Gatos y Respeto

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Gatos, Vivien Leigh y Laurence Olivier

Los Olivier con New Boy

Los Olivier con New Boy

A pesar del título de esta entrada, solo hablaremos de Laurence Olivier en referencia a Vivien Leigh, bellísima mujer, magnífica actriz y gran amante de los gatos. Nació el 5 de noviembre de 1913 en Darjeeling, entonces India Británica. Subió siendo muy pequeña a un escenario con el grupo de teatro aficionado de su madre. A los seis años ingresó como interna en un colegio de monjas en Gran Bretaña: “Era la más joven de las internas y supongo que también la más mimada. Recuerdo que me permitían dormir con unos gatos. Los gatos siempre me han vuelto loca”. Unos años después acompañó a sus padres en un largo periplo por Francia e Italia, y no regresó a Inglaterra hasta 1931. Al cabo de poco tiempo conoció a Leigh Holman, un famoso abogado que tenía 13 años más que ella. Se casaron un año después y en 1933 dio a luz a su única hija, Suzanne. Aún no había cumplido 20 años.

Con New Boy

Con New Boy

Desde que tuvo uso de razón quiso ser actriz, y como le dijo a su amiga y compañera de internado Maureen O’Sullivan, que también tuvo una exitosa carrera como actriz, no había abandonado su sueño. Cambió su nombre a “Vivien Leigh”, buscó un agente y en 1935 consiguió el papel principal en la obra teatral “The Mask of Virtue”, por la que fue muy aplaudida en los escenarios londinenses. Laurence Olivier se interesó por ella y ambos protagonizaron en 1937 la película “Inglaterra en llamas”. A pesar de estar casados, empezaron una apasionada relación que duraría hasta 1960.

Los Olivier

Los Olivier

No tardó en conseguir el papel que la catapultaría a la fama internacional y por el que ganó el Oscar, el de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, producida por David O. Selznick. En 1940, Vivien Leigh y Laurence Olivier se divorciaron de sus respectivos cónyuges y pudieron casarse. Volvió a ser galardonada con un Oscar por su papel como Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo”, con Marlon Brando, después de haber encarnado el mismo papel durante nueve meses en los escenarios del West End de Londres.

Con New Boy

Con New Boy

Se ha dicho que Vivien Leigh era una mujer caprichosa, con la que era difícil trabajar debido a sus bruscos cambios de humor, con una fuerte tendencia a la depresión, pero quizá no se sepa tanto que sufrió de un trastorno bipolar durante la mayor parte de su vida. La actriz tuvo tres pasiones, el teatro (prefería los escenarios a la gran pantalla), Laurence Olivier y los gatos. Casi nunca vivió sin un gato y, según su hija Suzanne, llegó a tener dieciséis siameses a la vez cuando vivía con Laurence Olivier.

Al poco de casarse, adoptaron un gatito callejero blanco y negro llamado Tissy. Cuando el ejército destinó a Laurence Olivier a Plymouth para aprender a volar, Vivien Leigh le siguió y se llevó a Tissy. En 1946, Laurence Olivier le regaló su primer siamés, New Boy, llamado así por el “New Theatre” de Londres (actualmente el teatro Noel Coward) donde trabajaba regularmente el actor. New fue uno de sus gatos más queridos, le consideraba casi como un amuleto y siempre le llevaba a su camerino cuando trabajaba. Posiblemente sea el más fotografiado de todos sus gatos con su elegante collar comprado en París. Por desgracia, New fue atropellado en Australia en 1948 mientras la pareja estaba de gira con la Compañía Old Vic.

A continuación llegó Armando, otro siamés muy parecido físicamente a New Boy que también llevaba el mismo collar y vivió hasta el principio de la década de los sesenta. Otro de los gatos más fotografiados de la actriz y que la acompañó hasta el último momento fue Poo Jones, un precioso siamés de ojos color violeta que dormía en su hombro e iba con ella a todas partes, incluso hizo una travesía en el Queen Elizabeth, donde salía a pasear por el puente con una correa. Poo Jones sobrevivió a la actriz y siguió viviendo con el ama de llaves, Mrs. Mac y, posteriormente, con el abogado Peter Hiley.

