Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Los gatos blancos y la sordera

Se sabe que muchos gatos blancos son sordos, incluso hemos oído comentar que todos los gatos blancos son sordos.

Podemos empezar diciendo que solo el 5% de toda la población gatuna es realmente blanca, y que la sordera congénita en gatos no blancos es escasísima. Entre el 1 y el 2% de todos los gatos tienen los ojos azules o de dos colores, y de ellos, si tienen los dos ojos azules, entre el 60 y el 80% son sordos; con los ojos de dos colores, entre el 30 y el 40%. Los gatos blancos con ambos ojos verdes representan entre el 3 y el 4% de la población total, y de estos, entre el 10 y el 20% nacen sordos.

Un gato blanco con ambos ojos azules tiene entre tres y cinco veces más probabilidades de ser sordo, y un gato con un solo ojo azul, el doble de probabilidades. Además, los gatos blancos de pelo largo son tres veces más propensos a sufrir una sordera congénita. Añadiremos que en gatos con ojos de dos colores y con sordera unilateral (de un solo oído), esta suele estar asociada con el ojo azul.

Un gato doméstico sordo no tiene grandes problemas, pero no es así para los que viven en la calle al enfrentarse a mayores dificultades para sobrevivir. Aparte de ser sordo, un gato con ambos ojos azules suele padecer fotofobia, por lo que no soporta la luz brillante y su visión en la oscuridad es reducida.

La sordera en gatos blancos puede ser unilateral o bilateral y es consecuencia de una degeneración del aparato auditivo del oído interno. Esta condición se debe al alelo W de un gen pleiotrópico, es decir, responsable de más de un efecto, concretamente del pelo blanco y de los ojos azules. Los gatitos no nacen sordos, pero al cabo de una semana, el oído interno deja de desarrollarse y sufre alteraciones progresivas. La anomalía no aparece en todos los gatos blancos de ojos azules; en muchos casos, el oído sigue desarrollándose normalmente, o solo se ve afectado uno de los dos oídos.

Los gatos sordos están muy pendientes de las vibraciones transmitidas por el suelo o el aire y se fijan en las reacciones de sus congéneres, que le avisarán de un ruido inhabitual. La comunicación entre gatos se basa más en el olfato (olores y feromonas), así como en señales visuales, por ejemplo las marcas de las uñas que han dejado otros y las actitudes corporales, que por lo que oyen. Un gato completamente sordo no tiene problemas a la hora de relacionarse con otros gatos, sean compañeros, adversarios o retoños, pero no ocurre lo mismo con los seres humanos al tratarse de una comunicación mucho más verbal.

Volviendo a las estadísticas, se sabe que el 40% de gatitos blancos nacidos del apareamiento de dos gatos blancos serán sordos, mientras que la cifra se reducirá al 10% si uno de los progenitores es de otro color. Asimismo, un gatito con ambos padres de ojos azules tiene cinco veces más probabilidades de ser sordo. Aun así, si ambos padres son blancos y con los ojos verdes, el 10% de su progenie será sorda.

Lo curioso es que el alelo W no está relacionado con que el pelo sea largo o corto, pero los gatos blancos de pelo largo tienen más tendencia a ser sordos. La presencia de este gen implica de modo sistemático que el pelo sea blanco, aunque la sordera solo se manifiesta en el 20 o 25% de los gatos. No se sabe a ciencia cierta qué factores modifican la expresión del alelo. Cabe la posibilidad de que un factor medioambiental desencadene el proceso en mayor o menor grado ya que la proporción de gatos blancos difiere según la zona geográfica. También parece que existen factores genéticos capaces de atenuar los efectos del gen W y proteger contra la sordera.

Otra cosa sorprendente es que los gatos de Van, en su mayoría blancos y buenos nadadores, no suelen ser sordos al estar su fenotipo asociado a un gen semidominante llamado “patrón de van”.

 

También están los gatos albinos, que a menudo se confunden con blancos y que tampoco son sordos.

El albinismo, causado por una mutación del gen de la tirosinasa, ocurre en muy pocas ocasiones entre la población felina. Para que un gatito sea realmente albino, ambos padres deben tener el marcador genético albino. El pelo parece blanco, pero los ojos y la piel son diferentes de un gato realmente blanco. Sin embargo, el albinismo parcial es más común de lo que creemos. Así, las típicas marcas de los gatos siameses, burmeses y tonkineses se deben a una herencia genética en parte albina.

La diferencia más importante y más fácil de notar está en los ojos, cuya gama de colores es muy limitada en los albinos por la falta de pigmentación. Los ojos de un gato albino son azules claros, rosados o de un azul rosado, aunque el rosa no puede considerarse un auténtico color. Se debe a los vasos sanguíneos del ojo reflejados por la luz. Lo mismo pasa con la piel; tanto la nariz como el interior de las orejas son de un color mucho más claro de lo habitual.

En muchas ocasiones puede observarse una mancha en la parte superior de la cabeza de los gatitos blancos recién nacidos que desaparecerá a los pocos días. En realidad, este es el verdadero color del gato, que ha sido enmascarado por el gen W al producirse una despigmentación total en el pelaje. En otras palabras, a menos de que un gato blanco sea albino, su color originario no es el blanco.

