Gatos y Respeto

©


2 comentarios

Una gata autora, Suzanne Szasz y Paul Gallico

Todo empezó cuando el vecino editor de Paul Gallico le dio un manuscrito que parecía estar cifrado. Al cabo de un tiempo, y después de fijarse en el teclado de una máquina de escribir, el escritor y periodista deportivo entendió que los repetidos errores en el texto se debían a que no era ningún dedo lo que había tocado las teclas, sino patas, y concretamente patas de gato. Una vez descubierto el misterio, logró descifrar el código por los grupos de letras del teclado, y leyó el título: “El miau silencioso, un manual para gatitos pequeños, callejeros y gatos sin hogar, de x.x.x.x.x.”

A partir de ese momento y durante 155 páginas, una gata muy sensata explica paso a paso cómo ser acogida por una familia, cómo hacerse con los dueños de la casa, apropiarse de su sillón favorito, conseguir deliciosos bocados en la mesa y, sobre todo, cómo modular el maullido – todo un arte – para obtener los resultados idóneos.

Paul Gallico reconoce en el prólogo que dudó en devolver el manuscrito traducido a su amigo el editor, un confeso ailurófobo, para no desvelar el hecho de que los humanos pertenecemos a los gatos y no al revés. El editor, al conocer el contenido, no quiso perder un segundo en publicarlo, convencido de que por fin el mundo entendería que “son bichos manipuladores”, a pesar de que Gallico le explicó que el libro produciría el efecto opuesto.

Cica celebrando la Navidad

Suzanne Szasz y su marido Ray Shorr son los autores de las fotografías del libro. Cica, la gatita de unos tres meses que apareció en su casa de verano en Westhampton, Long Island, estaba absolutamente decidida a adoptarles costase lo que costase. No solo Cica demostró ser encantadora, sino que se enamoró del coche y tendía a subirse al menor descuido de sus dueños. Además, como no podía ser menos, debía salir en todas las fotos.

“El miau silencioso” en alemán

Cica empieza el libro con las siguientes palabras: “Cuando era muy joven, tuve la desgracia de perder a mi madre y de quedarme sola en el mundo a las seis semanas. No me afectó mucho ya que era inteligente, bien parecida, no me faltaban recursos y tenía mucha confianza en mí misma”. Cica era pequeña, pero con una buena opinión de sí misma.

El libro, que desafortunadamente no está traducido al español, consta de diecinueve capítulos y, como apuntamos en el primer párrafo, se titula “El miau silencioso”. El capítulo XII está dedicado al “idioma gatuno” y empieza explicando ese miau silencioso. En palabras de la autora, es la técnica más eficaz para obtener algo. Recomienda “mirar a la persona, abrir la boca como si se fuera a emitir un maullido, pero sin permitir que se escape el más mínimo sonido”.

Paul Gallico (foto de Carl Van Vechten, 1937)

Según sigue diciendo, el efecto es devastador. “El hombre o la mujer parecen conmoverse en lo más profundo de su ser y estar dispuestos a darnos lo que sea”. Aconseja no usarlo demasiado a menudo para que no pierda efectividad y añade que no entiende a qué se debe esta reacción.

Cualquiera que tenga gatos se habrá fijado en que, de vez en cuando, se sientan en el suelo, nos miran y usan la técnica del “miau silencioso”. Conocemos a uno que la domina a la perfección y, efectivamente, es muy difícil resistirse.

El libro, además de un texto lleno de humor irónico (obra de Paul Gallico, gran amante de los gatos), contiene nada menos que doscientas fotos de Cica ilustrando sus consejos. Está claro que Suzanne Szasz y a su marido cayeron rendidos a los pies de la gatita.

Paul Gallico, nacido en Nueva York en 1897, era el hijo de un pianista y compositor italiano y de una madre austriaca. Se convirtió en un famoso periodista deportivo después de pedirle a Jack Dempsey que boxeara con él, experiencia que utilizó para describir en primera persona qué se sentía al ser noqueado por un campeón.

Paul Gallico con dos gatos

A pesar de ser uno de los periodistas mejor pagados de Estados Unidos, abandonó el mundo del deporte para dedicarse a la ficción. Muchas de sus novelas empezaron como extravagantes historias cortas publicadas en revistas que a menudo recibían malas críticas. Su mayor éxito, “La gansa blanca” (The Snow Goose), es uno de los pocos libros de Paul Gallico traducidos al castellano. “Thomasina, The Cat Who Thought She Was God” (Thomasina, la gata que se creía Dios) fue otro gran éxito llevado al cine por Disney.

Escribió numerosos libros acerca de gatos, como por ejemplo “Jennie”, la indómita gata que ayuda a un niño convertido en gato callejero, y “Honorable Cat”, también con poemas y fotografías de Osamu Nishikawa. Doce novelas suyas fueron llevadas a la gran pantalla y otras cinco, a la televisión. Se casó cuatro veces, escribió más de 40 libros y alcanzó la fama. Hoy en día es un autor casi olvidado.

De los gatos dijo: “Unos gatitos pueden pasarle a cualquiera”. “Todo lo que es y haga un gato me parece maravilloso, precioso, estimulante, tranquilizador, atractivo y encantador”. Hablando del ronroneo, explicó: “Nadie ha sido capaz de descubrir cómo hacen ese sonido sutil, y más aún, nadie lo descubrirá nunca. Es un secreto que perdura desde el principio de los tiempos de los gatos y nunca se desvelará”.

A Paul Gallico le gustaban mucho los gatos, y tuvo uno que se llamaba Sambo. El novelista falleció el 15 de julio de 1976.

Suzanne Szasz nació en Budapest en 1915 y se trasladó a Estados Unidos en 1946. Se divorció de su primer marido, el diplomático Sandor Szasz un año después. Hizo sus primeras fotos con una cámara prestada trabajando en un campamento para niños y no tardo en vender fotos a revistas de la talla de Life, Look, Parents y muchas otras.

Suzanne Szasz

Su capacidad a la hora de trabajar con niños y de “desaparecer”, permitiéndole hacer fotos intimistas y espontáneas, fue alabada por numerosos especialistas infantiles. Ilustró libros de las antropólogas Margaret Mead y Elizabeth Taleporos, así como del científico social Karl W. Deutsch, entre otros.

El 22 de diciembre de 1956 se casó con Ray Shorr, otro fotógrafo, y la persona a la que van dirigidos muchos de los comentarios de Cica. Suzanne Szasz, en una nota al final del libro, dice que cuando Cica apareció al otro lado de la ventana, nunca sospecharon que iban a ser adoptados: “¡Dos fotógrafos ambulantes no pueden tener un gato!” Creemos que queda claro que nunca habían tenido uno, pero que debió tratarse de un amor a primera vista.

Ray Shorr con Cica

Ray Shorr falleció en 1994 y Suzanne Szasz el 3 de julio de 1997, mientras visitaba a su familia en Budapest. No sabemos cómo conocieron a Paul Gallico.


Deja un comentario

Gatos, canciones y poemas de María Elena Walsh

María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Buenos Aires y falleció el 10 de enero de 2011 en esa misma ciudad, dos fechas llenas de sol y luz en el hemisferio austral. Y nos parece que fue una mujer llena de luz, alegría y vida. En Argentina, la mayoría de niños nacidos a partir de los años sesenta crecieron escuchando sus canciones, con letras como estas:

El reino del revés

Escribió numerosas canciones, poemas y cuentos de gatos, y también sabemos que desde su regreso a Buenos Aires a mediados de los años cincuenta siempre hubo uno en su casa. Sin embargo, solo hemos encontrado una foto suya con un gato, realizada en 1971 por el gran fotógrafo Pepe Fernández, a quien dedicó la canción “Zamba para Pepe”.

