Gatos y Respeto

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El gato Gilderoy y el loro Dudley

El libro “Dudley and Gilderoy, A Nonsense by Algernon Blackwood”, que traducido sería algo así como “Dudley y Gilderoy, un disparate por Algernon Blackwood”, fue publicado en 1929.

El autor es conocido sobre todo por sus cuentos cortos y libros en torno a lo sobrenatural. Que sepamos, solo escribió un “disparate” y no tiene nada de cuento, ya que ocupa doscientas veintinueve páginas. Algernon Blackwood nació el 14 de marzo de 1869 en lo que ahora es Londres, pero en esa época todavía era el noroeste del condado de Kent. Después de leer el libro de un sabio hinduista que alguien olvidó en casa de sus padres, se interesó por el budismo y otras religiones orientales.

Algernon Blackwood

Emigró a Canadá, donde trabajó de granjero y encargado de un hotel, antes de trasladarse a Nueva York para ser periodista del New York Times, camarero e incluso profesor de violín. De vuelta al Reino Unido. a punto de cumplir los cuarenta, empezó a escribir historias sobrenaturales con éxito. Publicó diez colecciones de cuentos que también narraba en la radio. Tiene en su haber catorce novelas, dos libros infantiles y varias obras teatrales que se representaron, pero nunca se publicaron.

Era un gran amante de la naturaleza y le gustaba mucho escalar. Para satisfacer su interés por lo sobrenatural, se unió a “The Ghost Club” (que aún existe) y a una de las ramas de la Orden Hermética de la Aurora Dorada. Falleció el 19 de diciembre de 1951 y fue incinerado. Unas semanas después, su sobrino llevó las cenizas a Saanenmöser, en los Alpes Suizos, para dispersarlas en las montañas a las que amó durante cuarenta años.

Además de ser un gran escritor, Algernon Blackwood debía de tener un enorme sentido del humor. La historia de la gran amistad que unió a Dudley, un loro gris de alta alcurnia y de muchos años, y a Gilderoy, un gato anaranjado superviviente de numerosas batallas, como lo demuestran sus orejas desgarradas y un ojo a medio cerrar que le da un cierto aire de pirata, está descrita con humor y gran ternura.

Cada capítulo va encabezado por una cita acerca de los gatos o los loros, y en algunas páginas hay pequeños dibujos de ambos amigos realizados por el autor. Dudley es un loro algo pretencioso, muy inteligente, convencido de su belleza e importancia; Gilderoy no es nada atractivo, pero también es inteligente y paciente con su amigo. Nunca discuten porque ambos son lo bastante prudentes como para cambiar de tema en cuanto surge un desacuerdo.

Gilderoy y Dudley viven en una mansión de estilo isabelino en Kent rodeada de césped y jardines. Son bien tratados, alimentados y queridos, pero una mañana de marzo que casi podría parecer mayo, deciden tener una gran aventura. Gilderoy abre la jaula de Dudley a las cinco de la mañana y se escapan. Para ir más deprisa, Dudley viaja en la espalda de Gilderoy.

Llegan a la estación y se cuelan en el tren que va a Londres. Allí consiguen meterse en el taxi de una señora de cierta edad y entrar en su casa, cada uno a su manera. Dudley se lanza de un salto al sombrero con plumas verdes, lo que casi le produce un infarto a la buena señora. Y Gilderoy simplemente pasa desapercibido siguiendo al portero, la señora, la criada y el loro.

Pasan unos días felices en el piso de la señora, una viuda algo tonta que vive por encima de sus posibilidades y a quien los criados engañan. Una noche, Gilderoy incluso hace visitar los tejados londinenses a su amigo, que no puede volar porque le cortaron las alas (horrible costumbre). Pero los dueños de la mansión de Kent ponen un anuncio en busca de Dudley (a Gilderoy nadie le busca) y el mayordomo llega para recogerlo.

En el tren de vuelta, Dudley piensa en su gran amigo Gilderoy, al que nunca volverá a ver. Pero se equivoca. La noche siguiente, Gilderoy aparece como por arte de magia en la “nursery” diurna donde dejan a Dudley en su magnífica jaula. Está sucio, negro, en un estado deplorable. Ninguno habla, solo se miran. El loro tarda unas horas en comprender que Gilderoy ha viajado entre el carbón de la locomotora, y de ahí la suciedad.

Al día siguiente, Gilderoy ya está limpio, como si nada hubiera ocurrido, pero Dudley no se siente bien. Durante toda su vida, Dudley ha sabido que debía realizar una obra, y de pronto lo entiende. En ese momento deja caer un pequeño huevo blanco, perfecto. Gilderoy, atónito, se da cuenta de que su amigo es una amiga.

Después de una breve convulsión, su amiga se tumba en la arena del suelo de la jaula, y Gilderoy, temblando, pasa la pata por los barrotes hasta tocarla. Dudley, en un susurro apenas audible, dice: “Gilderoy, querido, pásalo bien. Adiós, de momento”. Cierra los ojos, Gilderoy retira la pata. Maúlla, se frota contra la jaula, pero Dudley no reacciona.

Después de observar el huevo durante unos minutos, “se da media vuelta, sale de la habitación, de la casa y vuelve a ser lo que era antes del principio de la Gran Amistad, un gato libre, lejano, independiente, que pasea solo por el universo”. Así acaba una historia preciosa, escrita por un hombre al que debían gustarle mucho los gatos y los loros.

Algernon BLackwood (1951, foto de Norman Parkinson)

Para terminar, hablaremos del loro y del gato de sir Lindsay Harvey Hoyle, presidente de la Cámara de los Comunes desde el 4 de noviembre de 2019, que suele nombrar a sus animales por algún “titán” de la política británica. Boris es un loro gris que se irrita con facilidad y habla mucho, “por lo que encajaba bastante bien con el primer ministro Boris Johnson”.

Sir Lindsay Harvey Hoyle

Sin embargo, Patrick, un Maine Coon bastante pijo, le recuerda al “gran” conservador lord Patrick Cormack. Los dos acompañan habitualmente a Hoyle desde su casa de Chorley, Lancashire, hasta Londres. “No creo que Patrick me perdonara si no le llevase a Londres, y tampoco Boris. Están convencidos de que son londinenses natos”, dice.


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Kisa, la gata encantada

Leonor Fini

Hay muchos cuentos de hadas con gatos como protagonistas, pero no conocemos ninguno que se refiera concretamente a la Navidad. Para estas fechas hemos escogido el cuento islandés de Kisa, la gata encantada. Sagan af kisu kongsdóttur fue recogido por Jon Arnason a mediados del siglo XIX para una recopilación. Este último y Magnus Grimsson plasmaron por escrito la tradición oral de su país, impidiendo que se perdiera.

Anónimo

Hemos traducido (resumiendo un poco) la versión del escritor, crítico, historiador y antropólogo escocés Andrew Lang (31 de marzo de 1844 – 20 de junio de 1912) publicada en el “The Brown Book of Fairy Tales” (El libro marrón de cuentos de hadas) en 1904. Andrew Lang dedicó su vida a la recopilación de cuentos de hadas y a demostrar su importancia simbólica. Entre 1889 y 1910 publicó doce volúmenes de cuentos, cada uno de un color, empezando por el azul y acabando por el lila.

Andrew Lang
El libro marrón de cuentos de hadas

Adrienne Ségur (https://gatosyrespeto.org/2020/06/18/gatos-y-cuentos-de-hadas-de-adrienne-segur/) publicó otra versión en su “Golden Book of Fairy Tales” (Libro dorado de cuentos de hadas) en el que la gata Kisa cambia de nombre y aparece como Kip.

