Gatos y Respeto

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Los cinco gatos del fotógrafo Masahisa Fukase

“En los 40 años que llevo en esta tierra, siempre me ha rondado un gato como una sombra. Tengo una foto mía de cuando tenía tres años y estoy con una gata tricolor llamada Tana”, dijo el fotógrafo japonés en una entrevista realizada en 1978. Años antes, en 1964, Fukase se casó con su segunda mujer, Yoko, y pronto se les unió un espléndido gato siamés llamado Kabo.

Yoko y Kabo

Hebo y Kabo

Pasaron dos años, y cuando regresaba a casa después de ir a pescar, Fukase se encontró con un gato negro y lo recogió. Le llamaron Hebo. Los dos gatos se llevaron bien – como suelen hacer todos los gatos después de los primeros días –, y Fukase se dedicó a fotografiarlos, aunque quizá no con la misma intensidad con que perseguía a Yoko con el objetivo.

Masahisa Fukase

Hebo y Kabo

Yoko le dejó en 1976, como ya había hecho su primera mujer, y Fukase se enfrentó solo al alcohol y a la depresión. Durante este periodo realizó las fotografías de cuervos que le hicieron internacionalmente famoso con la publicación del libro “La soledad de los cuervos” (1986). En la misma época adoptó a un gatito minúsculo al que llamó Sasuke por un ninja de cómic.

Hebo

Sasuke se escapó del piso del fotógrafo a los diez días. “Colgué cien carteles con su foto y la frase ‘Gato perdido’ en el barrio, pero no volvió”. Transcurrieron unas semanas y le llamó una mujer diciendo que había encontrado a un gatito en la calle que “era idéntico al gato del cartel”. Quedaron en la oficina de la mujer. Fukase se presentó con una botella de buen whisky para darle las gracias, pero se dio cuenta de que el gatito no era Sasuke. No dijo nada y se lo llevó a casa.

Yoko y Kabo

Le llamó Sasuke nº 2. Fue el principio de una loca historia de amor, y Fukase hizo lo que siempre hacía con sus amores, le fotografió hasta la saciedad. Pero a Sasuke no le molestaba que su compañero intentara aprisionarle con el objetivo, incluso parecía disfrutar. Al contrario que las imágenes de los cuervos, estas revelan una mirada llena de humor. Cada fotografía descubre un nuevo matiz de la genial personalidad del gato.

Sasuke 2

Sasuke 2 en autobús

Fukase dijo: “Me gustaría saber si existe alguien en el mundo que haya fotografiado tantos bostezos gatunos como yo”. En dos años publicó tres colecciones de fotografías en torno a Sasuke 2: “¡Viva! Sasuke” (Tokio, Pet-Life-sha, 1979), “Sasuke, mi querido gato” (Tokio, Seinen-shokan, 1979) y “El gato del sombrero de paja” (Tokio, Bunka Shuppankyoku, 1980).

Sasuke 2

Sasuke 2 de viaje

No cabe duda de que los gatos fascinaban al fotógrafo. En la primera de las tres colecciones solo se ve a Sasuke con la boca abierta, bostezando la mayoría del tiempo. Una vez, el fotógrafo comentó: “Dicen que los gatos no ven bien, pero que su oído es excelente porque están cerca del suelo. He pasado gran parte de este año tumbado en el suelo más o menos al nivel de los ojos de un gato mientras le hacía fotos. He llegado a tener la sensación de que yo mismo era un gato. Todo este tiempo he jugado con lo primero que se me ocurría, como hace mi gato”.

Sasuke 2

Sasuke 2

Y añadió en otro momento: “Nunca sentí la necesidad de fotografiar gatos bellos ni monos. No, siempre he querido captar la imagen de los gatos y mi imagen reflejada en sus ojos. Esta serie casi podría verse como una serie de autorretratos clandestinos en la que adopté la forma de Sasuke y de Momoe”. Este último gato debió llegar cuando Sasuke ya era adulto, probablemente en 1979.

