Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Una gata llamada Sloopy y Rod Mckuen

El cantante y poeta estadounidense Rod McKuen adoraba a los gatos y dedicó un largo poema a una gata llamada Sloopy. En una entrevista realizada el 30 de diciembre de 1969 en el “Mike Douglas Show”, el presentador le preguntó por el poema y Rod McKuen contestó que, en realidad, era la combinación de dos gatos, un macho llamado A Marvellous Cat y una hembra totalmente sorda con un ojo amarillo y otro azul llamada Sloopy. Añadió que lo pasaba realmente mal en Nueva York y que en el poema introdujo el término “vaquero de medianoche”, el mismo que unos años después  daría título a la famosa película. El poema, de una desgarradora sinceridad, se publicó en 1967.

 

Rod McKuen nació el 29 de abril de 1933 en Oakland, California. Se escapó de casa a los 11 años cansado de los abusos físicos y sexuales por parte de su padrastro alcohólico y otros miembros de su familia. Consiguió sobrevivir trabajando en ranchos, en el ferrocarril, de leñador, vaquero de rodeo, especialista de cine y pinchadiscos en la radio. En todos estos años, nunca dejó de mandar dinero a su madre.

A pesar de sus pocos estudios siempre escribió un diario. En 1951 consiguió trabajo como columnista y escritor propagandístico durante la Guerra de Corea. Afincado en San Francisco, leía su poesía en bares con Jack Kerouac y Allen Ginsberg. En 1960 decidió irse a Francia, donde conoció a Jacques Brel. Gracias a sus traducciones y adaptaciones, el cantante belga se hizo popular en Estados Unidos. En 1978, cuando se enteró de su muerte, dijo: “Como amigos y colaboradores musicales viajamos, hicimos giras y escribimos – juntos y por separado – acerca de los acontecimientos de nuestras vidas como si fueran canciones, y quizá lo fueran.

Cuando me avisaron de que Jacques había muerto, me encerré en mi habitación y bebí durante una semana. Él no habría estado de acuerdo con este tipo de autocompasión, pero solo era capaz de poner nuestras canciones (nuestros hijos) una y otra vez, y pensar en nuestra vida conjunta inacabada”.

Curiosamente, Rod McKuen nunca recibió el beneplácito de la crítica, que siempre se dedicó a menospreciarle. Sin embargo, escribió más de 1.500 canciones, vendió más de cien millones de discos y unos sesenta millones de libros de poemas, según Associated Press; artistas de la fama de Barbra Streisand, Perry Como, Petula Clark, The Boston Pops, Chet Baker, Johnny Cash, Andy Williams, la Filarmónica de Londres y Frank Sinatra versionaron sus temas; ganó dos Grammy y un Pulitzer; escribió la música para numerosas películas, y fue nominado a dos Oscar por “Los mejores años de Miss Broadie” y “A Boy Named Charlie Brown”, ambas estrenadas en 1969. Pero siempre se le tachó de “dulzón”, “kitsch”, “sensiblero” y “sentimentalista”. Incluso en las necrológicas, la crítica volvió a decir que sus poemas eran fáciles, superficiales e irrelevantes, y eso después de haber ganado los premios Walt Whitman  y Carl Sandberg de Poesía.

Dejó de actuar en público en 1981, presa de una depresión contra la que luchó durante diez años. En 2001 volvió a publicar un libro con 160 poemas, “A Safe Place to Land”. Vivía en el sur de California con su hermano Edward y cuatro gatos en una amplia casa de estilo español edificada en 1928 que contenía una de las colecciones privadas de discos más grandes del mundo. Falleció a los 82 años, el 29 de enero de 2015, de parada respiratoria consecuencia de una neumonía.

Siempre rehusó identificarse como gay, bisexual o heterosexual: “No puedo imaginarme escogiendo un solo sexo, me parece muy limitador. Sinceramente, no tengo preferencias”. Participó activamente en el movimiento LGBT y ya en los años cincuenta era un importante miembro de la Mattachine Society de San Francisco, una de las primeras organizaciones que luchó por los derechos LGBT. Dio numerosos conciertos para recaudar fondos a favor de organizaciones LGBT y de la investigación contra el sida.

Para acabar, citaremos una frase suya acerca de los gatos: “Los gatos lo tienen todo: admiración, dormir cuanto quieran y compañía solo cuando les apetece”. En las fotos incluidas en esta entrada, podemos ver que los gatos acompañaron al cantante a lo largo de su vida.


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Los gatos en la historia vistos por Laura Vocelle

Ilustración de 1875 describiendo a Rosalie Goodman (capitulo 8)

Ilustración de 1875 describiendo a Rosalie Goodman (Capítulo 8)

Cuando empezamos este blog hace ya dos años, descubrimos que muchas otras personas escribían acerca de los gatos, y entre los blogs más interesantes, por no decir el más interesante, está “The Great Cat” (http://www.thegreatcat.org/). Nos sorprendió que encabezara su blog con la misma frase de Albert Schweitzer que escogimos para el nuestro. Dedicamos tiempo a leerlo y su dedicación nos pareció admirable. Entramos en la página de Facebook, una cosa llevó a la otra y acabamos escribiéndonos.

