Gatos y Respeto

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Gatos tatuados de Kazuaki “Horitomo” Kitamura

El estudio de tatuajes State of Grace (Estado de Gracia), de San José, California, publicó en 2013 el libro “Monmon Cats”, con texto y dibujos de Kazuaki “Horitomo” Kitamura. Sus 118 páginas contienen un sinfín de maravillosos dibujos de tatuajes de gatos. Ahora bien, no se trata de los típicos tatuajes de gatitos bonitos, sino de espléndidas obras por sus colores, complicado diseño y simbolismo. “Monmon” significa “tatuado” en japonés.

Pero ¿qué empujó a Kitamura, más conocido como “Horitomo” en el mundo del tatuaje, a centrar su trabajo en los gatos? En la introducción del libro, el artista explica que el gato no ha sido bien tratado en algunas partes del mundo: “Me parece que hay ciertas similitudes entre los sentimientos encontrados que mucha gente tiene acerca de los gatos y los tatuajes en la sociedad japonesa. Por eso me parece que los gatos y los tatuajes están hechos el uno para el otro”.

Sigue diciendo que siempre le han inspirado los grabados del gran artista Kuniyoshi Utagawa (https://gatosyrespeto.org/2017/08/10/los-muchos-gatos-de-utagawa-kuniyoshi/), que vivió a finales del periodo Edo y principios de la era Meiji. Los tatuajes se usaron como castigo en Japón, pero al final de la época Edo (siglo XIX) empezaron a ponerse de moda y muchos dibujos eran obra de los grabadores. Esa moda quizá se deba a la publicación de la novela china “Suidoken”, ilustrada con grabados de escenas heroicas, dragones, tigres y flores que acabaron “grabados” en la piel de ricos mercaderes.

A principios del siglo XX, los tatuajes fueron prohibidos en Japón y no volvieron a legalizarse hasta el año 1948, durante la ocupación estadounidense. Por entonces, los tatuajes se asociaban sobre todo a los Yakuza, la famosa “mafia” japonesa. Los dibujos no solo servían para embellecer el cuerpo, sino como protección.

Yakuzas tatuados

Tatuaje Yakuza antiguo

El tatuaje tradicional japonés, “irezumi”, no tiene nada que ver con el occidental. Se realiza manualmente, con tinta “nara”, la misma que usaban los grabadores de la época Edo, y requiere largas horas de trabajo. Un tatuaje de cuerpo completo como el de los Yakuza puede llegar a costar 30.000 euros.

Los tatuajes siguen sin ser muy bien vistos en Japón. En 2012, el alcalde de Osaka lanzó una campaña para que las empresas despidieran a los empleados tatuados. Muchos baños públicos, playas o gimnasios no permiten la entrada a personas tatuadas, quizá por la connotación Yakuza. Pero son cada vez más populares, basta con no enseñarlos en público.

Horitomo descubrió los tatuajes hace más de treinta años, cuando abandonó las cocinas del restaurante donde aprendía a ser un chef por la tabla de surf. Algunos de sus amigos estaban tatuados y la idea le gustó. Después de un incidente muy desagradable con una ola, decidió que el surf no era lo suyo y pensó en aprender a tatuar. Algo que, según él, su madre sigue sin perdonarle.

Empezó su aprendizaje en 1993 en un estudio en Nagoya, uno de los primeros en ofrecer tatuajes con la técnica y modelos occidentales. Cuatro años después se mudó a Tokio, donde trabajó en dos estudios, y en 1998 se fue a Osaka para ser el primer artista de un estudio recién abierto. Para entonces había ido a convenciones por todo el mundo, tanto en Europa como Estados Unidos. En esa época era conocido como “Washo”.

A medida que profundizaba en el arte de los tatuajes, se interesó por la técnica tradicional japonesa y estudió con el gran maestro Yoshihito Nakano, conocido como Horiyoshi III, autor de numerosos tatuajes Yakuza. Al acabar su formación, el maestro le dio el nombre de Horitomo, formado a partir del prefijo “hori”, cuyo significado es “grabar”.

Horyoshi III (Yoshihito Nakano)

Transcurrieron otros cuatro años hasta que Masoyischi Kikuchi, el productor del videojuego “Yakuza”, vio los dibujos de varios de los mejores tatuadores tradicionales del momento, entre los que estaba Horitomo. Se puso en contacto con él y le pidió que se uniera al equipo de la primera entrega del videojuego.

En todos estos años de aprendizaje, Horitomo había tenido una compañera: una gata llamada Ginnan que su esposa llevó a casa después de encontrarla hambrienta y en mal estado en Osaka. Horitomo se enamoró de Ginnan, otro nombre para las nueces de Gingko, y en gran parte fue su inspiración para el libro “Monmon Cats”. Falleció en 2015, siendo ya muy mayor.

La gata Ginnan

En palabras de Horitomo: “Los dragones son muy importantes en los tatuajes japoneses, gustan a todo el mundo, pero no se prestan a muchos cambios. Sin embargo, el gato permite añadir símbolos, motivos budistas o procedentes de leyendas tradicionales”. Y añade: “Además, tengo la sensación de que al dibujarlos y pintarlos, los gatos me prestan parte de sus poderes”.

En 2007, Horitomo, su esposa y Ginnan se trasladaron a San José, California, donde empezó a trabajar en el famoso estudio “State of Grace”, propiedad de Ryudaibori, otro  célebre tatuador, antes conocido como “Horitaka”.

Horitomo y Ginnan

Horitomo y Ginnan

A su llegada a San José, Horitomo se dio cuenta rápidamente de que los tatuadores supuestamente tradicionalistas no respetaban las imágenes escrupulosamente. Por ejemplo, el símbolo estaba en el hombro equivocado, el sable en la mano incorrecta. Fue cuando decidió escribir su primer libro, “Immovable—Fudo myo-o Tattoo Design by Horitomo” (Inamovible – Tatuajes Fudo myo-o, por Horitomo), de 185 páginas, publicado también por el estudio “State of Grace”.

Además de seguir diseñando tatuajes y tatuando, participa regularmente en sesiones colectivas para mostrar cómo se realiza el “tebori”, el tradicional tatuaje manual japonés. Consiste en el uso de agujas esterilizadas, afiladas a mano y de un grosor algo mayor que las máquinas eléctricas. El tatuaje se elabora introduciendo las agujas en la piel mediante pinchazos sumamente precisos. Es un método bastante más doloroso que el occidental.


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Los gatos inesperados de Bill Traylor

Bill Traylor es uno de los tres grandes artistas de arte marginal de Estados Unidos. Los otros son Martín Ramírez (1895-1963), procedente de México e internado en un hospital psiquiátrico de California, y Herny Darger (1892-1973), bedel en un hospital de Chicago, pero al contrario del artista del que hablaremos hoy, ninguno de los dos dibujó gatos.

Bill Traylor era un pintor afroamericano nacido el 1 de abril de 1853 en Benton, Alabama, y que fue esclavo hasta 1865, año en que entró la Caballería de la Unión en la plantación propiedad de George Hartwell Traylor. Bill, como sus padres, fue registrado con el apellido del dueño al que pertenecía.

Bill Traylor

No se sabe mucho de su juventud, excepto que se quedó trabajando en la plantación como jornalero después de la Guerra de Secesión estadounidense. En 1887 se casó con Larisa Dunklin y tuvieron ocho hijos, y en 1890 tomó una segunda esposa que concibió otros cinco, pero tuvo alguno más con dos mujeres con las que no se casó. Según él, había criado a más de veinte hijos.

Gato y perro

En 1928, a los 75 años, después de que sus hijos se trasladaran al norte de Estados Unidos y del fallecimiento de Larisa, su primera esposa, se mudó a Montgomery y trabajó abriendo carreteras, en la construcción y, finalmente, en una fábrica de zapatos. No debió ser fácil dejar la plantación donde había pasado toda su vida, pero después de encontrar trabajo, alquiló una habitación y luego una pequeña casa.

Varios años después, el reuma le impidió seguir trabajando, no pudo pagar el alquiler y fue a engrosar la lista de los sintecho. Consiguió cobrar una minúscula pensión y dormía entre los ataúdes en la parte trasera de la funeraria Ross-Clayton. Durante el día se instalaba en la calle Monroe, en el centro de la comunidad afroamericana de Montgomery.

