Gatos y Respeto

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Los gatos conquistadores de Alberto Montt

Albert Montt es un conocido viñetista chileno apasionado de los gatos, “sufre de gatofilia aguda: lleva décadas enfermamente fascinado por este animal. De hecho, fue lo primero que dibujó cuando era niño. Por eso ha decidido (ahora que dibuja un poco mejor) dedicarles este libro, especialmente pensado para aquellos que sufren su misma dolencia. Aunque también puede servirle si quien la sufre es alguien cercano”.

El párrafo entrecomillado corresponde a la contraportada de su libro “Solo necesito un gato (pero no es recíproco)”, publicado por Editorial Planeta Chilena, S.A. en 2019, por Editorial Planeta, S.A. (España) en 2021, y en octubre de 2020 en Francia con el genial título de “J’adore mon chat (mais il s’en fout complètement)”, es decir “Adoro a mi gato (pero le da del todo igual)”.

Alberto Montt nació en Quito (Ecuador) en 1972, hijo de padre ecuatoriano y madre chilena. Estudió Diseño Gráfico y Artes Plásticas antes de trasladarse a Santiago de Chile en 1998. En 2007 creó el blog “En dosis Diarias”, donde cada día publica un dibujo con éxito indudable, ya que puede llegar a las cien mil visitas. Hasta la fecha se han publicado ocho colecciones de dibujos extraídos de su blog en Chile, Argentina, México y España.

Alberto Montt en la presentación del libro en París

Publica regularmente en periódicos y revistas de Latinoamérica y Europa. En 2014 autoeditó su primera novela gráfica, “Achiote”, compuesta por trece anécdotas autobiográficas. En 2014, la emisora de radio Deutsche Welle le otorgó el Premio “The BOBs” (acrónimo de “The Best of The Blogs”) al Mejor Blog en Español. Colabora habitualmente con artistas como Liniers y Kevin Johansen.

En varias entrevistas para el lanzamiento de “Solo necesito un gato”, Alberto Montt cuenta cómo llegó a escribir un libro sobre los gatos. Parece ser que estaba en el Festival del Cómic en Angulema (Francia) con su editor chileno, y este le dijo que preparaban un libro titulado “Solo necesito un perro”. Le preguntó si quería alguno, a lo que Montt contestó que si fuera sobre gatos, desde luego, pero que los perros no le iban.

El editor le ofreció escribir uno y Montt aceptó, a pesar de disponer solo de un mes. Impuso una condición, debía titularse “Solo necesito un gato” para poder competir con el libro del perro. Cuando ya había acabado el libro, se le ocurrió que quizá él necesitaba un gato, pero que el gato no le necesitaba a él, de ahí la coletilla “Pero no es recíproco”.

Su amor por los gatos fue una cosa familiar, pero por parte de sus tías (“Mi viejo era de perros”, según sus propias palabras), porque todas las hermanas de su madre tenían gatos. Alberto Montt dice que “cualquiera que creció con gatos comienza a entenderlos, se familiariza con cómo funciona su cabeza, y es imposible no admirarlos”. Y añade: “Son unos bichos perfectos, son hermosos, huelen bien”.

Uno de los capítulos del libro se titula “Cómo saber que padezco de gatofilia”, del que incluimos unas cuantas frases sin la viñeta que acompaña a cada una de ellas. “No puedes usar ropa negra”, “Es más probable que recuerdes su cumpleaños antes que el de tus familiares” y “Tu gato decide si esa nueva pareja se queda o se va”.

Luego, en el capítulo “Datos curiosos”, hay cosas geniales. Por ejemplo: “Los gatos y los motores diesel ‘ronronean’ en la misma frecuencia, 26 veces por segundo”. “En contra de la creencia popular, los gatos son intolerantes a la lactosa” (rigurosamente cierto). O también: “En la primera versión de ‘La Cenicienta’, el hada madrina era un gato” (nos ha sido imposible corroborarlo).

Está claro que Alberto Montt se lo pasó bien con el primer libro y decidió hacer un segundo titulado “La conquista de los gatos”, publicado en Chile en 2021 y en España en 2022. También incluimos unas frases de la contraportada: “La hipótesis del autor es descabellada, sin embargo, sorprende por su plausibilidad. La intricada idea de que los gatos vienen del espacio exterior y llegaron a la Tierra con el único fin de conquistarla parece tan fantástica como real”.

Debemos reconocer que no sabemos cuál es nuestro preferido. Los dos son muy buenos, pero es posible que el segundo supere al primero en observaciones gatunas.  Una de ellas, que nos gusta mucho, es el estudio realizado con “el objetivo de descubrir cómo funciona exactamente la percepción visual de los gatos y cómo reaccionan ante las ilusiones ópticas”.

La conquista de los gatos

Montt se refiere a la atracción que ejercen las cajas de todos los tamaños sobre los gatos, y no solo las cajas, sino también un trozo de papel, de cartón, cualquier cosa mientras sea rectangular o cuadrada. Según los resultados del estudio “se descubrió que tienen un sistema cognitivo complejo que les permite percibir ilusiones ópticas, por lo que si ven un objeto o algo que pueda representar un cuadrado, cabe la posibilidad de que lo consideren una caja”. Tampoco hemos podido verificar esta afirmación.

En una entrevista publicada en Aristegui Noticias (México) el 27 de marzo de 2022, cuando le preguntaron si tenía gato, contestó con cierta vehemencia: “Por supuesto que no. Viajo mucho y me da pena dejarlo encerrado en un departamento. Prefiero ahorrarle el sufrimiento”. Bueno, es una opinión…

Define la relación entre seres humanos y gatos como sigue:Es el caldo de cultivo de la relación entre el ser humano y el universo. El gato es un bicho que al principio parecía enigmático y fue catalogado como dios, como sucede con lo que no entendemos. Después nos dimos cuenta de que era un bicho domesticable, pero cuando descubrimos que era más complicado de lo normal volvimos a idolatrarlo. Vamos de la idolatría a la admiración por las mismas razones, pero en esas andamos”.

“La conducta felina que más me atrae es la independencia. Que no te esté esperando siempre en la puerta me gusta mucho. Que nos enseñen un poco a relacionarnos con los humanos. Esa cosa de no ser todo el tiempo demandante, o estar todo el tiempo entregando. Eso me gusta mucho de los gatos”, dice el dibujante.

“La conquista de los gatos” es un relato lleno de humor que comienza con el Génesis: “Y Dios creó al gato a su imagen y semejanza y le regaló el universo”. Y termina con una conquista perfecta: “Yo creo que sin lugar a dudas hay un Síndrome de Estocolmo presente en cada relación con un gato. O sea, te acercas a un gato, te rasguña, te muerde, después te lame y tú dices: ‘Ay, qué belleza’. Es absolutamente emocional. No tiene nada de lógico el asunto”.

La conquista de los gatos


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El gato Margay o tigrillo

Creemos entender que el gato tigrillo y el gato Margay son el mismo, dado que ambos tienen la misma denominación latina (Leopardus wiedii), aunque en un artículo se dice que el tigrillo es más pequeño que el Margay. En otro artículo también se insiste en que el tigrillo tiene los ojos más grandes que el Margay, pero no hemos encontrado nada concreto que les diferencie. Y sinceramente, por las fotos nos parece imposible distinguirlos.

Se trata de un pequeño felino perteneciente al grupo de los gatos manchados, de ojos desproporcionadamente grandes. Mide entre 45 y 80 centímetros desde el hocico al nacimiento de la cola, y esta es de 35 a 50 centímetros. Pesa entre 2,5 y 5 kilos, más o menos como un gato doméstico.

