Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Gatos, soledad, surrealismo y Gertrude Abercrombie

Niña con gatos (1940)

La pintora Gertrude Abercrombie, gran amante de los gatos y del jazz, apuntaba en una libreta los gatos que había tenido y lo que había sido de ellos. El apartado se titulaba: “Gatos que he tenido (de los grandes)”. Con “de los grandes”, en inglés “big main ones”,  se refería a la raza Maine Coon, efectivamente, gatos de buen tamaño. La lista incluía a Jimmy, Monk, Fitzgerald y Folly, entre otros.

Interior con gato

Don Baum, artista y defensor de artistas de Chicago, era un buen amigo de la pintora y la describió como “una mujer muy graciosa e introspectiva”. Recuerda que su casa desbordaba energía y estaba llena de gatos: “Tocaba el piano y no había nada que le gustara más que sentarse ante el teclado con alguien como Dizzy Gillespie o Miles Davis con sus instrumentos. De locos”. Era un inmueble de tres pisos a orillas del lago Michigan en el barrio de Hyde Park, cerca de la Universidad de Chicago, lo que le permitía alquilar habitaciones, no solo a estudiantes, sino a conocidos músicos y compositores de jazz, y donde parece ser que los gatos comían mejor que las personas.

Cabeza con gato

Esa mujer excéntrica recorría la ciudad en un viejo Rolls-Royce – de hecho, tuvo tres durante su vida – y necesitaba desesperadamente ser el centro de atención. Ella misma solía contar una anécdota en la que se describía su exacerbado narcisismo. Su amigo, el artista Dudley Huppler, en una postal dirigida al pintor Karl Priebe, escribió: “Querido Karl: Anoche llevé a Gertrude al ballet. No le gustó. Ella no bailaba”. También reconoce que siempre se pintaba a sí misma, incluso cuando no se trataba de autorretratos propiamente dichos.

Tres gatos

 

Tres gatos (plano medio)

Sus cuadros parecen reflejar una terrible soledad. La gran mayoría representa a una mujer sola en parajes desolados. Mujeres buscando, andando, a veces acompañadas de un animal. Los dos gatos de “Gato blanco” y “Gato y retrato” también están solos, casi desamparados. Reconocía que carecía de técnica; para ella había buenos pintores y mejores artistas, y consideraba pertenecer a esta última categoría.

Gato blanco

 

Gato blanco

Le importaba transmitir emociones, sentimientos e ideas. Decía que “debe ocurrir algo, y si no ocurre nada, la mejor técnica del mundo no lo cambiará”.

Gato con retrato

Nació el 17 de febrero de 1909 en Austin, Tejas, por la sencilla razón de que sus padres, dos cantantes de ópera que estaban de gira, se encontraban allí ese día. La familia vivió en Berlín hasta 1914, pero el estallido de la I Guerra Mundial les obligó a regresar, primero a Aledo, Illinois, y posteriormente al barrio de Hyde Park en Chicago. En 1929 se licenció en Filología Románica y estudió brevemente Dibujo Comercial en la Academia Americana de Arte.

 

Bote (1954)

Empezó a dedicarse a la pintura a tiempo completo a partir de 1932 y vendió su primer cuadro ese verano en una feria de arte. Dejó la casa familiar a mediados de los años treinta, y la Sociedad de Artistas de Chicago organizó su primera exposición en solitario en 1934. Se casó con el apuesto Robert Livingstone en 1940, dio a luz a su única hija, Dinah, en 1942 y se divorció en 1948. Ese año se casó con el crítico musical Frank Sandiford y su gran amigo Dizzie Gillespie tocó en la boda. Se divorció de su segundo marido en 1964.

Fotografiada por Carl Van Vechten

En 1945 pintó “Girl Searching” (Mujer joven buscando). A partir de ese momento y durante los siguientes quince años pintó cientos de cuadros, organizó jam sessions en su casa con músicos como Sonny Rollins, Max Roach y Jackie Cain, se hizo famosa y se hablaba de ella en la prensa. Dizzy Gillespie la describió como “la primera artista bop, porque ha tomado la esencia de nuestra música y la ha trasladado a otra forma de arte”.

Entre las pocas influencias que Gertrude Abercrombie reconocía, estaba el pintor belga René Magritte. A parte de aceptar que Georgio de Chirico, Max Ernst y Salvador Dalí “tenían algo que ver” con su trabajo, de Magritte dijo: “Cuando vi sus obras, pensé: ‘Este es tu papá’, y he seguido en esta vena surrealista desde entonces”.