Bestiario de Oxford (Capítulo 5)

Bestiario de Oxford (Capítulo 5)

Evangelio de Lindisfarne, página de inicio de San Lucas (Capítulo 4)

Evangelio de Lindisfarne, página de inicio de San Lucas (Capítulo 4)

No redactaríamos una entrada sobre una página web, aunque se lo merezca, si Laura Vocelle – su fundadora y autora – no hubiese hecho algo mucho más increíble: publicar hace dos meses un libro de 402 páginas sobre la historia del gato doméstico, “Revered and Reviled, A Complete History of the Domestic Cat” (Venerado y denigrado, la historia completa del gato doméstico).

Felis Sylvestris Libyca, de Edward Howe Forbush (Capítulo 1)

Felis Sylvestris Libyca, de Edward Howe Forbush (Capítulo 1)

Lo empezó en 2009 porque tenía un mes adicional de vacaciones y le apetecía mucho escribir un ensayo sobre gatos. Se había dado cuenta de que no existía nada así desde el libro de Carl Van Vechten (https://gatosyrespeto.org/2016/08/25/el-tigre-en-la-casa-de-carl-van-vechten/) publicado en 1920. Laura reconoce que se lo pasó realmente bien documentándose y que descubrió muchísimas cosas que ignoraba. Sin embargo, no empezó la página web hasta 2012.

Montando un gato al revés - Siglo XV (Capítulo 6)

Montando un gato al revés – Siglo XV (Cap. 6)

Portada

Portada

El libro consta de diez capítulos, además de una introducción, empezando por “La aparición del gato”, donde nos dice que la relación – no la domesticación – entre el hombre y el gato quizá remonte a 10.000 años antes de Cristo en el Creciente Fértil. A continuación viene “El gato como diosa”, capítulo en el que estudia detalladamente el papel del gato en la civilización egipcia. El capítulo tercero está dedicado a “El gato en las primeras civilizaciones egeas y mediterráneas”, al que siguen “La Alta Edad Media”, donde no solo habla del gato en la cristiandad, sino en el islam y en el folclore hebreo, entre otros, y “La Edad Media”, época en que el gato adquiere muy mala fama. El capítulo sexto se titula “La primera era moderna”, que abarca desde principios del siglo XVI a finales del XVII, cuando el gato empieza a no ser tan mal visto como en siglos anteriores en Europa, y el siguiente, “La Ilustración”, cuando cobra importancia en todo el mundo. El capítulo octavo, dedicado a “El gato victoriano en el siglo XIX” está lleno de anécdotas de lo más interesante, e incluye la triste historia de la condesa de la Torre y de sus gatos, al reproducir el artículo que publicó el Pall Mall Gazette en su época. En el último, “El gato en el siglo XX”, nos habla del gato tal como lo vemos hoy en día.

Acaba con un epílogo en el que dice: “Cuesta creer que hace solo unos siglos el gato era sinónimo de brujería, se le quemaba en hogueras y se le asemejaba a una bestia demoníaca con temibles poderes. Aunque se siga asociando el gato con el antiguo rito pagano de Halloween, y se siga discriminando a los gatos negros, actualmente el gato es más respetado que nunca en la historia moderna. Los ojos misteriosos y brillantes de los que hablaba Platón hace siglos siguen haciéndonos pensar que quizá puede haber algo de otro mundo en el indomable felino. Tal vez la ley de los antiguos egipcios que prohibía matar y exportar gatos demostraba una sabiduría que el mundo perdió hace siglos”.

La escritora Colette y uno de sus gatos (Capítulo 9)

La escritora Colette y uno de sus gatos (Capítulo 9)

Además de los capítulos antes mencionados, “Revered and Reviled” incluye una cronología del gato en la Historia, una lista de tumbas tebanas de gatos y de cementerios de gatos en el Antiguo Egipto, una lista de referencias por capítulos y, finalmente, un índice de lo más completo que demuestra el enorme trabajo de documentación realizado por Laura Vocelle. Contiene más de 150 ilustraciones.

 

Mosaico romano, Museo Arqueológico de Nápoles (Capítulo 3)

Mosaico romano, Museo Arqueológico de Nápoles (Cap. 3)

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Sarcófago del gato Tat-Mit, del príncipe Tutmosis (Capítulo 2)

Ahora ha llegado el momento de hablar de la autora y de sus gatos. Nos contó que de niña se le prohibió tener

La autora

La autora

gatos, pero que cuando vivía en El Cairo en 1981, cuidó del siamés de una compañera de trabajo. Cuando llegó el momento de devolvérselo a su dueña, le costó muchísimo. Otro amigo se enteró de lo triste que se había quedado y le regaló un gatito siamés para su cumpleaños, y ahí empezó todo. Lo llamó “Beast”, vivió con ella 18 años y la acompañó en sus idas y venidas de Egipto a Estados Unidos con PC MA, un gatito negro que encontró en una cuneta en el barrio de Zamalek. PC MA murió en 2000, unos meses después de Beast. En esa época, Laura había vuelto a Estados Unidos y estaba a punto de trasladarse de nuevo para enseñar inglés en la Universidad Sultán Qaboos, en Mascate, Omán. En 2001 llegaron Sphinx y Nero, que siguen con ella. Dos años después, en 2003, encontró a su amado Beseechy en una gasolinera no lejos de su casa, pero falleció el año pasado, en 2015. Ruby, otra gatita abandonada, murió en 2015.

La gata Neechia

La gata Neechia

Neechia apareció en 2009, una gata eternamente malhumorada a pesar de su aspecto dulce. El último en llegar es Tibby, al que tiraron por la ventanilla de un coche hace un año en noviembre. Según nos dice Laura, es algo bastante habitual en Omán. Como se ve, desde que Laura descubrió a los gatos, han sido parte de su vida.

