Gatos y Respeto

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Durmiendo con gatos, de Marge Piercy

Marge Piercy es una novelista, poetisa y activista estadounidense que ha vivido con uno o más gatos siempre que le ha sido posible. Nació el 31 de marzo de 1936 en una familia obrera que a duras penas había sobrevivido a la Gran Depresión. Su madre y abuela, esta última nacida en Lituania, eran judías, y aunque su padre no era creyente, fue criada como judía. Su abuelo materno era un sindicalista que murió asesinado mientras organizaba a los trabajadores de las grandes panaderías. La familia se mudó a Detroit, siendo ella todavía una niña, a una pequeña casa con jardín de un barrio obrero en el que cada manzana estaba ocupada alternativamente por negros y blancos, y que según Marge “parecía un tablero de ajedrez”.

Su primer gato fue un atigrado gris llamado Whiskers (Bigotes). En el libro “Sleeping with Cats” (Durmiendo con gatos) explica que los gatos de su infancia tuvieron vidas cortas. Todos eran machos sin esterilizar y solían dormir fuera de casa. Se peleaban con otros gatos, les atropellaban o los chicos les disparaban con carabinas de aire comprimido. Aunque su madre adoraba a los animales y los cuidaba muy bien, nunca se le ocurrió intentar proteger a un gato.

Durmiendo con gatos

El primer gato que ocupó un lugar importante era blanco y negro, y su madre le llamó Buttons (Botones). Le describe como un gato de patas largas, delgado y con ojos amarillos. Fue su gran amigo y su consuelo durante el verano en que contrajo la rubeola y fiebres reumáticas. Buttons siempre estaba con ella, excepto cuando desaparecía para pelearse con los gatos del barrio y Marge pasaba horas buscándole. Buttons desapareció cuando Marge tenía doce años; intentó encontrarle durante semanas, pero nunca encontró su cuerpo.

En esa época, los amigos de Marge Piercy eran negros y a menudo la protegían de los adolescentes blancos del barrio que no sentían un gran afecto por los judíos. El tercer gato de su vida fue Fluffy (Mullido), al que se llevaban cuando iban a una cabaña que estaba a una hora de Detroit en coche. En los años cincuenta, sus padres vendieron la pequeña casa de la ciudad a un médico afroamericano y los vecinos blancos no se lo perdonaron. Para vengarse, uno de ellos dio un trozo de carne envenenado a Fluffy, que tardó un día en morir en los brazos de Marge. Tenía quince años y entendió que el racismo era el peor de los crímenes.

En 1987

Ya en un nuevo barrio apareció un gato enorme que pesaba unos diez kilos, Noble Brutus (el Noble Bruto), llamado así porque Madge estaba estudiando “Julio César”, de Shakespeare. Sin que sus padres se enteraran, dormía con ella en la cama debajo de las mantas, algo muy de agradecer en la pequeña habitación helada. Cuando obtuvo una beca para la Universidad de Michigan, Brutus se quedó atrás y pasó a ser el gato de su padre, que le adoraba.

Vidas trenzadas

Marge Piercy no encajaba con la imagen de las mujeres de entonces; sus ambiciones y su sexualidad eran una fuente de asombro para sus compañeros y profesores, pero ya escribía muy bien y ganó varios premios Hopwood que le permitieron no tener que trabajar el último año de universidad e incluso ir a Francia después de graduarse.

Se divorció de su primer marido a los 23 años y vivió unos años en Chicago intentando escribir poemas y novelas, y sobreviviendo con trabajos de secretariado, de vendedora y de modelo de artistas. Fueron años muy duros en los que se sintió invisible. Nadie quería publicar lo que escribía. Sus novelas poseían una dimensión política, hablaban de mujeres cercanas a ella y de miembros de la clase trabajadora que no eran tan sencillos como se creía.

El cuerpo de mi madre

Conoció a Robert y se mudaron a San Francisco cuando le ofrecieron un trabajo en una pequeña empresa informática. Una amiga tenía una siamesa con mucho carácter que se quedó con ellos una temporada y decidió que solo comía en la mesa de la cocina y que dormía entre ellos dos. También en San Francisco conoció a Oscar, el siamés de un peluquero vecino que decidió adoptarlos. Por desgracia, el dueño no entendió que su gato se había enamorado y cuando Marge intentó robar a Oscar porque se mudaban de nuevo a la Costa Este, la pilló. Al parecer fue un momento muy desagradable.

Marge y Robert se habían casado en 1962, pero no era un matrimonio convencional, sino una relación abierta. No solo tenían relaciones extramatrimoniales, incluso llegaron a convivir con más personas. Marge seguía intentando encontrar un editor que publicara sus novelas y decidió cambiar de táctica. Siempre había escrito desde el punto de vista de la mujer, esta vez lo haría desde una perspectiva masculina. Hasta 1969 dedicó gran parte de su energía a la política. Se trasladaron a Brooklyn en 1965 y ayudó a fundar NACLA. Allí llegó una pequeña siamesa llamada Arofa, y Cho-Cho, un gato blanco y negro de pelo largo.

En 1971 dejaron Nueva York por Cape Cod y se compraron un terreno en Wellfleet donde se hicieron construir una casa muy sencilla. La escritora se adaptó inmediatamente al campo y empezó a plantar flores y verduras. Aunque Boston no quedaba lejos, Robert estaba acostumbrado a vivir en una ciudad y se sintió aislado. La relación acabó en 1976, pero tardaron mucho más en separarse. La casa de Wellfleet se convirtió en un paraíso para los gatos. Muy pronto aparecieron Jim Beam (según ella, un gato casi psicótico) y su hermana Colette. En 1976 conoció a Ira Wood, al que llama Woody, pero no se casaron hasta 1982. Juntos escribieron la novela “Storm Tide” y en 1997 fundaron la pequeña editorial Leap Frog Press.

