Gatos y Respeto

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Los gatos inesperados de Bill Traylor

Bill Traylor es uno de los tres grandes artistas de arte marginal de Estados Unidos. Los otros son Martín Ramírez (1895-1963), procedente de México e internado en un hospital psiquiátrico de California, y Herny Darger (1892-1973), bedel en un hospital de Chicago, pero al contrario del artista del que hablaremos hoy, ninguno de los dos dibujó gatos.

Bill Traylor era un pintor afroamericano nacido el 1 de abril de 1853 en Benton, Alabama, y que fue esclavo hasta 1865, año en que entró la Caballería de la Unión en la plantación propiedad de George Hartwell Traylor. Bill, como sus padres, fue registrado con el apellido del dueño al que pertenecía.

Bill Traylor

No se sabe mucho de su juventud, excepto que se quedó trabajando en la plantación como jornalero después de la Guerra de Secesión estadounidense. En 1887 se casó con Larisa Dunklin y tuvieron ocho hijos, y en 1890 tomó una segunda esposa que concibió otros cinco, pero tuvo alguno más con dos mujeres con las que no se casó. Según él, había criado a más de veinte hijos.

Gato y perro

En 1928, a los 75 años, después de que sus hijos se trasladaran al norte de Estados Unidos y del fallecimiento de Larisa, su primera esposa, se mudó a Montgomery y trabajó abriendo carreteras, en la construcción y, finalmente, en una fábrica de zapatos. No debió ser fácil dejar la plantación donde había pasado toda su vida, pero después de encontrar trabajo, alquiló una habitación y luego una pequeña casa.

Varios años después, el reuma le impidió seguir trabajando, no pudo pagar el alquiler y fue a engrosar la lista de los sintecho. Consiguió cobrar una minúscula pensión y dormía entre los ataúdes en la parte trasera de la funeraria Ross-Clayton. Durante el día se instalaba en la calle Monroe, en el centro de la comunidad afroamericana de Montgomery.

Cesta y gato

Para entonces ya tenía 83 años, y la gran pregunta es qué empujó a este hombre, nacido en la esclavitud, que no sabía leer ni escribir, que no había tenido – que se sepa – el más mínimo contacto con el arte, a armarse de un lápiz y una regla para empezar a dibujar. Más asombroso aún es el hecho de que, durante los tres años siguientes, nunca dejó de pintar y se cree que llegó a producir entre 1.200 y 1.600 cuadros.

Gato moteado y perro

Su rutina era invariable: una vez recogido su camastro en la funeraria, se acercaba a la calle Monroe apoyándose en dos bastones por el reuma y se sentaba en una caja de madera entre una máquina expendedora de Coca-Cola y una sala de billares. Se colocaba una tabla sobre las rodillas y empezaba a dibujar en trozos de cartón que había encontrado.

Bill Traylor fotografiado por Horace Perry

Su aspecto, medía casi dos metros y llevaba una tupida barba, atraía a niños y adultos. Pasaba una cuerda por los cartones y los colgaba en la verja que tenía detrás. Sus primeros dibujos eran sencillas siluetas de trazos rectos que rellanaba a lápiz, pero su estilo no tardó en enriquecerse y complicarse. Las siluetas humanas se convirtieron en animales de todo tipo, gatos, perros, vacas, toros, aves, serpientes, incluso insectos. Aparecieron elaboradas composiciones.

Hombre y gato en forma orgánica

Un día, un joven pintor llamado Charles Shannon pasó por delante del puesto de Bill Traylor y se quedó sorprendido al descubrir sus dibujos. Habló con él y empezó a llevarle lápices de colores, ceras, témpera y papel. La mayoría de la información que tenemos acerca de la vida del artista se debe a las largas charlas que ambos mantuvieron. Al principio se limitó a volver cada día y a hablar de lo que pintaba Bill Traylor, pero aunque le contaba historias de su pasado, no solía explicarle qué significan para él sus dibujos.

El viejo pintor rechazaba gran parte de los materiales que Charles Shannon y otros le ofrecían, limitándose a colores primarios y a soportes espesos como el cartón. Sus colores favoritos eran el azul cobalto, el rojo y el negro, como demuestran sus composiciones más complicadas. No respetaba la perspectiva ni la lógica del tamaño, pero eso no quita nada de fuerza a sus imágenes.

