Gatos y Respeto

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Los gatos inesperados de Bill Traylor

Bill Traylor es uno de los tres grandes artistas de arte marginal de Estados Unidos. Los otros son Martín Ramírez (1895-1963), procedente de México e internado en un hospital psiquiátrico de California, y Herny Darger (1892-1973), bedel en un hospital de Chicago, pero al contrario del artista del que hablaremos hoy, ninguno de los dos dibujó gatos.

Bill Traylor era un pintor afroamericano nacido el 1 de abril de 1853 en Benton, Alabama, y que fue esclavo hasta 1865, año en que entró la Caballería de la Unión en la plantación propiedad de George Hartwell Traylor. Bill, como sus padres, fue registrado con el apellido del dueño al que pertenecía.

Bill Traylor

No se sabe mucho de su juventud, excepto que se quedó trabajando en la plantación como jornalero después de la Guerra de Secesión estadounidense. En 1887 se casó con Larisa Dunklin y tuvieron ocho hijos, y en 1890 tomó una segunda esposa que concibió otros cinco, pero tuvo alguno más con dos mujeres con las que no se casó. Según él, había criado a más de veinte hijos.

Gato y perro

En 1928, a los 75 años, después de que sus hijos se trasladaran al norte de Estados Unidos y del fallecimiento de Larisa, su primera esposa, se mudó a Montgomery y trabajó abriendo carreteras, en la construcción y, finalmente, en una fábrica de zapatos. No debió ser fácil dejar la plantación donde había pasado toda su vida, pero después de encontrar trabajo, alquiló una habitación y luego una pequeña casa.

Varios años después, el reuma le impidió seguir trabajando, no pudo pagar el alquiler y fue a engrosar la lista de los sintecho. Consiguió cobrar una minúscula pensión y dormía entre los ataúdes en la parte trasera de la funeraria Ross-Clayton. Durante el día se instalaba en la calle Monroe, en el centro de la comunidad afroamericana de Montgomery.

Cesta y gato

Para entonces ya tenía 83 años, y la gran pregunta es qué empujó a este hombre, nacido en la esclavitud, que no sabía leer ni escribir, que no había tenido – que se sepa – el más mínimo contacto con el arte, a armarse de un lápiz y una regla para empezar a dibujar. Más asombroso aún es el hecho de que, durante los tres años siguientes, nunca dejó de pintar y se cree que llegó a producir entre 1.200 y 1.600 cuadros.

Gato moteado y perro

Su rutina era invariable: una vez recogido su camastro en la funeraria, se acercaba a la calle Monroe apoyándose en dos bastones por el reuma y se sentaba en una caja de madera entre una máquina expendedora de Coca-Cola y una sala de billares. Se colocaba una tabla sobre las rodillas y empezaba a dibujar en trozos de cartón que había encontrado.

Bill Traylor fotografiado por Horace Perry

Su aspecto, medía casi dos metros y llevaba una tupida barba, atraía a niños y adultos. Pasaba una cuerda por los cartones y los colgaba en la verja que tenía detrás. Sus primeros dibujos eran sencillas siluetas de trazos rectos que rellanaba a lápiz, pero su estilo no tardó en enriquecerse y complicarse. Las siluetas humanas se convirtieron en animales de todo tipo, gatos, perros, vacas, toros, aves, serpientes, incluso insectos. Aparecieron elaboradas composiciones.

Hombre y gato en forma orgánica

Un día, un joven pintor llamado Charles Shannon pasó por delante del puesto de Bill Traylor y se quedó sorprendido al descubrir sus dibujos. Habló con él y empezó a llevarle lápices de colores, ceras, témpera y papel. La mayoría de la información que tenemos acerca de la vida del artista se debe a las largas charlas que ambos mantuvieron. Al principio se limitó a volver cada día y a hablar de lo que pintaba Bill Traylor, pero aunque le contaba historias de su pasado, no solía explicarle qué significan para él sus dibujos.

El viejo pintor rechazaba gran parte de los materiales que Charles Shannon y otros le ofrecían, limitándose a colores primarios y a soportes espesos como el cartón. Sus colores favoritos eran el azul cobalto, el rojo y el negro, como demuestran sus composiciones más complicadas. No respetaba la perspectiva ni la lógica del tamaño, pero eso no quita nada de fuerza a sus imágenes.

Aunque Bill Traylor jamás aprendió a escribir, alguien debió enseñarle a firmar porque en algunos cuadros está su nombre en letras grandes. Muchos de sus personajes llevan un sombrero de copa que recuerda al del famoso Baron Samedi, el loa de la muerte de los ritos vudú. También parecen señalar con el dedo índice, ¿o se trata de un cuchillo? Hay gatos enmascarados, gatos moteados, gatos que no parecen gatos…

Charles Shannon compró algunas obras de Bill Traylor y en 1940 consiguió organizar una exposición en Montgomery con cien dibujos. Un año después organizó otra en la Escuela Fieldston de Cultura Ética de Nueva York, donde Alfred Barr, entonces director del MoMA, los vio. Quiso comprar varios para los archivos del museo y para su colección privada, pero al ofrecer solo un dólar por cada uno, Shannon no aceptó.

Bill Traylor y uno de sus cuadros

En 1942, el pintor decidió ir a visitar a sus hijos y otros parientes a Detroit, Chicago, Nueva York, Filadelfia y Washington DC. Después de perder una pierna por la gangrena, regresó a Montgomery en 1945 para vivir con su hija Sally. Falleció el 23 de octubre de 1949. Se cree que jamás volvió a dibujar después de dejar Alabama.

No fue reconocido hasta 1982 durante la exposición “Black Folk Art in America” (Arte folk negro en América), en la que los organizadores incluyeron treinta y seis dibujos suyos. En 1996, el MoMa expuso algunos de sus trabajos, y ese mismo año, seis semanas después de la muerte de Charles Shannon, el museo incluyó varios dibujos en una exposición.

Hombre con yugo más perro

Bill Traylor le dijo una curiosa frase a Charles Shannon, refiriéndose a la gente que le compraba algún dibujo: “Los compran incluso si no los necesitan”. Lo que podría dejar entender que los consideraba como una protección, como objetos de poder.


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Los gatos de Luis Sepúlveda

 

Hoy hace una semana falleció Luis Sepúlveda en el Hospital Universitario Central de Asturias, donde estaba ingresado desde el pasado 29 de febrero. A Luis Sepúlveda, los gatos le parecían misteriosos e independientes.

Decía que le gustaban todos los animales, pero que tenía una relación especial con los gatos. Cuentan que en una ocasión, un astrólogo chino le contó que en otra vida había sido el gato feliz y bien alimentado de un mandarín. Quizá por eso los incluía en sus historias y escribía relatos con ellos como protagonistas.

Luis Sepúlveda nació el 1 de octubre de 1949 en el Hotel Chile de Ovalle, a unos 400 kilómetros al Norte de Santiago, porque su madre, que era menor de edad, se había fugado con su padre. Siempre decía que había nacido “rojo”, y a los quince años se afilió a las Juventudes Comunistas de Chile.

Luis Sepúlveda con un gato

En 1971 se casó con la poetisa chilena Carmen Yáñez Hidalgo y en 1973 nació su hijo Carlos Lenin. Se separaron poco tiempo después, pero al cabo de veinte años se reencontraron en Alemania. Después del golpe militar de Pinochet, pasó casi tres años en las cárceles de la dictadura antes de ser exiliado a la fuerza.

Dejó Chile en 1977 y recorrió diversos países latinoamericanos hasta llegar a Ecuador. Allí se unió a la Brigada Internacional Simón Bolívar en 1979 para participar en la Revolución Sandinista. Después del triunfo de la revolución, se instaló en Hamburgo y trabajó como corresponsal mientras escribía relatos, obras de teatro y novelas. Cruzó los mares en varias ocasiones entre 1983 y 1988 siendo corresponsal de Greenpeace.

 

La editorial Tusquets publicó en 1993 la novela que le catapultó a la fama, “Un viejo que leía novelas de amor”. La edición en Francia del año siguiente, a cargo de Anne Marie Métailié, tuvo un enorme éxito y el libro fue traducido a otros veinte idiomas.

En 1996, un año antes de instalarse definitivamente en Gijón, Asturias, y después de reemprender su relación con Carmen Yáñez, publicó una novela corta con un largo título, “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”. Protagonizan la historia un gato negro, grande y gordo llamado Zorbas, sus tres amigos Secretario, Colonello y Sabelotodo, y la gaviota, claro.

