Gatos y Respeto

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El gato Losa, silencio, setas y el compositor John Cage

John Cage y su gato Losa

John Cage no solía llamarse a sí mismo compositor, sino “inventor”. Estudió música con Arnold Schoenberg, a quien en una entrevista le preguntaron si alguno de sus alumnos le había parecido interesante y contestó, al cabo de unos segundos: “Había uno, John Cage, pero no era un compositor, sino un inventor… genial”.

John Cage tal vez fue el compositor más significativo, innovador y controvertido del siglo XX, un pionero del indeterminismo en la música, de la electroacústica y del uso de instrumentos poco habituales. Asimismo, jugó un importante papel en el desarrollo de la danza moderna a través de su relación con el coreógrafo Merce Cunningham. En una de las composiciones que le hicieron famoso, 4’33”, el músico o los músicos no hacen nada durante 4 minutos y 33 segundos (https://www.youtube.com/watch?v=Oh-o3udImy8). Pero al contrario de lo que se cree, el contenido de la composición no es el silencio, sino los sonidos de ambiente que oye el público durante ese tiempo. También estuvo entre los primeros en utilizar el “piano preparado”, cuyo sonido se altera mediante la colocación de objetos entre las cuerdas y los martillos.

Con Nicolas Slonimsky

Influido por las culturas del este y sur de Asia, estudió filosofía hindú y budismo zen en los años cuarenta, lo que le llevó a pensar en la música aleatoria o controlada por el azar. Empezó a desarrollarla en 1951 después de leer el libro oracular chino I Ching, que usó a partir de entonces como herramienta de composición. No sorprende que sus teorías y obras no siempre fueran bien recibidas en la época. En los cincuenta y sesenta, muchos le tacharon de bromista, charlatán y anarquista. Durante la presentación de Eclipticalis With Winter Music por la Filarmónica de Nueva York en 1964, una tercera parte del público salió de la sala y algunos músicos le silbaron. Pero no fue nada comparado al monumental enfado del público en 1913 durante el estreno en París de La consagración de la primavera, de Stravinsky.

John Cage dijo en una entrevista: “Hago lo que me parece necesario. Y esa necesidad surge de mi sentido de la invención, intento no repetir lo que ya conozco”. Compuso todo tipo de música para todos los instrumentos imaginables, y algunas de sus obras incluyen sonidos de radios, de juguetes, de alguien bebiendo agua o cortando verduras.

Nació el 5 de septiembre de 1912 en Los Ángeles y pasó parte de su infancia en Detroit antes de regresar a California. De pequeño estudió piano con su tía Phoebe, pero desde muy joven quiso ser escritor. A principios de los treinta recorrió Europa durante dos años, y mientras estaba en París trabajó para el arquitecto Erno Goldfinger, que le presentó a Marcel Duchamp y a otros dadaístas. Compuso sus primeras piezas pianísticas durante una visita a Mallorca. De regreso a California, trabajó como jardinero y cocinero, además de dar conferencias de arte moderno en colegios.

En la cocina

Estudió con Arnold Schoenberg en 1934 y 1935 en Nueva York, donde conoció a la artista Xenia Andreyevna Kashevaroff, de la que se enamoró perdidamente. Se casaron el 7 de junio de 1935 en el desierto de Yuma y se fueron a vivir a California. Desde allí, se trasladaron a Seattle y posteriormente a Chicago para dar clases en la Escuela de Diseño e intentar formar una sociedad de música experimental. Ante la imposibilidad de realizar este sueño, se mudaron a Nueva York, y vivieron en el piso de Max Ernst y Peggy Guggenheim. Como había dejado sus instrumentos de percusión en Chicago, empezó a componer en el piano preparado obras muy apreciadas por diversos coreógrafos, entre ellos Merce Cunningham, que acabaría siendo su compañero sentimental hasta su muerte. John Cage se divorció de su esposa en 1945.

