Gatos y Respeto

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El gato caracal

Sudáfrica

El caracal es un gato salvaje de tamaño mediano que habita en África, Oriente Próximo, Oriente Medio, Asia Central y parte de India. Tiene las patas largas y fuertes, cara corta, orejas desmesuradas acabadas en mechones y caninos muy pronunciados. El pelo es rojizo a excepción de la tripa, mucho más clara con marcas también rojizas. Un adulto macho suele medir entre 40 y 50 centímetros de altura desde el hombro al suelo, entre 105 y 120 centímetros de largo (sin contar el rabo), y puede llegar a pesar hasta 20 kilos.

Parque Nacional de Etosha, Namibia

El naturalista alemán Johann Christian Daniel von Schreber lo describió por primera vez con detalles científicos en 1776 después de capturar uno en Montaña de la Mesa, cerca de Ciudad del Cabo. El británico John Edward Gray introdujo el nombre “caracal” en 1843. La palabra viene del turco “kara kulak”, que significa “oreja negra”.

Johann Christian Daniel von Schreber (1776)

1834

El caracal, también conocido como “lince del desierto” (aunque no tiene nada que ver con el lince), fue declarado especie bajo preocupación menor por la IUCN en 2002 al ser relativamente común, aunque se le considera amenazado en Sudáfrica y escasea en Asia Central e India. Se le clasificó como lynx y felis en el pasado, pero las pruebas moleculares demuestran que pertenece a un género monofilético muy cercano al serval y al gato dorado africano.

Parque Nacional Jebel Hafeet, Abu Dabi

Dependiendo de la zona, el apareamiento ocurre todo el año, aunque en el Sahara tiene lugar especialmente en invierno. El celo dura unos cinco o seis días y las hembras pueden copular con varios machos empezando siempre por el más fuerte. También se ha podido observar que algunos machos permanecen con la hembra durante el celo para impedir que otros se acerquen.

Caracal comiendo

La gestación dura de 69 a 81 días, y nacen entre una y seis crías que pesan de 200 a 250 gramos. Las hembras dan a luz en grutas, agujeros en los árboles e incluso madrigueras. Las crías abren los ojos al cabo de unos seis días y empiezan a salir alrededor del mes, pero no dejan de mamar hasta cumplir diez semanas. Los caninos salen alrededor de los cuatro o cinco meses y los demás dientes, en los siguientes seis meses. Las crías se quedan con la madre hasta el año, cuando alcanzan la madurez sexual.

Crías de caracal jugando

El hábitat del caracal es muy diverso, desde zonas semidesérticas, pasando por la sabana y áreas de matorrales, hasta bosques húmedos y de montaña, como ocurre en Sudáfrica. También viven en las zonas montañosas del Sahara y de la península arábiga, sin adentrarse mucho en los desiertos de arena.

Hembra de caracal enfrentándose a un león

Al norte, el mar Caspio, la meseta de Ustyurt y el mar de Aral limitan el territorio del caracal, y al este apenas sobrepasa el río Amu Daria, la frontera natural entre Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Más al sureste se encuentran en Irán, Baluchistán (Pakistán), el Punyab y el centro de India hasta Uttar Pradesh. Resumiendo, hay caracales desde Sudáfrica a la India.

Parque transfronterizo Kgalagadi, desierto del Kalahari

La mayor amenaza a la que se enfrentan es la destrucción de su hábitat debido a la agricultura y a la desertificación, sobre todo en el centro, oeste, norte y noreste de África, donde cada vez hay menos. Lo mismo pasa en Asia. Además, los caracales a menudo se alimentan de pequeños animales de granja, por lo que se les mata.

Samburu, Kenia

Son animales nocturnos, tímidos, difíciles de observar, territoriales, que viven en pareja o solos. Se alimentan de pequeños mamíferos, pájaros y roedores. Son capaces de dar saltos de cuatro metros y cazar a un pájaro en el aire. Se acercan silenciosamente a las presas hasta una distancia de cinco metros antes de lanzarse a gran velocidad. Su esperanza de vida es de unos doce años en libertad y de dieciséis en cautividad.

Caracal saltando (Foto de Nedko P. Nedkov)

Al observar fotos de los caracales, nos sorprendió su parecido con el felino del Papiro de Hunefer, una versión del Libro de los Muertos egipcio realizada hacia 1300 a.n.e., ahora en el Museo Británico, que simboliza al Dios Sol en forma de gato cortando la cabeza a la serpiente, y con otra representación egipcia de un gato guiando a seis gansos fechada en 1120 a.n.e. Por el color del pelo, los dos se asemejan más al serval, pero las orejas corresponden al caracal. Se han descubierto caracales embalsamados y se cree que guardaban las tumbas de algunos faraones.

Papiro de Hunefer (detalle) 1300 a.n.e.

1120 a.n.e

En los siglos XIII y XIV, los emperadores chinos de la dinastía Yuán compraban habitualmente caracales y otros felinos a los mercaderes musulmanes y todo indica que la dinastía Ming siguió con la práctica. Hasta principios del siglo pasado, los gobernantes indios los usaban para la caza menor. También se colocaba a varios caracales entre palomas en un lugar cerrado y se apostaba por el gato que más pájaros mataría.

