En el suelo, otra vez en primer término, un gato que parece interesarse por lo que ocurre en la mesa.

Tintoretto, 1542-43

Detalle

Gatos que duermen en anunciaciones, gatos abrazados por el Niño Jesús, gatos en sagradas familias, gatos en regazos de damas… Sin embargo, solo los hemos encontrado representados por artistas italianos, alemanes y flamencos. Ningún pintor francés, inglés o español renacentista incluyó gatos en sus obras. Para eso debemos esperar al barroco, época en que abundan en el arte de toda Europa.

Federico Barocci


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Millones de gatos y Wanda Gág

“Millones de gatos” (título original “Millions of cats”) fue escrito e ilustrado en 1928 por Wanda Gág. Es uno de los escasos libros ilustrados que ha ganado el premio Newbery Honor (1929) y también el libro de ilustraciones más antiguo en seguir editándose.

Wanda Gág pintando con un gato

Cuenta la historia de una pareja muy muy vieja. La mujer muy muy vieja suspira por tener un gato y el hombre muy muy viejo va en busca de uno. Llega a una colina donde hay decenas, centenares, millones, miles de millones de gatos y no sabe cuál escoger. Cada vez que piensa haber encontrado el gato perfecto, aparece uno todavía más bonito.

Sin saber cuál escoger

Decide llevarlos a su casa. La mujer muy muy vieja, al verle llegar, le pregunta cómo van a alimentar a tantos gatos, un pequeño detalle en el que el hombre no había caído. Se les ocurre que lo mejor será dejar a los gatos decidir entre ellos cuál es el más bonito. Discuten con grandes maullidos, se pelean, el jaleo es tremendo. Asustados, los dos viejos muy muy viejos se meten en casa.

De regreso a casa con millones de gatos

Cuando todo se calma, vuelven a salir y allí no queda ningún gato. Entonces, de detrás de un matorral, aparece un gato delgado, hambriento, con el pelo sin brillo, en el que nadie había reparado porque no es “bonito”. Le llevan a su casa, le dan de comer, y el gato se vuelve hermoso y lustroso, exactamente como imaginaba a su gato la vieja muy muy vieja.

A cual más bonito

Y empezaron a pelear

Wanda Gág nació el 11 de marzo de 1893 en la pequeña ciudad de New Ulm, al sur de Minnesota, en el seno de una familia procedente de Bohemia (actual Chequia), y no habló inglés hasta ir a la escuela. Empezó a dibujar muy pronto y se quedó sorprendida cuando descubrió que sus compañeros no sabían manejar un lápiz.

Su padre falleció de tuberculosis a los 48 años, en mayo de 1908, y antes de morir le dijo: “Was der Papa nicht thun konnt’ muss die Wanda halt fertig machen”; o si prefieren: “Lo que papá no pudo hacer, deberá hacerlo Wanda”. Era la mayor de seis hermanos, cincho chicas y un chico, de los que la menor tenía solo un año. Su madre estaba enferma y no podía ocuparse de la casa.

Gato dormido

A los 15 años, Wanda se convirtió en la cabeza de la familia Gág. No solo consiguió alimentar a todos sus hermanos vendiendo ilustraciones al Minneapolis Journal y dando clases de dibujo, también se empeñó en que fueran al instituto. El seguro de vida de su padre ascendía a 1.200 dólares y lo hizo durar seis años.

La casa de Wanda Gàg en New Ulm, Minnesota

Por suerte, un amigo de su padre ofreció costear los gastos que supondrían sus estudios en la Escuela de Arte de Minneapolis, aunque la venta de ilustraciones le permitía seguir manteniendo a la familia. Su madre falleció dos años después, y en 2017 obtuvo la ansiada beca de la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York y vendió un cuadro al Instituto de Arte de Boston.

Gatos en la ventana

(Detalle)

Pero antes de poder irse a Nueva York, debía ocuparse de su familia. Decidieron vender la casa e instalarse todos en Minneapolis. Las dos hermanas mayores se pusieron a trabajar, la tercera se ocupó de la casa y los otros tres fueron al colegio. Pasaron dos años muy duros antes de que Wanda Gág se fuera.

La casa de la abuela

(Detalle)

En Nueva York se instaló en el Village con su amiga Lucille Lundquist, con la que había estudiado en Minneapolis y de la que incluimos tres cuadros de gatos. Ambas creían en el amor libre y mantenían relaciones con dos compañeros de la Escuela de Arte de Minneapolis que también estaban en Nueva York, Adolph Dern y Arnold Blanch. Lucille acabó casándose con Arnold Blanch y se divorciaron en 1935. Wanda vendía las suficientes ilustraciones para seguir ayudando a sus hermanos.

El gato Orlando (Lucille Lundquist Blanch, 1940)

La gata Miranda (Lucille Lundquist Blanch, 1935-40)

Expuso por primera vez en solitario en la Biblioteca Municipal de Nueva York, donde conoció a Carl Zigrosser, el fundador de la Galería Weyhe, que la apoyó incondicionalmente durante la década de los veinte. La exposición que organizó tres años después en su galería fue un éxito rotundo y Wanda fue declarada “una de las artistas gráficas más prometedoras del momento”.

Con Lucille Lundquist Blanch en una azotea neoyorquina

Por la mañana (Lucille Lundquist Blanch)

En 1927 publicó un artículo en el semanario The Nation titulado “These Modern Women: A Hotbed of Feminists” (Esas mujeres modernas: Caldo de cultivo para las feministas) en el que dejaba muy claras sus ideas. Wanda Gág tenía dos vidas, la de una respetada autora de libros infantiles y la de una mujer ferozmente independiente.

Érase una vez…

Llegó a decir: “A menudo me pregunto qué dirían todas esas personas que poseen tan elevado concepto de mí si supieran que puedo amar a más de un hombre a la vez, que hace años que tengo a tres de ellos en mi horizonte amoroso y que me entrego a extraños ritos esotéricos de amor con mis amantes. Si lo supieran, ¿me considerarían menos buena? Pero soy buena, y en cuanto al sexo, siento que soy pura, limpia, ética, buena del todo”. (Diario, 19 de marzo de 1941).

Wanda y Noopy

En 1923, Nueva York empezó a pesarle y decidió volver a la naturaleza. Añoraba vivir en un pueblo y alquiló una granja en Nueva Jersey para residir gran parte del año. Allí podía dedicarse a pintar sin ser interrumpida, a cuidar un jardín y un huerto. Para entonces, su hermana Thusnelda se había mudado a Nueva York y los demás no tardaron en hacer lo mismo, excepto Stella, que se había casado en Minneapolis. Flavia y Howard – músico en el circuito de clubes de la ciudad – vivieron varios años con Wanda.

Wanda y Noopy

Otro compañero habitual era Earle Humphreys, escritor y librero, con quien se casaría en agosto de 1943 después de una relación de más de veinte años. En 1931 compraron una granja de 78 hectáreas en los montes Musconetcong de Nueva Jersey y construyeron un estudio para Wanda al que nombraron “All Creation” (Todo creación).

Interesados (1935)

En 1945, Wanda Gág escribió en una carta que no era capaz de recorrer una manzana sin jadear y que a menudo tenía fiebre. Al cabo de poco tiempo se le diagnosticó un cáncer de pulmón terminal. Su marido y su hermano decidieron no decírselo y únicamente se lo comunicaron a sus dos grandes amigos, Robert Janssen y Carl Zigrosser. Falleció el 27 de junio de 1946 y sus cenizas fueron esparcidas en la granja. Earle Humphreys murió de un infarto el 16 de mayo de 1950.

