Gatos y Respeto

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Los gatos del fotógrafo Elliott Erwitt

Nueva York (1955)

Elliott Erwitt es un fotógrafo estadounidense nacido el 26 de julio de 1926 en Neuilly-sur-Seine, área metropolitana de París, de padres rusos que le dieron el nombre de Elio. Al poco tiempo, la familia se trasladó a Milán, donde creció y estudió hasta 1939, cuando zarparon a bordo del “Ile de France” con rumbo a Nueva York debido a la amenaza fascista.

Nueva York (1953)

Llegaron a Nueva York cinco días después de que estallara la guerra. El fotógrafo dijo en una ocasión con su típica ironía: “Soy estadounidense gracias a Benito Mussolini”. Después del divorcio de sus progenitores en 1941, se mudó a Los Ángeles con su padre y empezó a interesarse por la fotografía mientras estudiaba en el Instituto de Hollywood. Su padre volvió a irse, esta vez a Nueva Orleáns, para abrir una tienda de antigüedades, y Elliott se quedó solo con apenas 16 años y tuvo que trabajar en una panadería para sobrevivir.

Elliott Erwitt

Nueva York (1950)

Después de graduarse en el instituto se matriculó en la Universidad de la Ciudad de Los Ángeles y estudió Fotografía al mismo tiempo que trabajaba en un estudio procesando fotografías “firmadas” de las estrellas. Consiguió ahorrar lo suficiente para comprarse una cámara Rolleiflex. Se subió a un autobús  en 1948 y dejó California “porque no pasaba nada allí” camino de Nueva York. Conoció a fotógrafos de la talla de Edward Steichen, Robert Capa y Roy Stryker cuando solo tenía 20 años.

Exposición felina (Nueva York, 1953)

No tardó en empezar a trabajar como fotógrafo profesional después de que Edward Steichen viera su portafolio, lo que dio pie a un encargo remunerado en Pittsburgh, Pensilvania, por parte de Roy Stryker. Los encargos para revistas siguieron y recorrió Estados Unidos.

Pelea de gatos

Roma (1959)

Llamado a filas en 1951, siguió haciendo fotos, estando destacado en Alemania y Francia, con una Leica de objetivo plegable. Ganó 1.500 dólares en un concurso de la revista Life con la foto “Bed and Boredom” (Cama y aburrimiento), además de una felicitación por escrito del general de su base. De esa época, dijo: “No tenía ideas preconcebidas, me limitaba a llevar una cámara y a hacer fotos”.

Roma (1959)

París (1990)

En 1953, Robert Capa le invitó a que se uniera a Magnum Photos y ha sido miembro de la prestigiosa agencia desde entonces, además de presidirla en tres etapas. Ese mismo año le hizo toda una serie de fotos a su esposa Louise con dos gatitos. Louise estaba embarazada, y unos meses después realizó la famosa “Madre y niño”, en la que vemos a Louise contemplando a Ellen, de solo seis días, también observada por Brutus, probablemente uno de los dos gatitos. La foto fue incluida en la importante exposición “The Family of Man”, organizada por Edwards Steichen dos años después.

La reputación del fotógrafo creció y también la importancia de los encargos. Suyas son las fotos del famoso “debate de la cocina” entre Richard Nixon y Nikita Jrushchov el 24 de julio de 1959. Aunque nunca hemos entendido por qué se llamó “debate” cuando, supuestamente, fue una conversación improvisada…

Fotografió en numerosas ocasiones a John Kennedy antes y durante su presidencia, a un joven y apuestísimo Che Guevara, a una maravillosa Marilyn Monroe en su casa de Nueva York y en el rodaje de “Vidas rebeldes”, con Clark Gable y Montgomery Clift, a Jack Kerouac y a muchísimos otros famosos, actores o políticos.

Mildred Jordan (1950)

Sus retratos, sobre todo los de políticos, desprenden una cierta ironía. “Mis fotos pueden tacharse de políticas”, dijo. “Mi intención es hacer un comentario sobre la comedia humana, y eso es política, ¿verdad? Si alguien me preguntase quién me cae peor, si Johnson o Nixon, me costaría dar una respuesta. Johnson era vulgar, pero acabó siendo un presidente notable, y Nixon carecía de escrúpulos. Pero ¿se ve eso en las fotos? Dígamelo usted”.

Monica Vitti en el rodaje de Alta infedeltà (1964)

Además de su cámara de trabajo, siempre llevaba una Leica M3 con un objetivo de 50 mm cargada con Kodak Tri-X o Ilford HP4 para fotografiar lo que veía en cualquier momento. Hemos dicho “llevaba” porque es muy posible que ahora trabaje con una cámara digital; no hemos encontrado ninguna información al respecto.

Roma (1969)

1990

Y esas fotos, las que hacía y hace en cualquier momento, reflejan un profundo sentido del humor cuando se trata de personas, y una gran sensibilidad con los animales. Hay una que nos conmueve particularmente, realizada en 1955 desde un primer o segundo piso enfocando a una calle que bordea el Panteón de Roma, con una mujer alimentando a unos seis gatos. La hierba crece entre los adoquines.

Panteón, Roma (1955)

Roma (1952)

Pero el gran amor de Elliott Erwitt no eran los gatos, sino los perros. Publicó nada menos que cuatro libros de fotos caninas, “Los perros de Elliott Erwitt” (2008), “Woof” (Guau) (2005), “Dogs Dogs” (Perros perros) (1998) y “Son of a Bitch” (Hijo de perra) (1974). Aun así, viendo algunas de las fotos de gatos, como “El gato de Max”, nos parece obvio que también le gustaban mucho.

El gato de Max (1992)

Perros (Nueva York, 1974)

En los años setenta, Elliott Erwitt se interesó por el cine y rodó varios documentales. En los ochenta realizó diecisiete programas cómicos para HBO.

Sudamérica (1972)

En 2009 desarrolló una segunda personalidad, André S. Solidor, cuyas iniciales son ASS (imbécil), cuyo trabajó se expuso en la galería Paul Smith de Londres en 2011. Incluimos dos fotos de André y un resumen de su biografía.

Andre S. Solidor – Homenaje a King-Kong

Andre S. Solidor – Homenaje a Fay Wray

“Nació en 1962 en Grand Citron, distrito de Saint-Laurent-du-Maroni, Guyana francesa, de una madre nativa y un aristócrata francés que huyó al poco de nacer el niño. Demostró sus talentos de dibujante de muy pequeño. A los 14 años fue a Haití a trabajar en una plantación de yuca. Allí le descubrió un fotógrafo de la revista Life que cubría un reportaje sobre la pobreza. André se dio cuenta de que la fotografía era el camino que le alejaría de la miseria e ingresó en el maravilloso mundo del arte”.

Hamburgo (1987)

Elliott Erwitt cumplió 94 años este verano. Sigue trabajando y viviendo en su estudio de Central Park West, Nueva York, desde hace 50 años.

Nueva York


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Los gatos de la pintora japonesa Natsuo Ikegami

Sueños en el cielo

No recordamos cómo descubrimos a la pintora japonesa Natsuo Ikegami, pero nada más ver sus cuadros y dibujos, supimos que debía formar parte de este blog. Cuando entramos en su Facebook vimos que en 2020, desde el comienzo de la pandemia, había publicado 18 dibujos o cuadros de gatos, mientras que el año anterior, solo 9. No era un dato que aportara muchas pistas, pero ¿significaba que se había quedado más en casa?

A medida

Tomando el sol

Seguimos buscando en Internet y al principio solo encontramos una información de lo más escueta que decía lo siguiente: “Nací en Osaka, Japón, en 1969. Estudié Dibujo y Pintura en la Academia de Bellas Artes del Museo Municipal de Bellas Artes de Osaka (1994-1999)”. Y luego: “Información personal: Vivo en Hyōgo, Japón, con mi compañero y cinco gatos. Me encanta pintar y dibujar”.

