Gatos y Respeto

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Gatos, Paul Gauguin y la Polinesia

(1884)

Paul Gauguin no hizo muchos cuadros que incluían gatos. El primero, titulado “Gatito”, fue pintado en 1884, durante su estancia en Rouen, ciudad en la que pasó diez meses con su familia. ¿Vivía ese gatito en casa con ellos? Es muy posible que tuvieran una gata y que diera a luz.

Gatito (1888)
Gatito comiendo (1888)

No volvemos a encontrar más cuadros con gatos hasta cuatro años después, en 1888, cuando está instalado en Bretaña, concretamente en Pont-Aven, sin su familia. En estas dos obras, el gatito es negro y parece ser el mismo. Siguiendo con nuestras conjeturas, podría tratarse de un gato que vivía en la posada de Marie-Angélique Satre, a la que inmortalizó en el cuadro “La bella Ángela”.

Autorretrato (1889)

Pero dejémonos de imaginaciones y volvamos a lo que sí sabemos. Paul Gauguin nació en París el 7 de junio de 1848, hijo de Clovis Gauguin, periodista republicano, y de Aline Chazal, hija de Flora Tristán, escritora, pensadora, militante socialista y feminista. Huyendo de las persecuciones de Napoleón III, se trasladaron a Perú, país en el que tenían parientes cercanos por parte de Aline. Su padre falleció en 1951 durante la travesía y Paul vivió en Lima hasta los siete años, cuidado por niñeras y criados.

Estudio de gatos y cabeza

Después de graduarse en el instituto, se alistó en la Marina. Fue nombrado teniente y luchó en la guerra franco-prusiana de 1870 participando en la captura de seis barcos alemanes. Al cabo de un año dejó la Marina y trabajó como corredor de Bolsa de gran éxito durante once años. Llevaba una vida burguesa con su esposa danesa, Mette-Sophie Gad y sus cinco hijos. En 1874 conoció al pintor Camille Pissarro, descubrió a los impresionistas y empezó a pintar. Expuso por primera vez con estos en 1879.

Mimi y su gato (1890)

Tres años después, con la caída de la Bolsa francesa, abandonó su profesión y se trasladó a Rouen, la capital de Normandía, donde ya estaba su mentor Camille Pissarro. Dedicado en cuerpo y alma a la pintura, realizó unos cuarenta cuadros en solo diez meses, pero no ganaba lo suficiente para alimentar a sus hijos. Decidieron mudarse a Copenhague con la familia de Mette, y allí vendía lona alquitranada sin mucha convicción.

Estudio de gatos

Regresó a París en 1885, dejando a su mujer e hijos en Dinamarca. En 1887 se fue a Panamá con el pintor Charles Laval para trabajar en las obras del Canal. Debido a las durísimas condiciones laborales, se marcharon en cuanto reunieron bastante dinero y se detuvieron en Martinica. En esa isla, que le dejó un recuerdo imborrable, permanecieron siete meses.

Natividad (1896)

De vuelta en París, y ya con cuarenta años de edad se unió a un grupo de pintores más jóvenes conocidos como la Escuela de Pont-Aven. Entonces realizó “La lucha de Jacob con el ángel”, obra admirada por Pablo Picasso, Henri Matisse y Edvard Munch. En el verano de 1888 cruzó Francia para reunirse con Vincent Van Gogh, que le había invitado a Arlés. Entre otras obras pintó “Café de noche en Arlés”, con un gato blanco y negro sentado al lado de la mesa de billar.

Café de noche en Arlés (1888)

La relación entre los dos pintores acabó mal después de que Gauguin hiciera el retrato “Van Gogh pintando girasoles”, que le hará decir a este último: “Soy yo, pero estoy loco”. Todo terminó con el famoso episodio de la oreja cortada el 23 de diciembre de 1988.

Van Gogh pintando girasoles

En 1891, sin dinero, vivió algún tiempo en París. Después de vender varios cuadros gracias a un artículo entusiasta del crítico de arte Octave Mirbeau, zarpó para la Polinesia y optó por quedarse en Tahití con la esperanza de huir de la civilización occidental, sus artificios y convencionalismos.

Estudio con gato

Allí conoció a Teha’amana, también llamada Tehura, de 13 años. Al principio fue su modelo, pero el pintor, que tenía entonces 43 años, la convirtió en su “vahiné”. Pintó unos setenta lienzos en pocos meses, pero la dicha no duró. Pidió que se le repatriara en 1893.

