Gatos y Respeto

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Los gatos negros y el melanismo

Gato negro, cruza mi camino; protege mi techo y mi hogar, y cuando esté lejos de casa, tráeme suerte allá donde esté. (Poema inglés)

Las leyendas acerca de los gatos negros cambian de un país a otro. Dan suerte en el amor a las muchachas de Gran Bretaña. En Yorkshire se creía que tener un gato negro en la casa ayudaría al pescador a volver sano y salvo, y que si un gato negro se instalaba en un barco, solo podía traer buena fortuna. En Escocia, que entre un gato blanco en casa trae mala suerte, pero uno negro, todo lo contrario. No son nada bien vistos en Italia y, al contrario, muy respetados en Japón.

Bosque de Noruega

Pero ¿de dónde les viene la mala fama? La caza al gato, y particularmente al gato negro, empezó en 1233, cuando el Papa Gregorio IX anunció que el diablo se presentaba ante sus adoradores convertido en gato negro. Durante siglos, hasta entrado el XIX, se quemó y torturó a los gatos, y no solo a los negros. Quizá la naturaleza independiente, nada servil del gato, moleste al ser humano.

Pero hablemos de gatos negros. Algunos expertos en comportamiento animal creen que existe una relación entre el color del pelo y el comportamiento: “Los gatos negros son más sociables en general, tanto con otros gatos como con los seres humanos. Son animales tranquilos y muy buenas mascotas”.

Debemos decir que no estamos totalmente de acuerdo con este último comentario. De los seis gatos negros que hemos tenido, algunos eran muy tranquilos y cariñosos, una era una auténtica fiera, y ahora uno no soporta a los gatos atigrados, se las arregla para hacerles la vida imposible, pero protege y juega con otro gato negro de ocho meses.

La Cat Fanciers’ Association (CFA) (Asociación de entusiastas de los gatos) reconoce veintidós razas con pelo monocolor negro, de los que solo el Bombay es siempre negro. La pigmentación negra monocolor es algo más prevalente en machos que en hembras, y el elevado contenido de melanina hace que la mayoría tengan los ojos amarillos.

El ser humano siempre se ha sentido fascinado por los animales de color negro, quizá porque su color se asocia a la noche, siempre misteriosa y mágica, llena de hadas, brujas y otros seres que solo se dejan ver a la luz de la luna.

El llamativo pelo negro se debe a una producción anormal de melanina, un pigmento de la piel. Si ambos padres son portadores del gen melanístico, la camada puede estar compuesta por gatitos de otros colores y algunos melanísticos. La carencia de este pigmento produce albinismo (https://gatosyrespeto.org/2017/12/14/los-gatos-blancos-y-la-sordera/).

Hay gatos negro carbón, negro grisáceo o negro amarronado. La mayoría de los gatos negros tienen además un gen recesivo que reprime en parte las marcas atigradas, pero otros dibujos muy diluidos pueden aparecer según el tipo de luz, incluso en un gato totalmente monocolor.

Gato humo negro

Los gatos negros con la raíz del pelo blanca suelen llamarse “humo negro”. Algunos también se “oxidan” a la luz del sol, y el pelo se “amarrona”. La eumelanina, el pigmento requerido para producir pelo negro, es bastante frágil, y la oxidación puede ser más pronunciada en gatos que pasan tiempo al sol.

Gato negro con el pelo oxidado

Gato humo negro

Otros famosos felinos melanísticos son los leopardos y jaguares, a los que suele denominarse “panteras negras”. Tener el pelo negro ofrece ciertas ventajas. Los felinos cazan sobre todo de noche y cuanto más oscuros, más difícil será que sus presas les descubran. Y hay más beneficios, aunque sean menos obvios. Se ha determinado que los felinos con melanismo son más resistentes a las infecciones virales, y esto explicaría la presencia de felinos melanísticos en áreas donde el camuflaje negro no ofrece una ventaja especial. El mal afamado gato negro quizá sea más afortunado que sus compañeros más claros.

Panteras

Jaguar

La coloración melanística es un polimorfismo habitual en once de las treinta y siete especies de félidos, alcanzando un elevado número de población en algunos casos, pero nunca llega a fijarse completamente. La pantera negra (o leopardo melánico) es un animal habitual en las selvas tropicales de Malasia y de las vertientes de algunas montañas africanas, como el monte Kenia, y pueden verse servales negros en algunas zonas del este de África. La coloración del yaguarundí, que se encuentra desde México a Argentina, puede pasar del marrón al gris oscuro.

Serval negro

Jaguar

La undécima especie félida de las treinta y siete antes mencionadas es el gato doméstico. En su caso, la monocolaración se debe a un alelo recesivo (ASIP-A2) conocido como no-agutí y solo ocurre cuando existen homocigotos recesivos. El color negro se debe a un alelo B dominante dentro del gen felino primario para el color del pelo (B/b/b1).

Serval con melanismo

Dicho eso, mencionaremos que en Estados Unidos, el Día del Gato Negro es el 17 de agosto, y en el Reino Unido e Irlanda del Norte, el 27 de octubre. Francia adoptó el mismo día que Estados Unidos. En Argentina y varios países latinoamericanos parece que se han inclinado por la fecha otoñal.

