Gatos y Respeto

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Gatos en fotos de Walter Chandoha

Hace unos setenta años, Walter Chandoha volvía a casa después de dar clases en la Universidad de Nueva York una fría noche de invierno cuando vio a un gatito que no podía tener más de cinco semanas temblando en la nieve. Se detuvo, se lo puso en el bolsillo y se lo llevó casa. Así empezó una gran amistad y también una brillante carrera.

En esa época, el fotógrafo vivía con su esposa en un pequeño apartamento en el barrio de Queens. El gatito entró en calor, se recuperó y se comportó como cualquier gato, pero tenía una peculiaridad. Cada noche, aproximadamente a las once, empezaba a correr y a saltar como un loco antes de calmarse al poco rato. Decidieron llamarle “Loco”.

Loco

Loco (1958)

Chandoha y su esposa adoptaron más gatos y sus fotos no tardaron en ser publicadas en varias revistas. “Loco y sus amigos me permitieron hacer fotos que me interesaban”. También hicieron posible que dejara el pequeño piso de Queens y se mudara a una granja de dieciocho hectáreas en Nueva Jersey, donde sigue viviendo hoy en día. Loco también es el responsable de que Walter Chandoha no se dedicase al marketing cuando se graduó y se inclinara por la fotografía.

Sombras

Nació en 1920, tiene 98 años, ha hecho 200.000 fotos desde sus días de estudiante en la Universidad de Nueva York, ha publicado 34 libros, sus fotos han aparecido en más de 300 portadas de revistas y en miles de anuncios, y es “El Fotógrafo de gatos” con mayúsculas de Estados Unidos.

Una de sus fotografías más famosas es “The Mob” (El hampa), de 1963. “Hubo una época en que se usaba a los gatos para promocionar cualquier cosa”, recuerda. “Fotografié para anuncios de compañías que estaban en la lista “500” de Fortune y de empresas que acababan de empezar. Durante un breve periodo, un año quizá, me atrevería a decir que el 90% de las fotos en paquetes y latas de comida para gatos o perros eran mías”.

The Mob

Siempre trabajó desde su casa, al principio en el diminuto piso de Queens y, luego, en un pajar remodelado en la granja de Nueva Jersey. Las sesiones fotográficas eran un asunto de familia, sobre todo por la valiosa ayuda de María, su lamentada esposa. “Sin María no habría podido realizar la mayoría de fotos”, reconoce. Además de ocuparse de toda la parte administrativa, de los contratos, incluso de supervisar el revelado, tenía un don para calmar a los modelos mientras él los fotografiaba con una Hasselblad.

En el estudio con su hijo

“No se puede meter prisa a un gato”, explica. “Cualquiera que tenga uno sabe que no es el amo, el gato es el amo, y se pasará el día haciendo lo que le apetezca cuando quiera”. Y sigue diciendo: “Cuando empecé haciendo fotos hace más de setenta años, las cámaras pesaban mucho, eran de metal, incluso de madera. Los negativos eran caros y no podía desperdiciarse el material. Hoy en día es mucho más fácil. Cualquiera puede compartir sus fotos en Internet”.

En octubre de 2015 publicó “Walter Chandoha: The Cat Photographer” y concedió entrevistas a numerosas revistas y periódicos entre las que nos hemos permitido escoger unas cuantas preguntas y respuestas. Entonces solo tenía una gata, Maddie, recogida en un refugio. “Es importante que todos se convenzan de que si quieren un gato, deben adoptarlo”, dice. Dos años después tenía la firme intención de adoptar un segundo gato. “Hemos tenido muchos, muchos gatos, estaba Tom, Friend (Amigo), Minguina, Kome, Spook (Fantasma), Floyd, Precious (Preciosa), y uno de mis favoritos fue Rags (Trapo). Además de los de casa, estaban todos los que vivían en los graneros para mantener a raya a la población de roedores”. Y añade: “Pero mi favorito siempre fue Loco, el responsable de haberme convertido en un fotógrafo de gatos”.

Walter Chandoha con Maddie

Tiene muy claro que prefiere los gatos a los perros cuando se trata de hacer fotografías: “Son más expresivos que los perros, eso es lo primero. Se meten en más líos que cualquier perro y vocalizan de otra forma, ronronean, gruñen y maúllan con cadencias muy diferentes”. Hizo miles de fotos de gatos, pero sigue sorprendiéndose de que siempre aportan algo nuevo, algo único.

Hablando de los artistas que más le gustan, menciona a Théophile Steinlein (https://gatosyrespeto.org/2014/11/25/steinlen-el-dibujante-de-gatos/), que también hizo muchos dibujos de gatos para anuncios; a Tsuguharu Foujita (https://gatosyrespeto.org/2018/06/14/gatos-en-los-autorretratos-de-tsuguharu-foujita/) y al holandés Johannes Vermeer: “No creo que pintara un solo gato, pero también presento al modelo iluminado desde atrás y con sombras, como hacía él”. Finalmente habla de la fotógrafa de animales Ylla (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/): “Puede que subconscientemente me haya inspirado para fotografiar gatos”.

Cree que su foto más divertida es la de un cachorro de perro Weimaraner: “Fue una foto entre un millón gracias a un gatito. Uno de mis hijos entró en el estudio con un gatito en brazos. El perro nunca había visto a un gato, y encima maulló; el perro abrió literalmente los ojos de par en par”.

