Gatos y Respeto

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Gatos realistas de Jean-Bernard Duvivier

(1811)

Jean-Bernard Duvivier, pintor de origen flamenco, nació el 22 de junio de 1762 en Brujas, entonces parte del Imperio Austríaco. Estudió primero con Hubert de Kock y luego con Paul de Kock, hermano del primero y director de la Academia de Brujas, donde fue galardonado con tres medallas y el primer premio de dibujo del natural.

Jean-Bernard Duvivier retratado por Gerrit Jan Michaelis (1828)

Cinco estudios de gatos (1812)

Siendo aún muy joven se trasladó a París y estudió a las órdenes de su compatriota Joseph-Benoît Suvée, director de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad. Sacó la mejor nota y volvió a ganar otro primer premio de dibujo del natural, concretamente en la especialidad de “figura pintada” y “expresión”.

Efectivamente, basta con fijarse en sus cabezas de gatos para ver que era un hábil dibujante del natural y que sabía plasmar a la perfección la expresión del modelo.

En 1788 ganó el segundo premio de pintura, se marchó a Roma un año después y permaneció allí varios años. En 1795, acompañado por el pintor Dandrillon, un experto en perspectiva y que acabaría siendo su suegro, y del dibujante Dutertre, visitó Florencia, Bolonia, Venecia y Milán. Aprovechó el viaje para crear un importante portafolio de dibujos que le serviría en un futuro inmediato.

Una vez calmados los sobresaltos de la Revolución francesa, regresó a París en 1796, en pleno periodo del Directorio. Su famoso cuadro “Héctor” fue tan aplaudido por el público que el gobierno decidió alojarle en el “museo de los artistas”. A partir de esta época realizó un gran número de dibujos para medallas y otros objetos de arte. También probó suerte con los aguafuertes y obtuvo mucho éxito con los grabados a buril, técnica que emplearía sobre todo en su vejez.

Se dedicó mayormente a los retratos y a las escenas históricas y religiosas. Sus composiciones equilibradas, coloristas y realistas gustaban mucho y recibió un sinfín de encargos. Durante su vida, algunas de sus obras decoraron las paredes de los ministerios y de los grandes del Primer Imperio. Además de ser profesor en la École Normale de París, en 1811 se le encargó dibujar la historia numismática de Napoleón, un trabajo que ocupó varios volúmenes, y que prosiguió para Luis XVIII y Carlos X.

(1802)

Solía representar a las personas retratadas con libros o en bibliotecas. En la segunda mitad de su vida también ilustró libros de lujo, entre los que mencionaremos el “protocatálogo” de la Galerie du Palais Royal (1808); la novela “Robinson Crusoe”, de Daniel Defoe (1816); una historia de Francia (1817), que incluye el dibujo del asesinato de Marat por Charlotte Corday, y “Las metamorfosis”, de Ovidio (1820).

(1811)

Aun así, le quedó tiempo para dibujar numerosos gatos, ratones, vacas, caballos, perros… Por lo que hemos podido ver, dibujó la mayoría de sus gatos entre 1802 y 1819, como ocurrió con los otros animales. Se sabe muy poco de este pintor y dibujante que hoy en día está casi olvidado.

Al ver los dibujos de perros, vacas y caballos, nos atrevemos a decir que debían venderse con facilidad. Hay caballos de tiro y elegantes caballos de montar; vacas paciendo en prados y vacas en establos. Todos los perros son de raza, claramente admirados y cuidados por sus dueños. Sin embargo, los gatos y gatas que dibuja son callejeros, no hacen nada especial, duermen o dormitan, como perfectos gatos. Sus numerosas cabezas de gatos son muy expresivas. En cuanto a los ratones (y ratas), muchos están atrapados en complicadas trampas o parecen estar muertos. Casi da la impresión de que dibujó gatos para sí mismo, quizá porque tenía gatos y los conocía bien.

Jean-Bernard Duvivier vivió a caballo entre dos siglos, en una época en que los gatos todavía no estaban muy de moda. Théophile Alexandre Steinlein, el dibujante de gatos por excelencia, nació en 1859. En los años de Duvivier, pocos pintores se molestaban en dibujarlos y menos aún en incluirlos en un cuadro; esto no empezó hasta finales del siglo XIX.

Falleció el 24 de noviembre de 1835 a los 75 años después de haber vivido una revolución en su Bélgica natal, el principio de la Revolución francesa, el Directorio, la llegada de Napoleón y el Primer Imperio, así como los reinados de Luis XVIII y de Carlos X.

(1804)

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Gatos, tristeza y Françoise Sagan

El 6 de enero de 1979, el programa “30 millones de amigos” emitió un reportaje en torno a los animales de Françoise Sagan, cuando ya era muy famosa, de unos quince minutos de duración (https://www.youtube.com/watch?v=CSP88KlQAQQ). Rodado en su casa de campo de Equemauville, en Normandía, habla de su gato Minou y de su perro Werther, que no solo se llevaban bien, sino que eran realmente amigos. Ambos la acompañaban cuando dejaba su piso de París para pasar unos días en el campo. En la época, Werther tenía diez u once años, y Minou, algo más.

