Gatos y Respeto

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300 gatos y Paul Léautaud

Fotografía de Robert Doisneau (1950)

El escritor y crítico de teatro francés Paul Léautaud, nacido en París el 18 de enero de 1872, firmó con el seudónimo de Maurice Boissard un sinfín de críticas mordaces y se dio a conocer por su espíritu subversivo y burlón. Su madre, cantante de opereta, le abandonó al poco de nacer, y su padre, actor y apuntador, un auténtico donjuán, tampoco se ocupó mucho de él. Dejó el colegio a los 15 años para trabajar y se autoeducó leyendo de noche a los grandes clásicos. Su colaboración con la revista literaria Mercure, cuya editorial le publicó una novela en parte autobiográfica, le dio a conocer en los círculos literarios, pero el gran público no le descubrió hasta el año 1950, gracias a sus charlas radiofónicas con Robert Mallet.

Con el gato Bonbon

 

Fotografía de Henri Cartier-Bresson (1952)

Era un hombre solitario que recogía a cualquier animal abandonado en su casa de Fontenay-aux-Roses, un pueblo cercano a París, donde vivió sin el menor lujo, dedicándose a escribir su “Journal littéraire” (Diario literario), en el que contaba, día a día, los acontecimientos que se sucedían a su alrededor. Falleció el 22 de febrero de 1956; sus últimas palabras fueron: “Y ahora, dejadme en paz”.

La habitación de Paul Léautaud

De él se conserva la imagen de un viejo eremita desmedrado y desdentado, con mirada penetrante, carácter hosco y poco amigo de los seres humanos. Pero alguien dijo que “quien ama a los gatos amará a Paul Léautaud”. Se comportó con ellos de forma ejemplar y totalmente desinteresada. Era capaz de dejarlo todo plantado para ir a socorrer a un gato necesitado. En los años cincuenta, cuando ya era muy mayor, no era raro cruzarse con él cerca de la estación de metro de Luxembourg con dos bolsas cargadas de comida para sus animales, aunque él fuera el hombre más frugal del mundo.

La autora Marie Dormoy, que fue su amante entre 1933 y 1939, y siguió siendo su amiga hasta que el escritor murió, cuenta que le dijo sin dudar que prefería la compañía de gatos y perros a la de cualquier bípedo, fuese masculino o femenino. En la introducción del libro que recoge su correspondencia con Paul Léautaud también dice que la primera vez que llegó a la casa de Fontenay, el olor a pis de gato era tan fuerte que tuvo que salir, respirar y volver a entrar.

Nos hemos permitido traducir algunos párrafos de “Le Chat”, un breve ensayo de Paul Léautaud:

“¡Dios mío! Ya he escrito mucho acerca de los gatos. Aún puedo escribir más. He tenido tantos a mi alrededor. A día de hoy, cerca de trescientos, me parece. Cada uno con su fisionomía, sus modales, su carácter. Igual que nosotros los seres humanos, lo digo a menudo”.

“Lo mejor es que no escogí a ninguno porque todos llegaron por las casualidades de la calle, pobres animales perdidos o abandonados por dueños carentes de conciencia, esa gente que un día acoge a un animal, gato o perro, por capricho, y una vez el capricho desvanecido, le dejan tranquilamente en la calle, expuesto a cualquier riesgo y a todas las necesidades”.

“Mando al diablo a Descartes porque dijo que los animales solo eran máquinas – me parece que decía lo mismo de los seres humanos. Al diablo también Buffon, que tachaba a los gatos de traidores e hipócritas. Y al diablo la dichosa opinión de que el gato solo quiere a la casa y mucho menos al amo. Y yo, que escribo estas líneas y que, después de todo, aunque parezca presuntuoso, no soy más tonto que ellos, sé mucho más de lo que hablo. La razón no lo es todo a la hora de conocer y de juzgar. Un poco de corazón tampoco viene mal”.

