Gatos y Respeto

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El gato Pard y la escritora Ursula K. Le Guin

En 1969, Ursula K. Le Guin publicó la novela “La mano izquierda de la oscuridad” sobre un extraño planeta, Gueden, habitado por seres andróginos cuyo sexo cambia según la influencia feromonal del compañero sexual, algo totalmente inaudito en la época. Nadie había osado plantear un mundo sin un sexo dominante donde realmente ambos fuesen iguales. Además, como dijo Margaret Atwood en la necrológica que escribió para el Guardian en enero pasado después del fallecimiento de Ursula K. Le Guin: “Parece que por fin el tiempo ha alcanzado a la novela. El planeta Gueden está dividido en dos. Por una parte, una sociedad con un rey loco. Abundan las camarillas y las rencillas. Un día se está en el círculo íntimo y al siguiente, la persona se ve condenada al exilio. Y en la otra parte, la sociedad se basa en una poderosa burocracia gobernada por un comité secreto. Si a alguien se le considera un peligro para el bien general, se le encarcela en un sito alejado sin juicio ni defensa posible”. Hace casi 50 años, Ursula K. Le Guin predijo, a grandes rasgos, el mundo actual.

Pard y las peonias

En la barandilla

La escritora falleció el 22 de enero de 2018 en su casa de Portland, Oregón, donde vivía con su marido Charles, al que conoció a bordo del Queen Mary camino de Francia y con quien se casó unos meses después en 1953, y con Pard, su gato blanco y negro. En 2016, el New York Times la describió como “la mejor escritora viva de ciencia ficción”. Ella contestó que preferiría ser conocida sencillamente como “una novelista estadounidense”.

En casa

Sus novelas de ciencia ficción hablan de brujería y dragones, naves estelares y conflictos planetarios, pero incluso cuando los protagonistas son hombres, evitan la habitual postura machista de los héroes de fantasía. Viven conflictos enraizados en enfrentamientos culturales que suelen resolverse mediante la conciliación y el sacrificio, y no las batallas y las armas.

Vista trasera

Traducidos a más de 40 idiomas, se han vendido millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo. Además de veintidós novelas, escribió doce colecciones de poemas, más de cien historias cortas recogidas en un sinfín de volúmenes, siete libros de ensayos y trece libros infantiles. Tradujo cinco libros, entre los que mencionaremos el Tao Te Ching, de Lao Tzu, y una serie de poemas de la Premio Nobel Gabriela Mistral.

En la biblioteca

Nació el 21 de octubre de 1929 en Berkeley, California. Era la hija de Alfred L. Kroeber, un antropólogo dedicado al estudio de los indios californianos, y de Theodora Kracaw Kroeber, autora del libro “Ishi in Two Worlds” (Ishi en dos mundos), acerca de la vida y muerte del último indio californiano libre. Se sintió atraída desde muy joven por la ciencia ficción, pero dejó de interesarle siendo adolescente porque “las historias siempre trataban de armas y soldados: hombres blancos que salían a conquistar el universo”.

Se licenció en el Radcliffe College en 1951, y un año después obtuvo un máster en Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Columbia. Poco después le concedieron una beca Fullbright para estudiar en París.

Antes de Pard, con Lorenzo

En 2010 empezó un blog (http://www.ursulakleguin.com/Blog-Index.html) cuya última entrada es un poema escrito en 1991 “cuando la Unión Soviética se estaba desintegrando”. Y dentro de este blog están los anales de Pard, un gato vestido con un impecable esmoquin. En la penúltima entrada, titulada “Pard y la máquina del tiempo”, explica que su gato ha descubierto por fin la verdadera utilidad del escáner: el lugar perfecto para echarse la siesta. Porque, como dice la escritora, los gatos no necesitan una máquina para viajar en el tiempo, un momento están aquí con nosotros, y al siguiente ya no, aunque la transición suele ser imperceptible.

Pard y la máquina del tiempo

Además de los anales de Pard, el blog también incluye varias entradas tituladas “Mi vida hasta ahora, por Pard”, en las que el gato blanco y negro cuenta su vida empezando por la infancia con su madre y su hermana. Dado que el primer capítulo apareció en 2012, es muy probable que Pard llegara a la casa de los Le Guin entonces y que ahora ronde los seis años.

Pard y la jungla de la ventana

Pard cuenta que era feliz con su madre y su hermana, que había croquetas en el bol y que sabían bien, que los humanos comían cosas raras y que su madre intentaba cazar las cosas raras, lo que daba lugar a situaciones desagradables. Otra cosa que considera desagradable son los abrazos, aunque se den con la mejor intención. Luego, Pard es metido en una caja que huele a miedo y llevado a otro lugar, un lugar horrible lleno de gatos donde “pierde las pelotas”. Recuerda que tenía dos y que un día ya no tuvo ninguna. Más tarde le llevaron a otra casa, y tardó algún tiempo en acostumbrarse al viejo Gato y a la vieja Reina (Charles y Ursula Le Guin).

En la fuente

Incluimos un párrafo escrito por Pard: “Esconderse debajo de la cama no es lo mejor cuando uno padece de ansiedad, pero no es un mal lugar para ser temporalmente invisible cuando se está atento a pies desconocidos, máquinas sumamente ruidosas, etcétera. O también cuando me gritan porque me he estirado y ejercitado mis uñas en la colcha, a pesar de que es obvio que para eso mismo están las colchas”.