Desde siempre el hombre ha sentido la necesidad de domesticar a los animales salvajes privándoles de su libertad. En 1998, por ejemplo, al zoológico de Moscú se le ocurrió cruzar un caracal con un gato salvaje, en nuestra opinión una auténtica aberración. Pero así se crean nuevas especies “domésticas” criadas para su venta, como ocurre con el Savannah, fruto del cruce entre un serval y un gato doméstico.

Ser el dueño de un animal salvaje parece simbolizar poder, pero en realidad solo demuestra una falta de respeto absoluta hacia el animal, al que se obliga a vivir en un hábitat totalmente ajeno sin la compañía de los suyos. Es egoísmo puro y simple.

Los félidos como el caracal y el serval, por su elegancia, su pequeño tamaño y su menor agresividad, son los objetivos predilectos de estas personas. Al buscar en Internet “gato caracal en venta”, en inglés o en español, aparecen ocho enlaces solo en la primera página ofreciendo crías por 1.200 a 2.500 dólares USA. Todos los criadores especifican que son animales “legales” y que tienden a comportarse como gatos domésticos.

Pero basta con ver a un caracal con la boca abierta para saber que no es un animal doméstico y que no se merece que le conviertan en una posesión o un juguete más. No entendemos cómo los gobiernos no prohíben estas prácticas vergonzosas.


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El gato leopardo

El gato leopardo (Prionailurus bengalensis) es un gato pequeño cuya distribución geográfica es la más amplia de todos los felinos. Se le encuentra en zonas boscosas de Indonesia, Filipinas, Borneo, Malasia, Tailandia, Myanmar, Laos, Camboya, China y Taiwán, así como en Corea, India, Paquistán y el Lejano Este ruso, aunque en menor medida. Su hábitat varía mucho e incluye bosques tropicales, de pino y de repoblación, zonas de matorrales, semidesérticas y de cultivo, como caña de azúcar y aceite de palma, siempre que haya agua cerca. Se han avistado especímenes hasta tres mil metros de altitud.

Existen varias subespecies que difieren en el color del pelaje, el tamaño del cuerpo y de los colmillos. Las pruebas arqueológicas han demostrado que el gato leopardo fue el primero en ser domesticado en la China neolítica hace unos 5.000 años en las provincias de Shanxi y Henan. Con el tiempo fue sustituido por descendientes del Felis silvestris lybica procedente de Oriente Próximo.

Es del tamaño de un gato doméstico, aunque las diferencias según las regiones son importantes. Por ejemplo, en Indonesia mide unos 45 centímetros de largo con un rabo de 20 centímetros, mientras que en la región de Amur, entre China y Rusia, alcanza los 70 centímetros. El peso varía entre 4,5 y 7 kilos. Es un poco más alto que el gato doméstico, con unos 40 centímetros desde el hombro. El color también puede variar: tiende al amarillo en el sur y al gris plateado en el norte. El pecho y la parte inferior de la cabeza son blancos. Todos tienen manchas negras repartidas por todo el cuerpo (lomo, espalda, cola, patas y mejillas) y rayas negras que nacen justo encima de los ojos y acaban entre unas orejas pequeñas.

Sello ruso con gato leopardo de Amur

El gato leopardo es un hábil escalador, sobre todo de árboles. También sabe nadar, pero solo lo hace cuando no le queda más remedio. Como todos los gatos, es nocturno y pasa las horas de luz en una guarida bajo raíces de buen tamaño, en el tronco de un árbol o en pequeñas cuevas. Solo sale de día si no hay seres humanos en las proximidades.

Es un animal solitario, excepto durante la estación del celo, que no tiene un periodo concreto en el sur de su hábitat. En la zona más fría, tiende a reproducirse entre marzo y abril para que las crías nazcan durante los meses de más calor. El celo dura de cinco a nueve días y el periodo de gestación, de 65 a 70. Las crías, normalmente de dos a cuatro, abren los ojos diez días después. Empiezan a alimentarse con comida sólida al cabo de unos 28 días, coincidiendo con la aparición de los colmillos permanentes. Si no sobrevive ninguna de las crías, la madre puede volver a ponerse en celo y tener otra camada.

Se expresan como los gatos domésticos y ambos sexos marcan el territorio con orina, dejando heces en puntos expuestos, rascándose la cabeza contra rocas o árboles, y haciéndose las uñas.

Son carnívoros que se alimentan con una gran variedad de presas de pequeño tamaño que incluyen mamíferos, lagartos, anfibios e insectos. En gran parte de las zonas, los pequeños roedores, como ratones, ratas y topos, forman la mayor parte de su dieta, suplementada con hierba, huevos, aves y presas acuáticas. Al contrario de otros gatos, no “juegan” con el animal cazado, limitándose a sujetarlo con las garras hasta que este muere.

En Hong Kong, el gato leopardo es una especie protegida de acuerdo con la “Wild Animals Protection Ordinance Cap 170” (Ordenanza de Protección de Animales Salvajes, Capítulo 170). La población sobrepasa los 50.000 individuos y no está en peligro. En 2002 fue incluido en la lista “Least Concern” (Preocupación menor) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Sin embargo, preocupa su creciente pérdida de hábitat y que se siga cazando en numerosas regiones.