Mujer con gato

De nuevo en París, Paul Gauguin conoció al famoso marchante Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) e intentó venderle algunos de sus cuadros tahitianos, pero Vollard no estaba entusiasmado. Durante una breve estancia en Bretaña, le rompieron una tibia durante una pelea, quedando cojo para el resto de su vida.

Pareja sentada con gato (1897)

Desesperado por regresar a Tahiti, se vio obligado a ceder a muy buen precio cerámicas y obras de la época de Pont-Aven, así como unos lienzos de Van Gogh a Ambroise Vollard, algo que nunca le perdonó. El 3 de julio de 1895 volvió a embarcarse para la Polinesia. Vivió unos años felices con Pau’ura, su nueva “vahiné”, de 14 años.

Estudio de gatos

Puede que la muerte de Aline, su hija favorita, en 1897, le empujara a pintar el cuadro “¿De dónde venimos, qué somos, adónde vamos?”, de cuatro metros de largo y que debe mirarse de derecha a izquierda. Casi en el centro de este cuadro muy simbólico se encuentran dos gatos blancos al lado de una niña comiendo una fruta.

De dónde venimos, qué somos, adónde vamos (1897-98)
Detallle

A pesar de sus reticencias, el pintor acabó firmando un contrato con Vollard, que le mandaba 300 francos al mes, además de lienzos y pinturas, a cambio de veinticinco cuadros anuales, la mayoría de ellos naturalezas muertas. Este acuerdo permitió a Gauguin vivir sin demasiadas preocupaciones a partir de 1898.

Naturaleza muerta con gato (1899)

Sus problemas de salud se agravaron – la herida en la pierna nunca se curó del todo, contrajo sífilis – y empezó a usar morfina, láudano y arsénico para aliviar los dolores. Después de un intento de suicidio, se mudó a las Marquesas. Llegó a las islas el 16 de septiembre de 1901, se instaló en Atuona y, al principio, creyó haber encontrado el paraíso terrenal.

Mujeres, niños y gato (1897)

Pero no tardó en cambiar de opinión al descubrir los abusos de la administración colonial. Intentó luchar para aliviar la situación de los indígenas y los incitó a dejar de pagar impuestos. Su condición física no le impidió tener una nueva “vahiné”, Marie-Rose Vaeoho, de 13 años, a la que dejó embarazada.

Flores y gatos (1899)

Muy debilitado por su herida, ahora convertida en un dolorosísimo eccema purulento, carcomido por la sífilis, murió el 8 de mayo de 1903 en una cabaña miserable. Reposa en el cementerio de Atuona, el mismo en el que setenta y cinco años después sería enterrado Jacques Brel unos metros más allá.

Tumba de Jacques Brel
Tumba de Gauguin
Jacques Brel en 1959

Los cuadros de Paul Gauguin demuestran que los gatos (y los perros) formaban parte de la vida de los polinesios, al menos en Tahití y la isla de Hiva-Oa. El gato está cerca de los seres humanos, forma parte del hogar. Es curioso, pero todos los gatos incluidos en los lienzos son blancos, excepto en “Madre con niños y gato”, pintado en 1901 ya en Atuona.

Madre con niños y gato (1901)

El arqueólogo y explorador Thor Heyerdahl, en el libro “Fatu-Hiva – De vuelta a la naturaleza”, describe su estancia de quince meses en Fatu Hiva, isla de las Marquesas, entre 1937 y 38, y hablando de los gatos, dice: “En Fatu-Hiva, a los gatos se les llama ‘poto’. El hecho de que estos animales parezcan tener un alto grado de inteligencia probablemente hizo que los nativos llamaran a los recién llegados ‘poto’, cuyo significado real en polinesio es ‘listo’”

Paul Gauguin tocando el armonio (París, 1895)


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Gatos de todos los colores, por la pintora Joan Brown

A mediados de los años setenta del siglo pasado, la pintora Joan Brown fue una de las mujeres que demandaron al Club de Remos de South End y al Club Dolphin, ambos en San Francisco, que prohibían la entrada a toda persona del sexo femenino. Y ganaron. Más tarde, ya en los ochenta, también apeló y ganó al temible IRS (Hacienda Pública estadounidense) el litigio para desgravar los gastos de su gato Donald.

Joan Brown con Donald en los años ochenta
Armonía (1982)

Nacida el 13 de febrero de 1938 en San Francisco, Joan Brown vivió y trabajó en esta ciudad casi toda su vida. Decidió estudiar en la Escuela de Bellas Artes de California casi por casualidad y allí conoció a artistas como William T. Wiley y Manuel Neri, con el que se casó y tuvo a su hijo Noel.

