Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Gatos y mujeres artistas (Parte 2)

Gatito (Judith Linhares)

Judith Linhares es una declarada feminista que realiza cuadros muy personales y políticos. Nació en 1940 y se dio a conocer en los sesenta y setenta con el auge artístico en la Bahía de San Francisco. Se trasladó a Nueva York en los ochenta y reside allí desde entonces. Suele vivir con dos gatos porque, según ella, son su inspiración. Pero no suele plasmarlos en sus cuadros, lo que no nos permite dedicarle toda una entrada. La foto en que se la ve sentada en el suelo con su gato Nelson fue hecha por Stephen Spretniak en 2001 para el catálogo de una exposición.

Judith Linhares (Foto de Stephen Spretniak, 2001)

Nuestra favorita es de 2015: ella barriendo el estudio con dos gatos tumbados en el suelo haciendo lo que hacen todos los gatos cuando se barre.

Judith Linhares en su estudio (Junio de 2015)

Martha Stettler (25 de septiembre de 1870 – 16 de diciembre de 1945) fue una pintora y grabadora Suiza nacida en Berna. Estuvo entre los fundadores de la parisina Academia de la Grande Chaumière, que codirigió desde 1909 hasta su muerte. La incluimos aquí porque el cuadro “Naturaleza muerta con gato” (el único pintado por ella con un gato) tiene una peculiaridad: hay tres gatos, uno dentro y dos fuera.

Naturaleza muerta con gato (Martha Stettler)

Olga Ivinskaya, poetisa, escritora y traductora soviética nacida en Tambov, Rusia, el 16 de junio de 1912, fue la gran amiga y amante de Boris Pasternak, ganador del premio Nobel, durante los últimos trece años de la vida de este y le inspiró el personaje de Lara para la novela “Doctor Zhivago”, escrita en 1957.

Olga Ivinskaya

La detuvieron en dos ocasiones por su relación con Pasternak, la primera en octubre de 1949, y la condenaron a cinco años en un gulag, pero fue liberada en 1953. Al morir Pasternak en 1960, volvió a ser detenida con su hija Irina, fruto de su primer matrimonio. Cumplió cuatro años de una condena de ocho. Nunca recuperó la correspondencia ni los documentos requisados por el KGB. Falleció en Moscú el 8 de septiembre de 1995.

Olga Ivinskaya

Rhys Caparn (1909-1997) fue una escultora estadounidense conocida por sus obras semiabstractas dedicadas en gran parte a los animales. Sin embargo, solo hemos encontrado una escultura de gato, realizada en 1939. Estudió en París y Nueva York, y expuso por primera vez a los 23 años.

Gato (Rhys Caparn, 1939)

En esta foto realizada en 1948 por Maya Deren (otra gran amante de los gatos https://gatosyrespeto.org/2017/11/30/la-vida-privada-de-una-gata-y-maya-deren/) la vemos sujetando a un gatito blanco, quizá el modelo de la escultura. Decía que iba al zoológico de Nueva York dos o tres veces a la semana para dibujar a los animales y entenderlos mejor.

Rhys Caparn (Foto de Maya Deren, 1948)

Kasia von Szadurska, en realidad Margarethe Casimirowna Schadursky-Sternberg, fue una retratista e ilustradora expresionista alemana. Nació el 23 de febrero de 1886 en Moscú y falleció el 3 de abril de 1942 en Berlín. Se casó en 1910 con un tal Otto Ehinger, que se trasladó a Meersburg en 1914 mientras ella permanecía en Constanza, al otro lado del lago del mismo nombre. Por alguna razón desconocida, él quiso mantener el matrimonio en secreto.

Autorretrato (Kasia von Szadurska)

Siguieron viviendo en casas separadas hasta 1922 cuando Kasia se mudó a Meersburg. Se divorciaron en 1935 después de que fuera acusada de tener una relación extramatrimonial; su marido obtuvo la custodia de sus dos hijos. Con la aparición del nacionalsocialismo no pudo seguir exponiendo y dependía totalmente de encargos para sobrevivir. Falleció a los 56 años.

(Kasia von Szadurska)

Sonia Delaunay (Sarah Ilínichna Stern) nació en Odesa el 13 de noviembre de 1885. Estudió en Rusia y en Alemania antes de trasladarse a París, donde pasó la mayor parte de su vida y fundó el Orfismo con su marido Robert Delaunay y otros. En 1964 se convirtió en la primera mujer viva con una retrospectiva en el Louvre.

Sonia Delaunay

Durante su estancia en Madrid conoció a Serguéi Diaghilev y diseñó el vestuario de  “Cleopatra” representada en Madrid, y de “Aida”, en Barcelona. Decoró el “Petit Casino” madrileño y fundó la tienda “Casa Sonia”, con sucursal en Bilbao, en la que vendía sus diseños. Tuvo un famoso salón en la capital española hasta su regreso a París en 1920.

Gato y perro descansando (Sonia Delaunay, 1969)

Aquí la vemos con dos de sus pasiones, el teléfono y el gato. Falleció el 5 de diciembre de 1979 y está enterrada al lado de su marido, que murió en 1941.

Sonia Delaunay

Sophie Kerr (23 de agosto de 1880 – 6 de febrero de 1965) fue una prolija escritora a principios del siglo XX cuyas historias en torno a mujeres inteligentes y ambiciosas reflejaban su trayectoria. En una época en que pocas mujeres eran autosuficientes, se trasladó a Nueva York. Trabajó como editora de una revista y escribió más de 500 relatos cortos, 23 novelas, poemas y una obra de teatro estrenada en Broadway.

Sophie Kerr

En 1965 legó 578.000 dólares al Washington College dr Chestertown, Maryland, para un premio literario anual. Desde 1968, la universidad ha repartido más de 1,4 millones de dólares entre jóvenes y prometedores escritores.

Sophie Kerr y Thomas Hardy

Sophie tenía un importante gato negro llamado – cómo no – Thomas Hardy que aparecía en las felicitaciones de Navidad de 1960.

Tilla Durieux, de verdadero nombre Ottillie Godefroy, fue una actriz de teatro y cine de las primeras décadas del siglo XX. Nacida el 18 de agosto de 1880, debutó en el teatro Moravian de Viena en 1902.  Se casó tres veces; la primera en 1904 con el pintor berlinés Eugen Spiro, del que se divorció al año después de enamorarse del marchante Paul Cassirer. Se casaron en 1910 y se divorciaron en 1926. Durante el juicio, Cassirer se excusó y se suicidó en una sala contigua.

Tilla Durieux (Foto de Becker & Maass, 1922)

Volvió a casarse con el financiero Ludwig Katzenellenbogen, promotor del teatro Neues Schauspielhaus de Berlín. Creemos que las fotos fueron tomadas en los años 20 en Berlín, cuando era famosa en esa ciudad. En 1941, Katzenellenbogen fue detenido por la Gestapo en Tesalónica y murió en un campo de concentración en 1944. Tilla era miembro del Socorro Rojo Internacional. Falleció el 21 de febrero de 1971.

Tilla Durieux en 1923

Acabamos este artículo con la foto de una mujer totalmente desconocida y de su gato.


Deja un comentario

Los gatos de Pamela Kellino y James Mason

El actor James Mason y su esposa, la actriz y autora Pamela Kellino, fueron famosos por su amor a los gatos, sobre todo siameses, que estaban muy de moda en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo.

En una foto hecha probablemente en 1945 para la promoción de la película “La mujer bandido” (Wicked Lady) vemos, de izquierda a derecha, primero a Toy Boy (en el suelo), al siamés Tribute en brazos de Pamela Kellino y a Whitey Thomson (Blancucho Thomson, a pesar de ser negro como un tizón) con James Mason. La gata Augusta Leeds no está en la foto al estar ocupada en otros menesteres y parece ser que el perro que no se digna a mirar a cámara estaba de paso.

1945
Artículo de James Mason en Esquirre

En la época, las revistas y los diarios hablaban a menudo de los numerosos gatos que poblaban los hogares de los Mason, al principio en el condado de Surrey, Reino Unido, y posteriormente en Beverly Hills, California. En 1949, cuando aún vivían en la bonita casa de Surrey – no se mudaron a California hasta 1951 – publicaron un libro titulado “The Cats in Our Lives” (Los gatos en nuestra vida), escrito por los dos e ilustrado por él.