El libro “Durmiendo con gatos” se publicó en 2002. En una entrevista realizada hace cuatro años, la autora dijo que vivían con cinco gatos, Malkha, de 14 años; Efi, de 11; un birmano llamado Sugar Ray; Puck, un abisinio azul de 8 años, y el joven Mindus, de año y medio.

Con Sugar Ray

Marge Piercy, además de poetisa y novelista, siempre ha defendido los derechos de la mujer: “Para mí, el feminismo significa que nadie se vea obligado a adoptar roles, que no se castigue ni limite a nadie según su género. El sexo masculino no define a la humanidad. Los cuerpos de las mujeres pertenecen a las mujeres y deben tener la autonomía de decidir si quieren o no quieren mantener relaciones sexuales con quien les plazca, dar o no a luz cuándo y cómo les plazca”.

“Debemos luchar contra los prejuicios arraigados en muchas personas desde su nacimiento que rebajan y dañan a las mujeres. Debemos repensar el sistema de salud para que atienda a las mujeres y a los niños. Debe haber más mujeres ocupando cargos públicos. Y debemos luchar contra el concepto de que la mujer ideal es un objeto de plástico con el cuerpo de un chico de catorce años”.

La luna siempre es mujer

Dedicamos esta entrada a Yolanda, amante de los gatos y gran feminista.

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Los gatos del pintor Kumagai Morikazu

El pintor Kumagai Morikazu es conocido por sus coloridos cuadros de escenas cotidianas, desnudos, plantas y animales, sobre todo gatos. Pero durante su larga carrera experimentó con las sombras, la oscuridad, la perspectiva y el color hasta encontrar el estilo que le llevó a la fama a una edad avanzada.

El 21 de mayo de este año se cerró la retrospectiva que el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio dedicó al pintor con más de doscientas obras entre cuadros, dibujos, diarios y documentos que dan fe de la entrega del artista a la hora de plasmar la alegría de la vida.

Nacido el 2 de abril de 1880, era el tercer hijo de un comerciante de seda con residencia en Gifu, ciudad de la que su padre fue el primer alcalde. A los 17 años decidió trasladarse a Tokio para estudiar en la Escuela de Bellas Artes y primero aprendió el estilo Nihonga. Tres años después, a partir de 1900, sus maestros Nagahara Kotaro y Kuroda Seiki le pusieron en contacto con el arte occidental. Se licenció en 1904.

 

Con tres gatitos

Al año de graduarse se unió como dibujante a un grupo de científicos enviado por el Ministerio de Agricultura a la isla rusa de Sajalín, donde estuvo dos años retratando la isla en numerosos dibujos. A su regreso empezó a buscar un estilo propio, y durante varios años sus obras reflejaron la influencia de los fauvistas franceses, con pinceladas fuertes y largas, así como colores vibrantes. Pintaba sobre todo desnudos, paisajes y escenas urbanas jugando hábilmente con las sombras.

 

En 1916 fue admitido en la asociación Nika-kai, compuesta no solo por pintores, sino por numerosos músicos y otros artistas. Se casó con 42 años, en 1922, y diez años después se estableció en el distrito de Toyoshima, Tokio, en la casa donde permanecería hasta el final de su vida. Perteneció a varias asociaciones de artistas hasta el año 1954, cuando decidió seguir su camino en solitario.

 

Dormido con un bobtail

Todavía no era un pintor conocido, ni mucho menos, cuando en 1938 expuso diez cuadros de estilo japonés en los grandes almacenes Hankyu, de Osaka. En una galería cercana se exponían las obras de otro pintor llamado Kansetsu Hashimoto. Ambos tenían aproximadamente la misma edad, con la diferencia de que uno era famoso y el otro no. Parece ser que el precio de venta total de las diez obras de Kumagai Morikazu equivalía al precio de un solo marco de un cuadro del otro pintor.

Año 1963

Pero seis meses después, en diciembre de ese mismo año, algo iba a cambiar. El artista exponía en la galería Maruzen, en Nagoya, cuando se le acercó un joven coleccionista llamado Kimura Teizo y le dijo: “Me gusta lo que hace, con el tiempo acabaré comprando al menos cien cuadros suyos”. Según el pintor, el Sr. Kimura era muy joven en la época, “aparentaba haber dejado el uniforme del colegio hacía unos meses”. Kimura Teizo tenía 25 años y Kumagai Morikazu, 59. Aquel día, el coleccionista se llevó dos cuadros, pero llegó a tener más de doscientas obras del pintor.

Año 1965

La relación entre ambos siguió hasta la muerte del artista y la colección creció cada año. Kimura Teizo y su esposa Kimura Mihoko donaron todas las obras al Museo de Arte de la Prefectura de Aichi, cincuenta pinturas al óleo, cien pinturas de estilo japonés, cuarenta caligrafías, veinte esculturas y varias cerámicas.

A pesar de poder considerarse el padre de la pintura moderna japonesa, apenas se le conoce fuera de su país, y en Japón es famoso sobre todo por la pintura de su última etapa, que empezó unos diez años después de conocer al joven Kimura Teizo. Su estilo “moderno” se afianzó en los años cuarenta y se definió del todo en los cincuenta. A partir de entonces, sus obras se caracterizaron por contornos vivos, colores saturados y la carencia de perspectiva. Comunican una sensación de horizontalidad que recuerda a los dibujos animados. Creó un mundo lleno de mariposas, flores, gotas de agua y gatos, muchísimos gatos.