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Los 19 gatos de Mark Twain

Mark Twain, de verdadero nombre Samuel Langhorne Clemens (30 de noviembre de 1835 – 21 de abril de 1910), fue un hombre peculiar en muchos aspectos y un gran amante de los gatos. Su necesidad de tenerlos al lado era tal que, cuando la familia viajaba, llegaban a pedir gatos “prestados”. En una carta fechada en 1884, el escritor decía: “No hay nada tan valioso en un hogar como un bebé; el hogar de una joven pareja no está completo sin un bebé – un bebé y un gato. Algunas personas desprecian a los gatos y no los consideran esenciales, pero el clan Clemens no comparte esta opinión”.

El Sr. Clemens, según Katy Leary, su criada cuando residían en el 21 de la Quinta Avenida de Nueva York, tenía un gato llamado Bambino. En realidad era el gato de su hija Clara, a la que había hecho compañía mientras estuvo ingresada en una clínica. Cuando por fin Bambino se escapó de su cuarto, no le quedó más remedio que pedirle a su padre que se hiciera cargo de él. El escritor le enseñó a Bambino a apagar una vela que siempre tenía al lado de la cama para encender los puros porque una de las peculiaridades de Mark Twain era pasar gran parte del día en la cama. Parece ser que Bambino esperaba a que inclinara la cabeza dos veces para saltar a la mesilla y apagar la vela con la pata.

Bambino apagando una vela

 

Bambino, foto de Jean Clemens, la hija de Mark Twain

Una noche, Bambino oyó a otros gatos maullar en la parte trasera de la casa y se escapó por la ventana abierta. Todo el mundo le buscó, pero no hubo forma de encontrarle. Al día siguiente, Mark Twain publicó este anuncio en numerosos periódicos: “Un gato perdido – Recompensa de cinco dólares por su entrega a Mark Twain, Quinta Avenida, 21. Grande, de intenso color negro; pelo espeso y aterciopelado; pequeña marca blanca en el pecho, no se distingue bien con luz normal”. Con tal de conocer al autor, una sinfín de personas llamaron a la puerta con un gato negro, pero ninguno era Bambino.

Dos o tres noches después se oyó a un gato maullar en el jardín del vecino y ahí estaba Bambino. Mark Twain se alegró mucho e inmediatamente volvió a publicar una reseña anunciando que su gato había vuelto, pero la gente siguió acudiendo con gatos durante muchos días.

Hablando de Bambino en una carta a su hija Clara, le decía: “Se ha descubierto que si tu gato rehúsa comer carne y beber leche, y se empeña en hacernos creer que vive gracias a una intervención milagrosa, se debe a que caza ratones en sus ratos libres”.

El Washington Post publicó el 26 de marzo de 1905 un pequeño artículo acerca de la cama de Mark Twain. Parece ser que era una cama enorme en la que había depositados toda una serie de objetos, libros, papel y plumas, ropa, cualquier cosa que pudiera hacerle falta. El periodista añadía que en medio de todo reinaba un gato negro de gran tamaño “con muy mal genio. Gruñe, araña y muerde; cuando se harta de destrozar un manuscrito, araña a Mark Twain, que lo aguanta con maravillosa paciencia”.

Despiertos (Elisha M. Van Aken, 1887)

 

Dormidos (Elisha M. Van Aken, 1887)

En un artículo del 24 de diciembre de 1898 publicado en The Rambler, se decía que “ordenaba a los gatos que ‘subieran’ a la silla y todos lo hacían. Entonces les decía: ‘A dormir’. Y se quedaban dormidos hasta que gritaba: ‘¡Despertad!’, y todos abrían los ojos”.

Mark Twain nació muy poco después de que el cometa Halley apareciera en el cielo, y en 1909 predijo que se iría cuando volviera: “Llegué con el cometa Halley en 1835. Vuelve el año que viene. Sería la mayor decepción de mi vida si no me fuera con él”. Efectivamente, falleció de un infarto el día después del regreso del cometa.

Antes de ser escritor, pilotó un barco de vapor por las traicioneras aguas del Misisipi; fue soldado Confederado dos semanas y al poco viajó a Nevada con su hermano Orion; en Virginia buscó plata, pero acabó trabajando para el periódico Territorial Enterprise; recorrió Europa y Oriente Próximo durante dos años. En 1870 se casó con Olivia Langdon, de familia rica y liberal, gracias a la que conoció a abolicionistas, ateos, activistas a favor de los derechos de la mujer y de la igualdad social, como Harriet Beecher Stowe y el socialista utópico William Dean Howells.

La ciencia le fascinaba y fue muy amigo de Nikola Tesla (https://gatosyrespeto.org/2014/09/17/nikola-tesla-y-su-gato-macak/), con el que pasó mucho tiempo en su laboratorio. Patentó tres inventos y uno tuvo un gran éxito: un álbum compuesto por páginas con un adhesivo seco que solo debía humedecerse para pegar papeles y del que vendió 25.000 ejemplares. Se arruinó en varias ocasiones, pero siempre consiguió salir adelante.

