Gatos y Respeto

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El gato bobtail japonés, su historia

El bobtail japonés es un gato doméstico conocido desde hace al menos mil años en Japón y Corea, y probablemente más en China. Se le menciona por primera vez en un manuscrito del tutor de la emperatriz de Japón en el año mil, y aparece habitualmente en grabados, pinturas, objetos. ¿Quién no ha visto un maneki-neko, o gato de la buena suerte, con su pata derecha levantada? Es un bobtail japonés.

Maneki-neko del año 1900

La característica más llamativa de esta raza natural es su curioso rabo, que no tiene nada que ver con una mutación o una hibridación. El rabo corto y rígido se debe a un gen recesivo que sigue apareciendo sin que los bobtails se apareen entre sí. Al contrario del gen dominante en los gatos Manx, este gen no se asocia con problemas de los huesos. El bobtail tiene menos vértebras en el rabo, e incluso algunas se fusionan, pero lo más curioso es que ninguno posee una cola igual. Para que se le considere un auténtico bobtail, el rabo estirado no debe sobrepasar los diez centímetros.

El bobtail clásico, el favorito en Japón y el más representado, es un gato mayormente blanco con manchas negras y pelirrojas, o sea tricolor, pero los hay de muchos colores, con manchas más o menos grandes dispuestas de diversas maneras. También pueden tener los ojos de diferente color.

Al parecer, los bobtails fueron gatos de palacio o de personas pudientes y no solían verse por las calles. Algunos documentos indican que el emperador Ichijo (986-1011) fue el primero en llevar ejemplares a Japón desde China. Pero habría podido llegar incluso antes, durante el periodo Asuka, en el siglo VI, con otros apreciados artículos de la cultura china.

Sin embargo, en 1602, las autoridades publicaron un decreto ordenando que todos los gatos debían servir para deshacerse de los ratones y ratas que infestaban los criaderos de gusanos de seda, almacenes, etcétera. Esto significó que los gatos ya no pudieron pasar la vida en casas y salir con correa; es más, se prohibió la venta y compra de gatos. A partir de ese día, los bobtails se reunieron en las calles y campos con sus congéneres de largas colas para descubrir un mundo nuevo en el que probablemente pasaron hambre, aunque salvaran la industria de la seda.

Unos años después, concretamente en 1697, se edificó el famoso tempo Gotokuji en Tokio, cuyas paredes están decoradas con frescos de bobtails. Los gatos del templo fueron los precursores de los maneki-neko, que hoy van camino de invadir el mundo y rodean el templo por centenares. Incluimos algunos grabados del famoso Utagawa Kuniyoshi (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/).

Las 53 estaciones (Utagawa Kuniyoshi)

En 1701, el naturalista y explorador alemán Engelbert Kaempfer describió la flora, la fauna y los paisajes de Japón en su libro “Engelbert Kaempfer: Heutiges Japan” (El Japón de hoy): “Solo he visto una raza de gato doméstico. Tiene amplias manchas amarillas y negras sobre pelo blanco; su rabo es muy corto y parece que se lo han torcido y roto. No le interesa cazar ratas ni ratones, solo quiere que las mujeres le lleven en brazos y le acaricien”.

Utagawa Kuniyoshi

Utagawa Kuniyoshi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cola vestigial suele medir cinco centímetros, pero si se endereza, alcanza el doble. A primera vista, no se nota que está “enrollada” al quedar disimulada por el pelo y adquirir la forma de un pompón. Suele ser un gato de tamaño medio, alargado, delgado, aunque musculoso, y de hombros anchos, tanto como los cuartos traseros. Es alto y las patas traseras son algo más largas que las delanteras, lo que tampoco se nota cuando está en actitud de reposo porque las dobla ligeramente. Tiene un rostro triangular con orejas de buen tamaño, ojos grandes y ovalados. Al ser una raza natural cuya genética no ha sido manipulada por el hombre, es un gato resistente sin problemas de salud.

Los gatos son animales muy queridos en Japón, como lo demuestran los neko-cafés o el popular maneki-neko, y ocupan un lugar importante en el folclore, aunque no siempre se han visto con buenos ojos. Como en otros lugares del mundo, despertaban la desconfianza, pero el bobtail era considerado un gato de la suerte, de buen augurio, mientras que su hermano rabilargo era el nekomata (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), una especie de espíritu maligno.