Pantera

A modo de anécdota añadiremos que al principio de la televisión, muchos canales con el número 13 escogieron a un gato negro como logo. El color negro se asocia con el anarquismo desde 1880 y este movimiento también adoptó a un gato negro como símbolo, sobre todo el anarcosindicalismo.

Gato anarquista

Y para acabar, parece ser que con el enorme éxito de la película de superhéroes “Black Panther”, estrenada en 2018, mucha gente decidió adoptar a un gato negro y ponerle el nombre de alguno de los personajes. Muchas protectoras, por miedo a que los animales fueran abandonados una vez pasada la moda, pidieron que se rellenaran cuestionarios para asegurarse de las buenas intenciones de los “clientes”.

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El gato Fígaro y el pintor Franco Gentilini

Franco Gentilini nació el 4 de agosto de 1909 en Faenza, una ciudad de la región de Emilia-Romaña, conocida por una cerámica de loza fina que comenzó a fabricarse en el siglo XII. Era hijo de Luigi, un zapatero, y de su segunda esposa, Annunziata Cenni. A los 12 años, además de trabajar como aprendiz en la fábrica de cerámica “Focaccia y Melandri”, se apuntó a clases nocturnas de dibujo y artes plásticas en la escuela T. Minardi. También estudió pintura clásica en la Galería de Arte Municipal.

Ya con 17 años fue ayudante del pintor Mario Ortolani, propietario de una pequeña fábrica de mayólica. Allí tuvo ocasión de ver numerosas reproducciones de pintores impresionistas y cubistas. En esa época pintó numerosos retratos y paisajes del campo que rodea su ciudad natal.

Visitó Roma por primera vez en 1929 y se quedó unas semanas. Ese mismo año, algunas de sus obras se vieron en la Primera Exposición Regional de la Asociación de Artistas de Emilia-Romaña celebrada en Bolonia. Un año después, el jurado de la XVII Bienal de Venecia escogió uno de sus cuadros y viajó a París para conocer de primera mano los lienzos impresionistas. A pesar de empezar a ser un pintor conocido, siguió estudiando cerámica.

Se mudó a Roma definitivamente en 1932, con 23 años, y conoció a numerosos pintores y críticos de arte. Su primera exposición en solitario, compuesta por una serie de cuadros inspirados en el arte italiano anterior al Renacimiento, tuvo lugar en la Galleria di Roma. Su asociación con los miembros de la Escuela Romana no empezó hasta finales de los años treinta. Pintó varios bocetos para frescos que decorarían hospitales y edificios institucionales.

El banquete (1955)

En 1937 realizó su primera exposición en el extranjero, concretamente en el Instituto Carnegie de Pittsburgh. Dos años después se colgaron veinte obras suyas en la Tercera Cuadrienal de Roma con las que ganó un premio en efectivo, y el ministro de Cultura le nombró titular de la cátedra de Dibujo de la Escuela de Arte de Florencia sin concurso previo.

La Segunda Guerra Mundial no afectó su producción; la XXIII Bienal de Venecia le reservó un muro entero en 1942, y había ocho cuadros suyos en la IV Cuatrienal de Roma que se hicieron con un premio en 1943. Un año después nació Orsona, su única hija.

Al poco de acabar la Guerra expuso en El Cairo y Alejandría, y en colectivas en Buenos Aires, Sao Paulo y Santiago de Chile. Ya en 1950 tuvo su primera exposición individual en París, en la galería Rive Gauche, donde además de cuadros había diez dibujos que ilustraban “La metamorfosis”, de Franz Kafka, publicada por el editor Luidi de Luca. Unos años después firmó un contrato con el marchante Carlos Cardazzo, de la galería Cavallino, de Venecia, y Naviglio, de Milán.

El estilo de Franco Gentilini cambió en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los cincuenta, inclinándose por el cubismo. Pintó catedrales y baptisterios geométricos, a malabaristas y otros profesionales itinerantes, paisajes irregulares, mujeres desnudas con tacones de aguja, bicicletas y camiones, gatos y leones. En general, sus composiciones de personajes son estáticas, todos están inmóviles, casi sin expresión. Ninguno de los gatos que dibujó o pintó son como el felino blanco de pelo largo que tiene en brazos en una foto. Al contrario, todos parecen gatos callejeros muy normales, redondos, gordos, bien alimentados.

Franco Gentilini con un gato

Mesa redonda con gato

En 1978 pintó un gato llamado Fígaro que quizá fuera suyo. No hemos encontrado ninguna información al respecto, pero creemos que solo alguien que ama a los gatos puede pintarlos tan plácidos, optimistas y divertidos.

El gato Fígaro

Además de cuadros y objetos de cerámica, también dibujó numerosos decorados para los escenarios e incluso diseñó vestuarios, como por ejemplo, en 1963, para  el drama “Il Filosofo di campagna”, de Carlo Goldoni, con música de Baldassarre Galuppi, obra estrenada en el Teatro della Cometa de Roma. Ese mismo año falleció su esposa en agosto, y su gran amigo, el marchante Carlo Cardazzo, en noviembre.