Pard debajo de la cama

Y sus impresiones cuando llegó a la casa de los Le Guin: “Al principio no me fiaba del viejo, pero mis miedos carecían de fundamento. Cuando se sienta, tiene una cualidad excelente llamada regazo. Los otros humanos también lo tienen, pero el suyo es mío. Está lleno de tranquilidad y afecto”. Y hablando de Ursula, dice: “Lo que me gusta de ella es poder colocarme detrás de sus rodillas en la cama, o también encima de su cabeza coronada por una especie de pelaje que me recuerda a mi madre. Así que, a veces, me tumbo en la almohada y se lo amaso, sobre todo cuando está dormida”.

A través del espejo

Sueños de gato

Entre los libros infantiles que escribió Ursula K. Le Guin está la serie “Catwings”, donde aparece una camada de cuatro gatos que nacieron con alas, y el maravilloso “Cat Dreams”, que solo puede conseguirse de segunda mano, ambos con espléndidas ilustraciones de S.D. Schindler.

Ilustración de S.D. Schindler

Esta entrada es para ti, Yolanda Rodríguez Villegas, gran amante de los gatos y gran defensora de los derechos de la mujer. Gracias.

Con Lorenzo (1996)

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El gato Mississippi y el poeta Joseph Brodsky

 

“…y mirando al sol con los ojos entrecerrados, una sensación me invadió de pronto: Soy un gato. Un gato que acaba de comerse un pez. Si alguien me hubiera hablado en aquel momento, habría maullado. Me sentí absoluta y ‘animalmente’ feliz”.

Así hablaba Joseph Brodsky describiendo un momento de su vida. En el ensayo “A Room and a Half” (Una habitación y media), el escritor cuenta que, de niño, disfrutaba pronunciando algunas palabras como lo haría un gato. Su padre enseguida se apuntó al juego y acabaron llamándose mutuamente “Gran gato” y “Pequeño gato”. El título del ensayo se debe a que vivía con sus padres en un auténtico palacio repartido entre varias familias donde cada persona tenía derecho a 9,5 metros cuadrados. Su “media habitación” estaba separada de la de sus padres con cortinas y estanterías llenas de libros.

Con Mississippi

Estuviera donde estuviera, tenía tendencia a buscar la compañía de gatos. Fueron sus amigos más fieles empezando por Olga, la gata blanca y negra de su infancia; Glick, el gato ruidoso y algo loco de la gran poetisa rusa Anna Ajmátova; Pas, el gato gris que su madre ganó en una partida de cartas; Patas Blancas y Sansón, cuando vivía en Leningrado; el bien llamado Big Red y, finalmente, Mississippi, su inseparable compañero en Estados Unidos.

Andrei Kjrzhanovski, el director de la película “Room and a Half” (Habitación y media), mezcla de falso documental y animación en torno a la vida de su amigo Joseph Brodsky, y también amante de los gatos, dijo: “A veces le preguntaban por qué había llamado Mississippi a su gato y solía contestar: ‘Para mí era importante que el nombre contuviera muchas eses porque en ruso el sonido de la ese se asocia a los gatos’. A menudo Brodsky firmaba con el dibujo de un gato. El realizador se refiere en varias ocasiones a Joseph Brodsky como Joseph Catman, es decir, Joseph “hombre-gato”.

Antes de esta película ya había realizado un cortometraje sobre el autor titulado “A Cat and a Half” (Un gato y medio), una combinación de animación, documental, fotografía y ficción. Tardó diez años en completar ambas.

En el largometraje, Andrei Kjrzhanovski incluso llega a decir que los primeros poemas del autor son obra de un descarado gato de animación que no para de fumar y que solo vive en la imaginación del niño Joseph. Más tarde, cuando Brodsky ya vivía exiliado en Estados Unidos, su madre Masva hablaba con un gato como si su hijo habitara en la cabeza del felino.

Joseph Brodsky (Iosif Alekzandrovich Brodsky) nació el 24 de mayo de 1940 en Leningrado, un año antes de la invasión nazi. Su madre era contable y su padre, fotógrafo para el Museo de la Marina de Leningrado. Hijo único, era el ojo derecho de ambos. Leningrado fue asediada dos años por las tropas alemanas durante la guerra, y a pesar de no tener comida, sus habitantes nunca se rindieron.

Con Osya

De la película “Habitación y media”

Dejó el instituto a los 15 años, cuando su padre perdió el puesto en el Museo, y se puso a trabajar en una fábrica, pero lo dejó a los seis meses. En los siete años siguientes trabajó en un faro, en un laboratorio de cristalografía y en una funeraria, entre otros lugares. Empezó a escribir poemas a los 17 años y no tardó en llamar la atención de Anna Ajmátova, que se convirtió en su protectora y mentora.

Estudio en la URSS

En 1964 fue condenado a cinco años de trabajos forzados en el norte de Rusia por “parásito social”. Durante los meses que duró el juicio se le internó en un hospital psiquiátrico, un periodo muy duro para él. Sin embargo, los 18 meses de condena que pasó en el pueblo de Norenskaya, a unos 550 kilómetros al norte de Leningrado, fueron maravillosos. Alquiló una casita sin calefacción ni agua, pero estaba solo. Sus amigos y su madre iban a verle, tenía una máquina de escribir y leía a su poeta favorito, W.H. Auden. A pesar de una condena de cinco años, pudo regresar mucho antes gracias a la campaña mediática que organizaron Anna Ajmátova y Jean-Paul Sartre. Su exilio tuvo el efecto opuesto al deseado por las autoridades soviéticas: era desconocido fuera de su país y regresó a Leningrado como un celebridad internacional.