Ilustraciones de James Mason

El libro no es fácil de encontrar y su precio oscila ahora entre las 70 libras (páginas amarillentas) y los 289 dólares. La pareja cuenta anécdotas que vivieron con sus gatos (y algunos perros). Por lo que hemos visto, las hay cómicas y también trágicas. Viajaban a Estados Unidos en barco para poder llevarse a sus adorados gatos. El editor que publica el libro es Michael Joseph, un gran amante de los gatos al que pronto dedicaremos una entrada.

El periodista Howard C. Heyn, del medio “The News and Courier”, visitó a James Mason en su casa, y el 3 de julio de 1949 escribió: “Por muy mordaz que parezca en la pantalla, Mason es bastante reservado en su hogar. Es educado, pero distante con los extraños”.

Y sigue diciendo: “Los fabulosos gatos de los Mason también demostraron ser retraídos. Entraron y salieron del salón, pero ninguno trepó por las paredes. Mason me dijo que tenían nueve gatos, contando a un ‘invitado’. Tanto él como Pamela están entusiasmados con la publicación de su nuevo libro”.

“Pamela me contó que los ocho gatos tienen una habitación propia al fondo de la casa, conectada al exterior por una escalera privada. Cuando los Mason se mudaron, y a medida que vaciaban las cajas de cartón, las almacenaban en la habitación del fondo. Un día, los ocho gatos desaparecieron. Después de buscarlos por todas partes, los encontraron allí, cada uno sentado con suma dignidad en una caja de cartón. Bastó con cambiar las cajas por unas nuevas para que quedaran definitivamente instalados”.

En Beverly Hills, Pamela y James compraron la propiedad que Buster Keaton había hecho construir para su mujer, Natalie Talmadge, en un terreno de algo más de una hectárea. Mason encontró en la casa una gran cantidad de bobinas de nitrato que todo el mundo daba por perdidas. Gracias a que se encargó de hacer transferir la imagen a un soporte de celulosa, se pudieron salvar varias películas producidas por el cómico.

En Estados Unidos seguían teniendo nueve gatos. En otra entrevista realizada en los años cincuenta, Pamela Kellino le explica al periodista – a quien le parecen muchísimos gatos – que si te gustan los gatos, siempre llegan más. Mason añade con cierta ironía: “La señora de George Sanders sale disparada para Europa y nos pide que cuidemos de su gato. Regresa, pero se olvida del gato, y el gato se convierte en uno de los nuestros”. La “señora de George Sanders”, en esos años, era Zsa Zsa Gabor, nada menos. De ahí la “cierta ironía”.

Con el gato Ian Smith, 1945

Amantes de los gatos del mundo entero escribían a la pareja, contándoles historias de gatos que en un principio no leían. Sin embargo, mientras esperaban a su hijo Morgan, decidieron hacerlo y se quedaron atónitos ante la calidad de algunos de los relatos. Escogieron diez, publicados en 1956 por la editorial Julian Messner. Inc., bajo el título “Favorite Cat Stories of Pamela and James Mason” (Historias favoritas de gatos de Pamela y James Mason) e ilustrados por Gladys Emerson Cook.

Ilustración de Gladys Emerson Cook

Personalmente nos parecen mucho más divertidas las ilustraciones realizadas por Mason para el primer libro. Por cierto, este segundo es bastante más barato que el primero, entre 33 y 44 dólares.

Los años pasaron y la pareja siguió adoptando gatos, hasta que se divorciaron en 1964. En un escueto artículo en el New York Times se lee que Pamela obtuvo la custodia de la hija e hijo de ambos, Portland, de 15 años, y Morgan, de 10, y que los Mason llevaban 23 años casados. Pero no se menciona quién se quedó con los gatos. Probablemente Pamela, ya que James le dejó la casa de Beverly Hills.

Una vez, James Mason dijo: “No hace falta enseñar a un gato a divertirse, su genio es ilimitado en este terreno”.

Pamela, de nombre de soltera Pamela Helen Ostrer, nació el 10 de marzo de 1916. Fue actriz, escritora y guionista. Conoció a James Mason estando casada con el director de fotografía Roy Kellino, del que conservó el apellido después de divorciada. Falleció el 29 de junio de 1996, a los 80 años, de un infarto en su casa de Beverly Hills.

James Mason nació el 15 de mayo de 1909 en el Reino Unido. Se matriculó en Arquitectura en la Universidad de Cambridge, pero muy pronto lo dejó para dedicarse al teatro, aunque nunca estudió Arte Dramático. Fue objetor de conciencia durante la II Guerra Mundial, por lo que su familia dejó de hablarle durante varios años.

Es recordado por papeles protagonistas en películas de aventuras como “El prisionero de Zenda”, cintas románticas como “Ha nacido una estrella” (con Judy Garland) o por dar vida al profesor Humbert Humbert en “Lolita”. No le importaba interpretar a antihéroes o a personajes desagradables. Falleció el 27 de julio de 1987 en Lausana, Suiza. Sus cenizas están enterradas en el cementerio de Corzier-sur-Vevey, no lejos de su amigo Charlie Chaplin.

Acabaremos con un curioso retrato del actor. Según lo que hemos podido descubrir está o estaba colgado en un pub de Charing Cross, Londres. No tenemos ni idea de si esto es verdad. Es curioso, desde luego, aunque no muy bueno. Se ve a Mason sentado en un sillón con un siamés en el regazo delante de un friso de dibujos prehistóricos. Sorprendente. ¿Un sillón en una cueva prehistórica?


Deja un comentario

Gatos belgas, artistas y cuentos de Jacques Sternberg

Le Chat: «Qué maravilla»

El gato más famoso de Bélgica quizá sea “Le Chat”, creado por Philippe Geluck, al que dedicamos una entrada hace seis años (https://gatosyrespeto.org/2015/08/01/le-chat-el-gato-de-philippe-geluck/). Nacido en Bruselas, el dibujante no ha dejado de publicar desde los años ochenta decenas de viñetas con “Le Chat” de protagonista, un gato gordo y tranquilo que nos contempla con ojos redondos mientras hace comentarios jocosos y absurdos.

Le Chat: «No quisiera hacer subir la presión publicando la caricatura de un manómetro»
Le Chat en un mural

Y el primer pintor belga que tal vez nos venga a la mente sea René Magritte, el maestro del surrealismo, nacido el 21 de noviembre de 1898 en Lessines y fallecido el 15 de agosto de 1967 en Schaerbeek. Magritte tuvo un gato llamado Raminagrobis, al que retrató en “Gato esperando el tren” en 1946, pero pintó muy pocos cuadros con gatos.

Raminagrobis – Gato esperando el tren (René Magritte, 1946)
La vocación (René Magritte, 1964)

Un pintor de Bruselas, Charles van den Eycken (7 de abril de 1859 – 27 de diciembre de 1923), realizó numerosos lienzos con gatos, gatas y gatitos muy del gusto de su época.

Charles van den Eycken
Charles van den Eycken

Entre los escritores debemos mencionar a Jacques Sternberg, que habló en varias ocasiones de gatos, sobre todo en una selección de 270 cuentos titulada “Contes glacés” (Cuentos helados).

Alain Delaunay (Artista nacido en 1957)
Gato montés belga

Nacido en Amberes el 17 de abril de 1923 y fallecido en París el 11 de octubre de 2006, empezó a escribir a los 19 años y publicó su primera novela en 1953. Con más de 1.500 textos catalogados, algunos le consideran el autor de cuentos más prolijo del siglo XX. Tenía un gran sentido del humor, tal como demostró con estas palabras: “El último superviviente de la raza humana está sentado en un sillón. Llaman a la puerta”.

Cerámica Keralouve (Art Déco)

Ese mismo sentido del humor queda patente en los dos cuentos que traducimos a continuación. El primero explica por qué creó Dios a los seres humanos, y el segundo trata de la resolución de un problema. Por cierto, el humor de “Le Chat” tiene mucho que ver con el de Sternberg.

Chocolate belga

“Al principio, Dios creó al gato a su imagen. Y, claro está, le pareció bien. De hecho, estaba bien. Pero el gato era un vago. No quería hacer nada. Después, al cabo de unos cuantos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con la idea de servir al gato, para ser el esclavo del gato hasta el final de los tiempos.