Mark Twain con un amigo (Susan B. Durkee)

Pero su gran amor fueron los gatos, a los que decía apreciar más que a los seres humanos: “Si pudiéramos cruzarnos con los gatos, la raza humana mejoraría, pero el gato se deterioraría”. Se sabe que tuvo diecinueve gatos en toda su vida con nombres nada corrientes, entre los que destacaremos Apollinaris (Apolinar), Beelzebub (Belcebú), Blatherskite (Parlanchín), Buffalo Bill, Satan (Satanás), Sin (Pecado), Sour Mash (Malta agria), Tammamy, Zoroaster (Zoroastro), Soapy Sal (Sal la empalagosa) y Pestilence (Pestilencia). No comprendía que alguien no amase a los gatos y decía: “Cuando un hombre quiere a los gatos, soy su amigo y compañero sin necesidad de presentaciones”.

Fue un acérrimo defensor de los derechos de las mujeres; su discurso “Votos para las mujeres”, en el que pedía que pudieran votar, se hizo muy famoso. Se le considera el mayor humorista que jamás ha nacido en Estados Unidos, y William Faulkner le llamó el padre de la literatura estadounidense.


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La vida privada de una gata y Maya Deren

“The Private Life of a Cat” (La vida privada de una gata) es una película muda que incluso carece de música, una pequeña obra de arte con momentos tiernos y otros cómicos. Los protagonistas son “Él”, un gato totalmente blanco, y “Ella”, una gata atigrada que debió tener un antepasado persa. El documental dura exactamente 22 minutos en los que vemos la relación entre Él y Ella, el nacimiento de cinco gatitos (4 blancos y un atigrado) en primerísimos planos, cómo los cuida Ella y la curiosidad de Él. En un momento dado, Ella decide transportar a los gatitos desde la caja donde nacieron a una chimenea que solo sirve de decoración. Durante la mayoría del traslado, Él lo observa todo desde el sofá, intrigadísimo. Un poco después en la película, aunque debieron pasar unos días, Él enseña a los gatitos a trepar. Como siempre en cualquier camada hay uno o dos más listos que los demás. Ella contempla las lecciones de Él a una cierta distancia, casi podría decirse con satisfacción.

La película está firmada por Alexander “Sasha” Hamid, que efectivamente la rodó y se ocupó del montaje final, pero se debe sobre todo a la meticulosa planificación de Maya Deren. Se rodó en 1944 en Nueva York, en el piso donde vivían Maya y Alexander. En los 22 minutos hay poquísimos carteles, aparte del título y de “Él” y “Ella”, podemos leer “Al cabo de dos meses”, “Ella empieza a buscar un lugar para la familia”, “¡Cinco! Ahora la familia necesita comida y descanso”, al que sigue “Al cabo de dos semanas” y finalmente “Un sitio mejor para aprender a andar”. Este es el enlace a la película:  https://www.youtube.com/watch?v=jWQ6Eq_QUfM

Maya Deren, de verdadero nombre Eleanora Derenkowsky, nació en Kiev, Ucrania, el 29 de abril de 1917, hija única de Marie Fiedler y Solomon David Derenkowsky. La familia emigró a Estados Unidos en 1922, y al poco de llegar, el padre acortó el apellido a Deren.

Maya Deren en Siracusa, Nueva York (1926)

Después de estudiar en la Universidad de Siracusa para convalidar su título de psiquiatra, empezó a trabajar en el State Institute for the Feeble-Minded (Instituto Estatal para Débiles Mentales) de Siracusa, estado de Nueva York. Incluimos una foto de Maya a los 9 años con un gato en brazos.

La familia obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1928. Sus padres la mandaron a Ginebra a estudiar en la Escuela Internacional de la Liga de Naciones entre 1930 y 1933. Al regresar a Siracusa, se matriculó en Periodismo y Ciencias Políticas en la universidad, donde conoció a Gregory Bardacke, su primer marido. Se mudaron a Nueva York en 1935 y ambos se involucraron muy activamente en el movimiento socialista. Se divorciaron en 1937 mientras ella realizaba estudios de posgrado.

En 1940 empezó a trabajar como secretaria de la coreógrafa Katherine Dunham, con la que realizó una gira por todo el país. Posteriormente, en 1942, publicó un artículo titulado “La posesión religiosa en la danza” para la revista Educational Dance. Ese mismo año se trasladó a Los Ángeles con su madre. Allí conoció al fotógrafo y director de fotografía Alexander Hackenschmied (conocido en Estados Unidos como Sasha Hammid), que había huido de Checoslovaquia después de la invasión nazi y con quien se casó unos meses después.

Sasha Hammid

Maya Deren siempre quiso escribir y publicaba poemas, ensayos y artículos regularmente. Gracias a su marido descubrió el mundo del cine y no tardó en convertirse en una cineasta vanguardista. Juntos rodaron la experimental “Meshes of the Afternoon”, una película plagada de simbolismos que juega con el presente y el pasado, el espacio, la realidad y la fantasía mientras interpreta un sueño aterrador.