Joan, Noel, perro y gato (Navidad 1970)
El gato adolescente Donald (1983)

Entre los profesores, su mayor influencia fue Elmer Bischoff, que la inspiró para pintar lo que veía; algunos de sus mejores cuadros son retratos de amigos, de sí misma, de su familia – en este último apartado incluimos a sus tres gatos y numerosos perros – y de otros animales. En 1959 realizó una serie de dibujos con ratas debido a un sueño en el que veía una espléndida rata cerca del fregadero. Cuando fue a acariciar la larga y peluda cola (más parecida a la de un gato que a la de una rata), descubrió que debajo había garras afiladas.

Donald y rata sin nombre (1982)
Gato gris con madroño y abedules (1968)

El cuadro “La novia” está fechado en 1969. La novia gata lleva a una rata enorme con correa y muchos peces de diferentes colores flotan en el cielo. Joan Brown confiaba implícitamente en su subconsciente y se identificaba con los gatos, quizá porque su signo en el zodíaco chino era el tigre. “Creo que los gatos son mi alter ego”, dijo en 1985. “Uso el gato a menudo en mi trabajo. El gato es un ser andrógino, no es ni masculino, ni femenino, sino ambos a la vez”.

La novia (1969)
Año del tigre (1983

Entre todos los animales que pintó, los gatos y perros ocuparon un lugar especial. Por sus retratos sabemos que tuvo al menos tres gatos, empezando con la gata Leelah, a la que vemos en el autorretrato de Joan con un enorme pez en brazos fechado en 1970. Leelah vuelve a estar en otro autorretrato, esta vez con su hijo Noel y un perro con pinta de San Bernardo, también del mismo año.

Autorretrato con pez y la gata Leelah (1970)
La enfermera cósmica (1978)

Luego llegaron Donald y Toby. Según las fechas de los cuadros debieron vivir juntos durante varios años, y también con un sinfín de perros.

Autorretrato con Donald (1982)
En su estudio con el retrato del gato Toby (1980)
El gato Toby (1981)

Joan Brown se casó cuatro veces, primero con Bill Brown, un compañero de estudios, en 1956. El matrimonio fue anulado a los seis años y volvió a casarse con el escultor Manuel Neri, con el que recorrió Europa. Se divorciaron en 1966. Dos años después conoció a Gordon Cook. Aunque ambos eran muy diferentes, se inspiraban mutuamente. En 1980 se caso por cuarta vez con Mike Hebel.

Mujer con máscara (1972)

A partir de esta época, en la década de los ochenta, incluyó regularmente a sus gatos en los cuadros. La obra demuestra una mayor introspección, centrándose más en la metáfora, quizá debido a la reciente muerte de sus progenitores, como puede verse en el lienzo que dedica a su padre, un sargento del ejército estadounidense.

A la memoria de mi padre, J.W. Beatty (1970)
Modelo con gatos (1972)

Además de pintar, le encantaba bailar y nadar. Como buena nativa de San Francisco, no dudaba en zambullirse en las heladas aguas de la Bahía. En 1972 empezó a entrenar con el famoso nadador Charlie Sava, que acabó siendo su amigo hasta el día de su muerte.

Autorretrato con Charlie Sava (1974)
Donald (1983)

En 1975 compitió por primera vez en la carrera desde la isla de Alcatraz hasta la costa de San Francisco. Un buque de carga pasó cerca de los nadadores, creando una ola que desorientó a varios de ellos. Joan fue rescatada una hora después, con alucinaciones e hipotermia. Pero eso no le impidió volver a probar suerte al año siguiente y conseguirlo.

La vidente (1980)
Donald (1986)

Expuso por primera vez en solitario en la galería Spasta de San Francisco en 1958, a los 20 años, y en 1960 en la galería Staempli de Nueva York. La crítica no tardó en incluirla entre los pintores figurativos de la Bahía de segunda generación y su obra formó parte de la serie de exposiciones “Young America” en el Museo Whitney de Arte Americano en 1960 y en el Carnegie en 1964, además de la famosa “Funk” del Museo de Arte de Berkeley en 1974.

Obelisco con gato negro (1981)
Donald

Dio clases de dibujo y pintura entre 1961 y 1966 en la Escuela de Bellas Artes de California, así como en la Academy of Art College de San Francisco entre 1971 y 1973, y ese último año también en el Mills College de Oakland. Fue nombrada profesora asistente numeraria de la Universidad de California en Berkeley.

