Gatos y Respeto

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Gatos, Mendocino, California y Fran Moyer

Dos gatos negros (1980)

La artista Fran Moyer tenía una amiga llamada Margaret Reynolds que contaba lo siguiente: “Fran y yo nos hicimos amigas en 1938, cuando estudiábamos en el Instituto de Artes Manuales de Los Ángeles. Once años después, en 1949, yo vivía en un minúsculo apartamento de San Francisco. Fran estudiaba en la Universidad de las Artes de California, en Oakland. Me escribió diciendo que me faltaba un gato y que me había encontrado uno. Le contesté que no podía cuidar de un gato y que, además, tenía pirañas en el lavabo. A los pocos días apareció con el Tomcat (Gato macho), al que veo desde donde estoy”. (Boston 2008)

El Tomcat

Cuando Margaret escribió esto, Fran Moyer hacía un año que había fallecido. El Tomcat es la primera obra conocida de una artista que se dedicó sobre todo a la escultura pero que, curiosamente, nunca volvió a esculpir un gato. Ahora bien, compensó esa ausencia con decenas de pasteles dedicados a todos los felinos que conocía, callejeros, de sus amigos, los suyos propios.

A la luz de la luna (1989)

Fran Moyer nació en 1922 y siempre se sintió atraída por la escultura. Durante la II Guerra Mundial se alistó en el Cuerpo Femenino del Ejército de EE UU (WAC) y fue mecánica en una base aérea, lo que le permitió volver a la universidad gracias a un préstamo del Gobierno a muy bajo interés. En 1952 terminó los estudios de posgrado en Escultura en el California College of the Arts, donde después dio clases.

Autorretrato (1980)

La artista se centró en la escultura litúrgica a principios de los cincuenta trabajando la piedra, el cemento, la madera y el acero. Las 14 estaciones que componen su Vía Crucis, realizadas en acero, fueron galardonadas con diversos premios. En los años siguientes participó en numerosas exposiciones colectivas en el Museo M.H. de Young de San Francisco y el Museo Metropolitano de Nueva York, entre otros, y en solitario en el Museo de Arte de Oakland.

Gatos victorianos (1989)

A finales de esa década, el matrimonio Crotty, que tenía una casa en Mendocino, le hizo conocer la costa de la zona, y este pueblo no tardó en convertirse en el hogar de Fran Moyer. Empezó a dar clases en el Centro de Arte de Mendocino, creado por Bill Zacha. A partir de ese momento, el estilo de sus esculturas cambió y se hizo más travieso, más irónico, dos cualidades que caracterizaron todas las acuarelas de pequeño formato con las que se hizo famosa por segunda vez.

El tricolor de Mendocino (1987)

A partir de 1980 – transcurridos más de 30 años desde el Tomcat – Fran Moyer empezó a pintar gatos. ¿Por qué dedicó de pronto tantas acuarelas a gatos? Los suyos, Charlie (el de fuera) y el negro Buster (el de dentro) no aparecen hasta finales de la década de los noventa, como ocurre con Madge y Kate. Casi nos atrevemos a pensar que otra residente en Mendocino, Dorr Bothwell (https://gatosyrespeto.org/2018/08/23/gatos-y-la-pintora-californiana-dorr-bothwell/), influyó en ella, nunca se sabe…

Buster y Charlie (1996)

Kate y Charlie (1996)

Buster en el jardín (1997)

Madge en el jardín (1997)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero el primer cuadro con un gato es de 1979, un retrato de una mujer llamada Sandra Hawthorne con gatos callejeros. Sandra tiene un gato alrededor de los hombros, otro en los brazos y un tercero en el bolsillo de la blusa. Además, hay varios retratos de gatos en la pared.

Sandra Hawthorne y los callejeros (1979)

Los gatos de Fran Moyer demuestran que los conocía bien y los observaba. Son alegres, cómicos en ocasiones, pero siempre se comportan como auténticos felinos. También se nota que la pintora los quería y estamos seguros de que siempre tuvo, pero no había llegado el momento de retratarlos antes del año 80, cuando creó toda una serie de dibujos con todo tipo de gatos, incluso una mujer desnuda bailando con ellos.

Si nos fijamos en la composición realizada en 1995 donde tres gatos intentan caber en una alfombra verde, veremos que el del centro ha ocupado el mejor sitio; el de más abajo no cabe, tiene la mitad del cuerpo fuera, y el de más arriba está sentado, intentando hacerse un hueco. Todos los que tenemos varios gatos (tres o más) sabemos que esto ocurre habitualmente si hay un sitio favorito.

Gatos en alfombra (1995)

Ese mismo año, 1980, el 2 de octubre para ser exactos, el periódico The Mendocino Beacon publicó un artículo firmado por Hilda Pertha acerca de los gatos de Fran Moyer. Incluimos algunos párrafos traducidos con cierta libertad:

Exposición en la Galería Cielo (1980)

“Cuando una artista habitualmente seria adopta un estilo más ligero, aparece algo inesperado, y esto es lo que ha pasado cuando Fran Moyer ha empezado a fijarse en los gatos”.

En la cuerda floja (1980)

“Su amor por los felinos abarca la alegría y el humor, así como todos los cambios que ha observado en estas misteriosas criaturas. Los medios usados son claros y concisos: tinta y pintura en papel de tamaño medio, incluso pequeño, pero que puede dar la sensación de ser colosal”.