En 1967, el gobierno japonés quiso premiarle con la Medalla de la Cultura, pero rechazó el honor con gran modestia, alegando que no había hecho nada para merecerlo y que no se sentiría cómodo con tanta gente a su alrededor.

No hay duda de que amaba a los gatos y de que algunos de sus cuadros eran retratos de los que le rodeaban. Las fotos demuestran que vivió con gatos en diferentes épocas. En una no debe tener más de 65 años y está sentado con un bobtail japonés en las rodillas. Ese mismo gato duerme a su lado en otra foto. Años después volvemos a encontrarle sentado con tres gatitos, dos de ellos a su lado y otro en su regazo.

Con un bobtail

De los once cuadros que hemos escogido para esta entrada, solo uno nos parece anterior al periodo “moderno” del pintor. Todos los demás, a pesar de los trazos en apariencia sencilla, están llenos de vida. Estamos seguros de que la gata blanca tumbada está embarazada. Otros gatos pueden parecer graciosos e ingenuos, pero esa apariencia esconde un don de observación parecido al de un científico, algo que quizá aprendió durante su estancia en la isla de Sajalín.

Falleció el 1 de agosto de 1977 a los 97 años. Su larga vida, que empezó bajo el periodo Meiji y siguió hasta el periodo Showa, no siempre fue fácil, conoció la pobreza y perdió a varios miembros de su familia más cercana. Pero a los 95 años dijo: “Espero vivir y pintar eternamente”.

A los 91 años (1971)


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Gatos del siglo XVI por Ulisse Aldrovandi

Ulisse Aldrovandi, nacido el 11 de septiembre de 1522 en Bolonia, está considerado como el padre de la Historia Natural moderna. Entre todos los animales y plantas que describió minuciosamente no olvidó al gato, dedicándole numerosos grabados, algunos realmente curiosos.

Gato de seis patas

Era hijo de Teseo Aldrovandi, un noble sin fortuna que trabajaba como secretario del Senado de la ciudad y que falleció cuando Ulisse tenía siete años. Su madre era Veronica Marescalchi, pariente del Papa Gregorio XIII. Se cuenta que Ulisse siempre tuvo mucho carácter y que a los 12 años se fue de su casa sin dinero y llegó a Roma, aunque regresó a su ciudad natal por su madre.

Ulisse Aldrovandi

A los 14 años fue aprendiz amanuense con unos mercaderes, pero no tardó en decantarse por las Matemáticas, el Latín, el Derecho y la Filosofía, primero en la Universidad de Bolonia y posteriormente en la de Padua, donde también estudió Medicina. Se licenció en Medicina y Filosofía en 1553 y al año siguiente empezó a enseñar Lógica en la Universidad de Bolonia. En 1561 se convirtió en el primer profesor de Ciencia Natural de dicha universidad con el siguiente título: Lectura philosophiae naturalis ordinaria de fossilibus, plantis et animalibus.

Del libro Opera Omnia

En 1549 conoció al botánico Imolese Luca Ghini, que le hizo interesarse por las plantas. Ese mismo año fue acusado de herejía al adherirse a las doctrinas antitrinitarias del franciscano Camillo Renato, y a pesar de publicar una abjuración fue llevado a Roma hasta su absolución en 1550. Durante su arresto domiciliario se interesó cada vez más por la botánica, la zoología y la geología. A su regreso a Bolonia organizó numerosas expediciones a las montañas, al campo, a la costa y a las islas cercanas para recoger plantas y catalogarlas.

Gato salvaje de Natura Picta

En 1568, y a propuesta suya, el Senado de Bolonia fundó el Jardín Público, del que fue director durante treinta y ocho años. El primer Jardín se estableció en el interior del Palazzo Pubblico, en pleno centro de la ciudad, cerca del aula donde enseñaba. Era un gran amigo de Francesco de Medici, el gran duque de Toscana, y le ayudó a llenar los jardines de Pratolino de valiosas plantas.

A causa de una disputa con los apotecarios y médicos de Bolonia acerca de la composición de la triaca o teriaca, un preparado polifármaco compuesto a veces por más de 70 ingredientes de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora, fue apartado de todo cargo público en 1575. Dos años después, y gracias a que el Papa Gregorio XIII escribió a las autoridades en su favor, pudo retomar las actividades públicas. El Papa también le prestó ayuda financiera para publicar algunas obras.

Realizó una intensa actividad empírica y participó activamente en el debate sobre el estudio de la naturaleza, centrado en la interpretación averroísta de los escritos aristotélicos sin condicionamiento metafísico o religioso. Además de recopilar materiales para un herbario y un gabinete, intercambió ideas con otros científicos de la época.

Le llamaron “el Aristóteles de Bolonia” y también “el segundo Plinio”, y como este último, dedicó gran parte de su vida a recopilar datos para una monumental enciclopedia de miles de páginas llamada “Storia Naturale”. De los catorce volúmenes in folio, diez fueron publicados póstumamente entre 1606 y 1668, y todos contienen ilustraciones y descripciones basadas, en la mayoría de los casos, en observaciones directas. Publicó muy pocas obras en vida, y su gran reputación se basaba sobre todo en las colecciones conservadas en su famoso gabinete, considerado como la “octava maravilla del mundo”, al que definía como “teatro” o “microcosmos de la naturaleza”, y que contaba con 18.000 “cosas diversas” y 7.000 plantas naturales secadas.

Ulisse Aldrovandi contó con la ayuda de artistas como Agostino Carraci, Teodoro Ghisi y Jacopo Ligozzi para crear un enorme archivo de dibujos de más de 8.000 hojas, de las que aún se conservan 3.000 planchas en la Biblioteca Universitaria de Bolonia. Murió a los 82 años, el 4 de mayo de 1605, y al carecer de herederos legó su herencia científica y su increíble colección al Senado de Bolonia, que encargó la custodia a Bartolomeo Ambrosini. Lo poco que queda hoy puede visitarse en el Palazzo Poggi de Bolonia.

