Gatos y Respeto

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Los gatos de Nicolas Tarkhoff, un pintor olvidado

Nicolas Alexandrovich Tarkhoff  nació en Moscú el 2 de enero de 1871 en el seno de una familia de comerciantes acomodados. Mostró tendencias artísticas a una temprana edad; sin embargo, se alistó en la milicia provincial a los 18 años para cumplir el servicio militar.

Oponiéndose a su padre, se presentó al examen de ingreso en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, pero fue rechazado por tener “un temperamento revolucionario”. En 1897 entró en el estudio del pintor impresionista Konstantin Korovin Alexeivich, donde conoció a Pavel Kuznetsov, Vasily Polenov y Valentin Serov, con los que expondría por primera vez poco después con gran éxito. A pesar de esto, decidió abandonar Moscú y trasladarse a Múnich en 1898. Antes de acabar el año se fue a París, ciudad que ya conocía por haber visitado con anterioridad a su amigo el pintor Nicolas Millioti. Hablaba francés perfectamente gracias a las enseñanzas de la niñera que le había criado.

Gato negro y dalias (1907)

 

Trabajó en el estudio de Jean-Paul Laurens, al que dejó por considerarle demasiado academicista, y de Luc-Olivier Merson. Admiraba profundamente a Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, Paul Cézanne y, sobre todo, al simbolista Eugène Carrière.

Sus cuadros no tardaron en seducir a críticos como Apollinaire, Forthuny y Ary-Leblond. Participó regularmente en el Salón de los Independientes; a partir de 1901, en el Salón de la Sociedad de Bellas Artes y en el Salón de Otoño, del que fue miembro desde 1907, en varios salones en Bruselas, Berlín, Venecia y Roma, así como en la Exposición Armory celebrada en Nueva York en 1913. Como miembro del Sindicato de Artistas Rusos expuso regularmente en Moscú y San Petersburgo.

Gatos negros en ventana (1909)

 

En 1904, cuando tenía 33 años, conoció a Yvonne Deltreil y se casaron unos meses después. La joven, que ya tenía un hijo de cinco años, nunca dejó de apoyarle con entusiasmo. Sus dos hijos nacieron casi inmediatamente; Jean en marzo de 1905 y Boris en agosto del año siguiente. A partir de ese momento, sus obras empezaron a ser más figurativas. Dejó de pintar las calles de París y a sus transeúntes, y reprodujo escenas intimistas de su familia y de los gatos con los que convivían. Llegó a decir que prefería con mucho estos cuadros a los de la época anterior.

Mi familia

En mayo de 1906, el famoso galerista Ambroise Vollard (otro amante de los gatos), que exponía las obras de Cézanne, Renoir, Picasso, Matisse, Bonnard y Van Dongen, entre otros, le dedicó una exposición en solitario que tuvo un éxito rotundo. Poco después, Vollard ofreció comprarle toda su producción, pero a un precio muy por debajo del mercado y Nicolas Tarkhoff rehusó, perdiendo así un importante apoyo. Sin embargo, galeristas como Berthe Weill, Eugène Druet o Edouard Devambez le abrieron sus puertas.

En 1909 dejó el piso estudio de la calle Belloni por algo más espacioso y cómodo en Montparnasse. Desde su ventana pintó escenas nocturnas en las que los carruajes cobran vida a la luz de las farolas. Ese mismo año, Marius y Ary Leblond, que eran amigos suyos, le dedicaron varias páginas en el libro “Peintres de races”.

Un año después, la revista rusa Apolo le organizó una gran exposición en solitario en el Séptimo Salón de San Petersburgo. Las obras prestadas por famosos coleccionistas de todo el mundo eran una prueba del enorme éxito internacional que había alcanzado su trabajo.

En 1911 se mudó de París y se instaló en Orsay, un pueblecito a unos treinta kilómetros más al sur, donde compró una casa rodeada de árboles en medio del campo. Al año, nació su hija Hortensia. Pero al alejarse de la capital, empezó poco a poco a perder contacto con los círculos artísticos y tan solo los amigos más íntimos, como Marc Chagall, André Lhote y Maximilien Luce, seguían visitándole. Fue el comienzo de las dificultades económicas.

