Gatos y Respeto

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El gato en el Modernismo y el Art Déco

Lámpara, Max Le Verrier

El Modernismo en España, Arte Nova en Portugal, Art Nouveau en Francia, Italia y países angloparlantes, hizo furor a finales del siglo XIX y desapareció antes de la I Guerra Mundial. Uno de los más famosos representantes de este estilo es el arquitecto Gaudí. Nació como una reacción al arte academicista típico del XIX y se inspiró sobre todo en modelos orgánicos y vegetales, prefiriendo siempre las curvas y la asimetría a la línea recta. Todo se hizo más sensual. Las flores, hojas, tallos, insectos, animales, formas femeninas y masculinas rellenaban todo el espacio. Había un definido “horror vacui”.

Peineta modernista

Heinz Warneke (1927)

El Modernismo se expandió rápidamente por toda Europa: Austria, donde se llamó Secessionsstil (Estilo Secesión); Alemania, con el nombre de Jugenstil (Estilo Joven), Dinamarca, Suecia, Finlandia, Hungría, Lituania, Ucrania y Rusia. En cada país con sus características propias.

Eliseyev Emporium, San Petersbrugo

El Art Nouveau abarcó la arquitectura, la joyería, la ebanistería, la cerámica, el textil, el vidrio y, en general, todas las artes decorativas. Puede llamarse un arte total, aunque de corta vida. En 1910 ya empezaba a sustituirlo el Art Déco. No es fácil diferenciar a primera vista ciertos objetos de un estilo u otro, y más sin conocer la fecha de fabricación.

Charles Schneider (1922-24) Colección Barbra Streisand

El nombre de Art Nouveau proviene de “Maison de l’art nouveau” (Casa del arte nuevo), una galería abierta en 1895 por el marchante francoalemán Siegfried Bing, que fue fundamental en la introducción del arte japonés en Europa. Se trataba de crear un arte nuevo, joven, libre y moderno, de romper categóricamente con las rígidas reglas anteriores, de democratizar la belleza aportando valor estético a utensilios cotidianos e intentando hacerlos accesibles a toda la población, como ocurrió con el mobiliario urbano (bancos, farolas, las primeras estaciones de metro), al que hasta entonces no se había prestado mucha atención.

Sujetalibros, años 30

Desaparece así la jerarquía de artes mayores y menores. Tiene el mismo valor un edificio que una joya, un cartel que un cuadro. De hecho, los propios artistas realizan los marcos para sus cuadros, los arquitectos diseñan también los muebles.

Keralouve – La Louvière (Bélgica)

Max Le Verrier

Max Le Verrier

Es curioso que un estilo que ha dejado tantos ejemplos arquitectónicos, tantas piezas y dibujos, no sobreviviera más de 20 años. Solo queda pensar que debió tener un tremendo éxito entre algunas clases sociales en ese breve espacio de tiempo. Justo antes de la I Guerra Mundial apareció en Francia el Art Déco, apócope de “Arts Décoratifs” (Artes decorativas). En 1915 estaba previsto que tuviera lugar en París la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, pera la guerra lo impidió; en 1922, la falta de financiación abortó un segundo intento, y finalmente pudo celebrarse en 1925.

Gatos modernistas

Lalique

El Art Déco dejó su huella en el diseño de edificios (el arquitecto Frank Lloyd Wright en Estados Unidos), muebles, joyas, moda, coches, cines, trenes, transatlánticos y herramientas cotidianas como radios o aspiradoras. Durante sus momentos de gloria simbolizó el lujo, el glamur, la exuberancia y la fe en el progreso social y tecnológico que prevaleció en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales.

1930 (Art Déco)

Reunía una ecléctica mezcla de estilos, a veces contradictorios, en un afán de ser más novedoso que su precursor, el Modernismo. Desde el principio se vio influido por la geometría del cubismo, los colores brillantes del fauvismo, estilos exóticos procedentes del Lejano Oriente, de Persia y del Antiguo Egipto, incluso de los mayas. Los objetos solían fabricarse con materiales caros, como el marfil, y uno de los requisitos era que la ejecución debía ser impecable.

