Gatos y Respeto

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El gato Miton y Marie Dormoy

Hace poco publicamos una entrada acerca de Ylla, la fotógrafa de animales (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/), donde mencionábamos un libro dedicado al gato Miton con fotos suyas y prólogo de Paul Léautaud. Miton era el gato de Marie Dormoy, que le dedicó este pequeño libro de 27 páginas, publicado en una tirada de 150 ejemplares numerados por la Editorial Spirales de París en 1948, dos años después de la muerte de su protagonista.

Comiendo hierba en el balcón

 

Cuando la nevera no está bien cerrada

En el prefacio, Léautaud relata cómo Miton llegó a casa de Marie Dormoy con tres meses y fue inmediatamente depositado en el sofá. “Creció como crecen los gatos, descubrió uno a uno todos los detalles de la existencia de un gato y no tardó en hacerse con el piso de su dueña. A fin de cuentas tuvo una vida feliz, si un gato, yo mismo lo reconozco, puede tener una vida feliz después de librado, mediante una operación, de las ocupaciones del amor – y también de sus peligros, es verdad – y de la libertad”.

El libro

 

Encuentra algún resto

Cada verano, cuando Marie Dormoy se iba de vacaciones, Miton era trasladado a la casa de Léautaud, rodeada por dos mil metros cuadrados de jardín agreste lleno de árboles, y poblada por unos veinte o veinticinco congéneres gatunos. Su dueña le prohibía a Léautaud soltarlo en el jardín, por lo que ataba a Miton a un poste con tres o cuatro metros de cuerda que le permitía trepar al árbol más cercano. El escritor cuenta que Miton, un gato burgués, era de lo más sociable con los otros gatos, todos recogidos en la calle. Incluso la mona – Léautaud había recogido a una mona – se llevaba a las mil maravillas con él.

Miton era hijo de una princesa persa carey y de un callejero negro, dueño y señor de los jardines del Trocadero. La gata persa, llamada Hortense, vivía en un hogar rico, pero se escapó y eligió la casa de una portera de la calle Franklin. Devuelta a sus legítimos dueños, volvió a fugarse y a refugiarse en la portería. Efectivamente, la libertad de que disfrutaba en un edificio de nueve pisos, con escaleras, patio y acceso directo a la calle, no era comparable a un piso, por muy amplio y lujoso que fuera. Dio a luz a dos bolas peludas, una gris y otra dorada. La bola dorada era Miton, trasladado en una sombrerera desde la portería al piso de Marie Dormoy.

Esperando que le abran la puerta

A primera hora de la mañana, Miton exigía que se le abriese la puerta del balcón para ir a mordisquear su tiesto de hierba. Daba igual que Marie estuviese dormida, se encargaba de despertarla. A continuación reclamaba el desayuno, pero si primero encontraba el bol de leche de su dueña, no dudaba en hacerlo suyo. Si un armario se quedaba abierto, inspeccionaba el contenido con paciencia y tiraba al suelo lo que le molestaba hasta hacerse un hueco a su gusto.

Haciendo uso de la pata derecha

Marie Dormoy le acostumbró a viajar. Incluso le llevó a Vichy a tomar las aguas, algo muy de moda en aquella época. Parece ser que se hizo famoso entre los bañistas al llegar cada mañana a las fuentes donde también bebía el agua bienhechora. La acompañó cuando huyo de París ante la llegada de los alemanes y regresó a la capital con la firma del armisticio. Miton era amable con los amigos de Marie, pero si esta cambiaba de opinión, Miton se volvía arisco y los ignoraba. Cuánta razón tenía Marie Dormoy al decir: “Divino instinto de los animales, prueba innegable de su afecto”.

El gato Miton murió el 14 de marzo de 1946 a la edad de dieciséis años. Marie Dormoy y Paul Léautaud lo enterraron en el “Parque de los lobos”, la casa que el escritor Chateaubriand compró a las afueras de París cuando Napoleón le prohibió residir en la capital.

El parque donde está enterrado Miton

Pero hablemos de Marie Dormoy, una mujer desconocida que tuvo una gran importancia en las letras francesas. Nació el 3 de noviembre de 1886 y a los 15 años se enamoró del compositor Lucien Michelot, uno de los primeros accionistas de la revista literaria Mercure de France, que le comunicó el amor por la música y la literatura. En 1921, cuando ya tenía 35 años, conoció al arquitecto Auguste Perret y se convirtió en su amante. Empezó a escribir muy buenos artículos sobre arquitectura, y uno de ellos, publicado en 1922 en Mercure de France, propició su encuentro con Paul Léautaud, que acababa de sacar a la luz un extracto del “Journal” (Diario) en la revista. A partir de ese momento, Marie Dormoy consagró su vida a la enorme obra que representaba el “Journal”.