Paul Léautaud delante de su casa

“Acabo de decir que alimento a los gatos abandonados. La mayoría de mis compañeros felinos proceden del jardín del Luxembourg, cerca de la revista Mercure. Me entristece cada abandono del que soy testigo, pero también me aporta un gran placer cada rescate. Mi querido Coco, por ejemplo. Qué aullidos dejaba escapar el día que le atrapé y le llevé en el cesto. (…) Qué miedo pasó al principio, escondido debajo del aparador donde le pasaba bocaditos especiales y leche. Pero si le vieran ahora, acostado conmigo, tumbado de lado como una persona, la nariz cerca de la mía, una pata sobre mi cuello. ¡Y pensar que unos sinvergüenzas pusieron en la calle a un animal tan encantador, a un ser tan afectuoso, que solo ofrece cariño y dulzura! Tristes imbéciles, crueles y malvados”.

Paul Léautaud dibujado por Henri Ibels

“Un poco después de que empezara la guerra de 14, me fui con cuatro perros y once gatos a una región a la que iba por primera vez. En la época aún era un lugar muy poco concurrido. Al atardecer salía a dar un paseo por el campo, siguiendo la costa y el mar. Los once gatos me seguían con los cuatro perros, y si me detenía, me tumbaba un momento en el suelo, todo el mundo se detenía, formando un círculo a mi alrededor”.

“No soy, para todos estos animales, el ‘amo’, sino un compañero, como cada uno de ellos lo es para mí. Me considero un animal de otro tipo, sin saber muy bien cuál de los dos es mejor. Viendo la necedad, la grosería y la crueldad de los hombres, cabe preguntárselo”.

Un cuadro de Izis Bidermanas

Paul Léautaud tuvo unos trescientos gatos y unos ciento cincuenta perros. Todos ellos están enterrados en el jardín de su casa.

 

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Un gato llamado Oso Polar y Cleveland Amory

Polar Bear (Oso Polar) fue el protagonista de los libros “The Cat Who Came for Christmas” (El gato que llegó en Navidad), “The Cat and the Curmudgeon” (El gato y el cascarrabias) y “The Best Cat Ever” (El mejor de todos los gatos), los tres de Cleveland Amory, escritor, humorista, periodista, comentarista y gran defensor de los animales. Sin embargo, Cleveland Amory no sentía una especial predilección por los gatos, pero una fría y nevada Nochebuena neoyorquina de 1985 conoció a un gato blanco hambriento, en los huesos y cojo al que su ayudante Margaret Probst había atrapado en un callejón.

No había nadie disponible para acoger al animal mientras se le buscaba un hogar definitivo, y Amory se lo llevó a casa. Pasadas las fiestas, cuando por fin una familia estaba dispuesta a adoptarle, era demasiado tarde. Polar Bear ya tenía nombre, había conquistado al escritor y estaba a punto de convertirse en su compañero inseparable. Recorrieron Estados Unidos juntos, y en el primer libro, el autor incluso transcribe las largas conversaciones que mantenían.

Como hemos dicho antes, Cleveland Amory fue uno de los grandes defensores de los animales. Él mismo contaba que empezó a interesarse seriamente por el bienestar de los animales cuando, siendo un joven reportero, alrededor del año 1945, le mandaron a Nogales, México, para un artículo sobre una corrida. Asqueado por lo que vio y el hecho de que cortaran las dos orejas al toro y se las entregaran al matador, no dudo en tirarle un cojín que le dio de lleno, haciéndole caer al suelo.

A partir de ese momento, se hizo miembro de numerosas organizaciones defensoras de los animales hasta que en 1967 fundó, con Margaret Probst, el Fund for the Animals, una organización dedicada a crear santuarios y a proteger a los animales de la caza.

Una de las acciones más sonadas del Fund for the Animals tuvo lugar en 1978 contra las matanzas por aporreamiento de los cachorros de focas en las Islas de la Magdalena, Canadá. El Fund compró un arrastrero que se convirtió en rompehielos para llegar hasta las focas. Una vez allí, los voluntarios las pintaron con un tinte orgánico de color rojo totalmente inofensivo para ellas, pero que hacía la piel inservible para la industria peletera. Las horribles matanzas fueron prohibidas en 1983, en parte gracias a los repetidos esfuerzos del Fund.