El gabinete del científico

No sabemos qué opinaba el gran naturalista de los gatos, pero por los dibujos que incluyó en sus libros, todos tienen una expresión afable. Algunos son de lo más extraño, como el dibujo del gato doble de frente y de espaldas incluido en “De Monstrorum Historia”, publicada en 1542, pero en este caso, el título habla por sí solo.

De Monstrotum Historia

Puede sorprender el dibujo del gato de pie sin patas delanteras, pero encontramos otro similar de un perro. Algunos animales nacen sin patas delanteras o traseras, y Ulisse Aldrovandi se dedicó a observar la naturaleza personalmente. Incluso reprochó a los “antiguos” que no describieran con detalle a los animales que Alejandro Magno trajo de sus conquistas.

Vivió en un periodo de transición, y los científicos como él se veían obligados a menudo a fiarse de descripciones realizadas por viajeros, mercaderes y aventureros que regresaban de tierras lejanas embelleciendo o inventándose animales y otros seres a los que supuestamente habían visto. Por esa razón, Aldrovandi también se dedicó a hacer minuciosas caracterizaciones de sirenas y otros animales fabulosos.

Segundo gato de seis patas

Pero desde el punto de vista práctico, y a pesar de algunas limitaciones, realizó estudios de embriología que posteriormente influyeron a Voucher Coiter, uno de los fundadores de esta rama científica. Observó día tras día el desarrollo del polluelo en el huevo y demostró, al igual que Aristóteles, que la formación del corazón es anterior a la del hígado.

De Monstrorum Historia

Se esforzó en colocar la botánica y la farmacología en un plano científico. La lucidez de las sugerencias encontradas en una obra sin publicar en torno a la salud pública y el saneamiento de la ciudad de Bolonia sugieren que fue un pionero de la higiene y de la farmacología, lo que explicaría su disputa con los apotecarios. No realizó ningún descubrimiento revolucionario, pero está entre los primeros científicos que se empeñaron en que la ciencia natural debía basarse en una observación directa de los animales, vegetales y minerales.

Ulisse Aldrovandi


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Los 14 gatos de la escritora Elena Garro

La vida de Elena Garro podría resumirse en unas cuantas líneas: Nacida en la ciudad de Puebla (México) el 11 de diciembre de 1916, creció en Iguala, estado de Guerrero. A los 20 años se casó con el Premio Nobel Octavio Paz y estuvieron juntos 22 años. En 1964 fue galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia por “Los recuerdos del porvenir”, considerada la novela precursora del realismo mágico, movimiento que dio fama a Gabriel García Márquez y a los escritores del llamado boom latinoamericano.

Con Octavio Paz (Archivo periódico El Universal)

En 1968 se exilió por razones políticas, primero a Estados Unidos y luego a Francia sufriendo grandes dificultades económicas. Regresó a México en 1993 y se instaló en un modesto piso que le dejó su hermano en Cuernavaca, donde residió con sus adorados catorce gatos hasta el final de su vida. Ya está, así de sencillo. Pero en la vida de Elena Garro hay luces y sombras, acusaciones políticas que ella siempre desmintió, una gran historia de amor y mucho más… Lo triste es que nunca se reconoció su enorme talento como escritora hasta después de su muerte, el 22 de agosto de 1988, a los 77 años.

A pesar de haber nacido en 1916, Elena Garro mantenía que había visto la luz en el año 1920. Era hija del español José Garro y de la mexicana Esperanza Navarro. Siempre dijo que sus progenitores fomentaron su imaginación, las realidades múltiples, el amor por los animales, el baile, la música, el orientalismo, el misticismo y la poca importancia del dinero.

Archivo periódico El Universal

En 1937, un año después de matricularse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, conoció a Octavio Paz y se casó con él. No siguió con sus estudios universitarios, y ese mismo año la pareja viajó a España para asistir al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas que se celebró en Valencia. Después de ir a París, regresaron a México.

Elena Garro y Octavio Paz con un grupo de intelectuales mexicanos en el Teatro Español, plaza de Santa Ana, Madrid (1937)

Decidió hacerse periodista en 1940 porque, en sus propias palabras, “así no opacaba a nadie”. Y añadió: “Me dediqué a callar porque había que callar”, refiriéndose a su marido, con el que se llevaba realmente mal. Otro recuerdo de esos años es el siguiente: “Paz me criticaba porque yo era vegetariana, y cuando se enfadaba me decía: ‘¿Sabes que Hitler también es vegetariano?’”.

Elena fotografiada por Barry Domínguez

Pero fue Octavio Paz quien alentó a su esposa a escribir, y en los círculos donde se movían eran considerados como un matrimonio envidiable. Sin embargo, a finales de la década de los cuarenta, el futuro Premio Nobel entabló relaciones con la pintora Bona Tibertelli de Pisis, y Elena Garro se enamoró locamente el 17 de junio de 1949 del autor argentino Adolfo Bioy Casares, casado a su vez con Silvana Ocampo. La pareja Garro-Paz no se divorció hasta el año 1959.

Elena y Adolfo se conocieron en París cuando el matrimonio argentino visitó a la pareja mexicana en el hotel George V, uno de los más lujosos de la capital. El flechazo fue inmediato, pero solo se vieron tres veces en los nueve años que duró la relación epistolar: esa primera vez en París, de nuevo en la ciudad de las luces en 1951 y otra vez en Nueva York en 1956. Se escribieron 91 cartas, 13 telegramas y tres postales.

