Gatos y Respeto

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Los gatos de Colette

Se dice que los gatos tienen siete vidas, y Colette, que tanto amaba a los animales, sobre todo a los gatos y más aún a las gatas, quizá también las tuviera. Escritora, bailarina, crítica literaria, periodista, dueña de una tienda de productos de belleza, casada en tres ocasiones, amante de hombres y de mujeres, vivió en el efervescente París de finales del XIX y principios del XX.

Hablando de ella, Jean Cocteau dijo: “Hay que saludar en la Sra. Colette a la liberadora de una psicología femenina”. Colette era una mujer inteligente y admirada por sus contemporáneos. Escandalizó a la opinión pública alrededor de 1910 al aparecer en una pantomima con los senos desnudos. Henry de Montherlant, misógino por excelencia, llegó a reconocer que “es la única mujer a la que traté de genio”.

Sidonie-Gabrielle Colette nació el 28 de enero de 1873 en una pequeña ciudad de Borgoña. Se casó a los 20 años con Henry Gauthier-Villars, apodado “Willy”, catorce años mayor que ella. La llevó a vivir a París, y la introdujo en los círculos musicales y literarios del momento, donde no tardó en brillar.

Dos años después la contrató para redactar sus recuerdos de colegio, y el libro lo firmó él como era su costumbre. Colette escribió la serie de “Claudine”, aunque “Willy” figura como autor. Se separó de él cuando descubrió que este tenía una amante desde mucho antes de casarse con ella.

Colette y Ba-Tou, el gato tigre

Después de divorciarse en 1906 y hasta 1912, alentada por el mimo Georges Wague, presentó pantomimas “orientales” en el teatro Marigny, el Moulin Rouge y el Bataclan, entonces un café-teatro; en este último interpretó “La gata enamorada”. En esa época tuvo varias relaciones amorosas con otras mujeres.

“La gata enamorada”

En 1912 se casó con el político y periodista Henry de Jouvenel. Este la contrató para escribir en el diario “Le Matin”, del que era redactor jefe. Tuvieron una hija, Colette Renée, pero su esposo también la engañó, y Colette, cumplidos los cuarenta, tuvo un romance que duró cinco años con el hijo de este, Bertrand, de 16 años. Sin embargo, escribió la famosa novela “Chéri”, la historia de una mujer mayor con un hombre mucho más joven, en 1912, varios años antes de su relación con Bertrand. Se divorció en 1923 de su segundo marido.

Gran melómana, colaboró con Maurice Ravel entre 1919 y 1925. Presidió el premio literario “La Renaissance” hasta 1928. Conoció a su tercer marido, Maurie Goudeket, en 1928. Cuatro años después, necesitada de dinero, abrió un instituto de belleza que no tuvo el éxito esperado y se vio obligada a cerrarlo.

Durante la ocupación alemana residió en París con Maurice Goudeket, al que salvó de la Gestapo. Inmovilizada en el piso de la calle Beaujolais debido a la artritis que padecía en la cadera izquierda, siguió escribiendo mientras contemplaba el mundo desde las ventanas, “sus puertas al mundo”. En 1945 fue elegida por unanimidad para la Academia Goncourt y nombrada presidenta de la misma en 1949.

La última casa de Colette

Falleció el 3 de agosto de 1954. Debido a su pasado “escandaloso”, la iglesia le denegó un entierro católico. Fue la segunda mujer (después de la actriz Sarah Bernhardt en 1923) honrada con un funeral de Estado por la República Francesa. Está enterrada en el cementerio Père Lachaise de París.

Colette, desde muy pequeña, vivió rodeada de gatos y compartió con su madre Sidonie, a la que todos llamaban Sido, el amor por ellos. En el prefacio de “Chats de Colette” (Gatos de Colette), la escritora dice: “No hay gatos corrientes. Hay gatos infelices, gatos obligados a disimular, gatos a los que un incurable error humano entrega a manos indignas, gatos que esperan toda su vida una recompensa que jamás llegará, comprensión y generosidad. Pero a pesar de toda la miseria y la mala suerte, un gato no acaba siendo corriente”. Y sigue diciendo un poco más abajo: “Se merecía algo mejor el animal al que el creador dio el ojo más grande, el pelaje más suave, la nariz más delicada, la oreja móvil, la pata sin par y la uña curva que toma prestada del rosal; el animal más perseguido, el menos feliz y, como dice Pierre Loti, el animal más organizado para sufrir”.

Raro es el libro de Colette en que no menciona a un gato. En 1904 publicó “Sept dialogues de bêtes” (Siete diálogos de animales), varias conversaciones entre un perro, Toby-Chien (Toby-perro) y Kiki-la-doucette (Kiki-la-dócil), un gato macho a pesar de su nombre. En general, Kiki se mofa del pobre Toby, un bulldog francés, mientras comentan su vida cotidiana. Sido, la madre de Colette, le dijo en una carta: “Los gatos son animales divinos y por eso mismo, desconocidos”.

Ilustraciones de Jacques Nam para “Sept dialogues de bêtes”

 

 

 

 

 

 

 

En 1933, con la novela “La gata”, la escritora reinventó el triángulo amoroso. Un joven llamado Alain está a punto de casarse con Camille, pero nada puede convencerle de que se separe de Saha, su gata cartuja. Camille se da cuenta de que su marido ama profundamente a Saha y empieza a sentir celos del animal. La tensión crece y Colette describe a la perfección cómo Camille acaba por atentar contra la vida de Saha.