Plato de cerámica

Franco Gentilini expuso en numerosos países, como Japón, Australia, Estados Unidos o Francia. Sus obras, muy apreciadas por los coleccionistas italianos y estadounidenses, están presentes en importantes museos y renombradas colecciones. Hoy en día se le considera uno de los grandes artistas italianos del siglo XX.

Cena con gato

Realizó su última exposición en enero de 1981, en la galería Totah de Londres. Debía ser elegido presidente de la Academia Nacional de San Luca, pero se vio obligado a rechazar dicho honor por motivos de salud. Falleció el 5 de abril, después de una breve enfermedad, a los 71 años. Su último trabajo, un autorretrato comisionado por la Galería Uffizi, forma parte de la célebre colección permanente iniciada en el siglo XVI.

Mujer y gato (1977)


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Gatos, fotos y Margaret Bourke-White

Margaret Bourke-White fotografiada por Ansel Easton Adams

La intrépida y extraordinaria fotógrafa Margaret Bourke-White no solo fue la primera fotoperiodista de la revista Life y la primera fotógrafa de la revista Fortune (hasta entonces solo habían contratado a hombres), también fue la primera corresponsal de guerra a la que se autorizó a acceder a zonas de combate durante la Segunda Guerra Mundial, además de ser la primera fotógrafa occidental en pisar la Unión Soviética. El primer hombre tardó unos años en obtener el permiso necesario.

Unión Soviética (1941)

Nació en el Bronx el 14 de junio de 1904, hija de Joseph White y Minnie Bourke, y creció en un entorno familiar estricto donde se prohibían el chicle, las medias de seda y las revistas de historietas. Armada con una Reflex Ica de segunda mano con el objetivo roto, empezó a hacer fotos del campus y a venderlas a sus compañeros universitarios. Después de licenciarse, abrió un estudio en Cleveland, Ohio, y descubrió el paisaje de las fábricas, “un paraíso fotográfico”, según ella. Henry Luce, el editor de la revista Time, se entusiasmó con sus fotos de la fábrica Otis Steel y la convenció para que se mudara a Nueva York y trabajara en Fortune, una revista dedicada a la industria y también publicada por él.

Chimeneas de la empresa Otis Steel Co, de Cleveland (1927)

Puede decirse que fue una de las “madres fundadoras” de la revista Time (otra idea de Henry Luce), cuyo primer ejemplar se publicó en 1936 con una fotografía suya en la portada. Para entonces, Margaret Bourke-White ya se había convertido en una brillante y exitosa fotógrafa en un mundo reservado a los hombres.

Ansel Easton Adams con gatos (Foto de Margaret Bourke-White)

Protagonista de una carrera sin par, varó en una isla del Ártico, fue torpedeada en el mar Mediterráneo, ametrallada por la Luftwaffe, bombardeada en Moscú y rescatada en la bahía de Chesapeake después de que su helicóptero se cayera.

Margaret Bourke-White en el edificio Chrysler (1931)

Nada parecía poder detenerla cuando iba en busca de una fotografía y tenía el don de estar en el sitio oportuno en el momento oportuno. El fotógrafo Alfred Eisenstaedt, su amigo y compañero de trabajo, dijo una vez que era una gran fotógrafa porque para ella, nada de lo que le encargaban carecía de importancia. Tenía la osadía, la astucia y la intuición de adivinar dónde iba a producirse una noticia.

Foto de Alfred Eisenstaedt (1961)

Se casó en dos ocasiones, la primera en 1924, siendo estudiante, con Everett Chapman, del que se divorció dos años después, y en 1939 con el escritor Erskine Caldwell, con quien colaboró en varios libros, entre otros “You Have Seen Their Faces” (Han visto sus rostros), documentando la Gran Depresión en el sur de Estados Unidos. Después de su divorcio en 1942, empezó a usar su apellido de soltera añadiéndole el de su madre.

Puente Hohenzollern, Colonia (1945)

En 1934 también se dedicó a fotografiar campañas publicitarias, un trabajo muy rentable, con el que ingresó 35.000 dólares en un año. Pero Fortune le encargó fotos de las terribles consecuencias de la sequía en el centro del país y abandonó las fotos comerciales. El 15 de febrero de 1937, la revista Life publicó la famosísima foto de una fila de personas negras, víctimas de las inundaciones, haciendo cola debajo de una enorme valla publicitaria en la que se ve a la típica familia blanca estadounidense y una frase que reza: “El nivel de vida más alto del mundo” y, más abajo: “No hay nada comparable al sistema americano”.

Inundaciones en Louisville (1937)

Además de ser la primera fotógrafa en entrar en la Unión Soviética, en 1931, para documentar el rápido desarrollo del país, cubrir zonas de combate como corresponsal de guerra en zonas, recorrer Alemania al acabar la contienda y entrar en Buchenwald, el terrible campo de concentración, también es conocida en India y Paquistán por sus fotografías de Babasaheb Ambedkar, defensor de los derechos de la mujer y de la casta de los intocables, y uno de los padres de la actual Constitución India. También documentó la violenta separación de Paquistán e India, y entrevistó y fotografió a Mahatma Ghandi unas horas antes de que le asesinaran.

