Gatos y Respeto

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Los gatos zapotecas del artista Francisco Toledo

El escritor, periodista y gran amante de los gatos Carlos Monsiváis, fallecido hace ya diez años y sobre el que publicamos una pequeña entrada algunos meses después de nacer este blog (https://gatosyrespeto.org/2014/06/19/carlos-monsivais-amor-a-los-gatos/), fue un gran amigo de Francisco Toledo, probablemente el artista más importante de los últimos años en México.

Francisco Toledo y Carlos Monsiváis

Autorretrato con gato

En palabras del propio Monsiváis: “Toledo, dueño de una cultura plástica, es, en su obra, animista, racional, ferozmente sexual, reiterativo, original, autocritico, capaz de una sequedad alucinada y una ternura tímida. Y se asegura de la correspondencia obligada de temas y medios expresivos. En cuadros, gouaches, grabados, cerámica, la fábula es un despliegue de formas y las formas son momentos del relato interminable de Toledo, del peregrinar de una zoología fantástica.”

El gato de Sara

A Francisco Toledo le gustaba pintar animales poco convencionales, monos, murciélagos, iguanas, sapos, insectos y… algunos gatos. Extraños gatos poco tranquilizadores, como los retratos “felinos” que hizo de su gran amigo Monsiváis. En uno, el gato Monsiváis dormita, como si estuviera recostado en un sofá. y en el otro dibuja un círculo en un papel. Y la verdad, se parecen al escritor.

El felino Carlos Monsiváis

Pero hizo algo más para su amigo, le diseñó y fabricó una urna de cerámica, la “Gaturna”, que representa a un gato jugando con una pelota. Las cenizas del escritor reposan en la pequeña sala de lectura del Museo del Estanquillo entre más de tres mil libros. Y así, Carlos Monsiváis, que nunca pudo vivir sin un gato, está eternamente abrazado por uno.

La gaturna

Francisco Toledo nació el 17 de julio de 1940 en Ciudad de México, según él por accidente, en el seno de una familia de origen zapoteca procedente de Juchitán, estado de Oaxaca. De pequeño vivió en el sur del estado de Veracruz, viajando con frecuencia a la tierra de sus padres, donde su tía abuela le introdujo en la historia y las tradiciones de su región.

Las fábulas de Esopo (Grabado)

Dicen que su padre, al ver las habilidades artísticas del niño, le permitió pintar las paredes de la casa familiar. Después de estudiar en Oaxaca se trasladó a Ciudad de México a los 17 años para estudiar en la Escuela de Diseños y Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes.

En 1960, a los 19 años, obtuvo una beca para estudiar en París. Permaneció allí cinco años y conoció al poeta Octavio Paz y al pintor Rufino Tamayo, también oaxaqueño, que ejerció entonces una fuerte influencia sobre él. Le aconsejó, vendió su obra a conocidos suyos y le ayudó a exponer en espacios importantes de Ciudad de México. Incluimos aquí uno de los escasos cuadros de gatos que pintó Tamayo.

Rufino Tamayo, 1951

También pasó algún tiempo en Nueva York a finales de la década de los setenta y en 1984 volvió a Europa. Vivió sobre todo en París y en Barcelona trabajando en lienzos, litografías y esculturas. En 1987 se instaló en Ciudad de México y cinco años después se trasladó definitivamente a la ciudad de Oaxaca.

Es famoso por su producción artística, pero también por su activismo y constante denuncia social, además de ser un acérrimo defensor del patrimonio cultural de Oaxaca y de la naturaleza. Se opuso diametralmente al cultivo de transgénicos, a la construcción del Centro de Convenciones de Oaxaca en el Fortín, considerado el pulmón de Oaxaca, y a que se inaugurara un McDonald’s frente al zócalo de Oaxaca.

Gato del té, 1973

En 2006 fundó la Editorial Calamus, después de Ediciones Toledo, con el fin de abrir un camino diferente. Coeditó más de veinte libros junto al Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Hombres con rostro de gato

Impulsó la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) en 1992, así como el Museo de los Pintores y el Museo del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. En enero de 2015 donó a este último y al IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca) alrededor de 125.000 objetos, entre las que se encontraban numerosas obras suyas.

Gato y cafetera

Defendió la restauración del monasterio agustino, convertido en el actual Centro Cultural Santo Domingo, así como la creación de una fábrica de papel a partir de materiales orgánicos en Etla, Oaxaca, en la que trabajan personas de la región.

Se involucró totalmente en el apoyo a las familias de los cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos”, en el estado de Guerrero, desaparecidos en 2014, y creó la serie “Papalotes a volar”, unos cometas con sus rostros que se expusieron en el Centro Cultural Bella Época del Fondo de Cultura Económica y en otros muchos centros. Pero también dedicó tres “papalotes” a los gatos.

Nos ha sido imposible descubrir si vivía con algún gato, pero hay muchos en su obra, e incluso cuando ilustra el cuento de Pinocho, encuentra la forma de retratarle subido en un gato y fumando. Y en el libro también vemos a un gato enorme con una botella ¿de tequila? debajo de un hada.

Pinocho fumando sentado en un gato

Pinocho y gato

Creo que podemos afirmar que Francisco Toledo debió tener gatos. Casi no puede ser de otro modo.

Francisco Toledo nunca dejó de luchar por el medioambiente y por defender la cultura oaxaqueña; a menudo se comparó su lucha a la de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco,  pero él decía que los tres muralistas “eran gentes de partido, con convicciones, con una ideología y yo, francamente, no tengo ni partido ni convicciones ni ideología”. Añadía que “les tocó un país que se estaba construyendo y a mí me tocó un país que se está destruyendo”. Pero su prestigio como artista y como activista no solo logró que la población en general, sino también parte del sector empresarial, se sensibilizara sobre los hechos que él denunciaba.

Tras el seísmo del 7 de septiembre de 2017, que se sintió en las comunidades del istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, Toledo financió de su bolsillo cuarenta y cinco cocinas comunitarias para los damnificados.

Francisco Toledo

El 5 de septiembre de 2019, a la edad de 79 años, Oaxaca perdió a su mejor y mayor defensor. En el legado del artista constan más de 7.000 obras.


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Los gatos del pintor surrealista Gürbüz Doğan Ekşioğlu

Gürbüz Doğan Ekşioğlu nació el 22 de enero de 1954 en Mesudiye, provincia de Ordu, Turquía. Empezó a dibujar desde muy joven y, de hecho, él mismo dice que descubrir el lápiz y el papel fue una revelación en primaria. Dibujaba en los márgenes de los libros, dibujaba mientras el maestro hablaba, dibujaba a los vecinos, a sus compañeros… Todos le decían que lo hacía muy bien.

Su pasión le llevó a perder el interés por otras materias y a suspender en varias ocasiones. En un pueblo como Mesudiye, de apenas cinco mil habitantes, pintar no se consideraba una profesión durante la infancia del artista; había que ser ingeniero, médico, arquitecto, abogado. Incluso así, su profesor de dibujo en el instituto le animó a presentarse a los exámenes para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Estambul, ahora Universidad de Marmara.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu

Pero no le admitieron y no tuvo más remedio que estudiar Ingeniería Civil durante dos años antes de volver a presentarse y entrar en la Facultad de Artes Gráficas. Participó en diversos concursos a partir del segundo año, y cuando se graduó en 1979 había ganado doce premios, algunos de ellos internacionales, lo que le permitió encontrar trabajó en una conocida agencia de publicidad.

Se casó con Sumru en 1980. A pesar de ganar un buen salario en la agencia, el trabajo no le gustaba. Se presentó a un examen para ser profesor adjunto y lo aprobó. Sin embargo, con el golpe militar del 12 de septiembre de 1980, dejó de cobrar durante seis meses y sobrevivieron gracias al sueldo de maestra de su esposa. En una entrevista realizada por Marcus Graf cuenta que siguió presentándose a concursos de viñetas: “Ganar estaba bien, pero lo mejor era el premio en metálico. Así pudimos comprarnos una lavadora dos años después de casarnos y un lavaplatos a los cuatro”.