Con dos amigos

Aun así, le era imposible publicar en la Unión Soviética y sobrevivía haciendo traducciones o pequeños trabajos. A principios de los setenta, los vientos políticos volvieron a cambiar de rumbo y Brézhnev aprovechó la presión de occidente para “liberar” a judíos soviéticos. Brodsky dispuso en 1972 de tres semanas para hacer las maletas e irse para siempre. Primero llegó a Viena, donde conoció por casualidad a su ídolo W.H. Auden, y acabó en Estados Unidos, primero en Nueva York y luego en Massachusetts como profesor.

 

En 1987 ganó el Premio Nobel de Literatura, lo que le permitió pasar largas temporadas en Italia, y en 1991 fue nombrado poeta laureado de Estados Unidos. Se casó con una joven universitaria de ascendencia rusa e italiana, y se mudó a Brooklyn. En 1993, su esposa dio a luz a una hija a la que llamaron Anna. El poeta falleció el 28 de enero de 1996 de un infarto a los 56 años.

De la película “Habitación y media”

Nunca regresó a Rusia, a pesar de sus muchos intentos. Aunque adoptó la nacionalidad estadounidense, jamás dejó de ser ruso y de echar de menos el país donde había nacido. Y para volver a los gatos, escribió: “Soy como un gato. Cuando algo me gusta, quiero olerlo y relamerme… Como un gato, ¿verdad? A los gatos les da exactamente igual que exista una sociedad que se llame ‘Memoria’, o un departamento de propaganda del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. También les deja en la más absoluta indiferencia quién es el presidente de Estados Unidos, incluso si hay uno. ¿Por qué sería yo peor que un gato?”


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Un gato de cómic y la escritora Margaret Atwood

La escritora Margaret Atwood ya era famosa mucho antes de que Hulu decidiera transformar la distópica novela “El cuento de la criada” (Premio Arthur C. Clarke 1987) en una serie. Pero es posible que su gran afición por los cómics no sea tan conocida, ni tampoco su amor por los gatos y su empedernida defensa de los pájaros. Y solo ella habría sido capaz de unir tres aficiones aparentemente tan dispares en un personaje llamado Angel Catbird (Ángel Gatopájaro o Gatoave, no sabemos cuál suena mejor), mezcla de ser humano, gato y búho.

El cómic cuenta las aventuras de un superhéroe de la vieja escuela con textos de Margaret Atwood y dibujos de Johnnie Christmas coloreados por Tamra Bonvillain. Un genetista se convierte accidentalmente en un híbrido y se une a un grupo de seres mitad humanos mitad gatos para derrotar a un supervillano rata.

Johnnie Christmas, Margaret Atwood y Tamra Bonvillain

De pequeña, Margaret Atwood era una apasionada de los tebeos – aún no existían las novelas gráficas, solo los tebeos semanales -, y dibujaba viñetas. Las primeras tenían como protagonistas a dos conejos voladores un poco demasiado alegres y entusiastas de los saltos para ser considerados superhéroes. También dibujaba gatos voladores, muchos de ellos atados a globos. Cuenta que había visto dibujos de globos, pero que sus hermanos y ella no tenían debido a las restricciones de caucho durante los años de posguerra. Tampoco había gatos en su hogar porque pasaban largas temporadas en los bosques y sus padres tenían miedo de que se escaparan o acabaran en las garras de un visón salvaje.

A los 12 o 13 años dibujando un comic para su hermana pequeña

Pasaron los años y llegaron globos y gatos a su vida. Los primeros fueron una desilusión, tenían tendencia a estallar. Se entregó a los segundos durante cincuenta años, y la confortaron y ayudaron a escribir. Añade que si ahora no tiene uno es porque teme tropezar contra él o dejarle huérfano.

Con el tiempo, Margaret Atwood se interesó cada vez más por la conservación de las aves y empezó a sentirse culpable por los múltiples regalos que sus gatos le habían traído. Con su típico humor, menciona que uno de ellos solo le dejaba las entrañas. Así es como nació el personaje de Angel Catbird, una mezcla de ser humano, gato y búho con un lógico conflicto de identidad, ¿me como el gorrión o lo salvo? Entiende ambas posibilidades. En palabras de la autora: “Es un dilema carnívoro de dos patas con alas”.

Pero claro, también se dio cuenta de que un superhéroe no podía parecerse a los gatos voladores de su infancia, ni siquiera a los dibujos que hacía de adulta. Quería que Angel Catbird fuera un superhéroe sexy, con mucho músculo. Decidió unir sus fuerzas al dibujante Johnny Christmas y a la colorista Tamra Bonvillain. Empezó a preocuparse por el tipo de pantalones que llevaría un híbrido como Angel Catbird, cómo se vestiría su novia Cate Leone para cantar en una discoteca o qué tipo de muebles tendría el conde Catula, mezcla de murciélago, gato y vampiro… El primer volumen de Angel Catbird se publicó en 2016, el segundo el día de San Valentín de 2017 y el tercero en julio del mismo año. Debido al tremendo éxito, parece que habrá secuelas.

