Gatos y Respeto

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Los gatos soñadores de Jimmy Tsutomu Mirikitani

Hace menos de un año, en abril, publicamos una entrada sobre la pintora Miné Okubo (https://gatosyrespeto.org/2021/04/08/los-gatos-de-mine-okubo/), que fue encarcelada en 1942, a los 30 años, en un campo de internamiento para estadounidenses de ascendencia japonesa. Lo mismo le ocurrió a Jimmy Tsutomu Mirikitani cuando tenía 22 años.

Nació en Sacramento, California, el 15 de junio de 1920, pero cuatro años después, su familia regresó a Hiroshima, donde no tardó en mostrar un talento innato por el dibujo. A los 18 años volvió a Estados Unidos para evitar ser llamado a filas por el ejército japonés. El lema de Jimmy Mirikitani siempre fue “Soy pintor, no soldado”. Se trasladó a vivir a Seattle con su hermana mayor.

Jimmy Tsutomu Mirikitani y una gata

El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbor y a los dos meses, el 19 de febrero de 1942, el presidente Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066, permitiendo el encarcelamiento de todos los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en campos totalmente aislados. Las autoridades separaron a Jimmy Mirikitani y a su hermana; tardarían más de 60 años en volver a verse.

Durante su encierro, la mayoría de la familia y amigos de infancia de Jimmy murió en el despiadado bombardeo atómico de Hiroshima. Durante esa horrible época, se le obligó a renunciar a la ciudadanía estadounidense y se convirtió en apátrida. Peor aún, cuando acabó la guerra, no se le liberó, fue enviado a Nueva Jersey con otras personas que habían renunciado a su ciudadanía y acabaron haciendo turnos nocturnos de doce horas en plantas de enlatado de verduras.

En 1945, el abogado Wayne Mortimer Collins, defensor de los derechos civiles, empezó a luchar para que estas personas no fueran deportadas y se les devolviera su nacionalidad. Tardó 23 años en conseguir que cientos de hombres y mujeres recuperaran la ciudadanía estadounidense. Jimmy Mirikitani estaba entre ellos. Pero se había ido a Nueva York en los años 50 y nunca recibió la carta del gobierno.

Al llegar a Nueva York, empezó a hacer dibujos de colores vibrantes con bolígrafos o lápices de colores y a venderlos en parques. Un profesor de arte le pilló durmiendo en la biblioteca de la Universidad de Columbia y le puso en contacto con la Iglesia Budista de Nueva York, que le ofreció cobijo.

Para sobrevivir, Jimmy trabajó en restaurantes de comida rápida. Incluso llegó a conocer al famoso pintor  Jackson Pollock. Fue el cocinero personal de un neoyorquino rico hasta que este falleció en los años ochenta y volvió a encontrarse en la calle. Cuando los años le impidieron seguir trabajando, no pidió ayuda porque estaba convencido de que era apátrida.

Se sentaba en la esquina de una calle del Soho de Nueva York y vendía sus cuadros a turistas y transeúntes. Nunca aceptó una limosna y siguió expresando su dolor, temores y tristeza a través de sus obras: las llamas de la bomba de Hiroshima, el campo de Tule donde le encerraron y gatos, gatos, gatos.

Gatos que, en muchos casos y a primera vista, parecen ser el mismo dibujo, pero los peces cambian, los gatos cambian, las plantas cambian… Jimmy decía que desde pequeño siempre le habían gustado los gatos.

Un buen día, la documentalista Linda Hattendorf pasó por su esquina y empezó a charlar con él. No tardó en descubrir que si llevaba una cámara, Jimmy era más propenso a hablar. Poco a poco nació la idea de hacer un documental sobre su vida, pero se derrumbaron las Torres Gemelas el 9-S de 2001. Unos días después, Linda volvió a la esquina y ahí estaba Jimmy, sentado como siempre entre sus cuadros, respirando polvo tóxico. Fue entonces cuando Linda tomó una decisión y le invitó a quedarse en su diminuto apartamento.

El documental “Los gatos de Mirikitani” (2006) se convirtió en el rodaje de un compañero de piso que nunca dejó de pintar y le contó su historia a retazos. El resultado fue galardonado con el Premio del Público en el Festival de Cine de Tribeca.

Pero la cineasta no se limitó a hacer un documental. Después de unir los trozos de vida que le contaba el pintor, indagó para ver qué pasaba con su nacionalidad. Consiguió varios documentos oficiales entre los que se encontraba la carta – nunca entregada – indicando que no había perdido la ciudadanía estadounidense. A partir de este momento fue fácil obtener ayudas sociales.

También descubrió que era primo de la conocida poeta californiana Janice Mirikitani. Localizó a su hermana, a la que no había visto desde que ambos habían sido encarcelados en 1942, y organizó un viaje a California en 2002 para que se reuniese con ella y con una pequeña comunidad de antiguos prisioneros. Incluso pudo volver a visitar el campo de internamiento de Tule.

Linda dio a conocer la obra de Jimmy Tsutomu Mirikitani. Después del estreno del documental, tuvo su primera exposición individual en el Museo Asiático Wing Luke de Seattle, a la que siguieron otras en la Universidad de Nueva York, en la Universidad del Norte de Texas, en el Nikkei Portland Legacy Center de Portland y más. En 2010 sus obras pudieron verse en la Galería Renwick del Smithsonian, y en 2011, en el Museo Nacional Japonés Canadiense.

Jimmy Tsutomu Mirikitani

Sus dibujos ilustran un libro infantil titulado “The Cat who Chose to Dream” (El gato que escogió soñar), de Loriene Honda, con prólogo del actor George Takei, el Sr. Sulu de la serie “Star Trek”, al que también le gustan los gatos.

El libro empieza así: “Jimmy el Gato se despertó una mañana convencido de que unos copos de nieve le caían suavemente en la cara, como si las esperanzas y los sueños bailasen en su nariz”. Pero Jimmy se despierta y recuerda dónde está: en un campo de internamiento para japoneses. Su familia le había colado a pesar de las prohibiciones.

Jimmy, para sobrevivir a las duras condiciones, para superar la tristeza, crea en su cabeza un lugar mágico solo para él, donde puede sentirse seguro de nuevo. Sueña con un templo budista; se siente valiente como un tigre de las nieves; se imagina como un dragón capaz de defender a su familia; siente el sol calentar su lomo… Jimmy escogió soñar para sobrevivir.

Jimmy Tsutomu Mirikitani autorizó a la editorial a usar sus dibujos, pero jamás llegó a ver el libro terminado porque falleció a los 92 años, el 21 de octubre de 2012, dos años antes de la publicación del gato que escogió soñar.


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El gato korat y el Tamra Maew

El korat, también llamado Mallet o Si sawat, es un gato doméstico de pelo corto gris azulado, de tamaño mediano, más bien musculoso y con muy poca grasa. Sus rasgos más característicos son la cabeza en forma de corazón, grandes ojos verdes y patas delanteras algo más cortas que las traseras.

Es una raza totalmente natural, considerada una de las más estables y más antiguas, cuya apariencia no ha cambiado con el paso de los siglos. Originaria de Phimei, en Tailandia, su nombre occidental proviene de la provincia donde surgió, Nakhon Ratchasima, a la que los tailandeses suelen llamar “korat” familiarmente. En Tailandia se les conoce como Si sawat en referencia a su magnífico pelaje y el color de sus ojos.

