Gatos y Respeto

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Un gato sin nombre y el marchante Ambroise Vollard

Vollard y su gato

Hablando de Ambroise Vollard, Picasso dijo: “Ni de la mujer más bella se pintó, dibujó o grabó el retrato tan a menudo como el de Vollard”. Y nosotros añadiremos que, en muchas ocasiones, le acompañaba un gato. Incluso en el famoso cuadro “Homenaje a Cézanne”, realizado por Maurice Denis en 1900, se ve de izquierda a derecha en la galería del marchante a Odilon Redon, Édouard Vuillard, André Mellerio, Ambroise Vollard, el mismo Maurice Denis, Paul Sérusier, Paul-Elie Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, Marthe Denis, la esposa del pintor, y a un gato atigrado, en el suelo debajo del caballete, que se parece mucho al que acaricia el galerista en numerosas fotografías.

Homenaje a Cézanne, de Maurice Denis

Detalle

A finales de julio de 1939, en vísperas de la II Guerra Mundial, un Talbot descapotable conducido por un chófer se dirigía hacia París. El famoso galerista Ambroise Vollard, de 73 años de edad, iba sentado en el asiento trasero. Parece ser que el coche dio varias vueltas de campana después de deslizarse por la carretera mojada y ambos pasajeros murieron. Sus cuerpos no fueron hallados hasta el día siguiente. Había desaparecido el descubridor de un sinfín de pintores, empezando por Cézanne. Natural de la isla de la Reunión, en el océano Índico, llegó a París en 1895, a los 21 años, para estudiar Derecho.

Ambroise Vollard en 1938

En su autobiografía reconoce que descubrir esos cuadros de colores irisados y brillantes del primer momento del impresionismo fue “como si me golpearan en el estómago”. Al año dejó los estudios de Derecho y organizó una primera exposición para Cézanne, entonces casi desconocido y considerado como un loco, en un local muy modesto de la calle Laffitte de París. Volvemos a citar al marchante: “Era menospreciado hasta por la vanguardia. Le compré 150 cuadros de golpe, casi todo lo que había pintado”.

Cézanne y Vollard

Y sigue diciendo en sus memorias: “Me gasté todo el dinero que tenía. Me pregunté si mi osadía no iba a llevarme a la ruina. Ni siquiera me quedaba bastante dinero para enmarcar correctamente los cuadros”. Pero la exposición fue un éxito, les catapultó a los dos a la fama y cimentó una profunda amistad entre ambos. Fue el galerista de Gauguin, Picasso (para quien organizó su primera exposición en París) y Matisse, además de vender obras de Rouault, Derain y de todos los fauvistas, así como de Degas, Renoir, Monet y Manet, entre otros muchos.

Una esquina del despacho de Vollard

No solo compraba obras de arte, también apoyaba los trueques. Según sus meticulosos libros de contabilidad, Picasso intercambió cuadros suyos por otros de Degas y Matisse; Degas y Renoir por algunos de Cézanne. Kandinsky quería un cuadro del Aduanero Rousseau, pero no podía permitírselo y dio varios cuadros suyos a cambio. En 1913, Matisse compró “Las tres bañistas”, de Cézanne, con el anillo de esmeraldas de su esposa.

Vollard, por Pablo Picasso

Aunque algunos artistas se quejaron de que los explotó, la gran mayoría le apreciaban y querían, como demuestra el sinfín de retratos que le hicieron. La galería se convirtió en uno de los focos de la vida bohemia parisina de la época. Organizaba cenas donde servía platos de su isla natal, como el curry criollo, a sus invitados. El fotógrafo Brassaï (https://gatosyrespeto.org/2015/11/26/los-gatos-y-los-fotografos-brassai/) dijo en una ocasión: “Eran fiestas muy alegres, hablábamos, discutíamos y planeábamos el futuro del arte”.

Cena en el sótano de la galería

Cuando murió, más de diez mil obras de arte llenaban su mansión de la calle Martignac, en París. Parece ser que todas las habitaciones excepto dos, el dormitorio y el comedor, estaban llenas de cuadros y esculturas. Entre sus clientes había grandes coleccionistas, entre ellos Gertrude Stein y su hermano Leo, Ivan Morozov, Sergei Shchukin y el estadounidense Barnes. Al no haber hecho testamento, su magnífica colección fue repartida entre varios herederos. Algunos cuadros acabaron, con los años, en los grandes museos internacionales, otros en colecciones privadas y muchos desaparecieron para siempre.

Vollard, por Pierre Bonnard

Detalle

Desde 1938, el secretario del marchante era Erich Šlomović, un universitario yugoslavo. En septiembre de 1939, cuando Francia declaró la guerra a Alemania, este último almacenó unas ciento cincuenta obras en el banco Société Génerale de París y se llevó otras trescientas cincuenta a Zagreb para montar una exposición, tal como Vollard le había pedido. Šlomović fue asesinado por los nazis en 1942 a los 27 años. El banco obtuvo una orden judicial para abrir la caja fuerte y puso en venta el contenido, pero los herederos de Vollard y de Šlomović entablaron un proceso judicial contra la entidad. Ciento cuarenta y una obras fueron vendidas en junio de 2010 por Sotheby’s en París y Londres. Las otras trescientas cincuentas piezas que llevó a Belgrado se encuentran ahora en el Museo Nacional de esta ciudad, aunque también son objeto de litigio.

