Gatos y Respeto

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Gatos y Beryl Cook

La artista Beryl Cook alcanzó una enorme popularidad en el Reino Unido, pero nunca fue muy aceptada en la comunidad artística. Era una persona bastante reservada que no llevaba muy bien el reconocimiento y tenía poco que ver con los extravagantes y extrovertidos personajes que pueblan sus obras.

“Alimentando tortugas con gato siamés”

Tenemos la impresión de que algunos de los cuadros reproducidos aquí son retratos de su marido e incluso de ella misma en casa, en el jardín, y de los gatos con los que convivieron. Si comparamos a la mujer de “Alimentando tortugas con gato siamés” con la foto de Beryl Cook, el parecido salta a la vista, aunque el gato no sea igual.

Beryl Cook con gato

“Autorretrato”

Lo mismo pasa con “Amantes del sofá”. Volvemos a ver al gato siamés y a otro pelirrojo que aparece tumbado debajo de un arbusto en otro cuadro titulado “Cedric, 1978”. También realizó una pequeña placa con su imagen. Está claro que Cedric era uno de los gatos de la familia.

“Amantes del sofá”

“Cedric, 1978”

Otro gato de la familia debió ser Félix, que se aleja andando con el rabo muy tieso, y en otro cuadro ataca a la pobre Lottie, mordiéndole la oreja.

Realizó un retrato del personaje Rab C Nesbitt, de la serie cómica del mismo nombre, entrando en el 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico. El cuadro se vendió por 8.000 libras en 2013. Lo mencionamos aquí porque existen dos fotos del cuadro delante de una puerta casi idéntica a la famosa casa con un gato haciéndose las uñas en el felpudo.

Dicho gato tiene un fuerte parecido al también famosísimo Larry, gato que vive en la famosa residencia oficial, pero no es más que eso, un parecido. Por cierto, acabamos de enterarnos de que Larry ya dispone de una gatera que le permite entrar y salir cuando le apetece, sin esperar a que el policía de guardia le abra la puerta. Progresamos.

Larry

Beryl Cook nació en el condado de Surrey el 10 septiembre de 1926 en una familia de cuatro hermanas. Sus padres se divorciaron y las niñas vivieron con la madre. Abandonó los estudios a los catorce años y trabajó en sectores muy diversos, pero ninguno relacionado con la pintura. Participó en una gira de la opereta “La princesa gitana” y fue modelo. En 1946 se casó con John Cook, un amigo de la infancia y marino mercante. Su hijo John nació en 1950, y al año siguiente la familia se trasladó a la entonces llamada Rodesia del Sur, actual Zimbabue, país en el que residieron hasta 1963.

“Dando de comer a los gatos”

“Gatos motorizados”

En esa época empezó realmente a dedicarse a la pintura. Al instalarse en Plymouth un par de años después, regentaron una pensión para artistas. Estaba muy ocupada durante los meses de verano, pero en invierno tenía tiempo de sobra para pintar. Beryl Cook colgó sus cuadros en las paredes de la pensión y así fue como la “descubrieron”. Un anticuario amigo de la familia la convenció para que le dejara llevar unos cuantos a su tienda y la pintora quedó muy sorprendida cuando se vendieron casi inmediatamente.

“Dos gatos persas”

“Gato y jardinero”

Cuando Beryl estaba a punto de cumplir cincuenta años, en 1975, Bernard Samuels, del Centro de Arte de Plymouth, la convenció para organizarle una exposición, que tuvo un tremendo éxito. Apareció en la portada del Sunday Times Magazine (el suplemento semanal del periódico), a lo que siguió una llamada de la Galería Portal de Londres, donde expuso los siguientes treinta y dos años.

“En el veterinario”

Desde el primer momento, sus obras fueron acogidas con entusiasmo por los británicos y no tardó en hacerse famosa. Sus cuadros fueron reproducidos en calendarios, tarjetas de felicitaciones de todo tipo e incluso objetos. Son obras luminosas, con un gran sentido del humor, sin pretensiones, que plasman momentos de la vida diaria. Hombres y mujeres pasándolo bien en un pub, chicas de compras, una familia en una comida campestre…

“Entrega matutina”

“Gato feliz”

Pero Beryl Cook no solo retrató a sus compatriotas. Le gustaba viajar y aprovechó sus visitas a Nueva York, Buenos Aires, Cuba, París o Barcelona para tomar discretos apuntes para posteriores trabajos. Puede tachársela de “observadora social”, y su memoria fotográfica siempre la ayudó a reproducir lo que captaban sus ojos. A pesar de empezar a pintar tarde, realizó más de 500 cuadros.