El korat es el gato de la buena suerte y, tradicionalmente, se entregaba una pareja a los recién casados. Hasta hace muy pocos años no se vendían, solo se regalaban.

Yani y Chalama (años 60)

En 1995, Tailandia emitió un sello dedicado al korat. Dos años después, Cuba y Tuvalu siguieron su ejemplo; en 1999, la República del Congo, y en 2017, Yibuti, en África Oriental. Varios países más han hecho lo propio posteriormente.

Sello Tailandia

Los primeros korat llegaron a Gran Bretaña entre 1889 y 1896 bajo la denominación de “siameses azules”, pero tienen poco que ver con estos y fueron descalificados en los primeros concursos de gatos. En 1901 ya habían desaparecido. Reaparecieron en Estados Unidos a principios de los años cincuenta del siglo pasado y fueron aceptados como tal gracias a los esfuerzos de un criador de Maryland en 1966.

Es probable que se hiciera alusión por primera vez a esta antigua raza en el Tamra Maew (Tratado de los gatos o Libro de poemas de los gatos), que puede remontar al año 1350 y del que se encuentra un ejemplar más reciente en la Biblioteca Nacional de Tailandia.

Tamra Maew (Libro de poemas de los gatos)

Este tratado es un manuscrito del tipo “samut khoi” del periodo Ayutthaya (1350-1767), aunque la mayoría de ejemplares datan del siglo XIX. Contiene ilustraciones de diversos tipos de gatos y es probable que sirviera para marcar los estándares de las razas.

El manuscrito consiste en una larga tira de papel plegada en acordeón que se lee verticalmente. Suele incluir diecisiete razas propicias, además de otras seis consideradas portadoras de mala suerte. Las ilustraciones que describen a los gatos van acompañadas por descripciones versificadas en alfabeto tailandés, ya que el alfabeto khom se reservaba para manuscritos religiosos.

Los versos introductorios dicen así: “Me inclino ante vos con cabeza y manos, mas en vez de utilizar flores, incienso y velas doradas, / para vos describiré las formas de los gatos tal como se hizo en mitos y leyendas. / Todos los gatos fueron creados por dos eremitas: Ka-La-I-Ko-Te creó los que traen buena suerte…”

En los versos, breves y concisos, se describen los principales rasgos físicos de los gatos y los efectos (beneficiosos o negativos) que pueden aportar a su dueño. Algunos traían prosperidad y salud, mientras que otros, mala fortuna. Estos últimos seguían existiendo, pero suponemos que se evitaba tenerlos en casa.

Los tratados felinos eran comunes en toda Asia sudoriental, y muy especialmente en Siam, país donde algunos animales tenían un papel importante en la corte imperial y en los monasterios budistas. Los primeros eran los elefantes albinos, seguidos por los caballos y los gatos.

Algunos Tamra Maew incluyen hasta veintidós razas de gatos propicias. La lista siempre va encabezada por el ninlarat, el gato negro por excelencia, cuyos versos dicen así: “Un gato de raza negra tiene el cuerpo negro, los dientes, ojos, garras y lengua; todo es negro. / Su rabo es tan largo que le toca la cabeza”.

Después llegaba el wilat (belleza), de cuerpo negro y ojos verdes, seguido por el suphalak, de color cobre, renombrado por espantar el mal y que todavía existe hoy en día. El kao taern (nueve puntos) de manto blanco tenía nueve manchas circulares negras, y el ratanakamphol (ropa engalanada), también era blanco con un cinturón negro. Y así sucesivamente.

Pero la magia de los gatos de Siam inició su declive a mediados del siglo XIX cuando los británicos empezaron a llevarse a los sagrados animales a Inglaterra para criarlos y venderlos como “objetos” de lujo.

Durante cientos de años se creyó que el impresionante color azul plateado representaba la abundancia. Los brillantes ojos verdes son del color del grano de arroz aún sin madurar y simbolizaban una cosecha abundante. Como hemos dicho al principio, se regalaba una pareja a los recién casados para propiciar un buen y feliz matrimonio.

También existen korat de color lila en Tailandia, pero los criadores europeos los menosprecian en comparación a sus hermanos de manto azul. Sin embargo, en el antiguo reino de Siam ambos eran muy apreciados.

Curiosamente, el peculiar y único tono verde de sus ojos puede tardar hasta cuatro años en desarrollarse del todo. Los ojos de los gatitos son de color ámbar. También son conocidos por poseer un sentido del olfato, de la vista y del oído aún más desarrollados de lo habitual en un gato.

Gato korat y gato siamés

Son observadores, curiosos, siempre dispuestos a participar en lo que está ocurriendo y a investigarlo todo. Y como muchos otros gatos, no se echan atrás cuando se trata de ser el centro de la atención.


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Los gatos pop de Sebastiano Ranchetti

“Cuando miro a los ojos de un animal, no me siento superior, me siento vivo, como parte de la naturaleza”. Son palabras de Sebastiano Ranchetti, pintor, dibujante e ilustrador. Recientemente ha cumplido 60 años, y como agradecimiento a todas las personas que le han felicitado, ha publicado en las redes el dibujo de una gata naranja con el siguiente mensaje: “Gracias a todos por las felicitaciones. He cumplido sesenta años y tengo la sensación de haber empezado a vivir hace muy poco. Lo que me queda será difícil, pero maravilloso”.

Los gatos del artista nos miran de reojo, los hay de todos los colores (nunca mejor dicho), de todos los tamaños y edades, algunos bostezan, duermen o se estiran, no temen observarnos, otros parecen tímidos o altaneros, pero todos son bonitos, divertidos y muy positivos.

Uno que nos gusta especialmente lleva el título de “Gato gordo” con el subtítulo “y feliz de serlo”. Reconocemos sentir cierta debilidad por los gatos gordos. Sebastiano Ranchetti explica que ya desde muy pequeño le gustaba dibujar, y que cuando tenía unos diez años hacía paisajes muy detallados, centrándose en los árboles y sus hojas.

En otra entrevista dice: “Siempre me han inspirado los animales y la naturaleza, prefiero expresarme a través de dibujos sencillos y de colores felices. Mi deseo es comunicar esta sensación a los otros seres humanos”. También pinta cuadros de perros y otros animales, pájaros, perros, iguanas, cangrejos… Pero sobre todo abundan los gatos.

Cada año crea un catálogo dedicado a los gatos para que estos nos acompañen cada día. Hijo de padre italiano y madre inglesa que adoraba a los animales, creció rodeado de gatos y perros. Sin embargo, no tuvo un gato realmente suyo hasta hace 12 años (desconocemos la fecha de la entrevista), cuando Tina entró en su vida. “En principio debía ser la gata de mis hijas, pero me escogió a mí y llevamos juntos desde entonces”.

Intuimos que Tina es esta preciosa gata carey fotografiada en 2018. Hay otra foto del artista con un gato atigrado en los hombros, pero creemos que es anterior.

Sebastiano Ranchetti

Sebastiano Ranchetti nació en Milán en 1961 y estudió Bellas Artes en esta ciudad. Se trasladó a Londres para seguir estudiando, y posteriormente a Wuppertal, Alemania, a principios de los años ochenta. Allí trabajó como ilustrador y director artístico antes de regresar a Italia e instalarse en Florencia.

En 2004 creó su primera obra como autor e ilustrador, una serie compuesta por cuatro libros titulados “Piensa en color”, cada uno dedicado a un color, azul, verde, amarillo y rojo. Estos libros sin texto juegan con formas naturales, aparecen animales, se vuelven abstractos y acaban transformándose en criaturas nuevas e inesperadas.