Aunque Bill Traylor jamás aprendió a escribir, alguien debió enseñarle a firmar porque en algunos cuadros está su nombre en letras grandes. Muchos de sus personajes llevan un sombrero de copa que recuerda al del famoso Baron Samedi, el loa de la muerte de los ritos vudú. También parecen señalar con el dedo índice, ¿o se trata de un cuchillo? Hay gatos enmascarados, gatos moteados, gatos que no parecen gatos…

Charles Shannon compró algunas obras de Bill Traylor y en 1940 consiguió organizar una exposición en Montgomery con cien dibujos. Un año después organizó otra en la Escuela Fieldston de Cultura Ética de Nueva York, donde Alfred Barr, entonces director del MoMA, los vio. Quiso comprar varios para los archivos del museo y para su colección privada, pero al ofrecer solo un dólar por cada uno, Shannon no aceptó.

Bill Traylor y uno de sus cuadros

En 1942, el pintor decidió ir a visitar a sus hijos y otros parientes a Detroit, Chicago, Nueva York, Filadelfia y Washington DC. Después de perder una pierna por la gangrena, regresó a Montgomery en 1945 para vivir con su hija Sally. Falleció el 23 de octubre de 1949. Se cree que jamás volvió a dibujar después de dejar Alabama.

No fue reconocido hasta 1982 durante la exposición “Black Folk Art in America” (Arte folk negro en América), en la que los organizadores incluyeron treinta y seis dibujos suyos. En 1996, el MoMa expuso algunos de sus trabajos, y ese mismo año, seis semanas después de la muerte de Charles Shannon, el museo incluyó varios dibujos en una exposición.

Hombre con yugo más perro

Bill Traylor le dijo una curiosa frase a Charles Shannon, refiriéndose a la gente que le compraba algún dibujo: “Los compran incluso si no los necesitan”. Lo que podría dejar entender que los consideraba como una protección, como objetos de poder.


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Los gatos de Luis Sepúlveda

 

Hoy hace una semana falleció Luis Sepúlveda en el Hospital Universitario Central de Asturias, donde estaba ingresado desde el pasado 29 de febrero. A Luis Sepúlveda, los gatos le parecían misteriosos e independientes.

Decía que le gustaban todos los animales, pero que tenía una relación especial con los gatos. Cuentan que en una ocasión, un astrólogo chino le contó que en otra vida había sido el gato feliz y bien alimentado de un mandarín. Quizá por eso los incluía en sus historias y escribía relatos con ellos como protagonistas.

Luis Sepúlveda nació el 1 de octubre de 1949 en el Hotel Chile de Ovalle, a unos 400 kilómetros al Norte de Santiago, porque su madre, que era menor de edad, se había fugado con su padre. Siempre decía que había nacido “rojo”, y a los quince años se afilió a las Juventudes Comunistas de Chile.

Luis Sepúlveda con un gato

En 1971 se casó con la poetisa chilena Carmen Yáñez Hidalgo y en 1973 nació su hijo Carlos Lenin. Se separaron poco tiempo después, pero al cabo de veinte años se reencontraron en Alemania. Después del golpe militar de Pinochet, pasó casi tres años en las cárceles de la dictadura antes de ser exiliado a la fuerza.

Dejó Chile en 1977 y recorrió diversos países latinoamericanos hasta llegar a Ecuador. Allí se unió a la Brigada Internacional Simón Bolívar en 1979 para participar en la Revolución Sandinista. Después del triunfo de la revolución, se instaló en Hamburgo y trabajó como corresponsal mientras escribía relatos, obras de teatro y novelas. Cruzó los mares en varias ocasiones entre 1983 y 1988 siendo corresponsal de Greenpeace.

 

La editorial Tusquets publicó en 1993 la novela que le catapultó a la fama, “Un viejo que leía novelas de amor”. La edición en Francia del año siguiente, a cargo de Anne Marie Métailié, tuvo un enorme éxito y el libro fue traducido a otros veinte idiomas.

En 1996, un año antes de instalarse definitivamente en Gijón, Asturias, y después de reemprender su relación con Carmen Yáñez, publicó una novela corta con un largo título, “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”. Protagonizan la historia un gato negro, grande y gordo llamado Zorbas, sus tres amigos Secretario, Colonello y Sabelotodo, y la gaviota, claro.

