Gatos y Respeto

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El gato negro (Le Chat Noir), un cabaret parisino

El tercer Le Chat Noir

¿Existió realmente el gato negro que dio nombre al famoso cabaret? Cuenta la leyenda que

Rodolphe Salis

Rodolphe Salis, al visitar el lugar donde abrió el primer Le Chat Noir, escuchó los maullidos de un gato negro hambriento encaramado en una farola y lo acogió. Otros dicen que el gato ya vivía en el local cuando Salis lo adquirió y que se convirtió en su mascota. Sea como sea, el minino sin nombre fue el emblema del establecimiento donde no tardaría en reunirse la crema de la intelectualidad parisina de finales del siglo XIX.

El primer Le Chat Noir

Salis abrió el primer cabaret en el 84 del bulevar Rochechouart el 18 de noviembre de 1881. El primer gato negro se alojó en una antigua y exigua oficina de correos de 14 metros cuadrados con un trastero de 4 metros cuadrados al que se accedía mediante tres escalones y que servía de escenario. Una de las peculiaridades del cabaret era haber apostado a un guarda suizo delante de la puerta para alejar a los burgueses y al clero, e invitar a entrar a artistas y poetas.

Las paredes del minúsculo local estaban sobrecargadas de dibujos y cuadros, algunos del propio Salis, que antes de ser propietario de cabaret se había dedicado a pintar viacrucis y otros motivos religiosos. El objeto más preciado era el “cráneo” de Luis XIII niño que todos podían acariciar respetuosamente. La llegada del cantante y humorista Aristide Bruant aseguró el éxito del cabaret. La ropa que escogió para aparecer en escena le siguió hasta la muerte: chaqueta de pana, botas altas negras, bufanda roja, sombrero de ala ancha y capa negra… Fue el autor de la famosa balada: “Busco fortuna / donde el Gato Negro / bajo la luna / en Montmartre de noche (en francés rima).

El segundo Le Chat Noir, calle Victor Massé

Una pelea con unos chulos que deseaban convertir Le Chat Noir en lugar de encuentros amorosos acabó con la muerte de uno de ellos, lo que decidió a Salis a encontrar otro local algo más grande para acoger a una clientela cada vez más numerosa. En mayo de 1885, Le Chat Noir se trasladó al nº 12 de la calle Laval, hoy calle Victor-Massé, a un edificio de tres pisos. La mudanza sirvió de excusa para una gran fiesta. Aristide Bruant adquirió el primer cabaret al que rebautizó como “Le Mirliton”.

El cartel de Steinlein

El pintor Willette se encargó de la decoración, y cuadros de Steinlein, Chéret y Rivière llenaron nuevamente las paredes. En esa época, Steinlein pintó el famoso gato reproducido en camisetas, bolsos, tazas, llaveros, platos, calzoncillos y demás que tanto gusta a los turistas.

Estudio para La virgen del gato

 

Adolphe Willette por Marcellin Desboutin

La decoración hacía honor al célebre felino. Además de “La virgen del gato”, de Willette, había una espectacular chimenea de Grasset con columnas bizantinas rematadas con sendos gatos, vigilados por otros dos sentados en unos misales. Un entrepaño lucía un terrible gato negro asustando a un ganso blanco, simbolizando a la burguesía aterrada ante la intelectualidad.

Número del 14 de enero de 1882 de la revista

Para promover el cabaret, Rodolphe Salis creó una revista semanal literaria y satírica cuyo nombre no podía ser otro que “Le chat noir”. Apareció cada sábado desde el año 1882 a 1895 como una auténtica encarnación del espíritu de fin de siglo. Entre sus numerosos colaboradores mencionaremos a Alphonse Allais, Guy de Maupassant, Barbey d’Aurevilly, Victor Hugo, Huysmans y Edmond de Goncourt. Las críticas musicales estaban firmadas por Gounod y Massenet, y habituales como Steinlein, Willette y Léandre se ocupaban de las ilustraciones.

El establecimiento estaba dividido en varios ambientes. En el primero, el bajo, se bebía y se entablaba conversación con las mujeres galantes que acudían cada noche. El primer piso se reservaba a los espectáculos de cancioneros, poesía y sombras chinescas. Numerosos artistas participaron en la creación de los personajes recortados en zinc; los libretos eran obra de escritores de moda entonces, y la música se debía sobre todo a Charles de Sivry.