Mutzi dormida (1937)

Además de escribir cuentos infantiles, pintar y realizar ilustraciones, tradujo varios cuentos de los hermanos Grimm. También tradujo e ilustró “Blancanieves y los siete enanitos” en un intento de contrarrestar, según sus propias palabras, la versión “trivializada, esterilizada y sentimental” de la película de Walt Disney.

Siesta (1937)

Los que la conocieron dicen que podía ser encantadora, polémica, beligerante e inflexible en sus opiniones feministas. Fue una firme defensora del regreso a la naturaleza y creemos que una gran amante de los gatos.

Estatua de Wanda en New Ulm, Minnesota

Dedicamos esta entrada a Samantha, cuyas raíces están en Minnesota. Feliz 2021.


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Los gatos zapotecas del artista Francisco Toledo

El escritor, periodista y gran amante de los gatos Carlos Monsiváis, fallecido hace ya diez años y sobre el que publicamos una pequeña entrada algunos meses después de nacer este blog (https://gatosyrespeto.org/2014/06/19/carlos-monsivais-amor-a-los-gatos/), fue un gran amigo de Francisco Toledo, probablemente el artista más importante de los últimos años en México.

Francisco Toledo y Carlos Monsiváis

Autorretrato con gato

En palabras del propio Monsiváis: “Toledo, dueño de una cultura plástica, es, en su obra, animista, racional, ferozmente sexual, reiterativo, original, autocritico, capaz de una sequedad alucinada y una ternura tímida. Y se asegura de la correspondencia obligada de temas y medios expresivos. En cuadros, gouaches, grabados, cerámica, la fábula es un despliegue de formas y las formas son momentos del relato interminable de Toledo, del peregrinar de una zoología fantástica.”

El gato de Sara

A Francisco Toledo le gustaba pintar animales poco convencionales, monos, murciélagos, iguanas, sapos, insectos y… algunos gatos. Extraños gatos poco tranquilizadores, como los retratos “felinos” que hizo de su gran amigo Monsiváis. En uno, el gato Monsiváis dormita, como si estuviera recostado en un sofá. y en el otro dibuja un círculo en un papel. Y la verdad, se parecen al escritor.

El felino Carlos Monsiváis

Pero hizo algo más para su amigo, le diseñó y fabricó una urna de cerámica, la “Gaturna”, que representa a un gato jugando con una pelota. Las cenizas del escritor reposan en la pequeña sala de lectura del Museo del Estanquillo entre más de tres mil libros. Y así, Carlos Monsiváis, que nunca pudo vivir sin un gato, está eternamente abrazado por uno.

La gaturna

Francisco Toledo nació el 17 de julio de 1940 en Ciudad de México, según él por accidente, en el seno de una familia de origen zapoteca procedente de Juchitán, estado de Oaxaca. De pequeño vivió en el sur del estado de Veracruz, viajando con frecuencia a la tierra de sus padres, donde su tía abuela le introdujo en la historia y las tradiciones de su región.

Las fábulas de Esopo (Grabado)

Dicen que su padre, al ver las habilidades artísticas del niño, le permitió pintar las paredes de la casa familiar. Después de estudiar en Oaxaca se trasladó a Ciudad de México a los 17 años para estudiar en la Escuela de Diseños y Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes.

En 1960, a los 19 años, obtuvo una beca para estudiar en París. Permaneció allí cinco años y conoció al poeta Octavio Paz y al pintor Rufino Tamayo, también oaxaqueño, que ejerció entonces una fuerte influencia sobre él. Le aconsejó, vendió su obra a conocidos suyos y le ayudó a exponer en espacios importantes de Ciudad de México. Incluimos aquí uno de los escasos cuadros de gatos que pintó Tamayo.

Rufino Tamayo, 1951

También pasó algún tiempo en Nueva York a finales de la década de los setenta y en 1984 volvió a Europa. Vivió sobre todo en París y en Barcelona trabajando en lienzos, litografías y esculturas. En 1987 se instaló en Ciudad de México y cinco años después se trasladó definitivamente a la ciudad de Oaxaca.

Es famoso por su producción artística, pero también por su activismo y constante denuncia social, además de ser un acérrimo defensor del patrimonio cultural de Oaxaca y de la naturaleza. Se opuso diametralmente al cultivo de transgénicos, a la construcción del Centro de Convenciones de Oaxaca en el Fortín, considerado el pulmón de Oaxaca, y a que se inaugurara un McDonald’s frente al zócalo de Oaxaca.

Gato del té, 1973

En 2006 fundó la Editorial Calamus, después de Ediciones Toledo, con el fin de abrir un camino diferente. Coeditó más de veinte libros junto al Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Hombres con rostro de gato

Impulsó la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) en 1992, así como el Museo de los Pintores y el Museo del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. En enero de 2015 donó a este último y al IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca) alrededor de 125.000 objetos, entre las que se encontraban numerosas obras suyas.

Gato y cafetera

Defendió la restauración del monasterio agustino, convertido en el actual Centro Cultural Santo Domingo, así como la creación de una fábrica de papel a partir de materiales orgánicos en Etla, Oaxaca, en la que trabajan personas de la región.

Se involucró totalmente en el apoyo a las familias de los cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos”, en el estado de Guerrero, desaparecidos en 2014, y creó la serie “Papalotes a volar”, unos cometas con sus rostros que se expusieron en el Centro Cultural Bella Época del Fondo de Cultura Económica y en otros muchos centros. Pero también dedicó tres “papalotes” a los gatos.

Nos ha sido imposible descubrir si vivía con algún gato, pero hay muchos en su obra, e incluso cuando ilustra el cuento de Pinocho, encuentra la forma de retratarle subido en un gato y fumando. Y en el libro también vemos a un gato enorme con una botella ¿de tequila? debajo de un hada.

Pinocho fumando sentado en un gato

Pinocho y gato

Creo que podemos afirmar que Francisco Toledo debió tener gatos. Casi no puede ser de otro modo.

Francisco Toledo nunca dejó de luchar por el medioambiente y por defender la cultura oaxaqueña; a menudo se comparó su lucha a la de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco,  pero él decía que los tres muralistas “eran gentes de partido, con convicciones, con una ideología y yo, francamente, no tengo ni partido ni convicciones ni ideología”. Añadía que “les tocó un país que se estaba construyendo y a mí me tocó un país que se está destruyendo”. Pero su prestigio como artista y como activista no solo logró que la población en general, sino también parte del sector empresarial, se sensibilizara sobre los hechos que él denunciaba.

Tras el seísmo del 7 de septiembre de 2017, que se sintió en las comunidades del istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, Toledo financió de su bolsillo cuarenta y cinco cocinas comunitarias para los damnificados.

Francisco Toledo

El 5 de septiembre de 2019, a la edad de 79 años, Oaxaca perdió a su mejor y mayor defensor. En el legado del artista constan más de 7.000 obras.


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Los gatos del pintor surrealista Gürbüz Doğan Ekşioğlu

Gürbüz Doğan Ekşioğlu nació el 22 de enero de 1954 en Mesudiye, provincia de Ordu, Turquía. Empezó a dibujar desde muy joven y, de hecho, él mismo dice que descubrir el lápiz y el papel fue una revelación en primaria. Dibujaba en los márgenes de los libros, dibujaba mientras el maestro hablaba, dibujaba a los vecinos, a sus compañeros… Todos le decían que lo hacía muy bien.