“Percy ante la nevera”

Detalle

En una entrevista para un documental rodado en 1979 dijo admirar las obras de dos artistas británicos, Stanley Spencer y Edward Burra. Sin embargo, pensamos que no le influyeron demasiado. El estilo de ambos no se corresponde con el luminoso humor de Beryl Cook. Basta con ver a las dos amigas de “En el pub”. Una se pinta los labios mientras la otra bebe un trago de cerveza frente a un plato de “fish and chips” y las dos llevan unos maravillosos sombreros. Sus cuadros hacen sonreír.

“En el pub”

No pintó muchos gatos, se dedicó sobre todo a los seres humanos, quizá porque no es tan fácil reírse de los animales como de nosotros mismos. Uno de nuestros favoritos es “Cuatro gatos hambrientos”. La mirada de los gatos está fija en la langosta que dos humanos (solo vemos sus manos y antebrazos) están a punto de repartirse. Esperemos que los cuatro felinos también pudieran participar en el festín.

“Cuatro gatos hambrientos”, 1977

En 1995 fue nombrada miembro de la Orden del Imperio Británico; en 2005, Channel 4 presentó un cortometraje en torno a sus obras y en 2006 se habló de ella en “Art School” así como en “The Culture Show”, dos programas producidos por la BBC. Se publicaron numerosos libros de sus obras y fue galardonada en muchas ocasiones. Falleció el 28 de mayo de 2008 en su casa de Plymouth.

“Por la mañana”


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Una gata autora, Suzanne Szasz y Paul Gallico

Todo empezó cuando el vecino editor de Paul Gallico le dio un manuscrito que parecía estar cifrado. Al cabo de un tiempo, y después de fijarse en el teclado de una máquina de escribir, el escritor y periodista deportivo entendió que los repetidos errores en el texto se debían a que no era ningún dedo lo que había tocado las teclas, sino patas, y concretamente patas de gato. Una vez descubierto el misterio, logró descifrar el código por los grupos de letras del teclado, y leyó el título: “El miau silencioso, un manual para gatitos pequeños, callejeros y gatos sin hogar, de x.x.x.x.x.”

A partir de ese momento y durante 155 páginas, una gata muy sensata explica paso a paso cómo ser acogida por una familia, cómo hacerse con los dueños de la casa, apropiarse de su sillón favorito, conseguir deliciosos bocados en la mesa y, sobre todo, cómo modular el maullido – todo un arte – para obtener los resultados idóneos.

Paul Gallico reconoce en el prólogo que dudó en devolver el manuscrito traducido a su amigo el editor, un confeso ailurófobo, para no desvelar el hecho de que los humanos pertenecemos a los gatos y no al revés. El editor, al conocer el contenido, no quiso perder un segundo en publicarlo, convencido de que por fin el mundo entendería que “son bichos manipuladores”, a pesar de que Gallico le explicó que el libro produciría el efecto opuesto.

Cica celebrando la Navidad

Suzanne Szasz y su marido Ray Shorr son los autores de las fotografías del libro. Cica, la gatita de unos tres meses que apareció en su casa de verano en Westhampton, Long Island, estaba absolutamente decidida a adoptarles costase lo que costase. No solo Cica demostró ser encantadora, sino que se enamoró del coche y tendía a subirse al menor descuido de sus dueños. Además, como no podía ser menos, debía salir en todas las fotos.

“El miau silencioso” en alemán

Cica empieza el libro con las siguientes palabras: “Cuando era muy joven, tuve la desgracia de perder a mi madre y de quedarme sola en el mundo a las seis semanas. No me afectó mucho ya que era inteligente, bien parecida, no me faltaban recursos y tenía mucha confianza en mí misma”. Cica era pequeña, pero con una buena opinión de sí misma.

El libro, que desafortunadamente no está traducido al español, consta de diecinueve capítulos y, como apuntamos en el primer párrafo, se titula “El miau silencioso”. El capítulo XII está dedicado al “idioma gatuno” y empieza explicando ese miau silencioso. En palabras de la autora, es la técnica más eficaz para obtener algo. Recomienda “mirar a la persona, abrir la boca como si se fuera a emitir un maullido, pero sin permitir que se escape el más mínimo sonido”.