Werther, 11 años

Minou

También menciona a Coco el caballo. Según cuenta, un caballo anterior a Coco se aburría y compraron un asno para hacerle compañía, pero el caballo murió y el asno se deprimió, por lo que compraron otro caballo… También relata una anécdota acerca de un productor de cine que fue a la casa de campo para hablar de la compra de derechos de una novela suya. El caballo se acercó y sopló encima del hombro del productor, que dio un salto de un metro y se marchó sin firmar el contrato porque los caballos le daban miedo. Por cierto, el programa “30 millones de amigos” (30 millions d’amis), el primero de la televisión francesa en hablar únicamente de animales de cualquier tipo, empezó a emitirse el 6 de enero de 1976, tres años antes de la entrevista a la escritora. La cadena pública lo canceló en junio de 2016, después cuarenta años y medio de emisión.

Werther

Minou

Françoise Sagan saltó a la fama a los 18 años, en 1954, con la publicación de su primera novela, “Buenos días, tristeza”, escrita en parte en las mesas del café Le Cujas, en París, y cuyo título está inspirado en un verso de Paul Eluard. La novela salió a la venta el 15 de marzo de 1954, y el 24 de mayo de ese año ganó el Premio de la Crítica. El éxito del libro fue inmediato, y el escándalo también. Había nacido una leyenda.

Con una ardilla

Años después, en una entrevista, la escritora dijo: “El escándalo suscitado por la novela me sorprendió sobremanera. Para tres cuartas partes de la gente, era escandaloso que una joven se acostara con un hombre sin quedarse embarazarse y verse obligada a quedarse. Para mí, el escándalo residía en que un personaje, por total inconsciencia, por puro egoísmo, fuera la causa de un suicidio”.

Con Anthony Perkins en el rodaje de “No me digas adiós”.

Françoise, cuyo verdadero apellido era Quoirez, adoptó “Sagan” como seudónimo en honor al príncipe de Sagan, un personaje de Proust, cuando su padre montó en cólera al saber que iba a publicar una novela. Nacida el 21 de junio de 1935 en Carjac, departamento del Lot, en el seno de una familia burguesa, fue una niña mimada que siempre había hecho lo que le apetecía y que duraba poco en los colegios privados, pero que devoraba los libros.

En 1956 publicó su segunda novela, “Una cierta sonrisa”, escrita en solo dos meses y dedicada a su gran amiga Florence Malraux. También cosechó un éxito rotundo y, de pronto, la joven escritora se hizo rica. Su padre le dio un consejo: “El dinero a tu edad es peligroso, gástalo”. Apasionada de la velocidad, se compró coches, jugó en los grandes casinos de Normandía y de la Costa Azul, frecuentó todas las discotecas de moda de Saint-Tropez y de París. De hecho, el 8 de agosto de 1958 ganó ocho millones de francos (unos 13.000 euros de ahora) con los que se compró la mansión de Equemauville.

En su casa de campo

Tenía dos Jaguar, un Ferrari, un Aston Martin que conducía de noche por París con su hermano Jacques Quoirez, su cómplice, creando lo que la prensa bautizará como “el mundo de la Sagan”. No tardó en convertirse en el símbolo de una generación adinerada, despreocupada y sexualmente libre. Escribía de madrugada, a partir de medianoche, y se levantaba bien entrada la tarde.

Con un gato persa y su hermano, Jacques Quoirez

Sufrió un grave accidente de coche en 1957 en el que casi perdió la vida. Para mitigar el dolor, los médicos le administraron un derivado de la morfina. Al salir del hospital, se sometió a una cura de desintoxicación, pero no consiguió desengancharse y empezó a beber.

Con su siamés

En 1958 se casó con el editor Guy Schoeller, veinte años mayor que ella, que llevaba años protegiéndola. Se divorció a los dos años para casarse con un modelo estadounidense, Robert Westhoff, con el que tuvo un hijo en 1962. Aunque se divorciaron, siguieron compartiendo casa hasta separarse definitivamente en 1972. Pero su gran amor fue la estilista Peggy Roche, que siguió a su lado hasta que la muerte las separó.

Con un gato persa

Firmó unas veinte novelas y varias obras de teatro, entre las que está “Château en Suède” (Un castillo en Suecia), que le valió el Premio Brigadier 1960. También publicó colecciones de relatos y escribió canciones para Juliette Gréco.

Portada de “Una tormenta inmóvil”

Firmó el “Manifiesto 121” en 1960, durante la Guerra de Argelia, alentando a los soldados franceses a desertar. Como represalia, la OAS (Organización del Ejército Secreto) puso una bomba en casa de sus padres. Once años después, el 5 de abril de 1971, será una de las firmantes de “El manifiesto de las 343”, publicado por el periódico “Le Nouvel Observateur”, en el que 343 mujeres reconocían haber abortado, algo duramente castigado en Francia en aquella época. Exigen el derecho a los anticonceptivos y al aborto legal. Entre las firmantes estaban Simone de Beauvoir, Catherine Deneuve, Jeanne Moreau, Delphine Seyrig…

Con su gato siamés y su perro

Françoise Sagan dijo haber vivido con gatos y perros desde siempre. Creía que numerosos dueños de animales demuestran un profundo egoísmo al exigir que sus animales respondan al cariño que les dan, o adjudicándoles un papel en su vida. Con ella, los animales eran libres, les ofrecía techo, comida y afecto sin pedir nada a cambio.

Portada de “¿Le gusta Brahms?”

Murió el 24 de septiembre de 2004 después de haber perdido todo su dinero por una turbia historia con la Hacienda francesa. Pasó sus últimos doce años con su compañera Ingrid Mechoulam, que cuidó de ella y se ocupó de volver a comprar todas las casas de Françoise Sagan a medida que salían a subasta.