Cate Leone y Angel Catbird

Además del cómic, Margaret Atwood escribió poemas maravillosos acerca de los gatos, entre los que mencionaremos “Blackie en Antártica”, donde describe cómo su hermana la llama, estando ella de viaje, para decirle que Blackie ha muerto y pensando que querría enterrarle, lo ha envuelto en un pañuelo rojo de seda y lo ha guardado en el congelador. También está “Mourning for Cats” (Luto por los gatos), donde los compara a nuestra segunda piel, a la que nos gustaría llevar para pasarlo bien, cuando nos apetece matar sin pensar, cuando queremos deshacernos del peso gris que representa ser humano. Creemos que “January” (Enero), muy corto, está dedicado a Blackie, el gato de medianoche que nunca volverá. Los últimos versos dicen: “Si al menos encontrases el camino / desde el río de flores frías, / el bosque de nada que comer, / de vuelta a través de la ventana de hielo, / de vuelta a través de la puerta de aire cerrada”. “February” (Febrero) es más largo, más alegre, pero también habla de un gato negro “…salchicha de pelo negro con los ojos amarillos de Houdini…” y de otros gatos del vecindario marcando el territorio. Acaba diciendo: “Gato, basta ya de pedir con ansia / y de tu pequeño trasero. / ¡Aléjate de mi cara! Eres el principio de la vida, / más o menos, así que empieza / a traer un atisbo de optimismo aquí. / Aleja a la muerte. Festeja la multiplicación. Haz que sea primavera”.

Conde Catula

Margaret Atwood nació el 18 de noviembre de 1939 en Ottawa, Canadá, y creció en el norte de Ontario y en Quebec. Se licenció en la Universidad de Toronto y realizó estudios de posgrado en Radcliffe College. Tiene en su haber novelas de ficción, ensayos, colecciones de poemas e historias cortas, libros infantiles, guiones para cine y radio y cómics. Publica regularmente en revistas y ha sido traducida a más de treinta idiomas. Reside en Toronto con el escritor Graeme Wilson. Es la vicepresidenta de PEN International, una asociación mundial de escritores cofundada en 1921 por Catherine Amy Dawson Scott y John Galsworthy con el objetivo de promocionar la amistad y la cooperación internacional entre escritores de todo el mundo.

Algunas de sus novelas se han adaptado para cine y teatro. Netflix emitió el año pasado la miniserie de seis capítulos “Alias Grace” y anteriormente se había rodado un largometraje basado en esta novela. El telefilm “La novia ladrona” se emitió en 2007 y “La mujer comestible” fue adaptada para el escenario. Sin embargo, la novela “El cuento de la criada” es la que más adaptaciones ha tenido: la primera en 1990,con guion de Harold Pinter y dirigida por Volker Schloendorf. A continuación fue transformada en ópera por Poul Ruders y estrenada por la Opera Nacional Inglesa en el Coliseum de Londres en 2003. Y finalmente, la serie de Hulu que empezó a emitirse el año pasado.

Sus novelas más recientes son “The Heart Goes Last” (Por último, el corazón), Ediciones Salamandra, 2015, y “Hag-Seed” (Semilla de bruja), Ediciones Lumen, 2016.


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El gato Miton y Marie Dormoy

Hace poco publicamos una entrada acerca de Ylla, la fotógrafa de animales (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/), donde mencionábamos un libro dedicado al gato Miton con fotos suyas y prólogo de Paul Léautaud. Miton era el gato de Marie Dormoy, que le dedicó este pequeño libro de 27 páginas, publicado en una tirada de 150 ejemplares numerados por la Editorial Spirales de París en 1948, dos años después de la muerte de su protagonista.

Comiendo hierba en el balcón

 

Cuando la nevera no está bien cerrada

En el prefacio, Léautaud relata cómo Miton llegó a casa de Marie Dormoy con tres meses y fue inmediatamente depositado en el sofá. “Creció como crecen los gatos, descubrió uno a uno todos los detalles de la existencia de un gato y no tardó en hacerse con el piso de su dueña. A fin de cuentas tuvo una vida feliz, si un gato, yo mismo lo reconozco, puede tener una vida feliz después de librado, mediante una operación, de las ocupaciones del amor – y también de sus peligros, es verdad – y de la libertad”.

El libro

 

Encuentra algún resto

Cada verano, cuando Marie Dormoy se iba de vacaciones, Miton era trasladado a la casa de Léautaud, rodeada por dos mil metros cuadrados de jardín agreste lleno de árboles, y poblada por unos veinte o veinticinco congéneres gatunos. Su dueña le prohibía a Léautaud soltarlo en el jardín, por lo que ataba a Miton a un poste con tres o cuatro metros de cuerda que le permitía trepar al árbol más cercano. El escritor cuenta que Miton, un gato burgués, era de lo más sociable con los otros gatos, todos recogidos en la calle. Incluso la mona – Léautaud había recogido a una mona – se llevaba a las mil maravillas con él.

Miton era hijo de una princesa persa carey y de un callejero negro, dueño y señor de los jardines del Trocadero. La gata persa, llamada Hortense, vivía en un hogar rico, pero se escapó y eligió la casa de una portera de la calle Franklin. Devuelta a sus legítimos dueños, volvió a fugarse y a refugiarse en la portería. Efectivamente, la libertad de que disfrutaba en un edificio de nueve pisos, con escaleras, patio y acceso directo a la calle, no era comparable a un piso, por muy amplio y lujoso que fuera. Dio a luz a dos bolas peludas, una gris y otra dorada. La bola dorada era Miton, trasladado en una sombrerera desde la portería al piso de Marie Dormoy.

Esperando que le abran la puerta

A primera hora de la mañana, Miton exigía que se le abriese la puerta del balcón para ir a mordisquear su tiesto de hierba. Daba igual que Marie estuviese dormida, se encargaba de despertarla. A continuación reclamaba el desayuno, pero si primero encontraba el bol de leche de su dueña, no dudaba en hacerlo suyo. Si un armario se quedaba abierto, inspeccionaba el contenido con paciencia y tiraba al suelo lo que le molestaba hasta hacerse un hueco a su gusto.