Un día, una gaviota de nombre Kengah se desorienta en el duro Mar del Norte, pero consigue llegar, exhausta, al balcón donde está Zorbas, que acaba de quedarse solo para un mes porque los dueños de la casa se han ido de vacaciones, lo que tampoco le supone un disgusto. Un vecino viene a darle de comer, tiene la casa para él solo y puede pasear por el puerto de Hamburgo saliendo por el balcón.

En inglés

Kengah, antes de morir, tiene fuerza para poner un huevo y le hace prometer tres cosas a Kengah: Que no se lo comerá, que cuidará del huevo hasta que nazca el pollito y que le enseñará a volar. Zorbas lo promete. La gaviota no se equivoca, es un gato bueno y de nobles sentimientos.

Francia

Sin saber qué hacer para salvar a la gaviota, Zorbas parte en busca de Sabelotodo. Este tiene la costumbre de consultar la enciclopedia para absolutamente todo y vive en un enorme bazar cuya entrada está vigilada por el mono Matías. Le acompañan Secretario, un gato romano muy flaco, y Colonello, otro gato de edad indefinida. Ambos viven en un restaurante.

Italia

A partir de ese momento, los cuatro gatos se desviven para cumplir la promesa que Zorbas le hizo a Kengah, la gaviota que murió por haberse manchado las alas con el petróleo que un buque había soltado de sus tanques en alta mar. A pesar de su nulo conocimiento en la crianza de aves, lo consiguen.

Portugal

Otra edición portuguesa

Entre otras dudas está saber si es pollita o pollito. Los cuatro amigos no tienen más remedio que recurrir al gato Barlovento, viejo lobo de mar que vive en un barco. Dictamina que “es una linda pollita” y deciden llamarla Afortunada.

Suecia

Enseñando a volar

La novela está escrita con un estilo muy directo: el puerto de Hamburgo cobra vida con una breve descripción, los gatos surgen de entre las páginas, igual que el bazar y el mono Matías. En los años cincuenta, en la portada de la edición belga y francesa del cómic “Tintín” se leía: “La revista para los jóvenes de 7 a 77 años”. Nos atrevemos a recomendar este relato a los jóvenes de 6 a 96 años.

Turquía

Fue adaptada al cine de animación por el realizador italiano Enzo D’Alò en 1998 con el título “La Gabbianella e il gatto”.

Imágenes de la película

En 2012, la editorial Espasa publicó la novela corta de Luis Sepúlveda “Historia de Mix, de Max y de Mex”, también llamada en otros países “Historia de un gato y del ratón que se hizo su amigo”, traducida a varios idiomas.

Aquí, el escritor cuenta la historia del gato Mix que vive con el niño Max. Cuando este crece y va a estudiar a la ciudad, le lleva con él. Se instalan en un pequeño piso, y Mix disfruta sentado en el tejado mirando los coches y a la gente en la calle. Pasan los años, Mix envejece y se queda ciego.

Italia

Polonia

Max se asegura de que el piso siempre esté ordenado para que Mix no tropiece con nada y el gato oye cada vez mejor. Un día, un ratón mexicano llamado Mex se cuela en la casa de ambos en busca de comida. Es un ratón parlanchín, un poco cobarde, muy simpático, y se hace amigo del gato. A partir de entonces, suben juntos al tejado para que Mex le describa a Mix todo lo que ve.

Es otra historia de amistades imposibles, de supuestos enemigos natos que no parecen tener problemas en entenderse. Cuando la pequeña Afortunada de “Historia de una gaviota” descubre que no es gata, está convencida de que ya no la querrán porque no es como ellos. Zorbas la consuela explicándole que, al contrario, la quieren porque es gaviota, es diferente de ellos.

Rusia

Francia

Luis Sepúlveda también escribió libros de viaje, guiones y ensayos. Fue cocinero, guerrillero, ecologista y muchas más cosas. Recorrió América Latina de Sur a Norte. Vivió fiel a sus principios. En una entrevista en junio de 2017 dijo: “Contar bien una buena historia es la única obligación del escritor; no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos”.