Los gatos Tibby y Sphinx

Los gatos Tibby y Sphinx

Los gatos Tibby, Sphinx y Nero

Los gatos Tibby, Sphinx y Nero

También se ocupa y alimenta a los gatos abandonados que viven en el garaje del edificio donde vive. Laura, que tiene mucho sentido del humor, nos dice que es una lucha constante con algunos de los vecinos y con el portero, pero que de momento ha ganado todas las batallas.

La gata favorita del Sr. Horace Walpole, de Stephen Elmer (Capítulo 6)

La gata favorita del Sr. Horace Walpole, de Stephen Elmer (Capítulo 6)

Laura Vocelle tardó siete años en escribir “Revered and Reviled”, y no nos extraña si pensamos en la enorme cantidad de información que contiene el libro: datos, poemas, canciones, anécdotas. Íbamos a decir que es el libro perfecto para los amantes de los gatos, pero quizá sea el libro idóneo para curar a las personas que padezcan de ailurofobia. El libro de Laura Vocelle es una mina de oro para una página como la nuestra, por lo que iremos publicando historias acerca de los personajes que cita.


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El gato de Cheshire

El gato de Cheshire visto por Tim Burton

El gato de Cheshire visto por Tim Burton

El gato de Cheshire se hizo famoso gracias a Lewis Carroll, el autor de “Alicia en el país de las maravillas”, novela escrita en 1865. Es un gato peculiar que tiende a aparecer y desaparecer sin previo aviso poniendo nerviosa a Alicia, que durante su segundo encuentro se lo dejó claro: “Le agradecería que no se empeñara en aparecer y desaparecer con tanta rapidez, una acaba mareada”. En esa ocasión, el gato desapareció con lentitud, empezando con la punta del rabo y terminando con su sonrisa, que se quedó flotando algún tiempo. Y Alicia pensó: “¡Vaya! A menudo he visto gatos sin sonrisa, pero nunca una sonrisa sin gato”.

Aquí todos estamos locos

Aquí todos estamos locos

El gato de Cheshire y su sonrisa pasaron de la literatura a la cultura popular para introducirse en otros medios, desde las viñetas políticas al cine, pasando por la televisión, los videojuegos y otros.

Pero ¿dónde encontró Lewis Carroll al gato de Cheshire? La frase “Sonríes como un gato de Cheshire” era conocida en Inglaterra mucho antes de que Lewis Carroll, que nació en el condado de Cheshire, escribiera “Alicia en el país de las maravillas”. Una de las posibilidades propuestas es que existían numerosas vaquerías en la zona y que los gatos eran felices con semejante abundancia de leche y nata. Según el “Brewer’s Dictionary” (Diccionario Brewer): “No se ha encontrado una explicación plausible para esta frase, pero se dice que en Cheshire se vendía un queso en un molde con forma de gato que parecía estar sonriendo. La tradición mandaba que el queso se cortara a partir del rabo; por lo tanto, lo último que se comía era la cabeza del gato sonriente”.

Alicia y el gato de David Geoffroy

Alicia y el gato, de David Geoffroy

En 1853, doce años antes de la publicación de la novela, el escritor inglés Samuel Maunder avanzó la teoría de que la frase se debía a los intentos fallidos de un pintor para dibujar un león rampante en los letreros de diversas posadas. El león parecía más un gato sonriente que un león con las fauces abiertas.

El gato de Cheshire de Arthur Rackham

El gato de Cheshire, de Arthur Rackham

Ya en 1788 se decía que “sonríe como un gato de Cheshire” de cualquiera que enseñaba los dientes y las encías cuando se reía, según Francis Grose en su “Diccionario clásico del idioma vulgar”. El escritor William Makepeace Thackeray también usó la expresión en su novela “Los recién llegados” (1855): “Esta mujer sonríe como un gato de Cheshire”.

Algunos estudiosos de Lewis Carroll creen que pudo inspirarse en una escultura de la iglesia de Croft, en North Yorkshire, de la que su padre, el reverendo Charles Dodgson, era rector y donde el autor residió entre 1843 y 1850.

El gato de Cheshire (de Sergey Tyukanov 1994)

El gato de Cheshire, de Sergey Tyukanov, 1994

En 1992, miembros de la Lewis Carroll Society propusieron que el gato de Cheshire estaba inspirado en la escultura de una de las columnas de San Nicolás, en Cranleigh, pueblo que el escritor visitaba a menudo cuando vivía en Guilford, aunque esta posibilidad es más que dudosa, ya que no residió allí hasta tres años después de que se publicara “Alicia en el país de las maravillas”. Otros sugieren que proviene de una talla de la iglesia de Croft-on-Tees, en el norte de Inglaterra, de la que su padre también fue rector.

Ilustración de Barry Moser

Ilustración de Barry Moser

Sea como sea, el gato de Cheshire se ha hecho famoso. Alicia se encuentra con él en varias ocasiones: una, en la cocina de la Duquesa; otra, él está en la rama de un árbol cuando Alicia le pregunta qué camino debe tomar y el gato contesta, con tremenda lógica: “Depende de dónde quieras ir”, y por fin en el campo de croquet de la Reina de Corazones, donde se debatirá si una cabeza sin cuerpo puede ser decapitada.