Un día, una gaviota de nombre Kengah se desorienta en el duro Mar del Norte, pero consigue llegar, exhausta, al balcón donde está Zorbas, que acaba de quedarse solo para un mes porque los dueños de la casa se han ido de vacaciones, lo que tampoco le supone un disgusto. Un vecino viene a darle de comer, tiene la casa para él solo y puede pasear por el puerto de Hamburgo saliendo por el balcón.

En inglés

Kengah, antes de morir, tiene fuerza para poner un huevo y le hace prometer tres cosas a Kengah: Que no se lo comerá, que cuidará del huevo hasta que nazca el pollito y que le enseñará a volar. Zorbas lo promete. La gaviota no se equivoca, es un gato bueno y de nobles sentimientos.

Francia

Sin saber qué hacer para salvar a la gaviota, Zorbas parte en busca de Sabelotodo. Este tiene la costumbre de consultar la enciclopedia para absolutamente todo y vive en un enorme bazar cuya entrada está vigilada por el mono Matías. Le acompañan Secretario, un gato romano muy flaco, y Colonello, otro gato de edad indefinida. Ambos viven en un restaurante.

Italia

A partir de ese momento, los cuatro gatos se desviven para cumplir la promesa que Zorbas le hizo a Kengah, la gaviota que murió por haberse manchado las alas con el petróleo que un buque había soltado de sus tanques en alta mar. A pesar de su nulo conocimiento en la crianza de aves, lo consiguen.

Portugal

Otra edición portuguesa

Entre otras dudas está saber si es pollita o pollito. Los cuatro amigos no tienen más remedio que recurrir al gato Barlovento, viejo lobo de mar que vive en un barco. Dictamina que “es una linda pollita” y deciden llamarla Afortunada.

Suecia

Enseñando a volar

La novela está escrita con un estilo muy directo: el puerto de Hamburgo cobra vida con una breve descripción, los gatos surgen de entre las páginas, igual que el bazar y el mono Matías. En los años cincuenta, en la portada de la edición belga y francesa del cómic “Tintín” se leía: “La revista para los jóvenes de 7 a 77 años”. Nos atrevemos a recomendar este relato a los jóvenes de 6 a 96 años.

Turquía

Fue adaptada al cine de animación por el realizador italiano Enzo D’Alò en 1998 con el título “La Gabbianella e il gatto”.

Imágenes de la película

En 2012, la editorial Espasa publicó la novela corta de Luis Sepúlveda “Historia de Mix, de Max y de Mex”, también llamada en otros países “Historia de un gato y del ratón que se hizo su amigo”, traducida a varios idiomas.

Aquí, el escritor cuenta la historia del gato Mix que vive con el niño Max. Cuando este crece y va a estudiar a la ciudad, le lleva con él. Se instalan en un pequeño piso, y Mix disfruta sentado en el tejado mirando los coches y a la gente en la calle. Pasan los años, Mix envejece y se queda ciego.

Italia

Polonia

Max se asegura de que el piso siempre esté ordenado para que Mix no tropiece con nada y el gato oye cada vez mejor. Un día, un ratón mexicano llamado Mex se cuela en la casa de ambos en busca de comida. Es un ratón parlanchín, un poco cobarde, muy simpático, y se hace amigo del gato. A partir de entonces, suben juntos al tejado para que Mex le describa a Mix todo lo que ve.

Es otra historia de amistades imposibles, de supuestos enemigos natos que no parecen tener problemas en entenderse. Cuando la pequeña Afortunada de “Historia de una gaviota” descubre que no es gata, está convencida de que ya no la querrán porque no es como ellos. Zorbas la consuela explicándole que, al contrario, la quieren porque es gaviota, es diferente de ellos.

Rusia

Francia

Luis Sepúlveda también escribió libros de viaje, guiones y ensayos. Fue cocinero, guerrillero, ecologista y muchas más cosas. Recorrió América Latina de Sur a Norte. Vivió fiel a sus principios. En una entrevista en junio de 2017 dijo: “Contar bien una buena historia es la única obligación del escritor; no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos”.


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Gatos, etiquetas y Louis de Bernières

Reino Unido

El escritor Louis de Bernières nació en las cercanías de Londres el 8 de diciembre de 1954. Él mismo se define como un euroescéptico y apoyó la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Se le conoce por ser el autor de la novela “La mandolina del capitán Corelli”, ganadora del Premio de la Commonwealth al Mejor Libro del Año y llevada al cine por John Madden en 2001.

Pavo con conejo (Alemania)

Pollo (Reino Unido)

Antes había escrito tres novelas, “La guerra de las partes pudendas de Don Emanuel” (1990), “El Sr. Vivo y el rey de la Coca” (1991) y “El molesto retoño del Cardenal Guzmán” (1991), muy influenciadas por la literatura sudamericana, sobre todo por el realismo mágico. En 2001 publicó “Perro Rojo”, una colección de historias cortas basadas en la estatua de un perro que vio en Australia con ocasión de un congreso de escritores.

Atún claro y pollo (Estados Unidos)

Pechuga de pollo (Italia)

A pesar de las dos fotografías que incluimos del autor con un gato, ignoramos si le gustan. Una de ellas, la del gato blanco, fue hecha en Turquía durante una presentación, por lo que deducimos que no era suyo. Y de la segunda no sabemos nada. Pero Louis de Bernières tiene en su haber una historia corta titulada “Labels” (Etiquetas) que merece una entrada. Pasamos a resumirla.

Louis de Bernières en Turquía

Etiquetas exclusivas (Estados Unidos)

El narrador cuenta en primera persona que nació en una época en que había luz eléctrica, pero no televisión. Mucha gente pasaba las veladas construyendo pueblos con cajas de cerillas y barcos con las cerillas. Fue la gran época de los pasatiempos. Su abuelo, por ejemplo, se hacía sus propios calcetines. Los niños coleccionaban de todo, desde cromos y sellos, pasando por bolsas de patatas fritas, hasta envoltorios de caramelos.

Portada del libro

Variedad de sabores (Corea del Sur)

Al igual que al resto del mundo, le invadió un creciente torpor con la llegada de la televisión. Peor aún, se sentía irritable y deprimido hasta que, un buen día, en la tienda de la esquina, se fijó en una lata de comida húmeda para gatos, atraído por la mirada del gato en la etiqueta. En ese momento pensó que una colección de etiquetas de latas de comida felina podría ser de sumo interés en un futuro para los historiadores especializados. Además, al ser algo poco común, podría convertirse fácilmente en una autoridad en la materia en poco tiempo. Desechó la idea como risible.

Conejo con plátano (España)

Tentempié entre comidas (Alemania)

Una hora después estaba de vuelta en la tienda para comprar la lata. A su regreso a casa, metió la lata en agua hirviendo para despegar la etiqueta, pero la desgarró por falta de paciencia y tuvo que volver a comprar una segunda lata. Tensó una cuerda entre la ventana y una tubería para colgarla mientras iba a la papelería a comprar un álbum de fotos. Se pasó el resto de la velada esperando ansiosamente a que se secara la etiqueta. Apenas pegó ojo esa noche levantándose cada media hora para ver si ya podía colocarla en el álbum.

Caballa con cordero (Nueva Zelanda)

Francia

Al día siguiente lo consiguió, apuntando la fecha correspondiente. Poco después salió de nuevo para comprar un secador de pelo y otras dos latas. No tardó en descubrir que los fabricantes de comida húmeda no solo usaban diferentes tipos de pegamento, sino también en cantidades diferentes, lo que apuntó con precisión.

Cocinera televisiva (Estados Unidos)

Atún, cordero, patata (Italia)

Su pasión le llevó a acumular una gran cantidad de latas de todo tamaño sin etiquetar. Su lado práctico le impedía tirarlas y se las regalaba a amigos con gatos. Las latas de tamaño industrial fueron a parar a protectoras. Desafortunadamente, su conversación se volvió monotemática, cada vez le invitaban menos a cenar y los amigos empezaban a mirarle mal. Su esposa le dejó ante la acumulación de álbumes en el dormitorio.

