Gatos y Respeto

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Los gatos del pintor Kumagai Morikazu

El pintor Kumagai Morikazu es conocido por sus coloridos cuadros de escenas cotidianas, desnudos, plantas y animales, sobre todo gatos. Pero durante su larga carrera experimentó con las sombras, la oscuridad, la perspectiva y el color hasta encontrar el estilo que le llevó a la fama a una edad avanzada.

El 21 de mayo de este año se cerró la retrospectiva que el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio dedicó al pintor con más de doscientas obras entre cuadros, dibujos, diarios y documentos que dan fe de la entrega del artista a la hora de plasmar la alegría de la vida.

Nacido el 2 de abril de 1880, era el tercer hijo de un comerciante de seda con residencia en Gifu, ciudad de la que su padre fue el primer alcalde. A los 17 años decidió trasladarse a Tokio para estudiar en la Escuela de Bellas Artes y primero aprendió el estilo Nihonga. Tres años después, a partir de 1900, sus maestros Nagahara Kotaro y Kuroda Seiki le pusieron en contacto con el arte occidental. Se licenció en 1904.

 

Con tres gatitos

Al año de graduarse se unió como dibujante a un grupo de científicos enviado por el Ministerio de Agricultura a la isla rusa de Sajalín, donde estuvo dos años retratando la isla en numerosos dibujos. A su regreso empezó a buscar un estilo propio, y durante varios años sus obras reflejaron la influencia de los fauvistas franceses, con pinceladas fuertes y largas, así como colores vibrantes. Pintaba sobre todo desnudos, paisajes y escenas urbanas jugando hábilmente con las sombras.

 

En 1916 fue admitido en la asociación Nika-kai, compuesta no solo por pintores, sino por numerosos músicos y otros artistas. Se casó con 42 años, en 1922, y diez años después se estableció en el distrito de Toyoshima, Tokio, en la casa donde permanecería hasta el final de su vida. Perteneció a varias asociaciones de artistas hasta el año 1954, cuando decidió seguir su camino en solitario.

 

Dormido con un bobtail

Todavía no era un pintor conocido, ni mucho menos, cuando en 1938 expuso diez cuadros de estilo japonés en los grandes almacenes Hankyu, de Osaka. En una galería cercana se exponían las obras de otro pintor llamado Kansetsu Hashimoto. Ambos tenían aproximadamente la misma edad, con la diferencia de que uno era famoso y el otro no. Parece ser que el precio de venta total de las diez obras de Kumagai Morikazu equivalía al precio de un solo marco de un cuadro del otro pintor.

Año 1963

Pero seis meses después, en diciembre de ese mismo año, algo iba a cambiar. El artista exponía en la galería Maruzen, en Nagoya, cuando se le acercó un joven coleccionista llamado Kimura Teizo y le dijo: “Me gusta lo que hace, con el tiempo acabaré comprando al menos cien cuadros suyos”. Según el pintor, el Sr. Kimura era muy joven en la época, “aparentaba haber dejado el uniforme del colegio hacía unos meses”. Kimura Teizo tenía 25 años y Kumagai Morikazu, 59. Aquel día, el coleccionista se llevó dos cuadros, pero llegó a tener más de doscientas obras del pintor.

Año 1965

La relación entre ambos siguió hasta la muerte del artista y la colección creció cada año. Kimura Teizo y su esposa Kimura Mihoko donaron todas las obras al Museo de Arte de la Prefectura de Aichi, cincuenta pinturas al óleo, cien pinturas de estilo japonés, cuarenta caligrafías, veinte esculturas y varias cerámicas.

A pesar de poder considerarse el padre de la pintura moderna japonesa, apenas se le conoce fuera de su país, y en Japón es famoso sobre todo por la pintura de su última etapa, que empezó unos diez años después de conocer al joven Kimura Teizo. Su estilo “moderno” se afianzó en los años cuarenta y se definió del todo en los cincuenta. A partir de entonces, sus obras se caracterizaron por contornos vivos, colores saturados y la carencia de perspectiva. Comunican una sensación de horizontalidad que recuerda a los dibujos animados. Creó un mundo lleno de mariposas, flores, gotas de agua y gatos, muchísimos gatos.

En 1967, el gobierno japonés quiso premiarle con la Medalla de la Cultura, pero rechazó el honor con gran modestia, alegando que no había hecho nada para merecerlo y que no se sentiría cómodo con tanta gente a su alrededor.

No hay duda de que amaba a los gatos y de que algunos de sus cuadros eran retratos de los que le rodeaban. Las fotos demuestran que vivió con gatos en diferentes épocas. En una no debe tener más de 65 años y está sentado con un bobtail japonés en las rodillas. Ese mismo gato duerme a su lado en otra foto. Años después volvemos a encontrarle sentado con tres gatitos, dos de ellos a su lado y otro en su regazo.