El cuadro robado (Henk Visch)

Al gato le dio la indolencia y la lucidez; al hombre, la neurosis, el don del bricolaje y la pasión por el trabajo. El hombre se entregó del todo a sus ocupaciones. Al cabo de los siglos, edificó una civilización basada en la invención, la producción y el consumo intensivo. En realidad, esta civilización solo tenía un objetivo secreto: aportar comodidad, techo y comida al gato.

Joachim (artista callejero)
Joachim

Y así fue como el ser humano inventó millones de objetos inútiles, en general absurdos, para producir a la vez los pocos objetos indispensables para el bienestar del gato: el radiador, el cojín, el cuenco, el arenero, el pescador de Bretaña, la alfombra, la moqueta, el cesto de mimbre, y puede que la radio, porque a los gatos les gusta la música. Pero los seres humanos no saben nada de eso. Mejor así. Benditos ellos. Y creen estarlo. Todo va bien en el mejor mundo de los gatos”.

Gato negro (Julian Key, 1984)

Y el segundo cuento dice así: “A menudo nos preguntábamos, y eso desde hacía siglos, en qué pensaban los gatos. Agazapados en el fondo de su soledad, enrollados en su calor, como desplazados a otra dimensión, distantes, despreciativos, parecían pensar, desde luego.

Kurt Peiser (1887-1962)

¿Pero en qué? Los seres humanos se enteraron bastante tarde. No fue hasta el siglo XXI. A principios de ese siglo se empezaron a dar cuenta con cierto asombro de que los gatos habían dejado de maullar. Los gatos se habían callado. Nadie montó un escándalo. Al fin y al cabo, los gatos nunca habían sido muy habladores, y es muy posible que no tuvieran nada que decir en ese momento.

Gato de espaldas (Léon Spilliaert, 1901-02)

Pero más tarde otro hecho saltó a la vista. Un hecho más singular, mucho más singular: los gatos ya no morían. Claro que algunos morían accidentalmente, en general atropellados por un vehículo, o arrancados de pequeños por alguna enfermedad perniciosa. Pero los demás evitaban la muerte, escapaban de ella, como si la fecha fatal ya no existiera para ellos. Mas nadie consiguió nunca resolver el enigma.

Martine Coppens (Artista nacida en 1956)
Martine Coppens

El secreto era sencillo, sin embargo. Los gatos, desde que vivían en la tierra, nunca habían salido de su indolencia innata para realizar, como hacen los seres humanos, mil trucos aprendidos. Siempre habían dejado que los seres humanos se ocuparan de ellos, que les procuraran comida, comodidad y calor artificial. Y ellos, liberados de todo, siempre habían vivido en una suerte de hibernación ideal, perfectamente dosificada, en su punto, preocupados únicamente en concentrarse, mullidamente acurrucados en su bienestar.

Nadia Becker (Artista nacida en 1939)

Los gatos habían tenido mucho tiempo para pensar. Habían pensado mucho. Pero mientras los seres humanos pensaban a tontas y a locas, y más bien en lo superfluo, los gatos solo habían pensado en lo esencial, siempre, sin permitirse ninguna distracción. Sin nunca cansarse, solo habían meditado en torno a un único problema en el transcurso de los siglos. Y de tanto pensarlo, lo habían resuelto”.

Serge Baeken (Artista nacido en 1967)

Hemos escogido diferentes imágenes de gatos para ilustrar esta entrada, todas ellas de gatos y artistas belgas, u obras de gatos que están en Bélgica. Durante el primer confinamiento, parece ser que los memes de gatos abundaron en Bélgica; una página turística aprovechó para fotografiar Bruselas totalmente vacía y añadir imágenes de gatos para realizar un vídeo. Les dejamos un par de fotogramas.


2 comentarios

El gato en los haikus

Fumika Koda

El haiku es un tipo de poesía japonesa. Dicho sucintamente, consiste en un poema breve de diecisiete sílabas en tres versos. Aunque es mucho más complicado que esto, por estar relacionado con el zen, el budismo japonés, y el sintoísmo, aquí nos limitaremos a hablar del gato en los haikus. Hubo un famoso poeta de haikus (dejó escritos más de 20.000) llamado Kobayashi Issa (1763 -1827) que dedicó numerosísimos a los gatos.

Kobayashi Issa

Se le considera uno de los cuatro grandes maestros del haiku en Japón, con Bashō, Buson y Shiki. Que sepamos, todos hablaron de gatos en sus poemas excepto Buson, pero nunca tantas veces como Kobayashi Noboyuki, más conocido por el apodo de “Issa”, que significa “Taza de té”.

Perdió a su madre cuando tenía tres años, su padre volvió a casarse a los cinco años, y dos años después nació su medio hermano. Fue enviado a estudiar a Edo (actual Tokio) a una edad muy temprana. Al fallecer su padre en 1801, su madrastra se quedó con la herencia y tardó varios años en recuperar su parte. No regresó al pueblo donde había nacido hasta cumplir 49 años.

Se casó, pero perdió a tres hijos, siendo todos muy pequeños, y a su mujer al poco tiempo. Su casa ardió y acabó viviendo en su almacén, hoy considerado como “Tesoro nacional” por el Estado japonés. A pesar de la enorme popularidad de sus haikus, siempre vivió con problemas económicos.

Foto de Masayuki Oki

Issa no tuvo reparos en utilizar un lenguaje popular, mordaz e irónico en sus poemas, como por ejemplo en este: El gato amante/se acicaló como Gengi/en el seto (恋猫の源氏めかする垣根哉). Comparar al héroe de “El cuento de Genji”, escrito en el siglo XI, en cuyos brazos las damas caían sin demora, con un gato no es tan descabellado. Genji es un donjuán empedernido, como lo son los gatos en época de celo.

Kawanabe Kyosai

El libro titulado “Le chat & moi” (El gato y yo), publicado por Moundarren, es una colección de haikus dedicados a los gatos, seleccionados y traducidos por Wing Fun Chen y Hervé Collet.  Como no podía ser de otro modo, la mayoría de ellos son de Issa. Uno de ellos dice así: Lluvia de primavera/al gato la niña/enseña a bailar.

En ese mismo libro hay un poema de Matsuo Bashō (1644-1694), segundo de seis hermanos. A los 18 años empezó a trabajar como cocinero para el clan Todo, conocido por proteger la literatura y la poesía. Publicó sus dos primeros poemas a los 20 años y no tardó en darse a conocer en la provincia antes de trasladarse a Edo y adoptar el nombre de Tousei.

Matsuo Basho, por Katsushika Hokusai

El mundo de la poesía era muy competitivo, los maestros se peleaban por aumentar el número de discípulos y ganar más dinero. Decidió dejar la ciudad e irse a Fukagawa (ahora parte de Tokio) y se instaló en una cabaña en el margen izquierdo del río Sumida. Aunque muchos consideraron su alejamiento como una derrota, sus discípulos le apoyaron y siguieron.

Matsuo Basho, por Yosa Buson

Allí plantó un bananero – bashō en japonés – que, al parecer, creció de una forma maravillosa; sus discípulos empezaron a llamar el lugar “Bashō-an” y él adoptó el nombre. Este haiku suyo está dedicado a una gata: A pesar de comer arroz y cebada/adelgazada por sus amoríos/está la esposa del gato.

Midori Yamada

Masaoka Shiki (1867-1902), el tercero de los poetas mencionados aquí, se esforzó en innovar los haikus del periodo Edo. Su padre, un samurái de bajo nivel, murió en 1872, a los 40 años, pero su madre consiguió que ingresara en la escuela del clan Iyo y posteriormente en una escuela preparatoria donde conoció a Natsume Sōseki, el famoso autor de “Yo soy un gato” (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/).

Masaoka Shiki
Midori Yamada

Ingresó en la universidad en 1890 con una beca, pero la abandonó al cabo de dos años, según él para dedicarse a escribir haikus, pero otros creen que por culpa de la tuberculosis. Escogió el apodo de “Shiki” – que significa “Pequeño cuco” – porque en Japón se dice que de tanto cantar el cuco vomita sangre.

Hishida Shunso

Ejerció brevemente de corresponsal de guerra en la guerra sino-japonesa, pero las condiciones insalubres empeoraron gravemente su estado. Después de ser hospitalizado en Kobe, regresó a Matsuyama y fue acogido por Natsume Sōseki. Poco después se trasladó de nuevo a Tokio, donde sus discípulos habían fundado un periódico dedicado a los haikus. Los autores que publicaban en él empezaban a ser conocidos como “La escuela nipona”.