Comiendo en el segundo cabaret

El teatro de sombras chinas tuvo un enorme éxito, sobre todo con la obra “La epopeya”, de 1888,  dedicada a Napoleón, con personajes del caricaturista Caran D’Ache. Pero con el tiempo se abrieron otros cabarets que copiaron a Le Chat Noir, e incluso fueron más innovadores. Poco a poco, el cabaret de Salis dejó de estar de moda. El último espectáculo de sombras chinas tuvo lugar en 1896. Cuentan que el empresario, presa de la desesperación, destruyó gran parte del mobiliario a hachazos. Pero no tardó en recuperar su espíritu emprendedor y decidió abrir un tercer Le Chat Noir. Abandonó Montmartre por los Grandes Bulevares, pero ya era demasiado tarde. Endeudado y enfermo, se vio obligado a ceder su obra a un burgués y murió algunos meses después, en 1897. Le Chat Noir desapareció con él.

Interior del segundo cabaret

El tercer Le Chat Noir abrió sus puertas en 1907, años después de la muerte de Salis, en el 68 del bulevar Clichy. Algunos dicen que la viuda del empresario autorizó a Jehan Chagot a usar el famoso nombre. Pero la magia se había ido con Salis, aunque el local aguantó hasta 1933, sustituido actualmente por un café que nada tiene que ver con el verdadero gato negro.

El tercer cabaret

Ya se sabe, los gatos tienen siete vidas. Sin embargo, el gato de Adolphe Salis vivió con tanta intensidad que solo tuvo dos.

 

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Gatos, Marie Laurencin y el “ninfismo”

Marie Laurencin, nacida el 31 de octubre de 1883 en París, está estrechamente unida al

Foto de André Kertész (1930)

nacimiento del arte moderno. Fue discípula de Georges Braque, musa de Guillaume Apollinaire, amiga de Pablo Picasso y amante de Nicole Groult, la famosa diseñadora de moda. Su muy particular estilo, descrito como “ninfismo”, va más allá del fauvismo y del cubismo; de hecho, es totalmente personal. La fama que alcanzó en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales se vio ensombrecida por la vida mundana que llevó en París durante la ocupación alemana. Quizá esto explique que se celebraran tan pocas exposiciones suyas, incluso después de su muerte en 1956, y que casi se la olvidara. Por fin, en 2011, Bertrand Meyer-Stabley exploró los claroscuros de su vida en una biografía, y el museo Marmottan Monet de París expuso su obra entre febrero y junio de 2013.

Retrato de Marie Laurencin por Jean-Emile Laboureur

Desde muy pronto, cuando solo se dedicaba a pintar porcelanas en la manufactura de Sèvres, sentía predilección por los rostros femeninos y los gatos. No cabe duda de que le gustaban los gatos; lo demuestra una foto en su estudio con un gato negro en brazos. Además, el dibujante y pintor Jean-Emile Laboureur la retrató de pie con un gato a su lado. Sin embargo, solo hemos encontrado siete reproducciones de cuadros suyos que incluyen gatos, y uno de ellos es un autorretrato. También incluía perros, ciervas y caballos en sus composiciones.

La musa inspirando al poeta (Henri Rousseau)

A pesar de la oposición de su madre, Marie se dedicó a la pintura. A los 22 años, el propio George Braque la animaba a seguir y le presentó a Picasso en el taller del Bateau-Lavoir, donde conoció a Apollinaire en 1907 y no tardó en convertirse en su musa y amante. Al cabo de cinco años la tormentosa relación llegó a su fin, pero parece que les marcó profundamente a ambos y que les perseguiría hasta el fin de sus vidas. El famoso pintor Henri Rousseau “El aduanero” retrató a la pareja bajo el título “La musa inspirando al poeta”.

 

Habría podido adoptar las corrientes artísticas del momento, pero prefirió emprender un camino propio, ingenuo, figurativo y único. Una de sus primeras grandes composiciones fue el cuadro “Apollinaire y sus amigos”, del que hizo dos versiones. Gertrude Stein compró la primera, la segunda se colgó en el piso de su amante. En 1911, el galerista Wilhem Under consiguió vender una acuarela suya, “Las jóvenes”, por 4.000 francos, un precio desorbitado para la época. La noticia recorrió París y los cuadros de Marie empezaron a venderse.