Elena Garro, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz y Helena Paz en Nueva York, 1956 (Archivo Siglo Nuevo)

Como periodista, siempre defendió a los campesinos, a los más pobres, e hizo hincapié en la situación de la mujer en un entorno sexista, pero curiosamente no parecía ser una persona de izquierdas y dejó muy claro que deseaba que los zares volvieran a ocupar el poder en Rusia.

El 2 de octubre de 1968 tuvo lugar la masacre de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Murieron entre 200 y 300 universitarios a manos de la policía y del ejército y 2.500 fueron arrestados. Elena Garro acusó abiertamente a muchos intelectuales mexicanos de izquierdas de haber instigado la rebelión de los estudiantes y de no dar la cara después.

Elena en Cuernavaca

Sus críticas tuvieron dos consecuencias: su exilio a Francia y el fin de su relación epistolar con Bioy. Según dicen, a punto de irse de México, no se fió de nadie para cuidar de sus gatos y se los envió al escritor en Argentina por avión sin contar que ya tenía varios perros. Este los acogió varios días en su casa de Buenos Aires, pero parece que la convivencia era imposible y decidió llevarlos a una finca a las afueras de la ciudad. Elena Garro se enteró y rompió la relación de inmediato por no haberse ocupado de sus queridos compañeros.

Elena en Cuernavaca

Todo en Elena Garro era una contradicción. Así, su cercanía a los políticos que pretendían un cambio y sus ataques a las formas autoritarias del PRI hicieron que  la CIA y la DFS, la policía secreta mexicana, la vigilaran. A la vez, se la acusó de haber delatado a algunos de los organizadores de los movimientos estudiantiles. Entre los supuestos acusados por la autora están los filósofos Luis Villoro y Leopoldo Zea, los escritores Emmanuel Carballo, Rosario Castellanos y Eduardo Lizalde, el cronista Carlos Monsiváis, así como la pintora Leonora Carrington.

Los años de exilio fueron duros para Elena y su hija Helena, no solo por estar lejos de México, sino por pasarlo realmente mal económicamente, sobre todo entre los años 1974 y 1981. Después de “Los recuerdos del porvenir”, de 1963, no volvió a publicar otra novela hasta 1981, pero entonces aparecieron tres novelas en tres años. La vida era algo más fácil. Transcurrieron otros ocho años sin ninguna publicación nueva, y entre 1991 y 1998 salieron a la venta seis novelas.

Elena y Helena (Archivo Siglo Nuevo)

También escribió numerosos cuentos, relatos y obras de teatro, una de ellas titulada “Sócrates y los gatos”, publicada cinco años después de su muerte, donde cuenta el terror que vivió en los meses anteriores a verse obligada a exiliarse debido a la presión del gobierno mexicano.

¿Quién era realmente Elena Garro? Las opiniones son tan contradictorias como ella misma, pero hay dos cosas muy claras: amaba profundamente a los gatos y fue una espléndida escritora injustamente oscurecida por la fama de Octavio Paz.

Foto realizada por Gabriela Bautista


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El gato bobtail japonés, su historia

El bobtail japonés es un gato doméstico conocido desde hace al menos mil años en Japón y Corea, y probablemente más en China. Se le menciona por primera vez en un manuscrito del tutor de la emperatriz de Japón en el año mil, y aparece habitualmente en grabados, pinturas, objetos. ¿Quién no ha visto un maneki-neko, o gato de la buena suerte, con su pata derecha levantada? Es un bobtail japonés.

Maneki-neko del año 1900

La característica más llamativa de esta raza natural es su curioso rabo, que no tiene nada que ver con una mutación o una hibridación. El rabo corto y rígido se debe a un gen recesivo que sigue apareciendo sin que los bobtails se apareen entre sí. Al contrario del gen dominante en los gatos Manx, este gen no se asocia con problemas de los huesos. El bobtail tiene menos vértebras en el rabo, e incluso algunas se fusionan, pero lo más curioso es que ninguno posee una cola igual. Para que se le considere un auténtico bobtail, el rabo estirado no debe sobrepasar los diez centímetros.

El bobtail clásico, el favorito en Japón y el más representado, es un gato mayormente blanco con manchas negras y pelirrojas, o sea tricolor, pero los hay de muchos colores, con manchas más o menos grandes dispuestas de diversas maneras. También pueden tener los ojos de diferente color.

Al parecer, los bobtails fueron gatos de palacio o de personas pudientes y no solían verse por las calles. Algunos documentos indican que el emperador Ichijo (986-1011) fue el primero en llevar ejemplares a Japón desde China. Pero habría podido llegar incluso antes, durante el periodo Asuka, en el siglo VI, con otros apreciados artículos de la cultura china.

Sin embargo, en 1602, las autoridades publicaron un decreto ordenando que todos los gatos debían servir para deshacerse de los ratones y ratas que infestaban los criaderos de gusanos de seda, almacenes, etcétera. Esto significó que los gatos ya no pudieron pasar la vida en casas y salir con correa; es más, se prohibió la venta y compra de gatos. A partir de ese día, los bobtails se reunieron en las calles y campos con sus congéneres de largas colas para descubrir un mundo nuevo en el que probablemente pasaron hambre, aunque salvaran la industria de la seda.

Unos años después, concretamente en 1697, se edificó el famoso tempo Gotokuji en Tokio, cuyas paredes están decoradas con frescos de bobtails. Los gatos del templo fueron los precursores de los maneki-neko, que hoy van camino de invadir el mundo y rodean el templo por centenares. Incluimos algunos grabados del famoso Utagawa Kuniyoshi (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/).