Interior con gato

Su salud empezó a resentirse a finales de los años cincuenta por culpa del alcohol, sufría de artritis y tenía problemas financieros. A partir de 1959 pintó menos y cuadros de menor tamaño. Dejó de poder moverse sola y acabó confinada en la cama. La “reina de los artistas bohemios”, como la llamaban, falleció el 3 de julio de 1977. Unos meses antes de su muerte tuvo lugar una gran retrospectiva de su obra en el Centro Hyde Park.

La pintora

Entre 1944 y 1964 expuso nada menos que veinte veces en solitario y fue una de las artistas más famosas de Chicago durante casi treinta y cinco años. Luchó contra la depresión y la inseguridad, pero durante toda su vida como pintora supo mantener el equilibrio entre el misterio y la realidad, la tragedia y el humor. En una de sus últimas entrevistas dijo: “Pinto como pinto porque estoy muerta de miedo. Me parece un milagro que estemos vivos, ¿a ti no?”


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El gato blanco de Maurits Cornelis Escher

Gato blanco I (1919)

El artista neerlandés Maurits Cornelis Escher no es especialmente conocido por dibujar gatos, sino por sus grabados xilográficos o a media tinta de construcciones imposibles, objetos y mundos imaginarios y teselados basados en cálculos matemáticos. Pero hubo un periodo muy corto de su vida en que dibujó a un gato blanco. Parece ser que se lo regaló la dueña de la casa donde vivía mientras estudiaba en Haarlem, pero repetimos, “solo parece ser”, no es nada seguro.

Gato blanco II (1919)

En la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas de esta ciudad empezó estudiando Arquitectura, pero no tardó en decantarse por las Artes Decorativas bajo la tutela del artista de artes gráficas Samuel Jessurun de Mesquita, con el que mantuvo una gran amistad hasta la muerte de este en el campo de concentración de Auschwitz en 1944.

Escolástica – Noche de luna llena (1931)

En Roma, 1930

La aparición del gato blanco data de esta época, concretamente de 1919. Los cuatro dibujos para grabados con un gato blanco, más el del gato negro, están todos fechados en este año. Aunque no sepamos nada del gato blanco (ni del negro), está claro que ese año, un gato se cruzó en la vida del artista. En un grabado realizado en 1926, “Sexto día de la Creación”, volvió a incluir a un gato blanco frotándose contra las piernas de Eva, y cinco años después, en 1931, a varios gatos negros escuchando a otro, a un grupo de perros, un búho, unos ratones, una rana o sapo, todos ellos en buena armonía, si no fuera por la presencia algo amenazadora de unas serpientes en el grabado “Escolástica – Noche de luna llena”.

 

El sexto día de la Creación (1926)

Después de 1926, que sepamos, jamás volvió a dibujar un gato, pero sí los incorporó en sus famosos teselados regulares inspirados en los mosaicos de la Alhambra y basados en la simetría geométrica.

Teselado I

 

Teselado II

Maurits Cornelis Escher nació en Leeuwarden, Países Bajos, el 17 de junio de 1898. No destacó sobremanera como estudiante; es más, no acabó el instituto. En 1922 viajó a Italia y visitó ciudades como Florencia, Ravello, Volterra y Siena, y a España, concretamente a Madrid, Toledo y Granada, donde descubrió la Alhambra. Atraído por Italia, decidió regresar a Roma, ciudad en la que vivió entre 1923 y 1935. Se casó en 1924 con Jeta Umiker, una suiza afincada en Italia.

Teselado de la Alhambra

 

Serpientes (1969)

La familia dejó Italia en 1935 debido al clima político reinante. A pesar de no tener interés en la política, el artista no soportaba el fascismo de Mussolini y se mudó a Suiza con su esposa y tres hijos. Fue entonces cuando se le encargó el dibujo de un sello para Holanda; dibujaría otro en 1949. En 1937 volvieron a trasladarse, esta vez a Bélgica, pero en 1941 la II Guerra Mundial les obligó a regresar a los Países Bajos, concretamente a Baarn, donde permaneció hasta 1970.

Autorretrato

Es el autor de 448 litografías y grabados, así como de unos dos mil dibujos. También ilustró libros, diseñó tapices, murales y, como hemos dicho antes, sellos. Durante el periodo suizo realizó 62 de los 137 dibujos de división regular del plano. Aunque estaba convencido de no ser un buen matemático, se relacionaba regularmente con matemáticos de la talla de George Pólya, Roger Penrose, Harold Coxete y el cristalógrafo Friedrich Haag, además de llevar a cabo sus propias investigaciones en torno a los teselados.

