Gatos y Respeto

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Gatos y un fotógrafo llamado Edouard Boubat

“Cierre los ojos, imagine a un gato. Imagine una presencia negra y suave, una cualidad silenciosa, astuta, somnolienta. Y en esta presencia que finge dormir, ponga ahora dos ojos, ojos claros, puros, límpidos. Ojos de ángel, si prefiere. Los ángeles son tan traviesos como los gatos, y como ellos, se pasan mucho tiempo durmiendo”.

Nueva York, 1983

“¿Ya lo tiene? Un gato negro aterciopelado con ojos de ángel. Bien. Sigamos. Ahora, dé uno o dos pasos hacia atrás. Tres o cuatro metros sería perfecto. No mire al gato. No se fije en los bigotes del ángel. Los dos – el gato y el ángel – no deben sospechar nada. Y ahora, con gesto rápido, abra la ventana y deje que entre…”

Edouard Boubat (1988)

“Una vez abierta, todo llega. Y en ese todo hay jóvenes brasileñas, muñecos de nieve sin domicilio fijo, niños parisinos y chinos, gallinas del Nepal y de la Corrèze, sombreros, panes de pueblo, chaparrones, luces”.

Gato – Partituras (1982)

“Ahora, los dos se van, el gato y el ángel. Llevan una pequeña maleta negra de cartón. En la maleta, una etiqueta: ‘Edouard Boubat, siempre invisible’. En la maleta, una cámara. Ya está. Abra los ojos. Todos se han ido. Solo quedan las imágenes”.

Autorretrato

El texto anterior es la traducción de parte de la presentación escrita por el autor francés Christian Bobin para la exposición de fotos de Edouard Boubat en la galería del teatro LARC en abril de 1986. Es la única ocasión en que se asocia al fotógrafo con un gato mediante la palabra.

Violette (años sesenta)

Es posible que la fotografía con gatos más conocida de Boubat sea “Gatos en un tejado de París”; sin embargo, es mucho menos famosa la otra de un gato mirando a los que están siendo fotografiados en un tejado de París. Ambas son de 1947.

Gatos en un tejado de París (1947)

1947

Edouard Boubat fotografió el mundo entero, primero España e Italia en los años cincuenta, y a partir de los años setenta recorrió Irán, Siria, India, Japón, Rumanía, Perú y Brasil, pero se le recuerda sobre todo por las fotos de mujeres o de París. Las imágenes que trajo de estos países, en muchos casos, no tienen par. Su cámara plasmaba lugares, pueblos, personas y animales.

Desnudo con gato

Nació en 1923 en el muy parisino barrio de Montmartre. Al igual que otro famoso fotógrafo, Robert Doisneau (https://gatosyrespeto.org/2017/03/09/gatos-de-paris-y-robert-doisneau/), empezó trabajando en una imprenta, mientras estudiaba fotograbado en la escuela Estienne de 1938 a 1942, hasta que fue obligado a ir a Alemania – como otros cien mil franceses – y pasó dos años en un campo de trabajo. No se inició en la fotografía hasta su regresó a París, después de la guerra, mientras trabajaba en una fábrica. Una de sus primeras fotos, “La niña con hojas caídas”, ganó el premio Kodak en 1947.

Nueva York, 1989

Su primera exposición fue en la Galería Hune de París, con Brassaï, Doisneau, Faccetti e Izis (todos amantes de los gatos). Allí conoció a Jimy Gilou, el director artístico de la revista “Réalités”, para la que trabajó hasta 1970, año en que decidió pasar a ser fotógrafo independiente. Como hemos dicho antes, viajó muchísimo durante su vida, pero nunca quiso fotografiar conflictos o guerras, por lo que el poeta Jacques Prévert dijo una vez: “Aun en las tierras más lejanas, Boubat busca y encuentra oasis. Es el corresponsal de la paz”.

Escalera

También es conocido por sus retratos de personalidades de cualquier ámbito como Claude Levi-Strauss, Ingmar Bergman, Rudolf Nureyev, Robert Doisneau, Jean Genet, Marguerite Yourcenar, Harold Pinter, Eugène Ionesco, Juliette Binoche, Simon Hantai e Isabelle Huppert, a la que vemos con un gato.

Isabelle Huppert (1985)

Puede que nos equivoquemos, pero nos da la impresión de que el gato fotografiado con la actriz es el mismo que el fotógrafo tiene en su regazo en la foto de Marc Gantier, o en sus hombros en 1988, y también es el de la partitura e incluso el gato pensativo en la mesita, sentado al lado de la cámara. El gato sin nombre del fotógrafo.

Fotografía de Marc Gantier (1988)

Paquebote

Y está el autorretrato con un/a gato/a de largo pelo blanco, y con otro, también blanco, en Nueva York en 1989. Creo que no cabe duda de que a Edouard Boubat le gustaban los gatos, aunque no los retratara tan a menudo como Doisneau u otros fotógrafos.

En 1980, para el catálogo de la exposición de Boubat en el Museo de Arte Moderno, Marguerite Duras escribió: “Si nuestros ojos mirasen como mira la fotografía de Boubat, ¿podrían aguantarlo? (…) Cuando Edouard Boubat capta la singularidad ineludible de un rostro, parece que siempre ocurre en el momento más inesperado, ese momento en que el rostro deja su identidad para perderse en lo que existe a su alrededor, cerca o lejos. En otra parte o al lado.

El gato de Wendy Worth

Edouard Boubat creía que la verdad de la fotografía no se parecía en nada al cine, a la escritura o a la pintura. Pero que eso debían descubrirlo los demás, no los fotógrafos.