Pero todo esto ha quedado atrás. Hoy en día, el trabajo de Gürbüz Doğan Ekşioğlu no solo se conoce en Turquía sino en todo el mundo. Ha ganado setenta y dos concursos, veinticinco internacionales, ha tenido treinta y nueve exposiciones individuales, una en la ciudad de Nueva York, y revistas de la talla de Forbes, The Atlantic Monthly y The New York Times han publicado obras suyas. Además, sus dibujos han sido portada de The New Yorker en siete ocasiones, cuatro con un gato.

¿Y cómo llegó a dibujar una portada para The New Yorker? (Por cierto, en varias portadas de la revista han aparecido gatos, la primera en 1951). En una entrevista que le hizo el periódico Mürekkep Haber el año pasado, Gürbüz Doğan Ekşioğlu dice: “Decidí pintar gatos en 1991 cuando descubrí las ilustraciones de gatos y perros en portadas de The New Yorker”.

Y sigue contando: “Todo el mundo me decía que mi trabajo era universal y que debía ampliar mis horizontes. Encargué un cartel al artista Milton Glaser y aproveché para mandarle algunas fotos de mis obras. No tardo en contestar: ‘Un trabajo excelente’. Así que decidí arriesgarme; fui a Estados Unidos y me presenté en The New Yorker. Les gustó y me propusieron que trabajara con ellos”. Y así fue como apareció el gato en una taza de desayuno en la portada del número del 6 de enero de 1992.

A esta le siguieron el gato con pelota de lana como rabo con las Torres Gemelas de telón de fondo, el 22 de marzo de 1993; otro gato rodeado por un rabo sin fin y numerosos ratones, el 3 de enero de 2005, y el último, el 5 de octubre de 2009, con un gato más allá del borde del precipicio.

Al parecer, Gürbüz Doğan Ekşioğlu tiene cierta fijación por los gatos con cola infinita. No hemos encontrado fechas de esos dibujos que nos permitieran saber si pertenecen a un periodo concreto o si se repiten a través de los años. El artista reconoce que a menudo repite los motivos en los cuarenta años que lleva pintando.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu

El diario Mürekkep Haber entrevistó al artista por la exposición “Mis gatos”, celebrada en marzo de 2019 en la galería de arte Şebnem Bahar, en la ciudad de Antalya. El alcalde del municipio, durante la inauguración, dijo: “Es un honor para nosotros dar la bienvenida a un artista como Ekşioğlu, cuyo renombre se debe, entre otras cosas, a sus gatos. En nuestro distrito, la gente ama a los gatos y no paran de pedir al Ayuntamiento que instale más refugios”.

Cartel exposición “Mis gatos”

Antalya es la cuarta ciudad que acoge la exposición, la primera se inauguró en Ankara, en la Galería de Arte Contemporáneo Municipal, y fue idea de su director, İbrahim Karaoğlu. Ambos estaban de acuerdo en realizar una exposición conceptual y barajaron varios temas: pájaros, cielos, noches o gatos. Se inclinaron por reunir los gatos que había realizado el pintor en los últimos treinta años. La editorial de la Universidad Yeditepe también publicó un libro con 95 dibujos de gatos de Ekşioğlu titulado “Mis gatos”.

En otra entrevista, el artista reconoce que sus influencias han sido Brad Holland, André François y Ralph Steadman, tres ilustradores que también incluyen a gatos en sus obras, así como los dibujantes turcos Turhan Selçuk y Ali Ülvi, entre otros. El Bosco y Van Gogh eran dos de sus pintores favoritos durante los años de bachillerato.

Dice no trabajar a partir de un concepto y lo explica con estas palabras: “Nuestro vocabulario diario oscila entre doscientas y trescientas palabras. Mi vocabulario como artista tampoco cambia. Un concepto puede surgir de una manzana, del cielo, de la noche, de un gato, de un café, de un té, de cualquier cosa”.

Ignoramos si Gürbüz Doğan Ekşioğlu tiene gatos, pero algo nos empuja a pensar que comparte su vida con alguno. Ya se sabe que los gatos no solo son muy queridos en Estambul, sino en todo el país, y alguien que pinta gatos tan a menudo debe observarlos de cerca.

Para acabar, volveremos a citar al pintor: “La justicia, la honradez y la independencia son muy importantes para mí. Siempre he estado del lado de los oprimidos. No me gusta el beneficio individual, quiero que sea para todos. Amo a los animales. Tal como entiendo la vida, creo que mejoraría si todos hiciéramos un pequeño gesto para facilitar el camino a los demás”.


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Gatos, cocinas y cocineros

Foto de Ferdinando Scianna

Hoy en día no es muy habitual ver a gatos en las cocinas; es más, en numerosas casas tienen derecho a dormir en el sofá del salón, pero no pueden pisar la cocina, y si se les permite la entrada, saltar a una encimera es totalmente impensable. Sin embargo, hasta bien entrado el siglo XX, el gato formaba parte íntegra del paisaje de la cocina, aunque probablemente le estuviera vetado el sofá del salón.

Las primeras imágenes de gatos en la cocina datan del siglo XIV y son parte del Tacuinum Sanitatis, un manual medieval sobre salud basado en el tratado médico árabe Taqwim al‑sihha (Tablas de salud), de Ibn Butlan. Existen varias versiones latinas en manuscritos profusamente ilustrados.

Tacuinum Sanitatis

Dos siglos después, el pintor alsaciano afincado en París y considerado un maestro del bodegón en su época, Sébastien Stoskopff, pintó por lo menos un cuadro con un gato en la cocina. No sabemos si son truchas o lucios, pero nos inclinamos por lucios dado el tamaño del pez que el gato está a punto de disfrutar.

Sébastien Stoskopff (Siglo XVI)

También del XVI, concretamente de 1591, es el magnífico cuadro del italiano Vincenzo Campi titulado “La cocina”. Dos de las cocineras parecen estar muy interesadas en el gato que defiende las entrañas de pollo que una de ellas acaba de darle. Claramente, tanto el gato como el perro faldero eran habituales del lugar.

La cocina (Vincenzo Campi, 1591)

Detalle

Volvemos a saltar dos siglos para irnos a la cocina de un palacio valenciano trasladada a la cuarta planta del Museo de Artes Decorativas de Madrid. Además de una foto, añadimos el enlace para realizar una visita virtual a este maravilloso lugar donde se encuentran representados nada menos que ocho gatos. Excepto dos, el autor no confirió a los demás un comportamiento ejemplar. http://www.culturaydeporte.gob.es/docroot/contenido-estatico/museos/mnartesdecorativas/visita-virtual/cocina.html

Cocina valenciana (Siglo XVIII)

Ya en el XIX, no podíamos omitir a Carl Reichert ni a Charles van den Eycken, dos pintores muy dedicados a los gatos, de acuerdo con la moda imperante en la segunda mitad de ese siglo. Pero nos parece mucho más representativo el naturalista francés Joseph Bail con “El cocinero y su gato”. Este apasionado de la gastronomía realizó toda una serie sobre cocineros y pinches de cocina sin omitir al gato en numerosas escenas.

Carl Reichert (1836-1918)

Un gato en la cocina (Charles van den Eycken, siglo XIX)

El cocinero y su gato (Joseph Bail)

El último lienzo es de Ivan Albright (1934) y se titula “La cocina de la granjera”. Detrás de la mujer que pela lo que parecen rábanos, vemos a un gato sentado en el suelo, no lejos de la estufa de leña. El gato sigue aceptado en la cocina, al menos en el campo.

La cocina de la granjera (Ivan Albright, 1934)

Más reciente, pero haciendo referencia a una generación anterior, está la viñeta de Linda Benton “La abuela en la cocina”. La artista realizó una serie de dibujos de una abuela que vive con numerosos gatos y no podían faltar en la cocina.