El gato desapareciendo (de John Tenniel)

El gato desapareciendo, de John Tenniel

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Ilustración de John Tenniel

Este gato ha inspirado a numerosos dibujantes. El primero fue John Tenniel, que ilustró el libro en vida de Lewis Carroll. Este, al parecer, le dio muchísimos detalles y supervisó el trabajo, lo que indica que su gato de Cheshire es tal como lo imaginó el autor. El segundo fue Arthur Rackham, cuyas ilustraciones de 1907 revolucionaron la forma que tenía de verse el cuento. Luego hubo muchos más. Incluimos un dibujo de Barry Moser, que ilustró el libro en 1982 y ganó el Premio del Libro Americano al Mejor Diseño e Ilustraciones en 1983. También hemos incluido un dibujo del pintor surrealista ruso Sergey Tyukanov y del dibujante David Geoffroy.

El gato de Cheshire (de John Tenniel)

El gato de Cheshire, de John Tenniel

Whoopi Goldberg como el gato de Cheshire

Whoopi Goldberg como el gato de Cheshire

 En los años sesenta y setenta del siglo pasado, Lewis Carroll volvió a ponerse de moda y con él, el gato sonriente. Pero antes, en 1951, Disney hizo una adaptación animada de la novela donde el gato de Cheshire era un personaje inteligente y travieso que a veces ayudaba a Alicia, y otras, la metía en líos. En la adaptación televisiva de 1999, Whoopi Goldberg encarna al gato, un aliado y amigo de Alicia. En la película de 2010 dirigida por Tim Burton, el gato de Cheshire también se llama “Chess” y tiene la facultad de hacer desaparecer lo que le rodea.

La cabeza del gato (de Arthur Rackham)

La cabeza del gato, de Arthur Rackham

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Talla de la iglesia de San Nicolás, Cranleigh, Inglaterra

Para terminar, reproduciremos parte de una conversación entre Alicia y el gato, cuando intenta convencerla de que todo el mundo está loco y ella le pregunta: “¿Cómo sabe que usted está loco?” “Para empezar, un perro no está loco”, contestó el gato, “¿estás de acuerdo?” “Supongo”, dijo Alicia. “Pues bien”, siguió diciendo el gato, “un perro gruñe cuando se enfada y mueve el rabo cuando está contento. Pero yo gruño cuando estoy contento y muevo el rabo cuando me enfadó. Por lo tanto, estoy loco”.


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Gatos, Big Sur, Jack Kerouac

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El autor Jack Kerouac perteneció a la Generación Beat, cuyos miembros más representativos, además de él, fueron Herbert Huncke, Allen Ginsberg, William S. Burroughs y Lucien Carr. Todos se conocieron en 1944 en Nueva York y, con excepción de Burroughs y Carr, volvieron a verse en los años 50 en San Francisco. Y todos, excepto Lucien Carr, tuvieron gatos. Por ejemplo, se sabe que Herbert Huncke los adoraba y que había heredado a Blackie, el precioso gato negro de Allen Ginsberg y Peter Orlovsky. Estos dos últimos tenían, además, un gato siamés. ¿Y qué decir de William S. Burroughs, que era un apasionado de los gatos? (https://gatosyrespeto.org/2014/04/09/william-burroughs-un-gran-amante-de-los-gatos/).

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Pero hoy hablaremos de Jack Kerouac, que tuvo varios gatos durante su vida y habló de ellos en “Big Sur”, escrito en 1962. Sobre todo de Tyke, “un enorme y precioso persa rubio”.

También dice que su relación con Tyke “siempre fue un poco excéntrica”, al igual que antes con todos sus gatos porque los identificaba “con mi difunto hermano mayor Gerard, que me enseñó a amar a los gatos cuando tenía 3 o 4 años. Nos tirábamos en el suelo de la cocina para verlos bebiendo leche”.

En “Big Sur” describe el dolor que sintió cuando se enteró de que Tyke había muerto. Kerouac va a San Francisco a visitar a Lawrence Ferlinghetti, el amigo que le deja la cabaña en Big Sur y al que llama “Monsanto”, y dice así:

“Cuando nos quedamos solos, me dice: ‘Tu madre ha escrito, tu gato ha muerto’. Normalmente, la muerte de un gato no significa gran cosa para la mayoría, y mucho para bien pocos, pero para mí, tratándose de ese gato, y no miento, sinceramente fue como la muerte de mi hermano pequeño. Quería a Tyke con todo mi ser. Era mi niño, de pequeño se dormía en la palma de mi mano con la cabeza colgando, se pasaba horas ronroneando mientras le sujetaba así, andando o sentado. Era como un trozo de pelo blando alrededor de mi muñeca, bastaba con enrollarle alrededor de mi brazo y empezaba a ronronear y a ronronear, e incluso cuando creció seguía sujetándole así, podía sujetar a ese gato grande con ambas manos y alzarle por encima de mi cabeza y seguía ronroneando, confiaba totalmente en mí. Cuando dejé Nueva York por mi cabaña en el bosque, le besé con cuidado y le pedí que me esperara: ‘Attends pour mue kittingoo’ (N.T.: Espérame, gatito). Pero mi madre decía en la carta que murió LA NOCHE DESPUÉS DE IRME”. (N.T.: Traducción respetando el estilo y puntuación del autor).

