Gatos y Respeto

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Los gatos pop de Sebastiano Ranchetti

“Cuando miro a los ojos de un animal, no me siento superior, me siento vivo, como parte de la naturaleza”. Son palabras de Sebastiano Ranchetti, pintor, dibujante e ilustrador. Recientemente ha cumplido 60 años, y como agradecimiento a todas las personas que le han felicitado, ha publicado en las redes el dibujo de una gata naranja con el siguiente mensaje: “Gracias a todos por las felicitaciones. He cumplido sesenta años y tengo la sensación de haber empezado a vivir hace muy poco. Lo que me queda será difícil, pero maravilloso”.

Los gatos del artista nos miran de reojo, los hay de todos los colores (nunca mejor dicho), de todos los tamaños y edades, algunos bostezan, duermen o se estiran, no temen observarnos, otros parecen tímidos o altaneros, pero todos son bonitos, divertidos y muy positivos.

Uno que nos gusta especialmente lleva el título de “Gato gordo” con el subtítulo “y feliz de serlo”. Reconocemos sentir cierta debilidad por los gatos gordos. Sebastiano Ranchetti explica que ya desde muy pequeño le gustaba dibujar, y que cuando tenía unos diez años hacía paisajes muy detallados, centrándose en los árboles y sus hojas.

En otra entrevista dice: “Siempre me han inspirado los animales y la naturaleza, prefiero expresarme a través de dibujos sencillos y de colores felices. Mi deseo es comunicar esta sensación a los otros seres humanos”. También pinta cuadros de perros y otros animales, pájaros, perros, iguanas, cangrejos… Pero sobre todo abundan los gatos.

Cada año crea un catálogo dedicado a los gatos para que estos nos acompañen cada día. Hijo de padre italiano y madre inglesa que adoraba a los animales, creció rodeado de gatos y perros. Sin embargo, no tuvo un gato realmente suyo hasta hace 12 años (desconocemos la fecha de la entrevista), cuando Tina entró en su vida. “En principio debía ser la gata de mis hijas, pero me escogió a mí y llevamos juntos desde entonces”.

Intuimos que Tina es esta preciosa gata carey fotografiada en 2018. Hay otra foto del artista con un gato atigrado en los hombros, pero creemos que es anterior.

Sebastiano Ranchetti

Sebastiano Ranchetti nació en Milán en 1961 y estudió Bellas Artes en esta ciudad. Se trasladó a Londres para seguir estudiando, y posteriormente a Wuppertal, Alemania, a principios de los años ochenta. Allí trabajó como ilustrador y director artístico antes de regresar a Italia e instalarse en Florencia.

En 2004 creó su primera obra como autor e ilustrador, una serie compuesta por cuatro libros titulados “Piensa en color”, cada uno dedicado a un color, azul, verde, amarillo y rojo. Estos libros sin texto juegan con formas naturales, aparecen animales, se vuelven abstractos y acaban transformándose en criaturas nuevas e inesperadas.

A continuación hizo dos series de varios libros dirigidas a lectores jóvenes. La primera, titulada “Conoce a los animales”, los presenta en su entorno, la selva, el mar, el Ártico… Después llegó “Aprende con los animales”, para mostrar sus colores, sus formas… Los libros se han publicado en Italia, Francia, México, Corea y Estados Unidos.

Actualmente vive en una granja cerca de Florencia. Y cuando decimos granja, nos referimos a una granja de verdad, con gente trabajando y muchos animales, además de los que conviven con la familia. Está casado con la diseñadora gráfica Laura Ottina, y tienen tres hijas, Michelle, Alice y Julia, la gata Tina y la perra Emma.

 Sus obras han sido publicadas en numerosas revistas y expone regularmente en galerías de Florencia y Milán. Con su esposa Laura fundó el estudio Popdesign y aceptan encargos de retratos de animales. La gata Tina y la perra Emma le sirven a menudo de modelos.

“Me encanta crear en solitario, pero disfruto mucho trabajando con mi mujer. Ella me ayuda con nuestra empresa y a organizarlo todo. A menudo trabajamos juntos en algunos proyectos; por ejemplo, libros infantiles y también algunos encargos de diseño gráfico”.

La información acerca de Sebastiano Ranchetti no abunda en Internet. Una biografía corta, alguna entrevista breve y poco más. Encontramos una larga entrevista (14 minutos) en YouTube, pero está en italiano y nuestros conocimientos del idioma son muy limitados. Incluimos aquí el enlace por si puede interesar a alguien. https://www.youtube.com/watch?v=fiB968ZlWbk.

Eso sí, a partir del minuto 6:28 hasta el final, al artista le acompaña un magnífico gato atigrado, el mismo de la foto anterior. Un gato muy cariñoso, un poco pesado, pero un gato genial.


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El gato Gilderoy y el loro Dudley

El libro “Dudley and Gilderoy, A Nonsense by Algernon Blackwood”, que traducido sería algo así como “Dudley y Gilderoy, un disparate por Algernon Blackwood”, fue publicado en 1929.

El autor es conocido sobre todo por sus cuentos cortos y libros en torno a lo sobrenatural. Que sepamos, solo escribió un “disparate” y no tiene nada de cuento, ya que ocupa doscientas veintinueve páginas. Algernon Blackwood nació el 14 de marzo de 1869 en lo que ahora es Londres, pero en esa época todavía era el noroeste del condado de Kent. Después de leer el libro de un sabio hinduista que alguien olvidó en casa de sus padres, se interesó por el budismo y otras religiones orientales.

Algernon Blackwood

Emigró a Canadá, donde trabajó de granjero y encargado de un hotel, antes de trasladarse a Nueva York para ser periodista del New York Times, camarero e incluso profesor de violín. De vuelta al Reino Unido. a punto de cumplir los cuarenta, empezó a escribir historias sobrenaturales con éxito. Publicó diez colecciones de cuentos que también narraba en la radio. Tiene en su haber catorce novelas, dos libros infantiles y varias obras teatrales que se representaron, pero nunca se publicaron.

Era un gran amante de la naturaleza y le gustaba mucho escalar. Para satisfacer su interés por lo sobrenatural, se unió a “The Ghost Club” (que aún existe) y a una de las ramas de la Orden Hermética de la Aurora Dorada. Falleció el 19 de diciembre de 1951 y fue incinerado. Unas semanas después, su sobrino llevó las cenizas a Saanenmöser, en los Alpes Suizos, para dispersarlas en las montañas a las que amó durante cuarenta años.

Además de ser un gran escritor, Algernon Blackwood debía de tener un enorme sentido del humor. La historia de la gran amistad que unió a Dudley, un loro gris de alta alcurnia y de muchos años, y a Gilderoy, un gato anaranjado superviviente de numerosas batallas, como lo demuestran sus orejas desgarradas y un ojo a medio cerrar que le da un cierto aire de pirata, está descrita con humor y gran ternura.

Cada capítulo va encabezado por una cita acerca de los gatos o los loros, y en algunas páginas hay pequeños dibujos de ambos amigos realizados por el autor. Dudley es un loro algo pretencioso, muy inteligente, convencido de su belleza e importancia; Gilderoy no es nada atractivo, pero también es inteligente y paciente con su amigo. Nunca discuten porque ambos son lo bastante prudentes como para cambiar de tema en cuanto surge un desacuerdo.

Gilderoy y Dudley viven en una mansión de estilo isabelino en Kent rodeada de césped y jardines. Son bien tratados, alimentados y queridos, pero una mañana de marzo que casi podría parecer mayo, deciden tener una gran aventura. Gilderoy abre la jaula de Dudley a las cinco de la mañana y se escapan. Para ir más deprisa, Dudley viaja en la espalda de Gilderoy.

Llegan a la estación y se cuelan en el tren que va a Londres. Allí consiguen meterse en el taxi de una señora de cierta edad y entrar en su casa, cada uno a su manera. Dudley se lanza de un salto al sombrero con plumas verdes, lo que casi le produce un infarto a la buena señora. Y Gilderoy simplemente pasa desapercibido siguiendo al portero, la señora, la criada y el loro.