Toshiyuki Enoki

Ya no pudo levantarse de la cama a partir de 1897. Su salud empeoró en 1901 al contraer la enfermedad de Pott, que le obligó a tomar morfina para aliviar el dolor constante. Aun así, siguió escribiendo haikus y tres obras autobiográficas. Falleció a los 34 años.

Takahashi Shotei

Un haiku suyo dedicado a los gatos: ¡Tremendo!/Las piedras se caen del muro/gatos en celo.

Muramasa Kudo

No cabe duda de que Issa convivió con muchos gatos ya que les consagró una gran cantidad de brevísimos, pero muy acertados poemas. Acabamos esta entrada con más haikus del maestro:

Kobayashi Issa

El maestro bigotudo/se me ha adelantado/bajo la sombra de los cerezos.

Envidio,/pues he renunciado,/al gato enamorado.

¡Silencio, cigarras!/El maestro bigotudo/se acerca.

Dormidos uno al lado del otro/una mariposilla, un gato/y un monje.

El gatito/baila girando/con las hojas que caen.

El gato y yo/no cruzamos/la puerta.


Deja un comentario

El gato Behemot, el Maestro y Margarita

El 9 de agosto de 2018, varios medios muy serios (el New York Times y la BBC, entre otros) se hicieron eco de una noticia que, a primera vista, podía parecer intranscendente para cualquiera que no estuviera familiarizado con Mijaíl Bulgákov y su novela “El Maestro y Margarita”.

Mijaíl Bulgákov
Edición española

El Museo “Casa de Mijaíl Bulgákov” anunció el 1 de agosto de ese año que uno de sus empleados había sido secuestrado. Efectivamente, el gato Behemot, residente en el museo y con un enorme número de seguidores, había desaparecido.

Koroviev y Behemot delante del museo, Moscú
C.C. Askew

Pero quizá deberíamos empezar diciendo que Mijaíl Bulgákov fue uno de los autores más influyentes y subversivos de la Unión Soviética, sobre todo por su novela “El Maestro y Margarita”, que transcurre en su mayoría en Moscú, en los alrededores del piso donde vivía el escritor con su esposa.

Alexandra Mary Everson

Stalin era un admirador del autor, sobre todo de sus obras de teatro, pero prohibió la publicación de la novela al considerarla una sátira de la sociedad soviética y de la clase intelectual de entonces. Bulgákov empezó a escribirla en 1928, pero no se publicó hasta 1966, veintiséis años después de su muerte.

Arina Orlova
El autor y Behemot en Vladikavkaz, Rusia

El personaje principal es el Dr. Voland, un experto en ciencias ocultas – en realidad, el diablo – que llega a Moscú junto a tres acólitos, Koroviev y Azazello, con apariencia de seres humanos, pero que son demonios, y el gato Behemot, el personaje que nos interesa. También están el Maestro y Margarita, claro, así como Poncio Pilato y Joshua Ga-Nozri (Jesús de Nazaret), dos personajes de la novela que el Maestro no consigue publicar.

Behemot en Kiev
Maria Baur

Pero volvamos a Behemot, un gato negro – supuestamente tan grande como un cerdo – que habla, anda sobre dos patas, puede adoptar forma humana, sabe jugar al ajedrez, le gusta beber vodka y comer bien, disfruta jugando con pistolas y tiene una fuerte tendencia a hacer comentarios de lo más desagradable.

Behemot en Moscú
Nadezhda Sokolova

De hecho, Behemot – llamado así por el monstruo bíblico y porque también significa “hipopótamo” en ruso – deja marcado a todo el que lee la novela, y eso quizá explique por qué en el 90% de las portadas de las distintas ediciones, en cualquier idioma, aparece el gato. Lo mismo pasa con los carteles de las obras de teatro basadas en la novela. Tal vez sea el personaje más claramente recordado.

Edición francesa
El autor y Behemot en Járkov, Ucrania

Y aquí es donde entra en escena el actual Behemot. En un museo dedicado a Mijaíl Bulgákov no podía faltar un gato negro de cierta importancia. Yevgeny Markov, el guarda nocturno del museo, le conoce desde que llegó siendo un gatito y le ha visto crecer hasta convertirse en un espléndido gato negro de pelo largo. En 2018 tenía 13 años, por lo tanto ahora tiene 16 o 17. No hemos encontrado ninguna referencia indicando que Behemot no siga ocupando su puesto en el museo.

Behemot en el museo, Moscú
Edición inglesa

Como compensación por su trabajo, que consiste en recibir a unos 200 visitantes diarios (aunque las malas lenguas dicen que es capaz de ignorar a cualquiera), Behemot tiene techo y comida, cuidados veterinarios y peluquería. Se toma varios descansos diarios, dando un paseo por los parques cercanos y los patios de otros inmuebles cuando el tiempo lo permite.

Edición inglesa

Es un ser de costumbres fijas; por lo tanto, cuando el 1 de agosto de 2018 a las 11 de la mañana pasó por delante de la taquilla en el segundo piso y bajó las escaleras, nadie se inmutó. Era la hora de su primer paseo diario.

Behemot frente al museo, Moscú
Edición inglesa

Todo cambió cuando no regresó al cabo de dos horas; además, habían recibido extraños mensajes últimamente acerca de Behemot. Esa misma mañana había llegado una escueta pregunta vía las redes sociales: “¿Por qué han dejado salir al gato?”

Por la tarde, una mujer empleada en una oficina cercana confirmó que había visto a una desconocida de pelo rubio coger a Behemot en brazos y entrar en la estación de metro. El museo inmediatamente colgó una notificación en las redes avisando de su posible rapto, especificando que Behemot llevaba una placa de identificación con forma de hueso (una referencia a la novela) e indicando que tenía mal carácter.

Koroviev y Behemot en Moscú
Zoslenka

La noticia se extendió como la pólvora por internet y el post fue compartido 2.900 veces en poquísimos minutos. El diario Moskovsky Komsolomlets anunció: “Behemot, el gato más famoso de Moscú, raptado por una desconocida”.

Edición inglesa
Vasile Gheorghe

Cinco horas después, el museo recibió una llamada de la comisaría más cercana. Un agente había encontrado a Behemot sentado en las escaleras de la Escuela de Teatro Estatal Mossovet, donde la desconocida le había dejado. Una foto del agente Bulavin – el héroe que le encontró – fue publicada en internet y Moscú dio un suspiro de alivio.

Behenot en el museo, Moscú
Cartel teatro

Pero volviendo a la novela, en la primera versión, escrita entre 1928 y 1929, y cuando aún se titulaba “El mago negro”, el director del teatro visita a Voland y parece ser que aparecía la frase siguiente: “El segundo gato estaba sentado en una extraña postura en la barra de la cortina”. ¿Pensaba el autor añadir un segundo gato?

Cartel teatro
Vyacheslav Zhelvakov

Sin embargo, se sabe que Mijaíl Bulgákov reescribió la novela de memoria al quemar el primer manuscrito en 1930, convencido de que no tenía futuro como escritor en la URSS, en un momento de fuerte represión política. De hecho, el personaje del Maestro también quema su novela. Nunca sabremos si Behemot estuvo a punto de tener competencia.

Cartel teatro

Añadiremos que Mijaíl Bulgálkov nació en Kiev el 3 de mayo de 1891 y falleció en Moscú el 10 de marzo de 1940. La ciudad de Kiev también le dedicó un museo, pero Behemot solo tiene una pequeña estatua. La novela ha sido adaptada a los escenarios y a la pantalla – grande y pequeña – en numerosas ocasiones. La más exitosa quizá sea la serie realizada por la televisión rusa en 2005.

Cartel teatro


Deja un comentario

La gata Fifi Bigotesgrises y el lama

Una gata llamada Feefee Greywhiskers, en español Fifi Bigotesgrises, inspiró un libro titulado “Living With the Lama” (Vida con el lama). La contraportada de una de las ediciones inglesas dice así:

“Este libro prueba que los animales no son criaturas tontas como cree mucha gente. No se trata de un libro de ficción, su contenido fue transmitido telepáticamente a su autor”. Efectivamente, Fifi lo dice en el libro, todos los gatos se comunican telepáticamente entre sí y con otros animales; pueden hacerlo a una gran distancia, y si los seres humanos tienen esa capacidad especial, también se comunicarán con ellos.

Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad

Obviamente, el lama Lobsang Rampa tenía ese don y se limitó a escribir lo que le dictó Fifi cuando le contó su larga y ajetreada vida. Los primeros tres capítulos del libro están dedicados a describir en un tono bastante melodramático las desgracias vividas por Fifi hasta ser salvada por el lama y su mujer cuando ya era ciega, mayor y estaba a punto de morir.

Lobsang Rampa

A partir del capítulo cuarto, el tono empieza a cambiar gracias a los jocosos y atrevidos comentarios de Miss Ku (Lady Ku’ei), otra gata mucho más joven, llena de desparpajo y atrevimiento, capaz de usar un vocabulario de lo más descriptivo que le hace mucha gracia a Fifi. Hemos omitido decir que ambas gatas son siamesas de pura raza.

Edición española

Fifi pasó los primeros años de su vida – nunca se sabe realmente cuántos, aunque Miss Ku siempre habla de ella como “la abuela” – pariendo gatitos que le eran arrancados a las seis semanas para venderlos. Residía en un castillo en Francia, pero solo comía restos, sobre todo de ancas de rana (en los años 50 y 60 los británicos tenían el firme convencimiento de que los franceses se alimentaban básicamente de ancas de rana), y malvivía en un cobertizo.

Su única amiga era Madame Albertine, el ama de llaves. Fifi pertenecía a Madame Diplomate, mujer de un diplomático o algo parecido, que odiaba a todos los animales, y solo le interesaba por sus gatitos y para presumir de siamés delante de los invitados.

Edición francesa

Fifi viajó a Estados Unidos en pésimas condiciones, pero la Madame Diplomate nunca pudo presentarla a concursos porque la gata estaba casi raquítica. De vez en cuando alguien se apiadaba de ella y le daba bien de comer. Se quedó ciega por los maltratos recibidos; pero ella misma dice que los gatos poseen sentidos desconocidos por los humanos.

Edición rusa

Madame Albertine murió y su horrible dueña decidió colar a Fifi en Irlanda. Fue descubierta y los aduaneros la dieron por muerta. Por suerte, un trabajador se dio cuenta de que aún vivía y se la llevó a su casa. Allí se recuperó un poco hasta que el hombre se la entregó a su madre, que volvió a meterla en un cobertizo.

Edición española

Fifi dio a luz a dos gatitos y casi se murió de nuevo. Entonces apareció el lama Lobsang Rampa en su vida. Este la compró, junto a los dos gatitos. Los cachorros fueron regalados a una buena familia que prometió no separarlos Y Fifi, por fin, pudo ser feliz, muy feliz. Se habla de “mis 25 años con el lama”, pero nos parece algo exagerado.

Lobsang Rampa amaba a los gatos, de eso no cabe duda; habla de ellos y de su sabiduría en sus textos. Tuvo al menos tres, Fifi Bigotesgrises y la incansable Miss Ku, que le acompañaron cuando se trasladó a Canadá, y allí apareció Cleopatra, Cleo para los amigos. Ignoramos si también era siamesa.

Pero quizá deberíamos explicar quién fue el lama Tuesday (Martes) Lobsang Rampa, un hombre que se hizo famoso a finales de los años cincuenta por haber escrito “El tercer ojo”, una autobiografía. Al principio, ninguna editorial quiso publicar el libro, pero Secker and Warburg se arriesgó contra el criterio de varios expertos que habían expresado dudas sobre la autenticidad del manuscrito.

El tercer ojo

El libro se convirtió en un superventas a pesar de que muchos lo calificaron de fraude, lo que quizá sea una exageración. Es verdad que el lama Lobsang Rampa no era tibetano, ni siquiera hablaba tibetano. Probablemente no hablara más que inglés.

Edición francesa

En realidad se llamaba Cyril Henry Hoskin, había nacido en Plympton, condado de Devon, el 8 de abril de 1910, y ejercía de fontanero. Ahora bien, debió de ser todo un personaje. ¿Cómo se le ocurrió hacerse pasar por lama? El Tíbet ya era conocido en Europa gracias a los libros “Siete años en el Tíbet” (1952) y “Lhasa perdida” (1953), en los que el montañista Heinrich Harrer habla de sus aventuras vividas entre 1944 y 1951. También había otros escritos, pero no estaban al alcance de todo el mundo.

Edición portuguesa

De hecho, Harrer fue uno de los mayores detractores de Lobsang Rampa, que acabó reconociendo que no había nacido en el Tíbet, pero que su cuerpo estaba habitado por el lama de este nombre debido a la transmigración de las almas. Siempre mantuvo que aceptó de buen grado esta “ocupación” al no estar satisfecho con su vida anterior.

Edición rusa

Aunque nadie quiso apoyarle directamente, el mismo Dalai Lama reconoció que había hecho mucho en defensa del Tíbet y en dar a conocer el país. Tuvo cientos de miles de seguidores y llegó a escribir dieciocho libros, entre ellos las memorias de Fifi Bigotesgrises, publicadas en 1964.

Para entonces, el lama, su mujer San Ra’ab, su secretaria Sheelag Rouse (conocida por todos como “Buttercup” y a la que consideraba su hija), Fifi y Miss Ku se habían mudado a Canadá para huir de las crecientes acusaciones de charlatanismo aparecidas en la prensa británica. Falleció en Calgary el 25 de enero de 1981, a los 70 años.

Lobsang Rampa

En las numerosas mudanzas de la familia en Canadá, el lama publicó un anuncio en un periódico cuando buscaba casa. Decía así: “Se busca, por autor y familia, piso o casa amueblada o sin amueblar. Preferentemente cerca del mar. Contrato de un año para empezar. Familia compuesta por tres adultos y dos gatas siamesas (muy civilizadas)”.

La ciudad de Kémerovo, en Siberia occidental, dedicó un monumento a Lobsang Rampa y a la maravillosa Fifi Bigotesgrises.

Kémerovo (Rusia)


Deja un comentario

El gato korat y el Tamra Maew

El korat, también llamado Mallet o Si sawat, es un gato doméstico de pelo corto gris azulado, de tamaño mediano, más bien musculoso y con muy poca grasa. Sus rasgos más característicos son la cabeza en forma de corazón, grandes ojos verdes y patas delanteras algo más cortas que las traseras.

Es una raza totalmente natural, considerada una de las más estables y más antiguas, cuya apariencia no ha cambiado con el paso de los siglos. Originaria de Phimei, en Tailandia, su nombre occidental proviene de la provincia donde surgió, Nakhon Ratchasima, a la que los tailandeses suelen llamar “korat” familiarmente. En Tailandia se les conoce como Si sawat en referencia a su magnífico pelaje y el color de sus ojos.

El korat es el gato de la buena suerte y, tradicionalmente, se entregaba una pareja a los recién casados. Hasta hace muy pocos años no se vendían, solo se regalaban.

Yani y Chalama (años 60)

En 1995, Tailandia emitió un sello dedicado al korat. Dos años después, Cuba y Tuvalu siguieron su ejemplo; en 1999, la República del Congo, y en 2017, Yibuti, en África Oriental. Varios países más han hecho lo propio posteriormente.

Sello Tailandia

Los primeros korat llegaron a Gran Bretaña entre 1889 y 1896 bajo la denominación de “siameses azules”, pero tienen poco que ver con estos y fueron descalificados en los primeros concursos de gatos. En 1901 ya habían desaparecido. Reaparecieron en Estados Unidos a principios de los años cincuenta del siglo pasado y fueron aceptados como tal gracias a los esfuerzos de un criador de Maryland en 1966.

Es probable que se hiciera alusión por primera vez a esta antigua raza en el Tamra Maew (Tratado de los gatos o Libro de poemas de los gatos), que puede remontar al año 1350 y del que se encuentra un ejemplar más reciente en la Biblioteca Nacional de Tailandia.

Tamra Maew (Libro de poemas de los gatos)

Este tratado es un manuscrito del tipo “samut khoi” del periodo Ayutthaya (1350-1767), aunque la mayoría de ejemplares datan del siglo XIX. Contiene ilustraciones de diversos tipos de gatos y es probable que sirviera para marcar los estándares de las razas.