Sasuke 2 y Momoe

Sasuke 2

Fukase siguió fotografiando cuervos hasta 1982, cuando ya se había vuelto a casar por tercera vez. De los cuervos también dijo: “Fotografié cuervos durante diez años, hasta que por fin me di cuenta de que el cuervo era yo”. Esto podría llevarnos a pensar que tanto con Sasuke como con los cuervos, el fotógrafo se fotografiaba a sí mismo. O quizá uno simbolice la oscuridad del dolor que le causó ser abandonado por su mujer y el otro, Sasuke el gato, represente la alegría de su vida pasada con ella.

Momoe

Sasuke 2

Nació el 25 de febrero de 1934 en Bifuka, Hokkaido, la más septentrional de las islas japonesas. Su padre era el dueño de un exitoso estudio fotográfico de la ciudad y Fukase fundó un club de fotografía estando en el instituto. Se trasladó a Tokio en los años cincuenta para seguir estudiando, y poco después empezó a trabajar en una agencia.

Sasuke 2 en la playa

Siempre que podía regresaba a su ciudad natal y solía llevarse a Sasuke, como demuestran las fotos incluidas en el pequeño libro “Sasuke, mi querido gato”. Fukase viajaba a todas partes con Sasuke y hablaba de sí mismo como “papá” mientras le fotografiaba en trenes, autobuses, coches, la playa, incluso en el zoo Ueno de Tokio.

Sasuke 2 en el zoo

Masahisa Fukase falleció el 9 de junio de 2012, después de haber permanecido veinte años en coma a consecuencia de una caída en las escaleras de su bar favorito en 1992. Yoko fue a verle dos veces al mes durante todo ese tiempo, pero ¿se daba cuenta Fukase de su presencia? Después de su muerte, ella dijo: “Siempre fue parte de mi identidad”. Y añadió: “Con una cámara delante de los ojos, veía; sin ella, era ciego”. Sasuke tendría unos trece años y Momoe doce cuando ocurrió el accidente. ¿Vivían aún, que fue de ellos?

Sasuke 2 con una mujer

Masahisa, Yoko y Hebo

Atsushi Saito, el dueño de la editorial Roshin y un gran amante de los gatos, colaboró con el Archivo Fukase para publicar póstumamente dos libros con las fotos de gatos de Fukase. El primero, “Días maravillosos”, salió en 2015 y el segundo, “Epílogo”, en 2016.  Este último título hace referencia al epílogo que el fotógrafo escribió para “Sasuke, mi querido gato” en el que describe la relación íntima que le unió a su gato.


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Gatos blancos, gatos negros y Maud Lewis

Maud Lewis nació el 7 de marzo de 1903 en South Ohio, provincia de Nueva Escocia, Canadá, hija de John y Agnes Dowley. Muy pronto se le declaró una artritis reumatoide que reducía mucho su movilidad, especialmente el uso de las manos, pero que no le impidió pintar desde muy joven, cuando su madre le enseñó a hacer felicitaciones de Navidad con acuarelas para venderlas.

Se enamoró de Emery Allen, un vecino de Digby, una pequeña ciudad más al norte, y en 1928 dio a luz a su hija Catherine Dowley sin estar casada. El padre las abandonó, y Maud siguió viviendo en la casa familiar. Al no disponer de medios suficientes para cuidar de Catherine, la niña fue dada en adopción. Años después, ya casada, Catherine intentó localizar a su madre sin éxito.

Maud de niña

Maud perdió a su padre en 1935 y a su madre en 1937. Se trasladó a casa de su hermano durante un tiempo, pero acabó viviendo con su tía en Digby. A los 34 años, el 16 de enero de 1938, se casó con Everett Lewis, que entonces trabajaba de guarda nocturno del asilo local. Según contó Everett posteriormente, Maud contestó al anuncio que él había dejado en varias tiendas buscando “a una mujer dispuesta a cuidar de un soltero de 45 años”.

Everett, además de trabajar de noche en el asilo, también era vendedor ambulante de pescado. Vivían en una casa diminuta con un dormitorio en el desván en el pueblo de Marshalltown, a unos kilómetros de Digby. Tenían poquísimo dinero y Everett se ocupaba de las tareas domésticas mientras Maud pintaba.