Presa de Fort Peck (23 de noviembre de 1936)

En 1949 pasó cinco meses en Sudáfrica para plasmar el horror del apartheid y de las terribles condiciones de las minas, y en 1952 viajó a Corea para fotografiar los dramas familiares producto de la guerra. Poco después de su regreso de este último país, empezó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, con la que lucharía hasta el final de sus días. No le quedó más remedio que trabajar menos e instalarse en su casa de Darien, Connecticut.

Margaret Bourke-White dando de comer a su gato

La enfermedad no le fue diagnosticada hasta 1958, y se sometió a dos intervenciones para aliviar los temblores y las dificultades para caminar. Dimitió como miembro del personal de la revista Time solo dos años antes de su muerte, a pesar de no haber contribuido con ninguna fotografía desde hacía mucho. Falleció el 27 de agosto de 1971.

Mujer con gato en huerto (Margaret Bourke-White)

Aparte de la fotografía de una guapísima y joven Margaret Bourke-White en una tumbona con un gatito, hay varios retratos suyos con su gato en la casa de Darien. Tampoco fotografió gatos, quizá porque tendía a sujetos que normalmente posaban, o se centraba en edificios y otras construcciones.

Fotografía de Chase Jarvis

Margaret Bourke-White, que abrió el camino para las fotorreporteras y corresponsales, dijo: “La cámara es un instrumento extraordinario. Basta con saturarse del sujeto, y la cámara casi te lleva de la mano”. Y también: “La verdad absoluta es esencial, es lo que me conmueve cuando miro por el objetivo”.

Margaret Bourke-White en 1965


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Los gatos de Ulthar y H.P. Lovecraft

Se sabe que Lovecraft tuvo un gato negro cuando de niño vivía en casa de su abuelo y que dicho gato desapareció en 1904. Ese mismo año murió su abuelo dejando a la familia en dificultades financieras. Lovecraft tenía entonces 13 años. De adulto habló de su adorado gato en numerosas cartas e incluso le dedicó unas líneas en el relato “Las ratas en las paredes”, publicado en marzo de 1924.

Lovecraft con un gato

Al parecer, Lovecraft no volvió a tener un gato a pesar del cariño que sentía por ellos. Por ejemplo, años después, en otra casa de Providence, Massachusetts, puso nombre a cada uno de los gatos del barrio y decidió que pertenecían a una fraternidad ficticia llamada Kappa Alpha Tau. Los gatos le conocían y se le acercaban.

La obra de H.P. Lovecraft no fue reconocida durante su vida; a veces prefería no comer con tal de tener dinero para mandar cartas a sus amigos y corresponsales, como Robert Barlow, albacea de su obra. No hablaremos aquí en detalle de su vida, está al alcance de todos en Internet. Los gatos aparecen en varias obras del autor, en “The Dream Quest of Unknown Kadath” (La búsqueda onírica de la desconocida Kadath), en el escalofriante relato “Las ratas en las paredes”, en “Los gatos de Ulthar” y en el ensayo “Cats and Dogs”. Todos estos títulos merecen una entrada y hemos escogido “Ulthar” para empezar.

Lovecraft, Robert Barlow, sus padres y un gato negro

Escrito el 15 de junio de 1920, el cuento está claramente influenciado por el escritor anglo-irlandés Lord Dunsany, al que Lovecraft admiraba. El niño huérfano se llama Menes, como el mítico fundador de la ciudad egipcia de Menfis, donde también se veneraba a la diosa Bastet, asimilada a Sejmet.

El relato empieza con un canto al gato: “Dícese que en Ulthar, más allá del río Skai, nadie puede matar a un gato; y en verdad me lo creo mientras observo a aquel sentado que ronronea ante el hogar. El gato es críptico, y está próximo a cosas extrañas que los hombres no pueden ver. Es el alma del antiguo Egipto, el portador de relatos de las olvidadas ciudades de Meroe y Ofir. Es pariente de los señores de la jungla y heredero de los secretos de la vetusta y siniestra África. La Esfinge es prima suya, habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge, y él recuerda lo que ella ha olvidado”.

En Ulthar, un viejo y su esposa disfrutaban poniendo trampas y matando a todos los gatos que se acercaban a su casucha a las afueras del pueblo. El resto de habitantes, gente sencilla, deploraba la desaparición de sus gatos, pero no se atrevían a enfrentarse a la pareja de ancianos, pues la expresión de sus caras marchitas les asustaba.

Un buen día, una caravana procedente del sur entró en las estrechas calles de Ulthar. Pero esas personas en nada se parecían a las de otras caravanas que llegaban al pueblo dos veces al año. Eran de tez oscura, en sus carretas llevaban pintadas extrañas figuras con cuerpo humano y cabeza de gato, halcón, carnero y león, y su jefe iba tocado con un disco entre dos cuernos. Entre el grupo había un niño huérfano llamado Menes cuya única compañía era un gatito negro.

Lovecraft y los gatos de Ulthar (Providence, Rhode Island)

La tercera mañana de la estancia de la caravana en Ulthar, Menes no encontró a su gato. Al verle llorar desconsoladamente en la plaza, la gente le habló de la malévola pareja y de los horribles ruidos que habían oído por la noche. El niño dejó de llorar, reflexionó y empezó a orar en un idioma desconocido. Las nubes adoptaron formas exóticas de criaturas híbridas coronadas con discos flanqueados por cuernos que dejaron atónitos a los aldeanos.