Gato – Pinball

Las fotografías de Boubat captaban la vida en el momento, y para él, la fotografía equivalía a una serie de encuentros que siempre le dejaban maravillado y alegre. Posiblemente rehuyó siempre retratar el horror porque, como él mismo dijo, refiriéndose a los dos años que pasó en un campo de trabajo en Alemania: “Vimos los crímenes nazis, vi el horror”.

Invitación a retrospectiva

Falleció de leucemia a los 75 años el 30 de junio de 1999 en París, la ciudad que le vio nacer y que tantas veces fotografió.

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Gatos, fotos y Margaret Bourke-White

Margaret Bourke-White fotografiada por Ansel Easton Adams

La intrépida y extraordinaria fotógrafa Margaret Bourke-White no solo fue la primera fotoperiodista de la revista Life y la primera fotógrafa de la revista Fortune (hasta entonces solo habían contratado a hombres), también fue la primera corresponsal de guerra a la que se autorizó a acceder a zonas de combate durante la Segunda Guerra Mundial, además de ser la primera fotógrafa occidental en pisar la Unión Soviética. El primer hombre tardó unos años en obtener el permiso necesario.

Unión Soviética (1941)

Nació en el Bronx el 14 de junio de 1904, hija de Joseph White y Minnie Bourke, y creció en un entorno familiar estricto donde se prohibían el chicle, las medias de seda y las revistas de historietas. Armada con una Reflex Ica de segunda mano con el objetivo roto, empezó a hacer fotos del campus y a venderlas a sus compañeros universitarios. Después de licenciarse, abrió un estudio en Cleveland, Ohio, y descubrió el paisaje de las fábricas, “un paraíso fotográfico”, según ella. Henry Luce, el editor de la revista Time, se entusiasmó con sus fotos de la fábrica Otis Steel y la convenció para que se mudara a Nueva York y trabajara en Fortune, una revista dedicada a la industria y también publicada por él.

Chimeneas de la empresa Otis Steel Co, de Cleveland (1927)

Puede decirse que fue una de las “madres fundadoras” de la revista Time (otra idea de Henry Luce), cuyo primer ejemplar se publicó en 1936 con una fotografía suya en la portada. Para entonces, Margaret Bourke-White ya se había convertido en una brillante y exitosa fotógrafa en un mundo reservado a los hombres.

Ansel Easton Adams con gatos (Foto de Margaret Bourke-White)

Protagonista de una carrera sin par, varó en una isla del Ártico, fue torpedeada en el mar Mediterráneo, ametrallada por la Luftwaffe, bombardeada en Moscú y rescatada en la bahía de Chesapeake después de que su helicóptero se cayera.

Margaret Bourke-White en el edificio Chrysler (1931)

Nada parecía poder detenerla cuando iba en busca de una fotografía y tenía el don de estar en el sitio oportuno en el momento oportuno. El fotógrafo Alfred Eisenstaedt, su amigo y compañero de trabajo, dijo una vez que era una gran fotógrafa porque para ella, nada de lo que le encargaban carecía de importancia. Tenía la osadía, la astucia y la intuición de adivinar dónde iba a producirse una noticia.

Foto de Alfred Eisenstaedt (1961)

Se casó en dos ocasiones, la primera en 1924, siendo estudiante, con Everett Chapman, del que se divorció dos años después, y en 1939 con el escritor Erskine Caldwell, con quien colaboró en varios libros, entre otros “You Have Seen Their Faces” (Han visto sus rostros), documentando la Gran Depresión en el sur de Estados Unidos. Después de su divorcio en 1942, empezó a usar su apellido de soltera añadiéndole el de su madre.

Puente Hohenzollern, Colonia (1945)

En 1934 también se dedicó a fotografiar campañas publicitarias, un trabajo muy rentable, con el que ingresó 35.000 dólares en un año. Pero Fortune le encargó fotos de las terribles consecuencias de la sequía en el centro del país y abandonó las fotos comerciales. El 15 de febrero de 1937, la revista Life publicó la famosísima foto de una fila de personas negras, víctimas de las inundaciones, haciendo cola debajo de una enorme valla publicitaria en la que se ve a la típica familia blanca estadounidense y una frase que reza: “El nivel de vida más alto del mundo” y, más abajo: “No hay nada comparable al sistema americano”.

Inundaciones en Louisville (1937)

Además de ser la primera fotógrafa en entrar en la Unión Soviética, en 1931, para documentar el rápido desarrollo del país, cubrir zonas de combate como corresponsal de guerra en zonas, recorrer Alemania al acabar la contienda y entrar en Buchenwald, el terrible campo de concentración, también es conocida en India y Paquistán por sus fotografías de Babasaheb Ambedkar, defensor de los derechos de la mujer y de la casta de los intocables, y uno de los padres de la actual Constitución India. También documentó la violenta separación de Paquistán e India, y entrevistó y fotografió a Mahatma Ghandi unas horas antes de que le asesinaran.

Presa de Fort Peck (23 de noviembre de 1936)

En 1949 pasó cinco meses en Sudáfrica para plasmar el horror del apartheid y de las terribles condiciones de las minas, y en 1952 viajó a Corea para fotografiar los dramas familiares producto de la guerra. Poco después de su regreso de este último país, empezó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, con la que lucharía hasta el final de sus días. No le quedó más remedio que trabajar menos e instalarse en su casa de Darien, Connecticut.