El manuscrito consiste en una larga tira de papel plegada en acordeón que se lee verticalmente. Suele incluir diecisiete razas propicias, además de otras seis consideradas portadoras de mala suerte. Las ilustraciones que describen a los gatos van acompañadas por descripciones versificadas en alfabeto tailandés, ya que el alfabeto khom se reservaba para manuscritos religiosos.

Los versos introductorios dicen así: “Me inclino ante vos con cabeza y manos, mas en vez de utilizar flores, incienso y velas doradas, / para vos describiré las formas de los gatos tal como se hizo en mitos y leyendas. / Todos los gatos fueron creados por dos eremitas: Ka-La-I-Ko-Te creó los que traen buena suerte…”

En los versos, breves y concisos, se describen los principales rasgos físicos de los gatos y los efectos (beneficiosos o negativos) que pueden aportar a su dueño. Algunos traían prosperidad y salud, mientras que otros, mala fortuna. Estos últimos seguían existiendo, pero suponemos que se evitaba tenerlos en casa.

Los tratados felinos eran comunes en toda Asia sudoriental, y muy especialmente en Siam, país donde algunos animales tenían un papel importante en la corte imperial y en los monasterios budistas. Los primeros eran los elefantes albinos, seguidos por los caballos y los gatos.

Algunos Tamra Maew incluyen hasta veintidós razas de gatos propicias. La lista siempre va encabezada por el ninlarat, el gato negro por excelencia, cuyos versos dicen así: “Un gato de raza negra tiene el cuerpo negro, los dientes, ojos, garras y lengua; todo es negro. / Su rabo es tan largo que le toca la cabeza”.

Después llegaba el wilat (belleza), de cuerpo negro y ojos verdes, seguido por el suphalak, de color cobre, renombrado por espantar el mal y que todavía existe hoy en día. El kao taern (nueve puntos) de manto blanco tenía nueve manchas circulares negras, y el ratanakamphol (ropa engalanada), también era blanco con un cinturón negro. Y así sucesivamente.

Pero la magia de los gatos de Siam inició su declive a mediados del siglo XIX cuando los británicos empezaron a llevarse a los sagrados animales a Inglaterra para criarlos y venderlos como “objetos” de lujo.

Durante cientos de años se creyó que el impresionante color azul plateado representaba la abundancia. Los brillantes ojos verdes son del color del grano de arroz aún sin madurar y simbolizaban una cosecha abundante. Como hemos dicho al principio, se regalaba una pareja a los recién casados para propiciar un buen y feliz matrimonio.

También existen korat de color lila en Tailandia, pero los criadores europeos los menosprecian en comparación a sus hermanos de manto azul. Sin embargo, en el antiguo reino de Siam ambos eran muy apreciados.

Curiosamente, el peculiar y único tono verde de sus ojos puede tardar hasta cuatro años en desarrollarse del todo. Los ojos de los gatitos son de color ámbar. También son conocidos por poseer un sentido del olfato, de la vista y del oído aún más desarrollados de lo habitual en un gato.

Gato korat y gato siamés

Son observadores, curiosos, siempre dispuestos a participar en lo que está ocurriendo y a investigarlo todo. Y como muchos otros gatos, no se echan atrás cuando se trata de ser el centro de la atención.


Deja un comentario

El gato Gilderoy y el loro Dudley

El libro “Dudley and Gilderoy, A Nonsense by Algernon Blackwood”, que traducido sería algo así como “Dudley y Gilderoy, un disparate por Algernon Blackwood”, fue publicado en 1929.

El autor es conocido sobre todo por sus cuentos cortos y libros en torno a lo sobrenatural. Que sepamos, solo escribió un “disparate” y no tiene nada de cuento, ya que ocupa doscientas veintinueve páginas. Algernon Blackwood nació el 14 de marzo de 1869 en lo que ahora es Londres, pero en esa época todavía era el noroeste del condado de Kent. Después de leer el libro de un sabio hinduista que alguien olvidó en casa de sus padres, se interesó por el budismo y otras religiones orientales.

Algernon Blackwood

Emigró a Canadá, donde trabajó de granjero y encargado de un hotel, antes de trasladarse a Nueva York para ser periodista del New York Times, camarero e incluso profesor de violín. De vuelta al Reino Unido. a punto de cumplir los cuarenta, empezó a escribir historias sobrenaturales con éxito. Publicó diez colecciones de cuentos que también narraba en la radio. Tiene en su haber catorce novelas, dos libros infantiles y varias obras teatrales que se representaron, pero nunca se publicaron.

Era un gran amante de la naturaleza y le gustaba mucho escalar. Para satisfacer su interés por lo sobrenatural, se unió a “The Ghost Club” (que aún existe) y a una de las ramas de la Orden Hermética de la Aurora Dorada. Falleció el 19 de diciembre de 1951 y fue incinerado. Unas semanas después, su sobrino llevó las cenizas a Saanenmöser, en los Alpes Suizos, para dispersarlas en las montañas a las que amó durante cuarenta años.

Además de ser un gran escritor, Algernon Blackwood debía de tener un enorme sentido del humor. La historia de la gran amistad que unió a Dudley, un loro gris de alta alcurnia y de muchos años, y a Gilderoy, un gato anaranjado superviviente de numerosas batallas, como lo demuestran sus orejas desgarradas y un ojo a medio cerrar que le da un cierto aire de pirata, está descrita con humor y gran ternura.

Cada capítulo va encabezado por una cita acerca de los gatos o los loros, y en algunas páginas hay pequeños dibujos de ambos amigos realizados por el autor. Dudley es un loro algo pretencioso, muy inteligente, convencido de su belleza e importancia; Gilderoy no es nada atractivo, pero también es inteligente y paciente con su amigo. Nunca discuten porque ambos son lo bastante prudentes como para cambiar de tema en cuanto surge un desacuerdo.

Gilderoy y Dudley viven en una mansión de estilo isabelino en Kent rodeada de césped y jardines. Son bien tratados, alimentados y queridos, pero una mañana de marzo que casi podría parecer mayo, deciden tener una gran aventura. Gilderoy abre la jaula de Dudley a las cinco de la mañana y se escapan. Para ir más deprisa, Dudley viaja en la espalda de Gilderoy.

Llegan a la estación y se cuelan en el tren que va a Londres. Allí consiguen meterse en el taxi de una señora de cierta edad y entrar en su casa, cada uno a su manera. Dudley se lanza de un salto al sombrero con plumas verdes, lo que casi le produce un infarto a la buena señora. Y Gilderoy simplemente pasa desapercibido siguiendo al portero, la señora, la criada y el loro.

Pasan unos días felices en el piso de la señora, una viuda algo tonta que vive por encima de sus posibilidades y a quien los criados engañan. Una noche, Gilderoy incluso hace visitar los tejados londinenses a su amigo, que no puede volar porque le cortaron las alas (horrible costumbre). Pero los dueños de la mansión de Kent ponen un anuncio en busca de Dudley (a Gilderoy nadie le busca) y el mayordomo llega para recogerlo.

En el tren de vuelta, Dudley piensa en su gran amigo Gilderoy, al que nunca volverá a ver. Pero se equivoca. La noche siguiente, Gilderoy aparece como por arte de magia en la “nursery” diurna donde dejan a Dudley en su magnífica jaula. Está sucio, negro, en un estado deplorable. Ninguno habla, solo se miran. El loro tarda unas horas en comprender que Gilderoy ha viajado entre el carbón de la locomotora, y de ahí la suciedad.

Al día siguiente, Gilderoy ya está limpio, como si nada hubiera ocurrido, pero Dudley no se siente bien. Durante toda su vida, Dudley ha sabido que debía realizar una obra, y de pronto lo entiende. En ese momento deja caer un pequeño huevo blanco, perfecto. Gilderoy, atónito, se da cuenta de que su amigo es una amiga.

Después de una breve convulsión, su amiga se tumba en la arena del suelo de la jaula, y Gilderoy, temblando, pasa la pata por los barrotes hasta tocarla. Dudley, en un susurro apenas audible, dice: “Gilderoy, querido, pásalo bien. Adiós, de momento”. Cierra los ojos, Gilderoy retira la pata. Maúlla, se frota contra la jaula, pero Dudley no reacciona.

Después de observar el huevo durante unos minutos, “se da media vuelta, sale de la habitación, de la casa y vuelve a ser lo que era antes del principio de la Gran Amistad, un gato libre, lejano, independiente, que pasea solo por el universo”. Así acaba una historia preciosa, escrita por un hombre al que debían gustarle mucho los gatos y los loros.

