Gatos y Respeto

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Gatos y mujeres artistas (Parte 2)

Gatito (Judith Linhares)

Judith Linhares es una declarada feminista que realiza cuadros muy personales y políticos. Nació en 1940 y se dio a conocer en los sesenta y setenta con el auge artístico en la Bahía de San Francisco. Se trasladó a Nueva York en los ochenta y reside allí desde entonces. Suele vivir con dos gatos porque, según ella, son su inspiración. Pero no suele plasmarlos en sus cuadros, lo que no nos permite dedicarle toda una entrada. La foto en que se la ve sentada en el suelo con su gato Nelson fue hecha por Stephen Spretniak en 2001 para el catálogo de una exposición.

Judith Linhares (Foto de Stephen Spretniak, 2001)

Nuestra favorita es de 2015: ella barriendo el estudio con dos gatos tumbados en el suelo haciendo lo que hacen todos los gatos cuando se barre.

Judith Linhares en su estudio (Junio de 2015)

Martha Stettler (25 de septiembre de 1870 – 16 de diciembre de 1945) fue una pintora y grabadora Suiza nacida en Berna. Estuvo entre los fundadores de la parisina Academia de la Grande Chaumière, que codirigió desde 1909 hasta su muerte. La incluimos aquí porque el cuadro “Naturaleza muerta con gato” (el único pintado por ella con un gato) tiene una peculiaridad: hay tres gatos, uno dentro y dos fuera.

Naturaleza muerta con gato (Martha Stettler)

Olga Ivinskaya, poetisa, escritora y traductora soviética nacida en Tambov, Rusia, el 16 de junio de 1912, fue la gran amiga y amante de Boris Pasternak, ganador del premio Nobel, durante los últimos trece años de la vida de este y le inspiró el personaje de Lara para la novela “Doctor Zhivago”, escrita en 1957.

Olga Ivinskaya

La detuvieron en dos ocasiones por su relación con Pasternak, la primera en octubre de 1949, y la condenaron a cinco años en un gulag, pero fue liberada en 1953. Al morir Pasternak en 1960, volvió a ser detenida con su hija Irina, fruto de su primer matrimonio. Cumplió cuatro años de una condena de ocho. Nunca recuperó la correspondencia ni los documentos requisados por el KGB. Falleció en Moscú el 8 de septiembre de 1995.

Olga Ivinskaya

Rhys Caparn (1909-1997) fue una escultora estadounidense conocida por sus obras semiabstractas dedicadas en gran parte a los animales. Sin embargo, solo hemos encontrado una escultura de gato, realizada en 1939. Estudió en París y Nueva York, y expuso por primera vez a los 23 años.

Gato (Rhys Caparn, 1939)

En esta foto realizada en 1948 por Maya Deren (otra gran amante de los gatos https://gatosyrespeto.org/2017/11/30/la-vida-privada-de-una-gata-y-maya-deren/) la vemos sujetando a un gatito blanco, quizá el modelo de la escultura. Decía que iba al zoológico de Nueva York dos o tres veces a la semana para dibujar a los animales y entenderlos mejor.

Rhys Caparn (Foto de Maya Deren, 1948)

Kasia von Szadurska, en realidad Margarethe Casimirowna Schadursky-Sternberg, fue una retratista e ilustradora expresionista alemana. Nació el 23 de febrero de 1886 en Moscú y falleció el 3 de abril de 1942 en Berlín. Se casó en 1910 con un tal Otto Ehinger, que se trasladó a Meersburg en 1914 mientras ella permanecía en Constanza, al otro lado del lago del mismo nombre. Por alguna razón desconocida, él quiso mantener el matrimonio en secreto.

Autorretrato (Kasia von Szadurska)

Siguieron viviendo en casas separadas hasta 1922 cuando Kasia se mudó a Meersburg. Se divorciaron en 1935 después de que fuera acusada de tener una relación extramatrimonial; su marido obtuvo la custodia de sus dos hijos. Con la aparición del nacionalsocialismo no pudo seguir exponiendo y dependía totalmente de encargos para sobrevivir. Falleció a los 56 años.

(Kasia von Szadurska)

Sonia Delaunay (Sarah Ilínichna Stern) nació en Odesa el 13 de noviembre de 1885. Estudió en Rusia y en Alemania antes de trasladarse a París, donde pasó la mayor parte de su vida y fundó el Orfismo con su marido Robert Delaunay y otros. En 1964 se convirtió en la primera mujer viva con una retrospectiva en el Louvre.

Sonia Delaunay

Durante su estancia en Madrid conoció a Serguéi Diaghilev y diseñó el vestuario de  “Cleopatra” representada en Madrid, y de “Aida”, en Barcelona. Decoró el “Petit Casino” madrileño y fundó la tienda “Casa Sonia”, con sucursal en Bilbao, en la que vendía sus diseños. Tuvo un famoso salón en la capital española hasta su regreso a París en 1920.

Gato y perro descansando (Sonia Delaunay, 1969)

Aquí la vemos con dos de sus pasiones, el teléfono y el gato. Falleció el 5 de diciembre de 1979 y está enterrada al lado de su marido, que murió en 1941.

Sonia Delaunay

Sophie Kerr (23 de agosto de 1880 – 6 de febrero de 1965) fue una prolija escritora a principios del siglo XX cuyas historias en torno a mujeres inteligentes y ambiciosas reflejaban su trayectoria. En una época en que pocas mujeres eran autosuficientes, se trasladó a Nueva York. Trabajó como editora de una revista y escribió más de 500 relatos cortos, 23 novelas, poemas y una obra de teatro estrenada en Broadway.

Sophie Kerr

En 1965 legó 578.000 dólares al Washington College dr Chestertown, Maryland, para un premio literario anual. Desde 1968, la universidad ha repartido más de 1,4 millones de dólares entre jóvenes y prometedores escritores.

Sophie Kerr y Thomas Hardy

Sophie tenía un importante gato negro llamado – cómo no – Thomas Hardy que aparecía en las felicitaciones de Navidad de 1960.

Tilla Durieux, de verdadero nombre Ottillie Godefroy, fue una actriz de teatro y cine de las primeras décadas del siglo XX. Nacida el 18 de agosto de 1880, debutó en el teatro Moravian de Viena en 1902.  Se casó tres veces; la primera en 1904 con el pintor berlinés Eugen Spiro, del que se divorció al año después de enamorarse del marchante Paul Cassirer. Se casaron en 1910 y se divorciaron en 1926. Durante el juicio, Cassirer se excusó y se suicidó en una sala contigua.

Tilla Durieux (Foto de Becker & Maass, 1922)

Volvió a casarse con el financiero Ludwig Katzenellenbogen, promotor del teatro Neues Schauspielhaus de Berlín. Creemos que las fotos fueron tomadas en los años 20 en Berlín, cuando era famosa en esa ciudad. En 1941, Katzenellenbogen fue detenido por la Gestapo en Tesalónica y murió en un campo de concentración en 1944. Tilla era miembro del Socorro Rojo Internacional. Falleció el 21 de febrero de 1971.

Tilla Durieux en 1923

Acabamos este artículo con la foto de una mujer totalmente desconocida y de su gato.


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Gatos (y otros animales) en la meseta tibetana

Leopardo

Muy pronto se estrenará en España un documental que muchos críticos han calificado de “película de la naturaleza más importante del año”. Se trata de “El leopardo de las nieves”, codirigida por Vincent Munier y Marie Amiguet, con comentarios del escritor Sylvain Tesson.

No solemos incluir a grandes felinos en nuestros artículos, pero en este caso queremos hacer una excepción porque lo que muestra esta película nos pareció algo único, por la diversidad de especies, la grandiosidad del paisaje y el enorme respeto que muestra Munier a la hora de filmar a los animales.

Leopardo
Ciervos

Mantiene las distancias, jamás se acerca al animal, intenta pasar desapercibido, se esfuerza en no interrumpir la vida de la naturaleza, pero él mismo reconoce que es difícil. Los animales captan rápidamente el olor del ser humano,  aunque este aprenda – como Munier – a permanecer inmóvil durante horas.