John Cage y Merce Cunningham (1948)

Poco a poco, a partir de los años cincuenta, empezó a darse a conocer con sus composiciones “del azar”. Daba conferencias y conciertos en Europa y Japón con sus colaboradores de música electrónica y con la Compañía de Danza Merce Cunningham. Enseñó música experimental en la Universidad Wesleyan, institución que publicó su primer libro, Silence, en octubre de 1961. Entre las cientos de obras que compuso, cabe destacar cinco óperas, todas ellas llamadas Europera (de la I a la V).

La biblioteca

Pero además de la música, John Cage tenía otras dos pasiones, las setas y un gato negro llamado Losa. Se sabe que tuvo otro gato negro antes de Losa, llamado Skookum, pero un operario que arreglaba algo en su piso le dejó escapar. El compositor se lo tomó tan mal que un amigo suyo llegó a decirle que quizá debía volver “a la escuela zen”. Losa, de nombre completo “Losa Rimpoche Taxi Cab”, y John Cage disfrutaban asustando a las visitas primerizas. Losa se movía por el ático con una caja de cartón que John Cage le ponía encima y el/la invitado/a exclamaba inevitablemente: “¡Tiene miedo, no puede salir!” Pero Losa, al cabo de un rato, alzaba el borde de la caja, salía de debajo y lanzaba una mirada desdeñosa a la visita antes de retirarse a un lugar tranquilo.

En cuanto a las setas, era una afición que le venía de lejos. En 1959 dio una primera clase sobre la identificación de setas y hongos con el horticulturista Guy Nearing en la New School de Nueva York. Parece ser que la costumbre se consolidó y que el banquete anual de los participantes incluso llegó a las famosas páginas culinarias del New York Times. De viaje por Italia en los sesenta participó en un concurso llamado Lascia o Raddoppia (Doble o nada) y como tema escogió las setas. Ganó el primer premio de 10.000 dólares con los que se compró un piano y una furgoneta Volkwagen para la compañía de danza de Merce Cunningham. Cofundó la Sociedad Micológica de Nueva York con algunos de sus alumnos de la New School.

Falleció de un infarto el 12 de agosto de 1992. Merce Cunningham murió por causas naturales en julio de 2009, 17 años después de John Cage.

Merce y John, por Peter Hujar

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El gato Laptop, la catedral de Canterbury y mucho más

Laptop

El 17 de septiembre de 2013, la catedral de Canterbury publicaba la siguiente noticia:

“Nos entristece anunciar que Laptop, el gato de la catedral, falleció el 11 de septiembre. El cariñoso felino llevaba años viviendo en la catedral y se cree que tenía más de 18 años. Laptop era un espíritu libre y sigue siendo un misterio por qué escogió la catedral como residencia. Quizá empezó a visitar a los chicos en la Casa del Coro y creemos que ellos le pusieron el nombre de Laptop porque en cuanto alguien le acariciaba se instalaba en su regazo de un salto (Nota: La palabra laptop, ordenador portátil, viene de ‘lap’, regazo)”.

La nota sigue diciendo: “La Casa del Coro fue reformada hace varios años, y Laptop decidió trasladarse al Claustro, donde vivió felizmente. El personal de limpieza de la catedral cuidaba de él y se aseguraba de que no le faltara comida de primera calidad. Cada mañana daba la bienvenida a los sacristanes cuando abrían el claustro y tenía por costumbre maullar ante la Puerta del Martirio antes de que empezaran los maitines para que le abrieran y pudiera oír misa. Incluso tenía un asiento reservado. Por la tarde, si hacía sol, solía estirarse en el jardín de la Torre del Agua, por lo que nos ha parecido adecuado que reposara en uno de sus sitios preferidos”.

La nota acaba con estas palabras: “Era un gato cariñoso y contento al que todos adoraban, tanto los voluntarios como el personal que trabaja en la catedral. Dio la bienvenida a millones de personas que visitaron el Claustro durante estos años y probablemente esté en miles de fotografías. Nos ha sorprendido la cantidad de personas que se han puesto en contacto con nosotros para expresar su pésame y compartir algún recuerdo del viejo residente. RIP Laptop”.

