Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Gatos en retratos naíf

A finales del siglo XVIII y hasta mediados del XIX surgió un pequeño fenómeno en Estados Unidos limitado sobre todo a la Costa Este y a algún estado del Sur como Luisiana y Tennessee. Nos referimos a los retratistas itinerantes. Algunos de estos artistas trabajaban a cambio de cama y comida, otros alquilaban una habitación y permanecían en la zona hasta pintar a todos los interesados.

Martha Bartlett y gato (Museo Metropolitano de Nueva York)

 

William Thompson Bartoll

Incluso comunicaban su llegada mediante pequeños anuncios en la prensa local y ofrecían servicios de otra índole, como pintar letreros, carros o cualquier otra cosa con tal de incrementar sus ingresos. También se adaptaban a las posibilidades económicas del cliente, algo que afectaba al producto acabado. Se sabe de artistas que llegaban a realizar entre dos o tres retratos diarios, dejando poco margen para corregir errores. La mayoría de ellos no firmaban las obras; como mucho escribían algún dato que otro acerca del modelo en la parte trasera de la tela o de la madera indicando nombre, fecha y lugar. Los cuadros firmados son muy escasos y suelen atribuirse a un autor basándose en el estilo, documentos o historias familiares.

Artista desconocido

 

Artista desconocido

Estos retratos “primitivos” son maravillosos por su imaginación, sencillez e increíble vitalidad. Su encanto y belleza se deben sobre todo al uso de la perspectiva y de los colores. En general, el modelo está retratado de frente o de tres cuartos; las sombras son casi inexistentes; las manos, las orejas y el cabello no están muy trabajados; la cara tiende a ser desproporcionada en relación al resto del cuerpo y las extremidades pueden adoptar posiciones poco cómodas. Muy a menudo los artistas se esforzaban más en reproducir detalles de la ropa que el rostro del modelo y en muchos casos no hay telón de fondo. Algunos de los pintores habían estudiado en una academia, pero la mayoría eran autodidactas.

Hay retratos de todo tipo: de familias, de hermanos, de parejas, de mujeres, de hombres, pero hemos descubierto que abundan los de niños con gatos. Como puede verse por las reproducciones que incluimos, en muchos casos el tamaño del gato retratado no tiene nada que ver con la realidad.

Niña con gato negro (Amni Phillips)

Niña con gato

El pintor Amni Phillips (1788-1865) solía retratar a las modelos vestidas de rojo. Una de ellas tiene un claro estrabismo que no intentó corregir. Este pintor, como muchos otros de sus contemporáneos cayó en el olvido durante décadas hasta que el matrimonio formado por Barbara y Larry Holdridge, grandes apasionados del arte naíf estadounidense, con la ayuda de la historiadora Mary Black, se dedicaron a recuperar sus obras en los tres estados que había recorrido en vida, Connecticut, Massachusetts y Nueva York. En 1958 compraron uno de los pocos retratos firmados por el artista, y a partir de este momento intentaron reunir sus obras y saber más de él.

Otro famoso pintor itinerante, William Matthew Prior (1806-1873), de Boston, fue un fiel seguidor del predicador William Miller, que se empeñaba en la inminencia del fin del mundo, y escribió dos libros acerca de las enseñanzas de su maestro.

William Matthew Prior

Se le atribuyen unos 1.500 retratos, pero su estilo era tan parecido al de Sturtevant J. Hamblen (1817-1884), del que se sabe muy poco, excepto que era el cuñado de Prior y probablemente su alumno, que muchas de las obras se describen como pertenecientes a la escuela “Prior-Hamblen”, ahora muy buscadas por los coleccionistas.

Sarah Gray (Sturtevant J. Hamblen)

 

Obra de Sturtevant J. Hamblen

Efectivamente, después una larga temporada en el olvido, estos cuadros alcanzan precios inimaginables para sus autores. Por ejemplo, el retrato “Niña con gato”, de Amni Phillips, que reproducimos aquí, fue subastado hace diez años en Christie’s por 1.248.000 dólares.

Niña con gato (Amni Phillips)

Lo compraron los coleccionistas Allen y Kendra Daniel, que lo describieron como sigue: “Este cuadro reúne lo mejor del arte primitivo americano. Tiene un maravilloso sentido del dibujo y del color, además de una enorme presencia”.

Algunos pintores usaban los mismos objetos, ropa y joyas en sus cuadros, “vistiendo” a la modelo. Zedekiah Belknap (1781-1858), que pintó retratos en los estados de Vermont, New Hampshire, Massachusetts y Nueva York, se fijaba mucho en los detalles de la vestimenta de sus modelos, pero es curioso que todas las niñas vayan vestidas igual.

Zedekiah Belknap

Zedekiah Belknap

Joseph Goodhue Chandler (1813-1884) era ebanista de profesión, pero empezó a retratar a su familia. Estaba casado con Lucretia Ann Waite (1820-1868), una conocida retratista que no tenía nada que ver con los “primitivos”, y se cree que ella “acababa” los retratos de su marido.

Dentro de estos pintores estaban los especializados en retratos póstumos de seres queridos que acababan de fallecer. Incluimos uno, el único que encontramos con un gato. Este es fácil de identificar como retrato póstumo por el obelisco, el barco que se aleja hacia el horizonte, simbolizando el paso hacia la muerte, y el sauce llorón.

