Gatos y Respeto

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Gatos negros y Anita Yan Wong

La artista sinoamericana Anita Yan Wong ha dedicado dos libros de dibujos a los gatos utilizando un proceso muy parecido al de la caligrafía china que, a pesar de su aparente sencillez, requiere una larguísima práctica hasta conseguir trazos perfectos.

La pintora es conocida por su dominio de un estilo único de pintura, el Lingnan, llamado también Escuela Cantonesa. Surgida en la provincia de Guangdong en el siglo XIX, fue considerada revolucionaria e innovadora comparada a la pintura tradicional china.

Anita Yan Wong nació en Pekín y su familia se fue a vivir muy pronto a Hong Kong. Al contrario de los niños de su edad, preferiría quedarse en casa dibujando a jugar en los parques, por lo que su madre la llevó a la maestra Hsin Pengjiu, una respetada pintora de la escuela Lingnan que le enseñó el estilo guóhuà.

Anita Yan Wong

Más tarde, su madre buscó un maestro de estilo más occidental con el que aprendió técnicas básicas, como el dibujo y la acuarela, antes de ingresar en la Escuela Politécnica de Hong Kong, más enfocada en las aplicaciones modernas del arte. Lógicamente, y a pesar de su amor por las bellas artes, pensó que su carrera estaba destinada a las artes gráficas.

Se trasladó a Londres a los 16 años para estudiar en la facultad Central Saint Martins, de la Universidad de las Artes de Londres, donde se diplomó en Artes Gráficas. A continuación obtuvo dos másters en Fotografía Digital y Artes Digitales en el Colegio de las Artes de Maryland (MICA). Acabó dando clases en este centro, así como también en la Universidad Temple de Filadelfia.

Enseñar en dos escuelas distantes casi doscientos kilómetros no le dejaba mucho tiempo para pintar. En 2015, después de enseñar durante más de diez años, se centró en su trabajo como pintora.

Reconoce que no sabía realmente qué dirección tomar, pero no quería que su obra fuese descrita como tradicional, moderna o contemporánea porque, según ella, las etiquetas tienden a encasillar al artista. Y añade: “Me había pasado la vida viviendo en lugares diferentes, Pekín, Hong Kong, luego Londres y Estados Unidos, y me di cuenta de que mi identidad era un enigma; de hecho, lo sigue siendo”.

“Me sentía algo perdida y empecé a meditar”, sigue diciendo. “Fue entonces cuando visualicé ‘Los nenúfares’, de Monet, y vi las similitudes entre los impresionistas y el estilo guóhuà, la importancia de los nenúfares en el guóhuà budista y de la pincelada en el impresionismo. En ese momento, todo encajó”.

Al preguntarle por los artistas qué más le han influido, contesta que siempre se ha esforzado en desarrollar un estilo propio. “Es verdad que Chao Shao An me influyó mucho cuando era más joven. Es el creador de la pintura Lingnan, y su alumna fue mi maestra. Louise Bourgeois es otra artista a la que admiro mucho. La primera vez que vi una exposición suya en Londres, me hizo pensar en las pinturas con tinta china. Además, sus esculturas ‘Araña’ no se parecen realmente a arañas, tira más hacia lo abstracto, y eso me gustó mucho”.

En 2018 dedicó una serie a los perros para celebrar el año del Perro en el calendario chino. “Hace mucho que no voy a Hong Kong y es mi forma de volver a conectar con mi cultura”, explica. Sin embargo, inició la serie con unos tigres después de ver un documental acerca de la rápida desaparición de esos animales en su hábitat natural.

En la misma época empezó a pintar unos tigres muchos más pequeños, gatos, y todo por culpa de Tux. Para entonces, la artista se había mudado a California y el gato Tux había entrado en su vida. Apareció un día mientras Anita Yan Wong daba un paseo por el barrio y la acompañó: “Venía cada día conmigo cuando salía a dar un paseo. Me inspiraron su pelo negro brillante, sus movimientos, y me lancé a realizar una serie”.

Esa serie se llamó “Jumping Kittens” (Gatitos saltando) y no tardó en transformarse en el libro “Ink Kittens” (Gatitos de tinta), publicado el 21 de agosto de 2020 con 38 dibujos de gatos en diversas posiciones realizados con unas cuantas pinceladas. “Solo utilicé tinta negra para sumi-e (una técnica de dibujo monocromático) y dos pinceles de caligrafía para reproducir a mi amigo Tux. Tengo la impresión de que un gato aporta energía a mis proyectos, movimiento a mi pincel, y tranquilidad a mi vida”.

En mayo de este año publicó un segundo libro dedicado a los gatos, “Cat Philosophy: When Cats Meet the Greatest Minds” (Filosofía gatuna: Cuando los gatos y las grandes mentes se conocen), en el que citas de artistas, escritores, científicos, filósofos y líderes mundiales amantes de los gatos están acompañadas por sus dibujos.

“No soy capaz de empezar un proyecto a menos que me sienta realmente inspirada, y últimamente lo único que me interesa son los gatos”, reconoce. “A menudo empiezo documentándome, haciendo fotos a los gatos que encuentro, buscando en Internet e incluso yendo a eventos felinos durante los fines de semana”.

Estamos convencidos de que Anita Yan Wong tiene uno o varios gatos. Posiblemente Tux sea el primero que entró en su vida, pero alguno más ha debido seguir sus pasos e instalarse en su casa. También esperamos que sigan siendo una inspiración para ella porque sus dibujos son auténticas joyas. Les dejamos tres enlaces por si quieren ver algo más de la obra de la artista.

https://www.anitayanwong.com/   https://www.instagram.com/anitayanwong/?hl=es https://www.amazon.com/author/anitayanwong


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El gato topiario (The Topiary Cat)

Desde hace unos años aparecen en Internet curiosas imágenes de gigantescos gatos “topiarios” o, mejor dicho, gatos realizados en poda artística. Siempre nos habían intrigado, pero no les habíamos dado mayor importancia hasta que una amiga nos mandó una foto especialmente atractiva y decidimos indagar un poco más.

Descubrimos inmediatamente que son montajes fotográficos realizados por un artista británico llamado Richard Saunders en honor su gato Tolly, un ruso azul que falleció en febrero de 2016 a los doce años.

Richard Saunders

Las fotos se hicieron virales en muy poco tiempo. Por ejemplo, la foto del gato topiario bebiendo en un lago de Surrey fue vista en Facebook en cuestión de días por 2,5 millones de personas, de las que muchas no entendieron que se trataba de un montaje. A partir de ese momento. Richard Saunders decidió dejar muy claro que no son auténticos topiarios, y en una entrevista a la BBC llegó a decir: “Prefiero que se me conozca por el arte y no por el engaño”.

Todo empezó cuando Tolly aún vivía. Mientras visitaba los jardines Hall Barn, Beaconsfield, el artista vio una poda artística imitando una nube que le recordó a un animal durmiendo y se le ocurrió que no sería difícil cambiarla por un gato. Utilizó Photoshop para añadir una foto editada de Tolly. Había nacido “The Topiary Cat”.

“Tolly tenía mucho carácter, era intrépido y afectuoso”, recuerda. “Me parece que esas cualidades se ven reflejadas en el Topiary Cat, pero también es inmortal y capaz de  metamorfosearse, algo a lo que Tolly nunca aspiró”.

Richard Saunders nació en 1946 y descubrió el surrealismo siendo adolescente. Intentó dedicarse a la pintura, pero según sus propias palabras: “Pintaba con demasiada lentitud para vivir del surrealismo y entré en el mundo de la publicidad para sobrevivir”. Llegó a ocupar el puesto de director creativo y no volvió a dedicarse plenamente a la pintura hasta que se jubiló.