El segundo marido de Colette le decía: “Cuando entro en el estudio y te encuentro a solas con tus animales, tengo la impresión de cometer una indiscreción”. El tercer libro, “Gatos de Colette”, es una colección de fragmentos de otros libros suyos, especialmente de “La paix chez les bêtes” (La paz en los animales), escrito durante la Primera Guerra Mundial.

“Chats de Colette”, Éditions Albin Michel, 1950

Como escritora, tiene el don de hacer surgir imágenes con unas cuantas palabras; es fácil ver a Fanchette y a Long-Chat (Gato largo) en el jardín de su niñez, casi puede olerse el heno recién cortado de los prados. Colette no humaniza a los gatos, no les presta los mismos sentimientos que a los seres humanos, solo imagina las conversaciones que podrían tener.

La mano de Colette

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Gatos en tejados

En realidad deberíamos titular esta entrada “Gatos de cerámica en tejados” ya que nos referimos a las piezas decorativas en forma de gato que se colocan en los tejados. Las hay de dos tipos, el fastigio propiamente dicho, que marca la parte superior o el final de algún elemento arquitectónico, y la teja decorativa. También llamados remates de pináculo o espantabruxas, en España son poco frecuentes y casi inexistentes los que representan a un gato. Solo hemos encontrado un ejemplo encima de una chimenea en el pueblecito de Fiscal, en Huesca.

Espantabruxas (Fiscal, Huesca)

También creíamos que serían elementos decorativos habituales en el Reino Unido o en Alemania, pero no es así. Aunque hay tejas decorativas modernas en forma de gato, parece una tradición bastante reciente. Sin embargo, los “épis de faîtage”, como se llaman en Francia, aún abundan en ese país, donde varias empresas se dedican a su fabricación. Y lo mejor es que hay maravillas felinas en los tejados, sobre todo en la zona del centro y del noroeste.

Erigidas en la cima de los tejados, las tejas decorativas son un elemento y un símbolo. En su origen servían para reforzar la impermeabilidad de la estructura, y poco a poco se convirtieron en un elemento de decoración. Su presencia en los tejados de Occidente remonta al siglo XI; entonces no era más que un sencillo recipiente redondo de barro cocido, como se ve en alguna miniatura o en la famosa tapicería de Bayeux. Luego, en el siglo XIV se empiezan a utilizar piezas esmaltadas y con policromía, pero siguen siendo redondas para ofrecer menos resistencia al viento.

Teja decorativa (Francia, siglo XIX)

Progresivamente aparecen motivos florales, formas de animales e incluso máscaras, por lo que incrementa la demanda de artesanos ceramistas, decoradores y techadores. En el Renacimiento, estas decoraciones se extienden incluso a las casas más humildes. Las formas más clásicas consisten en dos o tres bolas de cerámica colocadas una encima de otra, pero cambian mucho según la región y se colocan generalmente en los hastiales. Alcanzan su mayor auge en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX, con animales, sobre todo el gallo, símbolo nacional, y también caballos, pájaros y… gatos. Pierden importancia después de la Primera Guerra Mundial.

Antigua teja decorativa (Inglaterra)

Teja decorativa (Francia)

Actualmente vuelven a estar de moda las tejas decorativas, no solo en Francia, sino en Gran Bretaña. La mayoría de los ejemplos que incluimos aquí son franceses. La “Casa del Gato”, en La Rochelle, fue construida en 1926 por Maurice Morguet, arquitecto oficial del departamento, en estilo neonormando. Un gato de cerámica en el tejado más adelantado le dio su nombre. Desde la casa se divisa el famoso puerto de La Rochelle y sus torres.

La Casa del Gato (La Rochelle)

La Casa del Gato (La Rochelle)

En el tejado de una de las casas más antiguas de la capital de la Borgona, Dijon, construida en 1483 por el mercader pañero Guillaume Millière y su esposa Guillemette, vemos a un gato y, enfrente, un soberbio búho. El edificio, declarado monumento nacional, es ahora un restaurante, y el Ayuntamiento se encargó de restaurar a los dos animales para que recuperaran todo el esplendor de antaño. El animal fetiche de la ciudad es la lechuza. De hecho, si pasan por Dijon, no olviden visitar una pequeña representación del ave en una de las paredes exteriores de la iglesia de Notre-Dame.

Gato y búho (Dijon)

También hay un gato en el tejado del hotel “Normandy”, en Deauville, Normandía, antaño la ciudad donde la aristocracia francesa iba de vacaciones. Luego llegaron los hoteles y el casino, los turistas adinerados y, posteriormente, el famoso hipódromo de la Touques.

Hotel Normandy

Muy al norte de Europa, en Riga, capital de Letonia, encontramos otra famosa “Casa del Gato”, construida en 1909 según los planos del arquitecto Friedrich Scheffel. Es famosa por las esculturas de dos gatos idénticos en hierro fundido, con la espalda arqueada y el rabo tieso, cada uno coronando un torreón.

La Casa del Gato (Riga)

Dos leyendas explican el porqué de los gatos en sendos torreones. Una, la más conocida y la que suele contarse a los turistas, dice que el Gremio de Comerciantes, también conocido como Gran Gremio, rechazó al mercader que encargó la construcción del edificio. Este, para vengarse, encargó los dos gatos e hizo que los colocaran con las colas en dirección a la sede del Gran Gremio. Otra leyenda, la más antigua, cuenta que el mercader estaba enfadado con el Ayuntamiento de Riga y quiso insultar al consistorio colocando a los gatos en esta posición. Sea como fuere, los gatos deben tener una magnífica vista de toda la ciudad.

