Gatos y Respeto

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Los gatos de Luis Sepúlveda

 

Hoy hace una semana falleció Luis Sepúlveda en el Hospital Universitario Central de Asturias, donde estaba ingresado desde el pasado 29 de febrero. A Luis Sepúlveda, los gatos le parecían misteriosos e independientes.

Decía que le gustaban todos los animales, pero que tenía una relación especial con los gatos. Cuentan que en una ocasión, un astrólogo chino le contó que en otra vida había sido el gato feliz y bien alimentado de un mandarín. Quizá por eso los incluía en sus historias y escribía relatos con ellos como protagonistas.

Luis Sepúlveda nació el 1 de octubre de 1949 en el Hotel Chile de Ovalle, a unos 400 kilómetros al Norte de Santiago, porque su madre, que era menor de edad, se había fugado con su padre. Siempre decía que había nacido “rojo”, y a los quince años se afilió a las Juventudes Comunistas de Chile.

Luis Sepúlveda con un gato

En 1971 se casó con la poetisa chilena Carmen Yáñez Hidalgo y en 1973 nació su hijo Carlos Lenin. Se separaron poco tiempo después, pero al cabo de veinte años se reencontraron en Alemania. Después del golpe militar de Pinochet, pasó casi tres años en las cárceles de la dictadura antes de ser exiliado a la fuerza.

Dejó Chile en 1977 y recorrió diversos países latinoamericanos hasta llegar a Ecuador. Allí se unió a la Brigada Internacional Simón Bolívar en 1979 para participar en la Revolución Sandinista. Después del triunfo de la revolución, se instaló en Hamburgo y trabajó como corresponsal mientras escribía relatos, obras de teatro y novelas. Cruzó los mares en varias ocasiones entre 1983 y 1988 siendo corresponsal de Greenpeace.

 

La editorial Tusquets publicó en 1993 la novela que le catapultó a la fama, “Un viejo que leía novelas de amor”. La edición en Francia del año siguiente, a cargo de Anne Marie Métailié, tuvo un enorme éxito y el libro fue traducido a otros veinte idiomas.

En 1996, un año antes de instalarse definitivamente en Gijón, Asturias, y después de reemprender su relación con Carmen Yáñez, publicó una novela corta con un largo título, “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”. Protagonizan la historia un gato negro, grande y gordo llamado Zorbas, sus tres amigos Secretario, Colonello y Sabelotodo, y la gaviota, claro.

Un día, una gaviota de nombre Kengah se desorienta en el duro Mar del Norte, pero consigue llegar, exhausta, al balcón donde está Zorbas, que acaba de quedarse solo para un mes porque los dueños de la casa se han ido de vacaciones, lo que tampoco le supone un disgusto. Un vecino viene a darle de comer, tiene la casa para él solo y puede pasear por el puerto de Hamburgo saliendo por el balcón.

En inglés

Kengah, antes de morir, tiene fuerza para poner un huevo y le hace prometer tres cosas a Kengah: Que no se lo comerá, que cuidará del huevo hasta que nazca el pollito y que le enseñará a volar. Zorbas lo promete. La gaviota no se equivoca, es un gato bueno y de nobles sentimientos.

Francia

Sin saber qué hacer para salvar a la gaviota, Zorbas parte en busca de Sabelotodo. Este tiene la costumbre de consultar la enciclopedia para absolutamente todo y vive en un enorme bazar cuya entrada está vigilada por el mono Matías. Le acompañan Secretario, un gato romano muy flaco, y Colonello, otro gato de edad indefinida. Ambos viven en un restaurante.

Italia

A partir de ese momento, los cuatro gatos se desviven para cumplir la promesa que Zorbas le hizo a Kengah, la gaviota que murió por haberse manchado las alas con el petróleo que un buque había soltado de sus tanques en alta mar. A pesar de su nulo conocimiento en la crianza de aves, lo consiguen.

Portugal

Otra edición portuguesa

Entre otras dudas está saber si es pollita o pollito. Los cuatro amigos no tienen más remedio que recurrir al gato Barlovento, viejo lobo de mar que vive en un barco. Dictamina que “es una linda pollita” y deciden llamarla Afortunada.

Suecia

Enseñando a volar

La novela está escrita con un estilo muy directo: el puerto de Hamburgo cobra vida con una breve descripción, los gatos surgen de entre las páginas, igual que el bazar y el mono Matías. En los años cincuenta, en la portada de la edición belga y francesa del cómic “Tintín” se leía: “La revista para los jóvenes de 7 a 77 años”. Nos atrevemos a recomendar este relato a los jóvenes de 6 a 96 años.

Turquía

Fue adaptada al cine de animación por el realizador italiano Enzo D’Alò en 1998 con el título “La Gabbianella e il gatto”.

Imágenes de la película

En 2012, la editorial Espasa publicó la novela corta de Luis Sepúlveda “Historia de Mix, de Max y de Mex”, también llamada en otros países “Historia de un gato y del ratón que se hizo su amigo”, traducida a varios idiomas.

Aquí, el escritor cuenta la historia del gato Mix que vive con el niño Max. Cuando este crece y va a estudiar a la ciudad, le lleva con él. Se instalan en un pequeño piso, y Mix disfruta sentado en el tejado mirando los coches y a la gente en la calle. Pasan los años, Mix envejece y se queda ciego.

Italia

Polonia

Max se asegura de que el piso siempre esté ordenado para que Mix no tropiece con nada y el gato oye cada vez mejor. Un día, un ratón mexicano llamado Mex se cuela en la casa de ambos en busca de comida. Es un ratón parlanchín, un poco cobarde, muy simpático, y se hace amigo del gato. A partir de entonces, suben juntos al tejado para que Mex le describa a Mix todo lo que ve.

Es otra historia de amistades imposibles, de supuestos enemigos natos que no parecen tener problemas en entenderse. Cuando la pequeña Afortunada de “Historia de una gaviota” descubre que no es gata, está convencida de que ya no la querrán porque no es como ellos. Zorbas la consuela explicándole que, al contrario, la quieren porque es gaviota, es diferente de ellos.

Rusia

Francia

Luis Sepúlveda también escribió libros de viaje, guiones y ensayos. Fue cocinero, guerrillero, ecologista y muchas más cosas. Recorrió América Latina de Sur a Norte. Vivió fiel a sus principios. En una entrevista en junio de 2017 dijo: “Contar bien una buena historia es la única obligación del escritor; no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos”.


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Gatos, etiquetas y Louis de Bernières

Reino Unido

El escritor Louis de Bernières nació en las cercanías de Londres el 8 de diciembre de 1954. Él mismo se define como un euroescéptico y apoyó la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Se le conoce por ser el autor de la novela “La mandolina del capitán Corelli”, ganadora del Premio de la Commonwealth al Mejor Libro del Año y llevada al cine por John Madden en 2001.

Pavo con conejo (Alemania)

Pollo (Reino Unido)

Antes había escrito tres novelas, “La guerra de las partes pudendas de Don Emanuel” (1990), “El Sr. Vivo y el rey de la Coca” (1991) y “El molesto retoño del Cardenal Guzmán” (1991), muy influenciadas por la literatura sudamericana, sobre todo por el realismo mágico. En 2001 publicó “Perro Rojo”, una colección de historias cortas basadas en la estatua de un perro que vio en Australia con ocasión de un congreso de escritores.

Atún claro y pollo (Estados Unidos)

Pechuga de pollo (Italia)

A pesar de las dos fotografías que incluimos del autor con un gato, ignoramos si le gustan. Una de ellas, la del gato blanco, fue hecha en Turquía durante una presentación, por lo que deducimos que no era suyo. Y de la segunda no sabemos nada. Pero Louis de Bernières tiene en su haber una historia corta titulada “Labels” (Etiquetas) que merece una entrada. Pasamos a resumirla.

Louis de Bernières en Turquía

Etiquetas exclusivas (Estados Unidos)

El narrador cuenta en primera persona que nació en una época en que había luz eléctrica, pero no televisión. Mucha gente pasaba las veladas construyendo pueblos con cajas de cerillas y barcos con las cerillas. Fue la gran época de los pasatiempos. Su abuelo, por ejemplo, se hacía sus propios calcetines. Los niños coleccionaban de todo, desde cromos y sellos, pasando por bolsas de patatas fritas, hasta envoltorios de caramelos.