Su pasión le llevó a perder el interés por otras materias y a suspender en varias ocasiones. En un pueblo como Mesudiye, de apenas cinco mil habitantes, pintar no se consideraba una profesión durante la infancia del artista; había que ser ingeniero, médico, arquitecto, abogado. Incluso así, su profesor de dibujo en el instituto le animó a presentarse a los exámenes para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Estambul, ahora Universidad de Marmara.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu

Pero no le admitieron y no tuvo más remedio que estudiar Ingeniería Civil durante dos años antes de volver a presentarse y entrar en la Facultad de Artes Gráficas. Participó en diversos concursos a partir del segundo año, y cuando se graduó en 1979 había ganado doce premios, algunos de ellos internacionales, lo que le permitió encontrar trabajó en una conocida agencia de publicidad.

Se casó con Sumru en 1980. A pesar de ganar un buen salario en la agencia, el trabajo no le gustaba. Se presentó a un examen para ser profesor adjunto y lo aprobó. Sin embargo, con el golpe militar del 12 de septiembre de 1980, dejó de cobrar durante seis meses y sobrevivieron gracias al sueldo de maestra de su esposa. En una entrevista realizada por Marcus Graf cuenta que siguió presentándose a concursos de viñetas: “Ganar estaba bien, pero lo mejor era el premio en metálico. Así pudimos comprarnos una lavadora dos años después de casarnos y un lavaplatos a los cuatro”.

Pero todo esto ha quedado atrás. Hoy en día, el trabajo de Gürbüz Doğan Ekşioğlu no solo se conoce en Turquía sino en todo el mundo. Ha ganado setenta y dos concursos, veinticinco internacionales, ha tenido treinta y nueve exposiciones individuales, una en la ciudad de Nueva York, y revistas de la talla de Forbes, The Atlantic Monthly y The New York Times han publicado obras suyas. Además, sus dibujos han sido portada de The New Yorker en siete ocasiones, cuatro con un gato.

¿Y cómo llegó a dibujar una portada para The New Yorker? (Por cierto, en varias portadas de la revista han aparecido gatos, la primera en 1951). En una entrevista que le hizo el periódico Mürekkep Haber el año pasado, Gürbüz Doğan Ekşioğlu dice: “Decidí pintar gatos en 1991 cuando descubrí las ilustraciones de gatos y perros en portadas de The New Yorker”.

Y sigue contando: “Todo el mundo me decía que mi trabajo era universal y que debía ampliar mis horizontes. Encargué un cartel al artista Milton Glaser y aproveché para mandarle algunas fotos de mis obras. No tardo en contestar: ‘Un trabajo excelente’. Así que decidí arriesgarme; fui a Estados Unidos y me presenté en The New Yorker. Les gustó y me propusieron que trabajara con ellos”. Y así fue como apareció el gato en una taza de desayuno en la portada del número del 6 de enero de 1992.

A esta le siguieron el gato con pelota de lana como rabo con las Torres Gemelas de telón de fondo, el 22 de marzo de 1993; otro gato rodeado por un rabo sin fin y numerosos ratones, el 3 de enero de 2005, y el último, el 5 de octubre de 2009, con un gato más allá del borde del precipicio.

Al parecer, Gürbüz Doğan Ekşioğlu tiene cierta fijación por los gatos con cola infinita. No hemos encontrado fechas de esos dibujos que nos permitieran saber si pertenecen a un periodo concreto o si se repiten a través de los años. El artista reconoce que a menudo repite los motivos en los cuarenta años que lleva pintando.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu

El diario Mürekkep Haber entrevistó al artista por la exposición “Mis gatos”, celebrada en marzo de 2019 en la galería de arte Şebnem Bahar, en la ciudad de Antalya. El alcalde del municipio, durante la inauguración, dijo: “Es un honor para nosotros dar la bienvenida a un artista como Ekşioğlu, cuyo renombre se debe, entre otras cosas, a sus gatos. En nuestro distrito, la gente ama a los gatos y no paran de pedir al Ayuntamiento que instale más refugios”.

Cartel exposición “Mis gatos”

Antalya es la cuarta ciudad que acoge la exposición, la primera se inauguró en Ankara, en la Galería de Arte Contemporáneo Municipal, y fue idea de su director, İbrahim Karaoğlu. Ambos estaban de acuerdo en realizar una exposición conceptual y barajaron varios temas: pájaros, cielos, noches o gatos. Se inclinaron por reunir los gatos que había realizado el pintor en los últimos treinta años. La editorial de la Universidad Yeditepe también publicó un libro con 95 dibujos de gatos de Ekşioğlu titulado “Mis gatos”.

En otra entrevista, el artista reconoce que sus influencias han sido Brad Holland, André François y Ralph Steadman, tres ilustradores que también incluyen a gatos en sus obras, así como los dibujantes turcos Turhan Selçuk y Ali Ülvi, entre otros. El Bosco y Van Gogh eran dos de sus pintores favoritos durante los años de bachillerato.

Dice no trabajar a partir de un concepto y lo explica con estas palabras: “Nuestro vocabulario diario oscila entre doscientas y trescientas palabras. Mi vocabulario como artista tampoco cambia. Un concepto puede surgir de una manzana, del cielo, de la noche, de un gato, de un café, de un té, de cualquier cosa”.

Ignoramos si Gürbüz Doğan Ekşioğlu tiene gatos, pero algo nos empuja a pensar que comparte su vida con alguno. Ya se sabe que los gatos no solo son muy queridos en Estambul, sino en todo el país, y alguien que pinta gatos tan a menudo debe observarlos de cerca.

Para acabar, volveremos a citar al pintor: “La justicia, la honradez y la independencia son muy importantes para mí. Siempre he estado del lado de los oprimidos. No me gusta el beneficio individual, quiero que sea para todos. Amo a los animales. Tal como entiendo la vida, creo que mejoraría si todos hiciéramos un pequeño gesto para facilitar el camino a los demás”.


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Los gatos de la pintora japonesa Natsuo Ikegami

Sueños en el cielo

No recordamos cómo descubrimos a la pintora japonesa Natsuo Ikegami, pero nada más ver sus cuadros y dibujos, supimos que debía formar parte de este blog. Cuando entramos en su Facebook vimos que en 2020, desde el comienzo de la pandemia, había publicado 18 dibujos o cuadros de gatos, mientras que el año anterior, solo 9. No era un dato que aportara muchas pistas, pero ¿significaba que se había quedado más en casa?

A medida

Tomando el sol

Seguimos buscando en Internet y al principio solo encontramos una información de lo más escueta que decía lo siguiente: “Nací en Osaka, Japón, en 1969. Estudié Dibujo y Pintura en la Academia de Bellas Artes del Museo Municipal de Bellas Artes de Osaka (1994-1999)”. Y luego: “Información personal: Vivo en Hyōgo, Japón, con mi compañero y cinco gatos. Me encanta pintar y dibujar”.

Amante de los gatos

A ciegas

Nada más, lo que no era mucho para una entrada. Pero la búsqueda nos permitió encontrar más dibujos de Natsuo y saber que no se limitada a los gatos. La pintura de la artista abarca un gran número de temas en un estilo mezcla de naif y surrealismo que va mucho más lejos de lo que pueda parecer a primera vista. Basta con ver “Encuentro en un árbol” o “Pájaros y gatos”.

Encuentro en un árbol

Pájaros y gatos

Hay algo de fantasioso, quimérico e imprevisible en la obra de Natsuo Ikegami, como por ejemplo en la serie de sus maravillosos gatos globo.

Entonces nos enteramos de que había publicado un precioso libro titulado “Olores de primavera” cuyo epílogo reza así: “El 11 de marzo de 2011, un tremendo terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter sacudió Japón e inmediatamente después, un tsunami se apoderó de la costa noreste de Japón”.