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Gatos, etiquetas y Louis de Bernières

Reino Unido

El escritor Louis de Bernières nació en las cercanías de Londres el 8 de diciembre de 1954. Él mismo se define como un euroescéptico y apoyó la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Se le conoce por ser el autor de la novela “La mandolina del capitán Corelli”, ganadora del Premio de la Commonwealth al Mejor Libro del Año y llevada al cine por John Madden en 2001.

Pavo con conejo (Alemania)

Pollo (Reino Unido)

Antes había escrito tres novelas, “La guerra de las partes pudendas de Don Emanuel” (1990), “El Sr. Vivo y el rey de la Coca” (1991) y “El molesto retoño del Cardenal Guzmán” (1991), muy influenciadas por la literatura sudamericana, sobre todo por el realismo mágico. En 2001 publicó “Perro Rojo”, una colección de historias cortas basadas en la estatua de un perro que vio en Australia con ocasión de un congreso de escritores.

Atún claro y pollo (Estados Unidos)

Pechuga de pollo (Italia)

A pesar de las dos fotografías que incluimos del autor con un gato, ignoramos si le gustan. Una de ellas, la del gato blanco, fue hecha en Turquía durante una presentación, por lo que deducimos que no era suyo. Y de la segunda no sabemos nada. Pero Louis de Bernières tiene en su haber una historia corta titulada “Labels” (Etiquetas) que merece una entrada. Pasamos a resumirla.

Louis de Bernières en Turquía

Etiquetas exclusivas (Estados Unidos)

El narrador cuenta en primera persona que nació en una época en que había luz eléctrica, pero no televisión. Mucha gente pasaba las veladas construyendo pueblos con cajas de cerillas y barcos con las cerillas. Fue la gran época de los pasatiempos. Su abuelo, por ejemplo, se hacía sus propios calcetines. Los niños coleccionaban de todo, desde cromos y sellos, pasando por bolsas de patatas fritas, hasta envoltorios de caramelos.

Portada del libro

Variedad de sabores (Corea del Sur)

Al igual que al resto del mundo, le invadió un creciente torpor con la llegada de la televisión. Peor aún, se sentía irritable y deprimido hasta que, un buen día, en la tienda de la esquina, se fijó en una lata de comida húmeda para gatos, atraído por la mirada del gato en la etiqueta. En ese momento pensó que una colección de etiquetas de latas de comida felina podría ser de sumo interés en un futuro para los historiadores especializados. Además, al ser algo poco común, podría convertirse fácilmente en una autoridad en la materia en poco tiempo. Desechó la idea como risible.

Conejo con plátano (España)

Tentempié entre comidas (Alemania)

Una hora después estaba de vuelta en la tienda para comprar la lata. A su regreso a casa, metió la lata en agua hirviendo para despegar la etiqueta, pero la desgarró por falta de paciencia y tuvo que volver a comprar una segunda lata. Tensó una cuerda entre la ventana y una tubería para colgarla mientras iba a la papelería a comprar un álbum de fotos. Se pasó el resto de la velada esperando ansiosamente a que se secara la etiqueta. Apenas pegó ojo esa noche levantándose cada media hora para ver si ya podía colocarla en el álbum.

Caballa con cordero (Nueva Zelanda)

Francia

Al día siguiente lo consiguió, apuntando la fecha correspondiente. Poco después salió de nuevo para comprar un secador de pelo y otras dos latas. No tardó en descubrir que los fabricantes de comida húmeda no solo usaban diferentes tipos de pegamento, sino también en cantidades diferentes, lo que apuntó con precisión.

Cocinera televisiva (Estados Unidos)

Atún, cordero, patata (Italia)

Su pasión le llevó a acumular una gran cantidad de latas de todo tamaño sin etiquetar. Su lado práctico le impedía tirarlas y se las regalaba a amigos con gatos. Las latas de tamaño industrial fueron a parar a protectoras. Desafortunadamente, su conversación se volvió monotemática, cada vez le invitaban menos a cenar y los amigos empezaban a mirarle mal. Su esposa le dejó ante la acumulación de álbumes en el dormitorio.