Maya y Sasha

La pareja regresó a Nueva York y Maya siguió experimentando con la imagen. Se la considera una de las personas que más contribuyó al movimiento de cine underground de posguerra. Ante la falta de canales de distribución para sus películas experimentales, decidió alquilar la Provincetown Playhouse, en Greenwich Village, donde proyectó tres de sus películas con un éxito absoluto y llenos totales. Esto la llevó a fundar una empresa de distribución, así como la Creative Film Foundation con el fin de recaudar fondos para cineastas experimentales. En la misma época que rodó la película sobre sus dos gatos, su círculo de amigos incluía a artistas tan influyentes como Marcel Duchamp, André Breton, John Cage y Anaïs Nin.

Maya y Sasha se divorciaron en septiembre de 1947, año en que ella obtuvo una beca Guggenheim para rodar danzas haitianas in situ, algo bastante criticado en su entorno por abandonar el cine de vanguardia y pasarse al documental. Durante los nueve meses de su primera estancia en Haití, se sumergió en los ritmos y rituales del vudú. Regresó en otras tres ocasiones y en total rodó unos seis mil metros de película, pero nunca llegó a montarlos. Escribió un libro sobre sus experiencias en la isla, “Divine Horsemen: The Living Gods of Haiti” (Jinetes divinos: Los dioses vivos de Haití), publicado por Vanguard Press en 1953, considerado uno de los mejores documentos antropológicos sobre este tema.

Rodó once películas experimentales, todas en 16 mm, y solía decir que “ruedo una película con lo que Hollywood se gasta en carmín”. Nunca perdía la ocasión de atacar el monopolio artístico, político y económico que las grandes productoras ejercían sobre el cine.

Teiji Ito y Maya Deren

En 1985, el compositor Teiji Ito, que fue su tercer marido, montó un documental póstumo de 52 minutos con el mismo título que el libro, escogiendo imágenes entre los miles de metros rodados por Maya en Haití.

Maya falleció en 1961, a los 44 años, de un derrame cerebral debido a una malnutrición extrema causada en parte por una larga dependencia a anfetaminas y somníferos recetados por el Dr. Max Jacobson, un médico conocido entre los artistas neoyorquinos que posteriormente fue uno de los doctores del presidente Kennedy.


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Los gatos de Pierre-Auguste Renoir

Joven dormida con gato (detalle)

Auguste Renoir, como se le conoce, es uno de los pintores de mayor influencia en la historia del arte moderno.

Renoir a los 34 años

Se estima que en su larga y fructífera carrera, desde principios de 1860 hasta poco tiempo antes de su muerte en 1919, pintó unos 4.000 cuadros. Entre esa enorme cantidad, en solo ocho introdujo a un gato, y de estos ocho, solo dos representan a gatos sin seres humanos. Es verdad que no solía pintar animales, aunque en muchas de sus obras hay perros y es fácil encontrar varias con caballos.

Chico desnudo con gato (1868)

 

Gato durmiendo (1862)

Pero no nos quejemos, porque los ocho cuadros con gatos que dejó Renoir son absolutamente magníficos. Fueron pintados en un periodo que abarca algo más de veinte años, desde “Gato durmiendo” en 1862, hasta “Julie Manet con gatito” en 1887. En todos ellos, si observamos la expresión de los gatos, solo podemos concluir que había gatos en casa del pintor. Alguien que no haya vivido con uno o varios de ellos no puede reproducir la expresión de placer del gato en brazos de Julie Manet, o su posición en “Joven desnudo con gato”, con las uñas de la pata izquierda ligeramente sacadas, no para arañar, sino para mullir el brazo del joven y demostrar su satisfacción. O la gata de pie, apoyada en el tiesto, olfateando las flores…

El pintor en Cagnes-sur-Mer (1917)

 

Geranios y gatos (1881)

Renoir nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges, el gran centro de la porcelana francesa. Su padre era un modesto sastre, y la familia emigró a París en 1844 para mejorar su condición. De pequeño ya dibujaba bien, pero cantaba mejor, por lo que tuvo como profesor al compositor Charles Gounod. Pero la precariedad económica de su familia le obligó a abandonar las clases de canto y el colegio a los trece años para trabajar como aprendiz en una fábrica de porcelana.

El dueño se dio cuenta del talento del joven y le animó a seguir clases de dibujo para que pudiera ingresar en la Escuela de Bellas Artes. En 1858, las fábricas de porcelana pasaron del proceso manual al mecánico y Renoir tuvo que buscarse otro empleo.

Geranios y gatos (detalle)

 

Joven con gato

Cosechó su primer éxito en el Salón de París de 1868 con el lienzo “Lise con una sombrilla”. Unos años después, harto de sentirse despreciado por el jurado del Salón anual, se unió a Claude Monet, Alfred Sisley, Camille Pissarro y otros para organizar la primera exposición impresionista en abril de 1874, a la que contribuyó con seis obras.