Pero Laptop no fue el único gato residente de la catedral de Canterbury. El 22 de abril de 2015, la catedral publicó en Twitter que “Lionel, el gato de la catedral” había desaparecido, lo que dio pie a una búsqueda desaforada por los alrededores. La desesperación de todos incrementaba a medida que pasaba el tiempo hasta que, el décimo día de su desaparición, Lionel, un callejero atigrado de unos 18 meses, reapareció tranquilamente como si nada. Hemos podido saber que hay unos diez gatos viviendo en la espléndida catedral.

Lionel recuperado

Sinceramente, nos parece maravilloso que los británicos acojan a gatos en catedrales e iglesias, porque el caso de Laptop y de Lionel no es único. El fotógrafo Richard Surman publicó un libro titulado “Cathedral Cats” acerca de los gatos más privilegiados de Gran Bretaña, amos y señores de claustros y coros, jardines y sacristías. Cada foto viene acompañada de una descripción del gato y de sus manías. Biggles, por ejemplo, el residente de la Abadía de Westminster, tuvo que ser llamado al orden después de destrozar los bajos del pantalón de un agente de policía. Richard Surman también ha publicado “Church Cats”, “Cloister Cats” y “College Cats”.

En la catedral de Wells, en Somerset, vive un precioso gato llamado Louis. En 2015 fue acusado, injustamente según el personal de la catedral, de haber atacado a tres perros en diferentes ocasiones. Louis tenía entonces 17 años, lo que nos lleva a pensar que no fue el culpable. Sea como sea, Louis es muy famoso e incluso tiene una línea de merchandising. Y hablando de eso, también incluimos una foto de Tilly, la gata del segundo organista de Canterbury, en la tienda de la catedral ayudando a vender toallas gatunas.

Louis

Damos un salto al otro lado del Atlántico para visitar a Carmina, la gata carey de la Catedral Nacional de Washington DC. Debía tener unos 18 meses cuando fue encontrada con una camada de gatitos de no más de una semana en un solar cercano. Victoria Chamberlin, de la Sociedad Coral Catedralicia, la cuidó, encontró hogares para los gatitos y se opuso a que la gata fuera entregada a un refugio. Convenció a sus compañeros de que la Sociedad adoptara a Carmina durante un ensayo del “Carmina Burana”, de Carl Orff, de ahí el nombre de la gata.

Carmina

Carmina sustituyó a Catalina de Tarragona (sic), una gata blanca y negra adoptada por la catedral hace 16 años y que después de su jubilación vivió en una casa del barrio de Georgetown y pasaba los veranos en Carolina del Norte. Al parecer, Carmina nunca se interesó por oír misa, al contrario de Laptop, que nunca se perdía los maitines.

De vuelta al Reino Unido, aquí vemos una foto de Ginge (de Ginger), la gata de la catedral de Salisbury, fallecida en 1988 a los doce años de edad. Mantenía a raya a la población de ratones del lugar y había elegido como residencia el taller de cinceladores que restauran la catedral.

Ginge

Por último, a modo de curiosidad, incluimos un grafiti de tiempos remotos, probablemente de la Edad Media, representando a un gato. Es una pena que solo haya gatos en catedrales e iglesias británicas. Nunca los hemos visto en Francia, España, Italia, Portugal… Los gatos son amantes de la tranquilidad, del silencio y no hay nada malo en que elijan un lugar de culto para vivir, como ocurre en templos de Tailandia, Laos, Myanmar, Tíbet, Japón…


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Los gatos en la obra surrealista de Leonora Carrington

Leonora Carrington nació el 6 de abril de 1917. Era una gran amante de los gatos, como Remedios Varo; por cierto, debemos confesar que cometimos un error en la entrada de esta última (https://gatosyrespeto.org/2017/04/13/los-gatos-surrealistas-de-remedios-varo/) al colgar una foto de Leonora diciendo que era Remedios. No creemos que les hubiera importado. Las dos pintoras, que habían coincidido en París, fueron amigas inseparables hasta que Remedios falleció en 1963. En 1960, Leonora escribió una novela hilarante, “La trompeta acústica” – que no se publicó hasta 26 años después -, donde habla de alquimia, el Grial, la perversidad de las monjas, las dificultades que representa la convivencia entre cabras y lobos, y de ser una anciana. En el libro, Remedios es la mágica y energética Carmella Velasquez, y Leonora es Marian Leatherby, de 92 años, a la que no le quedan dientes y se ha vuelto vegetariana. Cuando su familia la aparca en una residencia, Carmella será la que se encargue de cuidar de sus gatos.