Autorretrato con gato

En 1914 se casó con el pintor alemán Otto von Wätgen, convirtiéndose en alemana y en baronesa con una renta anual de 40.000 francos. Alemania declaró la guerra a Francia muy poco después y se vieron obligados a huir. Von Wätgen no tenía la menor intención de servir como oficial en las filas prusianas, por lo que se trasladaron a Madrid y conocieron a la marquesa Cecilia de Madrazo. De Madrid fueron a Málaga y posteriormente a Barcelona. A principios de 1918, la pareja aceptó la invitación de Cecilia de Madrazo, que les cedió un piso enfrente del Prado donde se quedaron un año. Fue una época en la que Marie pintó poco, pero pasaba largas horas en el Prado contemplando los cuadros de Velázquez, El Greco y Goya, al que admiraba profundamente. En Madrid se enteró de la muerte de Guillaume Apollinaire. El poeta había fallecido el 9 de noviembre de 1918 bajo el cuadro que ella había pintado y que sus amigos colgaron encima de su cama en el hospital.

Después de una temporada en Zúrich, donde conoció a Archipenko y a Rainer Maria Rilke, y de estar en la casa de su suegra en Dusseldorf, decidió divorciarse y regresar a París. Durante la guerra, el gobierno francés había requisado y vendido su casa. Encontró una ciudad cambiada, la vida de bohemia había desaparecido, pero fue una etapa de trabajo intenso, de amigos y amantes. Pintó carteles, diseñó decorados para el escenario y firmó un contrato con el marchante Paul Rosenberg, con el que siempre trabajaría y que le proporcionó la fama. Los encargos de retratos no paraban de llegar y el periodo comprendido entre 1920 y 1937 fue, sin lugar a dudas, el mejor y más productivo de la artista.

En su estudio

En 1931 inauguró el Salón de las Mujeres Artistas Modernas, y su participación en este evento anual, al que la crítica masculina dio poca importancia, convenció a muchas otras pintoras, como Suzanne Valadon, para que también se unieran. Sin embargo, a pesar de reconocer la dificultad que tenían las mujeres para acceder a la vida pública, nunca adoptó una posición feminista.

Después de la derrota de Francia en 1940, la pareja formada por Marie Laurencin y Nicole Groult siguieron con su vida mundana en casa de esta última o de otra amiga donde recibían a escritores políticamente ambiguos como Marcel Jouhandeau y Paul Léautaud, oficiales e intelectuales alemanes, reencontrándose con conocidos de la época de su primer matrimonio.

Firmó la petición para que liberasen a su viejo amigo Max Jacob del campo de internamiento de Drancy, donde el escritor murió poco después. El 8 de septiembre de 1944, día de la Liberación, fue detenida y llevada a ese mismo campo, en el marco del proceso de depuración cívica. Liberada una semana después sin cargos, se refugió en casa de Marguerite Duras. No consiguió recuperar su piso, que había sido requisado durante la ocupación, hasta el año 1955.

Desde 1945 a 1956, año de su muerte, realizó tres retiros espirituales en conventos y siguió pintando en su taller de la calle Vaneau. En 1954 adoptó legalmente a la hija de 49 años de su antigua criada que ya ocupaba el lugar de su madre. Falleció el 8 de junio en su casa de un paro cardíaco.

De acuerdo con sus últimas voluntades fue enterrada en el cementerio Père-Lachaise, vestida de blanco, con una rosa y las cartas de amor de Apollinaire, que llevaba 37 años esperándola unos pocos metros más allá.

“El otoño ha muerto, recuérdalo, / no volveremos a vernos en la tierra / olor del tiempo brizna de brezo / y recuerda que te espero”. (Apollinaire, 1912, escrito después de su ruptura)


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Los gatos del escultor Edouard-Marcel Sandoz

Edouard-Marcel Sandoz, nacido en Basilea (Suiza) el 21 de marzo de 1881, era hijo de Marcel

El artista con un gato y un perro

Sandoz, fundador de la empresa química y, posteriormente, farmacéutica Sandoz. Después de estudiar Química durante tres años en la Escuela de Artes Industriales de Ginebra, se trasladó a París en 1904 e ingresó en la Escuela de Bellas Artes. Sus maestros fueron el escultor Antonin Mercié y el pintor Fernand Cormon, entre otros. Se casó con Adèle Passavant en 1909 y la pareja no tardó en instalarse en el barrio de Montparnasse. Expuso en numerosos salones, lo que contribuyó a darle notoriedad.

