Gatos y Respeto

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El gato Morris, una estrella

El primer gato Morris fue visto por primera vez en 1969 anunciando la comida felina 9Lives y no tardó en hacerse famoso. Había sido rescatado de la calle por la Hinsdale Humane Society, situada en Hinsdale, una localidad a las afueras de Chicago. Ya era un gato adulto y es muy probable que estuviera abandonado.

1972

La agencia publicitaria Leo Burnett se había puesto en contacto con el adiestrador Bob Martwick porque buscaban un gato para promocionar una marca de latas, pero lo querían con aspecto de “macho”. Morris ya llevaba meses en la protectora y Marwick le encontró un día antes de que fueran a sacrificarlo.

Bob Martwick se quedó prendado del tranquilo gato naranja. Tan tranquilo que algunos incluso le tacharon de distante. Al cabo de pocos días se llevó a Morris y a otros gatos para que conocieran al equipo creativo de la agencia en Chicago. Primero presentó a los otros nueve gatos y reservó a Morris para el final. Con el fin de que el impacto fuera mayor, le dejó entrar solo en la sala.

1978

Según el adiestrador: “Saltó encima de la mesa y fue directamente hacia el director artístico, el pez gordo de la reunión, le dio un empujón con la cabeza y se sentó delante de él”. Parece ser que el director artístico, cuyo nombre no ha pasado a la historia, dijo: “Hemos encontrado al Clark Gable de los gatos”. Así fue como el primer gato Morris se convirtió en el representante de la marca 9Lives (en los países de habla inglesa, los gatos tienen 9 vidas, dos más que los nuestros). Protagonizó nada menos que 58 anuncios televisivos, y su imagen apareció en una infinidad de tazas, camisetas y otros objetos de merchandising.

1980

El trofeo dorado, al lado del que vemos a Morris, ofrecido por 9Lives al gato del año durante un concurso celebrado en el Beverly Hills Hotel, estaba hecho por la empresa que también fabricaba los premios Emmy, algo que demuestra la importancia de Morris.

Premio Morris a la Mejor Mascota

Jennifer Peterson, que empezó trabajando en los ochenta, tuvo el privilegio de conocer y viajar con el segundo Morris. Recuerda que ella y su equipo volaban en clase turista, mientras que Bob Martwick y Morris iban en primera. Eso sí, Morris siempre dentro de su transportín.

Jennifer Petterson, Morris (tercera generación) y Bob Martwick

“Se veía a un gato naranja por los agujeros del transportín, pero no se nos ocurría llamarle por su nombre porque la gente se habría vuelto loca”, dice la relaciones públicas. Fue una de las poquísimas personas que tuvo el privilegio de coger en brazos al segundo Morris porque Bob Martwick no quería que le tocaran. “Era muy agradable, pero muy estricto”, dice Jennifer Petterson, que también trabajó con otras estrellas, como Beethoven, Lassie y el perrito de la serie “Frasier”.

Calendario 1986

El primer Morris murió en julio de 1978 a los 17 años. El periódico The New York Times le dedicó una necrológica donde se especificaba que “Morris descansa cerca del hogar del Sr. Martwick”. El adiestrador empezó a visitar protectoras para encontrar a un gato que se pareciera lo suficiente a Morris como para sustituirle en los anuncios.

Morris, el autor

Bob Martwick falleció el 29 de agosto de 2001. Había pasado 27 años recorriendo Estados Unidos con dos estrellas felinas, conocidas por sus exigentes gustos en cuanto a comida. Dijo en muchas ocasiones que se consideraba el asistente de Morris y que disfrutaba siéndolo. Tenía otros animales, pero Morris fue el que alcanzó la fama.

Bob Martwick y el primer Morris

Los gatos que han sustituido a los dos primeros Morris proceden de protectoras y desde que empezaron a verse los anuncios, han recibido miles de cartas de fans a las que contestan con una huella de la pata delantera (no sabemos si la derecha o la izquierda). En 1988, el tercer Morris participó en la carrera para ocupar la Casa Blanca con el lema “Morris para presidente”; otro volvió a intentarlo en 2012 y cabe la posibilidad de que el actual gane si lo intenta en 2020.

2019

Todos los Morris han promocionado y promocionan la salud felina a través de acuerdos con diversas protectoras, además de visitar hospitales y colegios. En 2006 se lanzó la campaña “Morris Million Cat Rescue” (Rescate Morris de un millón de gatos), que logró su objetivo al cabo del tercer año: la adopción de un millón de gatos rescatados de protectoras. Gracias a la colaboración con la Asociación Veterinaria de América, de Schaumburg, Illinois, el mes de febrero fue declarado “Mes de la salud del gato”.

1984

El primer Morris trabajó en dos películas en 1973. La primera fue “Shamus, pasión por el peligro”, dirigida por Buzz Kulik, y protagonizada por Burt Reynolds y Dyan Cannon.  Según Mary Daniels, su biógrafa oficial, Morris tuvo que trasladarse a Brooklyn para rodar. En la primera escena en la que aparecía, debía lamer la cara de Shamus después de que a este le pegaran una paliza. Pero Morris prefirió colocarse de un salto en el borde de la bañera donde acaba el detective, lo que no estaba en el guion, pero gustó mucho al director.