Retrato de familia (1981)

En 1977 obtuvo una beca Guggenheim que le permitió visitar Egipto por primera vez. Durante los años siguientes viajó a China, India y Latinoamérica, entrando en contacto con otras culturas y creencias. Siempre le interesaron las filosofías basadas en un concepto masculino-femenino, como el yin y yang chino. El 6 de agosto de 1985, en una conferencia en San Diego, dijo que “todas las culturas antiguas usaron la dualidad, el principio masculino-femenino, para llegar a un total, y este principio es innato al ser humano”.

Autorretrato en Egipto
Mujer con gatos

En 1980, Joan Brown conoció al líder espiritual indio Sai Sathya Baba y comenzó a seguir sus enseñanzas, coincidiendo con una serie de críticas a su obra, debido a bruscos cambios de estilo, que no le sentaron nada bien. Se centró en monumentos instalados en lugares públicos, sobre todo obeliscos, porque según sus propias palabras: “No me gusta el elitismo que veo en el mundo del arte últimamente. Estoy a favor de devolver el arte al pueblo”.

Obelisco en la plaza Horton, San Diego (1985)

Su hijo Noel Neri, escultor conceptual radicado en Filadelfia, dice, hablando de su madre: “Joan no fue una artista genial, pero sí una muy buena pintora. Se ofreció a sí misma a través de sus obras. Hay mucho de ella en sus cuadros, era una persona generosa y abierta”.

Modelo con gatos (1974)

Noel acompañó a su madre a Puttaparti, India, en 1990, para ayudarla a instalar el obelisco que había diseñado para la entrada del ashram de su guía espiritual. La obra se retrasó y Noel regresó a Estados Unidos. El 26 de octubre, una pequeña torre del piso superior del obelisco se cayó mientras trabajaba en el mosaico en compañía de Bonnie Lynn Mainric (43 años), de San Francisco, y de Michael Oliver (25 años), de Santa Cruz. Los tres fallecieron.

Preguntas y respuestas

Tenía 52 años, seguía casada con Mike Hebel y creía en la reencarnación.

Solsticio de verano (1982)


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Un gato llamado Murr y E.T.A. Hoffmann

El gato Murr

El libro se titula en realidad “Opiniones del gato Murr”, y es la segunda y última novela de su autor, E.T.A. Hoffmann, nacido el 24 de enero de 1776 en Königsberg, Prusia. Ha sido traducido a un sinfín de idiomas y, sinceramente, si no lo han hecho, merece la pena leerlo. Es divertido, irónico, entrañable, inquietante y mucho más.

Edición alemana reciente
Edición alemana 1855

El gato Murr es autodidacta, lee y escribe sin la menor dificultad. No vayan a creer que se inclina por historietas o novelitas, no, para nada, Murr dedica su tiempo a la Filosofía. En la introducción a la autobiografía del gato Murr, el supuesto editor dice que este libro, más que cualquier otro, necesita un prólogo, dada la extraña forma en que está compuesto. Quizá sea mejor resumir brevemente esta introducción.

Edición inglesa
Edición francesa

Dicho editor tenía un amigo muy querido que le rogó encarecidamente que se hiciera cargo del manuscrito de un joven autor. Prometió encontrar un impresor y quedó bastante sorprendido al descubrir que el manuscrito contenía la vida y las opiniones de un gato escritas por él mismo. Pero había dado su palabra, y ya que el estilo de las primeras páginas le pareció brillante, se lo entregó a un impresor.

Edición española
Edición italiana

Cuando le llegaron las pruebas de imprenta, vio con horror que algunos fragmentos de otra biografía se entremezclaban con los trepidantes hechos de la vida de Murr, concretamente la del maestro de capilla Johannes Kreisler. Le costó algún tiempo elucidar el misterio, pero lo consiguió.

Edición lituana
Edición turca

Cuando Murr empezó a escribir sus opiniones, encontró otro libro en el estudio de su amo y procedió a arrancar las páginas y a colocarlas como papel secante entre las suyas. Estas páginas no se entresacaron del manuscrito y fueron impresas como si formaran parte de la biografía.

Edición Zúrich, 1914
Edición finlandesa

El editor reconoce humildemente que él tuvo la culpa, pero se consuela enseguida. El lector evitará fácilmente cualquier confusión, ya que cuando se pasa a los hechos de Kreisler se indica con las letras P.d.D. (papel de deshecho) y cuando se vuelve al gato Murr, con M. cont (Murr continúa). Y añade que los amigos del maestro de capilla se alegrarán de conocer las extrañas circunstancias de su vida.

Pero hablemos un poco del hombre que decidió escribir una autobiografía felina. E.T.A. Hoffmann fue jurista, pintor, músico y escritor. La “A” de su tercera inicial corresponde a Amadeus, nombre que adoptó a los veintiocho años debido a su admiración por Mozart. No tuvo una infancia muy feliz. Sus padres se divorciaron cuando era aún muy joven y su madre, propensa a la depresión, regresó con su familia.