Lámpara (Art Déco)

Ya empezados los años treinta apareció un Art Déco mucho más dramático, sobre todo en Estados Unidos, a causa de la Gran Depresión. Se pintaron grandes murales en edificios públicos; los materiales usados eran cada vez menos costosos y, poco a poco, el Art Déco se transformó a su vez en otra cosa.

Detalle de una puerta (Art Déco)

El beso, Fantasio Reb (1925)

Numerosos artistas del Art Déco se sirvieron de la figura del gato para decorar todo tipo de piezas y joyas. Respondía perfectamente a lo que buscaban: líneas sensuales, misterio, belleza. Abundan las lámparas y figuras de Max Le Verrier, premiado con una Medalla de Oro en la famosa exposición de 1925. También están los famosos broches de la fábrica Swaroski, fundada por Daniel Swartz (que se cambió el apellido por Swaroski) con otros dos socios en 1895, después de patentar en 1892 una máquina de corte eléctrica que facilitaba la producción de objetos de vidrio.

Broche, Swarovski

Swarovski

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, de todos los artistas que usaron el gato en esos cincuenta años, creemos que el más atrevido y sorprendente fue el francés François-Rupert Carabin. Estudió escultura, fue orfebre, ebanista y fotógrafo, y está considerado como uno de los grandes ejemplos del Modernismo. A partir de 1890 se dedicó sobre todo al diseño de muebles únicos, decorados con desnudos femeninos y animales simbólicos, sobre todo gatos. También incluimos una muestra de su trabajo de orfebrería.

Piano, François-Rupert Carabin

Silla, François-Rupert Carabin

Silla (parte trasera), François-Rupert Carabin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hebilla de cinturón, François-Rupert Carabin

Y para acabar, siempre en el Art Nouveau, dos ejemplos de una decoración en un edificio del arquitecto Jean Falp, que diseñó varios edificios ente 1899 y 1907 únicamente en los distritos XI y XII de París. Al igual que Carabin, tendía a decorar los portales con figuras femeninas de las largas cabelleras, gatos y algún que otro pájaro y ratón.

Jean Falp (arquitecto) (1905)

Jean Falp (arquitecto) (1905)

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Gatos y la pintora californiana Dorr Bothwell

Snowball (Bola de nieve) y capuchinas (1974)

El 28 de septiembre del año 2000, el diario The Los Angeles Times publicó una nota necrológica anunciando el fallecimiento cuatro días antes de Dorr Bothwell bajo el encabezamiento “La pintora con una vida nómada”. Este título puede parecer un poco exagerado porque es cierto que viajó mucho, pero se asentó en Mendocino, al norte de San Francisco, en 1962, y siempre regresaba a la pequeña ciudad donde dio clases durante veinte años. También fue allí donde pintó más gatos e incluso les dedicó toda una exposición en 1977.

Exposición “Toda clase de gatos”

Nació en San Francisco el 3 de mayo de 1902, y siempre decía que recordaba que su cuna rodó por la habitación durante el gran terremoto de 1906, así como el caos que siguió. Ese mismo año, cuando ella tenía cuatro, anunció a su familia que había decidido ser artista.

Un habitante de Mendocino (1977)

Empezó a estudiar arte en 1916 con Anna Valentien, una amiga de sus padres que había sido alumna de Rodin, y unos años después ingresó en la Escuela de Bellas de Artes de California, antes de seguir estudiando en la Universidad de Oregón, en Eugene. Tuvo un estudio en San Francisco desde 1924 hasta 1927 y fundó, con otros ocho artistas, la Galería de Arte Moderno de la calle Montgomery, donde expuso por primera vez en solitario. Además, la galería se convirtió en un centro neurálgico para los artistas de la ciudad californiana.