La abuela en la cocina (Linda Benton)

A finales de los años cincuenta aparece una mujer que rompe con todos los moldes de una época en Estados Unidos. Entre los enormes cambios que produjo la posguerra en Estados Unidos en cuanto a limpieza, salud, etcétera, estaba la prohibición de que el gato entrara en la cocina. Nos referimos a la cocinera Julia Child, (https://gatosyrespeto.org/2015/01/03/julia-child-buena-cocina-y-gatos/) que hizo auténticos milagros para educar el paladar norteamericano. No solo era una magnífica cocinera, también adoraba a los gatos y solían acompañarla mientras ponía a punto sus recetas.

Julia Child

Minette en la cocina de Julia Child

El renombrado y lamentado chef Anthony Bourdain, de apellido francés, pero nacido en Nueva York, amaba a los gatos. Consideraba que la columna vertebral de los restaurantes estadounidenses eran los inmigrantes latinoamericanos. En su opinión, muchos poseían un gran talento, pero no recibían el reconocimiento ni el salario que merecían. También alzó la voz contra el acoso sexual en la restauración.

Anthony Bourdain y Lupetto

Un joven cocinero con tres canales en YouTube llamado Yun Yoshizuki siempre cocina con sus gatos Kohaku y Nagi. Ambos le observan mientras prepara deliciosos platos y jamás se atreven a estirar la pata para llevarse ese tentador trocito. Al parecer, Yun y su mujer Rachel tienen un tercer gato llamado Poki, pero no se le deja entrar en la cocina durante los rodajes porque su educación deja algo que desear. Por cierto, en ocasiones especiales, Yun prepara comida para gatos en directo: sushi y sashimi.

Jun Yoshizuki preparando sukiyaki con Kohaku y Nagi

No solo se cocinan platos suculentos para gatos, también se publican muchos libros de recetas actualmente. “The Secret of Cooking for Cats” (El secreto de la cocina para gatos), de Martin A. Garner, publicado en 1965, demuestra que pensar en recetas para gato no es una tendencia nueva. Algunos nombres de platos incluidos en el libro son “Pollo estilo Madrid”, “Pescado a la napolitana”, “Ensalada de mar”, “Interludio noruego”…

Incluso con la enorme selección de comida para gatos que se puede adquirir en la actualidad, se siguen preparando platos especiales. En la foto vemos a Deborah Robertson con Dixie ante la mesa de la cocina donde experimenta y prepara tentadoras recetas para su libro “Cooking for Cats: The healthy, happy way to feed your cat” (Cocinar para gatos: La forma sana y feliz de alimentar a su gato).

Debora Robertson y Dixie

La autora reconoce que cuando empezó a tener gatos, les compró el pienso más equilibrado del mercado, pero no eran felices. Pasó a la comida enlatada con un resultado positivo, aunque no del todo satisfactorio. Sigue diciendo, con cierta lógica, que si invita a alguien a su casa, cocina para esa persona. También cocina para su marido y para ella misma. Siendo así, ¿por qué no cocinaría para sus gatos?

Deborah Robertson


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Los gatos del fotógrafo Elliott Erwitt

Nueva York (1955)

Elliott Erwitt es un fotógrafo estadounidense nacido el 26 de julio de 1926 en Neuilly-sur-Seine, área metropolitana de París, de padres rusos que le dieron el nombre de Elio. Al poco tiempo, la familia se trasladó a Milán, donde creció y estudió hasta 1939, cuando zarparon a bordo del “Ile de France” con rumbo a Nueva York debido a la amenaza fascista.

Nueva York (1953)

Llegaron a Nueva York cinco días después de que estallara la guerra. El fotógrafo dijo en una ocasión con su típica ironía: “Soy estadounidense gracias a Benito Mussolini”. Después del divorcio de sus progenitores en 1941, se mudó a Los Ángeles con su padre y empezó a interesarse por la fotografía mientras estudiaba en el Instituto de Hollywood. Su padre volvió a irse, esta vez a Nueva Orleáns, para abrir una tienda de antigüedades, y Elliott se quedó solo con apenas 16 años y tuvo que trabajar en una panadería para sobrevivir.

Elliott Erwitt

Nueva York (1950)

Después de graduarse en el instituto se matriculó en la Universidad de la Ciudad de Los Ángeles y estudió Fotografía al mismo tiempo que trabajaba en un estudio procesando fotografías “firmadas” de las estrellas. Consiguió ahorrar lo suficiente para comprarse una cámara Rolleiflex. Se subió a un autobús  en 1948 y dejó California “porque no pasaba nada allí” camino de Nueva York. Conoció a fotógrafos de la talla de Edward Steichen, Robert Capa y Roy Stryker cuando solo tenía 20 años.

Exposición felina (Nueva York, 1953)

No tardó en empezar a trabajar como fotógrafo profesional después de que Edward Steichen viera su portafolio, lo que dio pie a un encargo remunerado en Pittsburgh, Pensilvania, por parte de Roy Stryker. Los encargos para revistas siguieron y recorrió Estados Unidos.

Pelea de gatos

Roma (1959)

Llamado a filas en 1951, siguió haciendo fotos, estando destacado en Alemania y Francia, con una Leica de objetivo plegable. Ganó 1.500 dólares en un concurso de la revista Life con la foto “Bed and Boredom” (Cama y aburrimiento), además de una felicitación por escrito del general de su base. De esa época, dijo: “No tenía ideas preconcebidas, me limitaba a llevar una cámara y a hacer fotos”.

Roma (1959)

París (1990)

En 1953, Robert Capa le invitó a que se uniera a Magnum Photos y ha sido miembro de la prestigiosa agencia desde entonces, además de presidirla en tres etapas. Ese mismo año le hizo toda una serie de fotos a su esposa Louise con dos gatitos. Louise estaba embarazada, y unos meses después realizó la famosa “Madre y niño”, en la que vemos a Louise contemplando a Ellen, de solo seis días, también observada por Brutus, probablemente uno de los dos gatitos. La foto fue incluida en la importante exposición “The Family of Man”, organizada por Edwards Steichen dos años después.

La reputación del fotógrafo creció y también la importancia de los encargos. Suyas son las fotos del famoso “debate de la cocina” entre Richard Nixon y Nikita Jrushchov el 24 de julio de 1959. Aunque nunca hemos entendido por qué se llamó “debate” cuando, supuestamente, fue una conversación improvisada…

Fotografió en numerosas ocasiones a John Kennedy antes y durante su presidencia, a un joven y apuestísimo Che Guevara, a una maravillosa Marilyn Monroe en su casa de Nueva York y en el rodaje de “Vidas rebeldes”, con Clark Gable y Montgomery Clift, a Jack Kerouac y a muchísimos otros famosos, actores o políticos.

Mildred Jordan (1950)

Sus retratos, sobre todo los de políticos, desprenden una cierta ironía. “Mis fotos pueden tacharse de políticas”, dijo. “Mi intención es hacer un comentario sobre la comedia humana, y eso es política, ¿verdad? Si alguien me preguntase quién me cae peor, si Johnson o Nixon, me costaría dar una respuesta. Johnson era vulgar, pero acabó siendo un presidente notable, y Nixon carecía de escrúpulos. Pero ¿se ve eso en las fotos? Dígamelo usted”.

Monica Vitti en el rodaje de Alta infedeltà (1964)

Además de su cámara de trabajo, siempre llevaba una Leica M3 con un objetivo de 50 mm cargada con Kodak Tri-X o Ilford HP4 para fotografiar lo que veía en cualquier momento. Hemos dicho “llevaba” porque es muy posible que ahora trabaje con una cámara digital; no hemos encontrado ninguna información al respecto.

Roma (1969)

1990

Y esas fotos, las que hacía y hace en cualquier momento, reflejan un profundo sentido del humor cuando se trata de personas, y una gran sensibilidad con los animales. Hay una que nos conmueve particularmente, realizada en 1955 desde un primer o segundo piso enfocando a una calle que bordea el Panteón de Roma, con una mujer alimentando a unos seis gatos. La hierba crece entre los adoquines.

