Gatos y Respeto

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Un gato sin nombre y el marchante Ambroise Vollard

Vollard y su gato

Hablando de Ambroise Vollard, Picasso dijo: “Ni de la mujer más bella se pintó, dibujó o grabó el retrato tan a menudo como el de Vollard”. Y nosotros añadiremos que, en muchas ocasiones, le acompañaba un gato. Incluso en el famoso cuadro “Homenaje a Cézanne”, realizado por Maurice Denis en 1900, se ve de izquierda a derecha en la galería del marchante a Odilon Redon, Édouard Vuillard, André Mellerio, Ambroise Vollard, el mismo Maurice Denis, Paul Sérusier, Paul-Elie Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, Marthe Denis, la esposa del pintor, y a un gato atigrado, en el suelo debajo del caballete, que se parece mucho al que acaricia el galerista en numerosas fotografías.

Homenaje a Cézanne, de Maurice Denis

Detalle

A finales de julio de 1939, en vísperas de la II Guerra Mundial, un Talbot descapotable conducido por un chófer se dirigía hacia París. El famoso galerista Ambroise Vollard, de 73 años de edad, iba sentado en el asiento trasero. Parece ser que el coche dio varias vueltas de campana después de deslizarse por la carretera mojada y ambos pasajeros murieron. Sus cuerpos no fueron hallados hasta el día siguiente. Había desaparecido el descubridor de un sinfín de pintores, empezando por Cézanne. Natural de la isla de la Reunión, en el océano Índico, llegó a París en 1895, a los 21 años, para estudiar Derecho.

Ambroise Vollard en 1938

En su autobiografía reconoce que descubrir esos cuadros de colores irisados y brillantes del primer momento del impresionismo fue “como si me golpearan en el estómago”. Al año dejó los estudios de Derecho y organizó una primera exposición para Cézanne, entonces casi desconocido y considerado como un loco, en un local muy modesto de la calle Laffitte de París. Volvemos a citar al marchante: “Era menospreciado hasta por la vanguardia. Le compré 150 cuadros de golpe, casi todo lo que había pintado”.

Cézanne y Vollard

Y sigue diciendo en sus memorias: “Me gasté todo el dinero que tenía. Me pregunté si mi osadía no iba a llevarme a la ruina. Ni siquiera me quedaba bastante dinero para enmarcar correctamente los cuadros”. Pero la exposición fue un éxito, les catapultó a los dos a la fama y cimentó una profunda amistad entre ambos. Fue el galerista de Gauguin, Picasso (para quien organizó su primera exposición en París) y Matisse, además de vender obras de Rouault, Derain y de todos los fauvistas, así como de Degas, Renoir, Monet y Manet, entre otros muchos.

Una esquina del despacho de Vollard

No solo compraba obras de arte, también apoyaba los trueques. Según sus meticulosos libros de contabilidad, Picasso intercambió cuadros suyos por otros de Degas y Matisse; Degas y Renoir por algunos de Cézanne. Kandinsky quería un cuadro del Aduanero Rousseau, pero no podía permitírselo y dio varios cuadros suyos a cambio. En 1913, Matisse compró “Las tres bañistas”, de Cézanne, con el anillo de esmeraldas de su esposa.

Vollard, por Pablo Picasso

Aunque algunos artistas se quejaron de que los explotó, la gran mayoría le apreciaban y querían, como demuestra el sinfín de retratos que le hicieron. La galería se convirtió en uno de los focos de la vida bohemia parisina de la época. Organizaba cenas donde servía platos de su isla natal, como el curry criollo, a sus invitados. El fotógrafo Brassaï (https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/) dijo en una ocasión: “Eran fiestas muy alegres, hablábamos, discutíamos y planeábamos el futuro del arte”.

Cena en el sótano de la galería

Cuando murió, más de diez mil obras de arte llenaban su mansión de la calle Martignac, en París. Parece ser que todas las habitaciones excepto dos, el dormitorio y el comedor, estaban llenas de cuadros y esculturas. Entre sus clientes había grandes coleccionistas, entre ellos Gertrude Stein y su hermano Leo, Ivan Morozov, Sergei Shchukin y el estadounidense Barnes. Al no haber hecho testamento, su magnífica colección fue repartida entre varios herederos. Algunos cuadros acabaron, con los años, en los grandes museos internacionales, otros en colecciones privadas y muchos desaparecieron para siempre.

Vollard, por Pierre Bonnard

Detalle

Desde 1938, el secretario del marchante era Erich Šlomović, un universitario yugoslavo. En septiembre de 1939, cuando Francia declaró la guerra a Alemania, este último almacenó unas ciento cincuenta obras en el banco Société Génerale de París y se llevó otras trescientas cincuenta a Zagreb para montar una exposición, tal como Vollard le había pedido. Šlomović fue asesinado por los nazis en 1942 a los 27 años. El banco obtuvo una orden judicial para abrir la caja fuerte y puso en venta el contenido, pero los herederos de Vollard y de Šlomović entablaron un proceso judicial contra la entidad. Ciento cuarenta y una obras fueron vendidas en junio de 2010 por Sotheby’s en París y Londres. Las otras trescientas cincuentas piezas que llevó a Belgrado se encuentran ahora en el Museo Nacional de esta ciudad, aunque también son objeto de litigio.