Vollard, por Pablo Picasso

El resto de los cuadros se dividió entre Madeleine de Galea, la supuesta amante del marchante, y su hermano Lucien Vollard, que nombró albacea a Martin Fabiani, acusado años después de vender las obras de arte robadas por los nazis a aventureros, mafiosos y altos funcionarios de la Francia ocupada. Una pequeña parte de la colección está en el Museo Léon Dierx de Saint-Denis, en la Reunión, gracias a las donaciones que el propio Vollard hizo en 1912 y su hermano en 1947. Además, después de la I Guerra Mundial, Vollard donó numerosos cuadros a museos franceses cuando decidió cerrar su galería y seguir vendiendo desde su casa.

Vollard con gato dibujado por Pierre Bonnard

También dedicó tiempo a publicar libros ilustrados por sus pintores favoritos. Uno de los primeros fue el famoso “Dafnis y Cloe”, ilustrado por su gran amigo Bonnard. Fue el autor de dos manuscritos sobre Renoir y Cézanne, además de sus memorias, “Souvenirs d’un marchand de tableaux” (Recuerdos de un marchante de cuadros).

Vollard, por Pierre Bonnard

Le gustaban los gatos. Si no fuera así, Bonnard y Picasso no le habrían retratado con uno en brazos, y Brassaï tampoco le habría fotografiado sujetando a otro empeñado en escaparse.

Vollard fotografiado por Brassaï en 1934

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La gata Chiro, Yoko Aoki y el fotógrafo Nobuyoshi Araki

Nobuyoshi Araki empezó a hacer fotos profesionalmente en 1963 y desde entonces ha publicado más de 450 libros de fotografía sobre el erotismo, la vida, la muerte, dinosaurios de plástico y su gata Chiro. De hecho, nadie se ha atrevido aún a catalogar las decenas de miles de fotografía realizadas por él.

 

En 2017

En 2016, el Museo Guimet, o Museo Nacional del Arte Asiático, de París, le dedicó una retrospectiva que consistía en 400 fotografías fechadas entre 1965 y 2016 sobre sus temas favoritos, uno de los cuales, el kinbaku (el arte de la cuerda), le convirtió en un artista controvertido y no apreciado por todos. Han llegado a tacharle de “pornógrafo” por sus fotos de mujeres desnudas o semidesnudas atadas o suspendidas con cuerdas. Sin embargo, el kinbaku no tiene nada que ver con el “bondage” occidental; se basa en una técnica que empleaban los samuráis para inmovilizar a sus prisioneros y que requiere una gran destreza.

Nabuyoshi Araki nació el 25 de mayo de 1940 en Tokio. Desde pequeño se interesó por la fotografía y a los 23 años se licención en Fotografía y Realización Cinematográfica en la Universidad de Chiba. Poco después se presentó al concurso Satchin, ganando el prestigioso Premio Taiyo. En esa época se dedicaba sobre todo a la crítica social fotografiando a los habitantes de los barrios más pobres de la ciudad. Fue contratado por la prestigiosa agencia Dentsu, donde en 1968 conoció a Yoko Aoki, que en unos años después se convertiría en su esposa y musa. Llegó a gastar 80 carretes diarios fotografiándola.

En 1971 decidió darse a conocer más allá de la agencia y publicó con su propio dinero el libro “Viaje sentimental”, un retrato del comienzo de su vida matrimonial con Yoko, que mandó a amigos, críticos y también a desconocidos vinculados o no a la fotografía. La idea dio sus frutos y un año después empezó a trabajar por su cuenta. Llegaron exposiciones, se editaron más libros y “el genio Araki” (como le llaman) se hizo famoso.

En principio, el fotógrafo no era amante de los gatos, pero Yoko siempre había vivido con alguno, y un día de marzo de 1988 volvió a casa con una gatita. Chiro, así se llamaba, no tardó en conquistar a Araki ofreciéndole las lagartijas que cazaba en la terraza de la casa, frotándose contra sus piernas, siguiéndole por todas partes, en fin, haciendo todo lo que un gato sabe hacer cuando decide ser aceptado. Y así fue, Araki se enamoró por segunda vez y empezó a hacer cientos de fotos de Chiro.

Dos años después, en 1990, después de 20 años de matrimonio, Yoko falleció de un cáncer de ovarios. El fotógrafo documentó los últimos meses de su esposa y reeditó “Un viaje sentimental/Viaje invernal” en 1991 con las últimas fotografías de la que había sido su musa y que había jugado un papel fundamental ayudándole a explorar dos temas centrales de su obra, Eros o el deseo, y Tánatos o la muerte.

La relación entre Chiro y Araki se hizo cada vez más fuerte. La gata vivió con el fotógrafo durante 22 años, hasta que murió el 2 de marzo de 2010. Y también publicó un libro documentando la vida y la muerte de Chiro, “Itoshi no Chiro” (Preciosa Chiro). En una entrevista, el fotógrafo recuerda a su amada gata: “De hecho, viví más tiempo con Chiro que con Yoko”.