Pasan unos días felices en el piso de la señora, una viuda algo tonta que vive por encima de sus posibilidades y a quien los criados engañan. Una noche, Gilderoy incluso hace visitar los tejados londinenses a su amigo, que no puede volar porque le cortaron las alas (horrible costumbre). Pero los dueños de la mansión de Kent ponen un anuncio en busca de Dudley (a Gilderoy nadie le busca) y el mayordomo llega para recogerlo.

En el tren de vuelta, Dudley piensa en su gran amigo Gilderoy, al que nunca volverá a ver. Pero se equivoca. La noche siguiente, Gilderoy aparece como por arte de magia en la “nursery” diurna donde dejan a Dudley en su magnífica jaula. Está sucio, negro, en un estado deplorable. Ninguno habla, solo se miran. El loro tarda unas horas en comprender que Gilderoy ha viajado entre el carbón de la locomotora, y de ahí la suciedad.

Al día siguiente, Gilderoy ya está limpio, como si nada hubiera ocurrido, pero Dudley no se siente bien. Durante toda su vida, Dudley ha sabido que debía realizar una obra, y de pronto lo entiende. En ese momento deja caer un pequeño huevo blanco, perfecto. Gilderoy, atónito, se da cuenta de que su amigo es una amiga.

Después de una breve convulsión, su amiga se tumba en la arena del suelo de la jaula, y Gilderoy, temblando, pasa la pata por los barrotes hasta tocarla. Dudley, en un susurro apenas audible, dice: “Gilderoy, querido, pásalo bien. Adiós, de momento”. Cierra los ojos, Gilderoy retira la pata. Maúlla, se frota contra la jaula, pero Dudley no reacciona.

Después de observar el huevo durante unos minutos, “se da media vuelta, sale de la habitación, de la casa y vuelve a ser lo que era antes del principio de la Gran Amistad, un gato libre, lejano, independiente, que pasea solo por el universo”. Así acaba una historia preciosa, escrita por un hombre al que debían gustarle mucho los gatos y los loros.

Algernon BLackwood (1951, foto de Norman Parkinson)

Para terminar, hablaremos del loro y del gato de sir Lindsay Harvey Hoyle, presidente de la Cámara de los Comunes desde el 4 de noviembre de 2019, que suele nombrar a sus animales por algún “titán” de la política británica. Boris es un loro gris que se irrita con facilidad y habla mucho, “por lo que encajaba bastante bien con el primer ministro Boris Johnson”.

Sir Lindsay Harvey Hoyle

Sin embargo, Patrick, un Maine Coon bastante pijo, le recuerda al “gran” conservador lord Patrick Cormack. Los dos acompañan habitualmente a Hoyle desde su casa de Chorley, Lancashire, hasta Londres. “No creo que Patrick me perdonara si no le llevase a Londres, y tampoco Boris. Están convencidos de que son londinenses natos”, dice.


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Baby, el gato guía de Carolyn Swanson

Una seguidora mexicana de Gatos y Respeto publicó hace unos días en su Facebook la foto de un gato “lazarillo” con su dueña, Carolyn Swanson. Nos quedamos sorprendidos y decidimos indagar más; los gatos guía no abundan y parece ser un caso único. Al menos que esté documentado.

En 1946, la Sra. Carolyn Swanson, residente en Hermosa Beach, California, salió en los titulares de varios periódicos locales gracias a Baby, su gato lazarillo, al que había entrenado para guiarla por la pequeña ciudad.

¿Por qué se inclinó la Sra. Swanson por un gato en vez del tradicional perro guía cuando perdió la vista en 1945? Una pequeña reseña publicada en un periódico de Los Ángeles dice: “La anciana Sra. Carolyn Swanson, que vive en una casita en el cercano pueblo de Hermosa, se quedó ciega hace un año. Al no tener perro, optó por entrenar a su gato como mejor alternativa. Baby, un persa de gran tamaño, la guía durante sus salidas diarias y la avisa del peligro en los cruces dándole con el rabo en las piernas”.

Pero parece ser que Baby hacía más que eso. Según un artículo publicado en The Redondo Reflex el 13 de diciembre de 1946, además de guiar a la Sra. Swanson tirando de la correa, anunciaba los cruces con un maullido y se detenía si venía un coche. Mientras hubiera coches, seguía golpeado la pierna de Carolyn con su espléndido rabo. Añadiremos que posiblemente la Sra. Swanson no estuviera ciega del todo, que pudiera ver sombras.

Si Baby fue capaz de hacerlo, ¿por qué no hay más gatos lazarillos? Una respuesta puede ser que los animales guía deben ser grandes, por eso la mayoría de perros utilizados para este fin son labradores, Golden Retrievers o pastores alemanes. En tres razas de gatos, los Maine Coon, los bosques de Noruega y los siberianos, hay especímenes que pueden alcanzar los diez kilos, pero no son los treinta de un labrador.

También está la idea de que no se puede entrenar a un gato. Ya se sabe, los gatos son independientes, hacen lo que quieren, no aprenden, etcétera. Bueno, quizá haga falta más paciencia, pero hay muchos ejemplos de gatos entrenados para hacer ciertas cosas. Numerosas personas enseñan a sus gatos a andar con correa, a viajar en coche sin pasarlo mal e incluso a hacer algún truco que otro.

Lo de gatos guía parece complicado, pero sí podrían ayudar a detectar bombas, por ejemplo. Aunque los perros tienen el olfato más desarrollado que los gatos, estos diferencian mucho mejor los olores. Se meten en sitios inverosímiles; ya se sabe, si cabe la cabeza, entra el resto del cuerpo. Podrían ser magníficos rescatadores en catástrofes naturales.

Prevalece la noción de que el gato sigue siendo medio salvaje. Quizá porque el perro fue domesticado hace treinta mil años, mientras que las pruebas arqueológicas sugieren que el gato se “autodomesticó” hace diez mil.

La universidad estatal de Oregon lleva unos pocos años demostrando que los gatos hacen cosas totalmente inesperadas. Krystin Vitale, una investigadora de esta universidad, dedicada al estudio de la mente felina, rescató a un gatito blanco y negro en una carretera. Carl – así se llama el gato – hace algo que dos años atrás se creía imposible en un gato.

La investigadora está sentada en el suelo en un laboratorio delante de dos cuencos, uno a la izquierda, otro a la derecha. Su ayudante se ocupa de distraer a Carl hasta que la Dra. Vitale le llama: “¡Carl!”, y señala uno de los boles con el dedo índice. Niños de muy corta edad pasan este test con facilidad. Entienden que si señalamos algo, deben mirarlo, pero los chimpancés, como la inmensa mayoría de animales, ignoran el gesto. Carl no lo duda, va directamente hacia el cuenco señalado. Hace 20 años se demostró que los perros también lo entienden, lo que revolucionó la investigación en comportamiento animal.

¿Por qué lo entienden los animales domesticados? ¿Por qué la convivencia con el ser humano les hace comprender otras cosas? Si es así, entonces también nosotros hemos debido aprender algo de ellos.

En otro experimento en la misma universidad, una gata tricolor llamada Lyla entra en el laboratorio con Clara, su dueña. En cuanto la deja en el suelo, Lyla se aplasta, aterrada, desconoce los olores y el espacio. Se oye una puerta cerrarse de golpe, se asusta aún más. Entonces Clara se va. Lyla empieza a dar vueltas sobre sí misma, presa del pánico y acaba arañando la puerta por donde Clara ha salido mallando sin cesar.

Al cabo de dos minutos, Clara regresa y se sienta en el suelo. Lyla corre hacia ella y se frota contra sus piernas y se cara mientras la acaricia. Ya más tranquila, se aleja para explorar. “Mucha gente dirá que esto demuestra que a la gata no le importa la dueña”, dice Krystin Vitale, “pero es todo lo contrario”. Explica que Lyla se siente cómoda y calmada porque Clara está cerca. Clara le aporta la suficiente seguridad para que pueda indagar en su nuevo entorno.