Sardina, atún, gambas (Reino Unido)

Ternera, pollo, gambas (Alemania)

Pollo (Canadá)

Trabajaba como agente de cobro, ocupación que siempre se le había dado bien debido a su gran tamaño y a la facilidad por poner caras con expresiones intimidantes. Consiguió equilibrar los gastos de la colección con su sueldo hasta que realizó un viaje a Francia donde descubrió filas y filas de latitas con maravillosas y elegantes etiquetas. Compró todo lo que encontró con el resultado de que el eje de su coche se rompió debido al peso durante la vuelta a Inglaterra.

Solo pollo (Estados Unidos)

Atún con chirlas (Italia)

A continuación dijo que estaba enfermo y viajó a España. No fue a visitar la Alhambra, sino todos los supermercados para comprar latas de “Señorito Gatito”, “Minino”, “Micho Miau” y “Ronroneo”. A su regreso se enteró de que le habían despedido.  Incapaz de abandonar su manía coleccionista acabó comiendo pan duro y caldo de huesos.

Con algas (Reino Unido)

Pollo (Estados Unidos)

Un buen día, sumido en la más absoluta desesperación, abrió una lata para de gatos de pollo, la olió… No era desagradable. Se atrevió a meter una cucharita en la mousse y a probarla, pero la escupió. Soñando ya con una muerte próxima, se propagó por su boca un agradable sabor. Volvió a olerla y pensó: “Bastaría con un toque de ajo y un poco de albahaca para hacer una terrina de lo más respetable”.

Solo pollo (Italia)

Pechuga de pollo con trocitos de costilla (Estados Unidos)

A partir de ese momento inició un proceso de mejora del contenido de las latas de comida húmeda. Las más caras se convirtieron en excelentes patés y pasteles de carne. Añadió champiñones e higaditos de pollo a las marcas más baratas. En cuanto a las de pescado, su conversión era más complicada si no se trataba de atún o salmón.

Pavo (Alemania)

Ternera, venado, cordero (Estados Unidos)

Empezó a vender sus productos en la tienda local. El éxito le empujó a hablar con otras tiendas. Mejoró las primeras recetas con la adición de un brandy griego que hacía milagros. Ahora tiene varias tiendas en París, y su producción está debidamente aprobada por el Ministerio de Agricultura. Su esposa volvió al hogar y ambos recorren el mundo en busca de nuevas etiquetas.

Cazuelita de cordero (Reino Unido)

Italia

Pollo para lamerse la pata (Estados Unidos)

Si tienen ocasión de leer el cuento, háganlo, nuestro resumen no le hace justicia. Nos enteramos de su existencia por Zyx, un seguidor del blog al que le dedicamos esta entrada con nuestro agradecimiento. Zyx lo leyó en una serie de relatos gastronómicos escrita y recopilada por Medlar Lucan y Durian Gray titulada “Una cena con Calígula. El libro de la cocina depravada”. Título original: “The Decadent Cookbook”.

 

Pavo (Francia)

Pollo, salmón, pato (Estados Unidos)

Nos hemos limitado a incluir la comida gatuna menos conocida y con cierta tendencia al lujo. La marca “Newman’s Own”, creada por el actor Paul Newman, dona todos los beneficios de la venta de sus productos a organizaciones benéficas.

Paul Newman (Estados Unidos)

Paul Newman (Estados Unidos)


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Gatos y habitantes de Trieste

Gato en el teatro romano de Trieste

Algunas ciudades tienen un atractivo especial. Puede deberse a su fama turística, sus monumentos y museos, restaurantes o vida nocturna, pero hay otras rodeadas de un aura singular sin ser tan renombradas, y una de ellas es Trieste. Quizá sea por su situación geográfica: es la última ciudad de Italia, al final de una estrecha franja de costa que puede parecer robada a Eslovenia y que reduce la costa de este país.

Callejero de Trieste

Gato y león en Trieste

En el siglo XII era municipio independiente, pero debido a las continuas agresiones de la República de Venecia, pidió la protección del Imperio austrohúngaro, convirtiéndose en su quinta ciudad a principios del XX. Pasó a ser italiana solo después de la I Guerra Mundial. Entre 1947 y 1954 formó parte del Territorio Libre de Trieste.

Gato en balcón de Trieste

Callejero en Trieste

Si quieren saber más acerca de esta curiosa ciudad, les recomendamos que lean “Trieste o el sentido de ninguna parte”, de Jan Morris, un libro maravilloso publicado en 2011 que permite al lector conocer cómo era y es Trieste, su historia, sus habitantes…  Jan Morris es historiadora, novelista y autora de magníficos títulos, como “Venecia” y “España”, entre otros, en los que hace vivir los paisajes que describe. Pero no le gusta que los llamen “libros de viajes”.

Jan Morris con Ibsen

Gato con collar paseando en Trieste

Jan Morris nació en 1926, por lo tanto cumplirá 94 años el 2 de octubre, y publicó un nuevo libro, “Thinking Again” (Volviendo a pensar), el 5 de marzo de este año. En un mundo poblado por sus amigos, aunque no todos están vivos, se encuentra su gato Ibsen, al que siempre describe como amigo y compañero. En 2004, la National Portrait Gallery encargó el retrato de la autora a Arturo Di Stefano, y ella solo accedió con la condición de que incluyera a Ibsen.

Jan Morris, por Arturo di Stefano (National Portrait Gallery)

Callejero de Trieste

Jan Morris se llamaba James cuando nació, hizo una carrera militar en Sandhurst, fue periodista e informó a Gran Bretaña del primer ascenso al Everest en 1953. Cambió de sexo en 1972 con el consentimiento de Elisabeth, su esposa, con la que tuvo cuatro hijos. Tuvieron que divorciarse, pero volvieron a unirse en una ceremonia civil y siguen viviendo juntas en Gales.

Jan Morris con Ibsen

En agosto de 2017 publicamos una entrada sobre Wanda y Marion Wultz (https://gatosyrespeto.org/2017/08/24/yo-gato-y-gato-sin-mi-de-wanda-wulz/), dos fotógrafas nacidas en Trieste a principios del siglo pasado y que quizá se cruzaron con Jan Morris en una de sus estancias en la ciudad portuaria.

Wanda Wultz con Plunci

Wanda Wultz y gato

Pero la mujer más famosa de Trieste y la que más hizo por los gatos fue la astrofísica Margherita Hack, que llegó a la ciudad en 1964 para ser la primera mujer directora del Observatorio Astronómico de Trieste. Le dedicamos una entrada en 2015 (https://gatosyrespeto.org/2015/04/18/ocho-gatos-un-perro-y-margherita-hack/) y hoy volveremos a hablar de ella porque fue una de las fundadoras de Il Gattile, la Asociación que se ocupa de los gatos de la melancólica Trieste.

Margherita Hack

Callejeros de Trieste

En 1992, Giorgio Cociani y un puñado de amigos se reunieron para crear un refugio donde proteger y curar a los gatos sin hogar de Trieste. Entre ellos estaba Margherita Hack. Todos estuvieron de acuerdo en que la eutanasia no solucionaba los problemas sanitarios felinos. Empezaron en una sala y contaron con la ayuda de algunos veterinarios, pero Giorgio Cociani se dio cuenta al cabo de cuatro años de que era necesario encontrar algo más grande.

Giorgio Cociani, fundador de Il Gattile

Trieste

Se presentó la oportunidad de adquirir una pequeña casa con patio en Via Fontana que costaba 120.000.000 de las antiguas liras (unos 50.000 euros). La periodista y defensora de los derechos de los animales Miranda Rotteri y el propio Giorgio Cociani se hicieron cargo de la compra. Por supuesto, la madrina del refugio fue la astrofísica Margherita Hack.

Margherita Hack

En 2002, la Asociación organizó una variada muestra artística llamada “MiciAmici” en honor a Miranda Rotteri, que había fallecido, y también para recaudar fondos. El acontecimiento tuvo lugar en el teatro Miela, cedido a la Asociación, y participaron varios artistas de la ciudad, así como Margherita Hack. “MiciAmici” se ha convertido en una cita anual obligada en febrero y hasta su muerte en 2013, Margherita Hack participó activamente en cada presentación.

Margherita Hack

Pero quizá deberíamos decir algo acerca de Giorgio Cociani, que ha dedicado su vida a ocuparse de los gatos de Trieste. Dice que su destino como “gattaro” fue sellado desde muy pronto por un canto de sirena, el maullido de los gatos a la hora que llega la comida.

