Gatos y Respeto

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Gatos en radiadores de automóviles

¿Quién no conoce la pantera de la marca Jaguar o la estrella de tres puntas de Mercedes? Estos son los dos que nos vienen a la mente, pero numerosas marcas de automóviles tienen un símbolo que suele colocarse en la parte delantera del capó. En Inglaterra lo llaman “car mascot”, mascota de coche; en otros países, adorno de vehículo. Montado en la tapa del radiador, se convirtieron en reclamo o decoración para personalizar el automóvil desde la aparición de este.

Gato con botas (Hansi Siercke, 1920)

Henri Molins

Los primeros automóviles tenían la tapa del radiador en el capó, encima de la rejilla, y la figura servía de indicador de la temperatura del agua. La empresa Boyce MotorMeter obtuvo la primera patente en 1912 de una tapa de radiador que contenía un termómetro. Medía la temperatura del vapor de agua, no del agua en sí, y el conductor podía verlo desde su asiento. Muy pronto alguien tuvo la idea de instalar un ornamento encima de la tapa “medidora” de temperatura.

Gato enfadado (Douglas Moulden)

Gato furioso (Charles Paillet, 1871-1937)

 

 

 

 

 

 

 

Los primeros interesados fueron los fabricantes de coches y las empresas dueñas de flotas de vehículos. Empezaron a surgir negocios dedicados a la fabricación de adornos de radiador en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países. Los dueños de coches de lujo convencieron a famosos escultores como François Bazin, Charles Paillet,  Charles Robinson Sykes y A. Renevey para realizar delicadas miniaturas que encajaran en el capó de sus preciados automóviles. Sykes se hizo famoso al diseñar el “Spirit of Ecstasy” (Espíritu del éxtasis) que adorna los capós de los Rolls-Royce.

Gato caballero (Henri Payen)

Gato con botas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las figuras escogidas por los diseñadores y los clientes eran muy diversas, bailarinas, mujeres aladas, arqueros, lanzadores de jabalina, napoleones, gaiteros, esfinges, así como animales de todo tipo, mitológicos o reales, como caballos (con o sin alas), pájaros varios (con una marcada preferencia por el halcón y el águila), perros de cualquier tamaño y raza, ardillas, felinos (leones, panteras) y… gatos.

El gato Félix

Max Le Verrier

En los años veinte y treinta, numerosos propietarios de vehículos adornaban el capó de su coche con un gato. Hemos encontrado gatos con botas, gatos enfadados, gatos lectores y gatos lavándose diseñados por escultores como Max Le Verrier, que se dio a conocer por sus objetos prácticos y sus adornos para automóviles de estilo Art Déco.

Gato en la luna (1925)

Gato en la luna (Citroën)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El famoso diseñador y creador de objetos de cristal René Lalique diseñó su primera mascota en 1925, cinco caballos de perfil, y la colocó en su Citroën 5CV. Entre 1925 y 1931, las mascotas de Lalique decoraron los capós de Bentley, Bugatti, Hispano-Suiza, Isotta-Fraschini y Mercedes-Benz. Curiosamente, jamás diseñó ornamentos para coches con forma de gato, sin embargo, hay numerosas figuras de gatos sentados o tumbados firmadas por este creador. Para acabar con Lalique, añadiremos que el adorno más buscado por los coleccionistas es la figura de un zorro de cristal esmerilado que se vendió por 300.000 dólares.

René Lalique

Las mascotas de coches fueron muy populares desde principios de los años veinte hasta finales de los cincuenta. Hoy en día, solo hemos podido encontrar una empresa dedicada a su fabricación, Louis Lejeune Ltd., en Inglaterra.

Gato lavándose (G. Gardet,1863-1939)

Gato lavándose (E. Samson)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez hay más restricciones para los ornamentos colocados en la parte delantera de los vehículos debido al riesgo que representan para los peatones en caso de atropello. En Estados Unidos, a partir de los setenta, las “mascotas” de coche debían ir montadas sobre una base flexible para que pudieran doblarse sin romperse en un accidente. En la Unión Europea, y a partir de 1974, el “espíritu del éxtasis” de Rolls Royce va sobre un mecanismo retráctil que le permite entrar en el radiador si recibe un golpe cuya fuerza supere los 98 neutonios. Otros ornamentos están diseñados para soltarse del pie si sufren un impacto.

Gato humorista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tapa de radiador se convirtió en arte durante unas décadas y no solo plasmó la visión del fabricante del coche en el caso de las marcas, también habló de la personalidad del dueño que encargaba, por ejemplo, un “gato en la luna” para encajar en la tapa del radiador. Todos los gatos que aparecen aquí tienen algo que decir acerca de la persona que los encargó o escogió y colocó en la parte más vistosa del coche que acababa de comprarse.

Antoine Elie Ottavy (1897-1951)

Louis Rigot

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, si van a Turquía de vacaciones y son fans de los automóviles, no se pierdan el “Key Automotive Museum”, fundado por Efe Uygar y Murat Özgörkey, donde podrán ver una colección de 300 adornos para coches. Según Uygar “la primera mascota para vehículo fue un halcón con un sol por cresta montado en el carro del faraón Tutankamón”.

