Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


Deja un comentario

Gatos, William Burroughs y Roger Holden (Parte II)

Y ahora la traducción de la entrevista que Yony Leyser realizó a Roger Holden para la revista Vice, tal como anunciamos la semana pasada.

¿Por qué acabó al cuidado de algunos de los gatos de Burroughs?

Me pasaba por su casa como cada dos meses con otros amigos, cenábamos, hablábamos de cosas – Ovnis y otros intereses que teníamos en común. William se dio cuenta de que realmente quería a los gatos y me preguntó: “¿Te interesaría tener un gato si un día te regalo uno?” Le contesté que sí. Al cabo del tiempo me llamó y me dijo que había aparecido en su porche un gato atropellado. Lo había llevado al veterinario y ya estaba curado. Entonces me lo ofreció y yo acepté. Se llamaba “Porche” por haberlo encontrado en el porche. Durante los años siguientes y hasta la muerte del gato en 1995, William pagó las facturas del veterinario para los cuidados de “Porche Burroughs”. A Porche le diagnosticaron leucemia felina. Fue muy triste. Intentamos curarle con métodos tradicionales, pero acabó sucumbiendo a la enfermedad. Entonces me prometí a mí mismo que si William volvía a darme otro gato y si este enfermaba, buscaría un tratamiento alternativo.

Allen Ginsberg y William Burroughs

Háblenos de Marigay, el “Gato Blanco” de Burroughs.

En enero de 1997, William me llamó y me contó que buscaba un hogar para un gato blanco genial. Me preguntó si podía ayudarle; parece ser que el gato no se llevaba bien con los otros. Un par de días después pasé a recogerlo, y entonces William fue a su biblioteca y sacó un libro titulado “Mysteries of Magic and Religion”, de M. Oldfied Howey (traducido en España como “Gato en la mitología, la religión y la magia”). Abrió el libro en un capítulo sobre los gatos en la magia antigua y me dijo: “Este es Margaras, el Gato Blanco, el gato sagrado”. Añadió que yo debía leer lo que decía acerca de este gato en cuanto a la magia. Entonces entendí que el “Gato Blanco” que había encontrado era muy especial para William. El gato empezó llamándose Marigay, pero le puse el sobrenombre de Butch Burroughs (Butch por “macho”). Dejaba que Butch se paseara por Lawrence, y en el exterior era muy activo y bastante pendenciero, pero en casa era muy amable.

Calico Jane (en honor a Jane Bowles)

 

El gato Marigay, alias Butch Burroughs

William falleció en agosto de 1997 y dio la casualidad de que Butch desapareció durante tres días. Finalmente lo encontramos en un refugio, pero seguí dejándole pasear a su antojo. Sin embargo, en la primavera de 1999, un pastor alemán le persiguió hasta que se escondió debajo del porche de casa. Pensé que no le había pasado nada hasta la mañana siguiente, cuando vi que tenía una herida muy fea. Le llevé al veterinario favorito de William para que le curara. Fue entonces cuando descubrimos que tenía leucemia felina  y que le quedaban muy pocas semanas de vida. Pero esta vez, tal como había prometido, decidí buscar un tratamiento alternativo. Primero empecé a meditar y a contemplar mi fe en el universo y mi amistad con William. Tenía la esperanza de que, de algún modo, quizá por intuición, encontraría una respuesta. Busqué en Internet y encontré tratamientos muy complicados. Y por fin descubrí una entrada escrita por alguien que había tratado a su gato con una mezcla de hierbas llamada essiac con efectos curativos notables.

Lápida de la tumba de Ruski

Que yo sepa, el té de essiac es un tratamiento propio de los nativos americanos. El gato, después de atropellado, llegó a casa de Burroughs, que se encontraba muy cerca de Haskell, la primera universidad de las Naciones Indias y una de las pocas universidades nativas americanas.

Así es. Me documenté y descubrí que el té de essiac se basa en una fórmula nativa americana desarrollada específicamente por un hombre medicina de la nación Ojibwa. Me pareció que una marca con el nombre de FlorEssence era la mejor posibilidad para empezar a tratar a Butch Burroughs. La mezcla contenía ocho hierbas y me puse en contacto con la empresa para pedirles ayuda. Me recomendaron administrarle una o dos cucharaditas diarias con un cuentagotas o mezcladas en comida blanda.

En el supermercado Dillon’s comprando comida para gatos

Si veía que mejoraba, podría reducir la dosis. Tres semanas después le llevé a que le hicieran unos análisis y el veterinario confirmó que el recuento de células blancas había mejorado de forma significativa. Hasta tal punto que añadió que empezaban a referirse a Butch Burroughs como “el gato milagro”.

Portada de la edición actual de The Cat Inside

¿Cuál fue su reacción?

Estaba entusiasmado con la noticia, pero sabía que debía esperar dos o tres meses para estar seguro de si realmente era un éxito. Efectivamente, al cabo de este tiempo, Butch casi estaba curado. Desde 1999 a 2005 tuvo una vida plena. Pienso que su recuperación se debe únicamente a los efectos beneficiosos del té de essiac. Cuando le diagnosticaron la leucemia, me dijeron que no duraría más de tres meses, pero vivió cinco años más.

Primera edición

¿Dónde está enterrado el Gato Blanco?