Richard Saunders y Tolly

“Al principio lo hice como diversión”, explica en otra entrevista. Colgó la primera imagen en Flickr y empezó a aparecer en Internet sin su nombre hasta que la BBC le entrevistó. No sabemos cómo se enteró la BBC de que la imagen era suya, pero todos los artículos que hemos encontrado dicen más o menos lo mismo.

Con el tiempo, las imágenes se han hecho más complicadas y Richard Saunders tarda varios días en crear una. Empieza con una foto realizada por él, a la que añade digitalmente una de Tolly – del que tiene decenas, basta entrar en su página de Facebook – para crear una escena llena de fantasía.

Según su creador, el personaje del Topiary Cat es sabio y valiente, como Tolly, pero no entiende a los seres humanos. “Al ser inmortal, no tiene un concepto del tiempo ni las preocupaciones habituales, como el trabajo, la comida, la escuela, los fines de semana o el móvil”.

Se instala en los mejores jardines de Inglaterra sin pedir permiso a nadie, ocupando todo el césped delante de un palacio o castillo. Duerme la siesta donde le apetece sin preocuparle si molesta a los jardineros o a cualquiera (ganado o humano). También deambula por paisajes más agrestes, pero siempre lo hace a su antojo, como si todo le perteneciese.

Últimamente le acompaña otro ruso azul llamado Georgi que llegó al hogar de los Saunders en abril de 2018. “Su alter ego en las imágenes es bastante travieso”, dice el artista. “Su mentor le suele llama ‘G’, pero tampoco intenta inculcarle modales”.

Georgi (24 de abril de 2018)

Durante la pandemia, el autor escribió la historia de un niño tímido de diez años y de su fiel compañero, un ruso azul llamado Tolly. El abuelo del niño es el jardinero jefe de una importante finca cercana y experto en poda artística. Colgó la historia en Facebook y luego la transfirió a SoundCloud antes de que se publicara una versión impresa.

“No esperaba que estas imágenes tuvieran tanto éxito”, reconoce Richard Saunders. “Al principio me divertía, nunca pensé que podrían comercializarse. Su recorrido me parece fascinante”.

Su imagen favorita es la de Tolly contemplando el jardín de su casa desde una considerable altura. “A Tolly le gustaba mucho nuestro jardín. Le encantaba tomar el sol en el cenador o esconderse debajo de las hojas de los ruibarbos cuando hacía demasiado calor”, recuerda.

En cuanto a la creación de un auténtico gato de poda artística, Richard Saunders no tiene planes para realizar uno, pero está dispuesto a hacerse cargo de la dirección artística si alguien quisiera hacerlo. Quizá un experto jardinero, viendo estas fotografías, quiera replicarlas en algún suntuoso jardín.

La poda artística se remonta a la época romana en Europa. Tanto Plinio. en su “Historia natural”, como el escritor Marcial atribuyen a Gaius Matius Calvinus el primer diseño topiario, que no tardó en tomar complicadas formas arquitectónicas, de animales e inscripciones en numerosos patios romanos.

Al parecer, la poda artística no volvió a invadir los jardines europeos hasta el siglo XVI y no se limitó a los parterres y terrazas ajardinadas de la élite, sino que también tomó por asalto jardines mucho más plebeyos. El poeta Barnabe Goose escribió en 1578 que “las mujeres recortaban el romero para adoptar la forma de un carro o un pavo real, cualquier cosa que les pasaba por la cabeza”.

Richard Saunders y Tolly

El arte topiario de Versalles, sin embargo, nunca fue muy complicado: setos de poca altura puntuados por bolas y obeliscos en cada esquina. En Holanda sí hubo jardines con podas muy estudiadas. La moda volvió a desaparecer por completo a principios del siglo XVIII.

A partir de 1962, los parques de atracciones estadounidenses, de los que Disneylandia fue el primero, empezaron a recrear a sus personajes más famosos con plantas guiadas sobre un armazón metálico. Al crecer, cubren el armazón y basta con podarlas regularmente. Pueden plantarse directamente en tierra o en tiestos, lo que permite su traslado.


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Gatos búlgaros y el pintor Georgi Yordanov

Hace algún tiempo descubrimos por casualidad a un pintor surrealista búlgaro actual llamado Georgi Yordanov, pero como ocurre muchas veces apenas hay información sobre él.

Esto nos llevó a indagar más sobre los gatos en Bulgaria y encontramos la página “Vagabond”, que se presenta como sigue: “La primera y única revista mensual en inglés de Bulgaria. Les contaremos todo lo que quieren saber acerca de Bulgaria y no tienen a quién preguntárselo”. Y, desde luego, el artículo sobre los gatos en Bulgaria está muy bien. No solo nos hemos permitido reproducir algunas de las fotos con que ilustran el artículo, sino también la información que más nos interesaba. Gracias, Vagabond (https://www.vagabond.bg/).

El pintor Georgi Yordanov nació el 13 de mayo de 1960 en la ciudad de Shumen, hijo del también artista Yordan Yordanov, natural de la ciudad costera de Varna. Georgi Yordanov ha pintado numerosos decorados para el Teatro Dramático y para la Ópera de Varna y ha enseñado en varias escuelas de arte.

Tiene en su haber más de treinta exposiciones individuales entre Bulgaria e Inglaterra, además de haber participado en numerosas exposiciones colectivas en Francia y Rusia. Ha sido galardonado con diversos premios a lo largo de su carrera, entre los que destacaremos el I Premio en la Bienal del Humor de Gabrovo en 1995; la Beca Delfina Studios para una estancia de un año en Londres en 1995, varios premios otorgados por galerías y de nuevo el I Premio de la Bienal del Humor de Gabrovo en 2015.

Y esta es toda la información que hemos podido encontrar de un pintor con mucho sentido del humor y merecedor de estos premios. Los gatos no son los únicos animales que utiliza en sus cuadros, también hay aves, perros, peces, un poco de todo…

Hablemos ahora de los gatos en Bulgaria. La población búlgara ha cambiado mucho a lo largo de los años, pero el gato doméstico ha permanecido más o menos igual. Curiosamente, los primeros restos óseos de gatos descubiertos en el país no son anteriores al siglo III d.C. y la mayoría proviene de yacimientos fechados en los siglos IX al XII.

Al contrario de lo que ocurrió en Europa Occidental, los gatos búlgaros nunca se asociaron al diablo ni a las brujas y no fueron perseguidos. Su astucia hizo que se convirtieran en los protagonistas de numerosos cuentos donde demostraban ser más listos que otros animales que les superaban en tamaño e incluso que los seres humanos.

Abundan en los proverbios. Por ejemplo, si una pareja no para de discutir, se llevan como el perro y el gato (aunque esto parece ser un comentario casi universal). En Bulgaria, nada bueno puede salir del hecho de que un perro y un gato compartan la misma cama. Hay que compadecer a las personas que no tienen ni gato ni perro porque significa que son muy pobres.

Otro dicho bastante misógino por no decir machista es el siguiente: “Las mujeres esconden su maldad como el gato las uñas”. También se dice que “Un gato no cae de espaldas”, haciendo referencia de nuevo a su inteligencia. Un proverbio muy popular dice: “Si el gato no alcanza la carne, es porque la carne está pasada”. Y este último describe la supuesta indiferencia del gato: “Se lo contaron al gato, y el gato se lo contó a su rabo”.

Gatos búlgaros

También hay un mito en torno a la creación del gato: “Dios recorría la tierra y se detuvo en un lugar a pasar la noche. Llevaba una alforja con pan, pero los ratones se lo comieron todo. Dios se enojó, tiró su guante al suelo y este se convirtió en gato”.