Minou acariciado

Dedicamos esta entrada a Oussama Bel Aïba, amante de los gatos y enamorado de la escritora.


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Los gatos del viñetista satírico Ronald Searle

 

Ronald Searle nació en Cambridge, Reino Unido, el 3 de marzo de 1920, hijo de un empleado de Correos, y es uno de los mejores y más famosos viñetistas satíricos del siglo pasado. Se dio a conocer por sus pequeños paneles en torno al colegio St. Trinians, hogar de las colegialas más diabólicas que jamás habían pisado el Reino Unido, que empezaron a publicarse en 1941 y aparecieron semanalmente a partir de 1946.

Ronald Searle

El dibujante dejó el colegio a los 15 años para trabajar en Correos. Cuando se enteró de que el viñetista del periódico Cambridge Daily News estaba a punto de jubilarse, se presentó y le contrataron. Hacia finales de los años treinta se matriculó en la Facultad de las Artes de Cambridge, pero abandonó los estudios al empezar la II Guerra Mundial. Se alistó en el ejército y en 1942 le destacaron en Singapur. Las fuerzas japonesas tomaron la ciudad, y empezaron tres largos años de cautiverio.

Boda gatuna

Gato calvo con la peluca equivocada

Estuvo entre los prisioneros obligados a abrir el camino para la construcción del ferrocarril que uniría Siam (actual Tailandia) y Burma (actual Myanmar). El tratamiento era inhumano; muchos de sus compañeros murieron de hambre, deshidratación, agotamiento, enfermedades y también debido a las torturas. Consiguió hacerse con un lápiz y un poco de papel para seguir dibujando. Afortunadamente, no todos los guardas eran unos sádicos, y un capitán se enteró de que dibujaba. Le hizo llamar y le proporcionó papel y lápices. Liberado en la primavera de 1945, regresó a Inglaterra en octubre. Durante años intentó localizar al capitán japonés que le había ayudado, pero nunca lo logró.

Gata con gatitos

Gato caracol

Antes de hacerse famoso con las malvadas chicas de St. Trinians, plasmó en papel la vida de los campos de concentración japoneses. Hoy en día, estos dibujos se consideran auténticos documentos históricos. Fueron objeto de una exposición en Londres y, posteriormente, de un libro publicado en 1986, “Ronald Searle: To the Kwai and Back, War Drawings 1939-1945”. Su experiencia fue traumática y es posible que nunca la superara.

Cuatro gatos

Gato enamorado

Como hemos dicho antes, las chicas de St. Trinians le catapultaron a la fama. En 1948 se publicó el primer libro recopilatorio de las viñetas y, desde entonces, nunca ha dejado de publicarse, además de rodarse siete películas basadas en el estrambótico colegio. En 1952, Ronald Searle se hartó de las colegialas y acabó con ellas lanzando una bomba atómica sobre la escuela, pero no sirvió de nada; los periódicos siguieron publicando viñetas antiguas y muchos lectores pensaban que eran nuevas.

Gato acróbata

Gato exhibicionista

 

 

 

 

 

 

 

 

Gato glotón de derechas intentando digerir el ala izquierda de un pollo

El brutal entierro de las insufribles chicas y sus profesoras fue el principio de una ruptura total con el pasado. En 1961, mientras su primera esposa, su hija y su hijo (gemelos, por cierto) se habían ido unos días de vacaciones, Searle hizo la maleta y se fue a Francia, decidido a empezar desde cero. Su esposa nunca le perdonó y él apenas volvió a ver a los gemelos; eso sí, tuvo el detalle de traspasarles los derechos de muchas de sus viñetas para que vivieran cómodamente.

Gato de nieve helado

Gato gruñón

Se instaló en París en una residencia de estudiantes y empezó a dibujar gatos (entre otras cosas). Seis años después, con 47 años, casado de nuevo con Monica Koenig, una pintora y diseñadora de joyas y decorados teatrales, y con numerosas viñetas publicadas en la revista “The New Yorker” y artículos en “Holiday”, dedicó toda una exposición en Saint-Germain-des-Près a sus extraños gatos. No son adorables, no dan ganas de abrazarlos; más bien son gatos con sentimientos humanos, individuos inseguros, llenos de dudas, caricaturas humanas en la piel de un gato.

Gato muy peludo con problemas de caspa

Gato parisino

Pero eso sí, se reconocen a la legua. Nadie, ni antes ni después, ha visto a los gatos con la misma mirada que Ronald Searle: inestables, divertidos, con sentido del humor, reflejando todas las contradicciones de la sociedad, invitándonos a reírnos de nosotros mismos.

Parece ser que incluso llegó a decir que no le gustaban particularmente los gatos, pero que era “lo que más vendía”. Desde luego, hemos sido incapaces de encontrar una sola foto suya con un gato o con cualquier otro animal. Pero también es verdad que era un hombre muy privado y que hay muy pocas fotos suyas disponibles en Internet. Defendía su vida privada a rajatabla, poquísima gente tenía su número de teléfono y si alguien deseaba entrevistarle, era necesario mandarle un fax.

Gato vegetariano ante plato de huevos fritos

Retrato de familia

Aquí vemos a Kate, hija de su primer matrimonio, rodeada de los dibujos de gatos de su padre y con uno negro en brazos.