Cualquier persona que tenga o haya tenido gatos y se haya fijado un poco en ellos sabe que nos echan de menos cuando nos vamos de viaje, o incluso si nos ausentamos unas horas. Algunos nos castigan ignorándonos; otros, al contrario, no nos dejan deshacer la maleta de lo contentos que están. Solo alguien que no haya convivido con un gato puede tacharles de egoístas e indiferentes.


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El gran desfile de los gatos y Leonor Fini

“Me gustan los gatos porque me parecen tranquilizadores y armoniosos. Sé exactamente a qué clase de persona le gustan los gatos y a qué clase no. En general, a los solitarios y a los rebeldes les gustan los gatos. También creo que, como los autos de fe y todo lo que tiene que ver con las brujas, los gatos siempre se han relacionado con las mujeres, con la feminidad. Está vinculado con la religión. Los gatos se veían como un concepto más del pecado”.

Eso decía Leonor Fini, a la que dedicamos una entrada en abril de 2016. (https://gatosyrespeto.org/2016/04/21/gatos-suenos-disfraces-y-leonor-fini/).  Por eso no volveremos a repetir la biografía de la pintora, solo nos limitaremos a mencionar alguna que otra anécdota contada por las personas que la conocieron. Leonor Fini era una apasionada de los gatos y casi siempre tuvo entre dos y doce a su lado.

En esta entrada hemos querido mostrar algunas de las sesenta litografías incluidas en el libro “La grande parade des chats” (El gran desfile de los gatos), impreso el 15 de diciembre de 1973, una colección de imágenes de gatos acróbatas, gatos niños, gatos patinadores, gatas grandes damas, gatas modelos…

Leonor Fini, además de pintar, diseñó vestuarios y decorados para el Ballet de París, entre otros los de “Les demoiselles de la nuit”, con coreografía del famoso Roland Petit, protagonizado por “Agatha, la gatita blanca; John Kriza, un joven músico; el gato barón de Crotius, y la gata negra”. Desde luego, con estos personajes, nadie mejor que Leonor Fini para vestirlos.

La artista creó magníficas máscaras gatunas para los bailarines, pero Margot Fonteyn, la primera bailarina, se quejó de que su máscara la hacía parecer grotesca y rehusó ponérsela. Leonor Fini no se quedó atrás y amenazó con prender fuego al teatro si Fonteyn no la llevaba. Por fin, gracias a los ruegos del paciente Roland Petit, llegaron a un compromiso: la pintora accedió a proponer una versión menos ostentosa.

Neil Zukerman, dueño de la galería CFM de Nueva York, siempre dice que todo el mundo acababa discutiendo con ella, pero que solo quedaba olvidarlo y pensar: “Bueno, es Leonor”. Cuando le invitó por primera vez a su piso de París, se le ocurrió ofrecerle un precioso American Shorthair, y a partir de este momento se hicieron muy amigos. Maisie (era una gata) sobrevivió a Leonor, que falleció en 1996, como también lo hizo Misha. Ambos quedaron al cuidado de Richard Overstreet y Joyce Neyman, otros amantes de los gatos.

Los numerosos gatos de la pintora le permitieron estudiarlos. Siempre que pintaba “los gatos se acercaban, rodeaban el caballete, se subían encima”, recuerda Joyce Neyman. El galerista Neil Zukerman añade: “Es fácil reconocer un cuadro o dibujo original de Leonor, basta con buscar algún pelo de gato pegado a la pintura, una marca de pata o un arañazo”.

El fotógrafo Richard Overstreet, del que era amiga desde 1968 cuando Leonor Fini diseñó el vestuario de una película de John Houston en la que él trabajó de ayudante de dirección, cuenta que la más mínima corriente levantaba nubes de pelos de gato en el taller. La pintora pasaba los veranos en una casa en el valle del Loira y sus gatos la acompañaban, cada uno en una cesta de mimbre. Recuerda que podía haber hasta quince cestas en la parte trasera del coche y que era imposible hablar durante el trayecto de tres horas.

Richard Overstreet

Leonor Fini donaba dibujos regularmente a la Sociedad Protectora de Animales francesa para ayudarles a recaudar fondos con el fin de esterilizar y alimentar a gatos callejeros. Parece ser que era del todo incapaz de rechazar a un gato, aunque ya tenía muchos. En los años que se conocieron, su amigo Overstreet contabilizó unos cincuenta. Solía decir que “los gatos son las criaturas más perfectas de la tierra, pero su vida es demasiado corta”.

Se la considera una de las artistas más importantes de mediados del siglo XX, con Leonora Carrington, Frida Kahlo, Meret Oppenheim, Remedios Varo y Dorothea Tanning, y conocía a la mayoría de ellas. Durante sesenta años, nunca dejó de crear: cuadros, dibujos, diseño gráfico y comercial (el famoso frasco con forma de torso para el perfume Shocking, de Schiaparelli, es suyo), ilustraciones de libros, diseño teatral, como hemos dicho antes, pero también para ópera y cine.

Su vida no fue nada convencional. Aprendió anatomía observando los cadáveres del depósito de Trieste, donde creció, y dibujo y composición estudiando a los maestros en libros y museos. Llegó a París desde Milán en 1931.

Su gran inteligencia, burbujeante personalidad y extravagante vestimenta no tardaron en abrirle camino en el mundo artístico de entonces. Se relacionó con pintores y poetas surrealistas como Paul Eluard, Salvador Dalí, Man Ray y Max Ernst, que fue su amante durante un tiempo. No escondía su profunda antipatía por el misógino André Breton. Expuso con ellos en repetidas ocasiones, pero nunca se consideró una pintora surrealista.

El galerista Julien Levy, después de quedarse embelesado por las obras y el encanto de Leonor Fini, la invitó a Nueva York en 1936 para exponer con Max Ernst. Allí conoció a numerosos surrealistas estadounidenses, entre los que estaban Joseph Cornell y Pavel Tchelitchew. Sus obras formaron parte de la exposición Arte Fantástico, Dada y Surrealismo organizada por el MoMA, con pintores como De Chirico, Ernst e Yves Tanguy.

También fue una espléndida retratista; pintó repetidamente a Stanislao Lepri y a Constantin Jelenski, al que llamaba “Kot”, que significa “gato” en polaco, país del que era originario. Stanislao y Kot fueron amantes suyos durante mucho tiempo, y los tres vivieron juntos con más de doce gatos. También retrató a sus amigos: el escritor Jean Genet, las actrices María Casares, Anna Magnani, Alida Valli y Suzanne Flon, la bailarina Margot Fonteyn, el director Luchino Visconti, las pintoras Meret Oppenheim y Leonora Carrington, así como a las mujeres de la alta sociedad Francesca Ruspoli y Hélène Rochas.

A su vez, fue retratada por un sinfín de fotógrafos famosos: Erwin Blumenfeld, Dora Maar, Man Ray, Georges Platt Lynes, Lee Miller, Horst, Brassaï, Cecil Beaton y Henri Cartier-Bresson. Le dedicaron poemas Charles Henri Ford, Paul Eluard y Georges Hugnet, entre otros.

Falleció el 19 de enero de 1996 en París, siete meses antes de cumplir 90 años.


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Gatos y decoraciones navideñas

Old World Christmas

No vamos a hablar de las consecuencias de tener gato (o gatos) y poner un árbol de Navidad. Bueno, en cierto modo sí. Ahora, con las nuevas bolas hechas de un material casi irrompible, los daños se reducen drásticamente. Pero cuando las bolas u otras decoraciones eran de vidrio soplado, el desastre podía llegar a ser monumental.

Sikora
Radko (122 dólares)

Sin embargo, antes de pasar a las decoraciones, deberíamos hablar del árbol. Se sabe a ciencia cierta que en 1441, 1442, 1510 y 1514, la “Bruderschaft der Schwarzhäupter” (Fraternidad de los cabezas negras) colocaba un árbol en la casa gremial de Reval (ahora Tallin, Estonia) y en la de Riga, Letonia, antes de trasladarlo la última noche del periodo navideño a la Plaza Mayor donde bailaban a su alrededor.