Weeny, el manx de Mendocino (1970)

Se llamaba Doris Bothwell, pero se cambió el nombre de pila por Dorr para defenderse del sexismo imperante y así facilitar su entrada en el mundo del arte. En 1928 falleció su padre y heredó un poco de dinero. Con 26 años se fue a Ta’u, la isla más oriental del archipiélago Manu’a (Samoa), aunque estaba muy mal visto que una mujer emprendiera sola un viaje tan largo, pero lo que pensaban los demás no era algo que detuviera a Dorr Bothwell. Durante su estancia de dos años en la isla, realizó xilografías, dibujos, acuarelas y óleos que consideraba sus mejores obras. Siempre se sintió unida a la gente de Samoa y añoró la isla, que consideró una fuente de inspiración durante toda su vida.

Regazo isleño (1980)

Gato isleño (1980)

Posteriormente estudió un año en París y Roma. En principio, Dorr Bothwell rechazaba el surrealismo, pero cincuenta y cinco años después era capaz de recordar los cinco primeros cuadros que vio en la Exposición Internacional del Surrealismo en la capital francesa. Parece ser que salió absolutamente “asombrada, transformada y marcada”, en sus propias palabras. También contaba que había visto “Un perro andaluz”, la película de Buñuel, en su visita a París.

El gato de Prímula (1938)

Regresó a San Diego y al poco se casó con el escultor Donald Hord, pero la relación no duró y se divorciaron a los cuatro años. Se mudó a Los Ángeles para realizar encargos de la fábrica de cerámicas Gladding McBean, formó parte del grupo postsurrealista que se había formado en torno a Lorser Feitelson y Helen Lundeberg, y abrió la galería Bothwell-Cooke. Trabajó en el departamento de murales del proyecto Artes Federales de Los Ángeles entre 1936 y 1939, periodo en que aprendió la técnica serigráfica, un medio que usaría frecuentemente.

1976

Durante la II Guerra Mundial, mientras estaba en Los Ángeles, compartió un modesto piso con la artista Tammis Keefe y empezó a describir su día a día el 9 de febrero, dos meses después del ataque a Pearl Harbor, en un diario ilustrado de lo más curioso y divertido.

El reto (1976)

Príncipe siamés (1939)

Al obtener la beca Abraham Rosenberg pudo estudiar en París entre 1949 y 1951.  Después de un año en Nueva York dando clases, se trasladó a San Diego y enseñó en la Escuela de Bellas Artes de California durante cinco años. Estuvo otro año en Europa, concretamente en Inglaterra y Francia. En 1962 empezó a dar clases en el Centro de Arte de Mendocino y siguió haciéndolo hasta 1983. En 1977 adquirió un estudio en Joshua Tree, una pequeña ciudad totalmente al sur de California, no muy lejos de San Diego. Vivió en ambos lugares hasta 1992, cuando se instaló en Apache Junction, Arizona.

Sherezade (1977)

Jessica escondiéndose (1985)

Estuvo algunos meses en Nigeria y en Túnez para aprender las técnicas de teñido con añil, tejido y cerámica. En 1968 publicó un libro que coescribió con Marlys Frey, “NOTAN The Principle of Dark-Light Design” (NOTAN El principio del diseño oscuro claro), reeditado en 1991. También viajó a Bali, Java y Sumatra para hacerse con la técnica del batik, y en 1995 pasó un tiempo en Japón.

Gato mexicano de cerámica (1962)

Gatos gemelos (1976)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dorr Bothwell falleció el 24 de septiembre de 2000 en Fort Bragg, California, no lejos de Mendocino, donde había vuelto a instalarse hacía poco tiempo desde Arizona. Ya no podía pintar ni dibujar al haber perdido la vista por una degeneración macular; sin embargo, y gracias al premio que le concedió la Fundación Pollock-Krasner en 1998, se dedicó a organizar sus obras, documentos y memorias para los Archivos Smithsonian de las Artes Americanas en la Biblioteca Huntington de San Marino.