La Casa del Gato (Riga)

Los gatos policromados que reproducimos aquí son de loza decorada y su fabricación requiere nueve etapas empezando por el molde. Algunos moldes pueden estar compuestos por treinta piezas, dependiendo de la complejidad del modelo. Una vez separado el molde del objeto de barro crudo, este debe secarse, proceso que varía desde algunas horas a varios días. A continuación se pule el objeto para dejarlo liso y sin imperfecciones antes de proceder a su engobe y poder aplicar el esmalte.

Oise, Francia

Gato cazando

Se cuecen en un horno de alfarería, proceso que tarda unas 34 horas. Durante las primeras 24 horas, la temperatura sube 20º centígrados cada hora, y en las diez siguientes, 70º cada hora. El horno alcanza un máximo de 1.180 º, se apaga y empieza a enfriarse. Nunca debe abrirse estando caliente para que no se rompan las piezas. En este caso, nos referimos a un horno de leña, pero los tiempos no son mucho más cortos para los hornos eléctricos actuales.

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Entonces se esmaltan las piezas, pero como los esmaltes son polvos que prácticamente carecen de color, debemos tener en cuenta que los colores reales no aparecerán hasta que los objetos vuelvan a cocerse en el horno, que esta vez no sobrepasará los 980º.

Veleta gato


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Los gatos de Embrujada (Bewitched)

En 2005 se estrenó la película “Embrujada”, dirigida por Nora Ephron, y protagonizada por Nicole Kidman, Will Ferrell y Shirley MacLaine, pero no nos referimos ahora al largometraje, sino a la serie “Embrujada”, cuyo primer capítulo se emitió en Estados Unidos el 17 de septiembre de 1964 y el último el 25 de marzo de 1972, después de ocho exitosas temporadas, sobre todo las seis primeras.

Los protagonistas eran Elizabeth Montgomery en el papel de Samantha, Dick York, hasta la temporada 1969-70, cuando fue sustituido por Dick Sargent en el papel de Darrin, y la maravillosa Agnes Moorehead como Endora, la madre de Samantha. Los dibujos animados con los que se abría los episodios de la serie, creada por Sol Saks, apenas cambiaron en 9 años. En un momento dado, Darrin vuelve a casa después de una dura jornada en el centro de Nueva York como publicista, y encuentra a Samantha cocinando. Él se inclina para darle un beso, pero ella desaparece y un gato se frota contra las piernas de Darrin. La comida se quema.

 

 

 

 

 

 

 

Un comienzo tan esperanzador puede hacer pensar que de los 254 episodios emitidos muchos se centrarían en un gato, pero no es así. Solo en cinco hay un gato como coprotagonista, dos en el año 1965, uno en 1966, otro en 1969 y el último en 1971.

El primero, emitido el 21 de enero de 1965, se tituló “The Cat’s Meow”, traducido como “El maullido del gato”. Darrin debe entrevistarse con una guapa clienta de la agencia, y su jefe, el Sr. Tate (el inefable Larry White) le prohíbe decir que está casado. Cuando un siamés aparece inesperadamente, Darrin está convencido de que Samantha se ha transformado en gato para espiarle. Como pueden imaginar, sigue una serie de situaciones cómicas y Darrin acaba por descubrir que el gato es eso, un gato siamés.

 

 

 

 

 

 

 

Apenas un mes después, el 11 de febrero, se emitió el episodio “Ling Ling”. Darrin no encuentra a la modelo adecuada para un anuncio y Samantha lo soluciona transformando a un gato siamés en una preciosa mujer asiática. Hasta ahí todo va bien, pero el joven fotógrafo de la agencia se enamora de Ling Ling…

Dos episodios felinos tan seguidos era muy prometedor, pero hubo que esperar más de un año para volver a ver a un gato en “Embrujada”, el 19 de mayo de 1966, en el episodio “The Catnapper” o “El secuestragatos” en países de habla hispana. Esta vez no se trata de un siamés, sino de un gato color naranja. Se dice que era Orangey, el famoso gato sin nombre de “Desayuno con diamantes”, ganador de dos Patsy, el equivalente al Oscar para animales. Pero Orangey empezó a trabajar en 1951 cuando protagonizó “Rhubarb” (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/) y nos parece algo complicado que todavía trabajara con quince años. Incluso en su mejor momento, Orangey probablemente tenía dobles.

 

 

 

 

 

 

 

En este episodio, Endora cree que Darrin engaña a Samantha con una clienta y la transforma en gato, pero un detective entrometido lo secuestra para chantajear a la adorable bruja, que a su vez transforma al fisgón en rata con la consecuente persecución entre gato y rata.

Tres años después, el 13 de febrero de 1969, por fin vuelve a aparecer un gato coprotagonista en el episodio “Mrs. Stephens, Where Are You” (Sra. Stephens, ¿dónde está?) Serena, la traviesa prima de Samantha, a la que también da vida Elisabeth Montgomery en un papel doble, transforma a la madre de Darrin en gato. Pero antes aparecen varios más porque la Srta. Parsons, la vecina, es una gran amante de los gatos y uno se queda atrapado en un árbol. Samantha, claro está, le ayuda a bajar con un poco de magia. Aquí los gatos tampoco son siameses, sino callejeros muy variopintos, lo que dificulta la tarea de Samantha cuando busca a su suegra.

