Gatos y Respeto

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Gatos gigantes y Matt McCarthy

Matt McCarthy se dedica a hacer collages digitales donde aparecen gatos; gatos sorprendentes, enormes. Busca imágenes en Internet y las mezcla hasta conseguir efectos muy realistas y, como poco, inesperados.

Atticus y Matt McCarthy

Sus obras han sido incluidas en numerosas publicaciones analógicas y digitales; ha participado en exposiciones organizadas por la National Collage Society (Sociedad Nacional de Collages) y pertenecen a colecciones privadas como la Doug & Laurie Art Collection. Su primera gran exposición individual tuvo lugar el mes pasado, del 2 al 28 de junio, en el Cary Arts Center de la ciudad de Cary, Carolina del Norte.

Nacido en 1980 en Estados Unidos, reside en Chapel Hill con su gato negro Atticus (del que hablaremos más abajo) y su esposa, la escritora Katherine Cox. Ambos son escritores y varios guiones suyos han sido finalistas en el Festival de Cine de Austin, el Screencraft Horror y el Killer Shorts, entre otros. Actualmente producen su primer cortometraje.

Al no encontrar mucha información sobre el artista en Internet y como había un mail de contacto en su página web (https://mrmattmccarthy.com/about) le escribimos y tuvo la gentileza de contestarnos inmediatamente.

Le preguntamos cómo se le había ocurrido la idea de incluir gatos gigantescos en escenas o fotografías existentes, y esto es lo que nos dijo: “No empecé a trabajar con gatos, no eran el tema de mi obra al principio, pero siempre se colaban en lo que hacía, como solo saben hacerlo ellos. La idea de los gatos gigantes nació poco a poco, observando a nuestros gatos y preguntándome cómo serían ellos si yo midiese un centímetro”.

Y sigue diciendo: “Entendí enseguida que al hacerlos más grandes también aumentaba su personalidad; eran aún más curiosos, vagos y testarudos. Luego utilicé sus desmesuradas personalidades como una especie de sustituto de mi propia voz, para hablar del mundo que me rodea”.

Quisimos saber si los gatos de los collages eran suyos. “Prefiero usar fotos de gatos de dominio público en Internet o de publicaciones vintage. Me gusta usar gatos que no conozco porque me permite crear una narrativa mía alejada de sus auténticas personalidades”.

Encontramos algunas fotos de Matt McCarthy con Atticus e incluso una del gato tumbado en una caja de cartón en su página web. Nos habló de su espléndido gato: “Con mi mujer llamamos a Atticus, un gato negro de 17 años, ‘El vacío’ porque es muy difícil hacerle buenas fotos”.

Atticus en una caja

“A menudo, la foto acaba siendo una gran mancha negra que tiene poco que ver con la forma de un gato. Por esta razón no suelo utilizarle en mis obras. Pero, dicho eso, conseguí hacerle una foto genial hace poco, cuando estaba en el porche trasero en uno de sus paseos diarios, y creo que la usaré muy pronto en un collage”.

Atticus y Matt McCarthy

También quisimos saber si Katherine y él vivían con más gatos: “Ahora mismo solo está Atticus. Hemos rescatado a otros gatos, pero todos han muerto. Cuando empezó la cuarentena en 2020, nos despedimos de nuestro Sherlock. Tengo la impresión de que al anciano Atticus le gusta ser gato único y el centro de atención Es probable que no haya más gatos en casa hasta que él decida dejarnos”.

Parece ser que Atticus es un apasionado del agua del grifo y de las camas calentitas. También disfruta observando a los pájaros y a las ardillas en el jardín durante el día, conformándose con pájaros en la televisión de noche.

Además de lo que nos contó, encontramos otra entrevista donde explica que es totalmente autodidacta. Aprendió a manejar Photoshop mediante tutoriales en la web y practicando mucho. Empezó haciendo collages de papel, pero se dio cuenta de que eran bastante limitados. El medio digital le permitía hacer realidad las ideas que le pasaban por la cabeza y Photoshop se convirtió en una herramienta indispensable.

Reconoce que revisa miles de imágenes de lugares y de gatos cada semana y que cuando dos encajan, es casi mágico, como si el gato siempre hubiera pertenecido a ese lugar. Disfruta haciendo realidad una idea, pero poder compartirla con otras personas que también la aprecian hace que merezca la pena.