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En otro momento, el autor dice: “Lo que más me sorprendió fueron los tranquilos gatos rayados de Londres, algunos dormidos plácidamente a la puerta de las carnicerías, con la gente pasándoles por encima para entrar, ahí mismo en el sol de serrín, a una nariz de los rugidos de los tranvías, autobuses y coches. Inglaterra debe de ser la tierra de los gatos, están tranquilamente por todas las vallas de St. John Wood. Unas ancianas les alimentan con cariño, como mi madre alimenta a mis gatos”.

Jack Kerouac, su gato y su madre

Jack Kerouac, su gato y su madre

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Jack Kerouac nació el 12 de marzo de 1922 en Lowell, Massachusetts, de padres francocanadienses, y habló un dialecto llamado “joual” antes de aprender inglés a los seis años. Empezó a escribir muy pronto y consiguió una beca para la Universidad de Columbia, Nueva York, gracias a su enorme talento como jugador de fútbol americano, pero discutió con el entrenador, se lesionó en una rodilla y dejó los estudios. Fue entonces cuando conoció a los otros miembros de la Generación Beat. Intentó ingresar en el ejército, fue rechazado y acabó en la Marina Mercante.

Recorrió Estados Unidos, Canadá y México en compañía de Neal Cassady, que le inspiró a escribir la novela que le catapultaría a la fama, “En la carretera”, aunque tardó siete años en conseguir que una editorial la publicase. Se casó en segundas nupcias con Joan Haverty, que le dejó en 1951 estando embarazada de la única hija del autor, Jan Kerouac, nacida el 16 de febrero de 1952, a la que no reconoció hasta 9 años después, cuando fue obligado a realizarse un análisis sanguíneo.

Jack Kerouac murió el 21 de octubre de 1969, a los 47 años, en Saint Petersburg, Florida, a causa de una hemorragia interna provocada por una cirrosis alcohólica, complicaciones en una hernia mal curada y una pelea en un bar unas semanas antes.

Jan Kerouac,1983

Jan Kerouac, 1983

Su hija Jan también quería a los gatos, como lo demuestran las dos fotos que incluimos.

Jan Kerouac

Cantante y escritora, recorrió Estados Unidos como su padre a partir de los años setenta. Falleció el 5 de junio de 1996, a los 42 años, un día después de que le quitaran el páncreas. Llevaba cinco años en diálisis.


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El gato Offenbach y Guillermo Cabrera Infante

Offenbach y Guillermo en Londres

Offenbach y Guillermo en Londres

Hoy hablaremos del descubrimiento que hizo Guillermo Cabrera Infante mientras vivía en Londres, un gato llamado “Offenbach”. El autor le dedica un relato, bueno, más que un relato, casi podría llamarse una larga carta de amor a un gato, al descubrimiento de lo que es un gato.

Nos limitaremos a dar a continuación una biografía muy sucinta del autor antes de incluir unos cuantos párrafos del “relato/carta” que puede leerse al completo en la recopilación “Las mejores historias sobre gatos”, publicada en la colección Nuevos Tiempos, de Siruela. Y antes de seguir, una frase de Cabrera Infante: “Para mí el mundo se ha dividido en dos clases de personas: las que aman a los gatos y las otras. Las otras personas no saben lo que se pierden con no tener relaciones con un gato”.

Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante

Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante nació en Gibara, Cuba, en 1929. Fundó en 1951 la cinemateca de Cuba, de la cual fue director hasta que el general Batista ordenó su cierre. Compaginaba esta labor con artículos de crítica cinematográfica para la revista Carteles que publicaba bajo el seudónimo de G. Caín (1954-1960). También dirigió la revista literaria Lunes de Revolución, prohibida en 1961 por Castro. En 1966 publicó su primera novela de renombre, “Tres tristes tigres”. Fue diplomático en Bruselas, hasta que rompió definitivamente con el régimen castrista y se instaló primero en Madrid, luego en Barcelona y finalmente en Londres. Ha escrito otras novelas destacadas, como “Vista del amanecer en el trópico” (1974) y “Exorcismos de esti(l)o” (1976), y ensayos como “Vidas para leerlas” (1998). El año 1998 recibió el Premio Cervantes.

Guillermo y Offenbach

Guillermo y Offenbach

Offenbach
Aparición de
Jaime Diego Jacobo Yago Santiago Offenbach llegó a nuestra vida, sin todos esos nombres, hace exactamente seis años, sin previsión y de repente, como los milagros. Sucedió que un día fui a ver a un amigo, a quien yo visitaba a menudo, y allí estaba, imprevisto, imprevisible, Offenbach, entonces un largo gato flaco y blanco que se subía por las cortinas y casi trepaba las paredes para luego venir a mi regazo, de un salto inaudito, comenzó a hacer los más extraños ruidos oídos jamás por mí: así debían cantar las sirenas. Al otro día llevé a Anita y a Carolita, mis dos hijas, a que lo conocieran. También iba Miriam Gómez. (Aquí tengo que hacer un paréntesis deshonroso: es necesario decir que Miriam Gómez siempre quiso, ya desde Cuba, tener un gato siamés y que yo, que había tenido de niño toda clase de pets, desde cernícalos hasta una jutía, que es como una rata gigante y herbívora de los campos de Cuba, yo siempre había sentido un innato disgusto contra los gatos, y me negué a tener uno, siempre.) Offenbach, que aún no era Offenbach, tenía solamente dos meses de nacido.