Llegó la I Guerra Mundial y las ventas cayeron dramáticamente. Tanto él como su esposa apoyaron fervientemente la Revolución bolchevique de 1917, lo que le alejó definitivamente de sus amigos rusos. Su situación financiera se hizo más precaria, como él mismo dijo: “… por culpa de las ideas reaccionarias de la gente, debo luchar día a día para sobrevivir. Cada vez me cuesta más vender mis cuadros”. Empezó a participar menos en los salones, pero por suerte, el pintor André Derain, uno de los primeros fauvistas, siguió comprándole algún que otro cuadro. Los años veinte fueron duros, y su hija Hortensia decidió dejar la familia en 1929, lo que para él fue una auténtica tragedia.

Niño con gato (Dibujo)

Falleció el 30 de junio de 1930 a los 59 años en la pobreza más absoluta. Al año siguiente, el Salón de Otoño organizó una retrospectiva de su obra. Fue el último destello de luz antes de que cayera en el olvido durante más de treinta años. La galerista Madeleine Oury, esposa del pintor Marcel-Lenoir (seudónimo de Jules Oury), compró muchas de las obras de Nicolas Tarkhoff y solo así pudo sobrevivir su viuda.

Un gato y dos niños en la ventana (1907)

Por fin, en los sesenta la obra del pintor fue redescubierta por apasionados coleccionistas. Uno de estos, Oscar Ghez, le dedicó una sección completa del Museo del Petit Palais de Ginebra y en 1981 organizó varias exposiciones en Rusia, Francia, España y Estados Unidos. En 2014, la pequeña ciudad de Orsay le rindió un homenaje.

Dos gatos

En realidad, los cuadros en los que Nicolas Tarkhoff incluyó gatos representan una ínfima parte de su producción, y corresponden a un periodo bastante breve de su vida, quizá el más feliz, empezando poco tiempo después del nacimiento de su primer hijo hasta 1911, cuando se trasladó a Orsay. Algunos cuadros de gatos son de su época en el campo, como el de los dos gatos enfrentados con un árbol entre medias, y sin lugar a dudas, el cuadro titulado “La Sra. Tarkoff, su hija, dos calabazas y dos gatos”, donde se nota un cambio de estilo.

La Sra. Tarkhoff, su hija, dos calabazas y dos gatos

Por estas obras deducimos que la familia tuvo por lo menos dos gatos negros, otro negro con pechera blanca, un rubio con manchas blancas y un blanco. Quizá fuera su mujer, Yvonne Deltreil, la que amaba a los gatos.

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El gato Orangey, un premiado actor

Rhubarb – Orangey, el director Arthur Lubin, y sus compañeros de reparto Jan Sterling y Ray Milland

Orangey saltó a la fama en 1951 cuando fue el primer gato en protagonizar una película, concretamente “Rhubard”, dirigida por Arthur Lubin, con Ray Milland, Jan Sterling y Gene Lockhart. El largometraje cuenta la historia de Rhubarb, un gato callejero atigrado de color naranja con mucho carácter al que adopta un millonario dueño de un club de béisbol profesional. Al fallecer, deja todo su dinero y el club al felino.

Gracias al éxito que obtuvo en su primera aparición en la gran pantalla, trabajó en numerosas películas, como la famosa “Desayuno con diamantes” (1961), de Blake Edwards, con Audrey Hepburn y George Peppard, donde interpretó al gato que recoge Holly Golightly. Comparten techo durante un tiempo, pero Holly nunca le da un nombre: “A pesar de ser algo incómodo, no tengo derecho a nombrarle hasta que pertenezca a alguien”.

La actriz dijo una vez que lo peor que jamás había tenido que hacer en una película era echar a Gato del taxi bajo la lluvia: “Fue lo más desagradable que jamás hice como actriz en una película”. No podemos afirmarlo, pero creemos que le gustaban los gatos.