Matt McCarthy no se limita a los collages; su mujer y él escriben guiones de cine de terror, género del que es fan total. Suele dedicarse a los collage en periodos muy intensos antes de pasar a algo tan diferente como los guiones. Dice que las composiciones no son tan fáciles como puede parecer ya que no siempre se obtiene el efecto deseado, pero la única forma de seguir adelante es estar abierto a lo que surge.

Puede tardar una hora en conseguir lo que busca, aunque en otras ocasiones pasan meses hasta encontrar el sitio perfecto para el gato o el gato ideal para el sitio. En principio, los collages son sencillos, pero dependen totalmente de si se consigue una armonía entre las dos fotos originales, por lo que intenta rodearse de un máximo posible de material. Repasa continuamente las carpetas de lugares y de gatos con la esperanza de encontrar la conexión buscada.

Matt McCarthy acepta unos pocos encargos cada año. En ese caso trabaja con el cliente con el fin de encontrar el lugar idóneo para su gato y saber a qué extraña transformación quieren someterle. Una vez que todo está decidido, se pone manos a la obra.

Los collages de Matt nos parecen asombrosos, surrealistas y llenos de humor. Es difícil escoger cuál es nuestro favorito, el gato rascándose en una plaza de Tokio es uno de ellos.

Incluimos tres enlaces del artista:

Web: mrmattmccarthy.com

Instagram: instagram.com/mrmattmccarthy

Shop: mrmattmccarthy.etsy.com

Atticus y Matt McCarthy


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El gato Sugar y el dibujante Serge Baeken

El dibujante de cómics flamenco Serge Baeken ama a los gatos, de eso no cabe la menor duda. Basta con leer la novela gráfica “Sugar: Levens als Kat”, que traducido al español sería “Sugar: Vida de gato” o quizá “Sugar: Mi vida de gato”. Ha sido traducida al inglés (Sugar: Life as a Cat), francés, portugués, checo, polaco y japonés, pero desgraciadamente, no al español.

Serge Baeken dedica el álbum a todos sus gatos: Tim, Jeffie, Franciscus alias Sugar, Ghiselda, Igor, Maya, Pogo y Ricky. En la página siguiente, el editor belga anuncia que, al cabo de diez años de trabajo, Sugar por fin está terminado y explica que su amigo Serge Baeken escogió un enfoque innovador y experimental para la novela gráfica. Efectivamente, la mayoría de las páginas están divididas en 24 recuadros idénticos enseñando el mundo desde un punto de vista gatuno.

Acto seguido se lamenta de que el autor haya terminado el libro, ¿quién le mandará nuevos dibujos cada semana, sorprendiéndole con su virtuosismo y su capacidad para hacerle reír o llorar con las aventuras de sus amigos de cuatro patas? Termina diciendo que espera que haya una secuela. Después de leer el libro, estamos totalmente de acuerdo.

La novela gira sobre todo en torno a Sugar, el gato negro que vivió 18 años con el autor, su mujer y su hija Carmen, aunque aparecen otros tres gatos cuyas vidas fueron mucho más cortas que la de Sugar.

De pequeño, Sugar era un auténtico trasto, dispuesto a descubrirlo y a tirarlo todo. A través de sus ojos, vemos a la pareja mudándose de casa o el nacimiento de su hija Carmen, pero él siempre es el protagonista. Los seres humanos tienen papeles secundarios, algo que – como diría cualquier gato que se precie – forma parte del orden natural de este mundo.

Serge Baeken nos muestra a Sugar andando, jugando con los gatos que se cruzan en su vida, matando moscas (un entretenimiento favorito que puede resultar devastador para los objetos de la casa), cazando ratones, defendiendo su territorio, buscando caricias, con el telón de fondo de una pequeña familia.

Sugar vivió muchos años, por lo que la novela no es corta, 80 páginas en total, aunque contiene muy poco diálogo. La mayoría de viñetas son mudas. Podría parecer que la cuadrícula de cuatro por seis, siempre en blanco y negro, que se impuso el talentoso artista gráfico le limitaría, pero es todo lo contrario.

Juega con la perspectiva: parte del cuerpo de Sugar puede estar en una viñeta y el resto en otra en un decorado diferente. Manipula la estructura narrativa y el diseño para que el lector acabe atrapado en la historia, una historia algo autobiográfica y muy gatográfica.