Con sus otros gatos, en el cementerio gatuno del jardín de su casa.

Acabaremos esta entrada doble con la traducción de cuatro fragmentos de lo que llamaríamos “El gato en el interior”. En la primera página en cursiva encontramos este texto: “4 de mayo de 1985. Preparo la maleta para un corto viaje a Nueva York para hablar del libro de gatos con Brion. En la habitación delantera donde están los gatitos, Calico Jane da de mamar al negro. Alzo mi maleta Tourister. Pesa más de lo normal. Miro en el interior y ahí están los otros cuatro gatitos. “Cuida de mis niños. Llévatelos adonde vayas”.

Roger Holden

En la página 4: “Estos últimos años me he convertido en un entregado amante de los gatos”. En la 5: “Hace quince años soñé que había atrapado a un gato blanco con una caña de pescar. Por alguna razón, estaba a punto de rechazarlo y volver a tirarlo, pero se frotó contra mí, maullando patéticamente”.

Spooner y Senshu

En la página 10: “El gato no ofrece sus servicios. El gato se ofrece a sí mismo. Claro que quiere un refugio y que le cuiden. No se compra el amor por nada. Como cualquier ser puro, el gato es práctico. Para comprender una antigua pregunta, basta con transferirla a la actualidad. Mi encuentro con Ruski y mi conversión en hombre amante de los gatos restablece la relación entre los primeros gatos domésticos y sus protectores humanos”.

Y acaba el libro diciendo: “Somos el gato en el interior. Somos los gatos que no saben andar solos, y para nosotros solo hay un lugar”.

Leyendo estos pasajes no cabe duda de que los gatos significaban algo muy profundo para el contradictorio William Burroughs, un gran aficionado a las armas, miembro de la organización esotérica “Los iluminados de Thanateros” a partir de 1993, exmiembro de la iglesia de la Cienciología, icono de la contracultura, gran amigo de Allen Ginsberg, escritor y pintor. Nació el 5 de febrero de 1914, pero no entendió a los gatos hasta el año 1982, cuando ya tenía 68 años. Solo compartió su vida con ellos durante 15 años, hasta su muerte el 2 de agosto de 1997.

 


Deja un comentario

Gatos, William Burroughs y Roger Holden (Parte I)

 

William Burroughs con Ginger

Unos meses después de empezar este blog, el 9 de febrero de 2014, publicamos una pequeña entrada acerca de William S. Burroughs y el afecto que sentía por los gatos. En 1992 salió a la venta “The Cat Inside”, un pequeño libro donde el autor habla de los gatos que se cruzaron en su vida. En España se tradujo como “Gato encerrado”, un título de tono más jocoso que el original. Creemos que en inglés se refiere más al gato que llevamos dentro, al que se hace un hueco dentro de nosotros.  La primera edición estaba ilustrada por Brion Gysin, gran amigo de William Burroughs e inventor de la técnica literaria “cut-up” o de recortes, muy usada posteriormente por el escritor.

Senshu

Victor Bockris y William Burroughs (septiembre de 1990)

Pero William Burroughs no siempre tuvo gatos. Se codeó con ellos durante su estancia en Ciudad de México, Tánger y Argel, incluso les dio de comer, les puso nombres y entraban en su casa. Probablemente hubiera gatos en su infancia, pero la auténtica relación no empezó hasta 1982, en la primera casa que alquiló en Lawrence, Kansas. El escritor cuenta en el libro que veía una fugaz sombra grisácea, dejaba comida en el porche cada noche y por la mañana el plato estaba vacío. Y añade: “No recuerdo exactamente cuándo entró Ruski por primera vez en casa. Recuerdo estar sentado en una silla cerca de la chimenea, la puerta estaba abierta, y me vio desde unos quince metros, corrió hacia mí emitiendo unos grititos que nunca había oído en otro gato, saltó a mi regazo, empujándome con la cara, ronroneando y colocando sus patitas en mi rostro, diciéndome que quería ser mi gato. Pero no le oí”. “The Cat Inside” es un desgarrador poema de amor a los gatos que pasaron por la vida del autor, Ruski, la gata Calico Jane (llamada así en honor a Jane Bowles), el Gato Blanco, Fletch, Ed, Wimpy, Spooner, redactado como una especie de diario. Incluimos fotografías de algunos de ellos y también del supermercado Dillon’s – abierto desde las 7 de la mañana hasta medianoche -, donde les compraba la comida.

Roger Holden, en una entrevista realizada por Yony Leyser (autor de la película “William Burroughs: The Man Within”) y publicada en la revista Vice el 1 de octubre de 2012, cuenta que también vivía en Lawrence y había realizado un vídeo musical titulado “Rub Out the World” en honor al escritor, que no mostró un gran entusiasmo. Sin embargo, acabaron convirtiéndose en grandes amigos. Compartían el amor por los gatos y un gran interés por los ordenadores. Ambos colaboraron en una serie de estereogramas en 3-D que se expuso en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles en 1996.