Portada del libro

Variedad de sabores (Corea del Sur)

Al igual que al resto del mundo, le invadió un creciente torpor con la llegada de la televisión. Peor aún, se sentía irritable y deprimido hasta que, un buen día, en la tienda de la esquina, se fijó en una lata de comida húmeda para gatos, atraído por la mirada del gato en la etiqueta. En ese momento pensó que una colección de etiquetas de latas de comida felina podría ser de sumo interés en un futuro para los historiadores especializados. Además, al ser algo poco común, podría convertirse fácilmente en una autoridad en la materia en poco tiempo. Desechó la idea como risible.

Conejo con plátano (España)

Tentempié entre comidas (Alemania)

Una hora después estaba de vuelta en la tienda para comprar la lata. A su regreso a casa, metió la lata en agua hirviendo para despegar la etiqueta, pero la desgarró por falta de paciencia y tuvo que volver a comprar una segunda lata. Tensó una cuerda entre la ventana y una tubería para colgarla mientras iba a la papelería a comprar un álbum de fotos. Se pasó el resto de la velada esperando ansiosamente a que se secara la etiqueta. Apenas pegó ojo esa noche levantándose cada media hora para ver si ya podía colocarla en el álbum.

Caballa con cordero (Nueva Zelanda)

Francia

Al día siguiente lo consiguió, apuntando la fecha correspondiente. Poco después salió de nuevo para comprar un secador de pelo y otras dos latas. No tardó en descubrir que los fabricantes de comida húmeda no solo usaban diferentes tipos de pegamento, sino también en cantidades diferentes, lo que apuntó con precisión.

Cocinera televisiva (Estados Unidos)

Atún, cordero, patata (Italia)

Su pasión le llevó a acumular una gran cantidad de latas de todo tamaño sin etiquetar. Su lado práctico le impedía tirarlas y se las regalaba a amigos con gatos. Las latas de tamaño industrial fueron a parar a protectoras. Desafortunadamente, su conversación se volvió monotemática, cada vez le invitaban menos a cenar y los amigos empezaban a mirarle mal. Su esposa le dejó ante la acumulación de álbumes en el dormitorio.

Sardina, atún, gambas (Reino Unido)

Ternera, pollo, gambas (Alemania)

Pollo (Canadá)

Trabajaba como agente de cobro, ocupación que siempre se le había dado bien debido a su gran tamaño y a la facilidad por poner caras con expresiones intimidantes. Consiguió equilibrar los gastos de la colección con su sueldo hasta que realizó un viaje a Francia donde descubrió filas y filas de latitas con maravillosas y elegantes etiquetas. Compró todo lo que encontró con el resultado de que el eje de su coche se rompió debido al peso durante la vuelta a Inglaterra.

Solo pollo (Estados Unidos)

Atún con chirlas (Italia)

A continuación dijo que estaba enfermo y viajó a España. No fue a visitar la Alhambra, sino todos los supermercados para comprar latas de “Señorito Gatito”, “Minino”, “Micho Miau” y “Ronroneo”. A su regreso se enteró de que le habían despedido.  Incapaz de abandonar su manía coleccionista acabó comiendo pan duro y caldo de huesos.

Con algas (Reino Unido)

Pollo (Estados Unidos)

Un buen día, sumido en la más absoluta desesperación, abrió una lata para de gatos de pollo, la olió… No era desagradable. Se atrevió a meter una cucharita en la mousse y a probarla, pero la escupió. Soñando ya con una muerte próxima, se propagó por su boca un agradable sabor. Volvió a olerla y pensó: “Bastaría con un toque de ajo y un poco de albahaca para hacer una terrina de lo más respetable”.

Solo pollo (Italia)

Pechuga de pollo con trocitos de costilla (Estados Unidos)

A partir de ese momento inició un proceso de mejora del contenido de las latas de comida húmeda. Las más caras se convirtieron en excelentes patés y pasteles de carne. Añadió champiñones e higaditos de pollo a las marcas más baratas. En cuanto a las de pescado, su conversión era más complicada si no se trataba de atún o salmón.

Pavo (Alemania)

Ternera, venado, cordero (Estados Unidos)

Empezó a vender sus productos en la tienda local. El éxito le empujó a hablar con otras tiendas. Mejoró las primeras recetas con la adición de un brandy griego que hacía milagros. Ahora tiene varias tiendas en París, y su producción está debidamente aprobada por el Ministerio de Agricultura. Su esposa volvió al hogar y ambos recorren el mundo en busca de nuevas etiquetas.

Cazuelita de cordero (Reino Unido)

Italia

Pollo para lamerse la pata (Estados Unidos)

Si tienen ocasión de leer el cuento, háganlo, nuestro resumen no le hace justicia. Nos enteramos de su existencia por Zyx, un seguidor del blog al que le dedicamos esta entrada con nuestro agradecimiento. Zyx lo leyó en una serie de relatos gastronómicos escrita y recopilada por Medlar Lucan y Durian Gray titulada “Una cena con Calígula. El libro de la cocina depravada”. Título original: “The Decadent Cookbook”.

 

Pavo (Francia)

Pollo, salmón, pato (Estados Unidos)

Nos hemos limitado a incluir la comida gatuna menos conocida y con cierta tendencia al lujo. La marca “Newman’s Own”, creada por el actor Paul Newman, dona todos los beneficios de la venta de sus productos a organizaciones benéficas.

Paul Newman (Estados Unidos)

Paul Newman (Estados Unidos)


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Muchos gatos y Ernest Hemingway

Ernest Hemingway dijo una vez que “la honradez emocional de un gato es total; los seres humanos esconden sus sentimientos por diferentes razones, pero un gato nunca”. No podemos estar más de acuerdo con las palabras del escritor – aunque lo mismo podría decirse de cualquier animal -, que siempre vivió con gatos, desde su infancia en Illinois y Michigan, pasando por París, Cayo Hueso, Cuba y su última residencia en Idaho.

En 1943 escribió a su primera esposa (Hadley Richardson) desde Finca Vigía en Cuba: “Un gato lleva a otro… Y este lugar es tan grande que no te das cuenta de que hay tantos gatos hasta que los ves llegar en masa a la hora de comer”. No cabe duda de que amaba profundamente a los gatos y a otros animales. También tuvo nueve perros, una vaca y un búho americano al que rescató pocas semanas antes de su muerte.

Los gatos de Finca Vigía

Decía que los gatos eran “fábricas de ronroneo” y “esponjas de amor” que se empapaban de afecto a cambio de consuelo y compañía. Todos tenían un nombre según su carácter, algunos más imaginativos que otros. Estaba F. Puss (F. Gatito), Fatso (Gordo), Friendless (Sin amigos) y Friendless’ Brother (El hermano de Sin amigos), Feather Kitty (Gatita pluma), Princessa, Furhouse (Casa de pelo), entre muchos otros.

Friendless’ Brother y Willy observando a un mono en Finca Vigía

Con Friendless

Escribió un cuento muy corto titulado “Cat in The Rain” (Gato en la lluvia), publicado en 1925 en la colección “Our Time”, que a posteriori hizo correr ríos de tinta. En ese cuento, una pareja de turistas estadounidenses en Italia se ven obligados a quedarse en el hotel por culpa de la lluvia. La esposa ve a un gato debajo de una mesa en la terraza y se empeña en tenerlo.

Con Boise

También menciona a los gatos en otras obras, todas escritas hacia el final de su vida, como en “París era una fiesta”, “Islas en el golfo”, “El jardín del Edén” y “Al romper el alba”, todas ellas bastante autobiográficas.

Con Cristóbal

Además, ¿quién no ha oído hablar de los famosos gatos de seis dedos de su residencia en Cayo Hueso? Llegó a la isla en abril de 1928 con Pauline Pfeiffer, su segunda mujer, y decidieron pasar los veranos en Wyoming y los inviernos en Florida. Escribió las novelas “Adiós a las armas” y “Tener y no tener” en la casa de estilo colonial que compraron y reformaron.

Cristóbal e Izzie

Hoy, la casa es un museo dedicado al escritor y el hogar de unos cuarenta gatos de seis dedos o polidáctilos. Durante su estancia en Cayo Hueso, el capitán de barco Harold Stanley le regaló una gata blanca polidáctila a Hemingway a la que sus hijos llamaron “Snow White” (Blancanieves). La gata no tardó en tener gatitos a los que se nombró por los amigos famosos del escritor. Los gatos que ahora viven en el museo (e incluso duermen en la cama de Hemingway) son los descendientes de esta primera gata.