Uno de los gatos de Leonora Carrington

Los últimos gatos de Leonora Carrington fueron dos siameses llamados Monsieur y Ramona. Convivieron con Yeti, un perro maltés que la acompañó durante los últimos tres años de su vida cuando Monsieur, Ramona y su marido ya no estaban. Se casó en 1943 con el fotógrafo húngaro Emerico Weisz, al que todos llamaban Chiki, fallecido el 17 de enero de 2007 a los 97 años. Leonora y Chiki tuvieron dos hijos, Gabriel y Pablo, a los que ella se refería como Anticristo 1 y Anticristo 2 cuando eran pequeños. Durante 64 años, la pareja vivió en la misma casa de la Colonia Roma en Ciudad de México, casa que abrirá sus puertas como museo el próximo mes de abril.

Dos gatos

Creció en una sombría mansión de estilo neogótico en Lancashire. Desde muy pronto sintió pasión por los animales, algo evidente cuando se contemplan sus cuadros y esculturas, donde abundan gatos, perros, pájaros, así como grifos, salamandras y muchas criaturas mezcla de ser humano y animal. Estudió en colegios de monjas de los que era expulsada regularmente. A pesar de la oposición de su familia, consiguió estudiar dibujo y pintura en la academia de Amédée Ozenfant, en Londres. A través de esta conoció a Max Ernst, casado y 26 años mayor que ella, y se fugaron poco después de haber sido presentada en la corte británica en 1935. Jamás volvió a Inglaterra.

Gatos

En París conoció a Louis Aragon, Paul y Nusch Eluard, Marcel Duchamp, André Breton y muchos otros. Los surrealistas defendían el concepto de la “femme-enfant” (mujer niña) que “por su ingenuidad está en contacto directo con el inconsciente y puede, por lo tanto, servir de guía al hombre”. Pero Leonora era una mujer de carácter y dijo, recordando esa época: “No tenía tiempo para ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada en rebelarme contra mi familia y en aprender a pintar”. En 1938, ella y Max Ernst se mudaron a la Provenza, entre otras razones para escapar de la ira de la abandonada esposa del pintor. A pesar de las recomendaciones de sus amigos, se quedaron en Francia y él fue internado en un campo con otros “extranjeros indeseables” en 1939. Leonora huyó a España con la esperanza de poder ayudarle desde allí.

Tres gatos

En Madrid sufrió una crisis nerviosa y acabó en un manicomio en Santander, donde le administraron Cardiazol, una droga antipsicótica que produce convulsiones, y pasó días enteros atada a una cama. Parece ser que sus padres mandaron a su amada nodriza al rescate en un submarino con la idea de trasladarla a Ciudad del Cabo e internarla en una residencia. Los padres de Leonora eran muy ricos, había estallado la II Guerra Mundial y quizá la forma más segura era usar un submarino… Desde Santander llegó a Lisboa, donde volvió a ver a Max Ernst, que ahora estaba con Peggy Guggenheim. Leonora engañó a su nodriza y se refugió en la Embajada de México porque sabía que allí estaba Renato Leduc, un diplomático, poeta y amigo de Picasso al que había conocido en París. Renato, todo un caballero, ofreció casarse con ella para liberarla de su familia. Después de pasar un tiempo en Lisboa, se trasladaron primero a Nueva York y luego a Ciudad de México. De su estancia en Nueva York mencionaremos que un día André Breton fue a comer a su casa y le sirvió liebre rellena de ostras.

Perro y gato

El gato de la noche

Cuando llegaron a México, Renato y Leonora se separaron amistosamente antes de que ella conociera a Chiki Weisz. A pesar de una juventud muy aventurera, una vez casada con Chiki, se instaló en una rutina que le permitía trabajar largas horas. No soportaba las convenciones sociales y siempre decía lo que pensaba. Adoraba a sus hijos, sus gatos y el árbol que plantó al poco de mudarse a la casa. El árbol creció y años después sus ramas empezaron a invadir el patio de los vecinos. Cuando estos llamaron a un jardinero para que lo podara, Leonora les rogó apasionadamente que lo dejaran esparcirse y ser libre. Ojalá lograra convencerles.