E.T.A. Hoffmann, autorretrato

Creció en una casa con su abuela materna, tres tías y un tío tan malhumorado como estricto. Pero la vida musical en la ciudad de Königsberg era muy activa y la familia celebraba veladas musicales con regularidad. A los 16 años ingresó en la Universidad para estudiar derecho, muy a pesar suyo, pero acabó gustándole y se convirtió en un buen abogado.

El gato Murr, por Diana Ringo
El gato Murr, por Josef Hegenbarth

Durante el tiempo de prueba en el tribunal de Königsberg, Hoffmannn daba clases de piano y se enamoró perdidamente de una de sus alumnas, que no había cumplido los treinta años, pero estaba casada con un hombre de sesenta. A pesar de la oposición del marido, la relación duró hasta 1798, aunque de modo epistolar en los últimos años.

El gato Murr, por Carl Spitzweg

Un año después dio al traste con su nuevo puesto de “asesor del gobernador” de Posen al realizar caricaturas de varios notables de la ciudad y distribuirlas durante los carnavales de 1802. Exiliado a Plock hasta 1804, se casó con Michaelina Rorer, hija de un secretario de juzgado polaco.

El gato Murr, por Harald Metzkes

Destinado a Varsovia, rehusó jurar lealtad a Napoleón en diciembre de 1806 y perdió el trabajo. Su esposa regresó a Posen con Cecilia, la hija de ambos, nacida en 1805 y fallecida en 1807, y Hoffmann se fue a Berlín y poco después consiguió el puesto de director en el teatro de Bamberg. Fueron años muy difíciles, y cuando Joseph Seconda le ofreció ser director musical de su compañía operística, los Hoffmann se trasladaron a Dresden en 1813.

Maximilian Liebenwein (Edición de 1923)
Maximilian Liebenwein

No tardó en discutir con Seconda y el matrimonio partió hacia Berlín en 1814. Allí consiguió trabajo en el tribunal de la Corte. Su ópera “Undine” se estrenó con mucho éxito, pero el teatro ardió después de veinticinco representaciones. A partir de 1819, Hoffmann se vio envuelto en varios litigios debido a sus opiniones liberales y a sus caricaturas. Falleció de sífilis el 25 de junio de 1822, en Berlín, a los 46 años.

Volvamos al gato Murr. En la edición original alemana hay un dibujo del gato Murr, obra de Hoffmann, en la portada (reproducido en la edición inglesa de 1999). En mayo de 1820, Hoffmann escribió a su amigo el Dr. Friedrich Speyer: “Un gato auténtico al que había criado, un gato macho de gran belleza (su semblanza está bastante bien reproducida en la portada) y de aún mayor inteligencia, me dio pie para la divertida broma que se abre camino entre una obra muy seria”.

El gato Murr visto por E.T.A. Hoffmann (Primera edición)

El verdadero Murr murió, tal como cuenta Hoffmann a sus lectores al final del segundo volumen, a finales de noviembre de 1821. El escritor mandó una necrológica a sus amigos, como si se tratara de un ser humano: “En la noche del 29 al 30 de noviembre, después de una breve aunque grave enfermedad, mi amado protegido, el gato Murr, dejó esta vida por un mundo mejor, falleciendo el cuarto año de una prometedora carrera. Los que han conocido al joven desaparecido, que le vieron seguir el camino de la virtud y de la justicia, entenderán mi dolor y lo honrarán con su silencio”.

La muerte del gato Murr
Michael Gavrichkovym

Se sabe que la novela fue escrita entre 1819 y 1821. Murr debió de ser un gato muy querido que acompañaba al escritor en su estudio y al que observaba mientras dormía entre papeles y libros. Las convenciones sociales y literarias son víctimas de la pluma de Hoffmann. Murr, un gato bastante pedante, nunca deja de ironizar acerca de los ideales de la época.

E.T.A. Hoffmann y Murr en Bamberg

E.T.A. Hoffmann no tuvo una vida fácil; tendía a expresar sus opiniones en unos años muy antiliberales, a burlarse de políticos y nobles, y de vez en cuando, a enamorarse de quien no debía.

Michael Gavrichkovym (Edición rusa de 2018)
Michael Gavrichkovym


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Los gatos de Miné Okubo

La pintora Miné Okubo nació el 27 de junio de 1912 en Riverside, California. Sus padres, naturales de Japón, se conocieron cuando llegaron a Estados Unidos para representar a su país en la Exposición de Artes y Oficios celebrada en Saint Louis, Misuri, en 1904. Su padre, Tametsugu Okubo, tenía un título universitario, y su madre Miyo Kato, era una famosa calígrafa.