La casa de Hemingway en Cayo Hueso

Conoció a Martha Gellhorn durante la Guerra Civil española. De hecho, escribió su única obra de teatro, “La quinta columna”, en un hotel de Madrid mientras las tropas franquistas bombardeaban la ciudad. A su regreso a Estados Unidos se separó de Pauline. En 1939, Hemingway alquiló Finca Vigía, en Cuba, una propiedad de más de seis hectáreas a unos 25 km de La Habana, y Martha se reunió con él un poco después. Al parecer, volvía periódicamente a Cayo Hueso para ver a sus hijos y gatos. En Cuba hubo muchos más gatos, un sinfín de gatos incluso, y su idilio con la isla duró muchos años, concretamente hasta el 25 de julio de 1960.

Good Will en Finca Vigía

Para entonces ya estaba casado con Mary Welsh, a la que había conocido en 1945. Su última residencia fue en Ketchum, Idaho, donde también le acompañó un gato llamado Big Boy Peterson (Chicarrón Peterson). Se suicidó con su escopeta favorita el 2 de julio de 1961, a los 62 años. Curiosamente, su padre, su hermana y su hermano también se suicidaron. A partir de 1954, la salud del escritor se deterioró después de dos graves accidentes.

Mary Hemingway con Boise

Big Boy Peterson en Ketchum, Idaho

Ganador del Premio Nobel, conductor de ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial, corresponsal de guerra en la Guerra Civil Española y en la II Guerra Mundial, aventurero y, desde luego, amante de los gatos. E incluso de otros animales, pero… cazador y pescador empedernido, además de aficionado a las corridas de toros.

Willy, Spendy, Shopsky y Ecstasy en Finca Vigía

Hemingway no se limitaba a cazar en Idaho o a pescar en las cálidas aguas del Golfo. Iba regularmente de safari a África, y los dos accidentes que acabaron con su salud (además del alcohol) tuvieron lugar con muy pocos días de diferencia en Uganda. La revista Life le encargó en 1959 un reportaje de diez mil palabras sobre las corridas, y aunque no estaba bien físicamente, se desplazó en dos ocasiones a España para escribirlo. Habían pasado más de treinta años desde que descubrió los encierros de Pamplona en los años veinte, pero le seguían gustando.

A pesar de la proliferación de gatos en Cayo Hueso y en Finca Vigía, Hemingway jamás consideró la posibilidad de esterilizarlos porque iba contra sus principios. Y nos preguntamos ¿qué fue de los numerosísimos gatos de Finca Vigía cuando Hemingway y su cuarta esposa abandonaron la isla para siempre?

Gatos y Respeto cree que no basta con amar a los gatos si no se respeta a todos los otros seres vivos del planeta. Nadie que realmente quiera a un gato puede empuñar un arma y disparar a un conejo o a un elefante, solo representa una terrible contradicción.

Gatito y pies de Hemingway


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Gatos en el folclore ruso

El gato es importante en Rusia, no solo porque al parecer el  60% de la población tiene un gato doméstico, sino por el importante lugar que ocupa en el folclore. En el cuento de hadas épico “Ruslán y Ludmila”, escrito por Pushkin y publicado en 1820, los seis primeros versos, inmediatamente después de la dedicatoria propiamente dicha, se refieren a un gato: “Hay un roble verde en la orilla/ de la bahía azul; atado a una cadenita de oro/ el gato, conocedor de muchas fábulas,/ pasea alrededor del tronco sin cesar./ Si se mueve a la derecha, cantará una canción./ Si se mueve a la izquierda, contará un cuento”.

Ruslán y Ludmila

Este curioso gato cantante y hablador, conocido por todos los niños rusos, está relacionado con el gato Bajun, que significa “hablador”, del verbo “bayat” (hablar), también llamado Kot Baikun. Se trata de un gato negro de enormes proporciones capaz de contar maravillosas historias y cuentos durante horas hasta adormecer a quien le escucha y entonces comérselo. Pero… si el oyente consigue permanecer despierto y atrapar al Kot Bajun, este se convertirá en el más fiel de los compañeros y le ayudará a superar cualquier dificultad.

Bajun

Bajun

Algunos dicen que Kot Bayun vive con Baba Yaga en una isba sostenida con patas de pollo en el Reino Tres Veces Diez, en Ucrania, mientras otros afirman que mora encima de un poste de hierro en la Tierra Tres Veces Nueve, en Rusia, donde no hay ni animales ni plantas. El gran tamaño y el color de Baiyun nos lleva a Beguemot, el travieso y parlanchín gato que juega al ajedrez en la novela de Mijaíl Bulgákov, cuyo nombre viene del monstruo Behemot, del que se habla en el Libro de Job.

La isla de Baba Yaga

Beguemot

Beguemot tiene el don de convertirse en un hombre rollizo en ciertas ocasiones, y el autor lo describe así: “Gordo como un cerdo, negro como el tizón o como el mirlo, y con los bigotes de un oficial de caballería”. Además, es un auténtico glotón.

Beguemot

El Beguemot del Museo Bulgákov

En Rusia existe la tradición de que al mudarse a una nueva casa, el gato debe ser el primero en entrar e inspeccionar las estancias. La cama se colocará donde se haya sentado por primera vez porque será el lugar más seguro. Hace unos catorce años, uno de los mayores bancos de Rusia ofrecía prestar un gato a cualquiera que contratara una hipoteca con ellos. Incluso tenían un portafolio con fotos de gatos para que el cliente pudiera escogerlo.

La casa del gato

Los gatos son los guías hacia el Más Allá, y antes se decía que si un gato saltaba por encima de un muerto, este regresaría como un vampiro porque el Guardián del Otro Mundo le había rechazado. Se sigue diciendo que cualquiera que mate a un gato no se limitará a siete años de mala suerte, sino que sufrirá lo peor de lo peor durante estos años.

El gato de Kazán

En muchos cuentos, los papeles protagonistas corresponden a gatos, y aquí resumiremos dos de los más conocidos. El primero es el gato y la zorrita. Érase una vez un gato macho al que le faltaba una oreja y que no dejaba de pelearse. Su amo decidió deshacerse de él, lo metió en un saco y se lo llevó al bosque, donde le abandonó, pero el gato consiguió agujerear el saco y salir. Primero se aseó, luego encontró una cabaña abandonada y se echó la siesta para reponerse de las emociones. Al despertar, sintió hambre y cazó unos ratones. Siguió así durante un tiempo, aunque no le gustase especialmente cazar; estaba acostumbrado a que le trajeran la comida.

Un buen día conoció a una zorrita, y aunque ella nunca había visto a un gato, le pareció de lo más apuesto. Le preguntó quién era y él contestó: “Soy el nuevo Gobernador procedente de los bosque siberianos, me llamo Catafay Ivanovich”. La zorrita Lisa le invitó a su casa, y como los dos se llevaban muy bien y eran solteros, decidieron casarse.

Al día siguiente, la zorrita salió a buscar comida y se encontró con el lobo, que empezó a coquetear con ella, pero le detuvo diciendo que estaba casada. El zorro quiso conocer a su marido, claro. Ella contestó: “Cielos, mi Catafay Ivanovich es de lo más fiero. Trae un cordero como prueba de respeto y te presentaré”. Al oso que al poco se cruzó en su camino le pidió que trajera un buey.

Los dos volvieron al rato con los presentes y le ordenaron a la liebre que avisara a la zorrita. El oso trepó a un árbol y el lobo se escondió debajo de un montón de hojas secas. El oso vio llegar a la pareja desde su escondite y el fiero marido de Lisa le pareció muy pequeño, pero Catafay se tiró encima del buey y empezó a arrancarle trozos pidiendo más y más.

El lobo se movió debajo de las hojas para ver qué ocurría. Catafay le oyó y creyendo que se trataba de un ratón, se le tiró encima, arañándole el hocico. El lobo huyó, aterrado, y el oso se cayó del árbol. A partir de ese día Lisa y Catafay vivieron felices sin tener que preocuparse de la comida para el duro invierno.

Otro cuento es el del Gato, el Gallo y la Zorra. Un gato y un gallo vivían felices en la misma cabaña. Siempre que el gato salía a cazar, le recomendaba al gallo que no saliera ni abriera la puerta a nadie. Una zorra muy lista decidió hacerse con el gallo y le ofreció grano si salía, pero el gallo le contestó que estaba muy bien en su casa.

La vez siguiente, dejó el grano delante de la ventana y se escondió. El gato salió a cazar, el gallo vio el grano, se aseguró de que no había nadie y saltó fuera a comerlo. La zorra no dejó pasar la oportunidad y se lo llevó. Por mucho que gritó el pobre gallo llamando a su compañero el gato, este estaba demasiado lejos para oírlo.

