Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Los gatos del fotógrafo Jean Gaumy

Zoe

“Se trata de encontrar la distancia correcta. Hay un lado animal en la fotografía, una especie de vigilancia. Somos como los gatos, atrapados entre la instantaneidad y la contemplación”.

Rouxy (2013)
Pataud (1989)

Jean Gaumy nació el 28 de agosto de 1958 en Pontaillac, un barrio de la ciudad de Royan, en Charente-Maritime, Francia. Estudió en Toulouse y en Aurillac, localidad de la región de Auvernia, en el centro del país. Cursó estudios universitarios de Letras en Rouen, Normandía, donde colaboró como redactor y fotógrafo en el periódico regional “Paris Normandie” para costearse los estudios entre 1969 y 1972.

Miou (1983)
Miou (1985)

Después de un breve periodo en la agencia Viva, se unió a la agencia francesa Gamma en 1973, año en que se casó con Isabelle. En 1975 nació su hija Marie y comenzó dos reportajes fotográficos sobre temas que jamás se habían tratado hasta la fecha en Francia.

Marie, Zoe y el oso Barnabé
Alexis

 El primero, titulado “L’Hôpital” (El hospital), se publicó al año siguiente. El segundo, “Les Incarcérés” (Los encarcelados), que reúne una interesante colección de fotografías realizadas dentro de cárceles francesas, no vio la luz hasta 1983 con extractos de sus notas personales escritas en primera persona.

Pataud (1999)
La gata del vecino

Marc Riboud, presidente de la agencia Magnum, y Bruno Barbey, miembro de la misma, se fijaron en él durante el festival de fotografía “Les rencontres d’Arles” (Los encuentros de Arles) en 1977 y le invitaron a formar parte de la famosa agencia.

Pataud de pequeño
Pataud (1999)

Dirigió su primer documental en 1984, “La Boucane”, que optó al Premio César al Mejor Cortometraje Documental en 1986. Al año siguiente empezó a rodar “Jean-Jacques”, una crónica de dos años del pueblo de Octeville-sur-Mer, Normandía, a través de los ojos de Jean-Jacques, considerado el “tonto” del pueblo.

Miou (1981)
Pataud (2000)

En esa misma época comenzó a embarcarse regularmente a bordo de barcos pesqueros clásicos en Normandía hasta 1998, trabajo que publicó en 2001 con el título de “Pleine Mer” (Alta mar).

(2015)
Pataud (2001)

Viajó por primera vez a Irán en 1986, cuando esté país estaba en plena guerra con Irak. En 1994 se estrenó su tercera película, “Marcel, prêtre” (Marcel, sacerdote), rodada durante varios años en el pueblecito de Raulhac, Auvernia. Marcel Puech había sido el profesor de Jean Gaumy cuando este vivía en Aurillac, antes de que Marcel se hiciera sacerdote y se convirtiera en cura de pueblo. La película describe la vida diaria del sacerdote, de Annie, la monja enfermera, y de una sociedad rural en pleno cambio.

Pataud

Fue galardonado con el Premio Nadar (premio al mejor libro fotográfico editado en Francia) en 2001 por “Pleine mer” y de nuevo en 2010 por “D’Après nature” (Según la naturaleza).

Pataud (2015)
Pataud

Su enfoque fotográfico se hizo más contemplativo en la primera década del nuevo milenio. A partir de 2008, después de estrenar un documental rodado a bordo de un submarino nuclear, se dedicó a recorrer los mares árticos (2008-2012) y los territorios contaminados de Chernóbil, Ucrania (2008- 2009) antes de desplazarse a Fukushima, Japón (2012). A la vez, fotografió una serie de paisajes montañosos publicada en el premiado libro “D’après nature”.

