Gatos y Respeto

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Gatos belgas, artistas y cuentos de Jacques Sternberg

Le Chat: «Qué maravilla»

El gato más famoso de Bélgica quizá sea “Le Chat”, creado por Philippe Geluck, al que dedicamos una entrada hace seis años (https://gatosyrespeto.org/2015/08/01/le-chat-el-gato-de-philippe-geluck/). Nacido en Bruselas, el dibujante no ha dejado de publicar desde los años ochenta decenas de viñetas con “Le Chat” de protagonista, un gato gordo y tranquilo que nos contempla con ojos redondos mientras hace comentarios jocosos y absurdos.

Le Chat: «No quisiera hacer subir la presión publicando la caricatura de un manómetro»
Le Chat en un mural

Y el primer pintor belga que tal vez nos venga a la mente sea René Magritte, el maestro del surrealismo, nacido el 21 de noviembre de 1898 en Lessines y fallecido el 15 de agosto de 1967 en Schaerbeek. Magritte tuvo un gato llamado Raminagrobis, al que retrató en “Gato esperando el tren” en 1946, pero pintó muy pocos cuadros con gatos.

Raminagrobis – Gato esperando el tren (René Magritte, 1946)
La vocación (René Magritte, 1964)

Un pintor de Bruselas, Charles van den Eycken (7 de abril de 1859 – 27 de diciembre de 1923), realizó numerosos lienzos con gatos, gatas y gatitos muy del gusto de su época.

Charles van den Eycken
Charles van den Eycken

Entre los escritores debemos mencionar a Jacques Sternberg, que habló en varias ocasiones de gatos, sobre todo en una selección de 270 cuentos titulada “Contes glacés” (Cuentos helados).

Alain Delaunay (Artista nacido en 1957)
Gato montés belga

Nacido en Amberes el 17 de abril de 1923 y fallecido en París el 11 de octubre de 2006, empezó a escribir a los 19 años y publicó su primera novela en 1953. Con más de 1.500 textos catalogados, algunos le consideran el autor de cuentos más prolijo del siglo XX. Tenía un gran sentido del humor, tal como demostró con estas palabras: “El último superviviente de la raza humana está sentado en un sillón. Llaman a la puerta”.

Cerámica Keralouve (Art Déco)

Ese mismo sentido del humor queda patente en los dos cuentos que traducimos a continuación. El primero explica por qué creó Dios a los seres humanos, y el segundo trata de la resolución de un problema. Por cierto, el humor de “Le Chat” tiene mucho que ver con el de Sternberg.

Chocolate belga

“Al principio, Dios creó al gato a su imagen. Y, claro está, le pareció bien. De hecho, estaba bien. Pero el gato era un vago. No quería hacer nada. Después, al cabo de unos cuantos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con la idea de servir al gato, para ser el esclavo del gato hasta el final de los tiempos.

El cuadro robado (Henk Visch)

Al gato le dio la indolencia y la lucidez; al hombre, la neurosis, el don del bricolaje y la pasión por el trabajo. El hombre se entregó del todo a sus ocupaciones. Al cabo de los siglos, edificó una civilización basada en la invención, la producción y el consumo intensivo. En realidad, esta civilización solo tenía un objetivo secreto: aportar comodidad, techo y comida al gato.

Joachim (artista callejero)
Joachim

Y así fue como el ser humano inventó millones de objetos inútiles, en general absurdos, para producir a la vez los pocos objetos indispensables para el bienestar del gato: el radiador, el cojín, el cuenco, el arenero, el pescador de Bretaña, la alfombra, la moqueta, el cesto de mimbre, y puede que la radio, porque a los gatos les gusta la música. Pero los seres humanos no saben nada de eso. Mejor así. Benditos ellos. Y creen estarlo. Todo va bien en el mejor mundo de los gatos”.

Gato negro (Julian Key, 1984)

Y el segundo cuento dice así: “A menudo nos preguntábamos, y eso desde hacía siglos, en qué pensaban los gatos. Agazapados en el fondo de su soledad, enrollados en su calor, como desplazados a otra dimensión, distantes, despreciativos, parecían pensar, desde luego.

Kurt Peiser (1887-1962)

¿Pero en qué? Los seres humanos se enteraron bastante tarde. No fue hasta el siglo XXI. A principios de ese siglo se empezaron a dar cuenta con cierto asombro de que los gatos habían dejado de maullar. Los gatos se habían callado. Nadie montó un escándalo. Al fin y al cabo, los gatos nunca habían sido muy habladores, y es muy posible que no tuvieran nada que decir en ese momento.

Gato de espaldas (Léon Spilliaert, 1901-02)

Pero más tarde otro hecho saltó a la vista. Un hecho más singular, mucho más singular: los gatos ya no morían. Claro que algunos morían accidentalmente, en general atropellados por un vehículo, o arrancados de pequeños por alguna enfermedad perniciosa. Pero los demás evitaban la muerte, escapaban de ella, como si la fecha fatal ya no existiera para ellos. Mas nadie consiguió nunca resolver el enigma.

Martine Coppens (Artista nacida en 1956)
Martine Coppens

El secreto era sencillo, sin embargo. Los gatos, desde que vivían en la tierra, nunca habían salido de su indolencia innata para realizar, como hacen los seres humanos, mil trucos aprendidos. Siempre habían dejado que los seres humanos se ocuparan de ellos, que les procuraran comida, comodidad y calor artificial. Y ellos, liberados de todo, siempre habían vivido en una suerte de hibernación ideal, perfectamente dosificada, en su punto, preocupados únicamente en concentrarse, mullidamente acurrucados en su bienestar.

Nadia Becker (Artista nacida en 1939)

Los gatos habían tenido mucho tiempo para pensar. Habían pensado mucho. Pero mientras los seres humanos pensaban a tontas y a locas, y más bien en lo superfluo, los gatos solo habían pensado en lo esencial, siempre, sin permitirse ninguna distracción. Sin nunca cansarse, solo habían meditado en torno a un único problema en el transcurso de los siglos. Y de tanto pensarlo, lo habían resuelto”.

Serge Baeken (Artista nacido en 1967)

Hemos escogido diferentes imágenes de gatos para ilustrar esta entrada, todas ellas de gatos y artistas belgas, u obras de gatos que están en Bélgica. Durante el primer confinamiento, parece ser que los memes de gatos abundaron en Bélgica; una página turística aprovechó para fotografiar Bruselas totalmente vacía y añadir imágenes de gatos para realizar un vídeo. Les dejamos un par de fotogramas.


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El gato en los haikus

Fumika Koda

El haiku es un tipo de poesía japonesa. Dicho sucintamente, consiste en un poema breve de diecisiete sílabas en tres versos. Aunque es mucho más complicado que esto, por estar relacionado con el zen, el budismo japonés, y el sintoísmo, aquí nos limitaremos a hablar del gato en los haikus. Hubo un famoso poeta de haikus (dejó escritos más de 20.000) llamado Kobayashi Issa (1763 -1827) que dedicó numerosísimos a los gatos.

Kobayashi Issa

Se le considera uno de los cuatro grandes maestros del haiku en Japón, con Bashō, Buson y Shiki. Que sepamos, todos hablaron de gatos en sus poemas excepto Buson, pero nunca tantas veces como Kobayashi Noboyuki, más conocido por el apodo de “Issa”, que significa “Taza de té”.

Perdió a su madre cuando tenía tres años, su padre volvió a casarse a los cinco años, y dos años después nació su medio hermano. Fue enviado a estudiar a Edo (actual Tokio) a una edad muy temprana. Al fallecer su padre en 1801, su madrastra se quedó con la herencia y tardó varios años en recuperar su parte. No regresó al pueblo donde había nacido hasta cumplir 49 años.

Se casó, pero perdió a tres hijos, siendo todos muy pequeños, y a su mujer al poco tiempo. Su casa ardió y acabó viviendo en su almacén, hoy considerado como “Tesoro nacional” por el Estado japonés. A pesar de la enorme popularidad de sus haikus, siempre vivió con problemas económicos.

