Gatos y Respeto

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Ian Anderson y los gatos

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Ian Anderson es el cantante y flautista del grupo de rock británico Jethro Tull, fundado en 1967. Ian Anderson, escocés de nacimiento, vive en una granja de Inglaterra con su esposa Shona, y ambos son amantes de los gatos.

Incluso podría decirse que el músico se siente fascinado por los gatos; según él, los gatos son los únicos que se pasean entre el mundo salvaje y el mundo doméstico. En http://jethrotull.com hay un apartado llamado “The Attic” que a su vez contiene otro, “Animals”, donde habla de su amor por los felinos y da consejos de cómo criar a gatitos. Es un acérrimo defensor de los gatos silvestres de pequeño tamaño, como el gato montés andino, el margay, el pallas o el tigrillo, felinos del tamaño de un gato doméstico a los que se caza sin piedad.

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Y dice: “El antepasado del gato doméstico actual probablemente sea el Felis lybicus, el gato silvestre africano y su compañero, el Felis sylvestris, el gato silvestre europeo. Ambos son los culpables de haber creado los amigables animales que nos han hecho el favor de regalarnos su cariñosa presencia y su trabajo dentro y fuera de nuestros hogares. Ya sé que muchos prefieren a los perros, allá cada cual. Yo mismo tengo dos pastores belgas a los que debo proteger de mis gatos”.

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Edith Södergran, poetisa y fotógrafa enamorada de los gatos

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Edith_Södergran_3Edith Irene Södergran (4 de abril de 1892 – 24 de junio de 1923) fue una poetisa sueca. Nació en San Petersburgo y vivió casi toda su vida en Finlandia, donde residía una minoría sueca compuesta por campesinos y pescadores, así como funcionarios.

Influenciada por la lectura de Heine y Goethe, escribió en alemán sus primeros poemas, pero después continuó escribiendo en sueco, lengua en la que también se expresaron otros poetas finlandeses. Poco antes de la Primera Guerra Mundial se instaló con su madre en Raivola.

Su primer libro, Dikter (Poemas, 1916), revelaba una nueva voz en la literatura de la época y fue recibido, en algunos casos, con admiración y cierto desconcierto, y en otros, con rechazo. Le siguieron Septemberlyran (Lira de septiembre, 1918) y Rosenaltaret (El altar de las rosas, 1919). En vida de la autora, su obra no gozó de una gran aceptación, posteriormente causó un fuerte impacto en la poesía nórdica, y contribuyó a liberar el verso de los límites impuestos por la rima y el ritmo regular.

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La poetisa vio el mundo desde Raivola; allí escribió, sufrió y reflexionó. Los otros habitantes siempre la miraron con curiosidad, pero esa curiosidad en algunas ocasiones se tornó maldad. En el mes de diciembre de 1919, su vecino ruso mató de un tiro a su gato favorito, Totti, también llamado Nonno, Råttikus, Rotteli, Trotteli y Råtte. Totti tiene una estatua conmemorativa.

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Los gatos de Reikiavik

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Nunca hemos estado en Reikiavik, pero todo el mundo que ha ido dice que es una ciudad llena de gatos. Gatos bien comidos, amables, educados, con collar y placa de identificación, que se pasean por las aceras, cruzan las calles e incluso miran mal a los conductores, andan por los muretes y vallas de los jardines, siguen a los paseantes y reclaman caricias. Obviamente no son gatos callejeros; suponemos que las casas de Reikiavik tienen una gatera instalada en la puerta trasera y que los gatos salen y entran a su antojo.

gatos_Reikiavik_2Por lo que hemos podido indagar, también hay gatos callejeros en Reikiavik, pero cuidan de ellos. Cuando el tiempo lo permite, incluso van a pasearse entre las rocas de la playa. Por todos los testimonios que hemos tenido acceso, hemos llegado a la conclusión de que Reikiavik es una ciudad donde los gatos, no diremos que son los reyes, pero sí que viven cómodamente.

Un dato curioso es que antiguamente estaba prohibido tener un perro en el centro de la ciudad porque se les consideraba “animales de granja”. Hoy en día, la población canina no supera los 2.000 ejemplares por unos 120.000 habitantes. Desconocemos la cifra de la población felina, pero parece ser bastante más numerosa. Siempre se permitió a los habitantes de la ciudad tener gatos.

En islandés, gato se dice “köttur” y, más cariñosamente, “kisi” o “kisa”.

