Gatos y Respeto

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El gato Erik the Red, del CSS Acadia

El CSS Acadia, un barco de vapor científico canadiense, fue retirado en 1969 después de 56 años de servicio y nombrado “lugar histórico” en 1976. Su botadura tuvo lugar en 1913, en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra, como la primera embarcación diseñada especialmente para vigilar las aguas del norte de Canadá. Después de su jubilación, se quedó amarrado en el Instituto Bedford de Oceanografía en Dartmouth, Nueva Escocia. Muchos exmiembros de la tripulación se ofrecieron para ocuparse de su mantenimiento y enseñarlo a curiosos hasta 1981, año en que recorrió la corta distancia que lo separaba del muelle que hay detrás del Museo Marítimo del Atlántico, en Halifax, para entrar a formar parte de la colección permanente del Museo.

Desde entonces, el Acadia ha albergado a cuatro oficiales controladores de roedores. El último de estos fue el muy querido Erik The Red.

Erik y Stephen Read

Como puede verse en las fotos, Erik era un gato pelirrojo, y Stephen Read, el encargado del barco, decidió llamarle Erik “El rojo” en honor al famoso vikingo. Según Read, una noche de 1999 volvía andando al barco y se dio cuenta de que le seguía un gato adulto, aunque joven. Hacía poco que Clare, la oficial encargada de roedores, se había jubilado y Erik ocupó su puesto inmediatamente. Al contrario de su antecesora, que no sentía una gran pasión por el trabajo, Erik se lanzó a la tarea y no tardó en tener el barco perfectamente controlado.

Era un gato amable que no solo patrullaba el Acadia, sino las tiendas y restaurantes del muelle. Se ganó la simpatía de todos, hasta el punto de que algunas personas le ofrecían jerséis para los duros inviernos de Nueva Escocia y el personal del Museo estaba convencido de que todo el mundo le daba de comer. No solo se hizo muy popular en el barrio, sino en toda la ciudad, en la provincia, y gracias a los medios sociales, en todo el mundo.

Stephen Read, que se encargó del Acadia desde su traslado a Halifax en 1981, dijo en una entrevista hace algunos años: “Es mi amigo y mi respetado compañero. He trabajado con tres oficiales controladores antes, pero Erik es el más eficiente de todos”. Parece ser que le llevaba “regalos” regularmente y los depositaba en sus botas mientras dormía.

Erik se jubiló oficialmente el 20 de septiembre de 2015, después de casi 16 años de servicio, aunque ya vivía desde hacía más de un año en casa de Stephen Read, que también se había retirado unos meses antes y solo pasaba unas horas a bordo del Acadia. El Museo decidió ofrecerle una fiesta, y pidió a los vecinos y visitantes habituales que escribiesen algo acerca de Erik. Una vecina dijo que Erik la había acompañado durante años camino del trabajo y que a menudo parecía esperarla cuando regresaba a su casa.

Durante su estancia en el Acadia, Erik sufrió tres intentos de secuestro que no llegaron a más gracias al personal del Museo y a los vecinos. También hubo que quitarle el ojo izquierdo por culpa de un melanoma.

Ya en casa de Stephen Read, el domingo 3 de agosto de 2015, Erik desapareció, y se colgaron carteles en todo el barrio. Siempre llevaba una medalla en forma de estrella colgada del collar con el número de teléfono del Museo en una cara y la frase siguiente en la otra: “Sé ir a casa, por favor, déjeme en el suelo”.

Tenía un problema de tiroides, solo podía comer cierto tipo de comida y debía tomar medicación dos veces al día. Por fin, el martes, Stephen Read recibió un sms de una vecina, Erik estaba en su casa. Según la niña, Erik no llevaba collar cuando lo encontró. Por suerte, la madre vio las noticias locales y se dio cuenta de que podía ser el gato al que todos buscaban.