Picas de Ili (Ochotonas)

Ha perfeccionado la técnica del acecho, o quizá sería mejor decir del “aguardo”, si existiera dicha palabra. Puede estar días en el mismo sitio esperando a que aparezca el animal al que quiere fotografiar, pero cuando tuvimos la oportunidad de hablar con él, nos dijo que le embarga la emoción cuando por fin aparece y le impide en ocasiones interponer la cámara entre el animal y su mirada.

Leopardo
Huella de leopardo en el barro

Le ha ocurrido en varias ocasiones: “Ya sé que no es muy profesional, pero cuando llevas esperando semanas, meses para ver al lobo blanco ártico y aparece, dejas de pensar”. Sus fotografías son diferentes, tenemos la sensación de que comunican algo mítico.

Pica de Ili

Aunque su película está dedicada al leopardo de las nieves, él mismo dice que no es el verdadero protagonista. El protagonista podría ser el maravilloso pájaro de plumaje naranja cuyo nombre ignoramos, o cualquiera de los muchos animales que pasan, van y vienen, durante los 90 minutos de duración del documental. Y, por una vez, no solo hay imágenes de gatos en esta entrada, sino de algunos de los maravillosos animales que aún pueden verse en un entorno tan agreste como espléndido.

Conejo

El gato de Pallas o manul (Felis u Otocolobus manul), al que dedicamos una entrada hace cuatro años y en la que incluimos una fotografía de Vincent Munier, por cierto (https://gatosyrespeto.org/2018/08/02/el-gato-pallas-o-felis-manul/), aparece en varias ocasiones en el documental. Dos de las fotografías que incluimos (cabeza de manul y manul en la nieve) son fotografías suyas, las otras son capturas de pantalla del documental.

Gato de Pallas

Pero cuál no fue nuestra sorpresa cuando, ya en la parte final del documental, descubrimos a un gato doméstico en la cabaña de unos pastores nómadas. Se trata de un precioso gato rubio claro durmiendo a sus anchas en una mesa mientras la familia y los visitantes hablan y se mueven.

Nos extrañó mucho la presencia de un gato doméstico en este entorno. Munier nos explicó que hay poquísimos gatos domésticos en esta zona – lo que no nos sorprende –, pero que algunas familias nómadas los tienen para deshacerse de los roedores. Ahora bien, si son nómadas, ¿qué hace el gato? Al parecer, le llevan con ellos y el gato se adapta. Su papel es importante debido a la cantidad de roedores que puede llegar a infestar un campamento.

Como se ve en la película, los nómadas tienen cabañas – incluso podríamos decir casas – estables construidas en puntos clave para pasar los durísimos inviernos. Una cámara “trampa” muestra la temperatura en el momento en que pasa el leopardo: 23 grados centígrados bajo cero… Marie Amiguet, la cineasta que rodó los planos de Vincent Munier y Sylvain Tesson mientras aguardan, dijo en una entrevista que al ser un frío muy seco, se hace mucho más soportable.

Gato de Pallas

Volviendo al amor que Vincent Munier siente por la naturaleza, se lo transmitieron sus progenitores, sobre todo su padre, al que acompañaba desde muy pequeño en los grandes bosques de los Vosgos, una región situada al este de Francia, a unos cien kilómetros en línea recta de Alemania. Él le enseñó a ser paciente, a mantenerse en silencio, a estar acorde con el mundo que le rodea y a observar.

Osos

Vincent Munier cree, y estamos totalmente de acuerdo con él, que no es necesario desplazarse miles de kilómetros para ver animales “exóticos”. Es hora de que volvamos a redescubrir lo que tenemos al lado de casa, incluso en las ciudades: las urracas, los gorriones, las tan mal vistas palomas… Y si salimos al campo, no basta con hacer senderismo o ciclismo de monte. Hay que detenerse, volver a aprender a ver y a escuchar.

Yak

No sería una mala idea que todos los niños, incluso los que viven en pueblos, pero sobre todo los de las ciudades, pudieran salir al campo de vez en cuando y se les enseñara a observar a un mirlo, un zorro, un conejo, una culebra  y, de noche, un búho, por ejemplo. Debemos volver a maravillarnos con los seres que comparten nuestro planeta y a los que ignoramos. Debemos volver a ver la naturaleza y dejar de utilizarla. ¿Cuántos niños han visto un renacuajo hoy en día?

Zorro tibetano

El primer reportaje fotográfico de Vincent Munier fue “Le ballet des grues” (El baile de las grullas). Dos veces al año, la grulla común (Grus Grus) pasa por encima de su casa de los Vosgos en su viaje migratorio desde Marruecos hasta Escandinavia y viceversa. Siguió el viaje de las grullas y descubrió la laguna de Gallocanta, en Aragón, donde se detienen miles de grullas a descansar.

Gato de Pallas

No hablamos de Henry Beston con Vincent Munier, pero volveremos a recordar sus palabras una vez más: “Necesitamos tener otro concepto más sabio y quizá más místico de los animales. El hombre, desde su lugar alejado de la naturaleza universal y desde una vida de complicados artificios, observa a la criatura a través del cristal de sus conocimientos, ve la pluma magnificada y toda la imagen distorsionada. Somos condescendientes hacia ellos al creerlos incompletos, por el trágico destino que les hizo adoptar una forma tan inferior a la nuestra. Y al hacerlo nos equivocamos, estamos muy equivocados. El animal no debe ser medido por el hombre. En un mundo más antiguo y más completo que el nuestro, ellos se mueven terminados y completos, dotados con extensiones de los sentidos que nosotros hemos perdido o nunca tuvimos, siguiendo voces que jamás oiremos. No son nuestros hermanos, no son nuestros subordinados, son otros seres atrapados con nosotros en la red de la vida y del tiempo, compañeros presos del esplendor y la labor de la tierra”.

Antílopes tibetanos


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Gatos y mujeres artistas (Parte 1)

Dolores del Río

Muchas artistas tuvieron gatos, pero a veces solo encontramos una o dos fotos, un cuadro y poco más. Por eso hemos decidido reunir a varias mujeres (pintoras, escritoras, escultoras, actrices) fotografiadas con gatos o que han realizado obras representando gatos, y acompañar las imágenes con una corta reseña de sus vidas. Por cierto, la selección no puede ser más ecléctica.

Dolores del Río

Dolores del Río, de verdadero nombre Dolores Asúnsolo López Negrete (Durango, México, 1906 –  Los Ángeles, EE UU, 1983). En 1921, a la edad de quince años, se casó con el escritor Jaime Martínez del Río, un rico hacendado licenciado en leyes dieciocho años mayor que ella, cuyo apellido adoptaría más tarde como nombre artístico. Su belleza llamó la atención del director estadounidense Edwin Carewe, que le dio un pequeño papel en una película.

Dolores del Río

Su fulgurante éxito hizo que se instalara en Estados Unidos entre los años 1925 y 1942. La llegada del cine sonoro no supuso ningún problema y se adaptó sin dificultades. Ya de vuelta a México, se entregó en cuerpo y alma al cine nacional convirtiéndose en la gran estrella del país. Las cuatro fotos que publicamos son claramente publicitarias, incluso cuando está sentada delante de una chimenea con el mismo gato negro en brazos. Sin embargo, tanto la actriz como el gato parecen cómodos juntos.

Dolores del Rio

Elin Kleopatra Danielson-Gambogi (3 de septiembre de 1861 – 31 de diciembre de 1919) fue una pintora finesa, conocida sobre todo por sus obras realistas y retratos. Formó parte de la primera generación de mujeres finesas que recibió una educación profesional. Tenía diez años cuando su padre se suicidó, pero a pesar de las dificultades, su madre y su tío materno la alentaron para que se dedicara a la pintura. Solo encontramos un cuadro suyo con gatos, realizado en 1892.

Elin Danielson-Gambogi (1892)

Feliza Bursztyn (8 de septiembre de 1933 – 8 de enero de 1982) fue una artista colombiana que utilizó chatarra de hierro y acero para realizar composiciones que ella misma denominaba “chatarras” y estuvo entre los primeros artistas colombianos en realizar instalaciones. Ninguna de sus chatarras representa a un gato, pero encontramos una maravillosa foto tomada en su taller con su precioso gato. Falleció de un infarto a los 48 años en París.