Con un bobtail

De los once cuadros que hemos escogido para esta entrada, solo uno nos parece anterior al periodo “moderno” del pintor. Todos los demás, a pesar de los trazos en apariencia sencilla, están llenos de vida. Estamos seguros de que la gata blanca tumbada está embarazada. Otros gatos pueden parecer graciosos e ingenuos, pero esa apariencia esconde un don de observación parecido al de un científico, algo que quizá aprendió durante su estancia en la isla de Sajalín.

Falleció el 1 de agosto de 1977 a los 97 años. Su larga vida, que empezó bajo el periodo Meiji y siguió hasta el periodo Showa, no siempre fue fácil, conoció la pobreza y perdió a varios miembros de su familia más cercana. Pero a los 95 años dijo: “Espero vivir y pintar eternamente”.

A los 91 años (1971)

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Gatos del siglo XVI por Ulisse Aldrovandi

Ulisse Aldrovandi, nacido el 11 de septiembre de 1522 en Bolonia, está considerado como el padre de la Historia Natural moderna. Entre todos los animales y plantas que describió minuciosamente no olvidó al gato, dedicándole numerosos grabados, algunos realmente curiosos.

Gato de seis patas

Era hijo de Teseo Aldrovandi, un noble sin fortuna que trabajaba como secretario del Senado de la ciudad y que falleció cuando Ulisse tenía siete años. Su madre era Veronica Marescalchi, pariente del Papa Gregorio XIII. Se cuenta que Ulisse siempre tuvo mucho carácter y que a los 12 años se fue de su casa sin dinero y llegó a Roma, aunque regresó a su ciudad natal por su madre.

Ulisse Aldrovandi

A los 14 años fue aprendiz amanuense con unos mercaderes, pero no tardó en decantarse por las Matemáticas, el Latín, el Derecho y la Filosofía, primero en la Universidad de Bolonia y posteriormente en la de Padua, donde también estudió Medicina. Se licenció en Medicina y Filosofía en 1553 y al año siguiente empezó a enseñar Lógica en la Universidad de Bolonia. En 1561 se convirtió en el primer profesor de Ciencia Natural de dicha universidad con el siguiente título: Lectura philosophiae naturalis ordinaria de fossilibus, plantis et animalibus.

Del libro Opera Omnia

En 1549 conoció al botánico Imolese Luca Ghini, que le hizo interesarse por las plantas. Ese mismo año fue acusado de herejía al adherirse a las doctrinas antitrinitarias del franciscano Camillo Renato, y a pesar de publicar una abjuración fue llevado a Roma hasta su absolución en 1550. Durante su arresto domiciliario se interesó cada vez más por la botánica, la zoología y la geología. A su regreso a Bolonia organizó numerosas expediciones a las montañas, al campo, a la costa y a las islas cercanas para recoger plantas y catalogarlas.

Gato salvaje de Natura Picta

En 1568, y a propuesta suya, el Senado de Bolonia fundó el Jardín Público, del que fue director durante treinta y ocho años. El primer Jardín se estableció en el interior del Palazzo Pubblico, en pleno centro de la ciudad, cerca del aula donde enseñaba. Era un gran amigo de Francesco de Medici, el gran duque de Toscana, y le ayudó a llenar los jardines de Pratolino de valiosas plantas.

A causa de una disputa con los apotecarios y médicos de Bolonia acerca de la composición de la triaca o teriaca, un preparado polifármaco compuesto a veces por más de 70 ingredientes de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora, fue apartado de todo cargo público en 1575. Dos años después, y gracias a que el Papa Gregorio XIII escribió a las autoridades en su favor, pudo retomar las actividades públicas. El Papa también le prestó ayuda financiera para publicar algunas obras.

Realizó una intensa actividad empírica y participó activamente en el debate sobre el estudio de la naturaleza, centrado en la interpretación averroísta de los escritos aristotélicos sin condicionamiento metafísico o religioso. Además de recopilar materiales para un herbario y un gabinete, intercambió ideas con otros científicos de la época.

Le llamaron “el Aristóteles de Bolonia” y también “el segundo Plinio”, y como este último, dedicó gran parte de su vida a recopilar datos para una monumental enciclopedia de miles de páginas llamada “Storia Naturale”. De los catorce volúmenes in folio, diez fueron publicados póstumamente entre 1606 y 1668, y todos contienen ilustraciones y descripciones basadas, en la mayoría de los casos, en observaciones directas. Publicó muy pocas obras en vida, y su gran reputación se basaba sobre todo en las colecciones conservadas en su famoso gabinete, considerado como la “octava maravilla del mundo”, al que definía como “teatro” o “microcosmos de la naturaleza”, y que contaba con 18.000 “cosas diversas” y 7.000 plantas naturales secadas.