Alimentando a los peces con Spooner

Antes de entrevistar a Roger Holden, Yony Leyser cuenta una anécdota que merece citarse. Burroughs fue un fiel lector de la revista gatuna Cat Fancy durante años y guardaba cientos de números en su biblioteca. En mayo de 2010, trece años después de su muerte, James Grauerholz, el agente del autor, escribió a la revista ofreciéndoles que publicaran un artículo sobre su representado. En la carta, después de decir que el genio artístico de Burroughs se veía ensombrecido a menudo por su adicción a las drogas, su homosexualidad y el hecho de que había matado accidentalmente a su mujer en Ciudad de México estando los dos borrachos e imitando a Guillermo Tell, explicaba que “de todas las locas historias que poblaron su vida, la mejor (y más secreta) fue la última: encontró el amor y la redención antes de morir a través de sus gatos”. Pero la oferta no tentó a los editores de la revista.

Portada con dibujo de Brion Gysin

 

Una portada de The Cat Inside

 

Otra portada

En los tres años y pico que llevamos con este blog, nunca habíamos tenido la ocasión de escribir la palabra CONTINUARÁ…  La semana próxima publicaremos parte de la entrevista a Roger Holden.

 

William Burroughs con Spooner


Deja un comentario

El libro del gato, de Miss Frances Simpson

En 1903, la Srta. Frances Simpson publicó “The Book of the Cat” (El libro del gato),

Miss Frances Simpson con el persa plateado Camyses

compuesto por doce láminas a color y 350 ilustraciones y fotografías en 376 páginas repartidas en 32 capítulos que van desde el origen del gato hasta sus enfermedades y cómo tratarlas, además de un índice. Cabe preguntarse qué empujó a la Srta. Simpson a abarcar tal magna obra.

Bonny Boy, uno de sus gatos persas

Para hacer un brevísimo resumen de su vida, diremos que nació en 1857 en Haughton Le Skerne, Durham, Inglaterra, y que sus padres eran el reverendo Robert James Simpson y Mary Elizabeth Simpson. Tuvo tres hermanos y dos hermanas. Fue periodista, escritora, criadora de gatos, juez en concursos felinos y secretaria honoraria de la Sociedad de Persas Azules. Murió el 19 de enero de 1926 a los 66 años.

Tres entusiastas de los gatos no han desaparecido en el olvido, y estos son Louis Wain, Harrison Weir y “Miss” Frances Simpson, como siempre la llamaban. Los tres se conocieron bien, coincidieron como jueces en concursos felinos y estuvieron entre los primeros amantes de los gatos de la era victoriana. La vida de los dos primeros, Louis Wain y Harrison, es conocida, pero se sabe muy poco de Frances Simpson más allá de los artículos que publicaba en revistas.

Big Ben, otro de sus gatos persas

Su estilo literario es el de una mujer culta; no cabe duda de que defendía la ética victoriana y que creía en trabajar duro. Las fotos que acompañan los informes de los concursos felinos publicadas en la revista “Fur and Feathers” (Pelo y pluma) son las de una joven elegante de su época.

Posiblemente haya sido la escritora más prolífica del naciente entusiasmo por los gatos, y sus libros se consideran como auténticas fuentes de conocimiento de entonces. Se la cita como la escritora del famoso “Libro del gato”, aunque en realidad actuó más bien como editora, recopilando información, encargando artículos a criadores, naturalistas y veterinarios. No fue sencillo reunir la enorme cantidad de material contenido en el libro y suponemos que debió andarse con pies de plomo para no herir las sensibilidades de las clases altas de la época eduardiana y victoriana a la hora de dar consejos acerca de cómo cuidar a los gatos.

Crystal, propiedad de la Srta. Frances Simpson

A finales del siglo XIX y principios del XX, lo habitual para una joven de su clase social antes de casarse, o si no se casaba, era convertirse en dama de compañía. Pero Miss Frances Simpson fue periodista y jamás se casó. Es muy probable que, de haberlo hecho, no habría podido dedicar el suficiente tiempo y energía al mundo de los gatos.

Frances Simpson juzgando a un persa

 

Frances Simpson y Louis Wain

El reverendo Simpson se trasladó a Londres con su familia en 1870. Un año después, a los 14 años, Frances Simpson visitó la primera exposición de gatos celebrada en el Crystal Palace de Sydenham, en Londres. Probablemente fue entonces cuando le contagió el virus del entusiasmo por los gatos que recorría entonces la sociedad londinense, debido en gran parte a la enorme labor de Harrison Weir, el primero en organizar una exposición felina. Si a Harrison Weir se le consideró “el padre fundador” del “Cat Fancy”, Frances Simpson se ganó el apodo de “hada madrina”. Defendió a capa y espada el bienestar de los animales, y a menudo regañaba a los criadores y exhibidores por transportar a los gatos en malas condiciones.

Frances Simpson y un persa azul

Crió persas azules, que estaban muy de moda, pero reconocía sentir debilidad por los atigrados; defendió a los siameses y premió a varios. En aquella época, los gatos callejeros no formaban parte del esquema de la clase alta. Sin embargo, personas más sencillas como Louis Wain y su esposa tenían un gato blanco y negro llamado Peter (https://gatosyrespeto.org/2015/09/10/los-gatos-psicodelicos-de-louis-wain/). Basta con leer algunos párrafos de la introducción al “Libro del gato” para convencerse de que Miss Frances Simpson los amaba a todos, fueran de pelo largo o corto, de raza o callejeros.