Feliza Bursztyn

 Frida Kahlo (Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón) nació el 6 de julio de 1907 en casa de sus padres en Ciudad de México, hoy convertida en museo y conocida como la Casa Azul. A los seis años tuvo poliomielitis y a los 18 años, el autobús en el que viajaba con su novio fue arrollado por un tranvía. Sufrió graves fracturas y una lesión en la espina dorsal. Una forzada inmovilidad de meses la empujó hacia la pintura.

Frida Kahlo – Autorretrato, 1940

Se relacionó con numerosos artistas, entre ellos Diego Rivera con el que se casó el 21 de agosto de 1929. La artista fue famosa en vida, pero no nada comparable a la auténtica “Fridamanía” de estas últimas tres décadas. El accidente le dejó terribles secuelas. Falleció el 13 de julio de 1954 a los 47 años. No creemos que le gustaran especialmente los gatos, prefería la compañía de perros, monos y cervatillos.

Frida Kahlo con gato

Irène Nemirovsky era una novelista rusa que escribió en francés. Nació en Kiev el 11 de febrero de 1903 y falleció en 19 de agosto de 1942 en el campo de concentración de Auschwitz. Tuvo mucho éxito en Francia en los años treinta, pero cayó en el olvido después de la II Guerra Mundial. La autora fue deportada unos meses antes que su marido, Michel Epstein, que también murió en la cámara de gas del mismo campo en noviembre. Ambos eran apátridas, ya que nunca consiguieron que Francia les concediera la nacionalidad a pesar de llevar viviendo más de 20 años en el país.

Irène Nemirovsky y Kissou (1928)

Hemos encontrado dos maravillosas fotos de la escritora con su enorme gato Kissou, que debía pesar cerca de nueve kilos.

Irène Nemirovsky

Jennifer Higdon es una compositora estadounidense nacida en Brooklyn el 31 de diciembre de 1962. Aprendió sola a tocar la flauta a los 15 años, Aunque no empezó a estudiar música en serio hasta los 18 años y composición hasta los 21, está entre los compositores más importantes de música clásica contemporánea.

Jennifer Higdon con Beau

Su trabajo abarca un amplio género, desde obras orquestales a música de cámara, coral, para viento, canciones y óperas. Ha sido admitida en la Academia Americana de Artes y Letras durante la ceremonia anual celebrada el 18 de mayo de 2022. No nos cabe la menor duda de que la compositora adora a los gatos.

Jennifer Higdon
Jennifer Higdon

Jean Iris Murdoch nació en 15 de julio de 1919 en Dublín y falleció el 8 de febrero de 1999 en Oxford. Autora y filósofa, publicó numerosas novelas psicológicas salpicadas de elementos satíricos, cómicos y filosóficos. Era una gran amante de los gatos, pero solo hemos podido encontrar una foto suya con un precioso callejero. Se casó con John Bailey, crítico literario y novelista, en 1949 y estuvieron juntos cuarenta y tres años. Durante los dos últimos años de su vida, en los que el Alzheimer destruyo su gran intelecto, su marido se dedicó totalmente a cuidar de ella.

Iris Murdoch

Maya Lin es una arquitecta y escultora estadounidense nacida en Athens, Ohio, el 5 de octubre de 1959. Saltó a la fama en 1981, cuando aún estudiaba en la Universidad de Yale, al ganar el concurso para el Monumento dedicado a la memoria de los veteranos de la Guerra de Vietnam en Washington DC. Se trata de un muro de granito negro pulido de 75 metros de largo en el que están escritos todos los estadounidenses que murieron como resultado de dicha guerra.

Maya Lin

Desde entonces ha diseñado numerosos memoriales, edificios públicos y privados, paisajes y esculturas. Es conocida por su lucha contra el deterioro medioambiental. Hemos encontrado dos fotos suyas con gatos. La primera, probablemente al principio de su carrera, cuando tenía un gato negro, y la segunda, más reciente, con un importante gato blanco y negro tumbado en la mesa de su estudio.

Maya Lin


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Los gatos de Pamela Kellino y James Mason

El actor James Mason y su esposa, la actriz y autora Pamela Kellino, fueron famosos por su amor a los gatos, sobre todo siameses, que estaban muy de moda en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo.

En una foto hecha probablemente en 1945 para la promoción de la película “La mujer bandido” (Wicked Lady) vemos, de izquierda a derecha, primero a Toy Boy (en el suelo), al siamés Tribute en brazos de Pamela Kellino y a Whitey Thomson (Blancucho Thomson, a pesar de ser negro como un tizón) con James Mason. La gata Augusta Leeds no está en la foto al estar ocupada en otros menesteres y parece ser que el perro que no se digna a mirar a cámara estaba de paso.

1945
Artículo de James Mason en Esquirre

En la época, las revistas y los diarios hablaban a menudo de los numerosos gatos que poblaban los hogares de los Mason, al principio en el condado de Surrey, Reino Unido, y posteriormente en Beverly Hills, California. En 1949, cuando aún vivían en la bonita casa de Surrey – no se mudaron a California hasta 1951 – publicaron un libro titulado “The Cats in Our Lives” (Los gatos en nuestra vida), escrito por los dos e ilustrado por él.

Ilustraciones de James Mason

El libro no es fácil de encontrar y su precio oscila ahora entre las 70 libras (páginas amarillentas) y los 289 dólares. La pareja cuenta anécdotas que vivieron con sus gatos (y algunos perros). Por lo que hemos visto, las hay cómicas y también trágicas. Viajaban a Estados Unidos en barco para poder llevarse a sus adorados gatos. El editor que publica el libro es Michael Joseph, un gran amante de los gatos al que pronto dedicaremos una entrada.

El periodista Howard C. Heyn, del medio “The News and Courier”, visitó a James Mason en su casa, y el 3 de julio de 1949 escribió: “Por muy mordaz que parezca en la pantalla, Mason es bastante reservado en su hogar. Es educado, pero distante con los extraños”.

Y sigue diciendo: “Los fabulosos gatos de los Mason también demostraron ser retraídos. Entraron y salieron del salón, pero ninguno trepó por las paredes. Mason me dijo que tenían nueve gatos, contando a un ‘invitado’. Tanto él como Pamela están entusiasmados con la publicación de su nuevo libro”.

“Pamela me contó que los ocho gatos tienen una habitación propia al fondo de la casa, conectada al exterior por una escalera privada. Cuando los Mason se mudaron, y a medida que vaciaban las cajas de cartón, las almacenaban en la habitación del fondo. Un día, los ocho gatos desaparecieron. Después de buscarlos por todas partes, los encontraron allí, cada uno sentado con suma dignidad en una caja de cartón. Bastó con cambiar las cajas por unas nuevas para que quedaran definitivamente instalados”.

En Beverly Hills, Pamela y James compraron la propiedad que Buster Keaton había hecho construir para su mujer, Natalie Talmadge, en un terreno de algo más de una hectárea. Mason encontró en la casa una gran cantidad de bobinas de nitrato que todo el mundo daba por perdidas. Gracias a que se encargó de hacer transferir la imagen a un soporte de celulosa, se pudieron salvar varias películas producidas por el cómico.

En Estados Unidos seguían teniendo nueve gatos. En otra entrevista realizada en los años cincuenta, Pamela Kellino le explica al periodista – a quien le parecen muchísimos gatos – que si te gustan los gatos, siempre llegan más. Mason añade con cierta ironía: “La señora de George Sanders sale disparada para Europa y nos pide que cuidemos de su gato. Regresa, pero se olvida del gato, y el gato se convierte en uno de los nuestros”. La “señora de George Sanders”, en esos años, era Zsa Zsa Gabor, nada menos. De ahí la “cierta ironía”.

