Gatos y Respeto

©


2 comentarios

Los gatos de la India

Gato caracal

Cuando se piensa en India y en sus felinos, las primeras imágenes que nos vienen a la mente son las de panteras, leopardos, tigres, y quizá algún león. Pero también hay numerosas especies de gatos de pequeño tamaño en el país. Hoy daremos un rápido repaso a diez de ellos, pertenecientes a la subfamilia felinae, cuyo hábitat se extiende desde la nevada Himalaya, pasando por el mítico estado de Rayastán, al norte, hasta las húmedas selvas del sur.

Gato silvestre asiático

Ya hemos realizado entradas acerca de algunos de estos gatos, y en cuanto a los otros, algún día les dedicaremos un artículo más completo. De momento nos limitaremos  a hablar brevemente de cada una de las diversas razas que pueblan el subcontinente, empezando por el mayor de todos y terminando con el más pequeño.

Gato dorado asiático

El gato dorado asiático (Catopuma temminickii) se parece bastante al puma por el color de su pelaje, aunque hay variantes más próximas al negro y al gris. Suele pesar de 12 a 16 kilos, y mide algo menos de un metro, con una cola de 50 centímetros. Uno de sus rasgos más característicos son las rayas blancas, parecidas a bigotes, que le cruzan las mejillas.

Gato dorado asiático

No se sabe mucho de su comportamiento en libertad. En principio es un cazador nocturno y solitario al que no le gusta mucho trepar. Se alimenta básicamente de aves, liebres, lagartos y roedores, y se adapta fácilmente a cambios en la dieta. Si se ve obligado a cazar animales de más tamaño, puede hacerlo en pareja. Se encuentra en los bosques subtropicales de Assam, Arunachal Pradesh y Sikkim, en el noreste de India. Está clasificado como vulnerable por la UICN.

Gato dorado asiático

El gato silvestre asiático (Felis silvestris) es muy parecido en tamaño y aspecto al gato doméstico y suele pesar entre tres y cuatro kilos, con un pelaje de tonos arenosos más blanquecino en la barriga. Algunos pueden presentar manchas más oscuras. Tiene dos marcas negras en ambas mejillas.

Gato silvestre asiático

También llamado gato ornado, es diurno y nocturno. Habita en madrigueras abandonadas por otros animales, y se alimenta de pequeños mamíferos, lagartos, insectos, serpientes y aves. Se le encuentra en las zonas secas de Rayastán y Guyarat, así como en algunas regiones de Maharastra y Madhya Pradesh. La UICN considera esta especie como de preocupación menor.

Gato silvestre asiático

El gato caracal (Caracal caracalis) es un espléndido felino de color dorado al que ya dedicamos una entrada (https://gatosyrespeto.org/2020/02/27/el-gato-caracal/) cuyo hábitat son las regiones semiáridas del Punyab, Haryana, Rayastán, Guyarat y Madhya Pradesh. Era un gran favorito de la realeza, superado únicamente por el guepardo, y aparece incluso en cuadros del siglo XVII. Sin embargo, al contrario del modoso guepardo, no se adaptaba muy bien ni se fiaba del todo de los seres humanos.

Gato caracal

Parece ser que los maharajás tenían “jaurías” de caracales para la caza, algo sorprendente dado que se trata de un gran solitario que solo se acerca a otros de su especie para el apareamiento. La pérdida de hábitat es posiblemente la mayor amenaza a la que se enfrenta en India. A pesar de que numerosos naturalistas, biólogos y conservacionistas alertan regularmente sobre las graves amenazas que sufre en la India, para la UICN solo es una especie considerada de preocupación menor.

Gato caracal en la carretera de Kgalagadi

El lince euroasiático (Lynx lynx), al que dedicamos una entrada en diciembre pasado (https://gatosyrespeto.org/2020/12/24/un-gato-grande-el-lince-boreal/), no es muy común en India, aunque puede encontrarse en las regiones superiores del río Indo en Jammu y Cachemira, Ladakh y Sikkim. Se le ha avistado en las zonas rocosas del Himalaya por encima de la línea de árboles. Para la UICN también esta considerada una especie de preocupación menor aunque los linces no se reproducen anualmente, sino cada dos o incluso tres años.

Lince euroasiático
Lince euroasiático
Lince euroasiático

El gato pescador (Prionailurus viverrinus), que ya nos intrigó hace seis años (https://gatosyrespeto.org/2015/11/12/el-gato-pescador-una-especie-en-peligro/), es muy reconocible por sus orejas cortas, casi siempre echadas hacia atrás y su pelaje moteado. No es un gato pequeño, puede llegar a pesar 16 kilos. Es el gato más esquivo de todos.

Gato pescador
Gato pescador

La destrucción de marismas y humedales pone en grave peligro al gato pescador, y la UICN le ha incluido en la categoría de vulnerable no solo por eso, sino porque es perseguido y matado sin piedad. Habita principalmente en Sundarban, el bosque de manglares más grande del mundo, situado a los pies del Himalaya, en los valles de los ríos Ganges y Brahmaputra, así como en los Ghats occidentales.

Gato pescador

El gato de la jungla (Felix chaus) está ampliamente representado en diversos hábitats del subcontinente indio (https://gatosyrespeto.org/2016/06/09/el-gato-de-la-jungla-que-no-vive-en-la-jungla/). Es capaz de cazar presas de mayor tamaño que él. También se le conoce como gato de los juncos o de las marismas. Esta considerado como de preocupación menor por la UICN.

Gato de la jungla
Cachorro de gato de la jungla
Gato de la jungla

El gato leopardo (Prionailurus bengalensis) (https://gatosyrespeto.org/2019/06/27/el-gato-leopardo/) es realmente un leopardo en miniatura con la única diferencia de que sus manchas son totalmente sólidas. Es el gato silvestre más común en la India después del gato de la jungla. Vive en el Himalaya y en la región de Terai, en el noreste, y en zonas de los Ghats occidentales. Su maullido es muy parecido al del gato doméstico.

Gato leopardo
Gato leopardo
Gato leopardo

El gato Pallas (Otocolobus manul) (https://gatosyrespeto.org/2018/08/02/el-gato-pallas-o-felis-manul/) es un felino de pequeño tamaño que puede vivir en condiciones muy duras, como en las estepas y colinas desérticas de Ladakh y la zona del lago Lhamo en Sikkim. La UICN le otorga la categoría de casi amenazado.

Gato pallas
Gato pallas
Gato pallas

El gato jaspeado (Pardofelis marmorata) es un pequeño felino más o menos del tamaño del gato doméstico que habita en el este del Himalaya. En un principio se consideró que pertenecía al linaje panterino, pero es un pariente cercano del gato dorado asiático y del gato de la bahía o de Borneo, y los tres se separaron de otros félidos hace 9,4 millones de años.

Gato jaspeado
Gato jaspeado

Tiene las orejas redondeadas y un tupido rabo tan largo como todo su cuerpo desde la cabeza. El color de su pelaje varía entre el marrón grisáceo y el marrón ocre, siendo algo más claro en la barriga, con manchas por todo el cuerpo – incluso las patas – y la cola. Es un gran trepador y se alimenta sobre todo de pájaros, aunque no le hace ascos a algún que otro pequeño mamífero. La IUCN considera la especie como vulnerable.

Grabado de gato jaspeado
Gato jaspeado

El gato herrumbroso (Prionailurus rubiginosus), el décimo y último felino de esta lista, es el gato más pequeño del mundo. Mide de 35 a 48 cm de longitud, con una cola de 15 a 30 cm, y pesa solo de 0,9 a 1,6 kg. Su pelo es corto y, tal como sugiere su nombre, luce manchas de color rojizo esparcidas regularmente por la espalda, la cabeza y los flancos. Tiene un delicado círculo blanco alrededor de los ojos y, en ocasiones, motas blancas en la barriga.