A continuación hizo dos series de varios libros dirigidas a lectores jóvenes. La primera, titulada “Conoce a los animales”, los presenta en su entorno, la selva, el mar, el Ártico… Después llegó “Aprende con los animales”, para mostrar sus colores, sus formas… Los libros se han publicado en Italia, Francia, México, Corea y Estados Unidos.

Actualmente vive en una granja cerca de Florencia. Y cuando decimos granja, nos referimos a una granja de verdad, con gente trabajando y muchos animales, además de los que conviven con la familia. Está casado con la diseñadora gráfica Laura Ottina, y tienen tres hijas, Michelle, Alice y Julia, la gata Tina y la perra Emma.

 Sus obras han sido publicadas en numerosas revistas y expone regularmente en galerías de Florencia y Milán. Con su esposa Laura fundó el estudio Popdesign y aceptan encargos de retratos de animales. La gata Tina y la perra Emma le sirven a menudo de modelos.

“Me encanta crear en solitario, pero disfruto mucho trabajando con mi mujer. Ella me ayuda con nuestra empresa y a organizarlo todo. A menudo trabajamos juntos en algunos proyectos; por ejemplo, libros infantiles y también algunos encargos de diseño gráfico”.

La información acerca de Sebastiano Ranchetti no abunda en Internet. Una biografía corta, alguna entrevista breve y poco más. Encontramos una larga entrevista (14 minutos) en YouTube, pero está en italiano y nuestros conocimientos del idioma son muy limitados. Incluimos aquí el enlace por si puede interesar a alguien. https://www.youtube.com/watch?v=fiB968ZlWbk.

Eso sí, a partir del minuto 6:28 hasta el final, al artista le acompaña un magnífico gato atigrado, el mismo de la foto anterior. Un gato muy cariñoso, un poco pesado, pero un gato genial.


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El gran desfile de los gatos y Leonor Fini

“Me gustan los gatos porque me parecen tranquilizadores y armoniosos. Sé exactamente a qué clase de persona le gustan los gatos y a qué clase no. En general, a los solitarios y a los rebeldes les gustan los gatos. También creo que, como los autos de fe y todo lo que tiene que ver con las brujas, los gatos siempre se han relacionado con las mujeres, con la feminidad. Está vinculado con la religión. Los gatos se veían como un concepto más del pecado”.

Eso decía Leonor Fini, a la que dedicamos una entrada en abril de 2016. (https://gatosyrespeto.org/2016/04/21/gatos-suenos-disfraces-y-leonor-fini/).  Por eso no volveremos a repetir la biografía de la pintora, solo nos limitaremos a mencionar alguna que otra anécdota contada por las personas que la conocieron. Leonor Fini era una apasionada de los gatos y casi siempre tuvo entre dos y doce a su lado.

En esta entrada hemos querido mostrar algunas de las sesenta litografías incluidas en el libro “La grande parade des chats” (El gran desfile de los gatos), impreso el 15 de diciembre de 1973, una colección de imágenes de gatos acróbatas, gatos niños, gatos patinadores, gatas grandes damas, gatas modelos…

Leonor Fini, además de pintar, diseñó vestuarios y decorados para el Ballet de París, entre otros los de “Les demoiselles de la nuit”, con coreografía del famoso Roland Petit, protagonizado por “Agatha, la gatita blanca; John Kriza, un joven músico; el gato barón de Crotius, y la gata negra”. Desde luego, con estos personajes, nadie mejor que Leonor Fini para vestirlos.

La artista creó magníficas máscaras gatunas para los bailarines, pero Margot Fonteyn, la primera bailarina, se quejó de que su máscara la hacía parecer grotesca y rehusó ponérsela. Leonor Fini no se quedó atrás y amenazó con prender fuego al teatro si Fonteyn no la llevaba. Por fin, gracias a los ruegos del paciente Roland Petit, llegaron a un compromiso: la pintora accedió a proponer una versión menos ostentosa.

Neil Zukerman, dueño de la galería CFM de Nueva York, siempre dice que todo el mundo acababa discutiendo con ella, pero que solo quedaba olvidarlo y pensar: “Bueno, es Leonor”. Cuando le invitó por primera vez a su piso de París, se le ocurrió ofrecerle un precioso American Shorthair, y a partir de este momento se hicieron muy amigos. Maisie (era una gata) sobrevivió a Leonor, que falleció en 1996, como también lo hizo Misha. Ambos quedaron al cuidado de Richard Overstreet y Joyce Neyman, otros amantes de los gatos.

Los numerosos gatos de la pintora le permitieron estudiarlos. Siempre que pintaba “los gatos se acercaban, rodeaban el caballete, se subían encima”, recuerda Joyce Neyman. El galerista Neil Zukerman añade: “Es fácil reconocer un cuadro o dibujo original de Leonor, basta con buscar algún pelo de gato pegado a la pintura, una marca de pata o un arañazo”.

El fotógrafo Richard Overstreet, del que era amiga desde 1968 cuando Leonor Fini diseñó el vestuario de una película de John Houston en la que él trabajó de ayudante de dirección, cuenta que la más mínima corriente levantaba nubes de pelos de gato en el taller. La pintora pasaba los veranos en una casa en el valle del Loira y sus gatos la acompañaban, cada uno en una cesta de mimbre. Recuerda que podía haber hasta quince cestas en la parte trasera del coche y que era imposible hablar durante el trayecto de tres horas.

Richard Overstreet

Leonor Fini donaba dibujos regularmente a la Sociedad Protectora de Animales francesa para ayudarles a recaudar fondos con el fin de esterilizar y alimentar a gatos callejeros. Parece ser que era del todo incapaz de rechazar a un gato, aunque ya tenía muchos. En los años que se conocieron, su amigo Overstreet contabilizó unos cincuenta. Solía decir que “los gatos son las criaturas más perfectas de la tierra, pero su vida es demasiado corta”.

Se la considera una de las artistas más importantes de mediados del siglo XX, con Leonora Carrington, Frida Kahlo, Meret Oppenheim, Remedios Varo y Dorothea Tanning, y conocía a la mayoría de ellas. Durante sesenta años, nunca dejó de crear: cuadros, dibujos, diseño gráfico y comercial (el famoso frasco con forma de torso para el perfume Shocking, de Schiaparelli, es suyo), ilustraciones de libros, diseño teatral, como hemos dicho antes, pero también para ópera y cine.

Su vida no fue nada convencional. Aprendió anatomía observando los cadáveres del depósito de Trieste, donde creció, y dibujo y composición estudiando a los maestros en libros y museos. Llegó a París desde Milán en 1931.

Su gran inteligencia, burbujeante personalidad y extravagante vestimenta no tardaron en abrirle camino en el mundo artístico de entonces. Se relacionó con pintores y poetas surrealistas como Paul Eluard, Salvador Dalí, Man Ray y Max Ernst, que fue su amante durante un tiempo. No escondía su profunda antipatía por el misógino André Breton. Expuso con ellos en repetidas ocasiones, pero nunca se consideró una pintora surrealista.

El galerista Julien Levy, después de quedarse embelesado por las obras y el encanto de Leonor Fini, la invitó a Nueva York en 1936 para exponer con Max Ernst. Allí conoció a numerosos surrealistas estadounidenses, entre los que estaban Joseph Cornell y Pavel Tchelitchew. Sus obras formaron parte de la exposición Arte Fantástico, Dada y Surrealismo organizada por el MoMA, con pintores como De Chirico, Ernst e Yves Tanguy.