Sus aficiones eran muy diversas: pintura, decoración, ingeniería, física, química (se interesó sobre todo por los tintes) y los inventos (se le debe un sistema de proyecciones luminosas para teatro), pero su gran pasión era la escultura y en especial, la de animales. En una ocasión dijo: “El arte debe interesarse por el amor, la naturaleza y la ciencia”.

Durante la Primera Guerra Mundial, al ser cada vez más difícil obtener materiales como la piedra y el bronce, se decantó por la cerámica y se puso en contacto con los hermanos Théodore y William Haviland, entonces directores de una de las más importantes manufacturas de porcelana de Limoges. La colaboración entre los tres duró más de treinta años, hasta 1952, durante los que realizó numerosas representaciones animales. Además de gatos, la fábrica de porcelana Haviland produjo monos, aves, conejos, perros, peces y sus famosos zorros del desierto a partir de moldes diseñados por Sandoz. Entre los artículos más vendidos había cajas, frascos, botellas y otros objetos útiles de porcelana.

Bote

Cenicero

Circa 1926

Sus esculturas de animales se caracterizaron en un principio por líneas estilizadas con tendencias geométricas influenciadas por el cubismo, pero poco a poco fueron sustituidas por un estilo más naturalista, sobre todo para los pájaros y peces, basado en un estudio riguroso del animal mediante acuarelas y dibujos. Su catálogo incluye más de 1.800 esculturas, además de unos 200 modelos para porcelanas. Realizó algunas esculturas de la forma humana, pero sentía una clara predilección por reproducir a los animales. Era un experto en la fundición de bronce y le interesaban las aleaciones y las pátinas muy trabajadas.

Frascos

Gato de porcelana

Una de sus características era la concepción de objetos prácticos como lámparas, relojes, bandejas, sujetalibros, pisapapeles e incluso tapones de radiadores de automóviles. Sus fuentes son a menudo edículos bastante complejos en los que integra a los animales en una estructura más amplia.

Entre sus esculturas de mayor tamaño destacaremos “La encrucijada de la vida” (1967), actualmente en el jardín del Museo Oceanográfico de Mónaco. También están “La fuente de los monos” (1934), en el Parque Denantou de Lausana, o “La primera cabalgata de Baco” (1960), en Vevey.

Gato sentado

Fue miembro del Consejo de administración de Sandoz, S.A. desde 1932, así como presidente y director general de Sandoz France desde 1941. En 1935 se convirtió en uno de los accionistas y fundadores de la empresa de papel fotográfico Tellko, S.A. en Friburgo. Colaboró en dos ocasiones con el arquitecto Jean Tschumi en el Pabellón Nestlé de la Exposición Universal de París de 1937 y en la construcción de los laboratorios Sandoz en Orléans.

Está en la cúspide de los artistas animalistas del siglo XX con François Pompon y Rembrand Bugatti. Su amor por los animales es palpable en sus obras y se dice que llegó a tener varios gatos, perros, peces y aves viviendo en su taller, además de un mono e incluso un guepardo.

Reloj

Ocupó la presidencia de la Asociación Baron Taylor durante más de treinta años, dirigió la Sociedad Benéfica de Hijos de Artistas y apoyó activamente la fundación de la Cité des Arts de París. Fue elegido miembro de la Academia de Bellas de Artes de París en 1947, además de ser condecorado con la Legión de Honor francesa y de ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Lausana en 1959. Fundó la Sociedad Francesa de los Animalistas en 1933.

Era hermano del escritor, compositor y coleccionista Maurice Yves Sandoz, nacido en Basilea en 1892 y fallecido en Lausana en 1958, que también estudió Química antes de decantarse por las artes.

Después de documentarnos sobre la vida de Edouard-Marcel Sandoz, no deja de sorprendernos la dualidad de este hombre que se entregó a las artes mientras dirigía una importante filial de una de las mayores empresas farmacéuticas del mundo, hoy en día conocida como Novartis. Falleció en Lausana el 20 de marzo de 1971.


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Gatos de París y Robert Doisneau

París, la noche, los gatos (1954)

París, la noche, los gatos (1954)

Robert Doisneau fue uno de principales representantes de la fotografía humanista francesa con Willy Ronis, Edouard Boubat, Izis Bidermanas y Emili Savitry. De estos cuatro, solo Savitry parece que no se interesó por los gatos, pero sus tres compañeros retrataron a muchísimos.