Y finalmente, el 8 de diciembre de 1971, la última temporada de la serie, se emitió “The Eight Itch Witch”, pero ignoramos el título en español. Una traducción aproximada podría ser “La crisis de los ocho años”. Y la historia se repite; esta vez es Endora la que transforma a un gato en mujer para poner a prueba la fidelidad de Darrin. Se ve a Endora sentada en una nube mientras recita un encantamiento. Aparece una magnífica siamesa llamada Ophelia y se convierte en la modelo ideal para el anuncio del tractor “Tom Cat” (Gato Macho), interpretada por Julie Newmar, que había sido Catwoman en la temporada 1966-67 de la serie “Batman”. Algunos chistes de este episodio fueron sacados directamente del capítulo “Ling Ling”.

Julie Newmar (Catwoman)

Elisabeth Montgomery tenía un gato siamés llamado Zip Zip y parece ser que trabajó en los dos primeros episodios que mencionamos aquí. Eso explicaría la actitud de la actriz tumbada en el suelo del plató, sin zapatos y abrazada a un siamés que no parece estar nada incómodo. En otra foto aparece sentada al lado de un gato rubio. Nos atrevemos a afirmar que a Elisabeth Montgomery le gustaban los gatos.

También hemos encontrado la foto de una muy joven Agnes Moorehead con un gato negro. Y la forma en que Dick York sujeta a los gatos nos lleva a creer que estaba acostumbrado a ellos.

La serie no dejó de emitirse por falta de éxito, sino porque Elisabeth Montgomery no quiso seguir interpretando a la bruja a la que había dado nombre, porque en principio debía llamarse Cassandra, pero no le gustó nada. Se casó en 1963 con William Asher cuando ya era una conocida actriz y decidió dejar la profesión. Pero su marido pensaba que una intérprete tan buena no debía abandonar y se le ocurrió producir una serie con ella como protagonizaría.

Elisabeth Montgomery era la propietaria del 20% de los derechos de “Embrujada” y ganó millones con la primera emisión y reposiciones de la serie. Hija de un productor, creció en Hollywood y era una mujer muy discreta que concedió poquísimas entrevistas, además de proteger celosamente su vida privada. Falleció a los 62 años, el 18 de mayo de 1995.

Dedicamos esta entrada a Samantha, que no se llamaría así si no fuera por “Embrujada”.


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Durmiendo con gatos, de Marge Piercy

Marge Piercy es una novelista, poetisa y activista estadounidense que ha vivido con uno o más gatos siempre que le ha sido posible. Nació el 31 de marzo de 1936 en una familia obrera que a duras penas había sobrevivido a la Gran Depresión. Su madre y abuela, esta última nacida en Lituania, eran judías, y aunque su padre no era creyente, fue criada como judía. Su abuelo materno era un sindicalista que murió asesinado mientras organizaba a los trabajadores de las grandes panaderías. La familia se mudó a Detroit, siendo ella todavía una niña, a una pequeña casa con jardín de un barrio obrero en el que cada manzana estaba ocupada alternativamente por negros y blancos, y que según Marge “parecía un tablero de ajedrez”.

Su primer gato fue un atigrado gris llamado Whiskers (Bigotes). En el libro “Sleeping with Cats” (Durmiendo con gatos) explica que los gatos de su infancia tuvieron vidas cortas. Todos eran machos sin esterilizar y solían dormir fuera de casa. Se peleaban con otros gatos, les atropellaban o los chicos les disparaban con carabinas de aire comprimido. Aunque su madre adoraba a los animales y los cuidaba muy bien, nunca se le ocurrió intentar proteger a un gato.

Durmiendo con gatos

El primer gato que ocupó un lugar importante era blanco y negro, y su madre le llamó Buttons (Botones). Le describe como un gato de patas largas, delgado y con ojos amarillos. Fue su gran amigo y su consuelo durante el verano en que contrajo la rubeola y fiebres reumáticas. Buttons siempre estaba con ella, excepto cuando desaparecía para pelearse con los gatos del barrio y Marge pasaba horas buscándole. Buttons desapareció cuando Marge tenía doce años; intentó encontrarle durante semanas, pero nunca encontró su cuerpo.

En esa época, los amigos de Marge Piercy eran negros y a menudo la protegían de los adolescentes blancos del barrio que no sentían un gran afecto por los judíos. El tercer gato de su vida fue Fluffy (Mullido), al que se llevaban cuando iban a una cabaña que estaba a una hora de Detroit en coche. En los años cincuenta, sus padres vendieron la pequeña casa de la ciudad a un médico afroamericano y los vecinos blancos no se lo perdonaron. Para vengarse, uno de ellos dio un trozo de carne envenenado a Fluffy, que tardó un día en morir en los brazos de Marge. Tenía quince años y entendió que el racismo era el peor de los crímenes.

En 1987

Ya en un nuevo barrio apareció un gato enorme que pesaba unos diez kilos, Noble Brutus (el Noble Bruto), llamado así porque Madge estaba estudiando “Julio César”, de Shakespeare. Sin que sus padres se enteraran, dormía con ella en la cama debajo de las mantas, algo muy de agradecer en la pequeña habitación helada. Cuando obtuvo una beca para la Universidad de Michigan, Brutus se quedó atrás y pasó a ser el gato de su padre, que le adoraba.

Vidas trenzadas

Marge Piercy no encajaba con la imagen de las mujeres de entonces; sus ambiciones y su sexualidad eran una fuente de asombro para sus compañeros y profesores, pero ya escribía muy bien y ganó varios premios Hopwood que le permitieron no tener que trabajar el último año de universidad e incluso ir a Francia después de graduarse.

