Gatos y Respeto

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Los gatos llenos de humor de Ms. Cat

Mercado de hierba gatera

Hace ya bastante tiempo encontramos por casualidad un dibujo de Ms. Cat, no recordamos cuál. Nos pareció divertido, diferente y empezamos a buscar para dedicarle una entrada. Había más viñetas, aunque no tantas como hubiéramos querido, pero nos resultaba imposible obtener información sobre la autora. Hasta ayer, cuando tampoco sabemos muy bien cómo, nos enteramos de que era taiwanesa.

Bar de copas
Gatos

A partir de ahí descubrimos algunos artículo en chino, que a su vez nos llevaron a otro publicado por la editorial “Books from Taiwan”, encargada de traducir al inglés su último libro, “Cats of the Floating World” (Gatos del mundo flotante), además de vender los derechos a Corea y a Vietnam.

Comida en familia
Helados

Aun así, no hemos podido reunir mucha información sobre la autora, ni siquiera sabemos su verdadero nombre, solo el seudónimo con que firma sus libros, Ms. Cat. Al parecer es famosa en Taiwán, ha sido premiada en varias ocasiones, publica viñetas regularmente en periódicos y revistas, y tiene otros libros en su haber, entre ellos “Behind Your Cat’s Back” (A escondidas del gato) o “Kitty Instruction Manual” (Manual de instrucción del gato).

El baño público
La siesta

Algunos de sus dibujos son recuerdos de infancia, como “Retrato de familia”, una viñeta perteneciente a “Taiwan Cat Days” (Días de gatos taiwaneses) en la que todos los animales que conoció están sentados delante del “sanhueyan”, la casa de campo de triple patio donde vivió de pequeña.

Retrato de familia
Mercado de pescado vivo

Reconoce que es uno de sus dibujos preferidos y recuerda los nombres de los gatos con los que creció: Ami, Xiao A Mi, Xiao Mi, Xiao Mi Mi, Xiao Hei, Xiao Hua… Según Ms. Cat, nombres no muy inspiradores, pero muy propios de la zona donde vivía.

El emperador Ami
Limpieza

También está el día de la limpieza a fondo que se hace en cada casa antes de Año Nuevo y para lo que se moviliza a toda la familia, otro dibujo procedente de la misma colección.

Limpieza
La manicura

Siguiendo con este cómic, incluimos la fachada del cine Miaoguo, donde vio su primera película acompañada de su abuelo y que cerró sus puertas hace tiempo, pero que no ha olvidado. O el espectáculo de marionetas Amao, que adoraba cuando era niña mientas comía un helado. Según ella, siempre que los gatos pueblen los recuerdos, estos vivirán para siempre.

Cine Miaoguo
Marionetas chinas Amao

Ms. Cat, que se autodenomina una “esclava de los gatos”, erradica en la mayoría de los casos a los seres humanos de sus dibujos y los sustituye por gatos haciendo cosas de humanos al estilo de los gatos. Son dibujos divertidos, a veces irónicos y llenos de humor.

Bar de sushi
La oficina

Empezó a dibujar un diario gatuno en 2009. Entonces, el rey de la casa era un gato llamado Ami, seguro de sí mismo, arrogante, convencido de su importancia. Realizó una serie de dibujos titulados “El emperador y el pequeño eunuco” que acabó siendo publicada con el nombre de “A escondidas del gato”.

Fuente caliente

Después de publicar el primer libro, no tardaron en invitarla a crear una columna en un periódico de Taiwán, al que siguieron otros dos. Sus viñetas se poblaron de otros personajes. Además del gato Ami, que ya tenía 24 años, apareció el perro Xiao Hei, un empedernido glotón. Los lectores empezaron a conocer a Ms. Cat.

Comida en chiringuito callejero

Se quedó muy sorprendida cuando un día alguien le escribió diciendo: “Estoy pasando por un momento de grandes cambios y grandes tristezas, pero cuando veo los dibujos de Ms. Cat, me siento mejor, más alegre”.

Los gatos sueñan con cajas

Su última creación, “Los gatos del mundo flotante”, es una descripción de la vida felina durante las cuatro estaciones en el estilo de los famosos ukiyo, los grabados japoneses en madera que se hicieron muy famosos en Occidente en el siglo XIX. Vemos a gatos viviendo, trabajando, aprendiendo, comiendo, jugando…

Sopa de pescado a medianoche

El libro está dedicado a Ami, que decidió irse de este mundo a los 25 años. Ms. Cat espera que este libro permita a las personas que no tienen contacto con gatos abrirse a conocerlos y a enamorarse de ellos. Bueno, no solo de los gatos, de todos los animales y organismos que conviven con los seres humanos.