Conquista de… unos y otros
A la semana de haber conocido a Offenbach la novia de mi amigo viajaba a Gibraltar y ellos no tenían quien se ocupara del gato. Decidimos todos que viniera a casa por esas dos semanas. (Para completar la ocasión fausta, a mi amigo se le había declarado una fuerte alergia nasal producida por… ¡el pelo de gato!)

La conquista fue rápida y mutua: Offenbach había encontrado su hogar definitivo, el sitio a que estaba destinado, y nosotros habíamos encontrado al gato pródigo. De más está decir que cuando su dueña entre comillas regresó de Gibraltar ya no era la dueña: ella misma se encargó de decir que habíamos nacido el uno para los otros, y viceversa. Offenbach, por mutuo consenso, se quedaría a vivir en casa. (….)

George Harrison con la posible antepasada de Offenbach

George Harrison con la posible antepasada de Offenbach

Pedigree de
Offenbach es el único inglés de esta casa y aunque él se siente mejor al calor del sol, raro en Londres, sus padres y sus abuelos nacieron en Inglaterra. Fue por casualidad que supimos su pedigree: para nosotros Offenbach podía ser un gato de callejón y todavía ser el centro de la casa: nosotros también somos egipcios. Pero sucedió que un día nos vimos forzados a castrarlo –los siameses son criaturas eminentemente sexuales– para terminar con sus celos que lo torturaban y nos perturbaban. Seguimos la indicación de un veterinario, famoso porque escribe libros sobre gatos y perros, a cuya consulta asistimos.

Al llegar a la consulta y ver el veterinario a Offenbach nos preguntó si teníamos su pedigree. Los siameses con puntos de lila son una creación de los criadores ingleses y más raros que el siamés corriente, ese que tiene manchas de café en la cabeza y en las patas y en la cola. Nosotros ni sabíamos ni nos interesaba el pedigree de Offenbach. El veterinario nos preguntó a quién pertenecían sus padres y sólo pudimos decir quién nos lo había regalado, que a su vez lo había recibido de un cantante de pop. El veterinario consultó su memoria y pronto supimos que Offenbach era nieto de una gata propiedad de George Harrison, el músico Beatle. (…)

Offenbach y los gatos
Un día ocurrió la confrontación inevitable. Compramos un espejo, que vino cuidadosamente envuelto. Curioso como todos los gatos, Offenbach quiso ver lo que contenía el paquete. Desempaquetamos, pues, el espejo que quedaba apoyado en el suelo a su altura y, no bien se vio, quedó fascinado con el espejo, tanto que le dio la vuelta, buscando su imagen que desaparecía en los bordes. Finalmente se enfermó ese día: tal vez acababa de reconocerse como gato. Lo cierto es que el espejo, que está en un extremo del pasillo, a la altura humana, aparece a menudo manchado en su parte inferior, con huellas que parecen de una nariz húmeda o de un lengüetazo. ¿Se habrá enamorado Offenbach, otro Narciso, de su imagen en el espejo? (…)

Las mejores historias sobre gatos

Las mejores historias sobre gatos

El lenguaje de
Offenbach se comunica con nosotros con algo más que maullidos. Su repertorio de sonidos forma un lenguaje peculiar al que el oído adiestrado busca y encuentra significados. (…)

Offenbach es tuerto. Es decir, no tiene visión –y con todo es imperfecta– más que en un ojo. Este defecto lo ha hecho, entre otras cosas, adoptar la costumbre de saludar, a quien llega a la casa por primera vez o después de mucho tiempo de no venir, subiéndose al regazo del visitante y acercando su nariz hasta la nariz del recién llegado. Es una forma especial de su saludo, pero pocos saben comprenderla. (…)

Guillermo con Offenbach

Guillermo con Offenbach

Offenbach hace una tercera comida al día: ésta es la comida compartida con nosotros su familia. Pocos minutos antes de la hora de la cena él se sube a la mesa y sentado hierático espera que se sirva la comida. Casi nunca dice nada, excepto por un leve bostezo de aburrimiento cuando a veces la comida tarda demasiado. (…)

A través de Offenbach he podido entender el mundo animal de nuevo, que estaba vedado para mí desde que me hice adulto y los problemas humanos vinieron a abrumarme y a hacerme olvidar la sencilla vida animal, sus ciclos vitales y su ausencia de agonía: lo contrario de la agónica vida del único animal que sabe que muere. (…)

¿Todo Offenbach?
Releo lo escrito hasta aquí y me abruma su inanidad: la incapacidad de mi escritura para atrapar la esencia de lo que es Offenbach. Quizás algunas anécdotas puedan si no llenar por lo menos rodear ese vacío. (…)

¿Es esto todo Offenbach? No: ni siquiera he comenzado.


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Los gatos cambiantes, o Bakeneko, de Japón

Escenas de una obra kabuki, de Utagawa Kuniyoshi

Escenas de una obra kabuki, de Utagawa Kuniyoshi

Se cree que el gato doméstico no llegó a Japón hasta el siglo VI de nuestra era, con el auge del budismo. Los monjes llevaron gatos a los monasterios para proteger de los ratones los textos sagrados y no tardaron en ser muy apreciados por la aristocracia, que los paseaba con correas, mientras el pueblo llano se limitaba a tener réplicas a la entrada de las casas. Al final de la era Azuchi-Momoyama (1573-1603) se promulgó un edicto prohibiendo mantener encerrados y atados a los gatos debido a una plaga de roedores que amenazaba la industria de la seda. Los gatos tuvieron que trabajar y muchos artesanos se hicieron con uno o dos.