Orangey tuvo el papel de Neutrón en “Regreso a la Tierra” (1955), de Joseph M.  Newman, una película de ciencia-ficción, como puede deducirse por el título. A continuación le vimos en “El increíble hombre menguante” (1957), de Jack Arnold, en la que interpretaba a Butch, el gato de la familia que amenaza al muy menguado protagonista.

Regreso a la Tierra

 

El increíble hombre menguante

Entre 1952 y 1956 interpretó a la gata Minerva en la serie “Our Miss Brooks”, protagonizada por Eve Arden en el papel de una maestra soltera con una gata. A principios de los sesenta apareció en uno de los episodios de “El Show de Dick Van Dyke”, concretamente en “¿Dónde has estado, Fassbinder”, como Mr. Henderson. También fue uno de los animales de Elly en la famosa serie “Los nuevos ricos” (1962) y participó en algunos episodios de “Mi marciano favorito” (1963).

El show de Dick Van Dyke

 

Gigot

Trabajó en otras tres películas, “Gigot” (1962), con el genial Jackie Gleason; “La comedia de los terrores” (1964), de Jacques Tourneur, con Vincent Price y Peter Lorre, en el papel de Cleopatra, y finalmente “El pueblo de los gigantes” (1965), una película malísima donde interpretó a un gato gigante.

Los nuevos ricos

 

Mi marciano favorito

En total, catorce años de estrellato. No está nada mal. Orangey pertenecía al conocido domador de animales Frank Inn y fue su primera gran estrella. La segunda fue Higgins, un perro callejero rescatado de la perrera que tuvo un papel protagonista en la serie “Expreso a Petticoat” (1963), y en los largometrajes “Mooch Goes to Hollywood” (1971) y “Benji” (1974). Adoraba a los animales y no soportaba que las perreras sacrificaran animales sanos, por lo que los adoptaba. Si tenían aptitudes interpretativas, se los quedaba; si no, se los regalaba a amigos. Parece ser que en una época llegó a tener hasta mil animales y a gastar unos 400 dólares diarios en alimentarlos.

La comedia de los terrores

 

Our Miss Brooks

Pero volvamos a Orangey, ganador de dos premios Patsy, el equivalente del Oscar para animales, por “Rhubarb” y “Desayuno con diamantes”, las dos grandes películas de su carrera. Sin embargo, se rumorea que Orangey siempre tuvo dobles, aunque Frank Inn jamás quiso reconocerlo. Los gatos no se dejan amaestrar con tanta facilidad como los perros; tampoco imaginamos a un gato dispuesto a repetir la misma toma doce veces… Las malas lenguas dicen que para “Rhubard”, Frank Inn llegó a usar hasta 36 gatos anaranjados diferentes y doce para “Desayuno con diamantes”. Orangey existió, de eso no cabe duda, pero es muy posible que no fuera uno solo. Catorce años bajo los focos son muchos años para un gato; catorce años aguantando el ajetreo que supone un rodaje, las carreras, el ruido y los gritos hasta el famoso “¡Silencio, se rueda!”

Rhubarb

Orangey tenía, además, la reputación de ser un gato difícil. Según dicen, se comportaba modélicamente durante el rodaje, pero en cuanto oía “¡Corten”, podía arañar o morder a su coprotagonista, algo de lo que dudamos. Ningún estudio permitiría que un gato arañase o mordiese a una estrella del calibre de Audrey Hepburn, por ejemplo. Tristemente, cabe la posibilidad de que todos los Orangey estuvieran desungulados, una operación que por fin se ha prohibido en España.

Un ejecutivo de Paramount Studios describió a Orangey como “el gato más malvado del mundo”. Cuentan que aguantaba pacientemente mientras se rodaba, pero que entre toma y toma aprovechaba cualquier despiste para escaparse con la consecuente pérdida de tiempo mientras se le buscaba. Incluso dicen que Frank Inn apostaba perros en las salidas para impedirle que desapareciera. También dudamos que esto ocurriera a menudo; una o dos veces quizá… Pero Orangey era una estrella, y ya se sabe, todas las estrellas se rodean de una leyenda.

