Gatos y Respeto

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Los gatos del cineasta vanguardista Jonas Mekas

Jonas Mekas con uno de sus gatos

El 23 de enero pasado falleció Jonas Mekas a los 96 años. The Anthology Film Archives (Archivos de Cine Antológico), el mayor y más importante depósito del mundo de cine vanguardista, que él fundó en 1970, anunció en Instagram: “Queridos amigos, Jonas nos ha dejado tranquilamente esta mañana. Estaba en casa con su familia. Se le echará mucho de menos, pero su luz seguirá brillando”.

En la película estrenada en 2012 “Out-Takes from the Life of a Happy Man” (Tomas eliminadas de la vida de un hombre feliz), compuesta con breves tomas rodadas entre 1960 y 2000, se ve el piso en el SoHo de Manhattan donde vivió con su familia, compuesta por su esposa Hollis Melton, sus hijos Oona y Sebastian, muchos gatos, muchísimas plantas, todavía más libros y pilas de latas de películas. La cámara de Jonas Mekas filma a sus hijos a contraluz, a los gatos bailando en rayos de luz filtrándose por la ventana, a su esposa sonriendo…

De la película “Out-Takes from the Life of a Happy Man”

En este breve artículo acerca del padrino del cine de vanguardia, como le llaman muchos cinéfilos, incluimos fotogramas de gatos de esta película y de otras. No cabe duda de que el cineasta sentía amor por los gatos y que vivió con ellos hasta el día de su muerte, como lo demuestran las fotos de Jason Fulford.

El gato de Jonas Mekas (Foto de Jason Fulford)

Nació el 24 de diciembre de 1922 en una aldea de Lituania. En 1944, durante la ocupación nazi, fue detenido junto a Adolfas, su hermano pequeño, y llevado a un campo de trabajo próximo a Hamburgo del que consiguieron escapar ocho meses después. Se escondieron en una granja cerca de la frontera danesa durante dos meses, hasta el final de la guerra.

Sus hijos, Oona y Sebastian

En los cuatro años siguientes vivieron en campamentos para desplazados. El Ejército estadounidense proyectaba numerosas películas para entretenerles y fue allí donde vio por primera vez ‘El tesoro de Sierra Madre’. En una entrevista dijo: “Recuerdo que me gustó sobre todo el final. Vimos otra película, ‘Los ángeles perdidos’, de Fred Zinneman, acerca de gente desplazada. La falta de conocimiento que demostraba de la situación real hizo que mi hermano y yo nos enfadáramos mucho, por lo que empezamos a escribir guiones, y luego a hacer películas”.

Estudió Filosofía en la Universidad de Mainz, Alemania, y al cerrar los campos de refugiados, los dos hermanos fueron enviados a Estados Unidos. Al poco de llegar a Brooklyn, a finales de 1949, pidió dinero prestado para comprarse su primera cámara Bolex de 16mm y empezó a filmar momentos de su vida, algo que seguiría haciendo casi hasta su muerte. Por cierto, tuvo cinco cámaras Bolex.

La mano de Jonas Mekas

Su primera película en 35 mm, “Guns of the Trees” (Pistolas de los árboles), describe la cultura beat de Nueva York a finales de los cincuenta a través de cuatro personajes. A continuación realizó “The Brig” (El calabozo) en 1964, su última película tradicional. A partir de entonces empezó a rodar un diario cinematográfico titulado “Diaries, Notes and Sketches” (Diarios, notas y esbozos).

De la película “Diaries, Notes and Sketches”

Fundó el New American Cinema Group (Nuevo Grupo de Cine Americano) y la Cooperativa de Cineastas en 1962 como reacción al cine oficial. Consiguió que se vieran películas vanguardistas en algunos cines, sobre todo en Greenwich Village. El 12 de marzo de 1964 se le ocurrió presentar “Flaming Creatures”, de Jack Smith, ganadora del Premio “Cine maldito” en el Festival de Knokke Le-Zoute, Bélgica, y cuya comercialización fue prohibida por el ministro de Justicia de ese país. La policía de Nueva York arrestó durante veinticuatro horas a Mekas y a sus tres socios por proyectar la película. Pocos días después mostró “Un chant d’amour” (Un canto de amor), de Jean Genet, en sesión continua de media hora. A pesar de estar delante del cine, esta vez la policía no interrumpió la proyección.

Su hijo Sebastian con un gato

Jonas Mekas y gato

En la primera entrega del diario filmado, “Walden” (1969), de tres horas de duración, muestra el mundo y la gente que le rodeaba. Aparecen personalidades de la contracultura como Timothy Leary, Andy Warhol, Noman Mailer, John Lennon y Yoko Ono. Por cierto, fue él quien filmó a los dos últimos en 1969 en una cama de un hotel de Montreal como protesta contra la guerra de Vietnam. El grupo The Velvet Underground, compuesta entre otros por Lou Reed y John Cale, ensayaba en su casa.

De la película “Walden”

Se casó con Hollis Melton en 1974 y tuvieron dos hijos, Oona y Sebastian, que se convirtieron en un tema favorito para sus diarios filmados. En “As I Was Moving Forward Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty” (A medida que avanzaba, en ocasiones entreveía breves destellos de belleza), de cinco horas de duración, invita al espectador a compartir la vida de su familia, aunque el auténtico tema es el acto de la filmación en sí. Mostrada en 2000, dijo que era “la película Dogma definitiva, creada antes del nacimiento del movimiento Dogma danés”.