En memoria de Nicholas S. Catlin (1852)

 

John Maddox con gato

Sin embargo, muchos de estos retratos no contenían simbolismo alguno, y es imposible saber si pertenecen a esta categoría si no hay algo escrito en la parte trasera.

Colección Gregory Rubin Reynolds

Emma Homan ( John Bradley – Museo Metropolitano de Nueva York)

En total, buscando un poco, hemos encontrado 40 retratos con un gato, de los que publicamos solo una pequeña selección. Estamos seguros de que hay muchísimos más, lo que nos lleva a pensar que el gato formaba parte de los hogares de la Costa Este de Estados Unidos, por lo menos desde el estado de Nueva York al de Maine, y que poco importaba su color, incluso en Massachusetts, donde se encontraba la tristemente famosa ciudad de Salem y sus cazas de brujas. Es verdad que ya habían transcurrido más de 150 años desde ese horrendo episodio.


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Los muchos gatos de Utagawa Kuniyoshi

Tres gatos de fiesta

Utagawa Kuniyoshi, nacido el 1 de enero de 1797, fue uno de los últimos grandes maestros de impresión mediante planchas xilográficas y pintura en el estilo ukiyo-e, además de miembro de la Escuela Utagawa, encabezada por Utagawa Toyokuni, donde ingresó en 1811. Al cabo de tres años de aprendizaje, su maestro le dio el nombre de Kuniyoshi y empezó a trabajar como artista independiente. A pesar de sus brillantes comienzos, no realizó muchos grabados entre los años 1814 y 1825, quizá por no ser conocido y por la gran competencia. En 1828 recibió su primer encargo de importancia, una serie sobre las vidas de los héroes del Suikoden que le hizo muy popular en Edo (Tokio en la época), abriéndole la puerta de los círculos literarios y de ukiyo-e más importantes.

Diversión, la primera nevada

La época correspondía al final del famoso periodo edo (1603-1868), durante el que el shogunato Tokugawa consiguió unificar Japón, dando pie a un largo y próspero periodo de paz con un gran desarrollo social y cultural. La nueva burguesía, formada sobre todo por mercaderes, estaba deseosa de gastar dinero en las artes. Una de las formas más populares fue los ukiyo-e, impresiones a partir de planchas de madera o xilográficas en las que se representaba a héroes legendarios, paisajes, escenas de la vida cotidiana y estrellas del teatro kabuki.

Dos gatos como luchadores de sumo

A principios de la década de 1840, convencido el shogunato de que estaba perdiendo el control del ejército, la economía, las finanzas y la religión, impuso las reformas Tenpo, destinadas a calmar el desasosiego social. Además de encarcelar a importantes políticos y escritores, se empezó a ejercer una férrea censura sobre la literatura y representaciones artísticas en general. Entre otras cosas, se prohibió realizar dibujos de los actores de teatro kabuki, cortesanas y geishas porque incitaban al pueblo a lujos demasiado costosos.

Gato casero

Para superar la censura, a Utagawa Kuniyoshi se le ocurrió representar a los actores más famosos con rasgos de gatos, añadiendo pequeños detalles que permitieran identificarles. Sus impresiones se hicieron muy populares y los amantes del teatro kabuki disfrutaban buscando las pistas que les permitieran reconocer a los actores que aparecían en cada dibujo.

Siete de Las Cien Fisionomías

Se cree que los dos años en que la censura fue más estricta empujaron no solo a Utagawa Kuniyoshi, sino a muchos artistas japoneses, a hacer uso de la imaginación, llegando a crear una nueva tendencia dentro del ukiyo-e.

Gatos músicos

Sin embargo, el artista había empezado a dibujar gatos mucho antes de las reformas Tenpo y se sabe que, cuando alcanzó la talla de maestro y abrió un estudio, además de alumnos también había muchos gatos. Se cree que los primeros gatos domésticos llegaron a Japón a mediados del siglo VI al mismo tiempo que los textos budistas, para protegerlos contra los ratones. La primera mención del gato doméstico aparece en el diario del emperador Uda (867-921), donde habla de un gato negro que llegó de China en 884. El primer nombre conocido de una gata en Japón es Myobu no Otodo, que significa Primera Dama del Palacio Interior. La aristocrática felina pertenecía al emperador Ichijo (980-1011), tenía un rango en la corte y llevaba un collar rojo. El dibujo más antiguo de un gato en Japón se debe a Toba no Sojo (1053-1140) y forma parte de un pergamino narrativo. A partir de esa época parece que el gato empezó a ser habitual en los hogares japoneses.

Chojugiga, de Toba no Sojo (s. XII)

 

Gatos y cerezo en flor

Utagawa Kuniyoshi hizo cientos de dibujos de gatos y los presentó de todas las formas posibles. Creó la serie “Neko no ateji” con gatos adoptando formas para reproducir nombres de peces mediante el carácter kana, así como una serie en que los gatos ilustran proverbios. En otras ocasiones pintó gatos antropomorfos vestidos con suntuosos trajes y comportándose como seres humanos.