Gato herrumbroso

Su distribución es relativamente restringida. Vive principalmente en bosques caducifolios húmedos y secos, así como en zonas de matorrales y pastizales, pero está ausente en los bosques perennes.​ Prefiere la vegetación densa y las áreas rocosas. En India se le ve sobre todo en el sur y centro del país, aunque alguno ha sido avistado hasta la reserva Sariska de tigres. Su calificación por la UICN es de casi amenazado.

Gato herrumbroso

Aunque pueda parecer muy positivo que ninguna de estas diez especies de pequeños felinos esté considerada como “amenazada” por la UICN, su población decrece de forma regular cada año. La pérdida de hábitat probablemente sea la mayor amenaza, seguida por la caza furtiva en busca de carne, pieles y para rituales de magia.

Gato herrumbroso

De la totalidad de fondos dedicados a los felinos en todo el mundo, solo el 1% se destina a investigar a los pequeños felinos, resultando esto en una tremenda carestía a la hora de realizar las acciones conservacionistas necesarias para que no acabe desapareciendo alguna especie de estos maravillosos gatos.

Gato jaspeado


Deja un comentario

El gato serval

Patas largas, cuerpo delgado, pelaje moteado, orejas grandes y cabeza pequeña para su tamaño, así es el serval (Leptailurus serval), la única especie del género Leptailurus. Según su ADN comparte antepasado común con el león, y otros estudios  indican que se encuentra próximo al caracal (https://gatosyrespeto.org/2020/02/27/el-gato-caracal/). Fue descrito en 1776 por el naturalista alemán Johann Christian Daniel von Schreber.

Grabado de 1892
Grabado de William Goodall

Mide entre 85 y 112 cm de largo, incluido un rabo de entre 30 y 50 cm. Las hembras suelen pesar de 9 a 16 kilos y los machos de 12 a 26 kilos. Las orejas, muy desarrolladas, y el cuello largo le permiten oír y ver por encima de la alta hierba de la sabana. La gran mayoría ostenta puntos o manchas por todo el cuerpo, aunque algunos solo tienen unas pocas marcas encima de los ojos y anillas en la cola. Son animales longevos que alcanzan los 20 años.

Hay servales totalmente negros debido al melanismo (https://gatosyrespeto.org/2019/03/21/los-gatos-negros-y-el-melanismo/), pero no abundan. Y menos aún los servales blanquecinos, que padecen de leucitismo causado por el gen mutante chinchilla, un inhibidor del depósito de pigmentos. Esto es más común en leones, pero en servales solo se conocen cuatro casos en cautividad en Norteamérica.

Serval negro
Serval blanco
Servales negros en las llanuras de Namiri

Es un carnívoro que se alimenta de roedores, pájaros, insectos, ranas y lagartijas. No suele atacar a presas de un tamaño superior a los 200 gramos. Es el felino con las patas más largas con relación al cuerpo y llega a correr a 80 kilómetros por hora. Puede permanecer hasta 15 minutos perfectamente inmóvil, con los ojos cerrados, escuchando a los roedores moverse debajo de tierra.

Es un cazador eficaz con un éxito del 50% en sus intentos, comparado al uno de diez de la mayoría de felinos. Realiza saltos hasta de cuatro metros de largo y de más tres metros de alto. Si la presa es grande se come la carne y los huesecillos, dejando la pluma o la piel, los intestinos, las patas o el pico.

Foto de Ole Jorgen Liodden

El periodo de gestación oscila entre 8 y 10 semanas, y la hembra tiene camadas de dos a cuatro crías una o dos veces al año. El gato serval, bastante común en África, vive principalmente en sabanas húmedas. Necesita agua y no se le encuentra en zonas desérticas o estepas áridas. Sabe escalar y nadar, aunque prefiere evitarlo.

Foto de Willem Kruger

Su gran depredador es el hombre. Fueron cazados sin piedad por su piel y siguen siendo abatidos en zonas con granjas, aunque ataquen a las aves domésticas en contadísimas ocasiones. Han desaparecido completamente de la provincia del Cabo, en Sudáfrica, pero parece que algunos ejemplares aún subsisten en Marruecos, donde se le daba por extinguido.

Un caso curioso es el de la planta petroquímica Secunda Synfuels Operations, a 140 km al este de Johannesburgo, con una superficie vallada de 85 km cuadrados. La densidad de población de servales es la mayor de todas las zonas estudiadas. Puede haber tres razones que lo expliquen. Primera, que la planta está rodeada de marismas, hogar de numerosos roedores, la presa favorita del gato. Segunda, la valla que cierra toda la zona impide que entren otros carnívoros, anulando la competencia. Y tercera, no les caza el hombre.

Los servales, al igual que los guepardos, no rehúyen al ser humano y son fáciles de domesticar. No todos los felinos ronronean, pero el serval sí. Maúlla, gruñe y escupe como cualquier gato que se precie. Comparte más aspectos de su comportamiento con el gato doméstico y, además, no es muy grande. En otras palabras, el animal perfecto para los amantes del exotismo.

Desgraciadamente, estas personas no se dan cuenta de que el serval es un animal salvaje que puede adaptarse momentáneamente al ser humano – porque no le queda más remedio –, pero que necesita mucho espacio, también necesita cazar y no está hecho para complacer a un dueño egoísta al que solo le interesa tener a un “gato” diferente.

La escritora francesa Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) cuenta cómo le regalaron a Bâ-Tou y se la llevó a casa. Le dijeron que era una onza y que venía de Chad, pero por la descripción que hace Colette: “Era del tamaño de un spaniel, patas largas y musculosas…” y la foto, lo más probable es que fuera una serval hembra. Tenía veinte meses entonces. Aceptó dormir en una cesta, supo usar la bandeja con serrín, incluso se asomaba a la bañera cuando la escritora estaba en su interior.

Pero una mañana, Bâ-Tou apretó demasiado el brazo de Colette y esta la empujó. La gata serval dejó escapar un maullido terrible y se lanzó de nuevo contra la escritora, que pudo agarrarla por el collar. Pero “Bâ-Tou optó, en el momento crucial, por la paz, la amistad, la lealtad, y se acostó, lamiéndose la nariz”.

Colette, Edmond Jaloux y Amar Aîné (dueño del circo Amar) con un guepardo

Con el tiempo, Colette se dio cuenta de cómo miraba a los otros gatos que entraban en el jardín, o al perrito que un día tuvo en su regazo. Acaba el capítulo dedicado a Bâ-Tou del libro “Les chats de Colette” (Ediciones Albin Michel) diciendo: “El cielo romano te protege ahora y un foso, demasiado ancho para tu impulso, te separa de aquellos que van al jardín zoológico a burlarse de los felinos; espero que me hayas olvidado a mí que, a sabiendas de que eras inocente, acepté que se hiciera de ti un animal en cautividad”.

Como Bâ-Tou, la inmensa mayoría de felinos salvajes “adoptados” para el placer y diversión de algunos ignorantes acaban en refugios. Con un poco de suerte, contarán con algo de espacio, pero muchos vivirán el resto de su vida en una jaula porque tuvieron la mala suerte de ser escogidos para satisfacer a seres caprichosos.

Y no hablemos de los cruces entre felinos salvajes de pequeño tamaño y gatos domésticos, algo que debería estar totalmente prohibido. El gato Savannah es el ejemplo perfecto, resultado de un cruce entre una siamesa hembra y un serval macho. Desde nuestro punto de vista, una auténtica aberración.

Tres gatos Savannah


Deja un comentario

Un gato grande: el lince boreal

De las cuatro especies de lince, el euroasiático o boreal (Lynx lynx) es el de mayor tamaño. Los otros tres son el lince rojo (Lynx rufus), el lince ibérico (Lynx pardinus) (https://gatosyrespeto.org/2015/06/02/un-felino-en-grave-peligro-el-lince-iberico/) y el lince canadiense (Lynx canadensis). No se considera una especie en peligro debido sobre todo a la relativa abundancia de la subespecie siberiana, pero no ocurre lo mismo en muchos territorios donde se le caza por su piel y para proteger al ganado, aunque esté rigurosamente prohibido.