Maud y su marido Everett

Maud acompañaba a su marido a vender pescado y aprovechaba para ofrecer sus felicitaciones de Navidad, que no tardaron en tener éxito entre las clientas de Everett. Las vendía por muy poco dinero, pero era una ayuda para la economía familiar. Everett animó a su mujer a pintar y le compró sus primeros óleos.

Usaba cualquier base a su alcance para pintar, aunque la gran mayoría de los cuadros son de pequeño tamaño, de no más de 20 por 25 centímetros, ya que la artritis le impedía mover el brazo a más distancia. Su técnica era muy sencilla: extendía una capa uniforme de color en la base, fuese cual fuese, y una vez seca aplicaba los colores directamente con los tubos de pintura. Nunca mezclaba colores.

Sus temas favoritos eran flores y animales, gatos, algún perro que otro, ciervos, pájaros, caballos y yuntas de bueyes. También hay paisajes y muchas escenas en la nieve. En un documental del año 1965 dice que pinta sobre todo de memoria cosas que vio en su juventud y que copia muy poco.

Por una foto de 1908 (fecha aproximada) se sabe que Maud vivió con un gato llamado Fluffy cuando era niña. Quizá los gatos blancos que pintaba correspondían al recuerdo que tenía de Fluffy.

Maud y el gato Fluffy (1908)

A primera vista, muchos de sus cuadros parecen idénticos, pero basta con fijarse un poco para ver que cada uno tiene algo diferente. La expresión de los gatos nunca es la misma, están debajo de árboles diferentes, las mariposas no son iguales… Siempre hay un pequeño cambio. Las variaciones sobre gatos son muy numerosas.

Como puede verse en esta foto, Maud también pintó el interior de su casa, decorándola sobre todo con flores. No se limitó solo a las paredes, también pintó las escaleras que llevaban al diminuto cuarto del desván y la puerta de entrada.

Interior de la casa de Maud y Everet

A principios de los años cuarenta decoró veintidós contraventanas exteriores de gran tamaño en una casa del sur de la península de Nueva Escocia perteneciente a una familia estadounidense. Le pagaron setenta centavos por cada una.

Entre los años 1945 y 1950, los turistas empezaron a pararse delante de la casa de Maud y Everett, situada cerca de la nacional 1, la carretera principal de Nueva Escocia occidental. Le compraban cuadros por dos o tres dólares, y tan solo en los últimos cuatro años de su vida los vendía entre siete y diez dólares.

Se dio a conocer nacionalmente gracias a un artículo en el periódico Star Weekly de Toronto publicado en 1964. Un año después, la cadena CBC rodó un pequeño documental acerca de la artista para el programa “Telescope”. Y en los años setenta, durante la presidencia de Richard Nixon, la Casa Blanca le encargó dos pequeños cuadros.

La artritis empeoró mucho hacia el final de su vida y le impidió completar los crecientes encargos que le llegaban. Durante un año apenas se movió de un rincón, excepto cuando debía ir al hospital de Digby. Falleció el 30 de julio de 1970 de una neumonía. Su marido Everett siguió viviendo en la pequeña casa hasta que le mató un ladrón en 1979.

Maud Lewis vivió treinta y dos años con Everett. La vida de ambos no fue fácil, pero ella nunca perdió la sonrisa. En 1976, la directora Diane Beaudry rodó un cortometraje documental de diez minutos de duración titulado “Maud Lewis: A World Without Shadows” (Maud Lewis: Un mundo sin sombras). En el mundo de Maud hubo sombras, no cabe duda, pero sus cuadros son luminosos, y están llenos de vida y alegría. Creemos que reflejan cómo era ella a pesar de todas las dificultades a las que debió enfrentarse.

Maud en la puerta de su casa

Hoy, Maud Lewis no solo es famosa en Canadá. Sus cuadros alcanzan sumas que le habrían parecido exorbitantes. En 2009, alguien pagó 22.200 dólares en una subasta en Toronto por “A Family Outing” (Excursión familiar), y en 2016, una pintura suya descubierta en un mercadillo fue vendida por 45.000 dólares en una subasta on-line.