Y sigue diciendo: “Chiro se sentaba en mi regazo y le encantaba que le leyera pasajes de “Soy un gato”, de Natsume Soseki (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/ ). Chiro no soportaba que la fotografiara mientras hacía pis en su caja, lo odiaba. Cuando Yoko estaba hospitalizada, Chiro esperaba conmigo a que regresara. Los dos contemplábamos el cielo de poniente”.

“Siempre que hacia fotos en la terraza, Chiro aparecía entre mis piernas. Gracias a su presencia, la terraza se convirtió en un paraíso privado para mí. Cuando me duchaba, me bastaba con abrir la puerta y llamar a Chiro muy bajito. Enseguida aparecía. Esperaba a que terminara de ducharme, luego se metía en la bañera y daba unos lametazos. Pero ya no está. Todavía sigo llamándola con la esperanza de que aparezca”.

El libro sobre Chiro fue publicado cuando el fotógrafo tenía 70 años, cerrando el círculo que abrió veinte años antes con “Viaje sentimental”. Es el final del viaje de Chiro con Araki, pero en cierto modo también es un nuevo comienzo.

Hablando de las últimas semanas de vida de su gata, dice: “Incluso cuando estaba dormida, Chiro se despertaba y me miraba si volvía la cámara hacia ella. Miraba el objetivo con gran intensidad y tenía la impresión de que sus ojos se humedecían. Cuando eso ocurría, me partía el corazón”.

Una vez, alguien le preguntó por qué seguía haciendo fotos de la ausencia de Chiro, y contestó: “Chiro y yo estuvimos juntos desde que mi esposa Yoko falleció. Chiro entraba cada mañana en mi habitación para despertarme y se ponía aquí (señala una foto pegada a la puerta). Bebía agua aquí cuando yo estaba en la bañera (señala otra foto), pero ahora todo esto se ha ido. Este libro no es un réquiem para mí ni para mi trabajo, pero sí lo es para Chiro. Y para la fotografía analógica”.

En 2016, además de la mencionada retrospectiva en París, también tuvo dos importantes exposiciones en Tokio, “Viaje sentimental: todas las hojas de contacto”, en la Galería IMA, y “Nobuyoshi Araki: Foto – Un anciano loco cumple 76 años”, en la Galería Taka Ishii.


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El gato Miton y Marie Dormoy

Hace poco publicamos una entrada acerca de Ylla, la fotógrafa de animales (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/), donde mencionábamos un libro dedicado al gato Miton con fotos suyas y prólogo de Paul Léautaud. Miton era el gato de Marie Dormoy, que le dedicó este pequeño libro de 27 páginas, publicado en una tirada de 150 ejemplares numerados por la Editorial Spirales de París en 1948, dos años después de la muerte de su protagonista.

Comiendo hierba en el balcón

 

Cuando la nevera no está bien cerrada

En el prefacio, Léautaud relata cómo Miton llegó a casa de Marie Dormoy con tres meses y fue inmediatamente depositado en el sofá. “Creció como crecen los gatos, descubrió uno a uno todos los detalles de la existencia de un gato y no tardó en hacerse con el piso de su dueña. A fin de cuentas tuvo una vida feliz, si un gato, yo mismo lo reconozco, puede tener una vida feliz después de librado, mediante una operación, de las ocupaciones del amor – y también de sus peligros, es verdad – y de la libertad”.

El libro

 

Encuentra algún resto

Cada verano, cuando Marie Dormoy se iba de vacaciones, Miton era trasladado a la casa de Léautaud, rodeada por dos mil metros cuadrados de jardín agreste lleno de árboles, y poblada por unos veinte o veinticinco congéneres gatunos. Su dueña le prohibía a Léautaud soltarlo en el jardín, por lo que ataba a Miton a un poste con tres o cuatro metros de cuerda que le permitía trepar al árbol más cercano. El escritor cuenta que Miton, un gato burgués, era de lo más sociable con los otros gatos, todos recogidos en la calle. Incluso la mona – Léautaud había recogido a una mona – se llevaba a las mil maravillas con él.

Miton era hijo de una princesa persa carey y de un callejero negro, dueño y señor de los jardines del Trocadero. La gata persa, llamada Hortense, vivía en un hogar rico, pero se escapó y eligió la casa de una portera de la calle Franklin. Devuelta a sus legítimos dueños, volvió a fugarse y a refugiarse en la portería. Efectivamente, la libertad de que disfrutaba en un edificio de nueve pisos, con escaleras, patio y acceso directo a la calle, no era comparable a un piso, por muy amplio y lujoso que fuera. Dio a luz a dos bolas peludas, una gris y otra dorada. La bola dorada era Miton, trasladado en una sombrerera desde la portería al piso de Marie Dormoy.

Esperando que le abran la puerta

A primera hora de la mañana, Miton exigía que se le abriese la puerta del balcón para ir a mordisquear su tiesto de hierba. Daba igual que Marie estuviese dormida, se encargaba de despertarla. A continuación reclamaba el desayuno, pero si primero encontraba el bol de leche de su dueña, no dudaba en hacerlo suyo. Si un armario se quedaba abierto, inspeccionaba el contenido con paciencia y tiraba al suelo lo que le molestaba hasta hacerse un hueco a su gusto.