Se divorció de su primer marido a los 23 años y vivió unos años en Chicago intentando escribir poemas y novelas, y sobreviviendo con trabajos de secretariado, de vendedora y de modelo de artistas. Fueron años muy duros en los que se sintió invisible. Nadie quería publicar lo que escribía. Sus novelas poseían una dimensión política, hablaban de mujeres cercanas a ella y de miembros de la clase trabajadora que no eran tan sencillos como se creía.

El cuerpo de mi madre

Conoció a Robert y se mudaron a San Francisco cuando le ofrecieron un trabajo en una pequeña empresa informática. Una amiga tenía una siamesa con mucho carácter que se quedó con ellos una temporada y decidió que solo comía en la mesa de la cocina y que dormía entre ellos dos. También en San Francisco conoció a Oscar, el siamés de un peluquero vecino que decidió adoptarlos. Por desgracia, el dueño no entendió que su gato se había enamorado y cuando Marge intentó robar a Oscar porque se mudaban de nuevo a la Costa Este, la pilló. Al parecer fue un momento muy desagradable.

Marge y Robert se habían casado en 1962, pero no era un matrimonio convencional, sino una relación abierta. No solo tenían relaciones extramatrimoniales, incluso llegaron a convivir con más personas. Marge seguía intentando encontrar un editor que publicara sus novelas y decidió cambiar de táctica. Siempre había escrito desde el punto de vista de la mujer, esta vez lo haría desde una perspectiva masculina. Hasta 1969 dedicó gran parte de su energía a la política. Se trasladaron a Brooklyn en 1965 y ayudó a fundar NACLA. Allí llegó una pequeña siamesa llamada Arofa, y Cho-Cho, un gato blanco y negro de pelo largo.

En 1971 dejaron Nueva York por Cape Cod y se compraron un terreno en Wellfleet donde se hicieron construir una casa muy sencilla. La escritora se adaptó inmediatamente al campo y empezó a plantar flores y verduras. Aunque Boston no quedaba lejos, Robert estaba acostumbrado a vivir en una ciudad y se sintió aislado. La relación acabó en 1976, pero tardaron mucho más en separarse. La casa de Wellfleet se convirtió en un paraíso para los gatos. Muy pronto aparecieron Jim Beam (según ella, un gato casi psicótico) y su hermana Colette. En 1976 conoció a Ira Wood, al que llama Woody, pero no se casaron hasta 1982. Juntos escribieron la novela “Storm Tide” y en 1997 fundaron la pequeña editorial Leap Frog Press.

El libro “Durmiendo con gatos” se publicó en 2002. En una entrevista realizada hace cuatro años, la autora dijo que vivían con cinco gatos, Malkha, de 14 años; Efi, de 11; un birmano llamado Sugar Ray; Puck, un abisinio azul de 8 años, y el joven Mindus, de año y medio.

Con Sugar Ray

Marge Piercy, además de poetisa y novelista, siempre ha defendido los derechos de la mujer: “Para mí, el feminismo significa que nadie se vea obligado a adoptar roles, que no se castigue ni limite a nadie según su género. El sexo masculino no define a la humanidad. Los cuerpos de las mujeres pertenecen a las mujeres y deben tener la autonomía de decidir si quieren o no quieren mantener relaciones sexuales con quien les plazca, dar o no a luz cuándo y cómo les plazca”.

“Debemos luchar contra los prejuicios arraigados en muchas personas desde su nacimiento que rebajan y dañan a las mujeres. Debemos repensar el sistema de salud para que atienda a las mujeres y a los niños. Debe haber más mujeres ocupando cargos públicos. Y debemos luchar contra el concepto de que la mujer ideal es un objeto de plástico con el cuerpo de un chico de catorce años”.

La luna siempre es mujer

Dedicamos esta entrada a Yolanda, amante de los gatos y gran feminista.


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Los gatos del pintor Kumagai Morikazu

El pintor Kumagai Morikazu es conocido por sus coloridos cuadros de escenas cotidianas, desnudos, plantas y animales, sobre todo gatos. Pero durante su larga carrera experimentó con las sombras, la oscuridad, la perspectiva y el color hasta encontrar el estilo que le llevó a la fama a una edad avanzada.

El 21 de mayo de este año se cerró la retrospectiva que el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio dedicó al pintor con más de doscientas obras entre cuadros, dibujos, diarios y documentos que dan fe de la entrega del artista a la hora de plasmar la alegría de la vida.

Nacido el 2 de abril de 1880, era el tercer hijo de un comerciante de seda con residencia en Gifu, ciudad de la que su padre fue el primer alcalde. A los 17 años decidió trasladarse a Tokio para estudiar en la Escuela de Bellas Artes y primero aprendió el estilo Nihonga. Tres años después, a partir de 1900, sus maestros Nagahara Kotaro y Kuroda Seiki le pusieron en contacto con el arte occidental. Se licenció en 1904.

 

Con tres gatitos

Al año de graduarse se unió como dibujante a un grupo de científicos enviado por el Ministerio de Agricultura a la isla rusa de Sajalín, donde estuvo dos años retratando la isla en numerosos dibujos. A su regreso empezó a buscar un estilo propio, y durante varios años sus obras reflejaron la influencia de los fauvistas franceses, con pinceladas fuertes y largas, así como colores vibrantes. Pintaba sobre todo desnudos, paisajes y escenas urbanas jugando hábilmente con las sombras.

 

En 1916 fue admitido en la asociación Nika-kai, compuesta no solo por pintores, sino por numerosos músicos y otros artistas. Se casó con 42 años, en 1922, y diez años después se estableció en el distrito de Toyoshima, Tokio, en la casa donde permanecería hasta el final de su vida. Perteneció a varias asociaciones de artistas hasta el año 1954, cuando decidió seguir su camino en solitario.