Amante de los gatos

A ciegas

Nada más, lo que no era mucho para una entrada. Pero la búsqueda nos permitió encontrar más dibujos de Natsuo y saber que no se limitada a los gatos. La pintura de la artista abarca un gran número de temas en un estilo mezcla de naif y surrealismo que va mucho más lejos de lo que pueda parecer a primera vista. Basta con ver “Encuentro en un árbol” o “Pájaros y gatos”.

Encuentro en un árbol

Pájaros y gatos

Hay algo de fantasioso, quimérico e imprevisible en la obra de Natsuo Ikegami, como por ejemplo en la serie de sus maravillosos gatos globo.

Entonces nos enteramos de que había publicado un precioso libro titulado “Olores de primavera” cuyo epílogo reza así: “El 11 de marzo de 2011, un tremendo terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter sacudió Japón e inmediatamente después, un tsunami se apoderó de la costa noreste de Japón”.

“Llevaba muchos días dibujando gatos con tinta china a pluma y pincel. Al día siguiente de haberme enterado del terremoto, me sentí totalmente vacía y no me apetecía dibujar. Pensé que debía descansar un tiempo. Pero entonces me vinieron a la cabeza todas las personas afectadas por esta tragedia, los sentimientos y los pensamientos se apoderaron de mi mente empujándome a trabajar más. Me entraron ganas de rezar y sentí que quizá alguien esperaba un dibujo mío…”

“Por eso decidí seguir dibujando. Llevaba un mes dibujando gatos con flores. Este libro es mi ofrecimiento floral. Espero que pronto llegue el día en que las víctimas de esta catástrofe puedan disfrutar de la primavera con todo su corazón. Natsuo Ikegami, 24 de abril de 2011”.

Gato flor blanca

Y por fin se nos ocurrió algo que hubiéramos debido hacer desde el principio, mandarle un “privado” por Facebook. Quizá no lo hicimos inmediatamente porque, en general, cada vez que nos dirigimos a un artista actual explicando que queremos dedicarle una entrada sobre su obra, no recibimos respuesta. Pero Natsuo nos contestó a los tres días y nos habló de sus gatos.

Embarcando

Siesta conjunta

Nos confirmó que había nacido en Osaka en 1969, pero ya no vive en Hyōgo, sino en la isla de Shōdoshima, prefectura de Kagawa, con su compañero y cuatro gatos. En 2001 se toparon con dos gatitos en el Centro Comunitario de Periodismo. Uno de ellos era Shuntaro, que murió el 18 de octubre pasado, a los 19 años, y del que tenemos un retrato, y la otra era Kuu, una tricolor que falleció el año pasado. Shuntaro era inteligente, cariñoso y guapo. Natsuo nos dice que lo pasaban muy bien juntos y que ve su alma en todos los rincones de la isla. Añade que seguirá dibujándole eternamente.

Shuntaro

Siesta con compañía

Cuatro años después encontró a tres gatitos diminutos cerca del río, aún no podían ver, apenas tenían pelo y más bien parecían ratones, según nos escribió. Ya tenían dos gatos, pero no quisieron darlos en adopción. Eran Sumi, una gatita; Tsuyu, otra gatita blanca y negra, y Goro, el gato negro, que murió cuando tenía diez años. Los otros dos tienen ahora 15 años.

Goro

Ciclistas

Más recientemente apareció Torajiro, un precioso gato rubio de un año. Rondaba la casa y no pudieron resistirse, fue amor a primera vista. Aquí se ve toda una serie dedicada a Torajiro realizada en septiembre pasado.

En el cuadro “Nuestro sofá” están Goro, gato negro; Shuntaro, atigrado, y Kuu, tirando a blanca.

Nuestro sofá

Cumpleaños

Natsuo explica que le inspira la naturaleza y que, recientemente, ha empezado a dibujar a sus gatos en el exterior, a la orilla del mar, bajo un árbol o en un prado lleno de flores. La naturaleza de la preciosa isla de Shōdoshima – donde se mudaron hace cinco años – es una fuente de inspiración para ella. Termina diciendo que cuando va a dibujar a sus gatos, posan como si dijeran: “Por favor, dibújame, ¡pero bien!” Incluso el recién llegado Torajiro lo hace y espera a ser dibujado.

Dos gatos

Gato y peluche

Efectivamente, la isla de Shōdoshima es muy especial. Situada en el mar interior de Japón, su nombre significa “pequeña alubia”. Se hizo famosa por ser el primer lugar en Japón donde se consiguió hacer crecer olivos y por el Estrecho de Dobuchi, el más pequeño del mundo, con solo 9,93 metros en su parte más angosta.

Gato entre acianos

Siesta

Las obras de la pintora están disponibles en Etsy.

Tita gatos


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Los gatos de Dubrovnik

A orillas del mar Adriático se encuentra Dubrovnik, conocida como Ragusa entre 1358 y 1808, fundada en el siglo VII por unos refugiados de Epidauro, situada unos 15 kilómetros más al sur. 

Estuvo bajo la protección del Imperio Bizantino y posteriormente, de la República de Venecia. Gozo del título de “estado libre” durante casi quinientos años, entre los siglos XIV y XIX. La prosperidad de la República de Ragusa se debía al comercio marítimo, que le permitió alcanzar un elevado nivel cultural.

Casi destruida por un terrible terremoto en 1667, en el siglo XIX fue ocupada, durante las guerras napoleónicas, por las fuerzas imperiales francesas. Después de ser abolida, la República de Ragusa pasó a formar parte del Reinado Napoleónico de Italia. A finales del XIX y durante casi todo el XX perteneció al Imperio austríaco, al austrohúngaro y, finalmente, a Yugoslavia.

La bella ciudad de Dubrovnik está llena de gatos. El pasado 19 de septiembre, el periódico Dubrovnik Times (versión en inglés) publicó un pequeño artículo diciendo que desde el mes de septiembre de 2018, el Ayuntamiento de la ciudad, en cooperación con voluntarios que cuidan de gatos callejeros y abandonados, implementó un programa CES (Captura-Esterilización-Suelta) en toda el área municipal.

Según las clínicas veterinarias participantes, en los últimos dos años se ha esterilizado a 1.018 gatos, 715 hembras y 303 machos. En lo que va de año, “Sanitat Dubrovnik” ha reartido 80.000 kunas, el equivalente a 10.500 € o 12.500 $, por igual entre las tres clínicas participantes.

“Vamos por buen camino para controlar la población de gatos callejeros. Ya pueden verse los resultados, y todos los gatos con la punta de la oreja cortada son una prueba de nuestro éxito”, dice Ljubica Kežić, la mujer que impulsó el proyecto. Mato Franković, el alcalde de Dubrovnik, se ha comprometido a que el programa siga en el futuro.

Ljubica Kežić

En los primeros 9 meses del proyecto, de julio de 2018 a abril de 2019, se gastaron 152.000 kunas (20.000 € – 23.500 $). Al agotarse el presupuesto, el alcalde permitió un gasto adicional de 100.000 kunas gracias a una enmienda a la partida correspondiente en el presupuesto.

Ljubica Kežić lleva años cuidando a gatos en Dubrovnik. Todo empezó por casualidad, cuando una mujer mayor le pidió que la ayudara a llevar agua al abandonado hotel Belvedere, donde vivía un centenar de gatos. Ljubica explica que la mujer no podía más y decidió involucrarse en el cuidado de los gatos.

Al cabo de diez años ha conseguido esterilizarlos a todos, aunque desgraciadamente, muchas personas siguen abandonado gatitos en el hotel, convencidas de que es un paraíso para gatos. Pero es todo lo contrario, y muy pocos gatitos sobreviven a los ataques de martas y comadrejas, muy numerosas en la zona, o a los atropellos en la carretera.

Además de varios voluntarios, Ljubica Kežić cuenta con la ayuda de otras dos mujeres amantes de los gatos, la británica Gaye Lockwood, así como su compatriota y amiga Tihana Zvone. La primera sufragó las esterilizaciones de los gatos del Belvedere y de muchos otros antes de que se pusiera en marcha el proyecto municipal. Gaye Lockwood creó “Dubrovnik Cats” para que algunos gatos del hotel fueran adoptados en Inglaterra y trasladados a ese país, como Zutko, el gato ciego, que murió en su hogar de acogida en agosto pasado.