Margaret Bourke-White dando de comer a su gato

La enfermedad no le fue diagnosticada hasta 1958, y se sometió a dos intervenciones para aliviar los temblores y las dificultades para caminar. Dimitió como miembro del personal de la revista Time solo dos años antes de su muerte, a pesar de no haber contribuido con ninguna fotografía desde hacía mucho. Falleció el 27 de agosto de 1971.

Mujer con gato en huerto (Margaret Bourke-White)

Aparte de la fotografía de una guapísima y joven Margaret Bourke-White en una tumbona con un gatito, hay varios retratos suyos con su gato en la casa de Darien. Tampoco fotografió gatos, quizá porque tendía a sujetos que normalmente posaban, o se centraba en edificios y otras construcciones.

Fotografía de Chase Jarvis

Margaret Bourke-White, que abrió el camino para las fotorreporteras y corresponsales, dijo: “La cámara es un instrumento extraordinario. Basta con saturarse del sujeto, y la cámara casi te lleva de la mano”. Y también: “La verdad absoluta es esencial, es lo que me conmueve cuando miro por el objetivo”.

Margaret Bourke-White en 1965


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Gatos en fotos de Walter Chandoha

Hace unos setenta años, Walter Chandoha volvía a casa después de dar clases en la Universidad de Nueva York una fría noche de invierno cuando vio a un gatito que no podía tener más de cinco semanas temblando en la nieve. Se detuvo, se lo puso en el bolsillo y se lo llevó casa. Así empezó una gran amistad y también una brillante carrera.

En esa época, el fotógrafo vivía con su esposa en un pequeño apartamento en el barrio de Queens. El gatito entró en calor, se recuperó y se comportó como cualquier gato, pero tenía una peculiaridad. Cada noche, aproximadamente a las once, empezaba a correr y a saltar como un loco antes de calmarse al poco rato. Decidieron llamarle “Loco”.

Loco

Loco (1958)

Chandoha y su esposa adoptaron más gatos y sus fotos no tardaron en ser publicadas en varias revistas. “Loco y sus amigos me permitieron hacer fotos que me interesaban”. También hicieron posible que dejara el pequeño piso de Queens y se mudara a una granja de dieciocho hectáreas en Nueva Jersey, donde sigue viviendo hoy en día. Loco también es el responsable de que Walter Chandoha no se dedicase al marketing cuando se graduó y se inclinara por la fotografía.

Sombras

Nació en 1920, tiene 98 años, ha hecho 200.000 fotos desde sus días de estudiante en la Universidad de Nueva York, ha publicado 34 libros, sus fotos han aparecido en más de 300 portadas de revistas y en miles de anuncios, y es “El Fotógrafo de gatos” con mayúsculas de Estados Unidos.

Una de sus fotografías más famosas es “The Mob” (El hampa), de 1963. “Hubo una época en que se usaba a los gatos para promocionar cualquier cosa”, recuerda. “Fotografié para anuncios de compañías que estaban en la lista “500” de Fortune y de empresas que acababan de empezar. Durante un breve periodo, un año quizá, me atrevería a decir que el 90% de las fotos en paquetes y latas de comida para gatos o perros eran mías”.

The Mob

Siempre trabajó desde su casa, al principio en el diminuto piso de Queens y, luego, en un pajar remodelado en la granja de Nueva Jersey. Las sesiones fotográficas eran un asunto de familia, sobre todo por la valiosa ayuda de María, su lamentada esposa. “Sin María no habría podido realizar la mayoría de fotos”, reconoce. Además de ocuparse de toda la parte administrativa, de los contratos, incluso de supervisar el revelado, tenía un don para calmar a los modelos mientras él los fotografiaba con una Hasselblad.

En el estudio con su hijo

“No se puede meter prisa a un gato”, explica. “Cualquiera que tenga uno sabe que no es el amo, el gato es el amo, y se pasará el día haciendo lo que le apetezca cuando quiera”. Y sigue diciendo: “Cuando empecé haciendo fotos hace más de setenta años, las cámaras pesaban mucho, eran de metal, incluso de madera. Los negativos eran caros y no podía desperdiciarse el material. Hoy en día es mucho más fácil. Cualquiera puede compartir sus fotos en Internet”.

En octubre de 2015 publicó “Walter Chandoha: The Cat Photographer” y concedió entrevistas a numerosas revistas y periódicos entre las que nos hemos permitido escoger unas cuantas preguntas y respuestas. Entonces solo tenía una gata, Maddie, recogida en un refugio. “Es importante que todos se convenzan de que si quieren un gato, deben adoptarlo”, dice. Dos años después tenía la firme intención de adoptar un segundo gato. “Hemos tenido muchos, muchos gatos, estaba Tom, Friend (Amigo), Minguina, Kome, Spook (Fantasma), Floyd, Precious (Preciosa), y uno de mis favoritos fue Rags (Trapo). Además de los de casa, estaban todos los que vivían en los graneros para mantener a raya a la población de roedores”. Y añade: “Pero mi favorito siempre fue Loco, el responsable de haberme convertido en un fotógrafo de gatos”.

Walter Chandoha con Maddie

Tiene muy claro que prefiere los gatos a los perros cuando se trata de hacer fotografías: “Son más expresivos que los perros, eso es lo primero. Se meten en más líos que cualquier perro y vocalizan de otra forma, ronronean, gruñen y maúllan con cadencias muy diferentes”. Hizo miles de fotos de gatos, pero sigue sorprendiéndose de que siempre aportan algo nuevo, algo único.