El pueblo de los gigantes

Dedicamos esta entrada a todos los gatos que han trabajando y siguen trabajando en el cine para entretenernos. Las leyes de protección animal han mejorado; ahora, al final de todas las películas con animales aparece un cartel garantizando que ninguno ha sido maltratado ni ha sufrido durante el rodaje. Pero basta con pensar en las horas que pasan metidos en un transportín – nos referimos a gatos -, al calor de los focos y a todo lo que supone un rodaje para echarse a temblar.

 


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Los gatos surrealistas de Remedios Varo

Visita inesperada

Remedios Varo nació en Anglès, Girona, en 1908, hija de Rodrigo Varo y Zejalvo, de origen

Remedios Varo

andaluz, y de Ignacia Uranga y Begareche, procedente de Euskadi. Su padre era ingeniero hidráulico y siempre la apoyó cuando, desde muy pequeña, demostró su inclinación por el dibujo. La alentó a pensar por sí misma y a leer lo que le apetecía, a pesar de que su madre, una católica devota, se empeñó en que tuviera la educación habitual de una niña de buena familia en un colegio de monjas. Esto último solo sirvió para que Remedios rechazara la religión tradicional y se entregara más a las ideas universalistas de su padre. A los 15 años, en 1924, ingresó en la Real Academia de San Fernando, en Madrid, donde se licenció al cabo de seis años. No tardó en casarse con un compañero de estudios, Gerardo Lizárraga, y ambos se trasladaron a París.

El gato helecho

Energia cósmica

El matrimonio duró poco y se separaron amistosamente al regresar a Barcelona. Parece ser que, unos años después, Remedios descubrió gracias a un noticiario cinematográfico que él estaba en un campo de refugiados republicanos en el sur de Francia y consiguió sacarle poco antes de que los alemanes entraran en el país. En 1935 conoció a los pintores surrealistas Jean Michel, Oscar Domínguez y Esteban Francés, con los que formó un círculo artístico que inventó el famoso juego “Cadavres exquis”. Remedios también se unió al colectivo los Logicofobistas, muy interesados en el surrealismo, y cuyo objetivo era unir el arte con la metafísica. Expuso con ellos en la Galería Catalonia en 1936.

Gato hombre

Gato

Ese mismo año conoció al poeta surrealista francés Benjamin Péret, que había ido a Barcelona como delegado del Partido Obrero Internacional. Se enamoraron locamente, como demuestra toda una serie de cartas y los poemas que le dedicó, y ella le acompañó de regreso a París en 1937, lo que le impidió volver a España porque Péret era trotskista. Entró en relación con el círculo de André Breton, gran amigo de Péret, y se codeó con Dora Maar, Max Ernst, Leonora Carrington y Roberto Matta, entre otros. Para sobrevivir, dibujaba viñetas y copiaba cuadros. Comparada a su posterior época mexicana, pintó pocas obras originales, e incluso mucho después dijo: “Iba a las reuniones, hablaban mucho y aprendí muchas cosas. Participé en dos exposiciones, pero no tenía los años ni la seguridad suficientes para enfrentarme a un Paul Eluard, un Benjamin Péret o un André Breton. Estaba boquiabierta ante estas personas tan aventajadas”.

Locura del gato

Con la invasión alemana, Péret fue encarcelado y Amparo con él por ser su mujer, aunque no estaban casados. Ella no estuvo mucho tiempo presa, y en cuanto Péret salió de la cárcel consiguieron los documentos necesarios para huir a México a través del Comité de Rescate de Emergencia dirigido por el estadounidense Varian Fry. El 20 de noviembre de 1941 embarcaron hacia México.