Es el tercer depredador en cuanto a tamaño en Europa, después del oso pardo y el lobo gris. Se alimenta únicamente de carne, de la que consume entre uno y dos kilos diarios, y sus presas favoritas son los ungulados, sobre todo los ciervos. Su hábitat son los bosques a altitudes elevadas con matorrales espesos. Suele cazar en el suelo, pero es un gran trepador y un buen nadador capaz de pescar si hace falta.

El lince boreal se encuentra desde el centro al norte de Europa, en Asia hasta el norte de Paquistán, y en Irán habita en las inmediaciones del monte Damavand, así como en India. Fue considerado extinguido en Eslovenia y Croacia desde principios del siglo XX, pero un proyecto de repoblación iniciado en 1973 lo ha reintroducido con éxito en los Alpes eslovenos y en varias partes de Croacia.

Sello Bielorrusia

También en los años setenta se consiguió reintroducir el lince en Suiza y desde los noventa  se ha estabilizado una pequeña población en las montañas Harz de Alemania. Vive en el bosque Bialowieza de Polonia, y se cree que hay más de 2.000 ejemplares en el país en el que es el animal nacional, Rumanía.

Áreas de distribución del lince boreal

En Rusia, la Sociedad Geográfica dedica una importante suma anual a la protección del lince siberiano al haber menguado su población en años recientes debido a la destrucción de su hábitat y a la caza. Aumentan los ejemplares en Noruega y Suecia, a pesar de la enemistad de los ganaderos, así como en Estonia y Finlandia. Fue exterminado en el Reino Unido a finales del siglo XVII; actualmente se estudian programas de reintroducción que servirían para controlar la población de ciervos, tanto en Inglaterra como en Escocia, donde incluso desapareció mucho antes.

Sello Checoslovaquia

Hay linces boreales en zonas occidentales y septentrionales de China, y sobre todo en la meseta tibetana. Se sabe que proliferaban en Japón durante el periodo Jōmon (14.000 a.C-300 a.C.), pero no existen evidencias arqueológicas posteriores.

Sello Mongolia

Desde siempre ha sido considerado un animal huidizo, invisible, misterioso, fantasmal, que dio pie a diversas leyendas. Teofrasto, filósofo botánico griego del siglo V antes de Cristo, habla del Lapis lyncurius en su tratado sobre las piedras. Hasta aproximadamente el año 1500 se creía que el lince cavaba un agujero para orinar y volvía a taparlo. Al cabo de poco tiempo, su orina se convertía en una piedra parecida al ámbar. Teofrasto cree que la mejor piedra es la de un lince macho en libertad.

En el Libro 15, 391-417 de las “Metamorfosis”, de Ovidio, leemos: “India vencida entregó linces a Baco, el de las apiñadas vides, y dicen que todo lo que emite la vejiga del animal se torna piedra y se solidifica al entrar en contacto con el aire”. Ovidio también cuenta que la diosa Deméter (identificada a menudo con Cibeles) ordenó a Triptolemo que recorriera el mundo para enseñar a plantar a los mortales. Este llegó a la corte del Rey Linquo de Escitia, pero el soberano rehusó trasladar las enseñanzas de Triptolemo a su pueblo y, lleno de envidia, intentó matarle. Deméter le convirtió en lince como castigo.

Plinio el Viejo dice que tiene la forma del lobo y las manchas del leopardo, y que se le vio por primera vez en Roma en los juegos de Pompeyo Magno (55 a.C.). Añade que Etiopía produce un gran número de linces y vuelve a hablar de la orina que se solidifica.

Sello Liechtenstein

Ya en el siglo VII, Isidoro de Sevilla dice en sus “Etimologías” que el nombre del lince procede del griego lukos, aunque sus manchas son las de un gatopardo, y que produce una piedra preciosa llamada “agua lince”. En los bestiarios medievales se le describe a veces con cuerpo de pantera y cabeza de perro, y siempre produciendo la famosa Lapis lyncurius.

En muchos países se cree que la vista del lince es sobrenatural, hasta el punto de que ve a través de objetos sólidos, y a menudo posee la facultad de adivinar las verdades ocultas, incluso el don de la clarividencia. Y en muchos idiomas existe la expresión “tener ojos de lince”.

Sello Serbia

Sello Suecia

En 1603, Federico Cesi fundó la “Academia dei Lincei” (Academia Linceana o Academia Nacional de los Linces), una de las sociedades científicas más antiguas del mundo, que contaba con Galileo Galilei entre sus miembros. Debe su nombre a la ilustración de un lince en el libro Magia Naturalis, de Giambattista della Porta, publicado por primera vez en Nápoles en 1558, que dice así en el prólogo: “…con ojos de lince, examinando lo que se manifiesta, y después de observarlo, hacer celoso uso de ello”. Su emblema era un lince enfrentándose al can Cerbero, guardián del inframundo, evocando la idea de que el lince ve las mentiras y descubre la verdad.

Academia Linceana

Esto nos lleva a la constelación del lince, situada en el hemisferio celeste boreal, descubierta a finales del siglo XVII por el astrónomo polaco Johannes Hevelius. No se le dio este nombre por su parecido al animal, sino por su poco brillo y el hecho de necesitar unos ojos de lince para verla a simple vista. La gigante naranja Alpha Lyncis es la estrella más brillante de la constelación.

Constelación del Lince

“El espejo de Urania”, Sidney Hall (Lince y telescopio Herschilii, 1825)

Poco a poco, la población del lince boreal mejora en Europa occidental gracias a programas de protección y de reintroducción. Todavía existen enormes áreas en Europa donde antaño vivía el lince y donde podría hacerlo de nuevo. El lince ayuda a controlar la población de ciervos, con la particularidad de que nunca se come todo el animal al que ha matado, del que se alimentan desde gusanos a águilas y osos. No acostumbra a matar mamíferos pequeños como conejos y liebres.

Sello URSS

Es un animal crepuscular, activo sobre todo entre la puesta de sol y el amanecer, por lo que muchas personas que viven cerca del lince euroasiático ignoran su presencia. Ojalá se consiga reintroducir en otras zonas este fascinante animal rodeado de un aura de misterio. ¡Felices fiestas!


Deja un comentario

El gato patinegro (Felis nigripes)

El patinegro es el gato más pequeño del continente africano y uno de los más pequeños del mundo. Mide entre 36 y 52 centímetros, con un rabo de entre 12 y 20 centímetros, y un peso que oscila entre 1 y 2,5 kilos. En realidad, solo tiene la planta de los pies negra o marrón oscura, por lo que llamarle “patinegro” puede parecer un poco exagerado. Dispone del camuflaje perfecto gracias a su pelaje moteado.

El primer felis nigripes del que se tiene noticia fue descubierto en el norte de la meseta del Karoo, en la zona sudafricana, en 1824. A finales de los años sesenta del siglo pasado fue avistado en varias ocasiones en Botsuana y en Namibia. Está incluido entre las especies vulnerables de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza desde 2002 al menguar su población por causa de la caza furtiva para consumo humano, atropellos de coche y depredación por parte de perros y otros felinos, incluso gatos domésticos.

Además de ser el felino más pequeño del continente, el gato patinegro también es el más eficaz a la hora de cazar. El león no consigue cazar más del 25 por cien de las presas que acecha, pero el diminuto felis nigripes alcanza el 60 por cien, matando de diez a catorce roedores, pájaros o insectos cada noche. Tiene un metabolismo acelerado que le obliga a cazar casi sin parar.

Utiliza tres técnicas para hacerse con sus presas: la primera es la caza rápida, en la que corre dando saltos por zonas de hierba alta, asustando a pájaros y roedores que dormían; la caza lenta, en la que se aposta delante de una madriguera y espera con enorme paciencia; y finalmente, una versión menos rápida de la primera que le permite sorprender a la presa.