Y ahora, unos cuantos dichos islandeses con gatos:

gatos_Reikiavik_4Að fara í kringum eitthvað eins og köttur í kringum heitan graut” que, traducido es algo como “Dar vueltas como un gato a unas puches calientes”, en otras palabras, “No ir al grano”.

Að fara í hund og kött”, “Como el gato y el perro”, es decir, “Todo salió mal”.

Að fara í jólaköttinn”, “Acabar como el gato en Navidad”, o sea, “Salir con las manos vacías”.

 Ese último dicho nos recuerda a un personaje del folclore llamado el Gato de Pascua (Jólakötturinn en islandés), un gato enorme y feroz, tal como lo describió el poeta Jóhannes Bjarni Jónassonn en 1932, que devora a los que no han trabajado duro y a los que no tienen una prenda nueva para Nochebuena. De hecho, todavía hoy muchos islandeses regalan ropa para Navidad y estrenan algo para celebrarla.

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Y por último, un estudio de los polimorfismos genéticos del pelo de los gatos islandeses demuestra que son bastante diferentes de los gatos del noroeste de Europa y que podrían ser los últimos supervivientes de una población felina desaparecida. Sin embargo, existen diferencias significativas entre los ejemplares rurales y los de la ciudad, probablemente debido al mayor contacto de estos últimos con otros gatos en años recientes.


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El gato Bébert y Louis-Ferdinand Céline

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Bébert era el gato de Louis-Ferdinand Céline (27 de mayo de 1894 – 1 de julio de 1961, un médico y escritor francés que generó controversia. Después de Marcel Proust, es el autor francés más traducido en todo el mundo.

Su pensamiento pesimista está imbuido de nihilismo. Está considerado como uno de los grandes innovadores de la literatura francesa del siglo XX. Un estilo elíptico muy particular, basado en un idioma callejero directo, tiende a comunicar la emoción inmediata. Fue condenado in absentia a un año de cárcel, aunque perdonado posteriormente, por haber colaborado con los nazis durante la Ocupación de Francia.

André Malraux escribió, refiriéndose a él: “…quizá fuera un pobre tipo, pero no cabe duda de que es un gran escritor”.

En su obra, Céline siempre se refería a los gatos como a los “greffiers” (gatos en argot), pero que en el idioma “normal” significa escribano, quizá porque a la mayoría de los gatos les encanta sentarse en un papel, por muy pequeño que sea, aunque otros dicen que la palabra provendría de “griffe” (garra).

Bébert era un gato grande de unos ocho kilos. Lili, la esposa del escritor, le acogió cuando el actor Le Vigan huyó a Alemania. Céline le seguiría al poco tiempo (en 1944) acompañado por Lili y el gato Bébert, recorrido que describe en la novela “De un castillo a otro”.

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Louis-Ferdinand Céline (izqda.) con un periodista

A partir de “Fantasías para otra ocasión”, el gato Bébert es una constante en la obra de Céline. Hemos escogido un breve pasaje de este libro.

 Dirás que un gato es una piel, pero ¡qué va! Un gato es el embrujamiento, el tacto en ondas… todo es un “brrr”, “brrr” de palabras… Desde luego, Bébert hablaba en “brrr”. Contestaba a las preguntas… Ahora “brrr”, “brrr” solo para él… ya no contesta a las preguntas… monologa sobre sí mismo… como yo mismo… está atontado como yo… (…) Bébert, lo mejor para él era un paseo, una salida, su forma de seguirnos… pero no durante el día, solo de noche y siempre que se le hablara… “¿Qué tal, Bébert?”… “Brrrr…” ¡Cómo le gustaba! La plaza Blanche, la Trinidad, incluso los bulevares una vez… (…) Era callejero de noche… pero ¡nunca solo ni solitario!… con nosotros… solo con nosotros… y con palabras cada diez metros… veinte metros… “brrr brrr”… Una vez casi hasta la plaza Etoile. Solo le asustaban las motos… Si había una en la calle, aunque estuviera lejos, me saltaba encima con todas las garras, se me tiraba encima como a un árbol… (P. 19, Féérie pour une autre fois, Edición Henri Godard)

 Bébert, que podría traducirse por Tito, ya que es el diminutivo de Alberto en francés, cuando Le Vigan lo compró en el gran almacén La Samaritaine, tenía un nombre mucho más elevado, se llamaba Chibaroui. Bébert, después de ir con Céline y Lili a Alemania y Dinamarca, volvió a Francia con ellos, primero a casa de unos amigos en Niza y finalmente a Meudon, cerca de París, donde murió unos meses después, a la muy respetable edad de 17 años.