Miné Okubo
Gato y pez

Sin embargo, cuando decidieron quedarse en Estados Unidos, Tametsugu trabajó en una tienda de caramelos y como jardinero, mientras que Miyo se ocupaba de la casa y de los siete hijos de ambos. Miné recordaba a su madre pintando cuando tenía un momento libre, pero solía perder la paciencia con ella porque era incapaz de producir copias exactas.

1992

Miyo falleció en 1940, y un año después Miné pintó “Miyo y gato”, en el que se la ve sentada en el banco de un parque con un libro en el regazo (¿la Biblia?) y un gato a su lado. Los gatos fueron un tema recurrente en su pintura y siempre que firmaba un autógrafo añadía el pequeño dibujo de uno. Incluso hemos leído que en algún momento de su vida fue “canguro” de gatos en Nueva York, pero no hemos podido comprobar la veracidad de la información.

Miyo y gato, 1941

Los Okubo era una de las pocas familias japonesas de Riverside. Aunque Miné se interesó por la ciencia siendo adolescente, acabó convenciéndose de que era “un mundo de hombres” y se decantó por las artes. En 1933 obtuvo una beca para la Universidad de California en Berkeley. Después de licenciarse, trabajó en el Proyecto Federal de Arte pintando murales. En 1938 ganó la codiciada beca Bertha Henicke Taussig, que le permitía viajar durante dieciocho meses por Europa estudiando arte.

La II Guerra Mundial estalló en septiembre de 1939 mientras Miné estaba en Suiza, pero consiguió embarcar en Francia y regresar a Estados Unidos. En 1940, ya en San Francisco, ganó el primer premio en la Exposición de Arte de la Universidad de California y fue escogida para ayudar a Diego Rivera en algunos de sus murales.

1976
Mamá gata y Pete en árbol, 1966

El 19 de febrero de 1942, la vida de Miné Okubo, y de gran parte de la comunidad japonesa de Estados Unidos cambió para siempre. El presidente Franklin Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066 para el traslado forzoso de japoneses y descendientes de japoneses afincados en la Costa Oeste a campos de detención. La familia Okubo fue separada e internada en diversos campos.

Miné y uno de sus hermanos acabaron en el centro de “reubicación” de Tanforan, un antiguo hipódromo en San Bruno, California, donde compartían un box de 6 por 3 metros que aún olía a estiércol y dormían en sacos de heno. Posteriormente fueron trasladados al campo de detención de Topaz, en Utah.

Haciendo frente a las dificultades, y con los pocos medios de que disponían, Miné Okubo, el profesor Chiura Obata y otros detenidos daban clases de arte en Tanforan y, más tarde, en Topaz. También fue una de las fundadoras de la revista literaria Trek, en Topaz, para la que realizaba ilustraciones. Al estar prohibidas las cámaras fotográficas en el campo, decidió documentar su experiencia mediante dibujos. Realizó más de mil.

A principios de 1943, un dibujo suyo de unos centinelas en el campamento ganó un premio ofrecido por el Museo de Arte de San Francisco y fue publicado por el periódico San Francisco Chronicle, cuyos editores le encargaron una serie para el suplemento dominical. Esto, a su vez, llamó la atención de la revista Fortune, que la contrató para un número especial sobre Japón con otros dos artistas “nikei” (japoneses nacidos en Estados Unidos), Yasuo Kuniyoshi y Taro Yashima. Sus ilustraciones describiendo los campamentos causaron sensación.

Con la ayuda de Fortune, Miné Okubo pudo salir de Topaz en 1944 e instalarse en Nueva York gracias a que los editores de la revista le habían conseguido un apartamento de alquiler controlado en Greenwich Village, donde viviría y trabajaría hasta los últimos meses de su vida. Sin dejar de pintar e incluso de exponer, puso orden en los dibujos realizados durante su encarcelamiento y en 1946 publicó “Citizen 13660” (Ciudadana 13660), el número que le había asignado el Estado.

El libro incluye doscientos seis dibujos y textos suyos en los que describe las tormentas de polvo, la falta de intimidad, los “exámenes de lealtad” a los que debían someterse los internos, los barracones…

Pese al éxito del libro, se sentía incómoda en el mundo de los galeristas y volvió a aceptar encargos para pintar murales, además de trabajar como ilustradora y publicar dibujos en revistas. Casi cuarenta años después de su publicación, “Citizen 13660” fue galardonado con el Premio American Book en 1984 y por The National Women’s Caucus of Art (Asamblea Nacional de Mujeres por el Arte) en 1991.