Adrienne Ségur (1958)

Érase una vez una reina que tenía una preciosa gata color de humo, con ojos azules claros, a la que quería mucho y de la que nunca se separaba. Incluso acompañaba a la Reina cuando esta salía en su carroza. Un día le dijo a la gata: “Gatita, eres más feliz que yo, tienes a un gatita, pero yo solo te tengo a ti”.

La gata fue a hablar con un hada que habitaba en un bosque cercano, y muy pronto la Reina tuvo a una niña hecha de nieve y rayos de sol. La Reina se sintió feliz y la pequeña se hizo amiga de la gatita, negándose a dormir a menos que esta estuviera a su lado hecha un ovillo.

Franz Marc (1912)

Al cabo de unos meses, la niña seguía siendo un bebé, pero la gatita había crecido. Una tarde, la nodriza la buscó para llevarla a la cuna de la princesa como de costumbre, pero había desaparecido. Todo el palacio la buscó; los criados, convencidos de que la Reina recompensaría a quien la encontrara, se metieron en los lugares más inverosímiles, pero de nada sirvió. La gatita se había escapado, y nadie sabía si regresaría.

Arthur Rackham (1920)

Pasaron los años. Un buen día, la princesa jugaba a la pelota en el jardín, la lanzó más lejos de lo habitual y cayó entre un grupo de rosales. La niña corrió a recuperarla y cuando estaba a punto de cogerla, oyó una voz que la llamaba: “Ingibjorg, Ingibjorg, ¿me has olvidado? Soy tu hermana Kisa”. La princesa, sorprendida, contestó: “Nunca he tenido una hermana”, pues no recordaba a la gatita.

“¿No recuerdas cómo dormía a tu lado en la cuna, cómo llorabas si no estaba a tu lado? Por lo visto, las niñas no tienen memoria. Yo podría encontrar esa cuna ahora mismo si estuviera en el palacio”. “Si es así, ¿por qué te fuiste?”, replicó Ingibjorg. Pero antes de que pudiera contestar, aparecieron varias damas que se horrorizaron al ver a una gata desconocida y Kisa huyó de nuevo al bosque.

Louis Wain

Al día siguiente hacía mucho calor e Ingibjorg quiso ir a jugar bajo la sombra refrescante de los árboles. Sus damas de compañía no tardaron en dormirse y la princesa se adentró en el bosque, alejándose más y más, convencida de que en cualquier momento encontraría un círculo de hadas, pero en vez de eso, apareció un horrible gigante que le ordenó con voz ronca que le siguiera. Ingibjorg no se atrevió a desobedecerle y echaron a andar.

Pierre Bonnard (1884)

Anduvieron mucho tiempo. Cansada, la princesa empezó a llorar. “No me gustan las niñas que hacen ruidos feos”, dijo el gigante, dándose la vuelta. “Pero si te empeñas en llorar, te daré una buena razón para hacerlo”. Dicho eso, sacó un hacha de su cinturón y le cortó ambos pies, se los guardó en el bolsillo y se fue.

Marc Chagall (1949-50)

El dolor era insoportable e Ingibjorg estaba convencida de que iba a morirse. Al cabo del tiempo oyó unas ruedas de carro acercándose y, haciendo un esfuerzo, consiguió articular un grito. “¡Voy!”, contestó una voz. Y al poco apareció Kisa en un carro tirado por un caballo. Bajó de un salto, cogió con cuidado a la niña entre sus patas, la depositó en el heno y regresó a su pequeña cabaña.

Hizo una cama con unos cojines antes de ofrecer leche a Ingibjorg, que estaba a punto de perder el conocimiento. Kisa escogió diferentes hierbas de una alacena y las puso a remojar antes de atarlas con cuidado en los muñones sangrientos. El dolor se calmó de inmediato. Entonces Kisa dijo: “Ahora dormirás y no te asustarás por estar sola, cerraré la puerta y nadie te hará daño”, pero la princesa ya estaba dormida antes de que acabara la frase.

Bart van der Leck (1914)

Kisa subió a su carro y se fue a la cueva del gigante. Dejó el carro escondido a cierta distancia y se acercó sigilosamente a la entrada. El gigante le estaba diciendo a su mujer: “En cuanto tenga un momento, volveré y la mataré. ¿Qué pensarán los habitantes del bosque si no castigara a una niña que me desafió?” Los dos empezaron a insultar a Ingibjorg por su mal comportamiento y no vieron a Kisa volcar todo el tarro de sal en el puchero.

Eileen Mayo

Los gigantes volvieron a servirse y al poco se morían de sed. “Si no bebo agua fresca ahora mismo, ¡me moriré!”, gritó él. Se precipitó hacia el sendero que llevaba el riachuelo seguido por su esposa. Kisa aprovechó para rebuscar por todas partes hasta encontrar los pies de Ingibjorg envueltos en hierba y volver a toda prisa a su cabaña.

La gata Kisa se lleva los pies de Ingibjorg de la cueva del gigante

Ingibjorg se despertó al oír entrar a Kisa, que llevaba los dos pequeños pies calzados en zapatillas plateadas. “No te preocupes, en dos minutos volverán a ser tuyos”, le dijo. Cogiendo unas hebras de la hierba mágica en la que el gigante los había envuelto, los ató a las piernas de la princesa. Y añadió: “No andarás inmediatamente, eso no. Pero en una semana podré llevarte de nuevo a tu palacio”.

Y así fue. Al llegar la gata a las puertas del palacio, el Rey y la Reina vieron a su hija sentada a su lado en el carro y declararon que no había recompensa suficiente en todo el reino para la gata que había salvado a la princesa. “Ya hablaremos de eso”, dijo la gata antes de inclinarse con elegancia, subir al carro y alejarse.

Una profunda tristeza invadió a la princesa al irse Kisa. Dejó de comer y de beber, no le interesaban los maravillosos vestidos que encargaron para ella. “Si no ríe se morirá”, dijo la Reina. “Nada la curará excepto el matrimonio”, contestó el Rey. Invitó a todos los jóvenes apuestos del reino y pidió a su hija que escogiera a uno. Finalizada la ceremonia, Kisa apareció de pronto en la sala. Ingibjorg corrió hacia ella y la abrazó.

Suzanne Valadon (1930)

“He venido a por mi recompensa. Debes dejarme dormir al pie de tu cama esta noche”, dijo Kisa. “¿Solo eso?”, replicó la princesa, algo decepcionada. Al día siguiente, con los primeros rayos del sol, Ingibjorg descubrió a una bellísima princesa dormida a sus pies. Esta le explicó que un hada malvada las había encantado a su madre y a ella. Su madre, la gata de la Reina, había muerto sin poder hacer una buena obra jamás hecha antes, la condición para que se rompiera el encantamiento.

Min Zhen (Siglo XVIII)

Curioso y bonito cuento, del que hemos encontrado pocas ilustraciones; escasez compensada con cuadros y fotos. Dedicamos esta entrada a tres jóvenes amigas nuestras, Cayetana, Carlota y Patricia.

Émile Munier (1882)


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Los gatos de la pintora mexicana Nahui Olin

Dos gatos (Nahui Olin)

Nahui Olin, de verdadero nombre María del Carmen Mondragón Valseca y nacida en 1893, pasó de ser famosa, admirada y agasajada en los años veinte al más completo olvido en los años sesenta y a morir en 1978 sin siquiera una pequeña necrológica. ¿Qué le ocurrió a la que fue considerada la mujer más bella de Ciudad de México para que acabara vendiendo fotos de sí misma desnuda en su juventud para poder alimentar a sus gatos?