Haciendo uso de la pata derecha

Marie Dormoy le acostumbró a viajar. Incluso le llevó a Vichy a tomar las aguas, algo muy de moda en aquella época. Parece ser que se hizo famoso entre los bañistas al llegar cada mañana a las fuentes donde también bebía el agua bienhechora. La acompañó cuando huyo de París ante la llegada de los alemanes y regresó a la capital con la firma del armisticio. Miton era amable con los amigos de Marie, pero si esta cambiaba de opinión, Miton se volvía arisco y los ignoraba. Cuánta razón tenía Marie Dormoy al decir: “Divino instinto de los animales, prueba innegable de su afecto”.

El gato Miton murió el 14 de marzo de 1946 a la edad de dieciséis años. Marie Dormoy y Paul Léautaud lo enterraron en el “Parque de los lobos”, la casa que el escritor Chateaubriand compró a las afueras de París cuando Napoleón le prohibió residir en la capital.

El parque donde está enterrado Miton

Pero hablemos de Marie Dormoy, una mujer desconocida que tuvo una gran importancia en las letras francesas. Nació el 3 de noviembre de 1886 y a los 15 años se enamoró del compositor Lucien Michelot, uno de los primeros accionistas de la revista literaria Mercure de France, que le comunicó el amor por la música y la literatura. En 1921, cuando ya tenía 35 años, conoció al arquitecto Auguste Perret y se convirtió en su amante. Empezó a escribir muy buenos artículos sobre arquitectura, y uno de ellos, publicado en 1922 en Mercure de France, propició su encuentro con Paul Léautaud, que acababa de sacar a la luz un extracto del “Journal” (Diario) en la revista. A partir de ese momento, Marie Dormoy consagró su vida a la enorme obra que representaba el “Journal”.

Marie Dormoy y el gato Miton

Obtuvo el Premio Langlois de la Academia Francesa en 1927 por su traducción íntegra de “Cartas de Miguel Ángel”. En 1924, el modisto y mecenas Jacques Doucet la contrató como bibliotecaria de la enorme colección de manuscritos, correspondencia, volúmenes y archivos que coleccionaba, puesto previamente ocupado por André Breton. Unos años después de fallecer Doucet, fue la primera conservadora de la Biblioteca Literaria Jacques Doucet, legada a la Universidad de París, desde 1932 a 1956.

Marie Dormoy y Paul Léautaud

A partir de 1930 trabajó como secretaria del famoso marchante de arte Ambroise Vollard – a quien también le gustaban los gatos – hasta la muerte de este en 1939. La relación amorosa con Léautaud empezó en 1933. Formaban una pareja dispar; Marie era una apasionada de los conciertos y del teatro, le gustaba salir y cenar con amigos, incluso tenía un coche, algo inusitado para una mujer en aquella época, y Léautaud era un solitario que odiaba la sociedad. Pero les unía la enorme admiración que Marie sentía por los escritos del viejo gruñón y probablemente un profundo amor por los gatos.

Pidiendo comida

Marie Dormoy siempre luchó para salvar el manuscrito del “Journal” y en 1935 consiguió convencer al escritor de que le dejara pasar a máquina varias miles de hojas escritas con pluma de ganso en una letra casi ilegible. En 1940, no solo se encargó de poner a salvo los archivos de la Biblioteca Doucet, sino también el “Journal”, en el castillo de Poligny, en Normandía.

Portada del libro

 

Saciando su sed

Por fin, en 1943 convenció a Léautaud para que vendiera el manuscrito del “Journal”, que llevaba 47 años escribiendo. Su relación con él terminó en 1939, pero siguieron siendo grandes amigos y también consiguió que el escritor aceptara publicar el primer tomo de “El diario literario” en Mercure de France en 1954. El segundo apareció en 1955 y el tercero en 1956, dos meses después de la muerte de Léautaud. Convertida en su heredera universal, dedicó más de nueve años a la publicación de los dieciséis tomos restantes.

Marie Dormoy escribió sus “Memorias”, pero aún no han sido publicadas. Falleció el 5 de mayo de 1974 a los 87 años.


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Los gatos de Ylla, la fotógrafa de animales

En palabras del fotógrafo Charles Rado, fundador de la agencia Rapho en París, Ylla fue “una de las fotógrafas de animales más hábiles y entregadas; eran su vida, los amaba a todos”. Y según un artículo de la revista The New Yorker publicado el 14 de febrero de 1942, con ocasión de una exposición en la galería Weyher que incluía 29 fotografías de Ylla, “nunca ha fotografiado a un ser humano”. El artículo también indica que la fotógrafa usaba una Rolleiflex con una velocidad de exposición de 1/100 en interiores y 1/300 en exteriores.

Pero ¿quién fue la mujer que dedicó su vida a fotografiar animales de todo tipo, gatos, perros, ratones, serpientes, pájaros, animales de granja, en la selva? Daba igual mientras fuera un animal.