Zutko el gato ciego y Gaye Lockwood

Gaye Lockwood se desplaza dos veces al año a Dubrovnik, pero tiene una cuenta abierta con un veterinario de las afueras de la ciudad al que puede acudir cualquiera que  encuentre a un gato herido o enfermo. Tihana Zvone, por su parte, creó una página en Facebook, “Udomljavanje Napustenih Zivotinja Dubrovnik” (Adopción de animales abandonados en Dubrovnik), a través de la que ha logrado numerosas adopciones y concienciado a los habitantes de la ciudad de que deben esterilizar a sus animales de compañía en vez de abandonar a las camadas.

El 5 de junio pasado lanzaron una llamada de ayuda a todos los vecinos de Dubrovnik. La pandemia ha reducido drásticamente el intenso turismo de la ciudad, repercutiendo directamente en las donaciones de alimentos. En tiempos normales, muchos restaurantes daban carne y dinero para la compra de pienso, pero muchos han cerrado, con la consiguiente merma de fondos. Explican que ya no pueden alimentar correctamente a la enorme población felina de la zona.

La situación también ha afectado directamente a un proyecto que lleva años cuajándose: un refugio de grandes dimensiones para gatos y perros financiado íntegramente por el Ayuntamiento. La construcción – apenas empezada – se ha detenido sin fecha de continuidad. El presupuesto es de tres millones de kunas (396.500 € – 466.500 $). Ojalá pueda reemprenderse pronto.

El Belvedere era un espectacular hotel de cinco estrellas en la costa del Adriático, a menos de media hora del centro histórico de Dubrovnik, inaugurado en 1985. Cerró sus puertas en 1991, al empezar la guerra de los Balcanes y sufrir fuertes bombardeos.

Hoy, sus 18 niveles y 223 habitaciones de lujo están en ruinas, con las paredes cubiertas de grafitis. La piscina que miraba al Adriático y estaba protegida por un enorme panel de vidrío ha sido invadida por la maleza y los escombros. El centro de la estructura es una curiosa escalera en espiral que ahora carece de barandilla.  

En 2014, el multimillonario ruso Viktor Vekselberg – dueño de la mayor colección privada de huevos de Fabergé – lo compró en pública subasta. Hasta la fecha no ha hecho nada para renovar el hotel e incluso se rumorea que la estructura va a ser demolida. En cualquier caso, el Ayuntamiento se ha comprometido a realojar a los actuales residentes, los gatos, a los que alimenta y cuida Ljubica Kežić y otros voluntarios.


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Un gato, un ratón y un perro, el extraño trío de Krazy Kat

Érase una vez un gato que amaba a un ratón, un ratón que despreciaba al gato y odiaba al perro, y un perro que veneraba al gato y odiaba al ratón. El ratón se pasaba la vida tirando ladrillos a la cabeza del gato, pero éste estaba convencido de que era una demostración de afecto. El perro era policía e intentaba proteger al gato encarcelando al ratón. Los tres vivían en Arizona, en el condado de Coconino.

-Y a algunos se les impone la grandeza. -¿Quién lo dice?

La tira cómica lleva el nombre del gato, Krazy Kat (Gato Loco). Los otros dos protagonistas son Ignatz el ratón y el perro agente Pupp. Y también están Joe Cigüeña “proveedor de progenie principesca y proletaria”; Kolin Kelly, un perro que fabrica ladrillos y los suministra a Ignatz, y la Sra. Kwakk Wakk, una pata trepa y metomentodo que quiere quitarle el puesto al agente Pupp.

-¿Son dos notas, verdad? -¿Crees que podrás con ese cuarteto, ratón?

Publicada por primera vez en 1913 en el New York Evening Journal, siguió apareciendo regularmente hasta 1944. Empezó como una “basement strip”, una tira de tres o cuatro viñetas debajo de otra que ocupaba media página, pero no tardó en cobrar importancia, y el 23 de abril de 1916 llenaba una página completa en el suplemento dominical de tebeos.

-A pesar de disfrutar de una inteligencia poco habitual, Krazy, mi modestia me impide describirme como un intelectual -¿No me digas?

Aunque era menos popular que otras tiras de su autor, George Herriman, el dueño del periódico (y de muchos otros), William Randolph Hearst, era un profundo admirador del dibujante y le ofreció un contrato de por vida, garantizándole la más absoluta libertad creativa a pesar de las objeciones de los editores.

George Herriman en 1902

Lárgate, poli, déjame pensar.

Es posible que Krazy Kat no entusiasmara a los lectores de la prensa amarilla en la que se había especializado Hearst, pero tenía numerosos lectores entre los intelectuales de la época, como el poeta E.E. Cummings y el crítico de arte Gilbert Seldes. Ya en 1911, cuando Krazy e Ignatz formaban parte de la Familia Dingbat y todavía no tenían una tira propia, el compositor y pianista Ben Ritchie publicó “Krazy Kat Rag” con una ilustración de Herriman.

Pieza musical de Ben Ritchie (1911)

-¿Conque tienes dos personalidades? -Eso mismo, cariño, una chica bonita, una gemela.

Posteriormente, el saxofonista Frankie Tumbauer, el clarinetista Artie Shaw y otros grabaron homenajes a Krazy Kat. Pero quizá el más ambicioso de todos fuera el compositor John Alden Carpenter con el ballet “Krazy Kat – Una pantomima de jazz”. La pieza fue interpretada por primera vez en 1921 por la Orquesta Sinfónica de Chicago y el ballet, coreografiado por Aldolph Bohm, se estrenó en 1922.

El padre del gato loco, George Kerriman, participó en el diseño de los decorados y de la portada del libreto. En la portada del disco vemos un cuadro de Louis Wain (https://gatosyrespeto.org/2015/09/10/los-gatos-psicodelicos-de-louis-wain/) titulado “Sobremesa”.

“Sobremesa”, Louis Wain

Otros grandes admiradores de Krazy Kat fueron el pintor William de Kooning, así como los escritores H.L. Mencken y Jack Kerouac (https://gatosyrespeto.org/2016/08/18/gatos-big-sur-jack-kerouac/). Parece ser que el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson leía la tira cómica en voz alta durante las reuniones del Gabinete. Algunos críticos incluso llegaron a decir años después que la tira era dadaísta y precursora del posmodernismo.

Portada de la partitura para piano de “Krazy Kat: A Jazz Pantomime” (1922)

No se publicó en color hasta principios de 1935. George Herriman siguió dibujando a Krazy Kat hasta su muerte el 25 de abril de 1944, realizando aproximadamente 3.000 viñetas de su personaje favorito. La última tira apareció exactamente dos meses después, el 25 de junio, al ser cancelada por Hearst después de la muerte de su amigo, impidiendo que otro dibujante se hiciera cargo de ella, como era habitual en la época.

Así se caza.

Los amigos y conocidos del progenitor de Krazy Kat le describían como un hombre modesto al que no le gustaba que le fotografiaran, generoso y siempre dispuesto a ayudar a sus amigos. Le gustaba mucho jugar al póquer con sus compañeros dibujantes. Amaba a los animales y se sabe que en 1934 convivía con cinco perros y trece gatos. Rehusaba montar a caballo e intentaba comer poca carne. Se casó el 7 de julio de 1902 con Mabel, su primer amor, y tuvieron dos hijas, Mabel (como su madre), a la que todos llamaban “Toots”, y Barbara (Bobbie), fallecida a los 30 años, en 1939.

Partitura del ballet

Escena del ballet “Krazy Kat”

Podríamos acabar aquí, pero merece la pena saber algo más de la vida de George Herriman, nacido el 22 de agosto de 1880 en Luisiana. Tenía diez años cuando su padre compró unos billetes de tren para trasladar a la familia a California, la tierra prometida. En Los Ángeles, su padre siguió con su profesión de sastre y el joven George fue a un colegio católico. Al graduarse, empezó a trabajar para el periódico Los Angeles Herald dibujando anuncios y alguna que otra viñeta.