De la película “As I Was Moving…”

En 2007 inició “Proyecto 365 días”. Durante un año colgaría un vídeo on line diario como homenaje a Petrarca, que escribió una carta diaria a su amada Laura.

“Proyecto 365 días” (23 enero 2007)

En 2017, en una entrevista concedida al periódico “Village Voice”, del que había sido crítico de cine, dijo: “El cine, como cualquier arte, es un árbol con muchas ramas. Algunas más grandes que otras, pero todas importantes, y las pequeñas, a veces, lo son más que las grandes, porque atrapan la luz, el sol y alimentan el tronco del árbol”.

De la película “As I Was Moving…”

Fue una de las figuras más influyentes en el cine underground estadounidense. El término “underground” nació en Estados Unidos a finales de los cincuenta gracias a Film Culture, de la que el cineasta fue fundador y editor jefe. La revista se convirtió en portavoz de la vanguardia americana, que mantenía fuertes lazos con el movimiento beat de la época.

Jonas Mekas

Hay una página web muy completa por si a alguien le interesa saber algo más de este artista: http://jonasmekas.com/diary/

Jonas Mekas en su casa (Foto de Jason Fulford)

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Gatos en las antípodas, de Eileen Mayo

Gato merodeando (1938)

A pesar del título de esta entrada, la artista Eileen Mayo nació en el Reino Unido, concretamente en Norwich, el 11 de septiembre de 1906, y no emigró a Australia hasta el año 1952.  La mayoría de los gatos que enseñamos aquí fueron realizados antes de trasladarse a las antípodas, donde cambió radicalmente de estilo.

Chica con gato (años 50)

Era la mayor de tres hermanas. Vivió en Wakefield y Bristol con sus padres hasta que en 1923 estudió un año en la Escuela de Bellas Artes Slade de Londres y posteriormente, durante tres años, en la Escuela Central de Artes y Oficios para estudiar dibujo, grabado, trajes históricos y caligrafía. Pasaba gran parte de su tiempo libre en museos y galerías londinenses.

Lavándose (1943)

Su padre había falleció en 1921, y su madre y sus dos hermanas emigraron a Australia, dejándola sola. Consiguió algunos encargos para anuncios, ilustraciones y grabados, pero no lo suficiente para poder vivir. Por suerte, conoció al matrimonio formado por los pintores Laura y Harold Knight; estos no solo la contrataron como modelo, sino que se interesaron por sus obras y la ayudaron a darse a conocer. Era una mujer muy guapa y también fue modelo de la retratista Dod Procter y de Duncan Grant, otro amante de los gatos.

Ilustración para “Animals on the farm” (1951)

Su primera oportunidad llegó en 1928 cuando el Museo Albert y Victoria compró el linograbado “Turkish Bath” (Baño turco), que formaba parte de una exposición colectiva en la Galería Redfern, dando pie a una larga asociación con dicha galería.

Ilustración para “The Ad-Dressing of Cats”, de T.S. Eliot

Gato blanco con amapolas

Fue una viajera incansable en la primera mitad de los años treinta. Trabajó como institutriz en una familia de Alemania durante un tiempo, antes de rodear el continente africano en un carguero entre 1934 y 1935. Al regresar a Londres, se matriculó en la Politécnica de Chelsea para estudiar con Robert Medley y Henry Moore. Fue entonces cuando conoció al doctor Richard Gainsborough, viudo y padre de un niño, con el que se casó.

Mujer con siamés (1952)

En 1940 se instaló en París para estudiar con el cubista Fernand Léger, un pintor que no aceptaba a cualquiera en su taller, pero la llegada de la II Guerra mundial la obligó a volver a Inglaterra.

Gato adormecido

Su marido ejercía en Sussex y ella le ayudó a llevar su consulta durante la Guerra sin por eso dejar de trabajar en el libro “The Story of Living Things and their Evolution” (La historia de las cosas vivas y su evolución), para el que hizo más de mil maravillosas ilustraciones, publicado en 1944 con un prólogo del biólogo Julian Huxley.

Eileen Mayo era una perfeccionista, como lo demuestran las increíbles ilustraciones del libro que acabamos de mencionar y los grabados que incluimos aquí. Empezó a trabajar con pintura al temple a principios de los cuarenta, en plena guerra, y a menudo la ración de huevos de la familia Gainsborough desaparecía para servir de aglutinante a los pigmentos.

Gato rubio

En 1946 había completado otros dos libros sobre animales para la editorial Pleiades Books, en la Royal Academy se podían ver obras suyas y además formaba parte de una exposición itinerante organizada por el Arts Council. Dos años después diseñó los primeros números de la revista Art New and Review (llamada posteriormente Arts Review), publicada por su marido al dejar la profesión médica.

Eileen Mayo en 1946

Mañana de primavera

Decidió viajar por Francia y seguir estudiando en París. Al poco tiempo de regresar a Londres, Eileen Mayo se separó de Richard. En esa época ilustró “Best Cat Stories” (Las mejores historias de gatos) para el editor Michael Joseph, otro apasionado de los gatos al que dedicaremos una entrada dentro de poco. El libro, una colección de historias y poemas de gatos de diversos autores, se publicó en 1952.