Juego de sombras (1976)

No sabemos a ciencia cierta si Dorr Bothwell tuvo gatos, pero alguien que pintó tantos debió tenerlos. Las reproducciones que incluimos son una reducida muestra de los muchísimos gatos que le sirvieron de modelo. De todos ellos, alguno tuvo que compartir su hogar. Hay un autorretrato con gato de 1942, lo que implica la convivencia con uno. La primera obra con gato remonta a 1927 (“Gatos cazando”) y la última a 1985.

Autorretrato (1942)

Gato cazando (1927)

Hay un periodo comprendido entre el antes mencionado autorretrato y “Gato de palacio”, realizado en 1970, en que su obra no incluye gatos, como si no los hubiera vuelto a pintar hasta encontrar un lugar más estable, como fue Mendocino. Por mucho que hemos buscado, nadie la relaciona directamente con gatos, pero estamos seguros de que alguien que les dedicó una exposición, no solo los amaba, también los conocía muy bien.

Gato de palacio (1970)

A la memoria de Goldie (1986)


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Gatos en fotos de Walter Chandoha

Hace unos setenta años, Walter Chandoha volvía a casa después de dar clases en la Universidad de Nueva York una fría noche de invierno cuando vio a un gatito que no podía tener más de cinco semanas temblando en la nieve. Se detuvo, se lo puso en el bolsillo y se lo llevó casa. Así empezó una gran amistad y también una brillante carrera.

En esa época, el fotógrafo vivía con su esposa en un pequeño apartamento en el barrio de Queens. El gatito entró en calor, se recuperó y se comportó como cualquier gato, pero tenía una peculiaridad. Cada noche, aproximadamente a las once, empezaba a correr y a saltar como un loco antes de calmarse al poco rato. Decidieron llamarle “Loco”.

Loco

Loco (1958)

Chandoha y su esposa adoptaron más gatos y sus fotos no tardaron en ser publicadas en varias revistas. “Loco y sus amigos me permitieron hacer fotos que me interesaban”. También hicieron posible que dejara el pequeño piso de Queens y se mudara a una granja de dieciocho hectáreas en Nueva Jersey, donde sigue viviendo hoy en día. Loco también es el responsable de que Walter Chandoha no se dedicase al marketing cuando se graduó y se inclinara por la fotografía.

Sombras

Nació en 1920, tiene 98 años, ha hecho 200.000 fotos desde sus días de estudiante en la Universidad de Nueva York, ha publicado 34 libros, sus fotos han aparecido en más de 300 portadas de revistas y en miles de anuncios, y es “El Fotógrafo de gatos” con mayúsculas de Estados Unidos.

Una de sus fotografías más famosas es “The Mob” (El hampa), de 1963. “Hubo una época en que se usaba a los gatos para promocionar cualquier cosa”, recuerda. “Fotografié para anuncios de compañías que estaban en la lista “500” de Fortune y de empresas que acababan de empezar. Durante un breve periodo, un año quizá, me atrevería a decir que el 90% de las fotos en paquetes y latas de comida para gatos o perros eran mías”.

The Mob

Siempre trabajó desde su casa, al principio en el diminuto piso de Queens y, luego, en un pajar remodelado en la granja de Nueva Jersey. Las sesiones fotográficas eran un asunto de familia, sobre todo por la valiosa ayuda de María, su lamentada esposa. “Sin María no habría podido realizar la mayoría de fotos”, reconoce. Además de ocuparse de toda la parte administrativa, de los contratos, incluso de supervisar el revelado, tenía un don para calmar a los modelos mientras él los fotografiaba con una Hasselblad.

En el estudio con su hijo

“No se puede meter prisa a un gato”, explica. “Cualquiera que tenga uno sabe que no es el amo, el gato es el amo, y se pasará el día haciendo lo que le apetezca cuando quiera”. Y sigue diciendo: “Cuando empecé haciendo fotos hace más de setenta años, las cámaras pesaban mucho, eran de metal, incluso de madera. Los negativos eran caros y no podía desperdiciarse el material. Hoy en día es mucho más fácil. Cualquiera puede compartir sus fotos en Internet”.