En cuanto a unos consejos para hacer geniales fotos de gatos, dice: “Ante todo hay que tener paciencia. Apunten siempre lo que su gato hace o no hace en cualquier situación. Estudien sus costumbres, sus preferencias, sus aversiones. Después de más de setenta años haciendo fotos, sigo observándolos. Hay que estar al mismo nivel que el gato para conseguir un contacto visual. No teman hacer ruidos para atraer su atención; a veces, el estudio parecía una granja por todos los gruñidos y cacareos que yo emitía. Siempre deben recompensarles con algo que les guste, un poco de queso, un trozo de buen paté o de atún”. Y para terminar, recomienda usar una cámara Canon DSLR.

A Walter Chandoha le gustan los gatos, desde luego. Además de usar a los suyos como modelos, cuando ninguno respondía a lo que buscaba, recurría a sus amigos y vecinos. Dejó de fotografiar a sus amigos los gatos cuando falleció su esposa María, la mujer que susurraba a los gatos, según él. Desde entonces se ha dedicado sobre todo a hacer maravillosas fotos de huertos y verduras.

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Los gatos del pintor Xu Beihong

Xu Beihong nació el 19 de julio de 1895 en Yixing, provincia de Jiangsu, no muy lejos de Shanghái. Empezó a estudiar a los clásicos chinos y caligrafía con su padre al cumplir los seis años, y pintura china a los nueve. A los veinte años, en 1915, se trasladó a Shanghái y trabó amistad con su profesor Jiang Meisheng, también originario de Yixing. Conoció a la hija de este, Jiang Tangzhen, y se enamoró locamente, pero ella estaba prometida al hijo de la rica y poderosa familia Zha. Los dos jóvenes decidieron fugarse a Tokio, donde Xu Beihong tenía pensado ir para estudiar Bellas Artes. El escándalo fue mayúsculo. Para pasar desapercibida, la joven Tangzhen se hizo llamar Jiang Biwei, nombre con el que sería conocida el resto de su vida.

Autorretrato (1922)

Al cabo de seis meses se quedaron sin dinero y no tuvieron más remedio que regresar a Shanghái. Xu Beihong consiguió una beca de la Universidad de Pekín para estudiar en París. Una vez allí, a principios de 1919, asistió a clases de pintura y dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes, mientras Biwei se sumergía en el estudio del idioma francés. Desde París, Xu Beihong escribía artículos regularmente para el Diario de la Universidad de Pekín. El primer cuadro que demuestra el cariño que ambos sentían por los gatos data de este periodo. Es un oleo en un estilo totalmente diferente a los numerosas representaciones de gatos que el pintor realizaría más tarde.

El artista, su compañera Jiang Biwei y su gato francés (1924)

Regresaron a China en 1927, estando Jiang Biwei embarazada de su primer hijo, Xu Boyang. Dos años después dio a luz a una niña, Xu Lili. Al cabo de poco tiempo, Xu Beihong fue nombrado profesor en la prestigiosa Universidad de Nankín, y en 1930 anunció que se había enamorado de una de sus alumnas, Sun Duoci, a la que consideraba un genio de la pintura. Biwei prefirió no tenerlo en cuenta y en 1933, cuando el pintor realizó una importante exposición itinerante en Europa, concretamente en Francia, Alemania, Bélgica, Italia y la Unión Soviética, le acompañó.

1941

La relación del pintor con su alumna siguió hasta que esta acabó casándose con otro. Sin embargo, la biografía de Xu Beihong escrita por Liao Jingwen, la asistente y segunda mujer del pintor, indica que solo se trataba de rumores que hizo correr Zhang Daofan, un hombre enamorado de Jiang Biwei, en un intento de hacer que se separaran, lo que hicieron en 1935. Daofan y Biwei se habían conocido en París, cuando él ya tenía una esposa francesa. Zhang Daofan era un importante miembro del Kuomintang y llegó a ocupar el puesto de primer ministro de la República China de Taiwán, país donde Jiang Biwei se trasladó inmediatamente después de la guerra civil. Vivieron juntos diez años, pero ella nunca apareció en público con él, y en 1958, cuando su esposa francesa se instaló en la isla, Biwei desapareció de su vida.

1948

Durante 1939 y 1942, Xu Beihong exhibió sus obras en solitario en Singapur, Malasia e India. En este último país tuvo la ocasión de conocer a Rabindranath Tagore y a Mahatma Gandhi, que le inspiraron para la creación de obras tan conocidas como “El viejo alocado que retiró las montañas”. Donó la mayoría de los beneficios de estas exposiciones al pueblo chino para aliviar las consecuencias de la guerra.

Después del nacimiento de la República Popular China en 1949, Xu Beihong fue nombrado presidente de la Academia Central de Bellas Artes y de la Asociación de Artistas de China. En 1945 conoció a Liao Jingwen, con la que se casó poco tiempo después. Vivieron juntos hasta el año 1953, cuando Xu murió de un infarto a los 58 años. Tuvieron dos hijos, pero Jingwen también crió a los dos hijos de su primer matrimonio. A partir de la muerte de su marido, se dedicó totalmente a la conservación de sus obras. Donó más de 1.200 dibujos, cuadros y cerámicas al Estado, además de unas mil antigüedades y miles de libros.

En 1957 se convirtió en la conservadora y primera investigadora del Museo dedicado a Xu Beihong. Pero durante la Revolución, los cuadros de Xu se identificaron con el capitalismo y hubo varios intentos de destruir la colección. Recurrió a Zhou Enlai, entonces primer ministro, y las obras fueron enviadas a la Ciudad Prohibida para su protección. El museo se cerró en 1967 debido a la construcción del metro, y en 1972 escribió a Mao Zedong para obtener otra sede. Tardó diez años en conseguir que se reabriera en Xinjiekou, un barrio de Pekín. Entonces terminó la biografía de Xu Beihong, que ha sido traducida al inglés, francés y japonés.