Pataud

Jean Gaumy ha recorrido el mundo entero con su cámara, tanto por tierra firme como por mar, y en submarinos nucleares, como hemos dicho antes, en 2004, 2005 y 2010. Ha realizado reportajes fotográficos en Europa y Estados Unidos, África (Magreb, Kenia, Gabón, Mozambique, Sierra Leona, Togo, Burundi), Oriente Próximo (Siria, Líbano, Israel, Irak, Irán), América (Honduras, Salvador, Nicaragua, México, Guyana francesa, Perú), Asia (Bangladesh, Paquistán, Indonesia, Malasia, Japón, Laos y Kirguizistán), así como en el Ártico, concretamente en Groenlandia.

Jean Gaumy
Pataud en la cocina

Y cuando vuelve a casa, entre un viaje y otro, hace fotos a los gatos que viven con Isabelle, su esposa. Es fácil deducir, por las fotos, que siempre hay gatos en la casa de Fécamp, en Normandía, donde residen desde 1995.

Pataud
Zoe

Algunos de los gatos debieron convivir en algún momento, otros quizá nunca fueron fotografiados, e incluso pueden ser del vecino. Sabemos que se llaman Miou, una maravillosa gata negra; Zoe, una atigrada con la tripa blanca; Pataud, otro atigrado; Alexis, negro con mancha blanca de la suerte, y Rouxy, que como indica su nombre en francés, es pelirrojo.

Pataud

El más fotografiado fue Pataud (que significa “Patoso” en francés, aunque nada en las fotos indica que lo sea). Por las fechas, calculamos que Pataud tuvo una larga vida. La última foto suya está publicada en el Facebook del fotógrafo el 18 de julio de 2014 con estas palabras: “En casa, el gato Pataud siempre se cerciora de lo que hago cuando voy a marcharme. Es el ayudante perfecto, casi me da consejos”.

Pataud (18 de julio de 2014)
Pataud

En la foto más reciente que encontramos (2 de marzo de 2021) ya no está Pataud. Otro gato/a descansa en el hombro del fotógrafo, ignoramos su nombre. Podemos concluir con total seguridad que en casa de Jean Gaumy los gatos son bienvenidos.

Jean Gaumy y gato (2 de marzo de 2021)


Deja un comentario

Gatos y Respeto (recordando a Albert Schweitzer)

En agosto de 2014 dedicamos una entrada a Albert Schweitzer, a quien junto a Henry Beston consideramos uno de los pilares de este blog.

Teólogo, organista, filósofo y médico, nació el 14 de enero de 1875 en Alsacia-Lorena, que formaba parte del Imperio alemán. Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1952 por su filosofía de “Respeto por la vida” y, sobre todo, por haber fundado y ocuparse del hospital Albert Schweitzer, en Lambaréné, entonces África Ecuatorial francesa, actual Gabón.

Sello de Gabón

Obtuvo el doctorado en Filosofía en 1899 y en Teología en 1902, ambos en la Universidad de Estrasburgo. Paralelamente desarrolló una brillante carrera como musicólogo y músico.

Sello del Emirato de Ajmán con Albert Schweitzer al órgano

Decidió irse a África a ejercer de médico y no de pastor, por lo que empezó a estudiar Medicina en 1905 y obtuvo su diploma en 1913. Se trasladó inmediatamente a Lambaréné y fundó un hospital. En 1917 fue recluido en un campo de prisioneros, junto a su esposa, por el gobierno francés, que les consideraba “enemigos alemanes”. Liberados un año después, permaneció en Europa hasta 1924 predicando, dando conciertos de órgano y especializándose en ramas de la medicina.

Regresó a Lambaréné, y allí pasó el resto de su vida exceptuando cortos periodos en los que viajaba a Europa. En los años sesenta, el hospital constaba de sesenta pabellones con más de quinientas camas. Con los 33.000 dólares del Premio Nobel fundó una leprosería. Falleció el 4 de septiembre de 1965 a los noventa años en Lambaréné, donde está enterrado. Su antimilitarismo le llevó a criticar las acciones bélicas hasta su muerte. Un amigo suyo, Albert Einstein, dijo: “En este triste mundo nuestro, es un gran hombre”.