La provincia de Nueva Escocia compró la casita de Maud y de Everett en 1984 y la trasladó a la Art Gallery of Nova Scotia (Galería de Arte de Nueva Escocia), en Halifax, donde fue restaurada y forma parte de la exposición permanente dedicada a la pintora.

La casa de Maud


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Gatos y brujas, de Paul-Elie Ranson

La cabellera dorada

El grupo de los nabis se formó en 1888 cuando Paul Gauguin conoció a Paul Sérusier, que entonces solo contaba con 18 años, y le habló del simbolismo. Sérusier, entusiasmado, comunicó la buena nueva a sus compañeros de la Academia Julian, entre los que estaban Edouard Vuillard, René Piot, Ker-Xavier Roussel, Maurice Denis, Pierre Bonnard, Félix Vallotton y Paul-Elie Ranson. La nueva teoría les motivó a todos para fundar una sociedad secreta a la que llamaron nabis, por la palabra hebrea “nabiim”, cuyo significado es “profetas”.

Retrato del pintor, de Paul Sérusier (1890)

Varios de estos artistas, Vuillard, Denis, Vallotton y sobre todo Pierre Bonnard (https://gatosyrespeto.org/2015/06/27/gatos-al-oleo-de-pierre-bonnard/), a quien dedicaremos una nueva entrada que incluirá más cuadros suyos, pintaron gatos. Pero hemos escogido a Paul-Elie Ranson porque algunos de sus cuadros son realmente curiosos.

La lectora

Los nabis se interesaron por el simbolismo, el misticismo, el esoterismo y el arte japonés. Rechazaban el materialismo de la nueva era industrial y admiraban a escritores como Baudelaire, Mallarmé y Edgar Allan Poe. Estaban totalmente en contra de la corriente naturalista liderada por los pintores Courbet y Manet, o el novelista Emile Zola. Además, Paul Ranson estudió teosofía, religiones orientales y ocultismo.

Brujas cerca del fuego

Paul-Elie Ranson nació en Limoges el 29 de marzo de 1861, hijo de Louis Casimir Ranson, alcalde de la ciudad y diputado republicano radical. Su madre murió al darle a luz. Su abuelo materno le inició en el dibujo y se matriculó en la Escuela de Bellas Artes Aplicadas de Limoges en 1877. Se casó con su prima hermana, France Rousseau, en 1884. Dos años después, ya en París, empezó a estudiar en la Academia Julian, donde conoció a los otros fundadores del movimiento nabi.

Dos mujeres

El grupo se reunía en un café llamado “L’Os à Moëlle” (El hueso de tuétano), situado en el pasaje Brady, en el barrio de Montparnasse, pero no tardaron en alquilar el piso de arriba de la casa familiar de los Ranson, en el nº 25 del Bulevar de Montparnasse. El lugar fue rebautizado “Le Temple” (El templo) y la Sra. Ranson “La luz del Templo”. Aquí la vemos, pintada por Maurice Denis, ejerciendo de anfitriona, con un gato frotándose contra su vestido, prueba inequívoca de que los Ranson tenían un gato.

Retrato del pintor, de Georges Lacombe (1904-05)

En El Templo también se exhibía el cuadro original que Paul Sérusier había pintado siguiendo los consejos de Gauguin, al que llamaban “El talismán”, y el retrato de Paul Ranson vestido con una túnica, sujetando un báculo con la mano izquierda y leyendo un texto. Es decir, con todos los simbolismos nabis.

Eva

Cada miembro de los nabis tenía un estilo muy personal, a pesar de ser un grupo, pero puede que el más particular fuera el de Paul Ranson. Varios críticos describen su estilo  como simbolismo decorativo muy cercano al Art Nouveau, aunque él se sentía todavía más alejado de la sociedad moderna que sus compañeros y se refugiaba en el mundo de los cuentos y leyendas, hadas y brujas. Pintó sobre todo a la mujer. Mujeres etéreas en entornos naturales mágicos, en palacios orientales, mujeres sensuales intimistas y brujas con gatos, sapos y otros símbolos.