Es esbelto y de patas largas, de cola espesa, más larga que las patas traseras. El pelaje del cuerpo es denso y suave, con un color de fondo que va desde los tonos grisáceos, ocres, leonados y marrón canela hasta las partes inferiores de color crema o blanco. El Margay está ricamente marcado con grandes rosetas oscuras y manchas que generalmente se unen en largas franjas en la cabeza, la nuca y la espalda.

Tiene el hocico corto. Los ojos son grandes y cafés, pero ante el reflejo de la luz se vuelven de color amarillo brillante. Las patas son anchas, tanto las delanteras como las traseras.

Dentro de su amplísima área de distribución, desde el norte de México, hasta América Central y del Sur, norte de Argentina, este de Paraguay y noroeste de Uruguay, es conocido con muchos nombres: gato tigre, tigrillo, cunaguaro, pichigueta, yaguatirica, maracayá, burricon, caucel, cato pintado, macaraya.

Un espécimen recogido a lo largo del río Grande cerca de Eagle Pass, Texas, alrededor de 1850, es el único conocido en Estados Unidos, posiblemente un animal domesticado o liberado, ya que el hábitat árido es muy atípico para la especie. Ocupa sobre todo zonas de poca altitud, desde el nivel del mar hasta los 1.500 metros, aunque se ha avistado por encima de los 3.000 metros en los Andes.

Los Margay dependen de los bosques y están más estrechamente asociados a los hábitats forestales que cualquier otro gato neotropical. Sin embargo, dentro de esa especialización, pueden ocupar todo tipo de bosques, siempre verdes y caducifolios, desde el bosque tropical de tierras bajas hasta los bosques nubosos de montaña. Se dan en enclaves forestales y en bosques secos y sabana, como puede ser la sabana espinosa semiárida de la caatinga brasileña y en la sabana seca uruguaya.

Ejemplar melánico, Ecuador

Se adaptan a hábitats de vegetación densa, aunque no sean bosques, como las plantaciones de café, cacao, eucalipto y pino, pero nunca en áreas de agricultura abierta, incluida la caña de azúcar, la soja y los pastos.

El Margay es un escalador espectacular y posiblemente sea el más arbóreo de todos los félidos debido a adaptaciones anatómicas muy especiales. Sus anchas patas tienen dedos muy móviles con metatarsos largos, sueltos y grandes garras. Pero lo más sorprendente es la capacidad de girar los tobillos traseros hacia dentro 180°, lo que le permite bajar  por los troncos de los árboles con la cabeza por delante, como las ardillas. Además, una cola muy alargada y musculosa le ayuda a mantener el equilibrio.

También puede colgarse de las patas traseras mientras atrapa una presa con las delanteras, y moverse con rapidez agarrado a la parte inferior de las ramas. Son capaces de saltar de un árbol a otro cuando persiguen a una presa, que nunca suele pesar más de 200 gramos.

Son animales solitarios y territoriales, con hábitos nocturnos y crepusculares. Marcan su territorio con orina. Las hembras y los machos solo se juntan durante la época de celo, que suele durar de cuatro a diez días. Las hembras emiten un sonido peculiar y los machos responden maullando y sacudiendo la cabeza rápidamente de un lado a otro, algo desconocido en otros felinos. Suelen copular en las ramas de los árboles.

El periodo de gestación es de doce semanas y solo dan a  luz a un gatito, en raras ocasiones a dos. Esto se debe a que solo tienen dos mamas y no ocho, como es habitual en otras razas. El gatito nace ciego, sin pelo y con un peso entre 85 y 170 gramos, relativamente elevado. No camina hasta los 21 días, y empieza a ingerir alimentos sólidos a las siete u ocho semanas, pero no es destetado hasta los tres meses. Poco tiempo después se independiza.

Alcanzan la madurez sexual entre los doce y dieciocho meses, pero no suelen dar a luz hasta los dos años, mucho más tarde que el gato doméstico y la gran mayoría de felinos de pequeño tamaño. Son bastante longevos, en libertad viven unos doce años.

Aunque hasta hace poco se describían once especies de Margay, la última revisión de la taxonomía de Felidae en 2017, basada en un estudio genético de muestras de ADN mitocondrial del Margay, indica que existen tres grupos filogeográficos, por lo tanto solo tres subespecies se consideran taxones de nombre válido, a la espera de más investigaciones.

No es posible diferenciarlas a simple vista y se requieren muestras de ADN para hacerlo. Estas espeicies son: Leopardus wiedii wiedii, con distribución al sur del Amazonas; Leopardus wiedii vigens, correpsondiente al norte del Amazonas, y Leopardus wiedii glauculo, en América Central.

Otra sorprendente característica del Margay es la imitación del grito de la cría del primate tamarino calvo (en peligro de extinción) cuando caza. Se considera la primera observación de un depredador neotropical que usa este tipo de mimetismo.

Su mayor peligro es la deforestación y la caza furtiva. Se le incluyó en el Apéndice 1 de CITES en 1989, pero desde entonces está mucho más protegido. Los únicos países que no han aprobado leyes de protección son Ecuador, Guyana y El Salvador.


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Los gatos del fotógrafo Mitsuaki Iwago

Mitsuaki Iwago es un conocido fotógrafo y cineasta japonés nacido en Tokio el 27 de noviembre de 1950, hijo del también fotógrafo de animales salvajes Tokumitsu Iwago. Empezó a interesarse en serio por la fotografía después de acabar la universidad, y desde entonces se ha convertido en uno de los mejores fotógrafos de animales del mundo. En 1981 fue galardonado con el prestigioso premio de fotografía Kimura Ihei por su trabajo en 海からの手紙 “Cartas desde el mar”.

Mitsuaki Iwago

Es el primer fotógrafo japonés con dos portadas en la revista National Geographic (mayo de 1986 y diciembre de 1994). En 2012 creó el programa de televisión 岩合光昭の世界ネコ歩き(Diario de viaje con gatos del mundo de Mitsuaki Iwago), en el que aparecía fotografiando gatos por doquier.

Diario de viaje con gatos del mundo

Hablando de gatos, y habla mucho de ellos, hace tiempo dijo: “Aunque ahora fotografío a muchos animales de todo tipo, los primeros animales que fotografié fueron gatos. Por eso les tengo tanto cariño. Incluso esos gatos que llamamos ‘callejeros’ tienen diferentes expresiones y lenguaje corporal de un lugar a otro. En pueblos pequeños donde la gente es tranquila y se hace todo con calma, los gatos también serán tranquilos”.

Y seguía diciendo: “En lugares donde hay muchas cuestas y todo el mundo va más lento, los gatos tampoco se dan prisa. Es más, si hay calles donde no caben los coches, lo más seguro es encontrarse a un gato tumbado en medio. Cuando se saluda a estos gatos relajados, suelen contestar con gran amabilidad”.

En septiembre de 2011, Juju Kurihara, en el blog Iromegane, contó una divertida anécdota acerca de Mitsuaki Iwago y de un reportaje en África para National Geographic de la que fue testigo. Todo el equipo estaba acampando en un parque natural cuando, temprano por la mañana, un elefante muy malhumorado empezó a acercarse.

La mayoría se subió a los vehículos y huyó, excepto un cámara y Mitsuaki Iwago, que acababa de ducharse y se estaba afeitando. El elefante llegaba a toda prisa, barritando y moviendo las orejas. En ese momento, el fotógrafo salió de la cabaña de las duchas con una toalla atada a la cintura y se plantificó delante del elefante.