En China se caza al gato leopardo por su piel. Entre 1984 y 1989 se exportaban unas 200.000 pieles cada año. Un estudio realizado en 1989 demostró que los comerciantes tenían unas 800.000 pieles almacenadas. Desde que la Unión Europea prohibió la importación en 1988, Japón se convirtió en el principal comprador. A pesar de que se ha conseguido reducir fuertemente la venta de pieles, se sigue cazando por su carne y para domesticarlo. En muchas regiones se le mata sin más por considerar que es dañino para las aves de corral.

En Myanmar se descubrieron 483 partes corporales de al menos 443 ejemplares en cuatro mercados estudiados entre 1991 y 2006. Tres de estos mercados, situados en la frontera con China y Tailandia, contaban con clientes de diversas nacionalidades. El gato leopardo está protegido legalmente en Myanmar, pero la aplicación de las reglas de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) es totalmente inadecuada.

El gato leopardo de Tsushima, en grave peligro de extinción, está incluido en la Lista Roja Japonesa y dispone de un programa de conservación especial financiado por el gobierno japonés desde 1995.

Gato leopardo de Tsushima

En Estados Unidos, el gato leopardo forma parte de la lista de Especies en Peligro desde 1976, por lo que está prohibido importar, exportar, vender, comprar y transportarlo de un estado a otro sin un permiso. Cualquiera que importe o exporte un gato leopardo sin un permiso de CITES se enfrenta a una importante multa.

Sin embargo, mucha gente se empeña en domesticar al gato leopardo. De hecho, el gato de Bengal, que apareció en concursos de gatos en los años setenta, es un cruce entre el gato leopardo y el doméstico. Un gato de Bengal debe ser de cuarta generación para ser considerado adecuado por los criadores, y los gatos “fundacionales” de las tres primeras generaciones se reservan para la reproducción.

Es muy posible que la pequeña fiera llamada “Bâ-tou” que heredó Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) fuera un gato leopardo. El diplomático que se la entregó le dijo: “Viene de Chad, pero quizá sea de Asia…” Colette se enamoró profundamente de Bâ-tou, pero muy a pesar suyo tuvo que entregarla al “Jardin des plantes” de París.

Bâ-tou en “Chats de Colette”, Albin Michel, 1950

En Gatos y Respeto creemos que los animales no domésticos deben seguir libres en la naturaleza, que no deben convertirse en juguetes o trofeos vivos de los seres humanos y que intentar acostumbrarlos a una vida doméstica es una enorme falta de respeto hacia ellos.


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El gato bobtail japonés, su historia

El bobtail japonés es un gato doméstico conocido desde hace al menos mil años en Japón y Corea, y probablemente más en China. Se le menciona por primera vez en un manuscrito del tutor de la emperatriz de Japón en el año mil, y aparece habitualmente en grabados, pinturas, objetos. ¿Quién no ha visto un maneki-neko, o gato de la buena suerte, con su pata derecha levantada? Es un bobtail japonés.

Maneki-neko del año 1900

La característica más llamativa de esta raza natural es su curioso rabo, que no tiene nada que ver con una mutación o una hibridación. El rabo corto y rígido se debe a un gen recesivo que sigue apareciendo sin que los bobtails se apareen entre sí. Al contrario del gen dominante en los gatos Manx, este gen no se asocia con problemas de los huesos. El bobtail tiene menos vértebras en el rabo, e incluso algunas se fusionan, pero lo más curioso es que ninguno posee una cola igual. Para que se le considere un auténtico bobtail, el rabo estirado no debe sobrepasar los diez centímetros.

El bobtail clásico, el favorito en Japón y el más representado, es un gato mayormente blanco con manchas negras y pelirrojas, o sea tricolor, pero los hay de muchos colores, con manchas más o menos grandes dispuestas de diversas maneras. También pueden tener los ojos de diferente color.

Al parecer, los bobtails fueron gatos de palacio o de personas pudientes y no solían verse por las calles. Algunos documentos indican que el emperador Ichijo (986-1011) fue el primero en llevar ejemplares a Japón desde China. Pero habría podido llegar incluso antes, durante el periodo Asuka, en el siglo VI, con otros apreciados artículos de la cultura china.

Sin embargo, en 1602, las autoridades publicaron un decreto ordenando que todos los gatos debían servir para deshacerse de los ratones y ratas que infestaban los criaderos de gusanos de seda, almacenes, etcétera. Esto significó que los gatos ya no pudieron pasar la vida en casas y salir con correa; es más, se prohibió la venta y compra de gatos. A partir de ese día, los bobtails se reunieron en las calles y campos con sus congéneres de largas colas para descubrir un mundo nuevo en el que probablemente pasaron hambre, aunque salvaran la industria de la seda.

Unos años después, concretamente en 1697, se edificó el famoso tempo Gotokuji en Tokio, cuyas paredes están decoradas con frescos de bobtails. Los gatos del templo fueron los precursores de los maneki-neko, que hoy van camino de invadir el mundo y rodean el templo por centenares. Incluimos algunos grabados del famoso Utagawa Kuniyoshi (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/).