Hombre sentado con gato (1919)

La mayoría de la obra de Escher se basa en las matemáticas, lo que quizá no ayudó a que fuera más admirado en vida. Criticado por su falta de lirismo, se le tachó de “demasiado intelectual”. Curiosamente, sus trabajos se hicieron más populares a partir de 1966, después de que Martin Gardner hablara extensamente de él en su columna “Juegos matemáticos” de la revista Scientific American. En 1979, Douglas Hofstadter publicó “Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid”, en el que expone conceptos fundamentales de las matemáticas, la simetría y la inteligencia explorando temas comunes a los tres.

Gato (1919)

En julio de 1969 terminó su última obra, un grabado en madera de grandes dimensiones a partir de una simetría rotacional triple titulado “Serpientes” para el que fueron necesarios tres bloques diferentes, cada uno con una triple rotación a partir del centro de la imagen con una alineación absolutamente precisa para evitar huecos o superposiciones. Cada grabado requería un total de nueve impresiones.

En 1970 se mudó al Rosa Spier Huis de Laren, un centro al que podían retirarse los artistas y donde disponía de su propio estudio. Falleció el 27 de marzo de 1972 a los 73 años.

Sus creaciones siguen despertando la curiosidad de personas de todo el mundo. Las principales colecciones de sus obras se encuentran en el Museo Escher de la Haya, la Galería Nacional de Arte de Washington DC, la Galería Nacional de Arte de Canadá en Ottawa, el Museo Israel de Jerusalén y el Huis ten Bosch de Nagasaki. La primera retrospectiva en su país natal se celebró cuando ya tenía setenta años.

El Museo Escher en La Haya

En el siglo actual, varias ciudades han organizado retrospectivas suyas. Destacaremos la de Río de Janeiro, que atrajo a 573.000 visitantes en 2011, convirtiéndose en la exposición más visitada en todo el mundo ese año.

Esta entrada está dedicada a Rafa, amante de los animales y matemático.

 


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Gatos, William Burroughs y Roger Holden (Parte II)

Y ahora la traducción de la entrevista que Yony Leyser realizó a Roger Holden para la revista Vice, tal como anunciamos la semana pasada.

¿Por qué acabó al cuidado de algunos de los gatos de Burroughs?

Me pasaba por su casa como cada dos meses con otros amigos, cenábamos, hablábamos de cosas – Ovnis y otros intereses que teníamos en común. William se dio cuenta de que realmente quería a los gatos y me preguntó: “¿Te interesaría tener un gato si un día te regalo uno?” Le contesté que sí. Al cabo del tiempo me llamó y me dijo que había aparecido en su porche un gato atropellado. Lo había llevado al veterinario y ya estaba curado. Entonces me lo ofreció y yo acepté. Se llamaba “Porche” por haberlo encontrado en el porche. Durante los años siguientes y hasta la muerte del gato en 1995, William pagó las facturas del veterinario para los cuidados de “Porche Burroughs”. A Porche le diagnosticaron leucemia felina. Fue muy triste. Intentamos curarle con métodos tradicionales, pero acabó sucumbiendo a la enfermedad. Entonces me prometí a mí mismo que si William volvía a darme otro gato y si este enfermaba, buscaría un tratamiento alternativo.

Allen Ginsberg y William Burroughs

Háblenos de Marigay, el “Gato Blanco” de Burroughs.

En enero de 1997, William me llamó y me contó que buscaba un hogar para un gato blanco genial. Me preguntó si podía ayudarle; parece ser que el gato no se llevaba bien con los otros. Un par de días después pasé a recogerlo, y entonces William fue a su biblioteca y sacó un libro titulado “Mysteries of Magic and Religion”, de M. Oldfied Howey (traducido en España como “Gato en la mitología, la religión y la magia”). Abrió el libro en un capítulo sobre los gatos en la magia antigua y me dijo: “Este es Margaras, el Gato Blanco, el gato sagrado”. Añadió que yo debía leer lo que decía acerca de este gato en cuanto a la magia. Entonces entendí que el “Gato Blanco” que había encontrado era muy especial para William. El gato empezó llamándose Marigay, pero le puse el sobrenombre de Butch Burroughs (Butch por “macho”). Dejaba que Butch se paseara por Lawrence, y en el exterior era muy activo y bastante pendenciero, pero en casa era muy amable.