Admirando la nieve

También quiere hacernos entender que “la vida es como un gato; mientras exista la curiosidad, se puede pasar bien y siempre habrá sitio para la sorpresa”.

Curiosidad

Acabaremos esta entrada con tres viñetas de su última publicación y los poemas que acompañan a cada una. Tristemente, es la traducción de una traducción, por lo que se pierde mucho.

Primavera

El primero es “Frutas Minino” y dice así:

Todos los gatos quieren trabajar en Frutas Minino,

incluso lo harán gratis.

Se presentan e intentan impresionar al jefe,

y todo porque quieren dormir en las cajas vacías.

Cerezas, mangos, sandías, pequeñas, medianas y grandes.

Pero cuando están vacías, se llenan de gatos felices.

Cierran los ojos, mecidos por voces desgranando precios.

Frutas Mínimo

El segundo es “La biblioteca a oscuras”:

La biblioteca gatuna no sabe de día ni de noche,

unas pocas lámparas la alumbran.

Los gatos no necesitan mucha luz para leer,

les basta con dejar que las pupilas se ensanchen.

En veranos, algunos solo quieren escapar del calor

y no demuestran interés por los libros.

Pero los pasillos son perfectos para jugar al escondite.

Otros solo se preocupan por las gatitas,

están demasiado ocupados mirando y no abren el libro.

En cuanto al personal, apenas si hacen rondas,

también tienen demasiado calor

y prefieren dormitar entre las estanterías.

Biblioteca a oscuras

El tercero es “Departamento de pesca”:

Los gatos del departamento de pesca conocen los siete mares,

las corrientes y los cambios de temporada como la palma de su pata.

Y eso porque afecta a la cantidad de pescado que se venderá,

así como al índice de felicidad gatuna.

Cuando se acerca el fin del verano,

los expertos se reúnen para diseñar el mapa anual.

¿Dónde estará la pesca más abundante?

¿Dónde estarán los mejores bancos?

Salivan solo de pensarlo.

Departamento de pesca


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Los gatos soñadores de Jimmy Tsutomu Mirikitani

Hace menos de un año, en abril, publicamos una entrada sobre la pintora Miné Okubo (https://gatosyrespeto.org/2021/04/08/los-gatos-de-mine-okubo/), que fue encarcelada en 1942, a los 30 años, en un campo de internamiento para estadounidenses de ascendencia japonesa. Lo mismo le ocurrió a Jimmy Tsutomu Mirikitani cuando tenía 22 años.

Nació en Sacramento, California, el 15 de junio de 1920, pero cuatro años después, su familia regresó a Hiroshima, donde no tardó en mostrar un talento innato por el dibujo. A los 18 años volvió a Estados Unidos para evitar ser llamado a filas por el ejército japonés. El lema de Jimmy Mirikitani siempre fue “Soy pintor, no soldado”. Se trasladó a vivir a Seattle con su hermana mayor.

Jimmy Tsutomu Mirikitani y una gata

El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbor y a los dos meses, el 19 de febrero de 1942, el presidente Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066, permitiendo el encarcelamiento de todos los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en campos totalmente aislados. Las autoridades separaron a Jimmy Mirikitani y a su hermana; tardarían más de 60 años en volver a verse.

Durante su encierro, la mayoría de la familia y amigos de infancia de Jimmy murió en el despiadado bombardeo atómico de Hiroshima. Durante esa horrible época, se le obligó a renunciar a la ciudadanía estadounidense y se convirtió en apátrida. Peor aún, cuando acabó la guerra, no se le liberó, fue enviado a Nueva Jersey con otras personas que habían renunciado a su ciudadanía y acabaron haciendo turnos nocturnos de doce horas en plantas de enlatado de verduras.

En 1945, el abogado Wayne Mortimer Collins, defensor de los derechos civiles, empezó a luchar para que estas personas no fueran deportadas y se les devolviera su nacionalidad. Tardó 23 años en conseguir que cientos de hombres y mujeres recuperaran la ciudadanía estadounidense. Jimmy Mirikitani estaba entre ellos. Pero se había ido a Nueva York en los años 50 y nunca recibió la carta del gobierno.