Hablando de los artistas que más le gustan, menciona a Théophile Steinlein (https://gatosyrespeto.org/2014/11/25/steinlen-el-dibujante-de-gatos/), que también hizo muchos dibujos de gatos para anuncios; a Tsuguharu Foujita (https://gatosyrespeto.org/2018/06/14/gatos-en-los-autorretratos-de-tsuguharu-foujita/) y al holandés Johannes Vermeer: “No creo que pintara un solo gato, pero también presento al modelo iluminado desde atrás y con sombras, como hacía él”. Finalmente habla de la fotógrafa de animales Ylla (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/): “Puede que subconscientemente me haya inspirado para fotografiar gatos”.

Cree que su foto más divertida es la de un cachorro de perro Weimaraner: “Fue una foto entre un millón gracias a un gatito. Uno de mis hijos entró en el estudio con un gatito en brazos. El perro nunca había visto a un gato, y encima maulló; el perro abrió literalmente los ojos de par en par”.

En cuanto a unos consejos para hacer geniales fotos de gatos, dice: “Ante todo hay que tener paciencia. Apunten siempre lo que su gato hace o no hace en cualquier situación. Estudien sus costumbres, sus preferencias, sus aversiones. Después de más de setenta años haciendo fotos, sigo observándolos. Hay que estar al mismo nivel que el gato para conseguir un contacto visual. No teman hacer ruidos para atraer su atención; a veces, el estudio parecía una granja por todos los gruñidos y cacareos que yo emitía. Siempre deben recompensarles con algo que les guste, un poco de queso, un trozo de buen paté o de atún”. Y para terminar, recomienda usar una cámara Canon DSLR.

A Walter Chandoha le gustan los gatos, desde luego. Además de usar a los suyos como modelos, cuando ninguno respondía a lo que buscaba, recurría a sus amigos y vecinos. Dejó de fotografiar a sus amigos los gatos cuando falleció su esposa María, la mujer que susurraba a los gatos, según él. Desde entonces se ha dedicado sobre todo a hacer maravillosas fotos de huertos y verduras.


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Gatos, un museo, una exposición

El gato de Françoise Baronian

Albert y Françoise Baronian son unos conocidos galeristas de Bruselas y, además, Françoise es una enamorada de los gatos que hace cuarenta años empezó a coleccionar objetos, cuadros, utensilios, cualquier cosa relacionada con ellos. Françoise dice que esta pasión le viene de su padre: “Vivíamos en el campo, y entonces los gatos no estaban demasiado bien vistos. A muy poca gente le gustaban, siempre se decía: ‘Prefiero a los perros, nunca se sabe lo que piensa un gato'”. Reconoce que su colección es de lo más ecléctica porque se hace con cualquier cosa “que tenga un gato encima, incluso unas banderitas”.

Musée du chat – Michel Auder

Musée du Chat – Maneki Neko, Japón

A Albert Baronian se le ocurrió bautizar la colección como “Musée du Chat” (Museo del Gato). Seis especialistas en arte contemporáneo, atraídos por la idea de compartir obras en su posesión con los amantes de los gatos y del arte contemporáneo, decidieron organizar exposiciones itinerantes desde el Museo del Gato.

Musée du chat – Steinlein

 

Colección de Françoise Baronian

Ahora, el museo itinerante cuenta con obras de artistas del calibre de Luciano Bartolini, Vincent Beaurin, Brian Belott, Ben, Thomas Bogaert, Andy Boot, Marcel Broodthaers, Lucy McKenzie, Michael Queenland, Henriëtte Ronner-Knip, Anne-Marie Schneider, Alain Séchas, David Shrigley, Jakob Smits, Théophile Alexandre Steinlen, Walter Swennen, Hugues de Wurstemberger, Otto Zitko y muchos otros.

Musée du chat – Walter Swennen (2012)

Musée du chat – Ben

La primera exposición abrió sus puertas el 9 de febrero del año pasado en el Centro Cultural De Markten, en Bruselas. Podía verse un sinfín de cuadros, dibujos, objetos, joyas, todo dedicado al gato. Por ejemplo, la estupenda escultura de Niki de Saint-Phalle o la enorme pieza de Wang Du y cerámicas de Eric Croes, además de postales y fotografías de los gatos de los organizadores.

Musée du chat – Niki de Sainte Phalle (El gato, 1969)

Musée du chat – David Srigley

Este año tiene lugar otra exposición organizada por el Museo de la Fotografía de Charleroi, una ciudad al sur de Bruselas, titulada “Entrechats” (juego de palabras que significa “Entre gatos” y se refiere también a un tipo de salto en la danza clásica), dedicada “A todos nuestros gatos pasados, presentes y futuros”. Organizada en colaboración con el Musée du Chat, cuenta con sesenta obras de famosos fotógrafos, de las que incluimos unas pocas en este artículo. Para los amantes de los gatos que vayan a Bélgica este verano, la exposición permanecerá abierta hasta el 16 de septiembre.

Foto de Jean-François Spricigo

Las fotografías que se exhiben proceden de préstamos de los mismos fotógrafos, así como de los fondos y colecciones del Museo de la Fotografía de Charleroi, Museo del Gato de Bruselas, Museo d’Orsay, Casa Europea de la Fotografía, FoMu, Mediateca de la Arquitectura y del Patrimonio, Herencia Jeanloup Sieff, Galería Baudoin Lebon y Galería Kamel Mennour.