Bakeneko

Bakeneko

Curiosamente, las leyendas en torno a los bakeneko empezaron a surgir a partir de la era Edo (1603-1868), poco después de que el gato se hiciera popular, aunque los gatos-monstruo (yōkai) remontan a la era Kamakura (1185-1333). Ya en las setsuwa (cuentos de transmisión oral anteriores al siglo XIV) se habla de gatos comportándose de forma muy extraña y que “quizá se hayan convertido en demonios”. Pero los bakeneko aparecieron a partir del siglo XVII. Eran gatos capaces de adoptar forma humana (bake = cambiar; neko = gato), aunque algunos se presentaban en su aspecto felino, pero hablaban y vestían como los humanos. A veces se les representaba bailando con una toalla encima de la cabeza. Para que un gato se transformara en bakeneko, era necesario que hubiese vivido bastantes años, al menos diez.

Dibujo de un Bakeneko bailando, de Yosa Buson (1754)

Dibujo de un Bakeneko bailando, de Yosa Buson (1754)

Durante la era Edo, los bakeneko aparecieron en los kiboshi o relatos ilustrados, en los sharenbon o cuentos típicos de los barrios de prostitución, en las obras de teatro kibuki y en las impresiones ukiyo-e con planchas de madera. Casi todos los relatos empiezan de la misma forma: un cliente, después de solazarse con una bella prostituta, se queda dormido. Se despierta en plena noche y la ve, siempre de espaldas, devorando pescado o marisco. Entonces se da cuenta de que ha estado con una bakeneko. Cuando adoptan forma humana, las mujeres bakeneko tienen una peculiaridad: carecen de sombra o, en todo caso, su sombra es la de un gato. Las bakeneko no suelen saciar su hambre con los clientes, excepto en rarísimas ocasiones.

Bakeneko bailando

Bakeneko bailando

Se ha querido explicar la imagen de la joven de espaldas, comiendo a escondidas, aduciendo que las cortesanas no comían durante las largas veladas en las que entretenían a sus clientes. Estos sí comían y bebían mientras ellas les servían, cantaban, tocaban instrumentos musicales. Lógicamente, las mujeres tendrían hambre y aprovecharían el sueño del cliente para comer. Otra explicación supuestamente “lógica” de la existencia de los bakeneko es que la población con pocos recursos usaba aceite de pescado para llenar las lámparas y que los gatos, atraídos por el olor, lo lamían mientras la lámpara estaba encendida, proyectándose una sombra desmesurada y temblorosa que asustaba a sus dueños.

Para terminar, contaremos la leyenda más famosa de todas, la del bakeneko bebedor de sangre, “El alboroto del bakeneko de Nabeshima”. Nabeshima Mitsushige contrató a Ryūzōji Matashichirō para ser su oponente cuando jugaba al go, pero este contrarió a su señor, que le hizo degollar. La madre de Ryūzōji contó sus penas al gato que había criado y se suicidó. El gato lamió la sangre y se convirtió en bakeneko; cada noche subía al castillo del daimyo y le atormentaba, hasta que el fiel criado Komori Hanzaemon le mató y salvó a la familia Nabeshima.

Mujer gato

Mujer gato

Hay un paralelo histórico a esta leyenda. El clan Ryūzōji era más antiguo que el clan Nabeshima, y después de la muerte de Ryūzōji Takanobu, su ayudante Nabeshima Naoshige se hizo con el poder. Takafusa, el nieto de Takanobu, murió de repente y su padre Masaie, que debía ocupar el liderato del clan, se suicidó. A continuación se produjeron grandes disturbios que quizá dieron pie al nacimiento de esta leyenda. Posteriormente fue llevada con mucho éxito a los escenarios en varias ocasiones, sobre todo durante la era Kaei (1848-1854), bajo el título “Hana Sagano Nekoma Ishibumi Shi”. Sin embargo, un miembro del clan Nabeshima presentó una queja y la obra fue prohibida, adquiriendo todavía mayor fama.

Mujer con sombra de gato

Mujer con sombra de gato

A principios de la era Shōwa (1926-1989) se realizaron varias películas kaidan de éxito en torno a la leyenda. Las actrices Takako Irie y Sumiko Suzuki, que encarnaban el papel de gata cambiante, se hicieron muy famosas y eran conocidas como “las actrices bakeneko”.

Prostituta bakeneko comiendo pescado, de Torii Kiyonaga (1775)

Prostituta bakeneko comiendo pescado, de Torii Kiyonaga (1775)

Hombre acompañado por una prostituta bakeneko

Hombre acompañado por una prostituta bakeneko


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Un enamorado de los gatos, Frédéric Vitoux

Frédéric Vitoux con gato

Frédéric Vitoux, de la Academia Francesa, pues así firma sus libros, es un novelista y ensayista francés nacido en 1944 no lejos de Orleans. Autor de numerosos libros y gran especialista en el escritor Céline – que compartió su vida y viajes con el célebre gato Bébert (http://nazarinasociacion.org/2014/05/20/el-gato-bebert-y-louis-ferdinand-celine/) -, publicó en 2008 el “Diccionario enamorado de los gatos”, desgraciadamente no traducido al castellano. De hecho, ninguna de las obras de Vitoux está traducida al castellano, ni siquiera la famosa “Bébert, le chat de Louis-Ferdinand Céline”. Pero volvamos al “Diccionario enamorado de los gatos” con sus 139 entradas, desde la letra a (Abisinio) hasta la zeta (Zen). Entre medias, todo tipo de anécdotas gatunas en torno a autores, pintores, músicos, políticos, filósofos, reyes, libros, en fin, de todo. No cabe duda de que el autor es un apasionado de los gatos.