Los gatos de Fran Moyer (1995)

“Las formas siempre son convincentes, esté el gato estirado, descansando o muy activo. Cada uno es totalmente diferente de los otros y es mucho más que un mero cuadro de gatos. Sus dibujos van más allá del concepto felino habitual explotado por tantos artistas”.

Preguntas (1995)

En los años setenta, Fran Moyer también escribió un libro de cuentos infantiles protagonizados por la irascible Honey Glumm (Miel Taciturna) en los setentas. Tenemos la impresión de que, a pesar de ser una artista muy seria, debía tener un gran sentido del humor y unas enormes ganas de vivir.

Reflejo acuático (1985)

Durante la retrospectiva que le dedicaron en 2002, en su octogésimo cumpleaños, dijo: “Antes tenía mucho que decir acerca del arte, tenía ideas, teorías, todas esas cosas, pero ahora mis reflexiones parecen haberse hundido bajo la superficie de un oscuro estanque interior. Lo que no ha desaparecido es el deleite en los elementos del arte: el Color, con todas sus tensiones y entusiasmos, y la Forma, las formas naturales en el mundo real, y las formas no naturales, esas que los artistas mueven en el lienzo, sacan de la madera o de la piedra, construyen con materiales diversos o moldean en el barro”.

Fran Moyer en 2002

Un aluvión de gatos (1980)

“No hay nada como la naturaleza en cuanto a la Forma y el Color, pero si tienes un buen día, no hay nada más agradable que estirar, cortar, formar o moldear la materia para que acabe casi en el sitio deseado”.

El regalo (1987)

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Gatos y un fotógrafo llamado Edouard Boubat

“Cierre los ojos, imagine a un gato. Imagine una presencia negra y suave, una cualidad silenciosa, astuta, somnolienta. Y en esta presencia que finge dormir, ponga ahora dos ojos, ojos claros, puros, límpidos. Ojos de ángel, si prefiere. Los ángeles son tan traviesos como los gatos, y como ellos, se pasan mucho tiempo durmiendo”.

Nueva York, 1983

“¿Ya lo tiene? Un gato negro aterciopelado con ojos de ángel. Bien. Sigamos. Ahora, dé uno o dos pasos hacia atrás. Tres o cuatro metros sería perfecto. No mire al gato. No se fije en los bigotes del ángel. Los dos – el gato y el ángel – no deben sospechar nada. Y ahora, con gesto rápido, abra la ventana y deje que entre…”

Edouard Boubat (1988)

“Una vez abierta, todo llega. Y en ese todo hay jóvenes brasileñas, muñecos de nieve sin domicilio fijo, niños parisinos y chinos, gallinas del Nepal y de la Corrèze, sombreros, panes de pueblo, chaparrones, luces”.

Gato – Partituras (1982)

“Ahora, los dos se van, el gato y el ángel. Llevan una pequeña maleta negra de cartón. En la maleta, una etiqueta: ‘Edouard Boubat, siempre invisible’. En la maleta, una cámara. Ya está. Abra los ojos. Todos se han ido. Solo quedan las imágenes”.

Autorretrato

El texto anterior es la traducción de parte de la presentación escrita por el autor francés Christian Bobin para la exposición de fotos de Edouard Boubat en la galería del teatro LARC en abril de 1986. Es la única ocasión en que se asocia al fotógrafo con un gato mediante la palabra.

Violette (años sesenta)

Es posible que la fotografía con gatos más conocida de Boubat sea “Gatos en un tejado de París”; sin embargo, es mucho menos famosa la otra de un gato mirando a los que están siendo fotografiados en un tejado de París. Ambas son de 1947.

Gatos en un tejado de París (1947)

1947

Edouard Boubat fotografió el mundo entero, primero España e Italia en los años cincuenta, y a partir de los años setenta recorrió Irán, Siria, India, Japón, Rumanía, Perú y Brasil, pero se le recuerda sobre todo por las fotos de mujeres o de París. Las imágenes que trajo de estos países, en muchos casos, no tienen par. Su cámara plasmaba lugares, pueblos, personas y animales.

Desnudo con gato

Nació en 1923 en el muy parisino barrio de Montmartre. Al igual que otro famoso fotógrafo, Robert Doisneau (https://gatosyrespeto.org/2017/03/09/gatos-de-paris-y-robert-doisneau/), empezó trabajando en una imprenta, mientras estudiaba fotograbado en la escuela Estienne de 1938 a 1942, hasta que fue obligado a ir a Alemania – como otros cien mil franceses – y pasó dos años en un campo de trabajo. No se inició en la fotografía hasta su regresó a París, después de la guerra, mientras trabajaba en una fábrica. Una de sus primeras fotos, “La niña con hojas caídas”, ganó el premio Kodak en 1947.

Nueva York, 1989

Su primera exposición fue en la Galería Hune de París, con Brassaï, Doisneau, Faccetti e Izis (todos amantes de los gatos). Allí conoció a Jimy Gilou, el director artístico de la revista “Réalités”, para la que trabajó hasta 1970, año en que decidió pasar a ser fotógrafo independiente. Como hemos dicho antes, viajó muchísimo durante su vida, pero nunca quiso fotografiar conflictos o guerras, por lo que el poeta Jacques Prévert dijo una vez: “Aun en las tierras más lejanas, Boubat busca y encuentra oasis. Es el corresponsal de la paz”.