Panteón, Roma (1955)

Roma (1952)

Pero el gran amor de Elliott Erwitt no eran los gatos, sino los perros. Publicó nada menos que cuatro libros de fotos caninas, “Los perros de Elliott Erwitt” (2008), “Woof” (Guau) (2005), “Dogs Dogs” (Perros perros) (1998) y “Son of a Bitch” (Hijo de perra) (1974). Aun así, viendo algunas de las fotos de gatos, como “El gato de Max”, nos parece obvio que también le gustaban mucho.

El gato de Max (1992)

Perros (Nueva York, 1974)

En los años setenta, Elliott Erwitt se interesó por el cine y rodó varios documentales. En los ochenta realizó diecisiete programas cómicos para HBO.

Sudamérica (1972)

En 2009 desarrolló una segunda personalidad, André S. Solidor, cuyas iniciales son ASS (imbécil), cuyo trabajó se expuso en la galería Paul Smith de Londres en 2011. Incluimos dos fotos de André y un resumen de su biografía.

Andre S. Solidor – Homenaje a King-Kong

Andre S. Solidor – Homenaje a Fay Wray

“Nació en 1962 en Grand Citron, distrito de Saint-Laurent-du-Maroni, Guyana francesa, de una madre nativa y un aristócrata francés que huyó al poco de nacer el niño. Demostró sus talentos de dibujante de muy pequeño. A los 14 años fue a Haití a trabajar en una plantación de yuca. Allí le descubrió un fotógrafo de la revista Life que cubría un reportaje sobre la pobreza. André se dio cuenta de que la fotografía era el camino que le alejaría de la miseria e ingresó en el maravilloso mundo del arte”.

Hamburgo (1987)

Elliott Erwitt cumplió 94 años este verano. Sigue trabajando y viviendo en su estudio de Central Park West, Nueva York, desde hace 50 años.

Nueva York


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Los gatos de la pintora japonesa Natsuo Ikegami

Sueños en el cielo

No recordamos cómo descubrimos a la pintora japonesa Natsuo Ikegami, pero nada más ver sus cuadros y dibujos, supimos que debía formar parte de este blog. Cuando entramos en su Facebook vimos que en 2020, desde el comienzo de la pandemia, había publicado 18 dibujos o cuadros de gatos, mientras que el año anterior, solo 9. No era un dato que aportara muchas pistas, pero ¿significaba que se había quedado más en casa?

A medida

Tomando el sol

Seguimos buscando en Internet y al principio solo encontramos una información de lo más escueta que decía lo siguiente: “Nací en Osaka, Japón, en 1969. Estudié Dibujo y Pintura en la Academia de Bellas Artes del Museo Municipal de Bellas Artes de Osaka (1994-1999)”. Y luego: “Información personal: Vivo en Hyōgo, Japón, con mi compañero y cinco gatos. Me encanta pintar y dibujar”.

Amante de los gatos

A ciegas

Nada más, lo que no era mucho para una entrada. Pero la búsqueda nos permitió encontrar más dibujos de Natsuo y saber que no se limitada a los gatos. La pintura de la artista abarca un gran número de temas en un estilo mezcla de naif y surrealismo que va mucho más lejos de lo que pueda parecer a primera vista. Basta con ver “Encuentro en un árbol” o “Pájaros y gatos”.

Encuentro en un árbol

Pájaros y gatos

Hay algo de fantasioso, quimérico e imprevisible en la obra de Natsuo Ikegami, como por ejemplo en la serie de sus maravillosos gatos globo.

Entonces nos enteramos de que había publicado un precioso libro titulado “Olores de primavera” cuyo epílogo reza así: “El 11 de marzo de 2011, un tremendo terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter sacudió Japón e inmediatamente después, un tsunami se apoderó de la costa noreste de Japón”.

“Llevaba muchos días dibujando gatos con tinta china a pluma y pincel. Al día siguiente de haberme enterado del terremoto, me sentí totalmente vacía y no me apetecía dibujar. Pensé que debía descansar un tiempo. Pero entonces me vinieron a la cabeza todas las personas afectadas por esta tragedia, los sentimientos y los pensamientos se apoderaron de mi mente empujándome a trabajar más. Me entraron ganas de rezar y sentí que quizá alguien esperaba un dibujo mío…”

“Por eso decidí seguir dibujando. Llevaba un mes dibujando gatos con flores. Este libro es mi ofrecimiento floral. Espero que pronto llegue el día en que las víctimas de esta catástrofe puedan disfrutar de la primavera con todo su corazón. Natsuo Ikegami, 24 de abril de 2011”.

Gato flor blanca

Y por fin se nos ocurrió algo que hubiéramos debido hacer desde el principio, mandarle un “privado” por Facebook. Quizá no lo hicimos inmediatamente porque, en general, cada vez que nos dirigimos a un artista actual explicando que queremos dedicarle una entrada sobre su obra, no recibimos respuesta. Pero Natsuo nos contestó a los tres días y nos habló de sus gatos.

Embarcando

Siesta conjunta

Nos confirmó que había nacido en Osaka en 1969, pero ya no vive en Hyōgo, sino en la isla de Shōdoshima, prefectura de Kagawa, con su compañero y cuatro gatos. En 2001 se toparon con dos gatitos en el Centro Comunitario de Periodismo. Uno de ellos era Shuntaro, que murió el 18 de octubre pasado, a los 19 años, y del que tenemos un retrato, y la otra era Kuu, una tricolor que falleció el año pasado. Shuntaro era inteligente, cariñoso y guapo. Natsuo nos dice que lo pasaban muy bien juntos y que ve su alma en todos los rincones de la isla. Añade que seguirá dibujándole eternamente.

Shuntaro

Siesta con compañía

Cuatro años después encontró a tres gatitos diminutos cerca del río, aún no podían ver, apenas tenían pelo y más bien parecían ratones, según nos escribió. Ya tenían dos gatos, pero no quisieron darlos en adopción. Eran Sumi, una gatita; Tsuyu, otra gatita blanca y negra, y Goro, el gato negro, que murió cuando tenía diez años. Los otros dos tienen ahora 15 años.

Goro

Ciclistas

Más recientemente apareció Torajiro, un precioso gato rubio de un año. Rondaba la casa y no pudieron resistirse, fue amor a primera vista. Aquí se ve toda una serie dedicada a Torajiro realizada en septiembre pasado.

En el cuadro “Nuestro sofá” están Goro, gato negro; Shuntaro, atigrado, y Kuu, tirando a blanca.

Nuestro sofá

Cumpleaños

Natsuo explica que le inspira la naturaleza y que, recientemente, ha empezado a dibujar a sus gatos en el exterior, a la orilla del mar, bajo un árbol o en un prado lleno de flores. La naturaleza de la preciosa isla de Shōdoshima – donde se mudaron hace cinco años – es una fuente de inspiración para ella. Termina diciendo que cuando va a dibujar a sus gatos, posan como si dijeran: “Por favor, dibújame, ¡pero bien!” Incluso el recién llegado Torajiro lo hace y espera a ser dibujado.

Dos gatos

Gato y peluche

Efectivamente, la isla de Shōdoshima es muy especial. Situada en el mar interior de Japón, su nombre significa “pequeña alubia”. Se hizo famosa por ser el primer lugar en Japón donde se consiguió hacer crecer olivos y por el Estrecho de Dobuchi, el más pequeño del mundo, con solo 9,93 metros en su parte más angosta.

Gato entre acianos

Siesta

Las obras de la pintora están disponibles en Etsy.

Tita gatos


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Los gatos de Dubrovnik

A orillas del mar Adriático se encuentra Dubrovnik, conocida como Ragusa entre 1358 y 1808, fundada en el siglo VII por unos refugiados de Epidauro, situada unos 15 kilómetros más al sur. 

Estuvo bajo la protección del Imperio Bizantino y posteriormente, de la República de Venecia. Gozo del título de “estado libre” durante casi quinientos años, entre los siglos XIV y XIX. La prosperidad de la República de Ragusa se debía al comercio marítimo, que le permitió alcanzar un elevado nivel cultural.