En 1979, la organización puso en marcha una operación a gran escala para rescatar a 580 burros que iban a ser sacrificados por el Servicio de Parques del Gran Cañón supuestamente porque destruían la flora del entorno. El rescate duró dos años y se realizó con helicópteros. Cleveland Amory no cesó en su empeño hasta conseguir los fondos necesarios.

Volvió a librar otra batalla para impedir que se sacrificara a las cabras de la isla de San Clemente cuando la Marina estadounidense las acusó de acabar con la flora local. En este caso, las cabras se quedaron en la isla porque la batalla se ganó en los tribunales.

El mismo año que se rescató a los burros, el Fund compró un rancho de 607 hectáreas no lejos de Dallas para poder albergar una parte de estos animales. El rancho Black Beauty acoge a todo tipo de animales maltratados y, en palabras de Cleveland Amory, su idea “fue crear un santuario donde los habitantes podrían vivir libres y sin sufrir el abuso de los humanos”. Actualmente sigue siendo el mayor santuario dirigido por el Fund.

Amory reclutó a muchos famosos para sus campañas contra el uso de la piel animal en la confección de ropa, entre los que estaban Doris Day, Angie Dickinson, Henry Fonda, Andy Williams, Grace Kelly o Mary Tyler Moore.

Cleveland Amory nació el 2 de septiembre de 1917 en el seno de una acomodada familia de Boston. Su tía Lucy “Lu” Creshore solía recoger a perros y gatos sin hogar, y ayudó al pequeño Cleveland a tener su primer perro, un acontecimiento que siempre recordó como “el momento más memorable de mi infancia”. Estudió en Harvard y fue presidente del periódico “The Harvard Crimson”.

Se hizo famoso a finales de los años cuarenta con la publicación de tres libros satíricos sobre las pretensiones de la clase alta, concretamente la de Boston, donde había crecido. El último de estos se publicó en 1960. Fue el autor de una columna para la revista “Saturday Review” durante veinte años, desde 1952 hasta 1972. También en 1952, la cadena NBC le contrató como comentarista del programa televisivo “Today”, el primero de este tipo en el mundo. Siguió haciendo comentarios ligeros y satíricos sobre la sociedad durante once años, hasta 1963, cuando la cadena le despidió por una controvertida afirmación acerca de los derechos de los animales.

En 2017, Cleveland Amory habría cumplido cien años. Su lucha empezó hace seis décadas y libró muchas batallas de las que salió victorioso en numerosas ocasiones. Sin embargo, hoy en Estados Unidos, las leyes de protección animal parecen retroceder: se arrea de forma despiadada a los caballos y burros salvajes; los osos pardos se cazan sin control; se conceden permisos para matar a lobos en varios estados… No se había visto una política tan agresiva hacia las especies en peligro desde los días del secretario de Interior James G. Watt en los ochenta. Detrás de todo están organizaciones como el Safari Club International (SCI), decididas a eliminar cualquier prohibición que les impida cazar especies poco comunes por diversión y para conseguir trofeos.

Cleveland Amory tenía un gran sentido del humor y se denominaba a sí mismo “un cascarrabias”. Libró una lucha sin cuartel contra la experimentación con animales en laboratorios, la caza, el circo, la peletería, entre otros abusos. Falleció a los 81 años en su casa de Manhattan. Su querido Polar Bear le había precedido unos años antes. Las cenizas de ambos están enterradas a un metro de distancia en el rancho Black Beauty. El epitafio en la lápida de Polar Bear reza: “Hasta que volvamos a encontrarnos”.


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Los gatos cretenses de John Craxton

Dos gatos (1960)

El pintor inglés John Craxton compartía su casa en Creta con numerosos gatos y decía: “Los gatos son un buen ejemplo de la Ley de Parkinson. Prosperan”. Convivía con ellos, los usaba como modelos y solía mandar felicitaciones de Navidad con dibujos de gatos.