Escalera

También es conocido por sus retratos de personalidades de cualquier ámbito como Claude Levi-Strauss, Ingmar Bergman, Rudolf Nureyev, Robert Doisneau, Jean Genet, Marguerite Yourcenar, Harold Pinter, Eugène Ionesco, Juliette Binoche, Simon Hantai e Isabelle Huppert, a la que vemos con un gato.

Isabelle Huppert (1985)

Puede que nos equivoquemos, pero nos da la impresión de que el gato fotografiado con la actriz es el mismo que el fotógrafo tiene en su regazo en la foto de Marc Gantier, o en sus hombros en 1988, y también es el de la partitura e incluso el gato pensativo en la mesita, sentado al lado de la cámara. El gato sin nombre del fotógrafo.

Fotografía de Marc Gantier (1988)

Paquebote

Y está el autorretrato con un/a gato/a de largo pelo blanco, y con otro, también blanco, en Nueva York en 1989. Creo que no cabe duda de que a Edouard Boubat le gustaban los gatos, aunque no los retratara tan a menudo como Doisneau u otros fotógrafos.

En 1980, para el catálogo de la exposición de Boubat en el Museo de Arte Moderno, Marguerite Duras escribió: “Si nuestros ojos mirasen como mira la fotografía de Boubat, ¿podrían aguantarlo? (…) Cuando Edouard Boubat capta la singularidad ineludible de un rostro, parece que siempre ocurre en el momento más inesperado, ese momento en que el rostro deja su identidad para perderse en lo que existe a su alrededor, cerca o lejos. En otra parte o al lado.

El gato de Wendy Worth

Edouard Boubat creía que la verdad de la fotografía no se parecía en nada al cine, a la escritura o a la pintura. Pero que eso debían descubrirlo los demás, no los fotógrafos.

Gato – Pinball

Las fotografías de Boubat captaban la vida en el momento, y para él, la fotografía equivalía a una serie de encuentros que siempre le dejaban maravillado y alegre. Posiblemente rehuyó siempre retratar el horror porque, como él mismo dijo, refiriéndose a los dos años que pasó en un campo de trabajo en Alemania: “Vimos los crímenes nazis, vi el horror”.

Invitación a retrospectiva

Falleció de leucemia a los 75 años el 30 de junio de 1999 en París, la ciudad que le vio nacer y que tantas veces fotografió.


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Gatos, móviles y stábiles de Alexander Calder

1966

El escultor Alexander Calder probablemente sea conocido sobre todo por sus móviles y gigantes estatuas que adornan numerosas plazas y jardines en ciudades de todo el mundo. Nacido el 22 de julio de 1898 a las afueras de Filadelfia, era hijo y nieto de dos conocidos escultores y su madre era pintora. Su abuelo es el autor de la escultura de diez metros de altura que corona el Ayuntamiento de Filadelfia.

1925

Pasó parte de la adolescencia en California debido a que su padre fue nombrado en 1913 director del Departamento de Escultura para la Exposición Universal de San Francisco, celebrada en 1915. Se decantó por la ingeniería y estudió en el Instituto Stevens de Tecnología en Hoboken, Nueva Jersey, donde obtuvo la mejor nota en Geometría de la historia de la universidad. Se licenció como Ingeniero Mecánico en junio de 1919. En el anuario, sus compañeros dijeron de él: “Sandy siempre es feliz, siempre está a punto de gastar una broma, y su rostro siempre está iluminado con una sonrisa traviesa”.

1930

Alexander Calder, foto de Agnès Varda (1953)

Al cabo de tres años de ocupar los puestos más diversos, como el de mecánico en un barco que zarpó de Nueva York para llegar a Seattle, decidió estudiar Pintura en la Arts Students League de Nueva York. Para sobrevivir, trabajó como ilustrador deportivo en la National Police Gazette, lo que le procuraba una entrada libre al zoológico y a los circos. En 1926 expuso por primera vez una serie de cuadros al óleo en la Artists’ Gallery y zarpó para Europa como jornalero en un carguero británico.

1925

En París, alquiló una minúscula habitación en la calle Daguerre y empezó a construir sus primeros animales articulados. Al poco de llegar, un vendedor serbio de juguetes le sugirió hacer juguetes mecánicos. También fue en esa época cuando empezó a fabricar “Le cirque Wilder”, un circo en miniatura hecho de alambre, trapo, cuerda, corcho y otros materiales reciclados (aunque en la época, esta palabra no se usaba). Diseñado para ser transportable (aunque acabó llenando cinco maletas de gran tamaño), el circo viajó a ambas orillas del Atlántico y no tardó en ser uno de los favoritos de la vanguardia parisina.

Dos gatos y un elefante

Gato lámpara

Después de visitar el estudio del pintor vanguardista neerlandés Piet Mondrian, se lanzó de lleno a la fabricación de esculturas cinéticas que se movían mediante engranajes y motores. En 1931, Marcel Duchamp acuñó el término “mobiles” (móviles) para describir las esculturas de Calder, compuesta de delicadas piezas movidas por motores. Un año después, cansado de los movimientos siempre idénticos de sus móviles, ideó las esculturas aéreas movidas únicamente por el viento que tanta fama le darían.

Gato serpiente

Sin título (1966)

En oposición a los móviles, experimentó con esculturas abstractas y estáticas a las que Jean Arp describió como “stábiles”. Entre 1935 y 1936 produjo una serie de esculturas de madera entre las que hay dos gatos.