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La gata invitada, un libro de Takashi Hiraide

Hishida Shunso (1874-1911)

Es sabido que los japoneses aman a los gatos. Quizá se deba a su inclinación por la elegancia y lo misterioso, dos cualidades muy felinas. El gato aparece en pinturas de la Era Edo (1603-1867), cuando también surgieron las leyendas en torno a los bakeneko o gatos cambiantes (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), pero no es realmente hasta el siglo XX cuando el gato se convierte en el protagonista de varias novelas importantes. Por ejemplo, “Wagahai wa neko de aru”, en español  “Soy un gato” o “Yo, el gato”, de Natsume Soseki (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/), escrita entre 1905 y 1906, traducida al inglés en 1972, llevada al cine diez años después y publicada por primera vez en español por la editorial Trotta en 1999.

Soseki tenía un discípulo llamado Uchida Hyakken que en 1957 escribió un libro titulado “Nora ya”, cuya traducción podría ser “Oh, Nora”, donde cuenta sus desesperados intentos por encontrar a su amado y desaparecido gato. A pesar de la palabra “nora” en el título, que proviene de “nora neko” (gato perdido), se trata de un macho. Por desgracia, este libro no está traducido al español.

Gatos en Kioto

Tampoco ha aparecido en español “Neko to Shozo to futari no onna”, una novela cómica con una gata llamada Lily como protagonista, escrita en 1935 por Tanizaki Junichiro, que podría traducirse como “Una gata, un hombre y dos mujeres”, llevada al cine en 1956 bajo la dirección de Shirô Toyoda.

Shozo y la gata Lily

Gato con grillo (Era Meiji tardía)

En 1987 la escritora vanguardista Kanai Mieko publicó una novela acerca de un joven, sus amigos bohemios y una gata muy preñada a la que debe cuidar. En honor a Uchida Hyakken, tituló el libro “Tama ya” (Oh, Tama).

Era Meiji (1868-1912)

“Tabineko ripoto”, de la novelista Hiro Arikawa, está narrada por un gato llamado “Nana”, que significa “siete” en japonés. En 2012 fue publicada en Japón y en 2017 en España por la editorial Lumen con el título de “A cuerpo de gato”. La versión cinematográfica, dirigida por Koichiro Miki, se estrenó en Japón el 26 de octubre de 2018.

Una vez demostrado que existe una tradición centenaria de escribir novelas protagonizadas por gatos, pasaremos a hablar de una pequeña joya del poeta Takashi Hiraide titulada “Neko no kyaku”, cuya traducción literal es “La gata invitada”. Alfaguara la publicó en 2014 como “El gato que venía del cielo”, el mismo título que en Francia y en Italia. Y en esos tres países se habla de un gato cuando es una gata. En alemán fue “El gato en el jardín” y en inglés, “El gato invitado”.

La historia gira en torno a una pareja de unos treinta años afincada en un barrio tranquilo de Tokio. Alquilan una casita, la “casa de invitados”, un poco apartada de la casa principal en un maravilloso jardín. Se respetan mutuamente, se llevan bien,  pero tienen poco que decirse. Los dos trabajan en casa. La novela empieza con la descripción de lo que se ve a través de la ventana de la cocina, una valla de madera que separa el jardín de un callejón al que da otra casa.

Seiho Takeuchi (1864-1942)

En esa casa, la de los vecinos, vive Chibi, que significa “gatita”. Chibi es blanca con manchas negras y toques de marrón, tiene el rabo corto, como numerosos gatos japoneses, pero Chibi es especial porque es pequeña, elegante y muy bonita. Poco a poco, la gata empieza a visitar a la pareja y acaba teniendo dos casas, como hacen muchos gatos, algo que no suele sentar muy bien a sus dueños. Sin embargo, deberíamos acordarnos de que los gatos no tienen “dueños”.

Seiho Takeuchi

Con el paso del tiempo, Chibi se convierte en el centro de la vida de la pareja. Adaptan la casa para acomodar a la gata; por ejemplo, siempre dejan una ventana entreabierta para que pueda entrar y salir, le compran pescado, le ponen leche, tiene una caja especial e incluso abren el futón mucho antes de irse a dormir y así Chibi puede acostarse cuando quiere.

Takahashi Hiroaki (1871-1945)

La esposa dice: “Para mí, Chibi es una amiga con la que conecto y que ha tomado la forma de un gato”. Pero Chibi nunca permite que la pareja la acaricie o la coja en brazos, y el narrador se pregunta si en la otra casa no tendrá otra personalidad. El autor describe a la gatita de tal forma que cobra vida y parece salir de las páginas, como también lo hacen el jardín, los árboles, la casa principal, la casa de invitados…

Kawanabe Kyôsai (1831-1889)

“El gato que venía del cielo”, la primera novela de Takashi Hiraide, se convirtió en un superventas del New York Times y del Sunday Times en 2014 y ha sido traducida a 24 idiomas. Es un libro delicado, triste, poético, que ningún amante de los gatos puede perderse.