Marie Dormoy y el gato Miton

Obtuvo el Premio Langlois de la Academia Francesa en 1927 por su traducción íntegra de “Cartas de Miguel Ángel”. En 1924, el modisto y mecenas Jacques Doucet la contrató como bibliotecaria de la enorme colección de manuscritos, correspondencia, volúmenes y archivos que coleccionaba, puesto previamente ocupado por André Breton. Unos años después de fallecer Doucet, fue la primera conservadora de la Biblioteca Literaria Jacques Doucet, legada a la Universidad de París, desde 1932 a 1956.

Marie Dormoy y Paul Léautaud

A partir de 1930 trabajó como secretaria del famoso marchante de arte Ambroise Vollard – a quien también le gustaban los gatos – hasta la muerte de este en 1939. La relación amorosa con Léautaud empezó en 1933. Formaban una pareja dispar; Marie era una apasionada de los conciertos y del teatro, le gustaba salir y cenar con amigos, incluso tenía un coche, algo inusitado para una mujer en aquella época, y Léautaud era un solitario que odiaba la sociedad. Pero les unía la enorme admiración que Marie sentía por los escritos del viejo gruñón y probablemente un profundo amor por los gatos.

Pidiendo comida

Marie Dormoy siempre luchó para salvar el manuscrito del “Journal” y en 1935 consiguió convencer al escritor de que le dejara pasar a máquina varias miles de hojas escritas con pluma de ganso en una letra casi ilegible. En 1940, no solo se encargó de poner a salvo los archivos de la Biblioteca Doucet, sino también el “Journal”, en el castillo de Poligny, en Normandía.

Portada del libro

 

Saciando su sed

Por fin, en 1943 convenció a Léautaud para que vendiera el manuscrito del “Journal”, que llevaba 47 años escribiendo. Su relación con él terminó en 1939, pero siguieron siendo grandes amigos y también consiguió que el escritor aceptara publicar el primer tomo de “El diario literario” en Mercure de France en 1954. El segundo apareció en 1955 y el tercero en 1956, dos meses después de la muerte de Léautaud. Convertida en su heredera universal, dedicó más de nueve años a la publicación de los dieciséis tomos restantes.

Marie Dormoy escribió sus “Memorias”, pero aún no han sido publicadas. Falleció el 5 de mayo de 1974 a los 87 años.

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Los gatos de Ylla, la fotógrafa de animales

En palabras del fotógrafo Charles Rado, fundador de la agencia Rapho en París, Ylla fue “una de las fotógrafas de animales más hábiles y entregadas; eran su vida, los amaba a todos”. Y según un artículo de la revista The New Yorker publicado el 14 de febrero de 1942, con ocasión de una exposición en la galería Weyher que incluía 29 fotografías de Ylla, “nunca ha fotografiado a un ser humano”. El artículo también indica que la fotógrafa usaba una Rolleiflex con una velocidad de exposición de 1/100 en interiores y 1/300 en exteriores.

Pero ¿quién fue la mujer que dedicó su vida a fotografiar animales de todo tipo, gatos, perros, ratones, serpientes, pájaros, animales de granja, en la selva? Daba igual mientras fuera un animal.

Retrato de Ylla, por Ergy Landau

Camilla Koffler nació en Viena el 16 de agosto de 1911 de madre serbia y de padre rumano, ambos de nacionalidad húngara. Durante la Primera Guerra Mundial viajó a pie entre Hungría, Rumanía y Yugoslavia, con las joyas de la familia cosidas en el cuello de piel del abrigo de su madre y dinero metido en sus zapatos. En 1919 ingresó en un internado alemán en Budapest, donde permaneció seis años. Se reunió con su madre en Belgrado y estudió escultura con Petar Palavičini en la Academia de Bellas Artes. Al descubrir que Camilla significaba “camello” en serbio, decidió cambiarse el nombre a Ylla. Su interés ya quedó patente realizando un bajorrelieve con animales y por su empeño en encontrar hogares para gatos y perros abandonados.

Se trasladó a París en 1931 para estudiar en la Académie Colarossi, mientras trabajaba como ayudante y retocadora para la gran fotógrafa húngara Ergy Landau, lo que la impulsó a dejar la escultura por la fotografía. Al año siguiente, durante unas vacaciones en una granja de Normandía, hizo fotografías de animales. Ergy Landau, al descubrirlas, se quedó impresionada y le organizó una exposición en la Galería de la Pléiade que fue todo un éxito, animándola a abrir un modesto estudio dedicado a la fotografía de animales.

Landau la introdujo en el entorno artístico de Montparnasse y conoció a Charles Rado, que empezó a hacerle publicidad para que tuviera encargos de editoriales.

Sus fotografías aparecieron en varias ediciones anuales de “Photographie”, en Francia, y de “Lilliput”, en Inglaterra. Publicó dos pequeñas colecciones de fotografías de gatos y perros en 1937, a las que siguió un año después su primer libro de importancia, “Petits et grands” (Pequeños y grandes), editado inmediatamente en Inglaterra y Estados Unidos. Ese mismo año colaboró con el biólogo Julian Huxley en su libro “Animal Language” (Lenguaje animal).

La Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi interrumpieron momentáneamente su trabajo. Consiguió un visado para Estados Unidos con la ayuda del periodista Varian Mackey Fry, que logró salvar a numerosos judíos y militantes antinazis desde Marsella. Emigró a Nueva York en 1941; poco tiempo después abrió un estudio y reanudó su colaboración con revistas, zoológicos y editoriales.

Entre 1944 y 1954 publicó diez libros, entre ellos el clásico “Animals”, con un texto de Julian Huxley, titulado en francés “Des bêtes…” y acompañado por un poema de Jacques Prévert. Algunos libros suyos estaban destinados a niños, y dos de ellos, “The Sleepy Lion” (El león dormilón) y “Two Little Bears” (Dos ositos), se convirtieron en clásicos y fueron traducidos a numerosos idiomas.

Por Marie Dormoy, prefacio de Paul Léautaud

En 1948 se publicó “Le chat Miton” (El gato Miton), con texto de Marie Dormoy, una introducción de Paul Léautaud (https://gatosyrespeto.org/2017/09/28/300-gatos-y-paul-leautaud/) y fotos del gato Miton – el gran amor de Marie Dormoy – realizadas por Ylla. Queda pendiente una entrada acerca del libro si conseguimos encontrar bastante información.

Viajó a África por primera vez en 1952, recorriendo Kenia y Uganda durante tres meses para fotografiar animales salvajes en su entorno que formarían parte de su libro “Animals in Africa” (Animales en África), con texto del paleoantropólogo Louis Seymour Bazett Leakey. Hasta entonces había trabajado con animales en zoos, pero al descubrir la emoción de fotografiarlos en su entorno natural, jamás volvió a fotografiar a uno en cautividad.

El director de cine Jean Renoir la convenció para que viajara a la India, por lo que Ylla mandó una copia de “Animales en África” al maharajá de Mysore, que la invitó a presenciar el festival Dasara en 1954. Unos meses después, el maharajá de Bharatpur la invitó a otro festival. El 30 de marzo de 1955, mientas fotografiaba una peligrosa carrera de carros tirados por novillos subida a un todoterreno, se cayó y sufrió una herida mortal.

Las fotografías realizadas en India fueron publicadas en dos libros, “Animals in India” (Animales en la India) y “The Little Lion” (El pequeño león). Además, el interés generado por su trabajo permitió a Charles Rado, antes de fallecer en 1970, realizar otras siete colecciones de fotografías de Ylla.

Hablando de su gran amiga Ylla, Julian Huxley dijo: “Creo que nadie ha fotografiado animales como ella. Era muy especial porque en sus fotos captaba una cualidad esencial de los animales, algo que fotógrafos más ortodoxos tienden a ignorar al esforzarse en obtener una representación más realista y compleja”.

Ylla no tenía familia y legó sus bienes y todo su archivo fotográfico, este último bajo la supervisión de Charles Rado, a Pryor Dodge, que se convertiría en un gran coleccionista, hijo de su mejor amigo, el bailarín y coreógrafo Roger Pryor Dodge.

Su vida inspiró al director y productor Howard Hawks para la película “Hatari!” (1962), interpretada por John Wayne y Elsa Martinelli. El cortometraje “Les pigeons du square” (Las palomas de la placita), de Jean Painlevé, está dedicado a su memoria.


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“Yo + gato” y “Gato sin mí”, de Wanda Wulz

Wanda con gato desconocido

En 1932, la fotógrafa Wanda Wulz superpuso dos imágenes, la suya y la de su gata blanca y negra Mucincina. El resultado fue una increíble fotografía que tituló “Yo + gato” en la que ambas se funden hasta formar una auténtica “cat woman” como no se había visto nunca ni ha vuelto a verse. Creemos que para tener esta idea, Wanda Wulz debía amar profundamente a los gatos.

Yo + gato

También incluimos dos retratos, de la fotógrafa y de la gata, titulados “Autorretrato” y “Gato sin mí”, con los que consiguió un resultado final que requería un gran conocimiento técnico.

Gato sin mí

 

Autorretrato

Nació en Trieste en 1903 – la ciudad pertenecía entonces al Imperio austrohúngaro -, hija de Carlo y nieta de Giuseppe, dos famosos retratistas de la época cuyo estudio había sido fundado en 1883.

Con Plunci

 

Anna Maria Baldussi con el gato Pippo

Nada más nacer, Wanda se convirtió en el objetivo de la cámara de su padre, y un par de años después, con la llegada de su hermana Marion, las dos fueron las modelos favoritas de la familia. Su relación con la fotografía fue algo innato, primero delante de la cámara y luego, en cuanto tuvieron edad suficiente, detrás de la cámara y revelando.

Las hermanas Wulz

 

Pippo en palangana

A la muerte de su padre Carlo en 1928, las dos hermanas se hicieron cargo del estudio y siguieron con la tradición familiar: retratos, paisajes y encargos de fábricas y empresas instaladas en la entonces boyante ciudad. A pesar de que Marion se inclinaba más por la pintura, como lo demuestran las acuarelas y óleos suyos que se han conservado, no tuvo inconveniente en echar una mano a su hermana, sobre todo en lo que mejor se le daba: retocar fotografías en el cuarto oscuro.