Algernon BLackwood (1951, foto de Norman Parkinson)

Para terminar, hablaremos del loro y del gato de sir Lindsay Harvey Hoyle, presidente de la Cámara de los Comunes desde el 4 de noviembre de 2019, que suele nombrar a sus animales por algún “titán” de la política británica. Boris es un loro gris que se irrita con facilidad y habla mucho, “por lo que encajaba bastante bien con el primer ministro Boris Johnson”.

Sir Lindsay Harvey Hoyle

Sin embargo, Patrick, un Maine Coon bastante pijo, le recuerda al “gran” conservador lord Patrick Cormack. Los dos acompañan habitualmente a Hoyle desde su casa de Chorley, Lancashire, hasta Londres. “No creo que Patrick me perdonara si no le llevase a Londres, y tampoco Boris. Están convencidos de que son londinenses natos”, dice.


1 comentario

Kisa, la gata encantada

Leonor Fini

Hay muchos cuentos de hadas con gatos como protagonistas, pero no conocemos ninguno que se refiera concretamente a la Navidad. Para estas fechas hemos escogido el cuento islandés de Kisa, la gata encantada. Sagan af kisu kongsdóttur fue recogido por Jon Arnason a mediados del siglo XIX para una recopilación. Este último y Magnus Grimsson plasmaron por escrito la tradición oral de su país, impidiendo que se perdiera.

Anónimo

Hemos traducido (resumiendo un poco) la versión del escritor, crítico, historiador y antropólogo escocés Andrew Lang (31 de marzo de 1844 – 20 de junio de 1912) publicada en el “The Brown Book of Fairy Tales” (El libro marrón de cuentos de hadas) en 1904. Andrew Lang dedicó su vida a la recopilación de cuentos de hadas y a demostrar su importancia simbólica. Entre 1889 y 1910 publicó doce volúmenes de cuentos, cada uno de un color, empezando por el azul y acabando por el lila.

Andrew Lang
El libro marrón de cuentos de hadas

Adrienne Ségur (https://gatosyrespeto.org/2020/06/18/gatos-y-cuentos-de-hadas-de-adrienne-segur/) publicó otra versión en su “Golden Book of Fairy Tales” (Libro dorado de cuentos de hadas) en el que la gata Kisa cambia de nombre y aparece como Kip.

Adrienne Ségur (1958)

Érase una vez una reina que tenía una preciosa gata color de humo, con ojos azules claros, a la que quería mucho y de la que nunca se separaba. Incluso acompañaba a la Reina cuando esta salía en su carroza. Un día le dijo a la gata: “Gatita, eres más feliz que yo, tienes a un gatita, pero yo solo te tengo a ti”.

La gata fue a hablar con un hada que habitaba en un bosque cercano, y muy pronto la Reina tuvo a una niña hecha de nieve y rayos de sol. La Reina se sintió feliz y la pequeña se hizo amiga de la gatita, negándose a dormir a menos que esta estuviera a su lado hecha un ovillo.

Franz Marc (1912)

Al cabo de unos meses, la niña seguía siendo un bebé, pero la gatita había crecido. Una tarde, la nodriza la buscó para llevarla a la cuna de la princesa como de costumbre, pero había desaparecido. Todo el palacio la buscó; los criados, convencidos de que la Reina recompensaría a quien la encontrara, se metieron en los lugares más inverosímiles, pero de nada sirvió. La gatita se había escapado, y nadie sabía si regresaría.

Arthur Rackham (1920)

Pasaron los años. Un buen día, la princesa jugaba a la pelota en el jardín, la lanzó más lejos de lo habitual y cayó entre un grupo de rosales. La niña corrió a recuperarla y cuando estaba a punto de cogerla, oyó una voz que la llamaba: “Ingibjorg, Ingibjorg, ¿me has olvidado? Soy tu hermana Kisa”. La princesa, sorprendida, contestó: “Nunca he tenido una hermana”, pues no recordaba a la gatita.

“¿No recuerdas cómo dormía a tu lado en la cuna, cómo llorabas si no estaba a tu lado? Por lo visto, las niñas no tienen memoria. Yo podría encontrar esa cuna ahora mismo si estuviera en el palacio”. “Si es así, ¿por qué te fuiste?”, replicó Ingibjorg. Pero antes de que pudiera contestar, aparecieron varias damas que se horrorizaron al ver a una gata desconocida y Kisa huyó de nuevo al bosque.

Louis Wain

Al día siguiente hacía mucho calor e Ingibjorg quiso ir a jugar bajo la sombra refrescante de los árboles. Sus damas de compañía no tardaron en dormirse y la princesa se adentró en el bosque, alejándose más y más, convencida de que en cualquier momento encontraría un círculo de hadas, pero en vez de eso, apareció un horrible gigante que le ordenó con voz ronca que le siguiera. Ingibjorg no se atrevió a desobedecerle y echaron a andar.

Pierre Bonnard (1884)

Anduvieron mucho tiempo. Cansada, la princesa empezó a llorar. “No me gustan las niñas que hacen ruidos feos”, dijo el gigante, dándose la vuelta. “Pero si te empeñas en llorar, te daré una buena razón para hacerlo”. Dicho eso, sacó un hacha de su cinturón y le cortó ambos pies, se los guardó en el bolsillo y se fue.

Marc Chagall (1949-50)

El dolor era insoportable e Ingibjorg estaba convencida de que iba a morirse. Al cabo del tiempo oyó unas ruedas de carro acercándose y, haciendo un esfuerzo, consiguió articular un grito. “¡Voy!”, contestó una voz. Y al poco apareció Kisa en un carro tirado por un caballo. Bajó de un salto, cogió con cuidado a la niña entre sus patas, la depositó en el heno y regresó a su pequeña cabaña.

Hizo una cama con unos cojines antes de ofrecer leche a Ingibjorg, que estaba a punto de perder el conocimiento. Kisa escogió diferentes hierbas de una alacena y las puso a remojar antes de atarlas con cuidado en los muñones sangrientos. El dolor se calmó de inmediato. Entonces Kisa dijo: “Ahora dormirás y no te asustarás por estar sola, cerraré la puerta y nadie te hará daño”, pero la princesa ya estaba dormida antes de que acabara la frase.

Bart van der Leck (1914)

Kisa subió a su carro y se fue a la cueva del gigante. Dejó el carro escondido a cierta distancia y se acercó sigilosamente a la entrada. El gigante le estaba diciendo a su mujer: “En cuanto tenga un momento, volveré y la mataré. ¿Qué pensarán los habitantes del bosque si no castigara a una niña que me desafió?” Los dos empezaron a insultar a Ingibjorg por su mal comportamiento y no vieron a Kisa volcar todo el tarro de sal en el puchero.

Eileen Mayo

Los gigantes volvieron a servirse y al poco se morían de sed. “Si no bebo agua fresca ahora mismo, ¡me moriré!”, gritó él. Se precipitó hacia el sendero que llevaba el riachuelo seguido por su esposa. Kisa aprovechó para rebuscar por todas partes hasta encontrar los pies de Ingibjorg envueltos en hierba y volver a toda prisa a su cabaña.

La gata Kisa se lleva los pies de Ingibjorg de la cueva del gigante

Ingibjorg se despertó al oír entrar a Kisa, que llevaba los dos pequeños pies calzados en zapatillas plateadas. “No te preocupes, en dos minutos volverán a ser tuyos”, le dijo. Cogiendo unas hebras de la hierba mágica en la que el gigante los había envuelto, los ató a las piernas de la princesa. Y añadió: “No andarás inmediatamente, eso no. Pero en una semana podré llevarte de nuevo a tu palacio”.

Y así fue. Al llegar la gata a las puertas del palacio, el Rey y la Reina vieron a su hija sentada a su lado en el carro y declararon que no había recompensa suficiente en todo el reino para la gata que había salvado a la princesa. “Ya hablaremos de eso”, dijo la gata antes de inclinarse con elegancia, subir al carro y alejarse.