Gato ladrón

Uno de nuestros grabados favoritos es el del gato ladrón. Cuentan que a menudo se pasaba el día trabajando con un gato metido en su kimono y que alentaba a sus alumnos a pintar gatos.

Gatos formando el carácter “pez gato”

Uno de sus dibujos más famosos es un tríptico titulado “Gatos sugeridos como las 53 estaciones de la Tokaido”, donde cada gato representa una etapa de la carretera que une Tokio con Kioto. Diez años antes, entre 1833 y 1834, el famoso artista Hirogishe realizó una serie de 53 impresiones titulada “Las cincuenta y tres estaciones de la Tokaido”, que tuvo un enorme éxito. Utagawa Kuniyoshi decidió sustituir los paisajes por gatos a modo de broma.

Las 53 estaciones de la Tokaido

Por ejemplo, la estación 41 se llama Miya, cuya pronunciación recuerda a la palabra “padres” en japonés. El artista describió la estación con una gata y dos gatitos (arriba a la izquierda en la reproducción). Por cierto, todos los gatos del tríptico son rabicortos, una peculiaridad de los gatos japoneses. Incluso incluyó a un bakeneko o gato cambiante (a la derecha, a media altura, con la cabeza tapada con un pañuelo), https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/

Niño con gato

Tuvo muchos alumnos notables durante sus años de maestro. Todos empezaban como aprendices y seguían el estilo del profesor. Luego, cuando ya eran independientes, desarrollaban estilos propios, como ocurrió con Yoshitoshi, considerado el último maestro del arte de la plancha xilográfica en Japón.

Proverbios

Utagawa Kuniyoshi, un gran artista con mucho sentido del humor, falleció en abril de 1861 a los 65 años.

 

 


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Warbird Bob, el gato al que le gustaban los aviones

Es posible que Warbird Bob, como le llamaban, no fuera muy conocido, aunque llegó a tener una página web que dejó de “estar viva” en 2013, pero creemos que merece dedicarle una entrada. Conocimos su existencia casualmente gracias al Facebook de “Purr ‘n’ Fur” (http://www.purr-n-fur.org.uk/index.html), una magnífica web británica sobre gatos. La recomendamos. El 17 de junio anunció que Warbird Bob había fallecido. Al ignorar quién era el gato Bob, entramos en el artículo de su web y nos enteramos de que se trataba de un gato que vivió en los hangares y oficinas de American Aero Services, una empresa dedicada sobre todo a la restauración y mantenimiento de aviones procedentes de la II Guerra Mundial a los que se conoce con el popular nombre de “Warbirds” (Pájaros de guerra).

Buscamos en Internet, pero fuimos incapaces de encontrar más información que la aportada por “Purr ‘n’ Fur”. Efectivamente, la página creada por un miembro del personal de American Aero Services en honor a Bob ya no existe, pero la mayoría de las fotos reproducidas aquí están en Internet Archive.

Ante esta falta de información, pedimos permiso a la web británica para traducir su artículo, lo que nos concedieron con inmediata generosidad. Así que, ¡muchas gracias, Purr ‘n’ Fur! Thanks a million, Purr ‘n’ Fur!  Eso sí, la revista gratuita “Gulf Coast Computing” le dedicó la portada del número de julio de 2004.

 

Y ahora, la historia de Warbird Bob:

Un buen día de noviembre de 1997 un bonito y joven gato atigrado apareció en el hangar de American Aero poco después de que un bombardero Boeing B-17 entrara para el mantenimiento anual. Después de comer y beber, se dedicó a inspeccionar uno a uno a todos los humanos y a los aviones, pero no tardó en quedar claro que el B-17 era su favorito. Es posible que llegara como polizón en el avión, ya que parecía conocerlo a fondo, hasta el rincón más escondido. Viniese de donde viniese, le gustó el hangar y decidió quedarse. Acabó llamándose “The Hangar Cat”, es decir “El gato del hangar”, un nombre no muy imaginativo. Ese último comentario lo hemos añadido nosotros.

Comprobaba a fondo cada uno de los aviones que llegaba, metiéndose en los lugares más inverosímiles. En más de una ocasión, un mecánico alumbraba con una linterna el interior de una escotilla de inspección y se encontraba con dos ojos brillantes observándole, o metía la mano en un rincón de lo más inaccesible y una suave pata le daba un golpecito o le agarraba. Los técnicos reconocen que, al principio, se llevaron unos cuantos sustos.

Pasó el tiempo y, un día, el Gato del Hangar llegó maullando de dolor, con la cola destrozada. Puede que se acercara demasiado a una correa de ventilador y se quedara atrapado. Fue llevado a toda prisa al veterinario, de donde regresó unos días después con mucho menos rabo. Inmediatamente, el personal decidió llamarle “Bob”, supuestamente por “bobtail” (cola corta). Los mecánicos se dieron cuenta de que sentía una clara preferencia por los aviones de guerra, los “warbirds”, en comparación a los civiles, y empezaron a llamarle “Warbird Bob”.

Bob tuvo otro percance por culpa de una familia de ardillas que vivía al otro lado de la calle. Sabía perfectamente que debía quedarse en el hangar o en las oficinas, y que debía evitar la calle. Pero las ardillas se burlaban de él, corriendo por la acera antes de cruzar a toda velocidad y subirse a un árbol. Un día no pudo resistirse, las siguió y le pilló un coche. Volvieron a llevarle corriendo al veterinario. Esta vez tenía las dos patas traseras rotas y estuvo varias semanas enyesado, pero se recuperó y volvió a su rutina habitual.