Al parecer, Erik estaba como siempre hasta hace muy poco, cuando empezó a andar con dificultades. Stephen Read dice que todo ocurrió muy deprisa y Erik falleció a principios de agosto. Además de un libro de condolencias a la entrada del Museo y de una pequeña ceremonia, las cenizas de Erik se tirarán al mar, más allá de la isla McNabs, como se hizo con sus tres predecesores.

El Museo se despidió de él con estas palabras: “Erik fue el último de cuatro controladores de roedores que sirvieron con orgullo a bordo de este barco. Bien hecho, buen y fiel marinero, ve con Dios”.

Y para acabar, un breve poema de Carl Sandburg:

La niebla llega                                    The fog comes

con pasos de gato.                             on little cat feet.

Se sienta mirando                              It sits looking

el puerto y la ciudad                          over harbor and city

sobre patas silenciosas                       on silent haunches

antes de seguir adelante.                    and then moves on.

 

Nota final: También nos hemos enterado de que Stubbs, el gato que logró ser alcalde de Talkeena, Alaska (https://gatosyrespeto.org/2014/07/07/stubbs-un-gato-alcalde-en-alaska/), falleció el 21 de julio pasado. Que la tierra te sea leve.

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“Yo + gato” y “Gato sin mí”, de Wanda Wulz

Wanda con gato desconocido

En 1932, la fotógrafa Wanda Wulz superpuso dos imágenes, la suya y la de su gata blanca y negra Mucincina. El resultado fue una increíble fotografía que tituló “Yo + gato” en la que ambas se funden hasta formar una auténtica “cat woman” como no se había visto nunca ni ha vuelto a verse. Creemos que para tener esta idea, Wanda Wulz debía amar profundamente a los gatos.

Yo + gato

También incluimos dos retratos, de la fotógrafa y de la gata, titulados “Autorretrato” y “Gato sin mí”, con los que consiguió un resultado final que requería un gran conocimiento técnico.

Gato sin mí

 

Autorretrato

Nació en Trieste en 1903 – la ciudad pertenecía entonces al Imperio austrohúngaro -, hija de Carlo y nieta de Giuseppe, dos famosos retratistas de la época cuyo estudio había sido fundado en 1883.

Con Plunci

 

Anna Maria Baldussi con el gato Pippo

Nada más nacer, Wanda se convirtió en el objetivo de la cámara de su padre, y un par de años después, con la llegada de su hermana Marion, las dos fueron las modelos favoritas de la familia. Su relación con la fotografía fue algo innato, primero delante de la cámara y luego, en cuanto tuvieron edad suficiente, detrás de la cámara y revelando.

Las hermanas Wulz

 

Pippo en palangana

A la muerte de su padre Carlo en 1928, las dos hermanas se hicieron cargo del estudio y siguieron con la tradición familiar: retratos, paisajes y encargos de fábricas y empresas instaladas en la entonces boyante ciudad. A pesar de que Marion se inclinaba más por la pintura, como lo demuestran las acuarelas y óleos suyos que se han conservado, no tuvo inconveniente en echar una mano a su hermana, sobre todo en lo que mejor se le daba: retocar fotografías en el cuarto oscuro.

Pippo jugando (1930)

Wanda fue el único miembro de la familia que intentó buscar un estilo propio. Fascinada por el dinamismo fotográfico de los hermanos Bragaglia, empezó a experimentar con fotomontajes y acabó creando imágenes de gran dinamismo y calidad.

Wanda adolescente con gato, fotografiada por Carlo

En 1932 participó en una exposición de arte futurista en Trieste donde conoció al famoso ideólogo del futurismo y editor Filippo Tommaso Marinetti, que la alentó a seguir experimentando y la ayudó a exponer en otras ciudades. A partir de entonces y hasta finales de los años treinta se dedicó a la fotografía vanguardista mezclando diversas técnicas y obteniendo resultados sorprendentes, convirtiéndose en la única fotógrafa italiana de la época de renombre internacional.