Haciendo uso de la pata derecha

Marie Dormoy le acostumbró a viajar. Incluso le llevó a Vichy a tomar las aguas, algo muy de moda en aquella época. Parece ser que se hizo famoso entre los bañistas al llegar cada mañana a las fuentes donde también bebía el agua bienhechora. La acompañó cuando huyo de París ante la llegada de los alemanes y regresó a la capital con la firma del armisticio. Miton era amable con los amigos de Marie, pero si esta cambiaba de opinión, Miton se volvía arisco y los ignoraba. Cuánta razón tenía Marie Dormoy al decir: “Divino instinto de los animales, prueba innegable de su afecto”.

El gato Miton murió el 14 de marzo de 1946 a la edad de dieciséis años. Marie Dormoy y Paul Léautaud lo enterraron en el “Parque de los lobos”, la casa que el escritor Chateaubriand compró a las afueras de París cuando Napoleón le prohibió residir en la capital.

El parque donde está enterrado Miton

Pero hablemos de Marie Dormoy, una mujer desconocida que tuvo una gran importancia en las letras francesas. Nació el 3 de noviembre de 1886 y a los 15 años se enamoró del compositor Lucien Michelot, uno de los primeros accionistas de la revista literaria Mercure de France, que le comunicó el amor por la música y la literatura. En 1921, cuando ya tenía 35 años, conoció al arquitecto Auguste Perret y se convirtió en su amante. Empezó a escribir muy buenos artículos sobre arquitectura, y uno de ellos, publicado en 1922 en Mercure de France, propició su encuentro con Paul Léautaud, que acababa de sacar a la luz un extracto del “Journal” (Diario) en la revista. A partir de ese momento, Marie Dormoy consagró su vida a la enorme obra que representaba el “Journal”.

Marie Dormoy y el gato Miton

Obtuvo el Premio Langlois de la Academia Francesa en 1927 por su traducción íntegra de “Cartas de Miguel Ángel”. En 1924, el modisto y mecenas Jacques Doucet la contrató como bibliotecaria de la enorme colección de manuscritos, correspondencia, volúmenes y archivos que coleccionaba, puesto previamente ocupado por André Breton. Unos años después de fallecer Doucet, fue la primera conservadora de la Biblioteca Literaria Jacques Doucet, legada a la Universidad de París, desde 1932 a 1956.

Marie Dormoy y Paul Léautaud

A partir de 1930 trabajó como secretaria del famoso marchante de arte Ambroise Vollard – a quien también le gustaban los gatos – hasta la muerte de este en 1939. La relación amorosa con Léautaud empezó en 1933. Formaban una pareja dispar; Marie era una apasionada de los conciertos y del teatro, le gustaba salir y cenar con amigos, incluso tenía un coche, algo inusitado para una mujer en aquella época, y Léautaud era un solitario que odiaba la sociedad. Pero les unía la enorme admiración que Marie sentía por los escritos del viejo gruñón y probablemente un profundo amor por los gatos.

Pidiendo comida

Marie Dormoy siempre luchó para salvar el manuscrito del “Journal” y en 1935 consiguió convencer al escritor de que le dejara pasar a máquina varias miles de hojas escritas con pluma de ganso en una letra casi ilegible. En 1940, no solo se encargó de poner a salvo los archivos de la Biblioteca Doucet, sino también el “Journal”, en el castillo de Poligny, en Normandía.

Portada del libro

 

Saciando su sed

Por fin, en 1943 convenció a Léautaud para que vendiera el manuscrito del “Journal”, que llevaba 47 años escribiendo. Su relación con él terminó en 1939, pero siguieron siendo grandes amigos y también consiguió que el escritor aceptara publicar el primer tomo de “El diario literario” en Mercure de France en 1954. El segundo apareció en 1955 y el tercero en 1956, dos meses después de la muerte de Léautaud. Convertida en su heredera universal, dedicó más de nueve años a la publicación de los dieciséis tomos restantes.

Marie Dormoy escribió sus “Memorias”, pero aún no han sido publicadas. Falleció el 5 de mayo de 1974 a los 87 años.


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Los 19 gatos de Mark Twain

Mark Twain, de verdadero nombre Samuel Langhorne Clemens (30 de noviembre de 1835 – 21 de abril de 1910), fue un hombre peculiar en muchos aspectos y un gran amante de los gatos. Su necesidad de tenerlos al lado era tal que, cuando la familia viajaba, llegaban a pedir gatos “prestados”. En una carta fechada en 1884, el escritor decía: “No hay nada tan valioso en un hogar como un bebé; el hogar de una joven pareja no está completo sin un bebé – un bebé y un gato. Algunas personas desprecian a los gatos y no los consideran esenciales, pero el clan Clemens no comparte esta opinión”.

El Sr. Clemens, según Katy Leary, su criada cuando residían en el 21 de la Quinta Avenida de Nueva York, tenía un gato llamado Bambino. En realidad era el gato de su hija Clara, a la que había hecho compañía mientras estuvo ingresada en una clínica. Cuando por fin Bambino se escapó de su cuarto, no le quedó más remedio que pedirle a su padre que se hiciera cargo de él. El escritor le enseñó a Bambino a apagar una vela que siempre tenía al lado de la cama para encender los puros porque una de las peculiaridades de Mark Twain era pasar gran parte del día en la cama. Parece ser que Bambino esperaba a que inclinara la cabeza dos veces para saltar a la mesilla y apagar la vela con la pata.