El pelaje es suave, denso, de color dorado con numerosas manchas que, en ocasiones, llegan a unirse en círculos. Tiene ojos grandes de color ámbar o gris tirando a marrón. La barbilla, pecho e interior de los muslos es más claro. Como muchos gatos de pequeño tamaño, dos rayas oscuras le cruzan las mejillas. La cola es más bien corta, aproximadamente la mitad del largo del cuerpo, con dos o tres anillas oscuras, y la punta siempre es negra.

Las orejas son proporcionalmente más anchas y grandes que las de otros felinos para poder oír mejor en zonas desérticas o semidesérticas donde no abundan las presas. A menudo aplanan las orejas, lo que les proporciona una apariencia agresiva que en realidad sirve para pasar más desapercibidos en zonas con poca protección. Las plantas de sus pies son peludas para aislarles de suelos calientes.

Su hábitat principal son las llanuras de hierba media y alta, y los desiertos de matorrales y de arena, como el Kalahari y el Karoo. Evitan terrenos con arbustos y rocosos, quizá por ser el hogar de otros carnívoros peligrosos para ellos. La precipitación anual en esta zona es de 100 a 500 mm.

Su presencia es escasa comparada a la de otros pequeños felinos en Sudáfrica. Hace varias décadas que empezó a estudiarse su comportamiento y ecología en la Reserva Natual Benfontein y en dos grandes granjas de Sudáfrica. Se ha descubierto que en un área de 60 kilómetros cuadrados, la densidad de población puede alcanzar los 0,17 por kilómetro cuadrado, pero en hábitats con poca caza, la densidad baja drásticamente. El territorio de los machos es el doble de las hembras y suele superponerse al de cuatro hembras.

A pesar de su pequeño tamaño, nada parece amedrentarle. Existe una leyenda del pueblo san en la que se dice que el gato patinegro es capaz de matar a una jirafa seccionándole la yugular, algo no deja de ser un tributo a su valentía y tenacidad. Se ha visto a chacales de lomo negro acosarle, pero el pequeño gato siempre ha atacado a su enemigo, aunque es mucho más grande que él, consiguiendo alejarle.

Un felis nigripes puede consumir hasta 3.000 roedores en un año, además de pájaros e insectos en mucha menor cantidad, y poquísimos reptiles. Los machos más grandes pueden cazar liebres de su mismo tamaño. No hacen ascos a los huevos, rompiéndolos delicadamente con la boca antes de lamer el contenido.

Descansan durante el día en montículos de termitas abandonados, por lo que les llaman “tigres hormigueros”, o en madrigueras desocupadas. Son de hábitos nocturnos; suelen salir a la media hora de ponerse el sol, volviendo a la madriguera 30 minutos antes del amanecer. No tienen ningún problema para trepar a árboles o vallas cuando se trata de buscar nidos, pero las acacias que pueblan su hábitat ofrecen poca comida comparada con la que encuentran en el suelo. Pueden saltar a metro y medio de altura para cazar a un pájaro.

Son animales solitarios, excepto las hembras con camada y durante la época de apareamiento. Al cabo de una gestación de entre 63 y 68 días, nacen de uno a cuatro gatitos de unos 70 gramos en el fondo de una madriguera. Las hembras dan a luz dos veces al año, y la madre cambia de cubil a menudo, probablemente para evitar a los posibles depredadores. Los gatitos abren los ojos al cabo de siete días y son totalmente independientes pasados tres o cuatro meses, aunque tardan en alejarse de la madre. Aprenden a cazar muy pronto, una clara señal de que viven en un ambiente difícil.

El pequeño gato patinegro se enfrenta a muchas amenazas que dificultan su supervivencia. Su hábitat se ve cada vez más reducido por el excesivo pastoreo. El uso indiscriminado de veneno para matar a los caracales (otro gato africano al que dedicaremos una entrada) y a los chacales le afecta al ser carroñero, y lo mismo ocurre con los productos usados para eliminar las plagas de langostas. Son atacados por los perros usados para ahuyentar a los chacales.

Esperamos que se implementen medidas para salvar de la extinción a este diminuto gato y no acabe relegado a los zoológicos. Actualmente, el zoo de Wuppertal en Alemania alberga la mayoría de la población en cautividad con un excelente éxito en su reproducción. Pero ninguna especie animal – sea la que sea – nacida para vivir en la naturaleza debería verse obligada a residir en un zoo o similar por el hecho de “salvarla”.


Deja un comentario

Dos gatos sudamericanos, el Geoffroy y el kodkod

Gato de Geoffroy

El gato de Geoffroy fue llamado así por Geoffroy (Godofredo) Saint Hilaire, un naturalista francés del siglo XIX, defensor de la teoría evolucionista, que viajó a Sudamérica. Además del gato de Geoffroy, otros tres animales llevan su nombre, un mono tamarino, un mono araña y un murciélago.

Gato de Geoffroy según Daniel Giraud Elliot (1883)

Una peculiaridad del gato de Geoffroy es que se yergue sobre las patas traseras para otear a su alrededor mientras se apoya en la cola. También son buenos nadadores y se atreven con ríos de hasta treinta metros de ancho. Se encuentra sobre todo en Argentina, el sur de Chile, los Andes del sur de Bolivia, Paraguay y Uruguay en un hábitat bastante variado, desde los humedales de la Pampa hasta las zonas más áridas de matorrales del Chaco, pasando por bosques y áreas montañosas donde se le ha avistado a 3.500 metros de altura.

Su pelo es de color ocre brillante en el norte de su territorio y pasa a un gris plateado en el sur con diversas variaciones entre los dos. Numerosos puntos negros muy parecidos en tamaño y equidistantes rompen el color uniforme e incluso forman un “collar” negro en su pecho. Dos rayas negras les marcan las mejillas y más la frente.

Miden entre 43 y 88 centímetros de largo y de 15 a 25 centímetros de alto. Los machos suelen pesar algo menos de seis kilos y las hembras, unos tres. También existe una variedad melanística, sobre todo en los bosques y humedales. Los gatos Geoffroy de Paraguay son más pequeños y más oscuros.

Gata de Geoffroy con cachorros melanísticos

La densidad de población varía mucho. Durante un periodo de sequía en algunas zonas de Argentina era de 2 a 36 gatos por cien kilómetros cuadrados, pero dos años después había subido a 139 individuos por cien kilómetros cuadrados. Sin embargo, en el Chaco boliviano, la densidad es de 2 a 42 gatos por 100 kilómetros cuadrados.

Aunque pasan la mayoría del tiempo en el suelo, son buenos trepadores y se les ha observado llevándose presas a los árboles. El gato de Geoffroy es carnívoro y se alimenta de lo que más abunda en su territorio, sobre todo roedores, así como pájaros en primavera y verano, pero son capaces de pescar si hace falta para alimentarse de peces y ranas.

Son animales nocturnos cuya actividad máxima se desarrolla en plena noche. Prefieren cazar en zonas de vegetación densa, aunque los gatos que viven cerca de tierras cultivadas las cruzan en busca de ratones. La gestación dura entre 72 y 78 días y suelen dar a luz a camadas de cuatro cachorros en sitios muy protegidos. Los gatitos dejan de mamar a las ocho o diez semanas, y su desarrollo es más lento que el del gato doméstico. Las hembras no maduran sexualmente hasta los 18 meses y los machos hasta los 24. Estos también son más longevos, alcanzando los 18 años.

No es una especie en peligro aunque muchos mueren en carreteras o atacados por perros. Son cazados por su carne y también para cruzarlos con gatos domésticos y producir híbridos. Entre los años sesenta y ochenta, su pelo fue el segundo más vendido en el comercio de piel de gato. Por suerte, actualmente es muy raro encontrar pieles en venta. Está prohibido cazar el gato Geoffroy en todos los países en los que vive.

El gato güiña, huiña o kodkod (en araucano) sí está en grave peligro de extinción. Es el gato más pequeño de América. Vive principalmente en el sur de Chile y zonas vecinas de Argentina, una distribución reducida comparada a la de otros felinos sudamericanos.