Wanda bebé, fotografiada por su padre

Un poco antes de la II Guerra Mundial abandonó la experimentación para dedicarse únicamente a la fotografía clásica, pero no ha quedado constancia del motivo de esta decisión, sobre todo porque su obra era muy conocida. ¿Pensó que el auge del fascismo en Italia podría acarrearle problemas si seguía en el camino vanguardista? Continuó trabajando con Marion hasta el año 1981, cuando cerraron el estudio y entregaron su enorme archivo fotográfico al Museo Nacional de Fotografía de los hermanos Alinari.

Wanda con Plunci

Wanda y Marion pertenecían a una auténtica dinastía de fotógrafos que desapareció con ellas. Y tenían gatos, como lo demuestran algunas fotografías. Además de Mucincina, cuya foto ha recorrido el mundo, estaban Pippo y Plunci. Pero hay muy poca información documentada acerca de las dos hermanas y de su vida, aparte de generalidades. Se sabe que Wanda nunca se casó y que falleció cuatro años después de que cerraran el estudio. Pero ¿y Marion? Si se casó, no tuvo hijos, ya que todo el legado fotográfico fue donado a los hermanos Alinari.

Sin embargo, la documentación gráfica suple ampliamente la carencia de documentos escritos. Como hemos dicho antes, las dos hermanas fueron fotografiadas por su padre desde su más tierna edad. Carlo documentó regularmente la vida de sus dos guapísimas hijas, empezando con la foto de Wanda en un cesto con el cartel “Paquete de cinco kilos”. Siguió fotografiándolas a medida que crecían, y aquí es donde encontramos la primera foto de Wanda adolescente con un gato blanco y negro. Hemos intentado descubrir si es la gata Mucincina que usó para el famoso retrato “Yo + gato”. Es posible que fotografiara a Mucincina años antes de crear la superposición.

Wanda y Marion

Hemos incluido algunas imágenes de Marion y Wanda, aunque no estén fotografiadas con gatos, sencillamente porque nos parecen muy bellas.

Pero pasando ya a los documentos gráficos gatunos, hay dos fotos de Wanda con un gato gris llamado Plunci, quizá hechas por Marion. Una foto realizada en los años cincuenta muestra a Ana Maria Baldussi con Pippo en brazos. Pippo también está fotografiado jugando y en una palangana. Está claro que Pippo vivió en casa con las dos hermanas. En otra foto se ve a Wanda con un gato desconocido, pero algo nos dice que quizá no sea ella. No hemos encontrado un fuente fidedigna con referencia a esta foto.


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Gatos en retratos naíf

A finales del siglo XVIII y hasta mediados del XIX surgió un pequeño fenómeno en Estados Unidos limitado sobre todo a la Costa Este y a algún estado del Sur como Luisiana y Tennessee. Nos referimos a los retratistas itinerantes. Algunos de estos artistas trabajaban a cambio de cama y comida, otros alquilaban una habitación y permanecían en la zona hasta pintar a todos los interesados.

Martha Bartlett y gato (Museo Metropolitano de Nueva York)

 

William Thompson Bartoll

Incluso comunicaban su llegada mediante pequeños anuncios en la prensa local y ofrecían servicios de otra índole, como pintar letreros, carros o cualquier otra cosa con tal de incrementar sus ingresos. También se adaptaban a las posibilidades económicas del cliente, algo que afectaba al producto acabado. Se sabe de artistas que llegaban a realizar entre dos o tres retratos diarios, dejando poco margen para corregir errores. La mayoría de ellos no firmaban las obras; como mucho escribían algún dato que otro acerca del modelo en la parte trasera de la tela o de la madera indicando nombre, fecha y lugar. Los cuadros firmados son muy escasos y suelen atribuirse a un autor basándose en el estilo, documentos o historias familiares.

Artista desconocido

 

Artista desconocido

Estos retratos “primitivos” son maravillosos por su imaginación, sencillez e increíble vitalidad. Su encanto y belleza se deben sobre todo al uso de la perspectiva y de los colores. En general, el modelo está retratado de frente o de tres cuartos; las sombras son casi inexistentes; las manos, las orejas y el cabello no están muy trabajados; la cara tiende a ser desproporcionada en relación al resto del cuerpo y las extremidades pueden adoptar posiciones poco cómodas. Muy a menudo los artistas se esforzaban más en reproducir detalles de la ropa que el rostro del modelo y en muchos casos no hay telón de fondo. Algunos de los pintores habían estudiado en una academia, pero la mayoría eran autodidactas.