Ronald Searle y Monica Koenig dejaron París y se mudaron a las montañas de Provenza. Aunque seguía publicando regularmente en revistas y periódicos como Life, Look, Time Magazine, The Saturday Evening Post, TV Guide, The New Yorker, Le Monde, Playboy y The Sunday Express, entre otros, al alejarse del mundanal ruido, mucha gente creyó que había muerto. En realidad falleció el 30 de diciembre de 2011, a los 91 años, cinco meses después de su esposa Monica.

Gato satisfecho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lobo tímido vestido de gato

Fue premiado en dos ocasiones con el Premio Advertising and Illustrations, en 1959 y 1965, y volvió a ganarlo dos décadas después, cuando ya había sido dividido en dos, el Premio Ilustración en 1980 y el Premio Publicidad dos años seguidos, en 1986 y 1987. En 1960 se convirtió en la primera persona no estadounidense en ganar el prestigioso Premio Reuben que entrega la Sociedad Nacional de Viñetistas. En 2004 fue nombrado Comandante del Imperio Británico; el gobierno francés le concedió la Legión de Honor en 2007, y en 2009 recibió la Cruz del Mérito de la Baja Sajonia. Finalmente, en 2011 obtuvo el Premio Windsor McCay por su contribución a la animación.

Llegada del gran dios Gato

Feliz septiembre con los irreverentes gatos de Ronald Searle.


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El gato Room 8

Retrato oficial de Room 8 (Foto de Roger W. Vargo)

Un buen día de 1952 apareció un gato en el aula 8 de la escuela primaria “Elysian Heights” (Altos Elíseos) de Echo Park, un barrio en pleno centro de Los Ángeles conocido por ser el hogar de músicos, actores y directores de cine como Frank Zappa (https://gatosyrespeto.org/2018/02/22/gatos-el-maestro-y-frank-zappa/), Steve McQueen, Shia LaBeouf o John Huston, entre otros. En los años cincuenta, Echo Park aún no tenía su célebre zona de moda, ni tampoco estaba tan densamente poblado; actualmente cuenta con más de 43.000 habitantes.

Ahora bien, que un gato llegue a un colegio, se pasee y esté de visita unos días, no dudamos que pueda pasar, pero ¿que decida vivir 15 años en la misma escuela? Cuando por primera vez vieron al gato atigrado, estaba famélico, y lo que hizo fue pedir trozos de sándwiches a los niños, que se encontraban en la hora del almuerzo. A continuación, les siguió al comedor y pidió más comida. En los días siguientes exigió que se le dejara entrar y dormir en las aulas, sobre todo en la 8; de ahí su nombre, “Room 8”. Varios profesores y padres a los que les gustaban los gatos calcularon que debía tener unos cinco años.

Cantando el himno nacional con Room 8

La entrada del colegio

Durante 15 años repitió exactamente la misma rutina: desaparecer por la noche y estar puntualmente por la mañana cuando abrían las puertas de la escuela. ¿Y qué ocurría en vacaciones y en verano? También desaparecía, pero el día que volvían los niños al colegio, ahí estaba. Al cabo de poco tiempo se desveló el misterio: siempre había alguna familia que vivía cerca dispuesta a acogerle si el colegio estaba cerrado.

Foto de fin de curso con Room 8

Retrato de Room 8 en la escuela

John Hernandez, que estudió en Elysian Heights, recuerda: “Conocí a Room 8 personalmente. Pasó todo el verano en casa con nuestros dos gatos, creo que fue en 1962. Pero antes ya había aparecido en numerosas ocasiones requiriendo comida, y siempre le complacíamos. Cabe la posibilidad de que fuera el padre de la última camada de nuestra gata. Tres de los seis gatitos tenían las mismas marcas que Room 8. Mi madre repartió los seis entre los vecinos, y es muy posible que el linaje de Room 8 siga vivo en el barrio”.

Room 8 deja su huella en cemento

Su huella

Room 8 se hizo muy famoso, tanto que en ocasiones llegó a recibir cien cartas en un solo día, aunque la media era de unas treinta mensuales. Cada otoño le esperaban cámaras de televisión y periodistas locales para asegurarse de que había vuelto. En 1968, el realizador Bud Wiser le incluyó en un documental de una hora de duración llamado “The World of Animals: Big Cats, Little Cats” (El mundo de los animales: Gatos grandes, gatos pequeños).

Room 8 realizando su pasatiempo favorito

“Sin nombre llegó al Aula 8 para traer fama a nuestra escuela”.

Es el protagonista del libro infantil “A Cat Called Room 8” (Un gato llamado Aula 8), escrito en 1966 por Virginia Finley y Beverly Mason, antigua directora de la escuela Elysian Heights. Las ilustraciones son de Valerie Martin, que daba clases cuando Room 8 se instaló en el colegio. La revista Look publicó un reportaje fotográfico de tres páginas de Room 8 realizado por el fotógrafo Richard Hewett en noviembre de 1962. El músico Leo Kottke compuso un tema instrumental titulado “Room 8” incluido en el álbum “Mudlark”, de 1971.

Placa firmada por la ilustradora del libro

Su popularidad empezó con un artículo en “My Weekly Reader” (Mi lectura semanal), una revista de gran éxito dirigida a niños que apareció en Estados Unidos desde 1928 a 2012. A partir de ese artículo empezaron a llover las cartas de fans, más de diez mil en total. Los niños de la escuela hacían las funciones de secretarios/as para contestar toda la correspondencia. Los sobres no solo contenían cartas, sino también billetes de un dólar o más, que sirvieron para comprar libros. Y algunos de estos sobres iban sencillamente dirigidos a “Room 8, Los Ángeles, California” o “El gato, Los Ángeles, California”.