Las 53 estaciones (Utagawa Kuniyoshi)

En 1701, el naturalista y explorador alemán Engelbert Kaempfer describió la flora, la fauna y los paisajes de Japón en su libro “Engelbert Kaempfer: Heutiges Japan” (El Japón de hoy): “Solo he visto una raza de gato doméstico. Tiene amplias manchas amarillas y negras sobre pelo blanco; su rabo es muy corto y parece que se lo han torcido y roto. No le interesa cazar ratas ni ratones, solo quiere que las mujeres le lleven en brazos y le acaricien”.

Utagawa Kuniyoshi

Utagawa Kuniyoshi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cola vestigial suele medir cinco centímetros, pero si se endereza, alcanza el doble. A primera vista, no se nota que está “enrollada” al quedar disimulada por el pelo y adquirir la forma de un pompón. Suele ser un gato de tamaño medio, alargado, delgado, aunque musculoso, y de hombros anchos, tanto como los cuartos traseros. Es alto y las patas traseras son algo más largas que las delanteras, lo que tampoco se nota cuando está en actitud de reposo porque las dobla ligeramente. Tiene un rostro triangular con orejas de buen tamaño, ojos grandes y ovalados. Al ser una raza natural cuya genética no ha sido manipulada por el hombre, es un gato resistente sin problemas de salud.

Los gatos son animales muy queridos en Japón, como lo demuestran los neko-cafés o el popular maneki-neko, y ocupan un lugar importante en el folclore, aunque no siempre se han visto con buenos ojos. Como en otros lugares del mundo, despertaban la desconfianza, pero el bobtail era considerado un gato de la suerte, de buen augurio, mientras que su hermano rabilargo era el nekomata (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), una especie de espíritu maligno.

Una leyenda cuenta que en la era Edo, en el siglo XVII, la gran época de los señores feudales, había en Tokio un templo en muy mal estado donde vivía un pobre monje que, a pesar de tener poco para llevarse a la boca, lo compartía todo con su gata Tama. Un buen día, Naotaka Ti, un señor feudal de gran importancia, se vio sorprendido por una terrible tormenta en los alrededores del templo. Vio que una gata blanca rabicorta, con manchas negras y marrones, levantaba la pata como indicándole que se acercara. Asombrado, se atrevió a dejar el árbol bajo el que se había cobijado para ver de cerca a tan singular felino. En ese mismo momento, un rayo cayó sobre el árbol partiendo la enorme rama bajo la que se resguardaba. El señor reparó el templo, y el monje y Tama jamás volvieron a pasar hambre. Así nació el maneki-neko.

Bobtail de cerámica

Gato y linterna (Kobayashi Kiyochika, 1886)

También existe una leyenda acerca del origen del rabo corto de los bobtails. Cuenta que un gato dormía tan cerca de un brasero que se le incendió la cola. Aterrado, cruzó la ciudad corriendo, prendiendo fuego a todo lo que encontraba en su camino. Al ser las casas de madera, las llamas se propagaron con rapidez y la ciudad se quemó. El emperador decretó que debía cortarse el rabo a todos los gatos del país como medida preventiva.

El bobtail es, sin lugar a dudas, el gato que más tiempo lleva en Japón y el más apreciado.


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El gato Pallas o felis manul

De las 41 especies de gatos conocidas, 34 son consideradas “gatos pequeños”, y de ellas hay muchas amenazadas, se sabe poco y apenas se realizan acciones para conservarlas. El gato Pallas no es una excepción. Llamado así en honor al naturalista alemán Peter Simon Pallas, que lo descubrió en 1776, también se le denomina manul, gato estepario y gato salvaje de las rocas. El felis manul procede del linaje del leopardo y es endémico de Asia central. Vive sobre todo en Mongolia y en el altiplano tibetano, pero ocupa de forma salpicada una enorme área que parte desde el mar Caspio, pasando por Turkmenistán,  Kazajistán, Kirguistán, Irán, Afganistán, Beluchistán, Ladakh, China central y occidental y el sur de Rusia, hasta Siberia.

Habitan ecosistemas de pastizales, estepas montañosas y zonas semiáridas características de Asia Central. Se han avistado hasta los 1.700 metros por encima del nivel del mar en Mongolia. Soportan temperaturas que oscilan entre los 36 grados en verano y menos 30 en invierno, aunque no están adaptados para moverse en nieve profunda. Su hábitat se limita a parajes donde la nieve no supera los diez centímetros de espesor.

En las montañas del Tibet (Vincent Munier)

No son mucho mayores que un gato doméstico y están cubiertos por un pelaje muy espeso y largo, cuyo color varía entre el gris claro y el marrón rojizo con las puntas blancas, lo que les da un aspecto “escarchado”. El pelo del vientre es más largo que el de la espalda. Son gatos fornidos, de cabeza redonda y ancha, grandes ojos redondos y amarillos, cuyas pupilas se contraen en pequeños círculos en vez de la habitual raya del gato doméstico. Tienen piernas cortas y fuertes, un rabo largo y ancho con cinco o seis círculos de color.

Río Amarillo, frontera entre las provincias de Sichuán y Gansú (China)

En el Azerbaiyán iraní.

Su ámbito de hogar es muy amplio para un félido tan pequeño; el de los machos suele solaparse con el de varias hembras y ocupa una media de 98 km cuadrados; el de las hembras, unos 23 km cuadrados. Los pocos estudios de densidad realizados hasta la fecha indican entre 4 y 8 especímenes por 100 km cuadrados.