Shamus

La segunda película fue “Un largo adiós”, de Robert Altman, con guion de otro gran amante de los gatos, el escritor Raymond Chandler, y protagonizada por Elliot Gould en el papel de Marlowe. Ahora bien, aquí existen discrepancias en cuanto a si realmente Morris participó en esta película. Volvemos nuevamente a su biografía oficial en la que se indica que Morris rechazó el papel por miedo a que le encasillaran al haber rodado otra película de detectives ese mismo año. El gato que salta encima del hombro de Robert Gould podría ser el no menos famoso Orangey (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/).

Un largo adiós

Raymond Chandler y su gato

A pesar de las dudas, hemos querido incluir unos cuantos fotogramas de “Un largo adiós” y sobre todo de la célebre gatera “El porto del gato”. Está claro que el gato de Marlowe sabía leer; más aún, hablaba español, pero su compañero humano flaqueaba bastante en cuanto a sus conocimientos idiomáticos.

 

 

 

 

 

El actual Morris reside en Los Ángeles con su adiestradora y compañera Rose Ordile. Juntos van a los rodajes donde trabajan otros de sus animales. También sabemos que visitó CatCon 2019, la feria felina más importante del mundo, celebrada en Pasadena, California, el pasado mes de junio. Por cierto, CatCon es una acérrima defensora del lema “Adopta, no compres”.

Morris en su casa actual


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Gatos queridos, de Peter Harskamp

El pintor, ceramista y escultor Peter Harskamp nació el 28 de marzo de 1951 en La Haya. Empezó a estudiar Grafismo en la Academia de Bellas Artes de Róterdam en 1968, pero no tardó en descubrir la escultura, la pintura y la cerámica, sumiéndose en las tres disciplinas. Expuso por primera vez en solitario en 1975.

Sus esculturas iniciales eran de barro, hasta que en 1985 empezó a trabajar con bronce. Un paso natural, dado que los escultores suelen realizar la figura en barro y una vez acabada, hacer un molde, o bien en yeso o en un gel flexible. La ventaja del molde de yeso es que puede conservarse para hacer varias piezas de la misma escultura si se desea.

A pesar de los numerosos gatos incluidos en sus cuadros y esculturas, solo hemos encontrado fotos suyas con perros. Sin embargo, estos no aparecen en ninguna obra. Hay caballos, vacas, búhos y palomas, aunque nada comparable al número de gatos, solos o acompañados de una mujer o un hombre.

El artista con su perro

Los gatos de Peter Harskamp son elegantes, altos de patas y delgados. Cuando los representa en compañía de mujeres, estas los abrazan, dejando entender que existe un gran afecto entre ambos. La proporción de hombres con gatos es menor, pero la unión entre ambos también es patente, como se ve en los cuadros de hombres con un gato en la cabeza.

Los gatos que están solos, sin la compañía de un ser humano, son igual de elegantes, pero tienden a una ligera humanización. Y todos, a pesar de ser sumamente estilizados, adoptan posiciones muy habituales en ellos. Nos da la impresión de que el pintor ha pasado tiempo observándolos y casi nos atreveríamos a decir que, en algún momento, debió convivir con alguno o algunos.

Peter Harskamp ha expuesto en Francia, Alemania, Suiza, Nueva York y, desde 2012, participa cada año en la ART Revolution Taipei, la mayor feria de arte de Asia, que tiene lugar en el Taiwan World Trade Center. En 2005 publicó el libro “Peter Harskamp and the Curbing of Time” (Peter Harskamp y la curvatura del tiempo). En 2016 salió a la venta otro libro, “Peter Harskamp, painter and sculptor” (Peter Harskamp, pintor y escultor). Reside en Bronkhorst, Holanda, con su esposa Mirjam.

El historiador del arte Frans Duister, hablando del pintor, dijo: “Enfoca su trabajo de modo consecuente y barre las supuestas particiones entre lo figurativo y lo abstracto sencillamente porque, para él, estas diferencias no existen en la vida. Sus obras demuestran que dichas fronteras son meramente artificiales”.

Y sigue diciendo: “La sencillez de sus composiciones se basa en la realidad, en el sentimiento universal del ser humano por la belleza, el equilibrio, la libertad y la dulzura. Están motivadas por un mundo al alcance de la mano en el que se introducen las pequeñas fábulas de la vida que tanto significado tienen”.

En la página web de una galería encontramos una descripción de la obra del artista: “A pesar de las diferencias existentes entre el óleo y la escultura de bronce, existen numerosos puntos de contacto entre las dos disciplinas en la obra del artista. La tensión es clara y perceptible, y se traduce mediante la estilización. Más aún, sus obras tienen un carácter de gran intensidad expresiva. En los óleos, los temas se basan en dibujos que escapan de la realidad y se trabajan posteriormente con ricos colores”.