Pero la reputación del gato tampoco era irreprochable. Los búlgaros de antaño decían que en el infierno, el perro traería agua para apagar el fuego debajo de la caldera en la que estaba su amo, mientras que el gato iría a por más leña. Los gatos podían crear vampiros con solo saltar por encima de un cadáver. Y los duendes se disfrazaban de gato pidiendo más que un cuenco de leche y un lugar cercano al hogar.

Gato búlgaro

Los gatos no proliferan en la literatura búlgara, pero los niños todavía cantan una cantinela acerca de la educación de un joven gato y cómo aprendió a cazar ratones. Uno de los poetas más famosos del país, Georgi Konstantinov, nacido el 20 de diciembre de 1943 en Pleven, escribió un cuento infantil de un gato.

Tufo
Gato búlgaro

Titulado “Tufo, el pirata de color jengibre”, tuvo un enorme éxito. Tufo, un gato rubio, empieza recorriendo Bulgaria, pero no contento con eso, cruza fronteras y llega hasta lejanísimas tierras. Las aventuras de Tufo han sido traducidas al francés, alemán, polaco, ruso y otros idiomas, y siguen publicándose hoy en día.

Tufo (Edición francesa)
Gato búlgaro

Sin embargo, la aparición más popular de un gato en la literatura del país se debe a Ivan Vazov, también llamado “el patriarca de la literatura búlgara”. En la novela corta cómica titulada “Chichovtsi” (Nuestros tíos), la disputa entre dos vecinos escala a proporciones vertiginosas cuando uno de ellos decide pintar de negro al gato del otro.

Al parecer, Varlaam – uno de los dos vecinos –, al oír la malévola risa de Selyamsuza – el otro vecino – y de toda su familia, se enojó, se levantó y cogió la raspa de pescado del plato para colgarla en la puerta de su enemigo. Mientras tanto, Selyamsuza estaba pintando al gato de su némesis de negro.

A la mañana siguiente, cuando Selyamsuza salió a la calle con su numerosa prole, se quedó lívido al ver la raspa de pescado colgada de su puerta (ignoramos el sentido negativo de la raspa de pescado). A su vez, Varlaam y su esposa descubren que el gato había dormido con ellos y manchado las sábanas, las almohadas y el vestido de seda colocado encima del baúl.

Gato búlgaro

A partir de ese momento, la riña entre los dos vecinos ya no tuvo solución. Nosotros pensamos en el pobre gato que no tuvo la culpa de nada y acabó teñido de negro. Así acabamos este breve repaso de gatos búlgaros.

Sello búlgaro


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Gatos de ojos rojos, de Iwao Akiyama

El pintor y grabador japonés Iwao Akiyama dedicó la mayoría de su obra a las lechuzas y a los gatos, además de representar a algún que otro animal y desnudos de mujeres. Su estilo deja entrever cierta ingenuidad y, en nuestra opinión, mucha alegría. Tanto los gatos como las lechuzas presentan un rasgo en común: los ojos rojos.

Nació el 21 de marzo de 1921 en un pueblecito de la prefectura de Oita y a los ocho años un monje budista le enseñó a dibujar. Empezó interesándose por un tipo de pintura con tinta llamado “suibokuga”. Hasta después de la II Guerra Mundial, cuando Japón empezó a notar la influencia cultural y artística de Estados Unidos y Europa, no se consagró en cuerpo y alma a la pintura.

En 1956, con 35 años, se licenció en la Escuela de Arte Taiheiyo, donde estudiaron numerosos artistas japoneses interesados en el arte occidental, pero no tardó en decantarse por el grabado en madera. Estudió con maestros grabadores como Shiko Munakata, desde 1959 hasta 1965, y también con Teijiro Fuse y Hanjiro Sakamoto.

Gato, de Shiko Munakata

Espero

Las obras de Iwao Akiyama se vieron por primera vez en la Exposición de Grabados del College Women’s Association of Japan (CWAJ), en 1966, y desde entonces participó en esta exposición cada año. En 1977 se unió a otros tres alumnos de Shiko Munakata para una exposición colectiva. Durante su vida realizó más de 250 exposiciones en solitario en Japón y quince en el extranjero, las dos últimas en Seattle y San Francisco en 2002.

Atrévete a morderme el rabo (1994)
Gato juguetón
Nuevos alumnos

Fue miembro de la Asociación de Artistas de Japón, del Club Arte del Pacífico y del Grupo Saku, especializado en el grabado en madera. Sus obras forman parte de las colecciones del Museo Nacional de Inglaterra, Museo Nacional de Escocia, Galería Nacional Victoria de Melbourne, Museo de Arte Japonés de Haifa y Museo de Arte de Cincinnati.

Contentos
El dueño

En los grabados de Iwao Akiyama hay muy poco color, casi todos son en blanco y negro, a excepción de los ojos, que suelen limitarse a un punto rojo en el centro de una pequeña raya negra. A pesar de esta escasez de colorido, sus gatos son muy expresivos. Basta con ver el grabado titulado “El asesino”. Imaginamos que el artista observó a un gato a punto de saltar sobre algo.

El asesino
En el filo
Sumi no neko

No hemos encontrado fotos de Iwao Akiyama con gatos. De hecho, hay muy poca información sobre él en Internet, como si fuera un hombre reservado, celoso de su vida privada; por lo que esta entrada es mucho más corta de lo habitual.

Gato perezoso
Rivales en el amor (1994)

Parece ser que quiso que sus obras se imprimiesen en un papel japonés sumamente fino de largas fibras que nunca llega a ser totalmente liso. Por eso, muchas de las imágenes que reproducimos aquí parecen tener “ondas”. Una edición suya oscila entre cien y doscientos ejemplares numerados y firmados.

Gato atigrado
Gato negro descansando
Me gustan mis zapatos

Quizá sea menos conocido que otros grabadores de su época por ese toque ingenuo en su obra. Como hemos dicho antes, nació en el campo, cerca de la ciudad de Taketa, en la isla de Kyusyu, un lugar con una naturaleza espléndida, pero que no influyó en que hubiera paisajes en sus grabados. Solo las lechuzas aparecen en una rama o al lado de algún árbol.

Luna que mira (2002)
Gato y mariposas
Gatos simpáticos (1994)

Desde que se decantó por el grabado en madera a finales de los años cincuenta, hasta su muerte, el 15 de septiembre de 2014, en Matsudo, a los 93 años, produjo un sinfín de gatos, lechuzas y desnudos de mujeres, como si estos tres temas le obsesionaran. También en la cultura occidental, el gato y la lechuza, o el búho, aparecen juntos. Por ejemplo, el poeta Edward Lear escribió un poema titulado “La gata y el búho” (https://gatosyrespeto.org/2020/06/11/la-gata-y-el-buho/).

Ha llegado la primavera


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Gatos y mujeres artistas (Parte 2)

Gatito (Judith Linhares)

Judith Linhares es una declarada feminista que realiza cuadros muy personales y políticos. Nació en 1940 y se dio a conocer en los sesenta y setenta con el auge artístico en la Bahía de San Francisco. Se trasladó a Nueva York en los ochenta y reside allí desde entonces. Suele vivir con dos gatos porque, según ella, son su inspiración. Pero no suele plasmarlos en sus cuadros, lo que no nos permite dedicarle toda una entrada. La foto en que se la ve sentada en el suelo con su gato Nelson fue hecha por Stephen Spretniak en 2001 para el catálogo de una exposición.

Judith Linhares (Foto de Stephen Spretniak, 2001)

Nuestra favorita es de 2015: ella barriendo el estudio con dos gatos tumbados en el suelo haciendo lo que hacen todos los gatos cuando se barre.