Pippo jugando (1930)

Wanda fue el único miembro de la familia que intentó buscar un estilo propio. Fascinada por el dinamismo fotográfico de los hermanos Bragaglia, empezó a experimentar con fotomontajes y acabó creando imágenes de gran dinamismo y calidad.

Wanda adolescente con gato, fotografiada por Carlo

En 1932 participó en una exposición de arte futurista en Trieste donde conoció al famoso ideólogo del futurismo y editor Filippo Tommaso Marinetti, que la alentó a seguir experimentando y la ayudó a exponer en otras ciudades. A partir de entonces y hasta finales de los años treinta se dedicó a la fotografía vanguardista mezclando diversas técnicas y obteniendo resultados sorprendentes, convirtiéndose en la única fotógrafa italiana de la época de renombre internacional.

Wanda bebé, fotografiada por su padre

Un poco antes de la II Guerra Mundial abandonó la experimentación para dedicarse únicamente a la fotografía clásica, pero no ha quedado constancia del motivo de esta decisión, sobre todo porque su obra era muy conocida. ¿Pensó que el auge del fascismo en Italia podría acarrearle problemas si seguía en el camino vanguardista? Continuó trabajando con Marion hasta el año 1981, cuando cerraron el estudio y entregaron su enorme archivo fotográfico al Museo Nacional de Fotografía de los hermanos Alinari.

Wanda con Plunci

Wanda y Marion pertenecían a una auténtica dinastía de fotógrafos que desapareció con ellas. Y tenían gatos, como lo demuestran algunas fotografías. Además de Mucincina, cuya foto ha recorrido el mundo, estaban Pippo y Plunci. Pero hay muy poca información documentada acerca de las dos hermanas y de su vida, aparte de generalidades. Se sabe que Wanda nunca se casó y que falleció cuatro años después de que cerraran el estudio. Pero ¿y Marion? Si se casó, no tuvo hijos, ya que todo el legado fotográfico fue donado a los hermanos Alinari.

Sin embargo, la documentación gráfica suple ampliamente la carencia de documentos escritos. Como hemos dicho antes, las dos hermanas fueron fotografiadas por su padre desde su más tierna edad. Carlo documentó regularmente la vida de sus dos guapísimas hijas, empezando con la foto de Wanda en un cesto con el cartel “Paquete de cinco kilos”. Siguió fotografiándolas a medida que crecían, y aquí es donde encontramos la primera foto de Wanda adolescente con un gato blanco y negro. Hemos intentado descubrir si es la gata Mucincina que usó para el famoso retrato “Yo + gato”. Es posible que fotografiara a Mucincina años antes de crear la superposición.

Wanda y Marion

Hemos incluido algunas imágenes de Marion y Wanda, aunque no estén fotografiadas con gatos, sencillamente porque nos parecen muy bellas.

Pero pasando ya a los documentos gráficos gatunos, hay dos fotos de Wanda con un gato gris llamado Plunci, quizá hechas por Marion. Una foto realizada en los años cincuenta muestra a Ana Maria Baldussi con Pippo en brazos. Pippo también está fotografiado jugando y en una palangana. Está claro que Pippo vivió en casa con las dos hermanas. En otra foto se ve a Wanda con un gato desconocido, pero algo nos dice que quizá no sea ella. No hemos encontrado un fuente fidedigna con referencia a esta foto.


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Los gatos de Hong Kong

Marcel Heijnen es un fotógrafo amante de los gatos afincado en Hong Kong, ciudad a la que regresó después de una ausencia de 18 años: “Era la primera vez en 40 años que vivía sin la compañía de un gato, así que cuando descubrí a un gato sentado con gran dignidad en el mostrador de una tienda cerca de mi casa, decidí entrar a saludarle y, de paso, le hice unas cuantas fotos”.

Aquí añadiremos que Hong Kong es un lugar muy especial en lo que a gatos se refiere. En la mayoría de ciudades modernas hay leyes estrictas sobre la presencia de animales en tiendas, pero ni en la península ni en las islas de esa región se regula la presencia de los gatos, y campan alegremente en tiendas e incluso en restaurantes. Por eso se le ocurrió a Marcel Heijnen hacer una serie de fotos e incluirlas en el libro “Hong Kong Shop Cats” (Los gatos de las tiendas de Hong Kong), publicado en 2016 por Asia One Publishing. Además, las fotos se expusieron en la Blue Lotus Gallery en abril de ese mismo año.

Parece ser que los habitantes de Hong Kong creen que los gatos traen buena suerte, además de ser muy útiles a la hora de librar a las tiendas y trastiendas de roedores, por lo que forman parte íntegra de las familias dueñas de tiendas y pequeños negocios. Algunos son adoptados desde pequeños, pero otros llegan, se instalan y empiezan a “trabajar”.