Una leyenda cuenta que en la era Edo, en el siglo XVII, la gran época de los señores feudales, había en Tokio un templo en muy mal estado donde vivía un pobre monje que, a pesar de tener poco para llevarse a la boca, lo compartía todo con su gata Tama. Un buen día, Naotaka Ti, un señor feudal de gran importancia, se vio sorprendido por una terrible tormenta en los alrededores del templo. Vio que una gata blanca rabicorta, con manchas negras y marrones, levantaba la pata como indicándole que se acercara. Asombrado, se atrevió a dejar el árbol bajo el que se había cobijado para ver de cerca a tan singular felino. En ese mismo momento, un rayo cayó sobre el árbol partiendo la enorme rama bajo la que se resguardaba. El señor reparó el templo, y el monje y Tama jamás volvieron a pasar hambre. Así nació el maneki-neko.

Bobtail de cerámica

Gato y linterna (Kobayashi Kiyochika, 1886)

También existe una leyenda acerca del origen del rabo corto de los bobtails. Cuenta que un gato dormía tan cerca de un brasero que se le incendió la cola. Aterrado, cruzó la ciudad corriendo, prendiendo fuego a todo lo que encontraba en su camino. Al ser las casas de madera, las llamas se propagaron con rapidez y la ciudad se quemó. El emperador decretó que debía cortarse el rabo a todos los gatos del país como medida preventiva.

El bobtail es, sin lugar a dudas, el gato que más tiempo lleva en Japón y el más apreciado.

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Gatos en la obra de Marc Chagall

Detalle del cuadro “París visto desde la ventana”

No puede decirse que Marc Chagall representara muchos gatos en sus numerosas obras. Después de una intensa búsqueda, solo hemos sido capaces de encontrar una decena de cuadros en los que incluyó a un gato, pero aun así creemos que vale la pena dedicarle una entrada. En algunos cuadros, los gatos del pintor son animales caseros y queridos que forman parte de la familia, por ejemplo en “Mi padre”, donde el gato parece estar tranquilamente sentado detrás del padre del artista, lo que demuestra que había por lo menos un gato en su casa cuando era niño.

Mi padre (1911)

En “El carnicero, mi abuelo” se ve al abuelo de Chagall cortando carne y a un gato a sus pies esperando que le llegue algún trozo. Ambos cuadros fueron pintados en 1911, al año de trasladarse a vivir a París con la intención de desarrollar su estilo. En esa época, el cubismo se había adueñado de la capital francesa, pero las obras de Chagall estaban llenas de colores, de sentimientos y de humor, algo que no encajaba con la tendencia de entonces. Quizá por eso fuera más admirado por poetas que por pintores al principio de su estancia. Tenía 23 años, estaba solo, no hablaba francés y echaba mucho de menos a su novia Bella, que se había quedado en Vítebsk, Bielorrusia.

El carnicero, mi abuelo (1911)

Poco a poco fue conociendo a más gente y a artistas rusos afincados en París. Pintaba hasta el amanecer, dormía poco, estudiaba de día en la academia de La Palette, una escuela vanguardista, y pasaba largas horas en el Louvre. Exponía regularmente en el Salón de los Independientes. En 1913 pintó “París visto desde la ventana” con un gato con cara humana casi en primer plano mirando el primer salto en paracaidista desde la Torre Eiffel. Magnífico y curioso cuadro lleno de símbolos, como el hombre de doble cara, el tren invertido y los dos personajes flotando.

París visto desde la ventana (1913)

Foto de 1911 del primer salto en paracaídas desde la Torre Eiffel

En 1914, antes del comienzo de la I Guerra Mundial, aceptó la invitación de un importante galerista alemán y expuso cuarenta cuadros y 160 aguadas en Berlín. Desde allí se trasladó a Vítebsk y se casó con Bella. En 1917, después de apoyar la Revolución, fue nombrado Comisario de Bellas Artes y, posteriormente, director de la recién creada Academia Libre de las Artes. En 1922 regresó a París, donde se instaló con su mujer y su hija, después de que el famoso marchante y editor Ambroise Vollard (otro gran amante de los gatos, https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le invitara a ilustrar unos libros. Chagall produjo 107 aguafuertes en menos de dos años para ilustrar, entre otros, “Las almas muertas”, de Gogol. De esta época es “El gato y los dos gorriones”, incluida en una edición realizada por Vollard de “Las fábulas”, de Jean de La Fontaine.