Giorgio Cociani en el Oasis

Empezó a alimentar a los callejeros desde muy joven y no tardó comprender que era como tirar una piedra en un estanque, que los círculos concéntricos se hacían cada vez más anchos hasta perderse de vista. Un día vio un coche atropellar a un gatito que murió en sus brazos. Entonces decidió que no bastaba con alimentarlos, había que ofrecerles un refugio.

Oasis

No fue tarea fácil; tuvo que luchar contra sus detractores, y no eran pocos, pero participó en debates, dio conferencias, conoció a otras personas que también entendían la necesidad de crear un oasis para los gatos callejeros que no estuvieran en lugares seguros como parques o patios vecinales.

Oasis

Otro de los grandes logros de Il Gattile es la creación del Oasis Felino dedicado a Miranda Rotteri. El Ayuntamiento prestó el terreno gratuitamente de forma indefinida y la Asociación consiguió donaciones en efectivo para llevar a cabo la construcción de una cerca “a prueba de gatos”, una oficina y un almacén, así como casetas, comederos, etcétera. Las obras empezaron en enero y al poco debieron suspenderse por las protestas de los vecinos.

Oasis

El alcalde ordenó mover el Oasis, pero la Asociación perdió el dinero ya invertido en las obras y no lo recuperó. Aun así, se siguió adelante. En junio de 2007 llegaron los primeros residentes y al día siguiente descubrieron un boquete abierto en la valla. Pero no se rindieron y la RAI 3 les dedicó un completísimo reportaje en 2009.

Oasis

Actualmente, Il Gattile da en adopción a unos 200 cachorros y esteriliza a unos 700 gatos adultos anualmente. Disponen de unas cincuenta jaulas para hospitalizaciones. El Oasis ocupa 1.650 metros cuadrados y es el hogar de una colonia permanente compuesta por unos cien gatos de los que se ocupan unos treinta voluntarios y el veterinario Dr. Jesús Catalán.

Jardín privado en Trieste

Para terminar añadiremos que Il Gattile otorga el premio anual “Margherita d’Argento” (Margarita de Plata), creado en honor a Margherita Hack, cuyo corazón estaba dividido entre las estrellas y los gatos. En 2019, la ganadora fue la escritora italiana Marina Mander.

Margherita Hack

Marina Mander (Premio Margherita d’Argento 2019)

Por cierto, Lia Dequel, fundadora de la famosísima colonia felina del Largo di Torre Argentina, en Roma, nació en Trieste.

Gatos y gattara de Trieste


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Gatos, algunas flores y la pintora Elizabeth Blackadder

Gato entre tulipanes

Por alguna extraña razón, la pintora escocesa Elizabeth Violet Blackadder no es muy conocida fuera de Gran Bretaña, a pesar de ser la primera mujer elegida miembro de la Real Academia Escocesa, en 1972, y de la Real Academia (británica), en 1976.

Flores y gato negro

Nació el 24 de septiembre de 1931 en Falkirk, Escocia. Sus padres, Thomas y Violet, ya tenían dos hijos. Aunque había perdido a su marido cuando la niña tenía solo diez años, su madre decidió que Elizabeth no pasaría por las dificultades que ella había tenido que soportar e hizo todo lo posible para que recibiera una educación.

Gatos e hibiscos

Pasó gran parte de su infancia sola debido en parte a su afición por la lectura. De adolescente empezó a coleccionar flores de jardines y del campo, secándolas entre papel secante y, posteriormente, etiquetándolas con su nombre en latín. Años después, esta afición se transformó en preciosas acuarelas de flores muy detalladas.

Un gato en su estudio

Llegó a Edimburgo en 1949 para estudiar Bellas Artes y se licenció cum laude en 1954, después de haberse especializado en arte bizantino bajo la dirección de otro pintor escocés, William Gillies, que enseñó durante cuarenta años en la Universidad. En sus dos últimos años de carrera conoció al artista John Houston, con quien se casaría en 1956.

Elisabeth, John y gato negro

Gato grande y pequeño

La calidad de su disertación hizo posible que consiguiera dos becas, una de la Real Academia Escocesa y otra de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Edimburgo. Utilizó el dinero para visitar Turquía, Grecia e Italia durante tres meses, pero en vez de irse en primavera o verano, lo hizo en pleno invierno, en 1955. Quizá pensó que al ir mucho más al sur, no pasaría frío.

Gatos en un kilim

No tardó en descubrir que también en los países supuestamente cálidos hacía frío, puede que no tanto como en Edimburgo, y que la mayoría de las casas carecían de calefacción. No se desalentó y realizó maravillosos dibujos de Pisa y de Florencia, fascinada por las iglesias románicas de los siglos XII y XIII, en una época en la que aún había pocos turistas en Italia.

Gatos venecianos

A su regreso se casó con John Houston y recorrieron Escocia. Los dos pintores siempre se apoyaron mutuamente, pero cada uno supo retener un estilo propio, totalmente distinto el uno del otro. Después de Escocia, viajaron a Francia, deteniéndose primero en Bretaña. La pasión por los viajes es algo a lo que se ha entregado la pintora durante toda su vida.

En 1962 obtuvo un puesto de profesora en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Edimburgo, donde siguió dando clases hasta 1986, superando en cuatro años a su antiguo profesor William Gillies. Ese mismo año ganó el Premio Guthrie a la Mejor Artista Joven que entrega la Real Academia Escocesa.

(1980)

Por entonces pintaba paisajes, desnudos y naturalezas muertas. Hasta más tarde no empezó a pintar gatos solitarios, gatos en compañía, gatos con flores… En los años sesenta, Elizabeth Blackadder siguió viajando a Francia, descubrió España y Portugal, y pintó esos países al tiempo que empezaba a cobrar cierta reputación por la calidad de sus acuarelas de flores, pintadas con suma precisión.

Gato en cesta

No fue a Japón hasta mucho más tarde, en los años ochenta, y estuvo allí en dos ocasiones. Huyendo del bullicio de Tokio, pasó tiempo observando los meticulosos jardines zen de Kioto. Aunque no tengamos constancia de ello, estamos seguros de que también observó a gatos.

Gato y planta

A su regreso de su primer viaje a Japón en 1985, empezó a trabajar en el Glasgow Print Studio, en una serie de serigrafías de flores. Sin embargo, hacía muchos años que ya realizaba magníficos grabados.

Gatos atigrados

Carey

A sus casi 89 años sigue pintando con el mismo cuidado, estudiando el espacio que separa a los modelos, sean gatos o flores, para obtener el equilibrio perfecto. Uno de nuestros cuadros favoritos es “Autorretrato con gato”, realizado en 1976. Se trata de un cuadro dentro de otro, donde la pintora se representa de perfil mientras que el gato nos observa con sumo interés. El lienzo es muy sencillo, pero a la vez posee una gran fuerza.

Autorretrato con gato (1976)

Gatas y gato

Los gatos son los únicos seres vivos, con excepción de los peces de colores, que tienen derecho a romper la paz de sus cuadros florales, pero en general también son gatos muy tranquilos. Muchos duermen, otros están tumbados o sentados mirándonos. Solo la acuarela “Pelea de gatos” rompe las habituales situaciones gatunas.

Pelea de gatos

Sus gatos hacen su vida, no tienen nada de antropomorfos, sencillamente son gatos. Queda claro que hace tiempo que Elizabeth Blackadder vive con ellos. Algunos de los que retrata son suyos; por ejemplo, no sería de extrañar que los dos gatos blancos y negros de las dos acuarelas sean el mismo gato de la fotografía.

Con su gato (Foto de Anne Purkiss)

Solo un gato tiene nombre, el de “Kikko en una alfombra”. Pero algunos se repiten, como los gatos negros, las gatas carey, entre ellas “Gata durmiendo”, que incluso parece estar embarazada.

Kikko en una alfombra

Gata durmiendo

Su marido John Houston falleció en 2008. La Scottish National Gallery (Galería Nacional Escocesa) realizó una gran retrospectiva de la pintora en honor a su octogésimo cumpleaños en 2011, poniendo su obra al alcance de un público más general. Un año después se le pidió que creara la tarjeta de felicitación navideña que manda el primer ministro escocés.

Gato en caja

Además de ser la primera mujer miembro de la Academia Escocesa y de la Británica, también es Oficial de la Orden del Imperio Británico desde 1992, y en 2001 fue nombrada “Pintora y Limner (retratista) de Su Majestad en Escocia”, la primera artista en recibir este reconocimiento en los 300 años desde que Isabel I lo instauró.