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El “Gabinete de los Gatos” en Ámsterdam

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El KattenKabinet, situado en una espléndida casa edificada en 1667 y con un interior del XIX en una tranquila calle de Ámsterdam, probablemente sea el único museo del mundo donde encontrará a más de un gato tumbado en un sillón con tapicería de época o aseándose en una mesa Imperio. El museo fue fundado recientemente, en 1990, por William Meijer, un hombre dedicado al mundo de las finanzas y gran coleccionista, en memoria de su gato anaranjado llamado John Pierpont Morgan (como el famoso banquero). La colección ocupa los dos primeros pisos de la casa, y William Meijer y su familia, el último.

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La peculiaridad de la colección reside en que todas las obras tienen que ver con los gatos. Hay cuadros de Rembrandt, Picasso, Manet, Toulouse Lautrec y muchos otros. Por ejemplo, en una sala solo hay esculturas, pinturas y litografías de Theophile Alexandre Steinlen.

kattenkabinet_3John Pierpont Morgan (1966-1983), un gato testarudo y con mucha personalidad, según cuenta su dueño, recibía un regalo especial cada quinquenio al cumplir años. Para su quinto cumpleaños, Ansél Sandberg pintó su retrato. Poco antes de cumplir diez años, posó para una escultura de bronce que, por mala suerte, fue robada incluso antes de que se inaugurara el museo. Para celebrar su decimoquinto aniversario, sus amigos le presentaron una colección de cincuenta poemas jocosos de cinco líneas cada uno, y Aart Clerkx le hizo un retrato para que su cara pudiera sustituir a la de George Washington en los billetes de un dólar. Para la ocasión el banco Pierpont Morgan imprimió una tirada conmemorativa de billetes con la cara del felino.


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Gatos en la poesía de Maurice Carême

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Hoy queremos dedicar esta entrada a otra pequeña amiga llamada Maddi (pronunciado Mayi), que cumplirá dos años en agosto. No para de hablar de gatos ni de ver gatos en todas partes, a los que llama “pitxitxi”. Para ella hemos escogido tres poemas de Maurice Carême, el poeta de lo cotidiano enamorado de los gatos, a los que dedicó numerosos poemas sencillos y deliciosos. Para ti, Maddi, para que sigas interesándote siempre por estos extraños animales.

Maurice Carême (12 de mayo de 1899 – 13 de enero de 1978) nació en Wavre, capital del Brabante Valón en Bélgica. Una infancia feliz en el campo inspirará su obra posterior. Escribió sus primeros poemas en 1914. Fue nombrado maestro en Anderlecht en 1918. En 1933 hizo construir la “Maison Blanche” (Casa Blanca) en esa ciudad, convertida en 1975 en la sede del Museo Maurice Carême. Dejó la enseñanza en 1943 para consagrarse totalmente a la literatura.

Existe una recopilación de sus poemas “gatunos”, “Les 25 chats de Maurice Carême”, con ilustraciones de Tsuguharu Foujita (un amante de los gatos, dicho sea de paso), Tomi Ungerer y el Aduanero Rousseau, entre otros.

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Gatos y otros animales que ríen de Benjamin Rabier

Benjamin_Rabier_2Benjamin Rabier (1864 – 1939) fue un ilustrador, dibujante de historietas y de dibujos animados francés conocido sobre todo por crear el famoso dibujo de “La vaca que ríe”. Asimismo, es uno de los precursores de los tebeos de animales. Ganó el Premio de Dibujo de la Villa de París en 1879 y 1880.

Empezó a trabajar a los 14 años. Conoció al célebre caricaturista Caran d’Ache que le ayudó a publicar dibujos en diversas revistas. Sin embargo, hasta 1895 fue más conocido en Inglaterra, incluso en Estados Unidos, que en Francia.

A principios dBenjamin_Rabierel siglo XX se convirtió en un dibujante humorístico de éxito. En 1907 expuso en el Salón de la Escuela Francesa y en 1910, en el Salón del Pueblo. Guillaume Apollinaire redactó el catálogo.

Benjamin_Rabier_4Editó un periódico para la juventud titulado “Histoire comique et naturelle des animaux” (Historia cómica y natural de los animales).

Entre sus muchas historias de animales están “Les tribulations d’un Chat” (Las tribulaciones de un gato), publicada en 1908, y “Rabougri: Chat de gouttière” (Desmirriado: gato callejero), publicada en 1929.

 

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