Nahui Olin
Gatitos y peces (Nahui Olin)

Fue modelo, musa, pintora y poetisa. Hemos rescatado una frase suya: “Bajo la garra mortal de las leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en eterno silencio, en inercia mortal… pero debajo existe una fuerza dinámica que se acumula de instante en instante, un tremendo poder de rebelión que activará su alma atrapada en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía”.

Nahui Olin
Gato en el jardín florido (Nahui Olin)

Hace algo más de 20 años, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska (dos grandes amantes de los gatos con entradas en el blog), Tomás Zurián y Adriana Malvido rescataron el legado de Carmen Mondragón, formado por prosa, poesía, dibujos, cartas a sus amantes y testimonios, dando a conocer a esta curiosa y adelantada mujer.

Carlos Monsiváis

Hija del general Manuel Mondragón, sobre quien recae la ejecución de la decena trágica, Nahui Olin creció en el seno de una familia adinerada, en pleno gobierno de Porfirio Diaz. La familia se trasladó a París cuando ella tenía cuatro años. Ingresó en un internado donde descubrió la pintura y la poesía. De hecho, escribió sus primeros textos en francés.

Elena Poniatowska

Regresó a Ciudad de México siendo adolescente y a los pocos años conoció al cadete Manuel Rodríguez Lozano, con quien contrajo matrimonio en 1913, a los veinte años. Se trasladaron a París y no tardaron en codearse con artistas como Diego Rivera, Georges Braque, Henri Matisse y Pablo Picasso. Al estallar la I Guerra Mundial, se mudaron a San Sebastián y empezaron a pintar. Tuvieron un hijo que murió al poco de nacer.

Nahui Olin

De vuelta a México en 1921, la pareja ya se llevaba mal. Los nueve años que estuvo con Manuel Rodríguez Lozano fueron los menos productivos de Nahui Olin y su periodo más conformista. Parece ser que habría preferido vivir con Manuel sin casarse, pero su madre insistió y acabó con traje de novia. Su familia se opuso rotundamente al divorcio, lo que no le impidió vivir como ella quería y conseguir divorciarse en 1922.

Boda con Manuel Rodríguez Lozano

En México fue modeló de Rosario Cabrera y de Siqueiros en varias ocasiones, entre ellas para el famoso mural “La creación”, en el que aparece como Erato, la musa de la poesía erótica. Hoy se reconoce a Nahui Olin como una figura central en el “Renacimiento mexicano” junto a Frida Kahlo, Tina Modotti, Diego Rivera, Xavier Guerrero, Rodríguez Lozano y el estadounidense Edward Weston.

Edward Weston

El 22 de julio de 1921 conoció al pintor Dr. Atl, de verdadero nombre Gerardo Murillo, que esa misma noche escribió que se había abierto ante él “un abismo verde como el mar: los ojos de una mujer” y que “había caído instantáneamente en el abismo, como un hombre que se desliza de una roca y se hunde en el océano”. Concluye diciendo “¡Pobre de mí!”

Nahui Olin (Dr. Atl – Gerardo Murillo, 1922)

El pintor le puso el nombre de Nahui Olin, cuyo significado difiere según las diferentes fuentes que hemos consultado: “Cuarto sol”, “Cuarta dimensión” en náhuatl. A partir de ese momento, Carmen pasó a llamarse Nahui Olin hasta su muerte. Según ella misma escribió, su nombre significaba “el poder que produce la luz”.

Nahui Olin

Nahui y Atl vivieron en la azotea del Convento de la Merced. Según Elena Poniatowska, eran muy “fiesteros” y Nahui recibía a los amigos desnuda. A la azotea acudían Diego Rivera y su mujer Lupe Marín, Adolfo Best Maugard, Ricardo Gómez Robelo, Dalila y Carlos Mérida. Bailaban, cantaban, pintaban, fotografiaban y sacralizaban a México. El fotógrafo Edward Weston le hizo retratos prodigiosos, y Antonio Garduño no se quedó atrás.

Nahui Olin (Antonio Garduño, 1927)

El Dr. Atl, además de pintor, era un apasionado vulcanólogo que pasó largas temporadas viendo el nacimiento y posterior desarrollo del volcán Paricutín, en Michoacán, a partir de febrero 1943. En los cinco años de relación con Nahui Olin le escribió más de doscientas cartas de amor. Parece ser que ella era tremendamente celosa y que su amor se convirtió en odio. Nahui no tuvo reparo en declarar que Atl era “un pinche medicucho cabrón”. Y probablemente no se equivocaba, ya que el pintor no dudó en declarar su apoyo a Hitler y su antisemitismo a partir de mediados de los años treinta.

Nahui Olin (Edward Weston, 1923)

Nahui Olin formó parte de un grupo de talentosas mujeres durante uno de los períodos más activos del arte mexicano, las décadas de 1920 y 1930. Esas mujeres son la pintora Frida Kahlo, la poeta Pita Amor, la novelista Rosario Castellanos, la pintora María Izquierdo, a la que Antonin Artaud admiraba profundamente, la legendaria novelista Elena Garro (que también tiene una entrada en este blog) y la bailarina y autora Nellie Campobello.  Elena Poniatowska les dedicó el libro “Las siete cabritas”.

Elena Garro

A principios de los años treinta conoció al capitán de barco Eugenio Agacino y volvió a enamorarse perdidamente, pero en 1934 el capitán falleció. Hemos encontrado dos causas de su muerte, una por intoxicación de marisco y otra porque se cayó al mar, ignoramos cuál es la verdadera. Pero el caso es que Nahui Olin le esperó durante semanas en los muelles de Veracruz hasta que el poeta Germán List Arzubide la encontró en un triste estado.

Autorretrato (Frida Kahlo)

En los años siguientes dio clases de artes plásticas y escribió mucho. El tiempo, la soledad y el olvido pudieron con su belleza, dejó de preocuparle su aspecto y acabó convirtiéndose en una mujer casi obesa vestida con harapos. Su única compañía eran los numerosos gatos a los que alimentaba con una miserable pensión que le concedía Bellas Artes.

Gato negro (Nahui Olin)

Nahui Olin escogió ser libre. En el último poema de “Óptica cerebral”, pidió que se esculpiera el siguiente epitafio, en mayúsculas, en su tumba y en la de todas las mujeres de Asia, África, América y Europa que decidieran vivir libremente y al máximo: INDEPENDIENTE FUI, PARA NO PERMITIR PUDRIRME SIN RENOVARME; HOY, INDEPENDIENTE, PUDRIÉNDOME, ME RENUEVO PARA VIVIR.

Autorretrato (Nahui Olin)

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Gusa, otra incondicional de los gatos.

Gato naranja (Nahui Olin)


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Gatos y Respeto (recordando a Albert Schweitzer)

En agosto de 2014 dedicamos una entrada a Albert Schweitzer, a quien junto a Henry Beston consideramos uno de los pilares de este blog.

Teólogo, organista, filósofo y médico, nació el 14 de enero de 1875 en Alsacia-Lorena, que formaba parte del Imperio alemán. Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1952 por su filosofía de “Respeto por la vida” y, sobre todo, por haber fundado y ocuparse del hospital Albert Schweitzer, en Lambaréné, entonces África Ecuatorial francesa, actual Gabón.