Leyendo las cartas de sus fans

Recuerdos de Room 8

Los años pasaron, y un día Room 8 se peleó con otro gato y salió mal parado. Ya no era el gato en la plenitud de la vida que había elegido el colegio como su hogar. Cuando contrajo neumonía, una familia vecina de la escuela se ofreció para cuidarle. Y cada día, el conserje le buscaba al final de las clases y lo llevaba al otro lado de la calle.

Room 8 con una de sus secretarias

En la acera: “Hogar de Room 8”

Falleció el 13 de agosto de 1968. La esquela en el periódico Los Angeles Times, en tres columnas y con una fotografía, no tenía nada que envidiar a las de importantes figuras políticas. Era tal su fama que la esquela incluso se publicó en Hartford, Connecticut. Los alumnos organizaron una colecta para sufragar su tumba en el cementerio para animales de Los Ángeles, en Calabasas, California.

En el libro dedicado a Room 8, Beverly Mason recoge varios testimonios de antiguos alumnos, como el de Angie Medrano: “Mi primer recuerdo de Room 8 es verle en los brazos de la Srta. Mason y pensar que era un gato muy grande. Le puso en el suelo y saltó a un pupitre al lado de la ventana para echarse la siesta al sol”.

Beverly Mason con Room 8

Otro retrato en la escuela

Como cualquier otra escuela primaria en los años cincuenta, Elysian Heights tenía muchas reglas: No se habla en clase, se respeta la cola, no se corre en los pasillos, no se habla durante los diez primeros minutos de la comida. Pero encima de todas estas normas, una era suprema: “No se molesta al gato”. Un maestro de entonces, Bob Bedwell, recuerda que un alumno se cambió de pupitre porque Room 8 quería su sitio.

Room 8 quiere estudiar

Publicado en la revista Look

Room 8 se tumbaba encima de los cuadernos y de los libros, robaba la comida de los niños, dormía en la mesa del profesor mientras este daba clase. Room 8 hacía lo que quería, conquistó a todo un colegio y a un vecindario. Estamos seguros de que entre los niños que le conocieron, hay muy pocos que no sean amantes de los gatos actualmente.

Duerme feliz al sol en los Campos Elíseos, Room 8.


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Gatos vanguardistas y la pareja Goncharova-Larionov

Gato en una silla (Larionov, 1911)

Nacieron exactamente con un mes de diferencia en 1881; Mijaíl Larionov, el 3 de junio y Natalia Goncharova, el 3 de julio.  Sus respectivas familias se trasladaron a Moscú en 1891 y los dos ingresaron en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú en 1898. Se conocieron, se enamoraron y nunca volvieron a separarse. No se puede hablar de Natalia Goncharova sin hablar de Mijaíl Larionov y viceversa.

Natalia y Mijaíl en su estudio moscovita

Natalia estudiaba escultura, pero Mijaíl la convenció de que era pintora: “Tienes ojos para el color, pero te preocupas demasiado por la forma. ¡Abre los ojos para encontrar tus ojos!” Parece ser que al oír esto, la escultora se enfadó muchísimo y estuvo tres días sin hablarle, pero acabó dándole la razón y ya no dejó de pintar a partir de entonces.

Gata con gatitos (Goncharova, 1910-11)

Detalle

A pesar de las protestas de los padres de Natalia Goncharova, alquilaron un pequeño piso en 1903 y vivieron juntos sin estar casados. De hecho, no se casarían hasta 50 años después, solo para asegurarse de que su legado sería protegido y devuelto a Rusia. Cuando la Galería Tretiakov compró un cuadro de Larionov, los padres de Goncharova pensaron que quizá no era tan mal partido aunque no tuviera dinero.

Gata (Larionov, 1910)

Solo se separaban en verano. Él regresaba a Tiráspol, la ciudad donde nació, y ella se iba a las costas de Crimea. Se reunían en otoño y volvían a estar juntos, trabajando en el mismo estudio. Empezaron los escándalos: la obra de Natalia fue tachada de pornográfica y ella, arrestada; Mijaíl fue expulsado de la Escuela.

Gato (Larionov, 1910)

Larionov fundó el grupo de pintura vanguardista “Sota de Diamantes” junto a Robert Falk (un amante de los gatos), Alexander Kuprin, David Burliuk y muchos otros. En diciembre de 1910, la primera exposición con obras de los miembros de “Sota de Diamantes” en Moscú creó un revuelo mayúsculo que catapultó al grupo a la fama.

Robert Falk y gato

Ese mismo año, unos meses antes, ambos pintores habían participado en el Segundo Salón de Odesa con veinticuatro cuatros de Goncharova y veinticinco de Larionov. Por cierto, Kandinski contribuyó con nada menos que cincuenta y tres obras al Salón. En esa época inventaron el rayonismo, el estilo que sentaría la base de la pintura abstracta en Rusia. Una de las obras más famosas de Natalia son los gatos rayonistas.

Loa gatos (Goncharova, 1913)

Cuatro años antes, en 1910, el famoso Sergéi Diáguilev, fundador de los Ballets Rusos, había invitado a Larionov a la inauguración de una exposición de pintura rusa organizada por él en París. Durante su estancia descubrió los cuadros de Gauguin y el fauvismo, y en una visita a Londres, la obra de Turner.