En la segunda exposición impresionista solo incluyó retratos con la esperanza de conseguir encargos, y volvió a exponer varios cuadros al año siguiente. Sin embargo, a partir de ese año regresó al Salón y consiguió convertirse en un pintor de éxito desde 1879, a los 38 años. En 1881 viajó a Argelia; poco después, a Madrid para admirar las obras de Diego Velázquez, y luego a Italia para contemplar los cuadros de Ticiano y de Rafael. El 15 de enero de 1882 conoció al compositor Richard Wagner en Palermo, Sicilia, y le hizo un retrato en exactamente 35 minutos.

Joven dormida con gato (1880)

 

Julie Manet con gatito (1887)

 

Julie Manet con gatito (detalle)

Se casó en 1890 con Aline Victorine Charigot, una modista veinte años más joven que él, con la que ya tenía un hijo, Pierre, nacido en 1885, que se convertiría en actor de cine y de teatro. Luego nació Jean en 1894, el famoso cineasta, y Claude en 1901, un conocido ceramista.

Pero lo que quizá no se sepa tanto es que el pintor padeció de artritis reumatoide durante los últimos veinte años de su vida, lo que nunca le impidió seguir pintando a pesar del sufrimiento físico que le causaba. Una vez dijo que el arte debía ser bonito, e insistió: “Sí, bonito. La vida ya es bastante desagradable, ¿por qué no ver el lado más luminoso de vez en cuando?” Hizo prueba de una tremenda fuerza de voluntad para vencer una enfermedad que empeora progresivamente y nunca se consideró como una persona discapacitada.

Maternidad (La Sra. Renoir y Pierre)

 

Mujer con gato (1875)

Por las cartas enviadas a familiares y amigos, fue posible determinar que la artritis empezó a afectarle en 1892, cuando tenía cincuenta años, y que alcanzó su nivel más destructivo en 1903. Götz Adriani, un respetado historiador, cree que a medida que sus dedos se deformaban, “su mirada se centraba más en la espléndida intensidad del color” y que “los dedos deformes pasaban con una creciente ligereza por el lienzo, creando un fino tejido de estructuras de colores en tonos transparentes y delicados”. Lo que sí está claro es que su naturaleza optimista llena todas sus obras, incluso en momentos de enorme dolor físico. El gran pintor Pierre Bonnard (https://gatosyrespeto.org/2015/06/27/gatos-al-oleo-de-pierre-bonnard/) dijo de él: “Trabajaba desde el interior de su naturaleza y tenía la capacidad de ver un modelo o una luz en apariencia sin atractivo y comunicarles el recuerdo de momentos apasionantes”.

Cuando se le diagnosticó la enfermedad, recorrió Europa en busca de tratamientos para aliviar los síntomas y detener su avance. Además de los habituales dolores en las manos, también sufría de un anquilosamiento progresivo en hombros y codos, así como de nódulos en la espalda y brazos. Cuando ya no pudo ponerse en pie, no perdió la movilidad gracias a varias sillas de ruedas diseñadas para cosas específicas. Acabó instalándose en Cagnes-sur-Mer, en la Costa Azul, donde el clima más benigno aliviaba algo su sufrimiento.

Renoir a los 71 años

En 1912 siguió el tratamiento de un famoso médico durante varias semanas y pudo dar varios pasos solo después de más de dos años, pero el esfuerzo necesario era demasiado enorme y dijo: “Requiere toda mi energía, ya no me quedaría para pintar”. Cuando su mano deformada le impidió sujetar el pincel, pidió que se lo colocaran en la mano cerrada previamente vendada con telas muy suaves para que no se formaran llagas. Llegó el momento en que ya no tuvo fuerza para sujetar la paleta con la mano izquierda y se la ponían en la rodilla. Posteriormente, alguien de la casa inventó un mecanismo para fijarla en el brazo de la silla de ruedas.

Se sabe con certeza que Renoir, ya mayor, solía pintar con un gato en las rodillas, probablemente para darle calor, como lo demuestra el pelo de gato mezclado con la pintura en sus últimos cuadros, lo que también sirve para autentificar los lienzos al no estar firmados.

En 1919 fue al Louvre para ver sus cuadros colgados bajo el mismo techo que las obras de los grandes maestros. Falleció en su casa de la Costa Azul el 3 de diciembre de 1919.

 


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El gato de cabeza plana

Se sabe muy poco acerca del gato de cabeza plana (Prionailurus planiceps) y de su comportamiento en libertad. Es uno de los gatos silvestres que se encuentra en mayor peligro. A pesar de estar incluido desde 2008 en la Lista Roja de especies en grave peligro de extinción de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), se ha estudiado muy poco a este felino en su hábitat natural, limitado a Sumatra, Borneo y la Península de Malasia. Esta falta de conocimiento impide que pueda  saberse exactamente en qué nivel de conservación se encuentra, así como determinar los requerimientos ecológicos para su protección.

Actualmente se cree que puede haber menos de 2.500 individuos adultos debido a los escasos avistamientos de los últimos años. La zona en que habita ocupa unos 80.000 kilómetros cuadrados, y se calcula que puede haber unos cuatro adultos por cada cien kilómetros cuadrados. Tiende a vivir en zonas húmedas actualmente muy amenazadas en todo el sureste asiático. Hay poquísimos en cautividad, menos de diez, todos ellos repartidos en zoológicos malasios y tailandeses, según ISIS (Sistema Internacional de Información de Especies).