Sello de Gabón

Obtuvo el doctorado en Filosofía en 1899 y en Teología en 1902, ambos en la Universidad de Estrasburgo. Paralelamente desarrolló una brillante carrera como musicólogo y músico.

Sello del Emirato de Ajmán con Albert Schweitzer al órgano

Decidió irse a África a ejercer de médico y no de pastor, por lo que empezó a estudiar Medicina en 1905 y obtuvo su diploma en 1913. Se trasladó inmediatamente a Lambaréné y fundó un hospital. En 1917 fue recluido en un campo de prisioneros, junto a su esposa, por el gobierno francés, que les consideraba “enemigos alemanes”. Liberados un año después, permaneció en Europa hasta 1924 predicando, dando conciertos de órgano y especializándose en ramas de la medicina.

Regresó a Lambaréné, y allí pasó el resto de su vida exceptuando cortos periodos en los que viajaba a Europa. En los años sesenta, el hospital constaba de sesenta pabellones con más de quinientas camas. Con los 33.000 dólares del Premio Nobel fundó una leprosería. Falleció el 4 de septiembre de 1965 a los noventa años en Lambaréné, donde está enterrado. Su antimilitarismo le llevó a criticar las acciones bélicas hasta su muerte. Un amigo suyo, Albert Einstein, dijo: “En este triste mundo nuestro, es un gran hombre”.

Para el Dr. Schweitzer, la vida sin animales casi no merecía ser vivida. No solo apreciaba su inteligencia, sino ciertas cualidades que suelen atribuirse a los seres humanos. Phylas y Sultán fueron dos de los perros con los que vivió en Alsacia cuando era pequeño. En Lambaréné tuvo a Caramba, Amos, Porto, Hanibal, César, Kimmy y su gran favorita, Tchu Tchu.

Estatua en Deventer, Holanda

Vivió rodeado de gatos. Sizi, por ejemplo, siempre estaba a su lado mientras escribía y tenía por costumbre dormirse en su brazo izquierdo. Al parecer era zurdo, y para no tener que despertarla, prefirió aprender a escribir con la derecha. Sizi fue encontrada cuando apenas tenía cinco semanas y vivió veintitrés años. Otro gato suyo, Piccolo, siempre dormía en una pila de papeles en su mesa. Si entre esos documentos había alguno que debía ser firmado con cierta urgencia, todo el mundo esperaba a que Piccolo decidiera despertarse de la siesta.

También recogió chimpancés, pelícanos y antílopes.

Citaremos tres frases suyas, una de las cuales encabeza este blog:

Existen dos medios de refugio de las miserias de la vida: la música y los gatos.

El niño que sabe preocuparse por un animal que sufre, sabrá dar la mano a su hermano.

Al socorrer a un insecto amenazado, no hago más que intentar devolver a los animales en su conjunto un poco de la siempre creciente deuda de culpabilidad que los hombres han contraído con ellos.

Sello de Alto Volta (actual Burkina Faso)


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El gato Jones y otros, por el dibujante Ralph Steadman

Ralph Idris Steadman, nacido el 15 de mayo de 1936 en Wallasey, Cheshire, Reino Unido, es un ilustrador conocido sobre todo por sus colaboraciones y amistad con el escritor estadounidense Hunter S. Thompson. Se ha hecho famoso por sus caricaturas políticas y sociales, y libros de dibujos.

¡Catástrofe!

Efectivamente, Steadman fue muy amigo de Hunter Thompson (18 de julio de 1937 – 20 de febrero de 2005), inventor del periodismo “gonzo”, que saltó a la fama con el libro “Hell’s Angels” (1967), escrito después de convivir un año con los moteros para relatar de primera mano su forma de vida.

Ralph Steadman
Seguidores del dios gato

A principios de los ochenta, Steadman viajó a Owl Farm, el hogar de Thompson, una granja en las montañas más arriba de Aspen, Colorado, para trabajar en el libro “La maldición de Lono”. Además de Thompson, en la granja vivía su compañera Laila Nabulsi, cinco pavos reales y Jones, un gato que un buen día había decidido instalarse en la granja.

Hunter S. Thompson
Jones

Hablando de Jones, Steadman dijo: “Nunca he conocido a un gato más insolente y a la vez más atractivo que Jones. No le hacía falta evaluar una situación, él era la situación”. La maldición de Lono debió afectar al dibujante y al escritor porque no conseguían que el libro, encargado por una editorial, progresara, entre otras cosas porque no tenían el mismo horario. Thompson vivía de noche (como Jones), Steadman de día, y asombrado ante el desparpajo del gato, se dedicó a dibujarle.

Jones

Tiempo después, cuando Jones había muerto, le dedicó “The Book of Jones”, que empieza así: “Si hubiera querido hacer un libro sobre gatos, hace años que lo habría hecho. Pero Jones está muerto, y si hubo un gato que merece ser recordado, es Jones. Solo coincidí con él una vez, durante dos semanas, pero bastó para que me hiciera una profunda impresión”.

Jones en su pedestal

El libro de Jones consiste en pequeños textos que describen la vida y comportamiento de Jones, con numerosos dibujos a plumilla del protagonista. Por ejemplo, en una página izquierda el texto reza: “Las emociones dependen del estado de ánimo de cada uno en un momento dado. Incluso una catedral no es más que un montón de piedras si no se está de humor. Pero puede que Jones llenara majestuosamente un espacio vacío en el momento oportuno. Inspiraba la misma veneración que el líder de un culto innovador”. A la derecha se ve a Jones de espaldas y el título: “Jones unidireccional”.

Conocía a un gato, allí donde se sentara, allí se quedaba.

Durante esas dos semanas de otoño, varios amigos vinieron y se fueron, rieron y comieron, durmieron en el sofá, pero Jones les trataba a todos con la misma indiferencia. Steadman añade que quizá “en su misterioso pasado, aún existía el recuerdo de haber entregado su afecto y confianza a uno de esos seres que se movían a su alrededor. Pudo ser una trágica desilusión y aprendió que no podía esperar nada más”.

Jones

Jones murió. El libro dedicado a su memoria se publicó en 1997, no sabemos cuánto tiempo después de que Laila Nabulsi se lo comunicara a Steadman: “Jones ha muerto”. En la portada, debajo del título, una frase: “Un tributo a un gato voluble, frenético y del todo seductor”.

Jones en el otro lado
Ataque gatuno

En 2012 publicó “Book of Cats”, un libro nada sentimental dedicado a los gatos del mundo en general. Hay gatos en muebles, gatos mancha, gatos dictadores, políticos, de moda, esparcidos y pocos gatos modosos, gatos de toda clase acompañados de un comentario a veces sarcástico, otras divertido y otras sencillo.

Filosofía y el pensamiento de un gato

Aquí ya no se trata de un homenaje a un gato, más bien de una larga serie de caricaturas. No hay dibujos de “gatos bonitos”, todo lo contrario, pero las viñetas de Ralph Steadman no siempre se caracterizan por ser “bonitas”, sino por ir al grano, algo que no gusta a todo el mundo.

«Book of Cats», contraportada

Uno de los primeros recuerdos de Steadman – tendría cuatro o cinco años – es estar escondido en un refugio durante un ataque aéreo en la II Guerra Mundial mientras su madre hacía punto. De pequeño sentía pasión por el aeromodelismo, pero siempre acababa los deberes antes de dedicarse a su hobby.