Con el gato Ian Smith, 1945

Amantes de los gatos del mundo entero escribían a la pareja, contándoles historias de gatos que en un principio no leían. Sin embargo, mientras esperaban a su hijo Morgan, decidieron hacerlo y se quedaron atónitos ante la calidad de algunos de los relatos. Escogieron diez, publicados en 1956 por la editorial Julian Messner. Inc., bajo el título “Favorite Cat Stories of Pamela and James Mason” (Historias favoritas de gatos de Pamela y James Mason) e ilustrados por Gladys Emerson Cook.

Ilustración de Gladys Emerson Cook

Personalmente nos parecen mucho más divertidas las ilustraciones realizadas por Mason para el primer libro. Por cierto, este segundo es bastante más barato que el primero, entre 33 y 44 dólares.

Los años pasaron y la pareja siguió adoptando gatos, hasta que se divorciaron en 1964. En un escueto artículo en el New York Times se lee que Pamela obtuvo la custodia de la hija e hijo de ambos, Portland, de 15 años, y Morgan, de 10, y que los Mason llevaban 23 años casados. Pero no se menciona quién se quedó con los gatos. Probablemente Pamela, ya que James le dejó la casa de Beverly Hills.

Una vez, James Mason dijo: “No hace falta enseñar a un gato a divertirse, su genio es ilimitado en este terreno”.

Pamela, de nombre de soltera Pamela Helen Ostrer, nació el 10 de marzo de 1916. Fue actriz, escritora y guionista. Conoció a James Mason estando casada con el director de fotografía Roy Kellino, del que conservó el apellido después de divorciada. Falleció el 29 de junio de 1996, a los 80 años, de un infarto en su casa de Beverly Hills.

James Mason nació el 15 de mayo de 1909 en el Reino Unido. Se matriculó en Arquitectura en la Universidad de Cambridge, pero muy pronto lo dejó para dedicarse al teatro, aunque nunca estudió Arte Dramático. Fue objetor de conciencia durante la II Guerra Mundial, por lo que su familia dejó de hablarle durante varios años.

Es recordado por papeles protagonistas en películas de aventuras como “El prisionero de Zenda”, cintas románticas como “Ha nacido una estrella” (con Judy Garland) o por dar vida al profesor Humbert Humbert en “Lolita”. No le importaba interpretar a antihéroes o a personajes desagradables. Falleció el 27 de julio de 1987 en Lausana, Suiza. Sus cenizas están enterradas en el cementerio de Corzier-sur-Vevey, no lejos de su amigo Charlie Chaplin.

Acabaremos con un curioso retrato del actor. Según lo que hemos podido descubrir está o estaba colgado en un pub de Charing Cross, Londres. No tenemos ni idea de si esto es verdad. Es curioso, desde luego, aunque no muy bueno. Se ve a Mason sentado en un sillón con un siamés en el regazo delante de un friso de dibujos prehistóricos. Sorprendente. ¿Un sillón en una cueva prehistórica?


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Los gatos gordos de Fernando Botero (II)

El 7 de junio de 2016 publicamos una entrada sobre los gatos gordos del pintor Fernando Botero (https://gatosyrespeto.org/2015/06/07/el-gato-gordo-de-fernando-botero/), centrándonos sobre todo en sus esculturas. Han pasado siete años desde entonces y hemos descubierto que hay muchísimos gatos en su obra, así que repetimos.

Uno de los cuadros que le ayudó a alcanzar la fama fue “La familia presidencial”, pintado en 1967 en Nueva York. Es una representación muy crítica del poder que muestra al presidente, a su esposa con una estola de zorro colgada del brazo, a la abuela/suegra y a la hija acompañados por un general y un obispo. Detrás del presidente vemos al pintor ante su lienzo aludiendo claramente a “Las Meninas” de Velázquez, y en primer término, un gato marrón con collar y una serpiente. No nos atrevemos a hacer ningún comentario sobre el simbolismo de estos dos animales.

La familia presidencial (1967)
Ereván (Armenia)

No es de extrañar que Botero haga referencia a un cuadro de Velázquez, ya que al parecer, durante su estancia en Madrid en 1952, mientras estudiaba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se dedicaba a vender dibujos y cuadros delante del Museo del Prado para sobrevivir.

Gato con pelota
La solterona con su gato (1974)

El pintor nació el 19 de abril de 1932 en Medellín. Tenía un hermano cuatro años mayor que él, y cuatro años más tarde, en 1936, nació su hermano menor y su padre falleció. En 1944, a petición de un tío, estudió tauromaquia, pero cuando su familia entendió que no era su vocación, pudo dedicarse a la pintura.

1978
Medellín (Colombia)

Sufragó sus estudios realizando ilustraciones para un periódico local antes de trasladarse a Bogotá en 1951, año en que ya tuvo dos exposiciones individuales. E 1952 ganó el segundo premio en IX Salón Nacional de Artistas, y con el dinero del premio se compró un billete en un barco italiano que le llevó a Barcelona, y de allí se fue a Madrid.

1995
Rambla del Raval (Barcelona)

De Madrid pasó a París, luego a Italia y en 1955 regresó a Bogotá, donde expuso las obras hechas en Europa. Pero no recibió críticas positivas ya que en Colombia estaba de moda la vanguardia francesa. Después de una temporada en México, se trasladó a Nueva York, ciudad en la que se instaló definitivamente.

1996

Aunque los comienzos fueron duros, logró exponer individualmente en 1962 con bastante éxito. A finales de los sesenta y principios de los setenta empezó una larga serie de cuadros sobre la familia con toques satíricos, cómicos y también muy cariñosos. En los retratos de familia en interiores suele haber gatos. En el exterior perros. A veces los dos.

Niña con gato

El primero que encontramos fue “Familia”, de 1969. Un padre, una madre y sus dos hijos están acompañados por un gato enorme, totalmente desproporcionado, más grande que el niño sentado en el regazo de su padre y que parece sonreír, lo que no hace la familia.

Familia (1969)
Familia (1997)

En “La familia colombiana” (1973), un cuadro muy curioso por cierto, el padre sujeta a un gato atigrado en el regazo, mientras que la madre, de pie detrás de él, lanza una mirada asesina a la criada que les trae una bandeja con café. Ahora bien, ¿por qué hay un adolescente desnudo dormido en el sofá?

La familia colombiana (1973)

Pero en otro cuadro de 1970, el gato en brazos del niño es minúsculo. Esta familia no tiene nada de colombiana, es el vivo retrato de la perfecta familia nuclear estadounidense: padre, madre, dos hijos, una hija, perro y… dos gatos, todos posando delante de la perfecta casa con jardín.

Una familia (1970)

De la misma época hay cuadros de burdeles y desnudos. “La casa de Mariduque” satiriza claramente las costumbres sexuales. Un hermoso gato blanco con collar está acostado en el suelo a la izquierda, y a la derecha, una criada muy pequeña dispuesta a barrer las colillas tiradas en el suelo, el plátano a medio comer y ¿el hombre durmiendo la borrachera debajo de las sillas?

La casa Mariduque (1970)
Mujer sentada con gato (1994)

Uno de nuestros preferidos en “Naturaleza muerta con sopa verde”, realizado en 1972. Según muchos críticos, se nota claramente la influencia de Jan Davidson y Jan Van Eyck, dos grandes maestros holandeses del siglo XVII. En la mesa, un plato de sopa recién servida de la sopera. Pero el gato no esperará a que le inviten a participar en la comida.

Naturaleza muerta con sopa verde (1972)

Otro cuadro maravilloso pintado en 1969 se titula “Las hermanas”, con nada menos que cuatro gatos de colores diferente, quizá uno para gata hermana, ya que la mujer que sujeta al gato parece más bien la criada. Uno de los gatos, subido al aparador, puede que intenté cazar algo.

Las hermanas (1969)

Fernando Botero siguió añadiendo gatos en sus cuadros en la década de los noventa, en muchas ocasiones al lado de una mujer sola, como en “Mujer desnuda con gato”, de 1995.

Mujer desnuda con gato (1995)

También de esa época, concretamente de 1994, es el cuadro de un enorme gato rubio de pie en una cama en la que casi no cabe.

1994

No hemos podido fechar todos los cuadros del pintor con gatos. Es posible que el más reciente sea “Dos hermanas”, del que también encontramos el boceto.