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Doisneau nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly, en la periferia de París. Perdió a sus padres siendo muy joven y se crió con una tía poco afectuosa. Estudió Artes Gráficas y se licenció como grabador y litógrafo en 1929. En 1931 trabajó para el fotógrafo modernista André Vigneau, que le hizo descubrir la Nueva Objetividad fotográfica. Un año después vendió su primer reportaje al Excelsior, un diario que dejó de publicarse en 1940. La empresa Renault le contrató como fotógrafo industrial en 1934, pero acabaron despidiéndole cinco años después debido a sus habituales retrasos.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial conoció a Charles Rado, fundador de la agencia Rapho, donde trabajó hasta la declaración de la guerra. Estuvo en el ejército francés como soldado y fotógrafo hasta 1940; a partir de entonces y hasta 1945 usó sus conocimientos de grabador para falsificar carnés y pasaportes para la Resistencia.

Una vez acabada la guerra, reanudó el contacto con la agencia Rapho, de la que pasó a formar parte en 1946 y donde permaneció hasta el fin de su vida, incluso después de que Henri-Cartier Bresson le invitara a unirse a Magnum.

El gato blanco de la portera (1945)

El gato blanco de la portera (1945)

Sus reportajes abarcaron los temas más diversos: la actualidad parisina, los barrios populares de la capital, las provincias; y realizó fotos en el extranjero, la URSS, Estados Unidos, Yugoslavia y otros países. Su foto más famosa quizá fue “El beso en el Ayuntamiento”, publicada por Life, que incluimos aquí aunque no tenga nada que ver con gatos.

El beso ante el Ayuntamiento

El beso en el Ayuntamiento

Conoció al escritor Robert Giraud en 1947 y trabaron una gran amistad. Juntos publicaron tres libros entre 1950 y 1955. En total, el fotógrafo publicó unas treinta colecciones de fotos, entre las que destacaremos “La banlieue de Paris” (La periferia de París) en 1949, con textos del famoso escritor Blaise Cendrars.

Blaise Cendrars

Blaise Cendrars

 

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

Nos permitimos un inciso para añadir que este autor tenía un gato blanco llamado Legión porque había luchado en la legión francesa durante la Primera Guerra Mundial. En la contienda perdió el brazo derecho, tal como puede verse en las dos fotos que incluimos.

El más bello de la exposición (1946)

El más bello de la exposición (1946)

La revista Vogue le contrató en 1948, convencidos de que aportaría un toque de frescura a las fotos, pero Robert Doisneau no disfrutaba fotografiando a bellas mujeres en ambientes elegantes y se escapaba a las calles de París siempre que podía.

El niño, el gato y la paloma (1964)

El niño, el gato y la paloma (1964)

En los años sesenta fotografió a celebridades de la talla de Alberto Giacometti, Jean Cocteau, Fernand Léger, Georges Braque y Pablo Picasso, amantes de los gatos todos ellos. Fue amigo del poeta Jacques Prévert, otro enamorado de las calles como él y que dedicó poemas a los gatos.

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La identidad de la pareja del famoso beso fue un misterio hasta 1992, año en que los Lavergne, convencidos de que eran ellos, demandaron a Doisneau por haberles fotografiado sin su permiso, y no tuvo más remedio que decir los nombres de la pareja. Se trataba de Françoise Delbart y Jacques Carteaud, pero no los fotografió en aquel momento. Les vio besándose y se acercó a preguntar si les importaba volver a hacerlo para fotografiarles. Ambos querían ser actores y aceptaron encantados. La relación de la pareja solo duró nueve meses. En junio de 1950, cuando la revista Life publicó la foto, Doisneau le regaló a Françoise un original firmado y sellado como pago por su trabajo. En abril de 2005, ella vendió la foto por 155.000 euros a un coleccionista suizo en una subasta organizada por Artcurial Briest-Poulain-Le Fur.

El niño del gato

El niño del gato

Se dice de él que era un fotógrafo paciente que siempre mantuvo cierta distancia con los temas que escogía. Sus fotos destilan nostalgia, ironía y ternura. Supo atrapar instantes de la vida de los habitantes de París y de la periferia, artesanos, gente en cafés, sintecho, enamorados, barqueros y los gatos que se cruzaban en la vida de toda esta gente. Empezó utilizando cámaras Rolleiflex de formato 6×6, antes de pasar a la Nikon y la Leica 24×36.