Gato sin botas

Otro gato sin botas

Su primera exposición de importancia tuvo lugar en 1947 en la galería Pierre Matisse de Nueva York. Fue invitada a mostrar sus obras en una exposición internacional en torno al surrealismo y se convirtió en una celebridad casi de la noche a la mañana. En 2005, la casa de subastas Christie’s vendió el cuadro “El juglar” por 713.000 dólares, el mayor precio alcanzado nunca por un artista surrealista vivo.

Gorro caliente para esquiar

Diseñó “Mujeres conciencia” (1973), un cartel para el Movimiento de Liberación de la Mujer en México, en el que describió a la Nueva Eva. Fue galardonada con el Premio a los Logros de una Vida en la convención del Women’s Caucus for Art (Asociación de Mujeres por el Arte) celebrada en Nueva York en 1986.

Mujeres conciencia

Luis Buñuel escribió acerca de la obra de Leonora Carrington: “Nos libera de la miserable realidad cotidiana”.


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Gato (Cat), el personaje de Bernard “Hap” Kliban

Según el humorista gráfico Bernard Kliban “un gato es un animal muy agradable al que se confunde a menudo con un pastel de carne”. El pastel de carne puede describirse casi como el plato rey en los hogares estadounidenses, pero de ahí a compararlo a un gato… Sin embargo, si nos fijamos en las viñetas del artista no es sorprendente que dijera eso. Su humor era sarcástico, irónico, surrealista e inesperado. Y como los gatos, era un hombre muy agradable, al que no le gustaba hablar con los periodistas ni que le fotografiaran; y como a muchos gatos, había que convencerle de que saliera de detrás de la nevera cuando un extraño llegaba a su casa.

Siempre dibujó gatos atigrados y saltó a la fama en 1975 con su primer libro de viñetas, “Cat”, poblado por gatos rayados con zapatos demasiado grandes, una gata madre que guarda a su progenitura en una bolsa como un marsupial, o un gato tocando la guitarra y cantando: “Me encanta comer ratoncitos, / a los ratoncitos me encanta comerlos. /Primero muerdo la cabecita, / luego mordisqueo los piececitos”.

Lo más curioso es que Kliban no fue un gran amante de los gatos hasta principios de los años setenta. Él mismo contaba que, de pequeño y adolescente, era totalmente alérgico al pelo de gato y que casi se ahoga en un coche con un amigo que llevaba a su gato al veterinario. Un buen día, su primera esposa llevó a Noko Marie a casa y no pasó nada, no estornudó, no se ahogó. Noko Marie se quedó, y poco después apareció Burton Rustle, un macho sin esterilizar. Como era de esperar, tuvieron gatitos.

Con al menos cuatro gatos en la casa, no le quedó más remedio que dibujarlos. En una entrevista que dio al New York Times en 1978 dijo: “Todos mis gatos son atigrados, así que empecé a dibujar gatos rayados. En cinco años habré dibujado más de 300 kilómetros de rayas”.

Todos los que tenemos gatos sabemos que son elegantes, pero también tienen cierta tendencia a adoptar posturas ridículas, a meter medio cuerpo en una bolsa y creer que nadie les ve, a dormirse en el respaldo del sofá con la cabeza colgando, pero solo alguien con algo de gato dentro podría dibujarlos como hizo Bernard Kliban. Sus gatos nunca fueron monos ni sentimentales; al contrario, eran desternillantes, en muchas ocasiones tremendamente ingenuos y a veces, solo a veces, tenían un toque malévolo.