Dos hermanas

También desconocemos la fecha de otro favorito nuestro, “Escena doméstica”. Una madre tiene un gato en brazos, tal vez para protegerlo de las intenciones de uno de sus hijos, mientras el otro está a punto de tirar la plancha al suelo. La niña, más modosa, juega tranquilamente con su muñeca.

Escena doméstica

No sabemos si Fernando Botero tiene o tuvo gatos, pero un artista que retrata a un gato sentado en una silla tapizada (1969) al lado de una pelota debe sentir afecto por ellos.

1969


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Gatos belgas, artistas y cuentos de Jacques Sternberg

Le Chat: «Qué maravilla»

El gato más famoso de Bélgica quizá sea “Le Chat”, creado por Philippe Geluck, al que dedicamos una entrada hace seis años (https://gatosyrespeto.org/2015/08/01/le-chat-el-gato-de-philippe-geluck/). Nacido en Bruselas, el dibujante no ha dejado de publicar desde los años ochenta decenas de viñetas con “Le Chat” de protagonista, un gato gordo y tranquilo que nos contempla con ojos redondos mientras hace comentarios jocosos y absurdos.

Le Chat: «No quisiera hacer subir la presión publicando la caricatura de un manómetro»
Le Chat en un mural

Y el primer pintor belga que tal vez nos venga a la mente sea René Magritte, el maestro del surrealismo, nacido el 21 de noviembre de 1898 en Lessines y fallecido el 15 de agosto de 1967 en Schaerbeek. Magritte tuvo un gato llamado Raminagrobis, al que retrató en “Gato esperando el tren” en 1946, pero pintó muy pocos cuadros con gatos.

Raminagrobis – Gato esperando el tren (René Magritte, 1946)
La vocación (René Magritte, 1964)

Un pintor de Bruselas, Charles van den Eycken (7 de abril de 1859 – 27 de diciembre de 1923), realizó numerosos lienzos con gatos, gatas y gatitos muy del gusto de su época.

Charles van den Eycken
Charles van den Eycken

Entre los escritores debemos mencionar a Jacques Sternberg, que habló en varias ocasiones de gatos, sobre todo en una selección de 270 cuentos titulada “Contes glacés” (Cuentos helados).

Alain Delaunay (Artista nacido en 1957)
Gato montés belga

Nacido en Amberes el 17 de abril de 1923 y fallecido en París el 11 de octubre de 2006, empezó a escribir a los 19 años y publicó su primera novela en 1953. Con más de 1.500 textos catalogados, algunos le consideran el autor de cuentos más prolijo del siglo XX. Tenía un gran sentido del humor, tal como demostró con estas palabras: “El último superviviente de la raza humana está sentado en un sillón. Llaman a la puerta”.

Cerámica Keralouve (Art Déco)

Ese mismo sentido del humor queda patente en los dos cuentos que traducimos a continuación. El primero explica por qué creó Dios a los seres humanos, y el segundo trata de la resolución de un problema. Por cierto, el humor de “Le Chat” tiene mucho que ver con el de Sternberg.

Chocolate belga

“Al principio, Dios creó al gato a su imagen. Y, claro está, le pareció bien. De hecho, estaba bien. Pero el gato era un vago. No quería hacer nada. Después, al cabo de unos cuantos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con la idea de servir al gato, para ser el esclavo del gato hasta el final de los tiempos.

El cuadro robado (Henk Visch)

Al gato le dio la indolencia y la lucidez; al hombre, la neurosis, el don del bricolaje y la pasión por el trabajo. El hombre se entregó del todo a sus ocupaciones. Al cabo de los siglos, edificó una civilización basada en la invención, la producción y el consumo intensivo. En realidad, esta civilización solo tenía un objetivo secreto: aportar comodidad, techo y comida al gato.

Joachim (artista callejero)
Joachim

Y así fue como el ser humano inventó millones de objetos inútiles, en general absurdos, para producir a la vez los pocos objetos indispensables para el bienestar del gato: el radiador, el cojín, el cuenco, el arenero, el pescador de Bretaña, la alfombra, la moqueta, el cesto de mimbre, y puede que la radio, porque a los gatos les gusta la música. Pero los seres humanos no saben nada de eso. Mejor así. Benditos ellos. Y creen estarlo. Todo va bien en el mejor mundo de los gatos”.

Gato negro (Julian Key, 1984)

Y el segundo cuento dice así: “A menudo nos preguntábamos, y eso desde hacía siglos, en qué pensaban los gatos. Agazapados en el fondo de su soledad, enrollados en su calor, como desplazados a otra dimensión, distantes, despreciativos, parecían pensar, desde luego.

Kurt Peiser (1887-1962)

¿Pero en qué? Los seres humanos se enteraron bastante tarde. No fue hasta el siglo XXI. A principios de ese siglo se empezaron a dar cuenta con cierto asombro de que los gatos habían dejado de maullar. Los gatos se habían callado. Nadie montó un escándalo. Al fin y al cabo, los gatos nunca habían sido muy habladores, y es muy posible que no tuvieran nada que decir en ese momento.

Gato de espaldas (Léon Spilliaert, 1901-02)

Pero más tarde otro hecho saltó a la vista. Un hecho más singular, mucho más singular: los gatos ya no morían. Claro que algunos morían accidentalmente, en general atropellados por un vehículo, o arrancados de pequeños por alguna enfermedad perniciosa. Pero los demás evitaban la muerte, escapaban de ella, como si la fecha fatal ya no existiera para ellos. Mas nadie consiguió nunca resolver el enigma.

Martine Coppens (Artista nacida en 1956)
Martine Coppens

El secreto era sencillo, sin embargo. Los gatos, desde que vivían en la tierra, nunca habían salido de su indolencia innata para realizar, como hacen los seres humanos, mil trucos aprendidos. Siempre habían dejado que los seres humanos se ocuparan de ellos, que les procuraran comida, comodidad y calor artificial. Y ellos, liberados de todo, siempre habían vivido en una suerte de hibernación ideal, perfectamente dosificada, en su punto, preocupados únicamente en concentrarse, mullidamente acurrucados en su bienestar.

Nadia Becker (Artista nacida en 1939)

Los gatos habían tenido mucho tiempo para pensar. Habían pensado mucho. Pero mientras los seres humanos pensaban a tontas y a locas, y más bien en lo superfluo, los gatos solo habían pensado en lo esencial, siempre, sin permitirse ninguna distracción. Sin nunca cansarse, solo habían meditado en torno a un único problema en el transcurso de los siglos. Y de tanto pensarlo, lo habían resuelto”.

Serge Baeken (Artista nacido en 1967)

Hemos escogido diferentes imágenes de gatos para ilustrar esta entrada, todas ellas de gatos y artistas belgas, u obras de gatos que están en Bélgica. Durante el primer confinamiento, parece ser que los memes de gatos abundaron en Bélgica; una página turística aprovechó para fotografiar Bruselas totalmente vacía y añadir imágenes de gatos para realizar un vídeo. Les dejamos un par de fotogramas.


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Gatos de cerámica y Beatrice Wood

En el precioso libro titulado “Artful Cats”, de Mary Savig, publicado por la Smithsonian Institution, y al que pronto dedicaremos una entrada, se habla de la artista Beatrice Wood y de su amor por los gatos. Además de ser la “Mama of Dada” (Mamá de Dada), en referencia a su relación con Marcel Duchamp, el pionero del dadaísmo, también fue la madre de numerosos gatos durante su larguísima vida a los que consagró una serie de  preciosos platos de cerámica.

Beatrice Wood nació en San Francisco el 3 de marzo de 1893 en el seno de una familia adinerada. A los cinco años se trasladaron a Nueva York. Su madre se esmeró en prepararla para su presentación en sociedad, y convertirla en una joven culta llevándola a museos y exposiciones. Pero las cosas no salieron como estaban planeadas. En 1912, Beatrice anunció que quería ser pintora.

Beatrice Wood, foto de Francine Gealer (1998)

Su madre la inscribió en la Academia Julian, en Giverny, el pueblo de Monet, un centro educativo muy de moda entonces, y la mandó a Francia con una institutriz, pero Beatrice se aburrió y se escapó para instalarse en una buhardilla. Ya en París, su madre no se rindió y la apuntó a clases de baile e interpretación con actores de la Comedia Francesa en un intento de alejarla de la vida bohemia.