Kodkod

Desde 2002 es considerado como vulnerable en la lista roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) al creerse que la población adulta no supera los diez mil individuos. Está amenazado por la caza, la pérdida de hábitat y por ser presa de otros animales.

Güiña (Ilustración de Robert Gallet)

El color del pelo del gato kodkod oscila entre el marrón amarillento y el marrón grisáceo con marcas oscuras por todo el cuerpo. La tripa es más clara y la cola, anillada. Las orejas son negras con una mancha blanquecina en el interior. Los ejemplares melanísticos totalmente negros son muy habituales.

Es un gato de cabeza pequeña, patas anchas y cola proporcionalmente muy ancha. Muchos ejemplares tienen una marca triangular negra en cada lado del hocico. Los adultos miden de 27 a 51 centímetros de largo y unos 25 centímetros de alto. Pesa alrededor de dos kilos y medio.

Vive principalmente en los bosques pluviales del sur de los Andes y de las costas chilenas, sobre todo en los bosques valdivianos y araucanos, que se caracterizan por la presencia de bambú en el sotobosque. No suele avistarse más arriba de los 1.900 metros.

El gato güiña es activo tanto de día como de noche, pero solo se atreve a adentrarse en zonas abiertas en la oscuridad. Es un excelentes trepador y no tiene ningún problema en subirse a troncos de más de un diámetro de ancho. Se alimenta de pájaros, lagartijas, roedores y aves domésticas.

El periodo de gestación dura entre 72 y 78 días con camadas de uno a tres cachorros. No suelen vivir más de once años. El macho y la hembra alcanzan la madurez sexual a los 24 meses.

Hasta hace poco se desconocía la voz del pequeño kodkod, pero el año pasado el fotógrafo Joel Sartore pudo grabar el sonido del gato, que él compara al canto de un pájaro. Después de escuchar dicha grabación (https://twitter.com/i/status/1261273768166600705) nos parece que suena a un ave, sí, pero más bien a un pavo.

La mayor amenaza a la que se enfrenta este diminuto felino es la tala de su hábitat, la creciente difusión de bosques de pinos y la agricultura, sobre todo en el centro de Chile. Otros muchos son matados por atacar gallineros y también por su piel, aunque esto último es cada vez menos habitual.


Deja un comentario

El gato caracal

Sudáfrica

El caracal es un gato salvaje de tamaño mediano que habita en África, Oriente Próximo, Oriente Medio, Asia Central y parte de India. Tiene las patas largas y fuertes, cara corta, orejas desmesuradas acabadas en mechones y caninos muy pronunciados. El pelo es rojizo a excepción de la tripa, mucho más clara con marcas también rojizas. Un adulto macho suele medir entre 40 y 50 centímetros de altura desde el hombro al suelo, entre 105 y 120 centímetros de largo (sin contar el rabo), y puede llegar a pesar hasta 20 kilos.

Parque Nacional de Etosha, Namibia

El naturalista alemán Johann Christian Daniel von Schreber lo describió por primera vez con detalles científicos en 1776 después de capturar uno en Montaña de la Mesa, cerca de Ciudad del Cabo. El británico John Edward Gray introdujo el nombre “caracal” en 1843. La palabra viene del turco “kara kulak”, que significa “oreja negra”.

Johann Christian Daniel von Schreber (1776)

1834

El caracal, también conocido como “lince del desierto” (aunque no tiene nada que ver con el lince), fue declarado especie bajo preocupación menor por la IUCN en 2002 al ser relativamente común, aunque se le considera amenazado en Sudáfrica y escasea en Asia Central e India. Se le clasificó como lynx y felis en el pasado, pero las pruebas moleculares demuestran que pertenece a un género monofilético muy cercano al serval y al gato dorado africano.

Parque Nacional Jebel Hafeet, Abu Dabi

Dependiendo de la zona, el apareamiento ocurre todo el año, aunque en el Sahara tiene lugar especialmente en invierno. El celo dura unos cinco o seis días y las hembras pueden copular con varios machos empezando siempre por el más fuerte. También se ha podido observar que algunos machos permanecen con la hembra durante el celo para impedir que otros se acerquen.

Caracal comiendo

La gestación dura de 69 a 81 días, y nacen entre una y seis crías que pesan de 200 a 250 gramos. Las hembras dan a luz en grutas, agujeros en los árboles e incluso madrigueras. Las crías abren los ojos al cabo de unos seis días y empiezan a salir alrededor del mes, pero no dejan de mamar hasta cumplir diez semanas. Los caninos salen alrededor de los cuatro o cinco meses y los demás dientes, en los siguientes seis meses. Las crías se quedan con la madre hasta el año, cuando alcanzan la madurez sexual.

Crías de caracal jugando

El hábitat del caracal es muy diverso, desde zonas semidesérticas, pasando por la sabana y áreas de matorrales, hasta bosques húmedos y de montaña, como ocurre en Sudáfrica. También viven en las zonas montañosas del Sahara y de la península arábiga, sin adentrarse mucho en los desiertos de arena.

Hembra de caracal enfrentándose a un león

Al norte, el mar Caspio, la meseta de Ustyurt y el mar de Aral limitan el territorio del caracal, y al este apenas sobrepasa el río Amu Daria, la frontera natural entre Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Más al sureste se encuentran en Irán, Baluchistán (Pakistán), el Punyab y el centro de India hasta Uttar Pradesh. Resumiendo, hay caracales desde Sudáfrica a la India.

Parque transfronterizo Kgalagadi, desierto del Kalahari

La mayor amenaza a la que se enfrentan es la destrucción de su hábitat debido a la agricultura y a la desertificación, sobre todo en el centro, oeste, norte y noreste de África, donde cada vez hay menos. Lo mismo pasa en Asia. Además, los caracales a menudo se alimentan de pequeños animales de granja, por lo que se les mata.

Samburu, Kenia

Son animales nocturnos, tímidos, difíciles de observar, territoriales, que viven en pareja o solos. Se alimentan de pequeños mamíferos, pájaros y roedores. Son capaces de dar saltos de cuatro metros y cazar a un pájaro en el aire. Se acercan silenciosamente a las presas hasta una distancia de cinco metros antes de lanzarse a gran velocidad. Su esperanza de vida es de unos doce años en libertad y de dieciséis en cautividad.

Caracal saltando (Foto de Nedko P. Nedkov)

Al observar fotos de los caracales, nos sorprendió su parecido con el felino del Papiro de Hunefer, una versión del Libro de los Muertos egipcio realizada hacia 1300 a.n.e., ahora en el Museo Británico, que simboliza al Dios Sol en forma de gato cortando la cabeza a la serpiente, y con otra representación egipcia de un gato guiando a seis gansos fechada en 1120 a.n.e. Por el color del pelo, los dos se asemejan más al serval, pero las orejas corresponden al caracal. Se han descubierto caracales embalsamados y se cree que guardaban las tumbas de algunos faraones.

Papiro de Hunefer (detalle) 1300 a.n.e.

1120 a.n.e

En los siglos XIII y XIV, los emperadores chinos de la dinastía Yuán compraban habitualmente caracales y otros felinos a los mercaderes musulmanes y todo indica que la dinastía Ming siguió con la práctica. Hasta principios del siglo pasado, los gobernantes indios los usaban para la caza menor. También se colocaba a varios caracales entre palomas en un lugar cerrado y se apostaba por el gato que más pájaros mataría.

Desde siempre el hombre ha sentido la necesidad de domesticar a los animales salvajes privándoles de su libertad. En 1998, por ejemplo, al zoológico de Moscú se le ocurrió cruzar un caracal con un gato salvaje, en nuestra opinión una auténtica aberración. Pero así se crean nuevas especies “domésticas” criadas para su venta, como ocurre con el Savannah, fruto del cruce entre un serval y un gato doméstico.

Ser el dueño de un animal salvaje parece simbolizar poder, pero en realidad solo demuestra una falta de respeto absoluta hacia el animal, al que se obliga a vivir en un hábitat totalmente ajeno sin la compañía de los suyos. Es egoísmo puro y simple.