También fue una espléndida retratista; pintó repetidamente a Stanislao Lepri y a Constantin Jelenski, al que llamaba “Kot”, que significa “gato” en polaco, país del que era originario. Stanislao y Kot fueron amantes suyos durante mucho tiempo, y los tres vivieron juntos con más de doce gatos. También retrató a sus amigos: el escritor Jean Genet, las actrices María Casares, Anna Magnani, Alida Valli y Suzanne Flon, la bailarina Margot Fonteyn, el director Luchino Visconti, las pintoras Meret Oppenheim y Leonora Carrington, así como a las mujeres de la alta sociedad Francesca Ruspoli y Hélène Rochas.

A su vez, fue retratada por un sinfín de fotógrafos famosos: Erwin Blumenfeld, Dora Maar, Man Ray, Georges Platt Lynes, Lee Miller, Horst, Brassaï, Cecil Beaton y Henri Cartier-Bresson. Le dedicaron poemas Charles Henri Ford, Paul Eluard y Georges Hugnet, entre otros.

Falleció el 19 de enero de 1996 en París, siete meses antes de cumplir 90 años.


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Gatos y el pintor suizo François Knof

Gato en el agua (1997)

François Knof, pintor suizo, expuso por primera vez en 1987 y la noche antes de la inauguración vendió todos los cuadros – un total de 41 – a un coleccionista. Nos atrevemos a decir que es el sueño de cualquier pintor. En varias críticas se le compara con el belga René Magritte, pero no acabamos de ver el parecido.

Cocina vegetariana (2007)
Wampou (2003)

Pinta todo tipo de animales, entre los que abundan los gatos. Pero no se limita a reflejarlos en su entorno, sino en situaciones imposibles, desproporcionadas, inverosímiles, a menudo llenas de humor, sorprendentes y, en ocasiones, muy cerca de los sueños.

El gato Gazou de acampada (2008)
Vía muerta (2000)

Hay muy poca información sobre el pintor, en realidad poquísima. Incluso en los artículos que le ha dedicado la prensa, todos repiten más o menos lo mismo. Entrando en la página web del artista hemos encontrado un texto escrito por él en el que resume su vida y que hemos traducido:

François Knopf (2000)
Huevo pasado por agua (2003)
Gato y castillos

“Con 65 años he realizado 29 exposiciones individuales y he participado en diversas exposiciones colectivas, sobre todo en Suiza, aunque también en Holanda. A partir de ahora solo expondré en mi página francoisknof.com o en galerías virtuales”.

Verduras al por mayor (1999)
Gato en cojín rojo (2007)
El gato de la granja (1997)

“Nací en Lausana, Suiza, y trabajé de contable durante muchos años. Siempre he vivido con mi familia, mi esposa holandesa y mis dos hijos, en lugares próximos a la naturaleza. Primero en una vieja granja situada por encima de un pueblecito rodeado de campos, Villars-le-Comte”.

Pájaro encerrado
El gato pescador (2000)

“Hace 20 años que nos mudamos a Ollon y vivimos en una casa aislada en medio del bosque, al pie de los Alpes. Hemos estado rodeados de animales domésticos y otros nada domésticos: burros, ovejas, cabras, pintadas, gansos, patos, gallinas, perros, gatos y, dado nuestro aislamiento, zorros, tejones, jabalíes, linces, etcétera. Sin olvidar las lagartijas, ranas, sapos, culebras, ciervos volantes, rosalias alpinas, herrerillos, pájaros carpinteros, lechuzas, y mejor no sigo”.

Ruso azul (2001)
Gato y flor de hibisco

“Por eso mis cuadros representan en su mayoría a animales, aunque en situaciones insólitas, porque los primeros pasos que di en la pintura fueron en el surrealismo. Me distancié poco a poco, pero algo me quedó”.

La comida del gato (1996)
La calabaza

“Los animales que pinto suelen estar desproporcionados y se pasean en un universo poco habitual para ellos, pero me esfuerzo en pintar el conjunto del modo más realista posible. Esa yuxtaposición de ambientes debería despertar alguna emoción en el espectador”.

La batalla (2007)
Neyruz (1999)

Siempre por su página web, sabemos que nació en 1939 en Berna, la capital del país, por lo que escribió el texto anterior en 2004 y, por lo tanto, ahora tendrá 82 años. El último cuadro incluido en la página es de 2017 y pertenece a una serie titulada “Casas abandonadas”.

La última manzana (2003)
El gato y el avión (2003)

Cuenta su vida a través de sus obras, y con un poco de paciencia es fácil recuperar una pequeña biografía. Empezó a pintar en 1960 en un estilo totalmente diferente al actual. Los primeros animales que encontramos son caballos y pájaros, sobre todo estos últimos. Vendió su primer cuadro en 1967 y se casó con Anneke en 1969.

Pelota flotante (2000)
La siega (1999)

Tenía un taller en la calle Crêt de Lausana, como demuestra la foto del gato Pitschi subido al caballete. Para entonces ya vivían en la vieja granja del pueblo de Villars-le-Comte, a unos 30 kilómetros de Lausana, donde en 1970 expuso por primera vez en la galería Artésia. Seguía muy próximo al surrealismo y apenas hay animales en esta época.

El gato Pitschi en el caballete (1973)
El jardín (1996)

A principios de los 80 su estilo empieza a cambiar e incluye a más animales – aunque los gatos siguen sin aparecer. Hay ovejas, insectos y una magnífica serie sobre dinosaurios realizada en 1983 para ilustrar una exposición de fósiles. En 1989, los almacenes Migros imprimen 350.000 bolsas de compra con un cuadro de François Knopf: una carpa nadando en una galería de arte.

El pececito (2008)
La pajarería (1995)

Em 1990 encontramos el primer gato: “Gato de arena”. También empieza a notarse un cierto alejamiento del surrealismo anterior. En los primeros años de la década de los 90, el cambio se hace mucho más patente y además de gatos aparecen otros animales, sobre todo bisontes.

Gato de arena (1990)
El reflejo (2000)

En el cartel de una exposición de 1995 vemos a un gato blanco y negro totalmente desproporcionado en comparación a la diminuta mujer que está a su lado. Esto nos hace pensar que los gatos empezaban a ser uno de los temas favoritos del pintor. A partir de entonces, los usa cada vez más a menudo como modelos.

Gato amarillo en mesa de cocina (2007)

En 2008 participó en una exposición en torno al gato en la galería Sablons de Saint-Malo, en Bretaña, Francia. A partir de esta fecha, la página del pintor no incluye cuadros más recientes de animales, gatos u otros.

Noruego (2000)

Siempre a través de imágenes, esta vez son fotos, hemos trazado sus traslados: de 1939 a 1959 vivió en Berna; de 1959 a 1979 en Lausana, con tres años entre medias, de 1962 a 1965 en Australia; de 1979 a 1984 en la granja de Villars-le-Comte, y posteriormente en Ollon.

El gato Youkoun
Gato blanco (1997)

François Knopf seguramente sea un hombre discreto y no dudamos en afirmar que un amante de los gatos. Después de haber recorrido su página web año por año, creemos que muchos de los gatos que retrató eran suyos.