Gato y orquídea


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Los gatos urbanos de Thiago Goms

Comunicación

Muchos artistas urbanos dedican algunos murales a gatos, y ya hemos publicado una entrada acerca de uno de ellos, el célebre C215 (https://gatosyrespeto.org/2017/10/19/los-gatos-del-grafitero-c215/), pero nunca habíamos encontrado uno que solo pintara gatos. Se trata de Thiago Goms, un artista brasileño, concretamente de Sao Paolo, que vive una verdadera historia de amor con los gatos.

Thiago Goms delante de uno de sus murales

Los retrata en todas las ciudades que cruza y en todas las superficies que encuentra. Son gatos de cuerpo humano, el cuerpo algo desgarbado de un adolescente a punto de dejar de serlo, de manos largas y dedos finos, de rostro curiosamente expresivo, a pesar de su sencillez. Visten ropa muy colorida y se aplican a multitud de quehaceres. Son gatos amables, pero algo melancólicos.

Cidade Tiradentes, Sao Paulo (2015)

Los hay de todos los tamaños. Algunos son enormes y cubren la pared de un edificio de cinco pisos, aprovechando para sentarse en otro edificio pintado. Otros aparecen en tapias de jardines o en el muro exterior de una casa. También pinta acuarelas y tintas chinas. Pero siempre gatos.

Dibujo tinta china

Confusión (Acuarela)

Thiago Goms nació en Sao Paulo, Brasil, en 1984. Al principio trabajaba con sprays, pero se pasó al acrílico porque cree que se aproxima más a la sensación que comunica una obra en un lienzo. Cuenta que, de pequeño, solía andar mucho por el centro de la ciudad y le fascinaba el arte urbano que veía en las paredes ciegas de los edificios. Se preguntaba quiénes eran los autores y cómo conseguían hacerlo.

Sao Paulo (2017)

Con el tiempo empezó a memorizar los dibujos y las escenas, y a reproducirlas en sus cuadernos de colegio. Unos años después, unos amigos que ya pintaban en el distrito de Grajau, uno de los más duros de la ciudad, le convencieron para que pasara del espacio restringido de una página a la extensión que ofrece una pared. No tardó en acostumbrarse a medida que sus ganas de pintar seguían aumentando.

No solo observaba a las personas a su alrededor, su familia, sus amigos, sino también a los gatos callejeros de la ciudad. Poco a poco, basándose en la influencia de algunos cómics y de otros artistas, nació un personaje gatuno antropomorfo capaz de plasmar el comportamiento de la gente que le rodeaba. Es posible que los gatos de Thiago Goms tengan nombre, pero si es así, no se lo ha dicho a nadie.

Sao Paulo

Encontramos una pequeña entrevista realizada hace un par de años, publicada en “Streetart360”, de la que traducimos unos pasajes:

  • ¿Cuándo descubriste el arte y creaste tu primer mural?
  • Me gustaba dibujar de niño. Era el más pequeño de siete niños, y mis hermanos mayores ya pensaban en cosas de adultos. Me escapaba dibujando un mundo mío influido por los dibujos de la tele.
  • ¿Cuál fue tu primer mural, aún existe?
  • Hice mi primer graffiti en la pared de un colegio cerca de mi casa. Pero ya no está.
  • ¿Colaboras con otros artistas, y con quién te gustaría colaborar en el futuro?
  • Cuando haces graffiti lo normal es colaborar con otros artistas. Aunque últimamente intento trabajar en solitario para entender mejor mi obra y crear algo nuevo. Me gusta encontrarme con artistas y crear una atmósfera usando técnicas diferentes, como cuando pinto con mi amigo Emilio Cerezo en España. Nuestras creaciones no tienen nada que ver, pero es genial. O también colaborar con mi amigo Lobot, de Sao Paulo, que hace obras abstractas.
  • ¿Tienes una ciudad favorita para pintar?
  • Me gusta pintar donde sea en Brasil, es mi país favorito para pintar, pero también me gustaría probar en Japón. Nunca he estado, debe de ser asombroso.

Galería Urba en Ifo, Suecia (Thiago y Digrid)

Y ante la pregunta de por qué siempre pinta gatos, contestó: “Para mí, el gato simboliza el concepto mismo de libertad. No están domesticados, a pesar de lo que creemos, y es lo que busco”.

Con Enric Font en Barcelona

Los murales de Thiago Goms decoran puertas, paredes y espacios vacíos en ciudades brasileñas como Sao Paulo, Salvador de Bahía, Curitiba, Porto Alegre, Recife y Río de Janeiro. En Europa ha pintado en Barcelona, Valencia, Múnich, Berlín, Zagreb, Viena y, últimamente, Lisboa.

Alfama, Lisboa

Exposición en Lisboa

Sus obras forman parte del Museo Urban Nation de Berlín, el primer museo permanente de arte callejero y graffiti, inaugurado en 2017. El centro expone las obras de 150 artistas internacionales, especializados en desarrollar proyectos artísticos en muros, edificios y espacios públicos, entre los que está Thiago Goms.

Berlín

En directo (Stroke, Múnich, 2014)

Sin embargo, al preguntarle por su obra favorita, el artista dijo que se encuentra en Fanzara, un pueblecito de la provincia de Castellón, España. ¿Qué empujó a Thiago Goms a pintar un mural en un lugar tan apartado? La respuesta es el MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano).

El MIAU surgió como una iniciativa de Javier López y Rafa Gascó para evitar que Fanzara, una localidad de 300 habitantes, desapareciera del mapa. Se les ocurrió convertir el pueblo en un museo de arte urbano. Hasta aquí todo bien, pero no hay que olvidar que la mayoría de los habitantes tenían entonces entre sesenta y setenta años.

No se desanimaron y obtuvieron los permisos; después de todo, si era un fracaso bastaría con volver a pintar las paredes de blanco. Invitaron a quince artistas españoles que se alojaron en casas particulares. En un abrir y cerrar de ojos, cuarenta y cuatro obras decoraban las paredes vacías del lugar.

La gente del pueblo estaba encantada. Al año siguiente, en 2015, se celebró la segunda edición, y Santiago Goms pintó un espléndido mural de un gato protegiéndose bajo una capucha y escondiendo a otro más pequeño.

Desde entonces, cada mes de julio, varios artistas urbanos acuden a Fanzara a pintar paredes, y miles de visitantes desfilan por el pueblo para admirar el museo al aire libre. Pero por falta de espacio, las obras tienen un plazo de vida determinado y son sustituidas cada equis tiempo, como lo demuestra el mural a la izquierda del gato de Thiago Goms.  No sabemos cuál fue primero, si el barco o el granjero.

MIAU, Fanzara

MIAU, Fanzara

Esperamos sinceramente que el mural del artista brasileño siga donde está muchos años, al igual que su gato roquero que adorna una casa en una calle del pueblo. Por cierto, hay una pequeña ciudad en Arizona llamada Miami que también decoró sus paredes con gatos: (https://gatosyrespeto.org/2015/10/15/los-121-gatos-de-miami-arizona/).

MIAU, Fanzara


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Los gatos negros de Adolphe Willette

1910

El nombre de Adolphe Willette siempre estará ligado al rótulo del famoso cabaret Le chat noir, un gato negro en un creciente de luna. El artista nació el 30 de julio de 1857 en Châlons-sur-Marne, región vitícola por excelencia, concretamente del champán, hijo de un coronel trasladado a Dijon, otra región vitícola, la del borgoña.

Adolphe Willette en 1913

A los 18 años ingresó en la Escuela de Bellas-Artes de París. Publicó sus primeros dibujos en La France illustrée, que pagaba la magnífica suma de 20 francos por dibujo, pero un tal Mathieux, encargado de las ilustraciones, solo le ofreció 20 francos por cuatro dibujos. Peor aún, la censura prohibió la publicación de uno de los cuatro y Mathieux rehusó pagarle, dando pie a una amargura que nunca abandonaría al futuro satírico.

Cuando era alumno del pintor Alexandre Cabanel, este le expulsó de sus clases al descubrir que se había autorretratado en los frescos del Panteón de París. De hecho, todavía se le ve como el duque de Anjou, sentado a la izquierda de San Luis y vestido con una blusa roja, en el panel central. A los 21 años evitó hacer el servicio militar gracias a su hermano, médico militar voluntario en Cochinchina.