El pintor quiso crear una nueva forma de arte nacional y siempre combinó la técnica de pinceles y tinta china con métodos y perspectivas occidentales. Cuando era profesor, siempre defendió que el concepto artístico estaba por encima de la técnica y subrayó la importancia de las experiencias personales del artista. Puede decirse que, de todos los pintores de la era moderna china, es el verdadero responsable de la dirección que tomó el movimiento artístico chino moderno. Ocupó importantes cargos desde los que desarrolló políticas artísticas al principio de la era comunista que todavía se siguen y respetan en numerosas escuelas y facultades de Bellas Artes en China.

Xu Beihong

Xu Beihong llegó a cuidar de treinta gatos sin hogar en su casa de Nankín antes de la guerra con Japón y siempre se consideró mejor pintor de gatos que de caballos, a pesar de ser más conocido por estos últimos. Era capaz de capturar la anatomía de sus modelos con gran exactitud. Por ejemplo, en “Dos gatos” (1938), el rabo del que bosteza y se estira está ligeramente curvado al final y no es completamente negro, hay pequeñas manchas blancas. En la mayoría de cuadros, las uñas están cuidadosamente retratadas. Todos sus gatos tienen ojos algo más grandes de lo normal, lo que les aporta mucha expresividad. Estos detalles realistas son una clara demostración de su maestría con las técnicas occidentales. Además de gatos, pintó otros animales, leones, caballos, perros, grullas, urracas, águilas, gallos…

Dos gatos (1938)


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El gato Pallas o felis manul

De las 41 especies de gatos conocidas, 34 son consideradas “gatos pequeños”, y de ellas hay muchas amenazadas, se sabe poco y apenas se realizan acciones para conservarlas. El gato Pallas no es una excepción. Llamado así en honor al naturalista alemán Peter Simon Pallas, que lo descubrió en 1776, también se le denomina manul, gato estepario y gato salvaje de las rocas. El felis manul procede del linaje del leopardo y es endémico de Asia central. Vive sobre todo en Mongolia y en el altiplano tibetano, pero ocupa de forma salpicada una enorme área que parte desde el mar Caspio, pasando por Turkmenistán,  Kazajistán, Kirguistán, Irán, Afganistán, Beluchistán, Ladakh, China central y occidental y el sur de Rusia, hasta Siberia.

Habitan ecosistemas de pastizales, estepas montañosas y zonas semiáridas características de Asia Central. Se han avistado hasta los 1.700 metros por encima del nivel del mar en Mongolia. Soportan temperaturas que oscilan entre los 36 grados en verano y menos 30 en invierno, aunque no están adaptados para moverse en nieve profunda. Su hábitat se limita a parajes donde la nieve no supera los diez centímetros de espesor.

En las montañas del Tibet (Vincent Munier)

No son mucho mayores que un gato doméstico y están cubiertos por un pelaje muy espeso y largo, cuyo color varía entre el gris claro y el marrón rojizo con las puntas blancas, lo que les da un aspecto “escarchado”. El pelo del vientre es más largo que el de la espalda. Son gatos fornidos, de cabeza redonda y ancha, grandes ojos redondos y amarillos, cuyas pupilas se contraen en pequeños círculos en vez de la habitual raya del gato doméstico. Tienen piernas cortas y fuertes, un rabo largo y ancho con cinco o seis círculos de color.

Río Amarillo, frontera entre las provincias de Sichuán y Gansú (China)

En el Azerbaiyán iraní.

Su ámbito de hogar es muy amplio para un félido tan pequeño; el de los machos suele solaparse con el de varias hembras y ocupa una media de 98 km cuadrados; el de las hembras, unos 23 km cuadrados. Los pocos estudios de densidad realizados hasta la fecha indican entre 4 y 8 especímenes por 100 km cuadrados.

Cachorros en las montañas de Mongolia

En realidad parecen más fuertes y grandes de lo que son por el espeso pelaje que les protege del frío. La membrana nictitante (tercer párpado) está muy bien desarrollada y puede que les sirva para protegerse de los vientos helados y las tormentas de arena. Trepan por las rocas y los riscos con gran facilidad. Para guarecerse en invierno utilizan las madrigueras de marmotas porque ofrecen una buena regulación térmica, y en verano, huecos entre las rocas. Suelen tener varias guaridas y usarlas regularmente.

Son animales solitarios que duermen durante el día y cazan pequeños mamíferos a la hora del crepúsculo, pero no son animales nocturnos. La mayor parte de su dieta está compuesta por pequeños roedores y ochotonas (también conocidas como liebres silbadoras). Estas últimas son mucho menos rápidas que los ratones, lo que requiere un menor esfuerzo por parte del manul. También se alimentan de jerbos, pájaros, carroña e insectos.

Montañas de Kirguistán

El gato Pallas tiene varios depredadores, como el zorro rojo, el lobo, el perro doméstico y las grandes aves de presa. El hombre también caza al manul, sobre todo en Mongolia, a pesar de estar prohibido, por su pelo y porque se cree que ciertas partes de su cuerpo poseen propiedades medicinales. Para evitar el peligro, pasan la mayoría del tiempo entre las rocas, donde pueden huir fácilmente y esconderse en un agujero o madriguera si alguien se acerca. Sin embargo, no son corredores rápidos y recurren al camuflaje que les proporciona su pelaje, sobre todo para defenderse de las aves de presa.

El apareamiento tiene lugar entre diciembre y marzo, para que las camadas nazcan a partir de marzo. El periodo de celo en las hembras dura de 24 a 48 horas y la gestación oscila entre 66 y 75 días en animales en cautividad. La madre puede dar a luz desde uno a seis gatitos, pero lo normal es de tres a cuatro. Mudan el pelo a los dos meses, cuando pesan unos 500 gramos, y son totalmente independientes a los cinco meses. Alcanzan la madurez sexual a los 10 meses.