Hay zonas con más gatos que otras; por ejemplo, los barrios de Sheung Wan y Sai Ying Pun cuentan con una elevada población felina. Marcel Heijnen explica que, en la mayoría de casos, encontró a sus modelos por casualidad, mientras recorría esas zonas. En una entrevista para el lanzamiento del libro, dijo: “Reconozco las tiendas donde hay gatos. Si viviese en un sitio más cercano a Central, probablemente nunca hubiera descubierto este fenómeno”. Sus amigos, al enterarse del proyecto, también le hablaron de tiendas en sus barrios.

Ahora bien, según el fotógrafo, la dificultad no residía en encontrar a los gatos, sino en fotografiarlos. La inmensa mayoría de felinos residentes en tiendas son amables, simpáticos y no dudan en acercarse al cliente para pedir caricias, pero no es tan fácil como parece sorprenderles “trabajando” o durmiendo la siesta. En palabras de Marcel Heijnen: “No tienen miedo de la gente, y en cuanto sienten que me fijo en ellos, se acercan en busca de atención. Adiós a la foto. Una solución es quedarme en la tienda el tiempo suficiente para que el gato y el dueño ya no se den cuenta de mi presencia; a veces llega un momento mágico, una especie de sincronía entre ellos dos”. Ya se sabe que es imposible conseguir que un gato pose.

El gato Dau Ding y su dueño

El primer gato al que Marcel Heijnen fotografió es Dau Ding, en la calle principal de Sai Ying Pun, con el que tiene una relación especial. Hablando del libro, comenta: “Espero que las personas que lo lean sonrían y descubran algo que no habían visto antes, la relación simbiótica y respetuosa entre humanos y felinos nacida de la necesidad práctica, pero construida sobre el afecto”.

Los gatos de Hong Kong no solo viven en tiendas, trastiendas y pequeños almacenes. Basta con recorrer a pie las zonas rurales de los llamados Nuevos Territorios para ver a gatos en cualquier esquina. También los hay en los mercados y alrededor de los puestos de comida, pero la mayoría de estos no tienen dueño y no se parecen mucho a los afables y bien alimentados gatos retratados por Marcel Heijnen.

Todas las fotos incluidas en este artículo fueron realizadas por Marcel Heijnen y aparecen en el libro “Hong Kong Shop Cats”, disponible en Amazon.


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Gatos de París y Robert Doisneau

París, la noche, los gatos (1954)

París, la noche, los gatos (1954)

Robert Doisneau fue uno de principales representantes de la fotografía humanista francesa con Willy Ronis, Edouard Boubat, Izis Bidermanas y Emili Savitry. De estos cuatro, solo Savitry parece que no se interesó por los gatos, pero sus tres compañeros retrataron a muchísimos.

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Doisneau nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly, en la periferia de París. Perdió a sus padres siendo muy joven y se crió con una tía poco afectuosa. Estudió Artes Gráficas y se licenció como grabador y litógrafo en 1929. En 1931 trabajó para el fotógrafo modernista André Vigneau, que le hizo descubrir la Nueva Objetividad fotográfica. Un año después vendió su primer reportaje al Excelsior, un diario que dejó de publicarse en 1940. La empresa Renault le contrató como fotógrafo industrial en 1934, pero acabaron despidiéndole cinco años después debido a sus habituales retrasos.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial conoció a Charles Rado, fundador de la agencia Rapho, donde trabajó hasta la declaración de la guerra. Estuvo en el ejército francés como soldado y fotógrafo hasta 1940; a partir de entonces y hasta 1945 usó sus conocimientos de grabador para falsificar carnés y pasaportes para la Resistencia.

Una vez acabada la guerra, reanudó el contacto con la agencia Rapho, de la que pasó a formar parte en 1946 y donde permaneció hasta el fin de su vida, incluso después de que Henri-Cartier Bresson le invitara a unirse a Magnum.

El gato blanco de la portera (1945)

El gato blanco de la portera (1945)

Sus reportajes abarcaron los temas más diversos: la actualidad parisina, los barrios populares de la capital, las provincias; y realizó fotos en el extranjero, la URSS, Estados Unidos, Yugoslavia y otros países. Su foto más famosa quizá fue “El beso en el Ayuntamiento”, publicada por Life, que incluimos aquí aunque no tenga nada que ver con gatos.

El beso ante el Ayuntamiento

El beso en el Ayuntamiento

Conoció al escritor Robert Giraud en 1947 y trabaron una gran amistad. Juntos publicaron tres libros entre 1950 y 1955. En total, el fotógrafo publicó unas treinta colecciones de fotos, entre las que destacaremos “La banlieue de Paris” (La periferia de París) en 1949, con textos del famoso escritor Blaise Cendrars.

Blaise Cendrars

Blaise Cendrars

 

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

Nos permitimos un inciso para añadir que este autor tenía un gato blanco llamado Legión porque había luchado en la legión francesa durante la Primera Guerra Mundial. En la contienda perdió el brazo derecho, tal como puede verse en las dos fotos que incluimos.