Vollard, por Pablo Picasso

El resto de los cuadros se dividió entre Madeleine de Galea, la supuesta amante del marchante, y su hermano Lucien Vollard, que nombró albacea a Martin Fabiani, acusado años después de vender las obras de arte robadas por los nazis a aventureros, mafiosos y altos funcionarios de la Francia ocupada. Una pequeña parte de la colección está en el Museo Léon Dierx de Saint-Denis, en la Reunión, gracias a las donaciones que el propio Vollard hizo en 1912 y su hermano en 1947. Además, después de la I Guerra Mundial, Vollard donó numerosos cuadros a museos franceses cuando decidió cerrar su galería y seguir vendiendo desde su casa.

Vollard con gato dibujado por Pierre Bonnard

También dedicó tiempo a publicar libros ilustrados por sus pintores favoritos. Uno de los primeros fue el famoso “Dafnis y Cloe”, ilustrado por su gran amigo Bonnard. Fue el autor de dos manuscritos sobre Renoir y Cézanne, además de sus memorias, “Souvenirs d’un marchand de tableaux” (Recuerdos de un marchante de cuadros).

Vollard, por Pierre Bonnard

Le gustaban los gatos. Si no fuera así, Bonnard y Picasso no le habrían retratado con uno en brazos, y Brassaï tampoco le habría fotografiado sujetando a otro empeñado en escaparse.

Vollard fotografiado por Brassaï en 1934

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Gatos en los retratos de Alice Neel

Alice Neel fue una pintora estadounidense nacida el 28 de enero de 1900. Entre los cientos de retratos que realizó solo hemos encontrado cinco en los que incluyó un gato. En uno de ellos, pintado en 1969, vemos a su hijo Hartley con un gato en brazos. Aparte de otros tres dibujos de siameses y el cuadro de un gato negro, no hay nada más.

Hartley y un gato (1969)

Creció en el seno de una familia muy estricta junto a tres hermanos y una hermana. Parece ser que en una ocasión su madre le dijo: “No sé qué esperas hacer en este mundo, no eres más que una chica”. Después de acabar el instituto en 1918, pasó un examen para funcionarios y consiguió un empleo muy bien remunerado, lo que le permitió ayudar a sus padres. Al cabo de tres años empezó a asistir a clases nocturnas de pintura y acabó matriculándose en el programa de Bellas Artes de la Escuela de Diseño para Mujeres de Filadelfia. Se costeó el primer año de estudios con sus ahorros y consiguió becas para los tres siguientes.

Mujer con gato (1932)

En 1925 se casó con el pintor cubano Carlos Enríquez y llegó a la isla en 1926. Allí fue inmediatamente adoptada por un grupo de artistas de vanguardia. Expuso por primera vez en el XII Salón de Bellas Artes de Cuba en 1927, el mismo año que la pareja decidió instalarse en Nueva York. Al poco de llegar, su hija Santillana murió de difteria cuando aún no había cumplido un año. A pesar del terrible golpe, Alice Neel encontró un trabajo en el National City Bank y se quedó embarazada de nuevo de su segunda hija, Isabetta. En 1930, cuando la niña tenía dos años, Carlos regresó a Cuba para dejarla con su familia y preparar el traslado de ambos a París, pero al final se fue solo. Alice cayó en una profunda depresión, intentó suicidarse en dos ocasiones y estuvo un año en un hospital psiquiátrico. Aun así, nunca dejó de pintar.

Siameses (1951)

Siameses (1950)

En los años treinta, en plena Gran Depresión, Alice Neel se acercó mucho al Partido Comunista, aunque nunca estuvo afiliada al mismo, y retrató a numerosos líderes políticos de izquierdas. En mayo de 1931 participó en el primer Washington Square Outdoor Art Exhibit, organizado por Jackson Pollock. Ese mismo año conoció a Kenneth Doolittle, un marinero opiómano que en diciembre de 1934, en un ataque de celos, cortó y quemó unos 60 cuadros y 200 dibujos y acuarelas de la artista. En palabras de Alice Neel: “Fue un tremendo acto de chauvinismo machista, quería controlarme totalmente. Tuve que salir corriendo del piso o me habría cortado la garganta. Fue muy traumático para mí, ya que destruyó algunas de mis mejores obras, cosas que había hecho mucho antes de saber que él existía. Tardé años en superarlo”.

Gato negro (1965)

Poco después tuvo una relación con John Rothschild, que la ayudó económicamente, pero a finales de 1935 se enamoró de José Santiago Negrón, un guitarrista puertorriqueño que tocaba en un local llamado “La casita”. El flechazo fue mutuo y él dejó a su esposa e hija para vivir con Alice. En septiembre de 1936 terminó el famoso cuadro “Los nazis asesinan a los judíos”. Alice Neel se encuentra entre los pocos artistas estadounidenses que plasmaron la suerte de los judíos a manos de los nazis en Alemania. Negrón amenazó con dejarla cuando se quedó embarazada, y aunque ella se empeñó en tener el bebé, lo perdió unos meses después. Durante el embarazo se mudaron del Greenwich Village al Spanish Harlem, donde la pintora vivió veinticuatro años. Era un lugar maravilloso para su creatividad. Se dedicó a pintar a todos los vecinos y también en esa época empezó la serie de mujeres desnudas. En septiembre de 1939 dio a luz a su primer hijo, Richard Neel. El padre les abandonó tres meses después.