“Tanto los cuadros como las esculturas muestran una desenfadada transformación de la realidad con toques sorprendentes no carentes de humor. Logra una síntesis entre sus obras bidimensionales y tridimensionales. Recrea a hombres y mujeres, y los convierte en seres que se dejan llevar por actividades relajantes, como son la ensoñación y la contemplación, tomando un baño o sencillamente en compañía de un animal. Actividades  que el ser humano moderno solo se permite de forma limitada, pero que ocupan el lugar principal del universo del artista. Y así, sus figuras humanas se convierten en invulnerables porque carecen de objetivo. Su desarmadora ingenuidad hace que no necesiten defenderse de nadie ni de nada. Si estas personas existiesen, conferirían al mundo una apariencia nueva y totalmente diferente”.

“Pinta con realismo estilizado, despojando a los personajes y a su entorno de todo lo superfluo. Su obra irradia belleza, equilibrio, paz y ternura”.


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Kitty City, un libro felino de horas, de Judy Chicago

Las personas que conozcan la obra de Judy Chicago quizá no sepan que en 2005 publicó  “Kitty City”, según ella “su proyecto más modesto”. En el libro habla de todos los gatos con los que convivió, aunque los protagonistas solo son seis, Inka, Milagro, Poppy, Romeo, Trio y Veronica. Al ser un libro de horas, contiene 24 acuarelas correspondientes a cada hora del día describiendo una ocupación felina, además de otras planchas hasta un total de 36.

Los personajes

Judy Chicago, cuyo verdadero nombre es Judith Sylvia Cohen, se dio a conocer mundialmente por la instalación “The Dinner Party” (La cena), un homenaje a los logros de las mujeres, considerada como la primera obra de arte feminista de grandes proporciones. En otoño de 1970, cuando enseñaba en el State College (Universidad estatal) de Fresno, California, fundó el primer programa de arte feminista de Estados Unidos, con quince alumnas, apoyada por la institución. Decidió que la clase tendría lugar fuera del campus para alejarse de “la presencia y, por tanto, de las expectativas de los hombres”. Joyce Aiken tomó las riendas del curso en 1973 hasta que se jubiló en 1992.

3 de la mañana, despertémonos

4 de la mañana, crecer no es tarea fácil

Judy nació en Chicago el 20 de julio de 1939, hija de Arthur y May Cohen. Su padre procedía de un largo linaje de veintitrés rabinos, pero no siguió la tradición familiar al convertirse en un sindicalista que trabajaba de noche en Correos. Su madre, una exbailarina, era secretaria de un médico e inculcó su pasión por las artes a su hija y a su hijo Ben. Arthur Cohen fue investigado durante el Macartismo a principios de los cincuenta por pertenecer al Partico Comunista; su muerte en 1953 traumatizó profundamente a Judy.

5 de la mañana, el hogar es donde están los gatos

6 de la mañana, alarma gatuna

La artista obtuvo una beca para estudiar en UCLA (Universidad de California Los Ángeles), donde empezó su actividad política. En 1959 se enamoró de Jerry Gerowitz y se casaron dos años después. Él murió en un accidente de tráfico en 1963. A pesar de estar destrozada por la pérdida de su marido, consiguió graduarse con un máster en Bellas Artes en 1964.

7 de la mañana, hora del desayuno

8 de la mañana, limpieza

Al año siguiente expuso en solitario por primera vez en la galería Rolf Nelson de Los Ángeles y en 1968 declinó la invitación para participar en la exposición “California Women in the Arts” (Mujeres californianas en las artes) diciendo: “No exhibiré obras mías en ningún grupo que se defina como Mujeres, Judío o Californiano. Algún día, cuando todos hayamos crecido, no habrá etiquetas”.

10 de la mañana, mantequilla para desayunar

El galerista Rolf Nelson solía llamarla “Judy Chicago” por su marcado acento de esta ciudad. Judy no quería estar conectada al apellido de un hombre por descendencia o matrimonio y quiso adoptar este nombre legalmente. Cuál no fue su sorpresa al descubrir que para obtener el cambio de nombre, debía tener la autorización de su nuevo marido, el escultor Lloyd Hamrol, del que se divorció en 1979.

5 de la tarde, ejercicio

Entre sus obras más importantes destacaremos “The Dinner Party” (La cena), muy mal vista por la crítica, pero aplaudida por la mayoría de las personas que la vieron en seis países diferentes de tres continentes. Consiste en una gran mesa triangular de 14,63 metros por lado con 39 cubiertos, cada uno dedicado a una figura femenina mítica o histórica. A continuación trabajó durante cinco años en “Birth Project” (Proyecto nacimiento), al que siguieron “Power Play” (Situación ventajosa) y “The Holocaust Project” (Proyecto Holocausto), este último en colaboración con su tercer marido, el fotógrafo Donald Woodman, gran amante de los gatos.

7 de la tarde, hora de cenar

10 de la noche, queremos atención

En 1993, la pareja se mudó a una pequeña casa de Alburquerque en la que vivieron tres años mientras Donald remodelaba el viejo “Belen Hotel”, un edificio histórico que habían comprado. Ese mismo año, también empezó a dibujar a los gatos que compartían su hogar.

En “Kitty City”, Judy Chicago cuenta que, de pequeña, no tuvo animales domésticos. Más aún, era alérgica a los gatos con los que se cruzaba en casa de amigos o conocidos. Cuando vivía en Santa Mónica y estudiaba en UCLA, “una diminuta gata negra llegó a mi puerta y me enamoró. Habría hecho cualquier cosa para quedarme con Little Puss, y conseguí superar la alergia. Desde entonces, casi siempre he vivido con gatos”.