En octubre de 2015 publicó “Walter Chandoha: The Cat Photographer” y concedió entrevistas a numerosas revistas y periódicos entre las que nos hemos permitido escoger unas cuantas preguntas y respuestas. Entonces solo tenía una gata, Maddie, recogida en un refugio. “Es importante que todos se convenzan de que si quieren un gato, deben adoptarlo”, dice. Dos años después tenía la firme intención de adoptar un segundo gato. “Hemos tenido muchos, muchos gatos, estaba Tom, Friend (Amigo), Minguina, Kome, Spook (Fantasma), Floyd, Precious (Preciosa), y uno de mis favoritos fue Rags (Trapo). Además de los de casa, estaban todos los que vivían en los graneros para mantener a raya a la población de roedores”. Y añade: “Pero mi favorito siempre fue Loco, el responsable de haberme convertido en un fotógrafo de gatos”.

Walter Chandoha con Maddie

Tiene muy claro que prefiere los gatos a los perros cuando se trata de hacer fotografías: “Son más expresivos que los perros, eso es lo primero. Se meten en más líos que cualquier perro y vocalizan de otra forma, ronronean, gruñen y maúllan con cadencias muy diferentes”. Hizo miles de fotos de gatos, pero sigue sorprendiéndose de que siempre aportan algo nuevo, algo único.

Hablando de los artistas que más le gustan, menciona a Théophile Steinlein (https://gatosyrespeto.org/2014/11/25/steinlen-el-dibujante-de-gatos/), que también hizo muchos dibujos de gatos para anuncios; a Tsuguharu Foujita (https://gatosyrespeto.org/2018/06/14/gatos-en-los-autorretratos-de-tsuguharu-foujita/) y al holandés Johannes Vermeer: “No creo que pintara un solo gato, pero también presento al modelo iluminado desde atrás y con sombras, como hacía él”. Finalmente habla de la fotógrafa de animales Ylla (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/): “Puede que subconscientemente me haya inspirado para fotografiar gatos”.

Cree que su foto más divertida es la de un cachorro de perro Weimaraner: “Fue una foto entre un millón gracias a un gatito. Uno de mis hijos entró en el estudio con un gatito en brazos. El perro nunca había visto a un gato, y encima maulló; el perro abrió literalmente los ojos de par en par”.

En cuanto a unos consejos para hacer geniales fotos de gatos, dice: “Ante todo hay que tener paciencia. Apunten siempre lo que su gato hace o no hace en cualquier situación. Estudien sus costumbres, sus preferencias, sus aversiones. Después de más de setenta años haciendo fotos, sigo observándolos. Hay que estar al mismo nivel que el gato para conseguir un contacto visual. No teman hacer ruidos para atraer su atención; a veces, el estudio parecía una granja por todos los gruñidos y cacareos que yo emitía. Siempre deben recompensarles con algo que les guste, un poco de queso, un trozo de buen paté o de atún”. Y para terminar, recomienda usar una cámara Canon DSLR.

A Walter Chandoha le gustan los gatos, desde luego. Además de usar a los suyos como modelos, cuando ninguno respondía a lo que buscaba, recurría a sus amigos y vecinos. Dejó de fotografiar a sus amigos los gatos cuando falleció su esposa María, la mujer que susurraba a los gatos, según él. Desde entonces se ha dedicado sobre todo a hacer maravillosas fotos de huertos y verduras.


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Los gatos del pintor Xu Beihong

Xu Beihong nació el 19 de julio de 1895 en Yixing, provincia de Jiangsu, no muy lejos de Shanghái. Empezó a estudiar a los clásicos chinos y caligrafía con su padre al cumplir los seis años, y pintura china a los nueve. A los veinte años, en 1915, se trasladó a Shanghái y trabó amistad con su profesor Jiang Meisheng, también originario de Yixing. Conoció a la hija de este, Jiang Tangzhen, y se enamoró locamente, pero ella estaba prometida al hijo de la rica y poderosa familia Zha. Los dos jóvenes decidieron fugarse a Tokio, donde Xu Beihong tenía pensado ir para estudiar Bellas Artes. El escándalo fue mayúsculo. Para pasar desapercibida, la joven Tangzhen se hizo llamar Jiang Biwei, nombre con el que sería conocida el resto de su vida.