Hartley y Richard

En 1940 conoció a Sam Brody, un fotógrafo intelectual muy próximo al Partico Comunista. No tardaron en vivir juntos, pero Brody no le dijo en ningún momento que estaba casado y que tenía dos hijos. Él visitaba a su mujer cada tarde, y durante varios años ni Alice ni la esposa supieron de su respectiva existencia. Entretanto, Negrón iba a ver regularmente a su hijo Richard y entregaba dinero a Alice. En 1941 dio a luz a Hartley. Su relación con Sam Brody duró hasta 1958.

Niña con gato

Peter B. Kaplan con gato (1950)

En los años cincuenta, el FBI empezó a vigilar a Alice Neel por sus simpatías hacia el Partido Comunista y lo siguió haciendo hasta mediados de los sesenta, época en que dejó el Spanish Harlem para mudarse al Upper West Side. Como muchas mujeres artistas de su tiempo, tuvo que luchar para ser reconocida, y ese reconocimiento no se hizo patente hasta que unos pocos críticos en los sesenta se fijaron en ella, sobre todo Hubert Crehan, un escritor y pintor conocido por su defensa de las artistas.

Dos gatos (1942)

En agosto de 1970, la revista Times encargó a Neel que pintara un retrato de Kate Millet, la gran feminista, para la portada de la revista. Millet rehusó posar porque consideraba que una sola mujer no representaba a todo el movimiento. Los directivos de la revista no se rindieron y le pidieron a Neel que hiciera el retrato a partir de una foto. Por entonces también retrató a Andy Warhol y a muchos otros. En los setenta ya era famosa y el presidente Jimmy Carter le entregó el Premio National Women’s Caucus for Art. De hecho, había alcanzado la cima cuando murió en su piso el 13 de octubre de 1984 rodeada de su familia.

Fotografía de Lynn Gilbert (1976)

Eddie Zuckermandel con gato (1948)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alice Neel luchó toda su vida contra la depresión, pero siempre consiguió superar los golpes y adversidades. Pintó pocos gatos, es verdad, pero nunca dejó de hacerlo. El primer retrato con un gato es de 1932 y el último, fechado en 1981, se titula “Victoria con gato”, quizá una de sus nietas.

Victoria con gato (1981)

 


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El gato Pard y la escritora Ursula K. Le Guin

En 1969, Ursula K. Le Guin publicó la novela “La mano izquierda de la oscuridad” sobre un extraño planeta, Gueden, habitado por seres andróginos cuyo sexo cambia según la influencia feromonal del compañero sexual, algo totalmente inaudito en la época. Nadie había osado plantear un mundo sin un sexo dominante donde realmente ambos fuesen iguales. Además, como dijo Margaret Atwood en la necrológica que escribió para el Guardian en enero pasado después del fallecimiento de Ursula K. Le Guin: “Parece que por fin el tiempo ha alcanzado a la novela. El planeta Gueden está dividido en dos. Por una parte, una sociedad con un rey loco. Abundan las camarillas y las rencillas. Un día se está en el círculo íntimo y al siguiente, la persona se ve condenada al exilio. Y en la otra parte, la sociedad se basa en una poderosa burocracia gobernada por un comité secreto. Si a alguien se le considera un peligro para el bien general, se le encarcela en un sito alejado sin juicio ni defensa posible”. Hace casi 50 años, Ursula K. Le Guin predijo, a grandes rasgos, el mundo actual.

Pard y las peonias

En la barandilla

La escritora falleció el 22 de enero de 2018 en su casa de Portland, Oregón, donde vivía con su marido Charles, al que conoció a bordo del Queen Mary camino de Francia y con quien se casó unos meses después en 1953, y con Pard, su gato blanco y negro. En 2016, el New York Times la describió como “la mejor escritora viva de ciencia ficción”. Ella contestó que preferiría ser conocida sencillamente como “una novelista estadounidense”.

En casa

Sus novelas de ciencia ficción hablan de brujería y dragones, naves estelares y conflictos planetarios, pero incluso cuando los protagonistas son hombres, evitan la habitual postura machista de los héroes de fantasía. Viven conflictos enraizados en enfrentamientos culturales que suelen resolverse mediante la conciliación y el sacrificio, y no las batallas y las armas.

Vista trasera

Traducidos a más de 40 idiomas, se han vendido millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo. Además de veintidós novelas, escribió doce colecciones de poemas, más de cien historias cortas recogidas en un sinfín de volúmenes, siete libros de ensayos y trece libros infantiles. Tradujo cinco libros, entre los que mencionaremos el Tao Te Ching, de Lao Tzu, y una serie de poemas de la Premio Nobel Gabriela Mistral.

En la biblioteca

Nació el 21 de octubre de 1929 en Berkeley, California. Era la hija de Alfred L. Kroeber, un antropólogo dedicado al estudio de los indios californianos, y de Theodora Kracaw Kroeber, autora del libro “Ishi in Two Worlds” (Ishi en dos mundos), acerca de la vida y muerte del último indio californiano libre. Se sintió atraída desde muy joven por la ciencia ficción, pero dejó de interesarle siendo adolescente porque “las historias siempre trataban de armas y soldados: hombres blancos que salían a conquistar el universo”.