El extraño grupo abandonó Ulthar esa misma noche; jamás les volvieron a ver. Y también esa noche desaparecieron todos los gatos del pueblo. No quedaba ninguno, ni pequeños ni grandes, ni negros, grises, atigrados, amarillos o blancos.

El viejo Kranon, el burgomaestre, acusó a la gente de tez oscura de haberse llevado a los gatos para vengarse de la desaparición del gatito de Menes, y los maldijo. Pero Nith, el notario, dijo que más bien habría que sospechar del viejo y de su mujer. Aun así, nadie se atrevió a acercarse a la choza, a pesar de que Atal, el hijo del posadero, juró haber visto a todos los gatos de Ulthar en la hora crepuscular congregarse en el jardín semiabandonado de la pareja.

Los habitantes de Ulthar se fueron a dormir inquietos y enfadados, pero al amanecer descubrieron que los gatos habían vuelto. No faltaba ninguno y parecían satisfechos, tranquilos, contentos, y no dejaban de ronronear. Durante los dos días siguientes, los gatos rechazaron la carne y la leche que les ponían sus dueños.

Hasta una semana después los habitantes no se dieron cuenta de que ya no se veía luz en la casucha de la pareja de ancianos. Ninth dijo que nadie les había visto desde la noche que los gatos habían desaparecido. Pasó otra semana antes de que el burgomaestre decidiera vencer su miedo e ir a ver qué pasaba. Por si acaso, se llevó a Shang el herrero y a Thul el cantero como testigos. Después de romper la frágil puerta, solo encontraron dos esqueletos en el suelo de tierra batida y unos cuantos escarabajos escondiéndose en los rincones oscuros.

Lo ocurrido dio mucho que hablar. Zath el médico y Nith el notario debatieron el tema hasta la saciedad. Kranon, Shang y Thul tuvieron que contestar a mil preguntas. Incluso el pequeño Atal debió repetir decenas de veces lo que había visto esa noche, y todos le dieron dulces para recompensarle.

Lovecraft en 1934

El cuento acaba así: “Al final, los ciudadanos aprobaron una ley notable de la que hablan los negociantes en Hatheg y los viajeros en Nir; concretamente que en Ulthar nadie puede matar a un gato”.


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Los gatos del cineasta vanguardista Jonas Mekas

Jonas Mekas con uno de sus gatos

El 23 de enero pasado falleció Jonas Mekas a los 96 años. The Anthology Film Archives (Archivos de Cine Antológico), el mayor y más importante depósito del mundo de cine vanguardista, que él fundó en 1970, anunció en Instagram: “Queridos amigos, Jonas nos ha dejado tranquilamente esta mañana. Estaba en casa con su familia. Se le echará mucho de menos, pero su luz seguirá brillando”.

En la película estrenada en 2012 “Out-Takes from the Life of a Happy Man” (Tomas eliminadas de la vida de un hombre feliz), compuesta con breves tomas rodadas entre 1960 y 2000, se ve el piso en el SoHo de Manhattan donde vivió con su familia, compuesta por su esposa Hollis Melton, sus hijos Oona y Sebastian, muchos gatos, muchísimas plantas, todavía más libros y pilas de latas de películas. La cámara de Jonas Mekas filma a sus hijos a contraluz, a los gatos bailando en rayos de luz filtrándose por la ventana, a su esposa sonriendo…

De la película “Out-Takes from the Life of a Happy Man”

En este breve artículo acerca del padrino del cine de vanguardia, como le llaman muchos cinéfilos, incluimos fotogramas de gatos de esta película y de otras. No cabe duda de que el cineasta sentía amor por los gatos y que vivió con ellos hasta el día de su muerte, como lo demuestran las fotos de Jason Fulford.

El gato de Jonas Mekas (Foto de Jason Fulford)

Nació el 24 de diciembre de 1922 en una aldea de Lituania. En 1944, durante la ocupación nazi, fue detenido junto a Adolfas, su hermano pequeño, y llevado a un campo de trabajo próximo a Hamburgo del que consiguieron escapar ocho meses después. Se escondieron en una granja cerca de la frontera danesa durante dos meses, hasta el final de la guerra.

Sus hijos, Oona y Sebastian

En los cuatro años siguientes vivieron en campamentos para desplazados. El Ejército estadounidense proyectaba numerosas películas para entretenerles y fue allí donde vio por primera vez ‘El tesoro de Sierra Madre’. En una entrevista dijo: “Recuerdo que me gustó sobre todo el final. Vimos otra película, ‘Los ángeles perdidos’, de Fred Zinneman, acerca de gente desplazada. La falta de conocimiento que demostraba de la situación real hizo que mi hermano y yo nos enfadáramos mucho, por lo que empezamos a escribir guiones, y luego a hacer películas”.

Estudió Filosofía en la Universidad de Mainz, Alemania, y al cerrar los campos de refugiados, los dos hermanos fueron enviados a Estados Unidos. Al poco de llegar a Brooklyn, a finales de 1949, pidió dinero prestado para comprarse su primera cámara Bolex de 16mm y empezó a filmar momentos de su vida, algo que seguiría haciendo casi hasta su muerte. Por cierto, tuvo cinco cámaras Bolex.