Gato en cerezo

Ese mismo año dejó Londres definitivamente y se mudó a Australia para reunirse con su madre y hermanas. Allí descubrió una fauna totalmente diferente a la que estaba acostumbrada y se lanzó inmediatamente a plasmarla en grabados y cuadros. No tardó en formar parte de los numerosos artistas emigrantes que contribuyeron al renacimiento del arte del grabado en ese país. Dio clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Sídney y fue miembro de la Asociación de Grabadores de Sídney.

Madre e hijo

Gato al sol

Durante los diez años que vivió en Australia trabajó en murales, diseñó tapices, carteles y sellos. El Estado australiano le encargó el diseño de una serie de seis sellos, los primeros en incluir la fauna y flora australiana. Ninguna mujer había realizado hasta entonces una serie semejante, que fue comercializarla posteriormente en forma de carteles. Uno de los sellos, el del ornitorrinco, ganó el Premio Vizard-Wholohan al Mejor Grabado en 1962.

Temprano por la mañana

Se trasladó a Nueva Zelanda en 1962 para estar cerca de su madre y hermanas, que se habían mudado allí un año antes. La empresa postal neozelandesa también le encargó varios sellos. Dedicó tres años de su vida al diseño de un diorama submarino para el Museo Otago. En 1965 se instaló en la capital, Christchurch, y enseñó en la Universidad de Canterbury hasta 1972.

Gatos en árbol (Nueva Zelanda)

Dama Eileen Rosemary Mayo, pues fue nombrada dama del Imperio Británico en la lista de Año Nuevo de 1994, una semana antes de fallecer el 4 de enero a los 87 años, no solo amaba a los animales, también supo observarlos. Quizá tuviera un gato llamado Oliver, el único retrato que lleva nombre, pero no hemos podido descubrirlo.

Oliver

Debido a la artritis, y muy a pesar suyo, se vio obligada a dejar de pintar en 1985. Además de ilustrar doce libros, y realizar un sinfín de grabados, litografías y cuadros al temple, escribió ocho libros. Desde muy joven fue una mujer independiente que siempre supo que dedicaría su vida a la pintura.

Pintando en el 33 de la Royal Avenue, Londres (1948)


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Los gatos del castillo de Pierrefonds

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

A una hora y poco en coche al norte de París, en una bonita región llena de ríos y valles, se encuentra un célebre castillo llamado Pierrefonds. Erigido en el siglo XII, Carlos VI se lo regaló, dos siglos después, a su hermano Luis, duque de Orleans, que le encargó la reconstrucción a Juan el Negro, arquitecto de la corte.

Antes de la restauración

En marzo de 1617, durante el reinado de Luis XIII y su lucha contra el feudalismo instigada por el cardenal Richelieu (otro gran amante de los gatos, ver https://gatosyrespeto.org/2015/01/13/los-gatos-del-cardenal-richelieu/), fue tomado por el príncipe de Condé y su eminencia ordenó su destrucción al ser uno de los bastiones del “Partido de los descontentos”. Esta no se llevó a cabo completamente debido a la enormidad de la tarea, pero arrasaron las murallas, destruyeron los tejados y perforaron los muros del enorme edificio.

Jean Baptiste Corot

Durante los dos siglos siguientes, las inclemencias del tiempo se encargaron de seguir la lenta destrucción. Napoleón I lo compró en 1810 por menos de 3.000 francos de entonces. Considerado una ruina romántica muy de moda en el XIX, fue clasificado monumento histórico en 1848. El famoso pintor Corot pintó las ruinas en varias ocasiones entre 1834 y 1866.

En la actualidad

Luis-Napoleón Bonaparte visitó el castillo en 1850, antes de convertirse en Napoleón III, y se quedó subyugado por la ruina. Ya emperador, le pidió al famoso arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc que restaurara el monumento. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver este monumental castillo con el tema que nos interesa. Muy sencillo, Viollet-le-Duc adoraba a los gatos. Su pasión era tal que distribuyó nada menos que 36 estatuas de gatos (algunos dicen que 80, pero nos parece algo exagerado)  por las alturas del castillo entre un bestiario alucinante.

Viollet-le-Duc

Puede que una de las representaciones más sorprendentes ideadas por el arquitecto sea la de una gata llevando un gatito en la boca. La mayoría de los gatos parecen estar decorando los laterales de las ventanas de las buhardillas, y no deben ser fáciles de ver dada la altura del castillo.

Viollet-le-Duc decía: “Restaurar un edificio no es consolidarlo, repararlo o rehacerlo, sino restablecerlo en su totalidad a un estado que quizá no haya existido jamás”. Esta frase resume, en cierto modo, el gusto romántico del XIX, sobre todo a partir de los años treinta. El arquitecto no intentaba restablecer los edificios tal como habían podido ser, sino plasmar lo que imaginaba que habían podido ser. De ahí los gatos de Pierrefonds.

Dibujos de Viollet-le-Duc para el castillo de Pierrefonds

El gato no fue un animal muy representado en el románico ni en el gótico, pues se inclinaban por un bestiario fantástico, mucho más simbólico. Dudamos que Juan el Negro en siglo XIV se hubiera dedicado a decorar las aristas del castillo con gatos, perros o pelícanos. Con eso no estamos diciendo que no se “decoraba”. Al contrario, los interiores de castillos, iglesias y edificios civiles estaban completamente cubiertos de frescos y la piedra no se veía.