Se licenció en el Radcliffe College en 1951, y un año después obtuvo un máster en Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Columbia. Poco después le concedieron una beca Fullbright para estudiar en París.

Antes de Pard, con Lorenzo

En 2010 empezó un blog (http://www.ursulakleguin.com/Blog-Index.html) cuya última entrada es un poema escrito en 1991 “cuando la Unión Soviética se estaba desintegrando”. Y dentro de este blog están los anales de Pard, un gato vestido con un impecable esmoquin. En la penúltima entrada, titulada “Pard y la máquina del tiempo”, explica que su gato ha descubierto por fin la verdadera utilidad del escáner: el lugar perfecto para echarse la siesta. Porque, como dice la escritora, los gatos no necesitan una máquina para viajar en el tiempo, un momento están aquí con nosotros, y al siguiente ya no, aunque la transición suele ser imperceptible.

Pard y la máquina del tiempo

Además de los anales de Pard, el blog también incluye varias entradas tituladas “Mi vida hasta ahora, por Pard”, en las que el gato blanco y negro cuenta su vida empezando por la infancia con su madre y su hermana. Dado que el primer capítulo apareció en 2012, es muy probable que Pard llegara a la casa de los Le Guin entonces y que ahora ronde los seis años.

Pard y la jungla de la ventana

Pard cuenta que era feliz con su madre y su hermana, que había croquetas en el bol y que sabían bien, que los humanos comían cosas raras y que su madre intentaba cazar las cosas raras, lo que daba lugar a situaciones desagradables. Otra cosa que considera desagradable son los abrazos, aunque se den con la mejor intención. Luego, Pard es metido en una caja que huele a miedo y llevado a otro lugar, un lugar horrible lleno de gatos donde “pierde las pelotas”. Recuerda que tenía dos y que un día ya no tuvo ninguna. Más tarde le llevaron a otra casa, y tardó algún tiempo en acostumbrarse al viejo Gato y a la vieja Reina (Charles y Ursula Le Guin).

En la fuente

Incluimos un párrafo escrito por Pard: “Esconderse debajo de la cama no es lo mejor cuando uno padece de ansiedad, pero no es un mal lugar para ser temporalmente invisible cuando se está atento a pies desconocidos, máquinas sumamente ruidosas, etcétera. O también cuando me gritan porque me he estirado y ejercitado mis uñas en la colcha, a pesar de que es obvio que para eso mismo están las colchas”.

Pard debajo de la cama

Y sus impresiones cuando llegó a la casa de los Le Guin: “Al principio no me fiaba del viejo, pero mis miedos carecían de fundamento. Cuando se sienta, tiene una cualidad excelente llamada regazo. Los otros humanos también lo tienen, pero el suyo es mío. Está lleno de tranquilidad y afecto”. Y hablando de Ursula, dice: “Lo que me gusta de ella es poder colocarme detrás de sus rodillas en la cama, o también encima de su cabeza coronada por una especie de pelaje que me recuerda a mi madre. Así que, a veces, me tumbo en la almohada y se lo amaso, sobre todo cuando está dormida”.

A través del espejo

Sueños de gato

Entre los libros infantiles que escribió Ursula K. Le Guin está la serie “Catwings”, donde aparece una camada de cuatro gatos que nacieron con alas, y el maravilloso “Cat Dreams”, que solo puede conseguirse de segunda mano, ambos con espléndidas ilustraciones de S.D. Schindler.

Ilustración de S.D. Schindler

Esta entrada es para ti, Yolanda Rodríguez Villegas, gran amante de los gatos y gran defensora de los derechos de la mujer. Gracias.

Con Lorenzo (1996)


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El gato cartujo, raza francesa por excelencia

Como ocurre con muchas razas de gatos, el origen, la historia y el nombre de los gatos cartujos ha dado pie a muchas especulaciones. Por ejemplo, se dijo que los monjes cartujos (los creadores del famoso licor verde, el Chartreuse) fueron los primeros en introducirlos en Francia, pero parece ser que llegaron a Europa , sobre todo a las Galias, en barcos procedentes de Oriente Próximo, concretamente de Turquía y el norte de Irán, en la época posterior a las cruzadas. El primer documento que menciona a un gato de pelo gris azulado es un poema escrito en 1558 por Joachim du Bellay en el que se lamenta por la muerte de su adorado Belaud. No solo canta las proezas del felino, sino que aporta detalles precisos acerca del carácter y los rasgos físicos de una raza que vivía en Francia en aquella época y corresponde a la descripción de los cartujos.

 

 

 

 

 

 

 

Estos son algunos de los versos del poema traducidos al español: “Cubierto de pelo plateado,/corto y pulido como el satén,/tendido en ondas sobre el lomo,/y blanco como el armiño por debajo./Morro pequeño, dientes pequeños,/mirada no muy ardiente,/pero cuyo tono variado/imita el color dejado por el arco lluvioso/que se inclina a través de los cielos./Y por debajo, una naricita de ébano,/un hociquito leonino/rodeado de una barbita plateada…”

Sigue describiendo un cuerpo robusto sobre patas delgadas y acaba alabando las proezas cazadoras de Belaud. Leyendo el larguísimo poema es imposible negar que el poeta amaba a su gato y que su muerte le dolió profundamente.