Retrato de Ylla, por Ergy Landau

Camilla Koffler nació en Viena el 16 de agosto de 1911 de madre serbia y de padre rumano, ambos de nacionalidad húngara. Durante la Primera Guerra Mundial viajó a pie entre Hungría, Rumanía y Yugoslavia, con las joyas de la familia cosidas en el cuello de piel del abrigo de su madre y dinero metido en sus zapatos. En 1919 ingresó en un internado alemán en Budapest, donde permaneció seis años. Se reunió con su madre en Belgrado y estudió escultura con Petar Palavičini en la Academia de Bellas Artes. Al descubrir que Camilla significaba “camello” en serbio, decidió cambiarse el nombre a Ylla. Su interés ya quedó patente realizando un bajorrelieve con animales y por su empeño en encontrar hogares para gatos y perros abandonados.

Se trasladó a París en 1931 para estudiar en la Académie Colarossi, mientras trabajaba como ayudante y retocadora para la gran fotógrafa húngara Ergy Landau, lo que la impulsó a dejar la escultura por la fotografía. Al año siguiente, durante unas vacaciones en una granja de Normandía, hizo fotografías de animales. Ergy Landau, al descubrirlas, se quedó impresionada y le organizó una exposición en la Galería de la Pléiade que fue todo un éxito, animándola a abrir un modesto estudio dedicado a la fotografía de animales.

Landau la introdujo en el entorno artístico de Montparnasse y conoció a Charles Rado, que empezó a hacerle publicidad para que tuviera encargos de editoriales.

Sus fotografías aparecieron en varias ediciones anuales de “Photographie”, en Francia, y de “Lilliput”, en Inglaterra. Publicó dos pequeñas colecciones de fotografías de gatos y perros en 1937, a las que siguió un año después su primer libro de importancia, “Petits et grands” (Pequeños y grandes), editado inmediatamente en Inglaterra y Estados Unidos. Ese mismo año colaboró con el biólogo Julian Huxley en su libro “Animal Language” (Lenguaje animal).

La Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi interrumpieron momentáneamente su trabajo. Consiguió un visado para Estados Unidos con la ayuda del periodista Varian Mackey Fry, que logró salvar a numerosos judíos y militantes antinazis desde Marsella. Emigró a Nueva York en 1941; poco tiempo después abrió un estudio y reanudó su colaboración con revistas, zoológicos y editoriales.

Entre 1944 y 1954 publicó diez libros, entre ellos el clásico “Animals”, con un texto de Julian Huxley, titulado en francés “Des bêtes…” y acompañado por un poema de Jacques Prévert. Algunos libros suyos estaban destinados a niños, y dos de ellos, “The Sleepy Lion” (El león dormilón) y “Two Little Bears” (Dos ositos), se convirtieron en clásicos y fueron traducidos a numerosos idiomas.

Por Marie Dormoy, prefacio de Paul Léautaud

En 1948 se publicó “Le chat Miton” (El gato Miton), con texto de Marie Dormoy, una introducción de Paul Léautaud (https://gatosyrespeto.org/2017/09/28/300-gatos-y-paul-leautaud/) y fotos del gato Miton – el gran amor de Marie Dormoy – realizadas por Ylla. Queda pendiente una entrada acerca del libro si conseguimos encontrar bastante información.

Viajó a África por primera vez en 1952, recorriendo Kenia y Uganda durante tres meses para fotografiar animales salvajes en su entorno que formarían parte de su libro “Animals in Africa” (Animales en África), con texto del paleoantropólogo Louis Seymour Bazett Leakey. Hasta entonces había trabajado con animales en zoos, pero al descubrir la emoción de fotografiarlos en su entorno natural, jamás volvió a fotografiar a uno en cautividad.

El director de cine Jean Renoir la convenció para que viajara a la India, por lo que Ylla mandó una copia de “Animales en África” al maharajá de Mysore, que la invitó a presenciar el festival Dasara en 1954. Unos meses después, el maharajá de Bharatpur la invitó a otro festival. El 30 de marzo de 1955, mientas fotografiaba una peligrosa carrera de carros tirados por novillos subida a un todoterreno, se cayó y sufrió una herida mortal.

Las fotografías realizadas en India fueron publicadas en dos libros, “Animals in India” (Animales en la India) y “The Little Lion” (El pequeño león). Además, el interés generado por su trabajo permitió a Charles Rado, antes de fallecer en 1970, realizar otras siete colecciones de fotografías de Ylla.

Hablando de su gran amiga Ylla, Julian Huxley dijo: “Creo que nadie ha fotografiado animales como ella. Era muy especial porque en sus fotos captaba una cualidad esencial de los animales, algo que fotógrafos más ortodoxos tienden a ignorar al esforzarse en obtener una representación más realista y compleja”.

Ylla no tenía familia y legó sus bienes y todo su archivo fotográfico, este último bajo la supervisión de Charles Rado, a Pryor Dodge, que se convertiría en un gran coleccionista, hijo de su mejor amigo, el bailarín y coreógrafo Roger Pryor Dodge.