Sardina, atún, gambas (Reino Unido)

Ternera, pollo, gambas (Alemania)

Pollo (Canadá)

Trabajaba como agente de cobro, ocupación que siempre se le había dado bien debido a su gran tamaño y a la facilidad por poner caras con expresiones intimidantes. Consiguió equilibrar los gastos de la colección con su sueldo hasta que realizó un viaje a Francia donde descubrió filas y filas de latitas con maravillosas y elegantes etiquetas. Compró todo lo que encontró con el resultado de que el eje de su coche se rompió debido al peso durante la vuelta a Inglaterra.

Solo pollo (Estados Unidos)

Atún con chirlas (Italia)

A continuación dijo que estaba enfermo y viajó a España. No fue a visitar la Alhambra, sino todos los supermercados para comprar latas de “Señorito Gatito”, “Minino”, “Micho Miau” y “Ronroneo”. A su regreso se enteró de que le habían despedido.  Incapaz de abandonar su manía coleccionista acabó comiendo pan duro y caldo de huesos.

Con algas (Reino Unido)

Pollo (Estados Unidos)

Un buen día, sumido en la más absoluta desesperación, abrió una lata para de gatos de pollo, la olió… No era desagradable. Se atrevió a meter una cucharita en la mousse y a probarla, pero la escupió. Soñando ya con una muerte próxima, se propagó por su boca un agradable sabor. Volvió a olerla y pensó: “Bastaría con un toque de ajo y un poco de albahaca para hacer una terrina de lo más respetable”.

Solo pollo (Italia)

Pechuga de pollo con trocitos de costilla (Estados Unidos)

A partir de ese momento inició un proceso de mejora del contenido de las latas de comida húmeda. Las más caras se convirtieron en excelentes patés y pasteles de carne. Añadió champiñones e higaditos de pollo a las marcas más baratas. En cuanto a las de pescado, su conversión era más complicada si no se trataba de atún o salmón.

Pavo (Alemania)

Ternera, venado, cordero (Estados Unidos)

Empezó a vender sus productos en la tienda local. El éxito le empujó a hablar con otras tiendas. Mejoró las primeras recetas con la adición de un brandy griego que hacía milagros. Ahora tiene varias tiendas en París, y su producción está debidamente aprobada por el Ministerio de Agricultura. Su esposa volvió al hogar y ambos recorren el mundo en busca de nuevas etiquetas.

Cazuelita de cordero (Reino Unido)

Italia

Pollo para lamerse la pata (Estados Unidos)

Si tienen ocasión de leer el cuento, háganlo, nuestro resumen no le hace justicia. Nos enteramos de su existencia por Zyx, un seguidor del blog al que le dedicamos esta entrada con nuestro agradecimiento. Zyx lo leyó en una serie de relatos gastronómicos escrita y recopilada por Medlar Lucan y Durian Gray titulada “Una cena con Calígula. El libro de la cocina depravada”. Título original: “The Decadent Cookbook”.

 

Pavo (Francia)

Pollo, salmón, pato (Estados Unidos)

Nos hemos limitado a incluir la comida gatuna menos conocida y con cierta tendencia al lujo. La marca “Newman’s Own”, creada por el actor Paul Newman, dona todos los beneficios de la venta de sus productos a organizaciones benéficas.

Paul Newman (Estados Unidos)

Paul Newman (Estados Unidos)


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Gatos y habitantes de Trieste

Gato en el teatro romano de Trieste

Algunas ciudades tienen un atractivo especial. Puede deberse a su fama turística, sus monumentos y museos, restaurantes o vida nocturna, pero hay otras rodeadas de un aura singular sin ser tan renombradas, y una de ellas es Trieste. Quizá sea por su situación geográfica: es la última ciudad de Italia, al final de una estrecha franja de costa que puede parecer robada a Eslovenia y que reduce la costa de este país.

Callejero de Trieste

Gato y león en Trieste

En el siglo XII era municipio independiente, pero debido a las continuas agresiones de la República de Venecia, pidió la protección del Imperio austrohúngaro, convirtiéndose en su quinta ciudad a principios del XX. Pasó a ser italiana solo después de la I Guerra Mundial. Entre 1947 y 1954 formó parte del Territorio Libre de Trieste.