Foto de Masayuki Oki

Issa no tuvo reparos en utilizar un lenguaje popular, mordaz e irónico en sus poemas, como por ejemplo en este: El gato amante/se acicaló como Gengi/en el seto (恋猫の源氏めかする垣根哉). Comparar al héroe de “El cuento de Genji”, escrito en el siglo XI, en cuyos brazos las damas caían sin demora, con un gato no es tan descabellado. Genji es un donjuán empedernido, como lo son los gatos en época de celo.

Kawanabe Kyosai

El libro titulado “Le chat & moi” (El gato y yo), publicado por Moundarren, es una colección de haikus dedicados a los gatos, seleccionados y traducidos por Wing Fun Chen y Hervé Collet.  Como no podía ser de otro modo, la mayoría de ellos son de Issa. Uno de ellos dice así: Lluvia de primavera/al gato la niña/enseña a bailar.

En ese mismo libro hay un poema de Matsuo Bashō (1644-1694), segundo de seis hermanos. A los 18 años empezó a trabajar como cocinero para el clan Todo, conocido por proteger la literatura y la poesía. Publicó sus dos primeros poemas a los 20 años y no tardó en darse a conocer en la provincia antes de trasladarse a Edo y adoptar el nombre de Tousei.

Matsuo Basho, por Katsushika Hokusai

El mundo de la poesía era muy competitivo, los maestros se peleaban por aumentar el número de discípulos y ganar más dinero. Decidió dejar la ciudad e irse a Fukagawa (ahora parte de Tokio) y se instaló en una cabaña en el margen izquierdo del río Sumida. Aunque muchos consideraron su alejamiento como una derrota, sus discípulos le apoyaron y siguieron.

Matsuo Basho, por Yosa Buson

Allí plantó un bananero – bashō en japonés – que, al parecer, creció de una forma maravillosa; sus discípulos empezaron a llamar el lugar “Bashō-an” y él adoptó el nombre. Este haiku suyo está dedicado a una gata: A pesar de comer arroz y cebada/adelgazada por sus amoríos/está la esposa del gato.

Midori Yamada

Masaoka Shiki (1867-1902), el tercero de los poetas mencionados aquí, se esforzó en innovar los haikus del periodo Edo. Su padre, un samurái de bajo nivel, murió en 1872, a los 40 años, pero su madre consiguió que ingresara en la escuela del clan Iyo y posteriormente en una escuela preparatoria donde conoció a Natsume Sōseki, el famoso autor de “Yo soy un gato” (https://gatosyrespeto.org/2015/04/23/soy-un-gato-de-natsume-soseki/).

Masaoka Shiki
Midori Yamada

Ingresó en la universidad en 1890 con una beca, pero la abandonó al cabo de dos años, según él para dedicarse a escribir haikus, pero otros creen que por culpa de la tuberculosis. Escogió el apodo de “Shiki” – que significa “Pequeño cuco” – porque en Japón se dice que de tanto cantar el cuco vomita sangre.

Hishida Shunso

Ejerció brevemente de corresponsal de guerra en la guerra sino-japonesa, pero las condiciones insalubres empeoraron gravemente su estado. Después de ser hospitalizado en Kobe, regresó a Matsuyama y fue acogido por Natsume Sōseki. Poco después se trasladó de nuevo a Tokio, donde sus discípulos habían fundado un periódico dedicado a los haikus. Los autores que publicaban en él empezaban a ser conocidos como “La escuela nipona”.

Toshiyuki Enoki

Ya no pudo levantarse de la cama a partir de 1897. Su salud empeoró en 1901 al contraer la enfermedad de Pott, que le obligó a tomar morfina para aliviar el dolor constante. Aun así, siguió escribiendo haikus y tres obras autobiográficas. Falleció a los 34 años.

Takahashi Shotei

Un haiku suyo dedicado a los gatos: ¡Tremendo!/Las piedras se caen del muro/gatos en celo.

Muramasa Kudo

No cabe duda de que Issa convivió con muchos gatos ya que les consagró una gran cantidad de brevísimos, pero muy acertados poemas. Acabamos esta entrada con más haikus del maestro:

Kobayashi Issa

El maestro bigotudo/se me ha adelantado/bajo la sombra de los cerezos.

Envidio,/pues he renunciado,/al gato enamorado.

¡Silencio, cigarras!/El maestro bigotudo/se acerca.

Dormidos uno al lado del otro/una mariposilla, un gato/y un monje.

El gatito/baila girando/con las hojas que caen.

El gato y yo/no cruzamos/la puerta.


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El gato Behemot, el Maestro y Margarita

El 9 de agosto de 2018, varios medios muy serios (el New York Times y la BBC, entre otros) se hicieron eco de una noticia que, a primera vista, podía parecer intranscendente para cualquiera que no estuviera familiarizado con Mijaíl Bulgákov y su novela “El Maestro y Margarita”.

Mijaíl Bulgákov
Edición española

El Museo “Casa de Mijaíl Bulgákov” anunció el 1 de agosto de ese año que uno de sus empleados había sido secuestrado. Efectivamente, el gato Behemot, residente en el museo y con un enorme número de seguidores, había desaparecido.

Koroviev y Behemot delante del museo, Moscú
C.C. Askew

Pero quizá deberíamos empezar diciendo que Mijaíl Bulgákov fue uno de los autores más influyentes y subversivos de la Unión Soviética, sobre todo por su novela “El Maestro y Margarita”, que transcurre en su mayoría en Moscú, en los alrededores del piso donde vivía el escritor con su esposa.

Alexandra Mary Everson

Stalin era un admirador del autor, sobre todo de sus obras de teatro, pero prohibió la publicación de la novela al considerarla una sátira de la sociedad soviética y de la clase intelectual de entonces. Bulgákov empezó a escribirla en 1928, pero no se publicó hasta 1966, veintiséis años después de su muerte.

Arina Orlova
El autor y Behemot en Vladikavkaz, Rusia

El personaje principal es el Dr. Voland, un experto en ciencias ocultas – en realidad, el diablo – que llega a Moscú junto a tres acólitos, Koroviev y Azazello, con apariencia de seres humanos, pero que son demonios, y el gato Behemot, el personaje que nos interesa. También están el Maestro y Margarita, claro, así como Poncio Pilato y Joshua Ga-Nozri (Jesús de Nazaret), dos personajes de la novela que el Maestro no consigue publicar.

Behemot en Kiev
Maria Baur

Pero volvamos a Behemot, un gato negro – supuestamente tan grande como un cerdo – que habla, anda sobre dos patas, puede adoptar forma humana, sabe jugar al ajedrez, le gusta beber vodka y comer bien, disfruta jugando con pistolas y tiene una fuerte tendencia a hacer comentarios de lo más desagradable.

Behemot en Moscú
Nadezhda Sokolova

De hecho, Behemot – llamado así por el monstruo bíblico y porque también significa “hipopótamo” en ruso – deja marcado a todo el que lee la novela, y eso quizá explique por qué en el 90% de las portadas de las distintas ediciones, en cualquier idioma, aparece el gato. Lo mismo pasa con los carteles de las obras de teatro basadas en la novela. Tal vez sea el personaje más claramente recordado.

Edición francesa
El autor y Behemot en Járkov, Ucrania

Y aquí es donde entra en escena el actual Behemot. En un museo dedicado a Mijaíl Bulgákov no podía faltar un gato negro de cierta importancia. Yevgeny Markov, el guarda nocturno del museo, le conoce desde que llegó siendo un gatito y le ha visto crecer hasta convertirse en un espléndido gato negro de pelo largo. En 2018 tenía 13 años, por lo tanto ahora tiene 16 o 17. No hemos encontrado ninguna referencia indicando que Behemot no siga ocupando su puesto en el museo.

