El periódico The Baltimore Sun anunció en 1930 que un gato persa blanco afincado en la calle St. Paul era “un barómetro felino”. De nombre Napoleón, pertenecía a la Sra. Fanny de Shields y era capaz de prever la llegada de la lluvia: solía echarse la siesta tumbado de costado, pero si se dormía sobre la tripa con las dos patas delanteras a cada lado de la cara, era infalible, llovía en las siguientes 24 horas.
¿Y cómo llegó a esta conclusión el periódico más vendido de la ciudad? En el verano de 1930 hubo un periodo de sequía de lo más inhabitual. Después de semanas sin una gota, la Sra. de Shields se dio cuenta de que su gato anunciaba lluvia. Llamó inmediatamente al diario para darles la buena noticia. Dudamos que el reportero que le contestó la tomara muy en serio, pero al día siguiente llovió, pese a que los expertos habían predicho lo contrario.
El gato se convirtió inmediatamente en “Napoleón, el profeta del tiempo” y la Sra. de Shields empezó a recibir llamadas de agricultores, personas que planeaban hacer una barbacoa… Los pronósticos de Napoleón no siempre coincidían con los del Instituto de Meteorología, pero jamás se equivocaba.
Napoleón falleció en 1936, a la muy respetable edad de 19 años, y The Baltimore Sun” le dedicó una necrológica que más o menos venía a decir que “Nappy” estaba soltero y que, sin poder asegurarlo del todo, no dejaba descendencia. Está enterrado en el Cementerio Aspin Hill para animales de compañía. Damos las gracias a Purr’n’Furr (https://www.purr-n-fur.org.uk/), que también está en Facebook, por habernos contado esta historia.
Ryan Knapp, un meteorólogo que trabaja en el Observatorio de Monte Washington, en Nueva Hampshire, a más de 1.900 metros de altura, y hogar del peor clima del mundo, según él, decidió observar a Marty, gato residente en la época, para saber la verdad acerca de la relación entre los gatos y el tiempo.
Todo empezó cuando leyó un artículo titulado “Lo que puede aprenderse del ronquido de un gato”, basado en un libro publicado en 1883, “Signal Service Notes, Issue 9” (Notas del Servicio de Señales, nº 9). El Servicio de Señales del Ejército fue el antecesor del Instituto Meteorológico Estadounidense. El Sr. Knapp, después de descargar el libro, se encontró con toda una serie de proverbios y pronósticos sobre el tiempo relacionados con animales. Castores, vacas, ovejas, ardillas, lobos y gatos, claro está, pueden predecir el tiempo.
Algunos de los pronósticos relativos a los gatos y el tiempo contenidos en el libro son: “Gato que ronca anuncia lluvia”, “Si el gato estornuda, lloverá”, “La dirección en la que un gato mira y se lava la cara después de una tormenta indica de dónde vendrá el viento”, “Gato que toma el sol en febrero, gato que se acerca a la estufa en marzo”, “Gato que se lava detrás de la oreja anuncia lluvia”, “Gato que se frota en la mesa y en el árbol anuncia lluvia”, “Si el gato se lava con la espalda en la chimenea, el deshielo está cerca”, etcétera. Muchos de estos dichos provienen de Europa y fueron llevados a Estados Unidos por los primeros colonos ingleses y holandeses, y luego por los inmigrantes.
Desde el año 1932 ha habido gatos en el Observatorio, y Marty Kitty reinaba en la cima del monte en 2014. Ryan Knapp observó con gran detenimiento a Marty durante varios días y llegó a una conclusión: “Mis observaciones no son concluyentes. Casi nunca oigo a Marty estornudar; no ronca a pesar de que tenemos humidificadores; toma el sol cuando el día es soleado; no suele lavarse en un dirección concreta, va moviéndose, y siempre duerme en la misma posición”.
Termina diciendo: “Solo puedo añadir que estos pronósticos no son aplicables a la cima de Monte Washington, quizá debido a la altura”. Marty, un Maine Coon negro, falleció el 10 de noviembre de 2020, a los 14 o 15 años. Solía recibir a los observadores con su largo y fornido rabo muy tieso, dejando claro que ningún otro gato de Nueva Inglaterra vivía a semejante altura. Nimbus, un gato gris de pelo corto, es el actual residente en Monte Washington.
En España se dice que “cuando el gato mucho se lava, el agua está cerca”, y que “cuando retozan los gatos, agua o viento al canto”. Hace ya cientos de años que los seres humanos están convencidos de que los gatos (y otros animales) pueden predecir la lluvia y las tormentas, pero quizá sea más que una superstición. Los gatos son sensibles a los cambios de presión y si a eso añadimos sus muy desarrollados sentidos del olfato y del oído, es muy posible que puedan notar cambios en el tiempo antes que nosotros.
Tal vez su comportamiento cambie cuando sienten que se aproxima una tormenta, pero no parece que afecte a todos los gatos por igual. Los habrá más sensibles que otros. Los perros suelen tener miedo de los truenos y del aparato eléctrico, pero no así los gatos, al menos los que tienen acceso al exterior. La mayoría no parece inmutarse y algunos incluso se quedan tranquilamente sentados bajo la lluvia si no es torrencial.
Los cambios de tiempo no solo afectan a los animales, sino también a los seres humanos, e Hipócrates ya relacionaba la meteorología con la medicina. Este tema se toma muy en serio en Alemania, donde la Oficina de Meteorología manda un aviso a hospitales y gabinetes médicos cuando se acercan bajas presiones por la posible relación entre esto y condiciones médicas como la esquizofrenia, la depresión, la violencia, los infartos y la artritis. La biometeorología, una ciencia aún en ciernes, estudia la relación del comportamiento de las personas y los animales con los cambios de tiempo.
Pero volviendo a los gatos, la mayoría de las predicciones meteorológicas felinas se dividen en dos grupos. El primero dice que al llegar una tormenta, el comportamiento del gato pasa de juguetón a tranquilo, como advierte un proverbio inglés de 1710: “Cuando amenaza lluvia, el gato deja de alborotar y perseguirse el rabo”.
El otro grupo dice todo lo contrario, según otro proverbio de la misma época: “Cuando el tiempo amenaza nieve y granizo, o ruidosa tormenta de viento, el gato juega, mueve el rabo y hace monadas”. Los marineros solían preocuparse cuando veían que el gato del barco “tenía un vendaval en el rabo”.
En fin, que no hemos llegado a ninguna conclusión definitiva en cuanto a los gatos y sus previsiones meteorológicas. Dedicamos esta entrada a Samantha.
