Casi destruida por un terrible terremoto en 1667, en el siglo XIX fue ocupada, durante las guerras napoleónicas, por las fuerzas imperiales francesas. Después de ser abolida, la República de Ragusa pasó a formar parte del Reinado Napoleónico de Italia. A finales del XIX y durante casi todo el XX perteneció al Imperio austríaco, al austrohúngaro y, finalmente, a Yugoslavia.

La bella ciudad de Dubrovnik está llena de gatos. El pasado 19 de septiembre, el periódico Dubrovnik Times (versión en inglés) publicó un pequeño artículo diciendo que desde el mes de septiembre de 2018, el Ayuntamiento de la ciudad, en cooperación con voluntarios que cuidan de gatos callejeros y abandonados, implementó un programa CES (Captura-Esterilización-Suelta) en toda el área municipal.

Según las clínicas veterinarias participantes, en los últimos dos años se ha esterilizado a 1.018 gatos, 715 hembras y 303 machos. En lo que va de año, “Sanitat Dubrovnik” ha reartido 80.000 kunas, el equivalente a 10.500 € o 12.500 $, por igual entre las tres clínicas participantes.

“Vamos por buen camino para controlar la población de gatos callejeros. Ya pueden verse los resultados, y todos los gatos con la punta de la oreja cortada son una prueba de nuestro éxito”, dice Ljubica Kežić, la mujer que impulsó el proyecto. Mato Franković, el alcalde de Dubrovnik, se ha comprometido a que el programa siga en el futuro.

Ljubica Kežić

En los primeros 9 meses del proyecto, de julio de 2018 a abril de 2019, se gastaron 152.000 kunas (20.000 € – 23.500 $). Al agotarse el presupuesto, el alcalde permitió un gasto adicional de 100.000 kunas gracias a una enmienda a la partida correspondiente en el presupuesto.

Ljubica Kežić lleva años cuidando a gatos en Dubrovnik. Todo empezó por casualidad, cuando una mujer mayor le pidió que la ayudara a llevar agua al abandonado hotel Belvedere, donde vivía un centenar de gatos. Ljubica explica que la mujer no podía más y decidió involucrarse en el cuidado de los gatos.

Al cabo de diez años ha conseguido esterilizarlos a todos, aunque desgraciadamente, muchas personas siguen abandonado gatitos en el hotel, convencidas de que es un paraíso para gatos. Pero es todo lo contrario, y muy pocos gatitos sobreviven a los ataques de martas y comadrejas, muy numerosas en la zona, o a los atropellos en la carretera.

Además de varios voluntarios, Ljubica Kežić cuenta con la ayuda de otras dos mujeres amantes de los gatos, la británica Gaye Lockwood, así como su compatriota y amiga Tihana Zvone. La primera sufragó las esterilizaciones de los gatos del Belvedere y de muchos otros antes de que se pusiera en marcha el proyecto municipal. Gaye Lockwood creó “Dubrovnik Cats” para que algunos gatos del hotel fueran adoptados en Inglaterra y trasladados a ese país, como Zutko, el gato ciego, que murió en su hogar de acogida en agosto pasado.

Zutko el gato ciego y Gaye Lockwood

Gaye Lockwood se desplaza dos veces al año a Dubrovnik, pero tiene una cuenta abierta con un veterinario de las afueras de la ciudad al que puede acudir cualquiera que  encuentre a un gato herido o enfermo. Tihana Zvone, por su parte, creó una página en Facebook, “Udomljavanje Napustenih Zivotinja Dubrovnik” (Adopción de animales abandonados en Dubrovnik), a través de la que ha logrado numerosas adopciones y concienciado a los habitantes de la ciudad de que deben esterilizar a sus animales de compañía en vez de abandonar a las camadas.

El 5 de junio pasado lanzaron una llamada de ayuda a todos los vecinos de Dubrovnik. La pandemia ha reducido drásticamente el intenso turismo de la ciudad, repercutiendo directamente en las donaciones de alimentos. En tiempos normales, muchos restaurantes daban carne y dinero para la compra de pienso, pero muchos han cerrado, con la consiguiente merma de fondos. Explican que ya no pueden alimentar correctamente a la enorme población felina de la zona.

La situación también ha afectado directamente a un proyecto que lleva años cuajándose: un refugio de grandes dimensiones para gatos y perros financiado íntegramente por el Ayuntamiento. La construcción – apenas empezada – se ha detenido sin fecha de continuidad. El presupuesto es de tres millones de kunas (396.500 € – 466.500 $). Ojalá pueda reemprenderse pronto.

El Belvedere era un espectacular hotel de cinco estrellas en la costa del Adriático, a menos de media hora del centro histórico de Dubrovnik, inaugurado en 1985. Cerró sus puertas en 1991, al empezar la guerra de los Balcanes y sufrir fuertes bombardeos.

Hoy, sus 18 niveles y 223 habitaciones de lujo están en ruinas, con las paredes cubiertas de grafitis. La piscina que miraba al Adriático y estaba protegida por un enorme panel de vidrío ha sido invadida por la maleza y los escombros. El centro de la estructura es una curiosa escalera en espiral que ahora carece de barandilla.  

En 2014, el multimillonario ruso Viktor Vekselberg – dueño de la mayor colección privada de huevos de Fabergé – lo compró en pública subasta. Hasta la fecha no ha hecho nada para renovar el hotel e incluso se rumorea que la estructura va a ser demolida. En cualquier caso, el Ayuntamiento se ha comprometido a realojar a los actuales residentes, los gatos, a los que alimenta y cuida Ljubica Kežić y otros voluntarios.


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Un gato, un ratón y un perro, el extraño trío de Krazy Kat

Érase una vez un gato que amaba a un ratón, un ratón que despreciaba al gato y odiaba al perro, y un perro que veneraba al gato y odiaba al ratón. El ratón se pasaba la vida tirando ladrillos a la cabeza del gato, pero éste estaba convencido de que era una demostración de afecto. El perro era policía e intentaba proteger al gato encarcelando al ratón. Los tres vivían en Arizona, en el condado de Coconino.

-Y a algunos se les impone la grandeza. -¿Quién lo dice?

La tira cómica lleva el nombre del gato, Krazy Kat (Gato Loco). Los otros dos protagonistas son Ignatz el ratón y el perro agente Pupp. Y también están Joe Cigüeña “proveedor de progenie principesca y proletaria”; Kolin Kelly, un perro que fabrica ladrillos y los suministra a Ignatz, y la Sra. Kwakk Wakk, una pata trepa y metomentodo que quiere quitarle el puesto al agente Pupp.

-¿Son dos notas, verdad? -¿Crees que podrás con ese cuarteto, ratón?

Publicada por primera vez en 1913 en el New York Evening Journal, siguió apareciendo regularmente hasta 1944. Empezó como una “basement strip”, una tira de tres o cuatro viñetas debajo de otra que ocupaba media página, pero no tardó en cobrar importancia, y el 23 de abril de 1916 llenaba una página completa en el suplemento dominical de tebeos.

-A pesar de disfrutar de una inteligencia poco habitual, Krazy, mi modestia me impide describirme como un intelectual -¿No me digas?

Aunque era menos popular que otras tiras de su autor, George Herriman, el dueño del periódico (y de muchos otros), William Randolph Hearst, era un profundo admirador del dibujante y le ofreció un contrato de por vida, garantizándole la más absoluta libertad creativa a pesar de las objeciones de los editores.

George Herriman en 1902

Lárgate, poli, déjame pensar.

Es posible que Krazy Kat no entusiasmara a los lectores de la prensa amarilla en la que se había especializado Hearst, pero tenía numerosos lectores entre los intelectuales de la época, como el poeta E.E. Cummings y el crítico de arte Gilbert Seldes. Ya en 1911, cuando Krazy e Ignatz formaban parte de la Familia Dingbat y todavía no tenían una tira propia, el compositor y pianista Ben Ritchie publicó “Krazy Kat Rag” con una ilustración de Herriman.