Con Poo Jones

Con Poo Jones

Otros gatos que vivieron con la actriz fueron Nicholas, Snow, la blanca Tiddly-iddly-iddly y Christmas, un gato rubio, entre otros.

A pesar de una complicada vida personal, su afecto por los gatos nunca cambió, pero no cabe duda de que prefería a los siameses. En una ocasión dijo: “Cuando se ha tenido un gato siamés, no puede tenerse otro tipo. Son animales maravillosos, tremendamente inteligentes y capaces de seguirte como un perro”. Las delicadas facciones de la actriz y sus ojos de color cambiante, entre verde y azul, hicieron que muchos la compararan con un gato. Su compañera de reparto en “Lo que el viento se llevó”, Olivia de Havilland, con la que se llevaba muy bien, dijo que al verla por primera vez pensó en “una pequeña siamesa y en el tintineante encanto de una linterna china”. Rex Harrison, que coprotagonizó con ella “Tormenta a la vista” en 1937, también dijo que “era muy parecida a un gato. Podía ronronear y arañar. Y era divina haciendo ambas cosas”.

En casa con Armando

En casa con Armando

Después de divorciarse de Laurence Olivier, vivió con el actor John Merivale, con el que había entablado una relación en 1958. El actor reconoció que Vivien Leigh no solo le había enseñado a respetar a los gatos, sino también a amarlos.

El 7 de julio de 1967, Vivien Leigh murió de tuberculosis, enfermedad que le había sido diagnosticada veinte años antes. Esa noche se fue a la cama con su querido Poo Jones mientras John Merivale iba a trabajar al teatro. Se levantó para buscar un vaso de agua y se desplomó con los pulmones llenos de líquido. John Merivale la encontró a medianoche con Poo Jones maullando a su lado.

Vivien Leigh, Laurence Olivier y Tissy

Vivien Leigh, Laurence Olivier y Tissy

La noche del 8 de julio, día en que se anunció oficialmente que había fallecido, todos los teatros de Londres apagaron sus luces durante una hora. Las cenizas de Vivien Leigh fueron dispersadas en el lago donde tenía una casa de verano.

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El gato en la heráldica

Vidriera de la iglesia de Chaource, Aube, Francia

Vidriera de la iglesia de Chaource, Aube, Francia

Hace tiempo, mucho tiempo, el gato era un animal muy respetado. Representaba el valor, la independencia y, sobre todo, la libertad. Símbolo de la vigilancia, a menudo era el emblema de ciudadanos que habían sabido proteger una ciudad o un pueblo.

Pero esta visión positiva no siempre ha sido trasladada a la heráldica, tal como deja claro Pierre Palliot en su obra de referencia “La Vraye et parfaite science des armoiries” (La verdadera y perfecta ciencia de los escudos de armas), publicada en 1664, al empezar el artículo “Gato” con estas palabras: “Más dañino que útil, más vale temer y no desear sus caricias”. Y sigue diciendo: “Siempre me extraña que nuestros antiguos reyes escogieran al gato para sus escudos de armas, pues dicho animal nada hace si no es obligado”. A pesar de lo anterior, muchos lugares y familias tienen gatos en sus escudos.

Bossewell, en su tratado de heráldica publicado en 1572, describe el gato como “una bestia enemiga de los ratones, taimada e inteligente, que supera la oscuridad de la noche”. Y añade: “Disfruta de la libertad, y de joven es rápido, ágil y alegre. Es una bestia cruel en la naturaleza, cae de pie desde lugares altos, y casi nunca se hiere. Cuando tiene un bonito pelaje se enorgullece y va de un lado a otro para que se le vea”.

No entraremos aquí en la simbología de la heráldica, una ciencia sumamente complicada, y nos limitaremos a hablar de unas cuantas familias y ciudades cuyos escudos ostentan uno o varios gatos. En algunos casos, la explicación es sencilla, se trata de armas parlantes donde el gato alude directamente al nombre del linaje o topónimo al que hace referencia. Tomaremos como ejemplo a dos familias italianas. La primera es la familia della Gatta, Gatti o del Gatto, al parecer originaria de Francia, que llegó a Nápoles bajo el reinado de Carlos I de Anjou y Sicilia, y la segunda, una de las múltiples ramas de la familia Gatteschi.