Para el Dr. Schweitzer, la vida sin animales casi no merecía ser vivida. No solo apreciaba su inteligencia, sino ciertas cualidades que suelen atribuirse a los seres humanos. Phylas y Sultán fueron dos de los perros con los que vivió en Alsacia cuando era pequeño. En Lambaréné tuvo a Caramba, Amos, Porto, Hanibal, César, Kimmy y su gran favorita, Tchu Tchu.

Estatua en Deventer, Holanda

Vivió rodeado de gatos. Sizi, por ejemplo, siempre estaba a su lado mientras escribía y tenía por costumbre dormirse en su brazo izquierdo. Al parecer era zurdo, y para no tener que despertarla, prefirió aprender a escribir con la derecha. Sizi fue encontrada cuando apenas tenía cinco semanas y vivió veintitrés años. Otro gato suyo, Piccolo, siempre dormía en una pila de papeles en su mesa. Si entre esos documentos había alguno que debía ser firmado con cierta urgencia, todo el mundo esperaba a que Piccolo decidiera despertarse de la siesta.

También recogió chimpancés, pelícanos y antílopes.

Citaremos tres frases suyas, una de las cuales encabeza este blog:

Existen dos medios de refugio de las miserias de la vida: la música y los gatos.

El niño que sabe preocuparse por un animal que sufre, sabrá dar la mano a su hermano.

Al socorrer a un insecto amenazado, no hago más que intentar devolver a los animales en su conjunto un poco de la siempre creciente deuda de culpabilidad que los hombres han contraído con ellos.

Sello de Alto Volta (actual Burkina Faso)


2 comentarios

Los gatos del Capitán Gato

Hace algo más de tres años, el 6 de septiembre de 2018 para ser exactos, publicamos una entrada titulada “Sid, el gato que comía seis veces”, acerca de un cuento infantil de Inga Moore publicado en 1990 (https://gatosyrespeto.org/2018/09/06/sid-el-gato-que-comia-seis-veces/). En 2013, la autora volvió a publicar un cuento ilustrado por ella titulado “Captain Cat”.

En la contraportada del libro leemos: “El Capitán Gato tiene dos pasiones en su vida: los gatos (claro) y soñar con los maravillosos lugares que ansía conocer. Cuando por fin decide hacer realidad su sueño y zarpar (con sus gatos, claro) hacia tierras desconocidas, ¡cuántas aventuras les esperan a todos!” El diario “Observer”, en su crítica del libro, escribió: “Ideal para los amantes de los gatos de cualquier edad”.

La historia empieza así: “El Capitán Gato adoraba a los gatos. Había más gatos a bordo de su barco, el Carlotta, que miembros de la tripulación. Por eso, los marineros le llamaban Capitán Gato”.

En la segunda ilustración se ve al Capitán tumbado en la cama rodeado de gatos. Hay más en la alfombra y por todo el camarote, mientras él estudia mapas y sueña con conocer tierras lejanas. Había ido a muchos sitios, pero en su mayoría eran puertos comerciales, porque el Capitán era un mercader.

En la tercera se nos explica que no era un muy buen mercader porque lo único que le interesaba eran los gatos y podía entregar una magnífica vasija a cambio de un pobre gato hambriento. Los otros mercaderes se reían de él. Pero una noche, el Capitán supo que había llegado el momento de descubrir los maravillosos lugares que tanto deseaba conocer, y al día siguiente zarpó hacia el sol poniente.

Al cabo de unos días se desató una terrible tormenta, jamás había visto algo así. Cerró las escotillas y cruzó los dedos para que todo acabase bien mientras el Carlotta se hundía y volvía a aparecer entre monstruosas olas.

Por fin se calmó la tempestad, pero el barco se había desviado de su rumbo y se encontraba en aguas desconocidas. Cuando el buen Capitán ya se preguntaba si no iban a llegar al borde de la tierra, avistó una lejana y solitaria isla.