Era la época de los cabarets, todos con nombres maravillosos, La rata muerta, La gran pinta o La abadía de Thelema. Le chat noir estaba a punto de abrir sus puertas. Pero el joven artista pasó por momentos muy difíciles, incluso consideró el suicidio, antes de conseguir el encargo de decorar la sala de billar y el salón de un castillo.

En 1880 fue contratado para plasmar con dibujos el viaje de Gambetta, un importante político de la III República, a Cahors, pero de poco le sirvió esta oportunidad ya que se dedicó a retratar a los obreros que se oponían a los discursos vociferantes del político.

En octubre de 1881, al inaugurarse el cabaret Le chat noir, pasó inmediatamente a formar parte del grupo con acceso a la sala trasera, llamada “El instituto”. Rodolphe Salis le encargó un enorme cuadro titulado “Parce Domine” (Perdona, Señor) para decorar la pared de un cabaret, aunque la obra no tiene nada de alegre. Actualmente expuesta en el Museo de Montmartre, describe la huida enloquecida de un grupo de personas variopintas detrás de un Pierrot con una pistola humeante en la mano. A la derecha se ve a una mujer sentada en un monstruoso gato negro blandiendo un bebé en la mano.

Parce Domine

Parce Domine (detalle)

Un año después, el Salón de París rechazó exponer el cuadro “Dos amigos”, llamado también “La mujer con gato”. Decidió mudarse a Montmartre y vivir en el pequeño taller que le había alquilado su hermano Théodore. Este último le presentó a otro gran amante de los gatos, Théophile Alexandre Steinlein (https://gatosyrespeto.org/2014/11/25/steinlen-el-dibujante-de-gatos/), cuya amistad conservó toda la vida.

Dos amigos o La mujer del gato

Su primera ilustración para la revista Le chat noir apareció en el número diez. En esta época también diseñó el famoso rótulo del cabaret. Las cosas le iban algo mejor, recibía pequeños encargos, colaboraba en revistas, pero sus cuadros seguían siendo rechazados en los salones, o si eran aceptados, como ocurrió en 1883, eran retirados por “ultraje a las buenas costumbres”.

Rótulo del cabaret Le chat noir

El 11 de marzo de 1885 se organizó el primero de una serie de “Bailes incoherentes”. Willette acudió disfrazado de Pierrot. Al parecer, fue a partir de ese momento cuando dio rienda suelta a su desmesurada inclinación por los disfraces y el travestismo.

Visto como Pierrot, por Marcellin Desboutin

Cuando vuelva papá – I Guerra Mundial

También en esa época pintó “Venus pasando delante del sol”, posiblemente un encargo de Le chat noir, donde se ve a Pierrot, el doble de Willette, rodeado de gatos negros y enseñando sus bolsillos vacíos. En la parte superior hay otro gato negro en el ala de un molino formada por notas musicales.

Venus pasando delante del sol

Venus (detalle)

Hasta febrero de 1888 no pudo exponer en solitario. Como puede verse por el cartel de Hérel, Willette estaba unido a la imagen de un gato negro. Queda por saber si se debía a que era un asiduo del cabaret Le chat noir o si le gustaban los gatos. A partir de entonces dibujó sobre todo para anuncios y para la prensa. En sus numerosas colaboraciones con el periódico Courrier français, firmaba artículos con el seudónimo C Lechat, lo que suena como “C’est le chat” (Ha sido el gato).

Los pajaritos mueren patas arriba (Le Courrier français, 1888)

El Sagrado Corazón de Montmartre se abrió al culto en 1889, a pesar de que la basílica no estaba terminada. Aquel día, Willette y una veintena de amigos organizaron el cortejo de La Fête du “Dyable” (La fiesta del diablo). Desnudos y pintados de rojo interrumpieron la ceremonia, pero la policía no tardó en restablecer el orden.

Abadie hizo el Sagrado Corazón, pero esto es obra de Dios.

Pasaron los años, Willette siguió sobreviviendo con momentos mejores que otros. Conoció a Christiane Bastion, a quien todos llamaban Cri-Cri, cuando esta vendía flores en el Folies Bergères. Convertida en su amante y modelo, ambos pasaban los veranos en una casita con jardín que ella tenía en L’Isle-Adam, a unos kilómetros al norte de París. Cri-Cri criaba pollos y conejos, tenía una cabra y alimentaba a unos sesenta gatos. Cuando el carnicero les presentó la factura, no tenían dinero para abonarla y Willette propuso decorarle la tienda. La imagen de un buey vestido de domingo con rostro alegre permaneció en la tienda hasta una reforma en 1970.

Carta

La vida empezó a sonreír a Willette en los últimos años del siglo XIX y el éxito seguiría acompañándole casi hasta su muerte. En 1905, el Salón de París expuso por fin el cuadro “Parce Domine”, treinta años después de haberlo rechazado en 1885. Ilustró “Los miserables”, de Víctor Hugo, y varias entregas de los libros “Claudine”, de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/).

Menú para el restaurante Tabarin (1905)

En 1909, a los 52 años, se casó por segunda vez con Charlotte Duchâteau, una joven criada de 21 años de la que se enamoró locamente nada más verla sirviendo en una cena en casa de un amigo, pero la depresión no tardó en hacer su aparición. Falleció el 4 de febrero de 1926, tres años después de su gran amigo Steinlein.

Pierrot y Colombine, la colada

Adolphe Willette siempre quiso tensar la cuerda. Se atrevió a mofarse, a criticar, a burlarse, a usar el desnudo hasta el punto de que algunos le tacharon de pornógrafo. En 1905 publicó una viñeta de una inmensa lucidez en Le Courrier français. Una vez dijo: “Era mucho más feliz siendo infeliz”.

En África los únicos caníbales son los blancos (1905)


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El Gato del Río y Hernando Tejada

El Gato del Río (Hernando Tejada)

Hernando Tejada, al que todos llamaban cariñosamente “Tejadita”, nació el 1 de febrero de 1924. Fue un reconocido pintor y escultor colombiano que se empeñó en donar un gato a la ciudad de Cali. Pero no se trata de un gato cualquiera, sino de una estatua de bronce de 4,50 metros de alto y de 3,5 toneladas de peso. El 3 de julio de 1996 tuvo lugar la inauguración del monumento y durante dos años, hasta su muerte el 1 de junio de 1998, el artista pudo visitar a su gato a las orillas del río Cali.

Gata Bandida (Nadin Ospina)

Gata Cálida (Emilio Hernández Villegas y Alejandro Valencia Tejada)

El Gato del Río le costó 30 millones de pesos colombianos a Hernando Tejada y lo pudo financiar mediante 250 pequeñas réplicas del Gato fundidas en el taller de su sobrino, Alejandro Valencia Tejada, para poder donar la estatua a la ciudad de Cali. Se tardó siete meses en realizar una escultura en cera perdida de semejantes dimensiones, algo nunca hecho antes en Colombia.

Gata Ceremonial (Pedro Alcántara Herrán)

Gata Decorativa (Lorena Espitia)

Al cabo de unos diez años, Julián Domínguez, entonces presidente de la Cámara de Comercio de Cali, Lucy Tejada, hermana del escultor, y Alejandro Valencia, el hijo de esta, pensaron que el Gato no podía seguir solo en la Avenida del Río. Además, desde la muerte de Hernando Tejada, la ciudad lo había descuidado al Gato y presentaba un aspecto deplorable, con las placas conmemorativas arrancadas, varios bigotes rotos, cubierto de pintadas y otros horrores.

Gata Dulce (Fabio Melecio Palacio)

Gata en Cintas (Cecilia Coronel)

El proyecto se inauguró en octubre de 2006 y no solo sirvió para recuperar el monumento, sino también sus alrededores, mediante la realización de quince esculturas que se instalaron alrededor del Gato del Río en un parque debidamente adecuado. Todas las esculturas tienen el mismo diseño estructural, obra de Alejandro Valencia, y fueron decoradas por quince artistas diferentes.

Gata Entrañable (Ever Astudillo)

Gata Kuriyaku (Carlos Jacanomijoy)

Se unieron al proyecto, llamado “Las novias del Gato” o también “Las gatas del Gato”, reconocidos artistas como Maripaz Jaramillo, encargada de la Gata Coqueta, y Omar Rayo, de la Gata Presa. Las gatas son de mucho menor tamaño que el Gato del Río, están hechas de fibra de vidrío y cada una cuenta con un panel explicativo donde se indica su nombre, el porqué de dicho nombre y una biografía del autor. Poco a poco se fueron sumando gatas y hoy son muchas más que las quince originales.