Los félidos como el caracal y el serval, por su elegancia, su pequeño tamaño y su menor agresividad, son los objetivos predilectos de estas personas. Al buscar en Internet “gato caracal en venta”, en inglés o en español, aparecen ocho enlaces solo en la primera página ofreciendo crías por 1.200 a 2.500 dólares USA. Todos los criadores especifican que son animales “legales” y que tienden a comportarse como gatos domésticos.

Pero basta con ver a un caracal con la boca abierta para saber que no es un animal doméstico y que no se merece que le conviertan en una posesión o un juguete más. No entendemos cómo los gobiernos no prohíben estas prácticas vergonzosas.


Deja un comentario

El gato leopardo

El gato leopardo (Prionailurus bengalensis) es un gato pequeño cuya distribución geográfica es la más amplia de todos los felinos. Se le encuentra en zonas boscosas de Indonesia, Filipinas, Borneo, Malasia, Tailandia, Myanmar, Laos, Camboya, China y Taiwán, así como en Corea, India, Paquistán y el Lejano Este ruso, aunque en menor medida. Su hábitat varía mucho e incluye bosques tropicales, de pino y de repoblación, zonas de matorrales, semidesérticas y de cultivo, como caña de azúcar y aceite de palma, siempre que haya agua cerca. Se han avistado especímenes hasta tres mil metros de altitud.

Existen varias subespecies que difieren en el color del pelaje, el tamaño del cuerpo y de los colmillos. Las pruebas arqueológicas han demostrado que el gato leopardo fue el primero en ser domesticado en la China neolítica hace unos 5.000 años en las provincias de Shanxi y Henan. Con el tiempo fue sustituido por descendientes del Felis silvestris lybica procedente de Oriente Próximo.

Es del tamaño de un gato doméstico, aunque las diferencias según las regiones son importantes. Por ejemplo, en Indonesia mide unos 45 centímetros de largo con un rabo de 20 centímetros, mientras que en la región de Amur, entre China y Rusia, alcanza los 70 centímetros. El peso varía entre 4,5 y 7 kilos. Es un poco más alto que el gato doméstico, con unos 40 centímetros desde el hombro. El color también puede variar: tiende al amarillo en el sur y al gris plateado en el norte. El pecho y la parte inferior de la cabeza son blancos. Todos tienen manchas negras repartidas por todo el cuerpo (lomo, espalda, cola, patas y mejillas) y rayas negras que nacen justo encima de los ojos y acaban entre unas orejas pequeñas.

Sello ruso con gato leopardo de Amur

El gato leopardo es un hábil escalador, sobre todo de árboles. También sabe nadar, pero solo lo hace cuando no le queda más remedio. Como todos los gatos, es nocturno y pasa las horas de luz en una guarida bajo raíces de buen tamaño, en el tronco de un árbol o en pequeñas cuevas. Solo sale de día si no hay seres humanos en las proximidades.

Es un animal solitario, excepto durante la estación del celo, que no tiene un periodo concreto en el sur de su hábitat. En la zona más fría, tiende a reproducirse entre marzo y abril para que las crías nazcan durante los meses de más calor. El celo dura de cinco a nueve días y el periodo de gestación, de 65 a 70. Las crías, normalmente de dos a cuatro, abren los ojos diez días después. Empiezan a alimentarse con comida sólida al cabo de unos 28 días, coincidiendo con la aparición de los colmillos permanentes. Si no sobrevive ninguna de las crías, la madre puede volver a ponerse en celo y tener otra camada.

Se expresan como los gatos domésticos y ambos sexos marcan el territorio con orina, dejando heces en puntos expuestos, rascándose la cabeza contra rocas o árboles, y haciéndose las uñas.

Son carnívoros que se alimentan con una gran variedad de presas de pequeño tamaño que incluyen mamíferos, lagartos, anfibios e insectos. En gran parte de las zonas, los pequeños roedores, como ratones, ratas y topos, forman la mayor parte de su dieta, suplementada con hierba, huevos, aves y presas acuáticas. Al contrario de otros gatos, no “juegan” con el animal cazado, limitándose a sujetarlo con las garras hasta que este muere.

En Hong Kong, el gato leopardo es una especie protegida de acuerdo con la “Wild Animals Protection Ordinance Cap 170” (Ordenanza de Protección de Animales Salvajes, Capítulo 170). La población sobrepasa los 50.000 individuos y no está en peligro. En 2002 fue incluido en la lista “Least Concern” (Preocupación menor) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Sin embargo, preocupa su creciente pérdida de hábitat y que se siga cazando en numerosas regiones.

En China se caza al gato leopardo por su piel. Entre 1984 y 1989 se exportaban unas 200.000 pieles cada año. Un estudio realizado en 1989 demostró que los comerciantes tenían unas 800.000 pieles almacenadas. Desde que la Unión Europea prohibió la importación en 1988, Japón se convirtió en el principal comprador. A pesar de que se ha conseguido reducir fuertemente la venta de pieles, se sigue cazando por su carne y para domesticarlo. En muchas regiones se le mata sin más por considerar que es dañino para las aves de corral.

En Myanmar se descubrieron 483 partes corporales de al menos 443 ejemplares en cuatro mercados estudiados entre 1991 y 2006. Tres de estos mercados, situados en la frontera con China y Tailandia, contaban con clientes de diversas nacionalidades. El gato leopardo está protegido legalmente en Myanmar, pero la aplicación de las reglas de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) es totalmente inadecuada.

El gato leopardo de Tsushima, en grave peligro de extinción, está incluido en la Lista Roja Japonesa y dispone de un programa de conservación especial financiado por el gobierno japonés desde 1995.

Gato leopardo de Tsushima

En Estados Unidos, el gato leopardo forma parte de la lista de Especies en Peligro desde 1976, por lo que está prohibido importar, exportar, vender, comprar y transportarlo de un estado a otro sin un permiso. Cualquiera que importe o exporte un gato leopardo sin un permiso de CITES se enfrenta a una importante multa.

Sin embargo, mucha gente se empeña en domesticar al gato leopardo. De hecho, el gato de Bengal, que apareció en concursos de gatos en los años setenta, es un cruce entre el gato leopardo y el doméstico. Un gato de Bengal debe ser de cuarta generación para ser considerado adecuado por los criadores, y los gatos “fundacionales” de las tres primeras generaciones se reservan para la reproducción.

Es muy posible que la pequeña fiera llamada “Bâ-tou” que heredó Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) fuera un gato leopardo. El diplomático que se la entregó le dijo: “Viene de Chad, pero quizá sea de Asia…” Colette se enamoró profundamente de Bâ-tou, pero muy a pesar suyo tuvo que entregarla al “Jardin des plantes” de París.

Bâ-tou en “Chats de Colette”, Albin Michel, 1950

En Gatos y Respeto creemos que los animales no domésticos deben seguir libres en la naturaleza, que no deben convertirse en juguetes o trofeos vivos de los seres humanos y que intentar acostumbrarlos a una vida doméstica es una enorme falta de respeto hacia ellos.


Deja un comentario

El gato bobtail japonés, su historia

El bobtail japonés es un gato doméstico conocido desde hace al menos mil años en Japón y Corea, y probablemente más en China. Se le menciona por primera vez en un manuscrito del tutor de la emperatriz de Japón en el año mil, y aparece habitualmente en grabados, pinturas, objetos. ¿Quién no ha visto un maneki-neko, o gato de la buena suerte, con su pata derecha levantada? Es un bobtail japonés.

Maneki-neko del año 1900

La característica más llamativa de esta raza natural es su curioso rabo, que no tiene nada que ver con una mutación o una hibridación. El rabo corto y rígido se debe a un gen recesivo que sigue apareciendo sin que los bobtails se apareen entre sí. Al contrario del gen dominante en los gatos Manx, este gen no se asocia con problemas de los huesos. El bobtail tiene menos vértebras en el rabo, e incluso algunas se fusionan, pero lo más curioso es que ninguno posee una cola igual. Para que se le considere un auténtico bobtail, el rabo estirado no debe sobrepasar los diez centímetros.