Calico Jane (en honor a Jane Bowles)

 

El gato Marigay, alias Butch Burroughs

William falleció en agosto de 1997 y dio la casualidad de que Butch desapareció durante tres días. Finalmente lo encontramos en un refugio, pero seguí dejándole pasear a su antojo. Sin embargo, en la primavera de 1999, un pastor alemán le persiguió hasta que se escondió debajo del porche de casa. Pensé que no le había pasado nada hasta la mañana siguiente, cuando vi que tenía una herida muy fea. Le llevé al veterinario favorito de William para que le curara. Fue entonces cuando descubrimos que tenía leucemia felina  y que le quedaban muy pocas semanas de vida. Pero esta vez, tal como había prometido, decidí buscar un tratamiento alternativo. Primero empecé a meditar y a contemplar mi fe en el universo y mi amistad con William. Tenía la esperanza de que, de algún modo, quizá por intuición, encontraría una respuesta. Busqué en Internet y encontré tratamientos muy complicados. Y por fin descubrí una entrada escrita por alguien que había tratado a su gato con una mezcla de hierbas llamada essiac con efectos curativos notables.

Lápida de la tumba de Ruski

Que yo sepa, el té de essiac es un tratamiento propio de los nativos americanos. El gato, después de atropellado, llegó a casa de Burroughs, que se encontraba muy cerca de Haskell, la primera universidad de las Naciones Indias y una de las pocas universidades nativas americanas.

Así es. Me documenté y descubrí que el té de essiac se basa en una fórmula nativa americana desarrollada específicamente por un hombre medicina de la nación Ojibwa. Me pareció que una marca con el nombre de FlorEssence era la mejor posibilidad para empezar a tratar a Butch Burroughs. La mezcla contenía ocho hierbas y me puse en contacto con la empresa para pedirles ayuda. Me recomendaron administrarle una o dos cucharaditas diarias con un cuentagotas o mezcladas en comida blanda.

En el supermercado Dillon’s comprando comida para gatos

Si veía que mejoraba, podría reducir la dosis. Tres semanas después le llevé a que le hicieran unos análisis y el veterinario confirmó que el recuento de células blancas había mejorado de forma significativa. Hasta tal punto que añadió que empezaban a referirse a Butch Burroughs como “el gato milagro”.

Portada de la edición actual de The Cat Inside

¿Cuál fue su reacción?

Estaba entusiasmado con la noticia, pero sabía que debía esperar dos o tres meses para estar seguro de si realmente era un éxito. Efectivamente, al cabo de este tiempo, Butch casi estaba curado. Desde 1999 a 2005 tuvo una vida plena. Pienso que su recuperación se debe únicamente a los efectos beneficiosos del té de essiac. Cuando le diagnosticaron la leucemia, me dijeron que no duraría más de tres meses, pero vivió cinco años más.

Primera edición

¿Dónde está enterrado el Gato Blanco?

Con sus otros gatos, en el cementerio gatuno del jardín de su casa.

Acabaremos esta entrada doble con la traducción de cuatro fragmentos de lo que llamaríamos “El gato en el interior”. En la primera página en cursiva encontramos este texto: “4 de mayo de 1985. Preparo la maleta para un corto viaje a Nueva York para hablar del libro de gatos con Brion. En la habitación delantera donde están los gatitos, Calico Jane da de mamar al negro. Alzo mi maleta Tourister. Pesa más de lo normal. Miro en el interior y ahí están los otros cuatro gatitos. “Cuida de mis niños. Llévatelos adonde vayas”.

Roger Holden

En la página 4: “Estos últimos años me he convertido en un entregado amante de los gatos”. En la 5: “Hace quince años soñé que había atrapado a un gato blanco con una caña de pescar. Por alguna razón, estaba a punto de rechazarlo y volver a tirarlo, pero se frotó contra mí, maullando patéticamente”.

Spooner y Senshu

En la página 10: “El gato no ofrece sus servicios. El gato se ofrece a sí mismo. Claro que quiere un refugio y que le cuiden. No se compra el amor por nada. Como cualquier ser puro, el gato es práctico. Para comprender una antigua pregunta, basta con transferirla a la actualidad. Mi encuentro con Ruski y mi conversión en hombre amante de los gatos restablece la relación entre los primeros gatos domésticos y sus protectores humanos”.

Y acaba el libro diciendo: “Somos el gato en el interior. Somos los gatos que no saben andar solos, y para nosotros solo hay un lugar”.

Leyendo estos pasajes no cabe duda de que los gatos significaban algo muy profundo para el contradictorio William Burroughs, un gran aficionado a las armas, miembro de la organización esotérica “Los iluminados de Thanateros” a partir de 1993, exmiembro de la iglesia de la Cienciología, icono de la contracultura, gran amigo de Allen Ginsberg, escritor y pintor. Nació el 5 de febrero de 1914, pero no entendió a los gatos hasta el año 1982, cuando ya tenía 68 años. Solo compartió su vida con ellos durante 15 años, hasta su muerte el 2 de agosto de 1997.