Judith Linhares en su estudio (Junio de 2015)

Martha Stettler (25 de septiembre de 1870 – 16 de diciembre de 1945) fue una pintora y grabadora Suiza nacida en Berna. Estuvo entre los fundadores de la parisina Academia de la Grande Chaumière, que codirigió desde 1909 hasta su muerte. La incluimos aquí porque el cuadro “Naturaleza muerta con gato” (el único pintado por ella con un gato) tiene una peculiaridad: hay tres gatos, uno dentro y dos fuera.

Naturaleza muerta con gato (Martha Stettler)

Olga Ivinskaya, poetisa, escritora y traductora soviética nacida en Tambov, Rusia, el 16 de junio de 1912, fue la gran amiga y amante de Boris Pasternak, ganador del premio Nobel, durante los últimos trece años de la vida de este y le inspiró el personaje de Lara para la novela “Doctor Zhivago”, escrita en 1957.

Olga Ivinskaya

La detuvieron en dos ocasiones por su relación con Pasternak, la primera en octubre de 1949, y la condenaron a cinco años en un gulag, pero fue liberada en 1953. Al morir Pasternak en 1960, volvió a ser detenida con su hija Irina, fruto de su primer matrimonio. Cumplió cuatro años de una condena de ocho. Nunca recuperó la correspondencia ni los documentos requisados por el KGB. Falleció en Moscú el 8 de septiembre de 1995.

Olga Ivinskaya

Rhys Caparn (1909-1997) fue una escultora estadounidense conocida por sus obras semiabstractas dedicadas en gran parte a los animales. Sin embargo, solo hemos encontrado una escultura de gato, realizada en 1939. Estudió en París y Nueva York, y expuso por primera vez a los 23 años.

Gato (Rhys Caparn, 1939)

En esta foto realizada en 1948 por Maya Deren (otra gran amante de los gatos https://gatosyrespeto.org/2017/11/30/la-vida-privada-de-una-gata-y-maya-deren/) la vemos sujetando a un gatito blanco, quizá el modelo de la escultura. Decía que iba al zoológico de Nueva York dos o tres veces a la semana para dibujar a los animales y entenderlos mejor.

Rhys Caparn (Foto de Maya Deren, 1948)

Kasia von Szadurska, en realidad Margarethe Casimirowna Schadursky-Sternberg, fue una retratista e ilustradora expresionista alemana. Nació el 23 de febrero de 1886 en Moscú y falleció el 3 de abril de 1942 en Berlín. Se casó en 1910 con un tal Otto Ehinger, que se trasladó a Meersburg en 1914 mientras ella permanecía en Constanza, al otro lado del lago del mismo nombre. Por alguna razón desconocida, él quiso mantener el matrimonio en secreto.

Autorretrato (Kasia von Szadurska)

Siguieron viviendo en casas separadas hasta 1922 cuando Kasia se mudó a Meersburg. Se divorciaron en 1935 después de que fuera acusada de tener una relación extramatrimonial; su marido obtuvo la custodia de sus dos hijos. Con la aparición del nacionalsocialismo no pudo seguir exponiendo y dependía totalmente de encargos para sobrevivir. Falleció a los 56 años.

(Kasia von Szadurska)

Sonia Delaunay (Sarah Ilínichna Stern) nació en Odesa el 13 de noviembre de 1885. Estudió en Rusia y en Alemania antes de trasladarse a París, donde pasó la mayor parte de su vida y fundó el Orfismo con su marido Robert Delaunay y otros. En 1964 se convirtió en la primera mujer viva con una retrospectiva en el Louvre.

Sonia Delaunay

Durante su estancia en Madrid conoció a Serguéi Diaghilev y diseñó el vestuario de  “Cleopatra” representada en Madrid, y de “Aida”, en Barcelona. Decoró el “Petit Casino” madrileño y fundó la tienda “Casa Sonia”, con sucursal en Bilbao, en la que vendía sus diseños. Tuvo un famoso salón en la capital española hasta su regreso a París en 1920.

Gato y perro descansando (Sonia Delaunay, 1969)

Aquí la vemos con dos de sus pasiones, el teléfono y el gato. Falleció el 5 de diciembre de 1979 y está enterrada al lado de su marido, que murió en 1941.

Sonia Delaunay

Sophie Kerr (23 de agosto de 1880 – 6 de febrero de 1965) fue una prolija escritora a principios del siglo XX cuyas historias en torno a mujeres inteligentes y ambiciosas reflejaban su trayectoria. En una época en que pocas mujeres eran autosuficientes, se trasladó a Nueva York. Trabajó como editora de una revista y escribió más de 500 relatos cortos, 23 novelas, poemas y una obra de teatro estrenada en Broadway.

Sophie Kerr

En 1965 legó 578.000 dólares al Washington College dr Chestertown, Maryland, para un premio literario anual. Desde 1968, la universidad ha repartido más de 1,4 millones de dólares entre jóvenes y prometedores escritores.

Sophie Kerr y Thomas Hardy

Sophie tenía un importante gato negro llamado – cómo no – Thomas Hardy que aparecía en las felicitaciones de Navidad de 1960.

Tilla Durieux, de verdadero nombre Ottillie Godefroy, fue una actriz de teatro y cine de las primeras décadas del siglo XX. Nacida el 18 de agosto de 1880, debutó en el teatro Moravian de Viena en 1902.  Se casó tres veces; la primera en 1904 con el pintor berlinés Eugen Spiro, del que se divorció al año después de enamorarse del marchante Paul Cassirer. Se casaron en 1910 y se divorciaron en 1926. Durante el juicio, Cassirer se excusó y se suicidó en una sala contigua.

Tilla Durieux (Foto de Becker & Maass, 1922)

Volvió a casarse con el financiero Ludwig Katzenellenbogen, promotor del teatro Neues Schauspielhaus de Berlín. Creemos que las fotos fueron tomadas en los años 20 en Berlín, cuando era famosa en esa ciudad. En 1941, Katzenellenbogen fue detenido por la Gestapo en Tesalónica y murió en un campo de concentración en 1944. Tilla era miembro del Socorro Rojo Internacional. Falleció el 21 de febrero de 1971.

Tilla Durieux en 1923

Acabamos este artículo con la foto de una mujer totalmente desconocida y de su gato.


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Gatos y mujeres artistas (Parte 1)

Dolores del Río

Muchas artistas tuvieron gatos, pero a veces solo encontramos una o dos fotos, un cuadro y poco más. Por eso hemos decidido reunir a varias mujeres (pintoras, escritoras, escultoras, actrices) fotografiadas con gatos o que han realizado obras representando gatos, y acompañar las imágenes con una corta reseña de sus vidas. Por cierto, la selección no puede ser más ecléctica.

Dolores del Río

Dolores del Río, de verdadero nombre Dolores Asúnsolo López Negrete (Durango, México, 1906 –  Los Ángeles, EE UU, 1983). En 1921, a la edad de quince años, se casó con el escritor Jaime Martínez del Río, un rico hacendado licenciado en leyes dieciocho años mayor que ella, cuyo apellido adoptaría más tarde como nombre artístico. Su belleza llamó la atención del director estadounidense Edwin Carewe, que le dio un pequeño papel en una película.

Dolores del Río

Su fulgurante éxito hizo que se instalara en Estados Unidos entre los años 1925 y 1942. La llegada del cine sonoro no supuso ningún problema y se adaptó sin dificultades. Ya de vuelta a México, se entregó en cuerpo y alma al cine nacional convirtiéndose en la gran estrella del país. Las cuatro fotos que publicamos son claramente publicitarias, incluso cuando está sentada delante de una chimenea con el mismo gato negro en brazos. Sin embargo, tanto la actriz como el gato parecen cómodos juntos.