Las últimas siete páginas presentadas en inglés como “cat-a-logue” (gato-logo) son una recopilación de maravillosos dibujos de gatos, quizá algunos de los suyos. Al tardar diez años en terminar el libro, Serge Baeken retrabajó las planchas una y otra vez hasta quedar del todo satisfecho y conseguir dibujos que plasman la fluidez de movimientos de los gatos.

Serge Baeken, nacido el 6 de agosto de 1967, es artista gráfico, ilustrador y autor de cómics. Es hijo del escritor y guionista Robert Baeken, y hermano del famoso humorista Vitalski.

Su primer cómic, “The NO Stories” fue galardonado con el Premio De Blikken Biebel 2006 entregado por la ciudad de Turnhout, donde también trabajó como ilustrador oficial del municipio en 2009. Entonces realizó el cómic histórico “Het Verdriet van Turnhout” (Las penas de Turnhout) con textos de su padre.

Sugar fue publicado por primera vez en 2014 y ese mismo año obtuvo el Premio Sint-Michiels al mejor álbum escrito en neerlandés. La edición francesa ganó el Prix des Jeunes (Premio de los Jóvenes) en el Festival del Cómic y de la Novela Gráfica de Roubaix.

Tiene en su haber numerosas colecciones de dibujos. En 2016, fue galardonado con el Premio de la Sociedad de Autores de Bélgica (DeAuteurs) con la siguiente mención del jurado: “Un ilustrador con una obra auténtica, un artista autónomo y entregado capaz de crear un universo propio a través de su trabajo”. Asimismo, sus viñetas para el diario De Tijd han sido reconocidas en varias ocasiones con el Premio a la Excelencia. También publica en los periódicos De Morgen y De Standaard, y en las revistas Knack, Focus y Trends.

Ha expuesto en Angulema (Francia), en la Mekanik Strip de Amberes, la Stripwinkel Lambiek de Ámsterdam, la DeWarande de Turnhout y en la Galería Mercator también de Amberes. En 2008 viajó de Pekín a Shanghái (1.214 kilómetros) en un taxi como reportero gráfico para NRC, Stripgids y Knack.

Actualmente reside en Amberes – suponemos que con algún gato. Se describe a sí mismo como un mercenario gráfico.

Acabaremos este pequeño artículo traduciendo la contraportada del libro en su edición francesa (nos parece más divertida que la traducción inglesa): “Esto es un cómic dedicado a los gatos, con historias de la vida de unos gatos, vistas con los ojos de un gato. Para los aficionados a los cómics. Y para todos los amantes de los gatos. ¡Disfrutad!”


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Gatos búlgaros y el pintor Georgi Yordanov

Hace algún tiempo descubrimos por casualidad a un pintor surrealista búlgaro actual llamado Georgi Yordanov, pero como ocurre muchas veces apenas hay información sobre él.

Esto nos llevó a indagar más sobre los gatos en Bulgaria y encontramos la página “Vagabond”, que se presenta como sigue: “La primera y única revista mensual en inglés de Bulgaria. Les contaremos todo lo que quieren saber acerca de Bulgaria y no tienen a quién preguntárselo”. Y, desde luego, el artículo sobre los gatos en Bulgaria está muy bien. No solo nos hemos permitido reproducir algunas de las fotos con que ilustran el artículo, sino también la información que más nos interesaba. Gracias, Vagabond (https://www.vagabond.bg/).

El pintor Georgi Yordanov nació el 13 de mayo de 1960 en la ciudad de Shumen, hijo del también artista Yordan Yordanov, natural de la ciudad costera de Varna. Georgi Yordanov ha pintado numerosos decorados para el Teatro Dramático y para la Ópera de Varna y ha enseñado en varias escuelas de arte.

Tiene en su haber más de treinta exposiciones individuales entre Bulgaria e Inglaterra, además de haber participado en numerosas exposiciones colectivas en Francia y Rusia. Ha sido galardonado con diversos premios a lo largo de su carrera, entre los que destacaremos el I Premio en la Bienal del Humor de Gabrovo en 1995; la Beca Delfina Studios para una estancia de un año en Londres en 1995, varios premios otorgados por galerías y de nuevo el I Premio de la Bienal del Humor de Gabrovo en 2015.