 


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Gatos, William Burroughs y Roger Holden (Parte I)

 

William Burroughs con Ginger

Unos meses después de empezar este blog, el 9 de febrero de 2014, publicamos una pequeña entrada acerca de William S. Burroughs y el afecto que sentía por los gatos. En 1992 salió a la venta “The Cat Inside”, un pequeño libro donde el autor habla de los gatos que se cruzaron en su vida. En España se tradujo como “Gato encerrado”, un título de tono más jocoso que el original. Creemos que en inglés se refiere más al gato que llevamos dentro, al que se hace un hueco dentro de nosotros.  La primera edición estaba ilustrada por Brion Gysin, gran amigo de William Burroughs e inventor de la técnica literaria “cut-up” o de recortes, muy usada posteriormente por el escritor.

Senshu

Victor Bockris y William Burroughs (septiembre de 1990)

Pero William Burroughs no siempre tuvo gatos. Se codeó con ellos durante su estancia en Ciudad de México, Tánger y Argel, incluso les dio de comer, les puso nombres y entraban en su casa. Probablemente hubiera gatos en su infancia, pero la auténtica relación no empezó hasta 1982, en la primera casa que alquiló en Lawrence, Kansas. El escritor cuenta en el libro que veía una fugaz sombra grisácea, dejaba comida en el porche cada noche y por la mañana el plato estaba vacío. Y añade: “No recuerdo exactamente cuándo entró Ruski por primera vez en casa. Recuerdo estar sentado en una silla cerca de la chimenea, la puerta estaba abierta, y me vio desde unos quince metros, corrió hacia mí emitiendo unos grititos que nunca había oído en otro gato, saltó a mi regazo, empujándome con la cara, ronroneando y colocando sus patitas en mi rostro, diciéndome que quería ser mi gato. Pero no le oí”. “The Cat Inside” es un desgarrador poema de amor a los gatos que pasaron por la vida del autor, Ruski, la gata Calico Jane (llamada así en honor a Jane Bowles), el Gato Blanco, Fletch, Ed, Wimpy, Spooner, redactado como una especie de diario. Incluimos fotografías de algunos de ellos y también del supermercado Dillon’s – abierto desde las 7 de la mañana hasta medianoche -, donde les compraba la comida.

Roger Holden, en una entrevista realizada por Yony Leyser (autor de la película “William Burroughs: The Man Within”) y publicada en la revista Vice el 1 de octubre de 2012, cuenta que también vivía en Lawrence y había realizado un vídeo musical titulado “Rub Out the World” en honor al escritor, que no mostró un gran entusiasmo. Sin embargo, acabaron convirtiéndose en grandes amigos. Compartían el amor por los gatos y un gran interés por los ordenadores. Ambos colaboraron en una serie de estereogramas en 3-D que se expuso en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles en 1996.

Alimentando a los peces con Spooner

Antes de entrevistar a Roger Holden, Yony Leyser cuenta una anécdota que merece citarse. Burroughs fue un fiel lector de la revista gatuna Cat Fancy durante años y guardaba cientos de números en su biblioteca. En mayo de 2010, trece años después de su muerte, James Grauerholz, el agente del autor, escribió a la revista ofreciéndoles que publicaran un artículo sobre su representado. En la carta, después de decir que el genio artístico de Burroughs se veía ensombrecido a menudo por su adicción a las drogas, su homosexualidad y el hecho de que había matado accidentalmente a su mujer en Ciudad de México estando los dos borrachos e imitando a Guillermo Tell, explicaba que “de todas las locas historias que poblaron su vida, la mejor (y más secreta) fue la última: encontró el amor y la redención antes de morir a través de sus gatos”. Pero la oferta no tentó a los editores de la revista.

Portada con dibujo de Brion Gysin

 

Una portada de The Cat Inside

 

Otra portada

En los tres años y pico que llevamos con este blog, nunca habíamos tenido la ocasión de escribir la palabra CONTINUARÁ…  La semana próxima publicaremos parte de la entrevista a Roger Holden.

 

William Burroughs con Spooner


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Los gatos de Casapueblo (Carlos Páez Vilaró)

El pintor, ceramista y escultor Carlos Páez Vilaró decía, hablando de los gatos: “Son mis amigos más antiguos, mis amigos silenciosos, que estéticamente me entretienen, me dan placer. A veces les pregunto: ‘¿Te gusta este color?’ Si me dice ‘miau’, entonces sigo adelante”. Y en otra entrevista, hablando de su rutina diaria en Casapueblo, también dijo: “Me levanto por la mañana, me hago un cafecito, saludo a los gatos y empiezo a trabajar”.