El gato y los dos gorriones (Aguafuerte)

El gato y los dos gorriones (1952)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Adoptó la nacionalidad francesa en 1937, pero la II Guerra Mundial y las amenazas contra las comunidades judías obligaron a la familia Chagall a huir in extremis a Nueva York en 1941 gracias a la ayuda de Alfred Barr, director del Museo de Arte Moderno de esa ciudad, que incluyó su nombre en una lista de artistas en peligro. Durante su estancia en Estados Unidos descubrió la litografía, y creó decorados y vestuarios para ballets como “Aleko”, con música de Chaikovski y coreografía de Léonide Massine, en el que incluyó a una gata. El estreno tuvo lugar el 8 de septiembre de 1942 y fue un enorme éxito.

Mujer con niño, hombre con gato (1914)

Vestuario de gato para el ballet “Aleko” (1942)

Su esposa Bella falleció de una infección el 2 de septiembre de 1944. Esforzándose en seguir con su trabajo, Chagall produjo sus primeras litografías en color para “Cuatro cuentos de las mil y una noches”, escogidos por él. En 1946 ya era un pintor reconocido mundialmente y el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una retrospectiva en la que podían contemplarse los cambios en su obra durante 40 años, y en otoño de 1947 regresó definitivamente a Francia para participar en la exposición que le dedicó el Museo de Arte Moderno de París.

La gata transformada en mujer (1928-31)

El poeta o Las tres y media (1912)

Después de viajar por Europa, se afincó en Saint-Paul-de-Vence, un bonito pueblo a unos 10 kilómetros de Niza. Era vecino de Matisse y de Picasso, y este último dijo una vez: “Cuando Matisse muera, Chagall será el único pintor en vida que entiende lo que es el color. Algunas de sus obras hechas en Vence me han convencido de que nadie desde Renoir comprende la luz como él”. Fue allí donde, en 1954, pintó “El poeta”, con un enorme gato azul elevándose en el cielo nocturno con luna llena.

El poeta (1954)

Su hija Ida le presentó a Valentina (Vava) Brodsky, con quien se casó en 1952. En los años siguientes no solo siguió pintando, también se dedicó a la escultura y a la cerámica, técnica mediante la que produjo azulejos, floreros, platos y jarrones. Empezó a trabajar con murales a gran escala, vidrieras e incluso tapices. Creemos que la fotografía del pintor sentado en una silla delante de un mural sin acabar data de esta época.

Hombre a la mesa con gato (1911)

En 1963, el Ministerio de Cultura, con André Malraux a la cabeza, encargó a Chagall que pintara el techo de la Ópera de París. La petición no fue del gusto de todos; algunos se opusieron a que un judío ruso pintara un monumento nacional, y eso a pesar de que Chagall tenía la nacionalidad francesa desde hacía casi 30 años. A otros les sentó mal que un artista moderno decorara un edificio histórico. A pesar de las críticas, pero con el apoyo de Malraux, el pintor, que entonces tenía 77 años, siguió adelante trabajando más de un año en el proyecto. Se trata de un plafón removible de 220 metros cuadrados compuesto de cinco secciones pegadas a paneles de poliéster alzados a 27 metros de altura. Inaugurado el 23 de septiembre de 1964 delante de 2.100 invitados, fue aplaudido por todos.

Techo Ópera de París (1964)

Marc Chagall falleció el 28 de marzo de 1985 a la edad de 95 años. Había nacido en el pueblo de Liozna, actual Bielorrusia, el 6 de julio de 1887, en el seno de una familia levítica. Su padre, Khayskl Shagal, vendía arenques, y su madre, Feige-Ite, vendía ultramarinos desde su casa. Fue llamado Moshe al nacer y era el mayor de nueve hermanos.

Marc Chagall en 1941 (Foto de Carl van Vechten)


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Los tres gatos de la poetisa Elizabeth Bishop

Minnow

Elizabeth Bishop escribió el poema “Lullaby for the Cat” (Nana para el gato) dedicado a Minnow, un precioso gato gris que tuvo siendo adolescente. Dice así:

Minnow, duérmete y sueña,
cierra tus grandes ojos;
alrededor tuyo se preparan acontecimientos,
la mejor de las sorpresas.

Minnow, cariño, no pongas esa cara,
coopera,
ni un solo gatito acabará ahogado
en el Estado marxista.