La mano de Jonas Mekas

Su primera película en 35 mm, “Guns of the Trees” (Pistolas de los árboles), describe la cultura beat de Nueva York a finales de los cincuenta a través de cuatro personajes. A continuación realizó “The Brig” (El calabozo) en 1964, su última película tradicional. A partir de entonces empezó a rodar un diario cinematográfico titulado “Diaries, Notes and Sketches” (Diarios, notas y esbozos).

De la película “Diaries, Notes and Sketches”

Fundó el New American Cinema Group (Nuevo Grupo de Cine Americano) y la Cooperativa de Cineastas en 1962 como reacción al cine oficial. Consiguió que se vieran películas vanguardistas en algunos cines, sobre todo en Greenwich Village. El 12 de marzo de 1964 se le ocurrió presentar “Flaming Creatures”, de Jack Smith, ganadora del Premio “Cine maldito” en el Festival de Knokke Le-Zoute, Bélgica, y cuya comercialización fue prohibida por el ministro de Justicia de ese país. La policía de Nueva York arrestó durante veinticuatro horas a Mekas y a sus tres socios por proyectar la película. Pocos días después mostró “Un chant d’amour” (Un canto de amor), de Jean Genet, en sesión continua de media hora. A pesar de estar delante del cine, esta vez la policía no interrumpió la proyección.

Su hijo Sebastian con un gato

Jonas Mekas y gato

En la primera entrega del diario filmado, “Walden” (1969), de tres horas de duración, muestra el mundo y la gente que le rodeaba. Aparecen personalidades de la contracultura como Timothy Leary, Andy Warhol, Noman Mailer, John Lennon y Yoko Ono. Por cierto, fue él quien filmó a los dos últimos en 1969 en una cama de un hotel de Montreal como protesta contra la guerra de Vietnam. El grupo The Velvet Underground, compuesta entre otros por Lou Reed y John Cale, ensayaba en su casa.

De la película “Walden”

Se casó con Hollis Melton en 1974 y tuvieron dos hijos, Oona y Sebastian, que se convirtieron en un tema favorito para sus diarios filmados. En “As I Was Moving Forward Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty” (A medida que avanzaba, en ocasiones entreveía breves destellos de belleza), de cinco horas de duración, invita al espectador a compartir la vida de su familia, aunque el auténtico tema es el acto de la filmación en sí. Mostrada en 2000, dijo que era “la película Dogma definitiva, creada antes del nacimiento del movimiento Dogma danés”.

De la película “As I Was Moving…”

En 2007 inició “Proyecto 365 días”. Durante un año colgaría un vídeo on line diario como homenaje a Petrarca, que escribió una carta diaria a su amada Laura.

“Proyecto 365 días” (23 enero 2007)

En 2017, en una entrevista concedida al periódico “Village Voice”, del que había sido crítico de cine, dijo: “El cine, como cualquier arte, es un árbol con muchas ramas. Algunas más grandes que otras, pero todas importantes, y las pequeñas, a veces, lo son más que las grandes, porque atrapan la luz, el sol y alimentan el tronco del árbol”.

De la película “As I Was Moving…”

Fue una de las figuras más influyentes en el cine underground estadounidense. El término “underground” nació en Estados Unidos a finales de los cincuenta gracias a Film Culture, de la que el cineasta fue fundador y editor jefe. La revista se convirtió en portavoz de la vanguardia americana, que mantenía fuertes lazos con el movimiento beat de la época.

Jonas Mekas

Hay una página web muy completa por si a alguien le interesa saber algo más de este artista: http://jonasmekas.com/diary/

Jonas Mekas en su casa (Foto de Jason Fulford)


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Gatos en las antípodas, de Eileen Mayo

Gato merodeando (1938)

A pesar del título de esta entrada, la artista Eileen Mayo nació en el Reino Unido, concretamente en Norwich, el 11 de septiembre de 1906, y no emigró a Australia hasta el año 1952.  La mayoría de los gatos que enseñamos aquí fueron realizados antes de trasladarse a las antípodas, donde cambió radicalmente de estilo.

Chica con gato (años 50)

Era la mayor de tres hermanas. Vivió en Wakefield y Bristol con sus padres hasta que en 1923 estudió un año en la Escuela de Bellas Artes Slade de Londres y posteriormente, durante tres años, en la Escuela Central de Artes y Oficios para estudiar dibujo, grabado, trajes históricos y caligrafía. Pasaba gran parte de su tiempo libre en museos y galerías londinenses.

Lavándose (1943)

Su padre había falleció en 1921, y su madre y sus dos hermanas emigraron a Australia, dejándola sola. Consiguió algunos encargos para anuncios, ilustraciones y grabados, pero no lo suficiente para poder vivir. Por suerte, conoció al matrimonio formado por los pintores Laura y Harold Knight; estos no solo la contrataron como modelo, sino que se interesaron por sus obras y la ayudaron a darse a conocer. Era una mujer muy guapa y también fue modelo de la retratista Dod Procter y de Duncan Grant, otro amante de los gatos.

Ilustración para “Animals on the farm” (1951)

Su primera oportunidad llegó en 1928 cuando el Museo Albert y Victoria compró el linograbado “Turkish Bath” (Baño turco), que formaba parte de una exposición colectiva en la Galería Redfern, dando pie a una larga asociación con dicha galería.