Cesta y gato

Para entonces ya tenía 83 años, y la gran pregunta es qué empujó a este hombre, nacido en la esclavitud, que no sabía leer ni escribir, que no había tenido – que se sepa – el más mínimo contacto con el arte, a armarse de un lápiz y una regla para empezar a dibujar. Más asombroso aún es el hecho de que, durante los tres años siguientes, nunca dejó de pintar y se cree que llegó a producir entre 1.200 y 1.600 cuadros.

Gato moteado y perro

Su rutina era invariable: una vez recogido su camastro en la funeraria, se acercaba a la calle Monroe apoyándose en dos bastones por el reuma y se sentaba en una caja de madera entre una máquina expendedora de Coca-Cola y una sala de billares. Se colocaba una tabla sobre las rodillas y empezaba a dibujar en trozos de cartón que había encontrado.

Bill Traylor fotografiado por Horace Perry

Su aspecto, medía casi dos metros y llevaba una tupida barba, atraía a niños y adultos. Pasaba una cuerda por los cartones y los colgaba en la verja que tenía detrás. Sus primeros dibujos eran sencillas siluetas de trazos rectos que rellanaba a lápiz, pero su estilo no tardó en enriquecerse y complicarse. Las siluetas humanas se convirtieron en animales de todo tipo, gatos, perros, vacas, toros, aves, serpientes, incluso insectos. Aparecieron elaboradas composiciones.

Hombre y gato en forma orgánica

Un día, un joven pintor llamado Charles Shannon pasó por delante del puesto de Bill Traylor y se quedó sorprendido al descubrir sus dibujos. Habló con él y empezó a llevarle lápices de colores, ceras, témpera y papel. La mayoría de la información que tenemos acerca de la vida del artista se debe a las largas charlas que ambos mantuvieron. Al principio se limitó a volver cada día y a hablar de lo que pintaba Bill Traylor, pero aunque le contaba historias de su pasado, no solía explicarle qué significan para él sus dibujos.

El viejo pintor rechazaba gran parte de los materiales que Charles Shannon y otros le ofrecían, limitándose a colores primarios y a soportes espesos como el cartón. Sus colores favoritos eran el azul cobalto, el rojo y el negro, como demuestran sus composiciones más complicadas. No respetaba la perspectiva ni la lógica del tamaño, pero eso no quita nada de fuerza a sus imágenes.

Aunque Bill Traylor jamás aprendió a escribir, alguien debió enseñarle a firmar porque en algunos cuadros está su nombre en letras grandes. Muchos de sus personajes llevan un sombrero de copa que recuerda al del famoso Baron Samedi, el loa de la muerte de los ritos vudú. También parecen señalar con el dedo índice, ¿o se trata de un cuchillo? Hay gatos enmascarados, gatos moteados, gatos que no parecen gatos…

Charles Shannon compró algunas obras de Bill Traylor y en 1940 consiguió organizar una exposición en Montgomery con cien dibujos. Un año después organizó otra en la Escuela Fieldston de Cultura Ética de Nueva York, donde Alfred Barr, entonces director del MoMA, los vio. Quiso comprar varios para los archivos del museo y para su colección privada, pero al ofrecer solo un dólar por cada uno, Shannon no aceptó.

Bill Traylor y uno de sus cuadros

En 1942, el pintor decidió ir a visitar a sus hijos y otros parientes a Detroit, Chicago, Nueva York, Filadelfia y Washington DC. Después de perder una pierna por la gangrena, regresó a Montgomery en 1945 para vivir con su hija Sally. Falleció el 23 de octubre de 1949. Se cree que jamás volvió a dibujar después de dejar Alabama.

No fue reconocido hasta 1982 durante la exposición “Black Folk Art in America” (Arte folk negro en América), en la que los organizadores incluyeron treinta y seis dibujos suyos. En 1996, el MoMa expuso algunos de sus trabajos, y ese mismo año, seis semanas después de la muerte de Charles Shannon, el museo incluyó varios dibujos en una exposición.

Hombre con yugo más perro

Bill Traylor le dijo una curiosa frase a Charles Shannon, refiriéndose a la gente que le compraba algún dibujo: “Los compran incluso si no los necesitan”. Lo que podría dejar entender que los consideraba como una protección, como objetos de poder.


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Gatos, algunas flores y la pintora Elizabeth Blackadder

Gato entre tulipanes

Por alguna extraña razón, la pintora escocesa Elizabeth Violet Blackadder no es muy conocida fuera de Gran Bretaña, a pesar de ser la primera mujer elegida miembro de la Real Academia Escocesa, en 1972, y de la Real Academia (británica), en 1976.

Flores y gato negro

Nació el 24 de septiembre de 1931 en Falkirk, Escocia. Sus padres, Thomas y Violet, ya tenían dos hijos. Aunque había perdido a su marido cuando la niña tenía solo diez años, su madre decidió que Elizabeth no pasaría por las dificultades que ella había tenido que soportar e hizo todo lo posible para que recibiera una educación.

Gatos e hibiscos

Pasó gran parte de su infancia sola debido en parte a su afición por la lectura. De adolescente empezó a coleccionar flores de jardines y del campo, secándolas entre papel secante y, posteriormente, etiquetándolas con su nombre en latín. Años después, esta afición se transformó en preciosas acuarelas de flores muy detalladas.

Un gato en su estudio

Llegó a Edimburgo en 1949 para estudiar Bellas Artes y se licenció cum laude en 1954, después de haberse especializado en arte bizantino bajo la dirección de otro pintor escocés, William Gillies, que enseñó durante cuarenta años en la Universidad. En sus dos últimos años de carrera conoció al artista John Houston, con quien se casaría en 1956.

Elisabeth, John y gato negro

Gato grande y pequeño

La calidad de su disertación hizo posible que consiguiera dos becas, una de la Real Academia Escocesa y otra de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Edimburgo. Utilizó el dinero para visitar Turquía, Grecia e Italia durante tres meses, pero en vez de irse en primavera o verano, lo hizo en pleno invierno, en 1955. Quizá pensó que al ir mucho más al sur, no pasaría frío.

Gatos en un kilim

No tardó en descubrir que también en los países supuestamente cálidos hacía frío, puede que no tanto como en Edimburgo, y que la mayoría de las casas carecían de calefacción. No se desalentó y realizó maravillosos dibujos de Pisa y de Florencia, fascinada por las iglesias románicas de los siglos XII y XIII, en una época en la que aún había pocos turistas en Italia.

Gatos venecianos

A su regreso se casó con John Houston y recorrieron Escocia. Los dos pintores siempre se apoyaron mutuamente, pero cada uno supo retener un estilo propio, totalmente distinto el uno del otro. Después de Escocia, viajaron a Francia, deteniéndose primero en Bretaña. La pasión por los viajes es algo a lo que se ha entregado la pintora durante toda su vida.

En 1962 obtuvo un puesto de profesora en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Edimburgo, donde siguió dando clases hasta 1986, superando en cuatro años a su antiguo profesor William Gillies. Ese mismo año ganó el Premio Guthrie a la Mejor Artista Joven que entrega la Real Academia Escocesa.

(1980)

Por entonces pintaba paisajes, desnudos y naturalezas muertas. Hasta más tarde no empezó a pintar gatos solitarios, gatos en compañía, gatos con flores… En los años sesenta, Elizabeth Blackadder siguió viajando a Francia, descubrió España y Portugal, y pintó esos países al tiempo que empezaba a cobrar cierta reputación por la calidad de sus acuarelas de flores, pintadas con suma precisión.

Gato en cesta

No fue a Japón hasta mucho más tarde, en los años ochenta, y estuvo allí en dos ocasiones. Huyendo del bullicio de Tokio, pasó tiempo observando los meticulosos jardines zen de Kioto. Aunque no tengamos constancia de ello, estamos seguros de que también observó a gatos.

Gato y planta

A su regreso de su primer viaje a Japón en 1985, empezó a trabajar en el Glasgow Print Studio, en una serie de serigrafías de flores. Sin embargo, hacía muchos años que ya realizaba magníficos grabados.