Con la cara medio cubierta con espuma de afeitar, empezó a gritarle y el elefante se detuvo de golpe, dejó de barritar, se dio media vuelta y se alejó. Bastó con que Mitsuaki Iwago le regañara para que un elefante de cinco toneladas se fuera cabizbajo. El autor concluye diciendo que si puede detener a un elefante, no le extraña que los gatos acudan a él.

Desierto Rub Al Khali, Emiratos Árabes

Preguntado por qué le gustan los gatos, contestó: “Porque son libres. Los gatos pueden vivir con los seres humanos, pero no llevan correa. Los gatos son maravillosos y perfectos”. A continuación hemos traducido partes de una entrevista realizada en 2011 para la exposición “La fotografía animal de Mitsuaki Iwago” en el Museo Municipal de Kawasaki, donde compartió sus métodos y secretos para hacer fotos perfectas a los gatos.

Acerca de qué equipo utilizar, dijo lo siguiente: “Basta con un buen teléfono móvil, pero es necesario acercarse al gato, por lo que recomendaría una cámara réflex digital de objetico único (DSLR) para el exterior. Si se trata de fotografiar al gato de casa, es mejor usar una cámara pequeña y dejar que el gato se familiarice con ella. No es bueno usar el flash – el pelo parecerá duro – ni tampoco un trípode, por la altura. Cuando fotografío gatos, me arrodillo para estar a su mismo nivel, como si me arrastrara hacia una pelea felina”.

Mitsuaki Iwago trabajando

También recomienda empezar a fotografiar al amanecer, sobre todo en primavera. “Aunque los gatos son criaturas nocturnas, se han adaptado a los horarios de los humanos y se despiertan cuando empieza el día; salen de las casas y se detienen inmediatamente para sentir el viento y saber qué tiempo hará hoy. Deciden sus movimientos a partir de este momento”.

Isla hecha con totoras, lago Titicaca, Perú

En cuanto a encontrar gatos, según Mitsuaki Iwago, basta con “escuchar atentamente, abrir bien los ojos y concentrarse en olfatear en cuanto se entra en un callejón. Al hacer esto, no se utilizan tanto los sentidos humanos como los sentidos ‘gatunos’. Los humanos también somos seres vivos y tenemos la habilidad de oler y leer el aire que nos rodea”.

Según él, fotografiar gatos negros es lo más difícil. “Un elemento clave son sus ojos. Con los gatos negros es mejor que se el fotógrafo se mueva y encuentre el lugar ideal. Para que el gato sea tridimensional, hay que tener muy en cuenta la luz, pero el gato negro siempre debe salir negro. Los gatos negros son maravillosos y muy inteligentes, los adoro. Los gatos son muy conscientes de su color. Los gatos negros y los blancos absorben la luz de forma diferente, y por eso se mueven de modo diferente. Los gatos negros tienden a descansar en sitios con sombras”.

Mitsuaki Iwago

Está claro que a Mitsuaki Iwago le gustan mucho los gatos, pero también que a los gatos les cae muy bien y que están encantados de dejarse fotografiar, como puede verse por algunas de las imágenes incluidas aquí. Ha publicado más de diez libros de fotos gatunas, de los cuales los más famosos quizá sean “Gatos y leones”, “Gatos curiosos” y “Stand by Meow”.

Gatos y leones
Gatos curiosos

El año pasado, entre febrero y marzo, se celebró en el Museo de Arte de Ehime una exposición de la obra del fotógrafo centrada en las fotos de gatos realizadas en el castillo de Matsuyama y el templo Ishite de la Prefectura de Ehime. Mitsuaki Iwago lleva años recorriendo el mundo para inmortalizar a gatos desconocidos, a cual más espléndido


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Gatos y campañas publicitarias

El 10 de abril de 2022 se celebró en Francia la primera vuelta de las elecciones presidenciales, que tienen lugar cada cinco años. Aprovechando el momento, una marca de comida felina tuvo una idea que puede calificarse de genial.

La marca en cuestión se llama Ziggy, como Ziggy Stardust, el personaje que inventó David Bowie, nombre escogido por Marie y Alyosha para una marca de alta gama creada hace unos cinco años en Francia. Por lo que hemos podido ver, desde el principio supieron utilizar las redes sociales para promocionarse.

Se conocieron en Unilever, cuarta marca mundial del sector agroalimentario y primer productor de helados y tés del planeta. Cuando adoptaron a un perro y a un gato (incluimos foto de Gus con Marie y Alyosha) nunca se les pasó por la cabeza alimentarlos con marcas comerciales. Les preparaban comida casera, sus amigos con gatos se apuntaron, algunos lo publicaron en redes sociales, los vecinos también quisieron… Y nació Ziggy, alimento de calidad para gatos.

Marie y Alyosha con Gus

No sabemos si las ideas publicitarias también son suyas o de una agencia, pero el resultado es magnífico. Por ejemplo, la foto (probablemente trucada) del gato delante de la bahía de Alicante para una “newsletter” veraniega de la marca. Aunque el concepto de la campaña electoral publicitaria no tiene igual.

Una colección de ocho fotos de la cabeza de ocho gatos totalmente diferentes encajadas en el torso de ocho hombres chaqueteados y encorbatados con el eslogan en letra pequeña “En 2022, los gatos franceses votan por Ziggy” y una frase gancho. Perfecta parodia de la campaña electoral.

Algunas son juegos de palabras difíciles de traducir, pero lo hemos intentado adaptándolas mínimamente: (1) ¡La República por la siesta! (2) Trabajar menos para comer más (3) Yes We Cat! (Esta no necesita traducción) (4) Arena debajo de los adoquines (5) ¡Francia a pelo! (6) El mundo es de los que se lamen temprano (7) Cambio de alimentación ya (8) Libertad, igualdad, más latas (Falta la rima).

Además de empapelar varias ciudades francesas con las fotos de los candidatos, el autobús Ziggy recorrió el país desde el 28 de marzo al 24 de abril. Otro eslogan de la campaña fue “Juntos haremos ronronear a Francia”, seguido del siguiente discurso:

“Aunque las promesas de los candidatos no siempre se cumplen, algo sí es seguro, ¡los gatos nunca nos decepcionan! En un contexto político, ecológico y social especialmente difícil, hemos tomado una decisión. Si el mundo no es redondo, al menos que ronronee”.

Una campaña original, llena de humor y cuyo precio probablemente no fuera desorbitado, pero que requería imaginación y ganas de innovar.

En enero de este año (2022), la marca Felix lanzó una enorme campaña publicitaria en el Reino Unido titulada “Ser gato es genial” con un coste estimado de 3,7 millones de libras para llegar a 30 millones de hogares. La campaña empezó con un anuncio en televisión de diez segundos haciendo hincapié en los lazos afectivos que unen a los gatos con sus humanos.

Creada por la Agencia AFG, la campaña también se oyó en la radio, y se difundió por VOD y redes sociales. Rebecca Marshall, directora de Felix Nestlé Purina, dijo: “Con todo lo que pasa en el mundo, es importante disfrutar de momentos más ligeros, empezando con las pequeñas cosas que hacen los gatos y que nos sacan una sonrisa”.

En 2017, Felix lanzó otra campaña bastante más agresiva que culminaba en una “AR experiencia” (Experiencia de realidad aumentada) en la estación londinense de Waterloo. Durante dos semanas, el emblemático gato se metía de un salto en otros anuncios, se colgaba del gran reloj y jugaba con una pelota en las paredes.

Les dejamos dos enlaces de anuncios de Felix de hace 25 años. El concepto publicitario ha cambiado mucho desde entonces. https://archive.org/details/felix-cat-food-my-gang-advert (1996), https://www.youtube.com/watch?v=kpPbfkXesRE (1994).