El gato, a su regreso, entendió lo que había pasado y al día siguiente siguió las huellas de la zorra hasta su casa. La zorra tenía cuatro hijas y un hijo, y antes de salir les encomendó que pusieran agua a hervir porque a su regreso, matarían al gallo y lo hervirían.

La zorra se fue y el gato empezó a cantar. La hija mayor, llena de curiosidad, salió a ver quién cantaba tan bien. El gato le dio en el hocico, ella se desmayó y la metió en un saco. Lo mismo pasó con las otras tres y, finalmente, con el hijo pequeño. El gato colgó el saco de una rama, entró y liberó a su amigo el gallo. Desde ese día, el gallo jamás desobedeció al gato.

Dedicamos esta entrada a nuestro amigo Carlos, que creció en Moscú.


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El gato, la casa y Mireille Havet

El Gato, de Guillaume Apollinaire

Mireille Havet nació el 4 de octubre de 1898 en Médan, una población situada a cuatro meandros del Sena al oeste de París. Era hija del pintor paisajista Henri Havet y de Léoncine Cornillier, y hermana de otro pintor, Pierre-Emile Cornillier. Su padre, que nunca tuvo mucho dinero, murió cuando ella tenía quince años.

Mireille Havet

Mireille Havet perteneció a esa generación de estrellas fugaces del París de entreguerras que murieron demasiado jóvenes, pero ella, al contrario que muchos otros, no dejó una novela mítica ni hizo mella en el movimiento surrealista. Si Dominique Tiry no llega a descubrir en 1995 el diario que escribió desde 1912 a 1929, y si Claire Paulhan no se hubiera atrevido a publicarlo, es probable que ahora nadie se acordase de ella.

La gata, de Théophile Steinlein

Fue amiga de Guillaume Apollinaire, que publicó sus primeros poemas en la revista “Soirées de Paris” (Veladas de París) en 1914; de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/), que escribió el prólogo de la colección “La casa en el ojo del gato”; de Jean Cocteau (https://gatosyrespeto.org/2015/07/17/el-gato-karoun-y-jean-cocteau/), para el que interpretó el papel de la Muerte en “Orfeo”, vestida por Coco Chanel, y de muchos otros que la apoyaron.

Colette

Jean Cocteau

Colette la presentó a la estadounidense Natalie Clifford Barney y empezó a frecuentar su salón. Descubrió la obra de Renée Vivien y conoció a la escritora. Mireille Havet se mostraba abiertamente homosexual en su diario y en los salones, y reivindicó su libertad sin tapujos.

Renée Vivien

Mireille Havet

Pero ¿qué la empujó a entregarse a la morfina y al opio a pesar de ser considerada como una brillante escritora en ciernes por los que la quisieron y apoyaron? Murió el 21 de marzo de 1932 en el sanatorio de Montana, Suiza, a los 33 años. En su memoria, hemos traducido el cuento “La casa en el ojo del gato”, publicado en el número 19 de la revista “Les soirées de Paris” en 1913 y que Jean Cocteau describió como “una obra maestra abarrotada de geometría moderna y de torpeza infantil que me parece uno de los ejemplos más extraordinarios del “clima” intelectual de nuestra generación”.

La casa en el ojo del gato

Los objetos no son objetos, sino imágenes que solo existen cuando nos fijamos en ellas y que desaparecen en cuanto cesamos de pensar en ellas. No existen objetos pues, sino nuestra relación con ellos”. (Tolstói)

La casa estaba sola al borde del Vacío que había abrazado el pequeño jardín.

La casa estaba sola al borde del Vacío, como cualquier casa en la que nadie piensa y a la que nadie ve.

El Vacío ascendía hasta el cielo, que ya no era cielo, ¡sino Eternidad! Y quizá bastara con darse la vuelta con suficiente rapidez para ver, desde el umbral de la casa, toda la Vida precedida por el Pasado y seguida por el Futuro.

La casa, la Vida banal y particular seguía su curso.

Una familia (como todas las familias) se preparaba para ir a pasar el verano al campo, que esperaba fuera, infinito y tranquilo.

El padre, preocupado, consultaba el horario.

La madre colocaba más ropa en un baúl lleno.

El hijo cerraba las contraventanas.

Y la hija bajaba de su habitación con una bolsa de cuero amarillo que depositaba fuera, encima de los otros paquetes.

Abrió la puerta de la casa y el fiel jardincito regresó del fondo de la Eternidad y la Eternidad, también fiel, reflejó la imagen exacta del pensamiento de la joven en el pequeño jardín que amaba.

Esta se detuvo delante de la casa y unas flores crecieron de inmediato en los arriates de los caminos: capuchinas y algún que otro pálido tulipán.

Una lluvia muy fina caía en el césped verde, ¡y recuerdos! Los recuerdos subían en el alma de la joven: Fue aquí, este año, donde vio llegar la primavera. Una primavera un poco alocada que había cubierto la hierba de diminutas margaritas, la tierra de lirios, el muro de rosas caninas y de jazmín que aún perduraba. Aquí es donde había leído, en días de oro pálido, a Shakespeare, ¡que tanto le gustaba! A Balzac y a su primer Zola. Aquí es donde había visto tantos crepúsculos como grandes alas de ángeles, bordeadas de una sombra azul, rozar la tierra antes de irse hacia el cielo. ¡Y todo eso se había acabado!

¿Por qué? Porque había llegado el verano, un verano feo, lluvioso, que había ahogado las flores de la primavera… ¡Todas las florecillas! De pronto pensó en el campo que la esperaba, ¡un campo tan suave!, donde ÉL ya llevaba un mes. ¡Entonces se sintió feliz! ¡El jardín le pareció rebosar de sol! Salió a la calle… y el Vacío se cerró tras ella.

El hijo, después de cerrar todas las contraventanas, salió de golpe de la casa: miró el jardín, insignificante para él en su verde grisáceo monótono, y su mirada, yendo mucho más lejos, descubrió el mar, la playa, la red de tenis que había desgarrado y sustituido a su costa el año pasado. Regresó al jardín, se fijó un momento en el trapecio en el que por poco se mató y, cogiendo una maleta, salió corriendo a la calle. La puerta quedó entreabierta y un transeúnte vio el jardín, que le pareció “grande por ser París”, y la casa, que tachó de “fea”. Eso fue todo. – El Vacío.

El padre y la madre salieron juntos.

El padre cerró la puerta de la casa. La madre pensó que aún no había encontrado las tijeras en el césped. Vio el césped.

“Si vuelve el gato, estropeará los último tulipanes”. Vio los tulipanes. Se fue.

El padre dijo: “Prefiero que haya dejado de llover, se estropean las bicicletas”. Se guardó las llaves en el bolsillo, no vio el jardín, cerró la puerta de la calle. Pero el jardín permaneció un momento más. Y regresó la Eternidad en la sombra infinita de la Soledad: Ya solo hubo un cielo, de abajo arriba, cuyos contornos eran el Infinito.

Encima de la tierra, habitada por el pensamiento de los seres humanos: un cielo claro, sembrado de estrellas. La tierra es muy luminosa. En el lugar donde la familia ha dejado la casa no hay nada. ¿Almas quizá? Y recuerdos… Pero hay algo, el Vacío se aparta, aparece un cielo admirable, de una pureza divina. Y la casa alta, ¡alta! como una catedral. Y el jardín con un césped como un prado, y los caminos como carreteras en el campo.

¿Qué hay? No hay nada. Sí. Allí abajo, un poco por encima del suelo, quedan suspendidas dos estrellas: Los ojos de un gato miran la casa. El gato está aquí y todo revive para él. El gato pasea: todo está en calma. Se acerca lentamente a un tragaluz: entra, las estrellas iluminan el sótano, blanco como el pasillo de una abadía. El gato ronronea mientras avanza. Está tranquilo, nada ha cambiado en su casa. Vuelve a saltar en la carretera de campo y da una vuelta por el prado. El gato pasa revista a toda la Noche. En las ventanas de las casas titilan vidrieras. El gato se tumba en un escalón de la casa. Sus ojos se hacen muy grandes, ¡ve en la Nada!

Queremos dar las gracias a mish Laura Valeria Cozzo y a su blog sobre Cocteau por habernos hecho descubrir este maravilloso escrito que quizá aporte alguna pista sobre la prematura muerte de su autora.

Mireille Havet


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Gatos curiosos y la autora Angela Carter

La escritora británica Angela Carter decía que escribió su primera novela a los seis años, “Bill and Tom Go to Pussy Market” (Bill y Tom van al mercado gatuno), que según ella “estaba llena de realismo social: gatos yendo a sus ocupaciones diarias”. De niña, su favorito se llamaba Charlie, un gato bastante maleducado que se hacía pis en los zapatos de su madre.