Clitemnestra (hacia 1950)

Se acercaba la I Guerra Mundial y regresó a Nueva York. Con el nombre artístico de “Mademoiselle Patricia” y gracias a su perfecto francés, trabajó en el Teatro Francés de Repertorio Nacional. Un día, una amiga le dijo que un francés estaba hospitalizado con una pierna rota y no tenía a nadie con quien hablar. Era nada menos que el compositor Edgar Varèse, y este le presentó a Marcel Duchamp.

Beatrice Wood en su taller

Beatrice, recordando esta época, dijo que era “una mujer monógama en un mundo polígamo”, pero acabó en un círculo de bohemios que no tenían el menor respeto por la moralidad burguesa. Marcel Duchamp la introdujo en el grupo dadaísta de Nueva York, que existía gracias al patrocinio de Walter y Louise Arensberg.

El último amor

La artista empezó a pintar en broma, para demostrarle a Duchamp que cualquiera podía hacer arte moderno. El cuadro se publicó en una revista y él la invitó a trabajar en su estudio. En 1917 participó en la exposición “Independents”.

Beatrice Wood con gata

Un año después huyó a Montreal para trabajar en el teatro, harta de que su madre interfiriese en todos los papeles que le ofrecían. Paul, el director del teatro, le propuso casarse para que sus padres la dejaran en paz. Fue un matrimonio sin amor y nunca consumado; además, Paul, era un jugador empedernido.

De vuelta a Nueva York se enamoró del actor y director británico Reginald Pole y, aunque hubo más hombres en los años siguientes, siempre dijo que nunca había dejado de amarle. Pole la presentó a Annie Besant, de la Sociedad Teosófica, y al sabio indio Jiddu Krishnamurti. Cuando el actor se enamoró de una chica mucho más joven y le rompió el corazón, Beatrice se mudó a California, donde ya vivían los Arensberg, Annie Besant y Krishnamurti.

Sin casar (1965)

En un viaje a Holanda, compró un juego de platos esmaltados con un brillo muy especial. Al no encontrar una tetera a juego, quiso hacerla ella misma, y en 1933 se apuntó a un curso de cerámica. Reconoce que se convirtió en ceramista por casualidad.

Pero sus cerámicas se vendían fácilmente. A finales de los años treinta estudió con Glen Lukens y, posteriormente, con el matrimonio formado por Gertrud y Otto Natzler. Ambos eran autodidactas (Gertrud torneaba las piezas y Otto las esmaltaba), pero están entre los mejores ceramistas del siglo pasado.

El trabajo de Beatrice acabó siendo radicalmente diferente al de los Natzler. Aprendió a manejar los esmaltes a base de errores, sorprendiéndose siempre de los resultados al sacar las piezas de la mufla.

Beatrice Wood y dos estatuas de gatos

En 1947 se compró una casa en Ojai. Ya había expuesto sus cerámicas en el Museo de Arte de Los Ángeles y en el Metropolitano de Nueva York, además de recibir pedidos regulares de tiendas como Neiman Marcus, Gumps y otras. Su casa estaba en la misma calle que la de Jiddu Krishnamurti, al que admiraba profundamente.

Beatrice Wood Center

En 1961, el Departamento de Estado organizó una exposición itinerante de su trabajo en catorce ciudades de India, país del que se enamoró. Regresó de nuevo en 1965, y por tercera y última vez en 1972, cuando compró una gran cantidad de arte popular que sirvió para aumentar su importante colección.

Dos años después, en 1974, invitada por su gran amiga Rosalind Rajagopal, hizo construir una casa y un estudio en los terrenos de la Fundación Happy Valley. La obra fue financiada en parte con la venta de un dibujo de Marcel Duchamp. Legó la casa, un gran número de obras, su biblioteca y su enorme colección de arte popular a la Fundación.

Beatrice Wood

Beatrice tuvo muchos gatos y dedicó un cuento a uno llamado Picasso, “The cat who had his nose out of joint” (El gato cabreado), literalmente “El gato al que se le desencajó la nariz”. En el cuento, Picasso, un horrible gato amarillo con una elevada opinión de sí mismo, vivía con una vieja y un viejo que le adoraban y le dejaban hacer lo que quería.

El cuento del gato Picasso

La vieja le había llamado por un pintor al que no entendía, pero al que fingía comprender. El gato Picasso disfrutaba de la más pura felicidad hasta que un terrible día, la vieja apareció con un gatito salvado de la basura. Picasso no lo soportó y decidió que solo entraría para comer (era verano); total, su sitio favorito era el albaricoquero delante de casa.

El gato que se fue a Filadelfia

Las cosas no acabaron ahí. Miró, pues así había bautizado la vieja al nuevo, salió, descubrió el albaricoquero y se apoderó de él. Y ocurrió algo peor. Dalí, el dachsund de la pareja con el que Picasso se llevaba muy bien, regresó de vacaciones y solo hizo caso a Miró. Picasso casi tuvo un ataque. Pasaron las semanas, llegó el otoño y el frío, la pareja encendió la chimenea, Dali y Miró disfrutaban del calor, pero Picasso seguía empeñado en no entrar.

Poco a poco – el frío ayudó –, Picasso comprendió que si quería volver a ser feliz, debía dar el primer paso. Y con toda la dignidad de la que era capaz, entró en casa, se frotó contra las piernas de la vieja, olió a Miró y descubrió que era un olor agradable, saludó a Dali y al viejo, y por fin se sentó delante de la chimenea.

Hemos hecho un brevísimo resumen del cuento, pero merece ser leído. Beatrice Wood demuestra conocer muy bien a los gatos cuando describe las reacciones de Picasso ante la llegada de una “intrusa”. No empezó a escribir seriamente hasta los 90 años, animada por su amiga, la escritora Anaïs Nin.

Murió el 12 de marzo de 1998 a los 105 años. Los últimos 25 años de su vida fueron los más productivos. Preguntada por el secreto de su longevidad y energía, solía contestar: “Se lo debo todo a los libros de arte, al chocolate y a los hombres jóvenes”. Su casa fue convertida en el Beatrice Wood Center y puede visitarse en Ojai, California.


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Los gatos coloridos del pintor Adélio Sarro

En 2002, el conocido crítico de arte francés André Parinaud le llamó “brasileño global”. No es ninguna exageración, pues Adélio Sarro ha expuesto – casi siempre en solitario – en un sinfín de países, en ciudades como Pekín, Tokio, Melbourne, Moscú, Bratislava, Ginebra, París, Essen y Bruselas, sin mencionar las del continente americano.

Adélio Sarro en 2018

Viendo la obra del pintor, nos llamó la atención que la mayoría de los animales vivos que incluía en sus composiciones fueran gatos. Hay aves – pero son mucho más simbólicas –, algún que otro perro y poco más. Los peces aparecen en bandejas, para ser vendidos. Se centra en mujeres y hombres solos, en pareja o pequeños grupos, y de vez en cuando – su obra es muy amplía – con un gato.

Siempre es el mismo gato o, mejor dicho, siempre lo retrata exactamente en la misma postura, da igual que le sostengan en brazos o que esté en el suelo. El gato aparece tumbado, con el rabo enrollado sobre una pata trasera, el cuello es largo y, en general, tiene pinta de estar extremadamente sorprendido por encontrarse en semejante situación.

Adélio Sarro nació el 7 de septiembre de 1950 en Andradina, estado de Sao Paulo, donde su abuelo materno tenía una pequeña plantación de café. Hemos leído que su cuna fue un cajón que había servido para transportar cebollas y al que adaptaron unos pies. Su madre era de origen italiano y su padre, portugués, ambos sin ningún conocimiento artístico.

Se crió en un cafetal y, desde pequeño, sus juguetes favoritos fueron el papel de envolver el pan y un lápiz. Cuentan que a los cuatro años trepó encima de un cajón y se quedó embelesado delante del Sagrado Corazón de Jesús del calendario. El sacerdote del pueblo predijo que sería un artista… pero también habría podido acabar siendo cura.