El gato Pallas puede llegar a alcanzar los doce años en cautividad, pero la media en libertad es de 27 meses con el mayor nivel de mortandad durante los meses de invierno.  La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera al felis manul como especie “casi amenazada” en su Lista Roja, y la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) lo ha incluido en el Apéndice II. La población está menguando y es muy probable que ya no se encuentre ningún ejemplar en las proximidades del mar Caspio. Las regiones de Tuvá y Chitá son las más pobladas en Rusia, y Mongolia parece ser el baluarte del félido. Últimamente se han avistado varios en Irán.

Camada en Irán

A principios del siglo pasado se mataban hasta 50.000 especímenes cada año. La caza del gato Pallas fue prohibida en 1988, pero como hemos dicho antes se sigue cazando sobre todo por su pelaje, reputado como muy caliente en invierno. El mayor peligro para el manul es la degradación del hábitat debido a la creciente presencia humana y a los cazadores de marmotas. Asimismo, las autoridades locales en Mongolia aún conceden permisos para cazarlos. Otra terrible amenaza son las campañas legales de envenenamiento de las ochotonas con el fin de controlarlas, algo que ocurre con cierta frecuencia en Rusia y China.

Pareja joven en la meseta tibetana

La única defensa del gato Pallas es la inaccesibilidad y desolación de su hábitat. En 2016 nació PICA, Alianza para la Conservación Internacional del Gato Pallas, un proyecto dedicado a recopilar datos sobre el feliz manul y a defenderlo. Esperemos que consigan ayudar a este precioso y tímido felino que ocupa pequeñas zonas en un territorio inmenso.

Mongolia


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El gato de Speedy, la esposa del pintor Rudolf Schlichter

Dibujo de Rudolf Schlichter, hacia 1920

Rudolf Schlichter fue un pintor alemán nacido en la pequeña ciudad de Calw, en Baden-Wurtemberg, el 6 de diciembre de 1890. Abandonó sus estudios a temprana edad y empezó a trabajar como aprendiz de pintor de porcelana en una fábrica de Pforzheim. Entre 1906 y 1909 estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Stuttgart y, posteriormente, con Hans Thoma y Wilhelm Trübner en la Academia de las Artes de Karlsruhe. A partir de 1910 vivió en Karlsruhe, autodenominándose “decadente” y vistiendo como su ídolo, Oscar Wilde. Compartía piso con una prostituta y se ganaba la vida realizando dibujos pornográficos.

Rudolf Schlichter

Fue llamado a filas a principios de la I Guerra Mundial, pero consiguió que le declararan no apto para el servicio después de una larga huelga de hambre, por la que debieron ingresarle en un hospital y regresó a Karlsruhe. Después de trasladarse a Berlín en 1919, en pleno fervor revolucionario, se unió al Partido Comunista (KPD) y al Novembergruppe (Grupo de Noviembre), formado por pintores, escultores y arquitectos expresionistas. Más que por su estilo artístico, les unían ciertos valores y luchaban para que los artistas tuvieran voz en la organización de las escuelas de arte.

Autorretrato, hacia 1920

Autorretrato (1936)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1920 participó en la primera feria dadaísta, donde expuso, con John Heartfield, el llamado “Conjunto del Arcángel prusiano”, que representaba a un oficial del ejército prusiano con cabeza de cerdo. Trabajó como ilustrador en diversos periódicos y usó el arte como arma política contra la clase alta y el militarismo. Sus temas preferidos eran escenas callejeras, la bohemia intelectual, el bajo mundo y el erotismo.

Gato jugando, dibujo de Rudolf Schlichter

Unos cuantos artistas, entre los que estaban él y Otto Dix, se burlaron de la despolitización del Novembergruppe y fundaron la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) organizando una exposición en la Manhein Kunsthalle. En 1924 creó el Rote Gruppe (Grupo rojo) con John Heartfield y George Grosz. Sus magníficos retratos de Bertold Brecht y de la actriz Karola Neher, amante del dramaturgo, son de esta época. No tardó en convertirse en uno de los mayores representantes de la corriente Neue Sachlichkeit .

Retrato de Bertold Brecht (1928)

En 1927 se casó con Elfriede Elisabeth Koehler, una mujer galante suiza a la que llamaba Speedy y a la que retrató en varias ocasiones con un gato. De hecho, aparte de tres dibujos de gatos y el curioso “El campamento del domador de gatos”, los cuatro retratos de Speedy con gato son la única relación del pintor con el felino. Por esos retratos deducimos que Speedy quería a los gatos, que tenía uno negro cuando conoció a Rudolf a finales de los años veinte y que mucho más tarde, en 1952, la época surrealista del pintor, tuvo uno de pelo largo. No podemos decir nada más acerca de Speedy y sus gatos. No se menciona nada en ningún sitio.

El campamento del domador de gatos

Fue entonces cuando Rudolf  Schlichter se convirtió al catolicismo, se inclinó por las ideas nacionalistas y conoció al filósofo Ernst Jünger, cinco años más joven que él. Tachado de neonazi por los comunistas, y de anarcomarxista por los nazis, estaba muy influido por Nietzsche, y rechazaba el liberalismo y el igualitarismo. Su pensamiento fue muy popular entre la juventud alemana, la burguesía y la aristocracia durante la República de Weimar. También añadiremos que tenía gatos siameses.

Ernst Jünger (1947)

Ernst Jünger con su siamés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pintor escribió los dos primeros volúmenes de una autobiografía en 1932 y 1933, Das Widerspentisge Fleisch (La carne obstinada) y Tönerne Füsse (Pies de barro). Pero su inesperado amor por la nación alemana no fue bien visto por el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán cuando subió al poder en 1933 y procedió a prohibir la autobiográfica describiéndola como una “expresión erótica perversa” y a echarle de la Asociación de Escritores Alemanes.