La introducción empieza así: “Hace tiempo que los amantes de los gatos sienten la necesidad de un libro que hable en un estilo popular de estos animales, por lo que ha sido un auténtico placer dedicarme a escribir ‘El libro del gato’ y plasmar los resultados de una larga experiencia de la forma más interesante y sencilla posible, para que el libro pueda interesar a los criadores, y para que también atraiga a esa parte de la comunidad que ama a los gatos porque sí, y no solo por sus premios y pedigrí. Es posible que las maravillosas reproducciones de esta obra consigan convencer a alguna que otra persona que declara odiar a los gatos para que se dé cuenta de su error y acabe por abrir su corazón al pobre minino”.

Hacia la mitad del párrafo cuarto dice: “Mi mente vuela a lejísimos años del pasado, cuando el gato era un dios o un ideal, y se le adoraba. Mucho más tarde, ‘nuestro gentil Will’ lo llamó ‘el gato inofensivo y necesario’ (Shakespeare, El mercader de Venecia), y eso siempre lo ha sido, e incluso más para muchos. Cuán solitario es el hogar sin un gato;  por fin ahora, y espero que dure mucho, los gatos están de moda. Hace treinta años tenía muy claro que no se valoraba lo suficiente a los gatos y se me ocurrió sugerir un concurso felino. Dicen que la novedad encanta, pero pobre del que sugiere algo nuevo. Se rieron de mí sin compasión. Pero nada tiene tanto éxito como el propio éxito. Y si me permiten decir algo sobre las exposiciones actuales, creo que no han cumplido con mis expectativas”.

Y sigue diciendo: “¿Por qué? Porque todo el mundo se ocupa y preocupa de ciertas razas felinas. ¿A qué viene hablar tanto de los gatos de pelo largo, sean azules o plateados? Eso no es criar gatos. Deseo y espero vivir para ver muchos más ‘gatos inofensivos y necesarios’ en nuestros concursos y exposiciones; un gato de pelo corto de categoría es uno de los animales más perfectos que jamás he contemplado”.

La autora concluye con estas palabras: “Solo espero que las numerosas páginas que he dedicado al ‘gato inofensivo y necesario’, cuya amistad ante la chimenea he disfrutado durante toda mi vida, despierten el interés y la admiración por estas amables y complejas criaturas que devuelven un poco de comprensión con mucho amor”.


Deja un comentario

Una gata llamada Sloopy y Rod Mckuen

El cantante y poeta estadounidense Rod McKuen adoraba a los gatos y dedicó un largo poema a una gata llamada Sloopy. En una entrevista realizada el 30 de diciembre de 1969 en el “Mike Douglas Show”, el presentador le preguntó por el poema y Rod McKuen contestó que, en realidad, era la combinación de dos gatos, un macho llamado A Marvellous Cat y una hembra totalmente sorda con un ojo amarillo y otro azul llamada Sloopy. Añadió que lo pasaba realmente mal en Nueva York y que en el poema introdujo el término “vaquero de medianoche”, el mismo que unos años después  daría título a la famosa película. El poema, de una desgarradora sinceridad, se publicó en 1967.

 

Rod McKuen nació el 29 de abril de 1933 en Oakland, California. Se escapó de casa a los 11 años cansado de los abusos físicos y sexuales por parte de su padrastro alcohólico y otros miembros de su familia. Consiguió sobrevivir trabajando en ranchos, en el ferrocarril, de leñador, vaquero de rodeo, especialista de cine y pinchadiscos en la radio. En todos estos años, nunca dejó de mandar dinero a su madre.

A pesar de sus pocos estudios siempre escribió un diario. En 1951 consiguió trabajo como columnista y escritor propagandístico durante la Guerra de Corea. Afincado en San Francisco, leía su poesía en bares con Jack Kerouac y Allen Ginsberg. En 1960 decidió irse a Francia, donde conoció a Jacques Brel. Gracias a sus traducciones y adaptaciones, el cantante belga se hizo popular en Estados Unidos. En 1978, cuando se enteró de su muerte, dijo: “Como amigos y colaboradores musicales viajamos, hicimos giras y escribimos – juntos y por separado – acerca de los acontecimientos de nuestras vidas como si fueran canciones, y quizá lo fueran.

Cuando me avisaron de que Jacques había muerto, me encerré en mi habitación y bebí durante una semana. Él no habría estado de acuerdo con este tipo de autocompasión, pero solo era capaz de poner nuestras canciones (nuestros hijos) una y otra vez, y pensar en nuestra vida conjunta inacabada”.

Curiosamente, Rod McKuen nunca recibió el beneplácito de la crítica, que siempre se dedicó a menospreciarle. Sin embargo, escribió más de 1.500 canciones, vendió más de cien millones de discos y unos sesenta millones de libros de poemas, según Associated Press; artistas de la fama de Barbra Streisand, Perry Como, Petula Clark, The Boston Pops, Chet Baker, Johnny Cash, Andy Williams, la Filarmónica de Londres y Frank Sinatra versionaron sus temas; ganó dos Grammy y un Pulitzer; escribió la música para numerosas películas, y fue nominado a dos Oscar por “Los mejores años de Miss Broadie” y “A Boy Named Charlie Brown”, ambas estrenadas en 1969. Pero siempre se le tachó de “dulzón”, “kitsch”, “sensiblero” y “sentimentalista”. Incluso en las necrológicas, la crítica volvió a decir que sus poemas eran fáciles, superficiales e irrelevantes, y eso después de haber ganado los premios Walt Whitman  y Carl Sandberg de Poesía.