El bobtail clásico, el favorito en Japón y el más representado, es un gato mayormente blanco con manchas negras y pelirrojas, o sea tricolor, pero los hay de muchos colores, con manchas más o menos grandes dispuestas de diversas maneras. También pueden tener los ojos de diferente color.

Al parecer, los bobtails fueron gatos de palacio o de personas pudientes y no solían verse por las calles. Algunos documentos indican que el emperador Ichijo (986-1011) fue el primero en llevar ejemplares a Japón desde China. Pero habría podido llegar incluso antes, durante el periodo Asuka, en el siglo VI, con otros apreciados artículos de la cultura china.

Sin embargo, en 1602, las autoridades publicaron un decreto ordenando que todos los gatos debían servir para deshacerse de los ratones y ratas que infestaban los criaderos de gusanos de seda, almacenes, etcétera. Esto significó que los gatos ya no pudieron pasar la vida en casas y salir con correa; es más, se prohibió la venta y compra de gatos. A partir de ese día, los bobtails se reunieron en las calles y campos con sus congéneres de largas colas para descubrir un mundo nuevo en el que probablemente pasaron hambre, aunque salvaran la industria de la seda.

Unos años después, concretamente en 1697, se edificó el famoso tempo Gotokuji en Tokio, cuyas paredes están decoradas con frescos de bobtails. Los gatos del templo fueron los precursores de los maneki-neko, que hoy van camino de invadir el mundo y rodean el templo por centenares. Incluimos algunos grabados del famoso Utagawa Kuniyoshi (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/).

Las 53 estaciones (Utagawa Kuniyoshi)

En 1701, el naturalista y explorador alemán Engelbert Kaempfer describió la flora, la fauna y los paisajes de Japón en su libro “Engelbert Kaempfer: Heutiges Japan” (El Japón de hoy): “Solo he visto una raza de gato doméstico. Tiene amplias manchas amarillas y negras sobre pelo blanco; su rabo es muy corto y parece que se lo han torcido y roto. No le interesa cazar ratas ni ratones, solo quiere que las mujeres le lleven en brazos y le acaricien”.

Utagawa Kuniyoshi

Utagawa Kuniyoshi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cola vestigial suele medir cinco centímetros, pero si se endereza, alcanza el doble. A primera vista, no se nota que está “enrollada” al quedar disimulada por el pelo y adquirir la forma de un pompón. Suele ser un gato de tamaño medio, alargado, delgado, aunque musculoso, y de hombros anchos, tanto como los cuartos traseros. Es alto y las patas traseras son algo más largas que las delanteras, lo que tampoco se nota cuando está en actitud de reposo porque las dobla ligeramente. Tiene un rostro triangular con orejas de buen tamaño, ojos grandes y ovalados. Al ser una raza natural cuya genética no ha sido manipulada por el hombre, es un gato resistente sin problemas de salud.

Los gatos son animales muy queridos en Japón, como lo demuestran los neko-cafés o el popular maneki-neko, y ocupan un lugar importante en el folclore, aunque no siempre se han visto con buenos ojos. Como en otros lugares del mundo, despertaban la desconfianza, pero el bobtail era considerado un gato de la suerte, de buen augurio, mientras que su hermano rabilargo era el nekomata (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), una especie de espíritu maligno.

Una leyenda cuenta que en la era Edo, en el siglo XVII, la gran época de los señores feudales, había en Tokio un templo en muy mal estado donde vivía un pobre monje que, a pesar de tener poco para llevarse a la boca, lo compartía todo con su gata Tama. Un buen día, Naotaka Ti, un señor feudal de gran importancia, se vio sorprendido por una terrible tormenta en los alrededores del templo. Vio que una gata blanca rabicorta, con manchas negras y marrones, levantaba la pata como indicándole que se acercara. Asombrado, se atrevió a dejar el árbol bajo el que se había cobijado para ver de cerca a tan singular felino. En ese mismo momento, un rayo cayó sobre el árbol partiendo la enorme rama bajo la que se resguardaba. El señor reparó el templo, y el monje y Tama jamás volvieron a pasar hambre. Así nació el maneki-neko.

Bobtail de cerámica

Gato y linterna (Kobayashi Kiyochika, 1886)

También existe una leyenda acerca del origen del rabo corto de los bobtails. Cuenta que un gato dormía tan cerca de un brasero que se le incendió la cola. Aterrado, cruzó la ciudad corriendo, prendiendo fuego a todo lo que encontraba en su camino. Al ser las casas de madera, las llamas se propagaron con rapidez y la ciudad se quemó. El emperador decretó que debía cortarse el rabo a todos los gatos del país como medida preventiva.

El bobtail es, sin lugar a dudas, el gato que más tiempo lleva en Japón y el más apreciado.


5 comentarios

El gato Pallas o felis manul

De las 41 especies de gatos conocidas, 34 son consideradas “gatos pequeños”, y de ellas hay muchas amenazadas, se sabe poco y apenas se realizan acciones para conservarlas. El gato Pallas no es una excepción. Llamado así en honor al naturalista alemán Peter Simon Pallas, que lo descubrió en 1776, también se le denomina manul, gato estepario y gato salvaje de las rocas. El felis manul procede del linaje del leopardo y es endémico de Asia central. Vive sobre todo en Mongolia y en el altiplano tibetano, pero ocupa de forma salpicada una enorme área que parte desde el mar Caspio, pasando por Turkmenistán,  Kazajistán, Kirguistán, Irán, Afganistán, Beluchistán, Ladakh, China central y occidental y el sur de Rusia, hasta Siberia.

Habitan ecosistemas de pastizales, estepas montañosas y zonas semiáridas características de Asia Central. Se han avistado hasta los 1.700 metros por encima del nivel del mar en Mongolia. Soportan temperaturas que oscilan entre los 36 grados en verano y menos 30 en invierno, aunque no están adaptados para moverse en nieve profunda. Su hábitat se limita a parajes donde la nieve no supera los diez centímetros de espesor.

En las montañas del Tibet (Vincent Munier)

No son mucho mayores que un gato doméstico y están cubiertos por un pelaje muy espeso y largo, cuyo color varía entre el gris claro y el marrón rojizo con las puntas blancas, lo que les da un aspecto “escarchado”. El pelo del vientre es más largo que el de la espalda. Son gatos fornidos, de cabeza redonda y ancha, grandes ojos redondos y amarillos, cuyas pupilas se contraen en pequeños círculos en vez de la habitual raya del gato doméstico. Tienen piernas cortas y fuertes, un rabo largo y ancho con cinco o seis círculos de color.

Río Amarillo, frontera entre las provincias de Sichuán y Gansú (China)

En el Azerbaiyán iraní.

Su ámbito de hogar es muy amplio para un félido tan pequeño; el de los machos suele solaparse con el de varias hembras y ocupa una media de 98 km cuadrados; el de las hembras, unos 23 km cuadrados. Los pocos estudios de densidad realizados hasta la fecha indican entre 4 y 8 especímenes por 100 km cuadrados.

Cachorros en las montañas de Mongolia

En realidad parecen más fuertes y grandes de lo que son por el espeso pelaje que les protege del frío. La membrana nictitante (tercer párpado) está muy bien desarrollada y puede que les sirva para protegerse de los vientos helados y las tormentas de arena. Trepan por las rocas y los riscos con gran facilidad. Para guarecerse en invierno utilizan las madrigueras de marmotas porque ofrecen una buena regulación térmica, y en verano, huecos entre las rocas. Suelen tener varias guaridas y usarlas regularmente.