Gatos atigrados

Carey

A sus casi 89 años sigue pintando con el mismo cuidado, estudiando el espacio que separa a los modelos, sean gatos o flores, para obtener el equilibrio perfecto. Uno de nuestros cuadros favoritos es “Autorretrato con gato”, realizado en 1976. Se trata de un cuadro dentro de otro, donde la pintora se representa de perfil mientras que el gato nos observa con sumo interés. El lienzo es muy sencillo, pero a la vez posee una gran fuerza.

Autorretrato con gato (1976)

Gatas y gato

Los gatos son los únicos seres vivos, con excepción de los peces de colores, que tienen derecho a romper la paz de sus cuadros florales, pero en general también son gatos muy tranquilos. Muchos duermen, otros están tumbados o sentados mirándonos. Solo la acuarela “Pelea de gatos” rompe las habituales situaciones gatunas.

Pelea de gatos

Sus gatos hacen su vida, no tienen nada de antropomorfos, sencillamente son gatos. Queda claro que hace tiempo que Elizabeth Blackadder vive con ellos. Algunos de los que retrata son suyos; por ejemplo, no sería de extrañar que los dos gatos blancos y negros de las dos acuarelas sean el mismo gato de la fotografía.

Con su gato (Foto de Anne Purkiss)

Solo un gato tiene nombre, el de “Kikko en una alfombra”. Pero algunos se repiten, como los gatos negros, las gatas carey, entre ellas “Gata durmiendo”, que incluso parece estar embarazada.

Kikko en una alfombra

Gata durmiendo

Su marido John Houston falleció en 2008. La Scottish National Gallery (Galería Nacional Escocesa) realizó una gran retrospectiva de la pintora en honor a su octogésimo cumpleaños en 2011, poniendo su obra al alcance de un público más general. Un año después se le pidió que creara la tarjeta de felicitación navideña que manda el primer ministro escocés.

Gato en caja

Además de ser la primera mujer miembro de la Academia Escocesa y de la Británica, también es Oficial de la Orden del Imperio Británico desde 1992, y en 2001 fue nombrada “Pintora y Limner (retratista) de Su Majestad en Escocia”, la primera artista en recibir este reconocimiento en los 300 años desde que Isabel I lo instauró.

Gato y orquídea


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Los gatos urbanos de Thiago Goms

Comunicación

Muchos artistas urbanos dedican algunos murales a gatos, y ya hemos publicado una entrada acerca de uno de ellos, el célebre C215 (https://gatosyrespeto.org/2017/10/19/los-gatos-del-grafitero-c215/), pero nunca habíamos encontrado uno que solo pintara gatos. Se trata de Thiago Goms, un artista brasileño, concretamente de Sao Paolo, que vive una verdadera historia de amor con los gatos.

Thiago Goms delante de uno de sus murales

Los retrata en todas las ciudades que cruza y en todas las superficies que encuentra. Son gatos de cuerpo humano, el cuerpo algo desgarbado de un adolescente a punto de dejar de serlo, de manos largas y dedos finos, de rostro curiosamente expresivo, a pesar de su sencillez. Visten ropa muy colorida y se aplican a multitud de quehaceres. Son gatos amables, pero algo melancólicos.

Cidade Tiradentes, Sao Paulo (2015)

Los hay de todos los tamaños. Algunos son enormes y cubren la pared de un edificio de cinco pisos, aprovechando para sentarse en otro edificio pintado. Otros aparecen en tapias de jardines o en el muro exterior de una casa. También pinta acuarelas y tintas chinas. Pero siempre gatos.

Dibujo tinta china

Confusión (Acuarela)

Thiago Goms nació en Sao Paulo, Brasil, en 1984. Al principio trabajaba con sprays, pero se pasó al acrílico porque cree que se aproxima más a la sensación que comunica una obra en un lienzo. Cuenta que, de pequeño, solía andar mucho por el centro de la ciudad y le fascinaba el arte urbano que veía en las paredes ciegas de los edificios. Se preguntaba quiénes eran los autores y cómo conseguían hacerlo.

Sao Paulo (2017)

Con el tiempo empezó a memorizar los dibujos y las escenas, y a reproducirlas en sus cuadernos de colegio. Unos años después, unos amigos que ya pintaban en el distrito de Grajau, uno de los más duros de la ciudad, le convencieron para que pasara del espacio restringido de una página a la extensión que ofrece una pared. No tardó en acostumbrarse a medida que sus ganas de pintar seguían aumentando.

No solo observaba a las personas a su alrededor, su familia, sus amigos, sino también a los gatos callejeros de la ciudad. Poco a poco, basándose en la influencia de algunos cómics y de otros artistas, nació un personaje gatuno antropomorfo capaz de plasmar el comportamiento de la gente que le rodeaba. Es posible que los gatos de Thiago Goms tengan nombre, pero si es así, no se lo ha dicho a nadie.

Sao Paulo

Encontramos una pequeña entrevista realizada hace un par de años, publicada en “Streetart360”, de la que traducimos unos pasajes:

  • ¿Cuándo descubriste el arte y creaste tu primer mural?
  • Me gustaba dibujar de niño. Era el más pequeño de siete niños, y mis hermanos mayores ya pensaban en cosas de adultos. Me escapaba dibujando un mundo mío influido por los dibujos de la tele.
  • ¿Cuál fue tu primer mural, aún existe?
  • Hice mi primer graffiti en la pared de un colegio cerca de mi casa. Pero ya no está.
  • ¿Colaboras con otros artistas, y con quién te gustaría colaborar en el futuro?
  • Cuando haces graffiti lo normal es colaborar con otros artistas. Aunque últimamente intento trabajar en solitario para entender mejor mi obra y crear algo nuevo. Me gusta encontrarme con artistas y crear una atmósfera usando técnicas diferentes, como cuando pinto con mi amigo Emilio Cerezo en España. Nuestras creaciones no tienen nada que ver, pero es genial. O también colaborar con mi amigo Lobot, de Sao Paulo, que hace obras abstractas.
  • ¿Tienes una ciudad favorita para pintar?
  • Me gusta pintar donde sea en Brasil, es mi país favorito para pintar, pero también me gustaría probar en Japón. Nunca he estado, debe de ser asombroso.

Galería Urba en Ifo, Suecia (Thiago y Digrid)

Y ante la pregunta de por qué siempre pinta gatos, contestó: “Para mí, el gato simboliza el concepto mismo de libertad. No están domesticados, a pesar de lo que creemos, y es lo que busco”.

Con Enric Font en Barcelona

Los murales de Thiago Goms decoran puertas, paredes y espacios vacíos en ciudades brasileñas como Sao Paulo, Salvador de Bahía, Curitiba, Porto Alegre, Recife y Río de Janeiro. En Europa ha pintado en Barcelona, Valencia, Múnich, Berlín, Zagreb, Viena y, últimamente, Lisboa.

Alfama, Lisboa

Exposición en Lisboa

Sus obras forman parte del Museo Urban Nation de Berlín, el primer museo permanente de arte callejero y graffiti, inaugurado en 2017. El centro expone las obras de 150 artistas internacionales, especializados en desarrollar proyectos artísticos en muros, edificios y espacios públicos, entre los que está Thiago Goms.

Berlín

En directo (Stroke, Múnich, 2014)

Sin embargo, al preguntarle por su obra favorita, el artista dijo que se encuentra en Fanzara, un pueblecito de la provincia de Castellón, España. ¿Qué empujó a Thiago Goms a pintar un mural en un lugar tan apartado? La respuesta es el MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano).

El MIAU surgió como una iniciativa de Javier López y Rafa Gascó para evitar que Fanzara, una localidad de 300 habitantes, desapareciera del mapa. Se les ocurrió convertir el pueblo en un museo de arte urbano. Hasta aquí todo bien, pero no hay que olvidar que la mayoría de los habitantes tenían entonces entre sesenta y setenta años.

No se desanimaron y obtuvieron los permisos; después de todo, si era un fracaso bastaría con volver a pintar las paredes de blanco. Invitaron a quince artistas españoles que se alojaron en casas particulares. En un abrir y cerrar de ojos, cuarenta y cuatro obras decoraban las paredes vacías del lugar.