“Llevaba muchos días dibujando gatos con tinta china a pluma y pincel. Al día siguiente de haberme enterado del terremoto, me sentí totalmente vacía y no me apetecía dibujar. Pensé que debía descansar un tiempo. Pero entonces me vinieron a la cabeza todas las personas afectadas por esta tragedia, los sentimientos y los pensamientos se apoderaron de mi mente empujándome a trabajar más. Me entraron ganas de rezar y sentí que quizá alguien esperaba un dibujo mío…”

“Por eso decidí seguir dibujando. Llevaba un mes dibujando gatos con flores. Este libro es mi ofrecimiento floral. Espero que pronto llegue el día en que las víctimas de esta catástrofe puedan disfrutar de la primavera con todo su corazón. Natsuo Ikegami, 24 de abril de 2011”.

Gato flor blanca

Y por fin se nos ocurrió algo que hubiéramos debido hacer desde el principio, mandarle un “privado” por Facebook. Quizá no lo hicimos inmediatamente porque, en general, cada vez que nos dirigimos a un artista actual explicando que queremos dedicarle una entrada sobre su obra, no recibimos respuesta. Pero Natsuo nos contestó a los tres días y nos habló de sus gatos.

Embarcando

Siesta conjunta

Nos confirmó que había nacido en Osaka en 1969, pero ya no vive en Hyōgo, sino en la isla de Shōdoshima, prefectura de Kagawa, con su compañero y cuatro gatos. En 2001 se toparon con dos gatitos en el Centro Comunitario de Periodismo. Uno de ellos era Shuntaro, que murió el 18 de octubre pasado, a los 19 años, y del que tenemos un retrato, y la otra era Kuu, una tricolor que falleció el año pasado. Shuntaro era inteligente, cariñoso y guapo. Natsuo nos dice que lo pasaban muy bien juntos y que ve su alma en todos los rincones de la isla. Añade que seguirá dibujándole eternamente.

Shuntaro

Siesta con compañía

Cuatro años después encontró a tres gatitos diminutos cerca del río, aún no podían ver, apenas tenían pelo y más bien parecían ratones, según nos escribió. Ya tenían dos gatos, pero no quisieron darlos en adopción. Eran Sumi, una gatita; Tsuyu, otra gatita blanca y negra, y Goro, el gato negro, que murió cuando tenía diez años. Los otros dos tienen ahora 15 años.

Goro

Ciclistas

Más recientemente apareció Torajiro, un precioso gato rubio de un año. Rondaba la casa y no pudieron resistirse, fue amor a primera vista. Aquí se ve toda una serie dedicada a Torajiro realizada en septiembre pasado.

En el cuadro “Nuestro sofá” están Goro, gato negro; Shuntaro, atigrado, y Kuu, tirando a blanca.

Nuestro sofá

Cumpleaños

Natsuo explica que le inspira la naturaleza y que, recientemente, ha empezado a dibujar a sus gatos en el exterior, a la orilla del mar, bajo un árbol o en un prado lleno de flores. La naturaleza de la preciosa isla de Shōdoshima – donde se mudaron hace cinco años – es una fuente de inspiración para ella. Termina diciendo que cuando va a dibujar a sus gatos, posan como si dijeran: “Por favor, dibújame, ¡pero bien!” Incluso el recién llegado Torajiro lo hace y espera a ser dibujado.

Dos gatos

Gato y peluche

Efectivamente, la isla de Shōdoshima es muy especial. Situada en el mar interior de Japón, su nombre significa “pequeña alubia”. Se hizo famosa por ser el primer lugar en Japón donde se consiguió hacer crecer olivos y por el Estrecho de Dobuchi, el más pequeño del mundo, con solo 9,93 metros en su parte más angosta.

Gato entre acianos

Siesta

Las obras de la pintora están disponibles en Etsy.

Tita gatos


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Gatos, por Yo Laur y Alfred Arthur Brunel de Neuville

“Gato tumbado”, Yo Laur

En la segunda mitad del siglo XIX se pusieron de moda  los cuadros de gatos quizá porque ya estaba bien visto tener uno o dos gatos en casa. Además, la pequeña burguesía necesitaba decorar sus paredes y no disponía de fondos para hacerse con cuadros de pintores muy cotizados, por lo que algunos artistas se hicieron famosos dentro del género. La pintora de gatos por excelencia y tal vez la más conocida es Henriette Ronner-Knip, aunque al principio se inclinó por los perros.

Henriette Ronner-Knip

La artista, de origen holandés, vendió su primer cuadro a los 15 años y tuvo una exposición a los 16. Parece ser que no fue hasta 1870, con 49 años cumplidos, cuando empezó a pintar gatos “en parte debido a la falta de gracia del perro belga”. Pobre perro belga. Suponemos que se refería al pastor malinois.

Henriette Ronner-Knip

Cornelis Raaphorst fue otro artista holandés que se dedicó en cuerpo y alma a los gatos. Nació en 1875 y siempre pintó gatos, pero nunca alcanzó la fama de su compatriota. Hoy en día tampoco puede competir con ella en cuanto a precios. Los cuadros de Henriette Ronner-Knip cuestan entre 15.000 y 60.000 €, mientras que un Raaphorst no llega a 8.000 €.

Cornelis Raaphorst

En Estados Unidos estaba John Henry Dolph, nacido en 1836 en el estado de Nueva York. Empezó trabajando como aprendiz de pintor de carruajes a los 14 años. En 1850 ya pintaba retratos y en 1864 se dio a conocer por sus escenas de granja. Hasta 1891, a su regreso de Europa, no pintó su primer gato.

John Henry Dolph

“El estudioso”, John Henry Dolph

Julius Adam fue otro conocido pintor de gatos. Nació en 1852 en el seno de una familia de artistas y empezó retocando fotografías en el estudio fotográfico de su padre. No se dedicó a la pintura felina hasta 1903, pero no tardó en hacerse famoso.

“Sinfonía gatuna”, Julius Adams

Louis Eugène Lambert, nacido en París en 1825, fue un famosísimo pintor animalista alumno de Eugène Delacroix (que también pintó algún gato que otro https://gatosyrespeto.org/2019/07/18/gatos-romanticismo-y-eugene-delacroix/). Podemos ver perros en sus obras, pero era conocido como “Lambert de los gatos” y logró un gran éxito comercial.

Eugène Lambert

Hablemos ahora de Alfred Arthur Brunel de Neuville, nacido en París en 1852. Después de recibir una formación muy básica por parte de su padre y de estudiar con Léon Brunel, alcanzó la celebridad entre los 20 y 30 años como artista animalista dedicado casi exclusivamente a los gatos. Mucho más tarde pintó naturalezas muertas.

“El caracol”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Expuso regularmente a partir de 1879 en la Sociedad de Artistas Franceses, de la que fue nombrado miembro en 1907. Siempre se esforzó en mejorar un estilo que tiende al realismo, por más que en algunos cuadros deje entrever cierta influencia impresionista.

“Gatitos y pintura”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Fue muy popular durante su vida y nunca tuvo problemas para vender sus cuadros. Actualmente está mucho más cotizado entre los coleccionistas de América del Norte y del Sur que en Europa. Por ejemplo, sus obras no suelen valer más de 5.000 € en Europa, mientras que cuestan el doble en Estados Unidos, y uno de sus lienzos de mayor tamaño se vendió por 20.000 € en Buenos Aires.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Murió en París en 1941 y está enterrado en el cementerio de Montmartre. A pesar de sus esfuerzos para que las escenas felinas parecieran realistas, creemos que no convivió con gatos. Les falta naturalidad. Pero puede ser porque se doblegaba a los gustos de su clientela. Expuso en vida en numerosas ocasiones y sus obras pueden verse actualmente en los museos de Béziers, Brest, Château-Thierry y Louviers.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville tuvo una hija de su primer matrimonio con Valentine Demongin, llamada Yvonne Laure Alice, nacida el 22 de julio de 1879, cuando él tenía 27 años, que siguió los pasos de su padre y se convirtió en una hábil pintora del género animalista, especializándose en delicadas pinturas de gatos.