Hay retratos de todo tipo: de familias, de hermanos, de parejas, de mujeres, de hombres, pero hemos descubierto que abundan los de niños con gatos. Como puede verse por las reproducciones que incluimos, en muchos casos el tamaño del gato retratado no tiene nada que ver con la realidad.

Niña con gato negro (Amni Phillips)

Niña con gato

El pintor Amni Phillips (1788-1865) solía retratar a las modelos vestidas de rojo. Una de ellas tiene un claro estrabismo que no intentó corregir. Este pintor, como muchos otros de sus contemporáneos cayó en el olvido durante décadas hasta que el matrimonio formado por Barbara y Larry Holdridge, grandes apasionados del arte naíf estadounidense, con la ayuda de la historiadora Mary Black, se dedicaron a recuperar sus obras en los tres estados que había recorrido en vida, Connecticut, Massachusetts y Nueva York. En 1958 compraron uno de los pocos retratos firmados por el artista, y a partir de este momento intentaron reunir sus obras y saber más de él.

Otro famoso pintor itinerante, William Matthew Prior (1806-1873), de Boston, fue un fiel seguidor del predicador William Miller, que se empeñaba en la inminencia del fin del mundo, y escribió dos libros acerca de las enseñanzas de su maestro.

William Matthew Prior

Se le atribuyen unos 1.500 retratos, pero su estilo era tan parecido al de Sturtevant J. Hamblen (1817-1884), del que se sabe muy poco, excepto que era el cuñado de Prior y probablemente su alumno, que muchas de las obras se describen como pertenecientes a la escuela “Prior-Hamblen”, ahora muy buscadas por los coleccionistas.

Sarah Gray (Sturtevant J. Hamblen)

 

Obra de Sturtevant J. Hamblen

Efectivamente, después una larga temporada en el olvido, estos cuadros alcanzan precios inimaginables para sus autores. Por ejemplo, el retrato “Niña con gato”, de Amni Phillips, que reproducimos aquí, fue subastado hace diez años en Christie’s por 1.248.000 dólares.

Niña con gato (Amni Phillips)

Lo compraron los coleccionistas Allen y Kendra Daniel, que lo describieron como sigue: “Este cuadro reúne lo mejor del arte primitivo americano. Tiene un maravilloso sentido del dibujo y del color, además de una enorme presencia”.

Algunos pintores usaban los mismos objetos, ropa y joyas en sus cuadros, “vistiendo” a la modelo. Zedekiah Belknap (1781-1858), que pintó retratos en los estados de Vermont, New Hampshire, Massachusetts y Nueva York, se fijaba mucho en los detalles de la vestimenta de sus modelos, pero es curioso que todas las niñas vayan vestidas igual.

Zedekiah Belknap

Zedekiah Belknap

Joseph Goodhue Chandler (1813-1884) era ebanista de profesión, pero empezó a retratar a su familia. Estaba casado con Lucretia Ann Waite (1820-1868), una conocida retratista que no tenía nada que ver con los “primitivos”, y se cree que ella “acababa” los retratos de su marido.

Dentro de estos pintores estaban los especializados en retratos póstumos de seres queridos que acababan de fallecer. Incluimos uno, el único que encontramos con un gato. Este es fácil de identificar como retrato póstumo por el obelisco, el barco que se aleja hacia el horizonte, simbolizando el paso hacia la muerte, y el sauce llorón.

En memoria de Nicholas S. Catlin (1852)

 

John Maddox con gato

Sin embargo, muchos de estos retratos no contenían simbolismo alguno, y es imposible saber si pertenecen a esta categoría si no hay algo escrito en la parte trasera.