Pasó el tiempo y ocurrió algo curioso: Bob empezó a comportarse como si los Warbirds fueran suyos, sobre todo con un mecánico al que no dejaba acercarse a los aviones. En una ocasión, el pobre fue perseguido por el hangar y acabó subido a una escalera con Bob gruñendo y escupiendo abajo. Todos lo consideraron una divertida anécdota, pero les preocupó que pudiera arañar a un cliente si consideraba que se acercaba demasiado a “su” avión. No quedó más remedio que jubilar a Warbird Bob y trasladarle a la casa de uno de los mecánicos, ¿Kent Jeffrey, quizá?

En 2013, con 17 años, seguía muy feliz en su casa con otros cuatro gatos más jóvenes a los que protegía. Se había convertido en un gato amable que dormía en la cama de sus humanos. Estos estaban convencidos de que su comportamiento agresivo se debió probablemente al estrés causado por el ruido y el movimiento de los aviones en el enorme hangar.

Cojeaba ligeramente por el atropello y tenía diabetes, pero estaba bajo control. Aparte de eso, disfrutaba de buena salud y pasaba mucho tiempo al lado de la piscina, donde tenía una tumbona reservada para él.

En septiembre de 2016 llegaron más noticias. Seguía con diabetes; sin embargo, en vez de inyecciones, un veterinario había recomendado añadir insulina a la comida y le iba muy bien. Aún le gustaba ocupar su tumbona para ver pasar los aviones.

Warbird Bob ya no mira ni escucha los aviones. Tuvo dos accidentes graves y era diabético, pero vivió 20 años, una edad más que respetable.


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Kedi, los gatos de Estambul

En 2016 se realizó un documental de 80 minutos de duración en torno a los gatos de Estambul titulado “Kedi”, que significa “gato” en turco. Como era de esperar, fue invitado a participar en el Festival de Cine de Estambul en febrero de 2016, y desde entonces hasta el 21 de julio pasado ha participado en 18 festivales internacionales en Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda, el Lejano Oriente y Europa. Ha sido estrenado con éxito en Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega, Suecia, Polonia, Alemania, España y Taiwán, lo que no está nada mal para un documental.

Para empezar, traduciremos la sinopsis: “Miles de gatos recorren libremente las calles de Estambul, y llevan cientos de años entrando y saliendo de la vida de sus habitantes, siendo parte íntegra de las diferentes comunidades que enriquecen la ciudad. La gran mayoría no tiene dueño y vive entre dos mundos, el doméstico y el salvaje, pero aporta alegría y una razón de ser a las personas a las que deciden adoptar. En Estambul, los gatos son el espejo de los habitantes, y les permiten reflexionar acerca de sus vidas mejor que cualquier otra cosa”. Incluimos un enlace al tráiler (en inglés) https://www.youtube.com/watch?v=lKq7UqplcL8

La directora, Ceyda Torun, explica su atracción por los gatos: “Viví en Estambul hasta los once años y estoy convencida de que mi infancia habría sido mucho más solitaria de no ser por los gatos. Yo no sería la misma ahora. Siempre que he vuelto a la ciudad, ha cambiado y me cuesta reconocerla, pero no ocurre lo mismo con los gatos, son el único elemento constante, un sinónimo de Estambul, y han acabado por encarnar su alma. Esta película, en muchos aspectos, es una carta de amor a los gatos y a la ciudad, que ahora deben enfrentarse a cambios impredecibles”.

Ceyda Torun

Los habitantes de Estambul cohabitan sin problemas con la multitud de gatos que recorren sus calles y cuidan de ellos sin entrometerse en su vida. La directora y el director de fotografía, Charlie Wuppermann, se desplazaron a Estambul para preparar el rodaje y descubrieron que en muchas ocasiones, los vecinos sabían perfectamente quién era el “rey” del barrio, qué gata era la madre de tal o tal gatito, qué gato roba aunque tenga comida, qué diferencia a uno del otro… Existe una auténtica convivencia.

Para acercarse lo más posible a los gatos, los dos cineastas diseñaron diversas “cámaras gato” (por ejemplo, una montada en un coche de juguete) para conseguir el punto de vista del felino; siguieron a los gatos por callejones y sótanos; usaron drones para rodarlos en los tejados, e hicieron prueba de mucha paciencia hasta obtener tomas naturales del día a día de estos habitantes de Estambul. Después de un rodaje de dos meses, la realizadora empezó a montar el documental con Mo Stoebe.

Una de las personas que sale en la película es Bulent Ustun, el creador del cómic “Kotu Kedi Serafettin” (Bad Cat), que se hizo famoso a finales de los noventa.

Bulent Ustun y Bad Cat

En 2009, “Bad Cat” fue el héroe de una película de dibujos animados y se rumorea que quizá sea el protagonista de un musical.

Estos son algunos comentarios que hacen en la película los habitantes de Estambul hablando de los gatos:

“Un gato maullando a tus pies, mirándote, la vida te sonríe. Son momentos que nos recuerdan que estamos vivos”.