Al llegar a Nueva York, empezó a hacer dibujos de colores vibrantes con bolígrafos o lápices de colores y a venderlos en parques. Un profesor de arte le pilló durmiendo en la biblioteca de la Universidad de Columbia y le puso en contacto con la Iglesia Budista de Nueva York, que le ofreció cobijo.

Para sobrevivir, Jimmy trabajó en restaurantes de comida rápida. Incluso llegó a conocer al famoso pintor  Jackson Pollock. Fue el cocinero personal de un neoyorquino rico hasta que este falleció en los años ochenta y volvió a encontrarse en la calle. Cuando los años le impidieron seguir trabajando, no pidió ayuda porque estaba convencido de que era apátrida.

Se sentaba en la esquina de una calle del Soho de Nueva York y vendía sus cuadros a turistas y transeúntes. Nunca aceptó una limosna y siguió expresando su dolor, temores y tristeza a través de sus obras: las llamas de la bomba de Hiroshima, el campo de Tule donde le encerraron y gatos, gatos, gatos.

Gatos que, en muchos casos y a primera vista, parecen ser el mismo dibujo, pero los peces cambian, los gatos cambian, las plantas cambian… Jimmy decía que desde pequeño siempre le habían gustado los gatos.

Un buen día, la documentalista Linda Hattendorf pasó por su esquina y empezó a charlar con él. No tardó en descubrir que si llevaba una cámara, Jimmy era más propenso a hablar. Poco a poco nació la idea de hacer un documental sobre su vida, pero se derrumbaron las Torres Gemelas el 9-S de 2001. Unos días después, Linda volvió a la esquina y ahí estaba Jimmy, sentado como siempre entre sus cuadros, respirando polvo tóxico. Fue entonces cuando Linda tomó una decisión y le invitó a quedarse en su diminuto apartamento.

El documental “Los gatos de Mirikitani” (2006) se convirtió en el rodaje de un compañero de piso que nunca dejó de pintar y le contó su historia a retazos. El resultado fue galardonado con el Premio del Público en el Festival de Cine de Tribeca.

Pero la cineasta no se limitó a hacer un documental. Después de unir los trozos de vida que le contaba el pintor, indagó para ver qué pasaba con su nacionalidad. Consiguió varios documentos oficiales entre los que se encontraba la carta – nunca entregada – indicando que no había perdido la ciudadanía estadounidense. A partir de este momento fue fácil obtener ayudas sociales.

También descubrió que era primo de la conocida poeta californiana Janice Mirikitani. Localizó a su hermana, a la que no había visto desde que ambos habían sido encarcelados en 1942, y organizó un viaje a California en 2002 para que se reuniese con ella y con una pequeña comunidad de antiguos prisioneros. Incluso pudo volver a visitar el campo de internamiento de Tule.

Linda dio a conocer la obra de Jimmy Tsutomu Mirikitani. Después del estreno del documental, tuvo su primera exposición individual en el Museo Asiático Wing Luke de Seattle, a la que siguieron otras en la Universidad de Nueva York, en la Universidad del Norte de Texas, en el Nikkei Portland Legacy Center de Portland y más. En 2010 sus obras pudieron verse en la Galería Renwick del Smithsonian, y en 2011, en el Museo Nacional Japonés Canadiense.

Jimmy Tsutomu Mirikitani

Sus dibujos ilustran un libro infantil titulado “The Cat who Chose to Dream” (El gato que escogió soñar), de Loriene Honda, con prólogo del actor George Takei, el Sr. Sulu de la serie “Star Trek”, al que también le gustan los gatos.

El libro empieza así: “Jimmy el Gato se despertó una mañana convencido de que unos copos de nieve le caían suavemente en la cara, como si las esperanzas y los sueños bailasen en su nariz”. Pero Jimmy se despierta y recuerda dónde está: en un campo de internamiento para japoneses. Su familia le había colado a pesar de las prohibiciones.

Jimmy, para sobrevivir a las duras condiciones, para superar la tristeza, crea en su cabeza un lugar mágico solo para él, donde puede sentirse seguro de nuevo. Sueña con un templo budista; se siente valiente como un tigre de las nieves; se imagina como un dragón capaz de defender a su familia; siente el sol calentar su lomo… Jimmy escogió soñar para sobrevivir.