Dolores del Rio

Elin Kleopatra Danielson-Gambogi (3 de septiembre de 1861 – 31 de diciembre de 1919) fue una pintora finesa, conocida sobre todo por sus obras realistas y retratos. Formó parte de la primera generación de mujeres finesas que recibió una educación profesional. Tenía diez años cuando su padre se suicidó, pero a pesar de las dificultades, su madre y su tío materno la alentaron para que se dedicara a la pintura. Solo encontramos un cuadro suyo con gatos, realizado en 1892.

Elin Danielson-Gambogi (1892)

Feliza Bursztyn (8 de septiembre de 1933 – 8 de enero de 1982) fue una artista colombiana que utilizó chatarra de hierro y acero para realizar composiciones que ella misma denominaba “chatarras” y estuvo entre los primeros artistas colombianos en realizar instalaciones. Ninguna de sus chatarras representa a un gato, pero encontramos una maravillosa foto tomada en su taller con su precioso gato. Falleció de un infarto a los 48 años en París.

Feliza Bursztyn

 Frida Kahlo (Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón) nació el 6 de julio de 1907 en casa de sus padres en Ciudad de México, hoy convertida en museo y conocida como la Casa Azul. A los seis años tuvo poliomielitis y a los 18 años, el autobús en el que viajaba con su novio fue arrollado por un tranvía. Sufrió graves fracturas y una lesión en la espina dorsal. Una forzada inmovilidad de meses la empujó hacia la pintura.

Frida Kahlo – Autorretrato, 1940

Se relacionó con numerosos artistas, entre ellos Diego Rivera con el que se casó el 21 de agosto de 1929. La artista fue famosa en vida, pero no nada comparable a la auténtica “Fridamanía” de estas últimas tres décadas. El accidente le dejó terribles secuelas. Falleció el 13 de julio de 1954 a los 47 años. No creemos que le gustaran especialmente los gatos, prefería la compañía de perros, monos y cervatillos.

Frida Kahlo con gato

Irène Nemirovsky era una novelista rusa que escribió en francés. Nació en Kiev el 11 de febrero de 1903 y falleció en 19 de agosto de 1942 en el campo de concentración de Auschwitz. Tuvo mucho éxito en Francia en los años treinta, pero cayó en el olvido después de la II Guerra Mundial. La autora fue deportada unos meses antes que su marido, Michel Epstein, que también murió en la cámara de gas del mismo campo en noviembre. Ambos eran apátridas, ya que nunca consiguieron que Francia les concediera la nacionalidad a pesar de llevar viviendo más de 20 años en el país.

Irène Nemirovsky y Kissou (1928)

Hemos encontrado dos maravillosas fotos de la escritora con su enorme gato Kissou, que debía pesar cerca de nueve kilos.

Irène Nemirovsky

Jennifer Higdon es una compositora estadounidense nacida en Brooklyn el 31 de diciembre de 1962. Aprendió sola a tocar la flauta a los 15 años, Aunque no empezó a estudiar música en serio hasta los 18 años y composición hasta los 21, está entre los compositores más importantes de música clásica contemporánea.

Jennifer Higdon con Beau

Su trabajo abarca un amplio género, desde obras orquestales a música de cámara, coral, para viento, canciones y óperas. Ha sido admitida en la Academia Americana de Artes y Letras durante la ceremonia anual celebrada el 18 de mayo de 2022. No nos cabe la menor duda de que la compositora adora a los gatos.

Jennifer Higdon
Jennifer Higdon

Jean Iris Murdoch nació en 15 de julio de 1919 en Dublín y falleció el 8 de febrero de 1999 en Oxford. Autora y filósofa, publicó numerosas novelas psicológicas salpicadas de elementos satíricos, cómicos y filosóficos. Era una gran amante de los gatos, pero solo hemos podido encontrar una foto suya con un precioso callejero. Se casó con John Bailey, crítico literario y novelista, en 1949 y estuvieron juntos cuarenta y tres años. Durante los dos últimos años de su vida, en los que el Alzheimer destruyo su gran intelecto, su marido se dedicó totalmente a cuidar de ella.

Iris Murdoch

Maya Lin es una arquitecta y escultora estadounidense nacida en Athens, Ohio, el 5 de octubre de 1959. Saltó a la fama en 1981, cuando aún estudiaba en la Universidad de Yale, al ganar el concurso para el Monumento dedicado a la memoria de los veteranos de la Guerra de Vietnam en Washington DC. Se trata de un muro de granito negro pulido de 75 metros de largo en el que están escritos todos los estadounidenses que murieron como resultado de dicha guerra.

Maya Lin

Desde entonces ha diseñado numerosos memoriales, edificios públicos y privados, paisajes y esculturas. Es conocida por su lucha contra el deterioro medioambiental. Hemos encontrado dos fotos suyas con gatos. La primera, probablemente al principio de su carrera, cuando tenía un gato negro, y la segunda, más reciente, con un importante gato blanco y negro tumbado en la mesa de su estudio.

Maya Lin


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Los gatos gordos de Fernando Botero (II)

El 7 de junio de 2016 publicamos una entrada sobre los gatos gordos del pintor Fernando Botero (https://gatosyrespeto.org/2015/06/07/el-gato-gordo-de-fernando-botero/), centrándonos sobre todo en sus esculturas. Han pasado siete años desde entonces y hemos descubierto que hay muchísimos gatos en su obra, así que repetimos.

Uno de los cuadros que le ayudó a alcanzar la fama fue “La familia presidencial”, pintado en 1967 en Nueva York. Es una representación muy crítica del poder que muestra al presidente, a su esposa con una estola de zorro colgada del brazo, a la abuela/suegra y a la hija acompañados por un general y un obispo. Detrás del presidente vemos al pintor ante su lienzo aludiendo claramente a “Las Meninas” de Velázquez, y en primer término, un gato marrón con collar y una serpiente. No nos atrevemos a hacer ningún comentario sobre el simbolismo de estos dos animales.

La familia presidencial (1967)
Ereván (Armenia)

No es de extrañar que Botero haga referencia a un cuadro de Velázquez, ya que al parecer, durante su estancia en Madrid en 1952, mientras estudiaba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se dedicaba a vender dibujos y cuadros delante del Museo del Prado para sobrevivir.

Gato con pelota
La solterona con su gato (1974)

El pintor nació el 19 de abril de 1932 en Medellín. Tenía un hermano cuatro años mayor que él, y cuatro años más tarde, en 1936, nació su hermano menor y su padre falleció. En 1944, a petición de un tío, estudió tauromaquia, pero cuando su familia entendió que no era su vocación, pudo dedicarse a la pintura.

1978
Medellín (Colombia)

Sufragó sus estudios realizando ilustraciones para un periódico local antes de trasladarse a Bogotá en 1951, año en que ya tuvo dos exposiciones individuales. E 1952 ganó el segundo premio en IX Salón Nacional de Artistas, y con el dinero del premio se compró un billete en un barco italiano que le llevó a Barcelona, y de allí se fue a Madrid.

1995
Rambla del Raval (Barcelona)

De Madrid pasó a París, luego a Italia y en 1955 regresó a Bogotá, donde expuso las obras hechas en Europa. Pero no recibió críticas positivas ya que en Colombia estaba de moda la vanguardia francesa. Después de una temporada en México, se trasladó a Nueva York, ciudad en la que se instaló definitivamente.