“El amor de un animal es otro tipo de amor. Las personas que no aman a los animales no saben amar a la gente. Al menos, eso lo sé”.

“Preocuparse por los animales en la calle y preocuparse por la gente tiene mucho que ver. En mi opinión, los problemas a los que se enfrentan los gatos callejeros no son muy diferentes de nuestros problemas”.

Ahora nos gustaría presentarles a los siete grandes protagonistas del documental:

SARI (La ladrona) vive en los alrededores de la Torre Gálata. Lo tiene muy claro, hay que beber y comer. Pide, roba, rebusca. Los dueños de los cafés la echan, pero tiene una aliada: la propietaria de una tienda le da comida para que se la lleve a sus gatitos

Sari

BENGU (La amante) es amada por muchos. Vive en una zona industrial, rodeada de cadenas y piezas metálicas. Es muy amable y se ha ganado el afecto de todos los trabajadores.

Bengu

ASLAN PARÇASI (El cazador) se ha establecido en un famoso restaurante de pescado a las orillas del Bósforo. El Pequeño León, como le llaman, es el guardián del establecimiento, y desde su llegada no se ha vuelto a ver un solo ratón.

Aslan Parçasi

PSIKOPAT (La loca) vive en Samatyam, uno de los barrios más antiguos de la ciudad, y suele aparecer en un salón de té detrás de una vieja iglesia. Se ha ganado el respeto de todos, incluso de los perros sin dueño. No le tiene miedo a nada ni a nadie.

Psikopat

DENIZ (El juguetón) tardó mucho en confiar en los seres humanos, pero ahora recupera el tiempo perdido exigiendo caricias de los vendedores del mercado de productos orgánicos. Se mete con los otros gatos, se cuela en los puestos, duerme en las cajas de té…

Deniz

GAMSIZ (El sociable) vive en Cihangir, el barrio de los artistas. Conoce a todo el mundo y sabe perfectamente dónde dirigirse para comer. Es un excelente trepador y todavía no ha nacido el humano al que no pueda conquistar.

Gamsiz

DUMAN (El caballero) vive en uno de los mejores barrios de Estambul y se ha hecho amigo de los dueños de una tienda y restaurante donde se sirven exquisiteces. Sabe que no puede entrar, pero espera a que alguien le traiga un plato con quesos de importación y carnes ahumadas. Si tardan demasiado, llama al escaparate.

Duman


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Gatos, soledad, surrealismo y Gertrude Abercrombie

Niña con gatos (1940)

La pintora Gertrude Abercrombie, gran amante de los gatos y del jazz, apuntaba en una libreta los gatos que había tenido y lo que había sido de ellos. El apartado se titulaba: “Gatos que he tenido (de los grandes)”. Con “de los grandes”, en inglés “big main ones”,  se refería a la raza Maine Coon, efectivamente, gatos de buen tamaño. La lista incluía a Jimmy, Monk, Fitzgerald y Folly, entre otros.

Interior con gato

Don Baum, artista y defensor de artistas de Chicago, era un buen amigo de la pintora y la describió como “una mujer muy graciosa e introspectiva”. Recuerda que su casa desbordaba energía y estaba llena de gatos: “Tocaba el piano y no había nada que le gustara más que sentarse ante el teclado con alguien como Dizzy Gillespie o Miles Davis con sus instrumentos. De locos”. Era un inmueble de tres pisos a orillas del lago Michigan en el barrio de Hyde Park, cerca de la Universidad de Chicago, lo que le permitía alquilar habitaciones, no solo a estudiantes, sino a conocidos músicos y compositores de jazz, y donde parece ser que los gatos comían mejor que las personas.

Cabeza con gato

Esa mujer excéntrica recorría la ciudad en un viejo Rolls-Royce – de hecho, tuvo tres durante su vida – y necesitaba desesperadamente ser el centro de atención. Ella misma solía contar una anécdota en la que se describía su exacerbado narcisismo. Su amigo, el artista Dudley Huppler, en una postal dirigida al pintor Karl Priebe, escribió: “Querido Karl: Anoche llevé a Gertrude al ballet. No le gustó. Ella no bailaba”. También reconoce que siempre se pintaba a sí misma, incluso cuando no se trataba de autorretratos propiamente dichos.

Tres gatos

 

Tres gatos (plano medio)

Sus cuadros parecen reflejar una terrible soledad. La gran mayoría representa a una mujer sola en parajes desolados. Mujeres buscando, andando, a veces acompañadas de un animal. Los dos gatos de “Gato blanco” y “Gato y retrato” también están solos, casi desamparados. Reconocía que carecía de técnica; para ella había buenos pintores y mejores artistas, y consideraba pertenecer a esta última categoría.

Gato blanco

 

Gato blanco

Le importaba transmitir emociones, sentimientos e ideas. Decía que “debe ocurrir algo, y si no ocurre nada, la mejor técnica del mundo no lo cambiará”.

