Gatos y Respeto

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Osvaldo Soriano y los gatos

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Osvaldo Soriano (6 de enero de 1943 – 29 de enero de 1997), escritor y periodista argentino, nació en Mar del Plata (provincia de Buenos Aires). Solía decir que no le interesaba la literatura, simplemente que él siempre había sido escritor. A lo largo de su carrera vendió más de un millón de ejemplares en todo el mundo. Se sabe que era un fumador empedernido, que militaba en partidos de izquierda de la época, que escribía hasta las ocho de la mañana, y dormía hasta las cuatro de la tarde.

Osvaldo Soriano se sentía fascinado por Internet, era un hincha fiel del San Lorenzo de Almagro y adoraba a los gatos.

Antonio Dal Masetto cuenta un episodio que le sucedió con su amigo:
Osvaldo_Soriano_1 “Un día, algo molesto, me dijo: Pero, che, qué cosa, a vos nunca te va a ir bien con los libros, no vas a vender nada. ¿Por qué?, le pregunté sorprendido. Porque en todos tus textos, respondió, ¡¡le pasan cosas horribles a los gatos!! ¡Los destrozás, los matás, sos muy cruel con ellos! Vos no querés nada a los gatos -seguía apostrofándome- y los gatos, aunque vos no lo creas, tienen poderes. Así que más te vale hacerte amigo de ellos. Si vos no los respetás, nadie te va a leer. Después de largar todo esto, Osvaldo se tranquilizó. Yo me quedé pensando en lo que me había dicho. Y, por un tiempo, cada vez que me topaba con un gato por las calles, de noche, me arrodillaba y, chasqueando los dedos de mi mano derecha, le decía michi, michi, michi.”
(Entrevista de Agustina Roca para La Nación, 1998)

Algunas frases de Osvaldo Soriano:

–         “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo”.

–         “Yo no tengo biografía. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna”. 

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Y un pequeño cuento, “El Negro de París”, que empieza así:

“El Negro es un gato tranquilo, distante, tosco a veces, sin ser grosero. Mi papá y yo fuimos a buscarlo una tarde a la Sociedad Protectora de Animales de París. Habíamos llegado tiempo atrás a Francia, y yo me sentía muy solo, sin entender por qué habíamos dejado Buenos Aires con tanto apuro. Mi papá y mi mamá me explicaron muchas veces que corríamos peligro mientras los militares gobernaran en el país y que sería mejor que yo creciera y fuera a una escuela en un lugar donde me enseñarían a vivir en libertad”.

(Para seguir leyendo, pulsar el siguiente enlace: http://es.scribd.com/doc/7211044/El-Negro-de-Paris)

No podemos resistirnos a incluir en su totalidad el siguiente texto de Osvaldo Soriano:

“El día que nací había un gato esperando al otro lado de la puerta. Mi padre fumaba en Mar del Plata, en el patio. Mi madre dice que fue un parto difícil, a las cuatro y veinte de la tarde de un día de verano. El sol rajaba la tierra. Los jóvenes Borges y Bioy Casares paraban cerca de ahí, en Los Troncos alucinando las historias de don Isidro Parodi. A Borges lo seguían los gatos. En una de sus fotos más hermosas está junto a María Kodama, que tiene uno en brazos; Borges lo acaricia como a un amigo. Sigue leyendo

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Patricia Highsmith: entre gatos y caracoles

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Patricia Highsmith (19 de enero de 1921 – 4 de febrero de 1995) fue una novelista estadounidense que se dio a conocer por sus novelas negras. Nació en Texas, pero se crió en Nueva York. Publicó por primera vez en 1944 en Harper’s Bazaar antes de escribir su primera novela, “Extraños en un tren”, publicada en 1950 y de la que Alfred Hitchcock compró los derechos para adaptarla a la gran pantalla. A finales de los años cincuenta se trasladó a Europa; primero residió en Inglaterra, luego en Francia y finalmente en Suiza, concretamente en Locarno, donde falleció rodeada de sus gatos y su criadero de caracoles.

La escritora siempre sintió pasión por los gatos. Llegó a tener seis, siameses en su mayoría. Dormían con ella, la observaban, sentados en su mesa, mientras escribía, e incluso le inspiraron alguna intriga que otra.