Diseño escénico para “El gato, el gallo y la zorra” (Larionov)

Larionov hizo el servicio militar en tres etapas (invierno de 1910 a verano de 1911 y primaveras de 1912 y 1913). Fue entonces cuando pintó toda una serie de Venus con y sin gatos, entre ellas la Venus de Katsap, que podría traducirse como “Venus rusa”. Se han avanzado muchas teorías sobre las Venus de Larionov, pero quizá lo único que tiene sentido es que los gatos que las acompañan son una referencia al Gato de Kazán  (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/).

Venus de Katsap, dibujo (Larionov)

Venus de Katsap (Larionov, 1912)

Por las fechas de los cuadros de los dos artistas, parece ser que incluyeron gatos en sus obras antes del año 1915, cuando vivían en Moscú, en la época previa a su trasladó a Lausana y luego a París. La única excepción quizá sea “Desnudo con gato”, pintado después de 1917, en el que retrató a Alexandra Tomilina, su modelo durante muchos años antes de convertirse en su segunda esposa. ¿Dejaron de tener gatos en París?

Desnudo (Alexandra Tomilina) con gato (Larionov)

Poco antes de la Primera Guerra Mundial, Diáguilev, acompañado del coreógrafo Michel Fokine, viajó a Moscú para pedirle a Natalia Goncharova  que diseñara los decorados del ballet “El gallo de oro”. La exposición de las obras de los dos artistas organizada por el empresario en la Galería Paul Guillaume de París recibió una acogida impresionante. La teoría del rayonismo estaba en boca de todos y los jóvenes pintores se hicieron famosos.

Mujer con gato (Goncharova, 1913)

El estallido de la guerra les obligó a regresar precipitadamente a Moscú y Mijaíl fue llamado a filas. Gravemente herido en agosto de 1914, pasó por un largo periodo de convalecencia. En abril del año siguiente, Diáguilev les invitó a venir a Lausana para preparar los decorados de la nueva gira de los Ballets Rusos.

Dos gatos (Larionov)

No había muchos escenarios disponibles para los Ballets Rusos antes del fin de la guerra, por lo que Diáguilev aceptó encantado la invitación de Alfonso XIII para trabajar en Madrid, donde presentó con enorme éxito algunos de sus ballets más famosos en el Teatro Real. “Kikimora” se estrenó en el Teatro María Eugenia de San Sebastián cuando la familia real se trasladó allí para las vacaciones de verano. La estancia española marcó profundamente a Natalia y quedó reflejada en numerosos cuadros.

Vestuario para el ballet “Kikimora” (Larionov)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1917 estaban a punto de regresar a Rusia, pero les detuvo la Revolución de Octubre. Un año después alquilaron un piso en la calle Jacques Callot del barrio Latino de París. Siguieron compartiendo piso a pesar de haber dejado de ser pareja sentimental, debido tal vez a las muchas infidelidades de Mijaíl Larionov o porque el vínculo artístico era mucho más fuerte.

Venus (Larionov, 1912)

Natalia Goncharova conoció y se enamoró de Orest Ivanovich Rosenfeld, el agregado militar menchevique del gobierno provisional de Kerensky en París. Detenido en 1941, no salió del campo de concentración de Lübeck hasta 1945. A su regreso fue nombrado editor jefe del periódico socialista “Populaire”. Siempre ayudó a Natalia y le encargó dibujos para el periódico cuando ella y Mijaíl pasaron por dificultades financieras.

Ventana con gata (Goncharova)

Alexandra Tomilina se hizo con el corazón de Larionov. Licenciada en la Sorbona, se convirtió en su secretaria, modelo y compañera hasta su muerte. Acabó alquilando un piso en el mismo edificio que Mijaíl y Natalia, y aunque pasaba mucho tiempo en el piso de los artistas, siempre volvía al suyo para dormir.

Larionov nunca se repuso completamente de la herida sufrida en 1914 y pintaba cada vez menos. Goncharova, al contrario, incluso con artritis y después de romperse el brazo, siguió pintando. Entre 1957 y 1958 completó unos 50 cuadros. Firmó el último en 1960.

En su casa de París, principios de los cincuenta

Natalia Goncharova falleció mientras dormía el 17 de octubre de 1962. Mijaíl Larionov se casó por fin el 28 de mayo siguiente con la paciente Alexandra Tomilina, legándole todas las obras de Natalia y suyas, con el encargo de devolverlas a Rusia. El pintor murió el 10 de mayo de 1964.

Rabino y gato (Goncharova, 1912)


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Gatos con vitíligo o hipopigmentación

Gato rubio con vitíligo

El color de algunos gatos se aclara con el paso del tiempo. Aunque el cambio es mucho más aparente en los de pelaje oscuro, puede ocurrir en los de cualquier color. Pero ¿a qué se debe? El color de la piel y del pelo depende de unas células llamadas melanocitos, que se encuentran en la epidermis y en los folículos del pelo. Dichas células producen la melanina que aporta color a la piel y al pelo. Cuando nos exponemos al sol, estas células generan una mayor cantidad de melanina y la piel oscurece. Hasta aquí, todo tiene sentido, pero ¿por qué tiene lugar el efecto opuesto?

Proceso del vitíligo

La despigmentación no es una condición reservada a los gatos, se da en muchos otros animales (incluso en aves) y en seres humanos (la modelo Winnie Harlow, por ejemplo, que se convirtió en portavoz de la enfermedad).