Gato con retrato

Nació el 17 de febrero de 1909 en Austin, Tejas, por la sencilla razón de que sus padres, dos cantantes de ópera que estaban de gira, se encontraban allí ese día. La familia vivió en Berlín hasta 1914, pero el estallido de la I Guerra Mundial les obligó a regresar, primero a Aledo, Illinois, y posteriormente al barrio de Hyde Park en Chicago. En 1929 se licenció en Filología Románica y estudió brevemente Dibujo Comercial en la Academia Americana de Arte.

 

Bote (1954)

Empezó a dedicarse a la pintura a tiempo completo a partir de 1932 y vendió su primer cuadro ese verano en una feria de arte. Dejó la casa familiar a mediados de los años treinta, y la Sociedad de Artistas de Chicago organizó su primera exposición en solitario en 1934. Se casó con el apuesto Robert Livingstone en 1940, dio a luz a su única hija, Dinah, en 1942 y se divorció en 1948. Ese año se casó con el crítico musical Frank Sandiford y su gran amigo Dizzie Gillespie tocó en la boda. Se divorció de su segundo marido en 1964.

Fotografiada por Carl Van Vechten

En 1945 pintó “Girl Searching” (Mujer joven buscando). A partir de ese momento y durante los siguientes quince años pintó cientos de cuadros, organizó jam sessions en su casa con músicos como Sonny Rollins, Max Roach y Jackie Cain, se hizo famosa y se hablaba de ella en la prensa. Dizzy Gillespie la describió como “la primera artista bop, porque ha tomado la esencia de nuestra música y la ha trasladado a otra forma de arte”.

Entre las pocas influencias que Gertrude Abercrombie reconocía, estaba el pintor belga René Magritte. A parte de aceptar que Georgio de Chirico, Max Ernst y Salvador Dalí “tenían algo que ver” con su trabajo, de Magritte dijo: “Cuando vi sus obras, pensé: ‘Este es tu papá’, y he seguido en esta vena surrealista desde entonces”.

Interior con gato

Su salud empezó a resentirse a finales de los años cincuenta por culpa del alcohol, sufría de artritis y tenía problemas financieros. A partir de 1959 pintó menos y cuadros de menor tamaño. Dejó de poder moverse sola y acabó confinada en la cama. La “reina de los artistas bohemios”, como la llamaban, falleció el 3 de julio de 1977. Unos meses antes de su muerte tuvo lugar una gran retrospectiva de su obra en el Centro Hyde Park.

La pintora

Entre 1944 y 1964 expuso nada menos que veinte veces en solitario y fue una de las artistas más famosas de Chicago durante casi treinta y cinco años. Luchó contra la depresión y la inseguridad, pero durante toda su vida como pintora supo mantener el equilibrio entre el misterio y la realidad, la tragedia y el humor. En una de sus últimas entrevistas dijo: “Pinto como pinto porque estoy muerta de miedo. Me parece un milagro que estemos vivos, ¿a ti no?”


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El gato blanco de Maurits Cornelis Escher

Gato blanco I (1919)

El artista neerlandés Maurits Cornelis Escher no es especialmente conocido por dibujar gatos, sino por sus grabados xilográficos o a media tinta de construcciones imposibles, objetos y mundos imaginarios y teselados basados en cálculos matemáticos. Pero hubo un periodo muy corto de su vida en que dibujó a un gato blanco. Parece ser que se lo regaló la dueña de la casa donde vivía mientras estudiaba en Haarlem, pero repetimos, “solo parece ser”, no es nada seguro.

Gato blanco II (1919)

En la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas de esta ciudad empezó estudiando Arquitectura, pero no tardó en decantarse por las Artes Decorativas bajo la tutela del artista de artes gráficas Samuel Jessurun de Mesquita, con el que mantuvo una gran amistad hasta la muerte de este en el campo de concentración de Auschwitz en 1944.

Escolástica – Noche de luna llena (1931)

En Roma, 1930

La aparición del gato blanco data de esta época, concretamente de 1919. Los cuatro dibujos para grabados con un gato blanco, más el del gato negro, están todos fechados en este año. Aunque no sepamos nada del gato blanco (ni del negro), está claro que ese año, un gato se cruzó en la vida del artista. En un grabado realizado en 1926, “Sexto día de la Creación”, volvió a incluir a un gato blanco frotándose contra las piernas de Eva, y cinco años después, en 1931, a varios gatos negros escuchando a otro, a un grupo de perros, un búho, unos ratones, una rana o sapo, todos ellos en buena armonía, si no fuera por la presencia algo amenazadora de unas serpientes en el grabado “Escolástica – Noche de luna llena”.

 

El sexto día de la Creación (1926)

Después de 1926, que sepamos, jamás volvió a dibujar un gato, pero sí los incorporó en sus famosos teselados regulares inspirados en los mosaicos de la Alhambra y basados en la simetría geométrica.

Teselado I

 

Teselado II

Maurits Cornelis Escher nació en Leeuwarden, Países Bajos, el 17 de junio de 1898. No destacó sobremanera como estudiante; es más, no acabó el instituto. En 1922 viajó a Italia y visitó ciudades como Florencia, Ravello, Volterra y Siena, y a España, concretamente a Madrid, Toledo y Granada, donde descubrió la Alhambra. Atraído por Italia, decidió regresar a Roma, ciudad en la que vivió entre 1923 y 1935. Se casó en 1924 con Jeta Umiker, una suiza afincada en Italia.