Gato «churchillano»

Parece ser que esa tendencia a la disciplina sacaba de quicio a su gran amigo Hunter Thompson, y que Steadman solía acabar todas las ilustraciones del libro antes de que el periodista hubiera escrito una página.

Gato gordo

Publicó su primera viñeta en el Manchester Evening Chronicle en 1956, pero en 1959, frustrado por sus limitaciones, se matriculó en la Universidad Técnica de East Ham, donde conoció a su mentor, Leslie Richardson, que enseñaba dibujo en vivo. La revista Punch le compró un primer dibujo en 1960, y acabó firmando algunas portadas.

Gato y ratón

En la década de los setenta ilustró varios libros infantiles y en 1967 se dedicó a “Alicia en el País de las Maravillas”, ganador del Premio Williams en 1972, una versión en la que el Conejo Blanco siempre llega tarde a trabajar, el Sombrerero es un líder sindical y la Oruga tiene un curioso parecido con John Lennon.

«Alicia en el País de las Maravillas»

En 1970, la revista Scanlan’s Monthly le mandó a Estados Unidos, concretamente al Derby de Kentucky, donde debía reunirse con Hunter S. Thompson. La leyenda cuenta que tardaron tres días en encontrarse y que, al hacerlo por fin, el periodista le confesó: “Me dijeron que tenía un aspecto raro, ¡pero no esperaba que fuera tan raro!” Así empezó una gran amistad.

Los gatos son muy diferentes, pero muy parecidos

Además de numerosos proyectos con Thompson, siguió trabajando en libros suyos. También produjo cientos de dibujos, diseñó decorados para el ballet “The Crucible” y para la obra teatral “Los viajes de Gulliver”, además de un oratorio de imágenes para una eco-ópera, “The Plague  and the Moonflower”, con música de Richard Harvey.

Hunter S. Thompson

Más recientemente ha ilustrado tres volúmenes sobre pájaros extinguidos o en riesgo de extinción en una colaboración con el documentalista Ceri Levy, “Extinct Boids” (2012), “Nextinction” (2015) y “Critical Critters” (2017). En 2018 participó en la creación del cartel para el estreno en Broadway de “Gary. A Sequel to Titus Andronicus”, protagonizada por Nathan Lane.

Miau reclinada

Sigue trabajando regularmente para varias revistas. Pero ignoramos si le acompaña un gato.


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Un gato, una escritora y un pintor

En 2015 apareció un libro titulado “La vie plus un chat” (La vida más un gato), de Chantal Detcherry, con un cuadro de Vladimir Juncić ilustrando la portada.

El pintor realizó una larga serie de retratos de mujeres con gatos, hemos contado 24 (no los reproducimos todos aquí), entre los que también hay un hombre y un niño.

Vladimir Juncić, nacido en Čačak, Serbia, en 1957, es un pintor abstracto y figurativo. Se licenció en la Facultad de Bellas Artes en 1981, después de estudiar con el profesor Mladen Srbinović. Es miembro de ULUS (Asociación serbia de Bellas Artes) desde 1982. Vive y trabaja en Belgrado. Y no hay más información sobre él.

Vladimir Juncić

La escritora nació en 1952 en la ciudad de Bourg-sur-Gironde, no lejos de Burdeos, hija de un obrero agrícola natural de Las Landas y de madre austríaca. Estudió en el Instituto de Blaye, una ciudad cercana, antes de ingresar en la Universidad de Burdeos para llevar a cabo estudios de Letras e Historia del Arte. Después de obtener un doctorado en Letras, fue profesora e investigadora en la Universidad Bordeaux-Montaigne.

Chantal Detcherry con Petit-Gris

Tiene en su haber varios libros sobre India, el Sahara, Nepal, Tíbet y Grecia en los que describe la vida diaria en el campo, costumbres ancestrales, arte sagrado y popular, así como colecciones de poemas, relatos y varias novelas intimistas que transcurren en el mundo de su infancia, el estuario de la Gironda. Fue galardonada con el Premio al Relato 2020 de la Academia Francesa por la selección “Histoires à lire au crépuscule” (Historias para leer en el crepúsculo).

En el libro “La vida más un gato” (que no está publicado en español, de hecho ninguna de sus obras lo está), Chantal Detcherry describe cómo se enamoró perdidamente de un espléndido gato que apareció un día en el muro del jardín. En muchas ciudades de Francia, sobre todo del sur, las fachadas dan a la calle, y la parte trasera a un jardín rodeado de tres muros de unos tres metros de altura que lo separa de los dos vecinos colindantes y del vecino de atrás, cuya fachada, a su vez, da a otra calle.

El libro está dividido en capítulos muy cortos, casi todos ellos precedidos de una cita de algún escritor o filósofo dedicada a los gatos. Empieza así: “Albergo en mi corazón un rostro triangular color de nube, ojos uvas verdes, un pequeño cuerpo ágil y suave. El amor se adueñó de mí y nada ha cambiado desde el primer día. No hay alteración en el deleite que se apodera de mí cada vez que le veo”.

Y sigue diciendo: “Hace doce años que vivimos juntos él y yo. Doce años y no hemos discutido una sola vez. Quizá tenga cosas que reprocharme – alguna visita desagradable que me parece necesaria para su salud, por ejemplo –, pero en lo que a mí respecta, nunca he sentido el menor desacuerdo hacia él, tengo la suerte de compartir la vida de un ser perfecto. Llevamos doce años viajando en una pequeña nube, mi gato y yo”.

Al final de la primera página expresa una idea con la que estamos absolutamente de acuerdo: “Sin embargo, no pretendo, tal como dicen muchos, que un gato sepa comprendernos, que se acerque para consolarnos cuando estamos tristes. Nada de eso tiene que ver con el secreto de nuestra complicidad”.

La autora describe su encuentro y su vida con “Petit-Gris” (Grisito), aunque acabará teniendo muchos nombres, como suele ocurrir con los gatos. En uno de los capítulos, Petit-Gris vuelve herido de un largo paseo y ella le lleva corriendo al veterinario. Al ser una herida muy fea en el ojo, no le queda más remedio que llevar un cono de recuperación. Catástrofe. Petit-Gris no quiere salir de debajo de la cama, no quiere comer. Desesperación de la autora y de su marido Philippe.

Entonces se le ocurre comprar un arnés para llevar a Petit-Gris de paseo al jardín, su paraíso. Pero como no podía ser de otro modo, en un momento de despiste, el gato se escapa, salta por encima del muro y desaparece. Chantal hace lo propio, decidida a recuperar a su gato antes de que la correa quede atrapada en alguna parte.

Tres jardines más allá, descubre a una pareja de ancianos observándola con curiosidad y les pregunta si han visto a “un precioso gato gris claro de pelo largo con un cono y un arnés”. Le han visto, se ha refugiado en el tejado de un almacén abandonado que da a su jardín. Les pide permiso para entrar. Ni corta ni perezosa trepa de nuevo y llega al tejado en ruinas, donde efectivamente está Petit-Gris.

Su marido le ruega que baje, es peligroso. Llama a los bomberos, que le contestan que no se dedican a recuperar gatos (eso solo lo hacen los bomberos de habla inglesa), pero Philippe les corrige: “No se trata del gato, sino de mi esposa”. Gato y esposa acaban siendo rescatados por los bomberos.

A pesar del tono melancólico del libro, hay muchas anécdotas realmente divertidas, como la que acabamos de contar. Pero es un libro triste porque Petit-Gris muere de una enfermedad incurable y horrible que ataca a más gatos de lo que se cree, la estomatitis o inflamación de las cavidades bucales.