Sandy Calder (como le llamaban todos) iba y venía entre Francia, Berlín y Estados Unidos ejerciendo como director de circo en miniatura, escultor y joyero. Estaba muy ocupado, pero sus ingresos dejaban que desear. En uno de los viajes trasatlánticos conoció a Louisa Cushing James, bisnieta del escritor Henry James y del filósofo William James. Se enamoraron inmediatamente y se casaron en 1931. Dos años después regresaron a Estados Unidos, donde compraron una vieja granja en Connecticut. Tuvieron a Sandra, su primera hija, en 1935, y a Mary en 1939.  Calder expuso sus obras en la galería Pierre Matisse de Nueva York en 1934.

Louisa Calder, foto de Man Ray (1931)

Gato y ratones

Ya en 1939, cuando el Museo de Arte Moderno se trasladó a la calle 53, le encargó a Calder un  móvil de gran tamaño para la caja de las escaleras. Cuatro años después, este mismo museo organizó una gran exposición de las obras del artista, y el famoso marchante Curt Valentin se convirtió en su representante. En 1945, Calder realizó una serie de móviles que cabían en un sobre y Marcel Duchamp le sugirió que regresara a París con estas obras. Su primera exposición después de la guerra tuvo lugar en octubre de 1946 en la galería Louis Carré de París. Jean-Paul Sartre escribió el prefacio del catálogo y Henri Matisse estuvo entre los primeros en visitarla.

Para Mary Reynolds, que adora a los gatos (1955)

Mary Reynolds con sus gatos

En los años siguientes viajó a Brasil, Finlandia, Inglaterra, Suecia y Alemania. Realizó un innovador techo acústico para la Ciudad Universitaria de Caracas y ganó el primer premio de la Biennale de Venecia en 1952.

Gato y pájaro

Un año después, Louisa y Sandie viajaron a Saché, cerca de Tours, en el centro de Francia y compraron una vieja casa en la orilla del río Indre. Era casi una ruina, pero se convirtió en su hogar permanente con la granja de Connecticut. A pesar de la enorme fama de Calder, los encargos no empezaron a llegar hasta 1958 con la Exposición Universal de Bruselas. Ese mismo año ganó el premio Internacional Carnegie en Pittsburgh y en 1960 por fin pudo decir: “Tengo la agradable sensación de haber alcanzado una estabilidad económica que me permite diseñar lo que quiero”.

Museo de Arte Contemporáneo de Chicago

El 2 de enero de 1966, Louisa y él contrataron una página completa en el diario New York Times para publicar una felicitación de año nuevo contra la guerra de Vietnam con el texto siguiente: “Un nuevo año – un nuevo mundo –. La esperanza por el fin de la hipocresía, la arrogancia, el egoísmo, la tergiversación y el miedo, sea donde sea. Con mucho respeto por aquellos que ponen en entredicho la brutalidad y defienden un mundo más civilizado. La única esperanza reside en los seres humanos que piensan – La razón no es traición”.

Felicitación antibelicista 2 de enero de 1966

A pesar de no haber encontrado fotos del artista ni de su mujer con gatos, estamos convencidos de que le gustaban. Alexander Calder falleció de un infarto a los 78 años el 11 de noviembre de 1976 en casa de su hija Mary Calder Rower. Un mes antes había inaugurado una exposición en el Museo Whitney de Nueva York.

El flamenco, Torre Willis, Chicago (1973)


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Gatos, Bloomsbury y Charleston

Duncan Grant (1938)

El círculo de Bloomsbury nació más o menos cuando Vanessa Bell, entonces Vanessa Stephen, vendió la casa de sus padres en Hyde Park y se trasladó con sus dos hermanos Thoby y Adrian, y su hermana Virginia – que aún no llevaba el apellido Woolf -, al barrio de Bloomsbury, una zona más bohemia y menos cara. Vanessa, al igual que su hermana pequeña – se llevaban tres años -, había estudiado idiomas, matemáticas e historia en casa, pero sus padres habían aceptado que tomara clases de dibujo fuera del hogar.

Vanessa Bell

Ya en la casa de Bloomsbury, cuando tenía 25 años, Vanessa creó en 1904 el “Club de los viernes”, el origen del Círculo de Bloomsbury. Entre sus miembros estaban Leonard Woolf, que se casaría con Virginia en 1912, Roger Fry y Duncan Grant.

Opussyquinusque (Duncan Grant)

Vanessa se casó con Clive Bell, un conocido crítico de arte, y tuvieron dos hijos, Julian (nuerto a los 29 años en la Guerra Civil española) y Quentin. El matrimonio abierto que formaban dio pie a unas relaciones poco convencionales que hasta hoy en día pueden parecer sorprendentes. Vanessa tuvo amantes, otro crítico de arte y el pintor Duncan Grant, con quien tuvo una hija, Angelica, a la que Clive Bell crió como propia.

Para Vanessa Bell, de Duncan Grant

Los miembros del Círculo de Bloomsbury, intelectuales de buena familia, en su mayoría antimilitaristas, incluso pacifistas, reaccionaban contra la encorsetada moral de la era victoriana y eran decididamente sufragistas, sobre todo Virginia Woolf.