A John Craxton no le gustaba, con razón, que le colgaran la etiqueta de “artista neorromántico”, pues no describe ni de lejos toda su trayectoria. Nació en 1922, el cuarto de cuatro hermanos y una hermana, hijo de Harold Craxton, profesor y musicólogo de la Real Academia de Música, y de su esposa, la violinista Essie Faulkner. Su hermana fue la conocida oboísta Janet Craxton. La música, la comida y las motos fueron tres de sus grandes pasiones.

Dos gatos jugando (1955)

 

El gato Marco (1948)

El hogar de los Craxton estaba abierto a todos: músicos famosos y pobres estudiantes se sentaban juntos a comer y a charlar. La autora Elizabeth Jane Howard, que conocía a los Craxton, dijo, recordando el caótico hogar donde creció el pintor: “Eran felices, y como el polen, algo de eso se depositaba en todos los que estaban en contacto con ellos”. Pero no tardó en ser enviado a varios internados en los que no se sentía particularmente feliz. Por suerte, en el colegio Betteshanger conoció a la profesora de arte Elise Barling, a la que describiría posteriormente como “inspirada”. Gracias a esta mujer, y con solo diez años, el joven Craxton y algunos de sus compañeros expusieron dibujos en la Bloomsbury Gallery, una idea muy aclamada por la prensa de entonces.

Gato en silla

 

Gato y caracol (1965)

Los padres de un amigo de colegio le invitaron a viajar a París para visitar la Exposición Internacional de 1937 y allí descubrió el “Guernica”, de Picasso, así como “El segador”, de Joan Miró. Volvió a Paris dos años después, esta vez para ingresar en la Academia de la Grande Chaumière durante un año, antes de regresar a Londres en 1940 para estudiar en dos escuelas de arte, la Central y la Westminster.

 

Gato y gallo (1957)

En 1941 fue rechazado por el ejército debido a una pleuresía. Más o menos en esta época, en plena guerra, conoció a Peter Watson, cofundador de la revista Horizon. Este sería su mecenas durante varios años y le presentó a otros dos pintores amantes de los gatos, Robert Colquhoun y Robert MacBryde. También en esta época conoció a Lucian Freud; los dos tenían 19 años y se les consideró como el futuro de la pintura inglesa. Estudiaron juntos en varias academias e incluso compartieron un diminuto piso.

En 1944 expuso por primera vez en solitario en la Leicester Galleries, un lugar clave para artistas londinenses conocidos y no tan conocidos. En 1945 realizó un viaje con Lucian Freud a las islas Sorlingas, donde ambos pintaron, y un año después visitó Grecia por primera vez. No se instaló de forma definitiva en Chania, Creta, hasta principios de los años sesenta. Hablando de Grecia, decía: “Aquí me siento como una persona de verdad, con gente de verdad, elementos de verdad, ventanas de verdad, sol de verdad encima de todo. En una vida hecha de realidad, mi imaginación funciona. Pero en Londres me siento como un emigrante, totalmente aplastado”.

Gato y mariposas

 

Gato y pecera

Aun así, nunca dejó de viajar regularmente a Inglaterra, aunque cada vez menos. Solo abandonó Grecia voluntariamente desde 1970 a 1976 durante la dictadura de los coroneles.

Antes de mudarse a Grecia, en los años cincuenta, el coreógrafo Frederick Ashton le pidió que diseñara los decorados y el vestuario del ballet “Dafnis y Cloe”, protagonizado por Margot Fonteyn, la gran bailarina de la que se dice que fue su amante durante algún tiempo.

John Craxton y Margot Fonteyn

Sus diseños fueron usados en numerosas reposiciones del ballet, pero acabaron por perderse. En 1966 diseñó los decorados del ballet “Apolo”, de Stravinski, para el Covent Garden. Muchos años después, en 2004, el Royal Ballet celebró el centenario del famoso coreógrafo, y a pesar de su avanzada edad, Craxton recreó sus diseños originales de memoria.