La lectora tendida

El cuadro “La bruja y el gato negro” representa a una anciana con nariz ganchuda, apoyada en una mesa con los ojos cerrados. Parece dormitar. En primer término se ve a un gato negro con la pata izquierda levantada, y a la derecha se asoma un personaje inquietante. ¿El diablo? Forma parte de una serie desarrollada entre 1891 y 1898.

Bruja y gato negro

Hay otros cinco cuadros con brujas. En dos de ellos se ve a la bruja en su círculo protector. Es posible que para el pintor, las brujas asociadas a los gatos negros representaran el contacto con el más allá, el puente entre un mundo realista, concreto, materialista y otro espiritual, con muchas más posibilidades y al que aspiraba.

Bruja en círculo

Pero el gato no solo acompaña a las brujas en sus cuadros. “El despertar” es una escena doméstica, íntima, en la que una mujer se despierta y a los pies de la cama hay una gata y un gatito, ambos blancos. La pared del cabecero está decorada con un cuadro japonés. Sus compañeros nabis le llamaban “le plus japonard que japonard”.

El despertar

Como dijimos antes, los nabis eran grandes admiradores del arte japonés, especialmente Pierre Bonnard, cuyo mote era “Japonard” (“Japonardo”) porque rimaba con su apellido. Pero parece ser que Paul Ranson era aún más “japonard” que Bonnard.

Bruja y gatos

Los nabis tenían mucho sentido del humor. Paul Ranson era un apasionado de las marionetas y escribió una obra llamada “L’Abbé Prout, guignol pour les vieux enfants” (El abad Prout, guignol para niños viejos). Maurice Denis y Georges Lacombe se encargaron de crear los muñecos. La obra es una sátira irreverente de costumbres sexuales licenciosas. Está compuesta por siete sainetes sin solución de continuidad, con el Abad Prout (Abad Pedo) como personaje principal, donde se burla abiertamente de la burguesía, la aristocracia, el ejército y el clero de la época.

Bruja en círculo

Paul Ranson no se limitó a la pintura, también le atrajeron las artes decorativas; diseñó tapices, decorados de teatro, programas y objetos varios. En 1898, France se quedó embarazada y al artista le costó aceptar la maternidad al verse privado de su modelo y de su mejor colaboradora.

Madame Ranson y gato, de Maurice Denis (1892)

Al poco de nacer su hijo Michel, empezó a tener problemas de salud y se trasladó a casa de su amigo Georges Lacombe para decorarla. No regresó definitivamente a su hogar hasta 1905, y tres años después se le concedió la Orden de las Palmas Académicas. Su salud empeoró y las dificultades financieras aumentaron. Para ayudarle, el grupo de los nabis fundó una academia en la calle Henry-Monnier que él dirigiría.

Madame Ranson y gato, de Maurice Denis (detalle)

Después de su fallecimiento en 1909 a los 48 años, su esposa continuó encargándose de la academia. Fue el primero de los nabis en desaparecer, lo que quizá explica el olvido en el que cayó hasta bien entrados los años noventa. Existen unas 800 obras catalogadas de Paul Ranson.

Bruja con gato (1899)


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Gatos en el arte minwha coreano

La palabra “minwha” significa literalmente “pintura del pueblo”. En un principio eran obras producidas por artistas itinerantes, en su mayoría anónimos y carentes de estudios formales. El arte minwha también poseía una dimensión mágica al creerse que los cuadros protegían a sus dueños y a sus familias de las fuerzas del mal.

Gato perseguido por perro (Siglo XIX, Instituto de Arte de Minneapolis)

El gran auge del arte minwha fue en el periodo tardío de la dinastía Joseon, que reinó durante cinco siglos, nada menos, logrando 200 años de paz después de la última invasión manchú en el siglo XVI. En este periodo, las pinturas minwha gozaron de su mayor popularidad y reconocidos artistas trabajaban por encargo de la aristocracia.