Diferencias irreconciliables

Después llegaron Lamont, otro gato negro de pelo corto, y Goldfinger, de largo pelo dorado. A partir de ese momento, los gatos se sucedieron en la vida de Judy; los encontraba, aparecían, se los daban. Recuerda cómo, un día, corriendo por Mulholland Drive (la calle que sale en todas las películas), su compañero rescató a una gatita a la que puso por nombre Mulholland, aunque pronto se abreviaría a Mully. Siete años después, en Santa Fe, conoció y se casó con Donald. En el libro dice: “Mi nuevo marido no solo me robó el corazón, sino también el de Mully. Mientras vivió, durmió en nuestra cama, en la almohada al lado de su cabeza”.

Puede que su gran favorito fuera Sebastian, un gatito negro y blanco que pertenecía a la vecina, pero decidió vivir con Judy. (Nada raro, los gatos tienden a escoger a las personas con las que quieren compartir una casa). Pero Sebastian, llamado así por el personaje de “Retorno a Brideshead”, de Evelyn Waugh, tenía un solo defecto, era un glotón. Cuando por fin se mudaron a Belen, los vecinos fueron a despedirse de Sebastian y descubrieron que todos le daban de comer.

Gatos de cerámica de Judy Chicago

Judy habla de cada uno de sus gatos con amor y humor; los describe físicamente, así como sus costumbres e incluso sus muertes. Cuenta que Donald y ella coincidieron en que seis gatos era el número perfecto porque la casa era grande y podían cuidar de seis gatos sin dificultades. En el epílogo, acaba diciendo que ya no añadirían nuevos miembros a la familia a medida que alguno fuera desapareciendo.

Judy y Pete

Han pasado catorce años desde la publicación de “Kitty City” y Judy Chicago tiene 80 años. Los dos gatos más jóvenes que adoptó en 2001, Pete y Re-Pete, tendrían ahora 19 años, una edad muy respetable. Algo nos dice que Judy y Ronald han seguido adoptando gatos; quizá ya no tengan seis, pero seguramente uno o dos.

Pete


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Dos gatos, Adorno y Flanelle, y Julio Cortázar

Aunque suele atribuirse el nombre de Adorno al gato que se ve en las fotos con Cortázar, en realidad se trata de su gata Flanelle. Puede que el error se deba a que el escritor le dedicara el relato titulado “La entrada en religión de Teodoro W. Adorno” (https://libreriodelaplata.com/la-entrada-en-religion-de-teodoro-w-adorno-de-julio-cortazar/) en la colección “Último round”. En ese relato cuenta cómo conoció a un gato negro, delgado, hambriento, que vivía en un basurero de Saignon, pueblecito del interior de Provenza donde pasaba las vacaciones con su mujer. Le llamó Adorno en honor a Theodor L.W. Adorno, el conocido filósofo alemán.

En este breve relato, Julio Cortázar habla de un gato negro con corbata blanca que apareció durante tres años en la casa donde vivía los cuatro meses de verano. Al cuarto año no vino, pensó que habría muerto, pero al cabo de unos días, haciendo recados en el pueblo, descubrió a Teodoro hecho un ovillo delante de la puerta de la Señorita Sophie, la sacristana. De ahí el título del relato. Teodoro Adorno, gato filósofo, ni le miró, y creemos que el escritor se sintió ofendido. Pero ¿qué esperaba? ¿Por qué iba a mirarle Teodoro si no podía contar con él todo el año, si solo era un pasatiempo veraniego?

Al no encontrar fotos de Teodoro Adorno, y a pesar de que Cortázar dice haberle fotografiado, incluimos una de un gato negro del pueblo de Saignon.

Gato negro de Saignon

Julio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en la Embajada argentina de Bruselas por pura casualidad, “producto del turismo y de la diplomacia”, como él mismo decía. No llegó a Argentina hasta cuatro años después cuando sus padres se instalaron en Banfield, en la zona Sur del Gran Buenos Aires.

Se licenció como profesor en Letras en 1935 y ejerció primero en Bolívar y luego en Chivilcoy. Tres años después publicó con su propio dinero 250 ejemplares de la colección de poemas “Presencia” bajo el seudónimo de Julio Denis. Enseñó Literatura Francesa en Mendoza y más tarde, Literatura Europea en la Universidad de Cuyo, pero renunció al puesto por desacuerdos con el peronismo. Se instaló en París en 1951, a los 37 años, gracias a una beca otorgada por el gobierno francés.

A Julio Cortázar le gustaba mucho el jazz, sobre todo Charlie Parker, y tocaba el clarinete y el piano desde niño. En honor a su ídolo, se compró una trompeta, pero al principio los sonidos destemplados que sacaba del instrumento ahuyentaban a otros seres muy queridos por él, los gatos.

Sus amigos siempre decían que si no estaba pegado a la radio oyendo la retransmisión de un combate de boxeo, otra de sus grandes pasiones, tenía un gato en brazos. Ese amor le venía de la niñez; parece ser que en la casa de Banfield, lo que más abundaba eran los gatos.