Antes de dibujar gatos, hacía retratos y trabajaba en cualquier cosa para llegar a fin de mes. Un día vendió seis viñetas a la revista Playboy por 25 dólares cada una que no tenían nada que ver con gatos. Meses después, Michelle Urry, la editora de viñetas de Playboy y gran amante de los gatos, fue a su casa para ver sus dibujos y descubrió al personaje llamado “Cat”. Ella le presentó a un agente que a su vez habló con Workman Publishing, una pequeña editorial que no dudó en publicar el libro “Cat”. En solo un año se vendieron 450.000 ejemplares. En 1977 se vendieron 90.000 ejemplares del calendario de Cat y en 1978, 250.000. Poco después aparecieron tazas, camisetas, tarjetas…

Bernard Kliban dibujaba gatos cuando no le venía la inspiración, pero nunca pensó que se haría rico con ellos. A mediados de los ochenta del siglo pasado, la marca había generado unos 50 millones de dólares, algo que le costaba creer. Era un hombre de gustos sencillos que solía llevar vaqueros, camisetas y sandalias, y no daba importancia a las posesiones.

Trabajó durante años para Playboy, en una época en que se aclamaba a los viñetistas del New Yorker y la revista de Hugh Hefner era más conocida por sus fotografías. Había publicado en el New Yorker e incluso en Punch al principio de su carrera, pero parece ser que disfrutaba de mayor libertad en Playboy, donde podía meterse con lo que le apetecía y hacer gala de su humor mordaz, conmovedor y, en ocasiones, realmente particular.

Nació el 1 de enero de 1935 en Norwalk, Connecticut. Aunque su nombre era Bernard, no le gustaba nada y desde pequeño sus padres le llamaron “Hap”, de “happy”, por haber llegado al mundo el día de Año Nuevo. Nunca se adaptó al instituto y dejó los estudios para trabajar antes de mudarse a California en 1959. Colaboró con Playboy desde 1962 hasta su muerte y publicó nueve libros de viñetas después de “Cat”, pero en ninguno había dibujos de gatos. Su gran ídolo era el dibujante Saul Steinberg, un caricaturista rumano emigrado a Estados Unidos que también dibujaba gatos y sobre el que pronto publicaremos una entrada.

Se casó en dos ocasiones, y su primera mujer, al divorciarse de él, se quedó con los mencionados Burton Rustle y Noko Marie, apodada “La serpiente”. Según él, era una gata lista como pocas y demasiado independiente para servirle de modelo. Hap Kliban falleció de una embolia pulmonar el 12 de agosto de 1990 a los 55 años.

Dedicamos esta entrada a Elena “Muti” Gabriel, que sabrá entender el humor de Hap Kliban y que no sabría vivir sin gatos en su casa.

 


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La gata Chiro, Yoko Aoki y el fotógrafo Nobuyoshi Araki

Nobuyoshi Araki empezó a hacer fotos profesionalmente en 1963 y desde entonces ha publicado más de 450 libros de fotografía sobre el erotismo, la vida, la muerte, dinosaurios de plástico y su gata Chiro. De hecho, nadie se ha atrevido aún a catalogar las decenas de miles de fotografía realizadas por él.

 

En 2017

En 2016, el Museo Guimet, o Museo Nacional del Arte Asiático, de París, le dedicó una retrospectiva que consistía en 400 fotografías fechadas entre 1965 y 2016 sobre sus temas favoritos, uno de los cuales, el kinbaku (el arte de la cuerda), le convirtió en un artista controvertido y no apreciado por todos. Han llegado a tacharle de “pornógrafo” por sus fotos de mujeres desnudas o semidesnudas atadas o suspendidas con cuerdas. Sin embargo, el kinbaku no tiene nada que ver con el “bondage” occidental; se basa en una técnica que empleaban los samuráis para inmovilizar a sus prisioneros y que requiere una gran destreza.

Nabuyoshi Araki nació el 25 de mayo de 1940 en Tokio. Desde pequeño se interesó por la fotografía y a los 23 años se licención en Fotografía y Realización Cinematográfica en la Universidad de Chiba. Poco después se presentó al concurso Satchin, ganando el prestigioso Premio Taiyo. En esa época se dedicaba sobre todo a la crítica social fotografiando a los habitantes de los barrios más pobres de la ciudad. Fue contratado por la prestigiosa agencia Dentsu, donde en 1968 conoció a Yoko Aoki, que en unos años después se convertiría en su esposa y musa. Llegó a gastar 80 carretes diarios fotografiándola.