Ilustración para “The Ad-Dressing of Cats”, de T.S. Eliot

Gato blanco con amapolas

Fue una viajera incansable en la primera mitad de los años treinta. Trabajó como institutriz en una familia de Alemania durante un tiempo, antes de rodear el continente africano en un carguero entre 1934 y 1935. Al regresar a Londres, se matriculó en la Politécnica de Chelsea para estudiar con Robert Medley y Henry Moore. Fue entonces cuando conoció al doctor Richard Gainsborough, viudo y padre de un niño, con el que se casó.

Mujer con siamés (1952)

En 1940 se instaló en París para estudiar con el cubista Fernand Léger, un pintor que no aceptaba a cualquiera en su taller, pero la llegada de la II Guerra mundial la obligó a volver a Inglaterra.

Gato adormecido

Su marido ejercía en Sussex y ella le ayudó a llevar su consulta durante la Guerra sin por eso dejar de trabajar en el libro “The Story of Living Things and their Evolution” (La historia de las cosas vivas y su evolución), para el que hizo más de mil maravillosas ilustraciones, publicado en 1944 con un prólogo del biólogo Julian Huxley.

Eileen Mayo era una perfeccionista, como lo demuestran las increíbles ilustraciones del libro que acabamos de mencionar y los grabados que incluimos aquí. Empezó a trabajar con pintura al temple a principios de los cuarenta, en plena guerra, y a menudo la ración de huevos de la familia Gainsborough desaparecía para servir de aglutinante a los pigmentos.

Gato rubio

En 1946 había completado otros dos libros sobre animales para la editorial Pleiades Books, en la Royal Academy se podían ver obras suyas y además formaba parte de una exposición itinerante organizada por el Arts Council. Dos años después diseñó los primeros números de la revista Art New and Review (llamada posteriormente Arts Review), publicada por su marido al dejar la profesión médica.

Eileen Mayo en 1946

Mañana de primavera

Decidió viajar por Francia y seguir estudiando en París. Al poco tiempo de regresar a Londres, Eileen Mayo se separó de Richard. En esa época ilustró “Best Cat Stories” (Las mejores historias de gatos) para el editor Michael Joseph, otro apasionado de los gatos al que dedicaremos una entrada dentro de poco. El libro, una colección de historias y poemas de gatos de diversos autores, se publicó en 1952.

Gato en cerezo

Ese mismo año dejó Londres definitivamente y se mudó a Australia para reunirse con su madre y hermanas. Allí descubrió una fauna totalmente diferente a la que estaba acostumbrada y se lanzó inmediatamente a plasmarla en grabados y cuadros. No tardó en formar parte de los numerosos artistas emigrantes que contribuyeron al renacimiento del arte del grabado en ese país. Dio clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Sídney y fue miembro de la Asociación de Grabadores de Sídney.

Madre e hijo

Gato al sol

Durante los diez años que vivió en Australia trabajó en murales, diseñó tapices, carteles y sellos. El Estado australiano le encargó el diseño de una serie de seis sellos, los primeros en incluir la fauna y flora australiana. Ninguna mujer había realizado hasta entonces una serie semejante, que fue comercializarla posteriormente en forma de carteles. Uno de los sellos, el del ornitorrinco, ganó el Premio Vizard-Wholohan al Mejor Grabado en 1962.

Temprano por la mañana

Se trasladó a Nueva Zelanda en 1962 para estar cerca de su madre y hermanas, que se habían mudado allí un año antes. La empresa postal neozelandesa también le encargó varios sellos. Dedicó tres años de su vida al diseño de un diorama submarino para el Museo Otago. En 1965 se instaló en la capital, Christchurch, y enseñó en la Universidad de Canterbury hasta 1972.

Gatos en árbol (Nueva Zelanda)

Dama Eileen Rosemary Mayo, pues fue nombrada dama del Imperio Británico en la lista de Año Nuevo de 1994, una semana antes de fallecer el 4 de enero a los 87 años, no solo amaba a los animales, también supo observarlos. Quizá tuviera un gato llamado Oliver, el único retrato que lleva nombre, pero no hemos podido descubrirlo.

Oliver

Debido a la artritis, y muy a pesar suyo, se vio obligada a dejar de pintar en 1985. Además de ilustrar doce libros, y realizar un sinfín de grabados, litografías y cuadros al temple, escribió ocho libros. Desde muy joven fue una mujer independiente que siempre supo que dedicaría su vida a la pintura.

Pintando en el 33 de la Royal Avenue, Londres (1948)


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Los gatos del castillo de Pierrefonds

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

A una hora y poco en coche al norte de París, en una bonita región llena de ríos y valles, se encuentra un célebre castillo llamado Pierrefonds. Erigido en el siglo XII, Carlos VI se lo regaló, dos siglos después, a su hermano Luis, duque de Orleans, que le encargó la reconstrucción a Juan el Negro, arquitecto de la corte.