Blasón de la familia Della Gatta

Blasón de la familia Della Gatta

Familia Gatteschi

Familia Gatteschi

También está el escudo de la comuna de Chaource, en Francia. Pronunciado significa “Gato-oso”. Incluimos una vidriera gótica con las armas de la ciudad. Otro ejemplo es el clan Chattan escocés, que llamaba a su jefe, el conde de Sutherland, “Mohr an chat”, es decir, “El gran gato montés”. El escudo e insignias de los Mackintoch aún llevan la divisa “Touch not the cat bot a glove” (No toques al gato sin un guante). Aún en Escocia, en el condado de Sutherland, hay un gato en el escudo del burgo de Dornoch, aunque ya no puede hablarse de armas parlantes, sino que está basado en un diseño de 1786. El plata y el azul son los colores tradicionales de la ciudad y la herradura simboliza la victoria de Guillermo, conde de Sutherland, contra los daneses en 1259. El lema “Without fear” significa “Sin miedo”.

Blasón de Burgh Dornoch, Escocia

Blasón de Burgh Dornoch, Escocia

Blasón de Chaource, Aube, Francia

Blasón de Chaource, Aube, Francia

Blasón de Chaource, Aube, Francia

Familia Mackintoch

Algo más al sur, en el estuario del río Mersey se encuentra Ellesmere Port y Neston Borough, cuyo escudo tiene a la derecha un precioso gato atigrado con una corona a modo de collar enfrentado a un caballo de mar. Ellesmere Port está en el condado de Cheshire. ¿Tendrá algo que ver con el famoso gato de Cheshire de “Alicia en el país de las maravillas”? La divisa del escudo “Let us go forward together” significa “Avancemos juntos”.

Blasón oficial de Ellesmere Port y Neston Borough, Cheshire, Inglaterra

Blasón oficial de Ellesmere Port y Neston Borough, Cheshire, Inglaterra

No podemos dejar de mencionar al blasón de la familia Keats, de Devonshire, Inglaterra, que consiste en un fondo de plata con tres gatos negros. Probablemente tres gatos monteses ingleses, conocidos ahora como gatos monteses escoceses.

Familia Keats, de Devonshire

Familia Keats, de Devonshire

Cruzando el canal de la Mancha, nos encontramos con un pueblo llamado Marles-les-Mines, que heredó su escudo de las antiguas armas del condado de Marles y de la familia Beaulaincourt. La corona entre los dos leopardos de oro simboliza la recompensa acordada en el siglo XIV por el rey Eduardo de Inglaterra a Enguerrand de Beaulaincourt por haberle ayudado a hacer prisionero a Juan el Bueno, rey de Francia.

Blasón de Marles-les-Mines, Pas-de-Calais, Francia

Blasón de Marles-les-Mines, Pas-de-Calais, Francia

Al otro lado de Francia, en el Rosellón, está Mosset, no lejos de Perpignan, cuyo escudo es de lo más curioso: cuatro barras de fondo con un gato negro sosteniendo un cohete en la boca. No hemos sido capaces de encontrar más información al respecto. Sí sabemos que hay por lo menos otros siete pueblos en Francia, además de los tres que mencionamos aquí, cuyo escudo luce un gato.

Mosset, Rosellón, Francia

Blasón de Mosset, Rosellón, Francia

Y para terminar, incluimos una imagen del precioso blasón de la familia Muyser-Lantwyck, originaria del condado de Brabante, en Bélgica, y del sencillo escudo del pueblo de Sobrio, en el cantón de Ticino, Suiza.