Sappho y Pluto, los gatos de Virginia Woolf

Sappho, 1947, foto de Virginia Woolf

En 1916, Vanessa, Clive y sus dos hijos, Julian y Quentin, que contaban con ocho y seis años respectivamente, así como Duncan Grant y su amigo y amante David Garnett, se mudaron a la granja Charleston, en el condado de Sussex, acompañados por el perro Henry. Lo hicieron aconsejados por Virginia Woolf,  sobre todo porque Duncan y David eran objetores de conciencia y debían encontrar trabajo de “importancia nacional” si no querían acabar en la cárcel. Efectivamente, trabajaron durante los dos años siguientes en una granja vecina.

Granja Charleston

La granja no tardó en convertirse en un punto de encuentro para todos los amigos que formaban el grupo de Bloomsbury. Refiriéndose a esa época, Vanessa Bell escribió: “Hablábamos de todo; cualquiera podía decir lo que quisiera acerca de arte, sexo o religión”.

Salón de la granja Charleston

Al parecer, siempre había gatos en la granja, y se sabe que uno se llamaba Marco Polo. Desde luego, Duncan y Vanessa pintaron a varios, sobre todo él. Se conserva un portafolio de Duncan lleno de dibujos de gatos dedicado a Vanessa. Hemos encontrado una foto suya sentado delante de la granja con dos niñas, Judith y su hija Angelica, muy interesadas en el gatito que el pintor tiene en el regazo.

Duncan Grant, Judith Stephen y Angelica Bell con un gatito en Charleston.

El matrimonio Bell ya no era tal cuando se trasladaron a Charleston, pero nunca se separaron oficialmente. Clive tuvo un sinfín de aventuras con otras mujeres y Vanessa se enamoró de Duncan Grant, a pesar de que él era homosexual. La hija de ambos, que nació en la granja en 1918, no supo hasta años después, poco antes de su boda, que Duncan Grant era su padre biológico.

Sam, el gato de Charleston (Duncan Grant)

También es curioso que Clive Bell quizá fuera el miembro menos querido del grupo de Bloomsbury. Se le reprochaba ser un esnob, un ricachón hedonista, racista y antisemita que había pasado de ser un socialista liberal a un auténtico reaccionario.

Vanessa Bell  fue una celebrada pintora en su época. Expuso en Londres y en París, donde se la aplaudió por su innovador estilo. Rechazó de lleno la pintura narrativa victoriana así como el ideal femenino de la época. Diseñó varias cubiertas para la editorial de su hermana y su cuñado, la Hogarth Press.

Vanessa Bell

Un gato de Charleston (Duncan Grant)

En 1932, el historiador británico Kenneth Clark encargó una vajilla a Vanessa Bell y a Duncan Clark. Ambos artistas, en honor a Jane Clark, la esposa del barón, diseñaron una vajilla compuesta por cincuenta platos, cada uno con el retrato de un personaje histórico femenino. Adquirida posteriormente por un coleccionista, desapareció hasta el año 2017 y fue expuesta en su totalidad en Londres en 2018.

Vanessa Bell (años 30)

Incluimos aquí el retrato de Amaryllis con un gato pintado por Vanessa Bell alrededor de 1958. Amaryllis era la mayor de las cuatro hijas de Angelica Bell y de David  Garnett (que había sido amante de Duncan), y por lo tanto, nieta de Vanessa y de este último.

Amaryllis con gato (Vanessa Bell)

La amistad entre Vanessa y Duncan continuó hasta la muerte de la pintora en 1961, a los 81 años, y nunca se separaron. Durante los últimos años de vida de Duncan, otro amante, el poeta Paul Roche, al que conocía desde el año 1946, convivió con él en Charleston ayudándole a mantener el estilo de vida al que estaba acostumbrado. La relación entre ambos también fue muy fuerte y duró incluso después del matrimonio del poeta y del nacimiento de sus cinco hijos. Duncan falleció en la casa de Roche en 1978 a los 93 años.

Litografía de Duncan Grant

Está enterrado al lado de Vanessa Bell en el cementerio de la Iglesia de Saint Peter, en West Firle, muy cerca de la granja Charleston donde pasaron tantos años juntos.


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Los gatos de Joan Miró

Gato saltando

Joan Miró i Ferrá está considerado uno de los mayores exponentes del surrealismo. Su legado es enorme e incluye pinturas, litografías, cerámicas, murales y esculturas. Entre sus numerosas obras, hemos encontrado once con gatos; en realidad, muy pocas si tomamos en cuenta su gran producción. Posiblemente, el primer gato que pintó fue el que acompaña a Adelaida Castellnou, la “masovera” de la masía que tenía su familia en Mont-roig del Camp. El gato, como buen gato, está sentado delante de la estufa y mira al pintor. Tiempo después de haberlo terminado, Miró dijo: “Cuando pinte “La masovera” pensé que el gato era demasiado grande, desequilibraba el cuadro. Por eso hay dos círculos y las dos líneas en primer término. Pueden parecer simbólicos, esotéricos, pero no son un capricho. Los pinté para aportar equilibrio al cuadro”.

La masovera (1922)

La masovera (detalle)

Nacido el 20 de abril de 1893, el pintor era hijo de Miquel Miró, dueño de un taller de orfebrería y relojería en una callejuela cercana a la plaza Real de Barcelona, y de la mallorquina Dolors Ferrá. Estudió dibujo en el Círculo Artístico de Sant Lluc y expuso por primera vez en las Galerías Dalmau en 1918 sin el menor éxito. Se trasladó a París dos años después, pero siguió regresando a Cataluña y Mallorca cada verano.