Behemot en el museo, Moscú
Edición inglesa

Como compensación por su trabajo, que consiste en recibir a unos 200 visitantes diarios (aunque las malas lenguas dicen que es capaz de ignorar a cualquiera), Behemot tiene techo y comida, cuidados veterinarios y peluquería. Se toma varios descansos diarios, dando un paseo por los parques cercanos y los patios de otros inmuebles cuando el tiempo lo permite.

Edición inglesa

Es un ser de costumbres fijas; por lo tanto, cuando el 1 de agosto de 2018 a las 11 de la mañana pasó por delante de la taquilla en el segundo piso y bajó las escaleras, nadie se inmutó. Era la hora de su primer paseo diario.

Behemot frente al museo, Moscú
Edición inglesa

Todo cambió cuando no regresó al cabo de dos horas; además, habían recibido extraños mensajes últimamente acerca de Behemot. Esa misma mañana había llegado una escueta pregunta vía las redes sociales: “¿Por qué han dejado salir al gato?”

Por la tarde, una mujer empleada en una oficina cercana confirmó que había visto a una desconocida de pelo rubio coger a Behemot en brazos y entrar en la estación de metro. El museo inmediatamente colgó una notificación en las redes avisando de su posible rapto, especificando que Behemot llevaba una placa de identificación con forma de hueso (una referencia a la novela) e indicando que tenía mal carácter.

Koroviev y Behemot en Moscú
Zoslenka

La noticia se extendió como la pólvora por internet y el post fue compartido 2.900 veces en poquísimos minutos. El diario Moskovsky Komsolomlets anunció: “Behemot, el gato más famoso de Moscú, raptado por una desconocida”.

Edición inglesa
Vasile Gheorghe

Cinco horas después, el museo recibió una llamada de la comisaría más cercana. Un agente había encontrado a Behemot sentado en las escaleras de la Escuela de Teatro Estatal Mossovet, donde la desconocida le había dejado. Una foto del agente Bulavin – el héroe que le encontró – fue publicada en internet y Moscú dio un suspiro de alivio.

Behenot en el museo, Moscú
Cartel teatro

Pero volviendo a la novela, en la primera versión, escrita entre 1928 y 1929, y cuando aún se titulaba “El mago negro”, el director del teatro visita a Voland y parece ser que aparecía la frase siguiente: “El segundo gato estaba sentado en una extraña postura en la barra de la cortina”. ¿Pensaba el autor añadir un segundo gato?

Cartel teatro
Vyacheslav Zhelvakov

Sin embargo, se sabe que Mijaíl Bulgákov reescribió la novela de memoria al quemar el primer manuscrito en 1930, convencido de que no tenía futuro como escritor en la URSS, en un momento de fuerte represión política. De hecho, el personaje del Maestro también quema su novela. Nunca sabremos si Behemot estuvo a punto de tener competencia.

Cartel teatro

Añadiremos que Mijaíl Bulgálkov nació en Kiev el 3 de mayo de 1891 y falleció en Moscú el 10 de marzo de 1940. La ciudad de Kiev también le dedicó un museo, pero Behemot solo tiene una pequeña estatua. La novela ha sido adaptada a los escenarios y a la pantalla – grande y pequeña – en numerosas ocasiones. La más exitosa quizá sea la serie realizada por la televisión rusa en 2005.

Cartel teatro


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La gata Fifi Bigotesgrises y el lama

Una gata llamada Feefee Greywhiskers, en español Fifi Bigotesgrises, inspiró un libro titulado “Living With the Lama” (Vida con el lama). La contraportada de una de las ediciones inglesas dice así:

“Este libro prueba que los animales no son criaturas tontas como cree mucha gente. No se trata de un libro de ficción, su contenido fue transmitido telepáticamente a su autor”. Efectivamente, Fifi lo dice en el libro, todos los gatos se comunican telepáticamente entre sí y con otros animales; pueden hacerlo a una gran distancia, y si los seres humanos tienen esa capacidad especial, también se comunicarán con ellos.

Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad

Obviamente, el lama Lobsang Rampa tenía ese don y se limitó a escribir lo que le dictó Fifi cuando le contó su larga y ajetreada vida. Los primeros tres capítulos del libro están dedicados a describir en un tono bastante melodramático las desgracias vividas por Fifi hasta ser salvada por el lama y su mujer cuando ya era ciega, mayor y estaba a punto de morir.

Lobsang Rampa

A partir del capítulo cuarto, el tono empieza a cambiar gracias a los jocosos y atrevidos comentarios de Miss Ku (Lady Ku’ei), otra gata mucho más joven, llena de desparpajo y atrevimiento, capaz de usar un vocabulario de lo más descriptivo que le hace mucha gracia a Fifi. Hemos omitido decir que ambas gatas son siamesas de pura raza.

Edición española

Fifi pasó los primeros años de su vida – nunca se sabe realmente cuántos, aunque Miss Ku siempre habla de ella como “la abuela” – pariendo gatitos que le eran arrancados a las seis semanas para venderlos. Residía en un castillo en Francia, pero solo comía restos, sobre todo de ancas de rana (en los años 50 y 60 los británicos tenían el firme convencimiento de que los franceses se alimentaban básicamente de ancas de rana), y malvivía en un cobertizo.

Su única amiga era Madame Albertine, el ama de llaves. Fifi pertenecía a Madame Diplomate, mujer de un diplomático o algo parecido, que odiaba a todos los animales, y solo le interesaba por sus gatitos y para presumir de siamés delante de los invitados.

Edición francesa

Fifi viajó a Estados Unidos en pésimas condiciones, pero la Madame Diplomate nunca pudo presentarla a concursos porque la gata estaba casi raquítica. De vez en cuando alguien se apiadaba de ella y le daba bien de comer. Se quedó ciega por los maltratos recibidos; pero ella misma dice que los gatos poseen sentidos desconocidos por los humanos.

Edición rusa

Madame Albertine murió y su horrible dueña decidió colar a Fifi en Irlanda. Fue descubierta y los aduaneros la dieron por muerta. Por suerte, un trabajador se dio cuenta de que aún vivía y se la llevó a su casa. Allí se recuperó un poco hasta que el hombre se la entregó a su madre, que volvió a meterla en un cobertizo.

Edición española

Fifi dio a luz a dos gatitos y casi se murió de nuevo. Entonces apareció el lama Lobsang Rampa en su vida. Este la compró, junto a los dos gatitos. Los cachorros fueron regalados a una buena familia que prometió no separarlos Y Fifi, por fin, pudo ser feliz, muy feliz. Se habla de “mis 25 años con el lama”, pero nos parece algo exagerado.

Lobsang Rampa amaba a los gatos, de eso no cabe duda; habla de ellos y de su sabiduría en sus textos. Tuvo al menos tres, Fifi Bigotesgrises y la incansable Miss Ku, que le acompañaron cuando se trasladó a Canadá, y allí apareció Cleopatra, Cleo para los amigos. Ignoramos si también era siamesa.

Pero quizá deberíamos explicar quién fue el lama Tuesday (Martes) Lobsang Rampa, un hombre que se hizo famoso a finales de los años cincuenta por haber escrito “El tercer ojo”, una autobiografía. Al principio, ninguna editorial quiso publicar el libro, pero Secker and Warburg se arriesgó contra el criterio de varios expertos que habían expresado dudas sobre la autenticidad del manuscrito.

El tercer ojo

El libro se convirtió en un superventas a pesar de que muchos lo calificaron de fraude, lo que quizá sea una exageración. Es verdad que el lama Lobsang Rampa no era tibetano, ni siquiera hablaba tibetano. Probablemente no hablara más que inglés.