Autorretrato (1922)

Al cabo de seis meses se quedaron sin dinero y no tuvieron más remedio que regresar a Shanghái. Xu Beihong consiguió una beca de la Universidad de Pekín para estudiar en París. Una vez allí, a principios de 1919, asistió a clases de pintura y dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes, mientras Biwei se sumergía en el estudio del idioma francés. Desde París, Xu Beihong escribía artículos regularmente para el Diario de la Universidad de Pekín. El primer cuadro que demuestra el cariño que ambos sentían por los gatos data de este periodo. Es un oleo en un estilo totalmente diferente a los numerosas representaciones de gatos que el pintor realizaría más tarde.

El artista, su compañera Jiang Biwei y su gato francés (1924)

Regresaron a China en 1927, estando Jiang Biwei embarazada de su primer hijo, Xu Boyang. Dos años después dio a luz a una niña, Xu Lili. Al cabo de poco tiempo, Xu Beihong fue nombrado profesor en la prestigiosa Universidad de Nankín, y en 1930 anunció que se había enamorado de una de sus alumnas, Sun Duoci, a la que consideraba un genio de la pintura. Biwei prefirió no tenerlo en cuenta y en 1933, cuando el pintor realizó una importante exposición itinerante en Europa, concretamente en Francia, Alemania, Bélgica, Italia y la Unión Soviética, le acompañó.

1941

La relación del pintor con su alumna siguió hasta que esta acabó casándose con otro. Sin embargo, la biografía de Xu Beihong escrita por Liao Jingwen, la asistente y segunda mujer del pintor, indica que solo se trataba de rumores que hizo correr Zhang Daofan, un hombre enamorado de Jiang Biwei, en un intento de hacer que se separaran, lo que hicieron en 1935. Daofan y Biwei se habían conocido en París, cuando él ya tenía una esposa francesa. Zhang Daofan era un importante miembro del Kuomintang y llegó a ocupar el puesto de primer ministro de la República China de Taiwán, país donde Jiang Biwei se trasladó inmediatamente después de la guerra civil. Vivieron juntos diez años, pero ella nunca apareció en público con él, y en 1958, cuando su esposa francesa se instaló en la isla, Biwei desapareció de su vida.

1948

Durante 1939 y 1942, Xu Beihong exhibió sus obras en solitario en Singapur, Malasia e India. En este último país tuvo la ocasión de conocer a Rabindranath Tagore y a Mahatma Gandhi, que le inspiraron para la creación de obras tan conocidas como “El viejo alocado que retiró las montañas”. Donó la mayoría de los beneficios de estas exposiciones al pueblo chino para aliviar las consecuencias de la guerra.

Después del nacimiento de la República Popular China en 1949, Xu Beihong fue nombrado presidente de la Academia Central de Bellas Artes y de la Asociación de Artistas de China. En 1945 conoció a Liao Jingwen, con la que se casó poco tiempo después. Vivieron juntos hasta el año 1953, cuando Xu murió de un infarto a los 58 años. Tuvieron dos hijos, pero Jingwen también crió a los dos hijos de su primer matrimonio. A partir de la muerte de su marido, se dedicó totalmente a la conservación de sus obras. Donó más de 1.200 dibujos, cuadros y cerámicas al Estado, además de unas mil antigüedades y miles de libros.