Snookums (otra marca de alta gama) eligió en 2010 alejarse de la imagen del gato “monísimo” y se decantó por gatos con “carácter” y cara de mal genio. Son gatos duros, que no aguantan tonterías y están algo hartos de la memez de los humanos.

Con esa idea, la marca se diferenció visualmente de las demás gracias a la sencillez de su empaquetado, sobre todo las croquetas. Una pata de gato arañando la caja y una frase tipo: “Snookums es lo que debes darme después de volver a quedarte en la oficina hasta las tantas”.

Tampoco está mal el gato persa blanco muy malhumorado con un sombrero de fiesta en la cabeza y la leyenda: “Muchas gracias, imbécil. Ahora que me has robado la dignidad, me debes unos Snookums”.

El anuncio de Kitekat no parece muy original. Además, el gancho está en letras cirílicas e ignoramos lo que dice. Eso sí, es difícil escoger una peor ubicación para la valla publicitaria.

La campaña de Purina para One no estaba mal con el eslogan general “Los gatos no esperan” y frases como “La paciencia es de perros” o “Cuando no te das bastante prisa” o también “Saben dónde lo guardas”.

Pero uno de los mejores anuncios que hemos encontrado es sin duda el de Whiskas en Polonia. No sabemos cuándo se hizo la campaña, pero la idea de colocar a un grupo de gatos en un museo admirando una lata de Whiskas, teniendo a su lado la perfecta parodia de la lata de sopa de tomate Campbell’s pintada por Andy Warhol, es casi tan buena como la campaña política felina.


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Los nueve gatos de la escritora Amparo Dávila

Juan José Arreola

La autora mexicana Amparo Dávila es conocida por su amor a los gatos. Hablando de su amiga, el escritor y editor Juan José Arreola llegó a decir: “No, Amparo no escribe, son los gatos los que escriben los cuentos”.

Amparo Dávila con su gata Memphis (Ricardo Salazar, 1958)

Cuentos que ponen los pelos de punta, relatos surrealistas y también muy realistas, sobre el amor, la locura, la muerte, los fantasmas, pero ni uno solo sobre gatos. En el volumen “Cuentos reunidos”, que recopila todo lo que publicó en vida e incluso cinco cuentos inéditos, solo los menciona en “Matilde Espejo”.

En este cuento relata que el gato Filidor (maravilloso nombre gatuno) y la gata Titina  tuvieron gatitos y que los ojos de uno de ellos eran “del mismo color que los de doña Matilde”. Se lo regalaron, doña Matilde quedó encantada y le llamó “Minou”… No diremos más para no revelar lo que pasa, es mejor leerlo. Treinta y seis cuentos, 296 páginas y solo aparecen Filidor, Titina y Minou.

Cerámica de Tonalá

Pero Amparo Dávila siempre vivió rodeada de gatos y perros. Nació el 21 de febrero de 1928 en Pinos, una ciudad minera del estado de Zacatecas, en una casa grande donde todo se movía porque allí siempre soplaba el viento, un viento helado en invierno que se colaba por todas partes. Tuvo tres hermanos, pero el mayor murió al nacer; el siguiente, de meningitis a los cuatro años, y el pequeño, a muy temprana edad.

Constelaciones (Remedios Varo)

Reconoce que sus primeros años estuvieron marcados por la soledad y el miedo, un tema recurrente en numerosos relatos suyos. Un lunes de noviembre de 2016 concedió una entrevista en su casa a Eduardo Cerdán y apareció “precedida por su andadera y una gata tricolor que andaba a su lado”.

Oaxaca (madera)
Amparo Dávila

De esta larga entrevista hemos extraído algunos párrafos en los que habla de los gatos: “Las casas de Pinos son de habitaciones muy grandes, sumamente grandes, y Pinos es un pueblo muy frío, con mucho viento. Cuando yo nací, lloraba mucho y no sabían de qué. Un día que dejé de llorar, fueron a verme y estaba yo plácidamente dormida rodeada de gatitos que había llevado una gata de mi mamá. Los llevó y los acomodó junto a mí, cerca de mí. Eso hizo que dejara de llorar”.

El gato sin botas (Leonora Carrington)

“Mi abuela dijo que era muy peligroso, que los gatos tenían pelo y que eso les hacía mucho mal a los niños, que me podía perjudicar, que me los quitaran. Me los quitaban y yo lloraba. Cada vez que la gata podía, iba y los acomodaba conmigo. Desde entonces conozco a los gatos y convivo con ellos. Tengo nueve gatos y seis perros. Me gustan mucho los animales. Fíjese que de niña, como había muerto mi hermano Luis Ángel de cuatro años, me quedé muy sola, y en la noche eran mis perros los que me acompañaban. Yo tenía cinco años y mucho miedo”.

A los siete años fue a estudiar a un internado de San Luis Potosí. Empezó publicando poemas antes que relatos, entre ellos “Salmos bajo la luna”, en 1950, seguido por “Meditaciones a la orilla del sueño” y “Perfil de soledades”, ambos en 1954. Posteriormente se mudó a Ciudad de México y de 1956 a 1958 trabajó como secretaria de Alfonso Reyes.

Cerámica (México)

Su primer volumen de cuentos, “Tiempo destrozado”, se publicó en 1959; el siguiente, “Música concreta”, que contiene el antes mencionado “Mathilde Espejo”, en 1964. En 1977 ganó el Premio Xavier Villaurrutia por “Árboles petrificados”.

Gatos mexicanos sin pelo o aztecas
Leonora Carrington

A partir de 1966 formó parte del Centro Mexicano de Autores, que le otorgó varias becas para que pudiera seguir escribiendo. Contrajo matrimonio con el pintor Pedro Coronel Arroyo (del que incluimos aquí un cuadro que no parece tener nada que ver con un gato), nacido en Zacatecas el 25 de marzo de 1921 y fallecido en Ciudad de México el 23 de mayo de 1985. Tuvieron dos hijas.

Pedro Coronel

“Muerte en el bosque” (1985) es una reedición del primer volumen y de parte del segundo, y “Cuentos reunidos”, como indica el nombre, reúne todo lo publicado hasta entonces más un volumen inédito, “Con los ojos abiertos”, fechado en 2008. En 2011 se publicó “Poesía reunida” con la colección inédita “El cuerpo y la noche” (1967-2007), y en 2019, “Poesía de ayer y de hoy”.

Rufino Tamayo
Charles Henry Lane

En 2008 fue reconocida por el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, y en septiembre de 2013 fue la primera mujer galardonada con el Premio “Literatura en el Bravo” durante el Noveno Encuentro de Escritores celebrado en Ciudad Juárez. La Universidad de Guanajuato le otorgó el Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura en 2020. ​

Darío Escalante, que adora los cuentos de Amparo Dávila, publicó en octubre de 2021 un gran artículo en torno a la escritora en la interesante revista mexicana Enpoli.   Cuenta cómo la descubrió caminando sin rumbo por los pasillos de la biblioteca. Se detuvo de pronto delante de una estantería y escogió “Árboles petrificados”. Reproducimos a continuación lo que escribió:

Nahui Olin

“Al hojear el libro me encontré en la cuarta de forros con la fotografía de una mujer joven vestida completamente de negro… y un gato. La sonrisa de ella era misteriosa, pero el gato me hizo mucha gracia. El misterio creció cuando revisando el índice descubrí un contenido no menos enigmático. Sólo dios o el diablo saben qué mecanismos operan en nuestro inconsciente para decidir qué cosas nos llaman la atención y cuáles no; pero aquella tarde, sin poderme resistir a los gatos y a la misteriosa sonrisa que parecía decirme: a que no me lees, salí de la biblioteca con los “Cuentos reunidos”de Amparo Dávila bajo el brazo… y un rotundo: a que sí”.