María Elena Walsh fotografiada por Pepe Fernández en 1971

Incluso sin fotos, creemos que debemos dedicar una entrada a la poetisa, cantautora, escritora y compositora que escribió maravillosas canciones infantiles y poemas. Incluimos portadas de discos, fotos de gatos bonaerenses y más. En cierto modo su obra puede considerarse revolucionaria al ofrecer a los niños un concepto totalmente diferente al habitual en canciones infantiles. María Elena Walsh, como Edward Lear (https://gatosyrespeto.org/2015/08/16/el-gato-old-foss-y-edward-lear/) (https://gatosyrespeto.org/2020/06/11/la-gata-y-el-buho/), creía en el absurdo.

Por ejemplo, escribió el siguiente Limerick “Una vaca que come con cuchara/y que tiene un reloj en vez de cara,/que vuela y habla inglés,/sin duda alguna es/una vaca rarísima, muy rara”. Como habría dicho Lear, se trata de una vaca “runcible”. Es probable que esta “comprensión” del absurdo se debiera a que su padre, desde muy pequeña, le cantó “limericks” ingleses.

María Elena de adolescente

Creció en una amplia casa con jardín en el Gran Buenos Aires donde también había gatos. Fue a una escuela típica de la clase media, pero en su casa reinaba un ambiente mucho menos estricto de lo habitual en la época. Su primer libro de poemas, “Otoño imperdonable”, que publicó a los 17 años después del fallecimiento de su padre, fue elogiado por escritores de la talla de Juan Ramón Jiménez, Silvina Ocampo, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, entre otros.

Gato de Buenos Aires

Publicó un segundo poemario en 1951, “Baladas de un ángel”, pero la situación política e intelectual, así como la falta de libertad sexual, la empujaron a irse a París con su amiga y compañera la poetisa tucumana Leda Valladares. Durante el trayecto que las llevó a Europa, formaron el dúo “Léda et Marie” para interpretar casi exclusivamente temas tradicionales del noroeste argentino.

Chacarera de los gatos

En la capital francesa subieron a escenarios tan diversos como el del Crazy Horse o el de la Universidad de la Sorbona, y estuvieron entre las precursoras de la defensa del folclore. No tardaron en codearse con cantautores como Georges Brassens (https://gatosyrespeto.org/2015/05/03/el-gato-y-george-brassens/), Jacques Brel o Barbara. Adquirieron cierta fama y grabaron varios discos. En París, hacia 1954, empezó a escribir canciones dedicadas a los niños.

Chacarera de los gatos

De hecho, existe en París un calle llamada “Rue du chat qui pêche” (Calle del gato que pesca) – dicen que la más estrecha de la ciudad  – cuyo nombre se debe a la siguiente leyenda: Parece ser que un gato negro siempre acompañaba a un canónigo o un alquimista (esto último no queda claro) cuando iba a pescar al río Sena; el gato golpeaba el suelo con sus patas y los peces picaban. Tres universitarios creyeron estar ante el diablo en persona y tiraron al pobre gato al río. El canónigo/alquimista desapareció. Pero cuál no fue la sorpresa de los estudiantes cuando reapareció unos meses después con el mismo gato.

Calle del gato que pesca, París

Es probable que María Elena conociera la leyenda, pero la letra de su canción no está basada en ella. Eso sí, no nos cabe duda de que el nombre de la calle la empujó a componerla.

El gato que pesca

Leda y María Elena regresaron a Buenos Aires en 1956. Dos años después, la directora de televisión María Hermina Avellaneda convenció a María Elena para que escribiera libretos de programas infantiles. El éxito fue rotundo y siguió componiendo canciones para espectáculos que el dúo ponía en escena.

El gato que pesca

En 1964 la pareja se separó, cada una deseosa de seguir su propio camino. Doña Disparate y Bambuco fue su última presentación conjunta. María Elena dio un recital en el Teatro Regina en 1968 titulado “Juguemos en el mundo. Recital para ejecutivos”, que no tenía nada que ver con canciones infantiles. La repercusión fue tremenda; eran canciones de protesta, pacifistas y feministas.

Ya en 1965 coincidió nuevamente con la fotógrafa Sara Facio, con la que había estudiado en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Y en 1968 fue Sara la encargada de realizar las fotos del famoso recital. Pero no decidieron compartir su vida hasta el año 1975, cuando habían pasado casi diez años desde su reencuentro.

María Elena fotografiada por Sara

En plena dictadura militar, harta de la censura y de todo lo demás, decidió dejar las representaciones teatrales y se refugió en el periodismo. En los llamados “años de plomo”, la época más negra del terror, tuvo el valor de escribir artículos como “Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes” denunciando abiertamente a la censura de entonces.

Gato tango

Después de librar una dura lucha contra el cáncer entre 1981 y 1983, año en que Argentina recuperó la democracia, María Elena Walsh se involucró en varios proyectos políticos y regresó a la televisión con Maria Hermina Avellaneda y Susana Rinaldi en el programa “La Cigarra”.

Jardín Botánico de Buenos Aires

Pero será mejor dejar que Sara Facio, la compañera con la que compartió su vida durante 38 años, nos hable de ella: “En la vida privada lo que más hacía era escuchar música y leer. Después le gustaban también las cosas de la casa, las mascotas, siempre tuvo gatos, y recibir a la tardecita, siempre a uno o dos amigos, no reuniones grandes. Lo que ella llamaba ‘le petit comité’”.

Sara Fancio con un gato

Los textos de María Elena Walsh parecen muy sencillos a primera vista, pero solo trabajándolos mucho podían adquirir esa enorme simplicidad. Nuestro texto favorito tal vez sea un relato titulado “Murrungato del zapato”, la historia de un gato y una planta. Les dejamos aquí el enlace por si les apetece leerlo: https://docs.google.com/document/d/1ifS_wD54Pk9PITVgZk6WdAOuZKuHfUXd7HmGQC4uD1E/edit

Jardín Botánico de Buenos Aires

Queremos dedicar esta entrada a Yolanda. De no ser por ella, ignoraríamos la existencia de la fantástica mujer que fue Maria Elena Walsh. Gracias, Yolanda.


Deja un comentario

Los gatos del escritor Yukio Mishima

Yukio Mishima, con más de cien obras en su haber entre novelas, ensayos, relatos, obras de teatro y guiones, es posiblemente el autor japonés más leído en Occidente. Sus escritos tratan de la muerte, la desolación espiritual, el sinsentido de la vida moderna, la sexualidad, los cambios en la cultura y las costumbres, así como de la distancia que separa el cuerpo de la mente.

Una vida en venta (1968) Portada primera edición japonesa

Nació el 14 de enero de 1925 y en realidad se llamaba Kimitake Hiraoka, pero firmó todas sus obras con el nombre de Yukio Mishima. Su padre era un alto funcionario. Mitsuko, su hermana pequeña, a la que adoraba, falleció a los 17 de fiebre tifoidea. En la foto la vemos sentada al lado de Mishima con un gato blanco bastante gordo en brazos.

Yukio Mishima con su hermana Mitsuko y un gato

A Yukio Mishima siempre le gustaron los gatos, y por la foto puede deducirse que había alguno en la casa familiar aunque, al parecer, su padre los odiaba e intentó envenenar a uno añadiendo hierro a su comida.  Existen muchísimas fotos del autor, pero muy pocas en las que está con un gato. En todas las que hemos podido encontrar, se nota que el gato retratado vive con él, es parte del hogar. Nuestra favorita es la de un gato atigrado que parece llevar collar y mira al escritor. Este, sentado en una mesa baja cubierta de libros, está fumando, y detrás hay una pared cubierta con cientos de libros. Para suplir la falta de fotos, hemos ilustrado esta entrada con algunas imágenes de gatos realizadas por artistas japoneses.

De niño, Yukio Mishima vivió con su abuela paterna, que se había casado con un funcionario, pero procedía de una familia de aristócratas y se esforzaba en mantener ciertas pretensiones típicas de la clase alta japonesa. Según varios biógrafos, los años pasados con su abuela pudieron tener que ver con su fascinación por la muerte. No le permitía jugar con otros chicos de su edad ni tampoco tomar el sol.