Colección Gregory Rubin Reynolds

Emma Homan ( John Bradley – Museo Metropolitano de Nueva York)

En total, buscando un poco, hemos encontrado 40 retratos con un gato, de los que publicamos solo una pequeña selección. Estamos seguros de que hay muchísimos más, lo que nos lleva a pensar que el gato formaba parte de los hogares de la Costa Este de Estados Unidos, por lo menos desde el estado de Nueva York al de Maine, y que poco importaba su color, incluso en Massachusetts, donde se encontraba la tristemente famosa ciudad de Salem y sus cazas de brujas. Es verdad que ya habían transcurrido más de 150 años desde ese horrendo episodio.


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Los muchos gatos de Utagawa Kuniyoshi

Tres gatos de fiesta

Utagawa Kuniyoshi, nacido el 1 de enero de 1797, fue uno de los últimos grandes maestros de impresión mediante planchas xilográficas y pintura en el estilo ukiyo-e, además de miembro de la Escuela Utagawa, encabezada por Utagawa Toyokuni, donde ingresó en 1811. Al cabo de tres años de aprendizaje, su maestro le dio el nombre de Kuniyoshi y empezó a trabajar como artista independiente. A pesar de sus brillantes comienzos, no realizó muchos grabados entre los años 1814 y 1825, quizá por no ser conocido y por la gran competencia. En 1828 recibió su primer encargo de importancia, una serie sobre las vidas de los héroes del Suikoden que le hizo muy popular en Edo (Tokio en la época), abriéndole la puerta de los círculos literarios y de ukiyo-e más importantes.

Diversión, la primera nevada

La época correspondía al final del famoso periodo edo (1603-1868), durante el que el shogunato Tokugawa consiguió unificar Japón, dando pie a un largo y próspero periodo de paz con un gran desarrollo social y cultural. La nueva burguesía, formada sobre todo por mercaderes, estaba deseosa de gastar dinero en las artes. Una de las formas más populares fue los ukiyo-e, impresiones a partir de planchas de madera o xilográficas en las que se representaba a héroes legendarios, paisajes, escenas de la vida cotidiana y estrellas del teatro kabuki.

Dos gatos como luchadores de sumo

A principios de la década de 1840, convencido el shogunato de que estaba perdiendo el control del ejército, la economía, las finanzas y la religión, impuso las reformas Tenpo, destinadas a calmar el desasosiego social. Además de encarcelar a importantes políticos y escritores, se empezó a ejercer una férrea censura sobre la literatura y representaciones artísticas en general. Entre otras cosas, se prohibió realizar dibujos de los actores de teatro kabuki, cortesanas y geishas porque incitaban al pueblo a lujos demasiado costosos.

Gato casero

Para superar la censura, a Utagawa Kuniyoshi se le ocurrió representar a los actores más famosos con rasgos de gatos, añadiendo pequeños detalles que permitieran identificarles. Sus impresiones se hicieron muy populares y los amantes del teatro kabuki disfrutaban buscando las pistas que les permitieran reconocer a los actores que aparecían en cada dibujo.

Siete de Las Cien Fisionomías

Se cree que los dos años en que la censura fue más estricta empujaron no solo a Utagawa Kuniyoshi, sino a muchos artistas japoneses, a hacer uso de la imaginación, llegando a crear una nueva tendencia dentro del ukiyo-e.

Gatos músicos

Sin embargo, el artista había empezado a dibujar gatos mucho antes de las reformas Tenpo y se sabe que, cuando alcanzó la talla de maestro y abrió un estudio, además de alumnos también había muchos gatos. Se cree que los primeros gatos domésticos llegaron a Japón a mediados del siglo VI al mismo tiempo que los textos budistas, para protegerlos contra los ratones. La primera mención del gato doméstico aparece en el diario del emperador Uda (867-921), donde habla de un gato negro que llegó de China en 884. El primer nombre conocido de una gata en Japón es Myobu no Otodo, que significa Primera Dama del Palacio Interior. La aristocrática felina pertenecía al emperador Ichijo (980-1011), tenía un rango en la corte y llevaba un collar rojo. El dibujo más antiguo de un gato en Japón se debe a Toba no Sojo (1053-1140) y forma parte de un pergamino narrativo. A partir de esa época parece que el gato empezó a ser habitual en los hogares japoneses.