Dejó de actuar en público en 1981, presa de una depresión contra la que luchó durante diez años. En 2001 volvió a publicar un libro con 160 poemas, “A Safe Place to Land”. Vivía en el sur de California con su hermano Edward y cuatro gatos en una amplia casa de estilo español edificada en 1928 que contenía una de las colecciones privadas de discos más grandes del mundo. Falleció a los 82 años, el 29 de enero de 2015, de parada respiratoria consecuencia de una neumonía.

Siempre rehusó identificarse como gay, bisexual o heterosexual: “No puedo imaginarme escogiendo un solo sexo, me parece muy limitador. Sinceramente, no tengo preferencias”. Participó activamente en el movimiento LGBT y ya en los años cincuenta era un importante miembro de la Mattachine Society de San Francisco, una de las primeras organizaciones que luchó por los derechos LGBT. Dio numerosos conciertos para recaudar fondos a favor de organizaciones LGBT y de la investigación contra el sida.

Para acabar, citaremos una frase suya acerca de los gatos: “Los gatos lo tienen todo: admiración, dormir cuanto quieran y compañía solo cuando les apetece”. En las fotos incluidas en esta entrada, podemos ver que los gatos acompañaron al cantante a lo largo de su vida.


Deja un comentario

Los gatos en la historia vistos por Laura Vocelle

Ilustración de 1875 describiendo a Rosalie Goodman (capitulo 8)

Ilustración de 1875 describiendo a Rosalie Goodman (Capítulo 8)

Cuando empezamos este blog hace ya dos años, descubrimos que muchas otras personas escribían acerca de los gatos, y entre los blogs más interesantes, por no decir el más interesante, está “The Great Cat” (http://www.thegreatcat.org/). Nos sorprendió que encabezara su blog con la misma frase de Albert Schweitzer que escogimos para el nuestro. Dedicamos tiempo a leerlo y su dedicación nos pareció admirable. Entramos en la página de Facebook, una cosa llevó a la otra y acabamos escribiéndonos.

Bestiario de Oxford (Capítulo 5)

Bestiario de Oxford (Capítulo 5)

Evangelio de Lindisfarne, página de inicio de San Lucas (Capítulo 4)

Evangelio de Lindisfarne, página de inicio de San Lucas (Capítulo 4)

No redactaríamos una entrada sobre una página web, aunque se lo merezca, si Laura Vocelle – su fundadora y autora – no hubiese hecho algo mucho más increíble: publicar hace dos meses un libro de 402 páginas sobre la historia del gato doméstico, “Revered and Reviled, A Complete History of the Domestic Cat” (Venerado y denigrado, la historia completa del gato doméstico).

Felis Sylvestris Libyca, de Edward Howe Forbush (Capítulo 1)

Felis Sylvestris Libyca, de Edward Howe Forbush (Capítulo 1)

Lo empezó en 2009 porque tenía un mes adicional de vacaciones y le apetecía mucho escribir un ensayo sobre gatos. Se había dado cuenta de que no existía nada así desde el libro de Carl Van Vechten (https://gatosyrespeto.org/2016/08/25/el-tigre-en-la-casa-de-carl-van-vechten/) publicado en 1920. Laura reconoce que se lo pasó realmente bien documentándose y que descubrió muchísimas cosas que ignoraba. Sin embargo, no empezó la página web hasta 2012.

Montando un gato al revés - Siglo XV (Capítulo 6)

Montando un gato al revés – Siglo XV (Cap. 6)

Portada

Portada

El libro consta de diez capítulos, además de una introducción, empezando por “La aparición del gato”, donde nos dice que la relación – no la domesticación – entre el hombre y el gato quizá remonte a 10.000 años antes de Cristo en el Creciente Fértil. A continuación viene “El gato como diosa”, capítulo en el que estudia detalladamente el papel del gato en la civilización egipcia. El capítulo tercero está dedicado a “El gato en las primeras civilizaciones egeas y mediterráneas”, al que siguen “La Alta Edad Media”, donde no solo habla del gato en la cristiandad, sino en el islam y en el folclore hebreo, entre otros, y “La Edad Media”, época en que el gato adquiere muy mala fama. El capítulo sexto se titula “La primera era moderna”, que abarca desde principios del siglo XVI a finales del XVII, cuando el gato empieza a no ser tan mal visto como en siglos anteriores en Europa, y el siguiente, “La Ilustración”, cuando cobra importancia en todo el mundo. El capítulo octavo, dedicado a “El gato victoriano en el siglo XIX” está lleno de anécdotas de lo más interesante, e incluye la triste historia de la condesa de la Torre y de sus gatos, al reproducir el artículo que publicó el Pall Mall Gazette en su época. En el último, “El gato en el siglo XX”, nos habla del gato tal como lo vemos hoy en día.

Acaba con un epílogo en el que dice: “Cuesta creer que hace solo unos siglos el gato era sinónimo de brujería, se le quemaba en hogueras y se le asemejaba a una bestia demoníaca con temibles poderes. Aunque se siga asociando el gato con el antiguo rito pagano de Halloween, y se siga discriminando a los gatos negros, actualmente el gato es más respetado que nunca en la historia moderna. Los ojos misteriosos y brillantes de los que hablaba Platón hace siglos siguen haciéndonos pensar que quizá puede haber algo de otro mundo en el indomable felino. Tal vez la ley de los antiguos egipcios que prohibía matar y exportar gatos demostraba una sabiduría que el mundo perdió hace siglos”.