En 1971 decidió darse a conocer más allá de la agencia y publicó con su propio dinero el libro “Viaje sentimental”, un retrato del comienzo de su vida matrimonial con Yoko, que mandó a amigos, críticos y también a desconocidos vinculados o no a la fotografía. La idea dio sus frutos y un año después empezó a trabajar por su cuenta. Llegaron exposiciones, se editaron más libros y “el genio Araki” (como le llaman) se hizo famoso.

En principio, el fotógrafo no era amante de los gatos, pero Yoko siempre había vivido con alguno, y un día de marzo de 1988 volvió a casa con una gatita. Chiro, así se llamaba, no tardó en conquistar a Araki ofreciéndole las lagartijas que cazaba en la terraza de la casa, frotándose contra sus piernas, siguiéndole por todas partes, en fin, haciendo todo lo que un gato sabe hacer cuando decide ser aceptado. Y así fue, Araki se enamoró por segunda vez y empezó a hacer cientos de fotos de Chiro.

Dos años después, en 1990, después de 20 años de matrimonio, Yoko falleció de un cáncer de ovarios. El fotógrafo documentó los últimos meses de su esposa y reeditó “Un viaje sentimental/Viaje invernal” en 1991 con las últimas fotografías de la que había sido su musa y que había jugado un papel fundamental ayudándole a explorar dos temas centrales de su obra, Eros o el deseo, y Tánatos o la muerte.

La relación entre Chiro y Araki se hizo cada vez más fuerte. La gata vivió con el fotógrafo durante 22 años, hasta que murió el 2 de marzo de 2010. Y también publicó un libro documentando la vida y la muerte de Chiro, “Itoshi no Chiro” (Preciosa Chiro). En una entrevista, el fotógrafo recuerda a su amada gata: “De hecho, viví más tiempo con Chiro que con Yoko”.

Y sigue diciendo: “Chiro se sentaba en mi regazo y le encantaba que le leyera pasajes de “Soy un gato”, de Natsume Soseki (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/ ). Chiro no soportaba que la fotografiara mientras hacía pis en su caja, lo odiaba. Cuando Yoko estaba hospitalizada, Chiro esperaba conmigo a que regresara. Los dos contemplábamos el cielo de poniente”.

“Siempre que hacia fotos en la terraza, Chiro aparecía entre mis piernas. Gracias a su presencia, la terraza se convirtió en un paraíso privado para mí. Cuando me duchaba, me bastaba con abrir la puerta y llamar a Chiro muy bajito. Enseguida aparecía. Esperaba a que terminara de ducharme, luego se metía en la bañera y daba unos lametazos. Pero ya no está. Todavía sigo llamándola con la esperanza de que aparezca”.

El libro sobre Chiro fue publicado cuando el fotógrafo tenía 70 años, cerrando el círculo que abrió veinte años antes con “Viaje sentimental”. Es el final del viaje de Chiro con Araki, pero en cierto modo también es un nuevo comienzo.

Hablando de las últimas semanas de vida de su gata, dice: “Incluso cuando estaba dormida, Chiro se despertaba y me miraba si volvía la cámara hacia ella. Miraba el objetivo con gran intensidad y tenía la impresión de que sus ojos se humedecían. Cuando eso ocurría, me partía el corazón”.

Una vez, alguien le preguntó por qué seguía haciendo fotos de la ausencia de Chiro, y contestó: “Chiro y yo estuvimos juntos desde que mi esposa Yoko falleció. Chiro entraba cada mañana en mi habitación para despertarme y se ponía aquí (señala una foto pegada a la puerta). Bebía agua aquí cuando yo estaba en la bañera (señala otra foto), pero ahora todo esto se ha ido. Este libro no es un réquiem para mí ni para mi trabajo, pero sí lo es para Chiro. Y para la fotografía analógica”.

En 2016, además de la mencionada retrospectiva en París, también tuvo dos importantes exposiciones en Tokio, “Viaje sentimental: todas las hojas de contacto”, en la Galería IMA, y “Nobuyoshi Araki: Foto – Un anciano loco cumple 76 años”, en la Galería Taka Ishii.