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Hemos descubierto un pequeño libro titulado “Des chats et des hommes” (De gatos y hombres” (París, Calmann-Lévy, 2007) que solo se ha publicado en francés y contiene tres historias cortas (“Something the Cat Dragged In”, “Ming’s Biggest Prey” y “The Empty Birdhouse”), tres poemas (“Kitten”, “Cat” y “Old Cat”), inéditos los tres hasta esta publicación y de los que incluimos “Gatito”, y un pequeño ensayo (“On Cats and Lifestyle”), publicado por primera vez en la revista “Murder Ink” en 1979.

 El ensayo empieza así:

“Si me piden que complete la frase: “Me gustan los gatos porque…”, dudo que me dieran el primer premio, pero sí sé que quiero a los gatos y el porqué. Me gustan los gatos porque son fieras en miniatura con las que es fácil convivir, son elegantes, silenciosos y decorativos, se pasean libremente por la casa…”

También dice:

“Un gato hace que una casa sea un hogar”.

“Un escritor no está solo con un gato, pero está lo bastante solo para poder trabajar”.

“Más aún, moviéndose o durmiendo, un gato es una obra de arte viva, en metamorfosis perpetua”.

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Y esta es la traducción del poema titulado “Gatito”:

“El mundo está lleno de cosas

hechas solo para mí y para que juegue con ellas.

Saltamontes, barrotes de sillas, telas con lunares,

sombras, ovejas, hasta mi rabo.

Hay tantos rincones, tantas puertas abiertas,

cosas que explorar debajo de cosas,

tantos sitios donde ir, me vuelve loco

no poder estar en todas partes a la vez.

Pero ya me siento cansado”.


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Los gatos del Hotel Algonquin de Nueva York

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En el lujoso Hotel Algonquin, en cuyo bar se reunieron durante unos diez años (a partir de 1919) los miembros de la famosa Mesa Redonda del Algonquin, entre los que se encontraban Dorothy Parker, Alexander Woolcott y Harpo Marx, vive un gato. Cuentan que en los años treinta, un felino bastante desaliñado entró en el hall en busca de comida. Frank Case, que entonces era el dueño del hotel, estuvo a la altura de su reputación de anfitrión perfecto, y le dio de comer. El gato se instaló y se convirtió en el primero de una larga lista de felinos residentes en el hotel. Se le bautizó como Rusty, pero la leyenda cuenta que el actor John Barrymore, que en aquella época interpretaba a Hamlet, decidió llamarle como el príncipe danés.

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El hotel en 1965

Hasta la fecha ha habido siete gatos machos llamados Hamlet y tres hembras llamadas Mathilda en el hotel. La residente actual, Mathilda III, es una preciosa rag-doll rescatada de la North Shore Animal League, la mayor protectora animal del mundo. Primero se instaló en las oficinas del hotel, pero no tardó en pasar al lobby y decidió apropriarse de la silla del director de recepción. Mathilda puede pasear por el bar y el lobby, pero le está prohibida la entrada en el restaurante.

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Cada año, el Algonquin celebra el cumpleaños de Mathilda. En 2002, al cumplir siete años y ante un centenar de invitados, Mathilda saltó encima de su tarta de cumpleaños y se alejó dignamente dejando un rastro de crema en la alfombra.

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A pesar de tener un gato residente desde los años treinta, el Algonquin no aceptó animales hasta el 2008. Mathilda está en Facebook, y los gatos del hotel han sido inmortalizados en el libro “The Algonquin Cat”.


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Progat y el Ayuntamiento de Sant Boi de Llobregat, un ejemplo a seguir

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Hace un tiempo se puso en contacto con nosotros José Luis Rodríguez Espinosa, que se encarga de Radio Animalista dentro de Radio Ayudaalosdemas, porque quería hacernos una entrevista. Empezamos a hablar, nos dijo que residía en Sant Boi de Llobregat, al lado de Barcelona, que pertenecía a la Asociación Progat Sant Boi, y nos dijo cómo funcionaban las cosas allí.