Angela Carter con un gato

Pasaron los años y adoptó a un gato “de orejas color lavanda y ojos verdes helecho” con su primer marido. Vivió dos años en Tokio y la acompañó una tricolor. De vuelta a Londres, Cocker y Ponce se quedaban en el jardín cuando soltaba a Adelaide y Chubbeleigh (dos pájaros) por el salón. En una entrevista explicó: “Me llevo bien con los gatos porque algunas de mis antepasadas fueron brujas”.

Angela Carter escribió dos libros infantiles dedicados a gatos. El primero, “Comic and Curious Cats”, es una especie de abecedario. Por ejemplo, en la letra I dice: “Me gusta mi gato con I porque es Ingenioso, Ingenuo y se Insinúa. Se llama Iñigo, vive en Inverurie y come calamares Incesantemente. Claro que en inglés calamar es “Inkfish” y también empieza por I, pero no hemos encontrado ningún habitante de los mares que empezara por I en español. El libro está ilustrado por Martin Leman, a quien dedicaremos una entrada muy pronto.

El segundo libro infantil, “Sea-Cat and Dragon King” (Gato Marino y Rey Dragón), cuenta cómo Gato Marino lleva fabulosos trajes incrustados de piedras preciosas que le hace su madre. Sin embargo, el Rey Dragón vive en la más absoluta soledad debido a su tremenda fealdad. En cuanto ve a Gato Marino, quiere su traje, pero Gato es listo y sabe que su madre puede transformar las lágrimas de rubíes de Dragón en el traje más maravilloso para el pobre Rey.

El libro más famoso de Angela Carter es “The Bloody Chamber and Other Stories” (La cámara sangrienta y otros cuentos), publicado en Inglaterra en 1979 y en España en 1991, una antología de diez cuentos de hadas reimaginados por la escritora. Entre estos se encuentra “El gato con botas”, pero no tiene nada que ver con el cuento de Perrault del que hablábamos la semana pasada (https://gatosyrespeto.org/2019/11/21/el-gato-con-botas/) Tres años antes había aceptado un encargo para traducir los cuentos de Perrault al inglés, de ahí nació la idea de dar la vuelta a los cuentos de hadas.

En esta versión, Gato ya tiene botas cuando conoce a un joven tan descarado como él. Ambos viven en Bérgamo y hablan italiano, aunque Gato también habla francés porque “solo se puede ronronear en francés”. Los dos son tramposos, mujeriegos o “gatariegos”, y sobreviven a base de trampas y engaños hasta que el amo se enamora perdidamente de una joven a la que ven pasar en compañía de su vieja criada. Gato no puede creerse que su amo ya no esté interesado en otras mujeres y piensa que la única solución es conseguir que la joven se entregue a él. Eso le curará seguro.

Descubre que la joven está casada con un hombre de avanzada edad y que tiene una gata, Atigrada. Se hace amigo de Atigrada. Esta acepta ayudarle y entrega una carta a su ama. El joven le canta una serenata a su amada, pero hay mucho bullicio en la plaza y no le oye. Gato escala la fachada para avisarla y baja mediante un peligroso triple salto mortal.

El triple salto mortal

Otro triple salto mortal

Deciden que se presentarán como “cazarratas” una vez que Atigrada haya esparcido ratas medio muertas por la casa. La vieja criada, aterrada, les hace pasar y la doncella la convence para que la deje a solas con los “cazarratas” en su dormitorio. Los dos jóvenes hacen el amor apasionadamente mientras Gato simula cazar. Cuando entra la vieja y pregunta por qué está deshecha la cama, el joven le dice que Gato ha librado una terrible batalla con una rata enorme.

Pero el encuentro no cura a su amo. Atigrada le cuenta a Gato que el viejo marido tiene dinero de sobra para mantenerlos a todos y que el pobre podría caerse por las escaleras una buena mañana. Y así es. La criada avisa a un médico y el amo de Gato se hace pasar por doctor. Atigrada no se ha andado con chiquitas, el Sr. Pantaleone se ha roto el cuello. Los dos jóvenes aprovechan para hacer el amor en el suelo (el anciano esposo está en la cama). Ella hereda la fortuna de su difunto marido y se casan. Gato se resigna a dejar atrás sus días de soltero, convive con Atigrada y tienen tres preciosos gatitos.

A primera vista, las versiones de Angela Carter no se parecen a los cuentos originales. Pero basta con fijarse un poco para darse cuenta de que las versiones actuales de los cuentos infantiles tradicionales han sido totalmente edulcoradas si las comparamos a las que se contaban hace sesenta años. Los cuentos de hadas eran mucho más oscuros, sorprendentes y mágicos que los de ahora.

Comic and Curious Cats (contraportada)

Angela Carter nació el 7 de mayo de 1940 y fue la niña mimada de sus padres. En el instituto, sus profesores la animaron para estudiar en Oxford, pero cuando su madre se iba a mudar allí para estar con ella, cambió de idea y prefirió casarse para huir del amor agobiante de su progenitora. Paul Carter, su marido, la introdujo en el mundo de los cuentos. A los 22 años, Angela se matriculó en la Universidad de Bristol, se especializó en Estudios Medievales, y descubrió a Freud y el surrealismo.

Empezó a publicar y en 1969 ganó el Premio Somerset Maugham, que consistía en quinientas libras, y se fue a vivir a Japón sola durante un tiempo para alejarse de las depresiones de su marido. Siempre dijo que sus dos años en Japón la convirtieron en una feminista porque “las jóvenes de Tokio se comportaban como si fueran sus propias muñecas”. Regresó a Londres cuatro años después y siguió escribiendo sin preocuparse mucho por la trama ni el desarrollo de los personajes. Quizá por eso sus mejores obras son historias cortas o cuentos en general bastante truculentos.

Un día, dos años después de volver de Japón, uno de los grifos de la cocina se rompió. Había visto a un albañil trabajando en la casa de enfrente y corrió a pedirle ayuda. Se llamaba Mark Pearce, tenía 19 años entonces, y ella, 34. Mark entró en casa de Angela y nunca se fue. Era muy apuesto, no hablaba mucho; siguió siendo albañil, ella siguió escribiendo. En 1983, a los 43 años, dio a luz a su hijo Alexander.

En una entrevista dijo: “Me asombra ver que en la lista de ‘escritores británicos contemporáneos importantes’ no aparezca una sola mujer, ni siquiera Doris Lessing, la única de todos con auténtica reputación internacional”.

A principios de 1991, poco antes de publicar “Niños sabios”, empezó a sentir dolores en el pecho. Le diagnosticaron un tumor inoperable en el pulmón derecho. Se casó con Mark – no se habían molestado en hacerlo hasta entonces -, y semana tras semana, sentada en su salón, organizó pequeños encuentros para despedirse de sus amigos. Falleció en su casa el 16 de febrero de 1992 a los 51 años.


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El gato con botas

La primera vez que aparece un gato en un cuento para ayudar a un ser humano es en 1550, en una colección de cuentos escritos o recopilados por Giovanni Francesco Straparola en dos volúmenes titulados “Piacevoli notti” (Noches placenteras). Durante cada una de las trece noches del Carnaval de Venecia se contaban historias. La undécima noche, Fiordiana les cuenta a sus compañeros la historia de “Constantino Fortunato”. Una mujer que tenía tres hijos muere y deja al mayor una artesa para amasar el pan, al mediano una tabla para estirar la pasta, y al último, un joven llamado Constantino, su gato. Los dos mayores prestan la artesa y la tabla a los vecinos, que les pagan con comida, pero no la comparten con su hermano menor y le dicen que se la pida al gato.

 

Gustave Doré

En este cuento, el gato es una gata, no lleva botas y en realidad es un hada. Caza a un lebrato y se lo lleva al Rey en nombre de Constantino, al que describe como un joven “virtuoso y hermoso que no tiene parangón”. El Rey da de comer y beber a la gata, y esta lleva parte a su amo. Esto se repite varias veces hasta que la gata convence a Constantino de que se desnude y se meta en el río después de haberse enterado de que el Rey está a punto de pasar. Grita pidiendo socorro en el momento oportuno y le explica al Rey que unos ladrones se han llevado la ropa de su amo. El Rey manda traer ropa, lleva a Constantino a su castillo, y la princesa Elisetta se prende de él. El Rey le concede la mano de su hija y una generosa dote, pero Constantino no tiene castillo donde llevar a su esposa.