La dama de picas (1995)


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Los gatos de la pintora mexicana Nahui Olin

Dos gatos (Nahui Olin)

Nahui Olin, de verdadero nombre María del Carmen Mondragón Valseca y nacida en 1893, pasó de ser famosa, admirada y agasajada en los años veinte al más completo olvido en los años sesenta y a morir en 1978 sin siquiera una pequeña necrológica. ¿Qué le ocurrió a la que fue considerada la mujer más bella de Ciudad de México para que acabara vendiendo fotos de sí misma desnuda en su juventud para poder alimentar a sus gatos?

Nahui Olin
Gatitos y peces (Nahui Olin)

Fue modelo, musa, pintora y poetisa. Hemos rescatado una frase suya: “Bajo la garra mortal de las leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en eterno silencio, en inercia mortal… pero debajo existe una fuerza dinámica que se acumula de instante en instante, un tremendo poder de rebelión que activará su alma atrapada en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía”.

Nahui Olin
Gato en el jardín florido (Nahui Olin)

Hace algo más de 20 años, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska (dos grandes amantes de los gatos con entradas en el blog), Tomás Zurián y Adriana Malvido rescataron el legado de Carmen Mondragón, formado por prosa, poesía, dibujos, cartas a sus amantes y testimonios, dando a conocer a esta curiosa y adelantada mujer.

Carlos Monsiváis

Hija del general Manuel Mondragón, sobre quien recae la ejecución de la decena trágica, Nahui Olin creció en el seno de una familia adinerada, en pleno gobierno de Porfirio Diaz. La familia se trasladó a París cuando ella tenía cuatro años. Ingresó en un internado donde descubrió la pintura y la poesía. De hecho, escribió sus primeros textos en francés.

Elena Poniatowska

Regresó a Ciudad de México siendo adolescente y a los pocos años conoció al cadete Manuel Rodríguez Lozano, con quien contrajo matrimonio en 1913, a los veinte años. Se trasladaron a París y no tardaron en codearse con artistas como Diego Rivera, Georges Braque, Henri Matisse y Pablo Picasso. Al estallar la I Guerra Mundial, se mudaron a San Sebastián y empezaron a pintar. Tuvieron un hijo que murió al poco de nacer.

Nahui Olin

De vuelta a México en 1921, la pareja ya se llevaba mal. Los nueve años que estuvo con Manuel Rodríguez Lozano fueron los menos productivos de Nahui Olin y su periodo más conformista. Parece ser que habría preferido vivir con Manuel sin casarse, pero su madre insistió y acabó con traje de novia. Su familia se opuso rotundamente al divorcio, lo que no le impidió vivir como ella quería y conseguir divorciarse en 1922.

Boda con Manuel Rodríguez Lozano

En México fue modeló de Rosario Cabrera y de Siqueiros en varias ocasiones, entre ellas para el famoso mural “La creación”, en el que aparece como Erato, la musa de la poesía erótica. Hoy se reconoce a Nahui Olin como una figura central en el “Renacimiento mexicano” junto a Frida Kahlo, Tina Modotti, Diego Rivera, Xavier Guerrero, Rodríguez Lozano y el estadounidense Edward Weston.

Edward Weston

El 22 de julio de 1921 conoció al pintor Dr. Atl, de verdadero nombre Gerardo Murillo, que esa misma noche escribió que se había abierto ante él “un abismo verde como el mar: los ojos de una mujer” y que “había caído instantáneamente en el abismo, como un hombre que se desliza de una roca y se hunde en el océano”. Concluye diciendo “¡Pobre de mí!”

Nahui Olin (Dr. Atl – Gerardo Murillo, 1922)

El pintor le puso el nombre de Nahui Olin, cuyo significado difiere según las diferentes fuentes que hemos consultado: “Cuarto sol”, “Cuarta dimensión” en náhuatl. A partir de ese momento, Carmen pasó a llamarse Nahui Olin hasta su muerte. Según ella misma escribió, su nombre significaba “el poder que produce la luz”.

Nahui Olin

Nahui y Atl vivieron en la azotea del Convento de la Merced. Según Elena Poniatowska, eran muy “fiesteros” y Nahui recibía a los amigos desnuda. A la azotea acudían Diego Rivera y su mujer Lupe Marín, Adolfo Best Maugard, Ricardo Gómez Robelo, Dalila y Carlos Mérida. Bailaban, cantaban, pintaban, fotografiaban y sacralizaban a México. El fotógrafo Edward Weston le hizo retratos prodigiosos, y Antonio Garduño no se quedó atrás.

Nahui Olin (Antonio Garduño, 1927)

El Dr. Atl, además de pintor, era un apasionado vulcanólogo que pasó largas temporadas viendo el nacimiento y posterior desarrollo del volcán Paricutín, en Michoacán, a partir de febrero 1943. En los cinco años de relación con Nahui Olin le escribió más de doscientas cartas de amor. Parece ser que ella era tremendamente celosa y que su amor se convirtió en odio. Nahui no tuvo reparo en declarar que Atl era “un pinche medicucho cabrón”. Y probablemente no se equivocaba, ya que el pintor no dudó en declarar su apoyo a Hitler y su antisemitismo a partir de mediados de los años treinta.

Nahui Olin (Edward Weston, 1923)

Nahui Olin formó parte de un grupo de talentosas mujeres durante uno de los períodos más activos del arte mexicano, las décadas de 1920 y 1930. Esas mujeres son la pintora Frida Kahlo, la poeta Pita Amor, la novelista Rosario Castellanos, la pintora María Izquierdo, a la que Antonin Artaud admiraba profundamente, la legendaria novelista Elena Garro (que también tiene una entrada en este blog) y la bailarina y autora Nellie Campobello.  Elena Poniatowska les dedicó el libro “Las siete cabritas”.

Elena Garro

A principios de los años treinta conoció al capitán de barco Eugenio Agacino y volvió a enamorarse perdidamente, pero en 1934 el capitán falleció. Hemos encontrado dos causas de su muerte, una por intoxicación de marisco y otra porque se cayó al mar, ignoramos cuál es la verdadera. Pero el caso es que Nahui Olin le esperó durante semanas en los muelles de Veracruz hasta que el poeta Germán List Arzubide la encontró en un triste estado.

Autorretrato (Frida Kahlo)

En los años siguientes dio clases de artes plásticas y escribió mucho. El tiempo, la soledad y el olvido pudieron con su belleza, dejó de preocuparle su aspecto y acabó convirtiéndose en una mujer casi obesa vestida con harapos. Su única compañía eran los numerosos gatos a los que alimentaba con una miserable pensión que le concedía Bellas Artes.

Gato negro (Nahui Olin)

Nahui Olin escogió ser libre. En el último poema de “Óptica cerebral”, pidió que se esculpiera el siguiente epitafio, en mayúsculas, en su tumba y en la de todas las mujeres de Asia, África, América y Europa que decidieran vivir libremente y al máximo: INDEPENDIENTE FUI, PARA NO PERMITIR PUDRIRME SIN RENOVARME; HOY, INDEPENDIENTE, PUDRIÉNDOME, ME RENUEVO PARA VIVIR.

Autorretrato (Nahui Olin)

Dedicamos esta entrada a nuestra amiga Gusa, otra incondicional de los gatos.

Gato naranja (Nahui Olin)


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Los gatos brillantes del pintor Marek Brzozowski

Marek Brzozowski, nacido en Bydgoszcz, Polonia, en 1952, vive y trabaja actualmente en Ankara, Turquía. Se estableció en esta ciudad después de que unos amigos le convencieran para que visitara el país con ellos. Y de hecho, sus cuadros no solo reflejan la arquitectura de Estambul y Ankara, sino de otras muchas localidades turcas más pequeñas, e incluso detalles como las típicas puertas de Safranbolu y las ventanas de Alaçati.