La gente del pueblo estaba encantada. Al año siguiente, en 2015, se celebró la segunda edición, y Santiago Goms pintó un espléndido mural de un gato protegiéndose bajo una capucha y escondiendo a otro más pequeño.

Desde entonces, cada mes de julio, varios artistas urbanos acuden a Fanzara a pintar paredes, y miles de visitantes desfilan por el pueblo para admirar el museo al aire libre. Pero por falta de espacio, las obras tienen un plazo de vida determinado y son sustituidas cada equis tiempo, como lo demuestra el mural a la izquierda del gato de Thiago Goms.  No sabemos cuál fue primero, si el barco o el granjero.

MIAU, Fanzara

MIAU, Fanzara

Esperamos sinceramente que el mural del artista brasileño siga donde está muchos años, al igual que su gato roquero que adorna una casa en una calle del pueblo. Por cierto, hay una pequeña ciudad en Arizona llamada Miami que también decoró sus paredes con gatos: (https://gatosyrespeto.org/2015/10/15/los-121-gatos-de-miami-arizona/).

MIAU, Fanzara


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Los gatos negros de Adolphe Willette

1910

El nombre de Adolphe Willette siempre estará ligado al rótulo del famoso cabaret Le chat noir, un gato negro en un creciente de luna. El artista nació el 30 de julio de 1857 en Châlons-sur-Marne, región vitícola por excelencia, concretamente del champán, hijo de un coronel trasladado a Dijon, otra región vitícola, la del borgoña.

Adolphe Willette en 1913

A los 18 años ingresó en la Escuela de Bellas-Artes de París. Publicó sus primeros dibujos en La France illustrée, que pagaba la magnífica suma de 20 francos por dibujo, pero un tal Mathieux, encargado de las ilustraciones, solo le ofreció 20 francos por cuatro dibujos. Peor aún, la censura prohibió la publicación de uno de los cuatro y Mathieux rehusó pagarle, dando pie a una amargura que nunca abandonaría al futuro satírico.

Cuando era alumno del pintor Alexandre Cabanel, este le expulsó de sus clases al descubrir que se había autorretratado en los frescos del Panteón de París. De hecho, todavía se le ve como el duque de Anjou, sentado a la izquierda de San Luis y vestido con una blusa roja, en el panel central. A los 21 años evitó hacer el servicio militar gracias a su hermano, médico militar voluntario en Cochinchina.

Era la época de los cabarets, todos con nombres maravillosos, La rata muerta, La gran pinta o La abadía de Thelema. Le chat noir estaba a punto de abrir sus puertas. Pero el joven artista pasó por momentos muy difíciles, incluso consideró el suicidio, antes de conseguir el encargo de decorar la sala de billar y el salón de un castillo.

En 1880 fue contratado para plasmar con dibujos el viaje de Gambetta, un importante político de la III República, a Cahors, pero de poco le sirvió esta oportunidad ya que se dedicó a retratar a los obreros que se oponían a los discursos vociferantes del político.

En octubre de 1881, al inaugurarse el cabaret Le chat noir, pasó inmediatamente a formar parte del grupo con acceso a la sala trasera, llamada “El instituto”. Rodolphe Salis le encargó un enorme cuadro titulado “Parce Domine” (Perdona, Señor) para decorar la pared de un cabaret, aunque la obra no tiene nada de alegre. Actualmente expuesta en el Museo de Montmartre, describe la huida enloquecida de un grupo de personas variopintas detrás de un Pierrot con una pistola humeante en la mano. A la derecha se ve a una mujer sentada en un monstruoso gato negro blandiendo un bebé en la mano.

Parce Domine

Parce Domine (detalle)

Un año después, el Salón de París rechazó exponer el cuadro “Dos amigos”, llamado también “La mujer con gato”. Decidió mudarse a Montmartre y vivir en el pequeño taller que le había alquilado su hermano Théodore. Este último le presentó a otro gran amante de los gatos, Théophile Alexandre Steinlein (https://gatosyrespeto.org/2014/11/25/steinlen-el-dibujante-de-gatos/), cuya amistad conservó toda la vida.

Dos amigos o La mujer del gato

Su primera ilustración para la revista Le chat noir apareció en el número diez. En esta época también diseñó el famoso rótulo del cabaret. Las cosas le iban algo mejor, recibía pequeños encargos, colaboraba en revistas, pero sus cuadros seguían siendo rechazados en los salones, o si eran aceptados, como ocurrió en 1883, eran retirados por “ultraje a las buenas costumbres”.

Rótulo del cabaret Le chat noir

El 11 de marzo de 1885 se organizó el primero de una serie de “Bailes incoherentes”. Willette acudió disfrazado de Pierrot. Al parecer, fue a partir de ese momento cuando dio rienda suelta a su desmesurada inclinación por los disfraces y el travestismo.

Visto como Pierrot, por Marcellin Desboutin

Cuando vuelva papá – I Guerra Mundial

También en esa época pintó “Venus pasando delante del sol”, posiblemente un encargo de Le chat noir, donde se ve a Pierrot, el doble de Willette, rodeado de gatos negros y enseñando sus bolsillos vacíos. En la parte superior hay otro gato negro en el ala de un molino formada por notas musicales.

Venus pasando delante del sol

Venus (detalle)

Hasta febrero de 1888 no pudo exponer en solitario. Como puede verse por el cartel de Hérel, Willette estaba unido a la imagen de un gato negro. Queda por saber si se debía a que era un asiduo del cabaret Le chat noir o si le gustaban los gatos. A partir de entonces dibujó sobre todo para anuncios y para la prensa. En sus numerosas colaboraciones con el periódico Courrier français, firmaba artículos con el seudónimo C Lechat, lo que suena como “C’est le chat” (Ha sido el gato).

Los pajaritos mueren patas arriba (Le Courrier français, 1888)

El Sagrado Corazón de Montmartre se abrió al culto en 1889, a pesar de que la basílica no estaba terminada. Aquel día, Willette y una veintena de amigos organizaron el cortejo de La Fête du “Dyable” (La fiesta del diablo). Desnudos y pintados de rojo interrumpieron la ceremonia, pero la policía no tardó en restablecer el orden.

Abadie hizo el Sagrado Corazón, pero esto es obra de Dios.

Pasaron los años, Willette siguió sobreviviendo con momentos mejores que otros. Conoció a Christiane Bastion, a quien todos llamaban Cri-Cri, cuando esta vendía flores en el Folies Bergères. Convertida en su amante y modelo, ambos pasaban los veranos en una casita con jardín que ella tenía en L’Isle-Adam, a unos kilómetros al norte de París. Cri-Cri criaba pollos y conejos, tenía una cabra y alimentaba a unos sesenta gatos. Cuando el carnicero les presentó la factura, no tenían dinero para abonarla y Willette propuso decorarle la tienda. La imagen de un buey vestido de domingo con rostro alegre permaneció en la tienda hasta una reforma en 1970.

Carta

La vida empezó a sonreír a Willette en los últimos años del siglo XIX y el éxito seguiría acompañándole casi hasta su muerte. En 1905, el Salón de París expuso por fin el cuadro “Parce Domine”, treinta años después de haberlo rechazado en 1885. Ilustró “Los miserables”, de Víctor Hugo, y varias entregas de los libros “Claudine”, de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/).

Menú para el restaurante Tabarin (1905)

En 1909, a los 52 años, se casó por segunda vez con Charlotte Duchâteau, una joven criada de 21 años de la que se enamoró locamente nada más verla sirviendo en una cena en casa de un amigo, pero la depresión no tardó en hacer su aparición. Falleció el 4 de febrero de 1926, tres años después de su gran amigo Steinlein.

Pierrot y Colombine, la colada

Adolphe Willette siempre quiso tensar la cuerda. Se atrevió a mofarse, a criticar, a burlarse, a usar el desnudo hasta el punto de que algunos le tacharon de pornógrafo. En 1905 publicó una viñeta de una inmensa lucidez en Le Courrier français. Una vez dijo: “Era mucho más feliz siendo infeliz”.