En cuanto vio el barco, la reina del lugar saltó a un bote y remó hasta el barco para saludar al Capitán Gato. Ahora bien, no había gatos en la isla y la joven monarca nunca había visto uno. Fue amor a primera vista y se empeñó en que todos pusieran pie y pata a tierra para compartir una comida en el palacio real.

Los habitantes se sorprendieron enormemente al descubrir a esos curiosos y amables animales. Sin embargo, nada más sentarse los invitados a la mesa y empezar a servirse, una plaga de ratas apareció de golpe, invadiéndolo todo.

La joven reina enrojeció de vergüenza, pero el Capitán le dijo que no se preocupase. Fue a por sus gatos (que estaban comiendo pescado fresco en el patio) para que se ocuparan de las ratas. Después de limpiar de ratas el comedor real, pasaron al resto del palacio, y al ponerse el sol ya no quedaba ni una.

Al estar toda la isla infestada de roedores, la reina ofreció un inmenso tesoro al Capitán Gato si dejaba que los gatos se quedasen. El Capitán no quería separarse de sus amigos, pero ellos tomaron la decisión por él. Estaban cansados de vivir en un pequeño barco y preferían la isla, donde podían moverse a su antojo.

La reina le propuso que se quedara él también, pero todavía le faltaban muchos sitios maravillosos por visitar. Después de llevarse bastantes diamantes y zafiros para no tener que preocuparse el resto de su vida, el Capitán se despidió de sus gatos con gran tristeza y partió a conocer nuevas tierras.

Pero sin gatos, los nuevos mundos perdieron su atractivo. Regresó al puerto habitual y descargó sus tesoros. Los otros mercaderes, al verle, se murieron de envidia y decidieron visitar la isla con toda clase de regalos, alfombras, una nueva corona, ropa, lienzos y pinturas, e incluso una bicicleta, convencidos de que serían colmados con un fabuloso tesoro.

La joven no sabía cómo agradecerles tantos regalos y quiso darles lo mejor que tenía. Al cabo de unas semanas de espera (durante las que los mercaderes se frotaban las manos imaginando diamantes, rubíes y otras maravillas), la reina apareció con lo mejor que podía ofrecerles la isla, algo mucho más valioso que todas las piedras preciosas, ¡seis gatitos! Uno para cada mercader.

Los pobres mercaderes tuvieron un enorme disgusto y al llegar a puerto, dieron los seis gatos al Capitán Gato. Este, con los gatos de sus gatos, volvió a tener ganas de surcar los mares y recorrió los lugares soñados. Pero ninguno le gustaba tanto como la lejana isla, donde había quedado su corazón.

Puso rumbo a la isla. En cuanto avistaron el barco, la reina, el primer ministro y los gatos, locos de alegría, se precipitaron a su encuentro. El cuento acaba así: “Rodeado de sus gatos, de los gatos de sus gatos, y posteriormente de los gatos de los gatos de sus gatos, el Capitán Gato fue feliz para siempre”.

Se sabe muy poco sobre Inga Moore, una mujer reservada que ha concedido pocas entrevistas y que ni siquiera usa las redes sociales, algo poco habitual en esta época. Sin embargo, en la última página del libro hay una dedicatoria: “Este libro está dedicado a todos los gatos del mundo, y muy especialmente a mis dos vecinos e incansables modelos, Digit y Angus”. Ya sabemos algo más.

Hace unos treinta y cinco años que Inga Moore empezó a ilustrar libros infantiles. Ha sido galardonada con numerosos premios, sobre todo por el famoso “Six Dinner Sid” (“Sixto seis cenas” en la versión española), que sigue siendo un favorito treinta y un años después de su publicación. Nació en Sussex, pero sus padres se trasladaron a Australia cuando tenía ocho años, y regresó a Inglaterra treinta años después. Actualmente vive en las Marcas Galesas, una zona entre el País de Gales e Inglaterra.