Speedy con gato (1928)

 

Speedy y su gato

Obviamente, tampoco les gustó la obra del artista, a pesar de haber pintado toda una serie de paisajes muy comedidos después de abandonar el comunismo. Excluido de la Cámara de Bellas Artes, su obra se incluyó en la famosa exposición “Arte degenerado” en 1937. El matrimonio Schlichter había dejado Berlín en 1932 para mudarse a Rottenburg, una pequeña ciudad no lejos de Stuttgart, pero de nada sirvió. En 1938 fue encarcelado durante unos cuatro meses por el régimen nazi y en 1939 se le prohibió exhibir sus trabajos. Respondió pintando un cuadro de grandes dimensiones, Blinde Macht (La ceguera), que el historiador del arte Eberhard Roters describió como “una alegoría de la locura acorazada”. También dijo: “Schlichter se dio a conocer en los años veinte con la fuerte oposición contenida en sus obras. En este cuadro incorporó lo único que le quedaba en el corazón, una rabia impotente y una desesperación infinita”.

Speedy con gato (1929)

Su estudio fue destruido en 1942 durante un bombardeo de los Aliados. Ya en 1946 volvió a participar en la 1. Deutsche Kunstausstellung (Primera Exposición de Arte Alemán) en Dresden con algunas obras surrealistas. Había cambiado completamente de estilo durante la guerra. Falleció el 3 de mayo de 1955 después de una corta enfermedad.

El gato de Speedy en los años 50

En 1997, Götz Adriani fue el comisario de una exposición de pinturas, acuarelas y dibujos de Rudolf Schlichter en el Tübingen Kunsthalle. Pasaron 19 años hasta que, en 2016, se organizó otra retrospectiva de su obra titulada “Eros y apocalipsis” en el Mittelrhein-museum de Coblenza. Se escogió este título para incluir los dos polos que marcaron la vida del artista. “Eros”, por la lucha que libró con sus fantasías sexuales y lo que llamaba su “instinto”, mientras que “Apocalipsis” hace referencia a su percepción del tiempo en que vivió, moldeado por una primera guerra, una dictadura y una segunda guerra.

Speedy y su gato (1952)


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Los 60 gatos de Florence Nightingale

Florence Nightingale es famosa por haber creado la profesión de enfermera tal como la conocemos hoy. Además, revolucionó los cuidados hospitalarios, fue una prolija autora desde su juventud, hablaba varios idiomas, sabía mucho de matemáticas y siempre se apoyó en las estadísticas, algo no muy habitual en su época. Todo lo anterior se incluye en sus biografías, pero no suele mencionarse que era una apasionada de los gatos, hasta el punto de llegar a tener diecisiete a la vez y unos sesenta en su larga vida.

Florence Nightingale

Florence Nightingale debió de ser una mujer interesante. Sin duda tuvo carácter, era valiente, obstinada, inteligente y su visión de los cuidados en hospitales no solo cambió la medicina, sino que salvó a mucha gente. Nació en Florencia, de ahí su nombre de pila, el 12 de mayo de 1820 en el seno de una rica familia británica, pero creció en una propiedad de Inglaterra rodeada de animales. Según su madre “Siempre sitió pasión por cualquier ser vivo”. Entre 1850 y 1852, cuando tenía 30 años cumplidos, escribió el ensayo “Cassandra” en el que rechaza la exagerada feminización de la mujer británica de la clase media y alta, condenada al matrimonio y a depender de un hombre, sea su marido, padre o hermano. Por suerte, el padre de Florence Nightingale le asignó una pensión de 500 libras esterlinas anuales, lo que correspondería hoy a unas 40.000 libras, permitiéndole vivir cómodamente, aunque sin grandes lujos, toda su vida.

Florence Nightingale en 1908

En 1850 visitó la comunidad religiosa Kaiserswerth en Alemania y vio cómo el pastor y varias mujeres cuidaban de los enfermos. Parece ser que fue una experiencia reveladora y decidió quedarse cuatro meses para aprender las bases en las que fundaría toda su teoría. Durante un año, de 1853 a 1854, ocupó el cargo de superintendente del Instituto para el Cuidado de Mujeres Enfermas, en Upper Harley Street, Londres, y empezó a enseñar sus novedosos métodos.

Jean-Jacques Bachelier (1724-1806)

La Guerra de Crimea estalló en 1953 y no tardaron en llegar a la isla noticias de las horrendas condiciones en que se encontraban los soldados británicos enfermos o heridos. El 21 de octubre de 1854, Florence Nightingale, acompañada por treinta y ocho enfermeras voluntarias, su tía Mai Smith entre ellas, y quince monjas católicas, zarparon hacia Turquía. Lo que se encontraron superaba con creces las noticias. Los hospitales de campaña estaban infestados de ratas, no había medicinas, la higiene era inexistente y las continuas infecciones tenían consecuencias fatales.

Agnes Augusta Talboys (1863-1941)

Durante su primer invierno en Scutari murieron 4.077 soldados de tifus, fiebre tifoidea, cólera y disentería, diez veces más que en el campo de batalla, por culpa de un alcantarillado defectuoso y falta de ventilación. Florence movió cielo y tierra, y consiguió solucionar estos problemas, salvando muchas vidas. Los soldados la bautizaron “la dama de la lámpara” por sus constantes visitas a las tiendas en plena noche con una linterna en una mano y una escoba en la otra para ahuyentar a las ratas.

Dibujo de “la dama de la lámpara”.

