Gatos y Respeto

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El gato Fígaro y el pintor Franco Gentilini

Franco Gentilini nació el 4 de agosto de 1909 en Faenza, una ciudad de la región de Emilia-Romaña, conocida por una cerámica de loza fina que comenzó a fabricarse en el siglo XII. Era hijo de Luigi, un zapatero, y de su segunda esposa, Annunziata Cenni. A los 12 años, además de trabajar como aprendiz en la fábrica de cerámica “Focaccia y Melandri”, se apuntó a clases nocturnas de dibujo y artes plásticas en la escuela T. Minardi. También estudió pintura clásica en la Galería de Arte Municipal.

Ya con 17 años fue ayudante del pintor Mario Ortolani, propietario de una pequeña fábrica de mayólica. Allí tuvo ocasión de ver numerosas reproducciones de pintores impresionistas y cubistas. En esa época pintó numerosos retratos y paisajes del campo que rodea su ciudad natal.

Visitó Roma por primera vez en 1929 y se quedó unas semanas. Ese mismo año, algunas de sus obras se vieron en la Primera Exposición Regional de la Asociación de Artistas de Emilia-Romaña celebrada en Bolonia. Un año después, el jurado de la XVII Bienal de Venecia escogió uno de sus cuadros y viajó a París para conocer de primera mano los lienzos impresionistas. A pesar de empezar a ser un pintor conocido, siguió estudiando cerámica.

Se mudó a Roma definitivamente en 1932, con 23 años, y conoció a numerosos pintores y críticos de arte. Su primera exposición en solitario, compuesta por una serie de cuadros inspirados en el arte italiano anterior al Renacimiento, tuvo lugar en la Galleria di Roma. Su asociación con los miembros de la Escuela Romana no empezó hasta finales de los años treinta. Pintó varios bocetos para frescos que decorarían hospitales y edificios institucionales.

El banquete (1955)

En 1937 realizó su primera exposición en el extranjero, concretamente en el Instituto Carnegie de Pittsburgh. Dos años después se colgaron veinte obras suyas en la Tercera Cuadrienal de Roma con las que ganó un premio en efectivo, y el ministro de Cultura le nombró titular de la cátedra de Dibujo de la Escuela de Arte de Florencia sin concurso previo.

La Segunda Guerra Mundial no afectó su producción; la XXIII Bienal de Venecia le reservó un muro entero en 1942, y había ocho cuadros suyos en la IV Cuatrienal de Roma que se hicieron con un premio en 1943. Un año después nació Orsona, su única hija.

Al poco de acabar la Guerra expuso en El Cairo y Alejandría, y en colectivas en Buenos Aires, Sao Paulo y Santiago de Chile. Ya en 1950 tuvo su primera exposición individual en París, en la galería Rive Gauche, donde además de cuadros había diez dibujos que ilustraban “La metamorfosis”, de Franz Kafka, publicada por el editor Luidi de Luca. Unos años después firmó un contrato con el marchante Carlos Cardazzo, de la galería Cavallino, de Venecia, y Naviglio, de Milán.

El estilo de Franco Gentilini cambió en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los cincuenta, inclinándose por el cubismo. Pintó catedrales y baptisterios geométricos, a malabaristas y otros profesionales itinerantes, paisajes irregulares, mujeres desnudas con tacones de aguja, bicicletas y camiones, gatos y leones. En general, sus composiciones de personajes son estáticas, todos están inmóviles, casi sin expresión. Ninguno de los gatos que dibujó o pintó son como el felino blanco de pelo largo que tiene en brazos en una foto. Al contrario, todos parecen gatos callejeros muy normales, redondos, gordos, bien alimentados.

Franco Gentilini con un gato

Mesa redonda con gato

En 1978 pintó un gato llamado Fígaro que quizá fuera suyo. No hemos encontrado ninguna información al respecto, pero creemos que solo alguien que ama a los gatos puede pintarlos tan plácidos, optimistas y divertidos.

El gato Fígaro

Además de cuadros y objetos de cerámica, también dibujó numerosos decorados para los escenarios e incluso diseñó vestuarios, como por ejemplo, en 1963, para  el drama “Il Filosofo di campagna”, de Carlo Goldoni, con música de Baldassarre Galuppi, obra estrenada en el Teatro della Cometa de Roma. Ese mismo año falleció su esposa en agosto, y su gran amigo, el marchante Carlo Cardazzo, en noviembre.

Plato de cerámica

Franco Gentilini expuso en numerosos países, como Japón, Australia, Estados Unidos o Francia. Sus obras, muy apreciadas por los coleccionistas italianos y estadounidenses, están presentes en importantes museos y renombradas colecciones. Hoy en día se le considera uno de los grandes artistas italianos del siglo XX.

Cena con gato

Realizó su última exposición en enero de 1981, en la galería Totah de Londres. Debía ser elegido presidente de la Academia Nacional de San Luca, pero se vio obligado a rechazar dicho honor por motivos de salud. Falleció el 5 de abril, después de una breve enfermedad, a los 71 años. Su último trabajo, un autorretrato comisionado por la Galería Uffizi, forma parte de la célebre colección permanente iniciada en el siglo XVI.

Mujer y gato (1977)

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Gatos, fotos y Margaret Bourke-White

Margaret Bourke-White fotografiada por Ansel Easton Adams

La intrépida y extraordinaria fotógrafa Margaret Bourke-White no solo fue la primera fotoperiodista de la revista Life y la primera fotógrafa de la revista Fortune (hasta entonces solo habían contratado a hombres), también fue la primera corresponsal de guerra a la que se autorizó a acceder a zonas de combate durante la Segunda Guerra Mundial, además de ser la primera fotógrafa occidental en pisar la Unión Soviética. El primer hombre tardó unos años en obtener el permiso necesario.