Dijo: “No fotografío la vida tal como es, sino la vida tal como me gustaría que fuese”.

Se casó con Pierrette Chaumaison en 1936 y tuvieron dos hijas, Annette, nacida en 1942, y Francine, nacida en 1947. Annette fue su asistente a partir de 1974. Su esposa falleció en 1993 de Alzheimer y Parkinson.

Los gatos de los sintecho (1950)

Los gatos de los sintecho (1950)

El fotógrafo murió seis meses después, el 1 de abril de 1994, a los 82 años, de pancreatitis aguda y problemas de corazón. En palabras de su hija Annette: “Ganamos el pleito (por la foto de ‘El beso’), pero mi padre no lo superó. Descubrió un mundo de mentiras y le dolió profundamente. Si a eso añadimos la reciente muerte de mi madre, creo que no es injustificado decir que murió de pena”.

El fotógrafo

El fotógrafo

Era un hombre tímido y humilde, que seguía revelando y entregando personalmente sus obras a pesar de la fama. En una ocasión riñó a su hija Francine por haber pedido unos honorarios “indecentes” por una campaña publicitaria. Él quería cobrar lo mismo que un fotógrafo normal. “Es posible que si tuviera veinte años, el éxito conseguiría cambiarme. Pero soy un viejo dinosaurio de la fotografía”.

Los gatos de Bercy

Los gatos de Bercy

Fue galardonado con un sinfín de premios. En 1960 expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y en 1992 presentó una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Oxford.


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Gatos siberianos

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El gato siberiano es una raza de gato doméstico que existe desde hace siglos en Rusia. Fue añadido a finales de los ochenta a la larga lista de gatos de raza reconocidos oficialmente. Tal vez sea el antepasado de todos los gatos modernos de pelo largo y está emparentado genéticamente con el Bosque de Noruega. También se dice que es hipoalergénico porque produce menos Fel d1, una proteína secretada por las glándulas sebáceas, que otros gatos, aunque de momento no está demostrado. Generalmente hablando, las hembras producen menos Fel d1, tanto si son de raza como callejeras.

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Son gatos grandes y fuertes, con poderosos cuartos traseros, patas bien redondeadas y un hermoso rabo. Al tener las patas traseras algo más largas que las delanteras, su espalda está un poco arqueada. Las orejas son grandes y los ojos ligeramente oblicuos. Los machos pesan entre 6,5 y 8 kilos, y las hembras entre 4,5 y 6 kilos.

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Para resguardarse del frío tienen tres capas de pelo, la primera es una especie de pelusa contra la piel, a continuación un pelo intermedio y, finalmente, el pelo que vemos y tocamos. En realidad, esas capas de pelo forman el pelaje de la mayoría de gatos, pero están mucho más desarrolladas en el gato siberiano. Mudan dos veces al año; a finales del invierno, no debido tanto al cambio de temperatura como a la creciente luz solar, y a finales del verano en mucha menor medida.

Incluimos unas fotos del gato Syoma, un residente de Siberia, concretamente de la reserva natural de Kronotsky en la península de Kamchatka.

Syoma persigue a un zorro

Syoma persigue a un zorro

Syoma y el zorro

Syoma y el zorro

Cuando un zorro se acercó a la zona, Syoma le echó sin dudarlo. Pero Sergei Krasnoschekov, que hizo estas fotos, dice que más que alejar al zorro, los dos parecían estar jugando: “Me dio la impresión de que el zorro provocaba a Syoma y que los dos se lo pasaban muy bien”.

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Añade que Syoma no es muy simpático con los desconocidos y que su primer contacto acabó con escupitajos, gruñidos y un arañazo. Al cabo de un tiempo, le aceptó y se dejó acariciar.

Alla Lebedeva vive con su marido Serguei en una granja del distrito de Prigorodny, en Osetia del Norte, muy lejos de Siberia.

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Empezaron a tener gatos siberianos hace unos trece años cuando llegó la gata Babushka. Tuvo una camada de cinco en 2004 y entonces empezó todo. Alla dice, riendo, que vive en Koshlandia (el país de los gatos). Han acomodado un gallinero dividiéndolo en tres “habitaciones” aisladas y con el suelo elevado para que puedan dormir dónde y cómo les apetezca. La granjera añade que los gatos protegen a los pollos y a los conejos de los roedores.