Paul Gallico (foto de Carl Van Vechten, 1937)

Según sigue diciendo, el efecto es devastador. “El hombre o la mujer parecen conmoverse en lo más profundo de su ser y estar dispuestos a darnos lo que sea”. Aconseja no usarlo demasiado a menudo para que no pierda efectividad y añade que no entiende a qué se debe esta reacción.

Cualquiera que tenga gatos se habrá fijado en que, de vez en cuando, se sientan en el suelo, nos miran y usan la técnica del “miau silencioso”. Conocemos a uno que la domina a la perfección y, efectivamente, es muy difícil resistirse.

El libro, además de un texto lleno de humor irónico (obra de Paul Gallico, gran amante de los gatos), contiene nada menos que doscientas fotos de Cica ilustrando sus consejos. Está claro que Suzanne Szasz y a su marido cayeron rendidos a los pies de la gatita.

Paul Gallico, nacido en Nueva York en 1897, era el hijo de un pianista y compositor italiano y de una madre austriaca. Se convirtió en un famoso periodista deportivo después de pedirle a Jack Dempsey que boxeara con él, experiencia que utilizó para describir en primera persona qué se sentía al ser noqueado por un campeón.

Paul Gallico con dos gatos

A pesar de ser uno de los periodistas mejor pagados de Estados Unidos, abandonó el mundo del deporte para dedicarse a la ficción. Muchas de sus novelas empezaron como extravagantes historias cortas publicadas en revistas que a menudo recibían malas críticas. Su mayor éxito, “La gansa blanca” (The Snow Goose), es uno de los pocos libros de Paul Gallico traducidos al castellano. “Thomasina, The Cat Who Thought She Was God” (Thomasina, la gata que se creía Dios) fue otro gran éxito llevado al cine por Disney.

Escribió numerosos libros acerca de gatos, como por ejemplo “Jennie”, la indómita gata que ayuda a un niño convertido en gato callejero, y “Honorable Cat”, también con poemas y fotografías de Osamu Nishikawa. Doce novelas suyas fueron llevadas a la gran pantalla y otras cinco, a la televisión. Se casó cuatro veces, escribió más de 40 libros y alcanzó la fama. Hoy en día es un autor casi olvidado.

De los gatos dijo: “Unos gatitos pueden pasarle a cualquiera”. “Todo lo que es y haga un gato me parece maravilloso, precioso, estimulante, tranquilizador, atractivo y encantador”. Hablando del ronroneo, explicó: “Nadie ha sido capaz de descubrir cómo hacen ese sonido sutil, y más aún, nadie lo descubrirá nunca. Es un secreto que perdura desde el principio de los tiempos de los gatos y nunca se desvelará”.

A Paul Gallico le gustaban mucho los gatos, y tuvo uno que se llamaba Sambo. El novelista falleció el 15 de julio de 1976.

Suzanne Szasz nació en Budapest en 1915 y se trasladó a Estados Unidos en 1946. Se divorció de su primer marido, el diplomático Sandor Szasz un año después. Hizo sus primeras fotos con una cámara prestada trabajando en un campamento para niños y no tardo en vender fotos a revistas de la talla de Life, Look, Parents y muchas otras.

Suzanne Szasz

Su capacidad a la hora de trabajar con niños y de “desaparecer”, permitiéndole hacer fotos intimistas y espontáneas, fue alabada por numerosos especialistas infantiles. Ilustró libros de las antropólogas Margaret Mead y Elizabeth Taleporos, así como del científico social Karl W. Deutsch, entre otros.

El 22 de diciembre de 1956 se casó con Ray Shorr, otro fotógrafo, y la persona a la que van dirigidos muchos de los comentarios de Cica. Suzanne Szasz, en una nota al final del libro, dice que cuando Cica apareció al otro lado de la ventana, nunca sospecharon que iban a ser adoptados: “¡Dos fotógrafos ambulantes no pueden tener un gato!” Creemos que queda claro que nunca habían tenido uno, pero que debió tratarse de un amor a primera vista.

Ray Shorr con Cica

Ray Shorr falleció en 1994 y Suzanne Szasz el 3 de julio de 1997, mientras visitaba a su familia en Budapest. No sabemos cómo conocieron a Paul Gallico.


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Gatos, canciones y poemas de María Elena Walsh

María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Buenos Aires y falleció el 10 de enero de 2011 en esa misma ciudad, dos fechas llenas de sol y luz en el hemisferio austral. Y nos parece que fue una mujer llena de luz, alegría y vida. En Argentina, la mayoría de niños nacidos a partir de los años sesenta crecieron escuchando sus canciones, con letras como estas:

El reino del revés

Escribió numerosas canciones, poemas y cuentos de gatos, y también sabemos que desde su regreso a Buenos Aires a mediados de los años cincuenta siempre hubo uno en su casa. Sin embargo, solo hemos encontrado una foto suya con un gato, realizada en 1971 por el gran fotógrafo Pepe Fernández, a quien dedicó la canción “Zamba para Pepe”.