Sabemos de dos gatos que ocuparon un sitio especial en la vida del autor, Teodoro Adorno, del que ya hemos hablado, y Flanelle, una gatita con la que vivió muchos años. La llamó Flanelle por la suavidad de su pelaje (significa “franela” en francés) y se cuenta que fue sumamente consentida. Un cuento que alude al profundo amor que sentía por Flanelle es https://www.literatura.us/cortazar/losgatos.html en “Queremos tanto a Glenda”, una colección de relatos publicada en 1980.

Con Osvaldo Soriano, Jorge Enrique Adoum y Alejandra Adoum, París, 1976

Osvaldo Soriano, otro escritor que pasó una larga temporada en París huyendo de la dictadura, cuidaba de Flanelle mientras Julio Cortázar y su segunda esposa, la canadiense Carol Dunlop, viajaban por Europa y Centroamérica. Ya que hemos mencionado al “gordo” Soriano, debemos añadir que también estaba loco por los gatos y que escribió “El negro de París” (https://gatosyrespeto.org/2014/07/31/osvaldo-soriano-y-los-gatos/), un cuento maravilloso.

En 1982, Julio y Carol emprendieron un viaje de 33 días desde París a Marsella en un Vokswagen Combi rojo al que llamaron “Fafner” (como el dragón de la Saga Volsunga o la Tetralogía de Richard Wagner), durmiendo en las áreas de servicio de la autopista, para coescribir “Los autonautas de la cosmopista”. En los agradecimientos, Cortázar dice lo siguiente: “A Luis Tomasello, que no sólo supo crear casi milagrosamente amplios espacios para la estiba de las provisiones y bastimentos en Fafner, sino que además se hizo cargo de nuestra gata Flanelle, evitándole así que tuviera que afrontar las duras condiciones de vida en la autopista, sin hablar del apoyo logístico que aportó al cargamento y arrumaje”.

Fafner

“Los autonautas de la cosmopista” fue lo último que escribió Julio Cortázar. Flanelle murió antes de que regresara a París, y su esposa Carol, el 2 de noviembre de 1982, al poco de volver. Los derechos de autor de las ediciones en español y en francés se donaron íntegramente al movimiento sandinista de Nicaragua.

Los autonautas de la cosmopista

Hasta su muerte el 12 de febrero de 1984, su primera mujer, Aurora Bernárdez, volvió con él y le cuidó durante su enfermedad, convirtiéndose en la única heredera de su obra publicada y de todos sus textos sin publicar. Salvó los miles de libros en español de la biblioteca del autor y los donó a la Biblioteca Nacional de Nicaragua. Entre los textos inéditos, en 2009 se publicó “Papeles inesperados”, con un cuento titulado “Gatos” que nada tiene que ver con gatos ¿o sí? En 2014, el relato fue traducido al alemán.Julio Cortázar fue un traductor de gran prestigio internacional. De hecho, la traducción que hizo de la obra de Edgar Allan Poe se considera la mejor en castellano hasta el momento.

Hablando de los gatos en su infancia, dijo: “No estaba privado de felicidad; la única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego que no era fácil; pero pronto descubrí los gatos, en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros donde la encontraba de lleno”.

Para acabar mencionaremos un último relato corto, y muy divertido, acerca de gatos y teléfonos, “Cómo se pasa al lado”, del libro “Un tal Lucas”. Aquí está el enlace donde pueden oírlo con la voz del propio Cortázar. http://blog.santillana.com.ec/cuento-como-se-pasa-al-lado-en-la-voz-de-su-autor-julio-cortazar/


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Los gatos de la isla de Lamu

Lamu es un pequeño archipiélago situado a pocos kilómetros de la costa de Kenia, cerca de su frontera norte, con una población de unos 20.000 habitantes, de los que el 90% son de origen suajili. Se cree que la ciudad del mismo nombre, en la isla también llamada Lamu, fue fundada en el siglo XII. Portugal invadió el archipiélago en 1505 debido a su excelente ubicación para controlar el comercio en el océano Índico. Un siglo y medio después, el sultanato de Omán ayudó a Lamu a oponerse al control portugués, dando pie a la época dorada de la ciudad.

Lamu, la ciudad

Además de convertirse en un importante núcleo comercial, también fue conocido como centro artístico, literario y académico. En el siglo XIX, la poetisa Mwana Kupona, autora de una de las primeras obras de la literatura suajili, alcanzó un estatus social mucho más elevado de lo que le habrían permitido en Kenia en su época. Lamu pasó a ser dominado por el sultán de Zanzíbar y, posteriormente, por los alemanes. Desde la independencia de Kenia en 1963, ha recuperado gran parte de su autonomía.

Lamu

La isla de Lamu es Patrimonio de la Humanidad, pero además cuenta con dos valores añadidos a nuestro modo de ver: sus gatos y sus burros. Hablando de los primeros, cada día, con la marea alta y exactamente media hora antes del regreso de los pescadores, decenas de gatos se apostan en el puerto mirando hacia el mar. Al poco de llegar, los pescadores les tiran la morralla, que se disputan a menudo con los marabúes.