Y esta es toda la información que hemos podido encontrar de un pintor con mucho sentido del humor y merecedor de estos premios. Los gatos no son los únicos animales que utiliza en sus cuadros, también hay aves, perros, peces, un poco de todo…

Hablemos ahora de los gatos en Bulgaria. La población búlgara ha cambiado mucho a lo largo de los años, pero el gato doméstico ha permanecido más o menos igual. Curiosamente, los primeros restos óseos de gatos descubiertos en el país no son anteriores al siglo III d.C. y la mayoría proviene de yacimientos fechados en los siglos IX al XII.

Al contrario de lo que ocurrió en Europa Occidental, los gatos búlgaros nunca se asociaron al diablo ni a las brujas y no fueron perseguidos. Su astucia hizo que se convirtieran en los protagonistas de numerosos cuentos donde demostraban ser más listos que otros animales que les superaban en tamaño e incluso que los seres humanos.

Abundan en los proverbios. Por ejemplo, si una pareja no para de discutir, se llevan como el perro y el gato (aunque esto parece ser un comentario casi universal). En Bulgaria, nada bueno puede salir del hecho de que un perro y un gato compartan la misma cama. Hay que compadecer a las personas que no tienen ni gato ni perro porque significa que son muy pobres.

Otro dicho bastante misógino por no decir machista es el siguiente: “Las mujeres esconden su maldad como el gato las uñas”. También se dice que “Un gato no cae de espaldas”, haciendo referencia de nuevo a su inteligencia. Un proverbio muy popular dice: “Si el gato no alcanza la carne, es porque la carne está pasada”. Y este último describe la supuesta indiferencia del gato: “Se lo contaron al gato, y el gato se lo contó a su rabo”.

Gatos búlgaros

También hay un mito en torno a la creación del gato: “Dios recorría la tierra y se detuvo en un lugar a pasar la noche. Llevaba una alforja con pan, pero los ratones se lo comieron todo. Dios se enojó, tiró su guante al suelo y este se convirtió en gato”.

Pero la reputación del gato tampoco era irreprochable. Los búlgaros de antaño decían que en el infierno, el perro traería agua para apagar el fuego debajo de la caldera en la que estaba su amo, mientras que el gato iría a por más leña. Los gatos podían crear vampiros con solo saltar por encima de un cadáver. Y los duendes se disfrazaban de gato pidiendo más que un cuenco de leche y un lugar cercano al hogar.

Gato búlgaro

Los gatos no proliferan en la literatura búlgara, pero los niños todavía cantan una cantinela acerca de la educación de un joven gato y cómo aprendió a cazar ratones. Uno de los poetas más famosos del país, Georgi Konstantinov, nacido el 20 de diciembre de 1943 en Pleven, escribió un cuento infantil de un gato.

Tufo
Gato búlgaro

Titulado “Tufo, el pirata de color jengibre”, tuvo un enorme éxito. Tufo, un gato rubio, empieza recorriendo Bulgaria, pero no contento con eso, cruza fronteras y llega hasta lejanísimas tierras. Las aventuras de Tufo han sido traducidas al francés, alemán, polaco, ruso y otros idiomas, y siguen publicándose hoy en día.

Tufo (Edición francesa)
Gato búlgaro

Sin embargo, la aparición más popular de un gato en la literatura del país se debe a Ivan Vazov, también llamado “el patriarca de la literatura búlgara”. En la novela corta cómica titulada “Chichovtsi” (Nuestros tíos), la disputa entre dos vecinos escala a proporciones vertiginosas cuando uno de ellos decide pintar de negro al gato del otro.

Al parecer, Varlaam – uno de los dos vecinos –, al oír la malévola risa de Selyamsuza – el otro vecino – y de toda su familia, se enojó, se levantó y cogió la raspa de pescado del plato para colgarla en la puerta de su enemigo. Mientras tanto, Selyamsuza estaba pintando al gato de su némesis de negro.

A la mañana siguiente, cuando Selyamsuza salió a la calle con su numerosa prole, se quedó lívido al ver la raspa de pescado colgada de su puerta (ignoramos el sentido negativo de la raspa de pescado). A su vez, Varlaam y su esposa descubren que el gato había dormido con ellos y manchado las sábanas, las almohadas y el vestido de seda colocado encima del baúl.

Gato búlgaro

A partir de ese momento, la riña entre los dos vecinos ya no tuvo solución. Nosotros pensamos en el pobre gato que no tuvo la culpa de nada y acabó teñido de negro. Así acabamos este breve repaso de gatos búlgaros.