La Alegría y el Amor tuyos serán,
Minnow, no te sientas abatido.
Días felices están al llegar–
Duerme, y deja que vengan…

Después de Minnow tuvo otro gato blanco y negro muy querido, Tobias, que vivió con ella en Brasil. No solo se sabe por las fotos, sino por una carta que le escribió a su tía el 19 de julio en la que da noticias suyas. Mientras vivía en Río, el gato “desarrolló dos calvicies delante de sendas orejas”. Al parecer, la cocinera estaba muy preocupada por esto, pero solo fue un susto. Al poco, el pelo de Tobias volvió a crecer y la escritora supuso que “se había comido una lagartija venenosa o algo parecido”.

Elizabeth Bishop con Tobias

Viendo las fotos de Tobias en Brasil, no puede negarse que era un gato mimado, cuidado y viajado. Sabemos por Ashley Brown, que visitó a la poetisa en su casa de Samambaia, cerca de Petrópolis, que cuando Tobias ya era mayor, llegó un siamés llamado Susuki, pero no hay fotos suyas.

Con Tobias (1954)

Elizabeth Bishop solo publicó cien poemas durante su vida. Octavio Paz dijo que su poesía es una lección en “la enorme fuerza de la reticencia”. Ganó un Premio Pulitzer, dos becas Guggenheim y un Premio National Book (Premio Nacional del Libro) por sus poemas modernos, pero distantes, carentes de datos biográficos, y cortos. Era una persona reservada y celosa de su vida privada; creía, según sus propias palabras, en “armarios, armarios y más armarios”. Siempre rehuyó la poesía confesional que se puso de moda en los años sesenta e incluso le reprochó a su gran amigo Robert Lowell que usara párrafos de cartas escritas por su exmujer en la colección de poemas “The Dolphin” (El delfín).

Con Minnow en 1938

En 2009 falleció, a los 66 años, Alice Methfessel, la última compañera de Elizabeth Bishop. Al año se encontró “un montón de papeles en un trastero de alquiler”. Sus herederos se encargaron de venderlo todo a la Universidad de Vassar, dando pie a otro libro acerca de la vida privada de la escritora. En 2004 se editó una colección de poemas inéditos con fragmentos y esbozos de otros, algo que probablemente habría horrorizado a la poetisa.

Con Alice Methfessel

Nació en Worcester, Massachusetts, el 8 de febrero de 1911. Su padre murió cuando solo tenía ocho meses y su madre regresó a casa de sus padres en Nueva Escocia, pero cuatro años después ingresó en un hospital psiquiátrico. Sus abuelos paternos, bastante más ricos que los maternos, obtuvieron la custodia de la niña y se la llevaron a Boston. Acabó viviendo con su tía Maud, casada con George Shepherdson, un hombre que abusó de ella siendo niña y que una vez incluso la agarró por el pelo y la colgó en el hueco de la escalera. Tenía otra tía, Grace, con la que siempre se llevó muy bien.

Con Tobias en Brasil

En 1928 ingresó en un internado exclusivo donde estudió Música y publicó algunos poemas en la revista de la escuela. En 1930 fue a estudiar a la Universidad de Vassar, en Nueva York, y conoció a la escritora Marianne Moore, que siempre la animó a escribir. En 1933, un año antes de graduarse, cofundó “Con Spirito”, una revista literaria, con la escritora Mary McCarthy.

La escritora y Tobias

Durante sus años universitarios se relacionó con numerosos intelectuales, hombres y mujeres, entre los que estaba Louise Crane, hija de una familia rica. En 1936, dos años después de la muerte de su madre, aparecieron varios poemas suyos en la antología “Trial Balances”, con una introducción de Marianne Moore. Todo parecía ir bien, pero el 21 de noviembre, Robert Seaver, un joven con el que había salido en la universidad, se pegó un tiro. Dejó una nota de suicidio que le llegó a Elizabeth unos días después por correo en la que decía: “Vete al infierno, Elizabeth”.

Con Louise Crane en 1937

Al alcanzar la mayoría de edad había tenido acceso a la herencia de su padre; no era una fortuna, pero le permitía ser independiente. Louise y Elizabeth decidieron irse a París; recorrieron Francia, España, el norte de África, Italia… A su regreso en 1938 se compraron una casa en Cayo Hueso, Florida, en la que vivieron hasta 1944.