Foto de Jane Evelyn Atwood (1985)

Hemos traducido la presentación de Xavier Canonne, director del Museo de la Fotografía: “Cuatro milenios en su compañía no han bastado para que el gato se harte del hombre a pesar de los tormentos que este no ha dejado nunca de infligirle a lo largo de una paciente relación que le ha transformado hoy en día en ‘animal de compañía’; cuatro mil años durante los que el felino ha observado al hombre con suma paciencia, acercándose a él realizando círculos concéntricos pese a las matanzas, las hogueras, la brujería, los golpes y el abandono, presintiendo a través de su tenacidad que merecía probar una aventura con ese otro mamífero, y que para algunos de estos se convertiría en indispensable”.

Foto de Serena Korda

“Semejante testarudez le ha valido el reconocimiento de pintores, escultores, poetas y músicos. Desde los escultores anónimos del Antiguo Egipto y el Oriente, de donde parece haber venido, hasta André Malraux, pasando por Homero, Jules Michelet, Edgar Allan Poe, Chateaubriand, Alexandre Dumas, Guillaume Apollinaire, Pierre Bonnard o Alexandre Steinlein, todos han alabado su belleza, elegancia y virtud; todos han amado a ese vigilante silencioso, a ese genio doméstico que tanta alegría y complicidad aporta”.

Jacques Prévert, por Izis Bidermanas

“Pero probablemente sea su independencia lo que le haga tan entrañable para nosotros. Aunque hoy nos parezca domesticado, si a veces se relaja, jamás se rinde y se sabe libre; siempre puede dejarnos, sumiéndonos en un mar de angustia, desamparados y solos”.

“Con él nunca se trata de matrimonio, sino de pacto, de alianza tácita, renovada cada mañana y puesta en duda al anochecer, cuando recuerda que es una fiera y que la noche es su reino. La ausencia de un gato es una llaga que nunca se cierra, una larga pena de amor”.

Foto de Rob Hornstra (2007)

“Amamos a los gatos porque no existe un gato feo, porque desprecian el dinero y los honores, porque no hay gatos de caza ni gatos policía, porque es capaz de ser heroico, seductor, arrogante, desdeñoso o cariñoso; amamos a los gatos porque no hay nada más agradable que pasar la mano por su pelaje como se hace con el cabello de la amada; amamos a los gatos porque conocen la virtud del silencio y porque basta un parpadeo para que nos entiendan; amamos a los gatos porque no tienen dueños ni fronteras y porque saben guardar un secreto; amamos a los gatos porque no pueden ser de otra manera”.

Gato fugitivo, de Michel Loriaux

Después de leer estas líneas no nos quedó ninguna duda de que Xavier Canonne ama profundamente a los gatos y no pudimos resistirnos a publicarlas. La otra comisaria de la exposición es Catherine Mayeur. Xavier Canonne es doctor en Historia del Arte por la Sorbona de París. En los años setenta conoció y frecuentó a los surrealistas belgas, y varios de ellos fueron grandes amigos suyos. Ha escrito numerosos libros y artículos dedicados a Armand Simon, Marcel Marién, Louis Scutenaire, Max Servais, Tom Gutt, Irène Hamoir y Robert Willems.

Foto de Nobyushi Araki


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Gatos y la increíble fotógrafa Jane Bown

Jane Bown y Mona, 2011, foto de Hugo Moss

La legendaria fotógrafa Jane Bown fue una retratista que siempre sorprendió a todos, legos y expertos, por la sencillez de su técnica. Fotografió a cientos de celebridades, desde el dramaturgo Samuel Beckett a la reina de Inglaterra, pasando por Bette Davis, Jane Mansfield, Dennis Hopper, Liza Minelli, Mick Jagger, Bono, Brassaï, Henri Cartier-Bresson, Margaret Thatcher, Orson Wells, Philip Larkin, Cocteau con el gato Karoun (https://gatosyrespeto.org/2015/07/17/el-gato-karoun-y-jean-cocteau). Su primer retrato, el del Premio Nobel Bertrand Russell, fue publicado por el diario Observer hace casi setenta años.

Jean Cocteau con el gato Karoun (1950)

Además de famosos, también fotografiaba gatos, a cualquier gato que se cruzaba en su camino. Algunas de esas fotos, cien para ser exactos, están recogidas en un libro titulado “Jane Bown: Cats”. Todas son en blanco y negro, no le gustaba el color, y aunque el Observer lanzó un suplemento a todo color en los años sesenta y le pidió que lo intentara, enseguida volvió al blanco y negro. El libro contiene retratos de gatos suyos, de amigos, callejeros, de exposición, jugando, comiendo, durmiendo, saltando. La portada es un retrato de la gata Tammy hecho en los años setenta.

La gata Tammy vuelve a aparecer con Tombola y Tom Gosling en 1985. En 2011, el fotógrafo Hugo Moss retrató a Jane Bown con su gata Mona, llamada así porque “gemía” (moan en inglés) constantemente en cuanto veía aparecer a Jane. Eso nos lleva pensar que Jane Bown vivió con varios gatos al mismo tiempo y con unos cuantos durante su vida.

Queenie y Dusty (Kent, Inglaterra, 1967)

Murió el 21 de diciembre de 2014 a los 80 años, después de haber trabajado durante 65 años para el Observer, desde 1949. Además de políticos, obispos, estrellas del pop, roqueros, actores, gatos y muchos más, también fotografió a muchísima gente cuya cara le interesaba. Realizó la mayoría de sus retratos durante los diez o quince minutos que el famoso concedía al periodista para una entrevista. Pequeña, discreta, aparecía detrás del periodista con una bolsa de la compra en la que a veces una cámara competía con las verduras que acababa de comprar para la cena.