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Sigue explicando que en verano, los gatos se dividen en dos grupos. Algunos, como Ryzhik, Rych y Ludwig, desaparecen durante semanas y sobreviven cazando, mientras que otros, como Pukh, Papych y Tema, nunca se alejan mucho. Las hembras son muy tranquilas y se quedan en casa. Por lo que se ve, los gatos se llevan muy bien con el perro Nikki e incluso con los gallos.

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Muchas de las fotos que Alla Lebedeva toma regularmente de sus gatos aparecen en Internet e incluso algunas se han convertido en virales. Casi nunca mencionan a la fotógrafa y aún peor, describen a los gatos como Bosques de Noruega.

En 1929, en Estocolmo, Sigurd Agrell recopiló una serie de leyendas eslavas y las hizo imprimir bajo el título de “Mitos e historias eslavas”. Una de estas historias tiene como protagonista al gato siberiano y hemos querido resumirla aquí, se titula “El gato y el zorro”.

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Érase una vez un granjero que tenía un gato muy travieso. El granjero se hartó, lo puso en un saco y lo abandonó en el bosque. El gato consiguió salir y encontró una casita vacía. Se instaló en el desván y sobrevivió cazando ratones y ratas. Un día se cruzó con una señorita zorra, que se quedó sorprendida al ver a un gato en el bosque y le preguntó quién era. A lo que el gato contestó muy ufano que se llamaba Kotofey Ivanovich y que le habían enviado desde los bosque siberianos para ser el edil del bosque. La zorrita le invitó a su madriguera y no tardaron a casarse.

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Al día siguiente, la zorrita salió a cazar y el gato se quedó en casa. La zorrita se encontró con un lobo y le anunció que se había casado. “¿Con quién te has casado, Lizaveta Ivanovna?”, le preguntó, y ella respondió: “¿No lo sabes? Ha llegado el edil Kotofey Ivanovich de los bosques siberianos, y ahora soy su esposa”. El lobo quiso conocer a su marido, pero ella le avisó: “Tiene muy mal genio, y si alguien le molesta, se lo come en dos bocados. Pero si te empeñas, lo mejor será que le lleves un presente, una oveja, por ejemplo, y la dejes sin hacer ruido delante de nuestra madriguera. Escóndete bien o irá a por ti”. El lobo se fue corriendo a por una oveja, y la zorrita se encontró con un oso al que le contó lo mismo, pero esta vez le pidió un buey.

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Poco después, el lobo Levon y el oso Mishka coincidieron delante de la madriguera. Ambos hablaron en voz baja, temerosos de molestar al gato edil, intentando decidir cuál de los dos llamaría a la puerta. En ese momento llegó una liebre y le dijeron: “Hermana liebre, ve a la madriguera y di al honorable edil que sus hermanos Mishka Ivanovich y Levon Ivanovich esperan para presentarle sus respetos y que le han traído una oveja y un buey”. La liebre se alejó a dar el recado. El oso trepó a un árbol y el lobo se metió detrás de un matorral debajo de unas hojas secas.

El gato y su joven esposa salieron con la liebre. El oso, al ver al edil, pensó que era muy pequeño, pero el gato arqueó la espalda, hinchó el rabo y se lanzó sobre el buey, desgarrando pedazos de carne con sus afiladas uñas mientras gritaba: “¡Más, más!” El oso se quedó impresionado, pero el lobo no veía nada debajo de las hojas y decidió moverse. El gato oyó un ruido y convencido de que era un ratón, se lanzó y clavó las uñas en el morro del pobre Levon. Este, desesperado, echó a correr. El oso se tiró del árbol, despavorido. La zorrita aprovechó para gritar: “¡Sí, corred, corred si no queréis que os pille!”

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A partir de ese momento, todos los animales del bosque temieron al terrible gato. Durante el largo invierno, ni Kotofey Ivanovich ni Lizaveta Ivanovna salieron a cazar, pues todos les traían carne. Tuvieron una vida maravillosa. ¿Quién sabe si no siguen comiendo?

En ruso, al igual que en polaco, “gato” es “kot”,  y “kotofey” es una forma cariñosa de llamar a los gatos.