“El reflejo”, Yo Laur

“Familia”, Yo Laur

No tardó en firmar sus cuadros con un seudónimo, quizá para subrayar su independencia y dejar de ser la hija de un pintor conocido, convirtiéndose en Yo Laur. En 1912 conoció a André Bellot, aviador y periodista. Después de casarse un año después, se trasladaron a Argelia, donde Yo Laur abandonó los gatos por los paisajes y los retratos de mujeres.

“Mujer argelina”, Yo Laur

Regresaron a París después de la I Guerra Mundial y se instalaron en el bulevar Clichy. André trabajaba en el diario Le Matin y Yo seguía pintando. Expuso en varios Salones y ganó la Medalla de Oro del Salón de Bruselas.

“En la cocina”, Yo Laur

En 1934 fue aceptada como miembro de una logia masónica de Derecho Humano, una “obediencia” mixta e internacional en el paisaje masón de la época. Permaneció en la logia hasta la prohibición de la masonería por parte del régimen de Vichy en agosto de 1940.

“Familia de gatos”, Yo Laur

La invasión de París por los alemanes la sorprendió en la capital mientras su marido estaba en Casablanca realizando labores de contraespionaje. No volvió a Francia y murió en 1945 sin haber vuelto a ver a Yo Laur. El 24 de junio de 1944, la Gestapo la detuvo por ser parte de la Resistencia. Durante el registro, descubrieron dos antiguas carabinas, un regalo del famoso aviador Charles Nungesser, lo que agravó su caso.

“Gatitos”, Yo Laur

Después de pasar por la prisión de Fresnes y el campo de Romainville, fue deportada al campo de Ravensbrück, reservado a mujeres, el 15 de agosto de 1944. Llevaba el triángulo rojo de las presas políticas con el número 57772. Ya tenía 65 años y graves problemas pulmonares. Desde el momento de su detención hasta su muerte el 11 de noviembre de 1944 en el “Revier”, el supuesto hospital del campo, no dejó de dibujar.

“Gatos y muñeca”, Yo Laur

Otras presas escondieron y enterraron los dibujos, que Béatrix de Toulouse-Lautrec, compañera y amiga de Yo Laur, llevó a Francia. Son el testimonio de lo que soportaron las mujeres encerradas en Ravensbrück.

“Ravensbruck – La enfermería”, Yo Laur

“Ravensbruck – Una noche entera de pie”, Yo Laur

Un seguidor de nuestra página, Zyx, nos pidió una entrada sobre Alfred Arthur Brunel de Neuville, lo que nos permitió descubrir que Yo Laur era su hija y saber un poco más de ambos.

“Bebiendo leche”, Yo Laur


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Gatos y Beryl Cook

La artista Beryl Cook alcanzó una enorme popularidad en el Reino Unido, pero nunca fue muy aceptada en la comunidad artística. Era una persona bastante reservada que no llevaba muy bien el reconocimiento y tenía poco que ver con los extravagantes y extrovertidos personajes que pueblan sus obras.

“Alimentando tortugas con gato siamés”

Tenemos la impresión de que algunos de los cuadros reproducidos aquí son retratos de su marido e incluso de ella misma en casa, en el jardín, y de los gatos con los que convivieron. Si comparamos a la mujer de “Alimentando tortugas con gato siamés” con la foto de Beryl Cook, el parecido salta a la vista, aunque el gato no sea igual.

Beryl Cook con gato

“Autorretrato”

Lo mismo pasa con “Amantes del sofá”. Volvemos a ver al gato siamés y a otro pelirrojo que aparece tumbado debajo de un arbusto en otro cuadro titulado “Cedric, 1978”. También realizó una pequeña placa con su imagen. Está claro que Cedric era uno de los gatos de la familia.

“Amantes del sofá”

“Cedric, 1978”

Otro gato de la familia debió ser Félix, que se aleja andando con el rabo muy tieso, y en otro cuadro ataca a la pobre Lottie, mordiéndole la oreja.

Realizó un retrato del personaje Rab C Nesbitt, de la serie cómica del mismo nombre, entrando en el 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico. El cuadro se vendió por 8.000 libras en 2013. Lo mencionamos aquí porque existen dos fotos del cuadro delante de una puerta casi idéntica a la famosa casa con un gato haciéndose las uñas en el felpudo.

Dicho gato tiene un fuerte parecido al también famosísimo Larry, gato que vive en la famosa residencia oficial, pero no es más que eso, un parecido. Por cierto, acabamos de enterarnos de que Larry ya dispone de una gatera que le permite entrar y salir cuando le apetece, sin esperar a que el policía de guardia le abra la puerta. Progresamos.

Larry

Beryl Cook nació en el condado de Surrey el 10 septiembre de 1926 en una familia de cuatro hermanas. Sus padres se divorciaron y las niñas vivieron con la madre. Abandonó los estudios a los catorce años y trabajó en sectores muy diversos, pero ninguno relacionado con la pintura. Participó en una gira de la opereta “La princesa gitana” y fue modelo. En 1946 se casó con John Cook, un amigo de la infancia y marino mercante. Su hijo John nació en 1950, y al año siguiente la familia se trasladó a la entonces llamada Rodesia del Sur, actual Zimbabue, país en el que residieron hasta 1963.

“Dando de comer a los gatos”

“Gatos motorizados”

En esa época empezó realmente a dedicarse a la pintura. Al instalarse en Plymouth un par de años después, regentaron una pensión para artistas. Estaba muy ocupada durante los meses de verano, pero en invierno tenía tiempo de sobra para pintar. Beryl Cook colgó sus cuadros en las paredes de la pensión y así fue como la “descubrieron”. Un anticuario amigo de la familia la convenció para que le dejara llevar unos cuantos a su tienda y la pintora quedó muy sorprendida cuando se vendieron casi inmediatamente.

“Dos gatos persas”

“Gato y jardinero”

Cuando Beryl estaba a punto de cumplir cincuenta años, en 1975, Bernard Samuels, del Centro de Arte de Plymouth, la convenció para organizarle una exposición, que tuvo un tremendo éxito. Apareció en la portada del Sunday Times Magazine (el suplemento semanal del periódico), a lo que siguió una llamada de la Galería Portal de Londres, donde expuso los siguientes treinta y dos años.

“En el veterinario”

Desde el primer momento, sus obras fueron acogidas con entusiasmo por los británicos y no tardó en hacerse famosa. Sus cuadros fueron reproducidos en calendarios, tarjetas de felicitaciones de todo tipo e incluso objetos. Son obras luminosas, con un gran sentido del humor, sin pretensiones, que plasman momentos de la vida diaria. Hombres y mujeres pasándolo bien en un pub, chicas de compras, una familia en una comida campestre…

“Entrega matutina”

“Gato feliz”

Pero Beryl Cook no solo retrató a sus compatriotas. Le gustaba viajar y aprovechó sus visitas a Nueva York, Buenos Aires, Cuba, París o Barcelona para tomar discretos apuntes para posteriores trabajos. Puede tachársela de “observadora social”, y su memoria fotográfica siempre la ayudó a reproducir lo que captaban sus ojos. A pesar de empezar a pintar tarde, realizó más de 500 cuadros.