Una profunda tristeza invadió a la princesa al irse Kisa. Dejó de comer y de beber, no le interesaban los maravillosos vestidos que encargaron para ella. “Si no ríe se morirá”, dijo la Reina. “Nada la curará excepto el matrimonio”, contestó el Rey. Invitó a todos los jóvenes apuestos del reino y pidió a su hija que escogiera a uno. Finalizada la ceremonia, Kisa apareció de pronto en la sala. Ingibjorg corrió hacia ella y la abrazó.

Suzanne Valadon (1930)

“He venido a por mi recompensa. Debes dejarme dormir al pie de tu cama esta noche”, dijo Kisa. “¿Solo eso?”, replicó la princesa, algo decepcionada. Al día siguiente, con los primeros rayos del sol, Ingibjorg descubrió a una bellísima princesa dormida a sus pies. Esta le explicó que un hada malvada las había encantado a su madre y a ella. Su madre, la gata de la Reina, había muerto sin poder hacer una buena obra jamás hecha antes, la condición para que se rompiera el encantamiento.

Min Zhen (Siglo XVIII)

Curioso y bonito cuento, del que hemos encontrado pocas ilustraciones; escasez compensada con cuadros y fotos. Dedicamos esta entrada a tres jóvenes amigas nuestras, Cayetana, Carlota y Patricia.

Émile Munier (1882)


Deja un comentario

Los gatos de la pintora mexicana Nahui Olin

Dos gatos (Nahui Olin)

Nahui Olin, de verdadero nombre María del Carmen Mondragón Valseca y nacida en 1893, pasó de ser famosa, admirada y agasajada en los años veinte al más completo olvido en los años sesenta y a morir en 1978 sin siquiera una pequeña necrológica. ¿Qué le ocurrió a la que fue considerada la mujer más bella de Ciudad de México para que acabara vendiendo fotos de sí misma desnuda en su juventud para poder alimentar a sus gatos?

Nahui Olin
Gatitos y peces (Nahui Olin)

Fue modelo, musa, pintora y poetisa. Hemos rescatado una frase suya: “Bajo la garra mortal de las leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en eterno silencio, en inercia mortal… pero debajo existe una fuerza dinámica que se acumula de instante en instante, un tremendo poder de rebelión que activará su alma atrapada en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía”.

Nahui Olin
Gato en el jardín florido (Nahui Olin)

Hace algo más de 20 años, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska (dos grandes amantes de los gatos con entradas en el blog), Tomás Zurián y Adriana Malvido rescataron el legado de Carmen Mondragón, formado por prosa, poesía, dibujos, cartas a sus amantes y testimonios, dando a conocer a esta curiosa y adelantada mujer.

Carlos Monsiváis

Hija del general Manuel Mondragón, sobre quien recae la ejecución de la decena trágica, Nahui Olin creció en el seno de una familia adinerada, en pleno gobierno de Porfirio Diaz. La familia se trasladó a París cuando ella tenía cuatro años. Ingresó en un internado donde descubrió la pintura y la poesía. De hecho, escribió sus primeros textos en francés.

Elena Poniatowska

Regresó a Ciudad de México siendo adolescente y a los pocos años conoció al cadete Manuel Rodríguez Lozano, con quien contrajo matrimonio en 1913, a los veinte años. Se trasladaron a París y no tardaron en codearse con artistas como Diego Rivera, Georges Braque, Henri Matisse y Pablo Picasso. Al estallar la I Guerra Mundial, se mudaron a San Sebastián y empezaron a pintar. Tuvieron un hijo que murió al poco de nacer.

Nahui Olin

De vuelta a México en 1921, la pareja ya se llevaba mal. Los nueve años que estuvo con Manuel Rodríguez Lozano fueron los menos productivos de Nahui Olin y su periodo más conformista. Parece ser que habría preferido vivir con Manuel sin casarse, pero su madre insistió y acabó con traje de novia. Su familia se opuso rotundamente al divorcio, lo que no le impidió vivir como ella quería y conseguir divorciarse en 1922.

Boda con Manuel Rodríguez Lozano

En México fue modeló de Rosario Cabrera y de Siqueiros en varias ocasiones, entre ellas para el famoso mural “La creación”, en el que aparece como Erato, la musa de la poesía erótica. Hoy se reconoce a Nahui Olin como una figura central en el “Renacimiento mexicano” junto a Frida Kahlo, Tina Modotti, Diego Rivera, Xavier Guerrero, Rodríguez Lozano y el estadounidense Edward Weston.

Edward Weston

El 22 de julio de 1921 conoció al pintor Dr. Atl, de verdadero nombre Gerardo Murillo, que esa misma noche escribió que se había abierto ante él “un abismo verde como el mar: los ojos de una mujer” y que “había caído instantáneamente en el abismo, como un hombre que se desliza de una roca y se hunde en el océano”. Concluye diciendo “¡Pobre de mí!”

Nahui Olin (Dr. Atl – Gerardo Murillo, 1922)

El pintor le puso el nombre de Nahui Olin, cuyo significado difiere según las diferentes fuentes que hemos consultado: “Cuarto sol”, “Cuarta dimensión” en náhuatl. A partir de ese momento, Carmen pasó a llamarse Nahui Olin hasta su muerte. Según ella misma escribió, su nombre significaba “el poder que produce la luz”.

Nahui Olin

Nahui y Atl vivieron en la azotea del Convento de la Merced. Según Elena Poniatowska, eran muy “fiesteros” y Nahui recibía a los amigos desnuda. A la azotea acudían Diego Rivera y su mujer Lupe Marín, Adolfo Best Maugard, Ricardo Gómez Robelo, Dalila y Carlos Mérida. Bailaban, cantaban, pintaban, fotografiaban y sacralizaban a México. El fotógrafo Edward Weston le hizo retratos prodigiosos, y Antonio Garduño no se quedó atrás.

Nahui Olin (Antonio Garduño, 1927)

El Dr. Atl, además de pintor, era un apasionado vulcanólogo que pasó largas temporadas viendo el nacimiento y posterior desarrollo del volcán Paricutín, en Michoacán, a partir de febrero 1943. En los cinco años de relación con Nahui Olin le escribió más de doscientas cartas de amor. Parece ser que ella era tremendamente celosa y que su amor se convirtió en odio. Nahui no tuvo reparo en declarar que Atl era “un pinche medicucho cabrón”. Y probablemente no se equivocaba, ya que el pintor no dudó en declarar su apoyo a Hitler y su antisemitismo a partir de mediados de los años treinta.

Nahui Olin (Edward Weston, 1923)

Nahui Olin formó parte de un grupo de talentosas mujeres durante uno de los períodos más activos del arte mexicano, las décadas de 1920 y 1930. Esas mujeres son la pintora Frida Kahlo, la poeta Pita Amor, la novelista Rosario Castellanos, la pintora María Izquierdo, a la que Antonin Artaud admiraba profundamente, la legendaria novelista Elena Garro (que también tiene una entrada en este blog) y la bailarina y autora Nellie Campobello.  Elena Poniatowska les dedicó el libro “Las siete cabritas”.

Elena Garro

A principios de los años treinta conoció al capitán de barco Eugenio Agacino y volvió a enamorarse perdidamente, pero en 1934 el capitán falleció. Hemos encontrado dos causas de su muerte, una por intoxicación de marisco y otra porque se cayó al mar, ignoramos cuál es la verdadera. Pero el caso es que Nahui Olin le esperó durante semanas en los muelles de Veracruz hasta que el poeta Germán List Arzubide la encontró en un triste estado.

Autorretrato (Frida Kahlo)

En los años siguientes dio clases de artes plásticas y escribió mucho. El tiempo, la soledad y el olvido pudieron con su belleza, dejó de preocuparle su aspecto y acabó convirtiéndose en una mujer casi obesa vestida con harapos. Su única compañía eran los numerosos gatos a los que alimentaba con una miserable pensión que le concedía Bellas Artes.

Gato negro (Nahui Olin)

Nahui Olin escogió ser libre. En el último poema de “Óptica cerebral”, pidió que se esculpiera el siguiente epitafio, en mayúsculas, en su tumba y en la de todas las mujeres de Asia, África, América y Europa que decidieran vivir libremente y al máximo: INDEPENDIENTE FUI, PARA NO PERMITIR PUDRIRME SIN RENOVARME; HOY, INDEPENDIENTE, PUDRIÉNDOME, ME RENUEVO PARA VIVIR.

Autorretrato (Nahui Olin)

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Gusa, otra incondicional de los gatos.

Gato naranja (Nahui Olin)