Más tarde, otros autores hablan de un gato azul. El nombre “gato de los cartujos” no aparece hasta el siglo XVIII en el “Diccionario Universal del Comercio, Historia Natural y Artes y Oficios”, de Savarry de Bruslon, donde describe el apelativo “cartujo” del modo siguiente: “El vulgo nombra así a un gato de pelaje azulado muy apreciado por los peleteros”. En otra entrada del diccionario, el autor habla de una lana gris muy suave, importada de España y llamada “pile des Chartreux” (lana cartuja), de elevadísima calidad procedente de ovejas merinas. De hecho, entre los siglos XV y XVIII, la lana española era considerada la mejor de Europa. El gato cartujo tiene un pelaje muy denso y mullido, por lo que habría podido compararse a la preciada lana.

Pelo de oveja merina

En 1735, el famoso científico sueco Lineo, creador de la taxonomía (clasificación botánica y animal), en su obra “Systema Naturae” describió el pelaje del gato cartujo como “Coeruleus pilis”, es decir, azul oscuro de pelo corto. Una publicación de esta obra realizada en Bruselas por Vanderstegen de Putte en 1793 dice que el pelaje es gris azulado.

Gato de Siria, por Ulisse Aldrovandi

Buffon, el gran naturalista del siglo XVIII conocido por sus dibujos de animales y plantas, le incluye entre las cuatro razas de gato que reconoce:  doméstico, español, angora y cartujo. Lo describió con suma precisión y realizó dibujos comparativos.

Comparativa, por Buffon

Comparativa, por Buffon

La famosa escritora Colette, que tanto amaba a los gatos, tuvo varios cartujos y convirtió a su gata Saha en la protagonista de la novela “La gata” describiéndola con rigor y ternura en varias ocasiones. Por ejemplo: “El sol jugaba en su pelaje de gata cartuja de tonos malvas y azulados como el pecho de una paloma torcaz”.

Colette

Charles de Gaulle tenía un cartujo en su casa de campo al norte de París. Parece ser que cuando llegó aún era pequeño y se le llamó Ringo de Balmalon, pero ese nombre algo rimbombante se simplificó rápidamente a Gris-gris. La leyenda cuenta que acompañaba al general en sus paseos por el parque.

Durante siglos, el gato cartujo vivió en los hogares de Francia cruzándose a su antojo, hasta que en los años treinta las hermanas Léger encontraron una espléndida camada de cartujos en la isla donde residían en la costa de Bretaña y decidieron hacerse cargo de ella. En 1933, durante una exposición del Cat Club de París, su gata Mignonne de Guerveur se convirtió en campeona internacional y fue nombrada “Gata más estética de la exposición”. Se la considera como la antepasada de los cartujos actuales. Los primeros estándares de la raza fueron establecidos en 1939.

Mignonne de Guerveur

La Segunda Guerra Mundial hizo estragos entre los cartujos, y a finales de 1960 se autorizó su cruce con el british shorthair, una raza totalmente diferente. Por suerte, en 1977,  Jean Simonnet y el Club del Gato Cartujo, que había fundado, promulgaron nuevos estándares que recuperaban las características del auténtico cartujo. Es una de las razas naturales más antiguas del mundo y el único gato “francés”.

El cartujo no es un gato hablador, le gusta la tranquilidad, es robusto, y gracias a su pelaje denso y espeso, no teme al frío ni a la intemperie. Se le considera un excelente cazador.


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El gato Losa, silencio, setas y el compositor John Cage

John Cage y su gato Losa

John Cage no solía llamarse a sí mismo compositor, sino “inventor”. Estudió música con Arnold Schoenberg, a quien en una entrevista le preguntaron si alguno de sus alumnos le había parecido interesante y contestó, al cabo de unos segundos: “Había uno, John Cage, pero no era un compositor, sino un inventor… genial”.

John Cage tal vez fue el compositor más significativo, innovador y controvertido del siglo XX, un pionero del indeterminismo en la música, de la electroacústica y del uso de instrumentos poco habituales. Asimismo, jugó un importante papel en el desarrollo de la danza moderna a través de su relación con el coreógrafo Merce Cunningham. En una de las composiciones que le hicieron famoso, 4’33”, el músico o los músicos no hacen nada durante 4 minutos y 33 segundos (https://www.youtube.com/watch?v=Oh-o3udImy8). Pero al contrario de lo que se cree, el contenido de la composición no es el silencio, sino los sonidos de ambiente que oye el público durante ese tiempo. También estuvo entre los primeros en utilizar el “piano preparado”, cuyo sonido se altera mediante la colocación de objetos entre las cuerdas y los martillos.

Con Nicolas Slonimsky

Influido por las culturas del este y sur de Asia, estudió filosofía hindú y budismo zen en los años cuarenta, lo que le llevó a pensar en la música aleatoria o controlada por el azar. Empezó a desarrollarla en 1951 después de leer el libro oracular chino I Ching, que usó a partir de entonces como herramienta de composición. No sorprende que sus teorías y obras no siempre fueran bien recibidas en la época. En los cincuenta y sesenta, muchos le tacharon de bromista, charlatán y anarquista. Durante la presentación de Eclipticalis With Winter Music por la Filarmónica de Nueva York en 1964, una tercera parte del público salió de la sala y algunos músicos le silbaron. Pero no fue nada comparado al monumental enfado del público en 1913 durante el estreno en París de La consagración de la primavera, de Stravinsky.