Gata Coqueta (Maripaz Jaramillo)

Gata Presa (Omar Rayo)

En un principio, solo habría una gata haciendo compañía al Gato del Río, mientras las catorce restantes se distribuirían por diversos puntos de la ciudad. Se pidió a los habitantes de Cali que eligieran a la novia del Gato y parece ser que el número de votantes fue muy superior al registrado en las elecciones municipales anteriores. La escogida fue la Gata Fogata, obra de Roberto Molano González. Sin embargo, mucha gente se opuso al traslado del resto de las gatas y se acabó adecuando el parque para que se quedaran.

Gata Fogata (Roberto Molano González)

Hay gatas distinguidas, como la Ilustrada, obra de Lucy Tejada, que homenajea a Hernando Tejada, o la Gata Annabella, una superestrella, como lo demuestra su traje. Gracias a la iniciativa de la Cámara de Comercio, el Gato del Río está ahora mucho más cuidado y la Avenida del Río se ha convertido en la mayor atracción turística de Cali. Incluso se dice que es el monumento más visitado de Colombia.

Gata Ilustrada (Lucy Tejada Saénz)

Gata Annabella, la superestrella (Diego Pombo)

Wilson Díaz llamó a su gata No Hay Gato porque no encontró una sola referencia a los gatos en el Antiguo Testamento. A Rosemberg Sandoval se le ocurrió comprar tres mil diminutos muñecos de plástico para el pelo de la gata. Perforó la escultura para ver el efecto, pero no quedó nada convencido. Entonces la rayó con grafito y la bautizó Sucia, lo que nos hace pensar que quizá este señor no sea muy amante de los gatos.

Gata No Hay Gato (Wilson Díaz)

Gata Sucia (Rosemberg Sandoval)

Una de las favoritas es la Gata Siete Vidas, y el autor, Melqui David Barrero Mejías, firmó en la pata delantera enyesada de la pobre y su nombre no necesita explicación. Quizá una de las más increíbles sea la Gata Gachuza, de Ángela Villegas, llena de pinchos para protegerse de los gatos machos que la persiguen, según reza el cartel. El día de la inauguración en 2006, Alejandro Valencia vio a una señora sentada en el zócalo de la Gata ocupada en intentar sacarle una de las púas…

Gata Siete Vidas (Melqui David Barrero Mejías)

Gata Gachuza (Ángela Villegas)

También está Engállame la Gata, de nombre curioso, cubierta de calcomanías para motos, un medio de transporte muy apreciado en Cali. Esta última, al igual que la Gata Dormida Aquí y Allá, de Adriana Arenas Ilián y la Gata Frágil, de Juan José Gracia Cano, llegó a la orilla del río en abril de 2014. Ninguna sigue el modelo diseñado en 2006, dos están sentadas y otra, dormida. Las nuevas gatas que hacen compañía al Gato del Río están financiadas por donaciones de particulares.

Gata Engállame (Ana María Millán Strohbach)

Gata Dormida Aquí y Allá (Adriana Arenas Ilián)

Gata Frágil (Juan José Gracia Cano)

El Gato del Río es probablemente el felino más querido de la ciudad. Dicen que hasta los niños de muy corta edad dejan de llorar y empiezan a reír cuando están en su presencia. No fue el único gato obra del escultor Hernando Tejada, que sentía una gran predilección por ellos. En el taller de su sobrino Alejandro están los moldes de una pareja gatuna que el escultor no tuvo tiempo de acabar antes de fallecer.

Gata Mac (Mario Gordillo)

Gata Melosa (Pablo Guzmán)

El Gato del Río se fundió en el taller de Rafael Franco, en Bogotá, y la realización está plagada de anécdotas. Por ejemplo, se fundió por secciones que fueron soldadas posteriormente, y Alejandro, director del proyecto, se percató de que el felino estaba abollado. Rafael le confesó que había usado silicona blanda para acabar el molde. La solución: convencer a alguien para que se metiera dentro de la estatua con protectores auditivos y corrigiera los defectos. Los vecinos amenazaron con denunciarlos por el estruendo…

Gata Vellocino de Oro (José Horacio Martínez)

Gata Yara, la diosa de las aguas (María Teresa Negreiros)

También se le cortó la cabeza al Gato. Una vez acabado, Alejandro vio que la cabeza no estaba correctamente proporcionada y llamó a su tío para que le autorizara a descabezarlo. Cuenta que, al igual que la Reina de Corazones en Alicia en el País de Las Maravillas, pronunció la frase: “¡Que le corten la cabeza!” Y por último, hubo que desmontar el tejado del taller para sacar al Gato y llevarlo a Cali.

 


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Gatos, algunas vacas y el artista californiano Lowell Herrero

Lowell Herrero nació el 10 de octubre de 1921 en Oakland, California. A los seis años ya pintaba con un amigo suyo que vivía al otro lado de la calle. Unos años después empezó a dibujar viñetas de granjeros, a pesar de no saber nada de granjas ni de sus habitantes, según comentó en una ocasión.

Gato jardinero

Envió sus dibujos a los ilustradores de Walt Disney, entre otros a E.C. Segar, el creador de “Popeye”. No solo le contestaron animándole a seguir, también le enviaron dibujos suyos. En el instituto logró ahorrar dinero para ir a la universidad con la intención de entrar después en Walt Disney como animador, pero Pearl Harbor lo cambió todo.

Gato mariposa

Tenía 21 años, y para evitar que le reclutaran, se ofreció voluntario en los Guardacostas de San Francisco. Primero fue marinero, pero sus superiores se dieron cuenta de que sabía dibujar y le destacaron a la base. Allí pasó más de tres años dibujando viñetas para el periódico “Barracks Watch”.

Gato de invierno

Al acabar la guerra pudo pedir un préstamo al gobierno por su condición de exsoldado que le permitió estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de California, en Oakland, donde conoció a Nathan Oliveira, un pintor nacido en la misma ciudad y uno de sus grandes amigos.

Gato en caja

Al poco de graduarse en 1949 encontró trabajo como ilustrador en la empresa Standford & Sanvick de San Francisco. En 1953 fundó, con dos amigos, la agencia de diseño gráfico Butte, Herrero & Hyde, que no tardó en tener mucho éxito y clientes por todo el país.

Gato en campo de lavanda

Pasaron los años y Bruce Butte, uno de los tres socios, dejó el mundo del diseño gráfico para dedicarse a la pintura. Fue un momento decisivo para Lowell Herrero. Empujado por su amigo Nathan Oliveira, también decidió lanzarse. En una entrevista dijo que había perdido el interés por el diseño comercial, sobre todo después de separarse de su primera mujer.

Gato y rana

En 1980 conoció a Janet Gentile, proveniente asimismo del mundo de la publicidad. Le dijo que tenía pensado dejar el arte comercial y que sus ingresos iban a caer drásticamente, pero Janet se ofreció a ayudarle durante un año. En esa misma época comenzó a pintar las series de gatos y vacas que acabarían en los calendarios superventas publicados por Lang Graphics.

Calendario Shell

Las vacas de Lowell Herrero, cuando las representa al lado de un granjero, son en ocasiones desmesuradas en comparación al hombre, pero tratándose de un gato con una vaca, el primero cobra importancia y la vaca pierde tamaño. Sus animales son expresivos, aunque miren fijamente al autor como si se tratara de un fotógrafo, y muchos de sus gatos parecen haber sido observados en la realidad, como si hubiera tenido gatos.

Un conocido suyo, Bill Dodge, abrió una galería en Carmel y vendió un cuadro que le había pedido prestado. Después de vender unos cuantos más, le organizó su primera exposición en solitario. Posteriormente, Carolyn Walsk, dueña de una galería en Nantucket, Massachusetts, también le descubrió. Lowell pintaba temas de la Costa Este para una galería y de la Costa Oeste para la otra.

Gato bañera

Se casó con Janet y se compraron una vieja casa victoriana en el barrio South Park de San Francisco. La abuela de Janet vivía en Calistoga, en el Valle de Napa, y adquirieron un terreno en el Monte Santa Helena para construir un enorme estudio con paredes de vidrio.

Gato entre pensamientos

La naturaleza que le rodeaba quizá le recordó las viñetas que dibujaba de niño cuando no sabía nada del campo. A partir de ese momento pintó cuadros de gran tamaño con escenas de vendimia, cosechas y trabajos en el campo que le aportaron aún mayor fama.