Fumika Koda

A los 12 años regresó a la casa familiar. Su padre era un firme creyente en educar a sus hijos con una disciplina férrea y los castigaba con severidad por cualquier cosa. Entraba regularmente en el cuarto de su primogénito y desgarraba cualquier manuscrito que encontraba. Yukio Mishima estudió en la escuela Gakushuin (de la nobleza) en Tokio. Aprendió alemán, inglés y francés, y se graduó con honores, recibiendo un reloj de parte del Emperador.

Itaya Koji (Periodo Showa)

No solo era un lector voraz de literatura japonesa, sino también de autores occidentales. Algunos de sus profesores pensaron que era mejor que adoptara el nombre de Yukio Mishima para firmar su primer relato, publicado en 1938, y evitar así las bromas de los compañeros. Cuando Japón entró en la II Guerra Mundial, en 1940, ya habían aparecido varios relatos suyos en diversas revistas.

Kamo Tatsuzo (1957)

Fue llamado a filas un año después de finalizar los estudios en el instituto. Por suerte, el día del examen médico tenía fiebre y tosía. El médico le diagnosticó, por error, una tuberculosis. Se licenció en Derecho en la Universidad de Tokio en 1947 y, obligado por su padre, aceptó un puesto en el Ministerio de Finanzas. Trabajaba durante el día y escribía de noche, pero al cabo de nueve meses, exhausto, se cayó desde un andén a los raíles. Su padre acepto por fin que abandonara el Ministerio, pero le impuso una condición, que se convirtiera en el mejor novelista del país.

Yukio Mishima (1948)

Kawanabe Kyosai (Siglo XIX)

Publicó su primera novela, “Tōzoku” (Ladrones), en 1948, a la que siguió “Confesiones de una máscara”, un relato semiautobiográfico de un joven homosexual obligado a esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La novela fue un éxito inmediato y Yukio Mishima se convirtió en una celebridad a los 24 años.

Kei, gato y calabazas (Biombo, periodo Meiji tardío)

En 1955 empezó a entrenarse con pesas tres veces a la semana, lo que siguió haciendo durante los 15 años restantes de su vida. Deploró públicamente la poca importancia que daban los intelectuales al físico en comparación al intelecto. El 1 de junio de 1958 se casó con Yoko Sugiyama, una universitaria de 19 años con la que tuvo dos hijos.

Kikuzawa Buko (1933)

La orientación sexual de Mishima siempre molestó a su esposa, que nunca habló de ese tema abiertamente, ni siquiera después de la muerte del escritor. Según John Nathan, su biógrafo y traductor, la homosexualidad en Japón no estaba tan mal vista como en muchos países occidentales y la bisexualidad se aceptaba. Era mucho más inaceptable ser un soltero empedernido.

Muramusa Kudo

En 1968 fundó la “Tatenokai” o “Sociedad de los escudos”, una milicia compuesta sobre todo por jóvenes universitarios dedicados al estudio de las artes marciales y al ejercicio físico que debían proteger al Emperador. Pero quizá no se tratara del Emperador reinante, sino de una idea abstracta de lo que significó antaño. Hirohito renunció a ser considerado divino después de la II Guerra Mundial, y Mishima le reprochó que millones de japoneses habían muerto en la guerra por el “dios viviente” que representaba. Al renunciar el Emperador a su aspecto divino, habían muerto en vano.

Yukio Mishima con un gato

Takeuchi Seiho (1924)

Yukio Mishima se entregó en cuerpo y alma al “bushido”, el código de honor del samurái, y declaró que Hirohito debía haber abdicado y aceptar su responsabilidad por perder la guerra. Sus peculiares ideas hicieron que le odiara tanto la izquierda como la derecha, hasta el punto de que contrató a un guardaespaldas para su familia. Pero nada de esto afectó a la venta de sus libros, sobre todo los primeros.

Gatos samurái (Utagawa Kuniyoshi)

El 25 de noviembre de 1970, Yukio Mishima y cuatro miembros de la Tatenokai entraron en el cuartel general de las Fuerzas Armadas de Japón y tomaron de rehén a un general del ejército. A continuación salió al balcón y arengó a los soldados pidiéndoles que se les uniera para un golpe de Estado con el fin de devolver al Emperador la gloria de preguerra.

El actor Ichumura ante un gato fantasma (Utagawa Kuniyoshi)

Llevaba un año preparándolo todo meticulosamente y había convocado a la prensa con antelación. Es probable que anticipara que los soldados se burlarían de él, dejándole una única salida según su código de honor: cometer seppuku o suicidio ritual. En su testamento, Yukio Mishima dejó una importante suma de dinero para la defensa de los cuatro amigos que le acompañaron.

Utagawa Kuniyoshi

Es curioso como un hombre tan obsesionado con la muerte pudiera tener una sonrisa  luminosa y llena de vida como en la fotografía que encabeza esta entrada donde se le ve reclinado en un brazo y sujetando con el otro a un gato blanco con manchas.

 

Yukio Mishima


Deja un comentario

La gata y el búho

Hace casi cinco años publicamos una entrada acerca del poeta y dibujante Edward Lear y su gato Old Foss (https://gatosyrespeto.org/2015/08/16/el-gato-old-foss-y-edward-lear/). Los poemas de Edward Lear pertenecen al género “nonsense poems”, es decir “rimas sin sentido”.

El búho y la gatita (Barbara Cooney)

Desde entonces queríamos traducir “The Owl and the Pussy Cat” (El búho y la gatita), quizá su poema más famoso, publicado en 1871 como parte del libro “Nonsense Songs, Stories, Botany and Alphabets” (Canciones sin sentido, historias, botánica y alfabetos).

Adrienne Ségur

Jan Brett

Los “sin sentido” de Edward Lear ya eran famosos por esa época. En 1846 había publicado una colección de “limericks”, palabra que no tiene una traducción exacta en español. Abarca desde rimas infantiles como “Humpty Dumpty”, hasta versos satíricos, pero siempre son cortas y bastante surrealistas. El escritor siguió añadiendo “limericks” a su colección a medida que pasaban los años.

“El búho y la gatita” es uno de los poemas más apreciados de Edward Lear; lo compuso para una niña de tres años, Janet Symonds, cuyos padres eran grandes amigos suyos.

El cerdito con anillo (Edward Lear)

Comiendo picadillo y membrillo (Barbara Cooney)

El cerdito (Jan Brett)

Edward Lear inventaba palabras como “el árbol Pong” que crece en las tierras donde llegan el Búho y la Gatita, pero no cabe duda de que la más famosa es la cuchara “runcible” con la que comen picadillo y membrillo en el banquete de bodas. La utilizó en varias ocasiones, incluso para describirse a sí mismo diciendo que llevaba “un sombrero runcible”.

Debajo de un árbol bong (Barbara Cooney)

Miel y dinero (Edward Lear)

La palabra tuvo tanto éxito que, 40 años después de la muerte del escritor, pasó de ser una palabra sin sentido a ocupar un lugar en el diccionario inglés Myriam & Webster con la definición de: “Un tenedor de tres dientes” sin citar ninguna fuente. Sin embargo, Edward Lear jamás especificó el significado de la palabra; eso sí, siempre la usó como adjetivo, nunca como sustantivo.

El pavo casamentero (Edward Lear)

La boda (Jan Brett)

Navegaron un año y un día (Edward Lear)

Hablaba de un “gato runcible” (su adorado Old Foss, claro), de un “ganso runcible” (refiriéndose a alguien no demasiado listo) e incluso de una “pared runcible” (algo más misterioso). Y en una de sus rimas, acompañada de una ilustración del propio Lear, dice:

La cuchara runcible (Edward Lear)

Tocando la guitarra (Chris Dunn)

Esta entrada está dedicada a Irati y a Jude, que han descubierto a los gatos hace poco, y a los que consideramos nuestros amigos runcibles. Por cierto, Jude está a punto de cumplir siete años, ¡feliz cumpleaños, Jude!