Desde el año 2001 firman regularmente convenios con el Ayuntamiento de Sant Boi que han ido mejorando hasta llegar al año 2012 en el que Progat gestiona y supervisa la mayoría de colonias de gatos de la población estableciendo el método CER (Captura-Esterilización-Retorno) mientras que el Ayuntamiento sufraga los gastos de alimentación, control y atención sanitaria, llegando a atender a más de 500 gatos.

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La Asociación Progat Sant Boi implementa programas de control de colonias de gatos libres que son alimentados por voluntarios y que, sin una buena gestión, pueden ocasionar molestias a los vecinos con los que conviven. La Asociación no tiene refugios, trabaja directamente con los gatos libres, en su hábitat.

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El trabajo diario de la Asociación en la calle ha mejorado la percepción de los ciudadanos hacia los animales, lo que conlleva una mejor convivencia y seguramente una mejor compresión y responsabilidad hacia los animales domésticos.

Además, el Ayuntamiento también ha llegado a un acuerdo con el Centro Benito Menni. Progat Sant Boi se encargó de atrapar y esterilizar a los gatos para formar una colonia de la que se ocupan los internos. Se ha implementado un programa de terapia con animales.

A modo de anécdota incluimos la foto de dos gatitos recogidos por la Asociación en el aparcamiento de una gran superficie cuyos empleados se encargan de alimentar a la madre. Ambos gatitos han sido adoptados por la misma persona y la Asociación se ha encargado de la esterilización de la madre.

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Desde luego, solo queda decir que la vida de los gatos callejeros cambiaría mucho si todos los ayuntamientos tuvieran la misma sensibilidad que el de Sant Boi.

Detalle de un contenedor (sin uso) aprovechado como vivienda para gatos)

Detalle de un contenedor (sin uso) aprovechado como vivienda para gatos


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Gatos en la pintura de Franz Marc

Gato azul y gato amarillo

Gato azul y gato amarillo

Franz MarcFranz Marc (8 de febrero de 1880 – 4 de marzo de 1916), pintor y grabador, fue una de las figuras clave del movimiento expresionista alemán. Estudió Filosofía y Teología, y posteriormente, entre 1899 y 1903, en la Academia de Bellas Artes de Múnich. Recorrió Italia, Grecia y Francia. En París descubrió la pintura fauvista, que influiría mucho en su estilo. A partir de 1906 comenzó a estudiar a los animales detalladamente, pues para él, los animales encarnan la belleza pura y solo a través de la naturaleza se busca la espiritualidad.

En 1910 fundó con Wassily Kandinsky la revista Der Blaue Reiter (El jinete azul), que agrupó a famosos pintores del momento. Aunque tenía un concepto del color análogo (si no idéntico) al de Kandinski, no llegó nunca a la disolución casi total de la forma figurativa que caracterizó la obra del artista de origen ruso. Por el contrario, mantuvo un estilo naturalista.

Gato en cojín amarillo (1911)

Gato en cojín amarillo (1911)

Gatos detrás de un árbol

Gato detrás de un árbol

Mujer con gato

Mujer con gato

La mayoría de sus obras de madurez describen a animales en escenarios naturales. Sus cuadros se caracterizan por colores brillantes y una descripción casi cubista de los animales mediante trazos simples y poderosos. En una carta dirigida a su esposa mientras luchaba en las filas del ejército alemán, refiriéndose a uno de sus cuadros más famosos, “Tierschicksale” (El destino de los animales), pintado en 1913 poco antes de la I Guerra Mundial, decía: “Parece una premonición de la guerra – terrible y devastador. Me cuesta creer que lo pintara”.

El destino de los animales (1913)

El destino de los animales (1913)

Falleció a los 36 años cerca de Verdún, Francia.


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Stubbs, un gato alcalde (en Alaska)

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No es broma, el alcalde del pueblo de Talkeena, Alaska, es un gato. Stubbs, pues así se llama, nació en 1997 y fue elegido ese mismo año. Hace 17 años, la gente de Talkeena (900 habitantes) no estaba de acuerdo con ninguna de las dos opciones humanas que se presentaban para ocupar el consistorio. Unas semanas antes, Lauri Stec, la dueña de la tienda de ultramarinos del pueblo, adoptó un gatito y lo llamo Stubbs. El felino se paseaba por la tienda y no tardó en conquistar a los clientes, por lo que alguien le inscribió entre los candidatos. Stubbs ganó por mayoría absoluta y lleva repitiendo la hazaña desde entonces.