Pieza musical de Ben Ritchie (1911)

-¿Conque tienes dos personalidades? -Eso mismo, cariño, una chica bonita, una gemela.

Posteriormente, el saxofonista Frankie Tumbauer, el clarinetista Artie Shaw y otros grabaron homenajes a Krazy Kat. Pero quizá el más ambicioso de todos fuera el compositor John Alden Carpenter con el ballet “Krazy Kat – Una pantomima de jazz”. La pieza fue interpretada por primera vez en 1921 por la Orquesta Sinfónica de Chicago y el ballet, coreografiado por Aldolph Bohm, se estrenó en 1922.

El padre del gato loco, George Kerriman, participó en el diseño de los decorados y de la portada del libreto. En la portada del disco vemos un cuadro de Louis Wain (https://gatosyrespeto.org/2015/09/10/los-gatos-psicodelicos-de-louis-wain/) titulado “Sobremesa”.

“Sobremesa”, Louis Wain

Otros grandes admiradores de Krazy Kat fueron el pintor William de Kooning, así como los escritores H.L. Mencken y Jack Kerouac (https://gatosyrespeto.org/2016/08/18/gatos-big-sur-jack-kerouac/). Parece ser que el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson leía la tira cómica en voz alta durante las reuniones del Gabinete. Algunos críticos incluso llegaron a decir años después que la tira era dadaísta y precursora del posmodernismo.

Portada de la partitura para piano de “Krazy Kat: A Jazz Pantomime” (1922)

No se publicó en color hasta principios de 1935. George Herriman siguió dibujando a Krazy Kat hasta su muerte el 25 de abril de 1944, realizando aproximadamente 3.000 viñetas de su personaje favorito. La última tira apareció exactamente dos meses después, el 25 de junio, al ser cancelada por Hearst después de la muerte de su amigo, impidiendo que otro dibujante se hiciera cargo de ella, como era habitual en la época.

Así se caza.

Los amigos y conocidos del progenitor de Krazy Kat le describían como un hombre modesto al que no le gustaba que le fotografiaran, generoso y siempre dispuesto a ayudar a sus amigos. Le gustaba mucho jugar al póquer con sus compañeros dibujantes. Amaba a los animales y se sabe que en 1934 convivía con cinco perros y trece gatos. Rehusaba montar a caballo e intentaba comer poca carne. Se casó el 7 de julio de 1902 con Mabel, su primer amor, y tuvieron dos hijas, Mabel (como su madre), a la que todos llamaban “Toots”, y Barbara (Bobbie), fallecida a los 30 años, en 1939.

Partitura del ballet

Escena del ballet “Krazy Kat”

Podríamos acabar aquí, pero merece la pena saber algo más de la vida de George Herriman, nacido el 22 de agosto de 1880 en Luisiana. Tenía diez años cuando su padre compró unos billetes de tren para trasladar a la familia a California, la tierra prometida. En Los Ángeles, su padre siguió con su profesión de sastre y el joven George fue a un colegio católico. Al graduarse, empezó a trabajar para el periódico Los Angeles Herald dibujando anuncios y alguna que otra viñeta.

George Herriman con un gato

Noviembre de 1937

En 1900 cruzó el país en un tren de mercancías hasta Nueva York, donde fue pintor de carteles publicitarios y dibujante de tiras cómicas. Decidió regresar a Los Ángeles en 1905, pero los editores le hicieron volver a Nueva York en 1910. Hasta doce años después no pudo instalarse definitivamente en Los Ángeles.

Cuadro de George Herriman

En 1971 se descubrió que George Herriman era hijo de padres criollos y bisnieto de Stephen Herriman, un hombre blanco casado, capitán de barco y esclavista, y de Justine Olivier, una mujer libre “de color”. Su abuelo y su padre fueron conocidos sastres en Nueva Orleans y destacadas personalidades en la comunidad criolla.

Krazy Kat en el cine

Durante el viaje a California, su familia se convirtió en blanca. Nadie reparó nunca en que George Herriman tenía sangre negra. Si hubiera ocurrido, no habría podido ido al colegio católico donde estudió, no habría vivido en el barrio donde vivió, no se habría casado con Mabel porque era blanca, ni tampoco habría dibujado las 3.000 maravillosas viñetas de Krazy Kat y muchas otras. Las leyes Jim Crow que propugnaban la segregación racial no fueron abolidas en Estados Unidos hasta 1965.

George Herriman en el San Francisco Examiner

Muñecos de Krazy Kat

George Herriman no tuvo más remedio, como muchas otras personas en esa época, que esconder una parte importante de su personalidad si no quería ser considerado un ciudadano de segunda. Su esposa Mabel lo sabía, no cabe duda, como también sus hijas. Solía llevar un sombrero para esconder su pelo rizado y muchos compañeros suyos incluso pensaban que era de origen griego.

Bronce de los tres protagonistas

Desde que se supo que Herriman era hijo de padres criollos, se empezó a ver la tira bajo un prisma diferente. No eran más que especulaciones, desde luego, pero Krazy Kat cobró otra identidad y de pronto todo el mundo se dio cuenta de que Krazy es un gato negro cuyos diálogos están escritos fonéticamente, reproduciendo un acento muy particular. Lo más curioso es que cambia de sexo; a veces es un personaje masculino y en la siguiente publicación, femenino.

Libro sobre George Herriman (2017)


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Gatos, por Yo Laur y Alfred Arthur Brunel de Neuville

“Gato tumbado”, Yo Laur

En la segunda mitad del siglo XIX se pusieron de moda  los cuadros de gatos quizá porque ya estaba bien visto tener uno o dos gatos en casa. Además, la pequeña burguesía necesitaba decorar sus paredes y no disponía de fondos para hacerse con cuadros de pintores muy cotizados, por lo que algunos artistas se hicieron famosos dentro del género. La pintora de gatos por excelencia y tal vez la más conocida es Henriette Ronner-Knip, aunque al principio se inclinó por los perros.

Henriette Ronner-Knip

La artista, de origen holandés, vendió su primer cuadro a los 15 años y tuvo una exposición a los 16. Parece ser que no fue hasta 1870, con 49 años cumplidos, cuando empezó a pintar gatos “en parte debido a la falta de gracia del perro belga”. Pobre perro belga. Suponemos que se refería al pastor malinois.

Henriette Ronner-Knip

Cornelis Raaphorst fue otro artista holandés que se dedicó en cuerpo y alma a los gatos. Nació en 1875 y siempre pintó gatos, pero nunca alcanzó la fama de su compatriota. Hoy en día tampoco puede competir con ella en cuanto a precios. Los cuadros de Henriette Ronner-Knip cuestan entre 15.000 y 60.000 €, mientras que un Raaphorst no llega a 8.000 €.

Cornelis Raaphorst

En Estados Unidos estaba John Henry Dolph, nacido en 1836 en el estado de Nueva York. Empezó trabajando como aprendiz de pintor de carruajes a los 14 años. En 1850 ya pintaba retratos y en 1864 se dio a conocer por sus escenas de granja. Hasta 1891, a su regreso de Europa, no pintó su primer gato.

John Henry Dolph

“El estudioso”, John Henry Dolph

Julius Adam fue otro conocido pintor de gatos. Nació en 1852 en el seno de una familia de artistas y empezó retocando fotografías en el estudio fotográfico de su padre. No se dedicó a la pintura felina hasta 1903, pero no tardó en hacerse famoso.

“Sinfonía gatuna”, Julius Adams

Louis Eugène Lambert, nacido en París en 1825, fue un famosísimo pintor animalista alumno de Eugène Delacroix (que también pintó algún gato que otro https://gatosyrespeto.org/2019/07/18/gatos-romanticismo-y-eugene-delacroix/). Podemos ver perros en sus obras, pero era conocido como “Lambert de los gatos” y logró un gran éxito comercial.