Pero Viollet-le-Duc amaba a los gatos y aprovechó para plasmarlos en Pierrefonds. Habría podido hacer lo mismo en su restauración de las murallas de la famosa ciudad de Carcasona, al sur de Francia, cuya reconstrucción tampoco tuvo mucho que ver con el original, pero allí se limitó a una arquitectura mucho más supuestamente “medieval”, más austera, sin apenas decoraciones. Debemos reconocer que las fortificaciones no dan para tanto.

Nació en París el 27 de enero de 1814, en el seno de una familia acomodada; su padre era un alto funcionario. Se le considera en gran parte autodidacta, y su formación se debe a varios viajes que realizó por Francia e Italia entre 1835 y 1839, y también porque trabajó como adjunto en Edificios Civiles con el arquitecto Achille Leclère. En 1840, Próspero Mérimée – sí, el autor de la novela corta “Carmen” que escribió después de un viaje a España -, inspector general de monumentos históricos, le confió la restauración de la basílica de Santa Magdalena de Vézelay, lo que marcó el comienzo de una brillante carrera.

Dos años después se ocupó, con Jean-Baptiste Lassus, de la restauración de la catedral de París, que estaba en un estado lamentable. Al contrario de lo que pasó en Pierrefonds, fue de lo más respetuoso y no se permitió la más mínima libertad con las estatuas que habían sido destruidas. Basándose en obras similares de catedrales de la época, consiguió restituir la mayoría de la decoración.

Gato atacando soldaditos de plomo, dibujo de Viollet-le-Duc

No empezó a reconstruir Pierrefonds hasta 1858, y a pesar de la enormidad de la tarea encontró tiempo para diseñar varias casas particulares e iglesias, así como vidrieras, monumentos funerarios y muebles.

Grabado del gato de Viollet-le-Duc

En 1874 se le encargó la renovación de la catedral de Lausana, Suiza. Fue su última obra, ya que falleció el 17 de septiembre de 1879 en esta ciudad.

Carta de Viollet-le-Duc dirigida a su padre desde Roma (3-12-1836)

Viollet-le-Duc interpretaba los monumentos según una racionalidad científica poco acorde a la invención creadora de los constructores medievales, lo que le valió ser muy criticado en el siglo XX, pero gracias a él y a la atracción que sintieron los intelectuales del XIX por la arquitectura románica y gótica, se consiguió salvar numerosos monumentos que probablemente habrían desaparecido. Además, ¿a quién no le apetece visitar un castillo “medieval” con unas cuarenta bellas representaciones de gatos? ¿Qué importa si la arquitectura no es exactamente lo que fue en realidad?

Casa de Viollet-le-Duc (1863), 68 Calle de Condorcet, París

Detalle


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Los gatos “marginales” del pintor Morris Hirshfield

Gata y gatitos en el prado

El término “arte marginal” (Outsider Art) apareció en 1972, acuñado por el crítico británico Roger Cardinal en un intento de trasladar al inglés el concepto de “Art brut”, inventado por el pintor Jean Dubuffet para describir el arte que no tenía cabida en la oficialidad, pero referido sobre todo a obras hechas por pacientes en psiquiátricos o por puro automatismo, sin haber sido pensado con antelación. Sin embargo, el “outsider art” es más general e incluye a artistas autodidactas, naifs e incluso a falsos naifs.

Gatos en la nieve

Numerosos artistas considerados “marginales” u “outsiders” se sintieron atraídos por los animales, los gatos entre ellos, como ocurrió con el estadounidense Morris Hirshfield. Nacido el 10 de abril de 1872, en la entonces Polonia rusa cerca de la frontera alemana, exactamente cien años antes de que naciera el término “outsider art”, está considerado uno de los mejores, quizá el mejor, de todos los naifs norteamericanos.

Desnudo con tres gatitos

Emigró a Estados Unidos en 1890, a la edad de 18 años. Empezó a trabajar en la industria textil y acabó siendo un exitoso fabricante de zapatos femeninos en Brooklyn. Por problemas de salud, no le quedó más remedio que dejar el negocio en 1935, a los 63 años, y como le sobraba tiempo empezó a pintar. Tardó dos años en acabar su primer cuadro, un gato blanco en una butaca, porque según él, sus manos se negaban a obedecer las órdenes del cerebro: “Mi mente tenía muy claro lo que yo quería representar, pero mis manos no eran capaces de reproducir lo que veía mi mente”.

Gato en butaca (1937)

Totalmente autodidacta, pintó felinos y otros animales, mujeres, niños y edificios. A pesar del cuadro “El artista y la modelo”, no usaba modelos, y si no trabajaba de memoria, se dejaba guiar por la imaginación, aunque a veces se basaba en una postal o una imagen impresa.

Familia de leopardos (boceto)

Se esforzaba en representar con precisión lo que pintaba, sin obviar ningún detalle, por lo que su trabajo era lento y meticuloso. Solo creó setenta y siete obras en los nueve años que se dedicó a la pintura. A pesar de la vitalidad que desprenden sus obras, no fueron bien recibidas por el público. En 1939, el coleccionista y galerista Sidney Janis incluyó dos cuadros de Hirshfield en la exposición “Americanos desconocidos” en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, pero la reacción de los visitantes fue bastante negativa y algunos le ridiculizaron llamándole “El maestro de los dos pies izquierdos”.