Tu canto es un encanto (Jan Brett)

Jan Brett


Deja un comentario

The Black Cat (El gato negro), la revista

The Black Cat fue una revista literaria publicada en Boston, Massachusetts, entre 1895 y 1922, “dedicada exclusivamente a relatos originales, inusuales y fascinantes”, según rezaba el número 41 de febrero de 1896. Seguía diciendo que no pagaba por el nombre o la fama del autor, ni tampoco por la extensión, sino por la fuerza de la historia.

La idea fue de Herman Daniel Umbstaetter, nacido en Cleveland, Ohio, en 1851, hijo de Charles Umbstetter y Helen Ehege Umbstetter, y casado con Nelly Littlehale en 1893. Sabemos que falleció el 25 de noviembre de 1913 de un tiro accidental mientras cazaba en las orillas del lago Kezar, en el estado de Maine. Según el artículo de un periódico: “Su rifle se disparó mientras ascendía por una ladera; la bala penetró justo debajo del corazón”. Herman probablemente añadió una “a” al apellido de su padre con el fin de recuperar la pronunciación alemana.

Herman Umbstaetter, además de editor, también escribía relatos cortos. Su revista puede considerarse una precursora de las revistas “pulp”, es decir, encuadernadas en rústica, baratas y populares. Durante años, The Black Cat valió cinco centavos, y el abono anual, solo cincuenta. Siguió a este mismo precio hasta 1908, cuando pasó a 10 centavos y un dólar el abono anual, hasta que a finales de la década de 1910 costaba 20 centavos. A pesar de su formato, era una revista de una elevada calidad literaria que ponía al alcance del gran público relatos sorprendentes.

Se publicaron unos trescientos números en total, casi siempre mensualmente, excepto los primeros seis meses del año 1922 en que fue bimensual. La revista, de 64 páginas, medía 15 x 23 centímetros. Hasta 1919, la editorial era The Short Story Publishing Company, en 1920 Black Cat y en 1922 William Kane. El último número salió a finales de 1922 o principio de 1923.

El primer número vio la luz en octubre de 1895 con una portada ilustrada por Nelly Littlehale Umbstaetter. Mientras se encargó del dibujo de la portada, siempre apareció el mismo gato negro, a veces de cuerpo entero y otras solo su inconfundible cara. La pintora también contribuía con ilustraciones para los relatos que contenía y para la publicidad.

El número de mayo de 1899 publicó un relato de Jack London, “A Thousand Deaths” (Mil muertes), en el que se relata la múltiple resurrección de un hombre por un grupo de científicos. Esto nos lleva a la carta que el escritor mandó a Umbstaetter el 23 de noviembre de 1909. En ella le dice que “me alegro de darle ‘The Inevitable White Man’ (El inevitable blanco) por cincuenta dólares en recuerdo de los viejos tiempos, pero me alegraría aún más si tuviera una acuarela de la Sra. Umbstaetter”.

Sigue diciendo que, sin embargo, ahora le pagan 10 centavos por palabra y que el relato tiene 3.800 palabras, por lo que habría podido conseguir 380 dólares de otro editor. Y añade: “Pero me conformo con una acuarela de White Mountain, y si vuelvo a escribir algo que encaja con The Black Cat, será suyo”. La revista permitió a muchos escritores desconocidos publicar por primera vez o ganar un poco de dinero, y así había sido con el mismo Jack London. Hubo una época en que el escritor aceptaba diez dólares por mil palabras, pero Umbstaetter le ofreció el doble por el primer relato que le publicó.

Jack London llegó a decir que el editor le había salvado. Y también queda claro que Jack era un gran admirador de los cuadros de Nelly Littlehale Umbstaetter.

Condiciones

Nelly Littlehale nació en 1867 en Stockton, California. A los doce años recorría las colinas de Butte, Montana, recogiendo flores para pintar acuarelas. A los 17 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes del Museo de Boston, donde la cortejó el hombre que sería su segundo marido, el pintor Hermann Dudley Murphy.

Cuando tenía veintiséis años conoció a Umbstaetter, dieciséis años mayor que ella. Poco se sabe de su vida con su primer marido, pero dado el contenido de la revista y las ilustraciones de Nelly, nos atrevemos a decir que ambos debían tener bastante sentido del humor (negro).

Volvió a casarse con Dudley Murphy en 1916, después de que este se divorciara de su primera esposa, de la que ya estaba separado. También sabemos que pasó algún tiempo en París, entre 1911 y 1914, y que el verano de este último año estudió en la Universidad de Harvard. Poco a poco, después de su segundo matrimonio, dejó atrás la fantasía, y su producción se limitó a acuarelas de flores y paisajes mucho más tradicionales, siguiendo los pasos de su conservador esposo.

Viajaron a Europa, sobre todo a Italia, pero también a Inglaterra, México y el Caribe. Murió  a los 74 años, en 1971, cuatro años antes que Dudley Murphy. Expuso sus obras en solitario en tres ocasiones, en 1926, 1929 y 1937.

Aparte de sus dibujos para The Black Cat, también ilustró en 1914 “Every Child’s Storybook” (Cuentos para todos los niños), dedicado a los cuentos de hadas, el volumen V de “Our Wonder World: A Library of Knowledge in Ten Volumes” (Maravilloso mundo: Una biblioteca del saber publicada en diez volúmenes). Sus ilustraciones casi hacen sombra a las de Arthur Rackham (https://gatosyrespeto.org/2019/12/12/gatos-de-cuento-de-arthur-rackham/) y son totalmente inconfundibles

Dibujo publicitario de Nelly Littlehale Umbstaetter

Con los años, la revista The Black Cat se hizo famosa por sus extraños relatos, que iban desde el terror hasta la ciencia-ficción. El periódico San Francisco Examiner llegó a decir que “era el éxito del siglo en cuanto a relatos”. En ella se publicaron textos de Rupert Hugues, Rex Stout, O. Henry, Frank Pollock y Clark Aston Smith, un buen amigo de H.P. Lovecraft, entre otros muchos. Henry Miller tenía 27 años cuando recibió su primer talón, en 1919, por una serie de críticas publicadas en The Black Cat.


Deja un comentario

Los gatos de Luis Sepúlveda

 

Hoy hace una semana falleció Luis Sepúlveda en el Hospital Universitario Central de Asturias, donde estaba ingresado desde el pasado 29 de febrero. A Luis Sepúlveda, los gatos le parecían misteriosos e independientes.

Decía que le gustaban todos los animales, pero que tenía una relación especial con los gatos. Cuentan que en una ocasión, un astrólogo chino le contó que en otra vida había sido el gato feliz y bien alimentado de un mandarín. Quizá por eso los incluía en sus historias y escribía relatos con ellos como protagonistas.

Luis Sepúlveda nació el 1 de octubre de 1949 en el Hotel Chile de Ovalle, a unos 400 kilómetros al Norte de Santiago, porque su madre, que era menor de edad, se había fugado con su padre. Siempre decía que había nacido “rojo”, y a los quince años se afilió a las Juventudes Comunistas de Chile.

Luis Sepúlveda con un gato

En 1971 se casó con la poetisa chilena Carmen Yáñez Hidalgo y en 1973 nació su hijo Carlos Lenin. Se separaron poco tiempo después, pero al cabo de veinte años se reencontraron en Alemania. Después del golpe militar de Pinochet, pasó casi tres años en las cárceles de la dictadura antes de ser exiliado a la fuerza.

Dejó Chile en 1977 y recorrió diversos países latinoamericanos hasta llegar a Ecuador. Allí se unió a la Brigada Internacional Simón Bolívar en 1979 para participar en la Revolución Sandinista. Después del triunfo de la revolución, se instaló en Hamburgo y trabajó como corresponsal mientras escribía relatos, obras de teatro y novelas. Cruzó los mares en varias ocasiones entre 1983 y 1988 siendo corresponsal de Greenpeace.

 

La editorial Tusquets publicó en 1993 la novela que le catapultó a la fama, “Un viejo que leía novelas de amor”. La edición en Francia del año siguiente, a cargo de Anne Marie Métailié, tuvo un enorme éxito y el libro fue traducido a otros veinte idiomas.