Gato en balcón de Trieste

Callejero en Trieste

Si quieren saber más acerca de esta curiosa ciudad, les recomendamos que lean “Trieste o el sentido de ninguna parte”, de Jan Morris, un libro maravilloso publicado en 2011 que permite al lector conocer cómo era y es Trieste, su historia, sus habitantes…  Jan Morris es historiadora, novelista y autora de magníficos títulos, como “Venecia” y “España”, entre otros, en los que hace vivir los paisajes que describe. Pero no le gusta que los llamen “libros de viajes”.

Jan Morris con Ibsen

Gato con collar paseando en Trieste

Jan Morris nació en 1926, por lo tanto cumplirá 94 años el 2 de octubre, y publicó un nuevo libro, “Thinking Again” (Volviendo a pensar), el 5 de marzo de este año. En un mundo poblado por sus amigos, aunque no todos están vivos, se encuentra su gato Ibsen, al que siempre describe como amigo y compañero. En 2004, la National Portrait Gallery encargó el retrato de la autora a Arturo Di Stefano, y ella solo accedió con la condición de que incluyera a Ibsen.

Jan Morris, por Arturo di Stefano (National Portrait Gallery)

Callejero de Trieste

Jan Morris se llamaba James cuando nació, hizo una carrera militar en Sandhurst, fue periodista e informó a Gran Bretaña del primer ascenso al Everest en 1953. Cambió de sexo en 1972 con el consentimiento de Elisabeth, su esposa, con la que tuvo cuatro hijos. Tuvieron que divorciarse, pero volvieron a unirse en una ceremonia civil y siguen viviendo juntas en Gales.

Jan Morris con Ibsen

En agosto de 2017 publicamos una entrada sobre Wanda y Marion Wultz (https://gatosyrespeto.org/2017/08/24/yo-gato-y-gato-sin-mi-de-wanda-wulz/), dos fotógrafas nacidas en Trieste a principios del siglo pasado y que quizá se cruzaron con Jan Morris en una de sus estancias en la ciudad portuaria.

Wanda Wultz con Plunci

Wanda Wultz y gato

Pero la mujer más famosa de Trieste y la que más hizo por los gatos fue la astrofísica Margherita Hack, que llegó a la ciudad en 1964 para ser la primera mujer directora del Observatorio Astronómico de Trieste. Le dedicamos una entrada en 2015 (https://gatosyrespeto.org/2015/04/18/ocho-gatos-un-perro-y-margherita-hack/) y hoy volveremos a hablar de ella porque fue una de las fundadoras de Il Gattile, la Asociación que se ocupa de los gatos de la melancólica Trieste.

Margherita Hack

Callejeros de Trieste

En 1992, Giorgio Cociani y un puñado de amigos se reunieron para crear un refugio donde proteger y curar a los gatos sin hogar de Trieste. Entre ellos estaba Margherita Hack. Todos estuvieron de acuerdo en que la eutanasia no solucionaba los problemas sanitarios felinos. Empezaron en una sala y contaron con la ayuda de algunos veterinarios, pero Giorgio Cociani se dio cuenta al cabo de cuatro años de que era necesario encontrar algo más grande.

Giorgio Cociani, fundador de Il Gattile

Trieste

Se presentó la oportunidad de adquirir una pequeña casa con patio en Via Fontana que costaba 120.000.000 de las antiguas liras (unos 50.000 euros). La periodista y defensora de los derechos de los animales Miranda Rotteri y el propio Giorgio Cociani se hicieron cargo de la compra. Por supuesto, la madrina del refugio fue la astrofísica Margherita Hack.

Margherita Hack

En 2002, la Asociación organizó una variada muestra artística llamada “MiciAmici” en honor a Miranda Rotteri, que había fallecido, y también para recaudar fondos. El acontecimiento tuvo lugar en el teatro Miela, cedido a la Asociación, y participaron varios artistas de la ciudad, así como Margherita Hack. “MiciAmici” se ha convertido en una cita anual obligada en febrero y hasta su muerte en 2013, Margherita Hack participó activamente en cada presentación.

Margherita Hack

Pero quizá deberíamos decir algo acerca de Giorgio Cociani, que ha dedicado su vida a ocuparse de los gatos de Trieste. Dice que su destino como “gattaro” fue sellado desde muy pronto por un canto de sirena, el maullido de los gatos a la hora que llega la comida.