Y sigue diciendo un poco más lejos: “Me fui pensando durante el camino ¿por qué un gato? No sé cuántos escritores salen en la cuarta de forros, o en la solapa, retratados con algún animal. La gran mayoría aparece solo, fumando un cigarrillo o frente a una máquina de escribir. Los gatos son criaturas fascinantes”.

Alice Rahon

Generalmente, sus relatos están protagonizados por mujeres, pero no siempre. En algunos habla del tedio de vivir en pareja, o de la necesidad de tener una pareja y de no encontrarla, mientras que otros están poblados por presencias inexplicables que se apoderan de la vida de los personajes. En algunos, los personajes son capaces de sobreponerse a estas presencias, pero son los menos. El terror siempre está ahí, justo detrás de la puerta. Pero todos tienen un rasgo en común: nacen de la vida cotidiana.

Amparo Dávila falleció en Ciudad de México el 18 de abril de 2020.

Amparo Dávila


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El gato observador y Sempé

El pasado 11 de agosto, hace una semana, murió Jean-Jacques Sempé, padre del humor intemporal, alejado de la actualidad mediática, pero totalmente contemporáneo. Un humor basado en la observación, la paciencia, la elegancia, la sencillez y la sofisticación. Quizá por eso muchos compararon a Sempé (nadie le llamaba Jean-Jacques) con un gato, incluso algunos llegaron a decir que era un gato. Tiene sentido porque, ¿qué otro animal reúne todas estas cualidades?

Jean-Jacques Sempé

El gato ocupa un lugar de cierta importancia en las viñetas de Sempé, siempre reaparece, y suele hacerlo casi siempre de dos formas: el gato solo en casa, cuando no están los humanos, y el gato de piso que observa por la ventana. Puede que una de las más conocidas sea la del gato asomado a la única ventana entre cientos de libros colocados en estanterías.

Aquí la mostramos en tres versiones: El gato negro rodeado de libros coloreados, una en blanco y negro con más libros y la misma como portada del libro “Insondables mystères” (Misterios insondables), para la que fue dibujada.

En diciembre de 2020, la periodista Stéphane Dreyfus, del periódico La Croix, entrevistó a Sempé en su piso del barrio de Montparnasse. Lo primero que vio fue una gata cómodamente instalada en una butaca entre un piano y una estantería que protestó con fuerza cuando se la apartó para que la periodista se sentara.

“Es la pequeña Nefertiti”, le dijo Sempé. “Tiene muy mal carácter, pero la adoro. Los gatos son misteriosos, elegantes, indolentes. Nunca se sabe lo que piensan, y eso me divierte. ¿Lo ha visto? Se ha frotado contra su bolso para saber a qué ha venido. La independencia y la libertad de los gatos me gusta mucho; como dibujante, aspiro a algo parecido”.

Durante la entrevista también dijo: “Para ser intemporal, el dibujo debe nacer en el corazón y tener paciencia e inteligencia para animarlo con una reflexión, algo que no siempre me ocurre”. A lo que añadió: “Cuanto más sencillo, más complicado. Sitúo mis dibujos en una semblanza de realidad, distorsionada e inventada. Me fijo mucho en los detalles porque crean un ambiente donde puedo imaginar. No creo ser un buen observador, pero recuerdo las atmósferas, las vivo de forma impresionista”.

En general, las viñetas de Sempé no hacen reír; como mucho sacan una media sonrisa por su melancolía, pero algunas son irresistibles, como la de la madre gata y su prole contemplando el frenesí humano. Ella les explica: “Vuestro abuelo Champollion (nunca me enteré de por qué le habían puesto ese nombre) consiguió descifrar su idioma porque se dio cuenta de que una palabra se repetía contantemente, y era ‘tiempo’. ‘No tengo tiempo’, ‘tiempo de trabajo’, ‘falta de tiempo’, ‘denos tiempo’. Murió sumido en la desesperación, ya que nunca consiguió captar su significado”.

Más tristes son las de los gatos mirando por la ventana, como la que reza (aquí, en portugués): “No te preocupes, solo hacen ver que se divierten”. Gatos bien cuidados, bien comidos, que no pasan frío, que observan desde lejos el exterior, no sabemos si con despreocupación o deseosos de conocerlo.

Sempé creó un personaje muy famoso, el pequeño Nicolás, para ilustrar las historias de su gran amigo René Goscinny (creador de Astérix el Galo y Lucky Luke, entre otros), al que conoció en 1954 mientras ambos trabajaban en una agencia de prensa belga, la World Press. Aquí vemos a Nicolás descubriendo a un gato: “Pero si es un gato”. “Miau”. “Un gatito de nada, más bonito imposible”.

El pequeño Nicolás

Nacido el 17 de agosto de 1932 en Pessac, una pequeña ciudad cercana a Burdeos, no tuvo una infancia fácil. De padre desconocido, le adoptó el Sr. Sempé, con el que su madre se casó y tuvo otros dos hijos. El Sr. Sempé era un representante de conservas que vendía desde su bicicleta, y el poco dinero que ganaba solía desaparecer en el bar de la esquina, lo que daba pie a terribles enfrentamientos con su madre.

Dejó el colegio a los 14 años, después de estar dos años sin ir durante la II Guerra Mundial. Empezó vendiendo pasta de dientes en polvo puerta a puerta y luego vinos. En 1950 consiguió que el periódico Sud-Ouest aceptase dibujos suyos firmados con el seudónimo DRO (de “draw” en inglés, dibujar). Ese mismo año falsificó su documentación para poder ingresar en el ejército y le destinaron a París.

En 1953 ya publicaba en revistas humorísticas. Un par de años después colaboraba regularmente en Paris Match y desde 1957 en revistas estadounidenses como Punch y Esquire. De 1965 a 1975, sus viñetas aparecieron en el semanario L’Express, en el diario Le Figaro y en el semanario Le Nouvel Observateur.

En 1978 dibujó su primera portada para The New Yorker, la famosa revista cultural estadounidense, para la que acabaría haciendo un centenar, al menos cinco de ellas protagonizadas por un gato. La revista le homenajeó en 2014 publicando on line una serie de portadas suyas con el título “Cover Story: Jean-Jacques Sempé’s Dancer”.

Falleció el 11 de agosto de 2022, seis días antes de cumplir noventa años, en Draguignan, Costa Azul, donde tenía su segunda residencia. En su último dibujo, publicado en el número del 4 al 10 de agosto de Paris Match, revista con la que seguía colaborando, se ve a un pintor trabajando en un paisaje bucólico con la leyenda: “Piensa en no olvidarme”.

Entre las múltiples condolencias aparecidas en las redes sociales, la de Joann Sfar, autor de “El gato del rabino” (https://gatosyrespeto.org/2014/07/04/el-gato-del-rabino-y-joann-sfar/), nos parece la mejor: “Sempé ha muerto. Por primera vez tengo la certeza de que hay un dios en el cielo”.

Joann Sfar

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Cringuta Pinzaru, gran directora de fotografía, y a su hijo Ilias.


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Gato en un piso vacío, de la poetisa Wisława Szymborska

Wisława Szymborska fue una poetisa, ensayista y traductora polaca nacida el 2 de julio de 1923 en Bnin, ahora parte de la ciudad de Kórnik. Su padre era el capataz del conde Władysłav Zamoyski. Al morir este en 1924, la familia se trasladó primero a Toruń y, posteriormente, en 1931, a Cracovia, ciudad donde la autora vivió hasta su muerte en 2012.