Ulisse Aldrovandi contó con la ayuda de artistas como Agostino Carraci, Teodoro Ghisi y Jacopo Ligozzi para crear un enorme archivo de dibujos de más de 8.000 hojas, de las que aún se conservan 3.000 planchas en la Biblioteca Universitaria de Bolonia. Murió a los 82 años, el 4 de mayo de 1605, y al carecer de herederos legó su herencia científica y su increíble colección al Senado de Bolonia, que encargó la custodia a Bartolomeo Ambrosini. Lo poco que queda hoy puede visitarse en el Palazzo Poggi de Bolonia.

El gabinete del científico

No sabemos qué opinaba el gran naturalista de los gatos, pero por los dibujos que incluyó en sus libros, todos tienen una expresión afable. Algunos son de lo más extraño, como el dibujo del gato doble de frente y de espaldas incluido en “De Monstrorum Historia”, publicada en 1542, pero en este caso, el título habla por sí solo.

De Monstrotum Historia

Puede sorprender el dibujo del gato de pie sin patas delanteras, pero encontramos otro similar de un perro. Algunos animales nacen sin patas delanteras o traseras, y Ulisse Aldrovandi se dedicó a observar la naturaleza personalmente. Incluso reprochó a los “antiguos” que no describieran con detalle a los animales que Alejandro Magno trajo de sus conquistas.

Vivió en un periodo de transición, y los científicos como él se veían obligados a menudo a fiarse de descripciones realizadas por viajeros, mercaderes y aventureros que regresaban de tierras lejanas embelleciendo o inventándose animales y otros seres a los que supuestamente habían visto. Por esa razón, Aldrovandi también se dedicó a hacer minuciosas caracterizaciones de sirenas y otros animales fabulosos.

Segundo gato de seis patas

Pero desde el punto de vista práctico, y a pesar de algunas limitaciones, realizó estudios de embriología que posteriormente influyeron a Voucher Coiter, uno de los fundadores de esta rama científica. Observó día tras día el desarrollo del polluelo en el huevo y demostró, al igual que Aristóteles, que la formación del corazón es anterior a la del hígado.

De Monstrorum Historia

Se esforzó en colocar la botánica y la farmacología en un plano científico. La lucidez de las sugerencias encontradas en una obra sin publicar en torno a la salud pública y el saneamiento de la ciudad de Bolonia sugieren que fue un pionero de la higiene y de la farmacología, lo que explicaría su disputa con los apotecarios. No realizó ningún descubrimiento revolucionario, pero está entre los primeros científicos que se empeñaron en que la ciencia natural debía basarse en una observación directa de los animales, vegetales y minerales.

Ulisse Aldrovandi


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Los 14 gatos de la escritora Elena Garro

La vida de Elena Garro podría resumirse en unas cuantas líneas: Nacida en la ciudad de Puebla (México) el 11 de diciembre de 1916, creció en Iguala, estado de Guerrero. A los 20 años se casó con el Premio Nobel Octavio Paz y estuvieron juntos 22 años. En 1964 fue galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia por “Los recuerdos del porvenir”, considerada la novela precursora del realismo mágico, movimiento que dio fama a Gabriel García Márquez y a los escritores del llamado boom latinoamericano.

Con Octavio Paz (Archivo periódico El Universal)

En 1968 se exilió por razones políticas, primero a Estados Unidos y luego a Francia sufriendo grandes dificultades económicas. Regresó a México en 1993 y se instaló en un modesto piso que le dejó su hermano en Cuernavaca, donde residió con sus adorados catorce gatos hasta el final de su vida. Ya está, así de sencillo. Pero en la vida de Elena Garro hay luces y sombras, acusaciones políticas que ella siempre desmintió, una gran historia de amor y mucho más… Lo triste es que nunca se reconoció su enorme talento como escritora hasta después de su muerte, el 22 de agosto de 1988, a los 77 años.

A pesar de haber nacido en 1916, Elena Garro mantenía que había visto la luz en el año 1920. Era hija del español José Garro y de la mexicana Esperanza Navarro. Siempre dijo que sus progenitores fomentaron su imaginación, las realidades múltiples, el amor por los animales, el baile, la música, el orientalismo, el misticismo y la poca importancia del dinero.

Archivo periódico El Universal

En 1937, un año después de matricularse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, conoció a Octavio Paz y se casó con él. No siguió con sus estudios universitarios, y ese mismo año la pareja viajó a España para asistir al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas que se celebró en Valencia. Después de ir a París, regresaron a México.