1996

Aunque los comienzos fueron duros, logró exponer individualmente en 1962 con bastante éxito. A finales de los sesenta y principios de los setenta empezó una larga serie de cuadros sobre la familia con toques satíricos, cómicos y también muy cariñosos. En los retratos de familia en interiores suele haber gatos. En el exterior perros. A veces los dos.

Niña con gato

El primero que encontramos fue “Familia”, de 1969. Un padre, una madre y sus dos hijos están acompañados por un gato enorme, totalmente desproporcionado, más grande que el niño sentado en el regazo de su padre y que parece sonreír, lo que no hace la familia.

Familia (1969)
Familia (1997)

En “La familia colombiana” (1973), un cuadro muy curioso por cierto, el padre sujeta a un gato atigrado en el regazo, mientras que la madre, de pie detrás de él, lanza una mirada asesina a la criada que les trae una bandeja con café. Ahora bien, ¿por qué hay un adolescente desnudo dormido en el sofá?

La familia colombiana (1973)

Pero en otro cuadro de 1970, el gato en brazos del niño es minúsculo. Esta familia no tiene nada de colombiana, es el vivo retrato de la perfecta familia nuclear estadounidense: padre, madre, dos hijos, una hija, perro y… dos gatos, todos posando delante de la perfecta casa con jardín.

Una familia (1970)

De la misma época hay cuadros de burdeles y desnudos. “La casa de Mariduque” satiriza claramente las costumbres sexuales. Un hermoso gato blanco con collar está acostado en el suelo a la izquierda, y a la derecha, una criada muy pequeña dispuesta a barrer las colillas tiradas en el suelo, el plátano a medio comer y ¿el hombre durmiendo la borrachera debajo de las sillas?

La casa Mariduque (1970)
Mujer sentada con gato (1994)

Uno de nuestros preferidos en “Naturaleza muerta con sopa verde”, realizado en 1972. Según muchos críticos, se nota claramente la influencia de Jan Davidson y Jan Van Eyck, dos grandes maestros holandeses del siglo XVII. En la mesa, un plato de sopa recién servida de la sopera. Pero el gato no esperará a que le inviten a participar en la comida.

Naturaleza muerta con sopa verde (1972)

Otro cuadro maravilloso pintado en 1969 se titula “Las hermanas”, con nada menos que cuatro gatos de colores diferente, quizá uno para gata hermana, ya que la mujer que sujeta al gato parece más bien la criada. Uno de los gatos, subido al aparador, puede que intenté cazar algo.

Las hermanas (1969)

Fernando Botero siguió añadiendo gatos en sus cuadros en la década de los noventa, en muchas ocasiones al lado de una mujer sola, como en “Mujer desnuda con gato”, de 1995.

Mujer desnuda con gato (1995)

También de esa época, concretamente de 1994, es el cuadro de un enorme gato rubio de pie en una cama en la que casi no cabe.

1994

No hemos podido fechar todos los cuadros del pintor con gatos. Es posible que el más reciente sea “Dos hermanas”, del que también encontramos el boceto.

Dos hermanas

También desconocemos la fecha de otro favorito nuestro, “Escena doméstica”. Una madre tiene un gato en brazos, tal vez para protegerlo de las intenciones de uno de sus hijos, mientras el otro está a punto de tirar la plancha al suelo. La niña, más modosa, juega tranquilamente con su muñeca.

Escena doméstica

No sabemos si Fernando Botero tiene o tuvo gatos, pero un artista que retrata a un gato sentado en una silla tapizada (1969) al lado de una pelota debe sentir afecto por ellos.

1969


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Gatos belgas, artistas y cuentos de Jacques Sternberg

Le Chat: «Qué maravilla»

El gato más famoso de Bélgica quizá sea “Le Chat”, creado por Philippe Geluck, al que dedicamos una entrada hace seis años (https://gatosyrespeto.org/2015/08/01/le-chat-el-gato-de-philippe-geluck/). Nacido en Bruselas, el dibujante no ha dejado de publicar desde los años ochenta decenas de viñetas con “Le Chat” de protagonista, un gato gordo y tranquilo que nos contempla con ojos redondos mientras hace comentarios jocosos y absurdos.

Le Chat: «No quisiera hacer subir la presión publicando la caricatura de un manómetro»
Le Chat en un mural

Y el primer pintor belga que tal vez nos venga a la mente sea René Magritte, el maestro del surrealismo, nacido el 21 de noviembre de 1898 en Lessines y fallecido el 15 de agosto de 1967 en Schaerbeek. Magritte tuvo un gato llamado Raminagrobis, al que retrató en “Gato esperando el tren” en 1946, pero pintó muy pocos cuadros con gatos.

Raminagrobis – Gato esperando el tren (René Magritte, 1946)
La vocación (René Magritte, 1964)

Un pintor de Bruselas, Charles van den Eycken (7 de abril de 1859 – 27 de diciembre de 1923), realizó numerosos lienzos con gatos, gatas y gatitos muy del gusto de su época.

Charles van den Eycken
Charles van den Eycken

Entre los escritores debemos mencionar a Jacques Sternberg, que habló en varias ocasiones de gatos, sobre todo en una selección de 270 cuentos titulada “Contes glacés” (Cuentos helados).

Alain Delaunay (Artista nacido en 1957)
Gato montés belga

Nacido en Amberes el 17 de abril de 1923 y fallecido en París el 11 de octubre de 2006, empezó a escribir a los 19 años y publicó su primera novela en 1953. Con más de 1.500 textos catalogados, algunos le consideran el autor de cuentos más prolijo del siglo XX. Tenía un gran sentido del humor, tal como demostró con estas palabras: “El último superviviente de la raza humana está sentado en un sillón. Llaman a la puerta”.

Cerámica Keralouve (Art Déco)

Ese mismo sentido del humor queda patente en los dos cuentos que traducimos a continuación. El primero explica por qué creó Dios a los seres humanos, y el segundo trata de la resolución de un problema. Por cierto, el humor de “Le Chat” tiene mucho que ver con el de Sternberg.

Chocolate belga

“Al principio, Dios creó al gato a su imagen. Y, claro está, le pareció bien. De hecho, estaba bien. Pero el gato era un vago. No quería hacer nada. Después, al cabo de unos cuantos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con la idea de servir al gato, para ser el esclavo del gato hasta el final de los tiempos.

El cuadro robado (Henk Visch)

Al gato le dio la indolencia y la lucidez; al hombre, la neurosis, el don del bricolaje y la pasión por el trabajo. El hombre se entregó del todo a sus ocupaciones. Al cabo de los siglos, edificó una civilización basada en la invención, la producción y el consumo intensivo. En realidad, esta civilización solo tenía un objetivo secreto: aportar comodidad, techo y comida al gato.

Joachim (artista callejero)
Joachim

Y así fue como el ser humano inventó millones de objetos inútiles, en general absurdos, para producir a la vez los pocos objetos indispensables para el bienestar del gato: el radiador, el cojín, el cuenco, el arenero, el pescador de Bretaña, la alfombra, la moqueta, el cesto de mimbre, y puede que la radio, porque a los gatos les gusta la música. Pero los seres humanos no saben nada de eso. Mejor así. Benditos ellos. Y creen estarlo. Todo va bien en el mejor mundo de los gatos”.

Gato negro (Julian Key, 1984)

Y el segundo cuento dice así: “A menudo nos preguntábamos, y eso desde hacía siglos, en qué pensaban los gatos. Agazapados en el fondo de su soledad, enrollados en su calor, como desplazados a otra dimensión, distantes, despreciativos, parecían pensar, desde luego.