Mimetismo

Mimetismo (detalle)

Para sobrevivir se dedicó a la pintura comercial durante tres años, y tardó otros nueve en exponer. Conoció a Frida Kahlo y a Diego Rivera, pero sobre todo seguía viendo a expatriados europeos, como la pintora inglesa Leonora Carrington y el piloto y aventurero Jean Nicolle. Al regresar Péret a París en 1947 se trasladó a Venezuela, donde vivió dos años. De vuelta a México conoció a Walter Gruen, un austríaco que creyó profundamente en lo que hacía la pintora y le aportó una estabilidad económica y emocional que le dieron alas. Expuso en solitario por primera vez en 1955 en la Galería Diana de Ciudad de México con un éxito inmediato. Participó en el Salón del Arte de la Mujer en 1958, y su representante Juan Martín abrió una galería en 1960 y una segunda en 1962 donde expuso regularmente sus obras. Hablando de México, dijo: “…no me era posible pintar en medio de tanta ansiedad. En este país encontré la tranquilidad que siempre había buscado”.

Paraíso de los gatos

Murió en los brazos de Walter Gruen de un ataque al corazón el 8 de octubre de 1963, a los 54 años. A partir de ese momento, Gruen se dedicó a recomprar tantos cuadros como pudo de Remedios Varo con la ayuda de su tercera esposa, Ana Alexandra. Consiguió reunir 39 cuadros que prestó y posteriormente donó al Museo de Arte Moderno (MAM) de Ciudad de México. La sobrina de la pintora, Beatriz Varo Jiménez, intentó demostrar que legalmente los cuadros eran suyos, ya que Gruen y Varo jamás se casaron – es más, a su muerte se descubrió que jamás se había divorciado de su primer marido -, pero por suerte Walter y Ana Alexandra pudieron probar que eran suyos a través de los certificados de compra.

Revelación o El relojero

Pituso y un zorro

En 1971, el MAM organizó un retrospectiva visitada por más público que cualquier otra, incluso más que las de Diego Rivera y José Clemente Orozco. En 2000, más de cincuenta cuadros suyos se mostraron en el Museo Nacional de las Mujeres en las Artes en Washington DC.

Es verdad que ocho cuadros y dos bocetos de gatos en toda la obra de la pintora no son muchos, lo reconocemos. Pero sí podemos asegurar que a Remedios le gustaban los gatos y que le gustaron siempre porque las fotografías que hemos podido encontrar son de épocas muy diferentes.

En una la vemos vestida con una blusa blanca presentando a un gato atigrado. Por el peinado y el entorno, la foto debió ser tomada en la década de los 30 y nos atrevemos a pensar que en España. Hay otra posterior donde está sentada ante un cuadro sujetando a un gatito negro.

Luego otras dos, en color, con un gato negro adulto, ¿es el mismo gato que el anterior? Y la última, que debió ser publicada en un periódico, con un gato gris de pelo largo. También sabemos que el gato representado con un zorro se llamaba Pituso.


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Los gatos del pintor estadounidense Will Barnet

Will Barnet falleció el 13 de noviembre de 2012 a los 101 años. En su larga carrera como artista – empezó a pintar en el sótano de la casa de sus padres a los 12 años – siempre incluyó gatos en sus cuadros, incluso durante el periodo en que abandonó la pintura figurativa por la abstracta.

Autorretrato

Después de conseguir una beca de la Art Students League (Liga de Estudiantes de Arte) dejó Beverly, un pueblecito en la costa de Massachusetts, para irse a Nueva York en 1931 con diez dólares en el bolsillo. Tenía 20 años recién cumplidos. Le acompañaba una carpeta llena de paisajes marinos y retratos del gato de la familia. Era verano, el país estaba sumido en la Gran Depresión. Alquiló una habitación por un dólar la noche y empezó a dibujar los desolados rostros con los que se encontraba en cada esquina.

Autorretrato

En 1935, cuatro años después de empezar a estudiar en la Arts Student League fue nombrado grabador oficial de la escuela con un salario de 15 dólares a la semana, y empezó a trabajar en el departamento de artes gráficas del Proyecto Artístico de la Administración Federal “Works Progress”. A partir de 1942 y hasta 1979 enseñó grabado y pintura en la League; el famoso pintor Mark Rothko fue alumno suyo. Realizó grabados para el artista mexicano José Clemente Orozco, así como para el pintor y caricaturista William Gropper.