El más bello de la exposición (1946)

El más bello de la exposición (1946)

La revista Vogue le contrató en 1948, convencidos de que aportaría un toque de frescura a las fotos, pero Robert Doisneau no disfrutaba fotografiando a bellas mujeres en ambientes elegantes y se escapaba a las calles de París siempre que podía.

El niño, el gato y la paloma (1964)

El niño, el gato y la paloma (1964)

En los años sesenta fotografió a celebridades de la talla de Alberto Giacometti, Jean Cocteau, Fernand Léger, Georges Braque y Pablo Picasso, amantes de los gatos todos ellos. Fue amigo del poeta Jacques Prévert, otro enamorado de las calles como él y que dedicó poemas a los gatos.

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La identidad de la pareja del famoso beso fue un misterio hasta 1992, año en que los Lavergne, convencidos de que eran ellos, demandaron a Doisneau por haberles fotografiado sin su permiso, y no tuvo más remedio que decir los nombres de la pareja. Se trataba de Françoise Delbart y Jacques Carteaud, pero no los fotografió en aquel momento. Les vio besándose y se acercó a preguntar si les importaba volver a hacerlo para fotografiarles. Ambos querían ser actores y aceptaron encantados. La relación de la pareja solo duró nueve meses. En junio de 1950, cuando la revista Life publicó la foto, Doisneau le regaló a Françoise un original firmado y sellado como pago por su trabajo. En abril de 2005, ella vendió la foto por 155.000 euros a un coleccionista suizo en una subasta organizada por Artcurial Briest-Poulain-Le Fur.

El niño del gato

El niño del gato

Se dice de él que era un fotógrafo paciente que siempre mantuvo cierta distancia con los temas que escogía. Sus fotos destilan nostalgia, ironía y ternura. Supo atrapar instantes de la vida de los habitantes de París y de la periferia, artesanos, gente en cafés, sintecho, enamorados, barqueros y los gatos que se cruzaban en la vida de toda esta gente. Empezó utilizando cámaras Rolleiflex de formato 6×6, antes de pasar a la Nikon y la Leica 24×36.

Dijo: “No fotografío la vida tal como es, sino la vida tal como me gustaría que fuese”.

Se casó con Pierrette Chaumaison en 1936 y tuvieron dos hijas, Annette, nacida en 1942, y Francine, nacida en 1947. Annette fue su asistente a partir de 1974. Su esposa falleció en 1993 de Alzheimer y Parkinson.

Los gatos de los sintecho (1950)

Los gatos de los sintecho (1950)

El fotógrafo murió seis meses después, el 1 de abril de 1994, a los 82 años, de pancreatitis aguda y problemas de corazón. En palabras de su hija Annette: “Ganamos el pleito (por la foto de ‘El beso’), pero mi padre no lo superó. Descubrió un mundo de mentiras y le dolió profundamente. Si a eso añadimos la reciente muerte de mi madre, creo que no es injustificado decir que murió de pena”.

El fotógrafo

El fotógrafo

Era un hombre tímido y humilde, que seguía revelando y entregando personalmente sus obras a pesar de la fama. En una ocasión riñó a su hija Francine por haber pedido unos honorarios “indecentes” por una campaña publicitaria. Él quería cobrar lo mismo que un fotógrafo normal. “Es posible que si tuviera veinte años, el éxito conseguiría cambiarme. Pero soy un viejo dinosaurio de la fotografía”.

Los gatos de Bercy

Los gatos de Bercy

Fue galardonado con un sinfín de premios. En 1960 expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y en 1992 presentó una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Oxford.


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Los gatos de Wildcat Hill (Edward Weston)

Edward Weston

El libro “The Cats of Wildcat Hill” comprende fotografías realizadas por Edward Weston, así como textos suyos y de Charis Wilson, su compañera y colaboradora. Son fotos de los numerosos gatos que vivían en su casa situada a unos ocho kilómetros al sur de Carmel, California, y a la que llamaron “Wildcat Hill” (Monte gatos asilvestrados) por todos los gatos que decidieron asentarse allí. Hicieron construir la casa en una parcela perteneciente al padre de Charis en 1937. Es obvio que Edward Weston amaba a los gatos, y que su compañera compartía ese amor.

Portada del libro

Portada del libro

El libro fue publicado en 1947 por la editorial Duell, Sloan and Pearce. En circunstancias normales, antes de redactar una reseña sobre un libro, intentamos hacernos con él y leerlo. A veces solo conseguimos libros de segunda mano porque ya no se publican, pero algo encontramos. En este caso, solo existen ejemplares usados, pero nos detuvo el precio. Indagando en Internet descubrimos que el ejemplar más barato cuesta 125 dólares y el más caro, 2.500, sin gastos de envío. Pero después de mucho buscar, encontramos un enlace con unas pocas fotografías del libro que incluimos aquí, las enmarcadas con un título en inglés. Por cierto, el precio original del libro era de 3,75 dólares.