María Elena Walsh fotografiada por Pepe Fernández en 1971

Incluso sin fotos, creemos que debemos dedicar una entrada a la poetisa, cantautora, escritora y compositora que escribió maravillosas canciones infantiles y poemas. Incluimos portadas de discos, fotos de gatos bonaerenses y más. En cierto modo su obra puede considerarse revolucionaria al ofrecer a los niños un concepto totalmente diferente al habitual en canciones infantiles. María Elena Walsh, como Edward Lear (https://gatosyrespeto.org/2015/08/16/el-gato-old-foss-y-edward-lear/) (https://gatosyrespeto.org/2020/06/11/la-gata-y-el-buho/), creía en el absurdo.

Por ejemplo, escribió el siguiente Limerick “Una vaca que come con cuchara/y que tiene un reloj en vez de cara,/que vuela y habla inglés,/sin duda alguna es/una vaca rarísima, muy rara”. Como habría dicho Lear, se trata de una vaca “runcible”. Es probable que esta “comprensión” del absurdo se debiera a que su padre, desde muy pequeña, le cantó “limericks” ingleses.

María Elena de adolescente

Creció en una amplia casa con jardín en el Gran Buenos Aires donde también había gatos. Fue a una escuela típica de la clase media, pero en su casa reinaba un ambiente mucho menos estricto de lo habitual en la época. Su primer libro de poemas, “Otoño imperdonable”, que publicó a los 17 años después del fallecimiento de su padre, fue elogiado por escritores de la talla de Juan Ramón Jiménez, Silvina Ocampo, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, entre otros.

Gato de Buenos Aires

Publicó un segundo poemario en 1951, “Baladas de un ángel”, pero la situación política e intelectual, así como la falta de libertad sexual, la empujaron a irse a París con su amiga y compañera la poetisa tucumana Leda Valladares. Durante el trayecto que las llevó a Europa, formaron el dúo “Léda et Marie” para interpretar casi exclusivamente temas tradicionales del noroeste argentino.

Chacarera de los gatos

En la capital francesa subieron a escenarios tan diversos como el del Crazy Horse o el de la Universidad de la Sorbona, y estuvieron entre las precursoras de la defensa del folclore. No tardaron en codearse con cantautores como Georges Brassens (https://gatosyrespeto.org/2015/05/03/el-gato-y-george-brassens/), Jacques Brel o Barbara. Adquirieron cierta fama y grabaron varios discos. En París, hacia 1954, empezó a escribir canciones dedicadas a los niños.

Chacarera de los gatos

De hecho, existe en París un calle llamada “Rue du chat qui pêche” (Calle del gato que pesca) – dicen que la más estrecha de la ciudad  – cuyo nombre se debe a la siguiente leyenda: Parece ser que un gato negro siempre acompañaba a un canónigo o un alquimista (esto último no queda claro) cuando iba a pescar al río Sena; el gato golpeaba el suelo con sus patas y los peces picaban. Tres universitarios creyeron estar ante el diablo en persona y tiraron al pobre gato al río. El canónigo/alquimista desapareció. Pero cuál no fue la sorpresa de los estudiantes cuando reapareció unos meses después con el mismo gato.

Calle del gato que pesca, París

Es probable que María Elena conociera la leyenda, pero la letra de su canción no está basada en ella. Eso sí, no nos cabe duda de que el nombre de la calle la empujó a componerla.

El gato que pesca

Leda y María Elena regresaron a Buenos Aires en 1956. Dos años después, la directora de televisión María Hermina Avellaneda convenció a María Elena para que escribiera libretos de programas infantiles. El éxito fue rotundo y siguió componiendo canciones para espectáculos que el dúo ponía en escena.

El gato que pesca

En 1964 la pareja se separó, cada una deseosa de seguir su propio camino. Doña Disparate y Bambuco fue su última presentación conjunta. María Elena dio un recital en el Teatro Regina en 1968 titulado “Juguemos en el mundo. Recital para ejecutivos”, que no tenía nada que ver con canciones infantiles. La repercusión fue tremenda; eran canciones de protesta, pacifistas y feministas.