Familia de leopardos

Esto no le impidió seguir pintando durante los siguientes tres años. Al igual que les pasó a André Breton, Marcel Ducamp y Piet Mondrian, sus obras fascinaron a la millonaria coleccionista Peggy Gugenheim. En 1941, el MoMA compró los dos cuadros que había expuesto dos años antes. Este museo le consagró una retrospectiva en 1943 que volvió a generar un encendido debate entre los críticos debido a un concepto totalmente alejado de la pintura “habitual”. Pero los coleccionistas ya compraban sus obras, y dos galerías, la Julien Levy de Nueva York y la Vigeveno de Los Ángeles, le dedicaron sendas exposiciones en 1945, un año antes de su fallecimiento el 28 de julio.

Gata y dos gatitos

No solemos incluir otros felinos que no sean gatos en este blog, pero nos ha parecido bien hacer una excepción, en primer lugar porque varios de los gatos pintados por Morris Hirshfield parecen leones en miniatura, como en “Mujer con gato angora” o incluso en “Gata con tres gatitos”.

Mujer con gato angora

Gata con tres gatitos

Y también porque los cuadros “León” y “Tigre” son absolutamente irresistibles. El león de pies diminutos parece llevar un maravilloso y rico chal para protegerse de un gélido invierno, y solo sus bigotes se atreven a asomarse, con el consiguiente riesgo de congelación. El tigre, de aspecto más fiero que el león, es descaradamente panzudo, y está muy alejado de la idea de agilidad y velocidad con que solemos asociarlo.

León (1939)

Tigre (1944)

Todos los felinos que hemos reunido, incluso el del cuadro en la pared de “El artista y la modelo”, muestran importantes bigotes, excepto uno: el primer gato que pintó. Más que bigotes de gato parecen bigotes humanos al no sobrepasar la boca.

El artista y la modelo (1945)

El artista siempre dijo que su intención era hacer cuadros realistas, pero todos sin excepción escapan hacia el mundo de la imaginación y de los sueños, lo que le valió el mote de “Henri Rousseau americano”.

Morris Hirshfield

En 1951, la entonces famosa galería Maeght de París le dedicó una importante retrospectiva muy aplaudida por toda la crítica francesa. La invitación decía así: “Del 10 de enero al 12 de febrero de 1951, la Galería Maeght, de París, presenta en colaboración con la galería Sidney Janis, de Nueva York, treinta cuadros de Hirshfield (1872-1946), el más notable “naif” de Estados Unidos, a quien la crítica casi iguala al Aduanero Rousseau”.

Detalle de la invitación Galería Maeght (1951)

Texto de la invitación

Afortunadamente, las dos obras que compró el MoMA en 1941 (“León” y “Joven con espejo”) no han sido relegadas a los fondos del museo, y están colgadas en una de las galerías al lado de una foto del artista, con una pequeña explicación de quién fue este hombre cuya inspiración llegó tarde, solo cuando dejó de fabricar elegantes zapatos de mujer para dedicarse a pintar cuadros únicos.

Cartel de la Galería Maeght


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El gato negro, de Edgar Allan Poe

Dibujo de Aubrey Beardsley

Edgar Allan Poe nació en Boston el 19 de enero de 1809, hizo doscientos diez años la semana pasada. Ninguno de sus numerosos biógrafos menciona que tuviera un gato, aunque no sería de extrañar que en los doce años que vivió con su amada esposa Virginia compartieran su hogar con uno. Solo sabemos que el 19 de agosto de 1843, el periódico Saturday Evening Post publicó un aterrador relato titulado “El gato negro”, que posteriormente sería traducido y analizado en un sinfín de idiomas.

Cartel de la película (1934)

Por si alguien no lo ha leído, este es un resumen del cuento: El narrador, un hombre condenado a muerte, empieza diciendo que no pide que nadie le crea, pero que no está loco y que no soñó la historia. Añade que siempre le gustaron los animales, desde su más tierna infancia, y que de adulto, uno de sus mayores placeres era alimentarlos y acariciarlos. Se casó joven y descubrió que su esposa compartía su inclinación: tenían pájaros, peces de colores, un buen perro, conejos, un pequeño mono y un gato. Este era grande, completamente negro y muy inteligente, por lo que su esposa a veces decía, sonriendo, que todos los gatos negros son brujas disfrazadas.

Pluto, pues así se llamaba el gato, era su favorito, siempre estaban juntos y la amistad entre ambos duró varios años, hasta que el narrador cayó en las garras de la bebida. Empezó a maltratar a los animales de casa si se cruzaban en su camino y con el tiempo, incluso Pluto – que ya empezaba a tener años -, se llevó alguna patada que otra. Una noche, al regresar embriagado, pensó que Pluto le evitaba. Agarró al gato de mala manera, por lo que este, asustado, le mordió, y el narrador le sacó un ojo con su navaja.

Grabado de Fritz Eichenberg

Al día siguiente sintió remordimientos, pero fueron de corta duración; el alcohol se encargó de disiparlos. Pluto se recuperó, no parecía sufrir, pero salía huyendo cada vez que veía a su maltratador. El narrador sigue diciendo que esa actitud acabó por sacarle de quicio y que, una mañana, totalmente despejado de las nubes del alcohol, pasó un nudo corredizo alrededor del cuello de Pluto y le colgó de un árbol.