Giorgio Cociani en el Oasis

Empezó a alimentar a los callejeros desde muy joven y no tardó comprender que era como tirar una piedra en un estanque, que los círculos concéntricos se hacían cada vez más anchos hasta perderse de vista. Un día vio un coche atropellar a un gatito que murió en sus brazos. Entonces decidió que no bastaba con alimentarlos, había que ofrecerles un refugio.

Oasis

No fue tarea fácil; tuvo que luchar contra sus detractores, y no eran pocos, pero participó en debates, dio conferencias, conoció a otras personas que también entendían la necesidad de crear un oasis para los gatos callejeros que no estuvieran en lugares seguros como parques o patios vecinales.

Oasis

Otro de los grandes logros de Il Gattile es la creación del Oasis Felino dedicado a Miranda Rotteri. El Ayuntamiento prestó el terreno gratuitamente de forma indefinida y la Asociación consiguió donaciones en efectivo para llevar a cabo la construcción de una cerca “a prueba de gatos”, una oficina y un almacén, así como casetas, comederos, etcétera. Las obras empezaron en enero y al poco debieron suspenderse por las protestas de los vecinos.

Oasis

El alcalde ordenó mover el Oasis, pero la Asociación perdió el dinero ya invertido en las obras y no lo recuperó. Aun así, se siguió adelante. En junio de 2007 llegaron los primeros residentes y al día siguiente descubrieron un boquete abierto en la valla. Pero no se rindieron y la RAI 3 les dedicó un completísimo reportaje en 2009.

Oasis

Actualmente, Il Gattile da en adopción a unos 200 cachorros y esteriliza a unos 700 gatos adultos anualmente. Disponen de unas cincuenta jaulas para hospitalizaciones. El Oasis ocupa 1.650 metros cuadrados y es el hogar de una colonia permanente compuesta por unos cien gatos de los que se ocupan unos treinta voluntarios y el veterinario Dr. Jesús Catalán.

Jardín privado en Trieste

Para terminar añadiremos que Il Gattile otorga el premio anual “Margherita d’Argento” (Margarita de Plata), creado en honor a Margherita Hack, cuyo corazón estaba dividido entre las estrellas y los gatos. En 2019, la ganadora fue la escritora italiana Marina Mander.

Margherita Hack

Marina Mander (Premio Margherita d’Argento 2019)

Por cierto, Lia Dequel, fundadora de la famosísima colonia felina del Largo di Torre Argentina, en Roma, nació en Trieste.

Gatos y gattara de Trieste


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Gatos, algunas flores y la pintora Elizabeth Blackadder

Gato entre tulipanes

Por alguna extraña razón, la pintora escocesa Elizabeth Violet Blackadder no es muy conocida fuera de Gran Bretaña, a pesar de ser la primera mujer elegida miembro de la Real Academia Escocesa, en 1972, y de la Real Academia (británica), en 1976.

Flores y gato negro

Nació el 24 de septiembre de 1931 en Falkirk, Escocia. Sus padres, Thomas y Violet, ya tenían dos hijos. Aunque había perdido a su marido cuando la niña tenía solo diez años, su madre decidió que Elizabeth no pasaría por las dificultades que ella había tenido que soportar e hizo todo lo posible para que recibiera una educación.

Gatos e hibiscos

Pasó gran parte de su infancia sola debido en parte a su afición por la lectura. De adolescente empezó a coleccionar flores de jardines y del campo, secándolas entre papel secante y, posteriormente, etiquetándolas con su nombre en latín. Años después, esta afición se transformó en preciosas acuarelas de flores muy detalladas.

Un gato en su estudio

Llegó a Edimburgo en 1949 para estudiar Bellas Artes y se licenció cum laude en 1954, después de haberse especializado en arte bizantino bajo la dirección de otro pintor escocés, William Gillies, que enseñó durante cuarenta años en la Universidad. En sus dos últimos años de carrera conoció al artista John Houston, con quien se casaría en 1956.

Elisabeth, John y gato negro

Gato grande y pequeño

La calidad de su disertación hizo posible que consiguiera dos becas, una de la Real Academia Escocesa y otra de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Edimburgo. Utilizó el dinero para visitar Turquía, Grecia e Italia durante tres meses, pero en vez de irse en primavera o verano, lo hizo en pleno invierno, en 1955. Quizá pensó que al ir mucho más al sur, no pasaría frío.