Joan Miró en 1916

Se unió a los surrealistas en 1924 y un año más tarde pintó uno de sus cuadros más famosos, “El Carnaval de Arlequín”, donde aparecen dos gatos jugando con un ovillo de lana en la parte inferior derecha. Poco tienen que ver estos dos gatos juguetones con el gato serio que acompaña a la masovera. La obra fue realizada durante momentos muy difíciles para el artista, que incluso llegó a decir: “Intenté plasmar las alucinaciones que me producía el hambre que pasaba. No es que pintara lo que veía en sueños, como decían entonces Breton y los suyos, sino que el hambre me provocaba una manera de tránsito parecido al que experimentaban los orientales”. En 1938 escribió acerca de este cuadro: “En la madeja de hilo deshecha por los gatos vestidos de arlequines ahumados retorciéndose y apuñalando mis entrañas…”

El Carnaval de Arlequín

El Carnaval de Arlequín (detalle)

Las diferencias entre el grupo de los surrealistas se hicieron más patente entre 1928 y 1930. Joan Miró optó por dejar la política de lado y luchar a través de la pintura. En los años siguientes se dedicó al collage recortando formas imprecisas y, sin pegarlas completamente al soporte, enlazándolas mediante grafismos. Estas formas le abrirían la puerta a la escultura.

El gatito en el claro de luna

En 1930 expuso esculturas-objetos en la galería Pierre y tuvo su primera exposición individual en Nueva York. El bailarín y coreógrafo Léonide Massine le pidió que se encargara de los decorados y vestuario del famoso ballet “Jeux d’enfants” y Miró se desplazó a Montecarlo a principios de 1932. El hambre ya no le produciría las alucinaciones que le hicieron vestir a dos gatos de arlequines. La obra fue un éxito rotundo y se estrenó en París, Nueva York, Londres y Barcelona.

Mujer con gato

Se casó con Pilar Juncosa en Mallorca el 12 de octubre de 1929 y en julio del año siguiente nació su hija María Dolors. Pierre Matisse, el hijo pequeño del pintor Henri Matisse, abrió una galería de arte en Nueva York que no tardó en influir en el movimiento de arte moderno en Estados Unidos. El galerista siempre admiró la obra de Miró y le introdujo en el mundo de los coleccionistas norteamericanos.

Gato feliz

Se mudó a Barcelona en 1932 aunque viajaba con mucha frecuencia a París. Formó parte de la Asociación Amics del Art Nou, que se esforzaba en promocionar la vanguardia artística catalana. En esta época exponía regularmente en Barcelona, París, Londres, Berlín y Nueva York.

Barbare en la nieve

El estallido de la guerra civil española en 1936 le hizo volver a una pintura más representativa. Realizó el cartel “¡Ayudad a España!” para un sello postal destinado a ayudar al gobierno republicano y pintó una obra de grandes dimensiones para el pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937.  “El segador” alza la hoz como símbolo del pueblo en lucha. Desgraciadamente, la obra desapareció al final de la exposición y solo quedan algunas fotografías.

Joan Miró trabajando en “El segador” (1937)

En 1939, Joan Miró se mudó a Varengeville, en Normandía, y un año después, al entrar las tropas alemanas en París, consiguió volver a España. Durante su estancia en Normandía y a su regreso a Mont-Roig, pintó la famosa serie “Constelaciones”. A finales de los años cuarenta se desplazó con frecuencia a París para producir más de mil ediciones litográficas con su amigo Fernand Mourlot.

El gato (1969)

A partir de los años sesenta, Miró entró en una nueva etapa, en la que se refleja la soltura en la forma de trazar los grafismos con una gran simplicidad, propia de la espontaneidad infantil; en sus telas, los gruesos trazos son realizados con color negro, se ven goteos de pintura y salpicaduras, aludiendo repetidamente a la tierra, el cielo, los pájaros y la mujer con colores primarios.

Gato

Gato

En 1978, el editor Maeght publicó una caja con poemas de André Frénaud y con tres aguafuertes de Joan Miró bajo el título “La emancipación definitiva de la cola del gato”. Los tres grabados de Miró no son de gatos, pero el 15 de agosto de 1980, el pinto escribió una carta al poeta en la que dice: “La cola del gato se inclina cada vez más hacia las constelaciones”.

 

 

 

 

 

 

 

 

La emancipación definitiva de la cola del gato

En 1979 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona. Años antes, en 1954, había sido galardonado con el Premio al Grabado de la Biennale de Venecia, y en 1958 con el Premio Internacional Guggenheim. En 1981, el Ayuntamiento de Palma creó la “Fundación Pilar y Joan Miró a Mallorca” en los cuatro estudios donados por el artista. En octubre de 1918, el Grand Palais de París inauguró la mayor retrospectiva dedicada al artista hasta la fecha con 150 obras.

Foto de Francesc Catalá-Roca (1978)

Miró tenía problemas cardíacos y falleció en su casa de Palma de Mallorca el 25 de diciembre de 1983 a los noventa años. Reposa en el cementerio de Montjuïc en Barcelona.