Gatos durmiendo (1956)

 

Gatos en el jardín de Veg

Pero poco a poco, el “chico de oro”, como le llamaban los críticos de arte en los cincuenta, empezó a caer en el olvido. Muchos de esos mismos críticos le trataban de “poco serio” y le acusaban de no dedicarse bastante a la pintura. Es verdad que Craxton siempre prefirió el arte de vivir al de pintar, y pasaba mucho tiempo en bares y tabernas u organizando excursiones con amigos. Uno de ellos era Patrick Leigh Fermor, para el que ilustró varios libros, marido de la fotógrafa Joan Leigh Fermor, otra gran amante de los gatos.

Volvió a exponer en solitario en la Galería Whitechapel en enero de 1967, época en la que Londres estaba dividido entre el Pop Art y el expresionismo abstracto, dos corrientes que no tenían nada que ver con los cuadros modernistas rebosantes de luz de Craxton, tachados de irrelevantes por la crítica.

Gatos, langosta y niña

 

John Craxton pintando dos gatos para Joan Leigh Fermor (1956)

Durante el tiempo que abandonó Grecia, viajó por África y pintó, entre otros cuadros, uno en el que se ve a viejo león bebiendo en una poza de Kenia que fue adquirido por el famoso tenor Peter Pears, compañero de Benjamin Britten. El cuadro se encuentra ahora en el estudio de la planta baja de The Red House, donde el compositor trabajaba cuando ya no podía subir las escaleras. De hecho, Peter Pears había empezado a comprar cuadros y dibujos de Craxton en los años cincuenta, y reunió una importante colección de bailarines y pastores griegos.

John Craxton pintó a muchos gatos durante su vida. “Gatos cretenses”, realizado en 2003, es una pequeña obra maestra en la que dos gatos negros juegan en una silla cuyo asiento de enea se parece extrañamente a la espina dorsal de un pez.

Gatos cretenses (2003)

Fue elegido miembro de la Real Academia de Inglaterra en 1993. Nunca se casó y falleció el 17 de noviembre de 2009 a los 87 años, acompañado por Richard Riley, su compañero de muchos años.

Tarjeta navideña

 

Ian Collins publicó la biografía “John Craxton” en 2011, y el Museo Fitzwilliams de Cambridge le dedicó una exposición desde diciembre de 2013 a abril de 2014. Actualmente, sus obras se conservan en la Tate Gallery, el Victoria and Albert Museum, la Galería de Arte Moderno de Edimburgo y el Museo Nacional de Gales en Cardiff, entre otras instituciones.


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Los gatos de “El amante doble”

Danton, Chloé y Louis

Acaba de estrenarse en España la última película del conocido realizador francés François Ozon, “El amante doble”, un thriller con un final de lo más inesperado, protagonizado por Marine Vacth y Jérémie Renier, este último en un doble papel, tal como deja entrever el título. El peso de la historia, además de recaer en actores de dos patas, también depende de dos espléndidos gatos llamados Milo y Danton en la ficción, y un tercero, disecado, llamado Luigi.

Chloé, Luigi y la vecina Rose

 

Chloé, Rose y Milo

Chloé, la protagonista, tiene un gato llamado Milo, un inteligente cartujo al que adora. Se enamora de Paul, que no siente una gran simpatía por Milo. Deciden vivir juntos y Chloé descubre que su nueva vecina, Rose, una mujer mayor algo extraña a la que da vida la magnífica actriz Myriam Boyer, adora a los gatos. Decide dejarle a Milo momentáneamente, convencida de que le cuidará bien. Rose tuvo un gato llamado Luigi que murió hace dos años, lo hizo disecar y ocupa un lugar de honor en la habitación vacía de su hija. El tercer gato, Danton, pertenece a Louis, y es un magnífico gato calicó. No nos hemos equivocado, es carey y macho, producto de una anomalía genética. Y esa anomalía genética es la clave de la película, pero no diremos nada más para no revelar el desenlace del thriller.