La escritora Colette y uno de sus gatos (Capítulo 9)

La escritora Colette y uno de sus gatos (Capítulo 9)

Además de los capítulos antes mencionados, “Revered and Reviled” incluye una cronología del gato en la Historia, una lista de tumbas tebanas de gatos y de cementerios de gatos en el Antiguo Egipto, una lista de referencias por capítulos y, finalmente, un índice de lo más completo que demuestra el enorme trabajo de documentación realizado por Laura Vocelle. Contiene más de 150 ilustraciones.

 

Mosaico romano, Museo Arqueológico de Nápoles (Capítulo 3)

Mosaico romano, Museo Arqueológico de Nápoles (Cap. 3)

sarcofago-del-gato-tat-mit-del-principe-tutmosis-capitulo-2

Sarcófago del gato Tat-Mit, del príncipe Tutmosis (Capítulo 2)

Ahora ha llegado el momento de hablar de la autora y de sus gatos. Nos contó que de niña se le prohibió tener

La autora

La autora

gatos, pero que cuando vivía en El Cairo en 1981, cuidó del siamés de una compañera de trabajo. Cuando llegó el momento de devolvérselo a su dueña, le costó muchísimo. Otro amigo se enteró de lo triste que se había quedado y le regaló un gatito siamés para su cumpleaños, y ahí empezó todo. Lo llamó “Beast”, vivió con ella 18 años y la acompañó en sus idas y venidas de Egipto a Estados Unidos con PC MA, un gatito negro que encontró en una cuneta en el barrio de Zamalek. PC MA murió en 2000, unos meses después de Beast. En esa época, Laura había vuelto a Estados Unidos y estaba a punto de trasladarse de nuevo para enseñar inglés en la Universidad Sultán Qaboos, en Mascate, Omán. En 2001 llegaron Sphinx y Nero, que siguen con ella. Dos años después, en 2003, encontró a su amado Beseechy en una gasolinera no lejos de su casa, pero falleció el año pasado, en 2015. Ruby, otra gatita abandonada, murió en 2015.

La gata Neechia

La gata Neechia

Neechia apareció en 2009, una gata eternamente malhumorada a pesar de su aspecto dulce. El último en llegar es Tibby, al que tiraron por la ventanilla de un coche hace un año en noviembre. Según nos dice Laura, es algo bastante habitual en Omán. Como se ve, desde que Laura descubrió a los gatos, han sido parte de su vida.

Los gatos Tibby y Sphinx

Los gatos Tibby y Sphinx

Los gatos Tibby, Sphinx y Nero

Los gatos Tibby, Sphinx y Nero

También se ocupa y alimenta a los gatos abandonados que viven en el garaje del edificio donde vive. Laura, que tiene mucho sentido del humor, nos dice que es una lucha constante con algunos de los vecinos y con el portero, pero que de momento ha ganado todas las batallas.

La gata favorita del Sr. Horace Walpole, de Stephen Elmer (Capítulo 6)

La gata favorita del Sr. Horace Walpole, de Stephen Elmer (Capítulo 6)

Laura Vocelle tardó siete años en escribir “Revered and Reviled”, y no nos extraña si pensamos en la enorme cantidad de información que contiene el libro: datos, poemas, canciones, anécdotas. Íbamos a decir que es el libro perfecto para los amantes de los gatos, pero quizá sea el libro idóneo para curar a las personas que padezcan de ailurofobia. El libro de Laura Vocelle es una mina de oro para una página como la nuestra, por lo que iremos publicando historias acerca de los personajes que cita.


Deja un comentario

El gato de Cheshire

El gato de Cheshire visto por Tim Burton

El gato de Cheshire visto por Tim Burton

El gato de Cheshire se hizo famoso gracias a Lewis Carroll, el autor de “Alicia en el país de las maravillas”, novela escrita en 1865. Es un gato peculiar que tiende a aparecer y desaparecer sin previo aviso poniendo nerviosa a Alicia, que durante su segundo encuentro se lo dejó claro: “Le agradecería que no se empeñara en aparecer y desaparecer con tanta rapidez, una acaba mareada”. En esa ocasión, el gato desapareció con lentitud, empezando con la punta del rabo y terminando con su sonrisa, que se quedó flotando algún tiempo. Y Alicia pensó: “¡Vaya! A menudo he visto gatos sin sonrisa, pero nunca una sonrisa sin gato”.

Aquí todos estamos locos

Aquí todos estamos locos

El gato de Cheshire y su sonrisa pasaron de la literatura a la cultura popular para introducirse en otros medios, desde las viñetas políticas al cine, pasando por la televisión, los videojuegos y otros.

Pero ¿dónde encontró Lewis Carroll al gato de Cheshire? La frase “Sonríes como un gato de Cheshire” era conocida en Inglaterra mucho antes de que Lewis Carroll, que nació en el condado de Cheshire, escribiera “Alicia en el país de las maravillas”. Una de las posibilidades propuestas es que existían numerosas vaquerías en la zona y que los gatos eran felices con semejante abundancia de leche y nata. Según el “Brewer’s Dictionary” (Diccionario Brewer): “No se ha encontrado una explicación plausible para esta frase, pero se dice que en Cheshire se vendía un queso en un molde con forma de gato que parecía estar sonriendo. La tradición mandaba que el queso se cortara a partir del rabo; por lo tanto, lo último que se comía era la cabeza del gato sonriente”.