Sus padres se vieron obligados a mudarse en repetidas ocasiones en busca de una vida mejor. El abuelo paterno de Adélio vivía en Dracena y allí se trasladaron. Pero las dificultades continuaron: un hermano suyo murió al poco de nacer, su padre se cayó del tejado de una casa que reparaba y su madre tuvo que lavar ropa para llegar a fin de mes. En esa época utilizó su talento para dibujar anuncios para las tiendas de la ciudad y aportar algo al presupuesto familiar.

Ingresó en el seminario a los 14 años. Sobre todo dibujaba y pintaba figuras religiosas, dejando bastante claro desde un principio que eso le interesaba mucho más que estudiar el Antiguo o el Nuevo Testamento. Ante su falta de vocación, le mandaron de nuevo para casa. Al poco, la familia se mudó a Sao Caetano, una localidad muy cercana a Sao Paulo.

Un amigo suyo, Gilberto Macário, que dibujaba muy bien, encontró trabajo en una empresa de fabricación de letreros publicitarios y le hizo entrar con él. Aprendió serigrafía, una técnica nueva en Brasil, y lo consiguió a base de prueba y error. El azar quiso que conociera a un joven de Brodowski que le invitó a su boda.

En esa ciudad, visitó el museo dedicado al pintor Candido Portinari, del que nunca había oído hablar. (Incluimos los únicos dos cuadros de gatos realizados por Portinari que hemos encontrado). La visita se convirtió en una revelación; entendió que no podía seguir en publicidad y que debía entregarse a su verdadera vocación. Era el año 1971.

Denise con gato, Candido Portinari, 1960
Gato blanco, Candido Portinari, 1959

Compró libros sobre la obra del pintor y empezó a intentar copiar algunos cuadros, pero no era nada fácil. A pesar de carecer de conocimientos técnicos e incluso artísticos, mejoró poco a poco hasta descubrir la técnica de la transparencia, sobre todo con los azules y los rojos.

El siguiente paso fue exponer en la Plaza de la República de Sao Paulo después de conseguir un permiso de la prefectura. En la época casi solo pintaba los paisajes. Conoció a otros pintores, algunos con experiencia, otros tan noveles como él. Además de compradores locales, también venían turistas extranjeros que querían llevarse algo para su país.

Pero no fueron tiempos fáciles. Al no tener dinero, fabricaba sus propios bastidores con restos de cajas de madera. Durante el día trabajaba montando escaparates y haciendo carteles publicitarios para poder pintar por la noche e ir a la plaza los fines de semana. Y así hasta 1984, cuando su galerista le dijo que no podía seguir como “un pintor de fin de semana”.

En 1981, nada menos que seis instituciones japonesas mostraron sus obras. Al año siguiente expuso en los museos de arte de Sao Paulo y de Florianópolis, y a continuación fue descubierto en Italia: Milán, Roma, Bolonia, y después París, Buenos Aires, Miami y Lisboa. En 1988, la Fundación Rali adquirió cuadros suyos para el Museo Latinoamericano de Punta del Este, Uruguay. En los veinte años siguientes, el pintor recorrió el mundo con sus obras.

A partir de los noventa, sin dejar nunca de pintar, Adélio Sarrio empezó a crear murales de grandes dimensiones. Muchos se encuentran en Brasil, algunos en Alemania, otros en Francia.

(Vidriera)

Acabaremos como hemos empezado, citando al crítico francés André Parinaud: “Brasileño de hecho, por sus raíces, pero ciudadano del mundo por la calidad de sus obras y su poder de comunicación gracias a su amor por los seres humanos. Un conjunto que se presenta como la síntesis de las aspiraciones de un artista ejemplar a principios de este milenio y que da testimonio de la sabiduría de un pueblo”.


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El gato en los haikus

Fumika Koda

El haiku es un tipo de poesía japonesa. Dicho sucintamente, consiste en un poema breve de diecisiete sílabas en tres versos. Aunque es mucho más complicado que esto, por estar relacionado con el zen, el budismo japonés, y el sintoísmo, aquí nos limitaremos a hablar del gato en los haikus. Hubo un famoso poeta de haikus (dejó escritos más de 20.000) llamado Kobayashi Issa (1763 -1827) que dedicó numerosísimos a los gatos.

Kobayashi Issa

Se le considera uno de los cuatro grandes maestros del haiku en Japón, con Bashō, Buson y Shiki. Que sepamos, todos hablaron de gatos en sus poemas excepto Buson, pero nunca tantas veces como Kobayashi Noboyuki, más conocido por el apodo de “Issa”, que significa “Taza de té”.

Perdió a su madre cuando tenía tres años, su padre volvió a casarse a los cinco años, y dos años después nació su medio hermano. Fue enviado a estudiar a Edo (actual Tokio) a una edad muy temprana. Al fallecer su padre en 1801, su madrastra se quedó con la herencia y tardó varios años en recuperar su parte. No regresó al pueblo donde había nacido hasta cumplir 49 años.

Se casó, pero perdió a tres hijos, siendo todos muy pequeños, y a su mujer al poco tiempo. Su casa ardió y acabó viviendo en su almacén, hoy considerado como “Tesoro nacional” por el Estado japonés. A pesar de la enorme popularidad de sus haikus, siempre vivió con problemas económicos.

Foto de Masayuki Oki

Issa no tuvo reparos en utilizar un lenguaje popular, mordaz e irónico en sus poemas, como por ejemplo en este: El gato amante/se acicaló como Gengi/en el seto (恋猫の源氏めかする垣根哉). Comparar al héroe de “El cuento de Genji”, escrito en el siglo XI, en cuyos brazos las damas caían sin demora, con un gato no es tan descabellado. Genji es un donjuán empedernido, como lo son los gatos en época de celo.

Kawanabe Kyosai

El libro titulado “Le chat & moi” (El gato y yo), publicado por Moundarren, es una colección de haikus dedicados a los gatos, seleccionados y traducidos por Wing Fun Chen y Hervé Collet.  Como no podía ser de otro modo, la mayoría de ellos son de Issa. Uno de ellos dice así: Lluvia de primavera/al gato la niña/enseña a bailar.

En ese mismo libro hay un poema de Matsuo Bashō (1644-1694), segundo de seis hermanos. A los 18 años empezó a trabajar como cocinero para el clan Todo, conocido por proteger la literatura y la poesía. Publicó sus dos primeros poemas a los 20 años y no tardó en darse a conocer en la provincia antes de trasladarse a Edo y adoptar el nombre de Tousei.

Matsuo Basho, por Katsushika Hokusai

El mundo de la poesía era muy competitivo, los maestros se peleaban por aumentar el número de discípulos y ganar más dinero. Decidió dejar la ciudad e irse a Fukagawa (ahora parte de Tokio) y se instaló en una cabaña en el margen izquierdo del río Sumida. Aunque muchos consideraron su alejamiento como una derrota, sus discípulos le apoyaron y siguieron.

Matsuo Basho, por Yosa Buson

Allí plantó un bananero – bashō en japonés – que, al parecer, creció de una forma maravillosa; sus discípulos empezaron a llamar el lugar “Bashō-an” y él adoptó el nombre. Este haiku suyo está dedicado a una gata: A pesar de comer arroz y cebada/adelgazada por sus amoríos/está la esposa del gato.

Midori Yamada

Masaoka Shiki (1867-1902), el tercero de los poetas mencionados aquí, se esforzó en innovar los haikus del periodo Edo. Su padre, un samurái de bajo nivel, murió en 1872, a los 40 años, pero su madre consiguió que ingresara en la escuela del clan Iyo y posteriormente en una escuela preparatoria donde conoció a Natsume Sōseki, el famoso autor de “Yo soy un gato” (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/).

Masaoka Shiki
Midori Yamada

Ingresó en la universidad en 1890 con una beca, pero la abandonó al cabo de dos años, según él para dedicarse a escribir haikus, pero otros creen que por culpa de la tuberculosis. Escogió el apodo de “Shiki” – que significa “Pequeño cuco” – porque en Japón se dice que de tanto cantar el cuco vomita sangre.