Blasón familia Muyser-Lantwyck, condado de Brabant, Bélgica

Blasón familia Muyser-Lantwyck, condado de Brabante, Bélgica

Sobrio, condado de Ticino, Suiza

Sobrio, condado de Ticino, Suiza


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El camino de los gatos, por Claude Cahun

Claude Cahun y gato (1938)

Claude Cahun y gato (1938)

Claude Cahun, nacida como Lucy Renée Mathilde Schwob el 25 de octubre de 1884 en Nantes, fue una fotógrafa y escritora

Autorretrato (1928)

Autorretrato (1928)

francesa cuya vida estuvo estrechamente ligada a la de otra artista de Nantes, Suzanne Malherbe. Era la sobrina del escritor Marcel Schwob y la sobrina nieta del escritor Léon Cahun.

La fotógrafa falleció el 8 de diciembre de 1954 e hicieron falta treinta años para que regresara del más completo olvido gracias al filósofo François Leperlier. Este, intrigado por su obra, empezó a buscar imágenes y textos suyos con el fin de escribir una biografía, “Claude Cahun: L’Exotisme intérieur” (Claude Cahun: El exotismo interior), sacando a la luz una personalidad fuera de lo común y una obra inesperada. La artista empezó a explorar a través de la fotografía temas actualmente candentes en el arte contemporáneo: la ambigüedad sexual, el travestismo, la búsqueda de la identidad.

En 2011, catorce años después de una primera exposición sobre Claude Cahun en el Museo de Arte Moderno de París, François Leperlier y Juan Vicente Aliaga vuelven a organizar otra en el Jeu de Paume de París y en el Centro de la Imagen Virreina de Barcelona. En referencia a la última serie de autorretratos, titulada “Le chemin des chats” (El camino de los gatos), realizada entre 1949 y 1953, los dos comisarios de la exposición opinan que “sugiere una reflexión sobre el cuestionamiento fundamental de la realidad y de las apariencias. El gato, por el que Cahun sentía tanto aprecio, simboliza el intercesor por excelencia, aquel que asegura el contacto intuitivo entre lo visible y lo invisible, que da acceso a mundos sensoriales desconocidos y perfectamente cercanos al mismo tiempo”.

Sus primeros autorretratos datan de 1912, cuando tenía 18 años. En 1918 publicó un largo artículo en la revista “Le Mercure de

El camino de los gatos (1949)

El camino de los gatos (1949)

France” sobre la prohibición de la obra “Salomé”, de Oscar Wilde, en los teatros londinenses en 1892. Cambió su nombre a Claude Cahun en 1919, antes de mudarse a París con la que sería su gran amor y eterna compañera Suzanne Malherbe, que adoptó el nombre de Marcel Moore. Las dos se conocieron siendo niñas y, curiosamente, acabaron siendo hermanastras antes de ser amantes cuando el padre de Claude se casó con la madre de Suzanne. Esta ayudó a Claude a realizar sus ahora famosos autorretratos, participó activamente en la realización del libro “Aveux non avenus”, título de difícil traducción cuyo sentido más próximo podría ser “Confesiones no anuladas” y perfecto ejemplo de la contraliteratura, y coescribió numerosos artículos.

Las dos jóvenes, ambas de buena familia, rechazaron las convenciones sociales y se reinventaron. En algunos autorretratos, Claude aparece con la cabeza rasurada ofreciendo una imagen andrógina; en otros es coqueta y femenina. Su obra es profundamente personal y libre, pasa de un género a otro con total fluidez. No puede encasillarse, es a la vez surrealista, política, poética, transgresora, onírica… De hecho, se hizo llamar Claude, un nombre que se da tanto a los niños como a las niñas en Francia.

Claude Cahun y Kid (1926)

Claude Cahun y Kid (1926)

Foto de Claude Cahun

Durante sus años en París, Claude y Marcel se codearon con los surrealistas, sobre todo Marcel Breton y Robert Desnos, y realizaron espléndidos retratos fotográficos de numerosos escritores y artistas del momento. En 1937 se compraron una granja en la Isla de Jersey, a la que se trasladaron en mayo de 1948. La isla fue ocupada por las tropas alemanas entre 1940 y 1945. Las dos se dedicaron a redactar panfletos que metían en los bolsillos de los soldados alemanes, animándoles a matar a sus oficiales. Fueron detenidas por la Gestapo en julio de 1944 y condenadas a muerte el 16 de noviembre del mismo año. El indulto llegó en febrero de 1945, cuando Francia ya estaba liberada, pero la ocupación de las islas anglonormandas duró hasta mayo de 1945. Al regresar a su casa, descubrieron que la mayoría de su obra había sido destruida.