Jimmy Tsutomu Mirikitani autorizó a la editorial a usar sus dibujos, pero jamás llegó a ver el libro terminado porque falleció a los 92 años, el 21 de octubre de 2012, dos años antes de la publicación del gato que escogió soñar.


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Gatos, el ajedrecista Alexander Alekhine y otros

Alekhine y Chess

Alexander Alexándrovich Alekhine, nacido el 19 de octubre de 1892 en Moscú, fue campeón mundial de ajedrez desde 1927 a 1935 y desde 1937 hasta su muerte en 1946. Fue el cuarto ajedrecista campeón del mundo, el primero en reconquistar el título y el único que falleció poseyéndolo.

Dominó ampliamente el mundo del ajedrez en los años 30 del siglo pasado, ganando todas las competiciones (campeonatos del mundo, juegos olímpicos y torneos) en las que participó entre 1929 y 1934, con excepción del torneo de Hastings (1933-34), donde acabó segundo.

Pero también era famoso por su gato siamés llamado Chess (Ajedrez). Cuenta la leyenda que al cruzar la frontera de Polonia en tren camino de un torneo, se negó a presentar su pasaporte, diciendo: “Soy Alexander Alekhine, campeón mundial de ajedrez, y este es mi gato Chess, no necesito más identificación”. Ignoramos si le dejaron pasar o si la anécdota es real.

Sea como fuere, el matrimonio Alekhine viajaba a todas partes con su gato o gatos. En una foto realizada en 1935 en Holanda durante el torneo que enfrentó a Alexander Alekhine y a Max Euwe (que le venció, arrebatándole el título de campeón del mundo), se ve a dos siameses de nombre Shamat y Lobeidah con un tablero de ajedrez, los gatos de la familia Alekhine.

Alexander Alekhine se casó en cuartas nupcias con Grace Norton Wishaar (cuyo apellido suele escribirse Wishart por error), nacida en Nueva Jersey el 26 de octubre de 1876 – tenía 16 años más que Alekhine –, naturalizada británica, artista, campeona de ajedrez y que ya había tenido cuatro maridos.

Grace Wishaar con las esposas de Kmoch y Flohr en Holanda

Después de ganar un pequeño torneo en Tokio, se enfrentó a Alekhine en una exhibición simultánea en esa ciudad y ganó un libro escrito por el gran maestro. La relación entre ambos empezó cuando le pidió que se lo dedicara. Se casaron el 26 de marzo de 1934 en Villefranche-sur-Mer, no lejos de Niza. Grace era la propietaria de un magnífico castillo, La Chatellerie, no lejos de Dieppe, en Normandía.

Holanda, 1935

Hacemos hincapié en la fecha de su matrimonio porque tenemos la impresión de que todas las fotos de Alekhine con el famoso gato Chess fueron tomadas más o menos en la misma época, es decir entre 1934 y 1940, o sea después de casarse con Grace. Es muy probable que ella tuviera siameses con pedigrí cuando se conocieron. Había vivido en Inglaterra, país en el que siempre gozaron de predilección desde que fueron introducidos en el siglo XIX.

Si nos fijamos en las fotos de Holanda (1935), uno de los gatos siameses tiene una marca negra en la cara más extendida que el otro. En una foto de Alekhine tomada con ambos gatos, casi podríamos afirmar que sostiene a un macho con el brazo derecho y a una hembra con el izquierdo.

Alekhine y Marcel Duchamp

En fotos algo posteriores, el jugador de ajedrez parece haber ganado peso y el gato que le acompaña puede ser el macho. Alekhine tal vez se cansara de llamarle Shamat y decidió que Chess era más sencillo y apropiado. Lo que está muy claro por las fotos es que quería a sus gatos y eran sus compañeros.

Alexander Alekhine pidió la nacionalidad francesa en 1924, pero no se le concedió hasta el 10 de agosto de 1927. El matrimonio residía en Francia, entre París y el castillo de Normandía, pero viajaban muchísimo y al menos uno de los gatos les acompañó al torneo de Sofía, Bulgaria, en 1936, como lo prueban estas fotos. Casi nos inclinaríamos por creer que no es Shamat/Chess en los brazos de Grace asomada a la ventana del tren, sino Lobeidah.