Wisława Szymborska

A partir de 1943 trabajó en las oficinas del ferrocarril, evitando que no la deportaran a un campo de trabajo en Alemania. Fue más o menos en esta época cuando empezó a escribir relatos cortos y algún que otro poema. En 1945 se matriculó en la Universidad Jagejellónica de Cracovia para estudiar Literatura Polaca antes de decantarse por la Sociología.

Publicó un poema por primera vez en el diario Dziennik Polski en 1945 y, a partir de este momento, sus trabajos aparecieron regularmente en diversas publicaciones. Tres años después se casó con Adam Włodek, también poeta y editor del periódico antes mencionado, del que se divorció en 1954. El matrimonio no tuvo hijos y su amistad duró hasta la muerte de él en 1986.

El primer libro de Wisława Szymborska debía publicarse en 1949, pero no superó la censura “por no cumplir con los requisitos socialistas”. Sin embargo, la estuvo afiliada en el Partido Unificado Obrero Polaco hasta 1966, lo que no le impidió trabar amistad con disidentes e incluso unirse en 1964 a un manifiesto de artistas exigiendo libertad intelectual. Siempre mantuvo que la política no tenía cabida en la poesía.

En 1953 se unió a la revista literaria Życie Literackie (Vida literaria), en la que siguió trabajando hasta 1981 con una columna de crítica literaria a su cargo desde 1968.  Después de dejar Vida literaria, fue la editora de la revista mensual NaGlos (En voz alta) coincidiendo con su creciente oposición al régimen político.

También tradujo poesía barroca francesa al polaco, así como las obras de Théodore-Agrippa d’Aubigné, un soldado poeta hugonote que vivió durante las Guerras de Religión francesas.

Fue galardonada con el Premio Nobel en 1996; el Herder en 1995; el Goethe en 1991 y el Kościelski en 1990. Su reputación se basa en una obra relativamente escasa, menos de 350 poemas. En una ocasión, un periodista le preguntó por qué había publicado tan poco, a lo que contestó: “Tengo una papelera en casa”.

Wisława Szymborska

Falleció el 1 de febrero de 2012, cuando estaba preparando un nuevo libro de poemas, publicado poco después a pesar de que no pudo darle el visto bueno. Un año después se estableció el Premio de Poesía Wisława Szymborska en su honor.

A menudo se servía de la ironía, la paradoja, la contradicción y la sutileza para comunicar sus preocupaciones y obsesiones. Dos temas recurrentes aparecen en muchos de sus poemas, el terrorismo y la guerra. En “El fin y el principio”, la autora dice: “Después de toda guerra / alguien tiene que recoger”. Es posible que uno de los poemas más tristes que jamás haya escrito sea “Gato en un piso vacío”, en polaco “Kot w pustym mieszkaniu”.

Wisława Szymborska amaba a los gatos, como demuestran las tres fotografías suyas realizadas en diferentes épocas de su vida con tres gatos, un blanco y negro, un atigrado y un negro. No hablamos polaco, por lo que no nos queda más remedio que “retraducir” el poema desde el inglés.

Wisława Szymborska

Morir – eso no se le hace a un gato./ Pues ¿qué puede hacer un gato/ en un piso vacío?/ ¿Trepar por las paredes?/ ¿Restregarse contra los muebles?/ Aquí nada parece haber cambiado,/ pero nada es lo mismo./ Nada se ha movido,/ pero hay más espacio./ Y de noche no se enciende ninguna lámpara.

Pasos en la escalera,/ pero son nuevos./ La mano que deja el pescado en el plato/ también ha cambiado./ Algo no empieza/ a la hora habitual./ Algo no ocurre/ cuando debería./ Siempre, siempre había alguien aquí,/ pero de pronto desapareció/ y se empeña en seguir desaparecido.

Se ha examinado cada armario./ Se ha explorado cada estantería./ Las excavaciones bajo la alfombra no han dado resultado./ Incluso se quebró una orden,/ papeles esparcidos por doquier.

Queda dormir y esperar./ Pero ya verá cuando aparezca,/ ya verá cuando se presente./ Se va a enterar/ de lo que no se hace a un gato./ Bastará con deslizarse hacia él/ como de mala gana,/ con gran lentitud,/ con patas obviamente ofendidas,/ y nada de saltos ni grititos, al menos al principio.

Sencillo, directo, escueto y perfecto. De lo más triste. ¿Una metáfora? Quizá. Un gato sabría que su humano no volvería, ¿o no?

La ciudad de Kórnik, donde nació, erigió un monumento dedicado al poema; se ve a un gato sentado en un banco encima de las páginas del poema y a un hombre de pie con la mano de derecha a la espalda sujetando una placa con el título.


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Gatos en los cuentos populares ucranianos

El cuento más famoso en torno a un gato en el folclore ucraniano es el de “Pan Kotsky” o “El señor Gato”, aunque también podría ser “Don Gato”. Ya publicamos un resumen de este cuento con anterioridad hablando del folclore ruso, pero volveremos a repetirlo brevemente con algunos cambios. Por cierto, nada tiene que ver con la fábula de Esopo. En el caso que nos interesa, se trata de un gato viejo al que su amo abandona en el bosque porque ya no sirve para cazar ratones.

Curiosamente, una zorrita se interesa por él y le ofrece que se casen formando la típica pareja descrita tan a menudo en el folclore ucraniano: una mujer activa e inteligente con un hombre bueno, pero más bien pasivo. La zorrita avisa al resto de la comunidad: “Tened mucho cuidado con mi marido, es muy fiero y os hará pedazos”.

Pan Kotsky y la Sra. Zorra, por J. Hnizdovsky
Gato y zorro

Todos la creen, la liebre, el oso y el jabalí. Nadie le ha visto ni sabe que es un gato mayor. Deciden invitarle a cenar. La zorrita representa su papel a las mil maravillas: “Le traeré, pero debéis esconderos u os hará pedazos”. El oso se esconde en un árbol, el jabalí en un matorral debajo del árbol y la liebre en un agujero en la pila de leña cercana.

Pan Kotski, por Boris Hrinchenko (Kiev, 1907)
Pan Kotski (Sello)

La pareja llega a mesa puesta. Pan Kotsky es un poco bruto y tiene hambre. Salta encima de la mesa y empieza a atiborrarse. De pronto, un mosquito pica al jabalí, que se mueve en el matorral. Don Gato, a pesar de su edad, no ha olvidado su instinto y se abalanza sobre lo que él cree ser un ratón, pero es el rabo del jabalí.

Pan Kotsky, por el ilustrador Kost Lavro

El jabalí sale huyendo gritando de dolor y asusta a Pan Kotsky, que salta al árbol. El oso también se asusta y se tira al suelo, cayendo encima de la liebre. Los tres están convencidos de que Pan Kotsky va a matarlos. La imagen de la temible criatura ya está grabada en la mente de sus vecinos. La moraleja del cuento quizá sea que dar una buena imagen es más eficaz que mostrarse como se es realmente. “Être et paraître”, dicen los franceses, “ser y aparentar”.

Pan Kotsky
Gato y zorro

Pan Kotsky inspiró una ópera al compositor ucraniano Mykola Lysenko en 1891. Borys Hrinchenko (9 de diciembre de 1863 – 6 de mayo de 1910), un escritor, activista político, historiador y etnógrafo fundamental en el resurgimiento cultural ucraniano a finales del XIX y principios del XX, publicó una versión de la historia. En 1969, un estudio de animación de Kiev estrenó la película “La temible criatura”, y muchos niños ucranianos han visto a Pan Kotsky en un escenario.