Ilustración de Anna Pedzik

Esa misma noche se declaró un devastador un incendio en la casa obligando al matrimonio y a los criados a salir corriendo. Todos los muros, excepto uno, se cayeron, y en el único que quedaba en pie, grabado cual bajorrelieve sobre el fondo blanco, aparecía la figura de un gigantesco gato negro con una soga alrededor del cuello. El narrador explica que encontró una explicación lógica a la aparición y que no le preocupó sobremanera.

Fotograma de la película de 1934

Siguió bebiendo; y una noche, mientras se emborrachaba en “un antro infame”, vio una forma negra en las enormes barricas de ginebra o de ron. Se acercó y descubrió que era un gato negro de grandes proporciones cuya única diferencia con Pluto era una pechera blanca. El gato le siguió a casa y se instaló como si siempre hubiera vivido allí. Al poco, el narrador empezó a sentir una creciente antipatía hacia el animal, al que su esposa alimentaba y defendía. Huía de “su odiosa presencia, como del aliento de la peste”. Pero cuanto más le rehuía, más le perseguía el gato, sentándose bajo su silla, saltando en su regazo, buscando caricias.

Dibujo de Jessica Morichi

Además, la marca blanca en el pecho del gato, al principio de contornos indefinidos, empezó poco a poco a adoptar la forma del patíbulo. El gato se convirtió en una pesadilla para el narrador, que desahogó sus ataques de furia maltratando a su pobre esposa. Esta, un día, le acompañó al sótano a buscar algo y, como siempre, el gato negro bajó con ellos. Allí, olvidando el terror que le causaba el animal, cogió un hacha y la levantó a punto de asestarle un golpe mortal, pero su mujer le agarró por el brazo, impidiéndoselo. Incapaz de contener su rabia, le abrió el cráneo a su esposa de un hachazo.

Autor desconocido

Las paredes del sótano eran gruesas y decidió emparedarla para ocultar su horrible crimen. Una vez acabada la obra y recogida cualquier cosa que pudiera incriminarle, empezó a buscar al gato negro, pero este había desaparecido. Y entonces dice, textualmente: “Es imposible describir, o siquiera imaginar, la profunda y dichosa sensación de alivio que me produjo la ausencia de la odiada criatura. (…) Dormí profunda y tranquilamente, sí, ¡incluso con el peso de un asesinato en el alma!”

Ilustración de Vania Zouravliov

Pero la policía apareció al cabo de tres días y pidió inspeccionar la casa. El narrador, convencido de que no podían descubrirle, se la enseñó y, efectivamente, no vieron nada. Cuando los guardias ya subían por la escalera del sótano, no pudo resistir a la tentación de demostrar la solidez de los muros y golpeó con su bastón el punto en que había emparedado a “mi esposa del corazón”.

Ilustración de Aubrey Beardsley

Horrorizado, nada más apagarse la reverberación del golpe, oyó “una voz de ultratumba, un gemido, al principio sordo y discontinuo, como el llanto de un niño, que rápidamente se transformó en un largo, fuerte, ininterrumpido grito, del todo anómalo e inhumano, un aullido, un lamento entre el horror y el triunfo”.

Portada moderna

Los policías demolieron la pared, y el cadáver de su esposa, ya en avanzado estado de descomposición, apareció de pie ante todos. Y acaba diciendo: “Sentada en su cabeza estaba la horrible bestia cuyas artimañas me habían inducido al asesinato, y cuya voz informante me mandaría ante el verdugo. ¡Había encerrado al monstruo en la tumba!”

Ilustración de Alphonse Legros

Ilustración de Frederick Simpson Coburn

Un escalofriante relato en el que un hombre, un borracho, un maltratador, un asesino, culpa a un gato de todas sus acciones. Edgar Allan Poe fue un maestro del misterio y del horror, del romanticismo más absoluto, como lo demuestran sus maravillosos poemas. Se le considera el inventor del género detectivesco y fue uno de los primeros en escribir relatos de ciencia-ficción.

El escritor no tuvo una vida fácil y murió el 7 de octubre de 1849, a los 40 años, dos después de que falleciera Virginia, la mujer que fue su inspiración, el 30 de enero de 1847 a los 24 años. Ambos murieron de tuberculosis.


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Gatos, palomas, peces de colores y Henri Matisse

El pintor Henri Matisse amaba a los gatos y a las palomas. Existen numerosas fotos suyas con Minouche, Coussi o La Puce, los tres gatos que tuvo cuando vivió en la villa “Le rêve”, en la Costa Azul. Minouche era un atigrado con una “M” dibujada en la frente y el pintor solía decir: “Eme de Matisse”. La Puce, que significa “La pulga”, pero también “La pequeña”, era negra y a menudo le acompañaba cuando no podía levantarse de la cama. Coussi era el más joven de los tres, quizá un hijo de La Puce, ¿quién sabe?

Con La Puce y Coussi (Foto de Robert Capa)

Año 1951

Matisse también tenía un gran interés por las palomas y los peces de colores, y tuvo varios perros. No es difícil llegar a la conclusión de que amaba a los animales en general. Sin embargo, solo pintó dos cuadros con gatos; el famoso “Gatos y peces de colores”, en el que vemos a un gato meter la pata en un bol en un intento de pescar algún pez, y el retrato de su hija Marguerite con un gato negro en el regado. El primero lo pintó en 1910, y el segundo en 1914. No se conocen otros cuadros suyos con gatos, y aunque aparecen dos o tres más en Internet, solo se trata de imágenes trucadas.