A partir de ese momento, la salud de Claude empezó a deteriorarse. En 1953 volvió a ponerse en contacto con sus amigos surrealistas e incluso Marcel y ella se trasladaron a París para buscar un piso, pero acabaron volviendo a la granja de Jersey, donde Claude falleció unos meses después. Marcel siguió en la isla hasta su muerte en 1972. Ambas están enterradas juntas.

Portada del libro

Portada del libro

Claude Cahun, poeta, ensayista, andrógina, novelista, periodista, amiga de los gatos, simbolista, individualista, fotógrafa, activista, idealista, soñadora, única.

Añadimos este enlace por si alguien quiere saber más: http://www.arteindividuoysociedad.es/articles/N14/Diana_Saldana.pdf


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Los gatos psicodélicos de Louis Wain

Despedida de soltero

Despedida de soltero

El Dr. Walter Maclay, psiquiatra del Bethlem Royal Hospital, Londres, estaba muy interesado en la esquizofrenia y sus consecuencias en el arte. En los años treinta reunió ocho dibujos de gatos realizados por el artista Louis Wain y los ordenó, desde Louis-Wain-5el más figurativo al más abstracto, para demostrar la progresión de la enfermedad. Su “serie” ha sido reproducida en un sinfín de ocasiones en libros de psicología. Sin embargo, esta teoría ha sido rebatida en varias ocasiones. Rodney Dale, biógrafo del pintor, dice: “Si tenemos en cuenta la poca información de que disponemos acerca de los cuadros escogidos por el Dr. Maclay, no existe razón alguna para considerarlos algo más que ejemplos del arte de Louis Wain en diferentes épocas. Wain experimentaba con diseños y gatos, y siguió dibujando gatos bastante convencionales incluso diez años después de sus dibujos “supuestamente” posteriores y más abstractos. Solo puede llegarse a la conclusión de que los ocho dibujos fueron realizados en momentos diferentes, como la obra de cualquier otro artista”.

Asimismo, el Dr. Michael Fitzgerald ve más probable que Wain sufriera del Síndrome de Asperger, y añade que, incluso si su obra se hizo más abstracta con el tiempo, no perdió un ápice de técnica ni de habilidad, algo que contradice la teoría de la esquizofrenia.

Louis Wain y un gato en 1890

Louis Wain y un gato en 1890

En diciembre de 2012, el psiquiatra David O’Flynn, con ocasión de la exposición de “Gatos caleidoscópicos” en el Museo y Archivos del Bethlem Royal Hospital, propuso ver la serie como creada por dos personas, el pintor y el médico. Walter Maclay sostenía que los dibujos demostraban su teoría, basada en parte en sus experimentos con el arte y la psicosis inducida por la ingestión de mescalina, de que la esquizofrenia daña la creatividad. Sin embargo, viendo el desarrollo de las obras de Louis Wain, esto parece más que dudoso.

Serie de 8 dibujos, según el Dr. Maclay

Serie de 8 dibujos, según el Dr. Maclay

El pintor Louis William Wain nació el 5 de agosto de 1860 en Londres, de padre inglés y madre francesa. Sus progenitores tuvieron cinco hijas más, de las que no se casó ninguna. Empezó a enseñar en la West London School of Art al poco tiempo de haber ingresado como alumno. Perdió a su padre a los 20 años y, a partir de ese momento, se ocupó de su madre y hermanas.