George Herriman con un gato

Noviembre de 1937

En 1900 cruzó el país en un tren de mercancías hasta Nueva York, donde fue pintor de carteles publicitarios y dibujante de tiras cómicas. Decidió regresar a Los Ángeles en 1905, pero los editores le hicieron volver a Nueva York en 1910. Hasta doce años después no pudo instalarse definitivamente en Los Ángeles.

Cuadro de George Herriman

En 1971 se descubrió que George Herriman era hijo de padres criollos y bisnieto de Stephen Herriman, un hombre blanco casado, capitán de barco y esclavista, y de Justine Olivier, una mujer libre “de color”. Su abuelo y su padre fueron conocidos sastres en Nueva Orleans y destacadas personalidades en la comunidad criolla.

Krazy Kat en el cine

Durante el viaje a California, su familia se convirtió en blanca. Nadie reparó nunca en que George Herriman tenía sangre negra. Si hubiera ocurrido, no habría podido ido al colegio católico donde estudió, no habría vivido en el barrio donde vivió, no se habría casado con Mabel porque era blanca, ni tampoco habría dibujado las 3.000 maravillosas viñetas de Krazy Kat y muchas otras. Las leyes Jim Crow que propugnaban la segregación racial no fueron abolidas en Estados Unidos hasta 1965.

George Herriman en el San Francisco Examiner

Muñecos de Krazy Kat

George Herriman no tuvo más remedio, como muchas otras personas en esa época, que esconder una parte importante de su personalidad si no quería ser considerado un ciudadano de segunda. Su esposa Mabel lo sabía, no cabe duda, como también sus hijas. Solía llevar un sombrero para esconder su pelo rizado y muchos compañeros suyos incluso pensaban que era de origen griego.

Bronce de los tres protagonistas

Desde que se supo que Herriman era hijo de padres criollos, se empezó a ver la tira bajo un prisma diferente. No eran más que especulaciones, desde luego, pero Krazy Kat cobró otra identidad y de pronto todo el mundo se dio cuenta de que Krazy es un gato negro cuyos diálogos están escritos fonéticamente, reproduciendo un acento muy particular. Lo más curioso es que cambia de sexo; a veces es un personaje masculino y en la siguiente publicación, femenino.

Libro sobre George Herriman (2017)


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Gatos, por Yo Laur y Alfred Arthur Brunel de Neuville

“Gato tumbado”, Yo Laur

En la segunda mitad del siglo XIX se pusieron de moda  los cuadros de gatos quizá porque ya estaba bien visto tener uno o dos gatos en casa. Además, la pequeña burguesía necesitaba decorar sus paredes y no disponía de fondos para hacerse con cuadros de pintores muy cotizados, por lo que algunos artistas se hicieron famosos dentro del género. La pintora de gatos por excelencia y tal vez la más conocida es Henriette Ronner-Knip, aunque al principio se inclinó por los perros.

Henriette Ronner-Knip

La artista, de origen holandés, vendió su primer cuadro a los 15 años y tuvo una exposición a los 16. Parece ser que no fue hasta 1870, con 49 años cumplidos, cuando empezó a pintar gatos “en parte debido a la falta de gracia del perro belga”. Pobre perro belga. Suponemos que se refería al pastor malinois.

Henriette Ronner-Knip

Cornelis Raaphorst fue otro artista holandés que se dedicó en cuerpo y alma a los gatos. Nació en 1875 y siempre pintó gatos, pero nunca alcanzó la fama de su compatriota. Hoy en día tampoco puede competir con ella en cuanto a precios. Los cuadros de Henriette Ronner-Knip cuestan entre 15.000 y 60.000 €, mientras que un Raaphorst no llega a 8.000 €.

Cornelis Raaphorst

En Estados Unidos estaba John Henry Dolph, nacido en 1836 en el estado de Nueva York. Empezó trabajando como aprendiz de pintor de carruajes a los 14 años. En 1850 ya pintaba retratos y en 1864 se dio a conocer por sus escenas de granja. Hasta 1891, a su regreso de Europa, no pintó su primer gato.

John Henry Dolph

“El estudioso”, John Henry Dolph

Julius Adam fue otro conocido pintor de gatos. Nació en 1852 en el seno de una familia de artistas y empezó retocando fotografías en el estudio fotográfico de su padre. No se dedicó a la pintura felina hasta 1903, pero no tardó en hacerse famoso.

“Sinfonía gatuna”, Julius Adams

Louis Eugène Lambert, nacido en París en 1825, fue un famosísimo pintor animalista alumno de Eugène Delacroix (que también pintó algún gato que otro https://gatosyrespeto.org/2019/07/18/gatos-romanticismo-y-eugene-delacroix/). Podemos ver perros en sus obras, pero era conocido como “Lambert de los gatos” y logró un gran éxito comercial.

Eugène Lambert

Hablemos ahora de Alfred Arthur Brunel de Neuville, nacido en París en 1852. Después de recibir una formación muy básica por parte de su padre y de estudiar con Léon Brunel, alcanzó la celebridad entre los 20 y 30 años como artista animalista dedicado casi exclusivamente a los gatos. Mucho más tarde pintó naturalezas muertas.

“El caracol”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Expuso regularmente a partir de 1879 en la Sociedad de Artistas Franceses, de la que fue nombrado miembro en 1907. Siempre se esforzó en mejorar un estilo que tiende al realismo, por más que en algunos cuadros deje entrever cierta influencia impresionista.

“Gatitos y pintura”, Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Fue muy popular durante su vida y nunca tuvo problemas para vender sus cuadros. Actualmente está mucho más cotizado entre los coleccionistas de América del Norte y del Sur que en Europa. Por ejemplo, sus obras no suelen valer más de 5.000 € en Europa, mientras que cuestan el doble en Estados Unidos, y uno de sus lienzos de mayor tamaño se vendió por 20.000 € en Buenos Aires.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Murió en París en 1941 y está enterrado en el cementerio de Montmartre. A pesar de sus esfuerzos para que las escenas felinas parecieran realistas, creemos que no convivió con gatos. Les falta naturalidad. Pero puede ser porque se doblegaba a los gustos de su clientela. Expuso en vida en numerosas ocasiones y sus obras pueden verse actualmente en los museos de Béziers, Brest, Château-Thierry y Louviers.

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville

Alfred Arthur Brunel de Neuville tuvo una hija de su primer matrimonio con Valentine Demongin, llamada Yvonne Laure Alice, nacida el 22 de julio de 1879, cuando él tenía 27 años, que siguió los pasos de su padre y se convirtió en una hábil pintora del género animalista, especializándose en delicadas pinturas de gatos.

“El reflejo”, Yo Laur

“Familia”, Yo Laur

No tardó en firmar sus cuadros con un seudónimo, quizá para subrayar su independencia y dejar de ser la hija de un pintor conocido, convirtiéndose en Yo Laur. En 1912 conoció a André Bellot, aviador y periodista. Después de casarse un año después, se trasladaron a Argelia, donde Yo Laur abandonó los gatos por los paisajes y los retratos de mujeres.

“Mujer argelina”, Yo Laur

Regresaron a París después de la I Guerra Mundial y se instalaron en el bulevar Clichy. André trabajaba en el diario Le Matin y Yo seguía pintando. Expuso en varios Salones y ganó la Medalla de Oro del Salón de Bruselas.

“En la cocina”, Yo Laur

En 1934 fue aceptada como miembro de una logia masónica de Derecho Humano, una “obediencia” mixta e internacional en el paisaje masón de la época. Permaneció en la logia hasta la prohibición de la masonería por parte del régimen de Vichy en agosto de 1940.

“Familia de gatos”, Yo Laur

La invasión de París por los alemanes la sorprendió en la capital mientras su marido estaba en Casablanca realizando labores de contraespionaje. No volvió a Francia y murió en 1945 sin haber vuelto a ver a Yo Laur. El 24 de junio de 1944, la Gestapo la detuvo por ser parte de la Resistencia. Durante el registro, descubrieron dos antiguas carabinas, un regalo del famoso aviador Charles Nungesser, lo que agravó su caso.