Estos gatos no se parecen mucho a los que acostumbramos a ver en occidente. De silueta sumamente grácil, ojos rasgados y cabeza triangular, orejas grandes y puntiagudas, cuello largo, patas altas y delgadas, a primera vista recuerdan al “mau” egipcio. Muchos defienden que los gatos de Lamu son los últimos representantes de la raza domesticada hace 2.500 años a orillas del Nilo.

Teóricamente, los gatos de Lamu habrían llegado a la isla (y a todo el archipiélago) incluso antes de que un comerciante griego, contemporáneo de la dinastía ptolemaica, describiera la costa en el “Periplo del mar Erítreo”, escrito unos 200 años a. de J.C. Los barcos de entonces siempre llevaban gatos a bordo para combatir a las ratas y anclaban a menudo en el archipiélago, protegido de las olas por una barrera de coral.

No sabemos a ciencia cierta si hace tanto tiempo que llegaron los felinos a Lamu, pero sí puede asegurarse que ya estaban durante la fundación de la ciudad en el siglo XII. Curiosamente, los gatos han conservado la elegancia de sus antepasados, aunque el pelaje ha adoptado todos los colores habidos y por haber. Son gatos gregarios y suelen formar auténticos clanes, aunque esto no excluye las habituales peleas territoriales.

Se calcula que hay aproximadamente diez mil gatos en las cuatro islas que forman el archipiélago, y que unos cuatro mil viven en la ciudad de Lamu. Teniendo en cuenta que una gata puede dar a luz a unos dieciséis gatitos cada año, si no se controlase la población felina, esta no tardaría en superar al número de habitantes humanos.

Y aquí es donde aparece la “Lamu Animal Welfare Clinic” (http://www.lamu-vet.org/), una clínica veterinaria creada para cuidar de los animales de la isla, y dedicada especialmente al programa CES en lo que a gatos se refiere. Operan entre 20 y 30 diarios, incluso más cuando tienen ayuda de veterinarios voluntarios procedentes del continente o del extranjero. Dos personas salen a la calle diariamente a capturar gatos para esterilizarlos. Los machos se sueltan a las 24 horas y las hembras, unos días después de la operación.

La clínica, que funciona como una organización benéfica, abrió sus puertas en 2004, para controlar la proliferación de gatos y, asimismo, evitar que enfermasen y pasasen hambre. La ONG sobrevive gracias a la ayuda financiera de los habitantes de la isla, comercios y negocios, del ayuntamiento y del departamento veterinario del archipiélago. También la apoyan varias fundaciones extranjeras, como la Fondation Brigitte Bardot, Help Animals International, Humane Society International y Alice Noakes Memorial Charitable Trust, entre otras.

Las habitantes de Lamu, musulmanes en su inmensa mayoría, no tienen nada contra los gatos, todo lo contrario. No olvidemos que Mahoma amaba a los gatos y que su primer discípulo, Abu Huraira, era llamado “Padre de los gatos”. Pero no todos – ni mucho menos – aprueban la esterilización, lo que plantea ciertas dificultades a la clínica veterinaria, aunque cada vez menos.

Hace 20 años, en 2009, falleció Fatuma Paka, que compartía su casa con unos cien gatos. Sus vecinos cuentan que en su lecho de muerte, solo le preocupaba el destino de sus queridos amigos. Fatuma Paka, cuyo segundo nombre significa “gatito” en suajili, se gastó lo poco que tenía alimentando y cuidando a sus gatos. Por suerte, la clínica veterinaria logró encontrar hogares para la mayoría de ellos.

En 1998, el documentalista Jack Couffer pasó una temporada en Lamu estudiando, siguiendo y fotografiando a los gatos de la isla. El libro “The Cats of Lamu” es una joya, pero los vecinos del autor, durante su estancia, no solo le tacharon de excéntrico, sino incluso de loco por seguir a gatos noche y día.

Diecisiete años después, Julie Delfour, apasionada por el mundo animal, doctorada en Geografía y licenciada en Ciencias Sociales y Etiología, publicó otro libro magnífico, “Les chats de Lamu – Sur les traces des premiers chats” (Los gatos de Lamu – Siguiendo la huella de los primeros gatos).

La isla de Lamu carece de carreteras y las calles de la ciudad son muy estrechas, tanto que no caben los coches. Más de seis mil burros sirven como medio de transporte. Son tan fundamentales para la economía de la isla que la ONG más importante del lugar se dedica solo a ellos y uno de los dos únicos coches es una ambulancia para asnos.


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Los gatos esenciales de Kiyoshi Saito

1985

Kiyoshi Saito nació el 27 de abril de 1907 en el pueblecito de Aizubange, prefectura de Fukushima, en el seno de una familia pobre. A los cuatro años se trasladaron a Yubari, en Hokkaido, donde su padre trabajó en las minas de carbón. Su madre falleció cuando Kiyoshi contaba con trece años y fue enviado como cuidador a un templo budista a 1.500 kilómetros de su casa. Intentó huir comprando un billete de tren, pero no tenía bastante dinero. Un monje se apiadó de él y pagó el billete para que regresara a su hogar.