Tombola, Tom Gosling y Tammy (Hampshire, Inglaterra,1985)

Intentaba pasar desapercibida, y la persona retratada apenas se daba cuenta de su presencia. Los Beatles y los Rolling Stones se enamoraron de ella y le concedieron mucho más tiempo que el permitido por sus agentes. John Lennon y Mick Jagger le parecieron encantadores; sin embargo, describió a Paul McCartney como “un poco pomposo”. A pesar de su aspecto, era una mujer con mucho carácter, como lo demuestra la increíble foto que consiguió de Richard Nixon arrastrándose a cuatro patas entre la muchedumbre delante de un hotel y gritándole que la mirara en el momento exacto.

Gato riendo (Italia, 1985)

Como hemos dicho antes, solo trabajaba en blanco y negro y con luz natural. En contadísimas ocasiones usaba una lámpara de mesa que también llevaba en la bolsa de la compra si la luz era realmente mala. Nunca usó flash ni un fotómetro. Su primera cámara fue una Rolleiflex, la segunda una Pentax, antes de encontrar a su amada Olympus con un objetivo de 85 mm. La velocidad siempre era la misma, 1/60, con una apertura de 2,8. Enfocaba a la cabeza de la persona, sobre todo los ojos, y conseguía aislarlos con enorme nitidez, dejando un fondo algo borroso.

El gatito de David Knopfler (1979)

Nació el 13 de marzo de 1925 en Dorset, Gran Bretaña. Su madre, una enfermera privada, se quedó embarazada de un paciente suyo. Jane Bown nunca supo el nombre de su padre, y sus cinco tías se turnaron para criarla. A los 18 años se unió al WREN (Servicio Femenino de la Marina Real) y trabajó como correctora de mapas, incluso para el Día D. Consiguió una beca al acabar la guerra y decidió estudiar fotografía a pesar de nunca haber tenido una cámara.

Londres, 1964

Se dedicó a hacer fotos de bodas hasta que un antiguo profesor la presentó a un colaborador del Observer, Mechthild Nawiasky. Este mostró el portafolio de Jane Bown al editor, a quien le impresionó la foto del ojo de una vaca y le encargó que fotografiara a Bertrand Russell.

Costa de Amalfi, Italia, 1956

Se casó con Martin Moss en 1954, el hombre que convirtió la zona de Knightsbridge en un atractivo lugar de compras. Vivieron en Alton, Hampshire, antes de mudarse a Alresford, también en el condado de Hampshire, a una casa que había pertenecido al hermano de Jane Austen.

Miss Wyatt (Fitzroy Square, Londres, 1978)

Hablaba a menudo de los personajes que retrataba con frases muy cortas, sobre todo si eran aburridos (según ella, Robert Redford lo era), pero muy pocas veces hacía comentarios de sus fotografías. Una vez dijo: “Las mejores fotos llegan por sorpresa. Aparecen de pronto. Las tienes delante un momento, y al siguiente han desaparecido”.

Penzance, Cornualles, 1960

Principios de los sesenta

A la pregunta de por qué nunca retrató a Tony Blair, contestó: “Oh, era un hombre difícil. No podía quedar con él. No sé si realmente había algo”. Fue nombrada miembro de la Orden del Imperio Británico en 1985, y Dama del Imperio Británico diez años después. Retrató a la Reina cuando esta tenía ochenta años y ella ya había cumplido ochenta y uno.

King’s Cross, Londres, 1979

Mercado de pescado (Milford Haven, 1979)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Protectora Cat Action Trust, 1980

 

 

A pesar de estar entre los grandes fotógrafos contemporáneos, el público en general solo la descubrió cuando el grupo empresarial de The Guardian compró el Observer y subió su archivo fotográfico online. La publicación en 2007 del libro “Unknown Bown 1947-1967” acabó de catapultarla a la fama. Expuso en dos ocasiones en la National Portrait Gallery y fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Southampton. En 2014, poco antes de su muerte, los cineastas Luke Dodd y Michael Whyte estrenaron el documental “Looking for Light” (En busca de la luz), acerca de su vida, que incluía entrevistas con algunas de las personas a las que había fotografiado.

Queenie (Kent, Inglaterra, 1964)


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Un gato sin nombre y el marchante Ambroise Vollard

Vollard y su gato

Hablando de Ambroise Vollard, Picasso dijo: “Ni de la mujer más bella se pintó, dibujó o grabó el retrato tan a menudo como el de Vollard”. Y nosotros añadiremos que, en muchas ocasiones, le acompañaba un gato. Incluso en el famoso cuadro “Homenaje a Cézanne”, realizado por Maurice Denis en 1900, se ve de izquierda a derecha en la galería del marchante a Odilon Redon, Édouard Vuillard, André Mellerio, Ambroise Vollard, el mismo Maurice Denis, Paul Sérusier, Paul-Elie Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, Marthe Denis, la esposa del pintor, y a un gato atigrado, en el suelo debajo del caballete, que se parece mucho al que acaricia el galerista en numerosas fotografías.

Homenaje a Cézanne, de Maurice Denis

Detalle

A finales de julio de 1939, en vísperas de la II Guerra Mundial, un Talbot descapotable conducido por un chófer se dirigía hacia París. El famoso galerista Ambroise Vollard, de 73 años de edad, iba sentado en el asiento trasero. Parece ser que el coche dio varias vueltas de campana después de deslizarse por la carretera mojada y ambos pasajeros murieron. Sus cuerpos no fueron hallados hasta el día siguiente. Había desaparecido el descubridor de un sinfín de pintores, empezando por Cézanne. Natural de la isla de la Reunión, en el océano Índico, llegó a París en 1895, a los 21 años, para estudiar Derecho.