En 1996, un año antes de instalarse definitivamente en Gijón, Asturias, y después de reemprender su relación con Carmen Yáñez, publicó una novela corta con un largo título, “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”. Protagonizan la historia un gato negro, grande y gordo llamado Zorbas, sus tres amigos Secretario, Colonello y Sabelotodo, y la gaviota, claro.

Un día, una gaviota de nombre Kengah se desorienta en el duro Mar del Norte, pero consigue llegar, exhausta, al balcón donde está Zorbas, que acaba de quedarse solo para un mes porque los dueños de la casa se han ido de vacaciones, lo que tampoco le supone un disgusto. Un vecino viene a darle de comer, tiene la casa para él solo y puede pasear por el puerto de Hamburgo saliendo por el balcón.

En inglés

Kengah, antes de morir, tiene fuerza para poner un huevo y le hace prometer tres cosas a Kengah: Que no se lo comerá, que cuidará del huevo hasta que nazca el pollito y que le enseñará a volar. Zorbas lo promete. La gaviota no se equivoca, es un gato bueno y de nobles sentimientos.

Francia

Sin saber qué hacer para salvar a la gaviota, Zorbas parte en busca de Sabelotodo. Este tiene la costumbre de consultar la enciclopedia para absolutamente todo y vive en un enorme bazar cuya entrada está vigilada por el mono Matías. Le acompañan Secretario, un gato romano muy flaco, y Colonello, otro gato de edad indefinida. Ambos viven en un restaurante.

Italia

A partir de ese momento, los cuatro gatos se desviven para cumplir la promesa que Zorbas le hizo a Kengah, la gaviota que murió por haberse manchado las alas con el petróleo que un buque había soltado de sus tanques en alta mar. A pesar de su nulo conocimiento en la crianza de aves, lo consiguen.

Portugal

Otra edición portuguesa

Entre otras dudas está saber si es pollita o pollito. Los cuatro amigos no tienen más remedio que recurrir al gato Barlovento, viejo lobo de mar que vive en un barco. Dictamina que “es una linda pollita” y deciden llamarla Afortunada.

Suecia

Enseñando a volar

La novela está escrita con un estilo muy directo: el puerto de Hamburgo cobra vida con una breve descripción, los gatos surgen de entre las páginas, igual que el bazar y el mono Matías. En los años cincuenta, en la portada de la edición belga y francesa del cómic “Tintín” se leía: “La revista para los jóvenes de 7 a 77 años”. Nos atrevemos a recomendar este relato a los jóvenes de 6 a 96 años.

Turquía

Fue adaptada al cine de animación por el realizador italiano Enzo D’Alò en 1998 con el título “La Gabbianella e il gatto”.

Imágenes de la película

En 2012, la editorial Espasa publicó la novela corta de Luis Sepúlveda “Historia de Mix, de Max y de Mex”, también llamada en otros países “Historia de un gato y del ratón que se hizo su amigo”, traducida a varios idiomas.

Aquí, el escritor cuenta la historia del gato Mix que vive con el niño Max. Cuando este crece y va a estudiar a la ciudad, le lleva con él. Se instalan en un pequeño piso, y Mix disfruta sentado en el tejado mirando los coches y a la gente en la calle. Pasan los años, Mix envejece y se queda ciego.

Italia

Polonia

Max se asegura de que el piso siempre esté ordenado para que Mix no tropiece con nada y el gato oye cada vez mejor. Un día, un ratón mexicano llamado Mex se cuela en la casa de ambos en busca de comida. Es un ratón parlanchín, un poco cobarde, muy simpático, y se hace amigo del gato. A partir de entonces, suben juntos al tejado para que Mex le describa a Mix todo lo que ve.

Es otra historia de amistades imposibles, de supuestos enemigos natos que no parecen tener problemas en entenderse. Cuando la pequeña Afortunada de “Historia de una gaviota” descubre que no es gata, está convencida de que ya no la querrán porque no es como ellos. Zorbas la consuela explicándole que, al contrario, la quieren porque es gaviota, es diferente de ellos.

Rusia

Francia

Luis Sepúlveda también escribió libros de viaje, guiones y ensayos. Fue cocinero, guerrillero, ecologista y muchas más cosas. Recorrió América Latina de Sur a Norte. Vivió fiel a sus principios. En una entrevista en junio de 2017 dijo: “Contar bien una buena historia es la única obligación del escritor; no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos”.


5 comentarios

Gatos, etiquetas y Louis de Bernières

Reino Unido

El escritor Louis de Bernières nació en las cercanías de Londres el 8 de diciembre de 1954. Él mismo se define como un euroescéptico y apoyó la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Se le conoce por ser el autor de la novela “La mandolina del capitán Corelli”, ganadora del Premio de la Commonwealth al Mejor Libro del Año y llevada al cine por John Madden en 2001.

Pavo con conejo (Alemania)

Pollo (Reino Unido)

Antes había escrito tres novelas, “La guerra de las partes pudendas de Don Emanuel” (1990), “El Sr. Vivo y el rey de la Coca” (1991) y “El molesto retoño del Cardenal Guzmán” (1991), muy influenciadas por la literatura sudamericana, sobre todo por el realismo mágico. En 2001 publicó “Perro Rojo”, una colección de historias cortas basadas en la estatua de un perro que vio en Australia con ocasión de un congreso de escritores.

Atún claro y pollo (Estados Unidos)

Pechuga de pollo (Italia)

A pesar de las dos fotografías que incluimos del autor con un gato, ignoramos si le gustan. Una de ellas, la del gato blanco, fue hecha en Turquía durante una presentación, por lo que deducimos que no era suyo. Y de la segunda no sabemos nada. Pero Louis de Bernières tiene en su haber una historia corta titulada “Labels” (Etiquetas) que merece una entrada. Pasamos a resumirla.

Louis de Bernières en Turquía

Etiquetas exclusivas (Estados Unidos)

El narrador cuenta en primera persona que nació en una época en que había luz eléctrica, pero no televisión. Mucha gente pasaba las veladas construyendo pueblos con cajas de cerillas y barcos con las cerillas. Fue la gran época de los pasatiempos. Su abuelo, por ejemplo, se hacía sus propios calcetines. Los niños coleccionaban de todo, desde cromos y sellos, pasando por bolsas de patatas fritas, hasta envoltorios de caramelos.

Portada del libro

Variedad de sabores (Corea del Sur)

Al igual que al resto del mundo, le invadió un creciente torpor con la llegada de la televisión. Peor aún, se sentía irritable y deprimido hasta que, un buen día, en la tienda de la esquina, se fijó en una lata de comida húmeda para gatos, atraído por la mirada del gato en la etiqueta. En ese momento pensó que una colección de etiquetas de latas de comida felina podría ser de sumo interés en un futuro para los historiadores especializados. Además, al ser algo poco común, podría convertirse fácilmente en una autoridad en la materia en poco tiempo. Desechó la idea como risible.

Conejo con plátano (España)

Tentempié entre comidas (Alemania)

Una hora después estaba de vuelta en la tienda para comprar la lata. A su regreso a casa, metió la lata en agua hirviendo para despegar la etiqueta, pero la desgarró por falta de paciencia y tuvo que volver a comprar una segunda lata. Tensó una cuerda entre la ventana y una tubería para colgarla mientras iba a la papelería a comprar un álbum de fotos. Se pasó el resto de la velada esperando ansiosamente a que se secara la etiqueta. Apenas pegó ojo esa noche levantándose cada media hora para ver si ya podía colocarla en el álbum.

Caballa con cordero (Nueva Zelanda)

Francia

Al día siguiente lo consiguió, apuntando la fecha correspondiente. Poco después salió de nuevo para comprar un secador de pelo y otras dos latas. No tardó en descubrir que los fabricantes de comida húmeda no solo usaban diferentes tipos de pegamento, sino también en cantidades diferentes, lo que apuntó con precisión.