Elena Garro y Octavio Paz con un grupo de intelectuales mexicanos en el Teatro Español, plaza de Santa Ana, Madrid (1937)

Decidió hacerse periodista en 1940 porque, en sus propias palabras, “así no opacaba a nadie”. Y añadió: “Me dediqué a callar porque había que callar”, refiriéndose a su marido, con el que se llevaba realmente mal. Otro recuerdo de esos años es el siguiente: “Paz me criticaba porque yo era vegetariana, y cuando se enfadaba me decía: ‘¿Sabes que Hitler también es vegetariano?’”.

Elena fotografiada por Barry Domínguez

Pero fue Octavio Paz quien alentó a su esposa a escribir, y en los círculos donde se movían eran considerados como un matrimonio envidiable. Sin embargo, a finales de la década de los cuarenta, el futuro Premio Nobel entabló relaciones con la pintora Bona Tibertelli de Pisis, y Elena Garro se enamoró locamente el 17 de junio de 1949 del autor argentino Adolfo Bioy Casares, casado a su vez con Silvana Ocampo. La pareja Garro-Paz no se divorció hasta el año 1959.

Elena y Adolfo se conocieron en París cuando el matrimonio argentino visitó a la pareja mexicana en el hotel George V, uno de los más lujosos de la capital. El flechazo fue inmediato, pero solo se vieron tres veces en los nueve años que duró la relación epistolar: esa primera vez en París, de nuevo en la ciudad de las luces en 1951 y otra vez en Nueva York en 1956. Se escribieron 91 cartas, 13 telegramas y tres postales.

Elena Garro, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz y Helena Paz en Nueva York, 1956 (Archivo Siglo Nuevo)

Como periodista, siempre defendió a los campesinos, a los más pobres, e hizo hincapié en la situación de la mujer en un entorno sexista, pero curiosamente no parecía ser una persona de izquierdas y dejó muy claro que deseaba que los zares volvieran a ocupar el poder en Rusia.

El 2 de octubre de 1968 tuvo lugar la masacre de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Murieron entre 200 y 300 universitarios a manos de la policía y del ejército y 2.500 fueron arrestados. Elena Garro acusó abiertamente a muchos intelectuales mexicanos de izquierdas de haber instigado la rebelión de los estudiantes y de no dar la cara después.

Elena en Cuernavaca

Sus críticas tuvieron dos consecuencias: su exilio a Francia y el fin de su relación epistolar con Bioy. Según dicen, a punto de irse de México, no se fió de nadie para cuidar de sus gatos y se los envió al escritor en Argentina por avión sin contar que ya tenía varios perros. Este los acogió varios días en su casa de Buenos Aires, pero parece que la convivencia era imposible y decidió llevarlos a una finca a las afueras de la ciudad. Elena Garro se enteró y rompió la relación de inmediato por no haberse ocupado de sus queridos compañeros.

Elena en Cuernavaca

Todo en Elena Garro era una contradicción. Así, su cercanía a los políticos que pretendían un cambio y sus ataques a las formas autoritarias del PRI hicieron que  la CIA y la DFS, la policía secreta mexicana, la vigilaran. A la vez, se la acusó de haber delatado a algunos de los organizadores de los movimientos estudiantiles. Entre los supuestos acusados por la autora están los filósofos Luis Villoro y Leopoldo Zea, los escritores Emmanuel Carballo, Rosario Castellanos y Eduardo Lizalde, el cronista Carlos Monsiváis, así como la pintora Leonora Carrington.

Los años de exilio fueron duros para Elena y su hija Helena, no solo por estar lejos de México, sino por pasarlo realmente mal económicamente, sobre todo entre los años 1974 y 1981. Después de “Los recuerdos del porvenir”, de 1963, no volvió a publicar otra novela hasta 1981, pero entonces aparecieron tres novelas en tres años. La vida era algo más fácil. Transcurrieron otros ocho años sin ninguna publicación nueva, y entre 1991 y 1998 salieron a la venta seis novelas.

Elena y Helena (Archivo Siglo Nuevo)

También escribió numerosos cuentos, relatos y obras de teatro, una de ellas titulada “Sócrates y los gatos”, publicada cinco años después de su muerte, donde cuenta el terror que vivió en los meses anteriores a verse obligada a exiliarse debido a la presión del gobierno mexicano.

¿Quién era realmente Elena Garro? Las opiniones son tan contradictorias como ella misma, pero hay dos cosas muy claras: amaba profundamente a los gatos y fue una espléndida escritora injustamente oscurecida por la fama de Octavio Paz.

Foto realizada por Gabriela Bautista