Kiyoshi Saito

1953

No tardó en empezar a trabajar de aprendiz de un pintor de letreros en Otaru y se estableció por su cuenta a los veinte años. Decidido a no vivir en la pobreza como sus padres, pensó que el diseño de letreros era su salvación, pero la atracción por la pintura fue más fuerte y se mudó a Tokio en 1931. Siguió trabajando mientras estudiaba la pintura occidental con Okada Saburosuke y se unía al grupo de Munakata Shiko, uno de los pintores más importantes del movimiento “sosaku hanga” (grabados creativos).

Niña y gato

Expuso oleos en varias sociedades artísticas sin conseguir el esperado éxito, por lo que experimentó con los grabados en madera. Al principio producía una sola impresión con cada bloque, pero pronto descubrió que no solo podía lograr varios grabados con un bloque, sino usar varios bloques en el mismo grabado. En 1956 dijo: “Disfruto sobre todo creando el diseño, no tanto trabajando con los materiales, aunque cuando busco un complicado efecto nuevo, no me queda más remedio que hacerlo yo mismo”.

Empezó a crear sus grabados en 1936. Dos años después regresó a su pueblo natal y creó la serie “Invierno en Aizu”, que establecería su estilo único y fácilmente reconocible. En el transcurso de su vida realizó más de cien grabados sobre este tema, algunos numerados y otros en edición abierta. Cuando las consecuencias negativas de la II Guerra Mundial llegaron a Japón en otoño de 1942, Kiyoshi Saito lavó las telas para que su esposa pudiera hacer ropa para ellos, pero no se deshizo de los bloques de la serie Aizu. “Daba igual lo mal que lo pasáramos”, dijo, “ni cuántas veces tuvimos que mudarnos para tener un techo, no me deshice de los bloques”.

Mirada fija

En 1944 encontró trabajo en el periódico Asahi, probablemente como ilustrador, y permaneció en el puesto hasta 1954. Allí conoció a Onchi Koshiro, otro grande del movimiento “sosaku hanga”, que le abrió las puertas del mercado occidental de posguerra. Los estadounidenses llegados a Japón fueron los primeros en comprar sus grabados en una exposición en el hotel Imperial en 1945.

Conversación

Concurso de belleza

En 1951 fue galardonado en la Bienal de Sao Paulo por el grabado “Mirada tranquila”, en el que se ve a un gato hierático. En el mismo certamen también fue premiado su compatriota Tetsuro Komai por un aguafuerte, algo que dejó atónito al mundo artístico japonés, que siempre había despreciado todo lo referente al “sosaku hanga”. De golpe le empezaron a llegar pedidos de Occidente. En 1956 expuso en varias ciudades estadounidenses. El año siguiente viajó a París, Nueva York, Australia, India y Canadá para mostrar sus trabajos.

Mirada tranquila

Gato y gatos

Su fama creció y numerosas revistas le pidieron ilustraciones. Uno de sus grabados más populares quizá sea el del primer ministro japonés Eisaku Sato aparecido en Time en 1967. Sin embargo, el editor de la revista quiso explicar que a pesar de ser la primera vez que Time usaba un grabado en madera, ya habían publicado varias ilustraciones de Kiyoshi Saito. “La primera fue en 1951 cuando publicamos su famoso Gato”. En realidad, el editor se refería a “Mirada tranquila”. El artista no esperaba el efecto que tendrían esas palabras: “En cosa de días nos vimos inundados con pedidos del grabado, del que no quedó ni uno en Japón”.

Portada de la revista Time, 10 de febrero de 1967

Dos siameses

En 1970 pudo permitirse comprar una casa en Kamakura, a las afueras de Tokio, y diecisiete años después, otra cerca de Aizu, el pueblo donde solo vivió cuatro años, pero al que siempre volvió.

El pintor en Aizu, 1984

Por fin fue reconocido en su propio país cuando, a los 74 años, el gobierno le concedió la Orden Tesoro Nacional de Cuarta Clase, y a los 88 años fue nombrado “Bunka Korosha” (Persona de Mérito Cultural), un honor otorgado por el Emperador a hombres y mujeres cuya contribución al desarrollo de las ciencias y las artes haya sido notable.

La obra de Kiyoshi Saito puede dividirse en tres periodos: El primero dominado por los grabados de escenas nevadas en Aizu; un segundo más realista desde 1945 dedicado sobre todo a los retratos, y hacia 1950, con una clara tendencia a la simplificación. En este último mezcló elementos del cubismo, la abstracción y el impresionismo con la tradición japonesa dejándose influir por pintores como Mondrian, Picasso, Matisse, Kandinsky, Gauguin y Munch.

Sombras

Siamés

Sus temas eran muy variados, desde edificios, paisajes campestres, figuras en calles, escenas de sus viajes al extranjero, plantas y animales con una fuerte inclinación por los gatos. Gatos estilizados, con amplias manchas de un solo color, con textura, en todas las posturas posibles, solitarios, en grupo. Gatos que representan su constante búsqueda de lo esencial.