Aún no se sabe exactamente qué la causa, pero si un gato empieza a dejar de comer, si le huele el aliento, si deja de lavarse, debe verle un veterinario inmediatamente, sin esperar. La estomatitis es extremadamente dolorosa, produce llagas abiertas en la boca y mata. Puede tratarse con antibióticos y corticoides que aliviarán los síntomas – pero no curarán la enfermedad – durante meses, incluso años. En muchos casos no queda más remedio que optar por una solución drástica, sacar los dientes al gato enfermo. Incluso así, un pequeño número no mejora.

El último párrafo del libro dice así: “He querido escribir sobre mi gato vivo. Hablar de él tal como le veía cada día, rendirle homenaje porque existe, con sus ojos de hada y su pelo de plata. Regalarle un texto donde podría verse si supiera leer, e incluso corregirlo, deslizando entre líneas algún que otro comentario con su letra gatuna”.


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Un gato con diamantes, Holy Golightly y Truman Capote

La película “Desayuno con diamantes” se estrenó en Estados Unidos el 5 de octubre de 1961, hace 60 años. En México, Argentina y la mayoría de Latinoamérica tardaría un año más en llegar a las pantallas, entre abril y mayo de 1962, y en España no se vio hasta octubre de 1963. Seguro que no dejó a nadie indiferente entonces.

Aunque la versión cinematográfica es muy edulcorada comparada a la novela corta de Truman Capote, era atrevida para una producción de Hollywood de la época. El autor siempre criticó amargamente lo que Paramount y el guionista George Axelrod habían hecho con la historia. Tachó a Blake Edwards de “pésimo director”. Una de las cosas que más le sacaba de quicio – y con razón – era que Mickey Rooney interpretara al Sr. Yunioshi, el vecino japonés de Holly Golightly.

Truman Capote siempre quiso que Marilyn Monroe diera vida a Holly, pero la actriz había firmado un contrato con otro estudio, aunque este problema podía resolverse. El mayor obstáculo era que el productor Martin Jurow no la veía en el papel: “Holly debía ser ingeniosa y fuerte, y cualquiera puede ver que Marilyn posee la resistencia de un tulipán”. (Jurow debía de ser un perfecto misógino). Pero contaron otros factores, como el hecho de que siempre llegaba tarde y lo mucho que le costaba recordar los diálogos. Billy Wilder dijo una vez: “No lo hace por maldad, sencillamente carece de sentido del tiempo y no se da cuenta de que 300 personas llevan horas esperándola”. Eso no le impidió rodar dos películas con la actriz, “La tentación vive arriba” y “Con faldas y a lo loco”.

Marilyn Monroe con un gato

Pero quizá lo que peor sentó a Truman Capote fue que Holly Golightly y el joven escritor (el narrador sin nombre en la novela) se enamorasen y se besasen bajo una lluvia torrencial al final de la película mientras ella sujeta a Cat (Gato) también totalmente empapado. Según Capote, era una escena ridícula. Con el paso de los años, estamos de acuerdo.

Algunos críticos achacan a que el público se enamorara de Holly a la presencia de Gato, que no era otro que el famoso Orangey (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/). Diremos de paso que existen dudas de que hubiera un solo Orangey. Sea como fuere, tenía la reputación de ser un gruñón, arañar y morder en ocasiones, o salir pitando al cabo de varias horas de trabajo, obligando a detener el rodaje hasta que le encontraban en los enormes platós.

Audrey Hepburn, Mel Ferrer y gato

Lo que sí está claro es que Audrey Hepburn no tenía problemas con los gatos, sino todo lo contrario. Además de las típicas fotos posando en estudio, hay una muy bonita con su marido, el actor Mel Ferrer, y otras dos tomadas años después sentada en un banco de París. ¿Quién sabe si Orangey solo se portaba mal con actores y actrices que no le entendían?

Audrey Hepburn con un gato en París

Hay un párrafo en la novela de Truman Capote que no podemos dejar de traducir y citar aquí: “Seguía abrazando al gato. ‘Pobrecito’, dijo, rascándole la cabeza, ‘pobrecito sin nombre. Es algo incómodo que no tenga nombre. Pero no soy nadie para ponerle uno, deberá esperar a ser de alguien. Nos conocimos un día en la orilla del río, no nos pertenecemos: él es independiente, yo también. No quiero tener nada hasta encontrar un lugar donde sepa que mis cosas y yo debemos estar. Y todavía no sé cuál es ese sitio’. Sonrió y depositó al gato en el suelo. ‘Es como Tiffany’s’, siguió diciendo. ‘Lo que mejor me sienta es subir a un taxi e ir a Tiffany’s. Me tranquiliza’” […] Y acaba el párrafo diciendo: “Si encontrase un sitio de verdad que me hiciera sentir como Tiffany’s, compraría unos muebles y el gato tendría nombre”.

En París

En la novela, Holly decide mudarse al extranjero y llevarse a Gato. Sin embargo, cambia de parecer, detiene al taxi, baja y le deja en la acera. Gato se frota contra sus piernas antes de que se vaya. Unas manzanas después se da cuenta de su error, de que existe un profundo vínculo entre Gato y ella, aunque nunca le pusiera un nombre. Vuele en su busca, pero ya no está. El narrador sin nombre la oye llamarle y promete que le buscará. Holly se va para siempre.

Truman Capote

Pasan los meses y un día recibe una postal de Holly, que ahora vive en Buenos Aires. El narrador se lamenta de que no le dé su dirección; habría querido decirle que ha vendido varias historias a revistas y, lo más importante, que encontró a Gato. Después de semanas recorriendo el barrio, le descubrió sentado con expresión satisfecha en un balcón entre tiestos de flores. ¿Llegará Holly a encontrar un sitio realmente suyo como hizo Gato?

La corta novela de Truman Capote es triste, desgarradora y mucho más profunda que la película, además de estar magistralmente escrita. El largometraje no ofrece más que una imagen superficial de la historia, pero es innegable que Audrey Hepburn encarna a Holly a la perfección y que probablemente fuera uno de los grandes papeles de su vida.

Truman, perro y gato

No es la única novela de Truman Capote en la que aparecen gatos. También hay varios gatos en “A sangre fría”, dos de ellos domesticos y dos callejeros con los que Perry, uno de los asesinos, se identifica. El quinto es Courthouse Pete, que vive su vida libremente, roba ensalada de cangrejo de la mesa de los Dewey y ronronea feliz.

Truman fotografiado por Steve Schapiro (Holcomb, Texas, 1967)

Capote sigue siendo uno de los escritores más controvertidos de Estados Unidos. Nació el 30 de septiembre en Nueva Orleans, y fue criado por sus tías en Monroeville, Alabama, después de que su madre se divorciara y trasladara a Nueva York en busca de un marido rico, un poco como Holly Golightly. Se reunió con ella y su nuevo marido siendo adolescente, y a los 17 años ya estaba trabajando para la revista The New Yorker.

Truman Capote en una entrevista con Barbara Walters emitida el 14 de diciembre de 1967

No tardó en saltar a la fama con la novela semiautobiográfica “Other Voices Other Rooms” (Otras voces otras habitaciones) y se convirtió en el chico dorado de la élite neoyorquina. Escribió “Desayuno con diamantes” en 1958, aunque la historia transcurre en 1943. Fue el inventor de un nuevo género, la novela de no ficción, del que “A sangre fría” (1966) es el ejemplo más conocido, además de hacerle más famoso que nunca.