Dos gatos

Expuso por primera vez en solitario en 1935, y tres años después, la galería Hudson Walker de Manhattan le abrió sus puertas. Ese mismo año se casó con Mary Sinclair, una pintora y alumna suya, con la que tuvo tres hijos. A finales de los años 40 se dedicó al arte abstracto. Pertenecía al grupo conocido como “Indian Space Painters” (Pintores del espacio indio), que creaba complejos cuadros de formas geométricas basadas sobre todo en el arte amerindio.

El paseo

Sin embargo, a principios de los sesenta regresó a un estilo representativo más tradicionalista con influencias de los grandes grabadores japoneses e incluso del Pop Art. Se divorció y volvió a casar en 1953 con Elena Ciurlys, con la que vivió durante 59 años hasta su muerte. Elena y Ona, la hija de ambos, fueron el tema de numerosos retratos con gatos.

La lectora

Siempre debió haber uno o más gatos en el hogar de Will Barnet. Sabemos que Elena y él tuvieron un gato negro llamado Minou que probablemente conviviera con el perro Eon y el loro Polly. Minou aparece en numerosos cuadros, y a veces por partida doble.

Polly, Minou y Eon

¿Habría dos gatos negros? Luego está Madame Butterfly, retratada con Elena en el famosísimo cuadro “La lectora”, una gata blanca que también acompaña al pintor en un autorretrato. Hay otra gata, casi totalmente blanca excepto por las manchas tricolor de la cabeza y el rabo, pero de esta ignoramos el nombre. Y en “Retrato de Martha”, pintado entre 1982 y 1985, una mujer está con tres gatos, dos grandes a su espalda y uno más pequeño delante.

Retrato de Martha

Pero no sabemos quién es Martha; eso sí, debían gustarle los gatos. Por cierto, este cuadro se vendió por 55.500 euros el 18 de noviembre de 2015.

La escalera blanca

En 2003 volvió a cambiar de estilo inclinándose de nuevo por la abstracción, con colores fuertes y composiciones dinámicas que recuerdan sus obras de los años cincuenta. No sabemos si “El gato” abstracto que incluimos pertenece a esta época o a la anterior.

El gato

Sus principales obras, tanto abstractas como figurativas, pueden alcanzar los 400.000 dólares, y realizó nada menos que 80 exposiciones individuales. El Museo Metropolitano de Arte, el Guggenheim y el Whitney poseen cuadros suyos, aunque suelen estar almacenados. “No exhiben a artistas de mi naturaleza; el Whitney lleva 30 años sin mostrar un cuadro mío”, dijo un par de años antes de fallecer, con su ironía habitual.

Moto

Mujer con gato negro

En el Museo Británico y el Museo del Vaticano también hay obras suyas. En enero de 2012, el Estado francés le nombró Caballero de las Artes y las Letras. Al mes siguiente recibió la Medalla Nacional de las Artes en la Casa Blanca de manos de Barack Obama, que le alabó por dejar “una marca indeleble en la cultura americana”. El pintor, hablando de su larga carrera, dijo: “Siempre me he dedicado a la humanidad y a expresar la fragilidad de la vida en el arte”.

Mujer en árbol con gato

Mujer y gata blanca

En una entrevista que le hizo el New York Times en 2010 dijo: “Lo he visto todo, pero quiero ver mucho más. No sabría decirle qué significa tener 99 años, solo que es diferente de tener 19. Antes trabajaba ocho, nueve o diez horas diarias, ahora solo pinto tres o cuatro horas cada día. Pero nunca transigí, jamás. Los viejos maestros siguen vivos después de 400 años, a eso aspiro”.

Otra lectora

Nació el 25 de mayo de 1911 en el seno de una familia de emigrantes rusos y del este de Europa. Su padre manejaba una máquina en una fábrica de zapatos. Su primer contacto con el arte fue en la biblioteca de la pequeña ciudad de Beverly y en el cementerio, donde se fijó en las tallas de las tumbas de la época colonial. “Tenía 10 o 12 años cuando descubrí que ser artista me daría la posibilidad de crear algo que perduraría después de mi muerte”.