John Cage dijo en una entrevista: “Hago lo que me parece necesario. Y esa necesidad surge de mi sentido de la invención, intento no repetir lo que ya conozco”. Compuso todo tipo de música para todos los instrumentos imaginables, y algunas de sus obras incluyen sonidos de radios, de juguetes, de alguien bebiendo agua o cortando verduras.

Nació el 5 de septiembre de 1912 en Los Ángeles y pasó parte de su infancia en Detroit antes de regresar a California. De pequeño estudió piano con su tía Phoebe, pero desde muy joven quiso ser escritor. A principios de los treinta recorrió Europa durante dos años, y mientras estaba en París trabajó para el arquitecto Erno Goldfinger, que le presentó a Marcel Duchamp y a otros dadaístas. Compuso sus primeras piezas pianísticas durante una visita a Mallorca. De regreso a California, trabajó como jardinero y cocinero, además de dar conferencias de arte moderno en colegios.

En la cocina

Estudió con Arnold Schoenberg en 1934 y 1935 en Nueva York, donde conoció a la artista Xenia Andreyevna Kashevaroff, de la que se enamoró perdidamente. Se casaron el 7 de junio de 1935 en el desierto de Yuma y se fueron a vivir a California. Desde allí, se trasladaron a Seattle y posteriormente a Chicago para dar clases en la Escuela de Diseño e intentar formar una sociedad de música experimental. Ante la imposibilidad de realizar este sueño, se mudaron a Nueva York, y vivieron en el piso de Max Ernst y Peggy Guggenheim. Como había dejado sus instrumentos de percusión en Chicago, empezó a componer en el piano preparado obras muy apreciadas por diversos coreógrafos, entre ellos Merce Cunningham, que acabaría siendo su compañero sentimental hasta su muerte. John Cage se divorció de su esposa en 1945.

John Cage y Merce Cunningham (1948)

Poco a poco, a partir de los años cincuenta, empezó a darse a conocer con sus composiciones “del azar”. Daba conferencias y conciertos en Europa y Japón con sus colaboradores de música electrónica y con la Compañía de Danza Merce Cunningham. Enseñó música experimental en la Universidad Wesleyan, institución que publicó su primer libro, Silence, en octubre de 1961. Entre las cientos de obras que compuso, cabe destacar cinco óperas, todas ellas llamadas Europera (de la I a la V).

La biblioteca

Pero además de la música, John Cage tenía otras dos pasiones, las setas y un gato negro llamado Losa. Se sabe que tuvo otro gato negro antes de Losa, llamado Skookum, pero un operario que arreglaba algo en su piso le dejó escapar. El compositor se lo tomó tan mal que un amigo suyo llegó a decirle que quizá debía volver “a la escuela zen”. Losa, de nombre completo “Losa Rimpoche Taxi Cab”, y John Cage disfrutaban asustando a las visitas primerizas. Losa se movía por el ático con una caja de cartón que John Cage le ponía encima y el/la invitado/a exclamaba inevitablemente: “¡Tiene miedo, no puede salir!” Pero Losa, al cabo de un rato, alzaba el borde de la caja, salía de debajo y lanzaba una mirada desdeñosa a la visita antes de retirarse a un lugar tranquilo.

En cuanto a las setas, era una afición que le venía de lejos. En 1959 dio una primera clase sobre la identificación de setas y hongos con el horticulturista Guy Nearing en la New School de Nueva York. Parece ser que la costumbre se consolidó y que el banquete anual de los participantes incluso llegó a las famosas páginas culinarias del New York Times. De viaje por Italia en los sesenta participó en un concurso llamado Lascia o Raddoppia (Doble o nada) y como tema escogió las setas. Ganó el primer premio de 10.000 dólares con los que se compró un piano y una furgoneta Volkwagen para la compañía de danza de Merce Cunningham. Cofundó la Sociedad Micológica de Nueva York con algunos de sus alumnos de la New School.

Falleció de un infarto el 12 de agosto de 1992. Merce Cunningham murió por causas naturales en julio de 2009, 17 años después de John Cage.

Merce y John, por Peter Hujar


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El gato Laptop, la catedral de Canterbury y mucho más

Laptop

El 17 de septiembre de 2013, la catedral de Canterbury publicaba la siguiente noticia:

“Nos entristece anunciar que Laptop, el gato de la catedral, falleció el 11 de septiembre. El cariñoso felino llevaba años viviendo en la catedral y se cree que tenía más de 18 años. Laptop era un espíritu libre y sigue siendo un misterio por qué escogió la catedral como residencia. Quizá empezó a visitar a los chicos en la Casa del Coro y creemos que ellos le pusieron el nombre de Laptop porque en cuanto alguien le acariciaba se instalaba en su regazo de un salto (Nota: La palabra laptop, ordenador portátil, viene de ‘lap’, regazo)”.