Edición francesa

En realidad se llamaba Cyril Henry Hoskin, había nacido en Plympton, condado de Devon, el 8 de abril de 1910, y ejercía de fontanero. Ahora bien, debió de ser todo un personaje. ¿Cómo se le ocurrió hacerse pasar por lama? El Tíbet ya era conocido en Europa gracias a los libros “Siete años en el Tíbet” (1952) y “Lhasa perdida” (1953), en los que el montañista Heinrich Harrer habla de sus aventuras vividas entre 1944 y 1951. También había otros escritos, pero no estaban al alcance de todo el mundo.

Edición portuguesa

De hecho, Harrer fue uno de los mayores detractores de Lobsang Rampa, que acabó reconociendo que no había nacido en el Tíbet, pero que su cuerpo estaba habitado por el lama de este nombre debido a la transmigración de las almas. Siempre mantuvo que aceptó de buen grado esta “ocupación” al no estar satisfecho con su vida anterior.

Edición rusa

Aunque nadie quiso apoyarle directamente, el mismo Dalai Lama reconoció que había hecho mucho en defensa del Tíbet y en dar a conocer el país. Tuvo cientos de miles de seguidores y llegó a escribir dieciocho libros, entre ellos las memorias de Fifi Bigotesgrises, publicadas en 1964.

Para entonces, el lama, su mujer San Ra’ab, su secretaria Sheelag Rouse (conocida por todos como “Buttercup” y a la que consideraba su hija), Fifi y Miss Ku se habían mudado a Canadá para huir de las crecientes acusaciones de charlatanismo aparecidas en la prensa británica. Falleció en Calgary el 25 de enero de 1981, a los 70 años.

Lobsang Rampa

En las numerosas mudanzas de la familia en Canadá, el lama publicó un anuncio en un periódico cuando buscaba casa. Decía así: “Se busca, por autor y familia, piso o casa amueblada o sin amueblar. Preferentemente cerca del mar. Contrato de un año para empezar. Familia compuesta por tres adultos y dos gatas siamesas (muy civilizadas)”.

La ciudad de Kémerovo, en Siberia occidental, dedicó un monumento a Lobsang Rampa y a la maravillosa Fifi Bigotesgrises.

Kémerovo (Rusia)


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El gato korat y el Tamra Maew

El korat, también llamado Mallet o Si sawat, es un gato doméstico de pelo corto gris azulado, de tamaño mediano, más bien musculoso y con muy poca grasa. Sus rasgos más característicos son la cabeza en forma de corazón, grandes ojos verdes y patas delanteras algo más cortas que las traseras.

Es una raza totalmente natural, considerada una de las más estables y más antiguas, cuya apariencia no ha cambiado con el paso de los siglos. Originaria de Phimei, en Tailandia, su nombre occidental proviene de la provincia donde surgió, Nakhon Ratchasima, a la que los tailandeses suelen llamar “korat” familiarmente. En Tailandia se les conoce como Si sawat en referencia a su magnífico pelaje y el color de sus ojos.

El korat es el gato de la buena suerte y, tradicionalmente, se entregaba una pareja a los recién casados. Hasta hace muy pocos años no se vendían, solo se regalaban.

Yani y Chalama (años 60)

En 1995, Tailandia emitió un sello dedicado al korat. Dos años después, Cuba y Tuvalu siguieron su ejemplo; en 1999, la República del Congo, y en 2017, Yibuti, en África Oriental. Varios países más han hecho lo propio posteriormente.

Sello Tailandia

Los primeros korat llegaron a Gran Bretaña entre 1889 y 1896 bajo la denominación de “siameses azules”, pero tienen poco que ver con estos y fueron descalificados en los primeros concursos de gatos. En 1901 ya habían desaparecido. Reaparecieron en Estados Unidos a principios de los años cincuenta del siglo pasado y fueron aceptados como tal gracias a los esfuerzos de un criador de Maryland en 1966.

Es probable que se hiciera alusión por primera vez a esta antigua raza en el Tamra Maew (Tratado de los gatos o Libro de poemas de los gatos), que puede remontar al año 1350 y del que se encuentra un ejemplar más reciente en la Biblioteca Nacional de Tailandia.

Tamra Maew (Libro de poemas de los gatos)

Este tratado es un manuscrito del tipo “samut khoi” del periodo Ayutthaya (1350-1767), aunque la mayoría de ejemplares datan del siglo XIX. Contiene ilustraciones de diversos tipos de gatos y es probable que sirviera para marcar los estándares de las razas.

El manuscrito consiste en una larga tira de papel plegada en acordeón que se lee verticalmente. Suele incluir diecisiete razas propicias, además de otras seis consideradas portadoras de mala suerte. Las ilustraciones que describen a los gatos van acompañadas por descripciones versificadas en alfabeto tailandés, ya que el alfabeto khom se reservaba para manuscritos religiosos.

Los versos introductorios dicen así: “Me inclino ante vos con cabeza y manos, mas en vez de utilizar flores, incienso y velas doradas, / para vos describiré las formas de los gatos tal como se hizo en mitos y leyendas. / Todos los gatos fueron creados por dos eremitas: Ka-La-I-Ko-Te creó los que traen buena suerte…”

En los versos, breves y concisos, se describen los principales rasgos físicos de los gatos y los efectos (beneficiosos o negativos) que pueden aportar a su dueño. Algunos traían prosperidad y salud, mientras que otros, mala fortuna. Estos últimos seguían existiendo, pero suponemos que se evitaba tenerlos en casa.

Los tratados felinos eran comunes en toda Asia sudoriental, y muy especialmente en Siam, país donde algunos animales tenían un papel importante en la corte imperial y en los monasterios budistas. Los primeros eran los elefantes albinos, seguidos por los caballos y los gatos.

Algunos Tamra Maew incluyen hasta veintidós razas de gatos propicias. La lista siempre va encabezada por el ninlarat, el gato negro por excelencia, cuyos versos dicen así: “Un gato de raza negra tiene el cuerpo negro, los dientes, ojos, garras y lengua; todo es negro. / Su rabo es tan largo que le toca la cabeza”.

Después llegaba el wilat (belleza), de cuerpo negro y ojos verdes, seguido por el suphalak, de color cobre, renombrado por espantar el mal y que todavía existe hoy en día. El kao taern (nueve puntos) de manto blanco tenía nueve manchas circulares negras, y el ratanakamphol (ropa engalanada), también era blanco con un cinturón negro. Y así sucesivamente.

Pero la magia de los gatos de Siam inició su declive a mediados del siglo XIX cuando los británicos empezaron a llevarse a los sagrados animales a Inglaterra para criarlos y venderlos como “objetos” de lujo.

Durante cientos de años se creyó que el impresionante color azul plateado representaba la abundancia. Los brillantes ojos verdes son del color del grano de arroz aún sin madurar y simbolizaban una cosecha abundante. Como hemos dicho al principio, se regalaba una pareja a los recién casados para propiciar un buen y feliz matrimonio.

También existen korat de color lila en Tailandia, pero los criadores europeos los menosprecian en comparación a sus hermanos de manto azul. Sin embargo, en el antiguo reino de Siam ambos eran muy apreciados.

Curiosamente, el peculiar y único tono verde de sus ojos puede tardar hasta cuatro años en desarrollarse del todo. Los ojos de los gatitos son de color ámbar. También son conocidos por poseer un sentido del olfato, de la vista y del oído aún más desarrollados de lo habitual en un gato.

Gato korat y gato siamés

Son observadores, curiosos, siempre dispuestos a participar en lo que está ocurriendo y a investigarlo todo. Y como muchos otros gatos, no se echan atrás cuando se trata de ser el centro de la atención.


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El gato Gilderoy y el loro Dudley

El libro “Dudley and Gilderoy, A Nonsense by Algernon Blackwood”, que traducido sería algo así como “Dudley y Gilderoy, un disparate por Algernon Blackwood”, fue publicado en 1929.

El autor es conocido sobre todo por sus cuentos cortos y libros en torno a lo sobrenatural. Que sepamos, solo escribió un “disparate” y no tiene nada de cuento, ya que ocupa doscientas veintinueve páginas. Algernon Blackwood nació el 14 de marzo de 1869 en lo que ahora es Londres, pero en esa época todavía era el noroeste del condado de Kent. Después de leer el libro de un sabio hinduista que alguien olvidó en casa de sus padres, se interesó por el budismo y otras religiones orientales.