El gato ante el Rey

El gato sale corriendo y precede al cortejo nupcial anunciando a todos los que encuentra a su paso que están en grave peligro, pero que si les dicen a los soldados que sirven al señor Constantino, no les harán nada. Y así es, a medida que el cortejo pasa, todos anuncian que trabajan para el señor Constantino.

El gato llega a un castillo donde cuenta lo mismo y la historia se repite. Da la casualidad de que el dueño está de viaje, sufre un terrible accidente y pierde la vida, por lo que Constantino y la gata se apoderan del castillo sin más. Poco después muere el Rey, y Constantino hereda el trono al haberse casado con su hija. Por cierto, hemos olvidado decir que la historia transcurre en Bohemia. Todos aplauden a Fiordiana por contar tan divertida historia.

Una versión en francés se publicó en 1560. Nunca sabremos si Straparola inventó los cuentos de “Piacevoli notti” o si los recopiló, pero nos inclinamos más por la segunda posibilidad. Es probable que pertenecieran a una tradición oral muy antigua y que no solo los recopilara, sino que añadiera algún toque suyo. Con el tiempo, la gata se transformó en gato, llevó botas y el cuento pasó a llamarse “Il gatto con gli stivali” (El gato con botas).

En 1634, Giambattista Basile publicó otro cuento protagonizado por un gato pícaro que habla en una colección titulada “Pentamerone”, que no fue traducida ni publicada en Francia. En este caso, el chico se llama Cagliuso y es un mendigo. Al hacerse rico le promete al gato que cuando fallezca le enterrará en un ataúd de oro como muestra de agradecimiento. A los tres días, el gato decide poner a prueba a su amo y finge estar muerto. Cagliuso le ordena inmediatamente a su mujer que tire al gato por la ventana. Este se alza de un salto, le pregunta si esas son formas de agradecerle todo lo que ha hecho por él y se va sin mirar atrás, dejando al joven que se las arregle solo.

Edición Curmer de 1843

La tercera versión, la que se hizo famosa, pertenece a Charles Perrault (1628-1703),  que fue secretario de Colbert, el consejero más influyente de Luis XIV. La colección de ocho cuentos fue publicada por Barbin en 1697 como “Historias o cuentos de antaño” o “Cuentos de mamá ganso”, y tuvo un éxito rotundo entre la aristocracia al estar los cuentos de hadas muy de moda. Un manuscrito ilustrado ya se había distribuido dos años antes. Es probable que Perrault conociera la versión de Straparola, pero también es posible que el cuento existiera en Francia.

Manuscrito de 1695

Aquí se trata del hijo menor del molinero y de un gato que le deja su padre. Uno de los hermanos mayores hereda el molino y el otro, las mulas. El joven se lamenta, pero el gato le pide que le encargue botas a medida; el joven se asombra al oír al gato hablar y obedece, gastándose el poco dinero que le queda. El gato caza un conejo y se lo ofrece al Rey de parte del marqués de Carabás.

Edición de 1786

El gato utiliza la misma superchería que en los dos cuentos italianos: unos ladrones se llevan la ropa de su amo mientras este se baña en el lago. El Rey, que pasa por allí con su hija, hace traer una ropa espléndida al marqués y le invita a su castillo. La princesa se enamora del joven.

Versión de Erich Kastner

Aquí la historia cambia ligeramente. El gato se adelanta a la carroza y pide a todos los que encuentra que digan que las tierras pertenecen al marqués de Carabás si no quieren acabar como carne picada. Por fin llega a un castillo habitado por un terrible ogro, famoso por sus poderes de metamorfosis. El ogro alardea delante del gato y le asusta transformándose en león. El gato, fingiendo admiración, le pregunta si también podría convertirse en un ser mucho más pequeño, un ratón, por ejemplo. El vanidoso ogro cae en la trampa y el gato se lo come.

El gato ante el ogro, Gustave Doré

Versión de Gail E. Haley

El Rey, la princesa y el joven llegan al castillo. Viendo la riqueza del supuesto marqués, el soberano no duda en entregarle la mano de su hija. A partir de entonces, el gato disfruta de la vida como un gran señor y solo persigue a ratones para entretenerse.

Eduardo Teixeira Coelho

La historia del hijo menor del molinero y de su gato lleno de recursos no ha dejado de ser versionada desde que se publicó en 1697. El cuento “El gato con botas”, también llamado “Le Maître Chat” (El maestre gato), fue traducido por primera vez por Robert Samber en 1729 al inglés y publicado con las otras siete historias. Desde entonces abundan las traducciones a numerosísimos idiomas. La primera edición española data de 1830. Los hermanos Grimm escribieron una versión en 1812 en la que el ogro es un mago y el gato se convierte en primer ministro cuando su amo asciende al trono.

Versión de los hermanos Grimm

Una colección de cuentos hindúes del siglo V después de Cristo tienen como protagonista a un gato que intenta hacerse rico en el palacio de un rey, pero cuyo futuro no es tan brillante como el del gato con botas.

Maëlle Doliveux

El gato con botas aparece en el tercer acto del ballet “La bella durmiente”, de Piotr Ilich Chaikovski. El 10 de enero de 1948 se estrenó en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona la ópera “El gato con botas” de Xavier Montsalvatge.

En 1922, Walt Disney produjo un corto mudo en blanco y negro acerca del cuento. El famoso guionista y director japonés Hayao Miyazaki lo adaptó a un manga y posteriormente a una película de animación. En 1988, el actor Christopher Walken protagonizó una película donde encarnaba a un gato que se convertía en un ser humano cuando llevaba botas. Y finalmente, dentro de la saga “Shrek”, en 2011 se estrenó “El gato con botas”, pero esta versión no tiene absolutamente nada que ver con el cuento.

Película de 1988


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Dos gatos, Adorno y Flanelle, y Julio Cortázar

Aunque suele atribuirse el nombre de Adorno al gato que se ve en las fotos con Cortázar, en realidad se trata de su gata Flanelle. Puede que el error se deba a que el escritor le dedicara el relato titulado “La entrada en religión de Teodoro W. Adorno” (https://libreriodelaplata.com/la-entrada-en-religion-de-teodoro-w-adorno-de-julio-cortazar/) en la colección “Último round”. En ese relato cuenta cómo conoció a un gato negro, delgado, hambriento, que vivía en un basurero de Saignon, pueblecito del interior de Provenza donde pasaba las vacaciones con su mujer. Le llamó Adorno en honor a Theodor L.W. Adorno, el conocido filósofo alemán.

En este breve relato, Julio Cortázar habla de un gato negro con corbata blanca que apareció durante tres años en la casa donde vivía los cuatro meses de verano. Al cuarto año no vino, pensó que habría muerto, pero al cabo de unos días, haciendo recados en el pueblo, descubrió a Teodoro hecho un ovillo delante de la puerta de la Señorita Sophie, la sacristana. De ahí el título del relato. Teodoro Adorno, gato filósofo, ni le miró, y creemos que el escritor se sintió ofendido. Pero ¿qué esperaba? ¿Por qué iba a mirarle Teodoro si no podía contar con él todo el año, si solo era un pasatiempo veraniego?

Al no encontrar fotos de Teodoro Adorno, y a pesar de que Cortázar dice haberle fotografiado, incluimos una de un gato negro del pueblo de Saignon.

Gato negro de Saignon

Julio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en la Embajada argentina de Bruselas por pura casualidad, “producto del turismo y de la diplomacia”, como él mismo decía. No llegó a Argentina hasta cuatro años después cuando sus padres se instalaron en Banfield, en la zona Sur del Gran Buenos Aires.

Se licenció como profesor en Letras en 1935 y ejerció primero en Bolívar y luego en Chivilcoy. Tres años después publicó con su propio dinero 250 ejemplares de la colección de poemas “Presencia” bajo el seudónimo de Julio Denis. Enseñó Literatura Francesa en Mendoza y más tarde, Literatura Europea en la Universidad de Cuyo, pero renunció al puesto por desacuerdos con el peronismo. Se instaló en París en 1951, a los 37 años, gracias a una beca otorgada por el gobierno francés.

A Julio Cortázar le gustaba mucho el jazz, sobre todo Charlie Parker, y tocaba el clarinete y el piano desde niño. En honor a su ídolo, se compró una trompeta, pero al principio los sonidos destemplados que sacaba del instrumento ahuyentaban a otros seres muy queridos por él, los gatos.