En 1957 se convirtió en la conservadora y primera investigadora del Museo dedicado a Xu Beihong. Pero durante la Revolución, los cuadros de Xu se identificaron con el capitalismo y hubo varios intentos de destruir la colección. Recurrió a Zhou Enlai, entonces primer ministro, y las obras fueron enviadas a la Ciudad Prohibida para su protección. El museo se cerró en 1967 debido a la construcción del metro, y en 1972 escribió a Mao Zedong para obtener otra sede. Tardó diez años en conseguir que se reabriera en Xinjiekou, un barrio de Pekín. Entonces terminó la biografía de Xu Beihong, que ha sido traducida al inglés, francés y japonés.

El pintor quiso crear una nueva forma de arte nacional y siempre combinó la técnica de pinceles y tinta china con métodos y perspectivas occidentales. Cuando era profesor, siempre defendió que el concepto artístico estaba por encima de la técnica y subrayó la importancia de las experiencias personales del artista. Puede decirse que, de todos los pintores de la era moderna china, es el verdadero responsable de la dirección que tomó el movimiento artístico chino moderno. Ocupó importantes cargos desde los que desarrolló políticas artísticas al principio de la era comunista que todavía se siguen y respetan en numerosas escuelas y facultades de Bellas Artes en China.

Xu Beihong

Xu Beihong llegó a cuidar de treinta gatos sin hogar en su casa de Nankín antes de la guerra con Japón y siempre se consideró mejor pintor de gatos que de caballos, a pesar de ser más conocido por estos últimos. Era capaz de capturar la anatomía de sus modelos con gran exactitud. Por ejemplo, en “Dos gatos” (1938), el rabo del que bosteza y se estira está ligeramente curvado al final y no es completamente negro, hay pequeñas manchas blancas. En la mayoría de cuadros, las uñas están cuidadosamente retratadas. Todos sus gatos tienen ojos algo más grandes de lo normal, lo que les aporta mucha expresividad. Estos detalles realistas son una clara demostración de su maestría con las técnicas occidentales. Además de gatos, pintó otros animales, leones, caballos, perros, grullas, urracas, águilas, gallos…

Dos gatos (1938)


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El gato Pallas o felis manul

De las 41 especies de gatos conocidas, 34 son consideradas “gatos pequeños”, y de ellas hay muchas amenazadas, se sabe poco y apenas se realizan acciones para conservarlas. El gato Pallas no es una excepción. Llamado así en honor al naturalista alemán Peter Simon Pallas, que lo descubrió en 1776, también se le denomina manul, gato estepario y gato salvaje de las rocas. El felis manul procede del linaje del leopardo y es endémico de Asia central. Vive sobre todo en Mongolia y en el altiplano tibetano, pero ocupa de forma salpicada una enorme área que parte desde el mar Caspio, pasando por Turkmenistán,  Kazajistán, Kirguistán, Irán, Afganistán, Beluchistán, Ladakh, China central y occidental y el sur de Rusia, hasta Siberia.

Habitan ecosistemas de pastizales, estepas montañosas y zonas semiáridas características de Asia Central. Se han avistado hasta los 1.700 metros por encima del nivel del mar en Mongolia. Soportan temperaturas que oscilan entre los 36 grados en verano y menos 30 en invierno, aunque no están adaptados para moverse en nieve profunda. Su hábitat se limita a parajes donde la nieve no supera los diez centímetros de espesor.

En las montañas del Tibet (Vincent Munier)

No son mucho mayores que un gato doméstico y están cubiertos por un pelaje muy espeso y largo, cuyo color varía entre el gris claro y el marrón rojizo con las puntas blancas, lo que les da un aspecto “escarchado”. El pelo del vientre es más largo que el de la espalda. Son gatos fornidos, de cabeza redonda y ancha, grandes ojos redondos y amarillos, cuyas pupilas se contraen en pequeños círculos en vez de la habitual raya del gato doméstico. Tienen piernas cortas y fuertes, un rabo largo y ancho con cinco o seis círculos de color.

Río Amarillo, frontera entre las provincias de Sichuán y Gansú (China)

En el Azerbaiyán iraní.