Cachorros en las montañas de Mongolia

En realidad parecen más fuertes y grandes de lo que son por el espeso pelaje que les protege del frío. La membrana nictitante (tercer párpado) está muy bien desarrollada y puede que les sirva para protegerse de los vientos helados y las tormentas de arena. Trepan por las rocas y los riscos con gran facilidad. Para guarecerse en invierno utilizan las madrigueras de marmotas porque ofrecen una buena regulación térmica, y en verano, huecos entre las rocas. Suelen tener varias guaridas y usarlas regularmente.

Son animales solitarios que duermen durante el día y cazan pequeños mamíferos a la hora del crepúsculo, pero no son animales nocturnos. La mayor parte de su dieta está compuesta por pequeños roedores y ochotonas (también conocidas como liebres silbadoras). Estas últimas son mucho menos rápidas que los ratones, lo que requiere un menor esfuerzo por parte del manul. También se alimentan de jerbos, pájaros, carroña e insectos.

Montañas de Kirguistán

El gato Pallas tiene varios depredadores, como el zorro rojo, el lobo, el perro doméstico y las grandes aves de presa. El hombre también caza al manul, sobre todo en Mongolia, a pesar de estar prohibido, por su pelo y porque se cree que ciertas partes de su cuerpo poseen propiedades medicinales. Para evitar el peligro, pasan la mayoría del tiempo entre las rocas, donde pueden huir fácilmente y esconderse en un agujero o madriguera si alguien se acerca. Sin embargo, no son corredores rápidos y recurren al camuflaje que les proporciona su pelaje, sobre todo para defenderse de las aves de presa.

El apareamiento tiene lugar entre diciembre y marzo, para que las camadas nazcan a partir de marzo. El periodo de celo en las hembras dura de 24 a 48 horas y la gestación oscila entre 66 y 75 días en animales en cautividad. La madre puede dar a luz desde uno a seis gatitos, pero lo normal es de tres a cuatro. Mudan el pelo a los dos meses, cuando pesan unos 500 gramos, y son totalmente independientes a los cinco meses. Alcanzan la madurez sexual a los 10 meses.

El gato Pallas puede llegar a alcanzar los doce años en cautividad, pero la media en libertad es de 27 meses con el mayor nivel de mortandad durante los meses de invierno.  La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera al felis manul como especie “casi amenazada” en su Lista Roja, y la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) lo ha incluido en el Apéndice II. La población está menguando y es muy probable que ya no se encuentre ningún ejemplar en las proximidades del mar Caspio. Las regiones de Tuvá y Chitá son las más pobladas en Rusia, y Mongolia parece ser el baluarte del félido. Últimamente se han avistado varios en Irán.

Camada en Irán

A principios del siglo pasado se mataban hasta 50.000 especímenes cada año. La caza del gato Pallas fue prohibida en 1988, pero como hemos dicho antes se sigue cazando sobre todo por su pelaje, reputado como muy caliente en invierno. El mayor peligro para el manul es la degradación del hábitat debido a la creciente presencia humana y a los cazadores de marmotas. Asimismo, las autoridades locales en Mongolia aún conceden permisos para cazarlos. Otra terrible amenaza son las campañas legales de envenenamiento de las ochotonas con el fin de controlarlas, algo que ocurre con cierta frecuencia en Rusia y China.

Pareja joven en la meseta tibetana

La única defensa del gato Pallas es la inaccesibilidad y desolación de su hábitat. En 2016 nació PICA, Alianza para la Conservación Internacional del Gato Pallas, un proyecto dedicado a recopilar datos sobre el feliz manul y a defenderlo. Esperemos que consigan ayudar a este precioso y tímido felino que ocupa pequeñas zonas en un territorio inmenso.

Mongolia


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El gato cartujo, raza francesa por excelencia

Como ocurre con muchas razas de gatos, el origen, la historia y el nombre de los gatos cartujos ha dado pie a muchas especulaciones. Por ejemplo, se dijo que los monjes cartujos (los creadores del famoso licor verde, el Chartreuse) fueron los primeros en introducirlos en Francia, pero parece ser que llegaron a Europa , sobre todo a las Galias, en barcos procedentes de Oriente Próximo, concretamente de Turquía y el norte de Irán, en la época posterior a las cruzadas. El primer documento que menciona a un gato de pelo gris azulado es un poema escrito en 1558 por Joachim du Bellay en el que se lamenta por la muerte de su adorado Belaud. No solo canta las proezas del felino, sino que aporta detalles precisos acerca del carácter y los rasgos físicos de una raza que vivía en Francia en aquella época y corresponde a la descripción de los cartujos.

 

 

 

 

 

 

 

Estos son algunos de los versos del poema traducidos al español: “Cubierto de pelo plateado,/corto y pulido como el satén,/tendido en ondas sobre el lomo,/y blanco como el armiño por debajo./Morro pequeño, dientes pequeños,/mirada no muy ardiente,/pero cuyo tono variado/imita el color dejado por el arco lluvioso/que se inclina a través de los cielos./Y por debajo, una naricita de ébano,/un hociquito leonino/rodeado de una barbita plateada…”

Sigue describiendo un cuerpo robusto sobre patas delgadas y acaba alabando las proezas cazadoras de Belaud. Leyendo el larguísimo poema es imposible negar que el poeta amaba a su gato y que su muerte le dolió profundamente.