 

Dormido con un bobtail

Todavía no era un pintor conocido, ni mucho menos, cuando en 1938 expuso diez cuadros de estilo japonés en los grandes almacenes Hankyu, de Osaka. En una galería cercana se exponían las obras de otro pintor llamado Kansetsu Hashimoto. Ambos tenían aproximadamente la misma edad, con la diferencia de que uno era famoso y el otro no. Parece ser que el precio de venta total de las diez obras de Kumagai Morikazu equivalía al precio de un solo marco de un cuadro del otro pintor.

Año 1963

Pero seis meses después, en diciembre de ese mismo año, algo iba a cambiar. El artista exponía en la galería Maruzen, en Nagoya, cuando se le acercó un joven coleccionista llamado Kimura Teizo y le dijo: “Me gusta lo que hace, con el tiempo acabaré comprando al menos cien cuadros suyos”. Según el pintor, el Sr. Kimura era muy joven en la época, “aparentaba haber dejado el uniforme del colegio hacía unos meses”. Kimura Teizo tenía 25 años y Kumagai Morikazu, 59. Aquel día, el coleccionista se llevó dos cuadros, pero llegó a tener más de doscientas obras del pintor.

Año 1965

La relación entre ambos siguió hasta la muerte del artista y la colección creció cada año. Kimura Teizo y su esposa Kimura Mihoko donaron todas las obras al Museo de Arte de la Prefectura de Aichi, cincuenta pinturas al óleo, cien pinturas de estilo japonés, cuarenta caligrafías, veinte esculturas y varias cerámicas.

A pesar de poder considerarse el padre de la pintura moderna japonesa, apenas se le conoce fuera de su país, y en Japón es famoso sobre todo por la pintura de su última etapa, que empezó unos diez años después de conocer al joven Kimura Teizo. Su estilo “moderno” se afianzó en los años cuarenta y se definió del todo en los cincuenta. A partir de entonces, sus obras se caracterizaron por contornos vivos, colores saturados y la carencia de perspectiva. Comunican una sensación de horizontalidad que recuerda a los dibujos animados. Creó un mundo lleno de mariposas, flores, gotas de agua y gatos, muchísimos gatos.

En 1967, el gobierno japonés quiso premiarle con la Medalla de la Cultura, pero rechazó el honor con gran modestia, alegando que no había hecho nada para merecerlo y que no se sentiría cómodo con tanta gente a su alrededor.

No hay duda de que amaba a los gatos y de que algunos de sus cuadros eran retratos de los que le rodeaban. Las fotos demuestran que vivió con gatos en diferentes épocas. En una no debe tener más de 65 años y está sentado con un bobtail japonés en las rodillas. Ese mismo gato duerme a su lado en otra foto. Años después volvemos a encontrarle sentado con tres gatitos, dos de ellos a su lado y otro en su regazo.

Con un bobtail

De los once cuadros que hemos escogido para esta entrada, solo uno nos parece anterior al periodo “moderno” del pintor. Todos los demás, a pesar de los trazos en apariencia sencilla, están llenos de vida. Estamos seguros de que la gata blanca tumbada está embarazada. Otros gatos pueden parecer graciosos e ingenuos, pero esa apariencia esconde un don de observación parecido al de un científico, algo que quizá aprendió durante su estancia en la isla de Sajalín.

Falleció el 1 de agosto de 1977 a los 97 años. Su larga vida, que empezó bajo el periodo Meiji y siguió hasta el periodo Showa, no siempre fue fácil, conoció la pobreza y perdió a varios miembros de su familia más cercana. Pero a los 95 años dijo: “Espero vivir y pintar eternamente”.

A los 91 años (1971)


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Gatos del siglo XVI por Ulisse Aldrovandi

Ulisse Aldrovandi, nacido el 11 de septiembre de 1522 en Bolonia, está considerado como el padre de la Historia Natural moderna. Entre todos los animales y plantas que describió minuciosamente no olvidó al gato, dedicándole numerosos grabados, algunos realmente curiosos.

Gato de seis patas

Era hijo de Teseo Aldrovandi, un noble sin fortuna que trabajaba como secretario del Senado de la ciudad y que falleció cuando Ulisse tenía siete años. Su madre era Veronica Marescalchi, pariente del Papa Gregorio XIII. Se cuenta que Ulisse siempre tuvo mucho carácter y que a los 12 años se fue de su casa sin dinero y llegó a Roma, aunque regresó a su ciudad natal por su madre.

Ulisse Aldrovandi

A los 14 años fue aprendiz amanuense con unos mercaderes, pero no tardó en decantarse por las Matemáticas, el Latín, el Derecho y la Filosofía, primero en la Universidad de Bolonia y posteriormente en la de Padua, donde también estudió Medicina. Se licenció en Medicina y Filosofía en 1553 y al año siguiente empezó a enseñar Lógica en la Universidad de Bolonia. En 1561 se convirtió en el primer profesor de Ciencia Natural de dicha universidad con el siguiente título: Lectura philosophiae naturalis ordinaria de fossilibus, plantis et animalibus.

Del libro Opera Omnia

En 1549 conoció al botánico Imolese Luca Ghini, que le hizo interesarse por las plantas. Ese mismo año fue acusado de herejía al adherirse a las doctrinas antitrinitarias del franciscano Camillo Renato, y a pesar de publicar una abjuración fue llevado a Roma hasta su absolución en 1550. Durante su arresto domiciliario se interesó cada vez más por la botánica, la zoología y la geología. A su regreso a Bolonia organizó numerosas expediciones a las montañas, al campo, a la costa y a las islas cercanas para recoger plantas y catalogarlas.