(Actual, 3 por 42 dólares)
(Actual)

En 1570, un gremio de Bremen, Alemania, dejó escrito que “un pequeño árbol decorado con manzanas, nueces, higos, galletas y flores de papel” se colocó en la casa gremial para el disfrute de los niños que se repartieron las golosinas el día de Navidad. Por lo tanto, parece que la tradición del árbol de Navidad ya estaba consolidada en el siglo XVI.

(Actual, 18 dólares)
Lauscha

Por otra parte, Cristoff Mueller y Hans Greiner, hijos de sopladores de vidrio de Langenbach, se establecieron en Lauscha, en la región alemana de Turingia, en 1597. La tradición del vidrio soplado en la región remonta al siglo XII. Atraídos por la excelente calidad de la arena en las orillas del río Lauscha, instalaron allí sus hornos y pronto se les unieron otros artesanos. Por cierto, la técnica fue inventada en Siria a finales del primer siglo a. de C.

Lauscha (Años veinte)
Old World Christmas (36 dólares)

Los sopladores de vidrio de Lauscha, como todos los demás, calentaban el vidrio en hornos hasta la mitad del siglo XVIII, cuando se introdujo la técnica de soplado de llama – soplar y realizar formas mediante tubos calentados en una lámpara de aceite (actualmente de propano) –, lo que permitió la producción de cuentas de vidrio con plomo en el interior. Una vez unidas con un hilo, servían de motivos decorativos en las casas.

Lauscha (Actual)
Holyart (17 dólares)

En 1835, Ludwig Müller-Uri inventó el primer ojo de cristal. No devolvía la visión, pero al menos la persona ya no tenía que llevar un parche. Todavía se siguen fabricando en Lauscha.

Lascha (Antiguos)

La leyenda quiere que un vidriero muy pobre, que no tenía dinero suficiente para comprar manzanas y golosinas de azúcar, inventara las primeras decoraciones navideñas para el árbol, sencillas formas redondas, huecas y coloreadas. Ya en 1847, los artesanos de Lauscha utilizaban vidrio soplado enfriado en moldes para crear diminutos  objetos pintados a mano destinados a colgar en los árboles navideños.

Lauscha (Años veinte)

Estos no tardaron en salir del círculo familiar y a venderse con mucho éxito. En los archivos del Museo de los Juguetes de Sonneberg, capital de Turingia, se encuentra un catálogo en color de la empresa Ernst & Carl Dressel de 1860 con una amplia gama de objetos de vidrio de Lauscha; entre ellos, decoraciones redondas y plateadas rematadas con una finísima capa de cera de color.

Decorando ornamentos navideños en Lauscha
Lauscha (Antiguo)

Se cuenta que el día de Nochebuena de 1868, la joven reina Victoria escribió desde Alemania diciendo que le gustaba mucho el árbol de Navidad adornado con cuentas de colores y regalos alrededor. En la década de los cuarenta, un periódico londinense publicó un dibujo del árbol navideño de la familia real decorado con diminutos objetos de cristal procedentes del país del príncipe Alberto, Alemania. El éxito fue inmediato.

(Actual, 15 dólares)

Por suerte, la producción incrementó en 1868, después de la construcción de una fábrica de gas que permitió sustituir el aceite por gas. A continuación nació una técnica para bañar los objetos con plata inventada por Justus von Liebig.

BestPysanky (20 dólares)

Pocos años después, en 1880, el hombre de negocios estadounidense F.W. Woolworth, fundador de los grandes almacenes del mismo nombre, puso en venta algunas decoraciones fabricadas en Lauscha. Al cabo de diez años, Woolworth encargaba 200.000 “bolas de Navidad” anualmente.

(Antiguo)
(Actual, 20 dólares)

A partir de 1900 surgieron fabricantes de decoraciones navideñas en otros puntos de Alemania y en Estados Unidos. ¿Cuándo aparecieron las figuras? Probablemente en la misma época, con el auge del modernismo y la enorme importancia que cobró el vidrio soplado.

(Antiguo)
(Actual)

Después de la II Guerra Mundial, Lauscha quedó enclavada en la República Democrática Alemana y las exportaciones resultaban difíciles al deber realizarse desde empresas estatales. Gran parte de la producción fue mecanizada, pero incluso así las decoraciones navideñas de la pequeña ciudad mantuvieron su éxito y se siguieron impartiendo clases en la escuela del vidrio fundada en 1923.

Old World Christmas (17 dólares)
(Actual)

Hoy, las aulas están llenas de futuros sopladores, y aproximadamente una de cada dos familias de Lauscha vive de la industria del vidrio. La población actual es de unos 3.300 habitantes. A principios de noviembre, la ciudad celebra un mercadillo de decoraciones navideñas.

Lauscha en invierno (Febrero de 2012)
Lauscha (Actual)
Lauscha (Actual)

Entre tantas figuritas, no faltaban ni faltan los gatos. Actualmente, las fabricadas en Lauscha valen unos 7 euros cada una. Aún son de cristal soplado, moldeado y decorado a mano, y no aptas para hogares con gatos. Hemos encontrado una fechada en los años veinte vendida por 120 dólares en eBay. Las más antiguas (años veinte del pasado siglo) se colocaban en el árbol mediante un clip y la figurita estaba montada en un muelle.

Lauscha (Actual, 7 euros)
Lauscha (Años veinte, 120 dólares)

Existen varias empresas más que incluyen figuritas gatunas en sus decoraciones navideñas. Los precios de la empresa Old Christmas World oscilan entre los 18 y los 36 dólares por una figurita de cristal pintada a mano. La empresa estadounidense fue fundada en 1891 y se precia de tener “el mayor catálogo del mundo de adornos navideños”. Hay bastantes gatos.

Old World Christmas (El gato con botas)
Old World Christmas (13 dólares)

El precio más bajo de las figuras de la empresa alemana Sikora es de 15 euros. También tienen muchos gatos. El estadounidense Macx Eckhard empezó a importar objetos de cristal de Alemania en 1907. Se unió a Corning Glass en 1937 y fundó Shiny Brite (ahora Christopher Radko), los mayores productores de decoraciones navideñas en las décadas de los cuarenta y cincuenta. Incluimos dos ejemplos de época. Fue la empresa que ideó colgar las decoraciones en el árbol mediante un trozo de lana.

Sikora
Radko (Años noventa, 38 dólares)


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Kisa, la gata encantada

Leonor Fini

Hay muchos cuentos de hadas con gatos como protagonistas, pero no conocemos ninguno que se refiera concretamente a la Navidad. Para estas fechas hemos escogido el cuento islandés de Kisa, la gata encantada. Sagan af kisu kongsdóttur fue recogido por Jon Arnason a mediados del siglo XIX para una recopilación. Este último y Magnus Grimsson plasmaron por escrito la tradición oral de su país, impidiendo que se perdiera.

Anónimo

Hemos traducido (resumiendo un poco) la versión del escritor, crítico, historiador y antropólogo escocés Andrew Lang (31 de marzo de 1844 – 20 de junio de 1912) publicada en el “The Brown Book of Fairy Tales” (El libro marrón de cuentos de hadas) en 1904. Andrew Lang dedicó su vida a la recopilación de cuentos de hadas y a demostrar su importancia simbólica. Entre 1889 y 1910 publicó doce volúmenes de cuentos, cada uno de un color, empezando por el azul y acabando por el lila.

Andrew Lang
El libro marrón de cuentos de hadas

Adrienne Ségur (https://gatosyrespeto.org/2020/06/18/gatos-y-cuentos-de-hadas-de-adrienne-segur/) publicó otra versión en su “Golden Book of Fairy Tales” (Libro dorado de cuentos de hadas) en el que la gata Kisa cambia de nombre y aparece como Kip.

Adrienne Ségur (1958)

Érase una vez una reina que tenía una preciosa gata color de humo, con ojos azules claros, a la que quería mucho y de la que nunca se separaba. Incluso acompañaba a la Reina cuando esta salía en su carroza. Un día le dijo a la gata: “Gatita, eres más feliz que yo, tienes a un gatita, pero yo solo te tengo a ti”.