Bambino apagando una vela

 

Bambino, foto de Jean Clemens, la hija de Mark Twain

Una noche, Bambino oyó a otros gatos maullar en la parte trasera de la casa y se escapó por la ventana abierta. Todo el mundo le buscó, pero no hubo forma de encontrarle. Al día siguiente, Mark Twain publicó este anuncio en numerosos periódicos: “Un gato perdido – Recompensa de cinco dólares por su entrega a Mark Twain, Quinta Avenida, 21. Grande, de intenso color negro; pelo espeso y aterciopelado; pequeña marca blanca en el pecho, no se distingue bien con luz normal”. Con tal de conocer al autor, una sinfín de personas llamaron a la puerta con un gato negro, pero ninguno era Bambino.

Dos o tres noches después se oyó a un gato maullar en el jardín del vecino y ahí estaba Bambino. Mark Twain se alegró mucho e inmediatamente volvió a publicar una reseña anunciando que su gato había vuelto, pero la gente siguió acudiendo con gatos durante muchos días.

Hablando de Bambino en una carta a su hija Clara, le decía: “Se ha descubierto que si tu gato rehúsa comer carne y beber leche, y se empeña en hacernos creer que vive gracias a una intervención milagrosa, se debe a que caza ratones en sus ratos libres”.

El Washington Post publicó el 26 de marzo de 1905 un pequeño artículo acerca de la cama de Mark Twain. Parece ser que era una cama enorme en la que había depositados toda una serie de objetos, libros, papel y plumas, ropa, cualquier cosa que pudiera hacerle falta. El periodista añadía que en medio de todo reinaba un gato negro de gran tamaño “con muy mal genio. Gruñe, araña y muerde; cuando se harta de destrozar un manuscrito, araña a Mark Twain, que lo aguanta con maravillosa paciencia”.

Despiertos (Elisha M. Van Aken, 1887)

 

Dormidos (Elisha M. Van Aken, 1887)

En un artículo del 24 de diciembre de 1898 publicado en The Rambler, se decía que “ordenaba a los gatos que ‘subieran’ a la silla y todos lo hacían. Entonces les decía: ‘A dormir’. Y se quedaban dormidos hasta que gritaba: ‘¡Despertad!’, y todos abrían los ojos”.

Mark Twain nació muy poco después de que el cometa Halley apareciera en el cielo, y en 1909 predijo que se iría cuando volviera: “Llegué con el cometa Halley en 1835. Vuelve el año que viene. Sería la mayor decepción de mi vida si no me fuera con él”. Efectivamente, falleció de un infarto el día después del regreso del cometa.

Antes de ser escritor, pilotó un barco de vapor por las traicioneras aguas del Misisipi; fue soldado Confederado dos semanas y al poco viajó a Nevada con su hermano Orion; en Virginia buscó plata, pero acabó trabajando para el periódico Territorial Enterprise; recorrió Europa y Oriente Próximo durante dos años. En 1870 se casó con Olivia Langdon, de familia rica y liberal, gracias a la que conoció a abolicionistas, ateos, activistas a favor de los derechos de la mujer y de la igualdad social, como Harriet Beecher Stowe y el socialista utópico William Dean Howells.

La ciencia le fascinaba y fue muy amigo de Nikola Tesla (https://gatosyrespeto.org/2014/09/17/nikola-tesla-y-su-gato-macak/), con el que pasó mucho tiempo en su laboratorio. Patentó tres inventos y uno tuvo un gran éxito: un álbum compuesto por páginas con un adhesivo seco que solo debía humedecerse para pegar papeles y del que vendió 25.000 ejemplares. Se arruinó en varias ocasiones, pero siempre consiguió salir adelante.

Mark Twain con un amigo (Susan B. Durkee)

Pero su gran amor fueron los gatos, a los que decía apreciar más que a los seres humanos: “Si pudiéramos cruzarnos con los gatos, la raza humana mejoraría, pero el gato se deterioraría”. Se sabe que tuvo diecinueve gatos en toda su vida con nombres nada corrientes, entre los que destacaremos Apollinaris (Apolinar), Beelzebub (Belcebú), Blatherskite (Parlanchín), Buffalo Bill, Satan (Satanás), Sin (Pecado), Sour Mash (Malta agria), Tammamy, Zoroaster (Zoroastro), Soapy Sal (Sal la empalagosa) y Pestilence (Pestilencia). No comprendía que alguien no amase a los gatos y decía: “Cuando un hombre quiere a los gatos, soy su amigo y compañero sin necesidad de presentaciones”.

Fue un acérrimo defensor de los derechos de las mujeres; su discurso “Votos para las mujeres”, en el que pedía que pudieran votar, se hizo muy famoso. Se le considera el mayor humorista que jamás ha nacido en Estados Unidos, y William Faulkner le llamó el padre de la literatura estadounidense.


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300 gatos y Paul Léautaud

Fotografía de Robert Doisneau (1950)

El escritor y crítico de teatro francés Paul Léautaud, nacido en París el 18 de enero de 1872, firmó con el seudónimo de Maurice Boissard un sinfín de críticas mordaces y se dio a conocer por su espíritu subversivo y burlón. Su madre, cantante de opereta, le abandonó al poco de nacer, y su padre, actor y apuntador, un auténtico donjuán, tampoco se ocupó mucho de él. Dejó el colegio a los 15 años para trabajar y se autoeducó leyendo de noche a los grandes clásicos. Su colaboración con la revista literaria Mercure, cuya editorial le publicó una novela en parte autobiográfica, le dio a conocer en los círculos literarios, pero el gran público no le descubrió hasta el año 1950, gracias a sus charlas radiofónicas con Robert Mallet.