Unión Soviética (1941)

Nació en el Bronx el 14 de junio de 1904, hija de Joseph White y Minnie Bourke, y creció en un entorno familiar estricto donde se prohibían el chicle, las medias de seda y las revistas de historietas. Armada con una Reflex Ica de segunda mano con el objetivo roto, empezó a hacer fotos del campus y a venderlas a sus compañeros universitarios. Después de licenciarse, abrió un estudio en Cleveland, Ohio, y descubrió el paisaje de las fábricas, “un paraíso fotográfico”, según ella. Henry Luce, el editor de la revista Time, se entusiasmó con sus fotos de la fábrica Otis Steel y la convenció para que se mudara a Nueva York y trabajara en Fortune, una revista dedicada a la industria y también publicada por él.

Chimeneas de la empresa Otis Steel Co, de Cleveland (1927)

Puede decirse que fue una de las “madres fundadoras” de la revista Time (otra idea de Henry Luce), cuyo primer ejemplar se publicó en 1936 con una fotografía suya en la portada. Para entonces, Margaret Bourke-White ya se había convertido en una brillante y exitosa fotógrafa en un mundo reservado a los hombres.

Ansel Easton Adams con gatos (Foto de Margaret Bourke-White)

Protagonista de una carrera sin par, varó en una isla del Ártico, fue torpedeada en el mar Mediterráneo, ametrallada por la Luftwaffe, bombardeada en Moscú y rescatada en la bahía de Chesapeake después de que su helicóptero se cayera.

Margaret Bourke-White en el edificio Chrysler (1931)

Nada parecía poder detenerla cuando iba en busca de una fotografía y tenía el don de estar en el sitio oportuno en el momento oportuno. El fotógrafo Alfred Eisenstaedt, su amigo y compañero de trabajo, dijo una vez que era una gran fotógrafa porque para ella, nada de lo que le encargaban carecía de importancia. Tenía la osadía, la astucia y la intuición de adivinar dónde iba a producirse una noticia.

Foto de Alfred Eisenstaedt (1961)

Se casó en dos ocasiones, la primera en 1924, siendo estudiante, con Everett Chapman, del que se divorció dos años después, y en 1939 con el escritor Erskine Caldwell, con quien colaboró en varios libros, entre otros “You Have Seen Their Faces” (Han visto sus rostros), documentando la Gran Depresión en el sur de Estados Unidos. Después de su divorcio en 1942, empezó a usar su apellido de soltera añadiéndole el de su madre.

Puente Hohenzollern, Colonia (1945)

En 1934 también se dedicó a fotografiar campañas publicitarias, un trabajo muy rentable, con el que ingresó 35.000 dólares en un año. Pero Fortune le encargó fotos de las terribles consecuencias de la sequía en el centro del país y abandonó las fotos comerciales. El 15 de febrero de 1937, la revista Life publicó la famosísima foto de una fila de personas negras, víctimas de las inundaciones, haciendo cola debajo de una enorme valla publicitaria en la que se ve a la típica familia blanca estadounidense y una frase que reza: “El nivel de vida más alto del mundo” y, más abajo: “No hay nada comparable al sistema americano”.

Inundaciones en Louisville (1937)

Además de ser la primera fotógrafa en entrar en la Unión Soviética, en 1931, para documentar el rápido desarrollo del país, cubrir zonas de combate como corresponsal de guerra en zonas, recorrer Alemania al acabar la contienda y entrar en Buchenwald, el terrible campo de concentración, también es conocida en India y Paquistán por sus fotografías de Babasaheb Ambedkar, defensor de los derechos de la mujer y de la casta de los intocables, y uno de los padres de la actual Constitución India. También documentó la violenta separación de Paquistán e India, y entrevistó y fotografió a Mahatma Ghandi unas horas antes de que le asesinaran.

Presa de Fort Peck (23 de noviembre de 1936)

En 1949 pasó cinco meses en Sudáfrica para plasmar el horror del apartheid y de las terribles condiciones de las minas, y en 1952 viajó a Corea para fotografiar los dramas familiares producto de la guerra. Poco después de su regreso de este último país, empezó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, con la que lucharía hasta el final de sus días. No le quedó más remedio que trabajar menos e instalarse en su casa de Darien, Connecticut.

Margaret Bourke-White dando de comer a su gato

La enfermedad no le fue diagnosticada hasta 1958, y se sometió a dos intervenciones para aliviar los temblores y las dificultades para caminar. Dimitió como miembro del personal de la revista Time solo dos años antes de su muerte, a pesar de no haber contribuido con ninguna fotografía desde hacía mucho. Falleció el 27 de agosto de 1971.

Mujer con gato en huerto (Margaret Bourke-White)

Aparte de la fotografía de una guapísima y joven Margaret Bourke-White en una tumbona con un gatito, hay varios retratos suyos con su gato en la casa de Darien. Tampoco fotografió gatos, quizá porque tendía a sujetos que normalmente posaban, o se centraba en edificios y otras construcciones.

Fotografía de Chase Jarvis

Margaret Bourke-White, que abrió el camino para las fotorreporteras y corresponsales, dijo: “La cámara es un instrumento extraordinario. Basta con saturarse del sujeto, y la cámara casi te lleva de la mano”. Y también: “La verdad absoluta es esencial, es lo que me conmueve cuando miro por el objetivo”.

Margaret Bourke-White en 1965