La casa en Cayo Hueso

Su primer libro, “North & South” (Norte y sur), se publicó en agosto de 1946. Después de conseguir una beca Guggenheim 1951 decidió ir a Buenos Aires en barco, pero se detuvo antes en Río de Janeiro y allí conoció a la arquitecta Lota de Macedo Osares. La estancia de 15 días se convirtió en 15 años. Primero vivió en el piso de Lota en Río y luego se mudaron a la casa diseñada por la arquitecta en plena naturaleza. Durante muchos años, la convivencia con Lota fue de lo más estable: terminó su segundo libro de poemas, “A Cold Spring” (Una fría primavera), ganador del Premio Pulitzer en 1956. Pero Lota era temperamental, le obsesionaba su profesión y en 1967, Elizabeth quiso pasar una temporada en Nueva York. Lota no tardó en unirse a ella, pero el día de su llegada se levantó a  medianoche y se tomó doce Valium. Murió una semana después. Elizabeth Bishop escribió: “No hay café que te despierte / No te despertará un café / No hay revolución que te llame la atención / Te hemos aburrido / Es verdad que éramos aburridos”.

Con Lota de Macedo Soares

La casa en Samambaia, Brasil

La vista desde el piso de Río (1955)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1970 se trasladó a Boston para hacerse cargo de la clase de poesía de Robert Lowell en Harvard y conoció a Alice Methfessel, que aún no había cumplido treinta años. Alice fue la compañera y el apoyo de Elizabeth hasta el fallecimiento de esta el 6 de octubre de 1979 de un aneurisma cerebral a los 68 años. Está enterrada en el cementerio Hope de Worcester, Massachusetts.

Paisaje brasileño, de Elizabeth Bishop

Elisabeth Bishop amaba a los gatos, disfrutaba con los viajes, la comida y la buena conversación; no escribió mucho si la comparamos a otros autores, pero lo hacía con una maravillosa sencillez. Sin embargo, es menos conocido que también le gustaba pintar. Y no fue una afición pasajera, empezó a pintar en los años treinta. No disponemos de las fechas de los cuadros que incluimos aquí, pero son una buena muestra de lo que hacía.

Interior con móvil de Alexander Calder (Elizabeth Bishop)

Interior con alargador (Elizabeth Bishop)


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El gato de Dick Whittington, alcalde de Londres

Richard Whittington tal vez sea el más famoso de todos los alcaldes de Londres, en parte por lo que consiguió en vida y también por convertirse, desde el siglo XVII, en el protagonista de una historia en la que un pobre aprendiz se hace rico y famoso gracias a su gato.

La historia de sir Richard Whittington (1770)

Se sabe que el auténtico Richard Whittington nació hacia 1354 y murió en 1423, a los 69 años. Era el cuarto hijo de sir William Whittington, un noble caballero de Pauntley, en Gloucestershire. Tenía muy pocas probabilidades de recibir algo en herencia, por lo que se fue a Londres para buscar fortuna y aprender un oficio, concretamente el de “mercero”, es decir, comerciante de lujosas telas importadas de Italia. Mucha gente del campo iba a trabajar a Londres, pero no era tan normal que lo hiciera un hijo de familia noble.

No cabe duda de que sus orígenes y probablemente el dinero que le dio su padre le ayudaron a establecerse con mayor facilidad. En 1392 vendió telas por más de 3.000 libras esterlinas al rey Ricardo II. Además, no solo importaba telas, también exportaba la famosa lana escocesa. Gracias a su creciente fortuna prestó dinero a la Corona, y aunque la Iglesia no permitía cobrar intereses en estos préstamos, solían agradecerse mediante privilegios, prebendas y cargos.

Grabado de Gustave Doré

Richard Whittington se llevaba muy bien con Ricardo II, y en junio de 1397, harto del pobre gobierno que regía Londres, el Rey le nombró Alcalde, aunque este cargo solía depender de la elección de los ciudadanos. El siguiente octubre, los londinenses eligieron a Whittington, lo que demuestra que no debió hacerlo mal. Ocupó el cargo hasta 1399. Le reeligieron en 1406 hasta 1407 y en 1419 hasta 1420, convirtiéndose en uno de los pocos alcaldes de Londres elegido en tres ocasiones.

Estatua en Guildhall

Se casó con Alice, la hija de sir Ivo Fitzwarren, un noble de Dorset, y ella murió en 1410. No volvió a casarse. Al no tener herederos, dispuso antes de morir que parte de su fortuna sirviera para fundar instituciones caritativas. Cinco mil libras esterlinas se repartieron entre un colegio de sacerdotes y un asilo para trece pobres, hombres y mujeres, ambos en su parroquia. Al contrario de lo que solía hacerse, no encargó a la Iglesia que administrara los dos centros, sino al Colegio de Merceros, sentando un precedente que adoptaron muchos posteriormente.