En África los únicos caníbales son los blancos (1905)


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El Gato del Río y Hernando Tejada

El Gato del Río (Hernando Tejada)

Hernando Tejada, al que todos llamaban cariñosamente “Tejadita”, nació el 1 de febrero de 1924. Fue un reconocido pintor y escultor colombiano que se empeñó en donar un gato a la ciudad de Cali. Pero no se trata de un gato cualquiera, sino de una estatua de bronce de 4,50 metros de alto y de 3,5 toneladas de peso. El 3 de julio de 1996 tuvo lugar la inauguración del monumento y durante dos años, hasta su muerte el 1 de junio de 1998, el artista pudo visitar a su gato a las orillas del río Cali.

Gata Bandida (Nadin Ospina)

Gata Cálida (Emilio Hernández Villegas y Alejandro Valencia Tejada)

El Gato del Río le costó 30 millones de pesos colombianos a Hernando Tejada y lo pudo financiar mediante 250 pequeñas réplicas del Gato fundidas en el taller de su sobrino, Alejandro Valencia Tejada, para poder donar la estatua a la ciudad de Cali. Se tardó siete meses en realizar una escultura en cera perdida de semejantes dimensiones, algo nunca hecho antes en Colombia.

Gata Ceremonial (Pedro Alcántara Herrán)

Gata Decorativa (Lorena Espitia)

Al cabo de unos diez años, Julián Domínguez, entonces presidente de la Cámara de Comercio de Cali, Lucy Tejada, hermana del escultor, y Alejandro Valencia, el hijo de esta, pensaron que el Gato no podía seguir solo en la Avenida del Río. Además, desde la muerte de Hernando Tejada, la ciudad lo había descuidado al Gato y presentaba un aspecto deplorable, con las placas conmemorativas arrancadas, varios bigotes rotos, cubierto de pintadas y otros horrores.

Gata Dulce (Fabio Melecio Palacio)

Gata en Cintas (Cecilia Coronel)

El proyecto se inauguró en octubre de 2006 y no solo sirvió para recuperar el monumento, sino también sus alrededores, mediante la realización de quince esculturas que se instalaron alrededor del Gato del Río en un parque debidamente adecuado. Todas las esculturas tienen el mismo diseño estructural, obra de Alejandro Valencia, y fueron decoradas por quince artistas diferentes.

Gata Entrañable (Ever Astudillo)

Gata Kuriyaku (Carlos Jacanomijoy)

Se unieron al proyecto, llamado “Las novias del Gato” o también “Las gatas del Gato”, reconocidos artistas como Maripaz Jaramillo, encargada de la Gata Coqueta, y Omar Rayo, de la Gata Presa. Las gatas son de mucho menor tamaño que el Gato del Río, están hechas de fibra de vidrío y cada una cuenta con un panel explicativo donde se indica su nombre, el porqué de dicho nombre y una biografía del autor. Poco a poco se fueron sumando gatas y hoy son muchas más que las quince originales.

Gata Coqueta (Maripaz Jaramillo)

Gata Presa (Omar Rayo)

En un principio, solo habría una gata haciendo compañía al Gato del Río, mientras las catorce restantes se distribuirían por diversos puntos de la ciudad. Se pidió a los habitantes de Cali que eligieran a la novia del Gato y parece ser que el número de votantes fue muy superior al registrado en las elecciones municipales anteriores. La escogida fue la Gata Fogata, obra de Roberto Molano González. Sin embargo, mucha gente se opuso al traslado del resto de las gatas y se acabó adecuando el parque para que se quedaran.

Gata Fogata (Roberto Molano González)

Hay gatas distinguidas, como la Ilustrada, obra de Lucy Tejada, que homenajea a Hernando Tejada, o la Gata Annabella, una superestrella, como lo demuestra su traje. Gracias a la iniciativa de la Cámara de Comercio, el Gato del Río está ahora mucho más cuidado y la Avenida del Río se ha convertido en la mayor atracción turística de Cali. Incluso se dice que es el monumento más visitado de Colombia.

Gata Ilustrada (Lucy Tejada Saénz)

Gata Annabella, la superestrella (Diego Pombo)

Wilson Díaz llamó a su gata No Hay Gato porque no encontró una sola referencia a los gatos en el Antiguo Testamento. A Rosemberg Sandoval se le ocurrió comprar tres mil diminutos muñecos de plástico para el pelo de la gata. Perforó la escultura para ver el efecto, pero no quedó nada convencido. Entonces la rayó con grafito y la bautizó Sucia, lo que nos hace pensar que quizá este señor no sea muy amante de los gatos.

Gata No Hay Gato (Wilson Díaz)

Gata Sucia (Rosemberg Sandoval)

Una de las favoritas es la Gata Siete Vidas, y el autor, Melqui David Barrero Mejías, firmó en la pata delantera enyesada de la pobre y su nombre no necesita explicación. Quizá una de las más increíbles sea la Gata Gachuza, de Ángela Villegas, llena de pinchos para protegerse de los gatos machos que la persiguen, según reza el cartel. El día de la inauguración en 2006, Alejandro Valencia vio a una señora sentada en el zócalo de la Gata ocupada en intentar sacarle una de las púas…

Gata Siete Vidas (Melqui David Barrero Mejías)

Gata Gachuza (Ángela Villegas)

También está Engállame la Gata, de nombre curioso, cubierta de calcomanías para motos, un medio de transporte muy apreciado en Cali. Esta última, al igual que la Gata Dormida Aquí y Allá, de Adriana Arenas Ilián y la Gata Frágil, de Juan José Gracia Cano, llegó a la orilla del río en abril de 2014. Ninguna sigue el modelo diseñado en 2006, dos están sentadas y otra, dormida. Las nuevas gatas que hacen compañía al Gato del Río están financiadas por donaciones de particulares.

Gata Engállame (Ana María Millán Strohbach)

Gata Dormida Aquí y Allá (Adriana Arenas Ilián)

Gata Frágil (Juan José Gracia Cano)

El Gato del Río es probablemente el felino más querido de la ciudad. Dicen que hasta los niños de muy corta edad dejan de llorar y empiezan a reír cuando están en su presencia. No fue el único gato obra del escultor Hernando Tejada, que sentía una gran predilección por ellos. En el taller de su sobrino Alejandro están los moldes de una pareja gatuna que el escultor no tuvo tiempo de acabar antes de fallecer.

Gata Mac (Mario Gordillo)

Gata Melosa (Pablo Guzmán)

El Gato del Río se fundió en el taller de Rafael Franco, en Bogotá, y la realización está plagada de anécdotas. Por ejemplo, se fundió por secciones que fueron soldadas posteriormente, y Alejandro, director del proyecto, se percató de que el felino estaba abollado. Rafael le confesó que había usado silicona blanda para acabar el molde. La solución: convencer a alguien para que se metiera dentro de la estatua con protectores auditivos y corrigiera los defectos. Los vecinos amenazaron con denunciarlos por el estruendo…

Gata Vellocino de Oro (José Horacio Martínez)

Gata Yara, la diosa de las aguas (María Teresa Negreiros)

También se le cortó la cabeza al Gato. Una vez acabado, Alejandro vio que la cabeza no estaba correctamente proporcionada y llamó a su tío para que le autorizara a descabezarlo. Cuenta que, al igual que la Reina de Corazones en Alicia en el País de Las Maravillas, pronunció la frase: “¡Que le corten la cabeza!” Y por último, hubo que desmontar el tejado del taller para sacar al Gato y llevarlo a Cali.

 


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Gatos, algunas vacas y el artista californiano Lowell Herrero

Lowell Herrero nació el 10 de octubre de 1921 en Oakland, California. A los seis años ya pintaba con un amigo suyo que vivía al otro lado de la calle. Unos años después empezó a dibujar viñetas de granjeros, a pesar de no saber nada de granjas ni de sus habitantes, según comentó en una ocasión.

Gato jardinero

Envió sus dibujos a los ilustradores de Walt Disney, entre otros a E.C. Segar, el creador de “Popeye”. No solo le contestaron animándole a seguir, también le enviaron dibujos suyos. En el instituto logró ahorrar dinero para ir a la universidad con la intención de entrar después en Walt Disney como animador, pero Pearl Harbor lo cambió todo.