“Gatitos”, Yo Laur

Después de pasar por la prisión de Fresnes y el campo de Romainville, fue deportada al campo de Ravensbrück, reservado a mujeres, el 15 de agosto de 1944. Llevaba el triángulo rojo de las presas políticas con el número 57772. Ya tenía 65 años y graves problemas pulmonares. Desde el momento de su detención hasta su muerte el 11 de noviembre de 1944 en el “Revier”, el supuesto hospital del campo, no dejó de dibujar.

“Gatos y muñeca”, Yo Laur

Otras presas escondieron y enterraron los dibujos, que Béatrix de Toulouse-Lautrec, compañera y amiga de Yo Laur, llevó a Francia. Son el testimonio de lo que soportaron las mujeres encerradas en Ravensbrück.

“Ravensbruck – La enfermería”, Yo Laur

“Ravensbruck – Una noche entera de pie”, Yo Laur

Un seguidor de nuestra página, Zyx, nos pidió una entrada sobre Alfred Arthur Brunel de Neuville, lo que nos permitió descubrir que Yo Laur era su hija y saber un poco más de ambos.

“Bebiendo leche”, Yo Laur


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El gato Angel y el músico Brian Eno

Por casualidad encontramos en YouTube parte de una entrevista a Brian Eno. Probablemente fuera hecha en 2018, y la persona que colgó el vídeo lo tituló “Brian Eno y su gato manipulador” (https://www.youtube.com/watch?v=O_0RcB-Vj7M). Brian Eno debe llevar cierto tiempo contestando a una pregunta cuando aparece un precioso gato negro que, sin dudarlo un momento, salta encima de la mesa de trabajo, decidido a que le acaricie. El músico comenta que su gato “busca publicidad”. Al cabo de unos treinta segundos, el felino se coloca en el hombro de un impertérrito Brian Eno que intenta seguir con la entrevista.

Angel, pues así parece que se llama el gato, sigue haciendo de las suyas. Brian Eno explica que “no soporta que no se ocupe de él”. Después de estar un rato en el suelo, vuelve a saltar a la mesa, colocándose detrás del brazo izquierdo del músico, pero este se inclina discretamente hacia la derecha para que Angel pueda salir en el plano.

Angel deja pasar un minuto antes de subirse al regazo de Brian Eno y casi inmediatamente de nuevo a su hombro, colocándose de tal forma que el músico no tiene más remedio que sujetarle para que no se caiga. Angel, que ha conseguido lo que quería desde el principio, no se mueve durante el resto de la entrevista.

No es ninguna noticia que a Brian Eno le gustan los gatos. Hay una foto suya en blanco y negro, con un gato blanco colgado de su hombro y apoyado en su brazo. Ambos miran a la cámara. Es una curiosa composición delante de una caravana y el músico es muy joven. Nos atrevemos a decir que es anterior a la fundación de Roxy Music.

Brian Eno fue uno de los seis primeros miembros del grupo Roxy Music, formado en 1970, que se convertiría en uno de los más influyentes de la historia moderna de la música. Al principio, Brian Eno no salía al escenario, se ocupaba de la mesa de mezclas y procesaba el sonido con un sintetizador VCS3, además de hacer los coros. Pero acabó tocando en el escenario, siempre con trajes muy llamativos.

Roxy Music

Dejó el grupo en 1973, después de la gira de promoción del segundo álbum, debido a sus desacuerdos con el cantante Bryan Ferry y porque la vida de las estrellas de rock le aburría. Según Phil Manzanera, guitarrista de Roxy Music: “Teníamos un cantante muy guapo, pero en el escenario todos miraban a Eno porque era una persona como de otro planeta”.

A continuación grabó varios álbumes en solitario y a mediados de los setenta empezó a explorar terrenos minimalistas que le llevarían a lo que él denominó “ambient music” y describió como “una música capaz de tranquilizar y crear un espacio donde pensar, que pueda ser ignorada y a la vez interesante”.

Reconoce que otros habían compuesto este tipo de música, pero añade que “le di un nombre, y al hacerlo, creé una diferencia. De pronto se hizo real. Los nombres son muy importantes”. Las dos fotos suyas sentado en un sofá con un gato atigrado corresponden a esta época.

Brian Eno siempre se ha descrito a sí mismo como “un no-músico” y concibe sus interpretaciones como “tratamientos”. Además de sus álbumes en solitario, colaboró en los años setenta y ochenta con músicos de la talla de Nico, Robert Fripp, Harmonia, Genesis, Cluster, Harold Budd, David Bowie y David Byrne.

También es un solicitado productor que se ha ocupado de discos de John Cale, John Hassell, Talking Heads, Ultravox, U2 y Coldplay, entre otros muchos. Una de sus colaboraciones más famosas tuvo lugar en los noventa cuando se unió a U2, Luciano Pavarotti y más artistas para formar Passengers. En 1995 lanzaron el álbum “Original Soundtracks 1”, del que el single “Miss Sarajevo” se colocó en el sexto puesto del ranking británico.

Un año antes, los diseñadores Mark Malamud y Erik Gavriluk, que entonces trabajaban para Microsoft, le pidieron que compusiera una pieza para el proyecto Windows 95. Así nacieron los seis segundos de sonido musical de arranque del sistema operativo, “El sonido Microsoft”.

En una entrevista, Brian Eno dijo: “No debía durar más de 3 ¼ segundos. La idea de componer algo tan corto me divirtió y acabé con 84 piececitas musicales. Cuando volví a composiciones de unos tres minutos, me pareció disponer de océanos de tiempo”.

Ha compuesto música para numerosas películas, entre la que mencionaremos “The Lovely Bones”, de Peter Jackson, estrenada en 2009. Ese mismo año fue el comisario del “Luminous Festival” en la Ópera de Sídney, donde reapareció en los escenarios después de muchos años en una interpretación improvisada con el trío The Necks.

Brian Eno, cuyo nombre completo es Brian Peter George St. John le Baptiste de la Salle Eno, nació el 15 de mayo de 1948 en el condado de Suffolk, Gran Bretaña. Estudió en el Saint Joseph’s College de Ipswich y en la Escuela de Arte Winchester, licenciándose en 1969. Después de asistir a una conferencia de Pete Townshend, de The Who, se dio cuenta de que podía “hacer” música aunque carecía de una educación musical formal.

En marzo de 2020 publicó con su hermano Roger Eno, once años menor que él, el álbum colaborativo “Mixing Colours”. Por cierto, el anuncio de Purina que reza “Siete variedades de Purina porque el gato de Brian Eno cree que seis son un aburrimiento” es falso, a pesar de que se ha paseado por la red con toda credibilidad.

Esta entrada es para Elena “Muti”, que no solo ama a los gatos, también es una enciclopedia andante de pop y rock.


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El gato patinegro (Felis nigripes)

El patinegro es el gato más pequeño del continente africano y uno de los más pequeños del mundo. Mide entre 36 y 52 centímetros, con un rabo de entre 12 y 20 centímetros, y un peso que oscila entre 1 y 2,5 kilos. En realidad, solo tiene la planta de los pies negra o marrón oscura, por lo que llamarle “patinegro” puede parecer un poco exagerado. Dispone del camuflaje perfecto gracias a su pelaje moteado.

El primer felis nigripes del que se tiene noticia fue descubierto en el norte de la meseta del Karoo, en la zona sudafricana, en 1824. A finales de los años sesenta del siglo pasado fue avistado en varias ocasiones en Botsuana y en Namibia. Está incluido entre las especies vulnerables de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza desde 2002 al menguar su población por causa de la caza furtiva para consumo humano, atropellos de coche y depredación por parte de perros y otros felinos, incluso gatos domésticos.

Además de ser el felino más pequeño del continente, el gato patinegro también es el más eficaz a la hora de cazar. El león no consigue cazar más del 25 por cien de las presas que acecha, pero el diminuto felis nigripes alcanza el 60 por cien, matando de diez a catorce roedores, pájaros o insectos cada noche. Tiene un metabolismo acelerado que le obliga a cazar casi sin parar.

Utiliza tres técnicas para hacerse con sus presas: la primera es la caza rápida, en la que corre dando saltos por zonas de hierba alta, asustando a pájaros y roedores que dormían; la caza lenta, en la que se aposta delante de una madriguera y espera con enorme paciencia; y finalmente, una versión menos rápida de la primera que le permite sorprender a la presa.