Sus amigos siempre decían que si no estaba pegado a la radio oyendo la retransmisión de un combate de boxeo, otra de sus grandes pasiones, tenía un gato en brazos. Ese amor le venía de la niñez; parece ser que en la casa de Banfield, lo que más abundaba eran los gatos.

Sabemos de dos gatos que ocuparon un sitio especial en la vida del autor, Teodoro Adorno, del que ya hemos hablado, y Flanelle, una gatita con la que vivió muchos años. La llamó Flanelle por la suavidad de su pelaje (significa “franela” en francés) y se cuenta que fue sumamente consentida. Un cuento que alude al profundo amor que sentía por Flanelle es https://www.literatura.us/cortazar/losgatos.html en “Queremos tanto a Glenda”, una colección de relatos publicada en 1980.

Con Osvaldo Soriano, Jorge Enrique Adoum y Alejandra Adoum, París, 1976

Osvaldo Soriano, otro escritor que pasó una larga temporada en París huyendo de la dictadura, cuidaba de Flanelle mientras Julio Cortázar y su segunda esposa, la canadiense Carol Dunlop, viajaban por Europa y Centroamérica. Ya que hemos mencionado al “gordo” Soriano, debemos añadir que también estaba loco por los gatos y que escribió “El negro de París” (https://gatosyrespeto.org/2014/07/31/osvaldo-soriano-y-los-gatos/), un cuento maravilloso.

En 1982, Julio y Carol emprendieron un viaje de 33 días desde París a Marsella en un Vokswagen Combi rojo al que llamaron “Fafner” (como el dragón de la Saga Volsunga o la Tetralogía de Richard Wagner), durmiendo en las áreas de servicio de la autopista, para coescribir “Los autonautas de la cosmopista”. En los agradecimientos, Cortázar dice lo siguiente: “A Luis Tomasello, que no sólo supo crear casi milagrosamente amplios espacios para la estiba de las provisiones y bastimentos en Fafner, sino que además se hizo cargo de nuestra gata Flanelle, evitándole así que tuviera que afrontar las duras condiciones de vida en la autopista, sin hablar del apoyo logístico que aportó al cargamento y arrumaje”.

Fafner

“Los autonautas de la cosmopista” fue lo último que escribió Julio Cortázar. Flanelle murió antes de que regresara a París, y su esposa Carol, el 2 de noviembre de 1982, al poco de volver. Los derechos de autor de las ediciones en español y en francés se donaron íntegramente al movimiento sandinista de Nicaragua.

Los autonautas de la cosmopista

Hasta su muerte el 12 de febrero de 1984, su primera mujer, Aurora Bernárdez, volvió con él y le cuidó durante su enfermedad, convirtiéndose en la única heredera de su obra publicada y de todos sus textos sin publicar. Salvó los miles de libros en español de la biblioteca del autor y los donó a la Biblioteca Nacional de Nicaragua. Entre los textos inéditos, en 2009 se publicó “Papeles inesperados”, con un cuento titulado “Gatos” que nada tiene que ver con gatos ¿o sí? En 2014, el relato fue traducido al alemán.Julio Cortázar fue un traductor de gran prestigio internacional. De hecho, la traducción que hizo de la obra de Edgar Allan Poe se considera la mejor en castellano hasta el momento.

Hablando de los gatos en su infancia, dijo: “No estaba privado de felicidad; la única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego que no era fácil; pero pronto descubrí los gatos, en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros donde la encontraba de lleno”.

Para acabar mencionaremos un último relato corto, y muy divertido, acerca de gatos y teléfonos, “Cómo se pasa al lado”, del libro “Un tal Lucas”. Aquí está el enlace donde pueden oírlo con la voz del propio Cortázar. http://blog.santillana.com.ec/cuento-como-se-pasa-al-lado-en-la-voz-de-su-autor-julio-cortazar/


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Gatos, tristeza y Françoise Sagan

El 6 de enero de 1979, el programa “30 millones de amigos” emitió un reportaje en torno a los animales de Françoise Sagan, cuando ya era muy famosa, de unos quince minutos de duración (https://www.youtube.com/watch?v=CSP88KlQAQQ). Rodado en su casa de campo de Equemauville, en Normandía, habla de su gato Minou y de su perro Werther, que no solo se llevaban bien, sino que eran realmente amigos. Ambos la acompañaban cuando dejaba su piso de París para pasar unos días en el campo. En la época, Werther tenía diez u once años, y Minou, algo más.

Werther, 11 años

Minou

También menciona a Coco el caballo. Según cuenta, un caballo anterior a Coco se aburría y compraron un asno para hacerle compañía, pero el caballo murió y el asno se deprimió, por lo que compraron otro caballo… También relata una anécdota acerca de un productor de cine que fue a la casa de campo para hablar de la compra de derechos de una novela suya. El caballo se acercó y sopló encima del hombro del productor, que dio un salto de un metro y se marchó sin firmar el contrato porque los caballos le daban miedo. Por cierto, el programa “30 millones de amigos” (30 millions d’amis), el primero de la televisión francesa en hablar únicamente de animales de cualquier tipo, empezó a emitirse el 6 de enero de 1976, tres años antes de la entrevista a la escritora. La cadena pública lo canceló en junio de 2016, después cuarenta años y medio de emisión.

Werther

Minou

Françoise Sagan saltó a la fama a los 18 años, en 1954, con la publicación de su primera novela, “Buenos días, tristeza”, escrita en parte en las mesas del café Le Cujas, en París, y cuyo título está inspirado en un verso de Paul Eluard. La novela salió a la venta el 15 de marzo de 1954, y el 24 de mayo de ese año ganó el Premio de la Crítica. El éxito del libro fue inmediato, y el escándalo también. Había nacido una leyenda.

Con una ardilla

Años después, en una entrevista, la escritora dijo: “El escándalo suscitado por la novela me sorprendió sobremanera. Para tres cuartas partes de la gente, era escandaloso que una joven se acostara con un hombre sin quedarse embarazarse y verse obligada a quedarse. Para mí, el escándalo residía en que un personaje, por total inconsciencia, por puro egoísmo, fuera la causa de un suicidio”.

Con Anthony Perkins en el rodaje de “No me digas adiós”.

Françoise, cuyo verdadero apellido era Quoirez, adoptó “Sagan” como seudónimo en honor al príncipe de Sagan, un personaje de Proust, cuando su padre montó en cólera al saber que iba a publicar una novela. Nacida el 21 de junio de 1935 en Carjac, departamento del Lot, en el seno de una familia burguesa, fue una niña mimada que siempre había hecho lo que le apetecía y que duraba poco en los colegios privados, pero que devoraba los libros.

En 1956 publicó su segunda novela, “Una cierta sonrisa”, escrita en solo dos meses y dedicada a su gran amiga Florence Malraux. También cosechó un éxito rotundo y, de pronto, la joven escritora se hizo rica. Su padre le dio un consejo: “El dinero a tu edad es peligroso, gástalo”. Apasionada de la velocidad, se compró coches, jugó en los grandes casinos de Normandía y de la Costa Azul, frecuentó todas las discotecas de moda de Saint-Tropez y de París. De hecho, el 8 de agosto de 1958 ganó ocho millones de francos (unos 13.000 euros de ahora) con los que se compró la mansión de Equemauville.

En su casa de campo

Tenía dos Jaguar, un Ferrari, un Aston Martin que conducía de noche por París con su hermano Jacques Quoirez, su cómplice, creando lo que la prensa bautizará como “el mundo de la Sagan”. No tardó en convertirse en el símbolo de una generación adinerada, despreocupada y sexualmente libre. Escribía de madrugada, a partir de medianoche, y se levantaba bien entrada la tarde.

Con un gato persa y su hermano, Jacques Quoirez

Sufrió un grave accidente de coche en 1957 en el que casi perdió la vida. Para mitigar el dolor, los médicos le administraron un derivado de la morfina. Al salir del hospital, se sometió a una cura de desintoxicación, pero no consiguió desengancharse y empezó a beber.

Con su siamés

En 1958 se casó con el editor Guy Schoeller, veinte años mayor que ella, que llevaba años protegiéndola. Se divorció a los dos años para casarse con un modelo estadounidense, Robert Westhoff, con el que tuvo un hijo en 1962. Aunque se divorciaron, siguieron compartiendo casa hasta separarse definitivamente en 1972. Pero su gran amor fue la estilista Peggy Roche, que siguió a su lado hasta que la muerte las separó.

Con un gato persa

Firmó unas veinte novelas y varias obras de teatro, entre las que está “Château en Suède” (Un castillo en Suecia), que le valió el Premio Brigadier 1960. También publicó colecciones de relatos y escribió canciones para Juliette Gréco.