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“Wildcat Hill” consta de unas 90 páginas divididas en once capítulos, entre los que encontramos títulos como “Génesis”, el capítulo 1, claro. O también “Interludio aromático” (el cuarto), que casi no nos deja duda en cuanto a su contenido. Por las fotos deducimos que Edward Weston y Charis Wilson no esterilizaban a sus gatos. El sexto se llama “El fin de un tirano”, ¿uno de los gatos intentó dominar a los demás? Y el décimo, “Decadencia y caída”, que nos sume en un mar de dudas.

Nicky

Nicky

Reproducimos lo que quizá sea una de las primeras páginas del libro, con la foto de Nicky y una leyenda que reza: “Un personaje complejo y débil que padecía, entre otras cosas, de ofidiofobia”. A la izquierda de la foto, los axiomas de Nicky: 1. Cualquier gato nacido aquí está bien; 2. Hay que pelearse con cualquier gato que no haya nacido aquí, excepto si es muy grande, y 3. Hay que pelearse con cualquier gato que haya nacido aquí, pero que haya decidido irse aunque sea mi hermano, excepto si es muy grande.

Edward y Charis con gatos

Edward y Charis con gatos

También está la foto del “refugio” Frank Lloyd Wright, llamado así, suponemos, en honor al famoso arquitecto, a pesar de estar hecho de cajas de cartón. Hay que tener en cuenta que en Carmel no llueve mucho y tampoco hace frío.

Edward Weston está considerado uno de los maestros de la fotografía del siglo XX. Nació en Highland Park, Illinois, el 24 de marzo de 1886 y creció en Chicago. Tenía 20 años cuando fue a visitar a su hermana May a California y decidió quedarse. En 1909 se casó con Flora Chandler, que había heredado una suma de su padre y Weston pudo dedicarse completamente a la fotografía. Tuvieron cuatro hijos. Su estudio funcionaba bien y ganó varios premios profesionales. En 1913 conoció a Margarethe Mather, con la que mantuvo una intensa relación profesional y amorosa.

El refugio Frank Lloyd Wright

El refugio Frank Lloyd Wright

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En 1923 se trasladó a Ciudad de México y abrió un estudio con su asistente y amante Tina Modotti, que le sirvió durante varios años de modelo para sus desnudos. Allí conoció y fotografió a grandes artistas, como José Orozco, David Siqueiros y Diego Rivera. Regresó definitivamente a California en 1926 y expuso varias veces con su hijo Brett antes de dedicarse a lo que realmente le dio fama, la fotografía de objetos naturales, desnudos y paisajes.

Padre e hijo abrieron un estudio en San Francisco y al año siguiente se mudaron a Carmel, donde empezaron a fotografiar la zona de Punta Lobos. En 1932 fundó el grupo f/64 con Ansel Adams, Willard Van Dyke, Imogen Cunningham y Sonya Noskowiak.

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Johnny

Johnny

A principios de 1934 conoció en un concierto a Charis Wilson, cuya belleza y personalidad le cautivaron de inmediato, tanto que escribió: “Un nuevo amor ha entrado en mi vida, un maravilloso amor que, me parece, aguantará el paso del tiempo”.

Empezó a tener serias dificultades económicas a partir de 1935, año en que Charis Wilson consintió en vivir con él. Por suerte, en 1937 fue el primer fotógrafo que consiguió una beca Guggenheim, que ascendía a 2.000 dólares, lo que les permitió comprar un coche y pasar doce meses recorriendo Estados Unidos. Le otorgaron otra beca Guggenheim al año siguiente y usó parte del dinero para construir la casa de Wildcat Hill.

La casa

La casa

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La gatera

No se instalaron allí definitivamente hasta el ataque a Pearl Harbor en 1941, año en que se prohibió el acceso a Punta Lobos, donde había realizado la serie de magníficos desnudos de Charis. Entones se dedicó a fotografiar los alrededores de Wildcat Hill y a sus numerosos gatos.

Los gatos Bodieson, Sidney, Roger, Prince Kitt, John y Marco Polo (1944)

Los gatos Bodieson, Sidney, Roger, Prince, Kitt, John y Marco Polo (1944)

Los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, que acabaría impidiéndole trabajar, aparecieron en 1945. Empezó a alejarse emocionalmente de Charis y se separaron. Edward Weston volvió a Glendale para trabajar en el estudio que compartía con su hijo Brett. Sin embargo, a los pocos meses, Charis Wilson le vendió el terreno, y el fotógrafo regresó a Wildcat Hill junto a sus gatos.

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Sus últimas fotografías fueron tomadas en 1948 en Punta Lobos con la ayuda de sus hijos Brett y Cole, y de su asistente Dody Thompson, que se casó con Brett en 1952. Falleció en Wildcat Hill seis años después. Sus cenizas fueron esparcidas en la playa Pebbles de Punta Lobos, que posteriormente fue rebautizada como playa Weston.