La historia de Dick Whittington y su gato se consignó en papel por primera vez en 1605 y dice así: “Hace mucho vivía un muchacho muy pobre llamado Dick Whittington. No tenía padre ni madre y muy poco que llevarse a la boca. Un buen día oyó hablar de la gran ciudad de Londres, donde las calles estaban pavimentadas de oro y decidió marcharse en busca de fortuna.

Al llegar a la ciudad, buscó las calles pavimentadas de oro, pero no encontró ninguna. Cansado y hambriento después de varios días de viaje, se quedó dormido delante de la puerta de una imponente casa que pertenecía al Sr. Fitzwarren, un rico mercader de gran corazón. Le acogió y le dijo que podía trabajar ayudando a la cocinera.

Placa en el lugar donde vivió Richard Whittington

Dick dormía en una diminuta habitación debajo de los tejados donde habría sido feliz si no hubiera sido por las ratas que infestaban esa parte de la casa. Eran tantas que no le dejaban pegar ojo de noche. Un día, después de ganar un penique por haber limpiado los zapatos de un caballero, decidió comprarse un gato. Nunca le pesó su inversión: el gato ahuyentó a las ratas, y por fin, Dick pudo dormir.

El gato de Dick

Pasó el tiempo y el Sr. Fitzwarren llamó a todos los de la casa. Uno de sus barcos estaba a punto de zarpar con mercancías para lejanas tierras. El mercader quiso que todos tuvieran la oportunidad de hacer negocio y pidió que le dieran algo que pudiera cambiarse por oro u otra cosa. Dick solo tenía a su gato y lo entregó con todo el dolor de su corazón.

La vida siguió como antes. Todos se portaban muy bien con Dick, excepto la cocinera, que le hacía la vida imposible, tan imposible que decidió huir. Estaba a punto de salir de la ciudad cuando oyó las Campanas de Bow cantarle: “Vuelve atrás, Whittington, tres veces alcalde de Londres”. Asombrado, dio media vuelta y regresó a la casa de Fitzwarren.

Al entrar le dijeron que el barco había regresado del largo viaje. Durante el recorrido atracó en el fabuloso país del rey de Berbería, que invitó a los tripulantes a un banquete. Estos se quedaron atónitos ante la cantidad de ratas y le hablaron al Rey de un fabuloso animal llamado “Gato” capaz de deshacerse de los roedores. Además, el gato era gata y estaba embarazada. El Rey pagó una fortuna por el felino y Dick era un hombre rico. Dejó la cocina y aprendió el negocio con el Sr. Fitzwarren, se casó con su hija Alice y fue alcalde de Londres en tres ocasiones, tal como habían predicho las campanas de Bow”.

Pero ¿por qué asociar una fábula con el verdadero Richard Whittington, fallecido unos 150 años antes? La historia incorpora elementos reales, el muchacho llegado del campo, el nombre y apellido de su esposa, el hecho de que fuera tres veces alcalde de Londres. No sabemos si Richard Whittington tuvo un gato favorito y si el pobre fue embarcado hacia Berbería. No es sorprendente que hubiera gatos en barcos para combatir a las ratas que atacaban la comida de los marineros.

Existe un precedente de esta historia en la Alemania medieval, otro en Italia (1484, Piovanno Arlotto) y en Persia (siglo XIV).

Parque Whittington (Londres)

Delante del hospital Whittington se alza una estatua en honor al legendario gato sin nombre que hizo rico a Dick, en el lugar donde, según versiones más tardías de la historia, las campanas Bow llamaron al muchacho. La estatua fue colocada en 1964.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Según las versiones del siglo XIX, la piedra Whittington, en Holloway, marca el sitio donde Dick se detuvo para escuchar las campanas. No se sabe a ciencia cierta cuándo se puso la piedra, pero está documentado que una piedra anterior fue retirada en 1795. Sin embargo, en versiones anteriores, el muchacho solo llegó hasta Bunhill, mucho más cerca del centro de Londres de entonces. Sea como sea, la leyenda del gato de Dick Whittington sigue viva y ha sido adoptada al teatro, la ópera, marionetas y pantomima.

La piedra donde se detuvo