Chojugiga, de Toba no Sojo (s. XII)

 

Gatos y cerezo en flor

Utagawa Kuniyoshi hizo cientos de dibujos de gatos y los presentó de todas las formas posibles. Creó la serie “Neko no ateji” con gatos adoptando formas para reproducir nombres de peces mediante el carácter kana, así como una serie en que los gatos ilustran proverbios. En otras ocasiones pintó gatos antropomorfos vestidos con suntuosos trajes y comportándose como seres humanos.

Gato ladrón

Uno de nuestros grabados favoritos es el del gato ladrón. Cuentan que a menudo se pasaba el día trabajando con un gato metido en su kimono y que alentaba a sus alumnos a pintar gatos.

Gatos formando el carácter “pez gato”

Uno de sus dibujos más famosos es un tríptico titulado “Gatos sugeridos como las 53 estaciones de la Tokaido”, donde cada gato representa una etapa de la carretera que une Tokio con Kioto. Diez años antes, entre 1833 y 1834, el famoso artista Hirogishe realizó una serie de 53 impresiones titulada “Las cincuenta y tres estaciones de la Tokaido”, que tuvo un enorme éxito. Utagawa Kuniyoshi decidió sustituir los paisajes por gatos a modo de broma.

Las 53 estaciones de la Tokaido

Por ejemplo, la estación 41 se llama Miya, cuya pronunciación recuerda a la palabra “padres” en japonés. El artista describió la estación con una gata y dos gatitos (arriba a la izquierda en la reproducción). Por cierto, todos los gatos del tríptico son rabicortos, una peculiaridad de los gatos japoneses. También incluyó a un bakeneko o gato cambiante (a la derecha, a media altura, con la cabeza tapada con un pañuelo), https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/

Niño con gato

Tuvo muchos alumnos notables durante sus años de maestro. Todos empezaban como aprendices y seguían el estilo del profesor. Luego, cuando ya eran independientes, desarrollaban estilos propios, como ocurrió con Yoshitoshi, considerado el último maestro del arte de la plancha xilográfica en Japón.

Proverbios

Utagawa Kuniyoshi, un gran artista con mucho sentido del humor, falleció en abril de 1861 a los 65 años.

 

 


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Warbird Bob, el gato al que le gustaban los aviones

Es posible que Warbird Bob, como le llamaban, no fuera muy conocido, aunque llegó a tener una página web que dejó de “estar viva” en 2013, pero creemos que merece dedicarle una entrada. Conocimos su existencia casualmente gracias al Facebook de “Purr ‘n’ Fur” (http://www.purr-n-fur.org.uk/index.html), una magnífica web británica sobre gatos. La recomendamos. El 17 de junio anunció que Warbird Bob había fallecido. Al ignorar quién era el gato Bob, entramos en el artículo de su web y nos enteramos de que se trataba de un gato que vivió en los hangares y oficinas de American Aero Services, una empresa dedicada sobre todo a la restauración y mantenimiento de aviones procedentes de la II Guerra Mundial a los que se conoce con el popular nombre de “Warbirds” (Pájaros de guerra).

Buscamos en Internet, pero fuimos incapaces de encontrar más información que la aportada por “Purr ‘n’ Fur”. Efectivamente, la página creada por un miembro del personal de American Aero Services en honor a Bob ya no existe, pero la mayoría de las fotos reproducidas aquí están en Internet Archive.

Ante esta falta de información, pedimos permiso a la web británica para traducir su artículo, lo que nos concedieron con inmediata generosidad. Así que, ¡muchas gracias, Purr ‘n’ Fur! Thanks a million, Purr ‘n’ Fur!  Eso sí, la revista gratuita “Gulf Coast Computing” le dedicó la portada del número de julio de 2004.