Las 53 estaciones (Utagawa Kuniyoshi)

En 1701, el naturalista y explorador alemán Engelbert Kaempfer describió la flora, la fauna y los paisajes de Japón en su libro “Engelbert Kaempfer: Heutiges Japan” (El Japón de hoy): “Solo he visto una raza de gato doméstico. Tiene amplias manchas amarillas y negras sobre pelo blanco; su rabo es muy corto y parece que se lo han torcido y roto. No le interesa cazar ratas ni ratones, solo quiere que las mujeres le lleven en brazos y le acaricien”.

Utagawa Kuniyoshi

Utagawa Kuniyoshi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cola vestigial suele medir cinco centímetros, pero si se endereza, alcanza el doble. A primera vista, no se nota que está “enrollada” al quedar disimulada por el pelo y adquirir la forma de un pompón. Suele ser un gato de tamaño medio, alargado, delgado, aunque musculoso, y de hombros anchos, tanto como los cuartos traseros. Es alto y las patas traseras son algo más largas que las delanteras, lo que tampoco se nota cuando está en actitud de reposo porque las dobla ligeramente. Tiene un rostro triangular con orejas de buen tamaño, ojos grandes y ovalados. Al ser una raza natural cuya genética no ha sido manipulada por el hombre, es un gato resistente sin problemas de salud.

Los gatos son animales muy queridos en Japón, como lo demuestran los neko-cafés o el popular maneki-neko, y ocupan un lugar importante en el folclore, aunque no siempre se han visto con buenos ojos. Como en otros lugares del mundo, despertaban la desconfianza, pero el bobtail era considerado un gato de la suerte, de buen augurio, mientras que su hermano rabilargo era el nekomata (https://gatosyrespeto.org/2016/02/04/los-gatos-cambiantes-o-bakeneko-de-japon/), una especie de espíritu maligno.

Una leyenda cuenta que en la era Edo, en el siglo XVII, la gran época de los señores feudales, había en Tokio un templo en muy mal estado donde vivía un pobre monje que, a pesar de tener poco para llevarse a la boca, lo compartía todo con su gata Tama. Un buen día, Naotaka Ti, un señor feudal de gran importancia, se vio sorprendido por una terrible tormenta en los alrededores del templo. Vio que una gata blanca rabicorta, con manchas negras y marrones, levantaba la pata como indicándole que se acercara. Asombrado, se atrevió a dejar el árbol bajo el que se había cobijado para ver de cerca a tan singular felino. En ese mismo momento, un rayo cayó sobre el árbol partiendo la enorme rama bajo la que se resguardaba. El señor reparó el templo, y el monje y Tama jamás volvieron a pasar hambre. Así nació el maneki-neko.

Bobtail de cerámica

Gato y linterna (Kobayashi Kiyochika, 1886)

También existe una leyenda acerca del origen del rabo corto de los bobtails. Cuenta que un gato dormía tan cerca de un brasero que se le incendió la cola. Aterrado, cruzó la ciudad corriendo, prendiendo fuego a todo lo que encontraba en su camino. Al ser las casas de madera, las llamas se propagaron con rapidez y la ciudad se quemó. El emperador decretó que debía cortarse el rabo a todos los gatos del país como medida preventiva.

El bobtail es, sin lugar a dudas, el gato que más tiempo lleva en Japón y el más apreciado.


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Gatos en la obra de Marc Chagall

Detalle del cuadro “París visto desde la ventana”

No puede decirse que Marc Chagall representara muchos gatos en sus numerosas obras. Después de una intensa búsqueda, solo hemos sido capaces de encontrar una decena de cuadros en los que incluyó a un gato, pero aun así creemos que vale la pena dedicarle una entrada. En algunos cuadros, los gatos del pintor son animales caseros y queridos que forman parte de la familia, por ejemplo en “Mi padre”, donde el gato parece estar tranquilamente sentado detrás del padre del artista, lo que demuestra que había por lo menos un gato en su casa cuando era niño.

Mi padre (1911)

En “El carnicero, mi abuelo” se ve al abuelo de Chagall cortando carne y a un gato a sus pies esperando que le llegue algún trozo. Ambos cuadros fueron pintados en 1911, al año de trasladarse a vivir a París con la intención de desarrollar su estilo. En esa época, el cubismo se había adueñado de la capital francesa, pero las obras de Chagall estaban llenas de colores, de sentimientos y de humor, algo que no encajaba con la tendencia de entonces. Quizá por eso fuera más admirado por poetas que por pintores al principio de su estancia. Tenía 23 años, estaba solo, no hablaba francés y echaba mucho de menos a su novia Bella, que se había quedado en Vítebsk, Bielorrusia.

El carnicero, mi abuelo (1911)

Poco a poco fue conociendo a más gente y a artistas rusos afincados en París. Pintaba hasta el amanecer, dormía poco, estudiaba de día en la academia de La Palette, una escuela vanguardista, y pasaba largas horas en el Louvre. Exponía regularmente en el Salón de los Independientes. En 1913 pintó “París visto desde la ventana” con un gato con cara humana casi en primer plano mirando el primer salto en paracaidista desde la Torre Eiffel. Magnífico y curioso cuadro lleno de símbolos, como el hombre de doble cara, el tren invertido y los dos personajes flotando.

París visto desde la ventana (1913)

Foto de 1911 del primer salto en paracaídas desde la Torre Eiffel

En 1914, antes del comienzo de la I Guerra Mundial, aceptó la invitación de un importante galerista alemán y expuso cuarenta cuadros y 160 aguadas en Berlín. Desde allí se trasladó a Vítebsk y se casó con Bella. En 1917, después de apoyar la Revolución, fue nombrado Comisario de Bellas Artes y, posteriormente, director de la recién creada Academia Libre de las Artes. En 1922 regresó a París, donde se instaló con su mujer y su hija, después de que el famoso marchante y editor Ambroise Vollard (otro gran amante de los gatos, https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le invitara a ilustrar unos libros. Chagall produjo 107 aguafuertes en menos de dos años para ilustrar, entre otros, “Las almas muertas”, de Gogol. De esta época es “El gato y los dos gorriones”, incluida en una edición realizada por Vollard de “Las fábulas”, de Jean de La Fontaine.