Teselado de la Alhambra

 

Serpientes (1969)

La familia dejó Italia en 1935 debido al clima político reinante. A pesar de no tener interés en la política, el artista no soportaba el fascismo de Mussolini y se mudó a Suiza con su esposa y tres hijos. Fue entonces cuando se le encargó el dibujo de un sello para Holanda; dibujaría otro en 1949. En 1937 volvieron a trasladarse, esta vez a Bélgica, pero en 1941 la II Guerra Mundial les obligó a regresar a los Países Bajos, concretamente a Baarn, donde permaneció hasta 1970.

Autorretrato

Es el autor de 448 litografías y grabados, así como de unos dos mil dibujos. También ilustró libros, diseñó tapices, murales y, como hemos dicho antes, sellos. Durante el periodo suizo realizó 62 de los 137 dibujos de división regular del plano. Aunque estaba convencido de no ser un buen matemático, se relacionaba regularmente con matemáticos de la talla de George Pólya, Roger Penrose, Harold Coxete y el cristalógrafo Friedrich Haag, además de llevar a cabo sus propias investigaciones en torno a los teselados.

Hombre sentado con gato (1919)

La mayoría de la obra de Escher se basa en las matemáticas, lo que quizá no ayudó a que fuera más admirado en vida. Criticado por su falta de lirismo, se le tachó de “demasiado intelectual”. Curiosamente, sus trabajos se hicieron más populares a partir de 1966, después de que Martin Gardner hablara extensamente de él en su columna “Juegos matemáticos” de la revista Scientific American. En 1979, Douglas Hofstadter publicó “Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid”, en el que expone conceptos fundamentales de las matemáticas, la simetría y la inteligencia explorando temas comunes a los tres.

Gato (1919)

En julio de 1969 terminó su última obra, un grabado en madera de grandes dimensiones a partir de una simetría rotacional triple titulado “Serpientes” para el que fueron necesarios tres bloques diferentes, cada uno con una triple rotación a partir del centro de la imagen con una alineación absolutamente precisa para evitar huecos o superposiciones. Cada grabado requería un total de nueve impresiones.

En 1970 se mudó al Rosa Spier Huis de Laren, un centro al que podían retirarse los artistas y donde disponía de su propio estudio. Falleció el 27 de marzo de 1972 a los 73 años.

Sus creaciones siguen despertando la curiosidad de personas de todo el mundo. Las principales colecciones de sus obras se encuentran en el Museo Escher de la Haya, la Galería Nacional de Arte de Washington DC, la Galería Nacional de Arte de Canadá en Ottawa, el Museo Israel de Jerusalén y el Huis ten Bosch de Nagasaki. La primera retrospectiva en su país natal se celebró cuando ya tenía setenta años.

El Museo Escher en La Haya

En el siglo actual, varias ciudades han organizado retrospectivas suyas. Destacaremos la de Río de Janeiro, que atrajo a 573.000 visitantes en 2011, convirtiéndose en la exposición más visitada en todo el mundo ese año.

Esta entrada está dedicada a Rafa, amante de los animales y matemático.

 


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Gatos, William Burroughs y Roger Holden (Parte II)

Y ahora la traducción de la entrevista que Yony Leyser realizó a Roger Holden para la revista Vice, tal como anunciamos la semana pasada.

¿Por qué acabó al cuidado de algunos de los gatos de Burroughs?

Me pasaba por su casa como cada dos meses con otros amigos, cenábamos, hablábamos de cosas – Ovnis y otros intereses que teníamos en común. William se dio cuenta de que realmente quería a los gatos y me preguntó: “¿Te interesaría tener un gato si un día te regalo uno?” Le contesté que sí. Al cabo del tiempo me llamó y me dijo que había aparecido en su porche un gato atropellado. Lo había llevado al veterinario y ya estaba curado. Entonces me lo ofreció y yo acepté. Se llamaba “Porche” por haberlo encontrado en el porche. Durante los años siguientes y hasta la muerte del gato en 1995, William pagó las facturas del veterinario para los cuidados de “Porche Burroughs”. A Porche le diagnosticaron leucemia felina. Fue muy triste. Intentamos curarle con métodos tradicionales, pero acabó sucumbiendo a la enfermedad. Entonces me prometí a mí mismo que si William volvía a darme otro gato y si este enfermaba, buscaría un tratamiento alternativo.

Allen Ginsberg y William Burroughs

Háblenos de Marigay, el “Gato Blanco” de Burroughs.

En enero de 1997, William me llamó y me contó que buscaba un hogar para un gato blanco genial. Me preguntó si podía ayudarle; parece ser que el gato no se llevaba bien con los otros. Un par de días después pasé a recogerlo, y entonces William fue a su biblioteca y sacó un libro titulado “Mysteries of Magic and Religion”, de M. Oldfied Howey (traducido en España como “Gato en la mitología, la religión y la magia”). Abrió el libro en un capítulo sobre los gatos en la magia antigua y me dijo: “Este es Margaras, el Gato Blanco, el gato sagrado”. Añadió que yo debía leer lo que decía acerca de este gato en cuanto a la magia. Entonces entendí que el “Gato Blanco” que había encontrado era muy especial para William. El gato empezó llamándose Marigay, pero le puse el sobrenombre de Butch Burroughs (Butch por “macho”). Dejaba que Butch se paseara por Lawrence, y en el exterior era muy activo y bastante pendenciero, pero en casa era muy amable.