La gata fue a hablar con un hada que habitaba en un bosque cercano, y muy pronto la Reina tuvo a una niña hecha de nieve y rayos de sol. La Reina se sintió feliz y la pequeña se hizo amiga de la gatita, negándose a dormir a menos que esta estuviera a su lado hecha un ovillo.

Franz Marc (1912)

Al cabo de unos meses, la niña seguía siendo un bebé, pero la gatita había crecido. Una tarde, la nodriza la buscó para llevarla a la cuna de la princesa como de costumbre, pero había desaparecido. Todo el palacio la buscó; los criados, convencidos de que la Reina recompensaría a quien la encontrara, se metieron en los lugares más inverosímiles, pero de nada sirvió. La gatita se había escapado, y nadie sabía si regresaría.

Arthur Rackham (1920)

Pasaron los años. Un buen día, la princesa jugaba a la pelota en el jardín, la lanzó más lejos de lo habitual y cayó entre un grupo de rosales. La niña corrió a recuperarla y cuando estaba a punto de cogerla, oyó una voz que la llamaba: “Ingibjorg, Ingibjorg, ¿me has olvidado? Soy tu hermana Kisa”. La princesa, sorprendida, contestó: “Nunca he tenido una hermana”, pues no recordaba a la gatita.

“¿No recuerdas cómo dormía a tu lado en la cuna, cómo llorabas si no estaba a tu lado? Por lo visto, las niñas no tienen memoria. Yo podría encontrar esa cuna ahora mismo si estuviera en el palacio”. “Si es así, ¿por qué te fuiste?”, replicó Ingibjorg. Pero antes de que pudiera contestar, aparecieron varias damas que se horrorizaron al ver a una gata desconocida y Kisa huyó de nuevo al bosque.

Louis Wain

Al día siguiente hacía mucho calor e Ingibjorg quiso ir a jugar bajo la sombra refrescante de los árboles. Sus damas de compañía no tardaron en dormirse y la princesa se adentró en el bosque, alejándose más y más, convencida de que en cualquier momento encontraría un círculo de hadas, pero en vez de eso, apareció un horrible gigante que le ordenó con voz ronca que le siguiera. Ingibjorg no se atrevió a desobedecerle y echaron a andar.

Pierre Bonnard (1884)

Anduvieron mucho tiempo. Cansada, la princesa empezó a llorar. “No me gustan las niñas que hacen ruidos feos”, dijo el gigante, dándose la vuelta. “Pero si te empeñas en llorar, te daré una buena razón para hacerlo”. Dicho eso, sacó un hacha de su cinturón y le cortó ambos pies, se los guardó en el bolsillo y se fue.

Marc Chagall (1949-50)

El dolor era insoportable e Ingibjorg estaba convencida de que iba a morirse. Al cabo del tiempo oyó unas ruedas de carro acercándose y, haciendo un esfuerzo, consiguió articular un grito. “¡Voy!”, contestó una voz. Y al poco apareció Kisa en un carro tirado por un caballo. Bajó de un salto, cogió con cuidado a la niña entre sus patas, la depositó en el heno y regresó a su pequeña cabaña.

Hizo una cama con unos cojines antes de ofrecer leche a Ingibjorg, que estaba a punto de perder el conocimiento. Kisa escogió diferentes hierbas de una alacena y las puso a remojar antes de atarlas con cuidado en los muñones sangrientos. El dolor se calmó de inmediato. Entonces Kisa dijo: “Ahora dormirás y no te asustarás por estar sola, cerraré la puerta y nadie te hará daño”, pero la princesa ya estaba dormida antes de que acabara la frase.

Bart van der Leck (1914)

Kisa subió a su carro y se fue a la cueva del gigante. Dejó el carro escondido a cierta distancia y se acercó sigilosamente a la entrada. El gigante le estaba diciendo a su mujer: “En cuanto tenga un momento, volveré y la mataré. ¿Qué pensarán los habitantes del bosque si no castigara a una niña que me desafió?” Los dos empezaron a insultar a Ingibjorg por su mal comportamiento y no vieron a Kisa volcar todo el tarro de sal en el puchero.

Eileen Mayo

Los gigantes volvieron a servirse y al poco se morían de sed. “Si no bebo agua fresca ahora mismo, ¡me moriré!”, gritó él. Se precipitó hacia el sendero que llevaba el riachuelo seguido por su esposa. Kisa aprovechó para rebuscar por todas partes hasta encontrar los pies de Ingibjorg envueltos en hierba y volver a toda prisa a su cabaña.

La gata Kisa se lleva los pies de Ingibjorg de la cueva del gigante

Ingibjorg se despertó al oír entrar a Kisa, que llevaba los dos pequeños pies calzados en zapatillas plateadas. “No te preocupes, en dos minutos volverán a ser tuyos”, le dijo. Cogiendo unas hebras de la hierba mágica en la que el gigante los había envuelto, los ató a las piernas de la princesa. Y añadió: “No andarás inmediatamente, eso no. Pero en una semana podré llevarte de nuevo a tu palacio”.

Y así fue. Al llegar la gata a las puertas del palacio, el Rey y la Reina vieron a su hija sentada a su lado en el carro y declararon que no había recompensa suficiente en todo el reino para la gata que había salvado a la princesa. “Ya hablaremos de eso”, dijo la gata antes de inclinarse con elegancia, subir al carro y alejarse.

Una profunda tristeza invadió a la princesa al irse Kisa. Dejó de comer y de beber, no le interesaban los maravillosos vestidos que encargaron para ella. “Si no ríe se morirá”, dijo la Reina. “Nada la curará excepto el matrimonio”, contestó el Rey. Invitó a todos los jóvenes apuestos del reino y pidió a su hija que escogiera a uno. Finalizada la ceremonia, Kisa apareció de pronto en la sala. Ingibjorg corrió hacia ella y la abrazó.

Suzanne Valadon (1930)

“He venido a por mi recompensa. Debes dejarme dormir al pie de tu cama esta noche”, dijo Kisa. “¿Solo eso?”, replicó la princesa, algo decepcionada. Al día siguiente, con los primeros rayos del sol, Ingibjorg descubrió a una bellísima princesa dormida a sus pies. Esta le explicó que un hada malvada las había encantado a su madre y a ella. Su madre, la gata de la Reina, había muerto sin poder hacer una buena obra jamás hecha antes, la condición para que se rompiera el encantamiento.

Min Zhen (Siglo XVIII)

Curioso y bonito cuento, del que hemos encontrado pocas ilustraciones; escasez compensada con cuadros y fotos. Dedicamos esta entrada a tres jóvenes amigas nuestras, Cayetana, Carlota y Patricia.

Émile Munier (1882)


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Gatos y el pintor suizo François Knof

Gato en el agua (1997)

François Knof, pintor suizo, expuso por primera vez en 1987 y la noche antes de la inauguración vendió todos los cuadros – un total de 41 – a un coleccionista. Nos atrevemos a decir que es el sueño de cualquier pintor. En varias críticas se le compara con el belga René Magritte, pero no acabamos de ver el parecido.

Cocina vegetariana (2007)
Wampou (2003)

Pinta todo tipo de animales, entre los que abundan los gatos. Pero no se limita a reflejarlos en su entorno, sino en situaciones imposibles, desproporcionadas, inverosímiles, a menudo llenas de humor, sorprendentes y, en ocasiones, muy cerca de los sueños.

El gato Gazou de acampada (2008)
Vía muerta (2000)

Hay muy poca información sobre el pintor, en realidad poquísima. Incluso en los artículos que le ha dedicado la prensa, todos repiten más o menos lo mismo. Entrando en la página web del artista hemos encontrado un texto escrito por él en el que resume su vida y que hemos traducido:

François Knopf (2000)
Huevo pasado por agua (2003)
Gato y castillos

“Con 65 años he realizado 29 exposiciones individuales y he participado en diversas exposiciones colectivas, sobre todo en Suiza, aunque también en Holanda. A partir de ahora solo expondré en mi página francoisknof.com o en galerías virtuales”.