Más tarde, otros autores hablan de un gato azul. El nombre “gato de los cartujos” no aparece hasta el siglo XVIII en el “Diccionario Universal del Comercio, Historia Natural y Artes y Oficios”, de Savarry de Bruslon, donde describe el apelativo “cartujo” del modo siguiente: “El vulgo nombra así a un gato de pelaje azulado muy apreciado por los peleteros”. En otra entrada del diccionario, el autor habla de una lana gris muy suave, importada de España y llamada “pile des Chartreux” (lana cartuja), de elevadísima calidad procedente de ovejas merinas. De hecho, entre los siglos XV y XVIII, la lana española era considerada la mejor de Europa. El gato cartujo tiene un pelaje muy denso y mullido, por lo que habría podido compararse a la preciada lana.

Pelo de oveja merina

En 1735, el famoso científico sueco Lineo, creador de la taxonomía (clasificación botánica y animal), en su obra “Systema Naturae” describió el pelaje del gato cartujo como “Coeruleus pilis”, es decir, azul oscuro de pelo corto. Una publicación de esta obra realizada en Bruselas por Vanderstegen de Putte en 1793 dice que el pelaje es gris azulado.

Gato de Siria, por Ulisse Aldrovandi

Buffon, el gran naturalista del siglo XVIII conocido por sus dibujos de animales y plantas, le incluye entre las cuatro razas de gato que reconoce:  doméstico, español, angora y cartujo. Lo describió con suma precisión y realizó dibujos comparativos.

Comparativa, por Buffon

Comparativa, por Buffon

La famosa escritora Colette, que tanto amaba a los gatos, tuvo varios cartujos y convirtió a su gata Saha en la protagonista de la novela “La gata” describiéndola con rigor y ternura en varias ocasiones. Por ejemplo: “El sol jugaba en su pelaje de gata cartuja de tonos malvas y azulados como el pecho de una paloma torcaz”.

Colette

Charles de Gaulle tenía un cartujo en su casa de campo al norte de París. Parece ser que cuando llegó aún era pequeño y se le llamó Ringo de Balmalon, pero ese nombre algo rimbombante se simplificó rápidamente a Gris-gris. La leyenda cuenta que acompañaba al general en sus paseos por el parque.

Durante siglos, el gato cartujo vivió en los hogares de Francia cruzándose a su antojo, hasta que en los años treinta las hermanas Léger encontraron una espléndida camada de cartujos en la isla donde residían en la costa de Bretaña y decidieron hacerse cargo de ella. En 1933, durante una exposición del Cat Club de París, su gata Mignonne de Guerveur se convirtió en campeona internacional y fue nombrada “Gata más estética de la exposición”. Se la considera como la antepasada de los cartujos actuales. Los primeros estándares de la raza fueron establecidos en 1939.

Mignonne de Guerveur

La Segunda Guerra Mundial hizo estragos entre los cartujos, y a finales de 1960 se autorizó su cruce con el british shorthair, una raza totalmente diferente. Por suerte, en 1977,  Jean Simonnet y el Club del Gato Cartujo, que había fundado, promulgaron nuevos estándares que recuperaban las características del auténtico cartujo. Es una de las razas naturales más antiguas del mundo y el único gato “francés”.

El cartujo no es un gato hablador, le gusta la tranquilidad, es robusto, y gracias a su pelaje denso y espeso, no teme al frío ni a la intemperie. Se le considera un excelente cazador.


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El gato de cabeza plana

Se sabe muy poco acerca del gato de cabeza plana (Prionailurus planiceps) y de su comportamiento en libertad. Es uno de los gatos silvestres que se encuentra en mayor peligro. A pesar de estar incluido desde 2008 en la Lista Roja de especies en grave peligro de extinción de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), se ha estudiado muy poco a este felino en su hábitat natural, limitado a Sumatra, Borneo y la Península de Malasia. Esta falta de conocimiento impide que pueda  saberse exactamente en qué nivel de conservación se encuentra, así como determinar los requerimientos ecológicos para su protección.

Actualmente se cree que puede haber menos de 2.500 individuos adultos debido a los escasos avistamientos de los últimos años. La zona en que habita ocupa unos 80.000 kilómetros cuadrados, y se calcula que puede haber unos cuatro adultos por cada cien kilómetros cuadrados. Tiende a vivir en zonas húmedas actualmente muy amenazadas en todo el sureste asiático. Hay poquísimos en cautividad, menos de diez, todos ellos repartidos en zoológicos malasios y tailandeses, según ISIS (Sistema Internacional de Información de Especies).

El gato de cabeza plana, también llamado cabeciancho, es un felino pequeño que se caracteriza por una marcada depresión craneal que va desde la punta de la nariz hasta el nacimiento del hocico. Generalmente es de cuerpo delgado, con patas cortas y delicadas, y garras retráctiles, aunque unas tres cuartas partes de la garra quedan a la vista. La cabeza es más larga y cilíndrica que la del gato doméstico, y la distancia entre los ojos y las orejas es mayor. Sin embargo, sus dientes son comparativamente muy largos, con los caninos casi tan grandes como los de individuos del doble de su tamaño. La dentadura está adaptada para agarrar presas resbaladizas y posee mandíbulas poderosas, lo que le permite cazar peces incluso con mayor facilidad que el gato pescador (https://gatosyrespeto.org/2015/11/12/el-gato-pescador-una-especie-en-peligro/).