Portada de “Una tormenta inmóvil”

Firmó el “Manifiesto 121” en 1960, durante la Guerra de Argelia, alentando a los soldados franceses a desertar. Como represalia, la OAS (Organización del Ejército Secreto) puso una bomba en casa de sus padres. Once años después, el 5 de abril de 1971, será una de las firmantes de “El manifiesto de las 343”, publicado por el periódico “Le Nouvel Observateur”, en el que 343 mujeres reconocían haber abortado, algo duramente castigado en Francia en aquella época. Exigen el derecho a los anticonceptivos y al aborto legal. Entre las firmantes estaban Simone de Beauvoir, Catherine Deneuve, Jeanne Moreau, Delphine Seyrig…

Con su gato siamés y su perro

Françoise Sagan dijo haber vivido con gatos y perros desde siempre. Creía que numerosos dueños de animales demuestran un profundo egoísmo al exigir que sus animales respondan al cariño que les dan, o adjudicándoles un papel en su vida. Con ella, los animales eran libres, les ofrecía techo, comida y afecto sin pedir nada a cambio.

Portada de “¿Le gusta Brahms?”

Murió el 24 de septiembre de 2004 después de haber perdido todo su dinero por una turbia historia con la Hacienda francesa. Pasó sus últimos doce años con su compañera Ingrid Mechoulam, que cuidó de ella y se ocupó de volver a comprar todas las casas de Françoise Sagan a medida que salían a subasta.

Minou acariciado

Dedicamos esta entrada a Oussama Bel Aïba, amante de los gatos y enamorado de la escritora.


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El gato sin adulterar, de Terry Pratchett

Además de la saga de novelas “Mundodisco”  y otros libros de ciencia-ficción, Terry Pratchett escribió un librito genial de 46 páginas titulado “The Unadulterated Cat” (El gato sin adulterar, o también, El gato en estado puro), donde describe con total precisión el comportamiento de un gato auténtico, es decir, un callejero de pura raza.

¿Es tu gato? Pensé que era el mío.

Terry Pratchett con su inseparable sombrero negro y un gato a juego

Empieza así: “El gato sin adulterar va camino de convertirse en una especie en peligro de extinción, ya que cada vez tendemos a aceptar más a esos gatos producidos industrialmente que nos venden las agencias de publicidad – mininos que ronronean plácidamente delante de bandejas plateadas llenas de comida como los que salen en la tele. Pero la campaña a favor de los gatos auténticos cambiará todo esto ayudándonos a reconocer a un verdadero gato sin adulterar cuando se cruce en nuestro camino. Basta con unos pocos ejemplos: las orejas del gato auténtico parecen haber sido esquiladas; el gato auténtico no sale en tarjetas navideñas… el gato auténtico no lleva collar antipulgas… y tampoco corre detrás de algo que lleve una campanita. Pero el gato auténtico come tarta de queso. Y menudillos. Y mantequilla. Y cualquier cosa que se deje en la mesa, siempre y cuando crea que no les pillarán. El gato auténtico oye abrirse la puerta del frigorífico aunque esté dos habitaciones más allá”.

-¿Qué tal son tus nuevos dos patas? -A mí me parecen todos iguales.

Basta con leer este primer párrafo para saber que el Sr. Pratchett no solo era un experto en “Mundodisco”, sino también en el mundo gatuno. El libro está dividido en diecinueve capítulos que van desde cómo hacerse con un gato, pasando por las enfermedades, la comida, sexo, higiene, hasta el futuro del gato auténtico. Dicho así, el lector ingenuo podría creer que se encuentra ante el habitual libro de gatos, pero estaría equivocado.

Si no fuera porque me das de comer, juraría que solo eres un producto de mi imaginación.

Escojamos un capítulo al azar, “Poner nombre a los gatos”. Con razón dice que menos del 17% de los gatos acaban con un nombre diferente al que se les puso en un primer momento, a pesar del esfuerzo que supuso encontrarlo: “Tiene pinta de Ofelia, pero al final la gata se llamará Mipo o Ratosa. Eso nos lleva a lo que debe tenerse en cuenta a la hora de nombrar a un gato: debe ser algo de lo que nadie se avergüence cuando llame al gato a medianoche o a primera hora de la mañana mientras golpea una lata de paté con una cuchara.” Y añade que cuanto más corto, mejor. Dicho esto, en ocasiones los gatos tienen nombres larguísimos tipo ‘saldeahiquetemato’ o el también conocido “sueltaesoahoramismogatoasqueroso’. En su opinión, ningún gato auténtico puede llamarse Frufru José Vicente Junior.

Me preocupa no ir al cielo si no soy bueno con los mininos.

Terry Pratchet también habla de la alimentación gatuna. Como todos los que tenemos gatos, descubrió que esa fantástica lata que anuncian en la tele suele ser rechazada de lleno por el gato auténtico. Vamos, que ni se acerca a olerla. Después de varios intentos, se acaba comprando la marca más barata. Milagro, el gato se lo come y pide más. Con alivio, se vuelve al supermercado para comprar doce latas. Al gato ya no le gusta.

Le han enseñado muy bien, pero ¿quién?

Después de observar lo que comen los gatos, se atreve a asegurar que cualquier fabricante que lance una comida húmeda para gatos hecha de filete, pavo medio congelado, hierba, migas recogidas del suelo, ranas y saltamontes será un éxito. Al menos durante un día. Continuando con el tema de la comida, está convencido de que “el gato auténtico no caza para comer, sino por amor a sus dos patas. No tarda en darse cuenta de que, por alguna oscura razón, los seres de dos patas omiten algunos detalles en sus hogares y se apresuran a corregir este error. La musaraña descabezada es muy popular. Y para ese necesario toque de color, el conjunto de vísceras en miniatura. Ahora bien, con el fin de mejorar el efecto, el artículo debe dejarse en un lugar donde tardará unos días en ser descubierto, dándole la oportunidad de adquirir una personalidad propia”.

¿Intentas darme cuerda?

Cualquiera que tenga un huerto y un gato (o gatos) sabe la pasión que siente este último por ayudar a cavar. No hay nada como plantar varias tomateras perfectamente alineadas, regarlas, volver al día siguiente y ver que todas, sin excepción, han sido cuidadosamente arrancadas. De ahí la viñeta del gato después de ser el objetivo de un terrón de tierra (que nunca le alcanza).

El gato auténtico después del bombardeo con un terrón de tierra

Terence David John Pratchett, nacido el 28 de abril de 1948 en Beaconsfield, Inglaterra, es el autor de las 41 novelas “Mundodisco”. Publicó su primera novela, “The Carpet People”, en 1971, y “El color de la magia”, la primera de la serie “Mundodisco”, en 1983. Se vendieron 55.000 ejemplares de “Snuff” (2011) en los primeros tres días de su publicación, colocándose a la cabeza de las novelas vendidas con mayor rapidez en el Reino Unido. La última, “La corona del pastor”, salió a la venta cinco meses después de que falleciera.

Veterinario: No le pasa nada.

Vendió más de 85 millones de libros, traducidos a 37 idiomas, en todo el mundo y fue galardonado en 2010 con el Premio Mundial de Literatura Fantástica a los Logros de una Vida.

Hola, soy gato. ¿Eres el de la comida?

En diciembre de 2007 anunció públicamente que le habían diagnosticado Alzheimer precoz. A partir de ese momento dedicó parte de su tiempo a luchar contra la enfermedad mediante importantes donaciones al Alzheimer Research Trust, rodando un programa de televisión donde describía lo que es padecer de Alzheimer y patrocinando la investigación. Una de sus quejas era el limitado presupuesto que el gobierno británico asigna a la investigación de dicha enfermedad. Falleció el 12 de marzo de 2015 a los 66 años.

Ese día desapareció una persona con un enorme sentido del humor. “El gato en estado puro” no está traducido al español, pero si leen en inglés, lo recomendamos. Es uno de esos libros, si se lee en el autobús o en el metro, que hace pensar a los demás viajeros que el lector está loco porque se ríe solo. Las ilustraciones son de Gray Jollife, conocido viñetista que ha participado en tres libros gatunos y al que dedicaremos una entrada especial.

Gray Jollife

-Me han esterilizado. – Y a mí, pero ¿qué tal si lo intentamos?

Para acabar, citaremos una frase atribuida a Terry Pratchett: “En la antigüedad, los gatos eran adorados como dioses. No lo han olvidado”.

Esta entrada es para nuestra amiga Gusa.

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