El gato de cabeza plana, también llamado cabeciancho, es un felino pequeño que se caracteriza por una marcada depresión craneal que va desde la punta de la nariz hasta el nacimiento del hocico. Generalmente es de cuerpo delgado, con patas cortas y delicadas, y garras retráctiles, aunque unas tres cuartas partes de la garra quedan a la vista. La cabeza es más larga y cilíndrica que la del gato doméstico, y la distancia entre los ojos y las orejas es mayor. Sin embargo, sus dientes son comparativamente muy largos, con los caninos casi tan grandes como los de individuos del doble de su tamaño. La dentadura está adaptada para agarrar presas resbaladizas y posee mandíbulas poderosas, lo que le permite cazar peces incluso con mayor facilidad que el gato pescador (https://gatosyrespeto.org/2015/11/12/el-gato-pescador-una-especie-en-peligro/).

Su pelo es espeso, marrón rojizo en la parte superior de la cabeza y marrón ruano en el resto del cuerpo, con manchas blancas en la tripa. La cara es más clara que el resto del cuerpo, y tiene el hocico y la barbilla blancos. Desde la frente le bajan dos líneas blancas enmarcando el hocico. Los ojos están muy juntos, lo que mejora mucho su visión estereoscópica.

Desde la punta del hocico al nacimiento de la cola, mide entre 41 y 50 centímetros; la cola suele ser corta, de unos 14 centímetros. Pesa de 1,5 a 2,5 kilos.

Como hemos dicho antes, vive en humedales y selvas de tierras bajas, dos hábitats altamente modificados por la ocupación humana. Los pescadores del río Merang, en el sur de Sumatra, zona en la que aún existen selvas tropicales y turberas relativamente intactas, dicen verlos a menudo, pero tienden a confundir el gato de cabeza plana con el gato leopardo. La mayoría de los avistamientos más recientes (2014) han tenido lugar al noreste de Borneo, en las orillas del río Kinabagantan, donde se le ha grabado con cámaras nocturnas, y en la reserva de la selva de Tangkulap, así como en reservas creadas en las inmensas plantaciones de aceite de palma del este de Kalimantan y en la reserva de la selva Pasoh, en la península de Malasia.

Fotografiado en su entorno natural

Es un animal solitario que marca su territorio. Se ha observado que tanto los machos como las hembras en cautividad rocían orina avanzando en una posición agazapada, dejando un rastro en el suelo. Parece que desarrolla su mayor actividad entre las ocho y las once de la mañana, y las seis y las diez de la noche. Se alimenta mayormente de peces, aunque no hace ascos a las ranas ni a los crustáceos, y si no hay nada más a mano, a las ratas y a los polluelos. Se sumerge completamente en el agua y una vez atrapada la presa, suele llevarla a unos dos metros de la orilla, quizá para impedir que vuelva al río si se le escapa.

El periodo de gestación es de unos 55 días. De las tres camadas que han nacido en cautividad, una era de dos gatitos y las otras dos, de uno solo.

Sello de Indonesia

 

Sello de Camboya

El gato de cabeza plana tiene un maullido muy parecido al del gato doméstico y ronronea con facilidad. Dos ejemplares vivieron hasta los 14 años en un zoológico.

Sello de Laos

 

Sello de Malasia

La principal amenaza a la que se enfrentan es la destrucción y degradación que representan los asentamientos, la transformación de la selva en plantaciones, el secado de zonas húmedas, la contaminación, la tala, la caza y la pesca indiscriminadas. La rápida desaparición de los manglares en Asia tropical, la sobrepesca y la expansión de plantaciones de aceite de palma ponen en peligro al gato de cabeza plana, desde luego, pero también las trampas y el envenenamiento para proteger a las aves de corral.

Siempre nos esforzamos en buscar fotografías de gatos en su hábitat natural, pero en este caso, y muy a pesar nuestro, hemos debido conformarnos en la mayoría de los casos con imágenes del gato de cabeza plana en cautividad.


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Los gatos de “L’Atalante”

“L’Atalante” es el único largometraje de Jean Vigo, un realizador francés nacido en París el 26 de abril de 1905 y fallecido el 5 de octubre de 1935, cuyo nombre completo era Jean Bonaventure de Vigo Almereyda, hijo del periodista, anarquista y pacifista Miguel de Almereyda.

Cartel de la película

 

El actor Michel Simon en su casa con sus gatos

Antes de dirigir “L’Atalante”, que sería su última película, había realizado dos cortometrajes documentales, “A propósito de Niza” y “Taris”, así como el famoso corto de ficción “Cero en conducta”, cuya exhibición fue prohibida en Francia por considerarse inmoral. Sin embargo, solo describe la vida en un internado y las duras condiciones a las que están sometidos los alumnos. El productor Jacques-Louis Nounez estaba interesado en rodar un largometraje con Vigo, y después de barajar varias posibilidades, en julio de 1933 le entregó un guion acerca de una gabarra y de las personas que vivían en ella.