Su ámbito de hogar es muy amplio para un félido tan pequeño; el de los machos suele solaparse con el de varias hembras y ocupa una media de 98 km cuadrados; el de las hembras, unos 23 km cuadrados. Los pocos estudios de densidad realizados hasta la fecha indican entre 4 y 8 especímenes por 100 km cuadrados.

Cachorros en las montañas de Mongolia

En realidad parecen más fuertes y grandes de lo que son por el espeso pelaje que les protege del frío. La membrana nictitante (tercer párpado) está muy bien desarrollada y puede que les sirva para protegerse de los vientos helados y las tormentas de arena. Trepan por las rocas y los riscos con gran facilidad. Para guarecerse en invierno utilizan las madrigueras de marmotas porque ofrecen una buena regulación térmica, y en verano, huecos entre las rocas. Suelen tener varias guaridas y usarlas regularmente.

Son animales solitarios que duermen durante el día y cazan pequeños mamíferos a la hora del crepúsculo, pero no son animales nocturnos. La mayor parte de su dieta está compuesta por pequeños roedores y ochotonas (también conocidas como liebres silbadoras). Estas últimas son mucho menos rápidas que los ratones, lo que requiere un menor esfuerzo por parte del manul. También se alimentan de jerbos, pájaros, carroña e insectos.

Montañas de Kirguistán

El gato Pallas tiene varios depredadores, como el zorro rojo, el lobo, el perro doméstico y las grandes aves de presa. El hombre también caza al manul, sobre todo en Mongolia, a pesar de estar prohibido, por su pelo y porque se cree que ciertas partes de su cuerpo poseen propiedades medicinales. Para evitar el peligro, pasan la mayoría del tiempo entre las rocas, donde pueden huir fácilmente y esconderse en un agujero o madriguera si alguien se acerca. Sin embargo, no son corredores rápidos y recurren al camuflaje que les proporciona su pelaje, sobre todo para defenderse de las aves de presa.

El apareamiento tiene lugar entre diciembre y marzo, para que las camadas nazcan a partir de marzo. El periodo de celo en las hembras dura de 24 a 48 horas y la gestación oscila entre 66 y 75 días en animales en cautividad. La madre puede dar a luz desde uno a seis gatitos, pero lo normal es de tres a cuatro. Mudan el pelo a los dos meses, cuando pesan unos 500 gramos, y son totalmente independientes a los cinco meses. Alcanzan la madurez sexual a los 10 meses.

El gato Pallas puede llegar a alcanzar los doce años en cautividad, pero la media en libertad es de 27 meses con el mayor nivel de mortandad durante los meses de invierno.  La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera al felis manul como especie “casi amenazada” en su Lista Roja, y la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) lo ha incluido en el Apéndice II. La población está menguando y es muy probable que ya no se encuentre ningún ejemplar en las proximidades del mar Caspio. Las regiones de Tuvá y Chitá son las más pobladas en Rusia, y Mongolia parece ser el baluarte del félido. Últimamente se han avistado varios en Irán.

Camada en Irán

A principios del siglo pasado se mataban hasta 50.000 especímenes cada año. La caza del gato Pallas fue prohibida en 1988, pero como hemos dicho antes se sigue cazando sobre todo por su pelaje, reputado como muy caliente en invierno. El mayor peligro para el manul es la degradación del hábitat debido a la creciente presencia humana y a los cazadores de marmotas. Asimismo, las autoridades locales en Mongolia aún conceden permisos para cazarlos. Otra terrible amenaza son las campañas legales de envenenamiento de las ochotonas con el fin de controlarlas, algo que ocurre con cierta frecuencia en Rusia y China.

Pareja joven en la meseta tibetana

La única defensa del gato Pallas es la inaccesibilidad y desolación de su hábitat. En 2016 nació PICA, Alianza para la Conservación Internacional del Gato Pallas, un proyecto dedicado a recopilar datos sobre el feliz manul y a defenderlo. Esperemos que consigan ayudar a este precioso y tímido felino que ocupa pequeñas zonas en un territorio inmenso.

Mongolia