“Percy ante la nevera”

Detalle

En una entrevista para un documental rodado en 1979 dijo admirar las obras de dos artistas británicos, Stanley Spencer y Edward Burra. Sin embargo, pensamos que no le influyeron demasiado. El estilo de ambos no se corresponde con el luminoso humor de Beryl Cook. Basta con ver a las dos amigas de “En el pub”. Una se pinta los labios mientras la otra bebe un trago de cerveza frente a un plato de “fish and chips” y las dos llevan unos maravillosos sombreros. Sus cuadros hacen sonreír.

“En el pub”

No pintó muchos gatos, se dedicó sobre todo a los seres humanos, quizá porque no es tan fácil reírse de los animales como de nosotros mismos. Uno de nuestros favoritos es “Cuatro gatos hambrientos”. La mirada de los gatos está fija en la langosta que dos humanos (solo vemos sus manos y antebrazos) están a punto de repartirse. Esperemos que los cuatro felinos también pudieran participar en el festín.

“Cuatro gatos hambrientos”, 1977

En 1995 fue nombrada miembro de la Orden del Imperio Británico; en 2005, Channel 4 presentó un cortometraje en torno a sus obras y en 2006 se habló de ella en “Art School” así como en “The Culture Show”, dos programas producidos por la BBC. Se publicaron numerosos libros de sus obras y fue galardonada en muchas ocasiones. Falleció el 28 de mayo de 2008 en su casa de Plymouth.

“Por la mañana”


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Los gatos de la sorprendente pintora Dahlov Ipcar

Hace algún tiempo encontramos una noticia del 21 de diciembre de 2014 de la ARLGP (Liga del Refugio Animal de Portland, Maine, Estados Unidos) en la que se decía que la gata Chelsea Girl había sido adoptada por la famosa artista Dahlov Ipcar. El artículo iba acompañado de la foto de una mujer mayor desayunando bajo la atenta mirada de una preciosa tricolor.

Dahlov Ipcar con Chelsea Girl

Inmediatamente nos enteramos de que no había pintado numerosos gatos, pero había escrito e ilustrado una treintena de libros infantiles, de los que dos estaban protagonizados por gatos, “El gato regresó” (The Cat Came Back) y “El gato de noche” (The Cat at Night).

El gato regresó

El gato de noche

Cuál no fue nuestra sorpresa cuando al leer más acerca de Dahlov Ipcar, descubrimos que ya la habíamos mencionado hacía cuatro años, el 17 de marzo de 2016, en una entrada de este blog sobre su padre, el famoso escultor William Zorach, y su maravillosa madre, Marguerite Zorach (https://gatosyrespeto.org/2016/03/17/el-gato-tookey-william-y-marguerite-zorach/).

Con su hermano Tessim y su padre William Zorach

Guardianes del jardín

Dahlov Ipcar nació en Windsor, Vermont, el 12 de noviembre de 1917, y creció en un piso en Nueva York, concretamente en Greenwich Village, enfrente de la vieja cárcel Jefferson Market. La curiosa arquitectura de ladrillos rojos del edificio nunca le molestó, al contrario, era una ayuda para dejar volar la imaginación y soñar.

Siempre hubo animales en casa de los Zorach, gatos, perros, conejos, cobayas… Dahlov y su hermano Tessim, tres años mayor que ella, estudiaron en una de las primeras escuelas experimentales, la City and Country School, donde se enseñaba historia y arte de antiguas civilizaciones. Su padre les llevaba regularmente, incluso siendo muy pequeños, a museos y galerías de arte.

Perro a cuadros y gata calicó

Recuerda que su hermano hacía dibujos maravillosos, pero que no quiso seguir pintando porque “la vida de un artista es demasiado dura”. Aunque sus padres nunca tuvieron mucho dinero, un buen día tuvieron la ocasión de comprar una granja a un precio asequible en el estado de Maine y la familia acabó viviendo en ella parte del año. Marguerite, su madre, se empeñó en tener una vaca para la leche, y luego dos. Un caballo, y luego otro… Gallinas, un huerto…

Allí, Dahlov conoció a Adolph Ipcar, once años mayor que ella, que acabaría siendo su marido. Se casaron cuando ella tenía dieciocho años y vivieron en Nueva York durante un par de años, cuando el país aún no se había recuperado de la Gran Depresión. Los dos daban clases para sobrevivir y Dahlov no dejó de pintar, pero decidieron mudarse a la granja contigua a la de sus padres.

Con su marido Adolph (1950)

En palabras de Dahlov, fue como regresar al siglo XIX. No había luz eléctrica, el retrete estaba fuera de la casa, había que cortar leña… Pero a pesar de todos estos inconvenientes, los Ipcar sabían que pasase lo que pasase, tenían una casa, un huerto, gallinas, vacas, sin olvidar la pesca y la caza. El trabajo no abundaba en aquella época y la granja ofrecía cierta seguridad.

Gato y florero

Dahlov se levantaba a las cinco de la mañana para pintar. Nacieron sus dos hijos en 1939 y 1942, y seguía pintando. La luz eléctrica no llegó a la granja hasta 1948. A pesar de vivir alejada de Nueva York, nunca perdió el contacto con el movimiento artístico de la ciudad, quizá porque sus padres regresaban después del verano.

En 1939, el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una exposición titulada “Creative Growth” (Desarrollo creativo) con la intención de probar el desarrollo de un niño con el estímulo apropiado por parte de sus padres y profesores. No pudo ir porque acababa de dar a luz, pero esta primera exposición le abrió las puertas de varias galerías en los años cuarenta. No había galerías de arte en Maine en esa época y la pintora mandaba sus cuadros a Nueva York, además de participar en muchos concursos en otros estados.

Grendel

Así fue como la Sección de Bellas Artes del Departamento de Tesorería le encargó en 1939 un mural para la Oficina de Correos de LaFollette, Tennessee, y otro en 1941 para la Oficina de Yukon,  Oklahoma. Los realizó en su estudio de Maine y cobró unos 600 dólares por cada uno, que ayudaron a complementar los ingresos obtenidos de las vacas lecheras. Pero la primera y verdadera seguridad económica llegó a través de las ilustraciones de cuentos infantiles.

Dahlov Ipcar con un gato

Recién casada, y viviendo en Nueva York, había llamado a la puerta de varias editoriales sin resultado. Pero en 1944, el editor William R. Scott se puso en contacto con Dahlov para que ilustrara un cuento de Margaret Wise Brown, “The Little Fisherman” (El pequeño pescador). Fue un éxito, ilustró otros libros y escribió un cuento en 1947, “Animal Hide and Seek” (Escondite de animales), y otro en 1950, “One Horse Farm” (Granja de un caballo), con el que ganó la inesperada suma de 2.000 dólares.

En 1969 publicó “El gato de noche”, dedicado a “Goliath, gato extraordinario”, un blanco y negro que vive en una granja y duerme de día delante de la estufa. De noche, cuando el granjero le saca fuera de la casa, Goliath ve lo que no vemos porque los gatos ven de noche. “El cielo está oscuro y lleno de estrellas, pero para él es como si fuera de día. Ve al perro dormir en su caseta y a las palomas en el palomar. El gato no tiene sueño. La noche es el mejor momento para hacer lo que más le gusta, explorar”.

Avanza suavemente en la oscuridad, sin que veamos nada. Pero el gato lo ve todo muy claro. ¿Qué ve el gato?