Siempre creyó que la elevada mortandad se debía a una alimentación defectuosa, a la falta de medicamentos, al aire viciado y a un trabajo excesivo. Cuando regresó a Inglaterra, presentó un informe con estadísticas a la Real Comisión Sanitaria del Ejército, demostrando que unas malas condiciones de vida eran nocivas para la salud. Gracias a ella se redujo la mortandad en el ejército en tiempos de paz y se introdujo el saneamiento en las casas de la clase trabajadora.

Persa azul (1895)

Gracias a un fondo establecido en 1855, cinco años después fundó la Escuela de Enfermeras en el hospital St. Thomas. La primera promoción se graduó en 1965 y empezó a trabajar en un hospital de Liverpool. Según Mark Bostridge, el biógrafo oficial de Florence Nightingale, logró el enorme avance de que hubiera enfermeras en los asilos para pobres, lugares en los que anteriormente los sanos cuidaban de los enfermos.

Dibujo de “la dama de la lámpara”.

Cuando aún estaba en Crimea, un soldado llevó un gatito amarillo a la dama de la lámpara; esta le adoptó y el gato la ayudó a controlar a las ratas, al menos en su tienda, además de hacerle compañía. Allí contrajo una brucelosis crónica, probablemente por beber leche de cabra infectada, y nunca recuperó la salud. A su regreso a Gran Bretaña, la enfermedad no le impidió seguir trabajando o escribiendo. Unos grandes amigos suyos, los Mohl, le regalaron una gata persa, raza muy apreciada entonces, y a su camada de seis gatitos. Algunos eran atigrados, según Florence Nightingale “casi parecían tigres y muy salvajes”. A partir de ese momento, nunca vivió sin varios gatos a su alrededor.

Agnes Augusta Talboys

Los nombres de algunos eran muy altisonantes, como un enorme gato blanco que llegó a su casa de Mayfair en 1867 llamado Mr. Bismarck, según ella “el más sensible y cariñoso de todos los gatos, muy tierno, una dama, en realidad”. Pero antes había tenido a Tom y a Topsy (nombres mucho más corrientes). Estos se habían apoderado de su cama “a pesar de las protestas del gran Pussie, que no hace más que gruñirles”. Los gatos ocupaban un importante espacio en su vida, así como en su correspondencia, dejando a menudo marcas de tinta en el papel de sus cartas.

Carl Kahler (siglo XIX)

Otra anécdota gatuna, contada por la misma Florence Nightingale, ocurrió en otoño de 1885, cuando regresaba en tren a Londres después de visitar a su hermana en Buckingamshire, en compañía de Quiz, uno de sus persas. Debemos añadir que nunca se desplazaba sin que la acompañasen uno o dos gatos. Pues bien, al llegar a Watford, Quiz se escapó de la cesta y saltó por la ventana abierta del tren. Con su dramatismo habitual escribió: “Reuní a todos los jefes de las estaciones cercanas y el de Watford recorrió el trayecto en sentido inverso para encontrar a Quiz. Esa misma noche recibí un telegrama indicándome que me mandaba a Quiz en el tren de las 7:25”. Sin embargo, el “pobre gatito” no llegó y pidió ayuda al inspector de la estación de Euston, que descubrió a Quiz en la sala de paquetes. Se había herido al saltar y “apenas hablaba o se movía”, pero estaba vivo “y enseguida volvió a saltar y a cantar”.

No existen fotografías de Florence Nightingale con sus gatos sencillamente porque no le gustaba que la fotografiasen con o sin gatos. Para este artículo hemos escogido algunas fotos de gatos persas realizadas en la misma época en que vivió la dama de la lámpara. Murió a los 90 años, el 13 de agosto de 1910, completamente ciega y senil, pero no sería de extrañar que en su testamento hubiera protegido a los seres que la acompañaron durante más de 50 años y a los que tanto amaba.

La información “gatuna” incluida en este artículo procede de un artículo de Mark Bostrige, el biógrafo de Florence Nightingale, y otro de la doctora Joy Shiller.

 


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Gatos, un museo, una exposición

El gato de Françoise Baronian

Albert y Françoise Baronian son unos conocidos galeristas de Bruselas y, además, Françoise es una enamorada de los gatos que hace cuarenta años empezó a coleccionar objetos, cuadros, utensilios, cualquier cosa relacionada con ellos. Françoise dice que esta pasión le viene de su padre: “Vivíamos en el campo, y entonces los gatos no estaban demasiado bien vistos. A muy poca gente le gustaban, siempre se decía: ‘Prefiero a los perros, nunca se sabe lo que piensa un gato'”. Reconoce que su colección es de lo más ecléctica porque se hace con cualquier cosa “que tenga un gato encima, incluso unas banderitas”.

Musée du chat – Michel Auder

Musée du Chat – Maneki Neko, Japón

A Albert Baronian se le ocurrió bautizar la colección como “Musée du Chat” (Museo del Gato). Seis especialistas en arte contemporáneo, atraídos por la idea de compartir obras en su posesión con los amantes de los gatos y del arte contemporáneo, decidieron organizar exposiciones itinerantes desde el Museo del Gato.

Musée du chat – Steinlein

 

Colección de Françoise Baronian

Ahora, el museo itinerante cuenta con obras de artistas del calibre de Luciano Bartolini, Vincent Beaurin, Brian Belott, Ben, Thomas Bogaert, Andy Boot, Marcel Broodthaers, Lucy McKenzie, Michael Queenland, Henriëtte Ronner-Knip, Anne-Marie Schneider, Alain Séchas, David Shrigley, Jakob Smits, Théophile Alexandre Steinlen, Walter Swennen, Hugues de Wurstemberger, Otto Zitko y muchos otros.