Takashi Hiraide nació en 1950 en Kyushu y se trasladó a Tokio para estudiar en la Universidad Hititsubashi, una famosa escuela de Empresariales y Economía. A la vez, siguió cursos en la Bigakko, una conocida escuela de Arte en la que se han graduado numerosos artistas. En 1972 publicó una serie de poemas en la revista “Eureka” y su primer libro fue muy bien recibido en 1976. Con excepción de diez años, desde 1978 cuando trabajó como editor en Kawde Shobo, siempre se ha centrado en su obra literaria. Tiene una pequeña editorial donde se ocupa incluso de diseñar los libros que publica.

Portada (original de Foujita)

En 1985 participó en el Programa Internacional para Escritores de la Universidad de Iowa como poeta residente. Ganó el Premio Yomiuri de Literatura en 1994 por “Hidarite nikki reigen” (Notas del diario de la mano izquierda); el Premio Kiyama Shohei en 2002 por “Neko no kyaku” (El gato que venía del cielo), y el Premio MEXT de las Artes en 2004 por la biografía del poeta Irako Seihaku.

Portada japonesa

Actualmente reside a las afueras de Tokio con su esposa, la poetisa Michiyo Kawano, y un gato.

Gato en Kioto


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Gatos de San Petersburgo, por Vladimir Rumyantsev

Hace poco descubrimos los gatos del pintor ruso Vladimir Rumyantsev y hemos pensado que nada mejor que unos gatos muy festivos para esta época del año.

Amor en San Petersburgo

Vladimir Rumyantsev nació en 1957 en Cherepovéts, la ciudad más poblada del distrito de Vologda, a orillas del enorme embalse Ríbinsk. Empezó a dibujar a los cuatro años. Se trasladó a San Petersburgo en 1972 para estudiar en la Escuela de Arte V.A. Serov y se graduó en 1976. Siguió estudiando en el Instituto Estatal de Pintura, Escultura y Arquitectura I.E. Repin, licenciándose en la especialidad de Diseño Gráfico. Es miembro del Sindicato Ruso de Artistas.

Gatito protegido

Siente una inclinación muy especial por los gatos, a los que pinta con un enorme sentido del humor en escenas poco habituales (para gatos). No puede decirse que sean antropomorfos, pero sí se encuentran en situaciones sorprendentes. Del mismo modo que el folclore ruso está lleno de historia de gatos, a los de Vladimir Rumyantsev les rodea una marcada aura de cuento de hadas.

Gato interesado

Por ejemplo, se dice que basta con que un solo gato se pasee por los tejados de cualquier ciudad, pueblo o casa para que también haya ángeles que protegerán a los habitantes del lugar. Como puede verse por los dibujos que incluimos, los ángeles acompañan a los gatos del pintor.

Gato sobre San Petersburgo

Gato viendo un ángel

Pero sus gatos no se limitan a conversar con ángeles y a pasear por los tejados, también cantan, juegan al golf, comen, beben, y su hobby favorito es pescar con caña, aunque no siempre se trate de peces. Son optimistas, sonrientes, decididos y capaces de conquistar a cualquiera.

Gato pescador

Cazador de ángeles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato vigía

Uno de ellos saluda a Aleksandr Pushkin cuando se cruzan en la calle y otro está sentado en el regazo del gran escritor cuando este trabaja. Dicen que Pushkin era un gran amante de los gatos. Desde luego, los menciona en sus escritos. Habla de gatos gordos sentados en alfombras dándonos la espalda, con el rabo enrollado alrededor del cuerpo.

Pushkin saluda al gato

Pushkin trabaja con un gato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato erudito

Pero el más famoso de todos los gatos de Pushkin aparece en este poema: “Cerca del mar crece un verde roble / con una cadena dorada a su alrededor; / Atado a la cadena un gato erudito / lo rodea día y noche. / Si va a la derecha, canta una canción; / si va a la izquierda, cuenta un cuento”. Después de este breve prólogo, el narrador dice haber estado en un lugar mágico donde conoció al gato erudito y que este le confió los famosos cuentos de hadas que reprodujo en verso con el título de “Una cabaña sobre patas de gallina” o “Baba Yaga”. Los gatos de Vladimir Rumyantsev saludan al gran autor ruso y trabajan con él.

Pushkin y el gato

Muchos de los lubok rusos representan a gatos, como los que cuentan la famosa historia del gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/) que salvó al kan de Kazán, a su esposa e hija de un futuro de lo más oscuro a manos del zar Iván el Terrible. El gato, que iba y venía como quería a pesar del asedio al que el zar sometía a la ciudad, se enteró de que iban a cavar un túnel para entrar. Se lo comunicó al kan, que tuvo tiempo de huir por el río Kazanka con su familia y su gato.

Gato pensando

Gato de San Petersburgo

Otros dos famosos cuentos rusos acerca de gatos son “El perro, el oso y el gato”, donde el gato prefiere morir de hambre a mentir, y “Liza la zorra y Catafay el gato”, donde ambos se unen con la intención de conseguir bastante comida para hacer frente al duro invierno.