Gato mariposa

Tenía 21 años, y para evitar que le reclutaran, se ofreció voluntario en los Guardacostas de San Francisco. Primero fue marinero, pero sus superiores se dieron cuenta de que sabía dibujar y le destacaron a la base. Allí pasó más de tres años dibujando viñetas para el periódico “Barracks Watch”.

Gato de invierno

Al acabar la guerra pudo pedir un préstamo al gobierno por su condición de exsoldado que le permitió estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de California, en Oakland, donde conoció a Nathan Oliveira, un pintor nacido en la misma ciudad y uno de sus grandes amigos.

Gato en caja

Al poco de graduarse en 1949 encontró trabajo como ilustrador en la empresa Standford & Sanvick de San Francisco. En 1953 fundó, con dos amigos, la agencia de diseño gráfico Butte, Herrero & Hyde, que no tardó en tener mucho éxito y clientes por todo el país.

Gato en campo de lavanda

Pasaron los años y Bruce Butte, uno de los tres socios, dejó el mundo del diseño gráfico para dedicarse a la pintura. Fue un momento decisivo para Lowell Herrero. Empujado por su amigo Nathan Oliveira, también decidió lanzarse. En una entrevista dijo que había perdido el interés por el diseño comercial, sobre todo después de separarse de su primera mujer.

Gato y rana

En 1980 conoció a Janet Gentile, proveniente asimismo del mundo de la publicidad. Le dijo que tenía pensado dejar el arte comercial y que sus ingresos iban a caer drásticamente, pero Janet se ofreció a ayudarle durante un año. En esa misma época comenzó a pintar las series de gatos y vacas que acabarían en los calendarios superventas publicados por Lang Graphics.

Calendario Shell

Las vacas de Lowell Herrero, cuando las representa al lado de un granjero, son en ocasiones desmesuradas en comparación al hombre, pero tratándose de un gato con una vaca, el primero cobra importancia y la vaca pierde tamaño. Sus animales son expresivos, aunque miren fijamente al autor como si se tratara de un fotógrafo, y muchos de sus gatos parecen haber sido observados en la realidad, como si hubiera tenido gatos.

Un conocido suyo, Bill Dodge, abrió una galería en Carmel y vendió un cuadro que le había pedido prestado. Después de vender unos cuantos más, le organizó su primera exposición en solitario. Posteriormente, Carolyn Walsk, dueña de una galería en Nantucket, Massachusetts, también le descubrió. Lowell pintaba temas de la Costa Este para una galería y de la Costa Oeste para la otra.

Gato bañera

Se casó con Janet y se compraron una vieja casa victoriana en el barrio South Park de San Francisco. La abuela de Janet vivía en Calistoga, en el Valle de Napa, y adquirieron un terreno en el Monte Santa Helena para construir un enorme estudio con paredes de vidrio.

Gato entre pensamientos

La naturaleza que le rodeaba quizá le recordó las viñetas que dibujaba de niño cuando no sabía nada del campo. A partir de ese momento pintó cuadros de gran tamaño con escenas de vendimia, cosechas y trabajos en el campo que le aportaron aún mayor fama.

Vendimia en el Valle de Napa

También sentía una profunda atracción por la Toscana, región que descubrió en varios viajes después de casarse con Janet. Un día plasmó una casa de campo imaginaria de la Toscana en un cuadro, y la pareja convirtió su sueño en realidad al construir la casa en el Valle de Napa, cerca del estudio, en 2001.

En su estudio de Napa

Lowell Herrero decía que parte de su éxito se debía a que distorsionaba la figura humana, que lo exageraba todo, que aplanaba los paisajes, dejándolos sin relieve. Pero que, al contrario de los auténticos artistas naífs, él controlada lo que hacía porque había estudiado.

Gato estantería

Reconocía que los pintores que más le habían influido eran Picasso, Matisse, Seurat y Van Gogh, aunque su estilo no tenía nada que ver con el de ellos. Su uso de la distorsión, del puntillismo en algunas obras y una aparente ingenuidad le convirtieron en un artista difícil de encasillar. No tenía miedo al “merchandising”. No solo ilustró calendarios, sino que sus gatos y vacas decoran hasta la saciedad tazas, platos y otros objetos. Eso sí, en el reverso de cada plato se especifica que son de decoración y no para uso práctico.

Gato gordo

Gato ventana

Algo en sus cuadros nos hace pensar que debió ser un hombre con sentido del humor,  amable y amante de los animales. Sus mejores amigos se metían con él llamándole “La leyenda en vida” (por la fama que le dieron los calendarios) o también “El Sr. Maravillas”, pero el diminutivo más habitual era “Hache”.

Gato joven

Gato Lord Buffington

Nunca dejó de pintar hasta que falleció el 28 de noviembre de 2015 a la edad de 94 años. Él mismo decía: “Me entusiasma pintar. Me encanta el arte. Nunca me jubilaré. Cuando me vaya, quiero que sea delante del caballete, pintando. Mientas pinto, soy el hombre más feliz de todo el Valle de Napa”.

Nunca rompemos nada


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El gato Donald, Benoît y John Patrick Byrne

“Érase una vez un chico llamado Donald que vivía en Fishertown (Ciudad de pescadores) con su mejor amigo, un gato convencido de que era un niño. Todo empezó cuando Jean-Kiki, el padre de Benoît, le dio unas monedas al capitán de un pesquero a cambio de un pequeño gato flaco con unos enormes ojos saltones. Cuando Jean-Kiki lo llevó a casa, Benoît lo llamó Donald”.

“Y antes de que se pudiera decir A-B-C, Donald se acomodó en su cama preparada en una caja de pescado mientras Benoît le enseñaba a leer, a contar hasta nueve y a disfrutar de un buen desayuno de tostadas con morcilla. La vida sonreía a los dos nuevos mejores amigos”.

“Una vez que Donald se vistió con unos pantalones cortos y unas botitas de cuando Benoît era pequeño, se lanzaron inmediatamente a explorar los lugares favoritos del chico, la Biblioteca Municipal John Dory en la callejuela Calamar, el Cine Anguila Eléctrica al final del muelle, y La Noche Oscura del Café Lenguado al Limón, pegado a su casa”.

Así empieza el cuento titulado “Donald & Benoît”, de John Patrick Byrne. El autor sigue contando que Jean-Kiki le compra un barco a Bucky MacKay, el dueño de La Noche Oscura, pero no tarda en descubrir que no hay un solo pez en las aguas cercanas al pueblo y no le queda más remedio que dejar a Donald y a Benoît para zarpar hacia mares más generosos. Bucky MacKay, que se siente culpable por no haberle dicho a Jean-Kiki que no había peces antes de venderle el barco, ofrece un trabajo como camarero a Benoît, pero el chico es muy patoso y sabe que pronto le echarán. Pasan los días y su padre no regresa.

Benoît y Donald deciden ir al cine a ver “Cantando bajo la lluvia”. Los dos se lo pasan de maravilla, y camino de casa, Donald interpreta cada uno de los números de baile para entretener a Benoît. Pero Benoît ve una noticia en el Diario Estrella de Mar: El barco de su padre ha desaparecido. Al día siguiente está demasiado triste para ir a trabajar y Donald decide sustituirle.

Pero es aún más patoso que Benoît, y Bucky MacKay acaba echándole. Es entonces cuando descubre su verdadera vocación al ver un anuncio pidiendo candidatos para unirse a los “Dancing Devil Dogs” (Endiablados Perros Bailones). Las pruebas tienen lugar en la sala encima del café Lenguado al Limón y el viejo Angus recibe a los candidatos. Al ver a Donald, el viejo Angus no acaba de decidirse a qué raza de perro pertenece el extraño recién llegado hasta que uno de los Endiablados le susurra al oído que se trata de un gato. Donald, en un desesperado intento por demostrar que sabe bailar, hace el ridículo, pero acaba ofreciéndose para tocar la batería. El único problema es que no tiene batería. A Benoît se le ocurre una idea brillante y corre a la Biblioteca para consultar el libro “Cómo construir una batería con lo que hay en casa”.