Con el gato Bonbon

 

Fotografía de Henri Cartier-Bresson (1952)

Era un hombre solitario que recogía a cualquier animal abandonado en su casa de Fontenay-aux-Roses, un pueblo cercano a París, donde vivió sin el menor lujo, dedicándose a escribir su “Journal littéraire” (Diario literario), en el que contaba, día a día, los acontecimientos que se sucedían a su alrededor. Falleció el 22 de febrero de 1956; sus últimas palabras fueron: “Y ahora, dejadme en paz”.

La habitación de Paul Léautaud

De él se conserva la imagen de un viejo eremita desmedrado y desdentado, con mirada penetrante, carácter hosco y poco amigo de los seres humanos. Pero alguien dijo que “quien ama a los gatos amará a Paul Léautaud”. Se comportó con ellos de forma ejemplar y totalmente desinteresada. Era capaz de dejarlo todo plantado para ir a socorrer a un gato necesitado. En los años cincuenta, cuando ya era muy mayor, no era raro cruzarse con él cerca de la estación de metro de Luxembourg con dos bolsas cargadas de comida para sus animales, aunque él fuera el hombre más frugal del mundo.

La autora Marie Dormoy, que fue su amante entre 1933 y 1939, y siguió siendo su amiga hasta que el escritor murió, cuenta que le dijo sin dudar que prefería la compañía de gatos y perros a la de cualquier bípedo, fuese masculino o femenino. En la introducción del libro que recoge su correspondencia con Paul Léautaud también dice que la primera vez que llegó a la casa de Fontenay, el olor a pis de gato era tan fuerte que tuvo que salir, respirar y volver a entrar.

Nos hemos permitido traducir algunos párrafos de “Le Chat”, un breve ensayo de Paul Léautaud:

“¡Dios mío! Ya he escrito mucho acerca de los gatos. Aún puedo escribir más. He tenido tantos a mi alrededor. A día de hoy, cerca de trescientos, me parece. Cada uno con su fisionomía, sus modales, su carácter. Igual que nosotros los seres humanos, lo digo a menudo”.

“Lo mejor es que no escogí a ninguno porque todos llegaron por las casualidades de la calle, pobres animales perdidos o abandonados por dueños carentes de conciencia, esa gente que un día acoge a un animal, gato o perro, por capricho, y una vez el capricho desvanecido, le dejan tranquilamente en la calle, expuesto a cualquier riesgo y a todas las necesidades”.

“Mando al diablo a Descartes porque dijo que los animales solo eran máquinas – me parece que decía lo mismo de los seres humanos. Al diablo también Buffon, que tachaba a los gatos de traidores e hipócritas. Y al diablo la dichosa opinión de que el gato solo quiere a la casa y mucho menos al amo. Y yo, que escribo estas líneas y que, después de todo, aunque parezca presuntuoso, no soy más tonto que ellos, sé mucho más de lo que hablo. La razón no lo es todo a la hora de conocer y de juzgar. Un poco de corazón tampoco viene mal”.

Paul Léautaud delante de su casa

“Acabo de decir que alimento a los gatos abandonados. La mayoría de mis compañeros felinos proceden del jardín del Luxembourg, cerca de la revista Mercure. Me entristece cada abandono del que soy testigo, pero también me aporta un gran placer cada rescate. Mi querido Coco, por ejemplo. Qué aullidos dejaba escapar el día que le atrapé y le llevé en el cesto. (…) Qué miedo pasó al principio, escondido debajo del aparador donde le pasaba bocaditos especiales y leche. Pero si le vieran ahora, acostado conmigo, tumbado de lado como una persona, la nariz cerca de la mía, una pata sobre mi cuello. ¡Y pensar que unos sinvergüenzas pusieron en la calle a un animal tan encantador, a un ser tan afectuoso, que solo ofrece cariño y dulzura! Tristes imbéciles, crueles y malvados”.

Paul Léautaud dibujado por Henri Ibels

“Un poco después de que empezara la guerra de 14, me fui con cuatro perros y once gatos a una región a la que iba por primera vez. En la época aún era un lugar muy poco concurrido. Al atardecer salía a dar un paseo por el campo, siguiendo la costa y el mar. Los once gatos me seguían con los cuatro perros, y si me detenía, me tumbaba un momento en el suelo, todo el mundo se detenía, formando un círculo a mi alrededor”.

“No soy, para todos estos animales, el ‘amo’, sino un compañero, como cada uno de ellos lo es para mí. Me considero un animal de otro tipo, sin saber muy bien cuál de los dos es mejor. Viendo la necedad, la grosería y la crueldad de los hombres, cabe preguntárselo”.

Un cuadro de Izis Bidermanas

Paul Léautaud tuvo unos trescientos gatos y unos ciento cincuenta perros. Todos ellos están enterrados en el jardín de su casa.

 


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Un gato llamado Oso Polar y Cleveland Amory

Polar Bear (Oso Polar) fue el protagonista de los libros “The Cat Who Came for Christmas” (El gato que llegó en Navidad), “The Cat and the Curmudgeon” (El gato y el cascarrabias) y “The Best Cat Ever” (El mejor de todos los gatos), los tres de Cleveland Amory, escritor, humorista, periodista, comentarista y gran defensor de los animales. Sin embargo, Cleveland Amory no sentía una especial predilección por los gatos, pero una fría y nevada Nochebuena neoyorquina de 1985 conoció a un gato blanco hambriento, en los huesos y cojo al que su ayudante Margaret Probst había atrapado en un callejón.