Gato salvaje de Natura Picta

En 1568, y a propuesta suya, el Senado de Bolonia fundó el Jardín Público, del que fue director durante treinta y ocho años. El primer Jardín se estableció en el interior del Palazzo Pubblico, en pleno centro de la ciudad, cerca del aula donde enseñaba. Era un gran amigo de Francesco de Medici, el gran duque de Toscana, y le ayudó a llenar los jardines de Pratolino de valiosas plantas.

A causa de una disputa con los apotecarios y médicos de Bolonia acerca de la composición de la triaca o teriaca, un preparado polifármaco compuesto a veces por más de 70 ingredientes de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora, fue apartado de todo cargo público en 1575. Dos años después, y gracias a que el Papa Gregorio XIII escribió a las autoridades en su favor, pudo retomar las actividades públicas. El Papa también le prestó ayuda financiera para publicar algunas obras.

Realizó una intensa actividad empírica y participó activamente en el debate sobre el estudio de la naturaleza, centrado en la interpretación averroísta de los escritos aristotélicos sin condicionamiento metafísico o religioso. Además de recopilar materiales para un herbario y un gabinete, intercambió ideas con otros científicos de la época.

Le llamaron “el Aristóteles de Bolonia” y también “el segundo Plinio”, y como este último, dedicó gran parte de su vida a recopilar datos para una monumental enciclopedia de miles de páginas llamada “Storia Naturale”. De los catorce volúmenes in folio, diez fueron publicados póstumamente entre 1606 y 1668, y todos contienen ilustraciones y descripciones basadas, en la mayoría de los casos, en observaciones directas. Publicó muy pocas obras en vida, y su gran reputación se basaba sobre todo en las colecciones conservadas en su famoso gabinete, considerado como la “octava maravilla del mundo”, al que definía como “teatro” o “microcosmos de la naturaleza”, y que contaba con 18.000 “cosas diversas” y 7.000 plantas naturales secadas.

Ulisse Aldrovandi contó con la ayuda de artistas como Agostino Carraci, Teodoro Ghisi y Jacopo Ligozzi para crear un enorme archivo de dibujos de más de 8.000 hojas, de las que aún se conservan 3.000 planchas en la Biblioteca Universitaria de Bolonia. Murió a los 82 años, el 4 de mayo de 1605, y al carecer de herederos legó su herencia científica y su increíble colección al Senado de Bolonia, que encargó la custodia a Bartolomeo Ambrosini. Lo poco que queda hoy puede visitarse en el Palazzo Poggi de Bolonia.

El gabinete del científico

No sabemos qué opinaba el gran naturalista de los gatos, pero por los dibujos que incluyó en sus libros, todos tienen una expresión afable. Algunos son de lo más extraño, como el dibujo del gato doble de frente y de espaldas incluido en “De Monstrorum Historia”, publicada en 1542, pero en este caso, el título habla por sí solo.

De Monstrotum Historia

Puede sorprender el dibujo del gato de pie sin patas delanteras, pero encontramos otro similar de un perro. Algunos animales nacen sin patas delanteras o traseras, y Ulisse Aldrovandi se dedicó a observar la naturaleza personalmente. Incluso reprochó a los “antiguos” que no describieran con detalle a los animales que Alejandro Magno trajo de sus conquistas.

Vivió en un periodo de transición, y los científicos como él se veían obligados a menudo a fiarse de descripciones realizadas por viajeros, mercaderes y aventureros que regresaban de tierras lejanas embelleciendo o inventándose animales y otros seres a los que supuestamente habían visto. Por esa razón, Aldrovandi también se dedicó a hacer minuciosas caracterizaciones de sirenas y otros animales fabulosos.

Segundo gato de seis patas

Pero desde el punto de vista práctico, y a pesar de algunas limitaciones, realizó estudios de embriología que posteriormente influyeron a Voucher Coiter, uno de los fundadores de esta rama científica. Observó día tras día el desarrollo del polluelo en el huevo y demostró, al igual que Aristóteles, que la formación del corazón es anterior a la del hígado.

De Monstrorum Historia

Se esforzó en colocar la botánica y la farmacología en un plano científico. La lucidez de las sugerencias encontradas en una obra sin publicar en torno a la salud pública y el saneamiento de la ciudad de Bolonia sugieren que fue un pionero de la higiene y de la farmacología, lo que explicaría su disputa con los apotecarios. No realizó ningún descubrimiento revolucionario, pero está entre los primeros científicos que se empeñaron en que la ciencia natural debía basarse en una observación directa de los animales, vegetales y minerales.

Ulisse Aldrovandi


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Los 14 gatos de la escritora Elena Garro

La vida de Elena Garro podría resumirse en unas cuantas líneas: Nacida en la ciudad de Puebla (México) el 11 de diciembre de 1916, creció en Iguala, estado de Guerrero. A los 20 años se casó con el Premio Nobel Octavio Paz y estuvieron juntos 22 años. En 1964 fue galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia por “Los recuerdos del porvenir”, considerada la novela precursora del realismo mágico, movimiento que dio fama a Gabriel García Márquez y a los escritores del llamado boom latinoamericano.