El pelaje es suave, denso, de color dorado con numerosas manchas que, en ocasiones, llegan a unirse en círculos. Tiene ojos grandes de color ámbar o gris tirando a marrón. La barbilla, pecho e interior de los muslos es más claro. Como muchos gatos de pequeño tamaño, dos rayas oscuras le cruzan las mejillas. La cola es más bien corta, aproximadamente la mitad del largo del cuerpo, con dos o tres anillas oscuras, y la punta siempre es negra.

Las orejas son proporcionalmente más anchas y grandes que las de otros felinos para poder oír mejor en zonas desérticas o semidesérticas donde no abundan las presas. A menudo aplanan las orejas, lo que les proporciona una apariencia agresiva que en realidad sirve para pasar más desapercibidos en zonas con poca protección. Las plantas de sus pies son peludas para aislarles de suelos calientes.

Su hábitat principal son las llanuras de hierba media y alta, y los desiertos de matorrales y de arena, como el Kalahari y el Karoo. Evitan terrenos con arbustos y rocosos, quizá por ser el hogar de otros carnívoros peligrosos para ellos. La precipitación anual en esta zona es de 100 a 500 mm.

Su presencia es escasa comparada a la de otros pequeños felinos en Sudáfrica. Hace varias décadas que empezó a estudiarse su comportamiento y ecología en la Reserva Natual Benfontein y en dos grandes granjas de Sudáfrica. Se ha descubierto que en un área de 60 kilómetros cuadrados, la densidad de población puede alcanzar los 0,17 por kilómetro cuadrado, pero en hábitats con poca caza, la densidad baja drásticamente. El territorio de los machos es el doble de las hembras y suele superponerse al de cuatro hembras.

A pesar de su pequeño tamaño, nada parece amedrentarle. Existe una leyenda del pueblo san en la que se dice que el gato patinegro es capaz de matar a una jirafa seccionándole la yugular, algo no deja de ser un tributo a su valentía y tenacidad. Se ha visto a chacales de lomo negro acosarle, pero el pequeño gato siempre ha atacado a su enemigo, aunque es mucho más grande que él, consiguiendo alejarle.

Un felis nigripes puede consumir hasta 3.000 roedores en un año, además de pájaros e insectos en mucha menor cantidad, y poquísimos reptiles. Los machos más grandes pueden cazar liebres de su mismo tamaño. No hacen ascos a los huevos, rompiéndolos delicadamente con la boca antes de lamer el contenido.

Descansan durante el día en montículos de termitas abandonados, por lo que les llaman “tigres hormigueros”, o en madrigueras desocupadas. Son de hábitos nocturnos; suelen salir a la media hora de ponerse el sol, volviendo a la madriguera 30 minutos antes del amanecer. No tienen ningún problema para trepar a árboles o vallas cuando se trata de buscar nidos, pero las acacias que pueblan su hábitat ofrecen poca comida comparada con la que encuentran en el suelo. Pueden saltar a metro y medio de altura para cazar a un pájaro.

Son animales solitarios, excepto las hembras con camada y durante la época de apareamiento. Al cabo de una gestación de entre 63 y 68 días, nacen de uno a cuatro gatitos de unos 70 gramos en el fondo de una madriguera. Las hembras dan a luz dos veces al año, y la madre cambia de cubil a menudo, probablemente para evitar a los posibles depredadores. Los gatitos abren los ojos al cabo de siete días y son totalmente independientes pasados tres o cuatro meses, aunque tardan en alejarse de la madre. Aprenden a cazar muy pronto, una clara señal de que viven en un ambiente difícil.

El pequeño gato patinegro se enfrenta a muchas amenazas que dificultan su supervivencia. Su hábitat se ve cada vez más reducido por el excesivo pastoreo. El uso indiscriminado de veneno para matar a los caracales (otro gato africano al que dedicaremos una entrada) y a los chacales le afecta al ser carroñero, y lo mismo ocurre con los productos usados para eliminar las plagas de langostas. Son atacados por los perros usados para ahuyentar a los chacales.

Esperamos que se implementen medidas para salvar de la extinción a este diminuto gato y no acabe relegado a los zoológicos. Actualmente, el zoo de Wuppertal en Alemania alberga la mayoría de la población en cautividad con un excelente éxito en su reproducción. Pero ninguna especie animal – sea la que sea – nacida para vivir en la naturaleza debería verse obligada a residir en un zoo o similar por el hecho de “salvarla”.


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Gatos y Beryl Cook

La artista Beryl Cook alcanzó una enorme popularidad en el Reino Unido, pero nunca fue muy aceptada en la comunidad artística. Era una persona bastante reservada que no llevaba muy bien el reconocimiento y tenía poco que ver con los extravagantes y extrovertidos personajes que pueblan sus obras.

“Alimentando tortugas con gato siamés”

Tenemos la impresión de que algunos de los cuadros reproducidos aquí son retratos de su marido e incluso de ella misma en casa, en el jardín, y de los gatos con los que convivieron. Si comparamos a la mujer de “Alimentando tortugas con gato siamés” con la foto de Beryl Cook, el parecido salta a la vista, aunque el gato no sea igual.

Beryl Cook con gato

“Autorretrato”

Lo mismo pasa con “Amantes del sofá”. Volvemos a ver al gato siamés y a otro pelirrojo que aparece tumbado debajo de un arbusto en otro cuadro titulado “Cedric, 1978”. También realizó una pequeña placa con su imagen. Está claro que Cedric era uno de los gatos de la familia.

“Amantes del sofá”

“Cedric, 1978”

Otro gato de la familia debió ser Félix, que se aleja andando con el rabo muy tieso, y en otro cuadro ataca a la pobre Lottie, mordiéndole la oreja.

Realizó un retrato del personaje Rab C Nesbitt, de la serie cómica del mismo nombre, entrando en el 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico. El cuadro se vendió por 8.000 libras en 2013. Lo mencionamos aquí porque existen dos fotos del cuadro delante de una puerta casi idéntica a la famosa casa con un gato haciéndose las uñas en el felpudo.

Dicho gato tiene un fuerte parecido al también famosísimo Larry, gato que vive en la famosa residencia oficial, pero no es más que eso, un parecido. Por cierto, acabamos de enterarnos de que Larry ya dispone de una gatera que le permite entrar y salir cuando le apetece, sin esperar a que el policía de guardia le abra la puerta. Progresamos.

Larry

Beryl Cook nació en el condado de Surrey el 10 septiembre de 1926 en una familia de cuatro hermanas. Sus padres se divorciaron y las niñas vivieron con la madre. Abandonó los estudios a los catorce años y trabajó en sectores muy diversos, pero ninguno relacionado con la pintura. Participó en una gira de la opereta “La princesa gitana” y fue modelo. En 1946 se casó con John Cook, un amigo de la infancia y marino mercante. Su hijo John nació en 1950, y al año siguiente la familia se trasladó a la entonces llamada Rodesia del Sur, actual Zimbabue, país en el que residieron hasta 1963.

“Dando de comer a los gatos”

“Gatos motorizados”

En esa época empezó realmente a dedicarse a la pintura. Al instalarse en Plymouth un par de años después, regentaron una pensión para artistas. Estaba muy ocupada durante los meses de verano, pero en invierno tenía tiempo de sobra para pintar. Beryl Cook colgó sus cuadros en las paredes de la pensión y así fue como la “descubrieron”. Un anticuario amigo de la familia la convenció para que le dejara llevar unos cuantos a su tienda y la pintora quedó muy sorprendida cuando se vendieron casi inmediatamente.

“Dos gatos persas”

“Gato y jardinero”

Cuando Beryl estaba a punto de cumplir cincuenta años, en 1975, Bernard Samuels, del Centro de Arte de Plymouth, la convenció para organizarle una exposición, que tuvo un tremendo éxito. Apareció en la portada del Sunday Times Magazine (el suplemento semanal del periódico), a lo que siguió una llamada de la Galería Portal de Londres, donde expuso los siguientes treinta y dos años.