No había nadie disponible para acoger al animal mientras se le buscaba un hogar definitivo, y Amory se lo llevó a casa. Pasadas las fiestas, cuando por fin una familia estaba dispuesta a adoptarle, era demasiado tarde. Polar Bear ya tenía nombre, había conquistado al escritor y estaba a punto de convertirse en su compañero inseparable. Recorrieron Estados Unidos juntos, y en el primer libro, el autor incluso transcribe las largas conversaciones que mantenían.

Como hemos dicho antes, Cleveland Amory fue uno de los grandes defensores de los animales. Él mismo contaba que empezó a interesarse seriamente por el bienestar de los animales cuando, siendo un joven reportero, alrededor del año 1945, le mandaron a Nogales, México, para un artículo sobre una corrida. Asqueado por lo que vio y el hecho de que cortaran las dos orejas al toro y se las entregaran al matador, no dudo en tirarle un cojín que le dio de lleno, haciéndole caer al suelo.

A partir de ese momento, se hizo miembro de numerosas organizaciones defensoras de los animales hasta que en 1967 fundó, con Margaret Probst, el Fund for the Animals, una organización dedicada a crear santuarios y a proteger a los animales de la caza.

Una de las acciones más sonadas del Fund for the Animals tuvo lugar en 1978 contra las matanzas por aporreamiento de los cachorros de focas en las Islas de la Magdalena, Canadá. El Fund compró un arrastrero que se convirtió en rompehielos para llegar hasta las focas. Una vez allí, los voluntarios las pintaron con un tinte orgánico de color rojo totalmente inofensivo para ellas, pero que hacía la piel inservible para la industria peletera. Las horribles matanzas fueron prohibidas en 1983, en parte gracias a los repetidos esfuerzos del Fund.

En 1979, la organización puso en marcha una operación a gran escala para rescatar a 580 burros que iban a ser sacrificados por el Servicio de Parques del Gran Cañón supuestamente porque destruían la flora del entorno. El rescate duró dos años y se realizó con helicópteros. Cleveland Amory no cesó en su empeño hasta conseguir los fondos necesarios.

Volvió a librar otra batalla para impedir que se sacrificara a las cabras de la isla de San Clemente cuando la Marina estadounidense las acusó de acabar con la flora local. En este caso, las cabras se quedaron en la isla porque la batalla se ganó en los tribunales.

El mismo año que se rescató a los burros, el Fund compró un rancho de 607 hectáreas no lejos de Dallas para poder albergar una parte de estos animales. El rancho Black Beauty acoge a todo tipo de animales maltratados y, en palabras de Cleveland Amory, su idea “fue crear un santuario donde los habitantes podrían vivir libres y sin sufrir el abuso de los humanos”. Actualmente sigue siendo el mayor santuario dirigido por el Fund.

Amory reclutó a muchos famosos para sus campañas contra el uso de la piel animal en la confección de ropa, entre los que estaban Doris Day, Angie Dickinson, Henry Fonda, Andy Williams, Grace Kelly o Mary Tyler Moore.

Cleveland Amory nació el 2 de septiembre de 1917 en el seno de una acomodada familia de Boston. Su tía Lucy “Lu” Creshore solía recoger a perros y gatos sin hogar, y ayudó al pequeño Cleveland a tener su primer perro, un acontecimiento que siempre recordó como “el momento más memorable de mi infancia”. Estudió en Harvard y fue presidente del periódico “The Harvard Crimson”.

Se hizo famoso a finales de los años cuarenta con la publicación de tres libros satíricos sobre las pretensiones de la clase alta, concretamente la de Boston, donde había crecido. El último de estos se publicó en 1960. Fue el autor de una columna para la revista “Saturday Review” durante veinte años, desde 1952 hasta 1972. También en 1952, la cadena NBC le contrató como comentarista del programa televisivo “Today”, el primero de este tipo en el mundo. Siguió haciendo comentarios ligeros y satíricos sobre la sociedad durante once años, hasta 1963, cuando la cadena le despidió por una controvertida afirmación acerca de los derechos de los animales.

En 2017, Cleveland Amory habría cumplido cien años. Su lucha empezó hace seis décadas y libró muchas batallas de las que salió victorioso en numerosas ocasiones. Sin embargo, hoy en Estados Unidos, las leyes de protección animal parecen retroceder: se arrea de forma despiadada a los caballos y burros salvajes; los osos pardos se cazan sin control; se conceden permisos para matar a lobos en varios estados… No se había visto una política tan agresiva hacia las especies en peligro desde los días del secretario de Interior James G. Watt en los ochenta. Detrás de todo están organizaciones como el Safari Club International (SCI), decididas a eliminar cualquier prohibición que les impida cazar especies poco comunes por diversión y para conseguir trofeos.

Cleveland Amory tenía un gran sentido del humor y se denominaba a sí mismo “un cascarrabias”. Libró una lucha sin cuartel contra la experimentación con animales en laboratorios, la caza, el circo, la peletería, entre otros abusos. Falleció a los 81 años en su casa de Manhattan. Su querido Polar Bear le había precedido unos años antes. Las cenizas de ambos están enterradas a un metro de distancia en el rancho Black Beauty. El epitafio en la lápida de Polar Bear reza: “Hasta que volvamos a encontrarnos”.