Musée du chat – Walter Swennen (2012)

Musée du chat – Ben

La primera exposición abrió sus puertas el 9 de febrero del año pasado en el Centro Cultural De Markten, en Bruselas. Podía verse un sinfín de cuadros, dibujos, objetos, joyas, todo dedicado al gato. Por ejemplo, la estupenda escultura de Niki de Saint-Phalle o la enorme pieza de Wang Du y cerámicas de Eric Croes, además de postales y fotografías de los gatos de los organizadores.

Musée du chat – Niki de Sainte Phalle (El gato, 1969)

Musée du chat – David Srigley

Este año tiene lugar otra exposición organizada por el Museo de la Fotografía de Charleroi, una ciudad al sur de Bruselas, titulada “Entrechats” (juego de palabras que significa “Entre gatos” y se refiere también a un tipo de salto en la danza clásica), dedicada “A todos nuestros gatos pasados, presentes y futuros”. Organizada en colaboración con el Musée du Chat, cuenta con sesenta obras de famosos fotógrafos, de las que incluimos unas pocas en este artículo. Para los amantes de los gatos que vayan a Bélgica este verano, la exposición permanecerá abierta hasta el 16 de septiembre.

Foto de Jean-François Spricigo

Las fotografías que se exhiben proceden de préstamos de los mismos fotógrafos, así como de los fondos y colecciones del Museo de la Fotografía de Charleroi, Museo del Gato de Bruselas, Museo d’Orsay, Casa Europea de la Fotografía, FoMu, Mediateca de la Arquitectura y del Patrimonio, Herencia Jeanloup Sieff, Galería Baudoin Lebon y Galería Kamel Mennour.

Foto de Jane Evelyn Atwood (1985)

Hemos traducido la presentación de Xavier Canonne, director del Museo de la Fotografía: “Cuatro milenios en su compañía no han bastado para que el gato se harte del hombre a pesar de los tormentos que este no ha dejado nunca de infligirle a lo largo de una paciente relación que le ha transformado hoy en día en ‘animal de compañía’; cuatro mil años durante los que el felino ha observado al hombre con suma paciencia, acercándose a él realizando círculos concéntricos pese a las matanzas, las hogueras, la brujería, los golpes y el abandono, presintiendo a través de su tenacidad que merecía probar una aventura con ese otro mamífero, y que para algunos de estos se convertiría en indispensable”.

Foto de Serena Korda

“Semejante testarudez le ha valido el reconocimiento de pintores, escultores, poetas y músicos. Desde los escultores anónimos del Antiguo Egipto y el Oriente, de donde parece haber venido, hasta André Malraux, pasando por Homero, Jules Michelet, Edgar Allan Poe, Chateaubriand, Alexandre Dumas, Guillaume Apollinaire, Pierre Bonnard o Alexandre Steinlein, todos han alabado su belleza, elegancia y virtud; todos han amado a ese vigilante silencioso, a ese genio doméstico que tanta alegría y complicidad aporta”.

Jacques Prévert, por Izis Bidermanas

“Pero probablemente sea su independencia lo que le haga tan entrañable para nosotros. Aunque hoy nos parezca domesticado, si a veces se relaja, jamás se rinde y se sabe libre; siempre puede dejarnos, sumiéndonos en un mar de angustia, desamparados y solos”.

“Con él nunca se trata de matrimonio, sino de pacto, de alianza tácita, renovada cada mañana y puesta en duda al anochecer, cuando recuerda que es una fiera y que la noche es su reino. La ausencia de un gato es una llaga que nunca se cierra, una larga pena de amor”.

Foto de Rob Hornstra (2007)

“Amamos a los gatos porque no existe un gato feo, porque desprecian el dinero y los honores, porque no hay gatos de caza ni gatos policía, porque es capaz de ser heroico, seductor, arrogante, desdeñoso o cariñoso; amamos a los gatos porque no hay nada más agradable que pasar la mano por su pelaje como se hace con el cabello de la amada; amamos a los gatos porque conocen la virtud del silencio y porque basta un parpadeo para que nos entiendan; amamos a los gatos porque no tienen dueños ni fronteras y porque saben guardar un secreto; amamos a los gatos porque no pueden ser de otra manera”.

Gato fugitivo, de Michel Loriaux

Después de leer estas líneas no nos quedó ninguna duda de que Xavier Canonne ama profundamente a los gatos y no pudimos resistirnos a publicarlas. La otra comisaria de la exposición es Catherine Mayeur. Xavier Canonne es doctor en Historia del Arte por la Sorbona de París. En los años setenta conoció y frecuentó a los surrealistas belgas, y varios de ellos fueron grandes amigos suyos. Ha escrito numerosos libros y artículos dedicados a Armand Simon, Marcel Marién, Louis Scutenaire, Max Servais, Tom Gutt, Irène Hamoir y Robert Willems.

Foto de Nobyushi Araki


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Gatos en las cárceles del mundo

Hace poco descubrimos que algunas cárceles permiten que los presos cuiden de gatos. En España sabemos que una prisión, la de Quatre Camins, a unos cuarenta kilómetros de Barcelona, implantó hace algunos años un programa verdaderamente pionero que nada tiene que ver con lo que se hace en otras cárceles del mundo.

Todo empezó en 2012 con la creación de Gats Quatre Camins después de que el Ayuntamiento de la Roca del Vallés se enterara de que varios presos cuidaban en el patio de la prisión de unos cuarenta gatos. La asociación Gats La Roca y el Ayuntamiento se pusieron en contacto con los responsables del penitenciario para establecer un ambicioso programa. Además de alimentar, cuidar y esterilizar a los gatos que entran y salen del recinto, varios presos se ocupan cada jueves de colonias en los alrededores.