Carlos Páez Vilaró se fue para siempre el 24 de noviembre de 2014 a los 91 años, pero sus gatos siguen paseándose por las dependencias de Casapueblo, en la tienda, en el taller, en la biblioteca, en el museo…

Casapueblo surgió alrededor de una casita de veraneo que tenía el artista en Punta Ballena, a 13 km de Punta del Este, Uruguay. Dicho por él, fue construida sin planos previos, poco a poco, con trece desniveles para que todas las ventanas y terrazas estuvieran abiertas al océano Atlántico. Era la residencia de Páez Vilaró, que la describía como “una escultura habitable”, y ahora se ha convertido en un hotel de cuatro estrellas con 20 habitaciones y 50 bungalows, y en una de las atracciones artísticas de Uruguay.

Carlos Páez Vilaró nació el 1 de noviembre de 1923 en Montevideo. En 1941 se trasladó a Buenos Aires y encontró trabajo en una fábrica de cerillas antes de pasar al sector de las artes gráficas. Al cabo de dos años regresó a Montevideo y descubrió las comparsas de la comunidad afrouruguaya. Se apasionó por su música y pintó cientos de obras en torno a este tema, compuso candombes y actuó como portavoz y defensor de un folclore que luchaba contra la incomprensión de todos.

En 1958 fundó, con otros artistas uruguayos decididos a fomentar el arte experimental, el Grupo de los 8, que participó en la Gran Exposición de Arte Internacional organizada por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Poco después dejó Uruguay para trasladarse a Brasil y siguió profundizando en sus estudios sobre la cultura afrodescendiente. En la década de los sesenta viajó a París, donde conoció a Picasso, Dalí y a De Chirico, entre otros muchos. El director del Museo de Arte Moderno de París le animó para que expusiera en la Casa de América Latina. El éxito de esta muestra propició invitaciones para exponer en Inglaterra y Estados Unidos.

Sus investigaciones le llevaron a recorrer Colombia, Panamá, la República Dominicana y Haití en el continente americano. No contento con esto, viajó a África, visitando Senegal, Liberia, Congo, Camerún, Nigeria y Gabón, donde conoció y colaboró con Albert Schweitzer (https://gatosyrespeto.org/2014/08/16/albert-schweitzer-y-el-respeto/) en la leprosería de Lambaréné.

Durante su estancia en Francia escribió, con Aimé Césaire y Léopold Sedar Senghor, el guion de la película Batouk, dirigida por Jean-Jacques Manigot, un largometraje de 65 minutos de duración que clausuró el Festival de Cannes de 1967.

El 13 de octubre de 1972, el avión Fairchild Hiller FH-227 de las Fuerzas Aéreas Uruguayas se estrelló en la Cordillera de los Andes. Su hijo Carlos, uno de los jugadores del equipo de rugby Old Christian, se encontraba entre las 45 personas a bordo. Carlos Páez Vilaró siempre estuvo convencido de que su hijo seguía vivo y durante los 72 días que transcurrieron hasta encontrar a los supervivientes fue una de las personas que encabezó la búsqueda.

A partir de principios de la década de los setenta vivió entre Nueva York, Sao Paulo, Brasil y Uruguay. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, donde permaneció 14 años. En esa época, a pesar de no ser arquitecto, diseñó una capilla de cultos múltiples, además de dedicarse a la cerámica, la escultura, la música y la literatura.

En 1997, este trotamundos acabó por dividirse entre sus dos talleres, el argentino y el de Casapueblo. Fue un pionero a la hora de integrar el arte a objetos cotidianos, aviones, barcos, cualquier cosa. También plasmó su pintura en aeropuertos, hoteles, edificios públicos. En todos los países que visitó dejó obras suyas, murales, cuadros, cerámicas. Pintó hasta el último día de su vida, seguramente rodeado de sus gatos, a los que tanto les gustaba el color.


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El gato en la mitología escandinava

Broche de bronce, Museo Nacional de Copenhague

El descubrimiento, en verano de 2010, de parte del esqueleto de un gato en una tumba pagana con fragmentos de un cráneo humano en Ingiríðarstaðir despertó la curiosidad de arqueólogos e historiadores. Hasta entonces no se había dado mucha importancia al gato en la vida religiosa y cotidiana de la zona escandinava.

Barco de Oseberg

Esqueleto parcial de gato encontrado en Ingiriarstair

Sin embargo, más de un siglo antes, en 1904, el arqueólogo noruego Haakon Shetelig y el arqueólogo sueco Gabriel Gustafson habían descubierto el famoso barco de Oseberg en la provincia de Vestfold, Noruega. La tumba, dedicada a dos mujeres, también contenía un carro ceremonial con el panel trasero decorado con numerosos gatos.