«Baile blanco y negro». El modisto Oscar de la Renta y Françoise Langlade, editora de Vogue (1966)

Para celebrar el éxito del libro, organizó el “Baile blanco y negro”, un baile de máscaras que tuvo lugar en el elegante hotel Plaza de Nueva York con 400 invitados. Ideó un nuevo proyecto, “Answered Prayers”, en el que se dedicaría a explorar detalles íntimos de la vida de sus amigos de la alta sociedad. La publicación en 1975 de unos extractos de los primeros capítulos en la revista Esquire causó un escándalo. Muchos de sus amigos le dieron la espalda. Curiosamente, Truman Capote no esperaba semejante reacción y buscó consuelo en las drogas y el alcohol. Falleció en Bel Air, Los Ángeles, a los 59 años, el 25 de agosto de 1984 sin haber publicado más capítulos del proyectado libro.

Truman Capote fotografiado por Carl van Vechten (1948)

Capote también tuvo gatos, aunque hemos sido incapaces de saber cuántos y sus nombres. Hay fotos suyas con gatos, y tal como los sujeta, parece acostumbrado a su presencia. De la misma época que el retrato realizado por Carl van Vechten, gran amante de los gatos (https://gatosyrespeto.org/2016/08/25/el-tigre-en-la-casa-de-carl-van-vechten/), es una foto coloreada del escritor sentado en un sofá de su casa con, al menos, tres gatos de porcelana a su alrededor; puede que haya algunos más, pero no los encontramos.


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Gatos y Respeto (recordando a Henry Beston)

Hoy queremos recordar una de las primeras, y cortas, entradas de este blog. Estaba dedicada a Henry Beston y era el mes de mayo de 2014.

Las siguientes líneas fueron escritas por Henry Beston (1 de junio de 1888 – 15 de abril de 1968), un escritor y naturalista estadounidense conocido por su libro “The Outermost House”, en el que describe un año en la gran playa de Cape Cod, estado de Massachusetts. Se le considera uno de los padres del movimiento en defensa del medioambiente.

Henry Beston
En la casa de Cape Cod

El párrafo que citamos a continuación coincide con los sentimientos de Gatos y Respeto hacia todos los animales.

“Necesitamos tener otro concepto más sabio y quizá más místico de los animales. El hombre, desde su lugar alejado de la naturaleza universal y desde una vida de complicados artificios, observa a la criatura a través del cristal de sus conocimientos, ve la pluma magnificada y toda la imagen distorsionada. Somos condescendientes hacia ellos al creerlos incompletos, por el trágico destino que les hizo adoptar una forma tan inferior a la nuestra. Y al hacerlo nos equivocamos, estamos muy equivocados. El animal no debe ser medido por el hombre. En un mundo más antiguo y más completo que el nuestro, ellos se mueven terminados y completos, dotados con extensiones de los sentidos que nosotros hemos perdido o nunca tuvimos, siguiendo voces que jamás oiremos. No son nuestros hermanos, no son nuestros subordinados, son otros seres atrapados con nosotros en la red de la vida y del tiempo, compañeros presos del esplendor y la labor de la tierra”.


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La gata cómica de Dama Trot

“Dama Trot y su gata cómica” es la traducción literal del nombre de una “Nursery Rhyme” o canción infantil británica, pero en español quizá quedaría mejor “Doña Trot y su divertida gata”. En Inglaterra, los libros dedicados a los niños empezaron a publicarse en el siglo XVIII. Eran del tamaño de un naipe y los grabados no estaban nada cuidados.

Pero en 1805, un imaginativo impresor llamado John Harris publicó “The Comic Adventures of Old Mother Hubbard and her Dog” (Las cómicas aventuras de la vieja Hubbard y su perro), un libro de 10 x 13 cm con dieciocho grabados realizados por Sarah Catherine Martin y posteriormente coloreados a mano. Ilustraban los catorce versos “sin sentido” en torno a la vida y aventuras del perro. 

El libro fue todo un éxito y John Harris publicó muchos más. Sin embargo, en 1803, dos años antes, parece ser que se había publicado la historia de Dama Trot y de su gato con grabados mucho menos elaborados que los de Harris. La historia es casi idéntica, con la diferencia de que la protagonista es una gata. A continuación traducimos el primer verso de cada uno de los libros:

La vieja Hubbard                                                      La buena dama Trot
fue a la alacena                                                        fue a la alacena
para dar al pobre perro un hueso,                           en busca de pescado para la gata,
pero cuando ahí llegó,                                             pero cuando ahí llegó,
el armario estaba vacío                                            el armario estaba vacío,
y el pobre perro nada tuvo.                                     la gata por ahí ya había pasado.

En 1820, John Harris publicó su versión de Dama Trot, que también tuvo mucho éxito. Dama Trot era una señora mayor, redondita y de aspecto amable. Pero la competencia, Dean and Munday, había publicado en 1813 “Dame Wiggins of Lee and her Wonderful Cats” (Dama Wiggins de Lee y sus maravillosos gatos) con el subtítulo: “Un relato humorístico escrito por una señora de noventa años”. Está claro que los editores querían participar en la bonanza de “los relatos cómicos”.

En este último, los gatos son muy buenos alumnos, aprenden muy rápido y hacen cosas muy divertidas, como coser una alfombra, patinar sobre hielo, subir a lomos de una oveja, etc. Pero nunca llegó a ser tan popular como Dama Trot. En 1850, con John Harris ya fallecido, Dean and Munday decidieron apoderarse del nombre. En esa época no había derechos de autor.

El problema es que no tenían los grabados de Harris, por lo que cambiaron el nombre de Dama Wiggins a Dama Trot, que acabó con siete gatos en vez de una gata blanca, y adaptaron el texto. Por ejemplo, los gatos de Dama Trot no cosen una alfombra, bordan un chal de seda, y en vez de ser una ancianita redondita, es delgada con una nariz aguileña.

Resumiendo, las dos damas se confunden. Pero lo curioso es cómo cambia la historia en pocos años. En la primera versión, los versos son incoherentes. Por ejemplo, va a la carnicería y cuando vuelve, la gata está muerta. Sale de nuevo a por un ataúd, y cuando regresa, la gata se sienta y maúlla. Y sigue así hasta el final.

Otra versión, muy sencilla, solo consta de dos versos: “Dama Trot y su gata / vivían muy tranquilas / cuando no les molestaban / los conflictos de los vecinos. / Cuando dama Trot cenaba / la gatita esperaba cerca / porque estaba segura / de que algún bocado caería”.

Una versión posterior cuenta que Dama Trot fue a la feria y se compró una gatita, la más bonita, limpia, lista y dulce jamás vista, con las patitas negras y el cuerpo blanco como la nieve, los ojos de color verde brillante, la carita bonita y llena de inocente gracia. Subió a guardar su abrigo y cuando bajó, la gatita estaba preparando el té. Temió que rompiese su mejor taza, pero no pasó nada.

Al día siguiente, la gatita había limpiado la casa y preparado el desayuno. Dama Trot tenía un viejo perro llamado Spot, al que la gatita enseñó a bailar porque había tomado lecciones en Francia. Y si la alacena estaba vacía, porque Dama Trot no tenía mucho dinero, la gatita volvía a casa con una trucha pescada en el río.

Pero la gatita deseaba vestirse a la moda y lo consiguió. Un día que dama Trot había salido, convenció a Spot para que la dejara montar en su lomo. Al regresar dama Trot, Spot se irguió para saludarla, la gatita se cayó y el vestido se manchó, y dama Trot le dijo: “Habrías hecho mejor en quedarte con tu vestimenta natural. La ropa elegante suele esconder las gracias que nos dona la naturaleza”.