Ya en 1965 coincidió nuevamente con la fotógrafa Sara Facio, con la que había estudiado en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Y en 1968 fue Sara la encargada de realizar las fotos del famoso recital. Pero no decidieron compartir su vida hasta el año 1975, cuando habían pasado casi diez años desde su reencuentro.

María Elena fotografiada por Sara

En plena dictadura militar, harta de la censura y de todo lo demás, decidió dejar las representaciones teatrales y se refugió en el periodismo. En los llamados “años de plomo”, la época más negra del terror, tuvo el valor de escribir artículos como “Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes” denunciando abiertamente a la censura de entonces.

Gato tango

Después de librar una dura lucha contra el cáncer entre 1981 y 1983, año en que Argentina recuperó la democracia, María Elena Walsh se involucró en varios proyectos políticos y regresó a la televisión con Maria Hermina Avellaneda y Susana Rinaldi en el programa “La Cigarra”.

Jardín Botánico de Buenos Aires

Pero será mejor dejar que Sara Facio, la compañera con la que compartió su vida durante 38 años, nos hable de ella: “En la vida privada lo que más hacía era escuchar música y leer. Después le gustaban también las cosas de la casa, las mascotas, siempre tuvo gatos, y recibir a la tardecita, siempre a uno o dos amigos, no reuniones grandes. Lo que ella llamaba ‘le petit comité’”.

Sara Fancio con un gato

Los textos de María Elena Walsh parecen muy sencillos a primera vista, pero solo trabajándolos mucho podían adquirir esa enorme simplicidad. Nuestro texto favorito tal vez sea un relato titulado “Murrungato del zapato”, la historia de un gato y una planta. Les dejamos aquí el enlace por si les apetece leerlo: https://docs.google.com/document/d/1ifS_wD54Pk9PITVgZk6WdAOuZKuHfUXd7HmGQC4uD1E/edit

Jardín Botánico de Buenos Aires

Queremos dedicar esta entrada a Yolanda. De no ser por ella, ignoraríamos la existencia de la fantástica mujer que fue Maria Elena Walsh. Gracias, Yolanda.


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Los gatos de la sorprendente pintora Dahlov Ipcar

Hace algún tiempo encontramos una noticia del 21 de diciembre de 2014 de la ARLGP (Liga del Refugio Animal de Portland, Maine, Estados Unidos) en la que se decía que la gata Chelsea Girl había sido adoptada por la famosa artista Dahlov Ipcar. El artículo iba acompañado de la foto de una mujer mayor desayunando bajo la atenta mirada de una preciosa tricolor.

Dahlov Ipcar con Chelsea Girl

Inmediatamente nos enteramos de que no había pintado numerosos gatos, pero había escrito e ilustrado una treintena de libros infantiles, de los que dos estaban protagonizados por gatos, “El gato regresó” (The Cat Came Back) y “El gato de noche” (The Cat at Night).

El gato regresó

El gato de noche

Cuál no fue nuestra sorpresa cuando al leer más acerca de Dahlov Ipcar, descubrimos que ya la habíamos mencionado hacía cuatro años, el 17 de marzo de 2016, en una entrada de este blog sobre su padre, el famoso escultor William Zorach, y su maravillosa madre, Marguerite Zorach (https://gatosyrespeto.org/2016/03/17/el-gato-tookey-william-y-marguerite-zorach/).

Con su hermano Tessim y su padre William Zorach

Guardianes del jardín

Dahlov Ipcar nació en Windsor, Vermont, el 12 de noviembre de 1917, y creció en un piso en Nueva York, concretamente en Greenwich Village, enfrente de la vieja cárcel Jefferson Market. La curiosa arquitectura de ladrillos rojos del edificio nunca le molestó, al contrario, era una ayuda para dejar volar la imaginación y soñar.

Siempre hubo animales en casa de los Zorach, gatos, perros, conejos, cobayas… Dahlov y su hermano Tessim, tres años mayor que ella, estudiaron en una de las primeras escuelas experimentales, la City and Country School, donde se enseñaba historia y arte de antiguas civilizaciones. Su padre les llevaba regularmente, incluso siendo muy pequeños, a museos y galerías de arte.