Enanos y gato, Islandia

Para redactar esta entrada nos hemos basado sobre todo en la interesantísima tesis de Brenda Prehal titulada “Freyja’s Cats: Perspectives on Recent Viking Age Finds in Þegjandadalur North Iceland” (Los gatos de Freya: Perspectivas de los recientes descubrimientos de la era vikinga realizados en þegjandadalur, en el norte de Islandia). La autora empieza diciendo que la importancia del gato en algunas culturas, como la egipcia, queda demostrada con creces, y piensa que su presencia en la mitología escandinava es más abundante de lo que pueda parecer a primera vista.

Efectivamente, sin buscar demasiado, hemos encontrado varios ejemplos de representaciones de gatos en broches y otros objetos de la época pagana escandinava.

La diosa Freya y su carro tirado por dos gatos machos

Aunque existen pruebas de que el gato ya convivía con el hombre desde el 4.000 a. C. (y se cree que incluso mucho antes), es muy posible que los escandinavos no entraran en contacto con este animal hasta las primeras incursiones de los barcos vikingos en las islas británicas, donde llevaba tiempo domesticado. En Suecia había sobrevivido una subespecie del gato salvaje a la era de la glaciación, lo que también podría indicar que ya estaba domesticado antes de la gran época vikinga. Personalmente, nos inclinamos más por esta explicación, sobre todo si tenemos en cuenta que se descubrieron restos de un gato doméstico en una tumba de Vestregotia, Suecia, del siglo II.

Objeto de bronce

Odín y gato

De ser así, la importancia del gato en Islandia y en Suecia no se habría basado en la necesidad de controlar a los roedores, ya que no aparecieron en estos países hasta una época mucho más reciente, probablemente en el siglo XVII. También se sabe que los escandinavos veneraban a los felinos desde hacía mucho, como lo demuestra el hallazgo en una tumba neolítica de huesos pintados de ocre pertenecientes a gatos salvajes.

Pero puede que la mayor prueba sea la diosa Freya, hermana de Frey, esposa de Odr, que siempre va acompañada de gatos. Se la describe montada en su carro tirado por dos gatos machos.

Carro de Oseberg

Carro de Oseberg

Los gatos del carro de Oseberg

La diosa pertenecía a los Vanir, la tribu de la fertilidad, y se la relaciona con la diosa germana Nerthus. Los ritos asociados a ambas tenían que ver con carros. En este caso, la fertilidad se refiere tanto a la procreación como a la tierra y a las cosechas, por eso se decía que “es especialmente amable y generosa con aquellos mortales que se acuerdan de colocar un cazo de leche en el campo de trigo para que sus gatos beban”.

Representación de un gato llorón del carro de Oseberg

Se piensa que el gato y el perro eran atributos de la nobleza, de las personas adineradas, como ocurrió al principio de la introducción del gato en Japón. Freya significa “señora”, lo que podía entenderse como “la que es rica”. Pero Freya tenía muchos atributos, no solo en el ámbito de lo domestico, la sexualidad femenina o la abundancia, también era señora de la magia. Ella es quien daba el seiðr a los dioses, la gran magia, convirtiendo a la mujer en poseedora de ese poder, y colocándose al mismo nivel que Odín. Podía cambiar de forma, era una hechicera y una adivina directamente relacionada con la muerte, compartía a los guerreros caídos en batalla con Odín, que se llevaba la mitad al Valhala, y Freya la otra mitad al Folkfangr.

En la Saga de Erik el Rojo se habla de la bruja llamada Thorbjorg, que lleva guantes de piel de gato y una capucha forrada con piel de gato que le confieren poderes mágicos.

Cabeza de gato en un trineo de Oseberg

Volviendo a la importantísima tumba de Oseberg, es muy probable que fuera la de una sacerdotisa o sacerdotisas dedicadas a Freya, lo que explicaría la gran cantidad de representaciones de gatos. Además del magnífico carro, también se encontraron tres trineos cuyos palos frontales están rematados con figuras de animales que presentan rasgos felinos.

No lejos de Oseberg, en Borre, también en la provincia de Vestfold, se descubrió otra nave enterrada en el suelo que corresponde a la época de la gran expansión vikinga, datada entre el 830 y el 975.

Anillo de bronce, estilo Borre

La tumba contiene numerosos objetos de bronce, muchos de ellos con representaciones de animales en el llamado estilo Borre, y entre ellos bastantes gatos con un aspecto característico: cara triangular, cejas marcadas, orejas redondeadas.