Sello búlgaro


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Gatos de ojos rojos, de Iwao Akiyama

El pintor y grabador japonés Iwao Akiyama dedicó la mayoría de su obra a las lechuzas y a los gatos, además de representar a algún que otro animal y desnudos de mujeres. Su estilo deja entrever cierta ingenuidad y, en nuestra opinión, mucha alegría. Tanto los gatos como las lechuzas presentan un rasgo en común: los ojos rojos.

Nació el 21 de marzo de 1921 en un pueblecito de la prefectura de Oita y a los ocho años un monje budista le enseñó a dibujar. Empezó interesándose por un tipo de pintura con tinta llamado “suibokuga”. Hasta después de la II Guerra Mundial, cuando Japón empezó a notar la influencia cultural y artística de Estados Unidos y Europa, no se consagró en cuerpo y alma a la pintura.

En 1956, con 35 años, se licenció en la Escuela de Arte Taiheiyo, donde estudiaron numerosos artistas japoneses interesados en el arte occidental, pero no tardó en decantarse por el grabado en madera. Estudió con maestros grabadores como Shiko Munakata, desde 1959 hasta 1965, y también con Teijiro Fuse y Hanjiro Sakamoto.

Gato, de Shiko Munakata

Espero

Las obras de Iwao Akiyama se vieron por primera vez en la Exposición de Grabados del College Women’s Association of Japan (CWAJ), en 1966, y desde entonces participó en esta exposición cada año. En 1977 se unió a otros tres alumnos de Shiko Munakata para una exposición colectiva. Durante su vida realizó más de 250 exposiciones en solitario en Japón y quince en el extranjero, las dos últimas en Seattle y San Francisco en 2002.

Atrévete a morderme el rabo (1994)
Gato juguetón
Nuevos alumnos

Fue miembro de la Asociación de Artistas de Japón, del Club Arte del Pacífico y del Grupo Saku, especializado en el grabado en madera. Sus obras forman parte de las colecciones del Museo Nacional de Inglaterra, Museo Nacional de Escocia, Galería Nacional Victoria de Melbourne, Museo de Arte Japonés de Haifa y Museo de Arte de Cincinnati.

Contentos
El dueño

En los grabados de Iwao Akiyama hay muy poco color, casi todos son en blanco y negro, a excepción de los ojos, que suelen limitarse a un punto rojo en el centro de una pequeña raya negra. A pesar de esta escasez de colorido, sus gatos son muy expresivos. Basta con ver el grabado titulado “El asesino”. Imaginamos que el artista observó a un gato a punto de saltar sobre algo.

El asesino
En el filo
Sumi no neko

No hemos encontrado fotos de Iwao Akiyama con gatos. De hecho, hay muy poca información sobre él en Internet, como si fuera un hombre reservado, celoso de su vida privada; por lo que esta entrada es mucho más corta de lo habitual.

Gato perezoso
Rivales en el amor (1994)

Parece ser que quiso que sus obras se imprimiesen en un papel japonés sumamente fino de largas fibras que nunca llega a ser totalmente liso. Por eso, muchas de las imágenes que reproducimos aquí parecen tener “ondas”. Una edición suya oscila entre cien y doscientos ejemplares numerados y firmados.

Gato atigrado
Gato negro descansando
Me gustan mis zapatos

Quizá sea menos conocido que otros grabadores de su época por ese toque ingenuo en su obra. Como hemos dicho antes, nació en el campo, cerca de la ciudad de Taketa, en la isla de Kyusyu, un lugar con una naturaleza espléndida, pero que no influyó en que hubiera paisajes en sus grabados. Solo las lechuzas aparecen en una rama o al lado de algún árbol.

Luna que mira (2002)
Gato y mariposas
Gatos simpáticos (1994)

Desde que se decantó por el grabado en madera a finales de los años cincuenta, hasta su muerte, el 15 de septiembre de 2014, en Matsudo, a los 93 años, produjo un sinfín de gatos, lechuzas y desnudos de mujeres, como si estos tres temas le obsesionaran. También en la cultura occidental, el gato y la lechuza, o el búho, aparecen juntos. Por ejemplo, el poeta Edward Lear escribió un poema titulado “La gata y el búho” (https://gatosyrespeto.org/2020/06/11/la-gata-y-el-buho/).

Ha llegado la primavera