“En el veterinario”

Desde el primer momento, sus obras fueron acogidas con entusiasmo por los británicos y no tardó en hacerse famosa. Sus cuadros fueron reproducidos en calendarios, tarjetas de felicitaciones de todo tipo e incluso objetos. Son obras luminosas, con un gran sentido del humor, sin pretensiones, que plasman momentos de la vida diaria. Hombres y mujeres pasándolo bien en un pub, chicas de compras, una familia en una comida campestre…

“Entrega matutina”

“Gato feliz”

Pero Beryl Cook no solo retrató a sus compatriotas. Le gustaba viajar y aprovechó sus visitas a Nueva York, Buenos Aires, Cuba, París o Barcelona para tomar discretos apuntes para posteriores trabajos. Puede tachársela de “observadora social”, y su memoria fotográfica siempre la ayudó a reproducir lo que captaban sus ojos. A pesar de empezar a pintar tarde, realizó más de 500 cuadros.

“Percy ante la nevera”

Detalle

En una entrevista para un documental rodado en 1979 dijo admirar las obras de dos artistas británicos, Stanley Spencer y Edward Burra. Sin embargo, pensamos que no le influyeron demasiado. El estilo de ambos no se corresponde con el luminoso humor de Beryl Cook. Basta con ver a las dos amigas de “En el pub”. Una se pinta los labios mientras la otra bebe un trago de cerveza frente a un plato de “fish and chips” y las dos llevan unos maravillosos sombreros. Sus cuadros hacen sonreír.

“En el pub”

No pintó muchos gatos, se dedicó sobre todo a los seres humanos, quizá porque no es tan fácil reírse de los animales como de nosotros mismos. Uno de nuestros favoritos es “Cuatro gatos hambrientos”. La mirada de los gatos está fija en la langosta que dos humanos (solo vemos sus manos y antebrazos) están a punto de repartirse. Esperemos que los cuatro felinos también pudieran participar en el festín.

“Cuatro gatos hambrientos”, 1977

En 1995 fue nombrada miembro de la Orden del Imperio Británico; en 2005, Channel 4 presentó un cortometraje en torno a sus obras y en 2006 se habló de ella en “Art School” así como en “The Culture Show”, dos programas producidos por la BBC. Se publicaron numerosos libros de sus obras y fue galardonada en muchas ocasiones. Falleció el 28 de mayo de 2008 en su casa de Plymouth.

“Por la mañana”


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Una gata autora, Suzanne Szasz y Paul Gallico

Todo empezó cuando el vecino editor de Paul Gallico le dio un manuscrito que parecía estar cifrado. Al cabo de un tiempo, y después de fijarse en el teclado de una máquina de escribir, el escritor y periodista deportivo entendió que los repetidos errores en el texto se debían a que no era ningún dedo lo que había tocado las teclas, sino patas, y concretamente patas de gato. Una vez descubierto el misterio, logró descifrar el código por los grupos de letras del teclado, y leyó el título: “El miau silencioso, un manual para gatitos pequeños, callejeros y gatos sin hogar, de x.x.x.x.x.”

A partir de ese momento y durante 155 páginas, una gata muy sensata explica paso a paso cómo ser acogida por una familia, cómo hacerse con los dueños de la casa, apropiarse de su sillón favorito, conseguir deliciosos bocados en la mesa y, sobre todo, cómo modular el maullido – todo un arte – para obtener los resultados idóneos.

Paul Gallico reconoce en el prólogo que dudó en devolver el manuscrito traducido a su amigo el editor, un confeso ailurófobo, para no desvelar el hecho de que los humanos pertenecemos a los gatos y no al revés. El editor, al conocer el contenido, no quiso perder un segundo en publicarlo, convencido de que por fin el mundo entendería que “son bichos manipuladores”, a pesar de que Gallico le explicó que el libro produciría el efecto opuesto.

Cica celebrando la Navidad

Suzanne Szasz y su marido Ray Shorr son los autores de las fotografías del libro. Cica, la gatita de unos tres meses que apareció en su casa de verano en Westhampton, Long Island, estaba absolutamente decidida a adoptarles costase lo que costase. No solo Cica demostró ser encantadora, sino que se enamoró del coche y tendía a subirse al menor descuido de sus dueños. Además, como no podía ser menos, debía salir en todas las fotos.

“El miau silencioso” en alemán

Cica empieza el libro con las siguientes palabras: “Cuando era muy joven, tuve la desgracia de perder a mi madre y de quedarme sola en el mundo a las seis semanas. No me afectó mucho ya que era inteligente, bien parecida, no me faltaban recursos y tenía mucha confianza en mí misma”. Cica era pequeña, pero con una buena opinión de sí misma.

El libro, que desafortunadamente no está traducido al español, consta de diecinueve capítulos y, como apuntamos en el primer párrafo, se titula “El miau silencioso”. El capítulo XII está dedicado al “idioma gatuno” y empieza explicando ese miau silencioso. En palabras de la autora, es la técnica más eficaz para obtener algo. Recomienda “mirar a la persona, abrir la boca como si se fuera a emitir un maullido, pero sin permitir que se escape el más mínimo sonido”.

Paul Gallico (foto de Carl Van Vechten, 1937)

Según sigue diciendo, el efecto es devastador. “El hombre o la mujer parecen conmoverse en lo más profundo de su ser y estar dispuestos a darnos lo que sea”. Aconseja no usarlo demasiado a menudo para que no pierda efectividad y añade que no entiende a qué se debe esta reacción.

Cualquiera que tenga gatos se habrá fijado en que, de vez en cuando, se sientan en el suelo, nos miran y usan la técnica del “miau silencioso”. Conocemos a uno que la domina a la perfección y, efectivamente, es muy difícil resistirse.

El libro, además de un texto lleno de humor irónico (obra de Paul Gallico, gran amante de los gatos), contiene nada menos que doscientas fotos de Cica ilustrando sus consejos. Está claro que Suzanne Szasz y a su marido cayeron rendidos a los pies de la gatita.

Paul Gallico, nacido en Nueva York en 1897, era el hijo de un pianista y compositor italiano y de una madre austriaca. Se convirtió en un famoso periodista deportivo después de pedirle a Jack Dempsey que boxeara con él, experiencia que utilizó para describir en primera persona qué se sentía al ser noqueado por un campeón.

Paul Gallico con dos gatos

A pesar de ser uno de los periodistas mejor pagados de Estados Unidos, abandonó el mundo del deporte para dedicarse a la ficción. Muchas de sus novelas empezaron como extravagantes historias cortas publicadas en revistas que a menudo recibían malas críticas. Su mayor éxito, “La gansa blanca” (The Snow Goose), es uno de los pocos libros de Paul Gallico traducidos al castellano. “Thomasina, The Cat Who Thought She Was God” (Thomasina, la gata que se creía Dios) fue otro gran éxito llevado al cine por Disney.

Escribió numerosos libros acerca de gatos, como por ejemplo “Jennie”, la indómita gata que ayuda a un niño convertido en gato callejero, y “Honorable Cat”, también con poemas y fotografías de Osamu Nishikawa. Doce novelas suyas fueron llevadas a la gran pantalla y otras cinco, a la televisión. Se casó cuatro veces, escribió más de 40 libros y alcanzó la fama. Hoy en día es un autor casi olvidado.

De los gatos dijo: “Unos gatitos pueden pasarle a cualquiera”. “Todo lo que es y haga un gato me parece maravilloso, precioso, estimulante, tranquilizador, atractivo y encantador”. Hablando del ronroneo, explicó: “Nadie ha sido capaz de descubrir cómo hacen ese sonido sutil, y más aún, nadie lo descubrirá nunca. Es un secreto que perdura desde el principio de los tiempos de los gatos y nunca se desvelará”.

A Paul Gallico le gustaban mucho los gatos, y tuvo uno que se llamaba Sambo. El novelista falleció el 15 de julio de 1976.