Gatos en un kilim

No tardó en descubrir que también en los países supuestamente cálidos hacía frío, puede que no tanto como en Edimburgo, y que la mayoría de las casas carecían de calefacción. No se desalentó y realizó maravillosos dibujos de Pisa y de Florencia, fascinada por las iglesias románicas de los siglos XII y XIII, en una época en la que aún había pocos turistas en Italia.

Gatos venecianos

A su regreso se casó con John Houston y recorrieron Escocia. Los dos pintores siempre se apoyaron mutuamente, pero cada uno supo retener un estilo propio, totalmente distinto el uno del otro. Después de Escocia, viajaron a Francia, deteniéndose primero en Bretaña. La pasión por los viajes es algo a lo que se ha entregado la pintora durante toda su vida.

En 1962 obtuvo un puesto de profesora en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Edimburgo, donde siguió dando clases hasta 1986, superando en cuatro años a su antiguo profesor William Gillies. Ese mismo año ganó el Premio Guthrie a la Mejor Artista Joven que entrega la Real Academia Escocesa.

(1980)

Por entonces pintaba paisajes, desnudos y naturalezas muertas. Hasta más tarde no empezó a pintar gatos solitarios, gatos en compañía, gatos con flores… En los años sesenta, Elizabeth Blackadder siguió viajando a Francia, descubrió España y Portugal, y pintó esos países al tiempo que empezaba a cobrar cierta reputación por la calidad de sus acuarelas de flores, pintadas con suma precisión.

Gato en cesta

No fue a Japón hasta mucho más tarde, en los años ochenta, y estuvo allí en dos ocasiones. Huyendo del bullicio de Tokio, pasó tiempo observando los meticulosos jardines zen de Kioto. Aunque no tengamos constancia de ello, estamos seguros de que también observó a gatos.

Gato y planta

A su regreso de su primer viaje a Japón en 1985, empezó a trabajar en el Glasgow Print Studio, en una serie de serigrafías de flores. Sin embargo, hacía muchos años que ya realizaba magníficos grabados.

Gatos atigrados

Carey

A sus casi 89 años sigue pintando con el mismo cuidado, estudiando el espacio que separa a los modelos, sean gatos o flores, para obtener el equilibrio perfecto. Uno de nuestros cuadros favoritos es “Autorretrato con gato”, realizado en 1976. Se trata de un cuadro dentro de otro, donde la pintora se representa de perfil mientras que el gato nos observa con sumo interés. El lienzo es muy sencillo, pero a la vez posee una gran fuerza.

Autorretrato con gato (1976)

Gatas y gato

Los gatos son los únicos seres vivos, con excepción de los peces de colores, que tienen derecho a romper la paz de sus cuadros florales, pero en general también son gatos muy tranquilos. Muchos duermen, otros están tumbados o sentados mirándonos. Solo la acuarela “Pelea de gatos” rompe las habituales situaciones gatunas.

Pelea de gatos

Sus gatos hacen su vida, no tienen nada de antropomorfos, sencillamente son gatos. Queda claro que hace tiempo que Elizabeth Blackadder vive con ellos. Algunos de los que retrata son suyos; por ejemplo, no sería de extrañar que los dos gatos blancos y negros de las dos acuarelas sean el mismo gato de la fotografía.

Con su gato (Foto de Anne Purkiss)

Solo un gato tiene nombre, el de “Kikko en una alfombra”. Pero algunos se repiten, como los gatos negros, las gatas carey, entre ellas “Gata durmiendo”, que incluso parece estar embarazada.

Kikko en una alfombra

Gata durmiendo

Su marido John Houston falleció en 2008. La Scottish National Gallery (Galería Nacional Escocesa) realizó una gran retrospectiva de la pintora en honor a su octogésimo cumpleaños en 2011, poniendo su obra al alcance de un público más general. Un año después se le pidió que creara la tarjeta de felicitación navideña que manda el primer ministro escocés.

Gato en caja

Además de ser la primera mujer miembro de la Academia Escocesa y de la Británica, también es Oficial de la Orden del Imperio Británico desde 1992, y en 2001 fue nombrada “Pintora y Limner (retratista) de Su Majestad en Escocia”, la primera artista en recibir este reconocimiento en los 300 años desde que Isabel I lo instauró.

Gato y orquídea