Llegada a Sofía, 1936

La muerte de Alexander Alekhine está rodeada de misterio. Se encontraba en Buenos Aires en 1939 cuando empezó la II Guerra Mundial. Consiguió regresar a Francia en febrero de 1940 y se ofreció como traductor en el ejército francés, pero al entrar los alemanes en Francia, el ejército dejó de existir. Obtuvo un permiso para irse a España en marzo de 1941 con la esperanza de salir hacia Brasil o Nueva York para jugar contra el cubano Capablanca, al que había arrebatado el título de campeón unos años antes.

Recibimiento en Sofía, 1936

Su esposa se quedó en Francia en un intento de salvar los bienes de ambos. Al parecer, para conseguir el permiso de viaje y proteger a su esposa, Alekhine escribió varios artículos en torno al ajedrez publicados en el Pariser Zeitung, el diario alemán de la ocupación, además de participar en torneos en la Europa ocupada.

Al final de la guerra fue acusado de colaboracionismo con los nazis. No negó haber escrito dichos artículos, pero se defendió diciendo que habían sido manipulados y que nunca dijo que “el ajedrez ario era agresivo y no defensivo, un concepto ajedrecista semita”. De pronto, varios grandes ajedrecistas rehusaron participar en torneos con Alekhine.

Sin haber podido regresar a Francia, el 28 de noviembre de 1945 se enteró de que no podría participar en el torneo de Londres por la protesta de Reuben Fine y Max Euwe. Alekhine contestó por escrito, lamentando no poder defenderse en persona. A finales de diciembre participó en un torneo en Cáceres, España, y desde allí fue a Estoril para disputar otro torneo contra Francisco Lupi.

Se hospedó en un pequeño hotel de Estoril y apareció en público por última vez el 9 de marzo de 1946 en una partida simultánea en Lisboa. A principios de ese mes había recibido la oferta de Mijaíl Botvínnik para organizar un campeonato mundial. El 23 de marzo, la víspera de su muerte, la federación inglesa había aceptado patrocinar dicho campeonato.

Fue hallado muerto en su habitación delante de una cena sin tocar. El fallecimiento se achacó primero a un infarto y luego, después de la autopsia, a un atragantamiento con un trozo de carne. También se dice que fue encontrado muerto delante del hotel y otras cosas… En 1956, sus cenizas fueron trasladadas al cementerio de Montparnasse, en París, donde Grace Wishaar se reunió con él a su muerte el 21 de febrero de 1956.

Grace en 1935

No fue el único gran ajedrecista al que acompañaba un gato. Mencionaremos brevemente a Vasili Vasílievich Smyslov, nacido en 24 de marzo de 1921 y fallecido el 27 de marzo de 2010, campeón del mundo de 1957 a 1958, que luchó por el título en ocho ocasiones y poseía diecisiete medallas olímpicas. Tenía una magnífica gata llamada Belka. Además de jugar al ajedrez, era un muy buen barítono.

Smyslov y Belka
Smyslov y Belka

También está Kirsán Iliumzhínov, nacido en Elistá el 5 de abril de 1962, ajedrecista, militar, político, multimillonario, expresidente de la República de Kalmukia, Rusia, y presidente de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) desde 1995 a 2018, que decidió felicitar a todos los ajedrecistas un 8 de agosto (no sabemos de qué año), día internacional del gato.

Kirsán Iliumzhínov

Para terminar, añadiremos que existen muchos juegos de ajedrez con las piezas en forma de gatos y perros.


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El gato korat y el Tamra Maew

El korat, también llamado Mallet o Si sawat, es un gato doméstico de pelo corto gris azulado, de tamaño mediano, más bien musculoso y con muy poca grasa. Sus rasgos más característicos son la cabeza en forma de corazón, grandes ojos verdes y patas delanteras algo más cortas que las traseras.

Es una raza totalmente natural, considerada una de las más estables y más antiguas, cuya apariencia no ha cambiado con el paso de los siglos. Originaria de Phimei, en Tailandia, su nombre occidental proviene de la provincia donde surgió, Nakhon Ratchasima, a la que los tailandeses suelen llamar “korat” familiarmente. En Tailandia se les conoce como Si sawat en referencia a su magnífico pelaje y el color de sus ojos.

El korat es el gato de la buena suerte y, tradicionalmente, se entregaba una pareja a los recién casados. Hasta hace muy pocos años no se vendían, solo se regalaban.

Yani y Chalama (años 60)

En 1995, Tailandia emitió un sello dedicado al korat. Dos años después, Cuba y Tuvalu siguieron su ejemplo; en 1999, la República del Congo, y en 2017, Yibuti, en África Oriental. Varios países más han hecho lo propio posteriormente.