El gato y los dos gorriones (Aguafuerte)

El gato y los dos gorriones (1952)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Adoptó la nacionalidad francesa en 1937, pero la II Guerra Mundial y las amenazas contra las comunidades judías obligaron a la familia Chagall a huir in extremis a Nueva York en 1941 gracias a la ayuda de Alfred Barr, director del Museo de Arte Moderno de esa ciudad, que incluyó su nombre en una lista de artistas en peligro. Durante su estancia en Estados Unidos descubrió la litografía, y creó decorados y vestuarios para ballets como “Aleko”, con música de Chaikovski y coreografía de Léonide Massine, en el que incluyó a una gata. El estreno tuvo lugar el 8 de septiembre de 1942 y fue un enorme éxito.

Mujer con niño, hombre con gato (1914)

Vestuario de gato para el ballet “Aleko” (1942)

Su esposa Bella falleció de una infección el 2 de septiembre de 1944. Esforzándose en seguir con su trabajo, Chagall produjo sus primeras litografías en color para “Cuatro cuentos de las mil y una noches”, escogidos por él. En 1946 ya era un pintor reconocido mundialmente y el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una retrospectiva en la que podían contemplarse los cambios en su obra durante 40 años, y en otoño de 1947 regresó definitivamente a Francia para participar en la exposición que le dedicó el Museo de Arte Moderno de París.

La gata transformada en mujer (1928-31)

El poeta o Las tres y media (1912)

Después de viajar por Europa, se afincó en Saint-Paul-de-Vence, un bonito pueblo a unos 10 kilómetros de Niza. Era vecino de Matisse y de Picasso, y este último dijo una vez: “Cuando Matisse muera, Chagall será el único pintor en vida que entiende lo que es el color. Algunas de sus obras hechas en Vence me han convencido de que nadie desde Renoir comprende la luz como él”. Fue allí donde, en 1954, pintó “El poeta”, con un enorme gato azul elevándose en el cielo nocturno con luna llena.

El poeta (1954)

Su hija Ida le presentó a Valentina (Vava) Brodsky, con quien se casó en 1952. En los años siguientes no solo siguió pintando, también se dedicó a la escultura y a la cerámica, técnica mediante la que produjo azulejos, floreros, platos y jarrones. Empezó a trabajar con murales a gran escala, vidrieras e incluso tapices. Creemos que la fotografía del pintor sentado en una silla delante de un mural sin acabar data de esta época.

Hombre a la mesa con gato (1911)

En 1963, el Ministerio de Cultura, con André Malraux a la cabeza, encargó a Chagall que pintara el techo de la Ópera de París. La petición no fue del gusto de todos; algunos se opusieron a que un judío ruso pintara un monumento nacional, y eso a pesar de que Chagall tenía la nacionalidad francesa desde hacía casi 30 años. A otros les sentó mal que un artista moderno decorara un edificio histórico. A pesar de las críticas, pero con el apoyo de Malraux, el pintor, que entonces tenía 77 años, siguió adelante trabajando más de un año en el proyecto. Se trata de un plafón removible de 220 metros cuadrados compuesto de cinco secciones pegadas a paneles de poliéster alzados a 27 metros de altura. Inaugurado el 23 de septiembre de 1964 delante de 2.100 invitados, fue aplaudido por todos.

Techo Ópera de París (1964)

Marc Chagall falleció el 28 de marzo de 1985 a la edad de 95 años. Había nacido en el pueblo de Liozna, actual Bielorrusia, el 6 de julio de 1887, en el seno de una familia levítica. Su padre, Khayskl Shagal, vendía arenques, y su madre, Feige-Ite, vendía ultramarinos desde su casa. Fue llamado Moshe al nacer y era el mayor de nueve hermanos.

Marc Chagall en 1941 (Foto de Carl van Vechten)


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Los tres gatos de la poetisa Elizabeth Bishop

Minnow

Elizabeth Bishop escribió el poema “Lullaby for the Cat” (Nana para el gato) dedicado a Minnow, un precioso gato gris que tuvo siendo adolescente. Dice así:

Minnow, duérmete y sueña,
cierra tus grandes ojos;
alrededor tuyo se preparan acontecimientos,
la mejor de las sorpresas.

Minnow, cariño, no pongas esa cara,
coopera,
ni un solo gatito acabará ahogado
en el Estado marxista.

La Alegría y el Amor tuyos serán,
Minnow, no te sientas abatido.
Días felices están al llegar–
Duerme, y deja que vengan…

Después de Minnow tuvo otro gato blanco y negro muy querido, Tobias, que vivió con ella en Brasil. No solo se sabe por las fotos, sino por una carta que le escribió a su tía el 19 de julio en la que da noticias suyas. Mientras vivía en Río, el gato “desarrolló dos calvicies delante de sendas orejas”. Al parecer, la cocinera estaba muy preocupada por esto, pero solo fue un susto. Al poco, el pelo de Tobias volvió a crecer y la escritora supuso que “se había comido una lagartija venenosa o algo parecido”.

Elizabeth Bishop con Tobias

Viendo las fotos de Tobias en Brasil, no puede negarse que era un gato mimado, cuidado y viajado. Sabemos por Ashley Brown, que visitó a la poetisa en su casa de Samambaia, cerca de Petrópolis, que cuando Tobias ya era mayor, llegó un siamés llamado Susuki, pero no hay fotos suyas.