Algernon Blackwood

Emigró a Canadá, donde trabajó de granjero y encargado de un hotel, antes de trasladarse a Nueva York para ser periodista del New York Times, camarero e incluso profesor de violín. De vuelta al Reino Unido. a punto de cumplir los cuarenta, empezó a escribir historias sobrenaturales con éxito. Publicó diez colecciones de cuentos que también narraba en la radio. Tiene en su haber catorce novelas, dos libros infantiles y varias obras teatrales que se representaron, pero nunca se publicaron.

Era un gran amante de la naturaleza y le gustaba mucho escalar. Para satisfacer su interés por lo sobrenatural, se unió a “The Ghost Club” (que aún existe) y a una de las ramas de la Orden Hermética de la Aurora Dorada. Falleció el 19 de diciembre de 1951 y fue incinerado. Unas semanas después, su sobrino llevó las cenizas a Saanenmöser, en los Alpes Suizos, para dispersarlas en las montañas a las que amó durante cuarenta años.

Además de ser un gran escritor, Algernon Blackwood debía de tener un enorme sentido del humor. La historia de la gran amistad que unió a Dudley, un loro gris de alta alcurnia y de muchos años, y a Gilderoy, un gato anaranjado superviviente de numerosas batallas, como lo demuestran sus orejas desgarradas y un ojo a medio cerrar que le da un cierto aire de pirata, está descrita con humor y gran ternura.

Cada capítulo va encabezado por una cita acerca de los gatos o los loros, y en algunas páginas hay pequeños dibujos de ambos amigos realizados por el autor. Dudley es un loro algo pretencioso, muy inteligente, convencido de su belleza e importancia; Gilderoy no es nada atractivo, pero también es inteligente y paciente con su amigo. Nunca discuten porque ambos son lo bastante prudentes como para cambiar de tema en cuanto surge un desacuerdo.

Gilderoy y Dudley viven en una mansión de estilo isabelino en Kent rodeada de césped y jardines. Son bien tratados, alimentados y queridos, pero una mañana de marzo que casi podría parecer mayo, deciden tener una gran aventura. Gilderoy abre la jaula de Dudley a las cinco de la mañana y se escapan. Para ir más deprisa, Dudley viaja en la espalda de Gilderoy.

Llegan a la estación y se cuelan en el tren que va a Londres. Allí consiguen meterse en el taxi de una señora de cierta edad y entrar en su casa, cada uno a su manera. Dudley se lanza de un salto al sombrero con plumas verdes, lo que casi le produce un infarto a la buena señora. Y Gilderoy simplemente pasa desapercibido siguiendo al portero, la señora, la criada y el loro.

Pasan unos días felices en el piso de la señora, una viuda algo tonta que vive por encima de sus posibilidades y a quien los criados engañan. Una noche, Gilderoy incluso hace visitar los tejados londinenses a su amigo, que no puede volar porque le cortaron las alas (horrible costumbre). Pero los dueños de la mansión de Kent ponen un anuncio en busca de Dudley (a Gilderoy nadie le busca) y el mayordomo llega para recogerlo.

En el tren de vuelta, Dudley piensa en su gran amigo Gilderoy, al que nunca volverá a ver. Pero se equivoca. La noche siguiente, Gilderoy aparece como por arte de magia en la “nursery” diurna donde dejan a Dudley en su magnífica jaula. Está sucio, negro, en un estado deplorable. Ninguno habla, solo se miran. El loro tarda unas horas en comprender que Gilderoy ha viajado entre el carbón de la locomotora, y de ahí la suciedad.

Al día siguiente, Gilderoy ya está limpio, como si nada hubiera ocurrido, pero Dudley no se siente bien. Durante toda su vida, Dudley ha sabido que debía realizar una obra, y de pronto lo entiende. En ese momento deja caer un pequeño huevo blanco, perfecto. Gilderoy, atónito, se da cuenta de que su amigo es una amiga.

Después de una breve convulsión, su amiga se tumba en la arena del suelo de la jaula, y Gilderoy, temblando, pasa la pata por los barrotes hasta tocarla. Dudley, en un susurro apenas audible, dice: “Gilderoy, querido, pásalo bien. Adiós, de momento”. Cierra los ojos, Gilderoy retira la pata. Maúlla, se frota contra la jaula, pero Dudley no reacciona.

Después de observar el huevo durante unos minutos, “se da media vuelta, sale de la habitación, de la casa y vuelve a ser lo que era antes del principio de la Gran Amistad, un gato libre, lejano, independiente, que pasea solo por el universo”. Así acaba una historia preciosa, escrita por un hombre al que debían gustarle mucho los gatos y los loros.

Algernon BLackwood (1951, foto de Norman Parkinson)

Para terminar, hablaremos del loro y del gato de sir Lindsay Harvey Hoyle, presidente de la Cámara de los Comunes desde el 4 de noviembre de 2019, que suele nombrar a sus animales por algún “titán” de la política británica. Boris es un loro gris que se irrita con facilidad y habla mucho, “por lo que encajaba bastante bien con el primer ministro Boris Johnson”.

Sir Lindsay Harvey Hoyle

Sin embargo, Patrick, un Maine Coon bastante pijo, le recuerda al “gran” conservador lord Patrick Cormack. Los dos acompañan habitualmente a Hoyle desde su casa de Chorley, Lancashire, hasta Londres. “No creo que Patrick me perdonara si no le llevase a Londres, y tampoco Boris. Están convencidos de que son londinenses natos”, dice.


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Kisa, la gata encantada

Leonor Fini

Hay muchos cuentos de hadas con gatos como protagonistas, pero no conocemos ninguno que se refiera concretamente a la Navidad. Para estas fechas hemos escogido el cuento islandés de Kisa, la gata encantada. Sagan af kisu kongsdóttur fue recogido por Jon Arnason a mediados del siglo XIX para una recopilación. Este último y Magnus Grimsson plasmaron por escrito la tradición oral de su país, impidiendo que se perdiera.

Anónimo

Hemos traducido (resumiendo un poco) la versión del escritor, crítico, historiador y antropólogo escocés Andrew Lang (31 de marzo de 1844 – 20 de junio de 1912) publicada en el “The Brown Book of Fairy Tales” (El libro marrón de cuentos de hadas) en 1904. Andrew Lang dedicó su vida a la recopilación de cuentos de hadas y a demostrar su importancia simbólica. Entre 1889 y 1910 publicó doce volúmenes de cuentos, cada uno de un color, empezando por el azul y acabando por el lila.

Andrew Lang
El libro marrón de cuentos de hadas

Adrienne Ségur (https://gatosyrespeto.org/2020/06/18/gatos-y-cuentos-de-hadas-de-adrienne-segur/) publicó otra versión en su “Golden Book of Fairy Tales” (Libro dorado de cuentos de hadas) en el que la gata Kisa cambia de nombre y aparece como Kip.

Adrienne Ségur (1958)

Érase una vez una reina que tenía una preciosa gata color de humo, con ojos azules claros, a la que quería mucho y de la que nunca se separaba. Incluso acompañaba a la Reina cuando esta salía en su carroza. Un día le dijo a la gata: “Gatita, eres más feliz que yo, tienes a un gatita, pero yo solo te tengo a ti”.

La gata fue a hablar con un hada que habitaba en un bosque cercano, y muy pronto la Reina tuvo a una niña hecha de nieve y rayos de sol. La Reina se sintió feliz y la pequeña se hizo amiga de la gatita, negándose a dormir a menos que esta estuviera a su lado hecha un ovillo.