Pan Kotsky
Pan Kotsky

Otro cuento ucraniano habla de un gato, una gallina y unos gansos. Llegó el verano, subió la temperatura, y los gansos empezaron a buscar un punto de agua para refrescarse. De camino se cruzaron con la gallina y les preguntó dónde iban. “A buscar un estanque, hace mucho calor”. La gallina decidió acompañarlos.

Gato y gansos

A continuación se cruzaron con el gato, que también les preguntó lo mismo y acabó uniéndose a ellos. Todos tenían mucho calor. Después de andar un buen trecho, llegaron a un lago. Los gansos batieron las alas y se lanzaron al agua. Felices, empezaron a jugar y a graznar.

La gallina y el gato, sentados en la orilla bajo un sol de justicia, tenían miedo de meterse. Miraron el agua y vieron a otra gallina y a otro gato dentro: “Anda, esos dos no tienen miedo, ¡pues nosotros tampoco!” Saltaron al agua y casi se ahogan antes de conseguir salir con grandes dificultades.

Entonces el gato dijo: “Nunca volveré a cometer semejante tontería. Me basta y sobra con lavarme sentado encima de la estufa”. La gallina afirmó: “Tampoco volveré a hacer esta locura, me quedo muy limpia después de un baño de polvo”.

Los dos echaron a andar de vuelta. La gallina vio un montón de tierra polvorienta y corrió hacia el polvo, cacareando de alegría. El gato llegó a la casa, saltó encima de la estufa apagada y, ronroneando como nunca, empezó a lamerse.

A partir de entonces, los gansos se bañan en agua, los gatos se lavan encima de las estufas y las gallinas se revuelcan en el polvo. El cuento acaba así: “El que no lo crea, que lo vea con sus propios ojos”.

Y el tercer cuento también lo publicamos hace un par de años en la misma entrada que el primero, pero en esta versión, el final es mucho más interesante y bastante menos edulcorado, como debe ser en los auténticos cuentos.

Érase una vez un gato y un gallo que quisieron vivir juntos. El gallo cuidaba de la casa mientras el gato salía a buscar comida. Un día, una zorra llamó a la puerta, pero el gallo le contestó que el gato le había avisado de que no debía dejarla pasar. La zorra insistió, el gallo claudicó y la zorra se lo llevó. El gallo pidió auxilio, el gato lo oyó y le salvó.

Pato y gato

Otro día, cuando el gato fue en busca de grano para el gallo, la escena se repitió. El gato  salvó de nuevo al gallo y dio una paliza a la zorra.  Pero el ave de poca cabeza se dejó convencer por tercera vez y el gato no consiguió alcanzarlos a tiempo. Regresó a su casa solo y triste, pero al poco se secó las lágrimas, cogió un pequeño violín, el arco y un saco de grandes dimensiones.

Mosaico en una calle de Kiev

Se apostó cerca de la casa de la zorra y empezó a tocar. La hija mayor de esta salió a ver quién tocaba tan bien y acabó muerta en el saco. Lo mismo ocurrió con las otras tres, hasta que la zorra empezó a preocuparse. Ya había puesto al gallo a asar en el horno, la sopa de leche estaba cociéndose y salió a ver qué pasaba. El gato se lanzó encima y la mató, al igual que había hecho con sus hijas.

Óstraco del Antiguo Egipto

Después entró en la casa, se bebió la sopa, vio a su amigo el gallo asado en una bandeja y le dijo: “Vamos, ¡sacúdete y levántate, gallo!” Este se sacudió y levantó, los dos se fueron a casa llevándose a las zorras muertas. Allí las despellejaron, usaron las pieles para tumbarse cómodamente encima y vivieron juntos felices y en paz. Cuando se acordaban, los dos se reían a carcajadas de la aventura.

Un gato viejo y un poco tonto se casa con una zorra joven y muy lista, es un cuento en apariencia sencillo, pero los cuentos nunca lo son. En el último, un gato y un gallo son grandes amigos y deciden vivir juntos, la zorra mata al gallo, el gato se convierte en mago y gracias a sus poderes el gallo ya asado recobra la vida; un cuento de animales cercano a la tradición del cuento de hadas. El segundo se limita a explicar tres comportamientos animales en otro tipo de cuento muy popular.


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Gatos gigantes y Matt McCarthy

Matt McCarthy se dedica a hacer collages digitales donde aparecen gatos; gatos sorprendentes, enormes. Busca imágenes en Internet y las mezcla hasta conseguir efectos muy realistas y, como poco, inesperados.

Atticus y Matt McCarthy

Sus obras han sido incluidas en numerosas publicaciones analógicas y digitales; ha participado en exposiciones organizadas por la National Collage Society (Sociedad Nacional de Collages) y pertenecen a colecciones privadas como la Doug & Laurie Art Collection. Su primera gran exposición individual tuvo lugar el mes pasado, del 2 al 28 de junio, en el Cary Arts Center de la ciudad de Cary, Carolina del Norte.

Nacido en 1980 en Estados Unidos, reside en Chapel Hill con su gato negro Atticus (del que hablaremos más abajo) y su esposa, la escritora Katherine Cox. Ambos son escritores y varios guiones suyos han sido finalistas en el Festival de Cine de Austin, el Screencraft Horror y el Killer Shorts, entre otros. Actualmente producen su primer cortometraje.

Al no encontrar mucha información sobre el artista en Internet y como había un mail de contacto en su página web (https://mrmattmccarthy.com/about) le escribimos y tuvo la gentileza de contestarnos inmediatamente.

Le preguntamos cómo se le había ocurrido la idea de incluir gatos gigantescos en escenas o fotografías existentes, y esto es lo que nos dijo: “No empecé a trabajar con gatos, no eran el tema de mi obra al principio, pero siempre se colaban en lo que hacía, como solo saben hacerlo ellos. La idea de los gatos gigantes nació poco a poco, observando a nuestros gatos y preguntándome cómo serían ellos si yo midiese un centímetro”.

Y sigue diciendo: “Entendí enseguida que al hacerlos más grandes también aumentaba su personalidad; eran aún más curiosos, vagos y testarudos. Luego utilicé sus desmesuradas personalidades como una especie de sustituto de mi propia voz, para hablar del mundo que me rodea”.

Quisimos saber si los gatos de los collages eran suyos. “Prefiero usar fotos de gatos de dominio público en Internet o de publicaciones vintage. Me gusta usar gatos que no conozco porque me permite crear una narrativa mía alejada de sus auténticas personalidades”.

Encontramos algunas fotos de Matt McCarthy con Atticus e incluso una del gato tumbado en una caja de cartón en su página web. Nos habló de su espléndido gato: “Con mi mujer llamamos a Atticus, un gato negro de 17 años, ‘El vacío’ porque es muy difícil hacerle buenas fotos”.

Atticus en una caja

“A menudo, la foto acaba siendo una gran mancha negra que tiene poco que ver con la forma de un gato. Por esta razón no suelo utilizarle en mis obras. Pero, dicho eso, conseguí hacerle una foto genial hace poco, cuando estaba en el porche trasero en uno de sus paseos diarios, y creo que la usaré muy pronto en un collage”.

Atticus y Matt McCarthy

También quisimos saber si Katherine y él vivían con más gatos: “Ahora mismo solo está Atticus. Hemos rescatado a otros gatos, pero todos han muerto. Cuando empezó la cuarentena en 2020, nos despedimos de nuestro Sherlock. Tengo la impresión de que al anciano Atticus le gusta ser gato único y el centro de atención Es probable que no haya más gatos en casa hasta que él decida dejarnos”.

Parece ser que Atticus es un apasionado del agua del grifo y de las camas calentitas. También disfruta observando a los pájaros y a las ardillas en el jardín durante el día, conformándose con pájaros en la televisión de noche.