Tomando el té

Tomando el té

Al principio de su carrera no se limitó a dibujar gatos, sino todo tipo de animales. Incluso pensó en ganarse la vida haciendo retratos de perros. Al dejar la enseñanza, trabajó como dibujante para varias revistas ilustradas. Se casó a los 23 años con Emily Richardson, diez años mayor que él, algo no muy bien visto en esa época. Tristemente, Emily tuvo un cáncer de pecho y murió al cabo de tres años; gracias a ella, Wain encontró el tema que definiría su carrera. Tenían un gato blanco y negro llamado Peter al que habían recogido una noche de tormenta. Peter alegró la vida de Emily durante su enfermedad y Louis Wain empezó a dibujarle: “Le debo los cimientos de mi carrera, el desarrollo de mis primeros esfuerzos y la fundación de mi obra”, dijo una vez, hablando de Peter.

Wain 4

Publicó su primera serie de dibujos de gatos antropomorfos (Fiesta navideña de gatos) en el número de Navidad de la Louis Wain 2“Illustrated London News”. Se trataba de once viñetas en las que dibujó 150 gatos – muchos de ellos con un gran parecido a Peter – mandando invitaciones, jugando a la pelota, dando discursos… Pero, de momento, seguían andando a cuatro patas y no iban vestidos.

Unos años después, sus gatos empezaron a andar a dos patas, a tener expresiones faciales exageradas y a vestirse con suma elegancia. Trabajó mucho durante los siguientes 30 años, llegando a hacer varios cientos de dibujos en un año. Ilustró cerca de cien libros infantiles, dibujó viñetas para revistas y periódicos, tarjetas de felicitaciones y postales, hoy día muy apreciadas por los coleccionistas.

En una ocasión escribió: “Me llevo un bloc de dibujo a un restaurante, o a cualquier otro sitio público, y convierto a la gente que veo en gatos con características humanas. Eso me aporta una naturaleza doble, y pienso que estas obras son mis mejores trabajos humorísticos”.

Participó en numerosas organizaciones benéficas en defensa de los animales, como el Governing Council of Our Dumb Friends League, la Society for the Protection of Cats y la Anti-Vivisection Society. Llegó a ser presidente del National Cat Club, y pensaba que había ayudado “a erradicar el desdén en que se tenía al gato” en Inglaterra.

Louis Wain 9

A pesar de su enorme éxito, siempre tuvo dificultades financieras. Debía mantener a su madre y hermanas, pero carecía de sentido comercial. Era incapaz de enfrentarse a las editoriales y a menudo invertía en nuevos inventos milagrosos; por ejemplo, cuando viajó a Nueva York y dio una importante suma para la fabricación de una nueva lámpara de aceite.

Paseo en el parque

Paseo en el parque

En 1924, sus hermanas le internaron en el ala de indigentes del Hospital Mental de Springfield, alegando que no podían controlar su comportamiento errático y cada vez más violento. Un año después, el caso se hizo público y el propio H.G. Wells lanzó una campaña en la que incluso intervino el primer ministro. Fue trasladado primero al Bethlem Royal Hospital, y en 1930 al Napsbury Hospital, en Hertfordshire, un sanatorio más agradable, con jardín y varios gatos, donde pasó los últimos 15 años de su vida. A pesar de sufrir alucinaciones, siguió dibujando gatos hasta su muerte el 4 de julio de 1939.

Louis Wain 8

H.G. Wells dijo, respecto a los dibujos de Louis Wain: “Ha hecho suyo al gato. Inventó un estilo gatuno, una sociedad gatuna, todo un mundo gatuno. Los gatos ingleses que no se parecen a los gatos de Louis Wain, ni viven como ellos, se sienten abochornados”.

Louis Wain 7


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Una historia veneciana, la gata Drusilla y Talina

Bestard-Belou, quizá...

Bestard-Belou, quizá…

En 2012, la autora británica Michelle Lovric publicó su tercer libro infantil, “Talina in The Tower”, que aún no ha sido traducido

Portada de Talina en la torre

Portada de Talina en la torre

al español. La escritora publicó su primera novela para adultos, “Carnevale”, en 2001, a la que siguió en 2004 “El libro flotante”, publicada en España por la editorial Belacqua. De momento ha escrito cinco novelas para adultos y cuatro para niños, la última en 2013. Además de escribir, diseña y edita antologías literarias, y traduce poesía latina e italiana al inglés. Reside en Londres y Venecia.