Tapiz del siglo XII – Museo de Historia, Estocolmo

Un ejemplo más de que el gato acompaña al ser humano en su día a día y en otros recorridos desde hace mucho tiempo.

 


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Los gatos en la pintura de Max Beckmann

Naturaleza muerta con dos gatos (1917)

El pintor alemán Max Beckmann ha sido tachado a menudo de “expresionista”, aunque era un adjetivo que él rechazaba categóricamente. En los años veinte del pasado siglo se le asoció con el movimiento “Neue Sachlichkeit” (Nueva objetividad), término acuñado por Gustav Friedrich Hartlaub, director del Kunsthalle de Mannheim, y al que pertenecieron Otto Dix (un amante de los gatos) y George Grosz, entre otros. Dicho movimiento desapareció en el año 1933, con el ascenso del Nacionalsocialismo al poder.

Antes del baile (1949)

 

Autorretrato con bombín (1921)

En esta entrada solo hablaremos del artista, ya que no hemos encontrado nada acerca de su relación con los gatos. Quizá el cuadro más sorprendente sea el titulado “La sinagoga de Fráncfort del Meno”, donde se ve a un gato sentado encima de lo que parece una alfombrilla en medio de la calle y una luna creciente en el cielo.

La sinagoga de Fráncfort del Meno (1919)

Todos los cuadros nos parecen asombrosos, pero los gatos siempre son desproporcionados, más pequeños de lo que deberían ser, incluso en “Naturaleza muerta con gatos”. Nos atrevemos a afirmar que tuvo un gato, como demuestran algunos de los autorretratos que hemos incluido aquí. De hecho, es conocido por los numerosos autorretratos que pintó durante toda su vida, como también hicieron Rembrandt y Picasso. También sabemos por dos cuadros que podemos ver en esta entrada que el matrimonio Battenberg, muy amigo suyo, tenía un gato.

Naturaleza muerta con gato

 

Mujer con gato

Max Beckmann nació el 12 de febrero de 1884 en Leipzig, Sajonia. Durante la I Guerra Mundial se alistó como enfermero voluntario y vivió experiencias muy traumáticas. A partir de entonces, su estilo cambió radicalmente, pasando del más correcto academicismo a una reflexión mucho más distorsionada de lo que veía.

Autorretrato con lámpara y gato (1920)

 

Autorretrato con los Battenberg

Disfrutó de mucho éxito durante la República de Weimar. En 1925 fue escogido para dar una clase magistral en la Academia Städelschule de Bellas Artes de Fráncfort. En 1927 ganó el Premio Imperial Honorario del Arte Alemán y la Medalla de Oro de la Ciudad de Dusseldorf. La Galería Nacional de Berlín compró dos cuadros suyos en 1928, y a principios de los treinta se le dedicaron varias retrospectivas y publicaciones.

Joven con gato amarillo

 

La vieja actriz (1926)

Pero todo cambió con la llegada al poder de Hitler, que sentía un profundo desprecio por el arte moderno. En 1933 fue clasificado de “bolchevique cultural” por el gobierno alemán y perdió su puesto de profesor en la Escuela de Bellas Artes de Fráncfort. Cuatro años después se confiscaron más de 500 obras suyas expuestas en museos alemanes y algunas formaron parte de la tristemente famosa “Exposición de Arte Degenerado” de Múnich. Al día siguiente del discurso de Hitler sobre el arte degenerado, Max Beckmann abandonó Alemania para siempre con Quappi, su segunda esposa, a la que retrató profusamente, pero nunca con un gato.

Mathilde von Kaulbach

Su autoexilio en Holanda duró diez años, durante los que intentó repetidamente obtener un visado para trasladarse a Estados Unidos. Por fin lo consiguió una vez terminada la guerra. Ocupó un puesto de profesor en la Universidad Washington de Saint Louis y posteriormente trabajó en el Museo de Brooklyn. Su primera retrospectiva en Estados Unidos tuvo lugar en el Museo de la Ciudad de Saint Louis en 1948. Fue allí donde le descubrió Morton D. Day, un filántropo y coleccionista que le compró numerosos cuadros. A los dos les unió una gran amistad.

Mujer con gato (1942)

 

Friedel Battenberg con gato (1920)

En 1949, después de cortas estancias en Denver y en Chicago, Max Beckmann y Quappi alquilaron un piso en Manhattan y empezó a dar clases en la Escuela de Arte del Museo de Brooklyn. Falleció de un infarto el 27 de diciembre de 1950 en la esquina de la calle 69 y Central Park West, a los 66 años. Según Quappi, su viuda, iba a ver uno de sus cuadros que acababa de colgarse en el Museo Metropolitano de Arte.