Su vida inspiró al director y productor Howard Hawks para la película “Hatari!” (1962), interpretada por John Wayne y Elsa Martinelli. El cortometraje “Les pigeons du square” (Las palomas de la placita), de Jean Painlevé, está dedicado a su memoria.


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“Yo + gato” y “Gato sin mí”, de Wanda Wulz

Wanda con gato desconocido

En 1932, la fotógrafa Wanda Wulz superpuso dos imágenes, la suya y la de su gata blanca y negra Mucincina. El resultado fue una increíble fotografía que tituló “Yo + gato” en la que ambas se funden hasta formar una auténtica “cat woman” como no se había visto nunca ni ha vuelto a verse. Creemos que para tener esta idea, Wanda Wulz debía amar profundamente a los gatos.

Yo + gato

También incluimos dos retratos, de la fotógrafa y de la gata, titulados “Autorretrato” y “Gato sin mí”, con los que consiguió un resultado final que requería un gran conocimiento técnico.

Gato sin mí

 

Autorretrato

Nació en Trieste en 1903 – la ciudad pertenecía entonces al Imperio austrohúngaro -, hija de Carlo y nieta de Giuseppe, dos famosos retratistas de la época cuyo estudio había sido fundado en 1883.

Con Plunci

 

Anna Maria Baldussi con el gato Pippo

Nada más nacer, Wanda se convirtió en el objetivo de la cámara de su padre, y un par de años después, con la llegada de su hermana Marion, las dos fueron las modelos favoritas de la familia. Su relación con la fotografía fue algo innato, primero delante de la cámara y luego, en cuanto tuvieron edad suficiente, detrás de la cámara y revelando.

Las hermanas Wulz

 

Pippo en palangana

A la muerte de su padre Carlo en 1928, las dos hermanas se hicieron cargo del estudio y siguieron con la tradición familiar: retratos, paisajes y encargos de fábricas y empresas instaladas en la entonces boyante ciudad. A pesar de que Marion se inclinaba más por la pintura, como lo demuestran las acuarelas y óleos suyos que se han conservado, no tuvo inconveniente en echar una mano a su hermana, sobre todo en lo que mejor se le daba: retocar fotografías en el cuarto oscuro.

Pippo jugando (1930)

Wanda fue el único miembro de la familia que intentó buscar un estilo propio. Fascinada por el dinamismo fotográfico de los hermanos Bragaglia, empezó a experimentar con fotomontajes y acabó creando imágenes de gran dinamismo y calidad.

Wanda adolescente con gato, fotografiada por Carlo

En 1932 participó en una exposición de arte futurista en Trieste donde conoció al famoso ideólogo del futurismo y editor Filippo Tommaso Marinetti, que la alentó a seguir experimentando y la ayudó a exponer en otras ciudades. A partir de entonces y hasta finales de los años treinta se dedicó a la fotografía vanguardista mezclando diversas técnicas y obteniendo resultados sorprendentes, convirtiéndose en la única fotógrafa italiana de la época de renombre internacional.

Wanda bebé, fotografiada por su padre

Un poco antes de la II Guerra Mundial abandonó la experimentación para dedicarse únicamente a la fotografía clásica, pero no ha quedado constancia del motivo de esta decisión, sobre todo porque su obra era muy conocida. ¿Pensó que el auge del fascismo en Italia podría acarrearle problemas si seguía en el camino vanguardista? Continuó trabajando con Marion hasta el año 1981, cuando cerraron el estudio y entregaron su enorme archivo fotográfico al Museo Nacional de Fotografía de los hermanos Alinari.

Wanda con Plunci

Wanda y Marion pertenecían a una auténtica dinastía de fotógrafos que desapareció con ellas. Y tenían gatos, como lo demuestran algunas fotografías. Además de Mucincina, cuya foto ha recorrido el mundo, estaban Pippo y Plunci. Pero hay muy poca información documentada acerca de las dos hermanas y de su vida, aparte de generalidades. Se sabe que Wanda nunca se casó y que falleció cuatro años después de que cerraran el estudio. Pero ¿y Marion? Si se casó, no tuvo hijos, ya que todo el legado fotográfico fue donado a los hermanos Alinari.

Sin embargo, la documentación gráfica suple ampliamente la carencia de documentos escritos. Como hemos dicho antes, las dos hermanas fueron fotografiadas por su padre desde su más tierna edad. Carlo documentó regularmente la vida de sus dos guapísimas hijas, empezando con la foto de Wanda en un cesto con el cartel “Paquete de cinco kilos”. Siguió fotografiándolas a medida que crecían, y aquí es donde encontramos la primera foto de Wanda adolescente con un gato blanco y negro. Hemos intentado descubrir si es la gata Mucincina que usó para el famoso retrato “Yo + gato”. Es posible que fotografiara a Mucincina años antes de crear la superposición.

Wanda y Marion

Hemos incluido algunas imágenes de Marion y Wanda, aunque no estén fotografiadas con gatos, sencillamente porque nos parecen muy bellas.

Pero pasando ya a los documentos gráficos gatunos, hay dos fotos de Wanda con un gato gris llamado Plunci, quizá hechas por Marion. Una foto realizada en los años cincuenta muestra a Ana Maria Baldussi con Pippo en brazos. Pippo también está fotografiado jugando y en una palangana. Está claro que Pippo vivió en casa con las dos hermanas. En otra foto se ve a Wanda con un gato desconocido, pero algo nos dice que quizá no sea ella. No hemos encontrado un fuente fidedigna con referencia a esta foto.