Gats Quatre Camins

Para poder participar, los prisioneros deben acogerse al Artículo 100.2 (segundo grado con salidas algunos fines de semana), haber seguido una terapia específica y tener más de 21 años. Pero Francisco lo consiguió: lo primero que hace al levantarse es salir al patio a alimentar a sus amigos los gatos. Una vez a la semana, con otros tres compañeros y bajo la supervisión de Sara Díaz, la educadora social del centro, sale para cuidar de varias colonias repartidas en tres municipios cercanos. Hasta ahora, 17 presos han participado en el proyecto.

“Nos ofrecen la posibilidad de colaborar con la sociedad, ofrecer un servicio y eso hace que nos sintamos útiles”, explica Francisco. “En la calle, la gente se acerca a nosotros como si fuéramos uno más, no nos tratan como a presos”, añade Oscar, otro cuidador.

Refugio de Llagost, ats Quatre Camins

Se encargan de alimentar a las colonias, colocar jaulas trampa para atrapar gatas y gatos para su esterilización, e incluso han construido cabañas de madera para que se refugien. Se encuentran con dos tipos de gato: los auténticos callejeros, de carácter huidizo y desconfiado, y los gatos abandonados, que a menudo tienen problemas de supervivencia en la calle. La asociación Gats Quatre Camins se esfuerza en encontrar nuevos hogares para estos últimos.

El Gobierno de Cataluña concede un pequeño subsidio para los cuidados veterinarios y la esterilización de los animales, pero al no ser suficiente, los miembros del proyecto han debido encontrar otras formas para financiar sus actividades, como la venta en mercadillos de calendarios, abanicos y otros objetos fabricados por presos que están dispuestos a colaborar aunque no participan directamente en las salidas.

Comedero en Quatre Camins

En Estados Unidos existen unos veinte programas que permiten a los reclusos tener contacto con gatos. El primer centro, el auténtico pionero, fue la cárcel estatal de Indiana, que instauró el primer programa a finales de los años setenta. En el mismo estado, el centro penitenciario de Pendleton también tiene un programa llamado FORWARD, que corresponde a las siglas de Feline and Offenders Rehabilitation with Affection, Reformation and Dedication (Rehabilitación para Felinos y Delincuentes con Afecto, Reforma y Dedicación), en el que unos doce gatos procedentes de refugios viven en una espaciosa oficina reformada para ellos. Algunos presos, después de superar un proceso de selección, los alimentan y cuidan.

Cárcel estatal de Indiana

Maleah Stringer, la directora de Animal Protection League (Liga de protección animal) de Anderson, Indiana, dice: “Es una forma de sacar a los gatos del santuario, sociabilizarlos y, por lo tanto, conseguir que sea más fácil su adopción posterior”.

Pendleton

Barry Matlock, uno de los presos, añade: “Este programa significa mucho para los que participamos. Se ha convertido en mi razón de ser, me obliga a mejorar mi comportamiento para no perder la oportunidad de visitarlos y cuidar de ellos”. Un compañero suyo, Lamar Hall, cree que “el amor cambia las características de nuestro pasado, por muy torturado que sea. Funciona de igual modo para los animales y los seres humanos”.

Pendleton

La prisión estatal de Indiana es un centro de máxima seguridad donde llegan gatas abandonadas o callejeras que acaban de tener gatitos o que están a punto de dar a luz, y los presos se encargan de cuidarlas y alimentarlas. Muchos de ellos están encarcelados por haber cometido crímenes de sangre y algunos tienen graves problemas mentales, pero al entrar en contacto con las madres y sus gatitos demuestran tener un pozo sin fondo de afecto.

Pendleton

Pendleton

El administrador del centro, James Stone, dice: “Llevo aquí 25 años y he visto a numerosos delincuentes cambiar completamente gracias a los gatos”. Los presos fabrican juguetes y construyen complicados muebles para sus amigos felinos, además de preocuparse por ellos. La presencia de los gatos ayuda a paliar la soledad a la que se enfrentan, algunos con condenas de más de 20 años.

Cárcel estatal de Indiana

Hay programas de “gato terapia” en varios países, Australia, Nueva Zelanda, Italia y España, entre otros. Nuestro último ejemplo es el de una cárcel de mujeres en Australia, concretamente el centro penitenciario para mujeres de Wacol, al suroeste de esta ciudad, que dispone de ocho unidades donde caben dos gatos adultos o una madre y hasta tres crías en cada una.

Walcol

Jasmine Lebet, de la RSPCA, reconoce que tardó seis años hasta encontrar un director de prisión dispuesto a estudiar el concepto que le proponía: sacar a gatos de las jaulas donde están confinados en las protectoras y ofrecerles un entorno donde sociabilizarse. Añade que la mayoría de gatos de Wacol acaban por ser adoptados, con excepción de aquellos con problemas médicos, como Missy, que se arranca el pelo.

Walcol

Sabemos que la asociación Seven Lives, de Almería (https://gatosyrespeto.org/2018/06/07/gatos-de-almeria-y-seven-lives/), intenta implantar un programa semejante en la cárcel de Acebuche. Ojalá lo consigan. No dudamos de que programas de este tipo benefician no solo a los presos, sino también a los animales. En un refugio, por muy bien cuidados que estén, los gatos viven en espacios pequeños y no reciben mucho cariño, sencillamente porque son demasiados y no hay tiempo para todos. Cuantos más animales puedan salir de los refugios, mejor. No importa que vivan en una cárcel mientras se les quiera y alimente. Y todos los que tenemos gatos sabemos que son muy agradecidos y que devuelven el cariño en dosis muy generosas.

Gato libre