Son animales solitarios que duermen durante el día y cazan pequeños mamíferos a la hora del crepúsculo, pero no son animales nocturnos. La mayor parte de su dieta está compuesta por pequeños roedores y ochotonas (también conocidas como liebres silbadoras). Estas últimas son mucho menos rápidas que los ratones, lo que requiere un menor esfuerzo por parte del manul. También se alimentan de jerbos, pájaros, carroña e insectos.

Montañas de Kirguistán

El gato Pallas tiene varios depredadores, como el zorro rojo, el lobo, el perro doméstico y las grandes aves de presa. El hombre también caza al manul, sobre todo en Mongolia, a pesar de estar prohibido, por su pelo y porque se cree que ciertas partes de su cuerpo poseen propiedades medicinales. Para evitar el peligro, pasan la mayoría del tiempo entre las rocas, donde pueden huir fácilmente y esconderse en un agujero o madriguera si alguien se acerca. Sin embargo, no son corredores rápidos y recurren al camuflaje que les proporciona su pelaje, sobre todo para defenderse de las aves de presa.

El apareamiento tiene lugar entre diciembre y marzo, para que las camadas nazcan a partir de marzo. El periodo de celo en las hembras dura de 24 a 48 horas y la gestación oscila entre 66 y 75 días en animales en cautividad. La madre puede dar a luz desde uno a seis gatitos, pero lo normal es de tres a cuatro. Mudan el pelo a los dos meses, cuando pesan unos 500 gramos, y son totalmente independientes a los cinco meses. Alcanzan la madurez sexual a los 10 meses.

El gato Pallas puede llegar a alcanzar los doce años en cautividad, pero la media en libertad es de 27 meses con el mayor nivel de mortandad durante los meses de invierno.  La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera al felis manul como especie “casi amenazada” en su Lista Roja, y la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) lo ha incluido en el Apéndice II. La población está menguando y es muy probable que ya no se encuentre ningún ejemplar en las proximidades del mar Caspio. Las regiones de Tuvá y Chitá son las más pobladas en Rusia, y Mongolia parece ser el baluarte del félido. Últimamente se han avistado varios en Irán.

Camada en Irán

A principios del siglo pasado se mataban hasta 50.000 especímenes cada año. La caza del gato Pallas fue prohibida en 1988, pero como hemos dicho antes se sigue cazando sobre todo por su pelaje, reputado como muy caliente en invierno. El mayor peligro para el manul es la degradación del hábitat debido a la creciente presencia humana y a los cazadores de marmotas. Asimismo, las autoridades locales en Mongolia aún conceden permisos para cazarlos. Otra terrible amenaza son las campañas legales de envenenamiento de las ochotonas con el fin de controlarlas, algo que ocurre con cierta frecuencia en Rusia y China.

Pareja joven en la meseta tibetana

La única defensa del gato Pallas es la inaccesibilidad y desolación de su hábitat. En 2016 nació PICA, Alianza para la Conservación Internacional del Gato Pallas, un proyecto dedicado a recopilar datos sobre el feliz manul y a defenderlo. Esperemos que consigan ayudar a este precioso y tímido felino que ocupa pequeñas zonas en un territorio inmenso.

Mongolia


2 comentarios

El gato cartujo, raza francesa por excelencia

Como ocurre con muchas razas de gatos, el origen, la historia y el nombre de los gatos cartujos ha dado pie a muchas especulaciones. Por ejemplo, se dijo que los monjes cartujos (los creadores del famoso licor verde, el Chartreuse) fueron los primeros en introducirlos en Francia, pero parece ser que llegaron a Europa , sobre todo a las Galias, en barcos procedentes de Oriente Próximo, concretamente de Turquía y el norte de Irán, en la época posterior a las cruzadas. El primer documento que menciona a un gato de pelo gris azulado es un poema escrito en 1558 por Joachim du Bellay en el que se lamenta por la muerte de su adorado Belaud. No solo canta las proezas del felino, sino que aporta detalles precisos acerca del carácter y los rasgos físicos de una raza que vivía en Francia en aquella época y corresponde a la descripción de los cartujos.

 

 

 

 

 

 

 

Estos son algunos de los versos del poema traducidos al español: “Cubierto de pelo plateado,/corto y pulido como el satén,/tendido en ondas sobre el lomo,/y blanco como el armiño por debajo./Morro pequeño, dientes pequeños,/mirada no muy ardiente,/pero cuyo tono variado/imita el color dejado por el arco lluvioso/que se inclina a través de los cielos./Y por debajo, una naricita de ébano,/un hociquito leonino/rodeado de una barbita plateada…”

Sigue describiendo un cuerpo robusto sobre patas delgadas y acaba alabando las proezas cazadoras de Belaud. Leyendo el larguísimo poema es imposible negar que el poeta amaba a su gato y que su muerte le dolió profundamente.

Más tarde, otros autores hablan de un gato azul. El nombre “gato de los cartujos” no aparece hasta el siglo XVIII en el “Diccionario Universal del Comercio, Historia Natural y Artes y Oficios”, de Savarry de Bruslon, donde describe el apelativo “cartujo” del modo siguiente: “El vulgo nombra así a un gato de pelaje azulado muy apreciado por los peleteros”. En otra entrada del diccionario, el autor habla de una lana gris muy suave, importada de España y llamada “pile des Chartreux” (lana cartuja), de elevadísima calidad procedente de ovejas merinas. De hecho, entre los siglos XV y XVIII, la lana española era considerada la mejor de Europa. El gato cartujo tiene un pelaje muy denso y mullido, por lo que habría podido compararse a la preciada lana.

Pelo de oveja merina

En 1735, el famoso científico sueco Lineo, creador de la taxonomía (clasificación botánica y animal), en su obra “Systema Naturae” describió el pelaje del gato cartujo como “Coeruleus pilis”, es decir, azul oscuro de pelo corto. Una publicación de esta obra realizada en Bruselas por Vanderstegen de Putte en 1793 dice que el pelaje es gris azulado.

Gato de Siria, por Ulisse Aldrovandi

Buffon, el gran naturalista del siglo XVIII conocido por sus dibujos de animales y plantas, le incluye entre las cuatro razas de gato que reconoce:  doméstico, español, angora y cartujo. Lo describió con suma precisión y realizó dibujos comparativos.

Comparativa, por Buffon

Comparativa, por Buffon

La famosa escritora Colette, que tanto amaba a los gatos, tuvo varios cartujos y convirtió a su gata Saha en la protagonista de la novela “La gata” describiéndola con rigor y ternura en varias ocasiones. Por ejemplo: “El sol jugaba en su pelaje de gata cartuja de tonos malvas y azulados como el pecho de una paloma torcaz”.

Colette

Charles de Gaulle tenía un cartujo en su casa de campo al norte de París. Parece ser que cuando llegó aún era pequeño y se le llamó Ringo de Balmalon, pero ese nombre algo rimbombante se simplificó rápidamente a Gris-gris. La leyenda cuenta que acompañaba al general en sus paseos por el parque.

Durante siglos, el gato cartujo vivió en los hogares de Francia cruzándose a su antojo, hasta que en los años treinta las hermanas Léger encontraron una espléndida camada de cartujos en la isla donde residían en la costa de Bretaña y decidieron hacerse cargo de ella. En 1933, durante una exposición del Cat Club de París, su gata Mignonne de Guerveur se convirtió en campeona internacional y fue nombrada “Gata más estética de la exposición”. Se la considera como la antepasada de los cartujos actuales. Los primeros estándares de la raza fueron establecidos en 1939.

Mignonne de Guerveur

La Segunda Guerra Mundial hizo estragos entre los cartujos, y a finales de 1960 se autorizó su cruce con el british shorthair, una raza totalmente diferente. Por suerte, en 1977,  Jean Simonnet y el Club del Gato Cartujo, que había fundado, promulgaron nuevos estándares que recuperaban las características del auténtico cartujo. Es una de las razas naturales más antiguas del mundo y el único gato “francés”.

El cartujo no es un gato hablador, le gusta la tranquilidad, es robusto, y gracias a su pelaje denso y espeso, no teme al frío ni a la intemperie. Se le considera un excelente cazador.