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Los gatos de Hong Kong

Marcel Heijnen es un fotógrafo amante de los gatos afincado en Hong Kong, ciudad a la que regresó después de una ausencia de 18 años: “Era la primera vez en 40 años que vivía sin la compañía de un gato, así que cuando descubrí a un gato sentado con gran dignidad en el mostrador de una tienda cerca de mi casa, decidí entrar a saludarle y, de paso, le hice unas cuantas fotos”.

Aquí añadiremos que Hong Kong es un lugar muy especial en lo que a gatos se refiere. En la mayoría de ciudades modernas hay leyes estrictas sobre la presencia de animales en tiendas, pero ni en la península ni en las islas de esa región se regula la presencia de los gatos, y campan alegremente en tiendas e incluso en restaurantes. Por eso se le ocurrió a Marcel Heijnen hacer una serie de fotos e incluirlas en el libro “Hong Kong Shop Cats” (Los gatos de las tiendas de Hong Kong), publicado en 2016 por Asia One Publishing. Además, las fotos se expusieron en la Blue Lotus Gallery en abril de ese mismo año.

Parece ser que los habitantes de Hong Kong creen que los gatos traen buena suerte, además de ser muy útiles a la hora de librar a las tiendas y trastiendas de roedores, por lo que forman parte íntegra de las familias dueñas de tiendas y pequeños negocios. Algunos son adoptados desde pequeños, pero otros llegan, se instalan y empiezan a “trabajar”.

Hay zonas con más gatos que otras; por ejemplo, los barrios de Sheung Wan y Sai Ying Pun cuentan con una elevada población felina. Marcel Heijnen explica que, en la mayoría de casos, encontró a sus modelos por casualidad, mientras recorría esas zonas. En una entrevista para el lanzamiento del libro, dijo: “Reconozco las tiendas donde hay gatos. Si viviese en un sitio más cercano a Central, probablemente nunca hubiera descubierto este fenómeno”. Sus amigos, al enterarse del proyecto, también le hablaron de tiendas en sus barrios.

Ahora bien, según el fotógrafo, la dificultad no residía en encontrar a los gatos, sino en fotografiarlos. La inmensa mayoría de felinos residentes en tiendas son amables, simpáticos y no dudan en acercarse al cliente para pedir caricias, pero no es tan fácil como parece sorprenderles “trabajando” o durmiendo la siesta. En palabras de Marcel Heijnen: “No tienen miedo de la gente, y en cuanto sienten que me fijo en ellos, se acercan en busca de atención. Adiós a la foto. Una solución es quedarme en la tienda el tiempo suficiente para que el gato y el dueño ya no se den cuenta de mi presencia; a veces llega un momento mágico, una especie de sincronía entre ellos dos”. Ya se sabe que es imposible conseguir que un gato pose.

El gato Dau Ding y su dueño

El primer gato al que Marcel Heijnen fotografió es Dau Ding, en la calle principal de Sai Ying Pun, con el que tiene una relación especial. Hablando del libro, comenta: “Espero que las personas que lo lean sonrían y descubran algo que no habían visto antes, la relación simbiótica y respetuosa entre humanos y felinos nacida de la necesidad práctica, pero construida sobre el afecto”.

Los gatos de Hong Kong no solo viven en tiendas, trastiendas y pequeños almacenes. Basta con recorrer a pie las zonas rurales de los llamados Nuevos Territorios para ver a gatos en cualquier esquina. También los hay en los mercados y alrededor de los puestos de comida, pero la mayoría de estos no tienen dueño y no se parecen mucho a los afables y bien alimentados gatos retratados por Marcel Heijnen.

Todas las fotos incluidas en este artículo fueron realizadas por Marcel Heijnen y aparecen en el libro “Hong Kong Shop Cats”, disponible en Amazon.


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Gatos de París y Robert Doisneau

París, la noche, los gatos (1954)

París, la noche, los gatos (1954)

Robert Doisneau fue uno de principales representantes de la fotografía humanista francesa con Willy Ronis, Edouard Boubat, Izis Bidermanas y Emili Savitry. De estos cuatro, solo Savitry parece que no se interesó por los gatos, pero sus tres compañeros retrataron a muchísimos.

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Doisneau nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly, en la periferia de París. Perdió a sus padres siendo muy joven y se crió con una tía poco afectuosa. Estudió Artes Gráficas y se licenció como grabador y litógrafo en 1929. En 1931 trabajó para el fotógrafo modernista André Vigneau, que le hizo descubrir la Nueva Objetividad fotográfica. Un año después vendió su primer reportaje al Excelsior, un diario que dejó de publicarse en 1940. La empresa Renault le contrató como fotógrafo industrial en 1934, pero acabaron despidiéndole cinco años después debido a sus habituales retrasos.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial conoció a Charles Rado, fundador de la agencia Rapho, donde trabajó hasta la declaración de la guerra. Estuvo en el ejército francés como soldado y fotógrafo hasta 1940; a partir de entonces y hasta 1945 usó sus conocimientos de grabador para falsificar carnés y pasaportes para la Resistencia.