Gatos y peces de colores (1914)

Nació el 31 de diciembre de 1869 en Le Cateau-Cambrésis, una ciudad del norte de Francia donde su padre vendía grano. De joven estudió Derecho en París, desde 1887 a 1889, cuando regresó a su región natal para trabajar en un bufete, pero no tardó en asistir a clases de dibujo antes de ir al trabajo. Empezó a pintar a los 21 años mientras se recuperaba de una enfermedad y su madre le llevó lápices y un bloc de dibujo. Mucho más tarde dijo: “En cuanto tuve los lápices en las manos, supe que era mi vida”. Su madre fue la primera en aconsejarle que no siguiera las “reglas habituales”, sino que se dejara guiar por sus emociones.

Marguerite con el gato negro (1910)

Matisse se entregó a la pintura en cuerpo y alma, hasta el punto de que en una ocasión le dijo a Amélie Parayre, la joven con la que se casaría a los tres meses de conocerla: “La amo de verdad, señorita, pero sepa que siempre más a la pintura”. Se trasladó a París en 1891 para ingresar en la Escuela de Bellas Artes y en la Academia Julian, dos centros muy academicistas, pero también se familiarizó con las obras posimpresionistas de Paul Cézanne y de Vincent van Gogh.

Con su esposa Amélie

Empezó a exponer sus cuadros a mediados de los noventa y, generalmente hablando, las reacciones fueron favorables. En 1898 se casó con Amélie y tuvieron tres hijos, Marguerite, Pierre y Jean. Fueron años difíciles y si no hubiera sido porque la Sra. Matisse diseñaba maravillosos sombreros, la joven pareja y su hija lo habrían pasado muy mal.

Autorretrato

El galerista Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le organizó su primera exposición en solitario en 1904. Ese mismo año viajó a Saint-Tropez y a Collioure, en la Cataluña francesa, donde pintó varios cuadros que se expusieron en el Salón de Otoño de París en 1905. Estos cuadros y algunos de otros artistas no gustaron y un crítico comparó a los pintores con bestias salvajes, “fauves” en francés, dando pie al estilo fauvista. El cuadro más vilipendiado fue “Mujer con sombrero”, un retrato de su esposa. Sin embargo, lo compraron los coleccionistas Gertrude y Leo Stein, lo que dio a Matisse una inyección de moral en medio de tantas críticas negativas.

Matisse empezó a ser famoso, y entre 1906 y 1917 vivió en París, en una espléndida mansión llamada “Hôtel Biron”, con Auguste Rodin, Jean Cocteau e Isadora Duncan de vecinos. Era un hombre de costumbres regulares: se levantaba muy temprano para trabajar hasta la hora del almuerzo, volvía a su estudio después de comer y a última hora de la tarde tocaba el violín antes de tomar una cena ligera (un plato de sopa, dos huevos duros, una ensalada y una copa de vino). Solía acostarse temprano.

Con La Puce

Viajó extensamente a España, Italia y Marruecos entre 1909 y 1914 huyendo de los fríos inviernos de París. En esta época, el coleccionista ruso Sergei Shchukin fue uno de sus compradores más fieles adquiriendo un total de 32 cuadros. “Siempre se llevaba los mejores”, dijo Matisse. En 1917, queriendo alejarse de la Gran Guerra que destruía el norte de Francia, se mudó a Niza con su familia y solo regresó a París unas semanas al año en verano. Gran parte de su obra fue comprada por coleccionistas americanos, además de rusos.

Se separó de su esposa en 1939, después de 41 años de matrimonio. A partir de ese momento, la rusa Lydia Delectorskaya se ocupó de todos los asuntos del pintor con absoluta meticulosidad. Después de sufrir una operación en 1941, pasó largas temporadas sin poder moverse de la cama, lo que no le impidió seguir trabajando en compañía de sus gatos. Cuando se trataba de obras murales, y al no poder subirse a un andamio, ataba un pincel a un palo largo como hizo para la decoración del hotel Regina. Pero esa técnica no era una novedad, ya la había usado en 1910 para pintar el mural “El baile”.

Trabajando en “El baile” (1910)

Trabajando con Lydia en el hotel Regina, Niza (1952)

Matisse siempre intentó permanecer alejado de las corrientes filosóficas y de la política. Le causó una enorme sorpresa enterarse de que su exmujer había trabajado para el Partido Comunista, que su hija estuvo encarcelada seis meses por los nazis y que su hijo Jean saboteaba trenes para la Resistencia.

Con Coussi

Hacia el final de su vida sintió un nuevo impulso creador que le llevó a introducirse en las artes gráficas y a ilustrar libros. En 1951 acabó un proyecto que le llevó cuatro años, la decoración de la Capilla del Rosario (Chapelle du Rosaire) en Vence, que escandalizó a la jerarquía católica y tampoco fue bien vista por el mundo del arte contemporáneo de la época, muy influenciado por el comunismo.