En una ocasión, Miné Okubo dijo: “Sabía que nunca me casaría. Pobre de mi madre. Arruinó su vida por trabajar tanto para sus hijos. Nunca tenía tiempo para sí misma. Dejó de pintar. Yo tenía claro que no lavaría los calcetines de nadie ni cocinaría para nadie. Ni hablar”.

También dijo que su madre le sugirió que dibujara un gato cada día, pero que no solo debía mostrar su aspecto físico, sino su personalidad. No hemos encontrado ninguna fotografía de la artista con un gato, pero algo nos hace sospechar que compartió su vida con más de uno.

Ella misma se tachaba de “inadaptada”, y los que la frecuentaban la describen como una mujer ingeniosa, divertida, gruñona, creativa y bromista. Se la conoce sobre todo por los dibujos del denigrante trato al que fueron sometidos durante tres años los japoneses estadounidenses después del ataque a Pearl Harbor – a pesar de que muchos murieron luchando en las filas del ejército americano –, pero dejó más de dos mil obras de diferentes formatos y estilos. Falleció el 10 de febrero de 2001.

“Soy una persona que desea contribuir a mejorar este mundo. Para mí, el arte y la vida son lo mismo. He tardado 50 años en descubrirlo, pero ya lo he conseguido”.

Miné Okubo

Queremos acabar esta entrada con una foto que no tiene nada que ver con gatos, pero que ilustra perfectamente el miedo producido por la ignorancia, el desconocimiento y la cerrazón que suele traducirse en racismo. Una mujer señala un cartel que reza: “Japos, seguid andando. Esto es un barrio blanco”.


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Gatos en el Antiguo Egipto

Bronce y oro, 600 a.C.

Durante mucho tiempo se creyó que el gato había sido domesticado en Egipto, pero en 2004 un grupo de arqueólogos franceses descubrió en Chipre los restos de un gato de ocho meses en un yacimiento neolítico fechado en 9500 a.C. y se han encontrado otros en poblados cercanos a Jericó que remontan a 6000 años a. C.

Peso, 305-30 a.C.

Los restos más antiguos conocidos en Egipto proceden de una tumba de época prefaraónica de Mostwagedda, al sur de Asiut, en la que un hombre está enterrado con una gacela y, a sus pies, un gato, datado en 4000 a.C., aunque es imposible saber si era salvaje o domesticado.

Gata amamantando, 664-30 a.C.

Los gatos salvajes más comunes eran el Felis chaus (gato de la junga) y el Felis silvestris Lybica (gato del desierto), animales de pequeño tamaño que debieron acercarse a los poblados y acabaron por convivir con los seres humanos.

Felis chaus
Felis silvestris

Las primeras imágenes de gatos son las de una estela procedente del templo donde se veneraba al faraón Neferkara Pepy (2236-2143 a.C.) en Saqqara. Tres representaciones juntas podrían significan “multitud”, de ahí que se haya transcrito como “Ciudad de los gatos”.

En un contexto doméstico, el gato aparece por primera vez en la tumba de Baket III, en Beni Hasan, donde uno se enfrenta a un ratón. Se han encontrado figuritas de gatos en tumbas del Imperio Medio, lo que indica su creciente popularidad. Se estima que el gato azul moteado de loza está fechado entre 1850 y 1650 a.C. La pequeña vasija de alabastro en forma de gato (1980-1801 a.C.) es la representación tridimensional más antigua conocida de un gato.

Loza esmaltada
Alabastro

A partir del reinado de Tutmosis III (1479-1425 a.C.) el gato se representa con mayor frecuencia en las tumbas, sobre todo en Tebas. En una estela de la tumba de Meri-meri, contemporáneo de Amenofis III (1391-1353 a.C.), hay un gato debajo de la silla de la mujer. Su posición se repetirá infinidad de veces en el arte egipcio: sentado, con el rabo metido entre la curva de la pierna y la tripa, para reaparecer después.

(Detalle)

En una pintura mural fechada hacia 1250 a.C. de una tumba de Deir el-Medina se ve al escultor Ipuy, que vivió en el reinado de Ramses II (1279-1213 a.C.), sentado con un gato minúsculo en el regazo, y a su lado, su esposa Duammeres con la gata madre mirándonos desde debajo de su silla.

El gato es, en realidad, un elemento muy menor, sea simbólico o no, en la composición general y suele rellenar un espacio vacío (debajo de una silla), algo muy corriente en el arte egipcio.

Estela de Deir el-Medina, 1200 a.C.