Cocinera televisiva (Estados Unidos)

Atún, cordero, patata (Italia)

Su pasión le llevó a acumular una gran cantidad de latas de todo tamaño sin etiquetar. Su lado práctico le impedía tirarlas y se las regalaba a amigos con gatos. Las latas de tamaño industrial fueron a parar a protectoras. Desafortunadamente, su conversación se volvió monotemática, cada vez le invitaban menos a cenar y los amigos empezaban a mirarle mal. Su esposa le dejó ante la acumulación de álbumes en el dormitorio.

Sardina, atún, gambas (Reino Unido)

Ternera, pollo, gambas (Alemania)

Pollo (Canadá)

Trabajaba como agente de cobro, ocupación que siempre se le había dado bien debido a su gran tamaño y a la facilidad por poner caras con expresiones intimidantes. Consiguió equilibrar los gastos de la colección con su sueldo hasta que realizó un viaje a Francia donde descubrió filas y filas de latitas con maravillosas y elegantes etiquetas. Compró todo lo que encontró con el resultado de que el eje de su coche se rompió debido al peso durante la vuelta a Inglaterra.

Solo pollo (Estados Unidos)

Atún con chirlas (Italia)

A continuación dijo que estaba enfermo y viajó a España. No fue a visitar la Alhambra, sino todos los supermercados para comprar latas de “Señorito Gatito”, “Minino”, “Micho Miau” y “Ronroneo”. A su regreso se enteró de que le habían despedido.  Incapaz de abandonar su manía coleccionista acabó comiendo pan duro y caldo de huesos.

Con algas (Reino Unido)

Pollo (Estados Unidos)

Un buen día, sumido en la más absoluta desesperación, abrió una lata para de gatos de pollo, la olió… No era desagradable. Se atrevió a meter una cucharita en la mousse y a probarla, pero la escupió. Soñando ya con una muerte próxima, se propagó por su boca un agradable sabor. Volvió a olerla y pensó: “Bastaría con un toque de ajo y un poco de albahaca para hacer una terrina de lo más respetable”.

Solo pollo (Italia)

Pechuga de pollo con trocitos de costilla (Estados Unidos)

A partir de ese momento inició un proceso de mejora del contenido de las latas de comida húmeda. Las más caras se convirtieron en excelentes patés y pasteles de carne. Añadió champiñones e higaditos de pollo a las marcas más baratas. En cuanto a las de pescado, su conversión era más complicada si no se trataba de atún o salmón.

Pavo (Alemania)

Ternera, venado, cordero (Estados Unidos)

Empezó a vender sus productos en la tienda local. El éxito le empujó a hablar con otras tiendas. Mejoró las primeras recetas con la adición de un brandy griego que hacía milagros. Ahora tiene varias tiendas en París, y su producción está debidamente aprobada por el Ministerio de Agricultura. Su esposa volvió al hogar y ambos recorren el mundo en busca de nuevas etiquetas.

Cazuelita de cordero (Reino Unido)

Italia

Pollo para lamerse la pata (Estados Unidos)

Si tienen ocasión de leer el cuento, háganlo, nuestro resumen no le hace justicia. Nos enteramos de su existencia por Zyx, un seguidor del blog al que le dedicamos esta entrada con nuestro agradecimiento. Zyx lo leyó en una serie de relatos gastronómicos escrita y recopilada por Medlar Lucan y Durian Gray titulada “Una cena con Calígula. El libro de la cocina depravada”. Título original: “The Decadent Cookbook”.

 

Pavo (Francia)

Pollo, salmón, pato (Estados Unidos)

Nos hemos limitado a incluir la comida gatuna menos conocida y con cierta tendencia al lujo. La marca “Newman’s Own”, creada por el actor Paul Newman, dona todos los beneficios de la venta de sus productos a organizaciones benéficas.

Paul Newman (Estados Unidos)

Paul Newman (Estados Unidos)


Deja un comentario

Muchos gatos y Ernest Hemingway

Ernest Hemingway dijo una vez que “la honradez emocional de un gato es total; los seres humanos esconden sus sentimientos por diferentes razones, pero un gato nunca”. No podemos estar más de acuerdo con las palabras del escritor – aunque lo mismo podría decirse de cualquier animal -, que siempre vivió con gatos, desde su infancia en Illinois y Michigan, pasando por París, Cayo Hueso, Cuba y su última residencia en Idaho.

En 1943 escribió a su primera esposa (Hadley Richardson) desde Finca Vigía en Cuba: “Un gato lleva a otro… Y este lugar es tan grande que no te das cuenta de que hay tantos gatos hasta que los ves llegar en masa a la hora de comer”. No cabe duda de que amaba profundamente a los gatos y a otros animales. También tuvo nueve perros, una vaca y un búho americano al que rescató pocas semanas antes de su muerte.

Los gatos de Finca Vigía

Decía que los gatos eran “fábricas de ronroneo” y “esponjas de amor” que se empapaban de afecto a cambio de consuelo y compañía. Todos tenían un nombre según su carácter, algunos más imaginativos que otros. Estaba F. Puss (F. Gatito), Fatso (Gordo), Friendless (Sin amigos) y Friendless’ Brother (El hermano de Sin amigos), Feather Kitty (Gatita pluma), Princessa, Furhouse (Casa de pelo), entre muchos otros.

Friendless’ Brother y Willy observando a un mono en Finca Vigía

Con Friendless

Escribió un cuento muy corto titulado “Cat in The Rain” (Gato en la lluvia), publicado en 1925 en la colección “Our Time”, que a posteriori hizo correr ríos de tinta. En ese cuento, una pareja de turistas estadounidenses en Italia se ven obligados a quedarse en el hotel por culpa de la lluvia. La esposa ve a un gato debajo de una mesa en la terraza y se empeña en tenerlo.

Con Boise

También menciona a los gatos en otras obras, todas escritas hacia el final de su vida, como en “París era una fiesta”, “Islas en el golfo”, “El jardín del Edén” y “Al romper el alba”, todas ellas bastante autobiográficas.

Con Cristóbal

Además, ¿quién no ha oído hablar de los famosos gatos de seis dedos de su residencia en Cayo Hueso? Llegó a la isla en abril de 1928 con Pauline Pfeiffer, su segunda mujer, y decidieron pasar los veranos en Wyoming y los inviernos en Florida. Escribió las novelas “Adiós a las armas” y “Tener y no tener” en la casa de estilo colonial que compraron y reformaron.

Cristóbal e Izzie

Hoy, la casa es un museo dedicado al escritor y el hogar de unos cuarenta gatos de seis dedos o polidáctilos. Durante su estancia en Cayo Hueso, el capitán de barco Harold Stanley le regaló una gata blanca polidáctila a Hemingway a la que sus hijos llamaron “Snow White” (Blancanieves). La gata no tardó en tener gatitos a los que se nombró por los amigos famosos del escritor. Los gatos que ahora viven en el museo (e incluso duermen en la cama de Hemingway) son los descendientes de esta primera gata.

La casa de Hemingway en Cayo Hueso

Conoció a Martha Gellhorn durante la Guerra Civil española. De hecho, escribió su única obra de teatro, “La quinta columna”, en un hotel de Madrid mientras las tropas franquistas bombardeaban la ciudad. A su regreso a Estados Unidos se separó de Pauline. En 1939, Hemingway alquiló Finca Vigía, en Cuba, una propiedad de más de seis hectáreas a unos 25 km de La Habana, y Martha se reunió con él un poco después. Al parecer, volvía periódicamente a Cayo Hueso para ver a sus hijos y gatos. En Cuba hubo muchos más gatos, un sinfín de gatos incluso, y su idilio con la isla duró muchos años, concretamente hasta el 25 de julio de 1960.

Good Will en Finca Vigía

Para entonces ya estaba casado con Mary Welsh, a la que había conocido en 1945. Su última residencia fue en Ketchum, Idaho, donde también le acompañó un gato llamado Big Boy Peterson (Chicarrón Peterson). Se suicidó con su escopeta favorita el 2 de julio de 1961, a los 62 años. Curiosamente, su padre, su hermana y su hermano también se suicidaron. A partir de 1954, la salud del escritor se deterioró después de dos graves accidentes.