Maravillas, el gato


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Los gatos negros y el melanismo

Gato negro, cruza mi camino; protege mi techo y mi hogar, y cuando esté lejos de casa, tráeme suerte allá donde esté. (Poema inglés)

Las leyendas acerca de los gatos negros cambian de un país a otro. Dan suerte en el amor a las muchachas de Gran Bretaña. En Yorkshire se creía que tener un gato negro en la casa ayudaría al pescador a volver sano y salvo, y que si un gato negro se instalaba en un barco, solo podía traer buena fortuna. En Escocia, que entre un gato blanco en casa trae mala suerte, pero uno negro, todo lo contrario. No están nada bien vistos en Italia y, en cambio, son muy respetados en Japón.

Bosque de Noruega

Pero ¿de dónde les viene la mala fama? La caza al gato, y particularmente al gato negro, empezó en 1233, cuando el Papa Gregorio IX anunció que el diablo se presentaba ante sus adoradores convertido en gato negro. Durante siglos, hasta entrado el XIX, se quemó y torturó a los gatos, y no solo a los negros. Quizá la naturaleza independiente, nada servil del gato, moleste al ser humano.

Pero hablemos de gatos negros. Algunos expertos en comportamiento animal creen que existe una relación entre el color del pelo y el comportamiento: “Los gatos negros son más sociables en general, tanto con otros gatos como con los seres humanos. Son animales tranquilos y muy buenas mascotas”.

Debemos decir que no estamos totalmente de acuerdo con este último comentario. De los seis gatos negros que hemos tenido, algunos eran muy tranquilos y cariñosos, una era una auténtica fiera, y ahora uno no soporta a los gatos atigrados, se las arregla para hacerles la vida imposible, pero protege y juega con otro gato negro de ocho meses.

La Cat Fanciers’ Association (CFA) (Asociación de entusiastas de los gatos) reconoce veintidós razas con pelo monocolor negro, de los que solo el Bombay es siempre negro. La pigmentación negra monocolor es algo más prevalente en machos que en hembras, y el elevado contenido de melanina hace que la mayoría tengan los ojos amarillos.

El ser humano siempre se ha sentido fascinado por los animales de color negro, quizá porque su color se asocia a la noche, siempre misteriosa y mágica, llena de hadas, brujas y otros seres que solo se dejan ver a la luz de la luna.

El llamativo pelo negro se debe a una producción anormal de melanina, un pigmento de la piel. Si ambos padres son portadores del gen melanístico, la camada puede estar compuesta por gatitos de otros colores y algunos melanísticos. La carencia de este pigmento produce albinismo (https://gatosyrespeto.org/2017/12/14/los-gatos-blancos-y-la-sordera/).

Hay gatos negro carbón, negro grisáceo o negro amarronado. La mayoría de los gatos negros tienen además un gen recesivo que reprime en parte las marcas atigradas, pero otros dibujos muy diluidos pueden aparecer según el tipo de luz, incluso en un gato totalmente monocolor.

Gato humo negro

Los gatos negros con la raíz del pelo blanca suelen llamarse “humo negro”. Algunos también se “oxidan” a la luz del sol, y el pelo se “amarrona”. La eumelanina, el pigmento requerido para producir pelo negro, es bastante frágil, y la oxidación puede ser más pronunciada en gatos que pasan tiempo al sol.

Gato negro con el pelo oxidado

Gato humo negro

Otros famosos felinos melanísticos son los leopardos y jaguares, a los que suele denominarse “panteras negras”. Tener el pelo negro ofrece ciertas ventajas. Los felinos cazan sobre todo de noche y cuanto más oscuros, más difícil será que sus presas les descubran. Y hay más beneficios, aunque sean menos obvios. Se ha determinado que los felinos con melanismo son más resistentes a las infecciones virales, y esto explicaría la presencia de felinos melanísticos en áreas donde el camuflaje negro no ofrece una ventaja especial. El mal afamado gato negro quizá sea más afortunado que sus compañeros más claros.

Panteras

Jaguar

La coloración melanística es un polimorfismo habitual en once de las treinta y siete especies de félidos, alcanzando un elevado número de población en algunos casos, pero nunca llega a fijarse completamente. La pantera negra (o leopardo melánico) es un animal habitual en las selvas tropicales de Malasia y de las vertientes de algunas montañas africanas, como el monte Kenia, y pueden verse servales negros en algunas zonas del este de África. La coloración del yaguarundí, que se encuentra desde México a Argentina, puede pasar del marrón al gris oscuro.

Serval negro

Jaguar

La undécima especie félida de las treinta y siete antes mencionadas es el gato doméstico. En su caso, la monocolaración se debe a un alelo recesivo (ASIP-A2) conocido como no-agutí y solo ocurre cuando existen homocigotos recesivos. El color negro se debe a un alelo B dominante dentro del gen felino primario para el color del pelo (B/b/b1).

Serval con melanismo

Dicho eso, mencionaremos que en Estados Unidos, el Día del Gato Negro es el 17 de agosto, y en el Reino Unido e Irlanda del Norte, el 27 de octubre. Francia adoptó el mismo día que Estados Unidos. En Argentina y varios países latinoamericanos parece que se han inclinado por la fecha otoñal.

Pantera

A modo de anécdota añadiremos que al principio de la televisión, muchos canales con el número 13 escogieron a un gato negro como logo. El color negro se asocia con el anarquismo desde 1880 y este movimiento también adoptó a un gato negro como símbolo, sobre todo el anarcosindicalismo.