Verduras al por mayor (1999)
Gato en cojín rojo (2007)
El gato de la granja (1997)

“Nací en Lausana, Suiza, y trabajé de contable durante muchos años. Siempre he vivido con mi familia, mi esposa holandesa y mis dos hijos, en lugares próximos a la naturaleza. Primero en una vieja granja situada por encima de un pueblecito rodeado de campos, Villars-le-Comte”.

Pájaro encerrado
El gato pescador (2000)

“Hace 20 años que nos mudamos a Ollon y vivimos en una casa aislada en medio del bosque, al pie de los Alpes. Hemos estado rodeados de animales domésticos y otros nada domésticos: burros, ovejas, cabras, pintadas, gansos, patos, gallinas, perros, gatos y, dado nuestro aislamiento, zorros, tejones, jabalíes, linces, etcétera. Sin olvidar las lagartijas, ranas, sapos, culebras, ciervos volantes, rosalias alpinas, herrerillos, pájaros carpinteros, lechuzas, y mejor no sigo”.

Ruso azul (2001)
Gato y flor de hibisco

“Por eso mis cuadros representan en su mayoría a animales, aunque en situaciones insólitas, porque los primeros pasos que di en la pintura fueron en el surrealismo. Me distancié poco a poco, pero algo me quedó”.

La comida del gato (1996)
La calabaza

“Los animales que pinto suelen estar desproporcionados y se pasean en un universo poco habitual para ellos, pero me esfuerzo en pintar el conjunto del modo más realista posible. Esa yuxtaposición de ambientes debería despertar alguna emoción en el espectador”.

La batalla (2007)
Neyruz (1999)

Siempre por su página web, sabemos que nació en 1939 en Berna, la capital del país, por lo que escribió el texto anterior en 2004 y, por lo tanto, ahora tendrá 82 años. El último cuadro incluido en la página es de 2017 y pertenece a una serie titulada “Casas abandonadas”.

La última manzana (2003)
El gato y el avión (2003)

Cuenta su vida a través de sus obras, y con un poco de paciencia es fácil recuperar una pequeña biografía. Empezó a pintar en 1960 en un estilo totalmente diferente al actual. Los primeros animales que encontramos son caballos y pájaros, sobre todo estos últimos. Vendió su primer cuadro en 1967 y se casó con Anneke en 1969.

Pelota flotante (2000)
La siega (1999)

Tenía un taller en la calle Crêt de Lausana, como demuestra la foto del gato Pitschi subido al caballete. Para entonces ya vivían en la vieja granja del pueblo de Villars-le-Comte, a unos 30 kilómetros de Lausana, donde en 1970 expuso por primera vez en la galería Artésia. Seguía muy próximo al surrealismo y apenas hay animales en esta época.

El gato Pitschi en el caballete (1973)
El jardín (1996)

A principios de los 80 su estilo empieza a cambiar e incluye a más animales – aunque los gatos siguen sin aparecer. Hay ovejas, insectos y una magnífica serie sobre dinosaurios realizada en 1983 para ilustrar una exposición de fósiles. En 1989, los almacenes Migros imprimen 350.000 bolsas de compra con un cuadro de François Knopf: una carpa nadando en una galería de arte.

El pececito (2008)
La pajarería (1995)

Em 1990 encontramos el primer gato: “Gato de arena”. También empieza a notarse un cierto alejamiento del surrealismo anterior. En los primeros años de la década de los 90, el cambio se hace mucho más patente y además de gatos aparecen otros animales, sobre todo bisontes.

Gato de arena (1990)
El reflejo (2000)

En el cartel de una exposición de 1995 vemos a un gato blanco y negro totalmente desproporcionado en comparación a la diminuta mujer que está a su lado. Esto nos hace pensar que los gatos empezaban a ser uno de los temas favoritos del pintor. A partir de entonces, los usa cada vez más a menudo como modelos.

Gato amarillo en mesa de cocina (2007)

En 2008 participó en una exposición en torno al gato en la galería Sablons de Saint-Malo, en Bretaña, Francia. A partir de esta fecha, la página del pintor no incluye cuadros más recientes de animales, gatos u otros.

Noruego (2000)

Siempre a través de imágenes, esta vez son fotos, hemos trazado sus traslados: de 1939 a 1959 vivió en Berna; de 1959 a 1979 en Lausana, con tres años entre medias, de 1962 a 1965 en Australia; de 1979 a 1984 en la granja de Villars-le-Comte, y posteriormente en Ollon.

El gato Youkoun
Gato blanco (1997)

François Knopf seguramente sea un hombre discreto y no dudamos en afirmar que un amante de los gatos. Después de haber recorrido su página web año por año, creemos que muchos de los gatos que retrató eran suyos.

La dama de picas (1995)


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El gato navideño (Jólakötturinn) de Islandia

No todas las tradiciones navideñas son iguales en Europa; Santa Claus no llega a todos los países, ni tampoco los Reyes Magos. Islandia se convirtió al cristianismo en el siglo XI por decisión del Alþingi, el parlamento más antiguo del mundo, fundado en 930, influido probablemente por el rey de Noruega, Olaf Tryggvason. Sin embargo, la religión norgermánica persistió durante siglos después de la cristianización oficial del país.

Y con ella, numerosos mitos, tradiciones y creencias que poco a poco se transformaron y de los que algunos aún sobreviven, aunque es casi imposible conocer su origen. Una de las leyendas es la del Jólakötturinn, un enorme, feroz y terrible gato negro – no podía ser de otro modo – que aterroriza a los niños en Nochebuena.

Jólakötturinn (Urðarkötturinn en finlandés) es el gato de la troll Grýla, esposa del troll Leppalúði, padres de los Trece Muchachos de Navidad. El cometido de Jólakötturinn es comerse a cualquier persona que no estrene una prenda de ropa nueva en Nochebuena. En todas las explicaciones que hemos encontrado, la conclusión es la misma: la leyenda animaba a los islandeses a trabajar duro para comprarse algo nuevo. Algunos incluso dicen que los granjeros usaban la tradición como amenaza para que sus empleados trabajaran más.

Grýla y el gato de Navidad (Phinneas Jones)

Nada de eso parece tener mucho sentido. En primer lugar, la ropa no empezó realmente a comprarse en tiendas en la sociedad rural hasta después de la Primera Guerra Mundial. Antes se hilaban y tejían las telas y lanas para confeccionar las prendas en casa, trabajo que recaía en las mujeres.

Ahora bien, no se encuentran antecedentes escritos de la leyenda hasta el siglo XIX. En 1932, aproximadamente un siglo después, el autor islandés Jóhannes úr Kötlum, que también fue miembro del Parlamento, le dedicó un largo poema. Kötlum era muy admirado por la belleza de sus versos en islandés. Reproducimos aquí los primeros a pesar de estar seguros de masacrarlos:

Islandia

Ya conocen al gato de Navidad, – es un gato muy grande. – No sabemos de dónde viene – ni adónde va. – Abre los ojos de par en par, – los dos brillan. – No es cosa de cobardes – mirar en esos ojos – El pelo como escarpias, – el gran lomo arqueado, – las garras en la pata peluda, – nada de esto es agradable de ver. – Por eso las mujeres se apresuran – a hilar, tejer y coser – bonitos trajes de colores – o aunque sea, un miserable calcetín. – El gato no vendrá, – no se llevará a los niños, – siempre que los adultos – les hayan regalado una prenda nueva.

La cantante Bjork también le dedicó un tema en 1987 basado en este mismo poema. (https://www.youtube.com/watch?v=a4xG6hQWsno).

La costumbre sigue vigente hoy en día, y muchos islandeses regalan o estrenan alguna prenda de ropa el 24 de diciembre porque Jólakötturinn recorre la fría Islandia en Nochebuena. En esa época del año hay pocas horas de luz en el país septentrional, unas cinco como mucho.