Gatos aprendiendo

Y cuando dama Trot ya tiene siete gatos, la historia cambia totalmente. Ahora se trata de viñetas describiendo situaciones y conclusiones absurdas. Hemos escogido tres ejemplos: “Cuando dama Trot terminó de vestir a sus gatos, llamó a los vecinos para que vinieran a cenar: Sociabilidad”.

“Fue a la cocina en busca de un cuchillo, al volver tocaban el tambor y la flauta: Armonía”.

“Fue a la tienda a por unos encurtidos y cuando regresó, jugaban a los bolos: Diversión”.


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Los gatos de dos amigos, Giuseppe Ungaretti y Pericle Fazzini

Giuseppe Ungaretti y gato

El poeta Giuseppe Ungaretti sentía auténtica pasión por los gatos y debió tener muchos, pero dos quedaron registrados en los anales de la historia: Kiki, un regalo del escritor Alberto Moravia, y el más famoso de todos, Bobosse, con el que se hizo toda una serie de fotos.

Alberto Moravia y Giuseppe (1963)

En la época, finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, Ungaretti, su esposa Jeanne Dupoix, su hija Ninon y Bobosse vivían en la planta baja de una casa en la plaza Remuria, una bonita plazoleta con frondosos árboles no lejos del Circo Massimo. Bobosse era un gato grande atigrado, un verdadero gato romano, con mucho carácter.

Ungaretti con Jeanne y Bobosse

Walter Mauro, autor de la biografía “Vita di Giuseppe Ungaretti”, cuenta que Bobosse era un comilón, pero no solo le interesaba la comida, también podían invadirle violentos ataques de glotonería literaria. Y así, un día hizo tiras un estudio sobre el poeta Giacomo Leopardi (1798-1837), obligando a Luigi Silori, el asistente de Ungaretti, a sumirse en una complicada tarea de reconstrucción.

Ungaretti (1961)

Pero Bobosse no saltó a la fama por glotón, sino porque el escultor Pericle Fazzini, gran amigo del poeta, le plasmó en la escultura titulada “Gato de largo rabo” o también “El gato de Ungaretti”, que la galería del Laocoonte ha utilizado para promocionar la reciente inauguración de la exposición “Laocoon Zoo”, dedicada a esculturas de animales de artistas italianos.

Giuseppe Ungaretti describió a su amigo Pericle Fazzini como “el escultor del viento”. Se conocieron en Roma en 1930 y la amistad entre ambos duró hasta que la muerte se llevó al poeta.

Fazzini y Ugaretti (1952)

Giuseppe Ungaretti nació el 8 de febrero de 1888 en Alejandría. Su padre había emigrado a Egipto desde Lucca, Toscana, para trabajar en el canal de Suez, y murió cuando Giuseppe solo tenía dos años. Su madre María continúo al frente de la panadería familiar en el barrio árabe de la ciudad, y a pesar de las dificultades pudo mandar a sus dos hijos a la École Suisse Jacot, una de las mejores de Alejandría. Allí, Giuseppe aprendió francés y leyó a Leopardi, Baudelaire, Mallarmé, Nietzsche.

Ungaretti, por Fazzini

Al acabar los estudios decidió ir a la universidad en París. Conoció a numerosos artistas y trabó amistad con Guillaume Apollinaire. En 1916 publicó su primera colección de poemas, entre los que había uno dedicado a su amigo Mohammed Sceab, que se había suicidados tres años antes.

Participó en la I Guerra Mundial como soldado en la Brigada “Brecia” cuando Italia entró en la guerra. En 1918 combatió en la Champaña francesa y escribió el famoso poema “Soldati” en el bosque de Courton. De regreso a París el 9 de noviembre, descubrió el cuerpo de su amigo Apollinaire, víctima de la gripe española, en el ático que compartían.

1963

En 1920 conoció a Jeanne Dupoix y se casaron a los pocos meses. Tuvieron dos hijos, Anna Maria, apodada Ninon, y Antonietto. Se trasladaron a Italia en 1921. Durante un viaje a Argentina en 1936 le ofrecieron la cátedra de Literatura italiana en Sao Paolo. Aceptó y trasladó a su familia a Brasil, donde permanecieron hasta 1942. Su hijo Antonietto murió en ese país a los nueve años de una apendicitis mal curada.

A partir de 1942 enseñó Literatura moderna y contemporánea en la Universidad Sapienza de Roma. En 1944 le apartaron del puesto, al que fue reintegrado posteriormente, y siguió enseñando hasta 1965. En 1958 murió su esposa Jeanne después de una larga enfermedad. Al cabo de unos años mantuvo una relación con la italo-brasileña Bruna Bianco, 52 años más joven que él, tal como lo atestiguan nada menos que 400 cartas. Falleció en Milán el 1 de julio de 1970. A su entierro, celebrado dos días más tarde, no acudió ningún miembro del Gobierno italiano.

El escultor Pericle Fazzini nació en Grottammare, al sur de San Marino, el 4 de mayo de 1913. Empezó su formación en el taller de carpintería de su padre Vittorio. Gracias a la ayuda del poeta Mario Rivosecchi pudo irse a Roma en 1930 y estudió en la “Escuela libre del desnudo”.

Pericle Fazzini (1937)
Pericle Fazzini (Gatos jugando)

En 1931 ganó el concurso para el monumento del Cardenal Dusmet, pero nunca llegó a realizarlo. Obtuvo una beca y expuso por primera vez en la galería Dario Sabatello en 1933. El Museo del Jeu de Paume de París compró “Retrato de Anita” en 1934.

Pericle Fazzini (1947)
Pericle Fazzini (Gatos jugando)

Volvió a exponer en París con mucho éxito en 1938. Se instaló en un estudio en la Via Margutta de Roma y siempre trabajó allí. Participó en la Biennale de Venecia en 1939. Se casó con Anita Buy en 1940, poco antes de irse para cumplir el servicio militar en Zadar, Croacia, entonces parte de Italia. En esta época realizó dibujos para varias revistas.

Pericle Fazzini (1953)

Hizo numerosas esculturas de su esposa que le valieron premios. En 1949 participó en la exposición Arte Italiano del siglo XX y ganó el Premio San Vicente con la escultura “La sibila”. En 1954 ganó el Primer Premio de Escultura en la Biennale de Venecia. Un año después empezó a enseñar en la Academia de Florencia, y entre 1958 y 1965 fue profesor en la Academia de Bellas Artes de Roma.

Pericle Fazzine (La sibila)
El escultor con su familia

Creó numerosos proyectos monumentales y en 1970 empezó la imponente escultura “La resurrección” para la sala Nervi (diseñada por el arquitecto Pier Luigi Nervi) dentro de la Ciudad del Vaticano y utilizada por los Papas como espacio alternativo a la Plaza de San Pedro para las audiencias generales de los miércoles. Fue inaugurada en 1977 con el beneplácito de Pablo VI. Sus obras están en colecciones privadas y en numerosos museos, como el Hakone de Japón, la colección Peggy Guggenheim de Venecia, el Instituto de Arte de Chicago, el Momat de Tokio y el Museo de Arte Contemporáneo de Montreal.

Pericle Fazzini (Gato de larga cola)
Pericle Fazzini (Litografía, 1974)

Falleció en Roma el 4 de diciembre de 1987 a los 64 años.

Pericle Fazzini (Gato rascándose)