La vecina Rose y Luigi

 

Milo y Chloé

 

Milo y Chloé

Añadiremos que el director nos confió que para hacer el papel de Milo usaron a dos gatos idénticos; uno era perfecto para las escenas en que debía moverse y saltar, mientras que el otro no tenía problemas para quedarse en brazos de la protagonista. La gata – sí, en realidad es una gata carey – que interpreta a Danton está acostumbrada a participar en concursos felinos y, al parecer, tiene la capacidad de permanecer quieta en el mismo sitio sin inmutarse, pase lo que pase. Pero, por lo que nos contó François Ozon, hizo una excepción en este rodaje. En una escena clave, de gran tensión, el realizador no entendió por qué sus dos protagonistas empezaron a reírse a carcajadas hasta que Marine Vacth le señaló a la gata. Esta, probablemente harta de esperar en la misma posición encima de la perfecta chimenea de diseño, estaba defecando con total impasibilidad.

Milo y Paul

Pero volvamos a la anomalía genética que hemos mencionado antes. Todos los amantes de los gatos sabemos que los carey o calicó son hembras o, al menos, eso creemos. Pero aproximadamente uno de cada 3.000 es macho, y de estos, solo uno de cada diez mil es fértil. Los calicó casi siempre son hembras porque el cromosoma X contiene el locus del gen para el color naranja. En ausencia de otras influencias, como la inhibición de color que produce el pelo blanco, los alelos presentes en los locus naranjas determinan si el pelo es naranja o no. Las gatas hembras, como cualquier mamífero hembra, tienen dos cromosomas XX. Al contrario, los mamíferos machos tienen un cromosoma X y uno Y. Ya que el cromosoma Y no contiene el locus del gen naranja, no es posible que un macho tenga los dos genes (naranja y no-naranja) para ser carey.

Gato carey

Sin embargo, puede ocurrir que la célula sufra una división defectuosa y deje un cromosoma X extra en los gametos que producen al gato macho. Esto se reproducirá en cada célula y el animal tendrá tres cromosomas  XXY, el llamado síndrome de Kliefelter (una condición que también puede aparecer en el ser humano). Si es así, el gato será macho con un pelaje carey o calicó.

Main Coon tricolor

Hay casos aún más excepcionales llamados “quimeras”. Son individuos producto de la fusión de dos óvulos distintos fertilizados a la vez. Si estos dos óvulos, tanto si ambos son masculinos (XY-XY) o uno femenino y otro masculino (XX-XY), se unen, el gato puede acabar teniendo el fenotipo de un macho tricolor.

Gata calicó de “doble cara”

Añadiremos que el pelaje calicó y carey se debe a una mutación del cromosoma X. Es totalmente imposible cruzar gatos con la esperanza de conseguir gatos calicó; incluso si se clonasen, nada garantiza que los gatitos fueran tricolor. Por eso, cuando el 8 de octubre de 2016, la protectora californiana The Cat House on the Kings (https://gatosyrespeto.org/2015/01/08/santuario-felino-en-fresno-california/) se hizo cargo de una camada compuesta por cinco gatitos tricolor ya les pareció algo poco común. Pero que, además, dos de estos gatitos fueran machos, es algo que va en contra de todas las probabilidades.

Uno de los gatitos machos

En mayo de 2013, Richard Smith y su novia llevaron a su gato Jake al veterinario para vacunarle. Al enterarse del nombre del gato, el veterinario les dijo que era una hembra, no un macho. Richard y su novia insistieron en que era un gato. Después de un breve examen, el veterinario no tuvo más remedio que rendirse ante la evidencia. Estaba delante del primer gato calicó macho que había visto en todos sus años de práctica. Richard Smith no tenía la menor idea de que Jake fuera un gato tan especial.

Jake

Sean hembras o machos, muchas culturas creen que los gatos tricolor traen buena suerte. En Estados Unidos, a veces se les llama “gatos del dinero” y el animal emblemático del estado de Maryland es una gata tricolor. Originalmente, el famoso maneki-neko japonés era calicó.