Mary Hemingway con Boise

Big Boy Peterson en Ketchum, Idaho

Ganador del Premio Nobel, conductor de ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial, corresponsal de guerra en la Guerra Civil Española y en la II Guerra Mundial, aventurero y, desde luego, amante de los gatos. E incluso de otros animales, pero… cazador y pescador empedernido, además de aficionado a las corridas de toros.

Willy, Spendy, Shopsky y Ecstasy en Finca Vigía

Hemingway no se limitaba a cazar en Idaho o a pescar en las cálidas aguas del Golfo. Iba regularmente de safari a África, y los dos accidentes que acabaron con su salud (además del alcohol) tuvieron lugar con muy pocos días de diferencia en Uganda. La revista Life le encargó en 1959 un reportaje de diez mil palabras sobre las corridas, y aunque no estaba bien físicamente, se desplazó en dos ocasiones a España para escribirlo. Habían pasado más de treinta años desde que descubrió los encierros de Pamplona en los años veinte, pero le seguían gustando.

A pesar de la proliferación de gatos en Cayo Hueso y en Finca Vigía, Hemingway jamás consideró la posibilidad de esterilizarlos porque iba contra sus principios. Y nos preguntamos ¿qué fue de los numerosísimos gatos de Finca Vigía cuando Hemingway y su cuarta esposa abandonaron la isla para siempre?

Gatos y Respeto cree que no basta con amar a los gatos si no se respeta a todos los otros seres vivos del planeta. Nadie que realmente quiera a un gato puede empuñar un arma y disparar a un conejo o a un elefante, solo representa una terrible contradicción.

Gatito y pies de Hemingway


2 comentarios

Gatos en el folclore ruso

El gato es importante en Rusia, no solo porque al parecer el  60% de la población tiene un gato doméstico, sino por el importante lugar que ocupa en el folclore. En el cuento de hadas épico “Ruslán y Ludmila”, escrito por Pushkin y publicado en 1820, los seis primeros versos, inmediatamente después de la dedicatoria propiamente dicha, se refieren a un gato: “Hay un roble verde en la orilla/ de la bahía azul; atado a una cadenita de oro/ el gato, conocedor de muchas fábulas,/ pasea alrededor del tronco sin cesar./ Si se mueve a la derecha, cantará una canción./ Si se mueve a la izquierda, contará un cuento”.

Ruslán y Ludmila

Este curioso gato cantante y hablador, conocido por todos los niños rusos, está relacionado con el gato Bajun, que significa “hablador”, del verbo “bayat” (hablar), también llamado Kot Baikun. Se trata de un gato negro de enormes proporciones capaz de contar maravillosas historias y cuentos durante horas hasta adormecer a quien le escucha y entonces comérselo. Pero… si el oyente consigue permanecer despierto y atrapar al Kot Bajun, este se convertirá en el más fiel de los compañeros y le ayudará a superar cualquier dificultad.

Bajun

Bajun

Algunos dicen que Kot Bayun vive con Baba Yaga en una isba sostenida con patas de pollo en el Reino Tres Veces Diez, en Ucrania, mientras otros afirman que mora encima de un poste de hierro en la Tierra Tres Veces Nueve, en Rusia, donde no hay ni animales ni plantas. El gran tamaño y el color de Baiyun nos lleva a Beguemot, el travieso y parlanchín gato que juega al ajedrez en la novela de Mijaíl Bulgákov, cuyo nombre viene del monstruo Behemot, del que se habla en el Libro de Job.

La isla de Baba Yaga

Beguemot

Beguemot tiene el don de convertirse en un hombre rollizo en ciertas ocasiones, y el autor lo describe así: “Gordo como un cerdo, negro como el tizón o como el mirlo, y con los bigotes de un oficial de caballería”. Además, es un auténtico glotón.

Beguemot

El Beguemot del Museo Bulgákov

En Rusia existe la tradición de que al mudarse a una nueva casa, el gato debe ser el primero en entrar e inspeccionar las estancias. La cama se colocará donde se haya sentado por primera vez porque será el lugar más seguro. Hace unos catorce años, uno de los mayores bancos de Rusia ofrecía prestar un gato a cualquiera que contratara una hipoteca con ellos. Incluso tenían un portafolio con fotos de gatos para que el cliente pudiera escogerlo.

La casa del gato

Los gatos son los guías hacia el Más Allá, y antes se decía que si un gato saltaba por encima de un muerto, este regresaría como un vampiro porque el Guardián del Otro Mundo le había rechazado. Se sigue diciendo que cualquiera que mate a un gato no se limitará a siete años de mala suerte, sino que sufrirá lo peor de lo peor durante estos años.

El gato de Kazán

En muchos cuentos, los papeles protagonistas corresponden a gatos, y aquí resumiremos dos de los más conocidos. El primero es el gato y la zorrita. Érase una vez un gato macho al que le faltaba una oreja y que no dejaba de pelearse. Su amo decidió deshacerse de él, lo metió en un saco y se lo llevó al bosque, donde le abandonó, pero el gato consiguió agujerear el saco y salir. Primero se aseó, luego encontró una cabaña abandonada y se echó la siesta para reponerse de las emociones. Al despertar, sintió hambre y cazó unos ratones. Siguió así durante un tiempo, aunque no le gustase especialmente cazar; estaba acostumbrado a que le trajeran la comida.

Un buen día conoció a una zorrita, y aunque ella nunca había visto a un gato, le pareció de lo más apuesto. Le preguntó quién era y él contestó: “Soy el nuevo Gobernador procedente de los bosque siberianos, me llamo Catafay Ivanovich”. La zorrita Lisa le invitó a su casa, y como los dos se llevaban muy bien y eran solteros, decidieron casarse.

Al día siguiente, la zorrita salió a buscar comida y se encontró con el lobo, que empezó a coquetear con ella, pero le detuvo diciendo que estaba casada. El zorro quiso conocer a su marido, claro. Ella contestó: “Cielos, mi Catafay Ivanovich es de lo más fiero. Trae un cordero como prueba de respeto y te presentaré”. Al oso que al poco se cruzó en su camino le pidió que trajera un buey.

Los dos volvieron al rato con los presentes y le ordenaron a la liebre que avisara a la zorrita. El oso trepó a un árbol y el lobo se escondió debajo de un montón de hojas secas. El oso vio llegar a la pareja desde su escondite y el fiero marido de Lisa le pareció muy pequeño, pero Catafay se tiró encima del buey y empezó a arrancarle trozos pidiendo más y más.

El lobo se movió debajo de las hojas para ver qué ocurría. Catafay le oyó y creyendo que se trataba de un ratón, se le tiró encima, arañándole el hocico. El lobo huyó, aterrado, y el oso se cayó del árbol. A partir de ese día Lisa y Catafay vivieron felices sin tener que preocuparse de la comida para el duro invierno.

Otro cuento es el del Gato, el Gallo y la Zorra. Un gato y un gallo vivían felices en la misma cabaña. Siempre que el gato salía a cazar, le recomendaba al gallo que no saliera ni abriera la puerta a nadie. Una zorra muy lista decidió hacerse con el gallo y le ofreció grano si salía, pero el gallo le contestó que estaba muy bien en su casa.

La vez siguiente, dejó el grano delante de la ventana y se escondió. El gato salió a cazar, el gallo vio el grano, se aseguró de que no había nadie y saltó fuera a comerlo. La zorra no dejó pasar la oportunidad y se lo llevó. Por mucho que gritó el pobre gallo llamando a su compañero el gato, este estaba demasiado lejos para oírlo.

El gato, a su regreso, entendió lo que había pasado y al día siguiente siguió las huellas de la zorra hasta su casa. La zorra tenía cuatro hijas y un hijo, y antes de salir les encomendó que pusieran agua a hervir porque a su regreso, matarían al gallo y lo hervirían.