Eugène Lambert

Hablemos ahora de Alfred Arthur Brunel de Neuville, nacido en París en 1852. Después de recibir una formación muy básica por parte de su padre y de estudiar con Léon Brunel, alcanzó la celebridad entre los 20 y 30 años como artista animalista dedicado casi exclusivamente a los gatos. Mucho más tarde pintó naturalezas muertas.

“El caracol”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Expuso regularmente a partir de 1879 en la Sociedad de Artistas Franceses, de la que fue nombrado miembro en 1907. Siempre se esforzó en mejorar un estilo que tiende al realismo, por más que en algunos cuadros deje entrever cierta influencia impresionista.

“Gatitos y pintura”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Fue muy popular durante su vida y nunca tuvo problemas para vender sus cuadros. Actualmente está mucho más cotizado entre los coleccionistas de América del Norte y del Sur que en Europa. Por ejemplo, sus obras no suelen valer más de 5.000 € en Europa, mientras que cuestan el doble en Estados Unidos, y uno de sus lienzos de mayor tamaño se vendió por 20.000 € en Buenos Aires.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Murió en París en 1941 y está enterrado en el cementerio de Montmartre. A pesar de sus esfuerzos para que las escenas felinas parecieran realistas, creemos que no convivió con gatos. Les falta naturalidad. Pero puede ser porque se doblegaba a los gustos de su clientela. Expuso en vida en numerosas ocasiones y sus obras pueden verse actualmente en los museos de Béziers, Brest, Château-Thierry y Louviers.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville tuvo una hija de su primer matrimonio con Valentine Demongin, llamada Yvonne Laure Alice, nacida el 22 de julio de 1879, cuando él tenía 27 años, que siguió los pasos de su padre y se convirtió en una hábil pintora del género animalista, especializándose en delicadas pinturas de gatos.

“El reflejo”, Yo Laur

“Familia”, Yo Laur

No tardó en firmar sus cuadros con un seudónimo, quizá para subrayar su independencia y dejar de ser la hija de un pintor conocido, convirtiéndose en Yo Laur. En 1912 conoció a André Bellot, aviador y periodista. Después de casarse un año después, se trasladaron a Argelia, donde Yo Laur abandonó los gatos por los paisajes y los retratos de mujeres.

“Mujer argelina”, Yo Laur

Regresaron a París después de la I Guerra Mundial y se instalaron en el bulevar Clichy. André trabajaba en el diario Le Matin y Yo seguía pintando. Expuso en varios Salones y ganó la Medalla de Oro del Salón de Bruselas.

“En la cocina”, Yo Laur

En 1934 fue aceptada como miembro de una logia masónica de Derecho Humano, una “obediencia” mixta e internacional en el paisaje masón de la época. Permaneció en la logia hasta la prohibición de la masonería por parte del régimen de Vichy en agosto de 1940.

“Familia de gatos”, Yo Laur

La invasión de París por los alemanes la sorprendió en la capital mientras su marido estaba en Casablanca realizando labores de contraespionaje. No volvió a Francia y murió en 1945 sin haber vuelto a ver a Yo Laur. El 24 de junio de 1944, la Gestapo la detuvo por ser parte de la Resistencia. Durante el registro, descubrieron dos antiguas carabinas, un regalo del famoso aviador Charles Nungesser, lo que agravó su caso.

“Gatitos”, Yo Laur

Después de pasar por la prisión de Fresnes y el campo de Romainville, fue deportada al campo de Ravensbrück, reservado a mujeres, el 15 de agosto de 1944. Llevaba el triángulo rojo de las presas políticas con el número 57772. Ya tenía 65 años y graves problemas pulmonares. Desde el momento de su detención hasta su muerte el 11 de noviembre de 1944 en el “Revier”, el supuesto hospital del campo, no dejó de dibujar.

“Gatos y muñeca”, Yo Laur

Otras presas escondieron y enterraron los dibujos, que Béatrix de Toulouse-Lautrec, compañera y amiga de Yo Laur, llevó a Francia. Son el testimonio de lo que soportaron las mujeres encerradas en Ravensbrück.

“Ravensbruck – La enfermería”, Yo Laur

“Ravensbruck – Una noche entera de pie”, Yo Laur

Un seguidor de nuestra página, Zyx, nos pidió una entrada sobre Alfred Arthur Brunel de Neuville, lo que nos permitió descubrir que Yo Laur era su hija y saber un poco más de ambos.

“Bebiendo leche”, Yo Laur


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El gato Angel y el músico Brian Eno

Por casualidad encontramos en YouTube parte de una entrevista a Brian Eno. Probablemente fuera hecha en 2018, y la persona que colgó el vídeo lo tituló “Brian Eno y su gato manipulador” (https://www.youtube.com/watch?v=O_0RcB-Vj7M). Brian Eno debe llevar cierto tiempo contestando a una pregunta cuando aparece un precioso gato negro que, sin dudarlo un momento, salta encima de la mesa de trabajo, decidido a que le acaricie. El músico comenta que su gato “busca publicidad”. Al cabo de unos treinta segundos, el felino se coloca en el hombro de un impertérrito Brian Eno que intenta seguir con la entrevista.

Angel, pues así parece que se llama el gato, sigue haciendo de las suyas. Brian Eno explica que “no soporta que no se ocupe de él”. Después de estar un rato en el suelo, vuelve a saltar a la mesa, colocándose detrás del brazo izquierdo del músico, pero este se inclina discretamente hacia la derecha para que Angel pueda salir en el plano.

Angel deja pasar un minuto antes de subirse al regazo de Brian Eno y casi inmediatamente de nuevo a su hombro, colocándose de tal forma que el músico no tiene más remedio que sujetarle para que no se caiga. Angel, que ha conseguido lo que quería desde el principio, no se mueve durante el resto de la entrevista.

No es ninguna noticia que a Brian Eno le gustan los gatos. Hay una foto suya en blanco y negro, con un gato blanco colgado de su hombro y apoyado en su brazo. Ambos miran a la cámara. Es una curiosa composición delante de una caravana y el músico es muy joven. Nos atrevemos a decir que es anterior a la fundación de Roxy Music.

Brian Eno fue uno de los seis primeros miembros del grupo Roxy Music, formado en 1970, que se convertiría en uno de los más influyentes de la historia moderna de la música. Al principio, Brian Eno no salía al escenario, se ocupaba de la mesa de mezclas y procesaba el sonido con un sintetizador VCS3, además de hacer los coros. Pero acabó tocando en el escenario, siempre con trajes muy llamativos.

Roxy Music

Dejó el grupo en 1973, después de la gira de promoción del segundo álbum, debido a sus desacuerdos con el cantante Bryan Ferry y porque la vida de las estrellas de rock le aburría. Según Phil Manzanera, guitarrista de Roxy Music: “Teníamos un cantante muy guapo, pero en el escenario todos miraban a Eno porque era una persona como de otro planeta”.

A continuación grabó varios álbumes en solitario y a mediados de los setenta empezó a explorar terrenos minimalistas que le llevarían a lo que él denominó “ambient music” y describió como “una música capaz de tranquilizar y crear un espacio donde pensar, que pueda ser ignorada y a la vez interesante”.

Reconoce que otros habían compuesto este tipo de música, pero añade que “le di un nombre, y al hacerlo, creé una diferencia. De pronto se hizo real. Los nombres son muy importantes”. Las dos fotos suyas sentado en un sofá con un gato atigrado corresponden a esta época.

Brian Eno siempre se ha descrito a sí mismo como “un no-músico” y concibe sus interpretaciones como “tratamientos”. Además de sus álbumes en solitario, colaboró en los años setenta y ochenta con músicos de la talla de Nico, Robert Fripp, Harmonia, Genesis, Cluster, Harold Budd, David Bowie y David Byrne.

También es un solicitado productor que se ha ocupado de discos de John Cale, John Hassell, Talking Heads, Ultravox, U2 y Coldplay, entre otros muchos. Una de sus colaboraciones más famosas tuvo lugar en los noventa cuando se unió a U2, Luciano Pavarotti y más artistas para formar Passengers. En 1995 lanzaron el álbum “Original Soundtracks 1”, del que el single “Miss Sarajevo” se colocó en el sexto puesto del ranking británico.