El primer invierno

Gato y pájaros

Los gatos se han convertido en la inspiración de Vladimir Rumyantsev, que usa sobre todo pasteles para reproducirlos y darles un toque mágico. Entre los numerosos gatos que ha pintado, uno de los más divertidos tiene una vaca en las rodillas y está rodeado de apetitosas fresas. ¿Qué relación puede haber entre un gato y las fresas? Bueno, la autora francesa Colette, a la que dedicamos una entrada la semana pasada, dice en “Les chats de Colette” que el Long-chat (el Gato Largo) de su madre escogía las fresas más maduras del jardín y se las comía. Este quizá también haga lo mismo.

Gato, vaca y fresas

¡Felices fiestas a todos!

Gato y ángel


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Los gatos sensatos del viejo Possum

T.S. Eliot en su estudio con Zuaxo (1927)

“Old Possum’s Book of Practical Cats” también podría llamarse “El libro de los gatos sensatos de la vieja comadreja”, ya que “possum” significa “comadreja. Escrito por T.S. Eliot, ha sido traducido varias veces al español y reeditado en un sinfín de ocasiones, sobre todo en inglés, pero también en muchos otros idiomas.

Año 1939

Se trata de una colección de quince poemas dedicados a unos gatos muy especiales con nombres aún más especiales, como Skimbleshanks, el viejo Deuterenomio (casi el único que puede traducirse) o el famosísimo y misterioso MaCavity, publicada por primera en 1939. Según cuenta su segunda esposa, Valerie Eliot, el poeta escogió el nombre de “Old Possum” (Vieja comadreja) a principios de los años treinta para hablar de gatos con sus ahijados Tom Faber y Alison Tandy.

Valerie Eliot y Andrew Lloyd Webber

En una carta a Tom fechada en 1931 le hablaba de un gato llamado Jellylorum empeñado en ser útil, pero tan diminuto que podía sentarse en la oreja de T.S Eliot. Tom solo tenía cuatro años cuando el escritor sugirió que “todos los perros Pollicle y los gatos Jellicle deberían ser invitados con flauta y pífano y violín y tamborín a la fiesta de cumpleaños de Thomas Erle Faber”, de la famosa editorial Faber & Faber, su editor.

Año 1999

El poeta mencionó a los gatos en otros escritos. Por ejemplo, en el famoso “Canto de amor de J. Alfred Prufrock”, compara la niebla de Saint Louis a un gato al decir que  “la niebla amarilla se frota la espalda en la ventana, / el humo amarillo se frota la nariz contra la ventana, da un lametazo a las esquinas de la noche, / se detiene en los charcos de los desagües, / deja que caiga en su espalda el hollín de las chimeneas, / pasa por la terraza, da un salto, / y viendo que es una suave noche de octubre, / se hace un ovillo en casa y se duerme”.

Axel Scheffler

Tom y Alison recibieron “Dar un nombre a un gato” en 1936. “The Rum Tum Tugger” llegó a manos de Alison en octubre de 1936. Un año después, T.S. Eliot escribió a su ahijada Alison: “Hace algún tiempo mencioné en una carta que tenía intención de escribir un poema acerca de dos gatos llamados Mungojerrie y Rumpelteazer, y aquí está. Puede que no te guste porque esos dos gatos son aún peores de lo que esperaba”. El miércoles de cenizas de 1938 le dijo: “Intento escribir un poema acerca de un gato ferroviario; si lo consigo, te lo mandaré”. Así nació Skimbleshanks.

Axel Scheffler

Faber & Faber anunció la colección de poemas en el catálogo de primavera de 1936, pero el poeta no estaba convencido. Pasaron otros tres años para que, según el editor, “creciera la percepción de que sería de mala educación meter a gatos en el mismo paquete con perros”. T.S. Eliot limitó los poemas a gatos. El libro se publicó el 5 de octubre de 1939 en 3.005 ejemplares con dibujos del propio autor en la portada y la contraportada. Tenía miedo de que no se vendieran bien, pero el director de ventas no tardó en apaciguar sus temores.

Axel Scheffler

Hoy en día, el libro se ha convertido en un clásico y los poemas han servido de base al famosísimo musical “Cats”, con música de Andrew Lloyd Weber. Estrenado en Londres en 1981, permaneció en cartel veintiún años con casi 9.000 representaciones. En Broadway se representó diecinueve años consecutivos. En diciembre de 2019 se estrenará la adaptación cinematográfica dirigida por Tom Hooper.

Año 2009

Parece ser que siempre que no se sentía bien o padecía de insomnio, T.S. Eliot murmuraba algún verso de gatos.

Axel Scheffler

En 2009, la editorial Faber & Faber encargó los dibujos de la edición conmemorativa del septuagésimo aniversario del libro y del octogésimo de la editorial a Axel Scheffler. Nacido en 1957 en Hamburgo, se trasladó a Inglaterra a los 25 años y estudió en la Academia de Arte de Bath, donde se licenció en 1985. Ha ilustrado libros infantiles de autores ingleses, alemanes y holandeses.

Año 2012

En 1982, Edward Gorey, gran amante de los gatos (https://gatosyrespeto.org/2014/09/13/las-ilustraciones-de-edward-gorey/), ilustró “Old Possum’s Book of Practical Cats” con magníficos dibujos. Faber & Faber reeditó el libro en 2015.