Franz Marc (1912)

Al cabo de unos meses, la niña seguía siendo un bebé, pero la gatita había crecido. Una tarde, la nodriza la buscó para llevarla a la cuna de la princesa como de costumbre, pero había desaparecido. Todo el palacio la buscó; los criados, convencidos de que la Reina recompensaría a quien la encontrara, se metieron en los lugares más inverosímiles, pero de nada sirvió. La gatita se había escapado, y nadie sabía si regresaría.

Arthur Rackham (1920)

Pasaron los años. Un buen día, la princesa jugaba a la pelota en el jardín, la lanzó más lejos de lo habitual y cayó entre un grupo de rosales. La niña corrió a recuperarla y cuando estaba a punto de cogerla, oyó una voz que la llamaba: “Ingibjorg, Ingibjorg, ¿me has olvidado? Soy tu hermana Kisa”. La princesa, sorprendida, contestó: “Nunca he tenido una hermana”, pues no recordaba a la gatita.

“¿No recuerdas cómo dormía a tu lado en la cuna, cómo llorabas si no estaba a tu lado? Por lo visto, las niñas no tienen memoria. Yo podría encontrar esa cuna ahora mismo si estuviera en el palacio”. “Si es así, ¿por qué te fuiste?”, replicó Ingibjorg. Pero antes de que pudiera contestar, aparecieron varias damas que se horrorizaron al ver a una gata desconocida y Kisa huyó de nuevo al bosque.

Louis Wain

Al día siguiente hacía mucho calor e Ingibjorg quiso ir a jugar bajo la sombra refrescante de los árboles. Sus damas de compañía no tardaron en dormirse y la princesa se adentró en el bosque, alejándose más y más, convencida de que en cualquier momento encontraría un círculo de hadas, pero en vez de eso, apareció un horrible gigante que le ordenó con voz ronca que le siguiera. Ingibjorg no se atrevió a desobedecerle y echaron a andar.

Pierre Bonnard (1884)

Anduvieron mucho tiempo. Cansada, la princesa empezó a llorar. “No me gustan las niñas que hacen ruidos feos”, dijo el gigante, dándose la vuelta. “Pero si te empeñas en llorar, te daré una buena razón para hacerlo”. Dicho eso, sacó un hacha de su cinturón y le cortó ambos pies, se los guardó en el bolsillo y se fue.

Marc Chagall (1949-50)

El dolor era insoportable e Ingibjorg estaba convencida de que iba a morirse. Al cabo del tiempo oyó unas ruedas de carro acercándose y, haciendo un esfuerzo, consiguió articular un grito. “¡Voy!”, contestó una voz. Y al poco apareció Kisa en un carro tirado por un caballo. Bajó de un salto, cogió con cuidado a la niña entre sus patas, la depositó en el heno y regresó a su pequeña cabaña.

Hizo una cama con unos cojines antes de ofrecer leche a Ingibjorg, que estaba a punto de perder el conocimiento. Kisa escogió diferentes hierbas de una alacena y las puso a remojar antes de atarlas con cuidado en los muñones sangrientos. El dolor se calmó de inmediato. Entonces Kisa dijo: “Ahora dormirás y no te asustarás por estar sola, cerraré la puerta y nadie te hará daño”, pero la princesa ya estaba dormida antes de que acabara la frase.

Bart van der Leck (1914)

Kisa subió a su carro y se fue a la cueva del gigante. Dejó el carro escondido a cierta distancia y se acercó sigilosamente a la entrada. El gigante le estaba diciendo a su mujer: “En cuanto tenga un momento, volveré y la mataré. ¿Qué pensarán los habitantes del bosque si no castigara a una niña que me desafió?” Los dos empezaron a insultar a Ingibjorg por su mal comportamiento y no vieron a Kisa volcar todo el tarro de sal en el puchero.

Eileen Mayo

Los gigantes volvieron a servirse y al poco se morían de sed. “Si no bebo agua fresca ahora mismo, ¡me moriré!”, gritó él. Se precipitó hacia el sendero que llevaba el riachuelo seguido por su esposa. Kisa aprovechó para rebuscar por todas partes hasta encontrar los pies de Ingibjorg envueltos en hierba y volver a toda prisa a su cabaña.

La gata Kisa se lleva los pies de Ingibjorg de la cueva del gigante

Ingibjorg se despertó al oír entrar a Kisa, que llevaba los dos pequeños pies calzados en zapatillas plateadas. “No te preocupes, en dos minutos volverán a ser tuyos”, le dijo. Cogiendo unas hebras de la hierba mágica en la que el gigante los había envuelto, los ató a las piernas de la princesa. Y añadió: “No andarás inmediatamente, eso no. Pero en una semana podré llevarte de nuevo a tu palacio”.

Y así fue. Al llegar la gata a las puertas del palacio, el Rey y la Reina vieron a su hija sentada a su lado en el carro y declararon que no había recompensa suficiente en todo el reino para la gata que había salvado a la princesa. “Ya hablaremos de eso”, dijo la gata antes de inclinarse con elegancia, subir al carro y alejarse.

Una profunda tristeza invadió a la princesa al irse Kisa. Dejó de comer y de beber, no le interesaban los maravillosos vestidos que encargaron para ella. “Si no ríe se morirá”, dijo la Reina. “Nada la curará excepto el matrimonio”, contestó el Rey. Invitó a todos los jóvenes apuestos del reino y pidió a su hija que escogiera a uno. Finalizada la ceremonia, Kisa apareció de pronto en la sala. Ingibjorg corrió hacia ella y la abrazó.

Suzanne Valadon (1930)

“He venido a por mi recompensa. Debes dejarme dormir al pie de tu cama esta noche”, dijo Kisa. “¿Solo eso?”, replicó la princesa, algo decepcionada. Al día siguiente, con los primeros rayos del sol, Ingibjorg descubrió a una bellísima princesa dormida a sus pies. Esta le explicó que un hada malvada las había encantado a su madre y a ella. Su madre, la gata de la Reina, había muerto sin poder hacer una buena obra jamás hecha antes, la condición para que se rompiera el encantamiento.

Min Zhen (Siglo XVIII)

Curioso y bonito cuento, del que hemos encontrado pocas ilustraciones; escasez compensada con cuadros y fotos. Dedicamos esta entrada a tres jóvenes amigas nuestras, Cayetana, Carlota y Patricia.

Émile Munier (1882)


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Los gatos de la pintora mexicana Nahui Olin

Dos gatos (Nahui Olin)

Nahui Olin, de verdadero nombre María del Carmen Mondragón Valseca y nacida en 1893, pasó de ser famosa, admirada y agasajada en los años veinte al más completo olvido en los años sesenta y a morir en 1978 sin siquiera una pequeña necrológica. ¿Qué le ocurrió a la que fue considerada la mujer más bella de Ciudad de México para que acabara vendiendo fotos de sí misma desnuda en su juventud para poder alimentar a sus gatos?

Nahui Olin
Gatitos y peces (Nahui Olin)

Fue modelo, musa, pintora y poetisa. Hemos rescatado una frase suya: “Bajo la garra mortal de las leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en eterno silencio, en inercia mortal… pero debajo existe una fuerza dinámica que se acumula de instante en instante, un tremendo poder de rebelión que activará su alma atrapada en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía”.

Nahui Olin
Gato en el jardín florido (Nahui Olin)

Hace algo más de 20 años, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska (dos grandes amantes de los gatos con entradas en el blog), Tomás Zurián y Adriana Malvido rescataron el legado de Carmen Mondragón, formado por prosa, poesía, dibujos, cartas a sus amantes y testimonios, dando a conocer a esta curiosa y adelantada mujer.

Carlos Monsiváis

Hija del general Manuel Mondragón, sobre quien recae la ejecución de la decena trágica, Nahui Olin creció en el seno de una familia adinerada, en pleno gobierno de Porfirio Diaz. La familia se trasladó a París cuando ella tenía cuatro años. Ingresó en un internado donde descubrió la pintura y la poesía. De hecho, escribió sus primeros textos en francés.