Marek Brzozowski
Ecos de despedida

El pintor, que suele simplificar su nombre y firmar “Brzozo”, ha dedicado numerosos cuadros a ciudades. En “Gato sin nombre” vemos una (también sin nombre) en la enroscada cola del felino. En total hemos encontrado veintisiete cuadros suyos con los gatos como protagonistas o al menos con uno formando parte de la escena.

Gato sin nombre
Crítico de sillón

En la gran mayoría de lienzos aparece la luna, siempre un trozo de luna, creciente o menguante. Según el pintor, la luna representa la libertad de expresión, el poder pintar con total libertad, algo que no le era permitido durante su juventud en Polonia cuando estudiaba en la Academia de Bellas Artes de Gdansk, donde en 1976 se licenció en Diseño Gráfico y desde 1978 a 1989 fue profesor de Diseño Gráfico y Tipografía.

Obtuvo el doctorado en 2000 en dicha Academia a pesar de llevar unos cuantos años viviendo en Turquía.

Asocia los gatos a la luna y en ocasiones a los payasos. Usa colores brillantes, alegres, llenos de vida. En una entrevista comentó que nunca empezaba un cuadro hasta estar seguro de haber logrado los colores idóneos para expresar su idea. Aunque su estilo suele describirse como surrealista, él prefiere llamarlo realismo mágico.

También hizo una serie de gatos con los rabos colocados geométricamente, como en las dos versiones de “Zona segura” o en “Gato acuario”. El humor está presente en muchos de sus cuadros.

Zona segura
Zona segura
Gato acuario

Después de trasladarse a Turquía, empezó a dar clases en la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Bilkent a partir del año 1993. También es conocido por sus diseños gráficos y como director artístico para teatro, cine y televisión. Ha obtenido varios premios internacionales por sus carteles e ilustraciones.

Cazador de sueños

Ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales, tanto en Polonia como en Turquía, sobre todo en la Galería de Arte Doku de Estambul, y en los últimos veinticinco años sus obras se han visto en más de cien exposiciones.

Lluvia de gatos

Creemos que Marek Brzozowski tiene gatos, o si no son suyos, debe usar como modelos a los que viven en su barrio. Si se fijan en el gato cuyo rabo envuelve al “Ladrón de luna”, es idéntico al gato sentado en un kilim rojo, tienen la misma mirada, aunque no sean del mismo color.

Ladrón de luna

Algunos gatos son meros esquemas, otros parecen sacados de un cómic, pero la gran mayoría son gatos de carne y hueso, como en “Día y noche” o “La pausa”. Tuvo que convivir con ellos o verlos muy a menudo.

Día y noche
La pausa

Por desgracia, hay muy poca información disponible sobre este pintor. En un artículo dijo: “Deseo reflejar territorios y paisajes imaginarios, personajes desconocidos y acontecimientos inexistentes”.

Para terminar, queremos incluir un cuadro que nos gustó especialmente en el que se ve un caballo tirando de un carro con una luna creciente sujetando una ciudad coronada por un caballo casa y una luna en el cielo a la que le falta un trozo.


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El gato Jones y otros, por el dibujante Ralph Steadman

Ralph Idris Steadman, nacido el 15 de mayo de 1936 en Wallasey, Cheshire, Reino Unido, es un ilustrador conocido sobre todo por sus colaboraciones y amistad con el escritor estadounidense Hunter S. Thompson. Se ha hecho famoso por sus caricaturas políticas y sociales, y libros de dibujos.

¡Catástrofe!

Efectivamente, Steadman fue muy amigo de Hunter Thompson (18 de julio de 1937 – 20 de febrero de 2005), inventor del periodismo “gonzo”, que saltó a la fama con el libro “Hell’s Angels” (1967), escrito después de convivir un año con los moteros para relatar de primera mano su forma de vida.

Ralph Steadman
Seguidores del dios gato

A principios de los ochenta, Steadman viajó a Owl Farm, el hogar de Thompson, una granja en las montañas más arriba de Aspen, Colorado, para trabajar en el libro “La maldición de Lono”. Además de Thompson, en la granja vivía su compañera Laila Nabulsi, cinco pavos reales y Jones, un gato que un buen día había decidido instalarse en la granja.

Hunter S. Thompson
Jones

Hablando de Jones, Steadman dijo: “Nunca he conocido a un gato más insolente y a la vez más atractivo que Jones. No le hacía falta evaluar una situación, él era la situación”. La maldición de Lono debió afectar al dibujante y al escritor porque no conseguían que el libro, encargado por una editorial, progresara, entre otras cosas porque no tenían el mismo horario. Thompson vivía de noche (como Jones), Steadman de día, y asombrado ante el desparpajo del gato, se dedicó a dibujarle.

Jones

Tiempo después, cuando Jones había muerto, le dedicó “The Book of Jones”, que empieza así: “Si hubiera querido hacer un libro sobre gatos, hace años que lo habría hecho. Pero Jones está muerto, y si hubo un gato que merece ser recordado, es Jones. Solo coincidí con él una vez, durante dos semanas, pero bastó para que me hiciera una profunda impresión”.

Jones en su pedestal

El libro de Jones consiste en pequeños textos que describen la vida y comportamiento de Jones, con numerosos dibujos a plumilla del protagonista. Por ejemplo, en una página izquierda el texto reza: “Las emociones dependen del estado de ánimo de cada uno en un momento dado. Incluso una catedral no es más que un montón de piedras si no se está de humor. Pero puede que Jones llenara majestuosamente un espacio vacío en el momento oportuno. Inspiraba la misma veneración que el líder de un culto innovador”. A la derecha se ve a Jones de espaldas y el título: “Jones unidireccional”.

Conocía a un gato, allí donde se sentara, allí se quedaba.

Durante esas dos semanas de otoño, varios amigos vinieron y se fueron, rieron y comieron, durmieron en el sofá, pero Jones les trataba a todos con la misma indiferencia. Steadman añade que quizá “en su misterioso pasado, aún existía el recuerdo de haber entregado su afecto y confianza a uno de esos seres que se movían a su alrededor. Pudo ser una trágica desilusión y aprendió que no podía esperar nada más”.

Jones

Jones murió. El libro dedicado a su memoria se publicó en 1997, no sabemos cuánto tiempo después de que Laila Nabulsi se lo comunicara a Steadman: “Jones ha muerto”. En la portada, debajo del título, una frase: “Un tributo a un gato voluble, frenético y del todo seductor”.

Jones en el otro lado
Ataque gatuno

En 2012 publicó “Book of Cats”, un libro nada sentimental dedicado a los gatos del mundo en general. Hay gatos en muebles, gatos mancha, gatos dictadores, políticos, de moda, esparcidos y pocos gatos modosos, gatos de toda clase acompañados de un comentario a veces sarcástico, otras divertido y otras sencillo.

Filosofía y el pensamiento de un gato

Aquí ya no se trata de un homenaje a un gato, más bien de una larga serie de caricaturas. No hay dibujos de “gatos bonitos”, todo lo contrario, pero las viñetas de Ralph Steadman no siempre se caracterizan por ser “bonitas”, sino por ir al grano, algo que no gusta a todo el mundo.