Su pelo es espeso, marrón rojizo en la parte superior de la cabeza y marrón ruano en el resto del cuerpo, con manchas blancas en la tripa. La cara es más clara que el resto del cuerpo, y tiene el hocico y la barbilla blancos. Desde la frente le bajan dos líneas blancas enmarcando el hocico. Los ojos están muy juntos, lo que mejora mucho su visión estereoscópica.

Desde la punta del hocico al nacimiento de la cola, mide entre 41 y 50 centímetros; la cola suele ser corta, de unos 14 centímetros. Pesa de 1,5 a 2,5 kilos.

Como hemos dicho antes, vive en humedales y selvas de tierras bajas, dos hábitats altamente modificados por la ocupación humana. Los pescadores del río Merang, en el sur de Sumatra, zona en la que aún existen selvas tropicales y turberas relativamente intactas, dicen verlos a menudo, pero tienden a confundir el gato de cabeza plana con el gato leopardo. La mayoría de los avistamientos más recientes (2014) han tenido lugar al noreste de Borneo, en las orillas del río Kinabagantan, donde se le ha grabado con cámaras nocturnas, y en la reserva de la selva de Tangkulap, así como en reservas creadas en las inmensas plantaciones de aceite de palma del este de Kalimantan y en la reserva de la selva Pasoh, en la península de Malasia.

Fotografiado en su entorno natural

Es un animal solitario que marca su territorio. Se ha observado que tanto los machos como las hembras en cautividad rocían orina avanzando en una posición agazapada, dejando un rastro en el suelo. Parece que desarrolla su mayor actividad entre las ocho y las once de la mañana, y las seis y las diez de la noche. Se alimenta mayormente de peces, aunque no hace ascos a las ranas ni a los crustáceos, y si no hay nada más a mano, a las ratas y a los polluelos. Se sumerge completamente en el agua y una vez atrapada la presa, suele llevarla a unos dos metros de la orilla, quizá para impedir que vuelva al río si se le escapa.

El periodo de gestación es de unos 55 días. De las tres camadas que han nacido en cautividad, una era de dos gatitos y las otras dos, de uno solo.

Sello de Indonesia

 

Sello de Camboya

El gato de cabeza plana tiene un maullido muy parecido al del gato doméstico y ronronea con facilidad. Dos ejemplares vivieron hasta los 14 años en un zoológico.

Sello de Laos

 

Sello de Malasia

La principal amenaza a la que se enfrentan es la destrucción y degradación que representan los asentamientos, la transformación de la selva en plantaciones, el secado de zonas húmedas, la contaminación, la tala, la caza y la pesca indiscriminadas. La rápida desaparición de los manglares en Asia tropical, la sobrepesca y la expansión de plantaciones de aceite de palma ponen en peligro al gato de cabeza plana, desde luego, pero también las trampas y el envenenamiento para proteger a las aves de corral.

Siempre nos esforzamos en buscar fotografías de gatos en su hábitat natural, pero en este caso, y muy a pesar nuestro, hemos debido conformarnos en la mayoría de los casos con imágenes del gato de cabeza plana en cautividad.


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Gatos siberianos

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El gato siberiano es una raza de gato doméstico que existe desde hace siglos en Rusia. Fue añadido a finales de los ochenta a la larga lista de gatos de raza reconocidos oficialmente. Tal vez sea el antepasado de todos los gatos modernos de pelo largo y está emparentado genéticamente con el Bosque de Noruega. También se dice que es hipoalergénico porque produce menos Fel d1, una proteína secretada por las glándulas sebáceas, que otros gatos, aunque de momento no está demostrado. Generalmente hablando, las hembras producen menos Fel d1, tanto si son de raza como callejeras.

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Son gatos grandes y fuertes, con poderosos cuartos traseros, patas bien redondeadas y un hermoso rabo. Al tener las patas traseras algo más largas que las delanteras, su espalda está un poco arqueada. Las orejas son grandes y los ojos ligeramente oblicuos. Los machos pesan entre 6,5 y 8 kilos, y las hembras entre 4,5 y 6 kilos.

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Para resguardarse del frío tienen tres capas de pelo, la primera es una especie de pelusa contra la piel, a continuación un pelo intermedio y, finalmente, el pelo que vemos y tocamos. En realidad, esas capas de pelo forman el pelaje de la mayoría de gatos, pero están mucho más desarrolladas en el gato siberiano. Mudan dos veces al año; a finales del invierno, no debido tanto al cambio de temperatura como a la creciente luz solar, y a finales del verano en mucha menor medida.

Incluimos unas fotos del gato Syoma, un residente de Siberia, concretamente de la reserva natural de Kronotsky en la península de Kamchatka.