Con Octavio Paz (Archivo periódico El Universal)

En 1968 se exilió por razones políticas, primero a Estados Unidos y luego a Francia sufriendo grandes dificultades económicas. Regresó a México en 1993 y se instaló en un modesto piso que le dejó su hermano en Cuernavaca, donde residió con sus adorados catorce gatos hasta el final de su vida. Ya está, así de sencillo. Pero en la vida de Elena Garro hay luces y sombras, acusaciones políticas que ella siempre desmintió, una gran historia de amor y mucho más… Lo triste es que nunca se reconoció su enorme talento como escritora hasta después de su muerte, el 22 de agosto de 1988, a los 77 años.

A pesar de haber nacido en 1916, Elena Garro mantenía que había visto la luz en el año 1920. Era hija del español José Garro y de la mexicana Esperanza Navarro. Siempre dijo que sus progenitores fomentaron su imaginación, las realidades múltiples, el amor por los animales, el baile, la música, el orientalismo, el misticismo y la poca importancia del dinero.

Archivo periódico El Universal

En 1937, un año después de matricularse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, conoció a Octavio Paz y se casó con él. No siguió con sus estudios universitarios, y ese mismo año la pareja viajó a España para asistir al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas que se celebró en Valencia. Después de ir a París, regresaron a México.

Elena Garro y Octavio Paz con un grupo de intelectuales mexicanos en el Teatro Español, plaza de Santa Ana, Madrid (1937)

Decidió hacerse periodista en 1940 porque, en sus propias palabras, “así no opacaba a nadie”. Y añadió: “Me dediqué a callar porque había que callar”, refiriéndose a su marido, con el que se llevaba realmente mal. Otro recuerdo de esos años es el siguiente: “Paz me criticaba porque yo era vegetariana, y cuando se enfadaba me decía: ‘¿Sabes que Hitler también es vegetariano?’”.

Elena fotografiada por Barry Domínguez

Pero fue Octavio Paz quien alentó a su esposa a escribir, y en los círculos donde se movían eran considerados como un matrimonio envidiable. Sin embargo, a finales de la década de los cuarenta, el futuro Premio Nobel entabló relaciones con la pintora Bona Tibertelli de Pisis, y Elena Garro se enamoró locamente el 17 de junio de 1949 del autor argentino Adolfo Bioy Casares, casado a su vez con Silvana Ocampo. La pareja Garro-Paz no se divorció hasta el año 1959.

Elena y Adolfo se conocieron en París cuando el matrimonio argentino visitó a la pareja mexicana en el hotel George V, uno de los más lujosos de la capital. El flechazo fue inmediato, pero solo se vieron tres veces en los nueve años que duró la relación epistolar: esa primera vez en París, de nuevo en la ciudad de las luces en 1951 y otra vez en Nueva York en 1956. Se escribieron 91 cartas, 13 telegramas y tres postales.

Elena Garro, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz y Helena Paz en Nueva York, 1956 (Archivo Siglo Nuevo)

Como periodista, siempre defendió a los campesinos, a los más pobres, e hizo hincapié en la situación de la mujer en un entorno sexista, pero curiosamente no parecía ser una persona de izquierdas y dejó muy claro que deseaba que los zares volvieran a ocupar el poder en Rusia.

El 2 de octubre de 1968 tuvo lugar la masacre de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Murieron entre 200 y 300 universitarios a manos de la policía y del ejército y 2.500 fueron arrestados. Elena Garro acusó abiertamente a muchos intelectuales mexicanos de izquierdas de haber instigado la rebelión de los estudiantes y de no dar la cara después.

Elena en Cuernavaca

Sus críticas tuvieron dos consecuencias: su exilio a Francia y el fin de su relación epistolar con Bioy. Según dicen, a punto de irse de México, no se fió de nadie para cuidar de sus gatos y se los envió al escritor en Argentina por avión sin contar que ya tenía varios perros. Este los acogió varios días en su casa de Buenos Aires, pero parece que la convivencia era imposible y decidió llevarlos a una finca a las afueras de la ciudad. Elena Garro se enteró y rompió la relación de inmediato por no haberse ocupado de sus queridos compañeros.

Elena en Cuernavaca

Todo en Elena Garro era una contradicción. Así, su cercanía a los políticos que pretendían un cambio y sus ataques a las formas autoritarias del PRI hicieron que  la CIA y la DFS, la policía secreta mexicana, la vigilaran. A la vez, se la acusó de haber delatado a algunos de los organizadores de los movimientos estudiantiles. Entre los supuestos acusados por la autora están los filósofos Luis Villoro y Leopoldo Zea, los escritores Emmanuel Carballo, Rosario Castellanos y Eduardo Lizalde, el cronista Carlos Monsiváis, así como la pintora Leonora Carrington.

Los años de exilio fueron duros para Elena y su hija Helena, no solo por estar lejos de México, sino por pasarlo realmente mal económicamente, sobre todo entre los años 1974 y 1981. Después de “Los recuerdos del porvenir”, de 1963, no volvió a publicar otra novela hasta 1981, pero entonces aparecieron tres novelas en tres años. La vida era algo más fácil. Transcurrieron otros ocho años sin ninguna publicación nueva, y entre 1991 y 1998 salieron a la venta seis novelas.

Elena y Helena (Archivo Siglo Nuevo)

También escribió numerosos cuentos, relatos y obras de teatro, una de ellas titulada “Sócrates y los gatos”, publicada cinco años después de su muerte, donde cuenta el terror que vivió en los meses anteriores a verse obligada a exiliarse debido a la presión del gobierno mexicano.

¿Quién era realmente Elena Garro? Las opiniones son tan contradictorias como ella misma, pero hay dos cosas muy claras: amaba profundamente a los gatos y fue una espléndida escritora injustamente oscurecida por la fama de Octavio Paz.

Foto realizada por Gabriela Bautista