«Book of Cats», contraportada

Uno de los primeros recuerdos de Steadman – tendría cuatro o cinco años – es estar escondido en un refugio durante un ataque aéreo en la II Guerra Mundial mientras su madre hacía punto. De pequeño sentía pasión por el aeromodelismo, pero siempre acababa los deberes antes de dedicarse a su hobby.

Gato «churchillano»

Parece ser que esa tendencia a la disciplina sacaba de quicio a su gran amigo Hunter Thompson, y que Steadman solía acabar todas las ilustraciones del libro antes de que el periodista hubiera escrito una página.

Gato gordo

Publicó su primera viñeta en el Manchester Evening Chronicle en 1956, pero en 1959, frustrado por sus limitaciones, se matriculó en la Universidad Técnica de East Ham, donde conoció a su mentor, Leslie Richardson, que enseñaba dibujo en vivo. La revista Punch le compró un primer dibujo en 1960, y acabó firmando algunas portadas.

Gato y ratón

En la década de los setenta ilustró varios libros infantiles y en 1967 se dedicó a “Alicia en el País de las Maravillas”, ganador del Premio Williams en 1972, una versión en la que el Conejo Blanco siempre llega tarde a trabajar, el Sombrerero es un líder sindical y la Oruga tiene un curioso parecido con John Lennon.

«Alicia en el País de las Maravillas»

En 1970, la revista Scanlan’s Monthly le mandó a Estados Unidos, concretamente al Derby de Kentucky, donde debía reunirse con Hunter S. Thompson. La leyenda cuenta que tardaron tres días en encontrarse y que, al hacerlo por fin, el periodista le confesó: “Me dijeron que tenía un aspecto raro, ¡pero no esperaba que fuera tan raro!” Así empezó una gran amistad.

Los gatos son muy diferentes, pero muy parecidos

Además de numerosos proyectos con Thompson, siguió trabajando en libros suyos. También produjo cientos de dibujos, diseñó decorados para el ballet “The Crucible” y para la obra teatral “Los viajes de Gulliver”, además de un oratorio de imágenes para una eco-ópera, “The Plague  and the Moonflower”, con música de Richard Harvey.

Hunter S. Thompson

Más recientemente ha ilustrado tres volúmenes sobre pájaros extinguidos o en riesgo de extinción en una colaboración con el documentalista Ceri Levy, “Extinct Boids” (2012), “Nextinction” (2015) y “Critical Critters” (2017). En 2018 participó en la creación del cartel para el estreno en Broadway de “Gary. A Sequel to Titus Andronicus”, protagonizada por Nathan Lane.

Miau reclinada

Sigue trabajando regularmente para varias revistas. Pero ignoramos si le acompaña un gato.


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Un gato, una escritora y un pintor

En 2015 apareció un libro titulado “La vie plus un chat” (La vida más un gato), de Chantal Detcherry, con un cuadro de Vladimir Juncić ilustrando la portada.

El pintor realizó una larga serie de retratos de mujeres con gatos, hemos contado 24 (no los reproducimos todos aquí), entre los que también hay un hombre y un niño.

Vladimir Juncić, nacido en Čačak, Serbia, en 1957, es un pintor abstracto y figurativo. Se licenció en la Facultad de Bellas Artes en 1981, después de estudiar con el profesor Mladen Srbinović. Es miembro de ULUS (Asociación serbia de Bellas Artes) desde 1982. Vive y trabaja en Belgrado. Y no hay más información sobre él.

Vladimir Juncić

La escritora nació en 1952 en la ciudad de Bourg-sur-Gironde, no lejos de Burdeos, hija de un obrero agrícola natural de Las Landas y de madre austríaca. Estudió en el Instituto de Blaye, una ciudad cercana, antes de ingresar en la Universidad de Burdeos para llevar a cabo estudios de Letras e Historia del Arte. Después de obtener un doctorado en Letras, fue profesora e investigadora en la Universidad Bordeaux-Montaigne.

Chantal Detcherry con Petit-Gris

Tiene en su haber varios libros sobre India, el Sahara, Nepal, Tíbet y Grecia en los que describe la vida diaria en el campo, costumbres ancestrales, arte sagrado y popular, así como colecciones de poemas, relatos y varias novelas intimistas que transcurren en el mundo de su infancia, el estuario de la Gironda. Fue galardonada con el Premio al Relato 2020 de la Academia Francesa por la selección “Histoires à lire au crépuscule” (Historias para leer en el crepúsculo).

En el libro “La vida más un gato” (que no está publicado en español, de hecho ninguna de sus obras lo está), Chantal Detcherry describe cómo se enamoró perdidamente de un espléndido gato que apareció un día en el muro del jardín. En muchas ciudades de Francia, sobre todo del sur, las fachadas dan a la calle, y la parte trasera a un jardín rodeado de tres muros de unos tres metros de altura que lo separa de los dos vecinos colindantes y del vecino de atrás, cuya fachada, a su vez, da a otra calle.

El libro está dividido en capítulos muy cortos, casi todos ellos precedidos de una cita de algún escritor o filósofo dedicada a los gatos. Empieza así: “Albergo en mi corazón un rostro triangular color de nube, ojos uvas verdes, un pequeño cuerpo ágil y suave. El amor se adueñó de mí y nada ha cambiado desde el primer día. No hay alteración en el deleite que se apodera de mí cada vez que le veo”.

Y sigue diciendo: “Hace doce años que vivimos juntos él y yo. Doce años y no hemos discutido una sola vez. Quizá tenga cosas que reprocharme – alguna visita desagradable que me parece necesaria para su salud, por ejemplo –, pero en lo que a mí respecta, nunca he sentido el menor desacuerdo hacia él, tengo la suerte de compartir la vida de un ser perfecto. Llevamos doce años viajando en una pequeña nube, mi gato y yo”.

Al final de la primera página expresa una idea con la que estamos absolutamente de acuerdo: “Sin embargo, no pretendo, tal como dicen muchos, que un gato sepa comprendernos, que se acerque para consolarnos cuando estamos tristes. Nada de eso tiene que ver con el secreto de nuestra complicidad”.

La autora describe su encuentro y su vida con “Petit-Gris” (Grisito), aunque acabará teniendo muchos nombres, como suele ocurrir con los gatos. En uno de los capítulos, Petit-Gris vuelve herido de un largo paseo y ella le lleva corriendo al veterinario. Al ser una herida muy fea en el ojo, no le queda más remedio que llevar un cono de recuperación. Catástrofe. Petit-Gris no quiere salir de debajo de la cama, no quiere comer. Desesperación de la autora y de su marido Philippe.

Entonces se le ocurre comprar un arnés para llevar a Petit-Gris de paseo al jardín, su paraíso. Pero como no podía ser de otro modo, en un momento de despiste, el gato se escapa, salta por encima del muro y desaparece. Chantal hace lo propio, decidida a recuperar a su gato antes de que la correa quede atrapada en alguna parte.

Tres jardines más allá, descubre a una pareja de ancianos observándola con curiosidad y les pregunta si han visto a “un precioso gato gris claro de pelo largo con un cono y un arnés”. Le han visto, se ha refugiado en el tejado de un almacén abandonado que da a su jardín. Les pide permiso para entrar. Ni corta ni perezosa trepa de nuevo y llega al tejado en ruinas, donde efectivamente está Petit-Gris.

Su marido le ruega que baje, es peligroso. Llama a los bomberos, que le contestan que no se dedican a recuperar gatos (eso solo lo hacen los bomberos de habla inglesa), pero Philippe les corrige: “No se trata del gato, sino de mi esposa”. Gato y esposa acaban siendo rescatados por los bomberos.