 

Y ahora, la historia de Warbird Bob:

Un buen día de noviembre de 1997 un bonito y joven gato atigrado apareció en el hangar de American Aero poco después de que un bombardero Boeing B-17 entrara para el mantenimiento anual. Después de comer y beber, se dedicó a inspeccionar uno a uno a todos los humanos y a los aviones, pero no tardó en quedar claro que el B-17 era su favorito. Es posible que llegara como polizón en el avión, ya que parecía conocerlo a fondo, hasta el rincón más escondido. Viniese de donde viniese, le gustó el hangar y decidió quedarse. Acabó llamándose “The Hangar Cat”, es decir “El gato del hangar”, un nombre no muy imaginativo. Ese último comentario lo hemos añadido nosotros.

Comprobaba a fondo cada uno de los aviones que llegaba, metiéndose en los lugares más inverosímiles. En más de una ocasión, un mecánico alumbraba con una linterna el interior de una escotilla de inspección y se encontraba con dos ojos brillantes observándole, o metía la mano en un rincón de lo más inaccesible y una suave pata le daba un golpecito o le agarraba. Los técnicos reconocen que, al principio, se llevaron unos cuantos sustos.

Pasó el tiempo y, un día, el Gato del Hangar llegó maullando de dolor, con la cola destrozada. Puede que se acercara demasiado a una correa de ventilador y se quedara atrapado. Fue llevado a toda prisa al veterinario, de donde regresó unos días después con mucho menos rabo. Inmediatamente, el personal decidió llamarle “Bob”, supuestamente por “bobtail” (cola corta). Los mecánicos se dieron cuenta de que sentía una clara preferencia por los aviones de guerra, los “warbirds”, en comparación a los civiles, y empezaron a llamarle “Warbird Bob”.

Bob tuvo otro percance por culpa de una familia de ardillas que vivía al otro lado de la calle. Sabía perfectamente que debía quedarse en el hangar o en las oficinas, y que debía evitar la calle. Pero las ardillas se burlaban de él, corriendo por la acera antes de cruzar a toda velocidad y subirse a un árbol. Un día no pudo resistirse, las siguió y le pilló un coche. Volvieron a llevarle corriendo al veterinario. Esta vez tenía las dos patas traseras rotas y estuvo varias semanas enyesado, pero se recuperó y volvió a su rutina habitual.

Pasó el tiempo y ocurrió algo curioso: Bob empezó a comportarse como si los Warbirds fueran suyos, sobre todo con un mecánico al que no dejaba acercarse a los aviones. En una ocasión, el pobre fue perseguido por el hangar y acabó subido a una escalera con Bob gruñendo y escupiendo abajo. Todos lo consideraron una divertida anécdota, pero les preocupó que pudiera arañar a un cliente si consideraba que se acercaba demasiado a “su” avión. No quedó más remedio que jubilar a Warbird Bob y trasladarle a la casa de uno de los mecánicos, ¿Kent Jeffrey, quizá?

En 2013, con 17 años, seguía muy feliz en su casa con otros cuatro gatos más jóvenes a los que protegía. Se había convertido en un gato amable que dormía en la cama de sus humanos. Estos estaban convencidos de que su comportamiento agresivo se debió probablemente al estrés causado por el ruido y el movimiento de los aviones en el enorme hangar.

Cojeaba ligeramente por el atropello y tenía diabetes, pero estaba bajo control. Aparte de eso, disfrutaba de buena salud y pasaba mucho tiempo al lado de la piscina, donde tenía una tumbona reservada para él.

En septiembre de 2016 llegaron más noticias. Seguía con diabetes; sin embargo, en vez de inyecciones, un veterinario había recomendado añadir insulina a la comida y le iba muy bien. Aún le gustaba ocupar su tumbona para ver pasar los aviones.

Warbird Bob ya no mira ni escucha los aviones. Tuvo dos accidentes graves y era diabético, pero vivió 20 años, una edad más que respetable.