Kurt Peiser (1887-1962)

¿Pero en qué? Los seres humanos se enteraron bastante tarde. No fue hasta el siglo XXI. A principios de ese siglo se empezaron a dar cuenta con cierto asombro de que los gatos habían dejado de maullar. Los gatos se habían callado. Nadie montó un escándalo. Al fin y al cabo, los gatos nunca habían sido muy habladores, y es muy posible que no tuvieran nada que decir en ese momento.

Gato de espaldas (Léon Spilliaert, 1901-02)

Pero más tarde otro hecho saltó a la vista. Un hecho más singular, mucho más singular: los gatos ya no morían. Claro que algunos morían accidentalmente, en general atropellados por un vehículo, o arrancados de pequeños por alguna enfermedad perniciosa. Pero los demás evitaban la muerte, escapaban de ella, como si la fecha fatal ya no existiera para ellos. Mas nadie consiguió nunca resolver el enigma.

Martine Coppens (Artista nacida en 1956)
Martine Coppens

El secreto era sencillo, sin embargo. Los gatos, desde que vivían en la tierra, nunca habían salido de su indolencia innata para realizar, como hacen los seres humanos, mil trucos aprendidos. Siempre habían dejado que los seres humanos se ocuparan de ellos, que les procuraran comida, comodidad y calor artificial. Y ellos, liberados de todo, siempre habían vivido en una suerte de hibernación ideal, perfectamente dosificada, en su punto, preocupados únicamente en concentrarse, mullidamente acurrucados en su bienestar.

Nadia Becker (Artista nacida en 1939)

Los gatos habían tenido mucho tiempo para pensar. Habían pensado mucho. Pero mientras los seres humanos pensaban a tontas y a locas, y más bien en lo superfluo, los gatos solo habían pensado en lo esencial, siempre, sin permitirse ninguna distracción. Sin nunca cansarse, solo habían meditado en torno a un único problema en el transcurso de los siglos. Y de tanto pensarlo, lo habían resuelto”.

Serge Baeken (Artista nacido en 1967)

Hemos escogido diferentes imágenes de gatos para ilustrar esta entrada, todas ellas de gatos y artistas belgas, u obras de gatos que están en Bélgica. Durante el primer confinamiento, parece ser que los memes de gatos abundaron en Bélgica; una página turística aprovechó para fotografiar Bruselas totalmente vacía y añadir imágenes de gatos para realizar un vídeo. Les dejamos un par de fotogramas.


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Gatos de cerámica y Beatrice Wood

En el precioso libro titulado “Artful Cats”, de Mary Savig, publicado por la Smithsonian Institution, y al que pronto dedicaremos una entrada, se habla de la artista Beatrice Wood y de su amor por los gatos. Además de ser la “Mama of Dada” (Mamá de Dada), en referencia a su relación con Marcel Duchamp, el pionero del dadaísmo, también fue la madre de numerosos gatos durante su larguísima vida a los que consagró una serie de  preciosos platos de cerámica.

Beatrice Wood nació en San Francisco el 3 de marzo de 1893 en el seno de una familia adinerada. A los cinco años se trasladaron a Nueva York. Su madre se esmeró en prepararla para su presentación en sociedad, y convertirla en una joven culta llevándola a museos y exposiciones. Pero las cosas no salieron como estaban planeadas. En 1912, Beatrice anunció que quería ser pintora.

Beatrice Wood, foto de Francine Gealer (1998)

Su madre la inscribió en la Academia Julian, en Giverny, el pueblo de Monet, un centro educativo muy de moda entonces, y la mandó a Francia con una institutriz, pero Beatrice se aburrió y se escapó para instalarse en una buhardilla. Ya en París, su madre no se rindió y la apuntó a clases de baile e interpretación con actores de la Comedia Francesa en un intento de alejarla de la vida bohemia.

Clitemnestra (hacia 1950)

Se acercaba la I Guerra Mundial y regresó a Nueva York. Con el nombre artístico de “Mademoiselle Patricia” y gracias a su perfecto francés, trabajó en el Teatro Francés de Repertorio Nacional. Un día, una amiga le dijo que un francés estaba hospitalizado con una pierna rota y no tenía a nadie con quien hablar. Era nada menos que el compositor Edgar Varèse, y este le presentó a Marcel Duchamp.

Beatrice Wood en su taller

Beatrice, recordando esta época, dijo que era “una mujer monógama en un mundo polígamo”, pero acabó en un círculo de bohemios que no tenían el menor respeto por la moralidad burguesa. Marcel Duchamp la introdujo en el grupo dadaísta de Nueva York, que existía gracias al patrocinio de Walter y Louise Arensberg.

El último amor

La artista empezó a pintar en broma, para demostrarle a Duchamp que cualquiera podía hacer arte moderno. El cuadro se publicó en una revista y él la invitó a trabajar en su estudio. En 1917 participó en la exposición “Independents”.

Beatrice Wood con gata

Un año después huyó a Montreal para trabajar en el teatro, harta de que su madre interfiriese en todos los papeles que le ofrecían. Paul, el director del teatro, le propuso casarse para que sus padres la dejaran en paz. Fue un matrimonio sin amor y nunca consumado; además, Paul, era un jugador empedernido.

De vuelta a Nueva York se enamoró del actor y director británico Reginald Pole y, aunque hubo más hombres en los años siguientes, siempre dijo que nunca había dejado de amarle. Pole la presentó a Annie Besant, de la Sociedad Teosófica, y al sabio indio Jiddu Krishnamurti. Cuando el actor se enamoró de una chica mucho más joven y le rompió el corazón, Beatrice se mudó a California, donde ya vivían los Arensberg, Annie Besant y Krishnamurti.

Sin casar (1965)

En un viaje a Holanda, compró un juego de platos esmaltados con un brillo muy especial. Al no encontrar una tetera a juego, quiso hacerla ella misma, y en 1933 se apuntó a un curso de cerámica. Reconoce que se convirtió en ceramista por casualidad.

Pero sus cerámicas se vendían fácilmente. A finales de los años treinta estudió con Glen Lukens y, posteriormente, con el matrimonio formado por Gertrud y Otto Natzler. Ambos eran autodidactas (Gertrud torneaba las piezas y Otto las esmaltaba), pero están entre los mejores ceramistas del siglo pasado.

El trabajo de Beatrice acabó siendo radicalmente diferente al de los Natzler. Aprendió a manejar los esmaltes a base de errores, sorprendiéndose siempre de los resultados al sacar las piezas de la mufla.

Beatrice Wood y dos estatuas de gatos

En 1947 se compró una casa en Ojai. Ya había expuesto sus cerámicas en el Museo de Arte de Los Ángeles y en el Metropolitano de Nueva York, además de recibir pedidos regulares de tiendas como Neiman Marcus, Gumps y otras. Su casa estaba en la misma calle que la de Jiddu Krishnamurti, al que admiraba profundamente.

Beatrice Wood Center

En 1961, el Departamento de Estado organizó una exposición itinerante de su trabajo en catorce ciudades de India, país del que se enamoró. Regresó de nuevo en 1965, y por tercera y última vez en 1972, cuando compró una gran cantidad de arte popular que sirvió para aumentar su importante colección.

Dos años después, en 1974, invitada por su gran amiga Rosalind Rajagopal, hizo construir una casa y un estudio en los terrenos de la Fundación Happy Valley. La obra fue financiada en parte con la venta de un dibujo de Marcel Duchamp. Legó la casa, un gran número de obras, su biblioteca y su enorme colección de arte popular a la Fundación.

Beatrice Wood

Beatrice tuvo muchos gatos y dedicó un cuento a uno llamado Picasso, “The cat who had his nose out of joint” (El gato cabreado), literalmente “El gato al que se le desencajó la nariz”. En el cuento, Picasso, un horrible gato amarillo con una elevada opinión de sí mismo, vivía con una vieja y un viejo que le adoraban y le dejaban hacer lo que quería.