Una vez acabada la guerra, reanudó el contacto con la agencia Rapho, de la que pasó a formar parte en 1946 y donde permaneció hasta el fin de su vida, incluso después de que Henri-Cartier Bresson le invitara a unirse a Magnum.

El gato blanco de la portera (1945)

El gato blanco de la portera (1945)

Sus reportajes abarcaron los temas más diversos: la actualidad parisina, los barrios populares de la capital, las provincias; y realizó fotos en el extranjero, la URSS, Estados Unidos, Yugoslavia y otros países. Su foto más famosa quizá fue “El beso en el Ayuntamiento”, publicada por Life, que incluimos aquí aunque no tenga nada que ver con gatos.

El beso ante el Ayuntamiento

El beso en el Ayuntamiento

Conoció al escritor Robert Giraud en 1947 y trabaron una gran amistad. Juntos publicaron tres libros entre 1950 y 1955. En total, el fotógrafo publicó unas treinta colecciones de fotos, entre las que destacaremos “La banlieue de Paris” (La periferia de París) en 1949, con textos del famoso escritor Blaise Cendrars.

Blaise Cendrars

Blaise Cendrars

 

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

Nos permitimos un inciso para añadir que este autor tenía un gato blanco llamado Legión porque había luchado en la legión francesa durante la Primera Guerra Mundial. En la contienda perdió el brazo derecho, tal como puede verse en las dos fotos que incluimos.

El más bello de la exposición (1946)

El más bello de la exposición (1946)

La revista Vogue le contrató en 1948, convencidos de que aportaría un toque de frescura a las fotos, pero Robert Doisneau no disfrutaba fotografiando a bellas mujeres en ambientes elegantes y se escapaba a las calles de París siempre que podía.

El niño, el gato y la paloma (1964)

El niño, el gato y la paloma (1964)

En los años sesenta fotografió a celebridades de la talla de Alberto Giacometti, Jean Cocteau, Fernand Léger, Georges Braque y Pablo Picasso, amantes de los gatos todos ellos. Fue amigo del poeta Jacques Prévert, otro enamorado de las calles como él y que dedicó poemas a los gatos.

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La identidad de la pareja del famoso beso fue un misterio hasta 1992, año en que los Lavergne, convencidos de que eran ellos, demandaron a Doisneau por haberles fotografiado sin su permiso, y no tuvo más remedio que decir los nombres de la pareja. Se trataba de Françoise Delbart y Jacques Carteaud, pero no los fotografió en aquel momento. Les vio besándose y se acercó a preguntar si les importaba volver a hacerlo para fotografiarles. Ambos querían ser actores y aceptaron encantados. La relación de la pareja solo duró nueve meses. En junio de 1950, cuando la revista Life publicó la foto, Doisneau le regaló a Françoise un original firmado y sellado como pago por su trabajo. En abril de 2005, ella vendió la foto por 155.000 euros a un coleccionista suizo en una subasta organizada por Artcurial Briest-Poulain-Le Fur.

El niño del gato

El niño del gato

Se dice de él que era un fotógrafo paciente que siempre mantuvo cierta distancia con los temas que escogía. Sus fotos destilan nostalgia, ironía y ternura. Supo atrapar instantes de la vida de los habitantes de París y de la periferia, artesanos, gente en cafés, sintecho, enamorados, barqueros y los gatos que se cruzaban en la vida de toda esta gente. Empezó utilizando cámaras Rolleiflex de formato 6×6, antes de pasar a la Nikon y la Leica 24×36.

Dijo: “No fotografío la vida tal como es, sino la vida tal como me gustaría que fuese”.

Se casó con Pierrette Chaumaison en 1936 y tuvieron dos hijas, Annette, nacida en 1942, y Francine, nacida en 1947. Annette fue su asistente a partir de 1974. Su esposa falleció en 1993 de Alzheimer y Parkinson.

Los gatos de los sintecho (1950)

Los gatos de los sintecho (1950)

El fotógrafo murió seis meses después, el 1 de abril de 1994, a los 82 años, de pancreatitis aguda y problemas de corazón. En palabras de su hija Annette: “Ganamos el pleito (por la foto de ‘El beso’), pero mi padre no lo superó. Descubrió un mundo de mentiras y le dolió profundamente. Si a eso añadimos la reciente muerte de mi madre, creo que no es injustificado decir que murió de pena”.

El fotógrafo

El fotógrafo

Era un hombre tímido y humilde, que seguía revelando y entregando personalmente sus obras a pesar de la fama. En una ocasión riñó a su hija Francine por haber pedido unos honorarios “indecentes” por una campaña publicitaria. Él quería cobrar lo mismo que un fotógrafo normal. “Es posible que si tuviera veinte años, el éxito conseguiría cambiarme. Pero soy un viejo dinosaurio de la fotografía”.

Los gatos de Bercy

Los gatos de Bercy

Fue galardonado con un sinfín de premios. En 1960 expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y en 1992 presentó una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Oxford.