“Talina en la torre” cuenta la historia de una niña llamada Talina, hija del Guardián de Antiguos Manuscritos de los Archivos de Venecia. Es conocida como la niña más descarada de la ciudad, y también como una de las más listas. Sueña con convertirse en escritora y siente pasión por los libros de cocina y la magia. La combinación de ambas pasiones le acarreará un sinfín de problemas, como por ejemplo, cierta propensión a cambiar de forma en cuanto deja de ser razonable. No pasaría nada si se limitase a adoptar la forma de un gato, pero su fuerte carácter le juega malas pasadas…

La heroína de la novela está acompañada por la gata Drusilla, negra como una noche sin luna, y con cierta tendencia al pesimismo compensada por una lealtad y una valentía sin igual.

MIchelle Lovric

Michelle Lovric

Brolo el optimista

Brolo el optimista

Por suerte, Talina también puede contar con Ambrogio Gasperin, el hijo de un próspero librero, decidido a convertirse en abogado. Es el único capaz de reconocerla incluso cuando adopta las formas más diversas.

Luego está la signorina Tiozzo, la mejor defensora de los gatos venecianos. Alberga y alimenta a decenas de gatos en un refugio maloliente llamado Ostello delle Gattemagiole. Algo terrible ocurrió años atrás, y por eso dedica su vida a ayudar a los gatos. Entre los numerosos huéspedes de la hospedería gatuna están Bestard-Belou y Albicocco, que se dedican a meterse con los gatos más tímidos y hacerles la vida imposible. La Contessa es una aristocrática gata blanca a la que todos respetan por su elegancia y absoluta superioridad. Brolo es un simpático callejero blanco y negro lleno de optimismo que suele llevarse sorpresas desagradables.

Albicocco en todo su esplendor

Albicocco en todo su esplendor

Y por fin llegamos a los malos malísimos de la novela, los Ravageurs, extrañas y misteriosas criaturas con aspecto bastante “hienil”, invisibles a los ojos de los adultos, que recorren Venecia de noche. Carecen de modales, hablan con un acento francés muy exagerado y muy malo, además de devorar complicados platos franceses. Están convencidos de que son los amos de la ciudad. Han conseguido esclavizar a los gatos y a las ratas; sus camareros son ovejas. Pero ahora empiezan a desaparecer los seres humanos…

Drusilla entre libros

Drusilla entre libros

La libreria Acqua Alta

La libreria Acqua Alta

Shylock, el personaje de “El mercader de Venecia”, de William Shakespeare, declara en un momento de la obra que el gato “es necesario e inofensivo”. Muchos venecianos creen que los gatos ayudaron a salvar la ciudad durante la epidemia de peste de 1348 matando a las ratas.

La Contessa en un puente veneciano

La Contessa en un puente veneciano

Pero los gatos callejeros no abundan en Venecia. Dicen que la ciudad cuenta con unos 6.000 gatos, aunque la mayoría viven en casas. En los años sesenta, una turista inglesa llamada Helena Sanders se quedó atónita al descubrir el lamentable estado de la población felina de la ciudad y se puso manos a la obra con unas pocas voluntarias. A pesar de las burlas, insultos y poquísima ayuda, consiguieron reducir y controlar a los gatos para que vivieran en condiciones dignas. Existen unos cuantos lugares donde siempre hay gatos en Venecia. Uno de ellos es la librería Acqua Alta, donde además de libros muy interesantes, suele haber unos cuantos gatos echándose la siesta.

San Lorenzo(Venecia)

San Lorenzo (Venecia)

También en los alrededores de la iglesia de San Lorenzo se han instalado “dormitorios” de madera para gatos callejeros alimentados por los vecinos. La organización sin ánimo de lucro DINGO se ocupa de gestionar varios santuarios y colonias distribuidos por la ciudad y las islas. DINGO cuenta con la ayuda de veterinarios que ofrecen tarifas reducidas y con el Servicio Veterinario Público de la ciudad, cuyos recursos son bastante limitados. La organización depende mayormente de donaciones, de la venta de sus calendarios y de la recaudación en mercadillos.