En la cama de Juliette

 

Foto de Roger Parry

 

Jean Vigo

El guion no entusiasmó al realizador, pero aceptó hacer la película siempre y cuando pudiera cambiar algunas cosas. Uno de esos cambios fue sustituir el perro del viejo Jules, el segundo de a bordo, por diez gatos callejeros que fue a buscar personalmente a la Sociedad para la Prevención de la Crueldad a Animales. Su padre era un gran amante de los gatos y Jean siempre había vivido en casas llenas de gatos callejeros. Entre las numerosas anécdotas del rodaje, se cuenta que en las escenas en que Jules ponía en marcha el gramófono, los gatos acudían corriendo y rodeaban el aparato. El cineasta aprovechaba para filmarlos escuchando música o incluso durmiendo en la bocina. Se sabe que Michel Simon, que interpretaba a Jules, adoptó al gatito que se ve dentro de la bocina del gramófono.

Jean Vigo

 

Jules y el gatito

 

Juliette, Jules y Jean

La película cuenta la historia de Jean, interpretado por Jean Dasté, el capitán de la barcaza “L’Atalante”, y de su joven esposa Juliette (Dita Parlo), así como de Jules, el segundo de a bordo, y del grumete (Louis Lefebvre). Después de casarse en el pueblo de Juliette, todos van hacia París en la gabarra para entregar un cargamento, pero Jean es un hombre celoso. Un día ve a Juliette charlando con Jules en su cabina y se enfurece. Le promete a Juliette enseñarle la vida nocturna de París, pero en un baile, un vendedor coquetea con ella y Jean vuelve a perder los estribos. Al día siguiente, Juliette decide visitar la ciudad sola. Cuando Jean se entera, ordena largar amarras y abandona a su mujer. Esta regresa, descubre que la barcaza ya no está y se dirige a la estación a comprar un billete de tren para regresar a su pueblo, pero le roban la cartera. Se ve obligada a encontrar trabajo para sobrevivir. Jean se arrepiente de lo que ha hecho y empieza a deprimirse. Jules decide ir a París a buscar a Juliette, la encuentra y regresan a la gabarra, donde la joven pareja se funde en un abrazo apasionado.

Cualquiera que trabaja en un plató siempre dice que lo peor es rodar con animales y niños. Los animales no interpretan, sencillamente son. Es más fácil trabajar con perros, caballos, loros, pero los gatos siempre son complicados. Tienen tendencia a ignorar a la cámara. En esta película, diez gatos se paseaban libremente por la barcaza, apareciendo y desapareciendo en las escenas con total naturalidad; hay pocos planos en la gabarra donde no aparece uno o varios de los gatos de Jules, al que suelen seguir a todas partes. Al principio de la película, Jules y su ayudante intentan arreglar la barcaza para recibir a la nueva esposa de Jean. Jules recoge a un gatito y se lo coloca en los hombros como si fuera lo más normal del mundo; el pobre gatito se agarra como puede y resiste a la fuerza de la gravedad durante toda la escena. En otro momento, cuando Jean está a punto de besar a su esposa en el camarote, tres gatos aparecen de golpe y saltan encima de ellos; obviamente, ningún gato que se respete haría algo semejante, por lo que una o varias personas debieron lanzarlos en el momento oportuno.

Los gatos y el gramófono

Muchos críticos de cine consideran “L’Atalante” como una de las grandes películas de la historia, pero casi ninguno se fija en los gatos, que sin embargo son parte íntegra de las escenas. Sin ellos, “L’Atalante” no sería la misma.

El rodaje duró cuatro meses, más de lo que la Gaumont había calculado, y al pasarse de presupuesto, Jean Vigo tuvo que recurrir a la imaginación para poder acabarla. Se empezó a filmar en noviembre, hacía frío y había mucha humedad. El realizador, cuya salud nunca había sido buena después de que su padre muriera en la cárcel, enfermó y no pudo supervisar el montaje personalmente. La película se estrenó el 25 de abril de 1934 y pocos la defendieron. La Gaumont se apropió de ella, la redujo a 65 minutos y le cambió el título a “La barcaza que pasa”. Jean Vigo murió unos meses después, en octubre, sin saber que no solo esta película, sino también “Cero en conducta” se convertirían en clásicos ineludibles admirados por la crítica y el público.

Los gatos de L’Atalante, presentada en el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) 2013

François Truffaut dijo: “Tuve la suerte de descubrir las películas de Jean Vigo una tarde de sábado de 1946 en el cine Sèvres-Pathé, gracias al cineclub que dirigía André Bazin y otros colaboradores de La Revue du Cinéma. No había oído hablar de Jean Vigo, pero me inundó una admiración sin límites por una obra que no llega a los 200 minutos de proyección”.

Viennale 2013

En el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) de 2013 se presentó “Les chats de L’Atalante” (Los gatos de L’Atalante), de Karl Heil, un documental compuesto por 140 dibujos basados en las escenas en que aparecen gatos en la película, todos ellos realizados por Harald V. Uccello. La voz en off es del actor Anton von Lucke y el músico Tobias Giezendanner se ocupó de los arreglos de la música original de Maurice Jaubert y de tocar el bandoneón para la banda sonora.