La zorra se fue y el gato empezó a cantar. La hija mayor, llena de curiosidad, salió a ver quién cantaba tan bien. El gato le dio en el hocico, ella se desmayó y la metió en un saco. Lo mismo pasó con las otras tres y, finalmente, con el hijo pequeño. El gato colgó el saco de una rama, entró y liberó a su amigo el gallo. Desde ese día, el gallo jamás desobedeció al gato.

Dedicamos esta entrada a nuestro amigo Carlos, que creció en Moscú.


Deja un comentario

El gato, la casa y Mireille Havet

El Gato, de Guillaume Apollinaire

Mireille Havet nació el 4 de octubre de 1898 en Médan, una población situada a cuatro meandros del Sena al oeste de París. Era hija del pintor paisajista Henri Havet y de Léoncine Cornillier, y hermana de otro pintor, Pierre-Emile Cornillier. Su padre, que nunca tuvo mucho dinero, murió cuando ella tenía quince años.

Mireille Havet

Mireille Havet perteneció a esa generación de estrellas fugaces del París de entreguerras que murieron demasiado jóvenes, pero ella, al contrario que muchos otros, no dejó una novela mítica ni hizo mella en el movimiento surrealista. Si Dominique Tiry no llega a descubrir en 1995 el diario que escribió desde 1912 a 1929, y si Claire Paulhan no se hubiera atrevido a publicarlo, es probable que ahora nadie se acordase de ella.

La gata, de Théophile Steinlein

Fue amiga de Guillaume Apollinaire, que publicó sus primeros poemas en la revista “Soirées de Paris” (Veladas de París) en 1914; de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/), que escribió el prólogo de la colección “La casa en el ojo del gato”; de Jean Cocteau (https://gatosyrespeto.org/2015/07/17/el-gato-karoun-y-jean-cocteau/), para el que interpretó el papel de la Muerte en “Orfeo”, vestida por Coco Chanel, y de muchos otros que la apoyaron.

Colette

Jean Cocteau

Colette la presentó a la estadounidense Natalie Clifford Barney y empezó a frecuentar su salón. Descubrió la obra de Renée Vivien y conoció a la escritora. Mireille Havet se mostraba abiertamente homosexual en su diario y en los salones, y reivindicó su libertad sin tapujos.

Renée Vivien

Mireille Havet

Pero ¿qué la empujó a entregarse a la morfina y al opio a pesar de ser considerada como una brillante escritora en ciernes por los que la quisieron y apoyaron? Murió el 21 de marzo de 1932 en el sanatorio de Montana, Suiza, a los 33 años. En su memoria, hemos traducido el cuento “La casa en el ojo del gato”, publicado en el número 19 de la revista “Les soirées de Paris” en 1913 y que Jean Cocteau describió como “una obra maestra abarrotada de geometría moderna y de torpeza infantil que me parece uno de los ejemplos más extraordinarios del “clima” intelectual de nuestra generación”.

La casa en el ojo del gato

Los objetos no son objetos, sino imágenes que solo existen cuando nos fijamos en ellas y que desaparecen en cuanto cesamos de pensar en ellas. No existen objetos pues, sino nuestra relación con ellos”. (Tolstói)

La casa estaba sola al borde del Vacío que había abrazado el pequeño jardín.

La casa estaba sola al borde del Vacío, como cualquier casa en la que nadie piensa y a la que nadie ve.

El Vacío ascendía hasta el cielo, que ya no era cielo, ¡sino Eternidad! Y quizá bastara con darse la vuelta con suficiente rapidez para ver, desde el umbral de la casa, toda la Vida precedida por el Pasado y seguida por el Futuro.

La casa, la Vida banal y particular seguía su curso.

Una familia (como todas las familias) se preparaba para ir a pasar el verano al campo, que esperaba fuera, infinito y tranquilo.

El padre, preocupado, consultaba el horario.

La madre colocaba más ropa en un baúl lleno.

El hijo cerraba las contraventanas.

Y la hija bajaba de su habitación con una bolsa de cuero amarillo que depositaba fuera, encima de los otros paquetes.

Abrió la puerta de la casa y el fiel jardincito regresó del fondo de la Eternidad y la Eternidad, también fiel, reflejó la imagen exacta del pensamiento de la joven en el pequeño jardín que amaba.

Esta se detuvo delante de la casa y unas flores crecieron de inmediato en los arriates de los caminos: capuchinas y algún que otro pálido tulipán.

Una lluvia muy fina caía en el césped verde, ¡y recuerdos! Los recuerdos subían en el alma de la joven: Fue aquí, este año, donde vio llegar la primavera. Una primavera un poco alocada que había cubierto la hierba de diminutas margaritas, la tierra de lirios, el muro de rosas caninas y de jazmín que aún perduraba. Aquí es donde había leído, en días de oro pálido, a Shakespeare, ¡que tanto le gustaba! A Balzac y a su primer Zola. Aquí es donde había visto tantos crepúsculos como grandes alas de ángeles, bordeadas de una sombra azul, rozar la tierra antes de irse hacia el cielo. ¡Y todo eso se había acabado!

¿Por qué? Porque había llegado el verano, un verano feo, lluvioso, que había ahogado las flores de la primavera… ¡Todas las florecillas! De pronto pensó en el campo que la esperaba, ¡un campo tan suave!, donde ÉL ya llevaba un mes. ¡Entonces se sintió feliz! ¡El jardín le pareció rebosar de sol! Salió a la calle… y el Vacío se cerró tras ella.

El hijo, después de cerrar todas las contraventanas, salió de golpe de la casa: miró el jardín, insignificante para él en su verde grisáceo monótono, y su mirada, yendo mucho más lejos, descubrió el mar, la playa, la red de tenis que había desgarrado y sustituido a su costa el año pasado. Regresó al jardín, se fijó un momento en el trapecio en el que por poco se mató y, cogiendo una maleta, salió corriendo a la calle. La puerta quedó entreabierta y un transeúnte vio el jardín, que le pareció “grande por ser París”, y la casa, que tachó de “fea”. Eso fue todo. – El Vacío.

El padre y la madre salieron juntos.

El padre cerró la puerta de la casa. La madre pensó que aún no había encontrado las tijeras en el césped. Vio el césped.

“Si vuelve el gato, estropeará los último tulipanes”. Vio los tulipanes. Se fue.

El padre dijo: “Prefiero que haya dejado de llover, se estropean las bicicletas”. Se guardó las llaves en el bolsillo, no vio el jardín, cerró la puerta de la calle. Pero el jardín permaneció un momento más. Y regresó la Eternidad en la sombra infinita de la Soledad: Ya solo hubo un cielo, de abajo arriba, cuyos contornos eran el Infinito.

Encima de la tierra, habitada por el pensamiento de los seres humanos: un cielo claro, sembrado de estrellas. La tierra es muy luminosa. En el lugar donde la familia ha dejado la casa no hay nada. ¿Almas quizá? Y recuerdos… Pero hay algo, el Vacío se aparta, aparece un cielo admirable, de una pureza divina. Y la casa alta, ¡alta! como una catedral. Y el jardín con un césped como un prado, y los caminos como carreteras en el campo.

¿Qué hay? No hay nada. Sí. Allí abajo, un poco por encima del suelo, quedan suspendidas dos estrellas: Los ojos de un gato miran la casa. El gato está aquí y todo revive para él. El gato pasea: todo está en calma. Se acerca lentamente a un tragaluz: entra, las estrellas iluminan el sótano, blanco como el pasillo de una abadía. El gato ronronea mientras avanza. Está tranquilo, nada ha cambiado en su casa. Vuelve a saltar en la carretera de campo y da una vuelta por el prado. El gato pasa revista a toda la Noche. En las ventanas de las casas titilan vidrieras. El gato se tumba en un escalón de la casa. Sus ojos se hacen muy grandes, ¡ve en la Nada!

Queremos dar las gracias a mish Laura Valeria Cozzo y a su blog sobre Cocteau por habernos hecho descubrir este maravilloso escrito que quizá aporte alguna pista sobre la prematura muerte de su autora.

Mireille Havet