Ve las flores y las mariposas nocturnas…

Sigue describiendo el recorrido de Goliath, gato extraordinario, hasta que se reúne con sus amigos en el pueblo vecino. Regresa al día siguiente justo después de que el granjero haya ordeñado las vacas. La granjera le saluda y le ofrece un cuenco de leche. Luego entra en casa, se acurruca en el sillón delante de la estufa y se queda dormido, mientras el granjero dice: “Qué gato tan perezoso, se pasa la noche durmiendo, y también el día”. Pero el gato no le escucha, ya duerme y sueña con todas las aventuras de la noche pasada.

¿Por dónde va el gato ahora?

Está debajo del gran caballo blanco, que duerme de pie. Porque así es como suelen dormir los caballos.

Dahlov Ipcar falleció el 10 de febrero de 2017, a los 99 años. Siguió trabajando casi hasta el último momento de su vida.

Y cuando llega al pueblo, ¿qué se encuentra?

Encuentra a sus amigos los gatos.


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Los gatos de McSorley y el pintor John French Sloan

Los gatos de McSorley (John Sloan, 1928-29)

“Los gatos de McSorley” es el título de un cuadro pintado por John French Sloan en 1928 o 1929. La obra muestra la sala de un bar con clientes apoyados en la barra, otros sentados en mesas y, a la derecha, McSorley, el dueño, rodeado por cuatro gatos a los que mira mientras abre una heladera. Hay un quinto gato con el rabo muy tieso en la parte superior del mueble.

El bar de McSorley, por el viñetista Don Freeman (durante la Prohibición)

En 1919, Bill McSorley le dijo a un reportero del New York Evening Telegram que desde 1854, cuando su padre abrió McSorley’s Old Ale House (La vieja cervecería de McSorley) en el East Village de Nueva York, siempre habían vivido gatos en el bar. “Mi padre quería que hubiera gatos; siempre decía que ‘cuesta menos alimentar a gatos que llamar a un fontanero’. Los gatos ahuyentan a las ratas que roen las cañerías”.

El restaurane chino (John Sloan, 1909)

Bill McSorley no era un hombre amable con los clientes, pero se portaba de maravilla con sus gatos. Llegó a tener dieciocho paseándose por el bar, aunque preferían dormir en el salón trasero. En 1940, Joseph Mitchell escribió en The New Yorker: “Cuando llegaba la hora de darles de comer, por muy lleno que estuviera el bar, abandonaba la barra y golpeaba una cacerola vacía. Los gatos acudían de todos los rincones del bar, moviéndose como leopardos”. McSorley los alimentaba con hígado de buey crudo picado.

El bar de McSorley (John Sloan, 1912)

McSorley’s cambió de manos, pero la tradición se mantuvo y siempre hubo un gato en el bar hasta bien entrado el año 2011 cuando un inspector del Departamento de Salud de Nueva York prohibió la entrada a Minnie durante el horario de apertura. A partir de ese momento, Minnie fue relegada a la parte trasera siempre que había clientes.

Minnie en McSorley

Asimismo, obligaron a Matty Maher, el dueño, a limpiar las fúrculas de pollo colgadas encima de la barra por los soldados que zarpaban el día siguiente hacia Europa para luchar en la II Guerra Mundial. Otro sacrilegio, ya que los huesos representaban a los chicos que nunca habían vuelto.

Woody Guthrie en McSorley’s (1943)

Hasta el año 1970, el lema del bar había sido: “Buena cerveza, cebolla cruda y nada de mujeres”. A partir de ese año, el último McSorley tuvo que rendirse y permitir la entrada a las mujeres. Matty Maher falleció en enero de 2020. Ignoramos si McFarley’s sigue abierto. Por cierto, solo se servía “ale”, una cerveza de fermentación alta.

El bar de McSorley (1970)

Otro conocido lugar con gato era Sammy’s Follies, en el Bowery neoyorquino. Más que un bar era un cabaret, con actuaciones y pista de baile, tanto para ricos como para pobres. Durante un tiempo hubo un gato, como demuestran estas tres fotos tomadas en los años cuarenta.

El gato de Sammy’s Follies

El gato de Sammy no le hacía ascos a la espuma de la cerveza. En otra foto le vemos en brazos de una mujer en actitud protectora. Finalmente está comiendo en la barra debajo de un cartel que reza: “Si los hombres y las mujeres que luchan por nosotros no pueden beber después de medianoche, cerramos a medianoche. Por favor, cooperen”.

Pero volvamos al pintor John Sloan, a quien le debían gustar los gatos. En uno de sus primeros cuadros, “El gato de Green”, de 1900, vemos a dos gatos, uno blanco y otro negro. No sabemos cuál de los dos era el gato de Green.

El gato de Green (John Sloan, 1900)

Nació en Lock Haven, Pensilvania, el 2 de agosto de 1871, pero creció en Filadelfia. Vivió en esta ciudad hasta que se trasladó a Nueva York en 1904. Su padre sufrió una depresión nerviosa en 1888 que le impidió seguir trabajando, y el joven de 17 años tuvo que dejar los estudios para mantener a la familia.

Patio trasero de Greenwich Village (John Sloan, 1914)

Encontró un trabajo como cajero en una librería que le dejaba mucho tiempo para leer y estudiar los libros de arte. Dos años después fue contratado en una papelería y empezó a diseñar felicitaciones mientras seguía dibujando, pintando, haciendo grabados y estudiando arte en clases nocturnas.

(Detalle)

En 1892 empezó a trabajar como ilustrador para el periódico Philadephia Enquirer y conoció a Robert Henri, un talentoso pintor y defensor de la independencia artística que se convirtió en su amigo de por vida. En 1893, ambos fundaron el Charcoal Club, del que fueron miembros George Luks y Everett Shinn.

Everett Shinn, Robert Henri y John Sloan

En 1898, a los 27 años, conoció a Anna Maria Wall, a la que todos llamaban Dolly, nacida el 28 de julio de 1876, y los dos se enamoraron perdidamente. Sloan aceptó las dificultades que implicaba la relación. Dolly era alcohólica, trabajaba en unos grandes almacenes, pero redondeaba sus ingresos en un burdel, lugar donde se vieron por primera vez.

Dolly con un gato (John Sloan)

La pareja se mudó a Nueva York en 1904 y se instalaron en un piso en el Greenwich Village. John Sloan trabajaba para el Philadelphia Press como ilustrador independiente y vendía dibujos de forma regular a editoriales y otras publicaciones neoyorquinas. El estado mental de Dolly empeoraba, obsesionada con la idea de que su marido iba a dejarla. Un médico le aconsejó que escribiera en un diario lo mucho que la amaba y que lo dejara donde ella pudiera encontrarlo.

Gato callejero (Everett Shinn, 1938)

Durante siete años, hasta 1913, el pintor declaró su amor a su mujer por escrito para tranquilizarla. Seguía pintando cuadros al óleo, pero vendía muy poco. Ese mismo año fue miembro del comité organizador del legendario Armory Show, donde expuso cinco grabados y dos cuadros. Uno de ellos era “El bar de McSorley”, pero no se vendió. Es más, el cuadro no fue adquirido hasta 1932 por el museo Detroit Institute of Arts.

Cori y el gatito (Robert Henri)

El primer cuadro del bar de McSorley fue pintado en 1912. Pasarían 16 años hasta que John Sloan volviera pintar cinco escenas dentro del bar, una de las cuales es el cuadro con el que empezamos esta entrada, “Los gatos de McSorley”.