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Los gatos de Ferdinando Scianna, un fotógrafo siciliano

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ferdinando-scianna“Una fotografía no es la creación del fotógrafo. Él se limita a abrir una pequeña ventana y a captarla. Entonces el mundo se inscribe en el negativo. El fotógrafo está más cerca de la lectura que de la literatura. Los fotógrafos leen el mundo”.

Son palabras de Ferdinando Scianna, nacido el 4 de julio de 1943 en Bagheria, Sicilia. A los diez años le regalaron una cámara, un gesto que marcó su destino. El hombre que acabó en la Agencia Magnum, el “Olimpo” de los fotógrafos, como la llaman, empezó fotografiando a sus compañeros de colegio, lo que le hizo muy popular según él mismo cuenta en una entrevista concedida a Mónica Cuende, de la revista El Duende, en 2006.

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Mientras estudiaba Literatura, Filosofía e Historia del Arte en la Universidad de Palermo, realizó un sinfín de fotos de las fiestas, de los acontecimientos de la isla y de sus personajes. Parte de estas fotos se publicaron en 1965 en el libro “Feste Religiose in Siciliai”, ganador del Premio Nadar 1988, que incluye un ensayo del escritor siciliano Leonardo Sciascia, en lo que fue su primera colaboración con una larga lista de literatos. Se trasladó a Milán en 1967 y al año empezó a trabajar para la revista L’Europeo, primero como fotógrafo y a partir de 1973 como periodista.

1982

1982

En 1977 se fue a París y trabajó redactando artículos políticos para Le Monde Diplomatique y sobre literatura y fotografía para La Quinzaine Littéraire. Ese mismo año publicó en Francia “Les Siciliens”, con textos de Dominique Fernandez y de su gran amigo Leonardo Sciascia, y en Italia “La villa dei mostri”, con una introducción de Sciascia. En esa época conoció a Henri Cartier-Bresson, que le había influenciado mucho en su juventud. Cartier-Bresson le introdujo en Magnum Photos en 1982 y se convirtió en miembro oficial de la agencia en 1989, el primer italiano y fotógrafo de moda que lo conseguía.

1986

1986

En esos siete años conoció y colaboró con numerosos escritores, entre ellos Manuel Vázquez Montalbán, que se encargó de la introducción de “Le Forme del Caos”. Descubrió España, especialmente Andalucía, gracias a Sciascia. Contribuyó de forma esencial en las campañas de Dolce e Gabbana de la segunda mitad de la década de los ochenta. Según él mismo dice, la fotografía de moda “me ayudó a borrar mis prejuicios y a descubrir algo fundamental para mi carrera, que la diferencia entre los retratos y las instantáneas era menos radical de lo que pensaba. Por mucho que alguien pose, siempre ocurre algo que no se puede calcular, y eso es la fotografía…todo pasa en un instante”.

1993

1993

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Volvió a explorar los rituales religiosos con “Viaggio a Lourdes” (1995) y dos años después publicó una serie de fotos de personas durmiendo, “Dormire forse sognare” (Dormir, quizá soñar). Sus retratos del escritor Jorge Luis Borges se publicaron en 1999, el mismo año que realizó la exposición “Niños del mundo”.

Jorge Luis Borges (1984)

Jorge Luis Borges (1984)

En 2002 terminó “Quelli di Bagheria”, un libro en torno a su ciudad natal en el que intenta reconstruir el ambiente de su juventud mediante escritos y fotografías de la ciudad y de sus habitantes.

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Liguria (Italia)

Roma 1981

Roma, 1981

Actualmente vive en Milán, donde regresó a finales de los ochenta. Dejó Sicilia en 1967 y no ha vuelto a vivir allí desde entonces. Sin embargo, en una entrevista concedida en 2010 a Lucia Magi, del diario El País, dice: “Puedo ver el mundo solo por el prisma de Sicilia”. Y un poco más abajo añade: “El amor por esa tierra siempre es oscuro, atormentado. A menudo obliga a poner distancias. Es bipolar, una continua contradicción entre afecto y rencor”.

Villa Palagonia Bagheria (Sicilia 1972)

Villa Palagonia, Bagheria, Sicilia, 1972

Ferdinando Scianna no hace muchas fotografías últimamente; se dedica sobre todo a digitalizar su inmensa colección de negativos. Ha publicado más de cincuenta libros, el último, “El espejo vacío: Fotografía, identidad y memoria”, en 2015.

No sabemos si tuvo un gato, ni si le gustaban los gatos, o si simplemente fotografió algunos gatos que se cruzaron en su camino. En otra entrevista realizada por Angela Madesani en Milán en enero de 1998, la periodista le dijo que durante toda su carrera había fotografiado animales y él contestó: “Los animales participan en nuestra vida. Forman parte del mundo real, como todo lo demás. Por eso, también los capta mi objetivo”. Creemos que merece la pena publicar las fotos de gatos realizadas por Ferdinando Scianna por su sencillez, espontaneidad y belleza.