Syoma persigue a un zorro

Syoma persigue a un zorro

Syoma y el zorro

Syoma y el zorro

Cuando un zorro se acercó a la zona, Syoma le echó sin dudarlo. Pero Sergei Krasnoschekov, que hizo estas fotos, dice que más que alejar al zorro, los dos parecían estar jugando: “Me dio la impresión de que el zorro provocaba a Syoma y que los dos se lo pasaban muy bien”.

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Añade que Syoma no es muy simpático con los desconocidos y que su primer contacto acabó con escupitajos, gruñidos y un arañazo. Al cabo de un tiempo, le aceptó y se dejó acariciar.

Alla Lebedeva vive con su marido Serguei en una granja del distrito de Prigorodny, en Osetia del Norte, muy lejos de Siberia.

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Empezaron a tener gatos siberianos hace unos trece años cuando llegó la gata Babushka. Tuvo una camada de cinco en 2004 y entonces empezó todo. Alla dice, riendo, que vive en Koshlandia (el país de los gatos). Han acomodado un gallinero dividiéndolo en tres “habitaciones” aisladas y con el suelo elevado para que puedan dormir dónde y cómo les apetezca. La granjera añade que los gatos protegen a los pollos y a los conejos de los roedores.

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Sigue explicando que en verano, los gatos se dividen en dos grupos. Algunos, como Ryzhik, Rych y Ludwig, desaparecen durante semanas y sobreviven cazando, mientras que otros, como Pukh, Papych y Tema, nunca se alejan mucho. Las hembras son muy tranquilas y se quedan en casa. Por lo que se ve, los gatos se llevan muy bien con el perro Nikki e incluso con los gallos.

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Muchas de las fotos que Alla Lebedeva toma regularmente de sus gatos aparecen en Internet e incluso algunas se han convertido en virales. Casi nunca mencionan a la fotógrafa y aún peor, describen a los gatos como Bosques de Noruega.

En 1929, en Estocolmo, Sigurd Agrell recopiló una serie de leyendas eslavas y las hizo imprimir bajo el título de “Mitos e historias eslavas”. Una de estas historias tiene como protagonista al gato siberiano y hemos querido resumirla aquí, se titula “El gato y el zorro”.

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Érase una vez un granjero que tenía un gato muy travieso. El granjero se hartó, lo puso en un saco y lo abandonó en el bosque. El gato consiguió salir y encontró una casita vacía. Se instaló en el desván y sobrevivió cazando ratones y ratas. Un día se cruzó con una señorita zorra, que se quedó sorprendida al ver a un gato en el bosque y le preguntó quién era. A lo que el gato contestó muy ufano que se llamaba Kotofey Ivanovich y que le habían enviado desde los bosque siberianos para ser el edil del bosque. La zorrita le invitó a su madriguera y no tardaron a casarse.

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Al día siguiente, la zorrita salió a cazar y el gato se quedó en casa. La zorrita se encontró con un lobo y le anunció que se había casado. “¿Con quién te has casado, Lizaveta Ivanovna?”, le preguntó, y ella respondió: “¿No lo sabes? Ha llegado el edil Kotofey Ivanovich de los bosques siberianos, y ahora soy su esposa”. El lobo quiso conocer a su marido, pero ella le avisó: “Tiene muy mal genio, y si alguien le molesta, se lo come en dos bocados. Pero si te empeñas, lo mejor será que le lleves un presente, una oveja, por ejemplo, y la dejes sin hacer ruido delante de nuestra madriguera. Escóndete bien o irá a por ti”. El lobo se fue corriendo a por una oveja, y la zorrita se encontró con un oso al que le contó lo mismo, pero esta vez le pidió un buey.

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Poco después, el lobo Levon y el oso Mishka coincidieron delante de la madriguera. Ambos hablaron en voz baja, temerosos de molestar al gato edil, intentando decidir cuál de los dos llamaría a la puerta. En ese momento llegó una liebre y le dijeron: “Hermana liebre, ve a la madriguera y di al honorable edil que sus hermanos Mishka Ivanovich y Levon Ivanovich esperan para presentarle sus respetos y que le han traído una oveja y un buey”. La liebre se alejó a dar el recado. El oso trepó a un árbol y el lobo se metió detrás de un matorral debajo de unas hojas secas.

El gato y su joven esposa salieron con la liebre. El oso, al ver al edil, pensó que era muy pequeño, pero el gato arqueó la espalda, hinchó el rabo y se lanzó sobre el buey, desgarrando pedazos de carne con sus afiladas uñas mientras gritaba: “¡Más, más!” El oso se quedó impresionado, pero el lobo no veía nada debajo de las hojas y decidió moverse. El gato oyó un ruido y convencido de que era un ratón, se lanzó y clavó las uñas en el morro del pobre Levon. Este, desesperado, echó a correr. El oso se tiró del árbol, despavorido. La zorrita aprovechó para gritar: “¡Sí, corred, corred si no queréis que os pille!”

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A partir de ese momento, todos los animales del bosque temieron al terrible gato. Durante el largo invierno, ni Kotofey Ivanovich ni Lizaveta Ivanovna salieron a cazar, pues todos les traían carne. Tuvieron una vida maravillosa. ¿Quién sabe si no siguen comiendo?

En ruso, al igual que en polaco, “gato” es “kot”,  y “kotofey” es una forma cariñosa de llamar a los gatos.