Elena Poniatowska

Regresó a Ciudad de México siendo adolescente y a los pocos años conoció al cadete Manuel Rodríguez Lozano, con quien contrajo matrimonio en 1913, a los veinte años. Se trasladaron a París y no tardaron en codearse con artistas como Diego Rivera, Georges Braque, Henri Matisse y Pablo Picasso. Al estallar la I Guerra Mundial, se mudaron a San Sebastián y empezaron a pintar. Tuvieron un hijo que murió al poco de nacer.

Nahui Olin

De vuelta a México en 1921, la pareja ya se llevaba mal. Los nueve años que estuvo con Manuel Rodríguez Lozano fueron los menos productivos de Nahui Olin y su periodo más conformista. Parece ser que habría preferido vivir con Manuel sin casarse, pero su madre insistió y acabó con traje de novia. Su familia se opuso rotundamente al divorcio, lo que no le impidió vivir como ella quería y conseguir divorciarse en 1922.

Boda con Manuel Rodríguez Lozano

En México fue modeló de Rosario Cabrera y de Siqueiros en varias ocasiones, entre ellas para el famoso mural “La creación”, en el que aparece como Erato, la musa de la poesía erótica. Hoy se reconoce a Nahui Olin como una figura central en el “Renacimiento mexicano” junto a Frida Kahlo, Tina Modotti, Diego Rivera, Xavier Guerrero, Rodríguez Lozano y el estadounidense Edward Weston.

Edward Weston

El 22 de julio de 1921 conoció al pintor Dr. Atl, de verdadero nombre Gerardo Murillo, que esa misma noche escribió que se había abierto ante él “un abismo verde como el mar: los ojos de una mujer” y que “había caído instantáneamente en el abismo, como un hombre que se desliza de una roca y se hunde en el océano”. Concluye diciendo “¡Pobre de mí!”

Nahui Olin (Dr. Atl – Gerardo Murillo, 1922)

El pintor le puso el nombre de Nahui Olin, cuyo significado difiere según las diferentes fuentes que hemos consultado: “Cuarto sol”, “Cuarta dimensión” en náhuatl. A partir de ese momento, Carmen pasó a llamarse Nahui Olin hasta su muerte. Según ella misma escribió, su nombre significaba “el poder que produce la luz”.

Nahui Olin

Nahui y Atl vivieron en la azotea del Convento de la Merced. Según Elena Poniatowska, eran muy “fiesteros” y Nahui recibía a los amigos desnuda. A la azotea acudían Diego Rivera y su mujer Lupe Marín, Adolfo Best Maugard, Ricardo Gómez Robelo, Dalila y Carlos Mérida. Bailaban, cantaban, pintaban, fotografiaban y sacralizaban a México. El fotógrafo Edward Weston le hizo retratos prodigiosos, y Antonio Garduño no se quedó atrás.

Nahui Olin (Antonio Garduño, 1927)

El Dr. Atl, además de pintor, era un apasionado vulcanólogo que pasó largas temporadas viendo el nacimiento y posterior desarrollo del volcán Paricutín, en Michoacán, a partir de febrero 1943. En los cinco años de relación con Nahui Olin le escribió más de doscientas cartas de amor. Parece ser que ella era tremendamente celosa y que su amor se convirtió en odio. Nahui no tuvo reparo en declarar que Atl era “un pinche medicucho cabrón”. Y probablemente no se equivocaba, ya que el pintor no dudó en declarar su apoyo a Hitler y su antisemitismo a partir de mediados de los años treinta.

Nahui Olin (Edward Weston, 1923)

Nahui Olin formó parte de un grupo de talentosas mujeres durante uno de los períodos más activos del arte mexicano, las décadas de 1920 y 1930. Esas mujeres son la pintora Frida Kahlo, la poeta Pita Amor, la novelista Rosario Castellanos, la pintora María Izquierdo, a la que Antonin Artaud admiraba profundamente, la legendaria novelista Elena Garro (que también tiene una entrada en este blog) y la bailarina y autora Nellie Campobello.  Elena Poniatowska les dedicó el libro “Las siete cabritas”.

Elena Garro

A principios de los años treinta conoció al capitán de barco Eugenio Agacino y volvió a enamorarse perdidamente, pero en 1934 el capitán falleció. Hemos encontrado dos causas de su muerte, una por intoxicación de marisco y otra porque se cayó al mar, ignoramos cuál es la verdadera. Pero el caso es que Nahui Olin le esperó durante semanas en los muelles de Veracruz hasta que el poeta Germán List Arzubide la encontró en un triste estado.

Autorretrato (Frida Kahlo)

En los años siguientes dio clases de artes plásticas y escribió mucho. El tiempo, la soledad y el olvido pudieron con su belleza, dejó de preocuparle su aspecto y acabó convirtiéndose en una mujer casi obesa vestida con harapos. Su única compañía eran los numerosos gatos a los que alimentaba con una miserable pensión que le concedía Bellas Artes.

Gato negro (Nahui Olin)

Nahui Olin escogió ser libre. En el último poema de “Óptica cerebral”, pidió que se esculpiera el siguiente epitafio, en mayúsculas, en su tumba y en la de todas las mujeres de Asia, África, América y Europa que decidieran vivir libremente y al máximo: INDEPENDIENTE FUI, PARA NO PERMITIR PUDRIRME SIN RENOVARME; HOY, INDEPENDIENTE, PUDRIÉNDOME, ME RENUEVO PARA VIVIR.

Autorretrato (Nahui Olin)

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Gusa, otra incondicional de los gatos.

Gato naranja (Nahui Olin)


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Gatos y Respeto (recordando a Albert Schweitzer)

En agosto de 2014 dedicamos una entrada a Albert Schweitzer, a quien junto a Henry Beston consideramos uno de los pilares de este blog.

Teólogo, organista, filósofo y médico, nació el 14 de enero de 1875 en Alsacia-Lorena, que formaba parte del Imperio alemán. Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1952 por su filosofía de “Respeto por la vida” y, sobre todo, por haber fundado y ocuparse del hospital Albert Schweitzer, en Lambaréné, entonces África Ecuatorial francesa, actual Gabón.

Sello de Gabón

Obtuvo el doctorado en Filosofía en 1899 y en Teología en 1902, ambos en la Universidad de Estrasburgo. Paralelamente desarrolló una brillante carrera como musicólogo y músico.

Sello del Emirato de Ajmán con Albert Schweitzer al órgano

Decidió irse a África a ejercer de médico y no de pastor, por lo que empezó a estudiar Medicina en 1905 y obtuvo su diploma en 1913. Se trasladó inmediatamente a Lambaréné y fundó un hospital. En 1917 fue recluido en un campo de prisioneros, junto a su esposa, por el gobierno francés, que les consideraba “enemigos alemanes”. Liberados un año después, permaneció en Europa hasta 1924 predicando, dando conciertos de órgano y especializándose en ramas de la medicina.

Regresó a Lambaréné, y allí pasó el resto de su vida exceptuando cortos periodos en los que viajaba a Europa. En los años sesenta, el hospital constaba de sesenta pabellones con más de quinientas camas. Con los 33.000 dólares del Premio Nobel fundó una leprosería. Falleció el 4 de septiembre de 1965 a los noventa años en Lambaréné, donde está enterrado. Su antimilitarismo le llevó a criticar las acciones bélicas hasta su muerte. Un amigo suyo, Albert Einstein, dijo: “En este triste mundo nuestro, es un gran hombre”.

Para el Dr. Schweitzer, la vida sin animales casi no merecía ser vivida. No solo apreciaba su inteligencia, sino ciertas cualidades que suelen atribuirse a los seres humanos. Phylas y Sultán fueron dos de los perros con los que vivió en Alsacia cuando era pequeño. En Lambaréné tuvo a Caramba, Amos, Porto, Hanibal, César, Kimmy y su gran favorita, Tchu Tchu.