Portada libro 2

Ahora bien, lo curioso es que Frédéric Vitoux no creció con un gato; más aún, no entró realmente en contacto con uno hasta conocer a Nicole, su futura esposa y dueña de Mouchette. Bueno, anteriormente hubo un contacto esporádico con Fagonette, la gata de su abuelo George Vitoux, famoso médico en la época, pero como él mismo dice en el diccionario bajo el epígrafe “Vida (Los gatos de mi vida)”, ignoraba a los gatos y ellos le ignoraban. Todo cambió con Mouchette, una gata muy peculiar que dividía su vida entre la librería de Nicole, el café de sus padres al otro lado de la calle y la pescadería de los Filleul, donde robaba una anguila si la madre de Nicole tardaba demasiado en darle de comer. Mouchette fue un primer contacto, pero nunca vivió con Vitoux. Cuando Nicole y él se casaron, la gata se quedó con los padres de la novia. Falleció a los 22 años, una edad del todo respetable.

Gatos

Nicole echaba de menos tener un gato y decidieron adoptar uno que resultó ser una. Como estaban en un momento wagneriano, la llamaron Fafnie, diminutivo femenino de Fafner, el personaje que aparece en “El oro del Rin”, de la tetralogía “El anillo del nibelungo”. Fafnie era una gata intrépida que no se detenía ante nada. En esa época vivían en un primer piso en la isla Saint-Louis, en medio del Sena. Si un camión se paraba debajo del balcón, Fafnie saltaba encima y bajaba a la calle. También conseguía colarse en el jardín interior del barón de Rédé, desencadenando la furia de sus criados. A menudo debían salir a buscarla por la isla de noche. Fafnie tenía cuatro años cuando se fueron a recorrer Italia durante 15 días y la dejaron con los padres de Nicole, ya jubilados. Frédéric Vitoux dice que, volviendo por Suiza, tuvo el presentimiento de que la gata había muerto. Y así fue. Una radiografía demostró que tenía balines de plomo alojados en el hígado que la habían envenenado poco a poco; el culpable era uno de los criados del barón que se dedicaba a disparar a todo lo que se movía por el jardín.

El autor con Nessie

El autor con Nessie

Después llegó la fiel Nessie, llamada así por el monstruo del lago Ness. Nessie era casi la antítesis de Fafnie, no se escapaba, el exterior le interesaba poco, prefería pasar largas horas durmiendo en el balcón. Se acostumbró a viajar en coche y se quedaba dormida en el regazo de Nicole o en el asiento trasero. Solían veranear en Saint-Maxime, un pueblecito en el Mediterráneo donde los padres de Frédéric tenían una casita. Allí murió Nessie, a los 13 años, de leucemia.

El autor con Zelda

El autor con Zelda

Y llegó un gato macho, Papageno, hijo de una espléndida cartuja y de un callejero que estaba de paso. Pero Papageno empezó siendo Papagena, en honor a Mozart, ya que la pareja estaba convencida de que era una gatita. (Reconocemos que nos sorprende que todavía no supieran distinguir entre gato y gata). Nicole, al descubrir que no era una hembra, no conseguía encariñarse con Papageno hasta que este enfermó gravemente y estuvo a punto de morir. Creció y se transformó en un gato de patas altas, de más de siete kilos, gris, prudente, al que no le gustaban los cambios, que aceptaba a los invitados mientras no se quedasen hasta muy tarde y que odiaba viajar. Murió a los 21 años.

Al cabo de un año llegó Zelda, el 31 de diciembre de 2007. La encontraron dando un paseo por el campo, era un gatita negra de dos meses. Y aquí acaba la historia de Vitoux y de sus gatos. No sabemos qué ha sido de Zelda desde el 2007, pero hemos encontrado una foto del autor de pie ante un sofá con una gata negra, ¿será Zelda?

En una entrevista, y ante la pregunta “¿Es el gato el compañero ideal del escritor?, contestó: “Existe una fuerte intimidad entre los escritores y los gatos, sus silenciosos compañeros. Marcel Proust dijo que ‘los libros son el producto de la soledad y los hijos del silencio’, y tenía razón. El gato respeta la soledad y el silencio. Llega, salta a la mesa, mira al escritor, ronronea y le deja escribir, aunque en ocasiones le roba la pluma, pasa por el teclado o se tumba en la hoja. Además, el escritor, ante el gato, siente el vértigo de lo desconocido y del secreto. El gato llama a la imaginación, al misterio”.

Diccionario enamorado de los gatos

Diccionario enamorado de los gatos

Portada libro

Y hablando del “Diccionario enamorado de los gatos”, dice: “Escribí un diccionario enamorado, no una antología. Es probable que olvidara incluir tantos temas como los que cito. El mismo título del libro reivindica su subjetividad y sus lagunas“.

Además del “Diccionario” (Fayard, 2008) y de “Bébert, le chat de Louis-Ferdinand Céline” (Grasset, 1976), también es el autor de “Un amour de chat” (Balland, 1979).