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Los habitantes parecen estar encantados: “No nos sube los impuestos, no se mete con nosotros, es honrado, ¿qué más se puede pedir?” Otros le reprochan su tendencia a echarse larguísimas siestas y a exigir que se le rasque la tripa. Stubbs se ha convertido en una atracción turística, y para un pueblo del tamaño de Talkeena recibir la visita de treinta o cuarenta turistas diarios en los meses de verano no es poca cosa.

Stubbs_4El 31 de agosto de 2013, un perro atacó a Stubbs. Fue trasladado con toda urgencia a una clínica veterinaria de Wasilla, una ciudad a 110 km de Talkeena, donde se le diagnosticó perforación de pulmón, fractura de esternón y una laceración en un flanco. Estuvo ingresado siete días antes de recuperarse lo suficiente para volver a su tienda. Al parecer, ahora intentan restringir un poco sus movimientos debido a su avanzada edad. En sus años mozos había sido atacado por unos críos con una escopeta de perdigones y había hecho autoestop hasta las afueras del pueblo en el camión de la basura.

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Stubbs tiene una página en Facebook, https://www.facebook.com/stubbsmayorcat, con nada menos que 75.500 seguidores.

 


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El gato del rabino y Joann Sfar

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“El gato del rabino” es un cómic escrito por Joann Sfar y coloreado por Brigitte Findakly, publicado por primera vez en 2002, del que se estrenó una adaptación cinematográfica de animación en 2011 dirigida por el propio Sfar y Antoine Delesvaux, basada en los volúmenes uno, dos y cinco del cómic.

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Joann_Sfar_4La historia transcurre en el seno de la comunidad judía de Argel en el decenio de 1920 y gira en torno a un gato que obtuvo el don de la palabra después de tragarse a un loro. El gato está enamorado de Zlabya, la hija del rabino, pero este teme que sea una influencia nefasta para su hija, ya que el felino tiene una fuerte tendencia a decir todo lo que le pasa por la cabeza. El rabino decide enseñarle la Torá y el Talmud para volver a encaminarlo por la senda correcta. La única razón por la que el gato quiere convertirse en “un buen judío que no miente” es para que el rabino le deje reunirse de nuevo con Zablya. Aun así, no pierde ocasión para contradecir a su rabino, al rabino de su rabino y para hacer comentarios perspicaces sobre los otros discípulos del rabino.

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Joann Sfar, que tiene un gran sentido del humor, dice en una entrevista realizada por Xavier d’Almeida:

Joann Sfar y su gato

Joann Sfar y su gato

 “Mi esposa, que nunca ha sido prolija a la hora de hacer cumplidos, entró en mi despacho un día y me dijo: “Hay algo que no se te da mal dibujar, nuestro gato. Deberías contar una historia con él”. El autor sigue diciendo: “Quería escribir algo sobre un “shtetl”, una historia de Europa del Este, porque mi familia materna procede de Ucrania. (…) Pero el judaísmo de la familia de mi padre es muy diferente, son sefardíes del Magreb (…) Por un lado aprendí el judaísmo con mi abuelo materno, un judío anarquista y, por otro, en Niza con rabinos muy respetuosos de la ley exiliados de Argelia. (…) Mi abuela dejó Argelia a los sesenta años, mi padre a los veintisiete, pero hablaban de Argel como de un paraíso perdido. Se preguntaban por el carnicero, el peluquero, mencionaban en qué calles vivían. Acabé sabiendo mucho de ese mundo, pero carecía de imágenes. Cuando llegó el momento de escribir una fábula acerca de ese universo, empecé a encontrar imágenes a menudo bastante caricaturescas: postales de principios de siglo, cuadros de pintores orientalistas. (…) Lo que me hace más feliz es cuando me encuentro con una señora mayor judía que me dice: ‘Reconocí la sinagoga de la calle Random’. (…) Entonces siento que he sido el catalizador de algo”.