Un año antes, los diseñadores Mark Malamud y Erik Gavriluk, que entonces trabajaban para Microsoft, le pidieron que compusiera una pieza para el proyecto Windows 95. Así nacieron los seis segundos de sonido musical de arranque del sistema operativo, “El sonido Microsoft”.

En una entrevista, Brian Eno dijo: “No debía durar más de 3 ¼ segundos. La idea de componer algo tan corto me divirtió y acabé con 84 piececitas musicales. Cuando volví a composiciones de unos tres minutos, me pareció disponer de océanos de tiempo”.

Ha compuesto música para numerosas películas, entre la que mencionaremos “The Lovely Bones”, de Peter Jackson, estrenada en 2009. Ese mismo año fue el comisario del “Luminous Festival” en la Ópera de Sídney, donde reapareció en los escenarios después de muchos años en una interpretación improvisada con el trío The Necks.

Brian Eno, cuyo nombre completo es Brian Peter George St. John le Baptiste de la Salle Eno, nació el 15 de mayo de 1948 en el condado de Suffolk, Gran Bretaña. Estudió en el Saint Joseph’s College de Ipswich y en la Escuela de Arte Winchester, licenciándose en 1969. Después de asistir a una conferencia de Pete Townshend, de The Who, se dio cuenta de que podía “hacer” música aunque carecía de una educación musical formal.

En marzo de 2020 publicó con su hermano Roger Eno, once años menor que él, el álbum colaborativo “Mixing Colours”. Por cierto, el anuncio de Purina que reza “Siete variedades de Purina porque el gato de Brian Eno cree que seis son un aburrimiento” es falso, a pesar de que se ha paseado por la red con toda credibilidad.

Esta entrada es para Elena “Muti”, que no solo ama a los gatos, también es una enciclopedia andante de pop y rock.


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El gato patinegro (Felis nigripes)

El patinegro es el gato más pequeño del continente africano y uno de los más pequeños del mundo. Mide entre 36 y 52 centímetros, con un rabo de entre 12 y 20 centímetros, y un peso que oscila entre 1 y 2,5 kilos. En realidad, solo tiene la planta de los pies negra o marrón oscura, por lo que llamarle “patinegro” puede parecer un poco exagerado. Dispone del camuflaje perfecto gracias a su pelaje moteado.

El primer felis nigripes del que se tiene noticia fue descubierto en el norte de la meseta del Karoo, en la zona sudafricana, en 1824. A finales de los años sesenta del siglo pasado fue avistado en varias ocasiones en Botsuana y en Namibia. Está incluido entre las especies vulnerables de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza desde 2002 al menguar su población por causa de la caza furtiva para consumo humano, atropellos de coche y depredación por parte de perros y otros felinos, incluso gatos domésticos.

Además de ser el felino más pequeño del continente, el gato patinegro también es el más eficaz a la hora de cazar. El león no consigue cazar más del 25 por cien de las presas que acecha, pero el diminuto felis nigripes alcanza el 60 por cien, matando de diez a catorce roedores, pájaros o insectos cada noche. Tiene un metabolismo acelerado que le obliga a cazar casi sin parar.

Utiliza tres técnicas para hacerse con sus presas: la primera es la caza rápida, en la que corre dando saltos por zonas de hierba alta, asustando a pájaros y roedores que dormían; la caza lenta, en la que se aposta delante de una madriguera y espera con enorme paciencia; y finalmente, una versión menos rápida de la primera que le permite sorprender a la presa.

El pelaje es suave, denso, de color dorado con numerosas manchas que, en ocasiones, llegan a unirse en círculos. Tiene ojos grandes de color ámbar o gris tirando a marrón. La barbilla, pecho e interior de los muslos es más claro. Como muchos gatos de pequeño tamaño, dos rayas oscuras le cruzan las mejillas. La cola es más bien corta, aproximadamente la mitad del largo del cuerpo, con dos o tres anillas oscuras, y la punta siempre es negra.

Las orejas son proporcionalmente más anchas y grandes que las de otros felinos para poder oír mejor en zonas desérticas o semidesérticas donde no abundan las presas. A menudo aplanan las orejas, lo que les proporciona una apariencia agresiva que en realidad sirve para pasar más desapercibidos en zonas con poca protección. Las plantas de sus pies son peludas para aislarles de suelos calientes.

Su hábitat principal son las llanuras de hierba media y alta, y los desiertos de matorrales y de arena, como el Kalahari y el Karoo. Evitan terrenos con arbustos y rocosos, quizá por ser el hogar de otros carnívoros peligrosos para ellos. La precipitación anual en esta zona es de 100 a 500 mm.

Su presencia es escasa comparada a la de otros pequeños felinos en Sudáfrica. Hace varias décadas que empezó a estudiarse su comportamiento y ecología en la Reserva Natual Benfontein y en dos grandes granjas de Sudáfrica. Se ha descubierto que en un área de 60 kilómetros cuadrados, la densidad de población puede alcanzar los 0,17 por kilómetro cuadrado, pero en hábitats con poca caza, la densidad baja drásticamente. El territorio de los machos es el doble de las hembras y suele superponerse al de cuatro hembras.

A pesar de su pequeño tamaño, nada parece amedrentarle. Existe una leyenda del pueblo san en la que se dice que el gato patinegro es capaz de matar a una jirafa seccionándole la yugular, algo no deja de ser un tributo a su valentía y tenacidad. Se ha visto a chacales de lomo negro acosarle, pero el pequeño gato siempre ha atacado a su enemigo, aunque es mucho más grande que él, consiguiendo alejarle.

Un felis nigripes puede consumir hasta 3.000 roedores en un año, además de pájaros e insectos en mucha menor cantidad, y poquísimos reptiles. Los machos más grandes pueden cazar liebres de su mismo tamaño. No hacen ascos a los huevos, rompiéndolos delicadamente con la boca antes de lamer el contenido.

Descansan durante el día en montículos de termitas abandonados, por lo que les llaman “tigres hormigueros”, o en madrigueras desocupadas. Son de hábitos nocturnos; suelen salir a la media hora de ponerse el sol, volviendo a la madriguera 30 minutos antes del amanecer. No tienen ningún problema para trepar a árboles o vallas cuando se trata de buscar nidos, pero las acacias que pueblan su hábitat ofrecen poca comida comparada con la que encuentran en el suelo. Pueden saltar a metro y medio de altura para cazar a un pájaro.

Son animales solitarios, excepto las hembras con camada y durante la época de apareamiento. Al cabo de una gestación de entre 63 y 68 días, nacen de uno a cuatro gatitos de unos 70 gramos en el fondo de una madriguera. Las hembras dan a luz dos veces al año, y la madre cambia de cubil a menudo, probablemente para evitar a los posibles depredadores. Los gatitos abren los ojos al cabo de siete días y son totalmente independientes pasados tres o cuatro meses, aunque tardan en alejarse de la madre. Aprenden a cazar muy pronto, una clara señal de que viven en un ambiente difícil.

El pequeño gato patinegro se enfrenta a muchas amenazas que dificultan su supervivencia. Su hábitat se ve cada vez más reducido por el excesivo pastoreo. El uso indiscriminado de veneno para matar a los caracales (otro gato africano al que dedicaremos una entrada) y a los chacales le afecta al ser carroñero, y lo mismo ocurre con los productos usados para eliminar las plagas de langostas. Son atacados por los perros usados para ahuyentar a los chacales.

Esperamos que se implementen medidas para salvar de la extinción a este diminuto gato y no acabe relegado a los zoológicos. Actualmente, el zoo de Wuppertal en Alemania alberga la mayoría de la población en cautividad con un excelente éxito en su reproducción. Pero ninguna especie animal – sea la que sea – nacida para vivir en la naturaleza debería verse obligada a residir en un zoo o similar por el hecho de “salvarla”.