Calico Jane (en honor a Jane Bowles)

 

El gato Marigay, alias Butch Burroughs

William falleció en agosto de 1997 y dio la casualidad de que Butch desapareció durante tres días. Finalmente lo encontramos en un refugio, pero seguí dejándole pasear a su antojo. Sin embargo, en la primavera de 1999, un pastor alemán le persiguió hasta que se escondió debajo del porche de casa. Pensé que no le había pasado nada hasta la mañana siguiente, cuando vi que tenía una herida muy fea. Le llevé al veterinario favorito de William para que le curara. Fue entonces cuando descubrimos que tenía leucemia felina  y que le quedaban muy pocas semanas de vida. Pero esta vez, tal como había prometido, decidí buscar un tratamiento alternativo. Primero empecé a meditar y a contemplar mi fe en el universo y mi amistad con William. Tenía la esperanza de que, de algún modo, quizá por intuición, encontraría una respuesta. Busqué en Internet y encontré tratamientos muy complicados. Y por fin descubrí una entrada escrita por alguien que había tratado a su gato con una mezcla de hierbas llamada essiac con efectos curativos notables.

Lápida de la tumba de Ruski

Que yo sepa, el té de essiac es un tratamiento propio de los nativos americanos. El gato, después de atropellado, llegó a casa de Burroughs, que se encontraba muy cerca de Haskell, la primera universidad de las Naciones Indias y una de las pocas universidades nativas americanas.

Así es. Me documenté y descubrí que el té de essiac se basa en una fórmula nativa americana desarrollada específicamente por un hombre medicina de la nación Ojibwa. Me pareció que una marca con el nombre de FlorEssence era la mejor posibilidad para empezar a tratar a Butch Burroughs. La mezcla contenía ocho hierbas y me puse en contacto con la empresa para pedirles ayuda. Me recomendaron administrarle una o dos cucharaditas diarias con un cuentagotas o mezcladas en comida blanda.

En el supermercado Dillon’s comprando comida para gatos

Si veía que mejoraba, podría reducir la dosis. Tres semanas después le llevé a que le hicieran unos análisis y el veterinario confirmó que el recuento de células blancas había mejorado de forma significativa. Hasta tal punto que añadió que empezaban a referirse a Butch Burroughs como “el gato milagro”.

Portada de la edición actual de The Cat Inside

¿Cuál fue su reacción?

Estaba entusiasmado con la noticia, pero sabía que debía esperar dos o tres meses para estar seguro de si realmente era un éxito. Efectivamente, al cabo de este tiempo, Butch casi estaba curado. Desde 1999 a 2005 tuvo una vida plena. Pienso que su recuperación se debe únicamente a los efectos beneficiosos del té de essiac. Cuando le diagnosticaron la leucemia, me dijeron que no duraría más de tres meses, pero vivió cinco años más.

Primera edición

¿Dónde está enterrado el Gato Blanco?

Con sus otros gatos, en el cementerio gatuno del jardín de su casa.

Acabaremos esta entrada doble con la traducción de cuatro fragmentos de lo que llamaríamos “El gato en el interior”. En la primera página en cursiva encontramos este texto: “4 de mayo de 1985. Preparo la maleta para un corto viaje a Nueva York para hablar del libro de gatos con Brion. En la habitación delantera donde están los gatitos, Calico Jane da de mamar al negro. Alzo mi maleta Tourister. Pesa más de lo normal. Miro en el interior y ahí están los otros cuatro gatitos. “Cuida de mis niños. Llévatelos adonde vayas”.

Roger Holden

En la página 4: “Estos últimos años me he convertido en un entregado amante de los gatos”. En la 5: “Hace quince años soñé que había atrapado a un gato blanco con una caña de pescar. Por alguna razón, estaba a punto de rechazarlo y volver a tirarlo, pero se frotó contra mí, maullando patéticamente”.

Spooner y Senshu

En la página 10: “El gato no ofrece sus servicios. El gato se ofrece a sí mismo. Claro que quiere un refugio y que le cuiden. No se compra el amor por nada. Como cualquier ser puro, el gato es práctico. Para comprender una antigua pregunta, basta con transferirla a la actualidad. Mi encuentro con Ruski y mi conversión en hombre amante de los gatos restablece la relación entre los primeros gatos domésticos y sus protectores humanos”.

Y acaba el libro diciendo: “Somos el gato en el interior. Somos los gatos que no saben andar solos, y para nosotros solo hay un lugar”.

Leyendo estos pasajes no cabe duda de que los gatos significaban algo muy profundo para el contradictorio William Burroughs, un gran aficionado a las armas, miembro de la organización esotérica “Los iluminados de Thanateros” a partir de 1993, exmiembro de la iglesia de la Cienciología, icono de la contracultura, gran amigo de Allen Ginsberg, escritor y pintor. Nació el 5 de febrero de 1914, pero no entendió a los gatos hasta el año 1982, cuando ya tenía 68 años. Solo compartió su vida con ellos durante 15 años, hasta su muerte el 2 de agosto de 1997.