Antes de la restauración

En marzo de 1617, durante el reinado de Luis XIII y su lucha contra el feudalismo instigada por el cardenal Richelieu (otro gran amante de los gatos, ver https://gatosyrespeto.org/2015/01/13/los-gatos-del-cardenal-richelieu/), fue tomado por el príncipe de Condé y su eminencia ordenó su destrucción al ser uno de los bastiones del “Partido de los descontentos”. Esta no se llevó a cabo completamente debido a la enormidad de la tarea, pero arrasaron las murallas, destruyeron los tejados y perforaron los muros del enorme edificio.

Jean Baptiste Corot

Durante los dos siglos siguientes, las inclemencias del tiempo se encargaron de seguir la lenta destrucción. Napoleón I lo compró en 1810 por menos de 3.000 francos de entonces. Considerado una ruina romántica muy de moda en el XIX, fue clasificado monumento histórico en 1848. El famoso pintor Corot pintó las ruinas en varias ocasiones entre 1834 y 1866.

En la actualidad

Luis-Napoleón Bonaparte visitó el castillo en 1850, antes de convertirse en Napoleón III, y se quedó subyugado por la ruina. Ya emperador, le pidió al famoso arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc que restaurara el monumento. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver este monumental castillo con el tema que nos interesa. Muy sencillo, Viollet-le-Duc adoraba a los gatos. Su pasión era tal que distribuyó nada menos que 36 estatuas de gatos (algunos dicen que 80, pero nos parece algo exagerado)  por las alturas del castillo entre un bestiario alucinante.

Viollet-le-Duc

Puede que una de las representaciones más sorprendentes ideadas por el arquitecto sea la de una gata llevando un gatito en la boca. La mayoría de los gatos parecen estar decorando los laterales de las ventanas de las buhardillas, y no deben ser fáciles de ver dada la altura del castillo.

Viollet-le-Duc decía: “Restaurar un edificio no es consolidarlo, repararlo o rehacerlo, sino restablecerlo en su totalidad a un estado que quizá no haya existido jamás”. Esta frase resume, en cierto modo, el gusto romántico del XIX, sobre todo a partir de los años treinta. El arquitecto no intentaba restablecer los edificios tal como habían podido ser, sino plasmar lo que imaginaba que habían podido ser. De ahí los gatos de Pierrefonds.

Dibujos de Viollet-le-Duc para el castillo de Pierrefonds

El gato no fue un animal muy representado en el románico ni en el gótico, pues se inclinaban por un bestiario fantástico, mucho más simbólico. Dudamos que Juan el Negro en siglo XIV se hubiera dedicado a decorar las aristas del castillo con gatos, perros o pelícanos. Con eso no estamos diciendo que no se “decoraba”. Al contrario, los interiores de castillos, iglesias y edificios civiles estaban completamente cubiertos de frescos y la piedra no se veía.

Pero Viollet-le-Duc amaba a los gatos y aprovechó para plasmarlos en Pierrefonds. Habría podido hacer lo mismo en su restauración de las murallas de la famosa ciudad de Carcasona, al sur de Francia, cuya reconstrucción tampoco tuvo mucho que ver con el original, pero allí se limitó a una arquitectura mucho más supuestamente “medieval”, más austera, sin apenas decoraciones. Debemos reconocer que las fortificaciones no dan para tanto.

Nació en París el 27 de enero de 1814, en el seno de una familia acomodada; su padre era un alto funcionario. Se le considera en gran parte autodidacta, y su formación se debe a varios viajes que realizó por Francia e Italia entre 1835 y 1839, y también porque trabajó como adjunto en Edificios Civiles con el arquitecto Achille Leclère. En 1840, Próspero Mérimée – sí, el autor de la novela corta “Carmen” que escribió después de un viaje a España -, inspector general de monumentos históricos, le confió la restauración de la basílica de Santa Magdalena de Vézelay, lo que marcó el comienzo de una brillante carrera.

Dos años después se ocupó, con Jean-Baptiste Lassus, de la restauración de la catedral de París, que estaba en un estado lamentable. Al contrario de lo que pasó en Pierrefonds, fue de lo más respetuoso y no se permitió la más mínima libertad con las estatuas que habían sido destruidas. Basándose en obras similares de catedrales de la época, consiguió restituir la mayoría de la decoración.

Gato atacando soldaditos de plomo, dibujo de Viollet-le-Duc

No empezó a reconstruir Pierrefonds hasta 1858, y a pesar de la enormidad de la tarea encontró tiempo para diseñar varias casas particulares e iglesias, así como vidrieras, monumentos funerarios y muebles.

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

En 1874 se le encargó la renovación de la catedral de Lausana, Suiza. Fue su última obra, ya que falleció el 17 de septiembre de 1879 en esta ciudad.

Carta de Viollet-le-Duc dirigida a su padre desde Roma (3-12-1836)

Viollet-le-Duc interpretaba los monumentos según una racionalidad científica poco acorde a la invención creadora de los constructores medievales, lo que le valió ser muy criticado en el siglo XX, pero gracias a él y a la atracción que sintieron los intelectuales del XIX por la arquitectura románica y gótica, se consiguió salvar numerosos monumentos que probablemente habrían desaparecido. Además, ¿a quién no le apetece visitar un castillo “medieval” con unas cuarenta bellas representaciones de gatos? ¿Qué importa si la arquitectura no es exactamente lo que fue en realidad?

Casa de Viollet-le-Duc (1863), 68 Calle de Condorcet, París

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