El cuento del gato Picasso

La vieja le había llamado por un pintor al que no entendía, pero al que fingía comprender. El gato Picasso disfrutaba de la más pura felicidad hasta que un terrible día, la vieja apareció con un gatito salvado de la basura. Picasso no lo soportó y decidió que solo entraría para comer (era verano); total, su sitio favorito era el albaricoquero delante de casa.

El gato que se fue a Filadelfia

Las cosas no acabaron ahí. Miró, pues así había bautizado la vieja al nuevo, salió, descubrió el albaricoquero y se apoderó de él. Y ocurrió algo peor. Dalí, el dachsund de la pareja con el que Picasso se llevaba muy bien, regresó de vacaciones y solo hizo caso a Miró. Picasso casi tuvo un ataque. Pasaron las semanas, llegó el otoño y el frío, la pareja encendió la chimenea, Dali y Miró disfrutaban del calor, pero Picasso seguía empeñado en no entrar.

Poco a poco – el frío ayudó –, Picasso comprendió que si quería volver a ser feliz, debía dar el primer paso. Y con toda la dignidad de la que era capaz, entró en casa, se frotó contra las piernas de la vieja, olió a Miró y descubrió que era un olor agradable, saludó a Dali y al viejo, y por fin se sentó delante de la chimenea.

Hemos hecho un brevísimo resumen del cuento, pero merece ser leído. Beatrice Wood demuestra conocer muy bien a los gatos cuando describe las reacciones de Picasso ante la llegada de una “intrusa”. No empezó a escribir seriamente hasta los 90 años, animada por su amiga, la escritora Anaïs Nin.

Murió el 12 de marzo de 1998 a los 105 años. Los últimos 25 años de su vida fueron los más productivos. Preguntada por el secreto de su longevidad y energía, solía contestar: “Se lo debo todo a los libros de arte, al chocolate y a los hombres jóvenes”. Su casa fue convertida en el Beatrice Wood Center y puede visitarse en Ojai, California.


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Los gatos coloridos del pintor Adélio Sarro

En 2002, el conocido crítico de arte francés André Parinaud le llamó “brasileño global”. No es ninguna exageración, pues Adélio Sarro ha expuesto – casi siempre en solitario – en un sinfín de países, en ciudades como Pekín, Tokio, Melbourne, Moscú, Bratislava, Ginebra, París, Essen y Bruselas, sin mencionar las del continente americano.

Adélio Sarro en 2018

Viendo la obra del pintor, nos llamó la atención que la mayoría de los animales vivos que incluía en sus composiciones fueran gatos. Hay aves – pero son mucho más simbólicas –, algún que otro perro y poco más. Los peces aparecen en bandejas, para ser vendidos. Se centra en mujeres y hombres solos, en pareja o pequeños grupos, y de vez en cuando – su obra es muy amplía – con un gato.

Siempre es el mismo gato o, mejor dicho, siempre lo retrata exactamente en la misma postura, da igual que le sostengan en brazos o que esté en el suelo. El gato aparece tumbado, con el rabo enrollado sobre una pata trasera, el cuello es largo y, en general, tiene pinta de estar extremadamente sorprendido por encontrarse en semejante situación.

Adélio Sarro nació el 7 de septiembre de 1950 en Andradina, estado de Sao Paulo, donde su abuelo materno tenía una pequeña plantación de café. Hemos leído que su cuna fue un cajón que había servido para transportar cebollas y al que adaptaron unos pies. Su madre era de origen italiano y su padre, portugués, ambos sin ningún conocimiento artístico.

Se crió en un cafetal y, desde pequeño, sus juguetes favoritos fueron el papel de envolver el pan y un lápiz. Cuentan que a los cuatro años trepó encima de un cajón y se quedó embelesado delante del Sagrado Corazón de Jesús del calendario. El sacerdote del pueblo predijo que sería un artista… pero también habría podido acabar siendo cura.

Sus padres se vieron obligados a mudarse en repetidas ocasiones en busca de una vida mejor. El abuelo paterno de Adélio vivía en Dracena y allí se trasladaron. Pero las dificultades continuaron: un hermano suyo murió al poco de nacer, su padre se cayó del tejado de una casa que reparaba y su madre tuvo que lavar ropa para llegar a fin de mes. En esa época utilizó su talento para dibujar anuncios para las tiendas de la ciudad y aportar algo al presupuesto familiar.

Ingresó en el seminario a los 14 años. Sobre todo dibujaba y pintaba figuras religiosas, dejando bastante claro desde un principio que eso le interesaba mucho más que estudiar el Antiguo o el Nuevo Testamento. Ante su falta de vocación, le mandaron de nuevo para casa. Al poco, la familia se mudó a Sao Caetano, una localidad muy cercana a Sao Paulo.

Un amigo suyo, Gilberto Macário, que dibujaba muy bien, encontró trabajo en una empresa de fabricación de letreros publicitarios y le hizo entrar con él. Aprendió serigrafía, una técnica nueva en Brasil, y lo consiguió a base de prueba y error. El azar quiso que conociera a un joven de Brodowski que le invitó a su boda.

En esa ciudad, visitó el museo dedicado al pintor Candido Portinari, del que nunca había oído hablar. (Incluimos los únicos dos cuadros de gatos realizados por Portinari que hemos encontrado). La visita se convirtió en una revelación; entendió que no podía seguir en publicidad y que debía entregarse a su verdadera vocación. Era el año 1971.

Denise con gato, Candido Portinari, 1960
Gato blanco, Candido Portinari, 1959

Compró libros sobre la obra del pintor y empezó a intentar copiar algunos cuadros, pero no era nada fácil. A pesar de carecer de conocimientos técnicos e incluso artísticos, mejoró poco a poco hasta descubrir la técnica de la transparencia, sobre todo con los azules y los rojos.

El siguiente paso fue exponer en la Plaza de la República de Sao Paulo después de conseguir un permiso de la prefectura. En la época casi solo pintaba los paisajes. Conoció a otros pintores, algunos con experiencia, otros tan noveles como él. Además de compradores locales, también venían turistas extranjeros que querían llevarse algo para su país.

Pero no fueron tiempos fáciles. Al no tener dinero, fabricaba sus propios bastidores con restos de cajas de madera. Durante el día trabajaba montando escaparates y haciendo carteles publicitarios para poder pintar por la noche e ir a la plaza los fines de semana. Y así hasta 1984, cuando su galerista le dijo que no podía seguir como “un pintor de fin de semana”.

En 1981, nada menos que seis instituciones japonesas mostraron sus obras. Al año siguiente expuso en los museos de arte de Sao Paulo y de Florianópolis, y a continuación fue descubierto en Italia: Milán, Roma, Bolonia, y después París, Buenos Aires, Miami y Lisboa. En 1988, la Fundación Rali adquirió cuadros suyos para el Museo Latinoamericano de Punta del Este, Uruguay. En los veinte años siguientes, el pintor recorrió el mundo con sus obras.

A partir de los noventa, sin dejar nunca de pintar, Adélio Sarrio empezó a crear murales de grandes dimensiones. Muchos se encuentran en Brasil, algunos en Alemania, otros en Francia.

(Vidriera)

Acabaremos como hemos empezado, citando al crítico francés André Parinaud: “Brasileño de hecho, por sus raíces, pero ciudadano del mundo por la calidad de sus obras y su poder de comunicación gracias a su amor por los seres humanos. Un conjunto que se presenta como la síntesis de las aspiraciones de un artista ejemplar a principios de este milenio y que da testimonio de la sabiduría de un pueblo”.