Encontramos gatos en las escenas de caza de las tumbas, como por ejemplo en la pintura que describe a Nebanum en un pequeño bote de papiro a punto de lanzar un palo. Su esposa está detrás y su hija, entre sus piernas (llenando un espacio vacío). El muerto siempre iba acompañado de su familia, y queda claro que el gato de Nebanum formaba parte de ella. Se estima que fue realizada en 1450 a.C.

(Detalle)

Por cierto, el gato también tuvo un papel en la medicina egipcia, famosa en el mundo antiguo. La grasa, el pelo y los excrementos del gato macho, así como la placenta y el pelo de la gata hembra formaban parte de diversas recetas, todas ellas de uso externo. Por ejemplo, la placenta de una gata mezclada con otros elementos impedía la aparición de canas, y el pelo de gata mezclado con leche humana y resina se aplicaba en las quemaduras, acompañado del debido sortilegio.

Cabeza de gato, 664-30 a.C.

La forma animal no necesitaba ser explicada porque formaba parte de la vida diaria. No había gran diferencia entre el ser humano y el animal al no existir la categoría de “animal”. En otras palabras, los seres vivos incluían a los dioses, a los humanos y a los animales. El corazón y la lengua del dios creador Ptah estaba “presente en “todos los dioses, todas las personas, todo el ganado, todos los gusanos, todo lo que vive”.

Ataúd de madera, 332-30 a.C.

Ra, el dios sol, se representaba de numerosas formas, y una de ellas era con cabeza de gato. En el “Libro de los muertos”, un gato en la viñeta correspondiente al sortilegio 17 mata al enemigo del dios sol, la serpiente Apofis, con un cuchillo sagrado, haciendo posible que el sol vuelva a salir al día siguiente y el mundo no desaparezca.

Entre 1540 y 1069 a.C. los artesanos que construyeron y decoraron las tumbas reales del Nuevo Imperio del Valle de los Reyes vivían en el poblado de Deir el-Medina, no lejos de Tebas. Dejaron numerosos documentos escritos en tinta sobre papiro, así como pequeñas escenas en óstracos, placas de piedra caliza mucho más baratas y abundantes que el papiro.

Óstraco
Papiro

La mayoría de óstracos son del periodo ramésida (1295-1069 a.C.) y muchos fueron hechos por diversión. Entre las escenas de animales, los gatos ocupan un lugar de importancia, pero los roles suelen estar invertidos. El ratón se ha convertido en rey y el gato le abanica.

En otro, fechado hacia 1150 a.C., un ratón observa a un gato castigar a un joven. ¿Habría atormentado a un gato? Por cierto, las tumbas de Deir el-Medina son las que contienen más representaciones de gatos.

En el pensamiento egipcio, un concepto era formado por dos opuestos, por ejemplo, el valle del Nilo y el desierto, el Alto y el Bajo Egipto. En 1850 a.C. aproximadamente las diosas Sejmet y Bastet eran consideradas opuestos complementarios, pero cada una seguía representada con cabeza de leona.

Gato en marisma, 1900 a.C.

No se sabe exactamente en qué época empezó a verse a la gata como una manifestación de Bastet, pero la asociación cobró mucha importancia cuando la ciudad de Bubastis obtuvo preeminencia durante la vigésima segunda dinastía (945-715 a.C.). El nombre de uno de los reyes de dicha dinastía fue Pamiu (Gato macho), que reinó entre 773 y 767 a.C.

Bastet

El festival de la diosa Bastet en Bubastis se convirtió en uno de los mayores y más populares, y también se celebraba en otras partes del país, como Esna y Tebas en el Alto Egipto, así como en Menfis. Bastet pasó a ser un elemento habitual en los nombres personales de la época tolemaica y solo era superada en popularidad por Osiris.

Bastet

Los cementerios de animales se hicieron más habituales durante el último periodo faraónico, desde 400 a.C. Cada vez se momificaron más animales al considerarse manifestaciones de un dios. Algunas de las necrópolis de gatos cercanas al templo de Bastet en Bubastis remontan al 900 a.C.

Momias de gatos

Hemos encontrado la información para este artículo en “The Cat in Ancient Egypt”, el espléndido libro de Jaromir Malek, una de las mayores autoridades mundiales en arte y cultura egipcios. Es conservador del Archivo del Instituto Griffith en el Ashmolean Museum de Oxford, y autor de decenas de estudios y libros sobre esta materia. Uno de ellos, “Egipto: 4.000 años de arte(Phaidon), está publicado en español.

Sarcófago de Ta-miut, la gata del príncipe Tutmosis, 1150 a.C.