Gato islandés

Grýla, una troll alta con muy mal carácter, y su segundo marido Leppalúði, un ser mucho más tranquilo, tuvieron trece hijos. Empezando catorce días antes de Navidad, aparece uno cada día en las casas. Antaño eran seres malévolos, que no aportaban nada bueno, todo lo contrario. Actualmente son conocidos por sus travesuras y por dejar un pequeño regalo cada noche en los zapatos de los niños a partir del 12 de diciembre.

Jolasveinar (Los Trece Muchachos y Jólakötturinn)

Unos beben la leche de las ovejas, otros roban comida, otro asusta a todos dando portazos y uno es adicto al yogur. Antes robaban las velas a los niños. Con el tiempo, las leyendas se diluyen y pierden su sentido, como ocurre con los cuentos infantiles cuando el ogro ya no se come al niño. Sea como fuere, entre los Trece Muchachos y Jólakötturinn, la época navideña en Islandia no era nada tranquila.

En noviembre de 2018, la ciudad de Reikiavik gastó 4.400 millones de coronas islandesas (unos 30.000 euros) en la instalación de un gran Jólakötturinn hecho de LED en la plaza Lækjartorg. El gato, que puede verse cada año desde finales de noviembre, mide seis metros de largo y cinco de alto. Lo diseñó la empresa austríaca MK Illumination, es propiedad de la compañía Garðlistar y el Ayuntamiento lo alquila anualmente.

Reikiavik
Gato islandés

La concejala socialista Sanna Magdelena Mörtudóttir criticó al Consistorio aprovechando el mito de Jólakötturinn. Según ella, ya que la pobreza impide que los niños tengan ropa nueva, y al ser el Ayuntamiento de Reikiavik la empresa del país con más empleados cobrando el salario mínimo, quizá habría podido aprovecharse el momento para aumentar el salario de los padres y permitirles adquirir ropa nueva para sus hijos.

Reikiavik

Ignoramos cómo acabó el debate, pero hemos descubierto otro gato de Navidad en la ciudad de Akureyri, totalmente al norte del país, en el fiordo Eyjafjörður. Parece estar hecho de metal, no de LED y, contrario a la tradición, tiene los ojos verdes. Los del verdadero Jólakötturinn son abrasadores y rojizos.

Akureyri
Reikiavik

Los islandeses tienen un dicho “að fara í jólaköttinn”, que significa literalmente “ir dentro del gato de Navidad”, o sea, si uno no se porta bien, acabará dentro del gato. Es un poco más drástico que encontrarse carbón en los zapatos en vez de un regalo.

Akureyri
Reikiavik

Eso no significa que los islandeses no quieran a los gatos, al contrario. Se calcula que hay más de 20.000 gatos en Islandia para 366.425 habitantes, y aunque el número de perros es más o menos el mismo, los gatos han adquirido más visibilidad en Reikiavik. Menja von Schmalensee, biólogo y ecologista del Centro de Historia Natural del Oeste de Islandia, cree que los gatos llegaron con los primeros pobladores noruegos, entre los años 870 y 930.

Akureyri

Seis meses después de empezar este blog, en mayo de 2014, dedicamos una pequeña entrada a los gatos de Reikiavik (https://gatosyrespeto.org/2014/05/23/los-gatos-de-reikiavik/).


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Los gatos de la pintora mexicana Nahui Olin

Dos gatos (Nahui Olin)

Nahui Olin, de verdadero nombre María del Carmen Mondragón Valseca y nacida en 1893, pasó de ser famosa, admirada y agasajada en los años veinte al más completo olvido en los años sesenta y a morir en 1978 sin siquiera una pequeña necrológica. ¿Qué le ocurrió a la que fue considerada la mujer más bella de Ciudad de México para que acabara vendiendo fotos de sí misma desnuda en su juventud para poder alimentar a sus gatos?

Nahui Olin
Gatitos y peces (Nahui Olin)

Fue modelo, musa, pintora y poetisa. Hemos rescatado una frase suya: “Bajo la garra mortal de las leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en eterno silencio, en inercia mortal… pero debajo existe una fuerza dinámica que se acumula de instante en instante, un tremendo poder de rebelión que activará su alma atrapada en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía”.

Nahui Olin
Gato en el jardín florido (Nahui Olin)

Hace algo más de 20 años, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska (dos grandes amantes de los gatos con entradas en el blog), Tomás Zurián y Adriana Malvido rescataron el legado de Carmen Mondragón, formado por prosa, poesía, dibujos, cartas a sus amantes y testimonios, dando a conocer a esta curiosa y adelantada mujer.

Carlos Monsiváis

Hija del general Manuel Mondragón, sobre quien recae la ejecución de la decena trágica, Nahui Olin creció en el seno de una familia adinerada, en pleno gobierno de Porfirio Diaz. La familia se trasladó a París cuando ella tenía cuatro años. Ingresó en un internado donde descubrió la pintura y la poesía. De hecho, escribió sus primeros textos en francés.

Elena Poniatowska

Regresó a Ciudad de México siendo adolescente y a los pocos años conoció al cadete Manuel Rodríguez Lozano, con quien contrajo matrimonio en 1913, a los veinte años. Se trasladaron a París y no tardaron en codearse con artistas como Diego Rivera, Georges Braque, Henri Matisse y Pablo Picasso. Al estallar la I Guerra Mundial, se mudaron a San Sebastián y empezaron a pintar. Tuvieron un hijo que murió al poco de nacer.

Nahui Olin

De vuelta a México en 1921, la pareja ya se llevaba mal. Los nueve años que estuvo con Manuel Rodríguez Lozano fueron los menos productivos de Nahui Olin y su periodo más conformista. Parece ser que habría preferido vivir con Manuel sin casarse, pero su madre insistió y acabó con traje de novia. Su familia se opuso rotundamente al divorcio, lo que no le impidió vivir como ella quería y conseguir divorciarse en 1922.

Boda con Manuel Rodríguez Lozano

En México fue modeló de Rosario Cabrera y de Siqueiros en varias ocasiones, entre ellas para el famoso mural “La creación”, en el que aparece como Erato, la musa de la poesía erótica. Hoy se reconoce a Nahui Olin como una figura central en el “Renacimiento mexicano” junto a Frida Kahlo, Tina Modotti, Diego Rivera, Xavier Guerrero, Rodríguez Lozano y el estadounidense Edward Weston.

Edward Weston

El 22 de julio de 1921 conoció al pintor Dr. Atl, de verdadero nombre Gerardo Murillo, que esa misma noche escribió que se había abierto ante él “un abismo verde como el mar: los ojos de una mujer” y que “había caído instantáneamente en el abismo, como un hombre que se desliza de una roca y se hunde en el océano”. Concluye diciendo “¡Pobre de mí!”

Nahui Olin (Dr. Atl – Gerardo Murillo, 1922)

El pintor le puso el nombre de Nahui Olin, cuyo significado difiere según las diferentes fuentes que hemos consultado: “Cuarto sol”, “Cuarta dimensión” en náhuatl. A partir de ese momento, Carmen pasó a llamarse Nahui Olin hasta su muerte. Según ella misma escribió, su nombre significaba “el poder que produce la luz”.

Nahui Olin

Nahui y Atl vivieron en la azotea del Convento de la Merced. Según Elena Poniatowska, eran muy “fiesteros” y Nahui recibía a los amigos desnuda. A la azotea acudían Diego Rivera y su mujer Lupe Marín, Adolfo Best Maugard, Ricardo Gómez Robelo, Dalila y Carlos Mérida. Bailaban, cantaban, pintaban, fotografiaban y sacralizaban a México. El fotógrafo Edward Weston le hizo retratos prodigiosos, y Antonio Garduño no se quedó atrás.

Nahui Olin (Antonio Garduño, 1927)

El Dr. Atl, además de pintor, era un apasionado vulcanólogo que pasó largas temporadas viendo el nacimiento y posterior desarrollo del volcán Paricutín, en Michoacán, a partir de febrero 1943. En los cinco años de relación con Nahui Olin le escribió más de doscientas cartas de amor. Parece ser que ella era tremendamente celosa y que su amor se convirtió en odio. Nahui no tuvo reparo en declarar que Atl era “un pinche medicucho cabrón”. Y probablemente no se equivocaba, ya que el pintor no dudó en declarar su apoyo a Hitler y su antisemitismo a partir de mediados de los años treinta.