Dibujo de John Sloan, 1915

Al año siguiente empezó a impartir clases en la Art Sudents League (Liga de Alumnos de Arte). Permaneció dieciocho años en esta escuela y acabó siendo su director. Pertenecía al Partido Socialista y, como pacifista, se opuso a la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial.

El gato negro (Everett Shinn)

A partir de 1918, Dolly y él pasaban cuatro meses al año en Santa Fe, Nuevo México, y se interesaron por el arte y las ceremonias de los nativos americanos. En 1922, John organizó una exposición en la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York – que había cofundado en 1916 – de obras realizadas por pintores indios. También fue un acérrimo defensor del trabajo de Diego Rivera, a quien describía como “el único artista de este continente que está a la altura de los viejos maestros”.

Gato en callejón (John Sloan, 1907)

A pesar de ser admirado y muy reconocido, nunca vendió muchas obras en vida. Es uno de los artistas que más se identifica con la famosa escuela realista Ashcan, además de Robert Henri. Al contrario de este último, no era un pintor rápido y tardaba mucho en acabar un cuadro, lo que llevó a Henri a decir que era “el participio pasado de lento”.

Gatos callejeros (Everett Shinn)

Dolly falleció de una enfermedad coronaria en 1943. El pintor se casó al año siguiente con Helen Farr, una antigua alumna suya cuarenta años más joven que él con la que había tenido una aventura en los años treinta. John Sloan murió el 7 de septiembre de 1951. A partir de ese momento, Helen se encargó de distribuir la mayoría de las obras que no se habían vendido a los principales museos del mundo. También recopiló y publicó los mensajes de amor que el artista dejaba por la casa para que Dolly los encontrara.

Tomando el sol (John Sloan, 1941)


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Gatos blancos, gatos negros y Maud Lewis

Maud Lewis nació el 7 de marzo de 1903 en South Ohio, provincia de Nueva Escocia, Canadá, hija de John y Agnes Dowley. Muy pronto se le declaró una artritis reumatoide que reducía mucho su movilidad, especialmente el uso de las manos, pero que no le impidió pintar desde muy joven, cuando su madre le enseñó a hacer felicitaciones de Navidad con acuarelas para venderlas.

Se enamoró de Emery Allen, un vecino de Digby, una pequeña ciudad más al norte, y en 1928 dio a luz a su hija Catherine Dowley sin estar casada. El padre las abandonó, y Maud siguió viviendo en la casa familiar. Al no disponer de medios suficientes para cuidar de Catherine, la niña fue dada en adopción. Años después, ya casada, Catherine intentó localizar a su madre sin éxito.

Maud de niña

Maud perdió a su padre en 1935 y a su madre en 1937. Se trasladó a casa de su hermano durante un tiempo, pero acabó viviendo con su tía en Digby. A los 34 años, el 16 de enero de 1938, se casó con Everett Lewis, que entonces trabajaba de guarda nocturno del asilo local. Según contó Everett posteriormente, Maud contestó al anuncio que él había dejado en varias tiendas buscando “a una mujer dispuesta a cuidar de un soltero de 45 años”.

Everett, además de trabajar de noche en el asilo, también era vendedor ambulante de pescado. Vivían en una casa diminuta con un dormitorio en el desván en el pueblo de Marshalltown, a unos kilómetros de Digby. Tenían poquísimo dinero y Everett se ocupaba de las tareas domésticas mientras Maud pintaba.

Maud y su marido Everett

Maud acompañaba a su marido a vender pescado y aprovechaba para ofrecer sus felicitaciones de Navidad, que no tardaron en tener éxito entre las clientas de Everett. Las vendía por muy poco dinero, pero era una ayuda para la economía familiar. Everett animó a su mujer a pintar y le compró sus primeros óleos.

Usaba cualquier base a su alcance para pintar, aunque la gran mayoría de los cuadros son de pequeño tamaño, de no más de 20 por 25 centímetros, ya que la artritis le impedía mover el brazo a más distancia. Su técnica era muy sencilla: extendía una capa uniforme de color en la base, fuese cual fuese, y una vez seca aplicaba los colores directamente con los tubos de pintura. Nunca mezclaba colores.

Sus temas favoritos eran flores y animales, gatos, algún perro que otro, ciervos, pájaros, caballos y yuntas de bueyes. También hay paisajes y muchas escenas en la nieve. En un documental del año 1965 dice que pinta sobre todo de memoria cosas que vio en su juventud y que copia muy poco.

Por una foto de 1908 (fecha aproximada) se sabe que Maud vivió con un gato llamado Fluffy cuando era niña. Quizá los gatos blancos que pintaba correspondían al recuerdo que tenía de Fluffy.

Maud y el gato Fluffy (1908)

A primera vista, muchos de sus cuadros parecen idénticos, pero basta con fijarse un poco para ver que cada uno tiene algo diferente. La expresión de los gatos nunca es la misma, están debajo de árboles diferentes, las mariposas no son iguales… Siempre hay un pequeño cambio. Las variaciones sobre gatos son muy numerosas.

Como puede verse en esta foto, Maud también pintó el interior de su casa, decorándola sobre todo con flores. No se limitó solo a las paredes, también pintó las escaleras que llevaban al diminuto cuarto del desván y la puerta de entrada.

Interior de la casa de Maud y Everet

A principios de los años cuarenta decoró veintidós contraventanas exteriores de gran tamaño en una casa del sur de la península de Nueva Escocia perteneciente a una familia estadounidense. Le pagaron setenta centavos por cada una.

Entre los años 1945 y 1950, los turistas empezaron a pararse delante de la casa de Maud y Everett, situada cerca de la nacional 1, la carretera principal de Nueva Escocia occidental. Le compraban cuadros por dos o tres dólares, y tan solo en los últimos cuatro años de su vida los vendía entre siete y diez dólares.

Se dio a conocer nacionalmente gracias a un artículo en el periódico Star Weekly de Toronto publicado en 1964. Un año después, la cadena CBC rodó un pequeño documental acerca de la artista para el programa “Telescope”. Y en los años setenta, durante la presidencia de Richard Nixon, la Casa Blanca le encargó dos pequeños cuadros.

La artritis empeoró mucho hacia el final de su vida y le impidió completar los crecientes encargos que le llegaban. Durante un año apenas se movió de un rincón, excepto cuando debía ir al hospital de Digby. Falleció el 30 de julio de 1970 de una neumonía. Su marido Everett siguió viviendo en la pequeña casa hasta que le mató un ladrón en 1979.

Maud Lewis vivió treinta y dos años con Everett. La vida de ambos no fue fácil, pero ella nunca perdió la sonrisa. En 1976, la directora Diane Beaudry rodó un cortometraje documental de diez minutos de duración titulado “Maud Lewis: A World Without Shadows” (Maud Lewis: Un mundo sin sombras). En el mundo de Maud hubo sombras, no cabe duda, pero sus cuadros son luminosos, y están llenos de vida y alegría. Creemos que reflejan cómo era ella a pesar de todas las dificultades a las que debió enfrentarse.

Maud en la puerta de su casa

Hoy, Maud Lewis no solo es famosa en Canadá. Sus cuadros alcanzan sumas que le habrían parecido exorbitantes. En 2009, alguien pagó 22.200 dólares en una subasta en Toronto por “A Family Outing” (Excursión familiar), y en 2016, una pintura suya descubierta en un mercadillo fue vendida por 45.000 dólares en una subasta on-line.

La provincia de Nueva Escocia compró la casita de Maud y de Everett en 1984 y la trasladó a la Art Gallery of Nova Scotia (Galería de Arte de Nueva Escocia), en Halifax, donde fue restaurada y forma parte de la exposición permanente dedicada a la pintora.

La casa de Maud