Gato anarquista

Y para acabar, parece ser que con el enorme éxito de la película de superhéroes “Black Panther”, estrenada en 2018, mucha gente decidió adoptar a un gato negro y ponerle el nombre de alguno de los personajes. Muchas protectoras, por miedo a que los animales fueran abandonados una vez pasada la moda, pidieron que se rellenaran cuestionarios para asegurarse de las buenas intenciones de los “clientes”.


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El gato Fígaro y el pintor Franco Gentilini

Franco Gentilini nació el 4 de agosto de 1909 en Faenza, una ciudad de la región de Emilia-Romaña, conocida por una cerámica de loza fina que comenzó a fabricarse en el siglo XII. Era hijo de Luigi, un zapatero, y de su segunda esposa, Annunziata Cenni. A los 12 años, además de trabajar como aprendiz en la fábrica de cerámica “Focaccia y Melandri”, se apuntó a clases nocturnas de dibujo y artes plásticas en la escuela T. Minardi. También estudió pintura clásica en la Galería de Arte Municipal.

Ya con 17 años fue ayudante del pintor Mario Ortolani, propietario de una pequeña fábrica de mayólica. Allí tuvo ocasión de ver numerosas reproducciones de pintores impresionistas y cubistas. En esa época pintó numerosos retratos y paisajes del campo que rodea su ciudad natal.

Visitó Roma por primera vez en 1929 y se quedó unas semanas. Ese mismo año, algunas de sus obras se vieron en la Primera Exposición Regional de la Asociación de Artistas de Emilia-Romaña celebrada en Bolonia. Un año después, el jurado de la XVII Bienal de Venecia escogió uno de sus cuadros y viajó a París para conocer de primera mano los lienzos impresionistas. A pesar de empezar a ser un pintor conocido, siguió estudiando cerámica.

Se mudó a Roma definitivamente en 1932, con 23 años, y conoció a numerosos pintores y críticos de arte. Su primera exposición en solitario, compuesta por una serie de cuadros inspirados en el arte italiano anterior al Renacimiento, tuvo lugar en la Galleria di Roma. Su asociación con los miembros de la Escuela Romana no empezó hasta finales de los años treinta. Pintó varios bocetos para frescos que decorarían hospitales y edificios institucionales.

El banquete (1955)

En 1937 realizó su primera exposición en el extranjero, concretamente en el Instituto Carnegie de Pittsburgh. Dos años después se colgaron veinte obras suyas en la Tercera Cuadrienal de Roma con las que ganó un premio en efectivo, y el ministro de Cultura le nombró titular de la cátedra de Dibujo de la Escuela de Arte de Florencia sin concurso previo.

La Segunda Guerra Mundial no afectó su producción; la XXIII Bienal de Venecia le reservó un muro entero en 1942, y había ocho cuadros suyos en la IV Cuatrienal de Roma que se hicieron con un premio en 1943. Un año después nació Orsona, su única hija.

Al poco de acabar la Guerra expuso en El Cairo y Alejandría, y en colectivas en Buenos Aires, Sao Paulo y Santiago de Chile. Ya en 1950 tuvo su primera exposición individual en París, en la galería Rive Gauche, donde además de cuadros había diez dibujos que ilustraban “La metamorfosis”, de Franz Kafka, publicada por el editor Luidi de Luca. Unos años después firmó un contrato con el marchante Carlos Cardazzo, de la galería Cavallino, de Venecia, y Naviglio, de Milán.

El estilo de Franco Gentilini cambió en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los cincuenta, inclinándose por el cubismo. Pintó catedrales y baptisterios geométricos, a malabaristas y otros profesionales itinerantes, paisajes irregulares, mujeres desnudas con tacones de aguja, bicicletas y camiones, gatos y leones. En general, sus composiciones de personajes son estáticas, todos están inmóviles, casi sin expresión. Ninguno de los gatos que dibujó o pintó son como el felino blanco de pelo largo que tiene en brazos en una foto. Al contrario, todos parecen gatos callejeros muy normales, redondos, gordos, bien alimentados.

Franco Gentilini con un gato

Mesa redonda con gato

En 1978 pintó un gato llamado Fígaro que quizá fuera suyo. No hemos encontrado ninguna información al respecto, pero creemos que solo alguien que ama a los gatos puede pintarlos tan plácidos, optimistas y divertidos.

El gato Fígaro

Además de cuadros y objetos de cerámica, también dibujó numerosos decorados para los escenarios e incluso diseñó vestuarios, como por ejemplo, en 1963, para  el drama “Il Filosofo di campagna”, de Carlo Goldoni, con música de Baldassarre Galuppi, obra estrenada en el Teatro della Cometa de Roma. Ese mismo año falleció su esposa en agosto, y su gran amigo, el marchante Carlo Cardazzo, en noviembre.

Plato de cerámica

Franco Gentilini expuso en numerosos países, como Japón, Australia, Estados Unidos o Francia. Sus obras, muy apreciadas por los coleccionistas italianos y estadounidenses, están presentes en importantes museos y renombradas colecciones. Hoy en día se le considera uno de los grandes artistas italianos del siglo XX.

Cena con gato

Realizó su última exposición en enero de 1981, en la galería Totah de Londres. Debía ser elegido presidente de la Academia Nacional de San Luca, pero se vio obligado a rechazar dicho honor por motivos de salud. Falleció el 5 de abril, después de una breve enfermedad, a los 71 años. Su último trabajo, un autorretrato comisionado por la Galería Uffizi, forma parte de la célebre colección permanente iniciada en el siglo XVI.

Mujer y gato (1977)