Año 1982, ilustración de Edward Gorey

Edward Gorey

Thomas Stearns Eliot nació en Saint Louis, Misuri, en 1888. Estudió en Harvard, en la Sorbona de París y en el Merton College de Oxford. Se instaló en Inglaterra en 1915, y ese mismo año se casó con Vivienne Haigh-Wood y conoció a Ezra Pound, que se convirtió en su gran amigo.

Edward Gorey

Edward Gorey

Empezó a trabajar en el Banco Lloyds en 1917. El libro “Poemas” fue impreso manualmente por Leonard y Virginia Woolf en 1920, y su obra más famosa, “La tierra baldía”, se publicó en 1922, el mismo año que el “Ulises”, de James Joyce. Dejó el banco para ocupar un puesto de director en la editorial Faber & Gwyer, posteriormente Faber & Faber. En 1927 se convirtió al anglicanismo y obtuvo la nacionalidad británica.

T.S. Eliot delante de la editorial Faber & Gwyer (1936)

El 10 de enero de 1957, con 68 años, se casó con Esmé Valerie Fletcher, de 30 años, su secretaria desde agosto de 1949. La boda se celebró a las 6:15 de la mañana, en total secreto, y solo asistieron los padres de la novia. A principios de los sesenta, mientras trabajaba como editor en la Wesleyan University Press buscando a nuevos poetas europeos, su salud empeoró. Falleció el 4 de enero de 1965 a los 76 años. Fue galardonado con la Orden del Mérito en enero de 1948 y con el Premio Nobel de Literatura en otoño de ese mismo año.

Edward Gorey

Hablando de gatos, dijo: “Cuando uno es adoptado por un gato, y no soy nada supersticioso, no me refiero solo a los gatos negros, no hay absolutamente nada que hacer. Solo aguantarse y esperar que cambie el viento”.

Axel Scheffler


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Los gatos de Colette

Se dice que los gatos tienen siete vidas, y Colette, que tanto amaba a los animales, sobre todo a los gatos y más aún a las gatas, quizá también las tuviera. Escritora, bailarina, crítica literaria, periodista, dueña de una tienda de productos de belleza, casada en tres ocasiones, amante de hombres y de mujeres, vivió en el efervescente París de finales del XIX y principios del XX.

Hablando de ella, Jean Cocteau dijo: “Hay que saludar en la Sra. Colette a la liberadora de una psicología femenina”. Colette era una mujer inteligente y admirada por sus contemporáneos. Escandalizó a la opinión pública alrededor de 1910 al aparecer en una pantomima con los senos desnudos. Henry de Montherlant, misógino por excelencia, llegó a reconocer que “es la única mujer a la que traté de genio”.

Sidonie-Gabrielle Colette nació el 28 de enero de 1873 en una pequeña ciudad de Borgoña. Se casó a los 20 años con Henry Gauthier-Villars, apodado “Willy”, catorce años mayor que ella. La llevó a vivir a París, y la introdujo en los círculos musicales y literarios del momento, donde no tardó en brillar.

Dos años después la contrató para redactar sus recuerdos de colegio, y el libro lo firmó él como era su costumbre. Colette escribió la serie de “Claudine”, aunque “Willy” figura como autor. Se separó de él cuando descubrió que este tenía una amante desde mucho antes de casarse con ella.

Colette y Ba-Tou, el gato tigre

Después de divorciarse en 1906 y hasta 1912, alentada por el mimo Georges Wague, presentó pantomimas “orientales” en el teatro Marigny, el Moulin Rouge y el Bataclan, entonces un café-teatro; en este último interpretó “La gata enamorada”. En esa época tuvo varias relaciones amorosas con otras mujeres.

“La gata enamorada”

En 1912 se casó con el político y periodista Henry de Jouvenel. Este la contrató para escribir en el diario “Le Matin”, del que era redactor jefe. Tuvieron una hija, Colette Renée, pero su esposo también la engañó, y Colette, cumplidos los cuarenta, tuvo un romance que duró cinco años con el hijo de este, Bertrand, de 16 años. Sin embargo, escribió la famosa novela “Chéri”, la historia de una mujer mayor con un hombre mucho más joven, en 1912, varios años antes de su relación con Bertrand. Se divorció en 1923 de su segundo marido.

Gran melómana, colaboró con Maurice Ravel entre 1919 y 1925. Presidió el premio literario “La Renaissance” hasta 1928. Conoció a su tercer marido, Maurie Goudeket, en 1928. Cuatro años después, necesitada de dinero, abrió un instituto de belleza que no tuvo el éxito esperado y se vio obligada a cerrarlo.

Durante la ocupación alemana residió en París con Maurice Goudeket, al que salvó de la Gestapo. Inmovilizada en el piso de la calle Beaujolais debido a la artritis que padecía en la cadera izquierda, siguió escribiendo mientras contemplaba el mundo desde las ventanas, “sus puertas al mundo”. En 1945 fue elegida por unanimidad para la Academia Goncourt y nombrada presidenta de la misma en 1949.