Con Tobias (1954)

Elizabeth Bishop solo publicó cien poemas durante su vida. Octavio Paz dijo que su poesía es una lección en “la enorme fuerza de la reticencia”. Ganó un Premio Pulitzer, dos becas Guggenheim y un Premio National Book (Premio Nacional del Libro) por sus poemas modernos, pero distantes, carentes de datos biográficos, y cortos. Era una persona reservada y celosa de su vida privada; creía, según sus propias palabras, en “armarios, armarios y más armarios”. Siempre rehuyó la poesía confesional que se puso de moda en los años sesenta e incluso le reprochó a su gran amigo Robert Lowell que usara párrafos de cartas escritas por su exmujer en la colección de poemas “The Dolphin” (El delfín).

Con Minnow en 1938

En 2009 falleció, a los 66 años, Alice Methfessel, la última compañera de Elizabeth Bishop. Al año se encontró “un montón de papeles en un trastero de alquiler”. Sus herederos se encargaron de venderlo todo a la Universidad de Vassar, dando pie a otro libro acerca de la vida privada de la escritora. En 2004 se editó una colección de poemas inéditos con fragmentos y esbozos de otros, algo que probablemente habría horrorizado a la poetisa.

Con Alice Methfessel

Nació en Worcester, Massachusetts, el 8 de febrero de 1911. Su padre murió cuando solo tenía ocho meses y su madre regresó a casa de sus padres en Nueva Escocia, pero cuatro años después ingresó en un hospital psiquiátrico. Sus abuelos paternos, bastante más ricos que los maternos, obtuvieron la custodia de la niña y se la llevaron a Boston. Acabó viviendo con su tía Maud, casada con George Shepherdson, un hombre que abusó de ella siendo niña y que una vez incluso la agarró por el pelo y la colgó en el hueco de la escalera. Tenía otra tía, Grace, con la que siempre se llevó muy bien.

Con Tobias en Brasil

En 1928 ingresó en un internado exclusivo donde estudió Música y publicó algunos poemas en la revista de la escuela. En 1930 fue a estudiar a la Universidad de Vassar, en Nueva York, y conoció a la escritora Marianne Moore, que siempre la animó a escribir. En 1933, un año antes de graduarse, cofundó “Con Spirito”, una revista literaria, con la escritora Mary McCarthy.

La escritora y Tobias

Durante sus años universitarios se relacionó con numerosos intelectuales, hombres y mujeres, entre los que estaba Louise Crane, hija de una familia rica. En 1936, dos años después de la muerte de su madre, aparecieron varios poemas suyos en la antología “Trial Balances”, con una introducción de Marianne Moore. Todo parecía ir bien, pero el 21 de noviembre, Robert Seaver, un joven con el que había salido en la universidad, se pegó un tiro. Dejó una nota de suicidio que le llegó a Elizabeth unos días después por correo en la que decía: “Vete al infierno, Elizabeth”.

Con Louise Crane en 1937

Al alcanzar la mayoría de edad había tenido acceso a la herencia de su padre; no era una fortuna, pero le permitía ser independiente. Louise y Elizabeth decidieron irse a París; recorrieron Francia, España, el norte de África, Italia… A su regreso en 1938 se compraron una casa en Cayo Hueso, Florida, en la que vivieron hasta 1944.

La casa en Cayo Hueso

Su primer libro, “North & South” (Norte y sur), se publicó en agosto de 1946. Después de conseguir una beca Guggenheim 1951 decidió ir a Buenos Aires en barco, pero se detuvo antes en Río de Janeiro y allí conoció a la arquitecta Lota de Macedo Osares. La estancia de 15 días se convirtió en 15 años. Primero vivió en el piso de Lota en Río y luego se mudaron a la casa diseñada por la arquitecta en plena naturaleza. Durante muchos años, la convivencia con Lota fue de lo más estable: terminó su segundo libro de poemas, “A Cold Spring” (Una fría primavera), ganador del Premio Pulitzer en 1956. Pero Lota era temperamental, le obsesionaba su profesión y en 1967, Elizabeth quiso pasar una temporada en Nueva York. Lota no tardó en unirse a ella, pero el día de su llegada se levantó a  medianoche y se tomó doce Valium. Murió una semana después. Elizabeth Bishop escribió: “No hay café que te despierte / No te despertará un café / No hay revolución que te llame la atención / Te hemos aburrido / Es verdad que éramos aburridos”.

Con Lota de Macedo Soares

La casa en Samambaia, Brasil

La vista desde el piso de Río (1955)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1970 se trasladó a Boston para hacerse cargo de la clase de poesía de Robert Lowell en Harvard y conoció a Alice Methfessel, que aún no había cumplido treinta años. Alice fue la compañera y el apoyo de Elizabeth hasta el fallecimiento de esta el 6 de octubre de 1979 de un aneurisma cerebral a los 68 años. Está enterrada en el cementerio Hope de Worcester, Massachusetts.

Paisaje brasileño, de Elizabeth Bishop

Elisabeth Bishop amaba a los gatos, disfrutaba con los viajes, la comida y la buena conversación; no escribió mucho si la comparamos a otros autores, pero lo hacía con una maravillosa sencillez. Sin embargo, es menos conocido que también le gustaba pintar. Y no fue una afición pasajera, empezó a pintar en los años treinta. No disponemos de las fechas de los cuadros que incluimos aquí, pero son una buena muestra de lo que hacía.

Interior con móvil de Alexander Calder (Elizabeth Bishop)

Interior con alargador (Elizabeth Bishop)