Además de lo que nos contó, encontramos otra entrevista donde explica que es totalmente autodidacta. Aprendió a manejar Photoshop mediante tutoriales en la web y practicando mucho. Empezó haciendo collages de papel, pero se dio cuenta de que eran bastante limitados. El medio digital le permitía hacer realidad las ideas que le pasaban por la cabeza y Photoshop se convirtió en una herramienta indispensable.

Reconoce que revisa miles de imágenes de lugares y de gatos cada semana y que cuando dos encajan, es casi mágico, como si el gato siempre hubiera pertenecido a ese lugar. Disfruta haciendo realidad una idea, pero poder compartirla con otras personas que también la aprecian hace que merezca la pena.

Matt McCarthy no se limita a los collages; su mujer y él escriben guiones de cine de terror, género del que es fan total. Suele dedicarse a los collage en periodos muy intensos antes de pasar a algo tan diferente como los guiones. Dice que las composiciones no son tan fáciles como puede parecer ya que no siempre se obtiene el efecto deseado, pero la única forma de seguir adelante es estar abierto a lo que surge.

Puede tardar una hora en conseguir lo que busca, aunque en otras ocasiones pasan meses hasta encontrar el sitio perfecto para el gato o el gato ideal para el sitio. En principio, los collages son sencillos, pero dependen totalmente de si se consigue una armonía entre las dos fotos originales, por lo que intenta rodearse de un máximo posible de material. Repasa continuamente las carpetas de lugares y de gatos con la esperanza de encontrar la conexión buscada.

Matt McCarthy acepta unos pocos encargos cada año. En ese caso trabaja con el cliente con el fin de encontrar el lugar idóneo para su gato y saber a qué extraña transformación quieren someterle. Una vez que todo está decidido, se pone manos a la obra.

Los collages de Matt nos parecen asombrosos, surrealistas y llenos de humor. Es difícil escoger cuál es nuestro favorito, el gato rascándose en una plaza de Tokio es uno de ellos.

Incluimos tres enlaces del artista:

Web: mrmattmccarthy.com

Instagram: instagram.com/mrmattmccarthy

Shop: mrmattmccarthy.etsy.com

Atticus y Matt McCarthy


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El gato Sugar y el dibujante Serge Baeken

El dibujante de cómics flamenco Serge Baeken ama a los gatos, de eso no cabe la menor duda. Basta con leer la novela gráfica “Sugar: Levens als Kat”, que traducido al español sería “Sugar: Vida de gato” o quizá “Sugar: Mi vida de gato”. Ha sido traducida al inglés (Sugar: Life as a Cat), francés, portugués, checo, polaco y japonés, pero desgraciadamente, no al español.

Serge Baeken dedica el álbum a todos sus gatos: Tim, Jeffie, Franciscus alias Sugar, Ghiselda, Igor, Maya, Pogo y Ricky. En la página siguiente, el editor belga anuncia que, al cabo de diez años de trabajo, Sugar por fin está terminado y explica que su amigo Serge Baeken escogió un enfoque innovador y experimental para la novela gráfica. Efectivamente, la mayoría de las páginas están divididas en 24 recuadros idénticos enseñando el mundo desde un punto de vista gatuno.

Acto seguido se lamenta de que el autor haya terminado el libro, ¿quién le mandará nuevos dibujos cada semana, sorprendiéndole con su virtuosismo y su capacidad para hacerle reír o llorar con las aventuras de sus amigos de cuatro patas? Termina diciendo que espera que haya una secuela. Después de leer el libro, estamos totalmente de acuerdo.

La novela gira sobre todo en torno a Sugar, el gato negro que vivió 18 años con el autor, su mujer y su hija Carmen, aunque aparecen otros tres gatos cuyas vidas fueron mucho más cortas que la de Sugar.

De pequeño, Sugar era un auténtico trasto, dispuesto a descubrirlo y a tirarlo todo. A través de sus ojos, vemos a la pareja mudándose de casa o el nacimiento de su hija Carmen, pero él siempre es el protagonista. Los seres humanos tienen papeles secundarios, algo que – como diría cualquier gato que se precie – forma parte del orden natural de este mundo.

Serge Baeken nos muestra a Sugar andando, jugando con los gatos que se cruzan en su vida, matando moscas (un entretenimiento favorito que puede resultar devastador para los objetos de la casa), cazando ratones, defendiendo su territorio, buscando caricias, con el telón de fondo de una pequeña familia.

Sugar vivió muchos años, por lo que la novela no es corta, 80 páginas en total, aunque contiene muy poco diálogo. La mayoría de viñetas son mudas. Podría parecer que la cuadrícula de cuatro por seis, siempre en blanco y negro, que se impuso el talentoso artista gráfico le limitaría, pero es todo lo contrario.

Juega con la perspectiva: parte del cuerpo de Sugar puede estar en una viñeta y el resto en otra en un decorado diferente. Manipula la estructura narrativa y el diseño para que el lector acabe atrapado en la historia, una historia algo autobiográfica y muy gatográfica.

Las últimas siete páginas presentadas en inglés como “cat-a-logue” (gato-logo) son una recopilación de maravillosos dibujos de gatos, quizá algunos de los suyos. Al tardar diez años en terminar el libro, Serge Baeken retrabajó las planchas una y otra vez hasta quedar del todo satisfecho y conseguir dibujos que plasman la fluidez de movimientos de los gatos.

Serge Baeken, nacido el 6 de agosto de 1967, es artista gráfico, ilustrador y autor de cómics. Es hijo del escritor y guionista Robert Baeken, y hermano del famoso humorista Vitalski.

Su primer cómic, “The NO Stories” fue galardonado con el Premio De Blikken Biebel 2006 entregado por la ciudad de Turnhout, donde también trabajó como ilustrador oficial del municipio en 2009. Entonces realizó el cómic histórico “Het Verdriet van Turnhout” (Las penas de Turnhout) con textos de su padre.

Sugar fue publicado por primera vez en 2014 y ese mismo año obtuvo el Premio Sint-Michiels al mejor álbum escrito en neerlandés. La edición francesa ganó el Prix des Jeunes (Premio de los Jóvenes) en el Festival del Cómic y de la Novela Gráfica de Roubaix.

Tiene en su haber numerosas colecciones de dibujos. En 2016, fue galardonado con el Premio de la Sociedad de Autores de Bélgica (DeAuteurs) con la siguiente mención del jurado: “Un ilustrador con una obra auténtica, un artista autónomo y entregado capaz de crear un universo propio a través de su trabajo”. Asimismo, sus viñetas para el diario De Tijd han sido reconocidas en varias ocasiones con el Premio a la Excelencia. También publica en los periódicos De Morgen y De Standaard, y en las revistas Knack, Focus y Trends.

Ha expuesto en Angulema (Francia), en la Mekanik Strip de Amberes, la Stripwinkel Lambiek de Ámsterdam, la DeWarande de Turnhout y en la Galería Mercator también de Amberes. En 2008 viajó de Pekín a Shanghái (1.214 kilómetros) en un taxi como reportero gráfico para NRC, Stripgids y Knack.

Actualmente reside en Amberes – suponemos que con algún gato. Se describe a sí mismo como un mercenario gráfico.

Acabaremos este pequeño artículo traduciendo la contraportada del libro en su edición francesa (nos parece más divertida que la traducción inglesa): “Esto es un cómic dedicado a los gatos, con historias de la vida de unos gatos, vistas con los ojos de un gato. Para los aficionados a los cómics. Y para todos los amantes de los gatos. ¡Disfrutad!”