La última casa de Colette

Falleció el 3 de agosto de 1954. Debido a su pasado “escandaloso”, la iglesia le denegó un entierro católico. Fue la segunda mujer (después de la actriz Sarah Bernhardt en 1923) honrada con un funeral de Estado por la República Francesa. Está enterrada en el cementerio Père Lachaise de París.

Colette, desde muy pequeña, vivió rodeada de gatos y compartió con su madre Sidonie, a la que todos llamaban Sido, el amor por ellos. En el prefacio de “Chats de Colette” (Gatos de Colette), la escritora dice: “No hay gatos corrientes. Hay gatos infelices, gatos obligados a disimular, gatos a los que un incurable error humano entrega a manos indignas, gatos que esperan toda su vida una recompensa que jamás llegará, comprensión y generosidad. Pero a pesar de toda la miseria y la mala suerte, un gato no acaba siendo corriente”. Y sigue diciendo un poco más abajo: “Se merecía algo mejor el animal al que el creador dio el ojo más grande, el pelaje más suave, la nariz más delicada, la oreja móvil, la pata sin par y la uña curva que toma prestada del rosal; el animal más perseguido, el menos feliz y, como dice Pierre Loti, el animal más organizado para sufrir”.

Raro es el libro de Colette en que no menciona a un gato. En 1904 publicó “Sept dialogues de bêtes” (Siete diálogos de animales), varias conversaciones entre un perro, Toby-Chien (Toby-perro) y Kiki-la-doucette (Kiki-la-dócil), un gato macho a pesar de su nombre. En general, Kiki se mofa del pobre Toby, un bulldog francés, mientras comentan su vida cotidiana. Sido, la madre de Colette, le dijo en una carta: “Los gatos son animales divinos y por eso mismo, desconocidos”.

Ilustraciones de Jacques Nam para “Sept dialogues de bêtes”

 

 

 

 

 

 

 

En 1933, con la novela “La gata”, la escritora reinventó el triángulo amoroso. Un joven llamado Alain está a punto de casarse con Camille, pero nada puede convencerle de que se separe de Saha, su gata cartuja. Camille se da cuenta de que su marido ama profundamente a Saha y empieza a sentir celos del animal. La tensión crece y Colette describe a la perfección cómo Camille acaba por atentar contra la vida de Saha.

El segundo marido de Colette le decía: “Cuando entro en el estudio y te encuentro a solas con tus animales, tengo la impresión de cometer una indiscreción”. El tercer libro, “Gatos de Colette”, es una colección de fragmentos de otros libros suyos, especialmente de “La paix chez les bêtes” (La paz en los animales), escrito durante la Primera Guerra Mundial.

“Chats de Colette”, Éditions Albin Michel, 1950

Como escritora, tiene el don de hacer surgir imágenes con unas cuantas palabras; es fácil ver a Fanchette y a Long-Chat (Gato largo) en el jardín de su niñez, casi puede olerse el heno recién cortado de los prados. Colette no humaniza a los gatos, no les presta los mismos sentimientos que a los seres humanos, solo imagina las conversaciones que podrían tener.

La mano de Colette


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Gatos en tejados

En realidad deberíamos titular esta entrada “Gatos de cerámica en tejados” ya que nos referimos a las piezas decorativas en forma de gato que se colocan en los tejados. Las hay de dos tipos, el fastigio propiamente dicho, que marca la parte superior o el final de algún elemento arquitectónico, y la teja decorativa. También llamados remates de pináculo o espantabruxas, en España son poco frecuentes y casi inexistentes los que representan a un gato. Solo hemos encontrado un ejemplo encima de una chimenea en el pueblecito de Fiscal, en Huesca.

Espantabruxas (Fiscal, Huesca)

También creíamos que serían elementos decorativos habituales en el Reino Unido o en Alemania, pero no es así. Aunque hay tejas decorativas modernas en forma de gato, parece una tradición bastante reciente. Sin embargo, los “épis de faîtage”, como se llaman en Francia, aún abundan en ese país, donde varias empresas se dedican a su fabricación. Y lo mejor es que hay maravillas felinas en los tejados, sobre todo en la zona del centro y del noroeste.

Erigidas en la cima de los tejados, las tejas decorativas son un elemento y un símbolo. En su origen servían para reforzar la impermeabilidad de la estructura, y poco a poco se convirtieron en un elemento de decoración. Su presencia en los tejados de Occidente remonta al siglo XI; entonces no era más que un sencillo recipiente redondo de barro cocido, como se ve en alguna miniatura o en la famosa tapicería de Bayeux. Luego, en el siglo XIV se empiezan a utilizar piezas esmaltadas y con policromía, pero siguen siendo redondas para ofrecer menos resistencia al viento.

Teja decorativa (Francia, siglo XIX)

Progresivamente aparecen motivos florales, formas de animales e incluso máscaras, por lo que incrementa la demanda de artesanos ceramistas, decoradores y techadores. En el Renacimiento, estas decoraciones se extienden incluso a las casas más humildes. Las formas más clásicas consisten en dos o tres bolas de cerámica colocadas una encima de otra, pero cambian mucho según la región y se colocan generalmente en los hastiales. Alcanzan su mayor auge en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX, con animales, sobre todo el gallo, símbolo nacional, y también caballos, pájaros y… gatos. Pierden importancia después de la Primera Guerra Mundial.