Hishida Shunso

Ejerció brevemente de corresponsal de guerra en la guerra sino-japonesa, pero las condiciones insalubres empeoraron gravemente su estado. Después de ser hospitalizado en Kobe, regresó a Matsuyama y fue acogido por Natsume Sōseki. Poco después se trasladó de nuevo a Tokio, donde sus discípulos habían fundado un periódico dedicado a los haikus. Los autores que publicaban en él empezaban a ser conocidos como “La escuela nipona”.

Toshiyuki Enoki

Ya no pudo levantarse de la cama a partir de 1897. Su salud empeoró en 1901 al contraer la enfermedad de Pott, que le obligó a tomar morfina para aliviar el dolor constante. Aun así, siguió escribiendo haikus y tres obras autobiográficas. Falleció a los 34 años.

Takahashi Shotei

Un haiku suyo dedicado a los gatos: ¡Tremendo!/Las piedras se caen del muro/gatos en celo.

Muramasa Kudo

No cabe duda de que Issa convivió con muchos gatos ya que les consagró una gran cantidad de brevísimos, pero muy acertados poemas. Acabamos esta entrada con más haikus del maestro:

Kobayashi Issa

El maestro bigotudo/se me ha adelantado/bajo la sombra de los cerezos.

Envidio,/pues he renunciado,/al gato enamorado.

¡Silencio, cigarras!/El maestro bigotudo/se acerca.

Dormidos uno al lado del otro/una mariposilla, un gato/y un monje.

El gatito/baila girando/con las hojas que caen.

El gato y yo/no cruzamos/la puerta.


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El gato Behemot, el Maestro y Margarita

El 9 de agosto de 2018, varios medios muy serios (el New York Times y la BBC, entre otros) se hicieron eco de una noticia que, a primera vista, podía parecer intranscendente para cualquiera que no estuviera familiarizado con Mijaíl Bulgákov y su novela “El Maestro y Margarita”.

Mijaíl Bulgákov
Edición española

El Museo “Casa de Mijaíl Bulgákov” anunció el 1 de agosto de ese año que uno de sus empleados había sido secuestrado. Efectivamente, el gato Behemot, residente en el museo y con un enorme número de seguidores, había desaparecido.

Koroviev y Behemot delante del museo, Moscú
C.C. Askew

Pero quizá deberíamos empezar diciendo que Mijaíl Bulgákov fue uno de los autores más influyentes y subversivos de la Unión Soviética, sobre todo por su novela “El Maestro y Margarita”, que transcurre en su mayoría en Moscú, en los alrededores del piso donde vivía el escritor con su esposa.

Alexandra Mary Everson

Stalin era un admirador del autor, sobre todo de sus obras de teatro, pero prohibió la publicación de la novela al considerarla una sátira de la sociedad soviética y de la clase intelectual de entonces. Bulgákov empezó a escribirla en 1928, pero no se publicó hasta 1966, veintiséis años después de su muerte.

Arina Orlova
El autor y Behemot en Vladikavkaz, Rusia

El personaje principal es el Dr. Voland, un experto en ciencias ocultas – en realidad, el diablo – que llega a Moscú junto a tres acólitos, Koroviev y Azazello, con apariencia de seres humanos, pero que son demonios, y el gato Behemot, el personaje que nos interesa. También están el Maestro y Margarita, claro, así como Poncio Pilato y Joshua Ga-Nozri (Jesús de Nazaret), dos personajes de la novela que el Maestro no consigue publicar.

Behemot en Kiev
Maria Baur

Pero volvamos a Behemot, un gato negro – supuestamente tan grande como un cerdo – que habla, anda sobre dos patas, puede adoptar forma humana, sabe jugar al ajedrez, le gusta beber vodka y comer bien, disfruta jugando con pistolas y tiene una fuerte tendencia a hacer comentarios de lo más desagradable.

Behemot en Moscú
Nadezhda Sokolova

De hecho, Behemot – llamado así por el monstruo bíblico y porque también significa “hipopótamo” en ruso – deja marcado a todo el que lee la novela, y eso quizá explique por qué en el 90% de las portadas de las distintas ediciones, en cualquier idioma, aparece el gato. Lo mismo pasa con los carteles de las obras de teatro basadas en la novela. Tal vez sea el personaje más claramente recordado.

Edición francesa
El autor y Behemot en Járkov, Ucrania

Y aquí es donde entra en escena el actual Behemot. En un museo dedicado a Mijaíl Bulgákov no podía faltar un gato negro de cierta importancia. Yevgeny Markov, el guarda nocturno del museo, le conoce desde que llegó siendo un gatito y le ha visto crecer hasta convertirse en un espléndido gato negro de pelo largo. En 2018 tenía 13 años, por lo tanto ahora tiene 16 o 17. No hemos encontrado ninguna referencia indicando que Behemot no siga ocupando su puesto en el museo.

Behemot en el museo, Moscú
Edición inglesa

Como compensación por su trabajo, que consiste en recibir a unos 200 visitantes diarios (aunque las malas lenguas dicen que es capaz de ignorar a cualquiera), Behemot tiene techo y comida, cuidados veterinarios y peluquería. Se toma varios descansos diarios, dando un paseo por los parques cercanos y los patios de otros inmuebles cuando el tiempo lo permite.

Edición inglesa

Es un ser de costumbres fijas; por lo tanto, cuando el 1 de agosto de 2018 a las 11 de la mañana pasó por delante de la taquilla en el segundo piso y bajó las escaleras, nadie se inmutó. Era la hora de su primer paseo diario.

Behemot frente al museo, Moscú
Edición inglesa

Todo cambió cuando no regresó al cabo de dos horas; además, habían recibido extraños mensajes últimamente acerca de Behemot. Esa misma mañana había llegado una escueta pregunta vía las redes sociales: “¿Por qué han dejado salir al gato?”

Por la tarde, una mujer empleada en una oficina cercana confirmó que había visto a una desconocida de pelo rubio coger a Behemot en brazos y entrar en la estación de metro. El museo inmediatamente colgó una notificación en las redes avisando de su posible rapto, especificando que Behemot llevaba una placa de identificación con forma de hueso (una referencia a la novela) e indicando que tenía mal carácter.

Koroviev y Behemot en Moscú
Zoslenka

La noticia se extendió como la pólvora por internet y el post fue compartido 2.900 veces en poquísimos minutos. El diario Moskovsky Komsolomlets anunció: “Behemot, el gato más famoso de Moscú, raptado por una desconocida”.

Edición inglesa
Vasile Gheorghe

Cinco horas después, el museo recibió una llamada de la comisaría más cercana. Un agente había encontrado a Behemot sentado en las escaleras de la Escuela de Teatro Estatal Mossovet, donde la desconocida le había dejado. Una foto del agente Bulavin – el héroe que le encontró – fue publicada en internet y Moscú dio un suspiro de alivio.

Behenot en el museo, Moscú
Cartel teatro

Pero volviendo a la novela, en la primera versión, escrita entre 1928 y 1929, y cuando aún se titulaba “El mago negro”, el director del teatro visita a Voland y parece ser que aparecía la frase siguiente: “El segundo gato estaba sentado en una extraña postura en la barra de la cortina”. ¿Pensaba el autor añadir un segundo gato?

Cartel teatro
Vyacheslav Zhelvakov

Sin embargo, se sabe que Mijaíl Bulgákov reescribió la novela de memoria al quemar el primer manuscrito en 1930, convencido de que no tenía futuro como escritor en la URSS, en un momento de fuerte represión política. De hecho, el personaje del Maestro también quema su novela. Nunca sabremos si Behemot estuvo a punto de tener competencia.

Cartel teatro

Añadiremos que Mijaíl Bulgálkov nació en Kiev el 3 de mayo de 1891 y falleció en Moscú el 10 de marzo de 1940. La ciudad de Kiev también le dedicó un museo, pero Behemot solo tiene una pequeña estatua. La novela ha sido adaptada a los escenarios y a la pantalla – grande y pequeña – en numerosas ocasiones. La más exitosa quizá sea la serie realizada por la televisión rusa en 2005.

Cartel teatro