 

Es posible que a primera vista estas pinturas parezcan sencillas y fáciles de hacer, pero una de las artistas que se dedica al arte minwha hoy en día, Jung Seung Hui, explica que no tiene nada de sencillo: “Empecé al poco de terminar los estudios en la universidad, hace 40 años. En esa época no se estudiaba el arte minwha y no me quedó más remedio que ser autodidacta. El papel que se usaba antaño como base era el papel tradicional hanji con colores de tintes naturales. Sin embargo, estos colores se desvanecen rápidamente y ahora los mezclamos con otros para que duren más. Tardo unas dos semanas en hacer un cuadro pequeño, pero un panel de grandes dimensiones puede llevarme hasta dos años”.

Gato en otoño (Jeong Seon, siglo XVIII)

Los temas más populares eran árboles, el sol, la luna, insectos, aves y animales, entre ellos, gatos y tigres.  La pintora sigue diciendo: “Es un arte impregnado del humor coreano, muy satírico. Los tigres no parecen feroces, son más bien graciosos. La creatividad en estas pinturas es infinita, aunque los temas se repitan”.

Gatos acechando

Abundan las pinturas de tigres con aves. Una de las explicaciones es que el tigre simbolizaba el poder, la autoridad, la aristocracia, y la urraca, al pueblo llano. Siempre parece que la urraca u otro pájaro estén a punto de hostigar al pobre felino al que llamaban “tigre idiota”, en una clara alusión sátira de las diferencias sociales.

Byeon Sang-byeok es uno de los artistas más famosos del periodo Joseon tardío que también pintó obras minwha. Vivió en el siglo XVIII, era miembro del Dohwaseo o Real Academia de Pintura, y acabó siendo magistrado. No sabemos si siguió pintando después de obtener este cargo. Dibujaba sobre todo gatos y gallos, hasta el punto de que llegaron a apodarle “Byeon goyangi” (el gato Byeon) y “Byeon dak” (el gallo Byeon).

Gato con margaritas (Byeong Sang-byeok)

En uno de sus cuadros más conocidos, “Myojakdo” o “Gatos y gorriones”, se ve a dos gatos y a varios pájaros. Está pintado sobre seda, mide 93,7 por 42,9 centímetros y se encuentra en el Museo Nacional de Corea, en Seúl. Los gatos y las aves eran temas habituales en la pintura minwha ya que ambos animales simbolizaban la longevidad.

Gatos y gorriones (Byeon Sang-byeok)

El gato que trepa por el tronco del árbol mira al que se ha quedado en el suelo como si  se comunicaran. El artista usó un pincel muy fino para pintar a los dos gatos y a los gorriones, mientras que el tronco del árbol está hecho con trazos más gruesos, más fuertes.

Gato con pájaro (Byeon Sang-byeok)

Otro cuadro suyo es “Gukjeong chumyo”, que traducido literalmente significa “Gato otoñal en un jardín con crisantemos”, pintado sobre papel tradicional. Mide 29,5 por 23,4 centímetros y se encuentra en el Museo de Arte Gansong de Seúl. Además de animales, Byeon Sang-byeok también hizo numerosos retratos de la aristocracia Joseon.

Gato otoñal con crisantemos (Byeon Sang-byeok)

Unos doscientos años antes, en el siglo XVI, un pintor llamado Yi Am exhibió un estilo propio, alejado del estilo chino de la dinastía Song imperante entonces en Corea. Al igual que Byeon, se especializó en retratos, entre los que está uno del Rey Jungjong de Joseon, pero también pintó animales. Posiblemente sea uno de los primeros pintores oficiales que hizo suyo el arte minwha, quizá porque le aportaba una mayor libertad.

Gato perseguido por perro (Yi Am)

En uno de los dos cuadros que hemos encontrado, el gato trepa por el tronco de un árbol mirando hacia abajo, aunque los dos perros que están en el suelo no parecen tener malas intenciones. En el otro, el gato se enfrenta al perro. En ambos, el gato es blanco y negro con ojos saltones. Ninguno de los gatos de otros cuadros de estilo minwha tienen ojos parecidos. Al contrario, son animales muy realistas.