A pesar del tono melancólico del libro, hay muchas anécdotas realmente divertidas, como la que acabamos de contar. Pero es un libro triste porque Petit-Gris muere de una enfermedad incurable y horrible que ataca a más gatos de lo que se cree, la estomatitis o inflamación de las cavidades bucales.

Aún no se sabe exactamente qué la causa, pero si un gato empieza a dejar de comer, si le huele el aliento, si deja de lavarse, debe verle un veterinario inmediatamente, sin esperar. La estomatitis es extremadamente dolorosa, produce llagas abiertas en la boca y mata. Puede tratarse con antibióticos y corticoides que aliviarán los síntomas – pero no curarán la enfermedad – durante meses, incluso años. En muchos casos no queda más remedio que optar por una solución drástica, sacar los dientes al gato enfermo. Incluso así, un pequeño número no mejora.

El último párrafo del libro dice así: “He querido escribir sobre mi gato vivo. Hablar de él tal como le veía cada día, rendirle homenaje porque existe, con sus ojos de hada y su pelo de plata. Regalarle un texto donde podría verse si supiera leer, e incluso corregirlo, deslizando entre líneas algún que otro comentario con su letra gatuna”.


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Gatos y el pintor Conrad Felixmüller

Flores otoñales y gato pasando

Conrad Felixmüller no realizó muchos cuadros con gatos, pero estamos seguros de que le gustaron y vivió con ellos. Por ejemplo, en 1930 retrató a su esposa Londa de perfil con un gato gris rayado que no tiene pinta de querer posar. Por eso creemos que merece la pena incluirle aquí a pesar de encontrar solo once ejemplos entre su enorme producción de cuadros y dibujos.

Londa con gato (1930)

Otra prueba de peso, en nuestra opinión, es una fotografía realizada en Wehlen, Sajonia, en 1921 o 1922, donde se ve a la izquierda a la pintora vanguardista Elfriede Lohse-Wächtler (asesinada el 31 de julio de 1940 dentro del programa nacionalsocialista Aktion 14 de eutanasia) y a Conrad Felixmüller a la derecha con un gato blanco con mancha negra en brazos.

Elfriede Lohse-Wächtler con su hermano Hubert, Conrad Felixmüller con un gato y amigos en Wehlen, 1940
Dibujo de Elfriede Lohse-Wächtler

El pintor Conrad Felixmüller (en realidad Felix Müller) nació en Dresde el 21 de mayo de 1897. Era hijo de Ernst Emil Müller, herrero de la fábrica de la ciudad, y de Maria Carolina. En 1924, aconsejado por un marchante, se cambió el apellido por Felixmüller. Estudió música hasta 1911, pero al año siguiente se matriculó en la Academia de las Artes de Dresde. Expuso por primera vez en la Galería Sturm de Berlín en 1916 y en la Hans Goltz de Múnich en 1917.

Autorretrato

Ese año se negó a hacer el servicio militar y fue reclutado como enfermero. El coleccionista de arte Heinrich Kirchhoff, de Wiesbaden, le ayudó económicamente durante dos años. En 1919 fundó el grupo Dresdner Sezession (Secesión de Dresde), del que también fue presidente, con Otto Dix (https://gatosyrespeto.org/2019/12/05/gatos-objetivos-de-otto-dix/), Lasar Segall y Otto Griebel. Desde 1919 a 1924 estuvo afiliado al Partido Comunista Alemán.

Niña, perro y gato

Realizó numerosas portadas y escribió artículos para las revistas “Die Aktion” y “Menschen”. La primera de ellas la había fundado Franz Pfemfert, un declarado opositor a la Primera Guerra Mundial y defensor del expresionismo alemán que consiguió evitar la censura entre 1914 y 1918  transformando lo que era una revista política en una artística hablando de acontecimientos contemporáneos mediante alusiones.

21 de abril de 1917
19 de marzo de 1921

En esa época, Conrad Felixmüller publicó una autobiografía, “Mein Werden”, así como sus pensamientos sobre el diseño artístico en “Künstlerische Gestaltung”. A mediados de la década de los años veinte, el estilo del pintor cambió, dejando atrás el expresionismo para realizar obras más naturalistas y colorida, centrándose en temas íntimos y optimistas.

Revista Menschen

El III Reich incluyó alguna de sus obras en la exposición de 1933 “Reflejos de decadencia” y otras cuarenta en “Arte degenerado”, en 1937, año en que sus cuadros fueron confiscados de colecciones privadas. Se destruyeron ciento cincuenta y una obras suyas entre 1938 y 1939. Un bombardeo destruyó su casa de Berlín en 1944 y las tropas soviéticas le hicieron prisionero en 1945.

Mujer y gato

En 1949 ejerció como profesor en la Universal de Halle, en Wittenberg, República Democrática de Alemania, donde enseñó hasta 1961 cuando se jubiló. Seis años después pudo trasladarse a Berlín Oeste con su esposa Londa y reunirse con los hijos de ambos, Luca y Titus. Después de varios años de relativo anonimato, su obra empezó a ser muy considerada fuera de Alemania.

Titus con gato

Falleció el 24 de marzo  de 1977, unas pocas semanas antes de cumplir 80 años. Sus cuadros pueden verse en numerosos museos, como el Instituto de Arte de Chicago, la Galería Nacional de Bellas Artes de Washington DC, el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, el Instituto de Arte Courtaud de Londres, el Museo Von der Heydt de Wuppertal o el Museo del Condado de Los Ángeles.

Flores otoñales y gato durmiendo

En 1925 diseñó un abecedario con textos de su esposa Londa titulado textualmente “Abecedario sacudido y arrugado con dibujos y versos” (Ein Geschütteltes, Geknütteltes Alphabet in Bildern mit Versen). Al principio, la pareja autopublicó cien ejemplares numerados y firmados, pero no tuvo una buena acogida, a pesar de considerarse hoy en día como una pequeña obra maestra, y acabaron imprimiendo hojas sueltas y solo por encargo.

El lector (1930)

Realizó un grabado sobre madera del abecedario que demuestra su maestría con esta técnica. Numerosos grabados suyos describen las pésimas condiciones de la clase obrera en la República de Weinmar después de la Primera Guerra Mundial.

Retrato de Mo von Haus (1932)

El abecedario está dedicado a sus dos hijos, Luca y Titus. En la primera página les vemos observando atentamente a su padre preparando una plancha de madera para un grabado, mientras el gato de la casa también mira la escena desde una silla. No hay mejor prueba de que el gato era una parte importante del hogar de Conrad Felixmüller. El texto dice así: “Para mis hijos Luca y Titus y para los hijos de mis amigos, dibujados y cortados en madera en 1925, 100 ejemplares de esta edición autopublicada numerada y firmada”.

Dos grabados (uno de ellos en color) rezan: “El gato mira por la ventana y Luca recorta imágenes”.

También incluimos otros dos ejemplos, aunque nada tengan que ver con gatos. El texto de la liebre dice: “La campanilla suena en silencio, la liebre nunca deja de saltar”. Y el del elefante: “El elefante es un gigante, tal como demuestra la fotografía”.

En un autorretrato del pintor realizado probablemente después de mudarse a Berlín en 1967 se le ve sentado, con el pelo gris, pintando, y a sus pies el gato Bussy. Volvía a convivir con un gato.

Autorretrato con camisa a cuadros y el gato Bussy