Pingüino con vitíligo

Pantera con vitíligo

Pero volvamos a los gatos. Los hay de muchos colores con dibujos siempre diferentes (sobre todo los callejeros) ya que la cantidad de pigmento varía mucho de uno a otro. Algunos incluso son albinos y carecen totalmente de pigmento. De hecho, a pesar de las características marcas oscuras de los siameses, estos padecen a menudo de albinismo. Otra curiosidad de los siameses “point” es que el tono de las marcas varía según la temperatura del cuerpo.

Neptune en 2001

Neptune varios años después

La producción del pigmento depende de la acción de una enzima que actúa de acuerdo con la temperatura. Por eso, las partes corporales más cálidas de los siameses son más claras, mientras que las zonas más frías (la cara, pies, cola y punta de las orejas) son más oscuras. Hay gatos negros cuyo pelaje adquiere un tono rojizo al estar más expuesto al sol (https://gatosyrespeto.org/2019/03/21/los-gatos-negros-y-el-melanismo/). Sin embargo, existen estudios que demuestran que una dieta deficiente en los aminoácidos tirosina y fenilalanina también hará que el gato negro desarrolle un pelaje color óxido. Esto último se corregirá con una dieta equilibrada.

Oliver, un gato rubio

En general, la despigmentación se debe a condiciones benignas y no afecta en absoluto a la salud del gato, aunque puede haber excepciones, como el lupus erythematosus, una enfermedad inmunomediada en la que los anticuerpos atacan diferentes zonas de la piel, creando heridas y despigmentación. Por suerte, es una condición excepcional en los gatos. De todas formas, se recomienda llevar al gato al veterinario si se empieza a notar una despigmentación gradual.

Despigmentaciones poco comunes

La mayoría de estudios concuerdan en que el vitíligo empieza a una edad temprana en los gatos, destruyendo los melanocitos progresivamente. A medida que estos mueren, la piel y el pelo de la zona afectada se vuelven blancos. Suele afectar primero a la cara, sobre todo la nariz, los labios y la zona alrededor de los ojos. A continuación se extenderá por las almohadillas y, poco a poco, por todo el cuerpo. Efectivamente, si nos fijamos en las fotos de la gatita alemana Elli, además de la mancha blanca señalada con un círculo rojo, el vitíligo le afectó primero la cara, antes de extenderse con mucha rapidez por el resto del cuerpo.

Ellie en 2016

Ellie en abril de 2017

El vitíligo es una forma de leucoderma, algo que antes se creía muy poco común en gatos, pero gracias a las redes sociales e Internet, cada vez salen más casos a la luz. La leucoderma (piel blanca) y leucotriquia (pelo blanco) producen un efecto “tela de araña” o “copo de nieve” más obvio en gatos negros. Algunos pueden acabar casi totalmente blancos con el paso del tiempo con solo pequeñas manchas negras dispersas. Como hemos dicho antes, no es una condición restringida a los gatos, también se ve en perros y panteras negras, entre otros animales. Es algo meramente cosmético y no afecta a la salud aunque incrementa la posibilidad de quemaduras solares en las zonas despigmentadas.

Elli en agosto de 2017

Ellie en octubre de 2017

En medicina, el vitíligo entra dentro de las enfermedades inmunodeficientes y se divide entre segmentario y no segmentario.  El vitíligo segmentario tiende a formar un dibujo estable y asimétrico en la espalda, y su progreso en humanos puede predecirse. El vitíligo no segmentario es más simétrico en cuanto a su desarrollo y ocupa importantes zonas del cuerpo. Sus categorías son las siguientes:

  • Vitíligo generalizado – el más habitual. Manchas blancas distribuidas al azar.
  • Vitíligo universal – una despigmentación casi total. La progresiva “tela de araña” o efecto “copo de nieve”.
  • Vitíligo focal – unas pocas manchas blancas en un área concreta del cuerpo. En general, en gatos muy jóvenes (muy pocos casos).
  • Vitíligo acrofacial – en las patas y alrededor de los orificios corporales. Muy habitual en gatos colorpoint.
  • Vitíligo de la mucosa – despigmentación de las membranas de la mucosa. Poco común en gatos.

Ellie en marzo de 2018

Ellie en febrero de 2019

En 2014 hicieron su aparición unos extraños gatos blancos y negros en la región de los Cárpatos, en Hungría, Polonia, Ucrania, Eslovaquia y Rumanía. Tienen el rabo, la parte inferior de las patas, las orejas y la nariz de color blanco plateado con el cuerpo generalmente negro y alguna que otra mancha blanca. Al nacer son de un color claro que se oscurece a medida que crecen. En 2017, un gato de Romford, Gran Bretaña, nació con ese mismo marcaje. A pesar de haber sido diagnosticado con vitíligo, encaja más con la mutación karpati (un gen dominante). La mutación puede ocurrir en un gato de otro color, pero es más pronunciada en los negros.

Tigra (mutación karpati)

El efecto tela de araña, quizá el más común entre los animales afectados por vitíligo, no debe confundirse con la mutación “sal y pimienta” o “tweed”, común en gatos de Europa oriental, que se desarrolla a una edad temprana y, una vez estabilizada, produce un efecto “colorpoint” a la inversa, propia de los karpati. Ni tampoco con los pelos blancos que aparecen con la edad en gatos oscuros.

Gatito sal y pimienta o tweed

Resumiendo, el vitíligo no afecta a la salud del gato, solo a su aspecto físico. Algunos estudios sugieren que suplementar la dieta del animal con ácidos grasos omega-3 y vitamina C puede detener la despigmentación. Pero hasta la fecha no se ha realizado una investigación seria que apoye esta teoría.