La nota sigue diciendo: “La Casa del Coro fue reformada hace varios años, y Laptop decidió trasladarse al Claustro, donde vivió felizmente. El personal de limpieza de la catedral cuidaba de él y se aseguraba de que no le faltara comida de primera calidad. Cada mañana daba la bienvenida a los sacristanes cuando abrían el claustro y tenía por costumbre maullar ante la Puerta del Martirio antes de que empezaran los maitines para que le abrieran y pudiera oír misa. Incluso tenía un asiento reservado. Por la tarde, si hacía sol, solía estirarse en el jardín de la Torre del Agua, por lo que nos ha parecido adecuado que reposara en uno de sus sitios preferidos”.

La nota acaba con estas palabras: “Era un gato cariñoso y contento al que todos adoraban, tanto los voluntarios como el personal que trabaja en la catedral. Dio la bienvenida a millones de personas que visitaron el Claustro durante estos años y probablemente esté en miles de fotografías. Nos ha sorprendido la cantidad de personas que se han puesto en contacto con nosotros para expresar su pésame y compartir algún recuerdo del viejo residente. RIP Laptop”.

Pero Laptop no fue el único gato residente de la catedral de Canterbury. El 22 de abril de 2015, la catedral publicó en Twitter que “Lionel, el gato de la catedral” había desaparecido, lo que dio pie a una búsqueda desaforada por los alrededores. La desesperación de todos incrementaba a medida que pasaba el tiempo hasta que, el décimo día de su desaparición, Lionel, un callejero atigrado de unos 18 meses, reapareció tranquilamente como si nada. Hemos podido saber que hay unos diez gatos viviendo en la espléndida catedral.

Lionel recuperado

Sinceramente, nos parece maravilloso que los británicos acojan a gatos en catedrales e iglesias, porque el caso de Laptop y de Lionel no es único. El fotógrafo Richard Surman publicó un libro titulado “Cathedral Cats” acerca de los gatos más privilegiados de Gran Bretaña, amos y señores de claustros y coros, jardines y sacristías. Cada foto viene acompañada de una descripción del gato y de sus manías. Biggles, por ejemplo, el residente de la Abadía de Westminster, tuvo que ser llamado al orden después de destrozar los bajos del pantalón de un agente de policía. Richard Surman también ha publicado “Church Cats”, “Cloister Cats” y “College Cats”.

En la catedral de Wells, en Somerset, vive un precioso gato llamado Louis. En 2015 fue acusado, injustamente según el personal de la catedral, de haber atacado a tres perros en diferentes ocasiones. Louis tenía entonces 17 años, lo que nos lleva a pensar que no fue el culpable. Sea como sea, Louis es muy famoso e incluso tiene una línea de merchandising. Y hablando de eso, también incluimos una foto de Tilly, la gata del segundo organista de Canterbury, en la tienda de la catedral ayudando a vender toallas gatunas.

Louis

Damos un salto al otro lado del Atlántico para visitar a Carmina, la gata carey de la Catedral Nacional de Washington DC. Debía tener unos 18 meses cuando fue encontrada con una camada de gatitos de no más de una semana en un solar cercano. Victoria Chamberlin, de la Sociedad Coral Catedralicia, la cuidó, encontró hogares para los gatitos y se opuso a que la gata fuera entregada a un refugio. Convenció a sus compañeros de que la Sociedad adoptara a Carmina durante un ensayo del “Carmina Burana”, de Carl Orff, de ahí el nombre de la gata.

Carmina

Carmina sustituyó a Catalina de Tarragona (sic), una gata blanca y negra adoptada por la catedral hace 16 años y que después de su jubilación vivió en una casa del barrio de Georgetown y pasaba los veranos en Carolina del Norte. Al parecer, Carmina nunca se interesó por oír misa, al contrario de Laptop, que nunca se perdía los maitines.

De vuelta al Reino Unido, aquí vemos una foto de Ginge (de Ginger), la gata de la catedral de Salisbury, fallecida en 1988 a los doce años de edad. Mantenía a raya a la población de ratones del lugar y había elegido como residencia el taller de cinceladores que restauran la catedral.

Ginge

Por último, a modo de curiosidad, incluimos un grafiti de tiempos remotos, probablemente de la Edad Media, representando a un gato. Es una pena que solo haya gatos en catedrales e iglesias británicas. Nunca los hemos visto en Francia, España, Italia, Portugal… Los gatos son amantes de la tranquilidad, del silencio y no hay nada malo en que elijan un lugar de culto para vivir, como ocurre en templos de Tailandia, Laos, Myanmar, Tíbet, Japón…


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Los gatos en la obra surrealista de Leonora Carrington

Leonora Carrington nació el 6 de abril de 1917. Era una gran amante de los gatos, como Remedios Varo; por cierto, debemos confesar que cometimos un error en la entrada de esta última (https://gatosyrespeto.org/2017/04/13/los-gatos-surrealistas-de-remedios-varo/) al colgar una foto de Leonora diciendo que era Remedios. No creemos que les hubiera importado. Las dos pintoras, que habían coincidido en París, fueron amigas inseparables hasta que Remedios falleció en 1963. En 1960, Leonora escribió una novela hilarante, “La trompeta acústica” – que no se publicó hasta 26 años después -, donde habla de alquimia, el Grial, la perversidad de las monjas, las dificultades que representa la convivencia entre cabras y lobos, y de ser una anciana. En el libro, Remedios es la mágica y energética Carmella Velasquez, y Leonora es Marian Leatherby, de 92 años, a la que no le quedan dientes y se ha vuelto vegetariana. Cuando su familia la aparca en una residencia, Carmella será la que se encargue de cuidar de sus gatos.