Henri Matisse murió de un infarto a los 84 años el 3 de noviembre de 1954, con su hija Marguerite y Lydia Delectorskaya a su lado. Esta última abandonó la casa inmediatamente con la maleta que tenía preparada desde hacía 15 años. Está enterrado en el cementerio del monasterio de Nuestra Señora de Cimiez.


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Gatos en radiadores de automóviles

¿Quién no conoce la pantera de la marca Jaguar o la estrella de tres puntas de Mercedes? Estos son los dos que nos vienen a la mente, pero numerosas marcas de automóviles tienen un símbolo que suele colocarse en la parte delantera del capó. En Inglaterra lo llaman “car mascot”, mascota de coche; en otros países, adorno de vehículo. Montado en la tapa del radiador, se convirtieron en reclamo o decoración para personalizar el automóvil desde la aparición de este.

Gato con botas (Hansi Siercke, 1920)

Henri Molins

Los primeros automóviles tenían la tapa del radiador en el capó, encima de la rejilla, y la figura servía de indicador de la temperatura del agua. La empresa Boyce MotorMeter obtuvo la primera patente en 1912 de una tapa de radiador que contenía un termómetro. Medía la temperatura del vapor de agua, no del agua en sí, y el conductor podía verlo desde su asiento. Muy pronto alguien tuvo la idea de instalar un ornamento encima de la tapa “medidora” de temperatura.

Gato enfadado (Douglas Moulden)

Gato furioso (Charles Paillet, 1871-1937)

 

 

 

 

 

 

 

Los primeros interesados fueron los fabricantes de coches y las empresas dueñas de flotas de vehículos. Empezaron a surgir negocios dedicados a la fabricación de adornos de radiador en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países. Los dueños de coches de lujo convencieron a famosos escultores como François Bazin, Charles Paillet,  Charles Robinson Sykes y A. Renevey para realizar delicadas miniaturas que encajaran en el capó de sus preciados automóviles. Sykes se hizo famoso al diseñar el “Spirit of Ecstasy” (Espíritu del éxtasis) que adorna los capós de los Rolls-Royce.

Gato caballero (Henri Payen)

Gato con botas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las figuras escogidas por los diseñadores y los clientes eran muy diversas, bailarinas, mujeres aladas, arqueros, lanzadores de jabalina, napoleones, gaiteros, esfinges, así como animales de todo tipo, mitológicos o reales, como caballos (con o sin alas), pájaros varios (con una marcada preferencia por el halcón y el águila), perros de cualquier tamaño y raza, ardillas, felinos (leones, panteras) y… gatos.

El gato Félix

Max Le Verrier

En los años veinte y treinta, numerosos propietarios de vehículos adornaban el capó de su coche con un gato. Hemos encontrado gatos con botas, gatos enfadados, gatos lectores y gatos lavándose diseñados por escultores como Max Le Verrier, que se dio a conocer por sus objetos prácticos y sus adornos para automóviles de estilo Art Déco.

Gato en la luna (1925)

Gato en la luna (Citroën)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El famoso diseñador y creador de objetos de cristal René Lalique diseñó su primera mascota en 1925, cinco caballos de perfil, y la colocó en su Citroën 5CV. Entre 1925 y 1931, las mascotas de Lalique decoraron los capós de Bentley, Bugatti, Hispano-Suiza, Isotta-Fraschini y Mercedes-Benz. Curiosamente, jamás diseñó ornamentos para coches con forma de gato, sin embargo, hay numerosas figuras de gatos sentados o tumbados firmadas por este creador. Para acabar con Lalique, añadiremos que el adorno más buscado por los coleccionistas es la figura de un zorro de cristal esmerilado que se vendió por 300.000 dólares.

René Lalique

Las mascotas de coches fueron muy populares desde principios de los años veinte hasta finales de los cincuenta. Hoy en día, solo hemos podido encontrar una empresa dedicada a su fabricación, Louis Lejeune Ltd., en Inglaterra.

Gato lavándose (G. Gardet,1863-1939)

Gato lavándose (E. Samson)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez hay más restricciones para los ornamentos colocados en la parte delantera de los vehículos debido al riesgo que representan para los peatones en caso de atropello. En Estados Unidos, a partir de los setenta, las “mascotas” de coche debían ir montadas sobre una base flexible para que pudieran doblarse sin romperse en un accidente. En la Unión Europea, y a partir de 1974, el “espíritu del éxtasis” de Rolls Royce va sobre un mecanismo retráctil que le permite entrar en el radiador si recibe un golpe cuya fuerza supere los 98 neutonios. Otros ornamentos están diseñados para soltarse del pie si sufren un impacto.

Gato humorista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tapa de radiador se convirtió en arte durante unas décadas y no solo plasmó la visión del fabricante del coche en el caso de las marcas, también habló de la personalidad del dueño que encargaba, por ejemplo, un “gato en la luna” para encajar en la tapa del radiador. Todos los gatos que aparecen aquí tienen algo que decir acerca de la persona que los encargó o escogió y colocó en la parte más vistosa del coche que acababa de comprarse.

Antoine Elie Ottavy (1897-1951)

Louis Rigot

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, si van a Turquía de vacaciones y son fans de los automóviles, no se pierdan el “Key Automotive Museum”, fundado por Efe Uygar y Murat Özgörkey, donde podrán ver una colección de 300 adornos para coches. Según Uygar “la primera mascota para vehículo fue un halcón con un sol por cresta montado en el carro del faraón Tutankamón”.