Sello Tailandia

Los primeros korat llegaron a Gran Bretaña entre 1889 y 1896 bajo la denominación de “siameses azules”, pero tienen poco que ver con estos y fueron descalificados en los primeros concursos de gatos. En 1901 ya habían desaparecido. Reaparecieron en Estados Unidos a principios de los años cincuenta del siglo pasado y fueron aceptados como tal gracias a los esfuerzos de un criador de Maryland en 1966.

Es probable que se hiciera alusión por primera vez a esta antigua raza en el Tamra Maew (Tratado de los gatos o Libro de poemas de los gatos), que puede remontar al año 1350 y del que se encuentra un ejemplar más reciente en la Biblioteca Nacional de Tailandia.

Tamra Maew (Libro de poemas de los gatos)

Este tratado es un manuscrito del tipo “samut khoi” del periodo Ayutthaya (1350-1767), aunque la mayoría de ejemplares datan del siglo XIX. Contiene ilustraciones de diversos tipos de gatos y es probable que sirviera para marcar los estándares de las razas.

El manuscrito consiste en una larga tira de papel plegada en acordeón que se lee verticalmente. Suele incluir diecisiete razas propicias, además de otras seis consideradas portadoras de mala suerte. Las ilustraciones que describen a los gatos van acompañadas por descripciones versificadas en alfabeto tailandés, ya que el alfabeto khom se reservaba para manuscritos religiosos.

Los versos introductorios dicen así: “Me inclino ante vos con cabeza y manos, mas en vez de utilizar flores, incienso y velas doradas, / para vos describiré las formas de los gatos tal como se hizo en mitos y leyendas. / Todos los gatos fueron creados por dos eremitas: Ka-La-I-Ko-Te creó los que traen buena suerte…”

En los versos, breves y concisos, se describen los principales rasgos físicos de los gatos y los efectos (beneficiosos o negativos) que pueden aportar a su dueño. Algunos traían prosperidad y salud, mientras que otros, mala fortuna. Estos últimos seguían existiendo, pero suponemos que se evitaba tenerlos en casa.

Los tratados felinos eran comunes en toda Asia sudoriental, y muy especialmente en Siam, país donde algunos animales tenían un papel importante en la corte imperial y en los monasterios budistas. Los primeros eran los elefantes albinos, seguidos por los caballos y los gatos.

Algunos Tamra Maew incluyen hasta veintidós razas de gatos propicias. La lista siempre va encabezada por el ninlarat, el gato negro por excelencia, cuyos versos dicen así: “Un gato de raza negra tiene el cuerpo negro, los dientes, ojos, garras y lengua; todo es negro. / Su rabo es tan largo que le toca la cabeza”.

Después llegaba el wilat (belleza), de cuerpo negro y ojos verdes, seguido por el suphalak, de color cobre, renombrado por espantar el mal y que todavía existe hoy en día. El kao taern (nueve puntos) de manto blanco tenía nueve manchas circulares negras, y el ratanakamphol (ropa engalanada), también era blanco con un cinturón negro. Y así sucesivamente.

Pero la magia de los gatos de Siam inició su declive a mediados del siglo XIX cuando los británicos empezaron a llevarse a los sagrados animales a Inglaterra para criarlos y venderlos como “objetos” de lujo.

Durante cientos de años se creyó que el impresionante color azul plateado representaba la abundancia. Los brillantes ojos verdes son del color del grano de arroz aún sin madurar y simbolizaban una cosecha abundante. Como hemos dicho al principio, se regalaba una pareja a los recién casados para propiciar un buen y feliz matrimonio.

También existen korat de color lila en Tailandia, pero los criadores europeos los menosprecian en comparación a sus hermanos de manto azul. Sin embargo, en el antiguo reino de Siam ambos eran muy apreciados.

Curiosamente, el peculiar y único tono verde de sus ojos puede tardar hasta cuatro años en desarrollarse del todo. Los ojos de los gatitos son de color ámbar. También son conocidos por poseer un sentido del olfato, de la vista y del oído aún más desarrollados de lo habitual en un gato.

Gato korat y gato siamés

Son observadores, curiosos, siempre dispuestos a participar en lo que está ocurriendo y a investigarlo todo. Y como muchos otros gatos, no se echan atrás cuando se trata de ser el centro de la atención.