Gato y perro (Yi Am)

En el siglo XIX, ya al final de la dinastía Joseon, otro célebre pintor fue Jang Seung-eop, más conocido por el seudónimo de Owon. Vivió entre 1843 y 1897, y fue uno de los escasos pintores que tuvo una importante posición en la corte.

Jang Seung-eop

Era huérfano y aprendió a pintar en el seno de otra familia. El aristócrata Yi Ung-heon le acogió en su hogar cuando cumplió veinte años ofreciéndole la posibilidad de pasar largas horas pintando. Su reputación como pintor de talento creció rápidamente, dedicándose sobre todo a paisajes, flores y escenas de la vida cotidiana.

Jang Seung-eop

Hemos encontrado tres cuadros suyos con gatos. En uno de ellos hay una madre gata con su camada, una escena que no se repite en ningún otro de los cuadros minwha.

Jang Seung-eop

El arte minwha decayó al desaparecer la longeva dinastía Joseon y desapareció del todo bajo el mandato colonial japonés. Revivió en los años ochenta y su popularidad sigue actualmente. Se usa para decorar la puerta de entrada de las casas, biombos, muebles para atraer la felicidad, la suerte, la prosperidad y también para alejar a los malos espíritus.

Gato e insecto

Gato y mariposa

Incluimos en la entrada algunos de los cuadros minwha de tigres, y al final dos de tigres fumando en pipa.


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Gatos y jazz

Jack Owens, su gato negro y Bud Spires.

A los músicos de jazz se les suele llamar “gatos”, sobre todo en inglés. Parece ser que la denominación remonta a los años veinte del siglo pasado cuando el jazz empezó a hacerse popular. Los músicos de jazz, al igual que los gatos, preferían la noche al día, dependían de sí mismos, se buscaban la vida, solían caer de pie y no encajaban con la sociedad “normal”.

Stan Getz

La primera fotografía de esta entrada no es de dos músicos de jazz, sino de blues. Son Jack Owens, su gato negro, y Bud Spires, los tres en el porche del primero donde solían tocar para los numerosos visitantes. Por cierto, los músicos de blues creían que los gatos negros traían buena suerte.

Louis Armstrong

A pesar de llamarse “gatos” o “cats”, no hemos encontrado muchas fotos de músicos de jazz con sus gatos. Uno de ellos es el pianista Cecil Percival Taylor, al que podemos ver en una instantánea realizada en los años sesenta por el fotógrafo Charles Rotmil. En principio, si un gato está sentado en el piano de un músico, parece indicar que vive con él.

Cecil Taylor y su gato (años 60) Foto de Charles Rotmil

Cecil Taylor fue uno de los pioneros del free jazz. Su carrera abarca más de 50 años con decenas de discos grabados. Nació el 25 de marzo de 1929 en Nueva York, la misma ciudad en la que falleció el 5 de abril de 2018. Fue un maestro de la improvisación a partir de estructuras armónicas fijas, algo nada habitual en los años cincuenta, pero no logró notoriedad hasta los años setenta.

Sabemos que el compositor, arreglista, poeta y músico Bob Downes tenía un gato siamés llamado Rolly gracias a la foto interior del álbum “Electric City” y por la contraportada del mismo LP, donde le vemos tocando la flauta, su instrumento favorito con el saxo entre los veinticinco que dominaba.

Open Music – Electric City (contraportada)

Nacido en Plymouth, Reino Unido, el 22 de julio de 1937, es conocido como líder del Open Music Trio, un grupo de jazz de vanguardia que formó en 1968, y por sus composiciones de rock y blues. Grabó su primer disco con Philips Records antes de fundar su propia discográfica, Openian.

Bob Downes, Bob Cockburn y el gato Rolly

Otros músicos de jazz no se limitan a que en las portadas de sus discos aparezcan gatos; por ejemplo, el músico argentino Leandro Barbieri se apodaba “Gato”. Este maestro del saxo tenor nació en Rosario, Argentina, el 28 de noviembre de 1932, y está considerado como uno de los pioneros del jazz latino. Sin embargo, en una entrevista realizada un año antes de su fallecimiento en Nueva York en 2016, dijo: “No tengo nada que ver con eso, los músicos de jazz no me consideran un músico de jazz y los músicos latinos no me consideran un músico latino”.