Ambroise Vollard en 1938

En su autobiografía reconoce que descubrir esos cuadros de colores irisados y brillantes del primer momento del impresionismo fue “como si me golpearan en el estómago”. Al año dejó los estudios de Derecho y organizó una primera exposición para Cézanne, entonces casi desconocido y considerado como un loco, en un local muy modesto de la calle Laffitte de París. Volvemos a citar al marchante: “Era menospreciado hasta por la vanguardia. Le compré 150 cuadros de golpe, casi todo lo que había pintado”.

Cézanne y Vollard

Y sigue diciendo en sus memorias: “Me gasté todo el dinero que tenía. Me pregunté si mi osadía no iba a llevarme a la ruina. Ni siquiera me quedaba bastante dinero para enmarcar correctamente los cuadros”. Pero la exposición fue un éxito, les catapultó a los dos a la fama y cimentó una profunda amistad entre ambos. Fue el galerista de Gauguin, Picasso (para quien organizó su primera exposición en París) y Matisse, además de vender obras de Rouault, Derain y de todos los fauvistas, así como de Degas, Renoir, Monet y Manet, entre otros muchos.

Una esquina del despacho de Vollard

No solo compraba obras de arte, también apoyaba los trueques. Según sus meticulosos libros de contabilidad, Picasso intercambió cuadros suyos por otros de Degas y Matisse; Degas y Renoir por algunos de Cézanne. Kandinsky quería un cuadro del Aduanero Rousseau, pero no podía permitírselo y dio varios cuadros suyos a cambio. En 1913, Matisse compró “Las tres bañistas”, de Cézanne, con el anillo de esmeraldas de su esposa.

Vollard, por Pablo Picasso

Aunque algunos artistas se quejaron de que los explotó, la gran mayoría le apreciaban y querían, como demuestra el sinfín de retratos que le hicieron. La galería se convirtió en uno de los focos de la vida bohemia parisina de la época. Organizaba cenas donde servía platos de su isla natal, como el curry criollo, a sus invitados. El fotógrafo Brassaï (https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/) dijo en una ocasión: “Eran fiestas muy alegres, hablábamos, discutíamos y planeábamos el futuro del arte”.

Cena en el sótano de la galería

Cuando murió, más de diez mil obras de arte llenaban su mansión de la calle Martignac, en París. Parece ser que todas las habitaciones excepto dos, el dormitorio y el comedor, estaban llenas de cuadros y esculturas. Entre sus clientes había grandes coleccionistas, entre ellos Gertrude Stein y su hermano Leo, Ivan Morozov, Sergei Shchukin y el estadounidense Barnes. Al no haber hecho testamento, su magnífica colección fue repartida entre varios herederos. Algunos cuadros acabaron, con los años, en los grandes museos internacionales, otros en colecciones privadas y muchos desaparecieron para siempre.

Vollard, por Pierre Bonnard

Detalle

Desde 1938, el secretario del marchante era Erich Šlomović, un universitario yugoslavo. En septiembre de 1939, cuando Francia declaró la guerra a Alemania, este último almacenó unas ciento cincuenta obras en el banco Société Génerale de París y se llevó otras trescientas cincuenta a Zagreb para montar una exposición, tal como Vollard le había pedido. Šlomović fue asesinado por los nazis en 1942 a los 27 años. El banco obtuvo una orden judicial para abrir la caja fuerte y puso en venta el contenido, pero los herederos de Vollard y de Šlomović entablaron un proceso judicial contra la entidad. Ciento cuarenta y una obras fueron vendidas en junio de 2010 por Sotheby’s en París y Londres. Las otras trescientas cincuentas piezas que llevó a Belgrado se encuentran ahora en el Museo Nacional de esta ciudad, aunque también son objeto de litigio.

Vollard, por Pablo Picasso

El resto de los cuadros se dividió entre Madeleine de Galea, la supuesta amante del marchante, y su hermano Lucien Vollard, que nombró albacea a Martin Fabiani, acusado años después de vender las obras de arte robadas por los nazis a aventureros, mafiosos y altos funcionarios de la Francia ocupada. Una pequeña parte de la colección está en el Museo Léon Dierx de Saint-Denis, en la Reunión, gracias a las donaciones que el propio Vollard hizo en 1912 y su hermano en 1947. Además, después de la I Guerra Mundial, Vollard donó numerosos cuadros a museos franceses cuando decidió cerrar su galería y seguir vendiendo desde su casa.

Vollard con gato dibujado por Pierre Bonnard

También dedicó tiempo a publicar libros ilustrados por sus pintores favoritos. Uno de los primeros fue el famoso “Dafnis y Cloe”, ilustrado por su gran amigo Bonnard. Fue el autor de dos manuscritos sobre Renoir y Cézanne, además de sus memorias, “Souvenirs d’un marchand de tableaux” (Recuerdos de un marchante de cuadros).

Vollard, por Pierre Bonnard

Le gustaban los gatos. Si no fuera así, Bonnard y Picasso no le habrían retratado con uno en brazos, y Brassaï tampoco le habría fotografiado sujetando a otro empeñado en escaparse.

Vollard fotografiado por Brassaï en 1934


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La gata Chiro, Yoko Aoki y el fotógrafo Nobuyoshi Araki

Nobuyoshi Araki empezó a hacer fotos profesionalmente en 1963 y desde entonces ha publicado más de 450 libros de fotografía sobre el erotismo, la vida, la muerte, dinosaurios de plástico y su gata Chiro. De hecho, nadie se ha atrevido aún a catalogar las decenas de miles de fotografía realizadas por él.