Nahui Olin (Edward Weston, 1923)

Nahui Olin formó parte de un grupo de talentosas mujeres durante uno de los períodos más activos del arte mexicano, las décadas de 1920 y 1930. Esas mujeres son la pintora Frida Kahlo, la poeta Pita Amor, la novelista Rosario Castellanos, la pintora María Izquierdo, a la que Antonin Artaud admiraba profundamente, la legendaria novelista Elena Garro (que también tiene una entrada en este blog) y la bailarina y autora Nellie Campobello.  Elena Poniatowska les dedicó el libro “Las siete cabritas”.

Elena Garro

A principios de los años treinta conoció al capitán de barco Eugenio Agacino y volvió a enamorarse perdidamente, pero en 1934 el capitán falleció. Hemos encontrado dos causas de su muerte, una por intoxicación de marisco y otra porque se cayó al mar, ignoramos cuál es la verdadera. Pero el caso es que Nahui Olin le esperó durante semanas en los muelles de Veracruz hasta que el poeta Germán List Arzubide la encontró en un triste estado.

Autorretrato (Frida Kahlo)

En los años siguientes dio clases de artes plásticas y escribió mucho. El tiempo, la soledad y el olvido pudieron con su belleza, dejó de preocuparle su aspecto y acabó convirtiéndose en una mujer casi obesa vestida con harapos. Su única compañía eran los numerosos gatos a los que alimentaba con una miserable pensión que le concedía Bellas Artes.

Gato negro (Nahui Olin)

Nahui Olin escogió ser libre. En el último poema de “Óptica cerebral”, pidió que se esculpiera el siguiente epitafio, en mayúsculas, en su tumba y en la de todas las mujeres de Asia, África, América y Europa que decidieran vivir libremente y al máximo: INDEPENDIENTE FUI, PARA NO PERMITIR PUDRIRME SIN RENOVARME; HOY, INDEPENDIENTE, PUDRIÉNDOME, ME RENUEVO PARA VIVIR.

Autorretrato (Nahui Olin)

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Gusa, otra incondicional de los gatos.

Gato naranja (Nahui Olin)


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Los gatos del fotógrafo Jean Gaumy

Zoe

“Se trata de encontrar la distancia correcta. Hay un lado animal en la fotografía, una especie de vigilancia. Somos como los gatos, atrapados entre la instantaneidad y la contemplación”.

Rouxy (2013)
Pataud (1989)

Jean Gaumy nació el 28 de agosto de 1958 en Pontaillac, un barrio de la ciudad de Royan, en Charente-Maritime, Francia. Estudió en Toulouse y en Aurillac, localidad de la región de Auvernia, en el centro del país. Cursó estudios universitarios de Letras en Rouen, Normandía, donde colaboró como redactor y fotógrafo en el periódico regional “Paris Normandie” para costearse los estudios entre 1969 y 1972.

Miou (1983)
Miou (1985)

Después de un breve periodo en la agencia Viva, se unió a la agencia francesa Gamma en 1973, año en que se casó con Isabelle. En 1975 nació su hija Marie y comenzó dos reportajes fotográficos sobre temas que jamás se habían tratado hasta la fecha en Francia.

Marie, Zoe y el oso Barnabé
Alexis

 El primero, titulado “L’Hôpital” (El hospital), se publicó al año siguiente. El segundo, “Les Incarcérés” (Los encarcelados), que reúne una interesante colección de fotografías realizadas dentro de cárceles francesas, no vio la luz hasta 1983 con extractos de sus notas personales escritas en primera persona.

Pataud (1999)
La gata del vecino

Marc Riboud, presidente de la agencia Magnum, y Bruno Barbey, miembro de la misma, se fijaron en él durante el festival de fotografía “Les rencontres d’Arles” (Los encuentros de Arles) en 1977 y le invitaron a formar parte de la famosa agencia.

Pataud de pequeño
Pataud (1999)

Dirigió su primer documental en 1984, “La Boucane”, que optó al Premio César al Mejor Cortometraje Documental en 1986. Al año siguiente empezó a rodar “Jean-Jacques”, una crónica de dos años del pueblo de Octeville-sur-Mer, Normandía, a través de los ojos de Jean-Jacques, considerado el “tonto” del pueblo.

Miou (1981)
Pataud (2000)

En esa misma época comenzó a embarcarse regularmente a bordo de barcos pesqueros clásicos en Normandía hasta 1998, trabajo que publicó en 2001 con el título de “Pleine Mer” (Alta mar).

(2015)
Pataud (2001)

Viajó por primera vez a Irán en 1986, cuando esté país estaba en plena guerra con Irak. En 1994 se estrenó su tercera película, “Marcel, prêtre” (Marcel, sacerdote), rodada durante varios años en el pueblecito de Raulhac, Auvernia. Marcel Puech había sido el profesor de Jean Gaumy cuando este vivía en Aurillac, antes de que Marcel se hiciera sacerdote y se convirtiera en cura de pueblo. La película describe la vida diaria del sacerdote, de Annie, la monja enfermera, y de una sociedad rural en pleno cambio.

Pataud

Fue galardonado con el Premio Nadar (premio al mejor libro fotográfico editado en Francia) en 2001 por “Pleine mer” y de nuevo en 2010 por “D’Après nature” (Según la naturaleza).

Pataud (2015)
Pataud

Su enfoque fotográfico se hizo más contemplativo en la primera década del nuevo milenio. A partir de 2008, después de estrenar un documental rodado a bordo de un submarino nuclear, se dedicó a recorrer los mares árticos (2008-2012) y los territorios contaminados de Chernóbil, Ucrania (2008- 2009) antes de desplazarse a Fukushima, Japón (2012). A la vez, fotografió una serie de paisajes montañosos publicada en el premiado libro “D’après nature”.

Pataud

Jean Gaumy ha recorrido el mundo entero con su cámara, tanto por tierra firme como por mar, y en submarinos nucleares, como hemos dicho antes, en 2004, 2005 y 2010. Ha realizado reportajes fotográficos en Europa y Estados Unidos, África (Magreb, Kenia, Gabón, Mozambique, Sierra Leona, Togo, Burundi), Oriente Próximo (Siria, Líbano, Israel, Irak, Irán), América (Honduras, Salvador, Nicaragua, México, Guyana francesa, Perú), Asia (Bangladesh, Paquistán, Indonesia, Malasia, Japón, Laos y Kirguizistán), así como en el Ártico, concretamente en Groenlandia.

Jean Gaumy
Pataud en la cocina

Y cuando vuelve a casa, entre un viaje y otro, hace fotos a los gatos que viven con Isabelle, su esposa. Es fácil deducir, por las fotos, que siempre hay gatos en la casa de Fécamp, en Normandía, donde residen desde 1995.

Pataud
Zoe

Algunos de los gatos debieron convivir en algún momento, otros quizá nunca fueron fotografiados, e incluso pueden ser del vecino. Sabemos que se llaman Miou, una maravillosa gata negra; Zoe, una atigrada con la tripa blanca; Pataud, otro atigrado; Alexis, negro con mancha blanca de la suerte, y Rouxy, que como indica su nombre en francés, es pelirrojo.

Pataud

El más fotografiado fue Pataud (que significa “Patoso” en francés, aunque nada en las fotos indica que lo sea). Por las fechas, calculamos que Pataud tuvo una larga vida. La última foto suya está publicada en el Facebook del fotógrafo el 18 de julio de 2014 con estas palabras: “En casa, el gato Pataud siempre se cerciora de lo que hago cuando voy a marcharme. Es el ayudante perfecto, casi me da consejos”.

Pataud (18 de julio de 2014)
Pataud

En la foto más reciente que encontramos (2 de marzo de 2021) ya no está Pataud. Otro gato/a descansa en el hombro del fotógrafo, ignoramos su nombre. Podemos concluir con total seguridad que en casa de Jean Gaumy los gatos son bienvenidos.

Jean Gaumy y gato (2 de marzo de 2021)