Además de una extensa discografía, fue el autor de varias bandas sonoras, entre ellas las de “El último tango en París”, dirigida por Bernardo Bertolucci en 1972.

Existen dos fotos muy famosas de Thelonious Monk con un gato siamés. Después de observarlas con detenimiento, nos atrevemos a decir que no fueron hechas el mismo día, aunque eso no significa que Monk tuviera gatos. Ese probablemente fuera uno de los 306 gatos de Nica Rothschild. Cuesta creer que Nica tuviera tantos a la vez, incluso repartidos en todos los años de su estancia en Nueva York, pero era una mujer muy especial.

Thelonious Monk

Fue la hija menor de Charles Rothschild, entomólogo por gusto y financiero por obligación, que se suicidó cuando su hija tenía 12 años. Su nombre completo era Kathleen Annie Pannonica, este último en honor a la Eublemma pannonica, una polilla muy poco común. Nica nació en 1913, estudió en Múnich, y con poco más de veinte años aprendió a pilotar un avión. Se casó en 1935 con el barón francés Jules de Koenigswarter y vivieron en un castillo en el noroeste de Francia. Tuvieron dos hijos.

Al estallar la II Guerra Mundial, Jules se unió al ejército de la Francia Libre de De Gaulle en África. Después de dejar a sus hijos en Nueva York, Nica trabajó como codificadora en Ghana, Congo y África del Norte. Al finalizar la guerra, el barón se convirtió en diplomático, tuvieron tres hijos más y vivieron en diversos países.

La relación con su marido se hizo difícil, y en 1953 dejó al barón y a sus cinco hijos en Ciudad de México para mudarse a Nueva York. Hacía mucho que a Nica le gustaba el jazz, y un día, en casa de un amigo, escuchó el famoso tema “Round Midnight”, de Thelonious Monk. La pianista y compositora de jazz Mary Lou Williams le presentó al músico durante el “Salón del Jazz 1954”.

Nica se instaló en una suite del hotel Stanhope, delante del Museo Metropolitan de Nueva York, y se convirtió en la protectora de numerosos músicos de jazz, como Miles Davis, Teddy Wilson y Charles Mingus, entre otros. Les compraba comida si hacía falta, les llevaba de un lado a otro en su Bentley y les apoyaba.

Charlie Parker no estaba entre sus más allegados, pero apareció en su suite en marzo de 1955 en mal estado y murió al día siguiente, creando un escándalo. El director del hotel la echó y Nica acabó comprándose una casa modernista en Nueva Jersey con vistas a Nueva York, del otro lado del río Hudson, a la que sus amigos rebautizaron “Catville” (Villagatos) por los 300 felinos a los que Nica abrió sus puertas.

Nica Rothschild

El músico con el que tuvo una relación amistosa inquebrantable fue Thelonious Monk. Puede decirse que cuidó de él desde 1954 hasta 1982, año en que el pianista falleció. Monk y su esposa Nellie se mudaron a mediados de los setenta a casa de Nica. Algunos dicen que a Monk no le gustaban los gatos, pero nos parece extraño que aceptara vivir en un lugar donde eran los reyes.

Thelonious Monk

Nica comparó a Thelonious Monk con Beethoven. El músico era inestable, padecía regularmente terribles depresiones, y Nica ayudó a Nellie a enfrentarse a estos episodios. El jazz cambió, la música evolucionó, pero Nica siguió fiel al bebop; incluso llegó a decir que Miles Davis “se había vendido”. Los Beatles, los Rolling Stones, Little Richard, Elvis Presley no la emocionaban. No menos de veinticuatro temas de jazz le fueron dedicados.

Thelonious y Nica

Hemos empezado con una foto de dos “bluesmen” con un gato negro y acabamos con la portada de una pareja con un gato blanco.