Scrappy era negro en 1997. Foto de 2016


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El gato negro de Rutger Hauer

No recordamos que hubiera gatos en la famosa película “Blade Runner” (1982), en la que Harrison Ford, el Blade Runner, tiene la misión de “retirar” a cuatro replicantes que han regresado a la Tierra en busca de su creador. Uno de esos replicantes es Roy Batty, interpretado por Rutger Hauer, un magnífico actor con un físico imponente. Las cinco frases – no son más – que le dice a Rick Deckard en la azotea del edificio son inolvidables.

“Blade Runner” (1982)

Rutger Hauer falleció el pasado 19 de julio a los 75 años después de una breve enfermedad. Trabajó en más de 140 películas y es el actor holandés de mayor fama internacional. Debutó con el director Paul Verhoeven en la serie “Floris”, a la que siguieron títulos como “Delicias turcas” (1973), que le dio a conocer en todo el mundo al ser nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla Extranjera.

“Delicias turcas” (1973)

En 1981 trabajó con Sylvester Stallone en “Halcones de la noche” y con Timothy Dalton en “Coco Chanel”, antes de que Ridley Scott le escogiera para encarnar al carismático Roy Batty. Ganó un Globo de Oro por su papel en “La escapada de Sobibor” (1987).

El actor creó una fundación llamada “The Rutger Hauer Starfish Association” dedicada a apoyar, ayudar y cuidar a niños y mujeres embarazadas con VIH/sida, así como a educar para la prevención de esta enfermedad. El nombre “Starfish” (Estrella de mar) está inspirado en un antiguo proverbio indio: “Dale un pez a un hombre y comerá un día, pero enséñale a pescar y comerá cada día”.

Gato en un café de Ámsterdam

En la web de Rutger Hauer encontramos dos pequeños artículos acerca de un gato negro que decidió vivir con él. En todo Internet solo hay dos fotos del actor con un gato, pero no es negro, sino atigrado. Ambos parecen conocerse. Por una vez, nos hemos permitido añadir en la entrada fotos de gatos desconocidos; eso sí, todos holandeses, concretamente de Ámsterdam y de Utrecht, la ciudad natal del actor.

Café Belgie, Utrecht

Y esta es la traducción del primer texto en la web de Rutger Hauer:

“Nada más graduarme en la escuela de arte dramático, empecé a trabajar en los escenarios. Vivía en una pequeña granja con unas veinte vacas ruidosas y un pajar en la parte trasera. Delante, una pequeña cocina, un pequeño salón, todo era pequeño. No había agua corriente, la bombeaba del pozo y salía realmente helada en invierno. Para llegar al retrete, había que cruzar el pajar. Pagaba unos 30 dólares al mes de alquiler y ganaba unos 200. Fue hace mucho tiempo, en 1967”.

Gato negro en Utrecht

“No voy a extenderme, pero os hablaré de dos momentos con el loco gato negro que se hizo amigo mío después de largos preliminares. Cuando decidió adorarme, trepaba a toda prisa por la única cortina con un subidón de adrenalina. Había dos camas empotradas en el pequeño salón; así dormían los granjeros antes. Los trabajadores dormían en la cocina, que solo estaba separada del establo por una delgada pared para que les llegara el calor de las vacas. Yo estaba solo con el corazón destrozado porque mi matrimonio de tres meses se había roto. Tuve que irme, mi mujer y el niño desaparecieron”.

Gato en jardín de Utrecht

“La estufa se apagaba durante la noche. Me levantaba por la mañana, corría a por mis pantalones, me ponía tres jerséis y hacía café. Intentaba ir cada día más rápido. El gato vivía en casa y tenía formas curiosas de demostrar su afecto. Le gustaba tumbarse alrededor de mi cuello, por ejemplo. Le daba igual que me moviera. Por la mañana competía conmigo a ver quién era más rápido. En cuanto salía de la cama y me había puesto los pantalones, me agarraba por la pierna para que me parara y trepaba lentamente… ay… ay… ay… hasta llegar a su sitio favorito, mi cuello. Cómo me divertía. Eso es amor”.

En la introducción a la segunda parte, Rutger Hauer dice que espera que el gato Lucky vuelva, antes de pasar a describir qué le ocurrió con el gato negro que vivía en la granja cuando empezó su carrera de actor.

Gato de Utrecht

“Recuerdo que un día me fui al mercado con él agarrado al cuello. A continuación me desperté en el hospital del pueblo más próximo con una conmoción cerebral, y todavía hoy sigo sin saber lo que ocurrió entre medias. Las enfermeras me contaron que el viejo Peugeot 203 se había salido de la carretera y lo habían declarado siniestro total. Tenía prohibido levantarme y dormía mucho”.

Jacobus Van Looy (1855-1930)

“Al amanecer del día siguiente me despertó una enfermera y me preguntó por mi gato. También le había olvidado, incluso cómo era. Tardé un momento antes de decirle que era totalmente negro. Pensé que iba a anunciarme que había muerto, pero en vez de eso, señaló la puerta y preguntó: ‘¿Es él?’ No podía ser. El hospital estaba a más de 20 kilómetros del lugar del accidente. El gato en el umbral tenía el rabo levantado como una señal de interrogación. Era él. Increíble. Jamás me había creído esas historias. Entonces las creí. Sigo creyéndolas”.

Descansa en paz, Rutger Hauer.