Alicia y el gato de David Geoffroy

Alicia y el gato, de David Geoffroy

En 1853, doce años antes de la publicación de la novela, el escritor inglés Samuel Maunder avanzó la teoría de que la frase se debía a los intentos fallidos de un pintor para dibujar un león rampante en los letreros de diversas posadas. El león parecía más un gato sonriente que un león con las fauces abiertas.

El gato de Cheshire de Arthur Rackham

El gato de Cheshire, de Arthur Rackham

Ya en 1788 se decía que “sonríe como un gato de Cheshire” de cualquiera que enseñaba los dientes y las encías cuando se reía, según Francis Grose en su “Diccionario clásico del idioma vulgar”. El escritor William Makepeace Thackeray también usó la expresión en su novela “Los recién llegados” (1855): “Esta mujer sonríe como un gato de Cheshire”.

Algunos estudiosos de Lewis Carroll creen que pudo inspirarse en una escultura de la iglesia de Croft, en North Yorkshire, de la que su padre, el reverendo Charles Dodgson, era rector y donde el autor residió entre 1843 y 1850.

El gato de Cheshire (de Sergey Tyukanov 1994)

El gato de Cheshire, de Sergey Tyukanov, 1994

En 1992, miembros de la Lewis Carroll Society propusieron que el gato de Cheshire estaba inspirado en la escultura de una de las columnas de San Nicolás, en Cranleigh, pueblo que el escritor visitaba a menudo cuando vivía en Guilford, aunque esta posibilidad es más que dudosa, ya que no residió allí hasta tres años después de que se publicara “Alicia en el país de las maravillas”. Otros sugieren que proviene de una talla de la iglesia de Croft-on-Tees, en el norte de Inglaterra, de la que su padre también fue rector.

Ilustración de Barry Moser

Ilustración de Barry Moser

Sea como sea, el gato de Cheshire se ha hecho famoso. Alicia se encuentra con él en varias ocasiones: una, en la cocina de la Duquesa; otra, él está en la rama de un árbol cuando Alicia le pregunta qué camino debe tomar y el gato contesta, con tremenda lógica: “Depende de dónde quieras ir”, y por fin en el campo de croquet de la Reina de Corazones, donde se debatirá si una cabeza sin cuerpo puede ser decapitada.

El gato desapareciendo (de John Tenniel)

El gato desapareciendo, de John Tenniel

ilustracion-de-john-tenniel

Ilustración de John Tenniel

Este gato ha inspirado a numerosos dibujantes. El primero fue John Tenniel, que ilustró el libro en vida de Lewis Carroll. Este, al parecer, le dio muchísimos detalles y supervisó el trabajo, lo que indica que su gato de Cheshire es tal como lo imaginó el autor. El segundo fue Arthur Rackham, cuyas ilustraciones de 1907 revolucionaron la forma que tenía de verse el cuento. Luego hubo muchos más. Incluimos un dibujo de Barry Moser, que ilustró el libro en 1982 y ganó el Premio del Libro Americano al Mejor Diseño e Ilustraciones en 1983. También hemos incluido un dibujo del pintor surrealista ruso Sergey Tyukanov y del dibujante David Geoffroy.

El gato de Cheshire (de John Tenniel)

El gato de Cheshire, de John Tenniel

Whoopi Goldberg como el gato de Cheshire

Whoopi Goldberg como el gato de Cheshire

 En los años sesenta y setenta del siglo pasado, Lewis Carroll volvió a ponerse de moda y con él, el gato sonriente. Pero antes, en 1951, Disney hizo una adaptación animada de la novela donde el gato de Cheshire era un personaje inteligente y travieso que a veces ayudaba a Alicia, y otras, la metía en líos. En la adaptación televisiva de 1999, Whoopi Goldberg encarna al gato, un aliado y amigo de Alicia. En la película de 2010 dirigida por Tim Burton, el gato de Cheshire también se llama “Chess” y tiene la facultad de hacer desaparecer lo que le rodea.

La cabeza del gato (de Arthur Rackham)

La cabeza del gato, de Arthur Rackham

talla-de-la-iglesia-san-nicolas-en-cranleigh

Talla de la iglesia de San Nicolás, Cranleigh, Inglaterra

Para terminar, reproduciremos parte de una conversación entre Alicia y el gato, cuando intenta convencerla de que todo el mundo está loco y ella le pregunta: “¿Cómo sabe que usted está loco?” “Para empezar, un perro no está loco”, contestó el gato, “¿estás de acuerdo?” “Supongo”, dijo Alicia. “Pues bien”, siguió diciendo el gato, “un perro gruñe cuando se enfada y mueve el rabo cuando está contento. Pero yo gruño cuando estoy contento y muevo el rabo cuando me enfadó. Por lo tanto, estoy loco”.