“Captain Cat” no ha sido traducido al español, pero sí al francés con el divertido título de “Chapitaine”, un juego de palabras entre “Chat” (gato) y “Capitaine” (capitán). También hemos encontrado una portada rusa y otra alemana.

Dedicamos esta entrada a Anjana, sobrina de Yolanda e hija de Ana, grandes amigas de los gatos.


Deja un comentario

Los gatos brillantes del pintor Marek Brzozowski

Marek Brzozowski, nacido en Bydgoszcz, Polonia, en 1952, vive y trabaja actualmente en Ankara, Turquía. Se estableció en esta ciudad después de que unos amigos le convencieran para que visitara el país con ellos. Y de hecho, sus cuadros no solo reflejan la arquitectura de Estambul y Ankara, sino de otras muchas localidades turcas más pequeñas, e incluso detalles como las típicas puertas de Safranbolu y las ventanas de Alaçati.

Marek Brzozowski
Ecos de despedida

El pintor, que suele simplificar su nombre y firmar “Brzozo”, ha dedicado numerosos cuadros a ciudades. En “Gato sin nombre” vemos una (también sin nombre) en la enroscada cola del felino. En total hemos encontrado veintisiete cuadros suyos con los gatos como protagonistas o al menos con uno formando parte de la escena.

Gato sin nombre
Crítico de sillón

En la gran mayoría de lienzos aparece la luna, siempre un trozo de luna, creciente o menguante. Según el pintor, la luna representa la libertad de expresión, el poder pintar con total libertad, algo que no le era permitido durante su juventud en Polonia cuando estudiaba en la Academia de Bellas Artes de Gdansk, donde en 1976 se licenció en Diseño Gráfico y desde 1978 a 1989 fue profesor de Diseño Gráfico y Tipografía.

Obtuvo el doctorado en 2000 en dicha Academia a pesar de llevar unos cuantos años viviendo en Turquía.

Asocia los gatos a la luna y en ocasiones a los payasos. Usa colores brillantes, alegres, llenos de vida. En una entrevista comentó que nunca empezaba un cuadro hasta estar seguro de haber logrado los colores idóneos para expresar su idea. Aunque su estilo suele describirse como surrealista, él prefiere llamarlo realismo mágico.

También hizo una serie de gatos con los rabos colocados geométricamente, como en las dos versiones de “Zona segura” o en “Gato acuario”. El humor está presente en muchos de sus cuadros.

Zona segura
Zona segura
Gato acuario

Después de trasladarse a Turquía, empezó a dar clases en la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Bilkent a partir del año 1993. También es conocido por sus diseños gráficos y como director artístico para teatro, cine y televisión. Ha obtenido varios premios internacionales por sus carteles e ilustraciones.

Cazador de sueños

Ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales, tanto en Polonia como en Turquía, sobre todo en la Galería de Arte Doku de Estambul, y en los últimos veinticinco años sus obras se han visto en más de cien exposiciones.

Lluvia de gatos

Creemos que Marek Brzozowski tiene gatos, o si no son suyos, debe usar como modelos a los que viven en su barrio. Si se fijan en el gato cuyo rabo envuelve al “Ladrón de luna”, es idéntico al gato sentado en un kilim rojo, tienen la misma mirada, aunque no sean del mismo color.

Ladrón de luna

Algunos gatos son meros esquemas, otros parecen sacados de un cómic, pero la gran mayoría son gatos de carne y hueso, como en “Día y noche” o “La pausa”. Tuvo que convivir con ellos o verlos muy a menudo.

Día y noche
La pausa

Por desgracia, hay muy poca información disponible sobre este pintor. En un artículo dijo: “Deseo reflejar territorios y paisajes imaginarios, personajes desconocidos y acontecimientos inexistentes”.

Para terminar, queremos incluir un cuadro que nos gustó especialmente en el que se ve un caballo tirando de un carro con una luna creciente sujetando una ciudad coronada por un caballo casa y una luna en el cielo a la que le falta un trozo.