Estatua en Deventer, Holanda

Vivió rodeado de gatos. Sizi, por ejemplo, siempre estaba a su lado mientras escribía y tenía por costumbre dormirse en su brazo izquierdo. Al parecer era zurdo, y para no tener que despertarla, prefirió aprender a escribir con la derecha. Sizi fue encontrada cuando apenas tenía cinco semanas y vivió veintitrés años. Otro gato suyo, Piccolo, siempre dormía en una pila de papeles en su mesa. Si entre esos documentos había alguno que debía ser firmado con cierta urgencia, todo el mundo esperaba a que Piccolo decidiera despertarse de la siesta.

También recogió chimpancés, pelícanos y antílopes.

Citaremos tres frases suyas, una de las cuales encabeza este blog:

Existen dos medios de refugio de las miserias de la vida: la música y los gatos.

El niño que sabe preocuparse por un animal que sufre, sabrá dar la mano a su hermano.

Al socorrer a un insecto amenazado, no hago más que intentar devolver a los animales en su conjunto un poco de la siempre creciente deuda de culpabilidad que los hombres han contraído con ellos.

Sello de Alto Volta (actual Burkina Faso)


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El gato Jones y otros, por el dibujante Ralph Steadman

Ralph Idris Steadman, nacido el 15 de mayo de 1936 en Wallasey, Cheshire, Reino Unido, es un ilustrador conocido sobre todo por sus colaboraciones y amistad con el escritor estadounidense Hunter S. Thompson. Se ha hecho famoso por sus caricaturas políticas y sociales, y libros de dibujos.

¡Catástrofe!

Efectivamente, Steadman fue muy amigo de Hunter Thompson (18 de julio de 1937 – 20 de febrero de 2005), inventor del periodismo “gonzo”, que saltó a la fama con el libro “Hell’s Angels” (1967), escrito después de convivir un año con los moteros para relatar de primera mano su forma de vida.

Ralph Steadman
Seguidores del dios gato

A principios de los ochenta, Steadman viajó a Owl Farm, el hogar de Thompson, una granja en las montañas más arriba de Aspen, Colorado, para trabajar en el libro “La maldición de Lono”. Además de Thompson, en la granja vivía su compañera Laila Nabulsi, cinco pavos reales y Jones, un gato que un buen día había decidido instalarse en la granja.

Hunter S. Thompson
Jones

Hablando de Jones, Steadman dijo: “Nunca he conocido a un gato más insolente y a la vez más atractivo que Jones. No le hacía falta evaluar una situación, él era la situación”. La maldición de Lono debió afectar al dibujante y al escritor porque no conseguían que el libro, encargado por una editorial, progresara, entre otras cosas porque no tenían el mismo horario. Thompson vivía de noche (como Jones), Steadman de día, y asombrado ante el desparpajo del gato, se dedicó a dibujarle.

Jones

Tiempo después, cuando Jones había muerto, le dedicó “The Book of Jones”, que empieza así: “Si hubiera querido hacer un libro sobre gatos, hace años que lo habría hecho. Pero Jones está muerto, y si hubo un gato que merece ser recordado, es Jones. Solo coincidí con él una vez, durante dos semanas, pero bastó para que me hiciera una profunda impresión”.

Jones en su pedestal

El libro de Jones consiste en pequeños textos que describen la vida y comportamiento de Jones, con numerosos dibujos a plumilla del protagonista. Por ejemplo, en una página izquierda el texto reza: “Las emociones dependen del estado de ánimo de cada uno en un momento dado. Incluso una catedral no es más que un montón de piedras si no se está de humor. Pero puede que Jones llenara majestuosamente un espacio vacío en el momento oportuno. Inspiraba la misma veneración que el líder de un culto innovador”. A la derecha se ve a Jones de espaldas y el título: “Jones unidireccional”.

Conocía a un gato, allí donde se sentara, allí se quedaba.

Durante esas dos semanas de otoño, varios amigos vinieron y se fueron, rieron y comieron, durmieron en el sofá, pero Jones les trataba a todos con la misma indiferencia. Steadman añade que quizá “en su misterioso pasado, aún existía el recuerdo de haber entregado su afecto y confianza a uno de esos seres que se movían a su alrededor. Pudo ser una trágica desilusión y aprendió que no podía esperar nada más”.

Jones

Jones murió. El libro dedicado a su memoria se publicó en 1997, no sabemos cuánto tiempo después de que Laila Nabulsi se lo comunicara a Steadman: “Jones ha muerto”. En la portada, debajo del título, una frase: “Un tributo a un gato voluble, frenético y del todo seductor”.

Jones en el otro lado
Ataque gatuno

En 2012 publicó “Book of Cats”, un libro nada sentimental dedicado a los gatos del mundo en general. Hay gatos en muebles, gatos mancha, gatos dictadores, políticos, de moda, esparcidos y pocos gatos modosos, gatos de toda clase acompañados de un comentario a veces sarcástico, otras divertido y otras sencillo.

Filosofía y el pensamiento de un gato

Aquí ya no se trata de un homenaje a un gato, más bien de una larga serie de caricaturas. No hay dibujos de “gatos bonitos”, todo lo contrario, pero las viñetas de Ralph Steadman no siempre se caracterizan por ser “bonitas”, sino por ir al grano, algo que no gusta a todo el mundo.

«Book of Cats», contraportada

Uno de los primeros recuerdos de Steadman – tendría cuatro o cinco años – es estar escondido en un refugio durante un ataque aéreo en la II Guerra Mundial mientras su madre hacía punto. De pequeño sentía pasión por el aeromodelismo, pero siempre acababa los deberes antes de dedicarse a su hobby.

Gato «churchillano»

Parece ser que esa tendencia a la disciplina sacaba de quicio a su gran amigo Hunter Thompson, y que Steadman solía acabar todas las ilustraciones del libro antes de que el periodista hubiera escrito una página.

Gato gordo

Publicó su primera viñeta en el Manchester Evening Chronicle en 1956, pero en 1959, frustrado por sus limitaciones, se matriculó en la Universidad Técnica de East Ham, donde conoció a su mentor, Leslie Richardson, que enseñaba dibujo en vivo. La revista Punch le compró un primer dibujo en 1960, y acabó firmando algunas portadas.

Gato y ratón

En la década de los setenta ilustró varios libros infantiles y en 1967 se dedicó a “Alicia en el País de las Maravillas”, ganador del Premio Williams en 1972, una versión en la que el Conejo Blanco siempre llega tarde a trabajar, el Sombrerero es un líder sindical y la Oruga tiene un curioso parecido con John Lennon.

«Alicia en el País de las Maravillas»

En 1970, la revista Scanlan’s Monthly le mandó a Estados Unidos, concretamente al Derby de Kentucky, donde debía reunirse con Hunter S. Thompson. La leyenda cuenta que tardaron tres días en encontrarse y que, al hacerlo por fin, el periodista le confesó: “Me dijeron que tenía un aspecto raro, ¡pero no esperaba que fuera tan raro!” Así empezó una gran amistad.

Los gatos son muy diferentes, pero muy parecidos

Además de numerosos proyectos con Thompson, siguió trabajando en libros suyos. También produjo cientos de dibujos, diseñó decorados para el ballet “The Crucible” y para la obra teatral “Los viajes de Gulliver”, además de un oratorio de imágenes para una eco-ópera, “The Plague  and the Moonflower”, con música de Richard Harvey.

Hunter S. Thompson

Más recientemente ha ilustrado tres volúmenes sobre pájaros extinguidos o en riesgo de extinción en una colaboración con el documentalista Ceri Levy, “Extinct Boids” (2012), “Nextinction” (2015) y “Critical Critters” (2017). En 2018 participó en la creación del cartel para el estreno en Broadway de “Gary. A Sequel to Titus Andronicus”, protagonizada por Nathan Lane.

Miau reclinada

Sigue trabajando regularmente para varias revistas. Pero ignoramos si le acompaña un gato.