 


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Gatos y otros animales de la escultora Anne Arnold

Retrato de dos gatos (1969)

Anne Arnold y su marido, el pintor abstracto Ernest Briggs, compraron una casa con un pajar en Montville, a los pies del monte Hogback, en el estado de Maine, donde criaban cerdos, vacas y gallinas, y tenían numerosos perros y gatos. Anne solía fotografiarlos para crear las esculturas llenas de humor e imaginación que empezó a realizar en los años cincuenta usando materiales tan diversos como madera, cerámica, resina, tela, barro y una fibra sintética llamada Dynel.

1982

 

Anne Arnold y Christy (1987)

 

Catálogo de “Escultura de cuatro décadas”

La escultora nació el 2 de mayo de 1925 en Melrose, Massachusetts, ciudad en la que creció con sus dos hermanos. Era una descendiente directa del “infame” Benedict Arnold, un general del Ejército Americano Continental durante la Revolución que acabó pasándose a las filas británicas, por lo que su nombre se convirtió en sinónimo de traidor. También podía hacer remontar su linaje hasta el Mayflower, el famoso barco en el que llegaron los primeros 102 “peregrinos” procedentes de Gran Bretaña a las costas de Nueva Inglaterra.

Charlie (1969)

 

Christy

 

Con Bob Brooks y un gato (2001)

Se licenció en 1946 en la Universidad de New Hampshire y en 1947 obtuvo un máster de la Universidad Estatal de Ohio. Estudió Arte desde 1949 a 1953 en la Art Students League de Nueva York. En 1960 se casó con Ernest Briggs, con el que vivió primero en la calle 23 Oeste y a partir de 1977 en la calle 29 Oeste, los dos pisos en el barrio de Chelsea. Dio clases en el Brooklyn College desde 1971 a 1991. Su marido falleció de cáncer de esófago en 1984. Unos años después empezó a convivir con el fotógrafo Bob Brooks, un buen amigo de la pareja que sería su compañero hasta la muerte de este en septiembre de 2012.

El gato Stubbs y un conejo

 

Exposición 2012

 A mediados de los años cincuenta comenzó a hacer esculturas figurativas de cabezas de amigos y sobre todo de animales en madera e incluso piedra, y posteriormente en los años setenta, esculturas de gran tamaño estirando telas sobre armazones metálicos. En 1960 tuvo su primera exposición en solitario en la Galería Tanager de Nueva York. Entre 1964 y 1988 expuso algunas piezas en la Galería Fischbach, y en 1983, la Universidad de New Hampshire organizó una retrospectiva de su obra. Después del fallecimiento de su marido, Anne Arnold dejó de esculpir y se dedicó a las acuarelas y bocetos a lápiz.

Gato acostado

 

Gato naranja

En 2006, la galería Alexandre ofreció representarla y organizó dos exposiciones en 2012 y 2014. Un crítico, hablando de la exposición de 2012, dijo: “En los cincuenta, cuando el expresionismo abstracto arrojaba su triunfante sombra sobre el arte americano, Anne Arnold creaba inteligentes y humorísticas esculturas de gatos, perros y personas, y siguió haciéndolo durante treinta años. En esta maravillosa exposición donde podemos admirar piezas que van desde finales de los cincuenta a principios de los ochenta, el equilibrio reside en la aparente vivacidad de los animales y el material del que están hechos, madera, barro y bronce. Puede que tarden ustedes un par de segundos en ver que un ensamblaje de bloques de madera pintados de naranja es un gato tumbado de espaldas con las patas al aire. Y este gato totalmente artificial da la impresión de estar vivo, lo que divierte, pero también asombra”.

Gato sentado (1988)

 

Gato tumbado

Otra crítica publicada el 17 de mayo de 2012 en la revista City Arts fue incluso más entusiasta: “Las esculturas de Anne Arnold expuestas en la Alexandre Gallery son magistrales, inteligentes, matizadas y llenas de humor. Cabe preguntarse por qué han transcurrido 24 años desde la última exposición en solitario de la artista”. Y sigue diciendo: “Las personas que no se quedan prendadas instantáneamente de las obras de Anne Arnold deberían preguntarse si están vivas y si no han perdido el sentido del humor”.

León

 

Quijote

Anne Arnold esculpió y pinto muchos animales, cerdos, conejos, camellos, caballos, puercoespines y gatos. Quizá estos últimos no fueran los que más reprodujo, pero sí podemos estar seguros de que los amaba. Basta con ver las fotos incluidas en esta entrada para darse cuenta. Reprodujo a Christy, a la que vemos con ella en 1987, en varias ocasiones. También está la maravillosa foto del gato Stubbs con un conejo, pero probablemente la que más demuestre su afecto por los gatos es una de 2001, realizada en su piso de Nueva York, donde se la ve sentada con un gato en el regazo al lado de su compañero Bob Brooks, ambos rodeados de esculturas de Anne.

La artista falleció de causas naturales pocos meses después de su tercera exposición en solitario, el 20 de junio de 2014 a los 89 años.