Dan las diez en el reloj de la Biblioteca, y los Endiablados Perros Bailones descubren que el ritmo hipnótico que les ha llevado hasta la casa de Benoît es obra del extraño gato vestido con calzones y botitas de bebé que ha hecho el ridículo esa misma mañana. A los pocos segundos de llegar, los Perros Bailones ya están rebotando contra las paredes, entregados a su endiablado baile.

Al alba, en medio del tremendo barullo, Benoît oye cómo llaman a la puerta con insistencia. Corre a abrir: ¡Es Jean-Kiki, su padre! El chico le abraza, loco de alegría y avisa a Donald. Este, exhausto después de tocar toda la noche, se hace un ovillo a los pies de la cama de su hermano y escucha a Jean-Kiki contar cómo el barco perdió el timón y dio la vuelta a África hasta llegar a Madagascar…

John Patrick Byrne inventó la historia de Donald y Benoît para contársela a sus dos hijos, los gemelos Xavier y Honor. Pero el autor no solo imaginó al gato Donald, también incluyó a gatos en algunos de sus cuadros.

El chico americano (1971)

Gato a la luz de la luna

Nació el 6 de enero de 1940 en Paisley, Escocia, en el seno de una familia obrera católica de origen irlandés. Es dramaturgo, escenógrafo, pintor, ilustrador y también ha dirigido capítulos de series televisivas. Para su obra de teatro más famosa, la trilogía “The Slab Boys”, se basó en su experiencia como mezclador de colores cuando trabajaba en la fábrica de alfombras AF Stoddard.

Arlequín y gato

El chico de la luna

Dejó el trabajo al cabo de un par de años para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Glasgow, donde estudió entre 1958 y 1963. Ganó una beca Bellahousten, que le permitió recorrer Italia durante seis meses. En 1967, ante el rechazo de las galerías londinenses, pintó un pequeño retrato de un hombre con un panamá en falso estilo naíf firmado por “Patrick” y lo mandó a la galería Portal, en Mayfair. Ante su sorpresa, le contestaron inmediatamente pidiéndole más cuadros, por lo que pintó otros seis u ocho y pudo exponer en solitario por primera vez. El retrato del gato Lionel probablemente corresponda a esa época.

Lionel (falso naíf)

Chico con gato

Entre 1964 y 1966 diseñó varias portadas de libros para la editorial Penguin. También ilustró portadas de álbumes de artistas como Beatles, Donovan, Billy Connolly y The Humblebums, y sobre todo de su amigo el cantante Gerry Rafferty, también natural de Paisley y que le dedicó la canción “Patrick”. Los dos coescribieron las letras de varios temas.

Luz de luna y música

Se casó en 1964 con Alice Simpson y tuvieron dos hijos en los años ochenta. En 1989 conoció a la actriz Tilda Swinton, con la que tuvo dos hijos en 1997, Honor y Xavier. Actualmente está casado con la técnica de luces teatrales Jeanne Davies y reside en Edimburgo.

Autorretrato (1971-73)

Jack y el gato atigrado

Expone regularmente en la Fine Art Society (Londres y Edimburgo), en la Galería Rendez-Vous (Aberdeen) y en la Galería Brown’s Art (Tain, Tierras Altas).

Deconstrucción


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Gatos en la obra de Charles Maurin

Joven con gato (Charles Maurin, 1899)

Charles Maurin nació el 1 de abril de 1856 en Le Puy-en-Velay, departamento del Alto Loira, región de Auvernia. En 1875 obtuvo el Premio Crozatier, dotado con suficiente dinero como para permitirle trasladarse a París y estudiar en la Escuela de Bellas Artes. Participó en el Salón de los Artistas Franceses de 1882 con dos retratos, y cinco años después, en el Salón de los Independientes.

Autorretrato (Charles Maurin, 1883)

Era un excelente dibujante y un incomparable grabador en madera, por lo que contribuyó activamente en el “renacimiento” del grabado a finales del siglo XIX. Le interesaba todo y no se ceñía a un solo estilo; incluso inventaba nuevas técnicas, como pintar con vaporizador, logrando paisajes de gran contenido poético. Es conocido sobre todo por sus pinturas simbolistas y también por los espléndidos retratos a artistas de la época.

Mujer con gato (Charles Maurin)

Jamás dejó de pintar desnudos femeninos y, al igual que Degas y Mary Cassatt, le gustaba plasmar a la mujer en momentos íntimos. En algunas ocasiones la retrataba con un gato, como en el cuadro “El aseo”.

El aseo (Charles Maurin)

Alrededor de 1885 fue nombrado profesor en la Academia Julian, donde conoció a Félix Vallotton, el pintor suizo que fue su alumno y gran amigo, y que también dibujó desnudos femeninos con gatos. Su puesto de profesor le permitió vivir sin demasiadas penurias.

Dos gatos (Félix Vallotton)

La pereza (Félix Vallotton, 1895)

También gozó de la amistad de Toulouse-Lautrec, con quien compartió una exposición en la Galería Boussod de Paris en 1893. Unos años antes, en el Salón de los Independientes, Edgar Degas ya se había interesado por la otra de Charles Maurin, pero no logró convencer al coleccionista Henry Laurent hasta principios de los noventa para que empezara a comprar las obras de su joven amigo.

Toulouse-Lautrec, por Charles Maurin

Charles Maurin, por Toulouse-Lautrec (1898)

Otro gran amigo y admirador fue el escultor y ebanista François-Rupert Carabin (https://gatosyrespeto.org/2018/08/30/el-gato-en-el-modernismo-y-el-art-deco/), que decoró varios muebles con gatos. El retrato que hizo del escultor en 1892 está entre sus más célebres.

Silla (François-Rupert Carabin)

Los noventa fueron buenos años para el artista, que empezaba a disfrutar de un moderado éxito. El gran galerista Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le organizó una exposición en 1895 y le pidió grabados. Por entonces, el Estado francés ya le había encargado “Maternidad”, considerado uno de los mejores cuadros del artista.

Maternidad (Charles Maurin, 1893)

Siempre durante la década de los noventa pintó tres paneles de gran tamaño, “Tragedia”, “Danza” y “Música” para el teatro municipal de su ciudad natal, además de diseñar los decorados y el vestuario de “La princesa lejana”, de Edmond Rostand, protagonizada por Sarah Bernhardt.

Las medias negras (Charles Maurin)

Recorrió Holanda, Bélgica e Inglaterra. Participó con varias obras en el Salón de “La libre esthétique” (La estética libre) de Bruselas en 1896 y 1897, y en la Exposición de Arte Internacional de Londres en 1898. Anarquista convencido, realizó ilustraciones para el diario “Les Temps nouveaux” (Los tiempos nuevos), y publicó retratos impresos de los famosos anarquistas franceses Louise Michel, la principal impulsadora de la Comuna de París, y François Koenigstein, conocido como Ravachol, guillotinado en 1892. Asimismo, la revista literaria “La Revue blanche” le encargó varios dibujos.

Mimi (Charles Maurin)

Sin embargo, después comenzar el nuevo siglo, la producción de Charles Maurin disminuyó mucho debido a sus problemas de salud. Pasó los últimos años en Bretaña y luego en Provenza, concretamente en Grasse, con grandes dificultades económicas. Falleció el 22 de julio de 1914 en esa última ciudad y sus obras cayeron en el olvido unos años después. En 1921 se celebró una retrospectiva en la Galería Berheim-Jeune y en 1922 se publico un trabajo monográfico sobre sus obras realizado por Ulysse Rouchon.

Un amigo indiferente (Charles Maurin)

Actualmente, el Museo Crozatier en Le Puy-en-Velay cuenta con una importante colección de obras del artista, pero sigue poco representado en otros museos franceses y aún menos en el extranjero. En 1993, el Museo Quai D’Orsay organizó una exposición de cuadros y grabados firmados por Charles Maurin remarcando las similitudes con los trabajos de su gran amigo François-Rupert Carabin. En 2006, el Museo Crozatier le dedicó una gran exposición monográfica titulada “Charles Maurin, un simbolista del realismo”.