Deja un comentario

Gatos, Big Sur, Jack Kerouac

Jack-with-cat

El autor Jack Kerouac perteneció a la Generación Beat, cuyos miembros más representativos, además de él, fueron Herbert Huncke, Allen Ginsberg, William S. Burroughs y Lucien Carr. Todos se conocieron en 1944 en Nueva York y, con excepción de Burroughs y Carr, volvieron a verse en los años 50 en San Francisco. Y todos, excepto Lucien Carr, tuvieron gatos. Por ejemplo, se sabe que Herbert Huncke los adoraba y que había heredado a Blackie, el precioso gato negro de Allen Ginsberg y Peter Orlovsky. Estos dos últimos tenían, además, un gato siamés. ¿Y qué decir de William S. Burroughs, que era un apasionado de los gatos? (https://gatosyrespeto.org/2014/04/09/william-burroughs-un-gran-amante-de-los-gatos/).

600-Kerouac_tcm18-203597

Pero hoy hablaremos de Jack Kerouac, que tuvo varios gatos durante su vida y habló de ellos en “Big Sur”, escrito en 1962. Sobre todo de Tyke, “un enorme y precioso persa rubio”.

También dice que su relación con Tyke “siempre fue un poco excéntrica”, al igual que antes con todos sus gatos porque los identificaba “con mi difunto hermano mayor Gerard, que me enseñó a amar a los gatos cuando tenía 3 o 4 años. Nos tirábamos en el suelo de la cocina para verlos bebiendo leche”.

En “Big Sur” describe el dolor que sintió cuando se enteró de que Tyke había muerto. Kerouac va a San Francisco a visitar a Lawrence Ferlinghetti, el amigo que le deja la cabaña en Big Sur y al que llama “Monsanto”, y dice así:

“Cuando nos quedamos solos, me dice: ‘Tu madre ha escrito, tu gato ha muerto’. Normalmente, la muerte de un gato no significa gran cosa para la mayoría, y mucho para bien pocos, pero para mí, tratándose de ese gato, y no miento, sinceramente fue como la muerte de mi hermano pequeño. Quería a Tyke con todo mi ser. Era mi niño, de pequeño se dormía en la palma de mi mano con la cabeza colgando, se pasaba horas ronroneando mientras le sujetaba así, andando o sentado. Era como un trozo de pelo blando alrededor de mi muñeca, bastaba con enrollarle alrededor de mi brazo y empezaba a ronronear y a ronronear, e incluso cuando creció seguía sujetándole así, podía sujetar a ese gato grande con ambas manos y alzarle por encima de mi cabeza y seguía ronroneando, confiaba totalmente en mí. Cuando dejé Nueva York por mi cabaña en el bosque, le besé con cuidado y le pedí que me esperara: ‘Attends pour mue kittingoo’ (N.T.: Espérame, gatito). Pero mi madre decía en la carta que murió LA NOCHE DESPUÉS DE IRME”. (N.T.: Traducción respetando el estilo y puntuación del autor).

2cf18c5af0f057b8bbf05a0c43951833 Jack Kerouac 5

En otro momento, el autor dice: “Lo que más me sorprendió fueron los tranquilos gatos rayados de Londres, algunos dormidos plácidamente a la puerta de las carnicerías, con la gente pasándoles por encima para entrar, ahí mismo en el sol de serrín, a una nariz de los rugidos de los tranvías, autobuses y coches. Inglaterra debe de ser la tierra de los gatos, están tranquilamente por todas las vallas de St. John Wood. Unas ancianas les alimentan con cariño, como mi madre alimenta a mis gatos”.

Jack Kerouac, su gato y su madre

Jack Kerouac, su gato y su madre

Jack Kerouac-2

Jack Kerouac nació el 12 de marzo de 1922 en Lowell, Massachusetts, de padres francocanadienses, y habló un dialecto llamado “joual” antes de aprender inglés a los seis años. Empezó a escribir muy pronto y consiguió una beca para la Universidad de Columbia, Nueva York, gracias a su enorme talento como jugador de fútbol americano, pero discutió con el entrenador, se lesionó en una rodilla y dejó los estudios. Fue entonces cuando conoció a los otros miembros de la Generación Beat. Intentó ingresar en el ejército, fue rechazado y acabó en la Marina Mercante.

Recorrió Estados Unidos, Canadá y México en compañía de Neal Cassady, que le inspiró a escribir la novela que le catapultaría a la fama, “En la carretera”, aunque tardó siete años en conseguir que una editorial la publicase. Se casó en segundas nupcias con Joan Haverty, que le dejó en 1951 estando embarazada de la única hija del autor, Jan Kerouac, nacida el 16 de febrero de 1952, a la que no reconoció hasta 9 años después, cuando fue obligado a realizarse un análisis sanguíneo.

Jack Kerouac murió el 21 de octubre de 1969, a los 47 años, en Saint Petersburg, Florida, a causa de una hemorragia interna provocada por una cirrosis alcohólica, complicaciones en una hernia mal curada y una pelea en un bar unas semanas antes.

Jan Kerouac,1983

Jan Kerouac, 1983

Su hija Jan también quería a los gatos, como lo demuestran las dos fotos que incluimos.

Jan Kerouac

Cantante y escritora, recorrió Estados Unidos como su padre a partir de los años setenta. Falleció el 5 de junio de 1996, a los 42 años, un día después de que le quitaran el páncreas. Llevaba cinco años en diálisis.