 

En 2017

En 2016, el Museo Guimet, o Museo Nacional del Arte Asiático, de París, le dedicó una retrospectiva que consistía en 400 fotografías fechadas entre 1965 y 2016 sobre sus temas favoritos, uno de los cuales, el kinbaku (el arte de la cuerda), le convirtió en un artista controvertido y no apreciado por todos. Han llegado a tacharle de “pornógrafo” por sus fotos de mujeres desnudas o semidesnudas atadas o suspendidas con cuerdas. Sin embargo, el kinbaku no tiene nada que ver con el “bondage” occidental; se basa en una técnica que empleaban los samuráis para inmovilizar a sus prisioneros y que requiere una gran destreza.

Nabuyoshi Araki nació el 25 de mayo de 1940 en Tokio. Desde pequeño se interesó por la fotografía y a los 23 años se licención en Fotografía y Realización Cinematográfica en la Universidad de Chiba. Poco después se presentó al concurso Satchin, ganando el prestigioso Premio Taiyo. En esa época se dedicaba sobre todo a la crítica social fotografiando a los habitantes de los barrios más pobres de la ciudad. Fue contratado por la prestigiosa agencia Dentsu, donde en 1968 conoció a Yoko Aoki, que en unos años después se convertiría en su esposa y musa. Llegó a gastar 80 carretes diarios fotografiándola.

En 1971 decidió darse a conocer más allá de la agencia y publicó con su propio dinero el libro “Viaje sentimental”, un retrato del comienzo de su vida matrimonial con Yoko, que mandó a amigos, críticos y también a desconocidos vinculados o no a la fotografía. La idea dio sus frutos y un año después empezó a trabajar por su cuenta. Llegaron exposiciones, se editaron más libros y “el genio Araki” (como le llaman) se hizo famoso.

En principio, el fotógrafo no era amante de los gatos, pero Yoko siempre había vivido con alguno, y un día de marzo de 1988 volvió a casa con una gatita. Chiro, así se llamaba, no tardó en conquistar a Araki ofreciéndole las lagartijas que cazaba en la terraza de la casa, frotándose contra sus piernas, siguiéndole por todas partes, en fin, haciendo todo lo que un gato sabe hacer cuando decide ser aceptado. Y así fue, Araki se enamoró por segunda vez y empezó a hacer cientos de fotos de Chiro.

Dos años después, en 1990, después de 20 años de matrimonio, Yoko falleció de un cáncer de ovarios. El fotógrafo documentó los últimos meses de su esposa y reeditó “Un viaje sentimental/Viaje invernal” en 1991 con las últimas fotografías de la que había sido su musa y que había jugado un papel fundamental ayudándole a explorar dos temas centrales de su obra, Eros o el deseo, y Tánatos o la muerte.

La relación entre Chiro y Araki se hizo cada vez más fuerte. La gata vivió con el fotógrafo durante 22 años, hasta que murió el 2 de marzo de 2010. Y también publicó un libro documentando la vida y la muerte de Chiro, “Itoshi no Chiro” (Preciosa Chiro). En una entrevista, el fotógrafo recuerda a su amada gata: “De hecho, viví más tiempo con Chiro que con Yoko”.

Y sigue diciendo: “Chiro se sentaba en mi regazo y le encantaba que le leyera pasajes de “Soy un gato”, de Natsume Soseki (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/ ). Chiro no soportaba que la fotografiara mientras hacía pis en su caja, lo odiaba. Cuando Yoko estaba hospitalizada, Chiro esperaba conmigo a que regresara. Los dos contemplábamos el cielo de poniente”.

“Siempre que hacia fotos en la terraza, Chiro aparecía entre mis piernas. Gracias a su presencia, la terraza se convirtió en un paraíso privado para mí. Cuando me duchaba, me bastaba con abrir la puerta y llamar a Chiro muy bajito. Enseguida aparecía. Esperaba a que terminara de ducharme, luego se metía en la bañera y daba unos lametazos. Pero ya no está. Todavía sigo llamándola con la esperanza de que aparezca”.

El libro sobre Chiro fue publicado cuando el fotógrafo tenía 70 años, cerrando el círculo que abrió veinte años antes con “Viaje sentimental”. Es el final del viaje de Chiro con Araki, pero en cierto modo también es un nuevo comienzo.

Hablando de las últimas semanas de vida de su gata, dice: “Incluso cuando estaba dormida, Chiro se despertaba y me miraba si volvía la cámara hacia ella. Miraba el objetivo con gran intensidad y tenía la impresión de que sus ojos se humedecían. Cuando eso ocurría, me partía el corazón”.

Una vez, alguien le preguntó por qué seguía haciendo fotos de la ausencia de Chiro, y contestó: “Chiro y yo estuvimos juntos desde que mi esposa Yoko falleció. Chiro entraba cada mañana en mi habitación para despertarme y se ponía aquí (señala una foto pegada a la puerta). Bebía agua aquí cuando yo estaba en la bañera (señala otra foto), pero ahora todo esto se ha ido. Este libro no es un réquiem para mí ni para mi trabajo, pero sí lo es para Chiro. Y para la fotografía analógica”.

En 2016, además de la mencionada retrospectiva en París, también tuvo dos importantes exposiciones en Tokio, “Viaje sentimental: todas las hojas de contacto”, en la Galería IMA, y “Nobuyoshi Araki: Foto – Un anciano loco cumple 76 años”, en la Galería Taka Ishii.