Hebilla (François-Rupert Carabin)

Mujer escribiendo (Charles Maurin)

Era un experto en el manejo del pastel, de la tiza y del carboncillo. Degas llegó a comparar su técnica a la de su admirado Ingres. Es posible que hoy en día se le conozca más por su faceta de grabador, al haber desarrollado innovadoras técnicas y procesos, sobre todo para las impresiones en color. Por desgracia, algunos de sus grabados solo se reprodujeron en diez o menos ejemplares y son muy difíciles de encontrar.

Mujeres con gato (Charles Maurin)

Creó algunas de las visiones más extravagantes y “socialistas” de fin de siglo; fue uno de los artistas más representativos de una época en que el arte, literalmente, explosionó y nació un verdadero afán por explorarlo y descubrirlo todo. Se dice a menudo que la mayoría del arte moderno surgió antes del comienzo de la II Guerra Mundial.

La gatita Minette (Toulouse-Lautrec, 1894)

Poco más se sabe de la vida de Charles Maurin. Ignoramos si vivió en Montmartre, pero es muy probable ya que era un lugar barato, radical y antiburgués por definición, donde la comunidad artística adoptó formas innovadoras para criticar la sociedad y la condición humana en general. Realizó varios cuadros y dibujos de Montmartre en la década de 1890.

May Belfort (Toulouse-Lautrec, 1895)

Debió conocer a intérpretes como Aristide Bruant e Yvette Guilbert; escritores como Émile Goudeau, Alphonse Allais y Alfred Jarry, y músicos y compositores como Erik Satie, Vincent Hyspa y Gustave Charpentier, además de numerosos pintores. Quizá frecuentara el famoso cabaret “Le chat noir” (https://gatosyrespeto.org/2017/03/30/le-chat-noir-un-cabaret-parisino/) y quién sabe si tuvo un gato, pero es algo que no hemos sido capaces de descubrir.

Mujer con gato (Charles Maurin)

(Detalle)


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Gatos y la pintora Gabriele Münter

Gato en cojín (Gabriele Münter, 1909)

La pintora Gabriele Münter nació el 19 de febrero de 1877 en el seno de una familia de clase media alta de Berlín. Sus padres la animaron cuando empezó a dibujar de pequeña y muy pronto contrataron a un profesor. Asistió a clases en el estudio del artista Ernest Bloch en Düsseldorf antes de ingresar en la Damenschule (Escuela femenina) de Willy Platz. Aprendió la técnica del grabado en madera, pintura y escultura.

El susto (Gabriele Münter, 1926)

Perdió a sus padres poco antes de cumplir los 21 años y viajó a Estados Unidos con su hermana porque en ese país vivían unos primos. Permanecieron allí dos años, recorriendo los estados de Texas, Arkansas y Misuri, e hizo toda una serie de fotos con una pequeña Kodak. Las hermanas habían heredado dinero suficiente para vivir de forma independiente. De niñas disfrutaron de mucha libertad y no estuvieron sujetas a las restricciones impuestas por la sociedad.

Niña con gatos (Gabriele Münter, 1927)

A su regreso de Estados Unidos en 1901 se matriculó en la Escuela La Phalanx de Múnich, una institución vanguardista que rechazaba las manifestaciones más académicas y conservadoras de la época, dirigida entonces por Vasili Kandinski. Gabriele Münter intentó estudiar en la Escuela de Arte oficial de la ciudad, pero estaba vetada a las mujeres.

Naturaleza muerta y gato (Gabriele Münter, 1930)

Kandinski, cuya carrera empezaba a despuntar, fue el primero que supo apreciar el talento de Gabriele Münter, y no tardó en ofrecerle participar en los cursos de verano que la Phalanx organizaba en los Alpes. La atracción entre profesor y alumna fue instantánea. Él tenía 36 años y ella 25. Al año se comprometieron en matrimonio a pesar de que Kandinski estaba casado en Rusia con su prima. El pintor pidió el divorcio, pero  no se le concedió hasta mucho después.

Gato (Vasili Kandinski, 1907)

En 1909, Gabriele Münter se compró una casa en Murnau, a unos 70 kilómetros de Múnich, en la que residió con Kandinski hasta el comienzo de la I Guerra Mundial. En verano les visitaban los pintores Aleksei von Jawlensky y Marianne von Werefkin, el escultor Moisés Kogan, que murió en Auschwitz en 1943, y el bailarín Alexander Sakharov. Todos ellos se unirían al famoso grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul).

Gato (Moisés Kogan)

Moisés Kogan

Habían descubierto la vieja ciudad de Murnau un par de años antes. Creemos que las fotos de Gabriele y de Vasili con la gata Vaska fueran tomadas en Murnau y que la fecha está equivocada, tal vez sean de 1909. La gata parece estar muy cómoda con ambos y los dos la miran con cariño, sobre todo Gabriele. Da la sensación de ser un momento muy feliz en el que decidieron hacerse la misma foto.

Gabriele Münter y Vaska (Foto de Vasili Kandinski, 1907)

Vasili Kandinski y Vaska (Foto de Gabriele Münter, 1907)

Vasili Kandinski, Franz Marc y Gabriele Münter fundaron Der Blaue Reiter, aunque a la pintora pocas veces se la menciona, con la publicación del almanaque en mayo de 1912, el grupo precursor del expresionismo alemán. No cabe duda de que Gabriele influyó en la obra de Kandiski y en su uso de colores saturados, algo que tampoco suele reconocerse. Juntos recorrieron Holanda, Italia, Francia y el norte de África. En París tuvieron ocasión de visitar a Matisse, cuya obra repercutió de manera importante en la pintura de Gabriele Münter.

Portada almanaque Der Blaue Reiter

Henri Matisse y gato

Con la I Guerra Mundial, la pareja se trasladó a Suiza, pero Kandinski se vio obligado a regresar a Rusia. Gabriele Münter se fue a Copenhague, ciudad en la que vivió cinco años. Los dos se vieron por última vez en el invierno de 1915. Dos años después, Kandinski se casó con Nina Andreiévskaya, una mujer 26 años más joven, de lo que Gabriele se enteró al cabo de varios años.

Dos gatos (Franz Marc)

La artista dejó de pintar y tardó mucho en retomar los pinceles. Regresó en 1920 a Alemania y en 1927 conoció al filósofo e historiador del arte Johannes Eichner, con quien permaneció unida hasta la muerte de éste en 1958.

Johannes Eichner por Gabriele Münter

Después de una prolongada estancia en París, entre 1929 y 1930 empezó a pintar de nuevo y en 1932 regresó a su casa de Murnau. A partir de ese momento se dedicó sobre todo a pintar flores y cuadros abstractos. En 1937, los nazis le prohibieron que siguiera pintando. Como era de esperar, el nacionalsocialismo tampoco vio con buenos ojos las obras de Kandinski. Este había confiado numerosos cuadros suyos a Gabriele Münter para que los salvaguardara, y ella consiguió esconderlos en su casa de Murnau, de tal forma que, a pesar de varios registros realizados por los nazis, nunca los encontraron. En 1956, el entonces director de la Städtische Galerie im Lenbachhaus de Múnich pudo contemplar las obras de Kandinski y de numerosos pintores de Der Blaue Reiter. Al cumplir 80 años, la pintora donó una parte importante de la colección al museo.

Muñeca, gato y niña (Gabriele Münter)

Sus obras se expusieron en Estados Unidos por primera vez durante los años sesenta y en el Mannheim Kunsthalle en 1961. Se la siguió considerando la representante del expresionismo años después de la II Guerra Mundial cuando volvió a resurgir el interés por este movimiento.

Muñeca, gato y niña (Óleo sobre cristal, Gabriele Münter, 1914)

La Fundación Gabriele Münter y Johannes Eichner se estableció en 1966, a los cuatro años de fallecer la artista, tal como habían establecido en sus testamentos. Actualmente no solo es un valioso centro de investigación de las obras de Münter, sino también del grupo Der Blaue Reiter. Al morir Johannes Eichner, Gabriele vivió en su casa de Murnau, donde falleció el 19 de mayo de 1962 a los 85 años.

Tumba de Gabriele Münter y Johannes Eichner