Perro a cuadros y gata calicó

Recuerda que su hermano hacía dibujos maravillosos, pero que no quiso seguir pintando porque “la vida de un artista es demasiado dura”. Aunque sus padres nunca tuvieron mucho dinero, un buen día tuvieron la ocasión de comprar una granja a un precio asequible en el estado de Maine y la familia acabó viviendo en ella parte del año. Marguerite, su madre, se empeñó en tener una vaca para la leche, y luego dos. Un caballo, y luego otro… Gallinas, un huerto…

Allí, Dahlov conoció a Adolph Ipcar, once años mayor que ella, que acabaría siendo su marido. Se casaron cuando ella tenía dieciocho años y vivieron en Nueva York durante un par de años, cuando el país aún no se había recuperado de la Gran Depresión. Los dos daban clases para sobrevivir y Dahlov no dejó de pintar, pero decidieron mudarse a la granja contigua a la de sus padres.

Con su marido Adolph (1950)

En palabras de Dahlov, fue como regresar al siglo XIX. No había luz eléctrica, el retrete estaba fuera de la casa, había que cortar leña… Pero a pesar de todos estos inconvenientes, los Ipcar sabían que pasase lo que pasase, tenían una casa, un huerto, gallinas, vacas, sin olvidar la pesca y la caza. El trabajo no abundaba en aquella época y la granja ofrecía cierta seguridad.

Gato y florero

Dahlov se levantaba a las cinco de la mañana para pintar. Nacieron sus dos hijos en 1939 y 1942, y seguía pintando. La luz eléctrica no llegó a la granja hasta 1948. A pesar de vivir alejada de Nueva York, nunca perdió el contacto con el movimiento artístico de la ciudad, quizá porque sus padres regresaban después del verano.

En 1939, el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una exposición titulada “Creative Growth” (Desarrollo creativo) con la intención de probar el desarrollo de un niño con el estímulo apropiado por parte de sus padres y profesores. No pudo ir porque acababa de dar a luz, pero esta primera exposición le abrió las puertas de varias galerías en los años cuarenta. No había galerías de arte en Maine en esa época y la pintora mandaba sus cuadros a Nueva York, además de participar en muchos concursos en otros estados.

Grendel

Así fue como la Sección de Bellas Artes del Departamento de Tesorería le encargó en 1939 un mural para la Oficina de Correos de LaFollette, Tennessee, y otro en 1941 para la Oficina de Yukon,  Oklahoma. Los realizó en su estudio de Maine y cobró unos 600 dólares por cada uno, que ayudaron a complementar los ingresos obtenidos de las vacas lecheras. Pero la primera y verdadera seguridad económica llegó a través de las ilustraciones de cuentos infantiles.

Dahlov Ipcar con un gato

Recién casada, y viviendo en Nueva York, había llamado a la puerta de varias editoriales sin resultado. Pero en 1944, el editor William R. Scott se puso en contacto con Dahlov para que ilustrara un cuento de Margaret Wise Brown, “The Little Fisherman” (El pequeño pescador). Fue un éxito, ilustró otros libros y escribió un cuento en 1947, “Animal Hide and Seek” (Escondite de animales), y otro en 1950, “One Horse Farm” (Granja de un caballo), con el que ganó la inesperada suma de 2.000 dólares.

En 1969 publicó “El gato de noche”, dedicado a “Goliath, gato extraordinario”, un blanco y negro que vive en una granja y duerme de día delante de la estufa. De noche, cuando el granjero le saca fuera de la casa, Goliath ve lo que no vemos porque los gatos ven de noche. “El cielo está oscuro y lleno de estrellas, pero para él es como si fuera de día. Ve al perro dormir en su caseta y a las palomas en el palomar. El gato no tiene sueño. La noche es el mejor momento para hacer lo que más le gusta, explorar”.

Avanza suavemente en la oscuridad, sin que veamos nada. Pero el gato lo ve todo muy claro. ¿Qué ve el gato?

Ve las flores y las mariposas nocturnas…

Sigue describiendo el recorrido de Goliath, gato extraordinario, hasta que se reúne con sus amigos en el pueblo vecino. Regresa al día siguiente justo después de que el granjero haya ordeñado las vacas. La granjera le saluda y le ofrece un cuenco de leche. Luego entra en casa, se acurruca en el sillón delante de la estufa y se queda dormido, mientras el granjero dice: “Qué gato tan perezoso, se pasa la noche durmiendo, y también el día”. Pero el gato no le escucha, ya duerme y sueña con todas las aventuras de la noche pasada.

¿Por dónde va el gato ahora?

Está debajo del gran caballo blanco, que duerme de pie. Porque así es como suelen dormir los caballos.

Dahlov Ipcar falleció el 10 de febrero de 2017, a los 99 años. Siguió trabajando casi hasta el último momento de su vida.

Y cuando llega al pueblo, ¿qué se encuentra?

Encuentra a sus amigos los gatos.