Suzanne Szasz nació en Budapest en 1915 y se trasladó a Estados Unidos en 1946. Se divorció de su primer marido, el diplomático Sandor Szasz un año después. Hizo sus primeras fotos con una cámara prestada trabajando en un campamento para niños y no tardo en vender fotos a revistas de la talla de Life, Look, Parents y muchas otras.

Suzanne Szasz

Su capacidad a la hora de trabajar con niños y de “desaparecer”, permitiéndole hacer fotos intimistas y espontáneas, fue alabada por numerosos especialistas infantiles. Ilustró libros de las antropólogas Margaret Mead y Elizabeth Taleporos, así como del científico social Karl W. Deutsch, entre otros.

El 22 de diciembre de 1956 se casó con Ray Shorr, otro fotógrafo, y la persona a la que van dirigidos muchos de los comentarios de Cica. Suzanne Szasz, en una nota al final del libro, dice que cuando Cica apareció al otro lado de la ventana, nunca sospecharon que iban a ser adoptados: “¡Dos fotógrafos ambulantes no pueden tener un gato!” Creemos que queda claro que nunca habían tenido uno, pero que debió tratarse de un amor a primera vista.

Ray Shorr con Cica

Ray Shorr falleció en 1994 y Suzanne Szasz el 3 de julio de 1997, mientras visitaba a su familia en Budapest. No sabemos cómo conocieron a Paul Gallico.


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Gatos, canciones y poemas de María Elena Walsh

María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Buenos Aires y falleció el 10 de enero de 2011 en esa misma ciudad, dos fechas llenas de sol y luz en el hemisferio austral. Y nos parece que fue una mujer llena de luz, alegría y vida. En Argentina, la mayoría de niños nacidos a partir de los años sesenta crecieron escuchando sus canciones, con letras como estas:

El reino del revés

Escribió numerosas canciones, poemas y cuentos de gatos, y también sabemos que desde su regreso a Buenos Aires a mediados de los años cincuenta siempre hubo uno en su casa. Sin embargo, solo hemos encontrado una foto suya con un gato, realizada en 1971 por el gran fotógrafo Pepe Fernández, a quien dedicó la canción “Zamba para Pepe”.

María Elena Walsh fotografiada por Pepe Fernández en 1971

Incluso sin fotos, creemos que debemos dedicar una entrada a la poetisa, cantautora, escritora y compositora que escribió maravillosas canciones infantiles y poemas. Incluimos portadas de discos, fotos de gatos bonaerenses y más. En cierto modo su obra puede considerarse revolucionaria al ofrecer a los niños un concepto totalmente diferente al habitual en canciones infantiles. María Elena Walsh, como Edward Lear (https://gatosyrespeto.org/2015/08/16/el-gato-old-foss-y-edward-lear/) (https://gatosyrespeto.org/2020/06/11/la-gata-y-el-buho/), creía en el absurdo.

Por ejemplo, escribió el siguiente Limerick “Una vaca que come con cuchara/y que tiene un reloj en vez de cara,/que vuela y habla inglés,/sin duda alguna es/una vaca rarísima, muy rara”. Como habría dicho Lear, se trata de una vaca “runcible”. Es probable que esta “comprensión” del absurdo se debiera a que su padre, desde muy pequeña, le cantó “limericks” ingleses.

María Elena de adolescente

Creció en una amplia casa con jardín en el Gran Buenos Aires donde también había gatos. Fue a una escuela típica de la clase media, pero en su casa reinaba un ambiente mucho menos estricto de lo habitual en la época. Su primer libro de poemas, “Otoño imperdonable”, que publicó a los 17 años después del fallecimiento de su padre, fue elogiado por escritores de la talla de Juan Ramón Jiménez, Silvina Ocampo, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, entre otros.

Gato de Buenos Aires

Publicó un segundo poemario en 1951, “Baladas de un ángel”, pero la situación política e intelectual, así como la falta de libertad sexual, la empujaron a irse a París con su amiga y compañera la poetisa tucumana Leda Valladares. Durante el trayecto que las llevó a Europa, formaron el dúo “Léda et Marie” para interpretar casi exclusivamente temas tradicionales del noroeste argentino.

Chacarera de los gatos

En la capital francesa subieron a escenarios tan diversos como el del Crazy Horse o el de la Universidad de la Sorbona, y estuvieron entre las precursoras de la defensa del folclore. No tardaron en codearse con cantautores como Georges Brassens (https://gatosyrespeto.org/2015/05/03/el-gato-y-george-brassens/), Jacques Brel o Barbara. Adquirieron cierta fama y grabaron varios discos. En París, hacia 1954, empezó a escribir canciones dedicadas a los niños.

Chacarera de los gatos

De hecho, existe en París un calle llamada “Rue du chat qui pêche” (Calle del gato que pesca) – dicen que la más estrecha de la ciudad  – cuyo nombre se debe a la siguiente leyenda: Parece ser que un gato negro siempre acompañaba a un canónigo o un alquimista (esto último no queda claro) cuando iba a pescar al río Sena; el gato golpeaba el suelo con sus patas y los peces picaban. Tres universitarios creyeron estar ante el diablo en persona y tiraron al pobre gato al río. El canónigo/alquimista desapareció. Pero cuál no fue la sorpresa de los estudiantes cuando reapareció unos meses después con el mismo gato.

Calle del gato que pesca, París

Es probable que María Elena conociera la leyenda, pero la letra de su canción no está basada en ella. Eso sí, no nos cabe duda de que el nombre de la calle la empujó a componerla.

El gato que pesca

Leda y María Elena regresaron a Buenos Aires en 1956. Dos años después, la directora de televisión María Hermina Avellaneda convenció a María Elena para que escribiera libretos de programas infantiles. El éxito fue rotundo y siguió componiendo canciones para espectáculos que el dúo ponía en escena.

El gato que pesca

En 1964 la pareja se separó, cada una deseosa de seguir su propio camino. Doña Disparate y Bambuco fue su última presentación conjunta. María Elena dio un recital en el Teatro Regina en 1968 titulado “Juguemos en el mundo. Recital para ejecutivos”, que no tenía nada que ver con canciones infantiles. La repercusión fue tremenda; eran canciones de protesta, pacifistas y feministas.

Ya en 1965 coincidió nuevamente con la fotógrafa Sara Facio, con la que había estudiado en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Y en 1968 fue Sara la encargada de realizar las fotos del famoso recital. Pero no decidieron compartir su vida hasta el año 1975, cuando habían pasado casi diez años desde su reencuentro.

María Elena fotografiada por Sara

En plena dictadura militar, harta de la censura y de todo lo demás, decidió dejar las representaciones teatrales y se refugió en el periodismo. En los llamados “años de plomo”, la época más negra del terror, tuvo el valor de escribir artículos como “Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes” denunciando abiertamente a la censura de entonces.

Gato tango

Después de librar una dura lucha contra el cáncer entre 1981 y 1983, año en que Argentina recuperó la democracia, María Elena Walsh se involucró en varios proyectos políticos y regresó a la televisión con Maria Hermina Avellaneda y Susana Rinaldi en el programa “La Cigarra”.

Jardín Botánico de Buenos Aires

Pero será mejor dejar que Sara Facio, la compañera con la que compartió su vida durante 38 años, nos hable de ella: “En la vida privada lo que más hacía era escuchar música y leer. Después le gustaban también las cosas de la casa, las mascotas, siempre tuvo gatos, y recibir a la tardecita, siempre a uno o dos amigos, no reuniones grandes. Lo que ella llamaba ‘le petit comité’”.

Sara Fancio con un gato

Los textos de María Elena Walsh parecen muy sencillos a primera vista, pero solo trabajándolos mucho podían adquirir esa enorme simplicidad. Nuestro texto favorito tal vez sea un relato titulado “Murrungato del zapato”, la historia de un gato y una planta. Les dejamos aquí el enlace por si les apetece leerlo: https://docs.google.com/document/d/1ifS_wD54Pk9PITVgZk6WdAOuZKuHfUXd7HmGQC4uD1E/edit

Jardín Botánico de Buenos Aires

Queremos dedicar esta entrada a Yolanda. De no ser por ella, ignoraríamos la existencia de la fantástica mujer que fue Maria Elena Walsh. Gracias, Yolanda.