Antigua teja decorativa (Inglaterra)

Teja decorativa (Francia)

Actualmente vuelven a estar de moda las tejas decorativas, no solo en Francia, sino en Gran Bretaña. La mayoría de los ejemplos que incluimos aquí son franceses. La “Casa del Gato”, en La Rochelle, fue construida en 1926 por Maurice Morguet, arquitecto oficial del departamento, en estilo neonormando. Un gato de cerámica en el tejado más adelantado le dio su nombre. Desde la casa se divisa el famoso puerto de La Rochelle y sus torres.

La Casa del Gato (La Rochelle)

La Casa del Gato (La Rochelle)

En el tejado de una de las casas más antiguas de la capital de la Borgona, Dijon, construida en 1483 por el mercader pañero Guillaume Millière y su esposa Guillemette, vemos a un gato y, enfrente, un soberbio búho. El edificio, declarado monumento nacional, es ahora un restaurante, y el Ayuntamiento se encargó de restaurar a los dos animales para que recuperaran todo el esplendor de antaño. El animal fetiche de la ciudad es la lechuza. De hecho, si pasan por Dijon, no olviden visitar una pequeña representación del ave en una de las paredes exteriores de la iglesia de Notre-Dame.

Gato y búho (Dijon)

También hay un gato en el tejado del hotel “Normandy”, en Deauville, Normandía, antaño la ciudad donde la aristocracia francesa iba de vacaciones. Luego llegaron los hoteles y el casino, los turistas adinerados y, posteriormente, el famoso hipódromo de la Touques.

Hotel Normandy

Muy al norte de Europa, en Riga, capital de Letonia, encontramos otra famosa “Casa del Gato”, construida en 1909 según los planos del arquitecto Friedrich Scheffel. Es famosa por las esculturas de dos gatos idénticos en hierro fundido, con la espalda arqueada y el rabo tieso, cada uno coronando un torreón.

La Casa del Gato (Riga)

Dos leyendas explican el porqué de los gatos en sendos torreones. Una, la más conocida y la que suele contarse a los turistas, dice que el Gremio de Comerciantes, también conocido como Gran Gremio, rechazó al mercader que encargó la construcción del edificio. Este, para vengarse, encargó los dos gatos e hizo que los colocaran con las colas en dirección a la sede del Gran Gremio. Otra leyenda, la más antigua, cuenta que el mercader estaba enfadado con el Ayuntamiento de Riga y quiso insultar al consistorio colocando a los gatos en esta posición. Sea como fuere, los gatos deben tener una magnífica vista de toda la ciudad.

La Casa del Gato (Riga)

Los gatos policromados que reproducimos aquí son de loza decorada y su fabricación requiere nueve etapas empezando por el molde. Algunos moldes pueden estar compuestos por treinta piezas, dependiendo de la complejidad del modelo. Una vez separado el molde del objeto de barro crudo, este debe secarse, proceso que varía desde algunas horas a varios días. A continuación se pule el objeto para dejarlo liso y sin imperfecciones antes de proceder a su engobe y poder aplicar el esmalte.

Oise, Francia

Gato cazando

Se cuecen en un horno de alfarería, proceso que tarda unas 34 horas. Durante las primeras 24 horas, la temperatura sube 20º centígrados cada hora, y en las diez siguientes, 70º cada hora. El horno alcanza un máximo de 1.180 º, se apaga y empieza a enfriarse. Nunca debe abrirse estando caliente para que no se rompan las piezas. En este caso, nos referimos a un horno de leña, pero los tiempos no son mucho más cortos para los hornos eléctricos actuales.

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Saint-Cast-de-Guildo (Bretaña)

Entonces se esmaltan las piezas, pero como los esmaltes son polvos que prácticamente carecen de color, debemos tener en cuenta que los colores reales no aparecerán hasta que los objetos vuelvan a cocerse en el horno, que esta vez no sobrepasará los 980º.

Veleta gato


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Los gatos de Embrujada (Bewitched)

En 2005 se estrenó la película “Embrujada”, dirigida por Nora Ephron, y protagonizada por Nicole Kidman, Will Ferrell y Shirley MacLaine, pero no nos referimos ahora al largometraje, sino a la serie “Embrujada”, cuyo primer capítulo se emitió en Estados Unidos el 17 de septiembre de 1964 y el último el 25 de marzo de 1972, después de ocho exitosas temporadas, sobre todo las seis primeras.

Los protagonistas eran Elizabeth Montgomery en el papel de Samantha, Dick York, hasta la temporada 1969-70, cuando fue sustituido por Dick Sargent en el papel de Darrin, y la maravillosa Agnes Moorehead como Endora, la madre de Samantha. Los dibujos animados con los que se abría los episodios de la serie, creada por Sol Saks, apenas cambiaron en 9 años. En un momento dado, Darrin vuelve a casa después de una dura jornada en el centro de Nueva York como publicista, y encuentra a Samantha cocinando. Él se inclina para darle un beso, pero ella desaparece y un gato se frota contra las piernas de Darrin. La comida se quema.