Vendimia en el Valle de Napa

También sentía una profunda atracción por la Toscana, región que descubrió en varios viajes después de casarse con Janet. Un día plasmó una casa de campo imaginaria de la Toscana en un cuadro, y la pareja convirtió su sueño en realidad al construir la casa en el Valle de Napa, cerca del estudio, en 2001.

En su estudio de Napa

Lowell Herrero decía que parte de su éxito se debía a que distorsionaba la figura humana, que lo exageraba todo, que aplanaba los paisajes, dejándolos sin relieve. Pero que, al contrario de los auténticos artistas naífs, él controlada lo que hacía porque había estudiado.

Gato estantería

Reconocía que los pintores que más le habían influido eran Picasso, Matisse, Seurat y Van Gogh, aunque su estilo no tenía nada que ver con el de ellos. Su uso de la distorsión, del puntillismo en algunas obras y una aparente ingenuidad le convirtieron en un artista difícil de encasillar. No tenía miedo al “merchandising”. No solo ilustró calendarios, sino que sus gatos y vacas decoran hasta la saciedad tazas, platos y otros objetos. Eso sí, en el reverso de cada plato se especifica que son de decoración y no para uso práctico.

Gato gordo

Gato ventana

Algo en sus cuadros nos hace pensar que debió ser un hombre con sentido del humor,  amable y amante de los animales. Sus mejores amigos se metían con él llamándole “La leyenda en vida” (por la fama que le dieron los calendarios) o también “El Sr. Maravillas”, pero el diminutivo más habitual era “Hache”.

Gato joven

Gato Lord Buffington

Nunca dejó de pintar hasta que falleció el 28 de noviembre de 2015 a la edad de 94 años. Él mismo decía: “Me entusiasma pintar. Me encanta el arte. Nunca me jubilaré. Cuando me vaya, quiero que sea delante del caballete, pintando. Mientas pinto, soy el hombre más feliz de todo el Valle de Napa”.

Nunca rompemos nada


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El gato caracal

Sudáfrica

El caracal es un gato salvaje de tamaño mediano que habita en África, Oriente Próximo, Oriente Medio, Asia Central y parte de India. Tiene las patas largas y fuertes, cara corta, orejas desmesuradas acabadas en mechones y caninos muy pronunciados. El pelo es rojizo a excepción de la tripa, mucho más clara con marcas también rojizas. Un adulto macho suele medir entre 40 y 50 centímetros de altura desde el hombro al suelo, entre 105 y 120 centímetros de largo (sin contar el rabo), y puede llegar a pesar hasta 20 kilos.

Parque Nacional de Etosha, Namibia

El naturalista alemán Johann Christian Daniel von Schreber lo describió por primera vez con detalles científicos en 1776 después de capturar uno en Montaña de la Mesa, cerca de Ciudad del Cabo. El británico John Edward Gray introdujo el nombre “caracal” en 1843. La palabra viene del turco “kara kulak”, que significa “oreja negra”.

Johann Christian Daniel von Schreber (1776)

1834

El caracal, también conocido como “lince del desierto” (aunque no tiene nada que ver con el lince), fue declarado especie bajo preocupación menor por la IUCN en 2002 al ser relativamente común, aunque se le considera amenazado en Sudáfrica y escasea en Asia Central e India. Se le clasificó como lynx y felis en el pasado, pero las pruebas moleculares demuestran que pertenece a un género monofilético muy cercano al serval y al gato dorado africano.

Parque Nacional Jebel Hafeet, Abu Dabi

Dependiendo de la zona, el apareamiento ocurre todo el año, aunque en el Sahara tiene lugar especialmente en invierno. El celo dura unos cinco o seis días y las hembras pueden copular con varios machos empezando siempre por el más fuerte. También se ha podido observar que algunos machos permanecen con la hembra durante el celo para impedir que otros se acerquen.

Caracal comiendo

La gestación dura de 69 a 81 días, y nacen entre una y seis crías que pesan de 200 a 250 gramos. Las hembras dan a luz en grutas, agujeros en los árboles e incluso madrigueras. Las crías abren los ojos al cabo de unos seis días y empiezan a salir alrededor del mes, pero no dejan de mamar hasta cumplir diez semanas. Los caninos salen alrededor de los cuatro o cinco meses y los demás dientes, en los siguientes seis meses. Las crías se quedan con la madre hasta el año, cuando alcanzan la madurez sexual.

Crías de caracal jugando

El hábitat del caracal es muy diverso, desde zonas semidesérticas, pasando por la sabana y áreas de matorrales, hasta bosques húmedos y de montaña, como ocurre en Sudáfrica. También viven en las zonas montañosas del Sahara y de la península arábiga, sin adentrarse mucho en los desiertos de arena.

Hembra de caracal enfrentándose a un león

Al norte, el mar Caspio, la meseta de Ustyurt y el mar de Aral limitan el territorio del caracal, y al este apenas sobrepasa el río Amu Daria, la frontera natural entre Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Más al sureste se encuentran en Irán, Baluchistán (Pakistán), el Punyab y el centro de India hasta Uttar Pradesh. Resumiendo, hay caracales desde Sudáfrica a la India.

Parque transfronterizo Kgalagadi, desierto del Kalahari

La mayor amenaza a la que se enfrentan es la destrucción de su hábitat debido a la agricultura y a la desertificación, sobre todo en el centro, oeste, norte y noreste de África, donde cada vez hay menos. Lo mismo pasa en Asia. Además, los caracales a menudo se alimentan de pequeños animales de granja, por lo que se les mata.

Samburu, Kenia

Son animales nocturnos, tímidos, difíciles de observar, territoriales, que viven en pareja o solos. Se alimentan de pequeños mamíferos, pájaros y roedores. Son capaces de dar saltos de cuatro metros y cazar a un pájaro en el aire. Se acercan silenciosamente a las presas hasta una distancia de cinco metros antes de lanzarse a gran velocidad. Su esperanza de vida es de unos doce años en libertad y de dieciséis en cautividad.

Caracal saltando (Foto de Nedko P. Nedkov)

Al observar fotos de los caracales, nos sorprendió su parecido con el felino del Papiro de Hunefer, una versión del Libro de los Muertos egipcio realizada hacia 1300 a.n.e., ahora en el Museo Británico, que simboliza al Dios Sol en forma de gato cortando la cabeza a la serpiente, y con otra representación egipcia de un gato guiando a seis gansos fechada en 1120 a.n.e. Por el color del pelo, los dos se asemejan más al serval, pero las orejas corresponden al caracal. Se han descubierto caracales embalsamados y se cree que guardaban las tumbas de algunos faraones.

Papiro de Hunefer (detalle) 1300 a.n.e.

1120 a.n.e

En los siglos XIII y XIV, los emperadores chinos de la dinastía Yuán compraban habitualmente caracales y otros felinos a los mercaderes musulmanes y todo indica que la dinastía Ming siguió con la práctica. Hasta principios del siglo pasado, los gobernantes indios los usaban para la caza menor. También se colocaba a varios caracales entre palomas en un lugar cerrado y se apostaba por el gato que más pájaros mataría.

Desde siempre el hombre ha sentido la necesidad de domesticar a los animales salvajes privándoles de su libertad. En 1998, por ejemplo, al zoológico de Moscú se le ocurrió cruzar un caracal con un gato salvaje, en nuestra opinión una auténtica aberración. Pero así se crean nuevas especies “domésticas” criadas para su venta, como ocurre con el Savannah, fruto del cruce entre un serval y un gato doméstico.

Ser el dueño de un animal salvaje parece simbolizar poder, pero en realidad solo demuestra una falta de respeto absoluta hacia el animal, al que se obliga a vivir en un hábitat totalmente ajeno sin la compañía de los suyos. Es egoísmo puro y simple.

Los félidos como el caracal y el serval, por su elegancia, su pequeño tamaño y su menor agresividad, son los objetivos predilectos de estas personas. Al buscar en Internet “gato caracal en venta”, en inglés o en español, aparecen ocho enlaces solo en la primera página ofreciendo crías por 1.200 a 2.500 dólares USA. Todos los criadores especifican que son animales “legales” y que tienden a comportarse como gatos domésticos.

Pero basta con ver a un caracal con la boca abierta para saber que no es un animal doméstico y que no se merece que le conviertan en una posesión o un juguete más. No entendemos cómo los gobiernos no prohíben estas prácticas vergonzosas.