1955

Gato búho

Kiyoshi Saito creó más de mil grabados a lo largo de su vida. A medida que crecía el número de obras, no le quedó más remedio que tener ayudantes, sobre todo para la impresión de grandes ediciones. Kazuyuki Ohtsu, nacido en 1935 y ahora un grabador independiente, trabajó con él durante más de cuarenta años hasta la muerte del artista, el 14 de noviembre de 1997, a los noventa años.

Gata y gatito

Poco antes de fallecer se había clausurado una gran retrospectiva de sus obras en los grandes almacenes Wako de Tokio e inaugurado el Museo de Arte Kiyoshi Saito en Yainazu, que alberga 850 creaciones suyas. Kiyoshi Saito dijo una vez: “Siempre he hecho el trabajo que me apetecía hacer”. No hay mejor epitafio para tan larga y prolífica carrera.

 

Siamés

Una de las firmas del pintor


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La gata Fright, una historia de amor

En abril de 2017, estando en Barcelona, conocimos a Lluís, hablamos muy poco, unos minutos nada más, pero en esos breves momentos, tocamos el tema gatos. Nos dijo que tenía una gata “visitante” desde el verano pasado y que había decidido realizar un cortometraje en torno suyo. Le ofrecimos hacerle una entrada en la web el día que estuviera acabado el corto. Nos vimos otros cinco minutos un mes después y desde entonces hemos intercambiado varios correos electrónicos hablando de gatos.

El cortometraje dura trece minutos y empieza con la voz de Lluís diciendo: “Todo empezó un verano al volver a casa después de estar un par de meses fuera. Una noche algo saltó sobre las sábanas, despertándome del susto”. Ese algo era una gata blanca y negra con antifaz, barba y nariz manchada.

Decidió llamarla “Fright” (Miedo) por la asustadiza que era y quizá también por el enorme susto que le pegó la primera noche que saltó a su cama, quizá convencida de que no había nadie. Ella también debió asustarse, por cierto.

Pasaron las semanas y el tiempo empeoró. Las cosas se complicaron para Lluís: dejar la ventana abierta significaba helarse, pero si la cerraba, Fright no podía entrar. Optó por dejarla abierta el máximo tiempo posible, hasta el día que hizo demasiado frío y la cerró con Fright dentro de la habitación. A los cinco minutos se dio cuenta y empezó a maullar de forma desgarradora, al tiempo que golpeaba el cristal. Cuando abrió, salió disparada y tardó dos días en volver.

Llegó la primavera. Ya hacía meses que Fright comía el pienso que Lluís le había comprado. Se tumbaba en la alfombrilla que había colocado delante del ventanal abierto. Incluso dormía en la cama, siempre y cuando no estuviera ocupada por el humano. Se acercaba a la cámara que la rodaba y parecía posar.

A medida que pasaban más tiempo juntos, la relación entre los dos crecía. Lluís se preocupaba cada vez más por ella, sobre todo durante las noches que la gata no estaba en su habitación. Las peleas gatunas le despertaban y temía que le hubiera pasado algo. Una mañana regresó con una pequeña herida.  Lluís nunca supo si había tenido un encontronazo o si se debía a otra cosa.

Lluís nos mandó fotos de Fright y nos dimos cuenta de que tenía la oreja cortada, quizá una indicación de que una protectora le había aplicado el programa CES (Captura, Esterilización, Suelta). Él ya había decidido que era una gata después de semanas de paciente observación.

Volvió el verano, Lluís encontró trabajo y pasó muchas menos horas en casa. Fright empezó a espaciar sus visitas. Curiosamente, a pesar de que nunca dejó que la tocara (es más, le arañó una vez que lo intentó), contaba con su presencia. Un día no regresó. Estamos seguros de que no solo iba por la comida, sino también por la compañía. Para Lluís, la desaparición de Fright dejó un hueco que aún no ha podido llenar. “Supongo que ese es el peor de los casos, cuando te abandonan sin un porqué”, dice.

Sigue esperándola, cree verla en la calle, pero siempre es otro gato; incluso sueña con ella. Todavía duerme con la ventana abierta con la esperanza de que regrese. Pero la terraza permanece vacía, Fright ya no se acicala mientras observa lo que hace Lluís en el interior de la habitación.

Fright tenía la cola cortada, lo que, según Lluís, hablaba de un tormentoso pasado. Pero también es posible que fuera una/o de esas/os gatas/os que eligen vivir con alguien una temporada y que, al encontrar la ventana o la puerta cerrada más tiempo de lo habitual, un día deciden buscar una nueva casa un poco más lejos.

Conocemos el caso de una amiga estadounidense: un gato siamés apareció delante de su puerta a finales de otoño, pasó el crudo invierno y parte de la primavera en su casa antes de desaparecer cuando empezó a volver el calor. Al año siguiente se enteró de que estaba en otra casa a unas diez manzanas de la suya. Ojalá Fright haya hecho lo mismo.

Por cierto, Lluís se ha graduado en la Escola de Cinema de Barcelona (la ECIB) y por eso quiso hacer un cortometraje de Fright. Empezó estudiando Dirección de Ficción, pero al tercer año se dio cuenta de que prefería la Dirección de Documental. Según él, rodar un documental le aporta tranquilidad, mientras que una ficción, aunque sea un cortometraje, le estresa.