Uno de los gatos de Leonora Carrington

Los últimos gatos de Leonora Carrington fueron dos siameses llamados Monsieur y Ramona. Convivieron con Yeti, un perro maltés que la acompañó durante los últimos tres años de su vida cuando Monsieur, Ramona y su marido ya no estaban. Se casó en 1943 con el fotógrafo húngaro Emerico Weisz, al que todos llamaban Chiki, fallecido el 17 de enero de 2007 a los 97 años. Leonora y Chiki tuvieron dos hijos, Gabriel y Pablo, a los que ella se refería como Anticristo 1 y Anticristo 2 cuando eran pequeños. Durante 64 años, la pareja vivió en la misma casa de la Colonia Roma en Ciudad de México, casa que abrirá sus puertas como museo el próximo mes de abril.

Dos gatos

Creció en una sombría mansión de estilo neogótico en Lancashire. Desde muy pronto sintió pasión por los animales, algo evidente cuando se contemplan sus cuadros y esculturas, donde abundan gatos, perros, pájaros, así como grifos, salamandras y muchas criaturas mezcla de ser humano y animal. Estudió en colegios de monjas de los que era expulsada regularmente. A pesar de la oposición de su familia, consiguió estudiar dibujo y pintura en la academia de Amédée Ozenfant, en Londres. A través de esta conoció a Max Ernst, casado y 26 años mayor que ella, y se fugaron poco después de haber sido presentada en la corte británica en 1935. Jamás volvió a Inglaterra.

Gatos

En París conoció a Louis Aragon, Paul y Nusch Eluard, Marcel Duchamp, André Breton y muchos otros. Los surrealistas defendían el concepto de la “femme-enfant” (mujer niña) que “por su ingenuidad está en contacto directo con el inconsciente y puede, por lo tanto, servir de guía al hombre”. Pero Leonora era una mujer de carácter y dijo, recordando esa época: “No tenía tiempo para ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada en rebelarme contra mi familia y en aprender a pintar”. En 1938, ella y Max Ernst se mudaron a la Provenza, entre otras razones para escapar de la ira de la abandonada esposa del pintor. A pesar de las recomendaciones de sus amigos, se quedaron en Francia y él fue internado en un campo con otros “extranjeros indeseables” en 1939. Leonora huyó a España con la esperanza de poder ayudarle desde allí.

Tres gatos

En Madrid sufrió una crisis nerviosa y acabó en un manicomio en Santander, donde le administraron Cardiazol, una droga antipsicótica que produce convulsiones, y pasó días enteros atada a una cama. Parece ser que sus padres mandaron a su amada nodriza al rescate en un submarino con la idea de trasladarla a Ciudad del Cabo e internarla en una residencia. Los padres de Leonora eran muy ricos, había estallado la II Guerra Mundial y quizá la forma más segura era usar un submarino… Desde Santander llegó a Lisboa, donde volvió a ver a Max Ernst, que ahora estaba con Peggy Guggenheim. Leonora engañó a su nodriza y se refugió en la Embajada de México porque sabía que allí estaba Renato Leduc, un diplomático, poeta y amigo de Picasso al que había conocido en París. Renato, todo un caballero, ofreció casarse con ella para liberarla de su familia. Después de pasar un tiempo en Lisboa, se trasladaron primero a Nueva York y luego a Ciudad de México. De su estancia en Nueva York mencionaremos que un día André Breton fue a comer a su casa y le sirvió liebre rellena de ostras.

Perro y gato

El gato de la noche

Cuando llegaron a México, Renato y Leonora se separaron amistosamente antes de que ella conociera a Chiki Weisz. A pesar de una juventud muy aventurera, una vez casada con Chiki, se instaló en una rutina que le permitía trabajar largas horas. No soportaba las convenciones sociales y siempre decía lo que pensaba. Adoraba a sus hijos, sus gatos y el árbol que plantó al poco de mudarse a la casa. El árbol creció y años después sus ramas empezaron a invadir el patio de los vecinos. Cuando estos llamaron a un jardinero para que lo podara, Leonora les rogó apasionadamente que lo dejaran esparcirse y ser libre. Ojalá lograra convencerles.

Gato sin botas

Otro gato sin botas

Su primera exposición de importancia tuvo lugar en 1947 en la galería Pierre Matisse de Nueva York. Fue invitada a mostrar sus obras en una exposición internacional en torno al surrealismo y se convirtió en una celebridad casi de la noche a la mañana. En 2005, la casa de subastas Christie’s vendió el cuadro “El juglar” por 713.000 dólares, el mayor precio alcanzado nunca por un artista surrealista vivo.

Gorro caliente para esquiar

Diseñó “Mujeres conciencia” (1973), un cartel para el Movimiento de Liberación de la Mujer en México, en el que describió a la Nueva Eva. Fue galardonada con el Premio a los Logros de una Vida en la convención del Women’s Caucus for Art (Asociación de Mujeres por el Arte) celebrada en Nueva York en 1986.

Mujeres conciencia

Luis Buñuel escribió acerca de la obra de Leonora Carrington: “Nos libera de la miserable realidad cotidiana”.