 

 

 

 

 

 

 

Un comienzo tan esperanzador puede hacer pensar que de los 254 episodios emitidos muchos se centrarían en un gato, pero no es así. Solo en cinco hay un gato como coprotagonista, dos en el año 1965, uno en 1966, otro en 1969 y el último en 1971.

El primero, emitido el 21 de enero de 1965, se tituló “The Cat’s Meow”, traducido como “El maullido del gato”. Darrin debe entrevistarse con una guapa clienta de la agencia, y su jefe, el Sr. Tate (el inefable Larry White) le prohíbe decir que está casado. Cuando un siamés aparece inesperadamente, Darrin está convencido de que Samantha se ha transformado en gato para espiarle. Como pueden imaginar, sigue una serie de situaciones cómicas y Darrin acaba por descubrir que el gato es eso, un gato siamés.

 

 

 

 

 

 

 

Apenas un mes después, el 11 de febrero, se emitió el episodio “Ling Ling”. Darrin no encuentra a la modelo adecuada para un anuncio y Samantha lo soluciona transformando a un gato siamés en una preciosa mujer asiática. Hasta ahí todo va bien, pero el joven fotógrafo de la agencia se enamora de Ling Ling…

Dos episodios felinos tan seguidos era muy prometedor, pero hubo que esperar más de un año para volver a ver a un gato en “Embrujada”, el 19 de mayo de 1966, en el episodio “The Catnapper” o “El secuestragatos” en países de habla hispana. Esta vez no se trata de un siamés, sino de un gato color naranja. Se dice que era Orangey, el famoso gato sin nombre de “Desayuno con diamantes”, ganador de dos Patsy, el equivalente al Oscar para animales. Pero Orangey empezó a trabajar en 1951 cuando protagonizó “Rhubarb” (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/) y nos parece algo complicado que todavía trabajara con quince años. Incluso en su mejor momento, Orangey probablemente tenía dobles.

 

 

 

 

 

 

 

En este episodio, Endora cree que Darrin engaña a Samantha con una clienta y la transforma en gato, pero un detective entrometido lo secuestra para chantajear a la adorable bruja, que a su vez transforma al fisgón en rata con la consecuente persecución entre gato y rata.

Tres años después, el 13 de febrero de 1969, por fin vuelve a aparecer un gato coprotagonista en el episodio “Mrs. Stephens, Where Are You” (Sra. Stephens, ¿dónde está?) Serena, la traviesa prima de Samantha, a la que también da vida Elisabeth Montgomery en un papel doble, transforma a la madre de Darrin en gato. Pero antes aparecen varios más porque la Srta. Parsons, la vecina, es una gran amante de los gatos y uno se queda atrapado en un árbol. Samantha, claro está, le ayuda a bajar con un poco de magia. Aquí los gatos tampoco son siameses, sino callejeros muy variopintos, lo que dificulta la tarea de Samantha cuando busca a su suegra.

Y finalmente, el 8 de diciembre de 1971, la última temporada de la serie, se emitió “The Eight Itch Witch”, pero ignoramos el título en español. Una traducción aproximada podría ser “La crisis de los ocho años”. Y la historia se repite; esta vez es Endora la que transforma a un gato en mujer para poner a prueba la fidelidad de Darrin. Se ve a Endora sentada en una nube mientras recita un encantamiento. Aparece una magnífica siamesa llamada Ophelia y se convierte en la modelo ideal para el anuncio del tractor “Tom Cat” (Gato Macho), interpretada por Julie Newmar, que había sido Catwoman en la temporada 1966-67 de la serie “Batman”. Algunos chistes de este episodio fueron sacados directamente del capítulo “Ling Ling”.

Julie Newmar (Catwoman)

Elisabeth Montgomery tenía un gato siamés llamado Zip Zip y parece ser que trabajó en los dos primeros episodios que mencionamos aquí. Eso explicaría la actitud de la actriz tumbada en el suelo del plató, sin zapatos y abrazada a un siamés que no parece estar nada incómodo. En otra foto aparece sentada al lado de un gato rubio. Nos atrevemos a afirmar que a Elisabeth Montgomery le gustaban los gatos.

También hemos encontrado la foto de una muy joven Agnes Moorehead con un gato negro. Y la forma en que Dick York sujeta a los gatos nos lleva a creer que estaba acostumbrado a ellos.

La serie no dejó de emitirse por falta de éxito, sino porque Elisabeth Montgomery no quiso seguir interpretando a la bruja a la que había dado nombre, porque en principio debía llamarse Cassandra, pero no le gustó nada. Se casó en 1963 con William Asher cuando ya era una conocida actriz y decidió dejar la profesión. Pero su marido pensaba que una intérprete tan buena no debía abandonar y se le ocurrió producir una serie con ella como protagonizaría.

Elisabeth Montgomery era la propietaria del 20% de los derechos de “Embrujada” y ganó millones con la primera emisión y reposiciones de la serie. Hija de un productor, creció en Hollywood y era una mujer muy discreta que concedió poquísimas entrevistas, además de proteger celosamente su vida privada. Falleció a los 62 años, el 18 de mayo de 1995.

Dedicamos esta entrada a Samantha, que no se llamaría así si no fuera por “Embrujada”.